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JOSEFINA PLÁ

  LITERATURA PARAGUAYA EN EL SIGLO XX (Autora : JOSEFINA PLÁ)


LITERATURA PARAGUAYA EN EL SIGLO XX (Autora : JOSEFINA PLÁ)
LITERATURA PARAGUAYA EN EL SIGLO XX
Autora : JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Ediciones Comuneros,
Asunción – Paraguay
1976
(Tercera Edición, 67 páginas)

.

LITERATURA PARAGUAYA EN EL SIGLO XX
Dice Arturo Torres Rioseco (1): "El Paraguay ha sido, desde el punto de vista de la literatura, uno de los países mas improductivos de América".
Y RAÚL AMARAL, escritor argentino (2): "La historia de esta literatura está llena de frustraciones, de tramos unidos a destiempo, de apetencias fragmentadas". ..
En general, podría afirmarse que es esta "una literatura sin pasado". Sólo en el terreno de la historia -a menudo más polémica que científica- la cosecha nacional es copiosa y puede citar desde los primeros tiempos nombres de relieve. En lo restante, no puede hablarse de una producción de nivel continental, ni aun platense, hasta bien entrado ante siglo.
(1). “Nueve historia de la gran literatura hispanoamericana”, Buenos Aires, Emecé, 1960.
(2). “Recuento poético del Paraguay”, Asunción, 1955.

LA CIRCUNSTANCIA: MEDITERRANEIDAD

Se ha imputado esta situación a la mediterraneidad, signo congénito del área. Esta, mediterraneidad y su consecuencia, el aislamiento, hicieron que las corrientes culturales exteriores llegasen en forma precaria y desarticulada. Alberto Zum Felde (Índice crítico de la literatura hispanoamericána, México, 1954) asigna a esta causa rango absoluto: "El Paraguay -dice- ha vivido siempre la tragedia agónica de su propia geografía, política".
Pero es obvio que la situación mediterránea del área nada habría significado de haber está poseído minas. Paraguay dueño de un Potosí habría visto multiplicarse las vías de acceso y los inmigrantes. Nunca, posiblemente, habría llegado para él el trance triste de la pérdida de litoral atlántico; la ruta desde Santa Catalina al corazón del Paraguay habría sido vital arteria continuamente transitada. Fue su pobreza -pobreza para la visión elemental de la economía de su tiempo, coma bien observa Márquez Miranda (Citado por MANFRED COSSOCK en El Virreinato del Río de la Plata…, Buenos Aires, 1959), la que desvió el interés de la Corona por esta región, limitando la vida, paraguaya a un ruralismo patriarcal, sin esperanza de rápida prosperidad; restringió así el crecimiento demográfico; con éste el desarrollo de la vida social, y correlativamente el de las letras y las artes, de indigencia paralela a lo largo de tres siglos coloniales; si se exceptúan: de un lado, el hecho interesantísimo del barroco religioso hispano-guaraní; de otro, la prosa histórica, y descriptiva, cuyo cultivo fue, coma se ha dicho, profuso.
Durante esos, siglos, varias veces trataron los colonos de superar su aislamiento cultural, solicitando la creación, en Asunción, de una Universidad, sin conseguirlo. La única Universidad fundada en el Rio de la Plata en esas, centurias fue fuera del Paraguay aunque por un paraguayo, Hernando de Trejo y Sanabria. Y durante ese lapso, interminable, y aún después, los paraguayos ansiosos de realizarse intelectualmente hubieron de hacerlo en esa Universidad, o sea la de Córdoba, o en otras como la de San Marcos. Así sucedió con Pedro Vicente, Cañete, con José María de Lara o con Manuel Antonio, Talavera y fue también el caso de Gaspar Rodríguez de Francia.
Hay, no obstante, momentos cruciales en la historia de este país, en que su cultura parece querer emparejar, en ansioso aletazo, la actualidad extra frontera. Uno de esos instantes lo perfila el pensamiento de los próceres de mayo, aplastado por la dictadura de Francia (1814-1842). Otra etapa actualizadora se desarrolla ambiciosa bajo el gobierno paternalista de Don Carlos Antonio López, obrero máximo, de la cultura nacional (1844-1862). La interrumpe la guerra de cinco años que aniquilo población y nacientes instituciones, y prolongó inacabablemente sus secuelas.
Estos hechos, se reflejan en la gestación accidentada, nunca conclusa, de una conciencia histórica y de los correlativos esquemas políticos, sociales y culturales. Un pasado no asimilado aún, impide que se elaboren y conjuguen libremente las corrientes espirituales colectivas sobre las cuales pudieran integrarse con acento propio un arte y una literatura. La historia, así, no es en esta área una línea ascendente como quiere Zea (América en la historia, México, 1957), sino una demorada, línea horizontal. En este postulado pueden insertarse cuantos problemas se puedan plantear en torno a esta literatura, inclusive al del bilingüismo, tan zarandeado. (Novelística Paraguaya, JOSEFINA PLÁ. Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, 1964).

