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RUBÉN BAREIRO SAGUIER

  ESTRUCTURA AUTORITARIA Y PRODUCCIÓN LITERARIA EN EL PARAGUAY - Ensayo de RUBEN BAREIRO SAGUIER


ESTRUCTURA AUTORITARIA Y PRODUCCIÓN LITERARIA EN EL PARAGUAY - Ensayo de RUBEN BAREIRO SAGUIER

ESTRUCTURA AUTORITARIA Y PRODUCCIÓN LITERARIA EN EL PARAGUAY

Ensayo de RUBEN BAREIRO SAGUIER

 

Desde que J. P. Sartre puso de moda el concepto de «compromiso del intelectual», se ha vertido mucha tinta para discutir de la noción que alinea al escritor en una posición ideológica que lo enfrenta a doctrinas y a gobiernos dictatoriales. Pero el concepto se ha ido desgastando a medida que se iban poniendo en evidencia algunas fallas en la posición sartriana. Tal, por ejemplo, la revelación hecha en forma pública y oficial por el XX Congreso del P. C. de la URSS de los crímenes cometidos por el estalinismo. Y la contradicción que ello representaba para la actitud pregonada por un «compañero de ruta» de la etapa denunciada, tal como siempre sostuvo Sartre con su acostumbrada honestidad. Ello hizo reflexionar a los escritores de América Latina, en donde el concepto de «compromiso» había prendido fuertemente, en las huellas de lo definido por el filósofo francés.

En realidad, el traspié no invalidaba la noción en sí, sino obligaba a los intelectuales latinoamericanos a constatar las características etnocéntricas de la definición inicial, y en consecuencia, a repensar y a redefinir el concepto. Porque la evolución histórico-política de América Latina en los 30 últimos años, ponía cada vez más en evidencia la incompatibilidad entre la doctrina y la práctica de regímenes dictatoriales -en neto crecimiento en ese lapso- y el ejercicio de la tarea del intelectual o la práctica de la escritura. El Cono Sur conoció una dolorosa experiencia de esa situación, que hizo crisis aguda en la década del 70. Todo ello indujo a los escritores a reformular la noción del compromiso, que en función de situaciones concretas, cobró profundidad, abandonando la manifestación a nivel de la corteza aparencial para adentrarse hacia la médula del problema, concebido no ya como imitación superficial de modelos extraños, sino como resultado de experiencias vividas. Son las mismas dictaduras las que se encargan de dar los elementos para esta redefinición del compromiso. En efecto, los apresamientos, desapariciones, torturas, exilios y todas las otras formas de represión, incluyen sistemáticamente a los intelectuales, a los escritores entre las víctimas privilegiadas, como si la pertenencia a esa categoría trajera aparejada automáticamente la condición de «subversivo».   Como acordando razón a la fórmula «la palabra es un arma cargada de futuro».

Y tenían razón estos regímenes totalitarios. Primero porque lo que más les preocupa es la evolución siempre incierta de los acontecimientos, el devenir de la historia, que es el futuro. Ellos saben bien que ese futuro no les pertenece, porque el sistema que imponen es un intento inútil de negar la historia.

En segundo lugar, porque saben que en esa tarea ahistórica no pueden apelar, por lo general, a la complicidad de los escritores, que por esencia constituyen la conciencia viva de la colectividad. Y como desclasados que son, no tienen precio; difícilmente pueden ser comprados. Si introduzco un matiz de duda en mi aseveración es porque, a veces, hay excepciones, pero éstas confirman la regla, tanto más que, invadidos de una especie de vergüenza histórica, casi siempre dejan de escribir.

De esta manera, la actitud de los regímenes dictatoriales latinoamericanos convierte a los escritores en actores directos de la historia de sus países, los «compromete» de manera inmediata con la suerte de sus pueblos, superando así la modalidad de mediadores «literarios» que tenían antes, cuando no la de meros observadores desde la altura de sus torres de marfil. Esto no quiere decir que el nivel de la escritura descienda, se vuelva panfletaria. Todo lo contrario. Al empujarles a la arena de la experiencia candente, les obliga a encarnar en su práctica textual la intensidad de lo vivido, el fuego de una lucha que ya no es sólo producto de la mediación imaginaria. Palabra y experiencia vital contribuyen a dar a la obra una dimensión renovada, para lo cual es preciso apelar a elaboraciones técnicas, a recursos expresivos inéditos. El compromiso del escritor se vuelve así compromiso con su «arte», tanto más intenso porque pasa por la fragua de la vida cotidiana, en situaciones extremas, desgarradas y dolorosas.

