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SUSY DELGADO


  CACHO, NECHO Y UN PASEO POR UN PAÍS INVISIBLE, EL SUEÑO DE JUANCHÍ y MEDIODÍA DE ABRIL, NI MBERU PARA LUSTRAR... - Cuentos de SUSY DELGADO


CACHO, NECHO Y UN PASEO POR UN PAÍS INVISIBLE, EL SUEÑO DE JUANCHÍ y MEDIODÍA DE ABRIL, NI MBERU PARA LUSTRAR... - Cuentos de SUSY DELGADO

CACHO, NECHO Y UN PASEO POR UN PAÍS INVISIBLE,

EL SUEÑO DE JUANCHÍ

y MEDIODÍA DE ABRIL, NI MBERU PARA LUSTRAR...

Cuentos de SUSY DELGADO

 

 

 

SUSY DELGADO (San Lorenzo, 1949)

 

Poeta bilingüe (español-guaraní), narradora y periodista. Egresada de la Facul­tad de Periodismo de la Universidad Nacional, con un curso de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, Susy Delgado se dedica al periodismo desde la década del 80 y fue responsable del área cultural del diario La Nación (1994-2004), donde dirigió un Suplemento Cultural semanal y creó lacolección de fascículos "Grandes Figuras de la Literatura Paraguaya", el Concurso Lite­rario "Juan Bautista Rivarola Matto", el concurso y la serie de publicaciones del Proyecto "Centenario de Josefma PIá". Desde el año 2005 dirige la revista cultural Takuapu. Su producción poética en español incluye: Algún extraviado temblor (1985), El patio de los duendes (1991; Premio Radio Curupayty 1991 y Premio Junta Municipal 1992, compartido éste con Jorge Montesino), Sobre el beso del viento (1996), La rebelión de papel (1998; Mención Especial del Premio Municipal en 1998) y Las últimas hogueras (2003). En guaraní es autora de los poemarios bilingües: Tesarái mboyvé (1987; título en español: Antes del olvido; traducción de Carlos Villagra Marsal y Jacobo A. Rauskin), Ta-taypype (1992; título en español: Junto al fuego; traducción de la autora; primer finalista del Premio Extraordinario de Literaturas Indígenas, Casa de las Américas, Cuba, 1991), Ayvu Membyre (1999: titulo en español: Hijo de aquel verbo; trad. al gallego como Xestado na palabra, 2008), y Ñe'ẽ jovái (2005: título en español: Palabra en dúo; Segundo Premio Municipal de Literatura, 2006)). En literatura infantil tiene Ñe'ẽ Saraki [Palabra traviesa] (2003), poemas y cuentos en gua­raní y castellano, y cinco libros de relatos infantiles que integran la Colección Che pomimi (2007). Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés, portu­gués y alemán. Tiene además poemas y ensayos literarios incluidos en antolo­gías, revistas y suplementos literarios nacionales y extranjeros. En 2001 aparece Antología primeriza y en 2002 La sangre florecida, su primera colección de cuentos. De posterior aparición son las antologías 25 Nombres Capitales de la Literatura Paraguaya (2005) y La voz mediterránea. Muestra de poesía del Paraguay (2008), y Jevy ko'ẽ (2007), poemas y relatos en guaraní y castellano. El cuento que da nombre a este libro obtuvo el Premio Cide Hamete Benengeli (de la Universidad Toulouse Le Mirail y Radio Francia Internacional) en el año 2005. Sus obras más recientes incluyen dos poemarios: Tyre'y rape [Camino del huértáno]  (2008) y Ogue jave takuapu [Cuando se apaga el takua] (2010); y una selección de textos periodísticos: A dos tintas. 30 años. Un testimonio (2011).

 

 

CACHO, NECHO Y UN PASEO POR UN PAÍS INVISIBLE

 

El sol de la siesta levanta un tufo caliente del basural. Como una especie de gran cacerola, el basural hierve. Una terca orilla verde se levan­ta a lo lejos, contradiciendo los colores que estallan en la olla, colores de comida podrida, de latas, botellas y hules sucios, de vida que ha pasado su fecha de vencimiento.

Los habituales rebuscadores de pequeños milagros olvidados, esca­paron del calor y el tufo a sus humildes chozas, aunque éstas tampoco ofrezcan un consuelo muy electivo. Solo quedaron Cacho y Necho, o el Gordo y el Flaco para algún abuelo que llegó a conocer a estos personajes en los viejos cines del barrio, cuando el basural era casi un proyecto, atendiendo a lo que es hoy. Inseparables aunque distintos, conversan y comparten sus afanes diferentes, bajo el sol ardiente. Cacho busca comi­das, como siempre, y empeñando voluntad, encuentra alguna que otra migaja, manjar precioso para sus ganas insaciables de comer. Necho vaga en su propio mundo, comprimido en un cochecito pequeño, tan pequeño que nadie se explica cómo pudo encontrarlo, perdido en el gigantesco basural.

