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CARLOS R. CENTURIÓN

  HISTORIA DE LA CULTURA PARAGUAYA - TOMO II, 1961 - Obras de CARLOS R. CENTURIÓN


HISTORIA DE LA CULTURA PARAGUAYA - TOMO II, 1961 - Obras de CARLOS R. CENTURIÓN

HISTORIA DE LA CULTURA PARAGUAYA - TOMO II

Obras de CARLOS R. CENTURIÓN

Prólogo: ARTURO ALSINA (TOMO I)

Biblioteca “ORTIZ GUERRERO”

Edición realizada en el año del sesquicentenario

De la independencia patria.

Asunción – Paraguay

1961 (704 páginas)


 

INDICE DEL TOMO SEGUNDO

ÉPOCA AUTONÓMICA

 

XXXIII - LA REVISTA "CRÓNICA"      

XXXIV - TIEMPO AUSPICIOSO AQUÉL

XXXV - EL ESTUDIO DE LA LENGUA GUARANÍ

XXXVI  - EL TEATRO DURANTE EL PERÍODO AUTONÓMICO

XXXVII - LA GENERACIÓN INTELECTUAL DE 1923

XXXVIII - LA CULTURA JURÍDICA

XXXIX - ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS EN EL PARAGUAY HASTA 1913

XL - LOS ESTUDIOS FOLKLÓRICOS EN EL PARAGUAY

XLI - ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS ARTES PLÁSTICAS EN EL PARAGUAY

XLII - ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DE LA MÚSICA EN EL PARAGUAY HASTA 1913

XLIII - EL ARCHIVO Y LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA ASUNCIÓN / OTRAS INSTITUCIONES SIMILARES

XLIV - EL DESARROLLO DE LA PRENSA DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS   

XLV - APARICIÓN DE NUEVOS VALORES LITERARIOS

XLVI - EN VÍSPERAS DE LA GUERRA DEL CHACO  - XLVII - LA GUERRA DEL CHACO

XLVIII - INSTITUTOS PARTICULARES DE ENSEÑANZA 

XLIX - INTELECTUALES APARECIDOS DESPUÉS DE 1930 

L - ALGUNAS ENTIDADES PARAGUAYAS DE ALTA CULTURA

LI - LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN EL PERÍODO AUTONÓMICO

LII - LA MÚSICA DURANTE EL PERIODO AUTONÓMICO 

LIII - EL DESARROLLO DE LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS DURANTE EL PERÍODO AUTONÓMICO

LIV - LOS RESPLANDORES DE UN NUEVO AMANECER

SINOPSIS

 


LA CULTURA JURÍDICA


La Constitución Nacional, sancionada y promulgada en 1870, estableció la división tripartita y la independencia de los poderes. Desde ese instante podría pensarse en la seguridad de la carrera del funcionario judicial. Algo de eso se hizo; mas no se pudo establecer de una manera categórica la firmeza del juez en la continuidad de su labor de acuerdo con sus méritos. El período legal no siempre ha sido respetado, especialmente en estos últimos tiempos, circunstancia que ha restado autoridad a la magistratura forense.

No obstante, en el transcurso de más de setenta años, han aparecido funcionarios dignos de figurar en la historia por su versación jurídica y su espíritu de independencia y justicia. Deben ser citados entre éstos, comenzando por los de antaño, Juan Silvano Godoi, José Mateo Collar, Benigno Ferreira, Cecilio Báez, Emiliano González Navero, Manuel A. Maciel, Emeterio González, César Gondra. Pablo J. Garcete, Cayetano A. Carreras, Juan Cancio Flecha, Hilario Amarilla, Jesús María Carrillo, Pedro Bobadilla, Inocencio Franco, Benigno Riquelme, Federico Codas, Teodosio González, José Irala, J. Wenceslao Benítez, Atanacio C. Riera, Manuel Franco, Félix Paiva, Manuel Burgos, Alejandro Audibert, José Tomás Legal, Manuel M. Viera, Alejo M. Carrillo, Francisco Rolón, Facundo González, Vicente Brunetti, Eligio Ayala, Marcial Sosa Escalada, Manuel E. Carvallo, Francisco C. Chaves, Eladio Velázquez, Emilio Faraldo, Antolín Irala, Ramón García, Juan Manuel Sosa Escalada, M. Eliseo Sisa, Amancio Insaurralde, Federico Chaves, Salvador Fernández, Virgilio Silveira, Héctor Salaverry, Enrique Ayala, Juan L. Mallorquín, José Emilio Pérez, Tomás Ayala, Manuel Benítez, Víctor Rojas, Angel Medina, Justo Román Pérez, Manuel Sisa, Pedro P. Samaniego, Enrique L. Pinho, Eulogio Jiménez, Apolinario Real, Arillo Fretes, Eusebio Ríos, Aurelio Núnez Velloso, Agustín Casanello, Celso R. Velázquez, Luis De Gásperi, Angel Mercado, Víctor B. Riquelme, Sigfrido Gross Brown, Juan R. Chaves, César Acosta, Carlos R. Andrada, Raúl Sapena Pastor, Fernando Cazenave, Alejandrino Meza, Teódulo Cabrera, Marciano Franco, Manuel Burgos (h.), Francisco Orué Saguier, Leandro P. Prieto, Ernesto Jiménez, Andrés A. Mereles, Raúl Mojoli, José S. Villarejo, Carlos C. Carreras, Carlos R. Amarilla Fretes, Gregorio Vidal, Pedro Recalde de Vargas y muchos más.

Los trabajos debidos a los magistrados forenses constituyen hoy numerosísimos volúmenes que llenan los anaqueles del Archivo General de los Tribunales y son fuentes fecundas de la jurisprudencia paraguaya. Lástima es que dichos trabajos, gran parte de los cuales son notables piezas jurídicas por su fondo y por su por su forma no hayan sido publicados. Intentóse varias veces hacerlo. ElBoletín de los Tribunales, La. Gaceta del Foro y otros periódicos que tuvieron efímera vida, aunque de gran utilidad, han ensayado esa publicación sin el éxito de que eran acreedores. (Ver Colección. Archivo General de los Tribunales.)

Pero es conveniente no olvidar la contribución de los magistrados del Poder Judicial a la cultura integral de la Nación en uno de sus importantes aspectos: la cultura jurídica. Debe agregarse al trabajo de los jueces, el aporte de los profesionales del foro. Demandas y alegatos abundan, constitutivos de verdaderas cátedras de derecho, cuya publicación no sólo servirá para poner en evidencia las excelencias de sus autores, sino contribuirán valiosamente a la evolución jurídica del Paraguay. Pero ellos permanecen inéditos, arrinconados en anaqueles maltrechos y polvorientos, ignorados de letrados y profanos y olvidados hasta de sus propios autores.


BENIGNO FERREIRA era oriundo de Isla Aveiro, departamento de Limpio. Nació en el año 1846. En 1859, luego de cursar estudios primarios en la Asunción, ingresó en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos.

Completado el ciclo del bachillerato, trasladóse a Buenos Aires para iniciarse en las disciplinas universitarias, en la Facultad de Derecho. En 1865, al estallar la guerra de la triple alianza contra el Paraguay, fundó en la capital porteña, juntamente con otros connacionales, la "Asociación Paraguaya" y después, la "Legión Paraguaya". Retirado de esta unidad de tristísima fama, sirvió en el ejército argentino, a las órdenes del general Wenceslao Paunero.

En 1869 retornó al Paraguay. Fue designado capitán del puerto de la Asunción y jefe de la Guardia Nacional de la capital. En 1870 fue electo diputado al Congreso; en 1871, ministro de guerra y marina; y en 1873, ministro del interior. En tal carácter sofocó, en lucha sangrienta, la. revolución acaudillada por el general Bernardino Caballero en 1873. Siendo un obstáculo, por su intransigencia patriótica en la defensa de los intereses del Paraguay, con motivo de la liquidación de la guerra, los representantes de las potencias signatarias del tratado secreto de 1865, gestionaron y obtuvieron su desalojo del poder.

Regresó a Buenos Aires, en cuya universidad prosiguió sus estudios hasta obtener el grado de doctor en Leyes, en 1880.

En 1895 ejerció la presidencia del Partido Liberal. Así puso término a su primer largo exilio. Retornó a la Asunción, y cuando el gobierno colorado del general Juan Bautista Egusquiza reorganizó el Poder Judicial, fue confiada a Benigno Ferreira la presidencia del Superior Tribunal de Justicia.

En 1904 fue designado para ejercer el comando militar de la revolución liberal que finalizó con el "Pacto de Pilcomayo", y que dio por resultado la ascensión al poder de la gran entidad nombrada.

Fue ministro de guerra y marina del gobierno provisorio de Juan Bautista Gaona. Electo candidato a la presidencia de la República, tomó posesión del mando el 25 de noviembre de 1906.

Su gobierno, llamado el de los cívicos, duró hasta el 2 de julio de 1908, fecha en que una sublevación militar, dirigida por el entonces mayor Albino Jara, lo derrocó.

Vuelto a su exilio de Buenos Aires, falleció en aquella ciudad, en 1920.

Entre las obras principales de su administración son dignas de mención la solución de la cuestión ferrocarrilera y la unión de sus líneas con las argentinas, a través del río Paraná; la fundación del Banco de la República; la adquisición del equipo de guerra más moderno que hasta entonces se conocía; y la firma del Protocolo Soler-Pinilla, en la cuestión de límites con Bolivia.


BENIGNO RIQUELME nació en la Asunción, en 1857. Cursó estudios en el Colegio Nacional y se graduó de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad de la capital paraguaya, en 1893. Su trabajo de tesis versó sobreDesarrollo del derecho de castigar y consideraciones sobre las penas en sus varias faces, Asunción 1893.

Fue en la magistratura forense fiscal del crimen, defensor general de menores y miembro de los tribunales de apelación en lo civil, comercial y criminal, cuyas presidencias ejerció en repetidas ocasiones.

Entre sus trabajos cítanseCódigo Penal Paraguayo concordado con el Derecho Penal, 1897; yCódigo de Procedimientos Penales, en concordancia con el Derecho Procesal, 1908.

Benigno Riquelme fue honrado, ecuánime, recto, intachable. Falleció en la Asunción, en 1917.


J. WENCESLAO BENÍTEZ nació en la Legación del Paraguay en París, en 1865. Cursó estudios en el "Royal of Foreign Languaje College" de Londres, en el colegio de los hermanos Ricaldoni, de Montevideo, y se graduó de notario y escribano publico en la Universidad Nacional de la Asunción.

Ejerció dicha profesión durante muchos años.

Llevado a la magistratura forense, actuó como secretario del Superior Tribunal de Justicia, juez en lo civil, miembro y presidente de la Cámara de Apelación y presidente del más alto tribunal de justicia de la República. Su historia en la actuación judicial señala huellas de laboriosidad, de ilustración y, sobre todo, de austeridad en el cumplimiento de la ley.

Cultor apasionado de la lectura, su biblioteca tuvo fama de selecta y nutrida, especialmente en su sección paraguaya. Contaba con más de tres mil quinientos volúmenes.

J. Wenceslao Benítez falleció en la Asunción, en 1919.


EMILIANO GONZÁLEZ NAVERO nació en Caraguatay, en 1861. Cumplió el ciclo de estudios primarios y secundarios en la Asunción e hizo cursos de derecho en la Universidad Nacional.

En 1887 fue designado juez del crimen. En tal carácter tuvo actuación destacada en los sucesos de Bahía Negra, en el conflicto fronterizo con Bolivia. Fue después miembro y presidente del Superior Tribunal de Justicia.

En 1895 ocupó, por primera vez, una banca en el Senado. Durante la revolución liberal de 1904 fue designado vicepresidente del gobierno provisorio, con sede en Pilar.

Terminada la revolución de agosto de aquel año, en 1905, fue ministro de hacienda, en el gabinete del presidente Juan Bautista Gaona, y, luego, en el de Cecilio Báez.

Integró, en 1906, como candidato a vicepresidente, la fórmula encabezada por Benigno Ferreira.

Desde el25 de noviembre de aquel año, y ya electo como tal, presidió el Senado hasta el 2 de julio de 1908.

Derrocado el gobierno de Benigno Ferreira por la sublevación cuartelera dirigida por el entonces mayor Albino Jara, cupo a Emiliano González Navero el ejercicio del Poder Ejecutivo hasta el25 de noviembre de 1910.

En esta fecha hizo entrega del mando al presidente Manuel Gondra.

Retornó a su banca del Senado y al ejercicio de su profesión de abogado. Varias veces fue llamado después a desempeñar diversos ministerios y en repetidas ocasiones presidió el Partido Liberal.

En 1912 fue uno de los directores del movimiento armado que puso término a una era de profunda anarquía política. AL finalizar dicha campaña con el triunfo de las fuerzas de su bandería, designósele nuevamente presidente provisorio de la República. Dicho mando duró desde el 22 de marzo de 1912 hasta el 15 de agosto del mismo año, día en que se hizo cargo Eduardo Schaerer de la primera magistratura de la Nación.

En 1913 volvió a ocupar su antigua banca en el Senado, y en 1917 fue nombrado ministro de guerra y marina en el gabinete del presidente Manuel Franco.

Hallándose en el Parlamento, diez años después, fue electo, por segunda vez, vicepresidente de la República, integrando así el binomio cuyo primer término ocupaba José P. Guggiari.

En 1931, por delegación de mando, en consecuencia de los sucesos del23 de octubre, Emiliano González Navero ejerció nuevamente la presidencia de la Nación durante unos meses. Terminado el mandato de vicepresidente, el 15 de agosto de 1932, dio por finalizada su carrera política.

Recogido en su hogar, después de más de cincuenta años de vida pública, en la que, en dura y agobiante lucha, conquistó el respeto de sus conciudadanos y la memoria ilustre con que hoy se le recuerda en la historia, Emiliano González Navero falleció en la Asunción, en 1934.

Puede decirse de este gran señor de nuestra democracia que la honradez fue su escudo; la pobreza, su blasón; y la dignidad cívica, su arma de combate.


MANUEL M. VIERA nació en la Asunción, en 1864. Cursó estudios en Buenos Aires, en cuya Universidad se graduó de doctor en leyes, en 1894. Descendía del poeta Natalicio Talavera.

En el año 1902 fue miembro del Tribunal de Apelación en lo civil, y años después, ocupó la presidencia del Superior Tribunal de Justicia. También fue fiscal general del Estado y ministro plenipotenciario del Paraguay en Buenos Aires.

Hallándose en el desempeño de la presidencia del Superior Tribunal de Justicia, una actitud de Manuel M. Viera ratificó sus cualidades de dignidad y carácter. No habiéndose prestado la debida atención a una orden de dicha alta Corte, en cierto recurso dehabeas corpus, presentó renuncia motivada de su presidencia y abandonó para siempre el solar guaraní. Falleció en Buenos Aires, en 1945.


PABLO J. GARCETE nació en Paraguarí, en el año 1863. Cursó estudios en el Colegio Nacional y en la Facultad de Derecho de la Asunción, donde obtuvo, en 1903, el diploma de doctor. Su tesis se titulaJurisprudencia. El juicio de deslinde.

Dedicóse desde su juventud a la docencia. Enseñó en institutos primarios, en Paraguarí y otras ciudades. Fue catedrático de derecho civil en la Facultad de Derecho. Fue, posteriormente, juez en lo civil, presidente de la Cámara de Apelación, Rector de la Universidad Nacional y Presidente del Superior Tribunal de Justicia.

Pablo J. Garcete pasó por la judicatura dejando huellas de probidad insospechada e insospechable, de dedicación abnegada, apostólica, a la alta y noble misión de juzgar, de ilustración notoria y de patriotismo insobornable.

Falleció en la Asunción, en 1935.


JUAN CANCIO FLECHA nació en Valenzuela, en el año 1866. Fue alumno interno del Colegio Nacional de la Asunción. Obtuvo diploma de bachiller y cursó derecho en la Universidad Nacional. Especializado en ciencias físicas, dictó lecciones de la misma disciplina en el Colegio Nacional y otros institutos de enseñanza secundaria durante más de un cuarto de siglo.

Fue miembro del Superior Tribunal de Justicia y presidente de la citada Alta Corte, en 1903.

Juan Cancio Flecha desempeñó también las elevadas funciones de ministro de relaciones exteriores, en 1901, en el gabinete del presidente Emilio Aceval. En aquella oportunidad, en las notas del 10 de junio de aquel año y del 8 de enero de 1902, dirigidas, respectivamente, al agente confidencial de Bolivia acerca del gobierno paraguayo, Antonio Quijarro, y al ministro de relaciones exteriores del país del altiplano, Federico Diez de Medina, precisó la verdadera naturaleza del conflicto, estableciendo de manera indubitable que el litigio era simplemente de límites y no territorial, como pretendía el Palacio Quemado.

Juan Cancio Flecha, en la vida política, fue miembro conspicuo del Partido Liberal.

Falleció en Montevideo, en 1918.

Sus restos mortales fueron sepultados en Valenzuela, su pueblo natal. Ha dejado escritas susMemorias, las cuales fueron sustraídas por manos anónimas.


VICENTE BRUNETTI es simplemente el juez en las tradiciones paraguayas. Simboliza todas las virtudes que exornan la personalidad del juzgador eximio. Probidad sin sospechas; ilustración notoria; carácter sin requebraduras; independencia hasta el sacrificio de los afectos en holocausto de la ley; austeridad sin mácula; sobriedad estoica; dedicación integral a los deberes; equilibrio del pensamiento; discreción hidalga, fueron sus cualidades sobresalientes.

No supo de otras andanzas que de su hogar a la casa de Astrea y de ésta a aquélla. Solitario, casi misántropo, era, sin embargo, amigo cordial. De franciscana modestia, hasta en el vestir reflejaba su amor a la sencillez. Clásicos eran el gris obscuro de su traje y el negro color de su sombrero. Caminaba suavemente, se dejaba deslizar como una sombra para no llamar la atención. Hablaba en tono bajo, muy bajo, aunque en elegante y claro lenguaje. Y cuando se disponía a asentar su firma al pie de la sentencia que había redactado, previa rigurosa compulsa de documentos, de análisis legal y humano de todas las pruebas favorables y desfavorables, vistas a través de la ley, de la jurisprudencia y de la doctrina, veíasele adoptar la postura, llana pero responsable, de quien dicta el fallo seguro en la aplicación del derecho y en completo acuerdo con la propia conciencia.

Para quienes tuvieron por juez a Vicente Brunetti jamás cupo la incertidumbre, y menos la angustia, de sufrir las consecuencias de una decisión errada o maliciosa. Era indudable el dictamen legal, comprensivo y justo. Así fue el magistrado. Por eso, día llegará en que su figura, vaciada en mármol, presida perennemente la casa de la justicia paraguaya, como heraldo de sus designios, como escudo de su austeridad, como prez y blasón de su grandeza.

Vicente Brunetti, nació en la Asunción, en 1874. Cursó estudios en dicha capital e ingresó en los tribunales como escribiente. Antes fue también escribiente – único cargo rentado –, en el Instituto Paraguayo, donde sucedió a José P. Guggiari, siendo reemplazado por Horacio Loizaga, cuando fue designado para igual función en el Juzgado del Crimen. Fue secretario, defensor, fiscal, juez, miembro de las Cámaras de Apelación y presidente de las mismas. Treinta y cuatro años de su honrada vida consagró a la administración de justicia. En 1907 publicó unCódigo de Procedimientos en materia civil y comercial, en dos tomos, con anotaciones y concordancias. También publicó unaReseña histórica de nuestra organización judicial y de nuestras leyes procesales.

Jubilado, ya anciano y enfermo, se refugió en su hogar de la avenida Manuel Peña, en las cercanías de la Recoleta. Allí vivió cultivando flores, – y es doloroso decirlo – ¡vendiendo sus libros para asegurar el sustento!

La muerte llevó sus formas corporales el 20 de setiembre de 1944; pero queda el recuerdo de Vicente Brunetti, queda para siempre el "juez Brunetti", como símbolo luminoso de la justicia, en la historia de la nación paraguaya.


FRANCISCO ROLÓN era oriundo de Caraguatay. Nació en el año 1871. Obtuvo el diploma de bachiller en el Colegio Nacional de la Asunción y el grado de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad Nacional, en 1900.

Fue juez de 1ª instancia en lo civil, presidente del Tribunal de Apelación y miembro del Superior Tribunal de Justicia. En la docencia universitaria dictó el curso de derecho procesal civil, en la Facultad de Derecho. Es autor deLecciones de Derecho Procesal, primer curso, obra premiada por el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, y editada en 1939. También publicó un opúsculo tituladoEl Paraguay y Bolivia, con mapa. Se reprodujo, en 1903, en laRevista del Instituto Paraguayo.

En el gabinete del presidente Félix Paiva desempeñó el cargo de ministro de agricultura. Francisco Rolón fue modelo de funcionario y prototipo del letrado honesto, serio, comprensivo y de extraordinaria capacidad de trabajo; fue magistrado juicioso, ilustrado y probo y profesor universitario de elevada alcurnia espiritual. Falleció en San Lorenzo del Campo Grande, en 1940.


JOSÉ EMILIO PÉREZ era originario de la Asunción. Nació en 1872. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la capital paraguaya, donde obtuvo el título de bachiller, en 1889. En la Universidad Nacional se graduó en derecho y ciencias sociales, en 1898.

Actuó en la vida política en las filas del Partido Nacional Republicano. Parlamentario y ministro del interior, en 1904, en el gobierno del presidente Juan Bautista Gaona, abandonó poco después la lucha ciudadana para dedicarse a la cátedra universitaria y a la magistratura forense.

Fue profesor de derecho procesal en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Asunción, decano de la misma y rector de la Universidad Nacional.

En la administración de justicia desempeñó funciones de defensor de reos pobres, juez, miembro del Tribunal de Apelación y presidente del Superior Tribunal de Justicia. Con Manuel Burgos y Luis A. Ricart, integró, en 1913, la Comisión de Códigos, que presidiera el primero.

Espíritu bondadoso, evangélico, su dedicación a los deberes de sus altas y nobles funciones fue simplemente ejemplar. Ilustrado, probo, de modestia benedictina, poseía una dicción castiza y no exenta de elegancia. Sus clases eran instructivas y gratísimas.

José Emilio Pérez falleció en Buenos Aires, en 1942.


MANUEL BURGOS nació en el ano 1872, en Luque. Cursó estudios en el Colegio Nacional y se graduó de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad Nacional de la capital paraguaya, en 1908. Antes obtuvo diploma de notario y escribano público.

Fue juez en lo civil, miembro de la Cámara de Apelación y presidente del Superior Tribunal de Justicia.

En 1924, como candidato a vicepresidente, integró el binomio encabezado por Eligio Ayala. Electo, desde el 15 de agosto de aquel año hasta 1928, presidió el Senado.

En oportunidades anteriores y posteriores a aquella época, fue senador y presidente del Partido Liberal. Falleció en Buenos Aires, en 1947.

Manuel Burgos simboliza la probidad, el valor moral e intelectual sin estridencias, el carácter firme, sin alardes ni disonancias. Juez hoy, político mañana; en el gobierno un día, en el destierro otro, su conducta señala una sola línea de persistencia ética.


EMILIO FARALDO nació en la Asunción, en 1875. Cursó estudios en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó de doctor en derecho, en 1896. Su tesis se intitulaLa definición del delito y fue editada en la capital porteña, en 1896.

En la magistratura forense fue fiscal en lo civil, fiscal general del Estado, juez de sentencia, miembro y presidente de la Cámara de Apelación y presidente del Superior Tribunal de Justicia, en varias oportunidades.

Después de treinta y cinco años de servicios, ya jubilado, retiróse a su hogar. Vivió allí, en compañía de sus libros, aureolado por el respetoy la consideración de sus conciudadanos, los últimos años de su existencia de hombre de bien. Falleció en la Asunción, en 1946.


PEDRO BOBADILLA nació en Villeta, en 1865. Cursó estudios en el Seminario Conciliar de la Asunción, y obtuvo el grado de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad Nacional, en 1898. Su tesis se intitulaDe la patria potestad.

Fue fundador y director, con Ezequiel Jiménez, del "Instituto paraguayo", famoso colegio asunceno que funcionó desde 1885 hasta 1892.

En 1894, Pedro Bobadilla fue designado juez en lo civil; en 1898, miembro de la Cámara de Apelación en lo civil, de la cual fue presidente; en 1905, miembro del Superior Tribunal de Justicia, alto cuerpo que también presidió.

En la docencia, cúpole desempeñar el rectorado de la Universidad Nacional, en 1912.

En su larga actuación política, ejerció las funciones de ministro de justicia culto e instrucción pública en 1901, en el gabinete del presidente Emilio Aceval; ocupó una banca en el Senado y fue vicepresidente de la República, desde 1912 hasta 1916. Falleció en la Asunción, en 1942.


ENRIQUE L. PINHO nació en la Asunción, en 1875. Cursó estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en donde obtuvo e título de bachiller, en 1895. En la Universidad Nacional de la Asunción completó el ciclo del doctorado en leyes y ciencias sociales, en 1907. Su tesis se titulaInstitución del jurado. Ventajas y defectos. Reformas que requiere.

Fue profesor en colegios de la capital porteña, en Encarnación y en la Escuela Normal de la Asunción.

Inició su carrera en la magistratura forense en 1905, como juez correccional; en 1909 fue miembro de la Cámara de Apelación en lo Criminal, y en 1910 desempeñó el mismo cargo en la de Apelación Civil.

Después de la subversión militar del 17 de febrero de 1936 fue designado miembro del Superior Tribunal de Justicia.

Enrique L. Pinho es, además, un animador de cultura. Su labor ha dejado meritorias huellas en el Instituto Paraguayo.


JOSÉ IRALA era natural de San José de los Arroyos. Nació en el año 1864. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción, en donde obtuvo título de bachiller, en 1887. En la Universidad Nacional se graduó de agrimensor público, en 1890; de notario, en 1893; y de doctor en derecho y ciencias sociales, en 1901. Su tesis versa sobreGobierno Municipal.

En la vida política ocupó una banca en la Cámara de Diputados, en 1891, y en el Senado, en 1917, y fue ministro de justicia, culto e instrucción pública, en 1902. En la magistratura forense desempeñó las funciones de juez de comercio y juez del crimen, y en la diplomacia, representó al Paraguay ante los gobiernos de Alemania, Austria, Hungría, Italia y Holanda.

Fue, asimismo, profesor de derecho civil en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Asunción, y redactor deLa Democracia, diario que aparecía en la capital paraguaya.

José Irala falleció en la Asunción, en 1935.


JOSÉ TOMÁS LEGAL era originario de la Asunción. Nació en 1865. Obtuvo el título de bachiller en el Colegio Nacional de su ciudad natal, en 1885, y el de doctor en leyes, en la Universidad de Montevideo, en 1893.

En 1895 fue designado juez de comercio; en 1899, miembro de la Cámara de Apelación en lo civil, de la cual fue presidente; en 1912, presidente del Superior Tribunal de Justicia. Fue también defensor general de menores, en 1936.

En las actividades políticas, ocupó una banca en la Cámara de Diputados, en 1905; fue ministro de justicia, culto e instrucción pública e interino de relaciones exteriores, en 1900, en el gabinete del presidente Emilio Aceval.

En la docencia fue profesor de derecho mercantil en la Facultad de Derecho, y rector de la Universidad Nacional, en 1902.

Leal, justo, optimista y bueno, era proverbial su generosidad.

Falleció en Areguá, en 1944.


FEDERICO CODAS nació en Villarrica, en 1868. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción y en la Universidad de Montevideo, y obtuvo el grado de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad Nacional, en 1896. Su tesis estudia elJuicio político en el Paraguay.

Fue designado miembro del Superior Tribunal de Justicia, en dos ocasiones. En 1915 presidió ese alto cuerpo.

En la docencia secundaria desempeñó las funciones de profesor, en el Colegio Nacional de la Asunción; fue catedrático de derecho internacional privado, en la Facultad de Derecho, hasta 1920, y ejerció el rectorado de la Universidad Nacional, de 1903 a 1905.

En la vida política, fue ministro de justicia, culto e instrucción pública, en 1911, en el gabinete del presidente Liberato M. Rojas.


ÁNGEL MEDINA desempeñó las funciones de fiscal en lo civil, juez de 1ª Instancia y presidente del Tribunal de Apelación. Su dedicación a la magistratura forense fue de austeridad y severidad apostólicas. Ya jubilado, después de treinta años de consagración ejemplar a la administración de justicia, retiróse a la vida privada, donde se dedica, con fino gusto, a la música. Es un devoto de Barrios, Tárrega y Segovia. Compositor delicado y fecundo, pulsa la guitarra con maestría de artista.

Angel Medina nació en Barrero Grande, en 1882. Cursó estudios en el Colegio Nacional y se graduó de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad de la Asunción, en 1916.


EULOGIO JIMÉNEZ es oriundo de Pilar. Nació en 1884. Obtuvo el grado de bachiller en el Colegio Nacional de la Asunción, en 1900, y el de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad Nacional, en 1915. Su tesis se titulaDefensoría de Pobres y Ausentes. Su carrera en la magistratura judicial se inició en 1911. En 1915 fue designado fiscal en lo civil; poco después, juez del mismo fuero, y en 1917, miembro del Tribunal de Apelación en lo civil. En 1930 desempeñó la presidencia del Superior Tribunal de Justicia y, posteriormente, la Fiscalía General del Estado.


MANUEL BENÍTEZ presidió el Superior Tribunal de Justicia durante varios años. Fue también parlamentario y ministro. En el gobierno del presidente Benigno Ferreira, en 1906, desempeñó las funciones de secretario de Estado en el departamento del interior, y en el de Eligio Ayala, en 1924, en el de hacienda.

Manuel Benítez era oriundo de Pilar. Nació en 1870. Cursó estudios en el Colegio Nacional, y se graduó de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad de la ciudad asuncena, en 1901. Falleció en la capital paraguaya, en 1939.

Alumno sobresaliente de la Universidad Nacional, político de condiciones meritorias, juez ilustrado y austero, Manuel Benítez fue el prototipo del hombre público que gobernó la Nación durante el período de los cívicos.

Fue profesor de álgebra y contabilidad, de derecho administrativo y miembro del Consejo Secundario y Superior. En Buenos Aires presidió el Comité Paraguayo, constituido en ocasión de la guerra del Chaco.


M. ELISEO SISA es oriundo de Quyquyó. Nació en 1880. Cursó estudios primarios en Ibycuí; fue alumno del Colegio Nacional de la Asunción, donde obtuvo el título de bachiller, en 1900, y de la Universidad Nacional.

Comenzó su carrera en la magistratura forense en 1904, como defensor de reos pobres; en 1908, fue designado fiscal del crimen; en 1913, juez del mismo fuero; y en 1914, presidente del Tribunal de Jurados.

Desempeñó este cargo hasta 1940, año en que fue suprimida dicha institución popular.

M. Eliseo Sisa es coautor de laLey de Jurados, sancionada y promulgada en 1925.

Fue, asimismo, profesor de historia de Roma, en el Colegio Nacional y en el Colegio de San Luis, en la Asunción; miembro del directorio del Instituto Paraguayo, en 1919, y presidente del Ateneo Paraguayo, en 1938.


VÍCTOR ROJAS nació en la Asunción, en 1888. Cursó estudios en el Colegio Nacional y derecho y ciencias sociales en la Universidad de la ciudad comunera, donde se graduó de doctor en 1915.

En la magistratura judicial desempeñó las delicadas funciones de fiscal general del Estado, en 1926, y de presidente del Superior Tribunal de Justicia, en 1928.

Ocupó, en 1931, una banca en la Cámara de Diputados.

Fue, posteriormente, ministro de justicia, culto e instrucción públicay ministro de defensa nacional, en el gabinete del presidente Eusebio Ayala, durante la guerra del Chaco.

Los sucesos del 17 de febrero de 1936, que llevaron a la prisión a Eusebio Ayala y a José Félix Estigarribia, sorprendieron a Víctor Rojas en Montevideo. Sabedor de lo acontecido, retornó inmediatamente a la Asunción para ponerse al alcance de los hombres del nuevo régimen y correr, así, la suerte de sus compañeros, por los atajos de la adversidad.

Esta actitud retrata a Víctor Rojas.


TOMÁS AYALA era oriundo de la Asunción. Nació en 1879. Cursó estudios en el Colegio Nacional y se graduó de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad de la capital paraguaya, en 1921. Su tesis versó sobreGobierno Municipal.

Formó parte del grupo "constitucional", en 1906, y ocupó una banca en la Cámara de Diputados después de 1910. Fue también senador de la Nación.

En el periodismo redactóAlón y El Liberal, en diversas épocas.

En la magistratura forense fue juez de sentencia y presidente del Superior Tribunal de Justicia.

En 1911, cuando el coronel Albino Jara era presidente de la República, y la Nación vivía una época de arbitrariedades y de guerras civiles, tiempo en que las garantías constitucionales eran mera palabra y el ciudadano opositor tenía sobre sí, pendiente, el filo prepotente del sable, Tomás Ayala, desde su banca parlamentaria, en palabras de fuego, condenó el régimen imperante y se opuso al ascenso a general del primer magistrado.

Esta actitud, valiente y digna, le valió el respeto y la consideración de la ciudadanía. Tomás Ayala falleció en Caacupé, en 1936.


VÍCTOR B. RIQUELME nació en la Asunción, en 1896. Cursó estudios en el Colegio Nacional, donde se graduó de bachiller en 1914, Obtuvo diploma de doctor en derecho y ciencias sociales en la Universidad Nacional en 1930. Su tesis se ocupa deEl Ministerio Público. En 1934 fue designado jefe de la Policía de la capital. En la magistratura forense fue juez de 1ª Instancia en lo Criminal, presidente del Tribunal de Apelación en lo Criminal y Comercial y miembro del Superior Tribunal de Justicia.

En la docencia universitaria dicta lecciones de derecho procesal penal, en la Facultad de Derecho, y de derecho mercantil, en la de Ciencias Económicas. Fue decano de esta institución de cultura superior.

Ha publicado un libro,Instituciones del Derecho Procesal Penal, Buenos Aires, 1946.

 

 

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS ARTES PLÁSTICAS EN EL PARAGUAY

 

En capítulo especial nos ocupamos del origen y la evolución de la música y la danza en nuestro país. Pero es también preciso que dediquemos nuestra atención al nacimiento y al desarrollo de las artes plásticas. No existe ningún trabajo orgánico, que sepamos, referente a la pintura, la escultura y la arquitectura. Tócanos, pues; la difícil tarea de reunir los materiales posibles, y ofrecerlos, apenas como base, para un estudio posterior más serio, más informado, más completo a este respecto.

En los dominios selváticos del autóctono se cultivó; en forma harto primitiva, la alfarería. Quizás se halle en ella el origen remoto de la escultura en estas tierras. La pintura y la arquitectura se deben a los misioneros franciscanos y jesuitas. El resultado de sus enseñanzas puede aun admirarse en las imágenes y frescos que contienen los templos de Capiatá, Yaguarón y Misiones.

Al ocuparse de tales afanes en sus reducciones, dice el padre Charlevoix: "Cada reducción tiene una escuela, donde los niños aprenden a leer y a escribir. Hay otras para la música y la danza. Hay talleres de doradores, pintores, escultores, herreros, relojeros, serruchadores, carpinteros, tejedores y fundidores". (1) Y el doctor Francisco Xarque, citado por el padre Lafitau, agrega que los indios de las misiones, convenientemente dirigidos por los je-suitas "saben hacer casas, fabricar iglesias, con piedra, ladrillos y tejas, hacer tahonas para moler trigo, abrir pozos, armar norias, encaminar por acequias el agua de los ríos a los campos, huertos y pueblos".(2)

Por su parte, el padre José Manuel Peramás expresa que "entre los guaraníes eran elegidos aquellos que parecían los más aptos de todas las artes necesarias a la colectividad". Y poniendo como ejemplo lo que se hacía en materia musical, dice que "en cada pueblo había unos treinta músicos, entre cantores e instrumentistas. Como los niños recitaban diariamente el Catecismo en voz alta y cantaban algunas oraciones de mañana y de tarde, era fácil observar quienes tenían voces claras y agradables. A esos se les enseñaba primero a leer y escribir y luego eran incorporados al coro, lo que constituía un gran honor para sus padres, por cuanto sus hijos pasaban al servicio de la Tuparogmbaeupe, es decir, de la Casa de Dios". Y más adelante, concorde con lo dicho por su cofrade Charlevoix, asienta: "Cultivábamos casi todas las artes útiles. Había carpinteros, herreros y metalúrgicos para fundir campanas; había albañiles, pintores y escultores que revestían de diversos colores, o de oro y plata, los altares, columnas del templo y estatuas de los Santos; había torneros, agricultores y médicos. De esos y de los restantes obreros cada uno se ocupaba de su arte, sin mezclarse en oficios ajenos. Eran servidores de la comunidad y percibían sus sueldos del erario público. A los maestros (con miras al futuro) se unían idóneos aprendices, para que poco a poco fuesen conociendo el oficio y pudiesen sucederles más adelante". Y finaliza, diciendo: "Cuando digo que había artistas entre los indios no quisiera que nadie se imaginara que me refiero a artesanos rudos y sin técnica alguna, pues trabajaban en sus labores con tanta destreza como cualquier excelente artífice europeo. Causarían, sin duda, admiración a quien viese los magníficos órganos que construían y los instrumentos músicos de todas clases,

Los hermosos vasos labrados a torno, las labores textiles y otras perfectísimas manufacturas". (3)

Restos de todas estas obras del arte colonial hispano- guaraní pueden aun contemplarse en nuestros días en los antiguos templos misioneros, en museos de reciente creación, pero ya ricos y ordenados, y en residencias antañonas de familias paraguayas.

Cumple ahora referirnos someramente, sino a todos, por lo menos a algunos de los maestros en arte que, con tanta paciencia, conocimiento y abnegación prodigaron sus enseñanzas a aquellos aborígenes, legando a la posteridad, al mismo tiempo, un tesoro admirable, herencia de cultura que honra las tradiciones de América.

Eran maestros en escultura en las misiones jesuitas José Brasanelli, José Schmidt, Juan Wulff y Felipe Lemmer; en arquitectura, el nombrado Brasanelli, Juan Bautista Prímoli, Angel Camilo Petragrassa, Juan Antonio de Ribera, Andrés Bianchi y Martín Schmidt; en construcciones, Pedro de Espinosa, José Gómez, Juan Kraus, Diego de Alfaro y Pedro Boschére, y en pintura, Salazar, Martín Schmidt, Hernán Sánchez, Luis Berger y José Grimau.

En materia tipográfica y en el grabado fueron maestros los padres Pablo Restivo, Juan Bautista Neumann, José Serrano, Simón Bandini, Ladislao Orosz y Segismundo Asperger.

José Brasanelli, escultor y arquitecto, según un catálogo de 1703, nació en Milán, en 1659, y fue admitido en la Compañía de Jesús en 1680. Vino al Paraguay, al parecer en 1691; asistió como cirujano de los guaraníes en el sitio de la Colonia, en 1704, y falleció en Santa Ana, en 1723. El padre José de Astudillo, en carta al padre provincial Luis de la Roca, desde Itapúa, decía en 1718: "Empezose la iglesia; se ha hecho la mayor parte de los cimientos, levantándose los pilares del presbiterio y labrándose mucha madera, todo con la dirección del hermano José Brasanelli, pues tiene la obra a su cargo, y a un tiempo ejercidas todas sus habilidades, dirigiendo a los estatuarios y a los pintores en la vida de nuestro Santo Padre, que va por sacar en cuadros para poner por los corredores de nuestra casa. Están ya acabados Once cuadros, sin otros defectos que el de colores finos., porque no se hallan". (4)

José Schmidt, nacido en Mindelhaim de Baviera, el 19 de febrero de 1690 y jesuita desde 1717, era escultor, arquitecto y decorador, cuyas obras aun se conservan en algunos templos de Buenos Aires.

Juan Wulff,  alemán de Bamberga (Wizzbeng), nacido en 1691, era un escultor sobresaliente. Falleció después de 1775. Felipe Lemmer, escultor flamenco, nacido en 1609 y fallecido en 1671, actuó durante el siglo XVII en las misiones jesuitas. Se especializó en el tallado de madera y piedra, que acarreaba expresamente desde el Alto Paraná.

Juan Bautista Prímoli, también milanés, nacido en el año 1673, admitido en la Compañía en 1716 y llegado al Río de la Plata en 1717, es considerado como el más insigne de todos los que trabajaron en fábricas de doctrinas. Después de terminar el colegio jesuítico de Buenos Aires, puso dos torres y fachada a la catedral; levantó la iglesia de la Merced, la de la Recoleta y la de Nuestra Señora de Belén, hoy parroquia de San Telmo. En Córdoba edificó la catedral y la iglesia de la Compañía de Jesús.

En 1735 se hallaba Prímoli en la reducción de San Miguel. Regresó a Buenos Aires y, en 1744, retornó a las misiones del Paraná. Planeó y dirigió la construcción del soberbio templo de Trinidad, toda ella de piedra y sin argamasa, como la de San Miguel, por no haberse hallado cal en aquellas regiones. Juan Bautista Prímoli falleció en Candelaria, en 1747. (5)

Angel Camilo Petragrassa, italiano arquitecto, hermano coadjutor, misionero jesuita, intervino en la construcción de la iglesia de San Javier.

Juan Antonio de Ribera, arquitecto español; también coadjutor en las misiones, construyó la iglesia de Jesús.