El Cono Sur es un campo privilegiado de esas experiencias. Son bien conocidas las situaciones dramáticas que vivieron los intelectuales en Chile, Argentina y Uruguay. Pero muy ignoradas las condiciones en que los escritores paraguayos fueron víctimas de una represión sin cuartel, que duró 35 años, lapso permanente del estado de sitio y de la arbitrariedad por parte de un dictador militar. Tres décadas y media de condicionamiento es mucho; es el espacio cronológico de una generación cultural. Es la hipoteca más pesada que dejará como herencia -siniestra- la dictadura del general Alfredo Stroessner en el plano de la cultura.

Como dictadura en uso arbitrario del poder por un lapso tan largo, el  régimen de Alfredo Stroessner instauró un sistema caracterizado por el control progresivo y total de todos los resortes de ese poder. En consecuencia, de los organismos, entidades y personas físicas que de alguna manera configuran uno de los componentes de esos resortes. En el Paraguay de «la larga paz strossnista» fueron estrictamente controladas la actividad política, sindical, económica, pero también la vida asociativa más trivial, como la de la Liga Paraguaya de Fútbol, la Federación de Tenis o el Círculo de Bridge. Todos estos organismos poseyeron una directiva digitada por las instancias oficiales. Pero existe una dimensión que se les escapó: la de la cultura. No pudieron controlar, porque los integrantes de este área tienen una acción que no siempre implica una organización asociativa -caso del escritor, del pintor- o porque aún en circunstancias de una actividad de conjunto -caso del teatro o de la interpretación musical- se requiere una cierta «calificación» especial para practicarla. Esto además de lo señalado más arriba: la dificultad de comprar al intelectual, como es práctica de la dictadura, de reducir a través de la corrupción cuando no funciona la represión. La dictadura nunca ha conseguido crear un equipo capaz de definir la más elemental política cultural. Y ante la imposibilidad de controlar, utilizó la represión constante y repetida contra los intelectuales. A comenzar por la humillación infligida a los que pudieran existir en el seno del Partido Colorado, oficialista: la de instaurar como líder de la intelectualidad a un personaje casi iletrado y cuyos méritos en la materia son los de saber leer, y sobre todo ser secretario privado del General Presidente. Esto confirma la oposición sustancial e insalvable entre la dictadura y las manifestaciones de la cultura en Paraguay.

La situación está rubricada por la serie de medidas represivas tomadas contra los intelectuales. En un trabajo anterior me referí al conjunto de las manifestaciones artísticas. En éste me reduciré al caso de los escritores, analizando a través de la represión-persecución sistemática, y de los resultados que la misma arroja en el ámbito de la literatura paraguaya bajo la dictadura del general Stroessner y la esclerosis de la escritura producida por la «literatura» oficialista y los medios utilizados por los escritores para poder expresar la autenticidad de una palabra sometida a condiciones de presión extrema: autocensura, prisión y exilio.

En primer lugar, es preciso señalar que en Paraguay la Constitución Nacional garantiza la libertad de expresión y que no existe un cuerpo legal que establezca la censura. A lo sumo un vago reglamento del  Ministerio del Interior, estableciendo la necesaria autorización para publicar periódicos. Todo lo suficientemente ambiguo como para permitir que la brutal represión policial o la artera perversión de la ley caigan sobre la cabeza de los «heterodoxos» con todo el peso de la arbitrariedad. Éste es el cartabón que determinó realmente el criterio para la represión.

