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JOSEFINA PLÁ


  TEATRO PARAGUAYO (1887-1900) - Por JOSEFINA PLÁ


TEATRO PARAGUAYO (1887-1900) - Por JOSEFINA PLÁ
TEATRO PARAGUAYO (1887-1900)
 
 
 
APUNTES PARA UNA HISTORIA
 
DE LA CULTURA PARAGUAYA

LA RECONSTRUCCIÓN
 
(SEGUNDA EPOCA)
 
1895-1900
 
 
 
El año 1887 se diseña en la crónica teatral paraguaya con perfiles propios. Es el año de la ópera en el Paraguay. Al empresario Baudilio Alió le corresponde el histórico honor de la iniciativa que de la contemporaneidad artística paraguaya en este aspecto; iniciativa que trajo al Paraguay la Compañía del Edén Argentino, compuesta de cuarenta personas.

Antes sin embargo de que se produjese este extraordinario evento, llegaba a Asunción una compañía de zarzuela. Estaban aún candentes las brasas del verano 1886-87: era en febrero. La compañía estaba dirigida por Andrés S. Dalmau, ya conocido nuestro (39). En ella figuraban las cantantes Rosario Peset, Asunción Peláez, Dolores Dalmau, Eloisa Amorós, Juana Lamadrid, Antonia Núñez e Isabel Costa, más las partiquinas Josefa Lamarca, Leopoldina Ruiz, Lucía Medina, Ignacia Peláez. Ellos: Andrés S. Dalmau, Augusto Amorós, Juan Silva, Juan Costa, Faustino Aramburu, Ricardo Gual, Antonio Capdevila, Antonio Frassine, más los comprimarios Cristóbal Medina, Luis Danesi, Mariano Pérez, Ventura Calvo y J. Real. Director de orquesta, Mallada, ya residente. (La orquesta, decía la Prensa, la componían profesores del Colón de Buenos Aires). Como se ve, una compañía nutrida y bastante buena. Dicho sea de paso que es una de las pocas compañías de las cuales ha sido posible rescatar en la Prensa de la época la lista completa.

Como se habrá ya intuido, la compañía venía al Olimpo; la traía Bellinzoni, que sabiendo la afición del público a estos espectáculos, pensó con ello ganarle la carrera a Baudilio Alió. Pero el catalán tenía más de un as en la manga. Al propio tiempo que Bellinzoni contrataba al elenco de Dalmau, prometiéndoselas felices, Alió contrataba en Buenos Aires, a las chitas callando, la citada compañía del Edén Argentino. Y al propio tiempo que Bellinzoni publicaba en la Prensa, eufórico, la lista de "su" compañía, exhibía Alió, mefistofélico, la suya por el mismo conducto.
Las tratativas de Alió con el elenco fueron publicadas por la Prensa local, y contribuyeron a mantener la expectativa. La compañía pidió de entrada 5.000 pesos plata mensuales, pasajes pagos y 1.000 pesos adelantados para gastos. Alió, ducho en estos asuntos, contestó: "Demasiada compañía para Asunción: alquilo teatro alumbrado, 25 pesos por noche o 20% entrada bruta (Alió, como se verá luego, era un empresario considerado) pago 50% pasajes". La compañía terminó aceptando estas condiciones y pidiendo 800 pesos adelantados. Otro cambio de telegramas para discutir este punto. Por fin todos estuvieron de acuerdo. Y la compañía llegó el 2 de marzo, en el Paraná.

Alió entre tanto no había descuidado la propaganda: sabía lo que arriesgaba. "Gran Compañía de Opera Italiana" rezaba una publicación suya, "Me es sumamente satisfactorio ofrecer un género de representaciones... completamente desconocido de los dignos habitantes de esta capital... es indudable que a una novedad semejante, tanto los honorables hijos del país como los extranjeros sabrán corresponder dignamente protegiendo con todas sus fuerzas a los distinguidos artistas, para que en adelante puedan seguir asistiéndonos compañías de primer orden como la que hoy se ofrece". La Prensa recalcó igualmente por su parte el significado del acontecimiento, y auguró a la compañía un gran éxito. (LA DEMOCRACIA, 23 de febrero).
 
 
1887 OPERA COMICA Y OPERETA "EDEN ARGENTINO"

Formaban el elenco, a cuyo frente se hallaban el maestro director R Candelli y el director de escena Casali, y entre otros artistas, las cantantes Elsa Widmar, Irma Conti, Elisa Ramolo, Julia Latticham, Annetta Pavón Moretti, los cantantes Benedetto Monteverde, Julio Casali, Polonini, Caroselli, Grondona, Ferrari, Berti, Glusani y Sauria, aparte naturalmente un buen coro, y la orquesta. La empresa la detentaba el binomio Caroselli Moretti y administraba Guillermo Janusky. La compañía debutó el 5 de marzo con LA MASCOTA, la opereta predilecta de nuestro público. Como curiosidad anotaremos los precios de esta primera compañía operística: palcos siete pesos, luneta un peso, entrada general y niños menores de ocho años, cincuenta centavos.
Las funciones continuaron con TUTTE IN MASCHERA, EL BARBERO DE SEVILLA, LAS CAMPANAS DE CORNEVILLE (dos veces), LAS EDUCANDAS DE SORRENTO, DOÑA JUANITA, EL DUQUESITO (dos veces) BOCACCIO (tres veces) y además LUCIA DE LAMMERMOOR y TRAVIATA, las dos primeras óperas serias cantadas en escenario paraguayo, y una zarzuela, LA CONSEGNA E DI RUSSARE, cuyo autor se dijo ser uno de los artistas de la compañía, Julio Casali.

Los artistas parecen haber sido realmente buenos; pero la predilección del publico por la música movida y brillante, el atractivo del argumento picaresco o romántico, en un ambiente de lujo escénico y vestuario suntuoso, deben haber contribuido al deslumbramiento de este encuentro inicial. Fue grande en efecto el entusiasmo. La sociedad paraguaya llenaba el teatro. "El público asunceno de ahora da muestras de la más pronunciada pasión por las funciones teatrales" dice LA DEMOCRACIA del 9 de marzo de 1887. Y añade unos días más tarde: "Se explica la ausencia del público antes de ahora: las compañías no alcanzaban a satisfacer sus exigencias"....Conclusión un poco simplista, y también inexacta, para no decir injusta; porque no era sólo la mayor o menor bondad del espectáculo lo que en definitiva alejaba al público del teatro o lo llevaba a él: las causas eran más profundas, arraigaban como siempre en el complejo socio-económico-cultural de la época. Y también y de paso, olvidaban, extrañamente, los cronistas la satisfacción que había experimentado ese mismo público ante actuaciones como las de Mora-Del Romeral, Dalmau-Alió, y en años menos próximos, las de Rodríguez-Quintana; los beneficios en que alguna actriz recibió como regalo espléndidos solitarios, o fue acompañada a la salida de la función hasta su alojamiento por una muchedumbre entusiasta... Por lo demás, olvidos como éste no son raros, todo lo contrario, en la crónica de nuestro acontecer teatral, para no decir en la trayectoria de nuestra crítica en sus diversas faces, el crítico recién llegado, a menudo improvisado, da por seguro que antes de su acceso a las columnas del diario o revista no pudo haber nada importante; por una razón tan simple como lo es la de que él ignora cuanto ha sucedido: y así como un rey decía "después de mí el diluvio", el critico da por seguro que "antes que yo, la nada"...

Por otra parte también, las apreciaciones mencionadas padecían de un vicio original: lo inadecuado de la comparación entre una compañía de ópera y otra de drama o de comedia e inclusive de zarzuela, en lo que se refiere a exigencias y características interpretativas. Esto sin embargo no significa intención de restar sus méritos a la compañía, que los tenía. Y el público, repitámoslo, estaba dispuesto a apreciarlos. "La mejor compañía que hasta ahora hemos tenido en el teatro"... dice una gacetilla. En LUCIA DE LAMMERMOOR, "la concurrencia fue inmensa" y exteriorizó su admiración sin regateos. "La Widmar – dice una crónica – cautivó al público como nunca... Su voz confundida con la del clarinete que la acompañaba precipitó repetidas veces al público en demostraciones de admiración pocas veces vistas en nuestro teatro. El público no cesaba de llamarla al proscenio cuando bajaba el telón". Encomiásticos son también los artículos dedicados a los otros artistas y a la orquesta, que constaba de quince profesores. La despedida fue con TRAVIATA: un nuevo y apoteósico triunfo de la compañía. La orquesta mereció aquí honores especiales: "sólo antes de la guerra se ha oído algo igual bajo la dirección del maestro Dupuis"... (Estas palabras parecen sugerir que el autor de las crónicas era un paraguayo, o por lo menos un ya antiguo residente).

La compañía partió para Corrientes. Pocos días después, Alió publicaba un balance de la temporada. Habíanse recaudado 11.088 pesos fuertes, en veinticuatro funciones a lo largo de cuarenta días (obsérvese el aumento del ritmo de los espectáculos, que marchan ahora a razón de cuatro funciones por semana). El Gobierno había concedido una subvención de 1.000 pesos, que añadida a la suma anterior, hacían 12.088 pesos. Deducido el 20% correspondiente a Alió (2.418 pesos) quedaban para la compañía 9.670 pesos, de los cuales había que añadir el 50% del monto de los pasajes (8.830 pesos) o sea 4.835 pesos, con lo cual la parte de Alió bajaba a 1.200 pesos y subía a más de 10.000 la de la compañía. Como ésta había pedido inicialmente 5.000 pesos por mes, no cabe duda de que la contraoferta de Alió había resultado favorable a la compañía misma. "Le ha ido muy bien a los artistas"... comentaba un diario.

Volvamos ahora a Bellinzoni. Como sabemos, a principios de febrero había anunciado la empresa del Olimpo la llegada de una compañía de zarzuela, director Andrés S. Dalmau. Se publicaron amplios avisos detallados del elenco compuesto de cuarenta y dos personas. La aparición de los avisos de Alió relativos a la compañía de ópera debió ser un golpe rudo para Bellinzoni, que sabía bien los puntos que calzaba su rival como empresario hábil, activo, dotado de contagioso entusiasmo, y persona simpática. De esta última cualidad no poseía, al parecer, gran caudal el italiano. (En alguna oportunidad se hizo dar de garrotazos; suponemos que no por exceso de aprecio). Bellinzoni renunció a traer su compañía.

Ello resultó una especie de Carambola para Alió, pues como se recordará, Dalmau había sido compañero de razón artística de aquél en la primera visita que hicieron a Asunción en 1885, y se había convertido luego casi en rival suyo. Bellinzoni sin embargo se tomó su desquite con el conjunto de prestidigitación J. Bosco, que funcionó en el Olimpo desde mediados de mayo, ofreciendo brillantes veladas con el más variado programa, a teatro lleno, hasta fines de julio.

Actuó también en esas semanas un circo, uno de cuyos componentes, un payaso joven, Manuel Varela, se ahogó cuando se bañaba en los bajos del Cabildo. Otro humilde artista cuyos huesos quedaron en el entonces casi silvestre cementerio del Mangrullo.

Más entrado el invierno, intentó de nuevo Bellinzoni traer una compañía de zarzuela: el intento fracasó igualmente.
 
 
1887-88 COMPAÑIA OPERA G. JANUSKI
La excelente acogida de que fue objeto la compañía Edén Argentino hizo que el empresario Alió se sintiese animado a contratar, apenas unas semanas después, otra compañía de ópera. La gestión, al parecer, partió del propio Guillermo Janusky, administrador de la anterior compañía, quien viajó hasta Asunción para entrevistarse con Alió, en los últimos días de julio de 1887. La idea pareció ser del agrado de Alió, por cuanto los diarios anunciaron que Janusky se embarcaba para seguir viaje a Italia, donde contrataría a los artistas; éstos al venir a América, actuarían por primera vez en el Paraguay. (Hasta entonces, como sabemos, las empresas paraguayas habían sido subsidiarias del ambiente teatral argentino). El Gobierno subvencionaría a la Compañía.

Las tratativas siguieron su curso normal en aquel tiempo en que el viaje de ida y vuelta a Europa llevaba meses; y la compañía llegó a Asunción al comenzar el verano de 1887. Esta vez Alió había olvidado el mal signo que en general acompañaba a los conjuntos que actuaban en plena canícula.

Este conjunto de ópera seria, el primero que efectivamente pasaba por Asunción, constaba de 43 personas, entre ellas el tenor Alejandro Rossetti, el barítono Adriano Acconci, el bajo Alejandro Nicolini; los comprimarios José Corradini, Ludovico Ferrari, Bettini; las sopranos Teresa Simone y Benic; la contralto Tamburini, las comprimarias señoras Stéfano y Josefini.
El año 1887, que fue el de la llegada de la primera compañía de opereta y ópera, no limitaría pues a este hecho sus contornos singulares en la historia de nuestro teatro. El vio actuar a dos compañías, y vendría a quedar con doble derecho en las crónicas como "el año de la ópera en Asunción". El plan de Don Carlos puesto de relieve en la construcción del Teatro Nuevo, venía a cumplirse a treinta años de distancia: pero las compañías tuvieron que actuar en el mismo viejo Teatro Nacional, cimentado en sudores de Bermejo, todavía en pie merced a una serie inacabable de refacciones. El inconcluso Teatro Nacional, si ya no era "nuevo", seguía irredento. Durante los últimos años había seguido siendo abandonado panteón de las miserias urbanas, refugio eventual de pequeños maleantes, pero también fue tentación de gentes con sentido empresario. Un señor, Andrés C. Gómez, se presentó en agosto de 1886 a la Municipalidad solicitando el local por seis años. Ofrecía techar, revocar pavimentar, sin alterar en lo mas mínimo la distribución y orden de la planta, y pagar 1000 pesos al mes como alquiler, entregando al cabo de los seis años el edificio con las mejoras. Quería, según parece, establecer allí un sitio de recreo, habilitando para ello foyer, proscenio y platea.

