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GÓMES FREIRE ESTEVES


  HISTORIA CONTEMPORANEA DEL PARAGUAY 1869-1920 - Por GOMES FREIRE ESTEVES - Año 1996


HISTORIA CONTEMPORANEA DEL PARAGUAY 1869-1920 - Por GOMES FREIRE ESTEVES - Año 1996

HISTORIA CONTEMPORANEA DEL PARAGUAY

Por GOMES FREIRE ESTEVES

Prólogo de ALFREDO M. SEIFERHELD

Editorial EL LECTOR

Colección Historia, 29

Tapa: LUIS ALBERTO BOH

Asunción – Paraguay

1996 (554 páginas)

 

 

PRÓLOGO

 

            La vigencia que la "Historia Contemporánea del Paraguay" (1869-1920) del doctor Gomes Freire Esteves ha exhibido a lo largo de los 62 años transcurridos desde su edición en Buenos Aires en 1921, hasta su reedición presente, es quizá, ya hacia los finales del siglo XX, la mejor credencial para verificar su valor trascendente, mucho mayor del que alcanzara cualquier otra obra escrita sobre la historia contemporánea del Paraguay de aquel período.

            "Temperamento político de áspera y vigorosa garra, fue siempre un combatiente", dice del autor Carlos R. Centurión. Y añade: "Su Historia Contemporánea del Paraguay" es de subido valor histórico y literario. Hay en él trabajo de investigación y datos fidedignos recogidos por el autor, como actor o testigo ocular, de sucesos importantes de la vida nacional. Quizás la pasión no se halle ausente en sus juicios; tal vez esa realidad le amengüe méritos desde el punto de vista puramente histórico; pero, a pesar de todos los prejuicios, es un libro de consulta, quizás, el más importante de los editados hasta hoy (1961) y referentes a la historia de nuestro país desde 1869 hasta 1920".

            Muchos fueron en realidad los intentos, fragmentarios todos, por describir el turbulento pasado político de nuestro país, empapado de valentía, osadía y azar, y donde a menudo ha entrado menos a tallar el cálculo de gabinete que el ímpetu por imponer una razón o una sinrazón. Gomes Freire Esteves, como hijo de un Paraguay que se reconstruyó duramente después de una hecatombe, no estuvo libre de las pasiones que envolvieron al país a finales del siglo XIX y principios del XX. No podía ser, desde luego, de otra manera.

            Militante del Partido Liberal, aunque pocas veces en el sector oficialista, Freire Esteves -que casi toda su vida fue un opositor político- es a su vez juez y parte en la historia contemporánea que pergeñara para la nación. Protagonista de varios de sus episodios, ha de dispensársele el fervor con que enfoca algunos hechos que lo tuvieron de tal, y ha de enjuiciarse sin severidad la falta de objetividad de que adolecen algunos capítulos y episodios donde sus sentimientos personales corrieron a la par que el afán de recrear el pasado tal como se lo viviera.

            Así, por ejemplo, cuando comenta las elecciones efectuadas en Villarrica el 12 de junio de 1887 durante el gobierno del General Patricio Escobar, para designar un senador y un diputado departamental - elección cuyas derivaciones habrían de decidir la formación del "Centro Democrático", más tarde Partido Liberal- Gomes Freire Esteves afirma que el Poder Ejecutivo "había montado la máquina del fraude y de la violencia, en todos los distritos departamentales, e impartido disposiciones militares sin disimulo alguno para hacer triunfar, a sangre y fuego, la fórmula oficialista". En contrapartida, la obra, que en alguna medida parece inclinarse hacia el Partido Liberal -aunque no por ello faltan acerbas críticas a sus gobiernos- juzga en forma benevolente los movimientos revolucionarios del 18 de octubre de 1891 y de agosto de 1904, que aparecen como hitos históricos antes que como fenómenos cuyas causas profundas deben desentrañarse. La era colorada, por contraste, es para él casi siempre la personificación del caudillismo "de facón y naco", encarnado en la tradición de los generales Bernardino Caballero y Patricio Escobar.

            Del mismo modo, la toma de posesión de la primera magistratura por el General y doctor Benigno Ferreira el 25 de noviembre de 1906 es saludada por Gomes Freire Esteves como "la asunción de un hombre de experimentación completa y hondamente representativo de las agitaciones populares que dieran en tierra, en 1904, al régimen colorado". Esta afirmación valía para nuestro autor a pesar de los treinta años de ausencia del país del nuevo mandatario y de su marcada tendencia antilopizta, elemento éste que estaba ya en discusión por aquellos años. El Partido Liberal Democrático o Cívico como también daba en llamarse, contaba desde luego en Gomes Freire a un portavoz destacado a pesar de su extremada juventud, y a cuya cabeza se hallaba precisamente Ferreira. Su deposición violenta, iniciada el 2 de julio de 1908 por inspiración del sector radical del Partido Liberal, una parte del Ejército acaudillada por el mayor Albino Jara y cierto número de colorados con José Gill de factótum, echó por tierra definitivamente aquella corriente política que un tiempo después intentará vanamente resurgir.

            Periodista de pluma punzante, en julio de 1912, después de un largo período de anarquía, se lo ve a Gomes Freire Esteves dirigiendo "El Nacional", que reaparecía defendiendo los intereses políticos de su sector liberal, tras de su clausura el año anterior. Desde sus páginas, y en vísperas de la asunción presidencial de Eduardo Schaerer (15 de agosto de 1912), Gomes Freire seguirá siendo un opositor, esgrimiendo la palabra impresa, actitud que trocará el 1° de enero de 1915 en que tiene papel protagónico en una sublevación que logra inclusive apresar al propio presidente de la República, liberado luego con el compromiso de conceder una amplia amnistía a los comprometidos, lo que no cumple sino parcialmente. Schaerer, a pesar de este contratiempo, será el primer presidente civil en entregar pacíficamente la banda presidencial, después de cuatro años de mandato constitucional, a su sucesor don Manuel Franco, el 15 de agosto de 1916. Gomes Freire Esteves, que conoce con sus compañeros de ruta tierras extranjeras, exhibe así, con apenas treinta años, una cualidad propia de él: su agresividad no solamente por esgrimir el verbo como arma política, sino también, cuando las circunstancias a su entender así lo exigen, la acción personal en consecuencia con aquella actitud.

            Desde entonces, y por espacio de veinte años, Freire Esteves es un cadáver político. Se dedicará a las letras y publicará su obra trascendente, la "Historia Contemporánea del Paraguay" que aquí presentamos. Concluirá, al mismo tiempo, sus estudios de Derecho e incluso mantendrá una cátedra en nuestra más vieja casa de estudios, ya de vuelta al país. Sorpresivamente y exhibiendo un giro de 180 grados, resucita en 1936, después de ese largo "interregno", dentro de una revolución donde su figura es casi un anacronismo. Con todo, poco faltó para que asumiese la primera magistratura de la nación, y los escasos meses de su presencia en el gobierno de Febrero le imprimieron a éste un curso muy particular, con la impronta personalísima de Freire Esteves.

            Cuando inició sus tareas con miras a dar cima a su historia contemporánea, no era desde luego Freire Esteves un historiador, como no llegó a serlo de aquéllos que exigen rigor y crítica para sus obras. Era, ante todo y sobre todo, un periodista, un político, un hombre apasionado, que también tejía en su obra su propio alegato, en base a un cúmulo de informaciones con que contaba de aquella época. No debe por ello sorprender que ella carezca a veces de los elementos necesarios de probanza de ciertas aseveraciones allí contenidas. Tampoco ha de sorprender no encontrar ahí la obra ideal, equilibrada y mesurada, producto de quien ausente del escenario, o lejos de él en el tiempo, no lo observa todo libre de las emociones que tiñeron aquellos hechos de determinados colores.

            Con todo, el libro de Freire Esteves es sumamente valioso y ha resistido el paso de los años. El medio siglo de vida paraguaya descripto en sus páginas sigue siendo de una frescura notable.

            Poco habría que agregar o restar de sus líneas que no sea en desmedro de un contexto logrado pacientemente. Antes de su aparición no se contaba con una historia como ésta. Y desde 1921, la misma ha servido a todos los que han intentado bucear en nuestro pasado inmediato, que han debido recurrir a él como la cantera que más piedras ha proveído para reconstruir los intrincados senderos de aquellos tiempos, signados por la lucha de hombres que despreciando la propia vida, como la ajena, trocaban la pluma por el fusil, el arado por el máuser.

            Con mucha frecuencia los relatos históricos suelen distorsionarse de forma tal que las palabras ocupan el lugar de los hechos. Es decir, los relatos interesados transforman aquel pasado o lo corrigen de suerte que afectan indubitablemente su conocimiento posterior. Llega un momento en que el hecho en sí ha sido suplantado, en su veracidad, por las palabras que hubieran debido describirlo fielmente. En tal sentido, cabe admitir que a pesar de la militancia política de Gomes Freire Esteves, casi siempre su libro refleja la mira del autor -equivocada o no es una cuestión diferente- y sus relatos son el fruto de la elaboración de una verdad, de su verdad, como ella llegara a su conocimiento, lo que no lo libera de culpa al haberse resistido a indagar o pesquisar a mayor profundidad y en forma más desapasionada, sucesos tan importantes como los que abarca nuestro primer medio siglo de vida constitucional independiente tras 1869.

            Este período, que arrastra todas las miserias derivadas de la guerra contra la Triple Alianza, constituye un lapso en gran medida ignorado de nuestro acaecer pretérito. Y si bien la división cronológica de Freire Esteves apenas tiene el valor de una línea arbitrariamente trazada en 1920, porque ese año nada significa salvo la vigencia de cincuenta años de la Constitución de 1870, en aquellas cinco décadas se dieron hechos troncales para el desarrollo nacional en todos los órdenes. De aquellos años data la aparición del periodismo político, comercial e independiente en nuestro país, la convocatoria y realización de la Asamblea Nacional Constituyente que el 24 de noviembre de 1870 sancionara la nueva Constitución jurada al día siguiente y en vigor por espacio de casi setenta años; la firma de los tratados de paz con el Imperio del Brasil y la República Argentina, el laudo Hayes, la firma de tratados de límites con Bolivia, la fundación del Colegió Nacional de la Capital, la vigencia del Código Civil argentino, la creación de la Universidad Nacional con sus primeras casas de estudios superiores, la fundación del Ateneo Paraguayo y del Instituto Paraguayo, la aparición de movimientos sindicales, la fundación de los dos primeros partidos políticos (que se cuentan entre los más antiguos de Sudamérica), la creación del Registro Civil, la institución del matrimonio civil, la fundación de la Escuela Militar, el establecimiento del voto secreto, la creación de la Dirección de Tierras y Colonias, la promoción organizada de la inmigración, la fundación de los primeros puestos militares en el Chaco y la toma de una serie de medidas cuyo conocimiento es fundamental para interpretar el presente. Es así que para 1920 funcionaban casi todas las instituciones requeridas por el sistema republicano de gobierno, las cuales solamente precisaban de un perfeccionamiento, que sería obra de los años.

            Y, paradójicamente, fue también esa una época de notoria inestabilidad política, donde los cambios gubernamentales de facto y aun los crímenes políticos ensangrentaron la vida pública, alterando todos los órdenes de su existencia. Trágicamente desaparecieron en aquel período, entre muchas otras, figuras como Juan Bautista y Emilio Gill, Facundo Machaín, José Dolores Molas, Eduardo Vera, Cirilo Antonio Rivarola, Blas Garay, Facundo Dolores Ynsfrán, Alejo Ramírez, Carlos García, Adolfo Riquelme y Albino Jara. De todas estas muertes, la de Carlos García afectó directamente a Gomes Freire Esteves, como autor material de ella, marcando a fuego su existencia y su futuro político. Cabe, pues, una digresión en estas líneas de recuento, para aludir a aquel episodio:

            Hacía un año que el Partido Liberal se hallaba en el poder. La caída de Juan B. Gaona, su primer presidente, y su reemplazo por el Dr. Cecilio Báez a finales de 1905, ahonda las discrepancias entre los dos sectores liberales, a los cuales converge también la juventud. Uno de ellos cuenta a Carlos García entre sus miembros, tiene al periódico "Alón" de vocero, dirigido por éste y se define como "radical": Gomes Freire Esteves pertenece al de los "cívicos" con el General Benigno Ferreira de portaestandarte y con "El Liberal" de portavoz oficial. García y Gomes son ex-revolucionarios y atraen la atención juvenil. En enero de 1906, después de contenidas fricciones, se desata una violenta polémica periodística entre ellos, en ambos órganos de opinión. García, joven de ideales sinceros pero impetuoso, agrede de palabra a Freire Esteves en un violento "Personal" que encuentra cabida en "Alón". La respuesta de éste no demora. El 10 de enero de aquel año, Gomes, en réplica, le dice a Carlos García, entre otras cosas: "Cuando alguien me escupe, tengo la costumbre de agradecerle primero y de despreciarle, después. Me basta. No tengo rencor para los viperinos. Pero, le diré, a fin de apaciguarlo, que yo no me he interesado jamás de su reputación; apenas sí de sus ideas actuales y de sus compañeros que son mis amigos, y de su comedia política en la prensa". El enfrentamiento político deriva en sangre. En aquellos tiempos el honor contaba más que hoy, y los duelos eran el antemural para lavar las ofensas.

            Retado por García, Gomes Freire Esteves acepta aquel lance caballeresco a pesar de la desventaja en que se hallaba su retador, que sufría de avanzada miopía. El 13 de enero de 1906 se enfrentan en duelo a primera sangre, con revólver y padrinos. Con el intercambio de los terceros disparos, García cae desplomado para siempre, mortalmente herido en la sien. Los cerros de Tacumbú contemplan aquel sacrificio en defensa del honor. Gomes Freire Esteves no se recuperaría nunca del todo del incidente. Albino Jara, el gran amigo de García, que lo despide ante su tumba, juraba íntimamente venganza. El 2 de julio de 1908 sería su oportunidad, cuando destruye el gobierno cívico del General Ferreira que a finales de 1906 había recibido las insignias del mando.

            Pasados los años, Gomes Freire Esteves no puede dejar de aludir, en su historia contemporánea del Paraguay, a aquel lance de honor y a sus consecuencias: "Era el primer tributo escribe- a una serie de fatalidades históricas que estaban para desencadenarse sobre la república, al embate de ciegas fuerzas sociales que trabajaban el ambiente y de que ni siquiera se daba cuenta la juventud, desde los nebulosos días del triunfo de la revolución. Aquel drama inesperado, hubo de dar a la oposición una bandera de lucha". Era éste el punto final de Freire Esteves a una polémica que de los linotipos se había trasladado, para siempre, al camposanto.

            Habíase afirmado más atrás, en otro orden de cosas, que la línea trazada en 1920, en que concluye el trabajo de Gomes Freire Esteves, era puramente convencional, sin asidero histórico práctico, salvo en cuanto al tiempo transcurrido de vigencia de la Constitución de 1870. Empero, ella vale, inadvertidamente, para establecer algunos paralelos en punto a los gobiernos surgidos en aquel período de medio siglo. Existe, en primer término, una cuasi paridad de años de gobiernos "colorados", a partir de 1887, y "liberales" desde 1904. Diecisiete años para los primeros y dieciséis para los segundos. Aquéllos de mucha más estabilidad -dentro de la inestabilidad- que éstos. Estadística en mano es de advertir que los gobiernos colorados de 1887 a 1904 fueron cubiertos por siete presidentes, en tanto que los liberales de finales de 1904 hasta mediados de 1920 (con excepción del breve mandato del Dr. Pedro P. Peña en 1912) precisaron de once mandatarios. En la primera era colorada, dos militares, los generales Patricio Escobar y Juan B. Egusquiza, completaron sus respectivos términos constitucionales de cuatro años, en tanto en la época liberal solamente lo hizo Eduardo Schaerer. Ampliando algo más nuestro paréntesis, consideramos útil destacar que en los cien años de vida política de la A.N.R. o de su ideario (incluyendo el gobierno constitucional de Bernardino Caballero) ningún miembro civil de dicha nucleación política pudo completar su mandato legal, habiendo diez de ellos ocupado la primera investidura del país. En contra partida, el Partido Liberal cuenta con tres civiles que al amparo de la Carta de 1870 terminaron sus plazos respectivos de cuatro años.

            Por estas y muchas otras aristas, asume el período abarcado por Gomes Freire Esteves caracteres peculiares. Sin duda, el cristal con el cual ha observado e intentado interpretar el mismo no fue del todo diáfano, lo que de manera alguna significa que la obra carezca de elementos de juicio válidos para su interpretación adecuada. Bien sabido es que la vida política de Gomes Freire Esteves, como la de tantos otros intelectuales más afortunados en las letras que en las controversias públicas, ha sido contradictoria en gran medida. Convertido en lopizta en sus años maduros, no pudo empero borrar los elogios que en la prensa asunceña había dedicado en 1906 al General Bartolomé Mitre, con motivo de su deceso, como tampoco disminuir ni disimular la admiración que sentía por Benigno Ferreira, miembro destacado de la Legión con galones ganados en ella. Liberal cívico, Freire Esteves fue, finalmente, uno de los artífices civiles del derrocamiento del mismo Partido Liberal, el año 1936. Estas aparentes contradicciones habrían derivado de su lento avance hacia ideas progresistas de la época.

            En su descargo, debe admitirse que su historia, que es política, económica, social y cultural, no busco hacer valer exclusivamente los hechos pasados y volverlos presente sin segundas intenciones. Para Freire Esteves la historia era también política, pero aquella política entendida por él en función de una tribuna para justificar el ayer pensando en el mañana. Desde luego, semejante manera de proceder ha sido frecuente en nuestros historiadores, o descriptores de hechos pasados, que al hacer historia no han dejado de hacer política, hurgando con frecuencia en los errores ajenos antes que en sus virtudes: Es decir, la historia como un recurso para acumular puntos en contra del adversario y no a su favor. La modalidad, que no pudo ser superada en mucho tiempo, hubo necesariamente de prender en espíritus apasionados como el de Gomes Freire Esteves. Pero su obra no ha de ser juzgada solamente por sus raíces, pues ha dado sus frutos y, sobre todo, una sombra a cuyo amparo han surgido muchos otros estudios históricos en nuestro país, así como calificados ensayos e interpretaciones.

            Por sobre estas consideraciones, el libro de Freire Esteves aquilata méritos poco frecuentes. Su labor no se resume al criterio de autoridad, sino que va mucho más allá. Su lenguaje es fluido, claro y sin recursos duales. Se halla contenida en él una serie de documentos, literal y correctamente transcriptos, cuya capacidad de empleo rebasa los meros linderos de la obra. En tal sentido, Gomes Freire Esteves legó un trabajo literario perdurable, de mucho provecho y proyección, que acaso no podría ser escrito en los días presentes con la riqueza de elementos que trae consigo en un estilo directo, sin retoques, y donde el orden cronológico es mantenido rigurosamente, a pesar de la variedad de temas tratados. La obra tampoco se pierde en detalles nimios y va casi siempre a lo concreto, a lo que era importante entonces, y sigue siendo en gran medida ahora. Ella no se limita exclusivamente al plano político de la vida nacional que era el punto fuerte de su autor, aunque están impregnadas de él casi todas sus páginas; Gomes hace hincapié también en las motivaciones culturales, educativas, financieras, sociales y agrícolas en forma dosificada y con buen criterio selectivo. Se trata, posiblemente, del primer intento serio por elaborar una historia con criterio globalizado. Se considera así que fue éste uno de sus aportes más significativos a la historiografía paraguaya, actitud que por lo demás no se desarrolló entre los historiadores que aparecieron con posterioridad. Acaso su noción de que la historia rebasa los límites de la política, merecería mayor análisis y estudio.

            Su "Historia Contemporánea del Paraguay" (1869-1920) es hace tiempo un clásico dentro de la historiografía paraguaya, cuya reedición era ya una necesidad inexcusable. La presente, que facilitará el acceso a un libro desaparecido de los anaqueles y clave para comprender nuestro pasado político inmediato, con todas sus falencias, es así un valioso aporte para nuevas y viejas generaciones. Ella habilitará, además, el conocimiento más pormenorizado de lo que da en llamarse la "Patria Nueva", surgida de las cenizas de 1870 y proyectada hasta nuestros días, y cuyo estudio ha venido siendo inexplicablemente marginado o muy superficialmente considerado, inclusive a nivel universitario. La obra, de valor narrativo, histórico y vivencial llena un vacío cuyo conocimiento, entendemos, se sabrá apreciar y justipreciar.

            En mérito a la verdad cabe, en cuanto a esta reimpresión, hacer dos observaciones: Los originales fueron escrupulosamente respetados, salvo las correcciones de aquellos errores tipográficos o del mismo autor, que buscaron perfeccionar la edición. En segundo término, se agregaron ilustraciones que creemos no habrían desagradado al autor en caso de que éste hubiera podido dar su conformidad o negativa. Las mismas tienen un carácter selectivo y se hallan referidas específicamente a lo tratado en el texto.

 

            Alfredo M. Seiferheld

 

 

 

GOMES FREIRE ESTEVES Y SU EPOCA

Por MANUEL PESOA

 

SEMBLANZA

 

-I-

 

            Los hombres más lúcidos del gobierno y de la oposición comprendieron cabalmente, apenas entrado el Siglo XX, que en las entrañas del pueblo paraguayo se estaba gestando un amplio movimiento de renovación política. El Presidente don Emilio Aceval, animado de una fina sensibilidad social, intentó componer en marzo de 1900 un gabinete bipartidista con el noble intento de canalizar los sucesos en marcha, por las vías institucionales. Colorados y liberales integraron entonces lo que podría llamarse un gobierno nacional.

            Aquel ensayo duró un año y catorce días, atribuyéndose su fracaso a la intransigencia "caballerista". Uno de los Ministros liberales renunciantes, el señor Fabio Queirolo, escribía después en "El Cívico", justificando su postura, lo que sigue: "El Presidente Aceval no supo o no quiso ser el punto de contacto entre todos los paraguayos... ahora (el partido de gobierno) quiere provocar represalias, reproducir las afrentas del pasado y sofocar la protesta nacional, cuyo rumor se percibe ya sordamente, como el de la lejana tempestad que se viene".

            El derrocamiento del Presidente Aceval, decretado por el "caballerismo" el 9 de enero de 1902, al cerrar todas las puertas a la evolución, abrió el camino de la revolución. Evaluando las condiciones imperantes, decía don Antonio Taboada, jefe histórico del Liberalismo paraguayo: "Todo auguraba un completo éxito. La revolución se hizo a base del Partido Liberal, pero sin bandera partidista. Acaso esta sabia medida haya constituido su principal fuerza. En la revolución pudieron alistarse liberales, colorados y neutros; todos los que perseguían un mismo ideal de regeneración".

            Entre los que se alistaron en la revolución de 1904, animados de "un mismo ideal de regeneración", figuró el entonces joven de 18 años Gomes Freire Esteves, influido por el romántico Liberalismo proclamado por José de la Cruz Ayala ("Alón") que conquistó a toda la juventud estudiosa de la época, sistematizado después por el Dr. Cecilio Báez en el Ideario Programa de 1902, que sirvió de bandera a la revolución.

            Refiriéndose al grupo de jóvenes que se alistó en las filas revolucionarias, el propio Gomes Freire Esteves puntualiza que así lo hizo, "sin más programa político que un vago ensueño de redención nacional y de democracia nueva". Influyó en la decisión personal de Freire Esteves un llamado del Coronel Manuel J. Duarte, esclarecido patriota y uno de los jefes militares de mayor prestigio de la revolución. Aquél profesó a éste una lealtad sólo interrumpida por la muerte.

 

-II-

 

            Triunfante la revolución, la juventud vigorosamente incorporada a la política, se lanzó a la lucha cívica con intensa pasión transformadora. Probablemente la inexperiencia y los briosos pocos años de sus protagonistas dieron a aquellas luchas características de terrible apasionamiento. En un lance caballeresco que debió ser impedido a todo trance, y que sin embargo no lo fue, se batieron a duelo los jóvenes Gomes Freire Esteves y Carlos García, identificado el primero con el sector gobernante y el segundo con el radicalismo.

            Comentando el doloroso episodio del 13 de enero de 1906, expresaba Freire Esteves: "Era el primer tributo a una serie de fatalidades históricas que estaban para desencadenarse sobre la República, al embate de ciegas fuerzas sociales que trabajaban el ambiente y de que ni siquiera se daba cuenta la juventud, desde los nebulosos días del triunfo de la revolución".

            Este luctuoso suceso incompatibilizó irreversiblemente a Gomes Freire Esteves con el Liberalismo radical, situación que se acentuó aún más con la irreductible actitud opositora de Freire Esteves frente a este sector, que asumió el gobierno el 2 de julio de 1908.

            Opositor militante y combativo, directa o indirectamente Freire Esteves movilizó durante largos años todas las inmensas energías de su espíritu en la tarea que se impuso a sí mismo como consigna de hierro: poner alguna vez término a la hegemonía del Partido Liberal. Para cumplirla no se detuvo ante ningún obstáculo ni descartó alianzas, vinieran de donde viniesen.

            Constituyen momentos culminantes de este tenaz empeño el intento casi logrado de derrocar al Presidente Eduardo Schaerer en 1915 y la gran conspiración militar contra el Presidente José P. Guggiari, de la que fue el Dr. Freire Esteves uno de sus principales mentores, en marzo de 1931. En esta última empresa su nombre ya estuvo vinculado al del entonces Mayor, después Coronel Rafael Franco, a quien el Dr. Freire Esteves iba a contribuir decisivamente a elevar a la Presidencia de la República el 17 de febrero de 1936, en la revolución que puso término a la era liberal.

 

- III -

 

            17 de febrero de 1936. Apenas estaban llegando a la Plaza Uruguaya las primeras avanzadas de las tropas de Campo Grande alzadas en armas contra el Presidente Eusebio Ayala, y el Dr. Freire Esteves ya estaba presente allí para arbitrar las primeras medidas políticas de la revolución, muchos de cuyos autores -el Coronel Federico W. Smith, jefe militar del movimiento, entre ellos- le consideraban primera figura civil de la jornada. El "ACTA PLEBISCITARIA DEL EJERCITO LIBERTADOR" es de su autoría. Sobre este punto al menos, existe unanimidad.

            Dicho documento histórico proclama la caducidad del Estado Liberal y consiguientemente de la Constitución Nacional de 1870, al tiempo que enuncia el propósito de convocar una asamblea constituyente. Lo suscriben numerosos jefes y oficiales del Ejército que venció en el Chaco.

            En un primer momento, ciertos sectores militares y civiles intentan el lanzamiento de la candidatura presidencial del Dr. Gomes Freire Esteves; pero éste, en prenda de unidad revolucionaria descarta esta salida y manifiesta su apoyo total al Coronel Rafael Franco, quien efectivamente poco después asume con carácter provisional la Primera Magistratura de la Nación.

            Según testimonios disponibles, corresponde también al Dr. Freire Esteves haber dado filiación ideológica a la revolución de febrero, tal como está consignada en el Decreto-Ley No. 152, de polémica memoria. Lo curioso es que a pesar de que nadie parece haber estado de acuerdo con su contenido, el Presidente Provisional y el gabinete en pleno estamparon su firma al pie de este Decreto-Ley, cuyo texto es harto conocido como para reproducirlo.

            Al respecto, el respetable Capitán de Fragata Juan Speratti, en declaraciones dadas últimamente a la prensa, refiere que "al mes, la Asociación Nacional de Excombatientes -a su juicio- la principal fuerza civil de la revolución, en el congreso realizado el 14 de mayo de 1936, resolvía por unanimidad de votos:

            Condenar y manifestar públicamente su repudio a la política desarrollada por el ministro del Interior Dr. Gomes Freire Esteves por considerarla injusta, peligrosa y contraria a los intereses de la Revolución Libertadora". Concluye el Capitán Speratti: "A raíz de este pronunciamiento, los hermanos Freire Esteves hicieron abandono de sus respectivas carteras y con ello, aunque no derogado expresamente (el Decreto 152), por razones obvias, el decreto quedó de hecho anulado".

            Hay interés histórico en saber por cuales "razones obvias", el Decreto-Ley No. 152 "quedó de hecho anulado" y en cambio no lo fue por expresa decisión legal pertinente del Poder Ejecutivo de entonces.

 

- IV -

 

            Desde mayo de 1936 hasta fines de setiembre de 1940 el Dr. Gomes Freire Esteves vivió fuera del país. Regresó una vez consolidado el régimen del General Morínigo, período en que influyó a través de numerosos amigos políticos, civiles y militares; ubicados en puestos claves. Se le atribuye haber respaldado la iniciativa de formar un partido laborista, inspirado en movimientos populistas como los del Dr. Getulio Vargas en el Brasil y el General Juan D. Perón en la Argentina; pero los sucesos producidos el 9 de junio de 1946 en la Primera División de Caballería con asiento en Campo Grande, frustraron ese propósito. Esta puede ser considerada como la última intervención política del Dr. Freire Esteves, definitivamente retirado a la vida privada con posterioridad a aquellos acontecimientos.

            Su espíritu entregóse entonces a una radical autocrítica, de la que emergió esta certeza basada en la experiencia recogida a lo largo de ásperos decenios de incesante lucha: Solamente en la democracia el ciudadano halla el medio apropiado para realizar en plenitud el desarrollo de su personalidad ética. Esta convicción iluminó las postrimerías de su dilatada existencia.

            Tuve el honor de conocer al Dr. Gomes Freire Esteves hacia el final de su vida. Aunque anciano, su vigoroso intelecto estaba incólume y se mantenía plenamente sensible a los cambios operados en el país y en el mundo. Coincidiendo a veces, discrepando abiertamente en otros casos, dentro del respeto que impone la convivencia civilizada, evocábamos con sentido crítico la ejecutoria de todos aquellos que en el Paraguay hicieron historia. Y era en esos momentos cuando realmente podía valorarse su dialéctica y la profundidad de sus juicios.

            Por deficiencias propias de nuestra vida político-institucional, el país se vio privado de escuchar la palabra del Dr. Gomes Freire Esteves, expuesta en el parlamento, la cátedra o la tribuna; y éste es un daño irreparable que nos hemos hecho a nosotros mismos. El ejemplo es válido para otros paraguayos que tampoco lograron ser escuchados y que fueron condenados aparentemente sin apelación. Como liberal de ideas y de partido, jamás podré consentir sin protesta que se incurra en injusticia semejante.

            Ediciones NAPA, al dar cabida indiscriminada al pensamiento y al testimonio de paraguayos notables, se afirma en la idea que comparto, de que los símbolos externos de la patria carecen de sentido, si el hombre concreto, medida de todas las cosas, carece del uso y goce de sus derechos fundamentales, de los cuales nadie, absolutamente nadie le puede privar.

 

 

 

 

 

ANTECEDENTES DEL PRIMER

GOBIERNO PROVISORIO

 

            EL ESPÍRITU PÚBLICO DE ASUNCIÓN

 

            Tras la ocupación militar de la capital por las fuerzas aliadas, comenzó a repoblarse la ciudad con los sobrevivientes de la guerra; de las emigraciones en masa, de los prisioneros, de los paraguayos recién venidos del exterior, de los vivanderos de todas nacionalidades que acompañaban a los aliados, de turistas y curiosos que acudían a ver los vestigios del país sojuzgado.

            Predominaban, al poco tiempo, en aquella población improvisada y heteróclita, las mujeres y los niños, en un porcentaje de 90% de los cuales el 5% correspondía al número de los ciudadanos paraguayos varones y adultos y el resto a los extranjeros.

            Las casas fueron poseídas por el primer ocupante, lo que dio lugar a una interminable serie de usurpaciones y reclamaciones ulteriores, de parte de los legítimos dueños que retornaban a sus hogares.

            Como es sabido, la entrada del ejército brasilero se efectúa el 1º de Enero de 1869, haciéndose cargo militarmente de la ciudad.

            Desde aquel momento, entre los ciudadanos paraguayos de calificación, que habían regresado a la capital, sea del extranjero, sea de la Legión, sea de los ejércitos, o prisioneros libertos, cuyo número fue engrosando rápidamente, nació la preocupación inmediata e intensa, porque el Paraguay se pusiera en condiciones de reorganizarse como país soberano y de tratar con los vencedores.

            Bajo aquella preocupación se producen los primeros cambios de ideas entre los hombres más caracterizados, que se iban conociendo y se necesitaban recíprocamente, para la elaboración del programa de acción política que aconsejaban las circunstancias, en salvaguarda de la existencia y del porvenir de la nación.

            A este respecto conviene puntualizar el papel de los hombres y de los núcleos de hombres, que constituían ya el nervio motriz del naciente espíritu público y que estaban llamados a actuar decisivamente en la reorganización nacional.

 

LA LEGION PARAGUAYA; SUS HOMBRES,

SU ROL HISTORICO

 

            La administración de los López, y particularmente del Mariscal, habían suscitado en su contra, por razones de orden político, puramente interno, una resistencia personal, en algunos ciudadanos y núcleos de familias expectables de la república. Como el régimen institucional vigente no permitía la organización de ninguna opinión pública, de censura u oposición al Supremo Gobierno, la mayoría de los referidos ciudadanos y miembros de las familias aludidas tuvo que emigrar del país. Independientemente de estas causas, algunos estudiantes recibían instrucción; también en el extranjero, generalmente en el Río de la Plata, y estaban influenciadas por las ideas liberales, ya triunfantes en la República Argentina, en aquella época, a pesar de sus demagogias internas.

            Aquella corriente emigratoria concluyó por engendrar, de hecho, un partido revolucionario en el Río de la Plata contra el régimen de los López, que si bien no llegó a constituirse oficialmente antes de la Guerra, estaba virtualmente formado para procurar un cambio de gobierno en el Paraguay, en cuanto las circunstancias se presentasen.

            Tal ocurrió en 1865, con el estallido de la guerra con el Brasil primeramente y luego con la Triple Alianza.

            Aquel partido revolucionario, sin esperanza en ninguna modificación posible en el omnímodo imperio del Mariscal, y por tanto consciente de su muerte civil perpetua, mientras estuviese en el gobierno del Paraguay este mandatario incontrastable, en la mente de sus principales gestores, se equiparaba a la misma situación de los unitarios argentinos, diezmados y proscritos por Rosas, antes de la campaña de Urquiza.

            Esta memorable jornada de los pueblos del Río de la Plata contra el Dictador porteño, que concluyó en una forma edificante y salvadora para la República Argentina, la había sellado una colaboración internacional de las más elevadas inspiraciones. De los 23.000 soldados que aseguraron el triunfo de Urquiza en Monte Caseros, 5.000 habían sido brasileños y 2.000 orientales; precedente seductor que hería la imaginación del partido revolucionario paraguayo, en tanto la tormenta de la próxima guerra se condensaba sobre horizontes mucho más vastos y complicados.

            Ocurrió así que, no bien se inicia la intervención armada de Solano López en apoyo del Uruguay como primera faz de la guerra contra el Brasil, los emigrados paraguayos se reúnen y se constituyen en fuerza revolucionaria contra el gobierno del Mariscal, encarando el conflicto suscitado como una ocasión para repetirse en el Río de la Plata otra gran campaña revolucionaria, de colaboración internacional, contra aquel mandatario.

            Mientras la República Argentina permanece neutral (Noviembre de 1864 a Abril de 1865), los residentes paraguayos siguen en expectativa, pero preventivamente constituyen ya el siguiente Comité revolucionario:

            Presidente: D. Carlos Loizaga; vocales: Gregorio Machaín, Serapio Machaín, Evaristo Machaín, Manuel Pedro de Peña, Otoniel Peña, Federico Alonzo, Luciano Recalde, José Díaz de Bedoya, Fernando Iturburu, Juan José Decoud, José Segundo Decoud, Pedro Nolazco Decoud, Jaime Sosa, Benigno Ferreira.

            Producida la invasión y toma de Corrientes por nuestros ejércitos, el Gobierno argentino rompe su neutralidad oficial y se declara a su vez en guerra con la república. (Abril 1865).