Es decir que lo que reinó como sistema en el plano de la obra literaria es la incertidumbre total, la más absoluta inseguridad con respecto a la suerte de un libro, de un artículo o de un cuento publicado. Viejo sistema de la aparente irracionalidad veleidosa o gratuita para mantener la vigencia inminente del castigo, que puede caer en cualquier momento, por la más antojadiza o baladí de las razones. Sistema perfeccionado por los regímenes totalitarios a partir del auge nazi-fascista, para hablar sólo de la historia más reciente. Nada está prohibido, pero cuando es preciso prohibir, reprimir, la arbitraria medida policial o judicial -Ley 209, Ley 294 o Art. 79 de la Constitución Nacional- acarrea la incautación de la edición, el cierre del periódico, el apresamiento y/o la expulsión del país del autor disidente. Inclusive el criterio para establecer la condición de heterodoxo, disidente, subversivo, estaba librado a la interpretación oscura y obsecuente del funcionario policial o de los jueces serviles -todos nombrados a dedo por el Poder Ejecutivo- que aplicaban la sanción.

Contrariamente a la legislación sobre la censura en regímenes dictatoriales -España bajo el franquismo o Chile bajo Pinochet-, en Paraguay funcionaba la vía de hecho, que por perversión de la Ley se puede convertir en proceso policial-judicial. Tanto más marcado por el primer término cuanto que las confesiones extraídas a los presos en la policía, bajo los efectos de la tortura, constituían «pruebas de convicción» en el remedo de proceso.

La literatura oficialista fue la continuidad epigónica de una tradición «nacionalista», surgida entre la segunda y la tercera década del siglo. Esta corriente reconoce a Natalicio González (1897-1966) como su teórico y principal representante. Escritor y político -accedió a la Presidencia de la República, durante 6 meses, en 1948/49-, González utilizó los elementos de un nacional (-social-)ismo, adaptando hábilmente la doctrina y los ingredientes de las corrientes totalitarias europeas de la época a las circunstancias y gustos de la sociedad paraguaya. Cultivador de una prosa bien elaborada, disimuló bajo la enunciación de grandes principios, basados en la defensa de los «valores de la raza», una interpretación de la historia tendiente a conquistar la opinión con fines de dominación política. Los medios usados son la exaltación del halago demagógico y la tergiversación flagrante, la utilización dolosa   de los conceptos interpretativos de la realidad cultural analizada.

Indigenismo, herolatría, idealización complaciente que conduce a la visión de tarjeta postal son algunos de los elementos con que Natalicio González elaboró su «obra de albañilería literaria». La exaltación del indio, «expresión excelsa de nuestra raza», la alabanza interesada de ciertas figuras populares de la historia nacional y la celebración del «campesino soldado» son símbolos recurrentes de la orientación dirigida en el marco de su interpretación estética demagógica.

Natalicio González deja secuela, y la dictadura siguió nutriéndose de su doctrina «nacionalista». Ahora bien, al cabo de un lapso continuo y prolongado, resulta interesante ver adónde ha conducido el camino que el teórico definió y el político puso en práctica. Sus sucesores no heredaron sus dotes de escritor, de manera que de su práctica quedó la caricatura de la complacencia convertida en obsecuencia. La tiranía en su larga trayectoria ha condicionado la producción en su afán de controlar. Así la producción textual oficial u oficialista se redujo a la alabanza del General-Presidente, al aplauso, al encomio de la «obra de progreso» cumplida bajo su «esclarecida conducción» y a la celebración de la instaurada «Era de paz». Los ideólogos de la obsecuencia han perdido los aprestos teóricos del iniciador, y se limitaron a la loa servil, como puede comprobarse por las citas de sus principales panegiristas: Hipólito Sánchez Quell y Roque Vallejos.

¿Y la obra propiamente literaria? Existe una serie de autores cortesanos, representantes de la esclerosis total de la escritura, vuelto signo verminoso -entre larva y sanguijuela- característico del prolongado proceso dictatorial (algunos de ellos son escritores renegados).

