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Olga Blinder


  ARTE ACTUAL EN EL PARAGUAY 1900-1980 - Textos de OLGA BLINDER / JOSEFINA PLÁ / TICIO ESCOBAR


	ARTE ACTUAL EN EL PARAGUAY 1900-1980 - Textos de OLGA BLINDER / JOSEFINA PLÁ / TICIO ESCOBAR

ARTE ACTUAL EN EL PARAGUAY 1900-1980

Textos de OLGA BLINDER / JOSEFINA PLÁ / TICIO ESCOBAR

Coordinación: OLGA BLINDER

EDICIONES IDAP

(Instituto para el Desarrollo Armónico de la Personalidad),

Asunción-Paraguay.

Primera edición 1983

 

Diseño gráfico: Osvaldo Salerno

Fotografías: Francisco Corral /

Juan Carlos Meza / José Luis De Tone

 

 

**/**

 

Este libro reúne escritos, cuadros sinópticos e ilustraciones sumamente necesarios para la comprensión del arte paraguayo actual, según distintos criterios, que coinciden en el objetivo común de facilitar el conocimiento de la génesis y el crecimiento de un aspecto de nuestra cultura.

Los estudios de Josefina Plá, Olga Blinder y Ticio Escobar encaran el desarrollo de nuestras artes plásticas desde ángulos diferentes y complementarios que se constituyen en los vectores ordenadores del material siguiente.

La profusa ilustración, que presenta un panorama amplio de la práctica artística concreta, cubre una necesidad en el medio con un sentido histórico y procesual.

El libro recoge además, documentos que, en forma de artículos y presentaciones, habían sido publicados en periódicos, revistas y catálogos que se hallan dispersos y diseminados.

Por último, los cuadros sinópticos y los esquemas permiten una consideración global de los momentos y las etapas de la producción artística, una síntesis de los currícula de los artistas mencionados y un resumen ordenado de las instituciones y publicaciones relacionadas con dicha producción.

 

 

ÍNDICE

 

I- PRESENTACIÓN:

 

- GRUPO ARTE NUEVO, JOSEFINA PLÁ  ;

- SIETE DÉCADAS EN LAS ARTES PLÁSTICAS, TICIO ESCOBAR ;

- RECUERDOS Y ALGO MÁS, OLGA BLINDER .

 

 

II- DOCUMENTOS

 

1. Arte Contemporáneo - Joáo Rossi - Josefina Plá

2. Por un Arte Nuevo - Ramiro Domínguez

3. Movimiento Renovador en nuestra Pintura - Josefina Plá

4. Muestra Pictórica en el Centro Cultural Paraguayo Americano - Josefina Plá

5. Instituto Paraguay-Brasil: Taller de Arte Moderno

6. La Pintura Paraguaya Moderna - Miguel Ángel Fernández

7. Tres Pintores Paraguayós - Josefina Plá

8. Escultura y Cerámica - Miguel Angel Fernández

9. Presentación: "Hermann Guggiari, Olga Blinder, Carlos Colombino" - Livio Abramo

10. El Ojo en la Crítica - Oscar Trinidad

11. La Plástica Paraguaya - Ticio Escobar

12. Una década sin historia - Juan Manuel Prieto

13. Ese grato recuerdo del presente - José Luis Appleyard

14. Presentaciones de cuatro Bienales

 

 

III- CUADROS SINÓPTICOS

 

15. Etapas, características y técnicas: Sus representantes

16. Instituciones de enseñanza y profesores

17. Galerías y Museos

18. Libros y revistas

IV- Datos Biográficos

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

"De no hacerse, en breve, esta síntesis en la que habría

de estudiarse íntegramente el esfuerzo que hiciera el

Paraguay en este orden de la cultura humana que se

 llama la producción artística; de no hacerse inmediatamente,

sobre todo la reconstrucción del pasado,

más tarde ¿quién la hará?. Cuando falten los jalones

y se haya roto aún más el hilo de la tradición ¿quién

 le anudará?. El pasado, a veces se esfuma y no deja

en pos de sí ni sus glorias ni sus enseñanzas, ni su

recuerdo mismo a quienes no quisieron o no supieron

hacerse dignos de él...".

Dr. Viriato Díaz Pérez

"El Liberal" 1-1-1917

 

 

 

A partir de las palabras de Don Viriato Díaz Pérez y animada por ellas, en 1956 escribí unas páginas que pretendían, inmodestamente, reunir algunos datos sobre "La Pintura en el Paraguay" y que, respondiendo a su invitación, leí en la Sociedad de Arquitectos de Sáo Paulo, Brasil. Comenzaba diciendo: "Pretender hacer una historia de la pintura en el Paraguay es tarea que compete a hombres capacitados para hurgar en archivos, bibliotecas, en colecciones de periódicos y en memorias... Porque hablar de pintura, de historia de la pintura en nuestro país, significa comen-zar de lejos, de las Misiones Jesuíticas (1600 más o menos) o de muy cerca, tan cerca que deja de ser historia y se convierte en recuerdos". Hoy, pasados los años y con una perspectiva diferente, creo todavía que lo que Viriato Díaz Pérez planteaba sigue siendo tan vigente como entonces y que tenemos el deber de reunir nuestros recuerdos, de hurgar en nuestra memoria, para que "no falten los jalones", ni se esfume el pasado, dejando el hueco que, tantas veces, se llena más tarde de datos inexactos.

Cuando el Centro Cultural Paraguayo Americano festejaba, en 1982, sus 40 años organizó una serie de paneles sobre distintos aspectos de la cultura del Paraguay y su desarrollo en esas mismas cuatro décadas Me tocó coordinar la mesa que trataba sobre "40 años en las artes plásticas" y ese hecho me sugirió la idea ele reunir algunos de los temas que se trataron en dicha ocasión y publicar las opiniones de quienes, de una u otra manera, fueron y son protagonistas del proceso.

Poco a poco la idea fue tomando forma, y éste es el resultado. No se pretende presentar un panorama exhaustivo, ya que eso daría lugar a un estudio más profundo y me vería obligada a recurrir a múltiples y diferentes fuentes de datos. Esa alternativa, válida cuando la historia se aleja en el tiempo, tiene sus riesgos cuando es muy próxima, y puede desconcertar al lector presentándole puntos de vista subjetivos y contradictorios.

Por ese motivo, aunque pueda parecer menos objetivo, decidí reunir las opiniones de quienes, al enfocar los acontecimientos desde tres diversas ópticas, complementan la información de lo que fue, en un momento dado, el panorama plástico de nuestro país.

Josefina Plá eligió escribir sobre el "Grupo Arte Nuevo: génesis, obra y significado". Ofrece datos que difícilmente pueda dar ninguna otra persona, porque están avalados por el rol intelectual que le tocó desempeñar en la formación del Grupo y en su posterior desarrollo.

Siendo la mayor de los cuatro componentes del grupo original, tenía una visión más clara, ya que había participado en otros movimientos artísticos en nuestro país y en Europa, acompañando a Andrés Campos Cervera, su marido, cuya obra plástica es más conocida bajo la firma de Julián de la Herrería. Tenía, además, la experiencia de los grupos literarios y poéticos que conformaron la generación del 40 (con Herib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Oscar Ferreiro y Ezequiel González Alsina) y sus múltiples facetas -cuentista, poeta, historiadora-le dan la posibilidad de comprender la plástica desde una perspectiva más amplia; su aporte, por eso, es fundamental en este recuento de lo que fue ese período de nuestra historia cultural. Sin embargo, no se debe dejar de lado el trabajo que realizó como ceramista, qué fue de gran importancia, pues no sólo plasmó sus propias creaciones sino que formó a quienes, reconociéndola o no como maestra, siguieron trabajando y se consagraron en el arte del barro, el esmalte y el fuego.

Es en su papel de artista, poseedora de mayor experiencia y más profundo saber, que Josefina Plá asumió naturalmente el liderazgo del Grupo Arte Nuevo. A ella tenemos la suerte de poder recurrir para publicar ahora sus testimonios en este aspecto de la historia artística del Paraguay.

Fui el miembro más joven del Grupo y por eso, quizá, me tocó desencadenar el movimiento. En aquel momento mi posición no estaba definida intelectualmente y los acontecimientos me llevaron a unirme a aquellos artistas que no coincidían con la posición tomada por los directivos del Centro de Artistas Plásticos. Fue su compañía y su apoyo los que me ayudaron a comprender la responsabilidad que teníamos cada uno de los que en aquel preciso momento debíamos poner nuestro pequeño grano de arena en algo que, en mi caso, todavía no comprendía muy bien y, por eso mismo, tampoco podía presumir la trascendencia que tendría en el futuro.

Pasados los años fui comprendiendo que los acontecimientos no se dan caprichosamente y que cada actitud repercute más allá de lo que sospechamos en el momento. Fue difícil para mí entender como se fueron uniendo los hechos y por eso creo que mi experiencia puede servir a otros que, leyendo estas páginas, tendrán una información que les ayudará a entender más fácilmente el proceso que se dio para que las artes plásticas en el Paraguay llegaran a 1980 en la forma que lo hicieron.

Creo que la aproximación al mismo período desde otro ángulo es sumamente importante y a Ticio Escobar le corresponde, por derecho propio, plantear su punto de vista en relación a las "Siete décadas en las artes plásticas en el Paraguay". Nos ofrece un enfoque diferente, ya que por no haber pertenecido al grupo -nació en 1947- y haberse relacionado al quehacer artístico desde la posición de crítico, puede tomar distancia para tener una visión total de los hechos. Eso le permite percibir un panorama más complejo, en el que otras variables -economía, política, etc.- entran en juego en la dinámica del proceso. Esos dos aspectos, la juventud y su formación esté-tico-filosófica, le llevan a enfocar el mismo lapso de tiempo y los mismos acontecimientos dándoles un planteamiento distinto y con un objetivo, más que nada, descriptivo. Por otra parte, el directo conocimiento de la obra de la mayoría de los artistas que realizaron su tarea en ese período hace que sea más válida la cita nominal de los mismos.

Los tres escritos se complementan con fotografías de las obras que consideramos que el lector necesita conocer para adentrarse en las ideas que se proponen.

Este pequeño volumen podía haber terminado ahí, pero pensé que hacía falta algo más. Era importante documentar, en alguna medida, lo que los autores plantean y por eso reproducimos algunos textos, notas periodísticas, presentaciones y comentarios publicados entre 1950 y 1980 en diversos medios de nuestro país y del exterior. Las transcripciones servirán para que el lector pueda ubicarse, a través de ellas, en ese lapso de tiempo y conocer, en sus fuentes, lo que escribían quienes orientaban a la opinión pública en materia artística.

** Es necesario para completar este trabajo, ofrecer en forma clara y sintética una visión cronológica de los acontecimientos. Para eso, con la invalorable y eficaz colaboración de Josefina Plá y Ticio Escobar elaboré los cuadros sinópticos correspondientes a:

- Características, técnicas y representantes de los movimientos artísticos desde principios del siglo XX hasta 1980.

 -Cronología de los hechos más resaltantes relacionados con las artes plásticas: libros, revistas, galerías de arte, colecciones y museos.

*- Instituciones dedicadas a la formación artística y sus profesores.

Espero que los jóvenes que estudian en los centros de enseñanza media y superior de nuestro país encuentren aquí respuestas al despertar de sus inquietudes que, tantas veces, se les hace muy difícil satisfacer. A ellos van dedicadas estas páginas.

OLGA BLINDER

 

 

 

ARTE CONTEMPORANEO

JOÂO ROSSI

Sucesivas etapas, jalonadas por sucesivas reacciones de la sociedad intransigente y conservadora, fueron siendo vencidas; escalón tras escalón fue ascendido... Y así, a pesar de los gritos roncos, de los llantos sin lógica, -de las reclamaciones infundadas, el arte contemporáneo maduró gradualmente, despaciosamente caminando hacia su meta aún no alcanzada.

Lo "nuevo" surgió -lo viejo, que en su tiempo había sido nuevo, decrépito, ya fatigado, dio lugar a su sucesor, pasando a ocupar un lugar importante en la historia del patrimonio artístico y espiritual de la humanidad. Como cada concepto nuevo, a su hora también sirvió contrastado con los anteriores, para demostrar lo que representa siempre un período distinto, de nuevas preocupaciones, de nuevos problemas, de nueva mentalidad, y de nuevos gustos estéticos por lo tanto.

El "nuevo arte" no vino, como piensa la mayoría de las gentes, a derribar lo viejo, lo tradicional. Vino precisamente por-que lo viejo, lo tradicional, existía; vino, sencillamente, en razón de eso mismo, puesto que no se produce nada, sin que el artista, el crítico consciente y el público sano estén previamente convencidos e imbuidos de que hay algo que ya es "viejo".