LA POESÍA

ANTECEDENTES. FIJACIÓN ROMÁNTICA

En estas orillas se escuchó el primer romance platense; (en realidad, coplas elegiacas; pero Ricardo Rojas dio en llamarlo así: el debido a Luis de Miranda y Villafañe, y que relata los episodios primeros de la conquista). Dentro del siglo XVIII, un soneto, escrito fuera del país, pero paraguayo por derechos de histórica pasión, el único soneto de Antequera (1690-1731) tiene pocos rivales en la poesía colonial. Pero estos son hitos aislados en una planicie de tres siglos. La independencia, que en países hermanos suscitó pléyades de poetas con el leit motiv del olio a la metrópoli y el orgullo de las gestas emancipadoras, acá no, tuvo cantores.
Con Don Carlos Antonio López y bajo su gobierno (1842-1862) debió levantarse la primera promoción lirica, nacida ya pasatistamente bajo el signo romántico. Esas esperanzas desaparecieron, juntamente con el primer poeta paraguayo, Natalicio Talavera (1839-1867) en la llamada Guerra Grande (1865-1870); pero este último suceso con sus interminables secuelas (1870-1900) favoreció la demora en la actitud romántica, al crear prolongada atmósfera de desorientación y derrotismo. Durante este periodo, los escasos guías políticos son extranjeros -españoles o hispanoamericanos- residentes temporales o definitivos: el español Victorino Abente (1850-1926) el argentino Leopoldo Díaz (1862-1947) el colombiano, Próspero Pereira Gamba. La poesía elegíaca y reiterativa de estos treinta años viene a sustituir a la enfática y agresiva, dedicada a la gesta independiente, que como ya se ha dicho, no floreció a su hora.
Un nuevo acercamiento, a la contemporaneidad cultural se produce, bajo signo peculiar, al comenzar el siglo, con la generación del 900: Blas Garay, Fulgencio R. Moreno, Manuel Domínguez, Ignacio A. Pane, Juan E. O'Leary. Este brillante grupo de prosistas; actuó unificado en los afanes del revisionismo histórico, que consumió, con rara excepción, sus esfuerzos. El fervor reivindicacionista pasó pronto, desde su plano original de gestación -el histórico-, al político y social; y trascendió al poético en el verbo entusiasta del mismo Juan E. O'Leary (1879-1970) (¡SALVAJE! Poema publicado en 1898, es el pórtico del indigenismo literario paraguayo. Los poemas patrióticos de O´Leary no se han visto reunidos en un libro). Esta reacción, qua buscaba restablecer el espiritual equilibrio de un pueblo traumatizado, se constituye, en los epígonos del poeta nombrado, en un nuevo y largo cauce retórico. La actitud romántica continua: sólo ha cambiado el signo psicológico, que del derrotismo melancólico gira ciento ochenta grados, a la exaltación caudalosa de hechos y hombres de la epopeya.
La prolongada insuficiencia, del intercambio cultural, qua favorece estas fijaciones, busca espontáneamente compensarse con el aporte aislado de elementos renovadores o estimulantes. Escritores extranjeros reciben el impacto del medio y refuerzan la corriente nacionalista; o, tratan de mitigarla, según los casos; escritores nacionales van al exterior y hallan ocasión de conectar las corrientes literarias hispanoamericanas en vigencia. Los primeros en general agotan pronto su impulso renovador. Los segundos, no hallan eco eficaz en sus compatriotas, hasta fecha muy posterior. A este hecho bifronte, llamaremos perspectivismo.
Así anotamos en los primeros años del siglo para la prosa -relato y cuento- las contribuciones modernistas del argentino Martín Goycoechea Menéndez (18..-1906) y el español Rafael Barret (1874-1910) mientras que desde el Plata llegan en poesía en 1897 atisbos modernistas a través de Francisco Luis Bareiro (1879-1930) radicado luego en Chile; y más, tarde de Eloy Fariña Núñez (1885-1929) en Buenos Aires, con su Canto secular (1911) de un parnasianismo entibiecido, por recóndito romanticismo de exiliado. En el exterior sedimenta experiencias culturales Alejandro Guanes (1872-1925) poeta confidencial de aliento misticista en De paso por la vida (compilación póstuma, 1936). A estos aportes, de escasa influencia en el medio, se suman esporádicos ecos de corrientes platenses, cuyo sentido orgánico y vinculaciones con movimientos de alcance continental o europeo no llegan a ser asimiladas. Solo, se capta de ellos, lo externo, los complejos formales aislados, que al faltarles el definido impulso interior quedan en mera resonancia verbal.

