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LUIS MARÍA MARTÍNEZ


  YA NO DEMORA EL FUEGO 1969 – 1970 (Poesías de LUIS MARÍA MARTÍNEZ)


YA NO DEMORA EL FUEGO 1969 – 1970 (Poesías de LUIS MARÍA MARTÍNEZ)

YA NO DEMORA EL FUEGO

1969 – 1970

Poesías de LUIS MARÍA MARTÍNEZ

Alcándara Editora

Colección de Poesía Nº 42

Asunción – Paraguay

 

 

 

CONJUGANDO

Yo pido y digo: fuego,

y al pedirlo es que ruego.

 

Tú pides y al pedirlo

es que esperas lo nuevo.

 

El pide y al decirlo

es que anhela su riego.

 

Nosotros lo pedimos

reclamándolo: ¡pronto!

 

Vosotros lo pedís

y al preguntarlo ¿y cuándo?

 

Ellos piden y esperan

lo que se espera, el fuego.

 

Todos repiten luego

rogando por lo nuevo,

anhelando su riego,

reclamándolo ¡pronto!

preguntando ¿y cuándo?

lo que se espera: ¡el fuego!

 

EN LA PIRA

Quemadas en la pira serán todas las cosas

que enlutan nuestras vidas,

que ponen sobre el alma quejumbre de rosarios

y dan malos colores como colores muertos

a nuestra primavera.

 

Quemadas en la pira serán esas aldeas

donde el silencio sabe a muerte anticipada.

 

Quemadas serán esas aldeas del atraso

donde el silencio abruma como un silencio en bruto,

y está el labriego y posa

su vida sobre un lecho de espinas y de acosos.

 

Quemadas serán esas ciudades casi ajadas

donde amustiados seres

como segadas hojas,

archivan y recogen el miedo en cada cosa

y leen cartas viejas de pie frente a sus puertas.

 

Quemadas serán todas las cosas sin objeto:

los grillos, las cadenas, las cárceles inmundas,

el muladar oscuro del corro de pistolas,

el "quédese" y el "alto" de todos los alertas

y aquel miedo arrimado al pueblo que se agacha.

 

Quemadas en la pira serán todas las cosas

que imperan y no sirven

para servir al hombre...

(El mapa será un vasto incendio estremecido

donde estridentes hoces se bañarán en llamas

y cósmicos clamores le harán temblar la casa).

 

Quemadas en la pira serán todas las cosas...

Quemadas en la pira...

 

ESTE ES UN PUEBLO

Este es un pueblo casi cegado,

casi enterrado,

poco menos que cegado,

poco menos que enterrado,

que se movió, que se ha movido,

pero que luego se quedó encallado

como un navío oscuro, abandonado.

 

Este es un pueblo casi aprisionado,

poco menos que maniatado,

casi sin alas,

poco menos que sin aires,

que está tratando de erguirse

sobre el pozo...

 

Este es un pueblo valiente,

valeroso hasta la muerte,

ahora casi amortajado,

casi abatido a balazos.

 

Este es un pueblo poderoso,

con poderío de toro,

ahora casi acostumbrado

al aire del calabozo...

 

Este es un pueblo con destino,

ahora casi sin destino,

que ha de entrenarse de nuevo

para ser lo que era antes.

 

Este es un pueblo muy fuerte

que será de nuevo llama.

¡Este es un pueblo con llama!

 

 

YO REPRESENTO AL FUEGO

Yo represento al fuego,

es decir, lo pretendo.

 

Cansado está este pueblo de no ser lo que puede,

de comerse en silencio su ración de presidio,

y de empozar sus ímpetus de toro y montonero.

¡cansado está este pueblo de soportar el cepo!

 

Yo represento al fuego,

es decir, a lo nuevo.

 

Un atraso de feudo primitivo y mohoso,

con lazos que no enlazan más que historias bien tristes,

y tristes epopeyas de patria y de troperos,

soporta el pueblo como soporta el prisionero.

 

¡Cansado está este pueblo de verse marginado!

 

Yo represento al fuego

que ha de cambiar la patria.

 

Desde antaño,

el pueblo mismo quiso transformarse en fogata

para incendiar la yerta pradera de sus días.

 

Y desde ahora,

¡el pueblo mismo quiere transformarse en llama!

