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JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO


  TRES OBRAS Y UNA PROMESA, 1983 - Teatro de JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO


TRES OBRAS Y UNA PROMESA, 1983 - Teatro de JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO

TRES OBRAS Y UNA PROMESA

Por JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO

EL FIN DE CHIPI GONZÁLEZ; LA CABRA Y LA FLOR;SU SEÑORÍA TIENE MIEDO

Ediciones NAPA

Libro Paraguayo del Mes

Nº 23 – Marzo de 1983

Tapa: CARLOS COLOMBINO

Ilustración, bocetos para vestuario,

RICARDO MIGLIORISI

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

         Siempre he dicho que en literatura soy un dilettante, no un profesional, porque no me he ceñido, ni especialmente he cultivado ninguna forma expresiva. He escrito narrativa, teatro, periodismo, solicitadas, humor, ensayo, y además otras cosas.

         Mirando hacia atrás, veo que nunca he sucumbido al amor de Pigmalión por la obra; aunque es indudable que las he amado y algunas me han dado intensa emoción, no me he rendido a ellas hasta perderme. En la relación autor - medio expresivo, veo que me he quedado con el gobierno del trato, no deliberadamente, sino como consecuencia del modo de ser. De esa manera, nunca he dado todo a la obra, hay un distanciamiento que me ha permitido pensarla, sin sumergirme en su mundo apasionante.

         Decía un conocido escritor paraguayo que él empezaba una novela describiendo un personaje, sumándole situaciones, hasta llegar a un desenlace que se le presentaba con toda naturalidad. No es mi caso, yo sé a dónde va mi personaje aunque el fin preciso pudiera variar, como consecuencia de las circunstancias de su vida. En esa, forma, hoy descubro que todo cuanto he escrito tiene un esqueleto teórico, que aun disimulado entre alardes poéticos y dramáticos expresa un orden que está presente. No investigo con el lenguaje, expongo.

         Pasando a las obras aquí publicadas, encontramos que El fin de Chipí González plantea de entrada un suspenso no por lo que vaya ocurriendo, sino por su resolución final. Allí se debate, por el contra punto de las situaciones, la posibilidad casi irrealizable de reconstruir el hecho pasado. Todo lo que se predice desde un horizonte atemporal, sucede, pero significa lo contrario. En tal caso, ¿es posible la historia como ciencia?

         Esta comedia ha tenido la suerte de ser muy bien adaptada para la radio, e impresa en discos, por el "Sodre", de Montevideo, con el asesoramiento de Humberto Rubín que entonces, sin barbas, hacía sus iníciales armas en el teatro. Circuló por América. Algunas veces desde remotos lugares me llegaban sus noticias. En los Estados Unidos fue traducida y editada dos veces.

         La cabra y la flor, trata dramáticamente la posibilidad de reconocer una regla moral         pueden saber los hombres qué es el bien, y qué es el mal, o sólo cabe aceptar un código impuesto por la divinidad?

         Jacinto Herrera presentó la pieza con la inestimable cooperación del actor argentino Orlando Bor, que en parte "se la tragó", como se dice, con una interpretación espléndida, muy por encima de su nivel habitual. Después trató en toda forma de interesar a grupos del exterior para llevarla a otros países, sin éxito. Como detalle humano, deseo referir que, sintiéndose enfermo y próximo a la muerte me hizo llegar el pantalón, la camisa y el sombrero que había usado en escena. Quería perdurar en alguna clase de símbolo material en mis manos; murió soñando el personaje, su último triunfo fugitivo. Aquí rescato la vivencia con la palabra escrita para que la recojan quienes aprecian su desolada metáfora.

         Su Señoría tiene miedo, es mucho más que una farsa: desea mostrar el mal que hace al Poder Judicial una sociedad corrompida: no sólo falsifica la justicia convirtiéndola en un simple expediente formal, con palabras de sentido trabucado, sino que le mata el respeto y la dignidad. La desvergüenza es una mueca de la decepción, no un modo de ser habitual en el hombre. La moralidad que aspira al bien común y con él convive, surge de alguna manera como un derrotero social. Algo dice al ser humano -tal vez una prédica y experiencia milenaria- que la moralidad puede ser una práctica general, en tanto que la corrupción es necesariamente de los menos, excluyente, oculta, por más cínicas que sean sus banderas.

         La obra fue escrita hace años cuando aún creía que podía sumar una voz para recomendar la corrección; hoy sé que no me queda fuerza ni tiempo para arreglar ni mi pequeño mundo. Pero al cabo he venido a descubrir también que existe una jadeante y silenciosa lucha por la excelencia; que ésta sigue siendo un ideal que es respetado, a condición de que la recta conducta le ponga una rúbrica de inquebrantable integridad.

         Encrucijada del Espíritu Santo sigue la misma línea. Trata la afanosa brega por aplicar a la naturaleza un esquema mental, por realizar una utopía. Ese es el tema, no está en este tomo.

         Si una obstinada fe descarta toda duda, mata la posibilidad de tolerancia. Cree estar en posesión de la verdad absoluta, considera que el bien consiste en imponerla a todo trance y que la virtud es la indoblegable dedicación a ese ideal. De esta vertiente nacen los Robespierre, Sait Just, Savonarola, Torquemada, Calvino, Himler, Goebels, Hitler. Son hombres terriblemente fuertes e inflexibles cuando con mando ejecutan su voluntad; y cuando no alcanzan el poder político, igual, asumen por sí y ante sí la seguridad tremenda de decidir sobre la vida y la muerte de sus semejantes, sin piedad. Son aristas de un mismo terror, aunque en este último caso, se prueba la convicción con la propia sangre, el supremo fundamento irracional.

         Tal el tema de "la promesa" que lleva por título El Sectario, hoy no concluido; existe un borrador que salió muy expositivo, pero cuyo fascinante problema no deja de inquietarme. Seres complejos por su simplicidad, frutos de la aberración de una parte del espíritu, inaccesibles al miedo, incorruptibles para el interés o el amor, impermeables a la compasión, desconocidos de la caridad, cuyos hechos nos llenan de "espanto y admiración", según palabras de Heine.

         Ese es el teatro escrito que se presenta, y se promete; un teatro pensado que quiere ser vital; puede que lo sea más como fruto de la manera de ser del autor que como realización. Sin embargo, el acento depende también de qué modo lo vea el actor. El libreto es, una fórmula a la que se da vida sobre la emoción, la carne y los huesos de un ser humano, con su propia manera de interpretar los símbolos que tiene enfrente. El teatro es una creación muchas veces compartida: autor, director, actor, crítico y cada uno de los presentes en la platea, sin olvidar a los que saben leerlo, que lo hacen y rehacen con la propia imaginación asumiendo muchos papeles por sí solos, a su gusto y medida.

         Propongo al lector estas tres piezas para que las enriquezca con las imágenes, las emociones, el pensamiento que les conceda su propia dimensión espiritual y su benevolencia.

 

         José María Rivarola Matto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL FIN DE CHIPI GONZALEZ

COMEDIA EN TRES ACTOS

 

 

A Emigdia Reisofer, imagen intemporal. A Carlos Gómez, de abrumadora vocación.

A Ernesto Báez, un liderazgo heroico y triste, como su pueblo.

 

         PERSONAJES

 

1 Saúl (un ángel)

2 Mom (un demonio)

3 Chipí González

4 Don Luis

5 Don Pedro

6 Ña Conché

7 Anastasio

8 Ramón

9 Lola

10 Marta

11 Juez de Paz

12 Cuatro hinchas (sólo hablan dos)

 

 

 

ACTO I

PRIMER CUADRO

 

La mañana

 

(Al subirse el telón, sobre la escena a oscuras, un reflector pasea su haz de luz sobre las bambalinas que representan el firmamento. La luz se detiene sobre una nube, y lentamente entra en su radio Saúl. La nube tiene unas candilejas que iluminan a los personajes desde abajo, dejando el resto de la escena en penumbra. Al encenderse estas candilejas, se apaga el reflector).

 

(Saúl es un ángel, y como todos los ángeles, es tan bello y puro como lo permitan la cara del actor y el arte del maquillaje. Le cae blonda cabellera sobre los hombros. Viste túnica blanca ajustada a la cintura mediante albo cordón. No tiene alas, porque esto ya es meterse en teologías, pero sobre la cabeza resplandece una pequeña aureola dorada, atributo permitido a cualquier aspirante a santidad).

 

         (Saúl tiene un aire de patético aburrimiento: ser eterno y aburrirse debe ser cosa de pegarse un tiro).

 

SAUL - ¡Qué tremendo aburrimiento!... Lo único que justifica la eternidad es la contemplación de Dios, estar en su divina presencia. Pero cuando el Señor nos deja vagar por el universo, uno se siente abrumado por la monotonía de estos inmensos espacios oscuros, donde los soles giran sin parpadeos, y las constelaciones de astros muertos emergen y pasan, sin sombras, como coágulos negros de vieja sustancia de olvido.

(Entra Mom y escucha sonriente detrás. Es un demonio de tipo común, de esos que andan por allí sueltos a millares. No usa cabellera larga por higiene y por defenderse del calor. Eso sí, lleva unos cuernitos romos coquetamente plantados entre los rizos. También viste túnica, porque ha descubierto al fin que es una vestimenta cómoda. El color es oscuro, pues así se disimula mejor alguna suciedad; en su país las corrientes de agua son escasas, y el lavado sumamente caro).

 

SAUL - En estos casos les tengo cierta envidia a aquellos mis hermanos que en las épocas del génesis podían bajar a la tierra y amar a las bellas hijas de los hombres. Era una abyección, es cierto, pero al purificarse después, se podía comprender una vez más todo el valor de la gloria eterna.

MOM - Estás enfermo, te faltan problemas.

SAUL - (Sin sorpresa).Ah, ¿eres tú, Mom? Sácame de este aburrimiento con alguna ingeniosa tentación.

MOM - Ajá, ¡ésas tenemos! (Triste). No puedo ayudarte. Yo estoy en la administración pública del Infierno, en la burocracia, y al cabo he perdido los últimos restos de mis viejas alas. Me paso el tiempo... ¡numerando listas!..., ¡y el trabajo es siempre el mismo, por los siglos! (Desconsolado). Ya no soy un demonio, apenas un pobre diablo.

SAUL - Nosotros no tenemos burocracia.

MOM - Claro, con esa mísera afluencia de almas que tienen ustedes hay espacio para que cada cual ande a su antojo por los valles, las aldeas y los floridos campos. ¡Un encanto idílico!, pero nosotros, que recibimos grandes multitudes, tenemos que hacer prodigios de organización.

SAUL - Bueno... con reducir las artimañas que hacen ustedes para que la gente se condene...

MOM - ¡Bah! No me hagas reír. Hace siglos que no tentamos a los mortales. Todos los auténticos demonios vivimos como esclavos escribiendo reglamentaciones, dirigiendo y ubicando multitudes, apaciguando conflictos, tratando de cambiar las costumbres de las almas condenadas, para hacerlas sumisas, ordenadas, respetuosas, para hacer posible la convivencia infernal. (Se encoge de hombros ante lo evidente). Los hombres se tientan y se condenan solos, y sin embargo, míralos...

 

(Sólo la nube está iluminada. La parte inferior de la escena está prácticamente a oscuras y se distingue la forma de los personajes, pero en ningún caso algún carácter individual).

