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JOSEFINA PLÁ


  PARAGUAY: EL ÑANDUTÍ, 1983 - Textos: JOSEFINA PLÁ y GUSTAVO GONZÁLEZ


PARAGUAY: EL ÑANDUTÍ, 1983 - Textos: JOSEFINA PLÁ y GUSTAVO GONZÁLEZ

PARAGUAY: EL ÑANDUTÍ

Textos: JOSEFINA PLÁ y GUSTAVO GONZÁLEZ

Fotografía: JOSÉ LUIS DE TONE

y GUSTAVO GONZÁLEZ

Diseño gráfico: OSVALDO SALERNO

CUADERNOS DE DIVULGACIÓN

MUSEO PARAGUAYO DE ARTE CONTEMPORANEO

Asunción – Paraguay

1983 (66 páginas)

 

 

Dentro de los objetivos generales de esta colección, este volumen recoge estudios de JOSEFINA PLÁ y GUSTAVO GONZÁLEZ acerca del ñandutí, sus fuentes posibles, su desarrollo y sus formas.

Basado en antiguos encajes españoles y adaptado a la cultura criolla con un sello propio, el ñandutí corresponde a una de las expresiones populares características del Paraguay; su origen incierto, sus esquemas complejos y su ininterrumpida práctica desenvuelta en torno a Itauguá plantean una serie de interrogantes y permiten a los autores fecundas interpretaciones.

El registro gráfico del Dr. González, sobre el que se basa fundamentalmente la ilustración del texto, constituye un documento indispensable para el conocimiento de las pautas básicas y tradicionales del ñandutí. Con la publicación conjunta del trabajo de Josefina Plá y del Dr. González (publicación parcial en este caso) se pretende promover la difusión de aportes valiosos para la comprensión de nuestra cultura.

 

 

PROSAPIA Y MAGIA DEL ÑANDUTI

 

Por JOSEFINA PLÁ

 

La inmigración canaria en el Paraguay, si juzgamos por los poquísimos datos reunidos no alcanzó en ningún momento las proporciones, ni aún porcentuales, que en otros países hispanoamericanos. No hay noticia de la llegada de canarios en grupo desde las islas, ni en los años heroicos (1537-1600) ni en los siguientes que llegaron gentes de esta procedencia, desde luego; uno de los primeros canarios en llegar fue el Padre Lebrón, compañero del Padre Martín Armenta en peripecias religiosas y profanas durante el gobierno de Cabeza de Vaca (aunque ellos llegaron temprano, con el veedor Cabrera, quedaron hasta 1542 en Santa Catalina) y entre los hombres de barco o de armas que vinieron en las primeras armadas, hay también noticia de algún canario; pero es muy dudoso que entre los expedicionarios se contase alguna mujer canaria.

Nada, en las costumbres coloniales, parece recordar -una afirmación rotunda exigiría también un estudio a fondo, no realizado ni fácilmente realizable ya- de los orígenes y cronología de muchos de los aspectos del material folklórico paraguayo, un aporte sensible de lo canario en ellas, a no ser el uso del maní tostado, pisado o molido, con leche, en forma que recuerda al "gofio"; pero esto no puede asegurarse sea una práctica antigua, y podría también ser una coincidencia. Y, sin embargo, por otra parto la huella canaria aparece profunda, indeleble, en algo ton sutil, como lo es el patrón de un encaje que por sus características podría calificarse de "nacional".

En efecto, cuando se habla del Paraguay en el exterior, en América en general y en la meridional en particular, surge de inmediato para caracterizar a este país -antes que sus grandes ríos, sus cataratas magníficas (de las cuales, la imponente Canendiyú quedará en seco en breve plazo, debido a las obras hidroeléctricas de Itaipú) sus selvas (hoy ya bastante raleadas) o su flora increíble- el esquema solar del encaje típico: el ÑANDUTÍ.

ÑANDUTI es palabra guaraní. Significa "tela de araña—. Este nombre revelador alude a las líneas generales del patrón básico, que recuerdan el trabajo de la "epeira", la huésped infaltable de los huertos y espesuras de todos los climas templados. Y quizá un poco a su técnica (a menos en sus fases iniciales).

Ninguno de los cronistas de los primeros siglos de la historia colonial paraguaya menciona para nada el origen o desarrollo de esta artesanía en el Paraguay. Los inventarios de las sucesiones en los siglos XVI y XVII nada nos dicen del ñandutí; aunque sí dan patético testimonio de la lastimosa pobreza en que vivían los conquistadores, y que de por sí descarta la posibilidad de delicadezas y filigranas encajeras.

Cuando terminando el siglo XVI o comenzando el XVII Ruiz Díaz de Guzmán (Ruiz Diaz de Guzmán. La Argentina. Col. Estrada. Buenos Aires, 1962, página 111.) habla de la destreza de las mujeres paraguayas -criollas o mestizas- en labores de aguja, no menciona cuáles fuesen éstas; pero ahí están, apenas unos años después, las Anuas Jesuíticas primeras (1610) para informarnos de que se trataba de "paños de manos"; toallas "bordadas": una labor doméstica que se hizo tradicional y se prolongó floreciente hasta pasado el medio siglo XIX (Los ingleses residentes, en dicha época, en el Paraguay, hacían gran compra de ellas para enviarlas a sus familias en Inglaterra). De otras cosas prescindiría seguramente el conquistador: renunció pronto -a la fuerza ahorcan- a las calzas acuchilladas; pero no renunció al servicio de "aguamanos" aunque fuese en rústicos utensilios de mano indígena: ya que otra cosa no, abundaba el servicio doméstico.

Otras labores femeninas constituyen hasta hoy en el Paraguay caudal tradicional, o por lo menos por tal tenido: el encaje-yú (malla o filet así llamado porque se hacía con aguja enhebrada a causa de la ausencia de navetas) de mallas o puntos sueltos; crochet corriente, crochet tunecino, y hasta encaje de bolillos (éste actualmente desaparecido). Estas formas de encaje es de notarse que aparecen centradas en pueblecitos que formaron parte de las Misiones, o aledaños. Y tanto es así, que algunas prendas de las trabajadas en esos lugares se llaman, por ejemplo, chales, ponchos o colchas "de Misiones", por el departamento de que proceden.

En cambio, no aparece en esos pueblos el ñandutí. Esto se explica, en parte al menos, porque esas otras labores habrían sido traídas por los emigrantes instalados en esas zonas en los años inmediatos a la guerra del 70; franceses, suizos, alemanes, italianos; en otras palabras, son de origen más moderno.

Tarea espinosa, sin que por ello garantice éxito, fijar la fecha en que este encaje canario prendió, como la "hoja maravillosa" (Planta local así llamada porque cualquier hoja de ella arrancada y tirada al suelo, arraiga inmediatamente y brota) y echó raíces en la colonia.

Dada la pobreza de la colonia, prolongada durante casi dos siglos, es lógico pensar, como ya se dijo, que ciertas formas de encaje de laboriosa ejecución y no menos laborioso mantenimiento no tuviesen oportunidad de mucho uso, en los primeros lustros sobre todo; aunque las amplias disponibilidades de mano de obra (esclavas) pudieran por otro lado aligerar escrúpulos y preocupaciones respecto al tiempo perdido, con tal de satisfacer un prurito de adorno o arreglo doméstico.

Es evidente que mucha más amplia oportunidad para el despliegue de estos lujos ornamentales la podían ofrecer las Reducciones; en las cuales, si la vida comunitaria era en cierto modo ascética, en cambio ningún adorno era considerado excesivo para el culto. Decimos las Reducciones, y no las iglesias en general, porque los pueblos coloniales encomendados al patronazgo espiritual de clérigos y frailes (franciscanos y otros) participaron forzosamente de la pobreza de su área.

Sólo allí y en la magnificencia que en todo momento se asignó al culto divino, podían haber adquirido vuelo estas labores, cuyo preciosismo y delicadeza las encomendaba de por sí para complemento de vestiduras y ornamentos sagrados. Y sin embargo, no poseemos por el momento datos, no digamos suficientes; apenas los iniciales, precisos para esa atribución, al menos en forma definitiva.

De haber nacido en las Misiones este encaje, en efecto, sus maestros tendrían que haber sido los propios misioneros: y aunque hay noticia de que a las Reducciones llegó algún Padre o Hermano canario (poquísimos, por cierto, quizá no pasasen de dos o tres) no hay dato alguno que permita atribuirles la enseñanza de este encaje; el único encaje que mencionan los cronistas es el de Flandes.

En presencia -o en ausencia- de otros datos, algunos llegaron a suponer que el ñandutí pudo llegar al Paraguay interpósitamente desde el Brasil, aunque no explican cómo. Es verdad que hay una región de ese país donde el ñandutí es conocido y practicado con cierta amplitud: concretamente en el Estado de Santa Catalina, en Florianópolis, donde en una "Bolsa de Rendeiras" o "Bolsa de Encajeras", se vende ñandutí.

Pero es significativo: a) que este encaje sea allí conocido como "encaje del Paraguay"; b) que en el mismo folklore que se organiza en torno a esta artesanía en Santa Catalina, aparezca el encaje como procedente del Paraguay. Queda, pues, fuera de duda que el proceso fue inverso: el ñandutí brasileño -como el que podía practicarse en regiones cercanas o fronterizas de la Argentina- es una trasculturación o simple extensión de la artesanía paraguaya. A su vez, y dada la contigüidad geográfica, parecería esta difusión corroborar la existencia del ñandutí como objeto de cultivo en los talleres misioneros, ya que sólo de éstos podría haber pasado a esas otras regiones.

Esta hipótesis desde luego no sería aplicable a otras regiones de América, el Perú y Bolivia, por ejemplo, donde el "encaje de soles" debió llegar por otras vías, y seguramente en fecha más antigua. Y a este propósito podría emitirse otra hipótesis, lista para retraerse, como antena de caracol, al más leve amago polémico; en el Paraguay hubo, en la primera mitad del siglo XVIII, un contacto con el Altiplano cuyas dimensiones y sentido no hemos podido aún discernir suficientemente, que dio lugar a la infiltración de formas en la imaginería y escultura (pintura cuzqueña, planos de la ornamentación de iglesias, como la de Tobatí). ¿Podría el "encaje de soles" haber formado parte de esta infiltración?

Pero dejando esta espinosa hipótesis, busquemos todavía en testimonios locales algún posible indicio.

Una de las primeras noticias de encajería en las Misiones se hallan en el Padre Sepp (Sepp, Padre Antonio. T. 11, págs. 261-262 (cap. XXXII)). "Seis o más indiecitas (muchachas) se ocupan de hacer encajes. Son tan hábiles, que pueden competir con las encajeras holandesas... Mis nuevas albas, de las cuales tengo tres y me las pongo solamente en las más altas fiestas, están guarnecidas desde la cintura hasta el más último ribete con los más finos y hermosos encajes, y es difícil decir si son de origen holandés o paracuario... Llevan a cabo este trabajo sin maestro, solamente deben tener constantemente el modelo bajo los ojos. Si es complicado, lo deshacen" (se entiende, para analizar la forma en que está realizado)...

Como se ve, se refiere aquí el Padre Sepp al encaje holandés (a no ser que la comparación se aplique sólo a la perfección del acabado y no específicamente al encaje, pero el contexto no estimula esta interpretación). El encaje holandés, o sea el de Flandes, viene a ser el de bolillos, cuyo predicamento parece haber terminado en el país con la Guerra Grande; y no el de Tenerife. Tanto más que el Padre Sepp no era español, y en sus actividades artísticas y docentes, según él mismo da a entender en sus libros, se inspiró más directamente en modelos de su patria o países cercanos (como, por ejemplo, al realizar la Virgen del retablo de la iglesia para la Misión de San Juan Bautista por él fundada, de acuerdo al modelo de una Virgen bávara: la Virgen de Altoettingen).