            El Comité Revolucionario creyó entonces llegado el momento de entrar en gestiones con el gobierno argentino, para deslindar el carácter de la lucha entablada como una campaña contra el Presidente López y no de conquista contra la república, insinuando el programa político ulterior que aspiraba a desarrollar en el Paraguay, una vez derrocado aquél, y persuadido de las garantías de esa finalidad, ofreció su cooperación al Gobierno argentino. Este, con fecha 22 de Abril, acepta el concurso de los revolucionarios paraguayos, lanzando el siguiente decreto:

           

            Siendo la guerra contra el Gobierno y no contra el Pueblo del Paraguay, y simpatizando el Gobierno y el Pueblo argentinos con los votos de los ciudadanos paraguayos que desean ver imperar en su patria las instituciones y los principios libres que rigen a las demás repúblicas americanas, el Gobierno acepta los servicios ofrecidos por la Asociación Paraguaya en nombre de sus compatriotas, autorizando la formación de una Legión que lleve los colores de la bandera de ese pueblo hermano, encomendándole la reunión de los que voluntariamente quieran hacer parte de ella, para que elijan por sí mismos y en la forma que lo hallen por conveniente, los jefes y oficiales que deben mandarlos, a efecto de suministrarle todos los elementos que puedan necesitar.

            Publíquese, etc.

 

            MITRE, Gelly y Obes.

 

            Con este motivo el Comité designó 1er. jefe de la Legión Paraguaya, al coronel D. Fernando Iturburu, y 2o. jefe al teniente coronel D. Juan Francisco Decoud.

            Ya posteriormente, en el curso de las operaciones, surgieron serias desavenencias entre los dirigentes de la Legión, motivadas, principalmente, por la desconfianza que se apoderó de unos cuantos sobre los fines de la Alianza, desde la divulgación del Tratado secreto de 1° de Mayo, en 1866. Se retiran de la Legión, bajo la impresión de esa desconfianza, los ciudadanos Juan José Decoud, José Segundo Decoud, Otoniel Peña, Evaristo Machaín, Jaime Sosa Escalada, Federico Alonzo, Gregorio Machaín (h.), etc., y otros, con anterioridad, por disconformidad con el comando del coronel Iturburu; escisión que habrá de repercutir, más tarde, tras la terminación de la guerra, en los procesos de formación de nuestros primeros partidos políticos.

 

 

FORMACION DE DOS CORRIENTES ANTAGONICAS DE OPINION

 

            Cambiadas las primeras ideas e impresiones entre los ciudadanos más caracterizados, que habían tornado a la Asunción en el mismo mes de su ocupación por los Aliados, sobre la manera de instituir un Gobierno provisional, que asumiese la representación del país, se trató de tramitar sin pérdida de tiempo las gestiones adecuadas al efecto.

            Desde un principio prevaleció en el ánimo de todos la conveniencia de recabar el consentimiento y buena disposición de los Poderes Aliados.

            Concretando aquellas miras y aspiraciones generales. Don Serapio Machaín consiguió interesar con un Proyecto de petición para el establecimiento de un Gobierno Provisorio, a dirigirse a los Aliados, al núcleo de los principales ciudadanos que ya estaban en la ciudad, y a objeto de tomarlo en consideración, se llevó a cabo una reunión preliminar el día 24 de Enero, en la casa particular del señor Felipe Recalde, que fue así la primera de su género, celebrada en aquellas emergencias.

            Asistieron a dicha reunión los siguientes ciudadanos: Carlos Loizaga, Serapio Machaín, Miguel Haedo, Bernardo Valiente, José Segundo Decoud, Pedro Recalde, Salvador Jovellanos, León Machaín, Juan Bautista Gill, Juan Riera, Felipe Recalde, José G. Guanes, Ezequiel Recalde, Adolfo Recalde, Ruperto Sosa, Bernardo Recalde, Buenaventura Bordón, Cayo Miltos, Juan Fulgencio Miltos, Juan Antonio Jara, Florencio Jara, José J. Recalde, José del Carmen Pérez, Ángel Decoud, Juan C. Recalde, Federico Muñoz, José F. Iturburu, José María Mazó, Juan de Dios Valdovinos, Ignacio Sosa, Pantaleón Urdapilleta y Juan Corvalán.

            Al día siguiente volvieron a reunirse los nombrados ciudadanos, y después de escuchar la lectura del mencionado Proyecto de petición, presentado por D. Serapio Machaín, acordaron designar una Comisión revisora del mismo, compuesta de los ciudadanos: D. Carlos Loizaga, D. Miguel Haedo, D. Cayo Miltos, D. Juan A. Jara y D. José Segundo Decoud. Designaron a la vez Presidente y Secretario provisorios de las reuniones a D. Serapio Machaín y a D. José Segundo Decoud, respectivamente.

            He aquí el acta de aquella reunión:

            En Asunción del Paraguay, a los veinte y cinco días del mes de enero de mil ochocientos sesenta y nueve reunidos los ciudadanos paraguayos que en el margen se expresan (citados más arriba) en los corredores de la casa del Sr. Recalde, con el santo objeto de deliberar sobre los destinos de su patria y a nombre de sus más grandes derechos políticos:

            El señor Machaín (D. Serapio), tomando la palabra, manifestó a la reunión las causas principales que les habían animado para invitarlos a trabajar y uniformar las ideas en el sentido del bien general del país, teniendo presente las circunstancias especiales de éste y los sufrimientos inauditos de millares de familias que a la fecha tal vez estaban pereciendo, llenas de necesidades. El señor Loizaga (D. Carlos) habló extensamente en igual sentido. Acto continuo el señor Machaín (D. Serapio) procedió a leer un proyecto de petición, que debería ser dirigida a los Gobiernos aliados, recomendando a la consideración de los concurrentes su más pronta adopción. En dicha petición se manifiesta los vehementes deseos que tienen los paraguayos de tener un Gobierno provisorio que vele celoso por los intereses más vitales del país y de coadyuvar por todos los medios posibles a la terminación de la guerra. Por indicación del Sr. Haedo (D. Miguel) se nombró una comisión de revisión, para que examinando detenidamente su contenido, informase en la siguiente sesión de asamblea general su resultado: dicho nombramiento recayó unánimemente en los señores Haedo (D. Miguel), Loizaga (D. Carlos), Miltos (D. Cayo), Jara (D. Juan A.) y Decoud (D. Segundo). Después de algunas discusiones que se promovieron entre varios miembros se procedió al nombramiento de un presidente y secretario provisorios, resultando electos, para el primer cargo, el señor Machaín (D. Serapio) y para el segundo el señor Decoud (D. Segundo. Habiéndose diferido la próxima reunión de mutuo acuerdo para el siguiente día a las 6 1/2 (tarde), se levantó la sesión a las 11 y 50 de la mañana. - Serapio Machaín; José S. Decoud, secretario.

 

            La Comisión revisora tuvo que introducir modificaciones en el contenido del petitorio, sometido a su estudio, lo que ocasionó ulteriormente acaloradas controversias, en otras reuniones. Por proposición del ciudadano José Segundo Decoud, que era de parecer contrario a crear Provisoriatos, se introdujeron las siguientes reformas en el proyecto: "1°-. Que el Gobierno se estableciese por el sufragio libre de los paraguayos; 2°-. Que la formación de un Cuerpo de voluntarios, ofrecido como contingente, no importaría un nuevo sacrificio al exhausto pueblo paraguayo, sino que dependería exclusivamente de la voluntad de éste y del Gobierno que se estableciese".

            Mientras así se tramitaban los primeros pasos, relacionados con la idea dominante de establecer un Gobierno propio, seguían afluyendo a la ciudad, de diversas procedencias, nuevos contingentes de ciudadanos y personalidades que inmediatamente contribuyeron a extender la discusión del pensamiento y generalizarlo más de lo que estaba. Simultáneamente, con aquel aporte de opinión y sentimientos individuales que se agregaba al proceso de concepción y ejecución de la iniciativa popular ya elaboradas en las reuniones precedentes, surgieron las tendencias antagónicas y los choques de los hombres, que diseñan la formación de dos bandos definidos, al frente de los trabajos políticos latentes.

            Ya en el mismo mes de Enero y antes de la celebración de las reuniones mencionadas, habían ocurrido algunos incidentes reveladores de la próxima agitación de los espíritus sobre el álgido punto que los absorbía.

            El coronel Fernando Iturburu, comandante de la Legión Paraguaya, -que había entrado también con los Ejércitos de ocupación a la ciudad y tomado por cuartel de sus tropas el actual Palacio de Gobierno- prevalido de sus vinculaciones amistosas con los jefes militares de los Aliados y particularmente con el general en jefe del Ejército Argentino, D. Juan Andrés Gelly y Obes, pretendió proponer a este último, como candidato a Gobernador provisorio de Asunción, alegando que era hijo del ciudadano paraguayo D. Juan Andrés Gelly, de figuración en la época de don Carlos Antonio López.

            Fracasada dicha proposición, procuró después lanzar su propia candidatura, por medio de sus tropas. Hizo firmar por ellas una petición a favor de ella, pero fue inmediatamente obstruido en eso por los demás ciudadanos paraguayos al extremo de que en una de sus reuniones, fuese rota el acta firmada de las susodichas tropas, por comisionados especiales de aquellos que, en tal forma, llegaron a exteriorizar su protesta contra la intención.

            La disensión de los antiguos legionarios con el coronel Iturburu, de ese modo, reaparecía de nuevo, bajo una faz distinta, ya en el nacimiento de las primeras agitaciones civiles de la Asunción.

            Así es cómo dicho ciudadano no aparece para nada en las reuniones del 24 y 25 de Enero, y antes bien, queda indirectamente notificado con ellas, de la agrupación de los factores contrarios a su política, circunstancia que le decidirá, muy en breve, a entenderse con cuantos ciudadanos deseasen impedir el prevalecimiento de dicha agrupación naciente.

            Encabezan ésta, meses antes de su constitución en partido, los jóvenes intelectuales del momento y algunos hombres expectables, inclinados en el mismo liberalismo que todos pretenden encauzar: los Decoud, los Machaín, Benigno Ferreira, Jaime Sosa, los Recalde, los Miltos, R. Taboada, los Haedo, hasta que nuevas circunstancias vienen a engrosar sus filas o a modificarlas.

            En el mes de Febrero un hombre arriba a la ciudad, que había de imprimir otro giro decisivo a las dos corrientes diseñadas de la opinión: el ciudadano Cándido Bareiro.

            Ex ministro del Gobierno de Solano López en Europa, dotado de prendas personales que lo predisponían a la simpatía popular, de ilustración suficiente, aquilatada con la experiencia de la vida europea, inteligente y ávido de llegar a las más altas posiciones del porvenir, desarrolla, desde su llegada, un plan de intensa actuación que se realiza día tras día.

            La aureola de solidaridad con la causa de la república vencida por los invasores, que trata de acreditar ante los restos sobrevivientes del régimen antiguo, lo aproxima a sus filas y hace de él el "leader" de sus aspiraciones.

            Ante la nucleación perfilada de las tendencias conservadoras del pasado en torno de Bareiro, se levanta homogénea y radicalmente el grupo innovador y reformador, que había levantado para la fecha la bandera de la renovación completa del país, en sus hombres e instituciones. Este último grupo finalmente encuentra su centro de gravitación en la jefatura del coronel Juan Francisco Decoud, ciudadano emigrado desde años antes de la Guerra y alma de todas las tentativas revolucionarias contra el régimen de López en el Río de la Plata, hasta aquellos días.

            La lucha se inicia entre los dos bandos.

            Por su parte el coronel Iturburu y algunos legionarios con quienes concluyó por conciliar intereses contra el grupo de Decoud, entran en inteligencia con Bareiro y se refunden en una sola tendencia.

            De esa suerte, la política de Bareiro e Iturburu opera una concentración de los elementos sobrevivientes del régimen de López, ex-jefes y oficiales, ex-empleados, becados y estudiantes en el exterior y de los legionarios disconformes con la hegemonía intelectual y política del otro grupo.

            Así las cosas, los jefes militares de los Aliados en un principio y luego sus diplomáticos, se ponen a estudiar aquel proceso de la opinión paraguaya y a combinar sus vistas respectivas sobre sus posibles proyecciones.

            Los jefes de las fuerzas de ocupación eran: el general Guillermo Xavier de Zouza, del Ejército brasileño, a quien lo había dejado el Márquez de Caxias, al retirarse de Asunción días después de la entrada, declarando terminada la guerra; el general Emilio Mitre, del Ejército argentino, que acababa de reemplazar al general Gelly y Obes, también retirado esos días; y el general Enrique Castro, del Ejército oriental.

            Los dos bandos fueron insinuados por estos generales de la necesidad de ponerse de acuerdo para el petitorio que estaban por dirigir a sus Gobiernos separadamente. Mientras tanto, la ciudad continuaba exclusivamente a cargo de ellos, proveyéndose los servicios públicos indispensables, con comisiones militares.

            Las reclamaciones acumuladas de los Cónsules y particulares sobre un gran stock de víveres y mercaderías, encontrado en la ciudad, determinaron la creación de un Tribunal mixto, de representantes aliados, al que se incorporó al ciudadano paraguayo Carlos Loizaga, encargado de resolver sobre ellas.

            Transcurrieron así el mes de Febrero y la primera quincena de Marzo, sin arribarse a ninguna conclusión entre los grupos, hasta que, por último, se acordó la celebración de una asamblea popular, a que concurrirían todos, a objeto de despachar el petitorio pendiente a los Gobiernos aliados.

            Con tales antecedentes se reúnen en asamblea general el 31 de Marzo y resuelven delegar una Comisión representativa a Buenos Aires, sede diplomática de la Alianza, confiándole, como credencial de su misión extraordinaria, un Petitorio dirigido a los Gobiernos aliados, subscrito por trescientos treinta y cinco ciudadanos paraguayos, sobre el pensamiento de dar un Gobierno provisorio a la república.

            Fueron designados para integrar dicha Comisión los ciudadanos D. Carlos Loizaga, D. Félix Egusquiza, D. José Díaz de Bedoya y D. Bernardo Valiente.

            He aquí el acta de aquella resolución popular:

 

ACTA PARA LA CREACION DE UN GOBIERNO PROVISORIO

EN EL PARAGUAY

 

            ASUNCION, 31 de marzo de 1869.- Los ciudadanos paraguayos, abajo firmados, animados del deseo de ver cesar cuanto antes el horrible martirio del pueblo paraguayo y organizar un Gobierno que sea la expresión de legítima soberanía popular, considerando que es un deber de todo ciudadano paraguayo contribuir para que sea combatido el poder que aún resta al general López, y con el cual, sirviéndose de los medios más reprobados, mantiene presas y sometidas a crueles tratamientos inocentes familias y poblaciones, arrastrándolas con sus campamentos; que está causando estérilmente la total ruina de la población que aún queda, y de los intereses de la República, como consecuencia de la guerra y de la crueldad e inaudito rigor, bajo todo punto indisculpable, y para miras puramente personales y que en su delirio acabó por emplear medios tan horrorosos, que hacen prever la muerte de toda la población que se encuentra bajo su dominio; resuelven, a falta de otros medios prácticos y legítimos:

            1°.) Nombrar una comisión representativa, compuesta de los ciudadanos teniente coronel don Carlos Loizaga, teniente don Bernardo Valiente, don José Díaz de Bedoya y don Félix Egusquiza;

            2º.) Que esta comisión proceda en representación del pueblo paraguayo ante los Gobiernos aliados, solicitando las medidas necesarias para obtener sus deseos y justos propósitos;

            3º.) Ofrecer para estos fines el concurso de los ciudadanos paraguayos de la manera más necesaria y conveniente.

            Y tomando a Dios por testigo de la sinceridad de nuestras intenciones y del deseo que nos anima de que nuestra patria sea feliz, pedimos a los Excmos. Gobiernos aliados en guerra contra el Gobierno del general López, que se sirvan reconocer la comisión en el carácter que le damos y suplicamos a nuestros ciudadanos, que se hallan fuera de la República del Paraguay, que se adhieran a este acto para darle mayor fuerza y revestirlo de la única forma popular que sea posible en las extraordinarias circunstancias en que se halla nuestro país, pidiendo también a nuestros hermanos y compatriotas, que aún acompañan al general López, que abandonen una causa que no es la del pueblo paraguayo, ni de la justicia, ni de la civilización. (Siguen 335 firmas).

            Es copia del original que queda en el "Club Unión " - Cayo Miltos, secretario.

 

            La elección de los comisionados dio lugar nuevamente a una hirviente controversia entre los bandos que se disputaban la primacía del futuro gobierno. El círculo decouista tuvo que retirarse disconforme con la inclusión de los elementos bareiristas en la comisión nombrada, algunos de los cuales, como D. Félix Egusquiza, era sospechado de llevar la instrucción del plan bareirista de hacer surgir su candidatura para el Gobierno provisorio, con la adhesión de los Aliados.

            La designación de los Delegados y la remisión del petitorio vinieron así a deslindar las posiciones respectivas de los núcleos y de los principales protagonistas que van a actuar en cada uno de ellos.

            Fácil le fue a Cándido Bareiro interesar en su causa a los hombres especificados arriba: ex-empleados de López en el extranjero, como D. Félix Egusquiza, D. Carlos Saguier, ex-estudiantes y becados en Europa, como los hermanos Cayo y Fulgencio Miltos, Juan A. Jara y hermano, F. Rivas, con quienes había mantenido anteriormente vinculaciones resultantes de su posición oficial y de la solidaridad común, sin mentar aun el concurso de los ex-jefes y oficiales de López y de los legionarios impacientes de surgir a su lado, no esperándolo en el bando adverso.

            Ello no obstante, la Comisión se constituyó en Buenos Aires en Abril e inició el día 29 sus oficios con los Gobiernos Aliados por intermedio de la Cancillería argentina, a la que presentó como credencial el mensaje subscrito de los ciudadanos de Asunción, declarando, al final de una exposición adjunta, que: mientras la guerra subsista, aunque en el último rincón del territorio, no sería decorosa la creación de un Gobierno permanente; y debemos todos satisfacernos con un Gobierno provisorio de elección popular.

 

LA DIPLOMACIA ALIADA DESPUÉS DEL TRIUNFO

 

            Para atender debidamente aquella importantísima demanda del pueblo paraguayo sobreviviente, se abocó en persona el doctor Mariano Varela, a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, a su estudio y tramitación pronta con los representantes del Brasil y de la República Oriental.

            Fue en esa oportunidad que la diplomacia de la Alianza, victoriosa sobre el Paraguay, se encontró con el complejo problema de dirimir sobre los objetivos fundamentales del Tratado secreto del 1° de Mayo.

            La realidad de la victoria consumada abre a la Triple Alianza la perspectiva, hasta entonces no dominada con claridad, de sus futuras relaciones con la nación vencida y del lote de ventajas que correspondería a cada una de sus partes.

            Con este motivo, tanto la diplomacia del Brasil, como de la Argentina, principales interesadas en el asunto, se aprestan con toda su capacidad táctica a zanjar las dificultades previstas e imprevistas que pudiera aparejar la creación de un Gobierno nuevo en el Paraguay.

            La primera cuestión que las preocupara era la de Límites.

            Los hechos ulteriores demostraron que la Cancillería brasileña tenía ya madurados, al concluir la guerra, sus puntos de vista cardinales sobre este respecto, así como sobre los demás asuntos del Paraguay.

            En cambio, la Cancillería argentina tuvo que improvisar planes y tantear maniobras que revelaron una falta de determinación, de antemano trazada, sobre los resultados de la guerra.

            Iniciase de allí una lucha sorda y subterránea entre ambas Cancillerías, que había de durar nueve largos años, en que, por momentos, se verá rota, y por momentos restablecida la Alianza, trocados los papeles de los Aliados de ayer, ora en contra, ora en favor del Paraguay, pero siempre sirviendo los intereses respectivos de sus nacionalidades.

            La influencia de la política partidista en la ventilación de los negocios con el Paraguay, por su parte, lo mismo en la Argentina que en el Brasil, sigue y seguirá marcando una pauta no menos tornadiza.

            Había substituido Sarmiento al general Mitre en la Presidencia de la República Argentina (1868), y a los ataques que el partido antimitrista hiciera a éste por su alianza con el Brasil y el Tratado secreto del 1° de Mayo, de notoria repercusión en el espíritu público, vino a sumarse su eclipse del poder y de la gravitación principal que ejerciera anteriormente sobre su país.

            Mariano Varela, canciller de la Presidencia de Sarmiento, haciéndose intérprete de aquella presión interna, al negociar con el plenipotenciario especial del Brasil, don José María da Silva Paranhos, sobre la cuestión paraguaya, compromete en las primeras de cambio para toda interioridad la acción diplomática argentina, circunscribiéndola a sus ruinosas declaraciones sobre el alcance del Tratado de 1° de Mayo.

            Tratábase precisamente del establecimiento del Gobierno provisorio en el Paraguay, a cuyo objeto se hallaba presente en Buenos Aires la Comisión paraguaya, portadora del petitorio de la Asunción del 31 de Marzo, esperando el resultado de sus oficios ante la Cancillería argentina y los representantes del Brasil y del Uruguay.

            El Plenipotenciario brasileño Paranhos, considerando el asunto propuesto por la Delegación paraguaya, libró a los Gobiernos Aliados su primer memorándum (Abril 30), en que subordina la creación del gobierno provisional a que debe aceptar desde luego las condiciones de paz determinadas por el Tratado del 1º de Mayo de 1865. Y añadía que, sin pérdida de tiempo, los Aliados tenían que ajustar el tratado de paz con el Gobierno provisional paraguayo, sobre las bases de aquél, atribuyéndose suficiente autoridad moral y legal.

            El Ministro Varela, en su memorándum del 8 de Mayo, discrepa con Paranhos, sosteniendo la inconveniencia de tratar definitivamente de paz con el Paraguay, mientras no esté legalmente reconstituido. Dice: Los Aliados comprometiéronse solemnemente a respetar la soberanía, integridad e independencia del Paraguay, y, por tanto, a dejar a éste en libertad de organizarse, una vez vencido López, por lo mismo que la guerra no se hizo contra el pueblo, sino contra el Gobierno del Paraguay. Y añadía: No podemos hoy exigir de aquel Gobierno, que nosotros hemos nombrado, la celebración de tratados que comprometen los derechos e intereses permanentes del país y que sólo deben negociarse por los poderes constituidos por la ley fundamental o la soberanía del pueblo.

            Fundado en aquellas elevadas consideraciones, el Ministro Varela se opone a la celebración de tratados definitivos de paz con el Gobierno provisional paraguayo, siendo probable que a ello también contribuyera la desconfianza de que éste fuera hechura del Brasil.

            El 17 de Mayo contesta Paranhos en otro memorándum, proponiendo, además de las condiciones expuestas por el Ministro Varela, que el Gobierno paraguayo acepte el Tratado de la Triple Alianza como condición preliminar de la paz; esto es, que acepte las condiciones establecidas en aquel pacto por los Aliados como satisfacciones legítimas y garantías indispensables de una paz honrosa y segura entre ellos y la República del Paraguay.

            Opónese nuevamente la Cancillería Argentina, sosteniendo que la victoria no daba el derecho a las Naciones aliadas de considerar como suyos los límites señalados en el tratado (de Alianza), y que ellos deben ser discutidos y determinados con el Gobierno que se constituya en el Paraguay, de acuerdo a los títulos en que cada uno funda sus derechos.

            Con fecha 18 de mayo, el plenipotenciario oriental se pliega a la tesis argentina.

            La Cancillería brasileña, que, por medio de Paranhos, tratara en esos momentos de despejar el criterio argentino, inmediatamente se adhiere al pensamiento generoso y amplio de Varela, a favor del vencido, y desde entonces hará uso de esas declaraciones para la resolución de las copiosas incidencias que van a traer los arreglos de límites con el Paraguay.

            Conciliados los puntos de vista de Varela y Paranhos, con la adhesión de este último, a la doctrina del primero, no faltaba sino el acuerdo definitivo a adoptar acerca del petitorio de la delegación paraguaya, sobre la creación del Gobierno provisional en la Asunción.

            A este efecto, reúnense en pleno los tres Ministros plenipotenciarios de la Alianza; los nombrados Varela y Paranhos, por la Argentina y el Brasil respectivamente, y el Dr. Adolfo Rodríguez, por la República del Uruguay, y firman el 2 de Junio los protocolos que resuelven el punto, cuyo tenor es como sigue:

 

            PRIMER PROTOCOLO

 

            A los dos días del mes de Junio del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1869, reunidos en Buenos Aires, en la secretaría de Estado del ministerio de Relaciones Exteriores, los tres plenipotenciarios de los Gobiernos aliados, a saber: S.E. el señor consejero don José María Silva Paranhos, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de S.M. el emperador del Brasil, en misión especial; S.E. el señor doctor don Mariano Varela, ministro y secretario de Estado de Relaciones Exteriores de la República Argentina; y S.E. el señor doctor don Adolfo Rodríguez, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la República Oriental del Uruguay en misión especial.

            Considerando dichos plenipotenciarios el estado de su negociación pendiente relativa al reconocimiento del Gobierno provisorio que los ciudadanos paraguayos pretenden establecer en la Asunción, según lo expuesto en sus conferencias verbales del 21, 22, 27 y 30 de abril último y en sus memorándums de 8, 17 y 18 de mayo próximo pasados. S.E. el señor plenipotenciario argentino tuvo la palabra era primer lugar y dijo que su gobierno había seriamente considerado tanto el primero como el segundo memorándum del señor plenipotenciario brasileño, pero que sus escrúpulos respecto a las cuestiones de principios y de conveniencias manifestados en el memorándum del 8 de Mayo no habían sido desvanecidos por aquellos documentos; empero estaba dispuesto a concurrir para el establecimiento de un Gobierno paraguayo provisorio y hoy más que nunca, si es posible, desea proceder en el más perfecto y amigable acuerdo con sus Aliados. Que la divergencia en el modo de considerar en el presente las relaciones de los Gobiernos aliados con el que se trata de establecer en el Paraguay, pide que no se atribuya sino a un verdadero celo por el crédito e Intereses comunes de la Alianza. Finalmente, que mucho estimaría llegar a un acuerdo que satisficiese el objeto esencial y urgente de estas conferencias dejando a todos los Gobiernos satisfechos y sin el menor quebranto en sus tan bien cultivadas relaciones de amigos y aliados.

            S.E. el señor plenipotenciario oriental dijo, que, expresamente autorizado por su gobierno respecto a los puntos controvertidos en las conferencias verbales y en los memorándums, confirmaba sus opiniones anteriores; y segundo, que aceptaría las bases formuladas por el señor plenipotenciario brasileño, salvo alguna modificación meramente de forma. Que, por tanto, sólo discordaba en la idea de aceptar en el presente el compromiso de celebrar con el Gobierno paraguayo provisorio los ajustes definitivos de paz.

            S.E. el señor plenipotenciario brasileño dijo que hacía plena justicia a las intenciones de los Gobiernos aliados representados por sus ilustres colegas, pero que sus opiniones eran hoy aún más firmes porque tenía la nueva y expresa aprobación del Gobierno imperial, que con profundo pesar había tenido conocimiento de las causas que retardaban el deseado acuerdo y que le recomendaba que hiciera el más franco y eficaz llamado a la alta ilustración y sentimientos amistosos de sus dignos Aliados. Abundó el mismo señor plenipotenciario, que lamentaba el tiempo que esta divergencia había hecho perder, pero reconocía la buena voluntad de todos y la importancia del asunto, convencido de que es urgente resolver de un modo amigable esa inesperada dificultad y esperando que así acontezca, en virtud de que todos concuerdan en la creación del Gobierno provisorio paraguayo, convidaba a sus ilustrados colegas para proponer la modificación que juzgasen aceptable sobre las bases ya examinadas en las conferencias anteriores.

            El señor plenipotenciario argentino declaró que le parecía posible evitar la disidencia actual y realizar la idea capital en que todos están de acuerdo, dejando lo demás para cualquier otro ajuste ulterior. Que este resultado se podía conseguir según el pensar de su gobierno, dando otra forma a las bases tercera y cuarta formuladas por el señor plenipotenciario brasileño.

            Estas dos bases en el proyecto presentado por el señor consejero Paranhos están así concebidas:

            En consecuencia el Gobierno provisorio paraguayo se adherirá al tratado de la Triple Alianza, que es la condición preliminar de paz de los Aliados con la República: salvo cualquiera modificación que en el propio interés del Paraguay se estipule ulteriormente por mutuo consentimiento de los Aliados y del mismo Gobierno provisorio.

            De esta adhesión resultará: que el nuevo Gobierno paraguayo, sin dejar de tener plena libertad en el ejercicio de su soberanía nacional, en lo tocante a la guerra y a los derechos de los Aliados que se refieren a las causas y efectos de la misma guerra, quedará ligado por aquel pacto a proceder en perfecto acuerdo con los Aliados".

            El señor plenipotenciario argentino propuso que dichas dos bases fueran sustituidas por la siguiente.

            "Ligados estos dos Gobiernos por un tratado de alianza, que es hoy del dominio público, en el que se consignan los propósitos y fines de la guerra a que las tres potencias que lo firman fueron arrastradas por el dictador López, el Gobierno provisorio que ahora se establezca en el Paraguay se obligará a proceder de entero acuerdo con los Aliados hasta la terminación de la guerra".

            El señor plenipotenciario oriental, después de examinar la antedicha enmienda dijo que le parecía una cuestión de pura forma, en virtud de que quedaban salvados los compromisos de la alianza, haciéndose referencia expresa de ellos. Que por su parte no se opondría a la nueva redacción.

            El señor plenipotenciario brasileño respondió que iba a corresponder al pensamiento conciliador del ilustrado plenipotenciario del Gobierno argentino, en no retardar por más tiempo la idea esencial de la creación del Gobierno provisorio paraguayo, buscando una fórmula de acuerdo que deje enteramente libre la acción de los Aliados para proceder más tarde según la disidencia ahora manifestada en la discusión de los principios y de oportunidad, o determinar otro acuerdo más satisfactorio entre los mismos Aliados, en conformidad con sus solemnes compromisos a que todos son igualmente fieles.

            En seguida propuso el señor plenipotenciario brasileño, que se ampliase la nueva redacción de su ilustrado colega con algunas palabras más, que expliquen mejor el pensamiento de los Aliados, que no obstaculicen la acción que debe ser de exclusiva competencia del Gobierno paraguayo, y que definan claramente la naturaleza de las obligaciones de éste para con los Aliados. Con este agregado la nueva redacción de las dos mencionadas bases quedan concebidas como siguen.

            "Ligados estos gobiernos por un tratado de alianza, que es hoy del dominio público en el que se consignan los propósitos y fines de la guerra a que las tres potencias que lo firman fueron arrastradas por el dictador López, el Gobierno provisorio que ahora se establezca en el Paraguay, sin dejar de tener plena libertad en el ejercicio de su soberanía nacional, en lo tocante a la guerra, teniendo presente las prescripciones del referido tratado, se obligará a proceder de entero acuerdo con los Aliados hasta la terminación de la misma guerra".

            Esta última redacción fue aceptada por los tres plenipotenciarios, entendiendo que de este modo se evitan los embarazos con que tropezaron los que desde ya querían definir todas sus relaciones futuras con el Gobierno provisorio paraguayo. El tratado del primero de mayo de 1865 contiene los solemnes compromisos de los Aliados, y siendo uno de éstos el de común acuerdo en todos los casos de la alianza, podrían los mismos Aliados adoptar ulteriormente las medidas que los acontecimientos aconsejan, como lo justifica la identidad de miras y los sentimientos de amistad y unión que los animan; para llevar a cabo la justa y gloriosa empresa.

            En cuanto a la última base contenida en el proyecto brasileño, al que el presente protocolo se refiere, fue también aceptada por todos los plenipotenciarios, concordando que los mismos plenipotenciarios expresasen como un voto y consejo amigable de los Aliados, en su contestación oficial a la comisión paraguaya.

            La base que más arriba se menciona es la siguiente:

            "En el deseo de avivar el espíritu de unión entre los paraguayos y de asegurar el más decidido apoyo nacional al nuevo Gobierno, conviene que éste se componga de tres miembros, bajo la denominación de junta gubernativa u otro parecido. Aun en el caso de que uno de ellos lleve el título de presidente y ejerza como tal las funciones especiales, la autoridad suprema residirá en el cuerpo colectivo, distribuyéndose las diferentes atribuciones administrativas de la junta, de tina manera racional entre cada uno de sus miembros".

            Finalmente convinieron levantar un protocolo especial como resultado de la presente conferencia en el que se formule en términos precisos el acuerdo relativo al reconocimiento del Gobierno provisorio, que los ciudadanos paraguayos desean establecer en la capital de su patria.

            En testimonio, los abajo firmados, plenipotenciarios de Su Majestad el emperador del Brasil, de la República Argentina y de la República Oriental del Uruguay, mandamos celebrar el presente protocolo, en tres copias, en virtud de nuestros plenos poderes, y las firmamos y sellamos con nuestros sellos. - (L.S.) José María da Silva Paranhos - (L.S.) Adolfo Rodríguez - (L.S.) Mariano Vareta.

 

 

            SEGUNDO PROTOCOLO

 

            A los dos días del mes de junio del año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil ochocientos sesenta y nueve, en la ciudad de Buenos Aires, reunidos en la secretaría del ministerio de Relaciones Exteriores, los plenipotenciarios de los Gobiernos aliados, a saber: S.E. el señor consejero José María da Silva Paranhos, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Su Majestad el emperador del Brasil, en misión especial, S.E. el señor Dr. don Mariano Varela, ministro y secretario de Estado de Relaciones Exteriores de la República Argentina; y S.E. el señor Dr. don Adolfo Rodríguez, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la República Oriental del Uruguay, en misión especial.

            El objeto de la presente conferencia es acordarse definitivamente respecto a los términos del reconocimiento del Gobierno provisorio, que los ciudadanos paraguayos, amigos de la alianza, pretenden establecer, según el manifiesto firmado por un gran número de los mismos y remitido a los plenipotenciarios por nota del 29 de abril último, por la comisión encargada de gestionar la realización de esas nobles y legítimas aspiraciones del pueblo paraguayo.

            Los tres plenipotenciarios, después de canjear sus respectivos plenos poderes, y encontrados en buena y debida forma.

            Considerando:

            Que los votos y la solicitud de los ciudadanos paraguayos están de acuerdo con las generosas miras y legítimos propósitos de la alianza;

            Que, concordando con el establecimiento de un Gobierno nacional en el Paraguay, los Gobiernos aliados no hacen más que respetar y cumplir uno de sus más solemnes compromisos, expresado en varios artículos del tratado del 1º de mayo de 1865, al mismo tiempo que completan el acto por el cual las legiones paraguayas unidas a los ejércitos aliados, de los cuales forman parte, marchan con la bandera de su nacionalidad;

            Que el Gobierno paraguayo será un elemento moral de benéfica influencia para acelerar y hacer menos sangrienta la conclusión de la presente guerra;

            Que es una necesidad reclamada por los intereses de la población civil, tanto paraguaya como extranjera, que habita las ciudades, villas y demás poblaciones que las fuerzas aliadas han libertado del poder del enemigo en el territorio que se comprende desde el Paso de Patria hasta los septentrionales límites de la República, y desde el río

Paraguay hasta las Cordilleras, donde el dictador López se refugió con el resto de su derrotado ejército;          

            Que el establecimiento del Gobierno paraguayo amigo no altera ni los propósitos ni los fines de la alianza, y deja subsistentes, y con la misma fuerza, los derechos de los beligerantes.