Andrés Bianchi, llamado Blanqui, era hermano coadjutor, nativo de Campión, en el Milanesado, arquitecto que siempre acompañó a Prímoli, se distinguió en las obras diseñadas y construidas por éste, y a las que ya hicimos referencia. (6) En Buenos Aires y Córdoba han quedado varios edificios debidos exclusivamente a Bianchi. Falleció en Córdoba, en 1740.

Martín Schmidt, suizo, nacido en 1717, en el cantón de Zug, era músico y escultor cuyas obras han quedado en los templos de las reducciones jesuitas, en San Ignacio y San Miguel. Falleció en Lucerna, en 1772.

Pedro de Espinosa, nacido en Baeza, en 1546, y fallecido en 1634, en Santa Fe; José Gómez, español, hermano coadjutor jesuita; Juan Kraus, nacido en Praga, en 1660; Diego de Alfaro, español que trabajó en compañía de Roque González de Santa Cruz, y Pedro Boschére (Bosquier), nacido en Flandes, en 1558, y fallecido en la Asunción en 1666, fueron constructores. Este último construyó el puerto de Itapúa.

Salazar, cuyo nombre de pila no ha recogido la historia, es, sin embargo, el primer pintor a quien ella recuerda. Figura su nombre en la lista de los enrolados por Martín del Barco Centenera como "muy hábil y gran iluminador y tiene singular habilidad en dibujar y pintar mil lindezas en vidrios". Además, "era hábil en conocer minas". Este Salazar era nativo de Lorca; pero no hay pruebas de su llegada a América. (7)

Hernán Sánchez, pintor llegado al Paraguay en la expedición de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, tuvo actuación prolongada en nuestra tierra y fue alcalde ordinario de Santa Fe, en 1578. (8)

Luis Berger, flamenco, nacido en Abbeville, en 1588 y llegado a América en 1616, era pintor, músico, médico, platero, y danzante. (9) Vivió en la reducción de San Ignacio. Fue famoso como maestro de música y artista del pincel. Falleció en Buenos Aires, en 1640. También tuvo fama de buen pintor el español José Grimau, nacido en Barcelona y fallecido en Faenza, Italia.

Deben ser citados, asimismo, el ebanista Domingo Ugarte, navarro, nativo de Ochagavía y fallecido en Córdoba, Argentina, en 1756; el recamador Salvador Conde, nacido en Granada, en 1697 y fallecido en Faenza, en 1774, y el escultor imaginero Juan Bitterich, nativo de la Renaria.

En cuanto a la intervención indígena en la escultura y en la arquitectura fue muy escasa.

Tales son los datos que pudimos recoger referentes al tema que nos ocupa en su desarrollo durante los siglos XVI, XVII y XVIII en estas regiones.

En el curso de la centuria siguiente aparecen los nombres de Alejandro Ravizza, Alonso Taylor, John Owen Mogniham, Andrés Antonini, Juan Colombo, Félix Rosetti, Julio Mornet, Aurelio García y Saturio Ríos.

Alejandro Ravizza, italiano, llegado a la Asunción el 8 de noviembre de 1854, fue pintor y arquitecto. Sus obras principales son el "Oratorio de la Virgen de la Asunción y Panteón de los Héroes", el edificio inconcluso del teatro; del "Club Nacional", ya demolido; el templo de la Santísima Trinidad y otros. También colaboró con Alonso Taylor en la construcción del Palacio de Gobierno.

Alonso Taylor, inglés, llegó a nuestro país, al parecer, en 1860. Fue talentoso arquitecto. El gobierno de Carlos Antonio López le confió, al principio, la construcción de algunas dependencias de los arsenales de guerra de la Asunción. Su obra más importante fue el diseño y la construcción del Palacio de Gobierno. Fue condecorado con la distinción de "Caballero de la Orden Nacional del Mérito".

John Owen Mogniham, también inglés, fue un inteligente colaborador de Alonso Taylor. Escultor de mérito, modeló las artísticas estatuas que ornaban y completaban la bella arquitectura del Palacio de Gobierno, en piedra negra paraguaya. La incuria o el mal gusto de algunos destinaron dichas obras de arte a los sótanos del mismo.

Andrés Antonini, italiano, "escultor de mármol, ornamentación y arquitectura monumental", contratado por el gobierno paraguayo, llegó a la Asunción el 25 de enero de 1864. Su trabajo principal fue la decoración del Palacio de Gobierno. En 1866 finalizó su labor a causa de la guerra contra la triple alianza.

Juan Colombo, también italiano, arquitecto, arribó a nuestras playas en 1852. Actuó durante la guerra contra la triple alianza y, luego de terminado el conflicto, se radicó en la Asunción. Sus obras más importantes son el diseño y la construcción del templo de la Encarnación y del Asilo Nacional, en la capital paraguaya. (10)

Julio Mornet, pintor francés, cuyas obras principales fueron los frescos de la residencia particular de Carlos Antonio López, uno de cuyos cuadros, "La Salamanca", se halla en el "Museo Godoy".

Aurelio García, asunceno o caapucúense, estudió pintura en París. Entre sus trabajos más conocidos se halla el retrato de Francisco Solano López, hoy en poder de Rafael Luis Ávila.

Saturio Ríos, nativo de San Lorenzo del Campo Grande, también estudió pintura en París. Durante la guerra contra la triple alianza ilustró las páginas de Cabichu-í. Fue, posteriormente al conflicto bélico, miembro de la cámara de diputados. Sus trabajos más importantes fueron quemados por su propio autor, quien falleció, demente, en su ciudad natal, en 1921.

También durante esta "época ilustraron las páginas de la prensa paraguaya algunos dibujantes y caricaturistas. Tales fueron Inocencio Aquino; Gregorio Cáceres, Juan Bargas, Francisco Velazco, Francisco Ocampos, Gregorio Perana, Francisco Blanco y Baltazar Acosta.

Después de la guerra contra la triple alianza, pero siempre en el curso del siglo XIX, aparecieron Guido Boggiani, José Pelozzi, Guillermo Da Ré, Pacheco Ochoa, José Marsal, Bartolo Baglietto, Francis Chauvelot, W. S. Scheller y Manuel González.

Guido Boggiani, de quien nos ocupamos en otro lugar de este libro, reveló vocación pictórica desde niño. Estudió en la "Academia de Brera", en Milán, y fue alumno de Filippo Cárcano, jefe de la escuela lombardesa. Boggiani es considerado como uno de los precursores del arte revolucionario de su tiempo. En el año 1881 expuso, por primera vez, sus trabajos en la capital de Lombardía, y, en 1883, en las fiestas inaugurales del "Palacio de Bellas Artes" de Roma, obtuvo un resonante triunfo con su cuadro "Bosque de castaños en otoño", obra adquirida por la "Galería Nacional". Dos años después ganó el "Premio Humberto I", y en 1886, una medalla de oro en Mónaco. En Roma representó el arte nuevo en la "Cróneca Bizantina". En 1888 Boggiani llegó al Paraguay, en donde siguió pintando. Sus mejores cuadros, inspirados en el paisaje paraguayo, hoy adornan las pinacotecas más importantes del mundo.

José Pelozzi, arquitecto italiano, terminó y decoró el edificio del actual "Hotel Colonial", y en compañía del antes nombrado Juan Colombo, construyó la columna conmemorativa de la jura de la Constitución Nacional de 1870, erigida en la "Plaza Constitución" de la ciudad comunera.

Guillermo Da Ré, pintor italiano, cuya obra principal es la "Intimación a Velazco", dejó numerosos cuadros que integran la colección de la pinacoteca Godoy. Sus trabajos son de carácter reconstructivo-histórico. Amigo del nombrado Juan Silvano Godoy, invitado por éste llegó al Paraguay. Vivió en nuestro país varios años. Uno de sus trabajos se halla en el Palacio de Gobierno. Pintaba también sobre porcelana.

Pacheco Ochoa, pintor español, transeúnte en nuestra tierra, dejó un cuadro, "Terminación de la calle Escalada", que hoy integra la colección Godoy.

José Marsal, arquitecto, teósofo y animador de la cultura, nacido en Tarragona, España, en 1867, llegó al Paraguay en 1890. Entre sus trabajos se halla el edificio de la Escuela Normal de Profesores. Poseía una selecta y nutrida biblioteca. Falleció en Asunción en 1931.

Bartolo Baglietto, italiano, era escultor tallista en madera. Llegó a nuestro país después de la guerra contra la triple alianza y vivió en la Asunción durante varios años.

Francis Chauvelot, pintor francés, llegado al Paraguay a fines del siglo XIX, participó en las actividades artísticas desarrolladas en la Asunción durante aquel período y la primera década de la presente centuria. En el "Instituto Paraguayo" realizó algunas exposiciones y enseñó dibujo y pintura. Uno de sus trabajos "realizado con cierto decoro académico, aunque sin mayor talento" es el cuadro llamado "Revolución del 2 de julio de 1908", que se encuentra en el Museo Godoy.

W. S. Scheller, pintor alemán, transeúnte en nuestra tierra, pintó, entre otros, "Paisaje de San Bernardino"; en 1894, óleo que se encuentra en la pinacoteca antes citada.

Manuel González, quien firmaba M. González, fue un artista no identificado. Dejó un óleo sobre tela, "Soldado Paraguayo del 70" en el museo Godoy.

Entre los decoradores llegados al Paraguay en el transcurso de este período, se citan a Salvador Panc, italiano, y los hermanos Guillermo, Agustín, Antonio y Mario Movia, nativos de Gradisca Sull'Isonzo. Arribaron a la Asunción en 1874. Sus trabajos engalanan todavía los interiores de templos y mansiones señoriales de la Asunción.

Durante este mismo período cursaban estudios en la "Escuela de Artes y Oficios" de Montevideo Federico Franco, Emilio Godoy, Indalecio Ocampos y Pablo Alborno, dibujo y pintura; Protacio B. Marín y Felipe Orué, pintura y artesanía; Federico Franco y Miguel Cáceres, litografía; Florentino Velázquez, Francisco Duarte, Inocencio Achar y Pedro Sosa, fotografía; Miguel G. Soler, encuadernación; Adonías Quiñones, Protacio B. Marín e Indalecio Ocampos, grabados; Santiago Schaerer, Fidel Díaz, Tomás Genes y Felipe Orué, mecánica.

En el siglo XX, antes de la guerra del Chaco, aparecieron Pablo Alborno, Juan A. Samudio, Modesto Delgado Rodas, Héctor Da Ponte, Serafín Marsal, Carlos Hoffer, Roberto Holden Jara, Jaime Bestard, Andrés Campos Cervera, Josefina Plá, Francisco Almeida, Carlos Colombo, Ignacio Núñez Soler, Miguel Acevedo, Andrés Guevara, Juan Sorazábal, Enrique López, Serviliano Solís, Andrés Aguilera, Tomás Romero Pereira, Julián C. Sánchez, Odabella Gaudino, María Ballario de Laforet y Amadeo Peña.

Pablo Alborno, a quien nos referimos en otro lugar, estudió pintura en la "Escuela de Artes y Oficios" de Montevideo, donde obtuvo mención especial en pintura. Prosiguió sus estudios en el "Instituto Paraguayo" de la Asunción, y se especializó en la "Real Academia de Dibujo y Pintura", en Roma. En esta ciudad expuso sus trabajos con éxito, en las exposiciones internacionales realizadas en 1905 y 1906. También concurrió a la Exposición Internacional inaugurada en Buenos Aires, en 1910, con motivo del centenario de la emancipación política de la República Argentina, oportunidad en que premiaron su cuadro "La partida a las cartas"; en el certamen de Baltimore, en 1931, y en la "Bienal de San Pablo", en 1955.

Fue Alborno cofundador, con Juan A. Samudio de la primera "Academia Nacional de Bellas Artes" de carácter particular, en la Asunción en 1909, del "Gimnasio Paraguayo" y del "Ateneo Paraguayo", cuyas secciones de pintura dirigió. Fue también; por más de treinta años, profesor de dibujo y pintura en colegios de segundo enseñanza. Su última gran exposición retrospectiva la realizó en la Asunción, en 1957.

Juan A. Samudio nacido en la Asunción en 1879 y fallecido en la misma capital en 1935, estudió pintura en Roma. Expuso sus trabajos en la Exposición Internacional realizada en la Ciudad Eterna, en 1906. Su cuadro titulado Chioggia llamó la atención del crítico de arte Francisco Radi. En la Exposición Internacional realizada en Buenos Aires en 1910, "Samudio presentó sus cuadros "Noche de luna" y "Fuente canónica", que obtuvieron sendos premios. Ambos fueron adquiridos por el "Museo Nacional de Bellas Artes" de la Asunción. Este pintor ha exhibido sus numerosos trabajos en diversas muestras realizadas en el Paraguay y en el extranjero. Fue cofundador y director de la "Academia Nacional de Bellas Artes" y del "Gimnasio Paraguayo, y profesor de dibujo y pintura en institutos nacionales de segunda enseñanza.

Modesto Delgado Rodas, nativo de Villeta, estudió pintura en Buenos Aires y en Roma. Ha participado en exposiciones nacionales e internacionales, en Italia y la Argentina. En los salones del "Gimnasio Paraguayo" realizó su primera muestra individual en 1920. Una selección importante de sus trabajos enriquece la pinacoteca de Alfredo L. Jaeggli, en la Asunción. También figuran en el "Museo de Bellas Artes", en el "Ateneo Paraguayo" y otras entidades culturales del Paraguay.

Héctor Da Ponte, pintor italiano, nacido en Par^, en 1882, y llegado al Paraguay a fines de  1800, enseñó dibujo y pintura en el "Instituto Paraguayo", en el "Colegio Nacional" y en la "Escuela Normal de Profesores" de la Asunción, durante más de treinta años. Participó en la gran exposición del centenario argentino, en 1910; en la de Florencia, en 1913, certamen organizado por la "Sociedad de Artistas Italianos de Florencia" de la cual fue el único "correspondiente" en América. En dicha oportunidad, el gobierno de su país le confirió el título de "Caballero de la Orden de la Corona de Italia". En 1937 realizó otra exposición de sus cuadros en el salón de artes plásticas del "Ateneo Paraguayo„; en 1939 y en 1944, otras dos en el mismo local; y en 1946, en la "Casa Argentina". Falleció en 1954.

Serafín Marsal nació en Cardona, provincia de Barcelona; España, en el año 1861. Estudió dibujo y escultura en la "Academia de Bellas Artes" de la capital catalana. Obtenido el título, se radicó en la Argentina. En Buenos Aires, en la exposición del centenario, obtuvo el tercer premio. En ese país dejó numerosas obras escultóricas, entre ellas un monumento a Domingo Faustino Sarmiento, en la provincia de Santa Fe, y bustos de personajes de la política y las letras porteñas. En el año 1.907, Marsal se trasladó a la Asunción. A poco de radicarse en esta ciudad fue nombrado profesor de dibujo en el "Colegio Nacional" de la capital; de dibujo y escultura, en el "Instituto paraguayo, se le encargo el monumento al general José Díaz para la ciudad de Carapeguá, monumento que se halla erigido en su plaza principal. Otro trabajo que le encargaron, pero que por razones especiales no pudo ser terminado, es el monumento a los próceres de mayo que debió levantarse en la "Plaza Independencia" de la Asunción. Parte de esta obra está hoy en el patio del antiguo "Colegio Nacional". Otras esculturas de Marsal son, los bustos de personajes de nuestra historia, entre los cuales se cuentan el de Manuel Franco, que le fue encomendado por la dirección de la "Escuela Normal de Profesores". También los de José Artigas y José Zorrilla de San Martín figuran entre sus esculturas. Otra realización de este artista es la exacta reproducción de la histórica "Ruina de Humaitá", una de cuyas réplicas se halla en el Museo de Luján, en la Provincia de Buenos Aires.

Posteriormente, Serafín Marsal se dedicó a obras en miniatura creando los tipos paraguayos más característicos. Dicha colección integran más de treinta unidades diferentes. Estas "terracotas" son conocidas en casi todo el mundo. Serafín Marsal falleció en la Asunción, en 1952.

Carlos Hoffer, talentoso arquitecto italiano, fue el diseñador y director de los edificios del "Banco Agrícola del Paraguay" y del "Banco Mercantil del Paraguay", hoy del ministerio de agricultura y ganadería y de la corporación paraguaya de carnes respectivamente. También diseñó y erigió, por concurso, el "Pabellón del Paraguay" en la exposición internacional realizada en Buenos Aires, en 1910, con motivo del centenario de la emancipación política de la República Argentina. Falleció en Rosario, (República Argentina).

Roberto Holden Jara, nacido en la Asunción, en el año 1900, cursó estudios en su ciudad natal, en Buenos Aires y en la "Escuela Superior de Dibujo, Pintura y Grabado de San Fernando", Madrid. En afán de perfeccionar su arte estuvo en Italia y Francia. Holden Jara pertenece a la escuela realista personal, mediante un procedimiento por él inventado, al que denominó agua pastel. Sus obras, sobre todo las cabezas de indios, integran importantes pinacotecas de Europa y América. Son considerados como sus trabajos más sobresalientes”

Parehajara", correo guaraní; "Morena de ojos verdes" "Carretero guayakí"; "India guaraní"; "Carretero de Luque"; "Capataz de Estancia"; "Retrato de Julio Correa'" y los murales del ministerio de defensa nacional. Es fundador, director y profesor de la "Escuela de Bellas Artes", anexa a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de la Asunción.

Jaime Bestard, a quien nos referimos en otro lugar, estudió pintura en la Asunción, Buenos Aires y París. Ha realizado más de veinte exposiciones de sus trabajos en dichas capitales. Cuenta con triunfos justicieros. Ha sido profesor de dibujo y pintura en institutos de bellas artes y en colegios de enseñanza media.

Andrés Campos Cervera, mejor conocido por Julián de la Herrería, nacido en la Asunción, en 1888, y fallecido en Valencia, España, en 1937, estudió en dicho país, Francia e Italia. Fue el creador del linograbado, tan generalizado luego sin el nombre de su inventor. Expuso en París, en el "Salón de los Independientes", de 1914 a 1918, siempre con éxito. Con sus grabados obtuvo una beca, en 1910, renunciada a favor de un alumno menos pudiente; en San Fernando, Madrid, una medalla de plata en la gran exposición internacional de grabados de Barcelona; en 1912, a la cual concurrieron artistas de ocho países europeos, y un premio en efectivo del ministerio de instrucción pública de España, en 1936. En 1921, a raíz de una visita a los centros ceramísticos del levante español decidió dedicarse a la cerámica, la que, desde entonces, cultivó hasta su muerte, con excepción de muy breves lapsos dedicados a la pintura o al grabado. Sus preferencias fueron; al principio, hacia las viejas técnicas olvidadas o relegadas por el avance industrial: cuerda seca, reflejo metálico. Dentro de estas técnicas, que adaptó a la sensibilidad moderna, Haciendo de ellas, al mismo tiempo, factor de carácter en el primitivismo de su tema, supo hallar modalidades nuevas. Desde sus primeros trabajos decidió utilizar, en vez de los temas occidentales, los nativos de la cerámica precolombina como las decorativas maya, azteca, peruana y calchaquí. Más tarde restringió el campo de elección de sus temas ciñéndose, casi exclusivamente, a la temática del área guaraní. La crítica europea y americana reconoció el significado y la trascendencia de esta obra, en cuyo gesto aislado e intuitivo el Paraguay se anticipó a los movimientos mundonovistas e indigenistas que en los años del quinto lustro de este siglo agitaron el ambiente literario-artístico latinoamericano. Debe anotarse, como rasgo peculiar, que esta obra se desarrolló en una total autonomía de lo que se llama "corrientes", al margen de todo cenáculo o grupo artístico.

Julián de la Herrería cursó sus estudios en la "Academia de San Fernando", Madrid, 1908-1912; en la "Academia Libre de París", 1913-1918; en la "Escuela Superior de Cerámica de Manises", Valencia, 1922-1924, y en la "Academia de San Carlos", Valencia, 1934-1936.

Ha participado en las siguientes exposiciones: "Salón del Belvedere". Primera exposición individual de arte en el país. Asunción, 1920; "Ateneo Paraguayo". Primera exposición de cerámica realizada en el Paraguay, Asunción. 1925; "Salón Alegre". Ex-posición conjunta con Josefina Plá, Asunción, 1928; "Gimnasio Paraguayo'". Exposición de cerámica, Asunción, 1929; "Ateneo Paraguayo". Exposición colectiva, Asunción, 1932; "Ateneo Paraguayo". "Salón de Primavera". Este salón se instituyó a iniciativa de Julián de la Herrería y Jaime Bestard, Asunción, 1934. En el exterior participó en el "Salón de los Independientes". París, 1913-1918; en el "Salón del Carmen", individual, Madrid 1924; en el "Ateneo de Alicante", individual, 1924; en la "Feria Muestrario de Valencia". El Rey Alfonso XIII adquirió en dicha oportunidad, una pieza de lema guaraní, 1925; en la "Muestra colectiva de arte paraguayo", Buenos Aires, 1933: en la "Muestra conjunta", con Jaime Bestard, Buenos Aires, 1934, y en la "Muestra conjunta", con Josefina Plá, en el "Ateneo de Madrid", en 1931.

Después del fallecimiento de este artista, su viuda, Josefina Plá, organizó varias muestras póstumas, entre las que se recuerdan la realizada en la "Casa América", Asunción, 1939; en el "Centro Cultural Paraguayo - Americano", Asunción, 1943; la "Muestra 'homenaje" en la "Dirección General de Turismo", Asunción, 1948; la "Muestra homenaje" en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano", Asunción, 1949; la participación en la "Ex-posición de Cerámica Paraguaya", San Pablo, 1935; la participación en la "Exposición conjunta de arte paraguayo", Buenos Aires, 1954; y la "Muestra retrospectiva", en homenaje al vigésimo aniversario de su muerte y celebrando la recuperación de sus obras, quedadas en España, en 1938, a causa de la guerra civil española.

Julián de la Herrería ha publicado también algunos trabajos en prosa. Se citan entre ellos Sobre la simbolología en la cerámica precolombina y en especial en la peruana, presentado al II congreso de historia y geografía americana, celebrado en la Asunción en 1926. Este trabajo se publicó en la "Revista del Instituto Paraguayo". Los originales, acompañados de treinta y dos láminas a la acuarela, los prestó el artista a una persona que no tuvo la delicadeza de devolverlos; Sobre cerámica guaraní, en El Liberal, en 1932, y Sobre las posibilidades de la cerámica industrial en el país, que también vio la luz pública en El Liberal, en 1932.

Entre las recompensas obtenidas por este artista se cuentan una beca al mejor alumno grabador, San Fernando, Madrid, 1910; una medalla de plata por su grabado "Menipus", en la "Exposición internacional del grabado", Barcelona; 1912, y el "Premio del Ministerio de Instrucción Pública de España", Madrid, 1936. Fue Campos Cervera conservador del "Museo Nacional de Bellas Artes", de la Asunción, 1919-1920, y promotor de la institución "Salón de Primavera" en el Paraguay.

Sus obras se hallan en el "Museo Municipal de la Asunción"; en el "Museo de la International Business Machines Corporation", en Chicago; en el "Museo Nacional de Cerámica", Valencia, España. En este museo las obras de Julián de la Herrería ocupan una vitrina especial en la sala dedicada a los grandes ceramistas modernos, al lado de Picasso; en el "Museo Julián de la Herrería" en la Asunción, y en el "Museo Nacional de Bellas Artes", también en la capital paraguaya.

Como nota final agregamos que el "Museo Julián de la Herrería", de carácter privado, cuenta con unas doscientas obras de este artista, entre cerámicas, pinturas, acuarelas y grabados, además de los recuerdos personales del mismo, iconografía, documentación, etc. A estas doscientas piezas del titular hay que añadir otras doscientas reunidas por la viuda, principalmente obras documentales del desarrollo de las artes plásticas en el ámbito paraguayo, en cerámica, pintura y grabado, y obras de artistas extranjeros, además de una nutrida biblioteca de arte.

El museo no tiene rubro personal pagado, siquiera cuenta con los buenos oficios de algunos amigos de la cultura, que ayudan, en la medida de sus posibilidades, para la conservación del museo y su acrecimiento. Está abierto a los visitantes, aunque la falta de recursos hace que no pueda realizarse la publicidad necesaria que atraería mayor número de curiosos.

Julián de la Herrería ha sido, cronológicamente, el primer grabador en metal del Paraguay moderno, y sigue siendo el único. Aunque permaneció en Europa más o menos diez y siete años, de éstos sólo dos años fue becado por el gobierno paraguayo para estudiar pintura, y dos años para estudiar cerámica En el resto del tiempo, los estudios fueron costeados por su peculio particular. (11)

Josefina Plá, a quien nos referimos en otro lugar de este libro, cursó estudios con Andrés Campos Cervera, Julián de la Herrería durante diez años, y en la "Escuela Superior de Cerámica" de Manises, Valencia, España, de 1930 a 1932.

Ha participado en las siguientes exposiciones realizadas en el Paraguay: "Conjunta", con Julián de la Herrería, en 1928; "Colectiva", "Ateneo Paraguayo, 1933; "Salón de Primavera", "Ateneo Paraguayo", 1934; "Colectiva de alumnos" -participación-, "Centro Cultural Paraguayo-Americano", 1947; "Dirección General de Turismo", con José L. Parodi -alumno-, 1948; "Casa Nóbilis", con José L. Parodi; 1950; "Salón Gran Rey.", muestra colectiva, 1951, "Instituto Cultural Paraguay-Brasil", con José L. Parodi, 1952; "Exposición del Primer Congreso Folklórico" 1952; "Primer Salón de Arte Femenino", 1952; "Centro Cultural Paraguayo-Americano", conjuntamente con Lili del Mónico, 1952; "Segundo Salón de Arte Femenino", 1953; "Primer Salón de Arte Moderno", 1954; "Ateneo Encarnaceno", muestra colectiva, 1954; "Centro Cultural Paraguayo-Americano", "segundo Salón de Arte Moderno", 1955; "Salón Gran Rex", con José L. Parodi, 1955, e "Instituto Cultural Paraguay-Brasil", "Salón de Arte Moderno", en homenaje al vigésimo aniversario del fallecimiento de Julián de la Herrería, Asunción, 1957.

En el exterior ha participado Josefina Plá en el "Ateneo de Madrid", conjuntamente con Julián de la Herrería, 1951; fuera de catálogo, con algunas obras, en la "Muestra Colectiva de Arte Paraguayo", Buenos Aires, 1933; "vi Salón de Arte", Río de Janeiro, 1952; "Biblioteca Nacional", San Pablo, conjuntamente con José L. Parodi, 1953; "Edificio Ipase", Río de Janeiro, con José L. Parodi, 1953; "Sala de Artistas Plásticos", Buenos Aires, muestra Colectiva, 1954; fuera de catálogo, con algunas piezas, en la muestra de José L. Parodi, en el "Taller de Artesanos", Montevideo, 1955; "Escuela Adriana", Barcelona, con José L.

Parodi, 1956; " IV Bienal de San Pablo", con José L. Parodi, 1956, y en el "Museo de Arte Moderno", San Pablo, en colaboración con José L. Parodi.

La labor artística de Josefina Plá se extiende a través de sus conferencias sobre cerámica o aspectos relacionados con ella, que pasan de veinte. Sus tribunas principales han sido el "Ateneo Paraguayo", "Amigos del Arte", colegios nacionales, "Radio Cultura" de San Pablo, "Escolinha de Arte" de Río de Janeiro, el "Centro Cultural Paraguay-Brasil" y la "Casa Argentina". Son también numerosos los ensayos y artículos sobre temas de arte publicados por Josefina Plá en la prensa paraguaya y extranjera. La creación del ambiente artístico cerámico en el Paraguay, de tal suerte, es, principalmente, obra suya, mediante sus clases de cerámica, de las exposiciones organizadas por ella y de sus artículos y conferencias.

Algunas recompensas han obtenido los trabajos de esta artista. Cuéntense entre ellas la mención honorífica de primer grado, en el "VI Salón de Arte Nacional", Río de Janeiro, 1952; la medalla de la Facultad de Filosofía, en la "Primera Exposición del Folklore Paraguayo", Asunción, 1952; el "Diploma de Mérito", por su contribución a la cultura musical, premio del ministerio de educación, Asunción, 1953 y el "Premio adquisición Arno", en la IV "Bienal de San Pablo", ex aequo con José L. Parodi, 1957.

Josefina Plá ha dirigido, desde 1946, las clases de cerámica auspiciadas por el "Centro Cultural Paraguayo-Americano" y en las cuales se formaron José L. Parodi y otros ceramistas; ha fundado; con otros, el "Centro de Artistas Plásticos del Paraguay", cuyo primer estatuto redactó; fue promotora, con José L. Parodi y Olga Blinder, del "Grupo Arte Nuevo"; promotora y organizadora, con Lili del Mónico y Olga Blinder, de los salones femeninos y de los salones de arte moderno abiertos en la Asunción; ha sido presidenta de la comisión organizadora de la primera mesa redonda sobre artesanía en el Paraguay; presidenta de la comisión directiva encargada de los trabajos de la misma; codirectora de la "Escuela 'Superior de Cerámica Julián de la Herrería", cuyo local, en construcción, aun no permite su funcionamiento integral; miembro de la "Academia Internacional de la Cerámica", con sede en Ginebra, y propietaria, conservadora y directora del "Museo Privado Julián de la Herrería".

Sus obras principales se hallan en la "International Business Machines Corporation''; en el "Museo de Salta", República Argentina; en el "Museo de Arte Moderno", San Pablo; en

El "Museo Nacional de Cerámica", Valencia, España; en el "Museo Julián de la Herrería", Asunción, y enriquecen numerosas colecciones particulares, dentro y fuera del país.

Entre sus trabajos bibliográficos sobre temas artísticos se cuentan. Julián de la Herrería., en "Cuaderno de arte", ediciones La Piririta. Asunción, 1957; trabajos presentados a la primera mesa redonda sobre artesanía paraguaya, en "Revista del Ministerio de Educación"; trabajos sobre tallas, encajes, joyería, etc.; El Barroco Jesuítico, publicado en pequeña parte en la página dominical de "La Tribuna", agosto, 1959, y sus trabajos de crítica y de divulgación sobre artes plásticas en general y sobre cerámica en particular, que alcanzan más de un centenar.

Francisco Almeida, nacido en la Asunción en 1882, cursó estudios de escultura en la "Academia de Bellas Artes", de Roma y de París. Durante los años de residencia en Europa, en afán artístico recorrió España, Portugal, Francia, Inglaterra, Suiza, Italia, Alemania, Austria, Bélgica y Holanda. Entre sus principales trabajos se .destacan las estatuas de José Gaspar de Francia, Carlos Antonio López, Francisco Solano López y José Félix Estigarribia, que se hallan en el "Panteón de los Héroes y Oratorio de la Virgen de la Asunción"; de Juan de Salazar de Espinosa, en bronce, erigido en la "Plaza del Congreso"., en su ciudad natal; de Pedro Juan Cavallero, en el pueblo de su nombre; de "La Libertad", en Concepción; la estatua del "Soldado del Chaco", en Pilar, San Bernardino, Paraguarí y en el "Centro Militar, Naval y Aeronáutico", de la capital paraguaya; la del "Cristo en oración", en Paraguarí, y la de José Díaz que, hace más de cuarenta años; espera su erección en Pirayú, pueblo en el cual nació el vencedor de Curupayty. Almeida falleció en la Asunción, en 1960.

Carlos Colombo, pintor, escultor y estético arquitectónico, nació en la Asunción, en 1882. En la "Primera Exposición de Bellas Artes  realizada en dicha ciudad, en 1899, obtuvo medalla de oro. Estudió pintura y escultura en la "Real Academia de Bellas Artes" en Roma. En Madrid prosiguió sus estudios en la "Academia de Bellas Artes de San Fernando", en donde se perfeccionó en estética arquitectónica. En dicho instituto, en un concurso, obtuvo tres premios. Uno de sus cuadros premiados quedó como recuerdo en el salón principal de la citada academia, y el mismo obtuvo otro gran premio otorgado por el ministerio de educación de España. En la Asunción, luego de su regreso, fundó una "Escuela de Artes Industriales". Abandonó la pintura y la escultura para dedicarse exclusivamente a la arquitectura. Fue profesor de mecánica aplicada y dibujo técnico en la "Escuela de Aviación Militar", y de caligrafía en la "Escuela de Agrimensura", base de la actual Facultad de Ingeniería. Sus principales trabajos pictóricos y escultóricos se hallan en el "Museo Nacional de Bellas Artes" de la Asunción. Carlos Colombo falleció en la capital paraguaya en 1959.

Ignacio Núñez Soler, nacido en la Asunción, en 1891, se ha dedicado a la pintura retrospectiva. Su colección tiene, sobre todo, valor documental histórico. Comenzó sus actividades artísticas como decorador de obras. Después pintó sobre telas. Ha presentado varias exposiciones en la capital paraguaya, a partir de 1931.

Miguel Acevedo, a quien nos referimos en otro capítulo de este libro, estudió pintura en París. Se especializó en caricaturizar.  Ilustró las páginas de Crónica, El Diario y otros periódicos asuncenos.

Andrés Guevara, nacido en Villa Franca, en 1903, también se ha dedicado al dibujo y a la caricatura. Ha realizado exposiciones importantes en Buenos Aires, Río de Janeiro y la Asunción, y ha ilustrado diarios y revistas paraguayas y extranjeras. También es un excelente prosador.

Juan Sorazábal, de quien, asimismo, se habla en otra página de este libro, como los dos anteriores cultivó la caricatura y el dibujo. Ilustró las páginas de Juventud, Alas y otras revistas y diarios asuncenos, y, radicado en Buenos Aires, fue dibujante de "Crítica", el popular periódico porteño. Lo fue, asimismo, de "Paraguay", órgano de la "Asociación Folklórica Guaraní", de la capital argentina.

Enrique López, asunceno, nacido en 1899, también caricaturista autodidacta de mérito. Ilustró las páginas de revistas y diarios asuncenos y realizó numerosas exposiciones. Falleció en la Asunción, en 1937.

Serviliano Solís, a quien nos referimos más extensamente en otro lugar, ha sido también cultor de la caricatura. Realizó varias exposiciones en la Asunción.

Andrés Aguilera, asunceno, dibujante y pintor autodidacta, ilustró las páginas de la prensa asuncena, especialmente., El Diario, con caricaturas bien logradas de personajes del escenario político y expuso sus trabajos, como era costumbre, en las vitrinas de algunas casas comerciales de la calle Palma. Aguilera falleció  en Nanawa, durante la guerra del Chaco.

Tomás Romero Pereira, encarnaceno, estudió arquitectura en la Argentina y Francia. Ha diseñado y dirigido la construcción de numerosos edificios públicos y particulares de la capital paraguaya. Como director del departamento de obras públicas de la municipalidad de la Asunción, en los tiempos en que ejercía la intendencia el doctor ingeniero Pedro Bruno Guggiari, trabajó en la terminación del "Panteón de los Héroes y Oratorio de la Virgen de la Asunción", la "Avenida Costanera" y otras obras ornamentales de importancia que hoy exornan la ciudad comunera.

Julián C. Sánchez, estudió pintura en Roma. Apenas tuvo tiempo para iniciarse con éxito en los afanes del arte. La muerte malogró su vida en plena juventud.

Odabella Gaudino, asuncena, de ascendencia italiana, perfeccionó sus estudios artísticos en Roma. Una exposición de sus cuadros y otros trabajos, realizada en el "Gimnasio Paraguayo", mereció el elogio de la prensa y el público asuncenos.

María Ballario de Lajoret, también asuncena hija de italianos, presentó sus cuadros en una exposición de arte realizada en Turín, en donde obtuvo uno de los mejores premios.

Amadeo Peña, nacido en Limpio, en 1898, es pintor y escultor. Cursó estudios de escultura con Serafín Marsal, y de dibujo y pintura con Juan A. Samudio. Se ha especializado en realizar trabajos de cuerpo entero y bustos de personajes históricos. Participó en varias exposiciones, como las anuales del "Ateneo Paraguayo" y las del salón de primavera de la "Casa Argentina".

Tomás Aquino Núñez, nacido en la Asunción, en 1883, fue ebanista y decorador. Se formó al lado del artista francés Julio Mornet. Sus trabajos aun embellecen interiores suntuosos de edificios públicos y particulares de su ciudad natal. Escenógrafo de méritos, fue un modesto pero fecundo colaborador del teatro paraguayo, para el cual escribió una pieza de carácter social titulada Los Canillitas. Falleció en la Asunción, en 1943.

También deben ser citados Miguel Angel Alfaro, Baltazar Ballario, Mateo Talia y Miguel Mujica Gómez, arquitectos paraguayos; Salvador Delgado Rodas, también paraguayo, quien estudió escultura en Roma; Elisa Weyer de Alborno y Elena Acevedo, cultoras de la pintura; Manuel Damián Núñez, asunceno, ebanista, y Julio César Bergottini, pintor y escultor porteño, autor de un proyecto de monumento a los héroes de Boquerón, en colaboración con Julián de la Herrería, de un busto de Facundo Recalde y otros trabajos.

Después de la guerra del Chaco (12)aparecieron en los ámbitos de las artes plásticas, entre otros, Edith Jiménez, Pablo Ernesto Alborno Weyer, Ofelia Echagüe Vera de Kunos, Siro Benedetti, Olga Blinder de Schwartzman, Lili del Mónico, Herminio Gamarra Frutos, Alicia Bravard, Leonardus Torfs, Leonor González Cecotto, Francisco Torné Gavaldá, Noemí Bejarano, Luis Toranzos, Ruth Fischer, Joel Filártiga, Lotte Schultz, Federico Ordiñana Blanco, Adam Kunos, Monserrat Salé de Bravard, Aldo Delpino, María Adela Solano López, Carlos Colombino, Laura Márquez Moscarda, Pedro Di Lascio, Clorinda Sara Da Ponte, César Cabrejos, Víctor Soler Méndez, Juan Carlos Díaz Grinda, Carlos Beltrán Camacho, Guillermo Kétterer, Carmen Fernández, Víctor Ocampos, Vicente Pollarolo; Herman Guggiari, Mariano Grotovski, Paulus Reinhardt, Alberto García del Río, Roger Ayala, José Luis Escobar, Natalio Bareiro, José Laterza Parodi, Manuel Emilio Medina, Nicolás Domínguez, Fiorello Botti, F. Daniel Gugliotta Ruggeri, César Riquelme Aguirre y Wolf Bandurek. Edith Jiménez, asuncena, se inició como grabadora con Livio Abramo. Se especializó en grabado en madera en el "Taller Julián de la Herrería" y, como becaria, en el Brasil. En pintura comenzó como posimpresionista. Evolucionó después; hacia formas más modernas, principalmente el cubismo, siquiera no se haya definido del todo. Se halla en plena búsqueda. Su primera muestra individual la realizó en 1.952, en el "Centro Cultural Paraguayo - Americano", en la Asunción, y ha participado en la "II Bienal de San Pablo", Brasil; en la "Muestra Argentino-Paraguaya", de Posadas (R.A.), y en la "Interamericana", de Caracas.

Pablo Ernesto Alborno Weyer, nacido en la Asunción en 1917, estudió pintura y dibujo bajo la dirección de su padre, Pablo Alborno. "Es un realista académico", que realizó interesantes exposiciones en salones de primavera, en su ciudad natal.

Ofelia Echagüe Vera de Kunos, asuncena, cursó estudios en la "Academia de Bellas Artes", en Buenos Aires, y recibió lecciones de Emilio Centurión. Regresó al Paraguay en 1946 y, ese mismo año, realizó en el "Club Centenario" una muestra individual, en cuya oportunidad se "manifestó dentro del neorrealismo de base neoimpresionista, derivando más tarde hacia un sintetismo expresionista". Tiene un cuadro en el "Museo Nacional de Bellas Artes" de la Asunción. Participó en la "II Bienal de San Pablo", Brasil; en la "II Bienal Hispano-Americana"; en la "Interamericana"; de Caracas y en varios salones femeninos de su ciudad natal

Siro Benedetti, dibujante y pintor asunceno, nacido en 1913, cursó estudios en Buenos Aires, con Pío Collivadino. Su primera exposición individual la efectuó en la "Galería Británica" de su ciudad natal, en 1956. Durante la guerra del Chaco ilustró las páginas de El Carmen, vocero del I Cuerpo de Ejército.

Olga Blinder de Schwartzman, asuncena, estudió primeramente con Ofelia Echagüe Vera de Kunos; luego con João Rossi; después, en Buenos Aires, con Juan Carlos Castagnino y grabado, con Livio Abramo. Su primera exposición individual la realizó, en 1952, en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano": Ha exhibido sus trabajos en salones femeninos y en salones de arte moderno abiertos en la capital paraguaya, y en las "IV y V Bienales de San Pablo", Brasil. También ha participado en la colectiva de arte paraguayo, en Posadas, 1954; en la colectiva de artes plásticas paraguayas, en el "Salón de Artistas Plásticos" de Buenos Aires, en 1954; en la "Retrospectiva Paraguaya", de San Pablo, en 1956; en la "Sala César", de Rosario (R.A.), en 1959; en la "Interamericana", de Caracas, y en las de grabados en madera del "Taller Julián de la Herrería", en 1958 y en 1959. Su labor "sigue la línea cubista-expresionista".

