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CARLOS R. CENTURIÓN


  LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS - Por CARLOS R. CENTURIÓN


LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS - Por CARLOS R. CENTURIÓN
LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS
 
HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS
 
 

En el transcurso de los veinte años comprendidos entre 1640 y 1660 la provincia del Paraguay fue teatro de profundas agitaciones populares. Estos ajetreos tenían remoto antecedente en la rebelión que hizo crisis con la destitución, apresamiento y envío a España del segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, hecho ocurrido en la Asunción, al grito de "¡Libertad!", en 1544. Entonces, los partidarios de Domingo Martínez de Irala se dieron el nombre de "Comuneros". (66)

Las perturbaciones a que hacemos referencia reconocían como causas principales el absolutismo opresivo de la Corona, el odioso centralismo gubernativo y la conducta absorbente de los jesuitas.

En el año 1640, fray Bernardino de Cárdenas fue designado obispo de la Asunción. Este hecho puede darse, históricamente, como punto de partida de la primera revolución de los "Comuneros" en el Paraguay.

 
BERNARDINO DE CÁRDENAS nació en Chuquisaca, a fines del siglo XVI. Cursó estudios en el convento de los religiosos franciscanos, de Lima. Fue, más tarde, catedrático de teología, predicador y guardián de la Orden, en su ciudad natal. Durante su estada en el Perú, catequizó más de diez mil indios y aprendió dos idiomas autóctonos. Su llegada al Paraguay fue jubilosamente festejada. Se conocen algunas octavas con que el pueblo saludó al prelado.

A poco tiempo de hacerse cargo de sus apostólicas funciones, comenzó a realizar visitas a los pueblos y reducciones del interior de la provincia. Tuvo el propósito de adentrarse en los dominios de la Compañía de Jesús, pero ésta se opuso. Hallándose el obispo en Yaguarón, cerca de mil indios, bajo las órdenes de Gregorio de Hinestrosa, invadieron el poblado. El prelado se refugió en el templo; mas, de allí lo sacaron violentamente y lo expulsaron de la provincia. (67) Dos años después regresó a ésta. En tanto, cantaba el pueblo:

 
Se puso como esparto;
no dieron flores los valles,
trébol no dieron los prados,
ostentándose de Agosto
las cañas y los tabacos;
las lomas no dieron rosas,
ni los sotos amarantos;
trigo, maíz y legumbre
todo se queda agostado. (68)

 
La Asunción le hizo "su jefe natural". En 1649 falleció el gobernador Diego de Escobar y Osorio. Por la cédula real del 12 de septiembre de 1537, el pueblo tenía la facultad de designar gobernantes interinos por medio de un proceso eleccionario, hasta el nombramiento del titular que lo hacía la Corona. Ejerciendo ese derecho, el de la Asunción aclamó como tal a Bernardino de Cárdenas. "El obispo declinó el honor, pero el Cabildo insistió". (69) El interinato de fray Bernardino de Cárdenas trajo como consecuencia la primera expulsión de la Compañía de Jesús de las reducciones del Paraguay, acto que tuvo lugar el 25 de abril de 1649.

Sebastián León de Zárate, luego de vencer a los "Comuneros", restituyó a los jesuitas a sus reducciones y colegios. León de Garabito, designado después gobernador, con la misión formal de someter a la rebelde provincia, así lo hizo tras muchas andanzas. La agitación popular, no ha de olvidarse, continuaba creciendo en intensidad. Garabito, a quien el Cabildo y toda la población asuncena le hicieron frente, venció sin embargo, en la lidia. La primera revolución, días después fue ahogada en la sangre de sus más esforzados paladines. El obispo Bernardino de Cárdenas, luego de un refugio en la Catedral que duró diez días, fue expulsado por segunda vez de la provincia del Paraguay.

