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LUIS HERNÁEZ


  LA MONEDA DEL ABUELO - Obra teatral de LUIS HERNÁEZ


LA MONEDA DEL ABUELO - Obra teatral de LUIS HERNÁEZ

LA MONEDA DEL ABUELO

Obra teatral de LUIS HERNÁEZ

 

PERSONAJES

EL ABUELO: Anciano dueño de un kiosco.

DOÑA MARTINA: Vecina de la cuadra.

DOÑA ROSITA: Vecina de la cuadra.

JOSÉ: Niño, hijo de Rosita

LECHERO: Proveedor.

 

LUIS HERNÁEZ

Nació en Asunción, Para­guay, el 10 de febrero de 1947. Arquitecto egresado de la Uni­versidad Nacional de Asunción. Docente Universitario. Fue Pre­sidente de la Sociedad de Escri­tores del Paraguay (SEP) duran­te los años 2000 y 2001.

Obras publicadas: El des­tino, el barro y la coneja, nove­la. (RP Ediciones, año 1990). Cuentos, en la antología de Gui­do Rodríguez Alcalá y María Merco Villagra; en la Antología de Teresa Méndez Faith; en la Antología "El Cuento latino­americano Actual", de Reni Marchcvska (Bulgaria); en la obra colectiva "Prostibularias I". en la Revista del PEN Club del Paraguay, en la Revista 'Palabras", etcétera, Donde ladrón no llega, novela. (Editorial El Lector, año 1996). La Moneda del Abuelo, comedia musical para niños y jóvenes. Levadura y Mostaza, novela (Arandurã Editorial, marzo de 2001).Testimonio Jesuítico, Producto Turístico Cultural del Mercosur Ensayo.

En la obra colectiva Viaje a la Naturaleza y la Cultura, Consulta Interna­cional UNESCO sobre el Turismo y Desarrollo en el Paraguay y el Mercosur. Asunción, septiembre de 2001. La chispa azul. Teatro. Publicada en la Antolo­gía Teatro del Paraguay, de Teresa Méndez Faith. Asunción, 2001. Teatro para ser representado por niños. Obras con temas navideños. Algunos títulos: Los Reyes vinieron del oriente, El largo camino a Belén, Los pastores llegaron an­tes, Las Ángeles temían, etcétera. Destidós, novela (Arandurã Editorial, 2002). Kentenich. Teatro. Obra estrenada en el Teatro de las Américas, del Centro Cul­tural Paraguayo Americano, el 2 de mayo de 2002. Ese interior reino de nada, novela (Editorial Servilibro, 2003). Pedro achicado. Teatro para Niños. (Edito­rial Servilibro, 2003)

PREMIOS OBTENIDOS: Premio V Centenario, año 1989. Libro del Año 1990, Editorial El Lector, Premio Laureano Pelayo García. Los 12 del Año, 1990, Literatura, Red Caracol, Radio 1º de Marzo. Premio Municipal de Literatura, año 1992. Premio Literario Roque Gaona 1996. Mención Honorífi­ca en el Premio Nacional de Literatura 2001.

 

(La escena es una calle de barrio. Se observan en ella: La puerta de la casa de Martina y la puerta y ventana de la casa de Rosita. Es de mañana temprano. A un costado, el kiosco del abuelo: Una caja chata con dos puer­tas, que al abrirse dejan ver las golosinas y otros productos que él vende. Al lado una banqueta. Si es posible, deben incluirse otros detalles: Un árbol, un farol, un contenedor de residuos...)

 

ACTO I

 

ESCENA 1

(Entra el abuelo caminando lentamente. Llega al kiosco, lo abre, saca un plumero; limpia, tararea ensimismado una canción. Sus movimientos son lentos, casi cansados, cariñosos. Observa su kiosco, estira la banqueta, sus­pira contento, se sienta. Del bolsillo soca una armónica y se pone a tocar. Cuando comienzan los parlamentos, el sonido se hace más suave.)

 

ESCENA 2

(Lechero y Martina. Al costado, el abuelo.)

(Entra por el costado derecho caminando con alguna dificultad, con dos tarros grandes de leche y uno pequeño, que es el que usa para medir la leche que entrega en las casas. Se detiene ante la puerta de Martina y golpea.

Trajina con sus tarros. Vuelve a golpear, entra y con alguna impaciencia gri­ta.)

LECHERO:¡ Leche...!

MARTINA: (Desde adentro.) ¡Ya va!, ¡ya va ...! (Abre puerta.)

LECHERO: Buen día, doña Martina.

MARTINA: ¿Qué dice?

LECHERO: ¡Dije que buen día...!

MARTINA: ¿Buen día?, ¿dice buen día?, será un buen día para usted, que pasa por esta calle y se va; pero no para nosotros... Fíjese en la desgracia que nos agobia: el sol todavía no acaba de salir y este viejo ya comienza a molestarnos con su armónica... ¡ese horrible sonidito me está minando los nervios...!, ¡parece un gato estrangulado...!

LECHERO: Ah... no sé; no lo había notado. Como todos los días es lo mismo, ni me había dado cuenta. (Trajina entregando la leche.)

MARTINA: ¿Cómo que no se había dado cuenta...? ¿Para qué tiene usted colgadas esas orejas inmensas, señor Lechero? Ni siquiera le sirven para escuchar nuestro tormento diario en esta cuadra...

LECHERO: (casi por compromiso.) En realidad, pensándolo bien, debe resultar un tanto molesto escuchar esa melodía todos los días...

MARTINA: ¡Claro que es molesto...!, desde luego que es molesto que ese artefacto suene, y suene, y suene, un día, y otro, y otro... ¿o piensa que exagero? Ay, qué difícil es conseguir que me comprendan... todos ustedes son iguales, todos... seguramente usted también piensa que exagero. Claro, yo soy la exagerada, y él el inocente, soplando y soplando su artefacto... Yo, a este señor, ya lo hubiera echado de aquí hace rato, se lo aseguro, pero nunca falta algún tonto que te tiene lástima. Le tienen lástima a él, y a mí, que me coma un perro... (Cierra la puerta con violencia.)

LECHERO: Hasta mañana, doña Martina, digo yo, ¿no es cierto?... (Junta sus tarros y camina hasta lo de Rosita.)

 

ESCENA 3

ROSITA Y LECHERO, ALCOSTADO, EL ABUELO

(Antes de que alcance a tocar, la puerta se abre.)

ROSITA: Buen día, señor Lechero... Lo oí llegar y me alegré, porque José tiene que desayunar antes de ir a la escuela.

LECHERO: ¡Qué raro que me haya oído llegar, doña Rosita... ! Es increíble que pueda oír nada en esta cuadra, con el chillido espantoso que hace el gato estrangulado del Abuelo.

ROSITA: Por Dios, qué cosas dice usted... Me parece que hoy está de mal humor. No vaya a confundirse, no es ningún gato estrangulado. Es una armónica. ¡Y suena tan bien!

LECHERO: A doña Martina le molesta mucho ese artefacto (remeda a Martina) que suena, y suena, y suena, un día, y otro, y otro...

ROSITA: Lo que pasa es que doña Martina es una señorita muy sola y casi siempre está triste... Oh, sí, yo creo que necesita compañía.