 

Yo represento al fuego,

vale decir, lo anuncio.

 

CONTRADICCIÓN

Yo soy aquel que sueña con el fuego,

el primero.

 

Yo soy aquel que espera cosecharlo,

el primero.

 

Yo soy aquel que lleva su aire

en el sombrero,

mas no soy el primero.

 

Yo llevo en el alma

rocío y lucero,

gentío y jadeo,

un pueblo en deseo,

martillo de herrero,

cansancio de obrero.

 

Yo soy aquel que sueña con el fuego,

el primero,

mas no soy el primero.

 

Quizás yo sea el último

admirador del fuego,

el que al soñar se pone

vestimentas de obrero

y pobreza de pobre en el jadeo.

¡Yo no soy el primero!

 

UNA NACIÓN DE FUEGO

Una nación de fuego tal vez nos ponga en antes

el tiempo del atraso, malo, astroso,

que nos da el puntapiés hasta el acoso

y el báratro del hambre en nuestra casa.

 

Una nación de fuego

tal vez nos adelante

poniéndonos la mies acá y durante

lo que dure la vida por delante.

¡Oh qué nación altiva, azul-fragante,

para soñar, volar, ahora y siempre!

 

¡Nación de herreros con los fuelles puestos

y chispas como en tren de zarabandas!

 

Y nación de troperos y aradores

que en fuego vierten todos sus colores.

 

Una nación de fuego

está, tal vez, por darse,

para que el pueblo sea llamarada,

con esa llama azul y nueva,

vale decir, por nueva, inusitada.

 

ESTAMOS EN LA CÁRCEL

Estamos en la cárcel

y aquella sensación del presidiario,

de que algo fatídico lo tiene,

es decir, lo posee,

también se nos arrima a las raíces...

 

Estamos en la cárcel,

ay de nosotros, ay,

y en una cárcel cada vez más rara,

pues todos bien lo saben

que la pena curiosa o la condena

se alarga sin razón (en nombre de qué cosa)

vale decir,

en forma irracional, al infinito...

 

Estamos en la cárcel...

y yo que de raíz me siento pueblo

grito y florezco en fuerte primavera,

por si a golpes de flores,

flores-fuegos,

pudiera yo, pudiéramos,

alguna vez,

salir del preso...

¡Liberado...!

 

SE VIVE MAL

Con la boca cerrada,

los pies aprisionados

y el aire irrespirable:

¡se vive mal,

se vive inútilmente!

 

Con el día apagado,

los cepos en las manos

 y algo oscuro, enlutado

en el cuerpo y el alma,

¡se vive mal,

se vive inútilmente!

 

Con el peso del tiempo

-un pasado haraposo,

un presente impreciso

y un futuro sin nombre-

¡se vive mal,

se vive inútilmente!

 

Y así nos vamos yendo,

es decir, trajinamos,

como habitantes tristes

de una prisión oscura.

Hay miedo en toda cosa

que al respirar se siente y se recoge.

 

¡Se vive mal,

se vive inútilmente!

Se vive mal,

se vive inútilmente.

 

QUIZÁS

Quizás lo que me alienta,

o mejor, mejor dicho,

lo que me da valor y me sostiene

para seguir viviendo

así como vivimos,

con esa desazón del prisionero,

con los ojos nublados,

por qué sé yo de pena imponderable,

(si me pongo a llorar,

a bien llorar,

qué llanto enorme, inenarrable,

me saldría del cuenco de los ojos),

quizás, tal vez, sería

aquella esperanza en el fuego futuro,

que alguna vez el pueblo,

con sus manos sangrantes,

con decisión, con cólera, con rabia,

tirara entre nosotros

para que se consuman nuestras penas

y broten en reemplazo

los nuevos bríos,

las alegrías hasta ayer segadas,

que tendrán el color

de ese fuego impagable,

y por bien popular, eterno, imponderable.

 

DE VIENTO Y NO DE PRISIONERO

No nos permiten ser

lo que debiéramos:

la brisa, el huracán, algún caballo,

un qué sé yo de tránsito o pasión,

que pueda hacer factible

eso que como fuego nos anima

y que se esconde y calla

muy dentro, acaso,

dentro del corazón...

 

No nos permiten ser

lo que posible-

mente

seríamos

si estuviéramos bien libres

como brisa o pasión.

