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CRISTIAN GONZÁLEZ SAFSTRAND


  EL DON JUAN Y LA POKYRA, 2006 - Novela de CRISTIAN GONZÁLEZ SAFSTRAND


EL DON JUAN Y LA POKYRA, 2006 - Novela de CRISTIAN GONZÁLEZ SAFSTRAND

EL DON JUAN Y LA POKYRA

Novela de CRISTIAN GONZÁLEZ SAFSTRAND

Impresión EDITORA LITOCOLOR S.R.L.

Asunción – Paraguay

Mayo, 2006 ( 202 páginas)

 


AMIGOS DEL AUTOR DE LA FAMOSA HISTORIA DE TALAVERA PUKÚ Y EL MEFISTOFÉLICO MATASANOS LLEGAN JUNTO A ÉL Y PIDEN CON INSISTENCIA LA CONTINUACIÓN DE ELLA, COMO HABÍA PROMETIDO HACERLO.


         No hacía mucho tiempo que había terminado de contar la famosísima historia de Talavera Pukú , Remies, Sacco Latorre y don Sotelo  cuando llegaron junto a mí varios amigos que me dijeron que era la hora de continuarla .

         Yo me excusé diciendo que aún no averigüé la continuidad de la historia  y que iba a esperar más, agregué incluso que había sabido que el libro había llegado a manos de ellos a pesar de todas las advertencias mías y que abrigaba cierto temor  y que quizá alguien con más coraje que yo continuaría la famosa historia.

         Me conminaron entonces a contarles otro cuento  ya  que mucho habían gozado con las historias de Talavera Pukú. Me elogiaron diciendo que yo soy un simpático contador de historias verídicas.

         Volví a decir que no quería involucrarme en problemas pero ellos insistieron tanto y me celebraban con tanta insistencia que mi  frágil voluntad cedió y les prometí contar otra historia solo  oralmente y que esta vez sí ya no  iba a cometer la locura escribirla.

         Uno de los que estaban salió a decir hoscamente mientras me miraba con sus ojos llenos al parecer de rencor y odio:

    -Hombre de palabra no eres pues la vez anterior también dijiste que no escribirías y luego lo hiciste al parecer con intenciones malévolas, y bien dice el refrán que en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso

-¿Eres amigo del eficiente y gran doctor Remies?- indagué yo poniéndome en guardia-, yo no dije nada ofensivo  y si gente maliciosa que en todo el orbe existe dijo de él mentiras que transcribí no es culpa mía.

-No soy amigo del doctor Remies, ni de Sacco Latorre -me espetó secamente-, lo que me molesta es la gente que no tiene palabra, hipócritas, volubles, irónicas, comediantes, farsantes que dicen una cosa y hacen otra y yo soy un amigo tuyo que aunque no sea tan íntimo como estos otros que están aquí digo la verdad en la cara. Así. te pido que no mientas y que digas de una vez que de seguro la escribirás porque colijo que eres un hombre vanidoso y soberbio afecto a los elogios y como supe que lo que has escrito sobre Talavera Pukú, Sacco Latorre y don Sotelo te  acarreó muchas alabanzas con razón o sin ella, este cuento seguro lo volverás a narrar y quizá si equivocado no estoy hasta ya tienes el título de la historia.

Me callé porque al que “tiene  razón hay que darla”  y efectivamente aquí está la historia escrita que primeramente sólo la había contado oralmente y como bien me profetizó este amigo lo iba a narrar en letras de molde.


ENTRE TANTAS HISTORIAS QUE CONOCE EL CHISMOSO AUTOR NARRA UNA DE LAS  QUE PRIMERO LE VINO A LA MENTE.


Lourdes sorprendió a su hermana Magdalena que estaba llorando quedamente. La miró por un tiempo con inquisitivos ojos, mientras la otra en vano intentaba disimular que efectivamente estaba sollozando.

-¿Qué tienes, qué sucede?-inquirió.

Se sentó a su lado. Hacía un buen tiempo  que Lourdes la estaba hallando extraña. Ya serían más de unas semanas que la veía continuamente triste, melancólica. Dejaba vagar la mirada como si alguna pena la estuviese afligiendo en demasía. Lourdes ya había comentado sobre eso a Magdalena pero esta replicaba que eran simplemente antojos de su hermana

-Magdalena -dijo Lourdes-, ahora debes decirme qué es lo que te está pasando. No puedo imaginarme porqué me estás escondiendo los problemas que te afligen. A ti algo te está sucediendo. Somos hermanas que siempre hemos confidenciado todas nuestras cuitas mutuas, pero ahora tú te has vuelto huraña, casi hostil conmigo hace un buen tiempo.

Magdalena continuó callada  y luego miró ella a su vez  a Lourdes con los ojos llenos de lágrimas.

-Dime, dime qué te sucede- insistió Lourdes.

Magdalena rompió a llorar de improviso y se cubrió el rostro con las manos.

-¡Oh, ya sabía yo!- exclamó Lourdes-, sí, estaba segura de que algo estabas escondiendo de mí. Debes decirme qué es lo que te hace sufrir. ¿Quizá algún amor no retribuido?.

-Peor, mucho peor que eso- replicó la otra con énfasis

-¿Peor, peor que eso?- murmuró Lourdes extrañada y alarmada ante la impetuosa respuesta de su hermana.

-Pienso que sí- contestó la otra al parecer ya dispuesta a confidenciar con su hermana

-Estoy sorprendida y asustada por lo que estás diciendo- dijo Lourdes mirándola con escrutadores ojos.

Magdalena sonrió de una manera sarcástica  y amarga mientras se secaba las lágrimas como si estuviese avergonzada de haber llorado.

-Sí- replicó luego de un  momento- algunas vez quizá dijimos que un amor de verdad no correspondido puede ser una de las desventuras más grandes que pueda existir, pero ni tú ni yo pensábamos seriamente que había cosas peores que eso.

-Dime qué te pasa- urgió Lourdes-, pues me dejas ansiosa y con mucha expectativa.

-Lourdes, estoy encinta- dijo Magdalena con la serenidad que da a veces lo irremediable.

Lourdes la miró como alucinada. Abrió desmesuradamente los ojos totalmente sorprendida ante esta revelación que la dejaba atónita.

-Estás bromeando-dijo al fin cuando  se repuso de su mayúsculo asombro- estás bromeando conmigo-repitió

Magdalena se encogió de hombros ante la incredulidad de su hermana.

-No, no-dijo luego-, así como estás escuchando;¿o porqué piensas que estaba triste y  pensativa hace un buen tiempo?.

-Pero, pero-dijo Lourdes con la voz entrecortada por la emoción-, ¿de quién estás embarazada si ni novio tienes?.Ni siquiera estabas flirteando con tantos muchachos que te asediaban. Estabas al parecer hastiada de todo y si no me falla la memoria  creo que en más de una ocasión te había advertido sobre eso.¿No es cierto?.

-Si, así fue-contestó Magdalena-, de hecho eso sucedía porque tenía el gran secreto del que nadie desconfiaba en lo más mínimo. En muchas ocasiones  llegué a pensar que nosotras las mujeres somos tan enigmáticas que ni el más cercano a nosotras nos conoce verdaderamente.

-¿Y quién es el padre de la criatura?- preguntó intrigada Lourdes.

.-¿Tiene importancia eso?-dijo débilmente Magdalena.

-No sé-admitió algo confundida Lourdes-, puede ser, quizá  - agregó luego.

-Quizá tenga importancia- murmuró luego de un momento Magdalena-, su nombre es Hugo Arellano, es un hombre casado y....

-¿Un hombre casado?-interrumpió abruptamente Lourdes-,¡imposible, no puede ser!.

-¿Te sorprende, te parece increíble, verdad? –musitó compungida Magdalena.

-Pienso que sí- reconvino Lourdes- creo que es algo inaceptable, terrible.

-Agrega que es algo imperdonable, un sacrilegio-dijo Magdalena-, sí, todo eso puede ser, pero lo cierto es que lo he hecho y nada ni nadie ya lo puede remediar. Tu incomprensión me da la pauta de cómo nuestros padres y hermanos recibirán la noticia, serán implacables conmigo y quizá tengan razón- añadió resignada.

-Perdóname Magdalena- dijo Lourdes-, tú también tendrás tus razones por  lo que has hecho y es indudable que no puedo ponerme tan severa  ni juzgarte inapelablemente. Pero no puedo dejar de sentirme triste ante esta decisión tuya que puede perjudicarte en demasía. Pero- agregó de improviso Lourdes- ¿no podríamos....

-¿Hacer un aborto?- le interrumpió Magdalena

Lourdes asintió con la cabeza.

-Ya lo pensé- dijo Magdalena- pero lo he descartado.

-¿Porqué?- indagó Lourdes

-Porque- dijo con énfasis Magdalena-, porque de improviso sentí una especie de rebeldía contra todo el mundo. Estamos diciendo una cosa y hacemos otra, el orbe está plagado de hipocresía, siento una rabia y una impotencia ante tanta duplicidad que me solivianta el ánimo. Podría tomarse como una extravagancia lo que digo o  una liberalidad mal concebida, pero no importa estoy decidida a asumir lo que he hecho.

-¿Cómo hacerles entender a nuestros padres todo esto? - murmuró Lourdes- ¡Oh, Dios mío, no quiero ni pensar qué dirán cuando se enteren!.Dependemos de ellos, te pueden echar de la casa así como sucede en otras tantas familias que conocemos.

-¿Por qué preocuparse por lo que sucederá  más tarde?- dijo Magdalena-, ya te he dicho que estoy dispuesta a afrontar todo. Si me echan me voy simplemente, ¿acaso no podré valerme por mí misma con mi juventud, mi belleza, y todos los atributos que tengo?.

-Estás desafiante- contestó Lourdes-, te encuentro extraña y me da miedo esta actitud que estás asumiendo, pero es tu voluntad y es necesario respetarla.


ASI COMO EL LECTOR CONJETURA E IMAGINA  ACONTECE  EN LA HISTORIA QUE SE CUENTA.


Efectivamente ni bien se supo la desgracia de Magdalena todos echaron el sambenito sobre ella. El temor de Lourdes era bien fundado considerando que los padres de las dos jóvenes eran señores que la habían educado con una moralidad rígida. Jamás se le pasaría por la mente que su hija Magdalena con sus 18años cometiese semejante desliz.

-Si esto no es un castigo de Dios,¿qué será?- decía la madre- estas desdichas son las que ponen a prueba nuestra fe, nuestra paciencia, nuestro estoicismo. Eso que has hecho Magdalena es una indignidad tan nefanda que quedamos anonadados.¿De donde has sacado tanta bajeza, quien te enseñó a ser tan ruin, tan infame si nadie de la familia tiene vicios de tamaña vergüenza?.

-Merece que se la eche a la calle y que ande como una  prostituta que al final de cuentas es lo que le gusta ser- sentenciaba uno de sus hermanos siendo corroborada esta aserción por otros hermanos mayores quienes iban conociendo de a poco la situación en que se hallaba la hermana.

No sería sensato que el lector tenga tan mala impresión de la familia. No eran seres sin corazón, sin piedad y sin escrúpulos. La congoja y el sufrimiento ante lo acaecido se justificaba con creces

¿Qué futuro en efecto era lo que estaba deparado para Magdalena ante el desliz cometido? Vivir eternamente con el baldón de tener un hijo sin “padre”. Estaba prácticamente destinada a vivir como una paria. Los hombres ya no la iban a respetar y estaba expuesta a que cualquier sujeto inescrupuloso se aproveche de ella y sucedería que poco a poco tenga hijos de diferente padres como efectivamente sucedía con otras chicas que habían tenido el mismo caso que ella..

No obstante cuando el tiempo fue pasando la intolerancia decreció algo  y Magdalena respiró algo mas aliviada. Incluso cuando la criatura nació tanto sus padres y sus hermanos no pudieron esconder una pequeña satisfacción.


DE IMPROVISO Y ANTE LA SORPRESA DEL NARRADOR ACONTECE UNA SEVERA INTERPELACIÓN ANTE UNA SUPUESTA FALTA DE RESPETO POR LOS ANSIOSOS OYENTES.


Llegando a esta parte de mi cuento, me repantigué en mi asiento, puse una cara de satisfacción, crucé las piernas y lancé un bostezo. No sé si eso ofendió a uno de los oyentes. Tú sabes mejor que yo perspicaz lector que hay clases de gentes que son tan quisquillosos que se ofenden por cualquier motivo baladí y es probable que esos simples e inocentes gestos hicieran que airadamente uno de mis amigos dijese con voz irónica  y cáustica:

-El chiste, el chiste, donde está el chiste- su voz sonaba nerviosa e impaciente.

-¿Chiste, qué chiste?-inquirí yo casi asustado ante la vehemente pregunta de mi interlocutor.

-No te hagas del inocente- replicó mi amigo-, el chiste, la broma, la pulla, la mofa, el chasco, el ridículo. ¿Entiendes o no entiendes?.

-No entiendo- confesé muy a pesar mío ante tal cantidad de palabras análogas que me dejaron mareado.

-No entiendes o te haces del desentendido- me dijo-, nosotros no hemos venido para escuchar historias que no tienen gracia ninguna. Lo que cuentas sucede cada día, cada hora en todo el mundo y  la vida ya es suficientemente triste y penosa y quieres  hacerlo mas trágica con esta clase de cuentos. Estábamos ansiosos por escuchar un cuento simpático y alegre como el de Talavera Pukú y tú vienes a contar una pésima historia de embarazadas, de peleas familiares que no nos interesa escuchar. Si se te ha acabado la inspiración di simplemente pues yo sé que no siempre podemos ser ingeniosos, la cuestión es reconocer y para eso es necesario simplemente tener bien puesto los..los... ya sabes seguramente a que me refiero- remató serio.

-Va llegar la hora en que la historia tenga gracia-dije yo algo amoscado ante la impertinencia de mi amigo-, ahora bien, si son tan exigentes prefiero callarme.

Varios de los amigos me rogaron para continuar el cuento pues me dijeron que efectivamente ellos sabían que la hora de la gracia  ya llegaría pues   yo era un hombre cordial que con sobrada razón se ganó la simpatía de ellos y reprocharon al impaciente sujeto que me había amonestado.

-Está bien –condescendió este-, espero que lleguemos a la parte simpática de la historia, pues si continuamos con chismes de embarazadas, de chabacanerías, futilezas me retiraré yo porque no quiero estar mas deprimido de lo que ya estoy.¡Como si yo mismo no estuviese repleto, saturado de problemas en este mundo de mierda!

Bajé la cabeza en señal de acatamiento porque yo sé como tú amigo lector que al que “tiene razón hay que darla”


EL RELATOR DE ESTA VERÍDICA HISTORIA SE APRESURA A DAR A ELLA UNA CHISPA DE INGENIO INTRODUCIENDO CON MALABARISMO ALGUNOS TRUCOS DE VIVEZAS EN EL CUENTO.


Como dije más arriba al que “tiene razón hay que darla” con mayor razón (valga la redundancia) al que está “repleto, saturado de problemas” e introduje en el cuento otro pandemóniun aclarando que un sabio y venerable amigo mío me había sentenciado una vez que hay pandemóniun chistosos y pandemóniun trágicos.

En efecto en la casa de Hugo Arellano (el padre del hijo de Magdalena) se había armado un verdadero escándalo cuando su esposa  María se enteró de la aciaga noticia por medio de correveidiles que la hicieron llegar a  oídos de ella.

-Eres un sin vergüenza, un bandido, un malhechor, facineroso, malandrín, taimado, truhán, bellaco- le apostrofaba con la voz estridente, buscando los epítetos más descalificativos-, con dos criaturas que mantener acá te enredaste con una mujerzuela.¿Quién sabe cuánto dinero se desvió con esa andanza de pillo, con tu prosaica idea de hacerte el macho?

Cuando Hugo protestaba y afirmaba que ella nunca pidió dinero aumentaba la ira de su cónyuge.

-¡OH desgraciado, vil -clamaba con rabia-, ¿me quieres convencer que ha hecho por amor esas... esas cosas de porquerías contigo?, ¿me crees tan ingenua, tan crédula?. Estás equivocado de cabo a rabo y por lo visto aún no me conoces bien a pesar de haberte soportado ya tanto tiempo. No, por Dios , si yo sé que aquella mujer con la cual te enredaste es una bandida, atracadora, cuatrera.

Sin conocerla siquiera María citaba a fulano, zutano y mengano quienes fueron sus amantes. Ella lo sabía bien porque fue su comadre  Sonia  quien confidenció con ella  sobre eso. De su comadre Sonia jamás iba a dudar porque ella siempre fue sincera con ella y eran verdaderas almas gemelas que se habían jurado un amor fraterno desde que eran pequeñas, cuando apenas balbucían palabras y hasta este momento ella jamás la había defraudado.

-Hasta es probable que no sea tu hijo –continuaba lamentándose- cualquiera de “ustedes”, cualquiera de sus amantes que tiene a montones según me dijeron puede ser el padre de esa criatura. Lástima que aseguran que eres tú el malandro de la película

según mi comadre Sonia quién criteriosamente me dijo que ejerza sobre ti un riguroso control no sea que llenes la ciudad de hijos bastardos que luego van a ser el infierno  mío y de tus hijos legítimos.

Un vigilancia extremada fue ejercida después de aquel desliz sobre los pasos de Hugo Arellano. Este dejaba que  su mujer ejecute aquella tiranía debido a diversos motivos. En el fondo se sentía culpable y pensaba que bien merecido tenía aquellos incesantes agravios a que se veía sometido.   Estaba también desinteresado de todo lo que le circundaba. Magdalena  en efecto le había conminado a que la deje tranquila y la evite. Le había exigido a quedarse con su señora y sus hijos en donde era el verdadero lugar de él.

Debido a todo eso Hugo se callaba. No vislumbraba nada de especial en el destino.

Lo mejor era esperar un tiempo y luego con la mente más tranquila, sin tantas confusiones que le agobiaban  ya resolvería qué hacer.

En cuanto a María se volvía cada vez más tiránica y en parte sentía una intima satisfacción. Los roles se habían invertido. Ella que anteriormente era una mujer pacífica, sacrificada que servía a su marido con gran diligencia ahora cada vez más descuidaba los deberes conyugales y poco a poco comenzó a tomar el gusto a no esmerarse más en nada.

En lo más intimo se felicitaba por el desliz de su marido pues éste no atinaba a refunfuñar ni poner más reparos en ninguna falta que ella cometiera.


DONDE EL RELATOR SE SIENTE TENTADO A DAR UNA PIZCA DE RAZÓN AL IMPERTINENTE REFRÁN QUE DICE  “DONDE REINA LA MUJER EL DIABLO ES EL PRIMER MINISTRO”


Y en una ocasión una idea maquiavélica le pasó por la mente a María:

-¿Y por qué no? –se dijo apretando los dientes y palideciendo- yo también puedo hacer lo que él tuvo la osadía de consumar.

Por la afiebrada mente de María había pasado la idea de ser infiel a su marido.

-Debo hacerlo –murmuraba pensativa-, es necesario que lo haga.

Durante un buen tiempo rondaba por su cabeza persistentemente que “debía” cometer la infidelidad. El vecino de al lado era  un muchacho  guapo conocido por ser un Don Juan.  De vez en cuando el muchacho la miraba en forma provocativa. Ella pudorosamente desviaba sus miradas de las de él. Ella estaba convencida que la fidelidad que debía guardar a su marido era sagrada, ahora no obstante entreveía la posibilidad de pagar con la misma moneda a Hugo

-¿Y si  por casualidad se entera? –se decía temerosa- ¿qué pasaría?. El quiso pasar de astuto y sin embargo lo mismo me enteré de su trapisonda; es mejor desechar esta idea descabellada.

Sin embargo una y otra vez la idea descabellada se le presentaba a la mente. A veces hasta soñaba con el hombre aquel.

En una ocasión propicia María le invitó a llegar a su casa. En efecto Hugo estaba en el trabajo y ella iba a platicar con Adriano(así se llamaba el joven vecino).

Adriano era el hijo único de la familia Orué y vivía al costado de la casa de María y Hugo. Llegó algo extrañado ante la imprevista invitación. No había dejado por cierto de fijarse en la hermosa esposa del vecino pero nunca abrigó esperanzas de conquistarla pues veía que ella era una mujer llena  de virtudes. Además con la mujeres casadas Adriano a pesar de ser un famoso Don Juan siempre fue cauteloso desde que en una oportunidad  casi fue descubierto in fraganti con una esposa ajena. Cuando se acordaba de aquellos momentos cruciales se le ponían los pelos de punta. Fue una suerte grande que se escapó. El esposo había llegado imprevistamente en la casa totalmente beodo amenazando matar a la esposa  y al hipotético “sombrero”. Pudo escapar gracias a la oscuridad  y a la astucia de la mujer con la cual estaba y si bien esta después le aseguró que su marido sólo hizo aquel lío por su simple borrachera  jamás quiso pisar más la casa de su amante.

Hace tiempo que deseo hablar contigo –dijo  María algo constrangida.

Adriano se limitaba a mirarla sin salir del todo de su estupor.

-Parece sin embargo que tú me esquivas –añadió Maria- ¿verdad?

-No, no –dijo prestamente Adriano reponiéndose- claro que no.

-¿No te imaginas de qué quiero hablarte? –preguntó María

-No, no –contestó el joven

María por un momento se quedó dubitativa ante lo que impensadamente iba a confidenciar. Pero al final desechó toda indecisión y dijo resueltamente:

-Es sobre mi marido, tú seguro que no sospechas cuánto ya me ha hecho sufrir, cuán desagradecido es, maldito, miserable, bandido, perverso.

Los adjetivos descalificadores llovían de los labios de la despechada esposa.

Adriano la miraba fijamente. Le dejaba pasmado aquella revelación. No es que él ignorase la inveterada costumbre  de algunas mujeres de quejarse amargamente de sus maridos pues le era conocido perfectamente el refrán que dice “lo que el diablo no puede , la mujer lo hace”, pero de María no esperaba aquella revelación.

-Qué equivocado podemos estar a veces –se dijo-, pues esto yo no esperaba . Ella al parecer una paradigma de esposa  y sin embargo... ¿qué es lo que pretende esta mujer al contarme sus problemas?

-Si, si –continuó diciendo María- un verdadero bandido, un badulaque, majadero, pero... ¿acaso no has escuchado lo que ha hecho, sus fechorías?.

-No, nada escuché –musitó Adriano.

-No me digas que no escuchaste el desliz que cometió –replicó María-, todo el mundo parece que ya lo sabe.

Si bien vagamente Adriano había escuchado algunos comentarios no le había dado importancia y dijo que nada sabía pues prefería escuchar de los propios afectados lo sucedido porque no era hombre que se metiese en chismes.

Comenzó María con la cantinela de que Hugo se había enredado con  una insignificante prostituta que perseguía a hombres casados para sacarle plata.

-Luego por un “accidente de trabajo” –añadió con patente ironía-, nació una criatura y la malhechora dijo que era hijo suyo ¡lo que faltaba!

Adriano comenzó a lamentar lo sucedido diciendo que a veces cualquiera puede cometer un error.

-Muchas mujeres también suelen cometer a veces algunos errores –dijo con una malicia que no dejó transparentar.

-Es cierto, estoy de acuerdo –condescendió María-, muchas mujeres en efecto también hacen sus asquerosidades, y a veces pienso que... ¿cómo se podría saber que es hijo suyo? –dijo de improviso girando la conversación como si se asustase de lo que  iba a decir.

Adriano preguntó por el nombre de la “prostituta”  y María dijo que tampoco la conocía, pero que su comadre y otras sabían de fuentes fidedignas que era una que vivía con varios hombres y que era eso la que la desolaba porque Hugo se dejó  embaucar por semejante vagabunda.

-Yo pienso –dijo lentamente Adriano-, que las mujeres deben pagar con la misma moneda. No me entra en la cabeza que una mujer en pleno siglo XXI tenga que estar aguantando todas las calaveradas de sus maridos habiéndose ya hace tanto tiempo decretado la igualad de los derechos. Las mujeres dudan en demasía para hacer lo que a mí sinceramente me parece que es derecho de ellas.

María lo escuchaba atentamente.

-Muchos hombres dicen lo que tú afirmas –dijo luego de un momento- sin embargo en la práctica se ve otra cosa. ¿Recuerdas aquel famoso caso en el cual el marido encontró a su señora con el amante  y ambos fueron muertos por el celoso y enfurecido marido, salió en todos los periódicos de la ciudad, es una verdadera vergüenza que ocurran semejantes locuras y queramos llamarnos civilizados.

Comenzaron en efecto a recordar aquel reciente caso. Fue un doble homicidio que conmovió a toda la ciudad pues eran gentes muy conocidas de la sociedad. De improviso los dos comenzaron a cavilar. En efecto la aventura era peligrosa.

-Sin embargo –acotó de pronto Adriano quien como verdadero Don Juan no se rendía fácilmente-, sin embargo hay hombres que aceptan que sus mujeres convivan con otros hombres, quizá también ya se estén dando cuenta que deben  permitir que sus esposas tienen el mismo derecho.

Comenzó a citar a varios conocidos quienes eran verdaderos “cornudos conscientes”. No se enteraban o no querían darse por enterado de que sus esposas vivían ostensiblemente con otros hombres.

-¿A quienes admirar más? –insinuó con picardía Adriano- ¿a los que aceptan que sus mujeres tienen el mismo derecho o a los badulaques que no consienten que se haga lo que ellos hacen sin desparpajo alguno?. ¿Qué piensas tú?.

-No sé, nunca me he puesto a pensar en semejante cuestión –respondió María dubitativa.

-Yo pienso que los que aceptan son los más admirables –dijo Adriano-, en efecto... ¿porqué sólo el hombre ha de tener el derecho a... a... variar?, ¿no te parece?.

-Ustedes dicen eso cuando les conviene sin embargo cuando lo sienten en carne propia otro es el cantar.

-María... María... –dijo Adriano acercándose a ella. Comenzaba a tomar coraje recordando el refrán que dice “Tres clases de gente están dispuestas a todo: los soldados, los sabios y la mujeres”.

-Hugo... Hugo estará por llegar –replicó María  alejándose de la peligrosa presencia del Tenorio.

Adriano también palideció ante las palabras de María y quedó petrificado en donde estaba. Luego prudentemente se despidió soliloquiando:

-“Será que esta linda mujer está queriendo tener una aventura conmigo”

María a su vez  cavilaba:

-“Lo que estoy emprendiendo es peligroso, debo cuidarme, le di a entender que  estoy decidida a engañar a mi marido, lo entendió perfectamente”



EL CRONISTA DA UNA PEQUEÑA PAUSA A LA HISTORIA MIRANDO CON ATENCIÓN A LOS OYENTES Y PRINCIPALMENTE AL QUE HABÍA DICHO QUE ESTABA “REPLETO, SATURADO DE PROBLEMAS”


Volví a repantigarme en mi asiento y miré atentamente a todos los presentes con algo de aprehensión. En efecto tenía cierto recelo de que no fuere  lo bastante festivo lo que estaba narrando y especialmente miré con intención velada al que me había dicho que estaba “repleto, saturado de problemas”. Me pareció ver que sonreía tímidamente y  luego de un momento de respiro continué la historia.

Las vicisitudes que Magdalena tenía que soportar en la casa de sus padres se volvían prácticamente insostenibles. Si bien era cierto, como anteriormente dijimos, la virulencia de las acusaciones había amainado algo, la rutina de la vida, el hastío que todos los seres humanos trasuntamos cuando lo repetitivo se nos obliga  a presenciar, empezamos a ver al prójimo primero con disimulada animadversión y luego no pudiendo esconder lo denotamos a la víctima sin tapujos.

