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ELIGIO AYALA

  LA REPARTICIÓN COMO FACTOR ECONÓMICO (Ensayo de ELIGIO AYALA)


LA REPARTICIÓN COMO FACTOR ECONÓMICO (Ensayo de ELIGIO AYALA)

LA REPARTICIÓN COMO FACTOR ECONÓMICO

Ensayo de ELIGIO AYALA



EL MATERIALISMO HISTÓRICO

Libro escrito por Eligio Ayala, ensayo escrito en Clarens, Suiza, entre octubre de 1915 a febrero de 1916.

Y publico un aparte interesante de la misma:

 

LA REPARTICIÓN COMO FACTOR ECONÓMICO.

 

En el régimen de la propiedad privada, la actividad económica tiende a producir una excelente riqueza sobre las necesidades inmediatas. La idea económica de la propiedad es la posesión de objetos útiles en exceso sobre las necesidades actuales, dijo Warl. El hombre rara vez consume todo cuanto produce. Hay en él una tendencia natural de reservar parte de los productos en previsión de necesidades futuras.

El derecho de la propiedad privada, ha determinado el proceso, de acumulación de la riqueza, sin el cual el progreso tal vez hubiese sido imposible. Los más previsores, más audaces y más fuertes, o los favorecidos por el azar, conservan en su posesión una cantidad superflua de riqueza con relación a sus propias necesidades. El opulento banquero guarda en sus urnas metálicas mil veces más que todo cuanto podrá consumir en su vida entera. Y el pobre jornalero ocupado en barrer los corredores de su palacio, apenas si gana el alimento que imploran sus hijos; muchos obreros honestos y laboriosos sienten sus entrañas roídas por el hambre porque no encuentran trabajo.

El gran terrateniente acapara grandes extensiones de tierra fértiles, las sustrae a la explotación productiva y no las explota. Sobra tierra labrantía al que no la necesita, ni se preocupa de cultivarla, y millones de cultivadores inteligentes carecen de ella.

La desigual repartición de la riqueza produce grandes perturbaciones sociales; abre grietas en la sociedad, la despedaza en clases, en bloques aislados por los prejuicios, las pasiones, el odio.

La superflua concentración de la riqueza quebranta la justicia social, turba la armonía en la convivencia social. Y las convulsiones sociales que ella ha provocado, las obstinadas protestas y las rebeldías bravías han ocultado las ventajas sociales de la propiedad privada.

Impresionados por los efectos sociales de la distribución económica, muchos la han considerado como el factor económico. La organización de la propiedad privada, se dice, regula la organización social; ella determina las formas de las instituciones políticas, de la legislación, la configuración de toda la vida social. La misma potencialidad atribuida a Marx a la fuerza de producción, fue adjudicada por otros a la distribución económica. Se creyó asegurar la solidez del Materialismo histórico con sustituir su pedestal por otro.

Esta nueva tendencia del Materialismo histórico también ha sedimentado en diferentes teorías. Unos consideran como factor económico la distribución de la riqueza mobiliaria, otros la de la propiedad inmueble. En casi todas las variadas teorías del moderno socialismo económico, la distribución de la riqueza es considerada' como el resorte de todas las funciones sociales.

Por vía de ejemplo, voy a exponer solamente dos de las más importantes formas de Materialismo histórico asentado en la distribución económica; la teoría de Loria y la de Oppenheimer.

Loria es un fanático creyente en el Materialismo histórico. Pero a su juicio, el motor primario de la historia es la distribución de la propiedad agraria.

La distribución agraria determina todos los factores no económicos del sistema social, traza el curso de la historia a despecho de toda oposición inteligente y de todo ideologismo.

En los Estados civilizados, según Loria, hay dos clases fundamentales: los grandes propietarios de inmuebles y el proletariado. La primera que permanece en la inacción, que no se preocupa más que de acumular sus rentas; la otra forzada a trabajar durante toda su vida por salario miserable.

Esta distribución agraria moldea toda la organización social, todas las formas de la vida moral, jurídica y política. La preocupación de dominar, de aumentar sus ventajas económicas, inherente a la clase más fuerte, impone la legislación, las instituciones políticas, las preocupaciones morales, las ideas y creencias de cada época.

Cuando se explora el fondo de la composición social, se descubre que las leyes no surgen de la mente del legislador, sino que son productos orgánicos, necesarios de las condiciones económicas de la sociedad, derivadas de la distribución agraria.