            Resuelven, como ejecución del tratado del 1° de mayo de 1865, y en perfecta conformidad así con las disposiciones de este pacto como con las instrucciones de sus respectivos Gobiernos declarar a la comisión paraguaya:

            Que los Gobiernos aliados han acordado entre sí facilitar en tanto esté de su parte el establecimiento del Gobierno paraguayo provisorio reconocer y tratarlo como amigo bajo las siguientes condiciones

            1º) El Gobierno provisorio que se establezca en el Paraguay debe ser libremente nombrado por los ciudadanos paraguayos que se hallen en el territorio libertado del dominio del mariscal López;

            2º) Este Gobierno debe constituirse en forma y con personas que den garantías de estabilidad, paz y perfecta inteligencia con los Gobiernos aliados. El buen sentido de los mencionados ciudadanos paraguayos, sus manifestadas declaraciones de reconocimiento para con los Aliados, y el propio interés nacional que ahora los reúne, aseguran que esa condición será satisfecha por la libre elección a que aspiran y para lo cual cuentan y pueden contar con las más generosas simpatías de parte de los Gobiernos aliados;

            3º) Ligados estos Gobiernos por un tratado de alianza, que es hoy del dominio público en el que se consignan los propósitos y fines de la guerra a que las tres potencias que lo firmaron fueron arrastradas por el dictador López, el Gobierno provisorio que ahora se estableciere en el Paraguay sin dejar de tener plena libertad en el ejercicio de su soberanía nacional, en lo que a la guerra se refiere teniendo presente las prescripciones del mencionado contrato se obligará a proceder de acuerdo perfecto con los Aliados hasta la terminación de la guerra.

            4º) En consecuencia el Gobierno paraguayo no podrá tratar con el mariscal López así como con persona que lo represente, o sobre quien influyó porque del mismo modo procederán los Gobiernos aliados y sus representantes diplomáticos y militares;

            5º) La acción de los Gobiernos aliados quedará enteramente libre o independiente del Gobierno provisorio, en lo que respecta al ejercicio de su jurisdicción militar y las operaciones contra el enemigo común. Estos podrán ocupar los puntos que juzgaren necesarios, y aprovecharán de todos los recursos del país, sobre la propiedad particular de los neutrales o amigos, cuyo uso dará derecho a indemnización;

            6°) La jurisdicción civil y criminal del Gobierno provisorio no se extenderá a los cuarteles, campamentos e individuos pertenecientes a los ejércitos aliados. En caso de algún delito entre un militar o un empleado de dichos ejércitos, y persona que le sea extraña, preferiráse la jurisdicción militar, salvo que la autoridad militar competente entregare el delincuente a la justicia de la autoridad paraguaya.

            7º) Todos los individuos, navíos, víveres, forrajes y demás material de cualquier especie, pertenecientes a los ejércitos aliados, o a sus proveedores, tendrán entrada y salida por el territorio de la república con exención de todo o cualquier omes, y sin más fiscalización que la que fuere acordada con los generales o sus representantes diplomáticos de los Gobiernos aliados.

            Bajo estas condiciones los Aliados se comprometen a reconocer el gobierno provisorio y a prestarle su apoyo moral y material para la defensa del orden público y del régimen legal de la república, en tanto durare la guerra, y en la forma que juzgaren más conveniente

            Convinieron a más 1º) Que esta declaración de los Gobiernos aliados será hecha por nota colectiva dirigida por tres plenipotenciarios a la comisión paraguaya acompañada de copia del presente protocolo y del pacto de la alianza a que se refieren las antecedentes condiciones, por ser ya del dominio público, 2º) Que la comisión declarará por nota reservada si acepta las condiciones, de reconocimiento que le han sido ofrecidas por los Aliados y que, constituido el Gobierno paraguayo provisorio, confirmará en forma oficial más conveniente el acuerdo previo que desde entonces tendrá pleno y entero vigor.

            En testimonio de lo cual, nos, los plenipotenciarios de S.M. el emperador del Brasil, de la República Argentina y de la República Oriental del Uruguay, hacemos levantar el presente protocolo en tres copias, y las firmamos y sellamos con nuestros sellos. - (L. S.) José María da Silva Paranhos - (L.S.) Mariano Vareta - (L.S.) Adolfo Rodríguez.

            Comunicados los términos de ambos protocolos a la Comisión paraguaya, ésta dirigió con fecha 11 de junio la siguiente nota de conformidad.

 

 

CONTESTACION DE LA COMISION PARAGUAYA A LOS PLENIPOTENCIARIOS ALIADOS

 

            BUENOS AIRES, junio 11 de 1869.

            Excmos. señores:

            Los infrascritos hemos tenido el honor de recibir la nota colectiva, que VV.EE. se han servido dirigirnos con fecha 8 del corriente, participando el asentimiento de las Naciones aliadas a la formación de un Gobierno provisorio para la República del Paraguay, acompañado del protocolo del acuerdo en que se fijan las condiciones de su reconocimiento e incluye la copia del tratado de la Triple Alianza.

            Después de meditar ese acuerdo con la atención requerida por la importancia del asunto sobre que versa, hemos encontrado que deja incólumes los derechos del Paraguay, que no impone al Gobierno provisorio otras obligaciones que las que su misma lealtad le aconsejan y que sólo envuelve las garantías necesarias a la libre acción militar de los Aliados.

            Así, pues, en nombre de nuestros representados, declaramos solemnemente que aceptamos todas las condiciones fijadas a la creación del Gobierno provisorio, y que se respeta la indicación relativa al número de sus miembros.

            Terminaremos esta nota declarando no menos solemnemente, que este paso de los Excmos. Gobernadores aliados es la prueba más elocuente de las simpatías que le inspira la desgracia del Paraguay, y agradeciendo tan íntimamente como nos es posible los benévolos votos que se dirigen por su futura prosperidad.

            Devolviendo a VV.EE. sus afectuosos saludos, tenemos el honor de ofrecerles las seguridades de nuestro profundo respeto y distinguida consideración.

            José Díaz de Bedoya, F. Egusquiza, B. Valiente.

 

            A los Excmos. Sres. plenipotenciarios de los Gobiernos aliados. doctor D. Mariano Varela, ministro secretario en el departamento de Relaciones de la República Argentina; S.E. el señor consejero D. José María da Silva Paranhos, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en misión especial de S.M. el emperador del Brasil; y S.E. el Dr. Adolfo Rodríguez, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en misión de la República Oriental del Uruguay.

            Estaba, pues, finiquitada favorablemente la misión de los cuatro Delegados paraguayos en Buenos Aires, quienes regresan a la Asunción seguidamente.

            A fin de intervenir de cerca en el proceso electoral caldeado, que se estaba gestando, en la capital paraguaya, para la formación del futuro Gobierno, el plenipotenciario Paranhos, por el Brasil, y don José Roque Pérez por la República Argentina, con carácter de Comisario especial, siguieron igualmente viaje a Asunción.

 

 

LUCHAS ELECTORALES DE LOS PARTIDOS

 

            Ínterin se producía en Buenos Aires la resolución de los Aliados sobre el petitorio de la delegación paraguaya, proseguían activamente en la Asunción los aprestos y preparativos electorales de los núcleos agrupados.

            Así como el arribo de Bareiro había contribuido decisivamente a la rápida formación de las dos corrientes antagónicas de opinión, otro ciudadano aparece en este interregno en la capital, llamado a destacarse singularmente y a intervenir en primer término en las soluciones de mayor trascendencia de aquel caliginoso período de la reorganización nacional: D. Cirilo Antonio Rivarola.

            El nombre de este ciudadano venía precedido de una tradición liberal, que lo prestigiaba de antemano ante el núcleo de ideas avanzadas, que seguía acentuando su organización.

            Hijo del ciudadano D. Juan Bautista Rivarola, de viril actuación en el Congreso General de 1844, donde impugnara, como diputado, él solo, la carta política votada entonces por una inmensa mayoría, calificándola de dictatorial había exteriorizado las ideas liberales de su padre bajo la Presidencia del Mariscal, lo que le atrajo de parte de éste severas persecuciones. En Cerro León se le tuvo preso, en un cepo de lazo y al sol por haber pensado se decía en otra Constitución política para el país.

            Tomado prisionero por las fuerzas de asalto del Conde D'Eu en una guardia avanzada de Cerro León, donde actuara como Sargento de Infantería fue tratado y distinguido por dicho generalísimo de las fuerzas aliadas quien lo remitió libertado a la capital y recomendado a Paranhos.

            Poseía una mediana instrucción, cierta práctica de abogacía, que ejerciera antes de la guerra, patrocinando asuntos de la Cordillera, de donde era oriundo.

            Todos estos antecedentes concurrían a despertar en torno de Cirilo Antonio Rivarola, a raíz de su llegada a la Asunción, la expectativa de los hombres liberales que acabaran por concentrarse definitivamente.

            Desde un principio se le ve inclinado hacia ellos, a la vez que rodeado y estimulado de sus simpatías.

            Así las cosas, el circulo decouista, apercibido del fin de las negociaciones en Buenos Aires y de los trabajos electorales del grupo de Bareiro, resuelve constituirse en agrupación orgánica, en club permanente.

            Dados los pasos necesarios, reúnense el 26 de Junio alrededor de sesenta ciudadanos de la expresada tendencia política y fundan en dicha ocasión el Club del Pueblo, asociación que va a participar pronto en los principales acontecimientos de la gestación constitucional.

            He aquí el acta de fundación del Club del Pueblo:

 

ACTA DE INSTALACION DEL "CLUB DEL PUEBLO"

 

            En esta ciudad de la Asunción capital de la República del Paraguay a veinte y seis de junio de mil ochocientos sesenta y nueve, reunidos los ciudadanos paraguayos que suscriben convencidos de la necesidad de una asociación política con el laudable objeto de uniformar las ideas, para ver y tratar con altura y dignidad los más caros intereses vitales del país, que han servido de escarnio a los tiranos durante muchos años desde nuestra emancipación política de la metrópoli española; abrogando el derecho de todo hombre libre de tomar participación en los negocios públicos hollando con tal descaro e impavidez con sus sangrientas plantas crímenes y abominaciones, la soberanía del pueblo en el santuario mismo de la ley, como a la vez violando impunemente de continuo, del modo más brutal, inicuo e ignominioso los derechos naturales del hombre, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.

            Por tanto: Considerando que es muy justo oponer todos los esfuerzos posibles a la continuación de tantos males funestos que cubren de luto al corazón de la patria en su agonía; animados y convencidos profundamente de la gran verdad de que sólo el patriotismo, la abnegación y perseverancia de sus hijos pueden salvarla de su postración actual y de reparar las desgracias pasadas, apelando ante el tribunal de la razón, la justicia y la equidad misma, poniendo en planta todos los medios legales y propios para obtener un resultado favorable a la santa causa de la libertad; han resuelto:

            Establecer dicha asociación política, que se denomina por unánime aprobación "Club del Pueblo ", siendo nombrado, acto continuo y por unanimidad también, una comisión directiva compuesta del modo siguiente: Presidente, ciudadano Ignacio Sosa; vicepresidente, José María Mazó; secretario, José Segundo Decoud; y vocales: Rufino Taboada, Juan B. Careaga, Manuel Valle, Eustaquio Aranda y Ezequiel Román, previo el sagrado compromiso de sostener y respetar todos los actos y deliberaciones que emanen del seno de la asociación y en prueba de esta solemne declaración, firman:

            Ignacio Sosa, presidente; José María Mazó, vicepresidente; José Segundo Decoud, secretario; R. Taboada, Lorenzo Giménez, Emeterio Román, Juan B. Careaga, Eustaquio Aranda, Ezequiel A. Román, José Gregorio Ayala, Esteban Ramírez, Ángel Decoud, Agustín Samaniego, Fernando Acosta, Ramón Ortiz, Benjamín Fernández, Juan Ortellado, Jaime Sosa, Romualdo Navesco, Pedro Ferriol, Adolfo Decoud, Juan G. González, Dolores Maidana, Antonio Taboada, Zacarías Recalde, Marcelino Candia, Gregorio Ocampo, Eulogio González, Zacarías Samaniego, Martín Ferreira, Melitón Díaz, Agustín Zalaza, Miguel Acosta, Pablo Giménez, José Melgarejo, Modesto Benítez, Antonio Decoud, Pedro Molinas, Benigno González, José Centurión, José Hilario Cruz, Gumersindo Ayala, José Gavilán, José María Monillas, Marcelo Jaxias, Blas Quiñones, Pedro Ibarrola, Donato Romanes, Justo Cañete, Mateo Collar, Pedro Decoud, Policarpo Cahal, Tomás Ramón Vera, Carmen Hermosilla, Guillermo Benegas y otros.

            Componen, pues, la comisión directiva del Club del Pueblo los siguientes ciudadanos:

            Presidente, don Ignacio Sosa; vicepresidente, don José María Mazó; secretario, don José Segundo Decoud; vocales: D. Rufino Taboada, D. Manuel Valle, D. Juan B. Careaga, D. Ezequiel Román, D. Eustaquio Aranda.

            En el mes de Julio llegan los Plenipotenciarios aliados, Paranhos y D. José Roque Pérez.

            Traían la misión de presidir de hecho la elección e instalación del Gobierno Provisorio, a cuyo fin el Comisario especial argentino debía obrar de perfecto acuerdo con Paranhos.

            En realidad es éste el gran elector del momento: a la clasificación sucinta que ya traía de todos los hombres públicos paraguayos, agrega, desde luego, su auscultación personal de cada uno de ellos.

            Cada paso que dan, es resultado de una impresión previa: tratando de rodear la próxima elección de todas las formas y apariencias de un movimiento libre de la opinión paraguaya, ponen en juego todos los resortes de su fuerza y maquinación política para asegurar en el futuro triunvirato hombres de su entera confianza.

            Indicada la conveniencia de que el futuro gobierno fuera integrado por tres personas, en los protocolos del 2 de Junio, faltaba dar con esos hombres y no errar en su elección, para las miras de los representantes aliados.

            Fue trabajosa y difícil la compaginación de los principales candidatos, por la espesa madeja de intrigas e intereses encontrados que se interponía a su designación.

            Empero, hubo que urgir los hechos, y Paranhos se decidió, después de agotar sus estudios sobre todos los hombres, por levantar la personalidad de Cirilo Antonio Rivarola, persuadido de que iba a ser su hombre en el Gobierno. Todavía había que llenar las formas y observar una aparente equidistancia de los grupos. Llamó a los más destacados exponentes de ellos, a varias conferencias preliminares, insinuándoles la necesidad de que aunaran las voluntades para la elección del Gobierno, única manera de impedir la designación de un Gobernador militar que se verían obligados a establecer los Aliados si los paraguayos no se entendían.

            Con fecha 19 de Julio los representantes Aliados los citan a la última entrevista preliminar, para el día 21, en la casa habitación de Paranhos.

            Tratábase de uniformar ideas sobre la gran asamblea popular que estaba convocada para el 22, en el Teatro Nacional, con el objeto de proceder a la elección de los futuros mandatarios. Estaban justamente preocupados los representantes aliados con la inusitada efervescencia de los espíritus que no acertaban a dar con una fórmula común por la extrema intransigencia de cada grupo.

            A todo esto, la agrupación de Bareiro se había constituido, ya igualmente como asociación permanente, bajo la denominación de Club Unión, siendo su leader principal el ciudadano D. Cayo Miltos, contando con bastante arraigo popular. El candidato al gobierno del grupo era don Félix Egusquiza.

            Se acordó en casa de Paranhos las principales medidas de la Asamblea a reunirse el día siguiente.

            Llega por fin, el día de la elección popular. Reunidos en número de ciento veinte y nueve ciudadanos, en el Teatro Nacional, se abre la sesión bajo la Presidencia del representante argentino Dr. José Roque Pérez y con asistencia del Ministro Paranhos.

            Procedióse luego a designar una mesa directiva de la Asamblea, la que recayó en los ciudadanos Carlos Loizaga como Presidente y Miguel Palacios y Bernardo Valiente, como secretarios.

            Después de un largo y acalorado debate, en que intervino varias veces el representante argentino, para calmar los ánimos, se resolvió constituir una Delegación Nacional de la asamblea, compuesta de veintiún miembros, siendo electos los siguientes ciudadanos: Carlos Loizaga, Cirilo Antonio Rivarola, Juan Francisco Decoud, Cándido Bareiro, Fernando Iturburu, Benigno Ferreira, Salvador Jovellanos, José Segundo Decoud, Ignacio Sosa, Bernardo Valiente, Miguel Palacios, Jaime Sosa Escalada, Miguel Haedo, Benigno Guanes; Juan de Dios Valdovinos, Bernardo Recalde, Mateo Collar, Otoniel Peña.

            Facultóse al propio tiempo a que esta Junta Nacional nombrase de su seno un Comité elector, compuesto de cinco miembros, con cargo de designar los tres ciudadanos que habían de componer el Gobierno Provisorio.

            Labrada el acta de la sesión, se levantó la asamblea.

            Reunióse al día siguiente la Junta Nacional, designando como Presidente a D. Cirilo Antonio Rivarola, y secretario a D. Benigno Ferreira, y acto continuo, constituyó el Comité elector de cinco miembros con los siguientes ciudadanos:

            Ignacio Sosa, José Segundo Decoud, Miguel Palacios, Mateo Collar, Bernardo Valiente.

            Labróse acta de esta sesión y se la entregó como credencial a los cinco electores a los efectos de su reconocimiento por los representantes aliados.

            El 5 de Agosto, el Comité elector se reúne y acuerda proponer al Ministro Paranhos y al Dr. Roque Pérez una terna de ciudadanos para el Gobierno, según el acta siguiente:

 

ACTA DE ELECCION DE LOS TRIUNVIROS

 

            En la Asunción del Paraguay, a los cinco días del mes de Agosto de mil ochocientos sesenta y nueve, reunidos los señores comisionados que suscriben en la casa del Sr. Recalde, habiéndose creído conveniente reunirse con el objeto de presentar al señor Ministro Paranhos una terna de personas que deben componer el Gobierno Provisorio del Paraguay a pedido de dicho señor y como simple indicación que hace la Comisión por no haber sido reconocida aún en su carácter Oficial; resolvieron proceder al nombramiento de esta combinación y resultaron electos los señores Carlos Loizaga Juan Francisco Decoud y José Díaz de Bedoya, habiendo votado por éstos los señores Palacios, (Miguel), Decoud (Segundo), Collar (Mateo) y Sosa (Ignacio) y quedando en disidencia el señor Valiente (Bernardo). Acordaron igualmente los Comisionados suscritos, que en caso de no ser aceptada por los Ministros Plenipotenciarios la terna propuesta, reconsiderar en otras sesiones este nombramiento, siempre que la Comisión sea aceptada en su carácter, oficialmente. Resolvieron también los Comisionados que en la combinación propuesta sea incluido el señor Rivarola (Cirilo), junto con el señor Decoud (Juan Francisco), es decir, que quedará de este modo:

            Loizaga, Decoud o Rivarola y Bedoya. -Queda resuelto que tanto esta conferencia como las que tuvieran lugar en adelante, deben mantenerse en la absoluta reserva hasta que se considere conveniente, José S. Decoud-Miguel Palacios-Ignacio Sosa-Mateo Collar-Bernardo Valiente.

            Con fecha 6, los representantes aliados se dirigen al Comité elector reconociéndole su personería y manifestando su conformidad con la elección recaída en favor de los ciudadanos Carlos Loizaga, Cirilo Antonio Rivarola y José Díaz de Bedoya, al tenor de estas notas:

            ASUNCION, 6 de Agosto de 1869.- El abajo firmado tiene el honor de acusar recibo de oficio datado 5 del corriente, por el cual V. Sas. le remitieran copia auténtica del acta de elección a que procedieron, en desempeño del muy honroso mandato que recibieran de sus conciudadanos.

            El abajo firmado queda enterado de que la elección de los miembros del Gobierno Provisional recayó en los Sres. D. Carlos Loizaga, D. Cirilo Rivarola y D. José Díaz de Bedoya, v estando de acuerdo con el representante del Gobierno Argentino en reconocer la autoridad conferida a los referido ciudadanos, una vez que por parte de ellos se llene la formalidad exigida por el Acuerdo de los Gobiernos Aliados, congratúlase desde ya con V. Sas. por una elección que promete realizar plenamente las nobles aspiraciones del pueblo paraguayo.

            El abajo firmado saluda a V. Sas. con las expresiones de su más distinguida consideración.

            José María da Silva Paranhos.

            A los Excmos. Señores: D. José Decoud, D. Bernardo Valiente, D. Mateo Collar, D. Miguel Palacios, D. Ignacio Sosa".

 

            La del Representante Argentino decía:

            "ASUNCION, Agosto 7 de 1869.- El Comisionado Especial del Gobierno de la República Argentina en la Asunción, tiene el honor de avisar a Vd. el recibo de su nota fda. 5 del corriente, en que se sirven adjuntarle copia auténtica del acta original confeccionada en ese día, de la elección de tres miembros que deben componer el Gobierno Provisorio de la República del Paraguay, haciéndole saber que esa elección ha recaído en las personas de los ciudadanos paraguayos Don Cirilo Antonio Rivarola, Don Carlos Loizaga y Don José Díaz de Bedoya y en que piden preste su adhesión a esa elección, en conformidad al Acuerdo de los Aliados en sus Protocolos de 3 de Junio ppdo. El Comisionado Especial que suscribe se complace en manifestar a Vds. que siendo las personas electas la expresión legítima de la voluntad popular, y además perteneciendo ellas a la Clase más esclarecida de la Sociedad Paraguaya, por su parte las considera dignas de regir los destinos de esta República, sin peligro alguno para los intereses de la Alianza, con cuyas ideas y propósitos las considera unificadas. -Por consiguiente el Comisionado Especial, adhiere plenamente a esta elección y está dispuesto a reconocer en ellos el Gob. legítimo de la República del Paraguay, con sujeción a lo estipulado en el Protocolo firmado por los Representantes de las Potencias Aliadas.- Con este motivo es grato al Comisionado Especial del Gobierno Argentino reiterar a los Caballeros a quienes se dirige los sentimientos de su alta consideración -José R. Pérez,- A los Sres. Don Miguel Palacios, Bernardo Valiente, Mateo Collar, Ignacio Sosa y José S. Decoud ".

 

            A propósito de la elección de los triunviros, ha de mencionarse la eliminación de la candidatura del Coronel Juan Francisco Decoud por resistencia de los representantes aliados, especialmente de Paranhos. Debíase ello a los fuertes ataques hechos, desde un diario de Corrientes, por su hijo Juan José Decoud, contra el Brasil, en ocasión del saqueo de la Asunción por las tropas brasileras, circunstancia que despertó la suspicacia del diplomático fluminense contra el padre del escritor.

            Convínose, luego, en que el 15 de Agosto, asumiese el mando el Gobierno electo, con prestación de juramento y en solemne acto público.

 

 

EL TRIUNVIRATO

SU ACCION INTERNA Y EXTERNA

15 de Agosto de 1869 - 1° de Septiembre 1870

 

            En la mañana del 15 de Agosto, de acuerdo a las formalidades convenidas, ante numeroso público nacional y extranjero, tuvo lugar en la plaza del 14 de Mayo, la asunción del mando por los Triunviros. Estaban presentes los representantes y dignatarios aliados. Las fuerzas de ocupación de los tres países formaron parada de honor junto a la plaza. Después de leerse las actas de la Junta Nacional de veintiún delegados, y del Comité electoral de los cinco, en que se designaban a los tres ciudadanos que debían constituir el Gobierno, labróse otra relativa a aquel momento de la entrada en ejercicio de sus funciones, firmándola los Triunviros y numerosos concurrentes. De todo lo cual quedó notificada la concurrencia, con aclamaciones y aplausos.

            He aquí el Acta de la instalación del Gobierno Provisorio:

 

ACTA DE INSTALACION DEL GOBIERNO PROVISORIO

 

            En la ciudad de Asunción, capital de la República del Paraguay, a quince días del mes de Agosto del año del Señor, de mil ochocientos sesenta y nueve, se reunió el Pueblo Paraguayo que representa el pueblo libertado de las garras del dictador Francisco S. López en la plaza 14 de Mayo, para proclamar solemnemente, el nombramiento de los Ciudadanos, Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya, electos por la comisión nombrada por los veinte y un electores, en que el Pueblo Soberano ha delegado sus plenos poderes en Asamblea popular primaria de 2 de Julio último, como todo consta en las respectivas actas confeccionadas.

            Los infrascriptos habiendo procedido al nombramiento de los expresados Ciudadanos con arreglo a las instrucciones que recibieron de sus constituyentes, teniendo en vista lo acordado por las potencias aliadas era el protocolo de 2 de Junio último, declaran nombrados los expresados señores, "Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya" para el Gobierno Provisorio Nacional de la República del Paraguay, a quien se ha proclamado en alta voz al pueblo reunido en este día.

            En su consecuencia habiendo sido aclamada dicha elección por la unanimidad de todos los ciudadanos, reunidos en este acto, procedieron los tres ciudadanos electos y arriba nombrados aprestar el juramento legal en esta forma: -Juro solemnemente por Dios y estos Santos Evangelios, desempeñar religiosamente el mandato que he recibido del Pueblo Paraguayo, cumpliendo y haciendo cumplir las disposiciones legales, promoviendo cuanto esté de mi parte, la prosperidad de la Nación, defendiendo sus derechos y contribuyendo con todas las fuerzas de mi alma y con la propia vida si fuere preciso para acabar con todos los restos de la tiranía que mantiene en nuestro territorio la más calamitosa de las guerras que haya afligido a la humanidad.

            Si así no lo hiciere, que Dios me lo demande y el Pueblo Paraguayo, ante quien presto este solemne juramento.

            Con cuya formalidad quedando concluido el acto de la instalación del Gobierno Provisorio, los miembros de éste con la comisión y el Pueblo firmaron la presente acta en testimonio de los hechos legales que inauguran la nueva existencia y regeneración de nuestra patria, a la sombra de los principios liberales del siglo en que vivimos.

            Año 1° de la libertad de la República del Paraguay.

            Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga, José Días de Bedoya, Ignacio Sosa, Miguel Palacios, Bernardo Valiente, Mateo Collar, José S. Decoud. Siguen las firmas.

 

            Pasóse después a la Catedral, donde juraron los nuevos mandatarios y se ofició un Te Déum, por el acontecimiento. De allí, se constituyeron los Triunviros, acompañados siempre de su selecta comitiva, al antiguo Palacio de Gobierno, donde se sirvió un lunch, en cuya oportunidad los representantes Aliados formularon algunos brindis de significativas declaraciones.

            Dijo el Ministro Paranhos, entre otras cosas:

            "Excelentísimos Señores: El Acuerdo del dos de Junio de este año, cuyas condiciones aceptasteis plenamente, y la cordialidad de los sentimientos que el Gobierno Imperial ha profesado siempre a la República del Paraguay, serán por parte del Brasil, la norma y los móviles de las nuevas relaciones oficiales que desde hoy se establecen entre las autoridades brasileras y paraguayas.

            El Todopoderoso os ilumine y aproxime el día de la paz honrosa y estable que a todos interesa, y con la paz os conceda todos los bienes de que es digno este pueblo laborioso y valiente, a la sombra de su soberanía e independencia nacional.... "

 

            El Ministro argentino dijo:

            "Es para mí un grato deber saludar a vuestras excelencias en este día grandioso, aurora de una nueva época para a República del Paraguay, y aún más, el poder ofrecer al Gobierno Provisorio el concurso moral y material de la República Argentina para su sustentáculo y desenvolvimiento.      

            Así los principios sacrosantos que han guiado a la Alianza en esta larga lucha para el triunfo de la justicia y la libertad, quedarán patentizados al mundo. Ella habrá evidenciado en desagravio de ofensas injustas y no provocadas, irrogadas por un déspota sin freno, salvar la soberanía de la República del Paraguay, y procurar que se formara en ella un gobierno libre que diese garantía de paz a sus vecinos, para que juntos desenvolvieran sus relaciones comunes, su comercio y su industria, cultivando las mayores relaciones de amistad".

 

            Contestó a los ministros aliados el triunviro Rivarola, en términos que acusaban la más entera y decidida voluntad del Gobierno Provisorio, de facilitar la misión de los poderes aliados en la parte del país que iba cayendo bajo su jurisdicción.   

            En el día, el Triunvirato lanzó los primeros Decretos, denominándose a sí Gobierno provisorio, y nombrando su Secretario General interino a Don Serapio Machaín.

            Rivarola se instaló en la propia casa de Gobierno, añeja ex-vivienda del Dictador Francia, y desde el primer momento, absorbió a sus colegas en las iniciativas y funciones del gobierno, reservándose a su despacho los Ministerios del Interior, Instrucción Pública y Culto, quedando al de Loizaga los de Relaciones Exteriores, Justicia, Guerra y Marina y a Díaz de Bedoya, los de Hacienda, Agricultura, Comercio y Obras Públicas.

            Fueron nombrados Secretarios de cada Triunviro y sus ministerios en el orden enumerado, los señores José Segundo Decoud, Serapio Machaín y Miguel Palacios.

            La labor que tuvieron que desplegar los Triunviros era acaso superior a sus fuerzas; a tal extremo de desorganización y de ruina completa encontrábase la parte del país librada a su administración.

            Innumerables problemas de orden interno y externo, a cuales más trascendentales y de la más honda repercusión sobre el porvenir de la República, se presentaban al estudio y a la acción de aquellos hombres improvisados y de limitado alcance.

            No obstante, la misma magnitud de la tarea impuesta sobre sí, pareciera que les hubiese estimulado a acometer, sin desfallecimiento, las más arduas soluciones.

            Sobre los errores y extravíos de aquella hora de desesperación, elevase inmune a toda crítica, la inspiración cívica de los nuevos próceres del Paraguay indestructible, que en presencia del absoluto derrumbe de la nacionalidad, supieron plasmar, a despecho de la absorción de sus territorios y de su libertad, la estructura de un pueblo, todavía más apto, para superar sus orígenes.

            Dos miras supremas están grabadas en la mente de los guías de aquella generación: la organización institucional de la República y la restitución efectiva de su soberanía en el orden internacional.

            La política del Triunvirato, aparte de la serie de medidas circunstanciales que adopta para mejor proveer las necesidades colectivas, estriba sobre esas dos aspiraciones álgidas de los paraguayos representativos.

            Es su abanderado y vocero, malgrado los reveces que le esperan por su falta de acierto y experiencia para dirigir grandes masas de opinión, el triunviro Rivarola, a cuyo liberalismo responden sus colegas, sin disonar.

            Comienza sus tareas, reconciliándose previamente con el Club del Pueblo de que estuviese algo distanciado y apoyándose en sus principales hombres para el desarrollo de su actuación gobernante.

            El 18 de Agosto, trabajado el Gobierno por los representantes aliados, lanza un decreto de ratificación sobre los protocolos del 2 de Junio, en que está de hecho reconocido el Tratado de la Triple Alianza. Buscábase, con ello, tranquilizar a los poderes aliados, en cuanto permitiesen esas manifestaciones del nuevo Gobierno, sobre la resignación futura del país ante las consecuencias de la guerra. Pero, al propio tiempo que se encara esa apreciación indefectible de las relaciones del Gobierno con los poderes aliados, empréndese otra tarea, no menos importante y mucho más delicada, que escruta, desde las posiciones defensivas de nuestra diplomacia, las posibles ventajas a sacar del adversario, las conclusiones lógicas y ciertas que hay que finiquitar con él, en la más reñida custodia de los intereses nacionales amenazados.

            A los pocos días se nombra al Coronel Juan Francisco Decoud, Jefe de Policía de la Capital, el jefe virtual del Club del Pueblo.

            Con fecha 10 de Setiembre, el Gobierno Provisorio lanza un manifiesto explicativo de sus antecedentes y de su misión, en estos términos:

 

LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY MANIFIESTO DEL

GOBIERNO PROVISORIO

 

            El establecimiento de un Gobierno Provisorio en el Paraguay, bajo los auspicios de la amistad de los Aliados y en presencia de sus ejércitos, es una idea con que se ha procurado causar alarma, llamando seriamente la atención de la diplomacia, de los estadistas más eminentes y de la prensa de las tres naciones que componen la Liga. Este hecho, sin embargo, es una consecuencia lógica que se desprende de las estipulaciones protocolizadas, y una derivación natural de otro hecho importante que le sirve de base.

            "La guerra es contra el tirano; no contra el Paraguay"; dice el texto del Tratado de Alianza; y en virtud de esta declaración, que una Legión Paraguaya, formando en las filas de los ejércitos aliados, ha compartido las fatigas, los azares y los resultados inmediatos de la guerra.

            A medida que ésta desarrollaba los sucesos precipitando el desenlace, adquiría la Legión Paraguaya esa influencia debida a la campaña misma, en que el contacto con los hombres y los elementos civilizados que rodean las armas aliadas, la constituían en el natural y legítimo representante de los derechos inalienables de su Patria. Las alarmas, las quejas, las protestas mismas del tirano contra este hecho, constituyen una prenda importante sobre estos antecedentes, y una prueba irrecusable en favor de la idea de un Gobierno Provisorio.

            Surgiendo de estos antecedentes, el Gobierno Provisorio debe a sus compatriotas y extranjeros; a los pueblos de la alianza; al comercio y a la numerosa inmigración, en medio de la cual se levanta, la manifestación franca de la situación y una declaración de los principios, bajo los cuales va a emprender la ardua tarea de preparar los elementos para la organización de la Nacionalidad Paraguaya.

            El pueblo paraguayo, escapando de su horrible martirio al favor de los recientes y nuevos triunfos de los Ejércitos Aliados; destrozado y en dispersión; desnudo y hambriento; presa de las epidemias y aniquilado por los padecimientos, llega y es recibido a las puertas de sus propios hogares, abandonados de orden del tirano, por su población extranjera que honra a la civilización con la humanidad de sus actos y la filantropía de sus sentimientos.

            Arrojado el tirano lejos del último atrincheramiento, millares de paraguayos de ambos sexos, de toda edad y condición se desprenden de las sierras y montes, afluyendo en interminables caravanas a los caminos reales que conducen a esta Capital.

            Estos mismos caminos van quedando cubiertos de cadáveres de infelices que sucumben antes de llegar a los puntos y primeras estaciones, hasta donde los indecibles trabajos y costos inmensos, pueden hacerse llegar los socorros del Gobierno, de los ejércitos y los filantrópicos auxilios del comercio y vecindario de la Asunción. Jamás pueblo alguno fue tan cruelmente martirizado, ni ofreció un ejemplo semejante, pero los sentimientos humanitarios crecen en proporción, y se hallan a la altura de tantos padecimientos. Desde el General en Jefe hasta el último soldado, desde el comerciante hasta el simple jornalero todos han contribuido generosamente al alivio de la numerosa población que se escapa de las breñas, en que se ha aislado el tirano.

            ¿Podrá decirse ahora que los paraguayos le seguían voluntariamente?

            El Gobierno Provisorio al consignar el hecho en este documento, se hace un deber de consagrar igualmente un voto de gratitud en favor de los Ejércitos Aliados y de la gran población extranjera, declarando su conducta eminentemente patriótica, humanitaria y digna de la alta consideración del país.

            Ante el espectáculo que ofrece un pueblo entero saliendo del martirio en el último grado de dolencia y miseria, ¿cuál debe ser la conducta del ciudadano paraguayo? La del primero aceptar cualquier puesto, empleo cualquier empleo o titulo y la del ciudadano no haber tenido, cualquier empleo, cargo o titulo que le coloque en la actitud de correr al auxilio de sus compatriotas.

            La del segundo, crear los elementos, aglomerar los recursos y gestionar los medios de distribuirlos, con la energía y oportuna solicitud que sólo puede imprimir en el corazón, la conciencia de un mandato extraordinariamente patriótico y humanitario; dando así el primer paso en el terreno de sus altas obligaciones; por llenar la que en el orden normal de las sociedades está confiada y discernida al padre de familia, la de proveer al alimento, vestido y abrigo del hijo. El Gobierno Provisorio, es el padre de la familia paraguaya.

            El declara, pues, que, en estas circunstancias y con tales sentimientos en el corazón de los miembros que lo componen, no sólo el mandato de Magistrados Supremos y de elección popular, como lo son; no sólo el empleo de Municipales, sino aún el simple cargo de una comisión, habría quizás, aceptado del acuerdo de los Gobiernos Aliados para salvar a sus compatriotas. Arrostrando, pues, las manifestaciones de la opinión contraria, y esperando de Dios y el porvenir, libran al fallo de la civilización, los móviles de su conducta como ciudadanos y iba actos de su gobierno como magistrados.