Lili del Mónico, pintora asuncena, estudió en Suiza y, después, en la Asunción tomó lecciones de Jaime Bestard. Realizó su primera muestra individual en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano"; en 1950. En Buenos Aires; en 1954 en el "Salón de Artistas Plásticos", participó en un certamen colectivo de artes plásticas paraguayas, y en Posadas (R.A.), el mismo año y en exposición semejante a la anterior. También exhibió sus trabajos en la "Interamericana", de Caracas y en varios salones femeninos y de arte moderno abiertos en la ciudad comunera. Sus cuadros se hallan en varios museos americanos.

Herminio Gamarra Frutos, pintor asunceno, ha participado en varios salones de primavera y en la exposición colectiva realizada en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano", en 1951. Su pintura "es de tendencia impresionista de acento decorativo".

Alicia Bravard, asuncena, estudió pintura con Jaime Bestard. Su labor "es de tendencia realista de base impresionista". Su primera exposición individual la realizó en el "Unión Club", en 1953.

Leonardus Torfs, pintor de larga actuación en el Paraguay, ha participado en numerosos salones de primavera y en exposiciones colectivas. También exhibió sus trabajos en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano", en 1958, y en la "Galería Bohéme", en 1959. Participó en la "V Bienal de San Pablo", Brasil. Leonor González Cecotto, argentina, con muchos años de residencia en nuestro país, estudió pintura con João Rossi., aunque ya con base anterior. Su primera exposición individual la realizó en 1952, en la "Casa Argentina". Ha participado en salones femeninos y de arte moderno, en la Asunción. "Su realismo académico primigenio ha cedido ahora a una búsqueda de la forma moderna más en consonancia con su temperamento".

Francisco Torné Gavaldá, pintor español, radicado en la Asunción desde 1951 -excepto una estada de año y medio en el Perú-, se ha distinguido por su intensa actividad artística y como profesor y conferenciante. Realizó varias exposiciones individuales, entre ellas, en el "Unión Club", en 1952, 1953 y 1954; en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano", en 1957 y 1960. También ha participado en numerosas exposiciones colectivas locales; en la "IV Bienal de San Pablo" y en la "II Bienal Hispano-Americano".

Noemí Bejarano, asuncena, "pintora realista académica", estudió en la Asunción y en el Brasil. Realizó su primera exposición en la "Dirección General de Turismo", en 1949.

Luis Toranzos, pintor autodidacto, nacido en la Asunción, en 1911, "posee indudable sensibilidad, a la cual no se ha proporcionado ocasión alguna de cultivo". Participó en salones de primavera; en la exposición colectiva, con Herminio Gamarra Frutos, Ignacio Soler Núñez y Víctor José Soler Méndez, realizada en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano", en 1951, y en la "III Bienal de San Pablo".

Ruth Fischer, pintora norteamericana, quien vivió en la Asunción durante algunos años, cumplió interesante labor en el Paraguay. Ha participado en salones femeninos y presentó una muestra individual en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano". Regresó a su país en 1956.

Joel Filártiga, nacido en Yvytymí, en 1932, es un pintor "fuertemente imaginativo, cuyas manifestaciones tienden sistemáticamente hacia el surrealismo, aunque a veces su simbolismo adquiere acento expresionista". Su primera exposición individual la realizó en la "Galería Bohéme", en la Asunción, en 1957.

Lotte Schultz, brasileña radicada en el Paraguay, cultiva el grabado en madera. Fue alumna del "Taller Julián de la Herrería". Ha participado en exposiciones auspiciadas por dicha institución de aprendizaje artístico; en algunas colectivas locales, y en la "V Bienal de San Pablo".

Federico Ordiñana Blanco, pintor asunceno, pero cuya vida, desde su niñez hasta 1956, transcurrió en el extranjero, hizo en España cursos de disciplina académica y ha participado en varias exposiciones. La primera de ellas, en nuestro país, tuvo lugar en el "Unión Club", en 1956.

Adám Kunos, húngaro, naturalizado paraguayo, nacido en 1390, "pintor formado en el realismo académico", ha participado en numerosas muestras colectivas realizadas en la Asunción. Su primera exposición individual data de 1951, en la "Sociedad Española". Tomó parte, asimismo, en la "III Bienal de San Pablo" y en la "II Bienal Hispano-Americana".

Monserrat Solé de Bravard, asuncena, es una "pintora pos-impresionista de cierta personalidad, aunque no persevera en su arte". Participó en salones femeninos y de primavera abiertos en la Asunción.

Aldo del Pino, pintor asunceno, nacido en 1940, es autodidacto. Su primera exposición individual tuvo lugar en el "Unión Club", en 1955. Su labor obedece "a la técnica surrealista expresionista". Ha participado en la " "III Bienal de San Pablo".

María Adela Solano López, asuncena, grabadora en madera, del "Taller Julián de la Herrería", ha participado en exposiciones colectivas y en las auspiciadas por el citado taller, así como en la "V Bienal de San Pablo".

Carlos Colombino, de quien nos ocupamos en otro lugar, pintor y arquitecto, cuya tendencia en pintura "es lo abstracto dinámico de fuerte acento cósmico", ha participado en varias muestras nacionales e internacionales. Su primera exposición individual data de 1956. La realizó en el "Instituto Cultural Paraguayo-Francés", en la Asunción. Después exhibió sus trabajos en muestra colectivas abiertas en el Paraguay; en la "V Bienal de San Pablo" en la "South American Art To Day", organizada por el "Museum of Fine Arts", de Dallas. EE.UU. Según Josefina Plá, es el talento joven más positivo con que actualmente cuenta la pintura en el Paraguay.

Laura Márquez Moscardo, pintora asuncena, estudió en Buenos Aires siguiendo un riguroso método académico. Su labor "es de neta tendencia hacia las formas más avanzadas de la pintura, arte concreto". La primera exposición individual de esta artista se realizó en la "Sala Capri", de la Asunción, en 1959.

Pedro Di Lascio, asunceno, es un "pintor primitivista de agradable sentido instintivo, las más de las veces". Ha participado en salones de primavera y de arte moderno abiertos en la capital paraguaya.

Clorinda Sara Da Ponte, asuncena, estudió dibujo y pintura  bajo la dirección de su padre, el pintor italiano Héctor Da Ponte. Ha exhibido sus trabajos en el "Gimnasio Paraguayo", en 1930; en el "Círculo Paraguayo de Médicos", en 1945; en el "Primer Salón de Otoño" en 1946; en el salón de primavera del "Centro de Artistas Plásticos del Paraguay", en 1953, y en la "Bienal de San Pablo", en 1956. Es profesora de dibujo en institutos de segunda enseñanza.

César Cabrejos, pintor peruano, realizó una exposición individual en el "Unión Club", en 1954, y participó en el " "III Salón de Arte Moderno", en la Asunción. Regresó a su país hace algunos años.

Víctor Soler Méndez, pintor asunceno, alumno de Jaime Bestard, en el "Ateneo Paraguayo", participó en varias exposiciones colectivas realizadas en la Asunción. En la que se abrió en el "Círculo Paraguayo de Médicos", de la Asunción, uno de sus trabajos obtuvo medalla de oro. También expuso en Montevideo.

Juan Carlos Díaz Grinda, pintor argentino, realizó una exposición individual en el "Unión Club", en 1956. Regresó a su país.

Carlos Beltrán Camacho; pintor boliviano participó en salones de primavera y en la "Exposición conjunta de artistas extranjeros residentes en el Paraguay", en el local de la "Alianza Francesa", en 1957. El año siguiente regresó a su tierra natal.

Guillermo Kétterer, nacido en Paraguarí, en 1917, fue alumno de Héctor Da Ponte y cursó estudios en el "Instituto Zier", de Buenos Aires. "Su realismo académico de los años primigenios ha dado lugar a la aceptación de las formas modernas; en cuya ruta da los primeros pasos". La primera exposición individual de este artista, data de 1950; en el salón de arte histórico de la "Dirección General de Turismo", en la Asunción. En esa muestra obtuvo un premio su cuadro "La última revista", adquirida por el "Colegio Militar". También expuso en el salón de otoño de la "Casa Argentina", en 1951, y en la "Bienal de Barcelona", en 1955.

Carmen Fernández, pintora asuncena, ha estudiado en el exterior. Participó en varias exposiciones internacionales con el pseudónimo de Laguardia. Su primera exposición individual la realizó en la "Dirección General de Turismo", en la Asunción, en 1948; la última en la "Unión Panamericana", en Washington.

Víctor Ocampos, pintor asunceno, cursó estudios en Buenos Aires. Su primera exposición individual en nuestro país tuvo lugar en la "Galería Británica", en la Asunción en 1956. Es profesor de pintura y dibujo en la "Academia Miserere", en la capital paraguaya.

Vicente Pollarolo, nacido en la Asunción, en 1905, es escultor y músico. Estudió en la "Academia Albertina", de Roma, desde 1928. Fue su profesor Eduardo Rubino. Sus primeros trabajos fueron exhibidos en una muestra internacional realizada en dicha ciudad. Regresó al Paraguay para actuar en la guerra del Chaco como oficial de reserva. Posteriormente a la contienda, se dedicó a su arte. Entre sus trabajos más importantes se citan el busto de Francisco Solano López, erigido en Piribebuy; el de José Félix Estigarribia, en la "Plaza José Gaspar de Francia" en la Asunción, y en San Juan Bautista de las Misiones; "A los niños mártires de Acosta Ñú", en Eusebio Ayala-, "A los héroes", en Concepción, San Pedro de Ycuamandyyú y Puerto Antequera; "Soldado del Chaco", en Villarrica. Coronel Oviedo, Mbokayaty, Capiatá; "Soldado de Tevapy", en Roque González de Santa Cruz, y otros. Ha participado en la "IV Bienal de San Pablo", Brasil.

Herman Guggiari, nacido en la Asunción, en 1924, cursó estudios de escultura en la "Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcava", en Buenos Aires. Fueron sus profesores Ernesto Soto Avendaño, José Fioravanti y Carlos de la Cárcava. Sus trabajos principales los exhibió en la "Olimpiada Artística del Paraguay" organizada, en 1956, por el "Colegio de Goethe", en la capital paraguaya. En dicha oportunidad obtuvo el primer premio en escultura. Otra distinción semejante ganó en la muestra de escultura religiosa, con su trabajo "Imagen de Nuestra Señora de la Asunción", en 1957. En el salón de primavera del "Ateneo Paraguayo", su "Cristo" fue premiado, ese mismo año, con medalla de oro, y adquirido por el "Instituto Cultural Paraguay-Brasil". Ha participado también en la IV y en la V bienales de San Pablo, Brasil, donde su "Libertad", en hierro, fue agraciada con plaqueta de plata, en 1959. Tiene, además, bustos de Juan de Mena, Ruy Díaz Melgarejo, Fidel Maíz, José P. Guggiari y José Félix Estigarribia. Herman Guggiari "es el primer escultor de línea moderna" en el Paraguay.

Mariano Grotovski, escultor polaco, de larga actuación en el Paraguay, ha participado en salones de primavera y de arte moderno en la Asunción. Su primera exposición individual la realizó en 1953, en el "Unión Club".

Paulus Reinhardt, escultor alemán, realizó exposiciones de sus trabajos en salones de primavera, en la Asunción. Regresó a su país, en 1958.

Alberto García del Río, también escultor, de origen español, participó en salones de primavera, abiertos en la Asunción, y es autor de algunos monumentos erigidos en el Paraguay, como el de "madama" Linch, y el de un grupo de lisiados y mutilados de la guerra del Chaco, erigido en el "Cuartel de la Victoria".

Roger Ayala, arquitecto de estilo moderno, nació en la legación del Paraguay, en Bruselas, en 1913, tiempo en que su ilustre progenitor, Eusebio Avala, ejercía la representación de nuestro país cerca del gobierno de Bélgica. Cursó estudios en la "Escuela Normal" y en el "Colegio Nacional", de la Asunción, y en la Universidad de Cornell, EE.UU. Sus principales trabajos constituyen los edificios del ministerio de salud pública y previsión social y la ampliación del "Sanatorio Juan Max Boettner", en la capital paraguaya; los centros de salud de Concepción, Encarnación y Villarrica; la "Escuela Normal Rural", de San Lorenzo del Campo Grande, y varias residencias particulares en la Asunción, Buenos Aires y Río de Janeiro.

José Luis Escobar, nacido en la Asunción, en 1920, cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores y en el Colegio de San José de su ciudad natal, y en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Montevideo, donde se graduó de arquitecto en 1947. Entre sus trabajos principales se cuentan los proyectos arquitectónicos de los hospitales de Hernandarias, Concepción y Pilar; del puesto sanitario de barrios de viviendas económicas; de la ampliación del sanatorio de reposo y recuperación., y, en colaboración con Homero Duarte, del proyecto del edificio que sirve de sede a la Junta de Gobierno de la Asociación Republicana (Partido Colorado). José Luis Escobar, falleció en la Asunción, en 1959.

Natalio Bareiro, nacido en la Asunción, en 1913, obtuvo su diploma académico de arquitecto en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Montevideo. Hizo, posteriormente, cursos de especialización de post-graduados en la Universidad de California, en los Estados Unidos de América. Entre sus trabajos principales se cuentan los edificios de R. Marsal y Cía.; Urrutia Ugarte y Cía.; Teatro Granados; Nicolás Bó y otros, en la capital paraguaya.

Es profesor de la facultad de arquitectura e ingeniería de la Universidad Nacional de la Asunción.

También son arquitectos Francisco Canesse, Luis Pozzo Cabañas, Mahomet Yampey, Guillermo Hellmers, Michael Burt Candia y Américo I. Bergonzi.

José Laterza Parodi, ceramista y escultor, nacido en la Asunción en 1915, cursó perspectiva y dibujo arquitectónico con varios arquitectos norteamericanos residentes en la Asunción. Trabajó en estudios locales realizando algunas maquetas importantes, como las de los edificios del hospital militar central y el del edificio administrativo de previsión social. Aprendió acuarela con el profesor Roger Ayala, y expuso muestras de este aspecto en el "Centro Cultural Paraguayo-Americano".

En 1946 inició sus afanes de cerámica en las clases auspiciadas por el centro mencionado y dirigidas por Josefina Plá, sintonizando al punto las directivas que esa profesora imprimió a sus enseñanzas: revitalización del motivo americano en general y del guaraní en particular; modernización de técnicas autóctonas con vistas a obtener la autenticidad posible en el carácter; y no sólo en la forma de los productos, especialmente los artísticos. A partir de 1948 Laterza Parodi realizó exposiciones, una o más por año, en colaboración con Josefina Plá o en muestras colectivas. En 1952 participó en el "VI Salón de Arte", de Río de Janeiro, y obtuvo el segundo lugar en la sección y categoría de terracotas esmaltadas. En 1953 realizó, juntamente con Josefina Plá, la primera exposición de arte paraguayo en San Pablo, con éxito lisonjero de prensa, público y venta. El mismo año realizó una exposición restringida de su obra, en compañía de Josefina Plá, en Río de Janeiro. Participó también en la Bienal de ese año en San Pablo, y su escultura en madera "Vedija de humo", es la única pieza de la representación paraguaya a la cual la crítica no puso reparos. En 1954 expuso, con trabajos de otros artistas -Julián de la Herrería, Josefina Plá, Olga Blinder, Lili del Mónaco-, los suyos propios en el local de la "Asociación de Artistas Plásticos", en Buenos Aires, siendo muy bien recibidos par la crítica y el público. En 1955 fue a España becado por el ministerio de asuntos exteriores de la madre patria, para estudiar un año en la "Escuela Superior de Cerámica de Manises", Valencia, en donde se especializó en reflejos metálicos. Antes de su partida a España, de paso por Montevideo, expuso en el "Taller de Artesanos", de esa ciudad una colección de piezas suyas y de Josefina Plá, favorablemente comentadas. En 1956 realizó en Barcelona, conjuntamente con Josefina Plá, una exposición que fue, asimismo, bien recibida por la crítica y el público. En 1957 concurrió a la "IV Bienal de San Pablo", donde sus esculturas, en colaboración con Josefina Plá, obtuvieron el "Premio Arno". En octubre de ese mismo año expuso con éxito notable y también en colaboración, en el "Museo de Arte Moderno", de San Pablo. En 1958, y siempre con Josefina Plá, realizó el mural "Previsión Social", para el edificio de ese nombre, siendo dicho mural el primero en mosaico realizado en el país. El mismo año plasmó un panel en relieve para el ministerio de defensa nacional, sobre temas nativos. Además, Laterza Parodi ha participado en diversas muestras de cerámica, pintura y escultura, abiertas en el Paraguay y en el extranjero. Actualmente desempeña el cargo de director del "Museo de Bellas Artes"; de la Asunción.

Manuel Emilio Medina, nacido en la Asunción, en 1910, es dibujante autodidacta. Ha ilustrado las páginas de "La Voz del Paraguay", de Rosario (R.A.), y ¡Hurra!, La Verdad e Ysapy, periódicos asuncenos.

Nicolás Domínguez; Pacho, nacido en la Asunción, en 1904, curso estudios en el "Colegio Nacional", de su ciudad natal. Es un autodidacta del dibujo y la caricatura. Sus trabajos versan sobre hombres y temas del Paraguay. En 1935 realizó su primera exposición individual en Concepción. Ha ilustrado las páginas de revistas asuncenas, entre ellas Ñandé, y algunos calendarios, como el de la "Schell", en 1959. Se halla preparando., con otros colegas, El Paraguay al lápiz.

Fiorello Botti, dibujante y caricaturista, nació en la Asunción, en 1921. Estudió dibujo con Jaime Bestard. Ha ilustrado las páginas de varios diarios y revistas del Paraguay, entre las que se citan el semanario humorístico Luneró, del cual fue director, y la revista Ñandé, cuya dirección artística ejerce. Ha participado en la "Bienal de San Pablo", Brasil, y en la "Exposición Internacional de Caricaturas", Buenos Aires, 1955. También realizó muestras de sus trabajos en el "Ateneo Paraguayo", en 1939, y en la "Galería Británica", Asunción, 1956. Uno de ellos se halla en el "Museo de Caricaturas Severo Vaccaro", en Buenos Aires. Obtuvo premios en diez concursos. Es coautor de El Paraguay al lápiz.

F. Daniel Gugliotta Ruggeri, nacido en la Asunción en 1940, cursó estudios en el "Colegio Fulgencio Yegros", y es alumno de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de su ciudad natal.

Es dibujante y caricaturista autodidacta. Ha ilustrado las páginas de Luneró y Ñandé, y colabora en la edición de El Paraguay al lápiz.

César Riquelme Aguirre, nacido en la Asunción, en el año 1918, dedicase especialmente al dibujo comercial y publicitario. Cursó estudios en la "Academia de Bellas Artes", en Buenos Aires.

Wolf Bandurek, nacido en Dbuzyn, Polonia, en 1905, estudió pintura en su país y después en Alemania. Estuvo en París, luego de una penosa odisea; en 1935, huyendo de los nazis. Llegó al Paraguay en 1937. Realizó su primera exposición en la Asunción, en el "Club Centenario", en 1939. También participó en otras muestras entre 1943 y 1945, año en que se radicó en Buenos Aires.

Deben ser también citados Héctor B. Ruíz, asunceno, médico, pintor y escultor;

Margarita Lloret de Pagano, asuncena, pintora y animadora de cultura; Carlos Zubizarreta, pintor y escultor; Raúl de Laforet, asunceno, pintor; Mila Corvellani, argentina, pintora; Adolfo A. Diez Gómez, español, investigador de materia cerámica y conocedor de la res ceramística; Ramón López Riquelme, asunceno, dibujante; Natalia d'Arbelof, pintora; Archibald Dixon, norteamericano, radicado en el país desde hace algún tiempo, ceramista; Leónidas P. de Grau, argentina, decorado y pintura; Silvia Talavera de Helbing, asuncena, escultora, se especializa en figuras en terracota pintadas al frío; Celestino Falcón, dibujo y pintura; Francisco Fretes Salinas, pintura; Ramón Di Lascio Vasso y Helios Recalde, escultura; Bruno Helbing, asunceno, cerámica; Juan Santiago Dávalos, asunceno, dibujante y caricaturista; Marcos Barrios Romero, de Eusebio Ay la, y Pascual Fabio Villalba, G. Alejo Borgognon y Angel C. Constantini, asuncenos, dibujo; Alberto Da Ponte, asunceno, dibujante y cartógrafo, especializado en institutos porteños; Rosa Clara de Laterza y Francisco Laterza, asuncenos, artesanía cerámica; Alberto Barret, de Yavevyry, nieto de Rafael Barret, acuarela expresionista, Carlos Peirat, asunceno, de acentrado sintetismo; Alberto Miltos, pintura y Jacinto Rivero, xilografía.

La Escuela de Bellas Artes fue creada a inspiración de Roberto Holden Jara en el mes de julio de 1957. Forma parte de la Universidad Nacional. Funciona anexa a la Facultad de Arquitectura. Su plan de estudios abarca la enseñanza de dibujo, pintura, escultura, anatomía artística, historia del arte, francés, piano, teoría, solfeo, danza clásica y declamación. Su primer director es Roberto Holden Jara.

Entre las instituciones públicas y particulares que se dedican al estímulo o a la enseñanza de las artes plásticas, además de las ya nombradas, son citadas "Amigos del Arte", "Grupo de Arte Nuevo", "Pro Arte", "Artistas Plásticos" y "Asociación de Artistas Nativos".

 

NOTAS:

1.- Histoire du Paraguay, París, 1756.

2.- Moeur des sauvages ameriquain, Paris,    1724

3.- La República de Platón y los guaraníes, Buenos Aires, 1946.

4.- Pablo Hernández, Organización Social de las doctrinas guaraníes, Barcelona, 1913.

5.- Ídem, ídem.

6.- José Majavacca y Juan Francisco Pérez Acosta, El aporte italiano al progreso del Paraguay - 1527-1930, Asunción, 1951.

7.-  Ricardo de Lafuente Machaín, Los conquistadores del Río de la Plata, Buenos Aires, 1943.

8.-  Ídem, ídem.

9.- Pedro J. Grenón, Una vida de artista: H. Luis Berger - 1588-1641, Córdoba, 1927.

10.-  José Majavacca y Juan Francisco Pérez Acosta, Ob. cit.

11.- Los datos referentes a este artista los debemos a la gentileza de Josefina Plá.

12.- En la parte correspondiente al período que se inicia después de la guerra del Chaco, hemos contado con la valiosa cooperación de Josefina Plá y Herman Guggiari.

 

XLII

ORIGENES Y EVOLUCIÓN DE LA MÚSICA EN EL PARAGUAY HASTA 1913

 

Las investigaciones históricas referentes a los orígenes y a la evolución de la música en el Paraguay apenas se hallan en sus comienzos. Si bien es cierto que algunos cronistas de los tiempos hispánicos han aportado valiosas noticias relacionadas con las actividades musicales de los aborígenes, en lo que al Paraguay respecta aun no existen obras orgánicas que las den a conocer por entero, salvo el libro reciente y de suyo muy interesante debido al musicólogo paraguayo Juan Max Boettner.

No obstante las dificultades predichas, trataremos de trazar un panorama, siquiera somero, de este aspecto muy poco averiguado de la cultura paraguaya, valido de libros antiguos y modernos y de datos obtenidos por investigadores contemporáneos, especialmente el citado Boettner.

Comencemos, pues, con Ulrich Schmidl, el soldado y cronista bávaro, llegado a estas regiones en la expedición de Pedro Mendoza, quien refiriéndose a la tribu de los Jerús, dice que "el rey llevaba consigo su música que es como la usan los señores allá en Alemania". (Viaje al Río de la Plata. Buenos Aires, 1942) Y con Martín del Barco Centenera, venido con el adelantado Juan Ortiz de Zárate, quien canta en sus no armoniosos versos:

"Eh mbaraká, bocinas y tambores

 Resuenan por el bosque y rededores."

En las Cartas Annuas de la Provincia del Paraguay, Chile y Tucumán, de la Compañía de Jesús - 1615-1637 se halla consignado este párrafo: "Cercaron la casa del Español todas aquellas noches sonando sus Bocinas y tambores a guisa de guerra, de suerte que el pobre no se atrevía a salir de ella", y Ruy Díaz de Guzmán, al describir una sublevación de indios, expresa que "después tocaron sus cornetas y bocinas, dando señal de acometer, como lo hicieron sin dilación". (3)

En cuanto al carácter de aquella música, prácticamente nada se sabe.

Los instrumentos musicales utilizados por los primitivos habitantes de estas regiones meridionales del nuevo mundo y siguiendo la clasificación de Curt Sachs, en su "Historia universal de los instrumentos musicales", posiblemente fueron: idiófonos: sonajas, matracas, marakas o mbarakas y takuá-pú; aerófonos: flauta o mimby, de varios tipos, tales el mimby-guazú, el mimby-chué, el mimby-tarará, etc.; trompetas, también de diversas clases y nombres, como el congoera, el mburé-mburé, el anguá, el turú y el uá-tapú; membranófonos: tambores, asimismo de diferentes categorías, ya sea por el material de su construcción como por su forma; cordófonos: monocorde o arco musical, cuyos nombres vernáculos son cayu-ave -arco de boca-, guarapá-í, doble arco musical cruzados y el gualambau, arco de calabaza.

El canto merece también un recuerdo especial. Cantaban los indios, tanto los hombres como las mujeres, pero aisladamente. Eran "tonadas monódicas, acompañadas con instrumentos rítmicos".

Concepción Leyes de Chaves expresa que entre los guaraníes las canciones versaban, principalmente, sobre sucesos sangrientos, el diluvio, hazañas pretéritas o mitológicas, los enemigos de la tribu, fábulas referentes a mujeres, peces o pájaros o a simples palabras sin sentido cabal, pero sonoras.

Como ejemplo de sus afirmaciones transcribe algunos cantos recogidos de la tradición como estos, vertidos al castellano por. León Cadogan:

 

Che, che,                     Yo, yo,

Che avá eté,                Yo soy hombre feroz,

Che, che payé guazú  Yo, yo soy un gran mago,

Che, che ayuká paí.    Yo, yo maté al sacerdote.

 

Este sería el "canto del mago", dice Boettner, y el que sigue un "canto elegíaco".

 

¿Mará pa re manó?     ¿Por qué has muerto?

Nde hetá nde yety,     Tienes mucha batata,

Rerecó pacová            Tienes banana,

Mandió ha ananá.       Mandioca y ananás.

Ndeve nde rayhú        A ti te aman

Ne rembirekó              Tu esposa

Ha nde ra'y.                Y también tu hijo.

Nderejhé tekotevé      Aún eres necesario.

¿Marapa re manó?      ¿Por qué has muerto?

 

Guido Boggiani, en su estudio sobre los guaicurúes, trae algunas noticias al respecto de sus cantares. Dice que podría llamárselos así, "aunque se avecinan más a la imitación de un grito o rugido de animal que a una música". Y agrega: "pero los Chamacoco serán todo oído y con los ojos brillantes de alegría intensa, atentos a él. Su canto puede llamarse verdaderamente canto., con cierto conocimiento de ritmo y entonación.”(5)

El padre Ricardo Pittini y José de Alarcón y Cañedo, en el interesante libro de ambos, titulado El Chaco Paraguayo y sus tribus, editado en Turín, en 1924, dicen que "en el canto los indios desahogan un poco más de inspiración. Dichos cantos se caracterizan por el número de notas intermedias, por la expresión que les imprimen, exteriorizando con fidelidad un lamento conmovedor o un enérgico conjuro... El indio no canta por cantar, no canta al acaso, sino siguiendo una ceremonia, un significado, un motivo señalado en su vida particular o social".

En lo referente al tipo de música de la época pre-hispánica, no se conocen hasta hoy documentos que puedan permitir una aserción fundada. Por eso se ha afirmado, no ha mucho tiempo, que "la musicografía americana tiene un vacío que será irremediable desde el punto de vista de su repertorio indígena". (6)

La temática de las danzas era religiosa, guerrera o festiva. El ya antes citado Schmidl refiere que "el rey de los Jerús tiene su corte como un gran señor de Europa. Durante la comida se toca música. A la melodía, si el rey quiere, bailan ante él los hombres y las mujeres más bellas. Cuando nosotros veíamos bailar a esas mujeres, nos quedábamos con la boca abierta, pues vale la pena ver ese baile de los Jerús (7)

En las Cartas Annuas de comienzos del siglo XVII dejó escrito el padre provincial Pedro de Oñate que, "cuando los indios vienen de afuera, la música y convite con que les reciben sus mujeres y deudos es juntarse luego a llorar y a aullar con un tristísimo llanto, el cual hacen también con diverso tono y más lúgubre, cuando muere alguno, sacando sus flechas y arcos y danzando con ellas en las manos hacen un estruendo que parece propiamente el infierno".

El padre José Francisco Lafitau escribía, en el año 1724, "los sacrificios y festines eran seguidos de cantos y danzas militares", (8) y el padre J. Patricio Fernández, en 1726, relataba que, en una fiesta que él presenció, "dieron comienzo a la sinfonía de flautas y pífanos, cantando y bailando al son de ellos". (9)

Treinta años después, el padre José Guevara expresaba en su Historia del Paraguay que "el baile de los Bororos es de lo más inocente que pueda deleitar el ánimo. . . Coronados de plumas y desnudos, arman sus bailes y danzas haciendo rueda y círculo uno con otro. El que lleva el compás entona una canción bárbara y sin arte, al son de roncas calabazas y sonajas de porongos con predrezuelas dentro, que tocan los demás repitiendo el son y letrina que empezó el presidente del coro. Entre tanto, dan vuelta a la redonda sin descomponer el círculo, pisando fuertemente la tierra y acompañando los golpes de los pies con el de las calabazas y sonajas. Como la indiezuela interesa llevar aplausos en el coro, empieza luego a dar el son a los cantores y danzantes; sacudiendo con brío la caña o báculo contra el suelo y haciendo que resuenen las castañuelas, azotadas las unas contra las otras"

El padre J. Pfotenhauer, autor alemán, citado por Boettner, en un libro editado en Alemania, en 1891, -Die Missionen der Jesuiten in Paraguay-, al referirse al mismo tema indígena, dice que "en trabajo bien reglamentado, sea en el campo, sea en la casa, les pasaba a los chiquitos la mayor parte del día, dedicando el resto del tiempo, con temperamento sumamente alegre, a visitas, bebidas, con danzas y músicas. En cuanto los esposos buscaban el reposo, el marido en su hamaca y la mujer en el suelo, comenzaba la juventud soltera con el juego y la música... Una larga flauta de un agujero marcaba el compás a las danzas monótonas. Grande era su inclinación musical y sus canciones nacionales eran tristes, melancólicas y, sin embargo, de tipo agradable".

Finalmente, Egon Schaden, lingüista contemporáneo, em su importante trabajo Aspectos Fundamentales da Cultura Guaraní, publicado en San Pablo, en 1954, dice: "Los hombres marcan el compás de las danzas religiosas y de los rezos con el mbaraká, en tanto las mujeres los acompañan con el takua-pú. En una aldea en Itarirí- (en el Brasil), participaban de danzas religiosas dirigidas por un "ñanderú-mbyá", que sustituía el mbaraká con una guitarra de origen industrial. El referido "ñanderú" sólo golpeaba las cuerdas para marcar el ritmo. El uso ceremonial del mbaraká por los hombres y el bastón de ritmo por las mujeres se incluye entre los lazos de unión de los guaraníes con las culturas chaqueñas, porque parece que todos los instrumentos musicales guaraníticos son encontrados en el Chaco y más al oeste".

La llegada del portugués Alejo García al Paraguay, en 1524, abre un nuevo panorama en la historia de estas regiones. A este explorador que trae efluvios de civilizaciones milenarias, han de seguir otros europeos, que habrán de aportar motivos extraños y elementos insospechados por los aborígenes a sus primitivas actividades vitales y a sus artes y ciencias rudimentarias.

Los conquistadores llegados con Pedro de Mendoza trajeron las primeras guitarras y, quizá, otros instrumentos, como pífanos, tambores  pitos, vihuela y castañuelas.

Pero son los misioneros franciscanos, jesuitas, dominicos o mercedarios, quienes iniciaron a los nativos en el arte musical.

No obstante, según Juan Francisco de Aguirre, los primeros músicos que actuaron en la Asunción fueron Antonio Ramos, Juan de Xara, Antonio Cato, Antonio Romero y Gregorio de  Acosta. Formaron el prístino coro de la catedral, en 1538. Nada se sabe de los instrumentos que tocaban.

Los conquistadores hallaron en el aborigen guaraní rico elemento para el arte de la música. Esta Virtud, observada por los jesuitas, sirvió para facilitar su propia catequización.

 

El padre Charlevoix, en su Historia del Paraguay dice: "este gusto natural por la música ha servido para poblar las primeras reducciones. Los jesuitas, navegando sobre los ríos, se apercibieron que cuando -para combatir el tedio- cantaban cánticos espirituales, tropas de indios acudían para escucharlos y parecían tener en ello un gusto singular. Ellos aprovechaban para explicarles lo que cantaban y si como esta melodía hubiera cambiado sus corazones y los hubiera hecho susceptibles a los sentimientos que ellos querían inspirar, no tenían ninguna dificultad para persuadirlos a seguirles... Ellos realizan .así, en estos países salvajes lo que la Fábula cuenta de Orfeo y Anfión".

Los misioneros comenzaron a enseñar música de oído a los aborígenes. También les enseñaron a construir instrumentos musicales. Yapeyú fue un gran taller de construcción. Allí se hacían arpas, violines, trompetas, cornetas, chirimías, órganos para las iglesias.

El introductor de los primeros instrumentos musicales para las reducciones de las regiones del Río de la Plata, fue el padre Sepp, cuyo verdadero nombre era Joseph von Reinegg. Nacido en el Tirol, en 1655, estuvo en América desde 1691 hasta 1733, año en el que se produjo su fallecimiento en la reducción de San losé: Fue el primero en enseñar la música en forma metódica, motivo por el cual adquirió fama. También el padre Sepp -apodo equivalente al "Pepe" español- fue el primero en enseñar la construcción de instrumentos musicales a los indios. En el año 1692; según sus propias palabras, había formado ya seis trompetistas, tres buenos diorbistas, cuatro organistas, treinta chirimistas, dieciocho cornetistas y dieciocho fagotistas.

También fueron maestros de música el padre Rodrigo Ortiz Melgarejo, franciscano de quien nos ocupamos en otro lugar; el padre Juan Voisseau o Vaseo, natural de Tournai (Bélgica), quien en 1617 arribó al Río de la Plata y fue destinado a la reducción de Loreto, donde trabajó durante seis años, especialmente enseñando música.. Falleció en dicho lugar en 1623; el padre Martín Schmid, suizo, nacido en 1694, y destinado al Paraguay. Falleció en la región de los Chiquitas. Y el hermano Luis Berger, nacido en Abbeville, Francia, en 1588, y llegado a América en 1616, era pintor, médico, platero y danzante. Vivió en la reducción de San Ignacio, donde fue maestro de música. La buena fama que allí adquirió, le valió ser solicitado por Chile. Falleció en Buenos Aires, en 1640. Tampoco puede olvidarse al padre Pedro Comental, famoso músico nacido en Nápoles, en 1595, y fallecido en las misiones después de 1664.

En cuanto a los indios, fueron tan buenos músicos como fabricantes de instrumentos musicales. El padre Manuel Peramás dice: "Si vieras a eximios maestros construir órganos de viento y toda clase de instrumentos musicales". (10)Y el padre Charlevoix escribe; "Ellos fabrican y tocan muy bien toda clase de instrumentos musicales. Se los ha visto hacer órganos, los más compuestos, con la sola inspección que ellos han tenido". (11)

Hay músicos aborígenes recordados por la historia. "Tengo entre mis neófitos -decía el padre Sepp- a uno llamado Paica que hace todo género de instrumentos músicos y los toca con admirable destreza". ' Lauro ' Ayestarán recuerda a Ludovico Antonio Muratori, "quien describe una visita de Vescovo a las Misiones, le hace decir": Un jovencito de doce años aproximadamente, tocaba el violoncello con tal gracia y destreza que, admirándolo mucho el prelado, hizo callar el coro y ordenó que viniese delante el niño y que hiciese una sonata a solas. Allí mismo, haciendo usual profundísima reverencia al prelado y a su séquito, puso su violoncello sobre un pie y tocó más o menos un cuarto de hora, can tal desenvoltura y rapidez que provocó la admiración y el aplauso de cada uno. (12)

Cayetano Cattáneo, después de haber visitado las Misiones, en 1729, recordaba a otro niño de doce años que ejecutaba al órgano, sin tropiezo alguno, las más difíciles partituras de los compositores boloñeses. Cítase también el nombre de Plácido Azurica, músico indio requerido por la orquesta del Seminario Conciliar de Buenos Aires.

Guillermo Furlong, en su libro "Músicos argentinos durante la dominación española", transcribe unos párrafos de Enrique Peña: "han venido aquí (Buenos Aires) más de veinte juntos, grandes músicos de punto de órgano, violines y otros instrumentos para oficiar las músicas y danzas del Santísimo Sacramento, diestros en todo...", y en las Cartas Annuas se lee que el padre Diego de Alfaro vino con setenta indios de aquellas reducciones al Río de la Plata, los cuales "eran buenos cantores y músicos de vihuela de arco que trajeron consigo linda música, curiosas danzas y saraos que hicieron con donaire y destreza".

Cristóbal Pirioby o Pirihovy o Piréhovy, era un indio nacido en San Carlos, en 1764. Estudió música con los ex alumnos de los jesuitas, pues estos fueron expulsados pocos años después de su nacimiento. Antes de cumplir los veinte años se radicó en Buenos Aires, donde profesó como músico y carpintero. Cambió su nombre por el de José Antonio Ortiz y se vistió a la usanza porteña. En la puerta de su vivienda se leía una chapa que decía "Maestro Clavista". Enseñaba canto, clave, espineta, violín y guitarra. Se hizo famoso. Falleció en Buenos Aires, en 1794. Dejó entre sus bienes una selecta y surtida biblioteca musical compuesta por obras de Haydn, Boccherini, Clementi, Stamitz, Pleyel y otros, para toda instrumentación. "Su conocimiento musical fue extraordinario".

El padre Nicolás Yapuguai o Yapuguay, cacique  y escritor de quien nos ocupamos en otro lugar, fue, asimismo, un músico de reconocidos méritos, y Julián Atirahú, según lo afirma Angel Justiniano Carranza, dejó en manuscrito, un rondó y minuete para violín. La ingeniosa composición de este indio guaraní era para ser ejecutada por dos personas dándose el frente, "pues donde termina la pieza comienza el acompañamiento visto al revés. Corre, agregada a ésta una descripción para el manejo  de la Trompa marina o monocordio, instrumento músico de una sola cuerda, y el que tañían los indios misioneros, puesto entre los labios para imprimir más sonoridad al arco".

La música militar de pífanos, trompetas y tambores, tan bien cuidada por los españoles, es, asimismo, de la época hispana, coma las bandas de los conventos Cada uno de éstos tenía la propia, que amenizaba las ceremonias y fiestas religiosas.

En los nacientes pueblos y en las reducciones también se contaba con bandas y orquestas integradas por diversos instrumentos de viento y de cuerda:

Eran conocidas las de Yaguarón, a cuyo cargo, en un tiempo, se hallaba el servicio sacro de la catedral de la Asunción; la de Atyrá, cuyas fiestas eran famosas; la de Tabapy, descrita por Félix de Azara; la de San Ignacio Guazú, que contaba con "una tropa de arpas".

La expulsión de la Compañía de Jesús, por la pragmática de 1767, perjudicó el desarrollo de la actividad musical en el Paraguay. Y la larga y penumbrosa dictadura de José Gaspar de Francia la condenó a un silencio tétrico y casi mortal.

Fulgencio R Moreno, en su evocativo libro La Ciudad de la Asunción, expresa que "la última serenata fue seguramente la que en 1816 recorrió las calles vitoreando al caudillo Artigas y ocasionó la prisión de músicos y cantores.  Y la influencia avasalladora del régimen dictatorial fue complementando la empeñosa labor de inmovilidad y de silencio. Las casas eran a modo de cárceles voluntarias... Casi nadie asomaba a la calle ni abandonaba su domicilio, sino por breves momentos y rigurosa necesidad". Y Rengger y Longchamp decían que "hasta la guitarra, compañera inseparable del paraguayo, enmudeció".

Cuenta Juan Max Boettner que por el año 1922, fue visitado por un músico Llamado Lorenzo González, quien puso en sus manos una danza, hallada por casualidad, y que se bailaba en los tiempos de la dictadura de Francia. Era la Gasparina, Boettner duda de su autenticidad. Sin embargo, la tradición habla de esa música parecida a un minué.

Después de 1840, año del fallecimiento de José Gaspar de Francia, se abre una nueva época para la música en el Paraguay: Durante este período es posible distinguir dos aspectos en su evolución: el de la música culta y el de la música popular.

En lo referente a la música culta y de salón, si bien su manifestación es harto precaria, la historia ha recogido datos de importancia. En 1858, Santiago Ramos compuso una misa y un Tedeum ofrecidos a la catedral de la Asunción para ser cantados en la navidad de aquel año, por un coro de niños adiestrados especialmente. En 1863, recompuesto el antiguo órgano de la catedral, resonó nuevamente bajo sus bóvedas. En la misma época, un coro femenino entonó odas en alabanza de Francisco Solano López, el 24 de julio, día de su cumpleaños, y algún tiempo antes, Luis Thébene ejecutó al piano algunas partituras en el "Teatro Nacional".

