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JULIO CÉSAR CHAVES

  HISTORIA PARAGUAYA - ANUARIO 1958 - VOL. 3 - Presidente JULIO CÉSAR CHAVES


HISTORIA PARAGUAYA - ANUARIO 1958 - VOL. 3 - Presidente JULIO CÉSAR CHAVES

HISTORIA PARAGUAYA

ANUARIO 1958 - VOL. 3

INSTITUTO PARAGUAYO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS

Dirección y Administración: MUSEUM ANDRÉS BARBERO

Asunción – Paraguay


Impreso en Talleres Gráficos LUMEN NOSEDA y CÍA.

Buenos Aires – República Argentina

Setiembre 1970

 (154 páginas)


Enlace interno a espacio de visita recomendada:

ACADEMIA PARAGUAYA DE LA HISTORIA en PORTALGUARANI.COM

 

 


 

 


SUMARIO


EDITORIAL:

Grande de la Historiografía Nacional: Fulgencio R. Moreno

ARTICULOS:

ORIGEN DEL DR. FRANCIA, por FULGENCIO R. MORENO

LA GUERRA EN EL PARAGUAY, por MARTIN Mac MAHON

EL PROVISOR ROQUE ANTONIO CÉSPEDES XERIA, por ALBERTO NOGUÉS

LAS RELACIONES DIPLOMÁTICAS ENTRE EL PARAGUAY Y LAS POTENCIAS EUROPEAS (1840-1870), por PETER SCHMITT

LA CIENCIA DE LA HISTORIA, por MANUEL PEÑA VILLAMIL

SOBRE LA PRENSA, por JOSÉ MARÍA GÓMEZ SANJURJO


NECROLOGÍA

Dr. Ricardo Levene

Dr. Luis Alberto de Herrera

Profesor Doctor Viriato Díaz Pérez

Doctor Juan Max Boettner

Don Mamón Lara Castro

Don Ramón Lara Castro


CONFERENCIAS

Visión de Bolivia, por Porfirio Díaz Machicao

Martí, el hombre, el héroe, el poeta, por Justo Pastor Benítez       

Cuarto Centenario de la muerte de Carlos V, por Manuel Peña Villamil

Carlos V y el Paraguay, por Julio César Chaves

Un parte de la guerra grande, por R. Antonio Ramos

Un marino en la guerra de la Triple Alianza, por Juan B. Gill Aguinaga

Los documentos del Mar Muerto, por el padre Alonso de Las Heras


CRONICA:

Reorganización del PEN Club del Paraguay

Mensaje de sus colegas paraguayos a Don Emeterio S. Santovenia al cumplirse el cincuentenario de su labor histórica

Memoria de la Fundación Andrés Barbero (año 1958)

Delegación del Instituto de Investigaciones Históricas en el Guairá

Discurso del Presidente del I.P.I.H., Dr. Julio César Chaves en el acto inaugural


ACADEMICOS DEL INSTITUTO PARAGUAYO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS

Don Juan B. Gill Aguinaga

Doctor Efraím Cardozo

Licenciado Adrián Recinos

Doctor Lewis U. Hanke



LIBROS:

El Paraguay Colonial (Editorial Nizza), por Efraím Cardozo. (Comentario de Reinaldo Montefilpo Carvallo)

La Expedición Norteamericana contra el Paraguay, por Pablo Max Ynsfrán. (Comentario de Harris Gaylord Warren)

Los Orígenes de la Guerra del Paraguay (2a. edición), por Pelham Horton Box. (Comentario de Reinaldo Montefilpo Carvallo)

Falando do Paraguay, do Brasil, por H. Sánchez Quell. (Comentario del Cnel. Humberto Peregrino)


DOCUMENTOS:

Independencia

COLABORADORES DE ESTE NÚMERO




GRANDE DE LA HISTORIOGRAFIA NACIONAL

FULGENCIO R. MORENO



         HISTORIA PARAGUAYA rinde en el presente número su homenaje a un gran historiador nacional. En los volúmenes siguientes recordaremos a otros grandes: Manuel Gondra y Manuel Domínguez.


         Este tercer volumen de nuestro ANUARIO está consagrado a la memoria ilustre de don Fulgencio R. Moreno.

         Nació en el valle do Napuá, capital de los carios, el 9 de noviembre de 1872. Ingresó al Colegio Nacional donde obtuvo el título de bachiller; pasó luego a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales que abandonó en 1900.

         Inició su larga y brillante carrera pública en 1894 como secretario general de la Dirección de Correos y Telégrafos. Un año después fue designado secretario de la Cámara de Diputados. En 1897 fine elegido diputado nacional; y al año siguiente miembro del Consejo Nacional de Educación. Desde 1900 dictó historia patria en el Colegio Nacional cuya dirección asumió en 1901. Ese mismo año el presidente Emilio Aceval le confió la cartera de Hacienda, cargo en el que continuó bajo las presidencias de Héctor Carvallo y el coronel Juan A. Escurra. Al dejar el ministerio de Hacienda fue agente confidencial en Buenos Aires (1904).

         Inicióse en la diplomacia en 1913, donde actuó largos años llenando la legación en Santiago y Lima. Mas tuvo que retornar al país; el pleito del Chaco entraba en un período crítico y la cancillería nacional requirió sus servicios para negociar con el plenipotenciario boliviano Dr. Ricardo Mujía. En 1917 fue designado embajador extraordinario en La Paz, y dos años después Ministro en Chile, Perú y Bolivia con sede en la capital chilena. Al dejar este cargo se radicó en la Ciudad de Buenos Aires iniciando su colaboración en "La Prensa". En 1924 -llamado por el canciller Manuel Peña- regresó al país para consagrarse de nuevo a la cuestión de límites.

         En 1927 en cumplimiento del protocolo Díaz León-Gutiérrez se reunieron en la capital porteña, bajo los altos auspicios del gobierno argentino, representantes de nuestro país y de Bolivia. Moreno integró nuestra delegación, que presidida por el Dr. Eusebio Ayala estuvo formada por Manuel Domínguez, Gerónimo Zubizarreta y Francisco C. Chaves. Finalizada la conferencia pasó a ocupar la legación en Río de Janeiro. A su regreso a la patria -1933- fue nombrado miembro de la Comisión Nacional de Límites que presidía el Dr. Gerónimo Zubizarreta.

         A la vez que hombre público fue Moreno siempre, y antes que nada, periodista. A los 18 años de edad se inició en El Tiempo. Pasó después a El Progreso (1893). Al año siguiente fue co-director de La Unión. Colaboró además en La Semana, La Tribuna, Patria. Con aquel otro gran periodista e historiador que fue Blas Garay estuvo en La Prensa. Actuó igualmente como director de la Revista del Instituto Paraguayo, verdadero monumento de la cultura nacional. De 1922 a 1928 colaboró asiduamente en las columnas de La Prensa, de Buenos Aires, en cuyas ediciones publicó un centenar de artículos sobre temas históricos, apareciendo su firma al lado de las de figuras de prestigio universal. Fue también miembro de su consejo de redacción.

         Su pasión fue la defensa de los derechos nacionales en el conflicto del Chaco. A esta causa consagró todos sus esfuerzos, lo mejor de su vida. "Como internacionalista e historiador -dice jerónimo Irala Burgos- había puesto al servicio de la patria, casi cuarenta años de batallar constante en la defensa del Chaco. Doctor en límites se lo llamó, y fue, tal vez, el más recio abogado que tuvo el Paraguay ante la conciencia jurídica de América. Para nuestra causa, su muerte fue una pérdida irreparable, sobrevenida en una hora difícil".

         Sus libros sólo aparecieron en primeras ediciones y están totalmente agotados y las nuevas generaciones los conocen poco; un criterio egoísta ha impedido con una obstinación cerrada, digna de mejor causa, que fuesen reeditados. No se han hecho las nuevas ediciones reclamadas ni se ha dejado que otros lo hiciesen. El espíritu de la ley de propiedad intelectual no ha podido ser, como es este caso, que la protección otorgada a los herederos vaya contra la gloria del autor y en grave detrimento de la cultura nacional.

         Sus obras son: La cuestión monetaria en el Paraguay, Asunción 1902; Diplomacia Paraguayo-Boliviana. Antecedentes de los tratados de límites y causas de su fracaso, Asunción, 1.911; Estudio sobre la independencia del Paraguay, Tomo I, Asunción, 1911; Informe sobre impuestos internos. Asunción, 1912; Cuestión de límites con Bolivia-Negociaciones diplomáticas 1915-1919. Dos tomos. Asunción, 1917; La extensión territorial del Paraguay al occidente de su río. Asunción, 1925; La ciudad de Asunción, Buenos Aires, 1926; Cuestión de límites con Bolivia - Negociaciones diplomáticas 1915-1917. Tomo I, segunda edición, Asunción, 1928; Cuestión de límites con Bolivia - Negociaciones diplomáticas 1915-1917. Tomo II, segunda edición; Paraguay-Bolivia -Cuestión de límites - Memorándum del Plenipotenciario del Paraguay sobre el carácter y alcance del diferendo y el "uti possidettis" de 1810, Asunción; 1934.

         Fue Moreno un historiador serio, científico, honrado. Con pleno título y justo honor figura en esta galería de grandes al lado de Garay, Báez, Gondra, y Domínguez. Bien anota uno de sus principales biógrafos, Justo Pastor Benítez: "Su producción literaria hubiera sido mayor a no verse absorbido por el problema chaqueño, tremendo devorador de bellas inteligencias. Quizá por eso mismo no pudo intentar una obra integral sobre la historia nacional que conocía en sus fuentes. Tres espectáculos le causaron temor inhibitorio: las Misiones Jesuíticas, el dictador Francia y Solano López. En cambio, estudió con penetrante espíritu al guaraní y al conquistador español; limpió el viejo escudo señorial de Asunción, defendió a los próceres de Mayo de tendencia liberal y señaló algunas de las obras de Carlos Antonio López, sin llegar a la síntesis ni a la interpretación. Cuidaba su juicio y su opinión; era menos versátil que Domínguez, y de mayor capacidad de comprensión que Báez. La historia ya no es en él la crónica a la manera de Blas Garay, sino una interpretación de fenómenos sociales, económicos y políticos. Así estudió la formación colonial, la aparición del criollo, la misión histórica de la Provincia y las causas profundas de la independencia, pero para su relato no compulsó desgraciadamente el legajo de documentos sobre la Revolución de Mayo, de la colección Río Branco. La historia es para él una continuidad; tiene lógica y no la reduce a un hombre ni a un acontecimiento. Es de la escuela de los historiadores modernos. Le faltó soplo lírico, elocuencia, para ser completo en sus narraciones".

         Fulgencio R. Moreno murió en nuestra capital el 17 de octubre de 1933, en plena guerra con Bolivia, llevando a la tumba "el sonido auroral de clarines victoriosos, que proviniendo de las lejanías chaqueñas, anunciaba los triunfos iníciales de nuestro pueblo en armas". La Nación le rindió en su despedida los máximos honores.





