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ANDRÉS COLMÁN GUTIÉRREZ


  LA OPOSICIÓN TOLERADA Y LA PERSEGUIDA - Por ANDRÉS COLMÁN GUTIERREZ - Año 2014


LA OPOSICIÓN TOLERADA Y LA PERSEGUIDA - Por ANDRÉS COLMÁN GUTIERREZ - Año 2014

LA OPOSICIÓN TOLERADA Y LA PERSEGUIDA

Por ANDRÉS COLMÁN GUTIERREZ

Colección 60 AÑOS DEL STRONISMO N° 6

Editorial EL LECTOR

Directores de la Colección:

HERIB CABALLERO CAMPOS / IGNACIO TELESCA

Corrección: MILCIADES GAMARRA

Asunción – Paraguay

Mayo, 2014 (104 páginas)



CONTENIDO

Prólogo

Introducción

Capítulo I

¿Quién se opone al hombre que llegó a salvar al país? 

Tras una época de mucha inestabilidad 

Un golpe casi sin oposición 

Capítulo II

Los primeros opositores fueron los propios colorados

El ataque a los colonos "comunistas" de Fram

La caída de Epifanio Méndez Fleitas 

La imposición del terror

Capítulo III

La oposición armada: Frustrados intentos por derrocar al tirano 

La utopía armada de derrocar a una dictadura

Los intentos por matar a Stroessner 

La OPM: Descubiertos antes de entrar en combate    

El Caso Caaguazú: La última rebelión armada 

Capítulo IV

La oposición política: Irregulares y colaboracionistas

La lenta y dividida reacción de los liberales 

Se modifica la Constitución y se suman más "opositores legales"

La creación del PLRA: El liberalismo más combativo

Comunistas: Los más perseguidos 

Febreristas, democratacristianos y colorados opositores en el Acuerdo Nacional

Los años 80: La etapa de mayor confrontación política y desgaste del stronismo

Capítulo V

La oposición social: Obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales

La creación del MIT: Resurge el sindicalismo independiente

El Clinicazo: La movilización que puso en jaque a la dictadura

Movimientos estudiantiles: Efímeros, pero combativos 

Movimientos campesinos: Una larga tradición de lucha

Iglesia, artistas, intelectuales: La otra oposición

La Marcha por la Vida: La movilización final

Anexo

Bibliografía

El autor 



PRÓLOGO

La oposición tolerada y perseguida es un libro en el cual se explican de qué forma la oposición al régimen stronista se fue articulando en diferentes motivos, de modo a plantear a la ciudadanía un proyecto alternativo al que la dictadura estableció en el Paraguay de forma hegemónica.

Andrés Colmán Gutiérrez reconocido y avezado periodista e investigador plantea el contexto en el que se desenvolvió la oposición en su relación con el régimen, que tuvo la facilidad que cuando accedió al poder en 1954, los principales líderes de la oposición se encontraban en el Exilio, por lo tanto los partidos opositores al Colorado se encontraban más que debilitados.

El autor va señalando cómo dentro del propio partido de Gobierno surgieron sectores disidentes que tuvieron el mismo fin que los líderes de los Partidos de Oposición: el exilio. El cambio de contexto internacional obligó a la dictadura a buscar las credenciales democráticas para lo cual pergueñó un esquema que estableció una Democracia de Fachada a partir de que el Partido Liberal presentó candidatos en las elecciones generales de 1963.

De esa forma se establecieron dos tipos de Opositores políticos los colaboracionistas o tolerados y los irregulares o proscriptos, con lo que las circunstancias en las cuales se desenvolvían sus afiliados eran distintas. La dictadura se enorgullecía de su "democracia sin comunismo" afirmando en más de una ocasión que incluso podían regalarles votos a los liberales para que no tuvieran tan pocos, en un acto no sólo de soberbia sino de reconocimiento de que los resultados electorales no reflejaban realmente la voluntad de los ciudadanos.

El libro también trata de otras acciones realizadas por la oposición entre ellas la oposición que adoptó la vía armada para tratar de derrocar al régimen y también la que se desarrolló desde el movimiento sindical y el campesino, buscando alternativas a un régimen que pretendía erigirse en representante de toda la sociedad, afirmando que aquellos que no lo respaldaban eran "malos paraguayos".

Este libro es un aporte a la Colección 60 años del Stronismo en el que se puede comprender en forma clara y sintética el rol que cumplió la oposición durante las diferentes etapas del régimen.

Asunción, mayo de 2014

Herib Caballero Campos



INTRODUCCIÓN

 

"Él decía: -¡Qué hermosa

la patria libre! ¡Hagamos

libre a la patria hermosa!


Soñaba con un país

claro, fértil, que no oprimiera y sangrara

como un despojo deshecho, quería

que en un país de labranzas

cantasen la sangre, el valle, las cordilleras, los ríos;

lo soñó así, sin que jamás retirara

los pasos, la voz, los ojos

de esa intensa lumbrarada.


País de sol y azafranes y corazón de guitarras.

Varón entero, tenía

polvo de pueblo en la cara.


