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NILA LÓPEZ


  ¿QUIÉN DEJÓ PASAR EL TREN? - Obra teatral de NIZA LÓPEZ


¿QUIÉN DEJÓ PASAR EL TREN? - Obra teatral de NIZA LÓPEZ

¿QUIÉN DEJÓ PASAR EL TREN?

Obra teatral de NIZA LÓPEZ

 

PERSONAJES

 

NIÑA SOLA

GENIECIL

RATATONA

BEREJILDA

VIEJECITA

CUENTERINA

NADAL

CHIQUILLA PRIMERA

CHIQUILLA SEGUNDA

SIREBAL

LANGOSTA PRIMERA

LANGOSTA SEGUNDA

NUBE ENCANTADA

SEÑORA CALLADA

EMPLEADA DEL FERROCARRIL

 

NILA LÓPEZ

Nació en Concepción, Paraguay, en 1954. Es docente, poetisa, narradora, en­sayista, periodista, declamadora, actriz y gestora cultural. Ha hecho la carrera de Psicopedagogía en la Universidad Católica de Asunción. Fue directora del Departamento Cultural del Centro Cul­tural Paraguayo Americano. Condujo el programa matinal de la Red Privada ele Televisión, del Canal 13 y el noticiero riel Canal 9 Cerro Corá. Sus notas y en­trevistas se publicaron en La Tribuna Nandé, Sendero y Hoy (donde fue pe­riodista). Entre sus poemarios recorda­mos: El brocal amarillo y Artificios na­turales. Su cuento The other me fue pu­blicado en una antología en Inglés. En su prosa narrativa Ira escrito: Señales - una intrahistoria y Madre, hija y espiritusanto. Actualmente ocupa el cargo de Directora del Departamento de Promo­ción del Libro en el Vice Ministerio de Cultura. En 2006 publicó su libro Maestras, con el apoyo del FONDEC.

El Dr. Laureano Pelayo García, miembro del jurado que le concedió el premio a la presente pieza, ha escrito:…nada es más difícil psicológicamente que escribir sobre la infancia; sobre ese mundo lleno de ilusiones, de fantasía y de verdad humana que escapa al prosaico mundo real. La vida, los sueños, los proyectos vitales, la presión calculadora del mundo que nos rodea y asfixia, la eterna búsqueda de vivir la propia vida en su adecuada edad. Sueño y realidad, luciérnagas luminosas y langostas devoradoras de todo brote verde de espe­ranza forman un primer encuentro existencial, donde la niña cae vencida. El diálogo posterior es duro, hosco, persistente hasta la angustia.

Los ensueños son el mejor tesoro de la vida y de sueños está llena la vacía maleta de la Niña Sola. Pregunto en serio: ¿Quién se los puede quitar? ¿Quién ve los puede robar? Forman parre de la libertad interior del hombre; y cuando los otros hombres pretenden aprisionarla apresando el cuerpo, hasta el más interno gesto para que ella se evada y escape libre y virgen como la primera vez. Todas los que niegan el poder de la libertad y de los sueños se orientan siempre hacia el más extremado pesimismo. En el orden material, la riqueza parece substituir todos los bienes, incluso el de la libertad y los sueños. La riqueza nada nos da por sí misma, aunque nos hace creer que puede dárnoslo todo. Pero la resistencia de las riquezas y aun la de la realidad física, es supe­rable. No ocurre lo mismo con los sueños y con la libertad. La libertad es ina­sible y parece extremadamente frágil, pero basta que se la ejerza para tornar inútiles todos nuestros esfuerzos.

 

ACTO PRIMERO

 

CUADRO PRIMERO

 

(La soledad desierta... una silenciosa y fría estación de ferrocarril, ilu­minada apenas por das viejos faroles. Bancos rotos y descoloridos. Con una pequeña valija de viajes rápidos, pantalones cortos y un sombrero que sugie­re mil aventuras, una niña escudriña hasta el aire. Camina mirándolo todo can pícara curiosidad. Luego, de a poco, se torna inquieta y asustada. Con asombro, se mueve buscando gente que no existe, tanteando, recelosa.)


NINA SOLA: ¿Y el tren...? ¿Dónde está el tren? ¿Hay alguien en este lugar? ¿Dónde está el tren? (Espera, expectante. Insiste luego con nuevas preguntas, impaciente. Camina otra vez, oteando aquí y allá. Vuelve a repetir sus preguntas, con menos decisión, agitándose.) ¿Hay alguien en esta estación...? ¿Dónde está el tren? (Agobiada ante la ausencia de respuestas se deja caer y en un estada de profunda ensoñación, canta.)

En mi vieja valija
Sólo quedan preguntas
De esas pequeñas, tenues,
Pero que piden mucho.
Por ejemplo,

Un andén florecido
Con bancos siempre pintados
De color arcoiris;

Un tren interminable
Repleto de misterios...
De promesas secretas,

De sonidos antiguos


Una vía larguísima
Que llueve entre paisajes
Hasta pueblos remotos,

Sin escuelas,

Con pájaros que hablan,

Con lagos ainigables

Sobre cuyas aguas

Podamos caminar

En mi vieja valija

Sólo quedan preguntas.

De esas pequeñas, tenues,

Pero que piden mucho.


(Bruscamente la interrumpen. De lugares estratégicos ubicados entre el público, aparecen varias langostas delgadas, con máscaras enormes, cuer­pos negros y felinos movimientos. Luces seguidoras se entrecruzan velozmen­te en medio de la oscuridad que envuelve a las invasoras.)

LANGOSTA 1a: ¡No hay tren!

LANGOSTA 2a: ¡Se perdió el tren!

LANGOSTA 1a: ¡Nunca existió el tren! LANGOSTA 2a: ¡Se fue el tren! LANGOSTA 1a: ¡Se fugó el tren!

LANGOSTA SEGUNDA:  ¡El tren se fue!

LANGOSTA PRIMERA: ¡El tren no existe! (Las langostas repiten alternativamente ), con gestos hirientes, grotescos, las mismas frases, como estribillos, hasta gritar en forma unísona y acompasada, a medida que se van acercando a la niña sola.)

LANGOSTA PRIMERA Y SEGUNDA: ¡No hay tren! ¡Se perdió el tren! ¡El tren se fue! (Y con mayor intensidad, a coro.) ¡Nunca existió el tren! (Cuando llegan hasta la perseguida niña la rodeara acrecentando sus gritos, con saña, cercándola totalmente. Con un golpe seco, la niña cae en medio de las langostas.)


CUADRO SEGUNDO


(En amo de los bancos .señora, totalmente abstraída, está sentada .soste­niendo un enorme paquete en el regazo.)


NIÑA SOLA: Señora, ¿usted espera el tren?

SEÑORA CALLADA: (Entre sorprendida y temerosa.) Tal vez.

NIÑA SOLA: Le pregunto si va a viajar, o... si espera a alguien...

SEÑORA CALLADA: (Sin mirarla.). Enviaré una encomienda.

NIÑA SOLA: ¿Sí? Y..por supuesto, la va a depositar en el tren que llegará dentro de unos minutos...

SEÑORA CALLADA: (Hoscamente.) No sé.

NIÑA SOLA: (Haciendo esfuerzos para ser más persuasiva.) Señora... ¿por qué medio enviará usted ese bulto?

SEÑORA CALLADA: (Ceñuda, molesta) La encomienda irá.

NIÑA SOLA: Sí, ya lo sé. Lo que yo le pregunto es si irá con el tren.

SEÑORA CALLADA: (Con evidente impaciencia.) La encomienda llegará a destino.

NIÑA SOLA: (Desesperada.) ¿Usted espera el tren para enviar­la? (El diálogo se va tornando cada vez más tenso, se corta con un rápido ademán de la señora callada que, con el paquete en los brazos, se levanta, mueve los hombros indiferentemente y comienza a alejarse de prisa. La niña la sigue con la mirada y se queda sola, impotente, con las manos levantadas, implorante.)