Lo "nuevo y lo viejo", son, pues, cada cual representando su período, o anticipándose a él, de suma importancia para el arte, porque en el primero se hallan las primicias del segundo, y en este último y en todos los últimos de la gran rueda universal, se encuentran las preocupaciones espirituales, capaces de elevar al hombre a categoría de artista, siempre y cuando tenga la intención, por mínima que sea, de crear, de sentir en su Yo la necesidad de "decir" inmanente de cada ser, que no puede ceñirse a los límites de ningún proceso o método conocido. Si así no fuera, no existiría el arte. Y de no haber existido éste, ¿qué sería de los hombres?... Imaginemos si es que podemos, un mundo sin arte, sin preocupaciones espirituales. ¡Cerremos los ojos, concibamos un mundo donde lo útil, lo material serían la base de la vida; en donde todo se redujera a la rutina monótona de lo necesario para la subsistencia!. Es fácil hablar a favor de la materia cuando sabemos que existen los teatros, los cines, los miles de artistas que producen incansablemente y distribuyen sus producciones, sus preocupaciones, a todos sin distinción de lo que éstos hacen, lo que son, lo que desean ser. Hablar de materialismo en esa forma es fácil, es sencillo, es agradable; constituye una dialéctica bastante soportable.

Pero si así no fuera, ¿qué sería del hombre?

Por eso, la importancia de lo "nuevo" se apoya en la de lo "viejo". ¿Por qué señalar al arte directivas o premisas en su temática?.

Entre los muchos conceptos que giran alrededor de la idea del arte, o de la realidad, con la misma frecuencia, tenemos el de la belleza.

Lo real en la idea común se substituye por lo imitativo, despojándose de toda su fuerza de interpretación, cósmica u ontológica, para sufrir un aumento de elementos que, no teniendo en él un sentido propio, resulta una ilusión de los sentidos más bien que la fijación de un símbolo en el espíritu.

El arte con su poder mágico de transportar en un lenguaje particular la idea del universo en toda su plenitud, no se ciñe a ninguna rutina de clasificaciones o categorías, como sería el caso de destinarla a expresar lo bello, lo feo, lo bueno, etc.

"El nuevo arte" debe incorporar el fluido vibrante de las preocupaciones de su creador: persona consciente y de verdadera responsabilidad, que sabe y hace todo lo posible para trasponer en su temática, en un esfuerzo titánico, los límites de lo existente. En presencia de obras no vistas aún, en presencia de todo arte nuevo, pensémoslo dos veces antes de proferir una palabra de crítica malsana.

 

 

 

 

ARTE CONTEMPORANEO

JOSEFINA PLÁ

"Arte contemporáneo" no es precisamente todo cuanto se hace hoy. Pero si aquello que sólo puede "ser hecho hoy", reflejo del hombre contemporáneo.

El hombre actual no puede manifestarse artísticamente con las formas de ayer, porque el hombre contemporáneo no es clásico, ni romántico, ni místico. Es realista y también un humanista. Y hasta podríamos afirmar que si humanista es el hombre a quien la humanidad interesa, nunca lo fue tanto como en nuestro tiempo. Pero es lógico que ese interés eterno juegue, a niveles diferentes del conocimiento, en distintos planos, y se manifieste conceptualmente diverso.

Al artista de ayer interesaba la estática, equilibrio de formas, balance entre línea y masa. Al artista de hoy le interesa la dinámica, tensión entre masa y espíritu. No le preocupa tanto "manifestar" cuanto "sugerir". No dice, como ayer, dónde el hombre "está" sino "a donde va". El arte de ayer era limitado, como lo estático. El de hoy es ilímite, como lo dinámico, ya halle su terreno en el pensamiento, en la forma viva, en la Naturaleza. Porque la Naturaleza cesa, para el artista contemporáneo, de ser forma, para convertirse en acción. ¿No es el día la epopeya incesante de la luz y los planos?.

El artista del cuatrocientos reconquistó el individualismo temático. El de hoy reivindica el individualismo en la visión. Esta libertad de visión ha sido y sigue siendo para sus adversarios de buena o mala fe la piedra de escándalo. Se entendió libertad de visión, literalmente, como absoluta latitud interpretativa.

Lo cual es cómodo, pero, no exacto.

El arte contemporáneo no es humorada, no es una actitud arbitraria, una pirueta sustitutiva. Es sí, una aventura, uno más de esos periódicos periplos en los cuales el hombre, circunavegante eterno de si mismo, ciñe su territorio de eterno desconocido en busca de inéditos puertos. Es un hecho espiritual con auténticas raíces en el tiempo y las vivencias colectivas.

En el arte, el hombre trata de recuperar su perdido ritmo con el Cosmos. El niño y el salvaje -los creadores que realizan el desideratum de crear en plena libertad psíquica- están por esencia más cerca de ese ritmo. Y se ha señalado decisivamente la radical semejanza entre el niño y el artista en el acto de crear. Su terreno es el subconciente: el terreno, precisamente, en que el hombre late al unísono con ese ritmo perdido.

Hay que buscar aquí la clave de esta curiosa aproximación que ha existido siempre entre las creaciones geniales, las más llenas de espíritu, y las creaciones del hombre primitivo. Y de ahí que obras primitivas como los bronces de Beni y los huacos retratos nazcas resulten asombrosamente modernos.

Sólo hace poco se ha empezado a comprender que el arte, como producto natural del espíritu, impulso inmanente y no hecho histórico, no podrá estar al margen de la ciencia. Es cierto que las aptitudes y cualidades características del artista son distintas de las que constituyen la mentalidad científica. Pero de aquí no se debe deducir que posean cada una su verdad mútuamente impenetrable. El arte no persigue lo científico, es cierto; pero se encuentra con ello a cada cruce de su camino renovador.

Todo movimiento artístico ha descubierto sin saberlo, algo científico en su obra. La descomposición de la luz por los primeros impresionistas primero y la reflexión, la irradiación, el ambiente simultáneo, luego, son claros ejemplos.

La descomposición de la luz en que se apoyó, sin saberlo, el impresionismo, no es sólo un principio natural, la base científica de ese movimiento. Es también un símbolo para el arte con temporáneo, en general. El arte contemporáneo es todo él, en esencia, eso: "descomposición de un proceso en estados". Síntesis, en marcha. Comenzando por la poesía y terminando por la pintura. Esta "descomposición en estados" que en poesía se manifiesta bajo la forma de yuxtaposición conceptual cuya síntesis realiza el lector, se manifiesta en pintura bajo la forma de valores, y cuya síntesis realiza la retina espectadora. No hay nada, en las presuntas fantasías del arte contemporáneo que no responda al rigor de la verdad natural de que el arte es cifra inseparable. Puede, es cierto, suceder que el artista recuerde la ciencia en mayor grado de lo que el arte permite. Es un riesgo corriente. Pero el artista aún cuando la desconozca, no puede evadir esas leyes. Ni el espectador tampoco. Cuando lo hacen, el pintor pinta mal, y el espectador no comprende lo que ve.

El arte de hoy es el que corresponde a una época que ha descubierto que el movimiento es una ley universal, y que hasta la Torre Eiffel o el Empire State Building no son más que sendos enormes, inconmensurables ballet de átomos. Es el arte de la era que desintegra ese mismo átomo y aplica a la mente ese uranio 293 que es el psicoanálisis.

Se dice que el arte de hoy se divorció del público. Expresado así, no es exacto. Es el público el que no se aproxima a él con suficiente desprejuiciamiento. Nunca el arte trató más de acercarse al espectador.

Este arte tenido por críptico es el arte que rasga de arriba abajo el velo de sus secretos, ofreciendo a la vista de todos, sus elementos formales en pleno proceso de integración. Natural mente que por ello mismo reclama, para ser comprendido, nuestra colaboración activa. Es un arte solidario que pide a cada hombre su esfuerzo. En este sentido es un arte democrático. El forma parte de la cadena de responsabilidades que el momento histórico apareja para el hombre. Colaborar en todos los planos humanos ¿no es el mot d'ordre actual?.

¿Arte joven? Quien lo duda. Por eso imprevisible. Tal como lo vemos, no podríamos decir si es una meta o el principio del camino. Lo dirá la historia en la cual no "estaremos" pero "habremos estado" con nuestra angustia, nuestra ansia de evadir tiempo y distancia; un ansia medida temporal y penosamente en el espacio de la obra de arte de hoy.

Del catálogo de la 1a exposición individual de Olga Blinder

Centro Cultural Paraguayo Americano

Setiembre de 1952.

 

 

 

 

POR UN ARTE NUEVO

RAMIRO DOMÍNGUEZ

De aquí a poco, verá nuestro público asunceno una exposición singular; un grupo inquieto de artistas saliéndosele al paso, poniendo un hito en el trajín callejero, con sus cuadros y cerámicas. Ocupando los escaparates de tiendas y negocios -no por hacerse vendibles- sino para entregarse a la crítica de cuantos reciban el impacto de su presencia. Es el arte, prodigándose a todos; el erudito y el lego. Que interesa del juicio tanto del peatón indolente, como del crítico avezado.

Nuestro público, poco atento aún a las manifestaciones del arte; remiso en llegar hasta las bibliotecas y salones de exposición, se topará así, de bruces, con una auténtica exposición que sale a buscarlo; que prodigándose sinceramente alienta la confianza en la sinceridad del pueblo.

Si no fuera por las implicaciones que el término acarrea, diríamos que es ésta una evidente "socialización de la cultura". Una auténtica exposición -dijimos- aunque no la primera entre nosotros -pues ya el mismo grupo de artistas nos ha venido asombrando con sus trabajos de muestras anteriores- ésta se llevará la primacía, no tanto por lo insólito y atrevido de su presencia callejera, cuanto por ofrecernos reunidas las obras de cinco artistas indiscutidos de nuestro medio.

Dos ceramistas: Josefina Plá estilo, vigor y maestría. Su inquietud y pasión perennes, no la hacen soslayar los postulados del arte eterno: Símbolo, claridad y equilibrio.

José L. Parodi: enorme intuición. Tensa virilidad, titánica rapidez, abstracción incomparable en las formas. De tres pintores, dos tienen afinidad; como de anverso y reverso. Sus artes se hacen réplica en el mismo asunto: Olga Blinder de Schvartzman y Lilí del Mónico. Lilí: dinamismo y rebeldía. Agudo sentido del ritmo. Riquísima valoración cromática. Sus cuadros, a veces, piden las dimensiones de un mural, o nos traen reminiscencias de los vitraux, como en la moderna "Capilla" de Matisse. Olga Blinder: honda dimensión emocional. Serenidad y mesura -frutos de autocrítica. Sus líneas y colores se subordinan a la intención -siempre dictada desde adentro- sin llegar al "celebralismo" en el arte, el suyo es arte racional -con sentido-pletórico de humanidad. Filártiga, un mundo interior enorme. Manifestándose, a veces, en eclosiones violentas. Patetismo, intuición aguda; obstinada introversión. Lo inadecuado y esquemático de sus obras, responden a la celeridad y violencia de su inspiración. Poca labor de autocrítica.

En todos, por igual, cabe ajustadamente el epíteto de "arte nuevo". Arte en renovación -diría yo-. Realizándose, y maduran-do con sus propias experiencias. Es tiempo de que ya no se hable más de "arte reaccionario". Ya han pasado cien años de experiencias nuevas en el arte, y no hay por qué reaccionar contra lo superado.

El arte clásico es un venero inagotable de hallazgos estéticos -como ya ni el más simple de hoy día se siente totalmente a tono con la actitud estética de un Ingres, o un David. Como la musa de Bécquer, o Espronceda, comienza a ponérsenos un tanto baladí. Y a los que salgan en pro de reivindicaciones espirituales en el arte, diremos que nada más espiritual que todas las tendencias y creaciones del arte nuevo. Precisamente ahí está su origen: en la íntima convicción de la importancia del arte clásico. Y no, como pretenden algunos, en la confesión de que la escuela clásica es "insuperable". El arte moderno es más espiritual. Quebranta la verdad física. Disloca o suprime -reduce y abstrae-para hacer más aparente la Verdad, sin cuerpo. Para que las formas se alumbren con el Destello que viene de lo hondo. El artista de hoy ya no pretende expresarnos cuan bello sea el cuerpo humano. Las irisaciones maravillosas de la luz. La transparencia del agua. Ni se complace ya, haciendo juegos caprichosos de luces y sombras. Todo eso lo aprendimos, hasta la saciedad, con veinte siglos de sumisión a la naturaleza. Y esta es otra gran verdad: clasicismo, es sumisión del hombre y del arte al "estado de naturaleza". Pero en dos mil años, demasiado acopios hizo de experiencias amargas: Ni el cuerpo humano es tan bello, ni puede ser nuestro "vaso de elección". Ni las leyes naturales son siempre saludables; y a veces, nos dejan muy hondo su aguijón de miseria y vergüenza. Por ello, esa evasión del arte nuevo -aún cuando pretenda expresar las miserias humanas- entonces precisamente hay evasión, desolada huída. Introversión desesperada, en busca de lo inmutable y perenne. Místico desposorio con los sueños. Que si esta pretensión es auténticamente estética?. Ni dudarlo. Pues si los clásicos nos sedujeron tan largo tiempo, proponiéndonos como ideal de belleza a la verdad, aparente en la naturaleza, - cuánto más hay aquí venero de belleza imponderable, donde se quebrantan las apariencias, para develar la Verdad y por ella, recibir ese contagio de infinito, fuente de los más inefables estremecimientos estéticos?.