LECHERO: (Enamorado.) ¿Le parece?, ¿le parece que Doña Martina necesita compañía?

ROSITA: Claro que sí, señor Lechero. Yo sé muy bien por qué se lo digo.

LECHERO: ¿Lo sabe, doña Rosita? ¿Lo sabe realmente?

ROSITA: Desde luego. Las mujeres sabemos mucho de esas cosas.

LECHERO: (Nervioso.) Y yo..., es decir, claro, digo yo, usted... usted cree que si yo le hablo a ella, si yo le digo...
ROSITA: (Le interrumpe.) La mejor manera de saber las cosas es preguntar, querido amigo... Tiene que animarse de una vez a preguntar y ya no va a sentirse tan nervioso cuando la tiene cerca a Martina... (Amaga que entra y vuelve a. salir.) ¡Ánimo...! LECHERO: (Suspirando.) Ay, Dios mío, ay, Dios mío... (Comienza a alejarse cuando Rosita cierra la pueda.)

 

ESCENA 4

LECHERO Y ABUELO

(Lechero cantina y pasa frente al Abuelo sin detenerse. El Abuelo deja la armónica y lo mira extrañado.)

ABUELO: Hola, señor Lechero... ¿hoy no hay leche para mí?

LECHERO: (Se detiene de mala gana.) Y... no; hoy no hay leche para usted, Abuelo. Si no me paga lo que me debe no puedo dejarle más leche...

ABUELO: Oh, oh, conque esas tenemos... Usted sabe que nunca he dejado de pagarle ni un solo vaso de leche... Ahora no tengo dinero, amigo mío, pero la semana que viene le voy a pagar... de todas formas, mi deuda no es demasiado grande.

LECHERO:Y bueno, Abuelo, lo siento, pero ahora menos que nunca puedo dar créditos... Estoy por hacer una gran inversión en mi negocio y no puedo distraer mi dinero... Cuando usted me pague le voy a dar leche otra vez. (Se va.)

ABUELO: Con qué cosa más rara me viene a salir este buen señor... Debe ser alguna inversión muy importante, para que el vaso de leche que le debo le traiga problemas... (Se encoge de hombros y se dispone a tocar cuando en su puerta aparece José.)

 

ESCENA 5

ABUELO Y JOSÉ

JOSÉ: (Acercándose, desdesu puerta.) ¡Abuelo!, ¡Abuelo...!

ABUELO: ¡Joselo...! ¿Qué hacés aquí a esta hora? No pierdas tiempo, tenés que desayunarte para ir a la escuela.

JOSÉ: Y estoy desayunando, Abuelo, eso es lo que estoy haciendo... Pero vine para traerle esta rebanada de pan con miel, porque yo ya comí muchas... Así se la puede comer con su vaso de leche.

ABUELO: (para sí.) ¡Ah!, si supieras lo que me hizo el amigo Lechero... Muchas gracias, Joselo; sos muy bueno.

JOSÉ: Usted sí que es bueno, Abuelo. Esa música hermosa que toca mientras está sentado frente a su kiosconos llena a todos el corazón de alegría. Yo creo que por eso es la calle más linda del mundo...

ABUELO: ¿Esta es la calle más linda del mundo? (Canción.)

JOSÉ: ¡Esta es la calle más linda del mundo!

ABUELO: Por la gente, el balcón, el color...

JOSÉ: El farol, el kiosco,y sobre todo...

ABUELO: ¿Porqué?

JOSÉ: Por su música, Abuelo.

LOS DOS: ¡Que es sensacional...!

ABUELO: ¡Shhh! ¡No te vayan a escuchar...!

LOS DOS:

No, no, no...
no nos vayan a escuchar,
no ,sabemos, no sabemos
lo que nos puede pasar..

JOSÉ: Por los vidrios que brillan como el sol

ABUELO: Por la limpieza y este árbol en flor

JOSÉ: Por aquel contenedor, y sobre todo...

ABUELO: ¿Por qué?

JOSÉ: Por su música, Abuelo.

LOS DOS: ¡Que es sensacional...!

ABUELO: ¡Shhh! No te vayan a escuchar... (etcétera.)

JOSÉ: (Mira hacia su casa.) ¡Ay!, allí me busca mamá y yo no terminé todavía mi
desayuno...! (Se va rápidamente.)

ABUELO: ¡Ah!, muy bien... Todo parecía indicar que hoy lo saltearía, pero tengo desayuno, gracias a Dios... y a Joselo. (Se sienta en su banqueta y come.)

 

ESCENA 6

MARTINA Y AL COSTADO EL ABUELO

(Martina sale de su casa con una escoba y se pone a barrer nerviosa­mente la vereda. Durante toda la acción de Martina que sucede a continua­ción en el otro costado, el Abuelo permanece indiferente, como si no viera nada.)

MARTINA: (Barriendo nerviosa_) ¡Es una vergüenza!, ¡una verdadera vergüenza! ¡La gente hoy ya no tiene vergüenza! Cuesta tan poco ser ordenado y limpio... Cuesta tan poco tirar las basuras donde hay que tirar las basuras, o tirar los papeles donde hay que tirar los papeles... Y sin embargo, ¿qué encuentro en la vereda? Basuras, papeles, envoltorios de caramelos, y... ¡Ay, Diosmío!, ¿qué es esto? (Se agacha y recoge una moneda. Mira desconfiada al Abuelo que sigue comiendo distraído.) Es una moneda de oro, ¡una moneda de oro!, ja, jajá, jarajajá... Una moneda de oro, y yo la encontré...

(Canto)

MARTINA:
Encontré una moneda de oro
que brilla tonto el sol
y ¿qué hago?,¿qué hago?, ¿qué hago?
¿me la guardo?
Sí, señor...

Me compraré cosas tan hermosas
que muero de emoción
y ¿qué llago?,¿qué hago?, ¿qué hago?
¿me la guardo?

Sí, ,señor...

Me pregunto quién la habrá perdido
me apena un poco, pero...

¡qué hago!, ¡qué hago!, iqué hago!
¿me la guardo...?

Sí, señor..

(Repentinamente calla y permanece quieta, calculadora.)

Ay, por Dios, tengo que disimular.

 

ESCENA 7

JOSÉ, ABUELO Y MARTINA

(José sale de su casa para ir a la escuela.)

JOSÉ: Chau, Abuelo; enseguida vuelvo.

ABUELO: ¿Cómo es eso de que vas a volver enseguida?

JOSÉ: Me voy, doy examen de aritmética y vuelvo; ¡no hay clases, abuelo!

ABUELO: Dale, muchacho; apretá con los números, que tenés cabeza para eso.

JOSÉ: ¿Cómo estuvo la rebanada?

ABUELO: Sensacional.

LOS DOS:¡ Sensacional...!

JOSE: (Se aleja riendo y pasa frente a Martina.) Adiós, doña Martina...

MARTINA: Adiós... (para sí, sin dejar de barrer:) Sí, adiós, adiós, parecés buenito pero seguramente fuiste vos el que tiró los papelitos en mi vereda...