LA REVISTA "CRÓNICA"

Con la revista Crónica, 1913-15, surge el primer grupo, lírico de perfiles generacionales, aunque éstos quizá configuran más una actitud emotiva que un esquema intelectual. Con estos poetas debió consumar su actualización, que mando etapas, el modernismo; pero locos de ellos alcanzan plenitud expresiva: Pablo Max Insfrán (1894-1973), parnasiano de mesurado acento humanista y filosófico; Guillermo Molinas Rolón (1889-1946) simbolista condoreiro que pudo llegar a ser uno de los grandes poetas americanas de su tiempo. El fracaso, en general de esta promoción -responsable, sin embargo, y dotada de una, honrada mística vocacional- en la tarea de identificar en la voz de su tiempo la propia realidad espiritual, se refleja en la temprana desaparición de los más de sus componentes del panorama literario. Pablo Max Insfrán se dedica con éxito a la cátedra, y a la historia, en el extranjero. Molinas Rolón se interna en la selva, a vivir entre hacheros. Este "regreso a la naturaleza" (del cual no fue por cierto Molinas Rolón caso único, en su tiempo delata quizá el subconsciente llamado a compensar en el plano vivencial la frustrada autenticidad poética. Ligeramente posteriores son Facundo Recalde (1896-1970), Leopoldo Ramos Giménez (1896) y Manuel Ortiz Guerrero, (1897-1933) rubéndariano éste y en su inspiración inicial; que sirve de puente entre esta promoción y la de Juventud, y que pudiendo, por las circunstancias peculiares de su biografía, haber superado dramáticamente esta etapa, no respondió al alerta y no alcanzó a liberarse en la precisa medida de los convencionalismos formales y esquemas conceptivos previos.

LA REVISTA "JUVENTUD"

El grupo, de la revista Juventud (1923-26) numeroso y ferviente, compuesto de jóvenes nacidos entre 1900 y 1907, recoge el legado modernista de Crónica, trata del dar vértice a las experiencias qua ésta prematuramente agotada, no remató; y les suma en cada caso eventuales atisbos intimistas, nativistas, filosóficos, que no alcanzan a formar vertiente ni definir contornos originales. Varios hechos contribuyen a la frustración en masa de este grupo. Entre ellos pueden enumerarse:

1 - La desconexión cultural, nunca superada, que en esos años -1920-1930- adquiere caracteres de verdadera asfixia (No es precisamente quizá que sus rasgos se hayan agravado en esa época intrínsecamente; sino que las inquietudes y ansiedad de comunicación intra-fronteras han aumentado, y con ellas la angustia del aislamiento, la tensión insatisfecha);
2 - La primera guerra mundial 1914-1918, cuyas secuelas ideológicas llegaron naturalmente a este medio, aunque confusas y lógicamente desarticuladas; estimulantes pero carentes de un sentido orgánico y del imprescindible trasfondo histórico, cultural;
3 - La -proximidad de un nuevo y grave conflicto: la guerra del Chaco, qua agudiza las tensiones internas y desorienta a las juventudes.
El grupo, numeroso al principio, va dejando pronto atrás a los más de ellos, fallecidos o espiritualmente desintegrados. Una excepción la constituye, aunque sólo recoge su obra en 1970, Hipólito Sánchez Quell (1906) caracterizado por la búsqueda de una autenticidad a nivel de la confidencia irónica. Otra, importante, es Heriberto Fernández (1903-1927) del que hablaremos luego, Dos nombres, mas adquirirán relieve y prestancia en una etapa posterior: Herib Campos Cervera (1908-1953), y Julio Correa (1890-1953). Algunos han continuado a través de los años la línea inicial, en una labor recogida a impretensiosa: José Concepción Ortiz (1900) Amor de caminante, 1943; Vicente Lamas (1900); o se han actualizado en fecha muy posterior: Manuel Verón de Astrada (1903), Banderas en el alba, 1955.
Pertenecen por la edad a un grupo anterior, pero surgen contemporáneos de Juventud, aunque a margen de esta: Natalicio González (1897 1967) quien hace suya la consigna del mexicano: "Tuércele el cuello al cisne", pone el búho en la tapa de sus Baladas guaraníes, 1925, y ensaya el mundonovismo, como respuesta individual a movimientos contemporáneos en el Brasil y la, Argentina; y Renée Checa (1896-1967) que escribe en francés a partir de 1920 poemas inspirados en su país natal. Los reúne en Sillages (Estelas) publicado en Francia en 1933.