Loria cree como Marx que un solo impulso mueve al hombre: el instinto de la propia conservación o el egoísmo personal. Y el egoísmo individual es capaz de asegurar el bienestar social, y de engendrar un sistema de moralidad en la sociedad, en su concepto.

La forma actual de la distribución agraria estorba la expansión regular, armónica y natural del egoísmo personal.

Adam Smith atribuyó la prosperidad de la colonia americana a la libertad política y la abundancia de tierras fértiles. Ajuicio de Loria la libertad política es un efecto; ella sólo puede desarrollarse donde existe abundancia de tierras, donde hay tierras para todos. Loria adopta todo el sistema del Materialismo histórico. Las condiciones económicas también están sujetas a un proceso de transformación; pasan de una forma a otra en virtud de leyes inherentes a ellas mismas, naturales, no decretadas por el hombre. La fuente de todo el proceso económico es la fuerza de la producción, según Marx; según Loria es la distribución agraria. Y el proceso económico desatado por 1a distribución agraria, engendra genéticamente las formas de la vida social, la superestructura ideológica. La teoría de Loria, pues, es más consecuente con el Materialismo histórico que la que considera la circulación como factor económico.

Oppenheimer también ha concebido una teoría sociológica basada en la distribución de la propiedad agraria.

Así como hay una ley aplicable a todos los gases, escribe, hay una ley aplicable a todos los hombres. Y ella es la ley del interés económico privado, del egoísmo, definido por el clásico liberalismo económico. El despliegue normal, natural, del interés privado, dentro del régimen de la libre concurrencia, según él, bastaría para asegurar el bienestar, la justicia, la armonía en la sociedad. Adaptaría el interés privado al social y desaparecerían todas las perturbaciones sociales.

En el régimen económico actual, no existe la armonía social, porque hay un resorte que entorpece la libre concurrencia, que estorba el libre juego del interés económico privado. El agente morboso en la patológica organización social actual es el monopolio jurídico del suelo.

Este monopolio no es natural, no resulta de la limitación del suelo, de la imposibilidad de producirlo, de aumentar su extensión. Él proviene del derecho de propiedad privada. Este derecho permite la acumulación de la propiedad agraria independientemente de su explotación: la apropiación de mayor extensión que la necesaria para satisfacer las necesidades de una familia y el derecho de conservarla aún sin cultivarla y de excluir a otros de su posesión. En todos los países sobrarían tierras si fuera posible distribuirlas entre las familias conforme a sus necesidades y sus aptitudes; si a cada una se adjudicase solamente la extensión que podrá cultivar con sus propias fuerzas.

El monopolio jurídico del suelo, los latifundios son los obstáculos de su equitativa distribución. Y la desigualdad y arbitrariedad en la distribución agraria es la causa inmediata de todos los males sociales, de las desigualdades económicas, de las clases sociales antagónicas y todos sus funestos efectos.

Según la escuela fisiocrática, las diferentes aptitudes de los hombres, la mayor previsión, la perseverancia, la energía, la parsimonia, la diversidad de las condiciones externas, produjeron la desigualdad económica entre los hombres. Esta creencia confunde el efecto con la causa, dice Oppenheimer. Ella explica la desigualdad en la época histórica solamente. Esa desigualdad se funda en una condición esencial, preexistente: la dominación de una clase por la fuerza, el monopolio jurídico del suelo. Este monopolio existía ya en la época prehistórica; fue determinado por la usurpación del más fuerte, por el abuso de la fuerza.

Por la fuerza se efectuó la conquista de una tribu por otra. De la conquista de un grupo humano por otro, resultó la esclavitud. Los vencidos fueron convertidos en esclavos, en máquinas de la producción económica. La esclavitud ahorró el trabajo personal del jefe conquistador; ella permitió la apropiación de mayor extensión de tierras que la cultivable con las solas fuerzas del propietario: suplió el trabajo de determinados propietarios. Si no existieran los esclavos, la apropiación de mayor cantidad de tierras que la directamente cultivable por el propietario sería inútil. Nadie pensaría en ella, como no se concibe la apropiación del aire, de la luz del día, de las aguas del mar. Formada la esclavitud, ella es apetecida porque entonces se puede imponer a los esclavos el trabajo de explotarla.

De la conquista, pues, derivaron las primeras clases sociales. En el grupo social triunfante se formaron una clase compuesta de los jefes, los triunfantes, los fuertes y otra subordinada, compuesta de los sirvientes y los esclavos, los vencidos a quienes se ha conservado la vida para convertirlos en instrumentos del trabajo.