ORIGEN DEL Dr. FRANCIA


         por FULGENCIO R. MORENO


         Las espesas sombras que envolvían al Paraguay y a su gobierno durante la dictadura de Francia, haciéndoles inaccesibles a las miradas de sus propios vecinos, dieron origen, como ya hemos dicho, a versiones diversas, extrañas y contradictorias, en que lo probable o hipotético y no pocas veces lo fantástico, ocuparon el sitio de la realidad y acabaron por variar el fondo y hasta el aspecto mismo de los hechos. No faltaron, es cierto, aun en vida del dictador, algunas noticias interesantes que se divulgaron en seguida, pero estas claridades que alumbran de tarde en tarde, muy parcialmente, el escenario, no consiguieron muchas veces sino aumentar la confusión. Y para que en ella no quedara en claro nada, surgió igualmente envuelta en contradicciones y dudas la propia estirpe del doctor Francia.

         El punto había llamado desde el principio la atención. De quienes, sobre todo de qué varón, surgido de qué parte de la tierra, procedía "ese ejemplar humano", que constituía, según la expresión de Carlyle, el más notable de los fenómenos sudamericanos". A esa pregunta se creyó contestar hace algunos años en forma definitiva, pero la respuesta, en realidad, no ha sido muy satisfactoria; y al intentarla hoy nuevamente, es posible obtener algo más que un nuevo dato interesante para los eruditos. Recordando el origen y proceso de esas versiones contradictorias, con su aparente esclarecimiento documental, hemos de encontrar un ejemplo bien concreto del valor que pueden tener ciertos testimonios considerados aisladamente en las investigaciones históricas.

         Los señores Rengger y Longchamps, que fueron los primeros en proyectar alguna luz sobre la dictadura, en su "Ensayo histórico sobre la revolución del Paraguay", publicado en 1827, dicen en el capítulo 11 de su libro, refiriéndose al origen del doctor Francia: "Su padre natural de Francia, pasó en su juventud a Portugal, y de allí al Paraguay, donde contrajo matrimonio con una criolla. Aunque en aquel país se le cree generalmente de origen portugués, el doctor Francia lo niega, y le agrada decir que es sangre francesa la que circula en sus venas".

         Algunos años después, dos viajeros ingleses, J. P. y Guillermo Robertson, que habían tenido ocasión de tratar al dictador, publicaban en Londres sus cartas sobre el Paraguay, donde confirmaban acerca de este punto los datos anteriores. "El padre de Francia, según él mismo afirmaba, dicen en una de dichas cartas, era francés, pero generalmente se creía que fue un portugués que, habiendo emigrado del Brasil se había internado y finalmente establecido en las misiones paraguayas. Allí casó con una criolla, por quien tuvo familia bastante numerosa".

         Las verdades anteriores, a poco de generalizarse en el río de la Plata, fueron contradichas por el doctor don Pedro Somellera, en unas "Notas" sobre el "Ensayo Histórico" de Rengger y Longchamps, donde negó que el padre del dictador hubiera nacido en Francia o en Portugal. "El doctor don Gaspar Rodríguez de Francia (Francia), dice la Nota 111, fue hijo de García Rodríguez Franza, natural del Brasil, conocido en la Asunción por el "Carioca": así llaman en estos países a los nacidos en Río de Janeiro. Este García Rodríguez Franza y otros brasileños fueron contratados por el gobierno español para venir a establecer al Paraguay la fábrica de tabaco torcido, como las del tabaco negro del Brasil".

         El autor de estas líneas había sido teniente letrado y asesor del gobernador del Paraguay don Bernardo Velazco; llegó a la Asunción el mismo año que falleció el padre del doctor Francia y tuvo ocasión de reconocer y tratar personalmente al futuro dictador. Esta circunstancia debía, naturalmente, dar autoridad a sus informaciones, que fueron aceptadas por la mayor parte de los escritores que se ocuparon de aquella época.

         Pero las novedades relativas a la ascendencia del dictador no terminaron por eso, y no pasó mucho tiempo sin que apreciaran otras versiones sobre el fecundo tema.

         La descripción histórica de la antigua Provincia del Paraguay, atribuida a don Mariano Antonio Molas, que la escribió, según se afirma, en la cárcel donde lo encerró el dictador, dice de él que fue hijo de un mameluco paulista; Eyzaguirre en los "intereses católicos de la América" afirma que el padre de Francia fue un italiano vecino y comerciante de la Asunción; el señor M. A. Pelliza, autor de unos datos biográficos del doctor Francia, aseguró que su padre tenía que ser necesariamente de Portugal; y, finalmente, Massterman, que culminó lo original de la información, escribió que el dictador paraguayo había sido cordobés.

         Tales aseveraciones, que no apoyaban en prueba alguna, lejos de aclarar el punto aumentaban la confusión. Y en este estado hizo su aparición en las nacientes letras paraguayas el doctor Blas Garay, joven de excepcional talento, que, habiéndose dedicado con especialidad a las investigaciones sobre la independencia, se empeñó en realzar la figura del dictador y creyó poder fijar definitivamente su origen. Los trabajos que el joven historiador consagró al asunto, formaban una refutación documentada de lo que el doctor Pedro Somellera escribió sobre el dictador Francia y la nacionalidad de su padre. El doctor Garay negó que éste fuese oriundo de Río de Janeiro y hubiese tenido a su cargo la fábrica de tabaco torcido de Yaguarón, presentando, en cambio, a la luz de documentos hasta entonces desconocidos, la honrosa foja de sus servicios militares, donde se afirmaba que era oriundo de la ciudad de Oporto, en Portugal.

         El punto quedaba de ese modo resuelto, al parecer, definitivamente, y así se lo consideró en efecto. Pero por nuestra parte manifestamos que había todavía motivo para seguir abrigando algunas dudas, cuyos fundamentos radicaban no sólo en la naturaleza de aquel testimonio, sino en ciertas circunstancias que hacían improbable su rigurosa exactitud.

         El documento exhibido por el doctor Garay es un certificado de la foja de servicios del padre del dictador, que comienza como sigue: "El Capitán de Artillería Provinciales D. García Rodríguez de Francia, de edad 48 años, su país la ciudad de Oporto en los Reynos de Portugal etc." Este certificado, expedido el año 1787, lleva al pie la firma del gobernador Alós y Bru, y forma parte de un expediente donde aparecen igualmente otros informes de la misma índole, suscripto por el gobernador Lázaro de Rivera.

         Pero es el caso que cuando tales certificados se proporcionaban al capitán Rodríguez Francia, las dudas sobre su nacionalidad eran un hecho reconocido por el mismo gobierno y se expresaban oficialmente también en una nota dirigida al virrey del Río de la Plata. En 1801, el gobernador Lázaro de Ribera, refiriéndose a ciertas quejas del mencionado capitán, escribía al marqués de Avilés: "Sólo un gobernador que hubiese perdido el seso y echado en olvido todas sus obligaciones pudiera haber incurrido en semejante defecto. Como Francia es un extranjero, que aun no sabemos si es portugués o francés; ignora que nuestra constitución militar está fundada sobre el honor..."

         Esta incertidumbre expresada en forma tan rotunda, mermaba, a nuestro juicio, todavía más el relativo valor que podía tener aquel documento que se exhibía para invalidar otros testimonios contemporáneos.

         Es conveniente no olvidar, decíamos entonces, que las pruebas de esta clase, consideradas aisladamente, nos ofrecen con frecuencia falsos reflejos del pasado. No son los documentos oficiales fuentes insospechables cuyas informaciones deban ser acogidas con fe ciega, sin previo examen y comparación con otros testimonios, como bien claramente lo han comprobado los especialistas en este género de estudios. Sabido es que ellos pueden influir, velando la verdad, así el efecto como el odio, el interés o la pasión. Y si bien en el caso que nos ocupa esos sentimientos no parecen haber influido, se nota, en cambio, claramente la complaciente indiferencia con que se consignó un detalle que más tarde ha venido a interesarnos. Porque en realidad todo induce a creer que aquel gobernador no habría exigido la comprobación exacta de la patria del capitán Rodríguez Francia, contentándose con los informes verbales del interesado; pues a no haber sucedido así, o haberse tenido a la vista su fe de nacimiento, claro es que no hubieran podido manifestarse las dudas bien acentuadas de Lázaro de Rivera.

         En nuestro sentir, pues, el problema relativo al origen del doctor Francia quedaba siempre en pie, sin que hubiera aún suficiente fundamento para rechazar por completo las informaciones basadas en la tradición. Y prosiguiendo nuestras investigaciones hemos podido comprobar nuestro juicio, a la vista de una declaración hecha bajo juramento por el mismo padre del dictador acerca de su nacionalidad que en parte pertinente dice textualmente:

         "En la ciudad de Asunción del Paraguay a veinte y un días del mes de noviembre de mil y ochocientos y cuatro ante el señor D. Lázaro de Rivera, Gobernador intente. de esta Provincia se presentó D. García Rodríguez Francia y dijo: Que era natural de la Ciudad de Mariana del Distrito del Virreinato del Janeiro y que profesa la religión Católica Apostólica Romana como lo podrán certificar los párrocos de esta Ciudad: Que es casado: ... que su ejercicio es el de las armas... En cuyo estado le recibió Su Sria. juramento que hizo por Dios Ntro. Sor. y una señal de la Cruz, según forma de derecho por el cual prometió decir la verdad de la que quiere y fuere preguntado y siéndolo al tenor de la exposición que antecede dijo: Que es verdad cuanto a ella se contiene en que se afirma y ratifica bajo del juramento que ha prestado.... y firmó con Su Sria. de que doy fe. Rivera -García Rodríguez Francia- Ante mí, Manuel Benítez. Escribano y notario público de S. M. Gobro y Cavo."

         La declaración anterior, hecha con toda formalidad, en el curso de una extensa información levantada por orden de la Real Cámara de las Indias sobre los extranjeros existentes en el Paraguay, deja, según entendemos, esta vez el punto fuera de discusión. Después de tantas versiones a que no fueron extraños los mismos interesados y una rectificación, a baso documental, resulta que el informe del doctor Somellera ha sido el que, en el fondo, ha reflejado la verdad: el padre del doctor Francia fue natural del Brasil.

 

 


LAS RELACIONES DIPLOMATICAS ENTRE EL PARAGUAY Y LAS

POTENCIAS EUROPEAS

(1840 -1870)


         por PETER SCHMITT


         La historia de la diplomacia paraguaya y en especial de las relaciones diplomáticas con las diversas potencias europeas, tiene su iniciación durante el gobierno de don Carlos Antonio López (1841 - 1862); ciento veinte años atrás bien poco se sabía en Europa del Paraguay. Durante la época del Dictador Francia no sólo se habían roto todas las relaciones comerciales con el exterior, sino también se había evitado establecer vínculos diplomáticos, con otros países. Es por dicha razón que se denominó erróneamente al Paraguay, "la China de la América del Sur".

