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  LA RUTA DE LA MUERTE EN YPACARAÍ, LA MALDICIÓN DEL CERRO CAACUPÉ - Por GABRIEL RODRÍGUEZ


LA RUTA DE LA MUERTE EN YPACARAÍ, LA MALDICIÓN DEL CERRO CAACUPÉ - Por GABRIEL RODRÍGUEZ

LA RUTA DE LA MUERTE EN YPACARAÍ, LA MALDICIÓN DEL CERRO CAACUPÉ

                      

Escrito por GABRIEL SANTOS RODRÍGUEZ OVELAR

 

 

(Basado en una historia publicada por CRÓNICA)

 

Desde el Curuzú Peregrino enclavado en lo alto del Cerro Caacupé Km 48, hasta el Km 42 de la ruta número 2 que separa las compañías de Huguá Hú y Pedrozo, la muerte se desliza en la peligrosa pendiente cobrándose la vida de cientos de compatriotas entre automovilistas, transportistas, pasajeros y transeúntes.

A partir de la década del ‘30 del siglo pasado hasta nuestros recientes días, la desgracia, el luto y el dolor secuestraron el sentimiento de numerosas madres para mantenerlas prisioneras de la más lastimera de todas las tristezas.

Las cruces al costado del camino señalizan el escenario de los fatales desenlaces, existen lugares en donde pocos metros de suelo albergan 11 o 15 cruces casi enclavados uno sobre otro como recordando que los accidentes se cobraron tal cantidad de víctimas fatales en un solo día, y así sucesivamente a lo largo de la bajada del cerro, más de 200 curuzú paño revolotean al viento reclamando poseer el macabro récord de constituir el lugar más peligroso del país convirtiéndose en “La ruta de la muerte”.

Charcos de sangre, cuerpos descuartizados, calcinados, decapitados o aplastados constituyen el dantesco escenario que los lugareños contemplan en cada colisión, mientras una tormentosa sinfonía de desgarradores llantos y lamentaciones ensordecen a quienes son testigos del siniestro espectáculo, que como telón de fondo tiene ómnibus despedazados, hierros retorcidos, vehículos ardiendo en llamas y el angustioso ulular de las sirenas de ambulancias y bomberos.

Es como si la mismísima Muerte tuviera su despacho en ese lugar y cobrara un selectivo y criminal peaje a quienes transitan por esa zona del País.

A lo largo de 80 años, más de 200 vidas sucumbieron para quedar por el camino, las estadísticas hablan de las cifras, a veces de 11 víctimas como el caso de aquel fatídico 7 de enero de 1995, cuando una ambulancia quedo atrapada en medio de la frontal colisión de dos ómnibus de la empresa La Santaniana, otra de 15 fallecidos en la madrugada de 28 de junio de 2015, de 6 muertos el 16 de marzo de 2017, por citar los luctuosos hechos cuyas víctimas fueron más numerosas.

Y así sucesivamente, matando de a uno, de a dos, tres o cuatro, El quinto jinete fue alzándose con trofeos simbolizados por la vida truncada violentamente en los percances ruteros, transeúntes atropellados o incluso a través de la sed como es el caso del niño Pablo Gatti, quien en el año 1945 y contando con solo 9 meses murió mientras acompañaba a su madre en su peregrinaje a Caacupé. El lugar exacto en donde aquel niño murió de sed está en el km 42, donde ahora una generosa fuente ofrece agua a quienes transitan por ahí y en cuyo homenaje lo llaman: El Kuruzú Pablito.

La desgracia en persona parapetada en la zona echa guante a todo lo necesario para cumplir su cometido, no importa cómo, siempre esta acechante en busca de víctimas, el 19 de abril de 2017  desmoronó la pared del  cerro intentando asesinar a cualquiera al azar, otras veces se divierte arrancando de raíz colosales Elucaliptus para que aplasten en la madrugada a automovilistas, como el caso del malogrado Gabriel Gabo y compañía, quienes en vísperas de la navidad del año 2015 fueron blancos de aquel acontecimiento en donde incluso se puede culpar a la mala suerte, pues para que suceda lo que paso, las probabilidades son de una en mil.