Podría, sin embargo, objetarse que nada se opone a suponer que el Padre Sepp hallase ya instituido el ejercicio del encaje entre las indias de las Misiones, no las por él fundadas, sino las en funcionamiento ya, y que esas obreras continuasen bajo su adoctrinamiento dicho ejercicio. Pero tampoco hay en el texto nada que pueda apoyar objetivamente esta versión.

En las Anuas y algunos cronistas se encuentran, como ya se dijo, alusiones al ejercicio de labores a mano -las únicas posibles en aquel tiempo y lugar- en Asunción misma, cuando Guzmán se refiere a la habilidad de las doncellas de la tierra en labores de aguja o los Padres de las primeras Anuas a las toallas bordadas que se confeccionaban en Asunción. Pero esas toallas bordadas, cuya tradición se prolongó hasta la época de don Carlos, a la orilla de la Guerra Grande, no eran sino caladas (Caladas al modo que aún ahora se ve en las camisas de aopoí: sacando hilos en una superficie previamente circunscripta; no sacando hilos a lo ancho para luego urdir en los hilos de la trama, desnudos, diseños diversos (geométricos, florales, etc.)) y bordadas (toallas de aopoí). No con encajes, de ñandutí u otros.

En las listas artesanales misioneras que se dan en Anuas y cronistas hallamos entre los numerosos trabajadores enumerados el oficio de "encajero" como el de bordador. No se habla de bordadoras ni encajeras, aunque es perfectamente posible que ello fuese un resultado de la forma misma en que se hace la enumeración; las noticias de Sepp no dejan duda acerca de que las mujeres también tejían encajes.

Uno de los aspectos notables misioneros fue el cambio que en la distribución de oficios se realizó al estructurar el régimen laboral y distribución de los trabajos: el hombre en Misiones debió adoptar actividades que en la vida tribal estaban reservadas a las mujeres, como el tejido, la cerámica (aunque hay noticia de que las mujeres seguían participando domésticamente en este trabajo). Oficios como el de bordador y restaurador de ropas de altar o de ornamentos estaban reservados a los varones.

En suma, nada hallamos en la historia o la crónica que nos ilumine acerca de la manera en que llegó acá ese encaje, hasta que el Padre Sánchez Labrador, ya cercana la expulsión de los jesuitas, sin saber el bien que iba a hacer a los desesperados investigadores de dos siglos después, se decide a encendernos una tenue luz.

Al Padre Sánchez Labrador le tocó actuar en Belén (región llamada del Tarumá) sobre el río Ypané, catequizando a los mbayá-guaicurúes. Durante su tarea evangélica viajó río abajo hasta Asunción, y pudo asistir en esta capital "a la escena de las señoras españolas que enseñaban a las indias de su Reducción -con fines prácticos enderezados a la suntuaria religiosa de la misma- a tejer encajes con soles y cribos (calados)" (Sánchez Labrador, Padre José: El Paraguay Católico. T. I., Capítulo CCCXXIII, pág. 299. Ed. Universidad de la Plata. Buenos Aires, 1910. El "cribo" tomó su nombre de su semejanza con el tejido (de paja) de las "cribas" o cernedores). Pero dado lo adelantado de la fecha, no podían ya actuar en ellas los contingentes femeninos que llegaron durante el siglo XVI; habría que buscar su origen en alguna familia canaria llegada a fines del XVII (aunque tampoco ningún documento avala esta presunción) o a otras llegadas al principio o durante la primera mitad del XVIII. Ello concuerda además cronológicamente con las noticias del Padre Sepp; aunque, lo repetimos, éste no alude para nada al encaje Tenerife. Un detalle muy interesante -que encaja por lo demás perfectamente en el régimen misionero- es que las indias bajaron a la capital a recibir allí la enseñanza del encaje; las maestras no habrían sido admitidas en las Misiones.

Desde luego, la falta de documentos explícitos no es de por sí un argumento decisivo: son tantas las cosas que esos documentos callan, unas veces intencionadamente y otras porque no alcanzaron los que los escribieron a pensar que tal cual dato podía resultar necesario y precioso a los que después vendrían.

Que la mujer canaria, por escaso que fuese su número, y tal vez por esto mismo, trasladada de pronto a estas regiones tan diferentes de las suyas, solicitada por tantas dificultades y problemas como suponía la adaptación en aquellos tiempos, se diese a cultivar su encaje típico, es algo tan natural y lógico, que no precisa comentario.

Seguir realizando en país extraño una artesanía consustanciada con un modo regional, es una manera de continuar sentimental, nostálgica y subconscientemente unido a lo que se ha dejado. Así esas mujeres canarias -no se precisaba fuesen muchas, repetimos, bastaría inclusive con sólo una- se encargarían de extenderlo localmente con su ejemplo: la belleza del encaje es de por sí misma un desafío.

Su centro de producción preferente podrían, a pesar de todo ello, haber sido las Misiones. No hay, como se dijo, contradicción entre este hecho y el de la aparición primera del encaje en la colonia. El testimonio de Sánchez Labrador es, a este respecto, significativo.

En la colonia, como ya se indicó, el encaje hallaría menos fácil un cultivo extenso, sin que ello quiera decir que no formase parte de los pequeños lujos hogareños.

En cambio, en las Doctrinas, donde el culto mantenía en constante alerta a los talleres para el mantenimiento y embellecimiento del templo, el encaje era una artesanía indispensable. Los manteles de altar eran siempre numerosos y ricos; la lencería de sacristía, y sobre todo las albas, se cuajaban de encajes (como lo sabemos por testimonio del Padre Sepp; las vestiduras sagradas se procuraba fuesen lo más vistosas y ricas para impresionar al neófito, aunque luego el mismo sacerdote llevase a diario una sotana hecha pedazos). Los encajeros eran así artesanos vinculados al culto. Después de la expulsión, al decaer verticalmente la atención al culto, y por tanto carecer del estímulo de la exigencia inmediata, el encaje desapareció en las Misiones, cesó de ser necesario para cubrir las exigencias del ornato y dignidad cúlticos; en cambio, experimentaría un acrecimiento en la colonia, ampliándose su uso en las prendas domésticas, a favor también del repunte económico a que dio lugar en la colonia la expulsión jesuítica, acompañada de otros factores. Como se ve, son escasos los indicios concretos acerca de la fecha y forma en que el ñandutí -el encaje de Tenerife- llegó al Paraguay.

Lo más interesante en esta artesanía, como ya se ha indicado, es la forma en que ella se ha consustanciado con el espíritu femenino local, que le dio la preferencia sobre otros encajes también realmente bellos, como el de bolillos, y de más fácil ejecución y más prácticos en su manejo doméstico. La adaptabilidad del ñandutí a prendas destinadas al trajín diario es sumamente dudosa. Es un adorno de uso excepcional. Pero es tan bello, que nadie resiste a la tentación de poseerlo y lucirlo en alguna ocasión.

Es cierto que últimamente los typois o blusas de tradición indígena (en el nombre, no en su gálibo), usadas como prenda típica en los vestuarios escénicos ("danzas folklóricas") han adoptado las mangas de ñandutí, pero se trata de una sofisticación, excusable, si no desde el punto de vista del tipismo, sí de la vistosidad teatral. Los typois tradicionales llevaban las mangas de "encaje-yú", o sea filet, en el cual cada malla entera es acompañada por una malla suelta, que constituye su único complemento, ya que ese fílet ya no se borda, pero luce a manera de un tul con motas o nudos, que complementa bien el carácter de la prenda. La compenetración del ñandutí con el espíritu de la mujer indígena se manifiesta en varios hechos a cuál más significativo. El primero es el nombre.

Ninguna de las otras labores femeninas practicadas localmente desde la época colonial ha merecido una metamorfosis semejante. El famoso aopoí o tela bordada no lleva este nombre sino en razón de ser el aopoí el tejido soporte; aopoí, "tela delgada" de algodón (tejida a mano) en oposición al tejido grueso obtenido con fibras asimismo de algodón, y también de caraguatá; distinción que hayamos desde los primeros tiempos coloniales. Y su bordado -técnica y motivos- no ha merecido un título.

Esa transfiguración nominal ha dado lugar a que algunos hayan creído -segundo hecho interesante- en la efectiva existencia de ñandutí como creación indígena: cuestión que resultaría inane discutir, pero interesante como indicio psicológico. Se han creado leyendas en torno al origen del ñandutí; ninguna otra labor de mujer, ni aún la cerámica (la otra ala espiritual femenina, y ésta sí de raíz prehispánica) ha merecido tampoco preocupación alguna en ese sentido.

En esas leyendas algunas sitúan sus personajes en la época prehispánica: hijos e hijas de caciques figuran en ellas, al lado del tigre, la fiera temida por excelencia, y de la araña, animal de difusión universal, y cuya vinculación con el encaje tiene ineluctable raíz analógica. Ninguna de esas leyendas alude al origen hispánico del encaje. Contadas en una u otra forma, en las leyendas aparece siempre una pareja enamorada, y el tigre y la araña son elementos constantes, como el asunto. El cazador enamorado que sale en busca de la piel de tigre; sus restos más tarde son hallados cubierto por una fina tela de araña, que la novia obsesa trata de reproducir (En alguna ocasión (excepcional) la tejedora obsesa es la madre. Sin embargo, cabe anotar que aunque los elementos de la leyenda son indígenas, las pautas de conducta de los personajes no lo son sino muy parcialmente). En una leyenda menos difundida, una india encerrada por la dueña o el dueño cruel en un sótano o cueva, entretiene sus penas imitando la tela que una araña tejió en un rincón.

Pero como se ha insinuado ya, es muy difícil señalar época a estas leyendas, así como el sitio del país en el cual se originaron. Las más han sido "recreadas"; pertenecen al acervo de lo que Bertoni llamó "un deporte literario", en pleno auge durante las primeras décadas del siglo. La tercera circunstancia notable es la extraordinaria vitalidad de esta artesanía, que atraviesa prácticamente sin menoscabo alguno el incendio, digámoslo así, en el cual desaparecieron tantos rastros del pasado cultural indohispánico: la llamada Guerra Grande.

Es cierto que merced a una simple proporción demográfica en los supervivientes -250.000 mujeres y niños contra 28.000 hombres- las artesanías femeninas sufrieron considerablemente menos que las propias del sexo masculino, que salieron del trance mutiladas o disminuidas en su repertorio de técnicas y motivos. Sin embargo, la difusión, prestigio y amplio cultivo del ñandutí a partir de la guerra del 70, y sobre todo de 1950 acá, es una prueba fehaciente de ese arraigo, aunque él reconoce además otros factores, muchos de los cuales no podemos analizar aquí.

El último de ellos es el turismo, que absorbe un considerable volumen de la producción. Pero si el turismo explica que haya más bordadoras, sigue sin explicar el hecho de la consustanciación del ñandutí con el espíritu de la mujer paraguaya, y sobre todo su fidelidad a la tradición ante las mismas solicitudes fáciles de la copiosa demanda.

Ahora bien: cuando el ñandutí resurge, lo hace en una región de la cual ignoramos hasta qué punto fuese previamente asiento preferente antes de la guerra, pero resulta curiosa la neta delimitación del área en la cual esta artesanía reaparece, firmemente arraigada, después de la guerra, en esa región cuyo centro es Itauguá. Son localidades que distan relativa-mente poco de la capital, apartadas del área misionera.

La explicación de este asiento, en disidencia con muchos de los indicios que acerca de su cultivo preferencial se han expuesto, no es sin embargo incompatible con ellos.