(Por lateral derecha, entra una fila de diez o doce personas, todas ellas atadas por el cuello de una misma cuerda que pasa del primero al último. Llevan las manos atrás, como si también las tuviesen amarradas, y caminan con las piernas abiertas, el paso pesado de los que llevan sobre las espaldas un peso abrumador. El andar es rítmico, cruzan y van saliendo por lateral izquierdo).

 

SAUL - Sí, así se los ve desde la eternidad.

MOM - El misterio los abruma.

SAUL - No, el misterio los salva, míralos...

 

(Entra la misma fila por lateral izquierda, siempre con la cuerda que los ata, pero ahora ella ondula como en un paso de baile. Se oye una melodía suave y lejana, y los personajes levantan los brazos al cielo en ferviente imploración. Los movimientos son coreográficos, y es imposible advertir una diferencia individual. Salen por lateral derecha, y la melodía va muriendo).

SAUL - (Sonríe enternecido). Ahora están soñando.

MOM - Sí, pero despiertos o soñando tienen orgullo salvaje. Están seguros de que pueden transformar y hacerse dueños de toda la creación; eso es lo que los lleva en masa a nuestros reinos.

SAUL - ¿No quisieras divertirte un rato mirándolos de cerca?

MOM - (Se encoge de hombros expresando indiferencia). Bueno... no sé qué hacer si no... Voy a usar aquí estas vacaciones. Me toca la licencia, ¿sabes?

SAUL - Pues, Dios quiera que termine este aburrimiento... Yo haré un esfuerzo mental, y entraré en el tiempo.

 

 

(Se alumbra la escena, de tal manera que la nube queda en la penumbra. A la derecha del espectador aparece un pequeño rancho con un vestíbulo abierto al frente, con toscos zócalos que evitan la entrada del agua, por los costados. Al fondo, da a una pared de rancho con puerta practicable. Los bastidores permiten el paso por detrás de la casa, y también por delante. El telón de fondo es una arboleda, bajo la cual están diseminados algunos útiles de labranza, ruedas, llantas, un trapiche de palo, y otros. Hacia la izquierda los bastidores discontinuos denotan también vegetación, pero se insinúa un horizonte, sobre el cual está la nube del segundo plano).

(De las vigas y parantes del vestíbulo cuelgan sartas de tabaco a secar, mazorcas de maíz, y por todas partes utensilios de labranza. Una olla y fogón bajo techo. Afuera, un catre de trama de cuero con los sostenes para mosquitero de lienzo y algunas ropas de cama. Otros bancos rústicos y una o dos silletas).

 

DON LUIS - (Es hombre que está pasando la madurez. Sombrero pirí, con barbijo, camisa de lienzo, pantalón de brin, faja y zapatones. Entra por lateral izquierdo gritando). Gúen día, ¿por dónde anda el compai?

DON PEDRO - (Desde atrás de la casa, gritando, no se le ve). ¿Vo so Luí?... ¡Adelante!... ¡Sentate que!... ¡Ya voy!

DON LUIS - (Se sienta). ¿Qué estás haciendo, compai?

DON PEDRO - (Sale por lateral derecha de atrás del rancho. Es hombre de unos cincuenta años, de cabellos blancos, pero aún fuerte. Está descalzo, con los pantalones remangados a media pantorrilla. Camisa, pantalones de brin, sombrero de paja. Lleva resbalados sobre la nariz uno de esos anteojos de óvalo pequeño, montados en plata). Estaba arreglando un poco el alero del rancho... Vine a buscar una lima, cuando me di cuenta de que el viento anoche me desparramó mucha paja.

DON LUIS - ¿Hay perjuicio?

DON PEDRO - No... (Va hasta el fogón a traer una silleta, la guampa y agua para el tereré. Entre tanto): La lluvia fue güena. El arado entra hondo y la tierra tiene olor a sustancia. La luna nueva salió con agua y es casi seguro que ha de venir más lluvia este mes.

DON LUIS - Sí, eso también me parece.

DON PEDRO - Estoy arando para algodón este año, dice que se va a pagar bien.

DON LUIS - Eso siempre dicen, pero cuando se cobra, la plata ya no vale nadas.

DON PEDRO - Así es, lo que reparten, se quedan con todo.

DON LUIS - Y después manda uno para discursear, y reparte guaraní con la boca.

DON PEDRO - Cierto. Pero yo ya estoy viejo, compai. Con que no farte nada para comer... Me anda apurando ahora el corazón; (suspira) ¡Jípu! A vece parece un parejero, el vicho.

DON LUIS - ¿Y que le tomá, compai?

DON PEDRO - Le sigo con el mate rosa mosqueta y sauco, y en el tereré le meto raíz de gramilla.

DON LUIS - Está bien, pero yo también tenía la otra ve un poco de eso, y la ruda me hizo bien. ¿Porqué no probó un poco? En el mate.

DON PEDRO - Jhee... Voy a tomar...

DON LUIS - (Confidencial). Y metele también un poco de carqueja, en el tereré.

DON PEDRO - ¿Eso para qué?

DON LUIS - Eso es formidable. (Malicioso). Así también siempre se anda bien con la vieja... (Ríe maliciosamente).

DON PEDRO - ¡Oh! ¿Cierto, compai?

DON LUIS - Cierto, yo, ante, pasaba la mujere, y yo, lo mismo que si juera una vaca vieja..., ahora sigo con eso que te dije en el tereré, y pasa una vaca vieja, y yo, lo mismo que si juera una mujer.

(Ríen íntimamente regocijados los dos viejos; don Pedro va a hacer más preguntas; pero entra Conché).

(Por lateral derecha, trayendo una bolsa cargada sobre la cabeza, entra Conché. Es mujer de unos cuarenta años, pero ya está definitivamente ajada. Metida en carnes, es más fuerte de lo que aparenta. Tiene los ojos enrojecidos y el cutis resecado por el humo del fogón. El pelo largo lleva unas pocas hebras blancas y le cuelga en dos trenzas no muy opulentas. Blusa de escote cuadrado, y una falda desteñida que le baja hasta media pantorrilla. Va descalza, y en la mano que ayuda a mantener equilibrada la bolsa, lleva un machete gastado).

CONCHE - Güen día, compadre, ¿cómo amaneció?

DON LUIS - De primera, comadre, de primera.

 

(Don Pedro se levanta y va a ayudarla a bajar la bolsa, que deja arrimada a un horcón).

 

CONCHE -¡Está linda la mandioca! Ahora da gusto sacar con la tierra blanda.

DON PEDRO - Y Chipí, ¿dónde está Chipí? ¿No viene con vos?

CONCHE - No, tempranito se jue hacia el rancho de Kolá No le ví todavía que venía.

DON PEDRO - Pero, ese muchacho (mueve afligido la cabeza), está completamente loco por la pelota, el lune no trabaja porque tiene que contar lo que pasó en el partido, el marte porque tiene entrenamiento, el miércole...

CONCHE - ¡Jesú, Pedro!, no es pue así Es má mejor que juegue la pelota y no la baraja.

DON LUIS - Sí, es má mejor, pero a todito se le abrió la tranquera. Mi hija Martita tiene un vestido nuevo que no se quiere poner porque tiene color del "Presidente" Quiere vender... Mañana no má se va a querer ir a lo baile con zapato de fúbol.

DON PEDRO - Todo está bien, pero esto toman el juego como trabajo, y el trabajo... (vacila), como trabajo.

DON LUIS - (Ríe y después suspira). Así es, compai La juventú, la esperanza de la patria, se va por la pelota, y nosotros los viejos, ya no vemo ningún arco, ni con anteojo.

CONCHE - (Fastidiada). ¡Callesén! Ustede también andaban atrá de otra clase de pelota..., ¡y ahora también (encarándoles).

A ustede les conozco muy bien, ¡jhe!, ¡la yunta brava! (Despectiva). ¡Lo viejitos!

 

(Don Pedro y D. Luis se miran como sorprendidos, y hacen un ademán con los brazos como diciendo: " ¡Mirá lo que dice!", pero al volverse Conché no pueden contener los dos una risita de complicidad).

(Entran por lateral izquierda Chipí y Lola, tomados de las manos. Chipí es un muchacho de unos veinte años, quemado y fuerte. Viste camiseta de fútbol, pantalones rectos de brin y zapatos de juego. Lola es rubia de ojos verde dorados, cabello castaño claro, recogido con cinta detrás de la cabeza. Tiene el talle delgado y desenfado en el porte, con esa coquetería audaz y simple de las muchachas del campo, que no tienen aplomo. Falda estampada, blusa blanca ceñida que le acentúa el busto, y alpargatas).

 

CHIPI - (Con el sombrero de paja entre las manos). Güen día, papa (Le pide la bendición).

LOLA - Güen día. (le contesta don Luis, pero los demás apenas, pues están muy ocupados oyendo el diálogo entre Chipí y sus padre).

DON PEDRO - (Rápido saluda con la cabeza a Lola, levanta la mano y bendice recitando formulariamente entre dientes: "Que Dios te bendiga". Luego, sin pausa, con evidente mal humor): ¿Dónde te metiste esta mañana?

CHIPI - Jui a buscar el güey que no amaneció aquí, con el viento de anoche.

DON PEDRO - (Irónico). Y le hizo volar muy lejo, ¿verdad?

CHIPI - Me juí caminando tempranito hacia el lado del boquerón, y allá lejo estaba unos cuanto animalé. Me juí para ver, y no le encontré. Cuando venía otra ve, le ví que estaba así cerquita del camino, al lado de un pajonal, y yo había sido que pasé y no le vi.

DON PEDRO - Y sí pue, estaba pensando en la pelota..., ¿y eso no má hiciste?

CHIPI - Después al saltar la zanja que pasa por la punta de la isla que está al lado del alambrado de Kolá, me caí y me "lesioné" esta pierna (se recoge el pantalón de la pierna izquierda que no muestra rastro alguno de golpe), y juí a ver al estrenador... para que me haga masaje.

CONCHE - ¿Te golpeaste juerte, mi hijo?

DON PEDRO - (Le mira la pierna, y después afectadamente la palpa). ¡Pobrecito!... ¿Y dónde está esa "lesioncita"?

CHIPI - Así no se ve nadas, pero dice el estrenador que hay "un músculo resentido en la pantorrilla", y eso se va a notar al pegar el tapón.

DON PEDRO - ¡Jujuí!... ¡Pero qué barbaridá! ¿No te ha de hacer farta un poco de jinacia paraguay? Andá pue, mi hijo, y curate en el mandiocal. Te va hacer bien carpir tre o cuatro liño. ¡Santo remedio!

LOLA - Pero, ¡don Pedro!, el estrenador ya le hizo masaje con caña. Tiene que descansar. El partido con el "Veintidós" es el domingo, y va a venir banda y todo.

DON PEDRO - Y el partido con la olla es cada las doce, y tiene que estrenarse también el pobrecito.

CONCHE - ¡Cómo va a trabajar si está enfermo! Usteden dale tereré, meta jugo de bombilla, y quieren que el muchacho "lesionado" trabaje. ¡Está güeno! (Don Pedro hace una pantomima de resignación y mirando a don Luis le dice con la mímica: "mirá". Don Luis asiente apabullado. Conché y Lola ayudan a Chipí a sentarse en el catre. Chipí renguea, pero aguanta el dolor con ofendido orgullo). Acostate. (Lola le levanta la pierna enferma. El suspira cuando ella le saca el botín). ¿No queré que te frote con cebo de vela? ...Despacito no má.