En esta oportunidad su exilio fue definitivo y su peregrinaje, muy duro y largo, en busca de justicia. Finalmente, Roma le eximió de toda culpa y pena. Falleció en Arami, pueblo de Cochabamba, en el año 1668.

Fray Bernardino de Cárdenas publicó en Madrid, en 1634, un Memorial y relación verdadera para el Rey N. S. y su Real Consejo de Indias de cosas del reino del Perú, muy importante a su real servicio y conciencia. (70) A esta obra se refirieron León del Pinelo, Córdoba Salinas y otros. Rosendo Villalobos, poeta y crítico boliviano, nacido en 1860, perteneciente a la generación intelectual de Ricardo Mujía, José Vicente Ochoa, Adela Zamudio, Tomás O'Connor y otros, atribuye al obispo Bernardino de Cárdenas un Manifiesto de indios. El ilustrado historiador chileno, José Toribio Medina, refiérese también a un Discurso teológico en que informa a la santidad de Alejandro Séptimo P. M. don Fray Bernardino de Cárdenas, obispo del Paraguay en las Indias Occidentales, sobre que se permita a los sacerdotes de aquellas provincias el decir tres misas el día de la Conmemoración de los Difuntos. En 1768, en Madrid, fue editada otra de sus obras: Documentos tocantes a la persecución de que los regulares de la Compañía de Jesús suscitan contra D. Bernardino de Cárdenas, obispo del Paraguay.

 
La segunda revolución de los "Comureros" se inició en el año 1717. Designado gobernador Diego de los Reyes Balmaceda, la provincia recomenzó a inquietarse. Reyes Balmaceda tenía conocidas vinculaciones con los jesuitas, y esta circunstancia le atrajo la abierta animadversión popular. Tenía, además, otro motivo de resistencia, la falta de "dispensa de naturaleza", por hallarse casado con una asuncena. Apenas se hizo cargo de la gobernación, Reyes Balmaceda comenzó a perseguir al general José de Ávalos y Mendoza, al mayor José de Urrúnaga, al capitán Francisco de Roxa Aranda y a Antonio Ruiz de Arellano. Este último pudo escapar a la vigilancia del gobernador y ocurrió en queja a la Audiencia de Charcas, "la cual designó investigador de las denuncias al juez de la Santa Cruzada, José García de Miranda, con cargo de liberar a Avalos y Urrúnaga, desembargar los bienes de ellos y remitir los antecedentes al tribunal para su definitivo juzgamiento". El comisionado no tuvo éxito en sus gestiones en el Paraguay; pero la Audiencia, fundada en sus informes, ordenó la restitución de lo embargado a sus respectivos dueños, así como la libertad de los presos de Arecutacuá, y aplicó al gobernador abusivo una multa de cuatro mil pesos.

Las acusaciones formuladas por el vecindario de la Asunción contra Diego de los Reyes Balmaceda - escribe Justo Pastor Benítez - fueron la injusta guerra a los payaguáes; la persecución a los indios de las reducciones y empleo de ellos en su servicio particular; las trabas puestas al comercio, principalmente al de yerba, cuyo laboreo constituía la industria principal de la provincia; la creación de gabelas para las embarcaciones; el haber asumido la gobernación "sin dispensa de naturaleza", pues estaba casado con la asuncena Francisca Benítez; y el haber interceptado los caminos a Charcas para impedir la presentación de las denuncias formuladas en contra suya. (71)

En el fondo de estas causas políticas deben buscarse las causas económicas que eran las verdaderas. En esta segunda revolución de los comuneros la cuestión consistía en un conflicto entre las misiones jesuíticas y la población civil; "entre los encomenderos y la república cristiana". El Cabildo, en esta pugna histórica, representaba al "común"; los gobernadores al "absolutismo", y se apoyaban en el predominio de la Orden de Ignacio de Loyola.

