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Luis Alberto Boh
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Luis Alberto Boh


Biografía:

BOH, LUIS ALBERTO : Nació en Asunción en 1952.

Dibujante y arquitecto.

Realizó varias exposiciones colectivas e individuales en nuestro país y en el exterior. Participó en bienales de dibujo.

Según expresa el crítico Ticio Escobar en Una Interpretación de las Artes Visuales del Paraguay, "La imagen barroca y fantástica de Luis A. Boh se vuelve progresivamente más reflexiva a partir de los años 76 y 77.

Su exposición titulada APUNTES ACERCA DE LO REAL (1979) marca el punto más alto de una actitud fundamentalmente analítica centrada en la investigación de las relaciones entre lo real y lo representado.

La imagen es presentada como algo "verdadero" y los elementos reales como si fueran dibujados, en un proceso en que el signo se enfrenta a la cosa invirtiendo las reglas del juego: la fotografía real (que a su vez representa otra realidad) es convertida en boceto de una imagen dibujada, la figura de la vela quema realmente el papel, los cordones verdaderos se presentan como dibujo, etc."

Luego sigue escribiendo Escobar: "Pero la preocupación por los límites de lo simbólico lleva a Boh a otra cuestión: la historia y el mito, la ciencia y la fábula son también sistemas construidos en la frontera entre la realidad y el concepto, lo verificable y lo supuesto; con convenciones, lenguajes".

Fuente: “DICCIONARIO DE LAS ARTES VISUALES DEL PARAGUAY” de LISANDRO CARDOZO, editado con el apoyo del FONDEC (FONDO NACIONAL DE LA CULTURA Y LAS ARTES), Asunción-Paraguay 200

 

 

Teléfono oficina: 595 21 602421 / 614952

 Contacto: lboh@bohasociados.com



Obras: DEL LIBRO DE LOS ACTOS DE GOBIERNO DEL SUPREMO y DE LAS CONSTRUCCIONES. Comentario sobre la obra y el autor en el CAPÍTULO V: La consolidación, página 596, del libro UNA INTERPRETACIÓN DE LAS ARTES VISUALES EN EL PARAGUAY . Autor: Ticio Escobar, Editorial Servilibro, Asunción-Paraguay 2007.

La imagen barroca y fantástica de Luis A. Boh se vuelve progresivamente más reflexiva a partir de los años 1976 y 1977. Su exposición titulada APUNTES ACERCA DE LO REAL (1979) marca el punto más alto de una actitud fundamentalmente analítica, centrada en la investigación de las relaciones entre lo real y lo representado. La imagen es planteada como algo "verdadero" y los elementos "reales", como si fueran dibujados, en un proceso en que el signo se enfrenta a la cosa invirtiendo las reglas del juego: la fotografía real (que a su vez representa otra realidad) es convertida en boceto de una imagen dibujada, la figura de la vela quema realmente el papel, los cordones verdaderos se presentan como dibujos, etc. "Cuando Boh dibuja (realmente) manos dibujadas que dibujan manos "reales" (que, a su vez, dibujan en un proceso ad infinitum el propio papel que las soporta)", escribíamos entonces, "nos coloca ante una situación desde la cual no podemos afirmar simplemente que algo es 'verdadero' o ficticio porque hay varios niveles de realidad y varios niveles de representación y se introduce entre los mismos una sutil dialéctica de continuo rebote desde la que cada imagen puede ser imaginaria si se utiliza un determinado parámetro y 'real' si se parte de otro". (Escobar. 1979).

