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VÍCTOR-JACINTO FLECHA

  LA PERVIVENCIA DEL ESTADO OLIGÁRQUICO - CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA GUERRA DEL CHACO EN LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA PARAGUAYA (VÍCTOR-JACINTO FLECHA)


LA PERVIVENCIA DEL ESTADO OLIGÁRQUICO - CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA GUERRA DEL CHACO EN LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA PARAGUAYA (VÍCTOR-JACINTO FLECHA)

MÁS ACÁ DE LA UTOPÍA BURGUÉS

LA PERVIVENCIA DEL ESTADO OLIGÁRQUICO

(CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA GUERRA DEL CHACO

EN LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA PARAGUAYA)

VÍCTOR-JACINTO FLECHA

 

 

Programa de Estado y Sociedad

BASE Investigaciones Sociales

Marzo, 1990

Asunción, Paraguay

 

Documento de Trabajo No. 21

Este trabajo forma parte de un apoyo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) a través de su Programa de Asistencia Individual Py. 03, al investigador. Es el primero de una serie de tres, en que se analizará el “Estado militar autoritario y los partidos en el Paraguay Contemporáneo”.

 

 

 

CONTENIDO

 

1. Presentación

2. Consecuencias sociales de la Guerra del Chaco. La revolución nacionalista de febrero de 1936. La emergencia de los militares en el poder.

2.1 Introducción

2.2 Consecuencias sociales de la Guerra del Chaco

2.3 Clima Coyuntura. Ineptitud del Partido Oficialista para transformarse a sí mismo y al Estado.

2.4 Método de reclutamiento y crisis: De una práctica social paternalista a una clasista.

2.5 Los militares internalizan la idea de que son el pilar fundamental para los cambios.

3. La “Revolución” de febrero de 1936. Irrupción militar en las estructuras del poder.

3.1 Primer acto: El entusiasmo revolucionario.

3.2 Segundo acto: El desenlace del nudo.

4. Reflexiones finales

4.1 Consideraciones acerca de la Revolución Febrerista.

4.2 Reflexiones acerca de la derrota burguesa.

4.3 El Estado surgido en febrero de 1936.

Notas.

 

 

PRESENTACIÓN

El 3 de febrero de 1989, un golpe militar derrocó al Gral. Alfredo Stroessner, después de haber permanecido cerca de treinta y cinco años como Jefe del Estado. Con este hecho se ha abierto algún espacio de libertas, pocas veces visto en el Paraguay, en donde al parecer, se pudiera estructurar un nuevo “pacto” entre la sociedad civil y la sociedad política.

De ahí la pertinencia de un trabajo investigativo que pudiera poner en evidencia e historia acerca de la constitución, el desarrollo y la posible quiebra del sistema político militar autoritario que desde 1936 impera en nuestro país. Sobre todo si se piensa que la última dictadura ha succionado la memoria histórica de la población, para mejor asentar su dominio. La recuperación de tal memoria es parte del proceso liberador de los traumas que incubaron en esta sociedad las estructuras autoritarias y que todavía hoy no dejan de agobiarla.

Por ende, la temática de la investigación del trabajo se inscribe en el marco de una trilogía, que intentará abarcar todo el período militar, siendo ésta la primera, la segunda: “El Empate catastrófico (1937-1947)” y la tercera versará sobre “La longeva dictadura (1954- 1989)”.

Ahora bien, no debe verse en él, el resultado de una investigación acabada sino más bien un trabajo explorativo de la realidad contemporánea paraguaya. Son hipótesis tentatorias del inicio de una tarea a pesar de que la misma tiene como sustrato toda la documentación publicada hasta hoy. Nos falta aún una investigación de campo, en archivos, repositorios privados y testimonios directos, como para poder cuantificar un sinnúmero de elementos que Juegos de Futbol hacen al análisis, sobre todo teniendo en cuenta la vieja tradición de los analistas paraguayos como es la de buscar soluciones teóricas a problemas teóricos, o por el contrario, centrarse en un rastrero empirismo son ningún marco teórico referencial.

La inexistencia de una teoría de las clases sociales en el Paraguay dificulta, indudablemente, un análisis más sustanciosos de la problemática de la sociedad civil y el Estado.

Pero es hora que avancemos, sea como fuere, hacia un rigor científico medio general. Y para ellos solo el cotejo y la discusión amplia entre la comunidad intelectual puede ayudarnos. En ese sentido se inscribe la publicación del presente Documento de Trabajo. Ruego a mis colegas y amigos el preciado bien de donarme su tiempo y su saber para que mi nave pueda llegar a buen puerto.