Itauguá parece haber sido -no se han hecho investigaciones específicas al respecto- uno de los lugares del interior del país en donde se concentró (esta palabra tiene un sentido demográfico muy relativo dada la escasa población del Paraguay en la colonia, cuando los censos de Misiones daban una cifra a veces doble de la del área de encomiendas) cierto número de familias patricias dueñas de estancias o comercios. Escritores de hoy (González, Gustavo: Ñandutí. Col. Biblioteca del Centro de Estudios Antropológicos del Ateneo Paraguayo, 1967) afirman que aún actualmente, tras los azares de la devastadora guerra de 1864-1870, las mujeres de Itauguá conservan en su tipo rasgos que las caracterizan como de dominante ascendencia hispánica. La familia patricia suponía, al estilo patriarcal propio de la colonia, la concentración hogareña de una suma de actividades femeninas: hilado, tejido, bordado, encajería, confección de dulces, canastillas, etc., una preocupación por la comodidad del hogar, y a partir de la fecha varias veces mencionada (mediados del XVIII), también una preocupación suntuaria creciente. En esas preocupaciones suntuarias no es aventurado suponer llegase a tener un papel el ñandutí, sobre todo en los chales y mantillas de abolengo español; las famosas mantillas "de blonda", por ejemplo, podrían haber encontrado un sucedáneo en el ñandutí (la mantilla de ñandutí tuvo hace tiempo rango de prenda tradicional).

En 1868, la población de Itauguá, donde según esos indicios se practicaba con cierta amplitud el ñandutí, se vio obligada a abandonar sus hogares y seguir como las demás por turno los pasos del ejército (fue la estrategia de tierra asolada, que dio lugar a la llamada Residenta). La artesanía se desintegró.

Pasada la guerra, afirman esas referencias orales, sólo una de todas las tejedoras de ñandutí itaugüeñas sobrevivió para regresar a su pueblo; pero la dedicación y entusiasmo puestos en el trabajo por esa única encajera bastaron para encender en torno suyo el interés y el fervor -justificado además por el estímulo económico-, que revitalizaron la artesanía, hasta hacer de ella ocupación y blasón de Itauguá y extenderse inclusive a poblaciones cercanas, como Altos. En esa época, en la cual familias del más brillante apellido se vieron obligadas a subsistir median-te el trabajo manual, cuyos productos vendían ex esclavas fieles a esos antiguos dueños, el ñandutí halló rápido mercado en la población inmigrante, constituida por gente de empresa y caudales, que acudió al país ya desde 1869. Es también entonces la época en la cual la fantasía y el capricho de la porción femenina de la población extranjera urge la aparición de prendas como sombrillas y abanicos de ñandutí.

Las interrogantes expuestas y otras relacionadas con esta artesanía seguirán sin embargo siéndolo y quizá para siempre, ya que hay poca esperanza de que aparezcan más datos sobre el particular.

Sólo podemos, en suma, afirmar, como hecho categórico y caracterizante, el arraigo profundo, entrañable, de esta artesanía barroca y sutil en la mujer paraguaya. Una artesanía que por esas mismas características pareciera poco afin a sus coordenadas espirituales. Su arraigo es algo paradójicamente idiosincrásico. Más de una vez al referirme a este encaje he señalado como el rasgo más interesante de su misma existencia y práctica ese hecho, digno de que en él se detengan psicólogos y antropólogos. La perfecta compenetración de estas formas artesanales con el espíritu de la mujer paraguaya, o viceversa, si se quiere.

Por un tiempo quizá esta predilección -es una simple hipótesis, como otras ya enunciadas anteriormente- pudo ser compartida con el bordado a hilos contados, digno éste también de un estudio. Pero hoy, desnaturalizado este trabajo ante la invasión de los más heterogéneos diseños, que desplazan ante la solicitación turística, a los de abolengo tradicional, es el ñandutí, sin duda, el que más nítidamente refleja un temperamento, una sensibilidad y hasta quizá complejos sociológicos que atañen a la mujer paraguaya.

El ñandutí -es algo fuera de discusión- es el encaje de Tenerife; sus esquemas básicos, su logotipo, son inconfundibles. Pero es al propio tiempo algo sustancialmente representativo de lo femenino paraguayo. La araña que teje su tela en perfecta soledad para amparar, proteger y alimentar su prole, halla en él su paradigma, y la propia mujer paraguaya, "padre y madre de sus hijos", al decir de un poeta argentino, duplica la imagen. Pocas mujeres hispanoamericanas podrán ofrecer más copioso caudal de homenajes verbales -poesía y prosa- a ella dedicado por el varón de su país. Pero tampoco quizá otra más sola que ella en los trances cruciales de la vida.

Nunca estuvo esta mujer acompañada por el hombre (con todas las espirituales connotaciones que la palabra compañero supone) en el discurrir de su existencia tribal o cristiana durante siglos: menos aún lo estuvo quizá después de la guerra del 64 al 70, por las razones que se apuntaron. Una guerra en la cual, sin embargo, ella dio a la patria más aún que el hombre. Porque éste dio su vida, pero ella dio la de sus hijos y no regateó la propia. Y si la patria volvió a levantarse, fue en realidad por su esfuerzo y no por el del hombre; entretenido éste, escaso como era su número, en pelear entre sí y matarse en las "montoneras" los pocos que a la guerra habían sobrevivido.

El ñandutí es la geografía-laberinto de la perfecta soledad. El sol o rueda básica repite en el encaje, como en la vida, la ronda cotidiana, iluminando días iguales, que la mujer trata de diversificar, entretejiendo y engalanando sus radios, y dando origen -con el único recurso de la urdimbre- a infinitas figuras inevitablemente estilizadas, a veces en grado un tanto fantástico, pero que en el subconsciente de la tejedora diseñan su perfecta identidad.

Estos motivos configuran un mundo vivencial, y en él un panorama imagístico y psicológico femenino, donde halla su ámbito la creatividad aherrojada o simplemente no solicitada o estimulada por otras motivaciones extrínsecas. Un mundo de imágenes familiares e inmediatas que dan la medida patética y acariciada secretamente de sus experiencias, de sus nostalgias, de su inmolación cotidiana. Intentemos una división de ellos según su naturaleza:

Mundo vegetal.Flor de maíz, margarita, flor de guayabo, romero, jarrón de flores, palmera, cardo, pasionaria, flor de jazmín, espiga de cebada.

Mundo animal:Pajarito, garza, pico de loro, huella de vaca, alacrán, pisada de buey, piky (pececito), rebaño de ovejas, tela de araña, cola de cabra, cola de zorro, garrapata, caracol, abeja, golondrina, murciélago.

Mundo doméstico:Horno de chipa, chipa dulce, abanico, nicho, mortero, cepillo, horno, pequeña arca o cajón, farolito, canastilla.

Mundo de leyenda:Leyenda de la cruz, leyenda del caraí vosá (Caraí-bosá: hombre de la bolsa o saco: robaniños).

Puntos de remate o de relleno:Flor de guayaba, punto arroz, cadenilla, cañoto, filete, filigrana.

Afirman los conocedores que existen más motivos aún: no los hemos podido encontrar en las enumeraciones corrientes, pero el doctor Gustavo González, que dedicó mucho de su tiempo al estudio del ñandutí, menciona algunos más.

A éstos hay que añadir algunos que configuran el mundo exterior: tocón (raigón), tacurú (termitera) simple o doble.

Un mundo no sólo limitado, sino desolado. Pues el tocón o sea el raigón de árbol que se eleva como un pedestal arrasado sobre las tierras del rozado (devastadas para el cultivo) señala la mutilación emocional, renuncia a todo lo que es libertad en florecer, para sujetarse a la dura ley de la siembra y la cosecha. Los tacurús o termiteras señalan la tierra inculta donde el arado no puede penetrar, porque lo impiden esos torreones duros como el granito construidos con arcilla y saliva de hormiga. El símbolo de la desesperanza. Sólo un símbolo se salva en esta serie desoladora: la palmera, oteadora de horizontes. Pero la palmera o el cocotero, que proporciona tantos elementos para la vida cotidiana, techo, paredes, frutas, comida para las vacas y hasta fibras para hilar, puede muy bien ser a la vez un símbolo de ella misma, de la tejedora, generosa y sola siempre en sus múltiples providencias.

El mundo doméstico es tan reducido como el de los objetos, que son otras tantas letras del alfabeto de su servidumbre hogareña. El farolito parco para el alumbrado de las veladas breves; el nicho o vitrina religiosa familiar, que ocupa sitio de privilegio en la casa con el Santo Patrono más popular o querido: San Francisco, San Antonio, La Inmaculada Concepción ("La Limpia"), Santa Lucía, San Blas... Figuras entre cuya muchedumbre, reciente tajada a cortaplumas y pintada con pintura común, se encuentra a veces alguna pequeña imagen antigua, con el oro original intacto aún en el estofado; reliquia de familia salvada de peripecias innumerables. El ventalle, que acaricia con su ráfaga más la llama del fogón que los rostros encendidos de calor, porque abanicarse lleva consigo el lujo del tiempo vacío. El mortero, que repica ya temprano su tambor alimentario. El horno, que representa el más alto triunfo del ama de casa, depositaria de la receta tradicional del chipá (Bollos de harina de mandioca con queso y manteca).

El mundo animal es un mundo de humildad y de pequeñas compañías: la huella que deja el buey -imagen sustituto de la carreta que se va, llevándose al hombre-, la cola del zorro o de la cabra, imágenes de fuga. El rebaño de ovejas mansas, el pajarito que canta en el alero; la araña tejedora -una imagen iterante de ella misma-, el pico de loro (no el loro entero), aquella parte del ave en que se simboliza la nostalgia de una compañía, la nostalgia de una voz, aunque nada diga, o quizá la irónica alusión a las palabras una vez y otra vacías del hombre que siempre les mintió. El alacrán y el mbopí o murciélago, criaturas cada cual en su escala nada grata, pero con las cuales está acostumbrada a encontrarse a menudo: insertarlas en la lista de sus imágenes estilizadas quizá tiene algo de liberación de una obsesiva presencia o de una propiciación.

El mundo vegetal es también familiar y próximo. La margarita, devanadora de sueños; el cardo, que pincha, pero cuya fibra también sirve para tejer (sirvió en la preconquista y sirvió después en épocas en las cuales faltó el algodón y quien lo cultivase); la pasionaria... No hay en la lista flores triunfales. Flor de guayabo, simétrica y modesta. Ascético -y también exótico- romero, que perfuma. Flor de maíz, fea y próvida. Y el mundo de las leyendas... Tan conmovedor en su escasez. El milagro de la cruz..., algo a lo cual su fe humilde se prende para seguir luchando todos los días. Y el cuento del robaniños, que es el que puede llevarse lo único que tiene para ella sola y que el hombre, sin embargo, a veces viene a quitarle: el hijo.

Tal vez estas interpretaciones de la raíz subconsciente o simplemente selectiva de los motivos suenen para muchos como fantasías románticas o simplemente traídas de los pelos. Pero no lo serán para quien conozca a esta mujer paraguaya y se haya aproximado a su mundo de soledad pronto encontrada y jamás perdida; a su tiempo repetido, hasta calcar un día sobre otro; a su vida girando en torno a una serie siempre igual de trabajos, como la sombra girando en torno a su rancho, y que de lo diverso y de la alegría sólo alcanza a captar casi siempre la vaga estela: la "cola" fugitiva del animal furtivo o caprichoso, la pisada que se aleja.