No le fue aceptada la propuesta. Por esos mismos días había hecho públicas Alió las condiciones del abono a las localidades – palcos – del Teatro hasta entonces existente sólo en el plano. Sin embargo, muy poco después – 29 de Agosto – se le cedió a Gómez el edificio llamado Varela-cué, para en él desarrollar los fines que se había propuesto llevar a cabo en el Teatro Nuevo; y para el 5 de septiembre el mismo Gómez llamaba a licitación para las obras de carpintería y albañilería. Como se ve, los empresarios por esos tiempos no se dormían sobre los pianos. (Vale la pena anotar que también por esas fechas – 25 de septiembre – Alió solicitaba de las autoridades correspondientes la liberación de derechos por la introducción de 30 docenas de sillas para el proyectado teatro. Solicitud que nos permite formamos una idea de la capacidad de la Platea en el plano original: 360 asientos, de los cuales no sabemos si había que añadir o descontar los asientos correspondientes a los palcos).
La segunda compañía de ópera traída por Alió tuvo buena acogida. Inició su temporada el 19 de diciembre, con HERNANI, y prolongó su actuación hasta los carnavales de 1888; fueron pues cuarenta días, que carecieron sin embargo, a lo que parece, del lustre festivo y de la animación de la anterior temporada. Indudablemente influyó en el resultado la época del año – lo peor del verano – pero intervinieron también otros factores en los cuales no había reparado sin duda lo suficiente Alió. La ópera seria no ofrecía a cierto sector del público los alicientes que la opereta o la ópera ligera; su contenido dramático era más difícil de sintonizar para esa mayoría; aunque indudablemente existiese un contingente (compuesto por el núcleo inmigrante, sobre todo el italiano) al cual este aspecto artístico atraía raigalmente (como lo demostró el éxito de TRAVIATA y de LUCIA DE LAMMERMOOR en la temporada anterior) y que sería el encargado de sostener, en temporadas subsiguientes y hasta entrado este siglo, la tradición local del alto espectáculo lírico.

En el repertorio acá dado figuraron EL BARBERO DE SEVILLA (tres veces) RIGOLETTO, IONE, FAVORITA, RUY BLAS (dos veces) NORMA FAUSTO. La primera impresión causada por la compañía no fue demasiado buena. Personas que habían tenido ocasión de asistir en Buenos Aires a las temporadas del Colón manifestaron, a través de los cronistas, cierto desencanto, al no hallar a estos artistas a la altura de los del coliseo bonaerense. Pero Pronto reaccionaron, como era razón; ya que si el nivel del espectáculo no era del Colón, tampoco los artistas tenían la pretensión de pertenecer a él; que para decir verdad, algunos de ellos venían con acompañamiento de bombos y platillos.

Las crónicas dedicadas a la compañía revelan ciertos conocimientos musicales. En LA NACION del 1º de enero de 1888, el comentarista defiende al bajo Nicolini, al cual ridiculiza LA DEMOCRACIA por su caracterización de Mefistófeles, en FAUSTO. Razona el periodista de LA NACION, con buen criterio, remitiéndose a la caracterización que del mismo Mefistófeles hace Goethe en su FAUSTO. Y se refiere a un artículo de Walter Dickson aparecido en Buenos Aires, donde el autor alude a las caracterizaciones convencionales o excesivas del personaje; demuestra en fin versación literaria y conocimiento actualizado de ciertas actividades de orden teatral.

Sin embargo, aunque la prensa se manifestó en general benévola, el público, repetimos, no parece haber prestado a esta compañía el mismo apoyo que a las anteriores. La temporada se perfiló pronto como un fracaso financiero.

La venida del circo Holmer, nuestro conocido, que actuó en el Teatro Olimpo, vino a gravitar como un factor negativo más en el resultado económico de la temporada. Lo cierto es que la compañía se disolvió, quedando pasivo y activo a cargo de Janusky, quien embarcó para Buenos Aires con su familia, bastante numerosa ésta, el 27 de enero.

Esta compañía de ópera fue pues la segunda en el año 1887, año principio de una serie que mantuvo al público paraguayo en contacto regular aunque restringido con el alto repertorio lírico vigente en el Plata.

En los años que siguen y hasta principios de siglo, las compañías líricas (ópera, opereta, zarzuela) y las mixtas (drama y zarzuela), priman en número sobre las de sólo drama o comedia. Los empresarios se dejaban lógicamente llevar por la preferencia que el público mostraba por aquellas manifestaciones líricas, en las cuales la música era elemento primordial, o por lo menos esencial aliciente. Con ello tendían a disminuir en forma correlativa las posibilidades del teatro propiamente dicho. En otras palabras, si estos hechos no dejaron de tener su reflejo en la formación del gusto musical, a la vez coadyuvaron a fomentar el desdén o por lo menos la indiferencia hacia las formas teatrales puras, que exigían para su paladeo el juego de la inteligencia, más fatigoso.

Alguien se preguntará cómo, actuando, sino siempre, frecuentemente, a teatro lleno, los conjuntos salían de sus temporadas tan a menudo con las manos en la cabeza, hueros los bolsillos. La contestación no es difícil. En primer lugar, muchas funciones se suspendían por razones meteorológicas: lluvia, calor, frío; y los días fallidos para la escena no lo eran para las cuentas de hotel, que se acumulaban con total indiferencia hacia el estado del barómetro o el termómetro, agobiando a los artistas. En segundo lugar – y quizá aquí el motivo principal – estaba la exigencia empresaria. Si Baudilio Alió se conformaba con un modesto 20%, Carlos Bellinzoni cobraba el 40 sobre las entradas brutas. Más tarde lo veremos cobrando el 60% del producto líquido. Es verdad que esto incluía el arriendo del teatro a su dueño, pues Bellinzoni, fracasado su intento de constituirse un teatro de su propiedad, tenía que arrendarlo a un señor Justo Rodríguez, acerca de cuya generosidad en materia de negocios sólo poseemos el dato del nombre, dudosa garantía. Aunque Alió debía abonar una cantidad a la Comuna por la concesión, esa suma era mucho menos elevada que aquella que por el Olimpo, local particular, exigía su dueño; y además Bellinzoni no podía – o no sabía – obtener subvenciones como más de una vez las obtuvo Alió. Como quiera que ello fuese, no era fácil que luego de semejante sangría los pobres artistas pudiesen satisfacer al hotelero y menos todavía comprar los pasajes, sobre todo si se reflexiona que las compañías ahora constaban casi siempre de más de cuarenta personas.

La participación leonina del empresario explica a su vez el hecho de que a pesar del lamentablemente frecuente fracaso financiero de los artistas, los empresarios estuviesen siempre deseosos de renovar el contrato con la Municipalidad o con los dueños de locales, y que inclusive como vamos viendo, procurasen abrir nuevos locales. El teatro, en una palabra, era casi siempre negocio para los empresarios, a menudo ruina para los artistas. Cuando éstos, o Alió y más tarde Holmer, abandonando las tablas, se convertían en empresarios, comenzaban al punto a pelechar. Y esta explicación dada a la situación en esta época vale para épocas siguientes, y no sólo por cierto exclusivamente para las compañías profesionales.

Esta abrumadora carga gravitando sobre las iniciativas teatrales se prolonga largamente, repetimos, hasta años no muy lejanos de los actuales y constituye uno de los más graves obstáculos con que tropezaron para su desenvolvimiento las aspiraciones de actores y autores nacionales, y con ellos las posibilidades de organización de un teatro nacional.

El primer choque entre los intereses artísticos locales y el interés empresario se remonta ya tan lejos como 1885; cuando la Sociedad ROMEA solicitó el arrendamiento del Teatro Nacional, cuya cesión a Bellinzoni terminaba precisamente en esos días; al propio tiempo que ROMEA su solicitud, presentaba Bellinzoni la suya de prórroga de concesión. La prensa manifestó su esperanza de que el teatro fuese concedido a la Sociedad ROMEA, dados sus nobles y desinteresados fines; pero ROMEA no pudo competir con Bellinzoni, en la oferta; y el teatro se le escapó de las manos.

También actuó ese invierno el mago africano Teodoro Truá, prestidigitador e ilusionista, en cuya compañía el público – teatro completamente lleno – se trasladaba todas las noches "al Polo Norte". Se anunció en el mes de agosto a venida al Olimpo de la compañía dramática que actuaba en la cercana ciudad de Goya. Bellinzoni veía ya llegar el momento de la inauguración del Teatro Nacional, y con ésta momentos amargos para su empresa, pues el público no podía menos que ceder a la gravitación de un auténtico coliseo moderno – para ese tiempo – cuyo escenario sabría proveer Alió con su conocida habilidad. Trataba pues a toda costa de crear a su local un prestigio y un público.
 

 
1888 COMPAÑÍA DRAMATICA JOSE M. PRADO
El conjunto anunciado por la empresa del Olimpo llegó efectivamente a fines de agosto. Figuraban en el elenco los actores José M. Prado (director), Sanfeliú, Larroy; nuestro antiguo conocido y ya viejito, Chezo; Haza, Romero, Jardón y las señoras Echeverría, de Romero, Marin y Cazzulo (también antigua conocida nuestra).

La nueva compañía inició su temporada el 1º de septiembre con UN DRAMA NUEVO como pieza principal, y LA MOSQUITA MUERTA como petipieza. La crítica dedicó en LA DEMOCRACIA espacio inusitado al estreno de Tamayo y Baus. Firmó el comentario PLATEA: seudónimo de alguien que conocía la trayectoria del teatro español de los últimos veinte años, que escribía con soltura y poseía una apreciable cultura general: quizá Victorino Abente.
La nota elogia el drama "por su forma original y atrevida, que es algo así como un gesto revolucionario del arte dramático". Recuerda luego que esa obra se estrenó en Madrid veinte años atrás; pero añade: "en cada representación se repiten los aplausos, el entusiasmo crece"; y dice que si el drama triunfó esa noche, "desde luego fue por sus bondades intrínsecas, pero también por la pericia del comandante que dirigía la batalla"... Alude luego a la personalidad del director, Prado, afirmando que posee, no sólo el talento artístico que sirve a la interpretación, sino también el talento práctico que ayuda a adaptarse al público, pues "los públicos como los hombres, no son iguales. Algunos prefieren la escuela realista y en ella la comedia de costumbres. Otros prefieren los dramas de fuerza en que aparecen en movimiento todas las pasiones humanas"; y otros en fin, "son eclécticos". Siguen apreciaciones que revelan finura en la captación psicológica del personaje y el estudio comparativo de los accidentes interpretativos (columna y media) Rarísima vez se había dedicado tanto espacio al comentario de una actuación. También es extensa la nota dedicada a LA PASIONARIA; luego los comentarios se van encogiendo y veinte.. días después sólo aparecen los avisos de las funciones. Esto sucede con frecuencia en la prensa de la época; el entusiasmo del público y el de los periodistas siguen un gráfico paralelamente decreciente. Y así la compañía Prado, luego de haber obtenido una gran concurrencia demostrando que "había entusiasmo por los dramas de comedias y costumbres", se ve poco a poco abandonada del público y termina su temporada sin gloria, aunque esperamos que también sin gran pena.

Fue en esta compañía, "la última que actuó en el Olimpo en 1888" donde figuró, sin aparecer en las listas publicadas, al menos con el nombre del marido, una actriz, la esposa de Janusky, nuestro conocido administrador de la primera compañía lírica llegada al país. Según se desprende de los datos, la señora Janusky se había largado al Paraguay con la compañía Prado, sin avisar al consorte. Este, residente en la Plata, presentó en los tribunales asuncenos auto de prisión contra la cónyuge excursionista, "sin acompañar al documento certificado de matrimonio"... La señora Janusky, a estar por los diarios, era, "si no seductora, atrayente y bien parecida"; su fuga se debía, según declaró, "a que estaba desilusionada del esposo, que dejaba su arte para dedicarse a campesino" (por lo visto Janusky harto de las vacas flacas en el teatro habíase puesto a perseguir las gordas en el campo). Ante el juez, la señora declaró también que no quería reunirse con su marido, "porque temía por su vida"... No hay datos acerca del desenlace de este entremés judicial.

Los meses finales de 1888 fueron bastante movidos, ya que encontramos también compañías funcionando en el Olimpo y en el Andreuzzi (o Cancha sociedad) (40) en las afueras. (El tranvía, que llegaba hasta este último local, hacía, del viajecito, un paseo, por esos tiempos muy favorecido).
 

 
1888 COMPAÑÍA DE ZARZUELA FELIX AMURRIO
En efecto, la Compañía Prado no había terminado aún su actuación en el Olimpo, cuando se anuncia en el Teatro Andreuzzi la llegada, el 7 de noviembre, de la Compañía de Zarzuela Félix Amurrio, "procedente de España y Buenos Aires" en la cual figuraban, al lado de los actores Juan Costas, Miguel Máiquez, F. de Paula Montiel, Granados, y las actrices Ascención Cabrera, Asunción Montel y María Díaz, otros artistas ya conocidos de nuestro público, como Carmen del Romeral, M. Juvanet y S. Parga. Traían veinte coristas y una orquesta formada "por profesores de los principales teatros de Buenos Aires". Abrieron un abono de veinte funciones.

Llegaba esta compañía aprovechando, como ya antes tantas otras, las vacaciones en que Buenos Aires dejaba a sus artistas durante los meses de verano. Bellinzoni buscaba seguramente con esta contrata desquitarse. No sabemos quién fue el representante: posiblemente fuese un señor Granato; ya que la prensa de la época, poco previsora con respecto a la información que en ella pudiese años más tarde buscar esos pescadores sin caña que son los investigadores, no se cuidó de apuntarlo en sus columnas.
Como ya se ha indicado varias veces, la lógica ansiedad de ganar unos pesos durante los meses de forzosa inacción traía a nuestras playas a esas compañías, que sólo después de llegar palpaban la dolorosa realidad. Si acá no existía una tradición de descanso estival para los actores, porque éstos no existían en la estadística local, había para los espectadores una tradición del calor que daba el mismo resultado. La gente prefería pasar las noches de verano al fresco en lugar de sentada en el teatro, soportando el calor sin comodidad alguna; en todo caso, prefería el circo, cuando había circo, porque éste era al aire libre, y por tanto, se hacía más soportable. Es singular que a pesar de la repetición del desastre, conjuntos y empresarios hayan persistido en el error, provocando una y otra vez el fracaso financiero. Ya se ha visto cómo hasta el avisado Alió se dejó pillar los dedos alguna vez.

El debut de la compañía se realizó el 11 de noviembre con LA TEMPESTAD; pero un acontecimiento infeliz vino a interrumpir la temporada. Carmen del Romeral, la fina actriz que en la temporada de 1884 se había granjeado el aplauso y el aprecio de nuestro público, falleció el día 15, de mañana. Hallábase la actriz encinta; las fatigas del viaje apresuraron el parto; y por otro lado "era tal el estado de debilidad de la pobre mujer, que no resistió". Al día siguiente los artistas del conjunto acompañaron, en pequeño y patético pelotón, los restos de la compañera de labor, al cementerio de la Recoleta. (Tres días después se reanudaba la temporada. Había que vivir. Carmen dejaba tres hijas pequeñas, de las cuales parece haberse hecho cargo, de momento al menos, la compañía).