La elaboración de esta monografía, cuya preocupación e inicio vienen desde mi largo exilio, pudo ser factible gracias al Programa de Asistencia Académico Individual de CLACSO.

Este trabajo consta de cuatro partes fundamentales, siendo la primera esta presentación; la segunda analiza el espacio político-social en que se incuba el proceso revolucionario, el tercero se ocupa de la revolución misma y en el cuarta se hacen algunas reflexiones a modo de conclusiones.

VÍCTOR-JACINTO FLECHA

Asunción, marzo 1990

 

 

REFLEXIONES FINALES

 

4.1 CONSIDERACIONES ACERCA DE LA REVOLUCIÓN FEBRERISTA

 

La guerra del Chaco conmocionó hasta sus raíces a la sociedad paraguaya. Al término de ella se produce por primera vez, un entrecuzamiento entre el aspecto social y el de la recuperación nacional. En este último la mostandad, el sacrificio y el heroísmo cotidiano, le devolvieron plenamente la confianza en sí mismo, como pueblo “victorioso”. Pero esta reafirmación no iba acorde con las perspectivas no cambiadas de las relaciones sociales y políticas en que esta sociedad estaba inmersa. Esta constatación, “esta toma de conciencia” de la realidad, por grandes sectores de la población no supone, desde ningún punto de vista, una rebelión automática de las masas. Entendida ésta como una fuerza social productiva dentro de la estructura general.

La revolución de febrero de 2936 se construyó sobre un sordo rencor social, no por eso fue un desbordamiento de masas. Es cierto que contó con la participación de obreros en el levantamiento a nivel de la capital del país, pero en esencia la forma no se diferenciaba de los múltiples golpes de Estado. Es como si las cosas se decidieran como siempre en la cúpula.

Ninguno de los sectores sociales participantes del proceso de febrero de 1936 tuvo la suficiente capacidad como para construir dentro de la sociedad su universo ideológico, con fuerza para arrastrar tras de sí a las masas. Por otro lado, tampoco existió un solo sector con un proyecto coherente y preciso sobre cuya base pudiera construir su hegemonía social. Más aún, no sintieron la necesidad de implementar un trabajo organizativo desde abajo, con la única excepción de los sectores de izquierda.

Producido el asalto al poder por pare de los militares nacionalistas, éstos no supieron que hacer en él. Rápidamente llaman a Rafael Franco, en el exilio en ese momento y éste ocupa la Presidencia de la República, a pesar de que, según testimonio del jefe de la sublevación , el Cnel. Smith, existía un candidato civil, el fascista Gómez Freyre Esteves. Franco desde la presidencia, tampoco sabe qué hacer ni siquiera con las contradicciones ideológicas y prácticas entre los miembros de su gabinete. Un abigarrado esquema de sectores políticos e ideológicos emerge como posibles “partenaires” de los militares.

El proceso político, iniciado el 17 de febrero, en un principio cuenta con el apoyo de todos los sectores no oficialistas. El Partido Colorado (sector nacionalista de derecha), sectores con “preocupaciones sociales” (reformista burgués) del Partido Liberal, la Liga Nacional Independiente (nacionalista de reforma burguesa), el sector pequeño de izquierda, que durante toda la década del ‘20 fue conformado, sobre todo dentro del ambiente estudiantil e intelectual, el Movimiento Obrero, muy influenciado por el Partido Comunista.

Ninguno de estos grupos lograron ganar la hegemonía del proceso, ni siquiera la Liga Nacional Independiente, ya que ésta no tuvo apoyo de las bases populares, sino exclusivamente fue la “contraparte” de algún sector militar. Este vacío hegemónico de los movimientos sociales emergentes, que se supone eran manifestaciones de sectores sociales, pudiera explicarse a través de la conformación estructural de la sociedad. Todavía la nuestra era una sociedad abigarrada 69/, es decir, desde el punto de vista de su no estructuración en clases sociales constituidas como tales. Entonces los sectores emergentes circulaban aún dentro de una atmósfera corporativa. Las dos clases fundamentales surgidas con el proceso de “modernización”; la burguesía y el proletariado, era débiles estructuralmente.