La ruta de la muerte situada en Ypacarai y más específicamente las compañías de Pedrozo y Huguá Hú es un cementerio a la vera del camino, el tramo más peligroso se encuentra entre los kilómetros 45 y 42, 3 mil metros de asfalto que son testigos de más de 200 tragedias, eso equivale a una cruz cada 15 pasos y para colmo de males cada día que pasa la distancia entre los nichos dramáticamente tiende a acortarse.

Descender entre las paredes del cerro luego de probar frenos y tomar todos los recaudos de prevención conlleva la liberación de adrenalina que acelera el ritmo cardiaco, además de la consabida e inevitable sordera producida por la diferencia de la presión atmosférica del sistema auditivo interno con el exterior, del que nos reponemos tragando saliva durante la vertiginosa bajada en aquel tobogán del infierno que desemboca en la Antigua Tacuaral.

Desde lo alto del km 48, el majestuoso e imponente paisaje que incluye serranía, follaje y el avistamiento de un valle en donde el lago se deja ver en toda su dimensión  constituyen un maravilloso espectáculo natural y a la vez  una trampa terriblemente mortal.

Los pobladores de la zona se preguntan: luego de 80 años y con tantas víctimas, a pesar de las precauciones, porque la gente sigue muriendo?, porque los vehículos se despedazan con tanta furia y violencia hasta casi desintegrarse?, porque a pesar todo nada ni nadie puede evitar que se siga avanzando hacia el matadero?, porque los que transitan la zona lo hacen incluso resignados a la terrible y espantosa posibilidad de que mueran intentando descender la pendiente?

A propósito, hace varios años unos amigos míos, El Medico Eladio Pérez y El Medico Kirí me habían hablado de una antigua maldición que merodea la zona y que atraído por aquello, el Mismísimo Diablo se apersono al lugar en donde degolló un Macho Cabrío y mientras veía como  el hilo de  sangre del carnero iba cuesta abajo  sentenció maldiciendo: habrá tantas muertes como cantidad de gotas de sangre de este sacrificio, desde entonces el luto y el dolor se enseñorearon al pie del cerro que paradójicamente representa el sacrifico de la religiosidad y cristiandad Paraguaya.

Aquel relato me erizo la piel, de inmediato me transporto a un lejano tiempo y trajo a mi memoria lo que Adolfo Atencio Manchíni, el popular Pacho Moyano afirmaba frecuentemente diciendo: “Ypacaraípe naiporimo’ai añuá,mboraihú ni tekoporá  araca’evé porque cérrope o je degollá akue petei carnero macho há hugý o jé hycuavó  tapé tava Tacuaralpe”.


Lo afirmado por Pacho Moyano es conocido por varias personas en Ypacarai, pero todos pensábamos que aquello no era más que una fantasía y que supuestamente fue realizada en la cumbre del km 35, jamás imaginamos que en realidad aquel sacrificio aparte de ser verídico, fue en el extremo opuesto de la ciudad, el km 45 en las faldas del cerro Caacupé.

Pero que acontecimiento posibilito y acunó el engendro de la maldición que termino atrayendo al mismísimo Diablo?, que tenebroso secreto encierra ese lugar? Ahí la realidad supera a la ficción y ya nada sorprende, “lo único que al menos hasta ahora no sucedió es que un avión colisione por el cerro” dijo una preocupada vecina, pero el tiempo juega a favor y existe la posibilidad de que suceda en cualquier momento.

Los Médicos no aportaron mayores datos sobre la génesis de la maldición, solo atinaron a decir que para desvelar el misterio debía hablar con un poblador de la compañía Huguá Hú de nombre Belarmino Pereira, un moreno descendiente Afro – Boliviano que sería el único eslabón con el cual se puede unir todos los acontecimientos y formar la cadena de esta historia.

Belarmino Pereira es Ypacaraiense mitad Paraguayo y mitad Boliviano, hijo de un Pardomitad Negro y mitad Quechua que trabajaba bajo los rigores del Pongueaje en  su pueblo natal llamado Copirata - Provincia Nor Yungas – La Paz - Bolivia, desde donde fue secuestrado en el año 1932 y junto a miles de indígenas traído a nuestra región oriental para morir por la patria en la guerra del Chaco.