Era la primera vez que la Sala Andreuzzi acogía un espectáculo de esta naturaleza y categoría, y para ello se había engalanado lo mejor posible. En el telón de boca figuraba "el desembarco de Colón en tierra americana". La compañía produjo excelente impresión. Refiriéndose a la señora Cabrera, dice el cronista: "Posee una voz clara, poderosa, arrebatadora: primeras tiples como estas no habían aparecido aún en nuestros teatros"... "no es vana la fama que tiene ganada"... Sigue el cronista expidiéndose en términos igualmente favorables sobre el resto del elenco afirmando al final "el conjunto es el mejor que hemos tenido por acá"... Frase que a estas alturas es ya estereotipia.
El día 20 ofrecía la Compañía Prado, del Olimpo, una función a beneficio del Asilo de Mendigos. El conjunto de Amurrio tuvo una actitud cortés y solidaria: suspendió su propia función para no restar público a aquél. Actitud tanto más de loar si se considera la situación de la recién llegada compañía.

El 22 daba su beneficio el actor Larroy, del Olimpo; Amurrio ofreció igualmente su colaboración para esta fiesta, y la prensa no dejó de subrayar que esa noche "se harían ver juntos Prado, el inteligente y Amurrio, el aplaudido". Pero la cosa era inevitable: a medida que Prado bajaba, Amurrio subía. Las funciones de JUGAR CON FUEGO, MARINA, EL CARAMELO (en donde se aplaudieron los coros "que entre nosotros nunca se aplauden") CAMPANONE, LOS MAGIARES, fueron otros tantos triunfos para los actores de Amurrio, si bien no dejaron de tener sus altibajos, pues en PASCUAL BAILON, en LA MASCOTA y en CATALINA "dejaron bastante de desear" (en general hubo excepciones individuales) "La sala Andreuzzi – dice una gacetilla de fines de noviembre – se ha convertido en el punto de reunión de la sociedad elegante".

En LA MASCOTA, la compañía parece defraudó al público, que conocía bien la obra y la recordaba de cuando la representó Dalmau; "el público manifestó marcado disgusto; sólo se desempeñaron regularmente la Cabrera y Pombal"... en CATALINA la Compañía volvió a bajar, y así continuó un tiempito, marcando un gráfico variable de éxitos. Vino a complicar el cuadro el mago africano Trúa, con su reaparición a finales de noviembre. La Compañía Prado desapareció del todo; y la Amurrio, que se había iniciado tan bien, empezó a declinar también rápidamente. Ya el 9 de enero de 1889 dice un diario: "La Compañía Amurrio parece haber entrado en decadencia, habiendo desde el comienzo proporcionado muy gratos momentos a los aficionados al teatro..." Ese día dieron LOS MAGIARES a beneficio del tenor Costas, con sólo treinta y tantas personas en palcos y plateas. Muy grave debió de ser la defección del público por cuanto el día doce, al anunciarse la función a beneficio del templo de la Encarnación (destruido por un incendio) se anuncia a la vez que las damas mismas de la Comisión se encargarían de vender las entradas, diplomática forma de obligar al público, que ha surtido efecto en todo tiempo.

La Compañía Amurrio dio la última función a beneficio de las hijas de la actriz Carmen de Romeral; la sociedad asuncena respondió ampliamente. La compañía ofreció dar otro beneficio para el Asilo de Mendigos: La Comisión no aceptó, manifestando que "el público estaba cansado de tanto beneficio". Y los artistas dieron por terminada su temporada.

La crisis económica era sin duda muy grave en esa época y se agudizaría en los meses siguientes, hasta alcanzar su ápice unos años después. Durante este año 1889, sin embargo, se terminarían las obras del nuevo teatro, primero "Politeama Paraguayo", luego Teatro Nacional. Funcionaban por entonces, o funcionaron un poco más tarde, otros locales:
El Alcázar de Variedades (1º de enero de 1890) situado en Oliva esquina Paraná, donde se daban todo el año bailes que por cierto terminaban muchas veces como el Rosario de la Aurora, por un dácame allá un pañuelo azul o una corbata roja (en una de esas zambras, el capitán del TACUARI recibió en la frente un golpe que lo tuvo varios días sin bitácora...)

La Sala Andreuzzi, de la cual no encontramos datos que la ubiquen.

El Olimpo, que en ocasiones llegó a albergar auténticas compañías, pero que más a menudo funcionaba a base de conjuntos de variedades.

Había también un par de salones de recreo. Esta multiplicación de los lugares y ocasiones de esparcimiento era el resultado, no sólo del crecimiento urbano, sino también de la difusión de la cultura material de que fueron agentes los núcleos inmigrantes, con la formación incipiente de nuevas elites, grupos de presión y a quienes se debe la aparición de nuevas necesidades suntuarias, de afanes de entretenimiento y de cultura.

Algunas sociedades filarmónicas – cuyos promotores eran por igual españoles e italianos – llenaban los intervalos con actuaciones benéficas o simplemente de carácter cultural, que tenían su propio ambiente, ya que como se ha dicho la música alcanzó más pronto categoría activa y atmósfera propicia que el teatro convirtiéndose en hábito o necesidad del espíritu. Los cuadros filodramáticos propiamente dichos (aficionados) apenas dan señales de vida desde 1885.

El 26 de mayo de este 1888 debutó la compañía de acróbatas UMBERTO I, no sabemos por qué llamada "de las cuarenta onzas", dirigida por Pablo Raffeto. Este conjunto inició la costumbre de dar dos funciones diarias, con inmenso placer del público; una de día y otra de noche. La prensa calificó la compañía de Raffeto como "la más brillante y divertida que se ha visto en esta ciudad". De ella formaba parte el tirador Capitán Verdi, que más tarde se desligó del conjunto para convertirse en su propio empresario, ofreciendo un espectáculo que intituló "Las Metamorfosis", y que, como el nombre lo indica, consistía en la mutación de forma y color, a la vista del público, de cosas animales y personas. El Capitán Verdi parece haber tenido bastante éxito. Hubo también un ventrílocuo y prestidigitador nacional, el Dr. Fermín Guerrero, "competidor de MacAllister" quien actuó en funciones benéficas, y lo hizo tan bien, que le costó luego trabajo despegarse de sus admiradores, quienes encontraban quizá que había errado de vocación, y que manejando conejos subrepticios hacía labor más optimista que manejando el estetoscopio.
 

 
1889 COMPAÑIA DE ZARZUELA VALENTIN GAINZA
Casi simultáneamente con el circo, debuta en el Olimpo un conjunto dirigido por Valentín Gainza, tenor cómico que se había hecho un prestigio entre nuestro publico en anteriores visitas. Son pocas las referencias que conservan los diarios de la época acerca de la actuación de este conjunto. Formaban en él: Concepción Rico, Lorenza Bobone, Ricardo Rico, y una jovencita, segunda tiple, que andando el tiempo debía alcanzar espléndido renombre como artista lírica y ganarse el afecto del gran pública en el Plata: Orfila Rico, dieron entre otras piezas: CHATEAU MARGAUX (estreno en Asunción) TOREAR POR LO FINO, LA COLEGIALA, ROBINSON CRUSOE, LA SALSA DE ANICETA, esta última estrenada en Asunción hacía ya más de treinta años. De una de las funciones leemos:

"... Los artistas se portaron admirablemente... Numerosa concurrencia" (la función era a beneficio del Hospital de Caridad). Otra función beneficio se organizó a favor de un artista paraguayo acróbata que figuraba en el circo UMBERTO I (este seguía en la capital). La función "de gracia", que correspondía al director Gainza, no alcanzó sin embargo a darse, porque – manifestó públicamente el director – los artistas del elenco "se negaron con fútiles pretextos a trabajar"... Según Gainza, la defección de sus compañeros le había ocasionado una pérdida de más de mil quinientos pesos. Los artistas replicaron diciendo que tal cálculo era exagerado, pues el sesenta por ciento correspondía al empresario, con lo cual los mil quinientos se reducían a menos de la mitad... En la misma contestación, los artistas rebeldes pusieron a Gainza como chupa de dómine, tildándolo de egoísta, desconsiderado y desmedidamente ambicioso; "aspiraba ser el único a brillar sobre la escena...". Le acusaron además de inhumanidad, por haber abandonado en poblaciones extrañas, enfermos y sin recursos a artistas compañeros "de tan reconocido mérito como él"... Añadieron que no tenía por qué quejarse, porque poseía un capital en "cédulas hipotecarias". Y la cosa terminó quedándose Gainza sin beneficio pero con sus cédulas, y los artistas disidentes sin cédulas y sin beneficio.

Siguen discurriendo los meses de este 1889 con espectáculos menores, algunos autóctonos. Bailes en el Alcázar, cuya inauguración se realizó en mayo: vino para la ocasión el barítono A. Berton (la apertura debía realizarse con una compañía de canto, y se postergó dos meses con el mal tiempo). Actividades de la Sociedad Coral Española. Funciones del concertista ciego Elizardo Alvarez. Se anunció una compañía de canto y baile flamenco en el mismo Olimpo. No vino por entonces. Actuó en cambio el "Doctor del Diablo", Zavala Kiss, quien después de una gira artística por los pueblos del interior, vino a la capital.
 

 
1889 INAUGURACION DEL TEATRO NACIONAL
Las obras del Teatro Nacional, demoradas por razones que no aparecen bien especificadas en la prensa de la época, habían continuado durante la primera mitad del 89. No debió resultar fácil, ni aún para un hombre de tan clara visión económica como Alió, la financiación de la obra, realmente costosa, ya que superaba los 89.000 pesos. Un fortunón, en esa época. Alió tuvo que echar mano a recursos heroicos para reunir la suma (De algunas de las peripecias de la empresa se da cuenta en el Capitulo IV). Pero todas las cosas tienen fin en esta vida, y las del teatro lo tuvieron también.

En julio nos visitó una "compañía de orquesta", La Estudiantina Española FIGARO con un repertorio escogido y atrayente, donde al lado de la música de B. Verdi, Schubert, Flotow, Waldenteufel, Granados, figuraban trozos de las más exitosas operetas y zarzuelas. Fue este conjunto musical el encargado de inaugurar el 21 de julio, en una función a las dos de la tarde, el recién construido y flamante Teatro Nacional; nombre éste que por razones obvias, había triunfado sobre el de POLITEAMA PARAGUAYO propuesto por Alió.

¿Por qué la inauguración se realizó en esta forma, poco específica, digámoslo así, ya que la ocasión requería la presencia de una compañía de teatro, bien elegida además?... No hay indicio de esas razones. Quizá el motivo principal fuese lo difícil – o imposible – que resultaba a esta altura del año conseguir una compañía buena, dispuesta a trasladarse acá, abandonando el fértil terreno del Buenos Aires invernal.

Sin embargo, si se había construido un teatro, era para utilizarlo como tal: Alió consiguió una compañía para primeros de septiembre. El cinco de ese mes estaba en Asunción el conjunto de Antonio del Valle, en cuyo crecido elenco se contaba la primera tiple absoluto, señora Josefina Plá, y un cantante destinado a brillante y popular carrera: Pepe Romeu.
 
 
 
 
1889 COMPAÑIA DE ZARZUELA PLA-ROMEU

La compañía en la cual figuraban, además de los nombrados, las señoras Martínez, Cevallos, Pilar Chaves, Latorre y Urritia; los señores Ricardo Cardone, Salvador Cabra, José Chaves, José Agustino, Ricardo Leonardo Méndez, Andrés Vidal, Gregorio Gil, Cevallos y Monleón; y cuyo maestro y concertador era Antonio Delvalle, tenía 15 profesores en su orquesta y 16 coristas. Inauguró su temporada con una función de gala dedicada al aniversario italiano, el 22 de setiembre; el programa lo formaron MARINA y LUCERO DEL ALBA.

"Alió nos ha traído la mejor compañía que actúa en el Plata" dijeron al día siguiente los cronistas. "Toda la compañía, desde las primeras partes a la última corista, se han desempeñado en forma satisfactoria". Siguieron piezas conocidas de nuestro publico como JUGAR CON FUEGO, EL ANILLO DE HIERRO, LOS DIAMANTES, EL BARBERILLO DE LAVAPIES, LA MASCOTA (dos veces) "estuvo espléndida". (La nota discordante fue BAZAR DE NOVIAS: "una patochada, no fue aplaudida").
La compañía, como se ve, dio piezas ya conocidas pero con tanto gusto y ajuste, que el público las trasegó como nuevas. Dio además otras inéditas en el medio, especialmente de género chico: piezas cortas, festivas, risueñas, que este público encontraba muy de su agrado: PAÑUELO DE HIERBAS, EL HOMBRE ES DEBIL, EL GORRO FRIGIO, Y COMICI TRONATI, y sobre todo LA GRAN VIA, éxito inenarrable que alcanzó – una cosa inaudita en aquel tiempo – ocho representaciones; de ellas cuatro consecutivas. La compañía dio las acostumbradas funciones a beneficio con éxito óptimo. Pepe Romeu, en el cual se apreciaron "méritos artísticos e inapreciables prendas personales", recibió en su función valiosos regalos, así como la tiple Josefina Plá. Esta celebró su beneficio el 12 de noviembre, con LA TEMPESTAD y la GRAN VIA, cosechó aplausos a granel; flores, "bouquets" y regalos: "más merece la eximia artista, que hasta hoy el público asunceno no conoció otra mejor"... Josefina Plá se separó de la compañía sin esperar el fin de la temporada, por motivos no aclarados pero que al parecer no tenían nada que ver con el orden interno de la misma.

Sustituyó a Josefina Plá la tiple Maza, que hizo su debut el 13 de noviembre; la crónica dijo que "había estado inmejorable" y la juzgó "digna reemplazante de la señora Josefina Plá". Su éxito mayor lo tuvo con CHATEAUX MARGAUX. Esta pieza era de las favoritas del público asunceno, y tuvo varias representaciones. Pero "hasta el fin nadie es dichoso"; esta compañía signo tan próspero tuvo también sus quebrantos. Una noche, a la hora de empezar a vestirse los actores, la tiple Maza no acudió a su camerino; se la buscó, como a la Margarita de Darío, y, como a ella, no se la encontró: la tiple había tomado mañana el barco aguas abajo rumbo a Buenos Aires, dejando plantados al empresario y al director de la compañía; y, si qué decir tiene, en llanta al elenco.