LOS POETAS PRECURSORES


La crónica de la poesía paraguaya moderna comienza con la obra de tres poetas de Juventud, en ruptura con el rubendarismo inicial de algunos y el desorientado posmodernismo de otros. Heriberto Fernández, que ha fundado y dirigido la revista, va en 1923 a Paris. Publica allí Voces de ensueño, 1925, y enseguida Visiones de églogas, 1926. Fallece al año siguiente. Los Sonetos a la hermana, aparecidos antes de su muerte en revistas locales, no llaman la atención de nadie. En todo caso, nadie los comentó o siguió la huella por ellos señalada. En 1957, treinta años después, los editara la serie poética La piririta, y solo entonces se descubrirá que en ellos afloran los primeros rasgos vanguardistas en esta poesía. Es probable que Fernández haya tratado o por lo menos, tenido ocasión de oír, a Cesar Vallejo, por entonces en Paris. En esos, poemas, el fervor esencial del poeta, ansioso de autenticidad, vacila, sin embargo, en lanzarse de lleno en el vórtice de las formas extremas que lo solicitan con la intensidad de lo intuitivamente esperado.
Un poco, más tarde que Heriberto viaja también Herib Campos Cervera, quien ya en el exterior rebasará rápidamente su fase posmodernista, Retiene, sin embargo, una levadura romántica que nunca desaparecerá. Permanece en el extranjero, durante mucho tiempo y no influye en el medio hasta mucho después.
Desde un plano distinto al de los dos poetas anteriores -cuya actuación podemos adscribir al perspectivismo- ejerce su influencia Julio Correa, perteneciente de derecho a Crónica y de hecho a Juventud. Julio Correa halla su voz autentica al estallar la guerra del Chaco. (1932-35).

GUERRA Y POSTGUERRA DEL CHACO

Esta literatura, qua salvo en rasgos muy aislados ha permanecido desconectada de lo circundante, hace ahora pie en ello a través, de la obra de Julio Correa. Este escribe el principio cuentos y teatro; pero en la postguerra, enardecido por el ambiente de violentas reacciones político-sociales y de constricción dictatorial, busca el cauce del verso, más condensado y directo. Procurando sintonizar la emoción colectiva rompe no, solo con todo alineamiento previo, sino inclusive con todo lo que signifique retorica o arrequive formal; su lenguaje se hace inmediato, agresivo, crudo. La evidente motivación circunstancial resta permanencia a mucho de su obra; pero esta fue como una ráfaga despejante que, en palabras de Walter Wey (WALTER WEY, La poesía paraguaya. Historia de una incognita. Montevideo, 1951) "aventó los vapores románticos trasnochados" y al ceñirse al motivo inmediato y palpitante, señaló el camino para una poesía más sincera y humana. Se ha señalado, analogías entre esta poesía y la del grupo argentino llamado de Boedo. Estos poemas, recitados públicamente, convertidos algunos de ellos en bandera de protesta, fueron compilados en Cuerpo y Alma, 1943.
Correa no tuvo compañeros en su afán redencionista; pero, en esos mismos años, (1932-40) se producen otros hechos independientes de él y entre sí, que muestran la íntima urgencia de esta poesía por abandonar sus transitados y estériles cauces, y acompañan o siguen -en algún caso preceden- a Correa en esa tarea de despojo formal y ahondamiento, intimo. En 1934 ha aparecido El precio de los sueños, señalado por varios críticos (1) como punto de partida de ese despojo formal. En 1939 se publica Estampas de la guerra, único poemario qua reflejó las vivencias de un poeta combatiente en el Chaco. Su autor, Hugo Rodríguez Alcalá (1917). Estos poemas, en los qua la emoción aparece contenida por un rigor de cariz clásico, soslayan toda agonística; pero su carencia de retórica, la desnudez de la idea, evidencian el viraje qua lentamente realiza esta lírica hacia formas más escuetas y esenciales. También en esta etapa hace su aparición Dora Gómez Bueno, cuyos primeros poemas se publican en la-prensa local hacia 1930 y más concretamente durante la guerra. Su característica sostenida es la poesía erótica: la liberación de la musa femenina local, ahogada de tópicos, tiene un factor importante en su obra, que persevera en la línea posmodernista desde Flor de caña (1939), y Barro celeste (1943) a Luz en el abismo (1954) con eventuales adquisiciones o contagios formales modernizantes.
Por lo demás, estos hechos como otros producidos en esta década y cuyo rastreo está por realizar, son algo aislado, inconexo. Un completo aislamiento vocacional parece caracterizar esta década, en que los grupos poéticos, dispersos, no actúan. Los pocos poetas en actividad trabajan con la mínima comunicación posible entre sí. Pero sus obras son sendos índices de un movimiento en que han de confluir en un momento dado adquisiciones formales y conciencia generacional.