CHIPI - (Que está agraviado). Dejá no má, mamá.

LOLA - Yo te voy a frotar aunque no quiera.

CHIPI - (Se encoge de hombros, disgustado). ¡Pisch!

LOLA - Callate, caprichoso. (Al sacarle el botín -no tiene medias. Chipí tiene el incontrolable deseo de desentumecer sus pies de campesino embutidos en el zapato. Aprovecha los momentos en que Lola no le ve para abrir los dedos, y en la cara se le refleja un inmenso placer). ¿Dónde mismo te duele?

CHIPI - Un poco más arriba... ¡ay, ay, aína!.., un poco más abajo. (Siente mucho gusto, y a ella sola): Tené mano santa, ¡rubia linda!

DON LUIS - Güeno, compai, me voy. Quería pedirte para el jueve tu güey; mi barciano anda medio resabiao.

 

(Conché trae un cabo de vela que trata de amasar entre sus dedos y se lo entrega a Lola. Ellas discuten en voz baja lo que se debe hacer. Conché vuelve a sus quehaceres y los muchachos van desembocando en un coloquio que cada vez es más malicioso y arrullador).

 

DON PEDRO - ¿Qué le pasa, compai, ¿no podemo mandar al estrenador para que lo "masajee"?

DON LUIS - ¡Je, Je!... Me parece qué comió algún yuyo feo.

DON PEDRO - A lo mejor comió ese tan güeno que me recomendó, y le viene recuerdo de su tiempo de farristo. (Ríen los dos con cierto cinismo que cubre la melancolía). Cómo no, compai, ¿acaso no son suyo luego? El jueve tempranito le mando con Chipí (mirándolo burlón) si no está ocupado con "estrenamiento". (Chipí vuelve la cabeza al oír su nombre).

 

(Cuando se levanta don Luis para pasar la mano a don Pedro, se apagan las luces que iluminan la escena de abajo, y vuelve a haber luz en la nube. La escena de abajo sigue su desarrollo silencioso. Poco a poco los personajes se confunden con las sombras más densas, hasta desaparecer).

 

MOM - A este espectáculo le falta movimiento.

SAUL - No te apures, ésta no es región de remansos.

MOM - (Displicente). Tal vez... lo único que yo sé, es que a ése a quien llaman Cipriano González, alias Chipí, ése va a parar al infierno.

SAUL - (Asombrado). ¿Cómo puedes saber que Chipí irá al infierno, si ustedes no penetran el futuro? ¿Acaso ustedes no deben vivir el desarrollo del tiempo para sufrir cada instante de castigo?

MOM - Es verdad, no vemos el futuro; pero la enorme afluencia de condenados, la alarmante incapacidad de nuestras instalaciones, y la necesidad cada vez más urgente de hacer enormes ampliaciones, nos han forzado a organizar minuciosos estudios técnicos para prever las cantidades de almas que recibiremos en cada temporada.

SAUL - Y esos estudios técnicos, pueden predecir el fin de un destino individual.

MOM - Con tremenda precisión... Nuestro instituto de probabilidades, está tan científicamente organizado, que al llegar un alma al mundo, de inmediato investiga y califica sus antecedentes genéticos; luego anota todo lo importante de su educación, determina exactamente cada grado de influencia ambiente, y al pasar el sujeto la pubertad, momento en que las mezclas se revolucionan para adquirir su fórmula final, ya puede decir si tenemos que prepararle calefacción, o si se irá a otras partes.

SAUL - ¡Diabólico!, ¡diabólico!, no lo hubiese imaginado..., ¿se condena pues a Chipí González?

MOM - Está en la lista, y desde aquí estoy viendo los planos del horno que le corresponde.

SAUL - ¡Es una lástima! Condenado Chipí González..., la verdad es que me inspiraba simpatía. Yo, que estoy fuera del tiempo, no puedo saber su último fin, como tú.

MOM - ¿Cómo ves tú las cosas?

SAUL - (Medita). Al principio vimos como se ve a los hombres cuando se los mira desde un plano de remota duración. Pero si ese plano no tiene pasado, presente, ni futuro, esa fila ni se distingue, ni se mueve... Son millones de lucecillas, muy juntas, que se encienden y se apagan sobre una inmensa llanura infinitamente igual. Sólo con un gran esfuerzo de la mente, entro de vez en cuanto en unas pocas de ellas, y veo unas vidas, por un momento, como ahora.

MOM - ¿No pueden seguir un destino de un hombre desde su nacimiento hasta la muerte que le vendrá después?

SAUL - La vida humana es tan endeble y efímera que no puedo seguir una sola. Es lo mismo que excitar un hormiguero, y pretender seguir las andanzas de una sola hormiga... Se me confunden todas. (Piensa). Tengo, sin embargo, un método.

MOM - ¿Cuál?

SAUL - Hay algo más fijo que la vida del hombre.

MOM - ¿Qué cosa?

SAUL - Sus rastros, los documentos de su paso por la tierra.

MOM - Pero esos rastros los van dejando a medida que viven. ¿Cómo tendría documentos, rastros, ya el futuro?

SAUL - Muy sencillo. Como para mí no hay tiempo, yo puedo conseguir los documentos que están en el futuro.

MOM - Es raro, no lo entiendo... ¿Qué documentos tienes, por ejemplo, del futuro de Chipí González?

SAUL - (Se concentra) Chipí González... (Baja la mano izquierda, y sin mirar lo que hace, levanta una carta). Aquí está una carta del Club Nacional de Asunción. Ofrece por su pase 7.000 guaraníes, luego, aplicando un poco de lógica, se deduce que será un buen futbolista. (Se encoge de hombros, es evidente).

MOM - ¿Algo más?

SAUL - (Misma pantomima, y levanta otro papel). Se confirma. Poco después actuará aún en el equipo de primera de su club en el partido por la definición del campeonato. Aquí está la planilla presentada para el partido. Ves..., última fecha, campeonato, etcétera.

MOM - ¿Ganan el partido?

SAUL - (Misma pantomima, y levanta una copa de trofeo). Ganarán. Aquí está grabado el nombre de su club como campeón del año.

MOM - ¿Qué más?

SAUL - (Ahora levanta un registro de los que usan los jueces de paz para sus actas). El mismo día del partido, se casará. Aquí está el acta matrimonial en regla. Aplicando un poco de razonamiento, puede decirse que celebrarán el triunfo del campeonato y la boda con una gran fiesta, y Chipí se llevará a su mujer a la ciudad, a donde irá contratado... (Se detiene y medita) y ahora me explico; seguro que allí cae en las garras de la codicia, la vanidad, y termina por condenarse.

MOM - ¿No hay otros documentos?

SAUL - (Vuelve a buscar y mueve negativamente la cabeza). No, nada más. Se me confunde el resto de su vida.

MOM - (Después de una pausa). Me gustaría verificar ese destino.

SAUL - Veamos, pues. (Miran hacia abajo).

 

En este momento, en el escenario de abajo, a oscuras, se oye el soplo de un viento huracanado, precipitadas corridas. A lo lejos gritos de mujer pidiendo socorro y gemidos, imprecaciones de hombres, disparos, y algún lejano estampido de cañón).

 

MOM - ¡Caramba!, mientras nosotros hablábamos, por ahí pasó una revolución.

SAUL - No es igual el tiempo para nosotros que el que transcurre allí...

(Se apagan todas las luces)

TELON

(Fin del primer cuadro)

 

 

 

SEGUNDO CUADRO

Anochece

 

(Al levantarse el telón, han transcurrido seis meses desde el fin del cuadro primero. Ya no cuelgan frutos de los parantes del rancho de Pedro. Su vestimenta y la de Conché están rotosas y sucias. Conché con un mazo quiebra "cocos" para sacarles la almendra, que por estos malos tiempos es lo único que tienen para comer).

 

DON PEDRO - (Saliendo por la puerta del rancho). ¿Hay un poco de yerba?

CONCHE - Sí, hay un poco de nueva, para juntar con ésa que se está secando.

DON PEDRO - (Suspira). Y güeno, ¿dónde está?... No me quiere devolver mi güey.

CONCHE - (Le enseña con la cabeza una tabla sobre la cual está la yerba a secar). Ahí está... (Enseña la viga del alero, de donde cuelga una, bolsita casi vacía) y ahí está lo que hay todavía. (Atendiendo de nuevo a su faena). Te han de devolver.

DON PEDRO - Descuelga la guampa con la bombilla, carga la yerba usada con el puño, y después hurga la bolsita por lo que aún contenga). Sí, si no lo carnean.

CONCHE - ¿Por qué lo van a carnear? ¿Acaso no rinde más para hacer trabajar?

DON PEDRO - No... (Acomoda la yerba dentro de la guampa con la bombilla). Porque tienen miedo.

CONCHE - (Suspende su tarea). ¿Miedo? ¿Por qué?

DON PEDRO - A tener que darme otra vez.

CONCHE - (Vuelve a quebrar). No sé lo que queré decir.

DON PEDRO - Cuando no só ladrón reconocido, la justicia te entra adentro de vos mismo y te grita: "sos un ladrón". Te asustá, queré correr, pero adónde va a ir si está aquí (se señala el pecho) adentro, entonce tirá o matá lo que robaste.

CONCHE - ¿Y se calla?

DON PEDRO - No sé, pero vo tirá o matá por susto, por miedo, miedo que está adentro de vos.

CONCHE - ¿Y el contrario se va?

DON PEDRO - No, pero no hay má remedio, se parece a la muerte, y lo que no tiene remedio, es má fácil olvidar.

CONCHE - (Suspira). No ha de ser. (Deja de quebrar y asume una actitud implorante). ¡La Virgen no ha de permitir!

DON PEDRO - Güeno, vieja, no te plaguées. (Se sirve del tereré y mira a lo lejos). La víspera, nadie muere... Nosotros somo lo viejo pobres, que aguantamo todo..., nos morimo, o aguantamo. (Se levanta y va a ponerlé una mano sobre la cabeza a Conché). ¿Te va morir?

CONCHE - (Se yergue sorprendida). No.

DON PEDRO - Entonce aguantamo. (Con la mímica afirma la evidencia, y se burla de su misma broma). ¡Je, je, je!... Güeno, voy a ver si Tomá tiene un poco de yerba para llevarle mañana a Chipí. (Falso mutis por lateral derecha).

CONCHE - (Sin levantar la vista). Dejá no má... ya le guardé para él un poquito.

DON PEDRO - (Encarándose con ella). ¡Ja, jaaa, y me negaba a mí!

CONCHE - (Mirándolo desafiante). ¡Pero él está escondido en el monte! El todavía se queda, mucho ya se jueron. ¡No quiero que se vaya! (En un tono implorante). No quiero...

DON PEDRO - ¿Adónde?

CONCHE - No sé, a otro monte, a otro valle, donde haya má projimidad. Donde no se olviden que todo somo prójimo...

 

(Por lateral izquierda, entra don Luis, que ahora usa botas, pantalón de montar, saco pijama y sombrero de fieltro. El revólver le abulta en la cintura, y en la mano izquierda una gruesa guacha).

 

DON LUIS - (Entra sin descubrirse). ¿Cómo andan por acá? (Se pega la bota con la guacha, en ademán de impaciente insolencia).

DON PEDRO - (Humilde). Bien, tome asiento, com... (se detiene y rectifica) digo, señor comisario. (Le arrima un banco donde se sienta don Luis lleno de prosopopeya). ¿Qué manda, señor comisario?