Por ello, quizás, los sectores políticos anti-oligárquico no tenían una imagen y menos un proyecto político para reemplazar al Estado Oligárquico. Vagaban erráticos entre un costado y otro. La clase obrera se debatían entre las declaraciones “revolucionarias” de cambio radical de la sociedad y del Estado, en tanto tenían un proceder práctico corporativo. Todas las huelgas y paros se ubicaban en el estrecho marco de las reivindicaciones económicas. Con la sola excepción de la huelga general del 12 y 13 de mayo, que fue derrotada. Si bien el movimiento organizativo sindical se expandió y llegó incluso, por primera vez en forma general, a los propios enclaves tanineros y yerbateros 70/, no significaba todavía la internalización de su propia ideología. La clase obrera paraguaya estaba aún divorciada de su propia imagen, que al final de cuentas es, de donde fluye su fuerza política. Su debilidad se transparentará cuando la ofensiva del sector fascista: apresan y deportan a sus dirigentes, intervinieron sus sindicatos, destituyen al miembro de izquierda del gabinete, ella se declara en huelga, pero no logra obtener por sí mismo esta ofensiva reaccionaria . La burguesía, por su parte, también se mostró incapaz de lograr una hegemonía política e ideológica para imponer un proyecto de desarrollo global a la sociedad. Un proyecto revolucionario negador del tradicionalismo, de las jerarquías que pudieran suprimir la herencia de la sociedad oligárquica.

 

4.2 REFLEXIÓN ACERCA DE LA DERROTA BURGUESA

 

Marx decía: “La burguesía alemana ha evolucionado tan débilmente, tan perezosamente, con tanta lentitud que en el momento en que se expresa su hostilidad al feudalismo y al absolutismo se declaró hostil al proletariado y a todas aquellas capas de la población urbana cuyos intereses e ideas estaban asociados al proletariado” 71/. De aquí podríamos deducir cierto aspecto fundamental para analizar la revolución burguesa dentro del capitalismo tardío en la etapa imperialista y en situación de países dependientes: la emergencia junto a la burguesía de una clase obrera y de sectores populares como fuerzas socialistas, con un grado relativo de organización y con algún proyecto, por lo menos, mínimamente autónomo. Es decir, que dejan un poco, aquello que dice Sartre, que “el esclavo se mire a través del ojo del amo” en tanto que su lucha adquiere doble sentido, uno contra el tradicionalismo y, otro, contra la propia burguesía, por conquistar un espacio dentro del esquema burgués de organización social.

Para la transformación del interés de clases de la burguesía en interés general de la sociedad e influir hasta en sus prejuicios debe necesariamente recogerse las conquistas de los grupos subalternos. Es decir, que la construcción de la hegemonía pasa por la sabiduría de la clase dominante en saber recoger los intereses y las visiones del mundo de las clases subalternas, adaptándolas a su propio provecho. En situaciones de países de desarrollo del capitalismo tardío, la construcción de la hegemonía burguesa suele ser bastante conflictiva y en la mayoría de los casos, el déficit del consenso se soluciona a través de un autoritarismo militar.

En la coyuntura que estamos estudiando, la burguesía paraguaya mostró un temor mayor al proletariado y a la pequeña burguesía aliada a éste que a su enemigo interno fundamental: la oligarquía latifundista y agro-exportadora. De hecho, esta burguesía se mostró incapaz de lograr una hegemonía, de instrumentar un proyecto de sociedad donde cupieran los intereses de sus propios aliados antioligárquicos.

Esta incapacidad de la burguesía paraguaya de lograr una hegemonía política e ideológica para imponer un proyecto de desarrollo global de la sociedad ¿no nos estaría demostrando un aspecto más profundo que tiene su base en la propia estructura?.

Durante las décadas de 1930 y 1940, varios países latinoamericanos iniciaron el llamado proceso de industrialización por sustitución de importaciones. La crisis internacional de 1929-1932 sentó las bases para una redefinición de la modalidad de acumulación mundial y las formas de inserción de los países del continente en la División Internacional Capitalista del Trabajo.

México, Brasil y Argentina, entre otros, inauguraron este proceso que en lo político significó la emergencia de un Estado negador del Estado Oligárquico, por un lado, y por el otro, gestor fundamental de las transformaciones.

¿Por qué, habiéndose dado algunas condiciones políticas, este proceso estuvo ausente del Paraguay? Presumiblemente, además de lo ya indicado sobre el carácter de la revolución sobre el carácter de la revolución burguesa en el capitalismo tardío, la respuesta pudiera buscar en el débil desarrollo capitalista paraguayo.

Esta debilidad del capitalismo en el país, pudiera exigir que la burguesía tuviera la necesidad inexorable de una apropiación máxima del excedente para su fortalecimiento. También pudiera plantearse que esto no le permitió sentar de una política de distribución de la riqueza social mucho más democrática. Por otro lado, habría que reconocer que su debilidad no era solamente económica sino también ideológica y en la política. Todavía, esta clase no trascendía de los estratos corporativos.