-Necho, mirá un poco lo que encontré, che ra'a... Un pedacito de milanesa y unas cuantas galletitas rotas. Qué vyro los que tiraron esto, Necho, ¿no queré pio un poco?

-No... Yo ya comí una tortilla que hizo mi mamá. Yo me estoy paseando...

-¿Con tu cochecito pio, Necho? ¿Y a dónde te vas a ir?

-Yo me voy de paseo a un parque de diversiones grande, grande grande... Como este basural de grande, che ra'a.

-Ndé... Y¿qué hay en tu parque de diversiones, Noche?

-Hay calesita y rueda gigante y sombrero mexicano y cochecitos chocadores...

-Ah, ¿y tu cochecito es chocador pio?

-No, chamigo, Cacho. Mi cochecito es uno de verdad, que me lleva a todas partes a 1.000 por hora... Vuela y todo.

-¿Hay pio coche que vuela, Necho? No hay nio... Dejate katuna ya y vení vamo a comer. Mirá, encontré también un pedacito de manzana. A mí me gusta mucho la manzana. Cuando yo sea grande, voy a tener mucha planta de manzana, para comer todo el día.

-Pero vo queré comer nomáluego, Cacho... No hay pio otra cosa que te gusta?

-A ver un poco... Me gusta tener cosa nueva. En el Año Nuevo, mi mamá me compró para mi yoqui, ¿viste pa éste que tengo?..

-Sí, cómo pio no voy a ver si no te saca má luego.

-¿A vo no te gustan los yoqui, Cacho? ¿Vo no tené yoqui`?

-No, chamigo, Cacho, a mí me gusta pasear, ya te dije.

-¿Pero y todo el día pio te vas a pasear?

-Sí, porque yo vivo en un país donde toda la gente es rica y no hace nada. Todo el mundo tiene su casa linda, con una pieza grande llenita de juguetes, y con un coche lindo como el mío...

-Y ¿hay mucha comida ahí en ese país, Necho?

-Hay comida para los que tornen poco noma como yo y también para los que comen todo el día como vo. No falta comida para nadie, hay postre, helados y caramelos que te dan de premio por ejemplo cuando comprá... una pandorga o un avioncito o un caballito... o un cochecito.

-Ndé... Esperá un poco, Necho. Yo me voy contigo a ése tu paseo. Vo quedate con tu pandorga y tu cochecito kuéra, todito, y yo me quedo con todos las comidas y los helados y los caramelos y...

 

EL SUEÑO DE JUANCHÍ

 

Juanchí se levantó eufórico esa mañana, antes de que le reclamara sacudirse de las viejas y rotosas mantas que le tocaban,en un rinconcito de la casita de lata y cartón. Tomó unos sorbos de cocido y hasta pareció agradecer el pobre desayuno que a menudo era motivo de los primeros soki del día, entre los nueve hermanos comandados por la mayora, Antonia, quien había tenido que asumir las riendas de la maltre­cha familia cuando murió la mamá, de una extraña enfermedad que le hinchó la panza como a un sapo.

Juanchí cumplió ese día sus obligaciones habituales con diligencia, silvando despacito esa canción que había aprendido espiando a los chicos del colegio chuchi ubicado sobre la avenida, por donde él pasaba siempre con su cajoncito de golosinas, rumbo a su puesto de trabajo, en esa esqui­na donde los chicos como él formaban un desordenado racimo, entre los colectivos, el puente y las casetas. "Yo tengo un sueño..." decía esa can­ción, pero Juanchí prefería silvarla, guardándose la letra como un secreto precioso, mientras cotrtrolaba el paso de las horas secándose el sudor con la remera mugrienta.

A eso de la tardecita, cuando el sol bajó como siempre a lamer el río, inundando con una luz dorada la barriada prendida a la barranca, justo a la hora en que Antonia solía rechinarle la recogida de las ropas lavadas, Juanchí desapareció por un largo rato, hasta que saltó a la ventanita con sus preparativos.

Y allí nomás estalló el circo completo de burlas de sus hermanos, pero qué vyro que sos, Juanchí, por algo luego sos el más chico, che ra'a, los Reyes ko no existen, Mamá nomáko era la que nos ponía algo en los zapatos, charnigo, ahora que ella ya se murió vas a ver que no vas a encontrar nada, nde estúpido... Y como Juanchí insistía en que ustedes lo que son vyro porque los Reyes existen y a mí me van a traer lo que yo les pedí, porque yo ví en la tele y yo les escribí y japara pee bobo que andan, mboy japaráta! Lo que no contó Juanchí es que el día en que no trajo ni un guaraní de la venta de sus chicles fue porque había gastado todito en el cyber mba'émbo, donde un socio grandulón y capo le envió su carta para los Reyes, haciéndose el ñembóta total del dueño, que le miraba con cara de asco. Hasta que Antonia cortó el debate con su firmeza acostumbrada y aquí se acabó la joda y nadie va a parar nada, pejeíke che rapégui, peë tekorei partida. Al que macanee otra vez oúta hína chupe los Reyes, cable trenzado ho'ukáta chupe...