CUADRO TERCERO


(Sentada en un alto taburete, con impecable uniforme, se encuentra la empleada de la estación de ferrocarril. Con los brazos cruzados por encima de su vientre, bosteza intermitentemente. Aparece cansada, la niña. Al ver a la empleada, se acerca, ilusionada y sonriente.)


NIÑA SOLA: Señorita, ¿a qué hora sale el próximo tren?

EMPLEADA: (Absolutamente indiferente.) ¿Qué tren? ¿El expreso?

NIÑA SOLA: No, el pequeñito. Ese que anda despacio, pero

siempre nos lleva hasta donde queremos.

EMPLEADA: Ese tren no pasa por esta estación.

NIÑA SOLA: Me dijeron que sí. Es el que tiene los vagones pintados de color rosa claro.

EMPLEADA: (Como sino escuchara, sin mirarla.) ¿Quieres boletos?
NIÑA SOLA: Sí. ¿También aquí se usa dinero?

EMPLEADA: Por supuesto. (irónica) Debes abonar una suma, como en cualquier otro sitio similar. Si quieres pan lo compras, ¿no? Nadie da algo por nada.

NIÑA SOLA:Pero... los pasajes... ¿tienen ya precio?

EMPLEADA: Sí.

NIÑA SOLA: Y... ¿a qué hora sale el tren?

EMPLEADA: No sé.

NIÑA SOLA: ¡Cómo si usted me acaba de ofrecer los boletos!

EMPLEADA: Sí, ya que lo deseas. Pero no te sirven para viajar.

NIÑA SOLA: (Desconcertada.) Dígame por favor, ¿existe el tren?

EMPLEADA: (La mira en silencio y se encoge de hombros, luego bosteza nuevamente y dirige la mirada hacia otro lugar:) Mmmmmmmm.

NIÑA SOLA: (Con la voz quebrada.) Por favor, este lugar..,¿es la estación de ferrocarril?

EMPLEADA:(Muy hoscamente.) Eso, no lo sé. (Se levanta, toma su taburete, da la espalda y se aleja. La niña agacha la cabeza.)


CUADRO CUARTO


(Sentadas en el suelo dos pequeñuelas Juegan con cocos, repitiendo las reglas del juego. Siguen con la mirada el subir y bajar de los cocos, extasia­das, con las bocas abiertas. Aparece niña sola, cansadísima, agobiada, arras­trando su valija, tambaleando.)


NIÑA SOLA: Hola. ¿Vieron pasar algún tren?

CHIQUILLA PRIMERA: ¿Tren? Por acá nunca ha pasado.

CHIQUILLA SEGUNDA: Ni siquiera conozco los trenes.

CHIQUILLA PRIMERA: (Levantándose.) Yo sí los conozco. Mi tía me mostró las fotografías de un tren que anda rápido, rapidísimo, y en un abrir y cerrar de ojos te lleva al otro lado del mundo.

CHIQUILLA SEGUNDA: Sí. Es el tren eléctrico.

NIÑA SOLA: (Ansiosa.) Díganme, ¿ésta es la estación de ferrocarril del pueblo?

CHIQUILLA SEGUNDA: Así le llamamos.

CHIQUILLA PRIMERA: En este lugar podemos comprar pasajes.

NIÑA SOLA: (Gozosa.) Pero, entonces, ¡hay trenes que llegan y salen! (Las dos chiquillas cien y adelantándose, burlonas, envuelven a la niña en un raro juego de palabras satíricas.)

CHIQUILLAS: ¡Señor maquinista! ¡Señor maquinista! ¡Mueva usted sus máquinas, hágalas andar!

Chu, chu, chu

Cu, cu, cu

Chu, cu, chu, cu, chu.

¡Tren tras tren, humo levantado en el ferrocarril! Espera... esperanzada...

Espera, ya llega, se acerca, se acerca... Suena su silbato. Tu tu tuuuuuuuuuuuuuuuutuuuuuuuuuuuutuuuuuuuuuuuu! Se acerca, avanza, su ritmo se aquieta.

Chu... en... chu... en... chu... en... ¡No para! ¡Se va!

¡Te deja! ¡Se pierde! La vía se desvía. ¡La vía se desvía! ¡Te deja! ¡Se pierde! ¡No existe! (La niña estalla en sollozos al mismo tiempo que se cierra lentamente el telón. A oscuras ya el escenario, continúan los quejidos cada vez más lejanos.)


SEGUNDO ACTO


ESCENA PRIMERA


(A telón cerrado, desde un costado aparece Genecil, saltando alegre­mente. Se vuelve hacia el público y pide silencio haciendo ademanes con as­paviento.)


GENIECIL: Shhhhhssss... (Abre telón en el centro, escruta el interior, hace señas al público para que aguarde.) Despacio... agotada totalmente, ella se ha puesto a dormir sobre el viejo banco. (se fricciona las manos mientras en su pícaro rostro se van notando cambios a medida que planea algo.) ¡Shhhsss! (Baja corriendo las escaleras y se ubica cerca de la primera fila de espectadores.) Vengan conmigo. (Toma las manos y levanta a dos niños del público.) Detrás de la puerta está escondida mi amiga, la Nube Encantada; no sé si se halla acurrucada detrás de aquella o si se está matando de risa detrás de ésa. (Señalando hacia ambas direcciones.) Rápido, vayan a buscarla. (Los empuja.) Uno por acá, el otro por allá. (Vuelve a subir las escaleras con simpáticos movimientos, y luego pega la cabeza al telón, tratando de escuchar). Es importante ser muy sigiloso... (Misterioso.) Ella no debe despertar antes de tiempo...


ESCENA SEGUNDA


NUBE ENCANTADA: (Avanza corriendo, habla jadeante.) ¡Llego agotadísima! ¡Estaba tan lejos! ¡Ay, ay, ay, ay, todo lo que una hace por los amigos!

GENIECIL: (Dándole un empellón.) ¡Pamplinas! Ahora, manos a la obra. Se halla profundamente dormida... (Estira del brazo a Nube Encantada y hace que mire hacia el interior del escenario, levantando una parte del telón; le señala el lugar en el que duerme la niña.) Y dentro de unos segundos empezará a soñar... ¡¡¡A soñar!!!

NUBE ENCANTADA: Y como a otros personajes, nosotros nos encargaremos de inventarle ciertas pesadillas... (Malévola, se refriega las marros con fruición.)

GENIECIL: ¡Eso sí que no! Esta vez, no.

NUBE: (Enojada.) ¡Cómo que no!

GENIECIL: Te digo que esta vez, no. ¿Sabes por qué? Pues, porque ella es nuestra amiga, ¡y nos quiere!

NUBE: ¡No lo creo! (Resentida) Los chicos de hoy nos han olvidado. (Se torna triste.) Nos cambiaron totalmente por algunas películas llenas de tiros, por el televisor y los juguetes a cuerda.

GENIECIL: (lnipaciente.) ¡Lo sé y basta!

NUBE: (Despectiva.) Si no me das una razón no lo voy a creer.

GENIECIL: Lo sé por una sencillísima razón: ¡ella nos anda buscando!

NUBE: (Asombradisima.) ¿Quéééé?

GENIECIL: Exactamente. Quiere encontrarnos, y desde hace días procura llegar hasta nosotros. Por eso se quedó dormida aquí.

NUBE: Huy, huy, huy. (Dando saltitos de alegría cortos y graciosos.) ¿Qué haremos?

GENIECIL: Busca a Berejila. Ella debe transformar este lugar con una de sus fórmulas mágicas.

NUBE ENCANTADA: En un minuto la traeré. (Se detiene, indecisa.) Y.. ahora... ¿en qué me voy?

GENIECIL: No te cuesta nada viajar con el viento.

NUBE ENCANTADA: A ver... a ver...

GENIECIL: ¡Qué haces todavía! ¡Muévete! (La empuja, enojado.)

NUBE ENCANTADA: (Haciendo pucheritos.) ¡No puedo!

GENIECIL: (Decidido.) Cuentos a mi, no. En la otra esquina puedes armar escenitas.