¿Qué este se realice, con el arte nuevo? Evidentemente, siempre y cuando surja el genio. Y esto, ya no es competencia de sistemas o tendencias del arte, sino de Dios...

La Tribuna-4 de Julio de 1954.

 

 

 

 

EL MOVIMIENTO RENOVADOR EN NUESTRA PINTURA

JOSEFINA PLÁ

No cabe duda de que nuestro país va entrando, con paso lento pero irreversible, en la ronda de las inquietudes actuales en materia de arte y literatura. La primera en testimoniar esos signos de actualización fue, por motivos que radican en su misma naturaleza de espiritual aventura solitaria, la poesía, cuyas evidencias iniciales en este plano se remontan a 1935. Hoy, pasados casi veinte años -años no siempre llanos y lisos al esfuerzo-el ejemplo de una generación de tan noble como castigado vuelo -Herib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Hugo Rodríguez Alcalá, entre otros- cunde y prende fervoroso en un grupo cada vez más nutrido, en cuyas voces la poesía contemporánea -acento de la pasión del mundo contemporáneo- se afirma cada vez más clara y segura, José María Gómez Sanjurjo, Rubén Bareiro Saguier, Ramiro Domínguez, Carlos Villagra Marsal, Quico Díaz Pérez, Elsa Weizell, Luis Appleyard, María Luisa Artecona, Oscar Ferreiro, Manuel Argüello, José Antonio Bilbao, R. Mazó entre otros. Las artes plásticas se han mostrado más lerdas, y ello no debe extrañar en lo que al Paraguay se refiere dado que el mecanismo complejo del contacto con las corrientes universales, mediante el cual había de operarse la trasmutación, tropezaba con obstáculos e inconvenientes mucho más difíciles de sortear. Salvo en la cerámica, en la cual tuvo el Paraguay para América aquel gran precursor que fue Julián de la Herrería, poco era lo hecho antes de 1945 para renovar el panorama de las artes plásticas.

Para comenzar, anotemos la ausencia prácticamente total de la mujer en este campo. La exposición de Ofelia Echagüe Vera en el Centenario, en 1946, señala, desde este punto de vista, un hito innegable. Desde entonces se han venido multiplicando los hechos, de tímida pero sincera gratificación precursora en el movimiento renovador; y éste elige sus propulsores -hecho singular que requeriría su exégesis- precisamente en el sector femenino, el que hasta entonces permaneciera, más que rezagado, ausente. Si la labor realizada desde entonces por los cauces de este espíritu renovador no puede todavía catalogarse en la categoría de los logros decisivos -exceptuemos la cerámica, que ha enfrentado ya airosamente la crítica extranjera- el esfuerzo realizado, estableciendo precedente y creando clima representa ya una base consistente para la estructuración, en el medio, de esa conciencia estética nueva, que es también a la par, un sentido ético diferente en el ejercicio del arte.

Las mantenedoras de este movimiento, cuya esencialidad no puede ser más trascendente y noble -un arte de temática propia con sentido universal, en el cual se procura el equilibrio de los valores espirituales y plásticos- son jóvenes, y están todas ellas al comienzo de una carrera que sin esfuerzo se intuye llena de posibilidades para el florecimiento cercano de nuestras artes plásticas. Aun en esta fase inicial en la que el entusiasmo prima sobre los recursos expresivos, fase de búsqueda y de reacción constante, el trabajo de todas y cada una testimonia una sincera, generosa ansiedad por sintonizar el latido universal, dentro del ámbito de la pasión paraguaya. Una obra de arte es siempre y por encima de todas las demás cosas, la presencia de un momento histórico, su cifra y su símbolo. En esto se halla la clave de su significado operante. Y estas pintoras parecen haberlo entendido así.

Siempre ha sido asunto difícil cuanto vidrioso discriminar y hacer constar precedencias. Pero ello se hace a veces necesario porque la memoria colectiva, más aun que la individual, tiende a las lagunas. A Olga Blinder debe la pléyade femenina el gesto del inicial arranque hacia conceptos pictóricos que rebasaron en nuestro medio los moldes academistas, e introdujeron en la pintura un sentido dinámico del cual hasta entonces sólo habíamos visto de vez en cuando un ejemplo en la obra de algún pintor visitante, como Wolf Bandurek.

De cerca la sigue Lilí del Mónico, a un tiempo audaz y fina, cuyos últimos cuadros captan y sistematizan lo que de ritmo y color encierra la feminidad nativa.

Cautelosa y lenta ensaya sus pasos en el sendero reciente Edith Jiménez, cuya vocación paisajística se tramuta sin traicionarse.

Todas ellas, sin abandonar todavía en absoluto el terreno de lo figurativo, incursionan en modalidades hasta ahora inéditas en el medio, e incorporan a sus expresiones una densidad sugestiva, un acento humano que más aun que el aspecto formal distinto, tiende a catalogarlas en grupo aparte dentro de nuestra pintura. Sus hombres y mujeres del pueblo, ya nos muestran la atormentada faz de los de Olga Blinder, deformados por la presión interior, ya se nos aparezcan bajo el sugestivo aspecto rítmico y colorido de los cuadros recientes de Lilí del Mónico, "dicen" algo a nuestro espíritu sediento de comunicatividad. Sus caminos, en apariencia distintos, convergen no obstante en el profundo plano en que se fragua el mensaje, y en cuyo más secreto, apasionado nicho se alza, austera, dramática, la Madona paraguaya de Guevara.

La aventura pictórica que tiene sus decididas promotoras en estas artistas, ha surtido ya sus efectos, que podemos llamar iluminadores. Aquí y allá, tímidas, apuntan vocaciones que al surgir se alistan ya en las filas de la renovación. Dije "iluminación" y no ejemplo, porque al elegir rutas nuevas esos jóvenes no realizan acto de secuencia, no obran por imitación. La obra nueva no hace sino darles un punto de referencia a la decisión. Se trata en ellos, básicamente, de un simple hecho de sintonía. Esos jóvenes no hacen sino captar la consigna que con acento imperativo canta en todos los planos del pensamiento y de la acción para cada gene-ración en trance de florecer. Generación es equivalente de misión nueva. Estos jóvenes sienten en lo íntimo de su fibra el llamado. Eso es todo.

La Tribuna - 11 de abril de 1954.-

 

 

 

 

MUESTRA PICTORIA EN EL CENTRO CULTURAL

JOSEFINA PLÁ

En la institución del acápite exponen el fruto de su labor de pocos meses los alumnos de la clase particular que dirige la Sra. Olga Blinder de Schvartzman. Esta colección compuesta de 24 cuadros al óleo y diez dibujos, ofrece sumo interés desde el punto de vista de la precedencia, ya que se trata de la primera clase de arte plástica en nuestro medio desenvuelta sobre la base de libre elección de tema y modalidades, en un plano de absoluta espontaneidad creadora, y sin sujeción a la metodología académica, salvo en los casos en que el alumno desee apoyarse en ésta. Este método, que reconoce preferentemente como guía el original impulso creativo, es desarrollado por primera vez en nuestro medio por la mencionada artista, una de las más talentosas de nuestro plantel femenino, y de las más señaladas por una auténtica inquietud renovadora.

En la colección expuesta puede observarse cómo la personalidad potencial de cada alumno, rebasando la muralla de las limitaciones académicas, o mejor, en función precisamente de esa total prescindencia, se diseña con perfiles sugestivos, en busca de una fórmula propia, en técnica como en contenido.

Resultan desde este punto de vista dignos de mención entre los trabajos expuestos los del jovencito Aldo Delpino Conigliaro, quien en sus dibujos a lápiz, realizados con un máximun de espontaneidad, define cualidades notables, intuitivamente exploradas, en el terreno de la composición, ligada ésta al sentido del equilibrio del blanco y negro. En su cuadro al óleo "Bar" (No. 12), ejecutado dentro de las mismas lúdicas premisas, evidencia un manumiso, interesante sentido del color, que se traduce en una personal vibración, a la par subjetiva y cromática, establecida ésta precisamente a base de disonancias.

Otros cuadros sugestivos podrían nombrarse, pero a causa del mismo carácter experimental de la clase, no sería de momento lo más destacable la labor individual. Lo que interesa recalcar es el aspecto ejemplar de labor realizada enfocando desde ángulos nuevos el hecho creador, a la luz de conceptos estéticos igualmente nuevos. Actitud innovadora en la cual cabe por igual mérito a la profesora y a los alumnos identificados una y otros en ese afán de evadir lo rutinario. Evasión cuyo sendero, indudablemente ingrato y espinoso, ha sido sin embargo el que iba conducido siempre hacia las más gloriosas conquistas en el campo del espíritu. Por entenderlo así, quiero felicitar sinceramente a Olga Blinder de Schvartzman como a sus alumnos, y congratularme de esta muestra en cuyos modestos contornos auspician no obstante una época nueva en nuestro medio, perfilando fecundas posibilidades en el terreno de las artes plásticas.

 

INSTITUTO CULTURAL PARAGUAY BRASIL TALLER ARTE MODERNO presenta por primera vez una muestra de trabajos y ejercicios. Realizados no "para ser expuestos", sino como parte de su búsqueda de la expresión creadora, se exhiben por decisión unánime de sus autores, que saben que éstas no son obras acabadas, pero cumplen con la misión de comunicar y mostrar algo de lo que han conseguido y que poco a poco irá incorporándose a la expresión propia de cada uno.

El Taller, al iniciar sus tareas, se propuso como meta de este año trabajar aún más el campo ya arado por la Escolinha de Arte, en el sentido de dar mayores posibilidades al desarrollo de la expresión y, sobre todo, ampliar el gusto artístico, abrir los ojos ante las obras de nuestro tiempo y extender la labor de la Escolinha para que alcance también a los que ya dejaron de ser niños y guardan todavía ese anhelo de decir algo usando formas y colores.

Se reúnen aquí experiencias de dos grupos de trabajo: uno compuesto por quienes desarrollan sus tareas habituales en la docencia y que buscaron ampliar sus posibilidades de captación del espíritu de la moderna enseñanza; y el otro grupo por quienes se preparan para dar, a través del arte, su interpretación de la vida y del mundo que los rodea.

Trabajaron por periodos de tres meses, con técnicas semejantes, dando de sí mismos su mejor deseo de aprender y, por encima de todo, una gran alegría de crear en armonía con los demás y con ellos mismos.

Noviembre, 14 de 1962

 

 

 

 

LA PINTURA PARAGUAYA MODERNA

MIGUEL ANGEL FERNÁNDEZ

Por primera vez el Paraguay participa, este año, en la Bienal Americana de Arte, que se realiza en la ciudad de Córdoba, Argentina. Industrias Kaiser, patrocinadora de dicho certamen, y el Ministerio de Educación y Culto de nuestro país, conjuntamente, designaron, para determinar el envío paraguayo un comité de selección integrado por la señora Josefina Plá y los señores Oscar Trinidad, Hermann Guggiari y Miguel Ángel Fernández. Este último tuvo también a su cargo la redacción de un breve panorama de nuestra pintura moderna, como introducción a la muestra paraguaya en el Catálogo de la Bienal. Miguel Angel Fernández es Secretario de la Asociación Paraguaya de Críticos de Artes, afiliada a la AICA, director de las Ediciones Diálogo, corresponsal del Centro Internacional de Estudios Poéticos y de varias publicaciones extranjeras, colaborador de revistas como "Cuadernos Americanos" y "La Gaceta", de México, "Especial" de Bogotá, "Lisula" de Madrid, etc. Su cuaderno de poemas "Oscuros días" (1960) fue traducido recientemente al francés y editado en la colección "Profils Poétique des Pay Latins" de Niza. A continuación publicamos la mencionada nota introductoria.

Hasta hace poco más de una década predominaban en las artes plásticas del Paraguay las tendencias derivadas del apariencialismo renacentista. Los pintores que a principios de este siglo fueron en busca de una formación técnica -que el medio no podía proporcionarles- se adhirieron a los conceptos vigentes en las academias europeas, especialmente italianas, que por lo general frecuentaron. Uno de esos artistas, Andrés Campos Cervera (1888-1937), pudo sin embargo rebasar las limitaciones académicas, explorando las posibilidades de diversas tendencias post-impresionistas. Pero en 1921 abandonó la pintura para dedicarse por entero a la cerámica, realizando en esta técnica una obra trascendente y original. Otro pintor, Jaime Bestard, -coetáneo del anterior, aunque aparecido posteriormente- vivió algunos años en París, de donde volvió con un bagaje de realizaciones que tampoco se reducía a los límites del academicismo. Pero presionado por un medio refractario a las nuevas manifestaciones artísticas, se retiró a una posición más tradicional, oponiéndose, años más tarde, al movimiento renovador. Con todo, en los últimos tiempos, Bestard ha vuelto a tentar la experiencia moderna, destacándose en esta nueva etapa sus libérrimas y punzantes figuraciones, productos tardíos de un talento que no contó con las condiciones propicias para su desenvolvimiento. Diferente fue el caso de Andrés Guevara, recientemente fallecido, que salió del Paraguay antes de los veinte años y no volvió a él sino ocasionalmente. No obstante ello, en su visión artística se halla patente el recuerdo de la estremecedora realidad social o humana de la cual se había desarraigado. La caricatura y el dibujo ilustrativo del Brasil y la Argentina, países en los cuales residió, fueron en cierta época influídos fuertemente por su concepción estilística. Aunque escasa, su obra pictórica se cuenta entre lo más expresivo y auténtico del género en nuestro país.