En los salones, especialmente en el Club Nacional, se bailaban valses, mazurcas, lanceros, cuadrillas, Londón Karapé "y hasta el antiguo y cortés montonero".

Señala, asimismo, aquel lapso, la introducción en nuestro país de las primeras y primitivas cajas de música, llamadas vulgarmente "ríalechos". Una de ellas, la que perteneció a Elisa Alicia Lynch, hoy pertenece al museo particular de Concepción Leyes de Chaves; otra, enriquece la colección histórica de Carlos Alberto Pusineri Scala.

En cuanto a la música popular, en 1858, con motivo de la inauguración de la casa de Venancio López, sita en la esquina actual de las calles Estrella y Colón de la capital paraguaya, entre mazurcas y valses, al son de bandas militares, en los campos del hospital, el pueblo bailó también la polca. Es la primera vez que encontramos la palabra polca en nuestra historia musical, dice Juan Max Boettner: Y agrega: "Entiéndase bien que nos referimos solamente al nombre polca. El ritmo y las particularidades de nuestra pieza nacional ya habían comenzado a plasmarse con anterioridad". ¿Su origen? Para el musicólogo nombrado, posiblemente sus comienzos deben buscarse a mediados del siglo dieciocho, "época en que las danzas españolas iban llegando a América". Es conveniente recordar que, antiguamente, a la polca ejecutada por la banda se la llamaba galopa y la palabra Kyre'y servía para diferenciar el ritmo alegre, brioso, de la misma. Esta nunca se cantaba; mas, no así la polca-purajhéi, de ritmo lento y melancólico, de tono especial para "compuestos" y serenatas.

Entre las polcas más antiguas y tradicionales del Paraguay citaremos el Campamento Cerro León, himno guerrero del que nos ocupamos en otro lugar; Mamá-cumandá, de la época que recordamos; Také-mí nde pohei, Alfonso-Loma, Raído tereré, Ndarecoi la culpa, Carreta-güy, Mamá che-mosé, Mamópa rejhó, Josepa, Yaguá ñetuó, todas de autores ignorados; Polca Liberal, que data de 1887, compuesta por Miguel de los Santos, nativo de Laurelty, descendiente de los soldados de José Artigas; Colorado, también de 1887, obra del músico italiano Francesco Guerresi; 18 de Octubre, de 1891, atribuido a Buenaventura González; Guaimí pysapé, de Isidro Benítez, etc.

La polca, de origen anónimo, popular, humilde, despreciada en las esferas sociales hasta hace apenas un cuarto de siglo, llevada por músicos y cancionistas paraguayos a escenarios extranjeros, al expandir sus encantos bajo cielos lejanos, por su exótico hechizo, conquistó el gusto foráneo y retornó vencedora, pura y alada, a su tierra natal.

Ella es hoy un vínculo impalpable y eterno de amor y de armonía, que nos acerca y nos une a otros hombres y a otros pueblos del mundo, no importan las distancias. Mensajera sentimental y melódica, su misión es de paz y de ensueño.

Al hablar de la música de la época anterior a la guerra de la triple alianza, no se pueda olvidar las galopas, características de las fiestas patronales, en la capital y en los pueblos del interior del país. Tampoco se puede olvidar a los músicos ambulantes. Estos recorrían, solos o en grupos de tres o más, largas distancias para asistir a reuniones conmemorativas, o las callejas de las aldeas, de casa en casa, donde entonaban sus canciones y compuestos al son de arpas y guitarras, por un plato de comida o un vaso de aguardiente. De estos tiempos son el Montonero, la Media Caña y el Pychecheke, cuyo nombre onomatopéyico le viene del ruido que hace el pie al arrastrarse intencionalmente sobre el suelo. Y también los kambá-raangá, imágenes negras o imitación de negros, que bailaban y cantaban en calles y plazuelas, ruidosa y espectacularmente.

Las bandas militaras eran tenidas en grande estima y se hallaban bien cuidadas. Bajo la dirección de Francisco Sauvageod de Dupuis fueron organizados varios conjuntos musicales castrenses. Los principales de aquel tiempo fueron la Banda Para-í, Banda Muá, Banda Acáverá, Banda Acá-carayá, Banda Infantería, Banda Artillería y Fanfarria de Caballería.

Entre los principales músicos de entonces se recuerda al maestro Antonio María Quintana, poeta, guitarrista y relojero; a Benjamín y Felipe González, instructores de bandas, en 1853; a José Gabriel Téllez y Patricio Téllez, hijo del anterior; a Francisco Sauvageod de Dupuis, considerado autor de la música del himno nacional; a Ana Moonier de Dupuy, tal vez la primera profesora de piano, cronológicamente, que llegó a nuestro país; a Rudecindo Morales, maestro en variaciones sobre corneta o pistón; a Cantalicio Guerrero, de larga y brillante actuación en el Paraguay y en el extranjero; a Indalecio Odriosola, alumno de Dupuis y director de la orquesta del Teatro Nacional antes de la guerra contra la tríplice, que murió combatiendo en Humaitá; a Tomás Amavet, francés, de Toulouse, venido a la colonia Nueva Burdeos y fallecido en Entré Ríos, en la República Argentina.

Juan Francisco Pérez Acosta cita, además, a Juan Cabrera, quien actuó después con Luis Cavedagni; a José de Jesús Alvarenga y al Sargento Cleto, director de la Banda Muá; a Manuel J. Riquelme, Juan M. Lird, Remigio N. Riquelme y N. Colunga, y entre los músicos populares -datos de Juan Manuel Sosa Escaladase nombran a Manuel Antonio Avalos, mejor conocido por Cangüé Herrero, natural de Carapeguá, guitarrista, poeta .y cantor memorista, "un ave canora de las selvas, un aedo popular". Se le llamaba Cangüé, según nos cuenta Manual Mosqueira, "porque era alto, corpulento, puro hueso" y Herrero, "porque su padre y su tío eran de esa profesión"; .a Máximo Cazal, Nicolás Delgado y Rufino López, nativos de Luque; a Ulpiano López, de San Pedro de Ycuamandyyú; a Tomás Orihuela, de Carapeguá, cuyo popular apodo era Tomá Carapeguá, guitarrista y cantor; a Pedro Agüero Perico Agüero, de Caraguatay; a Marcelino Coronel, de Arroyos. y Esteros; a R. Domínguez, de Isla Valle; a J. Yergas, guitarrista y poeta, y al capitán Justo Pucheta, correntino, quien vivió mucho tiempo y murió en nuestro país. Podría agregarse también al famoso Tomá Kangüé, concepcionero, y a José Zacarías Arce, mejor conocido por Paraguarí, citados por Zacarías Arce descendiente de este último.

Durante la guerra contra la triple alianza las bandas militares cumplieron una alta misión. En los campamentos y en la retaguardia animaban a combatientes y a civiles con sus ritmos marciales y sus evocativos bailables. Juan Crisóstomo Centurión refiere que en aquel tiempo bravío se bailaba La Palomita, Londón Carapé, Cuadrilla Boliviana o Miriquinao, Caledonia y, finalmente, Mamá cumandá Tampoco faltaba en los vivaques los turututús, fabricados de astas de buey y "destinados a producir una música infernal y burlona; que hacía rabiar a los aliados",' y la guitarra, amiga y compañera del soldado paraguayo de todos los tiempos, a cuyo son melancólico entonaban sus endechas, exaltaban el heroísmo de sus camaradas o evocaban los encantos de su "valle" lejano.

Son de esta época de sangre y lágrimas, de abnegación y coraje, la Diana Mbayá y el Campamento Cerro León.

Desde el 5 de enero de 1869 la Asunción fue ocupada por las fuerzas militares del Imperio del Brasil. La antigua "ciudad madre de ciudades" había sido ultrajada hasta en sus sagrarios. Reinaba en ella la desolación. Los viejos hogares estaban deshechos; las familias tradicionales, dispersas y heridas en su raíz. No podía escucharse otra música que no fuera la de los vencedores Frente a sus cuarteles atronaban el aire pífanos y tambores castrenses cuyos sonidos apuñalaban el alma adolorida de los vencidos.

La campiña paraguaya ofrecía el mismo tétrico espectáculo. Las aldeas abandonadas, los campos yermos, las selvas silenciosas. La fauna casi había desaparecido, perseguida por el hambre de los que huían y por el estrépito infernal de las legiones victoriosas. Solo en los caminos largos, polvorientos o fangosos, se veían caravanas de famélicos que marchaban lentamente con su dolor a cuestas.

Después de Cerro Corá se tuvo que aguardar algún tiempo para escucharse nuevamente el compás de la bordona. Alguna guitarra, salvada por acaso de la ígnea prueba, volvió a vibrar tímidamente, bajo aleros campesinos. Y el canto del paisano, grávido de añoranzas y tristezas, impregnó la polca de la melancólica ternura que hoy la caracteriza.

En el capítulo referente a las actividades teatrales en la época evocada, hemos recordado cómo recomenzó la vida festiva en nuestro país. Primeramente fueron las diversiones populares: riñas de gallos, carreras, sortijas, cucañas, bailes al aire libre, corridas de toros, circos, etc. Después, ya en los círculos sociales superiores, reuniones familiares con motivo de navidad o pascuas, cumpleaños u onomásticos, al son de las "cajas de música" o "rialechos"'. Más tarde, veladas de carácter artístico, con números musicales, y el teatro que señala el punto de partida real de la actividad que nos ocupa, en el período histórico rememorado.

Desde 1880 se comienza a hacer vida de club. Se funda el "Club Familiar". En 1881, un grupo de jóvenes crea la "Sociedad Filarmónica La Lira". El año siguiente se hechan las bases del "Club del Progreso" y del "Ateneo Paraguayo". En el acto inaugural del "Club del Progreso", por primera vez después de la guerra, se escucha una orquesta: Antes, toda fiesta era amenizada por bandas militares. También en los salones del "Club Familiar" y del "Club del Progreso", que contaba con piano, se inician tímidamente los primeros conciertos. Cantan María Metzler y Maud de López, esposa de Enrique Solano López. Aparecen después el tenor Modesto Albors y el pianista José Billordo, así como Concepción Zayas de Centurión, María G. de Torres, Elizardo Álvarez y Luis Cavedagni.

En 1887 se fundó, en la Asunción, el "Circolo Corale  Filodramático Italiano", bajo la dirección del nombrado Cavedagni, quien, el mismo año, publicó sus obras musicales. Era éste un barítono italiano, de larga actuación en escenarios europeos y americanos. "Músico práctico, con muchas deficiencias técnicas en la escritura", editó en Alemania un "Álbum de Toques Populares Paraguayos". De larga permanencia en nuestro país actuó como cantante y como maestro. Falleció en Montevideo, en 1916:

A fines de 1888 se inició la "Sociedad del Cuarteto" y se formó la "Sociedad Coral Española", ambas de aficionados. Actuaban en ese tiempo el maestro de piano y compositor Arturo Cabib y Francesco Guerresi, autor de "Colorado"; desde 1889, los maestros directores de orquestas Félix Coulombié y Dante Cobrelli, el pianista y compositor Modesto Borrel y el director de orquesta de bailes Tito Parducci. En el año siguiente, dos niños precoces -apenas contaban diez años de edad- dieron un concierto con violín y piano, que llamó la atención.

En 1891 apareció otro profesor de piano y compositor, de prolongada y proficua actuación en el Paraguay. Se llamaba Ludovico Tessada y era italiano. Compuso mucho y fue uno de los maestros más queridos en la Asunción. Falleció en esta ciudad, en 1926.

En 1892, en un concierto a dos pianos y a ocho manos, al lado de Cabib y Tensada, actuaron Isabel Anisits, húngara, primer premio del "Conservatorio Nacional de Berlín"; y Francesco Scarpa, pianista italiano. También en dicho acto Sofía Cabib cantó la canción bohemia de " Carmen". Días después, en otro concierto, aparece el pianista y compositor argentino Juan Mellada, de intensa actuación en la capital paraguaya; el concertista de violín J. Hayot, y el cantante Enrique Mastelli. También la pianista Adela Speratti y los niños Ismael y Ofelia Billordo, en dúo de violín y piano.

La superintendencia de instrucción pública supervisó, en 1893, una velada literario-musical en la que hicieron su presentación, el cantante suizo E. Mack, el flautista argentino Daniel Aguirre y la pianista María Casal Ribeiro. El mismo año, en una velada musical realizada en la legación del Brasil, se estrenaron la brasileña Hortensia Lins de Almeida, violín y cítara, el pianista Von Sanden, el cantante George Revoil, la pianista Katie Stewart y el citarista E. Messner.

El año 1894 señala la presencia en la Asunción de un compositor y director italiano, de prolongada y fecunda actuación en nuestra tierra Nicolino Pellegrini. Fue maestro de la banda de policía de la Asunción durante muchos años, tomó parte en numerosos conciertos pomo director, celista o violinista, fue profesor del "Instituto Paraguayo", fundador de la "Academia Santa Cecilia" y el mejor captador del alma de la música popular paraguaya, según Juan Max Boettner. (13)En el mes de julio del mismo año, en una velada literario-musical, muy en boga en aquel tiempo, llegadas de Villarrica, se lucieron en el piano Florencia de Bottrell y Juana de Balanzá, y en el canto, la asuncena Esther De Filippis. Y ya al finalizar noviembre, en una fiesta escolar, al lado de Tessada, rimaron el violín de A. Bertoluzzi, la flauta de Pedro Benítez y acompañando a un coro de diez niños, el piano de Tranquilina López.

El año 1895 da a conocer nuevos valores: S. Gómez Noguera, flautista y director de orquesta; Elvira Vera, pianista; Asunción Sosa, canto; Mauricio Berthomier, violinista; Faustino Arámbulo,

Trombón; José Valenzuela, clarinete; Mamela y María González Filisbert, piano y canto; Ángela Guanes, piano; María Barbero, canto; Rosa Chiriani, piano; Victoria Feliciangeli, piano y mandolina; Adela Galeano y Crescencia Casartelli, piano.

Pero el acontecimiento más importante ocurrido en materia musical o, mejor dicho, cultural, en nuestro país, en el transcurso de 1895, fue la fundación del "Instituto Paraguayo". A ese acto trascendental nos referimos en otro capítulo de este libro. Mas, es necesario recordar en este lugar a uno de sus fundadores y propulsores de alto mérito Leopoldo R. Elizeche, decano un tiempo de los músicos paraguayos, asunceno, nacido en 1873 y fallecido en 1961, flautista, pedagogo musical, profesor de instrumentos de madera de la nombrada entidad.

En una velada de la "Croce Rossa Italiana", dirigida por Cavedagni, Anglada, Pellegrini y Tensada, en 1896 hicieron su aparición Juana Perrupato, Bianca y Emma Mantero, pianistas; y en otra fiesta similar, Inés Velazco y Raquel Livieres, cantantes; Leopoldina Heyn, pianista, y Elvira Guanes, violinista. También se iniciaron ese año Ascensión Méndez Goncalves, Elvira Brugada, Juana Aceval, Ramona Zubizarreta, María Benigna Decoud, Deolinda y Celina Ferreira, María Thompson y Adela Cassaccia en un número especial de mandolines y guitarras, e hizo su estreno en la Asunción Carlos Ackermann, violinista alemán de jerarquía.

El año 1897 presentó otras novedades. En una gran función realizada en el "Teatro Nacional", bajo el patrocinio del Instituto Paraguayo", se dieron a conocer Matilde Perrupato, Elvira de Vargas y Alejandrina Benegas, pianistas, y Gustavo Sosa Escalada, guitarrista: En el "Colegio Monseñor Lasagna", bajo la dirección del padre Folia, tuvo lugar un concierto sacro en el que actuó la banda de la institución, formada y dirigida por César Manzoni, compositor italiano que enseñaba "cobres" en el "Instituto Paraguayo". Y en el "Concierto Blesio", de alta jerarquía, se estrenaron Leandra Duarte, pianista y violinista, y Alejandro Landó, pianista.

El año 1898 señala la actuación sobresaliente de la orquesta finisecular del "Instituto Paraguayo". Corrió a su exclusivo cargo la ejecución del "Tedeum" en la catedral, el 25 de noviembre, con cuarenta músicos dirigidos por Nicolino Pellegrini. Tenía, además, esta entidad, otra orquesta llamada "La Estudiantina". El año siguiente no fue fecundo en actividades musicales Una grave epidemia que azotó a la Asunción las paralizó totalmente:

Con el siglo veinte se inicia la carrera artística de "un joven y talentoso músico", el violinista Fernando Centurión. Fue en un concierto, realizado a su propio beneficio, con el propósito de viajar a Europa, en misión de estudio. También aparecieron entonces Jorge Zillich, violinista; Juana M. de Jons, cantante; Rogelio Álvarez Bruguéz, pianista; Luisa Crovato, mandolina; Silvia Crovato, canto; Simeón Carísimo, flauta; Antonio Semidei, mandolina, y el barítono Romualdo Franco.

En abril de 1903, en una fiesta organizada par la "Sociedad Italiana de Socorros Mutuos", hicieron su estreno en la Asunción la pianista Mercedes Labattú y la soprano Adela de Dent. Y en diciembre del mismo año, en el "Teatro Nacional", Hortensia Boettner y Catalina Cusmanich, pianistas; María Soto, celista; y Sara Casal Ribeiro, violinista.

El año 1904 trajo nuevos nombres para la historia de la música en nuestro país. En una fiesta de beneficio realizada en el "Teatro Nacional" aparecieron Welter Fehr y E. Marín, violinistas; Ireneo Tornandú, celista; Pablo Furnés y Francisco Sorrenti, clarinetistas, y Feliciano Garay, contrabajo

Dos años después se anotaron otros estrenos. Un elenco dirigido por Nicolino Pellegrini se hallaba integrado por Elvira de Prosa Guineo, canto; Cetina Domínguez, Juana Grünfeld, Luisa Josefina Chartran, J. L. Golleti y Manuel F. Pascual, pianistas; Nicolás Angulo (h), Emilio Fracchia y Aldo Sorrenti, violinistas; Jerónimo Angulo, flauta; José Villalba, clarinete; Leopoldo Valerio y Francisco Bellasai, corneta; Miguel Angel Gulino, filicorno; Manuel Rabito y Angel Aveiro, trombón; Rosario Rabito, cimbasso; Jerónimo Sorrenti, violoncello, y Valentino Sorrenti, platillo y bombo. En ese año 1906, por primera vez, figura Agustín Barrios, en un concierto de jerarquía. Ejecutó a la guitarra "El Delirio", de Arcas.

En 1908, en otro concierto dirigido por el mismo Pellegrini y realizado en el "Teatro Nacional", aparecieron Felicita Salvi, cantante; Emilio Brun y Margarita Stewart, mandolinas; Renée Cler, piano; Marta Guanes, cantante; Millán Samaniego, pianista; Isabel Bibolini, cantante, y Chechira Salvi, pianista. En Villarrica, ese mismo año, en una velada, exhibieron sus méritos, Amelia Spongia, violinista; Elisa Argenzio, Albertina Harrison y Osvaldo Grillo, pianistas; Avelina Guggiari, Domingo Barbieri y Enrique M. de Freire, cantantes; Esther Argenzio, mandolina, y Dionisio R. Basualdo, guitarrista.

Un concierto clásico de la colonia alemana, bajo la batata del citado Pellegrini, fue el acontecimiento musical sobresaliente de 1909. Aparecen nuevos nombres: Voss, Vukelic, Bosch, Tuñón y Kemper, en piano; Krauch, Plate y Kraus, en canto; Klug, en violín.

En 1910 figuran inicialmente en programas de jerarquía artística Elvira Misch, violinista; Ana Brun, Jessy Stewart, María Esther Sapena Pastor, Irme Dávalos, Carmen Di Nucci, Josefina y Carmen Pusineri, María Galeano, Rosa Cándida Taranto, Victoria Fiandro, Josefa Peña, Josefa Villamil, María Esther Manzoni, Agustina Pelossi, Luisa Pettirossi, Elvira Fichas, Víctorina Matto, Herminia Cantero, Elisa Gustale, Renée Pajaud y Mercedes Vallory, pianistas; Gilda Di Nucci, violín; Amelia Di Nucci, mandolina; E. Crocci, canto. El mismo año actuaron, por primera vez en nuestro país, dos maestros meritorios: Gaspar Jeannot, compositor y director francés, llegado a la Asunción en 1908, y Emilia Malinverni, pianista genovés, que arribó al Paraguay en 1910. Ambos tuvieron destacada actuación en los círculos musicales asuncenos.

El año 1912 reapareció en la Asunción el violinista argentino Andrés Dalmau. Desde 1906 dicho concertista visitó nuestro país en diversas oportunidades y siempre con éxito. Sus acompañantes fueron Juan Mallada, Juan Gay, Cipriano Ochoa y Manuel Viladesau. Otro acontecimiento artístico-musical, realizado ese mismo año, fue el auspiciado por la "Sociedad Italiana". Actuaron entonces José Leonardi, pianista italiano, llegado al país en 1900, ex-director de la banda municipal, convertida después en banda de policía; Michele Randisi, flautista, y Emilio Perinciolo, también pianista.

Otros músicos de categoría, actuantes en la época evocada fueron A. Aconci, barítono; Samuel Arce, director de orquesta: Pedro Arrúa Roa, pianista; Pedro Benítez, quien tocaba la mayoría de los instrumentos de cuerda y de viento, antiguo director de la banda de policía, Reinaldo Barbieri, uruguayo, compositor; Francisco P. Barbat, director de orquesta; la Condesa Bassi, soprano; Gustavo Campos, Alejandro Corona, Romeo Dionisi, Maximino Fernández, directores de orquesta; Armando Galleani, maestro concertador de ópera; José García, piano y canto, profesor de la banda de policía; María González, canto; Francisco Lezcano, pianista; Carlos Gio Batto Lombardi, pianista; Angel Menchaca, paraguayo, creador de un sistema musical propio, adoptado por la provincia de Buenos Aires; Vicente Merlo, flauta y violín; Juan Mora, director de orquesta; Manuel Mosqueira, musicólogo carapegueño, poseedor de una valiosa biblioteca de apuntes especialmente sobre música popular; Cecira Negrini y América Zucchi cantantes; Juan M. Ocampos, director de orquesta; Víctor , Ocampos, violinista y director de orquesta; Giacomina de Pezzini,, profesora de canto; Juan Raccioppi, compositor y director de la banda de policía; Mme. George Raes, violín, mandolina y piano; Miguel Russo, tenor; Jaime Segalés, catalán, compositor, maestro de banda y director de orquesta; Juan Manuel Sosa Escalada, musicólogo, reconstructor del primitivo himno paraguayo; Luis Cálcena, guitarrista; Carlos Cálcena, piano; Mario Soto, violoncello; Pablo Vago, pianista; Bernardo Wichmann, pianista; Guillermo Janeski, director de orquesta; J. Jaensch, pianista; Santiago Marengo, pianista; Francisco Solano González, compositor; Simón Marco Marimón, pianista, y Ramón Spinelli, profesor de violín, viola, piano y canto, de carácter humorístico, imitador de la voz humana en violín, director de orquesta y del "Instituto Musical Verdi", en la Asunción.

Entre los músicos populares de aquella época citaremos a Isidro Benítez (maestro I chilo), violinista y compositor; a Prudencio Caballero (Maestro Pulé), de Arroyos y Esteros; a José Dolores Fernández (Loló arpero); a Juan E. González, de Paraguarí, compositor, guitarrista y flautista, relojero y mecánico; a Pablo Maldonado, compositor, violín, guitarra y bandurria; a Lorenzo Martínez, de Paraguarí, violinista, y a Teófilo Ochoa, de San Lorenzo del Campo Grande, flautista, guitarrista, arpista y compositor, autor de Paloma Pará.

Entre los institutos que, durante este período, se dedicaron a la enseñanza de la música, además del "Instituto Paraguayo" y otros ya nombrados, se recuerdan la "Sociedad Lírica Dramática", la "Sociedad Coral Eslava", la "Sociedad Filarmónica Asucena" y "Los amigos del arte".

 

NOTAS:

(2)  Argentina y conquista del Río de la Plata y Tucumán y otros sucesos del Perú. Lisboa, 1602.

(3)  “La Argentina”, colec.  Estrada, Buenos Aires, 1943.

(4) Concepción Leyes de Chaves, El canto y la música entre los guaraníes Asunción, 1940.

(5) Caduvei. Roma, 1895.

(6)  Laura Ayestarán. La música en el Uruguay, Montevideo, 1953.

(7)  Ob. cit:

(8)  Moeurs des Sauvages Ameriquains, París, 1724.

(9)  Relación Historial de las Misiones de Indios Chiquitos, Asunción, 1896.

(10)  La república de Platón y los guaraníes, Buenos Aires, 1946.

(11)  Histoire du Paraguay, París, 1756.

(12)  Ob. cit.

 (13)  Música y músicos del Paraguay, Asunción, 1957.

 

 

XLIII

 EL ARCHIVO Y LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA ASUNCIÓN

 

OTRAS INSTITUCIONES SIMILARES

 

Por acuerdo capitular del 25 de noviembre de 1596 fue creado él "Archivo Nacional de la Asunción" (1)

Teníasele, al promediar el siglo XIX, como el más rico del Rio de la Plata. La inminencia de la caída de la capital paraguaya en poder de las fuerzas aliadas, en el año 1868, obligó su traslado a Pirivevui. Cuando esta plaza fue conquistada por el ejército de la tríplice, el riquísimo archivo quedó también en poder del vengador. Es así que gran parte de su antiguo contenido integra ahora colecciones extranjeras o se halla en poder de particulares.

Terminada la guerra del 1864-1870, el gobierno de la república encomendó a José Falcón la reorganización del "Archivo Nacional". Fue, pues Falcón -primer director de ese instituto-; quien comenzó la gran tarea que hoy, casi a un siglo de distancia prosigue todavía.

Consta el Archivo Nacional con un total de siete mil cuatrocientos setenta y siete volúmenes, de doscientas a trescientas páginas documentales cada uno, inéditas en su gran mayoría. Hállanse estos volúmenes ordenados en secciones. La "Sección Historia" consta de cuatrocientos cuarenta y nueve volúmenes catalogados en forma incompleta por Doroteo Bareiro. La "Sección Civil" posee mil doscientos setenta y tres volúmenes, catalogados regularmente, y contiene títulos de propiedad, codicilos, testamentos, etc. La "Sección Asuntos Criminales" se halla integrada por dos mil doscientos cincuenta y nueve volúmenes, no catalogados. La "Sección Nueva Encuadernación" (altos), tiene tres mil cuatrocientos diecisiete volúmenes, sin catálogos. La "Sección Límites" dispone de diez volúmenes catalogados y copiados especialmente para el Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación Finalmente, la "Sección Contabilidad de Ministros Tesoreros", consta de sesenta y nueve volúmenes, no catalogados. El director Doroteo Bareiro, ha organizado el fichero, el cual tiene más de catorce mil títulos, inclusive los correspondientes al año 1710. Los trabajos continúan realizándose metódicamente.

Manuel Domínguez ha editado, en 1899, El Archivo Nacional. A pesar de su actividad reconocida, el ilustre historiador no pudo dar a dicho periódico sino muy corta vida.

Blas Garay ha dado a publicidad numerosos documentos inéditos y el citado Doroteo Bareiro ha compuesto y entregado a la publicidad un "Catálogo de testamentos y codicilos" existentes en el departamento de su dirección.

En el año 1943, también el nombrado Bareiro ha solicitado del ministerio de educación la ampliación del Archivo Nacional, con la creación de nuevas secciones en las que puedan guardarse, ordenadamente, todos los documentas oficiales que hoy se hallan esparcidos en las diversas oficinas públicas del estado.

Débese también a Doroteo Bareiro la gestión inicial de la ley que prohibe la salida del país de todo documento histórico que pueda ser considerado como parte constitutiva del patrimonio paraguayo.

La "Unesco" ha enviado últimamente al Paraguay, una misión especial para la microfilmación de los documentos que se guardan en el "Archivo Nacional" de la Asunción. El experto de esa misión, Francisco Sevillano Colom, entre otros trabajos importantes, ha dejado una lista del contenido de los volúmenes microfilmados.

Precediendo dicha lista, aparece un informe sintético explicativo en el que, además de dar el número de los volúmenes existentes, la indicación de las secciones respectivas y las características de la documentación que integra la rica colección del archivo, expresa que "han sido microfilmados más de cuatrocientos volúmenes que son: I) La mayor parte de la sección Historia: II) Algunas de la Nueva Encuadernación y de Testamentos, seleccionados por contener documentos del siglo XVI, que parecían estar en mayor peligro".

Además se han microfilmado los periódicos El Paraguayo Independiente (1845-1852), El Semanario (1853-1855), y Cabichuí, (1867-1868).

El total de páginas manuscritas fotografiadas, sigue diciendo el informe, es de más de ciento ochenta mil y el de páginas de periódicos, cerca de cinco mil La unidad móvil de microfilm de la "Unesco", concluye, dejará microfilmadas más de doscientas mil páginas.

En 1o referente a la "Biblioteca Nacional", su creación data de 1869. Fue, primeramente, como lo dijimos antes de ahora, "Biblioteca Municipal". Se encomendó su organización .a Jaime Sosa Escalada. Posteriormente fue constituida una comisión especial para tomar a su cargo la dirección de tales trabajos. Dicha comisión la integraron Benjamín Aceval, Alejandro Audibert y José Tomás Sosa.

La Biblioteca Nacional hállase hoy a cargo de un director, y funciona en el local del "Museo y Biblioteca Americana Godoy". Se aguarda su traslado a su local propio, obsequio del gobierno argentino.

Consta de, diez mil volúmenes catalogados y de tres mil fuera de catálogos. Existe, además, una sección de museo artístico e histórico, en la que se exhiben cuadros de Juan A. Samudio, Durán Brager, Santiago Rusiñol, Antonio Parodi, Guido Boggiani y Andrés Campos Cervera; esculturas de José Belloni; recuerdos de toda índole de la guerra contra la triple alianza y los trofeos devueltos por el Uruguay, en 1885.

En 1882 fue creado el "Archivo General de los Tribunales". 'Dicho organismo cuenta con cinco secciones: "Sucesiones", "Documentaciones", "Filiaciones", "Varios Civiles y Comerciales" y `Registro de Escribanos Públicos". Cada volumen archivado contiene de veinte a cuarenta expedientes. Los protocolos notariales son registrados por año y por materia.

El Archivo General de los Tribunales constaba en 1946 de más de doscientos mil expedientes distribuidos convenientemente.

No es posible olvidar en esta revista de los valores culturales del Paraguay, dos instituciones de renombre: El "Museo Histórico y de Bellas Artes", de Juansilvano Godoy, y el "Museo Histórico y Artístico", de monseñor Juan Sinforiano Bogarín. El primero fue creado en 1885. Su fundador y propietario hallábase entonces en Buenos Aires, emigrado por causas políticas. Aquel exilio de Juansilvano Godoy duró casi veinte años. En su palacio de la callé Santa Fe, el ilustre proscripto comenzó a seleccionar los cuadros y objetos de valor histórico y artístico que hoy constituyen el museo de bellas artes que, justamente, lleva su nombre.

Veinticinco años después de su creación, ya instalado en la capital paraguaya, entre otros visitantes preclaros, llegó hasta sus salones Ramón del Valle Inclán. Al despedirse, estampó en su álbum este recuerdo: "Quiero dejar aquí el testimonio de la profunda impresión artística de mi visita al Museo, donde resaltan dos joyas del arte antiguo: del maestro de Venecia, el rudo Tintoretto; y del  seráfico sevillano Bartolomé Esteban Murillo. Valle Inclán, Asunción, setiembre de 1910".

La historia de estos cuadros y la de sus respectivas adquisiciones están llenas de anécdotas curiosas e interesantes.

La sección escultura posee obras antiquísimas, como aquel busto de mujer en mármol, procedente de las excavaciones de Roma, y las imágenes talladas en madera y policromadas, originarias de las misiones jesuíticas. Hay también obras en bronce como el busto del caudillo y prócer de la independencia del Uruguay, José Amigas, burilado por José Belloni; el busto de Manuel Pedro de Peña, abra de Agustín Querol, y muchos otros.

Existe, además, la sección de miniaturas, numismática y curiosidades históricas.

El "Museo Histórico y Artístico" de monseñor Juan Sinforiano Bogarín hallábase ubicado en tres salones del Palacio Episcopal. Hoy se halla en el local del "Seminario Conciliar", de la Asunción:

Fue formado por su propietario, en trabajosa e inteligente búsqueda, en el transcurso de más de cincuenta años.

Apenas egresado del Seminario Conciliar, el entonces presbítero Bogarín inició el acopio de medallas y objetos históricos que constituyen la base de su riquísima colección.

La sección numismática es una de las más completas y valiosas que se tiene en el país. La componen medallas, monedas, etc., paraguayas y extranjeras. La sección jesuita y franciscana es interesante por su valor rigurosamente histórico. Hay allí imágenes talladas en madera, de una sola pieza y con pintura centenaria, todavía fresca al parecer. La que corresponde a los próceres de la independencia posee objetos de notable riqueza evocativa, tal la mesa escritorio que perteneció a Pedro Juan Cavallero.

La sección de la época de la dictadura cuenta con colecciones de cuadros al óleo, recordativos de aquel tiempo; trajes y menesteres domésticos de usanza común en el Paraguay en la primera mitad del siglo XIX, medallas, libros, documentos privados y públicos de indudable autenticidad.

La colección que corresponde a la guerra contra la triple alianza es del más noble valor. Armas; municiones, trajes, condecoraciones, sillones, como el que; fundido en Ybycuí, perteneció a Elisa Alicia Linch; los sables que portaban los hijos del mariscal; el usado por José Díaz; la cartera del mariscal con fotografía de la Linch; el revólver del coronel Jorge Thompson; el libro en que se anotaron las contribuciones del pueblo; los sables corvos de la caballería; los fusiles de avancarga; los platos del servicio de mesa del "Marqués de Olinda", etc.

La sección que condensa los recuerdos del período que se inicia en 1870 y llega .hasta la guerra del Chaco, es tan interesante como las anteriormente citada.

La que corresponde a la tragedia que vivió el Paraguay en su conflicto con Bolivia constituye una revelación.

Todas estas reliquias se hallan numeradas y ordenadas. El catálogo fue hecho pacientemente por monseñor Bogarín. Es un manuscrito del ilustre prelado cuyo valor a través del tiempo, tendrá que ir en aumento ponderable.

Otras bibliotecas existían, además de las ya nombradas, en la época que nos ocupa. Citaremos la del Colegio Nacional de la Asunción, que es la más antigua entre las de su género. Consta de más de siete mil volúmenes. Síguele en orden de mérito la biblioteca de la Facultad de Derecho, que posee más de seis mil volúmenes; la de la Escuela Normal de Profesores, con más de tres mil volúmenes; la de la Dirección General de Escuelas; la del Superior Tribunal de Justicia; de la Escuela Militar; la de los colegios nacionales de Villarrica, Concepción, Encarnación y Pilar. Son también ricas y antiguas la del "Seminario Conciliar" de la Asunción y la de la "Curia Metropolitana". Entre las bibliotecas pertenecientes a institutos particulares cabe recordar la del "Ateneo Paraguayo", con más de tres mil volúmenes; la del "Colegio de San José", la del "Colegio Monseñor Lasagna" y la del "Colegio de La Providencia".

Y entre las bibliotecas de pertenencia privada, además de la de Juansilvano Godoy, deben nombrarse las que fueron o todavía lo son de Manuel Gondra, Enrique Solano López, Cecilio Báez, Alejandro Audibert, Manuel Domínguez, Arsenio López Decoud; Juan E. O'Leary, J. Wenceslao Benítez, Víctor M: Soler, Adolfo Aponte, Viriato Díaz Pérez, Balando A. Godoy, José Marsal, Fulgencio R. Moreno, Eusebio Ayala, Ignacio A: Pane, Antolín Irala, Ricardo Brugada (h), Rodolfo Ritter, Marcial Sosa Escalada, José Segundo Decoud y otros.

Entre los archivos particulares son también dignos de mención las de Juansilvano Godoy, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, Enrique Solano López, Fidel Maíz, Juan E. O'Leary, Manuel Domínguez, José Segundo Decoud, Juan Francisco Pérez Acosta, José Falcón, Ricardo Brugada (h), Héctor F. Decoud y otros. Mención especialísima merece entre las citadas bibliotecas la de Juansilvano Godoy, adquirida por el Estado. Su denominación es "Biblioteca Americana". Fue creada también en Buenos Aires,  en 1885. Consta de más de trece mil títulos y sus ejemplares superan a veinte mil. La colección es riquísima desde el punto de vista de la antigüedad y rareza de los libros que guarda.

Avelino Rodríguez Elías, en un trabajo cuya edición fue autorizada por el ministerio de instrucción pública del Paraguay, y publicado en la Asunción en 1940, anota los principales volúmenes.

Hay también en la Biblioteca Americana Godoy, colecciones de periódicos de todas las épocas de la imprenta paraguaya; incluyendo publicaciones oficiales como los "Mensajes del Supremo Gobierno de la República del Paraguay al Soberano Congreso Nacional", desde 1842 hasta 1857.

Como complemento de sus informaciones, el nombrado Rodríguez Elías trae este dato interesante: ". No es posible dedicar un libro como el presente al Museo y Biblioteca Godoy, sin mencionar algo que allí se guarda y que, desde el punto de vista histórico tiene interés innegable. Nos referimos a los tres libros donde están registradas las aportaciones de joyas de las damas paraguayas, para contribuir al sostenimiento de la guerra de 1865-1870 contra la triple alianza.

"Varias veces habíamos oído hablar y no pocas habíamos leido algo acerca de esas aportaciones pero hasta que en la Biblioteca Americana Godoy, tuvimos ocasión de examinar los libros donde esas contribuciones están anotadas con toda clase de detalles y circunstancias, no pudimos apreciar la verdadera importancia de esa actitud de las damas paraguayas ante la patria en peligro.

"Son tres esos libros, de cuyo contenido puede juzgarse por los siguientes datos El primero mide 54 centímetros de alto, 37 de ancho de las tapas y 15 de grueso. Consta de unas mil quinientas páginas, en hoja de grueso papel. El segundo libro es enteramente igual al primero. Y el tercero mide 54 centímetros de alto, 36 de ancho y 7 de grueso. Este último tiene 740 páginas, también en papel grueso. En el primero y en el segundo están totalmente cubiertas de nombres, cantidades y conceptos las mil quinientas páginas respectivas y en el tercero, de 740, sólo están cubiertas 362. "A manera de portada, contienen el primero y el segundo tomos esta inscripción, escrita a pluma: "Libro Registro de las manifestaciones de joyas y alhajas de las ciudadanas paraguayas para aumentar los elementos de la defensa de la patria. Asunción, julio 24 de 1867.

"Comienzan las anotaciones por las damas del barrio de la Catedral, de esta Capital, y siguen a éstas las de los barrios de la Encarnación, San Roque, Santísima Trinidad, Recoleta y Lambaré.

"A continuación están todos los pueblos, pueblecillos y demás núcleos de población del Paraguay, cuyas damas, concurrieron sin faltar una, a entregar sus aportaciones.

"Esas aportaciones comprenden toda clase de alhajas, como collares, pendientes, anillos, pulseras, relojes, clavillos, pinjantes, y otras de uso personal, así como otra de devoción o de intercambio comercial, como rosarios, monedas, etc. La falta de sumas parciales o generales en los libros, no nos ha permitido conocer el total de oro y piedras preciosas entregados. Pero a juzgar por las listas contenidas en los tres libros, ese total debió de ser enorme, y su valor cuantiosísimo.

"La primera dama que en esos libros aparece inscripta, es la señora doña Dolores Vázquez de Acosta, con sus hijas Basilina, Cecilia; Rosa Cándida, Balbina y Valeriana Acosta Vázquez, del barrio de la Catedral, y la aportación hecha por estas damas fue de dos rosarios y una cadena de oro.

"A continuación, como queda dicho figuran hasta la página 362 del tercer libro, todas las damas del Paraguay; lo cual quiere decir que allí están anotados los apellidos más distinguidos y los más modestos de la República; las abuelas y las bisabuelas de las paraguayitas de hoy.

"De donde se desprende que los libros a que nos estamos refiriendo, tienen no sólo auténtico valor histórico, sino también familiar". (2)

 

(1) Archivo Nacional de la Asunción. Acta capitular.

(2) El museo de Bellas Artes y la Biblioteca Americana Juansilvano Godoy, Asunción, 1940.