Ya convertido en soldado Boliviano, el padre de Belarmino fue tomado prisionero en Campo Vía en el año 1932, estuvo cautivo en Isatí, Tacumbú, en el Leprosorio de Sapucái y luego en la Cantera de Ypacaraí.

Un Boliviano Negro - Afrodescendiente que peleo en la guerra del Chaco y  fue a parar a Ypacarai?.


                             

Breve antecedente histórico

En efecto, además de los Afro bolivianos, 20 mil indígenas participaron de aquella confrontación bélica, en tres años de combate 32 mil bolivianos murieron, 2 mil desaparecieron y 20 mil fueron hechos prisioneros, entre ellos el padre de nuestro compueblano Belarmino, este último  actualmente reside en la compañía Huguá Hú – Ypacarai.

Bolivia cuenta con 32 pueblos originarios además de los Afro-bolivianos.

En el año 1544 los Españoles descubrieron Plata en el Cerro Rico de la ciudad de Potosí. Los Conquistadores comenzaron obligando a los Quechuas y Aymaras a trabajar en las minas, pero la salud de los nativos se debilitaban y morían rápidamente.

Entonces, para solucionar el “pequeño inconveniente de la muerte masiva de los originarios de la tierra”, a mediados  del año 1600 los adueñados de las minas comenzaron a importar Negros desde las Antillas o directamente desde El Congo y Angola – África, utilizándolos como esclavos en las minas de plata.

Pero las frías temperaturas del Altiplano y la altura, que en Potosí suman 4070 metros sobre el nivel del mar, congelaban y asfixiaban a los negros acostumbrados a los cálidos 30 o más grados de la madre tierra africana. Tras breve tiempo aspirando los gases tóxicos los africanos quedaban inservibles hecho que obligo a un masivo envío de negros a Bolivia para reponer las bajas en las minas, la rápida muerte de los esclavos era un efecto colateral, un gasto que las ganancias por la extracción de plata podrían adsorber. 

Se calcula que 8 millones de indígenas y negros murieron como producto de la codicia Española en las mimas de Bolivia durante 300 años. Solo cuando los yacimientos fueron agotados los descendientes Africanos fueron llevados a zonas más cálidas y siguiendo los antiguos caminos Incas llegaron a los Yungas – La Paz, en donde continuaron trabajando en los campos de cultivo de coca en régimen cuasi - similar a la esclavitud denominado Pongueaje y Mitanaje.

Recién en el año 1953, mediante el decreto N° 3464 se abolió el Pongueaje y el Mitanajeque liberó al Afro-boliviano de una esclavitud que lo sometió durante 353 años.

El Pongueaje era un sistema de servidumbre y trabajo sin paga en donde el Afro-descendiente era “libre” pero trabajaba explotado a cambio de comida sin que nadie respete los derechos que desde luego no tenía, en otras palabras y en los hechoscontinuaba siendo un esclavo – Comparativamente hablando es un régimen similar al que sometía al  Mensú en los yerbales del Ybytyruzú.

Retomando nuestro relato, el padre de Belarmino Pereira fue secuestrado por los militares del Gobierno Boliviano, le vistieron con un uniforme, le dieron un fusil y lo mandaron a pelear por una Patria que no era la suya y que siempre lo exploto a él y sus antepasados.

En la batalla de Campo Vía aquel Afro boliviano fue hecho prisionero y luego de un angustioso peregrinar por centros de detención fue a parar  a la cantera de Ypacarai, donde como “el negro que era” fue el despreciado sub-cautivo sirviente de otros prisioneros blancos, integrantes del Regimiento de Zapadores Bolivianos quienes cavaron la fosa de lo que hoy es el Centro Social de Ypacarai, construyeron la primera calle empedrada que se llamaba “Avenida Ypacarai” – actual Carlos A. López y  luego fueron llevados al Cerro Caacupé en donde partieron la dura piedra abriéndose paso a fuerza de mazos construyendo el Tapé Tuya, que hoy por hoy es un sendero casi perdido al costado del actual carril de descenso por el cual se ingresa a Ypacarai desde el km 48.