Era lo que sucedía con Magdalena. En efecto, todo el mundo empezaba de nuevo a mirar con malos ojos el “pecado” que había osado cometer. Al menor desliz que cometiera se alzaba el grito al cielo y como antaño se hacía mención a su falta.

-¿Qué otra cosa podemos esperar de una hija que nos defraudó? –decía su madre exasperada y airada.

Si por casualidad Magdalena se atrevía a hablar con algún hombre la acusación presta venía con toda virulencia.

-Yo digo, afirmo y estoy segura que dentro de poco ella volverá a hacer lo que ya hizo. Y entonces otra carga más y otra vergüenza para nosotros.

Lourdes era la única que se solidarizaba con su hermana. Pero lo hacía en silencio y a escondidas pues ella sabía que si dejaba transparentar su simpatía por Magdalena el anatema la esperaba igual que a su hermana.

-Me iré –dijo una noche Magdalena a Lourdes-, lo único que me resta es desaparecer de esta casa.

-¿Dónde piensas ir? –interrogó Lourdes ante la confidencia de su hermana.

-A cualquier parte –respondió Magdalena-, trabajaré de lavandera, cocinera, de cualquier cosa, no estoy dispuesta a sufrir más los desplantes  que me hacen.

-Comprendo tu aflicción –replicó Lourdes- pero, ... tengo miedo por ti... no quiero que te suceda nada malo... y es tan peligroso que una mujer soltera con un hijo se exponga. Donde vayas Magdalena los hombres te perseguirán; nadie te respetará y vivirás humillada, quizá más que aquí. Pues no debemos olvidar que la necesidad nos obliga a hacer muchas cosas que no debemos y como te digo y repito temo por ti Magdalena hermana mía.

Lo que temes es que me vea obligada a vender mi cuerpo, ¿Verdad? –dijo Magdalena intuyendo lo que su hermana pensaba.

-Si,... si –murmuró Lourdes acongojada-, no quiero ni pensar que la gente se aproveche de ti. Sería tan lamentable.

-No tengas pena de mi –consoló Magdalena con una enigmática sonrisa-, es posible que yo quiera vender mi cuerpo.

Lourdes abrió sus ojos y la boca en señal de incredulidad

-Magdalena, por Dios –dijo luego- ni de broma esperaba escuchar de tus labios esa palabra.

-Si, te entiendo –replicó Magdalena- piensas como todo el mundo que sería una ignominia que de la familia Paniagua salga una prostituta. Crees que eso sucede sólo entre las familias degeneradas. No te apenes Lourdes, cuando somos muchos, de todo habemos en la viña del Señor. No, no –continuó luego Magdalena-, no te estoy asegurando que me prostituiré ya y enseguida, no obstante creo que el hacer eso no es  una calamidad y que es factible que lo haga si no hay remedio.

-Es imposible,... im...posible –exclamó Lourdes mirando incrédula a su hermana- no creeré jamás que seas capaz de lo que dices.

-Lo que sucede es que tú eres la que no te sientes capaz de cometer  esa “locura” –respondió Magdalena con la voz impregnada de ironía-, hace tiempo  me di cuenta que generalmente medimos a nuestros semejantes  con la vara de nuestros prejuicios.

-Estás jugando conmigo –dijo Lourdes- comprendo que estés desorientada, pero yo sé que tú no eres capaz de hacer lo que dices, tú eres más conservadora y de corazón más noble que yo.

-Es posible –dijo Magdalena-, Lourdes... Lourdes –añadió luego- ¡Lamento mucho que tengamos que separarnos!

-Pero... ¿en serio te vas?, ¿no crees que papá y mamá alguna vez puedan darse cuenta  de su error?

-No, no, lo he decidido, nada ni nadie me detendrá –replicó Magdalena-, quizá alguna vez volvamos a vernos.

-Si no hay nada que hacer ante tu decisión entonces, paciencia –se resignó Lourdes-, lo único que espero es que sea una broma lo que has dicho anteriormente.

-¿Broma sobre qué? –indagó Magdalena-, ¡Ah, ya sé!,sobre la posibilidad de  vender mi cuerpo. Bueno, es algo en broma y... en serio. Todo es posible Lourdes.

-Una joven tan encantadora como tú, tan linda y graciosa, no puede ser –reiteró Lourdes incrédula.

-Vamos..., vamos –replicó con sorna Magdalena- ¿cuándo se ha visto a una prostituta fea hacer carrera?; dime Lourdes, ¿renegarás de mí si hago eso?.

-Es posible –dijo la otra resignada.

Al día siguiente Magdalena con su hijo en brazos abandonaba la casa de sus padres.

 


EL DEMONIO SER ASTUTO Y AMIGO DE LOS QUE PIENSAN  HACER LO INDEBIDO AZUZA CON DILIGENCIA A MARÍA A COMETER LAS FECHORÍAS QUE OSCILAN EN SU  CORAZÓN.


María se había quedado pensativa luego de la ida de Adriano. Un estremecimiento de terror la sobrecogió. Temía en el fondo a su marido, siempre ella había pensado que las mujeres que engañaban a sus maridos estaban expuestas a sufrir de parte de su cónyuge y de la sociedad terribles puniciones. Aquella misma sociedad que veía complaciente  las calaveradas de los hombres se escandalizaba  del menor traspiés de la mujer. Era el machismo que se resistía a desaparecer.

¡Cuántas mujeres que engañaban a sus maridos eran miradas con sorna, las risitas burlonas se sucedían a su paso. ¡ Si su marido se entera!. ¡Esa es una simple banda!,¡Es una desvergonzada, una arpía, descarada!. Eran las exclamaciones de mujeres y hombres al ver a una adúltera.

Pero como habían estado comentando con Adriano,¡cuántos hombres no se enteraban o no querían enterarse de que sus mujeres vivían de lo más campante con otro por no decir con otros y continuaban viviendo con su señora sin pena ni gloria!

Incluso se comentaba que las mujeres que engañaban a sus maridos  eran objeto  de verdadera adoración.¡Cuántas veces ella escuchó aunque no quiso creer que después de ser infiel al marido las esposas eran idolatradas, mimadas, agasajadas con verdadera unción!

Y de improviso su rostro se iluminó. ¡En efecto!, ¿cómo no se había recordado de Estela, su antigua amiga?. Estela... si, una ex amiga. ¡Hacía ya tanto tiempo de aquello que ella se había olvidado completamente de algunos episodios que ahora recordaba nítidamente!.

Estela fue una amiga suya hasta que ella supo por bocas de terceros que ella era infiel a su marido. Al principio no quiso creer. No quiso dar ni siquiera importancia al asunto porque estaba segura de que eran habladurías de gente envidiosa. Sin embargo debido a que se insistía mucho en el tema María en una ocasión propicia le preguntó qué de verdad había en los chismes que circulaban sobre la persona de ella. Estela ni corta ni perezosa no negó nada e incluso entusiasmada dijo a su amiga:

-¡Oh , María, tú no sabes la felicidad, no conoces aún lo que es vivir en el cielo a menos que ya hayas engañado a tu marido!

Horrorizada, aunque algo curiosa María negó que ella haya cometido ni en pensamientos la infidelidad y aseguró además que nunca lo haría.

-Entonces ... entonces, María amiga mía, querida nunca sabrás lo que gozamos nosotras las mujeres siendo infieles a nuestro esposo –Dijo la otra sinceramente alegre mientras le brillaban los ojos de contento.

Pero... ¿no tienes miedo? –interrogó María sin salir aún de la sorpresa.

-No, no, jamás –Dijo Estela siempre alegre-, si él desconfía algo tú debes ponerte más enojada que él. Los hombres son tan ingenuos y si nosotras somos algo diligentes jamás descubrirán ningún secreto nuestro. Y lo más placentero es que tu marido te ama como nunca te amó. Vivir con un amante amoroso y un marido solícito es algo que está en las manos de la mujer ladina.

María se había escandalizado ante esta revelación de su amiga y resolvió cortar toda relación de amistad con ella. Y antes de que la confidencie más sobre temas tan escabrosos se alejó definitivamente y nunca más la volvió a frecuentar.

Ahora sin embargo aquellas revelaciones le sonaban al oído como músicas que la dejaban encantadas.



MARÍA VUELVE A ENCONTRARSE CON SU VIEJA AMIGA, QUIEN SORPRENDIDA Y CONTENTA LE MUESTRA EL “DECÁLOGO DE LA MUJER SABIA Y FELIZ”.


En la primera oportunidad que le cupo María fue a visitar a su vieja amiga Estela. Esta se puso contentísima ante tan inesperada visita y la recibió con grandes muestras de afectos.

-Pensé que te habías olvidado por completo de mí –exclamó Estela-, hace tanto tiempo que no nos vemos. Hasta llegué a creer que me esquivabas pero ya intuía yo que me equivocada. Y estás siempre linda, encantadora.

María algo embarazada balbuceaba algunas palabras ininteligibles y luego preguntó a su amiga cómo se iba llevando con la vida.

-Siempre feliz María –contestó Estela-, yo siempre estoy feliz, demasiado feliz.

-Y los amores... el amor –musitó María atreviéndose  a averiguar algo sobre su amiga.

-Los amores... los amores, el amor –contestó Estela sonriendo pícaramente- va bien, a las mil maravillas; y tú, ¿siempre fiel al único amor elegido?.

-Si... si...es cierto Estela, pero... –murmuró María.

-Vamos, vamos, no me digas que ya no es el único. Que has cambiado de parecer, las mujeres inteligentes tarde o temprano juzgan diferente

María no tardó en contar lo que Hugo se había atrevido a hacer acusándole de sin vergüenza e hipócrita.

-A veces pienso pagarle con la misma moneda –musitó María

-Jamás escuché palabras tan sensatas y sabias –dijo alegremente Estela-, no deberías más dudar ni un solo segundo para hacerlo. Ya sabes mi ideología respecto a esa cuestión. Los hombres María adoran a la mujer que les engaña. Yo pregonaría a los cuatro vientos que soy infiel a mi marido y sin embargo si a ti se te ocurre ir a contar que me has visto con otro hombre yo le convencería de todo lo que se me antoja. Haz, haz lo que estás pensando  hacer, ponlo en práctica lo más rápido posible María; no dudes más por favor.

-Y si por ventura desconfía algo –dijo Estela cuando María objetó el temor que sentía para poner en ejecución lo que le instaba a hacer-, ahí sí debes de ponerte furiosa. Y luego no le debes hablar hasta que él se disculpe de su atrevimiento por haber desconfiado; también debes ponerte celosa por cualquier motivo.¡Oh, no sabes cómo los hombres se sienten halagados cuando su señora se ponen suspicaces por todo lo que conciben y no conciben. Debes estar permanentemente alegre, locuaz y radiante pero también como para llorar, suspirar en cualquier momento. Tu estado de ánimo debe estar dispuesto a variar siempre. Ya verás María  con cuanta solicitud te atiende  cuando sollozas por cosas baladíes pues los hombres quieren parecer fuertes y recios. Se creen unos superhombres  cuando consuelan de sus cuitas a las mujeres . Es todo tan risible pero también encantador.

                   Estela se entusiasmaba mientras contaba a María cómo debía proceder quién la escuchaba boquiabierta y atenta.

-Ya aprenderás muchas cosas, es divertido, divertidísimo –continuaba con  regocijo extraño Estela-, verás lo que te has perdido hace tiempo.

         María no salía de su espanto . Encontraba a su amiga tarambana y su alegría contagiante la asustaba algo. Aquella naturalidad pasmosa para contar sus “fechorías”, la justificación de la infidelidad era como para dejar asombrada a cualquiera.

-Pero, dime –dijo de improviso Estela-, ¿ acaso yo aún no te mostré el “Decálogo de la mujer sabia y feliz”?.

-¿Qué es eso? –preguntó tímida e inocentemente María.

-El “decálogo de la mujer sabia y feliz –contestó eufórica Estela-, definitivamente eres una mujer inocente, que no sabes aún lo que es el mundo.

                   Estela fue hacía el fondo y trajo en sus manos  una hoja de papel plastificado que pasó a María diciendo:

-Lee, lee esto con atención, en este decálogo encontrarás sabiduría y muchas verdades.

         María tomó de las manos de Estela la hoja de papel y comenzó a leer:

                           

 

“DECÁLOGO DE LA MUJER SABIA Y FELIZ”


1)La mujer sabia y feliz jamás debe preocuparse en este mundo. La preocupación, el afán, los desvelos, la ira son penas exclusivas del hombre.

2)La mujer sabia y feliz sabe que el hombre nació para servirle, para mimarla y mantenerla.

3)La mujer sabia y feliz intuye que el hombre debe satisfacer todos sus caprichos sin quejarse, sin pronunciar un sólo ay.

4) La mujer sabia y feliz cuando le da la santa gana debe ser infiel al marido quién así ama con más unción a su mujer y además se siente verdaderamente contento.

5) La mujer sabia y feliz sabe que el hombre es un verdadero animal salvaje cuando se le da todo el gusto, por esa razón la mujer sabia y feliz sabe cuando y en que momento satisfacerlo.

 6) La mujer sabia y feliz no tiene ningún problema que le aqueja. Ella conoce la contrariedad que sufre el hombre cuando no se levanta una cosa que ellos quieren a toda costa que se eleve. De esa molestia la mujer está exenta.

7) La mujer sabia y feliz ante la desesperación del hombre que no puede hacer ningún milagro para que se levante el objeto debe aparentar y  fingir con mucha sapiencia  que el hombre tiene ese derecho y alentarle que la próxima vez le irá bien.

8) La mujer sabia y feliz sabe que todos los hombres son unos tontos de remate  que  creen que sus mujeres les son fieles. Ellos creen que sólo su prójimo es el cornudo y mutuamente se burlan el uno del otro pasando la vida alegre y feliz.

9) La mujer sabia y feliz sabe que si ella es infiel el hombre indefectiblemente será fiel rigurosamente. Son las paradojas de la vida con las cuales  la mujer sabia y feliz está  totalmente familiarizada.

10) La mujer sabia y feliz tiene certeza de que domina al hombre mientras que éste cree  y piensa ingenuamente  que él es el dominador. Todas las mujeres deben dejar que ellos se engañen por los siglos de siglos.

         María leyó todo y luego murmuró:

-Es  aterrador e inhumano lo que se dice en tu decálogo Estela.

-Te parece porque eres una santa –replicó la otra-, has dicho que pretendes pagar con la misma moneda a tu marido, hazlo, hazlo sin dudar demasiado. Te regalo ese decálogo pues tengo otras copias. Lee cada día y te convencerás de la sabiduría y de las verdades que contiene.



DONDE SE ESCUCHAN DESIGUALES E IMPERTINENTES

PARECERES SOBRE EL DECÁLOGO DE LA MUJER SABIA Y FELIZ.


         Todos, o mejor, casi todos los presentes reían a mandíbula batiente luego de escuchar   el “decálogo de la mujer sabia y feliz”. Con el rabillo del ojo observé al que me había dicho que estaba “repleto, saturado de problemas”, también observé al que en el comienzo de mi relato me había dicho que a mí me gustaba los halagos, que era un mentiroso y que no le gustaban los hombres fatuos y amigo de los elogios.

-¿Qué les parece el “decálogo de la mujer sabia y feliz”? –pregunté yo halagado ante la risa franca de la mayoría.

-Esto que estás contando es un simple chiste, sólo para reír –me dijo uno de los presentes-, yo no creo que existan mujeres de la calaña de Estela.

-Yo al contrario no sólo creo, tengo comprobado que existen mujeres de esa clase y hasta peores- dijo otro con énfasis- a mi una mujerzuela me hizo ver estrellas, felizmente me zafé a tiempo de la energúmena pues me planté a ella y demostré que era un hombre que no iba a ser dominado por caprichos, voluntades que sólo buscan satisfacer placeres momentáneos sin que exista el verdadero amor, esta clase de mujeres están poseídas por el diablo en persona, son unas verdaderas brujas que no nos dan sosiego y...

-Sabemos de mujeres  de esas raleas- cortó un oyente abruptamente la catilinaria del enojado detractor al ver que si se le daba tiempo había presagios de que iba a continuar durante horas su andanada de acusaciones- ahora bien  mi opinión es que somos nosotros los hombres los culpables de que existan mujeres que nos quieren embromar pues fue Dios en persona quien dispuso que nosotros somos los que debemos mandar, por eso a mí me gusta la ley musulmana en donde creo que se exige a la mujer obediencia total, respeto absoluto, incluso ahí se permite creo al hombre que tenga cuantas mujeres quiera tener y...

-Sin embargo yo pienso- intervino otro de los oyentes que también quería dar su parecer-, que las mujeres son tan iguales que nosotros y que tienen los mismos derechos y que el decálogo de Estela es sinceramente algo del cual debemos aprender nosotros los hombres que queremos hacernos del macho, pues en este mundo debe  existir mas justicia, mas amor, comprensión, y todos debemos poner el esfuerzo necesario para que haya armonía y...

-Yo, yo –salió a interrumpir  nerviosamente otro de los que asistían a la reunión- a mi no me interesa la ley o religión musulmana, ni la católica, ni la luterana, mormona, judaísmo, ni cuantas leyes existan pues yo tengo mi propia ley y tengo mi propio “decálogo del macho auténtico”, porque yo sé y conozco a muchas mujeres que poseen esa clase de porquería de decálogo con las cuales no hay que andar  con miramientos y les voy a decir mi “decálogo del macho auténtico” que sé de memoria:

 

“DECÁLOGO DEL MACHO AUTÉNTICO”

El macho auténtico es superior a la hembra.

El macho auténtico debe hablar fuerte y recio a la hembra.

El paradigma del macho auténtico es el gran rey Salomón. Este tuvo cientos de hembras a su disposición.

El macho auténtico sabe que Dios le dio potestad sobre la hembra en el mismo paraíso.

El macho auténtico sabe cuando la hembra le está queriendo traicionar.

 Cuando hay uno, dos, tres o más hembras en la vida del macho auténtico este debe saber dar su aprecio dosificadamente.

El macho auténtico no siente frío ni calor ante las lágrimas de cocodrilo de la hembra.

El macho auténtico si por casualidad no tiene más ganas de hacer el amor debe sin dudar un segundo suicidarse.

Al macho auténtico la hembra no puede prohibir que vaya de juerga con sus amigos y si le gusta el juego y la bebida tiene todo el derecho de darse el gusto.

El macho auténtico debe cuidar celosamente que la hembra no quiera sobrepasarse.

Este es mi “decálogo del macho ejemplar” –continuó nuestro amigo sin dar signos de parar con su perorata- y todo hombre tiene que saber que las mujeres son verdaderas arpías si no se les pone traba y...

 -Yo, yo – salió a interrumpir otro de los asistentes deseoso de dar su opinión-, yo por  miles de motivo permanezco soltero y ese será mi estado mientras las mujeres no hagan un cambio radical en su comportamiento, porque bien me dice mi madre que ahora las mujeres sólo quieren que se le ponga todo, aspiran a vivir como reinas y ya no se quieren sacrificar, ya no son como eran en la época de mi madre cuando tenían verdadero amor por el hombre y...

-¿No sería importante que volvamos a escuchar el cuento de nuestro amigo? –dijo otro de los asistentes-, todas las opiniones que desgranaron está bien , sin embargo a mi me interesa continuar escuchando la historia.

         Casi todos aprobaron la idea de este último y yo me dispuse a continuar mi interrumpida historia.


DE LAS PRIMERAS ESCARAMUZAS DE LAS QUE TIENE QUE LIBRARSE NUESTRA MOMENTÁNEAMENTE  OLVIDADA HEROÍNA.


Magdalena había conseguido trabajo en una casa de familia  en donde trabajaba de cocinera, lavandera y de todas las tareas de las cuales suele ocuparse una “pokyrá” como suele llamarse a la chica que hace todos los menesteres en la residencia de la familia en la cual trabaja.

         La familia estaba compuesta del señor Aparicio, su señora Luisa y el único hijo Gilberto, un mozo de veinte y ocho años que aún permanecía soltero y que no pensaba cambiar de estado como dijo uno de los oyentes del cuento.

Tenía a su disposición una pieza en donde dormía con su pequeño hijo.

Una noche escuchó ruidos de alguien que caminaba  hacía su pieza. La puerta que no estaba cerrada con llave se abrió y  divisó un bulto en la oscuridad que se acercaba peligrosamente hacía su cama.

Se levantó de un salto diciendo:

-¿Qué pasa, quién eres?.

-Soy yo... yo...yo, no tengas miedo –musitó una voz  temblorosa.

Era don Aparicio que hacía un buen tiempo estaba codiciando a su empleada.

En más de una ocasión don Aparicio había tenido en mente ir junto a Magdalena, sin embargo desistía  por temor a ser mal acogido, pero el temor mayor era el miedo cerval que tenía a su señora. En efecto si esta se enteraba de su aventura estaba seguro que se las  vería en verdadero aprieto.

-¿Pero...pero, quién eres, que está haciendo en mi pieza? –indagó Magdalena alzando la voz.

-No grites,... por favor, no grites... soy yo... yo, tu patrón..., don Aparicio   -musitó don Aparicio temeroso.

-Pero...¿y qué quiere aquí señor? –preguntó Magdalena.

Esta pregunta dejó totalmente desconcertado a don Aparicio que no supo que decir. Se quedó por unos segundos petrificado en su lugar sin atinar a decir ni hacer nada.

 -¿Qué quiere señor? –repitió Magdalena.

-Tu sabes lo que yo quiero, Magdalena... mi amor –se atrevió por fin a decir don Aparicio con vos melosa.

Y luego de decir esto se acercó se acercó unos pasos y quiso abrazar a Magdalena.

-Cuidado, cuidado con lo que está haciendo don Aparicio –dijo Magdalena y le dio un pequeño empujón

-Pero, ¿porqué me empujas?. No te enojes, pues yo te quiero tanto –dijo don Aparicio con algo más de aplomo.

 -No..., no, no señor , fuera de aquí –retrucó Magdalena alzando la voz.

-Por favor... no grites, no tengas miedo –suplicó don Aparicio ante el ingente temor de que alguien se despertase en la casa.

-Si no quiere que grite es mejor que salga de acá –conminó Magdalena-, pues si usted continua en mi pieza llamaré a su señora doña Luisa

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de don Aparicio ante aquella temible coyuntura.

-Y yo que pensaba ayudarla, Magdalena –se atrevió sin embargo a decir- ayudarte a ti y a tu hijo a quién le quiero tanto, una criatura tan linda, amorosa.

-¿Ayudarme?, ¿cómo, en qué? –dijo Magdalena con disimulada ingenuidad mientras una sonrisa irónica se dibujaba en sus labios en la oscuridad de la noche.

 -¡Oh, no sé! –replicó don Aparicio- yo puedo ayudarte en lo que quieras, por ejemplo...este, quizá necesites dinero y...

Un silencio bastante prolongado se sucedió luego del ofrecimiento de don Aparicio. Este que creyó dar en el blanco se acercó otra vez hacía Magdalena , sin embargo esta retrocedió y prendiendo la luz dijo:

-No..., no, usted está queriendo abusar de mí. Es mejor que se retire o llamo a su señora, a mi patrona doña Luisa.

-¿Quiere decir que no quieres dinero para... para tu hijo?, es una criatura tan linda, tan amoroso, no te imaginas cómo le quiero –insistió don Aparicio que ladinamente citaba los dones del pequeño hijo de Magdalena para tratar de suavizar los sentimientos de esta.

-No, no –repitió Magdalena-, ahora al menos no, es mejor que se retire señor.

Don Aparicio decidió retirarse al notar que Magdalena no iba a ceder cavilando a pesar de todo sobre lo último que dijo o sea el “ahora al menos no”.

-“Se está haciendo la difícil –murmuraba  meditabundo-, es cierto que es extraordinariamente linda, es encantadora, graciosa, sin embargo no deja de ser una simple “pokyrá”, ¡carajo!.

-“Viejo sin vergüenza –musitaba a su vez Magdalena luego de que su patrón se hubiese marchado-, le teme a su señora,  ya me di cuenta que es un dominado. Seguro que las últimas palabras que dije le dejó en la duda. Volverá a la carga dentro de un tiempo”.


NUEVAMENTE INTERVIENEN LOS OYENTES CON DISPARES CONSIDERACIONES ANTE LA NO TAN SORPRESIVA VISITA DE DON APARICIO A LA PIEZA DE MAGDALENA.


Algunas pequeñas risitas nerviosas se escuchaba entre los oyentes mientras narraba los incidentes acaecidos entre Magdalena y don Aparicio. Luego reinó un silencio sospechoso y todos o casi todos se miraban de reojo como queriendo sonsacar algún secreto del prójimo.

-Yo pienso –dijo de improviso alguien cortando el anhelante y ambiguo silencio de los espectadores-, que a estas turbias intenciones de   los patrones para con las empleadas a quienes no respetan y la consideran con desparpajo una simple “pokyrá” hay que ponerle coto con leyes severas e inflexibles para que nuestro querido Paraguay dé un paso adelante en los derechos humanos. En efecto es una verdadera vergüenza que animales irracionales como este don Aparicio quiera hacer sus porquerías sin ningún miramientos, hace falta en efecto una reflexión de los hombres decentes, que se decidan de una buena vez a limpiar de la faz de la tierra a inescrupulosos que se valen del poder del dinero para cometer barbaridades y...

-Yo creo –salió a interrumpir otro que se agitaba inquieto en su asiento ante la vehemencia de las acusaciones del ocasional interlocutor-, yo creo que no tenemos de qué acusar a don Aparicio. En efecto muchas veces estas clases de mujeres son  verdaderas arpías seductoras que se valen de su hermosura para tentar al hombre  quién no tiene por cierto otra alternativa que dejarse subyugar ante los embates de la carne. El hombre es un ser débil que sin querer a veces cede ante la frágil voluntad. La cuestión aquí no es condenar, echar el sambenito sin mirar atentamente a los antecedentes de la cuestión. Yo al menos siempre sostuve que si pecamos es porque siempre nos están invitando con la manzana y...

-¡Qué manzana, naranja, pera ni ocho cuartos –atajó otro de los oyentes al parlante interlocutor- , esta clases de mujeres son unos verdaderos azotes de los hombres casados, todas ya entran con la intención de crear problemas en el hogar ajeno. Yo lo sé pues una de mis hermanas tuvo que separarse de su marido por causa de una maldita “pokyrá” a quien le dio confianza  y se aprovechó de ella,   para entenderse con su marido . Este animal como dijo mi hermana se escapó con la “pokyrá” abandonando la casa y sus hijos. Yo por eso declaro verdadera guerra a esta clase de mujeres y digo que cuando me case no daré empleo alguno a nadie que vaya a querer trabajar aparentemente con intenciones “non sanctas”. Mucho se habla de los derechos de la mujer, de la dignidad, del decoro que debe guardarse a las empleadas, sin embargo yo pienso que son puro palabrerío de la gente que no tiene nada que hacer y a mí nadie me va convencer con argumentos falaces, estoy dispuesto a hacer las cosas como a mi me parece bien y....

-Yo digo –interrumpió otro de los presentes-, yo digo que está bien que opinen y digan todo lo que quieran, ahora bien, si todos comenzamos a decir nuestros pareceres creo que ni si llegamos a la edad de Matusalén nuestro querido amigo Cristian nos contará toda la historia.

-Cierto, cierto, es cierto –dijeron en coro casi todos los concurrentes ansiosos quizá de que siga mi cuento o tal vez por otro secreto motivo.