 

XLIV

EL DESARROLLO DE LA PRENSA DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

El desarrollo de la prensa paraguaya, desde el año 1914 hasta el presente, ofrece interesantes perspectivas. (Los datos consignados en este capítulo las hemos obtenida en archivos públicos y particulares.) Son de ese año los diarios asuncenos que se citan a continuación. La Época dirigido por un cuerpo de redactores; La Reacción, cuyos directores fueron Tomás Ayala y Federico García; Heraldo; El Nacional -segunda época-, que apareció bajo la dirección de Carlos L. Isasi, órgano del "Partido Liberal Democrático". En 1915 Juan Ferrari fundó La Tribuna, órgano de los intereses de las naciones aliadas en guerra contra los imperios centrales. La dirigió al principio Pedro Sayé y, después, Marciano Castelví. Es de 1916, La Libertad, que no vivió sino un año; en 1917 aparecieron Patria, vocero de la "Asociación Nacional Republicana (Partido; Colorado) ", y El Nacional, órgano del "Partido Liberal del Llano", dirigido al principio, por Eusebio A Taboada y después por Mario Usher. Los Principios, fundado y dirigido por el presbítero Heriberto H. Gamarra; La Prensa, de Antonio Sosa, y La Mañana, órgano de los libre-pensadores, dirigida por Miguel Angel Soler, son de 1918; en 1919 aparecieron El Combate, Patria, dirigida por Telémaco Silvera y luego par Ignacio A. Pane, y La Tribuna, dirigida entonces por Marciano Castelví. Colaboraba en sus páginas Andrés Campos Cervera, con caricaturas de políticos. En 1920-21, La Tribuna, arrendada por algunos amigos de Eduardo Schaerer, contaba con la pluma de Alejandro Guanes; es de 1923 la Gaceta Judicial, de Juan Carlos Vega. Ese año también se fundó El Orden. Fueron sus fundadores y redactores Félix Paiva y Gualberto Cardús Huerta. En 1924 apareció La Razón, órgano de la juventud liberal opositora, bajo la dirección de Lucio F. Mendonça. La Tribuna fue fundada por Eduardo Schaerer y otros, en 1925; La Nación, órgano de la "Liga Nacional Independiente", cuyo primer director fue Adriano Irala, y El Independiente, dirigido por Ramón P. Muñoz, son de 1926; Guaraní, que era un periódico bilingüe -se escribía en castellano y guaraní-, y cuyo director fue Facundo Recalde, y La Opinión, vocero de la "Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) ", aparecieron en 1928. En 1929 fueron fundados Crítica, de Juan B. Tendil, y El Censor y La Unión, de Leopoldo Ramos Giménez; Rumbos, órgano católico dirigido por Francisco Orué Saguier; Frente, órgano colorado., cuyo director fue Juan R. Chaves; La Palabra y La Nota, fueron de 1930. La Patria, vocero colorado, surgió y desapareció en 1931, El Centinela es de 1932. La Unión, vivió durante el año 1934; El País, fue fundado, en 1935, por Policarpo Artaza. El Diario, órgano de los ex combatientes, dirigido por Luis Ruffinelli; La Tarde, cuyo director fue Guillermo Enciso Velloso; El Día dirigido por Arnaldo Valdovinos; La Mañana, cuyos directores fueron José Antonio Moreno González y, después, José S. Villarejo; La Época y El Pueblo dirigidos por Roque A. Gaona; Noticias, Paraguay de J. Rodolfo Bordón; Verde Olivo, de Facundo Recalde; La Libertad; La Revolución; La Capital; Creolina, de Isaac Kostianosky; Jornadas; Guarán; El Debate y El Momento, dirigido por Carlos Jorge Freytag, son de 1936; en 1937, luego de derrocado el gobierno de "facto" del coronel Rafael Franco, apareció La Democracia, bajo la dirección de R. Antonio Ramos y de quien escribe estas líneas; también La Reforma, de Héctor Díaz, es de ese año. Reaparecieron, asimismo, El Diario, de J. Eliseo Da Rosa; El País, de Policarpo Artaza, y Ed Liberal, dirigida por Francisco Orué Saguier. Guaraní, de F. Arturo Bordón, Crisol, de Manuel Bernárdez y Alberto Nogués, son también de 1937. El Tiempo, cuyo director fue Carlos R. Andrada; El Nacionalista, órgano del "frente de guerra", y La Razón, de Lucio F. Mendonça, aparecieron en 1938, y en 1939, Pregón, de Josefina Plá. El año siguiente, otro diario llamado La Razón, dirigido por Juan Plate, e Informaciones, hicieron su aparición en el escenario periodístico. El paraguayo, vocero oficial, cuyo director fue Alfonso Dos Santos, pero cuyo verdadero mentor intelectual y político fue Marciano Castelví, es de 1941. En 1943, El País se convirtió en órgano colorado, y, el año siguiente, apareció Crisol, diario oficialista, como El Paraguayo, de una dictadura castrense. La Tarde, también vocero de la misma, es de 1945. En 1946 apareció La Razón, órgano de un mando despótico. En 1947, La Razón se convirtió en órgano colorado, bajo la dirección de Francisco Ortiz Méndez. En marzo de ese año se hizo cargo del mismo la junta de gobierno del "Partido Colorado" y fueron sus editorialistas Bacon Duarte Prado, Epifanio Méndez Fleytas y Osvaldo Chaves. En 1949 emergió Frente, vocero colorado, dirigido por Tomás A. Zelada, y La Unión, también diario colorado:

Durante todo este período sólo se hicieron escuchar diarios oficiosos u oficiales de la "Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado)", salvo La Tribuna, periódico informativo, sin editorial, y en 1957, El Orden, cuyo editor responsable era Juan Madelaire. Fue clausurado por publicar un artículo referente a José P. Guggiari, fallecido en el destierro. Salieron veintiséis números. El Diario Jurídico, de Víctor J. Simón, es de 1960, así como la Mañana, fundado y dirigido por Manuel Bernárdez. Tribuna Liberal, fundado y dirigido por Lucio F. Mendonça, es de 1961.

Entre los semanarios asuncenos pregonados en este tiempo se encuentran El Imparcial y Los Dominicales, de 1913; El Mercurio, dirigido por Pedro Sayé, y Era Nueva, quincenario, fundado y dirigido por Leopoldo Ramos Giménez. Son de 1914 Prometen, también de Leopoldo Ramos Giménez, y El Bien, órgano católico. El Noticiero Alemán, defensor de los intereses de Alemania durante la primera guerra mundial, es de 1915; El Socialista, vocero del "Partido Obrero", y dirigido por Libre Jara, y La Democracia, de Francisco S. Centurión, son del año siguiente; Luchas, periódico estudiantil, dirigido por Pedro Juan Caballero, y redactado por Miguel González Medina y Luis P. Frescura, es de 1917. La Semana, también órgano estudiantil, fundado y redactado par Juan Esteban Carrón y Sigfrido Gross Brown, es de 1918; Aleteos, periódico de los alumnos del cuarto curso del Colegio Nacional, y cuyos redactores fueron Mariano A. Molas, Juan B. Otaño (h) y quien escribe estos recuerdos; Heraldo, órgano de la "Asociación Nacional Republicana", dirigido por J. Antoliano Garcete; Guaraní y El Imparcial, son de 1919; Industrias, de Víctor Ávila, y Juventud, de Orlando Franco, aparecieron en 1922; Heraldo, órgano colorado dirigido por César A. Vasconsellos; El Colegiarlo, también órgano colorado dirigido por Juan Manuel Frutos, y Vanguardia, de Miguel González Medina, son del año siguiente. La Defensa; Tribuna Universitaria, órgano estudiantil dirigido por Rogelio Espinoza y Mauricio Berthomier; Eros; Pegaso, fundado y redactado por Alberto Rojas y Juan Esteban Carrón, y El Radical, de Miguel González Medina, son de 1924; La Hora, del mismo González Medina, y Bandera Roja, aparecieron el año siguiente; Juan Pueblo, dirigido por Carlos Freytag; Vanguardia, de Miguel González Medina; El Progreso y El Independiente, cuyo director fue Ramón P. Muñoz, son de 1926; Revelación (sic.) fue fundado y dirigido por Daniel y Aníbal Codas, en 1927; Corrieri Italiano, es de 1928, y L'Italiano, dirigido por Carlo Mingo, y El Chaco, de Facundo Recalde, son del año siguiente. En 1930 aparecieran El Pito, de Isaac Kostianosky (Kostia) ; La Mansión, de Rosa Matilde Centurión; El Productor, órgano de la producción, Fibra y El Sufragio, redactado por Juan Manuel Frutos y Domingo Montanaro, son de 1931. El Látigo, de Julio C. Codas; La Voce D'Italia, de Tonnino Calcio, aparecieron en 1932; Soldado mbovy á jha, de Josefina Plá; La Voz del Pueblo, de Marcelino Machuca Martínez y Manuel Nacimiento, son de 1933. El año siguiente vieron la luz pública Unión Nacional, de Leopoldo Ramos Giménez, y Estrella, y en 1935, Hoy, dirigido por José Antonio Moreno González y José S. Villarejo; El Estudiante; El Diario Dominical, dirigido y redactado por Oscar Pinho Ynsfrán, Fernando Cazenave y Carlos Pastore, y Pareceres, son de 1936; Deportes, Ruiseñor y La Universidad, del año siguiente, y La Mañana, de José Antonio Moreno González, así como Gaceta del Foro, son de 1938. En 1939 aparecieron L'Impero, vocero del fascismo italiano en el Paraguay, y C.T.P., órgano de la "Confederación de Trabajadores del Paraguay", redactado por Manuel Verón de Astrada. La -Voz del Mutilado, periódico de la entidad que agrupa a los lisiados de la guerra del Chaco, y El Foro, que dirigió Manuel Bernárdez, son de 1940; Acción, órgano católico, cuyo director fue Enrique Migone, y F.E.S.P., de la "Federación de Estudiantes Secundarios de Paraguay", dirigido por Efraím Ibarra, son del año siguiente. En 1942 surgieron Libertad, órgano del "Centro de Estudiantes de Comercio Jorge López Moreira", dirigido por José A. Duarte; El Nacionalista, de J. Egusquiza, y El Agricultor, órgano del ministerio de agricultura, dirigido por Félix Fernández; Hurra, de Aldo Levi Ruffinelli; El Mensajero de María Auxiliadora, semanario católico, son de 1943, y Alerta, dirigido por Fausto Saldívar Rolón, es de 1944. En 1945 apareció Rumbas, órgano católico, dirigido por el padre Bartolomé Adorno. La Libertad, fundada y dirigida por Adolfo Casco Miranda y cuyo redactor principal fue Silvio A. Macías; Liberación, dirigido por Rubén Sánchez; El Enano, en su tercera época, bajo la dirección de Roberto y Héctor Acosta; Palo Dulce, humorístico e ilustrado; Adelante, vocero del "Partido Comunista"; Enanito, en su segunda época; Unidad Obrera, órgano de la "Confederación Obrera del Paraguay", dirigido por Dimos P. Acostar El Colorado, de Manuel Frutos Pane; Alón, dirigido par Arístides Benítez Ynsfrán y Fernando Talavera, son de 1946. En 1947 apareció El Centauro, vocero colorado, cuyo director fue Enrique Volta Gaona. El Sol, de Gervasio Recalde, es del año siguiente. El Progreso, de Juan F. Batán; Primicia Mensual, órgano del "Centro Juan Bosco", y Tacuara, segunda época, vocero colorado, son de 1949; La Voz del Trabajo, órgano de la "Organización Republicana Obrera" (O.R.O.), cuyo director fue Manlio Cardozo; Alacrán, periódico, humorístico colorado; El Ideal, católico, dirigido por A. Velázquez Jara, y Juventud Obrera, son de 1950. La voz del Comercio, Gaceta Oficial, Blas Garay, vocero del centro colorado del mismo nombre, cuyo director fue Humberto Velázquez, son de 1951. El Golero, de Feliciano Mosqueda; Economía Agrícola, dirigida por Ernesto Fernández; El Universitario, órgano de la "Confederación de Centros Universitarios"; El Comercio, de Rafael Ferreira; Juventud Obrera, vocero de la "Juventud Obrera Católica del Paraguay"; Vanguardia, órgano del "Centro de Estudiantes de Derecho y Notariado"; Comunidad, fundada por monseñor Aníbal Maricevich, y cuyo director fue el padre Secundino Núñez; El Comercio, cuyos redactores fueron Rubén Bareiro Saguier, Evelio Fernández A. y Miguel Argel Ferrara; y La Voce D'Italia, son del año siguiente: En 1953 aparecieron Defensa, órgano colorado, dirigido por Antonio Salum Flecha Gol, que dirigía Sindulfo Martínez; Jornadas, órgano de la juventud colorada, cuyo director fue Bacon Duarte Prado; Informaciones, de Ricardo Caballero; El Feminista, primer vocero de la "Liga Paraguaya Pro-Derechos de la Mujer", dirigido por Isabel Arrúa Vallejo; y Crítica Económica, de la que fueron directores Arístides Benítez Ynsfrán y Miguel Argel Ferrara, son de 1953. La Voz del Trabajo, dirigido por Rodolfo Echauri; Habima, vocero israelita, cuyo director fue Rubén Ceyla; Informativo Agrícola-Ganadero, órgano de "Stica", y Boletín del Rotary Club de Asunción, dirigido por Fernando Oca del Valle, son de 1954. Fecapa, órgano de la "Cooperativa Agrícola del Paraguay"; juventud Colorada, Trabajo; Chispazos, de Oscar Trinidad; Comuneros, cuya dirección ejercía Julio Villamayor, y La Clave, de Rubén Alfredo Pecci, del año siguiente. El Internacional, órgano de la "Academia Literaria del Colegio Internacional", dirigido por Eulalio Campos Cervera y Manuel Mandelink, es de 1956. En 1957 aparecieron La Palabra, vocero colorado, de Alejandro Brugada Guanes; Lo Mitá, periódico bilingüe, de José D. Portillo; Mbarigüi, de Francisco Aquino Thompson; Akä-é, de Crispín C. Ortellado; Pombero, de Rogelio Barrios S.; El Imparcial y Lucha, son de 1958. El Independiente, dirigido por Víctor J. Simón y Sapucai, por Rogelio Barrios, de 1959. Renovación, El Agricultor y el Boletín Informativo Mensual de Lion Internacional, de Villa morra, son de 1960.

Entre las revistas asuncenas que vieron la luz pública en esta época se citan La Enseñanza, órgano de la "Asociación Nacional de Maestros", fundado por Juan R: Dahlquist y Julia Frontanilla; Crónica, de la que ya nos ocupamos, fundada por Guillermo Campos; la Revista del Paraguay, dirigida por Ramón Lara Castro y Viriato Díaz Pérez, y Los Anales del Gimnasio Paraguayo, cuyo director fue Manuel Peña, son de 1913. En 1914 aparecieron Maestro Ciruela; Prosa y Verso; Revista Médica, fundada y dirigida por Juan Francisco Recalde y Manuel Peña; Revista del Centro de Estudiantes de Derecho, fundada y dirigida por Ricardo Mazó y Luis Freire Esteves; Hacia el futuro "periódico de ideas avanzadas", según dijo Crónica al saludar su aparición, y Primicias, órgano del "Centro Juan Bosco". Letras cuyos redactores fueron Manuel Riquelme, Emilio Piróvano, Enrique Bordenave y Enrique Cuenca, y Papel y Tinta, aparecieron el año siguiente. La Revista de la Escuela de Comercio, cuyo director fue Alfonso B. Campos; la Revista de la Escuela Militar, dirigida por Manlio Schenoni L.; la Revista del Centro de Estudiantes de Derecho y Notariado, fundada y dirigida por Ricardo Mazó; y Kavurei, revista infantil, cuyo fundador y director fue Juan R. Dahlquist, son de 1916. Esta última vivió hasta 1919. En 1917 apareció El Triunfo, y el año siguiente La Gaceta de Sport y Fígaro, de Arsenio López Decoud; Pórtico, de Federico García y Anselmo Jóver Peralta; la Revista de la Federación de Estudiantes del Paraguay; El Estudiante, vocero estudiantil; Guaraní; La Revista, dirigida por Jean Paul Casabianca; Memoria, órgano de la dirección de asistencia pública, y la Revista Municipal, dirigida por Gervasio Recalde, Y más tarde por José Carvallo y Pery, son de 1919, y la Revista del Centro de Estudiantes de Medicina, dirigida por Pedro Juan Caballero; Guarania, de J. Natalicio González, de 1920. En 1921 aparecieron la Revista Diocesana, dirigida por monseñor Hermenegildo Roa, Y la Revista del Comité Universitario, dirigido por Manuel Riquelme; Abá ñeé, en guaraní, y Ocara poty cué mí, de Félix F. Trujillo, son de 1922; en 1923 aparecieron juventud dirigida por Heriberto Fernández; la Revista del Jardín Botánico, cuyo director fue Carlos Fiebrig; Ariel, fundada y redactada por Juan Esteban Carrón y Efraím Cardozo, órgano del "Centro Ariel" del Colegio Nacional; Ideal, dirigido por Enrique Manuel, y la Revista del Centro Estudiantil, dirigida por Efraím Cardozo; Alas, dirigida por José Concepción Ortiz; Lexicograf la Mercantil, de Julio Politeo Smith y Elizardo B. González; Ariel, órgano del "Centro de Estudiantes de Derecho"; la Revista Militar, dirigida por Arturo Bray; y Pegaso, fundada y redactada por Juan Esteban Carrón y Alberto Rojas, son de 1924. En 1925 vieron la luz pública Mundo Paraguayo, de Luis Pezzini; Numancia; Patria; Paraguay y Progreso Nacional, de Leopoldo Ramos Giménez, y en 1926 Minerva, dirigida por Ruperto D. Resquín; El Estudiante; El Empleado de Comercio, y La Órbita, cuyo "celador" fue Manuel Ortiz Guerrero. El año siguiente, Ramón I. Cardozo fundó La Nueva Enseñanza, cuya dirección ejerció. En 1928 aparecieron Mundo Paraguayo, de Jorge Báez; la Revista de la Facultad de Derecho; los Anales del Instituto Nacional de Parasitología, dirigido por Rogelio Urizar, cuya colección cuenta .apenas con cinco números. Contiene trabajos recopilados del Dr. Miguel Elmassian. También es de ese año Guaraní, de Facundo Recalde. La Revista Agropecuaria y de Industrias Rurales, órgano de la "Sociedad Ganadera del Paraguay", cuyo director fue Guillermo Tell Bertoni, e Igualdad, órgano filo-comunista, son de 1929, y del siguiente año, El Hogar Normalista, dirigida por María Felicidad González; la Revista de la Sanidad Militar; Anales del Paraguay, de Leopoldo Ramos Giménez; Asunción; Crónicas, órgano deportivo, de Diego C. Amarilla y Juan Bernardo Otaño (h). En 1931 surgieron a la vida la Revista del Centro de Contadores dirigida por Manuel Galiano; y la Revista de Educación, órgano del ministerio de educación, dirigida por José Antonio Ayala, y en 1932 la Revista Guaraní; Asunción; Ensayos, de René Ríos, y Olimpia, revista deportiva, de Manuel Ruiz. Son de 1933 La Hora, fundada y dirigida por Jorge Báez; Guarania, en su segunda época, y la Revista Naval, redactada por Dérliz Samaniego, Heriberto Dos Santos y Norberto Jara Román, y del año siguiente, Tribuna Universitaria, órgano del "Centro de Estudiantes de Medicina", dirigida por Emilio Velilla. La Revista del Touring Club Paraguayo, dirigida por Juan B. Centurión y, después, por el autor de este libro; La Semana, de Jorge Báez; Paraguay Gráfico y Alborada, órgano católico, son de 1935, y Actualidad, vocero del "Touring Club Paraguayo", dirigida por José Cortés Juárez; la Revista del Ministerio de Justicia; Notas, de Juan S. Chaparro; Revista del Centro de Estudiantes del Profesorado; Vida Agraria, cuya dirección ejercía Séver Quidiello, y La Universidad, dirigida por José Antonio Ayala órgano del "Club Universitario", del año siguiente. En 1937 aparecieron Vernos, órgano de la "Junta Femenina Católica del Paraguay", editada por el "Colegio de La Providencia"; Anales de la Facultad de Odontología; la Revista de Agricultura y Ganadería, dirigida por Antonio Díaz de Vivar; el Boletín Informativo de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas del Paraguay; la Revista de Administración Militar; la Revista del Ejército y la Armada, dirigida por Atilio J., Migone; la Revista Médica del Paraguay; el Boletín de la Sociedad de Medicina y Cirugía del Paraguay, y en 1939, la Revista de Educación Vocacional, dirigida por Marcelino Machuca Martínez; la Revista de Agricultura y Ganadería, cuyo director fue H. Armada Sapriza; la Revista del Ateneo Paraguayo, dirigida por José Antonio Moreno González, y Alas Paraguayas, cuya dirección ejerció Pastor Urbieta Rojas. En 1939 aparecieron la Revista del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas, dirigida por Nicasio Martínez Díaz; Guaraní, en cuya dirección actuó Vicente A. Lamas; Cultura, órgano del "Centro de Estudiantes de Derecho"; Cultura, órgano del "Centro General Bernardino Caballero", cuyo director fue Guillermo Enciso Velloso; Asunción del Paraguay; Resonancias, vocero del "Colegio de María Auxiliadora", y Avales de Oftalmología, dirigida por Crispín Insaurralde. En 1940 vio la luz pública la Revista de Turismo, dirigida por F. Arturo Bordón y, después, por Fernando Rivarola, y al año siguiente, Paraguay Aeronáutico, la Revista de las Fuerzas Armadas de la Nación; Ysapy, de Arnoldo de los Santos Riquelme; Noticias, fundada y dirigida por Luis A. Mezquita; Revista de Correos y Telégrafos, cuya dirección ejerció P. Alejandro Islas, y La Estrella, vocero de la "Academia del Colegio de San José", son de 1942, y de 1943, la Revista Agraria, órgano del Departamento de Tierras y Colonización; la Revista del Colegio de Abogados del Paraguay y la Revista de la Policía del Paraguay. En 1944 aparecieron  Albinegro revista deportiva, y Paraguay Económico, de Nicasio Martínez Díaz, y el año siguiente la Revista de Correas y Telecomunicaciones; Paraguay Social, de Nicasio Martínez Díaz; la Revista del Ministerio de Obras Públicas y el Boletín del Colegio de Contadores del  Para-guay. La Revista del Centro de Importadores, dirigida por Pastor Urbieta Rojas; la Revista de Agricultura y Ganadería; Paraguay Rural, dirigida por Nicasio Martínez Díaz, órgano de la "Sociedad Agronómica del Paraguay"; Ritmo del mes, de Miguel G.  Trujillo, y Cachorro de León, vocero de la Escuela Militar, son dé 1946, y de 1947, la Guía de la Universidad Nacional; Paraguay en marcha, dirigida por Raimundo Vidovich; la Revista del Rotary Club de Asunción, en mimeógrafo, y el Boletín de Aduanas. Hicieron su aparición en 1948 Yapucá mi jhaguá, revista de canciones jocosas en guaraní, dirigida por José Joaquín Acuña; Paraguay; Informaciones del Departamento Nacional del Trabajo, cuya dirección ejerció José D. González, y la Revista del Centro de Almaceneros Minoristas, y el siguiente año, la Revista de Dermatología, Sifilología y dirigida por Domingo A. Masi; El Ideal, órgano católico, cuya dirección ejerció A. Velázquez, y Salesianito, vocero del "Colegio Salesianito del Sagrado Corazón". Son de 1950 la Revista del Centro Filatélico del Paraguay, dirigida por Gualter Güth, Guillermo Weyer y José Cortés Juárez, y Panorama de América, de Horacio Benvenuto, y de 1951 Estrella, de Alberto Montoya García; Ruta y la Revista de la Unión Industrial del Paraguay, dirigida por Pedro G. Ferrari. En 1952 apareció Informaciones de Impuesto a la Renta, y, en 1953, Panorama, fundada y dirigida par Arístides Benítez Ynsfrán y Fernando Jiménez Uriarte; Paraguay Industrial y Comercial, vocero del Ministerio de Industria y Comercio, dirigida por Venancio Duarte Sosa; la Revista Financiera, de Fabio Ávila.  Eireté mí, de Severo Núñez; Reminiscencia, órgano de los ex alumnos del "Colegio Monseñor Lasagna", y Lucha, órgano oficial del "Centro de Estudiantes de Medicina", más tarde clandestina, son de 1954, así como Crédito Agrícola de Habilitación, en mimeógrafo; Vida Económica, dirigida por Gustavo Saguier Aceval, órgano de la "Federación de la Producción de la Industria y el Comercio"; Fa-Re-Mí, de Bernabé Garrete Saldívar; Boletín Brasileño, del "Escritorio Comercial Brasil"; y de 1955, Actualidades Paraguayas, de Pedro Bonito Ocampos, Clepsidra; "Paraguay", órgano de la Dirección General de Turismo, en castellano, francés e inglés, dirigido por Eladio González Núñez; la Revista de Impuestos Internos; el Informativo de Impuesto a la Renta, dirigido por Nicasio Ortellado Ramos; Horizontes Paraguayos, de Pedro Bonito Ocampos; la Revista del Círculo de J.T. y O.O. Retirados de las F.F. A.A. de la Nación; Chispazos, revista jocosa, de Oscar Trinidad; la Revista de la Facultad de Química y Farmacia y del Colegio Farmacéutico del Paraguay,: dirigida por José Arturo Alsina; Cuenco, dirigida por Julio César Troche y R. Bareiro Saguier; Gacetinha Bancaria, cuya dirección ejerció Francisco E. Aguilera; la Revista del Ministerio de Justicia y Trabajo; la Revista del Banco Central del Paraguay; el Boletín del Touring y Automóvil Club Paraguayo, y Vialidad, órgano del Ministerio .de Obras públicas y Comunicaciones. En 1956 aparecieron Alcor, dirigido por Julio César Troche y Rubén Bareiro Saguier; la Revista del Instituto de Previsión Social; Unión Industrial Paraguaya, cuya dirección ejercía Aníbal Montero; Hacienda Pública, órgano del Ministerio de Hacienda, dirigido por Fernando Rivarola, y Ecos Viales, órgano del Ministerio de Obras públicas y Comunicaciones, dirigido por Natalicio Olmedo. Son de 1957 Alas, del "Liceo de San Carlos"; El Sagitario, dirigida por Rubén Darío Alarcón; Revista de A. P. A., órgano de "Autores Paraguayos Asociados", cuyo director fue J. Arturo Alsina; Historia Paraguaya, órgano del "instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas"; Revista de Cultura Paraguaya, fundada y dirigida por Benigno Riquelme García; Revista de la Sociedad Bolivariana; Tea, órgano del "Centro de Estudiantes de Química y Farmacia"; Boletín Estadístico del Paraguay, dirigida por Carlos A. Soler; Boletín de Educación Paraguaya, vocero del Ministerio de Educación, y Vanguardia, órgano oficial del "Centro de Estudiantes de Derecho". En 1958, aparecieron Paraguay Histórico, vocero del "Instituto de Historia y Museo Militar"; la Revista de Remonta y Veterinaria, dirigida por Ramón César Bejarano; Ñandé, cuyo director es M. Giralt Bareló y cuyo redactor principal es Isaac Kostianosky (Kostia), y Lune-ró, cuyo director es Fiorello Botti. En 1960, finalmente, reaparecieron Diálogo, dirigido por Miguel Angel Fernández, y apareció Cuadernos, fundado y dirigido por Juan Bautista Rivarola Paoli, y Estirpe, dirigido por Alcides Vergara y Vicente González.

La prensa en el interior del país ha contado o sigue contando, entre otros, con los periódicos que se citan a continuación. Son de 1914 La Escuela y el Hogar, de Villarrica, cuyo director fue Ramón I. Cardozo, y Miniaturas, de Concepción. El año siguiente, y también en Concepción, apareció Ideales. En 1916 fue fundado El Orden, en Villarrica, cuya dirección estuvo a cargo de Leandro Duarte, y también en la misma ciudad apareció El Civismo. La dirección de este último la ejerció Juan B. Villalba y, luego, Pablo Glitz Fernández. Se extinguió en 1918. Ambos eran semanarios. En 1917 se editó la revista Ariel, en Villarrica. Fue su jefe de redacción Aníbal Codas, y secretario de redacción F. Arturo Bordón. También es de 1917 y de Villarrica, El Guaireño, cuyos redactores fueron Efraín Cardozo, Alejandro Marín Iglesias, Vicente Chase Sosa y Lorenzo Ramos Giménez. Dirigida por Pablo Glitz Fernández, en 1918 surgió El Apóstrofe, también en Villarrica. En 1919 vieron la luz pública en Concepción La Prensa y El Patriota; el primero bajo la dirección de Benjamín Velillo, y el segundo de Natalicio Olmedo: El año siguiente y, asimismo, en Concepción, El Mensajero del Joven, dirigido por el nombrado Natalicio Olmedo: Son de 1921 El Sembrador, cuyos fundadores y directores fueron Daniel Escurra y Cirilo Cáceres Zorrillo, en Villarrica; La Monada, redactado por Arnoldo Miriel (Miguel Pecci) e Inés Marsal, semanario aparecido en San Bernardino; Pica-Pica, también semanario, en Areguá; Resplandor, dirigido por Eusebio A. Lugo y redactada por Juan Bernardo Otaño (h.), y Correo del Norte, dirigido por Cristóbal Duarte y Carlos Frutos, en Concepción. En 1922 apareció El Momento, en Villarrica. Fue su editor responsable José V. Fariña. No vivió un año; La Constitución, dirigido; por Mario Usher, se editó en Paraguay, el mismo año, y el siguiente en Villarrica, así como El Deber, dirigido por Adolfo Avales, y La Constitución, de Encarnación. En 1924 nacieron El Surco, en Villarrica, bajo la dirección de Francisco Solano González. Fueron sus redactores Leandro y Elvira Duarte; Juvenia, revista que se editaba en Concepción, bajo la dirección de Natalicio Olmedo; Ysoindy, también revista que apareció en Yaguarón, fundada y dirigida por Ramón Bogarín. El Sportman, de Luque, fundado en 1925, estaba dirigido por Rufo Galeano. En 1926 apareció La Aurora, de Ypacaraí, semanario fundado por Victoriano Arámbulo. Son de 1927 General Díaz, semanario de Victoriano Arámbulo y Elías Díaz Peña, en Pirayú, y Guarán, revista fundada y dirigida por Héctor Díaz en Pedro Juan Cavallero. También se debe a Héctor Díaz la Revista de Policía, cuya dirección ejerció en 1928, en Pedro Juan Cavallero; Anhelos, del mismo año, fue fundada y dirigida por Natalicio Olmedo, en Concepción. La Acción, de Rufo Galeano, apareció en Luque, en 1929. En 1931  editaron en Villarrica Noticias, semanario dirigido por M. Virgilio Barrios; Claridad, quincenario, editado por estudiantes del Colegio Nacional; El Explorador, del padre Gabino Rojas, en San Juan Bautista de las Misiones, y El Día, semanario, órgano del "Partido Liberal". En 1932 apareció La Voz de Bahía Negra, en Bahía Negra, Chaco, semanario fundado y redactado por Roberto Holden Jara, Jorge Báez y Darío Gómez Serrato. Salieron pocos números. Nanawa, fundado y dirigido por Juan Ángel Benítez, órgano del "lar Cuerpo de Ejército", cuya colección cuenta con cuarenta y tres números, publicado en Nanawa, Chaco, y Carachá, semanario satírico, en Puerto Militar, también en el Chaco, son de 1933. El Derecho, de Villarrica, y El Carmen, semanario, órgano del " Cuerpo de Ejército", a máquina de escribir, cuyos redactores fueron Amado Vega Zayas, Hermógenes Rojas Silva y Siro Benedetti, aparecieron el año siguiente. Hojita Parroquial, vocero de la Iglesia Catedral de Villarrica, y dirigida por monseñor Vicente Mussa, vio la luz en 1935. El Combatiente, de Villarrica, así como El Ex-Combatiente, La Ruta y El Esfuerzo, de Luque, dirigido por Oscar Centurión, son de 1936. Paraguay Nuevo, de Villarrica, dirigida por J. Roberto Bordón y Juan E. Barbota, se editó en 1937. San de 1938: El Pueblo, primer diario de Villarrica, cuyo fundador y director fue Federico Riera, y la Revista del Litoral, de Concepción, de Natalicio Olmedo. En 1939 apareció, también en Villarrica, La voz del Obrero. Era un semanario. Orientación, dirigido por el presbítero Román Barreto y cuyo lema decía "Dios - Patria - Familia", se publicó en Villarrica en 1940. En 1941 se editó El Maestro, en Villarrica. Era órgano de carácter pedagógico y de información general del gremio. Vivió hasta 1946. La Revista Filatélica del Paraguay, de Coronel Bogado, una de las más importantes del mundo en su género, es de 1942. Su fundadora y directora es Felicita Rufina B. López dé Mayer. En 1944 apareció Alto Paraguay, de Concepción, fundado y dirigido por Natalicio Olmedo. El Estudiante, de Villarrica; Boquerón y La Voz de Itapúa, de Encarnación, y Restauración, de Concepción, son de 1945. Fue director del primero Jeremías Penayo (h). El Guairá y El Radical, de Villarrica, y La Región, de Eusebio Ayala, surgieron en 1946. El primero, fundado y dirigido por el delegado de gobierno Javier Ayala, y el segundo, por Gregorio Glitz Fernández. Ambos eran semanarios. La Región fue fundada y dirigida por Nery García Riccardi. La Voz de Amambay, vocero de la revolución de Concepción, se editó en Pedro Juan Cavallero, en 1947. El Concepcionero, de Natalicio Olmedo, se imprimió en Concepción, en 1950, y la Revista del Colegio de Don Bosco, de Villarrica, en 1952. Aquidabán, órgano de la juventud colorada de Concepción, se publicó el año siguiente en aquella ciudad, y en 1954, Pocero Rosarino, fundado y dirigido par Alejandro Brugada Guanes y Faustino Franco M., en Puerto Rosario, y El Norteño, en Concepción, cuya dirección ejercía Antonio Delgado.

La prensa paraguaya en el extranjero ha contado también con algunos voceros de prestigio. Se recuerdan, entre otros, "La Voz del Paraguay", de Rosario (R. A.), de Fulgencio Yegros Calcaño; la "Revista Paraguaya", dirigida por Emilio Gaudino; el "Boletín de la Cámara de Comercio Argentino Paraguaya", redactado por Juan Francisco Pérez Acosta y Eduardo Amarilla Fretes; "Paraguay", órgano de la Agrupación Folklórica Guaraní, y "Mundo Guaraní", aparecidos en Buenos Aires. "Clorinda Ilustrada", de Clorinda, Provincia de Formosa (R. A.), dirigida por Ricardo Almeida Rojas; "Acción Paraguaya", de Buenos Aires; "Revista Paraguaya", de Roque Sáenz Peña (R. A.), fundada y dirigida por Artemio Mereles; "La Voz de Clorinda", Clorinda (R. A.), de Adolfo Gaseo Miranda; "Heraldo" de Buenos Aires, órgano del "Partido Liberal" en el exilio; "Pulso", dirigida por Juan Stefanich bala, era vocero del "Centro de Estudiantes Paraguayos", de Buenos Aires. "El Cruzado", Buenos Aires-Montevideo-Asunción, se editaba en Montevideo. "Informaciones Paraguayas", era de Buenos Aires; "Avanzada Liberal", órgano de la .agrupación "Volveremos", cuyo director era Fernando Talavera, apareció, en 1958, en Buenos Aires; "Guarania", tercera época, salió en 1942 en Buenos Aires. Era de carácter continental "El Paraguayo Independiente", de Carlos Pastore, que apareció en Montevideo; y finalmente, "Ahora", revista mensual ilustrada, que se editó en 1935, en Buenos Aires, y "Firmeza", editado en Montevideo.

Otros diarios, semanarios y revistas aparecieron en el Paraguay en diversas épocas; pero de ellos sólo quedan el recuerdo y algunos ejemplares perdidos en polvorientos anaqueles. Día vendrá, sin embargo, en que se escriba la historia del periodismo paraguayo y entonces aflorarán en la memoria popular los que hoy se hallan sumergidos, injustamente, en la indiferencia y el olvido.

Hemos de agregar que existen algunas reseñas de las actividades periodísticas en nuestro país. Entre ellas citaremos El Periodismo en el Paraguay, que se debe a Enrique Solano López y se halla publicada en el Álbum Gráfico del Paraguay; y el trabajo de Francisco Martínez Barahona, intitulado Reseña Histórica del Periodismo Paraguayo, 1841-1919, que vio la luz pública en La Tribuna, de la Asunción, en este último año citado, y cuyos originales, de puño y letra del autor, los vimos en el archivo particular de Rolando A. Godoy.

Francisco Martínez Barahona era un español que vivió algunos años en nuestra tierra. Trabajó en la Biblioteca Nacional de la capital paraguaya y fue redactor de La Tribuna. Falleció en España en 1925.

En el transcurso de la época que estudiamos, y cada vez que la libertad de expresar el pensamiento fue coartada, aparecieron en el Paraguay innumerables "panfletos". Constituyen casi un género literario que merece un estudio documentado y serio. Ellos trasuntan un estado de la conciencia nacional y reflejan los altibajos de la vida institucional de la república. Casi todos eran de  carácter anónimo y de circulación clandestina. Entre los principales periódicos, también clandestinos, citaremos El Heraldo, 18 de octubre, Febrero, Alón, Azul, Tribuna Febrerista, Justicia, Cabichuí, Unidad Paraguaya, Paraguay Libre; Mortero, Adelante, El Mazo, Trinchera Febrerista, Sputnik, El Liberal, La Libertad, Liberal y El Rebelde, voceros de perseguidos políticos:

En cuanto al régimen legal de la prensa durante el período autonómico, cabe decir que sufrió varios cambios de importancia. Bajo el imperio de la Constitución de 1870 vivió hasta 1940. Durante ese lapso, además de las leyes a que ya hicimos referencia al ocuparnos del tema durante la época de transformación, fueron dictadas otras. El código penal, promulgado el 22 de febrero de 1910 y modificado por la ley del 18 de junio de 1914, dice en su artículo 375 que "nunca serán reputados delitos de la prensa (artículo 24 de la constitución) la calumnia, difamación o injurias cometidas por medio de la imprenta contra particulares o que afecten el honor de la familia. Estos hechos serán sometidos al procedimiento penal ordinario, sin necesidad del juicio de calificación.

"Pero serán delitos de la prensa, aquellos en que por medio de la imprenta se dirigen cargos concretos contra determinados funcionarios o corporaciones públicas, cualquiera que sea su jerarquía; o cuando a los mismos atribuyen vicios, falta de moralidad o defectos de carácter privado, siempre que no afecten el honor de la familia y con tal de que en su revelación tenga interés directo la causa pública.

Estos hechos serán calificados previamente y juzgados en definitiva exclusivamente por el jurado popular".

En lo referente al procedimiento observado en los juicios de calificación y juzgamiento, el código de procedimientos penales, promulgado el 15 de noviembre de 1890, en su libro IV, lo reglamentó hasta el 16 de agosto de 1925, fecha en que entró en vigencia la ley N° 733, del 16 de junio de aquel año, sustitutiva del cuerpo legal citado, en lo atinente al tribunal de jurados.

En el artículo 376, el código penal expresa que "se considerará autor de toda publicación delictuosa no firmada, hecha en su diario, .al director de dicho diario, pero esta presunción favorecerá únicamente al acusado, quien podrá destruirla por todos los medios de ,pruebas legales para llevar .la acusación contra el autor verdadero".

"En las calumnias, difamaciones o injurias, dice el artículo 378 del mismo código, publicadas por medio de periódicos o impresos extranjeros, podrán ser procesados los que desde el territorio de la República hubiesen enviado los artículos, o dado orden para su inserción o contribuido a la introducción o expedición de esos periódicos, con ánimo manifiesto de propagar la calumnia, difamación o injuria.

"El que reprodujere en impresos, de la República, artículos calumniosos o injuriosos de publicaciones extranjeras será considerado autor de la calumnia o de la injuria".

Las sanciones establecidas por el código penal para los delitos configurados como los de calumnia, difamación e injuria, son las de penitenciaría, multa y secuestro de las respectivas publicaciones.

"Se puede afirmar -escribe César López Moreira- que desde 1870 hasta 1932 estuvieron en su pleno vigor los artículos 18 y 24 de la Constitución de 1870, sin más limitaciones que las enumeradas en la legislación que hemos mencionado. Las garantías constitucionales no fueron obstáculo para que se consumaran muchos atropellos a la prensa." (Régimen Legal de la prense en el Paraguay, El Paraguayo, Asunción, 1945.)

El 31 de diciembre de 1932, seis meses después de iniciada la guerra con Bolivia, se dictó la "Ley de Defensa Social". Es la primera, en este período que venimos estudiando, que limita la libre emisión del pensamiento. También declaró ilegal el comunismo.

Bajo el régimen de "facto" del coronel Rafael Franco, el 7 de octubre de 1936, se dictó el decreto-ley número 5484, en el cual se dice que es "punible toda actividad tendiente a propagar,

Difundir o implantar en el Paraguay el comunismo, con sanción de dos años y diez meses a cuatro años de penitenciaría sin lugar a excarcelación de los inculpados. Se facultaba al presidente de la república a hacer detener a los sospechosos de ejercer actividades comunistas y confinarlos en algunos puntos del país o a deportarlos.

La ley del 1° de febrero de 1940 derogó la de defensa social, del 31 de diciembre de 1932. Sancionada por el parlamento, fue promulgada por el presidente de la república, general de ejército D. José Félix Estigarribia.

Dicen sus disposiciones fundamentales:

 

"Art. 5°-Toda difusión o propagación de ideas, podrá realizarse por medio de la prensa, de radiodifusoras o en actos público siempre que se llenen los siguientes requisitos: a) que no se afecte la moral y las buenas costumbres y no se haga uso de lenguaje hiriente o soez que incite al desordena b) que el objeto no sea el de incitar al desprecio o desobediencia a las leyes, o al desmedro de la dignidad del Poder Legislativo, Poder Judicial, Presidente y Vice de la República, Ministros de Estado, instituciones armadas de la Nación y la Iglesia Nacional. c) que el objeto no sea la difusión de doctrinas comunistas o de otros regímenes totalitarios, d) que las ideas no tengan carácter subversivo o de instigación contra las instituciones del Estado a las autoridades legalmente constituidas, de acuerdo a lo que dispone a este respecto el Código Penal.