El miserable linaje de Belarmino Pereira constituye el relato de la desgraciada historia escrita durante de 350 años como víctimas de la barbarie y el brutal sufrimiento: Su padre fue un Pardo mitad Negro mitad Quechua arrancado de su familia para pelear una guerra que no era suya y por el cual terminó  prisionero y haciendo trabajos forzados a cientos de kilómetros de su casucha.

El padre de Belarmino fue hijo de esclavos, nieto de esclavos, bis nieto de esclavos, tátara - nieto de esclavos, y así sucesivamente retrocediendo en el tiempo todo su tronco genealógico fue ultrajado y obligado al martirio desde elaño 1600, cuando traficantes de esclavos fueron a la lejana madre África a comprarlos a precio de banana y traerlos a trabajar hasta morir en la "colonizada y evangelizada América" .(sic)

El comercio de negros se inició cuando la guerra entre tribus del África producían gran cantidad de prisioneros , como alimentarlos resultaba oneroso prefirieron venderlos o regalarlos a los Portugueses para librarse eternamente del enemigo, al principio los esclavos eran consecuencia de la guerra, luego se invirtieron los valores y como aquello resulto lucrativo, la guerra fue consecuencia del negocio de la esclavitud. 

Fue Belarmino quien me relato los duros rigores que lo toco vivir a su padre durante su cautiverio, los desafortunados soldados del ejército Boliviano vivían en la cantera de Ypacarai, cada día iban y venían a pie para cumplir con sus obligadas labores en el cerro, mientras caminaban en fila india encadenados unos a otros la gente  los vilipendiaba públicamente gritándoles improperios, y con escupitajos los maldecían en nombre de sus hijos muertos en los cañadones; estaban mal alimentados, harapientos y semidesnudos, enfermos, despreciados por la sociedad y olvidados por Dios a cientos de quilómetros de una patria que los envió a pelear, matar o morir por ajenos intereses.

En esas condiciones realizaban los trabajos forzados que consistían en romper piedra por piedra el cerro de Caacupé y construir el Tapé Tuyá, para que los peregrinos utilicen la cuesta arriba del cerro como sacrificio ofrecido a la Virgen de los milagros de la Villa Serrana.

El cerro de Caacupé, dijo Belarmino, es un colosal monumento al martirio de seres humanos, cada vez que el pico o el mazo golpeaban la dura roca, el atroz sufrimiento de los soldados era descargado como un rayo, en toda su extensión el Tape Tuyá está cargado con la negativa energía de los ahí cautivos.

Ya en Ypacarai – Km 46 – Cerro Caacupé, aquel soldado prisionero despreciado en el hostil territorio del enemigo, se desvaneció rompiendo la dura piedra mientras el sol le producía insolación, cayó al suelo golpeando su rostro contra el mazo y antes de siquiera poder gemir de dolor, el violento culatazo de fusil del guardia que lo vigilaba le obligo a seguir trabajando de rodillas pues no tenía fuerzas para mantenerse en pie.

En ese preciso instante el Pongo – Soldado – Prisionero renegó de su suerte, invoco la memoria de todos sus antepasados, como devoto del sincretismo de la Santería que sus antecesores habían traído del África, conjuró a las entidades de su creencia y maldijo el cerro en el que era obligado a trabajar y mientras se desgarraba los harapos que le servían de ropa gritó:

“…Donde está la piedad del DIOS que creo al hombre a su imagen y semejanza!, donde está la promesa de que todos somos iguales a sus ojos!, porque yo soy un prisionero esclavo obligado a trabajar hasta el fin de mis fuerzas para construir la ruta en donde los devotos han de peregrinar junto a la madre de Dios para pagar sus promesas!, y mis plegarias?, y mis sueños?, y mi clamor?, y mis ansias de libertad!... en nombre de mi ancestral dolor condeno esta tierraaaa!!!” .