Los perjudicados, furibundos, hicieron avisar por telégrafo al resguardo del puerto de Pilar. Aquí terminó el viaje de la fugitiva señorita Maza, quien hubo de regresar, mal de su grado, a Asunción. Dijo la Maza a los periodistas y a cuantos quisieron oírla, que se había ido, simplemente, porque no existía contrato escrito, no debía a nadie un centavo, y estaba harta de cantar CHATEAUX MARGAUX. Enseguida entabló querella contra Alió y Delvalle, por lo que tenía visos de secuestro, segura de ganar y diciendo que los daños y perjuicios que sin duda iba a cobrarlos donaría al Hospital de Caridad. Los diarios no dan más noticias de este sabroso incidente; pero la compañía no sufrió, a fin de cuentas perjuicio mayor, porque allí estaba Isabelita Alió, la hija de Baudilio, dispuesta a sustituir a la Maza, como en efecto lo hizo.

Isabelita, "dotada de una voz encantadora y de una hermosura y elegancia poco comunes", llevó a buen puerto la compañía permitiéndole terminar sin tropiezo su contrato. No fue ello sin embargo sin dejar en la crónica teatral nuestra el episodio de las primeras trompadas – concretadas o figuradas – entre artistas y chicos de la Prensa; y no por cierto por motivos puramente periodísticos. Fueron paciente y agente, respectivamente, del episodio mencionado, un reportero de nombre Alborino y el tenor Romeu, a quien el primero no consiguió convencer de que su interés al penetrar entre telones (Alió había prohibido el paso a este recinto a nadie que no fuese de la compañía), era meramente periodístico y estético; y tuvo al fin para ello que recurrir a argumentos contundentes. Al parecer, Alborino llegaba atraído por el lírico imán de una de las tiples, señorita Cevallos. No le bastaba verla y oírla en el escenario: quería hacerlo en privado.

Isabelita cantó, además de BOCCACCIO, MASCOTA y LA TEMPESTAD. Tuvo un espléndido beneficio con esta última pieza. La compañía se despidió a fin de año dejando un brillante recuerdo; y Alió, que había cobrado tres mil pesos de subvención, publicó en la prensa una carta agradeciendo el apoyo que ésta había significado para la temporada.
 
 

1890 COMPAÑÍA DE ZARZUELA F. ABELLA
El año 1890 se inicia acusando el cansancio de las activas veladas del 1889; pero el sedimento de estas actuaciones no podía ser sino positivo; y así vemos cómo se exhorta a las sociedades filarmónicas a sacudir la modorra, y se anuncia la formación de una nueva compañía de aficionados que dará funciones a beneficio del Hospital y de otros establecimientos de asistencia social; este anuncio parece haber quedado en agua de borrajas. Vuelven los espectáculos menores: Zabala Kiss, "el doctor del diablo"; el ciego concertista Elizardo Alvarez; se anuncia de nuevo la compañía flamenca en el Olimpo.

A mediados de abril, Baudilio Alió pidió una subvención de nueve mil pesos como ayuda para el año teatral en el flamante coliseo. No le fueron concedidos nueve mil pesos, pero sí seis mil. Alió viajó a Buenos Aires para contratar la compañía, prometiendo traer un conjunto ya para las fiestas de mayo; pero la compañía no llegó sino a fines de ese mes en el "Saturno".

Desarrolló un abono de treinta funciones. Los periódicos recalcaron que por primera vez se iba a tener temporada de zarzuela en invierno, como correspondía; ya que el teatro era cosa de dicha estación y no de verano. Fue una innovación de esa compañía – siguiendo la costumbre de los teatros de Buenos Aires – la función en matiné. Sino todas las veces, muchas de ellas – los sábados y domingos – daba una función de teatro a la tarde, a las dos, y otra de noche.

Dirigía el conjunto Felipe Abella, y formaban el elenco: Mariano Blaya, José Mori, José Agustini, Generoso Calzado, Vicente Honrubia, Gumersindo Cutier, Manuel Chulia, Ricardo Alvarez, José Ruiz Fratellini, Marcelina Quaranta, Julia Cifuentes, Ismenia Mateos, Laura Suarez, María Vilar, Juanita Borguini y Auria Chulia. Maestro músico, Juan N. Campos. Como se ve, un conjunto mixto, español-italiano.

Debutaron los artistas con LA TEMPESTAD, el treinta de mayo: "el mal tiempo impidió el lleno total". La compañía "hizo un buen estreno". Descollaron desde el comienzo las señoras Quaranta y Cifuentes, la señorita Mateos, y los cantantes Abella, Mori y Blaya. En cambio, Fratellini, "dejó mucho que desear". "la parte coral es lo mejor que hasta ahora hemos tenido en el Nacional". Siguieron piezas ya conocidas de este público: LOS MOSQUETEROS GRISES, EL DIABLO EN EL PODER, CAMPANONE, MASCOTA, LAS CORTES DE CADIZ, EL ANILLO DE HIERRO, LAS HIJAS DE EVA, LOS DIAMANTES DE LA CORONA, CHATEAUX MARGAUX.

Esta compañía, que según se ha visto introdujo un ritmo más frecuente en las presentaciones – eran ahora cuatro veces por semana y de ellas dos dobles, lo cual supone seis funciones semanales – tuvo sus mejores éxitos en LA GRAN VIA, LAS CORTES DE CADIZ y CERTAMEN NACIONAL, estrenos estas dos últimas.

En la función del 15 de junio, cuyo programa lo constituían LAS HIJAS DE EVA y NIÑA PANCHA, se produjo un incidente; "un ocupante del segundo palco de la derecha interrumpió varias veces la interpretación, dando golpes de bastón en el piso; lo cual motivó que varias familias se retirasen del teatro"...

Algunas de las piezas fueron repetidas hasta siete veces. CERTAMEN NACIONAL fue calificada de "acontecimiento teatral de la temporada". Esta efusiva acogida inspiró a los artistas la idea de reponer la pieza, introduciendo en ella modificaciones con miras al gusto local. En efecto, poco después se anuncia que la pieza se pone de nuevo en escena "con cuadros nuevos y localizada" (A esto se refirió seguramente un cronista cuando dijo: "lamentamos que se dé localismo truncando piezas españolas". Las concesiones al gusto del público, a que son propensos los artistas populacheros, producen siempre estos resultados).

El encargado de introducir esas innovaciones de color local fue el artista Agustini, que era – cosa curiosa – ciego (no se indica cómo actuaba) y que también había introducido coplas inéditas en LAS CORTES DE CADIZ. Por una de esas fatalidades más que frecuentes en los mal conservados documentos de nuestra hemeroteca, faltan los diarios correspondientes a estas fechas y no hemos podido saber en qué consistieron los añadidos con que Agustini "localizó" la obra ni tampoco el acontecimiento local, al que quiso responder esa "identificación", que el concepto "localizar" supone, y que debió existir, para que el público la pudiese "reconocer" en la obra.

Ella queda sin embargo como la primera obra "adaptada" en nuestro medio... sin conocimiento, por supuesto, del autor. (Digamos que por mucho tiempo, y por no existir el correspondiente convenio de derechos autorales entre los demás países y el Paraguay, las compañías no abonaban la mayoría de las veces los correspondientes derechos de autor).

La compañía sin embargo había llegado en muy mal momento. "La escasez de plata que nos aflige – dice un diario – viene a dar tintes sombríos al drama (sic) pero el público entusiasta amigo del arte sabrá sobreponerse a tales escaseces...". La prensa dedica a la compañía bastante espacio, sobre todo al principio, como de costumbre. La compañía fue pues bien recibida, aunque el público no fue en todas las funciones lo numeroso que debiera. La prensa, como ya en ocasiones anteriores, fustigó la desidia, censurando esa inasistencia: "parece como si nuestro público fuera tan escaso como para no poder reunirse doscientas o trescientas personas por noche... Parece que la juventud paraguaya no gusta del teatro...". Si eso se decía en la Asunción de 1890 con sus veinte mil habitantes escasos, ¿qué diríamos hoy, cuando la capital cuenta mas de medio millón? Confesemos sin embargo que en los últimos años la situación ha mejorado.

Un circo, primero, y luego la compañía flamenca, cuyo anuncio resucitó, esta vez verídicamente, en el Olimpo, su empresario, vinieron a mermar aún los ánimos en las últimas semanas para la concurrencia al teatro. Sin embargo, la compañía, cumplido su abono de treinta funciones, más las de gracia, que fueron varias, pudo salir sin contratiempo en el "Cosmos" el 31 de agosto, para Corrientes, y antes de que llegase a su apogeo la viruela que en meses se ensañó con la población del Paraguay. (En Asunción las defunciones alcanzaron a 400 por mes en el período álgido de la epidemia).

Esta sin embargo, no arredró a los componentes del cuadro flamenco, que llegaban contratados por el empresario del Olimpo, y que actuaron varias semanas con beneplácito del público, al cual tampoco arredraba la situación sanitaria, y que no se curaba de evitar las aglomeraciones. Formaban en ese conjunto los artistas Flora Pérez, Julio Ruiz y Srta. Zapata, entre otros. En octubre se anunció una nueva compañía lírica.

A este año pertenece también un acontecimiento que vale la pena anotar, aunque no se trata de teatro y sí de música; la actuación de un noble artista, el pianista Albert Friedenthal, que dio con gran satisfacción de los entendidos tres conciertos a base de música altamente seleccionada: Brahms, Chopin, Wagner, Liszt, en el salón de la Sociedad del Cuarteto.

De los primeros meses de 1891 no tenemos noticia: los diarios correspondientes a las fechas de enero a julio de ese año faltan todos en la hemeroteca del Archivo Nacional.

Después de julio de 1891 hubo, como siempre, circo en el Olimpo, esta vez las funciones, como siempre también, terminaban con una pantomima, que el público hallaba de su agrado; estas expresiones elementales de teatro no dejaban nunca de tener éxito.
Un artista de esta compañía, M. Wallace, consiguió se le cediera el Teatro Nacional para su función de gracia. También dieron en el Nacional sus funciones el Comendador Meck y la baronesa Stahl, con programas de hipnotismo y trasmutación personal, en julio. Siempre en el Teatro Nacional, hallamos funciones de la Sociedad Lírica Dramática; nuevo avatar del teatro aficionado que despierta de un sueño de varios años: PALABRA DE ARAGONES, NENITA, CHATEAUX MARGAUX, en noviembre. De esta Sociedad sabemos que formaban parte dos señores de apellido Serraclara y Corona, y el niño Serraclara. Como fin de curso ese año se vio en colegios DIALOGOS ENTRE MADRE E HIJA, de Pane. En el salón del Centro Español dio un concierto otro solista y compositor forastero, Moreira de Sá, el 10 de agosto. Para rematar, títeres en diciembre.
 
 
1892 COMPAÑIA INFANTIL PARAGUAYA DE ZARZUELA
El año 1892 se inicia igualmente escuálido en lo que a manifestaciones teatrales se refiere. Veladas públicas y familiares – éstas ahora incluyen recitados y diálogos – conciertos (casi siempre benéficos); bailes. En el mes de junio y sin previo anuncio aparece una Compañía Infantil nada menos que de zarzuela, organizada localmente, también con fines benéficos. La formaban Enrique Alió, Deolinda Ferreira, María Elena Gaona, Leandro Abente, Carlos Peña (jóvenes) Baudilio Alió, Bienvenido Fuster, María y Alice Ferreira, Elodia Aguínaga, Rogelio Alvarez, N. Fuster (niños). Como se ve, vástagos de familias patricias o residentes, socialmente destacadas. La idea de formar esta compañía es posible partiese del mismo Baudilio Alió, presidente de la Coral y Filodramática Española, cuyos dos hijos, además de Isabelita, la mayor, habían ya figurado en el elenco de la Compañía Dalmau-Alió en 1885, "representando papeles especiales".

Como se trataba de una compañía de aficionados, sus funciones tenían carácter irregular; pero las pocas noticias que es posible espigar en la prensa de ese tiempo dan a entender que se llevaron a cabo varias presentaciones: EL LOBO MARINO, DON JUAN TENORIO; ME CONVIENE ESTA MUJER, el 23 de junio; COMO EL PEZ EN EL AGUA, el 12 de julio; LA CENICIENTA, el 16. La simpática compañía, el primer conjunto infantil en nuestra crónica teatral, iba viento en popa, cuando sin saberse el por qué, encontramos a los jóvenes disgustados con los niños; la compañía se divide por gala en dos, de las cuales sólo la infantil continúa en las tablas.
Un suceso penoso vino por lo demás a interrumpir las actividades del conjunto; el 16 de agosto moría Baudilio Alió, el artista y empresario cuyo campechano dinamismo y entusiasmo por el teatro habían tenido su más concreto símbolo en la construcción del nuevo Teatro Nacional. Los diarios dedicaron a su fallecimiento muy poco espacio: menos del que unos meses después dedicaron a una función de circo. En esto, como en otros hechos que irán anotándose hemos de ver los efectos de los cambios que en esos años experimenta la situación cultural, al pasar el timón a las generaciones jóvenes, a los hijos de inmigrantes cuyas preocupaciones regía el signo político o el de las preocupaciones sociales y económicas, antes que el pura y románticamente humanista; y para las cuales el arte en general, el teatro en particular, ocupaba un segundo plano en sus intereses, como "divertimento", más o menos moralizador; como una manera de pasar el tiempo agradablemente; nunca como álgido producto del espíritu y menos aún una necesidad social y cultural.
La ausencia definitiva de Baudilio Alió introdujo una evidente desorientación en los planos administrativos del teatro; las personas que ocuparon su lugar no tenían el olfato empresario ni la elasticidad temperamental del dinámico catalán. Los hechos teatrales de los años subsiguientes lo comprobarán.

Ignoramos los detalles del viaje y del contrato; pero un mes después encontramos a la compañía infantil actuando "con espléndido éxito" en Montevideo, con LA CENICIENTA, a beneficio de la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos. Sería pues esta compañía infantil la primera formada en el país que salió al exterior y obtuvo la aprobación de la crítica, adelantándose, y no sólo en un aspecto, más de medio siglo, a las compañías adultas profesionales.
 

 
1893 COMPAÑIA INFANTIL DE ZARZUELA COMICA

Fallecido Baudilio Alió, no sólo animador del ambiente escénico, sino también eje de la empresa misma del Nacional, cuya sociedad de accionistas había promovido, es lógico que los reajustes administrativos llevasen tiempo y que ello se tradujese en un hiato funcional. Reorganizada dicha administración, luego de extendida la concesión a la misma sociedad de accionistas, se anunció la llegada de una compañía infantil que funcionaba en Goya.

