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GLADYS D. DÁVALOS G.


  EL GOLPE DE 1989 - UNA HISTORIA EN MIS RECUERDOS - GLADYS D. DÁVALOS G. - Año 2009


EL GOLPE DE 1989 - UNA HISTORIA EN MIS RECUERDOS - GLADYS D. DÁVALOS G. - Año 2009

EL GOLPE DE 1989  

UNA HISTORIA EN MIS RECUERDOS

 

Autora: GLADYS DÁVALOS G.

 

ISBN: 978-999-53-0-133

Año: 2009

 


 

PRÓLOGO

El 2 y 3 de febrero de 1989 fueron jornadas históricas muy importantes para el Paraguay.

En esa fecha se puso fin a una larga dictadura que había sojuzgado al pueblo paraguayo durante 35 años. No nos corresponde analizar las consecuencias de ese golpe de estado o de esa revolución, como prefieren denominarlo sus protagonistas, nuestra tarea es hablar de este libro que escribió una mujer valiente: Gladys Dávalos.

 En la historia de los pueblos, las gestas heroicas ocupan un lugar relevante y son símbolos que contribuyen a acrecentar la autoestima de los ciudadanos, son espejos en los que todos desean reflejarse. Pero, si bien los libros de historia se ocupan de ir recopilando estos hechos, si bien se estudian luego de mucho tiempo en las escuelas y colegios, si existen personas que los analizan desde todas las ópticas posibles, siempre falta un detalle importantísimo y es el de reflejar al personaje común, hablar y escribir sobre lo que sintieron y sufrieron los  hombres y mujeres que no figuran entre los héroes ni en los partes militares, ni en las bajas guerrilleras.

Por eso es importante este libro de Gladys Dávalos, porque habla del antes y del después del día en que el dictador cayó y, lo hace desde la óptica de una mujer enamorada de su marido, un militar de caballería que participó en la batalla por echar del poder a Stroessner, que fue breve pero cruenta. Digo batalla porque no encuentro otro término, creo que es el más aproximado a la verdad, hubo muertos y heridos, y se utilizaron todas las armas disponibles del ejército.

Entre esos hombres que estaban decididos a arriesgar sus vidas para librar al Paraguay de un hombre que lo gobernaba con saña, estaba el Mayor Ramos Alfaro. Las crónicas del día siguiente mencionan que fue herido durante el asalto al batallón escolta y que murió a consecuencia de sus heridas. Con mucho honor, él integró esa fatídica lista que congregaba nombres de soldaditos anónimos caídos esa misma noche y madrugada.

Todo hubiese terminado allí, con los homenajes, luego, la lenta carcoma de la memoria iría borrando fechas y rostros y a tantos años de la desaparición de Ramos Alfaro, Tatín para sus íntimos, muy pocos tendrían en cuenta que murió luchando por el bienestar de su patria. Pero Gladys, la mujer que lo había amado y que fue madre de sus tres hijos, una de ellas póstuma, decidió escribir la historia menuda, la que habla de su angustia cuando se enteró –porque su marido se lo dijo– de que él correría peligro de muerte o de prisión y torturas si el golpe fracasaba.

Es esa historia y no otra la que Gladys tuvo el coraje de contar, no espere el lector encontrar en estas páginas análisis políticos o militares, pero prepárese porque hay momentos muy emotivos. Gladys escribe con todo el amor que tuvo por su esposo, eso es palpable, ella es la mujer que se ve obligada a empuñar el timón de la familia aunque nunca hubiese querido hacerlo. Ella saca fuerzas de flaqueza para que sus hijos no sufran más de lo que estaban sufriendo, ella trata de dominar su furias y sus miedos cuando comprueba que está sola, que su compañero la dejó a la intemperie de los afectos. En esos instantes dolorosos comprende que el bebé que lleva en su vientre no puede cargar con las consecuencias de su angustia y de su dolor y logra sobreponerse.

Gladys es la primera en escribir sobre el 2 y 3 de febrero mirando los hechos desde el universo femenino. Ojalá otros se atrevan a seguir su ejemplo, necesitamos más héroes civiles para seguir imitándolos.

 Lita Pérez Cáceres



CONTRATAPA

Desde sus sentidas páginas, la presente obra constituye un particular testimonio de los hechos vividos por la viuda del Mayor Miguel Angel Ramos Alfaro, único oficial del Ejército quien falleciera en el Golpe de Estado del 2 y 3 de febrero de 1989.