Se alzó por los que yacían,

vistió el sol cada mañana,

noche a noche alumbró el

día, día a día tocó el alba,

sufrió prisión por ser libre,

llevó luz de casa en casa,

pidió por los que no piden,

por otros hirió su entraña".


(Elvio Romero, fragmento del poema Con ese mismo corazón que cantaba).


Quizás no exista un retrato más hermoso -y a la vez más doloroso y terrible- acerca de un luchador opositor contra la dictadura del general Alfredo Stroessner, como el que compone el gran poeta paraguayo Elvio Romero, en el poema Con ese mismo corazón que cantaba, "en memoria de Wilfrido Álvarez, mártir paraguayo".

Wilfrido Álvarez fue dirigente de una de las columnas del Movimiento 14 de Mayo, la primera organización guerrillera que se alzó contra el régimen stronista, iniciando una incursión armada desde territorio argentino, en diciembre de 1959, ocasión en que fueron repelidos y vencidos por las fuerzas de la dictadura.

Los intentos por derrocar a la tiranía a través de la lucha armada siguieron con otra posterior incursión del M14, luego del FULNA, un frustrado proyecto de la OPM y hasta un desesperado intento final de un grupo de campesinos, sobrevivientes de las célebres Ligas Agrarias Cristianas, que en marzo de 1980 abordaron por la fuerza un ómnibus en el Alto Paraná para dirigirse rumbo a la capital, pero acabaron siendo víctimas de una verdadera cacería humana en la zona de Caaguazú.

Casi todos estos malogrados luchadores soñaban con "un país claro, fértil, que no oprimiera y sangrara como un despojo deshecho", como poéticamente describe Elvio Romero. El mismo poeta fue también un intelectual crítico y rebelde, luchador contra la tiranía, perseguido y exiliado.

Casi todos ellos sufrieron "prisión por ser libres", pidieron "por los que no piden" y por estos otros "hirieron sus entrañas". En su mayoría acabaron salvajemente torturados y asesinados, sus cuerpos arrojados al río o enterrados en fosas comunes anónimas, algunos lanzados vivos desde aviones en vuelo sobre la selva. Muchos siguen desaparecidos, sin que sus restos hayan sido encontrados. Unos pocos lograron sobrevivir para dar testimonio del heroísmo, y para aseverar que hubo muchos hombres y mujeres que no se rindieron tan pasivamente a la opresión impuesta por la dictadura.

Los versos de Elvio Romero no hablan, sin embargo, de algunos graves errores de táctica y estrategia cometidos por los propiciadores de esas incursiones guerrilleras, de la muy pobre preparación que tenían para el combate y de las pocas posibilidades de vencer a las fuerzas represivas, de las muchas torpezas políticas cometidas y de las actitudes arbitrarias y temerarias de muchos de los dirigentes de la oposición armada, que no solo costaron gran cantidad de vidas humanas, sino que también desencadenaron el castigo contra muchos otros opositores que intentaban vencer al régimen por otros métodos que no incluían la lucha armada, pero que también acabaron siendo arrastrados en el vértigo represivo con que el stronismo reaccionó ante la presunta amenaza de los guerrilleros.

El panorama de la lucha contra la dictadura fue mucho más complejo que el de la división entre "la oposición tolerada y la perseguida" que resume el título de este libro, parte de la valiosa Colección 60 años del stronismo, que entregan la Editorial El Lector y el diario ABC Color. Así como hubo opositores que solo veían el camino de la insurgencia guerrillera, hubo muchos otros que creyeron posible superar al régimen a través de otras vías, utilizando formas de lucha como la no violencia activa y la movilización política, incluso la participación electoral, o la construcción de organizaciones sociales y políticas con objetivos a largo plazo, a través de la acumulación de fuerzas.

También hubo quienes se prestaron a ser meros opositores de fachada, ocupando bancas en el Parlamento o en otros espacios institucionales, presentándose a competir en las reiterativas elecciones contra Stroessner, sabiendo que no tenían ninguna chance de ganar, y que su único rol era el de convalidar la mascarada de presunta "democracia sin comunismo" de la que alardeaba el régimen. A cambio, muchos de ellos recibían generosas dádivas de parte del poder dictatorial establecido.

Pero entre los "opositores ilegales" perseguidos y los "opositores legales" tolerados, también hubo quienes asumieron roles distintos en momentos diferentes. Hubo exiliados de Stroessner que en su momento fueron muy amigos o colaboradores del dictador, y que por divergencias políticas o personales, luego pasaron a ser considerados enemigos, "traidores", opositores acérrimos, perseguidos, encarcelados, exiliados, torturados y asesinados, muchos de ellos personajes cercanos del círculo militar o del propio Partido Colorado, la fuerza política que sostuvo al stronismo durante los casi 35 años en que permaneció en el poder. Tampoco faltaron las conocidas figuras de los partidos tradicionales de oposición, que en su momento creyeron que podían hacer algo, y participaron activamente en el Parlamento, en una Convención Nacional Constituyente, o concurriendo a elecciones, pero que luego optaron por engrosar la lista de los "opositores ilegales".