Prácticamente ninguno de estos artistas influyó en el proceso de renovación de nuestras artes plásticas. Campos Cervera (más conocido como Julián de la Herrería) fue el fundador de una valiosa ceramística, pero su pintura permaneció casi enteramente olvidada hasta hace pocos años; Bestard se mediatizó y Guevara no expuso nunca sus creaciones en el medio. En cambio, fue mucho mayor la influencia de dos artistas extranjeros, Wolf Bandurek y Joâo Rossi, que vivieron en el país durante algunos años. A ellos principalmente, se debió la introducción de un nuevo sentido artístico, y su estímulo fue decisivo para los pintores que poco después iniciarían el movimiento actual, cuya primera manifestación fue la Semana de Arte Moderno de 1954. Gestor de aquella primera muestra colectiva fue el Grupo Arte Nuevo, fundado por Josefina Plá (ceramista y crítico de arte), Olga Blinder, Lilí del Mónico y José L. Parodi (ceramista y escultor), a los cuales se unieron inmediatamente Edith Jiménez, Joel Filártiga (el único superrealista de nuestra plástica) y algunos otros. De los pintores del grupo, cabe recordar especialmente a Olga Blinder*, artista en cuya obra la intención expresiva y comunicativa se apoya en sólidas estructuras formales. También debe subrayarse el nombre de Edith Jiménez, que después de un largo paréntesis dedicado al grabado, ha iniciado una interesante experiencia en el campo de la pintura informal. Afín al grupo pero llegado un poco más tarde, fue el joven y valioso pintor Carlos Colombino cuyas creaciones se inscriben, salvo rara excepción, en la tendencia no-figurativa; distribuyéndose en etapas que van desde la simple composición de formas hasta la abstracción expresiva.

Posteriormente se han dado a conocer en el medio otros artistas de obra relevante como Laura Márquez y Pedro Di Lascio. La primera, formada en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires, ha realizado una obra decantada y rigurosa, dentro de las tendencias no-figurativas del Plata. Di Lascio, pintor primitivista, ha contribuido a nuestro arte con una visión ingenua pero auténtica del ambiente local. Hay que mencionar, todavía, a Michael Burt y a los jóvenes Enrique Careaga, Angel Yegros, José Antonio Pratt y William Riquelme, empeñados en búsquedas que hacen azaroso cualquier intento de valoración.

En la presente muestra de la pintura paraguaya actual no se ha podido incluir obras de algunos de sus más destacados valores, como Carlos Colombino y Edith Jiménez. No obstante, permite apreciar sus posibilidades y tendencias, así como el esfuerzo de nuestros artistas por alcanzar nuevas dimensiones estéticas y un más alto nivel de valores dentro del arte continental.

*        Los artistas señalados con asterisco exponen

en la Bienal Americana de Arte, en Córdoba.

La Tribuna - Setiembre de 1964

 

 

 

 

TRES PINTORES PARAGUAYOS

JOSEFINA PLÁ

Las artes plásticas paraguayas han sufrido -quizá más aún que la literatura- las consecuencias de su zarandeada mediterraneidad. La ausencia de intercambio, de aportes culturales renovadores, de comunicación eficaz, en una palabra, se han hecho sentir agudamente en el plano artístico y se han reflejado en el asincronismo, en la desorientación y en la inevitable involución de los artistas que en distintas épocas buscaron en el exterior las imprescindibles experiencias específicas y regresados al país no salieron ya de él. Todo esto explica el general atraso de esta plástica con relación a las corrientes universales, hasta mediados del siglo.

En el transcurso de esos años, y mientras los pintores enclaustrados seguían viviendo precariamente de los parvos juegos primeros, al margen de las corrientes universales mencionadas, unos pocos más afortunados consiguieron permanecer en el exterior y mantener un nivel contemporáneo. Fueron estos Andrés Campos Cervera y Andrés Guevara. Naturalmente, el privilegio de seguir en contacto con las corrientes vivas de la plástica -en Europa el uno, el otro en Sudamérica- no se cumplió sin desmedro de sus posibilidades de magisterio local. Ninguno de los dos participó en el proceso artístico interno. Su obra quedó al margen de esa elaboración. El primero, sin embargo, ejerció influencia poderosa en la creación de una cerámica artística nacional (dedicó a la cerámica los últimos quince años de su vida). En este terreno su papel rector fue decisivo; pero hecho curioso, fue póstumo, y se ejerció a través del Museo sostenido por su viuda y de la obra didáctica, difusiva y plástica de ésta. El arte paraguayo, pues, se vio privado de todos los elementos que podrían haber servido oportunamente a su desarrollo. En los últimos tiempos, artistas de excelente formación en el exterior, como Edith Jiménez (grabadora) y Laura Márquez (pintora) han regresado al país capacitadas para colaborar en ese proceso; pero su labor no ha tenido aun efectos palpables.

Andrés Campos Cervera (1888-1937), pintor, grabador y ceramista, es una personalidad interesantísima, y no sólo dentro de la plástica paraguaya. Su obra espera aún la monografía exhaustiva que ponga de relieve sus perfiles, precursores en más de un aspecto del arte continental; pero no me ocuparé aquí de ella. Andrés Guevara, nacido en 1904, fallecido hace unos meses, se inició como ya antes Campos Cervera, con la caricatura; pero al contrario de éste, su visión expresionista condicionará su obra posterior. Abandonó el país en 1921, y sólo volvió a él un par de veces y por brevísimo plazo. Su vida transcurrió en la Argentina y Brasil principalmente. Sin embargo, como sucedió también con otros artistas o escritores salidos del país, llevaba la patria como presencia telúrica y humana definitivamente tatuada en el alma, como el pintor renacentista su propio rostro en la piel del desollado; y estas vivencias entrañables no cesaron jamás de urgir su exteriorización desde la profundidad nostálgica. En pocos años se convirtió en un dibujante cotizado, cuya obra difundieron los diarios bonaerenses primero y los del Brasil luego y más tarde los del Perú y Chile. Periodista e ilustrador, fue además considerado el mejor diagramador continental.

La prodigiosa actividad que en esos aspectos desplegó durante cuarenta años en la prensa del Plata y del Brasil, no dio resquicio a la eclosión del pintor que en él existía y que fue por cierto su más pura vocación. Aquellas vivencias terrales a que me refería le punzaban continuamente las entretelas del alma, pidiendo plasmar, en obra; nunca halló tiempo para ello. Salía del paso y de la íntima desazón taquigrafiando en bocetos, rasguños a pluma, apuntes, proyectos, aquella urgencia inacallable, en espera siempre del momento en que, despejado por fin el panorama acuciante de sus compromisos, podría volcarse en su auténtico molde. Un gran número de esos bocetos y apuntes atestiguan ese propósito largamente demorado sobre el filo de un tiempo irrecuperable. Su serie proyectada, "Mujeres de mi tierra", queda como monumento trunco de esa ansiedad, a la cual quería dedicarlo todo y por eso mismo nunca pudo dedicarle nada. El retrato del Mariscal López ejecutado en 1956 es una muestra de su amplitud y vigor conceptivos, su don de síntesis expresiva, su intuición psicológica.

En las obras de Guevara se distinguen dos planos o niveles bien definidos y al parecer contradictorios, articulados sin embargo, sobre un fondo común de sensibilidad y humanismo. El pri- mero lo constituye su obra humorística, realizada principalmente en el Brasil, sobre escenas de la tierra. Algunos críticos han aludido a semejanzas entre la obra del mexicano Covarrubias y la de Guevara. Pero Portegalo disiente de ese común denominador. "Mientras Covarrubias -dice Portegalo- intenta un orden caricaturesco que llega al sentimental por vías del dibujo desdibujado, Guevara, mediante el pintoresquismo del asunto y de la línea en ritmo ascendente que lo configura, crea una atmósfera lírica a través de sus colores tan sabiamente distribuidos sobre planes de vibración humana". El alma de los seres y del medio le llegaba -y hacíala él llegar- a lo profundo desde los más inesperados ángulos de contraste entre el ser y el parecer; en éste era inagotable, y ello justifica la frase de Alejandro Sirio: "Guevara es de esos artistas que por mucho que hagan son siempre promesa de algo más", y la admiración que inspiró al maestro humorista que es Walt Disney.

El segundo nivel lo constituyen sus obras de un patético expresionismo, construido, contraria, pero paralelamente al primero, sobre aquello que en el individuo sella lo inmerecido del drama eterno: el contraste entre sueño y destino. Es desconcertante esta doble personalidad de Guevara, y al propio tiempo contribuye a comprender el desnivel ontológico disimulado tras el más inocente alarde caricatural. La línea quebrada del hueso tras la curva de la carne; la mueca insoluble que el mexicano Posada denunció literalmente con sus calaveras, Guevara la expresó con un medio camino entre las dos, como en su lucha por prevalecer, haciéndola con ello menos pintoresca, más acusadora. En sus motivos paraguayos, nunca hallaremos la meta humorística tratándose de su tierra, Guevara no se sentía humorista, aunque pudo en más de una ocasión sentirse delicadamente lírico. Amigos suyos conservan cartas -escritas como solía sobre algunos de sus encantadores bocetos- por los cuales consta cómo le dolía esa patria de la cual a distancia se le desvanecían los contornos agrios como los acariciadores, para dejarle sólo su perfil sacrificado.

Así el expresionismo humorístico que en los temas brasileños con rara excepción deriva hacia un lírico, sabio populismo, en los temas paraguayos reviste automáticamente un módulo agonístico, donde el sufrimiento inmemorial traza sus ideogramas, acentuando toda una trayectoria histórica y social.

Olga Blinder (1921) nace el mismo año en que Guevara se aleja del país buscando campo de experiencias en el Plata. Si con Guevara asentamos el ejemplo del artista que se ve compelido a realizarse lejos de la patria, a través del tamiz clarificador del exilio, en Olga Blinder encontramos el paradigma del artista hondamente clavado en el medio, colocado en la encrucijada de una crisis y que soporta de una parte la presión de los factores retardatarios y de la otra el empuje del espíritu en angustia oteando avanzadas improrrogables. Olga Blinder pertenece al núcleo señero llamado Grupo Arte Nuevo, gestor de la Primera Semana de Arte Moderno paraguayo (1954); grupo que, sistemáticamente, reunió a artistas entre los veinte y cuarenta y cinco años. Olga Blinder había ya realizado su primera exposición individual en 1952; en rigor el primer manifiesto del arte moderno paraguayo puede hallarse en-la presentación de la muestra, en su catálogo. Los artistas agrupados sostuvieron como principio básico de acción la necesidad del intercambio con el exterior. La tarea desde luego no era fácil. El Paraguay vivía, en arte, prácticamente enclaustrado. Los instrumentos esenciales para esa comunicación eran, como es lógico, las obras, y éstas había que crearlas; para esto, a su vez, el intercambio era preciso. Romper el círculo vicioso fue empresa durísima. Pero el empeño de esos artistas consiguió al cabo crear un ambiente y una situación con-temporáneos para esta plástica. Si en la Bienal de San Pablo de 1953 la crítica subrayaba "la lastimosa pobreza conceptiva y plástica paraguaya", en 1961 el Congreso de críticos brasileños señalaba repetidamente la contemporaneidad alcanzada por esa misma pintura; contemporaneidad en la cual el papel decisivo corresponde al grupo nombrado, cuya labor de acercamiento a las corrientes universales ha suscitado -cuando no gestado directamente-iniciativas progresistas de honda repercusión. A él se debe el ambiente receptivo del arte moderno que ha hecho posible, no ya la aparición, sino la aceptación de las últimas promociones.

Olga Blinder se inició con paisajes y cuadros de flores: ejercicios para familiarizarse con formas menos caducas que las locales entonces imperantes. Pronto sin embargo, viró hacia la figura, mostrando ahora acentuada tendencia hacia una pin-tura expresiva, que inspirada en los muralistas mexicanos y en Portinari, se inclinaba a un contenido patético-social. Por ese tiempo realizó algunos murales; este hecho corroboraría su inicial inclinación. La lucha de esta pintora, sensible a la vez que intelectualmente rigorista, para llegar a una fórmula personal ha sido dura sin duda, y sigue siéndolo. Su proclividad rítmica pugna sin cesar con su también radical ansiedad de un contenido vital. Su diseño es seguro, casi siempre expresivo; sus dificultades para la mencionada integración se complicaron hasta hace un tiempo con dificultades para la solución de los problemas cromáticos. Mientras sirviendo propósitos conscientes trató de hacer una pintura "pictórica", el color resultó ineficaz. Dejando a un lado ese propósito, ahora utiliza el color dentro de una clave propia, en una distribución planística, en la cual el trazo adquiere papel rector, y el color se convierte en una subestructura. También en cuadros monocromos obtiene efectos felices, valiéndose de texturas de gran efecto táctil. La búsqueda de esas texturas se ha convertido para la pintora en un objetivo apasionado, pero siempre sirviendo a una línea conceptiva en donde lo humano continúa siendo el eje, y que por tanto resulta fundamentalmente figurativa, aunque en ella la artista trata de incorporar las sugestiones básicas del abstracto, integrándola en planos significativos.