El encaje, en su realización, tiene características operativas discontinuas -distintas de otros encajes, como el crochet o los bolillos. Cada elemento de él, aun los más contiguos, es decir, los soles, se ejecuta por separado, sobre un diseño elemental "dechado", esbozado sobre un género fino, que cubre una tela de fondo, perfectamente estirada en un bastidor, sobre el cual -ayudándose con alfileres- la encajera tiende una y otra vez las radios de sus "soles". (Alguna vez hemos visto ejecutar piezas pequeñas sobre almohadillas). Sobre los tensos hilos radiales de estos soles, que forman el contorno exterior de la prenda y sus eventuales divisiones ornamentales internas, la encajera "teje" los diseños elegidos sobre la lista que se dio.

No por eso ofrece dificultad alguna al armaje de cualquier clase de prendas, desde pañuelos a sombrillas, desde manteles a blusas y desde mantillas a sombreros, y hasta velos y trajes de novia. Un escritor paraguayo describió a López usando en París una capa forrada de ñandutíes; esto nos parece una fantasía del escritor, pero sería también un ejemplo de lo que con este encaje se puede hacer; como técnica, un forro semejante o más complicado, no plantearía dificultad alguna.


 

Una vez establecidos los límites del diseño mediante un número dado de ruedas o soles, que tanto pueden ser todas iguales como combinadas simétricamente e inclusive distintas todas entre sí (este contorno puede también recibir el añadido de una puntilla o festón igualmente tejido mediante los puntos de remate citados), se tiene la forma global de la prenda (o de cada una de sus piezas, que luego se unen como las cortadas en tela). Pero hay que rellenar los espacios vacíos así delimitados, y ello se hace directamente con los puntos que reciben a su vez nombres diversos (estrella, flor de guayaba, filigrana), ya mencionados, y que son totalmente iguales a los empleados en los calados canarios o en el punto de Venecia, según los casos. Esto se realiza sin otro proceso intermedio si la pieza es pequeña, pero si se trata de una pieza de cierto tamaño, como un mantel de té, por ejemplo, en adelante, e inclusive piezas mayores (colchas), entonces se distribuyen las superficies, siempre mediante ruedas tejidas y organizadas en número y forma suficientes para que resulten los necesarios diseños o esquemas internos. Simétricos éstos, cuando la prenda lo es; pero cuando la prenda lo permite o exige por su tamaño, se echa mano de combinaciones inagotables en su número, disposición o conjugación de motivos.

Así, un mantel para té puede estar formado por un círculo central inserto en un cuadrado, que a su vez aparece inscripto en un círculo, y éste a su vez en un cuadrado, etc. Ninguna forma geométrica ofrece dificultades obviamente para su diseño, único o distribuido en superficies simétricas. Si eventualmente la realización de una pieza asimétrica o irregular puede ofrecer mayor atención o trabajo, no la hace por cierto imposible, como lo demuestra la realización de vestidos de novia, por ejemplo.

El resultado es un encaje de transparencia delicada a la vez que de una increíble riqueza en su visualidad (no simple vistosidad), riqueza en su arquitectura global, como en los detalles. Si hay un defecto de él, como ya se insinuó, es su misma delicadeza: es decir, sus limitaciones prácticas. Cada pieza de ñandutí es un noli me tangere. Aun tejido con hilos gruesos, no es para usar con frecuencia. Tejido con hilo fino o seda es algo para ver y no tocar, es un encaje hecho con los cristales de la nieve. Lavar el encaje y hacerlo regresar a su estado prístino de exquisita tersura es labor de romanos. Claro que para ello existe una técnica, pero es una técnica que exige minuciosa atención, esmero y tiempo. Sin embargo, ¿no son las cosas que más empeño y trabajo cuestan las más codiciadas?

El turismo, con sus solicitaciones, ha ejercido su influencia deletérea en más de una de las artesanías locales. El ñandutí hasta ahora es uno de los menos afectados, aunque no ha dejado de experimentar esa influencia, sensible en varios aspectos. Uno de ellos es la multiplicación de las prendas u objetos a los cuales se aplica; esto no afecta al tipismo de puntos o motivos, pero sí vulgariza un poco la labor. La influencia más sensible se pone en evidencia en la introducción -que ya data de algunos lustros- de los hilos ordinarios y sobre todo del color. El ñandutí de hilos de colores -a veces combinados- pierde jerarquía a todas luces. Afortunadamente, el ñandutí en blanco o crudo y en hilo fino domina el panorama con su señorío.

El ñandutí, repitámoslo, es el encaje de Tenerife, que trasladado a estas latitudes, halla eco y resonancia sutil en el espíritu de la mujer del pueblo. Esta lo adopta como un lenguaje por mucho tiempo esperado, en el cual expresar añoranzas, sueños, soledad. "Es el encaje de Canarias, que aquí sufre o experimenta las inevitables modificaciones técnicas y ecológicas", dicen los antropólogos. Pero los antropólogos no explican porqué la mujer paraguaya acoge ese encaje como un mensaje inagotable y en él deposita su ansia de transfiguración, de sublimación, que es la poesía. Son muchos los signos de la españolidad en esta tierra que se enorgullece de su carácter mestizo. Pero si hubiese que elegir uno que sea logotipo de esa espiritual dualidad floreciendo integrada, yo elegiría una mantilla de ñandutí.


 



ÑANDUTI


GUSTAVO GONZÁLEZ

HISTORIA DE UNA ACULTURACIÓN


Ñandutí, palabra guaraní que significa "blanco de araña" es el nombre que se dio en el Paraguay a un encaje de agujas tejido por las mujeres del pueblo.

No fue mucho lo que pude averiguar respecto a su origen. En libros y publicaciones periódicas que se ocupan del proceso de nuestra cultura no hallé referencias sustanciales. Cabe suponer empero su origen colonial. Ciertamente no ha sido un legado de la cultura guaraní-tupí pre-colombina pues la fina labor de agujas fue introducida por los españoles en el Paraguay y los portugueses en el Brasil. Los más antiguos cronistas e historiadores, Ulrico Schmidl (31), Hans Staden (33), Alvar Núñez Cabeza de Vaca (7), D. Martínez de Irala (16), Jean de Lery (17), Thevet (34), Abevile (20), Soarez de Sousa (26), Lozano (18), Guevara (14), del Techo (10), Félix de Azara (5), Francisco Aguirre (1-2, 3, 4), Ruíz de Montoya (23-24), Sánchez Labrador (30), Peramás (25),... recuerdan solamente mallas, redes y tejidos toscos de Karaguatá, Yvyra'í, Ysypó y amandyiú (algodón).

Los grabados que ilustran las obras de Schmidl, Staden, Thevet, Lery, Debry,... exhiben el nudismo completo de las mujeres guaraní-tupí. Schmidl dice explícitamente que los carios guaraní de ambos sexos "andan completamente desnudos tal como Dios los echó al mundo" y que sus mujeres llevan typoi, una camisa grande de algodón que no tiene mangas. Son, dice, "mujeres hermosas y no hacen más que coser para la casa y quedarse allí".

En los grabados de Staden (33), Thevet (34), Debry (20) se ve la red "porte-enfant" en que la mujer desnuda carga al hijo en la espalda. Y contrastando con esta ausencia absoluta de vestidos y adornos femeninos, el rico atuendo plumario de los hombres en las fiestas del Kauy, en las celebraciones de triunfos bélicos, en las ceremonias de antropofagia ritual y otras escenas guerreras y domésticas. La hamaca, Kyháva o Iní, y las mallas de fibras retorcidas de Karaguatá, las diademas de plumas abigarradas, akangará o Yeguaká; las rosetas de pluma de avestruz que los guerreros llevan al dorso, ñanduapé; las ajorcas y pulseras, poapy ky'iá; los suntuosos mantos de plumas polícromas de tucanos, loros y garzas que a modo de casulla sacerdotal católica vestían los Pa'í avaré y Payé en las ceremonias mágico-religiosas, es todo cuanto fue inventariado y gráficamente representado por los cronistas de la primera centuria colonial. Los guaraní primitivos del Paraguay actual, Mby'á Yeguaká, Ava chiripá y Yvypyté tampoco conocen el encaje ñandutí.

Los tejidos ordinarios de algodón se llamaban en la época misionera amandy-yú aó, ropa de algodón, palabra que recoge el Diccionario guaraní de Montoya (1639-40). Parece que los primeros lienzos fueron fabricados por los españoles y sus mujeres indígenas poco tiempo después del arribo de León Pancaldo al Río de la Plata (1538) entre cuyas mercancías venían gran cantidad de agujas de coser, agujetas de filadizo, agujas de cabeza y agujetas de medio armar (36).

Francisco Aguirre afirma que "no tardaron los españoles en fabricar lienzo de algodón". Este sirvió para las velas de los bergantines de Irala en 1544 (2); y en 1556, el gobernador remitió a los Oficiales Reales de Sevilla "como muestra de los productos de la tierra", 3.786 varas de lienzo (2).

Hasta aquel momento no se mencionan en las crónicas coloniales encajes bordados ni tejidos finos.

Desvanecida la quimera del oro que mantuvo a los primeros conquistadores y sus meznadas guaraníes en constante trajín hacia la Sierra de la Plata (Perú) comenzó la etapa fundacional de la colonia. Los envejecidos soldados-colonos y sus hijos mestizos de Asunción "mancebos de la tierra" fundaron Santa Cruz de la Sierra (Bolivia); Santa Fé de la Vera Cruz en la actual provincia argentina que conserva aquel nombre (1573); Buenos Aires (1580) y Corrientes (1588), como jalones de su camino al mar. Y siguiendo la política del patriarca Irala, Ruidiaz de Melgarejo, Alonso Riquelme de Guzmán, Ruidiaz de Guzmán, Juan de Garay, fundaron Villa Rica del Espíritu Santo (1577) en el actual estado brasileño de Paraná, Ciudad Real, Ontiveros y Jeréz hacia el este y el norte del Guairá para detener la expansión "bandeirante" de Portugal en la ruta de Alvar Núñez.

Mientras tanto en todo el Paraguay se dormía con el arcabuz al alcance de la mano y el caballo en el piquete, en guardia permanente contra los asaltos indios que acechaban desde la orilla derecha del Río Paraguay. Por entonces la población española y mestiza se diluye. La agricultura guaraní a cargo de mujeres y "cuñados" indios alimenta lejanas expediciones y no puede remediar la pobreza crónica del núcleo fundador. En aquella frontera bélica o marca militar de la conquista rioplatense que se debate en la indigencia desde su origen, no caben lujos del vestido.

Fue significativa la recepción dispensada por los viejos héroes al primer grupo de españolas seleccionadas entre la pequeña hidalguía de España, que trajo la expedición de Doña Mencia Calderón viuda de Sanabria por orden del Rey, para que contrajeran enlace con los fundadores de la colonia del Paraguay (1550). Los veteranos de la Conquista lavarían sus harapos, bruñirían sus últimos botones de metal, peinarían sus barbas encanecidas, compondrían con afán de mozalbetes los airones de sus chapeos de karanda'y. Y en el encuentro maravilloso quizá ensayaran viejas cortesanías olvidadas (1555). Es posible que en el séquito de las Sanabria vinieran varias señoras de rueca y agujas, más no se guarda memoria de este evento (12).

La Provincia con su población española algo acrecentada y aquel leve soplo civilizador de la Metrópoli, siguió tan pobre como antes. Prácticamente, sin importación de géneros europeos y mucho menos de artículos suntuarios. Tan pobre que usaba a guisa de moneda hachitas de hierro enteras o fraccionadas (cuñas), varas de lienzo, azumbres de miel, fanegas de maíz o frijoles y otras mercaderías pesadas y medidas. Los testamentos obrantes en el Archivo Nacional de Asunción muestran la indigencia franciscana de aquellos hombres que cruzaron sufriendo, combatiendo y muriendo, todas las lontananzas de la Provincia Gigante, a quienes el azar negó la plata y el oro, únicos valores que entonces movían a los hombres (13).