 

(Conché apenas lo saluda entre dientes y sigue su tarea).

 

DON LUIS - Vengo a hablarle por última vez de ese individuo Chipí, que está escondido.

CONCHE - No está aquí, ya le dijimo, señor comisario.

DON LUIS - Vaya a engañar a otro. La policía sabe que es uno de lo que están escondido por el monte, viviendo del cuatreraje, con todo eso bandidos.

DON PEDRO - No es cierto, señor comisario.

CONCHE - (Agresivamente). Lo que hacen cuatreraje son usteden. Eso sabemo todos, ¡y usteden echa la culpa a los otro!

DON PEDRO - (Se le acerca alarmado, tratando de calmarla). ¡Callate, Conché!

DON LUIS - (Se yergue indignado y habla al mismo tiempo que Pedro). ¡Silencio! No le voy a permitir a usted, deslenguada, que se ponga a insultar al gobierno y la autoridá!... ¡Jhe, es inútil dar confianza a esta gente! (Señalándola con la guacha). De varde te hacé la retovada, ña Conché. (A Pedro). Y usted, ¡responsable! Hágale callar o le meto en el calabozo incomunicado, ejemplarmente.

DON PEDRO - ¡Pero, compadre!

DON LUIS - (Violento). ¡No me llame "compadre" cuando estoy de servicio! Usteden están muy mal acostumbrado. ¡Qué tanta confianza!... Pero no he venido para hablar de varde: usted me lo presenta a su hijo Chipí, o si no con su güeyes, va retornar su cuatreraje.

CONCHE - Llévese lo güeyes, señor comisario. Si todo es de usteden, no má. Si nosotros trabajamo solamente para usteden... Llévese lo güeye, señor comisario.

 

(Saúl y Mom actúan invisibles para los otros personajes, que siguen accionando como si hablaran, más o menos en el mismo tono. Por lateral derecha, primer plano, entran paseándose los dos).

 

MOM - ¿Te has fijado?, su compadre, su amigo íntimo, su compinche, ahora que tiene jerarquía, se comporta como un mandoncito canalla.

SAUL - ¡Y goza! El mismo, su padre y su abuelo, han sufrido incontables comisarios, y ésta es su única libertad posible: ¡apoderarse de la guardia, ser comisario! (Salen por lateral izquierda, primer plano).

 

(Entran por detrás del rancho, lateral derecha, Ramón y Anastasio. El primero es un mozo de unos veinticinco años, viste camiseta de fútbol, de los mismos colores que la usada por Chipí en el cuadro primero. Sombrero de paja, y un viejo pantalón de casimir de lustrosos fondillos. Anastasio es una especie de señorito rural. Lleva traje de brin blanco desgastado. No trae corbata ni sombrero).

 

ANASTASIO - Güena noches, ¿cómo están por aquí?... ¿Cómo está, señor comisario?

RAMON - (Al mismo tiempo). Güena noches... ¿cómo andamo, ña Conché?

DON PEDRO - ¡Güenas!..., adelante. Tomen asiento. (Les señala un banco, pero Ramón se sienta simplemente en el catre, saca un bolero, y se pone a jugar).

CONCHE - Aquí andamo, mi hijo, sentate que.

ANASTASIO Le hemo buscado por toda partes, señor comisario, le necesitamo, urgentemente.

DON LUIS - ¿Para qué? ¿Pasa algo?

ANASTASIO      - (Que se había sentado, se levanta y adopta una solemne pose de orador). Sí, pasa que solamente usted es la esperanza de nuestro clú, señor comisario. ¡El clú 14 de Junio, nuestro glorioso 14, le necesita! Por disposición de un grupo unánime de socio, aquí el amigo Ramón y yo, venimo a ofrecerle la presidencia de la comisión directiva, por el próximo periodo.

DON LUIS - (Visiblemente halagado). Jum..., pero mi ocupacione, la responsabilidades de mi cargo, a lo mejor no me permiten... ¡Hay mucho bandido por ahora!

ANASTASIO - Ya sabemo, señor comisario, que la graves responsabilidades de su cargo, le dejan muy poco tiempo, pero venimo a pedirle un sacrificio... Confiamo plenamente que bajo su enérgica y dinámica dirección, nuestro clú se levantará como un

león, y se llenará de gloria en los campo de batalla del deporte.

DON LUIS - (Cada vez más inquieto). Pero..., ¿por qué le quieren cambiar a don Amado Minetti?

RAMON - (Que se ha levantado cuando Anastasio empezó su perorata y ha dejado de jugar. Aparte): ¡Se le acabó la plata!...

ANASTASIO - Don Amado Minetti pide y se merece un descanso. Ha desempeñado durante vario años diverso cargos en nuestra gloriosa comisión directiva. Ha sido un verdadero padre de nuestro jugadores. Les ha dado trabajo, para que vayan a estrenarse, les ha ayudado "financieramente" en la épocas de crisis, para que vayan a jugar tranquilo, les ha tenido en su casa, dándole de comer opíparamente para levantarle su estado, y hasta le ha puesto en el bolsillo uno guaraní para ir a pasear con su chica. Y después de lo partidos, en su casa siempre había una botellas para festejar el triunfo, y ese día nadie pagaba..., solamente él.

RAMON - (Aparte). ¡Ya vendió toda esa su vaquita! ¡Era un gran caballero deportista!

DON LUIS - (Con gran seriedad). Pero..., ustedes parece que no necesitan un presidente, con una güenas vaca lechera, está listo.

ANASTASIO - ¡No, no, no!, señor comisario, en esto tiempo de diturbio políticos, necesitamo sobre todo un presidente con mano de hierro, que reúna a lo jugadores, que le someta a disciplina militar, para hacer frente gloriosamente a lo contrarios.

DON LUIS - Ah, eso sí, yo soy muy enérgico, sobre todo cuando          estoy de servicio... ¿Y cuándo es la asamblea?

ANASTASIO - El domingo, después de la carrera, señor comisario.

DON LUIS - Y... (no quiere preguntar, o no sabe cómo hacerlo: hasta que se decide, todos están pendientes de lo que diga) ¿no hay otro candidato?

ANASTASIO - (Restando importancia). Sí... hay alguno que están queriendo ponerle al Dr. Cardozo. (Despreciativamente). Pero, ¡qué van a hacer eso disparate!

RAMON - ¡Qué posibilidá va tener delante de vo, mi comí! Ni si le damo media cancha.

(Conché se levanta silenciosamente y va a encender una lámpara que cuelga de un parante del vestíbulo).

 

DON LUIS - ¡Jum!, pero no hay que descuidarse de eso individuo. ¡Son muy letrado!

RAMON - Sí, pero usted sabe (significativamente), señor comisario...

DON LUIS - ¿Y qué le parece si le hacemo apresar, ejemplarmente, ya de una vez?

ANASTASIO - No conviene, señor comisario, vamos a proceder democráticamente. Ahora, si van a ganar ello..., yo no digo ma nadas.

DON LUIS - Ah, claro, si vamo a ganar nosotro, la democracia es lo mejor, pero vo sabé Anatá, con esa gente inorante, sin istrución pública, mucha vece no se puede.

ANASTASIO - Sí. No entiende luego la democracia por la güena.

DON LUIS - Claro, y por eso hay que hacerle entender con mano de hierro.

RAMON - ¡Oh, mi comí!, pero qué suerte que estoy a tu lado.

DON LUIS - ¿Por qué, mi hijo, por qué?

RAMON - Y, porque a mí también me gusta la democracia, ¡pué eh!

DON LUIS - No; para mí, lo primero la democracia, si no hay democracia, yo no quiero saber má nadas.

ANASTASIO - Muy bien, señor comisario, este... quiero preguntarle entonce, si contamo con su aceptación.

DON LUIS - Está bien, por beneficio del pueblo, vamo aceptar esa grave responsabilidá.

 

(Anastasio se le acerca para pasarle efusivamente la mano, mientras Ramón se levanta exaltado).

 

RAMON - ¡Tre hurra al señor comisario, don Luis Benite, futuro presidente del glorioso "14 de Junio"! ¡Jip, Jip, Jip!... (Anastasio solo le corea en voz alta, y Pedro no puede dejar de hacer una mímica embarazada cada vez que llega la oportunidad de gritar los hurras). ¡Hurra! ¡Jip, jip, jip!, ¡hurra!, ¡Jip, jip, jip! (Ramón se acerca a don Luis y también le estrecha efusivamente la mano). ¡Hurra!

ANASTASIO - Güeno, señor comisario, ahora vamo a comunicar a lo amigo el resultado glorioso de nuestra comisión. No están esperando en el almacén "Aquí te caíste".

DON LUIS - Vamo todos, yo también me voy... (Recobra a medias su aire autoritario, pues no puede disimular el gozo que se le pasea por el cuerpo). Y usted, don Pedro, acuérdese de lo que te dije.

DON PEDRO - (Resignado). Está bien, señor comisario.

ANASTASIO - Güeno, hasta mañana don Pedro y ña Conché.

PEDRO y CONCHE - Hasta mañana. (Salen don Luis, Anastasio y Ramón por lateral izquierda, conversando animadamente).

DON PEDRO - (Se levanta y va a poner un poncho sobre el catre y se prepara para acostarse. Todo lo va haciendo lentamente, mientras habla). Quién iba a decir... quién iba decir... (Moviendo apesadumbrado la cabeza). Morite viejo, si queré morir solo...

CONCHE - (Ha tomado una espiga de maíz asada y un puño de almendra, lo ha puesto en un plato de lata, pero al escuchar lo que dice Pedro, se le encara, sin dejar lo que tiene en la mano). ¿Acaso vos está solo, mi viejo?

PEDRO - No digo por vos, la vieja. Vos y yo somo uno, "la misma carne y el mismo güeso" Yo no sé cómo ha de ser la vida sin vos. Yo quiero decir que cuando somo má y má viejos, hay mucha cosas que se mueren ante que nosotros. (Se sientá en el catre).

CONCHE - ¿Qué cosa?

DON PEDRO - Muchas cosa que querés... Un amigo te traiciona, y se muere para vos. Después llega otro, te pasa la mano limpia, pero ya no le creés má; no le recibís, y te vas quedando solo... Te vas llegando a la muerte cada vez más solo.

CONCHE - (Apasionadamente). ¡Pero hay una cosa que no te deja nunca!

DON PEDRO - ¿Qué?

CONCHE - ¡Dios!

DON PEDRO - (Sonríe amargamente). Este es el último nombre de la esperanza.

CONCHE - ¡No diga eso, Pedro! ¡Dios nunca te deja solo!

 

(Por lateral izquierda vuelve a entrar rápidamente Ramón, adoptando una actitud de maliciosa clandestinidad).

 

RAMON - Don Pedro..., un ratito.

DON PEDRO - ¿Qué pasa?

RAMON - (Llama a Conché para que se acerque). Va a venir otra vez Chipí.

CONCHE - ¡Dios no libre!, que no venga, (mira alarmada hacia afuera) a ese loco le van a agarrar todavía por aquí.

RAMON - No, ña Conché, el mismo don Luis le va ir a buscar.

DON PEDRO      (Alarmado). ¿Cuándo?... ¿Va salir una comisión?

RAMON - ¡No, no, no!, no es eso. No se vayan apurar... Lo que quiero decir es que Chipí va volver con "garantía", a trabajar, a jugar, a estar aquí con usteden.