EL CRONISTA DE ESTA VERÍDICA HISTORIA LUEGO DE ESCUCHAR LAS SORPRENDENTES OPINIONES DE SUS AMIGOS VUELVE A CONTINUAR SU RELATO.


No me disgustaba escuchar a mis amigos quienes me sorprendían con sus insólitas opiniones y les escuchaba atentamente tratando de aprender algo de ellos. Yo que había pretendido  contar inocentemente esta historia me sentía maravillado ante lo que el auditorio sabiamente platicaban saliendo al paso de lo que yo refería.

Esperaba incluso ansioso la opinión del que me había dicho que estaba “repleto, saturado de problemas”, sin embargo este permanecía hosco sin dar signos de que estaba contento con mi cuento, también el que me había apostrofado diciéndome que me gustaban los halagos y que era un mentiroso no se mostraba jubiloso. Por eso comenzaba a mirar a los dos con recelo. ¿Eran amigos o simples resentidos que venían a escuchar lo que yo contaba porque no tenían otra cosa que hacer?. ¿O quizá eran amigos del doctor Remies y de Sacco Latorre?. Me encogí de hombros tratando de aparentar indiferencia y seguí con mi historia.

 María  había cavilado varios días que actitud asumir.!Engañar a Hugo, serle infiel!. He ahí el pensamiento que la obsesionaba. Sin embargo cuando pensaba con mayor énfasis en su proyecto se le ponía los pelos de punta y  un escalofrío le recorría todo el cuerpo.

En efecto, ¿cómo reaccionaría Hugo si por casualidad se enterase de su infidelidad?, ¿sería ella bastante sagaz como Estela para esconder de  él su fechoría?.

Para peor al otro día de su conversación con Estela había salido en el periódico que  un marido celoso había herido a su mujer  mientras al “sombrero” lo había golpeado hasta casi eliminarlo con la culata de un revólver. Cuando ella vio eso en la crónica policial le pareció que era como un aviso para ella . Aquella casualidad le hacía presentir que era mejor desistir de su descabellada idea.

Pero quien conoce bien a una mujer sabe que justamente de las descabelladas ideas son de la que ellas no desisten fácilmente.

-“No es posible que Estela engañe con tanta facilidad a su marido y que yo sea incapaz de hacerlo”- se decía María.

No podía desde luego Estela ser mas astuta ni inteligente que ella. Nunca ella había experimentado otros besos y caricias que un fuera de su marido. ¿Sería tan placentera las caricias prohibidas como afirmaba Estela?

En una ocasión en que su marido no estaba cuando Adriano iba pasando lo invitó a llegar.

-Es increíble que siendo vecino y amigo apenas se saluden con Hugo –dijo María

-Es cierto –replicó Adriano- es que él... el es casado y trabaja  y yo soy soltero, no soy buena compañía desde luego porque llevo una vida de sibarita.

-Di mejor  que no quieres robar tu tiempo a la compañía de las mujeres con las cuales debe de ser mucho más placentero departir.

-No, no –dijo halagado Adriano- , al contrario, yo preferiría los sensatos diálogos de  buenas personas como tú y Hugo,...pero...

Y se calló mirando inquisitivamente a María.

-¿Pero, qué? –inquirió esta.

-Es que... pienso yo que... Hugo puede sentirse celoso... quizá... –se aventuró a decir Adriano.

-Celos es lo que Hugo jamás tuvo –contestó María- -.-, si es de tu agrado yo pienso que deberías  entablar con él amistad. Incluso más de una vez me dijo que le extrañaba el aislamiento tuyo –dijo María.

María estaba ensayando a usar algunas mentirillas. Hugo jamás comentó aquello pero así como Estela  había dicho amante y marido deben  ser amigos.

-¿Y si Hugo no está puedo también llegar? –insinuó con malicia disimulada Adriano.

-Claro, desde luego... ¿qué te impide hacerlo?.

-Sin embargo la vez anterior  dijiste que... Hugo podía llegar ... al parecer tenías miedo.

-Es cierto... si, -murmuró turbada María-, si en aquella ocasión... este.. fue cuando...

María se encontraba totalmente confusa. Sin darse cuenta se estaba poniendo más osada de lo que convenía.

Adriano que la veía ambigua se animó a decir:

-Si, es cierto , en aquella ocasión estuve a punto de tomarte de las manos  y al parecer te asustaste. ¿No querías o te disgustó  lo que quise hacer como... como un amigo?.

María se calló , estaba algo asustada. Si bien en ocasiones se decía que iba a ser infiel a su marido la educación rígida que había recibido la hacía dudar. Tenía sus remordimientos y sus indecisiones.

-¿No quieres de verdad que sea tu amigo, amigo verdadero? –insinuó Adriano y quiso tomarla de las manos.

Sin embargo María rechazó la pretensión del galán y alejó sus manos de los de él.

-¿Qué sucede? –indagó Adriano- ¿Prefieres no ser una amiga?, ¿tienes miedo?

-No, no –replicó María-, es peligroso, no es bueno,... una mujer casada no debe , no puede ser amigo de... de un hombre soltero.

-Todas las mujeres tienen amigos –replicó Adriano quien estaba dispuesto a vencer la indecisión de María-, la vez anterior habíamos dicho que los hombres merecen que se les pague con la misma moneda. La liberación femenina exige  que así sea. La igualdad en todo –continuó con énfasis- en el sexo, en el placer; hay que eliminar el egoísmo del hombre, su desmedido machismo y su orgullo estúpido.

-Es cierto, es cierto –repetía María-, pero... pero hay tantos prejuicios aún, ...

-A esos prejuicios hay que atacar –contestó Adriano-, vosotras las mujeres  debéis dejar de temer a vuestros maridos, a vuestros enamorados para terminar con el yugo del hombre que hace siglos os oprime.

-Pero..., ¿acaso no se echará por tierra la moral. La honestidad si así se actúa? – objetó María-, los hombres desprecian, se burlan de las mujeres que viven así.

-Es cierto –condescendió Adriano-, y justamente es el hombre el que incentiva, el que insiste para que esos prejuicios persistan porque le conviene. ¿Porqué no se le condena de igual manera al hombre que comete adulterio?, a ley pareja nadie se queja. Esas burlas jamás acabará si vosotras las mujeres no objetan nada.

-Sí, sí... pero es tan difícil hacer –suspiró María.

Y de improviso exclamó con énfasis :

-No, no, jamás cometeré semejante aberración.

 Adriano la miró, la encontró extraordinariamente linda y musitó:

-“Es hermosa y encantadora, está dudando si decide o no y es cuestión de insistir.”

-¿Qué dices? –indagó María.

-Digo que eres linda, hermosísima –se atrevió a decir Adriano- y quiero que me perdones si me atrevo a decir una verdad que me deja fascinado.

Ella se calló ante los halagos de Adriano.

-Me voy –dijo luego el joven-, en otro momento volveré si no molesto.

-Vuelve, ven junto a Hugo que va a sentir un enorme placer en verte y platicar contigo.

-Para mí también será un gran placer hablar con él y contigo –contestó Adriano-.

-“Es linda, extraordinariamente seductora esta vecina mía” – iba monologando Adriano hacía el camino de su casa- ¿ “Cómo no me fijé hace tiempo en ella con más intensidad”?. “Y se le está metiendo en la cabeza lo que tantas mujeres hacen sin ningún escrúpulos. Ella sin embargo tiene un miedo cerval a su marido, quizá no tanto a su marido sino al temor de transgredir los valores morales de los cuales está imbuida. Sin embargo caerá –continuó soliloquiando Adriano-, caerá porque yo, yo hoy más nunca he resuelto seducirla. Ella misma así lo desea desde lo más intimo de su alma, depende por lo tanto de mi perseverancia para vencer su duda. No será fácil, pero eso ya es conmigo. Cuando la victoria se vuelve escabrosa para nosotros los conquistadores  es como beber el néctar de los dioses. Siempre me ha extasiado conquistar a mujeres difíciles; son tan angelicales cuando después de mucho dudar se dejan arrebatar por la pasión.!Qué arrobadas se ponen, qué de amor reprimido subliman cuando al fin caen. Y es linda, la amaré, será mía, la conseguiré tarde o temprano”!.


DONDE MARÍA ENSAYA SUS TRAPISONDAS DEJANDO EXTRAÑADO A SU MARIDO POR SU SORPRESIVO CAMBIO DE CONDUCTA


María se había quedado con la mirada perdida luego de la ida de Adriano mientras murmuraba abstraída:

-¿ “Qué pensará de mi Adriano”?. ¿ “Qué hacer”? ¿ “Estoy por ventura decidida a engañar a mi marido”?. Es mejor que no lo haga... sin embargo... él también lo hizo. Estela me ha dicho que es placentero tener un amante. Tengo que experimentar si es cierto que amar fuera del matrimonio es tan agradable. ¿Por qué solitariamente yo no me animo a hacer?. En efecto casi todas las mujeres lo hacen y este Adriano es tan seductor, es un galán. ¡Tantas mujeres suspiran por ellas!

-¿Qué dices?, ¿con quién estás hablando? –dijo llegando Hugo mientras miraba a María que musitaba sus elucubraciones.

María se sobresaltó ante la imprevista llegada de su marido. Sin embargo se repuso enseguida y le saltó al cuello cubriéndolo de besos ardientes.

-Te amo, te quiero... te adoro Hugo. ¡Cuánto te amo, vida mía, mi amor! –exclamó María y le daba repetidos besos.

-Pero... ¿Qué pasa, qué sucede? –murmuró Hugo sin querer creer lo que estaba sucediendo-, estabas hablando sola; no llegué a captar lo que estabas diciendo, me pareció que estabas sumamente abstraída y...

-Si, si –interrumpió prontamente María mientras continuaba abrazada a su marido-, estaba en efecto pensando que era muy  injusta contigo. Precisamente estaba diciendo que la permanente acusación, el continuo reproche que te hacía  era algo totalmente fuera de lugar. Efectivamente ya es hora de que te perdone aquella falta que un día cometiste. ¿No es cierto?.

-Si, desde luego, ya lo hubiéramos olvidado  hace tiempo –replicó siempre asombrado Hugo-, sin embargo tú te has empecinado en no cejar con tus acusaciones.

-Ya no sucederá más –le volvió a interrumpir María que no se cansaba de darle besos y acariciarlo-, nunca ya escucharás de mis labios ninguna alusión respecto a aquella acción, pues ahora veo y siento que te amo, que te quiero con toda el alma, ¿has salido más temprano del trabajo? –indagó María.

-Si, el patrón cuando está de buen humor se vuelve complaciente y generoso con sus empleados  haciendo concesiones.

-¿Te vas a bañar mi amor? –preguntó zalamera María-, te traigo la ropa, la toalla, refréscate con un baño en este calor infernal, necesitas descansar más amor mío.

-Si... puede ser, este... si me voy a dar un baño –replicó Hugo mirando con los ojos desorbitados a su señora resistiéndose a creer en la extremada amabilidad  que tan inusitadamente se había apoderado de María.

Rápido como un relámpago María le trajo la toalla, la ropa y como Hugo continuase sin salir de su asombro dijo:

-¿Qué te sucede?, ya te he dicho que seré como antaño fui, buena y amable, quizá me volveré más buena pues he visto mi error, mi estúpido orgullo. ¿Quieres mi vida, mi amor que así me porte contigo?

La voz de María  sonaba meliflua y tornó a dar dos sonoros besos al asombrado Hugo.

-Si, si –dijo al fin este y retribuyó con otro beso a su señora.

Cuando Hugo fue hacia el baño María se quedó pensativa y dijo para si:

-“No hay dudas que encierra mucho peligro el querer engañar al marido, es increíble cómo tan de improviso llegó Hugo. ¡La coincidencia! ¿Será que es un aviso que debo desistir? Me corroe la incertidumbre. Sin embargo es verdad lo que dice Adriano, debe existir la igualdad, Hugo me engañó y es necesario que yo también lo haga, debo probar mi astucia... esa es la moda, todas las mujeres  tienen un amante en esta época. ¡cuánto tiempo Hugo me estuvo engañando con aquella mujerzuela, hasta tuvo un hijo con ella!. Hugo merece que  le engañe para aplacar mi rabia.

-“Hasta yo me extraño como actué tan maravillosamente –continuó murmurando María-,se quedó perplejo ante la  ternura que desplegué. En fin no deja de tener su verdad pues sinceramente siento un gran aprecio por él”.

Estaba en ese preciso momento Hugo saliendo del baño y María como si lo estuviese esperando le saltó al cuello y le dio ardientes y apasionados besos.


DE LA FURIBUNDA REACCIÓN DEL OYENTE QUE  ANTERIORMENTE

NOS HABÍA ESPETADO CON SU “DECÁLOGO DEL MACHO EJEMPLAR”


Apenas dije todo lo que sucedió entre María y Hugo salió a decir con voz ronca y frenética mi gran amigo que nos había dicho de memoria su “decálogo del macho auténtico”:

-“Querido amigo Cristian, me vas a perdonar tú y también los oyentes porque ante esto yo no puedo callar y hablaré aunque lleguemos a la edad de Matusalén o me amenacen con una pistola pues yo soy hombre que digo la verdad contra viento y marea. Yo no sé queridos presentes  si ustedes están reflexionando sobre lo que nuestro amigo está narrando. También quiero preguntarles si mi “decálogo del macho auténtico” se les grabó en la memoria o si entró por un oído y salió por el otro; yo ya les había advertido que existen mujeres de esta calaña y que por eso yo tengo mi propia ley y mi propio decálogo. Yo creo que todos los que están escuchando esta historia son verdaderos hombres y machos aunque también puedo estar equivocado. Me explico: nosotros los verdaderos machos debemos tomar una decisión ante la invasión de esta clase de mujeres que intentan engañar con sutiles artimañas a los hombres pues no debemos dar ocasión a que nos engatusen debido a nuestra desidia. Yo lo primero que haré mañana es traerle una copia de mi “decálogo del macho auténtico” para que permanentemente refresquen la memoria con aquellas verdades esenciales para la preservación de nuestros derechos pues si flaqueamos nos tornaremos personas enclenques desapareciendo de la faz de la tierra los machos de verdad y seremos avasallados por esta clase de mujeres pervertidas. Suelo escuchar también que existen hombres que se entienden con hombres y mujeres con mujeres y a nadie les horroriza el desvergonzado proceder de estos monstruos. A mi esas historias me dejan patitiesos y me invade un deseo frenético de tomar medidas estrictas y severas y si fuera posible eliminar de la faz de la tierra a semejantes energúmenos tratándolos como verdaderas parias, aislarlos, fusilarlos, torturarlos para que aprendan cómo se debe vivir en este mundo que sería tan maravilloso si no existiesen estas aberraciones. No se crea que yo soy malo, al contrario yo soy el hombre más benévolo que debe de existir pero debo confesar que por amor a la justicia y  la verdad me siento obligado a echar pestes contra gente de esa calaña y pienso que la famosa democracia que pregonan estas naciones que nos invaden con sus costumbres, con su consumismo, con sus charlatanerías son los que nos están fundiendo poco a poco. Algunos me quieren acusar de intolerantes, son personas tibias, indecisas ante el desborde de la degeneración, yo a estos les digo que soy la persona más tolerante que existe con la condición de que se respete las buenas costumbres como antaño. Hay que volver a la antigua tradición cuando al macho se le respetaba y las hembras no chistaban porque nosotros hacíamos lo que nos placía. Espero que antes de mi muerte el mundo se vuelva a regenerar para morir contento y feliz porque yo...

Todos estaban al tanto del patético orador que fanáticamente hablaba y no daba visos de parar con su discurso misógino. Uno de los oyentes felizmente se desvaneció o fingió desvanecerse usando ese arte para hacerlo callar. Urgentemente tuvimos que atenderle al desmayado amigo y necesariamente nuestro disertante autor del “decálogo del macho ejemplar” tuvo que callarse.


LUEGO DE LA INTERRUPCIÓN DEL ELOCUENTE AUTOR DEL “DECÁLOGO DEL MACHO AUTÉNTICO” Y EL DESMAYO DE UNO DE LOS OYENTES EL  NARRADOR VUELVE A TOMAR EL HILO DE LA FAMOSA HISTORIA.


Ninguno de los asistentes llegamos a saber si el desmayo de nuestro amigo fue ficticio o real. Lo cierto es que aquella coyuntura puso fin como hemos dicho a la andanada de “verdades” del furioso supuesto misógino quien al otro día antes de que yo comience a continuar mi historia nos obsequió religiosamente su “decálogo del macho auténtico”  recomendándonos con piadosas exhortaciones a seguir puntualmente lo que en ella estaba escrito. He aquí la continuación de mi interrumpido relato:

 Una noche don Aparicio no podía conciliar el sueño. Las horas pasaban con lentitud exasperante y Morfeo  se mostraba esquivo. Acostado al lado de su señora doña Luisa quien dormía profundamente, él se daba vueltas  y más vueltas en la espaciosa cama de pareja.

-¡”Qué extraño¡ -decía para su capote-, ¿será posible que esta noche no podré conciliar el sueño?. Ya son las once de la noche  y ni pizca de sueño tengo. Estoy irritable, nervioso.

Y suspirando hondamente se sentó en la cama y observó a doña Luisa que dormía plácidamente.

-¡ “Duerme como un ángel, no sabe ni desconfía  porqué se apoderó de mi este desvelo” –volvió a monologar don Aparicio.

-“Si, si –continuó monologando -, toda esta desazón es por causa de Magdalena. Me da un cosquilleo, un intenso deseo de ir junto a ella. La vez anterior me rechazó, sin embargo lo hizo sin mucha convicción. Estoy casi seguro que si le ofrezco mucho dinero aceptará ,... ¿qué hacer... qué hacer?.

De improviso doña Luisa se dio unas vueltas en la cama y pareció que iba a despertarse. Don Aparicio asustadísimo  se acostó al lado de su señora como si temiese que ella adivinase lo que estaba pensando y se hizo del dormido.

 No obstante don Aparicio advirtió que su señora se daba vueltas en la cama en sueños  y de nuevo comenzó a suspirar.

-¡Qué susto pasé! –se dijo avergonzado-, como si Luisa se despertase tan fácilmente, pero bien se dice que el delito es cobarde.

Pasaban los minutos con lentitud exasperante y don Aparicio no dormía.

-Ya es medianoche –se dijo don Aparicio mirando el reloj-, me voy, probaré, le ofreceré dinero, mucho dinero. Ella lo merece... es linda.

Se levantó con sumo cuidado. Apagó el velador y estuvo un largo rato sentado al borde de la cama. Miraba una y otra vez a su señora que continuaba durmiendo  tranquilamente ajena al desasosiego de él.

Volvió a recostarse don Aparicio como queriendo desistir  de su idea. No obstante tomando una súbita determinación  se levantó decidido

-Soy un cobarde –musitó-, ¿miedo a quien al final tengo?, ¿a Magdalena, a Luisa?. No sé, pero si soy hombre a ninguna de las dos debo temer, ¡carajo!.

Y diciendo esto resueltamente se dirigió hacía la pieza de Magdalena  y al llegar cerca de la puerta comenzó de nuevo a dudar. ¿Probaría entrar o era mejor desistir de sus libidinosos deseos?. Un peso enorme era para don Aparicio resolver semejante dilema. Un estratega que estuviese por librar una grande y decisiva batalla no se sentiría menos abrumado que el pobre don Aparicio.

-Por todos los diablos –dijo al fin-, ¡actuemos, hagamos algo hombre pusilánime!.

Se prendió del picaporte de la puerta y... y... sí... le pareció escuchar un ruido que provenía de su anterior camino andado. Mortalmente pálido giró la cabeza y vio un bulto que se aproximaba donde se encontraba él.


DEL FENOMENAL ENREDO EN QUE SE VIERON ENVUELTOS PADRE HE HIJO Y DE SUS PRODIGIOSAS EXPLICACIONES.

        

Miles de pensamientos vino a la mente de don Aparicio al ver el sospechoso bulto que venía bamboleándose hacía él. ¿Era un fantasma, un diablo, una mujer, un hombre o se le antojaba simplemente debido a la ansiedad a que lo sometía su indebido proceder?.

         Se alejó  por instinto de la pieza de Magdalena dando tres o cuatro pasos. Vio con mayor  claridad la silueta que venía a su encuentro lentamente. Cuando estuvieron casi frente a frente don Aparicio musitó con los ojos desencajados:

         -Gilberto..., Gilberto..., Gilberto.

         -Papá..., papá..., papá –murmuró a su vez Gilberto-, ¿eres tú papá?

         -Si, si, soy yo, parece que soy yo –musitó mareado aún don Aparicio.

         -¿Qué haces a estas horas aquí, papá? – indagó Gilberto.

         -Eso..., eso mismo me pregunto yo –mintió don Aparicio mientras su cabeza era un hervidero de ideas tratando de concebir que iría a decir- no sé... no sé porqué estoy aquí. De repente...siento que... que no estoy en mi cama. Estaba caminando dormido, ahora, ahora desperté..., ¡qué extraño, qué raro!, pero definitivamente, ¿en donde estamos? –remató don Aparicio con más aplomo.

         ¿Y desde cuando tú sufres de sonambulismo? –preguntó perplejo Gilberto.

         -Sonambulismo era mi enfermedad de antaño –replicó don Aparicio dispuesto a mentir decididamente-, es posible que tu no sepas ni te haya comentado pues de eso hace mucho tiempo, muchísimo tiempo... especialmente cuando era aún soltero... luego me sané. Sin embargo según noto ahora está queriendo reaparecer. ¿En donde estamos Gilberto, hijo mío? – continuó simulando don Aparicio mientras se palpaba la cabeza dando a entender que no estaba aún bien lúcido.

         -Estamos en casa –contestó Gilberto incrédulo y sorprendido- ¡Qué extraño!, jamás escuché que  sufrías de sonambulismo. ¿no me estás queriendo convencer maliciosamente con ese fortuito cuento?.

De ningún modo, jamás, ¿qué interés tendría para engañarte?, ¿por qué dudas?.

Es que yo pensaba..., creía... estaba cavilando que... no se, pero... –tartamudeó

azorado Gilberto.

         -Y tú, ¿qué estás haciendo aquí? –preguntó don Aparicio recobrando el aplomo.

         -¿Yo, yo? –dijo sorprendido Gilberto ante esta inesperada pregunta-, este...yo...yo te estaba siguiendo.

-¿Cómo, porqué, para qué?  -Indagó don Aparicio.

-Es que yo... estaba, si,...estaba despierto cuando escuché  pasos al lado de mi puerta, me apresuré a levantarme para saber el extraño ruido que intempestivamente

sucedía y...y bueno, eras tú... por lo que veo.

Ambos, padre he hijo se quedaron callados  y pensativos por un largo rato. Fue Gilberto quién  rompió el silencio diciendo:

         -Es extraño, demasiado extraño que después de tanto tiempo aparezca tu sonambulismo.

         -Un poco extraño, es cierto –dijo don Aparicio-, pero debemos admitir que las cosas extrañas suceden a menudo, ¿no estabas tú acaso extrañamente despierto cuando pasé al lado de tu puerta?.

         -Aparicio... Aparicio... Apariciooo – retumbó una voz chillona en ese momento.

         -Luisa...Luisa...Luisa –musitó don Aparicio patitieso-, es ella, Dios mío, Dios mío.

         -Mamá... mamá...mamá –murmuró Gilberto- , es la voz de mamá, pero, ¿qué hace ella a estas horas despierta llamándote?.

         -Ya vez –musitó don Aparicio aún con la sangre helada en las venas-, ¡Otra casualidad!. Todo el mundo se despierta en casa esta noche. Vamos –agregó luego tomando de la mano a Gilberto  yendo hacía  donde provenía la voz de doña Luisa.

         -Aparicio... Aparicio... Apariciooo – continuaba chillando la molesta voz de doña Luisa.

Los tres se encontraron  en el pasillo. En la semipenumbra doña Luisa les miró y atónita sin querer creer lo que veía exclamó:

         -Pero..., ¿qué sucede?, ¿qué están haciendo aquí?.

         -Un problema...un problema...cosas de hombres –dijo con la voz ronca don Aparicio-, estábamos conversando y...paseando, tratando de encontrar una solución al problema... problema baladí ciertamente pero...pero que se resuelve entre padre he hijo.

         -¿Y no puedo enterarme yo del problema?, ¿cuál es el misterio?, ¿porqué a estas horas el dialogo sobre el problema?.

         -Es que...este –dijo confundido don Aparicio-, yo...él...nosotros...ellos...estaba sí, después te contamos –añadió tomando coraje- , no es  nada, cosa de hombres como dije, ¿Verdad Gilberto?. - Remató don Aparicio mirando a su hijo quién asintió con la cabeza sin atreverse a contradecir a su padre.

Doña Luisa continuaba mirando a su esposo y a su hijo sin entender nada.

         -Ahora vamos a dormir –dijo don Aparicio tomando de las manos a su esposa-, luego hablaremos.

Los tres se dirigieron hacía sus respectivos dormitorios soliloquiando:

         -¿Es cierto su sonambulismo? –se preguntaba Gilberto-, ¿o quizá su intención era la misma que la mía?, extraño, extraño.

         -¿Será que me creyó Gilberto? –se decía a su vez don Aparicio-, ¿ su intención era la de ir junto a Magdalena?. Es lo más seguro; y Luisa que se despierta justo a esta maldita hora; tengo que imaginar con cautela qué decir para que no caiga en sospecha... veremos, veremos. Gracias a Dios me libré de un angustioso momento.

         -¿De qué problema estaban debatiendo? –se decía a su vez doña Luisa -, estos hombres de Dios siempre con sus secretos. Gilberto debe ser el que está con problemas y acude a su padre en busca de socorro.


DE LA VIOLENTA  REPRIMENDA DEL QUE HABÍA DECLARADO QUE ESTABA “REPLETO, SATURADO DE PROBLEMAS” AL NARRADOR QUIÉN ESCUCHA PATITIESO LA RECONVENCIÓN.


         Cuando llegué a esta  altura de la narración di un respiro y miré al auditorio. Todos los presentes parecían divertirse con el embrollo en que se vieron envueltos don Aparicio y Gilberto. Sin embargo imprevistamente me di cuenta que uno de los oyentes se levantaba precipitadamente tosiendo nerviosamente y gesticulando como un endemoniado salió hacia afuera. Luego de un momento de tensa espera de los asistentes llegó junto a nosotros con la faz desencajada y trémulo las manos.

         Asustado reconocí al hombre: era el que me había dicho sin mucha ceremonia que deseaba escuchar un cuento simpático pues como estaba “repleto, saturado de problemas” le dejaba más angustiado mi relato.

         -Yo soy un hombre sincero –dijo con la voz  agria- y dispuesto a decir la verdad sin tapujos, me enferma los que fingen, los que sienten una cosa y exteriorizan otra. Por esa razón quiero decirte que tu cuento sinceramente  no encaja, no brilla, no tiene ninguna gracia y pienso que todos los presentes se dan cuenta de eso y no se animan a decir para no amargarte. Tu cuentito de morondanga nos deja a todos hastiado y menester es decir para que te des cuenta, no para enojarte desde luego sino para que pares por aquí. Nosotros pensamos que  te ensoberbeció la alabanza que recibiste por la novela “Talavera Pukú y el mefistofélico matasanos” y por eso te crees  con el derecho de narrar cuentitos insípidos que nos dejan más apenados de lo que ya estamos. Nosotros pensamos que si uno es hombre de verdad tiene que darse cuenta de sus errores y no insistir hasta dejar a sus semejantes saturado de bilis. Todos creemos que la inspiración se te acabó y como bien dice nuestro  amigo, autor del brillante “decálogo del macho ejemplar” en su octavo mandamiento “el macho auténtico si por casualidad no tiene más ganas de hacer el amor debe sin dudar un segundo suicidarse”. Nosotros no te pedimos que te suicides pues eso sería ser demasiado radical pero te instamos a que reflexiones y definitivamente dejes ya de contar cuentos para el bien de toda la humanidad y...