Chorreras, gorgueras, pañuelos de encaje eran lujos desconocidos en este sobrio pueblo descendiente de soldados hispanos y mujeres guaraníes. La industria doméstica seguía elaborando únicamente lienzos burdos teñidos con jugos vegetales, quizá en mayor escala y algo mejorados desde el arribo de las mujeres españolas.

Sergio Reinares en su libro "Santa Fé de la Vera Cruz" (27) dice que fue una tendencia sobresaliente, la labor femenina de tejidos, hilados y bordados que en la época colonial adquirieron celebridad principalmente en Asunción y Santa Fé. Eran primorosos los tejidos y bordados a mano en los hogares de toda la región, según este autor.

No es probable que este auge del tejido se produjera durante la primera centuria de la colonización. Reinares no aclara este punto.

El inventario de tiendas y almacenes ordenado por el Cabildo de Asunción en 1597, para imponer precios moderados a los géneros, no menciona encajes importados ni encajes de la tierra, (4) de donde se colige que aún no se conocía el Ñandutí en el Paraguay.

El Padre Antonio Ruiz de Montoya cuando compuso su celebrado Diccionario de la Lengua guaraní (1639-40) no conocía otro significado de la palabra Ñandutí que el de cierta especie de araña "el alguazil de las moscas" y la tela que elabora. Es evidente que si ya tejían ñandutí, Montoya lo hubiera consignado en el artículo correspondiente donde leemos: ñandú = araña, ñandupé = araña chata, ñandykyháva =tela de araña, hamaca, lecho de araña, ñandy-yvy-kuára = tierra de cultivo abandonada pues sus ovos están cubiertos de tela de araña, Ñandu-tí =alguazil de las moscas (24).

Peramás en su descripción de las Misiones Jesuíticas ignora el ñandutí. Es imposible que lo omitiera si ya se lo tejía en las Misiones, desde 1755 hasta 1767, durante su misión en el Paraguay. Dedica varios párrafos a la industria del hilado y del tejido en las Misiones jesuíticas sin ninguna referencia a encajes y labores ornamentales (25).

Sánchez Labrador, autor del caudaloso libro Paraguay Católico (1770) habla de cierto encaje copiado por una india guaikurú, sin mencionar su especie ni su nombre" dos señoras hermanas del párroco labraban "una hermosa alba para el ilustrísimo obispo de aquella diócesis. La "obra era primorosa en "cribos", "soles" y randas. Dije a una de las "guaikurú que cuándo haría otra para nuestra iglesia de Belén. No es "cosa dificultosa me respondió. ¿Y te atreves a hacer lo que labran estas "señoras? Estas para la prueba le alargaron la aguja; cogió una la india "y siguió el dibujo tan ligeramente y con tanto acierto que protestó la "misma española que no tenía que enmendar nada en lo hecho por la "guaikurú. Esta, vuelta a mí dijo, ya ves como puedo hacer obras como "ésta. Lleva a nuestra Reducción lo necesario que yo haré una ropa "para que sirva en la Santa Misa". (30).

Del relato de Sánchez Labrador se infiere que los aborígenes de la Provincia del Paraguay no tejían encajes antes de aprenderlo de las españolas, que las pequeñas ciudades y pueblos dispersos en la vastedad de aquellos dominios eran ya centros de esta manufactura doméstica española, y que los encajes como el ñandutí aún no se conocían en las Misiones Jesuíticas propiamente dichas. Diremos de paso, para ubicar la escena del relato, que Belén, donde el Padre Sánchez Labrador catequisaba a Mbayá, guaikurú y guaraníes, al norte del Río Ypané, estaba en la diócesis de Asunción. Aquellos indios del Chaco Boreal concurrían hasta muy avanzada la era independiente a los mercados de Asunción, donde trocaban plumeros de avestruz, mallas y redes de karaguatá, arcos y flechas por anzuelos, géneros y otros abalorios europeos. Es interesante consignar que Sánchez Labrador habla de "soles" y "cribos", y que las señoras españolas tejían para el alba del Señor Obispo, indicio de que en la segunda mitad del siglo XVIII comenzaba la aculturación de los encajes con "cribos" y "soles".

Félix de Azara, (1790) al describir las arañas, dice ..."existe otra que se "encuentra en el Paraguay hasta el grado 39; hace capullos esféricos de "una pulgada de diámetro de color anaranjado y que se hila porque el "color es permanente; pero se nota que lloran abundantemente los ojos "y destila la nariz de las hilanderas mientras hilan sin que no obstante “sientan mal olor ni ninguna otra incomodidad, ni que experimenten "ninguna mala consecuencia" (6). Diríamos a la luz de los conocimientos actuales, alergiaóculo nasal por seda de araña.

Parece pues evidente, que antes no se tejía ñandutí en el Paraguay.

Es posible que luego, al nuclearse la población colonial en torno a los pequeños centros urbanos de Asunción, Villarrica, Kaasapá, Itauguá... libre ya de afanes y aprestos bélicos, la nueva clase de funcionarios, militares, comerciantes y ganaderos que emergía de la homogeneidad social y económica de las primeras centurias, comenzara a sentir la necesidad burguesa de cierto boato en el vestido y en el mobiliario de sus casonas de adobe y tejas.

En un inventario de mercancías de Asunción hecho a ruego de Don Felix de Azara en 1784, que ya demuestra cierto anhelo de lujo en el mercado, no se incluyen aún ñandutíes ni otros encajes de fabricación local. (4)

Los hermosos grabados que ilustran libros de viajeros, escritos en el tránsito de los siglos XVIII y XIX demuestran esta estratificación de clases sociales y sus prendas de vestir. Las damas de la sociedad española y criolla no diferían por su atuendo de las de Buenos Aires. Hay un grabado que representa a un estanciero hispano-paraguayo de recia estampa, con sombrero karanday moldeado a la manera española de la época, chiripá, calzoncillo cribado con encajes y randas que se derraman sobre las botas, poncho cebrado de "cien listas" o "poncho para'í" que así se llama ahora, y en la mano un rebenque de mango plateado. Los encajes de su calzoncillo cribado no son de ñandutí, pero sin duda, la camisa de pechera bordada era de aó po'í que es una tela de algodón finamente hilada y bordada. (8) Hay otro grabado de la misma colección que representa a una criolla paraguaya de tipo español, una raída potí diríamos ahora, que luce typoi de escote bordado y amplia pollera con ruedos de encaje. Tampoco se ve el ñandutí en este vestido (9).

La primera noticia histórica clara y precisa se lee en una de las cartas de J. y P. Robertson escritas en Asunción y publicadas en Londres bajo el título de Letters on Paraguay 1838. Cuenta el autor que Doña Juana de Esquivel, rica anciana que lo hospedó en su casa de Campo de Tapu'a-mi, en el linde de Campo Grande, no lejos de Asunción, le había regalado un encaje llamado Ñandutí tejido por las mujeres del pueblo y famoso por su belleza y alto precio. (28).

En la "Descripción Histórica y Geográfica de la Antigua Provincia del Paraguay" que el prócer de la independencia Mariano Antonio Molas compuso en la cárcel francista en 1839, (21) ni en La Republique du Paraguay de Alfred Du Gratty, editado en tiempos de Carlos Antonio López, no hay referencias al tema a pesar de la minuciosa descripción de la estructura económica y cultural del Paraguay que hacen ambos autores. (11)

Hemos deslindado cinco etapas de la evolución de los tejidos en el Paraguay.

El período precolonial indígena, con sus toscos tejidos de fibras de ortiga, palmeras, karaguatá y algodón sin hilos finos ni agujas.

El período protocolonial que comienza cuando la nave de Pancaldo naufraga en el Río de la Plata y su cargamento de agujas e hilo fino es transferido con los españoles de Buenos Aires a la Asunción (1538). Los primeros lienzos de algodón fabricados en el país sirven para velas de los bergantines de Irala, y algunas piezas se envían a España como muestra de esta industria incipiente.

En 1550 llegan a la Asunción las mujeres de la expedición de las Sanabria, entre las cuales cabe suponer, vendrían algunas señoras de rueca y agujas.

El período telecolonial de los tejidos, se iniciaría durante el último tercio del siglo XVI, cuando algunas señoras españolas enseñan a mujeres indígenas el tejido de encajes, "soles" y "cribos" destinados a vestidos ceremoniales religiosos. Es probable que la noticia del misionero jesuita Sánchez Labrador fuese la primera de esta aculturación incipiente.

Por fin en los albores de la época republicana, el obsequio de una valiosa pieza de ñandutí que hace Doña Juana de Esquivel a uno de los hermanos Robertson, en Tapu'á mi cerca de Asunción, (1838), señala el tiempo de una aculturación consumada.

Jaime Molins, periodista argentino que cultivaba el "grand reportaje", supo reflejar con gracia y simpatía muchas modalidades paraguayas. Y en una de sus Crónicas Americanas, Paraguay, publicada en 1915 (22) imagina que el ñandutí nació en la mente de la mujer paraguaya como evocación de la "tela de un arácnido de las selvas, que ella fijó en las líneas geométricas de esta preciosa lencería".

"La "Epeira socialis", dice, es una araña que labra su hogar en los troncos viejos de la selva. En seda amarilla extendida sobre una ligera concavidad de la corteza tira sus radios con una geometría impecable y "en el centro mismo cubre con una tupida filigrana la alcoba pudorosa "en que ha de eclosionar la prole futura"... "la mujer del país recogió "el modelo y como si ésto no fuera suficiente para perpetuar un arte "manual que envidiarían las manufacturas de Brujas y Malinas, combinó con una flor silvestre, la del guayabo el motivo de aquel arte nuevo... que la sencillez popular designó en su lengua nativa "tejido de "araña". La interpretación del nombre es exacta, aunque los orígenes "del ñandutí quedan en la sombra.

Indicio sugestivo de que este encaje es una aculturación introducida por las españolas de la época colonial es el Punto de Tenerife de las islas Canarias, en que ciertamente los motivos decorativos son distintos. Recordemos que en el "alba" tejida para el señor obispo por las españolas a quienes se refirió el Padre Sánchez Labrador (30) había "soles" y "cribos" como los hay en el Punto Tenerife y en nuestro ñandutí.

Según Hoyos Sainz y Hoyos Sancho, en su manual del folklore (1947) "de encaje de agujas son también los "soles" cultivados en España durante los siglos XVI y XVII, con foco peninsular en los "Soles Salmantinos"... "los encontramos en las camisas caladas de Huelva formando "la tireta con los soles de a real"... "irradian hasta el edénico archipiélago Canario en el "Encaje de Tenerife" y llega a Sud América en "los encajes brasileños, bolivianos y del Paraguay". (15).

Mas en Bolivia no se cultiva el Ñandutí y tanto en Brasil como en la Argentina es una infiltración paraguaya como se verá después.

Berta Schweter en Renda de Tenerife o Nhandutí (1946) dice que éste se llamaba también "Encaje de sol" nombre que justifica su diseño formado por "rayos". Por más "variadas que sean las formas aisladas, redondas, ovaladas, estrelladas o triangulares, ellas muestran siempre una "corona de rayos salidas del centro" (32).

Alfred Toullard (1949) repite las informaciones de Hoyos; que un tejido hecho en España allá por los siglos XVI y XVII llamado "soles" era muy parecido al Ñandutí. (37).