NUBE: ¡No finjo! Acabo de recordar que ayer me peleé con la brisa. Y ahora... ¿en qué me voy?

GENIECIL: (Cada vez más molesto.) Ya te dije que no es nada difícil viajar con el viento.

NUBE: (Se planta con firmeza, enfrentando a Geniecil.) Eso, jamás. ¡El viento es un salvaje, un bruto! La última vez, que en un momento de desesperada brisa le pedí que me llevara pues no tenía cochero, ¡por poco me mató! (Lloriqueando.) Me estiraba con tanta fuerza que hasta empecé a llorar...

GENIECIL: (La interrumpe, furioso.) ¡Con lo que te cuesta llorar!

NUBE: ¡Pero esa vez con mi llanto casi inundé una pequeña población!

GENIECIL: (Duro.) ¡Historietas! Este es un caso es-pe-cia-lí-si­mo. ¡No hay tiempo que perder! (Se pasea nervioso.) ¡Uno, dos, tres! (Chasquea los dedos) ¡Andando! (La nube parte velozmente.)


ESCENA TERCERA


BEREJILDA: (Desde lateral, gritando.) Fun, fan, fon, que aquí me voy. Que ya me acerco... ¡Y aquí estoy! A sus órdenes, esta humilde servidora, enviada por la Nube Encantada.

GENIECIL: (Desdeñoso.) ¿¿¿Humilde??? (Mirándola, analizando sus lujosas vestiduras.)

BEREJILDA: (Sacándose el sombrero, ceremoniosa, haciendo una reverencia.) A sus enteras órdenes...

GENIECIL: Protocolos, se hacen solamente en las audiencias de los reyes y los príncipes. Ahora, a empezar. Mira, allí está durmiendo nuestra amiga. (Señalando.) Ya comenzó a soñar. Debes cambiar su banco roto por uno hermoso. Mira, todo esto debe convertirse en un paraíso. ¿Me oyes? En un lugar sin asfalto, sin humo, sin vehículos que te lleven por delante y sin policías que te dicen: ¡Alto! En cualquier lugar.

BEREJILDA: ¡Ha, has, ha, ha! ¡Fácil! ¡Facilísimo! ¡Apártate! (Se para con las piernas y brazos abiertos, en el centro del escenario, agachándose, levantándose, saltando y vibrando. Un rayo de luz roja cae sobre ella.) ¡Fa da la! ¡Ri pe tu en hora! ¡Ahora! ¡En este lugar todo cambiará! (Geniecil apenas contiene la risa mientras Berejilda hace sus pases mágicos-) ¡Fadala! ¡Ripetucubom! ¡Ahora! Fuuff, fuf fuf fuf fuf... Ri pe tu en bom, Ripetucubom, Ripetucubom. En este lugar todo cambiará. ¡Ri-pe-tu.cu-bom-riiii-peeee-tuuu-cuuu-booom!

(Se abre lentamente el telón. El escenario, anteriormente arreglado can una escenografía sobria esa la que predominaban las colores gris, marrón y negro, y las torminas en dessnivel, aparece totalmente transformado. Berejilda y Geniecil se acercan hasta la hamaca en la que ahora deecansa la niña. sola. El ambiente es indescriptible; rayos de luces de colores tenues lo bañan. Sue­na una suave. Cantan todos.)

No hace falta adivinar

Que entre este cielo y la tierra
Es posible comprender al que en
Los cuentos viaja con su
Espiga y su ternura.

En este mundo pequeño
Sin cerraduras, alegres
Nos sacamos el disfraz.
En este lugar todo cambiará.

Somos así, burbujeantes, y
Aunque haga mucho frío hoy
Abrimos nuestras manos
Para pintar el camino

De la miel y el coral,
La dorada ramita y la flor encantada.


En este lugar todo cambiará.


Nada hay que aclarar:

Un nido transparente

Queremos inventar,

La ronda del lucero,


La ola de cristal,

Un gran despertador

Que nazca en su compás

Y nos muestre rodando

Con su ademán, su abrazo,

La esperanza del río,

La huella de la espuma.

En este lugar todo cambiará.


(Desde atrás aparece la Chiquilla primera, gateando como si persiguie­ra algo que se le escapa. Luego, sobresaltada y contenta, lo atrapa.)


GENIECIL: (Furioso.) ¿Qué haces? ¿Por qué viniste hasta acá?

NUBE ENCANTADA: (Muy indignada también.) ¡Quién eres, y qué quieres!

BEREJILDA: ¿Qué tienes entre los dedos?

CHIQUILLA: Mi triciclo.

GENIECIL: ¡Ah! Con que ese bichito es tu triciclo. (Comienza a interesarse en ella.)

BEREJILDA: ¿Y por qué te sientas en el pasto húmedo?

CHIQUILLA: No hay humedad, señora. ¡Si estoy bajo techo!

BEREJILDA: ¿Qué techo?

CHIQUILLA: El mío, el tuyo, nuestro cielo. ¿No ves la mariposa inmensa que nos cobija?

GENIECIL: ¡Claro! (Muy feliz.) Bueno, dejémosla, se ve que es una de las nuestras; nos entiende, habla como nosotros. Pschssss... dejémosla pasar.

HADAL: (Descendiendo de una escalera que se halla al costado del escenario.) HOlaaaa... laaaa... laaaa. (Se sienta en un peldaño de la escalera, .soñadora.)

BEREJILD A:(Haciendo girar su dedo índice alrededor de una de sus orejas.) ¿Y esta loca?

NUBE ENCANTADA :¡Un hada! ¡Ja ja ja jaaaaa! ¡Un hada! ¡En esta época! ¡Y vestida con miriñaques y todo!
GENIECIL: ¡Meteretas, envidiosas! Ella viene para participar en el sueño de nuestra amiguita.

HADAL: (Desciende más, meciéndose.) Vengo de un jardín zoológico... ¡nadie podría creerme! Un zoológico donde sólo crecen flores y ningún animal hay. Por qué se llama "zoológico"... Eso sí que yo no sé.


(Hadal comienza a bailar, lentamente. Los demás la observan en silencio y luego, desinhibidos, mecen sus cabezas. Ella comienza a cantar y todos la siguen, uno detrás de otro, hasta integrarse en una sencilla coreografía.).


Un jardín con sólo flores

Sin semillas ni altos cercos,

Donde vive un jardinero

Con bastón de chocolate...

Un lugar bien nuestro siempre con

Estrellas, luna y sol,

Donde cantan los capullos

Sin sentir ningún temor.

Un rincón donde los sueños
Trotan sueltos eta el aire,
Donde todo es luminoso

Y hay amor al tres por diez.

GENIECIL: Fiuuuuu fiuuuuu fiuuuuuuu. ¡Alto! En el público, hay miradas que hablan, diciendo que nosotros somos medio chiflados. (Bajados del escenario y caminando entre el público.) Usted, señora, nos mira incrédula, y esta niña sonríe; aquella señorita frunce los labios (todos los demás han descendido y siguen a Geniecil, a cierta distancia, sorprendidos), y este señor... ¡bosteza! ¡Qué falta de imaginación! (Súbitamente se escucha una alegre música. Los personajes se agrupan y cantan.)

GENIECIL: Vivir en una sartén.

BEREJILDA: ¿A quién se le ocurre?

NUBE ENCANTADA: Comer con los pies.

GENIECIL: Caminar con alas, nadar en el aire y volar con la barriga.

TODOS: ¿Disparates son?

SIDERAL: (Aparece desde el fondo del teatro, mientras todos retroceden, retornando al escenario.) ¡No son disparates! Y lo digo porque vengo de un lugar con sabor a naranjas donde los peces nadan con pantuflas de hojas verdes, y todos viven bajo el agua. (Dirigiéndose a los chicos.) ¿Querrían conocer mis país? (Continúa su relato, siempre caminando lentamente y acercándose a la boca del escenario; los demás personajes la siguen con interés creciente.) Los relojes sirven para adornar las casas, el tiempo siempre duerme sin molestar a nadie. No hay prisa, nadie grita. Las mamás no se enojan ni obligan a los niños a tomar la sopa. En las escuelas viven muchos animalitos y los maestros nunca dicen: "Las plantas no se tocan". Al contrario, nos dicen: "Acérquense a las flores, mírenlas, acarícienlas y jueguen con ellas, son amigas nuestras, no simples adornos. ¡Viven, crecen, sienten!