         Yo estaba patitieso ante la perorata del que decía ser mi amigo y esperaba ansioso que alguno de los asistentes vuelva a tener un desmayo para sentirme libre de toda la andanada de acusaciones.

         Sin embargo nadie se desmayó pero felizmente un olor pocas veces olfateado en mi vida invadió la estancia en donde estábamos y presurosos todos se levantaron lanzando por lo bajo maldiciones mientras se alejaban tapándose las narices. Ese percance no tan feliz me salvó de escuchar más diatribas.



UNO DE LOS PRESENTES HACE UNA APOLOGÍA INESPERADA  QUE INUNDA DE INEFABLE DICHA AL  RELATOR DE LA HISTORIA.


         Luego  volvimos a congregarnos y antes de que nadie toque el escabroso tema del motivo de la dispersión uno de los oyentes intentando quizá sospechosamente hacer pasar desapercibido aquello  habló con voz estentórea:

         - Yo también digo siempre la verdad y quiero aprovechar   para decir que el cuento de nuestro amigo Cristian es simpatiquísimo, alegre y ameno; aseguro con sinceridad incondicional que sus historias sólo pueden equipararse a los de Chejok, Boccacio, Maupasant, Wilde y otros maestros que no me vienen a la memoria en este momento. Creo que “nosotros” como dice maliciosamente este señor estamos escuchando con verdadera delicia su cuento y quiero decirle  que él es un miserable, un roñoso, un pelafustán con todo el respeto que se merece. Todos los presentes le aprecian en su verdadera dimensión a Cristian que es un amigo leal que nunca nos defraudó, sin embargo la intención de este señor parece  es  mal quistarlo con sus camaradas. Si no le gusta el cuento, ¿qué le cuesta dejar de venir y evitar así dignamente lo que le inquieta?; ¿qué demonios le obliga estar escuchando lo que le saca de quicio?,  además él mismo ya dijo anteriormente que estaba “repleto, saturado de problemas”. Cuando uno esta “repleto, saturado de problemas” bien se colige que nada le dará gracia. Yo respeto las opiniones ajenas y quiero se respete mi opinión y no estoy impugnando por que esté “repleto, saturado de problemas” sino porque soy un hombre verdadero y leal. ¿No es cierto que todos los presentes quieren seguir escuchando el simpático cuento de nuestro amigo?.

         Yo me sentía en el paraíso ante el elogio de este amigo que luego de decir todo su delicioso ditirambo miró a los presentes esperando la aquiescencia. Casi todos los espectadores asintieron con la cabeza. Sin embargo unos segundos después el que me había dicho que yo era un hombre fatuo, amante de  elogios salió a retrucar:

         -Yo creo que tanto el que afirmó que su cuento es pésimo como el que no tuvo empacho para abusar en su panegírico no están siendo imparciales. Yo soy de los que sopesan con mucha prudencia lo que veo y escucho y no soy presto para echar anatemas ni ditirambos fáciles. Por lo tanto mi parecer es que su cuento no es tan abominable ni exquisito y que es necesario continuar escuchándole para tener una postura categórica. Yo pienso que la paciencia es una gran virtud y que el amor al semejante debemos practicar con verdadero celo. Yo siempre suelo decir a mis amigos que soy bueno y sensible pero también duro e incisivo cuando las circunstancias así lo exigen por eso de mí siempre se debe esperar exactitud meticulosa en todas mis expresiones tocantes a la verdad y...

         -Está bien, está bien –aceptó uno de los oyentes al parecer exasperado por el auto ditirambo del sujeto que se decía imparcial-, todos tienen sus virtudes según veo, pero yo  señalo que el que no quiere escuchar mas el cuento de Cristian deje de venir simplemente.

         -Yo, yo –dijo el que había afirmado que estaba “repleto, saturado de problemas”- ,yo voy a venir a escuchar aunque no me guste, pues yo soy democrático y si a la mayoría les gusta su cuento es mi deber continuar escuchando y no hay necesidad de estar peleando como perros y gatos. Pongámonos todos de acuerdo y continuemos escuchándole.

         -Pero si te deja más deprimido yo pienso que debes dejar de venir –Objetó otro de los oyentes mirándole fijamente.

         -Voy a venir, vendré a escuchar –retrucó el “repleto, saturado de problemas” tercamente-, voy a venir porque soy democrático, es mi deber y mi derecho a la vez.

 


EL AUTOR ENSAYA ALGUNAS EXPLICACIONES  AL PACIENTE LECTOR PARA QUE NO SE DESANIME APELANDO A SU ENTEREZA FRANCISCANA PARA LUEGO CONTINUAR CON LA HISTORIA.


         Amantísima lectora, estoico lector, desconfío que quizá estés pensando que ni si llegas a la edad de Matusalén concluirás de  leer todo mi libro si continuo contando lo que mis amigos opinan  apenas  escuchan lo que mis personajes hacen o dejan de hacer.

         Comprendo que con una de las dos opiniones debes  quedarte o sea con  el que dijo que mi cuento era un “cuentito de morondanga, insípido” y que por el bien de la humanidad  debo dejar de contarlo o con el otro que me llenó de lisonjas rimbombantes, aunque queda también la opción del tercero quién dijo que él era un hombre probo, que tardaba para dar su veredicto pero que cuando la daba lo hacía de una manera draconiana.

         No obstante como  también soy tan o más democrático que mi detractor quien  a toda costa quiere continuar escuchando mi historia a pesar de hacerlo sentir mal  puse manos a la obra y seguí hilando mi cuento.

         María se había puesto pensativa. Ora se levantaba y luego se sentaba con los ojos que dejaba vagar por el espacio.

         -“En que tremendo dilema me estoy metiendo –se decía suspirando-, si, porque estoy comenzando a poner en acción  mi deseo. Sin embargo en el fondo de mi corazón prefiero permanecer  fiel a mi esposo. Eso me enseñaron y no quiero transgredir lo que está correcto. Veremos, veremos.!Y qué de verdad tiene lo que dice Estela¡. ¡Cómo me ama Hugo¡. Desde que comencé la comedia no deja de mirarme arrobado, está perdidamente enamorado, apasionado. Es una batalla ganada, ahora es necesario continuar ganando batallas hasta ganar la guerra como dice Estela.¿Y cuál es el segundo paso que debo ejecutar?.

         Luego de pensar un momento se le iluminó el semblante y se dijo:

         -¡“Eso, eso es¡, invitaré a Adriano para que venga a almorzar el domingo con nosotros. Una buena comida, un vino de exquisito gusto para amenizar la conversación. Por ahí comienza la amistad y como dice Estela amante y marido deben de ser amigos íntimos, uña y carne.

         El viernes cuando Adriano se iba yendo hacía su casa María le hizo seña para que se acerque. No se hizo rogar el galán y presuroso fue donde ella estaba mientras se decía:

         -“Esta preciosa mujer quiere “eso”, estoy seguro. La cuestión es cuando abordarla, debo tener mucha cautela.

         Cuando llegó junto a  María bajando ceremoniosamente la cabeza , sonriendo de oreja a oreja con voz melosa murmuró:

         -¡Oh, cuánto placer¡, creí que ya no te iba a ver hoy ni siquiera de lejos, sin embargo los dioses  siempre son benignos conmigo y me depara esta agradable sorpresa.

         María al notar que el don Juan  se ponía impetuoso dijo:

         -¡Oh, los hombres¡, parece que cuando una es amable inmediatamente ya piensan mal.

         Adriano se dio cuenta de su imprudencia. Sin embargo no cejó en su empeño de reverenciar a María y dijo con zalamería:

         -¿Qué dices María?. Yo sé que no tengo el derecho de decir que eres hermosa, que tus palabras suenan a mis oídos de forma tan melodiosa y como no se mentir  digo lo que veo y lo que siento en mi corazón.

         -Estaba diciendo –dijo María- que  con los hombres es difícil tener una amistad pura, pues una apenas se muestra amable y ya se interpreta mal.

         -Sí, sí  -admitió rápidamente Adriano- casi todos los hombres son así, yo sin embargo soy uno de los que siempre critico a los hombres que no saben diferenciar un amor puro de otro libidinoso.!Hay tantas mujeres bellas e inteligentes que prefieren no tener amigos por causa de lo que dices!.

         -Sin embargo cuando te llamé para hablarte pensaste mal –protestó María

         -¡Qué bárbaro, qué bárbaro – dijo con énfasis Adriano-. ¿Estuve mal al decir lo que salió de lo profundo de mi corazón?. Jamás  pronunciaré más las verídicas palabras que me atreví a decir si es que te disgusta.

         -No es eso, es que...

         -Discúlpame María –insistió Adriano-, has interpretado mal lo que dije con una sinceridad e inocencia plena.

         Adriano la miraba con insistencia y se dijo:

         -“Se hace la melindrosa, debe ser difícil conseguirla pero no imposible”.

         -Es cierto –dijo luego de un momento María- yo tengo la culpa por haber pensado mal..., es que suceden tantas cosas que una ya no puede escuchar una simple e inocente galantería.

         -La culpa la tengo yo –insistió terco Adriano-, yo debo pedir disculpas, debo pensar un poco más para hablar, debo ser más cauteloso y no dejar escapar los sentimientos que me invaden.

         -Olvidemos lo que pasó –dijo María-, lo que quería decirte es que Hugo me dijo que tendría un gran placer si es que te dignas a venir para almorzar con nosotros el domingo.

         Adriano quedó totalmente sorprendido ante la propuesta, reponiéndose dijo:

¿El señor Hugo quiere que venga el domingo a almorzar?.

-Sí, sí,  me dijo que te lo diga –mintió María.

-¿Y sólo él se sentirá contento si vengo a almorzar? –insinuó Adriano maliciosamente no pudiendo con su genio de seductor.

         -¿Cómo?.

         -Pregunto si es que tú también estarás contenta si vengo – se atrevió a decir Adriano.

         -Claro, a mí también me gustará que vengas.

         -Entonces vendré con mil gusto. Hasta el domingo. –Dijo Adriano para luego despedirse mientras musitaba para sí al alejarse:

         -“No sé que pensar de la invitación. ¿Será que Hugo está desconfiando algo?, ¿o es María la autora de ésta maquinación?. Las mujeres son pérfidas y astutas cuando desean llevar a cabo lo que les viene en ganas. Pruebas ya tuve de ello. Veremos...veremos; lo que presiento es que no será fácil la conquista de esta mujer. Mejor, mejor, me cautivan mas las mujeres difíciles, son siempre más ardientes que las que se dejan conquistar fácilmente”

         En cuanto María luego de que Adriano se hubiese alejado comenzó a cavilar:

         -“Presiento que tarde o temprano voy a consumar el acto de adulterio. Sin embargo me deja esa actitud desganada. ¿Porqué debo rebajarme a cometer algo que me disgusta?. Estela afirma que un amante es mucho más ardiente que el marido y que una se siente extasiada, que apenas el néctar de los dioses se le puede comparar. No obstante yo dudo..., no me entusiasma y me arrepiento antes de consumar el acto.!Qué tremendo dilema!. Y parece que Adriano cada día está mas enamorado, me halaga eso, es seña de que mi poder de seducción aún funciona, que soy bonita y que puedo arrebatar corazones.


 

DE LOS CURIOSOS MONÓLOGOS  DE CUATRO PERSONAJES DE ESTA VERÍDICA HISTORIA ANTE LAS DESCONCERTANTES  SITUACIONES EN QUE SE VIERON ENVUELTOS.


         Contemos al curioso lector cuales eran los pensamientos, las conjeturas y deducciones de doña Luisa, don Aparicio  Gilberto y Magdalena luego de aquella noche en que se vieron en figurillas padre he hijo.

         Don Aparicio soliloquiaba:

         -“La tercera es la vencida suele decirse. En efecto, dos veces ya salí defraudado de la conquista que me propuse hacer y quizá la tercera vez consigo mi propósito. Sin embargo me puede deparar una desagradable  sorpresa si persisto en mi designio. Lo peor es que Gilberto si no me equivoco está con los mismos planes que yo. ¿O será verdad que se despertó al sentir que yo caminaba  cerca de su dormitorio?. Puede ser, no obstante es probable que como yo le mentí él haya hecho la misma cosa. En fin, veremos; pensaré un tiempo y luego tomaré alguna determinación”.

         Gilberto a su vez se decía:

         -“De un apuro salí la otra vez. ¿Será que el viejo se creyó de que le seguí porque escuché sus pasos por casualidad?. ¿Y será que es cierto su supuesto sonambulismo o es una patraña para embaucarme y esconder su verdadero objetivo?.!Vaya uno a saberlo!. Ja... ja..., ja..., mi rival mi padre; un enredo digno de las comedias  de Moliere. Se da por des  contado que saldré ganancioso en la disputa a no ser que entre a tallar imponderables. Sin embargo es probable que él ningún deseo libidinoso por Magdalena y yo estoy pensando mal. En cuanto a Magdalena, ¿cuál será su reacción cuando me declare a ella?. Quizá me rechace y hasta es capaz de contar a papá y a mamá. ¡los sermones, las reprimendas que me esperan especialmente de parte de mamá!. No creo sin embargo que ella cuente nada, al final no deja de ser una simple “pokyrá” con un hijo que los “perros” ya le dieron. Y sin embargo es tan linda, tan encantadora, esa su mirada y sus ojos es como para cautivar a cualquiera. Debo conseguirla, la conseguiré.”

         En cuanto a doña Luisa que por poco había olvidado el percance se decía cuando en un momento dado le vino a la memoria la noche aquella en que se encontraron:

         -¡ “Qué extraño lo que sucedió aquella noche!. Gilberto y Aparicio cuchicheando solos casi ya de madrugada, contestando con evasivas a mis preguntas. ¿Querían esconder algo de mi? ¿Será posible?. ¿Cuál de ellos era el que planeaba ir junto a Magdalena?. ¿Quizá los dos?.Absurdo, definitivamente absurdo y descabellado. No, no Aparicio jamás lo haría, en cuanto a Gilberto no es de extrañar, es joven y no sabe las consecuencias que puede acarrear meterse con empleadas, a lo mejor es necesario conversar con Aparicio y luego hablarle a Gilberto sobre la soberana tontería  que proyecta hacer si es que esa es su intención”.

         En cuanto a Magdalena  que estaba ajena a lo que había sucedido casi a la puerta de su pieza soliloquiaba de este manera:

         -¿ “Desistió el viejo

sátiro de sus deseos?.¿O quizá volverá a la carga?. Luego de mi rechazo insinuó que podría darme mucho dinero. Y si equivocada no estoy, presiento que siempre me está mirando con sus ojos que relampaguean de lujuria. Probablemente depende de mí para que resuelva ir de nuevo a mi pieza. Y en cuanto a Gilberto, ¿acaso no me mira también con sus ojos llenos de deseos libidinosos?. Si, si, advierte y ve que soy una empleada, la “pokyrá” con la cual cree que tiene todo el derecho de satisfacer sus lascivos deseos. No obstante noto que me respeta y siente probablemente algo de temor ante un eventual rechazo de mi parte. ¡Y es tan guapo!, sería lindo ser amada por un joven hermoso y distinguido, algo ya imposible para mi. En fin, veremos cómo se desentraña esto que me está aconteciendo.



‘’ DONDE EL DIABLO PUSO LA MANO, SEÑAL QUEDA PARA RATO’’ DICE  UN REFRÁN  QUE VIENE COMO ANILLO AL DEDO PARA ESTE CAPÍTULO.


       María estaba aquel domingo pensativa. Desde que se levantó estuvo pensando en Adriano. Era ese día en efecto el combinado para que él venga a almorzar.

--¿ Vendrá o quizá desistirá? ---soliloquiaba pensativa--, lo más probable es que desista pues debe  tener recelo de Hugo. Y éste, ¿ cómo recibirá  su venida? .Aún no le he dicho nada ,pero., ¿en qué problema me estoy metiendo?, ¿porqué esta obsesión  de querer engañar a toda costa a mi marido?. ¿ Porqué se metió en mi cabeza tamaña estupidez?. Ojalá Adriano desista, es mejor que no venga, ¿ habrá notado por mí que tengo malas intenciones? Yo nunca tendré el coraje de cometer semejante aberración.

   .Luego de  unos momentos sin embargo cambiaba imprevistamente de opinión.

--- Y pensándolo bien Hugo se merece, sí , porque él no tuvo ningún escrúpulo en  tener un hijo con aquella fulanita. Debo hacer, debo intentar..., estoy haciendo tan maravillosamente el papel que me corresponde para engañarlo, ¿ y si me pilla? . El no estaría dispuesto a aceptar los cuernos, sería capaz de matarme, de liquidarme con tres o cuatro balazos.. de...

--- María..., María...María....---dijo desde el fondo una voz.

---Nooo,  nooo,---exclamó María sobresaltada--, Jamás, nunca jamás, no es cierto..

---Pero,..pero, ¿qué sucede, qué pasa? ---preguntó extrañado Hugo mientras se acercaba donde estaba su esposa---¿Estás hablando sola?, hace días que te estoy notando rara, ¿ estás muy preocupada o quizá con muchos nervios?

---¡Oh, no amor mío¡--- contestó María recuperando su sangre fría---, te amo...te quiero...te adoro tanto amor mío que a veces realmente hablo sola, sin embargo en mi imaginación tú siempre me acompañas

  Le saltó por el cuello y le dio sonoros besos. Le ahogaba con cariños y besos y Hugo se sentía feliz que babeaba ante tanto cariño y amor

  En ese momento tocó el timbre de la casa. Se sobresaltó María. ¿Era Adriano el que estaba llegando?. ¿Qué iba a decirle a su marido?

  Se disponía Hugo a ir para atender pero rápido María dijo:

---Espera,...déjame  que yo atiendo

    Y sin esperar respuesta se fue apresuradamente  para atender. Era efectivamente Adriano el que estaba en el portón.

---¡ Viniste¡---exclamó María al verlo.

---Así habíamos combinado---respondió Adriano

---Pero yo pensé que no vendrías ---replicó boquiabierta María---, pensé que resolverías  desechar la invitación. En fin realmente no te esperaba.

   María estaba realmente acongojada. Su dividida personalidad entre la “obligación” de engañar a Hugo para pagarle con la misma moneda y la educación recibida de que al hombre se le tenía que respetar a pesar de sus calaveradas la tenía confusa.

   La formación que había recibido fue “el gallo  tenía que cantar y no la gallina”, era lo que se decía siempre  en su hogar.  Su padre tenía todos los derechos de conquistar  por lo menos a escondidas a alguna eventual pareja. Era su “obligación” replicaba a su madre cuando esta ensayaba algunas tímidas protestas  pues si no lo hacía incluso podrían pensar de él que era del “otro bando”. Además, ¿qué dirían de él sus innumerables amigos si es que desaprovechaba la ocasión?. Eran otros tiempos, es cierto pero el machismo persistía y se negaba a desaparecer.

  María en el fondo se maravillaba porque Hugo después de haber cometido el desliz se había transformado en un manso cordero. Ella sin embargo estaba imbuida fuertemente de que el hombre podía engañar y que a la mujer le estaba vedado el hacerlo. Sin embargo la tentación era fuerte y la liga de las mujeres casadas que cada día aumentaban con la infidelidad era grande como bien le decía Estela. En fin, era la liberación femenina que ella debido a su pusilanimidad no la ponía en ejecución.

---¿Hay algún  problema? – insinuó Adriano .

---No, no, si, este, no---tartamudeó María

---Si existe algún problema me voy---dijo Adriano aprestándose a volver sobre sus pasos. Estaba algo asustado ante la indecisión de María.

---No, no, llega –resolvió María con determinación.

---¿No hay entonces inconveniente para llegar? –insistió Adriano

---Absolutamente, ningún inconveniente—dijo ya con más aplomo María—

---María....María...María...,¿dónde estás?, ¿qué pasó contigo? ---llamó la voz de Hugo---, hace una hora que te has ido y no vuelves.

   Llegó Hugo en donde se encontraba su señora y Adriano quedándose boquiabierto y sorprendido ante la presencia del huésped.

    Apresuradamente María comenzó a hablar:

--- Hugo...Hugo, amor mío, mi vida, cariño mío, ¿ te recuerdas que te había dicho que Adriano estaba invitado para venir a almorzar en casa?, era para festejar nuestro  reencuentro, vamos a llegar, ¿ que se van a servir, un poco de vino, champán o whiski?, vamos a llegar, entremos adentro.

 Y María prácticamente los llevó a ambos hacía el interior de la vivienda

    Hugo no se recordaba de que hubiesen comentado nada sobre la venida de Adriano y pensó que quizá se le habría pasado inadvertido.

---Voy a traer un poco de cerveza o vino para que se sirvan --- dijo María y se fue hacía el fondo a traer la bebida.

---Aquí traigo algo para beber, yo mientras ayudaré en la cocina a la chica que está cocinando.







EN DONDE VERDADERAMENTE SE COMPRUEBA QUE  TENEMOS MÁS DE LOCO QUE DE POETA.


   María dejó a los dos hombres  y se retiró hacía la cocina luego de dar apasionados besos a Hugo.

---Tengo que insistir para que beban, eso les pondrá alegres y encontraran motivos para dialogar. Según Estela la bebida es un gran estímulo para que no surjan susceptibilidades

 dudas ni suspicacias.

   Y luego de un momento fue otra vez junto a su marido y Adriano quienes se estaban poniendo verborrágicos.

---Vamos,...vamos, no están tomando nada--- exclamó María jubilosa---, hoy es un día muy especial para mi y Hugo, estamos festejando algo que sólo nosotros sabemos, en efecto el amor que sentía por Hugo revivió o mejor despertó de su letargo y eso me deja jubilosa. En cuanto a la visita de Adriano que por fin se anima a acercarse a sus vecinos y amigos también hay que festejar.

---¡Cuánto te amo amor mío, mi vida, cariño mío---decía y repetía  María mientras llenaba de besos a su marido quien se sentía impresionantemente feliz ante estos arrebatos de su esposa.

---No te imaginas, Adriano---insistió María mirando a éste---, cuánto le debo a mi marido, es tan bueno, tan cariñoso, tan servicial.

   Y después de hablar  María se volvió a despedir por unos momentos.

----Quédense tranquilos, ya vuelvo dentro de un rato.

 ---¿Pero qué es lo que pretende esta mujer?--- se decía intrigado Adriano---,¿quizá ponerme celoso?, ¿o intenta engañar a su marido con tanta zalamería?, es lo mas seguro. Vaya uno a saber. A mis plantas ya sucumbieron cientos de mujeres y aún no llego a entenderlas del todo; son tan extrañas, tan ambiguas, tan paradojales que ni el mismísimo Casanova sabría que es lo que en definitiva quieren.

   En cuanto a Hugo se sentía feliz y cuando estuvieron algo mareado por la bebida María los vio hablar con entusiasmo, parecía que se conocían de larga data.

---Su marido es una gran persona---dijo eufórico Adriano a María cuando esta fue llegando para invitarles a ir a almorzar ---, un señor a carta cabal, ¿cómo pudimos haber estado tanto tiempo para consolidar nuestra amistad?, es una pena, una verdadera pena.

---Si, si ---concordaba Hugo también eufórico debido a las abundantes libaciones que habían hecho---, y yo que en el fondo pensaba que nada te importaba en la vida y sin embargo ahora me entero que piensas ejecutar grandes obras. Que estudiabas sin ningún barullo, imagínate María--- dijo dirigiéndose a su esposa---¡Jamás se te pasara por la cabeza qué planea el señor Adriano¡

 María interrogó con los ojos a Hugo.

---¿No lo sabes?---dijo Hugo---, sí, es natural que no lo sepas, tampoco yo estaba enterado y pienso que nadie de los vecinos, pues Adriano es modesto, es prudente, es un paradigma de modestia. ¡Oh, el señor Adriano es una gran persona y nosotros lo ignoramos olímpicamente,...pero es “normal, eso es lo más normal” como dice el famosísimo doctor Remies, los grandes de verdad siempre son ignorados por el vulgo zafio que nunca se interesa por lo verdaderamente grandioso; el vulgo está interesado con los chismes, con lo prosaico, con lo trivial e insulso.

--- Aclara qué es lo que quieres decir---preguntó María intrigada ante las laudatorias palabras de Hugo.

---Este...este, Hugo...Hugo ---tartamudeó Adriano---, el señor Hugo, según entiendo quiere comentar algo que no tiene importancia y...

--- Vamos, vamos---dijo Hugo al ver que Adriano se daba vueltas en la silla en señal de desasosiego---, por favor, ya otra ves con la modestia. Deja que por lo menos María sepa..., ella no es chismosa ni mucho menos; no tengas vergüenza de ella. Sí porque yo intuyo que ella te admirará por tu formidable, paradigmática prudencia

---Pero por Dios, hablen de una buena vez, digan lo que tienen que decir  pues estoy sumamente intrigada y curiosa--- dijo ya casi con rabia María que  cada vez se ponía mas inquieta ante los enigmáticas elucubraciones de su marido.

---María, María---exclamó Hugo alzando los brazos y señalando a Adriano---, no sabías tú ni yo que estábamos ante un gran poeta, un vate que trabaja en silencio, resignado, sufriendo ante los chismes de la comunidad que lo cree un pelagatos, un haragán, un vago.

    María se calló. Poco le importaba que Adriano fuese poeta. La noticia le era  casi indiferente.

   Hugo que tomó el silencio de su señora  debido a la gran sorpresa de la novedad, continuó con su ditirámbico discurso mientras sus ojos parpadeaban constantemente debido a su ebriedad.

---Sí, un poeta, toda una gran promesa para el país según entiendo. Me recitó algunos versos que calaron hondo en mi alma. No quiere que yo pregone que es un poeta o mejor no quiere que nadie sepa, prefiere el anonimato. Yo sin embargo no puedo ni debo dejar que se ignore a un gran vate. Le dije que por lo menos a ti te contaría. Aceptó que tú te enteres pero no quiere que la chusma, el vulgo se entere y le prometí que a nadie le contaré si no tengo su aquiescencia. Tú también María debes guardar el secreto hasta que él decida lo contrario. Y yo...yo---continuó diciendo Hugo---, yo tengo el Decálogo del Gran Poeta, eso también es un secreto que ni María sabe y que ahora oportunamente lo cuento y quiero leerlo porque yo admiro a los poetas pues siempre quise convertirme en poeta pero lastimosamente creo que no tengo vena para eso y ahora pienso que Adriano me puede aconsejar  algo sobre eso. Tal vez la mano de Dios esté en este encuentro  nuestro, quizá, quizá, pero déjenme que me voy a traer el Decálogo del Gran poeta para leer.

   Hugo se encontraba magnetizado, deslumbrado ante la insólita novedad y comenzaba a creer que el Todopoderoso estaba detrás de lo que sucedía y se levantó para traer el Decálogo del Gran Poeta.

---Aquí traigo---dijo---escuchen con atención y veneración.

   Y comenzó a leer:

 DECÁLOGO DEL  GRAN  POETA

El Gran Poeta es una persona fuera de serie.   

El Gran Poeta es un verdadero Dios.