CONCHE - ¿Por qué, quién te dijo?

RAMON - (Con picardía). Don Luis va ser nuestro presidente.

DON PEDRO - ¿Y eso qué tiene que ver?

RAMON - ¡Eh!, ¿no sabé todavía que Chipí es el mejor fóvar centro de la liga?

CONCHE - ¿Y creé que por eso le va dar "garantía" para que salga del monte?

RAMON - ¡Claro!, ahora no má va ver. Tengo que ir a alcanzarle. Hasta mañana. (Mientras habla va saliendo, por lateral izquierda).

DON PEDRO y CONCHE - Hasta mañana. (Después Conché): Gracias, Ramón.

 

(Pedro y Conché se miran serios. Flota entre ellos la coincidencia de la blasfemia anterior y la buena noticia, pero no lo comentan).

(Después, Conché va a acostarse en la cama puesta, en tanto que Pedro apaga el farol, y toda la escena debe quedar casi a oscuras).

(Al ir a acostarse Pedro, Saúl y Mom entran por lateral izquierda, primer plano, cruzan cerca de la casa, donde en este momento va a tenderse el hombre, y van saliendo por detrás, lateral derecha. Se oye de pronto que un perro ladra y gime atemorizado).

CONCHE - ¿Por qué ladra así ese perro?

(Pedro se levanta, recoge un tizón, y lo va agitando para alumbrarse hasta detrás de la casa).

DON PEDRO - ¡Negro! ¡Negro!... (Observa un rato). No se ve nada... (El perro gime y deja de ladrar. Pedro vuelve con el tizón, lo coloca en su lugar, y se sienta en el catre).

CONCHE - ¿Qué habrá sido?

DON PEDRO - (Con gravedad). No sé... no sé..., no podemos saber todo lo que hay... (Medita un momento). En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (Se ha santiguado con gran unción).

 

TELON

 

 

ACTO II

 

Por la mañana

 

(Al subirse el telón están en escena Anastasio y Chipí. Este último viste como en el acto primero. Anastasio está sentado en una silleta y escribe sobre uno de los bancos. Chipí a horcajadas sobre el mismo banco, mira hechizado lo que el otro hace. Al alcance de la mano del que escribe, una botellita de tinta, y más allá, en un rollito, un sobre).

 

ANASTASIO - (Que está escribiendo una carta, inicia su trabajo con solemnidad). Estimada señorita...

CHIPI - ¡No, no, no!, eso no está bien...

ANASTASIO - (Lo mira sarcástico). ¿Cómo queré entonce?... "Muy señorita mía"?

CHIPI - No... no me gusta; no es dulce. ¡Cómo, "estimada señorita"!... Como dicen los versos: amada, adorada, idolatrada... Lola. (Hace un ademán de impaciencia). ¡Te dije pué Anatá que traiga tu libro de carta de amor!

ANASTASIO - Pero, chamigo, si ya te dije que ese libro que yo tengo era de ella.

CHIPI - (Impaciente). ¿Pero acaso se va acordar de todo lo que dice!

ANASTASIO - ¡Claro! La mujere saben de memoria esa cosas.

CHIPI - ¡Oh!..., ¿cierto?

ANASTASIO - Claro, y después se ríen porque saben de dónde copiaste toda la palabra dulces.

CHIPI - (Asiente asombrado). Vo so un tipo que sabe mucho, Anatá.

ANASTASIO - ¡Eh! ¡Contador Público!

CHIPI - (Respetuoso). No, eso ya sé..., pero, ¿cómo entonce le ponemo?

ANASTASIO - Güeno, si queré que sea má dulce, vamo a ponerle "mi adorada Lola".

CHIPI - ¡Eso sí! (Se agacha a mirar lo que el otro escribe).

ANASTASIO - (Escribiendo). Espero que... al recibo de la... presente, te encuentre... en güen... estado de salú. (Chipí hace nuevamente ademanes de disgusto, pero otorga) así como yo me encuentro... sin... ninguna enfermedá.

CHIPI - Pero no es dulce, chamigo, ¡no es dulce! (Abre los brazos y mira a todas partes como pidiendo socorro).

ANASTASIO - Esperá un poco..., ahora en su lugar... (escribe de nuevo) "pero mi corazón sangra por tu ausencia"... (ahora el rostro de Chipí se ilumina) "como"... "como"... (Anastasio vacila, abstraído pregunta): ¿Qué es lo que sangra mucho?

CHIPI - (Ansioso por ayudarle). La vaca, cuando el carnicero...

ANASTASIO - (Lo interrumpe despectivo). No, no, cómo va decir: "mi corazón sangra por tu ausencia como una vaca regollada"...

CHIPI - Como un novillo entonce.

ANASTASIO - (Abstraído, desecha). No, no, esperá un poco...

CHIPI - Como un toro...

ANASTASIO - (Desecha con la mano, después con verdadera delectación escribe): "¡como una res sacrificada"!

CHIPI - (Lo palmotea encantado). ¡Oh, mi Contador Público, qué formidable!

ANASTASIO - (Prosigue la carta). "Te estraño demasiado, mi rubia... Yo te quiero ver, aunque sea un poquito"...

CHIPI - (Repite, con gran sentimiento). Aunque sea un poquito...

ANASTASIO - (Escribiendo). "también al despertar... porque en mi sueño está siempre"...

CHIPI - ...en mi sueño está siempre!...

ANASTASIO - ..."a la noche y a la siesta... ¿Cuándo va a venir...          mi rubia linda?"

CHIPI - ¿Cuándo va a venir mi rubia linda?...

ANASTASIO - "Necesito verte..., te quiero demasiado, má... (vacila) ma... que a mi clú".

CHIPI - ¡A la pucha!

ANASTASIO - (Consultando). ¿Es demasiado? ... ¿no va a creer?

CHIPI - ¡Ponele sí qué, isch!

ANASTASIO - (Escribe) ...Haceme decir... por el camionero... Mario, cuándo va a venir... Contestame que... sin falta, y al recibo de... la presente. Me despido de ti... con todo mi... amor".

CHIPI - ¡Amor!..., ¡amor!, ¡qué lindo!

ANASTASIO - Güeno, y ahora la firma y ya está.

CHIPI - Ya está..., ¿y cómo tan cortita? Tanta cosas que yo le quería decir...

ANASTASIO - ¿Qué cosa má? (Enumerando con la mano). Ya le dijiste que le quería, le dijiste que le estrañaba, le dijiste que quería verle, le dijiste que soñaba con ella. Están toda la cosas de que se compone una güena carta de amor.

CHIPI - (Agacha la cabeza, se abstrae melancólicamente, y de pronto empieza como si hablara para sí). Yo lo quería decir que no se olvide del valle..., aquí está el caminito por donde se iba al arroyo, cuando una mañana que estaba yo subido en el árbol comiendo guayaba, le vi de repente que era muy linda, y toda la semillita de la guayaba me entró y me hizo cosquilla por toda parte y en el corazón... Aquí está la tranquera donde yo le esperaba jugando con mi perro, y tocando el organillo para que me venga las cosas linda que le quería decir; aquí está lo mismo árbole con lo mismo pájaro que güela, pero que nunca se va del valle; aquí se quedó la noche, la serenata, aquí toda la misma estrellas, todo, todo están; yo veo que todo están triste, llorando por ella..., que se füe del valle.

ANASTASIO - (Se le ha quedado mirando asombrado, pues aprecia el valor sentimental que brota espontáneo). Muy bien, muy bien; dejá eso por mi cuenta. Le voy a encajar con un poco de floreo... (Empieza a hacerlo y Chipí lo mira entusiasmado. Después el otro se detiene, vacila, y Chipí se endereza también desconcertado. Hay una pantomima muda que indica la fatigosa labor de Anastasio y la ansiedad de Chipí).

 

(Entra Ramón por lateral derecha, primer plano, jugando con su bolero y Chipí se sobresalta porque no quiere que se interrumpa al que escribe).

 

RAMON - ¿Qué tal lo "perros"?

ANASTASIO - (Apenas lo mira de soslayo, con mal humor. Secamente). Bien. (Continúa escribiendo).

CHIPI - (Precipitadamente se levanta y mueve el banco. Anastasio lanza una maldición entre dientes. Chipí habla eufórico para distraer a Ramón). Hola, Ramón, qué tal, ¿cómo está ese espíritu? (Va a su encuentro, lo abraza y lo lleva hacia un costado). Vení acá, vamo a tomar tereré. Vení, sentate acá. (Prácticamente lo empuja sobre un banco, y lo sienta). Esperá, voy a traer la guampa.

RAMON - (Mirando a Anastasio). ¿Qué está haciendo ese?

CHIPI - Nada, una macanita. Esperá un poco. (Ha ido a descolgar la guampa. De la bolsita, que ahora cuelga henchida, toma un puño de yerba, pero previamente ha tirado con la bombilla parte de la usada).

RAMON - ¿Carta para vos?

CHIPI - Sí, una cartita.

RAMON - ¿Para Asunción?

CHIPI - ¡A la pucha que queré saber sin farta!

RAMON - (Imperturbable). Para Lola, ¿eh?

CHIPI - (Agresivamente). Sí, ¡y qué hay con eso!

RAMON - (Suspira). ¡Ah!, chamigo, aquí hay una muchachita linda y güena que te quiere, y vo dale que dale con la Lola.

CHIPI - Y esa es mi chica, pué.

RAMON - ¡Qué lástima! (Medita un rato jugando distraído en apariencia). Pero me parece que esa anda haciendo macana por ahí.

CHIPI - ¿Qué anda haciendo? ¿Vo qué sabé?

RAMON - (Sin mirarlo, jugando). Anda haciendo macana...

ANASTASIO - (Ha terminado de escribir, y ha estado esperando comunicárselo a Chipí, pero ya no hay secreto, y se impacienta). Güeno, vení lee.

CHIPI - (Va hasta Anastasio sin quitar la mirada rencorosa de Ramón). ¿Qué dice?

ANASTASIO - (Le pasa el papel). Lo de arriba ya sabé, lee esto no má.

CHIPI - (Hace un ademán de impotencia) Vo sabe que no sé leer, hermano.

RAMON - (Les da la espalda y se pone a jugar con afectada seriedad). Leele no má, ya sé lo que dice. ¡Para qué tanta güelta!...

ANASTASIO - (Lleva hacia un lado a Chipí y lee en voz baja. Chipí asiente, pero está lejos del entusiasmo que tenía al principio. Luego en voz alta). ¿Está bien?

CHIPI - (Secamente). Sí.

ANASTASIO - Güeno, traé la mano... A ver, dejá blanda..., blanda, má blanda.

CHIPI - (Sonríe de gusto al ver lo que le hacen hacer). ¿Listo?

ANASTASIO - Listo. (Toma el sobre y escribe).

CHIPI - ¿Allí dice mi nombre?

ANASTASIO - (Atendiendo a lo que escribe). Sí, Chipí Gonzale.

CHIPI - ¡Mirá qué lindo!... Güeno, traé acá eso.

ANASTASIO - Esperá que se seque. (Sopla la carta y va a arrimarla a la pared del rancho para que absorba. Después la dobla y la mete en el sobre. Entre tanto sigue el diálogo).

RAMON - Repentinamente, como si se decidiese). Decime, Chipí, ¿por quién te va a valer para mandar esa carta?

CHIPI - Por Mario.