El aire sombrío de los días previos a la gesta, la noche del alzamiento y sus consecuencias en una sencilla familia en formación, son relatados por una autora que luego de dos décadas, formaliza sus vivencias y las expone de manera directa, sin mayores artificios literarios. Se destacan además, el ahínco y capacidad de superación que fortalecieron el carácter de la protagonista en su infortunio, y que bien puede ejercer un estímulo positivo para cualquier madre en nuestros días.


Por otro lado, no se puede negar el carácter documental del texto como aporte a la historia contemporánea del país, que revelando hechos nunca antes referidos arroja datos veraces encaminados a un análisis más amplio de lo que ocurrió al defenestrar al entonces Pte. Alfredo Stroessner.

 

 

 

CAPÍTULO DOCE


Nunca tuve una versión oficial sobre la muerte de Tatín. Nadie, jamás me dio una explicación de su fallecimiento. De lo que apenas pude enterarme con el correr de los días fue que él falleció desangrado por falta de atención médica, pues cuando llegó al hospital San Jorge, de la Primera División de Caballería, estaba ya agonizando y los doctores que se encontraban en ese lugar, ya no pudieron hacer nada. Me contaron además otras cosas, como que los médicos ya ni le inspeccionaron, además me dijeron que en su agonía él oraba mucho y pedía suplicando:

−No desamparen a mi familia.

Un día, a mi madre le comentó un médico que esa madrugada, cuando llevaron herido a Tatín, él estaba en el hospital de la Caballería, y le dijo que si alguna persona, solamente con un dedo le hubiera oprimido en la herida, hubiesen podido detener la hemorragia y por lo tanto se podría haber salvado.

 Traté de no culpar a nadie, como ya manifesté, y siempre intenté comunicarme con las personas que rodearon a Tatín en aquel momento, para que comentaran todo lo que pudieron ver y oír, pero evitaban conversar conmigo.

Hasta hoy no puedo comprender bien el silencio de esa gente, quizás no quisieron acercarse por temor a que yo los acusara, o porque no se encontraban emocionalmente bien.

Grande fue mi sorpresa una noche, cuando escuché la grabación radial de “los Carlos”; (Comandantes que llevaron a cabo el Golpe de Estado y se comunicaban por radio, en la noche y madrugada del suceso), en esa ocasión entendí perfectamente que la esquirla que se insertó en la vena yugular de Tatín fue la de un mortero disparado en mala dirección, por error de dos oficiales de la propia arma de Caballería, que él tanto amaba.

¡Qué ironía del destino! Quedé incrédula al escuchar esto en aquella grabación. Fue un dolor desgarrante, una gran decepción para mí.

Pero, en lugar de estar buscando culpables, acepté pacientemente el destino que el Señor Todopoderoso designó para Tatín. Además guiada por los fundamentados consejos y explicaciones de la Hermana Angélica, tía nuestra y del señor Cirilo Martínez, una persona carismática, quienes con explicaciones basadas en la Biblia me hicieron ver que para Tatín y nosotros, lo sucedido, entre otras cosas, era la voluntad del Señor, quien nos ama mucho.

Sin embargo, sin una explicación oficial sobre lo acontecido, me quedé prácticamente en la duda de cómo fue realmente la muerte de mi marido.

 Recuerdo que un día, viendo la reproducción de una película, llegué a la conclusión de que las personas que debían haber cumplido con su obligación de hacerme llegar la verdadera versión de cómo fue el accidente que llevó a Tatín a la muerte, no fueron leales conmigo. Y pensé que hubiese sido importante para mí recibir un diagnóstico médico y una explicación de alguna de estas personas, o de quien correspondía hacerlo, como en este caso.

El siguiente texto lo extraje de una película; una carta escrita hace mucho tiempo a una tal señora Dixby, de Boston, que decía así:

 “Permítame Estimada Señora,

 El Ministerio de Guerra me ha enviado un despacho… del Ayudante General de Massachusetts, según el cual es usted madre de 5 hijos que alcanzaron la gloria en el campo de batalla. Cuan fútil e infructuosa resultaría cualquier palabra mía que intentara velar la angustia producida por tan abrumadora pérdida. Pero no puedo sino ofrecerle el consuelo que tal vez pueda hallar en la gratitud de la República por los que se inmolaron.