         José Gaspar de Francia trató de establecer en el año 1813 relaciones comerciales con Inglaterra por intermedio del comerciante inglés Robertson, que comerciaba entre Buenos Aires y Asunción. Por medio de un intercambio directo creyó asegurar el apoyo de Inglaterra para la navegación de los ríos Paraguay y Paraná.1 En tal sentido se expresó el doctor Francia en una nota del año 1825 dirigida al cónsul general de Inglaterra, residente en Buenos Aires, Sir Woodbine Parish.2 Pero con anterioridad, Parish había escrito a Francia, expresando la posibilidad de enviar un cónsul inglés a Asunción e iniciar así amigables relaciones entre ambos países.3 La concreción de tal idea dependía muy especialmente de la firma de un tratado previo entre el Paraguay y las provincias del Río de la Plata, por cuyo territorio debería realizarse el intercambio comercial.4

         Del lado francés también se hicieron ensayos para establecer relaciones, cuando en el año 1819 el capitán francés Pedro Saguier, actuando en nombre del Rey de Francia, trató personalmente de iniciar relaciones comerciales con el Paraguay.5

         A Chevalier de Grandsir, quien en 1824 fue enviado al Paraguay por el Institut Francais para tratar de obtener la libertad del ilustre Aimé Bonpland, el doctor Francia no le permitió el viaje hasta Asunción, ya que desconfiaba de los franceses.6 También la intervención de Parish para conseguir la libertad de Bonpland fue nula, pues Parish no consiguió nada de positivo con relación a los deseos del Dictador, enumerados más arriba, sobre una garantía de Gran Bretaña con relación a la libre navegación de los ríos de la cuenca del Plata.7

         Es así cómo se vieron anulados todos los esfuerzos hasta el año 1840, para establecer relaciones por medio de agentes con los países europeos.

         Carlos Antonio López reconoció como una de las primeras condiciones para asegurar la independencia de la República, la necesidad de que ella fuera aceptada por las grandes potencias europeas. Seguramente y con acierto, partió López de la premisa, que de esa manera se podía anular las exigencias políticas de Buenos Aires, ya que las potencias europeas, como Inglaterra, Francia e Italia tenían intereses políticos y financieros en los países del Río de la Plata. Lo prueban las intervenciones anglo-francesas en el Plata y además la presencia constante de las flotas de dichos países en la cuenca del Plata, para seguridad de sus súbditos en dichas regiones y protección de sus intereses comerciales.8

         La posición de Inglaterra en un comienzo fue favorable a las repúblicas sudamericanas, lo que estaba de acuerdo por una parte con las ideas liberales y progresistas de esa nación, y además, de esa manera se hacía factible la obtención de nuevos mercados en dichas repúblicas.

         Es así, que Lord Palmerston, secretario de Estado de Relaciones Exteriores de S. M.B. escribió el 31 de octubre de 1840 una nota al Dictador Francia,9 solicitando libre entrada para Richard Bannister Hughes, quien en nombre del gobierno inglés deseaba establecer relaciones comerciales con el Paraguay. Dicha nota llegó al Paraguay en setiembre de 1841,10 es decir, después de la muerte del Dictador.

         Hughes fue el primer representante oficial inglés, que llegó al Paraguay. El gobierno de Buenos Aires no permitió su viaje a Asunción en el carácter de representante oficial de Inglaterra, pese al pedido de la Legación Británica en Buenos Aires, de modo que Hughes sólo pudo viajar como comerciante particular y bajo bandera argentina.11

         En octubre de 1842 llegó a Asunción el inglés George John Robert Gordon, primer attaché de la legación británica en Río de Janeiro. Hizo el viaje por tierra, acompañado por dos compatriotas, John Bareley y Charles Naylor, pasando por el Uruguay, pues Rosas no le permitió el viaje por el río Paraná, pese a un pedido especial del ministro británico en Buenos Aires, John Henry Mandeville.12 Si bien la misión Gordon, era de carácter privado, tenía el encargo de recoger para el gobierno de S. M. B. datos exactos sobre el Paraguay y su gobierno, con miras de establecer relaciones comerciales recíprocas.13 El gobierno del Paraguay no se resolvió a concretar tratados comerciales, por considerarlos aún extemporáneos y por dudar de que Gordon trajese representación oficial.14

         En el mismo año, y ya nombrado Mandeville, quien desde 1835 ocupó el cargo de ministro plenipotenciario ante las provincias del Río de la Plata, congratuló al gobierno del Paraguay por la ratificación de la Declaración de la Independencia realizada por el congreso de 1842.15 En 1844 escribió que "estaba en condiciones de afirmar que el Gobierno de S. M. B. observaba con sumo interés todo lo relativo al desarrollo y al engrandecimiento de la República del Paraguay".16 Un año más tarde, prometió William Gore Ouseley, ministro británico en Montevideo, enviar un ministro representante diplomático británico a Asunción.17

         El Paraguay consideraba reconocida su Independencia por parte de Inglaterra desde el año 1825, pues, en un tratado comercial firmado el 2 de febrero de ese año entre la Gran Bretaña y Buenos Aires, no se citaba al Paraguay como una provincia argentina. Desde entonces, el gobierno británico, había respetado la existencia del gobierno del Paraguay. Además, los súbditos ingleses, residentes en el Paraguay, estaban excluidos de las estipulaciones de dicho tratado.

         En forma análoga se pudo establecer un reconocimiento de la soberanía del Paraguay por parte de Francia, de acuerdo al tratado de paz de octubre de 1840, entre Francia y las Provincias del Plata. En dicho tratado no se nombraba al Paraguay, como provincia argentina.18 El ministro francés ante la Confederación Argentina, Alex Comte de Lurde, al recibir la declaración de la Independencia del Paraguay, contestó que deseaba el establecimiento de relaciones regulares con la República, y que en este sentido escribiría a su Rey.19 Demersay afirma que el Conde de Walewski, quien juntamente con Deffaudis, habían sido enviados como representantes de Francia ante la Argentina, traía además, una misión especial para el Paraguay.20

         Después de haber vencido el bloqueo argentino, llegaron a Asunción, el 15 de enero de 1846, los comandantes de las fuerzas navales anglo-francesas, los señores Hotham y Tréhouart, a bordo del buque de guerra francés "Fulton"21 Hotham traía la representación del ministro inglés en el Plata, Ouseley, y sentó las bases de un tratado provisorio. El Paraguay estableció como condición esencial la promesa del reconocimiento de la independencia, así como de la libre navegación de los ríos hasta Asunción.22 Ouseley, que desde marzo de 1845 ocupaba el cargo de ministro plenipotenciario y enviado especial de S. M. B., ante la Confederación Argentina, y la Banda Oriental del Uruguay, comunicó por nota del 7 de marzo de 1846, al gobierno del Paraguay, el reconocimiento formal y solemne de la independencia y soberanía en espera de la aprobación por parte de su soberana, la Reina de Inglaterra.23 En igual sentido, informó Ouseley, a los enviados extraordinarios paraguayos Bernardo Jovellanos y Anastasio González, enviados a Montevideo para defender la posición del Paraguay ante los ministros europeos.24 No así el ministro francés, Deffaudis, quién expresó que su gobierno no podía reconocer la independencia del Paraguay mientras no se hubiese aclarado su situación con la República Argentina.25

         El parlamento inglés se negó a aceptar la propuesta de Ouseley, de reconocer la independencia del Paraguay.26

         En la misma época, informó a su gobierno el encargado de negocios del Brasil en Asunción, Farías de Albuquerque, que el Presidente López vio con sumo agrado, el reconocimiento de la independencia de la República por parte de Austria.27 Con anterioridad había interpuesto sus buenos oficios en tal sentido el ministro brasileño en Austria, Chevalier de Macedo, y el presidente Carlos Antonio López escribió directamente al Emperador de Austria.28 El resultado de todas estas gestiones no se dejó esperar, pues el 10 de julio de 1847, fue reconocida en forma solemne la independencia del Paraguay, por Ferdinando I de Austria. Con esta medida, Austria no sólo esperaba ventajas para el comercio y la emigración, sino que también veía confirmados los principios sustentados en el "Congreso de Viena" sobre la libre navegación de los ríos, problema éste, de fundamental importancia para el Paraguay.

         No estando de acuerdo con la decisión tomada por el gobierno de Austria, el de la Argentina protestó ante los países americanos y europeos, afirmando, que el Paraguay era provincia argentina.29

         Por aquella época, se creía en Asunción seguro el reconocimiento de la independencia por parte de S. M. B., la Reina de Portugal, y S. M. el Rey de Holanda, a pesar de no existir comunicación oficial al respecto. En igual forma se pensaba en Roma, pues el Papa Gregorio XVI, había aceptado la proposición del gobierno de la República hecha para el nombramiento de los Obispos para la Diócesis del Paraguay.30

         En el año 1850, se dirigió don Carlos Antonio López al gobierno francés, para probar los derechos del Paraguay a su soberanía. Se trataba más bien de una defensa contra las falsas afirmaciones de Rosas difundidas en París, pero al mismo tiempo se entreveía en dicha nota, un pedido de reconocimiento de la República.31

         A pesar de los intensivos esfuerzos para establecer con los países europeos relaciones diplomáticas directas, hasta el año 1853 no había en Asunción ningún representante diplomático europeo acreditado ante el gobierno nacional. El año 1853, significó para el Paraguay una nueva etapa en la historia de su diplomacia. Ya al final del año 1852, llegó a Asunción, a bordo del "Locust", Charles Hotham, ministro plenipotenciario de S. M. B. y propuso, en nombre de su gobierno, un tratado de comercio y navegación. En un comienzo fueron desestimadas todas las tratativas, pues Francisco Solano López afirmó, que el Paraguay se hallaba en excelentes relaciones con todos los países sin que para ello fueron necesarios tratados especiales.32 Algo más tarde llegaron a bordo del "Flambard" los representantes de Francia y de Cerdeña, Chevalier Louis de Saint Georges y Chevalier Marcelo Cerruti, respectivamente.33 Los enviados extraordinarios reconocieron en nombre de sus gobiernos en forma solemne la independencia y la soberanía del Paraguay; el 4 de enero de 1853, lo hizo Hotham, en nombre del gobierno de S. M. B. la reina Victoria,34 el 28 de febrero; Cerruti, en nombre del Reino de Cerdeña;35 Saint Georges en nombre de Francia36 y Juan Pendleton, encargado de negocios de los Estados Unidos ante la Confederación Argentina, en nombre del gobierno americano.37

         Comenzaron al mismo tiempo extensas negociaciones entre los diversos representantes extranjeros y el Paraguay, este país por intermedio de su plenipotenciario General Francisco Solano López, que culminaron con la firma de un tratado de Amistad, Comercio y Navegación, el 4 de marzo de 1853.38

         Los puntos más importantes de dicho tratado se referían a las relaciones amistosas y pacíficas entre los países firmantes, y además establecían una serie de reglas sobre el comercio y la libre navegación de los ríos desde el Plata hasta Asunción, consideraba también los derechos y las obligaciones de los súbditos extranjeros, así como la protección de los mismos.

         La firma de tan importantes tratados con las grandes potencias europeas significó prácticamente la terminación del aislamiento del Paraguay.

         El segundo gran paso para afianzar las relaciones diplomáticas con Europa, fue el viaje de Francisco Solano López al Viejo Continente en el año 1853. Entre otras cosas, llevaba la misión especial de agradecer a cada una de las potencias el reconocimiento de la independencia del Paraguay, y además, la de canjear los documentos de ratificación del tratado firmado el 4 de marzo de 1853. Al mismo tiempo le fue encomendada la misión de contratar técnicos y de adquirir buques y maquinarias importantes para el progreso industrial del Paraguay.