En ese preciso instante una negra nube de tormenta se abalanzo sobre la cumbre del lugar y el agua de lluvia hizo que se desmorone las rocas que cayeron al suelo cobrándose su primera víctima: El soldado que hacía de guardia y culateó al padre de Belarmino.

“Invoca al Diablo y aparecerá” dice un dicho, cuando el Tapé Tuyá fue construido el Maligno observaba segundo a segundo las labores encaradas, estaba enfurecido por lo que aquel sendero iba a constituir: La ruta del sacrificio, la devoción y la muestra de fe de cientos de miles de Paraguayos a la Virgen María, la humana de carne y hueso madre del hijo de DIOS, la humana que sin pasar por el purgatorio fue ascendida  para convertirse en LA REINA DEL CIELO, el mismo cielo desde donde EL, LUCIFER, quien es su génesis fue un angelical ser de luz fue expulsado y arrojado al abismo.

Por eso cuando el padre de Belarmino maldijo su desgraciada situación, abrió una brecha en el portal de las dimensiones y  La Antigua Serpiente acudió de inmediato, “se solidarizó” con él y aprovechando la descomunal usína de energía negativa ahí generaba, desde entonces se parapetó en el lugar persiguiendo a los que transitan por el sendero de la devoción cristiana a la Virgencita Azul de Caacupé.

Lo que motiva tantos accidentes en esta parte del país se denomina “La venganza Boliviana” dijo Belarmino, es el Karma de los prisioneros, una negra energía que aun continua prisionera en el Cerro Caacupé.

La venganza Boliviana?, es posible que el sufrimiento humano desencadene ese tipo de acontecimientos?, pregunte.

Claro que sí!, dijo Belarmino, el caso nuestro no es el único, de hecho existe uno similar en Bolivia pero aún más devastadora!, si le interesa le voy a relatar brevemente la historia:

“…Al igual que el ejército Boliviano en campaña durante la guerra del Chaco, el ejército Paraguayo también tuvo sus bajas, heridos, desaparecidos y prisioneros.

Los prisioneros de guerra Paraguayos no tuvieron mejor suerte que los cautivos en Ypacaraí, fueron llevados a la región de Los Yungas – la Paz – Bolivia, en donde también trabajaron obligados  construyendo una carretera de 80 km en el antiguo camino Inca  en medio de la selva, la tristemente célebre “Carretera de la Muerte”, por mucho tiempo único camino de acceso desde la Paz hasta la Amazonia.

La carretera de Los Yungas fue considerada por el Banco Interamericano de Desarrollo como la más peligrosa del mundo, con un carril de apenas 3 metros serpenteando al costado de la serranía en donde los abismos tienen hasta 800 metros de profundidad y al fondo de todo el caudaloso Rio Unduavi bordea la cordillera, rematando y arrastrando hacia sus profundidades a los por milagro lograran sobrevivir a la caída.

Caer al abismo inexorablemente representa morir debido a lo pronunciado de las pendientes que hacen dificultosamente penetrable del sector, los vehículos que caen al vacío tardan mucho tiempo en ser rescatados, y cuando eso sucede, los cuerpos ya están reducidos a esqueletos.

Incluso la zona era utilizada por sicarios de la Dictadura Militar para arrojar al vacío a opositores al Gobierno, por ello en lo alto se encuentra una plaqueta dedicada a los Mártires por la Democracia, en alusión a 5 líderes políticos que murieron ahí en el año 1944.

La carretera de la muerte de Los Yungas, antes de ser clausurada se cobraba la vida de 100 personas al año, pero en una ocasión, el 24 de junio de 1983 la cifra de muerte anual  se produjo en un solo día, cuando un ómnibus se desbarranco cayendo al cañón en donde murieron 100 personas en lo que fue el peor accidente automovilístico de Bolivia.

Como aquella carretera fue construida por prisioneros de guerra Paraguayos, los lugareños atribuyen las muertes a una maldición y lo llaman: LA VENGANZA PARAGUAYA.

100 muertes por año equivalen a más de 9000 víctimas desde que se construyó la carretera en la década del ’30.