Art. 6° - Todo periódico deberá tener un director responsable, cuyo nombre figurará en la primera plana, en parte visible, de todas sus ediciones. El director de un periódico estará obliga do a admitir gratuitamente en las páginas de su diario la defensa, comunicado o desmentido firmado por los funcionarios cuyos actos en función del cargo hayan sido objeto de crítica o censura; y publicarlos en el mismo lugar del periódico en una extensión que corresponda al artículo rectificado.

"Art. 7° - Las radiodifusoras estarán además sujetas a la reglamentación dictada por el Poder Ejecutivo. Las sanciones son las establecidas por el artículo 375 del Código Penal."

Pero el 18 del mismo mes de febrero, como una de las expresiones del golpe de estado dirigido desde la primera magistratura dula nación por el vencedor del Chaco, se dio a conocer el decreto N° 2, mediante el cual, y por primera vez en la historia política del país. "se acordaba a un ministro de Estado la facultad de intervenir en las cuestiones de prensa y propaganda".

 

En consecuencia, por decreto N° 89 del 26 de febrero de 1940, fue creada la dirección de prensa y propaganda, dependiente del ministerio de gobierno y trabajo, "con derecho a ejercer el contralor en todas las publicaciones que se editen o circulen en el territorio de la república, sean libros, revistas, folletos, diarios, periódicos y volantes, como las broadcasting u otros medios de difusión y propaganda".

Y para completar estas informaciones, vamos a transcribir a continuación algunos párrafos de un importante trabajo de César López Moreira, titulado Régimen legal de la prensa en el Paraguay.

"El Decreto-Ley 1776 del 10 de junio de 1940 -expresa-, por el cual se reglamenta la publicación de las opiniones y la expresión del pensamiento por medio de la imprenta, constituye la total intervención del Estado en los medios de expresión del pensamiento hablado y escrito, en pugna con normas constitucionales vigentes. Su autor fue el Dr. Marín Iglesias, Ministro de Gobierno y Trabajo.

"La reglamentación del Decreto-Ley 1776 en resolución N° 478 del 3 de setiembre de 1940, del Ministerio de Gobierna y Trabajo, hizo entrar en la intervención estatal hasta a los periodistas no responsables directos de la propaganda de un diario y a los empleados administrativos de las imprentas, con todos sus antecedentes.

"El decreto del Poder Ejecutivo N° 447 del 18 de marzo de 1940 que reglamenta la tregua política impuesta por el general Estigarribia en su decreto N° 1 del mes de febrero del misma año, prohibió la publicación en la prensa de cualquier artículo o polémica sobre cuestiones políticas. La prohibición se extendió a las radiodifusoras.

"Por resolución del Director de Prensa y Propaganda, del 13 de febrero de 1942, todas las empresas editoras del país tienen la obligación de solicitar permiso para cualquier trabajo de imprenta que han de realizar bajo la pena de suspensión o clausura del negocio.

"La carta de 1940 introdujo reformas sustanciales en el régimen vigente hasta entonces conforme a la Constitución de 1870.

"En el art. 19 de la carta magna se establece el derecho de publicar las ideas por la prensa sin censura previa, siempre que se refieran a asuntos de interés general, todo conforme a las leyes que reglamentan sus ejercicio.

"En el Art. 31 se lee lo que sigue: La edición y publicación de libros, folletos y periódicos serán reglamentados por la ley. No se permite la prensa anónima.

"La Constitución vigente no garantiza la inviolabilidad de la prensa, tal como se lee en el Art. 24 de la Constitución de 1870. No se pone límite a la facultad reglamentaria del Poder Ejecutivo.

"Entre los puntos que han de ser contemplados en la reforma de la Constitución Nacional, entendemos que ha de incluirse un régimen legal adecuado para la prensa dentro de las directivas aprobadas en la Conferencia de Chapultepec que más adelante  hemos de examinar.

"Los arts. 18 y 19 del Decreto-Ley 7937 denominado de Defensa del Estado, importan también restricciones a la libertad de prensa y extienden sus efectos a los propietarios de las imprentas aunque no las explotaren personalmente. Esta ley se halla ya derogada en su totalidad.

"Por Decreto-Ley 6675 del 31 de diciembre de 1944, fueron derogadas partes de los Decretos-Leyes Nos. 8351, de fecha 22 de octubre de 1941 que creó el Departamento de Prensa y Propaganda como organismo dependiente directamente de la Presidencia de la República, 9829 del 25 de noviembre de 1941, y 2161 del 2S de enero de 1944, todos los cuales tienen relación con las funciones atribuidas al nombrado organismo.

"Se creó una entidad con el nombre de Departamento Nacional de Propaganda con las funciones numeradas en el Decreto Ley 6675 ya mencionado.

"Si bien la nueva entidad ya no tienen el nombre de departamento de prensa, entre sus funciones se mantiene la intervención en la prensa y en la edición de toda clase de publicaciones, en forma de colaboración, dice el Decreto-Ley 6675.

"Numerosas resoluciones dictadas por el Departamento de Propaganda tienen el carácter de reglamentación del Decreto-Ley 6675, sin tener atribución para ello, según entendemos nosotros. La facultad reglamentaria de la Ley es función privativa del Presidente de la República, conforme al Art. 51 inciso 2° de la Constitución Nacional. Las resoluciones dictadas por los mismos Ministros que afectan a terceros como reglamentaciones de leyes o Decretos-Leyes, no tienen valor porque contradicen a la disposición constitucional mencionada.

"En conclusión se puede afirmar lo que sigue:

1°) Que la Constitución vigente no asegura la libertad de la prensa ni establece su inviolabilidad tal como se lee en la Constitución de 1870.

"Por el Art. 19 se garantiza la publicación de las ideas por la prensa sin censura previa, siempre que se refieran a asuntos de interés general conforme a las leyes que reglamentan su ejercicio, sin definir qué son asuntos de interés general. La ley puede establecer tales limitaciones que prácticamente sean la negación del derecho.

"Par otra parte, la facultad reglamentaria del Poder Ejecutivo no tiene límites en cuanto a la edición y publicación de libros y folletos y periódicos. Un Poder Ejecutivo injusto puede llevar la reglamentación a límites que importen una negación de la libertad de la prensa sin que incurra en arbitrariedad, por culpa de la deficiencia del Art: 31 de la Constitución vigente.

" 2°) El Decreto-Ley 6675 importa una limitación a la libertad de la prensa, que puede ser ejercida por intermedio del Departamento de Propaganda.

" 3°) En rigor los diarios no están controlados por el Director de Propaganda ni por ningún otro organismo, pero entendemos que por efecto del Decreto-Ley de tregua política y de su reglamento, las fuerzas opositoras organizadas no asumen la función de contralor de las gestiones de la cosa pública:" (El Paraguayo, Asunción, 1945.) 

  

LII

LA MÚSICA DURANTE  EL PERIODO AUTONÓMICO

 

Durante el período autonómico la actividad musical se hizo más intensa en el Paraguay, especialmente en la Asunción. Realizáronse conciertos de noble jerarquía artística; constituyéronse conjuntos orquestales de mérito indudable, tanto para la ejecución de música clásica como de música popular y nacional; se fundaron instituciones de enseñanza musical; aparecieron nuevos valores artísticos en el canto y en la instrumentación; se editaron álbumes musicales; se crearon nuevos salones para conciertos; se utilizaron nuevos medios de difusión como la victrola, la radiotelefonía y los aparatos amplificadores.

Para la música selecta ,generalmente se utilizaban los escenarios del "Teatro Nacional", hoy Municipal, y del "Teatro Granados", los salones del "Instituto Paraguayo", del "Gimnasio Paraguayo", del "Unión Club", del "Centro Español", de la "Sociedad Italiana", del "Club Alemán", del "Gran Hotel de Paraguay", de la "Societé La France", del "Ateneo Paraguayo", de la "Casa Argentina", del "Centre Catalá", del "Circolo Italiano", del "Hotel Hispano Americano", etc.

Entre las principales instituciones dedicadas a la enseñanza musical citaremos el "Instituto Paraguayo"; el "Gimnasio Paraguayo"; la "Academia Santa Cecilia", fundada y dirigida por Nicolino Pellegrini; el "Conservatorio Musical La Lira", fundado y dirigido por Josefa Peña de Faella; la "Escuela Normal de Música" fundada y dirigida por Remberto Giménez; el "Instituto Musical Verdi", debido a Ramón Spinelli; "La Academia de Arte Lírico", de la princesa Nadine de Tumanoff, y otras. Tampoco habremos de olvidar la "Casa Viladesau", de la Asunción, dedicada especialmente a la venta de artículos musicales, cuyo fundador y propietario, el pianista y director de orquesta Manuel Viladesau, nativo de Cataluña y llegado al Paraguay en 1912, ha financiado la edición de gran número de obras paraguayas, inclusive algunos álbumes.

Los conjuntos orquestales de música popular y de aires típicos del Paraguay, además de actuar en fiestas y saraos, ejecutaban piezas de su repertorio en los salones cinematográficos, en los tiempos en que se exhibían películas mudas.

En el año 1914, el "Cuarteto Haydn" del "Gimnasio Paraguayo", fundado y dirigido por Fernando Centurión e integrada por Elvira Misch, José Leonardi y Nicolino Pellegrini, ofreció su primer concierto en la Asunción. El año anterior el nombrado Centurión obtuvo éxito en un certamen en el que ejecutó música de Paganini, Raff, Sarasate y Back. También en 1913 se realizó un concierto en Areguá en el que intervinieron Elisa de Echandy, Juana Bordenave, Isabel Bibolini y Josefina Chartrán. En abril de 1914; en el "Teatro Nacional" actuó la violinista Emilio Frassinesi; en junio, en una función "patrocinada por la "Asociación de Maestros Normales", ofreció un concierto el conjunto integrado entonces por Leopoldo Elizeche, Carlos Daumas Ladouce, Dolores Gómez Serrano de Rojas, Anita Bandrés, Jaime Segalés, Jovina González y Nicolino Pellegrini. Poco después el violinista Edmond Weingard y la pianista Amelia Cocq Weingard ofrecieron música de Mendelssohn, Paganini y Saint Saens, El año 1914 se cerró con un concierto de las alumnas de Fernando Centurión. Dichas alumnas eran María Cristina y Ada Vierci, Rosa Delia Livieres, Ana Tarragó y Manuela Manzoni. (Gran parte de los datos de este capítula tiene por fuente el libro de Juan Max Boettner, Música y Músicos del Paraguay, Asunción, 1957.)

El año 1915 se inició con una fiesta francesa en la que actuaron Sara y Victorina Alegre, Clotilde Grillón, Leopoldo Elizeche y Carlos Daumas Ladouce. En abril de ese año el "Orfeo Catalá" dirigido por Jaime Segalés, presentó un coro a cuatro voces. También fueron aplaudidos en esa ocasión el violinista Enrique Marsal y el tenor Martín Font. En mayo, en una velada organizada por el "Colegio de María Auxiliadora" actuaron Elvira Fleitas y Elisa Quevedo al piano; Clotilde Grillón en canto, con acompañamiento de Cipriano Ochoa, y al piano, a ocho manos, Regina De Gásperi, Eloísa Fleitas, Juana Bordenave y Olga Abreu. Dos meses después, Andrés Dalmau, con acompañamiento de Juan Gay, obtuvo un nuevo y clamoroso éxito, y días después, en el "Hotel Hispano Americano", Chiquita Escapé, llegada de Montevideo, ofreció un recital con obras de Liszt, Chopin, Mendelssohn y Beethoven. En el mes de agosto del mismo año el citado Dalmau, con una orquesta de treinta y cinco músicos, dirigida por Manuel Viladesau, ejecutó el concierto de Paganini-Wilhelmi, con la cadencia de Leonard, el concierto en Re de Beethoven, la jota navarra para dos violines, con Elvira Misch, y al piano, el antes nombrado Gay. En noviembre, en una velada y bajo la dirección de Jaime Segalés, actuaron María Julia Misch, Lila Pérez Caminos, Sara Casco, María Elena Dubrez y María Luisa Candia. Además, en dúo de violines, actuaron Carlos Esculies y Patricia Gutiérrez.

En el mes de diciembre, en una velada realizada en el "Colegio de la Providencia", ejecutaron piano a cuatro manos, Sara y Victorina Alegre; a seis manos, Aurora Luces, Dora Pallarés y Cira Cattáneo, y a ocho manos, Sofía Smith, Magdalena Saccarello, Isabel Duarte y Delia Clara Pastore; canto, Zulema Pirotta, Y Elvira Misch, violín, a quien acompañó al piano María Amalia Misch.

En enero de 1916 la "Asociación de Damas Israelitas" dio un concierto en el que actuaron Anita Laura Bandrés, Ana Kohen, Fanny E. de Schavelsohn, Catalina S. de Springberg, Enrique y Carmen Marsal y Ramón Serrano. En febrero del mismo año el "Cuarteto de la Familia Marsal" ofreció una velada con orquesta dirigida por los maestros Leonardi y Segalés. Días después, en el "Gran Hotel del Paraguay" antiguo "Teatro Antonio Andreuzzi"-, el pianista húngaro Kada Geno y el violinista Thon ejecutaron obras de Griet, Schumann, Bach, Schubert y otros, a beneficio de los lisiados y ciegos de la guerra mundial. En el mes de junio siguiente, en una velada del "Gimnasio Paraguayo", dirigidos por Jaime Segalés, actuaron en trío Patricio Gutiérrez, violín, Angel Moreno, cello, y Jaime Segalés, piano; Carlos Esculies, en solo de violín, y el coro del "Orfeo Catalá". El 14 de julio se festejó en el "Colegio de San José" con una velada en la cual se estrenó, en coro a cuatro voces, "Aux morts pour la patrie", original de Nicolino Pellegrini. En setiembre, en otra velada realizada en el "Colegio de María Auxiliadora", actuaron alumnos de los maestros Cipriano Ochoa y Fernando Centurión. Ellos fueron Juana Bordenave y Ana Brun, en piano a cuatro manos, y Regina De Gásperi, María Elizeche, Leopoldo Elizeche Benítez, Carlos Ladouce, Patricio Gutiérrez, Enrique Marsal y Carlos Esculies, en orquesta para una zarzuela. Un mes después, en un concierto realizado en el "Gimnasio Paraguayo" y dirigida por Fernando Centurión la orquesta ejecutó "Las alegres comadres de Windsor" y "La marcha heroica", de Centurión. En ese festival cantó Rosaura Arvigo, y actuaron al piano Rubí Gutiérrez e Irene Dávalos. Finalmente, aquel año artístico musical se cerró con una velada realizada en el Colegio Nacional de la Asunción, en la que actuó una orquesta integrada por Leopoldo Elizeche Benítez, Carlos Esculies, Clodomiro Escobar, Carlos Daumas Ladouce, (1)

Antonio Semidei, Ricardo van der Bosch, Daniel Caballero y Patricio Gutiérrez.

El año 1917 se abrió con .una fiesta realizada por los veraneantes de Areguá. Cantaron María Luisa de Marín Falier, Vilda Elvira Mazó y Amelia Cáceres; actuaron, al piano, Elvira Durand, y al piano y violín, Florencia y Filomena Báez. Durante ese mismo mes y en el siguiente se estrenaron en el "Teatro Nacional" y en el "Teatro Granados" de la Asunción dos piezas líricas del maestro Luis Dall'Argine, excelente músico italiano que vivió durante algunos años en el Paraguay.

En abril, en una velada organizada por la cruz roja belga, cantaron Martín Font y Estanislao Stani; Florinda Báez y María Luisa Berthomier, piano a cuatro manos; actuó el coro de los padres del "Colegio de San José", y Fernando Centurión, con acompañamiento de Cipriano Ochoa, ejecutó al violín el "Rondó Caprichoso'' de Saint Saens. En junio se estrenó la "Oda Sinfónica", de Dall'Argine; en julio hizo su presentación la "Sanges runde" alemana; en agosto, en un concierto organizado pos la "Academia Santa Cecilia", actuaron Dolores Herreros, Lucía Príncipe, Haydée Castaing y Elvira Fleitas, piano; Clementina Gastón y Estanislao Stani, canto, y Rosa Delia Livieres, violín. Ese mismo mes, en el "Teatro Granados" hizo su presentación la soprano ligero Bertha Najthanyi de Komor. Le acompañó una orquesta de diez profesores bajo la batuta de Dall'Argine: En una velada del "Gimnasio Paraguayo", realizada en octubre, actuó una orquesta dirigida por el profesor N. Gelsa, y cantó Zulema Pirotta acompañada de Rubí Gutiérrez, piano. Durante ese mismo mes se realizó un concierto patrocinado por el "Centre Catalá" en el que actuaron la concertista de piano Juana Pujol de Costa y Manuel Viladesau, y una tercera velada en la que cantaron Deidamia Livieres y Estanislao Stani y actuaron Mauricio Lefranck y Emilio Malinverni, piano, y Angel Moreno, cello. Pródigo fue el mes de octubre. Días después de la velada a que nos referimos se realizó un funeral civil a la memoria de José Enrique Rodó en el que actuó un cuarteto de violines: Elvira Misch, Fernando Centurión, Nicolino Pellegrini y Carlos Daumas Ladouce. Dirigidos por el maestro Lefranck, a fines de ese mes actuaron la orquesta y los coros del "Instituto Paraguayo". En la misma fiesta hizo su presentación una precoz pianista, la niña María Matilde Pujol. En noviembre, en otra velada del "Instituto Paraguayo", actuaron Josefina Sapena Pastor, violín, y Carmen Pusineri, piano. La "Academia Santa Cecilia", en diciembre, cerró el año 1917 con un concierto en el que actuaron Clementina Gastón, Yvonne Del Conte y Estanislao Stani, canto; Lucía Príncipe y Haydée Castaing, piano, y Vicente Maccarone y Enrique Marsal, violín.

El año 1918 lo abren los veraneantes de San Bernardino. En la velada realizada en el "Club Alemán" actúan Elvira Guanes, Aurelia Recalde y N. von Bose, violín; María Isabel Schaerer y Josefina Aceval, piano; Juan Esteban Carrón, canto, y Carlos Abreu Sosa; guitarra. En febrero, el "Instituto Paraguayo" ofreció un concierto en la Asunción. Su orquesta fue dirigida por los maestros Pellegrini y Lefranck; Esther Escolies, ejecutó "Estudio de Concierto de Liszt", al piano; Estanislao Stani cantó la romanza de Wagner; actuó Angel Moreno, violoncello, También actuaron en trío Mauricio Lefranck, piano, Cipriano Ochoa, armonio, y Enrique Marsal, violín. En el mes de octubre llegó al Paraguay el violinista norteamericano Jorge Arnold, amigo de Fernando Centurión. Dio varios conciertos y compuso "Recuerdos del Paraguay", para dos violines, que ejecutó con Enrique Marsal, en el salón del "Gimnasio Paraguayo". Dicha composición se halla dedicada al doctor Eusebio Ayala. Una partitura de Fernando Centurión, "Canto amoroso", dedicó su autor al nombrado Arnold.

A fines de octubre de 1918, el "Instituto Paraguayo" ofreció la última velada del año. Una epidemia gripal de grande intensidad castigó en aquella época a la Asunción y obligó a la cancelación de todas las fiestas anunciadas. En la velada final a que hacemos referencia prestaron su concurso la orquesta de la entidad dirigida por Viladesau y Pellegrini; Antonio M. Semidei, mandolín; Juan de la Cruz Samaniego, Dionisio Basualdo y Gustavo Sosa Escalada, guitarra, y Jorge Arnold, violín.

La temporada del año 1919 se abrió con un concierto orquestal dirigido por los maestros Lefranck y Viladesau, en el "Instituto Paraguayo". Cantó el tenor Estanislao Stani. En mayo, en el "Teatro Granados", dio un concierto la artista Lea Badil en junio, en el "Gimnasio Paraguayo", ofreció otro concierto de violín Fernando Centurión, con acompañamiento de Irene Dávalos, al piano y en julio, dio un tercero, la pianista Emma López. El "Instituto Paraguayo" ofreció un festival el mes siguiente, en cuya parte musical actuaron Mercedes Milleres, Irene Dávalos y Juana Bordenave, piano, y Estanislao Stani, canto. La orquesta fue dirigida por los maestros Pellegrini y Lefranck. En el mes de setiembre Llegó a la Asunción el violinista húngaro Kavel Havlicek, quien ofreció varios conciertos en la capital paraguaya.

El mes de enero de 1920 trajo una novedad. Eloy Fariña Núñez, músico y poeta, dio una conferencia en el "Instituto Paraguayo" sobre "La novena sinfonía" de Beethoven y otra sobre "La quinta sinfonía"' del mismo autor. En honor del conferenciante, al final de su alocución, fueron ejecutados aires nacionales por Clodomiro Escobar, Remberto Giménez, Alcibíades Escobar y Román Aristóbulo Domínguez. En febrero del mismo año, como despedida a Remberto Giménez, con motivo de su viaje a Europa se realizó una velada en el "Teatro Granados", en la que actuaron Carmen y Enrique Marsal, piano y violín, y Sara y Victorina Alegre; se estrenó "Murmullo de la Selva", de Remberto Giménez, por la orquesta dirigida por el maestro Lefranck; cantó Estanislao Stani, y ejecutó aires rusos al violín Vicente Maccarone, y Remberto Giménez, composiciones de las que era autor.

En la ciudad de Villarrica, en donde siempre se ha, hecho Bulto de la música, también en el mes de febrero, se realizó una velada en la que ejecutaron piano a cuatro manos los niños Natalia Buzarquis e Isaac Maidana; actuaron las niñas pianistas Dalinda y Delia Hortensia Marín Iglesias, María Mercedes Guggiari y Antonia Rodríguez, y cantó Victoria Laudes con acompañamiento de piano por Leandro Duarte.

Las bandas de la policía de la capital y del departamento de marina, la primera dirigida, por Nicolino Pellegrini y Salvador Déntice, y la segunda por Enrique Krekeler, daban conciertos en la "Plaza Constitución", en la "Plaza Uruguaya", en la "Plaza Santo Domingo", después llamada Italia, y en la Placita del Puerto. Los que se realizaban por la noche en la "Plaza Uruguaya" y en la "Plaza Italia" se hicieron famosos por la excelencia del programa y por el número y la calidad de la concurrencia. Estas bandas ejecutaban partituras de Verdi, Beethoven, Liszt, lastro y otras.

En el mes de mayo de 1920, en la primera audición de abono organizada por el "Gimnasio Paraguayo", tomaron parte Josefina y Carmen Pusineri y Fernando Centurión. En julio, en el "Teatro Granados", Jovina González dio un concierto en cuyo programa aparecían Beethoven, Schubert; Chopin y Mendelssohn. En octubre patrocinado por la "Sociedad Santa Marta", en una velada musical, cantaron Gilda Gauttier; Beatriz Fernández Guanes, Catalina Russo y las niñas de Perasso, Bustos y Piróvano. Acompañó al piano Amelia González Navero; hubo un solo de violoncello por Nicolino Pellegrini, y cantó tonadillas Mercedes Díaz Perdiguero.

En diciembre se realizó un concierto de discípulos y entrega de diplomas y certificados en el "Instituto Paraguayo": El año 1920 se cierra con una audición musical en la que intervinieron Josefina Chartran, Juanita Bordenave y Anita Brun, piano, y Fernando Centurión, violín.

Los bailes de máscaras, en el "Teatro Granados", en el "Edén Teatro Belvedere", en el "Centro Español" y otros lugares eran amenizados en aquel tiempo por conjuntos orquestales dirigidos por Teófilo Fleitas, Atilio Valentino, Víctor Ocampos, etc.

En marzo de 1921, en reemplazo de Emilio Maccarone, quien había fallecido, fue designado Francisco Caldi profesor de música en el "Instituto Paraguayo". En abril tuvo lugar en el "Teatro Granados", con el patrocinio de la "Academia Musical Santa Cecilia", un festival artístico musical. En el curso del mismo mes se realizó el primer concierto del maestro Francisco Caldi a quien acompañó Manuel Viladesau. Días después, el mismo Caldi ofreció un concierto en el "Instituto Paraguayo". En agosto, en el "Teatro Granados", con el patrocinio del "Instituto Paraguayo", ofrecieron un recital de música clásica Mercedes Millares y Juana Bordenave. El mismo mes y en el mismo local citado, la mezzo soprano Emma Barsanti dio un concierto de música. En setiembre; "la niña prodigio" Susanita Elizeche Benítez dio un recital de piano en el "Teatro Granados", patrocinada por el "Instituto Paraguayo". En noviembre, Emma López, directora de la "Academia Musical María Auxiliadora", en un concierto realizado a beneficio del hospital militar, estrenó una marcha dedicada al ejército. Ese mismo mes tuvo lugar en el "Gimnasio Paraguayo", un "concierto único" del guitarrista Ampelio Villalba, al que siguió una audición de "aires nacionales" en piano y arpa, por Aristóbulo Domínguez y F. Villasboa.

En diciembre se realizó en el "Instituto Paraguayo" un concurso para optar a los accésit de piano de las alumnas del 6° año, quienes eran Susana Elizeche Benítez, Dalinda Marín Iglesias, Dolores Quidiello, María Victoria Candia, Teresa Galindo, María Ameba González Navero, Antonia L. Rodríguez, Carmen Bisconti, María de los Ángeles Fresnedo y Francisco Marín Noguera, accésit por unanimidad.

En el profesorado superior, optaron los premios de piano María Esther González Sosa y Yolanda Pirotta.

En el concurso realizado el mismo mes, se recibieron de profesores elementales de piano Ana Cruzans, Dalia Hortensia Marín Iglesias, María Selva Pereira Fretes, Juana Giménez, María Amelia González Navero, Rosalía Quidiello, María Luisa Sá, Juana Rodiño y Luisa Isabel Perasso Haedo.

El juri estaba formado por el director de la sección, Miguel Morosoli, las profesoras Juana Bordenave y Mercedes Millares, las componentes de la comisión de música, Adela Galeano de Lara Castro, Ludovico Tensada, Enrique Marsal y el secretario del juri, Adolfo F. Antúnez.

El año 1922 no fue rico en acontecimientos musicales. El caliginoso clima político estalló en una revolución campal que duró desde mayo de ese año hasta julio del siguiente. No obstante, al finalizar 1922 obtuvieron diplomas de profesoras de solfeo, en el "Instituto Paraguayo", María Elena Amarilla, Susana Elizeche, Victorina C. Fernández, Victorina López Moreira, Carmen Marsal y Lucía Príncipe, y de profesora elemental de piano, Adela Antúnez, Carmen Bisconti, María Victorina Candia, María Eugenia Colnago, Susana Elizeche, María Fresnedo, Francisco Marín, Ismenia Pereira y María Yolanda Pirotta, y de primer accésit, María Elena Amarilla, María Zoraida Burgos, Carmen Marsal y María Yolanda Pirotta. También obtuvieron títulos de profesoras superiores, Olga Abreu y Carmen Marsal.

En enero de 1923 sólo se registran la actuación de la orquesta del maestro Atilio Valentino en el "Teatro Granados"; los conciertos de la banda de policía, y la noticia de la edición en Buenos Aires de un Álbum de Aires Nacionales, de Román Aristóbulo Domínguez. "El Diario" dice que "el álbum estará encabezado con el Santa Fe, que nunca fue escrito antes de ahora Se trata de un arreglo de Domínguez. Después seguirá una serie de aires nacionales algunos del autor del álbum y otros cantables con versos en guaraní de Marcelino Pérez Martínez. Con la ayuda del señor José de J. Villalba, Domínguez ha conseguido trasladar al pentagrama el verdadero acompañamiento de los aires nacionales, imitando al del arpa y la guitarra que son los instrumentos donde los aires tuvieron su origen". Y agregaba: "El señor Villalba con quien trabajó Domínguez conoce a fondo la armonía y su colaboración fue muy eficaz en la escritura del álbum Este traerá como carátula un hermoso trabajo de Samudio, representando el típico Santa Fe bailado por tres parejas, de Kyguá-verá y raídos-potí. Traerá también un trabajo humorístico de Sorazábal sobre el mismo motivo. El álbum aparecerá en febrero próximo".

En la noche del 18 de abril, en el Belvedere, fue ejecutada por primera vez por la orquesta de policía, "La Gasparina", "pieza de la época del Dr. Francia exhumada y reconstruida por el maestro Lorenzo González".

En mayo se organizó la comisión de damas del "Gimnasio Paraguayo", bajo la presidencia de Elvira Mernes de Galeano. La integraron Helena Zubizarreta, Julia Pecci Cerruti, Susana Dávalos; Josefina Serratti, Elsa Campos, Exa Acosta de Nacimiento, Josefina Sapena Pastor, Juana Bordenave, Beatriz Mernes, Zulema Pirotta y Margarita Russo.

En el mes de junio se renovó la comisión directiva de la misma entidad cultural, con la presidencia de Fernando Centurión. Fueron electos miembros de la misma Ramón I. Cardozo, Baltazar Ballario, Anselmo Jóver Peralta, Juan A. Samudio, Arturo R. Campos, Venancio B. Galeano, Ricardo Odriosola, Juan B. Nacimiento y Tomás Osuna.

En julio apareció una nueva polca, "Tajhachí"; para piano, dedicada al comisario de la primera sección de policía Ernesto Díaz León, y debida a la inspiración de Venancio F. Acosta.

En setiembre ofreció un concierto en el "Teatro Nacional" Carmen Marsal a beneficio de la obra de ampliación de la "Escuela Normal de Profesores".

El 6 de octubre, también en el mismo local, Andrés Dalmau presentó su último concierto de violín. Dos días después falleció en Villarrica Mauricio Lefranck, quien desempeñaba la dirección de la filial del "Instituto Paraguayo" en aquella ciudad.

El 23 de octubre se fijó el nuevo horario de verano para la banda de policía. Era el siguiente: martes, 9 a 11 de la noche, "Plaza Italia"; jueves, 9 a 11, "Plaza Uruguaya"; sábado, 9 a 11, "Plaza Constitución", y los días domingos y feriados, de 5 a 7 .de la tarde en la "Plaza Uruguaya".

El 27 de octubre de 1923 actuó en el "Teatro Granados" la gran orquesta del maestro L. Martínez Serrano.

El 21 de noviembre se realizó en Villarrica un concierto en conmemoración del día patrio y a beneficio de la familia del malogrado Lefranck. Tomaron parte en el Mercedes Guggiari, Emma López, Ampelio Villalba, Joaquín Clari y el profesor Helle con su orquesta.

El 27 de noviembre obtuvo gran éxito en Posadas (R. A.) el estreno de la música nativa llevada por el pianista Román Aristóbulo Domínguez, el guitarrista Ampelio Villalba y el arpista F. Villasboa.

En el mes de enero de 1923, los hermanos Agustín y Francisca M. Barrios iniciaron una gira artística por el interior del, país. Visitaron Luque, San Bernardino, Ypacaraí, Pirayú, Carapeguá, Villarrica, Caazapá y Encarnación; en cuyas poblaciones ofrecieron conciertos literario-musicales de noble jerarquía. La banda de la policía de la capital estrenó la marcha "Hispania"; de Mauricio Lefranck, y Sara G. Aschwell, acompañada de un grupo de niñas, ofreció un concierto de piano en el local de la municipalidad asuncena.

En febrero, Agustín y Francisco M. Barrios y Román Aristóbulo Domínguez dieron un concierto literario-musical, en el domicilio del último de dos nombrados y en homenaje a Fulgencio R. Moreno.

Gustavo Sosa Escalada, en el mes de marzo, se hizo cargo de los cursos de guitarra en el conservatorio de música del "Gimnasio Paraguayo", dirigido por Fernando Centurión.

En abril, Román Aristóbulo Domínguez ofreció un concierto de piano, con repertorio de música popular paraguaya exclusivamente. Le secundaron F. Villasboa y Telésforo Escobar.

En el curso del mismo mes la banda de policía ejecutó por primera vez "La Gasparina", de la época de José Gaspar de Francia, reconstruida por Lorenzo González.

El "Instituto Musical La Lira", en junio, ofreció un concierto de sus alumnos en el salón de la "Sociedad Italiana", y en el curso de ese mismo mes en la municipalidad de Villeta, Alfredo Kamprad deleitó a una numerosa concurrencia con los acordes de su violín. Lo acompañó al piano Erich W. Pfringst.

En agosto, se realizó el concierto de piano de Carmen Marsal, auspiciado por el "Instituto Paraguayo", y a total beneficio del nuevo edificio de la "Escuela Normal de Profesores".

En el mes de marzo de 1924, con la presencia del conde Rodolfo von Bülow, ministro plenipotenciario de Alemania, en los salones del "Club Alemán", el profesor Alfredo Kamprad ofreció un concierto, de violín. Le acompañó al piano Miguel Morosoli.

En abril, los profesores Kamprad y Morosoli, bajo los auspicios del "Instituto Paraguayo", dieron un concierto en el "Teatro Granados". Ejecutaron música de Beethoven, Mozart y Paganini.

El "Instituto Paraguayo", en julio, organizó un gran concierto de piano, que se realizó en el “Teatro Nacional”. Actuaron Susana Elizeche Benítez, Dalinda Marín Iglesias., María Amelia González Navero, Margarita Morosoli, Olga Abreu Martín, María Zoraida Burgos, Yolanda Pirotta, Mercedes Millares y Francisco Marín Noguera.

El mes siguiente, Alfredo Kamprad ofreció un concierto de violín en el "Gran Hotel del Paraguay". El mismo mes, el concertista de guitarra Agustín P. Barrios dedicó un certamen al presidente de la República, en el "Teatro Granados". Concurrió al acto la banda de policía. ,

En enero de 1925 se realizó, en el "Teatro Granados", un festival organizado por la comisión de damas patrocinadora del "Conservatorio Nacional de Música" de la Asunción. Tomaron parte en el mismo, Clotilde Fiandro, Silvia Cuevas, Sara Cuevas, María Riquelme, Sara López, Dora Frescura y Honoria Bobadilla. En el salón de la "Sociedad Italiana", en marzo, Remberto Giménez ofreció un concierto, y en abril, en el "Teatro Granados", una compañía de zarzuelas inauguró la temporada con "Alma de Dios" y la revista "El calendario festivo". También en el curso del mismo mes de abril se estrenó una "Serenata" de Facundo Recalde, con música de Remberto Giménez, y este mismo compositor inició una gira artístico-musical por el interior del país en compañía del maestro Manuel Viladesau.

El 19 de abril se inauguraron en el Jardín Botánico de Trinidad las retretas semanales de la banda de policía y, días después, Angélica Dora Taranto, en el "Teatro Nacional", ofreció su primer recital artístico.

En julio tuvo lugar en el "Teatro Nacional" una velada literario-musical dedicada al "Gimnasio Paraguayo", en la cual tomaron parte Lidia Frutos, Carmen Marsal y Fernando Centurión.

El mes siguiente y en el mismo lugar, se realizó una audición de música en la que intervinieron Olga Abreu Martín, Alfredo Kamprad, Miguel Morosoli, Enrique Marsal y Ernesto Talavera.

En setiembre ofreció un recital de piano María Amelia González Navero, en el "Teatro Granados" y ese mismo mes, en el "Teatro Nacional" se realizó un concierto en el que actuaron Zeneida Ávalos Saguier, Susana Elizeche Benítez, Alfredo Kamprad, Enrique Marsal, Hermar Holter, Ernesto Talavera y Gerónimo Aguilar.

En noviembre, el maestro Pedro Carpinelli dirigió la banda del regimiento 5 de infantería en una retreta en el Jardín Botánico, y a fines de ese mes y año, la prensa asuncena anunció una próxima gira del "todavía poco conocido pero excelente guitarrista Herminio Giménez".

En febrero de 1926 el maestro Alfredo Kamprad, violín, y N. Schult, piano, ofrecieron un concierto en el "Club Alemán" de San Bernardino. En el mes de marzo iniciaron sus clases de piano en el "Gimnasio Paraguayo", con la supervisión de Fernando Centurión, las profesoras María Elena Villamayor y Rosa Marés Lind: La primera obtuvo su diploma en 1925, en el "Gimnasio", y la segunda en el "Liceo de Barcelona". En abril, la "Academia Santa Cecilia" patrocinó un concierto de piano en el fue intervinieron Ernestina Morán Morales y Atrita Marchase, quienes obtuvieron sendos títulos de profesoras en dicha ocasión. En el curso del mes de marzo la "Sociedad Sinfónica" de la Asunción dio un concierto de jerarquía en el "Teatro Nacional": A fines del mismo mes la "Academia Santa Cecilia" organizó un, examen público a cargo de Nemesia Silva y Dolores Lorente para optar el título de maestras elementales de piano, y un concierto para obtener el diploma de profesora superior, a cargo de Rosa Solís. El 29 de junio, el "Instituto Paraguayo" patrocinó un festival de música clásica en el que intervinieron Miguel Morosoli, Alfredo Kamprad, Enrique Marsal y Ernesto Talavera. En el mes de julio, a beneficio del salón de actos de la parroquia de San Roque y patrocinado por la comisión de damas que presida Catalina Aceval de Croskey, en el mismo salón citado, se realizó un concierto literario-musical: Días después, el 17 de julio, en el "Belvedere", tuvo lugar otro concierto instrumental patrocinado por el "Colegio Alemán", y en el que intervinieron Alfredo Kamprad, Hans Brandt, Ernesto Talavera, Gerónimo Aguilar e Irene y Emma Ring. También en el curso del mes de julio, el "Radio Club Paraguayo" patrocinó una audición en la que tomaron parte Margarita y Miguel Morosoli, piano; Clodomiro Escobar, violín; Juan de la Cruz Samaniego, guitarra; Roque Centurión Miranda, canción, y María Luisa Sá, piano. En la semana siguiente se realizó una segunda audición organizada por la misma entidad y con los mismos artistas. A fines de julio, Nadine de Tumanoff ofreció un recital de canto en el "Teatro Nacional". Le acompañó al piano M. Yadirman. En el mes de enero de 1927 solamente se registraron las acostumbradas retretas de las bandas de la policía y la marina. En febrero, en el "Club Alemán" de San Bernardino, Alfredo Kamprad e Hilda Ingendel de Noger ejecutaron música clásica. En marzo, en la "Sociedad España" se realizó un festival literario-musical en homenaje, a Roque Centurión Miranda, con motivo de su viaje a Europa, enviado por el gobierno presidido por el doctor Eligio Ayala, a fin de perfeccionar su arte. Tomaron parte en el mismo, entre otros, Celia Ramírez, C. Fillipe y el nombrado Centurión Miranda. En abril, en el local de la "Sociedad Italiana", se realizó un concierto literario-musical, patrocinado por el "Instituto Musical La Lira", a beneficio de los alumnos becados por dicha entidad. En mayo, en la "Academia Nacional de Música Santa Cecilia", se realizó un concierto ofrecido por Ernestina Morán Morales, quien obtuvo en esa oportunidad su título de profesora superior de piano. En julio, en la "Academia de Música Martín  Barúa", en Itauguá, Ampelio Villalba ofreció un concierto de guitarra. En setiembre tuvo lugar en el "Teatro Nacional", un concierto vocal instrumental en homenaje al tenor Martín Font. Tornaron parte en dicho acto Alfredo Kamprad, Jaime Segalés, Manuel Aderman, Hernán Holter, Carlos Laborale, Gerónimo Aguilar, Ernesto Talavera, Nadine de Tumanoff, Angélica Dora Taranto y Rosa y Victoria Marés Lind. En octubre se inauguró la temporada de retretas en la "Plaza Uruguaya". A fines del mismo mes, Nadine de Tumanoff ofreció un festival artístico en el "Gimnasio Paraguayo", a cargo de sus alumnas María Elena Rivarola, Haydée Nieto, Matilde Abreu, Rosa Marés y Aurora Verly. En noviembre, en el "Colegio Alemán", ofreció un concierto de violín Alfredo Kamprad. En diciembre, con una velada literario-musical, realizada en la "Sociedad Italiana", quedó inaugurado el "Conservatorio Musical de Piano Beethoven".

En enero de 1928 solamente se registraron las acostumbradas retretas. En febrero se dieron termino a los exámenes finales en la "Academia Santa Cecilia", dirigida por Emilio Malinverni, con resultado satisfactorio. En el "Conservatorio Beethoven", dirigida por María Selva Pereira Fretes, en el curso del mes de marzo, también tuvieron lugar las pruebas de fin de curso, y la entrega de premios. El 24 de abril se realizó una fiesta literario-musical en el "Gimnasio Paraguayo", con motivo de conmemorarse el XV aniversario de su fundación. En mayo debutó en el "Teatro Nacional" la compañía Barrena, de zarzuelas y operetas, y en la "Escuela Honduras" de Ypacaraí se realizó una velada literario-musical con motivo de las fiestas patrias. En junio tuvo lugar otro acto semejante en la "Escuela General Santos", de San Lorenzo del Campo Grande, y en el "Edén Teatro Belvedere"., organizado por la dirección del "Colegio Germánico", un concierto de música selecta en el que tomaron parte aficionados de la colonia alemana y artistas nacionales,. La prensa asuncena elogió la fiesta. En el mes de julio, el "Colegio de La Providencia" inauguró su teatro propio con un festival de música clásica y ligera. En agosto se, presentó al público asunceno el tenor español Antonio Araujo, en el "Teatro Nacional". Le acompañó al piano Manuel Viladesau. El 7 de setiembre en la legación del Brasil, con motivo de la celebración de las efemérides patria de dicho país, la banda de policía ofreció un concierto especial. En noviembre, la "Comisión pro-defensa nacional", con el propósito de arbitrar fondos y en conmemoración del "Laudo Hayes", llevó a cabo un concierto en el "Teatro Nacional". En el curso del mismo mes, en el "Gimnasio Paraguayo", la princesa Nadine de Tumanoff también ofreció un certamen de canto. En diciembre, como nota final y brillante de ese año, el "Instituto Paraguayo", en conmemoración del centenario de Schubert, organizó y realizó un acto solemne en el "Teatro Nacional", en el que se ejecutó exclusivamente música del genial compositor.

