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MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN
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MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN


Datos biográficos:

CABALLERO FIGÚN, MIGUEL ANGEL : Ciudad de Asunción, 1944. Poeta, músico y periodista.

A muy temprana edad emigró con su familia a Montevideo y allí vivió muchos años. De regreso a su país natal, se dedicó al periodismo y a la literatura. Durante algún tiempo fue director del semanario La República y jefe de redacción del semanario El Pueblo.-

Actualmente se desempeña como profesor de literatura, de música y de historia de la música, además de ser columnista regular del diario Hoy. De su autoría son los siguientes títulos:“Del tiempo gris y Los fuegos” (1977), sus primeros dos poemarios, “Los otoños” (1978), ganador (en el género de poesía) del Segundo Premio Municipal de Cultura,  “Las márgenes del cielo” (1981), “Los adioses” (1987) y “De la eternidad” (1991).-

A mediados de los años ochenta publicó, bajo el seudónimo de BLAS DE AÑAZCO , un violento alegato político y social con el título de “Ecos del silencio”.-

(Fuente: "BREVE DICCIONARIO DE LA LITERATURA PARAGUAYA" / 2da. Edición – AUTORA: TERESA MENDEZ-FAITH  - Editorial EL LECTOR, Asunción-Paraguay 1998).

 

 

MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN : Nacido en Asunción, el 3 de febrero de 1944, emigró junto con sus padres desde muy temprana edad hacia el Río de la Plata, habiendo realizado en Montevideo, Uruguay, sus estudios primarios, más un año de preparatorio para Medicina y dos de Derecho, Realizó cursos superiores de guitarra con el maestro Abel Carlevaro, para posteriormente efectuar estudios de armonía con el director de orquesta Guido Santórsola. En esta disciplina, la música, incursionó también en instrumentos de madera, como ser la flauta dulce soprano, contralto y tenor. De regreso a su país natal, integró por breve tiempo el Conjunto Asunceno de Música Antigua, dirigido por la profesora Nelly Jiménez, habiendo dado esporádicos conciertos en Asunción con dicho conjunto, o como solista de guitarra.
 
En 1977 publica su primer libro de poemas, "DEL TIEMPO GRIS", para, en diciembre del mismo año, lanzar un segundo título, "LOS FUEGOS".
 
En 1978, por su poemario “LOS OTOÑOS”, gana, en este género, el segundo premio Municipal de Cultura.
 
Siendo director del semanario "LA REPÚBLICA", clausurado durante la dictadura del Gral. Alfredo Stroessner el 30 de diciembre de 1981, publica en dicho mes, y bajo el sello de la misma editorial, su cuarto volumen de poesías, "LAS MARGENES DEL CIELO".
 
Publica posteriormente, bajo el seudónimo de BLAS DE AÑAZCO, un violento alegato político y social con el título de "ECOS DEL SILENCIO".
Jefe de redacción del Semanario Febrerista "EL PUEBLO", en 1978-1979, se publican en este órgano político, la mayor parte de los poemas contenidos en el libro anteriormente citado, bajo el mismo seudónimo, para posteriormente ser publicados otros, en el diario ABC Color. En abril de 1987 publica su sexto poemario; "LOS ADIOSES".
 
Actualmente se desempeña como profesor de Literatura en los cursos superiores de enseñanza secundaria y como profesor de Música y de Historia de la Música en el Instituto Paraguayo de Asunción.
 
En el campo del periodismo, su labor la desarrolla como columnista en las páginas del diario HOY.
 
Fuente:  DE LA ETERNIDAD. Poesías de MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN. Diseño de tapa: FEDERICO CABALLERO MORA. Ediciones LA REPÚBLICA - VOLUMEN XVI. Impreso en Asunción -  Paraguay, 1982.
 
 
 
 
 

MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN (ASUNCIÓN, 1944-2005)

(3-VII-1994 – NOTICIAS)

“SE DEBE INVERTIR EN LA CULTURA Y NO EN FUSILES”

Entrevista por VICTORIO SUÁREZ

( GENERACIÓN DEL 60 - LITERATURA PARAGUAYA )

 

 

Miguel Ángel Caballero Figún es una figura conocida dentro de la poesía paraguaya. Apareció en nuestro medio en los efervescentes años setenta. Su formación intelectual debe al ambiente cultural de Montevideo, ciudad donde también estudió guitarra culta con el maestro Abel Carlevaro. Instalado en Asunción, asumió una postura crítica a nivel político, pero su poesía siguió una orientación más bien alejada de esos avatares. Animador permanente de tertulias informales entre amigos, no formó parte de ningún grupo o cenáculo, sin embargo, ha jugado un importante papel como editor del Semanario “La República”. Publicó una respetable cantidad de poemarios. Actualmente, dedica su tiempo a la poesía, hecho que no siempre depara logros económicos para el artista. En la presente nota Caballero Figún habla sin pelos en la lengua recreando importantes aspectos que guardan relación con el panorama cultural de nuestro medio.