En estas circunstancias, la Audiencia de Charcas designó, el 20 de noviembre de 1720, a José de Antequera Enríquez y Castro como juez pesquisidor. Antequera llegó a la Asunción el 20 de agosto de 1721. Inmediatamente inició el proceso. Dando por probados los cargos, dictó prisión contra Diego de los Reyes Balmaceda, y el embargo de sus bienes, de acuerdo con las instrucciones que traía. Antequera tomó posesión del gobierno. Mientras tanto, Reyes Balmaceda, huido de su prisión, se puso a la cabeza de seis mil indios y avanzó hasta Tabapy. De este pueblo retrocedió ante la actitud enérgica del Cabildo de la Asunción. Reyes Balmaceda fue prendido poco después por las autoridades de Corrientes. El virrey de Lima resolvió apoyar al gobernador destituido y preso. Envió, a ese efecto, al coronel Baltazar García Ros, quien al frente de un ejército de más de dos mil hombres avanzó con rumbo a la Asunción. En ese espacio de tiempo, el 24 de agosto de 1724, el Cabildo decretó la segunda expulsión de la Compañía de Jesús de la provincia del Paraguay. La resolución trae esta página de hierro: "Luego que don Baltazar García Ros asome en las riberas del Tebicuary extinguiremos de esta ciudad el Colegio de la Compañía de Jesús, porque no queremos entre nosotros personas que nos aborrecen y persiguen y que tiran a consumir y aniquilar a los naturales de esta provincia. Los que en caso de derrota vuelvan vivo de dicho paraje y acto de guerra, ejecutarán esta decisión, consumirán a don Diego de Reyes y a toda su generación, y también a nuestras mujeres e hijas, para que no queden expuestas a los riesgos y peligros con que son amenazadas y no degeneren de su nobleza". (72) "Esta resolución extrema tuvo su resonancia y su eco en la jornada final de Cerro Corá en 1870, trágico final de un pueblo intransigente."
 
En el año 1731, el 4 de agosto, estalló una rebelión general en toda la provincia. Antonio Ruiz de Arellano fue designado "Presidente de la Junta de Gobierno", y todo el pueblo se preparó para la guerra.

En 1732, al conocerse la noticia de la ejecución del doctor José de Antequera, ocurrida en Lima, el Cabildo decretó, por tercera vez la expulsión de los jesuitas de las misiones del Paraguay.

En ese tiempo fue designado gobernador titular de esta provincia el coronel Manuel Agustín de Ruyloba Calderón. El nuevo gobernador arribó a la Asunción el 27 de julio de 1732. Entre sus actos de gobierno se anota el error de permitir el regreso de los jesuitas a su colegio de la capital. Este acto reanimó la larga lucha comunera. La población campesina se concentró airada en las cercanías de Itá. Ruyloba salió de la metrópolis para hacer frente al levantamiento popular; empero, fue muerto en Guayaybity. Este hecho originó una etapa violenta en la pugna y le dio nuevo cariz. Desde ese instante la rebelión ya no sería solamente contra los jesuitas, sino, además, contra el virrey. (73)

Fue proclamado gobernador interino fray Juan Arregui. Bruno Mauricio de Zavala, gobernador de Buenos Aires, en tales circunstancias recibió orden desde Lima para marchar sobre el Paraguay y someterlo. Así lo hizo al frente de un poderoso ejército. Los comuneros lo esperaron, fortificados convenientemente, en el pueblo de Tabapy. La lucha se trabó el 14 de marzo de 1735. Los doscientos treinta y seis defensores de Tabapy fueron vencidos por las fuerzas regulares de Zavala. A consecuencia del desastre, los dirigentes de la tercera y última revolución comunera del Paraguay fueron terriblemente sancionados. Zavala falleció en el camino, de regreso a Buenos Aires.

En esta larga, accidentada y sangrienta contienda, dos talentos se destacan nítidamente: José de Antequera Enríquez y Castro y Fernando de Mompox y Zayas.