Para juzgar la posición figurativa de Olga Blinder debemos tener en cuenta un hecho importantísimo: esta pintura moderna paraguaya lleva sólo diez años de existencia, y llega a sus últimas manifestaciones -el informalismo iniciado por Guillermo Ketterer, 1961- sin haber decantado en conjunto -ni individualmente en la mayor parte de los casos- los tramos, figurativos o no, que la separaban del postimpresionismo. Este déficit no puede menos de hacerse sentir en las manifestaciones jóvenes, de las cuales hasta ahora y con rara excepción está ausente la conciencia de oficio y de disciplina. La pintura de Olga Blinder -recientemente distinguida con una medalla en la segunda Bienal de Córdoba-, es el resultado de una labor honesta y perseverante, sin concesiones al arte "a la moda", pero que aprovecha en una paulatina y auténtica elaboración sus logros.

Carlos Colombino (1937) representa la última promoción, o por lo menos es el único que dentro de ella alcanza hasta el momento nivel enjuiciable. Es un temperamento rico e inquieto, cuyo acceso a la pintura se realiza precisamente en los días de la primera Semana de Arte Moderno paraguayo. Sus primeras obras apreciables se orientaban hacia el constructivismo y el cubismo; enseguida derivó al abstracto, en cuadros en los cuales color y textura, perfectamente conciliados con línea y composición, creaban la sugestión fascinante de un mundo vegetal inexistente, pero posible: cuadros construidos casi siempre sobre un juego de tensiones, demostrando el rigor sistemático de su vocación arquitectónica (exposición de Dallas, Estados Unidos, 1959).

La trayectoria de este joven artista, como la de muchos otros surgidos en torno al movimiento renovador, ha sido un constante cabalgar sobre el filo del fracaso, ante el agotamiento de las vivencias estéticas, el cerco de la mediocridad crítica, la solicitación del mal gusto colectivo. Una acerada voluntad, una intrínseca disciplina, una dura autocrítica, lo han encarrilado hacia niveles de más seguro y auténtico desarrollo.

A las series pictóricas mencionadas, donde la forma abierta se organizaba en planos dinámicos mediante un uso sabio del color, ha sucedido otra etapa en la cual el pintor opera de más en más sobre contrastes rítmicos, y el cuadro se constituye en un equilibrio entre la forma cerrada y la abierta; equilibrio estructurado en torno a una conjugación gravital de masas y espacios. Son formas de sugestión telúrica, servidas por una imaginación obsesiva, organizadas en un expresionismo de acento mágico. Estas series recientes elogiadas por la crítica europea y americana son una verdadera "épica de la línea". Colombino utiliza madera en las cuales combina golpes de gubia y de pincel alternando sus aportes de textura, relieve y color, y haciendo de ellas gigantes-cas matrices xilográficas. A través de estos cuadros Colombino se nos aparece -material y formal- universalmente contemporáneo y a la vez penetradamente de su tierra.

Estos tres pintores -representantes de tres generaciones-tienen, como se ha visto, un denominador común: su expresionismo. Este rasgo indiviso y unificador podría por cierto extenderse a otros pintores y a través de él emergería buscando la forma que no encuentra aún en el plasma verbal, la angustia en desmesura, soterrada, prolongada, de su pueblo. Angustia que resquebraja la expresión en la línea, en la composición, en la sequedad misma del color, y da un mentís al tropicalismo que parecería deber ser la cifra y el signo del arte en un país de idílicos paisajes, de ríos tranquilos y largos veranos hipnóticos.

"La Gaceta" del Fondo de Cultura Económica 

Año XII - No. 125 - Enero de 1965 - México.

 

 

 

 

ESCULTURA

Los pocos escultores que aparecen en las primeras décadas de la presente centuria no muestran enlace con el pasado paraguayo. Como la mayoría de los artistas de su generación su entrenamiento era de tipo académico. El valor estético de su trabajo era aun menor que el de los pintores; cuentan poco en la historia del arte paraguayo. Dadas las condiciones prevalecientes en esa época, de lo cual ya se hizo mención, la práctica de la escultura era singularmente muy poco remunerativa para adoptarla. Hoy día los artistas ocupados en eso afrontan similares problemas, y, generalmente, trabajan a comisión o con la vista puesta en la participación en algún concurso. A pesar de esto, la escultura actual en el Paraguay no es inferior en nivel estético a otros géneros.

Nuevamente fue Julián de la Herrería el primero en abrir nuevos caminos para la renovación artística. Sus esculturas, la mayor parte cerámicas, pertenecen al último período de su vida, y reflejan preocupaciones estéticas que lo llevaron a buscar nuevas formas de expresión en las cuales adaptar su herencia nativa a los modernos conceptos del arte.

Después de su muerte, ningún paraguayo buscó novedades en la expresión escultórica hasta 1950. Coincidiendo con el movimiento renovador que caracteriza ese período, el ceramista José L. Parodi (nacido en 1915) produce algunas pequeñas esculturas, que aunque de naturaleza figurativa, exhibía formas simplificadas y un esfuerzo para llegar a una rítmica unión de los volúmenes curvos. Más tarde colaboró con Josefina Plá (nac. en 1909) en composiciones abstractas caracterizadas por su gran belleza de forma y fuertes trazos regionales. La forma escultural está muy aumentada por los efectos del material cerámico en estas piezas, que ganaron un premio en la Cuarta Bienal de San Pablo. Recientemente Parodi retornó a la madera, produciendo una serie de trabajos de gran poder expresivo.

Hermann Guggiari (1926) se unió al moderno movimiento a su regreso de Buenos Aires, donde estudió varios años. Sus trabajos fueron de naturaleza figurativa hasta 1956, pero después se empeñó en la búsqueda de un estilo más avanzado. Su composición en hierro titulada "Libertad" (1956) que es uno de sus más finos logros, todavía exhibe reminiscencias de su período figurativo, pero sus elementos ya constituyen partes funcionales de una construcción que posee valor abstracto. En trabajos posteriores, como "Escultura musical" y "Nacimiento", su seguridad de concepto y su poder expresivo están firmemente asegurados. El premio ganado por su "Kennedy" en el Salón Esso para Artistas Jóvenes ganó para él un lugar entre las figuras prominentes en el escenario latinoamericano del arte actual.

 

 

CERÁMICA

La cerámica, como una forma independiente de arte, ha llegado a un estado de desarrollo y a un grado de distinción que la ponen en el mismo nivel de otros géneros, en algunos aspectos a un nivel más alto aún.

El arte cerámico de los aborígenes, técnica y estéticamente de muy pobre calidad, no sobrevivió a la invasión española. Algunos elementos de la técnica india puede notarse en la alfarería folclórica de hoy día, pero las formas aborígenes y los motivos decorativos han desaparecido casi totalmente.

Julián de la Herrería, el primer ceramista paraguayo, aprendió su arte en Manises, uno de los tradicionales centros cerámicos de España. Sin embargo, aunque se beneficiaban de su herencia europea, tanto él como sus sucesores han tratado de desarrollar formas y procedimientos tratando de mantener la tradición americana.

Josefina Plá, esposa y alumna de Julián de la Herrería continuó los trabajos de su maestro en el campo de la cerámica. Se trata de una personalidad de múltiples facetas que ha tenido una profunda influencia en el desarrollo de la cultura paraguaya durante los últimos 25 años. Su labor plástica es de considerable importancia. Como resultado de la formación que recibió, el alma americana (ethos) ha sido parte central de su interés artístico. Sin embargo, desde el principio su trabajo ha sido marcado por una nota original, que lo distingue de los de Julián de la Herrería. Aun en sus más tempranas composiciones, los indios, en el tema, y un primitivismo de conceptos, muestran notables cualidades plásticas. Fue una de las primeras en poner conceptos no figurativos en práctica en el Paraguay, sin perder, sin embargo, sus características americanas.

Josefina Plá tuvo una influencia decisiva en los comienzos en la carrera artística de José L. Parodi. Aunque no contando con bases sólidas de entrenamiento, tuvo éxito y se convirtió en una de las primeras figuras del arte paraguayo contemporáneo. Sus composiciones tienen cualidades dinámicas y líricas que las sitúan fuera de los ceramistas precedentes. En su trabajo una sensación de serenidad y de equilibrio prevalece en la estructura formal.

Parodi y Josefina Plá colaboraron en varias composiciones abstractas de gran distinción, en las cuales la energía barroca del primero y las formas disciplinadas de la última son traídas y sintetizadas conjuntamente.

En razón de su modernismo y pureza, la cerámica paraguaya constituye uno de los más interesantes fenómenos artísticos del hemisferio occidental.

Miguel Angel Fernández:

"Art in Latin America to-day; Paraguay",

publicación de la OEA, Washington 1969.  

(traducción libre)

 

 

 

 

PRESENTACIÓN LIVIO ABRAMO

En el programa de la Misión Cultural Brasileña consta, es obvio, la realización de exposiciones de artistas paraguayos, como una natural complementación a la divulgación que hacemos del arte brasileño en este país. Problemas de tiempo y espacio nos imponen la condición de realizar muestras de más de un artista. Quisimos, pues, que la primera muestra de artistas paraguayos presentase tres de los aspectos de las actuales artes plásticas del país. Un escultor y dos pintores -Hermann Guggiari, Carlos Colombino y Olga Blinder-, que la Misión Cultural Brasileña reúne en esta muestra, representan tres puntos de vista distintos en la apreciación del hecho artístico los cuales, estamos seguros, establecen una confrontación altamente interesante desde el punto de vista estético.

La fuerte ironía, el sentido mordaz y crítico que emanan de las xilopinturas de Carlos Colombino están expresados mediante una vigorosa y muy personal solución formal que confiere a estas obras una alta calidad artística que ha merecido los elogios de la crítica de arte internacional. Evidente en su forma y contenido estas xilopinturas de Colombino enfocan a los sujetos tratados con ironía burlona y amarga que casi siempre se eleva al nivel de la más intensa y a veces hasta agobiante dramaticidad. Una obra rica de expresión, llena de significado y de alta categoría artística.

El ser humano, con sus alegrías y angustias ha sido el tema casi obsesivo del arte de Olga Blinder. Profundamente preocupada por la condición humana, Olga Blinder ha elegido el rostro huma no como el espejo en el cual se reflejan toda la comedia y el drama humanos. Un arte que se reclama por tanto de un pre-supuesto profundamente humanístico, si podemos usar todavía este término casi desaparecido del vocabulario del arte. Uno de los sentimientos más constantes en la obra de Olga es el de la tristeza. Tristeza e inutilidad de ciertos dolorosos destinos huma-nos; tristeza de los que la vida ha decepcionado y amargado es la que fluye de todos estos rostros. Pero, intelectual sensible, Olga Blinder capta, en algunas de sus obras más nuevas, aquel sentir humano que vibra con los acontecimientos trascendentes. Así, ve ahora al hombre encarado con su más reciente hazaña espacial: ¿qué es lo que lo espera después de haber posado sus pies en el polvo de la Luna? Los ojos y los rostros ahora se abren, se dilatan en una desmesurada expectativa... que es la de todos nosotros.

Por la capacidad de adecuar su profunda sensibilidad artística al espíritu de nuestra época, Hermann B. Guggiari ocupa lugar singular en las artes plásticas paraguayas y del continente. Su arte es complejo, absorbe las posibilidades técnicas de nuestra cultura y civilización y las funde como su instrumento para expresar los valores fundamentales del hombre.

Las primigenias fuerzas del nacer, del devenir y evolucionar, el sufrimiento que engendra la vida, que a su vez se lanza libre y soberana en el espacio. El espacio invade el volumen y lo libera de su peso. Esta ansia de liberación, este devenir y transformar constante -y aquí es donde la escultura de Guggiari muestra su fuerza y calidad superiores- constituyen la esencia misma de su arte. De un arte que tiene como objetivo esencial la exaltación de los valores y predicados fundamentales del ser humano. Un arte "moderno" en la más amplia acepción del término porque no olvida que su objetivo principal es el de constituirse en una experiencia valorizadora de la dignidad del hombre.

Presentación del catálogo de la exposición colectiva de

Hermann Guggiari, Olga Blinder y Carlos Colombino.

Misión Cultural Brasileña. Setiembre de 1969.