 

En fin:

¡de viento y no de prisionero!

 

¿Y ENTONCES, PATRIA?

¿Y entonces, patria,

cómo...?

 

Así por siempre entonces tu destino:

pozo de llanto donde gime el hombre

con su verbo podrido de silencios,

gusano, paria,

¿escoria por si acaso,

por si acaso, basura?

 

¿Y entonces, patria,

cómo tu destino?

 

¿Será posible acaso

que para ti no haya una salida,

que no cumplas jamás esa condena

que se prolonga ya en un infinito

de dolor insufrible,

de un qué sé yo de pena irredimible,

de un no sé cuándo

en todo diferente...?

 

¿Y entonces, patria,

cómo,

dónde,

cuándo...?

 

Ay, déjenme que llore

(no pretendan coartarme)

que llore,

que llore,

que llore,

hasta que no pueda más

y me muera...

 

PARA

Para matar toda esta sombra

y poner luz en la casa,

para acabar con el dolor

y transmutarlo en alegría,

para quemar todas sus penas

y darle un viento que las lleve,

yo me quiero volver en fuego

para quemar todo lo que no vale,

todo lo que martiriza,

todo lo que no es justo,

yo me quiero volver en fuego,

¡pidan todos por mi fuego!

 

EL REBELDE

Yo, el eterno rebelde,

el inconforme, el preso,

el perenne insurrecto,

el hombre que en la llama

reposa y no se cansa;

la pasión por si acaso,

por si acaso, el incendio,

yo, el eterno rebelde,

rebelándome paso...

 

Contra toda injusticia,

contra prisión, mentira, podredumbre,

igual que contra todo

lo que apena y sojuzga

y más...

 

Yo, el eterno rebelde,

el inquieto, el esquivo,

el ser amotinado que ambiciona más cosas,

el que aspira y no puede

vivir como se debe,

el que vibra y se quema

lo mismo que una brizna,

el mismo Prometeo de entrañas devoradas,

que lucha y no piensa rendirse todavía...

 

Yo, el eterno rebelde,

el inconforme, el preso,

el perenne insurrecto,

que mantendrá su fuego

hasta morirse...

 

Y BIEN, POESÍA

Y bien, poesía: nube.

Y bien, poesía: brizna.

Acaso está en tus labios

la palabra precisa,

la precisión, la prisa,

tal vez, quizás o acaso

vestida de paloma,

de jazmín o reposo

sabremos lo que pasa.

 

"Preso, el pueblo, preso,

entre verdugos con pasión de yugos

que le escupen al rostro

su fetidez siniestra

de ergástula o de cepo".

(Acaso el pueblo sea

más Jesucristo

que esas mil imágenes

que le han pintado el mito hacia el calvario),

o siempre soportó el infierno en alas

del hambre, la opresión, los latigazos,

que su martirio prueba, ¡ah, cuántos años...!

 

Y bien, poesía: nube.

Y bien, poesía: brizna.

Podrás acaso describirnos en todo,

en su imagen exacta y verdadera,

el drama de este pueblo

tan en todo herido, en todo perseguido,

(cómo es que tanto aguanta y no se muere)

que desde el primer acto hasta el penúltimo

le persiguen, le acosan, le encadenan,

hasta que llegue el último y buen acto

en que el pueblo diga: ¡basta! y se termine.

 

Y bien, poesía: nube, brizna, vuelo de paloma,

 piensa un poco y responde.

 

LA ANTORCHA

Antorcha es pueblo si crece,

y más antorcha si amanece,

a punto de estallar, ¡qué les parece!

 

¡Y qué le dicen si no crece,

ni se abrillanta ni amanece.

ni está a punto de estallar, qué les parece!

 

Y quién asegura que no crece,

que no se abrillanta y amanece,

y a punto de estallar, ¡qué les parece!

 

Y quién le ataja cuando crece,

cuando relumbra y amanece,

y a punto de estallar, ¿qué les parece?

 

Antorcha es pueblo cuando crece,

cuando parece que amanece

y a punto de estallar, qué les parece.

 

Pero presiento que ya crece,

que se abrillanta y amanece,

y a punto de estallar, ¡qué les parece!