Hemos andado un largo camino de centurias para comprobar por fin evidencias del origen hispano de este arte popular, que con la canción guaraní acompañada de arpa y guitarras y la poesía en guaraní, constituyen la más delicada expresión del alma paraguaya en trance de alumbrar belleza. Milagro folklórico de creación y factura femeninas, que destaca como tantos otros, el rango de la mujer, depositaria durante milenios del tesoro cultural de la humanidad. Mientras el hombre luchaba y mataba, construía ella para los suyos y la posteridad, inventando todas las artes domésticas (19). He aquí el mito griego de Arakné; la doncella que compitiera con Palas Atenea y la venciera en el tejido de las mallas y encajes a quien la diosa resentida convirtió en araña y condenó a tejer eternamente.


IDEOGRAFÍA DEL ÑANDUTÍ

Este es un repertorio de la ideografía del ñandutí de Roquette Pinto, el primero que ha recogido y clasificado sus motivos elementales en un trabajo de campo desarrollado en Itauguá, patria de esta artesanía. Lo hemos ampliado con observaciones propias.

Los nombres guaraníes apuntados por el ilustre antropólogo brasileño, son transcriptos con ortografía que más se aproxima a la propuesta por el penúltimo Congreso de Lengua y Cultura guaraní, realizado en Montevideo. Se ha respetado la clasificación de Roquette Pinto (29).

La etimología de las voces guaran íes, cuando ella es asequible, se expone en el glosario etimológico.


MOTIVOS FITOMORFOS

Amambai: helecho (Roquette Pinto)

Arasá poty: flor de guayabo (R. P.)

Arroz, en su espiga (R. P.)

Avatí poty: flor de maíz.

Avena: espiga.

Guavirá. fruta de mirtácea y no guairá como apuntó Roquette Pinto que poco habituado al guaraní, probablemente oyó mal esta palabra de boca de las tejedoras.

Yaguá rová: raíz tuberosa de una planta de la Medicina folklórica, que así se llama por su parecido remoto a la cabeza del jaguar o del perro. Roquette Pinto tradujo: cara de perro e incluyó el "dechado" entre los motivos zoomorfos.

Jasmín poty: flor de ...

Kapiatî: un abrojo. (R. P.)

Madreselva: flor de. . . (R. P.)

Mbokayá poty: flor del coco mbocayá (R. P.)

Mburukuyá poty: flor de pasionaria.

Poty kurú: pimpollo.

Pensamiento: flor de... (R. P.)

Yvira'í-ty-Yovai: una especie de bromelia (R. P.)


MOTIVOS ZOOMORFOS

Alacrán: (forficulidae) (R. P.)

Buey pyporé: huellas de buey. También se llama este motivo

Vaká pysâpé: pezuña de vaca. Roquette Pinto incluyó este motivo entre los fitomorfos, creyendo que representaba hojas de "pata de buey" un arbusto medicinal y decorativo, especie de Bauhinia.

Güyra'í: pajarillo.

Güyratî: garza.

Guapy Yeká: sentada a horcajada o en cuclillas (R. P.)

Yatevú apesâ: sarta de garrapatas (R. P.)

Yapeusá: cangrejo (R. P.)

Karâu'í: una especie de ave de pantanos y esteros. Roquette Pinto lo designa Karâu.

Karâu retymá: pata de Karâu.

Kavará ruguai: (Bilingüe) Cola de cabra.

Kupi'í ray ty: nido de termitas (R. P.)

Mbarakayá py'apé: uñas de gato, Roquette Pinto designa este motivo solamente pyapé: uña.

Mbopí: murciélago.

Mbiyu'í: golondrina

Ñandú o Ñandú guasú: araña (R. P.) y avestruz americano.

Ovechá ruguai: (hispanismo) cola de oveja (R. P.)

Panambí: mariposa.

Piky: alevino.

Pirá costilla: (bilingüe) costilla de pescado (R. P.)

Puru'á: ombligo (R. P.) y puru'á karê: ombligo oblicuo o torcido (R.P.)

y Puru'á vó: ombligo hendido (R. P.)

Py'apé: uña según R. P. En realidad mbaracayá pyapé: uña de gato.

Takurú: termitero (sinónimo de Kupi'í ray ty) (R.P.): nido de termitas.

Takurú-rama: (bilingüe) planta o rama enclavada en un termitero (R. P.)

Takurú kurusú: (bilingüe) Crucifijo enclavado en termitero (R. P.).

Tu'í yurú: pico de cotorra (R. P.)

Tukâ-yurú: pico de tukán (R. P.)

Tyvytá: eminencia superciliar y ceja (R. P.).


MOTIVOS ESKEIOMORFOS

(Representan objetos manufacturados)

Abanico.

Altar.

Apyté: centro de un circulo del ñandutí (R. P.).

Arapahó: un manjar dulce (R. P.)

Cadenilla: parte conectiva de las labores de ñandutí (R. P.)

Canastilla:

Cañoto: parte conectiva de las labores de ñandutí.

Farol: (F. P.)

Filete: parte conectiva de la labor (R. P.)

Filigrana: (R. P.)

Kurusú: crucifijo

Kurusú aó: estola de una cruz; aó: ropa, vestido, tela.

Ladrillo: (R. P.)

Martillo: (R. P.)

Pan guapy ovapyvo: pan apoyado o sentado, al revés (R. P.)

Tatakuá: horno (R. P.)


MISCELANEA

Aña yurú: boca del diablo (R. P.)

Ysapy: rocío (R. P.)



UN PROBLEMA DE ACULTURACIÓN


Los antropólogos culturales suelen decir que la urdimbre es un patrón de la cultura autóctona y la trama producto de la cultura adventicia; que la urdimbre es fija, resistente a los cambios, porque configura un viejo producto cultural estereotipado; que la trama o "dechado" es versátil, muy variada y cambiante, porque representa el aluvión de la cultura nueva, de la "aposición" que cubre lo antiguo.

En el caso del ñandutí el apyté o (centro) y la urdimbre, la red radiada o reticulada, representarían según esta tesis la cultura guaraní y la trama o "dechado" lo foráneo, lo adventicio, la cultura hispana.

Estos conceptos parécennos prejuicios lógicos, "êtres de raissón" apriorísticos, siquiera se apliquen al ñandutí del Paraguay.

Dijimos ya que la cultura guaraní prehispánica no conoció la fina labor de agujas. Sus redes o mallas toscas de Karaguatá y Yvíra nunca tuvieron urdimbre radiada, "círculos" o "soles", que fueron una contribución de la cultura importada, de la aculturación o aposición cultural. Los "puntos de Tenerife" o "Soles de Canarias", "Soles de España" o "Soles Salmantinos" y remontándonos más aún en el tiempo, los encajes arábigos que pueden homologarse por su diseño policíclico a los arabescos de su arquitectura y de su mayólica vidriada, no son guaraníes. El esquema del ñandutí evoca ciertamente la representación de un arabesco morisco-andaluz.

En cuanto a la trama constituida por los motivos ornamentales insertos en la urdimbre, casi todas son representaciones estilizadas y simples que a veces colindan con la pura abstracción, de animales y vegetales de la comarca. Hay en verdad algunos elementos extraños, no muchos, que representan productos culturales incorporados, crucifijos, faroles, abanicos, nichos, rama de romero o espiga de cebada, espiga de arroz. Sin embargo predominan los elementos indígenas.

En síntesis aquí la urdimbre es la aculturación y la trama lo autóctono. El ñandutí es por tanto un producto cultural mestizo como toda la cultura rural del Paraguay. E. y H. Service en su precioso libro "Tobatí: Paraguayan Town" (35), han visto lúcidamente la subcultura hispánica de este país. Agregamos que es una cultura hispánica condicionada por circunstancias históricas y ecológicas.

En la etografía del Paraguay rural son más prominentes el rancho, el mobiliario, la cocina, la chacra, el caballo, la lechera, el corral que se guaraniza en Korá, la tranquera, el arado de madera y la azada de hierro (los guaraníes usaban para sembrar, el palo aguzado a fuego yvyrá hakuá y la espátula o sypé de animales grandes que usaban a guisa de pala) el vestido de tipo europeo; el sombrero de fibras de karanda'y; la pollera amplia con blondas, de evocación gitana (sai, guaranización de saya); la peineta y los zarcillos de ramales; el mate y la bombilla de plata u hojalata; los collares de oro y coral que tomaron el nombre guaran í de mbo'y; las danzas polca-galopa y Santa Fé (nunca la danza ritual indígena que se baila en ronda o cadena); las canciones con acompañamiento de arpa, guitarra y violín...; el "toro candil", la carrera de sortija, el yvyrá sy-in palo enjabonado o cucaña de las fiestas patronales, etc, etc. ... que evidentemente no son guaraníes sino europeos, españoles o mestizos.

En el ñandutí, pues, la trama o "dechado" representa generalmente, no siempre, lo vernáculo y la urdimbre la aculturación..

El encaje ñandutí contemplado como un todo, es similar al encaje de Tenerife modificado por los factores ecológicos y etográficos del Paraguay.


ECONOMÍA DEL ÑANDUTI


En la comarca de Itauguá, pueblo y circunscripción política, se estima en 2.500 el número de tejedoras, entre una población de 12.000 habitantes. Las tierras esquilmadas por 400 años de cultivo en minifundios que nunca fueron preservados o restaurados en su fertilidad primigenia, ya no pueden sustentar con holgura a la población que aferrada a su "valle" es renuente a la migración. En 1942 el Ingeniero Agrónomo Guerrero Insfrán de la Facultad de Agronomía y del Rotary Club de Asunción, levantó un censo agrícola y propuso a los agricultores de Itauguá el cambio de sus tierras por otras mejores y más extensas del Kaaguasú. Rechazaron amablemente la proposición alegando el perjuicio eventual que sufrirían las tejedoras alejándose de la Capital de la República.

El Ñandutí y los palmares de coco mbokayá que cubrieron espontáneamente las viejas tierras labrantías, han complementado en alguna medida el déficit económico determinado por aquella mengua de fertilidad del suelo.

Como industria doméstica y exclusivamente femenina, quizá tenga el ñandutí alguna relación con el régimen matriarcal que reina aún en sectores considerables de la población paraguaya.

El patriarcado poligámico español de los orígenes se convirtió prontamente en promiscuidad y desenfreno sexual denunciados por memorialistas y sacerdotes. Fue causa de una expedición de mujeres españolas al Paraguay ordenada por el Rey de España y dirigida según convenio o "capitulación" por Doña Mencia Calderón V. de Sanabria y Don Juan de Salazar de Espinosa fundador de la Asunción (1550-55).

Paso a paso la mujer rural y suburbana generalmente mestiza asumió la jefatura de la familia hispano-guaraní.

La movilidad social del hombre, soldado, expedicionario, fundador de lejanos pueblos fronterizos, "encomendados" a los jefes militares de la conquista que lo mandaban a extraer yerbamate lejos de sus comunidades, lo convirtió en un "arribeño" del pueblo, en un elemento fugaz y adventicio del hogar. En tales condiciones la única filiación incontrovertible fue la uterina.

La Guerra de la Triple Alianza (1865-70) reagravó el desequilibrio familiar con el exterminio de los varones en edad constructiva y responsable de la vida. La mujer, más que antes, fue madre, jefe de hogar y obrera laboriosa sustentadora de la familia.

Aunque esta desorganización social viene corrigiéndose lentamente, subsiste la primacía de la mujer en el hogar suburbano y campesino. Sin duda su labor, el ñandutí en este caso, soporta en proporción considerable los gastos familiares.



ARTESANÍA DEL ÑANDUTÍ


Carecemos de conocimientos sistematizados que nos permitan describir la artesanía del ñandutí como lo haría un especialista en folklore material. Apenas si podremos bosquejar en términos generales, lo que hemos visto en algunos talleres del pueblo donde una patrona manda hacer por tejedoras asalariadas y bajo su dirección, labores parciales que luego ella ensambla para integrar manteles, blusas, mantillas, mantos, albas sacerdotales, etc.; y lo que vimos en casi todas las casitas del pueblo y de la campiña circundante, donde las tejedoras independientes labran para ofrecer su obra al público, a las revendedoras y a las "patronas" o mayoristas del pueblo.

