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MANUEL DOMÍNGUEZ


  EL PARAGUAY SUS GRANDEZAS Y SUS GLORIAS, 1946 - Por MANUEL DOMÍNGUEZ


EL PARAGUAY SUS GRANDEZAS Y SUS GLORIAS, 1946 - Por MANUEL DOMÍNGUEZ

EL PARAGUAY SUS GRANDEZAS Y SUS GLORIAS

Por MANUEL DOMÍNGUEZ

© MANUEL DOMÍNGUEZ (h.)

Editorial AYACUCHO

Buenos Aires – Argentina

Noviembre 1946 (254 páginas)

 

 

PRESENTACIÓN DEL DR. DOMINGUEZ:

Por el Dr. Estanislao Zeballos.

"Estaba resuelto que esta sesión fuera presidida por el Ministro Plenipotenciario del Paraguay, pero motivos de salud, según se ha servido comunicármelo, le privan de ocupar este sitial. Por lo que respecta a las funciones del INSTITUTO POPULAR DE CONFEREN­CIAS, debo mencionar que tiene como propósito, en cada período anual de su trabajo, llamar hacia su tribuna a los caracterizados representantes de la men­talidad sudamericana y entre éstos en especial a los de los países vecinos. El eminente diplomático que representa entre nosotros a Bolivia, doctor Eliodoro Villazón, fue uno de los invitados a tal fin, pero cir­cunstancias ajenas a su voluntad le obligan a declinar la ocasión que se ofrecía de hacernos conocer su pen­samiento. El otro país en que pensamos fue el Pa­raguay y dirigimos igual llamamiento al orador que escucharéis dentro de breves instantes, el doctor Ma­nuel Domínguez, vigorosa mentalidad y que se ha destacado en las lides de la vida intelectual en su patría como Rector de la Universidad y catedrático en la misma, como político prominente, dado que fue, además ele Ministro, Vicepresidente de la República. Y también como investigador del pasado histórico de los tiempos del descubrimiento, de la conquista y de la colonización americana. Tal orientación de sus estudios explica el por qué hayamos pensado en el doctor Domínguez para traerle al centro de nuestras tareas, y esta decisión no puede ser conceptuada como desmedro de otros intelectuales igualmente califica­dos, porque entre sus pares el orador de hoy tiene para nosotros la importancia especial de ser un cola­borador eficaz en los trabajos históricos de los escri­tores argentinos.

El Paraguay nos merece las más hondas simpa­tías y la República Argentina debe fomentar el des­arrollo de la grandeza de la nación vecina, no como un cálculo de reintegración en el futuro del solar del antiguo virreinato sino como, una ayuda desinte­resada para su progreso como entidad soberana en el, concierto de los pueblos. libres e independientes. En este sentido, debo recordar que en 1888, deseoso de documentarme para escribir la historia de la guerra del Paraguay, a que consagro mis esfuerzos desde hace treinta y cinco años, necesite conocer de "visu" el campo de la batalla del 24 de Mayo. Dirigido por mi "baquiano" llegamos, tras de larga marcha a ca­ballo, a una colina que limitaba el horizonte, y desde la cumbre presenciamos un espectáculo que nos im­presionó hasta hacernos llorar. En una extensión de un kilómetro de fondo, por una anchura que se dila­taba sin término ante nuestra vista., había un verda­dero bosque de cruces y cada una de las cuales tenía, como ofrenda de amor, un encaje de ”ñandutí" estábamos enfrente de un cementerio de los soldados caídos con heroísmo aquel día y que la mujer paraguaya honraba de tal modo con. ese homenaje de su cariño.

Los esfuerzos a que viene consagrando sus afanes el doctor Domínguez, a fin de consolidar el concepto de patria, constituyen un contraste impresionante con lo que nos enseña la realidad europea, donde doscientos millones de hombres pugnan por desarrai­gar las tradiciones, buscando reemplazarlas con doc­trinas e ideas nuevas. Olvidan que el hombre jamás habrá de desprenderse de sus pasiones e intereses y que en la general incertidumbre que trae extravia­dos los espíritus, lo único que puede salvarlo es el amor a la tierra en que ha nacido.

Con tales antecedentes me complazco en agra­decer al doctor Domínguez su presencia, como tam­bién en cederle la palabra."

"El doctor Zeballos expresó acto seguido que ha­bía escuchado una disertación que por su fondo, por su forma y la intensidad del pensamiento, haría ho­nor a la Academia europea más exigente. Debo agregar -dijo- que probablemente el orador ignora que le escuchaban historiadores tan distinguidos co­mo Peña, Leguizamón y Fregeiro, y que seguramente hizo sospecha que entre sus oyentes hallase una des­cendiente del segundo fundador de Buenos Aires: la señora Julia Garay. (Aplausos prolongados.)

"Terminado el acto, el doctor Domínguez fue personalmente felicitado por gran número de damas y caballeros que deseaban en tal forma significarle el entusiasmo con que en todo instante acogieron su palabra, singularmente colorida y armoniosa."

(La Prensa de Buenos Aires, 28 de agosto de 1920).

 

 

 

ÍNDICE

Presentación

Manuel Dominguero; por J. Natalicio González

Prólogo

I. Gobierno de Carlos AL López:

Caminos, puentes, iglesias, cementerios, obras ar­quítectónicas, fortines, fundición de hierro, fábri­cas de papel, de azufre, pólvora, etc.; colonias, fundación de pueblos. reparto de tierras, de di­nero, vestuario, implementos, ganado vacuno. Todo el mundo propietario y ni un solo pordio­sero

II. Gobierno de Carlos A. López:

Instrucción Pública, Escuela-Taller y trabajo obli­gatorios antes que en Europa

III. Gobierno de Carlos A. López:

Ejército, monedas, publicaciones, representación exterior, marina, vía férrea, línea telegráfica ....

IV. Gobierno de Carlos A. López:

Ningún país sudamericano llamó y pagó como el Paraguay a tantos ilustres extranjeros ni tan a tiempo ni tan a propósito para levantar a la Patria

V. Gobierno de Carlos A. López:

El Paraguay era el único país americano que tenía moneda sana y el único que no debía ni un centa­vo a nadie

VI. Gobierno de Carlos A. López: Ningún país americano igualaba al Paraguay en producción

VII. Dificultad de hacer psicología colectiva

VIII. Necesidad de levantar el sentimiento nacional .

IX. El Paraguayo por su aptitud para el trabajo y por su inteligencia natural es variedad humana única

X. El Paraguayo, flor de raza

XI. La cruza del godo y la raza guaraní. Predominio de la raza blanca

XII. El Paraguay es el pueblo más virtuoso del mundo

XIII. El Paraguay guerrero, caso único en la Historia Universal

XIV. El porcentaje sublime que ofrecen los dioses de la guerra

XV. Sólo con la fidelidad del paraguayo se llega a Cerro-Corá

XVI. El juramento del Héroe, único jefe de Estado que supo morir por su Patria

XVII. Geografía Humana: Admirable medio y admi­rable raza para una Nación admirable

XVIII. Síntesis y conclusiones

APÉNDICE

El Paraguay (Conferencia del Dr. Manuel Domín­guez, en el Círculo de la Prensa de Buenos Aires) .


 

MANUELDOMINGUEZ

El hombre y el escritor. - Sus obras. - Sus ideas estéticas. - Sus ideas filosóficas

En la tarde del 29 de octubre de 1935, a las seis y media, perdió el Paraguay en Manuel Domín­guez a uno de los más altos ejemplares representati­vos de su cultura. La figura del pensador y del ar­tista, acrecida y purificada por la muerte, ya ingresa en la memoria colectiva, con el gesto inmóvil de la estatua, para agregarse a las pocas figuras imperece­deras que ha producido nuestra raza.

El hombre y el escritor.

Hombre de breve estatura, fornido, de rasgos inconfundibles, Manuel Domínguez puso en su ha­bla la misma precisión y belleza que fulgen en sus escritos. Su conversación constituyó un goce del es­píritu. Sus libros, antes de ser libro, eran expuestos en tertuliasde amigos, pues este escritor tan sugestivo gustaba construir sus frases, precisas como las ideas que traducen, en el calor de los diálogos. Lec­tor de Legouvé, cultivó la dicción clara, la elocuen­cia discreta, pesando el valor emocional y melódico de las palabras, con la diestra intuición de un actor de genio. Pero su elocuencia no era retumbante, y en ella se advertían los hábitos del antiguo catedrá­tico que enseña deleitando. Sus labios no se cerraron ni al humorismo, ni a la ironía, ni al sarcasmo, y sus ojos negros, profundos, adquirían por momentos un fulgor inquietante. Bella cabeza: la combada frente, vasta y meditativa, resultaba algo pálida bajo el olea­je crespo y sombrío del cabello.

Manuel Domínguez nació en Pilar el 5 de junio de 1868. Tronaban sucesivas batallas sobre el suelo estremecido de la patria; el paraguayo oponía des­esperada resistencia al invasor, defendiendo el te­rruño amado, cuando -¡secretas disposiciones del destino!- nacía quien más tarde explicaría, en páginas magistrales, las causas de aquel loco heroísmo colectivo. Descendía por su línea materna de la noble familia de Ferriol, una de las tantas ramas despren­didas de Irala, el organizador de la Colonia, y era hijo natural de Matías Goiburú, el caudillo de fin trágico, descendiente a su vez de Joaquín Goiburu, Ministro de Real Hacienda cuando la Independencia. Su infancia debió correr en la ciudad natal, junto a ese río Paraguay que a dichas alturas asume un encanto profundo, con su caudal rumoroso y apacible, sus bancos de verdor eterno, sus costas lejanas, sus ensoñadores paisajes, y los crepúsculos que forman extrañas fantasmagorías sobre el risado cris­tal del agua. Por allí pasaron, siglos atrás, las carabelas de los Conquistadores, en aquel viaje al Septentrión poblado de leyendas, que evocara Domínguez en una de sus paginas de mas noble belleza.

El niño creció en la pobreza y en el trabajo, en un país aniquilado por un invasor que incendiaba los campos y saqueabalas ciudades. El turbión de la existenciale alejó con los suyos de la ciudad natal y conocióvarios pueblos del interior: en todas par­tes se elevaba, del osario de los guerreros y de la ruina de las villas, la tremenda elegía, el funesto coro que presagiaba el fin de una raza cuya muerte cantaban los poetas. Aquel espectáculo sin segundo debió imanar el espíritu del vástago adolorido de un gran pueblo: la patria agonizante será la musa de su vida, y el estudio el refugio de una gran es­peranza: la de la reconstrucción nacional.

Domínguez aprendió primeras letras en Itaugua, en una de las malas escuelas de la posguerra; cursó el Colegio Nacional y luego la Facultad de Derecho de la Universidad de Asunción. Se hizo educacionis­ta: llegó a ser Director del Colegio de que egresara y catedrático de varias asignaturas en el mismo y en la Facultad ya mencionada. Actuó en política: fue diputado, ministro y Vicepresidente de la Repúbli­ca. Como diplomático, defendió los derechos de su país al Chaco Boreal.

De Joven, Domínguez se distinguió en el periodismo: en el Paraguay la carrera del escritor se inicia siempre o casi siempre en el periodismo. Sus artícu­los tuvieron merecida resonancia. Sus frases breves, cortantes, envenenadas de cruel ironía, se hicieron temibles. En ciertas páginas de sus estudios críticos trasciende esta faz de su talento artístico.

Voltaire, Pascal, Renan y Taine, entre los fran­ceses; Schopenhauer, entre los alemanes; Berkeley, entre los ingleses, son los que en mayor grado ,contribuyeron a la formación intelectual de Manuel Domínguez. Su liberalismo y algunos rasgos sarcás­ticos de su literatura son de filiación volteriana; de Pascal aprendió la concisión en el deciry la inten­sidad del pensamiento; y en el método del historia­dor no es difícil advertir algún dejo de las maneras de Taine y de Renan. Berkeley y Schopenhauer, cons­tituyen la fuente de su intenso idealismo. Pero no se crea por esto que nos encontramos ante un escritor secundario, de talento reflejo, de ideas fonográficas. La cultura de Manuel Domínguez es vasta y pro­funda; pero esta circunstancia no mata, más bien vi­goriza la originalidad del escritor.

Su estilo conciso, vivaz, es de una precisión casi algebraica. Para el cultivo de este estilo personalí­simo encontró rico material en su gran erudición científica. Disciplinado como estuvo en los más va­riados ramos del saber humano, de todo sacó ele­mentos de belleza. Escritor psicológico, a veces pin­taba, sobre todo en sus investigaciones históricas, los

cambiantes matices del alma de sus héroes. Colocado en el corazón de sus personajes, infundía energía vital a las sombrasevocadas del nimbo de la muerte. Precisamente ahí reside el encanto de su prosa, el poder cultivador de sus escritos.La atención del lector corre en pos de la frase rauda y del relampagueante pensamiento.

Sus Obras

Procuremos dar ideas de algunas de sus obras.

MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO (1902). -Car­tas dirigidas al doctor Cecilio Báez sobre el histo­riador de los Heterodoxos. Señala sus contradiccio­nes, su fanatismo religioso, sus incomprensiones lite­rarias. Le tiene por gran bibliófilo y escritor admi­rable, de estilo caudaloso y brillante, pero de escasa originalidad. Cuando intenta pensar, recuerda. Los jóvenes deben leerle e imitar su dicción, castiza y elegante, pero deben desconfiar de los juicios del crítico que condena a los escritores en nombre de la fe católica.

ESTUDIO SOBRE LA ATLÁNTIDA (1901). - Un es­critor paraguayo, Diógenes Decoud, publicó un li­bro de historia americana que intituló La Atlántida. Domínguez critica este libro sin ahorrar ironías ni sarcasmos. Acusa al autor de mal etnólogo y de mal historiador; de escribir su libro a base de citas de segunda mano y de lecturas tumultuarias; de incurriren el abuso ole los términos científicos; pero esindudable, termina, que el señor Decoud "percibe la belleza, que la expresa, y que por instantes, aprisiona en su estilo el celaje fugitivo".

VALLE INCLÁN (1911) y RAFAEL, BARRET (1918). -Dos artículos que contienen la silueta literaria de Valle Inclán y de Barret.

EL CUERVO Y LAS CAMPANAS (1968). - Admira­ble estudio sobre Poe y sus dos poemas, escritos según el canon simbolista.

LA IDEA NO SE MATA A PUÑALADAS (1910). - Ar­tículo publicado en ocasión del centenario de Alber­di, y en el que, en la forma de un diálogo, se contra­pone la ideología alberdiana a la mitrista en lo que se refiere al modo de juzgar la guerra al Paraguay. RENAN, SUS IDEAS Y SU ESTILO (1925). - Confe­rencia dada en la Universidad de La Plata en torno a las ideas y al estilo de Renan, a quien tiene por "intérprete armonioso de las esperanzas destrozadas, de la fe perdida, de la melancólica poesía de los re­cuerdos". Sostiene que "pocos escritores han señala­do mejor que Renan la complicidad de la geografía con la historia" y que "nadie precisó con más arte la influencia del espectáculo sobre el espectador".

CAUSAS DEL HEROÍSMO PARAGUAYO (1903). -Al­guien atribuyó al miedo "al tirano" el heroísmo des­plegado por el Paraguay en la guerra del 65. En este estudio Domínguez reduce a polvo semejante superchería propalada por el yanqui Washburn. Ensalza la ilustre alcurnia de la raza, las cualidades físicas y mo­rales del paraguayo, cuyo valor y cuyo heroísmo cul­minaron tan alto, y atribuye la bravura del soldado "a las energías que brotaban de causas internas y ex­ternas" analizadas con fino talento. "Así se explica, dice, la constancia sublime del veterano inválido que cruenta como una cosa muy natural: Tras cinco años de guerra encarnizada, desnudos y comiendo cuero duro o sin comer nada, dimos las últimas batallas."

HEROÍSMO Y TIRANÍA (1907).- Réplica a las observaciones que el general José Ignacio Garmen­dia hiciera a las "Causas del heroísmo".

ASESINATO DE OSORIO (1901). -Trata de la muerte de este gallardo y brillante capitán de la Conquista. Trasunto fiel de aquel trágico minuto de la historia, no se puede leer sin cierta emoción la terri­ble sentencia de Don Pedro de Mendoza: " ... fallo que do quiera sea tomado Juan de Osorio -mi maes­tre de campo- sea muerto a puñaladas o a estocadas o de cualquiera otra manera, hasta que el alma le salga de las carnes". ¿No revive en esta frase el espí­ritu feudal y fiero de aquellos hombres inflexibles?

LAS AMAZONAS Y EL DORADO(1902). -ELELÍN O LA TIERRADE LOS CESARES (1908). - Dos opúsculosde positivo valor histórico y literario. En uno y otro estudia la existencia de tierras fabulosas, de riqueza incomparable, creadas por la imaginación del conquistador. Se rastrea el origen de las leyendas na­cidas de la realidad idealizada, y se demuestra cómo la visión lejana y resplandeciente de estas tierras de la fantasía, sirvió para mantener el empuje y el vigor de la conquista.

LA NAVEGACIÓN DE LOS RÍOS, SEGÚN LÓPEZ Y RO­SAS (1900). - Breve monografía en que se presenta al Paraguay como campeón de la libre navegación de los ríos, principio que proclamó el gobierno para­guayo con anterioridad al congreso de Viena.

LA ESCUELA EN EL PARAGUAY (1901). - Intere­santísima monografía. Es la historia de la instrucción pública en el país, desde los días de la conquista has­ta el 65. Leyéndola, se sabe que en el Paraguay la enseñanza ya era obligatoria desde antes de 1848. En esta fecha, las mismas Cámaras francesas, a pesar de los esfuerzos de M. Cousin, no aceptaban el princi­pio de la obligatoriedad de la enseñanza. En tiempos de Solano López hasta el último soldado sabía leer y escribir, cosa no vista ni en la Europa de la época, según Alberdi.

EL ASALTO DEL FUERTE DE CORPUS CHRISTI (1903). - En esta condensada página de crítica histó­rica se establece con precisión la fecha de aquel dra­mático episodio: 3 de febrero de 1539.

LA CAPITAL DE LA REPÚBLICA. SU HISTORIA (1912). - Se trata de una de las más brillantes mono­grafías salidas de la pluma de Domínguez. Es la his­toria de Asunción del Paraguay, capital de la Con­quista, madre de la segunda Buenos Aires y de ocho ciudades principales. Tras de tantas fundaciones, la ciudad madre quedó anémica, sin hijos varones, y por ello, por su clima ideal y por la abundancia del ele­mento femenino recibió, en tiempo de Ruy Díaz de Guzmán, el sobrenombre de "El Paraíso de Mahoma".

Vale la pena transcribir algunos párrafos para gozar de su belleza. Leed la siguiente silueta del in­dígena sorprendido por "aquellas irrupciones del hombre blanco con armadura de fierro, tonantes como Tupang, dios del trueno", en el instante de ale­jarse Juan de Salazar hacia las lejanías del tramonto:

"A la distancia, los bergantines torna dos enor­mes pájaros acuáticos, rozando la corriente, decrecían y se descoloraban en las neblinas azules.

"Se alejaban. . .

"El indígena, apoyado en su arco, clavó, pensa­tivo, larga mirada en las blancas velas, temblorosas entre el vago tul del horizonte.

"Se alejaban ... pero esta vez con la promesa de la fundación del fuerte, llevaban en su fuga sobre el vaivén de las olas, cl secreto del destino, el porvenir de la raza”

El primer problema de los orígenes, que complementa este trabajo, se dan las pruebas irrefu­tables de que Salazar fue el fundador de Asunción.

LA SIERRA DE LA PLATA (1904). - Es la historia de la quimera colectiva que explica la ruta de los conquistadores del Río de la Plata. La visión deslum­brante de las riquezas del Perú opera milagros. Ca­torce conquistadores, desde Alejo García hasta Irala, se lanzan en busca del Vellocino inaprehensible. Aquel delirio por el oro fructifica en beneficio de las tierras platenses, cuyo perímetro se ensancha hacia el poniente. Maravilla de concisión y de síntesis, nada se ha escrito con más arte y mayor belleza; sobre la edad heroica del descubrimiento y la conquista 1.

LA CONSTITUCIÓN DEL PARAGUAY (1910). -Tres tomos. Esta obra, inconclusa, es una compilación de conferencias dadas en clases de Derecho Constitucio­nal. Cada uno de los principios consagrados por la Constitución del Paraguay es objeto de una confe­rencia. Se los examina y analiza, no sólo a la luz del derecho constitucional sino también a la luz del de­recho natural. El capitulo intitulado "La Nación", es uno de los trabajos más originales en su género. Allí se aprende cómo la Geografía, la Historia y mil factores más, cuyos orígenes arrancan de las remotas profundidades del tiempo, han venido conspirando de continuo para hacer del Paraguay una nación, en el sentido estricto del término. La ideología del pro­fesor de Derecho Constitucional se halla en contra­dicción, con frecuencia, con la obra del historiador, más sólida, más paraguaya y sincera.

RAÍCES GUARANÍES      (1912). - Estudio filológico va consagrado por la crítica de los especialistas. Su objeto es ratificar el origen principalmente onomato­péyico del lenguaje, "afirmado por Renan y negado por Max Müller y sus discípulos".

Ninguno como Domínguez para rastrear los orí­genes de la prístina y aguda lengua guaraní. Idioma soberanamente onomatopéyico, el indio aprisionó en cada palabra la menor sensación percibida, el ruido más leve, la lucesilla más fatua reflejada durante un segundo fugaz en la retina. Por eso hay palabras gua­raníes titilantes y trémulas como una gota de luz, arrulladoras como la canción nocturna de los vientos, melancólicas y tristes como el canto agorero de cier­tas aves del solar nativo.

Y para sorprender el origen de cada una de es­tas palabras, el espíritu múltiple del filólogo debe reconstruir en su mente el teatro salvaje donde vivió, sufrió y amó el hombre primitivo: debe ver, oír y gustar a través de la retina, el oído y el gusto del pri­mer indioguaraní. Sólo así sorprenderá tal o cual palabra el eco lejano de tales o cuales cantos o rumores, y llegará a desentrañar el origen oscuro y remo­tísimo de ciertas voces, ya truncas y mutiladas de tanto resonar, siglo tras siglo, en los labios de mil ge­neraciones.

