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ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE


  PARTIDO COLORADO: LAS CAUSAS DE SU CAÍDA - Recopilación de ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE


PARTIDO COLORADO: LAS CAUSAS DE SU CAÍDA - Recopilación de ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE

PARTIDO COLORADO: LAS CAUSAS DE SU CAÍDA

EL DIFÍCIL CAMINO HACIA LA TRANSICIÓN

RECOPILACIÓN: ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 44 - CAPÍTULO 24

Asunción – Paraguay

2013

 

 

 

         Con este título el diario ABC Color publicó el 13 de agosto de 2008 un libro que recogió las opiniones de políticos, analistas, periodistas, acerca de las causas que habrían ocasionado la caída del Partido Colorado luego de 61 años en el poder. Para este fascículo hemos seleccionado algunos de esos trabajos, condensados, con la autorización de sus respectivos autores. Comenzamos, con la transcripción íntegra, del "prólogo" a dicho libro escrito por el Dr. Enrique Bordenave.

 

         ¿CUÁNDO CAYÓ EL PARTIDO COLORADO?

 

         Este libro, se me dijo, quiere indagar las causas por las que el Partido Colorado cayó del poder en las elecciones del 20 de abril pasado (2008). Bueno, discrepo de tal noción. Creo, sí, que el Partido Colorado ha caído pero que esto no ocurrió con las elecciones mencionadas, sino mucho más tiempo atrás. Lo que cayó el 20 de abril fue solo el grupo -abigarrado, por cierto, y numeroso- que dirigía el partido y el Gobierno, pero que no era propiamente "colorado" o "republicano", sino que se aprovechaba de ambos para ventaja personal de sus integrantes. Fue clientelista, nepotistas, prebendario, asistencialista quizás, pero no había en él, me parece, sino colorados de fachada; no de fondo.

         La Asociación Nacional Republicana, ANR, así como el Partido Liberal, PL, que comenzó llamándose Centro Democrático, se originaron a poco de terminada la Guerra del 70; ambos con ideología liberal. Sus nombres coincidían con los de los dos partidos tradicionales de los Estados Unidos, el Republicano y el Demócrata, ambos ideológicamente liberales, pero el primero con tendencia conservadora, y el otro, progresista: una diferencia de velocidad y de sensibilidades antes que de ideología y principios básicos. Nuestros dos viejos partidos se desempeñaron en el Gobierno bajo una misma Constitución, la de 1870, de clara orientación liberal. El Dr. Justo Prieto puntualizó que el Partido Liberal se habría fundado con base, entre otros documentos trascendentes, "en los principios expuestos por Jefferson para el Partido Demócrata de los Estados Unidos" (Diccionario del Liberalismo, México 1972, pág. 208)

         El Partido Colorado, sin embargo, con el tiempo comenzó a cambiar, y no me extrañaría en absoluto que el hecho de que el Centro Democrático cambiara su nombre por el de Partido Liberal haya sido uno de los motivos por los que la ANR, después de perder el gobierno en 1904, procurara diferenciarse del PL buscando una base ideológica que no fuese tan liberal como la de sus primeros tiempos. Así podrá entenderse, quizás, su simpatía por el Dr. G.R. de Francia, los López y, en general, el autoritarismo y el dirigismo estatal, así como también que -en ciertos momentos- mirara hacia el PRI mexicano y el APRA peruano o llegara con Duarte Frutos a definirse (de la boca para afuera) como "socialista humanista".

 

Expresidente Juan Manuel Frutos

 

Expresidente Natalicio González

 

Expresidente Tomás Romero Pereira

 

         Retornado al poder el 13 de enero de 1947 y tras ganar la Revolución de 1947, pronto se deshizo del dictador Morínigo e instaló sus propios gobiernos pero con escasa fortuna, sucediéndose varios presidentes (Juan Manuel Frutos, Natalicio González, Gral. Raimundo Rolón, Felipe Molas López, Federico Chaves, Tomás Romero Pereira), lo que me parece que se debió más que nada a la pérdida de su vieja orientación. Seguidamente, aunque no sin serias escisiones, apoyó a Alfredo Stroessner, a quien la mayoría de sus dirigentes se sometió totalmente.

         El derrocamiento de Stroessner efectuado por políticos y militares colorados no me resulta fácil de entender. Lo seguro es que la vida útil del dictador llegó a su fin, no para la ANR sino acaso también para algún otro factor de poder con gravitación sobre nuestro país. En todo caso, a la ANR, liberada de Stroessner, tampoco le fue muy bien. Tras el general Andrés Rodríguez -jefe del golpe contra Stroessner- vinieron las presidencias de Juan Carlos Wasmosy (que poco tenía de colorado), de Raúl Cubas Grau (Lino Oviedo con otro nombre), y luego el gobierno de "unidad nacional" de Luis A. González Macchi del que el PLRA pronto fue borrado sin que tampoco esto diera lugar a la recuperación de la ANR. Llegó por fin Nicanor Duarte Frutos, bajo cuyo gobierno la corrupción llegó a extremos y el Partido Colorado, en manos de gente sin ideales políticos, quedó reducido a la nada.

