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SANTIAGO DIMAS ARANDA


  LOS PÁJAROS NOCTURNOS (Poesías y cuentos de SANTIAGO DIMAS ARANDA)


LOS PÁJAROS NOCTURNOS (Poesías y cuentos de SANTIAGO DIMAS ARANDA)

LOS PÁJAROS NOCTURNOS

Poesías y cuentos de SANTIAGO DIMAS ARANDA

© SANTIAGO DIMAS ARANDA

Editorial Manuel Ortiz Guerrero,

Tapa: Soledad Dávalos

Asunción-Paraguay 2008

 

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SANTIAGO DIMAS ARANDA

Ha sabido dar expresión a segmentos del Paraguay profundo y verdadero.

Al país de historias trágicas y deslumbradoras como al poblado por lobregueces y esperanzas consumidas.

Reconocido como escritor de popular extensión en espíritu y materia, tanto por las combatidas aguas que maneja - ¡un río perenne! - y por las muestras de las incidencias ciudadanas que condicionan los fuegos de la historia, vivas en las letras concebidas.

Pese a la limitada difusión de sus obras, obstruidas por la fracción pueril de la literatura oficial, oscura y desorientadora, que otorga resonancia únicamente al precio antiético de poderío económico y social, ARANDAavanza y es cual hito, sostenido por sus inquietudes multitudinarias y por la conciencia de millones.

Sin duda alguna SANTIAGO DIMAS ARANDA es un alto representante de la inteligencia nacional más esclarecida y de avanzada.

Y en fin, que forma parte de la reducida legión de escritores sembradores de ternura humana, que lidian por permanentes renovaciones y esperanzas.

LUIS MARÍA MARTÍNEZ.

 

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PRESENTACIÓN

Santiago Dimas Aranda es poeta y escritor perteneciente a la generación del 40, autor de varios libros, la mayoría publicados por la "Editorial Manuel Ortiz Guerrero". Poeta social por excelencia, denuncia a los centros de poder de este mundo que mantiene a la mayoría en pobreza, negando los elementos básicos para una vida digna, propiciadora de constantes e inútiles guerras en beneficio de grupúsculos acaparadores de ingentes riquezas. Ha publicado: Metal es la Fragancia, Sangre de Tierra y Luna, Antología del Silencio, La Pesadilla, El Amor y su Sombrea, Medio Siglo de Agonía; Vida, Ficción y Canto, entre otros. Dimas Aranda sigue escribiendo después de 60 años de producción ininterrumpida.

Una vez más, la "Editorial Manuel Ortiz Guerrero" se enorgullece de publicar Los Pájaros Nocturnos, título del nuevo libro del destacado escritor, con cautivantes y realistas relatos de sus vivencias.

La Editorial agradece a quienes hicieron posible la publicación de este libro con su generoso aporte: Señora Josefina F. de Masi, Señor Alfredo Steinmann, Diana Fadlala, Señor Pedro Osvaldo Céspedes, Señor Rubén Darío Fadlala, Señor Oscar Brítez y Señora Bárbara Fadlala.

Deseamos que el lector encuentre momentos de solaz espiritual en este lenguaje sencillo donde florece la poética esencia del autor.

ANÍBAL FADLALA. Editorial Manuel Ortiz Guerrero

 

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A MANERA DE PRÓLOGO

LITERATURA TESTIMONIAL

De Roque Vallejos, comentando un libro deSantiago Dimas Aranda, en última Hora el10 de setiembre de 1996.

Desafiando todos los riesgos, Santiago Dimas Aranda escogió una ruta literaria de compromiso. Y mantuvo esta actitud en todo momento sin importarle el costo político ni literario dado que este tipo de literatura prioriza la solidaridad y el valor social del arte por encima de toda otra categoría estética. Pero algunos de sus escritos como "Antología del Silencio" y “Metal es la fragancia" han compatibilizado con integral armonía, el recurso estético con el mensaje social. Poemas de ríspido realismo que, sin embargo, seducen por su temperatura emotiva y por la sublimidad de la admonición.