Domínguez realiza todo esto y nos refiere el re­sultado de su viaje a través de los intrincados labe­rintos de la lengua, en prosa ligera, casi alada, a veces fulgurante. Nadie cree estar leyendo áridas lecciones filológicas sino historias encantadas de hadas o de ninfas.

La canción de las aves y la luz fugaz viven apri­sionadas en los vocablos guaraníes como princesas cultivas en un alto castillo solitario. Y como en los dorados cuentos infantiles, el filólogo, príncipe enamorado, corre a libertarlas, armado de la ciencia y del análisis.

EL DORADO, ENIGMA DE LA HISTORIA AMERICANA (1924). - Conferencia leída por el autor al incorpo­rarse a la Junta de Historia y Numismática, de Bue­nos Aires. Domínguez identifica el famoso Eldorado con el Perú de los Incas, en páginas tal vez imperece­deras, henchidas de serena belleza y de amarga filo­sofía. Semejante al aventurero español del siglo XVI, los historiadores antiguos y modernos han corrido en pos de ese reino misterioso, y no pudiendo ubi­carlo en ninguna parte, lo identificaron con el vago país de la Utopía. Analizando documentos y compa­rando datos, Domínguez llega a comprobar que el famoso Eldorado fue a lo más la fatua de las riquezas del Perú que, en alas de la leyenda, volaba por los desiertos de la América.

LUCÍA MIRANDA (1926) - Se sabe que el relato de Ruy Díaz de Guzman presenta a Lucía Miranda "como víctima de la pasión amorosa de un salvaje". La crítica rioplatense ha tenido dicho relato por mito o leyenda. Domínguez reconstruye el citado episodio y a través de una profusa documentación demuestra que el historiador paraguayo estuvo en lo cierto y que sus críticos erraron.

PARAGUAY-BOLIVIA (1919).- Diez conferencias en que se exponen los títulos de la posesión paragua­ya del Chaco y se rebaten a los autores bolivianos que reivindican para su país ese inmenso territorio. La primera y segunda conferencias fueron editadas en folleto y las demás aparecieron en Los anales del Gimnasio Paraguayo.

EL CHACO BOREAL (1926). - En este librito Do­mínguez sintetiza en tres conclusiones los fundamen­tos de la pretensión boliviana al Chaco Boreal y arroja contra ellas un ejército de pruebas. Su erudi­ción, con ser pasmosa, no abruma con el peso osten­toso de su dilatado saber. Cada capítulo es un mo­delo de investigación y de crítica, y el libro, en su conjunto, señala nuevos rumbos en el estudio de la historia americana.

Basta un ejemplo. Todos los Historiadores dan cierto que la gobernación de Almagro com­prendía una gran faja de tierra que iba de mar a mar. La jurisdicción de Pizarro abarcaba otra faja paralela al norte de la primera, y la de Mendoza ídem al sur. Tal la tesis predominante. Hasta Carlos Pe­reyra, tan grande erudito como audaz innovador, en su monumental Historia de América, en la que cita varias veces a Domínguez y le sigue al estudiar los primeros pasos de la conquista en el Río de la Plata, suscribe con su autoridad el viejo dogma. "Don Pe­dro de Mendoza, escribe, hombre de influjo de la corte, obtuvo una capitulación de dos que se hicie­ron simultáneamente el día 21 de mayo del ya refe­rirlo año de 1534. La otra se otorgó a favor del con­quistador Diego Almagro, y comprendía una zona que se extendía desde la mar del Sur hasta la mar del Norte, con una anchura limitada por el paralelo 14 y el paralelo 25. La concesión del cortesano Men­doza se extendía desde el paralelo 25 hasta el para­lelo 36 y debía abrazar asimismo el Continente, des­de la mar del Norte hasta la mar del Sur."

Tal la tesis predominante. Domínguez la des­truye y demuestra que la jurisdicción de Mendoza se interna en el norte hasta el Amazonas ignoto, y que las gobernaciones de Almagro y de Pizarro no desbordaron jamás los límites del Perú incaico. Y el imperio del mitológico Capar, en la época de su ma­yor poderío, tenía una longitud de 700 leguas contra 120 a 130 de ancho. "La parte más ancha, escribe el autor, apenas se aproximaba a la cordillera Chiri­guaná y cabalmente la tradición decía que un des­cendiente del Inca, el Capitán Guacané, poco antes de la conquista española, llegó hasta Grigotá y Sai­purú, lugares de los contrafuertes andinos. El Perú de los Incas, no pasó estos contrafuertes. No entró en el Chacú ni en Chiquitos."

Con esto, la historia americana debe tres recti­ficaciones fundamentales a Manuel Domínguez. De­volvió a Salazar su gloria de fundador de Asunción, descifró el enigma apasionante de Eldorado, y final­mente determina, por primera vez, la verdadera ju­risdicción de Almagro, de Pizarro y de Mendoza. Tal es la importancia científica de este libro, que señala una revolución en la crítica histórica del Nuevo Mundo.

EL CHACO BOREAL FUÉ, ES Y SERÁ DEL PARAGUAY (1927). -Epítome de sus diversos estudios sobre el Chaco. Lo menos breve de este opúsculo es el título. No es posible condensar en menor espacio mayor sabi­duría ni inculcar conocimientos de por sí tan áridos con más intensa gracia poética. Las palabras se preci­pitan desnudas de adjetivos, henchidas de datos, evo­cando la rauda sucesión de los siglos. Se vive la epo­peya del desierto, el esfuerzo civilizador de nuestra raza, que desde su advenimiento a la historia no cesa de luchar y de sufrir por domar la agresiva hosque­dad del Chaco. Tumba de nuestros mayores, teatro de las más insignes hazañas de la estirpe hispano­guaraní, donde hoy mismo florece la industria y pe­netra la cultura mediante el infatigable esfuerzo de nuestro pueblo, esa llanura fascinante fue, es y será paraguaya.

Leyendo el opúsculo, el lector no sabe cuál pre­ferir: si la ciencia del erudito o si el arte del escritor. Pero advierte algo que le seduce más el alma emocio­nada del patriota.

EL PARAGUAY, SUS GRANDEZAS Y SUS GLORIAS. -­Este libro, tuvo originariamente un origen polémico.

En 1919, un distinguido publicista ruso, el Dr. Ro­dolfo Ritter, emitió sobre la población paraguaya y su pasado económico algunos juicios bastante seve­ros. Domínguez le replicó desde el diario El Nacio­nal, rebatiéndole victoriosamente, y así surgieron los diez capítulos que integran dicho estudio. En ellos se reconstruye una época histórica del Paraguay, la del gobierno de ambos López, y se rinde justicia a estos varones ejemplares por la labor que realizaron para levantar al país de una larga postración. No tienen estas páginas la serenidad ni el tono académico de una obra de pura investigación histórica, pero en cam­bio las animan un intenso fervor patriótico y una cálida elocuencia. El polemista se muestra, por mo­mentos, ácido y corrosivo; un intenso humorismo flu­ye con frecuencia a lo largo de los párrafos. Pero en el fondo es macizo, firme, y está construido como para resistir a la dialéctica mas agresiva.

En resumen, Domínguez; cree en la necesidad de despertar el orgullo nacional, la conciencia de un destino venturoso. Estudia los orígenes étnicos del Paraguay, las cualidades físicas, morales e intelectua­les de la población paraguaya y lo que debe la civilización del Río de la Plata a esta raza emprendedora, para deducir una consecuencia optimista sobre su porvenir.

Quedan esbozadas en esquema las obras de Do­mínguez. Restan otras no mencionadas 1. En las pá­ginas que siguen, donde nada nuestro quisiéramos poner, procuraremos reflejar como en un espejo sus ideas estéticas y filosóficas, esparcidas en libros y fo­lletos. ¿Cómo definir nuestro propósito? Recurriendo a un símil, compararíamos nuestra labor a la del lago silencioso, en cuyo fondo se retrata la inmensi­dad del cielo, con sus nubes, su sol o sus estrellas.

Sus ideas estéticas.

La síntesis es cualidad predominante en la pro­sa de Domínguez. Su Sierra de la Plata es una mara­villa de concisión. No es partidario de los estilos re­cargados de adornos. Para él la belleza radica en la suprema sencillez.

"Un pensamiento vivo y firme lleva consigo ne­cesariamente su expresión", afirma, y como un eco de esta cita, estampa en otra parte "En el fondo, la ra­zón misteriosa del estilo consiste en la química mis­teriosa de cada organismo, al símil de la que da en una planta la púrpura de la rosa y en otra el azul de la violeta", y así el hechizo de ciertos estilos reside principalmente en la belleza y gallardía de las ideas.

Admirador de Flaubert, predica el culto de la prosa artística. Cada escritor ha de pulir su frase con soberana paciencia, colocando las palabras en su úni­co lugar. Hay necesidad de dominar la música de las palabras y el colorido de las frases para consonarlos con la música y el colorido interior de las ideas. El arte del estilo no consiste en una operación mecánica: es, al contrario, obra de amor y de sentimiento, y la frase se trabaja, no tanto en el mundo del sonido, como en el fondo misterioso del espíritu.

O dicho de otro modo, con las propias palabras de Domínguez:

"Los que no pulen su estilo mueren sin produ­cir una frase eterna. El verdadero artista sabe que un vocablo mal colocado estropea el mas hermoso pensamiento e impide el contagio de la emoción di­vina, y que, al contrario, las palabras cobran una energía soberana cuando esta sobranamente ordenadas. Ubicadcon astucia las palabras y caerán rutilantes,  temblorosas, como gotas de luz sobre papel.”

Y agrega, poniendo de resalto la acción preponderante del sentimiento en la belleza del estilo: "Sólo el sentimiento aviva lo que ha sido y ya no es. El sentimiento seduce y cautiva más que el raciocinio, tal vez porque la belleza valga más que la verdad."

Insiste sobre el punto

"El corazón es el sentido del ensueño. Todo está allí, gemía la reina enamorada, y rimaba el verso de Musset comparado por Groussac con una flecha que atravesó el siglo goteando sangre ¡Hiere tu corazón, allí está el genio!"

Pero no es todo. A más de la perfección formal, a más del sentimiento y a más de las ideas, el estilo debe tener multiplicidad y viveza. La inmovilidad como la continuidad de un solo movimiento, fastidia y cansa: "impacienta mirar siempre las aguas despe­ñadas". El secreto de la gracia está en la sucesión hábil y continua, pero diferente siempre, de colores y sonidos.

"El gusto clásico, dice, se funda en la fisiología. La misma sensación a toda hora es fatigante. Una misma flor en las narices, durante largo rato, acaba por hacernos insensibles a su aroma, escribe Spencer.

Evitad la saciedad, decía un estilista antiguo –Luciano-. No insistáiscon demasiada violencia en la misma nota -regla de los áticos.

".Nuestra naturaleza prefiere al ímpetu continuo del torrente la variada y graciosa ondulación del río que, turbulento en las cascadas, camina en seguida con flexible y suave mansedumbre, ya apacible, ya tembloroso, por valles y campiñas, entre riberas en­cantadas o salvajes, para precipitarse de nuevo en el declive o quizá, allá lejos, alborotarse y retumbar otra vez en la rompiente. Así el estilo perfecto, ima­gen del movimiento y la vida."

Y finalmente, aunque comprenda y ame también la belleza fugitiva, lo vago, lo indeciso, la media luz crepuscular, en su prosa concisa y acerada domina siempre o casi siempre la precisión geométrica. Hasta los vuelos de su imaginación se acortan para someter­se a la medida. Sus imágenes, sus figuras, aun las puramente literarias, nunca salen del círculo férreo de la proporción y de la lógica.

Y aquí parece surgir una aparente contradic­ción: Domínguez comprende y justifica el simbolis­mo y las modernas escuelas literarias.

"En el mundo del misterio, dice, está la raíz de una estética profunda, pues en ese mundo se con­funden la poesía y la religión, el verso y la plegaria." Insiste en ellos:

"El hombre, con la ciencia moderna, tiene más puntos de contacto con el infinito oscuro y vago."

Sigue: insistiendo:

"Hay cosas muy bellasbajo la clara luz del sol, pero hay otras no menos bellas y divinas que apenas se dejan entrever en las lejanías y sospechar en la penumbra. Conviene meditar estas palabras del delicado Joubert: La belleza del estilo no es incompatible con cierta oscuridad y ciertas nubes”.

A esta influencia de lo desconocido, de lo mis­terioso, de lo vago e indefinible en la literatura mo­derna atribuye la mayor intensidad de la poesía del siglo XIX. Las fuerzas invisibles e imponderables del mundo se manifiestan de este modo en los dominios del arte, al cual incorporan nuevos elementos de be­lleza. "La melancolía y el sentimiento de la natu­raleza son modernos." Nuestra edad aventaja a las otras "en su poesía lírica y en su música, expresión divina de un nuevo estado de conciencia".

Este nuevo estado de conciencia busca nuevos símbolos de expresión, lo cual explica la audacia de todas las modernas escuelas literarias. Mientras el lenguaje seguía cristalizado en los viejos moldes del clasicismo, el pensamiento y la poesía evolucionaban con asombrosa rapidez. Y la anotada necesidad de nuevos símbolos para expresar nuevos estados de es­píritu, explica el consejo dado por Baudelaire a sus discípulos: elige tus palabras equivocándote un poco. Se pregunta:

"¿Qué hacer para expresar en el idioma de los muertos lo que los muertos no sintieron?"

Y extrae esta respuesta:

"Atormentar adjetivos, revolucionar ritmos y a veces la sintaxis, dar a las palabras sobre el sentido corriente, sentidos extraños, pero posibles; asociar­las de un modo nuevo para expresar nuevas belle­zas, que consisten en matices, en tonos fugitivos y sutiles."

El espíritu amplio y tolerante del escritor, del crítico, comprendió y aplaudió, en nuestro caso, los nuevos modos de expresar ideas y bellezas, en conso­nancia con los tiempos, si bien contrarios al méto­do personal y propio.

Sus ideas filosóficas.

"La historia -dice Guyau- encierra una multi­tud de accidentes imposibles de prever y humana­mente irracionales, que vienen a desgraciar toda la lógica de los sucesos. Matan a un hombre en el mo­mento en que acción iba a ser preponderante, hacen abortar bruscamente el plan mejor concebido, el ca­rácter mejor templado; la historia está así llena de pensamientos incompletos, de voluntades rotas, de ca­racteres truncados, de seres humanos incompletos y mutilados." Y quien consagra sus días a hacer revi­vir el pasado por una suprema evocación no podrá, de ningún modo, sustraerse a las amargas enseñan­zas de la historia. El optimismo no es flor nacida en­tre las grietas de un sepulcro, sino celaje fugitivo, nube sonrosada cerniéndose en el horizonte del futuro. El pesimismo nace del estudio atento de la vida.

Domínguez no podía constituir una excepción. Discípulo de Schopenhauer, mira el mundo con el mismo temperamento del maestro. Algunas de laspáginas, trasuntando estas ideas, ponen de resalto la amargura del vivir. En la formación de este concep­to, aparte del filósofo alemán, influyeron en su espí­ritu las lecciones implacables del pasado. En uno de sus más brillantes trabajos históricos se leen estas palabras: "Cerramos este capítulo notando cómo en este mundo movedizo, cambian a cada instante acto­res, escenas y escenarios, y cómo, de continuo, lo que ha sido ya no es, sucediendo al afán y a la esperanza, el desaliento y la tristeza. ¡Melancólico cuadro de la vida! ¡Comedia Divina de la Historia!" Y un poco más allá: "Da miedo el curso de las cosas humanas miradas en conjunto, pues, cada suceso, feliz o he­roico, está siempre coincidiendo con un episodio trá­gico. Un poeta, Dios, creó nena tragedia: el mundo. Frase punzadora del escéptico."

En el fondo de este pesimismo hay, empero, una fe inquebrantable en el esfuerzo humano, plena y sincera admiración por los milagros de la voluntad y de la energía. Si la historia le dio a conocer las injusticias del destino, la historia le inculcó también la fe en el ideal, esa fuerza que empuja al hombre hacia lo desconocido, hacia lo ignoto, y le hace lle­gar hasta donde no llegan los aferrados al cruel posi­tivismo. En su Elelín o tierra de los Césares, de las entrañas del pasado saca esta bella conclusión: "La historia de esa tierra de los Cesares, prueba una vez más la necesidad de una ilusión. La primera ilusión de los hombres de hierro del Río de la Plata fue la Sierra Argentina, escondida al Noroeste. Desvanecida esta esperanza, la sustituyó el Paitití, perdido en Mo­jos, entre brumas indecisas, en el Septentrión lejano, y cuando este Dorado también se evaporó, en lonta­nanzas antárticas brilló la Tierra de los Cesares, el último Dorado que cautivó la fantasía."

La visión de la Sierra de la Plata enloqueció a los primeros conquistadores españoles e hizo posi­ble la conquista del Paraguay y demás países platen­ses. De donde deduce Domínguez la necesidad de una ilusión, de una idea directriz en nuestra vida, único modo de realizar algo perdurable. Nada importa que cal ideal perseguido sea una simple fantasía. En la loca empresa de cautivar lo imposible empujamos a la humanidad hacia adelante, echando los cimientos de la grandeza y de la civilización futuras.

Domínguez fue, además, propagador del idealis­mo entre la juventud de su patria.

"¡Gran astro! ¿Qué sería de tu felicidad si te fal­lasen aquellos a quienes iluminas?" El apóstrofe de Zaratustra pudiera, casi, sintetizar la esencia de su concepto filosófico sobre el mundo. La realidad ex­terior no existe; el universo llevamos en la caja craneal.

"Y la luz y el color y el sonido sólo son cere­brales fantasmas", reza el lema de uno de sus tra­bajos, Y en seguida agrega: "Y todo es como el color y el sonido en el cerebro. Es verdad que estamos siempre colorando el mundo con el prisma de nuestro temperamento. Pretendemos hablar de los demás y sólo hablamos de nosotros mismos. No podemos salir de la caja craneal, nuestra prisión oscura, la caverna que dice Anatole France."

Los párrafos que siguen son final de un estudio sobre Valle Inclán:

"Y, ¿se ha retratado a sí mismo Valle Inclán? Acabamos por dudarlo. En algo intervinimos, en la distribución de los colores.

"Lectores habrá que con distinto temperamen­to, copiando pasajes diferentes a los resumidos por nosotros, produzcan otra impresión con otra estam­pa. El tinte del prisma interior. . . el fantasma cere­bral. ¡Decididamente, no podencos salir de la caverna!”.

En otro estudio insiste en idéntico sentido.

"Oír consiste en la formación de. sonidos inte­riores que parecen exteriores (Taine). Nos parece oír a lo lejos nuestra vibración cerebral como nos parece ver a lo lejos nuestros espectros interiores, como nos parece sentir el dolor en el dedo mutilado, lejos del cerebro. El sonido es sensación, está aden­tro, allí se produce el tintineo y el cráneo pensan­te se conduce como una caja musical que cre­yese oír hacia afuera su armonía o como si la estatua de Memmón escuchase su propio sonido a la dis­tancia.

"¡Y todos somos estatuas melodiosas de Mem­món

“Creemos que el viento recita su monólogo en la selva y que el trueno retumba en el espacio y la música parece llorar en las cuerdas del violín, sin comprender que música, trueno y monólogo, son notas cerebrales, sensaciones internas, ausentes en el violín, en el espacio y en la selva."

Y de este modo, viviríamos en ilusión perpe­tua. Pintura, música, poesía ... ¡todo!, no serían sino "cerebrales fantasmas", habitantes interiores del propio ser...

J. NATALICIO  GONZÁLEZ.

 

NOTAS


1. Las ocho, últimas monografías citadas están reunidas en El Almade la Raza, 1 tomo, 1918, algunas de ellas con títulos dife­rentes. Las escuelas en el Paraguay, con rectificaciones y supresiones importantes.

1 Por ej.: El Algodón: su producción en el Paraguay. El ga­nado en el Paraguay, Nuestros Pactos con Bolivia, Contrarréplica al Dr. Cornelio Ríos, Bolivia y sus Mistificaciones, Siete Reyes y diez vi­rreyes afirman los derechos del Paraguay sobre el Chaco, El Chaco pertenece al Obispado del Paraguay, Límites este del Perú era los con­trafuertes andinos, Expediciones del Paraguay al Chaco, Bolivia atro­pelló el statu quo y sus reconocimientos del laudo Hayes, Los títulos del Paraguay y el doctor Lindolfo Collor, El doctor Nicolás Matienzo y la soberanía del Paraguay, Los Títulos del Paraguay y el Dr. Daniel Antokoletz, y los libros inéditos Los problemas nacionales, y La Epo­peya de los siglos.


 

PRÓLOGO

Se ha dicho con frecuencia en el Río de la Plata. y a veces hasta en ciertos periódicos editados en la. Asunción, v. g. El Economista Paraguayo (.Año II, Nº 49), que el decantado poderío económico del Pa­raguay antes de la guerra. del 65, era "leyenda" o fábula patriótica1 y, en consecuencia, O'Leary, el autor de las Causas del Heroísmo Paraguayo y otros que dieron en creer en aquella pasada grandeza, esta­rían errados y resultarían unos necios porque sólo éstos se dejan embaucar por cuentitos patrioteros.

Y me tomo la licencia de decir que quienes estu­vieron y están equivocados son los que opinan como el citado Economista y los aludidos escritores del Río de la Plata. Estos relojes de repetición, casi sin ex­cepción, calificaron de bárbaro al Paraguay que hizo frente a la Triple Alianza, con gloria inmensa, en ochenta y cuatro batallas y combates. Decían, y entre otros también Joaquín Nabuco (Guerra del Para­guay), que traían la civilización… a la nación que era más civilizada que las tres juntas, cosa que sal­drá, con evidencia aritmética, de cuanto va a leerse.

Ya es tiempo de sepultar estas mentiras rioplaten­ses y no rioplatenses, sepultarlas para siempre, menti­ras sostenidas también por algunos paraguayos, sea por ignorancia, sea por maldad ancestral, como los descendientes de los emigrados en Francia y de los afrancesados en España. ¡Los traidores!

En orden a la guerra y sus causas ya el tonante O'Leary vindicó a la Patria con abnegación de Após­tol y pintó con colores vívidos el cuadro del sacrifi­cio supremo. ¡Será inmortal en sus páginas inmor­tales!