Trataré de caracterizar esa producción penumbrosa a través de un autor que considero el más acabado ejemplo de escritor al servicio de la dictadura: Ángel Peralta Arellano. Sus funciones oficiales y oficialistas  muestran la confianza que gozaba -hasta su muerte- ante el General-Presidente: fue secretario General de la Presidencia de la República, Presidente del Directorio de Autores Paraguayos Asociados y de la Asociación de Periodistas «Prensa Paraguaya» (ambas al servicio del régimen). Dos libros de poesía reúnen la obra de Peralta Arellano: La epopeya de la selva -6 grandes capitanes españoles en el corazón de América- (Zamphirópolos, Asunción, 1975), y Estampas de Asunción, (El Arte, Asunción, 1968). En ellos está la ideología derivada del nacionalismo precedente, aplicada a la práctica política a través de la exaltación de la «obra progresista del general Stroessner». El significante de esa obra es a su vez altamente revelador de la escritura producida en el proceso dictatorial de los 35 años de dictadura en el Paraguay.

Analicemos primero La epopeya de la selva. La ideología «nacionalista» aparece como una degeneración confusa de la inicial formulación de Natalicio González, el talento decidor en menos. Sin la astucia sibilina de aquél, Peralta Arellano hace una grosera mezcla de orgullo «indígena» y de alienación colonial: «Estamos orgullosos cuando rememoramos / los áureos eslabones de nuestro intenso ayer / en que los españoles y el indio, cual hermanos, / tomados de los brazos pusiéronse de pie» (pág. 29). La torpe -mas no inocente- confusión prosigue: «Para marchar unidos por sendas calcinantes. / En pos de sus ideales, de frente al porvenir, / de una Nación hidalga, la Patria guaraní» (pág. 31). Es evidente que la posible «patria guaraní» -elemento dominado por la conquista- no tiene nada que ver con la «Nación hidalga», adjetivo éste de connotación nobiliaria por el linaje, e hispánica por el origen. El mismo sentido peyorativo hacia lo indígena y de exaltación artera y solapada de los valores de la conquista se puede apreciar en lo que concierne a la religión. Cuando el autor habla de «Alejo el Paladín» (García) dice que el citado «descubridor»: «Venció a las lejanías, nos acercó a Dios» (pág. 31), y agrega: «Brindó a la Patria, nuevas creencias que vencieron / la idolatría errátil para adorar a Dios» (pág. 31). E insiste más adelante: «Cuentan ya con un Obispo, quien celoso les predica la verdad» (pág. 51).

El menosprecio por las creencias indígenas -«idolatría errátil»- es evidente (la «verdad» predicada por el Obispo frente a las mentiras paganas de aquéllos). Y resultaría sorprendente para un autor que traduce la posición «nacionalista» del régimen, si no leyéramos en su totalidad el mensaje implícito y claro contenido en la obra de Peralta Arellano. El mismo se nos evidencia en dos momentos. El primero concierne al ideal humano, el estereotipo de tarjeta postal, modelo en la literatura dictatorial-nacionalista. Cuando se refiere al conquistador Irala, dice: «Y unió a las razas y de esa unión nació el ejemplar criollo / la india bella y el hispano se juntaron con cariño, con afecto y con amor» (pág. 75). Idílica concepción del mestizaje, que si bien en la región limó ciertas asperezas, no excluyó por tanto la violencia de la guerra ni la violación de las mujeres indígenas.

Pero esta «comprensión cristiana y práctica que atrajo al indio hacia el hispano» tiende a demostrar el segundo momento del mensaje, el propósito final de toda la gestión: «Cual dijimos, desde entonces, los feroces y sangrientos entreveros / se trocaron en abrazos fraternales, para forjar una nueva sociedad. / Es que todos al progreso se entregaron como útiles obreros / de una Patria que surgía y marchaba su futuro a conquistar» (pág. 77). Este resultado promisorio se obtiene gracias a la presencia de Domingo Martínez de Irala, un «tan grande Capitán», que fue a América a llevar «nueva civilización» [...] «integrando las legiones varoniles que forjaron / con sus hechos de adalides constelaciones luminosas de trabajo y buen obrar» (pág. 73), para obtener mediante las «acciones fecundantes», el «efectivo bienestar», de esa Patria o Nación anacrónica, puesto que inexistente cuando llegan los conquistadores. Pero en toda esa mezcolanza, aparentemente confusa, es posible detectar algunos puntos claros y coherentes.