GENIECIL: ¡Qué lindo!

SIREBAL: Sí. No nos asustan gritándonos que nos alejemos de los hormigueros. Y nosotros inventamos nuestros juegos, porque allí no existen las revistas que lo traen ya todo preparado. Y.. otra cosa... tenemos muchos amigos entre los animales y las plantas. Por eso no sabemos lo que es el miedo. Yo lo conozco sólo de escuchar su nombre a un vecino que vive más arriba, allí donde ya hay tierra y mucho polvo que ensucia las paredes.

RATATONA: (Apareciendo sorpresivamente.) ¡Mentirosa! ¡Ese lu­gar no puede existir en el mundo! ¡No es verdad! ¡Hi hi hi hi hi! Lo único cierto es que existen las palizas, y las tablas de multiplicar para aprenderlas de memoria. Hi hi hi hi hi. Y un gato que anda en bicicleta, del que siempre hay que co­rrer, correr, correr, escapar. Alertas todos el día los ratones debemos estar, porque en caso contrario, traicionero, sin hacer sonar tan siquiera la bocina, el gato aparece por la esquina, da la vuelta y de un ¡zaque! te atropella.

GENIECIL: ¡Metereta! ¡Nos arruinas la mejor parte del cuento! ¡A ella! ¡A la carga todos! ¡Hagamos de gatos! ¡Por malvada, por malvada, hagamos de gatos sin parar! (Corren todos blandiendo poderosas uñas y maullando. Ratatona se desliza velozmente entre ellos.)

RATATONA: (Las evade, se ríe y se escurre, triunfante.) ¡Hi hi hi hi hi!

BEREJILDA: Shhhssss. ¡Nos olvidamos de ella! (Señalando a niña sola, que durante todo el tiempo transcurrido mientras dormía, fe experimentando emociones diferentes. Pasó del susto a la alegría, etc.; según los sucesos que .se fueron dando.)

GENIECIL: ¡Tonta! ¿No ves que nosotros entramos en su sueño, y ella también juega?

SIREBAL: ¿Quién es ella? ¿Quién es? (Todos se quedan sorprendidos y estáticos en sus lugares, como respuesta a la pregunta de Sirebal.)


SEGUNDA PARTE


LANGOSTA PRIMERA: Esa es la pregunta. ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Qué nos trae? ¿Qué hace? En verdad, son muchas las preguntas. (Se quedo seria y meditabunda.)

LANGOSTA SEGUNDA: (Inquieta.) ¿Qué cosas guarda en su valija?

LANGOSTA PRIMERA: ¿Qué secreto esconde dentro de su valija?

LANGOSTA SEGUNDA: No lo saben, ¿eh? Ni procuran saberlo. Sólo quieren jugar con ella y aprovechar su sueño.
LANGOSTA PRIMERA: Claro, se divierten. ¡Qué lindo! Mientras... ella, la pobre, la desconocida... Simplemente duerme...

LANGOSTA SEGUNDA: ¿Qué clase de cariño es el de ustedes? Hacía falta que al final del sueño alguien preguntara quién es para pensar que ella existe, y es alguien, además de una niña con su valija cansada.

BEREJILDA: Pero... ¿Y éstas qué quieren? (Con gesto despreciativo, señalando a las langostas.)

RATATONA: ¿Y quiénes son?

GENIECIL: ¡Sí! ¡Quiénes son!

TODOS: ¡Por qué interrumpen nuestro juego!

LANGOSTA PRIMERA: Simplemente, porque nadie se ha preguntado quién es esa niña.

LANGOSTA SEGUNDA: Hasta que Sirebal lo hizo.

GENIECIL: ¿Quién es ella? ¿Quién es? (Todos lo miran y prosiguen, cantando.)

Quién es
Quién es
A nadie le interesa.

Se llama Niña Sola,
A nadie le interesa.
Tiene zapatos rojos,
Una vieja valija,
Y nada nada más.

Quién es

Quién es
A nadie le interesa.
Llegó aquí está,

Y eso es lo mejor.

Quién es
Quién es
Preguntan sin razón:
Ella es, ella es

La niña sola sola
La niña sola sola.

LANGOSTA SEGUNDA: ¡Qué bobos son! Ella es una niña sola. Es verdad. Y por eso, precisamente por eso. Necesita ayuda.

BEREJILDA: Claro. Y yo creo que así, con juegos y con el hermoso sueño que inventamos, la ayudamos.

LANGOSTA PRIMERA: No. No. Hay algo más.

GENIECIL: (Imperioso.) ¡Qué! ¡Qué!

LANGOSTA PRIMERA: No se dan cuenta que ella perdió algo muy valioso, muy querido...

LANGOSTA SEGUNDA: Y entonces decidió salir nuevamente, a intentar recuperarlo.

GENIECIL: ¡Hablas en chino! ¡Cómo vamos a adivinar que a ella se le perdió algo! Yo, yo (tocándose el pecho ampulosamente), Geniecil, no me he dado cuenta. (Muy despectivamente, señalando a las langostas.) ¡Y unas feas y flacas langostas vienen a darnos consejos!

LANGOSTA PRIMERA: Por feas y por flacas. (ofendida.) Y también por destructoras como dice la gente, porque cree que lo devoramos todo, por eso esta vez queremos ser generosas.

LANGOSTA SEGUNDA: Nosotros fuimos las primeras en encontrarla en esta misma estación.

LANGOSTA PRIMERA: En ese momento la asustamos...

LANGOSTA SEGUNDA: Pero luego nos arrepentimos...

LANGOSTA PRIMERA: Y aquí estamos, queriendo reparar de alguna manera el daño. Queremos conocerla de cerca. Saber detrás de qué maravilla perdida anda desde hace tanto tiempo.

LANGOSTA SEGUNDA: (Evocativa.). Sus ojos eran tristes y asustados...

LANGOSTA PRIMERA: También algo misteriosos...

LANGOSTA SEGUNDA: Había preocupación en ellos...

LANGOSTA PRIMERA: Y nostalgia...

LANGOSTA SEGUNDA: Y melancolía...

LANGOSTA 1º: Y algo secreto, hondo...

LANGOSTA SEGUNDA: Fue su mirada la que hizo que comprendiéramos que ella está buscando algo. GENIECIL: (Muy interesada) Puede ser... Puede ser... BEREJILDA: (Impulsivamente.) ¿Qué podemos hacer?

NUBE ENCANTADA: ¡Algo!

BEREJILDA: ¡Cualquier cosa!

GENIECIL: (Misterioso.) Es importante saber qué cosa perdió ella.

NUBE ENCANTADA:(optimista.) ¡Entonces entre todos iríamos a buscarla!

HADAL: ¡Hasta encontrarla!

RATATONA: (Entusiasmada.) ¡Y traérsela!

NUBE ENCANTADA: ¡Vamos a buscar y encontrar!

LANGOSTA PRIMERA: Pero hay que saber qué cosa buscar.

LANGOSTA SEGUNDA: Sí. ¿Qué puede ser?

GENIECIL:¿Una flor?

BEREJILDA: ¿Una mariposa?

NUBE ENCANTADA: ¿Una gota de rocío?

RATATONA: ¡Sí! Puede ser una gota de rocío!

BEREJILDA: No. Yo pienso que tal vez ella perdió una estrella.

CHIQUILLAS: (Entrando.) ¡Las pompas! ¡Las pompas!

GENIECIL: ¿Qué?

CHIQUILLA PRIMERA: Decimos que quizás ella se olvidó de las pompitas de jabón.

CHIQUILLA SEGUNDA: Y de la cañita para soplar y hacerlas volar.

CHIQUILLA PRIMERA:Ahora las quiere. ¡Las busca!