Y a las otras mentiras con que se quiso tiznar el honor de nuestra historia, llega su turno. ¡Juro de­jarla limpia y tersa!

Empiezo por dar las pruebas indirectas de nues­tra pasada grandeza, en que el taumaturgo es Carlos A. López, secundado en sus últimos años por su hijo, el futuro Mariscal, otra personificación milagrera . de la energía de nuestra raza. En esta parte me fundo en que ciertas enormes cosas no se hacen con leyen­das sino con mucho dinero y encendido patriotismo. Seguirán las pruebas directas, apodícticas, y del todo, con argumentos de no te muevas, saldrá la conclusión arrogante de que el Paraguay era y es superior a los demás países americanos y, en muchos aspectos, supe­rior a todas las naciones del mundo. En la guerra no

tiene ni tuvo rival. El Paraguay es un prodigio en que no pensaron los sociólogos.

En fin, en la demostración de mi osada tesis quedaré o muerto o victorioso.

Y ya lo dijo Calderón:

¡Que es infame cobardía

Dejarse hollar indefensos!

M. D.

 

NOTAS

1. "Es una leyenda. Una hermosa leyenda y además Peligrosa" (Nº citado).

 

 


I

 

GOBIERNO DE CARLOS A. LÓPEZ

 

 

Caminos, puentes, iglesias, cementerios, obras arqui­tectónicas, cuarteles, fortalezas, fortines, fundición de hierro, fábricas de papel, azufre, pólvora, etc., colo­nia, pueblos, reparto de tierras, dinero, vestuario, implementos, ganado vacuno. - ¡Todo el mundo propietario! Una civilización sin mendigos, fenóme­no sin paralelo, comparado con la actual civilización en que la libertad de un mendigo es un mendrugo de pan...

 

 

Tres de los últimos gobernadores coloniales ha­bían hecho lo que pudieron. Pinedo fundó V. Con­cepción y V. Franca; Melo de Portugal, San Pedro, Rosario y Pilar; Lázaro de Ribera, San Juan Nepo­muceno e introdujo en la enseñanza primaria el sis­tema lancasteriano y dotó a la Provincia con embar­caciones que le hicieron dueño de sus ríos e impul­saron su comercio.

Vino la Dictadura y el Paraguay, obligado por sus vecinos a aislarse, a concentrarse, no pudo ex­pandirse, pero desde el 2º Consulado entró en acción Carlos A. López, quien, capaz y "trabajador infati­gable", como dice Whasburn, todo lo creó como por ensalmo.

Empezó por disminuir los días de fiesta; ensan­chó y extendió los caminos de Lambaré, Recoleta, e Ybiray; abrió otros, dignos de los romanos, de 80 le­guas, cruzando desiertos como el de Jesús a Tacuru­pucú, a lo largo del río Paraná; de 55 como de allí a San Joaquín; de 13 como el de San Isidro; de 7 hasta el río Igatimí; de 6 como el de Caaguazú, y otros cien más; hizo desaguar y terraplenar barriales como los de V. Franca, construir miles de puentes y canales y unir a "fuerza de brazos" arroyos distan­tes para proveer de aguadas permanentes a las ha­ciendas, como hizo en San Estanislao, o desviarlos de su curso como en Paraguarí, amén de represas de todas clases, a prevención de las sequías 2, tejien­do una red de comunicaciones y puentes en todala república, aparte de una línea piquetes desde Ihú hasta el Río Uruguay para que las noticias pudieran volar instantáneas, desde las Misiones hasta la Asunción 3. Para todo ello empleó el ejército convirtiendo este gremio presupuestívoro en factor econó­mico activo, siguiendo el ejemplo antiguo de Roma y el moderno de Italia en la península y de Ingla­terra en sus colonias.

Propuso a Buenos Aires nuevos correos postales para facilitar las transacciones mercantiles 4. Levantó murallas ciclópeas como la del Norte de la ciudad. iglesias (todas las que vemos en la ciudad y en la campaña, salvo las jesuíticas). Para desterrar la anti­higiénica práctica colonial de enterrar los muertos en las iglesias 5, construyó 105 cementerios 6, y erigió o empezó obras arquitectónicas, notables por su uti­lidad o su belleza, la antigua Aduana, el Cabildo, la Catedral, el Palacio, el Oratorio, el Teatro Nuevo, la Estación del Ferro Carril, cuarteles como el de San Francisco, que era de cuatro cuadras cuadradas, otros en varios puntos importantes de la campaña y tres enormes especiales en V. Encarnación, V. Franca y Saladillo, fortalezas como las de Humaitá y Curu­payty 7, fortines en el Chaco Boreal (Potrero, Pilco­mayo, Puerto Primero, Guardia, Rinconada, Espinillo, tuyú, Confuso, saladillo, Curecúa, Tilita, Sole­dad, Abá, PalmaSeca, Palma Sola, Palmar, Estrella y Dulce) sin contar con un presidio sobre la orilla izquierda del Pilcomayo, a 40 millas de su desagüe (Sosa Escalada, El Paraguay Occidental) y guardias permanentes en Bahía Negra (íd.)y en casi todo el curso del Río Apa.

Para formar idea cabal del procedimiento eje­cutivo de nuestro gobernante insuperable, sirva de mapa el siguiente hecho: Vencido Rosas en Caseros desaparecía el peligro exterior al Sur y fue llamado a la Capital el ejército apostado en Paso de la Patria. Había que alojarle y en la Asunción no había cuar­teles disponibles. Las paredes del Cuartel de San Francisco, en construcción, apenas llegaban a metro y medio de altura. ¡Qué hacer! Pues, muy sencillo. terminar dicho cuartel en tanto que caminaba el ejér­cito desde Paso de la Patria a la Asunción, Y sobre la marcha seis batallones de infantería con el auxi­lio de los marinos y bajo la dirección de técnicos, entraron en función, trabajando noche y día -de noche a la luz de Bengala-, y a las 64 horas, el cuar­tel colosal perfectamente concluido estaba en condi­ciones de alojar al ejército indicado. (Relato del fi­nado Ildefonso Benegas, que trabajó entre los mari­nos.) ¡Concebir y ejecutar. rasgo típico del genio!

Y el incansable gobernante estableció una función de hierro en Ybucuí donde se fabricaban rieles, cañones, balas y bombas de todas clases; fundo fabricas de papel, de azufre, de pólvora 8, tercerolas, lanzas y cornetas sin olvidar los obradores de salitre, de loza y caleras. Se le deben los dos primeros aserraderos a vapor y la primera y hasta ahora única “maquina de acuñar monedas". Trajo de Inglaterra cañones de a 68, 55 y 32, y de Burdeos en 1855 y "por cuenta del Tesoro Nacional, ochocientos o mil colonos" 9, Fundó pueblos como V. Encarnación, San Salvador 10, Carmen del Paraná y erigió en Villa Itapúa 11, Villa Occidental 12, establecimientos rura­les como San Venancio, frente a la Asunción, en el Chaco; pobló desiertos dando en enfiteusis la zona entre el Ypané y el Apa y desde aquí al Aquidaban13;

“fraccionó a los naturales gratuitamente una cierta área de terreno donde debían deplantar tabaco" (Washburn) 14; repartió dinero, vestuario, herramientas, útiles de labranza que ahora llaman imple­mentos, miles de cabezas de ganado vacuno a los trabajadores pobres de V. del Rosario, San Isidro, Piribebuy, Caapucú, Ybytimí, Emboscada, San Salvador y de otros pueblos de campaña 15, por el tiempo en que Oribe, imitando a Rosas, confiscaba los bienes de los Unitarios y los degollaba como a perros 16. Y genial y ejecutivo aquel titán de la Administración se condujo con tal destreza que cuando vino la guerra, cada paraguayo "tenía su casa en terreno propio y era el pueblo más feliz del mundo" (Thompson). Lo era porque, en efecto, el paraguayo menos acomodado era un pequeño propietario con ocho o diez yuntas de bueyes, cien lecheras y sementeras en una tierra que mana leche y miel... ¡Era imposible ser pobre con semejante gobierno!

Y verdad de todas veras es que en el Paraguay no había empleómanos ni infelices que saben latín y griego, y que por carecer de oficio o arte útil, mue­ren de hambre, con su griego y su latín. Lo decía­mos en un verbo: El Paraguay constituía una civili­zación sin mendigos. No los había ni para remedio, asombro de Demersay y otros ilustres extranjeros 17y con razón, porque se trata de un fenómeno sin pa­ralelo ayer y sin paralelo hoy. Y para que resalte mejor el fenómeno, sepamos que un telegrama de Nueva York acaba de girar, (2 septiembre, 1934) que en los Estados Unidos hay 23.000.000 de menesterosos, in­cluyendo seguramente en esta suma los desocupados, que son pordioseros también. ¿Y los otros millonesque no tienen que comer en Alemania, Inglaterra, Francia  y hasta en Rusia con todo su Soviet, y con su Constitución, donde se lee que quien no trabaja no come? Paramos en esa inmensa miseria después de tan­ta grandeza decantada, y tantos rascacielos, y tanta ciencia aplicada, y tanta Pedagogía, y tanta prometida redención social. Y esos pueblos, muchos de los cua­les deben lo que no pueden pagar, se las echan de libres, con sus pistoleros que, total, no son sino ham­brones desesperados. ¡Mentira! La libertad de un mendigo es un mendrugo de pan -rimó alguien. Es de temerse que la lucha por el pan, que dijo Kro­potkine, acabe por convertir el mundo en la torre maldita donde murieron de hambre Ugalino, sus hi­jos y sus nietos.

Y tornando a Carlos A. López decimos que sin haber leído a Young ni Cousier, ni a Michelet ni Laveleye, estaba imbuido en la idea de que "la pro­piedad es el poder mágico" que "integra la persona­lidad" y "es condición de honradez, libertad y pa­triotismo".

Y tuvo corazón grande e inteligencia también grande para crear una Patria donde no había una sola familia sin hogar y sin hacienda, gozando de un bienestar general, en virtud de una justa y admirable distribución de la riqueza. ¡Patria de una civilización sin mendigos!. ¡Ensueño de sociólogos, utopistas, eco­nomistas y filántropos que una sola vez, en la escala deseada, se realizó en el mundo - en un Edén, el Paraguay!

 

NOTAS

2 Mensajes de 1842, 44, 49, 54 y 57. Las ideas del gobierno eran éstas: "Comunicaciones fáciles de los distintos puntos de la República entre sí y con la Capital son condiciones indispensables para la civi­lización, prosperidad y riqueza de las naciones; donde la comunicación y tráfico son fáciles y activos, las comodidades, luces y riquezas se adquieren insensible y prontamente; la población se multiplica y se mejora." Salvo estilo no dijo más después Remy de Gourmont, en su hermoso artículo Los Caminos de Francia.

Carlos A. López no había leído, no podía leer que "la irriga­ción y el mantenimiento de los canales necesariamente inducen a la cooperación y por ello a su más alto grado de organización social" (North American Review, Septbre., 1912), pero con su puntual talento, adivinó verdad tan trascendental.

3 Archivo Nacional, vol. 8, Nº 20.

4El Semanario, Nº 51.

5 Cosa que se hacía todavía en Bolivia en 1851 (Cortés).

6. Mensaje de 1849.

7. Para convertir en fortaleza Humaitá, lo primero era hacer desaparecer un pantano mortífero de 15 kilómetros de extensión. López, en el acto envió "varios batallones" que trabajaron en desecarlo. En seguida "el lugar quedó perfectamente higienizado" (Zinny) y levanta­da la fortaleza.

8 El Sr. Robustiano Vera dio a conocer cómo en Mina-cué, en el camino de Itacurubí de la Cordillera y Valenzuela, se extraía el azufre para la pólvora, del mineral marcasita (itá-fierro). Se trata de una pi­rita blanca de bisulfuro de hierro. Calentada en un alambique de fierro destila azufre y deja como residuo bicho en óxido colorante (Mina cué: La histórica mina de azufre... en el Orden, Nº 3397. El Dr. Ricardo Boettner aludió también en términos elogiosos a dicha fábrica de azufre.

9. Mensaje de 1854 y 18;57.

10 Mensaje de 1857. Repobló Etebegó con ese nombre de San Salvador. (Mensaje, 1812).

11 Archivo Nacional, vol. 62. Nº 18-22 y Mensaje, 1844. El decreto convirtiendo en V. Encarnación Itapúa es del 8 de abril, 1843.

12 Repertorio Nacional, donde todavía se puede aprender cómo se erigen pueblos.

13 Repertorio íd., N° 21. "El Gobierno publicó un decreto para dar tierras en enfiteusis con un moderado canon del 5 % anual y supresión de antiguos impuestos" (Mensaje. 1844). Ver el texto del decreto en el Archivo Nacional, vol. 7, N° 22. 9 diciembre. 1843, con el título de Arriendo de tierras públicas.

14 Archivo Nacional vol. 6, Nº 6. "El Gobierno ha jubilado a buen número de indios naturales, repartiendo tierras, ganados, herramientas y otros útiles." (Mensaje de 1844). Sus decretos de erección de pueblos enseñan que "los solares y terrenos despoblados se darán gratuitamente a los que los pidieren" y añadían que "ningún de­nunciante podrá traspasar, dar ni vender su denuncia en tierra, sin que primero hubiese poblado".

15 El Art. 10 de la Ley de 26 de noviembre de 1812 había auto­rizado al Gobierno "para jubilar a los indios naturales con tierras y ganados" y el 17 "para que acudiera con los socorros que se puedan a las familias desgraciadas (arruinadas por la Dictadura) (Archivo Nacional, vol. 6, Nº 25). Y conforme a ello, se repartieron a los indigentes de los pueblos citados 2.300 cabezas de ganado vacuno, herra­mientas y vestuarios (Mensaje de 1842); después 22.000 pesos en efec­tos y útiles, tierras y otra vez 3 mil vacas y herramientas (Mensaje de 1814); más tarde nueva cantidad de ganado, efectos y útiles "a las familias pobres de la campana". (Mensaje de 1849). El decreto del 7 de octubre, 1818, declaró ciudadanos a los indios de 21 pueblos y les donó tierras, ganados, implementos. Se adjudicaron después a otras familias paraguayas a los militares retirados "las tierras y habitaciones de los emigrados franceses de V. Occidental." (Mensaje de 1857). En los casos de peste, el Gobierno repartía a las familias pobres de los en­fermos "dinero y alimentos' (Mensaje de 1844).

Desde los tiempos de Azara, sin embargo, "aun los pobre tenían algunas lecheras". (Viajes Inéditos, Nº 545) y en 1840 "pocas gentes del campo no las tenían" (Molas).

En 1864 ya no había ni una sola familia sin hogar y sin hacienda. El Gobierno donando las tierras públicas al hombre, por el hecho de ser hombre, practicaba las ideas que después expusieron Loria, Spencer, George, etc.

16 Decreto del Cerrito, 28 de julio, 1845.

17 La ausencia de mendigos en el Paraguay se notaba ya en la época del Dr. Francia. R. Grandsire escribía a Humbold (Itapúa. 10 septbre., 1824): "No se ve mendigos. Todo el mundo trabaja". (Juan F. Pérez, Francia y Bompland en El Literal, 9 septbre., 1934). Lo propio afirmó el Dictador a Rengger, el famoso Dictador que nunca mintió. Pero el fenómeno es más asombroso en el millón de habitantes de los López (1864) que en los 375.000 del Dr. Francia (1830 - Wisner).


 

GOBIERNO DE CARLOS A. LÓPEZ

 

Instrucción Pública, Escuela-Taller y Trabajo Obligatorios, antes que en Europa. Conviene siempre empezar por el principio, a condición de ir a escape.

 

Pronto se había visto en la Asunción la necesi­dad de la instrucción pública. En tiempo de Irala (1553) "señalárnosle dos maestros de niños a cuyas escuelas iban más de dos mil personas" 18. En cada pueblo que se erigía, el Cabildo fundaba una escuela. Se expulsó después a los jesuitas y parte de sus bie­nes se destinó a crear el Colegio Carolino y a ex­tender la instrucción primaria de tal manera que no hubo valle o "pago" sin escuela 19, y así aun bajo la Dictadura de Francia “era ya raro encontrar un hombre libre que no supiese leer ni escribir” 20.

Viene en seguida el 2º Consulado o sea el gobierno de Carlos A. López, y resumimos cuanto hizo un plinto a enseñanza. Elevó el número de escuelas primarias a 435, a donde concurrían 25.000 niños 21, en tanto que en la Provincia de Buenos Aires sólo había 331 con 17.000 escolares, ausentes casi enteramente en las demás Provincias (Huchinson) y en toda Bolivia apenas 8.000. Treinta años después, en 1880, en la República Oriental sólo había 18.000 (Bustan).

López creó otra vez el suprimido Colegio Caro­lino o Seminario, en su doble carácter civil y ecle­siástico, una Academia 22, una Escuela Normal, una de las primeras que existieron en la América del Sur, al mismo tiempo que Mont la fundaba en Chile, y en seguida un Colegio Nacional, en tanto que Ro­sas en Buenos Aires se había deshecho del “Colegio de  Ciencias Morales y Eclesiásticas" 23 y donde no había casi "ni hospitales ni escuelas, pues los que se llamaban así o se mantenían con los esfuerzos de la caridad pública o no merecían ese nombre" 24. Nues­tro Colegio estuvo bajo la dirección de Bermejo, contratado a peso de oro. El Gobierno fundó después una Escuela de Derecho Civil y Político, materia que en­señó el Doctor Gelly, y una clase de Matemáticas, de que se encargó Dupuy 25.

Ni olvidó López la instrucción que podía dar Europa y envió más de cincuenta jóvenes a Inglate­rra y Francia, a estudiar derecho, ingeniería, mecá­nica, agronomía, veterinaria, química.

Y revolucionó la instrucción pública con la Es­cuela-Taller. "En las villas y en varios partidos", el Estado daba a los estudiantes pobres "casa, manuten­ción y vestuario" y les hacía enseñar "los oficios de sastrería, zapatería, tejeduría y el arte de fabricar sombreros” 26.

La Escuela-Taller era y es todavía una novedad de inmensas consecuencias. Allí consiste la solución del pavoroso problema social. Sólo la Escuela-Taller impuesta a toda costa puede matar el proletariado in­telectual, cáncer que está devorando a los pueblos de más decantada civilización.

Un decreto del 19 de marzo de 1854 decía que "necesitando la República del aprendizaje de artes, oficios y fábricas de todo género, los maestros de estas profesiones serían generosamente. protegidos por el go­bierno" 27. Una comisión se encargó de difundir has­ta entre los indios las verdaderas nociones de la agri­cultura y "de mejorar sus escuelas de primeras letras y de oficios mecánicos" 28. La convicción del gobier­no paraguayo era la misma que mucho después el Padre Didón tuvo la intrepidez de expresar y es que "quien fabrica zapatos es superior al que hace prosa vulgar", esa plaga insufrible.

En 1854 nadie en Europa ni en América pensa­ba en la Escuela-Taller. Casi setenta años después, José Blanco escribió en Buenos Aires:

"La Escuela-Taller es el eje central alrededor del cual debe girar la enseñanza primaria y toda per­sona, si al abandonar el aula posee un arte manual que le permita ganarse el pan de cada día, es, sin figura de retórica, una unidad social y un factor eco­nómico que interviene en la elaboración de la rique­za colectiva" 28.

Lo cierto es que en el Paraguay todo el mundo, sin una sola excepción, aprendió a leer y a escribir "sin que la Europa misma ofreciera un ejemplo se­mejante" (Alberdi), ni en el tiempo en el Alberdi defendía al Paraguay ni ahora. Aparte del Colegio de María y el de Luisa Vallet para niñas, el Gobierno estimuló colegios particulares, como "el de latinidad del Padre Maíz y Bernardo Ortellado, los del Padre Palacios, Dr. Gelly y uno de los Jesuitas de enseñan­za secundaria bajo la dirección del Padre Pérez" (Mo­reno). El Estado hizo la instrucción primaria gratui­ta y obligatoria, mucho antes que Europa, salvo Alemania. Sesenta años después que en el Paraguay todos sabían leer y escribir, apenas el 5 % de. la población rusa sabia hacerlo (Max Nordau). En 1867 Duruy preconizó en Francia la necesidad de hacer obligatoria la enseñanza. No se le hizo caso. En 1880 el Parlamento inglés la decretó -bill of Education Act 30- y al fin, Francia siguió el ejem­plo en 1882 porque Pasteur la alarmó con decir que el maestro de escuela alemán la había vencido el 70.

Y, ¿cómo andaba Norteamérica en materia de escuelas?

Estamos cansados de mentiras. . . Por el tiempo en que cada paraguayo sabía leer y escribir porque en cada valle encontraba una escuela, ¡"en las Caro­linas sólo había cinco" y "solo había una para tres Estados: Alabama, Misuri y Misisipí!” 31.

Pero no basta saber leer y escribir. Es, sin quizá, más necesario trabajar. Si la instrucción primaria y el servicio militar son obligatorios por ser bien in­dudable la primera y necesidad forzosa el segundo -para la defensa de la Patria, con igual o mayor ra­zón-, decíamos en unas conferencias (Problemas Na­cionales) debe serlo el trabajo: Al fin y al cabo se puede vivir sin instrucción, pero no se puede vivir sin trabajar, salvo robando o explotando al prójimo o al Estado... Mano santa es la mano del obrero, enseñaba Krichna. "Después del pan la primera ne­cesidad del hombre es la educación." Sí, Danton, pe­ro después del pan. . . lo primero es el trabajo que da ese pan.

¡Y a trabajar! era la consigna imperativa dada por López adelantándose a lo que predicó Klein­wachter ochenta años después 32. A cada campesino, conforme a un mapa agrológico, o sea según la pro­ducciónespecial de cada zona, se le señalaba la extención que debía cultivar para si, por supuesto, para no necesitar de nadie, para que sea un pequeño señor que goce de bienestar, al abrigo de la miseria y el hambre.

Y sin misericordia se confinó "a los jugadores, holgazanes y borrachos al interior del Chaco, al Presidio del Pilcomayo", bajo la dirección de un agrónomo contratado al efecto, M. Duprat (Sosa Escala­da). La consecuencia fue que quienes no querían trabajar, ¡trabajaban también! Y así con cada aurora todo el mundo corría cantando al taller, al obraje, a empuñar la mancera del arado. El país acabó por convertirse en un vasto taller y en una granja ideal, en actividad continua. El Paraguay era entonces el Edén de la felicidad con que soñó el hombre ator­mentado por sus miserias.