 

 

 

 

EL OJO DE LA CRITICA

OSCAR TRINIDAD

Plástica Paraguaya y la Bienal de San Pablo Diez años atrás se manifestó en el país, fundamentalmente en nuestra capital, una suerte de renacer cultural que afectó distintos órdenes, particularmente el de las artes plásticas. Y así se sucedían exposiciones, se abrieron galerías, se intensificaron muestras de teatro a nivel internacional, los cine-clubes funcionaban en base a films realmente esenciales sin preocuparse demasiado del material de embajadas y, en fin, se vivían momentos de verdadera ebullición cultural. Esto ha cambiado. Salvo las de dos instituciones que representan a diferentes países, no existe una sola galería de arte en Asunción. Así también las exposiciones de nuestros artistas escasean al punto que el público que se ha llegado a formar mediante el trabajo que señaláramos anteriormente desconoce totalmente lo que están haciendo los plásticos que, extrañamente, sólo se preocupan en preparar exhibiciones para el exterior. Llegamos, entonces, a la extraña paradoja de que el pintor o escultor paraguayo funciona para afuera, es decir para públicos no paraguayos. Si los representativos culturales actúan en tal forma no es mucho lo que podamos esperar de los demás...

Lo cierto es que se nota, a la primera intención de avizorar lo que sucede, una suerte de desquicio cultural en varios aspectos, pero particularmente en el plástico. En efecto, en breve tendrá lugar la muestra de la Bienal de San Pablo a la que nuestra representación regularmente ha enviado expositores de distintos niveles. Pero las autoridades educacionales, que son quienes organizan la muestra en cada país, no atinan a establecer un criterio para la selección y nadie sabe si hoy se eligen obras o artistas para la bienal mencionada. Pero supongamos que, como debe ser, se están eligiendo las obras que en el susodicho evento representarán a nuestro país. Bien, ¿quién las elige?. ¿Es que todos los artistas se someten al jurado o hay quienes pasan por encima de él?. ¿Conocerá el público paraguayo la selección realizada, o ella es tan secreta que este año no se exhibirán las obras?. Nadie puede hablar de premura de tiempo pues todo el mundo sabe que la Bienal, como su nombre lo indica, se organiza cada dos años y es posible prever ese tiempo con suficiente antelación. Entonces, a esta altura del tiempo dichos trabajos ya debieron estar en exhibición. ¿O es que se teme afrontar la responsabilidad de lo elegido?. ¿Por qué?.

Sabemos que ocasionalmente bastó la inscripción de artistas para asumir la representación de nuestra plástica, método sui-generis que sólo la desubicación de ciertos funcionarios pudo admitir. Últimamente esto pareciera haberse resuelto con la reinstauración del jurado y es de esperar que, como obviamente debe ser, el mismo está integrado exclusivamente por críticos y que sus elecciones, por ende, sean fundadas. De no ser así, resultaría evidente que como decíamos al comienzo, las cosas se hayan retrogradado. De ello saldría un solo perdidoso: el arte plástico paraguayo. Y ya que nuestros artistas paraguayos se empeñan en exhibir sus obras fuera del país, por lo menos que cuando integren una representación lo hagan con lo mejor de sí y de su arte, sin extrañas componendas que a nada conducen.

ABC - 19 de Junio de 1973

 

 

 

 

LA PLASTICA PARAGUAYA

TICIO ESCOBAR

A primera vista casi parecería inoportuno referirse a la pintura en el Paraguay como un medio expresivo de cierta significación; es bien sabido que en nuestro país la utilización del grabado (especialmente el xilograbado y la estampación o impresión) y el dibujo constituyen una característica muy especial y propia de su quehacer plástico. Además durante un momento, que podríamos considerar como experimental, del proceso de renovación de las artes visuales (especialmente durante la década del 60) la técnica pictórica fue cuestionada en cuanto considerada comprometida con los sistemas académicos de las "bellas artes". Por otra parte, esa misma preocupación por la investigación de las formas expresivas llevó al predominio de la utilización de técnicas mixtas sobre la pintura, considerada como categoría tradicional, (en cuanto opuesta al grabado, la escultura y el dibujo).

Sin embargo, la consolidación del proceso actual de la plástica paraguaya ha permitido que la pintura, asimilada a dicho proceso, constituya una de las formas válidas de significar visual mente nuestro momento actual. Por lo tanto, consideraremos a esta técnica dentro del campo general de las artes visuales. Este análisis no pretende constituir otra cosa que una aproximación esquemática al desarrollo de la plástica paraguaya enfocando a la misma sólo en un sentido histórico y procesual, sin que nos refiramos a las respuestas que cada artista, como individuo, dé a las circunstancias que acá generalizamos.

El movimiento de renovación de los lenguajes visuales se inicia en el Paraguay recién en la década del 50. La pintura en sus mejores representantes no había, hasta entonces, logrado actualizar sus formas. Los primeros intentos de renovación surgen con un grupo de pintores paraguayos y el aporte decisivo de algunos extranjeros que trabajan en la ruptura de los sistemas expresivos tradicionales; propugnan fundamentalmente nuevas formas de ver y expresar lo real, y aunque asimilan tardíamente los "ismos" europeos de comienzos de siglo, lo hacen en función de circunstancias propias y necesidades concretas. De esas tendencias, es el expresionismo el que mejor responde a su problemática para significar la experiencia histórica de un pueblo desgarrado por dolorosas guerras, revoluciones y dictaduras opresivas. Esta carga dramática constituye una constante en toda la plástica paraguaya que se expresa, según se verá, incluso a través de las búsquedas más reflexivas.

Si la década del 50 fue de apertura a la posibilidad de semantizar estéticamente experiencias históricas concretas y de iniciar la búsqueda de lenguajes apropiados partiendo de elementos tardíos de la estética europea, la década del 60, preocupada por ponerse a tono con el progreso del desarrollismo y el nuevo empleo de materiales técnicos, promovió las actitudes vanguardísticas preocupadas por el experimentalismo y la innovación. Se investigan nuevos materiales, se adoptan pautas de las metrópolis culturales. Es el momento de tantear nuevos caminos y estar al día, y corresponde, por un lado, a una necesidad de incorporar nuevas generaciones y técnicas, y por otro, a una falta de ajustamiento de una identidad cultural que avalase el desarrollo de formas propias, que producía el temor de quedar atrás. Estos intentos no llegaron a cuajar en un movimiento que tuviese fundamentos, objetivos claros, propuestas concretas, un movimiento capaz de utilizar organizadamente los lenguajes cosmopolitas para traducir realidades propias. Este momento tuvo de positivo la incorporación a la plástica de elementos más jóvenes y una actitud más abierta hacia la renovación de las técnicas y las posibilidades experimentales.

La década del 70 se encuentra ante la necesidad de profundizar y madurar el proceso, de decantar sus formas. Y responder a esta necesidad supone la posibilidad de asumir las distintas oposiciones de ese proceso. Este momento se encuentra, así, frente a los siguientes problemas que le plantean los momentos anteriores:

1.      Cómo organizar lenguajes visuales que siendo propios no estén cerrados a los aportes universales.

2.      Cómo organizar sistemas formales adecuados para expresar estéticamente una realidad histórica concreta.

El primer punto se vuelve problemático cuando es planteado en términos de oposiciones estáticas (localismo-cosmopolitismo, folklorismo-dependencia cultural) que llevan a la falsa alternativa de caer en el anecdotismo tipicalista o en una refleja modernización extranjerizante. Pero encaradas estas contradicciones desde un punto de vista dialéctico y procesual, se abre la posibilidad de superarlas promoviendo un proceso que partiendo de situaciones históricas concretas sea capaz de expresarlas estéticamente en lenguajes abiertos al aporte y las experiencias internacionales.

La profundización de este proceso constituye, decíamos, uno de los objetivos de este momento que debe sintetizar la tendencia localista de la década del 50 con la cosmopolitista de la del 60. Y en este sentido creemos que la plástica paraguaya se encuentra en un momento maduro y serio de su proceso, con conciencia clara de sus limitaciones y posibilidades concretas y sin el apuro repentista de actualizarse o estar a la moda más allá de las mismas.

El segundo problema también se plantea a partir de momentos diferentes en el proceso que comentamos.

El inicio del arte actual paraguayo se plantea en primer lugar como un intento de expresar determinadas situaciones, vivencias, experiencias y sentimientos totalmente ignorados por un academicismo decadente o, en el mejor de los casos, por una pintura convencional que apenas había llegado hasta un curioso impresionismo autóctono y que se mostraba incapaz para responder a la problemática del momento.

Evidentemente los nuevos contenidos necesitaban nuevas formas a través de las cuales ser expresados, pero no había aún una actitud sistemática de investigar esas formas; actitud que se vuelve predominante más tarde con la preocupación por experimentar y organizar los significantes. Esa preocupación se manifiesta por un lado en el interés por la experimentación y la investigación de nuevas formas y nuevas técnicas expresivas (bajo el signo de un cosmopolitismo reflejo, según comentábamos), y por el otro, en una búsqueda del ordenamiento y de la estructura de la obra que, en sus últimas consecuencias, llegó hasta la abstracción geométrica y el análisis de la composición y la sintaxis de la obra. Por eso en esta etapa la figuración sufre un retroceso; la figura se vuelve secundaria en un lenguaje que privilegia la materia expresiva (el informalismo abstracto), las nuevas técnicas y experiencias o la geometrización y las preocupaciones constructivas.

La etapa actual debe ajustar los lenguajes visuales asentando las formas aptas para comunicar significados vigentes. La necesidad de trabajar sistemáticamente los significantes, de investigar las posibilidades sintácticas y expresivas corresponde, así, a un problema de este momento, pero en la medida en que esos trabajos y esas investigaciones estén encaminadas a mejor transmitir los contenidos históricos de una situación.

La conciencia de la necesidad de sintetizar los momentos correspondientes a las etapas anteriores confiere a la actual ese carácter analítico y crítico del que hablábamos, que es, en cierto sentido, una de las características de todo el arte actual.

Por eso, para este momento se vuelve importante hacer un alto y revisar y evaluar todo el proceso, de lo que surge como una consecuencia el análisis de las posibilidades de comunicar adecuadamente y la reflexión sobre los propios lenguajes esté-ticos en cuanto los mismos puedan sintetizar la experiencia de las décadas anteriores; de ahí la importancia concedida a la calidad autoreferencial de los signos estéticos y a la utilización de meta- lenguajes. Este carácter reflexivo no implica un excesivo racionalismo ni un giro en la problemática de base, sino una necesidad retórica de revisar los sistemas formales con que responder mejor a la misma problemática.

Así, hasta las búsquedas más intelectuales pueden recaer sobre los contenidos fuertes y vitales que configuran, en términos generales, el campo semántico de nuestra plástica. Podemos enumerar algunas constantes al respecto:

-        Contenidos ligados a vivencias concretas y a modos particulares de enfrentar la realidad: el erotismo, las situaciones míticas y mágicas, el humor, la ironía, una concepción recurrente del tiempo, las relaciones hombre-naturaleza. -  El sentido dramático de la existencia. Este sentido se halla muy ligado a condiciones históricas de nuestro país y se expresa a través de determinados temas: la destrucción, el desgarramiento, la ruptura, una concepción palingenésica del cambio, la opresión (que traduce el encerramiento geográfico y las situaciones político-sociales}, el tema de la censura, las ataduras, la dialéctica ocultamiento-manifestación.

En cuanto a la actitud reflexiva, ésta se da sobre todo a través de los siguientes aspectos:

-        El planteamiento de la obra como un problema a ser resuelto en significados propios; la obra se centra, así, en la solución de una propuesta determinada. Esta solución exige que la intención del artista aparezca clara y de que todos los elementos se ordenen en función de esa intención. La obra debe, entonces, clarificar sus estructuras y buscar la unidad que será alcanzada a partir de una buena solución de la propuesta central.

-        La elaboración metódica de un plan de la obra, de un ordenamiento de la misma.

-        Necesidad de consecuencia de la solución con respecto al problema planteado, a la propuesta. Esto lleva a valorizar la coherencia y la lógica propia del orden visual.

-        Por último, el hecho artístico es considerado como lenguaje y discurso. Y surge una imagen directa y denotativa que se presta a ser analizada como signo.

Podemos concluir afirmando que actualmente la plástica paraguaya se encuentra ante la necesidad de consolidar un pro-ceso, que se había originado sin el tiempo y los medios como para ajustar sus lenguajes y sus técnicas expresivas, y había crecido, muchas veces, a través de búsquedas apresuradas que no dejaban la oportunidad de agotar caminos ni desarrollar sistemáticamente sus posibilidades. Profundizar esas búsquedas reuniéndolas en sistemas estéticos históricamente válidos constituye la gran tarea de este momento. La plástica ha logrado, en los últimos años, recuperar un lugar significativo dentro de este esfuerzo.

"Panorama Benson & Hedges de la nueva pintura latinoamericana" 

1980 - Buenos Aires.

 

 

 

 

 

UNA DECADA SIN HISTORIA

 

JUAN MANUEL PRIETO

Muchas de las obras realizadas durante la década del sesenta se han perdido y muchos de sus autores han abandonado el arte o se han trasladado para otros países. Sin que haya transcurrido mucho tiempo, los años sesenta nos parecen una época ya muy lejana y olvidada. Sin embargo, aquellos fueron tiempos de intensa actividad y notable fuerza creativa, decisivos para la actualización de las artes plásticas en el Paraguay.