(1). El precio de los sueños, JOSEFINA PLÁ, Asunción 1934. Véase WALTER WEY, citado; ROQUE VALLEJOS, La literatura paraguaya como expresión de la realidad nacional, Asunción, 1967; HUGO RODRÍGUEZ ALCALÁ, Historia de la literatura paraguaya, Colección Stadium, México, 1970; FRANCISCO PÉREZ MARICEVICH; La Poesía y la Narrativa en el Paraguay, Editorial El Centenario, Asunción, 1969.

EL GRUPO DEL 40

Hacia 1940 fijamos, por conveniencias de método, la fecha tope para la aparición de la nueva generación de poetas, la que lógicamente debe seguir a la de JUVENTUD. Los jóvenes que surgen son pocos, y en ellos los rasgos generacionales son nulos: ni siquiera los unifica, como a aquellos, una mística romántica. Trabajan solos, aislados entre si y de las corrientes que desde 1920 y aún antes modifican mundialmente, la faz de la poesía. Estos jóvenes -Hugo Rodríguez Alcalá (1917), Augusto Roa Bastos (1918), Juan Ezequiel González Alsina (1918), José Antonio Bilbao (1919), Oscar Ferreiro (1922)- se dan a conocer; el primero, por sus Estampas de la guerra, mencionado; el Segundo, por El ruiseñor y la aurora (1940) de corte clasicista y preceptivo; los otros tres, por sus publicaciones en la prensa. Las Perspectivas de este reducido núcleo se ven sin embargo reforzados por la presencia de otros poetas mayores, portadores de experiencias más actualizadas: Herib Campos Cervera, Josefina Pla, quienes regresan del exterior entre 1936 y 1938, oportunamente para conectar con los más jóvenes. AI grupo así formado se suman Hipólito Sánchez Quell, de JUVENTUD; Julio Correa, de la generación de CRONICA, y Elvio Romero (1926), pionero de una generación posterior, que hará aquí sus primeras armas, Son pues cuatro promociones de poetas las que se dan cita en esa fecha, que es la de la actualización de la poesía paraguaya; y son los poetas mayores los que promoverán alrededor de 1943, el cenáculo Vy'á raity (Nido de alegría) en donde, por vez primera ensaya cristalizar una conciencia generacional frente a los hechos universales, que ingresan por fin en la corriente del pensamiento local y hallan sintonía en la crisis espiritual de estos poetas.