La Gran Compañía Infantil de Zarzuela Cómica llegó el 29 de mayo. La componían catorce adolescentes, entre ellos Nicolino Pellegrini, de larga y notoria actuación en el medio luego. Abrió un abono de 15 funciones; pero debido a lo inquieto de aquellos momentos, absorbidos por los azares de la política interna, es muy escaso el espacio que a este conjunto dedican los diarios, y faltan datos de casi todas las actuaciones. Dio la simpática compañía, entre otras piezas, zarzuelas como CHATEAUX MARGAUX, EL GORRO FRIGIO, COMO ESTA LA SOCIEDAD, EL BAILE CHINO, UNA VIEJA; y sainetes como LOS TRANSNOCHADORES, ABRA USTED LA PUERTA, MAS VALE MAÑA QUE FUERZA, EL FALDO DE LA LEVITA. En la función de beneficio de Nicolino Pellegrini, éste tocó el violín: el cronista señala con él mucha limpieza en las notas, especialmente las armónicas, dobles cuerdas y saltos, así como en las staccatos y sattelatos del "Souvenir" de Bellini, muy aplaudidos," por lo bien marcados".

La compañía infantil parecía marchar bien; pero pronto se oscureció el horizonte administrativo; la empresaria señora Elvira Pinochetti de Costa (que tenía en la compañía tres hijos o por lo menos tres parientes) atropelló, desfaciendo no sabemos qué entuertos, el santuario del dueño del café del Teatro, señor Fassanelli, aplicándole unos furibundos golpes y quebrándole unas cuantas cafeteras. Fue detenida, y luego puesta en libertad; pero cuando.. pocos días después se presentó un ujier del Tribunal con un mandamiento, la nerviosa señora le tiró a la cabeza una pala y una raqueta, y se hizo conducir, nuevamente a la Policía. Después de estos desahogos emocionales de la empresaria, no se tiene más noticia de la compañía infantil, por este año.

Unos señores, Carlos Granato (este nombre ha sonado alguna vez ya antes) y Compañía, anunciaron el 24 de agosto su propósito de traer una compañía de zarzuela. Entre tanto, conciertos y veladas fueron llenando el vacío escénico. En octubre algunos aficionados españoles dieron una función teatral a beneficio de la Sociedad Española de Socorros Mutuos; unas semanas más tarde, en vista del éxito obtenida, se reorganizaron incorporando elementos de la sociedad recreativa "La Olla", recién constituida, y dieron otras funciones benéficas más, con las piezas JUEZ Y PARTE, EN LAS ASTAS DEL TORO, la zarzuela PASCUAL BAILON y alguna otra.
Se trataba, según rezan las crónicas, de "humildes trabajadores los más, que al dejar sus trabajos diarios, en vez de ir al café a descansar se ponen a ensayar para recolectar fondos para las Sociedades benéficas". (Hermoso ejemplo que valdría la pena considerar). Formaban ese grupo aficionado, en noviembre de 1893, Enriqueta de Orquiles, Concepción J. de Gras (ya conocida por su actuación en veladas líricas) Sta. Lacruz Belloqui; nuestros amigos del Romea, Emilio y Miguel Prats; Suizo Fina, Juan Casabianca, Agustín Gras y Amparo Diez Pérez.

En diciembre de 1893 llegó al Teatro Nacional una compañía contratada por el maestro Arturo Cabib, aunque la empresa local era Carlos Granato y Cía. En el elenco encontramos nombres familiares: Valentín Gainza, señora de Cazzulo, Barragan, etc. Dirigía Jaime Falconer. Primer actor, Jaime Falconer. Bajo cómico, Velasco. Tenor, Velasco (se supone que otro). Primera actriz, Pura Contreras. Segunda tiple, Carmen Martínez.
 

 
1894 GRAN COMPAÑIA DE ZARZUELA ESPAÑOLA

Inauguró esta compañía el año, con una temporada de 20 funciones (anunciada ampliamente con "lujosos carteles" repartidos con profusión) con EL ANILLO DE HIERRO, pieza ya familiar a nuestro público. Siguió dando MARINA, EL POSTILLON DE LA RIOJA, EL REY QUE RABIO, LA GALLINA CIEGA, LAS DOS PRINCESAS, EL MONAGUILLO, LOS MARTES DE LAS DE GOMEZ, DE MADRID A PARIS, SUEÑO DE ORO, LA ESPERANZA, ROBINSON CRUSOE. (De esta pieza se dijo que era la primera vez que se daba en Asunción, lo cual no era exacto, ya que hemos visto lo había estrenado en esta Capital la compañía de Valentín Gainza en 1889. Los cronistas siguen tan faltos de memoria como siempre). EL MOLINERO DE SOUBISE; la ya añeja EL VALLE DE ANDORRA, etc. Que tuvo éxito lo prueba el hecho de haber prorrogado su estada, abriendo un nuevo abono de 30 funciones. Pero es ya un hecho establecido que los diarios dedican cada vez menos espacio al comentario teatral, y aún a la simple noticia. Apenas de cuando en cuando una croniquilla, sin que falte alguna filípica. En el estreno de la zarzuela EL RELAMPAGO, el 19 de diciembre, la crónica señaló que los artistas no habían dado esta zarzuela, "habían tratado de darla", los actores no iban casi nunca a tiempo con la música; la orquesta chocó bastante por la inseguridad con que tocaba y por la familiaridad que se quiso tomar con el público (vestimenta en exceso descuidada y cotidiana). "Si tienen calor, que aguanten como aguanta el público". "Dos de los músicos estaban punto menos que descamisados". A raíz de todo esto, Cabid, que dirigía la orquesta se retiró de la empresa; pero lego se le unió de nuevo.

Tampoco esta compañía escapó sin sus quebrantos. Por la prensa hicieron conocer sus cuitas. Los señores Granato y Cía. la habían contratado por tres meses; pero apenas acabado el primer mes, faltaron al compromiso, sin dar razones de ello. El señor Méndez Gonzálvez – cuyo nombre encontramos unido a numerosos actos generosos en esta intrahistoria cultural – se hizo cargo de la segunda mensualidad" por lo cual le estamos muy agradecidos" dicen los artistas. Pero quedaba todavía un mes que cubrir, y los pobres actores que se veían en un atolladero, solicitaron el favor del público; "que les siguiera favoreciendo como hasta entonces" para lo cual ofrecían una pequeña rebaja en los precios: un 15%.Y abrieron un abono para diez funciones. Esto fue a primeros de enero de 1894. A partir de entonces, la cosa pareció marchar mejor. La compañía, en vez de dar zarzuelas en tres actos, dio preferentemente piezas del género chico. "Gainza en alza" dice una gacetilla de febrero.

Pero tampoco esta segunda etapa transcurrió sin tropiezos. En el beneficio del tenor Sánchez la entrada del artista Falconer en escena fue recibida con palmoteos y silbidos. La función se suspendió; a pedido del público sensato, se reanudó la actuación, pero los silbidos y palmoteos siguieron acompañando el desempeño de Falconer. Ahora bien, Falconer había dedicado esta función al Partido Liberal; algunos atribuyeron el escándalo a provocadores del otro bando. La realidad parece sin embargo haber sido otra; dichos provocadores silbaron a Falconer por haber postergado el beneficio de Purificación Contreras, la primera actriz, en favor de Sánchez; aunque es también cierto que el hecho de coincidir la silbatina con la mencionada dedicatoria hacía un poco brumoso el asunto. La cosa no paró ahí. Falconer siguió recibiendo andanadas cotidianas de los diarios LA REPUBLICA y EL PROGRESO, "activos campeones de Doña Purificación". Y la compañía tuvo que disolverse. "Ojalá – dice LA DEMOCRACIA el 7 de marzo – en adelante los administradores teatrales no sean tan precipitados en ingerirse en el asunto beneficios".

Fue esta compañía la primera que instituyó en el medio la costumbre, difundida en el Plata, de los "días de moda". Señaló como "día de moda" el martes; el primero fue el 12 de diciembre de 1893.

De la compañía sólo quedaron Velasco y su esposa la Contreras, y algún otro. Velasco anunció su propósito de contratar una compañía en Buenos Aires. Cumplió su promesa. La compañía por él contratada estaba ya en Asunción el 18 de abril.
 

 
1894 COMPAÑÍA COMICO LIRICO VELASCO-TORRIJO
Esta compañía, de composición al parecer algo heteróclita, debutó el 22 de abril con CHATEAUX MARGAUX, LAS ONCE Y MEDIA Y SERENO, y LA NOCHE DEL 31. Nunca hasta entonces habían sido los diarios tan parcos en comentarios y anuncios. Ni siquiera ha sido posible reconstituir el elenco, aunque más tarde hemos encontrado algunos nombres. Entre las numerosas obras dadas por esta compañía (que operó principalmente en base a piezas cómicas cortas: pasos, sainetes, proverbios, juguetes cómicos o del genero chico) figuraron LOS HUGONOTES, I COMICI TRONATI, MUSICA CLASICA, LA SALSA DE ANICETA, PARA CASA DE LOS PADRES, UNA CASA DE FIERAS, EL ORGANISTA, LOS TRANSNOCHADORES, EL NOVIO DE DOÑA INES, LA CAZA DEL OSO. Una croniquilla dice: "Va conquistando mucho aplauso la compañía de zarzuela que trabaja en nuestro teatro. Los artistas trabajan muy bien y las piezas son divertidísimas". De pronto y a fines de junio, el conjunto desaparece, rumbo al norte, y a mediados de julio encontramos de nuevo noticias – escasas – de una compañía infantil: la de la irascible señora Elvira de Costa.
 

 
1894 COMPAÑIA LIRICA INFANTIL
Tampoco hay muchos detalles de las funciones dadas por esta compañía. La componían Rosa Adriani, Artemio Costa, Manuel Sepúlveda, Isabel y Teresa Costa. Sólo se pueden recoger algunos rótulos: LA GALLINA CIEGA, EL HOMBRE ES DEBIL, MARINA, LA VERBENA DE LA PALOMA, UNA VIEJA, PARA CASA DE LOS PADRES, MAS VALE MAÑA QUE FUERZA, etc. Los pequeños artistas tuvieron, como en anteriores oportunidades, mucho éxito. El público seguía hallando de su agrado estos espectáculos que participaban de lo circense, por lo de niños prodigios, y "llenaba el teatro de bote en bote". Pero la infantil compañía desaparece de pronto y en silencio de la cartelera, sin que esta vez sepamos más de ellos, aunque unos meses más tarde se publica en los diarios la noticia de haber fallecido en el Hotel de Cancha Sociedad la niña María Elena de Costa, quizá miembro no mencionado de la compañía y seguramente hija de la señora de Costa.

Por esos días llegó el circo GRAN COMPAÑIA IMPERIAL, con el payaso Tony, apreciado ya del público paraguayo, los japoneses Foko, Tsing, Quen, y Miakawa, los niños Beppe y Eduardo Poggiali, Jorge Dalle, Manuel Terán, Adela y Juanita Palacios, etc. "Doce caballos y seis bellas écuyeres"... los diarios dedican al circo el espacio que habían regateado al teatro infantil. Este circo, que agradó mucho, aunque se hicieron serios reparos a los clowns por ciertos abusos escatológicos, dio JUAN MOREIRA (seis veces) y JUAN CUELLO entre otros dramas esencialmente populares; pantomimas como El COMBATE ROMANO y PASTOS LUNA. En una de las representaciones de "JUAN MOREIRA, una actriz joven y bonita, Natalia Garay, encarnó el romántico Personaje del gaucho, con no poco entusiasmo del público.

En septiembre y octubre ocupó el escenario del Municipal un artista también acreditado ya ante nuestros espectadores; el prestidigitador Hermann, que venía esta vez acompañado de diez artistas. Hizo las delicias del público numeroso "a pesar de los fuertes calores" con sus trucos ilusionistas: el baúl moscovita, la inquisición veneciana, el hombre decapitado, la mujer sonámbula, caminando por el aire, etc. En el "hombre decapitado" invitaba a médicos y público a comprobar el hecho y colmó el gusto masoquista por los calofríos con su "noche entre los espíritus".

Una mañana una tremenda explosión alarmó a la ciudad; corrieron rumores de un ataque a la Policía. Luego se supo que era un gasómetro instalado en el patio del teatro por Hermann para sus funciones y que había estallado al margen del truco escénico. Hermann dio un beneficio para las víctimas del terremoto de San Juan y la Rioja, y partió a mediados de noviembre, satisfecho y dejando al público encantado.
 

 
1894 COMPAÑIA LIRICA-ESPAÑOLA

A principio de diciembre, regresan elementos de la desgaritada compañía de zarzuela que operó en el invierno – Torrijos, Rihuet, en la Camarena, Hayot, Rabaneque, Fandel, entre ellos –. En Corumbá y Cuyabá (Brasil), adonde trabajaron luego de abandonar Asunción, "lo pasaron malísimo", y venían a Asunción a reponerse. "Nos parece muy bien" dijo un diario. Dieron algunas funciones a propio beneficio: EL HOMBRE ES DEBIL, DOS CANARIOS DE CAFE; PICIO, ADAM Y COMPAÑIA. Dieron, además, y entre otras, una función dedicada al Presidente Eguzquiza, el 4 de diciembre, con AQUI, LEON; PICIO, ADAN Y COMPAÑIA. Seguramente se repusieron, algunos al menos, pues vemos que cuatro artistas embarcan a poco para Corrientes en el vapor Mercedes. De los demás, nada sabemos.
El año 1895 fue lerdo en pronunciarse en cuanto a espectáculos teatrales. Encontramos algunas noticias de actividades aficionadas, por cierto que una de ellas en Villarrica, donde en mayo se organizó una velada lírico dramática con diálogos y juguetes cómicos como ENRIQUE EL ENVIDIOSO (titulo que huele fuertemente a infantil o moralizante) y que fue desde luego representada por adolescentes; y el drama FLOR DE UN DIA, interpretado por los jóvenes María Vera, Ulises Vera, T. Torreani; Juan Sosa y Delfín Chamorro. "Sobresalió la señorita Vera en el papel de Lola".

En la capital se distinguió por su dinamismo la Sociedad de Beneficencia y Caridad organizando asimismo a lo largo del año veladas lírico dramáticas. En estos programas figuraron piezas cuyos títulos denuncian su contenido ingenuo, elegidas en el repertorio de "colegios", moralizador o edificante: LA REINA BUEN HUMOR, LOS ENANOS, UNA LECCION MATERNAL, etc. Una velada en Cancha Sociedad a fines de diciembre fue la excepción: se dio SIC VOS NON VOBIS (LA ULTIMA LIMOSNA) de Echegaray; en ella se distinguieron Romilda Crosa, Julieta Crosa, Julieta Cerruti y Luisa Martín.
 