RATATONA: No creo que sea eso.

LANGOSTA SEGUNDA:¿Será un juguete?

LANGOSTA PRIMERA: ¿Un pedacito de torta?

GENIECIL: ¿Chocolates?

BEREJILDA:¿Flores rojas?

RATATONA:¡Basta ya! ¡No creo que sea nada de eso! ¡Por un dulce o juguete ella no armaría ningún escándalo!

BEREJILDA: ¡Ella no arma ningún escándalo!

LANGOSTA SEGUNDA: Bueno, basta de discusiones.

LANGOSTA PRIMERA: Sí. Ahora es necesario que pongamos manos a la obra.

GENIECIL:Este es el momento de decidir.

LANGOSTA PRIMERA: ¿Qué haremos?

BEREJILDA: ¡Despertémosla! (Todos se miran, desconcertados, sorprendidos.)

GENIECIL:Pero... si nosotros somos sólo una parte de lo que ella está soñando...

LANGOSTA SEGUNDA:¿Y acaso muchos sueños no pueden ser reales?

RATATONA: Es mejor preguntarle a ella misma.

BEREJILDA: Así encontraremos rápidamente lo que se le perdió.

CHIQUILLA SEGUNDA: Yo la despertaré.

CHIQUILLA PRIMERA:¡No, yo!

GENIECIL: Yo lo haré.

RATATONA:¿Cómo la despertaremos?

CHIQUILLA SEGUNDA: ¡La pincharé en la nariz!

GENIECIL: ¡Bruja! ¡Perversa!

BEREJILDA: Yo la despertaré silbándole una canción.

CHIQUILLA PRIMERA: ¿Si le arañamos en el dedo gordo no será mejor?

NUBE ENCANTADA:Le soplaré suavemente en los ojos.

CHIQUILLA PRIMERA: Le estiraré en los cabellos...

RATATONA: Otra malvada. Yo le daré una suave palmadita en las mejillas.

CHIQUILLA SEGUNDA:Le morderé en el codo.

CHIQUILLA PRIMERA: Le agarraré de las orejas dándole un gran estirón.

GENIECIL:¡No tienen vergüenza! ¡Quieren lastimar a la Niña Sola!

CHIQUILLA PRIMERA:No queremos lastimarla, sólo deseamos que se despierte rápido.

CHIQUILLA SEGUNDA:Y como nuestro hermanito siempre nos despierta así...

GENIECIL:Vamos a cantar suave, suavemente, una canción a su lado.

BEREJILDA:Una canción de cuna.

NUBE ENCANTADA:(Soñadora) ¿El arrorró?

LANGOSTA PRIMERA:¡Tontas! Con una nana quedaría dormida. Dormida totalmente.


(Todos se detienen un instante, concentradísimos en sus pensamientos. Después, y como si se pusieran de acuerdo sólo con las miradas, se acercan caminando en puntas de pie y rodean la hamaca en la que duerme la niña. La observan, la tocan despacito en la cabeza, en los dedos, en los ojos, etc.)


LANGOSTAS:

Despierta. Despierta,
que amaneciendo está

Despierta, despierta,
Que el sol inunda ya.

TODOS:

Despierta, despierta,
Queremos conocerte
Despierta, despierta
Queremos ayudarte.
Despierta, despierta
Y vamos a correr

¡a correr!

Y vamos a saltar
¡a saltar!

Y vamos a soñar
¡a soñar!

Y vamos a crecer
¡a crecer!

Y vamos a vivir

¡A vivir, vivir, vivir!


(La niña sola se despereza lentamente. Todos la siguen, miradas ansio­sas. Ella bosteza, y durante un largo minuto intenta despertarse.)


NIÑA SOLA: (Procurando sentarse.) ¿Dónde estoy?

GENIECIL: (Hace señas a sus compañeros para que guarden silencio.) Con nosotros...


(Niña Sala intenta abrir los ojos y moverse, pero vuelve a caer. Los demás personajes continúan arremolinados y tensos en torno a ella.)


NIÑA SOLA: (Se pasa los dedos por los párpados.) ¿Dónde estoy? (Asombradísima.) Y... ¿quiénes son? (Se pone de pie, de un salto, y retrocede, temerosa.) ¡Quiénes! ¡Quiénes!


TERCER ACTO


(Viejecita Cuenterina cantina lentamente. Se detiene en un rincón al ver a la Niña sola, que la observa detenidamente. Luego, se acerca a ella.)

NIÑA SOLA: ¿Le ayudo a cruzar la calle, señora?

VIEJECITA CUENTERINA: (Con ademanes inquietos.) No, no.

NIÑA SOLA: ¡Déjeme que le ayude!

VIEJECITA CUENTERINA: No, no, ¿quién eres?

NIÑA SOLA: Escuché que me llamaban Niña Sola.

VIEJECITA CUENTERINA: (Sorprendida y feliz). ¡Pero mi hijita! ¡Si yo vengo para hablar contigo!

NIÑA SOLA: (Separándose de la anciana.) Pero... ¿Conmigo? Pero... Estará equivocada... si usted no me conoce.

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Interesa tanto acaso saber quién es quién? Lo importante es el encuentro.

NIÑA SOLA: (Se tranquiliza.) ¿Y tiene algo que contarme? (Pícara.) ¿Un cuento?

VIEJECITA CUENTERINA:No. Hace un momento preguntabas inquieta a mis amigos. Escuché tu último grito.

NIÑA SOLA: ¿Cuál?

VIEJECITA CUENTERINA: Preguntabas quiénes eran ellos. Y eso me causó mucha risa.

NIÑA SOLA: ¿Mucha risa?

VIEJECITA CUENTERINA: Sí. Porque... ¿sabes? Tengo que contarte un secreto.

NIÑA SOLA: (Curiosa.) ¿Un secreto?

VIEJECITA CUENTERINA: Sí. Y no creas, ni pienses... que por ser charlatana es que me llaman...

NIÑA SOLA: ¿Cómo?

VIEJECITA CUENTERINA: ¡No te rías! ¿Sabes cómo me llaman? ¡Viejecita Cuenterina!

NIÑA SOLA: ¡Qué lindo nombre! Pero hay que hacerle honor. ¿Cuándo escucharé el secreto?

VIEJECITA CUENTERINA: (Evasiva.) Me causó mucha gracia, te decía.. .. (Risa contenida.)

NIÑA SOLA: ¿Qué cosa?

VIEJECITA CUENTERINA: ¡Las preguntas tontas que se hicieron! Cuando dormías, todos mis amigos preguntaron reiteradamente: ¿Quién es? Y luego, al enfrentarlos, fue tu voz la que imploró asustada, haciendo la misma pregunta. Por qué, me digo, siempre necesitamos saber quiénes son los demás para acercarnos a ellos, para quererlos.

NIÑA SOLA: Parece que usted sabe muchas cosas... ¿Es sabia?

VIEJECITA CUENTERINA: (Se ríe a carcajadas.) ¡Qué esperanza! Eres simpática e inventona, ¿eh? Ya te lo dije: soy simplemente una viejecita que tiene un montón de cuentos extraídos de la vida misma, sus sueños antiguos... y algunas ventanas hechas de recuerdos... (nostálgica.)

NIÑA SOLA: ¡Qué cosas dice! Nunca había escuchado antes nada parecido.

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Te parecen raras las cosas que digo? ¡Qué raro!

NIÑA SOLA: Es usted la que me parece muy extraña. Sí. Usted es una mujer extraña.

VIEJECITA CUENTERINA: Creo que estás equivocada. Mírame bien y verás que sólo soy una anciana canosa. Nada más que una anciana.

NINA SOLA: (Como olvidando todo lo conversado, rogando, ansiosa) Viejecita Cuenterina, ya que mi historia conoce y parece que sabe tantas cosas... ¡Cuénteme dónde está el tren!

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Para qué quieres el tren?

NÑA SOLA: En él quiero llevar mi valijita.

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Esa valijita?

NIÑA SOLA: Sí.

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Es tan preciosa su carga?

NIÑA SOLA: Es preciosísima.