CENÁCULO VY'Á RAITY

En el grupo figuran, junto a Herib Campos Cervera, Josefina Pla, Rodríguez Alcalá y Correa: Augusto Roa Bastos, Juan Ezequiel González Alsina, Oscar Ferreiro y Elvio Romero (1). La poesía paraguaya alcanza ahora el nivel, inexperto aun, pero fervoroso, de la contemporaneidad.
Como se ha podido observar y como desde luego observa Walter Wey esta lírica no tuvo oportunidad de pasar por las experiencias externas que en otras literaturas sirvieron de previo ejercicio para la decantación neorromántica y neo humanista. Ingresa pues esta poesía en la fase mencionada sin la preliminar experiencia penitencial de los ismos; y esto se refleja en más de un caso en el laborioso proceso de configuración formal.
Favorece por otro lado la ascensión de estos poetas la apertura que después de 1940 y coincidiendo con la segunda guerra mundial, se efectúa hacia otros ambientes literarios: el Paraguay pasa a ser una pieza más en el juego de intereses internacionales, y ello tiene su reflejo en los demás aspectos económicos, sociales y culturales. Los grandes poetas y novelistas contemporáneos llegan al medio; se lee a Rilke, a Dylan Thomas, a Lorca, a Valéry.
Dos corrientes se formulan desde el principio en esta poesía. La buceadora de la intimidad profunda. La extroversa de solidaridad humana, que trata de captar la onda del destino, o la misión del hombre. Esta a su vez se bifurca: surge la poesía de la simple y conmovida projimidad, y la que acuna sus anhelos solidarios en el troquel del compromiso ideológico. Pertenecen, en general, a la segunda corriente Herib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos y Elvio Romero: a la primera, los demás.
Campos Cervera publica Ceniza redimida en 1950. Es entre todos estos poetas sin duda el que ha alcanzado rango representativo para las generaciones posteriores. Su libro abarca prácticamente toda su producción, y en él se observan los dos niveles o corrientes señalados. Al principio, su poesía es agonística, traspasada por la angustia del ser para la muerte. Luego de la segunda catástrofe mundial, los viajes a los yerbales, la guerra civil die 1947, con sus episodios fratricidas, coinciden para remover en él los estratos, siempre a flor de espíritu, de projimidad y solidaridad; y escribe sobre las ciudades liberadas, el hachero, y el Mensú, los camaradas sacrificados; declarando que "toda poesía debe servir". Su riqueza metafórica, su lujo verbal, han impedido, sin embargo, a esos poemas, hacerse populares. Más, conocido entre ellos es "Un puñado de tierra", biografía lirica del ombre arrancado a su terrón y conciliado luego con su destino. Campos Cervera ha tenido seguidores que solo han investido la motivación, sin alcanzar la profunda resonancia.
Augusto Roa Bastos, que se inicia en el acento solidario, del clara raíz humana, inviste luego la faz agonística, y dentro de ella nos da algunos de los más herméticos poemas de esta cosecha. Sólo en 1960 se recogen algunos, de sus versos en un cuaderno, El naranjal ardiente (Serie LA PIRIRITA, dirigida por Miguel Ángel Fernández).
Hugo, Rodríguez Alcalá, dedicado, desde 1945 a la docencia en universidades, norteamericanas, pareció abandonar la poesía, y en efecto la abandono durante bastantes años; pero en 1960 da a estampa una colección de poemas cortos, Abril que cruza el mundo, cuya inspiración arraiga en el ámbito de los matices delicados y fugaces de la evocación; en 1968 publica La dicha apenas dicha, en la cual se acendran exquisitamente las cualidades ya aparentes en el anterior poemario.
Elvio Romero ha publicado entre otros volúmenes Días roturados; 1948; Resoles áridos, 1950; Despiertan las fogatas, 1953; El sol bajo las raíces, 1956; De cara al corazón, 1961; Migraciones, 1964; Esta guitarra dura, 1967. Sus poemas se vuelcan casi siempre en el compromiso ideológico. Dueño de un oficio rotundo y seguro, en sus últimos poemas alcanza positiva hondura y emotividad. Es indudablemente entre todos los poetas paraguayos el que ha alcanzado mayor resonancia internacional. Elvio Romero, pertenece por su edad a la generación de 1950; pero su frecuentación temprana en el Grupo del 40, su aparición asimismo precoz en las páginas literarias -1943- hace que se lo adscriba a este grupo en vez de al siguiente, del cual sería afortunado "avantcoureur". Su último volumen, Destierro y Atardecer, 1975, encierra, bellísimos poemas, donde la nostalgia del rincón nativo, la sed del terrón desahuciado, alcanzan estremecida, intensidad.
Ezequiel González Alsina, fino poeta de amor, y Oscar Ferreiro –único del grupo que persiste en la huella inicial signada por su juvenil traducción de Rimbaud- no han editado nada.
El ineditismo, o el editismo tardío, patente en las fechas -con la excepción de Elvio Romero que signa a este grupo como a anteriores promociones, se combina en este caso con el hecho importante, ya señalado, del perspectivismo. Estos poetas -Campos Cervera, Roa Bastos, Romero- pueden llamarse los del destierro. Aventados casi todos por la guerra civil del 47, ya no han regresado, a la patria. Campos Cervera falleció en el exilio. La obra de estos escritores se decanta, se realiza, o se publica en el exterior, y desde afuera influyen con su labor y con sus actitudes, personales en una medida hasta ahora insólita en esta literatura.
AI margen del grupo, experimentando sin duda la influencia, de los poetas comprometidos, se actualizan: Manuel Verón de Astrada, ya nombrado; José Antonio Bilbao, quien cultiva una poesía tradicional y académica en sus eglógicos Claro arrobo, 1946, y Verde umbral, 1954, pare "hacer pie en la reciente poesía hispánica" en La estrella y la espiga, 1959, y alcanzar definitiva calificación poética en La saeta y el arco, 1968.

(1). Debemos establecer una neta distinción entre la promoción del 40, constituida por los jóvenes que por ese año realizan su ascensión a las letras, y el GRUPO DEL 40, que como se ha visto, nucleó constructivamente los restos de esa generación, frustrada mayoritariamente aún antes de aparecer; los de dos generaciones anteriores, e inclusive los precursores de una promoción futura.