Y resumiendo lo anterior y lo último:

1º-El único país del mundo moderno donde real y verdaderamente cada familia tenía hogar y ha­cienda, gozando de un bienestar general el más com­pleto, en virtud de una admirable distribución de la riqueza, y sin un solo mendigo, era el Paraguay.

2º-Era también el único país donde cada ha­bitante sabía leer y escribir; el único que se adelantó en buscar y encontrar solución al pavoroso proble­ma social en la Escuela-Taller; el único que impuso la enseñanza obligatoria y gratuita antes que Fran­cia e Inglaterra, antes que toda Europa, excepto Ale­mania; el único que hizo trabajar a todo el mundo como quiere Kleimwachter y como ahora quieren el soviet. . . y el Señor Sentido Común.

Y vamos a un tercer teorema, reiterando que es­tamos cansados de mentiras. La tesis que viene dice así.

 

NOTAS

18 Ruy Díaz de Guzmán. La Argentina, libro 3º, cap. 1º.

19 Azara, Viajes, Nº 682. Ver también Las Escuelas en el Paraguay, por Manuel Domínguez.

20 Rennger, Ensayo sobre la Dictadura, Parte 2º, cap. 9.

21 El Semanario, Nº 445. En 1849 decía El Paraguayo Independiente, "López tomó con singular empeño el generalizar la instrucción prima­ria que es el primer elemento de mejora social. No hay aldea, villa ni distrito de la campaña que no tenga escuelas de primeras letras, donde los niños de todas clases, aprenden los principios religiosos y a leer, escribir y contar." (Nº 83).

El Gobierno daba alojamiento, ropa, útiles de enseñanza, libros y hasta merienda a los niños de padres insolventes (Las Escuelas en el Paraguay).

¿Y en la Argentina? "La ignorancia era tan grande que en las ciudades y la campaña las escuelas públicas eran casi desconocidas" (Ernesto Quesada, La Epoca de Posas, pág. 139).

22 Fue necesario crear una Academia Literaria como base de un Colegio Nacional. Dos cátedras están en ejercicio: la de latinidad y la de idioma castellano y bellas letras.

"Actualmente se educan 149 alumnos en las dos clases... En breve se ha de establecer otra cátedra de filosofía" (Mensaje de 1812). Y funcionó esta cátedra más tarde, "La Filosofía comprendía la Ló­gica, Metafísica, Ética general y particular. Dos sabios jesuitas venidos de Buenos Aires, organizaron la enseñanza de la Academia" (Washburn, vol. 2°, cap. 3º).

23 Rivera Indarte, Tablas de Sangre, 2a edic., pág. 297.

25 Decreto 15 marzo, 1850, Archivo Nacional, vol. 6150, Nva. En­cuadernación y H. Sánchez Queil, La Política Internacional del Pa­raguay, en El Diario, edic, dominical, Nº 64.

26 Mensaje de 1857.

27 Archivo Nacional, vol. 6, Nº 1.

29 Enseñanza Pública.

30 Docoudray, Historia de la Civilización. - En 1848 escribía un alemán, M. Hahu: "El principio de la enseñanza obligatoria... no se ha introducido en Francia" (Renan, Cuestiones Contemporáneas).

Y Carlos A. López escribía: "Los verdaderos monumentos que po­demos ofrecer a la libertad nacional son las escuelas" (Mensaje, 1844).

31 Colajanni, Razas superiores y razas inferiores.

32 Es justo decir que entre los paraguayos, escritores de libros y folletos, el único que refrendó nuestro teorema -obligatoriedad del tra­bajo- fue el hoy Teniente Coronel Don Roque Samaniego en dos de sus producciones: Progresar o Perecer y Problemas Nacionales. Entre nuestros periódicos. La Tribuna (Nº 3312) enunció más tarde la misma necesidad y después uno de sus colaboradores, un señor A. A., en El Problema Agrario (id., Nº 3327). Ya en la era colonial, para que los indios tuvieran con qué vestirse, Juan Ramírez de Velazco en sus ordenanzas dispuso que los encomenderos hicieran sembrar "a cada indio casado 300 matas de algodón. , .", "so pena de cuatro pesos", aplicados a la Calmara de S. M. y gastos de la Armada. (Ver Revista del Inst. Parag., N° 34, art. 12.)


 

III

GOBIERNO DE CARLOS A. LÓPEZ

 

 

Ejército, monedas, Publicaciones, representación exterior, Astillero, Arsenal, Marina, vía férrea, línea telegráfica

 

 

Formó, armó y mantuvo durante siete años un ejército de 15.000 hombres en Paso de la Patria para repeler a Rosas, que negaba y amenazaba la in­dependencia del Paraguay, y después uno de 28. 000 en Cerro León, pagando siete pesos de sueldo men­sual a cada soldado, cosa que no suele hacerse con leyendas.

Acuñó las primeras monedas, imprimió los pri­meros billetes, mandó hacer el primer estudio geo­lógico del territorio, el de Du Graty, pensamiento que tuvo desde 1854 33, hizo dibujar los primeros  mapas y los primeros planos topográficos de la Re­pública (los de Wisner, Cortembert, Demersay y Du Graty), publicó los primeros periódicos (El Para­guayo Independiente, El Eco del Paraguay, la Épo­ca, La Aurora y después El Semanario). Adoptó el sistema de publicidad moderno desde 1844, editando el Repertorio Nacional. Se le deben los primeros folletos y libros de propaganda en favor del Para­guay, en varias lenguas 34, cosas que tampoco se hacen con leyendas, y muy dignas de admiración si se pien­sa con Novicow que los primeros pasos son los más difíciles en toda empresa.

Acreditó las primeras misiones diplomáticas que costeó el Paraguay, como la fastuosa de Solano López ante las más brillantes Cortes de Europa, la de Berges a Washington, la del mismo y del Dr. Ge­lly a Río y pagando muy bien a Calvo, el ilustre ar­gentino a quien nombró Ministro en Londres para defender los derechos de la Patria, gastos que tampo­co se sufragan con leyendas.

Hizo construir el primer Astillero y el primer Arsenal de que hubo noticias en el Río de la Plata, cosa en que pensó el Paraguay desde 1812 35. En ellos se construyeron buques y taladraron cañones. Creó y mantuvo una marina mercante de quince vapores, entre éstos el "Río Blanco", comprado en Londres en 1854, el cual hizo ondear por primera vez nues­tra bandera en el Atlántico y el Mediterráneo; trazó la primera línea férrea, desde 1856 36. Más tarde, si­guiendo el ejemplo, se iba a contraer un empréstito de 25.000.000 de duros "teniendo por objeto prin­cipal la construcción de otras vías férreas, muy espe­cialmente la que cruzaría el gran Chaco desde el Río Paraguay hasta Bolivia", propósito que mató la gue­rra 37. Tendió el primer hilo telegráfico que cono­cieron los países Sudamericanos, muy ocupados en­tonces en la importantísima tarea de degollarse mu­tuamente para hacer a la Patria grande, próspera y feliz, "flameando banderas y desentonando himnos"; adoptó el aparato Morse, a los cuatro años de su in­vención y a los dos justos de funcionar en Francia. Entendía que el hombre debe ser juzgado por su ins­trumento -homo faber- o con Alberdi que "el fe­rrocarril es signo de un estado de cultura, de un estado mental superior, como la flecha lo es de bar­barie", y con Renan que, "más hace un Ferrocarril por el progreso humano que una obra de genio que por circunstancias puramente exteriores puede verse privada de influencias", López, en fin, hizo otra serie de cosas memorables que no se hacen con leyendas, ni con la lámparamaravillosa de Aladino, y sí con mucho dinero, con gran inteligencia e intenso patriotismo).

Y para todo eso y mucho más importó cerebros europeos. López sabía que ciertos cerebros son con­centraciones de ideas como los soles son concentra­ciones de luz y los contrató, a oro sonante, en Euro­pa, pero principalmente en Inglaterra, tema de que Hacemos incidente.

 

NOTAS

33 Mensaje de ese año.

34 Por ejemplo, El Paraguay, lo que fue, lo que es, lo que será, del Dr. Gelly, y las conocidas historias de Demersay y Du Graty. So­bre la creación del Repertorio Nacional, ver el Nº 16, 28 marzo, 1844.

35 Uno de los objetivos de la Junta Gubernativa: "Hacer nave­gables los ríos por donde se transportan los productos de las Villas y Poblaciones" y "el establecimiento de un Arsenal" (Manifiesto, 6 ene­ro, 1812, Archivo Nacional. vos. 4, Nº 9).

36 Este año comienza a figurar en los libros del Tesoro la partida de $ 200.000 oro para la construcción de la línea (Archivo Nacional).

37 Francisco Solano López a José Berges, diciembre 24, 1861, en Rebaudi, La Declaración de Guerra de la República del Paraguay a la República Argentina, pág. 211.


 

IV

GOBIERNO DE CARLOS A. LÓPEZ

 

Ningún país sudamericano llamó y pagó como el Paraguay a tantos ilustres extranjeros ni tan a tiempo ni tan a propósito para levantar a la Patria

 

Veamos cuáles fueron aquellos cerebros:

Witeahad, del Instituto de Ingenieros Civiles deLondres, redactor de El Ingeniero, periódico que to­davía se publica, sin igual por su talento y prepa­ración en la América del Sur 38. Fue contratado con Grant, su segundo, para establecer y dirigir un ar­senal y un astillero, pensamiento nacional desde 1812 39, pero que sólo López pudo realizar. Witeahad organizó el trabajo con 200 paraguayos y 50 operarios ingleses, acabando por reconocer que los primeros eran infinitamente mejores que los segundos. En nuestro astillero el norteamericano Page construyó un vapor para explorar el Pilcomayo (Washburn).

Wats, ingeniero naval. Actuó en la batalla del "Riachuelo" y supo reparar nuestra escuadrilla. Godwin, otra notabilidad inglesa, constructor de la fábrica de hierro de Ybycuí en 1850, más tarde dirigida por Lidiedat 40.

Twit, ingeniero de minas. Dirigió la fábrica de azufre de Valenzuela. Se le debe el primer estudio mineralógico del país.

Cowsin y Smitk, -ingenieros de construcción naval. Bajo la dirección del último los paraguayos construyeron tres vapores, entre éstos el "Yporá".

Percey Burrel, Valpy, Jorge Thompson y Pad­dison, ingenieros de ferrocarriles. "Burrel no era so­lamente un hombre de mucho talento en su pro­fesión sino también un buen arquitecto. Hizo los planos del nuevo Palacio, uno de los más hermosos edificios de Sud América" (Washburn).

Newton, Eaton, Trompson (distinto de Geor­ge, el anteriormente citado), ingenieros mecánicos, "celebridades de Inglaterra" (Stewart).

Cinco técnicos, con su superior Lidiedat, para la fundición de hierro de Ybycuí.

Taylor, notable arquitecto, constructor del Pa­lacio.

Cincuenta mecánicos de primera clase, muchos maquinistas y hasta dibujantes, todos enviados por el astillero de Blyth de Linchouse, sobre el Támesis, donde se construyó el "Tacuarí".

Médicos, cirujanos, farmacéuticos: Stewart, Bar­ton, Fox, Wels, Skinner, Masterman, Banks, primer cirujano de Liverpool, ennoblecido a su vuelta a In­glaterra. Con los citados y otros más, estableció una Escuela de Cirujanos.

Kruger, norteamericano, contratado para fabri­car torpedos, con uno de los cuales que estalló, voló frente a Curupayty 41.

Instructores militares, también ingleses. Tres de ellos instruyeron en Humaitá a los coroneles Bru­guez, Hermosa y Roa.

Hombres de mar como Morice, primer capitán del Río Blanco, con otros instructores de la marina británica, aparte de los que al principio había con­tratado en el Brasil, como los tenientes Caminada y Zuarez Prieto", el mayor Portocarrero y el capi­tán Cabrita.

Wisner de Morgestern, húngaro, ingeniero mili­tar, al servicio del Ministerio de Guerra 43; Mouchez, geógrafo que relevó el Río Paraguay y nos dejó un mapa muy consultado.

Solano López contrató 'también ingenieros fa­bricantes de cañones, de la casa Krup y oficiales de guerra alemanes que habían actuado en la contienda con Dinamarca. Uno de ellos era el coronel Von Kurt, el que tomó la fortaleza de Dieppe. La guerra impidió su viaje 44.

Cornelio Bliss, "norteamericano, hijo de un Obis­po Protestante, contratado por el gobierno para es­cribir la Historia Nacional. Era un gran literato, muy versado en las lenguas clásicas. Hablaba y escri­bía en español con la misma facilidad y perfección que en su propio idioma" 45.

Bermejo, español, "cuyo profesorado fue fecun­do en resultados" 46.      `

Du Graty, belga, y Demersay, francés, a quie­nes el gobierno confió misiones científicas, etc. Treunfeld, nombrado jefe del Telégrafo. Des­pués de la guerra fue nuestro Cónsul en Dresde, nos envió el mapa de Bertes y murió a los 86 años en la nostalgia del Paraguay que le acogió con el cariño que inspira el hombre sabio y bueno.

Ravizza, arquitecto italiano, contratado en Mon­tevideo para construir el Oratorio de la Asunción (Padre Maiz), copia mejorada de la Iglesia de Santa Genoveva de París ¡todavía inconcluso! ¡El genio de las artes -maldice con encono- el abandono en que yace tan soberbia arquitectura!...

Marchaix de Laberge que delineó el plantel de V. Occidental (Sosa Escalada).

Y así otros y otros.

Y se puede formar idea de lo que costaría todo eso sabiendo que Witeahad ganaba una onza de oro por día, los cirujanos y médicos mil libras esterlinas por año y los ingenieros de ferrocarriles ochocientas. Se comprende que con leyendas no se podía pagar a los sabios de Europa.

Un espíritu superior, Pedro el Grande, des­pués de trabajar como operario en los astilleros de Saardam "visitó la inglaterra" y allí también "tomó a su servicio ingenieros, médicos, cirujanos" para civilizar a su Rusia, pero ¿los tomó con tanto acierto como López? Sin ofender su memoria, lo dudamos... Nuestra elección recayó principalmente en aquel Wi­teahad, primer ingeniero de Inglaterra y quizá de Europa.

Le pagamos bien, pero también le debimos todo en punto a arsenal y marina, de que dependía nues­tra suerte económica, nuestro destino en el Rio de la Plata.

¡Y Witeahad era un sensitivo! Amaba al Para­guay, a quien consagró sus matemáticas sublimes en su aplicación más inmediata y positiva.

Nuestras primeras desgracias -explosión de pol­vora en "El Dorado" y el combate del Riachuelo le oprimieron el alma. Andaba triste y un día, después de significar a sus amigos que le dolía el corazón, se suicidó en la vieja quinta de los Recalde, donde acaso vague todavía la sombra del gran británico. ¡A nos­otros también, sombra amante del Paraguay!, nos duele el corazón viendo que nuestra bella patria, que, con el concurso de los cerebros luminosos de Euro­pa, estaba llamada a un destino prodigioso, y había dado con el secreto de la verdadera enseñanza, medio siglo antes que Bélgica y el Japón y que era la más feliz del mundo porque dio también con el secreto del bienestar general, fue atajada en su carrera. . .

Pero volvamos al tema:

En nuestra situación mediterránea, a 300 le­guas del mar, rodeado de vecinos hostiles, sin deuda externa ni interna, López hizo infinitamente más que Pedro el Grande en Rusia y que todos los demás gobiernos del mundo. El fenómeno debe tener su ex­plicación. El secreto ha de ser de orden económico, conforme al materialismo histórico de Marx. Ese se­creto no ha de consistir en leyendas.

Porque con leyendas no se levantan palacios, teatros, ejércitos, iglesias, pueblos; astilleros, arsena­les, fábricas de hierro y de azufre, pólvora y fusiles. Con leyendas no se construyen 435 escuelas, semina­rios, canales, puentes, represas, líneas férreas y telé­grafos ni marina mercante ni se importan cerebros europeos.

La impresión general era que "las rentas del Paraguay eran enormes" (Washburn).

Y lo eran efectivamente como hemos de verlo en otro artículo.

Pero consten estos tres teoremas que damos por demostrados:

1º-El único país del mundo donde no había familia sin hogar, era el Paraguay.

2º-Era el único donde todo el mundo sabía leer y escribir, el único que enseñó a trabajar en la Escuela-Taller e hizo obligatorio el trabajo.

3º - Ningún país americano costeó tantos sabios extranjeros y tan a propósito, para elaborar la gran­deza nacional.

Y sin embargo la envidia de los vecinos, "furor que no puede sufrir el bien ajeno" (Larrochefou­cauld) dijo que el Paraguay era bárbaro. Los bárba­ros eran ellos ...

¡Sombra de Witeahad, nos duele el corazón!

Saltemos a otro tema.

 

NOTAS

38 Carta del Dr. Guillermo Stewart al autor.

39 Manifiesto de la junta Gubernativa, Archivo Nacional.

40 Mensaje de 1854.

41 Mannequin.

42 El Semanario, Nº 74.  

43 Mensaje de 1857.

44 Carta de Solano López a Gregorio Benítez (Biblioteca Q'Leary).

45 Centurión, Memorias, tomo 3º.

46 Id. Algo sobre los estudiantes de los López.

 

        


V

GOBIERNO DE CARLOS A, LÓPEZ

 

El Paraguay era el único país americano que tenía Moneda sana y el único que no debía ni un centavo a nadie

Iremos comparando la situación. económica y fi­nanciera del Paraguay, antes de la guerra, con la de los pueblos que iban a ser sus contendores en virtud de la Alianza pérfida de fama infame.

Un primer dato ya da en qué, pensar y es que el presupuesto del Paraguay ofreció siempre. cada año, sin excepción, un superávit, desde la Indepen­dencia hasta la guerra, verdadero fenómeno en la historia financiera de Sud América 47y su exporta­ción siempre fue mayor que su importación, salvo en el año 1852.

¿Y cómo andaba la Argentina en orden de finanzas y en orden económico?

“Desde muy antes, decía un Ministro de Ha­cienda de Rosas, el déficit era siempre algo más que la mitad de las rentas" 48, sin embargo de haberse recargado los productos extranjeros reembarcados en los puertos argentinos con un derecho diferencial del 25% 49, muy diferente del 2 % que cobraba el Paraguay 50. Pero dejemos la Administración de Ro­sas, tan singular como su tiranía, y contemplemos da­tos posteriores.

En 1862 el saldo de la balanza comercial argen­tina contra el país era de $ 5.781.247 papel, igual a $ 232.249 oro. La exportación era de $ 21.584.448, igual a $ 863.532 oro52.

¿Y el saldo de la balanza comercial del Para­guay cómo era en ese mismo año 62?

Enteramente favorable al país, al contrario de lo que sucedía en Buenos Aires. Nuestra exporta­ción superaba a nuestra importación en pesos 635.153 oro 52.

¿Y el total que exportaba el Paraguay? Era de $ 1.869.349 oro, suma muy mayor que la exporta­ción argentina.

Allá era la bancarrota crónica, déficit en el pre­supuesto y balanza comercial en contra. ¡Desde 1861 hasta 1876 esa balanza fue quince veces desfavora­ble! 63.

Y en el Paraguay, desde 1811 hasta 1865, siempre superávit, nunca déficit, en su presupuesto, ni cuando derrotamos a Belgrano ni cuando derribamos a Velasco, ni cuando nos aislamos y vivimos como pudimos, ni cuando Carlos A. López construía línea férrea y establecía astilleros y costeaba diez y siete va­pores. Cuanto a su balanza comercial -ya se ha di­cho- una sola vez fue desfavorable.

¿Y las emisiones argentinas?

Nuestros vecinos vivían en una orgía de billetes inconvertibles. Sin contar la deuda llamada de fon­dos públicos, en 1861 el monto de papel inconverti­ble era de $ 395. 247. 056 54, "sin ninguna base me­tálica" 55y naturalmente el oro andaba por las nu­bes, en 1861 el tipo era de 2483 y en 1864 era de 2884 56. Añádase que por aquel tiempo más de la ter­cera parte de las rentas se llevaba el servicio de la deuda pública 57.

¿Y las emisiones y la deuda pública en el Para­guay? Su gobierno no caía en la peregrina ocurren­cia de creer que con multiplicar el signo se multi­plica la riqueza. Su teoría y su práctica se ajustaban a los vertebrados principios. Nuestro granPresidente decía

“La emisión de papel moneda es una operación de crédito de las más graves y delicadas. Puede cau­sar inmensos bienes, pero también inmensos males. Es necesario que el papel moneda no sea otra cosa que el representante de caudales existentes.

"Y el único país de la América antes española que hoy puede realizar la operación es la República del Paraguay, porque es el único que tiene capitales existentes, valiosas propiedades territoriales, garantías sólidas y seguras y ninguna deuda interior ni exterior. Así es que en la República corre el billete a la par del metalico" 58.

¡Curioso! El Paraguay ofreciendo siempre supe­rávit y siendo "el único país de la América antes española que podía realizar la operación de emitir bi­lletes", frente a sus vecinos en déficit eterno que era "algo más de la mitad de los recursos" y nadando en un mar de papel inconvertible.

¿Y la República Oriental? Su gobierno desespe­rado daba manotadas de ahogado incautándose de los depósitos judiciales y de las herencias de los parti­culares y cobraba el curioso impuesto (¡ni al demo­nio se le hubiera ocurrido!) de un real por cada peso de pan y de un derecho de tránsito que subió hasta el 8% 59, en tanto que en el Paraguay, al revés el gobierno sostenía, desde 1845, que ese tránsito debía ser libre 60y libraba, desde antes, por años enteros a todos los frutos del país del derecho de alcabala 61y del pago de todo impuesto y hasta del arrendamiento de tierras fiscales a veinte y un pueblos de la cam­paña 62, y obligado a armarse por las amenazas de Rosas, levantaba y mantenía un gran ejército con el producido de la yerba mate, de las maderas de cons­trucción naval y de sus estancias, "sin gravar al vecin­dario con ningún auxilio gratuito" 63.