 
JOSÉ DE ANTEQUERA nació en Panamá, en el año 1690. Era hijo de un gran ministro que sirvió durante cuarenta años al rey, inclusive en La Plata. Por parte de la madre pertenecía a la familia de los Enríquez, de noble alcurnia. Se graduó en leyes y teología, y conoció los esplendores de Lima, "la elegante capital del Virreinato". Más tarde fue fiscal pesquisidor de la Audiencia de Charcas. En 1721 - ya lo dijimos - fue comisionado por ésta a la Asunción para instruir proceso al gobernador Diego de los Reyes Balmaceda. De su gestión judicial y política en la provincia del Paraguay también hemos hecho referencias al ocuparnos de la revolución de los Comuneros. En los trajines de dicha pelea histórica comprobó José de Antequera sus cualidades de orador elocuente. Era un tribuno de dicción donosa y persuasiva, un doctrinario de nobles y elevados ideales, un caudillo político que ejercía poderosa atracción sobre las masas, un jurista de comprensión honda y humana. El Memorial Ajustado, en que ensayó su defensa, es una pieza escrita en prosa clara, plena de erudición y buen gusto. Se revelan en el autor el hombre de derecho y el literato. Sus citas son en latín y en francés.

Ahogada la segunda revolución comunera, Antequera salió de la Asunción, el 5 de marzo de 1725, con el propósito de presentarse a la Audiencia de Charcas. Le acompañaban su maestre de campo, Sebastián Fernández Montiel, Juan de Mena, el prestigioso caudillo comunero, y otras cuarenta personas. En Córdoba se refugió en el convento de San Francisco. En esa casa oyó pregonar el bando del virrey del Perú, marqués de Castelfuerte, por el cual se le declaraba proscrito y, en consecuencia, cualquiera podía arrancarle la vida. El bando prometía la paga de cuatro mil pesos a quien lo entregase vivo o muerto, y la mitad de dicha suma a la persona que declarara o denunciara su paradero.

En octubre de 1725, Antequera desapareció de Córdoba. Días después se presentó a la Audiencia de Charcas. Ésta, antes que ampararlo en tan grave trance de su vida, lo mandó apresar y remitir a Potosí juntamente con Juan de Mena, el capitán Alonso González de Guzmán, Tomás de Cárdenas y Miguel Duarte. Enviado a Lima, el 8 de febrero de 1726, permaneció en la cárcel durante cinco años. Desde su celda se trabó en polémica con fray José de Palos. Sus cartas constituían una protesta varonil. Días antes de morir, escribió este soneto en la pared de su calabozo: (74)

 
El tiempo está vengado: ¡oh, suerte mía!
el tiempo, que en el tiempo no he mirado:
yo me vide en un tiempo en tal estado,
que al tiempo en ningún tiempo le temía.
 
Bien me castiga el tiempo la porfía
de haberme con el tiempo descuidado,
que el tiempo tan sin tiempo me ha dejado,
que ya no espero tiempo de alegría.

 
Pasaron tiempos, horas y momentos
en que del tiempo pude aprovecharme
para excusar con el tiempo mis tormentos.

 
Más, pues del tiempo quise confiarme,
teniendo el tiempo varios movimientos,
de mí, que no del tiempo, es bien quejarme.

 
Condenado a muerte, José de Antequera Enríquez y Castro, "Caballero de Alcántara", título obtenido por su nacimiento y por sus prendas personales, fue ejecutado en la ciudad de los Virreyes, el 5 de julio de 1731. En tanto, en la Asunción, la copla, desafiante, cantaba:

 
Huyendo con mi caballo
Pasé por una tranquera
Y allí puse este letrero:
"¡Viva José de Antequera!"

 
A la puerta de mi casa
Tengo una loza frontera
Con un letrero que dice:
"¡Viva José de Antequera!"

 
EL rey Carlos III revisó, posteriormente, el proceso del caudillo comunero y lo proclamó "honrado y leal ministro".