 

AMÉRICA ESTÁ A PUNTO

Ayer

Ayer nomás América gemía en el sollozo,

ocultaba su estirpe de indígena y de puma,

andaba como un pobre oculto en su rebozo,

 y para más le daban frialdades y brumas.

 

¡Pobre América virgen capaz de lo rugiente,

capaz de lo que pide la humanidad paciente:

justicia y heroísmos, bondades y abundancias!

En tanto le ponían de cara hacia el presidio,

de cara hacia el balazo, el hambre y el rocío,

y le daban de cama plazoletas y hospicios.

 

¡Pobre América, pobre, de canción enlutada,

de vida inenarrable si se la narra en luto,

es decir, si se cuenta su historia soterrada,

y ya se habla del látigo, el terror y el esputo!

 

Ayer nomás, América, soportaba impotente

desde el azote, el tiro,

la maldición, el barro, el picanazo, el perro,

hasta lo ya innombrable por muy frecuente: el pozo.

 

¡Ayer nomás América soportaba, impotente!

 

Hoy

Hoy América está a punto de un estallido rotundo,

de una explosión incontenible,

de una jornada inolvidable,

que ha de asombrar, si asombra, al mundo.

 

(Perdón, señores, debo

cambiar el ritmo por necesidad).

 

América está a punto de estallar,

¡que lo pueda!

 

América está a punto de estallar,

¡es por algo!

 

América está a punto de estallar,

¡quién no sabe!

 

¡Que lo pueda, es por algo! ¡Quién no sabe!

Contra el feudo, el atraso

y el pozo.

Contra el rico varón

de otras tierras,

¡el que oprime!,

el terror y el balazo.

¡Que lo pueda! ¡Es por algo! ¡Quién no sabe!

 

América está a punto de estallar.

¡Que lo pueda!

(Ruego)

"Pue-da es-ta-llar A-mé-ri-ca..."

¡Es por algo!

 

EL ENCADENADO

Le ponían cada vez más cadenas,

cada vez más le cargaban de penas,

que entre vivir así con nubes de cadenas,

o bien morir o mal morir

como aquellos que mueren con sus penas,

el hombre resistía,

se agachaba y gemía,

caía y se arrastraba,

se arrastraba y caía,

ya le salían llagas

por el pecho y las manos

y más abajo del pecho,

en el cuello y las piernas,

gruñía y se arrastraba,

resistía y andaba,

(¿por qué no se moría?);

parecía una bestia

con su cuerpo llagado

y sus ojos morados;

una sombra arrugada

que apenas se arrastraba

con todas sus cadenas,

que nadie presumía

por qué no moría,

qué le sostenía al llevar las cadenas,

y era que no sabían

que sus ojos sangrientos

veían débilmente

(con lo débil que andaba)

una luz muy pequeña,

no en pequeñez el brillo

de una luz muy lejana

que le azotaba el rostro,

no por pequeña incierta

ni por incierta inútil,

que allí le sostenía:

¡esa luz, la esperanza!

 

Y POR QUÉ...

Si tanto ya ha sufrido: penalidad, presidio,

acoso, hambre, persecución, hospicio,

neblina, oscuridad, pústula, miedo,

es como si dijéramos:

vida entera o mitad sumida en fango,

y vida entera si, no ya mitad, ahogada en sobresaltos;

pueblo lleno de pulgas de presidio,

de lamentos, miserias,

de putrideces fétidas,

de hospicios lastimosos,

con cuatrocientas tres tristezas de burdeles,

y más de cuatrocientos tres buenos años,

de puntuales patadas y azotes en el cuerpo,

sumido en el complejo minúsculo del pobre,

-pobreza de felino, pobre gato,

sirviente casi mudo, basurero,

eterno ser ganado a la desgracia-

miserable y ladrón sin robar nada,

titulado en abulias estando en cueros,

engañado,

robado,

-le robaron ya casi hasta su nombre-

perseguido a balazos de su tierra,

y con tres décadas largas

de lejanía, extranjería,

perro de extranjeros,

empleado sumiso y resignado,

se le pierde su tierra originaria,

su nacionalidad de por si acaso al paso,

lo que trajo, retuvo,

lo que se le perdió por faltarle el suelo,

si tanto así, así como les digo,

y por qué no se vuelve llamarada,

fuego, carbón y flama en rebeldía.