Los orientales habían enajenado las entradas aduaneras de cuatro años y acabaron por venderlas en 1849 al precio de un empréstito, al tiempo que el sabio Presidente del Paraguay decía sencillamente al Congreso estas palabras que eran como  epigramas contra labancarrota financiera del Río de la Plata:

“Lasrentas nacionales han hecho frente a los gastos extraordinarios que el gobierno se ve forzado a emplear durante la crisis en que se halla la Re­pública. Entre tanto, no ha gravado con ningún im­puesto ni contribución a la nación y tiene la satisfac­ción de anunciaros que todavía se halla en buen es­tado el Tesoro y hacienda nacional." 64Desde el 1º de enero de dicho año (1849) abolía también todos los derechos parroquiales así en la Capital como en la campaña 65. Aquí se abolían impuestos y allá se saqueaban depósitos judiciales.

En 1851 la República Oriental con una pobla­ción de 200.000 habitantes 66, debía más de 100.000 pesos, y no encontrando ya a quién engañar auto­rizó en 1854 la contratación de un empréstito al bo­nito interés de 24 % anual 67, cosa no oída ni leída, mientras el Tesoro del Paraguay, repleto de dinero metálico, concedía a los trabajadores y comerciantes préstamos al interés de 6 % 68. ¿Qué tal la situación del Paraguay comparada con la del Uruguay?

¿Y el Brasil? El déficit era constante y cada vez mayor y se saldaba de tiempo en tiempo con emprés­titos. Así era la hacienda del país colosal, productor de oro y de diamantes y regido por sabios estadistas.

Cuanto a su balanza comercial, en 13 años, desde 1833 a 1846, sólo dos veces fue favorable ". En ade­lante unas veces sí y otras no.

Deuda interna hasta 1864 ....    $      84.665.400

Maremagnum de emisiones has­ta ese año ............... „ 29.094.440

$ 113.759.840 70

Mas la emisión de los Bancos $ 70.449.315 71

Corría además una emisión de monedas de co­bre falsificadas que no bajaba de 8 millones.

¿Y su deuda externa? En 1861 el Brasil negoció un empréstito (destinado a saldar tres anteriores, uno de los cuales se había emitido al 52 %) de £ 3.855.307. Sacaba tres clavos con uno mayor".

Así iban las cosas en el Brasil. Sus apuros eran grandes, pero confesemos que ciertamente eran apuros delpoderoso.

Resumen. ¡Qué contraste entre la situación económica y financiera del Paraguay y la situación de los pueblos que iban a ser sus contendores!

En el Paraguay la balanza comercial siempre fa­vorable y en el Plata desfavorable siempre.

El presupuesto del Paraguay ofreciendo un cons­tante superávit, desde 1811 a 1864, aun en los años en que se armaba poderosamente. El de los vecinos, sin desentonar ni una vez, déficit continuo que a ve­ces era algo más de la mitad de las rentas.

El Paraguay trabajando, ahorrando y viviendo honradamente, sin deber un centavo a nadie.

Los otros, cargados de deuda externa e interna, que a veces se llevaba mas de la tercera parte de sus pobres entradas, cubriendo sus déficits con emprés­titos o emisiones.

El Gobierno del Paraguay disminuyendo sus im­puestos y liberando de ellos a veces a las clases rura­les, mientras los gobiernos del Plata los aumentaban y saqueaban depósitos judiciales y llegaban, en oca­siones, al peregrino extremo de cobrar un real por cada pan que comía el prójimo.

Los países del Plata viviendo a papel inconver­tible, con el oro hasta el 2.800, y en el Paraguay va­liendo un peso oro cada peso papel.

Y no era todo. La capacidad adquisitiva del di­nero en el Paraguay, dada la abundancia extraordi­naria de sus productos, era enorme. Fijémonos enalgunos datos.

El sueldo de un ministro de Carlos A. López no excedía en cierta época, de $ 100.-. La cifra, en sí, parece poca cosa, pero veamos su valor comercial. El valor del dinero consiste en la cantidad de cosas que con él se compra.

Por 100 pesos, término medio, podía comprarse más de 150 vacas 73. ¿Cuántas podría hoy comprar el Presidente de la República con su sueldo de $ 30.000 c/l.? Veinticinco o treinta, a bajo precio. Por $ 100.­lnetálico en 1849 podía comprarse 160 arrobas de yerba-mate 74.

El caso es que una cosa es tener ahora en el Pa­raguay .$, 100.- oro y cosa muy distinta era el te­nerlos antes de la Guerra. El oro valía cinco veces más.

Y en definitiva, resulta que el valor de la expor­tación paraguaya de 1862, que era de $ 1.869.349 oro (Wisner), equivalía, en productos nacionales, por lo menos, a la capacidad adquisitiva de nueve millones de pesos oro actuales 75.

¿Y las rentas del gobierno? En 1862 alcanzaban a $ 2.869.349 oro, en que entraba el producido de las 64 estancias del Estado y de la yerba-mate.

Y el valor adquisitivo de esa renta del Estado, en productos nacionales, según precio de la época, sería equivalente a más de catorce millones de nuestro oro.

Y así estaba muy puesto en razón Washburn cuando estampó, rotundo, en su historia, que "las rentas que percibía el gobierno eran enormes". Má­ximum de producción nacional y mínimum de con­sumo de cosas importadas -así era nuestra econo­mía- y enormidad de renta y muy pequeños gastos -en funcionarios o empleados- así eran nuestras fi­nanzas salvo cuando se trataba de pagar la ciencia europea o de aumentar sus medios de defensa para que la Patria fuese poderosa y respetada, idea que todavía sustentamos los tontos que no somos ácratas.

Pero no olvidemos nuestros teoremas anteriores ni el último.

1° - En el Paraguay no había una sola familia sin hogar.

2º - En instrucción primaria y con su escuela-taller y el trabajo obligatorio, se adelantó a todos los países.

3° - Importó cerebros europeos como ninguno.

4° -Era el único país sudamericano que no estaba en bancarrota, el único en que hubo siempre superávit, con balanza comercial siempre favorable, el único que tenía moneda sana, el único que como Prusia vivía de lo que era suyo, el único que no tenía deuda externa ni interna, que no debía un centavo a nadie 78.

¿Y qué tal va resultando la leyenda del poder económico del Paraguay? Este poderío ¿es leyenda o realidad tangible, como decía el otro?

Insistamos un poco.

 

NOTAS

47 ver Libros del Tesoro, Archivo Nacional.

48 Rivera Indarte: Rosas y sus opositores.

49 Pelliza: Historia Argentina, tomo 4, pág. 111.

50 Art. 9º, Ley del 2 de enero, 1846.

51 Latzina: Comercio argentino de antaño y ogaño.

52 Wisner: Informe sobre el Paraguay. Revista Instituto Paragua­yo, año 4, Nº 39.

53 Tercer Censo Nacional, tomo 8, pág. 16, trabajo citado de Lat­zina.

54 Bancos de emisión, folleto oficial.

55 Kohv: Los Bancos de descuento.

56 Tercer Censo Nacional, tomo 10.

57 Dr. Marcelino Ugarte, discurso sobre la situación económica del país, 29 de agosto, 1864.

59 Acevedo Díaz: Notas y Apuntes. Madariaga en Corrientes fijaba la contribución del alumbrado en 12 reales. La Revolución, abril 20 de 1845.

60El Paraguayo Independiente, Nº 61.

61 "También se suprime por cuatro años el derecho de alcabala sobre los frutos del país, a beneficio de los hijos de la República" (Mensaje de 1842).

62 Decreto antes citado, 7 de octubre, 1848, Archivo Nacional, vol. 8, Nº 39. "El gobierno -decía el mensaje de 1849- ha ordenado una suspensión eventual del cobro de la pensión de tierras públicas."

63 Ante las amenazas de Rosas, "el gobierno se vio en la necesi­dad de arbitrar fondos y organizar un ejército fuerte... No se podía optar por ningún sistema de empréstito ni de nuevos impuestos. En­tre tanto, la causa pública reclamaba la actividad y energía del gobier­no. En esta premura tomó el expediente de reservar al Estado el co­mercio exterior de la yerba mate y madera de construcción naval" (Mensaje de 1854).

"El Tesoro Público, sin gravar jamás al pueblo paraguayo, ha he­cho frente a todos los gastos extraordinarios que demandaba la situa­ción excepcional en que se ha visto la República hasta hace poco" (hasta la caída de Rosas) (Mensaje de 1854).

64 Mensaje de 1849. La situación creada por Rosas, que bloqueó al Paraguay por el Paraná, y Oribe por el Uruguay, era angustiosa: "El comercio está cerrado. Nuestras labores del campo y nuestras indus­trias sufren por el llamamiento a las armas. Ha tres años que el Go­bierno está haciendo grandes gastos: con todo y aunque está autorizado el Supremo Gobierno a emplear en la defensa de la República aun la fortuna de los particulares, no ha gravado a la Nación con ningún impuesto ni contribución" (Proclama al Ejército, 17 noviembre, 1847, El Paraguayo Independiente, Nº 72).

65 íd. y Archivo Nacional, vol. 84, Nº 33. El Paraguayo Independien­te, Nº 83, decía: "Los derechos parroquiales pesaban más sobre la clase menos afortunada y más laboriosa. Un gobierno paternal no po­día ser indiferente a semejante gravamen; y suprimió esos derechos, dando a los párrocos una dotación, y congrua suficiente del Tesoro Público."

66 En 1860 tenía una población de 229.480 habitantes (Bustan, Anuario Estadístico de la República Oriental, 1894).

73 De un trabajo nuestro inédito, sacamos los siguientes datos:

1576. - Un chancho valía 1/2 vara de lienzo (moneda de la época). Las vacas escaseaban mucho todavía. El Cabildo fijaba desde 1597, el valor de la moneda (Archivo Nacional, vol. 2, Nº 27).

1719. - Precio de una vaca, 4 pesos, que se pagaban en yerba, azúcar, tabaco (Gortari: Los Jesuitas en el Paraguay, Nº 64).

1781. - ¡Un buey era tasado en 8 pesos y un burro en 50! (M. S. Archivo Nacional).

1790. -Valía "una vaca gorda en la Asunción 3 pesos, un buey gordo 4, y un toro 1. En las Misiones valía la mitad" (Azara, Viajes inéditos, Nº 563). ¡Un toro valiendo 50 centavos en las Misiones!

1816. - Cada toro importado era avaluado en $ 2 y 50 cents. (M.S. Archivo Nacional).

1843. - ¡Cada caballo valía 8 reales y cada vaca 6! Es decir, que por $ 100 podía comprarse 166 vacas (Repertorio Nacional, 1843, Nº 8).

74 En ese ateo la arroba se vendía a siete reales, al menudeo (Mensaje de 1849).

75 Se sabe que el oro ha ido disminuyendo de valor. Un castellano del siglo XVI valía tanto como tres dólares en la primera mitad del siglo XIX (Clemencín, Prescott, etc.), a causa del incremento en la producción de los metales. Es curioso que cabalmente de 1850 a 1862 hubo una alteración que llegaba hasta el 24 % (Laspeyre).

Pero aquí no se trata del oro en el mercado universal y sí del oro valuado en productos del Paraguay, según equivalencias de la época.

76 En Bolivia (1864), el monto de la deuda interna era de más de 5 millones de pesos (Sotomayor Valdez) y en Chile la deuda consolidada alcanzaba a 8 millones (Santelices, Bancos de emisión),

 

 


VI

GOBIERNO DE CARLOS A. LÓPEZ

 

Ningún país americano igualaba al Paraguay en producción"

Buckle en su Historia de la Civilización de In­glaterra, ha sentado que en las agrupaciones huma­nas "la acumulación de riqueza es lo primero por­que sin riqueza no puede haber comodidades y sin éstas no se llega a la sabiduría". Kleinwachter a su vez dice que "cuando ciertas clases no pueden com­prender todavía la necesidad del trabajo, la coacción para Hacerlas trabajar es necesaria", concepto en que abunda también Luchini: "El Estado que obliga a trabajar cumple una obligación política en pro del consorcio social.­

Y Carlos Antonio López, superior a Buckle, Kleinwachter y Lucchini por la razón muy simple de que el hacer las cosas vale más que el decirlas, con el arco de Volta del trabajo realizó prodigios. La aritmética, que no miente, nos lo va a probar.

El Dr. Moisés S. Bertoni, sabio tan amante de la verdad histórica como de las Ciencias Naturales, es­tudió la estadística de nuestra producción, primero y segundo semestres de 1863, en cuadros que cus­todia nuestro archivo, y dio a conocer el resultado de su estudio en una conferencia dada en el Instituto Paraguayo en 1909. Le damos la palabra según un resumen publicado en un diario de la época:

"Lo que resalta a primera vista es la grande ex­tensión que la agricultura había tomado, cuando el país todavía no había sufrido el tremendo desastre de la guerra de cinco años, que acabara con el arra­samiento del país. Es una prueba de lo que sería hoy día el Paraguay, sin esa terrible lucha y de lo que puede volver a ser en cuanto la población se dedi­que con el amor y el esmero de antes a las faenas agrícolas.

Plantas alimenticias  Producción total

Maíz ....................... 268.000.000 de kilos

Mandioca .................. 546.000.000 “ “

Maní, porotos, habillas, liabas, arvejas y garbanzos .........   56.000.000 “        “

Patatas, cebollas, zapallos, san­días, melones ..............         66.000.000 “        “

Arroz, trigo y cebada ..........   4.000.000   “        “

Total ................ 940.000.000 de kilos

"La división por semestre y por liños hace di­fícil el cálculo de la producción total, máxime cuan­do la estadística oficial no da ningún dato al res­pecto. Pero, tomando por base la producción media de las diferentes regiones del país, en años regula­res, llegaremos a las siguientes aproximaciones:

"Esta crecidísima suma representa ya un pro­medio de seis mil kilos de materias alimenticias por cada familia. Pero a ella hay que agregar el producto de los árboles frutales, de una parte de la caña de azúcar empleada en la alimentación y el total de los alimentos animales, carne, leche, queso, huevos, etc.

"El producto de las primeras, naranjas en su mayor parte, no puede ser calculado en menos de trescientos millones de kilos, pues, un millón y medio de naranjos en producción (sobre un total de 2.803.795) ya dan tres millones de naranjas, y la naranja es un alimento importante en los climas tro­picales.

"La mitad de la caña dulce, usada como alimen­to en forma de miel, aloja, etc., calculado el 12 % cromo riqueza sacarina, no daba menos de 27 millones de kilos de azúcar calculado puro.

"De manera que podemos calcular redonda­mente en mil trescientos millones de kilos el total de materias alimenticias de origen vegetal. Esto da una suma de ocho a nueve mil kilos por familia, esto es, más del doble de lo que una familia puede consumir y más del triple, si tomamos en cuenta los alimentos de origen animal. En efecto, el fuerte exceso de sustancias vegetales servía para la cría y el engorde de todas las clases de animales domésticos." Completando los cálculos de producción, agre­guemos los siguientes hechos, siguiendo las mismas reglas:

Caña dulce en razón de cinco mil

arrobas por cuadra ............ ks. 460.000.000

Algodón a 250 ks. por cuadra ....      “        2.250.000

Pepitas de algodón ..............    “      6.000.000

Tabaco; en razón de una arroba por

liño ..........................       9.820.000

"A pesar de las dificultades que se nos presen­tan, no podemos dejar de calcular el valor de toda esa producción.

"Se comprende: el valor de la moneda y de los productos, eran en aquel tiempo tan diferentes de los actuales, que los precios del año 1863 no nos darían el valor verdadero de la producción. Preferimos to­mar por base los precios más modernos, en francos oro. Los datos que van a continuación, por más que no puedan ser sino aproximados, bastarían para dar una idea del desarrollo agrícola en esa época.

El Paraguay era una granja o vergel. En los cua­dros del Dr. Bertoni apenas entran las frutas, sobre las cuales hay este dato positivo: la sola pequeña zona litoral, desde la Asunción hasta Villeta, produ­cía 25 millones de naranjas (Wisner).

En fin, conclusión formidable del Dr. Bertoni: "Así se explica la abundancia de víveres tan grande como tal vez ningún otro pueblo la disfrutara en aquel tiempo... A producción de habitantes, ningu­na nación americana ofrecía en aquella época igual abundancia de productos." 77

Maíz a un frco. los 10 kilos Frcos. ......     26.800.000

Mandioca a 0.25, íd., íd. ..............  13.650.000

Maní, porotos, habillas, habas, arvejas y

garbanzos, a 1.50 los 10 kilos .........8.400.000

Patatas, cebollas, zapallos, sandías y melo­nes ............. 4.000.000

Trigo y cebada aproximadamente ......       200.000

Arroz a 5 fs. los 10 kilos ...............  1.600.000

Caña dulce, a fs. 10 toneladas .........4.600.000

Algodón a 1 fco. el kilo ...............    2.250.000

Pepitas de algodón a fs. 1.25 los 10 kilos . .      750.000

Tabaco a 2 fs. los 10 kilos .............  4.910.000

Naranjas a 20 fs. el millar ..............  600.000

Otras frutas diversas ...... . ............  1.000.000

Total francos ...................       68.760.000

 

La cuestión no es con el que escribe estas líneas. Es con el Dr. Bertoni, con sus cuadros estadísticos, sus cálculos, con infolios venerables que duermen en nuestro Archivo.

Y porque se ha dicho también que en el Para­guay no había Bancos ni Montepíos, abrimos sobre el punto un paréntesis cortito.

El Tesoro del Paraguay era el Banco más liberal que había en América y cuanto a Montepíos, tam­poco los tenía Inglaterra. En un segundo lo proba­mos:

"En 1860 el Tesoro del Paraguay daba dinero en préstamo hasta a los extranjeros, al 6 % de inte­rés anual... mientras en el Río de la Plata se daba al interés de 10 % sobre hipotecas, siendo el interés corriente de 18 y 24 % y en Rosario de Santa Fe el 36 %" 78. (Du Graty), al mismo tiempo que la cons­titución del Perú prohibía a los extranjeros adquirir propiedad y ejercer el comercio y al mismo tiempo también que los Montepíos, saqueaban los Departa­mentos de Francia con la usura del 15 % (Bouillet). El Paraguay, desde antes de 1849, hacía lo que Rusia sólo empezó a hacer desde 1895, conceder préstamos contra el Tesoro 79.

Cuanto a Montepíos, ¿por qué tampoco los tuvo Inglaterra hasta hace poco? (Bouillet). Debe ser por algo ... Es que son instituciones que saquean al pró­jimo. ¡Esos vampiros, ya lo indicamos, chupaban la sangre de los Departamentos de Francia!

Y corremos a dejar constancia de los últimos teo­remas, previa enunciación de los anteriores:

1º -En el Paraguay no había una sola familia sin hogar.

2º - En instrucción primaria y con su escuela-­taller y el trabajo obligatorio, se adelantó a Europa América.

3º - Importó cerebros europeos coleo no hizo ningún otro país.

4º - Era el único país sudamericano que no es­taba en bancarrota, el único de moneda sana, el úni­co que no debía un centavo.

5º - En relación, ninguna nación americana le igualó en producción.

6º -Era la única donde el tesoro con sus prés­tamos generosos, mató el vampiro de la usura ban­caria.

Vale la pena de imprimir en la memoria estas verdades irrefutables. Y vamos a eso que llaman psi­cología colectiva.

Se ha dicho del Paraguay, entre otras lindezas, que constituye una raza perezosa atribuyendo la cul­pa al español y al guaraní, concepto que vamos a re­futar, pero antes conviene saber lo siguiente.

 

NOTAS

77 Revista del Instituto Paraguayo, Año 2, N° 2, y La Acción, 25 de julio 1909: La Escuela de Agricultura.

78 Y para que no se dé en creer que Du Graty falsea la verdad, ver mensajes de 1849 y 1857. Se sabe cómo el Tesoro concedió a Hopkins un préstamo de $ 10.000 sobre hipoteca, cuando la regla era que los préstamos no debían de bajar de dos mil ni exceder de tres.

79 Art. 1º, úcase de junio de dicho año (Santelices: Bancos de emisión). Y que en el Paraguay no hubiese Banco propiamente dicho no es de extrañarse. Bancos de emisión sólo hubo en Chile desde 1867 (íd.,íd.).

 


VII

DIFICULTADES DE HACER PSICOLOGÍA COLECTIVA

 

Si cada alma es un abismo, ¿qué psicómetro son­deará ese conjunto de abismos que se llama pueblo? Buckle ya señaló la dificultad y Voltaire también al tratar de los ingleses. Si a veces ni el amigo nos com­prende y nos calumnia un poco, sin quererlo, ¿qué no sucederá cuando se trata de juzgar a ese agregado humano que se llama nación o raza?

Para convencerse de ello basta leer la Historia Natural del hombre, de Prichard. En Alemania se dijo que la psicología etnológica es un fracaso, lo cual no impide que Fouillee y Ribot hayan intentado ha­cerla en Francia con relativo éxito. Sobre todo Taine en su Historia de la Literatura Inglesa. Veamos al­gunos ejemplos de psicología colectiva probable­mente falsa.

Ejemplo de psicología colectiva probablemente falsa. -- Se dice que el obrero ruso nunca igualará al obrero inglés 80. Como si fuese un bicho diferente de la especie humana.

"Los eslavos se distinguen por una singular in­capacidad para inventar", escritura Boccardo 81, opi­nión que rubrica Fouillée 82.

Dufour y Duvotenay son más maldicientes que Fouillée y Boccardo: "Los rusos tienen la frente men­guada. La embriaguez es uno de sus mayores defec­tos... Desdeñan la agricultura. No producen obra alguna digna de admiración" 83.

Y la acusación de Spencer, el gran pensador in­glés, es terrible: "Entre los europeos el sometido a la autoridad más absoluta es el pueblo ruso, obe­diente a la voluntad de un autócrata, y notoria es su extraordinaria falta de sinceridad" 84.

Y así, al símil de esos dictámenes tremendos so­bre el pueblo ruso, "El economista" traza con carbón la silueta del pueblo paraguayo. Su autor no ha de ser esclavo, porque de serlo en vez de ocuparse en pintar al Paraguay como a los negros rutinarios, sin inventiva y sin honor, de Dahomey, debía de defen­der el honor de Rusia cruelmente lastimado por Spencer, Fouillée y Boccardo.