En el complejo mapa de la oposición contra Stroessner, no faltaron quienes sucumbieron al germen de la división y la intolerancia: Luchadores que eran incapaces de unirse a otros luchadores en pos de un objetivo común, y que preferían ver a muchos de sus propios compañeros de otros partidos, movimientos o sectores, como enemigos que eran incluso mucho más odiados que los personeros del régimen al que decían combatir. Contradicciones en la larga etapa de la lucha antidictatorial en el Paraguay.

Como en mis anteriores libros de temática histórica, esta es una reconstrucción esencialmente periodística de esa larga epopeya de la oposición y de la lucha contra el stronismo, con sus humanas cuotas de heroísmo, miserias y contradicciones. Por ello, el recuento está matizado con puntuales reportajes contemporáneos, que en muchos casos parten desde el tiempo presente hacia el pasado, buceando en la memoria de protagonistas actuales, como en un viaje a través del tiempo.

Agradezco a Herib Caballero Campos y a Ignacio Telesca por convocarme a integrar una vez más el equipo de prestigiosos historiadores y analistas que ayudan a rescatar la memoria viva de un tiempo oprobioso, buscando estimular la conciencia crítica de las nuevas generaciones, para que no permitamos nunca más que dictaduras de ningún signo político se instalen en el Paraguay.

A.C.G.



 

CAPÍTULO I

¿QUIÉN SE OPONE AL HOMBRE QUE LLEGÓ A SALVAR AL PAÍS?

La voluminosa camioneta Chevrolet Custom 10, pintada de color rojo, conocida popularmente como la caperucita roja, temible vehículo en el que la Policía stronista secuestraba a los perseguidos políticos y a las víctimas de la dictadura, estaba allí, estacionada frente al Museo de las Memorias, sobre la calle Chile, en el micro- centro de Asunción, durante el acto conmemorativo que recordaba los 60 años del inicio del stronismo, con el golpe militar del 4 de mayo de 1954.

El tenebroso vehículo, uno de los últimos de su especie, fue recuperado de un taller mecánico de la ciudad de San Lorenzo, y tras ser reacondicionado, entregado al Museo como un recuerdo de los años de horror. El acto dedicado a las víctimas de la dictadura, realizado en el mismo local de la Comisaría Tercera y la ex Dirección de Asuntos Técnicos del Ministerio del Interior, dos lugares emblemáticos utilizados como centros de detenciones ilegales y torturas a prisioneros políticos durante el stronismo, también sirvió para homenajear al dirigente colorado Roberto Luis Petit, a quien el abogado y educador Martín Almada caracterizó como "la primera víctima de la dictadura".

Sesenta años atrás, en la noche del 4 de mayo de 1954, un grupo comando del histórico Batallón 40 de las Fuerzas Armadas paraguayas atacó el Cuartel de la Policía, en Asunción, ocasionando la muerte del joven dirigente colorado Roberto L. Petit y el derrocamiento del presidente de la República, Federico Chaves.

El jefe militar victorioso de aquel golpe de Estado era el entonces joven general Alfredo Stroessner, quien luego se hizo elegir presidente y asumió el cargo el 15 de agosto de 1954, iniciando la más prolongada, oscura y oprobiosa dictadura que conoció el Paraguay, hasta que 35 años después, en la noche del 2 de febrero de 1989, otro golpe militar -que también incluyó un ataque al Cuartel de Policía- le puso fin.

Eran cerca de las 20:00 de la noche del 4 de mayo, cuando el tiroteo se hizo intenso en todo el microcentro de Asunción, según relata el periodista e historiador Bernardo Neri Fariña, en su libro El golpe del 4 de mayo de 1954.

"El presidente Federico Chaves buscó refugio en el Colegio Militar (actual sede del Parlamento), cuyo director era el general Marcial Samaniego, camarada y amigo de Stroessner", narra el autor.

Según la versión de Neri Fariña, cuando el mandatario quiso hacer prevalecer ante Samaniego su condición natural de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, cargo que había delegado en el general Stroessner, el entonces capitán de Infantería Isaías Barreto le contestó a Chaves: "Su excelencia, usted está preso".

En su libro "El 4 de mayo de 1954", el periodista e historiador Roberto Paredes relata la misma anécdota, de modo distinto: "Asustado ante el desarrollo de los acontecimientos, Federico Chaves se dirigió para refugiarse hasta el Colegio Militar, por entonces en El Paraguayo Independiente y 14 de Mayo, donde inmediatamente fue detenido. 'Esto no es posible, yo soy el Comandante en Jefe', se lamentaba, pero ningún oficial le respondía".

 

Tras una época de mucha inestabilidad

Los sucesos del 4 de mayo de 1954 ocurrieron como corolario de un largo periodo de extrema inestabilidad política en el Paraguay.

Tras la Guerra Civil de 1947, se produjo un lapso en que se sucedieron seis presidentes de la República en solo dos años, la mayoría a través de golpes de Estado: Higinio Morínigo, Juan Manuel Frutos, Juan Natalicio González, Raimundo Rolón, Felipe Molas López y Federico Chaves.