80 años de terror en los precipicios de Lo Yungas han dado origen a numeras leyendas de fantasmas, las cruces abundan en el camino contribuyendo lúgubremente a la temible fama del trayecto.

Son numerosos los choferes que afirman haber visto las apariciones al borde del barranco, algunos incluso manifiestan que en medio del frio, la oscuridad y la espesa niebla detuvieron sus vehículos para dar carona a Cholitas ( Mujer Indígena - Campesina con el típico sobrero tipo bombim Borsalino) y/o paisanos que a altas horas de la noche misteriosamente se encontraban parados cerca del precipicio.

Estas apariciones incluso abordaban los vehículos para pedir ser llevados hasta donde se encuentra una cruz, en donde descienden para perderse en la nada y dar el susto de su vida a los conductores”.

“La Carretera de los Yungas en Bolivia,el Tape Tuyá  junto al tramo desde el km 48 hasta el km 42 en Ypacaraí son hermanas gemelas”, dijo Belarmino, “fueron engendradas y amamantadas por la misma madre: La Guerra, ambas son llamadas La ruta de la muerte, ambas fueron construidas por prisioneros de guerra, ambas están maldecidos, ambas se cobran vidas humanas, y ambas tienen la misma peculiaridad: Las apariciones y extraños fenómenos paranormales”.

Pero el caso Paraguayo e Ypacaraiense tiene una macabra singularidad: El mismo Diablo frecuenta la zona. Nunca se debe olvidar que al llamar la atención de DIOS también se llama la atención de Satanás, quien segundo a segundo Per Secula Selulorum esta acechante como enemigo del género humano. Cada año cientos de miles de Paraguayos recorren este trayecto para venerar a la imagen que tiene su altar en la Basílica de Caacupé, por supuesto que la multitudinaria procesión de fieles también llama la atención del Maligno quien no se quedara de brazos cruzados mientras todo eso ocurre.

El Diablo quiere desalentar la devoción de la Cristiandad Paraguaya, aborrece el sacrificio de la peregrinación, por ello cada vez que puede, mete la cola profanando la sagrada ruta de los promeseros. Contemplar los promeseros subir el cerro Caacupé a pagar una promesa representa un gran sufrimiento para las fuerzas del infierno, por eso están aquí para intentar vengarse.

Por otro lado, tantas muertes violentas, tantos accidentes, tantas vidas truncadas como quien dice “antes de tiempo” crearon un efecto colateral y fantasmagórico al que los lugareños le otorgan cierta credibilidad.

No se trata de fantasmas, pues los fantasmas son figuras por lo general incorpóreas, irreales y hasta si se quiere fantásticas que aparecen para infundir terror. Se trata de otro tipo de manifestaciones.

Basta con hablar con los vecinos de Pedrozo y Hugua Hú para confirmar lo que digo, aquí aparte de los graves accidentes, estamos acostumbrados a las apariciones de entes sobrenaturales, cuando hay amenaza de tormentas es común escuchar llantos, gritos de dolor, ruidos de colisión e incluso ver llamas que se encienden y apagan en la nada, constituyen el eco de los espectros, del sufrimiento que les tocó vivir a las víctimas.

Según Belarmino Pereira, quien es un Santero seguidor de las creencias que su padre heredo de sus antepasados Yoruba - Afro-Bolivianos, las almas de las inocentes víctimas de la muerte fueron ascendidas y hoy son SERES DE LUZ que guiados por Ángeles custodian el lugar brindando auxilio a los transeúntes de manera a disminuir el número de potenciales víctimas.

Para suerte nuestra, continuó diciendo, esto ya no es solo un territorio en donde el mal hace lo que quiere, desde el cielo han bajado ángeles que ayudados por las almas de los que aquí murieron resisten en este campo de batalla, se está librando la eterna lucha entre el bien y el mal, de no ser por la intersección de fuerzas celestiales las víctimas de la carretera de la muerte serían mucho más.