 

Y por qué no se vuelve llamarada.

Y por qué no se vuelve llamarada.

¿Y qué le falta acaso?

¿Y qué le falta?

 

MEJOR HABLAR BIEN CLARO

Pedazo de prisión el prisionero,

sujeto del azote el azotado,

y prisionero, atado y traicionado,

tirado como perro al basurero,

perseguido a balazos como un siervo,

ser que no es, ¡y es lástima!

a quien le quieren inocular un río de abyección,

siervo, soldado, desnudado, ciego,

obrero, buey, casi secuaz y mudo,

pueblo en fin que no sabe

si está muriendo en verdad o en cuotas

o a quien ya le inscribieron

entre los muertos casi inolvidables...

 

De este pueblo agraviado,

encollarado, roto,

de una boca partida a culatazos,

de espalda ensangrentada en el flagelo,

de este pueblo, os repito,

algunos escritores (gemebundos cantores)

dicen ser amigos,

y hablan con nebulosas, retaceos,

vacilaciones vagas, ambigüedades, fugas,

(innovadores de la forma, se dicen),

como si avergonzados se sintiesen

de demostrar su amor por ese preso

de la desgracia, el cepo, el qué sé yo,

quién sabe, ¡el miserable!

 

El miserable ése, aquél,

no obstante su miseria,

su astrosidad,

su lastimosa posición,

su fea pobreza,

no obstante su miseria,

aspira a conocer, a ver del todo,

a beber la verdad, a conocerse,

a saber, a sentir

su posición de antiguo miserable,

de encadenado, roto, de qué sé yo,

¿quién sabe, acaso no se sabe?,

de redimible y viejo miserable.

 

Mejor hablar bien claro,

decirle la verdad,

abrirle el ojo,

manifestarle todo: dónde se encuentra,

cómo, por qué razón, qué causa,

cómo dejar de ser lo que es ahora,

hacia dónde marchar

y cómo y para cuándo,

decirle cuánto es: preso, siervo;

decirle la verdad, hablarle claro:

basura, miserable,

miserable, basura, siervo, preso,

pero posible pájaro en el cielo.

 

EL TRINO SOTERRADO

Y siempre así escondido,

agazapado siempre y soterrado,

sin que nadie conozca lo que canta;

que avizora, que ama, que atesora

el futuro en su canto despreciado,

que en su modestia es algo,

que en el mañana del destino cierto

será una llama altísima y cimera,

acaso ese volcán de las alondras

donde el pueblo atorado

se atorará de trinos liberados,

y se verá que ha sido...

y que ahora es algo diferente,

y más mañana, trasmañana, en años...

 

Y sin embargo ahora,

qué pobre trino indefendido, triste,

despreciado, evitado,

por los que no comprenden que es su trino,

tirado en el silencio del presidio,

asfixiado en la fosa del hospicio,

pobre trino arrojado a la basura

de las prosternaciones y el desdoro,

conducido al patíbulo del llanto

y allí sacrificado

maniatado y cegado previamente en el foso.

 

¡Pobre trino que sabe que su destino es grande!

¡Alto trino que sabe que su presente es pobre!

¡Grande trino que intuye que la lucha es su vida!

¡Pobre trino que apura su vaso de cicuta!

¡Vivo trino que lucha, que luchará

por verse seguro en su destino!

 

LOS EMIGRADOS

 

De mi país de nieblas

tengo un triste vocablo

de cenizas.

 

I

Algunos tienen hambre

y escapan

 

Otros son perseguidos

y escapan.

 

II

Qué país de tragedia,

qué pueblo de prisiones,

para más que le acosan

y se marchan sus hijos,

se le van de la casa,

se le tornan de niebla...

 

Se despuebla su tierra,

se le marchan de a poco,

se le van para siempre.

 

Qué tragedia de pueblo.

Qué pueblo tragi-afuera,

con sus bártulos prestos

para darse a la fuga,

con días de pobreza

y noches de bandidos,

con su vida insegura,

sin sitio y sin herencia,

(solamente la herencia

de una vida arruinada).

 

No necesito darles

el nombre de ese pueblo,

de ese pueblo en huída,

de ese pueblo en acoso.

 

Un pueblo acostumbrado

a la diáspora misma,

cual si fuera el destino.