         Las elecciones del 20 de abril pasado (2008) en definitiva, no causa la caída de la ANR. Esta ya estaba caída desde mucho tiempo antes. Las elecciones solamente lo pusieron en evidencia. Creo, sin embargo, que en ese partido hay gente que procurará su recuperación. El viejo PL paraguayo, hoy muy venido a menos como el PLRA, también necesita recuperarse, pero no veo señales de que así pueda ocurrir. La democracia paraguaya necesita de los dos antiguos partidos. No se la concibe sin ellos. Ambos deben recuperar su doctrina y su espíritu de servicio a la nación.

 

Dupla oficialista de la ANR en 2008: Blanca Ovelar - Santa Cruz

 

 

         ¿ECHÓ LA PRENSA AL PARTIDO COLORADO?

         Por EDWIN BRÍTEZ

 

         ¿Pudo haber influido en la caída del Partido Colorado la apertura política con una mayor libertad de expresión y una mayor libertad de prensa?

         Aun cuando en la transición, y en especial en el tramo final, los colorados subestimaron la influencia de los medios de comunicación en la modificación de conductas políticas. Siempre fue claro que el temor de quienes ejercían el poder a la libertad de expresión del pueblo, y manifiesta la necesidad de ejercer control sobre la prensa independiente.

         No obstante, en la etapa autoritaria y dictatorial de mandato colorado, la dirigencia partidaria se despreocupó de la influencia en los resultados electorales de la libre expresión y de la prensa, hasta que la ciudadanía fue ejerciendo con mayor insistencia su libertad de expresarse y la prensa encontró también la forma de tomar distancia del poder. Cuando los colorados aprendieron a valorar el ejercicio de las libertades de expresión y de prensa, ya fue demasiado tarde. Estaban llegando a la llanura antes de lo esperado por ellos mismos y, tal vez, por la propia oposición.

         Estos dos factores -libertad de expresión y libertad de prensa- durante el lapso antidemocrático, solo existían de manera testimonial, y casi siempre quienes se atrevieron a enfrentar el sistema y la modalidad restrictiva tuvieron que pagar las consecuencias. En la primera etapa de libertad política, pos golpe de Estado (1989), el Partido Colorado pudo solucionar el problema de las adversidades que le habían ocasionado el ejercicio de las libertades públicas y las consecuentes manifestaciones de libertades ciudadanas para elegir autoridades, mediante fraudes electorales, cometidos ampliamente, hasta si se quiere con creatividad frente a una cándida oposición.

         El lento desarrollo de una ciudadanía activa frente a un poderoso partido-Estado ha llegado a llamar la atención en la comunidad internacional. Tanto es así que Paraguay aparecía sostenidamente antes, y aparece aún, en todos los estudios e informes como el país más corrupto y con menor convicción democrática. No se podía entender, por consiguiente, cómo la oposición no pudo aprovechar un pasado sangriento de represión y corrupción y un presente de corrupción e ineptitud, pero con libertades, de su adversario para ganar mucho antes el poder.

         La prensa se desarrolló con extraordinaria velocidad en la etapa de transición y, salvo algunos medios considerados "prensa amiga" por su tolerancia con el poder colorado de turno, en general fue crítica y trajo sin censura, hasta que encontraron la forma de atemorizarla y hostigarla a través de un Poder Judicial sometido al capricho político de los líderes partidarios.

         La construcción de opinión pública y ciudadana al parecer ha requerido más tiempo de lo necesario. No existe memoria democrática; es cierto, no existe gimnasia cívica. La ciudadanía fue construyendo una ciudadanía demasiado formal y electoral, sin llegar a decidirse por la alternancia sino hasta el 20 de abril de 2008.

 

         ENTRE 1999 Y 2008

 

         Del "Marzo Paraguayo" a la llanura colorada. El asesinato del vicepresidente de la República, Luis María Argaña y la muerte de ocho jóvenes en la plaza del Congreso se produce en medio de una crispación que simultáneamente provoca la reacción de la ciudadanía y de la prensa en general. En el centro de la discusión está la polémica figura del general Lino Oviedo, quien finalmente huye del país con la caída del poder del entonces presidente Raúl Cubas, el cual renuncia ante la inminencia de la aprobación de un juicio político del Congreso en su contra.

         Todos los acontecimientos de la plaza, incluido el asesinato de los jóvenes, son transmitidos en directo por los canales de televisión, lo que excita aún más a la población a expresar su apoyo a la "causa anti oviedista y a sumarse a las manifestaciones de los jóvenes durante varios días en la plaza.

