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JACOBO A. RAUSKIN


  LA RUTA DE LOS PÁJAROS, 2000 - Poemario de JACOBO A. RAUSKIN


LA RUTA DE LOS PÁJAROS, 2000 - Poemario de JACOBO A. RAUSKIN

LA RUTA DE LOS PÁJAROS, 2000

Poemario de JACOBO A. RAUSKIN

 

Edición digital:

Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001

N. sobre edición original:

Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),

Arandurã Editorial, [s.a.].



En la vida diaria nos ocurre con frecuencia algo

que solemos elogiar en la epopeya como artificio del poeta.

Precisemos: cuando las figuras principales se alejan,

se ocultan, se entregan a la falta de acción,

unos personajes secundarios que hasta ese momento apenas habían

sido observados, llenan de pronto el hueco y, mostrando toda

su actividad, nos parecen igualmente dignos de atención,

de interés y aun de alabanza y...

GOETHE.

Las afinidades electivas.

 



PÁJAROS

Después de tanto cielo,

sólo vuelven a un árbol

 

LA CANDIDATA

Señora todavía joven
y con amplia cultura general,
con dominio de idiomas,
con dinero al instante sobre joyas.
Se necesita.
O no se necesita, pero se pide
para fábrica líder
en cercano suburbio basural.
¿Líder dije? No importa si no lo es.
Todo compacto, muy combustible.
Algodón en rama y en fibra,
etiquetas para jabón y margarina,
hilo de lino, hebras de lana.
Olvidemos el inventario,
entra la candidata.
Señora cuyo apellido suena.
Cuyo segundo nombre es José.
María es el primero, desde luego.
Nadie duda de su condición,
viene recomendada.
Y por algo ha de ser.


PALABRAS EB LA RUTA DE LOS PÁJAROS


Estas pocas palabras
a volar juntas aprendieron:
aroma, sombra, susurro, susto
y alejamiento y viento.

 

LA GENTE

El Ministro de Salud fumigó hasta el último florero.
Sin embargo, el dengue no desaparece.
La gente ya no le hace caso al ministro ni al mosquito, sigue nomás.
Semiocupada, sin patente, casi clandestina,
sigue con el recuerdo de sus días felices
y con el balbuceo de su esperanza,
con las heridas que le va curando la música
al callejero azar de una fiesta de otros.
Y no hay con quién hablar del asunto.
Y no hay país para emigrar.


¡QUÉ TRAGO!

Caña dulce y barata
con jugo de apepú,
con óxido de lata.
Cóctel de Belcebú.

MENDIGOS


El humo, por la tarde, descansa en un baldío.
Así conoce a dos, a tres, a cuatro mendigos.
Los aleja el invierno, porque más puede el frío
que el humo que ha nacido de un fuego de ramitas,
de cáscaras, de yuyos, de siesta y de baldío.

 

AQUÍ EL SAPO SOY YO 


Ce crapaud-là, c'est moi

Tristan Corbiére


El patio es una nave,
el sueño es un destino,
la paz, quizá alcanzable.
Se ha quedado dormido
por un rato el cantor.
Entre vino y parrilla,
donde crepita el fuego
y revientan salchichas,
canta el viento, seguro
de su ritmo y su estrella,
de su luna y su rumbo.
El repertorio es claro,
sencillo, es el del viento
a dúo con un sapo
de charco y chapoteo.
Buenas noches, señora,
aquí el sapo soy yo.
Si me escuchan algunos,
hoy me basta y me sobra.
Clientela masiva,
electoral, política,
sentimental o crítica,
bueno es tenerla lejos.
No perdona un desliz,
un falsete, un sinónimo,
un acento, una coma.
Y no entiende de vientos.
Y no sabe de sapos.
Y no le gusta nada.

 

LOS ELEMENTOS DE LA EXPRESIÓN

Ahí va una servilleta
con un retrato a punta de bolígrafo.
El cabello enrulado, la sien hundida,
un pómulo pomelo machucado,
la nariz derrotada.
En fin, un rostro barbidesahuciado
que dibujo mientras espero que deje de llover.
Yo espero en un café,
en un aguantadero de la lluvia.
El hombre está en la calle,
cerca de la ventana
donde puedes leer el nombre del café.




FELIZ AÑO NUEVO


Ya viene la comida cara,





la comida basura cara.





Habrá que contratar más bocas,





las del mercado son muy pocas.









BRINDIS


Brindemos por el año nuevo,





el nuevo siglo, el nuevo milenio,





la nueva era





de la que todavía nada sabemos.





O bien, sigamos como si tal cosa en medio del estruendo, porque





como quiera que sea,





el año viejo no da más,





no da sino para decirle adiós con un trago.





1999 ¡Ay, qué año!





Sobre todo, en el Paraguay.





Por ejemplo, las huelgas.