La división en clases, por consiguiente, la usurpación de la fuerza, fue anterior al monopolio jurídico del suelo, a la formación de las clases económicas. Y en el régimen de la dominación de clases y de la propiedad privada del suelo, germinó el capital propiamente dicho.

El capital es la parte de la producción sustraída del consumo para aplicarla a la producción; según la economía clásica. El medio de la producción puede no ser producto del trabajo, como la tierra.

La propiedad es un instrumento de producción no constituye siempre un capital, según Oppenheimer.

Ella es capital solamente si aporta un provecho a su propietario. El capital no obra por sí mismo, es aplicado por el hombre a la producción. El provecho que obtiene un propietario del capital, por consiguiente, es el resultado del trabajo ajeno. En una isla aislada, donde no existiese el comercio, en la que cada uno de sus habitantes se apropiase de la cantidad del suelo que puede cultivar, y produjese lo que exige su propio consumo, no existiría el provecho. La tierra sería un instrumento de producción, pero no un capital.

El instrumento de la producción puede producir un provecho a su propietario, y ser capital, solamente en una organización social determinada. Entre los salvajes no existe provecho, ni renta agraria. El capital, pues, es una categoría histórica, porque sólo existe en un régimen económico especial.

La organización social en que se ha formado el capital es la capitalista, la misma descrita por Marx, según Oppenheimer.

En la sociedad capitalista, una clase monopoliza los instrumentos de la producción, y otra está obligada a trabajar para obtener los medios de vida porque carece de los medios de la producción. Los propietarios de los instrumentos de producción, prevalidos de la necesidad de trabajar de los que carecen de ellos, de la libre concurrencia y de la libertad de transitar, imponen las condiciones del trabajo, se apropian del producto del trabajo ajeno, obtienen la renta y el provecho.

Según Marx, el origen de la apropiación de los instrumentos de la producción, del monopolio agrario, son las usurpaciones, la violencia, el despojo, las expropiaciones legales, los procedimientos violentos de la concentración de la propiedad, aplicados en los siglos XV y XVI.

A juicio de Oppenheimer, él es la conquista de un pueblo por otro más fuerte. De esa conquista nació el Estado, la dominación de clases. Por medio del poder político la clase dominante impone los impuestos y el trabajo a la otra dominada; se apropia de los medios de la producción económica y sustrae de los obreros parte de sus trabajos, de sus productos, sin recompensa. La separación de clases es el producto de un poder no económico, del robo ilegal, y de la legal concentración de la propiedad del suelo; de él han resultado la legislación, la justicia y la administración de clases.

El monopolio jurídico de la propiedad del suelo subsiste todavía en la sociedad actual, en el régimen económico capitalista. Pero su origen es anterior a éste régimen económico. El poder político, la institución feudal, el poder no económico, son la fuente de donde salta el gran torrente de las usurpaciones sociales.

Marx no concibió los efectos del monopolio jurídico del suelo. Consideró la organización social capitalista como la fundamental y primaria de la sociedad. Y éste fue su error. El régimen económico capitalista es un derivado de condiciones preformadas, está incrustado en el jurídico y político de la sociedad. Las instituciones jurídicas y políticas no son el resultado de la organización económica de la sociedad. Al contrario, ésta es consecuencia de aquellas. De esas instituciones jurídicas y políticas nacieron los latifundios, y éstos son el mecanismo que produce las rentas agrarias y el provecho industrial.

A causa de la falsa expectativa que tuvo Marx del régimen económico capitalista, erró en su diagnóstico de los males sociales. Creyó que el estado patológico de la sociedad reside en la organización industrial y que el agente morboso de todos los desarreglos sociales es la libre concurrencia y la propiedad privada; que de ellas fluyen las desigualdades sociales, el antagonismo de clases y las crisis económicas.

Marx explicó la distribución del producto del trabajo económico como salario, provecho y renta por medio de su ley de acumulación. Conforme a esta ley, la riqueza producida se concentra, se convierte en capital fijo con gran rapidez. La concentración disminuye el capital circulante y el trabajo, desplaza de los talleres a un gran número de obreros, forma mecánicamente la Reserve-Armée, el ejército de los obreros sin trabajo. Esta reserva de obreros aumenta en proporción directa al aumento de la riqueza. Y cuanto mayor es la reserva, mayor el pauperismo, la miseria, el caudal de vicios y el deterioro del organismo social.