(El Abuelo comienza a tocar los primeros compases de la Danza Noruega, o algo similar, y los sones coinciden con el ir y venir de la escoba de Martina. Ella al principio no se da tuerta y llega a hacer casi un baile rítmica.Repentinamente se detiene y se vuelve hacia el Abuelo.)

MARTINA: ¡Viejo!, ¡deje de molestarme!

ABUELO: ¿Viejo, dice? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Yo la estoy molestando?

MARTINA: ¡Claro que me está molestando! ¡Me está molestando con esa musiquita estúpida...!

ABUELO: Oh, discúlpeme usted, mi querida señora, perdón, mi querida señorita... Nada más lejos de mi ánimo que molestarla con el dulce sonido de este instrumento...

MARTINA: Usted siempre está burlándose de mí, viejo, siempre me está molestando... Pero me las va a pagar todas juntas, alguna vez, se lo aseguro... Alguna vez podré vengarme y hacerle pagar todas las molestias que me ocasiona...

ABUELO: Doña Martina, por favor, no diga eso... yo nunca tuve deseos de molestar a nadie, y menos a usted; nunca quise molestarla a usted. Yo pienso que debemos vivir todos en paz y alegremente... La vida no tiene por qué ser un continuo malhumor...

MARTINA: ¿Malhumor, dice usted? ¿Y quién tiene malhumor'?, ¿quién?, diga, ¿quién tiene malhumor?

ABUELO: Y... yo no sé. Si usted no lo sabe, yo tampoco. (Se desentiende.)

MARTINA: (Blandiendo la escoba. Para sí:) No aguanto más, ya no aguanto más... Voy y lo agarro y le doy un escobazo... (Se abre la puerta y aparece Rosita can un bolso de ruano. Martina la ve y se detiene disimulando. Vuelve a barrer.) ¡Ay! ¡Rosita!, ¡tengo que disimular...!

 

ESCENA 8

ROSITA, ABUELO Y MARTINA

ROSITA: (Se acerca al Abuelo.) Hola, Abuelo... Lindo día, ¿no es cierto?

ABUELO: Oh, sí... hermoso día, mi hija; inundado de sol, lleno de alegría... ¡En días como éste sólo pueden pasar cosas lindas...!

ROSITA: ¿Le parece, Abuelo?

ABUELO: No sólo me parece, sino que estoy seguro... En días así la gente está contenta, tiene el corazón preparado para las cosas buenas...

ROSITA: Qué cosas dice usted... ¡Cómo me gustaría a mí tener ese optimismo! Voy a la feria, Abuelo, ¿quiere que le traiga algo?

ABUELO: Nada, Rosita, gracias... me tomé un buen desayuno, exagerado, diría yo...

ROSITA: Feliz de usted... Adiós. (Se va y pasa frente a Martina.) Adiós, Martina.

MARTINA: ¿Adónde vas, Rosita?

ROSITA: A la Feria, Martina, como todos los días a esta hora...

MARTINA: Ah, qué bueno, ¿puedo acompañarte? (Antes de recibir contestación va a buscar su bolso y sale rápidamente. El Abuelo toca la armónica.) Además de hacerte compañía, podemos aprovechar el momento que nos alejamos para conversar un poco... es tan difícil conseguir algo de silencio en esta cuadra, que antes era tan tranquila, tan tranquila... ¿lo recordás? Mira, a mí este señor me está destrozando los nervios, yo ya no sé cuánto más podré soportar esto... (Sigue parloteando mientras se van.)

 

ESCENA 9

ABUELO

ABUELO: (Deja de tocar, pensativo.) Me parece, me parece, que esta señorita está tramando algo peliagudo... No quiero ni siquiera imaginar lo que está pasando por su cabeza... Aun así, no creo que ella sea verdaderamente mala... pero que tiene sus cositas, ah, sí las tiene!, tiene sus cositas, por cierto, ¡y qué cositas...! Ahora bien, mala, mala, lo que se dice mala, no creo que sea. No es mala pero lo parece, digo yo; finge demasiado bien que es una bruja... (Se ríe.) A mí me tiene una rabia, una rabia... ¡una rabia bárbara! Cuando me mira, sus ojos despiden rayos, centellas... en verdad, rayos y centellas juntos, y con muchísimos truenos... (Vuelve a tocar)

 

ESCENA 10

ABUELO Y LECHERO

(Lechero entra buscando nerviosamente algo en el piso. Parece preocu­pado. Después de recorrer buscando, seguido por la melodía disimulada del Abuelo, se acerca.)

LECHERO: Abuelo, disculpe, pero, ¿usted no vio una moneda por aquí?

ABUELO: ¿Una moneda?

LECHERO: Una moneda, una moneda.

ABUELO: ¿Una moneda, decís?

LECHERO: Sí; una moneda de oro.

ABUELO: ¿De oro?

LECHERO: Sí; una moneda de oro que se me cayó.

ABUELO: ¿Que se te cayó?

LECHERO: Abuelo, por favor, yo me muero de preocupación y usted se burla de mí....

ABUELO: No, mi hijo, no me burlo de vos, solamente estaba bromeando... Una moneda de oro, decís... (para sí.) Así que era eso lo que alzó la señorita Martina... Vamos a ver hasta dónde llega toda esta historia... (Duda pero al final se decide.) No, mi hijo, no he visto ninguna moneda de oro por aquí.

LECHERO: ¡Esto es terrible, Abuelo!, ¡es terrible...! Esa moneda vale muchísimo dinero. Es todo lo que pude ahorrar en años de trabajo, y ahora viene a perdérseme... Es una verdadera desgracia.

ABUELO: ¿Y por qué creés que se te cayó aquí? La habrás dejado en tu casa. Nadie en estos tiempos anda con monedas de oro en el bolsillo.

LECHERO: Yo la traje esta mañana porque al final de mi recorrida, iba a ir a retirar mi carrito, imagínese, un carrito para llevar mis tarros... Ya no tendría que cargar estos tarrotes... incluso podría vender más leche, ¿se imagina?, iba a ganar más dinero, iba a progresar... Pero se me cayó la moneda, y adiós todos mis sueños... es triste. Creo que voy a llorar en este mismo momento.

ABUELO: No, por favor, no llores en este mismo momento... Vale más buscar que llorar. ¿Y por qué estás tan seguro de que la moneda debe estar aquí? ¿No puede habérsete caído en otra parte?

LECHERO: Poco antes de llegar a esta calle yo todavía la sentía en mi bolsillo, era un peso muy agradable en el fondo de mi bolsillo... Pero después de estar aquí me puse nervioso y me olvidé un momento, hasta que ya fue tarde, ya no hubo remedio, la moneda ya no estaba....

ABUELO: ¿Te pusiste nervioso aquí, en esta calle, muchacho?

LECHERO: Al principio no me atajé pero después me dio rabia lo que le hice a usted, Abuelo, eso de negarle el vaso de leche, digo...

ABUELO: En eso estoy absolutamente de acuerdo contigo. No fue algo muy agradable, por cierto...

LECHERO: Bueno, el caso es que cuando llegué a la otra cuadra recordé la moneda, la busqué y ya no estaba, ¡ya no estaba!, ¡ya no estaba...! Por eso digo que debe estar aquí...