VIEJECITA CUENTERINA:(Muytiernamente.) A ver... explícame por qué.

NIÑA SOLA:Me fue difícil juntarla.

VIEJECITA CUENTERINA:¿Por qué? ¿Te llevó mucho tiempo hacerlo?

NIÑA SOLA: Lo hice durante los años que tengo de vida.

VIEJECITA CUENTERINA: Ah, ¿sí? ¿Qué conseguiste? (Niña Sola se sienta en el suelo, abriendo parsimoniosamente la valija. Desatadas las cuerdas, .suspira... mira a la viejecita, parece dudar un instante, y luego, con la valija aún cerrada, pero ya destrancada, se para.)

NIÑA SOLA: ¡Muchas cosas! ¡Míralas! (Lentamente abre la valija... vacía.)

VIEJECITA CUENTERINA: (Sin demostrar sorpresa alguna.) Ya lo sabía. Pensaste que me sorprenderías, ¿eh? Creíste que me asombraría al ver la valija vacía.

NIÑA SOLA: No. Presentí que me entendería. Y que no pensaría, como otros, que estoy loca.

VIEJECITA CUENTERINA: Por supuesto que te comprendo. ¡Cómo no hacerlo si yo he sido siempre igual que tú!

NINA SOLA: (Mirando el interior de la valija.) Estas son las cosas que no se ven, pero están siempre en algún lugar.

VIEJECITA CUENTERINA: Y a veces ni siquiera existe la valija. Sin embargo, eso que llevas, es como lo que se puede tocar, porque vive, y crece.

LANGOSTAS: (Enbando.) Es verdad.

VIEJECITA CUENTERINA: (A Niña Sola.) ¿La conoces?

NIÑA SOLA: Sí. Son malas.

LANGOSTA PRIMERA: Estás equivocada.

LANGOSTA SEGUNDA: ¿No recuerdas tu sueño?

LANGOSTA PRIMERA: En él también nosotras jugamos.

LANGOSTA SEGUNDA: Te conocemos.

LANGOSTA PRIMERA:Te queremos.

LANGOSTA SEGUNDA: Nunca tuvimos la intención de asustarte.

LANGOSTA SEGUNDA: Nosotras sólo quisimos jugar.

VIEJECITA CUENTERINA: No temas, chiquilla. Ambas son un poco... pero no son malas, son muy buenas. Sí, son un poco loquitas. Además, ¿quién ha dicho alguna vez que los locos nos pueden enseñar un montón de cosas?

LANGOSTA SEGUNDA: ¡Yo no soy loca!

LANGOSTA PRIMERA: (Burlona.) ¿A quién engañas? Si se te nota...

NIÑA SOLA: Yo me voy.

VIEJECITA CUENTERINA: ¡No lo hagas! ¡No! ¡Si recién hemos comenzado!

NIÑA SOLA: ¡Comenzado qué!

VIEJECITA CUENTERINA: Ha llegado el momento.

NIÑA SOLA: El momento de qué.

VIEJECITA CUENTERINA: De aclarar ciertos puntos...

NIÑA SOLA: ¡Estoy apurada! Tengo que encontrar el tren.

LANGOSTA PRIMERA: ¿Sales de viaje?

LANGOSTA SEGUNDA: ¿Adónde vas?

NIÑA SOLA: A un país desconocido pero mil veces entrevisto.

VIEJECITA CUENTERINA: Ella perdió el tren.

NIÑA SOLA: ¡No es cierto! ¡Aún puedo encontrarlo!

LANGOSTA PRIMERA: Tienes la culpa, si lo dejaste pasar.

NIÑA SOLA: No lo he dejado pasar.

LANGOSTA SEGUNDA:Supongo que llegaste tarde.

NIÑA SOLA: ¡No llegué tarde!

VIEJECITA CUENTERINA: (Como si dijera una profecía.) No hay hora para encontrar el tren que ella busca.

LANGOSTAS: ¡Porqué!

VIEJECITA CUENTERINA: No es el tiempo. (Continúa con el mismo tono.)No. No es el tiempo de salida o de llegada el que lo hace hermoso, y diferente.

NIÑA SOLA: Lo que menos me importa es el horario de salida. Sólo quiero encontrar lo que busco, yendo en mi tren.

LANGOSTAS: ¿Qué buscas?

(Entran todos los personajes. Coreografía.)

¿Qué se te perdió?

¿Qué se te perdió?

¿Un dedal de plata?
¿ Una aurora de oro

o un gran bandoneón?
¿Un cielo sin nubes o
un oso glotón?

¿Qué se te ha perdido?
¡Dilo ya por fin, que
buscando juntos todo
irá mejor!

¿Qué se te perdió?
¿Qué se te perdió?
¿Una flor de agosto
o un campo con nidos?
¿La rama de un árbol o
un pequeño sol?


VIEJECITA CUENTERINA: (Agorera.) A veces no sabemos muy bien lo que buscamos, porque no hemos perdido nada.

LANGOSTA PRIMERA: ¡Cómo buscaremos algo que no está perdido!

VIEJECITA CUENTERINA:Podemos buscar también lo que nunca tuvimos. Lo imposible posible.

LANGOSTA SEGUNDA:Entonces... a ella se le perdió algo, o quiere lo que nunca tuvo.

NIÑA SOLA:Quiero lo que no tuve. Lo que no tengo, pero es mío.

GENIECIL:¿Cómo va a ser tuya una cosa que nunca tuviste?

NIÑA SOLA:Será mío el mundo de los grandes en el que todos me dejen jugar como una niña, pensar como una niña, vivir como una niña, crecer como una niña.

LANGOSTA PRIMERA:Dices cosas tontas. Claro que los grandes te dejan vivir como una niña. Es lo que eres.

LANGOSTA SEGUNDA:¿O quieres vivir como los adultos? ¡Aún te falta mucho tiempo!

LANGOSTA PRIMERA:(Con el mismo tono que utilizan algunas maestras, ciertos sacerdotes en sus sermones y algunos padres de familia.) Ahora te estás preparando para la vida que deberás enfrentar mañana.

NIÑA SOLA:¡No es cierto!

LANGOSTA SEGUNDA:¡Claro que es así! Tu tiempo de este día es un tiempo del futuro.

NIÑA SOLA: Entonces, ¿qué hago? ¿Qué soy ahora?

LANGOSTA SEGUNDA: ¿Y no te ves? ¿Cómo no lo sabes?

NIÑA SOLA: ¿Es que por ser niña no vivo? ¿Es que recién

mañana podré vivir, y este tiempo no existe?

LANGOSTA PRIMERA: Este tiempo existe. Pero te vuelvo a repetir que es de preparación para la vida.

NIÑA SOLA: ¡Pero si ya estoy viviendo!

GENIECIL: Claro. Nueve años tienes. Nueve años vividos.

VIEJECITA CUENTERINA: ¡Qué simpático! (Se ríe inconteniblemente.)

LANGOSTA SEGUNDA:¿Qué te causa tanta risa?

VIEJECITA CUENTERINA: Saber que hay muchos que viven sin darse cuenta que viven, sin pensar que están vivos, dejando que la vida pase por ellos.

LANGOSTA SEGUNDA:¿Qué quieres decir?

VIEJECITA CUENTERINA: Que no se encuentra fácilmente a alguien que vive queriendo vivir, caminando por la vida. ¡Qué gracioso! Y qué raro, y qué conmovedor, y...

LANGOSTA PRIMERA: Parece que estás algo mareada. Vamos... vamos...

VIEJECITA CUENTERINA: Estoy más cuerda que nunca. Son otros los que están ciegos, porque no saben mirar, ver...

LANGOSTA SEGUNDA: ¿Qué no vemos?

VIEJECITA CUENTERINA: (Desafinadamente.) La vida de Niña Sola.

LANGOSTA PRIMERA: ¿Cómo dices?

LANGOSTA SEGUNDA: ¡Claro que la vemos!

LANGOSTA PRIMERA: ¡Si en este mismo la estamos mirando!