En primer lugar, la necesidad de un hombre providencial, «grande Capitán», capaz de conducir «los difíciles manejos de las riendas / de un Estado en gestación, a cuyos hijos duro era gobernar» (pág. 71). Para mayor similitud con el líder que el autor quiere ensalzar, el héroe es descrito así: «Su apolínea estampa se impuso al respeto y a la admiración / libre de cuantas manchas afearan su límpida existencia / trajo a tierras paraguayas fuerzas nuevas, inspiradas en la acción» (pág. 71).

Un segundo nivel de lectura aclara las alusiones implícitas. Antes que nada, la presencia del líder providencial-guerrero, que llega a poner orden en un medio difícil de gobernar. Es decir, el general Alfredo Stroessner, que pone fin a un período de anarquía que surge, entre los mismos miembros del Partido Colorado y el ejército sectarizado, en el lapso comprendido entre la Guerra Civil de 1947 y el golpe de estado de aquél, en 1954. El Líder llega adornado de múltiples atributos -sólo algunos he transcrito- para fundar la «nueva sociedad», para lo cual traía «fuerzas nuevas, inspiradas en la acción», es decir la ascendencia germánica próxima; el padre de Stroessner llegó a Paraguay con planes de emprendimientos laborales.

El segundo aspecto es tan interesante y claro como el anterior, en ese segundo plano de la lectura. La «nueva sociedad» strossnista se configura gracias a «los abrazos fraternales» (la paz), gracias a los «hechos [...] de trabajo y buen obrar», cumplidos por los «adalides». Todo lo cual conduce al «efectivo bienestar». Con esto se recompone el lema del régimen, cacareado en toda la propaganda oficial: «Paz, trabajo y  bienestar con Stroessner». El mensaje inserto en el discurso poético del escritor-secretario se aclara cuando se lee la DEDICATORIA de La epopeya de la selva, que dice: «A los próceres de sus respectivas patrias: el Presidente de la República del Paraguay, General de Ejército Don Alfredo Stroessner y el Caudillo del Pueblo Español, Generalísimo Don Francisco Franco, magníficos líderes de la hispanidad y de las cada día más estrechas relaciones de hermandad entre los pueblos del Paraguay y España». Modelo del ditirambo servil y genuflexo al dictador que caracteriza a toda la literatura producida en los aludidos 35 años en Paraguay. En la ocasión se agrega el homenaje al Jefe de Estado que Stroessner considera modelo y mentor en la construcción de su propio sistema, el Generalísimo Francisco Franco. Fiel a la ideología nacionalista, se busca la fuente en la sospechosa noción de raza, haciendo una mezcla ambigua entre el componente guaraní y el del conquistador, todo puesto en la línea de fuerza de la hispanidad, que por razones políticas concomitantes estuvieron a la moda en Paraguay.

Estampas de Asunción actualiza el proceso, lo completa. En efecto, se trata de una idealización de Asunción, la capital, y a través de ello, de una utilización interesada de hechos y personajes de la historia, en la línea en que la dictadura de Alfredo Stroessner pretendió adueñarse de los mismos y constituirse en su continuador. «Tu prosapia es española, tu presencia guaranítica»; a partir de la reiteración de la «simbiosis perfecta» y de la reiterada exaltación de los capitanes de la conquista, celebra la Revolución Comunera (del siglo 18) y a los héroes que la dictadura pretende recuperar como precursores o antepasados: el doctor J. Gaspar Rodríguez de Francia, los presidentes Carlos Antonio López y Francisco Solano López -de gran vigencia popular-, así como el general Bernardino Caballero, soldado de la citada guerra, que fue presidente de la República a fines del pasado siglo, y fundador del Partido Colorado.

Con ello se completa la prosapia «nacionalista» de Alfredo Stroessner y su régimen, culminando un proceso histórico que, en la visión del panegirista alabardero, se confunde con la esencia de la nación, con la que la ideología «nacionalista» de Natalicio González define y Alfredo Stroessner adoptó para justificar su sistema providencialista militar. Guardando las proporciones de circunstancia, la gestión recuerda bastante la exaltación de los dioses de la mitología germánica y los héroes teutónicos, los valores de la raza superior, en síntesis, los clisés acuñados por los ideólogos del Tercer Reich.