ABUELO: (Se levanta trabajosamente.) Y sí... me parece lógico. Vamos a buscar tu moneda, muchacho. (Buscan agachados. El Lechero queda hacia un costado y por eso Martina no lo ve cuando entra.)

 

ESCENA 11

ABUELO, LECHERO, ROSITA Y MARTINA

(Entran conversando Martina y Rosita.)

MARTINA:...las pruebas que te estoy dando, mi querida, son convincentes, ab-so-lu-ta-men-te convincentes. (Se detiene al ver al Abuelo agachado, recorriendo el .suelo con la mirada.) ¿No lo ves?, ¿no ves lo que te digo? Ahora, además de todo, se ha vuelto loco: se cree una gallina, miralo cómo picotea...

ABUELO: ¡Opp! Ésta no me la esperaba... Pero qué ideas encantadoras tiene usted, doña Martina... Yo no estoy haciendo ninguna locura... solamente ayudo al señor Lechero, mírelo, él también está picoteando como una gallina por aquel sector...

MARTINA: (Avergonzada por las risas del Abuelo y Rosita.) Ay, por el amor de Dios, señor Lechero, yo no quise decir eso que está diciendo este anciano, yo no quise ofenderle...

LECHERO: No, no, por favor, doña Martina, (¡ay, doña Martina!), pero qué me va a ofender usted... ¿cómo podría ofenderme con algo tan simpático? Fue un chiste buenísimo, ¿no es cierto que fue un chiste buenísimo?

ABUELO: Encantador, por cierto; fue un chiste encantador.

ROSITA: ¿Y se puede saber qué es lo que buscan?

LECHERO: Buscamos una moneda de oro, doña Rosita.

ROSITA: ¿Una moneda de oro?, ¿aquí buscan una moneda de oro?

LECHERO: Ay, Dios, vuelta a comenzar con las preguntas...

MARTINA: (para sí.) ¡Bárbara barbaridad...! Era del Lechero la moneda...

ROSITA: Esto es algo realmente raro. No se buscan todos los días monedas de oro en las calles...

LECHERO: La moneda de oro es mía, y así como le expliqué al Abuelo, estoy seguro de haberla extraviado aquí... (Comentan entre ellos.)

MARTINA: (Aparte) Esta es la oportunidad que esperaba para vengarme del Abuelo. ¡Por fin se me presentó la oportunidad...! Voy a hacer que todas las sospechas recaigan sobre él, todos van a creer que él se robó la moneda... Ahora va a comenzar a pagar por todos los malos ratos que me hizo pasar... Vamos a ver si después quiere seguir soplando ese estúpido instrumento. ¡Ese gato estrangulado!, digo yo. (Se acerca a los demás.) Señor Lechero: ¿dijo usted que está seguro de haber extraviado su moneda por aquí?

LECHERO: Sí, sí, estoy seguro.

MARTINA: Entonces... entonces quiere decir que esto comienza a ponerse muy claro...

ROSITA: ¿Muy claro todo este misterio?

MARTINA: Desde luego. Si la moneda cayó aquí y ahora no esta es porque alguien se la llevó, ¿no es cierto?

LECHERO: Me parece muy lógico. Las monedas no tienen patas.

MARTINA: Y si alguien la llevó tiene que haberla recogido del piso, ¿no es cierto?

ABUELO: Eso es absolutamente cierto.

MARTINA: Quiere decir que a quien la recogió del piso, a ese alguien, se le habrá visto recogerla, ¿no es cierto, Rosita?

ROSITA: Sí, probablemente, sí.

MARTINA: Ah, ja, jaaa... Ahí está la cuestión. Se le habría visto si es que ese alguien no se hubiera quedado solo en la calle ningún momento...

LECHERO: Quedarse solo en la calle, doña Martina, no es algo muy fácil... Siempre hay alguien dando vueltas por aquí...

MARTINA: No, no lo crea, no es tan así... El Abuelo, por ejemplo, se quedó solo un buen rato en la cuadra... ¿no es cierto, Abuelo?

ABUELO: Sí, por cierto, me quedé solo cuando ustedes se fueron hasta la Feria. Pero... pero... ¿qué es eso, doña Martina?, ¿qué es lo que está queriendo decir...?

MARTINA: Nada, nada, ay, nada, mi querido señor Abuelo... Yo no me animo a decir nada, no me animo a acusar a nadie, no tengo por qué hacerlo, ¿no le parece? De todas formas, con lo que gana en este kiosquito miserable no creo que le alcance para vivir...

ABUELO: Doña Martina, es muy terrible lo que está diciendo, es verdaderamente terrible... (Se aleja de los demás, que comentan en voz baja, sorprendidos, espantados por lo que Martina acaba de decir. Habla para sí.) Y lo peor de todo es que yo sé toda la verdad de lo que está pasando... Pero tengo que darle una oportunidad a Martina, para que se corrija de una vez por todas... No es posible que ande por la vida tratando así a la gente... (Se acerca a los demás.) Y usted, ¿qué dice de todo esto, señor Lechero?

LECHERO: Me cuesta creer que sea cierto lo que dice doña Martina, Abuelo, pero... pero... No sé, no le encuentro explicación a lo que está pasando. La moneda debería estar aquí... Todo parece indicar que ella tiene razón.

ABUELO: Ah... qué notable; quiere decir que usted desconfía que doña Martina tiene razón... es decir, que yo me guardé su moneda. Cómo puede, de repente, una moneda de oro cambiar todas las cosas... ¿Y usted qué piensa, Rosita?

ROSITA: Abuelo... yo... yo no sé qué decir, todo esto es tan desagradable, no sé qué pensar...

ABUELO: Ay, ay, ay... qué vueltas más inesperadas da la vida... Viene a resultar que no tengo la confianza de ninguno de ustedes, jamás me lo habría imaginado. Eso significa, lisa y llanamente, que estoy de más en esta calle. (Comienza a cerrar su kiosco.)

LECHERO: Abuelo, ¿qué hace?

ABUELO: Me voy, muchacho; en estas condiciones, aquí no puedo quedarme... Mira, no puedo darte tu moneda porque no la tengo; yo no la recogí, no es cierto lo que están desconfiando todos ustedes... No la tengo yo pero estoy seguro de que la vas a encontrar, en el momento menos pensado la vas a encontrar, acordate de mí. Vas a encontrar tu moneda y será motivo de gran alegría para todos... Esto que ahora nos duele se convertirá después en alegría...

ROSITA: Abuelo, por favor, nadie dijo que usted tuviera que irse...

ABUELO: Ah, no, desde luego que no; nadie lo dijo, pero no hace falta que lo digan. Así ya no me puedo quedar... Adiós, Rosita. De todo este asunto tan desagradable, lo que más me duele es lo que va a pensar Joselo... Es un buen chico.

ROSITA: Abuelo, por favor, yo no quise causarle ningún daño...

ABUELO: Estoy seguro de eso, mi hija. Dejemos las cosas como están, así es mejor para todos. Adiós, doña Martina; ya no la va a molestar más mi «destemplada» armónica... Adiós a todos. (Se va. El Lechero y Rosita quedan cabizbajos. Martina está eufórica.)