RAMON - ¿Por Mario?..., está bien, él sabe mucha cosas. Hablá un poco con él ante de mandar la carta.

CHIPI - (Intrigado). ¡Pero qué queré decir vo!

RAMON - Nada, nada... preguntale un poco no má..., pero yo no digo nada, ¡isch!

 

(Entra por lateral izquierda Marta. Es una morena agraciada, de no más de 17 años, que viste con sencillez un vestidito floreado).

 

MARTA - Güeno días.

(Chipí hace un ademán de disimulada impaciencia, porque se le interrumpe de nuevo, cuando ansiosamente quisiera más aclaración).

 

RAMON - Güen día, linda. (Se llega hasta ella y la aparta del brazo a un costado). ¿Para qué ya vení otra ve por acá?

MARTA - Papá me dijo que iba venir aquí.

RAMON - (Se le encara e intenta tomarla maliciosamente de la barbilla, pero ella lo evita). ¿Para eso no má?

MARTA - (Se confunde). ¿Y para qué ma?

RAMON - (En el oído, a ella sola). Entonce te marco, no te voy a dejar libre la pelota.

MARTA - (Agacha la cabeza y lo mira debajo de las cejas avergonzada, pero pidiéndole que no cumpla la amenaza). Pero Ramón...

RAMON - ¡Ah!, eso ya es otra cosa, pero tené que apretar todito, mi hija.

MARTA - ¿Pero qué decí?

RAMON - Vo me entendé, sinvergüenza; (guiñándole un ojo). Hacé nomá lo que te digo, yo estoy a tu lado.

 

(Entre tanto Chipí y Anastasio han estado conversando animadamente con la carta en la mano. Después Anastasio la cierra y se la da a Chipí).

(Entra por lateral derecha Conché que trae un cántaro de agua sobre la cabeza).

 

CONCHE - ¿Cómo amanecieron?

TODOS - Güen día, ña Conché. (Otros en guaraní): Mbaeichapa, ña Conché.

CONCHE - Traigo agua fresquita.

RAMON - Qué lástima que ya no vamo.

CHIPI - (Le ayuda a bajar el cántaro). No te vaya todavía, Ramón; quiero hablar un poco con vos. Vamo a tomar má tereré.

RAMON - No, ya tenemo que pasar.

CHIPI - Quedate pue, tenemos que hablar un poco de ese asunto...

RAMON - Ahora después; hablá no má con Mario. (A Anastasio). Vamo pué Anatá. A lo mejor (significativamente) "nuestro" réfere ya nos está esperando.

CHIPI - (Verdaderamente contrariado). ¡lsch!... (Queda parado como en espera de algo).

ANASTASIO - Sí, pero tenemo que hablar primero con don Luis. (A Marta). ¿No sabé dónde está tu papá?

MARTA - Me parece que está aquí en la casa del señor Juez.

RAMON - ¡Eh!, vamo pue entonce. (Güiñando un ojo a Marta). Hasta luego.

ANASTASIO - Vamo, hasta luego, ña Conché.

CONCHE - Hasta luego.

CHIPI - Si le encuentran a Mario...

ANASTASIO - Sí, ya sé... (Sale con Ramón por lateral izquierda). (Conché se dedica a algunos afanes caseros, después se pone a pisar maíz en un mortero. Chipí se sienta en un banco, alza un pie sobre el mismo y apoya la barba sobre la rodilla en actitud de melancólica meditación).

 

(Marta queda aislada, y no atina como aproximarse a él. Camina tímidamente por detrás queriendo hablarle, sin atreverse. De pronto ve la guampa del tereré que ha quedado abandonada. Sirve de la lata agua, y vacilando se la pone delante a Chipí. Este, sin mirarla, toma la guampa y se sirve. Se la devuelve silenciosamente. Ella sirve otra vez, espera un rato, y se la vuelve a pasar... Entre tanto Conché sigue rítmicamente su tarea en el mortero).

 

CHIPI - ¿Yo solo?

MARTA - Sí. (Tímidamente)... ¿qué te pasa?

CHIPI - (Le devuelve la guampa, sin mirarla). Estoy triste.

MARTA - (Vuelve a servir). ¿Qué te pasa, Chipí?

CHIPI - Estoy triste.

MARTA - ¿No queré decirme lo que te pasa?

CHIPI - (La mira como si por primera vez advirtiese su presencia, luego, sin querer dar explicaciones). Nada.

MARTA - ¿Nada?

CHIPI - (Empieza dirigiéndose a Marta, pero continúa en un lírico transporte hablando para sí). Cuando se va la tarde, el capataz guarda la pelota; los jugadores se van a su casa, y yo me voy caminando entre la sombra de los árbole que se bajan sobre el caminito... Se prenden las estrella, una allá... otra allá..., las má chiquitita no pueden salir todavía; medio sale y se pierde otra vez... Son chiquitita, y están muy lejo. Me acuesto en el pasto y estoy esperando que salga una que yo solamente sé, una disparate, angá, escondida, así como son las estrellita de los pobre. Yo le preparo un nidito para cuando llegue. Me hace esperar, entra y sale, se pierde de mí; me da rabia, se juega conmigo..., ¡pero me da mucho gusto cuando le encuentro otra vez!

MARTA - ¿Por qué decí todo eso Chipí?

CHIPI - (Con profunda tristeza después de una pausa). Porque esta tarde voy a tener miedo de esperarle a mi estrellita.

MARTA - ¡Pobre Chipí!... ¿por qué no te va a mi casa, Chipí?

CHIPI - ¿A tu casa?

MARTA - Sí, Chipí, yo también estoy triste.

CONCHE - (Sin dejar de pisar). Chipí...

CHIPI - (No la oye). ¿Por qué estás triste?

MARTA - Estoy esperando.

CHIPI - ¿Esperando qué?

CONCHE - (Siempre pisando). Chipí...

MARTA - Y esperando no má...

CHIPI - (La mira un rato enternecido). ¡Pobre Martita, y sos tan linda! Ahora de tarde me voy a ir a tu casa; ¡voy a llevar mi organillo!

CONCHE - (Pisando). ¡Chipí!...

CHIPI - (Impaciente). ¿Qué, mamá?

CONCHE - No te olvide que Pedro está carpiendo...

CHIPI - Sí, mamá. (A Marta, después de una pausa)...voy a llevar mi organillo y vo vas a cantar.

MARTA - ¿Te gusta?

CHIPI - Ante con Lola solía hacer así...

MARTA - (La alusión la enoja, se vuelve como para ir despechada, pero vacila, y vuelve con la guampa, que ofrece otra vez servida). Tomá...

 

(Chipí toma la guampa y se sirve pensando en cosas lejanas; ella agacha la cabeza tristemente, y juega con el pie en la tierra. Conché sigue dándole al mortero).

(Entra ruidosamente don Luis por lateral izquierda, mostrando una carta. Le siguen sonrientes Anastasio y Mario).

DON LUIS - ¡Güen día!... ¡Je, je, je!, ¡ahora sí que empezó la farra!... ¡Oh, Chipí, el crack!..., pero, ¿dónde está el compai?

CONCHE - Está en el mandiocal.

DON LUIS - ¡Llamalo, comadre, pronto!

CONCHE - ¡Es posible, mi Dios!... (Sale apresuradamente por lateral derecha, y desde atrás se oyen sus gritos). ¡Peeedro!... (Desde una distancia mayor). ¡Peeedrooo!. (Casi perdiéndose la voz). ¡Peeedrooooo! (Entre tanto la acción ha continuado).

ANASTASIO - (Palmoteándole la espalda). ¡Oh, Chipí!, desde ahora empezó, mi hijo.

CHIPI - ¿Qué pasa, Anastá; qué cosa?

ANASTASIO - Te va a la Asunción.

CHIPI - ¿A Asunción? ¿Cómo? ¿Tenemos algún partido?... ¡A la pucha!, pero yo no tengo traje.

ANASTASIO - Vas a tener todo los trajes que quiera.

CHIPI - ¿De casimir, con pantalón "ófor"?

MARIO - (Riéndose). ¡Claro!, y también con saquito recortado acá y acá, con botón por todo lados, y también zapato con taquito alto.

CHIPI - ¡Ay, jue pete!, para eso sí que no estoy estrenado!... Pero, decime, Anatá, ¿cómo vamo a ir a la Asunción?

 

(Entra don Pedro apresuradamente por lateral derecha seguido de Conché).

 

DON PEDRO - ¿Qué pasa, compai?

DON LUIS - La gran noticia, compai. Aquí Mario trajo esta carta del Nacional Fovar Clú. Chipí se va contratado.

DON PEDRO - ¿Contratado?          ,

DON LUIS - Sí, el Nacional ofrece 7.000 guaraní por el pase.

DON PEDRO - ¿Por el "pase"? ¿Qué es el "pase"?

DON LUIS - La traferencia.

DON PEDRO - ¿Por qué traferencia? (desconcertado). Esta tierra no está por mi cabeza, ni por la cabeza de Chipí, ni de Conché.

DON LUIS - ¡Pero qué tierra, ni qué nada!... ¡Qué inorancia!... ¡Ah, la inorancia!, ¡qué farta hace la istrución pública!... El "pase" quiere decir que Chipí, (tajante) ¡"pase"! a jugar en el Nacional. Pase, viene de la voz de mando "pasara". No pue, compai, como un paraguayo no va serrr militarrr...

CONCHE - ¿Qué va hacer Chipí, dónde va pasarrr?

DON PERRO - Le van a dar 7.000 guaraní..., ¿cuánto es eso?

ANASTASIO -¡Seteciento mil peso!

DON PEDRO - ¡A la pucha, seteciento mil pesos para jugar, y nosotro matando yuyo todo el día apena para comer..., de varde queré entender este mundo!

ANÁSTASIO - ¡Eh!, ¿y no está contento?

DON PEDRO - (Desconcertado). ¿Contento?... ¡700.000 peso para jugar!, no entiendo todavía dónde está la porquería.

ANASTASIO - ¡Ja, ja, ja!, ¡cómo se ve que este don Pedro no leyó el dictado de economía política!

 

(Don Pedro va a replicar, pero le interesa más lo que dice don Luis).

 

DON LUIS - ¡Güeno, Chipí!, hay que prepararse para ir...

CONCHE - ¿A dónde va ir?

ANASTASIO - A la Asunción, al Nacional.

CONCHE - ¡Ea!, mi Dios, eso yo no sabía. Yo no quiero que se vaya.

ANASTASIO - Pero va para ganar mucha plata, ña Conché. Le van a pagar bien y le han de dar también un güen empleo público.

CHIPI - Pero yo no sé escribir.

MARIO - Eso es lo de méno. Allí se aprende todo. Hay alguno presidente que allí no má aprendieron a firmar.

CHIPI - ¡Ay, jué pete!, entonce yo también puedo trabajar de presidente...

MARIO - (Malicioso). Para Presidente, no sé... pero para Representante ya está muy güeno.

DON LUIS - ¡Jee!..., vo también te hacé el comunisto, ¿eh?

MARIO - No, yo digo no má...

DON PEDRO - Pero dígame, compai, ¿cuánto no van a dar esa plata a nosotro?...

DON LUIS - ¿Dar esa plata? ¿A quién?... ¿Para qué? Esa plata es para el clú, con eso vamo a cerrar la cancha, para que lo mirone paguen, y para que la vaca "agena" no vayan a entrar a hacer su porquería al lado de lo arcos.