            En este concepto el Triunvirato, cualquier acaso que pueda decirse de él, jamás dejará de ser la expresión genuina de las necesidades de la situación y el único gobierno posible de las circunstancias. No es un acto emanado de la exclusiva voluntad de los Aliados, sino una combinación adaptada a las exigencias de los altos principios del derecho internacional, que los Gobiernos de la Alianza respetan en su elevado carácter de naciones civilizadas; combinación en que el Paraguay figura por una elección popular, libre y espontáneamente ejercida.

            Ahora bien: el Triunvirato, gobierno que se establece entre la tumba abierta a un régimen y la aurora de otro que se levanta; entre el despotismo bárbaramente consagrado por el aislamiento, por el sistema restrictivo y la negación de todas las libertades, que se hunde, y el risueño aspecto de una era nueva que se presenta bajo la égida de los derechos del hombre y cortejada de todos los principios liberales que son el patrimonio de las naciones más cultas, el Triunvirato que se inaugura bajo los generosos auspicios de los Gobiernos Aliados, cuyos ejércitos entraron en el Paraguay, presidiendo otro compuesto de un inmenso comercio, industria e inmigración, no menos poderoso, para su civilización que aquél para derrocar el poder del más feroz de los tiranos: el Triunvirato no respondería a sus antecedentes, si no adoptara por norma de su gobierno y base de la reorganización nacional, los principios, garantías y derechos consagrados constitucionalmente por los pueblos más libres del continente americano, y especialmente por las naciones mismas que forman la Alianza.

            Arrojemos una mirada retrospectiva con franqueza; y la lealtad con que juzgarnos de nuestro pasado, sirva de garantía sobre las intenciones del pueblo paraguayo para el porvenir.

            Los tiranos de nuestra patria ahogando la voz del sentimiento nacional la aislaron, haciéndola pasar por la vergüenza y el dolor de ser la única sección americana, cuyos hijos no participaron de las glorias que consagraron la emancipación de la tierra clásica de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad; y desde donde el sol de la democracia, proyectando sus rayos sobre la Europa misma, tiene deslumbrado al mundo y a la civilización orgullosa, con las conquistas grandiosas de sus descubrimientos y de sus progresos.

            Los tiranos de nuestra patria sofocando el sentimiento americano de sus hijos, cerraron sus puertas a la inmigración que es a la civilización lo que las raudas golondrinas a la bella estación de la primavera. La inmigración es la mensajera, la vanguardia pacífica que la civilización despacha, como partida exploradora sobre la tierra que quiere favorecer con sus dones, sus artes y sus grandezas. Los tiranos temen la inmigración y la rechazan, porque con ella alborea la era de la libertad. Por eso, hicieron de la tierra más fértil y más rica, también la más inhospitalaria.

            Los tiranos de nuestra patria ahuyentaron el comercio exterior, haciendo perecer en sus calabozos, innumerables extranjeros, cuyas fortunas robaron impunemente, mientras las naciones a que pertenecían se ocupaban de afianzar la emancipación americana.

            Los tiranos de nuestra patria, ávidos del poder, celosos de toda libertad: temblando a la menor idea de la garantía individual, desconfiando del ejercicio del más insignificante derecho, elevaron al rango de legislación, inicuos principios y monstruosos caprichos estigmatizados por la moral y la civilización.

            En el afán de dominarlo todo, todo lo rebajaron, hasta reducir al pueblo a la más abyecta condición.

            Se destruyó la familia, dificultando el matrimonio, por todo género de trabas, diferencias de razas e interminables tramitaciones. Se favoreció la poligamia corrompiendo los vínculos de la familia para colocar a todo el mundo bajo la acción del poder, y cohonestar los atentados contra la propiedad, contra la propiedad personal, contra el honor de la familia.

            Se erigió en sistema de espionaje la declaración, complementándole con el tormento en su más horrenda variedad y crueldad.

            Se relajaron los resortes de la justicia y la religión, prostituyendo sus ministros, convertidos en agentes natos y directos del poder para consecución de todos sus depravados fines particulares y políticos.

            Se militarizó todo el país para reducirle a la obediencia pasiva, creando sedes garantidas en la impunidad de todos los delitos por una vigilante adhesión a la persona y a los actos del tirano.

            El sistema bárbaro de la esclavitud, fue, en vez de abolido, afianzado en toda su horrible condición. Por este medio no quedó libertad que no fuese suprimida; no quedó derecho que no fuese atropellado; no quedó garantía que no fuese destruida ni santuario que no fuese violado.

            Los tiranos de nuestra patria se levantaron sangrientos y en su soberbia, creyendo estrecho el círculo de sus crímenes, atentaron contra los fueros, prerrogativas y honor de tres naciones, vulnerando sus derechos y hollando la fe de los tratados. Vencidos en la lucha han convertido la tierra que debió ser de promisión, en un vasto cementerio, donde el silencio de la tumba guarda el secreto de crímenes, en que los sentimientos más santos de la humanidad han sido hollados, violados, escarnecidos.

            La tiranía del país, ya en su agonía, escupe todavía a la faz de la civilización, devolviéndole en la condición más mísera y abyecta, los restos truncados del heroico pueblo cuyo valor, virtud y abnegación merecen el respeto universal. ¿Puede inculparse al pueblo paraguayo de todos estos crímenes? ¡No! El Gobierno Provisorio, primera autoridad del país constituida en condiciones de civilización, de derecho y de moral, levanta su voz para protestar contra tamaña injusticia. No, nunca. La víctima jamás fue cómplice del verdugo: éste es un hecho que repugna a la razón y la historia no presenta un ejemplo semejante.

            Pero, es preciso que el pueblo paraguayo sea regenerado para que otra vez no caiga en la esclavitud. Es preciso hacer por medio de la instrucción pública y liberales instituciones, imposible la creación y elevación de un tirano. Es preciso que el terrible ejemplo que con su martirio nos legan nuestros padres y hermanos, nuestros hijos y amigos no sea inútil para el porvenir del Paraguay. Es preciso, en fin, que el inmenso dolor que abate nuestros espíritus y las lágrimas que inflaman los ojos de nuestras viudas y de nuestros huérfanos no sean estériles para la civilización.

            Si ha habido falta y ella ha sido grave, el castigo es cruel, la expiación tremenda. Hagamos que la reacción sea digna de su objeto y grandiosa en sus resultados. Debemos una religiosa ofrenda a las víctimas de la tiranía, un porvenir de libertad a nuestros hijos y una satisfacción al mundo civilizado. Si el pueblo se une al Gobierno Provisorio en estos sentimientos, lo conseguiremos por medio de una amplia libertad en las nuevas instituciones, haciendo contrastar su régimen con el ominoso que ha causado la ruina de la patria y el exterminio de sus hijos. Que en el Paraguay, en donde la tiranía ha llegado a su más increíble expresión, la libertad sea, si es posible, en su más lata acepción.

            Que en donde la libertad de un mandón fue la ley de todo un pueblo, el voto del pueblo sea el evangelio del mandatario.

            Que en donde el tirano escarneció la religión prostituyendo sus ministros para hacerse dueño de las conciencias, la conciencia sea un santuario, en que sólo penetra la voz de Dios y los rayos de la razón humana.

            Que la libertad del pensamiento y de la prensa que fueron el derecho exclusivo del gobierno, sea el patrimonio de todo un pueblo.

            Que la propiedad que carecía de toda garantía, sea de tal modo garantida, que ni aun expropiada por causa de utilidad pública, pueda serlo sin previa indemnización; que la confiscación sea abolida y no pueda imponerse ni como pena, y que el trabajo personal, los inventos y obras literarias sean propiedad exclusiva del inventor o autor.

            Que donde fue prohibido el entrar y salir, transitar y traficar, el derecho de locomoción sea perfecto para la persona y los intereses; que el pasaporte sea abolido.

            Que las puertas del Paraguay cerradas y fiscalizadas, sean abiertas de par en par a todos los hombres del mundo que quieran residir entre nosotros, comerciar, ejercer su industria, su culto, y sus artes libremente.

            Que la tierra clásica de la tiranía, del monopolio y de la restricción, lo sea de la expansión convirtiéndose en foco de todas las libertades conquistadas por la civilización y ya que el Paraguay es el último país de la América que se organice en la condición de pueblo libre, sea el primero en constituirse consagrando en su código todas y cada una de las libertades de que gozan las demás naciones.

            Que la esfera de acción del individuo, sea tan ensanchada, como restringida la del poder que el pueblo delegue, no abdique en cuerpo, en individuo alguno su Soberanía y que los congresos no tengan la facultad de legislar sobre todo sino sólo para lo que fueren facultados.

            Sobre todos estos principios y los demás que le fueron coartados, emprende el Gobierno Provisorio la obra de preparar el terreno de la organización nacional. Todas sus disposiciones serán basadas en ella. Ofreciéndose al mundo todos los elementos naturales de una tierra rica y de variadas producciones, pide a la civilización los de su ciencia, artes, industria y comercio, para aplicarlos a la regeneración y prosperidad de un pueblo, de cuyas aptitudes para la paz y el orden se ha abusado para conducirle hasta el martirio por medio de la tiranía.

            El Gobierno Provisorio espera que cada uno de sus compatriotas haga su deber coadyuvando a estos propósitos como el único medio legítimo y conducente para arribar a la organización del país.

            Mientras se elaboren sus fundamentos, mientras llegue el momento en que una Constitución sancione estos principios, el Gobierno Provisorio se apresura a declarar que, marchando de acuerdo con los Gobiernos Aliados, dando y armonizando sus actos con las circunstancias y necesidades de la guerra: él se aplicará a hacer prácticos los principios, garantías y derechos reconocidos por el presente manifiesto, tomando las medidas y dando los derechos que reglamenten su ejercicio.

            ASUNCION, año 1º de la Libertad de la República, 10 de Setiembre de 1869.

 

            Cirilo Antonio Rivarola - Carlos Loizaga - José Díaz de Bedoya.

 

            Los Plenipotenciarios Aliados recibieron con una nota especial del Gobierno, este manifiesto y contestaron auspiciándolo.

            Contiene él en el fondo una declaración de principios, que prepara el terreno de las futuras sanciones de la Convención; un programa de radicales reformas para el país, en relación a su pasado régimen.

            Dedícase luego a satisfacer las necesidades más apremiantes de la situación: a repoblar de hacienda los campos desiertos, facilitando la introducción de ganados del extranjero por decreto del 25 de Setiembre que habilita todo el litoral del Paraná para ese fin, y concede gratuitamente a los introductores, por uno y dos años, campos fiscales, con opción de arrendarlos después; el 27 del mismo mes decreta libre a la concurrencia particular la explotación de yerba mate y bosques, monopolizada hasta entonces por el Estado; crea patentes comerciales y papel sellado; subviene a las familias menesterosas con distribución de oportunos socorros; decreta el 2 de Octubre la abolición de la esclavitud; establece la administración de Correos, etc., etc.

            Prosiguiendo aquellas medidas de administración crea la Capitanía General de Puertos, nombrando para desempeñarla, al ciudadano D. Benigno Ferreira, otra joven personalidad que se destacaba en el partido de la situación; declara francos todos los puertos del país al comercio exterior; designa al jurisconsulto Dr. Facundo Machaín, Presidente de la Alta Corte de Justicia con atribuciones de organizar el poder judicial y Secretario de él, a D. Juan Silvano Godoy, recién llegado del exterior, donde dejara interrumpidos sus estudios de abogado; a Don Sinforiano Alcorta, Presidente de la Municipalidad, y Secretario a D. Jaime Sosa Escalada; constituye la Contaduría General de la Nación, etc.

            Fuera de la esfera administrativa, los núcleos de ciudadanos seguían preparando empeñosamente su actuación pública respectiva.

            El Club del Pueblo, por el momento, es el que imprime mayor fuerza de iniciativa a la situación y fija rumbos al pensamiento paraguayo.

            Siguiendo su natural desarrollo, recurre, por primera vez en la vida del país, a la discusión popular de los negocios públicos y funda un órgano de publicidad, cuyo primer número aparece el 1° de Octubre, llamado a una accidentada y fecunda actuación: La Regeneración. La imprenta por donde se edita había sido comprada de su peculio particular, por el Coronel Juan Francisco Decoud; su fundador y director es D. Juan José Decoud, joven publicista, que estaba destinado a participar, en primer rango, en la confección de la futura Carta Magna y deliberaciones de la Convención. Actuaban como redactores y colaboradores principales, los ciudadanos José Segundo Decoud, Adolfo Decoud, Benigno Ferreira, Juan Silvano Godoy, Juan B. Arce y Jaime Sosa Escalada.

            El programa de fundación de La Regeneración, de amplio liberalismo, fue desarrollado por sus sostenedores con entera independencia, tanto del Gobierno, como de los Aliados.

            Con fecha 10 de Octubre inicia sus primeras armas a favor de la institución de una Carta Constitucional nueva para la República, conteniendo principios de libertad y de derecho público, sólo conocidos por los pueblos más libres del mundo. El autor de la campaña es D. Juan José Decoud, quien, con el denominativo de Proyecto de Constitución para el Paraguay, comienza, desde aquel número, la publicación de los articulados que posteriormente fueron adoptados por la Comisión Redactora de la Constitución, electa del seno de la Convención Constituyente, y termina de publicar su Proyecto el 21 de Noviembre.

            Antes de finalizar el año ocurrieron dos hechos de complicación Internacional: el incidente de la Capitanía del Puerto con el Cónsul de Italia, Sr. Chapperón, en ocasión de su salida del país, y la reclamación al Gobierno Argentino por la ocupación de Villa Occidental por las fuerzas argentinas.

            El Cónsul Chapperón había sido seriamente requerido por la opinión pública y sus connacionales sobre los depósitos en alhajas y diversos valores que le había confiado, el Cónsul norteamericano, Mr. Washburn, al partir de Asunción en 1868, y por toda contestación, hubo de embarcarse para Buenos Aires, aprovechando la presencia en la rada del puerto de una cañonera italiana, donde se refugió. El Capitán del puerto, Benigno Ferreira, dispuso la retención de sus equipajes, en momento de transbordarse al paquete "Venecia", pero fue contrarrestado el procedimiento por un desembarco armado despachado, en el acto, por la cañonera italiana que retomó los baúles y los restituyó al Sr. Chapperón.

            A mediados de Diciembre, el general Emilio Mitre, con pretexto de amparar las alegaciones del aventurero Eduardo Hopkins, que pretendía escapar desde la Villa Occidental a la jurisdicción del Gobierno Provisorio, diciendo que era territorio argentino, ocupó con sus fuerzas dicha población, comunicando el paso, por nota, al Gobierno Provisorio.

            Con este motivo, vuelve a surgir la espinosa cuestión de los futuros arreglos de límites con los Aliados y a suscitarse un cambio de notas entre la Cancillería argentina y la nuestra. Aquélla ratifica el pensamiento inicial del Ministro Varela, no obstante la ocupación momentánea de la Villa, sosteniendo que, en oportunidad, se ventilarán los mejores títulos y derechos que presente cada país, para tranquilidad del Gobierno paraguayo.

            He aquí la nota oficiada por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Triunvirato, bajo redacción personal del Secretario D. Serapio Machaín, al Gobierno Argentino, por intermedio del nombrado general:

 

RECLAMACION DEL GOBIERNO PROVISORIO POR LA OCUPACION DE VILLA HAYES [ANTES "VILLA OCCIDENTAL"]

 

            "El Gobierno Provisorio de la República, constante siempre en el camino de la prudencia, amistad y deferencia que se propone guardar con los Gobiernos Aliados y sus dignos representantes en la República, ha estado muy lejos de sus intereses y de su pensamiento, faltar en lo más mínimo a las consideraciones y conveniencias que debe guardar en su conducta. El Gobierno Provisorio no invoca las estipulaciones contenidas en el Tratado de la Triple Alianza; pero ha acreditado y acredita que, tocante a la cuestión de límites y a otros puntos, ese tratado no ha establecido si no condiciones que dependen de arreglos ulteriores entre todas las partes interesadas, arreglos a los cuales se opuso el Gobierno Argentino, defiriéndolos al período del gobierno permanente. Entendía en consecuencia que, si no en todo, al menos en cuanto al Chaco, desde el Bermejo: el Gobierno Argentino no quería alterar el estado antebellun, mientras no se entrase en los arreglos a que se hace referencia en el mismo tratado. Esto no impediría en que los Aliados se sirviesen del Chaco, como de cualquier otra parte del territorio paraguayo, para las operaciones de la guerra, en que el Gobierno Provisorio es también interesado y a cuyo completo triunfo, en cuanto sea dado a sus escasos recursos, desea contribuir. En este concepto, no podía el Gobierno Provisorio persuadirse, le fuese rehusado el derecho de ejercer jurisdicción en un antiguo pueblo fronterizo al departamento de la capital de la República, creado por los esfuerzos y capitales de la nación paraguaya y del cual hoy tiene alta necesidad para dar abrigo y alimento a una parte de las infelices familias llegadas del más cruel destierro, y que en esta ciudad se encuentran acumuladas con peligro de la salud pública y sin otro medio de subsistencia que lo que el Estado y la caridad particular les pueden ofrecer. No con el intento de asegurar derechos, que los ha creído siempre seguros en la justicia de los aliados, sino para fines de interés público y urgente, resolvió el Gobierno Provisorio establecer agentes suyos en la Villa Occidental, haciendo efectivas en aquel territorio, que siempre ha sido dominio de la República, las disposiciones legales que hoy rigen en los demás puntos. Aun cuando el señor Hopkins hubiera venido con autorización argentina a establecerse en la Villa Occidental, no es menos cierto que ese individuo procuró y obtuvo de este Gobierno, autorización para cuidar aquella localidad, impidiendo la extracción clandestina de los objetos que allí se han encontrado y la compra de la madera allí existente. Fue recientemente, cuando se trató de sujetar a dicho señor Hopkins al impuesto general sobre el ramo de su industria, que él se negó a todo, asumiendo una actitud amenazadora, y declarándose escudado por las autoridades argentinas. El Gobierno Provisorio pensaba buscar el apoyo amistoso de los Gobiernos Aliados para hacerse respetar en aquella parte del antiguo territorio paraguayo, cuando las comunicaciones que tengo el honor de contestar, vinieron a sorprenderlo, causándole un verdadero sentimiento. El Gobierno Provisorio debe su existencia al buen acuerdo de los Gobiernos Aliados; él no quiere ni puede vivir sin la perfecta armonía con ellos. Antepone a todo sentimiento, el de la gratitud, que el Paraguay les debe por haberlo librado del más ominoso y nefando de los tiranos, así es que, en esta penosa emergencia, no puede sino apelar, y efectivamente apela para ante las elevadas vistas y reconocido sentimiento de justicia de los mismos Gobiernos Aliados. De ellos espera el Gobierno Provisorio que posarán bien, si es justo y político el acto que así le priva de una jurisdicción tan antigua como el mismo Paraguay llamando desde luego la atención de los Gobiernos Aliados, sobre lo que deja expuesto y a más, sobre los peligros que corren las poblaciones de la costa oriental del Paraguay por las incursiones de los Indios infieles en el caso que, se hiciera efectiva la negación de su jurisdicción en el Chaco...".

           

            A fin de año, el Gobierno Provisorio publica un balance total de entradas y salidas de la Tesorería General de la Nación que arroja la cifra de $ 205.786.40 en ingresos realizados.

            El 5 de Febrero, basado en la declaración de principios de su manifiesto, lanza un decreto estableciendo las garantías civiles y políticas de los ciudadanos y habitantes de la República, hasta tanto se promulgue la futura Constitución.

            Inspirándose siempre en este pensamiento, con motivo de la terminación de la Guerra y la muerte de López en Cerro Corá el 1° de Marzo, con fecha 6 del mismo, produce otro manifiesto en que declara: Pronto llegará el momento en que por elección libre de mandatarios dignos e inspirados en nuestras desgracias pasadas, nos demos una Constitución.

            El 15 de Marzo decreta que las monedas de plata circulantes no tienen curso forzoso, sino valor convencional, en vista de que, en Asunción, el patacón brasileño -numerario corriente entonces- valía diez reales, y solamente ocho en Buenos Aires y Río de Janeiro.

            El 23 de Marzo, el Club del Pueblo, que seguía activamente sus trabajos de propaganda en consonancia con la prédica constitucional de La Regeneración y de la Asociación Constitucional, fundada en Enero, bajo los auspicios de sus dirigentes, celebra una importante asamblea en que queda ensanchada, sobre bases más serias, la organización del Partido. Concretando una finalidad inmediata, dice en el acta de la reunión que ella se efectuó con el objeto de realizar la idea de formar un Club político que trabajará por establecer los principios liberales y llevar a la Gran Convención y al Poder; ciudadanos que sean la genuina expresión de la voluntad del pueblo.

            Al día siguiente, 24, aparece otro órgano de publicidad: "La Voz del Pueblo", con carácter de vocero de la agrupación opositora, de Bareiro y partidarios, enunciando un programa de reflexiva ecuanimidad.

            Su director es el Coronel y Médico D. Miguel Gallegos, Jefe del Hospital Argentino, y sus colaboradores D. Cayo Miltos, Cándido Bareiro, Juan A. Jara, Ángel Pena, Miguel Macías y otros.

            La cuestión magna que absorbía el pensamiento del Gobierno Provisorio, como de los principales hombres del momento, era, pues, así la relativa a la reconstrucción definitiva del país.

            Otras manifestaciones orgánicas de opinión se suceden, en torno del Triunvirato.

            Con fecha 25, el núcleo de principales hombres que sostenía la cruzada reformadora del Club del Pueblo, después de haberse ensanchado y definido éste en las luchas electorales pasadas, e instalada en esos días su nueva mesa directiva, con el denominativo de Gran Club del Pueblo, asume un compromiso partidario solemne, al tenor de la siguiente declaración:

 

            GRAN CLUB DEL PUEBLO

 

            Los abajo firmados, ciudadanos paraguayos, deseando contribuir libre y espontáneamente en todos los medios que estén a su alcance para el triunfo de un gobierno liberal y progresista, que responda a las apremiantes exigencias del país y sea la expresión legítima de la voluntad soberana del pueblo, hemos resuelto adherirnos en todo a los principios altamente liberales y patrióticos, proclamados por el "Gran Club del Pueblo", en su acta de instalación de fecha 23 del corriente en la casa de la calle "Fábrica de Balas" No. 17, comprometiéndose solemnemente a respetar todos los actos deliberativos que de su seno emanen.

            Asunción, Marzo 25 de 1870.

            Comité Directivo: Presidente, Dr. Facundo Machaín; Vicepresidente, D. Bernardo Recalde; Secretarios: D. Juan Silvano Godoy y D. José Secundo Decoud; Tesorero, D. Antonio Decoud; Vocales: D. Federico G. Báez, D. Salvador Jovellanos, D. Benigno Ferreira, D. Francisco Soteras, D. Juan B. Arce, D. Jaime Sosa, D. Wenceslao Velilla, D. Gregorio Narváez, D. Juan José Alvarenga, D. Juan José Decoud.

 

            Decrétase también en el mismo mes la fundación y apertura de escuelas en la campaña; el abandono de Misiones por las poblaciones locales, reducidas a la última miseria, por imposibilidad de venir a su ayuda, ordenando se replieguen a este lado del Río Tebicuary, hacia Paraguarí y Cerro León, para ser protegidas.

            El 1° de Abril, el Triunvirato aborda la cuestión, ya palpitante, de las próximas elecciones para la Convención Nacional Constituyente, estableciendo un Estatuto Provisorio de acuerdo al cual habrán de realizarse.

            Los hechos del mes son: llegada del Ministro de Relaciones Exteriores argentino Don Mariano Varela y del Plenipotenciario Oriental, Dr. Adolfo Rodríguez, a objeto de tratar de la paz definitiva; petición de las damas asuncenas, por intermedio del Ministro de Relaciones Loizaga, al Plenipotenciario Paranhos, requiriendo el embargo de los bienes personales de Elisa Lynch, asilada en un buque de guerra brasileño, frente a Asunción, y negativa de Paranhos a dicho procedimiento; trabajos de fundación de Asilos y establecimientos de beneficencia y bibliotecas, bajo iniciativa de los dirigentes La Regeneración; tentativa preconizada por ésta, de unión entre los dos Clubs políticos que dividían la opinión; pedido de La Voz del Pueblo porque sigan permaneciendo en Asunción las fuerzas aliadas hasta la instalación del Gobierno Constitucional, y protesta de La Regeneración contra dicha demanda, por reputar peligrosa la presencia de las fuerzas a la libertad electoral; retiro del Conde D'Eu, del comando de las fuerzas del Brasil, dejándolo a cargo del Mariscal Cámara.

 

 

LOS ACONTECIMIENTOS DEL 31 DE AGOSTO

Designación de Machaín como Presidente provisorio de la República –

Contragolpe de Rivarola

 

            Comprometido el Dr. Machaín con el movimiento político en gestación, cuyo leader es D. Juan Silvano Godoy, quedó resuelto que, por intermedio de la Convención, en su oportunidad, se declararía acéfalo el Triunvirato y se crearía la Presidencia Provisoria de la República, designándose para ejercerla, al Dr. Machaín.

            Se tuvo que ensanchar entonces el radio de la combinación y fueron compulsados todos los factores parlamentarios, llamados a consumar el suceso.

            Mientras tanto, aprovechando la coyuntura, ofrecida por Rivarola, de una medida penal arbitraria aplicada bajo su responsabilidad, contra el ciudadano oriental, Coronel Fortunato Flores, proscribiéndolo del territorio de la República, el Diputado Godoy promueve una enérgica interpelación al Poder Ejecutivo.

            El movimiento había madurado: consíguese, además, del Triunviro Loizaga que presentara renuncia indeclinable de su puesto, lo que agregado a la renuncia anterior de Díaz de Bedoya, dejaba de hecho acéfalo el Triunvirato, no faltando sino la sanción de la Convención sobre esa anomalía.

            Hubo de surgir, no obstante, una dilación. Consultados D. José Segundo Decoud, Presidente de la Convención, y su hermano Juan José, sobre las últimas medidas a adoptarse, sostuvieron la inoportunidad del movimiento y la conveniencia de seguir contemporizando con Rivarola. Se les objetó que era tarde y que no iba a ser posible retroceder, circunstancia que allanó toda dificultad.

            Faltaba sólo excogitar el procedimiento y llenar las formas de la corrección, ante el propio Rivarola, de quien no pensaban deshacerse los amigos de Machaín para las futuras obras de gobierno.

            Se resolvió invitar a la minoría bareirista a participar en el movimiento, ofreciéndole alicientes y garantías especiales, que pudiesen estimular su determinación.

            El Diputado Godoy trató, a última hora, sobre el respecto, con D. Cayo Miltos, leader de la minoría en la Asamblea. Le ofreció, en nombre de la nueva situación a crearse, una amplia participación en la administración pública, a él y sus amigos, como igualmente la anulación del proceso que se les seguía por desórdenes de una sesión anterior, encomendándole corriera con la adhesión de su grupo.

            Aceptada por Miltos la proposición, convinieron que, en esa misma sesión -del 31 de Agosto-, en ocasión de tratarse de la renuncia de Loizaga, se promoviera el debate final.

            En efecto, abierta la sesión de la Convención, ese día, a las 2 1/4 p. m., y aprobada el acta de la última precedente, se leyó a la Asamblea una nota del Triunviro Carlos Loizaga, adjuntando su renuncia del Gobierno Provisorio, para lo que hubiese lugar. Era la señal convenida.

            El Diputado por Concepción, el nombrado Miltos, con ese motivo, toma la palabra y considerando el hecho acaecido, como un caso de acefalia del P.E., puesto que de los tres miembros que lo componían no quedaba sino uno, propone sea aceptada la renuncia y a la vez declarado cesante el Gobierno Provisorio.

            Después de algunas proposiciones en igual sentido, se puso a votación la moción del Diputado Miltos, resultando mayoría y se dejó constancia de la votación nominalmente, a pedido del mismo diputado, en el acta de la sesión.

            Acto continuo, hizo uso de la palabra el Diputado por Catedral, D. Juan Silvano Godoy, y a objeto de robustecer la resolución adoptada por la Asamblea, a moción del Diputado Miltos, desarrolló la doctrina política de que la Convención Nacional Constituyente, como todas sus similares en la historia, asumía desde su instalación la suma del poder público, o sea la soberanía originaria del país, y estaba facultada a tomar, en consecuencia, cualquiera medida de circunstancia que estimase necesaria para el mejor Gobierno de la Nación, y concluyó por proponer a la Asamblea la designación inmediata de un Presidente Provisorio de la República, que se hiciese cargo del P.E. cesante.

            Resolvióse comunicar al Triunviro Rivarola su cesantía y seguidamente, a moción del Diputado Godoy, se procedió a nombrar el Presidente Provisorio de la República, recayendo la elección, por mayoría de 38 votos, a favor del Diputado Dr. Facundo Machaín.

            El Sr. Salvador Jovellanos obtuvo 5 votos.

            El Dr. Machaín prestó luego juramento ante la Honorable Convención, para hacerse cargo de la primera magistratura, en estos términos: Juro ante Dios y la Patria cumplir fielmente los deberes de Presidente Provisorio de la República y de cumplir todas las disposiciones que emanen de la Soberana Convención Constituyente.

            Fueron comisionados los Diputados Miltos, Jaime Sosa y Agustín Cañete, para comunicar al Triunviro Rivarola, que vivía en la misma Casa de Gobierno, frente al Cabildo, lo resuelto por la Convención, quienes volvieron al rato manifestando que el Sr. Rivarola se encontraba presto para entregar el mando al Dr. Machaín.

            Acordóse entonces que la Convención en masa fuera a acompañar al Presidente Provisorio a la Casa de Gobierno, para la toma de posesión del P.E., lo que se efectuó tranquilamente a las 5 p. m., ante un público numeroso como de 200 personas.

            El Triunviro Rivarola pronunció un discurso en que se declaraba sinceramente desposeído de títulos ante sus conciudadanos, pero en cambio lleno de patriotismo, a pesar de no haber hecho nada aún por su malaventurado país, y concluía acatando enteramente el decreto de la Convención que designaba al Dr. Machaín, Presidente Provisorio de la República, a quien dejaba en ejercicio del P.E., desde aquel momento, con los más cumplidos votos por su acierto y felicidad.

            Disuelta la concurrencia, media hora después, un pregón acompañado de la banda de música y del Escribano Público, recorría las principales calles de la ciudad, anunciando a la población el acontecimiento, en medio de unánimes manifestaciones de regocijo público.

            La designación del Dr. Machaín, como Presidente Provisorio de la República, fue recibida por la capital con muestras de satisfacción general.

            Retiróse a su domicilio particular el Presidente Machaín, en compañía de sus amigos y partidarios; y diversos grupos se dispersaron por la ciudad, del lugar de la transmisión del mando, con el comentario respectivo del suceso.

            El Diputado Millos, que tan activa participación acababa de tener en él, también se retiró, pero fue para reunirse con Cándido Bareiro y recibir sus impresiones sobre el hecho consumado.

            Desde aquel momento, iba a tramarse el contragolpe.

            Una vez con Bareiro, e impuesto éste de los pormenores de la inteligencia acordada con la mayoría liberal por Miltos, manifestó rotundamente su disconformidad con lo obrado, persuadido de que con la Presidencia de Machaín y la mayoría de sus partidarios en la Convención, quedaban ellos, los bareiristas, definitivamente aplastados para toda reacción ulterior.

            Asistía a Cándido Bareiro, en su instintiva sagacidad, la sospecha del vasto sistema elaborado contra él y su política por el Partido Liberal, al producir la Presidencia de Machaín, y una súbita inspiración de defensa desesperada le hizo pensar, en el acto, en los recursos extremos.

            Se dio cuenta exacta, además, de una falla esencialísima del plan liberal: del descuido y falta de connivencia de sus promotores con las fuerzas aliadas. Estaba cierto que Rivarola seguía contando con la confianza y apoyo de éstas, después de los acuerdos últimos de 20 de Junio, más que cualquier otro mandatario, y que su desalojo, consumado sin anuencia de sus Generales y representantes, iba a ser contemplado por los mismos con fundada displicencia.

            Inmediatamente se trasladaron los dos, con otros allegados íntimos, al "Hospital Argentino", en busca del Dr. Miguel Gallegos, Jefe de dicho establecimiento de sanidad, Director de La Voz del Pueblo, y asesor virtual de la política de Bareiro, no obstante su carácter de ciudadano argentino, para resolver de acuerdo con él, las medidas rápidas de emergencia que se pudiese aún provocar.

            La aparición del Dr. Gallegos, al frente de aquella inusitada consulta, arroja de improviso plena luz en el círculo de Bareiro. Era evidente, según él también, el designio de absorción radical del liberalismo, con la Presidencia de Machaín, y de la más perentoria urgencia evitar su consolidación.

            Que, inmediatamente, había que tentar un contragolpe, aprovechando las circunstancias patentes del caso: el natural estado de espíritu de Rivarola, preso de honda decepción personal y la actitud de las fuerzas aliadas, ajenas por completo a cambio tan trascendental de la situación paraguaya.

            Sin pérdida de tiempo, quedó concertado el plan siguiente:

            Que Bareiro, en representación de todos sus amigos, solicitara una conferencia de Rivarola y le propusiera reasumir el P.E. de la República, esa misma noche, con el concurso decidido de ellos; que, al día siguiente, la Convención reconsideraría el nombramiento de Machaín y lo nombraría a Rivarola Presidente Provisorio, con tal que Rivarola inclinase a su lado los votos de algunos Diputados que le eran adictos; que el Dr. Gallegos, conseguiría inmediatamente la conformidad del General Vedia, jefe de las fuerzas argentinas; para sostener dicha combinación, y por ende, del general Güimaraes, jefe de las fuerzas brasileras, a quien Rivarola, por su parte, se encargaría de asegurar en el mismo sentido; y finalmente, que se constituyera el "Hospital Argentino", desde luego, en campamento de todos los partidarios, para las contingencias que sobrevengan.

            La audacia de la conspiración fue más lejos: contando con la seguridad de sus manejos y el apoyo descontado de los Aliados, se resolvió tocar al mismo tiempo las guarniciones paraguayas, la Policía y el Escuadrón de la "Legión", todavía subsistente.

            Puesto en ejecución, el contragolpe tramado, desarrollóse sin ninguna dificultad.

            Accedió Rivarola a la solicitud de Bareiro y se llevó a cabo la entrevista a las 10 de la noche, en la propia Casa de Gobierno, donde aquél moraba. Todo fue aceptado íntegramente, sobre las bases propuestas, con la añadidura de que, desde el día siguiente, entrarían los bareiristas a compartir de lleno con Rivarola las responsabilidades del poder.

            Encontrándose preso en la Policía, Rufino Taboada, leader electoral del bareirismo, los complotados comisionaron del "Hospital Argentino" a un residente francés, el comerciante Juan Balirán, entendido con ellos y gran amigo del Capitán Zacarías Jara, a la sazón Jefe de Gendarmería de la Policía, para que fuera a ganar la adhesión de éste al movimiento, la entrega de la Policía y la libertad de Taboada.            Favoreció la misión de Balirán la ausencia del Coronel Decoud, que guardaba cama en esos días, enfermo, y no había concurrido a su despacho. Plegóse Jara al llamado de aquél, habiendo sido requerido ya con anterioridad por los conjurados, y puso en libertad a Taboada, a quien vino a llevar Otoniel Peña, al "Hospital Argentino", convertido en cuartel general del movimiento.

            El Jefe del Escuadrón de la "legión", Teniente Coronel Pedro Fernández, partidario de Rivarola, se adhirió igualmente con su fuerza a la reacción suscitada. Los generales aliados estaban ya vistos y conformes, como se había previsto.

            Asegurados todos los resortes y puntos de posible resistencia, se constituyó esa misma noche Rivarola en Presidente Provisorio de la República, y produjo los decretos y medidas del caso, designando Secretario General del Gobierno a Bareiro. Mandó apresar al Coronel Decoud en su domicilio particular donde se encontraba enfermo, a la madrugada, encargando de ello a Antonio Recalde, que fue a rodear la casa del Jefe de Policía con numerosa fuerza de la sublevación.