 
FERNANDO DE MOMPOX Y ZAYAS era natural del reino Valencia, estaba graduado en leyes y era abogado de la corte de Lima. Conoció a Antequera en la cárcel y, abrazando la causa popular, huyó de la prisión y se dirigió al Paraguay. Arribó a la Asunción en el mes de julio de 1730. Se hospedó en la casa de Fernando Curtido, un fervoroso comunero, con el propósito de proseguir la lucha. El año siguiente al de su llegada fue nombrado gobernador del Paraguay don Ignacio de Soroeta, conspicuo amigo de los jesuitas. Esta circunstancia le ganó la repulsa popular. Estalló un motín el 28 de diciembre, día de los inocentes. El pueblo rodeó la casa de gobierno y se apoderó de algunos regidores adversos. Fernando de Mompox y Zayas se rebeló en esta ocasión "un orador extraordinario, un tribuno decidido y audaz. Alentó a las masas; las condujo hacia la acción con su verba ardiente y sus actitudes que eran incitación y orden. Fue quien dio forma a las aspiraciones colectivas proclamando la superioridad de la voluntad del común, aún sobre la del rey. La subversión era plena, una revolución en el siglo XVIII digna de ser citada como precursora de la Independencia". (75)

En consecuencia de esta rebelión popular fue designado José Luis Barreiro como presidente de la junta de gobierno. Pero Barreiro traicionó la causa popular. Por medios engañosos mandó apresar a Mompox y lo hizo remitir a Itatí. Más tarde se lo trasladó a Buenos Aires. Algún tiempo después se lo condujo a Chile. Hallándose en el camino de Mendoza, el tribuno popular logró escapar, apoyado por sus amigos, venidos a ese efecto del Paraguay. Por vía Colonia del Sacramento, se internó en el Brasil. En Río de Janeiro se dedicó al comercio menudo. Y en esa ciudad, exilado, "el olvido cubrió sus pasos y cayó sobre su memoria".

 
No está demás el recordar, finalmente, que así como a los unos se los llamaba "Comuneros" a los adversarios de éstos se los denominaba Contrabandos. Vamos a dar, seguidamente, por ser interesante, la lista de los principales directores de ambas partidas combatientes: Comuneros: José de Antequera y Castro, gobernador de la provincia; José de Ávalos y Mendoza, regidor de la ciudad; José de Urrúnaga, regidor; Antonio Ruiz de Arellano, regidor; Cristóbal Domínguez de Ovelar, alcalde de primer voto y justicia mayor de la ciudad; Julián Guerrero, alcalde; Antonio Báez, alcalde; Francisco de Roxa Aranda, regidor; Joaquín Ortíz de Zárate, alcalde; Juan de Mena, aguacil mayor; Miguel de Garay, regidor; Ramón de las Llanas, alcalde; Fernando Curtido, alcalde; Prancisco de Agüero, alcalde; Bartolomé Machuca, justicia mayor de Villa Rica; Alonso de los Reyes, gobernador de Villa Rica; Ventura Caballero, gobernador de Villa Rica; Alonso Delgadillo y Atienza, canónigo de la Catedral; Cayetano de Borja, predicador; Martín de Barúa, gobernador interino del Paraguay; Francisco de Mompox y Zayas, tribuno popular; José de Ávalos, médico, superintendente de la ciudad, y Francisco Cabú, indio, corregidor de Yaguarón. Contrabandos: Diego de los Reyes Balmaceda, gobernador de la provincia; Baltazar García Ros, gobernador de la provincia; Manuel Agustín de Ruyloba Calderón, gobernador de la provincia; Martín de Echauri, gobernador de la provincia; Andrés Benítez, fiel ejecutor de la ciudad; Juan Caballero de Añasco, regidor; Esteban Fernández de Mora, maestre de campo de Villa Rica; Martín de Chavarri Vallejo, regidor; José Luis Barreiro, justicia mayor de la ciudad; Miguel de Torres, alcalde; Antonio Caballero de Añasco, cura chantre de la Catedral; Antonio González de Guzmán, provisor y vicario general del obispado; José de Palos, obispo del Paraguay; Ignacio de León y Zárate, provisor y vicario general; Juan González Melgarejo, deán de la Catedral; Lucas Melgarejo, maestre de campo; Teodosio de Villalba, maestre de campo de Villa Rica; Juan Báez, regidor de la ciudad, y Dionisio Otazú, alférez real. (76)