Un pueblo desdichado.

 

III

- Salí en el año mil novecientos...

- No volveré quizás sino en el año

cruel del infinito.

 

- Si los padres no vuelven,

ya no vuelven los hijos.

 

- Se quedarán pensando que sus padres vinieron,

pero jamás volvieron;

que ya plantaron todas sus raíces,

que ya no tienen alas.

 

- ¡Que se vayan al diablo!

(vomitó su podre el verdugo).

 

- Yo soy de otro país,

y aquél del que han venido mis padres,

el Paraguay, me es en todo extraño.

 

- De pequeño he venido,

de grande no regreso...

- ¿De qué país me hablan?

- ¿Para qué, si no es el mío?

 

- ¿Qué cuándo es el regreso?

- ¿Es verdad o es mentira?

- ¿Volver? Qué verbo raro.

 

IV

1 - De niño vine, anduve, conocí

el alfabeto, amé, trabajo: soy.

Si regreso... comenzar de nuevo,

¿les parece posible?

 

2 - Mi pan el miedo, mi hogar la cárcel,

casi me matan a patadas, crucé el río

como pude ¿Saben lo que es vivir

con el Jesús en la boca? Y en un ambiente

como de exequias permanentes.

- Vuelvo, ¿y si me ponen

ahora la candela?

 

3 - De seguir así este pueblo se acaba,

se muere de asfixia, de soledad,

de amargura, y por esa hemorragia

de hijos que no acaban, que no dan muestras

de acabarse jamás...

 

 

INDICE

Conjugando, // En la pira, // Este es un pueblo, // Yo represento al fuego, // Esos, // Adivinanza, // Contradicción, // Una nación de fuego, // El primer prisionero, // A oscuras la patria, // De tantos, // Un hombre casi llama, // Años, // Estamos en la cárcel, // Se vive mal, // Quizás, // Con corazón de volcán, // De viento y no de prisionero, // ¿Y entonces, patria?, // Para, // Un alarido, // El rebelde, // La casa oscura y desdichada, // Déjenme, // Y bien, poesía, //  La antorcha, // América está a punto: Ayer,  Hoy, // El encadenado, // Y por qué..., // Mejor hablar bien claro, // Veredicto, // El trino soterrado,  // Un muerto, // ¿Cuánto valemos?,  // Nueve canciones con la P del preso, // La luciérnaga,  // Pueblo triste, // Memorando del preso, // LOS EMIGRADOS.

 

 

 

 

COMENTARIO SOBRE EL POEMARIO “YA NO DEMORA EL FUEGO”

Texto de AUGUSTO CASOLA

 

            La colección Alcándara, que reunió gran parte de la obra de los poetas paraguayos, fue idea de Carlos Villagra Marsal y José María Gómez Sanjurjo. Una iniciativa editorial estupenda e insólita que se prolongó durante algunos años, alcanzando a publicar sesenta títulos. El primero de ellos, Ceniza redimida de Hérib Campos Cervera, apareció en marzo de 1982 y en el cuidado de la edición participaron Miguel Ángel Fernández y Alicia, la hija de Hérib. En Alcándara se publicaron obras de casi todos los poetas vivos de nuestro país a la fecha y de varios ya fallecidos.

            ¿Cómo eran nuestros días en esos días? No muy diferentes a los del presente, pero mucho más ordenados y menos mugrientos a los que nos toca atravesar desde hace más de 23 años, cuando algunos consideraron que se encendía, ¡por fin! una esperanza de libertad y respeto tras la caída de Stroessner. Y digo menos mugrientos, porque hoy, la estructura constituida con la mano férrea de la dictadura que creó todo un mundo ilusorio dentro del cual cada uno se movía con holgura aceptando la omnipresencia del régimen, la condescendencia de una oposición fraguada que se prestó a desempeñar el papel de convidado de piedra para dar sustento a la mentira de una democracia inexistente y los luchadores de la libertad, aquellos que recibían palos de la policía y gritaban sus verdades, resultaron mera apariencia de lo que no eran, como se reveló tan pronto como les cupo administrar y dirigir el Estado, tan implacables en sus ambiciones como hábiles en el manejo de las herramientas heredadas de la dictadura y de las cuales se supieron servir y se sirven, sin tan siquiera disimular la desvergüenza de exhibirse como demócratas preocupados por el bienestar general, cuando no son sino maniobreros que recurren a los viejos artilugios para su propio beneficio, con la diferencia de que los acomodados que se sirven de la hacienda pública no constituyen esa camarilla de privilegiados sino que todos, sin importar el grupo político o ideológico a que pertenecen, no pasan de ser nuevos expoliadores que buscan hacerse de fortuna en el menor tiempo posible y asegurar su bienestar, a sabiendas de que el latrocinio no será perseguido ni castigado y podrán si lo prefieren, acogerse a un apacible olvido, en tanto los nuevos paniaguados que los suplantan, recorrerán las huellas de sus predecesores.