Las personas que murieron víctimas de la emboscada que la maldición les tendió sucumbieron a destiempo, en el libro del cielo aun no les había llegado la hora, desde luego eso constituyen espiritualmente hablando una gran injusticia porque solo el creador debería decir basta, el Reino Celestial está en deuda con algunos de los aquí caídos, pero por supuesto no se los puede resucitar pues eso crearía un revuelo mundial.

Por esa razón algunos fallecidos integran una fuerza celestial al pie del cerro, no son ángeles pues la orden angelical fue creada por DIOS en el origen de todo, pero si son algo más que santos, son seres de luz que guían y protegen a los hombres pudiendo incluso tomar contacto en este plano, eso no significa que intervengan en el libre albedrío, al contrario, lo garantizan salvando de las garras de la muerte a quienes no deben morir aun.

Los casos más emblemáticos lo constituyen el alma de Pablo Gatti, quien en el año 1945 y con tan solo 9 meses murió de sed en el km 42 mientras acompañaba a su madre camino a Caacupé a pagar una promesa, el otro caso que incluso fue avistado en varias ocasiones es el de un ser de luz a quien llaman Ñoño, el alma de un joven mecánico de 27 años llamado Blas Antonio Cañete Moreno, quien el 1 de mayo de 2007 perdió la vida en un percance en el km 46.

Para acabar con la vida de estas dos personas, la maldición del cerro se introdujo directamente en el plano mundano incidiendo en el Libre Albedrio, algo no permitido a los seres espirituales.

Pablo Gatti, quien debido a su corto tiempo de vida era un inocente, y Blas Antonio Cañete Moreno alias Ñoño, un joven trabajador master - mecánico destacado por su pasión por los vehículos, aún tenían mucho por delante por eso el cielo les dio otra oportunidad.

Pablito, como lo llaman los devotos, tiene su propio altar camino al cerro, se lo considera milagroso, el protege especialmente a los niños que acompañan a sus padres en el sacrificio de pagar una promesa a la virgen.

Blas Antonio por su parte, se sentía atraído por todo lo relacionado con los motores, incluso participaba de competiciones internacionales alzándose con medallas, menciones, certificados y trofeos, en una ocasión representando a Toyotoshi  - empresa en donde trabajaba - logro ubicarse en el séptimo lugar entre 17 delegaciones de todo el mundo que participaban de un torneo en Panamá.

Ñoño era un joven increíblemente alegre y solidario, su vida transcurría entre su pasión por su trabajo, el amor a su familia, la camaradería entre amigos y conocidos, hasta que el 1 de mayo de 2007, sin que aun sea le haya llegado la hora, la vida se le fue arrebatada en el peligroso tramo de la ruta de la muerte.

Pero volvió del más allá para hacer lo que siempre hizo, ayudar al que necesita…

Son numerosas las personas que habiendo sufrido percances mecánicos o automovilísticos manifiestan haber recibido el auxilio de un joven que con la sonrisa en los labios les tiende la mano para luego desaparecer misteriosamente en la noche.

La gran mayoría de los vecinos de Huguá Hú y Pedrozo conocen la historia de Ñoño y del sobrenatural pronto socorro  a quienes sufren desperfectos en sus vehiculos, pero el caso más emblemático lo representa la historia relatada por Doña Carmen Sara Manchini Daponte cuyos padres son originarios de Ypacarai, Doña Carmen relata que en una ocasión, entre diciembre de 2010 y los primeros días de enero de 2011 en compañía de un amigo de nacionalidad Chilena iban de Asunción a San Bernardino , los amigos dialogaban amenamente durante todo el trayecto motivo por el cual y sin percatarse pasaron de largo el desvió que debía llevarlos a San Bernardino, entre charlas, risas y ya muy cerca del cerro, el par de amigos  se da cuenta que habían pasado el desvío, y la señora Manchini Daponte sugiere girar en U para retomar el trayecto.

El amigo Chileno, quien venía manejando la camioneta Santa Fe versión Americana de 6 cilindros, realizo la maniobra que termino tumbándolos en la banquina. La señora Carmen Sara menciona que, repuesta a medias del susto por el vuelco, intento arrastrarse para salir por la ventanilla cuando de repente ve a un joven frente al vehículo, quien solo y sonriente levanta con ambos brazos el pesado vehículo para ponerlo nuevamente sobre las 4 ruedas permitiendo que sus ocupantes se liberen.