 

ESCENA 12

LECHERO, ROSITA Y MARTINA

MARTINA: (Alegre.) Bueno, bueno, bueno... ¡arriba esos ánimos! ¿Qué son esas caras de velatorio? Si es por la moneda, no se preocupen, yo creo que la vamos a encontrar, claro que sí, la vamos a encontrar... Porque si es cierto que el Abuelo no la tiene la vamos a encontrar, ¿no es cierto?. Y si él la tiene, seguramente la va a devolver para poder venir otra vez a esta calle. Estoy segura de eso, señor Lechero, se-gu-rí-si­ma.

LECHERO: Pienso que lo que acabamos de perder todos con la ida del Abuelo vale mucho más que esa estúpida moneda de oro...

MARTINA: Pero, ¿qué dice? ¿Cómo puede decir tamaña insensatez? ¿Acaso puede ser estúpida una hermosa moneda de oro?...

MARTINA: (canta.) Una moneda de oro que brilla como el sol.

LECHERO: ¿Como el sol?

MARTINA: No puede ser estúpida. ¡Qué gran insensatez!

LECHERO: Es que me apena el Abuelo ¡tan triste se quedó!

MARTINA: ¿Triste, él?

ROSITA: Nos pusimos a acusarlo, ¡qué gran insensatez!

MARTINA: Poca cosa es el Abuelo, que se consolará.

ROSITA: ¿Cree usted?

MARTINA: Pero odiar una moneda, ¡qué gran insensatez!

LECHERO: Es buena, doña Martina, cuando ánimos me da.

MARTINA: ¿Ve que sí?

LECHERO: Porque quedar deprimido...

LOS DOS: ¡Qué gran insensatez...!

 

ESCENA 13

LECHERO, MARTINA, ROSITA Y JOSÉ

(José entra corriendo por el costado opuesto al que salió el Abuelo, con el boletín de notas en la mamo.)

JOSÉ: ¡Mamá!, ¡mira la nota que saqué en aritmética...!

ROSITA: Ay, Dios mío, ¡es un excelente Excelente...! Estoy tan orgullosa... (lo besa.)

JOSÉ: Se agradece, madre. Se la voy a mostrar al Abuelo. ¡Abuelo...! Mire la nota que... (se detiene al ver el kiosco cerrado. Gira para encarar a Rosita, que está callada y triste; al Lechero, que parece indeciso y .sin saber qué hacer; a Martina, que está muy sonriente.) Mamá, ¿por qué está cerrado el kiosco del Abuelo? ¿Está enfermo?

ROSITA: No... no está enfermo. El Abuelo se tuvo que ir.

JOSÉ: ¿Se tuvo que ir?, ¿y adónde se tuvo que ir?

MARTINA: ¿Y cómo querés que sepamos nosotros adónde se tuvo que ir este buen señor, mi niño querido? Se fue y es suficiente; eso es lo que debe importarnos a todos... Ya no están más en nuestra calle. Ni él ni su armónica.

JOSÉ: Ustedes le hicieron enojar al Abuelo...

LECHERO: No... no fue precisamente eso. O sea, son cosas de grandes que vos no entenderías...

JOSE: ¿Qué son estas cosas de grandes que yo no entendería, mamá?

MARTINA: (Antes de que Rosita pueda contestarle.) Lo que sucede, mi querido, es que el buen señor Lechero, aquí presente, extravió en esta calle una hermosa moneda de oro, de mucho valor y por lo tanto muy apreciada por él...

JOSÉ: ¿Y eso qué tiene que ver con el Abuelo...?

MARTINA: Y bueno, lo cierto es que todos nosotros pensamos que la única persona que pudo haberla recogido del piso es el Abuelo... Y se lo dijimos, mi hijito querido, se lo dijimos... Y este buen señor se ofendió y se fue.

JOSÉ: ¿Cómo pudieron hacer eso, mamá...?, ustedes le dijeron al Abuelo que él se había robado la moneda...

ROSITA: No, no... eso no le dijimos... ¿cómo le vamos a decir álgo así?

JOSÉ: Claro, no le dijeron que él robó la moneda, pero le dijeron que desconfiaban de él...

ROSITA:Sí, creo que sí...

JOSÉ: Mamá, ¿vos también le dijiste al Abuelo que desconfiabas de él...?

ROSITA: Fue un momento muy difícil... creo que sí, que yo también le dije eso... Por lo menos, así lo entendió él.

JOSÉ: (Mira desalentado el kiosco cerrado y hace un encogimiento de hombros) Evidentemente hay cosas de grandes que nosotros no podemos entender... ¿Cómo pueden imaginar que el Abuelo va a preferir una moneda de oro a todos nosotros...? (Se va hacia la casa.)

ROSITA: Bueno... creo que yo también debo irme... Pienso que José me necesita... (Se va.)

 

ESCENA 14

MARTINA Y LECHERO

MARTINA: Adiós, Rosita

LECHERO: Hasta luego, señora...

MARTINA: Es un niño muy sensible, ¿no es cierto?, pero tiene algunas tontas ideas en la cabeza...

LECHERO: Doña Martina, yo... bueno, este... mire, es decir, yo quiero pedirle perdón por todas las molestias que le estoy ocasionando, es decir, sí, que le estoy ocasionando. Usted debe saber, a mí me gustaría que sepa, digo, que yo haría cualquier cosa para evitar que usted sufra doña Martina, para evitarle a usted cualquier preocupación, cualquier molestia... Ay, doña Martina, yo quiero que usted sea feliz, que se encuentre bien, pero muy bien... ¿me entiende? (Respira profundamente luego del largo tirón.)

MARTINA: Ay, señor Lechero, qué cosas mas hermosas dice usted, qué cosas más románticas...

LECHERO: ¿Le parece, doña Martina? ¿Le parece que son románticas y hermosas mis palabras?

MARTINA: (sonadora.) Sí, me parece...

LECHERO: (Suspira mirándola, enamorado.) Ay, Dios mío... Adiós, doña Martiná (Le tira un beso con los dedos y se va.)

 

ESCENA 15

MARTINA SOLA

MARTINA: (Despierta de su ensoñación.) Todo está bien, todo está bien... Esta es, a partir de ahora, una calle tranquila y silenciosa, una calle como deben ser todas las calles... tranquilas y silenciosas. ¿Escucha alguien el sonido destemplado de una armónica? ¿Alguien la escucha? No. Nadie escucha el sonido destemplado de esa estúpida armónica... Por fin pude hacerlo huir a ese viejo molesto, qué genial soy... Ay, bárbara barbaridad ¡qué contenta estoy...! Y para más, lo que por fin, ¡por fin!, se animó a decirme el Lechero... ¡qué señor tan simpático!, siempre lo había dicho... Bueno, bueno, bueno... Todo está arreglado. ¡Todo está arreglado en esta calle feliz! Mañana, un poco antes de la llegada del Lechero, voy a depositar su moneda en la vereda para que la encuentre, ¡qué feliz se va a poner!, ¡qué felices nos vamos a poner todos...! El Lechero va a recuperar su moneda, pero el Abuelo permanecera alejado para siempre... ¡Y todos viviremos en paz y buena compañía en una calle silenciosa y tranquila...! ¡Qué genial soy! ¡Qué genial...!

(Canta.)