Marx creyó que este estado patológico es transitorio, que es inherente al régimen capitalista que tiende a metamorfosearse a sí mismo. El remedio de los males sociales consistirá, según el socialismo marxista, en la extirpación del agente morboso, en la supresión de la propiedad privada y la libre concurrencia, en la gran síntesis social del colectivismo. Algunos adeptos del socialismo marxista creyeron que bastaría suprimir la propiedad privada para atajar todo el torrente de los males sociales, así como los que creen que para curar la tuberculosis pulmonar bastaría extirpar los pulmones.

Oppenheimer arguye que la teoría de Marx no compadece con la realidad. Su ley de acumulación no explica la formación de los obreros sobre el trabajo. Conforme a ella, en las industrias debiera producirse una progresiva acumulación de la riqueza; el número de obreros debiera contraerse, y una cantidad cada vez mayor de obreros permanecer sin trabajo.

Y sin embargo las estadísticas acusan que el número de obreros industriales ha aumentado y que la concentración de la riqueza se ha extenuado. Con todo hasta hoy la demanda de trabajo es mayor que la de obreros; hay una masa superabundante de obreros en los centros industriales.

La ley de la acumulación no es, por consiguiente, la causa de que varios obreros pidan salario a un patrón y de que varios patrones pidan trabajo a un obrero.

La propiedad privada no es el agente morboso sino el asiento del mismo, en concepto de Oppenheimer. Ella es el síntoma del estado patológico social, pero no su causa.

Hay dos grupos diferentes en la actividad humana ejercitada para satisfacer las necesidades del hombre, escribe Oppenheimer. La que se propone satisfacerlas por medios materiales de valor constituye la económica. La actividad que satisface las necesidades sin la aplicación de medios materiales, tal como el reposo y el coito, o por medios materiales sin valor, tal como la respiración, es no económica.

En toda sociedad se emplean dos medios para obtener el material con que se satisfacen las necesidades humanas: el económico y el político. El medio económico es la apropiación, previa una recompensa, tal como el pago, el cambio, los servicios. El medio político es la apropiación sin recompensa: el robo, la guerra, la violencia, el engaño ... El medio político es aplicado por el Estado, el económico por la sociedad.

La aplicación del medio político ha precedido en la historia a la del económico.

La violencia es el único origen posible, inductiva y deductivamente, de la división de clases y de la acumulación de los instrumentos de la producción. El primer medio de producción usurpado fue el suelo. El origen del monopolio jurídico del suelo es la fuerza.

La causa del malestar social es el monopolio jurídico del suelo. La masa de obreros sin trabajo concentrada en los núcleos urbanos, afluye de la campaña, de los latifundios.

La libre concurrencia no es responsable de las perturbaciones sociales. Al contrario, ella es su remedio. Porque el monopolio jurídico del suelo, la restringe, la estrangula; porque ella no puede atacar ese monopolio, se producen las usurpaciones del capital.

El monopolio agrario prive de tierras labrantías a los cultivadores agrícolas, crea la clase asalariada rural. El confiere a sus propietarios un poder dictatorial para fijar las condiciones de trabajo, imponer el salario. La libertad de migrar les permite sustituir los obreros más caros por los más baratos. Los obreros excluidos por los latifundios o los disconformes con sus deprimidos salarios, afluyen a los centros industriales o emigran. La concentración urbana de los obreros aumenta la concurrencia, deprime el salario.

La emigración de los obreros expelidos por los latifundios, aporta mano obra barata al extranjero, facilita la explotación de las tierras fértiles en los países nuevos. Y la concurrencia agrícola de los mismos aumenta la depresión económica en los países viejos, donde las tierras están monopolizadas. El monopolio jurídico del suelo, pues, ejerce la presión económica inicial que impulsa las migraciones de grandes masas humanas.

Y estas corrientes humanas determinan con un poder incontrastable, todos los cambios sociales, Gesetz der Strömung.

Si no existiera el monopolio jurídico del suelo la libre concurrencia, el solo ejercicio del interés privado, establecerían la armonía social sin necesidad del colectivismo o del comunismo.

Si todos los cultivadores tuvieran tierras propias de cultivo, la oferta de obreros disminuiría en los latifundios, los salarios aumentarían, la renta y el provecho caerían hasta hacer inútil e improductiva la explotación de los latifundios.

Oppenheimer adhiere a los principios fundamentales del Materialismo histórico de Marx. Como Loria, no hace más que sustituir en él la fuerza de producción por la repartición agraria. El también cree que existen en la sociedad leyes inmanentes de la evolución social, potencialidad superior a las concepciones éticas de una sociedad futura; que el impulso económico es el hecho fundamental, el fondo, la energía latente, de las exteriores manifestaciones de la humanidad.