 
1895 GRAN COMPAÑIA LIRICO DRAMATICA FERNANDEZ DE LA VEGA

Esta compañía llegó prácticamente sin aviso previo el 19 de junio. En su figuraban las actrices Aurora Veyan, María Ortíz, Concepción Rico, Mercedes Lafuente, Inés Loza, y los actores Antonio Chiner, Diego Arbó, Alejandro Rocabert, J. Bernabé, Luiz Mendoza, Manuel Segovia. Maestro director, Julio Hayot. El repertorio repitió, al menos en gran parte, el de las anteriores compañías. EL GRAN GALEOTO, SOMBRERO DE COPA, LA HUERFANA DE BRUSELAS, ISABEL LA CATOLICA, LA CARCAJADA, INOCENCIA y otras ya decididamente fiambres, alternando con títulos relativamente nuevos: MANCHA QUE LIMPIA, EL TANTO POR CIENTO, LA CARTERA VERDE, DEUDAS DE LA HONRA, DEL DICHO AL HECHO, LO QUE VALE EL TALENTO; y zarzuelas como EL TAMBOR DE GRANADEROS, METERSE EN HONDURAS, LOS DEMONIOS EN EL CUERPO. La compañía se anotó en su haber dos sucesos interesantes.

El primero, la representación de OTELO, "drama de celos" de Shakespeare. Alarde de valentía escénica realmente sorprendente. No importa que los vagos datos cosechables sugieran que este "drama en cuatro actos y en verso" no era el auténtico drama shakesperiano, sino una versión o refundición, quizá abreviada, del mismo.

El segundo de esos hechos interesantes es el estreno de CAMILA O’GORMAN, también drama y debido a la pluma "de un residente en Asunción", argentino por supuesto. El nombre del autor no se menciona, pero sería en verdad curioso que existiesen dos obras argentinas de ese titulo. Transcribiremos un fragmento que se publicó en aquel tiempo (escena de la conjuración en el tercer acto)

PRESIDENTE.–

Heroicos hijos de la excelsa tierra
que egregia cuna ha sido del valor
y supo con su esfuerzo en noble guerra
conquistar libertades paz y honor.
Hoy un déspota impío nos encierra
en circulo mezquino y opresor,
y ese tirano de fatal memoria
soberbio mancha nuestra limpia historia.

CONJURADOS.–

Sí por Dios, y ya es mengua inconcebible
el sufrir tan cruenta tiranía.

LAZARO. –

Al argentino empuje irresistible
¡caiga su trono!
CONJURADOS.–

Si!...

PRESIDENTE.–

Eso sería
gloria feliz; más hoy es imposible,
que en vano nuestra sangre correría.
CONJURADOS.–

Humillada a la patria viendo estás.

PRESIDENTE.–

Y acaso para siempre.

LAZARO.–

Eso, ¡jamás!...
La patria de Alvear y de Moreno,
Lavalle, Rivadavia y de Belgrano,
pensáis que pueda en su glorioso seno
albergar a ese déspota inhumano?...
No lo esperéis jamás; que ya sereno
se dispone este pueblo soberano
a derribar, la tiranía injusta
de San Martín bajo la sombra augusta.
Sí ya la patria ondeando su bandera
despierta del letárgico desmayo,
los fierros en que yace prisionera
quebrados de su espada al fiero rayo,
a lucir volverá en la azul esfera
el sol naciente del invicto Mayo
brillando en refulgente claridad
su heroica y sacrosanta libertad.
Y ese infame traidor, ciego homicida
verdugo inicuo, dictador nefando,
iremos a buscarle en su guarida,
sus cobardes puñales despreciando,
y al arrancarle allí su odiosa vida
sus crímenes sin cuento así expiando,
a su alma negra en el profundo abismo
por siempre arrojará nuestro heroísmo.

CONJURADOS. –

Lo hundirá, ¡lo hundirá!

LAZARO.–

Un juramento
solemne hagamos todos de morir
antes que logre nuestro fuerte aliento
ese tirano déspota abatir.

TODOS.–

Lo juramos!

LAZARO.–

Del alto firmamento
Dios quiera nuestra causa bendecir,
y ampare siempre su poder divino
al noble pueblo que nació argentino...

Esta compañía a pesar de llegar en invierno, la época propicia, no tuvo suerte. Para disputarle el público, siempre dispuesto a dejarse arrastrar por el tamboreo circense, llegó la Gran Compañía Sudamericana de Fantoches Mecánicos Parlantes, dirigida por el afamado "Mosquito". Esta compañía dio entre muchos otros números atractivos LA BATALLA DE LUBECK, EL ANGEL DE LA MUERTE y el viejo sainete AFUERA, estrenado en Asunción en 1857, y que aún coleaba en más de un repertorio platense.

Y así termina el 1895, que no ofreció gran cosa, como se ve, aunque en él se haga presente una cierta ansiedad por los espectáculos aficionados, supliendo el teatro escaso, sin que en ello se refleje propósito alguno artístico, propiamente dicho, ni dé signos de vida al entusiasmo organizador de que fue fruto diez años antes un grupo que concilió lo artístico y lo beneficente, el grupo Romea.
 


 
1896 COMPAÑIA LIRICA SALVANI – MONTIANO


El año 1896 se inicia con una velada dramática musical conmemorando la restauración del Imperio Alemán (18-I-1871).


Esta velada se realizó en el salón del Teatro Andreuzzi, y en el programa figuró entre otros números de índole lírica la pieza dramática GERMANIA RESURRECTA. (Esta obra fue editada, y de ella se conserva un ejemplar en nuestra Biblioteca Nacional). La presencia de personajes mitológicos (Odín, Frigga, Thor, Tyr) y simbólicos (Roma) primando sobre los de carne y hueso Thusnelda, Varus) hacen de ella una pieza más bien alegórica. El autor fue también un residente, W. Scheller, alemán que figuró entre los primeros pobladores de San Bernardino; fue también pintor y dibujante (revistas locales de la época publicaron dibujos suyos, y se le debe un paisaje que figura en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes). El autor, junto con su esposa, formó también en el elenco intérprete.


A principios de febrero llegó una Compañía de Variedades Fantásticas y Recreativas para dar doce funciones en el Teatro Nacional. Entre sus espectáculos figuró uno, EN 1811 EN EL PARAGUAY, acerca del cual no hay otra referencia que el título, y es lástima. Tampoco las hay de otras actuaciones de la compañía, salvo de una función de gala a beneficio del artista Manuel Costa.


En los primeros días de mayo se inicia la temporada teatral propiamente dicha con la presencia en nuestra capital de una compañía de ópera (la primera desde 1889, pues como hemos podido comprobar en esta reseña, desde ese año no había vuelto a verse en Asunción un conjunto operístico) la de Salvani-Montiano.

Esta compañía parece haber pisado Asunción con buen pie, pues el público respondió bastante bien – la ópera, luego de tantos años venía a ser un espectáculo inédito para muchos – las crónicas a ella dedicadas asumen una extensión que ya se había perdido la esperanza de recuperar. Fueron además favorables, y hasta entusiastas en alguna ocasión.


Esas crónicas firmadas unas por VERITAS y otras por YAGO, demuestran conocimiento pleno de las obras comentadas, y de su contenido musical. Esas críticas vienen a darnos una idea bastante exacta de las deficiencias contra las cuales había de luchar el esfuerzo realizador; falta de luz, sobre todo, que dementaba y restaba relieve a "la correctísima y lujosa mise en scene"; pero también se hacía notar la franciscana parvedad de la orquesta: "tocar AIDA con tan pocos profesores". Después de la representación de FRA DIAVOLO, YAGO censuró la actuación del bajo Faff, diciendo que el artista "se había pasado demasiado al género Frank Brown, habiendo presentado escenas imposibles"... sin embargo "dio algunas notas abiertas magnificas". Esta crítica ocupó cinco renglones. Al día siguiente, Faff replicaba con más de media columna, no mal redactada, amparándose en el ejemplo dado para la interpretación de esas escenas por artistas prestigiosos.

El cronista, que además de entendido era hombre correcto, contrarreplicó finalmente en la crónica siguiente, haciendo observaciones acerca de cómo deben ser representados los papeles cómicos: "sin exageración"... "Es difícil establecer el límite entre lo gracioso y lo ridículo – dice – y no todos podemos conseguirlo". Sin embargo, en FAUSTO dedica grandes elogios a Faff y destaca que en TRAVIATA "cosechó grandes aplausos enteramente merecidos".


La Montiano era una actriz bien dotada y de buena escuela; el cronista la elogia repetidas veces. AIDA, estrenada el 30 de mayo, fue "un triunfo de la compañía"; el empresario "no escatimó esfuerzos para presentarla bien" y la Montiano "tuvo arranques trágicos de admirable intensidad, actitudes soberbias". Menos afortunada parece haber sido LA FUERZA DEL DESTINO, en la cual "el público escaso no se explicó, no los cortes sino los sablazos, que se le dieron a la obra". En las últimas funciones la compañía tuvo poco público. Hacía mucho frío, y, según se deja ver, las puertas y ventanas del teatro carecían de cristales; las damas tenían que permanecer con los abrigos puestos, y dice irónicamente el cronista – "adiós toilettes"... En efecto, las crónicas que por entonces se habían dado en publicar los detalles del atavío de las damas concurrentes a los espectáculos, contribuían a una frivolidad que empezaba a primar sobre la apetencia artística.


Esta temporada es también la primera en que subió al escenario en Asunción una bailarina clásica, la señorita Henriette Faffina. Las crónicas no dan detalles de esta actuación, interesante por su carácter inicial. Sólo se menciona que participó junto con las bailarinas de la compañía en los bailables de GIOCONDA.


La compañía dio por terminada su temporada a fines de julio. En los últimos tiempos, el público huidizo tuvo su paralelo en una compañía desganada. Se repitieron desanimadamente obras. "Cansado el público habitué de las malas y continuas repeticiones que se venían haciendo, se retiró de las últimas funciones, para regresar en la despedida" dice una gacetilla.
El empresario Fernández que había obtenido por 5 años más el arriendo del Nacional, quiso tentar de nuevo suerte trayendo una nueva compañía; esta vez dramática, que llegó en el Ixión el 28 de agosto.


 
1896 COMPAÑÍA DRAMATICA VEYAN DE LA VEGA


En este conjunto figuraban artistas de apreciable cartel, como Aurora Veyan, Matilde Toscano, Josefina Martínez, Lina Estevez, Angela Bardón, Felisa Alvarez, Mercedes Lafuente, Manuel de la Vega, Diego Campos, José Toscano, Luis Mendoza, Federico Uslar, Manuel García. Debutó con SAN SEBASTIAN MARTIR, que "fue – frase habitual en las crónicas – un triunfo de la compañía". El público sin embargo no le fue asiduo. La prensa se hizo eco de esa defección: "La compañía de la Vega es una de las mejores que ha venido a Asunción. La función de anoche fue admirablemente desempeñada; lástima que hubiese escasa concurrencia". En esta deserción del público hemos de ver como, ya se ha dicho anteriormente, la coronación de un lento proceso: el gusto teatral retrocedía a un nivel un tanto primario, en virtud: de un lado, del abuso del género chico, a menudo adocenado y hasta chabacano; de otro la frecuentación de los circos.


La rivalidad de las empresas es un hecho corriente en todo tiempo, pero entonces la elementalidad de la situación dejaba expuesta el flanco del Nacional a la competencia más simple. Esta vez fue el circo OCEANO, nombre nuevo de un antiguo conocido del público asunceno, que llegaba aumentado y pujante, formado por tres familias: Holmer, Seyssel Pereira y López Ventura. Ofreció "sorprendentes espectáculos" entre ellos la Gran Pantomima Acuática, en la cual "cien mil litros de agua inundaban en dos minutos la pista". Una noche la carpa se vino abajo y con ello el diluvio se hizo auténtico: el público hecho una sopa halló emocionante el episodio...


La compañía luchó heroicamente contra la succión que el circo hacía del público pero fue inútil. Dio su última función el 22 de Octubre, con LA SULTANA y un par más de zarzuelas, después de haber tratado a toda costa de ganarse la concurrencia presentando obras de gran alarde escénico como ISABEL LA CATOLICA, DON JUAN TENORIO y EL TERREMOTO DE LA MARTINICA, en las cuales la tramoya conseguía aún despertar el interés del público amante de los efectismos y trucos.

 

 
1897 COMPAÑIA LIRICA ARRONIZ 


Esta compañía en cuyo elenco figuraban los actores Serrano, Maffi, Lameda, Terradas y Abad, y las actrices señoritas Iglesias y Sastre, debutó el 22 de enero de 1897, en plena canícula. Su repertorio de zarzuela era numeroso y variado, y de él dio una buena parte en la temporada: MARINA, EL ANILLO DE HIERRO, CHATEAUX MARGAUX, LA MASCOTA, LOS DIAMANTES DE LA CORONA, LA TEMPESTAD, EL JURAMENTO, y otras zarzuelas igualmente famosas, pertenecientes al repertorio ya clásico, y conocidas de nuestro público. Como estreno se apuntaron: EL DUO DE LA AFRICANA, EL TESORO ESCONDIDO, MISS HELYETT. La actuación en general fue mediana; la representación de LA MASCOTA dio lugar a que el público – buen conocedor de esta pieza por haberla escuchado ya interpretada por numerosas compañías – pudiera apreciar las deficiencias de los actores, y protestara. La policía intervino para hacer callar al público. Esto motivó que al día siguiente algún diario manifestase su disconformidad ante esa intervención, aduciendo, y con razón, que era justo que el público manifestase su desagrado, así como manifestaba, en la ocasión, su complacencia...


La representación de TAMBOR DE GRANADEROS, una semana mas tarde, reconcilió al público con la compañía; ésta realizó un alarde escénico, haciendo actuar toda una banda de música y presentando en escena 50 comparsas. Tal despliegue entusiasmó a público y cronistas, quienes dijeron que fue "todo un acontecimiento".

 


 
1897 COMPAÑÍA LIRICA FERNANDEZ

El elenco masculino lo constituían: Lates, Luis Belotto, Tito Poggi, Michelotti, Enrique Faff, Marchetti. El femenino: Luna Benedetto, Grippa de Blesio y Julia Poggi. Como se ve, algunos de los elementos eran ya conocidos. Debutó el 8 de mayo con GIOCONDA. La orquesta constaba de veinte profesores. Las crónicas musicales demuestran cierta experiencia en la materia en el autor. "La representación – dice un comentario – no estuvo satisfactoria. Era notorio el poco ensayo de los artistas... escena por escena hubo interpretaciones muy felices"...