¡Porfin lo conseguí!
¡Por fin lo conseguí!
Mucho tiempo me llevó alcanzar lo que buscaba
y entonces me pregunto: ¿por qué soy tan genial?

¡Soy genial!, ¡.soy genial!
Eso mismo:
¡Soy genial!

 

Esta calle era
un desastre de ruido
por un gato estrangulado
que por fin pude alejar
y entonces me pregunto:
¿por qué soy tan genial?

 

¡Soy genial!, ¡Soy genial!
Eso mismo: ¡Soy genial!

Esa pequeña trampita, digo yo,
¿a quién va a perjudicar?,
al abuelo, ciertamente...

 

(hablado)

pero, ¿y todos los demás?
¿cuánto silencio tranquilo he conseguido para todos los demás?

«Gracias a usted, doña Martina»,
me dirán. «Por favor, me avergüenzan...»
«No; es usted tan inteligente...»

(canto)

y entonces me pregunto:
¿por qué soy tan genial?

 

¡Soy genial!, ¡soy genial!

(Con los últimos compases se apagan todas las  luces.)

 

ACTO II

 

(La misma luz azulada del primer acto, que se irá aclarando. El kiosco permanece cerrado. Entra el Lechero con los tarros en la mano; parece ape­sadumbrado. Se detiene frente a lo de Martilla, deja los tarros y golpea la puerta. Esta se abre y aparece Martina sonriendo.)

 

ESCENA 1

LECHERO Y MARTINA

MARTINA: (Abre la puerta sonriente.) Oh, hola, señor Lechero, qué gusto me da verlo... Es raro, no lo oí llegar...

LECHERO: (Mientras trajina para entregar la leche.) Vine caminando silenciosamente, doña Martina... todo resulta ahora muy silencioso en esta calle...

MARTINA: (Mira las tarros en el piso.) ¿Cómo...? ¿Qué hacen esos tarros en el piso, querido amigo? ¿No me dijo la semana pasada que hoy iba a retirar el carrito?

LECHERO: Y no, doña Mar tina... no lo retiré.

MARTINA: Ya veo que no lo retiró...

LECHERO: La verdad es que no me decidí.

MARTINA: ¿Cómo que no se decidió? ¿No hace acaso bastante tiempo que está tratando de retirar un carrito?

LECHERO: No sé... Me sucede algo raro... Tengo hasta ahora en casa esa moneda de oro que tan milagrosamente encontramos aquí, al día siguiente de la ida del Abuelo... La miro y me da no sé qué... Me pone triste. La miro y me acuerdo del Abuelo y me pongo triste.

MARTINA: Bárbara barbaridad, querido amigo... ¿Qué culpa tiene usted en todo este embrollo? Usted solamente perdió la moneda, ¿no es cierto?

LECHERO: Y sí... tal vez sea una tontería pero hay algo en nuestra actitud hacia el Abuelo que no me gusta, doña Martina... No sé cómo decirlo, pero la verdad es que ni quiero tocar esa moneda.

MARTINA: Por más que procuro no puedo entenderlo, amigo mío... Qué le vamos a hacer. Adiós.

(Cierra la puerta y Lechero recoge sus tarros y va hasta lo de Rosita.)

 

ESCENA 2

LECHERO Y ROSITA

(Lechero golpea y vuelve a hacer todas las acciones de la entrega.)

 

ROSITA: (Abre la puerta.) Buen día, señor Lechero...

LECHERO: Hola, doña Rosita. ¿Llego a tiempo para el desayuno de José?

ROSITA: Sí, muy a tiempo... Ayer terminaron las clases y me dijo que hoy va a dormir un poco más. Me dijo que hoy no va a levantarse temprano.

LECHERO: ¿El primer día de vacaciones no va a levantarse temprano? ¡Es increíble! Yo recuerdo que cuando era niño, el primer día de vacaciones saltaba de la cama antes de amanecer, para aprovechar al máximo...

ROSITA: Y.. no sé, Josecito está ahora tan cambiado... Lo noto triste, pensativo... Está callado, como esperando algo, no sé qué.

LECHERO:Yo creo que a José le pasa lo mismo que a todos nosotros, doña Rosita...

ROSITA:¿Usted también se siente raro?

LECHERO: En realidad me alegré muchísimo cuando encontré mi moneda de oro, pero... después me puse a pensar... y bueno, creo que cometimos una injusticia con el Abuelo. Lo acusamos, doña Rosita, la desconfianza hizo que olvidáramos tantas cosas...

ROSITA: Yo nunca quise aceptar que desconfiaba del Abuelo...

LECHERO: Ya sé... no creo que usted, ni yo, hayamos desconfiado de él, pero no supimos cómo defenderle de las acusaciones... no le apoyamos cuando más lo necesitó...

ROSITA: Es algo muy triste, en verdad. (Canta.)

Con tristeza a veces nos ponemos a pensar
que aquellas cosas que amamos
no importan a los demás.
Son cosas muy importantes
o tal vez no lo sean tanto
pero son afectos nuestros
cosas que amamos
y nos dueletener que olvidar...

JOSÉ: En esta calle, donde tanto disfrutamos
nos movemos ahora en callada soledad

ROSITA: Es como si no nos viéramos

JOSÉ: O no nos conociéramos

ROSITA: Es como si por la tristeza de no verlo al Abuelo buscáramos, añorantes, aquella amistad.

LECHERO:¡Ah ...! ¡Cuánta razón tiene, doña Rosita...! Cada día, cuando me acerco a esta calle creo que voy a volver a escuchar esa armónica tan querida, y me ilusiono de que así será... Pero llego y ese kiosco cerrado es como una bofetada... Creo que nos equivocamos grande, doña Rosita...

(Se abre la puerta de Martina y ella aparece extrañada.)

 

ESCENA3

MARTINA, ROSITA Y LECHERO

MARTINA: (Sale de su casa con la escoba en la mano. Melosa.) Pero, señor Lechero, ¿usted todavía por aquí? No es que me desagrade, desde luego que no, muy por el contrario... Pero temo que con tanta conversación se le pasen las horas de reparto...

LECHERO: Estaba comentando con doña Rosita lo cambiado que lo noto a José desde que se fue el Abuelo... Lo noto distraído, siempre pensando en algo lejano...

MARTINA: (Eufórica.) ¿José cambiado...? ¡Todos estamos cambiados en esta cuadra! Todos, querido amigo. Ahora por fin vivimos felices y tranquilos, en medio de una embriagadora quietud, en medio de un silencio arrobador... ¿no es cierto? (Se abre la puerta de Rosita y aparece José con una pelota en la mano.)

 

ESCENA 4

JOSÉ, LECHERO, ROSITA Y MARTINA

JOSÉ: (Acercándose) Mamá, ¿puedo ir a jugar a la plaza?

ROSITA: Pero mi hijo, ¿cómo vas a ir a la plaza si ni siquiera desayunaste?

JOSÉ: ¡Cómo!, ¿no tomé el desayuno todavía?

MARTINA: (Aparte.) ¡Bárbara barbaridad! ¡Este niño está verdaderamente aéreo...!

ROSITA: Claro que todavía no desayunaste... (Se van hacia la casa.)

 

ESCENA 5

MARTINA Y LECHERO

MARTINA: Yo creo que todos ustedes están un poco chiflados.