CRÍTICA

Oppenheimer expresa categóricamente su adhesión al Materialismo histórico de Marx; pero la propiedad desempeña, a su juicio, en la evolución social, la función primaria atribuida por Marx a la fuerza de producción. Concuerda con Loria en la afirmación fundamental de que la organización de la propiedad agraria es la causa inmediata de las instituciones jurídicas y políticas.

Sin embargo, Oppenheimer contradice radicalmente su propia tesis. El monopolio jurídico, considerado como el único poderoso agente morboso inmediato en el organismo social, es a su vez un efecto, según él mismo, de un poder no-económico del poder político, de la fuerza. El latifundio, dice, es la posición de fuerza que altera el nivel del salario, determina las corrientes de las masas humanas. El latifundio moldea las instituciones sociales, las jurídicas y políticas. Pero el latifundio es también un producto de la organización jurídica y política de la sociedad. Explica, pues, las instituciones jurídicas y políticas, las perturbaciones sociales por el latifundio, y explica el latifundio, por medio de las instituciones jurídicas y políticas. La causa mediata, la anterior al monopolio Jurídico del suelo mismo, es el poder no económico, es la fuerza ejercida por el estado.

La fuerza primera de las transformaciones sociales queda así reducida al poder político. Con este poder sustituye la fuerza de la producción económica en el Materialismo histórico. Es evidente que la teoría basada en ese poder puede ser materialista y monista como la Marx. En ésta, el primer motor de la historia es una fuerza económica; en aquella es una fuerza no-económica, anterior y más poderosa que ella.

Conforme al Materialismo histórico de Marx las instituciones jurídicas y políticas, las formas de la conciencia, son como secreciones "de las relaciones de la producción correlativas a un grado de desenvolvimiento de las fuerzas de producción". Oppenheimer afirma que las instituciones jurídicas y políticas son las causas primarias y no los efectos.


VERIFICACIONES DEL FALSO MATERIALISMO HISTÓRICO

El materialismo histórico original no fue positivamente inducido de hechos históricos, imparcial y positivamente investigados. Fue construido a priori con elementos filosóficos y científicos heterogéneos preexistentes. Los estudios históricos que contienen las obras de Marx fueron encaminados a verificarlo, no a investigar sus principios componentes. La formulación teórica del sistema precedió a la investigación histórica y la orientó. Ella presidió la selección de los hechos. Marx se preocupó de reunir hechos que confirmen la teoría cimentada deductivamente como verdadera. Se preocupó de apoyar su teoría más que de demostrarla. Plegó los hechos históricos a la doctrina y no la doctrina a los hechos. Buscó en el pasado armas para su causa y argumentos para su teoría. Su prejuicio ordenó los hechos en un mismo sentido.

La historia económica inglesa, y más concretamente la Revolución industrial iniciada a mediados del siglo XVIII, fue la cantera de donde extrajo Marx la mayor parte de su material histórico de comprobación.

A la sugestión ejercida por el Materialismo histórico de Marx cedieron los representantes de las varias teorías que constituyen el falso Materialismo histórico. Todas estas teorías fueron deductivamente formuladas y a todas se ha prestado una aparente base histórica.

En la Revolución industrial inglesa también se ha buscado la comprobación histórica de todas las interpretaciones del Materialismo histórico. La revolución industrial inglesa parece dictar como lógica conclusión cada una de esas teorías. Claro está porque se la interpreta tendenciosamente, porque en ella se buscan los hechos que se adaptan a la teoría u no la teoría adaptada a los hechos.

La Revolución industrial inglesa puede confirmar cualquiera de las sectas del falso Materialismo histórico según el método aplicado a su investigación e interpretación.

La técnica de producción ha sido considerada por unos como el factor económico de la historia. Es fácil percibir en la Revolución industrial inglesa una perspectiva que la demuestre aparentemente.

La técnica de la producción ejerció en esa Revolución una influencia trascendental, evidente. Las invenciones mecánicas, la aplicación de las máquinas, revolucionaron la producción económica, transformaron bruscamente su cantidad, calidad y velocidad.

En el régimen económico anterior a la Revolución, los instrumentos de la producción eran rudimentarios, simples, dispendiosos y lentos. La producción era irregular, perezosa, ruda, sin refinamientos, rústica.

Los nuevos instrumentos de la producción, los originales procedimientos técnicos, dislocaron las relaciones de la producción económica y determinaron una reorganización social general, amplia. Las ideas, las creencias, las ocupaciones, las costumbres; las instituciones, jurídicas, políticas y económicas, todo el régimen de la vida social fue convulsionado.