Paradójicamente, como Julio Correa, la literatura de Dimas Aranda, es literatura sin literatura. Otros podrían llamarla creación Ancilar por estar al servicio de la vida y sus principios supremos. Su prosa también se inscribe en cierto realismo más presentativo que elaborado. Es el estilo que entienden los humildes, los de abajo, a los cuales el autor ha dedicado las mejores horas de su vida.

La presente obra mantiene su fidelidad a ese estilo y a un todo que ya le son propios. Hoy, no obstante, las urgencias humanas, la literatura es fruto de refinadas elaboraciones y de complejos recursos técnicos que al par de aumentar la jerarquía, le hace perder humanismo. A este tipo de creación, Ortega y Gasset llamó "arte que se mira pero no se ve", "que se toca pero no se siente".

Ser literato es, creativamente hablando, un ejercicio de taumaturgia. Dimas Aranda prefiere el verismo, denuncia de la realidad inacallable. Es un estilo moral que merece respeto y admiración.

ROQUE VALLEJOS

 

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ÍNDICE

PRESENTACIÓN

A MANERA DE PRÓLOGO

CUENTOS: Nazaria / Florencia / Amparo / Poshontó / Madrina Andresa / El casamiento de Antonio / La trampa / Recordar es vivir / El mito del Pozo Guazú / La casa de las avispas

ARTÍCULOS Y MEMORIAS: Al negocio de la muerte solo le espera la muerte / Sin problemas de tierra / Ojos que no ven corazón que no siente / Amigos de verdad / Dorita, poetisa en cuerpo y alma / La doble muerte del Capitán Román / Lo Imperdonable / Suspiros del atardecer

POESÍAS: Guerra / Canto para un loco / Gran Negocio / El pavo de Bush / Osama Bin Ladem /  Memorandum / Estatura del pueblo / Al poderoso caballero, Tío Sam /  Árbol talado / Llegaron los indígenas / Sala Once `47 / El triste otoño / El justo medio / Estío / Soñar / La casa / Ex Combatientes / Simbiosis / A Julio Correa / Soneto / El sabor del regreso / Volver a soñar.

 

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MEMORANDUM

Señores gobernantes:

Por si acaso olviden la premisa aquélla

de honrara la sangre derramada,

nuevamente gritamos

los partícipes del marzo paraguayo

para decir ¡presentes!

El pueblo mártir que asumió la brega

y rescató la voz de los caídos

ha condenado a muerte a los traidores.

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La Patria, señores gobernantes,

no es simple discurso, no es saliva.

La Patria es dolor, y muchas veces

la Patria es sangre.

 

Y es grito de protesta

de gente luchadora y preterida.

Y es cifra capital, urgencia viva

de lo que nunca fue pero será,

porque es ley que rige el universo

la vocación de ser.

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Entonces, señores gobernantes,

por qué tanta demora

en comprender el contenido exacto

de cada gota de esa sangre amada,

del holocausto popular reivindicante,

del sagrado dolor de nuestros héroes?

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Por qué esperar que el tiempo borre,

que seque la sangre el sol de la indolencia?

¡Abran paso, señores, al coraje

y a la justa justicia!

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Por si acaso olviden la premisa aquélla

de honrar a la sangre derramada,

hoy volvemos a gritar por las heridas:

¡De la sangre vertida por los mártires

renacerá la Patria!

Marzo, 2000

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ESTATURA DEL PUEBLO

Y bien,

ya todos los políticos lanzaron su anatema

y ha concluido el miedo.

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¡Qué sea la última contienda,

señores gobernantes!

Que sean los últimos exámenes

a vuestra incompetencia.

Ya todo nos han dado los jóvenes

asesinados por defender sus sueños,

gigantes infantiles, desnudos como flechas,

campesinos quemados por la vida,

o mejor, quemados por la lenta,

criminal miseria,

y mujeres embanderadas

henchidas de coraje,

y obreros, estudiantes,

ancianos tragándose la sangre para tenerse en pie,

y monjas, sacerdotes y niños de la calle,

en fin, ¡el pueblo en marcha!,

consignas que repudian

los poderes vandálicos

de los últimos arcángeles de la barbarie.