Estampas de Asunción se propone celebrar la culminación del proceso heroico en el «nuevo Paraguay». «Tu presente causa orgullo...» (pág. 56); «Fascinante tu hermosura te conviertes en Edén» (pág. 69); «Paraguay es hoy la meta de un momento excepcional / en que el Mundo apuñalado por falacia y desengaño / considera que aquí existe paz sincera y hermandad» (pág. 75).

Aparentemente se trata de una serie de observaciones ramplonas, inocuas y baladíes sobre lo cotidiano: los monumentos, las costumbres, las instituciones, las asociaciones, los objetos y hechos -automóviles, aviones, asfaltados, parrilladas, cuarteles, iglesias, bancos, colegios, etc. Pero a través de esta enumeración pretendidamente neutra y hasta ingenua, se intenta dar una descripción exaltada de la «obra de progreso cumplida» bajo el gobierno de la «Segunda Reconstrucción», como los panegiristas califican el régimen de Stroessner. Un ejemplo y una síntesis de esta producción laudatoria, que oscila entre lo ridículo y lo risible, es el fragmento siguiente: «Bajo tu límpido cielo se oye el roncar de motores / expandiendo por el éter el prestigio nacional / son las alas de la Patria, que ostentan los colores / por las cuales noche y día se afana el General», (Stroessner, naturalmente), (pág. 39). En resumen y para decirlo con las palabras del autor, «Es aquí donde se gestan actividades prodigiosas / que transforman nuestra Patria en Edénico jardín» (pág. 51), y esto porque en el «Nuevo Paraguay» en el que «de pasadas revoluciones ni siquiera hay vestigios / todo nuevo, modernismo, relegado está el ayer» (pág. 43), los emprendimientos gubernamentales son «estupendos exponentes / del progreso de la Patria bajo el signo de la paz». Podría seguir interminablemente citando perlas de chafalonía como las precedentes. Prefiero evocar otro aspecto, el del significante.

Ante la mediocridad ramplona de la poesía analizada, la primera reacción tiende a atribuir aquélla a la ignorancia, a la falta de cultura del autor. Pero considero que se impone un análisis con otros criterios. Aquí se puede constatar la correspondencia entre ambos aspectos del signo: a un significado determinado corresponde un significante en consecuencia con aquél. De ahí la degradación que marca la escritura de esta literatura de propaganda, que en el ámbito contextual de la dictadura es expresión de máxima conciencia y calidad, dentro del condicionamiento a que la misma está sometida. En este sentido, cabe destacar que varios de los escribas al servicio del régimen han sido escritores (incluyendo a antiguos «rebeldes», como Leopoldo Ramos Giménez y Facundo Recalde). Desde el momento que enajenan su pluma poniéndola al servicio del dictador, dejan de escribir lo que regularmente hacían, para producir propaganda, panfletos o ditirámbicos o admonitorios, piezas de repostería literaria cuyo signo es la esclerosis total de la escritura. No se sabe qué admirar más en los libros de Peralta Arellano: la ripiosa adjetivación, la ramplonería de las imágenes o la frecuente inadecuación de la palabra utilizada al sentido de la frase o aun la ignorancia total de las elementales reglas de la prosodia y de la verificación (puesto que el autor pretende usar el verso métrico castellano).   Sería interminable la lista; basta con citar dos o tres, tomados al azar: pág. 72 «queda extásito mirando» (¿extático?); pág. 67: «La honraron O'Leary y Antoliano Garcete / magnates de la docencia...»; pág. 67: «La historia paraguaya se envanece de esta hazaña». O estos fragmentos:

 



Gran Ciudad es la Asunción, Capital americana,


de limpieza edificante, Corazón Continental,


su silueta es de princesa o de Reina Soberana


que enamora a quien la ve por su albura sideral.