Pero la preocupación por los límites de lo simbólico lleva a Boh a otra cuestión: la historia y el mito, la ciencia y la fábula son también sistemas construidos en la frontera entre la realidad y el concepto, lo verificable y lo supuesto; son convenciones, lenguajes. Las construcciones de la ciencia y de la historia, las ideologías, están con un pie en la realidad y con otro en figuras y formas, en recursos arbitrarios inventados por el hombre para someter esa realidad. Obviamente, aunque estos dibujos formen parte de una serie referente al Dr. Francia y su momento, no pretenden constituirse en imágenes documentales de un personaje histórico, sino partir de una situación determinada para proponer una nueva construcción, un ordenamiento estético de la misma. Esta situación, particularmente compleja, en sí misma ambigua y resbaladiza, es deliberadamente tomada por Boh para que sus diferentes discursos (el histórico, ideológico, científico, mítico, etc.) sean confrontados en un metadiscurso estético según un procedimiento que, de alguna manera, recuerda la dirección seguida en literatura por Roa Bastos, que parte justamente del Dr. Francia. EL SUPREMO es una figura escindida entre la historia y la leyenda, tergiversada por ideologías, ubicada a caballo entre dos mundos; es un personaje que tanto encara la realidad con una minuciosa mirada pragmática como la idealiza en sus sueños racionalistas, en sus "ilustradas" utopías.

El dibujo titulado DEL LIBRO DE LOS ACTOS DE GOBIERNO DEL SUPREMO parte de la obsesión del Dr. Francia por documentar, registrar, ordenar y gobernar a través de la escritura. La caligrafía rebasa su propio soporte físico e invade 'la realidad' tachando las mismas manos que la escribieron o sujetando las que la reciben. Al final, lo real es el lenguaje; la palabra escrita es lo único que permanece inalterable como signo hermético, como documento que pretendió fijar situaciones que ya no existen o como expresión gráfica de un pensamiento que fue capaz de alterar su propia historia; lo demás se transforma en mito, en anécdota, en pasión política. Paradójicamente, lo simbólico es lo objetivo y lo verificable. Además, en una cultura ágrafa, basada esencialmente en formas orales, lo escrito, en cuanto permite apresar y manipular la realidad, adquiere un sentido casi mágico: es la misma realidad registrada, detenida en signos y papeles.

El dibujo DE LAS CONSTRUCCIONES. Estudio para un cenotafio cerca de Paraguarí teje vínculos entre historias distintas, crea asociaciones arbitrarias que encuentran un fundamento sólo en lo imaginario. Boh toma elementos de una historia ajena, ciertos monumentos neoclásicos franceses (el espíritu del círculo iluminista de la Enciclopedia; Bullée, Ledoux), y los conecta con la circunstancia paraguaya decimonónica relacionándolos quizá con los proyectos racionalistas del Supremo. Ciertas arquitecturas que nunca llegaron a construirse dejan de ser utopías para adquirir existencia en el discurso; de nuevo lo ficticio crea realidades y tiene la posibilidad de romper su propia circularidad, de la que parte, y buscar nuevos significados en los símbolos que crea el hombre para enfrentar lo real.

Comentario: TICIO ESCOBAR

 


LUIS ALBERTO BOH (ASUNCIÓN, 1952). Entrevista por VICTORIO SUÁREZ

(25-IV-93 - ABC)

“HAY QUE CONCERTAR CON LOS POLÍTICOS Y NO DEJARSE UTILIZAR”

( GENERACIÓN DE 70 - LITERATURA PARAGUAYA )

 

 

Esta vez expone sus ideas el intelectual y artista plástico Luis Alberto Boh. El mismo pertenece a la lúcida promoción del 70 de nuestro país. Su nombre comenzó a aparecer en el Suplemento Cultural de ABC color de aquellos años, firmando poesías, cuentos e ilustraciones. Su vocación de artista plástico lo llevó a trascender rápidamente. Hoy día se dedica a su profesión de arquitecto, sin perder de vista la tarea reflexiva sobre nuestra realidad cultural.

 

–¿Cuál es tu visión acerca de la realidad paraguaya en materia cultural en este momento?