 

–Entiendo que llegaste en los años 70. ¿De qué manera se produjo esa irrupción y cómo encontraste el país?

–Llegué en el 74, y mantuve absoluta independencia respecto a los grupos de escritores que existían entonces. Mi formación debo al Uruguay, eso resultó impagable para mí por el sistema educativo y por el ambiente de alta prolijidad intelectual que se vivía en aquel país. Mi primera poesía aparece en el diario “Marcha”, había dado a conocer una obra acerca de Soledad Barrett. Entonces yo estaba trabajando en compañías multinacionales que nada tenían que ver con la creación estética. Pero he renunciado a eso para incursionar con mayor perseverancia en el campo de la poesía. Quiero mencionar que pasé largos años estudiando armonía y guitarra con el gran maestro Abel Carlevaro. Ya en Paraguay, un señor guaireño que me conocía desde Uruguay me dijo: ¿Por qué no vas a ver a Appleyard? Allí comenzó todo. A través de José Luis, tomé contactos con otros poetas, pero siempre me mantuve al margen de los cenáculos. De Montevideo traje a cuestas todo lo que aprendí durante veinte años.

–¿El poeta debe ser consecuente con su obra y ser fiel a su tiempo?

–Sería ridículo alejarse de la sociedad, del contexto donde se vive. Si se vive en una sociedad totalitaria hay que denunciarla, eso se llama honestidad intelectual. Se debe dar opinión sin miedo, caso contrario el escritor puede caer en un lamentable escapismo.

–¿La literatura debe ser entonces comprometida y no dirigida?

–Soy enemigo de la literatura dirigida, el escritor por encargo; el compromiso del escritor viene de por sí, sin imposiciones. Neruda hacía cosas muy lindas, incluso en lo político, pero cuando lo encontramos como poeta dirigido, decae su colosal obra de escritor. Su primer canto es bellísimo, el segundo aparece de manera esforzada sin la consistencia ni calidad estética. No creo en las imposiciones, el compromiso no es sólo con el país sino con todo aquello que existe universalmente.

–¿En qué medida afectó el sistema política a nuestra cultura?

–El stronismo pulverizó nuestra cultura. Pero debo hablar de dos procesos culturales. Uno comienza en la colonia y termina con la guerra contra la Triple Alianza que produjo millares de muertos. Con doscientos mil sobrevivientes se crearon otras estructuras. El segundo aspecto comienza sobre la destrucción del Paraguay. Lentamente el país se fue organizando, mientras se produce una suerte de renacimiento pequeño a nivel cultural. El romanticismo, el modernismo, llegaron tarde, pero llegaron. Posteriormente la contienda chaqueña moviliza a miles de paraguayos, el saldo fue la muerte de 40.000 personas. Y otra vez se atrasa todo lo que significa cultura. Aquella época estuvo signada por el auge totalitario en el mundo. En Paraguay tras la guerra se produce la revolución de febrero (1936) hasta que posteriormente llega al poder el Mcal. Estigarribia. Éste muere accidentalmente y aparece en escena Higinio Morínigo, los liberales creyeron manejarlo, pero no fue así, se consolidó en el poder, y ante fuertes resquemores políticos llegamos a la revolución de 1947, el exilio de millares de compatriotas y la presencia de Stroessner. Las consecuencias están a la vista. Todo aquello forma parte de nuestra segunda historia. Ahora penosamente tratamos de construir la tercera etapa de esa estructura. Ha llegado el momento de reivindicar a este pueblo; creo que Rafael Obligado dijo: “Darse cuenta que a la vuelta de un recodo con un paso atrás se me quedó la vida”.

–Llaman la atención el vaciamiento intelectual y el aparente compromiso de muchos intelectuales con hechos que nada tienen que ver con la cultura. ¿Qué se puede decir al respecto?