En enero de 1929 sólo se registraron las habituales retretas de las bandas de policía y la marina. En el mes de febrero se realizaron las pruebas finales en la academia dirigida por Juana Jiménez Iturburu. La mesa examinadora la integraron Antonio de Aysa, María Selva Pereira Fretes y Victorina López Moreira. En marzo, en el "Teatro Granados" tuvo lugar un recital literario-musical dirigido por Roque Centurión Miranda, a beneficio de la "Cruz Roja Paraguaya". El 10 de abril, en el "Teatro Nacional", hizo su primera presentación el "Cuarteto de Asunción", integrado por Remberto Giménez, violín; Enrique Marsal, violín; Alfredo Kamprad, viola, y Eric Piezunka, cello. En mayo se dio a conocer "Dicha perdida", tango compuesto por Julián Alarcón. En el curso del mes de junio, la folklorista Ana S. de Cabrera dio en el "Teatro Granados", dos conciertos de guitarra, ejecutando música de las regiones sud, norte y rayana de la Argentina. En la noche del 9 de julio, en el "Teatro Nacional", el tenor Camargo ofreció un único recital en la Asunción, con el concurso de la mezzo-soprano Carmen Torres. La fiesta fue auspiciada por el ministro plenipotenciario del Brasil, y en honor de la Argentina. El mismo mes, Remberto Giménez, acompañado por Susana Elizeche Benítez al piano, en el "Teatro Nacional" ejecutó, entre otras, la "Sonata del diablo", de José Tortini. Días después, en la prensa asuncena se comentó, bajo el título de "Cultura Musical", el escaso público que asistió al acto y se elogió la magnífica ejecución del programa. En agosto, la directora del "Instituto Musical La Lira", Josefa Peña de Faella, pronunció una conferencia sobre un tema de música en la "Sociedad Italiana", y, días después, se realizó una velada literario-musical en el local de la "Escuela Adela Speratti". En setiembre, el "Instituto Paraguayo" organizó un gran concierto de música clásica en la que tomaron parte profesores y alumnos del mismo, entre, los cuales Eric Piezunka, Alfredo Kamprad, Carmen Tuñón, Victorina Fernández Vega, Margarita Sánchez Palacios y otras.

Durante los años siguientes y hasta 1932, la actividad artística musical fue decreciendo, obligada por el ambiente político nacional e internacional. La pugna cívica doméstica se tornó violenta y la tensión en las relaciones con Bolivia salía de punto día a día.

Así, en tal atmósfera, se produjeron los sucesos de Pitiantuta origen de la guerra del Chaco.

En el curso de esta tragedia, que duró tres años, la música paraguaya ganó popularidad en toda América. Desde las estaciones transmisoras de la Asunción, Buenos Aires y Montevideo fue propalada intensamente por conjuntos paraguayos. En ese tiempo, la " Guarania" y la polca adquirieron notable evolución y jerarquía:

Después de la guerra, la música nativa llegó a Europa y se extendió al Asia y al África septentrional.

En cuanto a la música culta, ella ha sido más intensamente cultivada en el Paraguay, mediante institutos de enseñanza y la creación de conjuntos orquestales especializados.

Entre los músicos aparecidos durante el período autonómico, compositores, musicólogos y ejecutantes, se citan a Agustín P. Barrios, Fernando Centurión, Remberto Giménez, Juan Carlos Moreno González, Dionisio R. Basualdo, Cayo Sila Godoy, Herminio Giménez, Enrique Marés Lind, Alfredo Kamprad, Alberto Nogués, Lorenzo N. Livieres Banks, Luis Cáceres Carísimo, José Asunción Flores, Carlos Basterreix, Carlos Lara Bareiro, Félix Pérez Cardozo, Carlos Talavera, Ampelio Villalba, Susana Elizeche de Codas, Sofía Mendoza, Enrique Marsal,. Francisca Marín Noguera, Ana Brun de Guggiari, Jovina González, Gerardo Fernández Moreno, Román Aristóbulo Domínguez, Mauricio Cardozo Ocampos, María Clotilde Balmelli Guggiari, Olimpia Riquelme, Quirino Báez Allende, María Selva Pereira de Acosta, Leonor Arando, Julián Alarcón, Leonardo R. Alarcón, María Victoria Alfaro, Mercedes Mulleres de Salcedo, Luisa Lebrón de Salomoni, Esther González de Sant'Ana, José de Jesús Villalba, Alejandro Villamayor, Jorge Urdapilleta, J. Demetrio Morínigo, Eladio Martínez, Samuel Aguayo, Emigdio Ayala Báez, Agustín Barboza, Santiago Cortesi, Pablo Escobar Cáceres, Clodomiro Escobar, Carlos Esculies, José Esculies, Aurora Espínola, Victorina Fiandro, Carlos Abreu Sosa, Esther Acuña Falcón, Elisa Aponte, María Luisa Báez Vengara, France-Marie Balanzá, Tomás: Balbuena, Lauro Sant'Ana, Sixto Benítez Rojas, Luisa Penoso de Berganza, Antonio Bestard, Juan Bestard, Miguel Ange1 Bestard, Emilio Biggi, Emilio Bobadilla Cáceres, Balbina Salcedo de Boettner, Gilda Vierci de Boettner, Juan Max Boettner, Luís Oscar Boettner, Josefina Bordas y otros.

Agustín P. Barrios era un mago del arte: Conocido en el mundo musical por su rara habilidad para pulsar las cuerdas de la guitarra, a las que sabía dar una sonoridad extraña y sugerente, y por sus méritos de compositor eximio, fue también un prosador de estilo límpido. Nacido en San Juan Bautista de las Misiones en 1885, desde muy joven mostró interés por la música. Gustavo Sosa Escalada dio con él en su región natal, escuchó sus interpretaciones y descubrió algunas de sus primitivas composiciones, y no escitó en pronosticarle un porvenir artístico venturoso. Le tomó como alumno, orientó sus afanes juveniles y lo llevó consigo a la Asunción. En esta ciudad ingresó en el Colegio Nacional. Fue alumno meritorio, destacándose siempre en literatura, matemáticas y filosofía. En esa institución obtuvo el grado de bachiller en ciencias y letras. Durante aquel tiempo, para ganarse el sustento, se hizo periodista y profesor de dibujo.

Ya conocido como virtuoso de la guitarra, recorrió casi todo nuestro país. No halló aliciente alguno para su arte. Entonces, bohemio como era, sin recursos materiales y con la única tarjeta de recomendación, su guitarra, cruzó las fronteras de la patria nativa. Recorrió América y Europa. Adaptó un nombre aborigen, cacique Nitsuga Mangoré. Nitsuga es Agustín al revés; Mangoré era un jefe de los timbúes, tribu indígena, cuyo nombre fue recogido por la historia y engarza una leyenda de amor salvaje. Así, el Agustín Pío Barrios misionero, el Agüí-mí de las aulas colegiales, se convirtió en el embajador del arte paraguayo quepa esta expresión, pues el arte es universal, bajo la comba de todos los cielos y sobre las ondas de todos los mares.

Durante catorce años fue un peregrino ilustre. En ese tiempo compuso sus mejores obras: La Catedral. Allegro Sinfónico, Estudios y Preludios, Las Abejas, Estudios de Concierto, Vals N° 3 y Mazurca apassionata, Invocación a mi madre, Madrigal, Contemplación, Un sueño en la floresta, Ihá che Valle, Confesión y Danza Paraguaya. Regresó a nuestro país, pero se vio obligado a retornar al extranjero. La indiferencia de los compatriotas, que no comprendían ni, valoraban sus virtudes excepcionales y amenazaba ahogarlo, le impelió de nuevo fuera del terruño. Y ahora sí su triunfo se hizo definitivo en todos los escenarios donde actuaba. "Críticos exigentes lo comparaban a Segovia como intérprete, dice Cayo Sila Godoy, y como creador lo juegan precursor, comparándolo con Chopin, e introduce en la guitarra un virtuosismo que le acerca a Paganini".

Agustín Barrios, como escritor, ha dejado una colección de artículos aparecidos en diarios y revistas del Paraguay y del extranjero. Crónica, la revista asuncena a que ya hicimos referencias, fue una de sus tribunas. También escribía versos.

Falleció en San Salvador, en 1944. Poco antes de morir dijo al sacerdote confesor: "No temo al pasado, pero no sé si podré superar el misterio de la noche". Poco después se internó en el dominio de Dios: Y el sacerdote, al bendecir sus despojos, expresó con emoción "Es la primera vez que veo morir un santo". Un solo soneto de Barrios ha podido recoger la historia. Es este, que tiene el valor de un vaticinio:

 

EL BOHEMIO

 

¡Cuán raudo es mi girar! Yo soy veleta

Que moviéndose a impulsas del destino

Va danzando en loco torbellino

Hacia los cuatro vientos del planeta.

Llevo en mí el plasmo de una vida inquieta

Y en mi vagar incierto, peregrino,

El Arte va alumbrando mi camino

Cual si fuera un fantástico cometa.

Yo soy hermano en gloria y en dolores

De aquellos medievales trovadores

Que sufrieran romántica locura.

'Como, ellas, también, cuando haya muerto,

¡Dios solo sabe en qué lejano puerto

Iré a encontrar mi tosca sepultura!

 

Fernando Centurión era un espíritu noble y pleno de señorío. Nacido en la Asunción, en 1886, cursó estudios en el Colegio Nacional de su ciudad natal. Fue el primer violinista de jerarquía can que contó el Paraguay. A los diez y seis años de edad dio su primer concierto sobre "Variaciones", de Beriot. Fueron sus profesores, en la Asunción, Bernardo Wichmann, pianista, y Carlos Ackermann, violinista. Después fue alumno de Nicolino Pellegrini. Realizó un breve curso en Buenos Aires y luego viaja a Europa. En Lieja estudió bajo la dirección de Oscar Dossin; en Bruselas, de César Thompson; en París, del cubano José White. Actuó en Buenos Aires, Montevideo y La Habana. Retornó a nuestro país en 1911. Fue fundador y presidente del "Gimnasio Paraguayo" y también profesor de violín en el mismo instituto. Como director de orquesta, dio numerosos conciertos de cámara y de música clásica. Dirigió el "Cuarteto Haydn", que adquirió fama en la Asunción. Integraban dicho cuarteto además de Centurión, Elvira Misch, Nicolino Pellegrini y José Leonardi.

Fernando Centurión fue un artista incomprendido en su medio. Sostuvo y dio motivo a muchas acaloradas polémicas. Modesto, casi humilde, fino siempre, sin embargo, un gran señor de prestancia inconfundible. Un día, al margen de una crónica periodística, escribió a punta de lápiz: "Este bombo no lo admito, pues comprendo que no lo merezco".

Sus principales composiciones son Marcha Heroica, para orquesta, que originó una resonante discusión pública; Serenata Guaraní, para orquesta, que fue ejecutada en la Unión Panamericana, en Washington, y fue clasificada como '"uno de los más atractivos del programa"; Himno Paraguayo, arreglo para orquesta; Capricho, sobre un tema paraguayo, para violín, Aires Paraguayos - l8 de octubre y Colorado, para violín.

Desengañado, entristecido, abandonó su carrera artística y se refugió en las aulas. Fue profesor de francés en numerosos institutos de segunda enseñanza, un profesor ameno, ilustrado y querido. Fuimos colegas en la antigua "Escuela Militar", y no olvidamos las pláticas amables con Fernando Centurión y Enrique Bordenave, en los atardeceres suaves de la Asunción, de pie sobre la explanada que da acceso al colegio y frente al río epónimo, caudaloso y brillante, y al Chaco, que parecía abrirse en abanico para recibir al sol muriente.

Falleció en la Asunción, en 1939; durante el acto de la inauguración de los cursos de la "Escuela Superior de Guerra". La muerte lo hirió en el corazón.

Remberto Giménez es oriundo de Coronel Oviedo. Nació en el año 1899. Cursó estudios primarios en su pueblo natal y, después, en la Asunción. Ha cultivado la música desde su niñez. En 1920 se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, donde estudió violín bajo la dirección de Andrés Gaos, y composición, con Alberto Williams, en el "Conservatorio de Buenos Aires". En este instituto fue laureado con el primer premio y medalla de oro, en 1922.

Éxitos conquistados en el Paraguay le dieron derecho, posteriormente, a una beca del gobierno de nuestro país para trasladarse a Europa con el propósito de perfeccionar su arte. En París cursó estudios especiales con Lucien-Capet y luego ingresó en la "Schola Cantorum", para la música. Más tarde realizó un viaje a Alemania. En Berlín fue alumno de la "Eternches Konserwatorium", bajo la dirección del violinista Alejandro Petschnicoff.

Regresó al Paraguay en 1928. En la Asunción fundó y dirigió una orquesta sinfónica. Dirigió también la sección música del "Ateneo Paraguayo" y paseó su arte por ciudades de América, en las que conquistó merecidos triunfos.

Remberto Giménez no solamente ha cultivado la música, sino también ha escrito versos en guaraní y en castellano, y algunas piezas para teatro, tal como aquella titulada ¡Jhá che retá!, estrenada en la Asunción.

Como compositor musical es autor, entre otras, de la versión oficial del Himno Nacional; de Rapsodia Paraguaya, para orquesta; de Yopará, para banda; de Conscripto, Armonía, Coronel Oviedo, polca, y de numerosas piezas bailables.

Es de su estro

 

TAPÉ GUAZÚ

(fragmento)

Tapé porá reñeguasaiva cuara jhyre remimbí;

Re ñe moíva maitei ñaneretame po'á rá;

Cu Tupasy-ficha reipysova magmaro nde yyvá;

Jha nde resá o jhesageva nde membype jhaperá.

Gua'í retarma rejhetú jha rejhasá mombyryvé;

Kaaguasú pe cayguá jha guayaquí remombay pá;

Tupí yvy pe re guajhevo rejhendú umí giürá etá

Opurajelzipá, jha ochororó ma jhatavé pe Yguazú.

 

Juan Carlos Moreno González, nació en la Asunción, en 1916. Se educó en su ciudad natal. Pianista autodidacta, estudió, sin embargo, piano en Buenos Aires con Manuel José Benavente, y recibió consejos de Arturo Rubinstein, en Río de Janeiro. Asistió a las clases de Fernando Risoler, en la capital argentina. En San Pablo, Brasil, estudió composición, contrapunto y fuga con Furio Franceschini, y en la Asunción, instrumentación con Otakar Platil.

Moreno González es un compositor destacado. Entre sus obras principales se cuentan Concierto para violín y orquesta en Sol, Concierto para piano y orquesta en La, El amanecer y La primavera, para piano. Vals de las flores, arreglo para cuatro manos de la obra de Tchaikovski; Sonata en Si; Danza paraguaya, Nos. 1 y 2, y Arreglos folklóricos. También ha compuesto La serenata, Tarde que se va y Ciudad de amor, guaranias;

Cuando eras bueno, Pobre pebeta, Margaritas y La tarjeta de cartón, tangos; Scherzo sobre la sonrisa de un niño, El canto del artista, Nocturno de otoño, Nocturno de primavera, Canto sin palabras en Sol, No me beses, María Candé, Che sy hasy y Los ojos de mi morena, canciones; y La Gaviota de la Pastora. Moreno González puso música, asimismo, a La tejedora de Ñandutí, Korochiré, María Pakurí y Las alegres Kyguá verá, zarzuelas de Juan Manuel Frutos Pane.

Dionisio R. Basualdo, es nativo de la Asunción. Nació en 1888, cursó estudios de música -guitarra-, con Agustín P. Barrios. Perfeccionó su arte en Buenos Aires bajo la experta dirección de la guitarrista española Josefina Robledo. Dio recitales en la Asunción, en la capital argentina y en Posadas (R. A.). Ha sido profesor de guitarra en el "Instituto Paraguayo" y en otras entidades culturales. Basualdo escribe también versos emotivos. He aquí su

 

MENSAJE

Jesús, oigo tu voz, la he percibido.

¡Qué dulce corre por el valle ingrato!

Latente vibra en el perfume grato

Y en la oculta semilla que ha nacido.

 

Aquéllas que en la Cruz has proferido,

No las oiría Gertas, insensato;

Sólo Dimos de amor en su arrebato

Las tomó todas de tu pecho herido.

 

Resuene por el mundo voz bendita,

La haga mía, la palpe en mi alma escrita

Tocado por los rayos de tu luz;

 

Que, luego, al circundarme como un manto

Y al elevarte el eco de mi canto,

Más cerca esté, cerca de Ti, ¡oh Jesús!

 

Cayo Sila Godoy nació en Coronel Oviedo, en 1919, y estudió en Villarrica y la Asunción. Pertenece a una familia de músicos aficionados, los Echauri, del Guairá. Aprendió a pulsar las cuerdas de la guitarra bajo la dirección de su propia madre y su tío Marciano Echauri. En el "Ateneo Paraguayo" aprendió teoría y solfeo, y Juan Carlos Moreno González "lo inició en los secretos de la armonía". Ansioso de superación, buscó otros horizontes. Se trasladó a Buenos Aires, donde estudió dirigido por la guitarrista argentina Consuelo Mallo López. Después realizó una gira de arte por América. Dio numerosos conciertos en Montevideo, Santiago de Chile, Buenos Aires y ciudades centro americanas. En dicha gira transitó por algunos caminos abiertos por Agustín Pío Barrios: De tal suerte, a su regreso, pudo escribir una Carta bibliográfica sobre Agustín Barrios, en la que se recopilan datos referentes a Nitsuga Mangoré.

La producción musical de Sila Godoy cuenta con Fiesta Campesina, sobre aires paraguayos; Toldarías, sobre temas indígenas; Fantasías Heroicas, en tres movimientos, dedicada a Cerro Corá, y una serie popular para guitarra.

Herminio Giménez es oriundo de Caballero. Nació en 1905, y se educó en la Asunción. Guitarrista eximio y compositor fecundo, "ha contribuido a la elevación jerárquica de la música popular". Director de la orquesta de "Comanchaco", durante el sangriento conflicto con Bolivia, ha compuesto Fortín Boquerón, Añoro mi pueblo, Tupasy Kaakupé, Tapé Guasú, Malvita y otras polcas; Mi oración Azul, Lejanía, Muy lejos de ti, etc., guaranias; El Ravelero y El canto de mi selva, conciertos para violín, y orquesta. Es también autor de numerosas canciones, letra y música, y de interesantes notas sobre música y tradiciones americanas.

Enrique Marés Lind es un experto musicólogo. Nacido en la Asunción en 1904, cursó estudios en el "Instituto de Barcelona" y en la Universidad de la misma ciudad, donde se especializó en filosofía y letras. También estudió teoría y solfeo en Cataluña y violín en la Academia Ainaud. Fue alumno de Pau Casals, Alfred Cortot, Blait, Nett, Manuel de Falla, Enric Ainaud, Eduard Risler, Luís Milla y otros. Ha desempeñado cargos directivos en el "Ateneo Paraguayo" y fue presidente de "Amigos del Arte", entidades asuncenas de cultura. Marés dictó numerosas conferencias y publicó artículos referentes a la música en la Asunción. Entre sus trabajos se citan La música de Cataluña, Vida y obra de Roberto Schumann. Eternidad de Juan Ramón Jiménez, Impresiones de un viaje a Europa, Tomás Luis De Victoria, Enrique Gravados, Isaac Albéniz, Georg Friedrich Haendel, Hombres del jazz George Gershwin, La música de Navidad y La música en España.

Alfredo Kamprad, paraguayo, nacido en Alemania en 1893, era violinista: Fueron sus maestros Hans Sitt y Voycu, en Berlín. Concertino excelente, tocó bajo la batuta de Ricardo Strauss, Siegmundo von Hausegger y Siegried Wagner. También es bioloncellista. Ha realizado importantes estudios musicólogos entre los indios lenguas del Chaco boreal. Es autor de Aires Lenguas, para orquesta sinfónica. Falleció en Asunción en 1961.

Alberto Nogués, musicólogo y escritor, nacido en la Asunción en 1912, cursó estudios en el "Colegio de San José" y en la Facultad de Derecho de su ciudad natal, en donde se graduó de abogado. Ha dado conferencias y ha escrito numerosos trabajos sobre Juan Sebastián Bach, Wolfgang Mozart, Federico Chopin, Isaac Albéniz y otros. Fue presidente del "Instituto de Cultura Hispánica", de la Asunción y es titular del "Instituto de Cultura Hispánica" de Madrid. Tiene tres libros inéditos, El Paraguay y la Santa Sede, Dimensión política del Poder Judicial y La nacionalidad como problema.

Lorenzo N. Livieres Banks, nacido en la Asunción en 1927, cursó estudios en el "Colegio de Goethe" y en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de su ciudad natal. Estudió música con Erwin Ludovic Brynicki y composición musical con Otakar Platil. Pianista y musicólogo, ha escrito sobre música gregoriana y música contemporánea, y ha publicado trabajos muy interesantes referentes a Juan Sebástian Bach, Isaac Mozart y otros.

Luis Cáceres Carísimo, músico y musicólogo, nació en Villarrica en 1926. Cursó estudios en su ciudad natal y se graduó de médico, en 1951, en la Facultad de Medicina de la Asunción. Hizo estudios de perfeccionamiento en la universidad de Minnesota. Estudió música con Enrique Krekeler y con Francisco Marín Noguera. Es profesor de piano. Ha escrito numerosos trabajos referentes a temas médicos y musicales y ha compuesto para piano tres pequeños preludios: Los títeres de maese Pedro, El pastorcillo tañendo la flauta y Gitanerías; piezas para piano, entre las que se cuentan Tristeza de la soledad, Reminiscencias, Che roga mí, Polca chuí, Tu mirada azul, Hay una estrella... y Dos canciones de cuna.

José Asunción Flores, el creador de un nuevo ritmo en la música popular del Paraguay, a la que Manuel Ortiz Guerrero denominó Guarania, nació en la Asunción, y en 1904. Inició sus primeros estudios, musicales en la "Escuela de la Banda de la Policía" de la capital. Fueron allí sus maestros Marciano Godoy, Eugenio Campani y Salvador Déntice. Más tarde estudió violín y trombón en las orquestas sinfónicas del "Instituto Paraguayo" y del "Gimnasio Paraguayo". Sus iniciales guaranias son Jejuí, Kerasy y Arribeño, que datan de 1928. Posteriormente compuso India, Mburicaó, Ne rendápe ayú, Panambí verá, Ñasaindype, Pyjharépyté, Ñanderuvusú y otras y los "kyrey" Obrerito, Gallito cantor, Cholí, etc.

Carlos Basterreix, nacido en Buenos Aires, en 1900, se dedicó a la música desde muy joven. Actuó al lado de Weismann Frider, de Kurt Palehn y Juan José Castro. Llegado al Paraguay en 1940, desarrolló, desinteresadamente, una amplia labor de cultura musical: Formó un conjunto de coro polifónico, de carácter privado, en 1942; creó el coro polifónico del "Ateneo Paraguayo", en 1946; fundó y dirigió el coro polifónico del "Centro Cultural Paraguayo-Americano"; fue director general de cantos corales del Ministerio de Educación, y cofundador de "Amigos del Arte". Dio, asimismo, numerosas conferencias, escribió varios artículos referentes a su especialidad artística y llevó a la escena, bajo su propia dirección, La tejedora de Ñandutí, de J. Manuel Frutos Pane y Juan Carlos Moreno González.

Carlos Lara Bareiro, director de orquesta, violinista, nació en Capiatá, en 1915. Cursó estudios en la "Escuela Nacional de Música" de la Universidad de Río de Janeiro. Fueron sus profesores Newton Padua, Virginia Fiuzza, José Paulo Silva, J. Octaviano y Francisco Migone. En la capital del Brasil dirigió un concierto sinfónico a base de sus obras, en 1950. En la Asunción lo hizo en varias temporadas. Es autor de, Suite Paraguaya, para orquesta; del poema sinfónico Co'é Yú, y de las guaranias Lustrabotas y Ñasaindy yavé.

Félix Pérez Cardozo, mago del arpa quien, para Juan Max Boettner, es "un maestro en la ejecución, un creador en el sentido de obtener el máximo provecho de sus cuerdas", nació en Hyaty, en 1910. Dicho pueblo guaireño hoy lleva su nombre. Su arreglo del Güyrá Campana, es maravilloso. Sus composiciones principales son Llegada, Burrerita, Tren Lechero, Che valle mí, Yaguarón, Ocara poty cué mí, Oda pasional, Mi despedida, polcas, y Lejos sin ti, y Pasionaria, guaranias. Falleció en Buenos Aires, en 1952.

Carlos Talavera, flautista en su niñez, se dedicó a la guitarra desde 1915. Nacido en Caazapá, en 1900, fue un autodidacto. Bohemio por temperamento, recorrió en jira de arte gran parte de América y Europa. Ofreció conciertos de guitarra que lo consagraron artista.

Ampelio Villalba, también oriundo de Caazapá y guitarrista como el anterior, integró en Buenos Aires el conjunto de Pérez Cardozo y enseñó a éste el Güyrá Campana, del que hizo dicho músico su admirable adaptación para el arpa. Compuso valses y marchas. Falleció en Buenos Aires, en 1940.

Susana Elizeche de Codas, asuncena, pianista, es profesora de altos méritos. Ha ofrecido conciertos de elevada jerarquía artística; Sofía Mendoza, contralto de actuación sobresaliente en Europa y América, se dedica a la enseñanza del canto; Enrique Marsal, violinista, formaba parte del cuarteto de la familia Marsal. Estudió en el Conservatorio Williams de Buenos Aires, fue alumna de Jaime Segalés y Fernando Centurión y siempre cabeza de los segundos violines de las orquestas sinfónicas de la Asunción; Francisco Marín Noguera, paraguayo, aunque nacido en España, pianista, es el primer concertista que dio a conocer en el extranjero obras paraguayas; Ana Brun de Guggiari, asuncena, pianista, es autora de arreglos folklóricos para piano; Jovina González, pianista, asuncena, quien realizó estudio de perfeccionamiento en Alemania, ha dado conciertos de mérito y es profesora de su arte. Teófilo Fleitas, poeta y músico, nativo de Areguá, es profesor prestigioso y compositor. Es pianista. Se le deben entre otras, Vida nueva, y Primicias, valses; Elenita, polea; El Ciclón, canción, y El Dorado y Gratitud, marchas. Gerardo Fernández Moreno, compositor y director de banda, es autor de la famosa marcha Chaco Boreal, de épicos recuerdos, y de las polcas Sununü, Anivena, Floripamí, Carapegueña, Naranja hai y otras. Román Aristóbulo Domínguez, mejor conocido por Nonón Domínguez, hijo del esclarecido Manuel Domínguez, asunceno, pianista, autodidacta, recopiló y publicó en un álbum "Aires populares paraguayos", editado por Manuel Viladesau. Mauricio Cardozo Ocampos, nacido en 1907, en Ybycuí, flautista y guitarrista, es compositor fecundo y armonioso y autor de glosas folklóricas. Según Juan Max Boettner, es autor de más de doscientos composiciones entre las que se cuentan polcas, guaranias, valseados y canciones; María Clotilde Balmelli Guggiari, asuncena, alumna de Sofía Mendoza e Isabel Marengo, es soprano de alto prestigios y de brillante actuación en el "Teatro Colón" de Buenos Aires; Olimpia Riquelme, también asuncena y soprano, como la anterior, alumna de , Nadine de Tumanoff, de voz armoniosa y pura, tuvo actuación sobresaliente en el mismo escenario porteño; Quirino Báez Allende, asunceno, hijo del preclaro Cecilio Báez, concertista de guitarra y compositor, ha hecho aplaudir su arte por públicos exigentes de Europa y América; María Selva Pereira de Acosta, asuncena, alumna de Miguel Morosoli, profesora y concertista de piano, de larga y brillante actuación en escenarios paraguayos; Leonor Aranda, asuncena, alumna de Francisco Marín Noguera y de Erwin Ludovic Brynicki, es prestigiosa profesora de piano y arpa; Julián Alarcón, asunceno, violinista y compositor, estudió violín en Montevideo y actuó durante muchos años en el Brasil y en la Argentina. Sus composiciones son numerosas y populares y casi todas se hallan grabadas. En 1919 publicó un Álbum Musical de aires paraguayos, editado por Manuel Viladesau; Leopardo R. Alarcón, asunceno, compositor y director de orquesta. Durante la guerra del Chaco fue director de la orquesta de "Comanchaco": Trompetista y acordeonista, también toca genis. Es autor de Noches chaqueñas, vals; de Memorias, Guarania, y de las polcas Yepyapy, Karia'y y Acoi rohayjú; María Victoria Alfaro, asuncena, concertista de piano, estudió con Marina Arellano y Erwin Brynicki, en la Asunción; con Orestes Castronuovo, en Buenos Aires, y con Carlo Zecchi, en Roma. Ha ofrecido conciertos en ciudades europeas y americanas; Mercedes Millares de Salcedo, asuncena, profesora de piano, fue alumna de Ludovico Tasada, de Sandina de Gorriti y de Miguel Morosoli. Obtuvo el gran premio de piano en 1921; Luisa Lebrón de Salomoni, espíritu armonioso, concertista de guitarra; Esther González de Sant'Ana, guaireña, profesora de piano, de larga y proficua labor en Villarrica y la Asunción; José de Jesús Villalba, compositor, director de bandas militares y profesor de música. Domina todos los instrumentos de viento. Entre sus numerosas composiciones se cuenta una obra sinfónica paraguaya; Alejandro Villamayor, guaireño, arpista y compositor, es autor de numerosas polcas y canciones: Jorge Urdapilleta, asunceno; estudió canto con Nadine de Tumanoff. Es técnico en grabaciones; J. Demetrio Morínigo, guitarrista y compositor, es autor de gran número de polcas, guaranias, valses, canciones, etc.; hoy llevadas al disco; Eladio Martínez, de Paraguarí, flautista y guitarrista, es también un fecundo compositor. En gira de arte ha recorrido, Europa y América al frente de conjuntos orquestales de música paraguaya; Samuel Aguayo, asunceno, guitarrista y cantor a quien se debe la difusión de la música paraguaya en el Río de la Plata, es también autor de numerosos arreglos de la música popular anónima; Emigdio Ayala Báez, de Escobar, guitarrista y compositor, es autor de Mi dicha lejana; Agustín Barboza, guitarrista y cantor, ha divulgado la música paraguaya en América y Europa; Santiago Cortesi, de Isla Sacá, arpista, guitarrista y compositor; Pablo Escobar Cáceres, de Arroyos y Esteros, concertista de guitarra; Clodomiro Escobar, asunceno, concertista de violín; Carlos Esculies, ,asunceno, profesor de violín; José Esculies, asunceno, pianista; Aurora Espínola, contralto; Victoria Fiandro, asuncena, profesora de piano; Carlos Abreu Sosa, asunceno, guitarrista; Esther Acuña Falcón, asuncena, soprano; Elisa Aponte, asuncena, profesora de piano; Jorge Báez (h), asunceno, profesor superior de violín; María Luisa Báez Yergas, asuncena, concertista de piano; France-Marie Balanzá, guaireña, profesora de piano; Tomás Balbuena, tenor; Lauro Sant'Ana, violinista; Sixto Benítez Rojas, director de bandas militares; Luisa Perasso de Berganza, profesora de piano; Antonio Bestard, mandolín y violín; Juan Bestard, guitarrista; Miguel Angel Bestard, mandolín; Emilio Biggi, director de orquesta y compositor de música nativa; Emilio Bobadilla Cáceres, autor de polcas y guaranias; Balbina Salcedo de Boettner, profesora de piano; Gilda Vierci de Boettner, profesora superior de violín; Juan Max Boettner, compositor y musicólogo de quien nos ocupamos en otro lugar de este libro; Luis Oscar Boettner, pianista, violinista y arpista, compositor de música popular; Juan Max Boettner (h), saxofón y piano; Josefina Bordas, soprano; Alicia Bravard, profesora de piano; Monserrat Solé de Bravard, violinista; Blanca Bravard, pianista: Ricardo H. Caballero, guitarrista; Esteban Cabañas, saxofón; Mercedes Cabrera Cardús, piano; Milciades Cabrera, clarinete; Julio Cálcena, pianista; Gil Dami Serna, arpista; Aura Mendoza de Daumas, contralto; Clotilde De Finis Vierci, pianista; Raúl de Laforet, bajo; Rosa Ortiz de Demestral, piano; Juana Bordenave de Díaz León, pianista; Carlos Dos Santos, corno; Adolfo Duarte, guitarrista; María Luisa Duarte Miltos de Lee, soprano ligera; Bacón Duarte Prado, violinista; Emiliano Esquivel,. contrabajo; Stella Maris Estigarribia, piano; Paulino Estigarribia, violín; Leopardo Figueroa, arpista; Delfín Fleitas, cantante; Basilio Fleitas, violín; María V. Ortiz de Fresco, profesora superior de violín; Irme D. de Fretes Ayala, pianista; Cándido Fretes, concertista de guitarra; Cirilo F. Fretes, pistón; Pedro Ramón Gamarra arpista; Arsenio García, violoncello; Digno García, arpista y compositor, divulgó la música paraguaya por Europa y América; Luis Meza o Luis Alberto del Paraná, guitarrista y cantor de brillante actuación en escenarios europeos; Anastasio Giménez, tuba; Florentín Giménez, director de conjuntos de música y compositor; Prudencio Giménez, arpista y guitarrista; Federico Gómez, clarinete; María Teresa Casal Ribeiro de Gómez Sanjurjo, contralto; María Florentina Gómez Mazzei, profesora de piano; Ramón G. Gómez Mazzei, pianista y compositor; Darío Gómez Serrato, a quien nos referimos en otra página de este libro, se dedica a la musicología folklórica; Jorge A. Gómez Ventre, piano; Alfonso González, arpista; Isidoro González, clarinete; Santos González, arpista; Yolanda Pirotta de Gorostiaga, pianista; Matías Gotz, acordeonista a piano y compositor; Patricio Gutiérrez, violinista; Rodolfo Heyn, guitarrista, director de orquesta y compositor; María Matilde Abreu de Hodoley, soprano; Dionisio Ibáñez, violín; Octavio Ynsfrán, oboe; Quintín bala, arpista; Luciano Iriarte, arpista y compositor; Agustín Larramendia, arpista y compositor; Juan de Dios Leguizamón, violín; Lorenzo Leguizamón, arpista; Ángela Camihort de Lofruscio, soprano; Emma López de Paoli, concertista de piano; José de la Cruz López, arpista; Juan de Rosa López, baterista; Polonio D. López, arpista y compositor; Alvaro Marassi, violín; Rosa Marés Lind, pianista y compositora; Angel Medina, guitarrista y compositor; César Medina, bandoneonista y compositor; Edmundo Medina, arpista y compositor; Epifanio Méndez, guitarrista y compositor; Ramón Mendoza, guitarrista; Hugo Miranda, violín; Rodolfo Miranda, guitarrista; Elvira Misch, violín; Pablo Morel Vásquez, arpista; Argel Moreno, violoncello; Miguel Argel Morínigo, cormo; Judith Ocampos, soprano; Eugenio Ocampos, pistón; Zenobia Odriosola, soprano; Pedro Orrego, violín; Fernando Ortigoza, guitarrista; Luis A. Ortúzar, musicólogo; Arnaldo Paoli, barítono; Gloria Pardo, piano; Feliciano Peralta, arpa; Facundo Paredes; pianista; Pablo Peralta, corno; Amado Pereira, contrabajo; Arturo Pereira, violín; Eloy Martín Pérez, uno de los presuntos autores de "Güyrá Campana"; Fidencio Pérez, guitarrista y compositor; Eladio Pérez González, canto; María Ángela Perito, pianista; Claudio Pesoa, compositor; Zulma Pfannel, contralto; Ernesto Pinho Mantero, violinista; Victoriano Pinho, compositor de polcas y guaranias; Otakar Platil, cello, compositor y profesor de armonía y contrapunto; Teresa Prieto Chenú, canto; Luis Proietto, profesor de flauta y teoría; Carmen Pusineri, pianista; Albino Quiñones, arpista y compositor; Alicia Moreno de Quevedo; pianista; Olga Abreu de Quevedo, pianista; Rubén R. Ramírez, compositor de música popular; Ina Texeira de Ramos Giménez, pianista y compositora de polcas y guaranias; Ramón Ratti, compositor; Rogelio Recalde, autor de Marapá rekuaáse; Julián Rejala, guitarrista y compositor; Juan Ramón Reyes, autor de polcas, canciones y guaranias; Federico Riera, compositor y poeta; Alfredo Riquelme, violinista; Ruperto Coronel Ayala, guitarra y organillos, simultáneamente; Luciani Rivaldi, contrabajo; Paulino Rivarola, autor de polcas; Manuel Rivas Ortellado, ex director de la banda de policía; Leonardo Rivera Ocampos, compositor de polcas y guaranias; Severo Rodas, compositor de música popular; Heráclio Rodríguez, autor de canciones; Ignacio Rodríguez, violinista; María Amelia González Navero de Rodríguez, profesora de piano y compositora; Vitalino Rodríguez, compositor; Virgilio Rojas, compositor; Florencio Rolón, .autor de polcas y valses; Bernardino Rolón, compositor de polcas y canciones; Bonifacio Román, violinista y compositor; Alberto Romero, de San José de los Arroyos, arpista; Jorge Romero, ex-profesor de música en la escuela de Villeta; Petronilo Romero, corno; Ramón Ruíz Díaz, contrabajo; César Ruíz, autor de una versión de "Güyrá Campana"; Sampson Franck, canto; José Domingo Sanabria, compositor; Argel Sanabria, canto; Rubén Sanabria, arpista; Simón Sanabria, compositor; Abel Sánchez Giménez, arpista; L. Tomás Sacheco, piano; Julio Sánchez, autor de canciones; Ana María Sánchez Maffiodo, canto; María Isabel Santiviago, compositora; Fanny Schavelson, profesora de canto y piano; Antonio M. Semidei, mandolín; Francisco E. Semidei. guitarra; Ramón Serrano, tenor; Camilo Servín, compositor; Porfirio Seavín, compositor; Lidia Elena Silvero, (Elenita Duarte Núñez), autora de polcas Y guaranias; Enrique Soler Prieto, autor de polcas y guaranias; Pedro Sosa Melgarejo, compositor; Fernando Pedro Speciale, canto; Estanislao Stani, profesor de canto; Valeria Stariska, soprano; Eligio Talavera, autor de Vaí vaí-nte, polca; César R. Téllez, compositor; Gerardo Torcida, autor del Bailón del oeste; Clara Manzoni de Torres, canto; Luis Torres, flauta; Marcos Torres, compositor; Margarita Sánchez de Torres, profesora de piano; Luis Torres Paredes, autor de polcas; Marciano Trinidad, compositor; Máximo Trinidad, compositor; Vladimir Tritiat, viola; Nadine Tumanoff, aristócrata rusa que actuó en el Paraguay desde 1926, pedagoga de canto, fundadora y directora de la "Academia de Arte Lírico". Sus alumnos representaron "Traviata", en la Asunción, en 1949; Salvador Tumino, flauta; Lidia C. Corina de Ugarriza, piano; Carmen Urbieta Peña de Domínguez, pianista, ex-directora de la "Academia Santa Cecilia"; Emilio Vaesken, tenor y compositor; Atilio Valentino, :pianista y ex-director de conjunto musical; José Valenzuela, profesor de clarinete; Dionisio Valiente, autor de polcas; Nelly Vallejos, piano; Eduardo Ortiz Vásquez, compositor; Ramón Vargas Colmán, autor de polcas; Delia Vázquez, soprano, de larga actuación en el extranjero; Pedro Velásquez Ruíz Diaz, asunceno, arpista y compositor; Felipe Velloso, profesor de solfeo, piano y violín; Aniceto Vera Ibarrola, violinista y compositor; Nonato Guadalupe Verón, autor de polcas, guaranias y canciones; halo Perruno:, violinista; Carlos Vinagre, violinista y compositor; Carmen Villalba, arpista y compositora de polcas; José D. Villalba, compositor; José de Jesús Villalba, conocedor de todos los instrumentos de la banda, pedagogo musical, compuso muchas piezas y una obra sinfónica paraguaya, maestro de banda; Juan E. Villalba, acordeonista y autor de Colorado reté, con Simón Iglesias; Zoraida Villalba Ruffinelli, pianista; Alejandro Villamayor, guaireño, arpista y compositor; Lilia María Vinader, pianista; César Toribio Yegros, compositor de .polcas y canciones; Pablo Zorrilla, autor de polcas, Luis Bordori, arpista eximio, Moisés Zapatini, compositor y otros de más reciente aparición. (Los datos referentes a los acontecimientos musicales registrados en el Paraguay desde 1920 fueron obtenidos por mis alumnos Diego Bertolwcci y José Antonio Ayala en las colecciones de diarios existentes en la "Biblioteca Godoy".)