Si el que escribe estas líneas fuese ruso, lo haría sosteniendo que en todos esos juicios falta la primera condición de la crítica justa, la bondad inteligente, la de un doctor Bertoni, por ejemplo, y que así la Rusia retratada no es la Rusia verdadera, como el Paraguay falsificado por "El Economista" no es el Paraguay del Coloniaje, ni el Paraguay de López, ni el Paraguay de hoy. Y sostendría que la Rusia verda­dera, dinamitera, pero casta, a veces terrible, pero noble casi siempre, está en las páginas de Tolstoy, llenas de bondad, de emoción y de belleza. Con qué gusto defendería a esa raza virginal que todavía no ha sentido el contagio de las razas delincuentes, y, sobre todo, porque, aunque quizá con poco discer­nimiento, se ha dicho del Paraguayo que era "el ruso de la América" 85.

Pero soy paraguayo y a pesar de mi buena vo­luntad, comprendo que debo defender a mi patria an­tes que a la ajena dejando el mancillado honor de Rusia a cargo de los rusos, quienes deben empren­derla de potencia a potencia con Spencer, Boccardo y Fouillée.

Y no es la vanidad nacional herida el motivo de esta defensa. Su necesidad se funda en consideracio­nes muy serias. Las que vienen.

 

NOTAS

80Novicosv: El Porvenir de la raza blanca, cap. 12, pág. 150.

81 Historia del Comercio, cap, 6º.

82 Temperamento y carácter.

83 El Globo.

84 La moral de los diversos Pueblos, cap. 5º.

85 Dr. J. Andrés Gellv, El Paraguay, lo que fue, lo que es, lo que será.


VIII

NECESIDAD DE LEVANTAR EL SENTIMIENTO NACIONAL

 

En ello se empeña Ricardo Rojas en la Argen­tina y se empeñaba Zorrilla de San Martín en el Uru­guay. ¡Perfectamente bien!

¿Por qué?

Hay que dar a los pueblos la conciencia de lo que son, la voluntad de ser, la fe soberana que centu­plica las fuerzas y acrecienta la energía moral, motor de todas las grandes cosas que se hacen en el mundo. "El anglo-sajón vence porque se cree superior", dice una inglesa 86.

"Individuos y colectividad, si tienen adquirida la conciencia de su propia fuerza, podrán estimular su energía y esto les conducirá al triunfo" 87.

Esa conciencia es el poder eficaz de las ideas, de Fouillee. "Las ideas son fuerzas que tienen su in­fluencia sobre nuestra conducta y que tienden a rea­lizarse por el hecho de ser concebidas" 88.

"Cuando el genio de una nación se olvida de sí mismo y se debilita, la nación parece próxima a des­aparecer. Cuando vuelve en sí y se reanima, la na­ción, abatida un momento antes, se endereza y ca­mina" 89.

Y queremos que el Paraguay abatido se levante, se enderece y camine, recordándole lo que fue y lo que en realidad es, sin mentiras ni tropos patriote­ros, oponiendo a la psicología falsa y calumniosa, la real y verdadera.

Y hemos de evitar el escollo en que se estrelló la psicología etnológica, guiados por un criterio in­falible.

Este criterio infalible es el de la historia. Si en el siglo XVI un observador, que no tenía por qué mentir, da ciertos datos y rasgos como típicos de un agregado humano, y otros que no se informaron en el primero, reiteran lo propio en los siglos XVII y XVIII, sin copiarse, y lo mismo repiten nuevos observa­dores del siglo XIX, en iguales o parecidas condicio­nes, entonces esas diferentes instantáneas, coinciden­tes en lo principal, al través del tiempo, probarían la realidad del original. En rigor probarían dos cosas:

1° Que los rasgos psicológicos, lejos de ser pu­ra fantasía, son rasgos visibles y palpables puesto que todo el mundo supo verlos o palparlos.

2º Que esos rasgos no se debilitaron con el tiem­po persistiendo en la fisonomía de la raza. ¡No se con­cibe la confabulación de los siglos para una mentira sin objeto!

Conste, en fin, que con la antorcha de la his­toria intentamos alumbrar el abismo de nuestra al­ma colectiva.

 

NOTAS

86Alice Corren: Anglo-axons and other.

87 Colajanni: Razas superiores y razas inferiores.

88 Fouilée: Novisimoconcepto del Derecho,

89 id.: Temperamento y Carácter.


IX

EL PARAGUAYO POR SU APTITUD PARA EL TRABAJO Y

POR SU INTELIGENCIA NATURAL, ES VARIEDAD HUMANA ÚNICA

 

"Si la astronomía es, en el fondo, un problema de mecánica y la fisiología un problema de química, la historia es un problema de psicología." (TAINE.)

"Hay variedades de hombres correo de toros y de caballos." (fn.)

La tesis enunciada en el acápite parece invero­símil. Es casi insolente; pero, o quedamos en ridículo o la probamos de inmediato, sin protocolo. Vengan las constancias de la historia, editas e inéditas, y los testimonios de los vivos.

SIGLO XVI. - De los orígenes sólo nos quedan datos dispersos, jirones de un medio social ya muerto, pero reuniéndolos con cuidado podemos encontrar lo esencial que buscamos, la estructura moral de nues­tro pueblo.

Fijémonos en lo que viene. La Asunción era como un fanal prendido en un desierto. La colonia, aislada, a mil quinientas leguas de España, tenía que bastarse a sí misma o perecer. No quiso perecer e inmediatamente de recibir Irala su título de gober­nador, "señalárnosle diputados y examinadores, para cada género de artes y oficios necesarios a la Repú­blica" 90. El Cabildo cuidaba de que en la ciudad no faltasen "sastres, zapateros, toneleros, carpinteros y demás oficios públicos" 91. La industria, la pe­queña industria necesaria para vivir, era la condición de la existencia colonial. Fuesen ingleses, rusos o cualesquiera, hubieran hecho igual y así procedieron los españoles y los mestizos paraguayos. En tiempo de Montoya en la Provincia del Paraguay "había oficia­les de todos los oficios" 92. Los diputados vigilaban los telares de la ciudad para cerciorarse si con ellos se podían tejer buenos lienzos 93.

Se fabricaba muy buena clase de pólvora, desde los primeros días de la conquista, pero de repente, en tiempo de Suárez de Toledo (1573), faltaron arca­buces. Cosa grave porque la colonia sólo podía vivir arcabuz en mano, entre la indiada alborotada.

El genio del mestizo salvó la situación. ¡Le con­taron el procedimiento y guiado por vagas indicacio­nes, sin maquinarias, con asombro de los españoles fabricó arcabuces!, habilidad de que se dio cuenta al Consejo de Indias 94, y no sabemos si los ingleses de aquel tiempo tendrían la destreza y la inventiva de nuestros paraguayitos, fabricantes de arcabuces 95. Seguramente no eran Edisons, pero dada la situación, eran más útiles que el mago de la mecánica moderna. Habilidad pasmosa para las artes manuales y temi­bles en la guerra, cantaba ya la fama. En el canto de sus hazañas, el Obispo rimador los presenta ya como "valientes y esforzados" 96.

SIGLO XVII. - Fenecía el siglo XVI y empezaba el XVII. El admirable fabricante de arcabuces y maestro en todos los oficios, bajo la vigilancia del Cabildo, era, ante todo, guerrero. Tenía que serlo en su ex­traña situación, rodeado de enemigos, para salvarse y salvar a la colonia y con ésta la civilización inci­piente. La guerra desarrolla aptitudes que duermen en los que no tienen necesidad de combatir para vivir.

Y tenemos la silueta del paraguayo, delineada, a principios del siglo XVII, por Ruy Díaz de Guzmán. Veamos lo que nos dice su pluma gentil y colorida.

" ... El día de hoy ha llegado a tanto el multi­plico, que han salido de esta ciudad de Asunción) para las demás que se han fundado ocho colonias de

pobladores correspondiendo a la antigua nobleza de que descienden. Son comúnmente buenos solda­dos y de gran valor y ánimo, inclinados a la guerra, diestros en el manejo de toda especie de armas, y con especialidad en la escopeta, tanto que cuando salen a sus jornadas, se mantienen con la caza que hacen con ella, y es común en aquella gente matar al vuelo, a bala rasa, las aves que van por el aire, y no tenerse por buen soldado el que con una bala no se lleva una paloma o un gorrión" 97.

SIGLO XVIII. - La colonia había crecido y había sufrido, estalla la Revolución de los Comuneros y se traba la célebre polémica entre Antequera y el Obis­po Palos.

Éste, un maldiciente, califica de ignorante a la Provincia del Paraguay, seguramente porque aquí no había Salamancas ni teólogos, y su formidable con­tendor le dice, desde Lima:

"Cuidado, su Sa. Ilustrísima, con equivocarse: Tengo hecho concepto que el menor de los vecinos del Paraguay sabe más que muchos que corren plaza de advertidos" 98.

Antequera alude a la inteligencia natural de todo paraguayo, a la potencia mental de asimilación y creación extraordinarias.

Y viene Anglés, y Gortari y encantado de lo que era el paraguayo, suma otros rasgos "De la educación del paraguayo nace el ser tan sufridos y aguantadoresen el trabajo, el hambre y demás calamidades y al mismo tiempo tan firmes y resueltos para defen­der el país" 99. ¿Para qué mentiría Anglés y Gortari, lo propio que Antequera? ¡El Paraguayo es héroe en la guerra y héroe en la paz -en el trabajo-, dictamen de Gortari!

Corre casi medio siglo y viene Pinedo, el que iba a fundar Villa Concepción, y sin haber podido leer a Gortari, calca el rasgo saliente: "Los naturales de esta Provincia son reputados por más constantes en el trabajo que otros ningunos y denominados por eso los gallegos de la América" 100. Salen bien para­dos otra vez los héroes del trabajo. Era la fama que aunque exagere algo, se apoya en algo positivo.

A ver ahora el dictamen de Azara, nuestro ilus­tre compatriota 101.

"Observándolos (a los paraguayos) encuentro que son más astutos, sagaces, activos, de luces más claras... no sólo que los criollos sino también que los españoles de Europa. Los paraguayos aventajan a los de Buenos Aires en sagacidad, actividad, estatura. y proporciones" 102. Es el resumen de veinte años de observación y estudio. Conste que el paraguayo em­pieza ya a ser mejor que cualquiera, en sagacidad y actividad. La cuestión es con Azara, quien no leyó a Pinedo ni a Gortari, inéditos en su tiempo, el pri­mero en España y el segundo en nuestro Archivo, ni probablemente a Antequera, y quien sin embar­go, en lo substancial, coincide con ellos y dice más que ellos porque estuvo más tiempo en el Paraguay, nos estudió más y era más naturalista. Notó que el paraguayo sabe más que quienes "corren plaza de advertidos". En otro libro reincide en su dictamen:

"El carácter del paraguayo es sereno y un poco flemático ... se explica con viveza y prontitud y tie­ne el entendimiento claro.

"Una de las prendas más admirables de esta gen­te es la hospitalidad" 103, rasgo de que haremos inci­dente en otra parte, adelantando solamente un con­cepto y es que el paraguayo parece creer con el sabio persa que "la vestidura del alma, en el otro mundo, está hecha de limosnas".

A Joaquín Alós, el que fundó el Fuerte Olimpo, le impresionó el pueblo paraguayo, como masa, y en su informe al Virrey Arredondo dijo: "No hay provincia más numerosa ni de mejor gente... Todos estos naturales, por lo común, son sanos y robustos, tienen suma firmeza y destreza. . . " 104. Con la frase mejor gente, se dice todo, sin entrar en detalles como Azara.

Lázaro de Rivera establece en la Asunción una fábrica de cables, de fibras de caraguatá y güembé, en que trabajaban los fabricantes de arcabuces del siglo XVI y que ni en eso ni en la fabricación de nai­pes pudieron ser igualados 105. Proveían de cables a la Marina Real.

SIGLO XIX. - En tiempos del Dr. Francia llega­ron al Paraguay, Rengger, naturalista suizo, y Long­champs, médico francés. Estudiaron seis años el país -hombres y animales-, y en su libro, citado por Con­vier, Darwin, Claus, Spencer, notable por su preci­sión y serenidad científicas, se lee: "Los paraguayos, generalmente dotados de mucho ingenio natural y de un carácter suave, son hospitalarios y generosos. . . Soportan las más grandes fatigas con valor y perse­verancia" 106. Enciéndase con la llama del patriotis­mo a esos que saben soportar "las más grandes fati­gas", "los gallegos de la América", a esa "mejor gen­te" que dijo Alós, a ese que "sabe más que quienes corren plaza de advertidos" -dictamen de Anteque­ra-, y darán batallas de siete días sin comer y sin dormir, sonriendo a la muerte "como se sonríe a una mujer". Pero queremos ser rectilíneos y evitamos digresiones.

En otro lugar, Rengger y Longchamps reiteran la inteligencia y la bondad de nuestra raza y sospe­chan que pueden llegar con esas alas a las cumbres superiores y cuentan que bajo la dictadura "con su inteligencia natural, los cerrajeros se hicieron armeros y bruñidores, los zapateros silleros, los orfebres fun­didores y los albañiles arquitectos" 107. Los que sal­varon la colonia fabricando arcabuces y ejerciendo todas las artes y todos los oficios en el siglo XVI, el maravilloso tirador del XVII, el aguantador y mejor gente del XVIII, es cualquier cosa que quiera ser en el XIX. ¡Testimonio de un sabio, Rengger, y de un médico, Longchamps!

Y hay otras constancias en los autos de la histo­ria. El Dr, J. Andrés Gelly era ciertamente paragua­yo, actuó en las borrascas argentinas, época de Dorre­go, después en la Banda Oriental a quien prestó servicios, viajó por Europa, donde se hizo amigo de Thiers, volvió a su patria y con un anónimo escribió El Paraguay, lo que fue, lo que es y lo que será, y allí dice que "el paraguayo es fuerte, inteligente, sufri­do" 108.

Y el más sabio jefe de Estado de su tiempo, Car­los A. López, ¿qué opinaba? Él sabía lo que eran sus compatriotas, y en su mensaje de 1854 afirmaba: "Es necesario que la Nación se baste a sí misma, es nece­sario que encierre en su seno todos los elementos de saber, poder y respetabilidad. Es necesario que pueda desplegar toda la fuerza intelectual y moral que pro­meten las excelentes cualidades que forman el fondo del carácter paraguayo." López no era hombre de adular a nadie, ni a sus compatriotas, con mentira de dudoso gusto.

Bermejo era español, realista, empeñado en ridi­culizar a las Repúblicas Americanas, que a la verdad se prestaban un tanto a la cosa, pero a pesar de sus burlas estampó lo siguiente:

"Hablando con justicia, los paraguayos son in­teligentes y aprenden bien pronto todo cuanto se les enseña." Son "susceptibles de toda clase de enseñan­za." "Son honrados y cumplidores de sus palabras." Conoció a muchachos "de talento prodigioso" 109. Es siempre la mejor gente, del tiempo de Alós, de exce­lentes cualidades -constancia de López-, o de ca­rácter suave, opinión de Rengger.

Pero necesitamos del testimonio de un inglés y allí está Witehad. Puso a competencia en el arsenal sus 50 obreros ingleses con otros tantos paraguayos y confesó, de plano, al Dr. Stewart, que no había comparación: ¡el paraguayo era superior! 110.

Y después del inglés, a ver lo que dice un belga, Du Graty: "El paraguayo es inteligente, de compren­sión rápida y fácil, le gusta aprender, tiene mucha aptitud para las artes mecánicas (artes en que derro­tó a los ingleses, en nuestro arsenal) y es más perse­verante en el trabajo que sus vecinos" 111. Parece que estamos oyendo a Azara, Rengger y Gortari. Y ya se sabe que una vez instalada la fábrica de hierro de Ybycuí, fue exclusivamente dirigida por paragua­yos (Du Graty).

Y viene otra cosa. Empieza la guerra, faltan apa­ratos Morse y el que inventaba arcabuces sin haber visto cómo se hacen, salvó otra vez la situación. Thompson toma la palabra:

"Se extendieron líneas telegráficas a Chichi, Sauce, Espinillo y Curupayty, cuando estos lugares fueron ocupados por divisiones del ejército. A falta de aparatos Morse, los telegrafistas paraguayos idea­ron un simple martillo de dos palancas, que susti­tuyó perfectamente al aparato "Morse", sirviendo con un número de esos martillos, todo el servicio, bastante recargado, de las nuevas líneas.

"Estos aparatitos eran modelos de sencillez y bastante prácticos para los telegrafistas paraguayos, que habían aprendido a recibir los despachos al oído, con notable precisión" 112.      

Thompson calla un dato importante, y es que había muchos ingleses y algunos alemanes y norte­americanos al servicio del ejército y de nuestro telé­grafo, y que ninguno de ellos fue capaz de suplir con su invento, la ausencia del aparato Morse. El único capaz fue el "paraguayito", el fabricante de arcabuces, "la mejor gente", el que sin cursar aca­demias sabe más que quienes "corren plaza de adver­tidos".

Y tal vez se tache de parcial al Mariscal López cuando juzga al soldado paraguayo, pero, ¿por qué recusarle? Quizá, y sin quizá, sea el mejor prez. El Mariscal sabría lo que eran sus compañeros de glo­ria, con quienes iba venciendo- fatigas y penurias. Era, sin duda, sincero en su contestación clásica a la intimación de los Aliados en Piquysyry, antes de los combates fabulosos. Decía a los generales en jefe del ejército enemigo:

"... Tengo la experiencia de más de cuatro arios de que la fuerza numérica y esos recursos (de los aliados) nunca han impuesto a la abnegación y bravura del soldado paraguayo que se bate con la re­solución del ciudadano honrado y del hombre cris­tiano, que prefiere abrir una ancha tumba en su Pa­tria antes que verla ni siquiera humillada" 113.Es la firmeza férrea para defender al país -juicio de Gor­tari-. Héroe del trabajo, inventor de cualquier cosa, en caso necesario, sea aparato Morse o arcabuz o nai­pes, de carácter suave y ciudadano honrado y, en la guerra, sin segundo. Pero hay más.

Los grandes técnicos ingleses que organizaron nuestros astilleros y fábricas, desaparecieron con la guerra, pero había paraguayos aprendices, y entre és­tos, el Alférez Giménez y el Capitán Thompson, en el arsenal improvisado de Caacupé, "establecieron en poco tiempo una fundición donde vaciaron obuses cortos y cañones rayados" 114.

Se ve que es gente que sabe sacar de apuros.

Inmediatamente después de la guerra, Wisner decía que la población del Paraguay es, "laboriosa, modesta, sobria" 115.

Pero demos datos actuales porque hay que po­ner punto. Un corresponsal de El Diario decía hace años que el paraguayo en los yerbales "no tiene rival" 116.

Y la autoridad del Dr. Bertoni es concluyente: "¿Cuándo se reconocerá que el brazo que saca la yerba de las florestas del Este y del Amambay ... ofrece diariamente un esfuerzo muscular sin ejem­plo en América?" 117.

¡Cuando desaparezcan los tontos y los malos, cosa imposible, docto amigo de nuestra patria!

Un argentino perspicaz, Jorge Obligado, vio lo que Bertoni y en unos versos titulados Los Mensu (peones del Alto Paraná), pronunció: "Los paragua­yos son los únicos cauces de realizar la faena de esos trabajos bajo los rayos de aquel sol."

Y un alemán (Wisner) sospecha que "el para­guayo está dotado de un sexto sentido". Nuestro ilus­tre compatriota, el Dr. Silvio Lofruscio, volviendo de Nanawa, sintetizó su juicio en este simpático ro­mance: "No hay cuestión. El paraguayo, sea solda­do, jefe o chauffeur, es fantástico." El gran oftalmó­logo cree que sus paisanos "son nictálopes", ¡que ven en la obscuridad!

Por todo lo cual estaba ya escrito: "Sólo el pa­raguayo puede con el pesado trabajo de los yerbales. El paraguayo soporta trabajos que matan al extran­jero" 118.

Quisiéramos meter a un pobre inglés en esas minas a ver si no revienta a los pocos días, o a los que creyendo vender psicología colectiva nos pintan con la tinta ácida de sus prevenciones inmotivadas. Estamos por decir que hasta nuestras mujeres, "no­bles Amazonas", según Antequera, son más resisten­tes en el trabajo, que sus críticos -pequeña vengan­za en honor de la airosa tejedora de ñandutí, mal parada también en esa psicología colectiva.

Rey de Castro: "La inercia del paraguayo es aparente, su actividad es efectiva. Los que no saben ver o hacen como que no ven, dicen de él que no trabaja. En el Brasil, en la Argentina y en el Uru­guay, se encuentran uniformadas las opiniones en cuanto a la inteligencia y destreza del obrero para­guayo. Es preferible al de cualquier otra nacionali­dad" 119. Era y es la mejor gente, en bravura, en re­sistencia, en perseverancia, en inteligencia natural, antorcha centelleante que, en definitiva, vale más que la instrucción libresca.

Y porque índices de la raza son también quie­nes rigieron su destino, recordemos a los que sobre­salieron por su talento.

Nadie negará la inteligencia de Hernandarias, "caballero calificado de mucho valor y esfuerzo", dic­tamen de nuestro Cabildo; "esclarecido en las artes de la paz y de la guerra" -elogio de Lozano-, "pro­bo, sagaz, activo" -juicio de Madero-, el primer americano que llegó al poder y lo ejerció seis veces, caso sin ejemplar en América y quizá en el mundo. Y Hernandarias era paraguayo.

También lo era el Dr. Francia, en quien Reng­ger vió "un hombre de grandes talentos, de mucho ingenio y gran penetración" 120.

¿Y Carlos A. López? Es el tipo de la raza. Fue profesor de filosofía en el Colegio Carolino, y sus leyes sabias y su sabia administración elevaron al Pa­raguay al primer rango de las naciones sudamerica­nas. Algún dia se le estudiará mejor y se verá que era un prodigio de equilibrio mental para su tiempo y para cualquier tiempo. Ducoudray, por intuición, le graduó de "grande hombre".

Y aunque los casos individuales prueban poco, diré también que un paraguayo, el Dr. Blas Garay, fue el único americano que tras dos años de resi­dencia en Europa, ¡volvió a su patria con cuatro li­bros admirablemente escritos! Uno de ellos, Las Mi­siones, será inmortal.