            El Coronel Decoud hizo decir a Rivarola que se presentaría solo a la Policía, no obstante el mal estado de su salud, y después de retiradas las fuerzas, compareció a su despacho, donde encontró a Rufino Taboada, el preso del día anterior, nombrado Jefe de Policía en su reemplazo por el Gobierno revolucionario.  

            Luego fueron destituidos de sus respectivos puestos los siguientes ciudadanos: Coronel Juan Francisco Decoud, de Jefe de Policía de la Capital; Dr. Facundo Machaín, de Presidente del Superior Tribunal; Juan Silvano Godoy, de Juez en lo Civil; Juan José Decoud, de Fiscal, General; Jaime Sosa, de Inspector General de Escuelas; Benigno Ferreira, de Capitán General de Puertos, etc., etc.

            Mientras tanto, ¿cuál había sido el temperamento seguido por el Presidente Machaín y sus amigos, después de recogerse aquél a su domicilio particular?

            Hombre de buena fe y sincero creyente en la respetabilidad de los grandes principios institucionales, que dieron vida a la Convención Constituyente, no podría concebir, ni por un momento, el Dr. Machaín, la audacia de los pasos subversivos que acaban de exponerse, contra la soberana disposición de aquella Asamblea.

            Todas las circunstancias aparejaban tan satisfactoria uniformidad en el sentido del arraigo y acatamiento unánime de su alta investidura, -la espontánea conformidad de Rivarola, la firme y vibrante decisión de Cayo Miltos y la minoría, la consciente cohesión partidaria de sus amigos-, que le habría parecido un absurdo, de habérsele advertido, al llegar a su casa, los manejos que, pocas horas después, se urdían en la sombra para derribarle.

            A pesar de su juventud y bisoña iniciación, el Diputado D. Juan Silvano Godoy, principal promotor del cambio efectuado, tuvo la intuición de la emboscada próxima y se acercó a proponer reiteradas veces, al Dr. Machaín, a que fueran a acuartelarse esa noche en la Policía.

            El Dr. Machaín objetó que no había necesidad, y antes bien, mandó poner en libertad a algunos presos políticos, entre ellos, a Juan Bautista Gill, otro encarnizado bareirista, quedando el resto para ser ampliamente amnistiado al día siguiente.

            Se retiraron, pues, todos a descansar a sus casas y la noche quedó a la más cómoda discreción de los complotados del "Hospital Argentino". El primer aviso del estallido subversivo lo recibió el Presidente Machaín a la madrugada, de parte del Coronel Juan Francisco Decoud, despertado a su vez por la conminación de Antonio Recalde.

            Era ya tarde para toda reacción.

            Apenas salido de su sorpresa, hizo citar a sus amigos el Dr. Machaín, y se procuró improvisar una resistencia dentro del terreno de la legalidad.

            Oficióse una nota a los representantes aliados, comunicando el decreto de la Convención en virtud del cual se hiciera cargo del P.E. el Dr. Machaín, con fecha de la víspera, en carácter de Presidente Provisorio de la República.

            Otra nota, al ex-Triunviro Rivarola sobre los hechos anómalos de esa noche y su significado.

            Redactó también Machaín una proclama dirigida al pueblo paraguayo, invitando a todos sus conciudadanos a la tarea común de reconstruir la Patria.

            Los representantes aliados, ya entendidos con Rivarola, contesta   ron que no podrían reconocer a ningún nuevo mandatario, mientras no recibieran notificación del Gobierno del Triunviro Rivarola de su cesantía; en cuanto a este último, refrendado por Bareiro, respondió al segundo oficio, declarando que había resuelto reasumir el mando de la República, por desconocer a la Convención fuerza legal para producir su cese.

            Machaín y sus amigos comprendieron la consumación perfecta del contragolpe y resolvieron librar la última batalla en la Convención.

            Habían proseguido sin descanso los conjurados sus tareas de penetración, fuera de las guarniciones, en las filas mismas de la mayoría Liberal, valiéndose de los expeditivos argumentos de la inutilidad de toda resistencia, del apoyo de los Aliados y el pronunciamiento de las fuerzas nacionales.

            Pronto las fluctuaciones de numerosos Diputados de la mayoría, se trocaron en votos a favor de Rivarola y estaba aquella deshecha, dando nacimiento a una nueva mayoría, compuesta de rivarolistas y bareiristas.

            Así las cosas, llega la hora de abrirse la Convención y se inicia la Sesión del 1° de Setiembre, en que salen a luz los pormenores de la combinación triunfante.

            El diputado Miltos, esta vez al servicio de los planes auténticos de su círculo, vuelve a afrontar el debate, sosteniendo extremos diametralmente opuestos a los del día anterior.

            Un proyecto de la ley, suscripto por 27 Diputados, trae al tapete de la discusión, pidiendo fuese reconsiderado el decreto de la Convención de la sesión última sobre el cese del Triunvirato.

            Comienza entonces una acalorada controversia en que intervienen Machaín y sus sostenedores, en cuyo transcurso, aquél rindió cuenta a la Convención de los pasos que había dado en cumplimiento del mandato de que se le había investido y que están expresados más arriba. Insistiendo Miltos en su proyecto de reconsideración del nombramiento del Dr. Machaín como Presidente Provisorio de la República, que puesto a votación y aprobado por la mayoría comprometida con oposición de los siguientes Diputados Juan Silvano Godoy, Juan José Decoud, Facundo y León Machaín, Jaime Sosa, José Segundo Decoud, Patricio Achucarro, Federico Guillermo Báez, Ramón Babañoli, Bernardo Recalde, Antonio Decoud y Agustín Cañete.

            Propuso después el mismo Miltos que derogado el nombramiento del Dr. Machaín fuese nombrado Presidente Provisorio de la República al ciudadano D. Cirilo A. Rivarola, lo que se votó y aprobó por mayoría retirándose con este motivo de la sesión, en señal de protesta, los convencionales precitados.     

            Desde aquel día, queda dislocado el Partido Liberal y se inaugura el período de una anarquía sangrienta, de convulsiones sin término, en que irán cayendo, unos tras otros, los principales protagonistas del drama de nuestra organización constitucional.

 

 

 

 

 

VIOLENCIAS CONTRA LA OPOSICIÓN

 

            Perturbado el ambiente gubernativo con los desórdenes de los últimos sucesos y la injerencia del bareirismo exaltado en la nueva situación, no tardó en inaugurarse un régimen de violencias.

            Los amigos de Machaín, reducidos a una minoría en la Asamblea, pasan a desempeñar el rol de opositores a la política imperante, y levantan en la prensa, desde las columnas de La Regeneración, la bandera de los principios de libertad y de opinión, con que se sienten identificados:

            Conviértese, por su lado, La Voz del Pueblo, en órgano oficial de la situación, y cada número aparece cargado de frenéticas agresiones contra el grupo adverso, presagiando la intolerancia cercana.

            La alianza de Rivarola con Bareiro, entrañaba, para La Regeneración, un contubernio, que por su propio peso estaba llamado a eliminarse, mientras La Voz del Pueblo la conceptuaba una solución patriótica, de fecundos resultados.

            El 7 de Setiembre renuncia D. José Segundo Decoud, de la Presidencia de la Convención, y asunte la jefatura de redacción de aquel periódico.

            Algunos hechos sintomáticos de la intolerancia que estaba para desencadenarse, se suceden en la Convención: el 2 de Setiembre es declarado cesante, en su carácter de Diputado por el distrito de Encarnación, el Dr. Machaín, por haber aceptado el cargo de Presidente Provisorio el 31 de Agosto, sin perjuicio de la reconsideración del nombramiento, efectuada el 1°; el 7, se substituye la Comisión Revisora de actas electorales existente, con otra de mayor confianza oficialista; el 12, se rechaza un proyecto de la minoría, estableciendo el requisito de las dos terceras partes de votos presentes, para anular actas electorales de un Diputado, o expulsarlo de la representación; el 13, se rechazan las actas de elección del Diputado Benigno Ferreira, más por los recelos que inspiraba su tendencia política, que por los defectos de la elección. Por las mismas razones, hubo de ser expulsado igualmente el diputado por San Pedro, Jaime Sosa, y se elimina al Diputado por San Lorenzo, Ramón Babañoli, pretextándose insuficiencia de su carta de ciudadanía.

            En consonancia con estos hechos, La Voz del Pueblo, predica sin reparo la

necesidad de desaforar a los convencionales electos el 3 de Julio en la capital, sosteniendo que fueron productos del fraude y la coacción, para suprimir así, en el seno de la Constituyente, el contrapeso de la minoría liberal.

            Llovían a la redacción de La Regeneración, entre tanto, los anuncios más inverosímiles sobre un próximo atentado contra la imprenta y la persona de sus Directores, los hermanos, Diputados Juan José y J. Segundo Decoud.

            La propaganda del periódico arreciaba en intensidad y parecía irresistible a la situación: Rivarola veía en ella la piqueta demoledora de su propio partido, abriendo brechas en la conciencia pública contra su actuación; Bareiro, la barrera infranqueable de su advenimiento al poder.

            Pero no era posible suprimir de frente el periódico, ni la libertad de imprenta en que se cobijaba, de acuerdo a las solemnes garantías decretadas por el Triunvirato y que iba a sancionar la Carta Magna.

            No tardó en presentarse la ocasión propicia para la agresión: con motivo de un suelto sobre el asesinato de una mujer, atribuido erróneamente a un italiano, los residentes connacionales de éste, iniciaron contra el periódico un movimiento de protesta que pretendió imponerse a los Directores, obligándolos a retractarse del modo más humillante. Resistiéndose la dirección del periódico a estas pretensiones, complotaron el asalto y empastelamiento de la imprenta con una turba de facinerosos, a lo que no fue extraña la misma Policía, según cargos de la época.

            En la tarde del 23 de Setiembre, fue, en efecto, asaltado el establecimiento por la mencionada turba y destruido casi por completo, escapándose fortuitamente sus Directores de ser asesinados, por haberse retirado cinco minutos antes. El único tipógrafo que estaba presente, apellidado Zuárez, fue muerto por los asaltantes.

            La noche antes, el Jefe de Policía, Rufino Taboada, había celebrado una conferencia con los cabecillas del atropello, y ese día, fue prevenida la Policía por los hermanos Decoud del proyectado ataque, en vista de los reiterados avisos que habían recibido, pero ella permaneció impasible ni envió fuerza alguna para evitar ni reprimir el suceso. Mientras ocurría el empastelamiento de La Regeneración, Rivarola se ausentó a la Trinidad, donde estuvo hasta anochecer.

            Así quedó suprimido el primer diario liberal fundado en la República.

            Dos meses después, aparece un nuevo periódico La Opinión Pública, fundado por los mismos ex-directores de "La Regeneración", con su misma bandera de principios y programa de lucha.

            A los pocos días, fue citado por el Jefe Político Taboada el Diputado D.J. Segundo Decoud, y preguntado quién era el editor responsable de la Opinión Pública por disposición de un decreto del P.E., de fecha 17 de Noviembre que se le exhibió, contestó al nombrado Jefe de Policía, que era el ciudadano Pedro N. Vera.

            El Jefe Político informa, en cambio, al P.E,, en un oficio sobre el requerimiento efectuado, que el Sr. Decoud había pedido "guardar el anónimo bajo el cual se está redactando el mencionado periódico".

            Con motivo de este falseamiento policial, el señor Decoud (Segundo) dirige una carta de rectificación a Taboada, la que es ratificada con fecha 21 en una nota pública, comunicando a la Policía que el editor responsable del periódico en cuestión era el precitado ciudadano Pedro N. Vera.

            No obstante estas satisfacciones, el Presidente Rivarola decretó el cierre de La Opinión Pública, de lo que fue notificado nuevamente el Sr. Decoud por la Policía, quedando clausurada la imprenta.

            Desde entonces, transcurrieron muchos años sin que pudiesen aparecer más periódicos de oposición en el país.

 

 

FUNCIONES FINALES DE LA CONVENCIÓN

Sanción y jura de la Constitución

Elección del primer Gobierno constitucional

 

            La Asamblea Constituyente, después de los sucesos del 31 de Agosto, se abocó al cumplimiento de su misión, dividiendo sus tareas en dos fases: la puramente institucional y la creadora de soluciones gubernativas que debían consolidar el régimen iniciado el 1° de Setiembre. En el primer respecto, se llevan a cabo la discusión y sanción de la Constitución Nacional y de las Leyes complementarias llamadas a satisfacer las necesidades permanentes de la nueva era democrática del Paraguay; en el segundo, se ventilan y consuman las medidas de emergencia que requiere el predominio político de la nueva mayoría, como ser, la elección de Presidente y Vicepresidente de la República para el primer período constitucional, la adopción de arbitrios administrativos o ejecutivos para proveer las necesidades del momento.

            En la tarea puramente institucional, la acción del elemento ilustrado que domina la mayoría hasta el 1° de Setiembre y queda, desde ese día, reducido a minoría, es, necesariamente, la más decisiva y ardua por la preparación y superioridad de sus hombres en materia de doctrina y práctica de gobierno:

            Todas las tentativas eliminatorias de la nueva mayoría terminan por ceder ante la necesidad sentida de utilizar los servicios y la competencia legislativa del núcleo intelectual.

            Desde luego, la misión misma de la Convención, como Asamblea Constituyente, destinada a organizar liberalmente la República, había sido inspiración genuina y pensamiento estrictamente ejecutado de sus hombres; de modo que hubiese sido singular torcer el cometido histórico de ella, dejándola librada a otras influencias accidentales.

            ¿A quién corresponde el tino de esta elevada comprensión de las circunstancias que, mientras el espíritu de facción pedía la proscripción en masa y la persecución violenta de la minoría ilustrada, sostuvo a toda costa la conveniencia de utilizar sus luces y su concurso, en el seno de la Constituyente, para la obra institucional que todos aspiraban a realizar?

            Cabe aquí una honrosa mención en mérito de la mayoría enseñoreada de los destinos del país que, malgrado la intransigencia, por momentos ciega, de sus iniciativas políticas, se dejó llevar hasta el último, en materia de legislación permanente, del credo doctrinario y la palabra de la minoría, lo que vale decir, que en este orden trascendente y realmente patriótico de sus deliberaciones, estuvo en todo momento la Convención Nacional Constituyente a la altura de su misión.

            Con fecha 27 de Agosto, el Diputado Juan José Decoud mociona la designación de cuatro comisiones para la redacción de la Constitución: de Negocios Constitucionales, de Hacienda, de Milicia, y de Peticiones.

            Son designados para integrar la primera: el Dr. Facundo Machaín, Juan José Decoud, Juan Silvano Godoy, Salvador Jovellanos y Miguel Palacios; para la segunda: Cayo Miltos, León Machaín, y Agustín Cañete; para la tercera: Coronel Guillermo F. Báez, Pedro Recalde y Jaime Sosa; y para la última, Mateo Collar, Miguel Pintos y José del C. Pérez.

            Posteriormente, el 3 de Setiembre, el Diputado Miltos reemplazó al Dr. Machaín, después de su cese, en la primera Comisión redactora de la Constitución.

            Las Comisiones dieron por terminados sus trabajos en la sesión del 6 de Octubre, presentando el PROYECTO DE CONSTITUCION que fue leído en esa oportunidad.

            Era textualmente el mismo que había confeccionado Juan José Decoud ya publicado en varios números de "La Regeneración", salvo algunas pequeñas enmiendas, y estaba ceñido al espíritu y letra de la Constitución Argentina, como ésta en la norteamericana.

            La Comisión Redactora adoptó el mencionado Proyecto, aprovechando la labor y la oportuna campaña periodística de su autor, que había interpretado las aspiraciones generales.

            El 13 de Octubre es aprobado en general el Proyecto y se empieza a discutirlo en particular, artículo por artículo.

            La discusión del Proyecto de Constitución agrupa sin distinción de posiciones políticas, los espíritus afines en el ideal doctrinario, y descubre en sus incidencias, la lucha de las tendencias revolucionarias y renovadoras con el espíritu conservador.

            Los Diputados que intervinieron con mayor asiduidad en la discusión del Proyecto son: Cayo Miltos, José Segundo y Juan José Decoud, Juan Silvano Godoy, Salvador Jovellanos, Miguel Palacios, José del R. Miranda, Policarpo Páez, Mateo Collar, Adolfo Saguier, Rufino Taboada, Pedro Recalde, León Machaín, Jaime Sosa, Cirilo Solalinde.

            Miltos es ahora el leader de la mayoría y frecuentemente se le ve confundido con la minoría liberal, en el sostenimiento de los principios innovadores y progresistas.

            De una manera constante, el Proyecto, en su espíritu y en su letra, fue íntegramente adoptado por la discusión particular y en punto a doctrina no dio lugar sino a muy contadas controversias. Pueden mencionarse, entre éstas, las relativas a la cuestión religión, pasaportes, y atribuciones de la Comisión Permanente, en que cada uno de los legisladores nombrados, representativos del espíritu de la Asamblea, se pronuncian en la forma que expresan las actas de la Convención.

            Terminada la discusión particular, se reanuda la discusión de las reformas introducidas, el 14 de Noviembre.

            Con fecha 21 de Octubre el Presidente Provisorio Rivarola había remitido a la Asamblea un Proyecto de Constitución, de su redacción, que contenía algunos principios en pugna con lo que estaba ya sancionado por la Asamblea, como por ejemplo, la libertad de transitar sin pasaporte. Pidióse, con ese motivo, la reconsideración de ese artículo, de acuerdo al pedido de Rivarola de establecer el pasaporte, pero fue él rechazado, y la Asamblea adopta la resolución por unanimidad de que no se puede reconsiderar ningún artículo sancionado sin las dos terceras partes de votos.

            Tales son los antecedentes que preceden la importante sesión del 24 de Noviembre en que se promueve la cuestión presidencial y se afronta el distanciamiento de Bareiro.

            El órgano oficial del Partido, El Pueblo, con fecha 22 de ese mes, preparaba los espíritus y deslindaba posiciones, declarando que "sería una insensatez seguir al señor Bareiro en su separación de nuestro Partido, cuando se trata, de la tranquilidad de la Nación".

            Reunida la Asamblea, el 24, en su sesión nocturna, el Diputado Pedro Recalde mociona que la Convención se constituya en Congreso Electoral, de acuerdo al artículo 127 de la Constitución sancionada, y eligiera al Presidente y Vicepresidente de la República para el primer período constitucional.

            Prodúcese, con este motivo, una acalorada discusión, originando el retiro de 14 Diputados del recinto de la sesión, al resultar apoyada por mayoría.

            Acto seguido, se procede a la elección de los Primeros Magistrados, recayendo mayoría de 34 votos a favor de D. Cirilo A. Rivarola, para Presidente de la República, y de 33 votos a favor de D. Cayo Miltos, para Vicepresidente. El señor Miguel Palacios obtuvo un voto para este último cargo.

            Levantada la sesión a las 10 p.m., pasaron los señores convencionales a felicitar a los nuevos elegidos:

            Al día siguiente, luego de regresar del Te Déum efectuado por la Jura de la Constitución, al recinto de la Convención, se designó una Comisión que fue a instalar a los primeros Magistrados en el mando de la República.

            Quedaba terminada la tarea electoral y política de la Convención.

            Faltaba, antes de disolverse, su funcionamiento de Congreso Legislativo durante 15 días, a contar desde el 25 de Noviembre.

            En este carácter, la Constituyente, desarrolla una activa gestión legislativa auxiliar del P.E.

            El 29 de Noviembre, se designa a Emilio Gill, en reemplazo de D. Cayo Miltos, Vicepresidente de la Convención; se nombra una Comisión, compuesta de los Diputados Godoy, Jovellanos y Páez, para formular una Ley de Elección y otra sobre las atribuciones de la Comisión Permanente que deba quedar hasta la próxima Legislatura, y se dirige una nota al P.E., requiriendo el envío de las bases de colocación de un empréstito nacional; el 30, se autoriza al P.E. a disponer de las propiedades fiscales, para hacerse de recursos; el 2 de Diciembre, se recibe del P.E. un inventario de las casas fiscales a enajenarse; el 3, el Proyecto de Empréstito solicitado; el 5, se aprueba en general dicho Proyecto, y se autoriza al P.E. a levantar un Empréstito de 2.000.00 pesos fuertes, de acuerdo con la Comisión Permanente, tanto para su contratación como inversión, pudiendo hipotecar, dar en garantía las propiedades y rentas de la Nación, y se constituye una Comisión de estudio sobre un contrato efectuado por el P.E. con una empresa particular para acuñación y circulación de las monedas de cobre; el 6, se pide la estadística de la población campesina al P.E. para formar el criterio electoral de la Asamblea; el 7, se discute y aprueba el proyecto de Ley sobre las atribuciones de la Comisión Permanente, y se faculta al P.E. a enajenar las casas fiscales de acuerdo con esa Comisión; el 8, se sanciona la Ley de Elecciones; el 9, son designados para integrar la Comisión Permanente, hasta el próximo Congreso Legislativo, como titulares, los Diputados Juan L. Corvalán, Bernardo Recalde, Cirilo Solalinde, Pedro Recalde, Gregorio Narváez, León Machaín; Suplentes: Presbítero C. Arrúa, Gregorio Taboada, Manuel Frutos; el 9, se participa al P.E. que, al día siguiente, quedaría disuelta la Convención.

            El 10 de Diciembre, celebra la Convención su última sesión y se disuelve.

            Reunidos los Diputados a las 8 1/2 a. m., se abre la sesión, y comisionan ante el P.E. algunos miembros, invitándolo a hacer acto de presencia. Se excusa por encontrarse indispuesto, el Presidente Rivarola, concurriendo solo el Vicepresidente Miltos, quien, en nombre del Gobierno, da las gracias a los señores Convencionales y declara cerrada la Asamblea hasta el próximo período legislativo.

            El Diputado por Villa del Pilar, Presbítero Policarpo Páez, con este motivo, pronunció un discurso alusivo a la misión cumplida de la Constituyente.

 

 

 

CUARTO PERIODO CONSTITUCIONAL

PRESIDENCIA

DEL GENERAL BERNARDINO CABALLERO

25 DE NOVIEMBRE DE 1882 - 25 DE NOVIEMBRE DE 1886

 

 

            En el día, el Presidente reelecto constituyó su gabinete en la siguiente forma:

            Interior - Coronel Juan A. Meza.

            Relaciones Exteriores - José S. Decoud.

            Guerra y Marina - Coronel Pedro Duarte.

            Justicia - C. e Instruc. Pública - Juan G. González.

            Hacienda - Juan de la C. Giménez.

            La designación del coronel Meza, en la cartera del Interior, llamó vivamente la atención del país por los sensacionales antecedentes que le envolvieran en el proceso de los asesinos del ex-Presidente Rivarola. Denotaba, sin embargo, la preocupación del primer magistrado, con quien estaba emparentado, de asegurarse en dicho puesto el concurso de un familiar.

            Fueron nombrados miembros del Superior Tribunal, los Sres. Agustín Cañete, Dr. Adolfo Decoud y José A. Bazarás.

            Proponíase el Presidente iniciar su nuevo período de gobierno con un largo y detenido viaje al interior de la República, a objeto de palpar en persona la situación de la campaña.

            Solicita para ello permiso del Congreso, que se le concede por tres meses el 1º de Diciembre.

            La administración pública iba a ser estimulada por la normalidad interior y la iniciativa de algunos secretarios de Estado.     

            Una nueva tarifa de avalúos; una nueva ley de papel sellado se establecen, a regir del 1º de Enero de 1883.

            El nuevo año (1883) comienza bajo graves síntomas de una crisis comercial insoluble: el drenaje de oro y del numerario corriente, -que era la moneda boliviana-, más el cierre de las operaciones de descuento del Banco del Paraguay, como consecuencia de los manejos agiotistas que se habían producido en plaza a raíz de un reciente decreto de desmonetización de la moneda boliviana, habían abocado a todo el comercio a una cesación forzosa de pagos, por falta de moneda y de giros sobre el exterior.

            Acaloradas controversias se dividieron el campo de la argumentación oficial, pretendiendo inclinar al gobierno hacia medidas de emergencia a cuales más desesperadas. Las rentas habían mermado, a la vez, notablemente, y la cotización de los títulos de la deuda interna que habían llegado a mantenerse corrientemente al 70%, tuvo que bajar al 59%.

            Los diarios, influidos por aquel estado de cosas, preconizaban el extremo de una moratoria general.

            En Marzo, aplicándose la nueva ley de municipalidades, del año anterior, quedó instalada la Municipalidad de la Asunción con sus miembros electos en los distritos de la capital.

            El mensaje del P.E., abriendo las sesiones ordinarias del P. Legislativo, informa de los hechos administrativos inmediatos: contrato firmado con una empresa para la construcción de las líneas de telégrafo a Paso de la Patria, anunciando su terminación dentro de un año; inauguración de una Escuela de Derecho; a cargo del Dr. Ramón Zubizarreta; envío de más de 20 estudiantes al Uruguay y a la Argentina, aceptando las becas ofrecidas por ambos países a la República; amortización de la Deuda Interna, correspondiente a 1882, en $ 233.129.98, quedando aquella reducida al 31 de Diciembre de dicho año a $ 415.125.55, y anuncio de diversos proyectos.

            El 20 de Abril se firma el Tratado de Paz y Amistad con el Uruguay, entre nuestro plenipotenciario Sr. José S. Decoud y el oriental D. Enrique Kubly, condonándose en él las deudas de guerra de la República.

            El resto del año registra los siguientes sucesos: concesión a José Carbonel, para establecer una fábrica de cerveza, y posteriormente, otra similar, a Leopoldo Wesner; fusión de las compañías navieras que explotaban la línea de Asunción a Buenos Aires, en el Lloyd Argentino; abarrotamiento de los productos nacionales en el Plata, y baja consiguiente de sus precios, aumentando la crisis del año; agitación periodística y parlamentaria, con motivo de la actuación del Poder Judicial, atacado por un grupo de diputados en el Parlamento y el Sr. Ricardo Brugada desde La Democracia, y defendido por La Reforma, a la sazón a cargo del Dr. Cristóbal Campos; citación ante la Cámara de Diputados del citado Dr. Campos para confesarse autor de un artículo de La Reforma, que la Cámara juzgaba injurioso a su dignidad y le atribuía, y condena a prisión, de aquél, por declararse ajeno a tal artículo; una ley de emisión de $ 150.000, para pagar atrasos del presupuesto, y otra de venta de tierras públicas, por igual importe, estableciendo el valor de las tierras en $ 1.500, la legua de tierras de primera clase, $ 1.000, de segunda, y $ 800, de tercera; fundación e inauguración el día 20 de Agosto, del Ateneo Paraguayo, centro literario y de difusión de cultura, preconizado por un grupo de intelectuales; decreto de conminación indirecta al mejorar la elaboración del tabaco, mediante disposiciones especiales sobre su exportación; fundación de una Bolsa de Comercio; decreto de pavimentación de la ciudad, creando impuesto de $ 0.20 por vara a la zona urbana comprendida por las calles principales; rescisión de la concesión de los yerbales de Tacurupucú, previo pago a título de indemnización, al general Escobar, de la suma de $ 125.000; creación del Banco Nacional del Paraguay, con un capital de pesos 1.500.000, de los cuales se subscribe el Gobierno una tercera parte, afectando en ello diversos derechos aduaneros; libración pública del telégrafo a Paso de Patria; interpelación ruidosa de la Cámara de Diputados al ministro de Hacienda Sr. Juan de la Cruz Giménez, iniciada por el diputado Fretes y apoyada, por sus colegas, Taboada e Ibarra, sobre varias contradicciones dolosas, insostenibles, del balance trimestral del ministerio, en la sesión del 25 de octubre.

 

DISIDENCIAS EN EL PARLAMENTO

 

            Arrancando este último episodio parlamentario, proyecciones ulteriores de lejano alcance en la vida pública del país, han de esclarecerse aquí algunos de sus detalles.

            Ninguna oposición al régimen imperante existía hasta entonces, en las Cámaras ni fuera de ellas, siendo el Partido presidencial el único que primaba en las posiciones oficiales y en la opinión.

            Los núcleos y hombres de tradición liberal habían sido dispersos, asesinados o proscriptos de la República.

            De pronto, sin previo programa ni concierto para producir una disidencia en las filas del régimen, la Cámara de Diputados, rompe la inercia de la disciplina partidaria bajo la acción fogosa de dos de sus miembros caracterizados: los diputados D. José María Fretes y D. Antonio Taboada.

            Había sido el primero un ciudadano embanderado con la situación y le cupo en la emergencia la iniciativa del primer esfuerzo controlizador, siendo tronchada, después, su actuación por una muerte temprana.

            El diputado Taboada, en cambio, estaba llamado a una larga y trascendente participación en los destinos públicos que hará remarcar en sus antecedentes.

            Hermano de Rufino Taboada, el leader electoral del bareirismo en el ario clásico de la Constituyente, siguió en vida de aquél los vaivenes de su corta carrera, en pugna con el primer partido liberal, de cuyas filas habían pasado ambos a las del partido adverso.

            Desde entonces se le encuentra identificado a la suerte de este grupo de hombres a que la política del Brasil allanara la suma del poder público y consolidara en el gobierno del Paraguay, a través de los dos primeros lustras sucedidos tras la guerra.

            Toda su actuación había sido definida así entre los adictos tradicionales del grupo y de sus dirigentes. A la muerte del presidente Gill, hacía años que desempeñaba la comandancia militar de Villarrica y su celo a favor de aquella administración y de las que la suceden le valió la confianza entera de los mandatarios Uriarte, Bareiro y Caballero.

            Todas las tentativas revolucionarias, desarrolladas desde 74, lo encuentran en su puesto, empeñando la mayor vigilancia en pro del orden establecido, en cuya actitud se le ve ejercer la comandancia militar del citado Departamento, contra todas ellas, inclusive la del Galileo.

            Aquella larga foja de servicios le granjeó el apoyo de los hombres dirigentes en todas las contrariedades que le suscitara una oposición departamental exacerbada contra su autoridad en los últimos años y le abrió finalmente el camino de su actuación en la capital.

            Electo diputado bajo tales auspicios se incorpora de lleno en el movimiento partidario que desde el Club Libertad organizara la reelección presidencial del general Caballero y la adhesión popular de sus correligionarios en la República.

            Así interviene el nuevo diputado en la consolidación del régimen y el apoyo parlamentario a las principales gestiones del presidente Caballero.

            Pero llegó un momento (Octubre del 83), en que el espíritu del joven representante se encontraba sin estímulos de parte del régimen y animado a campear por sus fueros, pletórico de vigor y elevadas finalidades, antes que seguir complicándose con los malos manejos notorios de la Administración.

            Quedó concertado entre él y Fretes, la interpelación al ministro de Hacienda, que tiene lugar el día 25 precitado.

            El diputado Fretes enrostra al ministro interpelado las irregularidades anotadas en el balance ministerial, y es apoyado con fuerza por Taboada y luego por Ibarra. No siendo posible uniformar los puntos de la interpelación y la actitud de la Cámara, llámase ésta a cuarto intermedio. Reanudada la sesión, Taboada se da por satisfecho con las explicaciones de los ministros, pero Fretes insiste, concluyéndose por nombrar a su pedido una comisión parlamentaria, compuesta de los diputados Fretes, Jara e Ibarra, llamada a informar del estado de la contabilidad ministerial impugnada.

            En la mañana del día 8 de Noviembre se reanuda, con una enorme barra y expectativa del público, la sesión final de la interpelación, sobre los informes de la Comisión. Concurren a solidarizarse con el ministro de Hacienda, Sr. Jiménez, sus colegas de Relaciones y Justicia, D. José S. Decoud y D. Juan G. González y a hacer frente a los diputados interpelantes.

            La discusión fue pronto tumultuosa, llegando en su transcurso el diputado Fretes a hablar de grandes desfalcos y Taboada a atacar fogosamente dichas irregularidades, lo que provoca en los secretarios de Estado presentes una cruda protesta. A las 12 p. m. continuaba la sesión, hora en que se retiran los ministros, para volver a las 3 p. m. a tomar nuevamente parte en ella, en cuya oportunidad, el ministro Decoud, antes de retirarse colectivamente con sus colegas, dijo que la Cámara, sino se daba por satisfecha, podía acusar al ministro de Hacienda.

            Aquella batalla parlamentaria tuvo inmensos resultados, no previstos por nadie, en la política paraguaya.

            Desde entonces va a nuclearse una sorda disidencia en las filas oficiales, que más tarde, según la abonen las circunstancias, dará a su vez origen a la fundación y organización de un partido netamente opositor.

            Menciónase en el resto del año un suceso inesperado de relación con Bolivia: la llegada a la Asunción, el 12 de Noviembre, de los jefes de una expedición boliviana, al mando del Sr. Daniel Campos y del comisionado francés, Mr. Arturo Touhar, que saliendo de Tarija llegó en 65 días a orillas del río Paraguay, frente a Barranquerita.

            El año 1884 se inicia con la apertura del nuevo Banco Nacional del Paraguay, que tiene lugar el 2 de Enero, de mañana, con asistencia del Presidente Caballero y sus ministros.

            Siguiendo las dificultades financieras del gobierno, los diarios reflejan su preocupación de acrecentar las rentas fiscales y se vuelve a hablar de los medios de facilitar la enajenación de tierras públicas y hasta de vender los yerbales nacionales.

            Ábrense en Abril las sesiones ordinarias del Congreso, con el mensaje de práctica del Ejecutivo.

            Las industrias locales tratan de acogerse a la protección nacional: se intenta la instalación de una empresa de pesquería, de Santiago Paggi, con privilegios para explotar la industria en la zona comprendida por el río Paraguay, entre Lambaré y Villa Hayes; el 5 de Abril, se efectúa una importante asamblea de comerciantes, en casa de los Sres. Uribe y Cía., a propuesta del Sr. Jorge F. Metzler, en que se proyecta la formación de una sociedad de Comunicación directa con Europa por medio de una línea de vapores combinados con trasatlánticos, bajo protección del Estado; los Sres. Pecci Hnos., anexan a su fábrica de hielo, otras de bebidas gaseosas y fideos, también con franquicias fiscales.

            El diputado Ibarra presenta al Congreso un proyecto de venta de los yerbales fiscales, interpretando los apremios rentísticos del momento.

            En los primeros días de Abril, aparece un nuevo diario en la Asunción, llamado a gran notoriedad en los anales de la prensa nacional y de la política contemporánea : El Heraldo.

            Era su fundador y propietario principal el diputado D. Héctor F. Decoud; sus redactores principales D. Domingo Giménez, Martín y Manuel Curutchet y luego, D. José de la Cruz Ayala, que firmaba sus artículos con el pseudónimo Alón.

            La propaganda del nuevo diario no tarda en traducir en sus rumbos y en sus formas el nuevo estado de transformación del espíritu cívico del momento y tiene la virtud de conmover hondamente el monótono cuadro colonial en que se desarrollaba la vida interna del país, desde hacía largos años.

            La intolerancia de algunos representantes vino a coronar muy pronto, de una ruidosa popularidad, las campañas iniciadas de El Heraldo.

            En la sesión de la C. C. D., del 2 de Mayo, el diputado Ignacio Ibarra califica de injuriosos a la dignidad de la Cámara algunos artículos de El Heraldo, firmados por Alón, y pide sea castigado el autor o autores, a guisa de represión condigna. La Cámara cede a la moción del nombrado diputado y llama a su recinto al editor responsable de El Heraldo. Los dueños de la imprenta remiten como tal a José M. Torres (alias Icho Torres), un incapacitado conocido, que aumenta el ridículo del episodio.

            Con este motivo, se ordena el arresto del redactor principal del diario, Sr. Giménez Martín, y subsidiariamente, promuévese una sensacional discusión sobre la personalidad del diputado D. Héctor F. Decoud en su carácter de copropietario, fundador y director de El Heraldo, concluyendo la mayoría por responsabilizarle de todos los incidentes ocurridos en supuesto menoscabo del decoro de la Cámara y votar su desafuero y arresto por 15 días, para todo lo cual, se declara en sesión permanente.