–Actualmente percibimos una pérdida de vigor tras la caída de la dictadura. En el reciente foro sobre políticas culturales se percibió eso claramente en la ponencia de Line Bareiro, quien expresó de manera cruda el desmoronamiento de sueños y la pérdida de vitalidad. Yo creo que eso significa una apreciación objetiva y una máscara al mismo tiempo. De manera retorcida se piensa –con cierto apresuramiento– que todo está desinflado. Es un ingenuo reconocimiento de culpa que trata de eximir las propias obligaciones. La gente se apresura en emitir culpas, eso no deja de ser una comodidad porque rompe con las necesarias tensiones que requiere una realidad. Además, creo que han variado substancialmente las condiciones pues hay una pérdida de enfoque y fuerza, pero no me preocupa si a cambio tenemos otra cosa. El hacer excesivo hincapié y admitir la culpa de manera reiterada, exacerbada, implica eludir la búsqueda de otras cuestiones esenciales para la problemática cultural del país. Con la aparente ausencia de vitalidad muchos creen que se ha perdido todo, eso es falso porque hay otras instancias que no se han experimentado. Se vive otra etapa donde seguramente nos hacen falta el heroísmo y la postura denunciadora. Hay que entender nuestra realidad y no atentar contra las nuevas condiciones. Creo que estamos en la consolidación de la maduración.

 

–En el reciente encuentro sobre políticas culturales se plantearon algunas cuestiones referentes a diversos problemas. ¿Qué podrías resaltar?

–El foro fue algo importante pero aclaro que no es el único medio donde se trató de entender nuestra realidad. Tras la caída del stronismo hubo una serie de reuniones y convocatorias de los trabajadores de la cultura. En aquel entonces yo distribuí en forma de panfleto algunas ideas que defendían el rol del intelectual o el artista en nuestra sociedad. Ese tema (que sigue siendo preocupante) formó parte de mi ponencia en el foro. Asimismo, puedo señalar que el encuentro sobre políticas culturales fue significativo porque intentó dar sentido de institucionalización al nivel operativo de la gente que se dedica a la cultura. No sé cuánto se podrá avanzar, pues hay necesidades que condicionan y limitan ese avance; además, estamos acostumbrados a las improvisaciones y generalmente se llega tarde. Es una pena –por ejemplo– que hayamos perdido tiempo nuevamente. Del foro ya hubieran salido unas ideas básicas a ser presentadas como plataforma a los partidos políticos, antes que éstos accedan al poder. Pero se ha invocado el problema de la representatividad. Dicho argumento es insuficiente y no me convence.

 

–¿Qué dirías sobre las propuestas culturales de los partidos y movimientos políticos?

–A mí me preocupan las propuestas culturales de los partidos políticos porque éstas no son objeto de confrontación y análisis profundizador del tema cultural. Los partidos políticos están acostumbrados a los meros enunciados elaborados de manera inorgánica por gente que de repente colabora de manera individual. Eso es peligroso, porque no se puede abarcar el amplio espectro de la problemática cultural del país con algunas ideas rejuntadas.

 

–Aparentemente hay distanciamiento entre políticos e intelectuales, ¿cuál es la fórmula para acortar las distancias y concertar a pesar de las diferencias?

–Más importante que el distanciamiento es la falta de definición de las identidades. Lo que se da no es precisamente distanciamiento, sino promiscuidad, en el sentido de que muchos partidos políticos alquilan propuestas y crean de manera no muy responsable parte de sus programas. Dudo de los operadores políticos intelectuales que de manera unilateral entran a insertar formulaciones para los progra mas de gobierno. Lo coherente debería ser que los partidos políticos se definan con relación a la cultura desde lo político. Por otra parte, los intelectuales deben definir sus pautas en una plataforma consensuada —como forma de negociación— y formulada a todas las organizaciones políticas por igual. Hay que decirle a los políticos que pugnan por el poder: “Señores, esta es la plataforma básica de los intelectuales”. Todo eso independientemente de quien llegue al poder. Es una forma de concertar con los políticos; el resultado será —valga la redundancia— políticas culturales concertadas. En nuestro país estamos en déficit en ese sentido. Entonces, lo que se precisa no es solamente relación con los políticos, sino mejorar la calidad de las relaciones.

 

–Algunos políticos dan a entender que los intelectuales son conflictivos y que es muy difícil crear una concertación con los mismos. ¿Es así realmente?

–Es cierto que hay una carencia de concertación interna. A veces decimos que no se puede llegar a un acuerdo con los políticos sin que haya un acuerdo entre nosotros. Yo admito que hay una crisis de acuerdo y relacionamiento, pero no podemos entrar en calificativos disparatados; cualquiera de nosotros puede decir que los políticos son atorrantes, corruptos, inmorales, etc. Pero ese tipo de enfrentamiento resulta absurdo. Los políticos deben entender que nuestro trabajo busca por sobre todo la complejidad y no la simplicidad. La labor intelectual es compleja y resbaladiza, es una tontería pretender de los intelectuales un bloque monolítico.