Juanchí ya sabía cuánto duraban las tormentas de Antonia y esperó, paciente, mientras el sol recogía bajo las aguas sus últimos rayitos. Y a la hora en que se armaba puntualmente el último soki del día por las escasas cucharadas de guiso que le alcanzaban a cada uno, Juanchí aprovechó el alboroto y las sombras ya bien instaladas, para colocar primorosamente el pastito y el agua para los camellos, junto a su championcito destartala­do.

Ni intentó sumarse a la pelea por el guiso, pegó una mirada contro­ladora al cielo, por donde imaginó que llegarían los viajeros soñados, y se durmió como un ángel, sobre sus trapos sucios. La pelea por el guiso arreciaba y se mezclaba con la telenovela que Antonia insistía en ver cada noche, porque ese bandido, badulaque de Carlos le está engañando a la pobre Silvia, pero yo creo que le va a pillar y que le va a matar, así como Ña Juana le clavó todito a su marido, porque eso lo que merecen estos aña nremby. Y entonces, sin tardanza, llegaron por el sur y bajaron suavemen­te la escalera invisible del viento hasta la playa, donde levantaron una ligera polvareda rosada. Su madre venía en ancas del último Rey, moreno como un yvapurü, con una enorme sonrisa de perlas blanquísimas. Los otros dos cantaban con unas extrañas guitarras dulcísimas, "Yo tengo un sueño...". Con la misma suavidad del viento bajaron a su madrejusto pero justito hasta el pobre lecho de Juanchí, y se fueron en un soplo, después de dar de comer y beber a sus camellos...

 

 

MEDIODíA DE ABRIL, NI MBERU PARA LUSTRAR...

 

Pasaron las elecciones y todo volvió a la normalidad. El centro de la ciudad está como adormecido, quieto, un poco tal vez porque se acabó el jolgorio electoral, otro poco porque es tiempo de vacas flacas, porque el centro de a poco se va convirtiendo en un gran shopping de la margina­lidad nomás, y otro poco porque es mediodía, hace un calor que ya no es digno del otoño, y el vare'a pelea con el kaigue que se extiende por plazas calles.

En una de las plazas, los lustrabotas hacen su reunión cumbre habi­tual de cada mediodía, para digerir alguna milanesa ko'engue por la que pelearon tres o cuatro, algún pancho refritado en aceite de motor, porque olía a los infiernos, alguna Bascosa mal que mal compartida entre los mbaretecitos y los bichos. Y también para digerir el kaigue habitual de esa hora, cuando todos los señores que hacen lustrar sus zapatos parece que se escaparon a otro planeta. Chakeko ahora ya son pocos los que usan zapatos que se pueden lustrar, porque después, todo el mundo usa cham­piones, sandalias de plástico, cualquier porquería... Y entonces, entre el aburrimiento y las cosquillas que no se apagan del todo en las tripas, salta la chispa.

-Che ra'a, aca no hay más nada que lustrar, ni mberu no hay che ra'a, para lustrar...

-Mberu pio jalustráva, ride tavyrón...
-Yo, cualquier cosa nomás ya quiero lustrar...
-Ndé... Para más, ahora se acabó el asunto de la elección, mi cuate. Ahí por lo menos todos esos que venían para cepillar a este candidato o al otro candidato, de traje y zapato memete... Y yo makatu lo que les cepillaba...

-Opáma, socio. Ahora, los que ganaron, ya ganaron, los que perdie­ron ya perdieron. Okepa hikuái... ¿Qué pa lo que podemos lustrar ahora?

-Yo le voy a lustrar su despertador para que se despierte, mba'e...

-Yo le voy a lustrar su billetera, para que traiga plata, overapa

-Yo le voy a lustrar su camino, para que venga pya’e porã…

-Yo le voy a lustrar su cabeza, para que se acuerde de nosotros, atu

-Yo le voy a lustrar su corazón, porque mi Mamá dice que los capos tienen su corazón tujupa...

-Yo le voy a lustrar la Constitución, para que se acuerde de todos nuestros derechos...

-Yo le voy a lustrar su conciencia, porque a mí me parece que el que quiere mandar, es para robar nomás, no es para repartir un poco lo que hay...

-Y yo le quiero lustrar a ustedes, porque ahora ya no hay más nada para robar ni para repartir, dice mi Abuela. Oñemondapáma. No ves pio, ni mberú

 

DE: Ñe’ẽ Saraki( Palabra Traviesa) (Asuncion: Editorial, 2003)

 

 

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Teléfs.: 496 991 - 449 738;

Pág. web: www.libreriaintercontinental.com.py

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Asunción - Paraguay. 2011 (424, Tomo I)

 

 

 

 

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