Además de los citados, otros nombres aparecen entre los comuneros. Vamos a transcribir un documento existente en el Archivo Nacional de la Asunción, signado por ellos, y dirigido al gobernador y capitán general de la provincia. Hélo aquí:

"Al señor Govor. y cap. General.
"El Mtre. de Campo General actual de Provincia y los demás oficiales de Guerra de élla ocurrimos antes Vssa en aquella Via y forma que más aya lugar en dro respecto deno poderlo hacer por la Distancia ante otro tribunal superior y hallarse Vssa con Pleno Poder y facultad de su Alteza de este distrito, para el mejor govierno paz y quietud de esta Provincia y Dezimos que aunque a tres o quatro dias que en esta Provincia se dise Venia destituido al governo de ella Dn Diego de los Reyes Balmaceda por despacho del Excmo señor Virrey de estos Reynos. Solo se persuadian los Vesinos Moradores de ella Ser vozes esparcidas de los Parciales de dho Don Diego de los Reyes; Pero viendo que en Treinta de Septi.e seavrio Carta en Cabildo en que dicho Dn Diego de los Reyes ledava cuenta deser destitui por su Exa a dicho govierno, viendo y rezelando junta mente los graves perjuizios eynconvenientes en daño dela Republica y del Rey nro Señor que dela execusión de dicho despacho puede Resultar nos ha parezido mui propio denra Leal obligación pressente, para que suspendiendo la execusión de dicho Despacho (sies cierto y Creible leaya dado el señor Virrey) en nombre nro se sirva para que es devo representarle los gravissimo incombeniente que resultara, y pues nunca puede ser del desagrado de Exa el que le hagan semejantes representaciones quando estos recursos son licitos y permitidos aun al mismo Rey nro Señor y que siendo Su Exa tan gran Ministro suyo en lo Justiziero y piadoso, no puede dejar de admitir con Venignidad esta nra representación, tan justa y conforme a todo dro; Pues quando dicho Don Diego de los Reyes, con su violento y absoluto obrar ni huviera cometido los delitos tan atrozes de que fue acusado ante la Real Audiencia de este Distrito y por ellos passado a remitir a Vssa para el consuelo y alivio de esta Provincia es tan tirano obrar, como todo consta mas largamente de los autos de pesquiza siendo sus violencias, no solo perjudiciales a las haciendas Vidas y honras de los vecinos de esta Provincia si no tambien lo que mas es a la Muerte del alma haciendo con violencias fuesen testigos de abonos en sus falsedades y atrozes hechos de los Miserables muertes de los indios Payaguás, como luego que pudieron declararle asi lo executaron en Descargo de sus conciencias ante Vssa. todos los que violento para este y otras caussas o sientonzes siendo siega la obediencia de todos nosotros a sus injustos preceptos, no dejo persona ni estado que no ajasse como Vssa consta todo justificado y consta tambien por las Providencias que en repaso de ellas tiene dadas S. A. que hiciera hoy un hombre contra quien tienen declarado la verdad de sus hechos aun los mismos presentados por el cuyo rencor y odio ha experimentado esta Provincia en treinta años que há que lo conoce llega más allá de los sepulchros, y si solo por la nimia azperidad de un señor temporal o de un juez con sus subditos, se deven privar de la jurisdiccion de ellos, que no se devera hacer con un hombre cuya sebicia esta provada y conocida aun en tiempo que el no savia ni tenia razon de aborrezer a ninguno, Pues aun el mas cuerdo y prudente enseña la razón natural, y la ley no puede dejar de prevenirle, que es justo el recelo de que obraría contra ellos en venganza de sus declaraciones. Que a estos miraría la