Chaves había asumido con un golpe el 11 de setiembre de 1949 y luego se hizo elegir institucionalmente en 1953, mandato que debía prolongarse hasta 1958.

"El país vivía en ese periodo una situación de caos generalizado: tensiones políticas permanentes, con crisis reiteradas; economía en bancarrota, con desórdenes en todas las áreas, pobreza generalizada en amplios sectores de la sociedad", describe Roberto Paredes.

"En enero de 1954, la tensión entre la Junta de Gobierno del Partido Colorado y el presidente Federico Chaves se había agudizado. El viejo caudillo estaba perdido en el caos. Las riendas del poder se estaban yendo de las manos, sin que él tratara de revertir las cosas, pues todavía se sentía poderoso en su Gobierno. Su amante, Isabelita Vallejos, era el pívot sobre el cual giraban los negocios, mientras el mercado negro florecía en medio del desabastecimiento y la miseria que asolaban al país", relata Bernardo Neri Fariña.

Uno de los dirigentes políticos colorados que tuvo gran protagonismo en la caída de Chaves y el ascenso de Stroessner fue Epifanio Méndez Fleitas, quien ocupaba la presidencia del Banco Central del Paraguay.

Tras haber asumido un rol central en el derrocamiento del presidente Molas López, en 1949, Méndez Fleitas se había convertido en un caudillo de mucha influencia en el Partido Colorado y en toda la sociedad.

En enero de 1954 se había producido una primera crisis, cuando Méndez Fleitas fue destituido de su cargo en el Banco Central, junto a Guillermo Enciso Veloso y Tomás Romero Per eirá, presidente y vicepresidente del Partido Colorado.

La puja interna que había en el Partido Colorado también se trasladaba al ámbito militar, donde era evidente la rivalidad entre el comandante en Jefe, general Alfredo Stroessner, y el comandante de la Caballería, teniente coronel Néstor Ferreira.

Tras una serie de conspiraciones y movidas de ajedrez político, los sucesos se precipitaron en la mañana del 3 de mayo de 1954, cuando el comandante de la Caballería, Ferreira, ordenó la detención del mayor Virgilio Candía, jefe del RC3, bajo la acusación de estar "conspirando para derrocar al Gobierno".

El general Stroessner le reclamó al presidente Chaves por las acciones de Ferreira, alegando que sobrepasaban su autoridad. Por indicación de Chaves, Stroessner convocó al teniente coronel Ferreira a su despacho, pero el mismo se negó a acudir.

Finalmente, el 4 de mayo, a las 19, Ferreira se dispuso a presentarse ante Stroessner, pero ordenó a sus hombres de la Caballería que, en caso de que no regrese, salgan con sus tropas y ataquen la capital. Apenas ingresó a la comandancia, Ferreira fue detenido.

Stroessner desplegó sus tropas y ganó de mano a los hombres de la Caballería. Su principal golpe de efecto fue el ataque al Cuartel de Policía, donde cayó acribillado el jefe de Policía, el admirado dirigente colorado Roberto Luis Petit, de apenas 31 años de edad, entre varios jefes y oficiales asesinados durante el ataque. Las balas lo alcanzaron cuando auxiliaba al subjefe de Policía, comisario Caballero Zavala, malherido en un zaguán del edificio. Cuando el comandante del Batallón 40, Mario Ortega, supo que Petit había sido herido, ordenó que sea trasladado con urgencia a un hospital, pero ya era demasiado tarde.

 

Un golpe casi sin oposición

"Stroessner consumó su golpe, apurado como consecuencia de la debilidad notoria del Gobierno de Chaves y de la anarquía reinante en el país. Lo respaldaron los militares, cansados del caos creado por los políticos y hartos de ser utilizados por los civiles para sus aventuras de poder desde la finalización de la Guerra Civil de 1947. Querían que un uniformado, específicamente Stroessner, tomara finalmente el Gobierno", destaca Bernardo Neri Fariña.

Al día siguiente, 5 de mayo, la Junta de Gobierno del Partido Colorado instaló una sesión oficial, en la que exigió a Federico Chaves que presente su renuncia a la presidencia de la República, y resolvió designar al general Alfredo Stroessner como candidato del partido para el periodo constitucional restante (1953-1958), estableciendo el 15 de agosto como fecha para que asuma el cargo.

Igualmente, la Junta designó como presidente provisional al arquitecto Tomás Romero Pereira, quien luego entregaría el cargo a Stroessner.

El golpe de Estado que iba a consagrar la más larga dictadura en la historia del Paraguay casi no encontró oposición durante los primeros meses. Varios sectores de la sociedad, incluyendo al opositor Partido Liberal, saludaron la caída del Gobierno de Federico Chaves. "La Nación reclamaba, con sus voces más enérgicas, un alto en el camino de la perdición por el que le estaba arrastrando el coloradismo, bajo la égida funesta de Chaves", sostuvo un comunicado oficial del liberalismo, presidido por José P. Guggiari, ex presidente de la República.