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Sobre la sangre fresca derramada,

hoy tienen el poder, señores gobernantes.

Los vencedores le dicen:

Es hora de comenzar en serio,

sin odios pero sin impunidad,

con clemencia pero con justicia.

Es el momento ahora de cotejar valores.

Es hora de medir estaturas

entre hombres y pueblo,

porque la estatura del pueblo

es la estatura de Dios.

Abril, 1999

 

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CUENTOS DE SANTIAGO DIMAS ARANDA

 

FLORENCIA

La madre solía decirle "hija de bendición", y ella no lo olvidó. A pesar de los percances que padeciera en su vida, siempre salía bien parada y siempre estaba de buen humor. Cuando nació, en la casa estaba hospedada una brasileña llegada con los invasores de la post guerra. Esa mujer, que nada tenía con los agresores de la contienda, dueña de haciendas en su país, al ver a la recién nacida tan adorable niña y muy desprotegida, pidió emocionada ser su madrina de bautismo. Ella misma le dio por nombre Florencia y le donó un par de vacas para que fuera, según dijo, el comienzo de una fortuna para la niña. Y así sucedió después. Las vacas se multiplicaron y proveían a la niña de todo para su crianza y educación. Y fue más. Siendo ya adulta, buenas cabezas de ganado se le habían sumado, lo suficiente para sostener su economía y a la vez criar y educar a sus propios hijos. A todos los vio crecer, les dio títulos y les ayudó a ser personas útiles. Hoy, esos hijos la recuerdan con admiración.

Florencia fue madre soltera. Su hombre murió en plena guerra, aunque no en combate. Fue asesinado cuando viajaba de regreso a su hacienda de Perulero, un lejano lugar situado al pie del Yvytyruzú a cinco leguas de Villarrica. Lo llamaban Don José, poseía una buena educación y una moderada fortuna consistente en campos y montes, una cabaña bien organizada para todo trabajo agroganadero. Renombrado en el lugar por ser hombre cabal y serio, Don José merecía respeto. Conoció a Florencia cabalgando por los caminos del trabajo. Alejada ella de su casa por la acción de un padre desalmado, buscaba un punto de apoyo para afianzar su vida. Don José la invitó a ser compañera de viaje. Poco tiempo después le dio el primer hijo. No se casó con ella porque Florencia no era mujer de exigir casamiento. Estuvieron juntos muchos años formando una pareja excelente. Lo asesinó alguien que jamás hubiese podido ser como él. Además, la falta de una justicia digna facilitó el crimen.

Muerto Don José, Florencia quedó en la cabaña con sus tres hijos pequeños. Como única opción posible, buscó refugio en la ciudad. Felizmente, había estudiado en su adolescencia. Era una profesora de letras y manualidades. Por primera vez debió poner en práctica sus conocimientos. Vendió unas vacas y compró una casa modesta y una máquina de coser. Así comenzaba su nueva vida. Se hizo maestra particular y trabajó al servicio de la población aledaña. En poco tiempo, Villarrica resultó ser para ella un buen amparo.