ley sin duda, quando mando, que en semejantes casos no se deven dar los nombres de los testigos al Poderoso capitulado hasta el término, y tiempo prevenido en derecho, y dejando nosotros por no o ser de nuestra profhesion el que, si antes de determinar las causas de los del pte puedan ser constituido en dignidad ni que se libra de la pena digno de ella la dignidad, que le sobre viene despues de cometido el delito; ni que, si el despacho de su Exa adqurido con falsas relaciones ni aun el mismo Rey nro Señor deva ser obedecida, ni tampoco, si la Real Audiencia de este distrito tuvo jurísdicción para enbiar a Vssa. o si no bien sabemos asi ciegamente obedientes, como hasta aquí lo hemos executados y debemos obedecer sus ordenes con la misma fuerza y puntualidad que las de el Rey nro Señor, y que nos lo tiene puesta al Rey nro Señor para alivio de nros males y refugio de ntras tribulaciones, y si acasso no devemos ocurrir con ellas antes su Alteza por que su Alteza nos admite estos recursos, Pues si se executara pusieran ante su Exa, quien, claro esta no havia de dejar quedarnos el consuelo, en semejante caso, y con mas razon a nosotros que a otros ninguno de todo el Reyno pues a nuestra costa servimos al Rey nro Señor en una guerra tan continua; y mucha mayor despues del abominable hecho de Don Diego delos Reyes en las muertes que hizo de tantos indios Payaguaes que devajo de la Real protección vivian en esta Provincia de Paz: sin más motivo a tan lamentable estrago que executo crueldad erodiana a los once dias que entro en su govierno sin perdonar sus sevicia alas mujeres (incapaces de culpa aun cuando sus maridos lo fuesen) ni a los miserables niños de dichos Paraguas de que si su Exa estuvieran informado no pudiera ser cristiano y piadoso celo dejar de llorar tan lamentable; y quien a sangre fria, y sin ningún motivo executo tan grave hecho que hicieron en esta Provincia, se le permitiera el Govierno de élla; que aun quando no fuese tan corto el tiempo que le falto para acabarle de cuatro meses sino es, que comenzase por la Real disposición nuevamente su Govierno, Deviera sed privado de el ni tampoco que su Exa informado de lo que es dicho Don Diego delos Reyes permitiera que por una injusta tema y una hidropessia de gobernar, tan tiranicamente, se atropellase con sumiese y anihilase una Provincia; Motivos que Vssa como quien los tiene presente presentes deve considerarlos, yrremisiblemente sucediera si Vssa nose vale en este caso para hevitarlos Delos Remedio prevenidos en dro, haciendo a su Exa el informe de todo esto y Suplicando desus Despachos las vezes que por derecho puedey deve como Padre y tutor que es de esta Provincia no solo por comisión y por despacho dela Real Audiencia, sino tambien por Despacho para el Gobierno de ella por Dos años de su Exa en Virtud del qual y su Rezivimiento los conocemos todos gustosos por nro Governador y Capitan general que Por todo lo qual.

"A Vssa pedimos y suplicamos Renidam.e haga su Exa los informes suplicas y Ruegos para que mande suspender la execusión de dicho Despacho de Dn. Diego delos Reyes Representandole todos aquellos - roto - Motivos que en justicia y dro devemos hazer, y no hazemos por no saverlo, con lo que esperamos dela Venigna y poderosa mano de su Exa el Remdio y Reparo a tanta fatalidad, y la última Ruina que la amenaza siendos presizo en casso de que, no obstante esta Representación sesirviese su Exa mandar executar su despacho desampara nras Cassas mugeres e hijos Irnos avivir alas otras Provincias y es justicia que pedimos y juramos lo en dro nessezo.
 