 

–¿Qué hay entonces del protagonismo de los intelectuales y artistas?

–Hay falta de protagonismo y eso no es solamente imputable a los años de dictadura y al desprecio atávico que hay hacia toda manifestación cultural. La marginalidad y la falta de presencia son también problemas de la conciencia interna, de la necesidad de realizarse. Aquí se produce una falta de vocación de la presencia, no se busca incidir. De una vez por todas el intelectual tiene que creer que es necesario en nuestra sociedad y no seguir arrastrando esa marginalidad que se dio en los años sesenta. Hay que dejar los problemas e ir con pasos concretos hacia una organización que implique profesionalización y pérdida de vergüenza por ejercer el trabajo intelectual. Hay que hacer algo más que mendigar. La gente debe sentir que la cultura es el punto principalísimo para arrancar hacia adelante.

 

–Adolfo Ferreiro había hablado de intelectuales marginales. Habló también de intelectuales vendidos, peligrosos y amorales. ¿Cómo ves esa situación?

–Creo que detrás de la crítica que hace Adolfo respecto a los intelectuales aburguesados y de embajadas, hay cuestiones muy discutibles. Comparto con él que el intelectual debe ser crítico, es decir, ser una especie de avispón y permanecer en la conciencia de la sociedad. Lo que no comparto es que la no marginalidad implique que uno se haya vendido. No todos aquellos que ejercen profesionalmente la actividad intelectual caen en el aburguesamiento o en la inmoralidad. Las apreciaciones de Ferreiro son en cierta forma una falacia, su razonamiento presupone algo sin definir claramente el papel que juega la lucidez en la sociedad. Eso sí es peligroso, porque parece suprimir la combatividad en otros sitios, bajo otras formas y condiciones. Creo que Adolfo tiene un pensamiento conservador, muy por el contrario de lo que él pretende. En vez de ser revolucionario, cae en un pensamiento reaccionario al eliminar al intelectual la posibilidad de abarcar otro plano de confrontación.

 

–Esta transición pinta innumerables nebulosas, ¿qué te parece si nos adentramos un poco más en el tema?

–En primer lugar quiero decir que la verdadera transición está por comenzar. No comparto la idea de que la transición culmina ahora pues la reformulación de las instituciones todavía no ha sucedido. Ha habido indudablemente una transición de poder muy incompleto. Pero lo que no ha habido es la transición institucional. Con la Constitución Nacional se dio el primer paso, pero ésta prácticamente no ha entrado en la comunidad intelectual organizada y con un sentido de identidad para que no sea utilizada por los partidos políticos. No es que rechace la idea de complementar a la clase política con la cultural, esta cuestión es necesaria, pero dentro de un marco digno. La relación entre los políticos y la gente de cultura lastimosamente hasta hoy ha sido subalternizada, oportunista e instrumentalizada. Falta una relación sana, con francas definiciones mutuas. Entre políticos e intelectuales hay campos de grandes coincidencias, pero éstas deben ser negociadas. Ese es el gran desafío.

Fuente: PROCESO DE LA LITERATURA PARAGUAYA. PERFIL HISTÓRICO, BIBLIOGRAFÍA Y ENTREVISTAS LOS MÁS DESTACADOS ESCRITORES PARAGUAYOS. Por VICTORIO V. SUÁREZ. Edición corregida y aumentada. Asunción, Paraguay. 2011 (654 páginas)

 

 

 

Enlace recomendado: Vida y obra del artista: LUIS ALBERTO BOH / Fuente: FORJADORES DEL PARAGUAY – DICCIONARIO BIOGRÁFICO. Realización y producción gráfica: ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL. Coordinación General: Ricardo Servín Gauto. Dirección de la obra: Oscar del Carmen Quevedo. Tel.: 595-21 373.594 – correo: arami@rieder.net.py– Asunción-Paraguay 2001 (716 páginas).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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