Por ejemplo, las ocupaciones de tierra.





Por ejemplo, las trabajadoras del sexo





y los trabajadores de lo mismo.







Agosto se llevó a los suyos,





a los que había perdonado julio.





Junio duró un suspiro.





Mayo fue apenas más festivo





que su obligada fiesta patria.





Abril no abrió los ojos a la lluvia





y marzo fue una fosa





llorada en una plaza pública.





En octubre, los fieles a la tradición





recordaron que ya no se recuerda





el Día de la Raza.





Sigue noviembre en la subasta,





después empalma con diciembre.





Y esto sucedió antes de la Navidad:





bandis, no polis puros, multipolibandis





se autoarrestaron por





más de veinticuatro horas.





¿Fue un error judicial?





Hábeas corpus mediante,





todo el mundo quedó en libertad.









FOTOGRAFÍA TOMADA EN UN JARDÍN


Y las hojas al viento eran hermosas





o menos numerosas, siendo hermosas.





La tarde se acercó, solitaria,





apagando el arrullo del viento,





y un enigma dio paso a una sonrisa





y un secreto se aligeró en un chisme.





Eran dos hermanas gemelas,





pecosamente pelirrojas





y pelirrojamente idénticas.









INTERMINABLEMENTE


Cruza un hombre la calle





y pone el pie en un mar de hojas caídas





y mira al cielo como a un baldío





y saluda después a un caminante.





No deja la ciudad de ser aldea,





chatarra de taller, yuyal de pío-pío





y un salón de belleza y un zaguán de tristeza,





un bar, una ferretería con telarañas.





El hombre vive de cortar leña,





vive de un hacha, de una sierra.





Entra, de cuando en cuando, en el bar,





y se entretiene con un trago,





con tacos y con tiza de billar.





Por otra parte, no comete adulterio





y no habla mucho con nadie,







no lee los periódicos,





no vota en los comicios nacionales.





En su casa, son todos atávicos.





Del padre aprende el hijo a cortar leña.





Al mismo tiempo, mira el nieto al abuelo.





Llega un día la muerte





y el humo es otro huérfano del fuego.







PROMESA


El caudillo desciende





de la cesárea





tarima improvisada.





Para todos y cada





uno de los presentes





tiene una palabrita.





Y un apretón de manos





entonces le recuerda





su promesa, una cuarta,





un jeme,





una uña siquiera





de tierra electoral.









SUELEN APARECER


Dejaron a la selva sin árboles





y a la llanura la incendiaron.





Ahora llaman a cualquier puerta,





suelen aparecer por la tarde.





Se ofrecen como jardineros,





limpiapétalos, lavatallos,





cuidapimpollos, frotalirios





y besamargaritas, pero también





protectores de un árbol





que quedó en medio de la calle.





Alguien abre la puerta, mira





y les dice: «No, gracias».





Ahí lo marcan, lo señalan





y, mentalmente, lo degüellan.









REUNIÓN


Esopo y las hormigas





y la cigarra y yo,





juntos, al mediodía,





reunidos por el sol.





Gentil, desde una rama,





nos canta la cigarra.





Su fábula, si aún vive,





a nadie ya molesta;





recuerdo que era simple





e infiel a mi pereza.









NO HAY CULPABLE


Al alba, casi siempre en la niebla,





o en el atardecer, cuando el sol encendía





las últimas guirnaldas del día,





la oíamos de paso, con canoeros,





boteros y lancheros,





con miramástiles y grumetes.





Era la melodía de costumbre.





Y el río de la niebla y de las flores,





el Paraná de las canciones





suelta al pasar un débil gemido





que ahora, con demora,





alcanzamos a oír en la ribera.





No busquemos materia de culpa





aguas abajo, aguas arriba,





en tal o cual represa,







en ese muro, en otra historia,





en Heráclito, griego hiperacuático.





No hay culpable, hay sirena.





Es ella quien convierte al río





en un lento, renuente afluente del olvido.









UN LUGAR


Ese café de artistas





frente al cine cerrado.





Café y materia prima de espera,





de dibujo, de poema.









QUE ME PERDONE EL INVIERNO


El silencio se adueña de la calle





con un perro aburrido, con un galpón a oscuras





y la luna en la esquina de nadie.





Todo va bien, sin novedad.





De acuerdo, aunque no tanto.





Lo digo porque las apariencias





son la cáscara de la mentira.





Lo digo porque entonces era igual





con las estrellas, con la ceniza,





con las últimas brasas de San Juan.





De pronto, tropas.





La escena es conocida.





Pasan, se alejan los soldados





y aparece y da vueltas





un lento, insistente automóvil







definitivamente parapolicial.





Sale una joven de su casa, nunca regresa.





Muchos años después, una noche fría y hermosa,





encuentro al cielo en mi camino





y el cielo está incompleto.