Sin embargo, algunos grupos disidentes hicieron oír su voz de protesta por el golpe de Estado. El 10 de mayo de 1954, jóvenes febreristas y comunistas organizaron un mitin relámpago en la plaza, frente al edificio del Cine Victoria (actualmente en las calles Oliva y Chile), según refiere el investigador Carlos Pérez Cáceres.

"Allí habló Ladislao García -más conocido como Grillón-, que se subió a un vehículo y arengó en contra de lo sucedido el pasado 4 de mayo y la necesidad que el pueblo se organice. El tráfico fue cerrado por algunos minutos y cuando las fuerzas policiales aparecieron, los jóvenes se dispersaron por las calles del centro. El dirigente comunista Luis Casabianca también suele recordar que al retirarse de este breve acto, iban repartiendo volantes en contra del gobierno militar", relata.

En el caso del movimiento obrero, no hay datos de que hayan existido movilizaciones contra el golpe. Recién un año después, durante los festejos por el Día del Trabajador, se generó una serie de disturbios y los trabajadores manifestaron su posición crítica contra el Gobierno.

Muchos dirigentes del Partido Revolucionario Febrerista se vieron seducidos con la idea de que el nuevo Presidente los convocaría a colaborar con su gobierno. "Los febreristas nos encontrábamos en la frontera, en territorio argentino, esperando que Stroessner se deshaga de los colorados y comience a llamarnos. Entonces no hubo ningún esfuerzo de parte de la dirigencia del PRF de oponerse al golpe, porque creíamos que seríamos los nuevos dueños del poder", había dicho el dirigente Carlos Heisecke, citado por Pérez Cáceres.

Stroessner aparecía ante la mirada de muchos dirigentes y analistas como el "hombre providencial" que iba a traer "paz y progreso". Lo que no sabían era el alto costo que todo eso iba a tener...




CAPÍTULO II

LOS PRIMEROS OPOSITORES FUERON LOS PROPIOS COLORADOS

El general Alfredo Stroessner llegó al poder en 1954 de la mano de las Fuerzas Armadas y del Partido Colorado.

Tras unos días de incertidumbre, después del golpe militar, asumió como presidente interino de la República el arquitecto Tomás Romero Pereira, titular del Partido Colorado, como parte de un acuerdo logrado por el entonces influyente dirigente colorado Epifanio Méndez Fleitas, quien convenció a Stroessner de que no asuma como presidente de facto y espere la oportunidad de ser un mandatario constitucional, con apoyo de la ANR.

El 11 de julio de 1954 se realizaron las elecciones en que hubo un candidato único del Partido Colorado, Alfredo Stroessner, con el fin de completar el periodo constitucional que le restaba al depuesto presidente Federico Chaves, hasta 1958.

Stroessner asumió el cargo el 15 de agosto. Heredó un gobierno prácticamente sin oposición, ya que uno de sus más temibles antecesores, el dictador Higinio Morínigo, se había encargado de dejar fuera de circulación a liberales, febreristas y comunistas, que en su mayoría habían sido proscriptos, considerados partidos ilegales. Por ello, en los primeros años de gobierno del nuevo mandatario, su principal preocupación serían algunos de sus propios correligionarios, dirigentes del Partido Colorado, que hasta entonces eran sus principales aliados.

Muchos líderes políticos tenían la esperanza de que el Gobierno de Stroessner mostraría signos de apertura democrática, legalizando a los partidos de oposición, pero algunos hechos represivos pronto dieron la tónica de lo que iba a ocurrir.

 

El ataque a los colonos "comunistas" de Fram

Uno de los primeros graves sucesos de violación de derechos humanos cometidos por el régimen de Stroessner fue un caso hasta hace algunos años muy poco conocido e investigado, que ocurrió en marzo de 1955 (a seis meses de haber llegado al gobierno), cuando unos 400 pobladores inmigrantes de la Colonia Fram, en el departamento de Itapúa, fueron cercados por efectivos del ejército y más de un centenar fueron llevados a la cárcel. Muchos de ellos permanecieron varios años en prisión.

El caso, presentado en su momento por el Gobierno como un operativo para destruir a un "nido de colonos comunistas rusos", fue aparentemente la primera acción del régimen de Stroessner para congraciarse con la política anticomunista de los Estados Unidos, en el marco de la llamada Guerra Fría.

"La Guerra Fría fue asumida por el gobierno paraguayo, quien creó el marco legal para la represión interna y, por otra parte, sin alinearse no se otorgaban préstamos provenientes de los Estados Unidos", destaca el historiador Roberto Zub Centeno, en su libro Ataque a Fram.

A partir de 1880, los gobiernos paraguayos se habían abierto al ingreso de la inmigración extranjera, y cerca de unos 20.000 eslavos (checos, eslovacos, ucranianos, rusos blancos y polacos) fueron llegando al país, especialmente a principios del siglo XX, creando colonias agrícolas en la región de Itapúa. Cuando Stroessner asumió, se empezaron a oír rumores de que algunos colonos de Fram simpatizaban con el régimen comunista de la Unión Soviética, y que los mismos serían "espías bolcheviques".