            Como el diario perseguido seguía publicándose, fue igualmente citado a deponer en su recinto el regente del taller, Sr. José Alarcón, sobre el autor de los artículos mencionados y como no diese razón de él, reducido con los otros a prisión.

            Aquel curioso espectáculo no debía terminar, sin complicaciones más originales.

            Los presos por orden de la Cámara concurren al Superior Tribunal en demanda de Hábeas Corpus y obtienen el recurso, en el sentido de comparecer con sus personas en una audiencia; pero, en ese trámite, (9 de Junio), la Cámara de Diputados reputa atentatoria de sus fueros la actitud del Superior Tribunal y resuelve iniciar un juicio político a dos de sus miembros, los magistrados Dr. Alejandro Audivert y D. Mateo Collar, sosteniendo que la C. C. D. no podía ser limitada por ningún otro poder en materia disciplinaria sobre los desacatos a sus fueros.

            Ante tan extraña situación, el jefe de Policía consulta al P. E. el temperamento a adoptar, y aconsejado a obedecer la orden del Tribunal; son llevados a comparecer a sus estrados los presos en cuestión, quienes fueron reconducidos a la policía a esperar la disposición judicial del caso.

            El Senado tuvo que adoptar el procedimiento previo para el juicio político, que no existía hasta entonces.

            El 20 de Julio dio su fallo definitivo, no sin haber tomado antes declaraciones de los magistrados acusados, quienes manifestaron que sólo habían hecho comparecer a los presos para informarse de la causa de su detención, sin ordenar su libertad, por cuyas excusas el Senado los absuelve de culpa y quedó cerrado el inusitado debate promovido por la intolerancia de la C. C. D.

            Los presos recobran su libertad, cumplidos los quince días de arresto.

            Aquellas agitaciones, aparentemente superficiales, denotaban la exaltación de los ánimos y eran el preludio de borrascosas etapas en la vida cívica de la República.

            La Reforma, el órgano ponderado de la situación, comentando el resultado final de todos los choques suscitados, decía de ellos: dibújase la silueta de un partido de oposición.

            Cítanse en el año, entre otros hechos: la terminación de los trabajos de la comisión mixta, paraguayo-argentina, sobre deudas particulares de Guerra a la Argentina, arrojando un total admitido de $ 8.420.210.71; revisión del tratado de comercio, amistad y navegación con el Brasil, ratificada y lanzada en un manifiesto, por el presidente de la República; nueva emisión de $ 150.000, autorizada el 12 de Julio, con 30% de amortización de entradas aduaneras; creación de una legación en Buenos Aires y nombramiento de ministro para desempeñarla, del Sr. Carlos Saguier; proyecto de ley del P. E. modificando la última ley de venta de tierras públicas, a efectos de facilitar su realización; creación de la primera Junta Central de Agricultura, destinándole el 2% de las entradas aduaneras, que estaba retenido para amortizar las monedas de cobre circulantes, así como el producido del cobre acumulado, hasta la fecha, en Tesorería; creación de una Junta de Crédito Público, a objeto de correr con los registros de títulos y servicios de deuda, expendio de patentes y sellados; reorganización general de la Contabilidad Pública, a regir desde el 1° de Enero del año próximo; autorización de la municipalidad a explotar una lotería de beneficencia para mantenimiento del hospital local; recepción del primer ministro residente francés M. Carlos Rouvier, id. del ministro inglés, Mr. Edmundo Monzón; proyecto de recompra del ferrocarril, de la sociedad Travassos, Patri y Cía. en pesos 1.200.000, en títulos fiduciarios, con los cuales, la mencionada sociedad se proponía fundar un nuevo Banco a llamarse de Comercio; crisis del Banco Nacional del Paraguay, con suspensión de toda operación de descuentos y malestar consiguiente en la plaza comercial.

            Deseoso el gobierno de intentar una reacción financiera de mayor esfuerzo, al finalizar el año, había planteado una modificación, con nuevas orientaciones de su política administrativa.

            El año 1885 trae así algunos proyectos en gestación sobre la materia, de vital trascendencia, cuyo primer objetivo era crear rentas.

            El 2 de Enero es nombrado ministro de Hacienda, en reemplazo del Sr. Juan de la C. Giménez, el Sr. Agustín Cañete, quien se propone ejecutar los nuevos planes financieros en vista.

            Otro cambio importante se produce en la administración: renuncia el jefe de Policía de la Capital, teniente coronel Dionisio González, siendo nombrado en su lugar el comandante Zacarías Jara.

            Nuevas elecciones para representantes tienen lugar en el mes de Febrero, con candidatos opositores en varios distritos.

            El 1° de Marzo desaparece el diario La Reforma, y uno nuevo, El Orden, se edita por la misma imprenta.

            El 11 de dicho mes, el P. E., expide un decreto comisionando al ministro de Relaciones Exteriores, D. José Segundo Decoud, en misión financiera especial a Londres, con amplios poderes para concertar un arreglo con los tenedores de títulos de los empréstitos del 71 y del 72. Esta importante comisión obedecía al desarrollo del programa financiero aludido.

            La Democracia comienza a agitar la cuestión presidencial futura, preconizando la candidatura del general Patricio Escobar para presidente de la República.

            La crisis comercial latente se agrava con la repercusión de otra mayor, producida en Buenos Aires donde se había declarado el curso forzoso de los billetes de Banco.

            No pudiendo convertirse en el país los billetes del Banco Nacional sino en plata brasilera, -que estaba depreciada en Buenos Aires- los comerciantes tuvieron que cancelar sus obligaciones con aquella plaza, en frutos, cuyos precios, por ese motivo, subían en el mercado local artificialmente, mientras en Buenos Aires permanecían iguales o en baja. Con todo ello, aumentaba el malestar económico del país.

            Abierto el período legislativo de Abril, presentan los ministerios sus memorias respectivas. Queda reducida la Deuda Interna en $ 342.311.32.

            Un hecho internacional, honroso para la República, se menciona: el tratado de amistad, comercio y navegación con la República Argentina, firmado por D. José Segundo Decoud y el plenipotenciario argentino, D. Héctor Álvarez, sentando el principio avanzado de arbitraje de que, en ningún caso, las altas partes contratantes producirán actos de represalia o de guerra, de la una contra la otra, por ningún motivo o causa.

            Dos importantes proyectos de ley remite el P.E. al Congreso, de carácter financiero, para su sanción: uno de venta de los yerbales, y otro, de emisión de $ 600.000, en títulos llamados Fondos Nacionales, a pagarse de rentas generales y afectando, para su extinción, el producido de la venta de los yerbales. Ambos proyectos se convirtieron en leyes el 9 de Junio, con la enmienda de que la emisión se denominó de Fondos Públicos y quedó reducida en $ 400.000.

            La tasación de los yerbales a venderse se basaba en su extensión territorial y mayor o menor proximidad a las vías fluviales. Así, los inmediatos a ríos o riachos navegables, a distancia no mayor de 6 leguas, se valoraban en $ 1.50, la cuadra de 10.000 varas superficiales; los distantes a 12 leguas, $ 1.25, la cuadra; y los más distantes, a $ 1.00. La venta de los yerbales se arguyó con que el Estado no podía conservarlos en su poder.

            El ministro de Hacienda, Sr. Cañete, en la memoria ministerial del ejercicio financiero último, informa la existencia de un déficit en el Presupueste de $ 291.557.71 sobre gastos autorizados, inclusos $ 108.209.91 de proveeduría y excedentes, que alcanzaron a $ 584.622.06.

 

 

DEVOLUCIÓN DE LOS TROFEOS POR EL URUGUAY

 

            Otro acontecimiento exterior de gran significado para el Río de la Plata tuvo lugar en el mes de Mayo: la devolución de los trofeos conquistados por los ejércitos orientales en la guerra con el Paraguay, bajo solemne decreto del Presidente Máximo Santos, en nombre del gobierno y del pueblo uruguayos.

            La nación entera se puso de pie, transportada de la emoción que produjo en su espíritu aquel altísimo tributo del pueblo hermano, que ya recientemente nos condonara las deudas de guerra.

            El Congreso dictó una ley autorizando al P.E. a dirigirse oficialmente en nombre de la República al gobierno oriental, significando la gratitud imperecedera del país y a la noticia de haber zarpado de la rada de Montevideo la cañonera General Artigas, portadora de las reliquias históricas devueltas al Paraguay, el P.E, lanzó el siguiente decreto:

 

DECRETO SOBRE RECEPCIÓN DE LOS TROFEOS

 

            Habiéndose comunicado oficialmente que el Gobierno de la República Oriental del Uruguay ha determinado devolver los trofeos de guerra que posee, y con el fin de verificar la recepción de estas reliquias con toda la solemnidad que requiere un acontecimiento de ese género, notable por su rareza en la vida de los pueblos y de manifestar al mismo tiempo la expresión de gratitud y simpatía a que el Pueblo y el Gobierno Oriental se han hecho acreedores con la Nación Paraguaya por ese nuevo acto de nobleza y de generoso desprendimiento que honra en alto grado a aquella República hermana:

            El Presidente de la República, acuerda y

 

DECRETA:

 

            Articulo 1º. Inmediatamente de fondeada en el puerto de la Asunción la Cañonera Oriental que conduce a su bordo la comisión portadora de los trofeos, será saludada por la plaza con veinte y un cañonazos y el himno oriental ejecutado por la banda de música, izándose la bandera de aquella nacionalidad en el asta bandera de la Capitanía del Puerto y arriándose la bandera nacional, mientras dure la salva.

            Art. 2º. El día designado para el desembarco de los trofeos, una Comisión Especial se trasladará a bordo de la cañonera Oriental con el objeto de acompañar a la comisión oriental hasta el Palacio de Gobierno. Dicha Comisión se compondrá como sigue: Miembros del Superior Tribunal de Justicia, D. José del Rosario Miranda, Dr. D. Alejandro Audibert y D. Mateo Collar, Senadores: general D. Patricio Escobar, D. José González Granados y D. Juan C. Giménez: Diputados: D. José T. Sosa, D. Santiago Cardozo y D. Ildefonso Benegas; Presidente de la Municipalidad de la Asunción, D. Cirilo Solalinde; Director del Colegio Nacional, Dr. D. Benjamín Aceval; Presidente de la Junta de Crédito Público D. Francisco de Guanes; Administrador General de Aduanas, D. Manuel Ávila; Fiscal General del Estado, D. Juan G. Centurión; Defensor General de Menores, D. José Gaspar Vera; Director del Banco Nacional del Paraguay, D. Emilio Aceval y ciudadanos D. José de León y D. Pedro V. Gill.

            Art. 3º. Al desembarcar las reliquias, la cañonera nacional Pirapó empavesada hará una salva de veinte y un cañonazos.

            Art. 4º. El batallón de infantería de línea con su correspondiente banda de música se constituirá al puerto a solemnizar el acto del desembarco. La banda ejecutará el himno nacional al tiempo de llegar en tierra las reliquias y se rendirán los honores correspondientes al pasar las banderas por delante del batallón; y formándose éste en columnas por mitades, acompañará hasta el Palacio de Gobierno, donde habrá una guardia de honor con banda de música que ejecutará igualmente el himno nacional a la entrada a la plaza de Gobierno.

            Art. 5º. El Presidente de la República, acompañado de los Ministros del P. E., el Vicepresidente de la República, S.S. ilustrísima el Sr. Obispo Diocesano, el Clero Nacional, los funcionarios del Estado y Jefes de las diversas reparticiones públicas se hallarán presentes en el Palacio de Gobierno para el acto de la recepción.

            Art. 6º. La plaza de armas hará una salva de veinte y un cañonazos en el acto de verificarse la recepción en el Palacio de Gobierno.

            Art. 7º. Se invitará oportunamente y por donde corresponda a las Corporaciones Civiles, al Colegio Nacional, Seminario Conciliar, Escuelas Municipales y particulares y al pueblo en general a concurrir al puerto a objeto de solemnizar el acto del desembarco de las reliquias y a acompañarlas hasta el Palacio de Gobierno.

            Art. 8º. Terminada la ceremonia las reliquias se depositarán provisoriamente en el Ministerio de la Guerra.

            Art. 9º. Una Comisión se encargará de organizar la marcha del acompañamiento y de disponer lo conveniente para que el acto se verifique con toda la solemnidad requerida. Esta Comisión se compondrá de los siguientes ciudadanos: D. Francisco Rivas, D. Pedro P. Caballero, D. Dionisio Loizaga, D. Cecilio Báez y D. Fernando Riquelme.

            Art. 10º. Declárese feriado para las Oficinas Públicas y sus dependencias el día señalado para la entrega de los trofeos.

            Art. 11º. Comuníquese, publíquese y dése al Registro Oficial.

            Caballero - Juan A. Meza - Pedro Duarte - Agustín Cañete - Juan G. González

 

            Varias comisiones fueron constituidas oficialmente para organizar la recepción de los Comisionados Orientales que venían con la General Artigas y que eran las siguientes personalidades: general Máximo Tajes, ministro de la Guerra del Uruguay, Dr. Carlos de Castro, D. Lindoro Forteza, Clodomiro Arteaga y D. Nicolás Granada.

            En la tarde del 30 de Mayo, la General Artigas fondeaba en la bahía de Asunción.

            Toda su trayectoria en el litoral, había sido solemnemente consagrada por la apoteosis nacional. Las poblaciones en masa, hombres y mujeres, acogían, con lágrimas en los ojos, aquella delegación nunca vista en los anales del mundo, que venía a restañar las heridas de un drama americano en el viejo solar del Paraguay despedazado por la guerra.

            Tocóle al pueblo de Asunción, hacer las veces de toda la República, y prodigarse a los emisarios del gesto magnánimo en las más grandiosas protestas de gratitud.

            El gobierno lanzó un decreto especial, fijando el día 31, para el desembarco de los trofeos y su recepción oficial.

            El puerto de la capital se convirtió en una inmensa colmena donde se agolpaban, sin distinción, todas las clases sociales, a participar del loor popular a los heraldos orientales.

            Pronto trascendieron otros detalles, más sugestivos, del acontecimiento.

            Súpose que, momentos antes de zarpar de Montevideo la nave de los trofeos, el Presidente Santos estuvo a despedir la histórica Comisión, pronunciando en esa oportunidad una arenga en que evocaba las cenizas de Artigas que el Paraguay a su vez, había restituido -decía- a su tierra nativa; eran, pues, más hondas para el gobierno oriental las raíces de aquella confraternidad, que databan de las horas brumosas del nacimiento de la República y no precisamente del repentino discernimiento de las nuevas generaciones sobre el significado de la guerra con la Triple Alianza.

            Han de citarse las notas culminantes de aquel cuarto de hora de comuniones estrechas y vasto desahogo de un pueblo reconocido: fueron declarados ciudadanos paraguayos por el Congreso el Presidente Santos y sus Comisionados a la República y nombrado aquél, General Honorario del Ejército Nacional; una Legación permanente quedó acreditada ante el gobierno oriental, designándose Ministro para desempeñarla al Sr. Juan J. Brizuela; la plaza San Francisco, que se arregló en esos días, se bautizó para lo sucesivo con el nombre de Plaza Uruguaya, amén de suntuosas fiestas ofrecidas por el gobierno y la alta sociedad en honor de los señores Comisionados.

            Finalmente, llegó la hora del retorno de la General Artigas y la Comisión. La escena a que ello dio lugar, pudo dejar pálido todo cuanto anteriormente se había desarrollado en el país con motivo de la devolución de los trofeos. Otra monstruosa manifestación popular se había citado en el puerto, a despedir a los orientales. El Presidente de la República, todos los altos dignatarios, las damas más graneadas de la época, toda la población movible de la ciudad, hombres, mujeres y niños, hicieron acto de presencia, y allí, cambiados los últimos discursos, cerrólos, como una explosión de la multitud, un ¡Viva al Presidente Santos!, proferido en persona por el primer magistrado.

            La cañonera Pirapó y el cuartel de la Plaza, dispararon veinte y un cañonazos, al descender éste de la Artigas, y ratos después, zarpaba la nave aclamada por el pueblo paraguayo, entre vítores indescriptibles, no sin arrancar lágrimas de todos los ojos los saludos de despedida de sus jefes y soldados.

            Quedaba como reguero de los Comisionados orientales, otro gesto que ha de librarse del olvido: una oblación a la sociedad de Beneficencia, con cuya Presidenta, Sra. Carmen Gill de Cordal, cambiaran, con este motivo, notas de alta gentileza, y otra, a la Presidenta de la Comisión de festejos sociales, Sra. Rosa Peña de González, con las cuales, se echaron las bases del actual Asilo de Mendigos de la Asunción.

            La precaria situación del comercio tendía a mejorar, a cuyo fin propenden algunas medidas monetarias que permitiesen la más cómoda circulación de las monedas de oro y plata, argentinas, que requerían las transacciones.

            Por ley del 14 de Julio, se les dieron los siguientes valores: $5, la moneda de oro de 8 gramos y 646 diez milésimos de peso y 900 milésimos de fino; $ 0.94, la pieza de plata de 25 gramos de peso y 9 décimos de fino. A las fracciones, su valor relativo.

            Las industrias seguían su evolución progresiva. En aquel mismo mes, se inaugura la primera fábrica de fideos, del Sr. Marcos Quaranta; la firma A. Peña y Cía., poco después, obtiene el usufructo, por 20 años, de los tres cuerpos de edificio del Arsenal-cué, para instalar en ellos aserraderos a vapor y alfarería, fábrica de ladrillos, tejas, loza y tubos.

            Autorizase al P. E., con fines explícitos, a conceder en propiedad secciones de 25 leguas en el Chaco a toda Empresa colonizadora que se comprometiese a radicar en ellas, dentro de cuatro años, 140 familias de inmigrantes agricultores.

            Mientras tanto, los tempranos trabajos electorales a favor de la candidatura del general Escobar para la próxima Presidencia, daban sus frutos.

            El día 27 de Julio, se lleva a cabo una numerosa reunión de ciudadanos en la plaza Libertad con el objeto de constituir un club electoral, llamado a organizar la campaña comicial próxima.

            Quedó constituido el Club, con la denominación de Club del Pueblo con la siguiente mesa directiva, compuesta de ciudadanos de todas las tendencias:

            Presidente, Dr. Benjamín Aceval, Vicepresidente, Sr. Fernando Saguier. Secretarios: Sres. Cecilio Báez y José Ayala.

            Vocales: Sres. Cirilo Solalinde, Rosendo Carísimo, José Urdapilleta, José María Fretes, Emilio Aceval, Mateo Collar, Ignacio Ibarra, Felipe Torrents, Antonio Taboada, Juan B. Egusquiza, Héctor F. Decoud, Dr. Alejandro Audivert, Sres. Francisco Rivas, Antonio Zayas, Juan Bautista Rivarola, Antonio Codas, Marcos Morínigo, Salvador Herreros, José J. Goiburú, Abdón Álvarez, Rodolfo Saguier, Cleto Romero, Ángel Benítez, Inocencio Franco, Jesús María Carrillo, Pedro V. Gill.

            Acto seguido esta Comisión Directiva procedió a elegir los candidatos presidenciales para el V período constitucional: por unanimidad, para Presidente de la República, al general Patricio Escobar, y previas algunas discusiones, para Vicepresidente, al ex-convencional Sr. José del R. Miranda.

            El Sr. José de la Cruz Ayala no aceptó su inclusión en la lista de la Comisión, por disconformidad con la candidatura del general Escobar, como igualmente el D. Héctor F. Decoud.

            En esa forma, quedaba conminado el actual Presidente Caballero a no resistir la fórmula presidencial, por un lado, de su viejo compañero de tradición, y por otro, de uno de sus allegados más próximos e insospechables.

            Efectivamente, tuvo que abrirse paso, sin ninguna dificultad, la fórmula madrugadoramente prohijada por la heterogénea asamblea.

            Otros hechos del año: creación de una oficina de Estadística General; convenio entre el Banco Nacional y el P. E., para el pago de los bonos emitidos el 12 de Julio de 1884, admitiendo el Banco, en cambio de ellos, los Fondos Públicos y reduciéndolos a $100.000, con 18% de interés anual; fijación del presupuesto para el año 1886 en $ 457.353.60 aparición del primer número del periódico ilustrado El Látigo, por la imprenta del Sr. Plácido Cassaús, causando sensación con su propaganda satírica; aparición de otro diario, El Paraguayo; preocupación del gobierno y de la opinión para iniciarse relaciones comerciales con Bolivia, a través del gran Chaco, fundándose bajo esos auspicios, en el Alto Paraguay, Puerto Pacheco, de donde una Empresa especial llamada Suárez Arana, nacionalizada por el gobierno boliviano, pretendía llevar una carretera hasta Sucre; adopción como mapa oficial paraguayo del gran Chaco, el levantado en 1882 por D. Luis Jorge Fontana; incidente sangriento entre el redactor de El Heraldo, D. Manuel Curuchet y el Sr. Ángel Peña, por motivos periodísticos, revelador del grado de exaltación de los espíritus, provocada por la publicidad.

            Un suceso penoso, que marca el camino de un nuevo martirologio de la juventud ilustrada, se consuma en las postrimerías de aquel año político, sacudido por la prensa de oposición: el reclutamiento del periodista D. José de la Cruz Ayala, de la redacción de El Heraldo, como medio de amordazarlo y de someterlo a la obediencia militar.

            El hecho revistió los caracteres de un atentado personal contra el escritor, tanto más inusitado cuanto mayor era la impunidad del procedimiento, en una época en que las levas cuarteleras sólo alcanzaban al malevaje empedernido de las poblaciones rurales.

            Aquel abuso de fuerza, presagiaría la nueva decapitación del joven luchador que se anunciaba, y de entonces en adelante, se le verá recorrer un trágico vía crucis, que acabará en la proscripción con su clara inteligencia y su vida misma, años después.

            La persecución del periodista comenzó con una destitución gratuita recaída sobre él en su carácter de Profesor de Historia en el Colegio Nacional de Asunción. Ahora se le arrojaba al yugo del reclutamiento militar y muy pronto se le cerrarían las puertas del país por falta de garantías y forzados delitos de deserción.

            Aquel ambiente de opresión sobre la juventud independiente, volvía a conturbar los espíritus y a aumentar la expectativa sorda de la disidencia latente en el Parlamento y en las filas del partido presidencial.

            En eso vino una grata noticia del extranjero a tonificar la depresión económica financiera de la situación: llegan en Diciembre las bases del arreglo firmado por D. José Segundo Decoud en Londres con los tenedores de títulos de los empréstitos del 71 y del 72, que permitían abrigar nuevas esperanzas en la futura restauración del crédito nacional.

            Según ellas, el monto de las deudas quedó reducido de oro $ 15.000.000 a oro $ 4.000.000; la tasa de interés del 8 % anual al 2 % por los cinco primeros años; al 3% por otros cinco años; a los 11 años, se pagarán el 4% de interés y el 1/2 por ciento de amortización, hasta extinguirse las deudas. Cedíanse, además, a los tenedores de bonos en propiedad 500 leguas de tierra y el ferrocarril a Paraguarí, en sus condiciones actuales de funcionamiento.

            El último año de su gobierno (1886), el general Caballero lo dedica a finiquitar las principales gestiones financieras emprendidas y a preparar la entrega de la administración a su próximo sucesor en la presidencia, sin modificaciones sensibles.

            El 8 de Febrero convoca el P. E. al Congreso a sesiones extraordinarias a objeto de tratar sobre el arreglo concluido en Londres por el ministro de Relaciones Exteriores, Sr. José Segundo Decoud, con los tenedores de títulos de los empréstitos del 71 y 72, sobre las bases enunciadas, y el 20 del mismo repone en su cargo, al frente de la Cancillería, al nombrado Comisionado especial.

            Reunido dicho congreso extraordinario, se sancionan y promulgan dos leyes importantes: las del 6 y 20 de Marzo. La primera trata de la recompra del Ferrocarril a Paraguarí, aceptando el convenio hecho en Enero con la empresa para su realización, para lo cual, se destina al pago y amortización de los títulos, lanzados en compra del Ferrocarril, un derecho adicional del 8%, en moneda de curso legal, de las rentas aduaneras sobre importación; se suprime el derecho adicional anterior del 10% a pagar en órdenes de pago y el 2% en cobre, reemplazándolos con un 3% adicional a pagar en órdenes de pago sobre importación y $ 1.00 fuerte en la misma especie, por cada cuero exportado. La segunda, aprobaba el convenio Decoud, firmado en Londres con los tenedores de bonos de los empréstitos mencionados.

            Abiertas las sesiones ordinarias en Abril, el Presidente de la República informa en su último mensaje del estado general del país. Completa calma electoral, en vísperas de la renovación de la primera magistratura, en el orden político; en el económico, incremento de las industrias rurales, y valorización de la tierra, que atribuye a la falta de impuestos sobre ella y a la venta facilitada de las tierras fiscales, que arrojaban a datar de las últimas leyes promulgadas, un producto de $ 917.411.98 y por los yerbales, $ 228.627.83; valor oficial de la importación $ 1.306.653.49 y de la exportación $ 1.265.701.68; Deudas de Londres $ oro 4.250.000; renta total del año, $ 1.437.742.72; reducción de la Deuda interna a pesos 289.444,42; en materia educacional, cantidad total de alumnos de Escuelas y Colegios, censados: 13.829.

            Algunas concesiones legislativas de importancia se dan en el resto del año: la de construcción del Mercado Guerrero (Plaza-í); la de un teatro nuevo al Sr. Baudilio Alló; la de dos nuevas líneas de tranvía, al Sr. Francisco Morra.

            El 7 de Junio el P. E. fija el día 22 de Agosto para la elección de electores de los futuros Presidente y Vicepresidente de la República y el día 25 de Setiembre, para reunión de los colegios electorales y elección de dichos magistrados.

            El 19 de Agosto, el P. E. promulga una importante ley autorizando al gobierno a contratar, por cuenta de la nación, la prolongación de la vía férrea de Paraguarí a Villa Rica, sobre un costo máximo de £ 300.000, afectando para su pago el producto de la venta de tierras públicas y yerbales. A este efecto se resuelve vender las fracciones de tierra, reservadas en el Chaco, entre Concepción y San Salvador.

            El 11 de Octubre es promulgado el decreto legislativo declarando electos, Presidente de la República al general Patricio Escobar, y Vicepresidente a D. José del Rosario Miranda, de acuerdo al voto de los colegios electorales.

            La única fórmula presidencial existente, quedaba investida de la fuerza legal.

            En el mes de Noviembre, se declara en cuarentena, los buques procedentes del Plata, donde se había producido el cólera.

            El día 25, el Presidente Caballero y sus ministros en Palacio, entregan el mando al nuevo Presidente de la República, general Escobar, levantándose un acta de la transmisión efectuada.

 

 

 

 

NOVENO PERIODO CONSTITUCIONAL

PRESIDENCIA DEL CORONEL D. JUAN A. ESCURRA

25 DE NOVIEMBRE DE 1902 - 19 DE DICIEMBRE DE 1904

 

            El Presidente Escurra formó este gabinete:

            Relaciones Exteriores - Dr. Pedro Peña.

            Interior - D. Eduardo Fleitas.

            Guerra y Marina - Cnel. D. Antonio Cáceres.

            Justicia C. e I. Pública - D. Cayetano Carreras.

            Hacienda D. Fulgencio R. Moreno.

            Arduo era el cometido que tocaba afrontar a los hombres surgidos de la sublevación del 9 de Enero.

            La escisión del partido colorado eliminaba en masa de su seno al núcleo egusquizista y abría un abismo entre el nuevo gobierno y los hombres caídos en la plenitud de sus energías y significación política con el Presidente Aceval.

            Justamente, con aquella crisis del partido, se acentuaba la ausencia de hombres dirigentes en su estado mayor, capaces de sostener la situación por su ascendiente en la república y de recoger, de manos de los viejos generales, la tradición de mando de su hegemonía trabajada por el tiempo.

            Estaban en la senectud los jefes auténticos, sin reemplazantes efectivos en los puestos de responsabilidad.

            Este fenómeno produjo las más graves consecuencias en el desenvolvimiento del régimen.

            Nuevos tiempos, exigían también aptitudes nuevas, energías más completas en los hombres del poder, que humanamente no podían ofrecer ya los mencionados generales, debatidos en las postrimerías de sus fuerzas personales por la ancianidad.

            Se tuvo que ensayar jefaturas civiles y militares, llamadas a llenar el vacío, de hecho producido, en vida de los jefes históricos por desaparecer.

            El coronel Escurra fue escogido por los acontecimientos y la visión de los estadistas del 9 de Enero para ocupar, en el orden militar, la posición más representativa, investida a un tiempo de las insignias de la primera magistratura de la nación.

            Faltaba saber si era una jefatura efectiva la que surgía así, a tan alto cargo, o una hechura de la necesidad.

            En el orden civil, el Sr. Eduardo Fleitas, se abrió paso hacia las influencias directivas y las iniciativas regulares del nuevo gobierno.

            Faltaba averiguar asimismo si era el jefe civil destinado a suplir las fallas de los ancianos dirigentes y dominar el momento histórico de transformación en que iba a entrar la República.

            Los hechos se encargarán de demostrar, con sus rudas sanciones, los espejismos de la situación y el error en que hombres y partidos se encontraban sobre la rotación de los sucesos internos:

            ¿Cuál había sido, mientras tanto, la línea de conducta del Partido Liberal, en presencia de las graves incidencias que quebraran, desde el 9 de Enero, las filas republicanas?

            La recepción de Mayo último al Dr. Báez, con motivo de su llegada de Méjico, dejó tras el estrépito de las multitudes afanosas de mejores días, un cúmulo de impresiones del más firme significado.

            El alma popular estaba preparada para las agitaciones totales del sentimiento público, anticipándose a las combinaciones subterráneas de la política, que había de embanderarse, en aquellos mismos momentos, en esas aspiraciones comunes, inconfundibles, de toda la nación.

            Dos hombres de gravitación excepcional, en el cuarto de hora, sobre la suerte de la República, los Dres. Cecilio Báez y Benigno Ferreira, van a decretar, al fin, el acontecimiento más trascendental de la historia contemporánea del Paraguay: la revolución armada contra el gobierno del coronel Escurra y la caída del partido republicano.

            El primero era el tribuno elegido de la opinión. Irradiaba de sí el prestigio avasallador de la democracia nueva que llenara de esperanzas a todas las almas y a todos los pueblos de la República, por la fuerza de su pensamiento, de su palabra y acción, empeñados al servicio del pueblo, a través de largos años de combate.

            Podía asumir, como ningún otro conciudadano, una delegación plebiscitaria y obrar en nombre de una aspiración condensada en grandes masas de opinión.

            El Dr. Ferreira poseía, por su parte, el prestigio insustituible de la acción.

            Político de resistencia permanente, menos conocido de las masas, pero igualmente consagrado por su seriedad y responsabilidad personal, como el único jefe posible de un movimiento revolucionario, entre los factores ponderados de la oposición, poseía, además, el secreto de una visión de conjunto, para elevarse sobre su propia individualidad y precipitar en el momento preciso, a toda la nación, en las corrientes revolucionarias que procuraba encauzar, a favor de las circunstancias.

            Los hombres del gobierno derrocado el 9 de Enero, en primer término, y luego varios contribuyentes espontáneos, se ofrecieron al general Ferreira para financiar el movimiento.

            El Dr. Báez, insinuado al respecto, reconoció la necesidad de unir, previamente, las fracciones del partido liberal.

            Definido en esta forma el pensamiento del jefe virtual de la fracción radical, su inteligencia con el general Ferreira quedó concertada definitivamente y la unión liberal, resuelta sin dilación.

            Ninguna hora más incierta, ni más tormentosa para gobernante alguno, bien que las apariencias demostraran la mayor tranquilidad interior, hubo de conocer el país, en su azarosa etapa constitucional.

            Para más contraste, todos los recursos de habilidad, de inteligencia, de tacto, de policía misma, parecían concentrarse en las filas de la oposición, mientras el gobierno, fiado en su omnímodo imperio de luengos años; sólo discurría en los medios de orillar sus propias orientaciones.

            El 8 de Diciembre, se concede por intermedio del Banco Agrícola al Sr. Vicente Noguez, un préstamo hasta la suma de $ c/l. 1.500.000, destinado exclusivamente a proteger la industria azucarera que tenía dicho señor a orillas del río Tebicuary.

            El 31, se convoca a elecciones para llenar las vacantes de 13 diputados y 4 senadores en el Congreso.

            El presupuesto general para 1903, quedó fijado en pesos curso legal 11.531.068.56.

            El 2 de Enero (1903) se nombra jefe de policía de la capital al Sr Francisco Miranda, en reemplazo de D. Tomas Matto; el 31 del mismo se constituye el Tribunal Militar creado por el Código de Procedimiento Penal Militar con motivo del descubrimiento de un complot subversivo en los cuarteles; el 23 de Febrero se aprueban los estatutos de la Sociedad Ganadera del Paraguay establecida recientemente en la Asunción; el 3 de Abril renuncia el Dr. Pedro Peña del Ministerio de Relaciones Exteriores encomendándose internamente su desempeño al titular de Justicia, Dr. Cayetano Carreras.

            En su mensaje anual a las Cámaras legislativas, esboza el coronel Escurra la marcha de la administración y sus impresiones optimistas sobre el porvenir.

            No obstante la disminución de las rentas y la perturbación que ella causara a las finanzas nacionales, anuncia que, en breve, varios proyectos del P. E., apoyados por el comercio y las industrias, se encargarían de remediar los males del momento, como las oscilaciones monetarias y los atrasos del presupuesto.

            Rentas Generales, recaudadas en 1902: $ 11.018.316.25.

            Deuda Externa: Saldo al 31 de Diciembre de 1902, pesos oro 4.648.083.88, habiéndose amortizado y comprado bonos en Londres por valor de $ oro 138.993.98, en el año.

            Deuda Interna. Títulos de Deuda Interna y Certificados de Tesorería: $ c/l. 637.890. Amortización e intereses servidos de los mismos: $ 260.410. Emisión total en circulación al 31 de Diciembre de 1902 $ 12.569.999.69 más $ 200.000 en monedas de níkel

            Instrucción Pública: 364 Escuelas nacionales y particulares, 793 maestros, 28 614 alumnos matriculados

            En el ejército, donde habían sido incorporados algunos oficiales egresados de la Escuela Militar de Chile, se descubre una conspiración que motiva el apresamiento de sus promotores. Figuraban entre éstos los capitanes Albino Jara, Alejandrino Escobar y otros oficiales.

            El 23 de Abril es nombrado el Dr. Pedro Peña, Ministro Plenipotenciario de la República ante el gobierno del Brasil; el 25, se promueve a categoría de Departamento al pueblo de San Antonio.

            El 1° de Mayo es reconocido oficialmente el nuevo Ministro Plenipotenciario de la República Argentina, Sr. Alejandro Guesalaga; el 8, se nombra al Dr. Antolín Irala, ministro de Relaciones Exteriores; el 13, al Sr . Antonio Sosa, ministro de Hacienda; el 16, al Dr. Francisco Chávez, de Justicia, C. e I. Pública; concédese a los Sres. Gatti y Lloret, el 10 de Junio, por cinco años, privilegio a extender, por medio de postes de madera labrada, cables para el servicio de luz y fuerza eléctrica en la capital; el 30 del mismo, se promulga una nueva ley de impuestos municipales; el 6 de Julio se acuerdan varias subvenciones a varias mensajerías de campaña.

            El 14 de Julio, una importante ley financiera restablece la Caja de Conversión y eleva a $ 35.000.000 el monto de la emisión circulante, con diversos arbitrios de gobierno como la autorización de estancar cueros y negociar los productos de exportación.