Además de las instituciones públicas y particulares que se dedican a la enseñanza de la música y algunas, a la danza, ya citadas con antelación, nombraremos también a la "Sociedad Orquestal", "Instituto La 'Salvia", "Escuela de Educación Artística", "Amigos del Arte", "Sociedad Musical de Socorros Mutuos", "Asociación de Artistas Nativos", "Filarmónica del Paraguay", "Academia de Música", "Academia de Danzas Clásicas, Modernas y Folklórica-s", ",Conservatorio Paraguayo de Cultura Musical", "Academia de Danzas", "Academia Nacional de Canto", "Escuela de Danzas" y la "Academia de Música de Nuestra Señora de Guadalupe".

 

SINÓPSIS

 

La extensión del trabajo al que se dá fin en este capítulo requiere una síntesis. Nos parece necesaria una labor de ubicación, de clasificación, y, tal vez, de valoración, siquiera sea ésta somera, quizá lacónica.

No escapará al lector las dificultades con que habremos de tropezar para ensayarla. Este libro se compuso mediante el trabajo personal y directo del autor. No se contó con la colaboración de equipo alguno, ni se utilizaron fichas, que no poseen las instituciones públicas ni las bibliotecas y archivos privados del Paraguay. La investigación, que nos demandó más de veinte años, se realizó sobre documentos originales, sin más ayuda que nuestro propio esfuerzo. El trabajo que ahora iniciamos también se desarrollará en manera semejante.

A fin de ajustarnos a ciertos métodos, comenzamos por dividir la historia cultural del Paraguay en cuatro períodos, dentro de los cuales tratamos de ubicar instituciones y cultores de las letras, las ciencias y las artes.

Sabemos que nuestras informaciones referentes al lapso hispánico, vale decir, desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX son incompletas. Más aun, son pobres. Pero la verdad es que las labores de investigación histórica de esa época están todavía en sus comienzos. Los archivos constituyen, en gran parte y a ese respecto, una cantera virgen. No obstante, algo hemos podido, arrancar a sus secretos, lo que hemos ordenado en lo posible para ofrecerlo al interés del estudioso.

El panorama del período auténticamente paraguayo el que se inicia en mayo de 1811 y abarca hasta el presente, si bien adolece del mismo defecto, éste ya no es tan grave, pues la información es más abundante y clara. No obstante, hemos tropezado, al analizar esta época, con otro obstáculo serio. Se trata de la dificultad para realizar una clasificación científica de autores y de obras. Desde 1811 hasta mediado del siglo XX,- como en todas las culturas incipientes, los autores paraguayos no pudieron ser especialistas. Y ello se explica. Debe tenerse presente que, en nuestro país, en realidad, las actividades intelectuales y artísticas se iniciaron después de la guerra que finalizó en Cerro Corá, en 1870. Antes, el Paraguay vivió bajo regímenes de fuerza, no propicios, precisamente, para el amable comercio de las letras y de las artes.

El régimen inaugurado bajo la hegemonía de la constitución nacional de 1870, pródigo en libertades, fue el primero en brindar, en nuestro país, un ámbito espléndido de posibilidades. Desde aquella fecha, en consecuencia, puede observarse una evolución más intensa en los afanes artísticos y científicos.

La fundación, del Colegio Nacional de la Asunción, del Seminario Conciliar y, sobre todo, de la Universidad Nacional, impulsó vigorosamente tales actividades. La presencia de ilustres profesores y de letrados, artista y hombres de ciencia foráneos, constituyó siempre motivo de superación cultural: La amplia libertad de prensa, de asociación, de enseñanza, de reunión, etc. contribuyó también notablemente a aquel incremento, cuyos frutos son ahora evidentes.

Desde 1940, desgraciadamente, la evolución, si bien no trunca, quedó amenguada por la carencia de las libertades imprescindibles, amenazadas por las duras normas prescriptas por la carta política que, a partir del mes de julio de aquel año, rige la vida institucional de la nación. Más aun; fundados en sus principios, se han sucedido regímenes de fuerza sin justicia; poco favorables para el desenvolvimiento cultural del pueblo paraguayo.

No obstante, desde hace más de una década, silenciosamente, en el seno de institutos científicos, artísticos y literarios, se han iniciado labores de especialización. También puede notarse un apreciable aumento en la publicación de libros. Mas, esto se debe a quienes, obligados por razones políticas, se hallan o se hallaron exilados.

Y, ahora, vamos a ensayar la tarea que nos hemos propuesto realizar. La ubicación y clasificación de valores será escueta, y se hará por centurias y según fuese la relativa especialidad de autores y de obras, así como de todo lo referente a la evolución cultural del Paraguay. Solamente citaremos, aunque es obvio, a quienes, a nuestro juicio, son valores representativos del arte o de la ciencia de su tiempo en nuestra tierra.

En el siglo XVI se escribía en prosa y en verso y aparecieron algunos cultores de la oratoria, la docencia, la historia, el teatro y la filología del idioma guaraní.

Fueron prosadores los primeros cronistas y relatores. Son ellos el bávaro Ulrich Schmidl, el español Pero Hernández y el asunceno Ruy Díaz de Guzmán. La poesía se hallaba representada por los hispanos Luís de Miranda de Villafaña y Martín del Barco Centenera; la oratoria sagrada por Rodrigo Ortiz Melgarejo y Hernando de Trejo y Sanabria, quien también representaba la docencia, ambos nacidos en el Paraguay; el teatro, por el padre Juan Gabriel de Lazcano y el jesuita Alonso de Barzana, y la filología del idioma guaraní por el franciscano Luís de Bolaños y el asunceno Gabriel de la Anunciación. La musa popular, en castellano y en guaraní, nos ha dejado “romances” traídos a América por el audaz ibero; y “canciones” vernáculas de origen remoto, como "Kurusú". En otras actividades artísticas aparecieron Hernán Sánchez; pintor y Antonio Ramos, Juan de Xara; Antonio Coto, Antonio Romero y Gregorio de Acosta, españoles, y Rodriguez Ortiz Melgarejo, guaireño, músicos: En cuanto a institutos de enseñanza, además de las escuelas fundadas por el gobernador Domingo Martínez de Ira1a y el Cabildo, y la particular del padre Gabriel de Lazcano, se encuentra el "noviciado" de los franciscanos, cuya influencia en la naciente cultura es innegable. Los hombres sobresalientes en las actividades políticas de aquel tiempo fueron Alejo García, el descubridor; Juan de Salazar de Espinosa; el fundador; Domingo Martínez de Irala, el creador; Nufrio de Chaves y Juran de Garay, los conquistadores; Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el infortunado, y Hernando Arias de Saavedra, el primer gobernador criollo del Paraguay. Los estudios folklóricos contaron con el, precursor Martín del Barco Centenera. Los acontecimientos fundamentales ocurridos en el Paraguay en el siglo XVI, además de su descubrimiento, fueron la fundación de la Asunción; las expediciones y conquistas; su primera desmembración territorial; las guerras guaraníticas, y la creación del "Archivo Nacional de la Asunción."

Durante el siglo XVII redactaron en prosa sus páginas de crónicas y relaciones, vale decir, de primitiva historia, los jesuitas Nicolás del Techo, francés; Juan Pastor, valenciano, y

Nicolás Martini Duran, italiano; escribió versos Diego de Boroa, español; cultivaron la oratoria sagrada el limeño Reginaldo de Lizárraga, (Baltazar de Obando), y el veneciano Simón Bandini; la docencia contó con Enrique de Lamormaini, de Luxemburgo; Francisca Jesusa Pérez de Bocanegra e Ignacio de Loyola, españoles, y los paraguayos Francisco de Saldívar y Roque González de Santa Cruz. El teatro se muestra huérfano de cultores en este siglo; la filología del idioma guaraní, por el contrario, tuvo estudiosos eminentes como el limeño Antonio Ruiz de Montoya; el mazzarino, Pablo Restivo; el asunceno José Ignacio Insaurralde y el napolitano Alonso de Aragón, y en la astronomía con el jesuita español Benaventura Suárez, en la soledad de su observatorio de San Cosme y Damián. La musa popular siguió proliferando, y las artes fueron representadas por Joseph von Reinegg, (padre Sepp), tirolés; Juan Voisseau, belga; Martín Schmid, suizo; Luís Berger, flamenco, músicos; José Brasanelli milanés, escultura y arquitectura; Pedro Espinosa, José Gómez españoles Juan Kraus, alemán, Angel Camilo Petragrassa, italiano y Martín Schmid, arquitectos; Luis Berger y José Grimau, franceses, pintura, y Domingo Ugarte, español, ebanista. Los principales institutos de enseñanza fueron en esta centuria, la "Casa de Recogidas y Huérfanas", el "Colegio de los Jesuitas" y el colegio costeado por el Cabildo de la Asunción y dirigido por Juan Domínguez: Entre las personalidades políticas, destacáronse Martín de Ledesma Balderrama, Bernardino de Cárdenas, Gregorio de Hinestrosa y Juan Díez de Andino. Los estudios folklóricos contaron con Simón Mazzeta, Nicolás del Techo, Antonio Ruiz de Montoya y José Cataldino: El acontecimiento fundamental que se registra en este siglo es la, iniciación de la revolución de los comuneros.

El siglo XVIII nos presenta a Pedro Lozano, Juan Francisco de Aguirre y José Guevara, españoles; Martín Dobrizhoffer, austriaco; Pedro Francisco Xavier de Charlevoix, francés: y los paraguayos Manuel Antonio Talavera y Pedro Vicente Cañete como prosadores. Este último fue, además y especialmente, cultor de las ciencias jurídicas. Los primeros fueron cronistas o historiadores. La poesía de aquel tiempo esplende en los versos conceptistas del panameño José Antequera Henríquez y Castro. La oratoria del siglo XVIII simbolizan el bohemio Tadeo Javier Henis, Fernando de Mompox y Zayas, de Nueva Valencia (Venezuela), y los paraguayos Amancio González y Escobar y Miguel de Vargas Machuca. En la docencia aparecieron José Manuel Peramás, Francisco Díaz Taño, Domingo Muriel (Ciriaco Morelli), Alonso Báez, Gabino de Echeverría y Gallo, José Antonio de Agüero y José Baltazar de Casajús, el paraguayo Fernando de Cavallero y el indio Nicolás Yapuguai. El cultivo de las ciencias contó con Segismundo de Arperger, austriaco; José Cardiel, Miguel Marimón, José Jolis, José Quiroga, José Sánchez Labrador, Diego de Alvear y Ponce de León, Pedro Montenegro, Félix de Azara y Andrés de Oyárvide, españoles; Antonio Machoni, sardo; Ignacio Chomé, francés, y José Dávalos y Peralta, paraguayo. La especialidad de cada uno de ellos se halla señalada en los capítulos correspondientes de este libro. En artes sobresalieron Juan Bautista Prímoli y Andrés Bianchi, arquitectos milaneses; Cristóbal Pirehovy (José Antonio Ortiz) y Julián Atirahú, indios, músicos, y los también autóctonos, Yaparí y Tilcará, grabadores. Las personalidades políticas descollantes durante esta centuria fueron, entre otras, José de Antequera Henríquez y Castro, Antonio Ruiz de Arellano, Fernando de Mompox y Zayas, Juan de Mena, José de Avalos y Mendoza Sebastián Fernández Montiel, Ramón de las Llanas, Diego de los Reyes Balmaceda, Fernando Curtido, Baltazar García Ros, Manuel  Agustín de Ruyloba Calderón y Martín dé Echauri. Entre los principales institutos de educación se cuenta el "Colegio Conciliar de San Carlos" de notable influencia cultural. Este siglo señala también la creación de la imprenta en las misiones jesuíticas del Paraguay. Los estudios folklóricos estuvieron representados por Pedro Montenegro, Pedro Francisco Xavier de Charlevoix, Martín Dobrizhoffer y Félix de Azara. Los acontecimientos fundamentales que caracterizan este siglo son las dos últimas  revoluciones comuneras, y el trágico final, de la postrera en los campos de Tabapy.

En la segunda mitad del siglo XIX nuestro país fue víctima de una guerra de exterminio. Tres naciones de la América meridional se aliaron para atacarla. La tremenda lidia duró desde fines de 1864 hasta el 19 de marzo de 1870. Al terminar la lucha solo quedó en nuestra tierra ruinas en las cosas y desolación en los espíritus. La población se redujo a menos de la cuarta parte de la que fuera antes de la tragedia: Las familias, deshechas; las instituciones muertas; el alma popular; melancólica y adolorida.

Pudiera decirse que aquella desgracia colectiva tronchó el curso de la vida nacional. En 1870, sin embargo, de sus propias cenizas, emergió un nuevo brote de existencia paraguaya De aquel tiempo data la época que estamos viviendo.

Por tales motivos y, además, por razones de método, nos vemos precisados a dividir en dos lapsos el estudio del siglo XIX: el primero abarca desde 1800 hasta 1870; el segundo, desde ese año hasta 1900.

En el período primigenio representaron la prosa Mariano Antonio Molas, Manuel Pedro de Peña, Fernando de la Mora, Juan Andrés Gelly, Carlos Antonio López, Fidel Maíz, Francisco Solano López, Gumersindo Benítez, Manuel Trifón Rojas, Francisco Solano Espinosa, Julián Aquino, Andrés Maciel y Carlos Riveras, entre los paraguayos, y Tristán Roca, Gerónimo Becchis e Ildefonso Antonio Bermejo, entre los extranjeros. Mariano Antonio Molas fue doctrinario y cultivó la historia; Manuel Pedro de Peña escribió en la prensa argentina; Fernando de la Mora, también doctrinario de la emancipación, redactaba correctamente notas, manifiestos y proclamas; Juan Andrés Gelly publicó un libro y fue redactor de los primeros periódicos aparecidos en el Paraguay; Carlos Antonio López, fundador del periodismo paraguayo, dirigió Y redactó El Paraguayo Independiente; Fidel Maíz, Gumercindo Benítez Rojas, Francisco Solano Espinosa, Julián Aquino, Gerónimo Becchis; Carlos Riveras y Andrés Maciel fueron periodistas, y Francisco Solano López dejó una apreciable colección de notas, manifiestos y proclamas que prueban sus excelentes cualidades de prosador. En poesía se destacó, en este período, Natalicio de María Talavera, entre los paraguayos, y Felipe Buzó y Tristán Roca, entre los extranjeros; en la oratoria se distinguieron Fidel Maíz, Francisco Solano López y Carlos Riveras; en la docencia; Marco Antonio Maíz, Francisco Xavier Bogarín, José Gabriel Téllez, José del Carmen y Bonifacio Moreno, entre los paraguayos, y Juan Pedro Escalada e Ildefonso Antonio Bermejo entre los extranjeros. La novela se inició en este tiempo en el Paraguay con el deán Eugenio Bogado; el teatro tuvo su expresión en dos extranjeros: el español Ildefonso Antonio Bermejo y el norteamericano Porter Cornelio Bliss; las ciencias en los suizos Johan Rudolf Rengger y L. Marcelin Longchamp; los franceses Alfred M. Du Graty, L. Alfred Demersay y E. de Bourgade La Dardye; el italiano José Domingo Parodi el húngaro Francisco Wisner de Morgenstern; el alemán Roberto von Fischer-Treuenfeldt el noruego Everark Munk, y en los paraguayos Juan Vicente Estigarribia y Fernando de la Mora: Estigarribia cultivó las ciencias médicas, y de la Mora, la filología del idioma guaraní. En artes representaron la música los paraguayos Antonio María Quintana, José Gabriel Téllez, Cantalicio Guerreros e Indalecio Odriosola, los franceses Francisco Sauvageod de Dupuis y Luís Thébene, y el español Santiago Ramos la pintura, el asunceno Aurelio García y el sanlorenzano Saturio Rios, y los italianos Alejandro Ravizza y Félix Rosetti; la arquitectura, los italianos José Pelozzi, Juan Colombo y el nombrado Ravizza, y la escultura, el italiano Andrés Antonini: Los principales institutos educacionales fueron la "Academia Literaria", el "Colegio Seminario Conciliar de San Carlos", la "Escuela de Derecho Civil y Política", la "Escuela Normal" y el "Aula de Filosofía", cuyos educandos, en su mayoría, perecieron durante la guerra. También en ese período tuvo su origen el periodismo paraguayo, con la aparición de El Paraguayo Independiente, en 1845. En la actividades políticas sobresalieran Bernardo de Velazco y Huidobro, último gobernador español, y Fulgencio Yegros, Pedro Juan Caballero, Mariano Antonio Molas, Fernando de la Mora, Juan Bautista Rivarola, Vicente Ignacio Iturbe y los demás próceres de la independencia nacional; José Gaspar de Francia, "el supremo dictador"; Carlos Antonio López, Juan Andrés Gelly, Andrés Gill, Manuel Pedro de Peña, Francisco Solano López y José Berges. También durante este período, que se cierra en 1870, se juró la independencia de la República; fueron creados la bandera y el escudo, símbolos augustos de la patria; se compusieron la música y la letra del himno nacional; se contrataron los primeros técnicos, extranjeros, y se desencadenó la guerra contra la triple alianza cuyo final trágico señala Cerro Corá.

Durante el segundo período del siglo XIX cultivaron la prosa Juan José y José Segundo Decoud, Juansilvano Godoy, Manuel Gondra, Manuel Domínguez, Arsenio López Decoud, Juan E. O'Leary, Fulgencio R. Moreno y Blas Garay. La poesía contó con Alejandro Guanes, Enrique D. Parodi, Juan E. O'Leary e Ignacio A. Pane, paraguayos, y Victoriano Abente y Lago, español; la oratoria, con Facundo Machaín, Alejandro Audibert, Juan Sinforiano Bogarín y Cecilio Báez; la historia, con Alejandro Audibert, Cecilio Báez, Blas Garay, Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno, Juan Francisco Pérez Acosta, Juan Crisóstomo Centurión y los cronistas de la guerra; la crítica con Manuel Gondra, Manuel Domínguez y Arsenio López Decoud; la novela, con Ercilia López de Blomberg; la docencia primaria, con Asunción Escalada, Rosa Peña de González, José Ignacio Acosta, Adela y Celsa Speratti, Atanasio C. Riera, Manuel A. Amarilla y Benigno Riveros, paraguayos, y Catalina Q. de Domínguez, Amalia Irala de Santamarina, Carina Echanique y José María Monzón, argentinos; la secundaria, con Manuel Gondra, Manuel Irala, Juan Cancio Flecha, Cleto Romero, Emeterio González, Inocencio Franco y Manuel Domínguez, paraguayos Y Facundo Bienes y Girón y Cristóbal Campos y Sánchez, españoles, y Eugenio Bertoin, francés; y la universitaria con Ramón Zubizarreta, Juan Vallori y Corquiela, Juan Borrás y Pardo, Federico Jordán, Ramón de Olascoaga, españoles; Ítalo O ´De Finís, italiano, y Guillermo Stewart, inglés, y Alejandro Audibert, Cecilio Sáez, Facundo Ynsfrán, Héctor Velásquez y Venancio V. López, paraguayos. En el teatro solamente aparecieron autores y elencos extranjeros; en el estudio de las disciplinas científicas sobresalieron los suizos Moisés S. Bertoni y Emilio Hassler, el húngaro Daniel Anisits, el francés Ernest Balanzá, el italiano Guido Boggiani, y los paraguayos Manuel Gondra, Manuel Domínguez, Cecilio Báez, Diógenes Decoud y Teodoro Rojas; en el periodismo sobresalieron Juan José y José Segundo Decoud, Ignacio Ibarra, Alejandro Audibert, José de la Cruz Ayala,, Blas Garay, Cecilio Báez, Manuel Domínguez y Hermenegildo Roa, paraguayos, y Manuel Curuchet y Domingo Giménez Martín, españoles; las investigaciones folklóricas contaron con el suizo Moisés S. Bertoni, los paraguayos Silvano y Manuel Mosqueira, y el francés Elíseo Reclus. Las instituciones más representativas e influyentes en la cultura paraguaya de este lapso fueron el "Colegio Nacional" de la Asunción, el primero de origen municipal y el segundo que data de 1877, cual es el que perdura; la “Escuela de Derecho”, la "Universidad Nacional", el "Seminario Conciliar", el "Ateneo Paraguayo" y el "Instituto Paraguayo". En las actividades políticas se destacaron Cirilo Antonio Rivarola, Juan José y José Segundo Decoud, Juansilvano Godoy., Cayo Miltos, Miguel Palacios, José del Rosario Miranda, Facundo Machaín, Jaime Sosa Escalada, Salvador Jovellanos, Cándido Bareiro, Juan Bautista Gill, Bernardino Caballero, Juan Bautista Egusquiza, Higinio Uriarte, Antonio Taboada, José Dolores Molas, Patricio Escobar, Cecilio Báez, Benjamín Aceval, Juan G. González, José Zacarías Caminos, Agustín Cañete, Fabio Queirolo, Víctor M. Soler, Eduardo Vera, Avelino Garcete y Felipe Torrens. En las artes aparecieron los italianos Luis Cavedagni, Ludovico Tessada y Nicolino Pellegrini, el argentino Juan Mallada y el paraguayo Leopoldo R. Elizeche, en música; los italianos Guido Boggiani y Guillermo Da Ré, en pintura, y el español José Marsal, en arquitectura. Los acontecimientos más importantes fueron la constitución del primer gobierno provisional llamado el "Triunvirato"; la fundación de los primeros clubes políticos; la reunión de la Convención Nacional Constituyente; la sanción, promulgación y jura de la Constitución Nacional de 1870; la instalación del primer gobierno constitucional; las revoluciones de 1873 y 1874; los tratados de paz y límites con el Brasil y la Argentina; la desocupación del territorio nacional por las fuerzas de la alianza; el fallo del presidente norteamericano Rutherford B. Hayes; el asesinato del presidente Juan Bautista Gil; el asesinato del ex-presidente Cirilo Antonio Rivarola; el asesinato de los presos políticos en la cárcel pública; la fundación de la "Biblioteca Nacional" la fundación de los partidos políticos tradicionales; el asalto liberal a los cuarteles, el 18 de octubre de 1891; la división de dichos partidos políticos en "caballeristas" y “egusquicistas” (colorados), y "Cívicos" y "Radicales" (liberales), y la fundación de la "Escuela Normal de Maestros", la "Escuela Normal de Maestras" y del "Colegio Monseñor Lasagna".

En el curso de los sesenta años del siglo XX el Paraguay soportó otra guerra internacional. El conflicto del Chaco aparece en el panorama de este período como un verdadero lindero sangriento de dos épocas diferentes. Por tal motivo y; otra vez más, por razones de método, nos vemos nuevamente precisados a dividirlo en dos períodos para su mejor discriminación.

En el lapso que se inicia en 1900 y se cierra en 1935 aparecen numerosas cultores de la prosa, entre quienes sobresalen Eloy Fariña Núñez, Marcelino Pérez Martínez, Eligio Ayala, Adolfo Aponte, Enrique-Bordenave, Pablo M. Ynsfrán, Luis De Gásperi, Justo Pastor Benítez, Arturo Bray, J. Natalicio González, Leo.1 pollo Centurión, Miguel González Medina y Adriano Irala, paraguayos; Rafael Barret, español, y Martín de Goicoechea Menéndez, argentino. En poesía se destacan Marcelino Pérez Martínez, Manuel Ortiz Guerrero y Carlos A. Jara, en castellano y en guaraní; Narciso R. Colman, Darío Gómez Serrato y Emiliano R: Fernández; en guaraní; Pablo M. Ynsfrán, Guillermo Molinas Rolón, Vicente A. Lamas, José Concepción Ortiz, Ida Talavera de Fracchia, Josefina Plá y Dora Gómez Bueno de Acuña, en castellano. La oratoria cuenta con la verba de Gerónimo Zubizarreta, José Patricio Guggiari, Cipriano Ibáñez; Modesto Guggiari, Atilio Peña Machaín. Lisandro Díaz León, Tomás Salomoni, Ricardo Mazó, Juan Stefanich, Luis De Gásperi, Luis Ruffinelli y Justo Pastor Benítez; la historia, con Gómez Freire Estéves; y Benjamín Velilla; la docencia primaria con Ramón I. Cardozo, María Felicidad González, Concepción Silva de Airaldi, Rosa Ventre,  Teodosia Ramírez, Lucía Tavarozzi, Carmen Garcete, Lidia Velásquez, Pedro Aguilera, Encarnación Irrazábal, Clotilde Bordón y Juan R. Dalhquist; la enseñanza media con Manuel Riquelme Delfín Chamorro; J. Inocencio Lezcano, Tomás Airaldi, Juan C. Díaz, Máximo Arellano; Viriato Díaz Pérez, Alfonso B. Campos, Serafina Dávalos, Gustavo M. Crovato, Pedro Bruno Guggiari, Estanislao Pereira, Isidro Abente, Agustín Muñoz, Juan B. nacimiento, Julio Frontanilla, Pablo Alborno, Cleto de Jesús Sánchez, Luis S. Escobar y Adolfo Avalos, entre los paraguayos; Eugenio Bordas Barbié y Lorenzo Pérez Belloso, españoles; Herik Mülok, alemán, Héctor Da Ponte, italiano, y Háns Land, inglés y la universitaria con Cecilio Báez, Manuel Domínguez, Eusebio Ayala, Marcial Sosa Escalada, Ignacio A. Pane, Félix Paiva, Adolfo Aponte, Antonio Sosa, Luis De Gásperi, Alfredo J. Jacquet, Enrique Bordenave; Luis A. Argaña, Celso R. Velásquez, Justo Prieto y Adriano Irala, en la rama del derecho; Luis Enrique Migone, Eduardo López Marcha, Rogelio Urizar, Alberto Schenoni, Andrés Barbero, Manuel Peña, Juan B. Benza, Alejandro J. Dávalos y Gerardo Laguardia, paraguayos; y los profesores alemanes, franceses e italianos contratados, en la de medicina. Los estudios científicos, durante este, período, se hallan representados por Guillermo Tell Bertoni, Luis Enrique Migone, Andrés Barbero, Pedro N. Ciancio, Carlos Frebrig, Juan Francisco Recalde, Viriato Díaz Pérez, Ovidio Rebaudi, Ignacio A. Pane y Rogelio Urizar, paraguayos; Miguel Elmassian, francés; Arnaldo de Wikelried Bertoni, suizo, y los profesores extranjeros recordados más arriba. En ciencias jurídicas se destacan Teodosio González, Juan José Soler, Francisco Rolón, Vicente Brunetti, Marcial Sosa Escalada, Francisco C. Chaves, Eladio Velásquez, Luis De Gásperi y Víctor B. Riquelme. El teatro cuenta, durante esta época, con Eloy Fariña Núñez, Luis Ruffinelli, Miguel Pecci Saavedra y Pedro Juan Caballero, paraguayos y J. Arturo Alsina, tucumano; la novela con Juan Stefanich, paraguayo, y José Rodríguez Alcalá, argentino; el cuento con Eloy Fariña Núñez, Teresa Lamas Carísimo de Rodríguez Alcalá, María Concepción Leyes de Chaves y Leopoldo Centurión, paraguayos, y Roque Capece Faraone, italiano; el ensayo con Justo Pastor Benítez, J. Natalicio González y Víctor Morínigo; el folklore con Ramón I. Cardozo, Pedro M. Rodríguez, Teresa Lamas Carísimo de Rodríguez Alcalá, Guillermo Tell Bertoni; Eloy Fariña Núñez, Narciso R. Colmán, paraguayos, y José Rodríguez Alcalá y Martín de Goicoechea Menéndez, argentinos. En el periodismo sobresalen Belisario Rivarola, Marciano Castelví, Juan Francisco Pérez Acosta, Carlos Luis Isasi, Mario Usher, Antonio Sosa, Eugenio A. Garay, Daniel Codas, Alejandro Guanes, Eusebio A. Taboada, M. Virgilio Barrios, Gómez Freire Esteves, Rufino A. Villalba, Ricardo Mazó, Pablo M. Ynsfrán, J. Natalicio González, Justo Pastor Benítez, Adriano bala, Juan Stefanich, Néstor Eduardo Rivero, Leopoldo Ramos Jiménez, Facundo Recalde, F. Arturo Bordón, Policarpo Artaza, Benjamín Velilla, y Lucio y Raúl Mendonça: En las actividades políticas se destacan, Emilio Aceval, Fabio Queirolo, Benigno Ferreira, Emiliano González Navero, Adolfo R. Soler, Juan Antonio Escurra, Manuel Domínguez, Héctor Carballo, Facundo Ynsfrán, Eduardo Fleitas, Antonio Sosa, Rufino Mazó, Ildefonso Benegas, Fulgencio R. Moreno, Francisco C. Chaves, Juan B. Gaona, Cecilio Báez, Carlos L. Isasi, Gualberto Cardús Huerta, Manuel J. Duarte, Elías C. García, Federico Bogarín, Víctor  M. Soler, Manuel Burgos, Manuel Gondra, Adolfo Riquelme, Antolín Irala, Albino Jara, Cipriano Ibáñez, Ricardo Brugada (h), Pedro P. Peña, Daniel Codas, Francisco Campos, Liberato Rojas, Eduardo Schaerer, José P. Montero, Gerónimo Zubizarreta, Eusebio Ayala, Manuel Franco, Belisario Rivarola, Eligio Ayala, Rodolfo González, José Patricio Guggiari, Eusebio A. Taboada, Modesto Guggiari, Alejandro Arce, Luis A. Riart, Lisandro Díaz León, Justo Pastor Benítez y Justo Prieto. En música sobresalen Fernando Centurión, Agustín P. Barrios, Millán Samaniego, Dionisio R. Basualdo, Alfredo Kamprad, Angel Menchaca, Ana Brun de Guggiari, Remberto Giménez, Quirino Baez Allende, Carlos Talavera, Ampelio Villalba, Román Aristóbulo Domínguez, Enrique Marsal, Gerardo Fernández Moreno, Clodomiro Escobar, Víctor Ocampos, Gustavo y Juan Manuel Sosa  Escalada, paraguayos, y Gaspar Jeannot, francés; Emilio Malinverni, italiano, y Jaime Segalés, catalán; en pintura, Pablo Alborno, Modesto Delgado Rodas, Juan A. Samudio, Jaime Bestard y Roberto Holden Jara, paraguayos, y Héctor Da Ponte, italiano en caricatura aparecieron Miguel Acevedo, Juan Sorazábal Guevara, y en escultura, Francisco Almeida, paraguayo Serafín Marsal, español ; en arquitectura, Miguel Angel Alfaro paraguayo, y Carlos Hoffer, italiano, y en cerámica; Andrés Campos Cervera (Julián de la herrería), y Josefina Plá, nativa de las Canarias.

Los acontecimientos más importantes registrados desde 1900 hasta 1935 son el derrocamiento del presidente Emilio Aceval; la revolución, popular de 1904 y la ascensión del Partido Liberal al gobierno de la nación; el cuartelazo del 2 de julio de 1908; el periodo anárquico que se inicia ese año y se cierra en 1912; la fundación del "Colegio de San José"; la fundación “ Liga de la Juventud Independiente”; la silenciosa conmemoración del centenario de la emancipación política de nuestro país; la reapertura de la Facultad de Medicina; la inauguración de la Biblioteca Americana y Museo Godoy"; la fundación del estado mayor general y la reorganización total del ejército y la armada: la fundación de la Escuela Militar y de la Escuela Superior de guerra; la fundación del "Gimnasio Paraguayo"; el estreno de las  primeras obras teatrales de autores paraguayos; la fundación del Banco de la República y de la Oficina de Cambios, base del actual Banco Central del Paraguay; los vuelos extraordinarios de Silvio Pettirossi; la fundación de la Facultad de Odontología y de la Escuela Normal de Profesores; la muerte violenta del doctor Eligio Ayala; la fundación de la "Liga Nacional Independiente; los sucesos de Vanguardia y la movilización de 1928; la tragedia del  23 de octubre de 1931 y la guerra del Chaco, que, se inicia en 1932 y termina en 1935.

Desde 1935 hasta nuestros días han aparecido como cultores de la prosa Carlos Zubizarreta, Carlos R. Andrada, Rafael Oddone, Hérib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos,, Juan Blas Ojeda y Justo José Prieto; en poesía, Hérib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Juan Blas Ojeda, Manuel Verón de Astrada, José Antonio Bilbao, Elvio Romero, Carlos Villagra Marsal, José María Gómez Sanjurjo, Rubén Bareiro Saguier, José Ricardo Mazó y Rodrigo Díaz Pérez, en castellano, y Pablo A. Turró, Carlos Miguel Jiménez, Tomás Quiroga, Mariano Celso Pedroso, Pedro Encina Ramos y Miguel G. Fariña, en guaraní. Han cultivado la oratoria Obdulio Barthe, Juan Silvano Díaz Pérez y Francisco Sánchez Palacios; en historia se destacan Julio César Chaves, Efraím Cardozo, R. Antonio Ramos, Hipólito Sánchez Quell y Rafael Eladio Velásquez. A pesar de haber aparecido en el período anterior a la guerra del Chaco, en esta época comenzaron a dedicarse a la historia, especialmente a la biografía, Justo Pastor Benítez, Pablo M, Ynsfrán, Arturo Bray y Carlos Zubizarreta. Después de la guerra aparecieron algunas "memorias" de sus actores, de contenido muy interesante. En la docencia primaria y normal se distinguen por sus afanes Emiliano Gómez Ríos, Gaspar N. Cabrera; María Rodiño, María Sosa J. de Nessi, Edelmira G. de Almeida, Herminia de Brix de Fernández, Concepción Galiano, Emiliana Butteler de Yelsi, Anastasia Moraes, Silvia Fiandro, Magdalena Jovellanos de Erico, Ofelia Gómez Bueno; Dominga Silvero y Sara Beatriz Colnago de Benítez; en la secundaria, Julio César Airaldi, Vicente R. Caló, Luis A. Lezcano, Hugo Ferreira Gubetich, Arístides Benítez Ynsfrán, Manuel E. B. Arguello, Justo Pastor Benítez H, Adriano Irala Burgos, Rubén Bareiro Saguier, Luis G. Benítez, Mariano Luis Lara Castro, Luciano Gómez y Víctor Vasconsellos, y en la universitaria, Carlos Gatti, Gustavo González, Dionisio González Torres, Juan Boggino, Mario Luis De Finís, Horacio A. Fernández, Carlos A. Pedretti, Salvador Villagra Maffiodo, Juan Max Boettner, Víctor B. Riquelme, Roberto Sánchez Palacios, Pastor Gómez, Luis A. Paleari, Juan Cámeron, Reinaldo Decoud Larrosa y Alfonso Oddone. El género teatral cuenta con valores como Julio Correa, consolidador del teatro, en guaraní;  Ezequiel González Alsina; J. Manuel Frutos Pane, cultor de la zarzuela de temática paraguaya, y Roque Centurión Miranda, quien dio jerarquía a dicho género en nuestro país. La crítica de teatro se halla representada por Julio César Troche y Manuel E. B. Arguello, y la crítica de arte, por Josefina Plá y Ramiro Domínguez. Las ciencias tienen sus cultores en Carlos Gatti, Gustavo González, Dionisio González Torres, Ricardo Boettner; Mario Luis De Finís, Reinaldo Decoud Larrosa, Juan Boggino; León Cadogan, Carlos Pusineri, Francisco A. Montalto, Reinaldo Montefilpo Carballo, Guillermo Schoutten y Oscar Ferreiro, paraguayos, y Branka Susnick, yugoeslava. La novela cuenta con María Concepción Leyes de Chaves, quien comenzó a cultivar este género durante el tiempo que recordamos; Benigno Cassaccia Bibolini, Juan F. Bazán, José María Rivarola Matto, José S. Villarejo y Augusto Roa Bastos. El cuento con este último y Maro Halley Mora, Reinaldo Martínez y Carlos Garcete. En el desarrollo de los estudios folklóricos se distinguen León Cadogan, Ramón César Bejarano, Gustavo González, Arnoldo Valdovinos y Sinforiano Buzó Gómez, paraguayos; Paulo de Carvalho Neto, brasileño, y Félix Coluccio, argentino. El ensayo cuenta con Rafael Oddone, Luis J. González, Hugo Rodríguez Alcalá, Juan Silvano Díaz Pérez, Juan Carlos Mendonça, Jerónimo Irala Burgos, Juan F. Bazán (h), paraguayos, y Raúl Amaral, argentino. Son escritores humoristas Isaac Kostianosky y Luis Fernando Acosta Aquino. En artes se distinguen Juan Max Boettner, Herminio Giménez, José Asunción Flores, Juan Carlos Moreno González, Cayo Sila Godoy, Carlos Lara Bareiro, Félix Pérez Cardozo, Susana Elizeche de Codas, Francisco Marín Noguera, Teófilo Fleitas; Mauricio Cardozo Ocampos, María Clotilde Balmelli Guggiari, Olimpia Riquelme, Emigdio Ayala Báez, Luis Alberto del Paraná, (Luis Meza), Otakar Platil, María Amelia González Navero de Rodríguez y Nadine de Tumanoff, en música; José Laterza Parodi, en cerámica; Vicente Pollarolo y Herman Guggiari, en escultura; José Luis Escobar y Roger Ayala, en arquitectura; Edith Jiménez, Olga Blinder de Schwartzman, Ofelia Echagüe Vera de Kunos, Joel Filártiga, Carlos Colombino, Herminio Gamarra Frutos, Pablo Ernesto Alborno Weyer,  Lili del Mónico y; Pedro Di Lascio, paraguayos; y Francisco Torné Gavaldá, español, y Wolf Bandurek; polaco; en pintura; Clorinda Sara Da Ponte, Siro Benedetti; César Riquelme Aguirre y F. Daniel Gugliotta, en dibujo; Fiorello Botti y Nicolás Domínguez, en caricatura; Adela Solano López y Olga Blinder de Schwartzman, paraguayas, y Lotte Schultz, brasileña, en grabado.

En las actividades políticas sobresalen, por su actuación en el decurso de este período Rafael Franco, Juan Stefanich, Gómez Freire Estéves, Félix Paiva, Luis A. Argaña, Carlos R. Andrada, Arturo Bray, Ramón L. Paredes, José Félix Estigarribia, Gerónimo Riart, Efraím Cardozo, Alejandro Marín Iglesias, Justo Pastor Benítez, Justo Prieto, hasta 1940, e Higinio Morínigo M Juan Manuel Frutos, J. Natalicio González, Raimundo Rolón, Felipe Molas López, Federico Chaves, Eulogio Estigarribia, Epifanio Méndez Fleitas; Tomás Romero Pereira, José Zacarías Arza, Osvaldo Chaves, Alfredo Stroessner y Edgard L. Ynsfrán. En cuanto a los políticos de oposición, desde aquel año hasta el presente, no podemos citarlos porque se las ha condenado al silencio.

Entre las instituciones que se crearon durante este período y que influyen notoriamente en la cultura popular citaremos el "Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas", el "Instituto Paraguayo de Letras", el "Instituto de Numismática y Antigüedades del Paraguay", la "Academia Paraguaya de la Lengua Española", el "Colegio de Abogados del Paraguay", la "Academia de Derecho del Paraguay", la "Escuela Municipal de Arte Escénico" el "P.E.N. Club del Paraguay", el "Instituto Paraguayo de Cultura Hispánica", "Amigos del Arte", el "Instituto Cultural Paraguayo-Americano", el "Instituto Cultural Paraguay-Brasil" y la "Alianza Francesa". También deben citarse los nuevos colegios particulares de segunda enseñanza; los centros estudiantiles y los centros político-culturales. Entre estos, los de oposición han sido clandestinos. Debe agregarse la creación de la Facultad de Ingeniería; de la Facultad de Filosofía y Letras; de la Facultad de Arquitectura, con su anexo, la Escuela Nacional de Bellas Artes; la Facultad de Medicina Veterinaria y la Universidad Católica con sus dos facultades, de ciencias jurídicas, sociales y política, y de filosofía y letras.

Los sucesos más resaltantes de este período son la sublevación militar del 17 de febrero de 1936, cuya consecuencia fue el derrocamiento del "Partido Liberal"; el derrocamiento del gobierno de "facto" del coronel Rafael Franco; la concertación del tratado de paz, amistad y límites con Bolivia; la sustitución de la constitución nacional de 1870 por la carta política de 1940; el fallecimiento del presidente José Félix Estigarribia; la presencia, del régimen de la "Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado)" en el gobierno de la nación y la revolución de Concepción.

Y pongamos el punto final. Y al hacerlo, recordemos al príncipe de los poetas líricos de Grecia. Nada mejor en este instante que la evocación de aquella oda inmortal a Diágoras, el púgil rodio, vencedor en la VII Olimpíada, oda inscripta en caracteres áureos en el templo de la diosa de la sabiduría y de las artes. Decía Píndaro en sus versos de clásica forma y maravillosa armonía: "El día que los rodios erigieron un altar a Minerva, cayó sobre la isla una lluvia de oro".

 


 

ENLACE RECOMENDADO:


HISTORIA DE LA CULTURA PARAGUAYA - TOMO I

Obras de CARLOS R. CENTURIÓN

Prólogo: ARTURO ALSINA

Biblioteca “ORTIZ GUERRERO”

Edición realizada en el año del sesquicentenario

De la independencia patria.

Asunción – Paraguay, 1961 (695 páginas)


(Hacer click sobre la imagen - Enlace interno)

 

 

 

 


LECTURA RECOMENDADA:

 

HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III

Por  CARLOS R. CENTURIÓN

EPOCA  AUTONÓMICA

EDITORIAL AYACUCHO S.R.L

BUENOS AIRES-ARGENTINA (1951), 500 pp.

Fuente: BIBLIOTECA VIRTUAL PARAGUAYA (BVP)


 

 

 

 

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