         El general López llegó a Londres en setiembre de 1853, donde permaneció hasta diciembre del mismo año. Además de la recepción oficial ante la Reina a fines de octubre,39 y comienzos de diciembre visitó algunas ciudades industriales como Liverpool, Manchester y Glasgow para estudiar las instalaciones industriales que interesaban al Paraguay, así como para adquirir implementos y maquinarias.

         El intercambio comercial entre el Paraguay e Inglaterra que comenzó de esa manera fue para Inglaterra, durante dos décadas, uno de los más importantes, en América.40

         Ya en París fue recibido el joven general, a fines del año, por el Emperador Napoleón III, en audiencia especial. En Francia se dedicó al estudio de asuntos militares, visitó academias militares, y tomó parte en maniobras y paradas.41

         Durante los meses de marzo y abril de 1854, permaneció en la Corte del Rey de Cerdeña, Víctor Manuel II.42 Antes y después de esta visita entabló relaciones con la Santa Sede por intermedio del Cardenal Secretario de Estado, Giacomo Antonelli, para discutir temas de importancia para la iglesia paraguaya. Por diversas razones no se pudo concretar una audiencia con el Santo Padre.43

         En Madrid halló López una serie de dificultades. A pesar del especial deseo de don Carlos Antonio López de restablecer relaciones entre el Paraguay y España, países unidos por igualdad de idiomas, religión y costumbres,44 el gobierno español no había reconocido aún formalmente la independencia del Paraguay. La negociación entre el general López y el ministro de Relaciones Exteriores de España, Ángel Calderón de la Barca, para firmar un tratado de paz y amistad, no tuvo éxito por exigir España la devolución de los bienes que habían pertenecido a la Corona Española, y por no reconocer la pérdida de la ciudadanía española, a los hijos de españoles nacidos en el Paraguay.45 El 11 de noviembre de 1854, emprendió Francisco Solano López, desde Burdeos, el viaje de retorno a su patria, en el buque de guerra paraguayo "Tacuari", construido en Inglaterra.

         Por esa misma época, se realizaron los primeros nombramientos de representantes diplomáticos de países europeos en el Paraguay, así como de diplomáticos paraguayos en las principales capitales de Europa. Muy especialmente con Francia, Inglaterra, Cerdeña, Portugal, Bélgica, Prusia y la Curia en Roma, no sólo se desarrollaron relaciones diplomáticas sino también, en parte, intenso intercambio comercial. Napoleón III nombró el 3 de mayo de 1853, al primer enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el gobierno del Paraguay, a M. Chevalier Le Moyne,46 quien había fijado su sede en Buenos Aires 47 y en noviembre del mismo año envió sus cartas credenciales sin haber llegado personalmente nunca a Asunción. En la capital de la República se hizo cargo de la agencia consular de Francia al cónsul M. le Comte Lucien de Brayer, sustituyendo así a M. Eugene Guillemont, quien fuera el encargado de dicha agencia desde marzo de 1854.48 Guillemont permaneció aún un tiempo en Asunción come vicecónsul para luego volver a París.

         Durante la actuación de Brayer, sucedieron los conocidos hechos relacionados con la Colonia Nueva Burdeos. Solano López había firmado en París con el agente Antonio López de Burdeos, un contrato para el envío al Paraguay de 800 a 900 agricultores franceses.49 De este número previsto sólo llegaron al Paraguay 400 colonos que fueron instalados a seis millas de la capital, en el Chaco, en la orilla derecha del río Paraguay, lugar, donde, con anterioridad había existido una reducción del padre Amancio González Escobar.50 Bien pronto surgieron serias divergencias con los colonos quienes afirmaron haber sido instalados en una región poco propicia para la agricultura, y haber recibido un trato poco adecuado de parte del gobierno. En realidad, el poco adelanto alcanzado por dicha Colonia, se debió al incumplimiento del contrato firmado en Burdeos, pues los inmigrantes elegidos, eran personas poco calificadas y además, de los 400 que llegaron al Paraguay, sólo 86 eran verdaderos agricultores. Diversos colonos se escaparon hacia el interior del Chaco, donde perdieron sus vidas, luchando con los indios o los animales salvajes. Otros, al huir fueron apresados, y para evitar un desbande, se estableció la pena de muerte para los fugitivos.

         Este conflicto, que produjo un intenso cambio de notas entre el Conde de Brayer que defendía a sus compatriotas y el gobierno del Paraguay fue comentado en la prensa americana y europea en forma muy amplia, y frecuentemente poco favorable para el Paraguay. El gobierno disolvió la colonia;51 a los colonos se les condonó las deudas que tenían con el gobierno52 y luego pudieron abandonar libremente el país. La mayoría se estableció en la Argentina. El conde de Brayer dejó el Paraguay en noviembre de 1856, para trasladarse a Puerto Rico.53 Sólo en el año 1858 bajó la actuación del nuevo cónsul Brossard, se llegó a un acuerdo definitivo sobre este asunto: el Paraguay pagó 9.615 pesos, pero sin reconocer las exigencias del gobierno francés.54

         Al ministro plenipotenciario francés Le Moyne le sucedió con igual carácter M. Charles Lefevre de Becour, quien fijó su residencia en Paraná;55 en Asunción, a Brayer le sucedió el cónsul Alfredo de Brossard.56 Hasta la llegada de éste a Asunción, quedó encargado del despacho del consulado francés durante un año, el cónsul inglés Henderson.

         Brossard permaneció como cónsul hasta setiembre de 1861, siendo reemplazado por M. Gustave Izarie, quien sólo fue reconocido como encargado interino del consulado francés.57 Fueron cancilleres de dicho consulado, en 1858, Pierre Varraz58 y más tarde en el mismo año hasta 1867, M. Parcour.59

         A propuesta y a pedido del general López fue nombrado en febrero de 1855, como representante del Paraguay en París, en el carácter de cónsul general, Henrique A. Laplace.60 Este representó los intereses comerciales del Paraguay en Francia, y se dedicó en forma muy especial a hacer conocer en toda Europa por medio de la prensa a la República del Paraguay. Sus ininterrumpidos informes quincenales, enviados al ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay, significan un resumen interesante de los esfuerzos efectuados por él para intensificar las relaciones existentes entre el Paraguay y los países europeos. Laplace actuó como cónsul honorario, pero más tarde se le asignó una renta anual de 1.000 pesos.61 En el año 1861 fue destituido porque el gobierno nacional no concedió el aumento de dicha asignación, y porque entre el consulado y el encargado de Negocios del Paraguay en París, surgieron divergencias.

         En enero de 1863, fue nombrado para sucederlo en el cargo Luis Tewié,62 después que éste y un tal Dunat, del ministerio de Relaciones Exteriores, con anterioridad habían hecho estériles tentativas por obtener dicho cargo.63

         En 1865 se estableció un nuevo consulado del Paraguay en Burdeos, cargo ocupado por Jules Fouché.64 También este cargo tuvo varios aspirantes; entre éstos Francis Dupin65 y M. Dehol.66

         Las solicitudes presentadas por el J. B. Risso67 y Auguste Ghirlanda68 para la creación de consulados en Nizza y Marsella fueron desestimadas. Desde 1860 existió una Legación del Paraguay en París; su primer encargado fue el conocido escritor argentino Carlos Calvo,69 quien fue confirmado en dicho cargo por el nuevo gobierno de la República en el año 1862,70 pero en el año 1864, por análoga diferencia como las tuvo Laplace,71 tuvo que entregar dicho cargo a Cándido Bareiro,72 el cual fue trasladado más tarde, en forma temporal, a Washington, para cumplir una misión especial.72 Como secretario de ambos diplomáticos actuó Gregorio Benítez, quien ya, durante la estadía de López en Europa en el año 1853, había sido su secretario.74 En julio de 1863 llegó a Asunción con su familia el nuevo cónsul de Francia, Richard Conde Laurent Cochelet,75 para sustituir a Izarie, quien fue traslado a Pernambuco con igual carácter.76

         El ministro acreditado ante el gobierno nacional, Lefevbre de Becour, visitó el Paraguay en agosto de 1862 para renovar el tratado suscrito el 4 de marzo de 1855.77 Meses después, el 4 de marzo de 1863 fue firmado dicho tratado por Francisco Solano López y Becour, como se había convenido entre los dos países, el 9 de octubre de 1862.78

         Durante la guerra se redujo la actividad del cónsul Cochelet a proteger los intereses de sus compatriotas y, por tal motivo, fueron destacados hasta el cuartel general paraguayo varios secretarios de legación para tratar personalmente con el Mariscal - presidente; así, en noviembre de 1865, fue enviado M. de Vernouillet,79 en octubre de 1866, Vizconde de Beaumont, 80 y en setiembre de 1868, M. de Kerjegu.81

         En setiembre de 1867, abandonaron el país el cónsul Cochelet y su familia, así como su canciller consular M. Parcour. Un cambio de diplomáticos en Asunción se hacía sumamente difícil por el bloqueo del río por parte de los brasileños, tan es así, que el sucesor de Cochelet, el Barón de Bougueney, no pudo llegar hasta Asunción. Por fin, en el mes de octubre llegaron el cónsul Paul de Cuverville y su canciller Gustavo Barón de Libertat, después de atravesar las líneas aliadas y paraguayas. En esa misma época, tomó posesión de su cargo, pero en Buenos Aires, el nuevo encargado de negocios francés en el Paraguay, León Noel.82

         El Barón de Libertat fue apresado en 1868, bajo sospecha de una conspiración contra el Mariscal,83 hecho que produjo un serio incidente con los representantes franceses. El Barón de Libertat así como Cunverville, pudieron abandonar el país ese mismo año.

         Los cónsules franceses fueron encargados de los intereses británicos desde 185984, ya que, desde esa época, no existió representación británica en Asunción. Fue el consulado francés el que se encargó, además, de los intereses italianos en la República.85

         Con el Reino Británico, fueron especialmente muy intensas las relaciones comerciales. La mayoría de las transacciones comerciales se realizaron por intermedio de la firma John y Alfred Blyth, de Londres, quienes además se encargaron de la contratación de técnicos y especialistas para la incipiente industria paraguaya. Durante la estadía del general López en Londres, fue nombrado el señor Benjamín Green cónsul del Paraguay.86 Por su parte en Asunción fue reconocido el cónsul inglés Charles A. Henderson,87 quien en noviembre de ese año había llegado a la capital.88

         En los años siguientes, surgen con Inglaterra una serie de dificultades. El ministro británico William Dowgall Christie, quien había visitado el Paraguay en 1857, por poco tiempo,89 realizó en junio de 1858 gestiones para renovar el tratado de 1.853, que fenecía en 1860, o para firmar un nuevo tratado de amistad, comercio y navegación. Quiso realizar dichas gestiones tratando directamente con el presidente, y no con el ministro de Relaciones Exteriores, razón por la cual surgieron diferencias insalvables, de modo que Christie tuvo que abandonar el Paraguay después de tres semanas, sin haber logrado ningún objetivo.90

         En el año 1859 fue apresado, conjuntamente con otras personas, Santiago Canstatt, bajo acusación de participar en una conspiración contra la seguridad del Estado, así como la de su presidente. La protesta y las exigencias presentadas por el cónsul inglés Henderson, a favor del dudoso ciudadano inglés, dieron lugar a una copiosa correspondencia entre el cónsul y el Ministerio de Relaciones Exteriores, ya conocida, y sería explayarse mucho pretender presentarla en este trabajo.91

         Por fin Henderson se retiró a Buenos Aires en agosto de dicho año.