LA PROMOCIÓN DE 1950

Alrededor de 1950 surge la nueva promoción, agrupada en dos constelaciones llamadas de la Facultad de Filosofía, y de la Academia Universitaria; en la ascensión lirica de esta última ha tenido decisivo papel guía, el sacerdote y poeta español, Padre Cesar Alonso. Son casi todos nacidos entre 1924 y 1932, contemporáneos, por tanto, de Elvio Romero. Un clima más propicio, al que contribuye el creciente intercambio cultural iniciado por el grupo de 1940, favorece la ascensión de estos poetas. Sus componentes continúan la apertura a la contemporaneidad que centró los empeños del grupo decano. Esta generación podemos considerarla así, aunque en ella muchos de los rasgos propios de tal se encuentren sólo levemente acusados- ha hecho su ídolo de los poetas combativos de 1940; pero en realidad sólo, algunos de esos poetas han seguido ese cauce. Los más han elegido de preferencia la primera corriente, la confesional o confidencial, en sus formas de tono menor. Órgano de esta generación ha sido desde 1954 la revista ALCOR, dirigida por Rubén Bareiro Saguier, que en mucho ha contribuido a la difusión y a la apertura mencionadas.
Actualmente, la mayoría de esos poetas se encuentran en plena ascensión, aunque la mayoría se han hecho éditos con bastante retraso, lo cual, lógicamente contribuye a dislocar, en más de un caso, los enfoques críticos. Ramiro Domínguez, juntamente con José María Gómez Sanjurjo (1930), Ricardo Mazo (1927) y José Luis Appleyard (1927), publicaron una breve compilación: Academia Universitaria, Poesía, en 1953, pero hasta 1963, ninguno publica un poemario de firma individual. Rodrigo Díaz Pérez (1924) residente en Estados Unidos desde hace muchos años, ha publicado desde 1968 entre otros, Astillas de sol y Los poros del viento, donde trasciende delicada y coloridamente la congoja recóndita del exilio. Rubén Bareiro Saguier (1930) actualmente catedrático universitario en Francia, ha publicado, Biografía de ausente, 1964, donde maneja expertamente un lenguaje acumulativo. Ramiro Domínguez (1929) ensaya una poesía de esquema polifónico y en la cual tienen últimamente primacía los temas de la tierra: Zumos, 1963, Salmos a deshora, 1964, Las 4 fases del Luisón, 1967, Los casos de Perurimá son sus poemarios más representativos. José Luis Appleyard ha dado a la imprenta Entonces era siempre, 1964, y El sauce permanece, 1965. Sus poemas de fina transparencia, donde aparece, como severa guía, la armadura clásica, glosan el "tiempo perdido". Elsa Wiezell (1927) en doce colecciones publicadas de 1948 a 1970, traza, con alternativas, un crescendo en la clarificación de un inicial esquema, donde el choque de conceptos al parecer inconexos busca hacer surgir un estado de ánimo, una intuición, un destello metafísico. Ricardo Mazo (1927) ha publicado en 1971 su primer poemario.
Otro poeta del grupo es Gustavo Gatti (1927) autor de Livia, 1967. La característica general de esta promoción es, pues como se ha dicho, lo confidencial, lo intimo, lo amoroso, lo evocativo. La única excepción la constituye, en sus últimos poemarios, Ramiro Domínguez, mencionado.
Carlos Villagra Marsal (1932) y Luis María Martínez (1933) formarían un grupo intermedio entre estos poetas y los die 1960. Son los dos únicos en los cuales se manifiesta la vena de protesta, especialmente en el último: El jazmín azorado 1969, y Desde abajo es el viento 1970. (Villagra Marsal permanece inédito).

LOS ÚLTIMOS

De 1960 a 1963, varios poetas noveles publican sus primeros poemas. Son también los primeros poetas paraguayos que se hacen éditos, en grupo, a su debida hora: Francisco Pérez Maricevich (1937) en Axil, 1960, puso de relieve una rica imaginación, cuya efervescencia aún no dominaba; en 1963 da a estampa Paso de Hombre, que permanece como uno de los hitos de esta promoción. Miguel Ángel Fernández (1938), director de la revista Diálogo y de la serie La Piririta, ha publicado en 1960 Oscuros días, poemas donde la levedad del acento y la ceñida expresión verbal anunciaban una personalidad distinta, luego refrendada, en A destiempo (1967). Más joven todavía, publica en 1961 su primer cuaderno de poemas, Pulso de sombra, Roque Vallejos (1943), en quien la interrogante metafísica se plantea con prematura y acuciante inquietud cuyo acento se agudiza angustiosamente en Arcángeles Ebrios, 1964, y luego, en Poemas del Apocalipsis, 1971. Esteban Cabañas (1937) publica en 1964 Los monstruos vanos, único poemario que hasta ahora documenta éditamente el suprarrealismo en la poesía paraguaya, aunque los precedentes de ese ismo pertenezcan a Oscar Ferreiro.
Al filo de 1963 hace su llegada un grupo de poetas veinteañeros, del cual los cuatro que se acaba de mencionar serian los precursores. Este grupo, numeroso, como el de Juventud, está llamado a un destino, semejante, por razones distintas pero no menos eficaces en su acción desintegradora. Uno de ellos es la sustitución de la autentica conciencia vocacional por el prurito promocionista. La apertura hacia el exterior obtenida laboriosamente por los poetas del grupo de 1940; luego por los de 1950 con la revista ALCOR y más tarde por el reducido pero activo grupo de 1960, creó un ambiente eufórico que desafortunadamente, tiende más al desarrollo aparente externo y los aspectos epidérmicos de esa comunicación que al de las potencias creativas. Transcurridos doce años desde la aparición de ese grupo nutrido, muy pocos son los nombres que en él pueden citarse unidos a una obra primeriza que fundamente esperanzas. René Dávalos, Buscar la Realidad, 1965, se vio convertido por su prematura muerte en abanderado de su generación; Adolfo Ferreiro, y Juan Andrés Cardozo, ensayan continuar la vena solidaria de los poetas mayores por la vía de la protesta,; Guido Rodríguez Alcalá aparece torturado, por una duda metafísica; Oviedo Benítez Pereira un poco mayor que los mencionados, de inspiración religiosa; William Becker, En un Memorial, 1975, acendra, un desolado erotismo; Jaime Rauskin, es el más cercano a una poesía esencial. Egidio Bernardier refleja una impregnación clásica bien canalizada en Suplicio de Silencio, 1965, y El Regreso en la Huida, 1965.