–Un artículo que apareció en “Brecha” en 1988 habla precisamente de cierto apoyo –inclusive económico– a las clases intelectuales, eso alienta a muchos. En Paraguay también está sucediendo eso. Las ONGs apoyan labores intelectuales, ¿pero cuál es la condición final?... es algo que tenemos que ver. En realidad no veo en líneas generales –en los trabajadores culturales– una preocupación real por todo lo que significa un orden social, político y económico. No existe una nueva mentalidad cultural, un deseo por mejorar nuestra sociedad en su totalidad. La industrialización, clave fina de todo proceso, no puede estar divorciada de la cultura, pero nosotros culturalmente si hacemos un referente sólo en el Río de la Plata, vamos a ver que estamos atrasados por lo menos 40 años. A partir de la caída del Este se produce el resurgimiento del neoliberalismo. En EE.UU. alguien dijo que la historia ha terminado, pero se trata de un craso error. Un ejemplo palpable es que la fantasía del hombre que quiere vivir libre sigue vigente. Las últimas experiencias muestran que en Hungría, en Lituania, Ucrania, Polonia, el triunfo socialista da a entender que el modelo neoliberal está fracasando.

–¿Qué papel está jugando en este contexto penoso que estamos viviendo?

–La poesía desde el punto de vista literario es para mí la música de las palabras. Es la máxima expresión literaria. Un poeta puede escribir prosa cuando quiera, pero no todo prosista puede hacer poesía cuando se le antoja. Miguel de Unamuno decía: “Todos los civiles pueden ser fácilmente militarizados, todos los militares jamás podrán ser civilizados”.

–¿Cómo ves en este momento la literatura paraguaya?

–Hay gente que asume el compromiso literario con gran calidad. Ahora entiendo que muchos no están publicando por razones económicas. Existe una generación intermedia con impresionante capacidad para levantar culturalmente este país. Es necesario que a nivel de organismo del Estado exista más apoyo. Que se deje de dar fusiles a los militares y más presupuesto para la cultura. ¿Con quién vamos a pelear? ¿Acaso queremos guerra? Con Bolivia, por ejemplo, necesitamos una integración definitiva.

–¿Cuál es tu concepto del actual Gobierno?

–Creo que el Ministerio de Educación es una vergüenza con los recursos que tiene. No só cómo pueden sobrevivir las personas que imparten enseñanzas. He tenido alumnos del sexto curso que me daban rabia porque no sabían escribir. Hacerlos leer era todo un suplicio para ellos, porque están falto de ritmo para el aprendizaje. Falta por lo menos la intención para que la cultura ocupe un espacio importante en el contexto nacional. Entonces seremos ricos. Tenemos espacios, somos pocos, esto debería ser un paraíso y no un lugar donde se sobrevive de manera infrahumana. ¿Existe voluntad de cambio? Por los indicios no existe. Los grandes intereses económicos siguen teniendo la hegemonía de todo. Se quiere privatizar, si hacen eso con una fábrica de caña no importa. Pero privatizar la Antelco, INC, Corposana, ANDE, no veo bien porque son medios que hacen al Estado mismo. Muchos cuando escuchan esto piensan que es una idea totalitaria, no es así, totalitarismo es querer privatizar el país. Parece que muchos quieren privatizar el Gobierno, venderlo a una empresa privada extranjera y que de eso recibamos un dividendo. El criterio acaso no es totalitario. Pero por suerte nuestra gente está dejando de ser “vyra”, el campesino es un ejemplo.

–Pero el campesino es conservador, no tiene orientación, y siempre dispara en contra de sus intereses.

–El campesino siempre fue conservador, es natural en la clase campesina esa actitud, pero también en momentos determinados aprenden. Hoy se informa, sabe el desarrollo de los aconteceres, y sabe lo que necesita, lo que no tiene, lo que se le sigue negando. Rechazo la idea de que los campesinos no tengan conciencia, fueron engañados por años, pero sin tener acceso a la educación y la cultura hay un gran arandu ka’aty que los impulsa.

Fuente: PROCESO DE LA LITERATURA PARAGUAYA - PERFIL HISTÓRICO, BIBLIOGRAFÍA Y ENTREVISTAS A LOS MÁS DESTACADOS ESCRITORES PARAGUAYOS. Por VICTORIO V. SUÁREZ. Edición corregida y aumentada. Asunción, Paraguay. 2011 (654 páginas)



MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN

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