El 14 de marzo de 1955, un comisario analfabeto llamado Abraham Benítez asistió a una fiesta típica de los colonos en Fram, donde se alarmó porque los inmigrantes habían entonado el himno paraguayo junto con el himno ruso, y comprobó que algunos de ellos recibían por correo revistas del exterior en idioma ruso.

Esa misma noche, Benítez dispuso la detención de algunos de los colonos. El 16 de marzo se produjo la invasión de tropas del ejército, que ingresaron realizando disparos al aire, y asaltaron las casas, llevando detenidos a unos 100 colonos a Encarnación, hijo orden del delegado de Gobierno, José Zarza, y la intervención de agentes anticomunistas del Ministerio del Interior, entre ellos los exmilitares rusos zaristas Jorge Butlerov e Ivan Belaieff. Entre las graves evidencias que incautaron de poder de los colonos había novelas en idioma ruso de escritores como León Tolstoi y Máximo Gorky.

"Sorprendente insurrección de colonos comunistas en la zona de Itapúa", titulaba el diario PATRIA, vocero del Partido Colorado. Por su parte, el diario El País, dirigido por Bacón Duarte Prado y Ángel Peralta Arellano, proclamaba: "¡Otra vez el chantaje comunista en acción!".

Desde entonces, los colonos de Fram se sometieron al poder dictatorial y no hubo ninguna oposición. Sostiene el investigador Roberto Zub Centeno: "A pesar de que este hecho haya sido trágico y estremecedor para la población eslava, al parecer fue el secreto mejor guardado y jamás investigado por la historiografía nacional. Hubo silencio por más de 50 años, por el terror irracional que se impuso".

El sello del gobierno de Alfredo Stroessner no había hecho más que empezar a manifestarse.

 

La caída de Epifanio Méndez Fleitas

El Partido Colorado arrastraba una fuerte división interna, debido a una especie de canibalismo político que se desató entre sus filas, luego de la Guerra Civil de 1947.

La principal pelea era entre la facción más dura, denominada El Guión Rojo, liderada por Natalicio González, y los llamados Democráticos, dirigidos por Federico Chaves, pero también había varias otras facciones con sus respectivos caudillos, que se disputaban cuotas de poder por métodos no muy ortodoxos.

Entre esos otros caudillos, Epifanio Méndez Fleitas se había convertido en uno de los más influyentes entre civiles y militares, y había sido uno de los principales impulsores de la llegada del general Alfredo Stroessner al poder.

En contra de todos los pronósticos de que no tardaría en caer, víctima de las muchas conspiraciones, el nuevo general presidente demostró su habilidad en sortear los juegos del ajedrez político, e impulsó una reunión de "reencuentro partidario" que se realizó el 27 de octubre de 1955, en donde estableció una tregua entre los dos principales movimientos internos en pugna.

Pero el plan de Stroessner era desarticular los fuertes movimientos y derribar a algunas de las principales figuras, entre las que incluyó a su otrora amigo y colaborador, Epifanio Méndez Fleitas.

El dirigente, quien había recuperado su cargo como presidente del Banco Central -de donde fue echado por el anterior presidente, Federico Chaves- estaba preparando su propia candidatura para suceder a Stroessner en la presidencia, en el periodo siguiente.

Pero El Rubio, como apodaban al general presidente, se le anticipó en la jugada, y lo sacó de en medio. Con la ayuda de un joven oficial, Roberto Cubas Barboza, produjo un incidente de sublevación en la Caballería, el 22 de diciembre de 1955, obligando al comandante de la unidad, mayor Virgilio Candía, a pedir la ayuda de su amigo y protector de Méndez Fleitas. La conclusión de aquel incidente ocasionó la caída de Candía y por consiguiente la de Méndez Fleitas, quien fue despojado de su cargo en el Banco Central y enviado al exterior, en una "misión cultural", que significó su exilio definitivo.

Destacado músico y poeta en guaraní, co-autor de varias polcas como Che Mbo'eharepe y Serenata, Epifanio vivió el resto de su vida en el exilio, hasta que falleció en 1985. Se convirtió en uno de los más encarnizados opositores a Stroessner en el destierro, desde donde encabezó un amplio movimiento de resistencia, y quizás también se transformó en su principal sombra, ya que el dictador siempre confesó temer su regreso y su venganza.

 

La imposición del terror

Tras el episodio de ataques y encarcelamientos de marzo de 1955 contra los colonos de Fram, el régimen de Alfredo Stroessner perfeccionó su aparato represivo, empezando la purga de personas que pudieran amenazar a su gobierno, en la mayoría de los casos con la acusación de ser "comunistas".