Las tejedoras tienden un lienzo transparente de algodón a modo de cañamazo en un bastidor cuadrilátero, redondeado u ovalado, al cual lo fijan con una costura corrida de un grueso hilo que llaman "tiña".

Los bastidores son de dimensiones variadas según la magnitud de la labor, de madera liviana y resistente, cedro sazonado y seco, para que no se tuerzan ni alabeen.

Las varas del bastidor se unen en los ángulos mediante tornillos fijos o tuercas de mariposa. En los bastidores pequeños se tejen pañuelos, asientos de plato, de jarrones o vasos. Los bastidores grandes de dos a tres metros se destinan a la conjugación de las partes que han de componer una pieza grande, manteles de altar o de una mesa grande de comedor.

Sobre el lienzo tirante en el cuadro del bastidor, se dibujan a punta de lápiz en lineamientos esquemáticos, los círculos aislados o tangentes que formarán el "centro", las "cabeceras", las "esquinas" y "blondas" o contornos festoneados de las grandes piezas. Sus contactos tangenciales encierran espacios triangulares o cuadrangulares curvilíneos. Estos espacios y aquellos "círculos" serán colmados de urdimbre y de trama. El esquema es similar por su forma a los arabescos policíclicos de la ornamentación arágibo-morisco-española. Sobre este diseño esquemático, la tejedora borda a vuelo de mano y aguja la urdimbre radiada de los círculos, los "soles" de España que llaman aquí "apyté" o "armaje". Y sobre esta urdimbre abstracta y más o menos tupida, inserta luego con el vaivén de sus puntadas perforantes la "trama" de los antropólogos o "dechados" de las tejedoras. Estas dibujan a lápiz en un papel transparente sobrepuesto al lienzo los dechados, si la morfología es compleja o la tejedora inexperta. Las veteranas tejen de memoria.

El mariposeo de las manos sobre el bastidor es fascinante para quienes lo contemplan por primera vez.

La urdimbreque cubre el área de los "círculos" es radiada y la que cubre los espacios intermedios es cuadriculada con retículo de líneas rectas simples o dobles entrecruzadas en ángulo recto, como en los caña-mazos prefabricados. Excepcionalmente esta urdimbre cuadriculada se teje dentro de los círculos.

Casi todos los motivos ornamentales de la trama -"dechados"- se insertan dentro de los círculos: flor de maíz, flor de cocotero, plantas de yvyra'í, espigas de arroz, espigas de cebada, flor de romero, costillas de pescado, garzas, pajarillos, alevinos, alacranes, huellas de buey o pezuñas de vaca, farolitos, canastillas, altares, crucifijos, etc. La urdimbre cuadriculada admite solamente flores de guayabo, pimpollos y la finísima filigrana de la orfebrería. Las aves en vuelo, los abanicos, las ramas de romero y espigas rectilíneas de arroz, son "dechados" que habitualmente están en los ángulos y ribetes de soles y espacios tangenciales.

Se teje el encaje con hilo de algodón, lino o seda, blanco o negro, fino en las labores de calidad superior y grueso en las ordinarias y baratas. En los últimos diez años se emplean hilos rojos, verdes, rojo-ladrillo, azules...

Esta policromía estridente es una excepción poco ortodoxa que desluce la obra y amengua el relieve de las formas. El deseo de darle más atractivo y valor comercial ha determinado esta concesión al mal gusto.


 



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y APOSTILLAS


1) AGUIRRE, JUAN FRANCISCO. Discurso histórico que comprende el descubrimiento, conquista y establecimiento de los españoles en las Provincias de la Nueva Vizcaya generalmente conocidas por el nombre de Río de la Plata ...1793. Biblioteca Nacional de B. Aires. T. I., N° 1, pág. 45, Buenos Aires, 1937.

2) ................ Discurso Hist. Bibl. Nac. Bs. Aires. T. I -N° 2- pág. 316: Irala y los primeros telares y tanerías para fabricar lienzos y curtidos de cueros de ciervos y venados destinados al vestido de los conquistadores. pág. 341: Las dos primeras naves construídas en Asunción durante la gobernación de Irala; con maderas, cordajes, velas de fibras de karaguatá y de algodón, estopas de karaguatá, breas de Ysy del Paraguay. pág. 376: Las muestras enviadas a España de los productos de la tierra en la primera nave construida en Asunción -1556- entre ellos 3.786 varas de lienzo de algodón.

3) ................ Discurso histórico. Bibl. Nac. Bs. Aires. T. I -N° 3-1937, pág. 535: "Sólo el región del vestuario fue generalmente pobre, reducido a lencería de algodón y al uso de la peletería"...

4) ................ Discurso histórico. Bibl. Nac. de Bs. Aires. T. I I -N° 45 y N° 46- 1° y 2° trimestre 1948 - p. 128: primera exportación de productos de la tierra a España, como muestrario. Entre otros productos - 1556. (3.786 varas de lienzo de algodón). pág. 138: Lencería de algodón y peletería en el vestuario, durante el gobierno de Irala. pág. 339: Estados del Comercio de la Real hacienda y Ramos municipales. Los géneros que había de venta en la Asunción, en 1537. Pág. 445: todos los pueblos saben tejer canastas, esteras, sombreros (probablemente en Limpio, de fibras de karanday...) Pág. 435: vestido y calzado, casaca, chupa, calzón.

El 14-X-1597, el Cabildo de Asunción realizó un inventario de géneros de las tiendas, para poner precios moderados. En la primera tienda revisada había, entre otras mercancías:

40 o 50 varas de paño pardo, blanco y frailesco y negro.

27 varas de cordellate amarillo, pardo y blanco.

3 varas de damasco morado.

1 1/2 varas de terciopelo pardo para cuellos.

30 libras de galón de Castilla.

Unas medias de galera de lana.

Unos chapines dorados.

3 escofietas de Holanda, calzadas con seda.

6 docenas de botones vaciados.

1 libra de pasamano de Alquimia.

20 millares de chaquira.

8 docenas de botones de Alquimia.

7 a 8 libras de seda aparnilla.

Declaró que tenía más géneros, que el paño era de Córdoba y que le costó 10 pesos la vara... no venda nada hasta que se le pongan precios.

En la segunda tienda revisada había:

28 varas de bayeta blanca.

5 varas de paño colorado.

9 sombreros pardos y negros, aforrados por dentro con tafetán.

15 varas de paño pardo de Chile.

1 cuvija de la India bordada.

4 varas de caniguí.

6 varas de telilla para jubones.

3 badanas coloradas.

2 1/2 varas de raso amarillo.

1 faldellín de tameneta.

3 varas de bayeta azul.

3 cuellos de Holanda, llanos.

26 docenas de botones de alquimia dorados.

6 docenas de botones vaciados.

4 varas y 1 sesma de paño pardo de Chile.

Declaró que el paño y la bayeta vinieron de Chile.

En la tercera tienda había:

8 varas de reja de Mesilla.

6 sombreros abatidos pardos.

6 1/2 varas de raso de la China.

1 1/2 varas de tela.

Declaró haber traído del Perú.

En la cuarta tienda había:

Una partida de cinta (o cintal).

1 partida de guantes de mujer.

Una partida de botones de alquimia, acero y peltre.

Una partida de alfileres.

Una partida de cuentas de Chaquira.

En ninguno de estos inventarios se mencionan los encajes de ñandutí.

En 1784 se toma razón del consumo general de la Provincia, donde se anotan entre otras mercaderías: bayetas paños, ponchos cordobeses, ropa de la tierra (bayeta de los obrajes), sargas, tripes, saredies, lilas, monfores, rasos de lana, gorros, medias, sombreros ordinarios, o sombreros de medio castor, paños, Bretañas, pontevies, cacerillos, bramante, ruanes, estopillas, cambrai, clarines, encajes, pañuelos, medias de sarasa, coletas, gasas, bayetilla, telas para vestidos, cintas, listonería, tafetán, seda de coser, gorros, ceñidores, tapetados y cordobanes, lienzo del país que se teje en pueblos de indios y misiones, de una calidad muy ordinaria y solo para negros y peones.

En este inventario hecho en las postrimerías de la era hispánica, aún no figuran encajes de ñandutí. pág. 343 - T. II. parte la del Discurso.

5) AZARA, FELIX DE:          Descripción e Historia del Paraguay y Río de la Plata. Escrita en Asunción (1720), impresa en Madrid (1874); reimpresa en Biblioteca paraguaya - Uribe - 1896 y en Biblioteca Histórica Cultural (pág. 78) Buenos Aires, 1953.

6) ................ Viajes por la América Meridional. T. I. p.p. 201, 202. Espasa Calpe. Madrid, 1934.

7) CABEZA DE VACA, ALVAR NUÑEZ.- Naufragio y Comentarios. Espasa - Calpe, Buenos Aires - Méjico, 1942.

8) D'HASTREL. Amerique N° 22 - Gaucho de la Republique du Paraguay. (Amerique du Sud). Moine Impre. de la Montagne Ste. Genevieve. Ancienne Mon Aubert, 20, Rue Bergere.

9) ................ Amerique 16. La Moza de I'Assomptión. id. id. Esta estampa como la anterior, pertenece a una numerosa colección que dibujó el autor durante su viaje a la América. Estuvo en el Paraguay durante el gobierno de Carlos Antonio López. En ninguna hay encajes de ñandutí.

10) DEL TECHO, NICOLAS. Historia de la Provincia del Paraguay y de la Compañía de Jesús, con prólogo de Blás Garay, Biblioteca paraguaya. Edit. Uribe y Cía. Madrid - Asunción 1897.

11) DU GRATTY, ALFRED.. La Republique du Paraguay. Londres 1862.

12) GANDIA, ENRIQUE DE . Indios y conquistadores en el Paraguay. Una expedición de mujeres españolas al Río de la Plata en el siglo XVI, p.p. 117-147 - Libr. García Santos. Buenos Aires, 1932.

13) ................ Indios y Conquistadores. . El hogar del conquistador asunceno p.p. 58-71 B. Aires 1932.

................ "Dentro de las humildes casas de los conquistadores de "la Asunción podía verse entre los zapatos rotos y los trapos sucios, "alguna capa de grana, una rica colcha, o un almuadón de seda, una "cortina de raso colgada ante una pequeña ventana, calzas de terciopelo, por lo común desparejas, trozos de telas preciosas. Y hasta "dagas de artística empuñadura. No eran restos de los ricos trajes "traídos de España, que ya se habían perdido cien veces durante la "primera fundación de Buenos Aires y las expediciones por el río "Paraguay. Aquellos objetos de lujo, cuya presencia parecía inexplicable entre las míseras ropas de los conquistadores, provenían "de la nave del genovés León Pancaldo .............. cuyo rico cargamento se había vendido al plazo ilusorio del primer cargamento "de oro que conquistase y repartiese.................