Ella es la que hoy se encuentra, cual Señora Engalanada


festejando su gran día en rosado amanecer


con Stroessner que le brinda entre banderas desplegadas


esta gloria merecida de un intenso renacer.


(pág. 15)                






Quienes llegan a Asunción buscando nuevas sensaciones


atraídos por su fama y su clima excepcional


de inmediato las encuentra en muy grandes proporciones


concurriendo a «La Calandria», distinguida en lo social.






El folklore nativista tiene en ella su gran casa


donde actúan Chingolita, la Maritza y otras más


las guitarras y las arpas que son voces de la raza


allí cantan y allí rezan por el nuevo Paraguay.


(pág. 69)                




ANEXO
 

La estructura autoritaria, vigente durante casi 35 años, ha degradado a tal punto el proceso de la escritura, que ha producido «monstruos» textuales. Un ejemplo de esa manifestación grotesca, tanto al nivel del significante como del significado, es el documento que se transcribe a continuación.

 

El Centro Anticomunista Paraguayo «General Rogelio R. Benítez»

FUNDADO el 27 de marzo de 1960, en el salón de actos de las banderas del Ministerio de Defensa de la República del Paraguay, con la presencia de 284 ciudadanos patriotas nacionalistas y stronistas. Hoy dice presente ante los acontecimientos y a la fecha histórica que nos congratula a todos patriotas cabales, justos y ecuánimes nacionalistas,   en favor a la fervorosa e inmancillable personalidad inmácula del inefable e irreductible magno genio, genial líder gubernamental, héroe nacional, de la guerra, de la paz, de la contienda del '47, y de los incansables enfrentares a los dirigentes y tontos dirigidos de las subversiones profesionales del comunismo.

A USTED adalid sapiente e idolatrado ser mortal de nuestros tiempos, que por gracia de las creaciones divinas, nacisteis en nuestro bello suelo, para ser ejemplo de patriotismo, cordura nacionalista y ejemplo del anticomunismo, encarnando en vuestro espíritu y energías las sagradas enseñanzas y pasiones de los manes de la historia guerrera guaraní en defensa inclaudicable de costoso, pero fructífero principios y legados patrióticos del anticomunismo en su grito de «LIBERTAD E INDEPENDENCIA» del soberano y heroico PARAGUAY, manantial y cuna de grandes héroes para su patria y que jamás te conoció ni reconocerá otro soberano que el constituido suyo propio.

ES así y por todo esto y mucho más, que todos los años, los patriotas nacionalistas y anticomunistas de la sagrada patria, que en esta fecha, de feliz determinación, tomada el 4 de mayo en honor al mes de Independencia; del año 1954, festejamos vuestros caracterizados pasos firmes, que elogiamos por aquellas imborrables huellas, que vuestra personalidad brillante hiciera, para dejar marcadas en las conciencias del mundo, el transitar de vuestros pasos, marcando profundas huellas, símbolos de vuestro aplomo, característica invalorable de un espíritu forjado en el tronar de cañones y rugir de morteros de vuestras armas, en la contienda guerrera del '32 al '35 y en casi todas las batallas dirigiendo y combatiendo al mando del inmortal segundo Gran Mariscal en defensa de la sagrada y necesitada patria paraguaya.

FÉRREOS votos, reciba Excelencia, porque vuestra vida y energías espirituales de Francia, los López, Caballero, sigan presentes en vuestra mortal existencia, para la continuidad feliz de vuestra querida patria y de sus leales hijos y así poder seguir gozando bajo vuestro legal gobierno y seguir cortando los brotes camuflayados, influencias de los profesionales del comunismo, progresando así en la paz con constantes victorias sobre ellos y sobre sus aberrantes cinco principios básicos y fundamentales de marxismo leninista comunista, que conspiran, pretendiendo constituirse en gobernantes siendo ellos apátridas de nuestra noble patria y de su raza guaraní.