El Gran Poeta es un inmortal.

El Gran Poeta sufre inmensamente.

El Gran Poeta ama al universo entero.

Al Gran poeta normalmente se le  prodiga desprecio.

El Gran Poeta si hace algunas locuras no se le puede reprobar pues él está encima del bien y del mal.

Al gran poeta si no le reconocen sus contemporáneos sabe que vendrá su día y su hora.

Gran Poeta debe perdonársele  si ama a cientos de mujeres y quizá hasta a hombres , así sucede porque su glorioso númen  le ordena.

El Gran Poeta  es medio loco como todos los genios.

        Leía con verdadera unción Hugo su Decálogo del Gran Poeta y quizá debido a su ebriedad incluso se le saltó algunas lágrimas.

---No tiene tanta importancia---decía  sonriendo Adriano mientras escuchaba atónito El Decálogo del Gran Poeta.

---¡No tiene importancia, no tiene importancia!---exclamó Hugo---, sí, ya sé que eres extremadamente modesto pero yo insisto que eres un hombre excepcional que mereces un monumento.

 Y luego de un momento continuó:

--- Sí, un verdadero monumento de las letras, como estaba diciendo María el plan que Adriano silenciosamente está elaborando es hacer imprimir alguna vez sus libros con seudónimos y piensa no hacerse conocer nunca. No piensa en la gloria ni en la fama.¿Quién negará que es un  grande entre los grandes?

---Cambiemos de tema---dijo Adriano---parece que la señora María no se siente a gusto con la conversación.

---No, no---se apresuró a decir María---, aunque entiendo poco de poesía, en realidad me place que tengamos un vecino y amigo poeta.

---Un gran poeta---se apresuró a recalcar Hugo---, un insigne poeta. Los versos que me recitó hace unos momentos me dejaron conmovido, arrebatado. Creo que jamás escuché poesía tan lleno de lirismo, de apasionamiento, de amor hacía todo, mi Decálogo del Gran Poeta le viene como anillo al dedo. Has escuchar a María, hazlo para para que esa aparente frialdad desaparezca. Recita Adriano algunos versos tuyos para que María se convenza que no estoy hablando por hablar.

---Por favor, por favor---musitó Adriano---, ahora en este momento prefiero no declamar; estoy medio mareado por la bebida  y me temo que no pueda recordar con precisión.

---Sea, sea---condescendió Hugo---, pero prométeme que me enviarás  algunos versos tuyos para deleitarme con ellos. Eso jamás me podrás negar. Los leeré con fruición. Están llenos de ternura que uno no puede menos que regocijarse con ellos.

--- Sí, sí, desde luego que te enviaré; aunque pienso que..que no son tan lindos los versos.

---La modestia...siempre con la modestia---replicó Hugo con vehemencia---, trata de valorarte. Y te digo más: es necesario que muestres esos trabajos tuyos a una editora  para que el público decente no se pierda tanta belleza, debes hacerlo a pesar tuyo pues pienso que si no lo publicas sería egoísmo para con la humanidad.

    El almuerzo continuaba festivo. Hugo y Adriano estaban cada vez más mareados por la bebida y María los miraba entre complacida y estupefacta ante  los inesperados acontecimientos.

---Continua, per. . .per... severa en tus intenciones---decía Hugo tartamudeando por causa de la bebida---, demues...demues...demuestra al mundo que...que...silenciosamente, sin rui...rui...ruido se hace...hace...hace patria.

---Estoy fe...fe... feliz---tartamudeaba también Adriano---, es ne...ne...necesario a veces te...te...tener amigos de verdad para continuar en la lu...lu...lucha.

  Por fin llegó la despedida. Se abrazaron largamente Hugo y Adriano. Se despedían una y otra vez. Y por último Adriano abrazó también a María y se despidio besándole las manos con verdadera unción y como corresponde a un don Juan.

---Exi...exi...eximio poeta---decía Hugo mientras el anfitrión desaparecía---,  gran...gran..gran hombre, singular poe..poe...poeta ,¿verdad María?.

   María no contestó nada, se limitó a mirar a su esposo para llevarlo luego a dormir su borrachera.


 

DIVAGACIONES LUEGO DEL PANTAGRUELICO FESTÍN.


 Mientras Hugo se dormía María monologaba pensativa:

 ---“Se hicieron amigos íntimos de una hora para otra. ¿Es cierto que Adriano es un gran poeta?. Hugo quedó fascinado por la verdadera o supuesta poesía de Adriano; la forma en que babeaba  cuando se recordaba de sus versos, ¿ y ese Decálogo que le recitó de donde llegó a sacar?. Ni yo estaba enterada de que poseía. Es claro que a él siempre le gustó la poesía pero siempre mantenía en secreto esos temas referentes a sus escritos. Pero,¿de verdad Adriano es un poeta que pasaba de incógnita  en la vecindad?.,y ¿será tan bueno como dice Hugo?. De poesía entiendo poco pero Adriano no parece que sea una persona que se dedica a cosas profundas, parece tan fútil, frívolo..., no obstante puede ser un poeta romántico y borracho. Sí, en efecto cuando se despidió en su borrachera casi me besó y Hugo ni se dio cuenta. Y bueno, si mi intención es engañarle a Hugo para pagarle con la misma moneda estoy en buen camino. Amante y marido amigos, amigos íntimos, es lo que dice Estela que es ducha en éste menester. Es probable que la idea de Adriano sea entrar en confianza con Hugo y luego tratar de conseguir  su propósito. No, no, yo no debo dejarme embaucar, no debo cometer ningún desliz..., soy una mujer honesta, mi madre me enseñó que debo ser fiel a mi marido y sin embargo no rompo de una buena vez estas peligrosas ocasiones que yo misma estoy provocando”.

   En cuanto a Hugo luego de varias horas de sueño profundo se desperezaba lentamente luego del pantagruélico festín. Su cabeza aún le daba vueltas debido a  la enorme cantidad de espirituosa que había ingerido.

   ---“Nunca tomé tanto alcohol----decía mientras  abría los ojos con dificultad---, Y Adriano, ¿cómo se le antojó venir?. María dijo que yo mismo había insinuado para que venga a almorzar. Puede ser, puede ser aunque yo no me acuerdo demasiado bien y me siento feliz por esa corazonada. Este encuentro con un  poeta es algo demasiado hermoso que debo agradecer a todos los dioses del Olimpo. ¡ Yo, yo, yo que siempre fue mi sueño ser poeta ahora me toca la oportunidad de convivir con un poeta de verdad¡. ¡Esto tiene que ser obra de la Providencia.¡ Ya me parecía que Adriano era un espécimen enigmático, huraño¡. Y bueno...todos los poetas son así, es por la incomprensión de que son objetos y miran a los seres humanos con objetivad, ven la mezquindad, la egolatría y eso les enferma. Sí, aunque el negó todo, sé que en el fondo, allá en el fondo el está desengañado con el género humano, lobo es el hombre para el hombre. Sí él debe de sufrir mucho ante las injusticias que en el mundo pulula. Mi famoso Decálogo del Gran Poeta lo dice magistralmente. Los verdaderos poetas tienen según dicen  exagerada sensibilidad. Es lo que yo no tengo y por eso no soy un gran poeta como él. La poesía, la poesía siempre me gustó; en mi mocedad quise ser desesperadamente poeta, llegaba a pergeñar líneas, luego dejé, dejé porque llegué a convencerme que no tenía pasta para ser un gran vate. Llegué a convencerme de que no sería jamás famoso, de que la gloria me estaba vedado. El me dijo que escribía porque sentía una imperiosa necesidad de hacerlo, porque le es imposible vivir sin escribir y no precisamente para ser famoso ni alcanzar la gloria. Es un sabio éste hombre. Los versos que me recitó. ¡Oh ,qué admirables, que sublimes, me hizo dejar transfigurado!. Además me dijo que tiene muchos. ¡Y qué magnanimidad la suya¡. Me indicó que yo debía insistir en escribir, que él tenía fe en mí. No, no eso ya es demasiado, yo ya no seré jamás poeta ni nada, ya abandoné aquellos antiguos sueños, sólo pretendo leer a los grandes poetas. Y que suerte extraordinaria la mía al tener como vecino y amigo a un eximio poeta. Un día verdaderamente feliz, una fecha inolvidable es hoy. ¿Y María, donde está María?; María... María...mi amor ...mi vida, ¿dónde estás?---exclamó sentándose en la cama eufórico.

  Apareció luego de un momento María.

---Ven acá , mi amor ---llamó con dulzura Hugo---, estoy encantado con la sorpresa que nos llevamos. La amistad de Adriano---continuó--- es algo que nos estábamos perdiendo en vano. ¿Tú tampoco estabas enterada de que era un gran poeta de una humildad suprema?

---Algo yo había escuchado---mintió María---, y como a ti te gustan las letras pensé que serían buenos amigos.

---Amor mío---dijo Hugo a su mujer mientras la besaba ardientemente---, eres buena, yo siempre te amé con pasión  y sin embargo cometí un tropiezo del cual estoy arrepentido, jamás volverá a suceder semejante desliz.

 Se acariciaron un buen un buen rato y luego Hugo dijo:

---Un gran poeta, no me canso de repetirlo María y no quiero que tú te canses de escuchar esa verdad. ¡Estoy tan feliz, me abrió su corazón, es bondadoso, un hombre a carta cabal¡

  Mientras  tanto Adriano también ya despierto y despejado de su borrachera monologaba de esta manera :

---¡“Qué día, qué domingo maravilloso pasé hoy. En verdad que éste Hugo parece tan tonto, tan crédulo que calculo que mucho trabajo no me va a costar convencerlo de muchas cosas. Este animal se creyó a pies juntillas que soy un verdadero poeta. Pasa siempre lo mismo, es mi forma de actuar cuando quiero ganarme la confianza de cualquiera, basta en efecto hablar de fútbol, de política, de mujer, de historia que el interlocutor cae como un botarate en el ardid. En  su caso noté enseguida que le gustaba la literatura y comencé a recitarle versos de Neruda, de Rubén Darío y otros para que babee de contento y, ¿a quién en efecto no se le antojó en su juventud ser poeta?. De poeta y de locos todos tenemos un poco dice el refrán,  ahora bien no todo el mundo se da cuenta que la gran mayoría tiene más pasta de loco que de poeta. Parece que me sobrepasé con la bebida pues comenzó de improviso a gustarme como antaño la literatura. Sin embargo lo que me interesa de verdad es conquistar a María, es demasiado linda, ingenua. Ella está aún dudando pero ya caerá. ¡No hubo, no hay, no habrá mujer que resista a mis embates cuando me propongo en serio seducirla¡. Ya verás María, serás toda mía, tú lo has querido, me has provocado sin resolverte del todo y yo ya me enamoré de ti y no hay otra solución que amarnos. En fin, nadie dirá jamás que cuando Adriano se propone conquistar a una mujer ha vuelto atrás o que no consiguió su propósito. Es linda, es encantadora, es divina”.     

Así se decía Adriano mientras una sonrisa de satisfacción de dibujaba en sus labios pensando en su futura victoria.


 

EN DONDE UN PERSONAJE NUESTRO USA UN SOLAPADO ARDID PARA CONSEGUIR SUS INNOBLES PROPÓSITOS.

  

 Debemos convenir en que no es sólo Adriano el que se vale de artimañas cuando se propone conseguir inicuos propósitos. Viene a cuento esto pues así como él, don Aparicio estaba embarcado en su malévolo proyecto. Desde aquella famosa noche en que madre, esposo he hijo se encontraron en los corredores de la casa armándose toda una confusión don Aparicio apaciguó algo sus concupiscentes deseos para luego volver a su antigua aspiración. Su frágil y consumida voluntad luego de aquella malhadada noche le jugaba malos momentos  y cada vez que veía a Magdalena le tomaba una especie de fiebre y comenzaba a tiritar como un poseído.

---Tengo que conseguirla--- se decía apretando los dientes en señal de impotencia---, pero, ¿cómo intentar de nuevo?,¿ me va a rechazar quizá nuevamente?. Me había amenazado con contar a Luisa. Sería terrible, terrorífico si hace eso.

   Un temor ingente se había apoderado de don Aparicio y no se animaba volver al ataque. Miraba con ojos suplicantes a Magdalena quién no se dignaba retribuir sus encendidas miradas.

  Una idea sin embargo le vino a la mente. En efecto ante la indiferencia de Magdalena resolvió dar cariño a su hijo Luciano. El hijo de Magdalena era objeto de grandes demostraciones de amor de parte de don Aparicio. Los regalos menudeaban. Huelga decir que todos los regalos que recibía Luciano era a escondidas de doña Luisa.

  En una ocasión cuando don Aparicio le estaba enseñando a jugar con un juguete electrónico apareció imprevistamente doña Luisa. Don Aparicio se sobresaltó cuando notó que su señora le estaba observando entre curiosa e intrigada. Don Aparicio la miró con una expresión estúpida y sonrió forzadamente.

---¿Qué haces?---inquirió doña Luisa

---Estaba enseñando a Luciano a manejar el juguete---dijo mascullando don Aparicio.

  Doña Luisa continuaba mirándole como pidiendo mas explicaciones.

---De a poco estuve tomando cariño al niño---explicó don Aparicio con algo más de aplomo---,¿verdad que es linda esta criatura?. Abandonado a la deriva,¡ qué triste la suerte de éste pequeñuelo!

 Doña Luisa sabía que su marido era un hombre de corazón duro y le extrañaba  algo aquella inesperada ternura de que estaba imbuido don Aparicio.

 Se agachó luego doña Luisa y tomó el juguete en sus manos.

---Esto ha de ser caro,...carísimo ---exclamó mirando a su marido.

--Cinco...cinco...cinco mil guaraníes---exclamó don Aparicio mientras un escalofrío le recorría todo el cuerpo.

---Pero, ¿de donde saca Magdalena tanta plata para comprar regalos caros a su hijo?.

---Este...este..yo, yo fui el que compró al nene y...---murmuró don Aparicio que tomado de sorpresa no pudo mentir.

---¿Qué, qué---exclamó doña Luisa mirando con ojos de basilisco a su marido---,¿qué antojo es lo que te indujo a hacer esto?.

---Era...era su cumpleaños y en un arranque de ternura  resolví regalarle---dijo con zalamería don Aparicio abrazando y acariciando a su señora---de vez en cuando, aunque sea de vez en cuando hay que ser magnánimo y despojarnos de nuestro egoísmo. ¿Verdad que sí?. En efecto Luisa, existe un Dios que nos recompensa con creces, que nos da el ciento por uno por las buenas obras y...

---¿Y quién te contó que era el cumpleaños de ésta criatura?---preguntó entre curiosa  y halagada doña Luisa.

 ---Y...y fue ella...ella misma---musitó don Aparicio cada vez más embrollado y confuso en el atolladero.

---¿Quién ella?---insistió doña Luisa obstinada mente.

---Y Magdalena...la chica... su mamá,

---Y¿ tú le preguntaste?.

---No se bien...no me acuerdo ni cómo supe---se defendió don Aparicio---, pero, ¿ no te parece Luisa, amor mío que de vez en cuando hay que ser magnánimo?. Además nunca tuvimos una empleada tan dedicada como ella.

---Puede ser, puede ser---condescendió doña Luisa---, pero creo que no hay que dar demasiada confianza pues a la gente se le tiende la mano y te toma los brazos.

---Cierto, demasiado cierto lo que dices---aceptó complacido don Aparicio---, yo sé que tú nunca yerras, que jamás te equivocas y por eso te quiero cada día más. Además tú sabes que yo sé de memoria el “Decálogo del marido Ejemplar” que me habías regalado.¿Quieres te recite?. Y sin esperar respuesta de doña Luisa don Aparicio comenzó a declamar el “Decálogo del Marido Ejemplar” que su señora le había regalado antaño cuando se habían casado recién:

   

 

DECÁLOGO DEL MARIDO EJEMPLAR.


El marido ejemplar no debe  ser infiel ni en pensamiento.

El marido ejemplar debe amar a su señora más que así mismo

 El marido ejemplar no debe ser complicado.

 El marido ejemplar debe ser diligente y madrugar.

 El marido ejemplar debe estar siempre atento ante el requerimiento de su señora.

 El marido ejemplar debe morir antes que su señora.

 El marido ejemplar debe ser ejemplar en todo.

 El marido ejemplar si no es un dechado de virtudes debe batallar para serlo.

 El marido ejemplar no debe quejarse de la mujer que le tocó en suerte.

 El marido ejemplar debe ser una  panacea para su señora.

 Doña Luisa escuchó complacida el “Decálogo del Marido Ejemplar” que don Aparicio recitó sin pestañear  con su memoria  totalmente fiel.

 Se alejaron luego ambos y para felicidad de don Aparicio su señora no tuvo la más mínima sospecha de su maquiavélico designio.

---“Luisa no desconfía nada.---pensó don Aparicio---, además yo siempre le suelo decir que trato de cumplir el famoso “Decálogo del Marido Ejemplar” que me había regalado. Ahora infelizmente o felizmente sólo la memoria es fiel pues ahora deseo a Magdalena, nunca mujer alguna me obsesionó de esta forma. Soy capaz de dejar a mi señora por ella y mandar al  diablo el “Decálogo del Marido Ejemplar”. Sin embargo Magdalena no se interesa por mí. Quizá cree que soy mezquino y que sólo deseo conseguirla por lascivo, pero le daré una sorpresa; le regalaré no solo a su hijo sino también a ella  con largueza  y amor.                


 

EN DONDE  UN MAREADO MARIDO SE VE EN FIGURILLAS.


  Un tiempo después  de haber  sucedido lo que narramos más arriba  doña Luisa se decía absorta en sus pensamientos:

  ---“Es cierto lo que Aparicio me dijo respecto a Magdalena. En efecto debo de ser mas considerada con ella pues bien lo dijo él que nunca una empleada fue tan desempeñada y respetuosa. Y me preocupa Gilberto quién le puede faltar al respeto en cualquier momento. No quisiera de nuevo problemas como sucedió la vez anterior cuando la empleada que tuvimos antes de Magdalena se quejó de él aunque Gilberto lo haya negado. Y es probable que de nuevo Gilberto esté con libidinosos deseos respecto a Magdalena...porque aquella noche..., sí, aquella noche en que estuvieron con su padre...sí aquélla noche algo de misterioso sucedía...en fin presiento otra cosa de lo que ellos dijeron.”

 Doña Luisa ni remotamente desconfiaba de su marido. Para ella tenía que ser Gilberto el que estaba en el ojo de la tormenta.

---“Hablaré con Aparicio respecto a esta cuestión, veremos qué él opina, quizá incluso él ya sepa lo que Gilberto ansía y no me dice nada. Estos hombres tratan de esconder por todos los medios sus calaveradas y sus triquiñuelas”.

  ---“Gilberto no es de confianza---continuaba soliloquiando doña Luisa---, es pícaro, sin vergüenza, le gustan las mujeres, no salió por su padre que nunca miró a ninguna mujer con inmoderada codicia. Es tan bueno, tan pacifico, ingenuo...¿y Gilberto por quién salió?, ¿por mí quizá?,¡oh no, jamás pensé al menos seriamente en cometer ningún adulterio, ni deseé a otro a excepción de Aparicio...aunque,...aunque...sí...—tartamudeó finalmente doña Luisa recordando sin mucha claridad alguna picardía que prefirió olvidar.

   Fue junto a su marido. Don Aparicio estaba profundamente concentrado y no se dio cuenta que su señora estaba al lado de él.

 ---Aparicio, Aparicio.

---¿Qué, qué,qué?---prácticamente gritó don Aparicio asustado dando un salto felino harto difícil para su edad.

---Te estoy encontrando muy pensativo en estos últimos tiempos.

   Don Aparicio que estaba pensando con intensidad casi dolorosa en Magdalena se sintió patitieso y avergonzado  temiendo que su señora adivinase sus íntimos pensamientos

---Nooo, nooo, yo no pienso en nada..nada, habitualmente nunca pienso---dijo con la voz entrecortada como si su señora le reprochase el estar pensando en Magdalena---, te parece...te imaginas que yo pienso mucho---añadió poniéndose súbitamente contento y locuaz---, es cierto que a veces pienso, pienso en ti, pienso en mi “Decálogo del Marido Ejemplar” y en otras cosas referentes a nuestro amor---concluyó zalamero abrazando y besando a su señora.

---¡Oh Maggg ---murmuró sin darse cuenta mientras la besaba para luego dar un dilatado  carraspeo para disimular.

---Puede ser, puede ser---admitió doña Luisa halagada ante los cariños y requiebros de su esposo y de su protesta de que pensaba en ella y en su “Decálogo del Marido Ejemplar”.

---Quiero decirte algo---dijo luego doña Luisa mirando fijamente a su esposo.

---Sí,¿qué  hay amor?.

---¿Te te acuerdas aquélla noche en que les encontré a ti y a Gilberto charlando en el  corredor de la casa?.

  Don Aparicio quedó totalmente entontecido. En efecto como sus pensamientos estaban totalmente saturados  de sus libidinosos proyectos respecto a Magdalena y como aún  no estaba recuperado del primer susto, esta pregunta lo dejó nuevamente confuso y alelado ante el temor de que señora sospechase algo.

---¿Te recuerdas?---insistió doña Luisa.

---Este...yo...yo...yo no me acuerdo prácticamente de nada--- atinó a decir al fin.

---Pero no es posible que te olvides, aquélla noche o mejor medianoche, me dijeron que estaban hablando de hombre a hombre o algo por el estilo.

 Don Aparicio se puso pensativo como queriendo recordar algo que se le escapaba de la mente. Cerraba sus ojos, fruncía el entrecejo, se mordía los labios y por último movió la cabeza,. Categóricamente creía que su señora le quería sorprender, echarlo en una emboscada ineludible.

---No...no,...espera un momento,...ya...ya , no  me acuerdo, ---volvió a negar mientras su mente era un mar de pensamientos queriendo descifrar lo que se proponía su señora.

--- Aquélla noche cuando estaban hablando con Gilberto bien cerca de la pieza de Magdalena.

---Ahora sí, sí,...sí,  ahora recuerdo.

---“Definitivamente este hombre le quiere defender a su hijo, sabe todo y prefiere esconder de mí. “Casi no tengo duda de Gilberto estaba queriendo hacer algo inmoral y Aparicio queriendo tapar sus actos delictuosos, pero en fin es normal, los hombres se encubren y con mayor razón si es un padre”.

  Y luego añadió en voz alta:

--- Es mejor que me cuentes sin ambages que estaban haciendo cerca de la pieza de Magdalena.

  Palideció intensamente don Aparicio ante esta medida. ¿Sabía quizá todo su señora?,¿le contó algo Magdalena?

---¡Qué barbaridad!---exclamó dispuesto a defenderse como gato panza arriba---¿porqué estás metiendo a Magdalena en la conversación?, ¿qué estás insinuando?.

---Tú pretendes esconder de mí, pero yo ya sé todo, estoy enterada y es mejor que no niegues pues será en vano.

---Eso no es cierto, jamás---casi gritó don Aparicio sudando---¿me crees capaz de semejante infamia?.

---Claro que te creo capaz de eso, quieres tapar a toda costa lo degradante...lo..

---Jamás, jamás---interrumpió don Aparicio---,no hice nada, no soy un bandido, ¿como se te puede meter en la imaginación que pueda cometer semejante felonía?--- farfulló finalmente dejándose caer en el sofá totalmente anonadado.

  Doña Luisa se sentó a su lado y dijo:

---Pero si no es grave.

---¿Qué no es grave?, ---musitó don Aparicio---,¿no es grave, no es grave?---repitió para sí como un sonámbulo.

---Claro, claro amor ---dijo doña Luisa y le secó el sudor que corría por la frente.

   Miró con ojos extraviados don Aparicio a su señora y miles de cosas pensó confuso y desorientado.

---“Esta mujer me prepara una armadilla ---soliloquió---, ¿será que no sabe nada en concreto y sugiere que no es grave para que me confiese a ella”

---No es cierto lo que piensas---dijo luego.

---Es cierto, estoy segura, incluso no es la primera vez que esto sucede.

---¿Que no es la primera vez?.

---Ya dije que no es grave, al final Gilberto es joven y...

---¿Gilberto, Gilberto, Gilberto...?.

---Pero claro, de Gilberto te estaba hablando. Te dije que estabas muy abstraído.

   ¡Ah, ah...ah..ah, de Gilberto, Gilberto---suspiró profundamente aliviado don Aparicio.

   Se sintió de repente tan liviano que si estaba solo se hubiera levantado a hacer ejercicio de puro contento.

 Luego ambos se miraron por un largo rato. Parecían pensar en la extraña confusión que aconteció.


 

LUEGO DE LA PAVOROSA SUCESIÓN DE MALENDENTIDOS QUE CASI ENLOQUECIÓ A DON APARICIO SU ESPOSA CUENTA SUS PLANES.


Don Aparicio notó que era la hora de reaccionar, de levantar el espíritu que estaba totalmente alicaído debido al terrorífico malentendido que le dejó anonadado. No era hombre de poca inteligencia para no salir airoso de aquel desliz y poniéndose jubiloso y dicharachero dijo:

---¡Oh, mi amor ¿para qué comentarte qué me preocupa?, normalmente son cosas baladíes, detalles que me hacen pensar y me dejan distraído. Son negocios, pequeños negocios. Pero todo saldrá bien---tranquilizó---, como siempre todo saldrá bien, estoy seguro, yo soy hombre de suerte porque te tengo a ti como dice el “Decálogo del Marido Ejemplar”, ¿ y qué más puedo pedir al cielo ---añadió mientras se regocijaba porque le vino a la mente aquella galantería---, Dios me ha dado uno de los mayores dones al darme a ti como esposa como bien dice el “Decálogo del Marido Ejemplar”.

 Don Aparicio insistía en recordar el “Decálogo del Marido Ejemplar” al percibir que su señora se sentía halagada ante éste hecho.

---¿Qué querías decirme respecto de Gilberto?---dijo luego, ya repuesto del brutal golpe que lo dejó atontado

---Y...bueno..., yo no estoy segura, pero pienso, desconfío que él está con intenciones libidinosas,... no tengo certeza, pero es casi seguro que está detrás de Magdalena y eso quería confirmar contigo. ¿No era sobre esas cuestiones que estaban quizá conversando aquella noche?

---Bueno yo aquella vez estaba con mi sonambulismo, Gilberto dijo que me siguió y yo tampoco no estoy seguro de nada

---Me dijeron que era un tema que se refería a hombres con hombres  o algo por estilo. ¿Nada tenía que ver Magdalena en la conversación de ustedes?.

---Absolutamente, absolutamente---afirmó con convicción don Aparicio.

--- Bueno, olvidemos eso y vayamos a lo que quiero decirte. Sucede que estoy sintiendo poco a poco mucho aprecio por Magdalena; como tú bien lo has dicho una vez  ella es tan respetuosa, humilde, diligente que creo que nunca hemos tenido una empleada  llena  de virtudes como ella. Por todo eso yo sentiría si ella alguna vez decide dejarnos.

---¿Y porqué ella debería abandonarnos?---musitó don Aparicio asustado ante esa eventualidad.

---Pues ahí está el quid de la cuestión. Yo creo que si Gilberto es osado e irrespetuoso con ella puede decidir abandonarnos. Creo que debemos tener una conversación seria con Gilberto e instarle a  que la respete, no sea que vaya a suceder lo que ya pasó con más de una empleada nuestra.

---Es interesante, interesantísimo---exclamó entusiasmado don Aparicio .