            El 18 del mismo, es reconocido el Sr. Carlos Rey de Castro, en el carácter de Encargado de Negocios del Perú cerca del gobierno nacional y el Sr. Otor Liber, en el de Ministro Plenipotenciario de Austria y Hungría; el 25, en cumplimiento de la nueva ley de creación de la Caja de Conversión, se declara cesante el personal directivo de la Administración de Deuda Pública y se constituye el de la Caja de Conversión; el 17 de Agosto, se promulga la ley de organización del servicio diplomático en el exterior comprendiendo seis legaciones, cuatro en América y dos en Europa; el 25, se dona por ley al Gobierno Oriental un solar de tierra de 10.000 metros cuadrados, en Trinidad, paraje donde vivió y –murió el general José Gervasio Artigas; el 31, se autoriza al P. E. a enviar a Europa, a objeto de perfeccionar sus estudios, ocho médicos recibidos en la Facultad de Medicina Nacional; el 4 de Setiembre se amplía la ley última del 14 de Julio, destinando $ 3.000.000 a la Caja de Conversión y $ 2.100.000 al Banco Agrícola, de la partida de $ 5.100.000 que correspondía a compras y exportaciones de productos del país y habilitando a aquella a establecer una Sección Comercial, con operaciones comunes a los Bancos, descontar documentos, abrir cuentas corrientes, etc.; el mismo día se autoriza al P. E. a erigir un monumento conmemorativo de la batalla de Ytororó, en la margen izquierda de este arroyo; el 8, se crean tres Juzgados Correccionales para los distritos de Catedral, Encarnación y San Roque, respectivamente; el 18, es autorizado el P. E. para encargar a una comisión de abogados, presidida del ministro de Justicia, la revisión de los códigos vigentes en el país; el 21, se concede un préstamo de $ 500.000 al industrial Sr. Marcos Quaranta; el 30, se encarga al Consejo de Agricultura e Industrias del Banco Agrícola a cancelar la cartera del extinguido Banco Nacional con sólo acordar el pago del 20% de los créditos adeudados, a los deudores que lo soliciten.

            Otro hecho financiero de importancia, relacionado con la ley de emisión del 14 de Julio, se efectúa el 7 de Octubre, la aprobación en consejo pleno de ministros, por el P. E., del contrato ad referéndum celebrado el día antes entre el ministro de Hacienda, Sr. Antonio Sosa y el Sr. Pedro Jorba, en representación de la casa Rius y Jorba, por el cual el Estado vendía a los Sres. Rius y Jorba, y éstos compraban, la mitad de los cueros que se exporten de la República, a partir del 15 de Octubre de 1903 hasta el 15 de Octubre de 1907.

            Los precios estipulados eran: $ 1 c/l por cada cuero; más $ 0.26 oro, el kilo, por cuero seco; $ 0.16 oro el kilo, por cuero salado; $ 0.12, el kilo, por cuero fresco y la tercera parte del precio de su clase, el kilo, por cuero deshecho, debiendo descontarse finalmente del precio total de cada cuero, $ oro 0.60.

            A cambio de dicha concesión, la casa de Rius y Jorba abría como anticipo de las compras a efectuarse, un crédito en cuenta corriente al Estado hasta la suma de $ oro 500.000, al interés anual de 6% autorizado por la ley mencionada.

            Destinábase dicho crédito, a reforzar el encaje metálico de la Caja de Conversión.          

            Concédese a la sociedad anónima La Exportadora la explotación de un tranway con tracción a sangre en la capital, el 9 de Octubre, el 19, queda promulgado el Presupuesto general de Gastos para 1904 en $ c/l. 10.803.969.90, más o/s 413.566 80, el 9 de Noviembre, se nombra Ministro Plenipotenciario ante los gobiernos de Alemania, Austria, Hungría, Holanda, Suiza e Italia, al Dr. José Irala.

            El año político mientras tanto seguía bajo la intensa gestión revolucionaria que se ha bosquejado ya.

            Un Comité Revolucionario se había constituido en el mayor secreto, compuesto de los siguientes ciudadanos: general Dr. Benigno Ferreira, Dr. Cecilio Báez, D. Emiliano González Navero, D. Emilio Aceval, D. Guillermo de los Ríos, D. Francisco Campos. Estos últimos fueron designados tesoreros del Comité.

            La base del movimiento era la unión liberal de cívicos y radicales y una vez estallado él, se llamaría a todos los hombres sin distinción de colores políticos a sus filas proclamándose, ante todo, eminentemente nacional.

            La financiación del Comité se hizo con recursos exclusivos del país siendo los principales contribuyentes en el primer momento los Sres. Guillermo de los Ríos, Emilio Aceval, Francisco Campos.

            El Dr. Báez y la prensa de la revolución incubada se encargaron de agitar nuevamente la opinión y de preparar el ambiente de la explosión armada mediante la discusión pública de las gestiones financieras y políticas del gobierno, que habían suscitado alarmas y quebrantos entre las clases productoras.

            La emisión inconvertible y el estanco del cuero fueron particularmente resistidos y atacados por la revolución.

            No obstante el compromiso de los miembros del comité de no aceptar ningún cargo del gobierno, el Dr. Báez, a última hora, resolvió aceptar una plenipotencia a los Estados Unidos y México, que le había ofrecido el coronel Escurra.

            Y con fecha 29 de Diciembre aparecía su nombramiento de ministro plenipotenciario ante los gobiernos de aquellos países, embarcándose, seguidamente, en desempeño de su misión.

            En su ausencia, iban a proseguir lo mismo los trabajos revolucionarios, que tocaban a su término, sobre las bases acordadas entre él y sus compañeros de causa y la fracción liberal cívica.

            El 16 de Enero de 1904, el P. E. acuerda la reorganización de la Dirección General de Estadística, en los términos de un proyecto de ley sancionado de hecho por el Congreso; el 18, se nombra al ciudadano José C. Meza, jefe de policía de la Capital, en substitución del Sr. Francisco Miranda que renunció; el 21, se concede a título de préstamo al director del Colegio San Luis, Sr. M. Casablanca, la suma de pesos 60.000 para construcción de un colegio; el 7 de Marzo, se designa al ministro plenipotenciario ante el Brasil, Dr. Pedro Peña, Delegado al Congreso de Médicos Rioplatenses a reunirse en Mayo en Río de Janeiro; el 28, se acuerda la suma de $ 10.000 a la Sociedad Ganadera del Paraguay para la organización de una Exposición Feria de Ganados y una subvención de $ 15.000 anuales para lo sucesivo.

            El mensaje de Abril a las Cámaras, del Presidente de la República, abriendo sus sesiones ordinarias, registra minuciosamente los últimos informes del estado del país, que permiten apreciar la prosperidad a que se encaminaba.

            La producción nacional en notorio aumento y subsidiariamente las rentas fiscales, desembarazaban la administración de sus crónicos apuros.

            He aquí los principales cuadros de la Hacienda: Rentas generales, en 1903, $ 15.392.704.47, habiendo alcanzado el año anterior sólo a $ 11.018.316.25. Comercio Exterior. Importación y Exportación, $ oro 7.572.610.07, con aumento de $ oro 2.160.257.39 sobre el año anterior. Deuda Externa: Total, al 31 de Diciembre de 1903, $ oro 4.592.717.84. Pagados por amortización, intereses y comisiones en el año, 126.195.10, más $ oro 30.500, por rescate de títulos. Deuda Interna: Emisión circulante al 21 de Marzo del año en curso, $ 20.411.794.66. Banco Agrícola: capital realizado, $ 7.646.226.42. Caja de Conversión: capital por ley del 14 de Julio, $ c/ 13.000.000, más $ oro 150.000, a recibir anualmente. Percibido hasta Febrero del año en curso, en este último concepto, $ 68.750.00 y vendido en plaza, $ oro 1.454.227.43. Movimiento de Caja que contuvo las maniobras agiotistas sobre el cambio monetario y redujo el tipo del oro del 1.170% al 870%.

            Instrucción Pública: 365 escuelas, 857 maestros y 30.509 alumnos. Se menciona particularmente la celebración del Primer Congreso Pedagógico Nacional en Febrero pasado. La enseñanza secundaria mejoraba igualmente.

            El 28 de Abril se prorroga, por dos años más, el contrato con el Dr. Miguel Elmassian, para continuar dirigiendo el Instituto Bacteriológico de Asunción, con la asignación anual de $ 30.000 francos y se promulga la ley de reorganización de la mesa de Estadística, bajo la denominación de Dirección General de Estadística; autorizase al P. E. el 10 de Mayo, a invertir hasta $ 300.000 en la construcción del edificio del Colegio Nacional y entregar a la Sociedad Ganadera del Paraguay la suma de $ 20.000 para ser repartida en premios a los expositores de animales finos; el 16 de Julio, se crean 100 becas de $ 80 mensuales para las alumnas de la escuela de Obstetricia y se encomienda el estudio de la cuestión ferrocarrilera a una comisión compuesta de los Dres. Emeterio González, Benigno Ferreira, José Emilio Pérez y Emiliano González Navero; el 21, se promulga una nueva ley de División Administrativa dividiendo la República en 14 circunscripciones; se reconoce al Ministro Plenipotenciario de Chile, Sr. José Vergara Donoso.

 

 

LA REVOLUCION DE AGOSTO

 

SUS HOMBRES Y ANTECEDENTES EXPEDICION DEL "SAJONIA".

LA ACCION REVOLUCIONARIA Y GOBERNANTE,

DURANTE LA GUERRA CIVIL

 

            Financiados los trabajos del Comité Revolucionario de la Asunción, en la forma antedicha, todas las circunstancias conspiraron a favor del estallido del movimiento.

            Encomendóse en la ciudad de Buenos Aires a otro comité secreto a cargo de los ciudadanos D. Manuel J. Duarte, D. Domingo Garcí Torres, D. Elías García, la adquisición de elementos bélicos, pertrecho y municiones necesarios para la campaña, así como la preparación de una expedición naval que, partiendo del Río de la Plata, tuviera que llegar hasta la Asunción, sin ser notada de las autoridades, para operar aquí un golpe combinado de agua y tierra.

            Otro hombre va a surgir en la escena de la Revolución, como el brazo ejecutor de ella, desde su incubación armada en la ciudad de Buenos Aires hasta su victoria final: el nombrado compatriota D. Manuel J. Duarte, a la sazón teniente de fragata de la armada argentina. Enviado por el gobierno de la República en 1891 en carácter de becado a la Escuela Naval de Buenos Aires, en compañía de otros jóvenes, había logrado sobresalir entre sus mejores oficiales y asegurar para la fecha, en sus filas, un brillante porvenir. Además del grado mencionado, a que fuera ascendido últimamente, ejercía el cargo de secretario del Arsenal de Marina de aquella capital, y del comando de la zona naval correspondiente.

            En cuanto a sus ideales ciudadanos, había sido iniciado de niño en el liberalismo con el mayor D. Eduardo Vera.

            Meses antes de la revolución del 91, al partir en cumplimiento de su destino, recibió del futuro mártir del 18 de Octubre, una consigna, que se cumpliría con el tiempo: la de conocer al general Ferreira, para quien le entregara una carta de presentación, y la de emplear, alguna vez, todos sus conocimientos y energías para libertar a su patria.

            Un día, el cadete del 91, se recibió de oficial de marina, años después de la inmolación del mayor Vera, y fue recién entonces, a conocer personalmente al general Ferreira, cuyo trato le recomendara en vida aquel jefe impoluto.

            Un cúmulo de acusaciones y de libelos implacables había procurado hundir en la impotencia y en el olvido, a través de largos años, la figura de este general.

            Tuvo que estudiar su pasado y persuadirse primero de las razones en que se fundaba el prócer desvanecido, para vincularse con él.

            Esas razones eran simples. Desde el año 74, el general Ferreira era el único adversario irreductible del régimen colorado, que permanecía en pie, y cada vez con mayor relieve, por su doble aptitud política y Militar.

            Había dotes congénitas de dominio, en aquel hombre dinámico y de raro equilibrio, a quien sólo fue posible derribar del poder el año citado, por medio de una combinación revolucionaria de los aliados.

            Se había recibido además de doctor en derecho y ciencias sociales, en la proscripción.

            Las generaciones nuevas no habían producido tampoco ninguna figura de jefe, más vigorosa ni más completa, para encauzar todas las fuerzas de renovación latentes en el país en una revolución decisiva contra el partido imperante.

            El mayor Vera había sucumbido; José de la Cruz Ayala, sin tiempo aún de revelar su capacidad constructiva para los grandes movimientos revolucionarios, también muerto; Fabio Queirolo, muerto igualmente; Antonio Taboada, deseoso más de empujar la causa que de responsabilizarse de ella; Cecilio Báez, declarándose meramente hombre de pluma y de pensamiento, ¿dónde volver los ojos del patriotismo inmaculado de las generaciones nuevas en busca del adalid y del jefe nato de la Revolución?.

            He ahí las razones del mayor Vera, maduramente reflexionadas y reconocidas en 1894 por el oficial de marina Don Manuel J. Duarte, a raíz de su primera visita al ex-ministro emigrado del 74, que, justamente, estaba para tornar al país en esos tiempos, tras 20 años de emigración.

            Estos antecedentes aclaran y deslindan la actitud de una generación sacrificada, en aquella campaña popular, en nombre de los más puros principios de moral y de justificación ante el porvenir. Transcurrieron los años.

            El partido liberal seguía dividido, sin medios efectivos de lucha.

            En 1899, estando Duarte en la Asunción por unos días y ajeno a sus fracciones y rencillas, manifiesta al Dr. Báez que, sin la unión, era inútil pensar en la revolución ni en el advenimiento del partido.

            Años después, en 1903, la unión se formalizaba. Las tentativas varias veces infructuosas, por fin, se concretaron en la realidad.

            A objeto de ponerse al habla con el general Ferreira para la preparación del movimiento, trasládase nuevamente Duarte en este año a la Asunción y regresa de allí con la última palabra, a organizar en Bueno Aires la expedición del Sajonia.

            Actuaba asimismo en todos aquellos preliminares, con gran eficacia, el diputado D. Adolfo R. Soler, leader del partido cívico y secretario político del general Ferreira.

            Parlamentarista de palabra fácil y talento reconocido de amigos y adversarios, crecía, de día en día, la influencia que ejercía sobre su grupo y asumía ya, en todas partes y en todos los tonos, su representación.

            Llamado también a una intensa actuación ulterior, su personalidad debe esbozarse en este momento.

            Había sido uno de los instigadores más audaces del 18 de Octubre, a pesar de su juventud.

            Dotado de facultades mentales de primer orden, sin tiempo de cultivarlas en estudios sistematizados, suplía la deficiencia de éstos, con la asimilación rápida de conocimientos y lecturas adquiridos al margen de la lucha por la vida y se había forjado de sí un periodista avezado, orador judicial y parlamentario, por último, financista.

            La vivacidad de su inteligencia lo llevó a sistematizar en el campo de la política su visión personal del estado social y político de su país: fundó la escuela llamada del civiquismo, en la vida pública paraguaya, expresión localista que pinta una época y requiere una explicación oportuna.

            Ella significa en el Paraguay: transacción utilitaria con el enemigo del poder, mientras no se le pueda vencer.

            Se necesitaba arrostrar, fríamente, las abominaciones del pueblo, congénitamente partidario de los gestos rectilíneos.

            La fórmula de Fabio Queirolo, de inteligencia sincera y condicional con el general Egusquiza en 1895, se estrechaba en un procedimiento sinuoso, y ganaba en el secreto, lo que perdía en la opinión.

            El general Ferreira, absorbido más por la Revolución, que por los medios de llegar a ella, dejó obrar a su secretario.

            En 1903, sobre el violento desalojo del egusquizismo, el grupo tentaba de nuevo mantener con la situación presidida por el coronel Escurra, los mejores términos.

            Gracias a ello, cuanto mayores eran los trabajos subversivos, el político "cívico" se multiplicaba en gestos de transacción y lograba no solo despistar al gobierno sobre su verdadero papel, sino arrastrarlo al servicio de los planes revolucionarios.

            Por intermedio del Consejo de Agricultura e Industrias del Banco Agrícola, adquirióse el barco mercante Sajonia para ser empleado como transporte de frutos exportados a Buenos Aires y nombróse capitán del mismo, al Sr. Ildefonso Benegas, viejo liberal, comprometido ya con el Movimiento, al cual debería entregar en el momento preciso.

            Contóse así, para la expedición revolucionaria, con un buque suministrado por el propio gobierno. Contribuyó eficazmente a dicha combinación el Sr. Pascual Velilla, miembro del Consejo de Agricultura, pariente del Sr. Soler y también complotado.

            Todavía culminó en el apogeo su método, el Sr. Soler, en los mismos días del descubrimiento de la revolución.

            Llegan a la Asunción los primeros telegramas anunciando la partida de un buque misterioso de La Plata; artillado y tripulado en son de guerra, rumbo al Paraguay, los días 6 y 7 de Agosto.

            Se presenta Soler al general Escobar, con quien mantenía las más cordiales relaciones y le pregunta si era él el que traía la revolución, para saber a qué atenerse y reiterarle, en nombre de su partido, protestas de buena voluntad.

            Se discute, el 8, en el Congreso, el proyecto de ley declarando en estado de sitio toda la República, y mientras se desbandan los liberales de la ciudad al Chaco argentino, se presenta a la sesión e impugna el proyecto resueltamente, llamando la atención de los republicanos por su inocencia de los sucesos.

            Secundaban activamente los trabajos del Sr. Soler, sus compañeros de causa, entre quienes descollaban los doctores Carlos Isasi y Manuel Benítez.

            El grupo radical, encabezado por D. Emiliano González Navero, se aprestó igualmente a concurrir en masa a la Revolución.

            En los últimos tiempos se había reforzado con un núcleo de jóvenes intelectuales y la fundación de un órgano de publicidad importante: El Diario, que se inició con una viva campaña opositora. Formaban el cuerpo de redacción de este periódico los Dres. Gualberto Cardús Huerta, Félix Paiva, Sres. Adolfo Aponte, Juan F. Pérez, Cleto de J. Sánchez y otros.

            Dos ciudadanos aparecen, en aquel momento, concentrando las mayores iniciativas del grupo: los Sres. Adolfo Riquelme y Eduardo Schaerer.

            El primero se había lanzado igualmente a la vida periodística.

            Redactor, en un principio, del diario El Paraguay, en que iniciara sus primeras armas, era a la fecha director de El Diario y su jefe virtual de redacción.

            No poseía tampoco ilustración adquirida por el estudio, pero si, una intensa vocación a la vida pública, ayudada de su sagacidad natural y una comprensión optimista del ambiente y del momento en que le tocaba actuar.

            Pronto se perfiló en él al leader futuro de las masas, informes aún, del radicalismo asunceno, cuando recientes trabajos electorales a favor de su candidatura a diputado, lanzada por la parroquia de Encarnación.

            El Sr. Schaerer, el menos dotado de todos por sus luces, era ya al mismo tiempo el más señalado por su carácter.

            Nacido y criado en el comercio, se incorpora en política al Partido Radical con las primeras remesas de ciudadanos que engrosaron sus filas, tras la división.

            Había actuado, después, como candidato popular en unas elecciones comunales y probado también en ellas su vocación a las luchas civiles.

            Para la fundación y establecimiento de El Diario, cuyos talleres insumieran crecidos gastos, fue el gestor y accionista principal, revelándose, con ello, el hombre decisivo del grupo, en momentos de depresión e incertidumbre de sus destinos.

            Al sobrevenir los preparativos revolucionarios, contribuyó al movimiento con algunas embarcaciones de su propiedad particular, que prestaron valiosos servicios.

            En cuanto al Sr. González Navero, a la sazón Presidente de la Comisión Central Radical, miembro del Comité Revolucionario, ejercía en ausencia del Dr. Báez, la delegación unánime de sus correligionarios y aportaba también al movimiento todo el calor de su decisión personal. Ex-miembro del Superior Tribunal, ex-senador por el voto de su partido, abogado caracterizado del foro, unía a estos antecedentes de su actuación, condiciones de político conciliador y de principios, que lo elevaban a la respetabilidad.

            Pero, sobre todos ellos, una nueva bandera del grupo se ungía en la mente de los fundadores de El Diario, bajo la predilección de tiempo atrás manifestada del Sr. Adolfo Riquelme: la del Sr. Manuel Gondra, a la sazón residente en Buenos Aires, en carácter de comisionado por el Presidente Escurra a copilar documentos y estudios sobre la cuestión de límites con Bolivia.

            La actuación a que estaba destinado este ciudadano en la política nacional, por la profundidad a que llegará y las controversias que suscitaría por espacio de mucho tiempo aún, se recomienda, en estos mismos instantes, al historiador.

            Singular era la psicología de aquel hombre.

            Catedrático de literatura y geografía en el Colegio Nacional de la Asunción, el medio de que se vale, en los orígenes de su carrera, para actuar sobre el alma de la juventud, no es ni la prensa, ni la pluma, ni la enseñanza misma; es algo que él mismo no ha valorado aún, ni ha premeditado siquiera: su sola persona.

            Otros sonaban en la palestra de los comités, de los diarios, de los comicios, de los parlamentos y hasta de los campos de batalla. El, no. Pero a medida que transcurrían los años, las aulas se llenaban del eco de su nombre y del cariño de su persona, y varias generaciones de discípulos crecían en el fervor de su recuerdo.

            Era así, más que un maestro, un mago de la juventud, y operaba como tal, con su sola persona, en el corazón de los adolescentes. Aquel ascendiente, que fluyó naturalmente de él, como todo poder afectivo, estaba doblado por otro privilegio de su suerte, de su mentalidad crítica excepcional.

            Erudito, llegó a serlo en el concepto más difícil de la palabra: en el de la compresión esencial de todos los conocimientos por el ejercicio severo de la crítica.

            Largos años de consagración al estudio y de discernimiento paciente sobre todas las ramas del saber, habían desarrollado en su espíritu aquella facultad nativa, a tal grado de selección, que no era aventurado decir que fuese uno de los intelectos más nutridos y equilibrados del Plata.

            No corresponde tratar aquí las modalidades del hombre de letras, señalado por su sentido crítico y su dominio de la lengua española, como el primer estilista nacional. Interesan, sí, algunas de sus ideas directrices, en materia de gobierno y filosofía de la historia, en relación con sus más lejanos actos de futuro dirigente de los destinos nacionales.

            Al estallar la Revolución, hallábase en la plenitud de su preparación y conciencia de los problemas internos y externos del país.

            Del diminuto escenario del terruño, había trasladado su pensamiento, a los grandes teatros de la civilización humana y extraído de ellos las líneas espirituales de su conducta.

            Las conclusiones críticas, que le fueran familiares por el proceso de sus estudios sobre la formación del derecho y el rol de la fuerza, en la historia del mundo, lo habían imbuido de las teorías políticas del Renacimiento italiano, aplicadas por los franceses, según las cuales, las sociedades están irremisiblemente destinadas a servir de instrumento a la inteligencia, a través de todas las revoluciones y formas de gobierno.

            Pero la Inteligencia es un fenómeno complejo que en el concepto del crítico no significa sólo facultad de saber, sino de aplicar el saber en la realidad.

            Ningún compatriota habría meditado seguramente más hondo que él, en esta fórmula casi matemática del revolucionario francés, que logró, por la disciplina de su crítica, aplicar a la gran Revolución las duras leyes de la realidad:

            Robespierre.

            Fuera de Robespierre, en efecto, el sentido de la realidad, se conturba en las cabezas más privilegias de la Revolución francesa y sólo se recobra por el secreto de su cordura.

            Promovíase, en 1894, una corriente de opinión en la República, a objeto de discernir justicia histórica a los próceres de la Independencia nacional.

            La personalidad del Dr. Francia suscitaba reparos insalvables en la apreciación de los más.

            El Sr. Gondra toma también la palabra y plantea esta cuestión previa:

            "¿Puede rehabilitarse ante la posteridad la memoria de los grandes tiranos?"

            Era difícil lo que quería expresar, y sobre todo, susceptible de discusión.

            El tiene sus ideas concluidas hace tiempo, al respecto. Sin la menor duda sobre el rol de Francia en el drama de nuestra emancipación, lo dominaba en su esencia, como a todas las demás creaciones del estallido cívico de Sudamérica.

            El crítico, empero, débese antes al buen gusto, a la cordura infalible, y se lava las manos. "Francia, -añade- está juzgado con estas palabras de Edgar Quinet yo no dudo que el hombre más malo obre como hombre de bien siempre que ello le sea útil, reservándose el derecho de precipitarse nuevamente en el crimen, el día que el crimen pueda servirle".

            Con aquella comprensión universal de la realidad humana, el crítico, se había reconcentrado en sí mismo.

            Conocía íntimamente, realmente, al país, desde sus formaciones originarias hasta los tonos de su espíritu actual, representado por todas sus clases sociales.

            No fuera tampoco aventurado decir que la Revolución de Agosto no trajese en sus filas un psicólogo más certero de todos sus hombres y desenlaces descartados.

            Lo primero que averigua con el Sr. Ildefonso Benegas, a bordo del Sajonia para formar su juicio sobre el resultado de la campana, es si se había firmado las bases de la unión con los cívicos. Al informarle aquél que nada se había firmado, le contesta: Entonces ya estamos en red...

            El psicólogo del país procede, una vez lanzado a la vida pública, con el caudal de sus observaciones acumuladas con los años.

            Los gestos del sacrificio, el desprendimiento de la vida, el valor, uno por uno, le llamaba a su turno.

            Afiliado a la fracción liberal radical, llegado el momento, afronta, en sus comicios hollados por las tropas de línea, al sable liberticida.

            Pobre de solemnidad, mientras se desahucian los más por la codicia del oro mal habido, su probidad se esmalta con el renombre y se torna insospechable.

            La expedición del Sajonia, le depara otro raro privilegio: de ser el único ciudadano civil e intelectual de primera fila que vendrá a correr su obscura suerte, al lado de Duarte, en el sangriento abordaje del Villarrica.

            Y algunos postulados de psicología colectiva se alumbraban, en el secreto de su pensamiento: el pueblo paraguayo es, ante todo, nivelador; no siente más que la pasión de la igualdad. Para ser su elegido hay que identificarse a sus masas más humildes y borrar a sus ojos la distancia que separa al Jefe del soldado.

            Aquella comprensión de la raza, anticipaba un dato nuevo en el ambiente, y estaba llamada, al confrontarse en la realidad, a conmover en sus cimientos la vida nacional.

            Tal era a grandes rasgos, la personalidad del futuro árbitro de la política liberal, en momentos de aprestarse en la ciudad de Buenos Aires a tomar parte en la expedición revolucionaria del Sajonia.

            Finalmente, habrá de mencionarse en este sitio la iniciación de la vida pública de otra pléyade de jóvenes, en su mayoría adolescentes, que sin ser radicales ni cívicos, abrazaban la causa del liberalismo como credo común de la juventud y del pueblo anhelosos de la Revolución. Figuraban en ella Carlos García, Modesto y José P. Guggiari, Ernesto Arias, Marciano Castelví, Esteban Gorostiaga, Tomás Ayala, Tomás Ozuna, Manuel Peña, Gomes Freire Esteves y otros. Sin más programa político que un vago ensueño de redención nacional y de democracia nueva, dan vida aquellos adolescentes a un periódico de combate, a principios de 1904, intitulado Alón, que fundaran en memoria del célebre pseudónimo de José de la Cruz Ayala, aclamado ídolo y bandera póstuma de sus ilusiones cívicas.

            Pero, a pesar de su inocencia de la política que tejía en esos instantes el drama del porvenir, un principio riguroso contenía la moral de todos ellos, como plataforma de su iniciación ante el pueblo que muy pronto iba a llevar al triunfo la Revolución, y seguiría después, paso a paso, a todos sus protagonistas: de que jamás encumbrarían sobre sus hombros a caudillos atrasados y regresivos, ni de menor honestidad que el Presidente Escurra y sus colaboradores.

 

 

  

 

 

 

 

IV RECUENTO BIBLIOGRÁFICO

 

 I. FUENTES DE EPOCA

 

Bibliografía

 

1901-   Reglamento de la Biblioteca Nacional. Asunción.

1904-   Catálogo de la Biblioteca Nacional del Paraguay. Por orden alfabético de autores. Asunción, Imp. El País.

- DECOUD, José Segundo: A list of books, magazine articles and maps relating to Paraguay. Washington, Government Press Office.

1906 -  Bibliografía Paraguaya. Catálogo de la Biblioteca Paraguaya "Solano López". Asunción, Imp. Talleres Nacionales H. Kraus.

1912 -  Biblioteca de José Segundo Decoud, estadista del Paraguay. Catálogo detallado por secciones Buenos Aires, Spinelli.

 

Álbumes

 

1911 - MONTE-DOMECQ. Ramón: La República del Paraguay en su primer centenario. Buenos Aires, ilus.

1912 - (LOPEZ DECOUD, Arsenio): Álbum Gráfico de la República del Paraguay (1811-1911), dirigido por... Buenos Aires, Talleres Gráficos de la Compañía Nacional de Fósforos, ilus.

1913 -  MONTE DOMECQ. Ramón: El Paraguay. Su presente y su futuro. Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, ilus

1915 -  BÁEZ, Cecilio, y José RODRIGUEZ ALCALÁ: El Paraguay moderno. Asunción, Gaudencio Yubero, ilus.

 

Guías - Almanaques

 

1895 -  VENEROSO, Ángel M. García de la República del Paraguay. Asunción.

1897 -  Almanaque Nacional del Paraguay. Año 1897. Asunción, 1897.

1898 -  Almanaque Nacional del Paraguay. Año 1898. Asunción, 1898.

1900 -  FERNÁNDEZ MONTALVAN.: Guía Comercial e Industrial del Paraguay. Asunción, Imp. El Paraguay,

1904 -  Almanaque Nacional del Paraguay. Asunción.

1906 -  CHAVES, Manuel W. Guia General del Paraguay. Asunción.

1918 -  CHAVES, Manuel W. El Paraguay Ilustrado. Buenos Aires, Talleres Gráficos Rosso.

1920 -  CHAVES, Manuel W. El Paraguay Ilustrado. Asunción.

 

Religión - Filantropía

 

1874 -  Cuadro General del Grande Oriente de la República del Paraguay y Supremo Consejo de las oficinas de su jurisdicción. Asunción.

1877 -  La cuestión religiosa en el Paraguay. Asunción.

1896 -  MAIZ, Fidel: Carta del Padre Maíz al Director de "La Democracia" a propósito de las conferencias del doctor Wond en el Ateneo Paraguayo. Asunción.

1906 -  Breve reseña histórica de la Iglesia de la Santísima Asunción del Paraguay por una comisión de dos sacerdotes. 1899. Asunción.

 

Ciencias Políticas

 

1869 -  Manifiesto del Gobierno Provisorio. Asunción, Typographia do Exercito.

1877 -  DECOUD, José Segundo: Cuestiones políticas y económicas. Asunción.

1890 -  AYALA, José de la Cruz ("Alón"): Desde el infierno. Asunción, NAPA, Libro Paraguayo del Mes No. 19, Mayo de 1982 (Primera edición en libro. N. del E.)

1899 -  CODAS, Daniel; Blas GARAY y Francisco L. BAREIRO: Nuevas Ideas en nuestra política. Cartas y Artículos. Asunción.

1901 -  CARRERAS, Fernando A.: Las elecciones del Norte. Asunción. Imp. La Democracia.

1902 -  ISASI, Carlos L.: Política. Asunción, Facultad de Derecho.

1905 -  SOSA ESCALADA, Gustavo: El buque fantasma. Revolución de Paraguay 1904. Asunción (2a. ed., Asunción, NAPA, Libro Paraguayo del Mes No. 21, Julio de 1982).

BOGARIN, Juan Sinforiano: Pastoral en ocasión de la celebración de la paz. Asunción.

FREIRE ESTEVES, Gomes: Yo. Un año terrible 1904. Asunción, Imp. de El País.

1906 -  BRUGADA (h), Ricardo: Benigno Ferreira. Asunción, Imp. de El Diario.

- El gran chantaje contra el general y doctor Benigno Ferreira, candidato del Partido Liberal a la Presidencia de la República del Paraguay. Asunción, Imp. de El Cívico.

1908 -  PÉREZ MARTINEZ, Marcelino: Cartas políticas y cartas del destierro. Corrientes.

1911 -  GODOI, Juansilvano: El triunvirato. Asunción.

- Historia de la Revolución de 1911. Recuerdo del malogrado don Adolfo Riquelme, Jefe de la Revolución, caído en Villa del Rosario el 13 de marzo de 1911. Versos para cantar con guitarra. Buenos Aires, Imp. Hoffmann.

1912 -  AUDIBERT, Alejandro: Sobre elecciones presidenciales en el XI período constitucional. Asunción, Talleres de El Nacional.

- FRUTOS, Juan Manuel: Luchadl Buenos Aires.

1913 -  PONCE DE LEON, Secundino: El combate de Paraguarí, 11 de mayo de 1912. Asunción.

- La tragedia de Concepción. Defensa del teniente Rogelio Godoy en primera instancia. Asunción, Imp. T. Trujillo.

1916 -  BRUGADA (h), Ricardo: Los partidos políticos. Superioridad del coloradismo. Asunción Imp. España.

- SILVERA, Telémaco: Revolución de Laureles (1909). Bella Vista, Imp. Rivessi.

 

Pensamiento teórico

 

1901 -  DECOUD, José Segundo: La libertad. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

1911 -  CARDUS HUERTA, Gualberto: Arado, pluma y espada. Barcelona, Domenech.

1914 -  El ideal de Augusto Comte y su primer baño de sangre. Asunción.

1918 -  MALLORQUIN, Juan León: Moral política. Asunción.

 

Sociología

 

1903 -  BÁEZ, Cecilio: Introducción al estudio de la sociología. Asunción, Anales de la Universidad Nacional.

- REY DE CASTRO, Carlos: Las clases rurales del Paraguay. Asunción, Separata de la Revista del Instituto Paraguayo. 2a. ed. Buenos Aires, Tupe, 1947.

1915 -  AYALA, Eligio: Migraciones. Ensayo escrito en Berna en 1915. Santiago de Chile, 1941.

1919 -  SAMANIEGO, Roque: Progresar o perecer. Asunción.

 

Cuestión social

 

1907 -  RODRIGUEZ ALCALÁ, José: El Paraguay en marcha. Asunción, Manuel W. Chaves. Ver: "Una gira pastoral y un reportaje", p. 128-139 Declaraciones del Obispo Monseñor Juan Sinforiano Bogarín.

1911 -  BARRETT, Rafael: El dolor paraguayo. Montevideo, O.M. Bertani.

1918 -  AYALA, Eligio: La cuestión social. Escrito en Zúrich en 1918. Asunción, 1979.

1919 -  RAMIREZ, Juan Vicente: La cuestión social. Asunción, Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho.

 

Población

 

1901 -  BENITEZ, Manuel: El Paraguay. Estudio comparativo de su población. Nueva edición anotada con arreglo al último censo. Asunción, ilus.

1905 -  La población del Paraguay antes y después de la guerra. Asunción, Dirección General de Inmigración y Colonización.

- CARRASCO, Gabriel: La población del Paraguay antes y después de la guerra. Rectificación de opiniones generalmente aceptadas. El último censo. Población probable en diversas épocas. Crecimiento en trece años. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

 

Inmigración

 

1899 -  DE STEFANO PATERNO, Giuseppe: Relazione sulla colonizaciones nel Paraguay. Catania.

1905 -  Leyes de Inmigración y de Colonización y Hogar. Asunción.

 

Economía

 

1894 -  OLASCOAGA, Ramón de: Programa razonado de economía política. Asunción.

1895 -  OLASCOAGA, Ramón de: El comercio internacional y la moneda nacional. Asunción.

1901 -  OLASCOAGA, Ramón de: Estudio sobre el papel moneda, Asunción.

1902 -  MORENO, Fulgencio R. : La cuestión monetaria en el Paraguay. Asunción.

1905 -  AUDIBERT, Alejandro: El Gobierno y la Compañía del Ferrocarril. Carta a Juan Isidro Ramírez. Discursos parlamentarios. Asunción. Imp. de El País.

1907 -  RITTER, Rodolfo: La cuestión monetaria en el Paraguay. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

1912 -  CARDUS HUERTA, Gualberto: Pro-Patria. Prólogo de Ramón Caballero de Bedoya. Barcelona, Domenech.