         El Partido Colorado no encuentra la forma de poner freno a la libertad de prensa, por los medios tradicionales. Ya no cuenta con su vocero oficial "Patria" que juntamente con "La voz del coloradismo", durante la era del stronismo fueron instrumentos de amedrentamiento y hostigamiento, tampoco con la prensa amiga del diario "Noticias". Los medios de comunicación toman distancia discretamente del poder, a pesar de la canalización de millones de dólares en concepto de publicidad en especial a medios con alguna afinidad parcial con el gobierno mientras que otros, como el diario ABC Color, asumen un enfrentamiento frontal a la dirigencia colorada y al gobierno. El stablishment utiliza sus resortes en la justicia para acorralar a la prensa y se abren numerosos procesos por cuestiones muchas veces intrascendentes, al solo efecto de intimidar a los propietarios de medios y a los periodistas. Coincidentemente, los políticos más indiciados de corrupción son los que más emprenden contra la prensa en los tribunales, en algunos casos al solo efecto de sacar provecho económico, amparados en la protección de sus fueros sin riesgo alguno de sanción. Uno de los casos emblemáticos es la condena al director de ABC Color, Aldo Zuccolillo, a quien la justicia le obliga a pagar al senador colorado más cuestionado de la transición, Juan Carlos Galaverna, la suma de 750 millones de guaraníes más una cifra igual para la justicia.

         Paralelamente, se registra un crecimiento inusitado de la ciudadanía electoral que no puede ser absorbida en su gran mayoría por el pulpo hegemónico de la estructura partidaria y la burocracia estatal del coloradismo. De 2.049.449 inscriptos para las elecciones de 1998 pasa a 2.856.785 inscriptos para las elecciones del 2008. El Partido Colorado experimenta una inocultable tendencia al voto decreciente: De 53% que obtiene en las elecciones de 1998, baja al 47% en las elecciones de vicepresidente del 2000; a 46% en las elecciones municipales de 2001; a 37% en las elecciones de 2003, aunque repunta en las elecciones municipales de 2006 con 49%.

         Los colorados utilizan todos los recursos para tratar de mantenerse en el poder, inclusive el hostigamiento y la intimidación a sus propios correligionarios. Pero, tal vez, el factor decisivo de esa acometida fue el enfrentamiento con la prensa del presidente Nicanor Duarte Frutos, quien buscó por este medio desacreditar la campaña coincidente de medios contra la posibilidad de continuidad del coloradismo en el poder en un contexto ciudadano totalmente diferente al de apenas cinco años atrás cuando su triunfo electoral estuvo cargado de esperanzas populares.

 

         CONCLUSIÓN

 

         Los sesenta y un años de gobierno ininterrumpidos ubican al Partido Colorado entre los partidos del mundo con mayor tiempo en el poder. La libertad de expresión y la libertad de prensa tuvieron, sin duda alguna, su aporte para que en el Paraguay sobreviniera la alternancia luego de décadas de dictadura apoyada por el mismo partido que luego en la democracia siguió por otros 19 años.

         Son varios los factores a los cuales se puede atribuir la caída del coloradismo. En política, los humanos somos proclives a buscar culpables, pero el 20 de abril se manifestó un cambio en el comportamiento colectivo de la ciudadanía paraguaya. Esa respuesta esperada pero inesperada al mismo tiempo responde de alguna manera al cansancio acumulado durante tantos años y que, al decir de Arístides Ortiz, el 20 "tranquilos, callados, con ese dejo de burla propio del mestizo guaraní español, acordaron con el proyecto de Lugo, que aún incierto tiene por lo menos posibilidades de futuro".

         Se agotó el sistema clientelar y prebendario y con el apoyo, esta vez mucho más firme de los poderosos medios de comunicación, una ciudadanía más activa y movilizada hacia el logro de sus objetivos, se puso fin a una continuidad irritante. Digo que se puso fin a la continuidad porque, honestamente, no me atrevo a decir que se puso fin a un sistema.

 

Senador colorada Juan Carlos Galaverna

 

Julio César Frutos

 

         EN POLÍTICA LOS ERRORES CUESTAN

         Por JULIO CÉSAR FRUTOS

 

         Múltiples razones se exponen como causas del revés electoral del coloradismo, algunas propias del gobierno, y otras de la inactividad y abulia de la Junta de Gobierno.

         Las promesas del gobierno incumplidas, las quejas sociales insatisfechas, el intento de la quiebra del Estado de derecho, la impunidad de la corrupción, la falta de renovación dirigencial y el autismo de las autoridades partidarias son algunas de las razones por las que un electorado consciente decide instalar una nueva dirigencia para gobernar la nación.

         Debe dejarse constancia de que un alto porcentaje de ese maduro electorado que votó a conciencia estaba conformado por afiliados al coloradismo que practicaron en las elecciones nacionales por primera vez el voto castigo, no siendo raro que públicamente se reconozca el haber sufragado por candidatos que no pertenecían a la lista presentada por el Partido Colorado.