El arte de los años sesenta difícilmente podía conducir al éxito comercial; las galerías eran de vida efímera y su existencia dependía exclusivamente del idealismo de sus dueños, no obstan te, Bohéme tuvo el privilegio de organizar una de las exposiciones más significativas del arte paraguayo contemporáneo: fue en 1962, en el Hotel Guaraní.

En ella participaban no sólo artistas ya consagrados como los del movimiento Arte Nuevo, sino también valores jóvenes, algunos de los cuales alcanzarían la plena maduración de su arte una década después. Junto a las obras de Olga Blinder, Leonor Cecotto, Jaime Bestard y Edith Jiménez, ya se exponían las obras de Michael Burt, Esperanza Gill y Carlos Colombino y de otros artistas como Víctor Ocampo, Mila Corbellani o Natalie d'Arbeloff que después tomaron otros caminos o se alejaron del país.

Una actividad ininterrumpida

La actividad plástica pasó entones a desarrollarse ininterrumpidamente, y es posible que la falta de galerías privadas (salvo esporádicas excepciones como Tayí,     Atlántica y John F. Kennedy) haya hecho que muchas de las exposiciones de la década fuesen realizadas en locales abiertos al público como plazas, locales comerciales e instituciones culturales y, mientras la improvisación de los locales sometía a los artistas a una serie de dificultades técnicas, permitía a un gran flujo de espectadores estar al tanto de lo que se gestionaba en la plástica nacional. De este modo, los sorprendentes cueros inventados por Lotte para la Bienal de San Pablo de 1963 y las excepcionales esculturas de Hermann Guggiari fueron vistos por una gran cantidad de público, que estaba interpretando la creación de nuestros artistas y la participación en bienales y concursos internacionales más como "asunto nacional" que como "actividad privada".

Experimentación y polémica

Hubo mucho intercambio entre los artistas plásticos y los literatos, como lo demuestran algunos volúmenes editados en 1963 como "Entonces era siempre" de José Luis Appleyard, "Paso de Hombre" de Francisco Pérez Maricevich, "Salmos a deshora" de Ramiro Domínguez y el trabajo colectivo "Ocho poetas paraguayos", todos ellos ilustrados por nuestros buenos artistas del grabado.

La casa de Lotte estaba abierta para los pintores, poetas, estudiantes y jóvenes interesados en el arte; allí -como también en la casa de Michael Burt y en la de Cira Moscarda- se podía preguntar, discutir y observar sin reservas el nacimiento de un grabado o de una pintura sobre tela. Laura Márquez, por su parte, traía novedades de Buenos Aires, pronunciaba conferencias e insistía, con su obra, en el "aggiornamento" del arte para-guayo.

En esa atmósfera de interés y entusiasmo cuatro jóvenes de todavía escasa experiencia se lanzaron a un desafío de positivas consecuencias: William Riquelme, Angel Yegros, José Antonio Pratt Mayans y Enrique Careaga exponían, colectivamente y sin mayor pompa o propaganda en los salones de Martel de la calle Palma; eran los Novísimos (1964) y, si bien las obras que presentaban en esa primera muestra todavía estaban lejos de equipararse a lo que se estaba haciendo en otras capitales del continente, el golpe fue realmente efectivo. Riquelme daba así vía libre a una dedicación que daría después excelentes resultados, José Antonio Pratt Mayans venía de una súbita y muy controvertida consagración literaria obtenida con su cuento de Pavel (La Tribuna, 1963).

Los novísimos se ganaron inmediatamente la aclamación y el apoyo de artistas como Edith Jiménez, Laura Márquez, Burt, Lotte y Leonor Cecotto que veían en su "irrupción" un importante fortalecimiento de la plástica nacional. El éxito y las inquietudes de los novísimos fue consolidado por circunstancias para-lelas como la participación de sus mismos integrantes en el club "Le Grenier" y en la formación del "Teatro Popular de Van-guardia" (TPV).

La necesidad de un museo

Si bien nuestros artistas contaban con el desafío de dos importantes bienales (San Pablo y Córdoba) y con el apoyo de instituciones como la Misión Cultural Brasileña, el Mari y el Centro Cultural Paraguayo-Americano, se sentía la necesidad de un museo y así, en una noche de 1965, el Museo de Arte Moderno fue creado por un grupo de artistas y adherentes. La breve vida del Museo fue muy valiosa, estimuló el contacto con artistas extranjeros y difundió aún más la plástica en el ámbito asunceno, a veces con interesantes sorpresas como la incursión en la plástica de la conocida escritora Ida Talavera de Fracchia.

Aquellos años fueron felices y llenos de logros: también en 1965 se produjo la consagración internacional de Hermann Guggiari quien, venciendo a todos los rivales en el concurso organizado por la OEA daba con su escultura "Kennedy" pautas definitivas sobre los elementos morfológicos y materiales de su obra. En el ámbito nacional, el concurso del Centro Cultural Paraguayo-Americano eliminaba toda rémora de prejuicio al premiar obras tan avanzadas como las de Alberto Miltos, Michael Burt y Bernardo Toro... aunque aquella vez no hubo conformidad ante el fallo del jurado: hubo una violenta protesta de parte de algunos intelectuales que exigieron el primer premio para Guillermo Katterer, en mal momento: la rica labor de Ketterer, a esas alturas, ya se merecía algo más que un simple apoyo de circunstancias, sino el reconocimiento justo por sus bien logrados experimentos.

A los nuevos nombres se sumaron más tarde Fernando Grillón y Ricardo Yustman con obras de sorprendente calidad investigando las posibilidades del color y de diversas texturas, cada uno de ellos evolucionó después hacia el arte figurativo, con resultados de alta perfección y mucha fantasía hacia finales de la década.

Exposiciones, Happenings, Audiovisuales

También William Riquelme abandonaba lo abstracto para internarse en una figuración llena de humor y malicia, con personajes extraídos de la mitología urbana (Jacinta) lo que le permitió obtener el premio Tayi 1966 y una formidable exposición individual en esa galería. En ese concurso, fueron premiados también Varela y Migliorisi: el primero por sus obras abstractas de extraordinaria fuerza y textura, el segundo por sus ya bizarros dibujos influenciados por el popart. Extraños caminos: Varela no pudo superar las trampas de una muestra individual organizada con demasiada prisa, en tanto que Migliorisi aprovechó el punto de partida para una carrera hoy plenamente realizada.

En esos años en que Edith Jiménez, José Laterza Parodi, Olga Blinder ofrecían obras de calidad no sólo en el aspecto conceptual sino también en la realización técnica, y Leonor Cecotto daba rienda suelta a su inspiración de fuerte dramatismo, Bernardo Krasniansky apareció en escena con sus coloridas e irónicas obras y Lotte incluía en su repertorio de grabados los horrores de la guerra, como tema.

A las formidables monocopias de Laura Márquez y a los calculadísimos cuadros Op de Careaga se confrontaban obras francamente experimentales como "La Venus de Miltos" y "Juanita Banana" de Alberto Miltos, mientras ya era frecuente enriquecer las actividades con "happenings" y audiovisuales, y no es posible olvidar una de las más insólitas exposiciones: la de los enormes "Ángeles" de Alfredo Seppe, iluminados con velas, en una sola noche de exposición en el jardín de Cira Moscarda.

Esa década caracterizada por un increíble dinamismo concluyó en forma casi lógica con la primera muestra individual de Pindú, en 1970.

El artista, más conocido hasta entonces como escultor, presentaba en una muestra de notable calidad algunas de las características que serían frecuentes en el arte de la década siguiente: una cierta búsqueda en el pasado, extraordinaria sutileza en los trazos y el dibujo como forma de realización técnica.

Ultima Hora - 1° de Marzo de 1980.-

 

Manzana, 1982 - Acrílico de Miguel Heyn

 

 

ESE GRATO RECUERDO DEL PRESENTE

JOSÉ LUIS APPLEYARD

Una gratísima reunión se llevó a cabo el miércoles en el Salón Agustín Barrios del Centro Cultural Paraguayo Americano. Y el superlativo no está hinchado con bromato sino es la expresión de la justa realidad. Gratísima, digo, porque en esa oportunidad se conmemoraban los veinticinco años del movimiento "Arte Nuevo", que revolucionó la trayectoria de las artes plásticas de nuestro país hace un cuarto de siglo. Y en la reunión estaban presentes las obras de todos cuantos de una manera u otra intervinieron en esa ruptura con el arte académico y esclerosado que privaba en nuestras artes plásticas y dieron nueva vida a ese tipo de expresión artística. Y también estaban los protagonistas, no todos -porque cinco lustros es un lapso en cuyo transcurso pueden producirse ausencias definitivas- pero sí una gran mayoría.

Y esa circunstancia de encontrarse nuevamente con las obras de entonces, que conservan su frescura del primer momento, y con quienes son sus responsables, en el mejor sentido de esta palabra, dio lugar a una experiencia muy singular, y para mí, impar. Porque en el ambiente no se respiraba nostalgia, en absoluto. Era un presente vivo, dinámico y aún pleno de posibilidades de futuro. Y ello es muy importante. El arte aquel, que irrumpiera como nuevo en su momento, no ha envejecido. Se mantiene pleno de vitalidad y la comparación de las obras expuestas con la producción actual de los artistas que siguen en la brecha demuestra una evolución con el concepto inicial del tratamiento artístico, libre de ataduras, pero ceñido sí, a una estética conducente a nuevas creaciones.

El hecho es singular, y por encima de su singularidad, auspicioso porque demuestra que aquella revolución no fue un fogonazo pasajero que consumió en su nacimiento la pólvora de su entusiasmo inicial, como tantas veces sucede, sino fue -y los veinticinco años lo demuestran- una toma de conciencia con la responsabilidad de quien se enfrenta al arte con decisión, solvencia y maestría.

No cito nombres, porque ellos están. Ellos son parte integran-te y viva de ese todo que se llamó Arte Nuevo y continúa siéndolo en su sentido de búsqueda y solución a los constantes problemas que se plantean en esta tarea. Y al par de contemplar la frescura de esas obras que hablan de por sí, sin necesidad de andamiaje de ninguna laya, pude hablar con esos artistas, los cuales en su mayoría parecen haber bebido en la fuente de Juvencia en lo que a la creación se refiere.

No, no hubo nostalgia sino grato recuerdo de un presente.

La Tribuna, Marzo de 1980

 

Revolución del 47 - Obra de Aldo Del Pino

 

 

PRESENTACIONES EN CUATRO BIENALES DE SAO PAULO

Segunda Bienal - Paraguay-Pintura - 1952

Un hecho que difícilmente puede ser puesto en duda, al lado de otros factores preponderantes, es la poderosa influencia que ejerce la situación geográfica de un país en su formación artística. De acuerdo con este principio el Paraguay, bastante distante del mar, sufre las desventajas y aprovecha las razones inherentes a su posición mediterránea, posición que, puede decirse, creó en la formación de los artistas un espíritu de rebeldía, de cierta independencia, impeliéndoles a no adoptar sin reservas las directrices venidas de los centros de influencia de climas extraños. De modo que, aunque respetando las realizaciones e inquietudes estéticas del momento, e interesándose de ellas, trabajan sin olvidar que en su patria existe una rica veta todavía poco explorada. Así pues, tanto los "veteranos" como los "nuevos" buscan, afanosamente, el camino que los aproxime al alma de su pueblo.

Quinta Bienal. Sala General - 1959

El Paraguay, humus tostado de sol y enmarañado de selvas, va incorporando a su paisaje intacto la figura del hombre, y el hombre yergue su perfil sobre los campos como una espiga madura y estremece el crepúsculo con un grito de su plena afirmación.

Y al nivel del hombre surge ahora el entusiasta empeño de arrancarle su cifra estética, balbuceando normas y técnicas aprendidas en el exterior, con la prudente reserva de un pueblo que si bien todavía no encontró a su voz ecuménica, tiene una torrencial amalgama de vivencias, y un obstinado afán de procurar su propia afirmación. A esta V Bienal acude ahora con las obras de un pequeño grupo de jóvenes artistas cuya mayor honra es la autenticidad y cuyo mérito es el de haber dado conscientemente la espalda a lo pintoresco y a la anécdota trivial, que constituía anteriormente la forma endémica de nuestras artes plásticas.