            En Este es un pueblo (12), el autor interpreta el momento que se vive en la República y nos dice:

 

Este es un pueblo casi cegado,

casi enterrado,

poco menos que cegado,

poco menos que enterrado,

que se movió, que se ha movido,

pero que luego se quedó encallado

como un navío oscuro, abandonado.

 

Este es un pueblo casi aprisionado,

poco menos que maniatado,

casi sin alas,

poco menos que sin aires,

que está tratando de erguirse

sobre el pozo...

 

Este es un pueblo valiente,

valeroso hasta la muerte,

ahora casi amortajado,

casi abatido a balazos.

 

Este es un pueblo poderoso,

con poderío de toro,

ahora casi acostumbrado

al aire del calabozo...

 

Este es un pueblo con destino,

ahora casi sin destino,

que ha de entrenarse de nuevo

para ser lo que era antes.

 

Este es un pueblo muy fuerte

que será de nuevo llama.

¡Este es un pueblo con llama!

 

 

            En esos días estaban bien diferenciados los luchadores, los acomodados y los indolentes que parecían justificar las palabras de Sartre en su novela La náusea (193), cuando señala:

 

            Decir que hay imbéciles que obtienen consuelo con las bellas artes (...). Y las salas de concierto rebosan de humillados, de ofendidos que, con los ojos cerrados, tratan de transformar sus rostros pálidos en antenas receptoras. Se figuran que los sonidos captados corren en ellos, dulces y nutritivos, y que sus padecimientos se convierten en música, como los del joven Werther; creen que la belleza se compadece de ellos. Basuras.

 

            Eran también los días de la bonanza que trajo al Paraguay la construcción de la represa de Itaipú, que durante los años dio estabilidad al gobierno del general Stroessner y la década durante la cual la abundancia de dinero inició la transformación de un Paraguay apacible y colonial en otro de visión y costumbres cosmopolitas, la época en que se cancelaron los valores tradicionales y entró a regir el vale todo con tal de tener dinero y exhibirlo con desfachatez y chabacanería, la época del "dólar-i", como llamábamos entonces a nuestra moneda, el Guaraní, que por mucho tiempo se mantuvo a un equivalente de G. 126 por dólar americano. Eran los días de los nuevos ricos, de las grandes construcciones, del contrabando transportado en veloces camionetas; surgieron como hongos, bancos y financieras. Todo era actividad de día y, por la noche, las parrilladas, llenas de gente, ofrecían sus lujosos espectáculos de conjuntos musicales y bailes típicos, en fin, los años locos para el Paraguay. Y cuando hay tanto dinero y a todos les alcanza lo suficiente para sustituir por whisky etiqueta negra a las tradicionales cañas Aristócrata y Parapití añejadas con el guavira-mi y se pasa de los humildes vinos La copa al lujoso Anjou rose y otras numerosas marcas de licores exquisitos, cuando hay tanto dinero, ¿quién va a preocuparse de las persecuciones políticas? Los subversivos, los enemigos del régimen que tanto progreso trajo al país, "el comunismo ateo y apátrida", al decir del programa de La voz del coloradismo, que cada noche pasa su mensaje elogioso para el general cuyo nombre aparece en todos lados, al que la obsecuencia acabó por hacerle perder el sentido de la proporción y al final lo condujo, como se repite siempre a lo largo de la historia, a su propia destrucción.