ANASTASIO - Cierto, señor comisario, y despué lo jugadore, cuando viene la pelota, chutan eso primerito por la cara del arquero.

 

(Chipí y Mario se ríen acordándose tal vez de algo).

 

DON PEDRO - Entonce si Chipí se va, ¿qué lo, que gana él y nosotro?

CONCHE - No quiero que mi hijo se vaya...

DON LUIS - Pero, compai, no te olvide que el clú tiene metido una ponchada de patacone en esa patas.

DON PEDRO - Si es así, no sé para qué Chipí se va ir.

DON LUIS - ¡Está loco vos, compai!, ahora también ya te está poniendo otra ve por la autoridá. Si seguí así, yo no me responsabilizo de ninguna garantía para vos.

DON PEDRO - Pero ese es asunto del clú no má.

DON LUIS - ¿Y mi doble carácter? ¡Isch!

MARTA - ¿Cuándo se tiene que ir Chipí?

ANASTASIO - Después del partido por el campeonato. Va a venir un comisionado del Nacional para verle jugar y arreglar todo.

MARTA - ¿Vos te queré ir, Chipí?

CHIPI - (Le sorprende la pregunta que él mismo no se había formulado. Recapacita. Todos están pendientes). Sí..., ahora me parece que me quiero ir...

MARTA - ¡Y por qué ahora no má?

CHIPI - No sé, pero me parece que si me voy... una cosa se me va abrir.

MARTA - ¿Qué cosa se te va abrir?

CHIPI - No sé..., ¿qué cosa luego se te abre cuando... (representa) de repente suspira?... ¿El viento?; el viento no te apreta, pero la cosa que te apreta, se va con el viento...

DON PEDRO - (Se le aproxima y le pone una mano sobre el hombro). Yo te entiendo..., mi hijo, si es así, no es cuestión de plata.

MARTA - Vamo, papá, si él se quiere ir, ¿quién le va atajar?

DON LUIS - Vamó, vamo Anatá... (a don Pedro) yo te quería traer una noticia güena, compai...

DON PEDRO - Pero nunca sabemo al fin si una noticia es güena o mala, compai...

DON PEDRO - Hasta luego, compai...

 

(Salen por lateral izquierda don Luis, Marta y Anastasio. Don Pedro se vuelve a mirarlo largamente a Chipí, quien tiene fija la vista en el suelo en ensimismada actitud, después toma su machete, y vuelve a su trabajo silenciosamente, con la cabeza baja, por lateral derecha).

(Conché suspira y se afana en las cosas domésticas).

 

MARIO - Me dijo Anatá que vos me quería dar una carta para llevar.

CHIPI - (Como si de pronto despertara). Sí, quería valerme por vos.

MARIO - Güeno, dame pué.

CHIPI - (Saca la carta vacilando y después se la pone delante de los ojos en actitud ambigua, dándosela y a la vez enseñándole el nombre de la destinataria). Aquí está.

MARIO - (La toma, se entera, y se le ensombrece el rostro). ¿Seguí hasta ahora con esa?

CHIPI - Sí.

MARIO - (Medita un rato, y después, resolviéndose). Chipí, nosotro somo del mismo valle, aquí jugamo junto, no reimo junto..., no peleamo con la pandorga, con lo trompo, y en lo partidí.... ¿te acordá de lo partidí que jugábamo a 30 gol por una patada en la popa? (Chipí se acuerda y ríe nerviosamente, porque entrevé adonde va el otro). Y también cuando hacíamo carrera con los burro, ¿te acordá?...

CHIPI - ¿Te acordá vo del burro "doctor"?

MARIO - ¡El burro "doctor"!..., ¡cómo no me voy acordar, qué gran burro era! (Ríe).

CHIPI - ¿Te acordá cuando tomó el vino del barril del gringo y Minetti, y después con la tranca le atropelló a la yegua parejera?

MARIO - Sí, y salió una mula medio loca. (Ríen a carcajadas, pero la risa de Chipí tiene siempre un fondo de alarmada seriedad).

CHIPI - Sentate pue, Mario... ¡Mamá!, venga el tereré.

CONCHE - Güeno.

MARIO - (Le pasa un brazo sobre el hombro). Mirá, Chipí, nosotro que somo valle, somo como hermano, por eso te tengo que decir una cosa...

CHIPI - ¿Qué cosa, Mario? Decí no má.

MARIO - Mirá, Chipí, (enseñándole el sobre), esta mujer no té merece.

CHIPI - ¿Por qué decí, Mario, por qué decí?!

MARIO - ¿Queré que te diga por qué?

CONCHE - (Que anda buscando la guampa). Pero, ¿dónde pusieron la guampa?... ¿No viste, Chipí?

CHIPI - ¡No, mamá, no sé, dejame! (A Mario). ¡Decime bien qué pasa!

CONCHE - (Al mismo tiempo que Chipí a Mario). ¡Dónde diablos se habrá metido!

MARIO - Mirá, Chipí, vo sabé que a la mujere le gusta andar en aerodinámico, le gusta ir a la "boite", o sea, al clú "nai", le gusta usar media de "nailón", y zapato "panambí".

CHIPI - ¿Y eso qué es?

MARIO - Eso son cosa que hay que pagar...

CHIPI - ¿Me queré decir que Lola anda así?...

MARIO - (Asiente con la cabeza). Sí, Chipí, eso suele luego suceder... no hay que ponerse demasiado triste, para vo hay mujere a patada.

CHIPI - (Se toma la cabeza con las manos y queda completamente abatido).

MARIO - Perdoname, hermano, pero tenía que decirte. Hubiera sido más peor después..., Yo solo allá en Asunción, quién sabe lo que te iba a pasar... (Se le queda mirando un rato). Perdoname, me tengo que ir; a la tardecita he de venir. Hasta luego, ña Conché. Hasta luego Chipí. (Le palmotea la espalda, pone la carta a su lado en el banco y va para salir por lateral izquierda).

CONCHE - (Disculpándose). No encontraré la guampa...

MARIO - Esta tarde... hasta luego. (Sale).

CONCHE - Hasta luego, Mario.

CONCHE - (Trae una latita). Te voy a poner en esta latita...

CHIPI - Dejá no má, mamá.

CONCHE - ¿Ya no queré?

CHIPI - No, ya no.

CONCHE - Mi hijo, ¿no está contento porque te va?

CHIPI - No sé...

CONCHE - ¿No te queré ir?... Yo no quería que te juera, pero cuando vi que te quería ir, ya me conformé... allá va a tener mucha cosas que aquí no podé tener. (Lo mira tierna, pero Chipí no contesta). Ponete contento, ya ve como yo también ya quiero que te vaya... lo único que te pido es que no te olvide de tu mamá vieja.

CHIPI - (Distraídamente). No, mamá.

CONCHE - Es lo único que estamo pidiendo siempre lo viejos..., que no no olviden... (suspira). Tanta veces se despide uno..., y poca vece se viene otra ve... Y lo que vienen, ¡nunca vienen iguales! ¿No te va a olvidar de mi?

CHIPI - (Distraídamente). No, mamá.

CONCHE - Nuestro valle es pobre, de otra parte la gente no viene, y lo de acá se van..., uno para trabajo, otro detrá de la mujer, otro para estudiar, otro por la revolución, siempre por alguna cosa, No se quieren ir, pero ¿qué cosa le ataja acá?... Aquí no tienen nada; ni la tierra, ni su trabajo, ni una plantas, ni una vacas para cuidar... ¿Qué le ataja entonce?... El corazón; entonce dejan el corazón, y se van... (Se le acerca y le pone una mano sobre la cabeza). Pobre Chipí, mi hijo, yo te prometo que no te voy a decir más nadas, que no voy a llorar, (se seca disimuladamente una lágrima) para que no te duela tanto dejar el valle...

CHIPI - (Se levanta impetuosamente). ¡Mamá, dejame, no puedo! (Da paseos precipitados como para salir, pero vacila de pronto, vuelve, toma la carta, la hace trizas y la tira con rabia. Sale precipitadamente por lateral izquierda).

CONCHE - (Desconcertada). ¿Qué le habrá pasado?..., ¡qué ha de tener el pobre!..., Y yo hablándole zoncera. (Se vuelve lentamente como para entrar en el rancho, se apagan las luces de la escena de abajo, y ella entra).

 

(Saúl hace esfuerzos por desatascar la bombilla de la guampa que se había perdido. Mom observa sonriendo con superioridad).

 

MOM - (Le pide por señas la guampa, y Saúl se la pasa con un ademán de impotencia. Mom, sonriendo angelicalmente): ¡Eres un ángel! (Saca la bombilla, sopla hacia afuera, luego la mete cuidadosamente, chupa y pasa).

SAUL - (Sonríe, pero está un poco picado). ¡Eres un demonio!

MOM - (Termina de tomar, ceba y sirve a Saul). Se va confirmando tu visión del futuro.

SAUL - (Se encoge de hombros). Son los documentos...

MOM - Una buena forma de registrar los hechos...

SAUL - Pero demasiado simple. El acto humano es una chispa visible que salta del choque de los pasados y futuros.

MOM - ¡No compliques tanto!

SAUL - Pues aún no le puse la señal del misterio.

MOM - (Irónico). ¿Pues qué será eso?

SAUL - Tú recuerdas que en el Edén reinaba la armonía. Cuando el lugar fue abandonado, alguien olvidó un arpa entre las ramas de un laurel. En ella la brisa aún teje sus caprichos, y en algunos momentos de abandonada soledad, el hombre cree percibir en el fondo de sí mismo un compás ignoto.

MOM - ¿Y qué le pasa?

SAUL - Queda preso en un encanto. Ha oído algo peregrino que le confirma que el infinito pasa a través de él, y desde entonces hará cosas por escuchar de nuevo la armonía de remoto son que oscuramente cree reconocer, tal vez...

MOM - Embrollas mucho... Si el acto humano fuera tan diabólico, digo, tan angelicalmente complicado, no sé cómo nuestras oficinas técnicas podrían calcular si el que está obrando llegará a condenarse o no.

SAUL - ¡Ese invento infernal me llena de asombro!

MOM - Bueno..., (pero repara de pronto en la escena de abajo). ¡Pero, mirá, mirá, allí hay novedades!

 

(Se oscurece la nube, y se ilumina la escena de abajo).

(Entra por lateral izquierda Chipí, completamente borracho, sostenido por Marta).

 

CHIPI - ¡Viva el gran partido!... ¡Viva el clú "nai"! (Se tambalea peligrosamente y arrastra consigo a Marta).

MARTA - Sí. Chipí, ¡viva!.... vení por acá..., vamo a ese catre.

CHIPI - ¿Por qué voy a acostarme... yo?; yo no estoy borracho... no estoy completamente borracho. ¡Piiipu!

MARTA - No, claro que no. No está borracho, pero vení a sentarte aquí para estar bien. (Intenta llevarlo hacia el catre).

CHIPI - No..., señor. No me quiero... ¡hic!... sentar allí... ¡Viva el clú "nai"!... Me voy a Asunción contratado por el Nacional fóvar clú... porque soy un crack, un gran crack..., ahora no má va ver ésa..., dice que le gusta media "nailón", el zapato "panambí", y la "boite", o sea el clú "nai"..., ahora va ver ésa...