La revolución de la técnica de la producción rompió un equilibrio existente, remoldeó la estructura económica. En la transformación de la organización social de ésa época parece evidente la prelación de las transformaciones de la producción económica.

El cambio inmediato de la técnica de producción, cambió todo el régimen de la producción económica. Y este cambio precedió a las grandes mutaciones de las relaciones económicas todas, a las de todo orden social.

Las relaciones sociales, las instituciones, las ideas jurídicas y políticas, todo se readaptó a la nueva estructura económica.

Sin forzar la lógica se puede afirmar la existencia de una relación de causalidad necesaria entre estos dos planos de mutaciones. Y esto hicieron los que entendieron tendenciosamente los efectos sociales de la Revolución industrial inglesa. Creyeron que los cambios técnicos fueron las causas de las transformaciones sociales. Por un abuso de la generalización pretendieron explicar con la revolución de la técnica de producción todas las transformaciones económicas, todo el curso de la historia, toda la evolución social.


PROGRESO Y RIQUEZA

En la Revolución industrial inglesa se ha pretendido encontrar también una demostración experimental del factor económico de la circulación.

La influencia de la circulación en la organización social fue culminante y patente. La necesidad de aumentar, de asegurar y acelerar la circulación de la riqueza, estimuló el progreso de los medios de transporte. La iniciativa privada se aplicó primero a la construcción de canales, como a un sport. La construcción de canales degeneró en una verdadera manía, The canal mania. Todo el territorio fue cruzado de grandes canales construidos con el capital privado, sin asistencia del Estado. Esta es una de las más salientes objetivaciones del obstinado espíritu de empresa que animaba al pueblo inglés.

Los descubrimientos físico-químico fueron aplicados a impulsar la circulación. Después de la pasión por la construcción de canales, se manifestó la misma de construir ferrocarriles. La circulación económica fue intensificada por el perfeccionamiento de los medios de transporte. Ella llegó casi súbitamente a un grado sorprendente de velocidad, de economía y de seguridad.

Cuando se inició la Revolución, Inglaterra había acumulado por medio de sus depredaciones marítimas, una gran cantidad de metales preciosos. Con este valioso caudal pudo perfeccionar su sistema monetario, y acrecentar su medio circulante.

Los bancos se reorganizaron a la vista de las prácticas exigencias del comercio. Facilitaron la concentración del ahorro nacional y su aplicación, y movilizaron el capital. Las ventajas de la organización bancaria fueron multiplicadas con el perfeccionamiento de los sistemas del crédito. El crédito elevó las energías económicas al infinito, excitó la circulación.

En los períodos de exagerada expansión del crédito se percibía algo como una afiebrada vibración en todas las energías sociales. Las condiciones económicas se transformaban súbitamente, surgían nuevas empresas, todo el régimen de vida se metamorfoseaba. Un sentimiento de bienestar, de fe, de armonía, parecía flotar en el ambiente.

Una perturbación cualquiera del crédito invertía todas las situaciones sociales, daba nueva dirección a las corrientes del sentimiento e imprimía nuevos gestos en la fisonomía social. A la contracción del crédito respondían con un eco las varias manifestaciones de temor, la duda, la desconfianza, el pánico. Las grandes crisis económicas y sociales se desencadenaban y quebrantaban la organización social entera.

La intensificación de la circulación determinó grandes cambios en toda la actividad económica y en la constitución social.

El comercio se dilató; aumentó el consumo de los productos económicos, se multiplicaron las desembocaduras, las salidas de la producción.

La revolución de la circulación elevó a una elevada potencia la producción económica. Sin la creación de la circulación, en efecto, la producción se hubiera entorpecido. Si los objetos manufacturados no hubiesen sido absorbidos en la cantidad gigantesca que permitió la pasmosa celeridad de la circulación no se los hubiera producido.

La vigorosa circulación precipitó también la concentración industrial, el monopolio de la riqueza; acentuó el contraste entre las clases económicas, el antagonismo entre la opulencia y el pauperismo; aceleró la urbanización de la población, acrecentó el éxodo rural.

En la Revolución industrial inglesa pues se advierte una influencia poderosa de la circulación en la organización social.

 

 


Documento Fuente:

ELIGIO AYALA - TODO POR LA PATRIA por MARIANO LLANO

© MARIANO LLANO, Asunción-Paraguay (188 páginas)

 

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