 

Empréstitos

 

1876 -  ARAMBURU, Eduardo: Manifiesto al pueblo paraguayo. Montevideo.

- BENITES. Gregorio: Manifiesto. Montevideo.

- BENITES, Gregorio: Las imposturas de Juan B. Gill y el informe del Comité del Parlamento de Inglaterra en la cuestión del empréstito del Paraguay. Montevideo. Imp. de El Siglo.

1877 -  Historia de una administración o sea las dilapidaciones de Salvador Jovellanos, ex-vicepresidente de la República del Paraguay en el ejercicio del P.E. Colección de artículos publicados en "La Reforma" de la Asunción del Paraguay. Asunción. 2a. ed. Corrientes, 1906.

1886 -  DECOUD, José Segundo: Informe del Comisionado Especial, Ministro de Relaciones Exteriores don José Segundo Decoud al Gobierno de la República del Paraguay, dando cuenta de su misión a Londres para el arreglo de la deuda procedente de los empréstitos de 1871 y 1872. Asunción.

 

Agricultura - Tierras

 

1880 -  Dictamen del doctor Ramón Zubizarreta sobre el valor legal de los títulos de Madame Lynch en la reclamación de las 3.000 y pico de leguas. Asunción.

1887 -  Crédito Territorial y Agrícola de la República del Paraguay. Asunción.

1888 -  Reclamación temeraria. Las pretendidas 3.105 leguas de tierras públicas en el Paraguay de Madame Lynch y sus subrogantes, consideradas ante la razón y el derecho. Asunción.

1889 -  CHACON, Teodoro: Compendio elemental de agricultura práctica para el uso de las escuelas de la República del Paraguay. Asunción.

1895 -  SOLANO LOPEZ, Enrique: Las escuelas agrícolas. Reorganización. Asunción.

1901 -  BERTONI, Moisés S.: Almanaque agrícola paraguayo y agenda del agricultor. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

1905 -  BERTONI, Moisés S.: La enseñanza agrícola. Lo que es hoy la agricultura y cómo se debe enseñar. Asunción.

1914 -  BOGARIN, Juan Sinforiano: Pastoral sobre la agricultura, Asunción.

 

Ganadería

 

1902 -  "FALUCHO" (Scud. de Julio Bambill): El porvenir ganadero del Paraguay. Asunción. Industria - Comercio

1885 -  MARTINEZ, Benigno: El Paraguay desde el punto de vista industrial y comercial. Asunción.

1887 -  YUBERO, Lauro B., y Adolfo F. ANTUNEZ: Industria Nacional. Descripción de las diversas fábricas e industrias establecidas en la Asunción del Paraguay. Asunción. Exportaciones - Congresos

1882 -  ACEVAL, Benjamín: Catálogo de los objetos expuestos procedentes del Paraguay. Exposición Continental de 1882, Buenos Aires. Imp. Coni.

1885 -  La République du Paraguay (Amérique du Sud). Notice de ce pays et ses resources, avec le catalogue officieí et detaillé des produits qu'il exposé. Braine-le-Comte, Zech et Cornet

1888 -  Catálogo de los objetos que la República del Paraguay exhibe en la Exposición Universal de Barcelona. Barcelona.

1889 -  Exposition Universelle de 1889 á París. Catalogue de la section du Paraguay. París.

1892 -  BRUGADA (padre) Ricardo; Primera Exposición Nacional de la República del Paraguay. 12 de octubre de 1892. Asunción, Imp. de La Democracia.

1901 -  AGUINAGA, Samuel: El Paraguay en el exterior. Congreso Científico de Montevideo. Montevideo.

 

Derecho y Ciencias Sociales

 

1893-   BAEZ, Cecilio: Ensayo sobre la libertad civil. Asunción, Universidad Nacional.

1898 -  IRALA, José: Gobierno Municipal. Tesis. Asunción, Escuela Tipográfica Salesiana.

1899 -  ZUBIZARRETA Ramón: Elementos de Derecho Civil, 2v. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

1902 -  GONZALEZ, Emeterio: Fallos y disposiciones del Superior Tribunal de Justicia correspondientes al año 1899. Asunción, Imp. de El País.

1903 -  BAEZ, Cecilio: Estudios de jurisprudencia, historia, ciencias sociales y políticas. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

 

Derecho Constitucional.

 

1897 -  Actas de la Convención Nacional Constituyente del año 1870. Asunción, Tipografía del Congreso.

1901 -  PAIVA, Félix: Ensayo sobre el sufragio. Asunción, Imp. de La Democracia.

1908 -  Paraguay. Actas de las sesiones de los Congresos de la República, del Paraguay desde el año 1811 hasta la terminación de la guerra. Asunción, Tipografía del Congreso.

1908 -  DOMINGUEZ, Manuel: La Nación. Asunción.

1909/-  DOMINGUEZ, Manuel: La Constitución del

1912 -  Paraguay. Asunción, Anales de la Universidad Nacional, 3v.

1915 -  PAIVA, Félix: Derecho Constitucional. La independencia del Poder Judicial. Asunción, Ariel.

 

Derecho Internacional - Relaciones internacionales

 

1875 -  SOSA (ESCALADA), Jaime: Negociaciones diplomáticas entre el Brasil, La República Argentina y el Paraguay. Misión del ciudadano, Buenos Aires, Imp. La Tribuna.

1879 -  BENITES, Gregorio: Manual de Derecho Internacional para uso de los oficiales del Ejército de tierra. Buenos Aires (El prólogo, sin firma, es del Dr. Juan Bautista Alberdi).

1885 -  ALCORTA, Sinforiano: Antecedentes históricos sobre los tratados con el Paraguay. Buenos Aires.

1892 -  AUDIBERT, Alejandro: Los límites de la Antigua Provincia del Paraguay. 1a. parte. Buenos Aires, Imp. La Económica.

1893 -  ACEVAL, Benjamín: República del Paraguay. Apuntes geográficos e históricos. Asunción, Imp. La Democracia.

1895 -  BENITES, Gregorio: Exposición de los derechos del Paraguay en la cuestión de límites con Bolivia, sobre el territorio del Chaco, presentada al plenipotenciario boliviano Dr. Telmo Ichazo. Asunción, Imp. La Opinión.

1896 -  ACEVAL, Benjamín: El Chaco Paraguayo. Memoria presentada al árbitro por... Ministro Plenipotenciario del Paraguay en Washington. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

1900 - BAREIRO, Francisco L.: El Paraguay en la República Argentina. Buenos Aires.

1901 -  AUDIBERT, Alejandro: Cuestión de límites entre el Paraguay y Bolivia. Asunción, Escuela Tipográfica Salesiana.

1903 -  ROLON, Francisco: El Paraguay y Bolivia. Cuestión de límites. Asunción.

1904 -  BAEZ, Cecilio: The Paraguayan Chaco, or a brief statement of the titles of Paraguay on the territory of that name. New York.

- MORENO, Fulgencio R. Diplomacia paraguayo-boliviana. Antecedentes de los tratados de límites y causas de su fracaso. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

1906 -  GONDRA, César: La diplomacia de los tratados. Buenos Aires, Lajouane.

1912 -  IRALA, Antolín: Negociaciones paraguayo-argentinas. Sus antecedentes. Asunción.

- LOPEZ DECOUD, Arsenio: La verdad sobre los intereses argentinos en el Paraguay. Asunción.

1913 -  (IRALA, Adriano, y Santino BARBIERI): Paraguay - Uruguay. Las fiestas de confraternidad celebradas en Asunción con motivo de la peregrinación uruguaya al Solar de Artigas. Buenos Aires, Compañía Sud-Amerícana de Billetes de Banco, ilus. 1917 -           MORENO, Fulgencio R.: Cuestión de límites con Bolivia. Negociaciones diplomáticas 1915-1917. Asunción, Ministerio de Relaciones Exteriores, 2v.

 

Derecho Penal

 

1897 -  Código Penal concordado con el Derecho Penal. Asunción.

1904 -  GONZALEZ, Teodosio: Proyecto de un nuevo Código Penal y exposición de motivos. Asunción.

- GONZALEZ, Teodosio: Informe sobre sistemas penitenciarios. Asunción.

1911 -  GONZALEZ, Teodosio: Lecciones de Derecho Penal. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus, 3v.

 

Derecho Rural

 

1883 -  Código Rural de la República del Paraguay. Asunción. Educación

1882 -  DECOUD, Adolfo: Instrucción cívica en las escuelas primarias. Disertación leída en la sesión 14a. del Congreso Pedagógico Internacional (por el delegado paraguayo). Buenos Aires. 1884 -   Reglamento del Colegio Nacional. Asunción.

1888 -  Reglamento de la Escuela de Derecho. Asunción.

1890 -  RIERA, Atanasio C.: República del Paraguay. Primera memoria que sobre educación común aparece en la Nación. Asunción, Imp. El Paraguayo.

1897 -  DOMINGUEZ, Manuel: "Historia de la enseñanza nacional", en: Revista del Instituto Paraguayo, Asunción, 1 (10), p. 217-270.

- DOMINGUEZ, Manuel: Las escuelas en el Paraguay. Asunción.

1903 -  "FALUCHO" (Seud. de Julio Bambill): Antecedentes históricos sobre la fundación de la Universidad Nacional y de los Colegios Nacionales de Villa Rica, Villa Concepción, Villa del Pilar y Villa Encarnación. Asunción, Imp. El País.

1904 -  Plan de estudios para la enseñanza secundaria. Asunción.

1905 -  CARDOZO, Ramón I.: Pestalozzi y la pedagogía contemporánea. Villa Rica, Imp. El Guairá

1912 -  DAHLQUIST, Juan R. Páginas de un maestro. Asunción. 1917.

- OSUNA, Tomás: Ensayo sobre un plan de estudios para la enseñanza secundaria. Asunción, Talleres Gráficos del Estado.

 

Fuerzas Armadas:

 

1888 -  Moral militar. Libro de los deberes del soldado. Asunción, Imp. El Paraguayo.

1919 -  SAMANIEGO. Roque: Nuestro problema militar. Asunción. Geografía

1876 -  MAIZ, Fidel: Pequeña geografía para los niños de la escuela de Arroyos y Esteros. Asunción, Imp. El Paraguayo. (Otra ed. 1890).

1896 -  RECLUS, Eliseo: El Paraguay. Traducción de Ramón de Olascoaga. Madrid - Asunción, A. de Uribe y Cía.

1901 -  DECOUD, Héctor F.: Compendio de geografía de la República del Paraguay. Asunción.

1916 -  PANE Ignacio A.: Geografía social. Asunción Separata de La Enseñanza.

- PLACE DE CHAUVAC, Marcel de la: Gran Chaco. Chaco Austral. Chaco Boreal. Alto Paraguay. Asunción.

 

HISTORIA

 

a) Textos

 

1879 -  TERAN, (Leopoldo Gómez de), y (Próspero Pereira) GAMBA: Compendio de historia del Paraguay. Asunción (Sucesivas ediciones desde 1882 a 1920. La de 1901 contiene una versión corregida y aumentada por Héctor F. Decoud. N. del E.)

1896 -  GARAY, Blas: Compendio elemental de historia del Paraguay. Madrid - Asunción, A. de Uribe y Cía.

1897 -  GARAY, Blas: Breve resumen de la historia del Paraguay. Madrid - Asunción, A. de Uribe y Cía.

- GARAY, Blas: La revolución de la Independencia del Paraguay. Madrid, Tello.

1910 -  BÁEZ, Cecilio: Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880, seguido de la historia parcial de la instrucción pública desde el gobierno de Irala hasta nuestros días. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

 

b) Interpretación

 

1888 -  RODAS, C.: El Paraguay. Bosquejo sobre su estado económico, político y social. Buenos Aires, Imp. Buffet y Bosch.

1897 -  SANTOS, Carlos R.: La República del Paraguay. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus (2a. ed., Asunción, Escuela Tipográfica Salesiana, 1898).

1901 -  REY DE CASTRO, Carlos: El Paraguay. Buenos Aires.

1902 -  PANE, Ignacio A.: El Paraguai (sic) Intelectual. Conferencia leída en el Ateneo de Santiago el 26 de noviembre de 1902. Santiago de Chile, Imp. Mejía.

1903 -  BRUGADA (h), Ricardo: Brasil - Paraguay. Río de Janeiro, Typ. Malafais.

1907 -  RODRIGUEZ ALCALÁ, José: El Paraguay en marcha, ob. cit.

1911 -  POSADA, Adolfo: La República del Paraguay. Impresiones y comentarios. Madrid, Victoriano Suárez.

 

c) Hechos

 

1886 -  GRANADA, Nicolás: De patria a patria. Narración del viaje de la Comisión uruguaya encargada por el Gobierno de la República Oriental del Uruguay de devolver los trofeos adquiridos por esta nación en la guerra de la Triple Alianza a la República del Paraguay. Montevideo, Imprenta de la Nación. 1898

- Comisión Patriótica Española. Incidente entre la Razón y la fuerza. Asunción.

1903 -  DOMINGUEZ, Manuel: Causas del heroísmo paraguayo. Asunción.

 

d) Polémica

 

1875 -  Exposición y protesta que hace Elisa A. Lynch. Buenos Aires.

1898 -  El tirano Francisco Solano López arrojado de las escuelas. Asunción.

- El incidente López (Enrique Solano) - (Francisco> Tapia. Asunción, Imp. La Prensa.

1903 -  BÁEZ, Cecilio: La tiranía en el Paraguay. Sus causas, caracteres y resultados. Asunción, Imp. El País.

 

e) Anexión

 

1897 -  GODOI, Juansilvano: Mi misión a Río de Janeiro. Buenos Aires.

1.897 -SOSA, Ruperto: Contestación al folleto de Juan Silvano Godoy. Corrientes.

1898 -  DECOUD, José Segundo: Exposición presentada a la H. Cámara de Diputados a propósito de la investigación iniciada en virtud de una denuncia de anexión. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus.

 

BIOGRAFÍA

 

1886 -  RUIZ FERNÁNDEZ, Antonio: Los gobernadores del Paraguay. Asunción.

1889 -  "PERICO DE LOS PALOTES": Historia del General Avestruz. Asunción (en verso).

1890 -  RUEDA, Pedro: Biografía militar del General Pedro Duarte, ministro de Guerra y Marina de la República del Paraguay. Asunción. Imp. El Paraguayo.

1903 -  GODOI, Juansilvano: El Cnel. Juan Antonio Escurra. Asunción, Imp. El País.

1904 -  (RODRIGUEZ ALCALÁ, José): La administración del Cnel. Escurra. Asunción.

1905 -  GODOI, Juansilvano: Alberdi por el señor Olleros. Comentario crítico. Asunción. Talleres Nacionales de H. Kraus.

- OLLEROS, Mariano L.: Alberdi, a la luz de sus escritos en cuanto se refieren al Paraguay. Asunción, Juan E. Quell.

- SOSA, Antonio: Vida pública. Asunción.

1906 - SOSA, Jaime: El General Ferreira. Asunción.

1907 -  Apoteosis del General Díaz. Setiembre de 1907. Asunción.

- PEREZ, José Antonio: Cecilio Báez. Su actuación dentro y fuera del país. Asunción. Imp. El Cívico.

1912 -  GONDRA, César: El General Patricio Escobar. Buenos Aires

1913 -  CALZADA, Rafael: Rasgos biográficos de José Segundo Decoud en el 4to. aniversario de su fallecimiento. 4 de marzo de 1909. Buenos Aires.

1918 -  MENDOZA. Prudencio de la Cruz: El senador Solano López. Buenos Aires.

1920 - Corona fúnebre. Homenaje al ilustre Presidente de la República del Paraguay Dr. Manuel Franco. Asunción.

- PARKER, William Betmont: Paraguayans of to-day. Buenos Aires-New York, The Hispanic Society of America (2a. ed. London-New York, The Hispanic Society of America, 1921; 3a. ed. New York, Kraus Reprint. 1967).

 

 

2. FUENTES ACTUALIZADAS

 

Bibliografía

 

CARDOZO, Efraím: Historiografía paraguaya. Paraguay indígena, español y jesuita. México, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1959 (2a. ed., 1979)

DIAZ-PEREZ, Viriato: "Sobre una bibliografía de bibliografías paraguayas", en: Revista Paraguaya, Asunción, 11(2), 1926, p. 26-37.

FERNANDEZ CABALLERO, Carlos F.S. : Aranduká ha Kuatiañeé Paraguai (sic) Rembiapocué. The Paraguayan Bibliography. Asunción - Washington, Paraguay Arandú Books, 1970.

FERNANDEZ CABALLERO, Carlos F.S.: Paraguái (sic) Tai Hüme. Tove Paraguái Arandu Taisarambi Ko Yvy Apére. The Paraguayan Bibliography. Volume Two. Compiled by... Seminar on the Acquisition of Latin American Library Materials, University of Massachusetts Library, Amherst, Mass., 1975.

 

Álbumes - Guías

 

CHAVES, Manuel W.: El Paraguay ilustrado. Asunción, 1920.

FREIRE ESTEVES, Luis, y Juan C. GONZALEZ PEÑA:

El Paraguay Constitucional 1870-1920. Buenos Aires, Emporio Gráfico, 1921.

 

Religión - Filantropía

 

BAEZ ALLENDE, Amadeo: El Gran Oriente del Paraguay (Antecedentes históricos y documentales 1953/1983). Asunción, 1983.

 

Ciencias Políticas

 

ALMEIDA ROJAS, Ricardo: Guía de la Asociación Nacional Republicana. 2a. ed. Asunción, El Arte, 1951.

ARGAÑA, Luis María: Perfiles políticos. Asunción, Asociación Nacional Republicana, 1977.

ARGAÑA, Luis María: Historia de las ideas políticas en el Paraguay. Asunción, Biblioteca Colorados Contemporáneos, v.5, 1979.

ARTAZA, Policarpo: Qué hizo el Partido Liberal en la oposición y en el gobierno. Buenos Aires, Imp. Lucania, 1961.

ARZAMENDIA, Desiderio: Contribución a la historia de la Revolución Febrerista. Asunción, Cuadernos B.P.D., 1982.

BAZAN (h), Juan F. Sobre política y otros ensayos. Asunción, 1958.

BENITEZ, Justo Pastor: Ensayo sobre el liberalismo paraguayo. Asunción, 1932.

BENITEZ RICKMANN, Juan José: Estudio sobre los partidos políticos paraguayos. Asunción, 1981.

BORDON, F. Arturo: Historia política del Paraguay. 1 Era Constitucional 1869-1886. Asunción, 1976.

BREGAINS, Carlos: Episodio de la revolución colorada de 1910. Asunción. El Gráfico, 1947.

BRUGADA, Arturo: La sublevación del 29 de octubre de 1877. Asunción, Sudamericana, 1923.

CARDUS HUERTA, Gualberto: Discurso político. Asunción, 1922 (Otra edición con el titulo de: Contra la anarquía. Asunción, Sudamericana, 1922).

CESPEDES RUFFINELLI, Roberto: El febrerismo: del movimiento al partido 1938-1951. Asunción, 1983.

DECOUD, Héctor F.: Dos páginas de sangre. Año 1877, 12 de abril - 29 de octubre. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus, 1925.

DECOUD, Héctor F.: La revolución del Comandante Molas. Buenos Aires, 1930.

DOLDAN, Enzo A.: Reflexiones sobre el liberalismo y los partidos políticos en el Paraguay. Asunción, 1980.

DUARTE PRADO, Bacon: Esquema de una doctrina y praxis para la juventud colorada. Asunción, 1977.

GOMEZ FLEITAS, José Gaspar: La formación social y ubicación jurídica de los partidos políticos en el Paraguay. Tesis doctoral. Asunción, UNA, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, 1962.

GONZALEZ, Luis J.: El Paraguay, prisionero geo-político. Buenos Aires, Nogal, 1947.

GONZALEZ, J. Natalicio: El Paraguay eterno. Asunción Guarania, 1935.

GONZALEZ, Natalicio: Vida y pasión de una ideología. Asunción, NAPA, Libro Paraguayo del Mes No. 16, Febrero de 1982.

IBARRA, Alonso: Las revoluciones paraguayas en letras de molde de 1870 a 1949, Asunción, Popular, 1949.

JOVER PERALTA, Anselmo: El Paraguay Revolucionario, 2a. ed. Asunción, La República, 1982 (1a . ed. Buenos Aires, Tupá, 1946).

LAINO, Domingo: Paraguay: De la independencia, a la dependencia (Historia del saqueo inglés en el Paraguay de la postguerra). Asunción, Cerro Corá, 1976.

LEVI RUFFINELLI, Carlos A.: Conceptos fundamentales de la democracia liberal. Asunción, Orbis, 1978.

MENDEZ, Epifanio: El orden para la libertad. Fundamentos del coloradismo. Buenos Aires, Cultura, 1951.

(El) Nuevo Ideario Nacional. Manifiesto a los trabajadores y hombres jóvenes de todos los partidos. Asunción, La Colmena, 1929.

PASTORE, Carlos: Introducción a la historia política del Paraguay. Asunción, Separata de Estudios Paraguayos, 1976.

RIQUELME, Andrés: Apuntes para la historia política y diplomática del Paraguay. Asunción, Toledo, 1960, 2v.

SANABRIA, Salustiano: Organización política del Paraguay. Asunción, 1946.

SANCHEZ, Segundo, y Anselmo JOVER PERALTA: Nuestro radicalismo dentro del Partido Liberal. Asunción, 1930.

STEFANICH, Juan: El Paraguay Nuevo. Buenos Aires, Claridad, 1943.

VALLE, Florentino del: Cartilla cívica. Proceso político del Paraguay 1870-1950. El Partido Liberal y la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) en la balanza de la verdad histórica. Buenos Aires, 1951.

VITTONE, Luis: Dos Siglos de política nacional (Siglos IX y XX). Asunción, 1975.

 

Pensamiento teórico

 

BAZAN (h), Juan F.: ¿Dónde está el Paraguay? Asunción, 1955.

BENITEZ (h), Justo Pastor: Influencias del positivismo en el Paraguay. Asunción, NAPA, Colección Prisma, 1983.

CARONI, Carlos A.: Paraguay: Formación y supervivencia. Asunción, 1975.

CORVALAN, Graziella: Ideologías y origen social de los grupos políticos en el Paraguay. Asunción, Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, 1972.

PRIETO, Justo: El Paraguay, Provincia Gigante de las Indias. Buenos Aires, El Ateneo, 1951.

 

Sociología

 

BENITEZ, Justo Pastor: Formación social del pueblo paraguayo. Asunción - Buenos Aires, América Sapucai, 1955 (2a. ed. Asunción, 1967).

CORVALAN, Grazziella: Estudios sociológicos en el Paraguay. 2a. ed. Asunción, Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, 1976.

GONZALEZ, Teodosio: Infortunios del Paraguay. Buenos Aires, Imp. Rosso, 1931 (2a. ed. Asunción, 1983).

PANGRAZIO, Miguel Ángel: Indicadores de la estructura social del Paraguay. Asunción. 1973.

 

Cuestión social

 

DUARTE, Ciriaco: Sindicalismo libre en el Paraguay. Aportes doctrinarios e históricos. Asunción, Cuadernos B.P.D., 1982.

DURAN, Margarita: Historia de los pobres del Paraguay. Asunción, Oñondivepa, 1972.

GAONA, Francisco: Introducción a la historia gremial y social del Paraguay. Buenos Aires, Arandú, 1967 (t.I, único editado)

PASTORE, Carlos: Un programa de historia social del Paraguay. Asunción, Separata de Historia Paraguaya, 1981.

RAMIREZ, Juan Vicente: El Derecho Internacional Obrero. Asunción, 1923.

SOLER NUÑEZ, Ignacio: Evocaciones de un sindicalista revolucionario. Asunción, 1980.

 

Inmigración

 

MAJAVACCA, José, y Juan F. PÉREZ ACOSTA: El aporte italiano al progreso del Paraguay (1527-1930). Asunción, Biblioteca de la Sociedad Científica de Paraguay, 1951.

MOSQUEIRA, Silvano: Siluetas femeninas. Los españoles en el Paraguay... Asunción. La Colmena, 1930.

PITAUD, Henri: Les francais au Paraguay. Bordeaux, Biére, 1955.

PLA, Josefina: The Brittish in Paraguay 1850-1870.

Richmond, Surrey, The Richmond Publishing, 1969.

SCHUSTER, Adolf  N.: Paraguay-land, Volf, Geschichte Wirtschafts and Kolonisation. Stuttgart, Strecker and Schroeder, 1929.

 

Economía

 

BRUGADA, Arturo: La deuda de guerra paraguaya. Su condonación por el Uruguay en 1883. La Plata, 1926.

FERNANDEZ, Pedro: Análisis de la historia bancaria y monetaria del Paraguay. t.I., Asunción, 1962.

PESOA, Manuel: Liberalismo económico. 2a. ed. Asunción, 1981.

RIVAROLA PAOLI, Juan B.: Historia monetaria del Paraguay. Monedas - Bancos - Crédito público. Asunción, 1982. Agricultura - Tierras.

ORTIZ, José Concepción: Apuntes para una historia del campesino paraguayo. Asunción, 1969.

PASTORE, Carlos: La lucha por la tierra en el Paraguay 2a: ed. Montevideo, Antequera, 1972 (la. ed., 1949).

 

Ganadería

 

Liebig's en el Paraguay. Zeballos-cué, 1965, p. 22-91.

 

Derecho y Ciencias Sociales

 

SOLER, Juan José: Introducción al derecho paraguayo. 2a. ed. Asunción, La Colmena, 1959 (la. ed. Madrid, Instituto de Cultura Hispánica, 1954).

 

Derecho Constitucional

 

BENITEZ, Justo Pastor: La Constitución del 70. Asunción, 1924.

CENTURION, Carlos R. Los hombres de la Constitución del 70. Asunción, El Arte, 1938.

Constitución de la República del Paraguay y sus antecedentes. Asunción, EMASA, 1968.

DECOUD, Héctor F.: La Convención Nacional Constituyente y la Carta Magna de la República, Buenos Aires Rosso, 1934.

 

Derecho Civil

 

DE GASPERI, Luis: Anteproyecto de Código Civil. Asunción, El Gráfico, 1964.

 

Derecho Internacional - Relaciones Internacionales.

 

AMARILLA FRETES, Eduardo: El Paraguay en el primer cincuentenario del fallo arbitral del Presidente Hayes. Asunción, Imprenta Nacional, 1932.

BAEZ, Cecilio: Historia diplomática del Paraguay. Asunción, Imprenta Nacional, 1932, 2v.

BENITEZ, Luis G.: Historia diplomática del Paraguay. Asunción, 1972.

SALUM-FLECHA, Antonio: Historia diplomática del Paraguay. Asunción, 1972 (2a. ed., 1978; 3a, 1983).

SANCHEZ QUELL, Hipólito: A cien años de un Laudo memorable. Asunción, Imprenta Nacional, 1978.

 

Educación

 

ALMADA, Martín: Paraguay: Educación y dependencia. Buenos Aires, 1979, p. 21-73.

BÁEZ ALLENDE, Amadeo: Reseña histórica de la Universidad Nacional. Asunción, Imprenta Nacional, 1939.

BENITEZ, Luis G.: Historia de la educación paraguaya. Asunción, 1981.

BERINO, Ignacio A.: Doctor Ramón Fermín Zubizarreta, jurisconsulto y educador. Asunción, El Arte, 1963.

SPERATTI, Juan: Historia de la educación pública en el Paraguay 1812-1932. San Lorenzo, 1979.

 

Fuerzas Armadas

 

BRAY, Arturo: Militares y civiles. Estudio psicopatológico de pronunciamiento. Buenos Aires, Imp. Aconcagua, 1958.

GONZÁLEZ MERZARIO, Américo: Política y ejército. Consideraciones sobre problemas político-militares del Paraguay. Buenos Aires, Yegros, 1955.

SPERATTI, Juan: Política militar paraguaya. Esbozo de temas y cuestiones de la instrucción y educación del mando. Buenos Aires, 1955.

 

Geografía

 

GONZÁLEZ, Natalicio: Geografía del Paraguay. México, Guarania, 1964.

 

HISTORIA

 

a) Textos

 

CARDOZO, Efraím: El Paraguay Independiente. Barcelona, Salvat, 1949.

CARDOZO, Efraím: Breve historia del Paraguay. Buenos Aires, EUDEBA, 1965.

PENDLE, George: Paraguay. A riverside nation. London, Royal Institute of International Affairs, 1954 (2a. ed., 1956; 3a. ed. 1967)

VASCONSELLOS, Víctor Natalicio: Lecciones de historia paraguaya. 7a. ed. Asunción, 1974.

 

b) Polémica

 

DECOUD, Héctor F.: Los emigrados paraguayos en la guerra de la Triple Alianza. Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos, 1930.

O'LEARY, Juan E.: Apostolado patriótico. Asunción, 1930.

O'LEARY, Juan E.: Los legionarios. Asunción, Indias, 1930 (ver: Prosa polémica. Asunción, NAPA, Libro Paraguayo del Mes No. 15, Enero 1982, p. 37-162).

 

e) Anexión

 

DOMINGUEZ, Manuel: La traición a la Patria y otros ensayos. Asunción, Dirección de Publicaciones de las Fuerzas Armadas de la Nación, 1959, p. 69-130.

Historia de la cultura

 

AYALA QUEIROLO, Víctor: Historia de la cultura en el Paraguay. Asunción, 1966.

BENITEZ, Luis G.: Historia cultural. Reseña de su evolución en el Paraguay. Asunción, 1973 (la. ed., 1966).

CARDOZO, Efraím: Apuntes de historia cultural del Paraguay. Asunción, F.V.D., Colegio de San José, 1963, v. II, p. 199-452

CENTURION, Carlos R.: Historia de la cultura paraguaya. Prólogo de Arturo Alsina. Asunción, Biblioteca "Ortiz Guerrero", 1961.2v.

VELAZOUEZ, Rafael Eladio: Breve historia de la cultura en el Paraguay. 7a. ed. (Reimpr.). Asunción, 1981 (1a.ed., 1965).

VIOLA, Alfredo: Reseña de desarrollo cultural del Paraguay. Asunción, Comuneros, 1981 (2a. ed., 1982)

 

BIOGRAFÍA

 

APONTE, Leandro: Pettirossi, un sudamericano insuperado. Asunción, 1966 Cía. ed., 1942).

BAZAN, Francisco: Eligio Ayala, el pensador. Asunción, 1976.

BORDON, F. Arturo: La vida romántica de Alón. Asunción, 1966.

BORDON, F. Arturo: Liberales ilustres. Asunción, Sociedad 18 de Octubre, 1966.

BRAY, Arturo: Hombres y épocas del Paraguay. Libro Primero. Buenos Aires, Ayacucho, 1943 (3a. ed. Asunción, Nizza, 1957).

BRAY, Arturo: Hombres y épocas del Paraguay. Libro Segundo. Buenos Aires, Imp. Aconcagua, 1957, p. 125-162.

BRAY, Arturo: Armas y Letras. Asunción, NAPA, Libro Paraguayo de Mes No. 8, Mayo 1981, t. I.

BRUGADA, Arturo: Dr. Benjamín Aceval. Su actuación política. Asunción, 1925.

BRUGADA, Arturo: Laudatoria del General Caballero. Asunción, 1939.

DAVALOS, Juan Santiago: Cecilio Báez como ideólogo. Asunción, Alcor, 1967.

DUARTE PRADO, Bacon: Cinco semblanzas republicanas. Asunción 1976.

DUARTE PRADO, Bacon: Juan Manuel Frutos. Estilo y autenticidad. Asunción, 1978.

FRANCO, Víctor I.: El General Patricio Escobar. Asunción, 1974.

JAEGGLI, Alfredo L. Albino Jara. Un varón meteórico. Buenos Aires, 1963 (2a. ed. Asunción, NAPA, Colección Prisma, 1983).

LOPEZ DE DECOUD, Adelina: Biografía de don Héctor F. Decoud. Buenos Aires, Cervantes, 1937.

PAIVA, Armando C. Félix Paiva. Asunción, Don Bosco, s.d.

PESOA, Manuel: Antonio Taboada, fundador principal y jefe del Partido Liberal Paraguayo. Asunción, 1979.

PESOA, Manuel: José Segundo Decoud, estadista del Partido Colorado. Asunción, 1979.

PITAUD, Henri: El General Caballero, Asunción, France-Paraguay, 1976.

RECALDE AMMIRI, Sergio: Crónica de una estirpe prócer. Los precursores. Asunción, 1976.

RIQUELME GARCIA, Benigno: Cumbre en soledad (Vida de Manuel Gondra). Buenos Aires, Ayacucho, 1951.

ROLON MEDINA, Anastasio: El General Bernardino Caballero. Asunción, 1965.

VELAZQUEZ, Américo: Dr. Ignacio A. Pane, maestro y reivindicador social. Asunción, 1982.

ZUBIZARRETA, Carlos: Cien vidas paraguayas. Asunción, Nizza, 1961.

 

 

 

 

INDICE

 

GENERAL ANTECEDENTES DEL PRIMER GOBIERNO PROVISORIO.

El triunvirato: su acción interna y externa

La Asamblea Nacional Constituyente. Sus funciones históricas.

Hombres y proyecciones

Los acontecimientos del 31 de agosto

 

PRIMER PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE D. CIRILO A. RIVAROLA

Negociaciones con los Aliados

Presidencia de D. Salvador Jovellanos

Los empréstitos del 71 y 72

Revoluciones del 73 y 74

Pacto del 12 de Febrero

Crisis intestina del Gabinete

Las gestiones diplomáticas

 

SEGUNDO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE DON JUAN BAUTISTA GILL

Conjuración del 12 de Abril

Presidencia del Sr. Higinio Uriarte

El terror

Martirologio de D. Machaín y los presos políticos

 

TERCER PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE D. CANDIDO BAREIRO

Expedición Revolucionaria del "Galileo"

Presidencia Provisoria del Gral. Bernardino Caballero

 

CUARTO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DEL GRAL. BERNARDINO CABALLERO

Disidencias en el Parlamento

 

QUINTO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DEL GRAL. PATRICIO ESCOBAR

Fundación del Partido Liberal

Reorganización del Partido Colorado

 

SEXTO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE D. JUAN G. GONZALEZ

Revolución del 18 de octubre

Sucesos de 9 de Junio

Presidencia de D. Marcos Morínigo

 

SEPTIMO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DEL GRAL. JUAN B. EGUSQUIZA

 

OCTAVO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE D. EMILIO ACEVAL

Golpe de Cuartel del 9 de Enero

 

 

PRESIDENCIA DEL SEÑOR A. HÉCTOR CARVALLO 

 

 

NOVENO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DEL CORONEL D. JUAN A. ESCURRA

La revolución de Agosto

Expedición del "Sajonia"

La era liberal. Presidencia de D. Juan B. Gaona

Movimiento Parlamentario del 9 de Diciembre

 

PRESIDENCIA DEL DR. CECILIO BÁEZ

DECIMO PERIODO CONSTITUCIONAL

Entretelones de la anarquía

Rebelión Militar del 2 de julio

Presidencia de D. Emiliano González Navero

Hechos del 21 de Setiembre

Movimiento armado de Setiembre

 

 

UNDECIMO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE D. MANUEL GONDRA

Golpe de Estado del 17 de Enero de 1911

 

PRESIDENCIA DEL CORONEL ALBINO JARA

Rebelión armada de Febrero

 

PRESIDENCIA DEL SEÑOR LIBERATO M. ROJAS

Preparativos de una nueva guerra civil

Revolución de Noviembre

Toma del Norte por la revolución

Golpe Revolucionario en Asunción

 

PRESIDENCIA DEL DOCTOR PEDRO P. PEÑA

Gobierno Provisional de D. Emiliano González Navero

Batalla de Paraguarí

 

DUODECIMO PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DE D. EDUARDO SCHAERER

Revolución del 1º de Enero de 1915

 

DECIMOTERCER PERIODO CONSTITUCIONAL.

PRESIDENCIA DEL DR. MANUEL FRANCO

PRESIDENCIA DE JOSÉ P. MONTERO

 

 

 

 

 

 

 

 

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