Caso sintomático, el paisaje, del mismo modo que la descripción de las costumbres, casi nos aplasta con su devoción. Y, superados ciertos problemas formales, es alentador ver el empeño en suscitar una expresión cabal del hombre (telúrico y total) desviándose de conocidas sendas, ya demasiado exploradas en otras latitudes de la América española. Como si, de propósito, desdeñas en el éxito inmediato de lo exótico y lo "naif " para situarse en el campo más saludable de los más puros valores plásticos. Otra prueba de su situación paradojal, con respecto a los escasos recursos técnicos y retóricos y a la eterna vocación del paraguayo para no detenerse en lo superficial. Cábenos destacar a Olga Blinder, Leonardo Torfs y al escultor Hermann Guggiari, comprometidos en idéntico empeño expresionista, aferrados casi exclusivamente al tema de la figura humana, esquemática, y a veces reducida a puras cifras simbólicas, pero intrincada en los tres por igual estremecimiento patético. Dentro de los más nuevos, Carlos Colombino sobresale por su vigor intuitivo, y por el diligente esmero en la elaboración; y con él los otros van pasando por el bautismo depurador de lo abstracto, por lo que se justifica esperar en breve un mayor y mejor conjunto de valores, ya entonces en un plano superado y con un aspecto más auténtico y seguro.

Ramiro Domínguez

Séptima Bienal - 1963

El Paraguay concurre a esta Bienal con obras de un pequeño grupo de artistas empeñados hace tiempo en obtener una esté-tica en que solamente cuenten los valores plásticos puros.

Ya en anteriores presentaciones el grupo nacional demostró su deseo de superar una etapa del arte pictórico del Paraguay, por muchos años inalterada. Caracterizábase esa fase por la actitud pasiva de reflejar anecdóticamente la realidad circundante. Si es verdad que toda obra de arte nos invita a una hermenéutica del hombre y de la tierra, eso sólo es posible cuando el artista se alza al nivel de su época con repertorio de técnicas y estilos, dispuesto a justificar su obra, no por el tema o las tendencias dominantes, sino por el dominio de los recursos técnicos, exaltando los valores de la materia.

Los artistas paraguayos, aparte de los tradicionales academismos, están empeñados en la búsqueda de formas individuales, como en perpetuo éxodo para llegar a algún lugar que su sensibilidad descubra. Así, figurativos o no, se sitúan frente al problema de la forma, el color y el espacio, sin despreciar las sugestiones de la materia. En esta labor, sensibilidad y artesanía forjan un mundo absoluto, transferible solamente por la emoción estética.

Factores imprevistos sustraen al grupo paraguayo un número de concurrentes que una muestra más completa podría ofrecer en los diversos campos de las artes plásticas. Ceramistas como José L. Parodi y Josefina Plá, laureados con premios de adquisición en la Bienal de 1957, no están presentes; tampoco lo está el escultor Hermann Guggiari, cuya obra "Escultura sonora", presentada con retraso en la Bienal anterior, suscitó elogiosos comentarios de la prensa paulista. A esos nombres únense otros, que participaron en bienales pasadas.

De los artistas integrantes de la presente delegación, Olga Blinder, que se presenta con obras de estilo figurativo y tendencia expresionista, con formas simplificadas que ofrecen el aspecto monumental del símbolo. Todo se conjuga con una armonía de tonos tendientes a organizarse decorativamente. La artista es una pintora que no desprecia el tema, evidenciando en sus obras problemas sociales de permanente actualidad. Esa tendencia tan apropiada para el arte mural, de tradición en América, inaugúrase en nuestro país con obras de Olga Blinder.

Pedro Di Lascio es un caso poco frecuente en nuestro país, un auténtico primitivo, consciente de los recursos y simplificaciones que resaltan su espontaneidad, con gracia llena de candor.

Edith Jiménez expone xilograbados de carácter no figurativo. La abstracción de sus obras, entretanto, no ofrece deliberada voluntad de control, ni formas geometrizantes, pero tórnase espontánea, leve y emotiva. La composición tiene pleno equilibrio de los valores tonales.

Leonor González Cecotto, presenta xilograbados de estilo figurativo, de gran elegancia y noble orquestación de elementos. La exuberante vegetación del trópico ofrece espléndido mate rial para el arte del grabado, hecho notorio para esas dos exposiciones.

Carlotta Schulz expone obras realizadas en cuero, cuya composición está dominada por un lirismo que conjuga las virtudes propias de la materia. Los trabajos de Carlota Schulz constituyen novedad absoluta en nuestro país por la ejecución y por el material empleado.

Jorge Báez

Octava Bienal - 1965

La inclusión de trabajos de artistas conocidos, así como de valores jóvenes, que exponen por primera vez en esta Bienal, sirve para otorgar amplitud a la exposición, no en lo referente a la cantidad de obras presentadas, sino en cuanto a la diversidad de investigaciones pictóricas, cuya característica es cabalmente representativa del trabajo actual de los artistas de este país.

A pesar de la variedad de los caminos tomados, es notorio el predominio de lo abstracto en sus más variadas formas expresivas, y particularmente en los trabajos de tendencia informal, los cuales denotan una rica utilización del color.

La construcción en zonas verticales da expresividad a los cuadros de Michael Burt, manifestada en los contrastes casi terrosos de los colores empleados.

De Leonor Cecotto exhíbense dos cuadros con tendencia a un expresionismo casi figurativo, con predominio de colores obscuros que siguen una escala natural hasta el negro.

La pintura "naif " está ejemplificada con dos trabajos de Pedro Di Lascio, cuyos colores violentamente contrastantes son apropiados a la temática folklórica abordada. Edith Jiménez presenta ocho grabados, en que se percibe la técnica acabada de la artista con su profunda fuerza expresiva, concretada en diseños abstractos de primorosa ejecución.

Guillermo Ketterer nos ofrece un interesante ejemplo de la utilización del material en lo plano, mediante cuya integración consigue efectos de valores notables por las tonalidades escogidas.

El indudable sentido del color que se evidencia en los trabajos de Laura Márquez está eficazmente complementado por la constructividad de sus dibujos, que sugieren melódicas combinaciones transportadas al plano pictórico.

Los trabajos de cuero de Lotte Shulz, cuya eficacia en la integración del material, árido, se halla simplificada en cuadros donde los tonos suaves se disuelven en el gran fondo casi blanco, adquiriendo valores líricos, que evidencian la notable sensibilidad de la artista.

La representativa muestra de arte contemporáneo del Paraguay, como se puede ver, gana considerablemente con los trabajos de artistas jóvenes, todos de alrededor de 20 años de edad, que evidencian apreciable sentido pictórico, cuya evolución marcará, indudablemente positivas contribuciones al arte contemporáneo de América Latina.

Enrique Careaga tiende hacia un formalismo en que la materia, que adquiere expresividad por sí misma, se ve fuertemente con- trastada por el juego cromático de un rojo intenso en oposición al negro. El tratamiento del material entretanto, preséntase un tanto disminuido en sus cualidades casi táctiles.

El predominio del diseño en la composición, con tendencia informal, está ejemplificado en los cuadros de Hugo González Frutos, en uno de los cuales presenta una neo-figuración con trazos instintivos. Cabe señalar el adecuado sentido cromático que utiliza en forma expresiva.

La realización, casi agresiva e instintiva, de José Antonio Pratt Mayans, evidencia entretanto, un apego a las formas figurativas que no consiguen desvanecerse totalmente en el caos colorido de sus composiciones.

William Riquelme intenta difícil combinación de tratamiento rico del material, con formas concretas sobre un fondo blanco. Sus trabajos adquieren notable expresividad en las formas ovaladas que constituyen los motivos centrales.

Ricardo Yustman nos ofrece interesantes soluciones en construcciones verticales de los elementos, cuyos valores pictóricos resalta mediante eficaz tratamiento.

Como artista invitado figura, en la muestra paraguaya Hermann Guggiari, cuyo retumbante éxito, reciente, en el Salón Esso, de Washington, le otorgó nuevo reconocimiento de su indiscutible valor como escultor espacial. La integración del elemento de formación abstracta, que pareciera ascender hasta el infinito con notable simbolismo, el espacio y el ambiente, dan a su obra vigencia representativa. La solución del problema materia-espacio, está resuelta en su obra, que evidencia una pureza de cualidad relevante.

Oscar Trinidad

 

Durero, 1981 - Xilopintura de Carlos Colombino

 

 

INSTITUCIONES DE ENSEÑANZA Y PROFESORES

AÑO/ INSTITUCIÓN / PROFESORES

1898 - Academia del Instituto Paraguayo - G. Boggiani , H. Da Ponte

1909 - Academia de Bellas Artes (privada) - P. Alborno , J. Samudio

1914 - Academia de Arte del Gimnasio Paraguayo - J. Samudio

1933/4 - Ateneo Paraguayo (Unión del Instituto y el Gimnasio) - J. Samudio

1935 - Curso de Arte en el Ateneo - J. Bestard

1946 - Curso de Cerámica en el Centro Cultural Paraguayo Americano (C.C.P.A.) - Josefina Plá

1947 - Curso de Arte en el Ateneo - O. Echagüe Vera

1950 - Taller de Pintura-Asociación Cristiana de Jóvenes-Curso de Aproximación al Arte Moderno - J. Rossi

1954 - Taller de Pintura-Centro Cultural Paraguayo Americano (C.C.P.A.) - Olga Blinder

1956 - Taller de Grabado en madera-Instituto Paraguay-Brasil - Livio Abramo, Olga Blinder,  Lotte Schulz,  M.A. Solano López. Más tarde Edith Jiménez

1956 - Taller de Arte - Cira Moscarda

1957 - Escuela de Bellas Artes - R. Holden Jara y colaboradores

1959 - Escolinha de Arte - Olga Blinder, Ma. Adela M. de Giménez, Lotte Schulz, Ma. Adela Solano López

1962 - Taller de Arte Moderno-Misión Cultural Brasileña - Olga Blinder

1969 - Curso de Historia del Arte-Misión Cultural Brasileña - Livio Abramo, Olga Blinder

1969 - Apreciación del Arte Moderno-Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales (ILARI) - Varios profesores coordinación Olga Blinder

1976 - Taller de Pintura-Centro Cultural Juan de Salazar     Olga Blinder

1978Taller de Expresión Infantil (TEI) - Olga Blinder, M. V. Heisecke, G. Muñoz y colaboradores

1979 - Taller de Arte-Instituto para el Desarrollo Armónico de Personalidad (IDAP) - Olga Blinder la

 

III- GALERIAS Y MUSEOS

GALERIAS / AÑO / MUSEOS

-… - 1909 - Colección J. S. Godoi

- Gimnasio Paraguayo - 1925

-… - 1926 - de Bellas Artes (privado: J.S. Godoi)

-… - 1929 - Etnológico "Andrés Barbero": su fundación

-… - 1933 - Nacionalización del Museo de Bellas Artes

- Centro Cultural Paraguayo Americano - 1942 -…

-… - 1943 - de Cerámica y Bellas Artes "Julián de la Herrería"

-… - 1949   - "Juan Sinforiano Bogarín" en el Seminario Metropolitano

- Cardellino          - 1953 -…

- Bohême - 1955 -…

- Instituto Paraguay-Brasil (luego Misión Cultural Brasileña y Centro de Estudos Brasileiros) – 1956 - Etnológico "Andrés Barbero" instalación en edificio propio

-… - 1958 - Reconocimiento por UNESCO del "Museo Julián de la Herrería"

- ILARI – 1964 -…

- Tayí         y Muá - 1965 -…

- John F. Kennedy         - 1966 - de Arte Moderno (1a. época, luego se perderán las obras que contenía)

- Atlántica - 1967 -…

-… - 1972 - Paraguayo de Arte Contemporáneo (MPAC): Colección Circulante

- Arte-Sanos – 1974 – Paraguayo de Arte Contemporáneo (MPAC): Colección Permanente

- Sala Goya (Centro Cultural Juan de Salazar - 1975 -…

- Latinoamericana y Sepia – 1977 -…

-… - 1978 - del Tesoro de la Catedral - de San Ignacio (Misiones)

- Casa Taller – 1979 -…

-… - 1980 - de Arte Moderno (2a. época) - del Barro (San Lorenzo)

 

- Se consignan las galerías que han desarrollado sus actividades durante un tiempo relativamente largo y no aquellas que sólo tuvieron una corta existencia o cumplieron la función de Salas de exposiciones en ocasiones aisladas. Entre éstas se puede recordar el Salón Belvedere (donde expuso Julián de la Herrería en 1919), los salones del Ateneo Paraguayo, la Dirección de Turismo, la casa comercial Rius y Jorba, la Casa Argentina (en la que se realizan exposiciones desde 1930), el Unión Club, el Centro Paraguayo-Argentino de Cooperación Cultural, el Banco de la Nación Argentina, etc.

- Es justo hacer notar que muchas de éstas instituciones cumplieron una función sumamente importante hasta alrededor de los años 50, cuando se instalan en Asunción las primeras galerías comerciales.

- En ciudades del interior se encuentran algunos museos y/o colecciones, como el de Arte Sacro inaugurado en Concepción en 1980. En Encarnación se funda en 1979 el Museo de Itapúa y en Guarambaré está el Museo Parroquial "San Francisco Solano".

En 1966 se funda en Itauguá el Museo San Rafael que es inaugurado dos años después, en 1968. En las localidades donde se ubicaron las Misiones Jesuíticas están, además del de San Ignacio, el de Santa Rosa, Santa María, San Cosme y Damián y los de Jesús y Trinidad.

 

 

Ña Chiri, 1978 - Xilografía de Miguela Vera

 

 

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