Al hablar de la representación de AIDA, dice: "El señor Michelotti cantó con gusto y sentimiento; pero el metal de su voz no le ayuda"... Firma estas crónicas musicales FENIX, que da pruebas de conocimiento de las partituras y autores. Posiblemente se tratara de alguno de los profesores extranjeros radicado entre nosotros.


Otras óperas: HERNANI, LA DOLORES, PAGLIACCI, SONAMBULA, FAVORITA, RUY BLAS, AURORA, (opera española de Espí) EL BARBERO DE SEVILLA, LA FUERZA DEL DESTINO, CABALLERIA RUSTICANA, PAMPA, ópera argentina de Berutti. Refiriéndose a LA DOLORES, dice: "La Benedetto domina la escala musical con tonos atrevidos y en algunos fragmentos de sus variaciones hay vibración metálica; pero debe cuidarse de impresionar su fisonomía adaptándola al tono dramático y evitar la tiesura. Le hace falta más flexibilidad".


De la Leonardi dice: "La voz limada y ardiente que la hacía palpitar como un nervio a veces como si pulsara un arpa de cuerdas eléctricas"... En RUY BLAS fueron muy elogiados Michelotti y la señora Luna de Benedetto.


Estas crónicas sin embargo mezclan, provincianamente y con frecuencia, lo personal, lo social y lo artístico. Estos rasgos se prolongarán por bastante tiempo, en forma intermitente, en las crónicas.

 


 
1897 COMPAÑIA DE COMEDIAS ZARZUELAS Y DRAMAS


Se anuncia el 26 de julio. Es notable la manera como en ese año realmente excepcional se suceden las compañías, denotando el crescendo en la ansiedad por una actualización. Estamos, no se olvide, en el orto de la generación del 900. Esta compañía formada entre otros, por los actores: Zamora, Ruiz, de la Maza, Sanromá, Martín Bautista y Gómez y las actrices señoritas Concepción González, Carmen Alvarez y señora Cordero, debutó con MARIANA de Echegaray. La crítica es áspera. "La escuela romántica se aparta de las realidades sociales" – dice, mostrando penetración – "pero lo mismo ataca los nervios" (la escuela realista).


La resistencia al esfuerzo especulativo se manifiesta: el público se rehusa a pensar, a reflexionar sobre realidades...


A MARIANA siguieron otras piezas harto conocidas de nuestro público, como UN DRAMA NUEVO, pieza que el cronista elogia (así como a los actores) como novedad, sin recordar que había sido estrenada localmente 13 años antes. (Esto, que no sabemos si llamar inclinación, fatalidad o costumbre, de descubrir cada día América, que se repite como "leit motiv" en nuestro periodismo, viene, repetimos, como se ve, de lejos, y no lleva trazas de agotar su infinita capacidad de redescubrimiento) Dio también LA CARCAJADA, EN EL SENO DE LA MUERTE, EL PROLOGO DE UN DRAMA, LA VERBENA DE LA PALOMA y LOS BATURROS.


En el beneficio de Carmen Alvarez, prestaron su concurso varios aficionados, y también la madre de la actriz, antigua conocida nuestra; la asimismo artista Teresa Robles, quien, como se recordará, sustituyó a la Quintana en 1882. Las crónicas dedicadas a esta compañía revelan un paso adelante en la apreciación: están escritas con cierto aplomo y conocimiento literario y del ambiente teatral, aunque en ningún caso profundizan en el ámbito de los valores.

 


 
1896 COMPAÑIA ITALIANA DE OPERETA Y ZARZUELA


Bajo el rubro Zucchi–Ottonelli, llegó al Nacional en los primeros días de enero de este año. Una de las más completas que habían visitado el país hasta esa fecha, al decir de los comentaristas. El elenco era bastante nutrido. La componían entre otros los señores: Ottonelli, Tosi, Zucchi, Urbano, Cappeli, Fattorini y Gamberini, y las señoras Terri, Negrini, Baima, Eglé, Dainelli, Ibimbo, Mignati, Gamberini y Zucchi. El director, Francisco Cappelli (cuya esposa era primera soprano) era, por cierto, persona de mérito: había sido profesor de latín y griego en el Colegio Nacional de San Juan; era autor de un himno a Camoens traducido al portugués por Castello Branco; y miembro honorario de la Universidad de Coimbra en Portugal. Traían 24 coristas de ambos sexos. El abono era de 20 funciones, sin reposición. La orquesta constaba de 20 profesores; la dirigía "el notable concertista, violinista Palazuelos".


Para esta compañía se concedió al contratista del Teatro Nacional Méndez Gonzalvez, una subvención de diez mil pesos. Su repertorio era atrayente, aunque lo componían piezas también conocidas de nuestro público en su mayoría como MASCOTA, que seguía siendo gran preferida, con la cual debutaron. Un artículo de Manuel Gondra, de los varios que publicó en LA DEMOCRACIA sobre la compañía (16, 18, 19, 20 de enero) dice: "Después de LA MASCOTA que dieron Widmar, Veyán y Moretti, no hemos visto otra igual". Dieron también CAVALLERIA RUSTICANA, MARINA. Como estrenos: I LADRI, MOSCHETTERO ALL’CONVENTO, FRADIAVOLO, CAVALLERIA RUSTICANA, BABOLIN, MARINA, LOS PESCADORES DE NAPOLES, ORFEO EN LOS INFIERNOS, CARMEN, TUTTI IN MASCHERA; ORFEO, de Offenbach, que movilizó toda la compañía... (como vemos los cronistas siguen presentando como estrenos piezas presentadas años antes).


El 19 de febrero se anunció LA HISTORIA DE UN PIERROT; pero esta pieza tuvo que ser sustituida por IL DUCIMO, a causa del incumplimiento de algunos de los músicos de la orquesta, entre ellos un señor Narciso M. Acuña. No pudiendo recurrir a la prensa para avisar el cambio de programa, el director de la compañía hizo imprimir carteles y pegarlos profusamente, con gran regocijo del público que los encontraba "pegados en ventanas, paredes, puertas, columnas y hasta en los telones y bambalinas del teatro". De esta compañía algunos elementos no retornaron a Buenos Aires, entre ellos la señora Cesira Negrini, que se radicó en Asunción, como después la señora María G. de García, y se incorporó a esta sociedad; más tarde las encontramos; a la señora de García dedicada a diversas actividades de beneficencia, y a la señora Negrini, reverdeciendo sus laureles de cantante en veladas líricas, y sobre todo al aceptar el papel de Carmen en la famosa ópera de este nombre en 1906.

 
1898 COMPAÑÍA LIRICA ITALIANA


Apenas ausentada esta compañía, la prensa haciéndose eco por lo menos de parte del público, empezó a reclamar la presencia de otra, "sea de lo que fuere; porque van a venir turistas y es menester tengan donde pasar la velada". Los empresarios se apresuraron a hacer gestiones. Fruto de esta preocupación fue la venida de la compañía lírica que debutó el 15 de mayo con TROVATORE. Contaba entre sus elementos a los cantantes Constantino Thos, Maristany, Rossi – antiguo conocido de nuestro público – y las señoras Bonora, Carolina Ackermann y Bellegrandi. Dio en siguientes funciones AIDA, TRAVIATA, FAUSTO, HERNANI, LUCIA DE LAMMERMOOR, CAVALLERÍA RUSTICANA, LA FORZA DEL DESTINO, PAGLIACCI, UN BALLO IN MASCHERA, EL BARBERO DE SEVILLA, FRADIAVOLO, CARMEN, GIOCONDA, IL GUARANY. Algunas de estas óperas fueron repetidas: entre ellas EL BARBERO DE SEVILLA, GIOCONDA (tres veces) FAUSTO, FRADIAVOLO, AIDA.


Esta concurrencia de compañías, sucediéndose la una a la otra, es comentada por los diarios: "Poco a poco aumenta el interés por la buena música, y cuando se acerca la época de llegar las compañías de ópera, se observa un movimiento inusitado... Parece que la llegada de la ópera diera mayor vida y espontaneidad... Hasta se visita más la gente y tiene más temas para hablar"...


El empresario se dirigió al Gobierno pidiendo una subvención pues era evidente que con sólo las entradas no era posible sostener la compañía. El Gobierno recibió favorablemente la petición. Inclusive se presentó a la Cámara una solicitud para que se incluyese en el presupuesto la suma de 4.000 pesos anuales para proteger el arte.


La compañía satisfizo al público, sin entusiasmarlo, al principio. La misma prensa hace notar que el público "no aplaude como debiera a dos de los mejores artistas de la compañía: el bajo Thos y el barítono Rossi, ambos de muy buena escuela". Luego hubo sus desagrados. "La chacota que se hace en escena desde hace ocho días entre los artistas que toman parte... no comprendemos cómo el público bonachón no protesta... Los artistas tienen el deber de resetar al público y éste el de hacerse respetar. El acto segundo (de GIOCONDA) fue un continuado titeo". Pocos días después insiste: "Esto debe servir de lección a las Empresas. Que traigan buenas compañías, poner obras nuevas, pero bien puestas, no como IL GUARANY de anoche, que, a repetirse, nadie iría... Si Gomes no estuviese muerto habría reventado anoche... IL GUARANY fue completamente destrozado... La interpretación, en general, un sarcasmo; no digamos nada en particular...". Pocas veces se había tratado con tanta severidad a una compañía "seria"; el tono señala además el nivel de autoridad de la crítica.

 
1898 COMPAÑIA LIRICO DRAMATICA FERNANDEZ ROLDAN


Debutó esta compañía el 14 de agosto. El elenco masculino lo formaban entre otros Eduardo Roldán, Julio Lozoya, Julio Castellanos, Manuel A. Carreña, Rafael Notar, Juan Jiménez, José Barragán y Enrique Gobbi. Entre las actrices, María G. de García, María G. de Giménez, Juana Damel, Rosa de San Pedro, Adelina Dupuy, Carmen Lloret, Ramona Rivas. Esta compañía restauró la costumbre de la función matiné, que aunque inaugurada varios años atrás por la Compañía de Zarzuela Española en diciembre de 1893, había caído, al parecer, en desuso; y no es de extrañar, pues si siempre más de una función diaria somete a prueba la resistencia del actor, aquí siempre había que tener además en cuenta el hecho de que la cartelera se renovaba prácticamente todos los días.


Para la temporada de esta compañía se prepararon "cinco buenas decoraciones propiedad del teatro, pintadas por Alborno y Da Ponte".


El conjunto pareció agradar de entrada. "Fernández es hombre de tino y gusto; siempre ha traído buenas compañías" – dice la crónica. "¡La concurrencia era selecta y numerosísima!" El debut se realizó con HUGONOTES, pero siguió con comedias más o menos ligeras y zarzuelas: LOS ZANGOLOTINOS, COMO ESTA LA SOCIEDAD, ECHAR LA LLAVE, EL GORRO FRIGIO, LAS ZAPATILLAS, DE MADRID A PARIS, etc. El repertorio condesciende con la inclinación creciente del público hacia las piezas de carácter intrascendente. El programa comprendía por lo general tres piezas en un acto, aunque a veces se daba una en dos actos y otra en uno. Las zarzuelitas eran el puntal de la atracción: sin embargo, estuvo en un tris que ese puntal fallara. La compañía se había venido al parecer sin orquesta, ya que unos días después de su llegada encontramos en la prensa: "La compañía mientras no tenga orquesta, debe reducirse a poner en escena comedias para evitar los descalabros musicales de anoche, que en momentos eran un verdadero cataclismo. Sin batuta no hay orquesta posible".


También esta compañía empezó a ser abandonada del público apenas transcurridos unos días. Los artistas recurrieron a inéditos artificios para atrae al público fugitivo. El 14 y15 de agosto hubo reparto de juguetes a los niños en la función matiné – los niños iban al teatro con las mayores –. "Los inocentes dormían en las sillas" dice una crónica; lo que se explica, pues los niños eran llevados por el imán del juguete. Ese mismo día 15 se dio UN PARAGUAYO LEAL, que tuvo regular éxito; la pieza fue "cortada" tal vez para reacomodar el programa triple: no se dice qué parte fue cortada (por otro lado, no se menciona el autor). El 16 a pedido del público se repite la obra, anunciando como atracción de la misma: "se bailará el pericón (sic) con "relación"". LA DEMOCRACIA prometió ocuparse de la obra; pero no lo hizo.


El día 20 de agosto se consiguió por fin reacomodar la orquesta, en la cual entraron: Eduardo García como pianista; Posadas y Hasselmann como violines y Nicolino Pellegrini – venido de niño como sabemos con una compañía años antes – como cello. A partir de entonces las funciones marcharon mejor aunque no es seguro que marchase mejor la boletería. El día 22 se puso en escena EL GAITERO, pieza para la cual el joven pintor Pablo Alborno había pintado "un magnifico y completo "decorado". Pero a pesar de todos estos alicientes, el público seguía mostrándose remiso. "Muy agradable sería que el público concurriese al teatro una vez a la semana, en gran número, para dar muestras de que la gente no se muere" – dice un diario. Cuando unos días más tarde, se dio una función especial, los extranjeros concurrieron en masa: las familias locales se quedaron en sus casas. "Todos los palcos ocupados por familias argentinas de paso" – dice la crónica – "sólo tres de nuestra sociedad". Y añade "parecía un teatro de otra parte, por la cantidad de caras nuevas". (Lo cual, por otra parte, habla de un auge turístico o inmigratorio; notable en esa época). "Y luego se enojan nuestras gentes cuando se les dice que son retraídas". Ahora bien, hay que tener en cuenta que el público este año había venido teniendo teatro desde enero, en la más fuerte de la canícula; y lo escaso de la población, que no permitía renovar mucho el público, hacía imposible la asistencia noche tras noche al espectáculo, aunque éste fuese constantemente renovado.