"Sevastian Fernandes Montiel - Juan de Mendoza y Nuñez - Sargento Mayor de Provincia - Ramón de las Llanas - Capitan de Coraza - Eusebio Villamayor - Cavo de reformados - Julian Guerrero - Cavo de Reformados - Ant.o Gonz.s Garcia - Cavo de reformados - Joseph de Almada - Cavo de reformados - Dn Miguel de Molas y Mendoza - Bernardo de Villamayor - Castellano de San Ildefenzo - Domingo de Flecha - Capp.n de Corrales - Mathias de Saldivar - Miguel Marecos de Velazco - Francisco de Aranda - Agustin Sanches Negrete - theniente de cavallos - Sebriano Duarte - Ramón de Arze - Ignacio Zorrillas - Francisco Delgado - Sargento mayor de la Población del Peñón - Andres Arze - Juan Ximenes - sargento mayor del Presidio de San Sebastian - Ant.o de Ocampos - Ignacio de Torres y Guzmán - Alferes Mre. de Campo - Juan de Gadea - Diego de Yegros - Juan Riquelme - alferes de Infantería - Ramon Blasques de Balberde - Capitán de Corasas - Juan de Morinigo - sargento de infanteria - Antonio Rodriguez - Francisco de Amarilla Carrera - Francisco de Vargas - alferes de infanteria Maestre de Campo General - Miguel de - (roto) - Ramon Benitez - sargento mayor del presidio de - (roto) - Matías Ferreira - capp.n de corasas - José de Aguero - Geronimo de Flechas - Juan Dias Gonzalez - Miguel Gonzales - Miguel Martin de Monges - Prudencia de Posadas - Antonio H. Montiel - Miguel de Garay - Blas Anto.o García - Capp.n de forasteros - Sebastian de los Reyes - Jazinto Marin - Joseph de Villanueva - Lorenzo de Mendieta - Fran.co de Arevalos - Francisco de Espinola - sargento mayor de Santa Rosa y San Ant.o - Diego Peres - Joseph de Cordoba - Juan de Cordoba - Simon de Escurra - Francisco de Arguello - sargento mayor de la Plaza de - (roto) - José Mareco - Mathias Romero de Santa Cruz - Francisco de Avalos y Mendoza - Joseph de Melgarejo - Barbosa - Gonsalo Ferreyra - Joseph de Alcides Martines - (roto)." (77)
 
 

Notas- La revolución de los Comuneros

66-Las noticias dadas en este capítulo tienen fuente principal en el opúsculo intitulado Los Comuneros del Paraguay. 1640-1735, JUSTO PASTOR BENÍTEZ. Buenos Aires, 1938.

67-Defensorio y Memorial, 3º, Nº 36.

68-Papel en verso sobre el recibimiento, etc., Biblioteca Godoi, Asunción.

69-JUSTO PASTOR BENÍTEZ, Ob. cit. Memorial, páginas 122-123.

70-Citado por ENRIQUE FINOT, Historia de la literatura boliviana.

71-Ob. cit.

72-"Expulsión violenta de los Jesuitas del Colegio de la Asunción por el Gobernador Don José de Antequera y Castro en mil setecientos veinte y cuatro por noticia que tuvo de que venía Don Baltazar García Ros con Yndios de la Doctrina de los Jesuitas a deponerlo del mando", Archivo Nacional de la Asunción, Vol. 2, Nº 5.

73-JUSTO PASTOR BENÍTEZ, Ob. cit.

74-J. NATALICIO GONZÁLEZ, Proceso y formación de la cultura paraguaya. LOZANO, Historia de las revoluciones de la provincia del Paraguay, 1721-1736.

75-JUSTO PASTOR BENÍTEZ, Ob. cit.

76-CECILIO BÁEZ, Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880, Asunción, 1910.

 

77-Archivo Nacional, Vol. 50, Nº 1.

 
 
 
 


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