         Para los colorados, las elecciones del 20 de abril no significaron un acto mecánico de votar, sino la práctica de un fenómeno conciencial de elegir, pudiéndose reconocer sin duda la desaparición del coloradismo como masa. En otras palabras, el pueblo colorado ha recuperado su valor cívico, reencontrándose con su destino histórico.

         Son de peso las razones que lo llevaron con espontaneidad para asumir este trascendental paso; y tiene que ver con la falta de legitimidad con que aparecían sus auto designados representantes, que estaban muy lejos del perfil de ética y capacidad que un pueblo consciente exige en una sociedad en proceso de institucionalización democrática: un sueño largamente postergado en la Asociación Nacional Republicana.    En otras palabras, no se había cumplido con el elemental principio en toda democracia de renovar los cuadros, dar lugar a la sustitución de piezas desgastadas que exhibían falencias de todo orden, especialmente en cuanto al servicio de la cosa pública, y ni qué hablar del sesgo de corrupción con que la opinión pública había bautizado al coloradismo en general, cuando en realidad eran sus responsables no más de treinta o cuantos altos personajes de la función pública, muy bien identificados. Es decir, que el Partido Colorado paga la factura de unos cuantos codiciosos que en la función pública se ocuparon de acumular riqueza, hecho que no pasa: desapercibido en una sociedad tan pequeña como la nuestra en que prácticamente todos nos conocemos y se puede descubrir el enriquecimiento ilícito.

         El que escribe estas líneas se ve en la obligación de citarse al señalar que desde distintos escenarios partidarios (seminarios, discursos ocasionales, diálogos con grupos de dirigentes) se ha expresado la inquietud de moralizar a la clase política colorada y reencauzar la actividad partidaria. En un Congreso de Mujeres en el 2005 expresamos:

         "...Hago votos porque esta nueva generación de mujeres coloradas que se encaminan al logro de un verdadero poder femenino no caigan en los vicios de la dirigencia masculina, porque perderían el poder tan difícil de lograr.

         Uno de esos vicios colorado-masculinos es el gobierno del "ore-cueté" que en el lenguaje académico se denomina la "política de círculo", que excluye a todo grupo que no son incondicionales del que detenta el poder, privilegiando al cuate, el compadre, el pariente de cualquier condición y dejando de lado los valores verdaderos que deben primar en la política: la capacidad, la comprobada honestidad y la lealtad apasionada a la patria y al coloradismo" (Caminando juntas - I Congreso Nacional de la Mujer Colorada, mayo 2005 pág. 213)

 

         LA INJERENCIA DEL PODER EN LA POLÍTICA PARTIDARIA

 

         Tan consagrado está el principio republicano de que el poder no debe influir en la vida de los partidos, ni menos facilitarles o negarles atributos, ayudas o subsidios de ninguna clase, que bastaría con recordar un ejemplo bastante difundido.

         Cuando se funda la Asociación Nacional Republicana el 11 de setiembre de 1887, se suscribe un acta donde figuran ilustres ciudadanos que aceptaban el ideal republicano. Sin embargo, no aparece la firma del general Patricio Escobar en el documento, porque este ejercía el cargo de Presidente de la República, y como tal debía estar prescindente de toda actividad político-partidaria. Ejemplo de respeto a la Constitución y a las normas del republicanismo histórico, hasta en cuestiones de menos cuantía. Luego de concluido su mandato, el general Escobar pidió su inscripción al partido republicano y le fue aprobada con calidad de fundador.

         La norma constitucional del artículo 27 disponía: "... se prohíbe al Presidente y a sus Ministros toda injerencia directa o indirecta en las elecciones populares" (Constitución de 1870, art. 27) El general Caballero y los fundadores del Partido Colorado respetaron esta norma ética del republicanismo que se proyectó en la cultura política paraguaya al punto que la actual Constitución sostiene el mismo principio cuando dispone que la dedicación a sus funciones tanto del Presidente como del vicepresidente debe ser en exclusividad y tal vocablo es muy elocuente. (Constitución Nacional, art. 237).

         Tan fuerte fue el rechazo de la opinión pública al proyecto de reformar la Constitución vigente y hacer viable la reelección, al darse por entendido que se trataba de un proyecto personal como lo fuera el cambio constitucional de 1972 que consagró el vitaliciado del general Stroessner. La ambición de proyección del coloradismo oficialista fue la causa de la unión de la oposición contra los colorados y muchos colorados rechazaron esa pretensión oficialista, tomada en forma inconsulta que tuvo el solitario apoyo de los hombres del círculo del poder que no gozaban precisamente de prestigio público nacional ni partidario.

         Es oportuno recordar lo que dijo en una ocasión el doctor Felipe Molas López, expresidente de la República: "El coloradismo permanecerá mucho tiempo en el poder si sabe respetar y hacer cumplir la Constitución".