VIEJECITA CUENTERINA: Hablo de su vida de hoy. De su sonrisa y su tristeza de hoy. De su esperanza y su búsqueda de hoy. Ella no se está preparando para vivir.

NIÑA SOLA: (Interrumpiéndola.) Estoy viviendo. Este es el tiempo de mi infancia. Es mi vida. Vivo. Y ya no esperaré que llegue para vivir. Hoy, siempre, hoy, vivo.

NIÑA SOLA: Vivo. Crezco y vivo. También viviré mañana. También mañana viviré. Pero mientras mi vida no perderé. Resuelta y decidida mi universo conoceré. Vivo. Vivo. ¡No esperaré a que llegue mañana para vivir!

TODOS: (Comprendiéndola.)

Vives, vives,

Creces, sientes.

Es tu tiempo,

Tu tiempo,

Buscas buscas,

Buscas sin parar
Un nuevo mundo
Un mundo nuevo
Donde vivir.
Un nuevo mundo
Donde crecer
Hoy hoy hoy hoy

NIÑA SOLA: Sí. Busco un nuevo mundo en este mismo en el que vivo. (se emociona.) Puedo seguir buscando el tren. Cuando lo encuentre saldré a recorrerlo. ¡Nuestro mundo!

CHIQUILLA 1a: ¡Lleno de luz!

CHIQUILLA 2a: ¡Poblado de parques!

RATATONA: ¡Con mil jardines!

BEREJILDA: Y animalitos.

RATATONA: ¡Pero sin un solo gato!

NUBE ENCANTADA: ¡Sin viento huracanado!

RATATONA: Y con el incesante tañir de las campanas...

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Yo también puedo ir?

GENIECIL: ¡Claro!

VIEJECITA CUENTERINA: ¿En qué iremos?

GENIECIL: Pues, en el tren.

LANGOSTAS: ¡En qué tren!

NUBE ENCANTADA: Si ya no existe.

CHIQUILLAS: Si se perdió.

BEREJILDA: Si ya pasó.

RATATONA: Si nos dejó.
NIÑA SOLA: ¿Quién dejó pasar el tren? (se miran todos, consternados y silenciosos) ¿Quién dejó pasar el tren?

VIEJECITA CUENTERINA: Nadie lo sabe.

BEREJILDA:(Señalando a la viejecita.) Ella fue.

GENIECIL: (A Sirebal.)¡Fuiste tú!

RATATONA: ¡Estas chiquillas lo dejaron pasar!

CHIQUILLAS: ¡Has sido tú!

NUBE ENCANTADA:(Apenada.)Nadie pudo detenerlo.

LANGOSTA PRIMERA: Yo sé quién dejó pasar el tren.

LANGOSTA SEGUNDA: Lo hizo a propósito.

NIÑA SOLA:Nadie lo sabe. Nadie. Yo sí. lo sé.

VIEJECITA CUENTERINA: ¿Cómo lo sabes?

NIÑA SOLA: Lo he comprendido esta tarde, mientras hablábamos.

GENIECIL:(Con mucha ansiedad.) ¿Quién dejó pasar el tren?

TODOS: (Asombradísimos.) ¿Quién?

NIÑA SOLA:Nosotros, ellos. Toda la gente. Y yo también.

LANGOSTA PRIMERA: ¡Qué disparate!

LANGOSTA SEGUNDA:Te gustan las bromas.

CHIQUILLAS: Eres embustera.

NIÑA SOLA: Lo digo porque lo sé. Al tren lo dejamos pasar por haraganes.

LANGOSTA PRIMERA:¿Por haraganes?

NIÑA SOLA:Porque nunca luchamos por arreglar las vías rotas.

RATATONA: ¿Qué vías rotas? ¿Cuándo rompimos las vías?

NIÑA SOLA: Tantas veces... las hemos roto. Y las han roto.

LANGOSTA 2da: ¡Por qué!

LANGOSTA 1a: ¡Cómo!

NIÑA SOLA:De mil maneras. Ahora mismo les contaré. Pero deben ayudarme, todos. (oscuro.)


***


(Cubos negros de diferentes tamaños se hallan distribuidos en el esce­nario. Adelante, v reacia un costado del mismo, tiesa, parada sobre un alto cubo, se encuentra la Viejecita Cuenterina. Sobre los demás cubos, todos en desnivel con relación al piso del escenario, están los demás personajes. Sola­mente la Niña Sola está abajo. La iluminación la deja ver únicamente a ella. En todos los casos se utilizará luz seguidora que enfocará al personaje que habla. El resto permanecerá a oscuras.)


NIÑA SOLA: Voy caminando. Encuentro un hormiguero grande, hermoso. Imagino que es un palacio. Adentro se pasean las hormigas contándose sus secretos...

GENIECIL: (Desde su cubo, con el ceño fruncido, golpeando las manos.) ¡Chist! ¡Chist! ¡Deja ese lugar inmediatamente! ¡Te pueden picar las hormigas, que son muy dañinas! ¡A ver! ¡Derrámenle agua hirviendo al hormiguero!

VIEJECITA CUENTERINA: Ya está. Una vía que se rompe cuando en añicos un sueño se convierte. Y el tren... no pasa. (Se debe buscar la manera de diferenciar muy bien los dichos sentenciosos de la Viejecita y la interpretación de los demás personajes.)

NIÑA SOLA: Quiero ver el cielo reflejado en las aguas del río. Me acerco hasta la orilla. Refresco mi rostro tirando piedritas para sentir las salpicaduras.

LANGOSTA 1°: (Desde su cubo, transfigurada.) ¡Cuidado con el agua! ¡No te acerques mucho! ¡El río es peligroso! ¡No tienes por qué jugar con el agua! ¡Hay fuerte correntada! ¿No lo ves?

VIEJECITA: Otra vía despedazada. Y el tren... se para.

NIÑA SOLA: Es tarde de verano. La arena apenas húmeda se ofrece, entera y blanda. Así, la tierra canta. Y entonces, ¡a construir! Surgen hornos, casitas y hasta un inmenso parque con vallados y cerros.

LANGOSTA 2º: (Desde su cubo.) ¡Jugando con la tierra! ¡Eres sucia! ¡Eres sucia! ¡Ve a lavarte y que no se repita! Para qué tienes un montón de juguetes. ¡Qué vergüenza! Teniendo las muñecas más caras se te ocurre sentarte en el suelo y jugar con palos, maderitas, hojas secas y... (con gesto de asco) ¡la tierra! ¡La tierra!

VIEJECITA: El tren no llegará a la estación. Lo detuvieron. Allí está. Quieto. Preso. Solitario.

NIÑA SOLA:Viejecita Cuenterina, ¿qué dices? ¿Qué dices?

VIEJECITA: (Desciende de su cubo al mismo tiempo que se ilumina todo el escenario.) Es triste. Es lamentable. Lo siento muchísimo, pero debo contarte, Niña Sola, que ya no puedes viajar.
NIÑA SOLA: (Sollozando.) ¡No puede ser! ¡Debo ir hasta mi pueblo! ¡Allí me esperan!

GENIECIL: (Compasivamente.) ¿Y por qué no hacemos un tren para llevarla?

NIÑA SOLA: (Reaccionando) ¿Ahora quieren llevarme? ¿Ahora? ¿Luego de ser mis jueces y mis verdugos? ¿Luego de hacerme saber que soy minúscula, insignificante?
GENIECIL: Ahora empiezas a ponerte mala. Nosotros queremos ser tus amigos. Todo fue un juego.

RATATONA: Y no fue feo. ¡Si nos encontramos con tantas sorpresas!

LANGOSTA 1°: Si la llevamos nunca sabremos quién dejó pasar el tren.

LANGOSTA 2a:Claro. Es mejor que la dejemos.

GENIECIL: No. Hay que encontrar el tren.

TODOS: ¡Dónde está!

(Miran buscando al culpable de su pérdida, desafiantes.)

NIÑA SOLA: ¿Quién dejó pasar el tren?

GENIECIL: Ya lo encontraremos. No te entristezcas...