---Yo estoy segura que Magdalena no es  una cualquiera---continuó doña Luisa---, ella prefiere trabajar porque hombres no le faltará si se quiere dedicar a la prostitución ya que es linda, graciosa, guapa, incluso yo pienso que si ella se propone conseguiría un viejo de plata que la quiera y la cuide.

  Palideció don Aparicio cuando su señora se refirió a un “viejo de plata”. Era en efecto como si de él  estuviese hablando.

---¿No te recuerdas de Gabriela?.

---¿Gabriela, quién Gabriela?.

---Gabriela, aquélla chica que se amancebó por aquel turco millonario que la tiene como una reina.---dijo doña Luisa.

---Sí, sí---asintió todo mareado don Aparicio

---Y aquélla otra,¿cómo se llama?..se llama...Marta...no..no Mau...Maura... Marta o Maura no recuerdo bien, esa sí era según comentarios de la gente una verdadera prostituta que se consiguió aquél japonés viejo  que la  mantiene y se dice que ella además le engaña campantemente con otros hombres. ¿Recuerdas ese caso Aparicio?. Creo que en más de una ocasión comentamos sobre eso.

---Sí, sí...recuerdo más o menos, más o menos---contestó decididamente contrariado pues a pesar suyo no podía dejar de sentirse un poco en la piel del turco y del japonés.

---Pero vayamos otra vez a nuestro objetivo y dejemos en paz a estos badulaques que se meten con jovencitas---prosiguió doña Luisa ---¿Verdad que debemos decirle e instar a Gilberto para que respete a Magdalena?

  Tragó saliva don Aparicio para carraspear luego al escuchar las diatribas de su señora contra esos “badulaques”. Reponiéndose prorrumpió con énfasis ya que la idea de doña Luisa de que Gilberto deje tranquila a Magdalena no le desagradaba en absoluto:

---Acertada idea la tuya, Gilberto como dices no es de confianza.

---Hasta quiero desconfiar que no habrá dejado pasar el tiempo para hacerle algunos requiebros---dijo doña Luisa---, y si cometió alguna imprudencia debemos rogarle y exigirle encarecidamente que de ahora en adelante la deje en paz.

---Debemos exigir a Gilberto compostura. Ella es como una hija a la cual debemos cuidar,¿verdad, Luisa?----dijo don Aparicio. Su cerebro comenzaba a funcionar. Ya que su señora apreciaba a Magdalena, él en una diabólica y maquiavélica intuición trataría de demostrar a su esposa que tenía un amor paternal por Magdalena.

  Combinaron luego que esa misma noche hablarían con Gilberto.  



TRAMPEANDO Y MINTIENDO VAMOS VIVIENDO; MINTIENDO Y TRAMPEANDO VAMOS PASANDO.


  ---¿Qué hay, qué hay?---preguntó aquélla noche Gilberto cuando sus padres le llamaron para hablar.

---Dilo tú—dijo doña Luisa a su marido.

---Es mejor que tú lo digas---objetó don Aparicio.

---Pero...¿qué hay, qué sucede?---urgió Gilberto---,¿a qué se debe tanto misterio?.

---Es que....

---Nosotros...

---Tú eres papá...tú eres mamá...y yo Gilberto,¿qué gato encerrado hay?.

---No, no hay gato encerrado –dijo al fin doña Luisa---, te queremos hablar sobre Magdalena.

---¡Ah,...Ah!, ¿y para eso tanto preámbulo?.

---Sí, si, por lo que te queremos pedir Gilberto---dijo doña Luisa.

---¿Y qué me quieren pedir?

---Es que,...este... no queremos que le faltes al respeto a Magdalena---suplicó doña Luisa.

---¡Ah, ah, ah!---repitió Gilberto---¿Y otra cosa más?--- añadió burlón.

---Era para eso, sólo para eso---admitió doña Luisa.

---Pero,¡qué simpático!---exclamó Gilberto y comenzó a reírse---,¿puede existir otra cosa más simpática de lo que me están diciendo?, ¡simpático, simpatiquísimo!---Y se desternillaba de la risa

 Sus padres lo miraban como preguntándose a qué se debía aquél súbito ataque de risa. Entretanto Gilberto seguía riéndose con tantas ganas y se atajaba el estómago como si tuviese miedo de que se le caiga en el suelo. Y su risa era tan franca, tan ingenua, tan verdadera que  don Aparicio y  doña Luisa  lo secundaron involuntariamente echándose también ellos a reírse.

  Por fin luego de un largo momento reinó el silencio y padres e hijo se miraron como si estuviesen despertando de un sueño.

---Te concedo que hasta puede parecer simpático---dijo doña Luisa--- lo que te pedimos,  esto que estamos pidiendo es porque conversamos con Aparicio y llegamos a la conclusión de que valoramos mucho a Magdalena. No quisiéramos que ella se enoje y eso puede suceder si tú le faltas al respeto.

---Para nosotros ella es como una hija más---agregó don Aparicio.

---¡Ah, ah, ah---masculló Gilberto---, no creí que tanto amor podían tener por una simple “poquyrá”

---No uses esa frase despectiva, Gilberto---reprochó doña Luisa---, eso es justamente lo que queremos evitar, pues ella es digna de todo respeto.

---Sea, ya que ustedes así lo quieren---admitió Gilberto---, a pesar de que...que...lastimosamente---añadió en un tono misterioso y se encogió de hombros.

---¿Qué quieres decir con el “lastimosamente”---preguntó intrigado don Aparicio

---Nada...nada, definitivamente nada---remató con énfasis Gilberto

---Parece que algo quieres decir , ¿qué te impide?---dijo su madre y lo miró inquisitivamente

---Es que...yo...yo...ya...ya---dijo Gilberto y volvió a callarse mientras una expectativa inmensa se abatía especialmente sobre don Aparicio.

---Dile que hable—apremió don  Aparicio dirigiéndose a su señora con el corazón oprimido.

---Habla, habla de una vez---urgió doña Luisa.

---Bueno...bueno, está bien---concedió Gilberto---es que como estaba diciendo las...ti...mo...samente ya le falté al respeto.

---¡Haa, haaa!---dijeron al unísono marido y mujer.

---¿Y ella qué dijo, no se indignó?---preguntó luego de un rato doña Luisa.

---Al contrario, al contrario---dijo alegremente Gilberto---, ella se puso contenta y nos amamos, así como ya le quiero ella me quiere.

  Esta confesión dejó absolutamente deshecho a don Aparicio que se sintió como un miserable cornudo.

---¡Qué sin vergüenza ésta mujer,!---exclamó doña Luisa--, y yo que pensaba---añadió luego--, yo que la estimaba por creerla tan buena y sin embargo es como las otras  empleadas que tuvimos.

---Ella es guapa, es buena, demasiado buena mamá---dijo Gilberto.

---Puede ser –admitió doña Luisa a regañadientes---, sin embargo no me gusta ninguna intimidad con las empleadas, con la “poquyra”. Y yo  creía a Magdalena incapaz de aceptar galanterías falsas, pero en fin, ¡Qué le vamos a hacer!.

  Un largo silencio se sucedió y Gilberto dijo de improviso:

---Lo que dije es pura mentira, nada, absolutamente nada ha pasado entre yo y Magdalena.

---¡Haaaa, haaaa!---volvieron a exclamar al unísono marido y mujer.

---¿Y porqué mientes porqué te alabas?---rugió don Aparicio saliendo de su estupefacción. Estaba furioso y contento a la vez---, lo que estás diciendo es innoble, es un travesura desagradable.

---¿Es que no se puede más bromear?---inquirió Gilberto sonriendo socarronamente sorprendido él mismo por el incidente inesperado.

---Tu broma es pesada, sin ninguna gracia---amonestó doña Luisa---, ¿de verdad nada ha pasado entre ustedes?---agregó dubitativa aún.

---Nada, absolutamente nada---contestó Gilberto---, no me dejó que le dé ni un beso inocente y puro.

---¿Quiere decir que le insinuaste algo?---indagó doña Luisa

---Es claro mamá---contestó con naturalidad Gilberto---, insinuar, indicarle que la quiero es mi “obligación”. Eso mamá es la “obligación” del hombre porque si uno no hace eso las mujeres creen por ahora, en estos tiempos en que abundan los hombres que se entienden con hombres que uno es de esos. No me aceptó, es una lástima pues bien lo dices tú mamá que ella es guapa, candorosa, humilde y honrada.

---¡Qué contenta me siento!---exclamó doña Luisa---, no me engañé respecto a ella. Los hombres y especialmente los jóvenes solteros son unos  licenciosos que sólo quieren satisfacer la concupiscencia y me alegra que te haya rechazado. Y ahora te pido que no la persigas más, que la dejes en paz.

---Escucha, escucha bien lo que tu madre te está diciendo---le apostrofó al fin don Aparicio---, no vuelvas a cometer ninguna barrabasada y déjala en paz. Hay muchas mujeres por ahí si no puedes mantenerte virtuoso

  Gilberto tranquilizó a sus padres. Prometió que ya no volvería insinuar nada a Magdalena  y luego que sus padres se hayan ido, pensativo comenzó a monologar de la siguiente manera:

---“Si supiesen de la cantidad  de artificios que ya usé para conquistar a Magdalena., de todo ya he probado con ella, le regalé varias cosas para ablandar su corazón, pero ella se pone inflexible.!Qué linda, qué graciosa, qué de encanto posees mi Magdalena querida—murmuró enternecido---,Oh, si no hubiese tenido ese hijo...si pudiera encontrar una mujer como ella soltera y angelical con la cual hacer compromiso. ¡La conseguiré, qué duda cabe¡

---“Papá, este papá---murmuró luego pensativo---,¿será que la quiere como a una hija?, ¡qué mal pensado soy!, papá siempre ha sido un santo según dice mamá y es posible que así sea.


 

EN DONDE EL LECTOR SE TROPIEZA CON EL DECÁLOGO DE LA EMPLEADA EJEMPLAR.


    Magdalena atrajo hacía sí a su hijo Luciano por uno de los regalos que se le había regalado y le dio un beso en la frente.

---“Tienes suerte hijo mío---murmuró---, éste regalo con el cual juegas fue del padre y el  otro que se ve allá  del hijo. Los dos me pretenden, los dos me quieren. Padre e hijo y, ¿qué debo hacer?, ¿hasta cuando tendrán paciencia por mí?. Parecen que no están apurados para dormirse conmigo. Y los dos esconden mutuamente lo que pretenden..Don Aparicio entiendo perfectamente porqué es prudente. Lo que me intriga es porqué Gilberto quiere esconder a toda costa el romance. No creo que tenga excesivo miedo  a su madre ni a su padre. Es claro que a mi me conviene eso y cuanto mejor sigilo guarden mejor para mí pues si doña Luisa se entera y descubre se va a armar un escándalo  de mil diablos. ¿Qué decía el “Decálogo de la empleada ejemplar” que me regaló cuando entré a trabajar?”

  Magdalena se levantó y se fue a coger un pequeño lienzo que desenrolló y comenzó a leer el  “ Decálogo de la empleada ejemplar” que su patrona le había regalado cuando entró a trabajar instándole a cumplir lo que ahí se consignaba:


 

DECÁLOGO DE LA EMPLEADA EJEMPLAR


La empleada ejemplar debe ser diligente”

La empleada ejemplar debe tener devoción por su patrona.

La empleada ejemplar debe escuchar sin chistar los sermones de su patrona.

La empleada ejemplar debe agradecer a Dios por encontrar una protectora.

La empleada ejemplar no debe tener ojos ni oídos.

La empleada ejemplar debe existir como si no existiese.

La empleada ejemplar debe hacer lo posible e imposible para agradar a la Patrona.

La empleada ejemplar si su patrona la expulsa tiene que irse sin chistar.

La empleada ejemplar debe mantener la casa impecable.

La empleada ejemplar debe ser multifacético, debe adivinar los pensamientos de su patrona y apreciarla aunque  esté de mal humor.

---“Simpatiquísimo es mi Decálogo---musitó Magdalena---, creo que ni la mitad de lo que exige cumplo.

  Escuchó de improviso algunos golpes por la puerta.

---“¿Quién será?, ¿Aparicio o Gilberto?

---Magdalena, Magdalena----se escuchó una voz.

---Pero...¿quién será?---murmuró intrigada Magdalena .

---Magdalena, Magdalena, soy yo---insistió la voz.

---Esa vos...es..es---dijo Magdalena---, es de...¡doña Luisa!---exclamó al abrir la puerta y encontrar a su patrona.

---Magdalena, Magdalena---repitió doña Luisa---, quiero hablarte, hace un tiempo que quiero hablarte.

 La miró extrañada Magdalena y se dijo para su capote:

---“Doña Luisa quizá sabe algo o desconfía y quiere  sonsacarme algo” .Estaba leyendo hace poco el “Decálogo de la empleada ejemplar”---exclamó luego en voz alta.

---Sí, sí , tú eres buena, muy buena---insistió doña Luisa.

---¿Se quiere burlar de mí para despedirme?---soliloquió Magdalena---, ¿no adiviné sus pensamientos, tuve quizá ojos y oídos, existí como si existiera de verdad o falté a otro mandamiento que no recuerdo?.

---No dices nada, te callas,¿por qué?---indagó doña Luisa.

---Señora---replicó al fin Magdalena---, señora, si algún error he cometido o si no cumplí a cabalidad el “Decálogo  de la empleada ejemplar”  escucho sin chistar su sermón

---Todo has cumplido a cabalidad, eres un verdadero ángel Magdalena---replicó doña Luisa---, perdóname Magdalena, las virtudes que te adornan es como para conmover a una roca. Y yo era bastante álgida contigo, no te miraba como a un semejante sino como a una empleada que debía trabajar todo el santo día. Yo no debía darte ese Decálogo que sí a las otras empleadas le daba pero jamás ponían en práctica. Pero en fin ahora yo reconozco mi error y quiero premiarte.

---Señora, por favor...

---Sí, te premiaré aumentando tu sueldo y desde ahora en adelante trabajarás menos, tendrás más días libres para pasear con tu hijo---dijo magnánima doña Luisa.

---Usted señora es demasiado buena---tartamudeó Magdalena---, si usted supiera...

---Calla, calla---atajó doña Luisa---, yo nunca tuve contemplaciones con las empleadas y así fuí contigo al comienzo y tú me has demostrado grandeza de alma con tu proceder  y eso me hizo avergonzar de mi mezquindad.

   Magdalena la miraba con fijeza y no acertaba a coordinar bien sus ideas. Lo que sucedía le dejaba impresionada, curiosa. De improviso pensaba que doña Luisa sabía todo y se quería burlar de ella para expulsarla sin que ella chille como bien claro decía su Decálogo.

---Eres prácticamente una hija nuestra—dijo enternecida doña Luisa--- y sabemos que no nos vas a defraudar. Yo me estoy volviendo vieja y tuve a muchísimas empleadas que lo único que querían era una vida de molicie, no querían trabajar, pedían precios exorbitantes por su  mísero trabajo, sin embargo de ti jamás se escuchó una queja de tus labios y en tu inconmensurable modestia crees que no tienes méritos suficientes.

---Hago lo que puedo, cumplo mi obligación.---contestó Magdalena.

---Sí, me satisface esa humildad tuya  y para desagraviarte te traje un regalo para ti y otro para tu hijo---dijo doña Luisa ---, y desde ahora eres como una hija nuestra, la hija que no tuvimos en nuestra mocedad y que Dios nos envía ahora.

 Luego de un momento se alejó doña Luisa dejando boquiabierta y pensativa a Magdalena  que comenzó a monologar de la  siguiente manera:

---“Regalos ...regalos y más regalos. Ahora me regala el padre, la madre y el hijo, ¿no es esto demasiado bueno para que sea verdad?, imprevistos tras imprevistos que se suceden, estoy con una suerte extremada, ¿no es esto como ganar en la lotería?. ¿No sería por ventura mejor contar todo a doña Luisa y abandonar éste lugar, ésta casa?. Estoy siendo falsa y diabólica al seguir los juegos que se me presentan, acá se va a armar un pandemoniun si se descubre todo. Sin embargo todos sin excepción somos felices ignorando el  pensamiento y el sentimiento del otro. Estamos felices, desconocemos la verdad, nos amamos y...y al diablo con tantas especulaciones---exclamó casi en voz alta Magdalena---, dejemos que el destino teja su camino, eso es excitante, curioso. La sorpresa me deja a mí maravillada y quisiera saber cómo termina éste juego del cual participo”.



LOS PRELIMINARES DEL DON JUAN PARA IR  A LA EMBESTIDA.


   Aquella mañana Adriano se disponía a dirigirse a la casa de Hugo y María.

---“Iré llegando como si no fuese específicamente a su casa---se decía---, Hugo no tiene que estar y debo llegar inadvertidamente. Debo arremeter más, esta mujer ya me está llevando demasiado tiempo el conquistarla”.

  Se arreglaba sus cabellos. Algunos rizos que se ponían rebeldes los volvía a colocar en el lugar que a él le parecía conveniente. Como todo buen galán era prolijo y se emperejilaba una y otra vez.

---“La que me llevó más tiempo en conquistar fue---soliloquiaba mientras tocaba con  extrema suavidad su mentón y arreglaba decenas de veces el cuello de su camisa o el cinto u otro objeto que pensaba no estaba bien sintonizado---, fue ..fue Graciela...¿será que fue Graciela?, un momento...un momento fue Nélida. Para conquistar a Graciela me llevó dos meses y diez días, sin embargo por Nélida tuve que “batallar” dos meses y catorce días. Con María ya va por dos meses y no se avizora nada. No obstante no me importaría si ella batiese el “record” y aunque me llevase dos meses y veinte días o veinticinco, pongámosle tres meses...sí tres meses, no puedo considerar que sea demasiado tiempo, al fin de cuentas María es una dama excepcional.

  Y nuestro don Juan continuó su ritual perfumándose con un cuidado y amor infinito, enamorado de sí mismo cual un Narciso. Unos pelos de sus cabellos los volvió a colocar en el exacto lugar en donde a él le parecía que debía estar.

  Sonrió varias veces delante del espejo, abrió grande los ojos, frunció el entrecejo, hizo varias muecas simpáticas, miró su cuerpo entero por delante, al costado y atrás.

---“Y ese latoso de Hugo que cada día o mejor cada vez que me ve pide versos y más versos. Ya estoy cansado de dactilografiar versos ajenos y llevarlos como si fuesen míos. ¿Versos de quiénes eran los que le lleve la ves anterior?, creo que fue de Vallejos y de

 Borges. No me acuerdo, pero debo de tener cuidado en variar y llevar poesías de poetas desconocidos no sea que me pille y sorprenda que no son míos. En fin espero que antes de que descubra nada consiga ya mi objetivo, aunque pensándolo bien éste individuo sabe tan poco de poesía que lo más probable es que nunca se entere de mi broma  a pesar de que la otra vez se le antojó comprar un libro de poemas de nuestro ilustre poeta Herig Campos Cervera y otro de José Luis Aplleyar.

---“Y también debo buscar a otra a quien conquistar---se dijo mientras hacía los últimos arreglos---, pues terminé el romance con Daniela”.

 Debemos poner a conocimiento del lector que Adriano como buen don Juan que era tenía su manía, su locura y extravagancia de tener tres amantes al mismo tiempo. Cuando rompía con una inmediatamente buscaba para la sustituta . Al  otro día después de terminar con Daniela ya se había fijado en la plaza en una hermosa dama que estaba con un pequeñuelo y la había abordado. No obstante su principal objetivo era en éste momento María y canturreando saturado de bienestar una famosa canción de Emiliano-ré se dirigió a la casa de Hugo y María.


 

LAS ESCARAMUZAS DE UN DUCHO CONQUISTADOR.


  Llegó y salió a recibirlo la empleada que le dijo que Hugo no se encontraba. Pidió hablar luego con María quién vino junto a él.

---¡Adriano!---dijo sorprendida María.

---Parece que te desagrada mi visita---dijo zalamero Adriano.

---¿Y Hugo?---preguntó luego---, ¿no se encuentra mi dilecto amigo?.

---Está en su trabajo---contestó María.

---¿No me haces llegar?---indagó nuestro galán.

---¡Ah, sí!, vamos llegar, ven ---respondió María y lo llevó a la sala.

---¿Quieres tomar un tereré?---ofreció.

 Aceptó Adriano tomar el tereré y mientras María se fue a preparar el se quedó en la sala rumiando qué hacer.

 Temía ser demasiado agresivo. Se ponía pálido, se sonrojaba y sentía un cosquilleo en todo el cuerpo.

---“Jamás me ha sucedido algo igual---pensaba---,¿será por ventura que la amo?,¿porqué me corroe esta duda y estos escrúpulos si noto a las claras que ella me provoca?. Es cierto que lo hace de una manera tan suspicaz, casi imperceptible, pero es la táctica de las mujeres. Debo dejar de lado mi blandenguería y armarme de coraje.”

  Vino llegando María y se sentó en el otro sofá que estaba al lado de Adriano.

---Parece que me tienes miedo---dijo dulcemente Adriano mirándola arrobado.

---¿Por qué?---preguntó María.

---No te sientas a mi lado---se atrevió a decir Adriano.

  Se calló María y un largo silencio se sucedió. El corazón de Adriano se oprimió pues no sabía si ya había llegado la hora de declararse. Por una imprudencia podía echarlo todo a perder. No sabía a ciencia cierta qué le sucedía. Era la primera vez en efecto que dudaba si la hora exacta ya llegaba. El como buen conquistador tenía una intuición sobrenatural que le indicaba el día y la hora y sin embargo ahora dudaba.

---Si tú no quieres sentarte a mi lado lo haré yo---dijo Adriano armándose de coraje y se sentó al lado de María.

 Ella hizo un ademán de levantarse.

---María...María ---murmuró Adriano y tomó las manos de ella.

---No...no---replicó María temblorosa y retiró sus manos de los de él.

---¿Por qué no?

---Porque no está bien---replicó ella---, es algo malo.

---No, no María, no es malo, al contrario es un simple prejuicio---se animó a decir Adriano al ver que ella hablaba con voz débil y poco convincente.

---¿Y porqué dices que es un simple prejuicio?---indagó María.

 Adriano la miró con escrutadores ojos y se percató que la pregunta de María era simplemente un pedido de fútil explicación. Le vino a la mente que era cuestión de saber hablar, usar su elocuencia, poner fe inamovible en lo que diría y...y luego ella ya sucumbiría o por lo menos se iría doblegando de a poco como esas palmeras que el viento hacen doblar.

---¡Aah,!,¿si porqué es un prejuicio preguntas?---exclamó imprimiendo a sus palabras un énfasis inusitado---, es un prejuicio porque el hombre y la mujer están en el mundo para gozar, para el placer, eso ya lo enseñó hace mas de dos mil años Epicúreo, un médico famoso.

Adriano no se recordaba  bien del nombre de Epicuro ni de que no fue médico, felizmente tampoco María sabía de la existencia de éste filósofo.

---El ya lo enseñaba hace miles de años---continuó Adriano entusiasmado---, y bien se sabe que el placer a nadie hace mal, además cientos de sabios afirmaron que el hombre y la mujer son polígamos, que por puro prejuicio no practican la poligamia y por eso no son felices como  deben ser. Los hombres, todos los hombres lo hacen y las mujeres  no lo hacen justamente por prejuicio, por puro prejuicio.

  Los argumentos de nuestro casanova no eran tan convincentes. María lo escuchaba sin objetar nada.

---Te amo..., te amo..., te amo María, mi amor, mi vida---se atrevió a susurrar Adriano al ver que la otra le escuchaba con atención.

 Al notar que ella permanecía inmóvil se acercó más a ella y volvió a tomarla de las manos. María intentó de nuevo retirar, sin embargo se dejó abandonar.

---Te amo, te quiero---repitió Adriano tomándola de la cintura y comenzó a besarla con frenesí.

---Déjame...déjame---gritó de improviso María retirándose del enamorado galán.

---Pero,¿por qué?---preguntó atónito Adriano.

---Es mejor que te retires---reaccionó María---, que te vayas inmediatamente.

---No es para tanto---murmuró asustado y amilanado Adriano---, yo...yo te respeto.

---No, no tienes ninguna consideración, crees que yo...yo

---¿Qué pasa?, ¿qué sucede?---exclamó en ese  momento Hugo entrando en la sala--, Adriano, María, ¿por qué esos gritos desaforados?, ¿qué sucede?, ¿qué están haciendo?


 

DE LA ENORME ZOZOBRA EN QUE SE VIÓ ENVUELTO EL DON JUAN DE NUESTRA HISTORIA.

      

    Tanto Adriano como María se quedaron petrificados sin poder articular una sola frase. Espantados miraban al marido que imprevistamente llegaba y no pudieron dejar de imaginar que eran espiados  para ser sorprendidos cometiendo sus fechorías.¿Acaso Hugo desconfiaba algo?

---¿Qué sucede?---volvió a interrogar Hugo.

 Veloz como el pensamiento Adriano reaccionó como un verdadero don Juan:

---Es que ella, María estaba queriendo...

---¿Qué quería yo?, ¿que yo quiero qué...---dijo alarmada María  cortando la palabra a Adriano.

---Y para qué vamos a negar---dijo solemnemente Adriano---, tú querías leer mis horribles versos, quería a toda costa leerlos, se enojó conmigo porque me opuse a mostrarlo, me expulsó prácticamente. Yo dije que los versos que traía era sólo para ti, que tú tenías el privilegio de leer y que yo sentía vergüenza para dar de leer a otros. Ella se enfureció y me dio una reprimenda.

---Pero a ti no te interesó tanto los versos de Adriano---comentó Hugo---, cuando te leí la otra vez me dijiste que entendías poco de versos y no estabas absolutamente entusiasmada

  Respiró aliviada María por el rumbo que iba tomando el tema y siguiendo el  juego dijo aliviada:

--- No se porqué me dio tanta curiosidad de improviso sus versos,¿porqué tanto misterio?, ¿porqué sólo a ti te tiene que mostrar?, ¿esconden de mí algo?.

---Vamos...vamos---dijo alegremente Hugo---,ahora te quieres poner celosa.

 Suspiraron al unísono Adriano y María al ver que toda sospecha era disipada.

---¿Qué sucedió para que vengas llegando?---preguntó intrigada aún María.

---Este...yo vine..por, bueno eso no viene ahora a cuento, después te contaré---dijo Hugo---, lo que me interesa es ver ahora los versos que Adriano me trajo para leer.

---¿Los versos...los versos?---musitó Adriano al ver que lo encaraba Hugo.

---Sí , si, los versos que María a toda costa quería leer.

---¡Aaah,!---murmuró Adriano---estoy perdido.

---¿Cómo, qué?, ¿lo has perdido?---preguntó extrañado Hugo.

---No...no...---reaccionó Adriano.

---Los versos, ¿dónde están los versos?,¿son siempre maravillosos?, ¿son divinos como toda tu creación?---dijo Hugo que no se daba cuenta del azoramiento a que estaba sometido su contrincante.

---No tanto...no tanto---replicó con modestia Adriano mientras pensaba con la celeridad de un rayo lo que iba a hacer---, mejor dicho son los peores..., los peores que he hecho hasta el momento.

---Siempre con tu modestia---dijo Hugo---, ya te he dicho y reiterado que eres demasiado modesto. Vamos mi vate del alma, el ruiseñor del Paraguay muéstrame esos versos que tanto te avergüenzan.

 Y le daba palmaditas a Adriano al decir esto. Le tocaba el brazo, las manos, la cabeza con inmensa veneración. Era su ídolo. Hugo se sentía un predestinado al saberse merecedor de la  amistad del  que él consideraba uno de los mayores y más insignes poetas del Paraguay.