         No cabe duda de que el intento de reelección patrocinado por el coloradismo oficialista fue la causa principal del desprestigio en que cayó, grave riesgo corrido en vísperas de elecciones nacionales. La codicia y el deseo de proyectarse a una reelección en contra de la Constitución, aunque con un camuflaje que a nadie engañó, podría ser la causa principal del desprestigio en que cayó la institución colorada motivada por un pequeño círculo de poder cerrado y excluyente.

         Resultó cierto aquel apotegma que dice que cuando los que mandan pierden la vergüenza los que obedecen pierden el respeto. Estos últimos fueron los que usaron el voto castigo como expresión de su protesta.

 

General Patricio Escobar, expresidente

 

Doctor Felipe Molas López, expresidente

 

 

         LAS CRISIS DE LAS INTERNAS DEL PARTIDO COLORADO

         Por BERNARDINO CANO RADIL

 

         Introducción del contexto socioeconómico. El Partido Colorado sé erige como un componente ineludible para interpretar la historia política y económica nacional. Con razón histórica reivindicativa de exclusividad o sin ella, fue la fuerza cívica que encarnó el nacionalismo paraguayo. Una frase, fuerte que adolece y expone luces y sombras, como todas las doctrinas y corrientes de pensamiento que circulan por el mundo.

         La hecatombe del 70 nos dejó un Estado sin capacidad productiva y sin una élite abierta y competitiva. Comenzó la reconstrucción de una élite política, cultural y social en el Paraguay, de escasos recursos formativos, pero con un promisorio futuro. Evolución amputada por el interregno de hegemonía Franco-Estigarribia-Morínigo que por azares del destino termina en manos del coloradismo tras la guerra civil de 1947. La posterior inestabilidad e incapacidad de los vencedores para estabilizar el poder por medios democráticos trajo la anarquía. Tras años de intolerancia se encuentra un equilibrio bonapartista regresivo (Gramsci) en un maridaje Gobierno/Fuerzas Armadas/Partido Colorado con Stroessner desde 1954 que lo sostiene como aliados hasta el 3 de febrero de 1989.

         El stroessnismo fue una dictadura cruel y larga (1954-1989), pero con un consistente apoyo social en lo interno e internacional. Fue un régimen pragmático sin más legitimidad que ser el garante eficaz y menos costoso para Occidente para enfrentar el avance del comunismo. No es casual que la caída del muro de Berlín sea el mismo que la de la dictadura. Políticamente supuso supresión del régimen de libertades y la centralización extrema del poder en manos del dictador. Bajo su arbitraje se permitía un limitado juego político entre las élites corporativas pivotes del régimen: Ejército, Iglesia, Partido Colorado y empresariado. En ciertos períodos, incluso, se sumó la oposición liberal, liberal radical y febrerista, con sus propios empresarios afines al sistema. El Paraguay cambió, para bien o para mal, bajo la impronta del anciano dictador. Un crecimiento plagado de contradicciones internas, que pronto afloró en sus limitaciones al agotar el desarrollo económico y social. Encadenó fuerzas productivas al inhibirle crecer.

         El golpe de 1989 cabalgó sobre estas contradicciones. En particular surgió una burguesía de alto poder financiero como proyecto de Estado y acostumbrada a crecer con pautas mercantilistas que saborearon una probable economía de mercado y la institucionalización de la República. Reflejo de una dictadura que asimiló la sociedad civil al inaugurar el único ciclo real de desarrollo económico de nuestra historia con los Tratados de Itaipú y Yacyretá, la triangulación comercial, el contrabando auspiciado en su origen por Estados Unidos, piratería, exacciones del erario público, la expansión de la frontera agrícola y una descontrolada corrupción. Primer proceso de acumulación de capital que, por incapacidad y falta de visión de la incipiente burguesía, fracasó en instalar una sociedad capitalista, abierta y con élites competitivas respetando reglas procesuales básicas.

         (...) El tiempo de las vacas gordas dejó un país con mayor asimetría económica testimoniada por la crisis financiera de la década del 90 y con aguda falta de educación para liberar los sectores trabajadores de su sujeción feudal de clientela crónica.

 

 

         OVELAR / SANTA CRUZ ENFRENTA A CASTIGLIONI / ZACARIAS

 

         Extraviada la causa "sagrada" de la reelección nicanorista, el grupo que detentaba el poder, y en particular su líder, quedó aislado y con dilemas concatenados e incompatibles. Comienzan los pasos del tercer y último drama.