Los niños crecían y la lucha por subsistir se hacía más dura. Florencia ponía mucha fe en sus hijos y en si misma... En esa forma lograba alivio a la difícil vida. Más aún por estar el país en guerra. Florencia no se abatía. Íntimamente convencida de ser la hija de bendición que la madre le decía, hizo del afán su arma. La casa que había comprado resultaba pequeña. Empezó a faltarle espacio para sus menesteres. Y empezó a buscar alguna forma de ampliarlo. Haciendo conjeturas al respecto, comenzó a investigar acerca de un baldío que había en la adyacencia y por momentos llegaba a la conclusión de que el mismo estaba desocupado, y ya casi protestaba porque eso no podía ser. Andando en esas disquisiciones, de pronto llegó a su casa un hombre extraño que decía ser funcionario municipal. Y hablando del tema que a ella le interesaba, le dijo ser el propietario del terreno contiguo, ofreciéndole en venta de inmediato a cambio solamente de cinco vacas. Florencia no pensó mucho para expresarle su interés. Pocos días después ya un trato se formalizó, entregando ella la paga y recibiendo el certificado de transferencia del terreno. Entonces ella le puso contenta. Inmediatamente lo mandó a alambrar y lo llenó de cultivos y animales domésticos. Así, prontamente, el terreno se sumaba al hábitat familiar. Luego, el hecho trascendió, y otro individuo igualmente desconocido para ella, la visitó. El hombre tenía aspecto de buena persona. La saludó, y enseguida le dijo: Señora, conocí a quien fuera el propietario del terreno de acababan de venderle. Se llamaba Juan Barreto, falleció hace tres meses y no dejó hijos ni heredero alguno que pudiera venderle la propiedad en buena ley. Yo soy procurador, agregó, y puedo prestarle mi servicio si usted me necesita. Florencia se asustó, pero logró contenerse. Solo le dio las gracias y lo despidió. Sin embargo corrió de inmediato a la Municipalidad buscando una  aclaración. Y aprovechó para presentar una solicitud de arrendamiento, por las dudas, para asegurar la tenencia del terreno de cualquier manera.

Entretanto pasaron los días y ella esperaba el resultado de su gestión. Inesperadamente, el procurador la volvió a visitar, ya esta vez con mayor amabilidad, para ofrecerle su colaboración a fin de ayudarle a resolver el enredo en la que la veía metida. Pero ella, prudentemente, seguía dándole las gracias sin decirle nada sí ni no. El hombre, ya casi seguro de lograr su amistad dada la coyuntura, se mostró de pronto frustrado, sin ganar más que un trato amable. En pocos días más. Florencia recibió una nota de la Municipalidad. En primer lugar, le aclaraba que el terreno solicitado era de propiedad Municipal. Y en segundo lugar, le pedía que pasara a completar los requisitos para optar al usufructo del mismo. Florencia, ya casi segura de obtener la venia comunal, continuó adelante. Ya segura, una vez más debía dar la razón a su madre muerta. Ella, Florencia, era hija de bendición. Su derecho a la supervivencia era reconocida por la autoridad municipal. Y bien, aquel pues era otro tiempo, y punto.

 

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POSHONTÓ

La barraca lindante con la Catedral, callejón de por medio, morada de esclavos en la época colonial y acantonamiento militar durante la guerra grande, estaba en partes cubierta por tejados de increíble data, y empedrado el piso con laja negra de origen desconocido. Fue convertido a fines de siglo en depósito de todo lo imaginable que los clérigos de la parroquia necesitaban poner a recaudo, a fin de ocultar sus fechorías de la curiosidad popular.

En la tercera década del novecientos, nuevamente se avizoraba una guerra, la del Chaco. Y la vieja Europa, atestada de resabios bélicos, se apresuró a colocarnos sus máuseres y sus víckeres de ocasión, especiales para armara los países pobres. Nunca se había pensado, hasta entonces, que la decrépita echumbre, escondrijo de intimidades inconfesables, podría servir de arsenal. Pero lo fue, si bien por poco tiempo. Pronto fueron descubiertos los amplios terrenos semiboscosos y prolongados hasta la misma playa del río, cuya generosa extensión, serviría para el movimiento de materiales y vehículos. Allá pues, fue a parar el arsenal. Rápidamente la barraca fue remodelada, por así decirlo. Sucedía que el país había progresado bastante en materia de delincuencia, o sea asesinatos, abigeatos, etc. Y la mejor ubicación encontrada para instalar una prisión digna resultó ser la barraca contigua al mundo eclesial. Los viejísimos ventanales del contorno, guarnecidos de rejas, fueron eliminados y sus hierros convertidos en una intrincada verja de seguridad, dividiendo el patio y convirtiéndolo en un largo calabozo de extremo a extremo. El pozo quedó como estaba, pero la letrina también sufrió un cambio. Al socavón ciego le fue adosada una larga y profunda canaleta cruzada por tablones como posaderas para sentarse a defecar.