Y el resumen es que las constancias de la histo­ria y de los vivos certifican que por su trabajo mus­cular, por su inteligencia natural, por su ingenio, por su perseverancia, el paraguayo, fabricante de ar­cabuces en el siglo XVI, está en el primer rango de la especie. Su encumbrado puesto no cede a ingleses ni a demonios.

¿Qué loco se hará la vaga ilusión de llegar la tesis probada y requeteprobada con el testimonio coincidente, acorde, conexo, de tres siglos? Tantos muertos y tantos vivos consonantes en retratar al paraguayo, no pudieron haber mentido. ¡Tres siglos de testigos abonados!

Y, en fin, con la antorcha de la historia queda en transparencia la fisonomía de nuestro pueblo.

¿Y por qué el paraguayo es así como queda re­tratado?

Por las razas de que desciende, tema que pide otra corta disquisición.

 

NOTAS

90 Ruy Díaz de Guzmán: La Argentina, libro 3º, cap. 1º.

91 Archivo Nacional, vol. 2, Nº 27, Acta Capitular, 27 de junio, 1599.

92 Conquista Espiritual, II.

93 Trelles: Diccionario de Apuntamientos, verbo "Lienzos".

94 Colección Garay: Cartas de Dorantes al Consejo de Indias.

95 De los ingleses del siglo XVI se dijo que eran inhábiles y que detestaban la industria, al revés de los españoles y flamencos (No­vicow).

96 La Argentina, canto 2º.

97 La Argentina, libro 1º,cap. 18.

98 2º, carta, Nª 216.

99 Los jesuitas en el Paraguay.

100 Informe al Rey, Revista instituto Paraguayo, año 64, Nº 51 y siguientes.

101 Se sabe que en 1793 el Cabildo de la Asunción, "declaró a Azara republicano y compatriota en reconocimiento a los importantes ser­vicios prestados a la Provincia".

102 De los Pardos, Nº 5.

103 Viajes, Nos. 682 y 683.  .

104 Archivo Nacional, Nueva Encuadernación, Nº 3081.

105 Archivo Nacional, vol. 40, Nº 2, y Molas, Descripción.

106 Ensayo Histórico, Parte 2º, cap. 10.

107 Ensayo flistórico, Parte 1º, cap. 7°.

108 El Paraguay, lo que fué, lo que es, lo que será.

109 Repúblicas Americanas, caps. 16 y 19.

110 Carta citada del Dr. Stewart.

112 Guerra del Paraguay, pág. 164. Uno de esos ingeniosos telegra­fistas fue don Saturio Ríos.

Ver también Nuestra Epopeya, por O'Leary.

113 Centurión: Memorias, tomo 3°, pág. 310.

Coronel Centurión: La reorganización del ejército nacional.(Re­vista Instituto Paraguayo", año 2º N° 15).

115 "Revista del Instituto Paraguayo, año 4º, Nº 39, pág. 771. 110

117 El Paraguay, Nº 133.

118 Causas del Heroísmo Paraguayo.

119 La Clase Rural Paraguaya, IV.

 

 

 

 

XIII

EL PARAGUAY GUERRERO, CASO ÚNICO EN LA HISTORIA UNIVERSAL 143

 

Vamos a destruir leyendas, fábulas, con núme­ros, y poner de resalto realidades indiscutibles, con números también, en este mundo tan lleno de farsas y mentiras. La gloria, aureola que todo lo embellece, es tan cautivante que los pueblos que no la tienen, la inventan, la dibujan en su fantasía, pero lo que no se reduce a números no entiendo, decía Lord Kélvin. El Paraguay ha sido tan calumniado en la época de su terrible guerra, que es justo el desquite, aritmética en mano. Y vamos rectilíneos, sin digre­sión.

Ni Alejandro ni Aníbal ganaron batallas en la proporción de uno contra dos. - Fijémonos en los datos esenciales desechando las exageraciones que la crítica ha deducido a límites verdaderos, o casi ver­daderos.

Gránico: 35.000 macedonios vencen a 35.000 ó 40.000 persas (Arriano, Historia de Alejandro). Las falanges de Alejandro estaban mejor organizadas y mejor armadas que las huestes de Darío. Todas las victorias del primero en el Asia fueron en realidad victorias sobre bárbaros.

Cannas: Campo di Sangue.. . de fama inmensa: 50.000 soldados del astuto cartaginés, genialmente distribuídos, envuelven en un cuadrilátero de acero, paralizan y masacran a 76.000 romanos. (Mommsen, Historia de Roma). El ejército cartaginés como una bomba aspirante absorbió al romano y lo ahogó. Es lo más admirable que en punto a hazaña guerrera nos legó la antigüedad, pero únicamente en el caso de que los romanos hubieran sido 100.000, Aníbal habría tenido el honor de vencer a sus enemigos en la relación de uno contra dos.

Basta Humaitá, donde 3.000 paraguayos derrotaron a 12.000 aliados -uno contra tres- para obscurecer el brillo épico de Cannas. Y vamos a las guerras del gran corso, de prisa, sin perder tiempo.

Tampoco Napoleón venció a nadie en la pro­porción de uno contra tres. Datos cuidadosamente verificados:

Rívoli: 16.000 franceses con una formidable artillería que compensaba la diferencia numérica, derrotaron ciertamente a 40.000 austríacos, pero es evidente que no tenemos la proporción de uno contratres. El secreto de las victorias es­taba en su terrible artillería, como lo probaron Cha­rras y H. Houssaye.

Abukir (posterior a la batalla naval de este nombre): Turcos 16.000, franceses 6.000 y triun­fando éstos. "Extraordinaria batalla, la primera dé la historia de la guerra en que quedó enteramente destruído el ejército enemigo" (Thiers). El asombro cesa con saber que en el choque cuerpo a cuerpo los pobres turcos se defendían y atacaban, ¡con fusiles sin bayonetas! Y, de todos modos, 6.000 no constitu­yen la tercera parte de 16.000.

Austerlitz: Victoria de 70.000 francecess sobre 90.000 austro-rusos. Como en Rívoli, la artillería de los primeros, dos veces superior a la de los aliados. "Día el más memorable de la vida de Napoleón y uno de los más grandes de la historia" (Thiers). Va­nidad de vanidades... En apariencia, la victoria era de siete contra nueve, pero el ejército francés con su doble artillería que vomitó la muerte desde la altura de Pratzen, era como si fuese superior en número al enemigo. Así, muchos reflejos falsos en la aureola que circunda los nombres de algunas célebres ba­tallas. En Austerlitz no hay ni asomo del sacrificio de nuestro Boquerón, en que triunfamos en la, pro­porción de uno contra siete.

Awerstad: Vale más que Austerlitz. Davout con 26.000 franceses rechaza a 66.000 prusianos, victo­ria la más asombrosa del Imperio, pero, al fin de cuenta, tampoco tenemos allí ni la proporción de uno contra tres, Ita-Yvaté, donde 4.600 paraguayos ar­mados con fusiles de chispa, derrotaron a 25.000 ve­teranos, armados con fusiles de aguja -uno contra más de cinco- es sátira contra Awesrtad.

Eylau: 54.000 franceses vencen, a duras penas, a 80.000 rusos, mediante la ventaja consabida de su artillería, "superior a todas las artillerías de Europa"

(Thiers). Después los aliados, a fuerza de derrotas, le entendieron el juego al corso "que hacía y deshacía a cañonazos la historia" y le reventaron, también a cañonazos, pero sea lo que sea, no encontramos tam­poco en Eylau ni la relación de uno contra dos.

Bailén: 18.000 españoles hacen capitular a 9.500 franceses. Es natural que dos venzan a uno, pero esa derrota de Bailén es célebre y con razón, porque desvaneció un prestigio inaudito en los ana­les de la guerra.

Essling: 60.000 franceses arrollan a 90.000 aus­tríacos. Es, más o menos, la proporción de Eylau, muy lejos de la de uno contra dos.

Moscú: Napoleón con un ejército de 122.000 soldados y 580 bocas de fuego se estrella contra el de Kutusoff, compuesto de 140.000 rusos y 243 cañones. El francés, con más del doble número de cañones, en realidad no alcanzó la victoria (Kofman). Napoleón entró en el Kremlin "y allí estaba en el antiguo pa­lacio de los zares, en el solsticio de su pujanza, es decir, en aquel tiempo intermedio que parece se­parar la mayor elevación de la declinacion de los astros". Frase, nada más que frase: El Mariscal, már­tir del patriotismo, en las Lomas Valentinas, a cien metros de la trinchera y donde una bala le desató la corbata, es más grande que Napoleón en el Kremlin.

Leipzig: ¡La batalla de las Naciones! Allí 160.000 aliados derrotan a 115.000 franceses, victoria vul­gar de ésas qué se ven en cada encrucijada de la his­toria. No hay gracia en que el mayor número venza al menor.

Rothiére: 30.000 franceses pelean contra 100.000 austro-rusos. Napoleón se replegó perdiendo 50 ca­ñones. Se ve que su estrella no era muy milagrosa. Si hubiera ganado la batalla en esa proporción de 3 contra 10, hubiera tenido el honor de igualar a nues­tro Coronel Hermosa en Humaitá.

Arsis sur Aube: Franceses, sucesivamente 7.500 contra 14.000, después 13.000 contra 20.000 y, al fin, 50.000 contra 100.000. Napoleón fue derrota­do (Houssaye). Huyó protegido por el río.

Y basta de desflorar las guerras del Imperio. No queremos amenguar las glorias guerreras de la Francia, pródiga de su sangre desde los tiempos de Roma hasta la batalla del Marne, y que enciende ideas y las disemina por el mundo, pero la verdad sencilla es que nuestras siete victorias pueden sustituir a las treinta y dos victorias grabadas en el Arco de la Es­trella de París. Yta-Yvaté vale más que esas treinta, y dos hazañas. ¡Infinitamente más!

Y en América tampoco San Martín ni Bolívar ni Sucre registraron - hazañas en la proporción de uno contra tres, salvo en un caso. - Recordemos las cifras de los combatientes a vuela pluma:

San Lorenzo: 120 patriotas impulsados por San Martín deshacen a 250 'realistas. Uno contra dos. Allí sonó por primera vez el clarín del granadero, que fue repercutiendo de cumbre en cumbre. "La fama de su sableada a los marinos, exaltaba la fibra criolla" (Dr. Juan B. Guastavino).

Maipú: 4.000 patriotas destrozan a 5.500 espa­ñoles. Allí cayeron los vencedores de Bailén y está bien, pero convengamos en que dada la proporción a que acostumbró al mundo el Paraguay, no es gran cosa esa victoria.

Chacabuco: 3.600 derrotan a 2.000 realistas. No es maravilla que los más venzan a los menos, victoria de los que eran casi el doble que los ven­cidos.

Araure: 5.000 patriotas aplastaron a 7.000 es­pañoles, que perdieron la bandera invencible de Nu­mancia.. Bolívar en la acción y después en la perse­cución, fue un rayo contra Yanes.

San Mateo (1º acción): 3.000 veteranos al man­do de Bolívar contra 8.000 al mando de Boves. Diez horas de lucha. "Los realistas se retiraron escarmen­tados" (Lecuna), pero no fueron deshechos. Casi uno contra tres.

fd. (2º acción): Se señaló por el inmortal sui­cidio de Ricaurte, quien hizo volar el parque pere­ciendo con gran número de realistas. Es fama, quizáexagerada, que 1.800 patriotas dirigidos por Bolí­var alcanzaron la victoria sobre 6.000 enemigos. Fue­ra del Paraguay, la más notable gloria guerrera querecuerda la historia. Está más o menos, en lírica con nuestra batalla de Humaitá, de uno contra tres.

Carabobo (1º acción): 5.000 republicanos al mando de Bolívar derrotan a 6.000 realistas dirigi­dos por Cajigal (Lecuna).

Boyacá: Independientes, 2.000; realistas, 2.500 (Mitre) o 3.000 (Navarro y Lamarca). Triunfan los patriotas.

Carabobo (2º. acción): Realistas, 5.700; patrio­tas 6.400. Otra vez Bolívar con sus colombianos des­hace al ejército de La Torre.

Junín: Siete escuadrones de patriotas, 900 jine­tes, desbaratan a 1.200 realistas (Lecuna). Ni uno contra dos.

Ayacucho: 5.780 republicanos vencen a 9.310 enemigos (Lecuna), arrollándolos al Paso de Ven­cedores, orden de victoria que brotó del corazón de un héroe.

Resumen: Salvo San Mateo (2º acción), caso de uno contra tres, ningún encuentro se señaló por algo extraordinario que esté en línea con el logaritmo guerrero del Paraguay.

Y lo propio acontece con otros encuentros ame­ricanos muy vitoreados, desde las Piedras hasta Ca­seros. Es verdad pura y sin réplica posible, a escape vamos.

Las Piedras: 1.000 artiguistas vencen a 1.290 realistas.

Guayabos: Dorrego con sus 1.200 fue derrota­do por Rivera, que contaba con igual número. Lo único extraño fue el pánico de Dorrego y consortes.

Sarandí: Patriotas, 2.400; imperiales, 1.130, siendo victoriosos los primeros (Paula de Cidade). Sarandí suena con resonancia épica en la leyenda Patria.

Ituzaingó: Argentinos y orientales 10.557; bra­sileños, 6.527 (A. D. P., Apuntes para la historia de la República Oriental del Uruguay). El ejército imperial se retiró en orden. Se discuten las cifras. Casi cada autor las da un poco diferentes, pero nin­guno se atreve a sostener que hubo allí el caso de la victoria de uno contra dos.

Caseros: Rosistas, 20.600; aliados, 25.600 (Río Branco, Efemérides brasileñas). También se impug­nan estas cifras (Joso do Norte, A batalha dos Santos Logares, en Correio da Manha, 7 abril 1929). Parece indudable, sin embargo, que el ejército de Urquiza constaba de 28.190 hombres (Dr. Rodolfo N. Lu­que). Rosas se dio a la fuga, a pata de buen caballo. El carnaval del mundo... El tirano no fue capaz de morir en sus líneas.

Y, en fin, igual en otras guerras modernas. Sean los encuentros principales en la guerra franco-pru­siana:

Froeseswiller: Alemanes, 82.000; franceses, 41.000. Los primeros con artillería superior y fusi­les inferiores, destrozan a los segundos. El toque, al efecto épico, hubiera estado en que los 41.000 arro­llaran a los 82.000.

Gravelotte y Saint-Privat: Alemanes, 180.000; franceses, 125.000, otro desastre de los últimos.

¿Y Sedán? Napoleón III capitula con 100.000, sin condiciones. El espectro de Molke ... Ello es in­concebible en el Paraguay, en Chile, en la Argentina, en el Uruguay. Como contraste recuérdese nuestro último combate librado con 300 hombres: Los esque­letos de regimientos del Mariscal en Cerro Cora, "dormitaban al pie de sus lanzas clavadas en el sue­lo, muchas de las cuales no tenían hierros ni bande­rolas porque los hierros quedaron sepultados en el pecho del contrario y las banderolas se desflocaron con los vientos de cinco años y las pudrieron las lluvias" (Goicochea Menéndez). ¡Qué diferencia (ri­mó Víctor Hugo) entre el héroe del Aquidabán y el cobarde de Sedan!

¿Y en la guerra ruso-japonesa? Lo esencial:

Liao Yang: 203.000 japoneses victoriosos sobre 170.000 rusos.

Mukden: 350.000 íd., sobre 400.000, propor­ción que no es cosa del otro mundo, con perdón del general Oyama. En el Paraguay se han visto... y se verán cosas muy diferentes.

Concluyendo: La tesis enunciada queda victo­riosa, y para siempre:

Ni Alejandro ni Aníbal ni Napoleón ni San Martín ni Bolívar ni Sucre, ni después ningún otro capitán ni pueblo, pueden condecorarse con la glo­ria guerrera del Paraguay. Los números no mienten. Si el pueblo de Israel, según Renán, realizó un mi­lagro de santidad y el pueblo heleno un milagro de belleza, añadamos que el Paraguay realizó un mila­gro de heroísmo. Este milagro de heroísmo es tam­bién belleza sup  rema por ser del orden dinámico su­blime, y es santidad porque se ejercitó en defensa de la Patria. El Paraguay guerrero es caso único en la Historia Universal.

Y esto mismo se prueba, de otra manera, siem­pre aritmética en mano, en el capítulo siguiente.

 

NOTAS

143 Capítulo tomado de La Epopeya de los Siglos, donde sigue a Nuestros combates y batallas, en que el Paraguay triunfó en la pro­porción de uno contra tres (Humaitá), uno contra cuatro (Curupayty), uno contra cinco (ltá-Yvaté), uno contra seis (Bolas-cuá), uno contra siete (Boquerón o Sauce y Mbutu-Y) y uno contra once (Corrales).


 

 

XIV

EL PORCENTAJE SUBLIME QUE OFRECEN LOS DIOSES DE LA GUERRA

 

El Washington Post publicó un cuadro con el porcentaje de muertos y heridos en las más célebres batallas para concluir que la de Torreón, librada por Pancho Villa, con su 50 % era la que connotaba mayor sacrificio en la historia bélica del mundo. En la lista siguen Blenhein con 47 %, Waterloo con 40 y así la serie descendente hasta Sedán con su po­bre 12 %, casi igual al tanto de la batalla del Marne 144.

Pero la Esparta americana dio batallas y com­bates que dejan en ridículo los tantos por cientos de Torreón, Blenhein, Waterloo, etc. Desfloramos datos:

Piribebuy: De 1.600 muchachos quedaron fue­ra de combate 1.066. Sacrificio: 66 %.

Tuyutí: de 23.000 paraguayos sólo restaron 7.000 sanos. El sacrificio sube casi hasta el 70%.

Avay: 5.593 paraguayos atacados por 25 mil ene­migos. Muertos 3.600 y heridos unos 800, total 4.400. El sacrificio supera a Tuyutí: 78 %.

Mbutú-y: de 400 infantes que rechazaron once asaltos de una división enemiga, cayeron 340. única­mente el jefe y 60 soldados sobrevivieron. Sacrifi­cio: 85 %.

Ytá-Ybaté: De 4.600 combatientes paraguayos (muchachos, ancianos y heridos) que derrotaron a 25.00 veteranos, sólo quedaron 90 sanos. Sacrificio: 98 %.

Combate del Banco: El texto genuino canta: Ochocientos paraguayos atacan a los enemigos atrin­cherados y reforzados en seguida por varios batallo­nes. Mueren 500 y entre los 300 que volvieron a Ita­pirú "no había un solo hombre sano" (Thompson). Porcentaje que deja atrás al de las Termópilas (de donde uno se escapó): 100 %.

¡Morir el 100 % en defensa de la Patria! Proce­sión fantástica de héroes...

Es caso único en la Historia del Mundo. Nunca jamás el valor humano rayó a la altura de estos porcentajes -ni en Sagunto, ni en Numan­cia ni Jerusalén. Y véase cómo peleaban nuestros soldados para alcanzar la cumbre del supremo sacri­ficio, en la siguiente descripción:

Ytá-Yvaté. "¡Batalla de Gigantes como en Milton!" Eran 4.600 paraguayos 145, en gran parte mu­chachos, mandados en persona por el Mariscal, y las enemigos atacantes 25.000 veteranos bajo la dirección superior de Caxias, a quien "el Emperador había or­denado arriesgara hasta el último hombre, para daruna solución inmediata a la guerra" (Thompson).

Y a las 3 de la tarde, al impulso de Caxias, los 25.000 veteranos avanzaron en dos columnas, vale­rosamente, contra nuestros simulacros de trincheras, pues apenas hubo tiempo de darles dos pies de ancho y dos de profundidad (íd.),única defensa de los 4.600

soldados armados con fusiles de chispa y muy pobre artillería -16 cañones-. Y toma la palabra el Coro­nel Centurión, actor combatiente.

"En cuanto las dos columnas se encajonaron en los caminos que conducían a nuestras trincheras, los cañones vomitaron sobre ellas bombas y metrallas." Sólo contábamos con un Witworth tomado al enemi­go en Tuyutí y con quince cañones lisos, pero nues­tros artilleros, por su vista, su serenidad y precisión, eran los primeros artilleros del mundo. Cada colum­na enemiga, avanzando en filas cerradas, por los ca­llejones que las conducían al asalto, fulminada por la metralla inexorable, se replegó como una inmensa serpiente que se contrae en sus escamas al sentir el hierro en la cabeza.

"Pero nuevos batallones -va hablando Centu­rion- avanzaron y llegaron a la zapa de la trinchera y allí se produjo un terrible entrevero, cuerpo a cuerpo, a sable, lanza y bayonetas."

Y Von Versen, brillante oficial prusiano, testigoocular del terrible drama, puntualizó detalles que dan mejor que Centurión la sensación de la ba­talla. Lo que vió Von Versen es asombroso. Oiga­mosle:

Los enemigos "tenían mejores armas de tiro, superioridad que los paraguayos procuraban neutra­lizar con ataques continuos a la bayoneta". "Comba­tientes que recibían heridas leves seguían en las fi­las" y los heridos graves también, como Valois Ri­varola, quien con un balazo en la garganta, recibido en Abay, peleó otra vez en Ytá-Yvate y allí murió gloriosamente.

"Y oscilaba la batalla. . . "

El apuro crecía en nuestras filas y entonces -si­gue Von Versen- "los practicantes también empuña­ron las armas" y cosa que parece fantástica, "igual­mente tomaron parte en la lucha los inválidos a quie­nes en los combates anteriores (Ytororá y Abay), se les había amputado un brazo o una pierna", ¡a los 10 y 15 días de ser operados!

"Y oscilaba la batalla. . . "

Y Von Versen vio también lo que nunca se vio en las guerras europeas, salvo en España. Vio atónito, que "los propios Capellanes del Ejército, corrían a caballo, armados de lanza y de sable" sacerdotes con­vertidos en Centauros, con "la furia evangélica" que dice Guerra Junqueiro, en      el torbellino         dantesco, entreserpentinas de fuego. Defendían a su Patria entre las tormentas de la muerte.

"Casi todos los oficiales superiores estaban he­ridos sin que por ello las tropas dejasen de pelear con extraordinario fanatismo", y el prusiano anotó tam­bién con el corazón emocionado que batallones de heroínas bajo lluvias de balas, "rasgaban sus pobres vestidos para vendar a los heridos y cargaban con los mutilados que no podían andar."