En julio de 1955, respondiendo a una maquinación de Epifanio Méndez Fleitas, Stroessner ordenó el exilio definitivo del gran compositor Carlos Lara Bareiro, por entonces el músico paraguayo de mejor formación académica y creador de la primera orquesta sinfónica en el país. Perseguido constantemente por Méndez Fleitas, quien lo acusaba de ser comunista, Lara Bareiro tuvo que refugiarse en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Paradójicamente, apenas unos meses después, Méndez Fleitas lo seguiría con el mismo destino.

El 17 de octubre de 1955, Stroessner promulgó la tristemente célebre Ley 294 "de Defensa de la Democracia", que en la práctica permitía al Gobierno acusar de comunista a cualquiera que se le oponga. Al mismo tiempo, instituyó la obligatoriedad de la delación, instando a gran parte de la población a ejercer como "pyrague" (delator). Todo funcionario estaba obligado a denunciar a otras personas, ante la menor sospecha de que fuera comunista. Si no, él mismo podría ser acusado de connivencia con el sospechoso.

La vigencia del Estado de Sitio, prorrogado cada tres meses, era otra manera de tener controlada a la población y evitar acciones opositoras.

Entre el 10 y el 30 de abril de 1956, estudiantes universitarios protagonizaron grandes manifestaciones callejeras contra el régimen de Stroessner. La actuación del ministro del Interior, Tomás Romero Pereira, quien también era el presidente del Partido Colorado, ante dichas movilizaciones, fue calificada de "floja" por el gobernante.

El 1 de mayo, Stroessner destituyó del cargo a Romero Pereira y nombró como ministro del Interior al entonces jefe de Policía, Edgar Linneo Ynsfrán, quien iba a establecer el estilo de persecución implacable contra los opositores. Ynsfrán era miembro del provocador grupo del Guión Rojo y había estado exiliado en Buenos Aires durante la época de Chaves. El nuevo ministro nombró en seguida como jefe de Policía al coronel Ramón Duarte Vera. Juntos iban a convertirse en los más temibles represores de la primera época del stronismo, lo que se llegó a denominar como el terrorismo de Estado sistematizado.



 

ANEXO

 

MEMORIA

 

La calle era de la policía.

Te podían abordar en cualquier esquina, a cualquier hora.

Los fusiles enristrados, las caras hoscas.

Esas miradas que te hacían creer que siempre eras el sospechoso que ellos estaban buscando, aunque nunca supieras qué delito habías cometido.


¿Te acordás...?

Llegaban envueltos en la oscuridad más negra.

Un golpe en la puerta.

Un nombre.

Una orden superior.

Y un ser querido arrancado de la tranquilidad del hogar para ser arrojado a la noche del dolor y la tortura, al foso del olvido, a la nada y al vacío.


¿Te acordás...?

Las paredes y los muros de la ciudad con las escrituras de la expresión popular ahogadas a golpes de brocha gorda.

Letras de libertad y esperanza, asesinadas con gruesas manchas de pintura negra.


¿Te acordás...?

El grito sofocado.

La palabra reprimida.

El nombre impronunciable.

La canción prohibida.

El libro oculto bajo las tablas del piso.

El pensamiento dormido en las profundidades del subconsciente.


¿Te acordás...?

Sí.

Ya sé.

Duele recordar.

Duele mucho.

A veces uno quisiera apretar la tecla de suprimir, como en las compus.

Dar la orden delete o borrar archivo.

Dejar que un agujero negro se nos instale en la memoria.

Sería más fácil, ¿verdad?

Escribir la historia sobre la arena.

Despertarse y encontrar que todo no ha sido más que una horrible pesadilla.

Pero... no es posible.

No hay mañana sin ayer.

No se puede saber adonde vamos, si primero no sabemos de dónde venimos.

Hay una sola manera de evitar tropezar de nuevo con la misma piedra, y es recordar que la piedra estuvo allí, y que el golpe fue doloroso.

Porque la memoria trae respuestas concretas, contundentes, para esas frases hechas electoralistas que resurgen cada tanto.

-''Era feliz y no lo sabía...".

¿No sabía qué...?

¿Se puede ser feliz a costa de no saber, o de fingir no saber, el sufrimiento de los demás?

¿Se puede ser feliz siendo cómplice con el silencio o con la indiferencia ante las torturas, las persecuciones políticas, los exilios, las desapariciones, los asesinatos, el terrorismo de Estado?

-"En esa época no había tanta pobreza, tanta corrupción, tanta gente con hambre...".

¿Ah no?

Entonces, ¿por qué casi un millón de paraguayos tuvieron que marcharse a la Argentina?

¿De dónde salieron los campesinos sin tierra? ¿Se cayeron de una nube?

¿En qué época se formó el cinturón de miseria alrededor de Asunción?

-"En esa época había seguridad, se podía caminar tranquilo por las calles...".

¿Ah sí?

¿Seguridad para quienes...?

¿Para los que callaban y agachaban la cabeza ante la arbitrariedad?

¿Había seguridad para Napoleón Ortigoza, encerrado vivo durante 25 años en una celda de dos metros por uno?

¿Había seguridad para Mario Schaerer Prono, asesinado salvajemente en la mesa de torturas de Investigaciones?