Aun anonadados por el doble suceso – el vuelco y la descomunal fuerza de aquel joven -  tanto Doña Carmen Sara como el amigo Chileno dan varias vueltas alrededor del vehículo intentando encontrar al joven para agradecerle, pero el mismo desapareció apenas termino de auxiliar a los accidentados.

Aquel solitario y misterioso salvador apareció de la nada, estuvo ayudando casi segundos después de que el vehículo volcara,era  como si supiera que tal cosa ocurriría y lo estuviera esperando, no dijo una sola palabra y al mejor estilo de los héroes de las películas se marchó dejando muy impresionados a quienes lo vieron.

Aquel par de amigos nunca pudieron darle las gracias al joven que les ayudó, 6 años después del accidente la señora Manchini vio una imagen del mecánico, recien entonces se entero que el mismo había fallecido en él 2007,   y quebrándose dijo: “Dios mío, es el, nunca olvidaré su sonrisa mientras levantaba el vehículo para salvarnos, no hay dudas…es Ñoño”.

Relatos de esta naturaleza generan todo tipo de reacciones dijo Belarmino, algunos son completamente escépticos a estas creencias, otros lo malinterpretan y creen que se tratan de fantasmas, son muy pocos los que comprenden cabalmente la situación generada y vivida al pie del cerro; lo que aquí sucede no constituye un hecho aislado, nada en el mundo sucede al azar, la maldición de la carretera de la muerte lleva 80 años, es la suma de varias situaciones, como un Nudo Gordiano que se fue enredando más y más y que hasta ahora nadie puede desatar.

La única forma de revertir la maldición es que, primero y antes que nada "que algunos pillos no continúen rapiñando los despojos de los caídos en desgracia en los accidentes, porque esto envilece al genero humano", segundo y primordial:  la misma cantidad de peregrinantes que cada año van a Caacupé inviertan su recorrido llevando a la Tupasý en andas, que partan desde la Basílica y desciendan el cerro pidiendo perdón a las almas de los ahí alguna vez cautivos, así la  negra energía será desprendida de las paredes del cerro y desintegradas bajo los pies de los devotos de la Virgen.

Los médicos Eladio Pérez también apodado Ñoño, Kirí y el Santero  Belarmino eran los únicos que guardaban el secreto de la ruta de la muerte, en la actualidad los nietos de aquel afro boliviano y los descendientes de otros prisioneros conviven en Ypacarai.

“Algunos tenemos la piel muy oscura, eso de debe a nuestro pasado Africano y sus penurias como esclavos de un imperio colonizador” dijo, “a los descendientes de los pueblos originarios se los puede identificar fácilmente pues tienen  cara de jarrón incaico, de artesanía pre-hispánica”, acoto de manera bromistamente jocosa, “y también están los blancos, actualmente todos somos Paraguayos,pero  alguna vez fuimos Bolivianos en una tierra muy hostil  que luego termino siendo nuestro hogar, hoy por hoy preferimos olvidar, no nuestros orígenes, sino aquella gran injusticia cometida en ambos bandos, los pobres hijos de  la tierra fueron obligados a matar para no morir en una guerra de poderosos”, termino diciendo Belarmino Pereira.

 A 80 años de la guerra las consecuencias siguen latentes, los seres de luz ayudados por los ángeles día y noche vigilan desde el desvió San Bernardino hasta el Curuzú Peregrino, pero el Taimado Diablo tampoco descansa, por eso a menudo da su zarpazo y los medios periodísticos reportan los hechos como si se tratara de lamentables accidentes, son pocos quienes saben la verdad, de que en realidad constituyen las bajas de la milenaria guerra entre el bien y el mal cuyo campo de batalla se sitúa a lo largo de La Ruta de la Muerte en Ypacaraí.

 

 

 

 

Fuente: El Autor GABRIEL SANTOS RODRÍGUEZ OVELAR

Registro: Abril 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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