            Realmente, lo manifestado por el filósofo francés, perdía entonces toda su fuerza y el leer sus obras no pasaba de ser un ejercicio intelectual, porque la gente no se preocupa de las tristezas cuando puede olvidarse de ellas y encuentra a su alrededor un ambiente de algarabía y felicidad; lo mismo ocurre con la poesía contenida en "Ya no demora el fuego", que escritos entre 1969 y 1970, parecen sostener la visión de El rebelde (38), que en 1982, fecha de la publicación, está muy solo en la posición que adopta y transforma el contenido de los poemas en literatura algo fuera de tiempo, algo que sólo puede satisfacer a los intelectuales, a los seguidores y amigos de Luis María Martínez y los afectos a contar en sus lujosas bibliotecas recién estrenadas, la colección completa de Alcándara, pero que a la mayoría le resulta indiferente, si no extemporáneo, hablar de rebeldía y pobreza cuando hay satisfacción y abundancia.

 

Yo el eterno rebelde,

el inconforme, el preso,

el perenne insurrecto,

el hombre que en la llama

reposa y no se cansa;

la pasión por si acaso,

por si acaso, el incendio,

yo, el eterno rebelde,

rebelándome paso...

 

Contra toda injusticia,

contra prisión, mentira, podredumbre,

igual que contra todo

lo que apena y sojuzga

y más...

 

Yo, el eterno rebelde,

el inquieto, el esquivo,

el ser amotinado que ambiciona más cosas,

el que aspira y no puede

vivir como se debe,

el que vibra y se quema

lo mismo que una brizna,

el mismo Prometeo de entrañas devoradas,

que lucha y no piensa rendirse todavía...

 

Yo, el eterno rebelde,

el inconforme, el preso,

el perenne insurrecto,

que mantendrá su fuego

hasta morirse...

 

 

            En su obra, J. Ramsay MacDonald (66) hace una observación que es interesante reproducir por la relación que guarda con lo que se viene manifestando:

 

            Cuando llega una época productora de riqueza, y los beneficios se derraman sobre el pueblo en abundancia, prodúcese una especie de hombres ricos [...] constituyen sistemas éticos exclusivamente basados en sus virtudes; su éxito es canonizado. Pero el elogio es solamente temporal, pues el mundo no puede continuar viviendo en esa forma.

 

            Tal cual lo manifiesta el autor citado, fue alrededor de esos días cuando se comenzaron a resquebrajar los cimientos mal fundados de una economía ficticia, sin sustento real, lo que hizo que hacia el final de la década de los 80, todo se fuera esfumando. Concluía la obra de Itaipú, se redujeron los ingresos de los habitantes del país, acostumbrados ya a vivir a lo grande, a gozar de la vida y los placeres que se pueden conseguir con el dinero. Se comenzó a degustar el fruto amargo de la realidad y, siendo incapaces de reconocer y menos aceptar que la bonanza tocaba a su fin, los llevó a cometer los despropósitos más increíbles con tal de mantener la apariencia de la riqueza; fue el comienzo del fin para el gobierno de Stroessner, el inicio de la grieta que contenía a los que resultaron ser más voraces e implacables que los representantes de la anterior dictadura.

            Es en esos días de 1982 cuando empiezan todos a comprender que pasaron los años de abundancia, cuando a la inversa de lo que escribe el autor en la última estrofa de Años (25), cambia la sonrisa en estupor.

 

            AÑOS

 

Años de andar callados como tantos

callan porque ni sienten de qué viven,

viven porque ni sienten de qué mueren.

Tanto se calla uno porque muere

de minuto a minuto como el muerto,

con el año primero y el segundo,

que uno no sabe bien que el que le sigue

igual será o lo mismo

por lo que traiga o muestre

en mudez inmutable o atonía.

 

Tantos años de andar enmudecido,

tumefacto y cegado,

con el cepo en la nuca a todas horas,

que ya se piensa casi,

casi con certidumbre inevitable,

que el destino será el de presidiario.

 

Años en que se piensa

si alguna vez, mañana o no sé cuándo

estos años tendrán su desenlace

y se abrirán las puertas,

las hazañosas puertas de la vida.

 

Años en que se piensa

si alguna vez el tiempo

cambiará su estupor por la sonrisa.

 

Fuente: LUIS MARÍA MARTÍNEZ - OBRERO DE LA PALABRA. Por AUGUSTO CASOLA. Editorial ARANDURÃ, Asunción – Paraguay. Agosto del 2012 (244 páginas)

 




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