A pesar de millones,





millones y millones de estrellas,





no veo un resplandor que bien conocen mis ojos.





Sólo atino a seguir





y a pedirle al invierno que no se enoje,





que me perdone por un fuego, un fueguito que yo enciendo





contra el olvido, no contra el frío.









CONFIDENCIA BUCÓLICA


Tira el campo de mi, no sé con qué fin.





Y la fatiga, tan amiga del sueño.





Por otra parte, cierta pereza:





caballos que parecen mirar al cielo





cuando el cielo descansa en la hierba.








CUANDO DUERME LA CIGARRA


La falsa primavera





-veranillo inverniz-





triunfal desciende a los naranjos.





Ahí, cerca del frío fatuo de la escarcha.





Ahí, cerca del agua dura





rota en mil charcos.





Ahí, con un poco de viento





contrario,





caliente y necesario





porque el taimado invierno





cambia de planes y de rumbo





y porque el día deja





-en fronda oscura-





de oro y verde vestida una rama.





En tal lugar, entonces, cualquier pájaro canta







una vez más la vieja canción del camino





y todos creen que el verano ha llegado.





Todos es decir todos,





todos es no decir la cigarra.





Y en esta falsa primavera,





de azahar coronada,





piensa en ella:





acaso entre naranjos aún tuviese





el oro de algún sueño





y un verde manto la guardase





del hielo y de los vientos traicioneros.









OSCURO FUEGO



1


El agua en calma, los veleros apáticos,





un claudicante sauce orillero





y la luna y tu mano, pálidas ambas.







2


Ah, bella encantadora del verano,





que a otro tienes y abandonas luego,





para encender en mí tu oscuro fuego





al tiempo que me apartas con la mano.










3


Mía, desde hace un mes,





la tierra que no pisan tus pies.





Vayan, no se demoren más,





lleguen a ti unos versos





para lira o guitarra.





No son de Ovidio, no son míos,





son mi traducción de Vinicius:





«Ahora, por delicadeza, tú,





que la inventaste,





desinvéntame esta tristeza».







4


Con el último, pálido destello del sol





sobre el cerro allá lejos, dice la tarde adiós.





La villa veraniega se ha rendido a la noche





y no será menos nocturno, creo,





entrar con Venus en su monte.







5


Si nadie te ata, nadie me desliga,





yo sólo quiero que el verano siga





y que, cuando el otoño aquí aparezca,





no muera en ti mi amor ni en mí perezca.










PARA LA SED DEL CAMINANTE


Y cada historia tiene su villano.





El de la mía es uno que dice desarrollo,





agrega sustentable, piensa pala mecánica





y se empapela y papelea





con pequeños propietarios,





con antiguos, precarios ocupantes





de casas indefensas, que caen,





una tras otra, frente a la pala mecánica.





Casas que alguien cantó en su tiempo,





diciendo entonces que eran pocas





y humildemente lindas,





y que decían algo, que le hablaban,





que lo invitaban a cantarlas





de repente, con repentino amor.





Claro, las casas se parecen a la gente.







Casas del color de la distancia





en una canción conocida,





incluso popular.





Casas con una silla en la puerta





y, también, con un vaso de agua





para la sed del caminante.





Puedo nombrarlas desde el umbral de mi sed,





muchas veces fui yo el caminante.









LA BRISA Y EL LIMONERO


Al paso de la brisa,





no susurra sin suspirar primero





un tierno limonero.





Parece una viñeta, pero es un árbol.





Alguna vez lo estudiará la ciencia





que hace de la botánica





apenas una rama





de lo eólico y lo nostálgico.





Alguna vez no habrá otra vez.





Arráncale una hoja, una hojita.





Quédate con su aroma, mientras tanto.









MARAVILLA


La mañana es brumosa, el sol tímido.





Y por azar de vecindario,





Dalia, la vecina, camina





como si sólo existiera su andar





en una bruma de gacelas,





en una neblina de garzas.





Delicadeza de la vida real





o simplemente vida





trastornada por un instante





de pura maravilla mañanera.





Dalia, sandalias para calzar pétalos.









UNA PAUSA


Gracias, hermosa y solitaria palmera,





que haces de mí un sujeto de oasis.







 

Enlace al ÍNDICE de la versión digital de LA RUTA DE LOS PÁJAROS en la BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES

Pájaros

La candidata

Palabras en la ruta de los pájaros

La gente

¡Qué trago!

Mendigos

Aquí el sapo soy yo

Los elementos de la expresión

Feliz año nuevo

Brindis

Fotografía tomada en un jardín

Interminablemente

Promesa

Suelen aparecer

Reunión

No hay culpable

Un lugar

Que me perdone el invierno

Confidencia bucólica

Cuando duerme la cigarra

Oscuro fuego

Para la sed del caminante

La brisa y el limonero

Maravilla

Una pausa

 

 


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