LECHERO: ¿Chiflados, dice usted? ¿Chiflados, doña Martina?

MARTINA: Fíjese, nomás: en este ambiente de hermosa tranquilidad que vivimos ahora, desde que se fue el Abuelo, me aparece Rosita con una cara mustia como lechuga marchita, diciendo: (Exagera.) "Mi hijo está cambiado...... Y sí, digo yo, claro que sí, claro que cambió, imagínese usted lo que cambió: ¡se olvida de tomar el desayuno!, ¡bárbara barbaridad! ¡Con lo rico que es el café calentito y con esa leche tan requetebuena que usted nos trae...! ¡Mmmm! Y con esas doradas y crocantes rebanadas de pan con miel... Y, para rematar, usted.

LECHERO: ¡¿Yo?!

MARTINA: Sí, usted. ¿Salta usted de alegría porque encontró su hermosa moneda de oro? No; no salta. Ni siquiera se alegra demasiado... ¿Goza usted de este ambiente tranquilo y sosegado... y sin viejos cargosos? No; no goza. ¿Siente usted...?

LECHERO: (Le interrumpe.) Yo no creo que el Abuelo sea un viejo cargoso.

MARTINA: ¡Bárbara barbaridad! ¡Cómo puede usted llegar a ser tan obtuso...! ¿Me quiere decir que usted no cree... no cree...? (La interrumpe Rosita saliendo de su casa.)

 

ESCENA 6

ROSITA, LECHERO Y MARTINA

ROSITA: (Acercándose.) ¿Qué le pasa, doña Martina?

MARTINA: Nada, no me pasa nada, es solamente que hay cosas que me ponen verdaderamente nerviosa y no puedo atajarme... El señor Lechero acaba de decirme que él no cree que el Abuelo sea un viejo cargoso... es inconcebible, que el Abuelo no es un cargoso...

ROSITA: En realidad, yo tampoco pienso que lo sea... Creo más bien que es un anciano muy simpático... un amigo, un compañero, como quiera llamarlo... Yo también creo, doña Martina, que la calle está muy vacía sin él...

MARTINA: ¡Bárbara barbaridad! ¡Por la luz diurna que nos alumbra! Están todos chiflados, ya lo dije... Ay, por todos los cielos, lo mejor que puedo hacer es no ocuparme de nadie... Sí señor; mejor barro y no me ocupo de nadie. (se pone a barrer nerviosamente hacia su costado.)

LECHERO: ¿Y José, doña Rosita?

ROSITA: Se quedó adentro; ahora dice que prefiere jugar adentro... Parece que ni él sabe lo que quiere... deben ser las vacaciones recién comenzadas, supongo.

LECHERO: (Indicando el kiosco.) Yo creo que usted y yo sabemos lo que quiere...

ROSITA: Ay, mi Dios... y eso sí es algo difícil de solucionar... Bueno, discúlpeme pero tengo una montaña de cosas que hacer.

LECHERO: Y yo una cantidad enorme de litros que entregar... (Rosita entra a su casa y el Lechero se va por el costado.)

 

ESCENA 7

MARTINA SOLA

MARTINA: (Lentamente deja de barrer y se queda pensativa.) Me quedé sola, nuevamente... Cada cual tiene sus cosas que atender... y yo soy la que se queda sola. Lo peor de todo es que fue una mentira grande este ambiente de tranquilidad y alegría que yo creí conseguir cuando lo corrí al Abuelo... ¡Pero qué tranquilidad va a haber...! Hay solamente silencio, silencio, silencio... ¡Y qué va a haber alegría! ¡Mentira! ¡Mentira! No hay alegría. Están todos con unas caras bobotas y apenadas... Y lo más terrible de todo esto es que creo que nunca me sentí más sola que ahora, nunca en mi vida... Ni siquiera lo tengo al Abuelo para poder pelearme con él. No tengo a nadie. Todos me rehuyen, como si yo fuera una mala... Pensándolo bien, creo que soy una mala... Ay, ¡cómo fui capaz de hacerle al Abuelo lo que le hice...! ¡Cómo fui capaz de hacerle tanto daño! ¡Ay, Dios mío, cómo querría poder arreglar toda la basura que hice...! (Se queda pensativa a un costado.)

 

ESCENA 8

ABUELO Y MARTINA

ABUELO: (Entra por el costado opuesto al que salió el Lechero. No ve a Martina que desde su costado lo mira sorprendida y va demostrando distintas reacciones al escucharlo. El Abuelo se acerca al kiosco, tocasus puertas cerradas, como acariciándolo.)Ah, cómo te extraño, mi viejo kiosko... Qué descuidado estás, pobrecito. Mira la polvareda que se junta en tus molduras... claro, quién va a pasarte el plumero limpiándote la cara todas las mañanas... ¡Ah ...! ¡y cómo extraño esta cuadra...! ¡Cómo los extraño a todos...! A Rosita, tan modosa siempre, tan sonriente... A Joselo... ¿cómo estará? Me gustaría saber qué nota sacó en su examen de aritmética, que rindió en ese día terrible. Pienso que será una buena nota; parece ser muy hábil para los números. También lo extraño al señor Lechero, nervioso y gruñón tantas veces, pero tan buena persona, sí señor, muy buena persona... Ah, y también la extraño a doña Martina... ¡Señor!, ¿no será que me está vicheando desde adentro? Me va a echar a patadas de aquí, si me descubre... Pero la verdad es que también la extraño mucho a ella, pobrecita, tan nerviosa, tan cascarrabias, tan... no sé cómo decirlo, tan ansiosa de chocar con la gente, de incidentar... Pero estoy absolutamente seguro de que es una buena persona en el fondo, por cierto, en apariencia bastante en el fondo es buena gente... Sí señor, los extraño tanto... También extraño el sonido de mi vieja armónica entre estas paredes que me conocen de tanto tiempo... (Se sienta en la banqueta y comienza a tocar suavemente, como sólo para sí mismo.)

 

ESCENA 9

MARTINA Y ABUELO

MARTINA: (Se acerca temerosa desde el costado.) Abuelo...

ABUELO: (Reacciona exageradamente y trata de esconder la armónica.) ¡Ay!, ¡por Dios, doña Martina, qué susto me dio...! Yo no sabía que estaba usted allí, no la he visto, no, no la he visto... Discúlpeme, ya me voy...

MARTINA: ¡No!, ¡no, Abuelo, por favor, quédese! No quiero que se vuelva a ir, Abuelo, quédese, por favor... Oyéndolo hablar a usted pude darme cuenta de muchas cosas...

ABUELO: Ay, doña Martina, ¿qué es lo que oyó usted? ¿Lo de cascarrabias, tal vez?, ¿lo de nerviosa?

MARTINA: Lo oí todo, Abuelo, y pude comprender que cada uno de nosotros tiene un montón de defectos... usted, por ejemplo, es bastante criticón... Pero lo importante es saber encontrarnos el lado bueno. Tenemos que tratar de comprendernos por sobre todas las cosas, Abuelo, tratar de llevarnos bien... Quédese, por favor, le pido que se quede un momento... (Va hacia la puerta de Rosita.) ¡Rosita!, ¡José!, i vengan a ver quién está aquí...! (Corre hacia el costado por donde salió el Lechero.) ¡Señor Lechero!, Señor Lechero, vuelva un momento, por favor...! (escucha.) Sí, ya sé que tiene una enorme cantidad de litros que entregar, pero después va a tener tiempo suficiente... ¡Venga, que esto es muy importante...!