         El 22 de noviembre del mismo año, hubo un entredicho en el puerto de Buenos Aires, el cual, lo mismo que el caso Canstantt, resultó un escándalo internacional. El barco de guerra paraguayo "Tacuarí", que llevaba a su bordo al general Francisco Solano López, quien acababa de terminar su mediación entre Buenos Aires y la Confederación Argentina, fue atacado por órdenes expresas del almirante inglés Lushington por los cañoneros británicos "Grappler" y "Buzzard".92

         Para tratar de arreglar los asuntos pendientes con Inglaterra, el gobierno paraguayo envió a Londres a Carlos Calvo. Este, pese a varios intentos, no fue recibido por el secretario de Estado de Relaciones Exteriores de S. M. B., Lord Russell, pues el gobierno del Paraguay había rechazado hasta entonces el pago de una indemnización para Canstantt.93 Carlos Calvo para llegar a un arreglo, no sólo entabló relaciones estrechas con Lord Wodehouse, secretario de Russell, sino que también interesó a Flahault de la Billardene,94 ministro de Francia en Londres y además a Dallas, ministro norteamericano ante la misma corte.95 En igual forma, pidió al ministro inglés en París, Lord Coresley, su mediación. Se dirigió a la prensa inglesa y mantuvo al tanto de sus actividades al ministro de Relaciones Exteriores de Francia Drouyn de Lhuys y Thouvenel. Como consultores jurídicos, le prestó su colaboración el doctor Robert Phillimore, famoso abogado del Almirantazgo Británico, quien trabajó con los abogados doctores Benjamín George Lake y Kendall.96 En forma análoga al caso de la colonia francesa de Nueva Burdeos, se temió una solución por la fuerza y una invasión por agua y tierra.97 Finalmente el gobierno inglés encomendó a su ministro en Buenos Aires, Edward Thorton, la realización de conversaciones directas con el presidente López.98 Así se llegó al acuerdo del 23 de abril de 1862, suscrito más tarde, el 14 de octubre, por Francisco Sánchez y William Doria, encargado de negocios de su Majestad Británica ante la Confederación Argentina.99

         La Reina de Inglaterra aprobó dicho acuerdo100 y en esa forma quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas entre la Gran Bretaña y el Paraguay. Como consecuencia de dicho acuerdo, fue reconocido Carlos Calvo como encargado de negocios del Paraguay en Londres101; a la vez Thornton fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el gobierno de Paraguay en Londres;102 a la vez Thorton que fue recibido en audiencia por el presidente Francisco Solano López en agosto de 1864, desarrolló un papel importante, cuando conjuntamente con el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Elizalde, y el plenipotenciario brasileño Saraiva, medió en el conflicto del Uruguay. Más tarde fue nombrado ministro británico en Río de Janeiro como sucesor de Christie.103

         Durante la guerra demostró Inglaterra gran interés por los sucesos en el Paraguay. Llamó, por ejemplo, poderosamente la atención del tratado de la Triple Alianza redactado en contra del Paraguay. Dicho texto lo obtuvo Russel del encargado de negocios inglés en Montevideo, Lettson, a quién se lo había comunicado en forma reservada el ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, Carlos de Castro.104

         Por disposición del ministerio de Relaciones Exteriores de S.M.B. Lord Stanley, envió el ministro inglés de Buenos Aires al secretario de legación Gould a bordo del cañonero "Dotorel" al Paraguay para tratar en el cuartel general sobre la salida de los súbditos ingleses.105 Gould se detuvo primero en el cuartel general aliado, y trató en forma particular de mediar entre el Paraguay y los Aliados.

         Un año más tarde, ofreció, en forma oficial, Lord Stanley a Gregorio Benítez, jefe de la legación del Paraguay en París, la mediación de Inglaterra ante los Aliados, proposición que no pudo ser aceptada por Benítez por falta de instrucciones,106 pero éste solicitó la mediación inglesa ante el gobierno del Brasil sobre la libre navegación de los ríos de la Cuenta del Plata.107

         Durante su estada en Europa, Francisco Solano López visitó también el reinado de Cerdeña. Ya en aquella época nombró, a pedido del Reinado, a Alessandro Favale, cónsul paraguayo en Génova.108 No respondió a la confianza depositada en él, pues no realizó ningún esfuerzo por establecer un comercio entre el Paraguay e Italia.109 Durante los diez años de su actuación, sólo fue citado una vez a raíz de haber proyectado en 1855 una emigración italiana al Paraguay. Su idea de crear una colonia italiana en el Paraguay no se realizó y la mayoría de los emigrantes se quedó en la Argentina.

         Como encargado de negocios de Cerdeña en el Paraguay fue nombrado Marcelo Cerrutti, quién ya ocupaba el cargo de encargado de negocios y cónsul general en el Brasil.110 Cerrutti permaneció en tal carácter hasta 1860. Ulises Barbolani fue nombrado sucesor de Cerrutti en 1862, pero con carácter de ministro plenipotenciario; fijó su residencia en Montevideo y recién en 1864, visitó el Paraguay, para hacer entrega de sus cartas credenciales.111 Desde 1867 fue Luigi Joannini Cera Conde de San Michele, el encargado de negocios de Italia ante el gobierno del Paraguay.112 En esa misma época fue nombrado Lorenzo Chapperon cónsul italiano en Asunción113 quien sólo pudo llegar a la capital a comienzos del año 1868.114

         El cónsul Chapperon, a más de representar los intereses de los súbditos de Prusia,115 se esforzó durante la guerra en forma constante, junto con su colega francés en la defensa y seguridad de los extranjeros, residentes en la República.

         Por ausentarse del Paraguay, el ministro de los Estados Unidos, Washburn, le confió a Chapperon dinero y otros efectos que extranjeros habían depositado en su Legación, al abandonar la República.116 Con posterioridad fue acusado Chapperon de haberse apropiado de dichos bienes,117 y por dicha razón fue asesinado en Buenos Aires por un compatriota.118

         Desde comienzos de 1851 tuvo Portugal como representante ante la República del Paraguay, al encargado de negocios Leonardo de Sousa Leite Azevedo, quien había fijado residencia en Montevideo.119 Como cónsul de S. M. el Rey de Portugal actuó desde 1854 Francisco José Correa Madruga. Durante su viaje de éste a Europa se le confió el consulado a Antonio Augusto Vasconcellos,120 quien en marzo obtuvo su "exequátur" como Vicecónsul de Portugal.121

         Cuando en 1865 Madruga abandonó el Paraguay, le confió el consulado a José María Leitte Pereira.122 Vasconcellos protestó contra esta determinación pues se consideraba sucesor legal del cónsul cesante.123 Tampoco el encargado de negocios estuvo de acuerdo con la determinación tomada por Madruga.124 Sólo dos años más tarde, en 1868, declaró el gobierno nacional, que no reconocía más a Leitte Pereira como cónsul de Portugal.125 Este se había asilado con su esposa en la legación de Norteamérica, cuando se lo quiso apresar por supuesta conspiración.126

         El 11 de noviembre fue apresado y el 17 de diciembre, fusilado. Por decreto del gobierno se canceló también el "exequátur" al cónsul Vasconcellos, a quien se acusaba de convivencia con el enemigo.127

         Las relaciones diplomáticas con Bélgica se iniciaron mucho más tarde, a pesar de haber declarado don Carlos Antonio López en su mensaje al congreso nacional de 1854, que S. M. el Rey de Bélgica había nombrado ministro plenipotenciario a Chevalier Lonney, quien fijó residencia en Montevideo. Pero sólo en 1862 se iniciaron las primeras conversaciones para la firma de un tratado comercial entre el Paraguay y Bélgica, mantenidas entre Carlos Calvo y el ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de Bélgica en París, Jirmin Rogier.128 Pese al gran interés demostrado por ambas partes en el proyecto del tratado, éste no llegó a concretarse. Sólo en 1894 se plegó a firmar un tratado semejante.129 A continuación envió el gobierno del Paraguay al coronel Alfred du Graty130 como encargado de negocios a Bélgica. Du Graty era belga de nacimiento, pero más tarde adoptó la ciudadanía argentina. Más de un año tuvo que esperar, sin que fuera reconocido el gobierno de Bélgica. Mientras tanto actuó en forma intensa en Bélgica, Holanda y también Alemania tratando de establecer un intercambio comercial entre dichos países y el Paraguay. A pedido suyo, fue nombrado en 1864 encargado de negocios ante S.M. el Rey de Prusia y así comenzó su actuación en Berlín. Con anuencia del gobierno del Paraguay nombró cónsules en los centros comerciales más importantes de Bélgica.

         El comienzo de las relaciones con Prusia se remonta al año 1858; el nombramiento de Friedrich von Gülich como representante del Rey de Prusia ante el gobierno del Paraguay;131 Gülich, quien ya en 1856 había visitado el Paraguay durante su viaje de Chile a Montevideo, a donde había sido trasladado,132 fue reconocido en el año 1860 por Carlos Antonio López, como representante de Prusia en el Paraguay.133 Las relaciones entre el Paraguay y Prusia se desenvolvieron en forma muy amistosa.

         Ningún ministro extranjero visitó el Paraguay con tanta frecuencia como Gülich; estuvo en Asunción en abril y agosto de 1861, en enero de 1862,134 y también en junio y noviembre de 1864.135

         El 1º de agosto de 1860 se firmó entre el Paraguay y la Unión Aduanera Alemana un tratado de amistad, comercio y navegación. Dicho tratado fue firmado por el plenipotenciario del Paraguay Francisco Sánchez y por Prusia, Friedrich von Gülich;136 el tratado fue válido hasta diciembre de 1865, es decir, mientras el Rey de Prusia tenía la representación oficial de la Unión Aduanera Alemana y en tal carácter estaba autorizado a firmar tratados.

         Prusia nombró representantes consulares en el Paraguay. Sólo en Rosario y en Buenos Aires se habían establecido consulados de Prusia.137 A pesar de solicitudes presentadas de los más importantes centros comerciales de Alemania, el Paraguay no nombró representantes consulares. Como punto de comparación se debe recordar, que la ciudad Hanseática de Hamburgo y de Bremen, así como la ciudad libre de Frankfurt y el gobierno de Prusia mantenían representaciones consulares de Cerdeña, Suiza, Suecia y Noruega, Holanda y Bélgica.138 Sólo el Gran Duque de Oldenburgo, Nikolaus Friedrich Peter, nombró en 1859 a su representante consular en Buenos Aires, también cónsul general del Paraguay.139

         Alfred du Graty fue nombrado por decreto del 17 de junio de 1864 encargado de negocios del Paraguay ante la Corte de Berlín140 y fue recibido el 11 de noviembre del mismo año por el Rey de Prusia, quien lo reconoció en tal carácter.141 Por aquel entonces se hallaba en Berlín Gregorio Benítez, secretario de la legación del Paraguay en París, con una misión de carácter comercial y Militar.142

         Se debe recordar muy especialmente la extraordinaria actividad de du Graty a favor de un intercambio comercial entre el Paraguay y Alemania. Tampoco deben olvidarse sus múltiples publicaciones en la prensa de Alemania, Austria y Bélgica a favor del Paraguay, sobre todo, durante los primeros años de la guerra de la Triple Alianza.