"Y oscilaba la batalla. . . "

Parecía imposible, caso de demencia, que resis­tieran nuestros soldados, pero lo cierto es que resis­tían y la defensa inquebrantable corría pareja con la furia del ataque. El alma del ataque era Caxias, quien pensaba que sería una vergüenza para las armas del Imperio que sus 25.000 veteranos no anonadaran a 4.600 muchachos y heridos, en la loma maldita. Y sin cesar nuevos batallones brasileños frescos susti­tuían a los derrotados, empujados por oficiales vale­rosos. A toda costa, añade Von Versen, "Caxias es­taba resuelto a conquistar para los brasileños la glo­ria de extinguir esa diminuta tropa paraguaya com­puesta de soldados que ese día, el 21, habían pasado 24 horas sin comer."

A eso de las seis los enemigos con la brutalidad del número, perforaron por dos partes nuestras lí­neas, por el Norte y el Oeste; nos repelían, se esta­ban ya adueñando de la loma y llegaban hasta cien metros del Cuartel General. ¡Ansiedad terrible! Pero allí cerca, en el valle, entre las dos alturas, estaban los rifleros, unos 500 hombres, y a una sedal del Maris­cal se arrojaron contra los enemigos con delirante heroísmo. El choque fue espantoso. Cada descarga, una mortandad, y en seguida otra vez el entrevero cuerpo a cuerpo. El enemigo retrocedía ante los ri­fleros electrizados, pero volvía y al cabo nuestros Rifleros iban a ser arrollados también por el impulso creciente del enemigo.

¡Otro minuto supremo! "Oscilaba la batalla. . ."

Sólo quedaba en el valle la Escolta, que hasta entonces no había combatido, al mando del Coronel Toledo, anciano de 72 años. Eran unos 400 jinetes sin segundo. Habían estado inmóviles, sombríos, te­rribles, esperando la orden del ataque con los ojos fijos, ora en el Cuartel General "donde un pensa­miento superior giraba entre rayos y tormentas con el mismo desembarazo que el pensamiento de un Newton o de un Descartes en el silencio del gabi­nete", ora en el infernal entrevero de la loma donde se balanceaba nuestro destino. Y al fin el Mariscal dio la orden del ataque, y entonces gritando vivas a la Patria, se arrojaron como rayos contra los asal­tantes en socorro de los rifleros. Las espadas de nues­tros jinetes, cortantes como navajas de afeitar, empu­ñadas por manos de hierro, trazaron círculos de muer­te entre los pelotones enemigos. A sus golpes los troncos se partían en dos, volaban brazos y cabezas. Tres ataques llevaron con arrojo desesperado, el úl­timo secundado por los pocos oficiales que quedaban en pie, aunque casi todos heridos, y por unos cuan­tos marinos.

Rifleros y Escolta, casi todos, cayeron muertos o heridos, entre los primeros el Coronel Toledo, igual que los anteriores. De los 4.600, sólo quedaban 90 hombres sanos (Centurión), es decir, que cayó el 98 °/o, porcentaje inaudito, pero la batalla dejó de oscilar porque la victoria coronó aquel esfuerzo so­brehumano. Los asaltantes huyeron de la loma fatí­dica tan heroicamente defendida. Huyeron despavo­ridos y fueron perseguidos entre las sombras de la noche que sirvió de mortaja a la derrota espantosa. Testimonios irrecusables:

"Rechazamos el enemigo aquel día" (Centu­rión).

"La infantería brasileña no logró apoderarse de la loma" (Von Versen).

"Caxias no consiguió tomar la posición" (Mitre en una de sus notas a Thompson).

"Ytá-Yvaté fue un desastre para los aliados", confiesa el Barón Home de Melo, poniéndose en la verdad con más franqueza.

"Rechazo sangriento de mayores proporciones que el de Curupayty, no solamente por las pérdidas sufridas sino porque el enemigo tomó la ofensiva, persiguiendo a los brasileños fuera de sus trincheras", dice el General Garmendia, quien escribiendo 20 años después en Buenos Aires, se maravillaba toda­vía de aquella nuestra victoria inverosímil.

El Ilustre prusiano que durante cinco horas si­guió las sensacionales peripecias de la batalla, con­signó con sencilla elocuencia: "Los bravos paragua­yos se batieron como leones."

Y ya que hay constancia de que se batieron co­mo leones, no está de más una comparación ilustra­tiva con otros célebres leones de la historia. En Wa­terloo cinco batallones de la Guardia Imperial, 3.000 hombres, en el último asalto a Mont-Saint-Jean, sin combatir ni en la proporción de uno contra tres ni sin contar con heridos ni amputados, fueron derrotados por 8.000 ingleses, y al revés, en Yta-Yvate nuestros 4.600 soldados, en gran parte muchachos, practican­tes, capellanes, amputados y algunos marineros, sin comer y sin dormir 24 horas, combatieron en la pro­porción de uno contra más de cinco, con fusiles de chispa, salvo los pocos rifleros, vencieron y persi­guieron a los 25.000 veteranos armados con fusiles de aguja. Sólo las reservas de energía, latentes en los hé­roes, que dice Marden, explican el fenómeno. El al­ma, substancia que todo lo penetra, diría Regel, salvó y aventajó a la diferencia numérica y la diferencia de armamento.

Ytá-Yvaté, milagro de los dioses de la guerra, re­percutirá hasta la posteridad más remota con más ra­zón que Platea, Cannas, Austerlitz, Verdún y Marne.

Y el milagro presupone una voluntad inmensa en que el motor es tan sentimiento de fidelidad úni­ca a la causa nacional, a diferencia de tanta felonía y traición como pululan en el mundo. Este tema pide otro corto incidente.

 

NOTAS

144 Combatientes en el Marne 2.350.000, de ambos lados, y las ba­jas no pasaron de 300.000, un poco más del 12%.

145 Thompson dice cerca de 3.000; Von Versen, 3.500; Centurión, 6 a 7.000. Creemos acercarnos a la verdad con esta. cuenta:   

Activo del ejército en Lomas Valentinas en septiembre de 1868 (Centurión, tomo 3°, págs. 229 y 230. Thompson dice 10.000), 12.000 1º resta (Ytororó): 1.200 fuera de combate (Centurión, íd., pág. 271). Saldo de los 12.000: 10.800.

2º íd. (Abay): 3.600 cadáveres y 1.000 y tantos prisioneros, "más de la mitad heridos" (íd.,pág. 281) o sea pérdida total, 4.600. Saldo, de los 10.800: 6.200.

Es lo que debiera estar en el Cuartel General el 21 de diciembre, pero hay que hacer otras operaciones.

Tropas destinadas a defender la trinchera de Pikysyry: 1.500 (Cen­turión, íd., pág. 288). Saldo de 6.200: 4.700.

Guarnición de Angostura; 700 (íd.,íd., pág. 323, Thompson,-íd.). Saldo de los 4.700: 4.000.

Y hay que añadir a esta cifra dos sumandos: De los prisioneros de Villeta, caídos en Abay, se escaparon y se presentaron a López 200 (Thompson, pág. 332) y de Pikysyry donde cayeron 900, se replegaron sobre Itá-Yvaté 600. Es decir, que tenemos 800 hombres que sumar a los 4.000 anteriores. Son 4.800. Es lo que el 21 de diciembre, cuando empezaba el furor del ataque, debiera estar bajo bandera en la loma.

Pero en el total del ejército, antes de Ytororó y de Abay, desde septiembre al 21 de diciembre, en cuatro meses, habrían muerto de enfermedad y enfermos graves y tal vez, algunos desertores, pasivo que calculamos, por lo bajo, en 200.

Y así el saldo definitivo resulta 4.600, probablemente un poco menos.

Lo que nos deja siempre intrigados es Von Versen con sus 3.500.

Era militar inteligentísimo, estaba cerca de las trincheras, todo lo vió y tan bien que lo puntualizó a maravilla, mejor que Centurión, infi­nitamente mejor que Thompson. ¡Y Von Versen quizá esté en la verdad! Veamos por qué:

Sacando el promedio de las cifras de Centurión (12.000) y de Thompson (10.000), tendría López en septiembre 11.000, y con las restas y sumas que hemos visto, estarían en las trincheras de Itá-Yvaté, el 21 de diciembre, para el terrible choque, solamente 3.600, ¡casi la misma cifra de Von Versen!

Y sin embargo optamos por los 4.6000 para resistir a todos los embates de la crítica en nuestras conclusiones sobre la batalla su­prema.

Los 6 o 7.000 de Centurión se explicarían con admitir que en ellos se incluye la guarnición de Angostura y los defensores de Pi­kysyry. El total sería así de unos 6.800.

Y lo que sale en limpio es que a lo más, en Itá-Yvaté pelearon 4.600 paraguayos contra 25.000 enemigos. Parece cuento tártaro...

 

 


 

XVII

GEOGRAFÍA HUMANA: ADMIRABLE MEDIO Y ADMIRABLE RAZA PARA UNTA NACIÓN ADMIRABLE

 

Resumiendo el contenido de seis o siete mono­grafías (Causas del Heroísmo Paraguayo, Heroísmo y Tiranía, La Nación, Las Razas y el Destino, etc.), vamos a lo que, en parte, los franceses llaman Geo­grafía Humana. Reiteramos adrede los datos relati­vos a la raza, acentuándolos.

EL MEDIO. - ¡Causa permanente de efectos per­manentes! Altura del Paraguay sobre el nivel del mar, de 80 a 500 metros, una de las más favorables para el desarrollo integral de la economía orgánica (Rat­zel). Hierro, manganeso y arsénico esparcidos en el suelo y disueltos en el agua en proporciones singu­lares. Suelo metálico que nutre organismos metáli­cos, zona de truenos y relámpagos como no los hay en otras partes, con la consiguiente producción de

ozono, oxigeno concentrado, que purifica la atmósfe­ra y vitaliza el cuerpo. El pluviómetro marca de 1.500 a 1.800 milímetros por año y el drosómetro el 10 % de esa cantidad. Otro dato interesante es que a diferencia de casi todas las demás regiones del glo­bo, el 70 % de su superficie está revestido de selvas. Esa flora inmensa, de riqueza terapéutica inagotable, defensa de la raza, alimenta fácilmente, Poderosa­mente, a la planta humana. Con sus grandes ríos y el encaje de sus arroyos, es el país mejor regado del Universo. Se cree que las aguas del Alto Paraná con­tienen "radium", o sea que este mineral prodigioso se encuentra en el barro de sus lechos. Su temperatura media es entre 22° 02 y 4° 4 (Anisits), que casi nunca causa insolación y es que el aire seco, facilitando la transpiración, equilibra el calor interior con el exte­rior, aire de sin igual transparencia (Dr. Bertoni), en continuo movimiento (Wisner), al cual se adapta la pupila perspicaz del paraguayo, espejo de su sol brillante. Hemos dicho en el Instituto Popular de La Prensa (Buenos Aires): "El Dr. Bertoni, que es­tudiaba nuestro medio desde hacía 25 años, dudaba que hubiese otro país donde la atmósfera sea tan transparente y pura como en el Paraguay y se sospe­cha entonces que el fuego de nuestro sol, aparte de su poder bactericida y terapéutico, ha de ejercer su eficacia actínica con más energía que en otras partes sobre el torrente de las ideas. Es, de fijo, otra de las causas del natural despejo de todo paraguayo." Luz es vida y es fuerza cerebral, inteligencia. Si el carbón

de piedra aprisiona y atesora calor solar en sus mo­léculas (Berthelot), ¿por qué el cerebro, espejo vivo y mágico del mundo, no ha de atesorar en sus células, luz de ideas, con el sol más o menos re­fulgente de la patria? En relación con otros países, es raro el uso de los anteojos en el Paraguay -observa­ción de un oftalmólogo-. La raza sumergida duran­te siglos en ese fluido seco y tenue tiene que ser más rápida y flexible que quien vive bajo la presión de una atmósfera caliginosa, inclemente. Por cada movi­miento del soldado extranjero, da tres el paraguayo -afirmación de un militar-. Ello se nota también en nuestros "futbolistas" o aunque poco entrenados, "a su rapidez se deben sus victorias" -impresión de un inglés-. Todo el mundo sabe que con frecuencia el paraguayo se bate cuerpo a cuerpo con el tigre y lo mata a puñaladas. Es tan elástico como ese rey de nuestras selvas.

La mortalidad media, que es de 22 por mil en otras poblaciones, era de 16, antes de la guerra, en el Paraguay (Wisner). En una palabra, país singu­larmente sano, Paraíso del mundo (Azara, Hosking). Los extranjeros que han sentido sus encantos no lo olvidan. Sus selvas hechiceras se apoderan del hom­bre con caricias de mujer: ¡Admirable medio, ele­mento estático, para una Nación admirable!

LA RAZA. - Casi enteramente blanca, la Raza de la Aurora, eje de la historia, que dice Gobineu: Por cada cien blancos apenas diez y seis de color, mientras en los demás países americanos por cada cien blancos dos mil quinientos de color (negros, mula­tos o indios). Fuerte con fortaleza de acero, la única capaz de soportar los trabajos de los yerbales, sobria, cualidad que le permite remar o combatir días y días sin comer y sin dormir, con tal de tomar la infusión de la yerba-mate, su alimento de ahorro; inteligente, sagaz, condición de éxito en la guerra -ya lo decía Tucídides-, porque "las batallas consisten principal­mente en el choque de las fuerzas psíquicas" (Capi­tán Dantom Teixeira). Militar nato, estratega por ins­tinto. Alma ancestral de más de 32 Mayorazgos (P. Techo), sin rival en el Nuevo Mundo, "estirpe la más esclarecida que vino de Europa", se lee en un docu­mento de nuestro Archivo.

A Rodrigo Soriano le llamó la atención que "los paraguayos caminaran altivos, con gestos de prínci­pes". ¡Es que lo son! Descendientes del Príncipe Do­ria en la Asunción 150 y San Pedro, de los Cabañas de Ampuero en Caapucú, de los Hurtado de Men­doza y de los del Conde de Castro Jerez, gentil hom­bre del Emperador Carlos V; de Salazar y Espinosa, Condestable por decreto del mismo; de Centurión, "cuadralvo de las galeras del Príncipe Andrea Do­ria" (Lozano); de Antonio de Añasco, "la más hidal­ga sangre", bisabuelo del General Caballero (O'Lea­ry), del Gobernador Corbalán (la familia Lamas), de Rojas de Aranda, pariente del del célebre Conde: de Joaquín Goiburú, uno de los últimos nobles llegadosa la Asunción; otros nobles de España, los joevenesllanos, colaterales de Gaspar Melchor de Jovellanos; Alfaros que confiesan su estirpe en el célebreVisitador; en Villa Rica, descendientes de un Virrey del Perú (la familia Papalucá, línea materna), los Vera a y Aragón en Villeta, Ortiz de Zarate y Vergara, en todas partes; y tantos y tantos, en cada pueblito y en cada aldehuela de la campaña. ¡Hay cada blasón de­mocratizado! Como en la cadencia de Manuel Ma­chado, el Paraguay puede cantar:

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo. No se ganan, se heredan, elegancia y blasón.

Y los que no eran Grandes de España, por su san­gre, lo eran por su alma, las almas más fuertes de su siglo, símiles de las que vencieron el planeta con la nave Victoria de Sebastián Elcano. Los Chaves, Ga­ray, Irala, Hernandarias, Melgarejo, Ruy Díaz de Guzmán. Ortiz de Vergara, Ponce de León, García de Mosquera, Hernando y Francisco de Ribera, ca­minaban 5.000 leguas a pie, en pos de sus quimeras cautivantes y fundaban ocho ciudades desde Santa Cruz de la Sierra y Jerez hasta Buenos Aires y desde Concepción del Bermejo hasta Ciudad Real, cerca de la estupenda catarata, civilizando casi medio con­tinente. Hombres de honor y de hierro que, como se probó en la guerra, soporta dolores atroces sin quejarse, muy capaces de atropellar acorazados en ca­noas, abordajes nunca oídos ni leídos en la historia de la bravura humana y que presenció el Río Para­guay; capaces de pelear "individualmente con batallo­nes enteros" (Thompson), escena singular que se vio en Lomas Valentinas, y muy capaces también de caer como el rayo "con cuchillos y machetes sobre trin­cheras defendidas con ametralladoras" y de tomarlas, cosa que causó impresión profunda a Gonzalo Bul­nes 151, capaces de derrotar en la proporción de uno contra cinco a 25.000 veteranos, victoria que, en esa proporción, no se vio jamás ni en los mil años de Roma ni en las decantadas batallas napoleonicas, y se vio en Itá-Yvaté, en la Esparta Americana. Son­ríen a la muerte. . . y, ya se sabe, "el que no la teme es grande como el mundo", dice una heroína de Echegaray. En fin, terribles en la guerra, mansos en la paz. No sabemos ni de cuerdos ni de locos, decía­mos en otra ocasión, que hubiesen realizado sus pro­digios de energía. Y aquellos hombres de honor y de hierro nos transfundieron su sangre con el fuego de su corazón. En Corrales, en Boquerón, en Itá-Yvate, y ahora en el segundo Boquerón, en Pampa Grande, Campo Vía, tanto como los vivos peleaba y está pe­leando por el Paraguay el ejército invisible de los muertos. Raza pura, decía Pallejas, cifra o resumende los Gigantes de la Conquista, de su orgullo, de su cielo, de sus corrientes electro-magnéticas, de su aire y de sus selvas. Admirable raza, elemento dinámico, para una Nación admirable.

 

NOTAS

150 Uno de los descendientes de aquel Príncipe, el cadete Oscar Otazú, murió heroicamente en los primeros ataques a Boquerón y fue ascendido a Teniente. Era un hermoso adolescente y su arrojo prueba que en sus venas hervía la sangre de los ilustres Dorias genoveses.

151 Hay allí (en el Chaco) un depósito inextinguible de fuerza moral que irradia en todos los contornos el esplendor de su gran­deza", dice don Gonzalo Bulnes, comentando el hecho inaudito.


 

XVIII

SÍNTESIS Y CONCLUSIONES

 

Damos la síntesis a manera de simple pron­tuario.

¿Dónde, en América, como en el Paraguay, se construyeron tantos caminos, puentes, iglesias, etc., y a la vez se establecieron fundición de hierro, fábri­cas de papel, azufre, pólvora, etc.? ¿Dónde, cuándo, se repartieron al pueblo tierras, dinero, vestuario, herramientas y, sobre todo, ganado vacuno? ¿Dónde todo el mundo propietario? Ni en Francia con su venta de bienes nacionales. En punto a pordioseros, en el Paraguay no los había y en la misma Francia hay en la actualidad 300.000 (Pou), un ejército. Está sin imitadores la solución agropecuaria que dio el Paraguay al problema social. No teníamos analfabe­tos, caso único, salvo ahora Norte América.

¿Dónde, fuera del Paraguay, funcionó .ni funcio­na la Escuela-Taller, remedio heroico contra el proletariado. intelectual? ¿Dónde se hizo el trabajo obli­gatorio en la primera mitad del siglo XIX y ni ahora, salvo los ensayos de Rusia y Bulgaria?

En ninguna parte se crearon tantos factores de progreso, marina, vía férrea, telégrafo. ¿Cuántos fe­rrocarriles había en el Brasil, la Argentina, el Perú, etc., en 1856? Ninguno. ¿Qué lista de extranjeros útiles contratados en Europa puede compararse a la del Paraguay? En casi toda América se les negaba el derecho de adquirir propiedad y hasta se les colgaba de los árboles.

El Paraguay era el único país con moneda sana y ninguno competía con él en producción. Nadie le ganó ni le gana en trabajo, en resistencia, inteligencia natural.

¿Qué agregado humano americano fue más no­ble por su cuna y ofrece, en relación, tanto predomi­nio de la raza blanca, dueña del mundo? En la raza está el destino.

¿Qué Nación era más hospitalaria que el Para­guay? ¿Dónde se concedía protección a los emigrados políticos en masa, ni ayer ni hoy? En algunos países deben darse por bien servidos si no los reciben a palos o no los echan al agua.

¿En qué época, en qué clima, hubo 67 procesa­dos por año en cada millón de habitantes? Es sátira contra la maldad universal. En el Paraguay no había rateros ni para remedio, y el General inglés Fuller acaba de tener la franqueza de decir que "el mundo se ha convertido en una cuadrilla de ladrones". Boni­ta civilización. Viendo cosas semejantes el Cándido de Voltaire entró llorando en Surrunam . . .

En fin, ¿en qué lugar del planeta eran tan puras las costumbres como en el Paraguay? ¿Qué puebloguerrero, desde Esparta y Tebas hasta los pueblos modernos más valientes, puede compararse con el Paraguay?

Y las conclusiones son ciertas, irreducibles:

a) El Paraguay era superior a todos los demáspaíses americanos, en todo concepto. Sólo en el Para­guay se vieron y se realizaron todas las cosas grandes, buenas y bellas que hemos visto. Era el pueblo más civilizado de la América del Sur, en el sentido más elevado y evangélico del vocablo.

b) Superó a todas las naciones europeas en ins­trucción primaria y trabajo obligatorios, Escuela-Ta­ller, hospitalidad, protección a los emigrados, ausen­cia de crímenes y delitos. Y en la guerra eclipsó a todas las glorias militares que en el mundo hubo. El Paraguay es el Walhalla, Paraíso de Odin donde viven los dioses de la guerra.

Post-data

Y éste es el pueblo al cual agredió Bolivia, con­tra derecho, contra justicia, usurpando su Chaco Bo­real, sin sospechar el enorme capital guerrero que representaba el agredido por su raza homogénea, por su inteligencia, por sus virtudes, fuerza moral impon­derable, por el orgullo de sus glorias.

Y así le fue ...

Sin armas, sin ejército, sin plan de defensa, el Paraguay todo lo creó, armándose a costa del enemi­go, improvisando batallones, defendiéndose primero a machetazos -manera de combatir que no se enseña en ninguna Escuela Superior de Guerra-, y llevó a Bolivia de derrota en derrota, de vergüenza en ver­güenza, como ejemplo, enseñanza y escarmiento.

Y lo principal de la nueva Epopeya que está es­cribiendo la Esparta Americana se verá en otro tomo.

 

 

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