Por otro lado, la oligarquía paraguaya, la rival de burguesías, tenías sus aliados fundamentales en las grandes empresas extranjeras, tipo enclave y propietarias de enormes latifundios, de capital sobre todo anglo-argentino. Una política radical burguesa, que creciera sobre los intereses de los latifundistas, era difícil debido a la propia debilidad de la burguesía manufacturera. La política del primer gobierno peronista en la Argentina, consistente en aprovechar el excedente producido por el sector oligárquico para el fortalecimiento de la burguesía, fue un camino vedado para el Paraguay, debido fundamentalmente al hecho de que todo el capital extranjero en el país se encontraba en estrecha alianza productiva con el sistema latifundista.

La debilidad de la burguesía paraguaya se volverá a manifestar cuando, en la década del ‘40, con el surgimiento de un Estado fuerte, tampoco logrará el desarrollo capitalista deseado.

A la luz de lo anterior podríamos concluir que la derrota de la burguesía manufacturera paraguaya en 1937, al no lograr el consenso y la hegemonía, al parecer no solo significó su derrota sino la de un proyecto de desarrollo político, presumiblemente democrático. También podría ser la respuestas a la permanente presencia de los militares no solo en el gobierno de la

República sino como los absolutos propietarios del poder.

 

4.3 EL ESTADO SURGIDO EN FEBRERO DE 1936

 

Habíamos dicho que el Estado oligárquico, a pesar de su debilidad tuvo la capacidad de convocar al pueblo paraguayo en defensa de la “heredad amenazada”, pero que este al mismo tiempo su propia acta de defunción.

Las necesidades de la guerra obligaron al Estado a expandirse, tanto en el plano vertical como en el horizontal. La movilización hizo que el Estado logre abarcar, a través de sus instituciones, todo el territorio nacional. El plan de defensa lo llevaron a intervenir en la economía nacional, con la creación de empresas públicas productivas.

Con la revolución de febrero de 1936, el Estado surge como el actor fundamental de dirección y organización de la sociedad. Pasada la euforia revolucionaria, reprime al movimiento obrero e intenta, desde arriba, crear una central de trabajadores adicta a las directivas estatales.

Funda el Departamento del Trabajo, estableciendo los derechos, garantías y obligaciones correspondientes a obreros y patrones con el propósito de lograr una “solución a los conflictos obrero-patronales”. Dicta la Reforma Agraria, que sin embargo, no llega a perjudicar los intereses latifundistas. Organiza la Marina Mercante del Estado. Inclusive intenta organizar un partido político que defiende al nuevo estado, pero lo hace ya a finales del proceso, sin lograr movilizar a las masas.

La “Revolución Libertadora” se declara identificada con el Estado y como tal “moviliza... a... todos los ciudadanos (...) para realizar integralmente sus objetivos permanentes directamente a través del organismo estatal”. “Toda actividad de carácter político, de organizaciones partidistas, sindicales (...) que no emane explícitamente del Estado, será prohibida ...” 71/. Esto es como si el Estado quisiera poseer enteramente a la sociedad civil.

Las tendencias que germinarán con la instauración de este régimen político se desarrollarán durante toda la etapa militarista posterior hasta llegar a su máximo esplendor con la dictadura del Gral. Alfredo Stroessner. Sin intentar ser riguroso, por el momento, podríamos citar algunas de estas tendencias:

- Autoritarismo, por un lado, y medidas populistas, por el otro. (Reforma agraria,

Departamento del trabajo, etc.)

- Nacionalismo a ultranza.

- Antiliberalismo político.

- Anticomunismo primario.

- Persecución político a todos los que no comulgan con la ideología oficial.

- Partido único respaldando el Estado.

- Digitación por parte del Estado de movimientos sociales y sindicales.

- Intervención estatal en la economía (todos los sectores que el capital privado no tenga interés y se consideren prioritarios para el desarrollo del país).

- Disposición favorable a la inversión extranjera en el país.

Entonces, podemos concluir, que la matriz de la forma estatal autoritaria militar, que por décadas seguimos sufriendo los paraguayos, tuvo su inicio de despliegue en el mismo momento del quiebre del Estado Oligárquico y el de su reemplazo por otra forma estatal.

 

 

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Fuente digital : http://www.baseis.org.py

Registro: Agosto 2011

 

 

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