---Inclusive si no me equivoco y yo difícilmente me equivoco, quizá son mejores que los otros--- continuaba con su voz meliflua Hugo---, muéstrame, hombre, muéstrame.,¿dónde están?

---Mis versos...mis versos.. –repetía Adriano al percatarse que no tenía consigo ningún verso.

---Claro mi querido poeta, tus escritos, los versos que te estaba disputando María.

---Mis versos...mis escritos,...es cierto...este, ¿dónde están?.,¿dónde están?.

---Lo has puesto en el bolsillo del pantalón---exclamó María salvando esta vez el escollo---, lo has puesto ahí

---¡Aah, es cierto!, con el susto creí que me has quitado.

---¡Ooh, los poetas!---dijo con admiración indefinible y babeando Hugo---, los poetas son tan distraídos, en cualquier momento se olvidan de ellos mismo. Por eso yo amo la poesía, en la poesía ya está todo ¡Ojalá hubiera nacido poeta!. Si existe la reencarnación que dicen, ahí voy a nacer poeta. Pero---dijo luego dirigiéndose a Adriano---, vamos a ver las poesías, los  encubres con demasiado celo.

 Y se acercó a Adriano queriendo palparle el bolsillo. El “amado e insigne poeta” retrocedió temeroso de que su admirador palpase sus bolsillos vacíos

  Y de improviso se recordó que anteriormente su admirador le había dicho que estaba volviendo a pergeñar algunas poesías y  dijo:

---Dejemos estas poesías mías para otra oportunidad y veamos las tuyas. Me dijiste que tenías algunas todas hechas. Ojeemos eso o por lo menos déjame que lea yo

---Es que yo...este... no es, no sé ---dijo halagado Hugo.

---Vamos..., veamos amigo del alma tus poesías---insistió Adriano.

---No sé si vale la pena---se resistía Hugo.

---Tiene que valer ---Apremiaba Adriano.

---Pero sólo tengo dos o tres, sin importancia, lo hice al correr de la pluma.

---Así uno comienza---dijo Adriano que se daba cuenta del inmenso deseo de Hugo de mostrar sus poesías y que solo necesitaba acicatearle.


---Está bien ---admitió Hugo---, te mostraré, pero ..pero quiero que me digas la verdad, sólo la verdad. No quiero que me compadezcas porque soy tu amigo, me dirás sin ambages si son malos, si son aceptables o buenos.¿me prometes ser sincero?.

---para eso están los verdaderos amigos---sonrió con picardía Adriano.

---Voy a traerlos---condescendió Hugo y se retiró velozmente.





EN DONDE INAPELABLE Y SECRETAMENTE SE DESEA QUEMAR AL POETA Y A LA POESÍA.


 Mientras el  apurado y  novato poeta se iba a rebuscar por sus poesías Adriano y María se miraron.

---Te amo tanto  María, te adoro, puedo por ti morir si es necesario---se confesó Adriano.

---Es peligroso,...peligroso---murmuró a su vez María---, ¿acaso el diablo le manda para descubrir lo que no se debe hacer?. Dios mío,...Dios mío, casi nos descubre.

---Es tan emocionante librarse del peligro---dijo Adriano---, uno tiene miedo al principio pero luego pasa, además ya vez cómo cree todo lo que dijimos.

---Puede llegar a matarnos--- advirtió María pensativa.

---Es difícil, o mejor imposible---contestó Adriano---, yo tengo mi “abogado”, un santo especial, tengo mi “oración” secreta e infalible para estas cosas, no temas María, te amo, te amo, te quiero, te adoro, me moriría por ti si necesario fuere---repitió.

  Escucharon que Hugo estaba viniendo. Este traía en sus manos dos hojas de papel y estaba pálido.

---No se si debo darte para leer---murmuró mientras  sudaba como un condenado---, quizá es mejor esperar....

---Trae hombre---exclamó Adriano ---,vamos a ver de una buena vez.

  Tomó de sus manos las hojas de papel y comenzó a leer en vos alta:

ANALIZANDO.

Analizo y pienso si es vida

esta vida que estoy llevando

con mi alma casi destruida

penas me están amedrentando

---“Pero esto está horrible---murmuró para sí Adriano---es un verdadero asesinato a sangre fría a la poesía, en síntesis es una verdadera “puerqueza”.

---¿Qué...qué... qué dices?---preguntó ansioso y con los ojos desorbitados Hugo---,¿qué ...qué...qué te parece?, ¿dijiste algo?.

--- Sí...sí---admitió Adriano---pienso que  están lindos los primeros versos. Su voz fluía como un murmullo, anonadado, perplejo y alegre a pesar de todo ante el choque que le produjo la poesía trivial de Hugo.

---Mentira,...mentira...no creo que sean lindas---se apresuró a desmentir Hugo.

---No digo que estén demasiado hermosos,...pero...

---Está bien---se apresuró a decir Hugo—lee todo y después dame tu parecer definitivo

  Adriano se puso a leer de nuevo otra estrofa:

Mi corazón siente el final

presiento que mal va acabar

¿maleficio? Llama infernal

mi alma ya no puede aguantar.

  Continuaba leyendo Adriano casi sin prestar atención y se decía:

---“Esto es una verdadera mierda, cosa de criatura de ocho años, quizá hasta menos, pero por Hugo con esta edad que tiene ya no cabe”

 Y continuó leyendo en voz baja nomás. Estaba verdaderamente espantado, horrorizado porque en tan pocas frases pudiera decirse tal cantidad de necedades.

 Luego de leer todo dio de propósito a su rostro una expresión inescrutable como pensando en lontananza y se dijo:

---“No sólo debemos quemar estos versos sino también al autor, están horribles, evidentemente horribles.¿Cómo uno puede ser capaz de escribir semejante cantidad de necedades?. Esta clase de versos deben regalarse a un enemigo y torturarlo con una lectura obligatoria.”

 Y no pudo dejar que se le escape una  risa involuntaria al pensar en semejante hipótesis.

---¿Cuál es la gracia?---musitó temblando Hugo.

 Nuestro casanova, el “amado vate” de Hugo se vio en apuros ante la sorpresiva pregunta de Adriano.

---Este...nada,... ---dijo al fin---me da risa  porque te quejas en tus versos y te veo sin embargo tan feliz.

---Claro...claro,...—se apresuró a decir  Hugo---, es  un invento, puro invento. Porque yo pienso...no sé..., pero,¿qué poesía vamos a hacer si no inventamos?, ¿verdad?.

---Es cierto, muy cierto, demasiado sabias tus palabras---admitió Adriano

---Sin embargo no me has dicho qué te parece---dijo Hugo esperando el veredicto del amigo.

 Adriano se mordió los labios. Estaba entre la espada y la pared. En efecto, ¿qué decir?,¿ser sincero y decir la verdad?,¿o mentir y decir  que eran buenos los versos?.

---Dime con sinceridad qué piensas---insistió Hugo esperando pálido el fatal veredicto--- no te compadezcas, aunque sea tu admirador y tu amigo di la verdad que no me enojaré.

---Este..., realmente,...para decir la verdad---dijo pausadamente Adriano---, la verdad es...que no...no son malos ni demasiado ...este ...demasiado buenos.

---Ya sabía yo...ya sabía yo---musitó Hugo cariacontecido---, yo no sé hacer poesía. Soy un burro, un animal de cuatro patas, un inútil, un analfabeto  que no sirvo ni serviré para ser poeta.

 Y se puso triste, compungido y meditabundo.

 Adriano lo miró estupefacto al verlo tan triste y se dijo:

---“Este infeliz si le hubiera dicho la verdadera verdad como me pidió que lo haga  se hubiera muerto de un  infarto”

 Y luego de un momento alentó con mucha fuerza:

---No te pongas triste, si perseveras, si luchas, si no te das por vencido  alguna ves podrás hacer buenos y hasta exquisitos versos. Para ser buen poeta  es necesaria la constancia y  fe auténtica, no desmayar jamás.

---Pero, ¿acaso es posible que salga de mi alguna vez un poeta?---preguntó ingenuamente Hugo---,¿no será  tal vez una lucha vana?.

---El tiempo, el tiempo se encarga de aclarar eso---respondió Adriano---, y al parecer tú tienes la pasta para serlo---agregó haciendo un mohín equívoco.

---Paciencia...paciencia,..---dijo resignado Hugo---, por lo menos tengo el honor de tener  un amigo poeta, un insigne vate que me da su preciosa amistad.

 Adriano sonrió complacido y luego se despidió de la pareja mientras por el camino mascullaba:

---“Este sujeto tiene noventa y nueve por ciento de loco y solo el uno por ciento de poeta”.

     

 

EL ENCUENTRO DEL DON JUAN CON LA POQUYRA DE NUESTRA HISTORIA.


  No sé si anteriormente ya dije que Adriano había sido abandonado por una de sus amantes y que nuestro galán tenía la manía de tener tres mujeres como “mínimo” .

En este momento tenía una sola amante, luego María que dentro de poco debía caer y la tercera tenía que buscar urgentemente.

  Se recordó de improviso de una mujer que había visto en la plaza de la ciudad  a la    hizo requiebros. Era una hermosísima mujer que se hallaba jugando en la plaza con su hijo pequeño.

---“Me dijo que se iba todos los domingos en aquella plaza---comenzó a recordar---, era increíble su belleza, me comentó que trabajaba de empleada en una casa de familia. Mañana me iré y le diré que la amo, tiene que ser una de las que estén a la “expectativa”.

 Al otro día estuvo rondando por la plaza y luego de un rato ya estaba por desistir  cuando apareció la dama que esperaba.

---“Es más hermosa de lo que me imaginaba—se dijo al avistarla---, parece una princesa, nadie creería que es una empleada, una “poquyra”.!La abordaré, quizá no sea tan difícil conseguirla!

---Pensé que ya no venías—dijo acercándose a Magdalena.

---¿Ya no te recuerdas de mí?---continuó indagando Adriano con dulzura---, soy el que el domingo anterior estuve hablando contigo por algunos momentos inolvidables por cierto. Tu nombre se quedó grabada en mi mente, eres Magdalena y éste lindo muchachito se llama Luciano. Si te has olvidado yo me llamo Adriano, Adriano, casi Luciano, con la excepción de que éste niño es hermoso, lindo, un encanto mientras yo carezco de las infinitas gracia que tiene tu hijo.

 Continuó hablando largo rato, a  veces diciendo macanadas y otras no tantas que pese a todo le hacían sonreír a Magdalena.

---Eres linda, hermosa, simpática---galanteaba con sonrisas melifluas.

---Ya me dijeron muchas veces---contestó Magdalena.

---Me quedé prendado por ti desde el primer momento---replicó sin amilanarse Adriano--, desde la primera vez que te he visto quedé subyugado soñando contigo de día y de noche despierto y durmiendo.

---También eso ya me dijeron más de una vez---dijo Magdalena sin conmoverse.

 Los que no conocen a los conquistadores de verdad  supondrían que llegando a esta situación  Adriano se iba a amilanar. Sin embargo Adriano que era un verdadero don Juan ante estas indirectas negativas se quedaba más entusiasmado.

---Yo no soy como los otros---dijo con sinceridad---, los otros quizá  dicen pero no sienten, yo sin embargo si me miras bien verás que en mi rostro y en mi cuerpo entero se ve reflejada el sentimiento del amor.

 Adriano continuó divagando sobre diversos temas lisonjeando al hijo de Magdalena entendiendo que de esa manera halagaba el sentimiento maternal de su futura conquista.

---Y para que creas que te quiero ---dijo al final---, si a ti no te desagrada yo puedo llegar a la casa en donde estás trabajando y pasar por el padre de esta hermosa y graciosa criatura.

---¡AaaH¡--exclamó Magdalena sorprendida.

---Claro---dijo entusiasmado Adriano---,  no creo que tus patrones sean tan insensibles para no dejar que un padre visite a su hijo. Además yo estoy sintiendo un cariño extremado por ésta hermosa y simpática criatura  que es un encanto de Dios. Cuando tenga hijos,¡cómo quisiera que sean tan candorosos como éste nene¡

---Bastante original y muy simpática tu idea---dijo agradablemente sorprendida Magdalena.

--- Nada  obsta que después nos amemos de verdad pues el destino ya dio el primer paso para encontrarnos.----dijo Adriano.

 Y fue en ese momento cuando de improviso una abeja que rondaba por la plaza en busca quizá del néctar de las flores fue a incrustarse con todo ímpetu en los labios de Adriano quien asustado abrió la boca y se introdujo en ella dejando su aguijón en la lengua del casanova. Escupió, vociferó dolorido Adriano y si no blasfemó fue por el respeto que tenía por la hermosa dama que estaba cortejando.

 El pequeño Luciano al ver al joven que gesticulaba lleno de dolor e ira no pudo dejar de reír contentísimo con el candor y la ingenuidad característica de los pequeñuelos.

 Muestro casanova miraba con disimulada rabia al inocente que se reía de sus contorsiones y su desgracia. Mientras Magdalena apaciguaba a su hijo pero no podía también dejar de sonreírse ante la sorpresiva e hilarante situación que se presentó.

---El otro domingo te diré si puedes llegar---dijo luego de que la calma se restableciera Magdalena---, y disculpa a Luciano que no entiende aún nada.

---Está bien---musitó Adriano entre dientes

  Después cuando se iba alejando comenzó a elucubrar pestes contra Magdalena y Luciano.

---“Maldita mujer, porquería de criatura---mascullaba---, no es ni  tan linda y ese “mitaí” por lo visto es un maleducado que le falta unas buenas palmadas, malcriado de mierda. Nunca más vuelvo a esta plaza ni para juntar dinero, pero, ¿qué digo?—se interpeló a sí mismo como despertando de un sueño---,¿por qué tanta rabia?, ¿ te dejarás por ventura Adriano del alma dejarte amilanar por un traspié?, no, no, jamás, esto es un suerte renonderá como suele decirse”.

 Y continuó dándose ánimo resolviendo ir junto a Magdalena hasta conseguir su objetivo.

         

 

EN UN ARREBATO DE SENSIBILIDAD POÉTICA SE DEJA CAMPO  LIBRE AL  DON JUAN.

            

  Dos días que le pareció a Adriano una eternidad  quedó encerrado en su casa rumiando

 su “mala pata”. Cundo por fin no estuvo más hinchado su lengua  fue a visitar a María y a Hugo. Llevaba en su bolsillo versos dactilografiados de poetas rusos, finlandeses y suecos .Poetas totalmente ignorados por éstas tierras a excepción de algunos eruditos.

---“Se está acercando el plazo que me di para la conquista—se decía por el camino---,María está aún indecisa pero basta un momento de flaqueza, de inconciencia para que caiga en mis brazos y en cuanto aquella otra---dijo recordándose de Magdalena---, supongo que caerá rápido”

 Encontró a la pareja conversando animadamente sobre su persona.

---Llegas justo cuando estábamos hablando de ti---exclamó contento Hugo---, le estaba diciendo a María que me prometiste traer algunos versos de tu autoría.

---Es cierto---dijo Adriano—acá te traigo algunos versos que pienso no son tan hermosos, pero como te prometí...

---No quiero insistir sobre tu modestia desmedido, dame, dame tus versos---pidió Hugo.

 Y tomó de las manos de Adriano los versos. Dio una rápida ojeada a los papeles y luego dijo embriagado, entusiasmado y con la voz anhelante por la emoción:

---Mi estado poético está excepcional y los nervios se me erizan, por lo tanto les dejaré un momento y me iré a leer éstos versos tuyos sólo y concentrado. Me disculparás Adriano pero espero que te sentirás a gusto en la compañía de María por algunos minutos, pues me parece que éstos versos que ahora me traes son divinos y yo estoy en mi estado poético excepcional y no debo perderme éste momento.

 Hugo de un tiempo a ésta parte a instancias de Adriano llamaba a sus momentos de gran sensibilidad de “estado poético”.

 El inesperado deseo de Hugo de abandonarlos para ir a leer los versos le pareció a Adriano maravilloso, María sin embargo salió al paso y objetó con ironía sutil:

---No creo que tu estado poético sea tan momentáneo, ¿por qué no esperas que Adriano se ausente y luego te abocas a  leer sus “divinos versos”.

---No seas cruel conmigo María---suplicó Hugo con pomposa seriedad---, permítame por ese amor que me profesas a dejarles un momento,¿verdad Adriano?

---Yo...yo digo que...bueno---replicó éste azorado---,  es cierto que en los momentos de fina sensibilidad la poesía es como un narcótico, nos deja embriagados y cuando uno está en ese estado aún cuando los versos sean malos como los míos nos deja extasiado.

---¿Quiere decir que tú no tomarás a mal si les abandono un rato y me encierro a leer?.

---Yo, yo no, aunque mis versos no sean tan lindos---replicó tercamente machacando sus versos ajenos y sorprendido por el cariz que tomaba los sucesos.

--¿Y tú María?---preguntó ansioso Hugo---¡Oh, María amor mío, permítame también tú que eres tan magnánima!

---Sea ya que tanto insistes---admitió María.

 Hugo saltando, silbando, haciendo muecas de contento dejó a María y al enamorado casanova.

---María, María---dijo enseguida  Adriano luego que el ingenuo marido haya abandonado la estancia---,¿no te parece que esto sucede porque el cielo quiere que nos amemos?

 María miraba asustada por todas partes como si temiese algún suceso imprevisto.

---No notas---continuó Adriano---que la providencia , la casualidad  quiere que Hugo nos abandone dejándonos solos?, ¿acaso no debemos aprovechar ésta oportunidad?,¿no ves que el destino, el Destino con mayúsculas nos es propicio?.

 Obstinadamente callada permanecía María ante estos prodigiosos acontecimientos que se iban concatenando para acontecer lo que ella había tramado para hacer sus trapacerías.

---Déjame que te bese---se atrevió a decir Adriano y se acercó a ella

---No debemos hacer....no es posible ---murmuró .

Temblaba llena de violenta emoción, ¿por qué en efecto aquellos extraños sucesos que le aproximaba a Adriano cada día más?. Había querido probar su habilidad para el engaño y sin embargo estaba siempre supeditada a su maldita creencia de que la mujer debía de ser fiel al marido.

  Mientras éstos pensamientos merodeaban por su cabeza Adriano ya la estaba besando con frenesí. Luego de un momento María lleno de intenso pavor se zafó del  fogoso galán.

----¡Oh, si nos ve Dios mío¡---musitó ella ---, no quiero ni pensar qué podría suceder.

---Es imposible que nos vea—afirmó Adriano suavemente y la volvió a besar---, quiero que seas mía, quiero amarte de verdad,¿cuándo llegará ese día?

 María callaba y se dejó abandonar a la voluptuosidad.¡Por fin sentía los besos de otro hombre!. Le parecía verdaderamente más emocionante, la extasiaba más como efectivamente le había dicho Estela.

---Mañana, mañana vendré cuando Hugo no está---musitó en su oído Adriano.

---No, no—murmuró asustada María---, la otra vez llegó de improviso y casi nos sorprendió,

---¡Ah, es cierto¡---musitó Adriano quien ya estaba olvidando aquello---, ¿porqué vino aquélla vez a deshora?.

---Creo que hubo problemas de luz en el trabajo y el gerente decidió mandarles más temprano. Es extraño, extraño—agregó María---, yo tengo miedo, cualquier acaso sucede para que una mujer sea sorprendida por su marido. En éstos días volvió a salir en el periódico sobre una muerte pasional,¿lo leíste?

---Lo leí---reconoció Adriano---, pero no temas, no sucederá con nosotros. Ese caso que estás mencionando yo conozco personalmente. Aquélla mujer hacía de propósito para que su marido la sorprenda para ponerle celoso, le chantajeaba, el hombre se cansó, perdió la cabeza y la mató. Nuestro caso es diferente María, amor mío, yo te amo, tú me amas y Hugo no está celoso ni tú le dirás nada.

---Hugo puede sorprendernos---insistió María---, además es inmoral ser infiel.

---No, no es inmoral---rebatió con énfasis Adriano---,es algo normal, todo el mundo lo hace, ya te dije que...

 Y se calló porque escuchó que Hugo venía irrumpiendo hacía la sala con frenéticas pisadas.

  

 

DE LA INSÓLITA DECISIÓN DE UN MECENAS.


---Es una maravilla, belleza pura, algo extraordinario---decía Hugo esgrimiendo los versos que Adriano le había dado---, tus versos son esos y mucho más, me he emborrachado con ellos, me quedé en éxtasis por largo rato. Leía y releía y pensaba que una cosa tan bella no es casi posible que un ser humano pueda hacer, pensaba y pienso que es cuestión de dioses. Y luego insinúas que tus versos son malos, pero no importa yo sé que los poetas, los verdaderos poetas, los genios de verdad no saben a ciencia cierta que sus obras trascienden lo humano, no importa mi “vate querido”.

---Me halagas en demasía, creo sinceramente que demasiado lindos no son al menos éstos últimos--- volvió a decir Adriano.

---Ya sé, ya sabía que me ibas a repetir eso---dijo siempre entusiasmado Hugo---, pero no importa porque para que te convenzas que digo la verdad yo le mostraré tus versos a un crítico que escribe en los periódicos y llevaré luego a una editora y lo mandaré imprimir.

 Adriano se quedó mudo de asombro ante aquélla imprevista resolución tomada unilateralmente por su admirador.¿Llevar sus versos o mejor los versos ajenos a un crítico de diario?, De seguro sería descubierto su tramoya

---No,no,no—dijo con vehemencia cuando se recuperó del pánico---, eso no debes hacer.

---¿Por qué?---preguntó ingenuamente el flamante mecenas.

---Porque, porque,...este...yo...yo no quiero---musitó Adriano aún aturdido---, no quiero porque la gente es mezquina y no reconoce los méritos del  semejante, prefieren hacerse del desentendido.

---Así mismo es, yo lo sé---admitió Hugo---, pero yo lucharé por ti, al menos esa gloria quiero reservarme, hacer que un genio sea reconocido.

---No te harán caso---dijo Adriano decepcionado por la gran vehemencia de Hugo y ante su decidida determinación.

---Me escucharán, les gritaré hasta que escuchen, no se puede ser tan mezquino como para no reconocer la obra de un genio.   

 ---Pese a todo yo prefiero que no muestres a nadie esas obras, porque...porque---continuaba dubitativo Adriano buscando un pretexto valedero para convencer a su mecenas a dejar de lado tan peregrina idea---, porque yo sé  y siempre suelo leer que  a un genio se le reconoce sólo después de muerto.¿No has escuchado o leído sobre aquel  pintor medio loco, que se llamaba creo Van...Van, no me recuerdo bien pero sus pinturas llegaron a alcanzar la fabulosa suma de ciento cincuenta millones de dólares?. Después de que yo muera podrás hacer de mi poesía todo lo que quieras Hugo amigo de mi alma--- remató feliz de que se le hubiese ocurrido una idea bastante original.

---¿Después de muerto? ---exclamó Hugo sorprendido---, pero,¿qué objetivo el tuyo para esperar a que mueras para que tu obra sea reconocida?, con razón la gente dice que los genios son medio locos, además,¿y si yo muero antes que tú?,¿quién hará lo que yo quiero hacer?.

----Yo...yo...yo moriré antes que tú ---aseveró Adriano decepcionado al ver que Hugo encontraba pretextos para publicar sus versos.

---¿Cómo puedes afirmar eso?, ¿no tengo más edad que tú?, por la lógica debo morir antes .---insistió tozudamente Hugo.

---Yo estoy seguro que me moriré antes---replicó Adriano--., es una especie de presentimiento, además los grandes poetas se mueren jóvenes, los grandes poetas para desgracia de la humanidad suelen morir jóvenes.---repitió con énfasis.

---No me convences, además hubo genios a los cuales se les reconoció en vida. Ya sabré convencerte de tu obstinada oposición a que se divulgue tus obras. Te convenceré de a poco.

---Está bien---condescendió Adriano---, pero por favor no muestres por el momento esas poesías a nadie, a nadie, ahora yo a mi vez quiero llevar poesías tuyas para leer en casa.

---Hice algunas---admitió Hugo---, pero no creo que haya mejorado, tú juzgaras, espero que seas indulgente con tu admirador.

  Cuando llegó a su casa Adriano ojeó los versos de Hugo y se dijo preparándose a leer:

---Vamos a ver si mejoró algo éste poetastro.

Voy a silenciar mi dolor

y voy a callar mis penas

para después encontrar el

terruño que me ha de cobijar

por siempre y para siempre

será la tierra paraguaya.

 ---- Cada día escribe peor, malísimo son sus versos, algunos no tienen pies ni cabeza---se decía mientras se desternillaba de risa---, pero yo tengo que decirle que no son  malos hasta que consiga mi objetivo.


 Continuó leyendo y regocijándose ante la letanía de trivialidades. Nosotros por respeto al lector omitimos copiar más versos de Hugo.


 

EXTASIADO HUGO CONTINUA GLORIFICANDO A SU AMADO VATE.


  Varias veces volvió Hugo a leer los versos de su “amado vate” como él decía a  Adriano y aquella noche dirigiéndose a su señora dijo:

---La teoría de los estudiosos no están muy  equivocados.

---¿Qué teoría?---preguntó María

---La teoría, la teoría de que los genios son como locos o casi locos. En fin los genios María no son como nosotros simples mortales sino que tienen sus manías y son seres excepcionales.¿No has notado María que Adriano vive como si viviese en la luna?, la gente habla de él , murmuran cosas perversas sobre su persona y  ni se entera.¡Qué hombre, qué hombre!—exclamaba con admiración inusitada.

María que no leyó ni escuchó nunca sobre la teoría que traía a cuento su marido se quedó mirándole con extrañeza.

---¡Es increíble su modestia, su humildad!---repetía sin parar obsesionado por el “amado vate”---¡No quiere que se publique sus poemas!,¡no quiere que se vea ni se conozca sus obras!. Es claro, sabe de la inmensa mezquindad que existe en el mundo y quiere que se le conozca después de muerto.

 Se calló un momento y luego continuó como una especie de unción juntando las manos:

---¡Después de muerto, después de muerto!, con eso ya estoy convencido, absolutamente seguro de que es un genio Quizá incluso pueda ser el mayor genio que existió sobre la faz de la tierra. Y es cierto lo que dice, que los genios, muchos, casi la mayoría de los genios---pronunciaba con placer inusitada la palabra “genio” como si hubiese una especie de magia en ésa palabra---, la inmensa mayoría de los genios murieron sin que se le reconozca su mérito, pero eso no es la regla como bien le dije pues muchos genios fueron reconocidos antes de morir.

 María no prestaba demasiada atención al ditirambo exaltado de Hugo y éste luego de un momento continuó:

---Y él, justamente él está resuelto a que sus obras se divulguen después de muerto,¿habrá habido un genio, un solo genio que pensó de ésa manera?. Sólo esa su decisión ya basta para estar seguro de que es un genio impar, ¿verdad María?

---No sé, yo entiendo poco de poesía y de genios---replicó displicente María.

---Y es una pena---se lamentó Hugo---porque ustedes las mujeres son tan  inteligentes como nosotros. Al menos eso leí no hace mucho. Decía en ése artículo que las mujeres tienen la misma inteligencia y la misma capacidad que el hombre.

 Hugo que siempre estuvo convencido de que las mujeres eran inferiores al hombre había leído con gran asombro tenían la misma inteligencia que el hombre. Si bien dudaba algo de la veracidad de lo leído ahora ponía con gran satisfacción a conocimiento de María la novedad.