         Acto I., La concepción de la política de Nicanor le habilitó para impulsar un sucesor con "carrocería" y asociarlo posteriormente. Como él jamás cumplió pactos ni acuerdos, no confiaba en ningún político de su entorno. Eligió ante la pérdida de la agenda personal una buena señora, burócrata, y un operador del interior, en lo posible, el menos favorecido por la naturaleza. En su delirio imperial, según sus cálculos seguiría detentando el poder. Como buen populista/demagogo intuía el hartazgo de la gente, pero no lo asoció con su persona, sino con el estamento político y creyó que exhibiendo algo nuevo sortearía el obstáculo. Lo que falló en su ingeniería es que el hartazgo popular lo encabezaba él, y al mostrar candidatos subordinados solo traería mayor rechazo.

         Acto II. Ante tamaños disparates, quienes pretendían seguir en carrera y rectificar el rumbo de las cosas, se alejan del poder y deciden enfrentar al oficialismo. Una vez más, se impone en la cantidad real de votantes la disidencia colorada reunida en Vanguardia Colorada, pero un tribunal faccioso proclama el binomio oficialista. Recurrente tragedia en las internas coloradas, que sucedió con Argaña y Oviedo, los dos máximos exponentes colorados de la transición. Lamentablemente, dotados de temperamentos excluyentes e incompatibles, incapaces de asumir la política como una asociación, síntoma claro del nivel cívico reinante en las filas republicanas.

         Acto III. La oposición, siempre dispuesta a concertar el poder, también sintiendo la insatisfacción ciudadana, decide aliarse a un Gran Frente contra el oficialismo colorado. La solución, dividirlo. Para ello era ineludible liberar a Oviedo y que compita en las presidenciales. El arduamente concebido plan fracasó por:

         I. En las crisis anteriores de Argaña (1992) y Oviedo (1997), el Partido Colorado pudo triunfar electoralmente porque en ambas oportunidades, Oviedo apoyó las candidaturas de Wasmosy y Cubas. En el 2008, en libertad y compitiendo con su propio aparato no solo no ayudó al binomio oficialista, sino que le restó votos.

         II. El pueblo que votó en las internas por Vanguardia Colorada no lo hizo a favor de los candidatos colorados oficialistas, en un alto porcentaje. Fue crucial para el efecto la posición del binomio Castiglioni / Zacarías Irún.

         III. El síndrome de fatiga de poder enmoheció el otrora aceitado accionar electoral del Partido Colorado. La unidad legada por el stroessnismo entre una dirigencia de fuerte poder financiero, altos funcionarios públicos y Fuerzas Armadas perdió cohesión y disciplina cansados estos del manejo arbitrario del poder y del bajo nivel de su ejercicio. Mediocridad, vulgaridad y confusión predominaron por doquier.    IV. Un hilo conductor poco visible, pero de fuerte impacto, se movió detrás de las elecciones: La Iglesia católica.

 

         CONCLUSIONES

 

         En política son escasos los hechos casuales; por lo general, responden a causas controladas o incontroladas, pero siempre son motivados. Si a los candidatos a quienes les correspondía el ejercicio legítimo del poder, los mismos actores e intereses se les oponen, enfrentamos una regla sociológica. Otros poderes actúan bajo la sombra, al margen de la normativa institucional del Estado, estos, posiblemente, sean los padrinos del Estado; de corrupción a desmontar. La lógica de la transición era: Quienes triunfan en las urnas están obligados a negociar con el poder real, de lo contrario no llegan o caen, implosionó el 20 de abril del 2008, por distintas causas que no nos permite el espacio profundizar, pero anticipamos algunos titulares: Iglesia católica; un candidato de familia colorada, Oviedo; emergencia en las mesas electorales de sectores católicos e izquierda que impidieron la carga de votos; ausencia de un liderazgo nacional convocante en el otro partido tradicional que concede espacios a cambio del poder nacional; crisis terminal del modelo de dominación colorada, etc.

         Durante la transición se agrandó, encareció pero erosionó en sus funciones el poco Estado legado por la dictadura. Si no hay Estado, no hay ley, aún menos Estado de derecho. Sin Estado ni ley, lo que funge como gobierno se convierte en una banda usurpadora de delincuentes (San Agustín). A la fecha la transición colorada se agotó, y vino la alternancia con Fernando Lugo. El antaño abrazo republicano se tornó anti histórico y poco práctico. Solo le favorecía a un minúsculo grupúsculo enquistado en el gobierno desde hace años. Duarte Frutos fue viceministro de Educación de Rodríguez, ministro de Wasmosy, su jefe de prensa en la campaña y ministro de González Macchi. Galaverna fue viceministro del Interior con Rodríguez; diputado, presentado en su campaña electoral; senador influyentes con Wasmosy; factótum del acceso al poder de González Macchi y de Duarte Frutos y arquitecto de la justicia sectaria del régimen. El interrogante se generalizó: ¿Por qué seguir votando por ellos?