RESUMEN

La literatura paraguaya, cuyo paisaje se ha esbozado en líneas harto generales, sacrificado a menudo el recuento al esquema, con las inevitables omisiones, ha enfrentado desde sus comienzos una serie de situaciones desfavorables, cuyos múltiples factores determinantes se ha procurado cuando menos insinuar o sugerir. Aunque indudablemente las perspectivas de los autores nacionales han mejorado considerablemente y las promociones de 1950 y 1960 han ensanchado la apertura iniciada brevemente por el grupo de 1940, y aunque miembros de este último como Roa y Casaccia, han llevado ampliamente la narrativa al plano critico internacional, falta todavía mucho, para que la literatura paraguaya adquiera en conjunto plena militancia continental. Pero otra parte, faltan los instrumentos para establecer los indispensables contactos, y sobre todo, para la expresión, intrafronteras, de las inquietudes creativas. No hay páginas literarias, -en el pleno sentido funcional del vocablo. No hay revistas -la única literaria, Alcor, tiene vida discontinua (Desde 1973 aparece SIGNOS, revista de arte y letras). No hay editoras que brinden en forma sistemática al autor las necesarias facilidades y menos aún con la amplitud indispensable -la preocupación de estas empresas se ajusta a criterios comerciales perfectamente comprensibles dada la situación cultural y sus inflexibles márgenes económicos.
No hay concursos fijos que ofrezcan al escritor una probabilidad continuada de escapar al anonimato. En esta última década se han abierto algunos certámenes, como los de LA TRIBUNA para narrativa y los de CHARITAS para teatro: pero ellos no tienen hasta ahora el carácter fijo que da a esos concursos su plena eficacia. En 1974 se instauró el Concurso Hispanidad, que en 1975 dedicó sus premios a la novela; es de desear que perdure y prosiga en su acción promocional. El intercambio cultural es precario o nulo. Esta escasez de cauces comunicativos se agudiza periódicamente con la intervención de factores extraliterarios, a veces decisivos.
Todas las obras considerables de la narrativa de los últimos cuatro lustros han visto la luz en el extranjero. Este hecho, que confirma la tesis perspectivista, sugeriría una defección de la intelectualidad nacional en la lucha por la cultura, si no resultase evidente que sólo desde el exterior tiene esta literatura la posibilidad de soslayar mediatizaciones esterilizantes. La lucha de los jóvenes carece de estímulos y de puntos de referencia sólidos: el deterioro de las vocaciones es un hecho contagioso. Unos pocos resignados a la frustración como dote inescapable de su generación mantienen vigente la consigna que se cifra en la conciencia de una vocación y en el sentido de responsabilidad en el escritor y en el artista.


INDICE
Literatura Paraguaya en el Siglo XX
La circunstancia: mediterraneidad

LA POESÍA
Antecedentes - Fijación romántica
La revista "Crónica
La revisita "Juventud"
Los poetas precursores
Guerra y postguerra del Chaco
El grupo del 40
Cenáculo Vy'a Raity
La promoción de 1950
Los últimos

LA NARRATIVA
Antecedentes
La guerra del Chaco
El perspectivismo y la novelas contemporánea paraguaya
La novela desde 1950. La novela de la tierra
Exotismo americano. Novela histórica. Narrativa poética
Narrativa de ciudad. Narrativa psicológica y Social
La novela del destierro
Realismo mágico

EL TEATRO
Antecedentes
La guerra del Chaco, y el teatro
El teatro y las nuevas corrientes literarias
Resumen.
 
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