         De suma importancia, para demostrar las múltiples relaciones diplomáticas ya existentes con los países europeos y en especial con todos los estados de Alemania es de recordar que cuando Francisco Solano López asumió la presidencia de la República en el año 1862, recibió de las siguientes potencias notas de felicitación: los Países Bajos, Bélgica, la Reina de Inglaterra, Napoleón III, Su Santidad el Papa Pío IX, el Emperador de Austria, el Consejo Federal de Suiza, Noruega, Suecia y Dinamarca,143 y además, de los siguientes estados alemanes: el Rey de Prusia, el Rey de Hannover, el Rey de Baviera, el Rey de Gutemberg, el Gran Duque de Baden, los príncipes de Schwarzburg-Sorndershausen y Schwarzburg-Rudolstadt, Reuss (línea antigua) y Reuss (línea nueva), los duques de Sachsen-Altenburg, Sachsen-Meiningen Braunschweig, el gran duque de Sachsen-Weimar, el Kurfürst de Hessen y el Duque de Meiningen. De los estados escandinavos, el Rey de Noruega. Suecia nombró como representante diplomático en el Paraguay a Gabriel Manuel Billberg que llegó a Asunción en 1865, donde presentó sus cartas credenciales y fue reconocido por el Presidente en tal carácter. Por tal circunstancia, el gobierno del Paraguay dedujo el reconocimiento de la Soberanía de la República por parte de S. M. el Rey de Noruega-Suecia.144

         Las relaciones con la Santa Sede se hallaban enturbiadas desde los tiempos del Dictador Francia, quien no solo descuidó por completo la vida religiosa en el Paraguay, sino también trató de impedir, que el clero paraguayo dependiera de autoridades extranjeras.145

         Solano López visitó Roma en marzo y mayo de 1854. Por no haberle sido posible conseguir una audiencia con el Santo Padre se entrevistó con el Cardenal Secretario Giacomo Antonelli, a quien propuso el nombramiento de Juan Gregorio Urbieta, como obispo auxiliar para el Paraguay. Ya con anterioridad, el Papa Gregorio XVI, después de muchas cavilaciones había dado su consentimiento para el nombramiento de los obispos Marco Antonio Maíz y Basilio López.146 El Vaticano se hallaba disgustado con el gobierno del Paraguay por diversos motivos, especialmente, por considerar que se extralimitaba en los asuntos religiosos, especialmente al de no aceptar la instancia jurídica extranjera ni autoridades extranjeras para sacerdotes paraguayos.147

         En setiembre de 1856 llegó a Asunción el padre Ignacio Víctor Eizaguirre, para entablar conversaciones con el gobierno. Delegado apostólico acreditado ante el gobierno de la República fue Mogr. Marino Marini, Arzobispo de Palmira, quien había fijado su residencia en Paraná y luego en Buenos Aires. En 1864 fue llamado a Roma.148

         Poco antes de su muerte Carlos Antonio López inició importantes conversaciones con el delegado apostólico en Asunción para tratar de regularizar la situación de la Iglesia en la Diócesis del Paraguay. De esta manera se llegó a mejorar las relaciones con el Vaticano.149 La República mantuvo un representante en Roma, Pietro Sanpaloesi, experto en el Vaticano, que redactó la Bula Papal para el nombramiento de Manuel Antonio Palacios como Obispo Coadjutor para el Paraguay ante la Santa Sede,150 pero nunca consiguió su objetivo.

         La correspondencia con el Vaticano se mantuvo por intermedio del delegado apostólico o por medio del encargado de negocios en París, o por intermedio de la firma Blyth de Londres.

         Para terminar puede afirmarse que los esfuerzos realizados por los presidentes Carlos Antonio López y Francisco Solano López por establecer relaciones diplomáticas y comerciales del Paraguay con las potencias europeas se vieron coronados por un amplio éxito. No debe olvidarse que tales relaciones fueron para la República de vital importancia, si se considera especialmente el aislamiento de 25 años impuesto por el Dictador Francia, la situación geográfica como país mediterráneo y las constantes dificultades de navegación en los ríos Paraguay y Paraná. Que los gobiernos de aquella época hayan podido resolver tales dificultades debe de considerarse como un éxito importante y como un hecho extraordinario en la historia política de la América del Sur de aquella época.





NOTAS


Abreviaturas usadas en estas notas:

ANA = Archivo Nacional de Asunción.

AGNA = Archivo General de la Nación Argentina.

RB = Biblioteca Nacional Río de Janeiro - Coleção Visconde do Rio-Branco.


1. J. P. and W. P. Robertson - Letters on Paraguay, comprising an Account of a four years Residence in that Republic under the Government of the Dictador Francia. London 1838. Tomo II, p. 279 y sgtes.

2. J. P. and W. P. Robertson - Francia's Reign of Terror. Being the continuation of Letters on Paraguay. London 1839. Tomo III, p.258; Bernardino Villamayor en W. Parish, Asunción, 26.I.1825, RB I-30.7.38.

3. W. Parish a Francia, B. Aires, 17.7.1824, RB I-30.7.38.

4. W. Parish a Francia, B. Aires, 14.4.1825, RB I-30.7.38.

5. Correspondencia varias en RB I-30.6.91. Efraím Cardozo - Paraguay Independiente. Historia de América y de los Pueblos Americanos. Tomo XXI. Barcelona 1949, p. 62. Julio César Chaves - El Supremo Dictador. 3º Edición. Buenos Aires 1958, p.316.

6. Correspondencia varias en RB I-30.6.91. Rengger y Longchamp - Ensayo Histórico sobre la Revolución del Paraguay y el Gobierno Dictatorio del Doctor Francia. París 1828, p.126.

7. Francisco Wisner - El Dictador del Paraguay José Gaspar de Francia. 2º Edición. Buenos Aires 1957. págs. 115-116.

8. John Le Long - Les Républiques de la Plata en la Guerre du Paraguay. Le Brésil. París 1869. Le Long p. ej. Indica el número de los franceses que vivían en la Plata en 1867 en más de 85.000. Pero de los otros países europeos no vivían tantos súbditos allí.

9. Lord Palmerston al gobierno del Paraguay, London, 31.10.1840, RB I-29,23,26. W. Sánchez Quell - Política Internacional del Paraguay. Buenos Aires 1945, p.68.

10. Correspondencia varia en ANA, Vol. 255 y RB I-29,24,5.

11. R. B. Hughes al gobierno del Paraguay, 18841/42, RB I-29,24,4.

12. J. R. Gordon a dos Cónsules del Paraguay, RB I-29,24,4.

13. Correspondencia ver RB I-29,24,4. Mensaje de 1842, ver: Mensajes de Carlos Antonio López. Primer Presidente Constitucional de la República, Asunción 1931, p.6.

14. Paraguayo Independiente. Nº 23, Asunción, 27.9.1845.

15. AGNA X, 1, 3.

16. J. H. Mandeville a C. A. López, B. Aires, 25.8.1844, ANA, Vol. 255.

17. W. G. Ouseley a C. A. López, Montevideo, 23.9.1845, ANA, Vol. 255.

18. Paraguayo Independiente, Nº 23, 27.9.1845.

19. Comte de Lourde a los Cónsules del Paraguay, B. Aires, 1.11.1843, RB I-30.6.93.

20. L. Alfredo Demersay - Historia Geral do Paraguay desde a sua Descoberta até mossos Días. Río de Janeiro 1865, p.172.

21. C. B. Mansfield - Paraguay, Brasil, and the Plate. Cambridge 1856, P.463.

22. Paraguayo Independiente, Nº 53, 23.5.1846.

23. W. C. Ouseley a los Cónsules del Paraguay, Montevideo; 26.9.1846, ANA Vol. 255.

24. C. A. López al Barón Deffaudis, Asunción, 22.1.1846, en: Cecilio Báez - Historia Diplomática del Paraguay. Tomo II. Asunción 1931-32, págs. 29 y sgtes.

25. Barón Deffaudis a C. A. López, Montevideo, 26.9.1846, RB I-30.6.92.

26. Julio César Chaves - El Presidente López. Buenos Aires 1955, p.116.

27. Julio César Chaves - El Presidente López... p.135.

28. C. A. López a Metternich, Asunción, 3.7.1846, ANA, Vol. 277.

29. La Gaceta Mercantil, Buenos Aires, Nº 7276, 7.2.1848. Arana a Fernando I., B. Aires, 13.1.1848 en Paraguayo Independiente, Nº 80, 16.9.1848: Rosas al gobierno de Austria, B. Aires, 19.10.1849, en Paraguayo Independiente, Nº 99, 30.11.1850.

30. Paraguayo Independiente, N° 75, 4.3.1848: Mensaje del Excmo. Señor Presidente de la República del Paraguay a la Representación Nacional del año 1849. Asunción 1849, p. 4.

31. C. A. López al Presidente de la República francesa. Asunción, 25.12.1850, en: Paraguayo Independiente, Nº 100, 28 12.1850.

32. F. S. López a Ch. Hotham, Asunción, 29.12.1852, RB I-29.27.10.

33. C.B. Mansfield - Paraguay... p. 400.

34. ANA, Vols. 304, 306 y 308.

35. ANA, Vols. 298, 306 y 319.

36. ANA, Vols. 304 y 306.

37. ANA, Vols. 268, 269 y 306.

38. Correspondencia varía en RB I-29.27.11.

39. Juan E. O'Leary - El Mariscal López. 2º Edición. Madrid, 1925, p. 32.

40. Correspondencia extensa entre la firma Blyth en Londres y F. S. López en: ANA Vols. 255 y 268, así como RB.

41. Que el General López asistió como observador militar a la guerra de Crimea en 1854, como dice Porter Cornelio Bliss en su Historia Secreta de la Misión del Ciudadano Norte-Americano Charles A. Washburn acerca del Gobierno de la República del Paraguay, p. 103, no está comprobado.

Ver también: Carlos A. Wabsburn. Historia del Paraguay con notas de observaciones personales y reminiscencias de algunas dificultades diplomáticas. Buenos Aires 1892, p-105.

42. Ver correspondencia RB I-29, 26, 2.

43. Ver correspondencia RB I-29, 26, 2.

44. C. A. López a Isabel II, Asunción, 18.5.1853, ANA, Vols. 287 y 306.

45. RB I-29, 26, 14. Semanario, Nº 77, Asunción, 30.12.1854 y Nº 78, 27.1.1855. H. Sánchez Quell - Política... págs. 144 y sgtes.

46. Napoleón III., París, 24.5.1853, ANA, Vol. 306.

47. RB I-30.7.39.

48. ANA, Vol. 299. Semanario, Nº 68, 28.10.1854.

49. Tratado del 15.9.1854 en el Semanario, Nº 133, 10.3.1856.

50. Decreto del 29.12.1855 en Simple historia de la ex colonia francesa en el Paraguay por un francés bien informado. Asunción 1856.