         El 20 de abril de 2008 cae derrotada la ideología stroessnista, consistente en sostener el andamiaje de la República con estos instrumentos: a) Cooptación de una oposición no colorada, sectores aliados empresariales y las Iglesias; entre ella la católica; b) Corrupción e impunidad como el precio de la paz; c) Al amigo y adversario/amigo todo, al adversario/ enemigo nada; d) Un disfraz institucional signado por una justicia complaciente al poder de turno para actuar al margen de la ley, pero amparado en la ley. Las internas coloradas fueron así porque también los colorados adolecen de los mismos caracteres culturales enunciados en páginas anteriores. Evidenció la intolerancia propia de nuestra cultura, el sentido de la exclusión y la lucha por el poder real que se "conoce" debajo de la mesa presidencial. Mientras el Estado sea más relevante que la sociedad civil para acaparar rentas, privilegios y acumular capital, la política seguirá siendo sangrienta. La única solución es ampliar la sociedad civil y someter la economía al mercado, y la justicia a las leyes, independizando ambas de la política.

         El pueblo paraguayo, independientemente del éxito o fracaso de Fernando Lugo, dio un paso gigantesco para construir el soñado Estado de derecho y una economía social de mercado. Lo determinante fue, es y será que un grupo político fue sancionado por el pueblo en las urnas. Es un precedente histórico e invaluable, basta con señalar que el inicio del funcionamiento de una sociedad democrática y que no tiene precedentes en doscientos años de vida independiente.

         (...) Era precisó rastrear el tortuoso camino que nos condujo aquí y ahora. El pasado ayuda a comprender el presente, no para indagar sobre héroes y villanos. Nada en la historia de un pueblo es extremo, ni individual. Somos como somos porque en más de una oportunidad el fracaso de una élite le acompañó la culpabilidad de amplios sectores de la sociedad civil, olvidando su entusiasmo por las peores causas, o el abandono de sus deberes cívicos. Sin olvidar que el grado de responsabilidad siempre será proporcional al poder detentado y a la capacidad de decisión.

 

Imagen de la Guerra Civil de 1947

 

Disfile militar durante el gobierno de Stroessner

 

 

 

         HARTOS DE TANTAS INJUSTICIAS

         Por BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO

 

         Este quizás sea el tema central que explique en mucho la caída del Partido Colorado en el poder. La dictadura de Stroessner representó como ninguna otra forma de gobierno: lo injusto, lo avieso, lo turbio, lo corrupto, lo ilegal. La dictadura que pretendió disfrazarse en el ritual eleccionario sometió a toda la sociedad pero en particular hizo de la justicia un instrumento de persecución y un remedo de legalidad. Si los paraguayos se congratularon con el golpe de febrero de 1989 era porque creían que una nueva justicia nacería con el cambio político. La historia de jueces que rechazaban hábeas corpus, fiscales que acusaban sin fundamentos, ministros de la Corte absolutamente abyectos al dictador, todo eso representaba más que ninguno el rostro arbitrario del poder. Y en ese terreno se libraron las grandes batallas que terminaron con el Partido Colorado. Primero el cuoteo político para la integración de la primera Corte después de la promulgación de la nueva Carta Magna supuso claramente que serían los políticos los que no solo nombrarían a los ministros, jueces o fiscales, sino que los tendrían sometidos a sus designios.

         Alain Minc decía en su libro "La borrachera democrática" que hoy el poder estaba en la opinión pública, la prensa y los jueces. El Partido Colorado a pesar de su descenso en votos luego de la caída de Stroessner no quería perder el control de un poder del Estado que les permitía la impunidad y colocaba a resguardo a los actores políticos. A pesar de no controlar el Congreso en su totalidad, no supo repartir cargos y espacios a la oposición que, en vez de unirse y demandar un cambio del sistema, se conformó con algunos espacios de poder que no ponían contra las cuerdas al Partido Colorado.

         El grito contra la injusticia y el servilismo de la Corte dominó aquella noche cuando los partidos políticos representados en el Congreso y críticos al coloradismo no se animaron a liderar una marcha ciudadana por temor a fracasar en su convocatoria. De nuevo el azar jugó su rol en las grandes decisiones políticas del Paraguay. El pueblo se creía con poder para repudiar el matonismo de Duarte Frutos que antes también se había burlado de la norma candidateándose primero para presidente de su partido y luego de ganar el cargo ocuparlo por algunos minutos para demostrar, que él se encontraba por encima de la ley.

         En tiempos autoritarios esa era la norma, en la democracia eso era suficiente para producir una irritación general que se transformó en fuerza electoral en abril de 2008. La actitud autoritaria de Duarte Frutos, su discurso amenazante galvanizó el odio popular hacia su figura y a favor de un obispo que fue elegido por una Alianza circunstancial que vio en él una clara oportunidad de acabar con el largo reinado colorado en el Paraguay. La cuestión era dejar que el propio Nicanor se convirtiera -sin quererlo- en el principal propagandista del cambio. Él representaba lo que muchos paraguayos detestaban en la profundidad de sus espíritus. Lo chato, servil, ofensivo, soez que había dominado el discurso del Partido Colorado en varios momentos de la dictadura de Stroessner, pero que había emergido de manera más que evidente con los militantes y que había retornado con un Duarte Frutos privado de su forma constitucional que arremetió con todo lo que se ponía a su paso.