CHIQUILLA 2a: ¡Te regalo este bichito!

LANGOSTA 2a: Hagamos una cosa...

RATATONA: ¿Qué?

LANGOSTA 2°: Un tren, un gran tren.

BEREJILDA: ¡Cómo lo vamos a hacer nosotros!

LANGOSTA 1°: Debemos buscar el que se perdió.

RATATONA: A los que se esconden, ¡se les busca!

GENIECIL: ¡Pero si no es difícil construir un tren!

LANGOSTA 2°: No. No es difícil. Hagamos el tren con nuestras propias manos.

NIÑA SOLA:¡Yo quiero viajar en el tren de color rosa!

LANGOSTA 2a: No. Este tren no será rosado. Nosotros lo pintaremos con todos los colores.

LANGOSTA 1a:Por faros tendrá dos soles nuevos.

RATATONA: Y tibios.

VIEJECITA: ¿Con qué lo haremos?

LANGOSTA 2º: ¡Con nuestras vidas!

LANGOSTA 1º: Así... Un caminito acá, otro allá...

LANGOSTA 2º: Una vía nueva... Aquí otra más larga. Y allá la estación.

GENIECIL: ¡Vamos! Tuuuuuuuuu Tuuuuuu Señores pasajeros... Pueden subir. Despacio... No se atropellen...

RATATONA: ¡A sentirse cómodos! ¡Busquen los lugares que deseen!

LANGOSTA 1º: Y ya partimos. El tren de nuestras vidas nos pide muchas cosas...

GENIECIL: (Con picardía.) ¿Qué cosas?

LANGOSTA 2º: (Interrumpiendo.) Antes de marcharnos, ¡prometemos!

NIÑA SOLA: ¡Sí, prometemos!

RATATONA: ¿Qué cosa?

GENIECIL: Escapar siempre del ruido. Buscar, vivir en otro mundo, tul vez más pequeño pero más lleno.

RATATONA: ¿Más lleno de qué?

LANGOSTA SEGUNDA: De tiempo para vivir.

LANGOSTA PRIMERA:  De tiempo para pensar.

LANGOSTA SEGUNDA:  Y para no cansarnos de los horarios...

GENIECIL: ¡Dejemos enterrados todos los relojes!

LANGOSTA PRIMERA: Si los enterramos o destrozamos no

ganamos nada. Los grandes seguirán diciéndonos:

NIÑA SOLA: ¡Alto!

GENIECIL: ¡Sigue!

RATATONA: ¡No!

VIEJECITA CUENTERINA: ¡Tienes que hacer esto!

RATATONA: ¡No hagas así!

NUBE ENCANTADA: ¡Esto está mal!

LANGOSTA PRIMERA: Así se hace.

RATATONA: Así está bien.

GENIECIL: Esto es normal.

LANGOSTA SEGUNDA: ¡Eso se hace así!

GENIECIL: ¡No toques, no toques!

NIÑA SOLA: Lávate las manos...

LANGOSTA SEGUNDA: ¡Que las tienes sucias!

RATATONA: No toques el barro.

LANGOSTA PRIMERA: Debes terminar eso.

LANGOSTA SEGUNDA: Debes, debes, debes... siempre debes hacer todo de tal y tal forma.

LANGOSTA PRIMERA:¡Pobres!
RATATONA: ¿Por qué pobres?
GENIECIL: ¡Qué pregunta! Simplemente, porque con tantas palabras ¡nos confunden!

RATATONA: Y nos dejan sin saber qué hacer.

CHIQUILLA: Yo sé jugar con las pompas de jabón.

CHIQUILLA SEGUNDA: Yo también.

CHIQUILLA PRIMERA: Las pompitas suben muy arriba.

CHIQUILLA SEGUNDA: Y las que no revientan por el camino llegan hasta las nubes y juegan allí.

GENIECIL: ¡Pero nosotros no somos pompas de jabón! Así que, estando en nuestra tierra.

RATATONA: Y con nuestro propio tren...

BEREJILDA: ¡Tenemos que partir!

GENIECIL: Ahora sí, chicos... ¡A poner el hombro sin empujarnos que soy el maquinista!

NIÑA SOLA: (Riendo, gozosa.). ¡Geniecil, Geniecil! ¡No puedes ser maquinista!

GENIECIL: Sí que puedo serlo. ¿Qué me falta?

NIÑA SOLA: ¡La gorrita, la gorrita!

GENIECIL: En este caso, el maquinista sólo necesita valor.
Y yo soy fuerte y valiente. (Infla el pecho). ¿No lo ven? Como alguien que conduce a su pueblo, así conduciré este tren.

TODOS: ¡Nuestro tren!

GENIECIL: Nuestro tren. Bueno... yo soy el maquinista... y el resto...

NIÑA SOLA: ¡Los vagones!

RATATONA: ¡Yo no quiero ser un vagón!

CHIQUILLA PRIMERA: ¡Yo quiero ser la ayudante del maquinista!

RATATONA: ¡Prefiero ser una alegre pasajera!

LANGOSTA PRIMERA: ¡No hay pasajeros!

GENIECIL: ¡Sí que los hay!

RATATONA: ¿Quiénes son?

VIEJECITA CUENTERINA: Pero... ¿todavía no saben quiénes serán nuestros pasajeros?

RATATONA: No lo imagino.

VIEJECITA CUENTERINA: Encerrados, los hemos dejado en la valija de la Niña Sola.

RATATONA: ¿En esa valija tan chica y tan vieja?

VIEJECITA CUENTERINA: En esa preciosa valija.

RATATONA: ¿Quiénes son?

VIEJECITA CUENTERINA: Ya los conocen. Son los juegos, esos juegos. ¡Abramos la valija y dejémoslos salir!

TODOS: (Saltando.) ¡Dejémoslos salir! ¡Dejémoslos salir!

GENIECIL: (Imponiendo orden). ¡Shhhsss! ¡Que ya vienen! ¡En nuestro tren viajarán los más simpáticos pasajeros! Y... con la preciosa carguita... nos despedimos de este ferrocarril con...

(Todos se acuestan en el piso del escenario, con los brazos extendidos, levantados. Las manos abiertas, meciéndose siempre hacha arriba. Las luces dejarán ver las sombras ensanchadas, proyectadas, de las manos.)

CORO:

La alegría, la alegría,
La alegría de correr
Bajo un árbol con raíces
Donde podemos crecer.

LANGOSTA PRIMERA:

Como techo y como pan
la sonrisa de los días.

(Se repite dos veces la canción, y luego los personajes van formando un tren, un largo tren, con sus cuerpos.)

GENIECIL:(Saliendo de la fila que simula ser el tren).
Quién dejó pasar el tren

Aún tiene tiempo
De subir a éste que pasa
Con su chu en chu en chu
Tuuuuu  tuuuuuuuuu

(Comienza a moverse el tren. Se inicia el canto, los personajes descien­den, siempre marchando y tomados de los hombros, hasta corretear por la sala estirando a niños y grandes e incitándolos a que los acompasen, for­mando también el tren con ellos, prolongando. Hacia el final de la canción­ marcha los personajes retornan-separándose del público-al frente. Allí for­man con sus cuerpos una figura piramidal con los brazos y rostros levanta­das, hasta finalizar, vibrantes, su canción.)

TODOS:

Quién dejó pasar el tren

Aún tiene tiempo de subir a éste que para
Con su chucu chucu chuuuu

Tuuuu tuuuuuuu.


Quién dejó pasar el tren
Aún tiene tiempo

De subir a éste que pasa
Y subir y subir

A cantar, a reír,
A soñar, a jugar
¡a vivir!

FIN

1. Cualquier enfermedad. O una epidemia del momento. Todo dependerá del barrio o región donde se actúa, época del año, etc.

 

 

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HISTORIA Y ANTOLOGÍA DEL TEATRO

PARA LA INFANCIA EN EL PARAGUAY (TOMO I)

 

Autor: VÍCTOR JULIÁN BOGADO AYALA

 

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Asunción, marzo de 2007

 

 

 

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