"Salvo algunas rarísimas excepciones, como por ejemplo la del Gobernador Alvar Núñez y muy pocos de sus allegados, los conquistadores asuncenos fuera de sus armas - una espada, un arcabuz y "uno o dos cuchillos - y la ropa que llevaban puesta, no poseían "como fortuna a lo sumo más que la morada que habitaban, un terreno en que sembrar, algunas pobres indias esclavas que se encargaban de los sembrados, tejer, preparar la comida y dar hijos a sus "dueños, y alguna ropa de repuesto en pésimo grado de conservación. Por medio de testamentos y otros escritos notariales, es fácil "darse una idea de la pobreza franciscana en que vivían los conquistadores del Paraguay. Así por ejemplo, Hernando de Balbuena, "que según el inventario que se hizo de sus bienes, al entregarlos a "su heredero universal, Juan Pabón, debía ser uno de los pobladores más acomodados de la ciudad, sólo disponía como fortuna de "una serie de objetos cuyo valor hoy sería insignificante, pero que "entonces representaba una envidiable posesión. Constituía la herencia........................ en una vallesta con su aljaba e gafas a tres docenas de zaras...... ........ .... un capote de lienzo de algodón, unos "calzones de lienzos de algodón cortos................ una espada guarnecida ................. un pedazo de lienzo de algodón en que habrá "dos varas................ un cuero de venado................ un jubón de "algodón viejo.................... un talabarte de lobo, diez a nueve zaras "encasquilladas y otros diez a nueve sin casquillos, un cuchillo de "cortar, unas tijeras de cortar e dos hierros de hacer cuerdas e un "escoplo para encabar armas e otro................ e dos pares de zapatos "viejos.................. cinco pares de verga de mandis, cinco ovillos pequeños de hilo colorado de algodón e uno de hilo azul que avrán "hasta una libra y media............. un cabo de machete e una taleguilla con un poco de sebo e piedra cofre.................. dos cuñas que pesarán cada una hasta siete u ocho onzas.................. un cuero de venado e hasta medio celemin de sal, una poca de manteca de puerco e una botija hasta un azumbre cuatro ollas de podrir, las dos de ellas quebradas, un corral cerrado de varas.......... ochenta aves............... de manteca de pescado, hasta un quintal de algodón ..................e hasta dos fanegas y media de frijoles, 4 ollas de podrir las dos de ellas quebradas, un corral cerrado de varas........... ochenta aves grandes e chicas............ una puerca que andaba por el pueblo e ansi mismo un cochino que diz que tendría hasta ocho "meses e ocho cochinillos chicos que están encerrados, una rroca que declaró estar en urna................ y plantada de rrama parte della e cierto maíz que está por cojer e una casa en ello pequeña, de tapias, con la tierra que pareciere pertenecerle............. tres esclavas pequeñas e un muchacho, la una de ellas de la generación juacano que será de veinte años poco más o menos, e la otra de la generación paizano que será de edad de diez años poco más o menos, e "la otra de la generación porotero que será de edad de siete años "poco más o menos, e el muchacho de la generación urececoja, que "será de diez años. Una engrijuela con dos lengüetas de hierro e un "cepillo de hierro, dos cuñas encabadas que será cada una de ellas "de hasta ocho onzas poco más o menos, doscientas enjertas de paja, tres cochinos que declaró que hay e que será cada uno de hasta cinco meses. 29-XII-1549". (Archivo Nacional de Asunción - año II - N° XVII - pp. 629 y siguientes).

"El inventario transcripto era el de uno de los ricos pobladores de Asunción. Podemos por lo tanto imaginar cómo vivirían los conquistadores pobres". En general todos iban vestidos de cueros de animales o lienzos de algodón que tejían las indias.

14) GUEVARA, JOSE. Historia del Paraguay, Río de la Plata      Tucumán. Buenos Aires. 1908-1910.

15) HOYOS ZAINZ Y HOYOS SANCHO. Manual de Folklore. Rev. de Occidente. Madrid, 1947.

16) LA FUENTE MACHAIN, R. DE. El Gobernador Domingo Martínez de Irala. La Facultad. Buenos Aires, 1939.

17) LERY, JEAN DE. Histoire de um voyage faict en la terre de Brasil - 1a edición. París 1880. Citada por A. Metraux en "La Religión des Tupinambá et ces rapports avec celle des autres tribus tupí-guaraní. Libraire E. Leroux. París 1928.

18) LOZANO, PEDRO. Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Buenos Aires 1874-75.

19) MASSON, O. T. Womans share in primitive culture. N. York 1894. Cit. por Ramos L. y A. en "Renda de Bilro e seus aculturaçao no Brasil" en Soc. Brasileira de Anthrop. e Ethnología. N° 4 - oct. 1948, Río de Janeiro, 1948.

20) METRAUX, ALFRED.    La Religión des Tupi avec celle des autres tribus tupí-guaraní. Liv. Leroux, París 1928.

21) MOLAS, MARIANO A. Descripción histórica de la Antigua Provincia del Paraguay. 3ª Edic. Nizza. Argentina - Paraguay. 1957.

22) MOLINS, JAIME. Paraguay. Crónicas Americanas. pág. 17. Buenos Aires, 1915.

23) MONTOYA, ANTONIO RUIZ DE. Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las Provincias del Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape. Madrid 1639. Bilbao 1892.

24) .............. Arte, Vocabulario y Tesoro de la lengua guaran í o tupí. Edición y Prólogo del Vizconde de Porto Seguro, (F. A. de Vernhagen) Viena - París 1876. Es una reedición en un cuerpo del Tesoro (1639) y del Arte y Vocabulario (1640).

25) PERAMAS, J. M., S. I. La República de Platón y los Guaraníes. (1791) Reedición Emece. Prólogo del P. Guillermo Furlong. S. I. - p.p. 95 y 145. Buenos Aires, 1946.

Peramás editó su libro en 1791. Dice que en cada pueblo de las Misiones Jesuíticas había gran número de tejedoras dedicadas a tejer telas que eran distribuidas en la comunidad para la confección de ropas. Las mujeres casadas hilaban en sus hogares el algodón que los jefes de familia cultivaban en sus campos. Cuando reunían una cantidad apreciable lo entregaban al ecónomo del pueblo quien anotaba en su registro el nombre de la portadora y la cantidad entregada. Este hilado se confiaba a uno de aquellos cuatro o seis tejedores mencionados. Eran lienzos de algodón. Peramás no menciona encajes ni bordados. Sánchez Labrador que actuó en el Paraguay desde 1746 hasta 1758 en la misma época, da la primera noticia respecto a la labor de encajes que cultivaban y enseñaban las señoras de Asunción a mujeres indígenas.

26) PUBLICACIÓN DE LA CASA NHANDUTI de Campo Grande, Matto Grosso, Brasil, Como nasceu no Paraguay a Nhandutí. Reproducción en Publicaciones del C. E. A., de la Facultad de Filosofía y Letras de Asunción. VII serie Docum. 7 - Asunción 28-X-1950.

27) REINARES, SERGIO. Santa Fé de la Vera Cruz. Edic. Colmagna. Santa Fé - Argentina 1946.

En un acta del Cabildo de Santa Fé, del año 1575, consta que "en "los hogares se efectuaba un provechoso ensayo de rutinaria industria que las costumbres nativas del Paraguay estimuladas por la vieja tradición de las familias castellanas, tansplantaron a esta región del litoral................. Fue una tendencia sobresaliente la labor "femenina de tejidos, hilados y bordados, principalmente en Asunción y en Santa Fé. Eran primorosos los tejidos y bordados a mano en los hogares de la región................ Pero a falta de metal, traía la moneda entre la trama, la fidelidad, el calor del sentimiento y la gracia estampada en aquellas varas de lienzo............. (Cita de Carvalho Netto en "Folklore del Paraguay").

Santa Fé fue fundada en 1573 por Juan de Garay con mestizos hispano-guaraníes que se trasladaron con su ganado bovino y equino desde Asunción, dos años antes del acta capitular mencionada por Reinares, y 18 años después del arribo de la expedición de mujeres españolas a la Asunción, que posiblemente incrementaron allí la industria doméstica del hilado y de los tejidos de lienzos. Es improbable que ya se tejieran entonces encajes de ñandutí, como sospecha Carvalho Netto.

28) ROBERTSON, J. P. y G. P. Letters on Paraguay. Londres 1838. Traducidas por Carlos Aldao bajo el título "La Argentina en la época de la Revolución". pág. 115 - Biblioteca de la Cultura Argentina. Buenos Aires, 1920.

29) ROQUETTE PINTO, E. Nota sobre o Ñandutí do Paraguai. Bolet. do Museu Nacional do Río de Janeiro. Vol. III - N° 1 - Marzo 1927.

Nota de los compiladores

Por razones de dificultad en la consecución de caracteres tipográficos adecuados, utilizamos en el texto la "y" en vez de la "i" latina mayúscula usada en el original.

30) SANCHEZ LABRADOR, JOSE., El Paraguay Católico. T. I. Cap. CCCXXIII - pág. 299. Edic. Universidad La Plata. Imp. Coni Hnos. Buenos Aires 1910.

Este autor vivió en el Paraguay desde 1746 hasta 1776, cuando la expulsión de los Jesuítas. Entre 1746 y 1758 en las Reducciones guaraníes y desde 1760 en Belén, sobre el Río Ypané donde catequizaba a los Mbaia-guaikurú. Fue durante este último período, que río abajo navegó hasta Asunción, donde asistió a la escena de las señoras españolas que enseñaban a las indias de su Reducción de Belén a tejer encajes con "soles" y "cribos".

31) SCHMIDL, ULRICO. Derrotero y viaje a España y las Indias. Manuscrito original de Stuttgar, Traducido por E. Weernicke. Espasa -Calpe. Buenos Aires - Méjico 1944.

32) SCHWETER, BERTA. Enciclopedia de travalhos manuais. Cap. Renda de Tenerife ou Ñandutí. pág. 342. Livr. de Globo - Porto Alegre 1946.

33) STADEN HANS. Viajes y Cautiverios entre los Caníbales. (traducción de Verdadera Historia y descripción de un país de salvajes feroces, desnudos y caníbales situado en el Nuevo Mundo América..... Marburgo...... ......... 1556) por María E. Fernández.         Edit.  Nova. Buenos Aires 1945.

34) THEVET, ANDRE. Les síngularites de la France antarstique. Publ. por P. Gaffarel 1878 - París - Citado por Alfred Metraux. La religión des Tupinambá...

35) SERVICE E., SERVICE H. Tobatí. Paraguayan Town. University of Chicago. pres. 1954.

36) PANCALDO, LEON. Registro de la nave Santa María piloteada por León Pancaldo y destinada al Perú, pero obligada a arribar al Río de la Plata por abril de 1538. Las primeras mercaderías llegadas al Río de la Plata. Rev. de I Biblioteca Nacional -T. I. N° 1 (Enero-Marzo). Buenos Aires, 1937.

Entre dichas mercaderías se destacan: 4 mazos de agujas de coser, 5 mazos de hilo negro de coser, 2 mazos de agujas de coser, 10 mazos de agujas de filadizo, 7 mazos de hilo de coser, 7 mazos de hilo blanco, 8 mazos de hilo de coser, 20 mazos de hilo de coser, 20 mazos de aguja de cabeza, 2 mazos de aguja de filadizo, 2 mazos de agujetas de medio armar (150 y 44 docenas), 2 mazos de agujas de seda, etc. etc. El naufragio de la nave fue causa de la desviación del cargamento hacia Buenos Aires y Asunción.

37) TUILLARD, ALFRED. Tejidos y ponchos indígenas de Sud América. pág. 131. Edit. Guillermo Kfraft - Buenos Aires, 1949.


I N D I C E

Presentación

PROSAPIA Y MAGIA DEL ÑANDUTI: JOSEFINA PLÁ

ÑANDUTI: GUSTAVO GONZÁLEZ

HISTORIA DE UNA ACULTURACIÓN

IDEOGRAFÍA DEL ÑANDUTÍ

UN PROBLEMA DE ACULTURACIÓN

ECONOMÍA DEL ÑANDUTÍ

ARTESANÍA DEL ÑANDUTÍ

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y APOSTILLAS

 

 

 

 

 

 

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