Al terminar agosto se anuncia la reposición de la obra de Teijeiro, INDEPENDENCIA O TIRANIA. (Tampoco se menciona el autor). Dice el diario LA DEMOCRACIA: "El actor Fernández ha hecho un profundo estudio del carácter y modo del sombrío dictador, por lo que es dable (sic) que estando a cargo el papel del protagonista, pueda aplaudirse mucho esta histórica obra". Dos días más tarde se estrenó. "Espléndida resultó la representación de EL DOCTOR FRANCIA... La concurrencia numerosa... pero siempre las bellas paraguayas brillaban por su ausencia..." Se repitió la obra y agradó mucho. Y sin darse reposo, la compañía estrenó el día 5 de septiembre LA GUERRA DEL PARAGUAY o EL HEROISMO DE UNA MADRE PARAGUAYA, de la cual alcanzaron siquiera a darnos el autor: un señor Segundo San Martín, argentino al parecer. La compañía debió embarcarse el día 1º de septiembre pero demoró su partida según parece para representar esta pieza. Hay algunas noticias del estreno. La obra gustó bastante, "aunque adolece de defectos, siendo a veces incomprensible el por qué de las cosas que allí suceden"... Observa luego el cronista que el autor estaba equivocado en ciertos detalles; en la época de López no había tranvía, ni tampoco estaba fundada aún la ciudad de la Plata. "Lástima – añade – que hayan sido pocos los papeles bien representados". La observación se refiere sin duda a la idiosincrasia nacional, que el actor extranjero no podía reproducir, dentro de términos realistas, al ritmo galopante de unos pocos ensayos. "Al terminar el segundo acto – dice – una salva de aplausos se dejó oír; los gritos de salga el autor, fueron tantas veces repetidos, que éste no tuvo otro remedio que salir, siendo recibido con otra salva de aplausos. Se levantó de nuevo el telón apareciendo un hermoso cuadro al óleo de Don Ventura de Perín representando la Paz, Justicia e Independencia". (La presentación de estos cuadros pintados o "apoteosis" al final de los espectáculos se había convertido ya en una costumbre, como lo prueban varias noticias en años anteriores y sucesivos).


La obra de San Martín tuvo mucho público y mereció los honores de la repetición. Pero tras esta última función, la compañía desaparece, sin más aviso, del escenario, y ocupa éste un ilusionista y ventrílocuo, Mr. Wood, que lo pisó con el pie izquierdo, pues apenas llegado, la actriz principal, Miss Edna, la mujer voladora, enfermó, y estuvo en cama más de un mes, siendo inclusive operada. Puede imaginarse lo que este retraso significó para la bolsa del artista, cuyas facultades de ilusionista no alcanzaban a despistar al hotelero. Miss Edna se repuso, dio unas funciones y la compañía salió rumbo a cualquier parte. Nunca quizá como esos momentos habrá pensado Miss Edna lo útil que habría sido su facultad voladora aplicada a la realidad cotidiana.


En esos años encontramos desplegando gran actividad a los alumnos del Colegio Monseñor Lasagna, quienes dentro de la tradición salesiana realizaron varias funciones, dando en todas ellas teatro. Entre los nombres de los alumnos salesianos que tomaron parte en esas funciones encontraremos los de algunos cultores de la escena como Tavarozzi: más de un hombre de teatro dio en esos años y después sus primeros pasos en los modestos escenarios de Salesianito.


A principios de 1899 el Teatro Nacional, típico ejemplo de edificio construido por contrata, ofrece nuevamente un espectáculo deplorable con sus goteras proliferando apenas llovía, y que echaban a perder el tapizado de terciopelo de los palcos (tapizado que no es desde hace tres cuartos de siglo ni siquiera un recuerdo). Se hicieron los arreglos pertinentes en previsión de la próxima llegada de una compañía, y en efecto, a primeros de abril estaba en Asunción nuevamente la Compañía de la Vega a la cual parece haberle dejado buena impresión este público.


 
COMPAÑIA LIRICO DRAMATICO DE LA VEGA


Tula Castro, los actores Haza, Gobbi, Masip, Fernández, Lola González, Señora de Haza, Bardel, de la Vega, conocidos de nuestro público, formaban en este elenco que inauguró su "saison" con MALA RAZA y siguió con O LOCURA O SANTIDAD, AMOR SALVAJE, EL HOMBRE NEGRO, y otras de Echegaray, sin olvidar las viejas obras de largo servicio: JORGE EL ARMADOR, ISABEL LA CATOLICA, y otras. Como novedades, algunas piezas cortas, como EL TIO DE LA FLAUTA, de Vital Aza y dramas como MARÍA ROSA de Guimerá y LA PASION Y MUERTE DE JESUS, de Zumel, que fue dada dos veces; la segunda de ellas con el añadido de la Ascensión, cuya "mise en scene" motivó una burlona crítica: "La imagen de Jesús subió demasiado ligero al cielo y enseguida de salir del sepulcro, sin esperar los cuarenta días que señalan los evangelios". Pero con todo ello VIDA, PASION Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR fue un éxito: se dio seis veces.


Examinando el repertorio de esta compañía encontramos hasta nueve obras de los hermanos Echegaray (Manuel y José) con predominio absoluto del segundo (siete obras) lo cual hizo que el cronista suplicase al director: "teniendo en cuenta el carácter borrascoso de las obras de Echegaray, no nos atosigue con ellas; los nervios no lo aguantan una tras otra". Y recuerda, agudamente, citando palabras ajenas, que el título CONFLICTO ENTRE DOS DEBERES, de una de las obras de Echegaray, debería aplicarse a todas: "los personajes están ultrapasados, y los conflictos son monótonos". En lo último quizá no le falte razón: las llamadas al orden ético no varían de mucho desde que el mundo es mundo; pero no deja de sorprender que, para remediar estos achaques de la cartelera, pida no sólo obras de Ayala, Moratin, Bretón – más antiguas las más, aunque indudablemente menos enfáticas y más amables – sino también obras de Zorrilla y Rubí... El director no obstante siguió "echegarayando", inclusive dio otros dramas en la misma tesitura pesimista, como la mencionada MARÍA ROSA, de Guimerá, JUAN JOSE y EL SEÑOR FEUDAL de Dicenta; luego se fue por la pendiente final a los dramas altisonantes y los melodramas, como ISABEL LA CATOLICA, EL TERREMOTO DE LA MARTINICA, LA PORTERA DE LA FABRICA, LA CAPILLA DE LOS NAUFRAGOS, y otros fósiles románticos; el cronista malhumorado rezonga: "parece que la empresa cada vez da menos importancia a la opinión del público". La cartelera varió un poco, no mucho. La nota realmente divertida en esta temporada parece haberla dado el apuntador, "que se hacía silbar cada noche" por sus ímpetus briosos que le llevaban a bracear, gesticulante, fuera de la cancha. En TRADUCCION LIBRE, pieza cómica, "rió hasta el apuntador", y con ello "se consiguió por primera vez que se callara un momento, gracias a Dios". Los comentarios son de lo más enterado que hasta el momento se haya manifestado en nuestra prensa: evidencia conocimiento histórico y critico del teatro, y al ubicar las obras por su contenido, demuestra tino y sentido de los valores. Es digna de anotarse la critica de EL HOMBRE NEGRO, de Echegaray, en LA DEMOCRACIA, el 24 de abril. Digamos de paso que Haza, el viejo conocido del público asunceno, reverdeció sus laureles cómicos en esta temporada: "tan simpático es Haza a nuestro público, que no hay gesto suyo que no le haga reír". En cuanto a la González, los cronistas hablaron de "su coquetería adorable".


Es de notar que por esa época encontramos en algunos diarios una nueva sección ECOS SOCIALES, en la que encajan las croniquillas teatrales; esta asociación de lo frívolo y el teatro ha continuado hasta fecha no tan lejana; ella es una muestra fehaciente del lugar que en las manifestaciones del espíritu se asignaba al teatro. Es justo consignar que las crónicas sobre la Compañía de la Vega, evaden el rótulo sociales, para publicarse aparte como auténticas notas; pero por otra parte vemos que el mismo privilegio es concedido a las almibaradas crónicas de tertulias y bautismos, y más tarde a las crónicas taurinas.


La compañía continuó aún varios meses; dando siempre su repertorio echegurayesco entreverado con piezas románticas o divertidas como DON JUAN TENORIO, LO SUBLIME Y LO VULGAR, JORGE EL ARMADOR, y LA TIA DE CARLOS. Con esta última pieza se realizó la función beneficio de Alborno, el 6 de julio; para ella pintó el beneficiado "una apoteosis nacional". Aún hallamos noticia de una función de la compañía el 10 de julio. Después, ya más nada.


A esta compañía siguió una de variedades: espiritismo, magia, magnetismo, metempsicosis, etc. dirigida por el Cav. Alberto Almanzor Acuña, que actuó con éxito. No hay otras actividades escénicas profesionales durante este año, aunque sí hay que anotar nuevamente las aficionadas del Colegio Monseñor Lasagna, donde se dan petipiezas de contenido moralizador (repertorio que se extendió rápidamente a otras escuelas, esmaltando los actos de colación en colegios primarios y secundarios).


El interregno teatral se prolonga hasta entrado el 1900, mes de abril, cuando anuncian los diarios la llegada de la "troupe" (sic) de teatro por el Saturno (la frecuentación del circo como se ve había impregnado hasta el vocabulario teatral). La empresa Parravicini había esta vez contratado una compañía dramática que entra a trabajar el cinco de mayo.


 
1900 COMPAÑIA DRAMATICA SERRACLARA


Dirigía esta compañía el actor Serraclara, cuya esposa y una hijita figuraban también en el elenco: otros actores eran las señoras Viera y García, la Srta. Martínez y los Señores Roucau, Menéndez, Carrillo. Dirigía el sexteto acompañante el ahora ya "maestro" Nicolo Pellegrini, infaltable en estas actividades. Representó este elenco entre otras piezas dramáticas o cómicas, LA DOLORES, CRECED Y MULTIPLICAOS, EL SOMBRERO DE COPA, ENSEÑAR AL QUE NO SABE, LA DUCHA, AMOR SALVAJE. En esta pieza debutó Matilde Espinosa, contratada en Buenos Aires junto con el actor Mariano Galé, para reforzar la compañía que parece había encontrado, al comienzo al menos, buen ambiente. En esta nueva etapa la compañía dio entre otras piezas, METERSE A REDENTOR, EL VIEJO CALAVERA, UN RAMILLETE Y UNA CARTA, y DON JUAN TENORIO.


Galé era actor dramático a la par de cómico; pero en este segundo frente no pudo desplazar a Roucau; éste se había hecho ya un crédito amplio en el público, que lo encontraba inimitable. Comentando la actuación de Galé en el DON JUAN TENORIO dice el cronista: "Por qué Galé se nos muestra sólo en comedia?... Es que se ha dado cuenta de que las intenciones o tendencias de nuestro público en su mayoría son quererse reír, perdiendo con eso al artista, que por agradar se convierte en payaso?". Vemos aquí subrayada la observación, ya en otras ocasiones expresadas, del critico respecto a una actitud del público cuya persistencia no contribuirá por cierto a facilitar el ascenso de la cultura teatral en los años siguientes y hasta nuestros días.


La crítica, como varias veces antes, parece haber sido bastante sensible y sobre todo consciente de su papel al señalar sin ambages los defectos de los actores: Enriqueta García, primera actriz, produjo buena impresión; no así Menéndez, al cual se le dirigen agrias censuras en más de una ocasión. Hablando de la representación de ENSEÑAR AL QUE NO SABE, dice el cronista: "Menéndez parecía saber su parte, como siempre, como el Bendito; la recitaba sin darle tono ni sentido... Tal como está, este actor no vale nada"... "Don Gonzalo, por su postura y dicho, desde que apareció de fantasma, más que estatua de Comendador parecía a la de un santo". Y luego: "Roucau dijo su papel a gritos... Ciutti parecía, tras la aparición del Comendador, en la pantomima de un circo".


Serraclara que merece la aprobación del cronista, aparece como "aficionado local" años más tarde; tal vez porque, radicado en el país, abandonó como otros sus actividades profesionales, y los nuevos comentaristas no tenían mucha noticia de él. Serraclara era también autor, y estrenó en esta temporada, una pieza, LA CUADRATURA DEL CIRCULO, sobre la cual no se da más noticia.

Los artistas dieron aún varias funciones, actuando muy bien según los cronistas; pero el público empezó a hurtar el cuerpo. "No hay nada que hacer" dice un cronista: "el Teatro Nacional está démodé...". Y luego se indigna: "Cuando nos quedamos sin teatro y tenemos que acostarnos con las gallinas, pedimos teatro; cuando lo tenemos nos quedamos en casa, aunque los artistas sean buenos y las obras no se repitan..."


A este año 1900 pertenecen la primera opereta y la primera ópera Paraguaya. La opereta se intitulaba EN CLASE; era en un acto; letra y música de Panizza, instrumentación de Nicolo Pellegrini; pieza escrita con intenciones didácticas, pero no por ello menos merecedora de un puesto inicial: se estrenó en el acto de colación de grados de la segunda promoción de maestros normales, el 12 de mayo de ese año. En el reparto hallamos los nombres de niñas de diez a doce años; de destacadas familias: Tomasa Ferrart, Delia Clara Saguier, Catalina Stewart, Carmen Falabella, Teresa Lamas. La ópera se intitulaba CECILIA; letra de Panizza, música de Nicolo Pellegrini. Esta pieza se siguió representando en ocasiones parecidas en los años siguientes. Pero sus originales, siguiendo la suerte común a la producción literaria de ese período, se han perdido.


Para desintoxicar al público del atracón dramático vino en los meses siguientes una Compañía de Acróbatas, que llegó precedida de muchos bombos y platillos: "un circo como jamás se ha visto". La Empresa Parravicini obtuvo su permiso para introducir en el Teatro, sobre todo en el escenario, modificaciones que lo habilitasen para la actuación del circo. La prensa protestó observando que el Teatro Nacional, nuestro único local, iba a perder lo poco que de teatro tenía. En verdad, ni el circo podía llegar a más, ni el teatro a menos, en este ambiente donde la diferenciación entre arte y simple diversión no se había establecido aún (ni se ha establecido del todo hasta hoy). La protesta de la prensa salva de la total vergüenza ese momento de nuestro Teatro. La protesta sin embargo fue inútil; las modificaciones se introdujeron y la compañía debutó. Pero fue un fracaso. La prensa la recibió muy fríamente, señalando la desproporción entre propaganda y realidad. "Nos piden parecer sobre el circo y lo decimos," manifiesta LA DEMOCRACIA.


Hacia fines de año, una nueva alarma de bubónica intervino para desánimo dentro y afuera. El circo desaparece de la noticia y con él se cierra la crónica teatral del siglo que expira a las doce de la noche del 31 de diciembre, ese año.


Fuente:
OBRAS COMPLETAS - VOLUMEN I. HISTORIA CULTURAL - LA CULTURA PARAGUAYA Y EL LIBRO. Autora: JOSEFINA PLÁ -© Josefina Pla © ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) - RP ediciones Eduardo Víctor Haedo 427. Asunción - Paraguay. Edición al cuidado de: Miguel A. Fernández y Juan Francisco Sánchez. Composición y armado: Aguilar y Céspedes Asociación Tirada: 750 ejemplares Hecho el depósito que marca la ley EDICIÓN DIGITAL: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
 
 
 
 
 
 

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