51. Decreto del 13.6.1856.

52. Detalles ver en: Efraím Cardozo – Paraguay.... págs. 136 y 152. Julio César Chaves. El Presidente López... págs. 235-241. ANA Vol. 29.

53. Comde de Brayer a Vázquez, Asunción, 31.10.1856, ANA, Vol. 299. H. Laplace a Vázquez, París, 7.8.1857 y 7.9.1857, ANA Vol. 299.

54. Protocolo del 12.2.1855, ANA, Vols. 300 y 324.

55. Decreto de nombramiento por Napoleón III., París, 2.5.1856, ANA, Vols. 306 y 299.

56. Decreto de nombramiento por Napoleón III, París 25.3.1857, ANA, Vol. 299.

57. A. de Brossard a F. Sánchez. Asunción, 15.9.1867, ANA, Vol. 302.

58. G. Izarié a F. Sánchez, Asunción, 24.9.1861; F. Sánchez a G. Izarié, Asunción 28.9.1861; F. Sánchez a C. Calvo, Asunción, 5.11.1861, ANA Vol. 302.

59. P. Varraz a Vázquez, Asunción, 15.11.1858, ANA, Vol. 320. A. de Brossard a Vázquez, Asunción, 14.11.1858.

60. J. Falcón al ministerio de rel. ext. de Francia. Asunción, 10.2.1855, RB I-30, 26, 26.

61. J. Falcón a H. Laplace, Asunción, 10.2.1855. RB I-29, 30,15.

62. H. Laplace a Vázquez, París, 24.5.1860, ANA, Vol. 300.

63. F. Sánchez a H. Laplace, Asunción, 5.4.1861, ANA, Vol. 301.

64. Gregorio Benítez - Anales Diplomáticos y Militares de la Guerra del Paraguay. Tomo I. Asunción 1906, p. 192.

65. F. Dupin a C. Calvo, Bordeaux, 15.6.1863, ANA Vol. 303.

66. Dehol a J. Berges, París, 19.11.1863, RB I- 29, 31, 17.

67. Avigdor a C. Calvo, Nizza, 4.2.1861, RB I-29, 35, 18.

68. A. Ghirlanda a J. Berges, Marseille, 24.11.1864, RB I-30, 23, 101.

69. Nombramiento por C. A. López, Asunción, 14.2.1860, ANA, Vol. 306.

70. F. S. López, Asunción, 1862, ANA, Vol. 300.

71. J. Berges a C. Calvo, Asunción, 21.3.1864, RB I-22,11,1.

72. J. Berges a C. Bareiro, Asunción, 24.6.1864, ANA, Vol. 303.

73. J. Berges a C. Bareiro, Asunción, 24.3.1867, RB I-22,12, 87.

74. Carlos R. Centurión - Historia de las Letras Paraguayas. Tomo I. Buenos Aires 1947, p.274.

75. Semanario, No 477, 13.6.1863 y Nº 4.7.1863.

76. ANA, Vol. 320.

77. ANA, Vol. 302.

78. ANA, Vol. 302 y 303.

79. Richard F. Burton - Letters from the Battle-Fields of Paraguay, London 1870, p. 329. Semanario, Nº 604, 18.11.1865 y Nº 605, 25.11.1865.

80. Beaumont a J. Berges, Paso Pucú, 17.10.1866, ANA, Vol. 303.

81. L. Cochelet a J. Berges, Asunción, 15.4.1867, RB I-30,47.

82. L. Noel a J. Berges, B. Aires, 10.3.1867, RB I-30.3.45. J. Berges a L. Noel, Asunción, 24.3.1867, RB I-22.11.1.

83. L. Schneider - Der Krieg der Triple-Alianz gegen die Regierung der Republik Paraguay. Band III. Berlín 1872, p.30.

84. George Frederick Masterman - Seven eventful years in Paraguay, a narrative of personal experience amongst the Paraguayans. London 1859, p.127.

85. L. Cochelet a J. Berges, Asunción, 8.4.1865, ANA, Vol. 303.

86. F. S. López a C. A. López, París, 6.6.1854, RB I-29, 28, 9 y I-29, 26, 4.

87. Decreto del 24.10.1854, RB I-29, 31 ,5.

88. Ministerio de Rel. Ext., Asunción, 29.11.1854, ANA, Vol. 308.

89. Semanario, Nº 147, 10.10.1857.

90. Alfred M. du Graty - La République du Paraguay. Bruxelles, 1862, págs. 82 y sgtes. Semanario, Nº. 352-362.

91. Detalles ver en: Semanario, Nº 300, 12.12.1859 – Nº 458, 14.10.1862. Question Canstatt. Documents officiels échangés entre la Légation de la République du Paraguay et le Gouvernement de sa Majesté Britannique, un la dite question, encore pendante. Besançon 1861. A Statement of the facts of the controversy between the governments of Great Britain and Paraguay and opinion of Robert Phillimore Thereupon. Washington 1860. Julio César Chaves - El Presidente López..., págs. 276 y sgtes.

92. Detalles ver en: Question Anglo-Paraguayenne, París, 1860, págs. 114 y sgtes. L. Schneider - Der Krieg... Band III, págs. 183 y sgtes.

93. Correspondencia extensa en ANA y RB.

94. RB I-30, 27, 75.

95. RB I-29, 36, 46.

96. Archives Diplomatiques, Recueil de Diplomatie et d'Histoire. Tome deuxiéme. 2º Annéc, París 1862, págs. 408 y sgtes.

97. C. Calvo a F. Sánchez, París, 20.7.1861 en: Archives Diplomatiques... p.461.

98. Vázquez a H. Laplace, Asunción, 10.10.1859, ANA, Vol. 300.

99. C. A. López a C. Calvo, Asunción, 20.4.1862, ANA, Vol. 302.

100. C. Calvo a J. Berges, París, 5.4.1863, ANA, Vol. 303.

101. ANA, Vol. 303. RB I-30,13,18. Semanario, Nº 458, 31.1.1863.

102. 22.1.1863, ANA, Vol. 255.

103. Lord Russell al Ministerio de Rel. Ext. del Paraguay, London, 7.11.1863, ANA Vol. 255.

104. L. Schneider - Der Krieg... Band I, págs. 178 y sgtes.

105. L. Schneider - Der Krieg... Band II, págs. 82 y sgtes.

106. G. Benítez a Lord Stanley, París, 13.3.1868 en: Claude de la Poëpe - La Politique... p. 345.

107. Gould a G. B. Mathew, Curupaití, 18.8.1867, en: River Plate Nº 1 (1868). Correspondence respecting Hostilities in the River Plate.

108. J. Berges a A. Favale, Asunción, 6.10.1864, RB I-22,11,1.

109. Semanario, Nº 171, 11.4.1857.

110. Gral. Dabormina al Ministerio de Rel. Ext. del Paraguay, B. Aires, 24.2.1860, ANA Vol. 277.

111. R. U. Barbolani al gobierno paraguayo, Montevideo, 4.2.1865, RB I-30, 5, 4.

112. San Michele a J. Berges, B. Aires, 4.9.1867, RB I-30.6.61.

113. Pompeo de Campello a J. Berges, Firenze, 25.9.1867, RB I-30,11,23.

114. L. Chapperon a J. Berges, Asunción, 4.2.1868, RB I-30,6,62.

115. L. Schneider - Der Krieg... Band III, apéndice p.124.

116. Washburn a L. Caminos, Asunción, 9.9.1868, RB I-30,11, 6.

117. José Bernardino Borman - Historia do Guerra do Paraguay. Tomo III. Curityba 1897, p.95.

118. L. Schneider - Der Krieg. . . Band III, p.232.

119. N. Vázquez a Leitte Azevedo, Asunción, 20.1.1856, RB I-29, 30, 44.

120. C. Madruga a N. Vázquez, Asunción, 13.3.1860, RB I-29, 36, 23.

121. J. Berges a C. Madruga, Asunción, 14.6.1864, RB I-22, 11, 1.

122. C. Madruga a M. González, Asunción, 10.11.1865, RB I-30, 13, 37.

123. A. Vasconcellos, Asunción, 13.8.1866, RB I-30,13, 37.

124. Leitte Azevedo a Vasconcellos, Montevideo, 26.10.1867, RB I-30, 5, 41.

125. G. Benítez a Leitte Pereira, Asunción, 16.6.1868, RB I-22, 11, 2.

126. Washburn a G. Benítez, Asunción, 22.6.1868 en: Semanario, Nº 743, 19.7.1868.

127. Decreto de F. S. López, San Fernando, 20.7.1868, RB I-30, 28, 26.

128. J. Rogier a C. Calvo, París, 19.12.1862, ANA, Vol. 303.

129. Colección de Tratados Celebrados por la República del Paraguay, Asunción 1895, p.11.

130. J. Berges a A. du Graty, Asunción, 21.6.1863, y otra correspondencia, RB I-22,11,1.

131. Ministerio de Rel. Ext., Berlín, 3.2.1858, RB I-29,35,20.

132. RB I-29, 30, 41.

133. Semanario, Nº 332, 21.7.1860 y Nº 334, 4.8.1860.

134. Semanario, Nº 388, 24.8.1861.

135. ANA, Vol. 320.

136. Semanario, Nº 531, 25.6.1864.

137. Alfred M. du Graty - La République... p.90.

138. Max von Versen - Reisen in Amerika and der Südamerikanische Krieg. Breslau 1872, p.212.

139. Constant Santa María a N. Vázquez: patente por N. F. Peter, Rastedt, 18.8.1859, ANA Vol. 277.

140. J. Berges a A. du Graty, Asunción, 21.6.1864, RB I-22, 11, 1. Semanario, N° 531, 25.6.1864.

141. A. du Graty a J. Berges, Berlín, 15.11.1864, RB I-30, 3, 62.

142. Gregorio Benítez - Anales... tomo I, págs. 77 y siguientes.

143. Semanario, Nos. 466, 469, 471, 475, 479; ANA, Vol. 255 y 277.

144. Semanario, Nº 155, 4.10.1856.

145. Decreto de Francia del año 1815 en: Emiliano Gómez Ríos. El Paraguay y su Historia. Asunción 1958, p.97.

Julio César Chaves - El supremo Dictador... págs. 178 y 305.

146. Mensaje del Excmo. Sr. Presidente de la República del Paraguay, Ciudadano Carlos Antonio López, al H. Congreso Nacional reunido en su sala de sesiones el 14 de marzo de 1857. Asunción 1857, págs. 25-30.