         La postulación para el cargo de senador fue la gota que colmó el vaso. La Constitución le mandaba ser senador vitalicio, con voz pero sin voto en el Congreso. El ánimo de controlar desde ese poder del Estado a su candidata Blanca Ovelar (quien también fue postulada en medio de una presunción de fraude) en el caso que llegara al poder, lo llevó a cometer otro error craso que lo expuso a niveles caricaturescos cuando renunció al cargo de Presidente de la República para intentar jurar infructuosamente el 30 de junio al inicio de sesiones del nuevo congreso. Todo eso fue posible por el sometimiento de la justicia. Si ella hubiera obrado como debiera, haciendo cumplir los mandatos constitucionales, el resultado sería distinto... pero en ese caso no sería el modus operandi del viejo Partido Colorado que terminó con su poder el 20 de abril de 2008. Víctima de la acumulación de sus errores, de su pésima lectura en torno a los cambios producidos en la sociedad paraguaya, de su impenitente vocación de administrar el poder como lo haría Stroessner... pero en democracia, no entendiendo el abierto contrasentido entre ambos argumentos se inscriben entre las causas de su caída del poder.

         La expresión literal es más elocuente, el Partido Colorado cayó del poder porque se agotó en sus fórmulas prebendarias y clientelistas. Estas no alcanzaron más para todos y la repartija se redujo al punto que en un ministerio se decía que el secretario de Estado se llevaba las comisiones de la comida que antes correspondían a funcionarios de menor rango. Con Stroessner eso era cuidadosa y jerárquicamente administrado. Se repartía de acuerdo con los niveles de importancia para la administración de poder y se seguía un orden de prelación, militancia, lealtad y utilidad. Duarte Frutos y su antecesor González Macchi habían terminado con estas "normas del comportamiento del poder", lo que degeneró en un caos, despilfarro y aviesa corrupción. Ninguno de los dos hubiera podido tampoco alcanzar el poder de no mediar el azar en su camino. El mismo que llevó a Stroessner al poder y que acabó con él. Marzo de 1999 significó el vaciamiento del poder; en esa semana se fueron los cinco referentes más importantes de los partidos y movimientos, y con ellos el presidente Raúl Cubas. Sin todo eso, jamás Duarte Frutos hubiera podido llegar al cargo que llegó y no habría confiado en demasía en su fortuna y prepotencia en el poder para intentar avasallar todo lo que se pusiera enfrente. Tuvo la oportunidad de pasar a la historia como un líder moderno pero prefirió el modelo perfeccionado por Stroessner: prebendas y canonjías. Nombró a todos los presidentes de seccionales en cargos públicos en el ánimo de que desde esa posición chorreara entre sus adherentes los recursos que eran recogidos malhabidamente. No entendió jamás que la opinión pública no aceptaba ese modelo y que sus propios seguidores no alcanzaban los beneficios que antes con menos población y demandas eran relativamente fáciles de administrar. Stroessner era mesurado a diferencia de sus seguidores que se disputaban en vehemencia y abyección. Duarte Frutos encarnó a estos últimos desde la Presidencia y perdió el respeto de miles. Cuando echó mano al fraude en las internas donde el Partido Colorado permitió que un ciudadano argentino, Osvaldo Domínguez Dibb, participara de los comicios presidenciales primero y de presidente de la junta de Gobierno después, la sensación de repudio había llegado al interior de su propio partido. Cuando luego de potenciar y estimular los liderazgos marginales nombró a Blanca Ovelar como signo de modernidad, el daño a su estructura de poder estaba consumado.

Cuando el senil y debilitado Stroessner que permitió la irrupción de los militantes sobre los tradicionalistas, Duarte Frutos en su laberinto se equivocó de tiempo y de libreto y en consecuencia cayó con el retazo de su partido que lo había sostenido en el poder. Paraguay, "un país salvajemente conservador", tolera muchas cosas pero a falta de evangelio se fija mucho en las formas. Duarte Frutos, como Stroessner en 1989, perdió el sentido ritual partidario y creyó tontamente que podía remontar con gritos, alaridos, amenazas y bravuconadas. El resultado le demostró que quien no respondió los insultos y casi no hizo algún discurso que se recordara por su elocuencia, terminó concentrando el voto opositor, de los colorados descontentos y de sectores sociales emergentes en menor grado.

 

El expresidente Stroessner junto al Monseñor Demetrio Aquino

en la Basílica de Caacupé.

 

Lino César Oviedo, festeja victoria en Internas de la ANR.

 

 

 

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