Por todos vuestros batallares de ayer, hoy y del mañana os decimos como siempre os dijimos y siempre os diremos mil gracias indescifrables, por permitir y saber secundar el flamear del sagrado pabellón patrio, sin que jamás sea legalizado o constituida el partido comunista en nuestro suelo patrio, más bien ante tales insistencias infiltribas camuflayantes, sea constituido un partido para que pueda albergar a todos los  nacionalistas patriotas, cual sería o podría ser el unipartidismo, considerando las acechanzas que sufre el país con su sistema de gobierno democrático pluripartidista, optando así en contra posición directa al sistema gubernamental de la tesis comunista, creándose el antítesis al sistema cual sería el partido anticomunista.

ROGAMOS siga vuestra existencia para honra y gloria del renombre de los grandes de su pueblo, en las eternas páginas imborrables de la historia de la patria, para ejemplo del mundo, sean ellos patriotas o antipatriotas responsables de sus respectivos pueblos o naciones.

ELADIO R. PENAYO

Secretario Adjunto

GUILLERMO R. MORA

Presidente



EL DIARIO NOTICIAS - Domingo 04-05-86.



 

 

 

Fuente:

DE NUESTRAS LENGUAS Y OTROS DISCURSOS


Autor: Edición digital: Alicante :

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001

N. sobre edición original:

Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),

Tapa: Carlos Colombino

Biblioteca de Estudios Paraguayos - Volumen 34

Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, 1990.
 
 

 

 

 

 

 

POESÍAS DE RUBÉN BAREIRO SAGUIER

 

FLOR  DE  AIRE

 

Dulce reguero de cristalinas aguas,

manantial de aromas

que del fondo de la tierra nace,

como jazmín del patio de mi infancia

a la puesta del sol,

embalsamas la tarde.

Cuando te he visto, nací

a la luz de lo nuevo.

Para hablarte limpié mi

voz de herrumbres.

y allí escuché tu voz poblada de susurros.

Suave niña en flor de amanecida,

eres como el manto

interminable de la lluvia

otoñal.

 

¿Cómo acercarme a tanta transparencia

sin desgarrar la piel del ensueño

que te envuelve,

sin empañar la luz de tu sonrisa?

 

DONDE ESTUVIERE

Como elegía a dos llantos,

 en la muerte de Hérib Campos Cervera

 I

Destino de ceniza redimido

en tanto alumbramiento luminoso

¡Qué antiguo tu destino de sollozo

de cielo a infierno ha tiempo retenido!.

 

Gaviota con el vuelo ensombrecido

¿a qué puerto de sueño silencioso

llegó tu rumbo herido y angustioso

en esta travesía del latido?

 

Tu muerte es sólo un trozo de vacio

nostalgia de la sombre que tenías

ventana donde aún vuelan las esquinas

 

Desde la tierra de tu siempre estío

tu rosa crecerá para los días,

tu rosa, que ha dormido sus espinas.

 

II

El trigo entre tus manos de simiente

florece el rojo vientre de tu suelo

haciendo la guitarra y luna el cielo

y huesos de gigantes el poniente.

 

Los tuyos se preguntan si no miente

-el sembrador, estampa de tu anhelo

y el mar ya sin nivel desde tu vuelo-

la muerte, con su bruma de serpiente.

 

Sobre el tiempo dormido ya en tu leño

que con tus manos despobladas sellas,

está tu voz, espiga de clarines.

 

Desde tu siempre primavera en sueño

tu noche crecerá por las estrellas,

tu noche, que ha encendido tus jazmines.

 

EL  FUEGO  Y  LA  CENIZA

Lenta

la llama asoma

llega el latido

sube ansioso

el rayo de su urgencia.

 

Aguja lancinante

cuchillo intermitente

llagan la sangre

con furioso dolor en dulcedumbre.

 

Se desborda el galope

de bocas insaciables

sacude el vendaval de espigas

de sienes desbocadas

furiosas.

 

Explota.

 

El fuego va amainando

sus penachos

 

Lento el atardecer

se adueña de la sombra

apaciblemente.

 

 


Fuente:

LADERA DE LA TARDE Y OTRAS RESURRECCIONES

Poesías de RUBÉN BAREIRO SAGUIER

Editorial Servilibro, Dirección editorial: Vidalia Sánchez

www.servilibro.com.py

Asunción-Paraguay, 2007 (pp.99)


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