Ruego al Padre Celestial que atenúe la angustia de su luto y que sólo guarde usted el dulce recuerdo de sus seres queridos y el profundo y merecido orgullo de tan supremo sacrificio en aras de la libertad. Saludo a usted respetuosamente. Abrahan Lincoln”. * 1

Realmente, con este escrito no se devuelve la vida de alguien, pero expresiones como éstas llenan de consuelo y alimentan el alma.

De repente me di cuenta que había llegado a sentir mucha impotencia y hasta en mis oraciones llegué a enojarme hasta rabiar con Tatín y culparle a él que no le importó su familia, sino que sólo se preocupó por su patria. Recordé que alguna vez leí una expresión de John F. Kennedy, que decía:

“No preguntes que puede hacer tu patria por ti, sino qué es lo que tú puedes hacer por tu país”.

Uno de esos días horribles, y en la soledad de mi dormitorio, mentalmente le decía a Tatín:

Nunca te preguntaste que podría hacer por vos tu patria, porque siempre ante todo, estaba primero tu país y esa pasión te llevó a la muerte, tu patria estaba primero que tus hijos, frutos de un sueño truncado, quienes dependían tanto de vos y brillaba para ellos una luz de esperanza en tu ser; una esposa que también vivía pendiente de vos y tus padres, en quienes se veía el orgullo que sentían cuando se referían a tu persona.

Además aquella frase que utilizan los militares “DIOS, PATRIA Y FAMILIA”, siempre me resultó incoherente. Realmente hoy lo tengo comprobado, porque creo que la democracia es abstracta, y estoy segura que morir por la patria no tiene sentido y afirmo que comparto plenamente con el autor de la siguiente frase:

“…morir en campos de batalla por la Patria tampoco debe ser el motivo de una justa y eterna causa. La justa causa es vivir y servir para el bien de la humanidad”. * 2

 Los primeros días y meses, pasé torturándome con estos pensamientos, pero posteriormente gracias a Dios y la ayuda espiritual con que contaba, fui superando esa etapa tan negativa que me torturaba. Y así, corrían los días y también los comentarios que siempre estaban presentes y no los podíamos evitar. Diferentes personas me interrogaban, querían saber cómo realmente había fallecido mi marido. Unas decían que fue en una situación determinada, y otras me comentaban sobre distintas interpretaciones, fue así que al transcurrir los días me encontré con varias y diferentes versiones. También con descaro me preguntaban si era cierto que mis hijos tenían pagado por adelantado sus estudios y si me habían entregado ciertos y variados bienes materiales.

Además, llegaron a aparecer por mi casa distintas personas a ofrecerme ciertos negocios o recompensas si yo conseguía con personas influyentes una u otra cosa. También llegaron a pedirme que les consiguiera un lugar de trabajo. Y lo más inverosímil sucedió cuando me llamó por teléfono un hombre para decirme que tenía en su poder unos pagarés firmados por mi marido y como yo le aseguré que tenía la certeza que él nada había firmado y que me trajera los documentos, este señor jamás apareció.

Aparte de estar sobrellevando tanto dolor, además con los diferentes problemas que resolver en mi vida y con mis hijos, también tenía la carga de los comentarios y pedidos de diferente índole. Digo carga porque eran un fastidio, pues se preocupaban hasta de mi vida privada, eran personas que no respetaban ese momento triste y angustioso por el cual nosotros estábamos atravesando.

Fue así que tuve que imponer y llegar a sostener una barrera a mi alrededor y como siempre volcándome de lleno en mis oraciones y frases positivas que mentalizaba todos los días para no caer en el abismo y hundirme en el dolor. Entonces redacté el siguiente texto que repetía una y otra vez todos los días:


Amanecí feliz y radiante, con mucho vigor

y gozando de buena salud.

Todas las personas que me rodean me colman de

alegría y amor.

Nada puede perturbarme porque nada me asusta

y mi paciencia es ilimitada.

Dios está en mí, por siempre, eternamente. Amén.


Era esta mi sencilla expresión, la cual repetía una y otra vez con el fin de fortalecerme.


* 1 De la película “ Rescatando al soldado Ryan”.

* 2 Del libro Revolución Humana – Daisaku Ikeda, Vol. 5.

 

 

 

 

 

 

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