Traspasando la base del murallón, la canaleta desembocaba en el río por una abertura algo menor que el grosor de un hombre. Y si nadie se fugaba a través de ella era por respeto al oscuro líquido que dejaba correr.

A partir de su nuevo destino, la barraca pasó a denominarse un tanto pomposamente Cárcel Pública. Por ella habían de pasar numerosos personajes de ponderable relevancia política y humana.

Los presos se guarecían bajo los tejados podridos, hacinados contra el murallón del fondo. En el centro del patio - calabozo, bajo soles y lunas, y entre lonas y cartones, pervivía un anciano de origen polaco, preso por estupideces que habría proferido contra las autoridades, mal aconsejado por la borrachera. Se apellidaba Pakulski, y estaba metido en su pocilga desahuciado por los compañeros. Constantemente violado hasta el punto que caminaba como si tuviera un hueso en el ano, acabó por apartarse de ellos, rechazando a escobazos el intenso acoso. Pakulski, Pacuchi en el lenguaje carcelario, componía zapatos y fabricaba suecos de madera, utilizando rudimentales herramientas improvisadas en la prisión y materiales recuperados en las calles por su mujer, procurándose de ese modo el misérrimo sustento para sí y su familia, oriunda de las veredas. La mujer lo visitaba llevándole trozos de tablas y retazos de cueros, todo reciclado. También le llevaba alcohol de quemar que le donaban los almaceneros. Con el alcohol él preparaba los tintes para sus trabajos, y preparaba además una bebida extraña que llamaba poshontó, especial para emborracharse, dormir días enteros y olvidar la inhumana condición en que existían en ese sepulcro de seres vivos.

Cierta noche, el segundo año de presidio, Pakulski murió. Su cadáver quedó allí durante un par de días, sin que se lo pudiera llevar al cementerio por falta de un cajón. Por fin pudo encontrarse alguien capaz de donarlo. La solidaridad se hizo cuando la noticia de la muerte cundió. El cajón, de lo más rústico, y bastante más grande que su medida entró en la cárcel, y mientras duró un increíble trámite burocrático, cargaron en él el cadáver, y ya se alistaba para salir cuando se produjo cierto conato de amotinamiento, razón que demoró la salida, y al cajón con el muerto adentro lo dejaron en el cobertizo en tanto se pacificaran los ánimos, y recién entonces lo llevaron al carro municipal que debía transportarlo. Finalmente fue cargado y el lento viaje se inició. Luego de media hora, y habiendo alcanzado una zona boscosa del camino, el carrero cayó en la cuenta de que algo raro ocurría en la parte de atrás, Paró las mulas, se subió a ver qué pasaba, y cuanta fue su sorpresa cuando encontró el cajón abierto y vacío, entrando entonces a pensar que el tal Pacuchi no estaría enteramente muerto, de tal modo que pudo escapar. Dio media vuelta y regresó a la cárcel, donde inmediatamente lo apresaron por embustero. El jefe de los guardias ordenó una acabada investigación del hecho, y al rato pudo ser encontrado el auténtico Pakulski bien muerto y tirado entre viejos trastos, en un rincón de la barraca. Se pasó lista a los más de doscientos presos, constatándose que el personaje faltante era el secretario del partido Comunista, Antonio Gamarra, un preso recomendado, a quien Pakulski había cedido su lugar, facilitándole la huida. Cargaron entonces, nuevamente, en el cajón el cadáver ya bastante descompuesto, y el carrero, puesto en libertad volvió a retomar su camino. El más importante de los comunistas del país, preso por ser tal, recuperó en tan pintoresca forma su libertad para continuar, desde la clandestinidad, dirigiendo la lucha del país contra la dictadura.

 

 

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Fotografía de FERNANDO ALLEN

 



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