---Si la inteligencia de las mujeres es igual al del hombre ---continuó latosamente nuestro hombre---, sólo es necesario que hagas un pequeño esfuerzo para gozar de verdad. Yo estoy seguro que si tú te propones vas  a encontrar la belleza que existe en los versos de Adriano y quizá...quizá hasta en los míos.---se animó a decir tímidamente Hugo.

 Volvió a callarse Hugo y miró a su señora que estaba con  la faz inescrutable al parecer pensando en lontananza.

---¿No te estoy aburriendo tal vez?---preguntó Hugo algo intimidado.

---¡Oh, no!---dijo María---absolutamente, estaba pensando si eso que has leído sobre la inteligencia del hombre y la mujer  son similares será cierto.

---Claro que es cierto---replicó con entusiasmo Hugo que no se dio cuenta de la sutil insinuación satírica de María---, definitivamente cierto, yo cada día estoy más seguro de ello. Y ojalá todo el mundo, hombres y mujeres traten de valorar lo bello, viviríamos en un mundo feliz, un mundo en donde las mezquindades, la maldad, el egoísmo ya serán palabras muertas, definitivamente muertas,¿verdad María, amor mío, mi vida?.

---Sí, pienso que sí.

---El problema es que estos sabios, estos genios---continuó exultante Hugo---se alejan del mundo porque no toleran vivir con gente mezquina; ¿y cómo convencerle para que sean publicados sus versos?.

---¡Ah, ya sé!—casi gritó luego de un momento---,¡ya sé, ya tengo la solución¡, ¡Europa, Europa!, así dijo alguien cuando encontró luego de mucho especular la solución definitiva de sus problemas.

---¿Quién dijo esa famosa frase María?---dijo dirigiéndose a su señora que la miraba de soslayo--,¡Europa, Europa¡, ¡Ah, sí! , fue Colón, Cristóbal Colón cuando descubrió América, ¿Colón cuando descubrió América?---se preguntó él mismo extrañado.

---¿O no es Europa lo que dijo?---se volvió a interrogar. En efecto estaba extrañando que Colón pronunciase esa frase ya que ahora venía a su memoria que Colón venía justamente de Europa y llegaba a América.

---¡Ah, sí, no fue Colón¡---dijo luego de un intervalo---, fue un hombre que se estaba bañando y sin darse cuenta de tan ensimismado que estaba salió a correr desnudo por la ciudad,¡qué memoria la mía!---se quejó---,¿y porqué habrá dicho Europa, Europa?, no importa, no importa, cualquiera se olvida. En fin me aparté de la solución a que había llegado como aquél famoso hombre que corrió desnudo por la ciudad. En efecto María la salida a que llegué para que sean impresos sus divinos versos es que tú me ayudarás a que la obra de un genio no se pierda  y sea a la ves conocida a tiempo.

---¿Qué me quieres decir?---interrogó María.

---Estuve pensando amor mío---dijo zalamero Hugo---y me vino como una luz, una intuición extraordinaria que tú eres la persona apropiada para convencer a Adriano a que deje que sus versos sean impresos.

---¿Qué pretendes decir?---interrogó María sin comprender bien aun lo que Hugo insinuaba.

---Si mi amor, mi vida, mi encanto, mi tesoro---continuó entusiasmado Hugo levantándose a llenar de besos y caricias a su señora---, tú serás la que me ayudarás a que nuestro amigo el gran poeta cambie su actitud intransigente. Quiero que tú te encargues  de persuadirle a dejar que sus versos sean publicados antes de que muera. Insistirás de manera sutil  así como sólo ustedes las mujeres saben hacerlo, y él que es un genio no podrá dejar de percibir que el ruego tuyo es algo providencial, algo así como un pedido del más allá, pues los genios entienden eso intuitivamente porque algo fortuito debe suceder para que sea reconocido el trabajo que hacen por la humanidad.

---¿ Yo debo  pedirle con insistencia a que sea editado sus poemas?---preguntó intrigada  curiosa y escéptica María. Todo lo que iba aconteciendo parecía un sueño debido a los asombrosos acaso.

---Exactamente, mujer, exactamente---dijo contentísimo Hugo---, tú te encargarás de eso y así colaborarás con tu grano de arena para que la obra de un gran poeta, un genio sea recompensado en vida. Eso saldrá en todas las revistas del mundo, algún día se hablará de ti y de mí como los dos seres humanos que hemos comprendido a un insigne poeta. María ,¿quieres que te cuente algo?---continuó Hugo siempre alegre y locuaz---,¿ sabes que yo siempre tuve la intuición de que algún día  todo el mundo hablaría de mí? , no sabía bien porqué, pero ahora ya lo sé, sí, ya lo sé, se hablará de ti y de mí como los dos seres que reconocimos el genio de Adriano.

  Acariciaba a su señora con verdadera unción.

---Tu no sientes la gran felicidad que yo siento porque no percibes la verdadera magnitud de lo que vamos a hacer---continuaba Hugo---, ya verás, ya verás, quizá más tarde comprendas y yo no pierdo la esperanza, porque es imposible que una mujer bella, inteligente no capte la belleza que irradia los versos de Adriano. Tú no te puedes perder eso, además como ya te había dicho yo, ya he leído en una revista o periódico que ustedes las mujeres tienen la misma inteligencia que nosotros los hombres; que pueden aprehender la belleza con la misma capacidad, eso mismo leí y lo creo.

---Yo prefiero no  entrometerme en éstas cosas--- se hizo de la rogada María.

---Pero lo harás por mí, ¿verdad?—dijo con voz meliflua Hugo.

---Sí...puede ser,...si estás seguro de...

---¿De que es un genio?---dijo Hugo sin dejar que la otra termine la frase.

---Sí, si---admitió María a pesar de que no era ésa la palabra que iba a pronunciar y que tanto se apresuró a decir el ciego admirador---, si estás absolutamente seguro de que es un genio y si crees que va aceptar lo que le pido.

---Estoy seguro, segurísimo—se apresuró a decir Hugo---, de a poco le entraremos como quien no quiere la cosa y después le insistirás con vehemencia de tal manera que ya no podrá negarse. Y estoy seguro que él mismo a pesar de todo se dará cuenta que es una injusticia que viva ignorado debiendo ser reverenciado por toda la humanidad; el carácter de los genios---continuaba parlando Hugo sin dar visos de frenarse---es inconfundible, son huraños, reticentes, reacios a todo porque son modestos y no quieren aceptar su valía, les molesta que los hombres mediocres sean siempre los que sobresalen por su charlatanería, por eso mismo alguien debe hacer algo para que el  mundo entero les admire sin que muevan un  dedo, y  seremos nosotros María, yo y tú quienes haremos el milagro para que se reconozca la obra de Adriano.

---Somos felices y seremos más felices aún---remató Hugo acariciando con inmensa ternura a su esposa---, confía en mí pues mi amor es tan inmenso que sólo puede brindarte felicidad.

---Yo también te amo, te quiero mucho---contestó María ante tanta demostración de amor.




DE LA ORIGINAL MANERA DE NUESTRO DON JUAN PARA EXPRESAR SU PASIÓN.


     Por su parte Adriano también se debatía en una tremenda encrucijada.

---¿Cómo voy a convencerle a aquel “animal”---se decía aludiendo a Hugo en su monólogo---, cargoso, insípido y sin ninguna luz que deje de macanear, que me deje en paz en cuanto a la publicación de “mis versos”?, éste cuadrúpedo es capaz de desenmascararme con su inmenso deseo de mostrar a toda costa  los malditos versos  a alguien que entiende. “Mi camino” no está sembrado de flores en éste momento, pero no obstante saldré airoso, estoy seguro”.

 Un largo rato estuvo pensando en lontananza y luego continuó monologando:

---“me estoy dejando estar, tantas victorias fáciles ya conseguí que mi mente se está volviendo perezoso y debido a eso no puedo salir de éste atolladero, pensaré una hora y luego veré qué decisión tomar”

 Adriano asió una frazada de la más caliente que tenía en su ropero y se tapó todo el cuerpo incluida la cara y se quedó quieto, inmóvil en la cama.

 Aquella era en efecto su peculiar manera de actuar cuando se hallaba en crisis, él estaba seguro que sudando a mares le venía pensamientos milagrosos que le ayudaban a salir del atolladero. Debía soportar una hora exacta de esa forma para luego salir reconfortado y vigoroso.

 Luego de una hora exacta, “ni un minuto más, ni un minuto menos” como suele decir el famosísimo doctor Remies, se levantó de un salto y no dijo como Hugo, ¡Europa!, pero sonrió satisfecho, se frotó las manos contento y se dijo:

---“Eso es, ahí está un problema totalmente solucionado, en efecto le diré a María para que convenza al bruto de su marido a que deje de lado su peregrina idea de publicar o mostrar a cualquier otro badulaque los versos pirateados. Ella le convencerá, estoy seguro, las mujeres lo consiguen todo, son más inteligentes que los hombres para persuadir”.

---“Además de ahora en adelante arrollaré cualquier obstáculo para conseguir su amor y también el amor de aquélla mujer de la plaza. Me hace falta más decisión, coraje; la molicie en que estuve viviendo en éstos últimos tiempos me está volviendo afeminado, es necesario actuar de una manera osada sin contemplaciones de ninguna laya”.

 Con intenciones firmes el domingo así como habían convenido con Magdalena se dirigió a la plaza.

Encontró a Magdalena y su hijo Luciano  solazándose en la plaza. Se acercó decidido junto a ella. Una sonrisa amplia se dibujaba en sus labios llevando un regalo en las manos.

 Luego de saludar a Magdalena y besar amorosamente al pequeño Luciano mientras le entregaba el regalo dijo:

---Esto es para ti nene lindo , precioso.

 Luciano contento y feliz comenzó a  andar y jugar por su regalo.

---Magdalena, Magdalena---dijo a su vez Adriano apenas Luciano se hubo alejado---, yo ya te he dicho que te amo, pero mentí, descaradamente mentí, porque yo no te amo, yo te adoro, te idolatro, estoy loco, día y noche como un demente repito tu nombre, no pudo olvidarme ni un solo instante  y si tú no me  una respuesta favorable a éste amor, aquí,

 ahora, en éste momento me pegaré un balazo en el corazón , en éste corazón que está enfermo de amor y que es mejor que deje de latir si a quien ama o mejor adora e idolatra no le corresponde.

 Palideció Magdalena ante estas palabras dichas precipitadamente y con énfasis y no pudo eludir mirarlo intrigada y temerosa.

---No me digas que miento---se apresuró a continuar el don Juan---, no me digas, ni insinúes, porque...porque... porque acá tengo el revólver con el cual me daré muerte  dentro de minutos si escucho de tus labios que me rechazas.

 Y sacó el revólver de su cintura y lo alzó hacía su sien. Al ver lo que el don Juan hacía Magdalena retrocedió asustada y boquiabierta.

---No, no es necesario que te asustes---suplicó con la faz patética Adriano metiendo de nuevo el mortal arma en la cintura---, yo no quiero causarte mal alguno, sólo quiero que creas que digo la verdad y por eso espero una respuesta sincera. Si merezco tu amor desistiré del suicidio pero si crees que es imposible amarme,¿ para qué apenarte si dentro de segundos me ves tendido muerto a tus pies?.

---Yo estoy confundida---murmuró al fin Magdalena expresando con sinceridad su estado de ánimo.

 Estaba con los nervios a flor de piel ante aquél hombre que se le declaraba de una manera inusual y ardiente.¿Era quizá un impostor?, ¿cómo un ser humano podía mentir de esa manera?, algo debía sentir para hablar de aquélla manera tan elocuente que la dejaba hipnotizada.

---Terrible dilema el mío---continuó declamando Adriano como si fuese un general que se aprovecha de la confusión que reina en las filas contrarias no dando tiempo a reaccionar---porque sé que no puedo ni debo presionar, pero...el gran pero aunque no le guste a don Sotelo que se diga, el gran pero digo, es que te adoro, te idolatro con todas las fuerzas de mi corazón.

---¿ Qué pretendes, qué quieres?---Dijo tímidamente Magdalena halagada ante aquél ímpetu de  amor infinito que se le demostraba.

---Yo pretendo tu amor ---contestó Adriano---, y estoy dispuesto y decidido a llegar a la casa de tu patrona y decir que aquél niño hermoso y encantador es mi hijo que alguna vez abandoné y que arrepentido vuelvo al redil.

---¿No sería arriesgado mentir?, ¿no es una tontería lo que pretendes hacer?---preguntó Magdalena dubitativa y sonriendo a pesar de todo. La propuesta era original como ya le había dicho en otra oportunidad.

 ---El amor, el verdadero amor  que está dispuesto a todo no se amilana  ante estos  problema baladíes---respondió Adriano.

---Sea, acepto, puedes llegar si quieres---condescendió Magdalena.

---¡Oh, me llenas de felicidad!---dijo arrobado Adriano---, yo sabía s que ibas a aceptar, que no te quedarías insensible ante el verdadero amor y mañana iré a visitarte y visitar a mi hijo, porque aquél pequeño, Luciano es desde ahora mi hijo, le quiero como si hubiese sido engendrado por mí.

 Luego de despidieron .Magdalena se sentía contenta a pesar de todo, no estaba segura si el joven don Juan haría lo que estaba prometiendo.

En cuanto a Adriano luego que se hubo despedido de Magdalena y su “hijo” masculló entre dientes:

---“En realidad es trabajoso el conquistar mujeres, claro que si no fuese difícil no tendría gracia. En fin conseguiré a esta y luego la dejaré como a las otras. No sé porqué éste capricho por ésta chica, una empleada, una “poquyrá” con un hijo, es cierto que es hermosísima, tiene una sonrisa que es angelical, una voz que parece una música celestial. Sí, al amor es eso lo que le da su encanto, que no distingue exactamente porqué una de entre millones atrae tanto y se la quiere conseguir a toda costa”.

 


POCO A POCO LOS DESEOS PROYECTADOS VAN PROSPERANDO.


 Esa misma tarde comenzó Adriano a dactilografiar varios versos para llevar a Hugo. Varios versos de diferentes autores fue copiado con frenesí.

---“Mientras lee estos versos le diré a María que desista de su maldita y peregrina idea de publicar los versos---se decía Adriano---, y también comenzaré a atacar en serio para que ella me acepte, hoy, ésta noche le daré más de un beso.

 Estaba oscureciendo cuando llegó a la casa de Hugo.

---Acá te traje varios poemas para que leas---le dijo a su admirador---, debes hacerlo con mucha atención, algunos son difíciles, no sé si prefieres leer ahora o mañana.

---Tú eres el genio---replicó Hugo ---, tú eres el genio que debe ordenar, si es por mí quisiera leer ahora, mientras te quedas a charlar un momento con María---agregó pensando en que su esposa iba a hacer todo lo posible para convencer a Adriano para que sean publicados sus versos así como habían combinado.

---Si quieres leer ahora yo no me opongo---contestó a su vez Adriano mientras pensaba que mientras Hugo se ausentase  convencería a María a que haga desistir a su marido de su idea de publicar sus versos y además haría todo lo posible por seducirla.

---María, María---gritó Hugo alborozado---, ven mi amor, queda un momento con Adriano, con el ilustre poeta a charlar un momento, privilegio que no todo el mundo tiene por cierto, mientras yo voy a leer un momento sus inimitables y maravillosos versos.

  Vino María y Hugo le volvió a suplicar a que se quede un rato con Adriano mientras él leía los versos. Al despedirse le dijo a media voz a su señora:

---Acuérdate de lo que combinamos, insiste, insiste con él para que deje de ser modesto y que nos permita mostrar al mundo entero sus poemas maravillosos. Fuerza María.

 Y se alejó dejando Adriano y a María. Esta estaba algo asustada, una sensación indefinible le recorría todo el cuerpo mientras pensaba que se le presentaba momento a momento la ocasión para ser infiel a su marido como había maquinado.

---María , María, mi vida, mi amor---dijo Adriano no bien se hubo alejado Hugo---, le gusta a Hugo mis versos, está loco por ellos aunque yo pienso que no son buenos. Yo en cambio te amo, te adoro, te idolatro  y estoy dispuesto, ¡escucha bien!, estoy dispuesto a suicidarme si no me vas a amar.

---¿Suicidarte?---musitó María dudando de lo que escuchaba.

---Efectivamente, suicidarme---exclamó Adriano quien ya había usado varias veces ese subterfugio que prácticamente daba siempre buen resultado con las incautas mujeres---, morir como un “perro sarnoso” como dice don Sotelo , estar tendido en la calle para  que todos me vean y que sepan que morí por un amor no correspondido.

---¡Qué pensamientos macabros y espeluznantes!, ¿estás bromeando?---exclamó María.

---No,...no..., yo nunca bromeo en cosas de amor, porque el amor es lo único sagrado, el amor es lo grande, es lo más venerable que existe en el mundo; todo lo que estoy haciendo, traer mis versos a Hugo es porque te adoro, te amo. Yo jamás me animaría a mostrar a nadie mis poemas pero fuiste tú la culpable de que me anime a traerlo.

 María se limitaba a mirarlo y Adriano se atrevió tomarle las manos y aprovechó la oportunidad para solicitar lo que se había propuesto:

---Y quiero que en nombre de éste amor que te profeso le digas a Hugo para que desista de mostrar a nadie mis versos.

---¡Oh, no puede ser!---dijo María apartando las manos.

---¿Qué no puede ser?---interrogó Adriano recelando algo ante aquél rechazo

---El me pidió para que yo insista contigo para que sean publicados tus poemas, me insistió que son demasiados hermosos; me pidió que haga lo imposible para que te convenza.

 Suspiró aliviado Adriano al notar que ella no estaba enojada por haberla tomado de las manos.

---Yo estoy dispuesto a todo, a todo lo que tú quieras---dijo al fin---, te dije que me suicidaría, hasta puedo dejar que mis versos se publiquen cosa que considero más terrorífico que mi eventual suicidio pero si tú lo quieres haré lo imposible.

 Volvió a tomarla de las manos y comenzó a acariciarla y luego le dio un beso largo y ardiente.

---Cuidado...cuidado---dijo luego María despertando de su letargo y separándose del fogoso don Juan---, Hugo puede venir.

---Mañana, mañana vendré cuando Hugo se encuentre en su trabajo---musitó Adriano.

---No, no...

---Es para hablar. Quiero hablar simplemente contigo---tranquilizó el galán.

---Te amo, te adoro—repitió Adriano---, no es posible que te sientas insensible ante mi amor, no es broma ni mentira lo de mi suicidio, lo consumaré  tarde o temprano si no me aceptas.

 María estaba ensimismada, en parte se sentía halagada por lo que Adriano decía pero también no se decidía a cometer lo indebido por temor a la sociedad y a su marido.

Este vino a su vez llegando del fondo de la casa con la faz radiante y transfigurada y comenzó a  hablar:

---Cuando estuve leyendo tus versos estuve pensando que eres una persona que vino del otro mundo,¡qué hermoso, increíble!, yo creo que si se publica tus versos no tardará en que saques el Premio Nóbel,¡Imagínate!, ganar un millón de dólares y ser conocido mundialmente, Adriano, mi vate del alma, piensa, piensa que en tus manos está ganar el Premio Nóbel y deja que tus versos sean conocidos, ¿esto que me trajiste lo has hecho ahora o son poemas de antaño?.

---Dos creo que son nuevos—dijo Adriano---, me halagas mucho con tus elogios, puedes estar equivocado; ¿leíste con mucha atención?.

---Claro, claro, pero si no te importa quiero que me dejes para releer esta noche.

---Yo preferiría que ahora mismo vuelvas a leer porque quiero llevar a casa esos poemas para hacer algunas correcciones---dijo Adriano pensando en quedarse un momento más con María. Hugo aceptó alegre lo que su “amado vate” le proponía  y se dirigió hacía el fondo de la casa para releer los pirateados versos.

 Mientras nuestro don Juan consiguió su propósito de venir al otro día junto a María para hablar, simplemente para hablar, dijo.

Hugo volvió luego de un buen rato y volvió a elogiar los versos.

Al fin se despidieron todos contentos y felices.





DE LA CONFUSIÓN Y LA SORPRESA QUE PRODUJO LA VISITA DEL DON JUAN A LA POQUYRÁ.


---¿Será que aquél simpático sujeto vendrá?---se preguntaba Magdalena incrédula recordándose de Adriano.

 No bien oscureció y nuestro casanova fue apareciendo. Era Adriano en persona,¡aquél hombre había estado hablando en serio!,¡qué barbaridad!. Magdalena no había en efecto puesto a conocimiento de eso a doña Luisa, ¿cómo reaccionaría?,¿acaso le gustaría y consentiría que el “padre” de Luciano llegue?.

 Magdalena recibió al galán y le dijo que espere un momento pues ella iba a decir que llegaba el “padre” de Luciano.

--¿El padre de Luciano?---exclamó doña Luisa al escuchar la noticia---, este...no se.., bueno que llegue---dijo tomando una súbita determinación---, ya hablaremos de ello mañana.

 Llegó Adriano y saludó a su hijo con todo respeto. El pequeño Luciano estaba confundido y contento a la vez con un nuevo regalo que trajo su padre.

  Pero lo simpático  de contar se desarrollaba hacía el fondo de la casa. En efecto tanto don Aparicio como Gilberto se habían dado cuenta de la llegaba del hombre junto a Magdalena. Agitadísimos, con los ojos desorbitados, la faz contraída, los músculos tensos y con miles de pensamientos que se le cruzaban por la mente ambos, padre e hijo miraban como alucinados a Magdalena y al hombre.

---Aquél individuo,¿quién es?---fue a preguntar don Aparicio a Gilberto tratando de aparentar tranquilidad.

---Es lo que me interesa saber---replicó Gilberto.

---Luisa, Luisa--- llamó don Aparicio.

 Esta vino llegando junto a su marido y su hijo.

---¿Has visto?,¿ves aquél sujeto que está con nuestra empleada, con la poquyrá---dijo don Aparicio con despecho la última frase.

---Sí, sí, ya lo he visto---replicó con naturalidad doña Luisa.

---¿Quién es?, ¿qué quiere?---inquirió ansioso don Aparicio.

---Es el padre de Luciano—contestó doña Luisa.

---¡El padre de Luciano,  el padre de Luciano!---exclamaron al unísono Gilberto y don Aparicio.

---Así me dijo Magdalena---afirmó doña Luisa.

---El padre,...su padre,...el padre...su padre,..pero...pero--- tartamudeaban tanto Gilberto y don Aparicio---, no puede ser, es una locura, el mundo se está volviendo un verdadero “hospicio rodante” como dice Sacco Latorre.

Estaban francamente mareados ante esta imprevista noticia, era un golpe bajo, algo diabólico lo que estaba aconteciendo.

---¿Ella te dijo que era su padre?—interrogó Gilberto.

---Sí ,y me preguntó si podía llegar un momento.

---¿Y porqué permitiste?—replicó colérico Gilberto---, ¡era lo que faltaba!, yo me voy para  echar a aquél sujeto.

 Y se preparó para dirigirse hacía donde se encontraba Magdalena y Adriano pero fue interceptado por doña Luisa.

---¿Qué macanada pretendes hacer?---preguntó a su hijo.

---Yo...yo no permitiré que un bandido llegue a nuestra casa---replicó furioso Gilberto---, esto es algo inaudito, jamás he visto que una simple empleada, una poquyrá  haga llegar a un hombre en la casa de sus patrones. Carajo digo, yo soy acá el que mando, ésta es mi casa y no dejaré que nadie se burle de mí, no admitiré que la gente se ría de mí.

---Pienso que no es para tomar tan a pecho---apaciguó doña Luisa---, no creo que nadie se burle o se ría de ti por ese motivo, mañana hablaré bien con ella  y ahí veremos si por lo menos de vez en cuando pueda ese hombre venir a visitar a su hijo.

---¡Qué hijo ni qué nada¡---masculló Gilberto---, ese hombre viene por otros motivos,¿quién será el zonzo de remate que trague su píldora?

---Hay que prohibir terminantemente--- se sumó don Aparicio---, hay que prohibir que llegue, Magdalena está abusando de tu bondad Luisa. Te estás dejando embaucar por ésta mujer que al final no sabemos que diabólico plan tiene en mente, es certo lo que dice Gilberto, nuestra autoridad está siendo avasallada, ese personaje no tiene que volver a poner los pies en esta casa.

---¿Porqué tanta intolerancia, desconsideración?---interrogó doña Luisa.

--- No hay que abusar ni siquiera en la bondad y eso es lo que tú haces---replicó Gilberto.

---Cierto , es cierto, estás en lo cierto Gilberto---corroboró don Aparicio.

 Al fin luego de un largo rato de parlamento se acordó que doña Luisa iba a conversar detenidamente con la poquyrá de la casa para resolver algo equitativo.


 

CON UN INUSUAL ARGUMENTO El AUTOR DA POR FINALIZADA SU HISTORIA.


Sé queridísimo lector, amigo del alma como dice don Sotelo que muchas, muchísimas cosas está en tu inquieta mente al ver extrañado éste subtítulo en donde abruptamente declaro que finalizo la historia , y ¿cómo no habías de pensar miles de cosas puesto que eres inteligente y hasta más inteligente que yo como diría Hugo a su señora?.

 En efecto eres tan o más curioso que yo y ganas no te falta de interrogar varias cosas y quizás hasta me quieras mandar al diablo,¡tanto tiempo ya  tuviste  paciencia conmigo¡

 De seguro que en primer término compañero lector te preguntarás que pasó con todos mis amigos oyentes de primera hora, porqué dejaron de intervenir en la historia ya que tan graciosamente se inmiscuían, quizá sus mediaciones hasta podrían ser más interesantes y simpáticas que la historia misma. Y ese pensamiento puede darte rabia  e inquina contra mí. Te explicaré y espero me comprendas.

 Las consecuencias que iban a suscitarse si es que ellos continuaban con sus geniales intervenciones era que como bien dijo uno de mis amigos más arriba íbamos a llegar a la edad de Matusalén y no íbamos a terminar la historia.

  Por eso yo arbitrariamente les dije que solamente si nadie abría más la boca iba a continuar el cuento.

 Muchos cuestionaron mi decisión  pero se llegó a un acuerdo de que  después de terminar mi cuento ellos departirían y objetarían todo lo que les venía en gana.

 De esa manera yo feliz continué contando mi historia sin paréntesis.

 Pero, me dirás lector, te saliste con la tuya y la historia se quedó igual a medio contar., ¿en dónde está la gracia?,¿quieres tomarnos del pelo?, tus historias nunca tienen fin, siempre prometes que vas a continuar y nunca cumples tu promesa.

 Te doy la razón querido lector, sé que estás ansioso por saber qué paso con el don Juan, con la poquyrá, con Gilberto, su padre y su madre, con Hugo y María. ¿Se cometió la infidelidad de María?,¿fue don Aparicio, Gilberto o Adriano el agraciado con el amor de Magdalena?, ¿o ninguno de los tres?, Hugo,¿publicó los versos de su “amado vate”?. Miles de interrogantes que quedan en el tintero.

 Pero, digo yo a mi ves ahora,¿será que tú amigo lector no sabes mejor que yo ésta famosa historia?,¿acaso si intentas hurgar en tu memoria no la encontrarás con todos los pormenores?.

 Piensa lector, yo estoy seguro que ésta historia la conocemos todos y el final  si es que hay final queda contigo.


CRISTIAN  GONZALEZ  SAFSTRAND

AÑO 2.005

 

 

Documento facilitado por el Autor

Registro en el PORTALGUARANI.COM : Julio 2012

        

 



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