147. Antonio Zinny - Cronología de los Obispos del Paraguay, Buenos Aires 1887, págs. 24 y sgtes.

148. J. Berges a Cardenal Antonelli, Asunción, 21.4.1864, RB I-22, 11, 1.

149. ANA, Vols. 303, 331 y 334.

150. C. Calvo a J. Berges, París, 7.4.1864, ANA, Vol. 303.








LA CIENCIA DE LA HISTORIA


         por MANUEL PEÑA VILLAMIL


         En su proceso evolutivo, toda ciencia pasa por un estudio previo de indagación y acumulación de datos que le permite luego la formulación de sus propias leyes. Estas leyes no tienen otro objetivo que la sistematización del conocimiento adquirido. La Historia es realidad biológica y, como tal, tiene categoría científica. La afirmación quizás parezca, si la medimos con el criterio axiomático de las ciencias exactas y, más exagerada aún, si tenemos en cuenta lo puro, inerte y objetivo de estas últimas, comparadas con lo vital y trascendente de la primera. No perdamos de vista, por otra parte, la importancia de la temática histórica, que no es otra cosa que el hombre y su medio circundante de actuación: la sociedad. Estos dos factores ponderables hacen de la Historia y de su enseñanza disciplina y método trascendentes a toda valoración matemática, pero no por tal menos científicos.

         Los actuales métodos de investigación histórica se ven coadyuvados con el aporte de otras ramas del saber humano. Este, en cuanto atañe a la investigación en si misma, es de inapreciable valor. Pero el conocimiento histórico no puede detenerse aquí, a riesgo de perder su sustancia teleológica.

         La técnica moderna abre ante el historiador un horizonte amplísimo para su afán investigador. Tan vasto es el campo exploratorio que se hace necesaria la especialización para satisfacer su capacidad limitada de trabajo. Pero, si bien la especialización facilita la visión exhaustiva del ángulo enfocado, no debe descuidar de ningún modo su misión fundamental, que es hacer más diáfana la concepción del panorama social y exacta su ubicación dentro del proceso histórico universal.

         Ningún hecho humano debiera ser considerado aisladamente ni implicado por sí mismo. El sentido de dualidad de los fenómenos es más fuerte en el orden de las relaciones humanas que en cualquier otra rama del conocimiento científico. Siempre existe, patentizado con mayor o menor evidencia. El hecho de un deficiente planteamiento de sus leyes o una falsa generalización nos ocultan, muchas veces, ese sentido de causalidad; pero esos errores de formulación no deben llevarnos a inferir su inexistencia.

         Refiriendo estos postulados elementales de la ciencia histórica, de carácter general y permanente, al campo más concreto de la historia nacional vemos así que el planteo histórico de las misiones jesuíticas en el Paraguay, no debe ser estudiado como fenómeno exclusivamente particular del medio geográfico donde tuvo su desarrollo. Las pugnas y rivalidades suscitadas entro la Compañía de Jesús y el poder civil de la colonia tienen también su correlato, no solamente en España, sino en toda la Europa renacentista. La Contrarreforma es su punto de partida y los problemas que en esta parte de América se promueven no son otra cosa que la consecuencia directa o indirecta de aquel hecho. No debe olvidarse la misión preponderante que le tocó a la orden de San Ignacio en ese momento crucial del mundo católico y en el cual España se alzó como su más alto exponente.

         Esta concatenación permanente, absoluta y rígida de la causalidad en la Historia hace que la exaltación de sus grandes figuras por medio de ensayos biográficos no tenga sino muy relativo valor científico, como representativo de una época o de ese momento sociopolítico. De ningún modo debe deducirse de su particular comportamiento que el prócer determine el curso de la historia en forma absoluta.

         Esta consideración adquiere especial relevancia en el análisis de nuestra historiografía. Porque su olvido imprime singularidad a nuestra manera de hacer historia paraguaya, con morbosa insistencia en la conducta personal de los protagonistas y detrimento o desprecio de las motivaciones teleológicas que deben tenerse siempre en cuenta para juzgarla con sentido científico de causalidad. El examen de la historia nacional nos muestra por eso que, tanto en el período colonial como en el de la independencia, ella se encuentra fuertemente influenciada por la gravitación de ciertas figuras señeras cuya exaltación laudatoria o execratoria nuble la visión panorámica conduciéndonos fatalmente a una errada interpretación de nuestro pueblo y de su pensamiento vivo.

         El régimen francista y la hegemonía familiar de los López, durante un lapso de sesenta años, no fueron determinados por factores exclusivamente personales. La sensibilidad vital del medio les fue particularmente propicia para que descollaran en el proceso histórico de la época. El aislamiento impuesto por la geografía, bajo un sistema colonial rígido, creó el clima propicio para que surgieran esas figuras rectoras de la vida de nuestro pueblo.       

         Es deber de las nuevas generaciones de estudiosos buscar en el pasado la explicación de los problemas políticos, económicos y sociales del presente, para deducir sus proyecciones en el futuro. Así encontraremos en el pretérito la simiente de nuestro porvenir. "La historia -apuntaba Ortega y Gasset- es sólo una labor científica en la medida que sea posible la profecía".

         La investigación histórica desapasionada y objetiva no ha alcanzado aún su cima en nuestra patria. No la ha alcanzado en ningún país de Sudamérica. Hasta ahora se ha pretendido hacer historia basándose en preconceptos y tabúes. Alrededor de ellos se acumulan acontecimientos, informaciones que solamente sirven para la formulación de una historia comprometida, deformante de la mentalidad social.

         La necesidad de aplicar el rigorismo científico al estudio de la historia hispanoamericana conduce a las nuevas generaciones de sus historiadores a un cambio sustancial frente al problema cognoscitivo del pasado. Hispanoamérica constituye una realidad tangible, tal vez conceptualmente indefinible, pero alentada de vivencia específica. Filosóficamente hablando -según el pensamiento de Hegel, no debe solamente ser comprobada sino también comprendida en forma integral. No cabe, en este sentido, compartir la posición de aquellos historiadores que fundamentan el proceso histórico hispanoamericano como un todo totalmente independiente de sus antecedentes heleno-cristianos, que para nosotros se traducen como antecedentes hispánicos. Así como también compartimos el pensamiento de quienes consideran nuestra historia como mero apéndice de la civilización llamada occidental, prescindiendo de ciertos valores autóctonos que necesariamente gravitan sobre ella. Ambas posiciones antitéticas son igualmente erradas por ser parciales y, en consecuencia, impropias para ser aplicadas a sus secuencias vitales.

         El historiador de hoy sustituye al cronista de antaño. Es un científico que indaga en base a normas axiológicas de contenido ecuménico. Como lo señala Hessen, "una interpretación del sentido del mundo que haga abstracción de los valores está de antemano condenada al fracaso". La valoración utilitaria y unilateral de los hechos humanos contribuye en gran medida a la hipervaloración del ego nativo determinando la creación de los preconceptos históricos, levadura propicia para fomentar las fobias nacionalistas con todas sus aberraciones, raciales, económicas, sociales y religiosas. No debe de este modo desconocerse el valor de otras culturas y civilizaciones que integran el acervo histórico del hombre y que, de un modo u otro, han influido en el proceso universal. La concepción renacentista de la historia está diagramada a partir del siglo XV para la exaltación de los Estados nacionales. La historia se estructura así sobre una base política para justificar la hegemonía de los grandes sistemas coloniales que imperan en el mundo durante toda la edad moderna de nuestra cultura occidental.

         Es necesario comprender la alta trascendencia de la Historia en la vida de los pueblos. A ella se acude para hallar la explicación de nuestra propia naturaleza y su sentido inmanente. La enseñanza de esta ciencia debe orientarse con sentido de movimiento universal, para que cumpla su auténtica misión educacional y formativa. El mero relato de los acontecimientos humanos tiene que ser complementado por la exégesis racional de la conducta social para que se exprima de ellos una lección. De tal modo, la Historia constituye una vivencia permanente del pasado en el futuro.



COLABORAN EN ESTE NÚMERO:


MORENO, FULGENCIO R.

En el editorial de este volumen se publican sus datos.


MAC MAHON, General MARTIN T. Diplomático y poeta estadounidense, llegó a nuestro país en calidad de Ministro Plenipotenciario en 1868, cuando se vislumbra el holocausto final. Testigo fidelísimo de nuestra epopeya, fue depositario, a su partida en junio de 1869, del testamento del Mariscal, otorgado en el campamento de Azcurra. En el álbum de madama Lynch estampó su poema "Renace­rás Paraguay", que hace poco vertiera a nuestra lengua, Pablo M. Ynsfrán, en traducción brillante, ofrecida por nosotros en el volumen I de "HISTORIA  PARAGUAYA".


PEÑA VILLAMIL, MANUEL

Nació en Asunción el 3 de agosto de 1916, siendo sus padres el doctor Manuel Peña y doña Josefa Villamil. Realizó sus estudios en el Colegio del Salvador, de Buenos Aires, y en la Facultad de Derecho de Asunción, de donde egresó con el título de abogado, en 1941. Fue director de la revista "La Universidad", órgano del Club Universi­tario de la Facultad de Derecho (1940); Jefe de la Sección Conferencia de Paz del Chaco (1937-39) y Director de la División de Asuntos Políticos y Diplomáticos 11939-40), ambas dependientes del Ministerio de Relaciones Exteriores. Profesor suplente de Derecho Administrativo en nuestra Facultad de Derecho (1958). Es secretario del Instituto Paraguayo de Cultura Hispánica, y miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Tiene dados a la estampa: Espíritu de la legislación española en Indias y La concesión de servicios públicos. En preparación: Derecho Ad­ministrativo y El Cabildo de Asunción.


SCHMITT, PETER ADOLF

Nació en Berlín, en 1930. Es licenciado en filosofía. En las universidades de Fulda y Múnich, estudió filosofía, historia y filología inglesa y francesa. Realizó investigaciones históricas en los archivas de Río de Ja neiro, Sao Pablo y Buenos Aires. Actualmente las efectúa en nuestro Ar­chivo Nacional, y asiste a los cursos de historia americana en la Facultad de Filosofía de nuestra capital.


NOGUÉS, ALBERTO

Nació en Asunción en 1912, en donde efectuó sus estudios, primera­mente en el Colegio San José y posteriormente, en la Facultad de Derecho, de donde egresó con el título de abogado. Jurista, musicólogo y escritor, obtuvo y tiene actuación relevante en estas disciplinas. Son muy conocidas   sus disertaciones y ensayos sobre Bach, Mozart, Chopin, Albéniz y otros músicos, las más de ellas pronunciadas en el paraninfo del Ateneo Para­guayo. Desde su fundación y por varios años posteriores, presidió el Instituto Paraguayo de Cultura Hispánica. Es miembro correspondiente de la Academia Paraguaya de Lengua Española. Tiene tres libros inéditos, que se intitulan: El Paraguay y la Santa Sede, Dimensión política del Poder Judicial y La nacionalidad como problema.


GOMEZ SANJURJO, JOSÉ MARÍA

Nació en Asunción en 1930, capital en la que realizó sus estudios fun­damentales, ya en el Colegio San José como en la Facultad de Derecho, en la que obtuviera el título de abogado. En "La Estrella", órgano que aglu­tinó las inquietudes de la Academia Literaria de este colegio, hizo sus pri­meras armas en el dominio de las letras. Novelista, cuentista y poeta, sus producciones se hallan dispersas en periódicos y publicaciones asuncenas. En un concurso internacional efectuado en España, su cuento El español del almacén, fue mencionado en forma particularmente enaltecedora para su autor. Es miembro correspondiente de la Academia Paraguaya de Lengua Española, y ha sido presidente de la Academia Universitaria.

 

 

 

 

 

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