 

ESCENA 10

JOSÉ, ROSITA, MARTINA Y ABUELO

JOSÉ: (Sale de su casa con Rosita y corre a abrazar al Abuelo.) ¡Abuelo... ! ¡Volvió, Abuelo...!

ROSITA: ¡Qué alegría de verlo de nuevo por aquí, Abuelo...! Nuestra calle no era la misma sin usted.

JOSÉ: ¡A que no adivina la nota que saqué en aritmética!

MARTINA: Pero, José, mi niño querido... después tendremos tiempo para eso...

 

ESCENA 11

TODOS

LECHERO: (Entra por el costado.) ¡Oh!, ¡volvió el Abuelo...!

ABUELO: ¡Estoy tan contento de volver a verlos a todos...!

MARTINA: (Le interrumpe.) También para esos festejos habrá tiempo después, Abuelo... Antes tengo que hacerles una confesión... (para sí.) Bárbara barbaridad, parece fácil pero no lo es... Pero tengo que hacerlo. (A tonos.)

La moneda de oro no la tocó el Abuelo en ningún momento.

ROSITA y LOS DEMÁS: (Sorprendidos.) ¿No la tocó? ¿Dice usted que no la tocó?

MARTINA: No. No la tocó. Yo la encontré, la escondí y después aproveché para echarle la culpa al Abuelo, para que tuviera que irse...

LECHERO: ¿Usted hizo eso, doña Martina?

ABUELO: Sí; ella lo hizo.

MARTINA: Estoy tan arrepentida, tan arrepentida... (Transición. Comprende lo que dijo el Abuelo.) Pero, ¿cómo sabe usted que yo lo hice?

ABUELO: Porque yo la he visto alzar la moneda del suelo y esconderla, mi hija, solamente por eso...

MARTINA: ¡Por la luz diurna que nos alumbra!, ¡y por la nocturna... !

JOSÉ: ¿La luz nocturna, dice?

MARTINA: De las estrellas, mi hijito, o de la luna... ¿Y sabiendo que era yo la culpable permitió que yo misma, yo, Abuelo, yo, hiciera recaer sobre usted las sospechas...?

ABUELO: Quería darle una oportunidad, y está visto que no me equivoqué, Martina... ¿No ve cómo usted misma recapacitó sobre su mala acción y se arrepintió? Pienso que valió la pena.

JOSÉ: Pero fue un sacrificio demasiado grande, Abuelo...

ABUELO: Sí, fue un sacrificio, por cierto, pero... para mí no fue solamente un sacrificio, Joselo... Lo hice con gusto. Y que conste que me costó bastante,¿eh?, ah, cuánto me costó... y que conste también que en algún momento tuve un poco de miedo de que no salieran todas las cosas tan bien como salieron... Me llegué a asustar un poco, pero así son estas cosas... Para mí hacer que Martina comprendiera lo que es la amistad, la honradez, el compañerismo, fue como hacerle un regalo... Fue como si le hubiera regalado La Moneda del Abuelo, que no es de oro, por cierto, pero que sí tiene mucho valor...

MARTINA: La Moneda del Abuelo... Es un hermoso regalo el que usted me hizo, Abuelo.

LECHERO: El regalo que nos hizo a todos...

 

ESCENA 12

ROSITA, JOSÉ Y ABUELO A UN COSTADO MARTINA Y LECHERO

ROSITA: (Va con José y el Abuelo hacia el kiosco. Al costado querían el Lechero y Martina que gesticulan una conversación.) Abuelo, yo le voy a prestar un plumero, a ver si hoy in ¡sino puede volver a abrir el kiosco... (entra a su casa.)

JOSÉ: A que no sabe la nota que saqué en aritmética, Abuelo...

ABUELO: No sé, no me animo a arriesgar nada...

JOSÉ: ¡Excelente!

ABUELO: ¿Excelente?

JOSÉ: ¡Excelente!

LOS DOS: ¡Excelente, sí Señor...! (Se ríen y siguen gesticulando una conversación muy animada.)

LECHERO: (En el costado con Martina) Ay, doña Martina, cuánto la admiro, ¡cuánto la admiro...! Esa valentía que tuvo para encarar la verdad es algo maravilloso, algo que habla mucho en su favor...

MARTINA: No fue nada fácil, mi querido amigo, pero me siento verdaderamente bien... Me costó bastante, por cierto, ¡ah!, cuánto me costó, pero... Cuando usted con su cara tristonga me miraba no sabiendo qué decir, o cuando Rosita se afanaba en sus cosas, siempre pensativa... o cuando Josesito se pasaba los días papando moscas y recordando, recordando... no sé, algo me llamó la atención y me dije: Martina, te estás quedando sola. Y además... no sé cómo decirlo, la verdad es que yo también comencé a añorar a este viejo cascarrabias...

LECHERO: Doña Martina, yo... es decir... sí, yo... yo digo que, si usted lo quiere, yo no voy a dejar que usted nunca más esté sola...

MARTINA: Ay, señor Lechero, por favor, ji, ji, ji... qué cosas dice usted...

JOSÉ: (Señalando.) ¿Se da cuenta, Abuelo...?

ABUELO: Desde luego que me doy cuenta... Hace tiempo me lo veía venir... Están pasando muchas cosas lindas en esta cuadra... ¡Esto hay que festejar!

(Canto)

 ABUELO:

Felices cantaremos
festejando esta amistad

JOSÉ:

Las nubes peligrosas
conseguimos alejar

LOS DOS: ¡Esto hay que festejar...!

MARTINA: ¿Qué es? ¿Qué dicen?

LECHERO: Vayamos a escuchar...

ABUELO:

Un pequeño sacrificio

me costó clarificar

JOSÉ:

que siempre en la vida lo mejor es la amistad

LOS DOS: ¡Esto hay que festejar...!

MARTINA: Eso es una gran verdad...

LECHERO: ¡No nos quedemos acá...!

LOS CUATRO:

Esta gran felicidad
que sentirnos al mirar
la armonía, la concordia,
todos vamos a cantar
¡Esto hay que festejar..!

JOSÉ: ¡Mamá...!

ABUELO: ¡Rosita...!

LECHERO Y MARTINA: ¡No te vayas a atrasar...!

ROSITA: (Sale de su casa.) Ya vengo, ya vengo... ¡ay!, qué hermoso es esto...

TODOS:

Unidos y "amigados"

juntos vamos a encarar

la vida, el optimismo,

el servir a los demás...

¡Esto hay que festejar..!



Hay que festejar

hay que festejar
 

Unidos y "amigados"

esto hay que festejar...

(Se apagan las luces.)

FIN

 

 

 

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HISTORIA Y ANTOLOGÍA DEL TEATRO

PARA LA INFANCIA EN EL PARAGUAY (TOMO I)

Autor: VÍCTOR JULIÁN BOGADO AYALA

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Asunción, marzo de 2007

 



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