¿Había seguridad para los campesinos de las Ligas Agrarias o del caso Caaguazú, cuyos restos hasta hoy no pueden ser encontrados?


Por eso... acordate.

No te olvides nunca de todo lo que pasó.

Por la dignidad.

Por la justicia.

Por la identidad.

Por la memoria.

Contra el olvido y contra el silencio.

No te olvides.

¡Nunca más...!

Andrés Colmán Gutiérrez


 


BIBLIOGRAFÍA

Alegre, Heriberto. La sociedad cautiva. Asunción: Comisión de Defensa de los Derechos Humanos del Paraguay, 1987.

Almada, Martín. Paraguay. Educación y dependencia. Asunción: Ñandutí Vive e Intercontinental Editora, 1989.

Arditi, Benjamín. Adiós a Stroessner. La reconstrucción de la política en el Paraguay. Asunción: RP Ediciones y Centro de Documentación y Estudios (CDE), 1992.

Boccia Paz, Alfredo; González, Myriam Angélica y Palau Aguilar, Rosa. Es mi informe: Los archivos secretos de la Policía de Stroessner. Asunción: Centro de Documentación y Estudios (CDE), 1994.

González Delvalle, Alcibiades. Yo, Alfredo Stroessner. Asunción: El Lector, 2013.

González Delvalle, Alcibiades. Contra el Olvido. Asunción: Intercontinental, 1998.

Miranda, Aníbal. Stroessner. Asunción: Ediciones Última Hora, 2004.

Miranda, Aníbal. Lucha armada en Paraguay. Asunción: Miranda & Asociados, 2001.

Neri Fariña, Bernardo. El último supremo: La crónica de Alfredo Stroessner. Asunción: El Lector, 2003.

Neri Fariña, Bernardo y Alfredo Boccia Paz. El Paraguay bajo el Stronismo, 1954-1989. Asunción: El Lector, 2010.

Nickson, Andrew. El régimen de Stroessner: 1954-1989. En: Telesca, Ignacio (ed). Historia del Paraguay. Asunción: Taurus, 2010.

Nickson, Andrew. Las Guerrillas del Alto Paraná. El Lector. Asunción, 2013.

Paredes, Roberto. Stroessner y el stronismo. Asunción: Servilibro, 2011.

Paredes, Roberto. El sindicalismo después de Stroessner. Asunción, octubre 2002.

Rivarola, Milda. Letras de sangre: diarios inéditos de la contrainsurgencia y la guerrilla (Paraguay, 1960). Asunción: Servilibro, 2012.

Simón, José Luis. La dictadura de Stroessner y los derechos humanos. Asunción, Comité de Iglesias, 1990.

Zub K., Roberto. Ataque a Fram: Los colonos eslavos en el Paraguay durante la Guerra Fría. Asunción: El Lector.


 

 


EL AUTOR

Andrés Colmán Gutiérrez es periodista, escritor y guionista. Realiza reportajes para el diario Ultima Hora en Asunción y es corresponsal en Paraguay de la organización Internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Nació en Yhú, departamento de Caaguazú, en 1961.

Realizó cursos de periodismo en la Universidad Nacional de Asunción y en la Universidad de San Marcos de Lima,

Perú. Ejerce la docencia en la Facultad de Ciencias Humanísticas y de la Comunicación, de la Universidad Autónoma de Asunción (UAA), donde desarrolla la asignatura Taller de Redacción Periodística II.

Publicó las novelas El último vuelo del pájaro campana (El Lector, 1995, Premio de Narrativa El Lector 1995, reeditada en 2007 por Servilibro), El país en una plaza: la novela del marzo paraguayo (El Lector, 2004), el álbum de cómic Mediodía en la tierra de nadie (El asesinato del periodista Santiago Leguizamón) con dibujos de Enzo Pertile (Servilibro, 2006), el libro de cuentos El Principito en la Plaza Uruguaya (Servilibro, 2007; segunda edición 2010), el libro periodístico EPP: la verdadera historia (Última Hora, 2011) y el libro documental Tañarandy, la revolución del arte, con fotos de René González (Oniria/TBWA, Itaú 2012); el libro El Marzo Paraguayo, en la colección Guerras y Violencia Política en el Paraguay, de El Lector y ABC Color; el libro Acosta Ñu, en la colección 150 años de la Guerra Grande, de El Lector y ABC Color.

En audiovisuales realizó guiones para programas televisivos como Tiempo de Comunicación (Canal 9), El Ojo (Canal 13), Parlamento Juvenil (Canal 9), La Barra (Tevedós), Colegio de Señoritas (Canal 13). Es coautor del guión del film Miss Ameriguá, de Luis Vera.

Recibió el Premio Vladimir Herzog (Brasil, 1985), el Premio Nacional de Periodismo Santiago Leguizamón (Paraguay, 2000), el Premio Periodista Amigo de la Niñez y la Adolescencia de la agencia Global Infancia (Paraguay 2010); Mención Especial del Premio Peter Benenson a la Investigación Periodística 2013, de Amnistía Internacional.

 

 

 

 

 

 

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