MARTA - Sí, Chipí, claro, ahora va ver..., sentate acá, (lo sienta en un banco), esperame, voy a traer agua para que te laves la cara... (Lo deja como para alcanzar la lata de agua, y Chipí se tiende en el banco con un gran suspiro, pero al intentar levantar las piernas, cae estrepitosamente, con banco inclusive). ¡Por Dios, qué te pasa! (Vuelve rápido a ayudarlo).

CHIPI - ¡Ay, jué pete!, se cayó el banco. (Intenta levantarse aturdidamente, pero se enreda y vuelve a caer).

MARTA - Te dije que te acostara en el catre, eso te pasa por caprichoso. (Lo ayuda a incorporarse, pero Chipí no se vale, y no pueden hacer nada).     

CHIPI - Eso pasa porque el banco no vale para nadas... Hay que tirar... (Lo patea de costado, después se quedé un rato sentado con la cabeza agachada, hasta que al fin, inesperadamente, se tumba en el suelo).

MARTA - No, Chipí. (Mueve desconsoladamente la cabeza, se sienta en el suelo y apoya la cabeza de Chipí en su regazo. El está inconsciente, dice a media voz cosas que no se entienden. Queda al fin como dormido. Ella le pasa la mano por los cabellos y llora silenciosamente).

 

TELON (lento)

 

 

 

ACTO III

 

La tarde

 

(Al levantarse el telón, se escuchan gritos y hurras lejanos de una multitud que está presenciando un partido de fútbol. Don Pedro se pasea frenético, sofocado, acaba de tener una fuerte impresión. Conché también está ansiosa).

 

DON PEDRO - ¡Perdemo nosotro, nosotro, do a cero!... Al

la gente gritaba: " ¡Chipí!, ¡Chipí!"..., después entró lo gole... y gritaban los contrario.

CONCHE - Y Chipí, ¿qué hacía?

DON PEDRO - Y, andaba trotando por la cancha como eso ternero guacho... Se me arrimó el compadre, y me dijo: "A la pucha, pero es valé ese tu Chipí". "Juego es juego, compai", le dije. "Sí, por eso ese anda jugando de pelota", me dijo. "¡Cierto, cierto!", se pusieron a gritar todo..., y vino ese Kelé-pirú, y me pecheó luego.

CONCHE - ¡Es posible, mi Dios!

DON PEDRO - Así mismo... "¡No, pue, compañero!", le dije, "respete al señor comisario, aquí de cuerpo presente". "Y sí pue, con el permiso de mi comí", me gritó, y me rempujó otra vez. "Si es así, a mí también me ha de dar permiso", le dije, reculé así, y pelé el machete.

CONCHE - ¡Jesú, mi Dio, para eso te juiste!

DON PEDRO - Entonce se me vino encima el comisario, mi compadre, y me gritó: "¡Largue eso hijo una gran!, seguro que está con caña, como su hijo!..." Tiré el machete y vine... Ese infelí, " ¡está con caña!", cuándo me ha visto a mí con caña, ¡nunca!, ¡ni un trago!

CONCHE - ¡Qué miserable! ¡Sentate, Pedro, tranquilizate, el viejo!

DON PEDRO - Pero decime un poco, Conché, ¿vos le viste tomar otra vez a Chipí?

CONCHE - ¡Ay, mi Dios, no me hable de eso, sigue tomando sin juicio!

DON PEDRO - ¡Pero mirá por dónde le da!

CONCHE - No sé lo que le pasa. La primera vez que le vi, jue cuando le encontré allí tirado, con Martita que le atajaba la cabeza.

DON PEDRO - ¡Cosa bárbara!... Yo le sentí el olor mucho días.

CONCHE - ¿No le dijiste nada?

DON PEDRO - Le dije (se encoge de hombros) pero andá encontrá la palabra para convencer a un muchacho..., tené que tener má virtú que un curandero.

CONCHE - Yo también le dije, pero me contestó de malo modo. La única que puede andar con él es Martita, pobrecita..., ¿te fijaste que se gusta por él?

DON PEDRO - ¿Se gusta por él? (Medita). Jum..., pero ahora no se va gustar má.

CONCHE - ¿Por qué?

DON PEDRO - ¡Eh!, por lo que está pasando... Ahora Chipí no liga má con el viejo, y atrá nosotro. Ahora no le va dejar a ella ni que se arrime a esto lado.

CONCHE - ¿Porque jugó mal?

DON PEDRO - Sí, pue, claro. Si no es má crack, se acabó el partido. ¡Eso era!, el compai le va dejar que se rejunte con un gaucho arruinado. Ahora él ya es "comerciante" y todo... (hace como si leyera un letrero); Gran Comisaría, Almacén, Tienda y Ferretería "La prosperidad del valle". Ahora cuando habla de nosotro, ya dice - "esta gente".

 

(Se oye una gran gritería, y se distingue la voz: " ¡goolll!").

 

CONCHE - ¿Oís... oíste, Pedro?. ¡Chipí habrá metido gol!

DON PEDRO - (Exaltado). ¡A la pucha!.., ¡cómo quiero irme!

CONCHE - ¿Si me voy yo?

DON PEDRO - ¡Andá pue!... (Va a salir, pero la detiene): ¿y qué voy hacer yo acá solo?..., esperá. (No sabe qué hacer, de pronto). Dejá, dejá no má, yo le dije Ramón que venga a avisarme si pasa alguna cosa.

 

(Se oyen ahora gritos desaforados y tiros en la cancha).

 

CONCHE - ¡Es posible, mi Dios!, ¡el gol es contra! La Virgencita de Caacupé, ¡socorreme!

DON PEDRO - (Se precipita hacia lateral izquierda en falso mutis). Me voy... (Se busca en la cintura un arma, se vuelve como para ir a buscarla a la pieza, cuando ve al que trae la noticia). Allá viene Ramón. (Gritando). ¿Qué hay!..., ¿qué pasó?

RAMON - (Desde adentro, gritando). Entró gol nuestra contra.

DON PEDRO - (Siempre gritando). ¿Nuestra contra?

RAMON - (Cerca). Sí, nuestra contra.

CONCHE - ¡Nuestra contra, otra vez, qué va hacer ahora, Dios mío!

RAMON (Entra acezante por lateral izquierda). El público invadió la cancha..., entró el gol en orsai.

DON PEDRO - ¿En qué?

RAMON - En orsai. El réfere, ese bandido, cobró gol, y ya hizo poner la pelota en el medio de la cancha, pero el comisario entró entonce a todo galope, y se le jue luego encima.

DON PEDRO - ¡Se habrá vendido!...

RAMON - Se vendió, el infelí, pero mi comí se le jué encima y le gritó: " ¡Orsai, nde aña memby!".

CONCHE - ¡Oh, mi compadre es enérgico, hay que darle su lugar!

DON PEDRO - ¿Qué dijo el réfere, ese miserable?

RAMON - "Y güeno, orsai entonce", dijo; pero Cachí, el capitán del Presidente, levantó así su camiseta, y peló un facón así, ¡Dios no guarde, ese arruinado!

CONCHE - ¡Jesú, mi Dios!

DON PEDRO - ¿Y despué, y despué? ¿Qué le hicieron? ¡La gran flauta, por qué no me quedé!

RAMON - Mi comisario le gritó: "¡Quédese, quédese ahí, no se mueva, hijo una gran!, ¡yo le voy a dar levantarse por la autoridá!" Peló el revólver, ¡brim!, le jugó un balazo encima, y le pecheó con su caballo. Se cayó Cachí, pero para eso todo los "Presidente" ya venían con cuchillo, con machete, con revólver, el público por los cuatro costado ya se trenzaban luego.

DON PEDRO - ¿Y el réfere?

RAMON - ¡Ay, jué pete! El réfere se iba corriendo cuando le salió un "Presidente", le jugó allí no má una puñalada, Dios nos guarde!, y le pasó por aquí mismo, tuvo suerte, (enseña que le refiló la cara), le sacó la mitá de la oreja no má. ¡Ay, jué pete!, pero para la otra que le jugó ya no estaba má. ¡Hasta luego, mi señor réfere! Agarró para el lado del monte.

CONCHE - ¿Y Chipí, no le viste a Chipí?

RÁMON - (Desconcertado). ¡A la pucha!... no le vi a Chipí, pero cuando vine, ninguno todavía se desgració del todo.

CONCHE - Jesú, mil vece, ¿pero no le viste?

RAMON - No, pero ha de andar en la trenza.

CONCHE - ¡Pedro, andá a buscarle!

DON PEDRO - Sí, me voy. (Se precipita hacia la pieza y saca una escopeta vieja). Vamo Ramón.

RAMON - Vamo... ¡pipu! (Salen ambos precipitadamente por lateral izquierda).

CONCHE - ¡Por dónde ha de andar!, la Virgen de Caacupé, ¡protegeme! Te mando la promesa de irme a pie a tu iglesia, con un cántaro de agua sobre la cabeza, para dar de tomar a todo lo promesero que tengan sed... ¡Que no le pase nada, Virgencita! (Entra corriendo por lateral derecha Chipí, con la ropa de juego toda desgarrada).

CONCHE - ¡Dios mío, Chipí, mi hijo, qué te pasó! ¡Qué te hicieron!

CHIPI - (Sofocado, busca aturdidamente dónde esconderse. De pronto): No, mamá... ¿dónde está la escopeta? (Entra en la pieza a buscarla).

CONCHE - ¿Qué te pasa? Pedro llevó la escopeta, se jueron a buscarte, allí se van, qué te pasa, voy a llamarle... (Falso mutis a la izquierda). ¡Pedro!... ¡Pedro!

CHIPI - (Ansioso). No, mamá, dejale, callate..., voy a esconderme. (Toma un pantalón y una campera y se viste rápidamente, mientras sigue el diálogo).

CONCHE - ¿Porqué, qué hiciste?

CHIPI - Nada, mamá, eso infelí dice que me vendí..., voy a esconderme... (Busca un escondite, sin encontrarlo, pero Conché le muestra un trasto al costado del vestíbulo).

CONCHE - Aquí, mi hijo, aquí voy a poner estas cosa encima. (Chipí se esconde y ella acumula otros objetos encima).

HINCHA 1 - (Que entra por lateral izquierda con un machete en la mano). Por aquí habrá venido ese bandido.

CONCHE - ¿A quién busca?

 

(Entran ruidosamente tres "hinchas" más, trayendo a empujones a Don Pedro, a quien han despojado de la escopeta. Todos traen armas, cuchillos, garrotes).

 

HINCHA 2 - Buscale en el cuarto, por allí se habrá metido, debajo de la cama.

 

(Dos se precipitan hacia la pieza y revuelven ruidosamente).

 

DON PEDRO - Ya les dije que aquí no está, y también les dije que nunca se va a vender Chipí.

HINCHA 1 - Callate, viejo caracha, decí pues dónde se metió ese infelí.

CONCHE - Caracha ha de ser vos, ¡anquilostoma!, que vení a atropellar mi casa.

HINCHA 2 - ¡Vamo a atropellar todo para agarrar a ese vendido!

CONCHE - ¡Agarrale pue entonce, si podé, individuo!

HINCHA 2 - Para qué vamo hablar de varde con esto, seguro que ya guardaron la plata... vamo a buscar al otro.

HINCHA 1 - Cierto, vamo a dejarle a esto, pero vamo a agarrarle a ese traicionero.

HINCHA 2 - Andate vos a darte la güelta por el patio del juez, y nosotro no vamo por aquí. Vamo a encontrar despué frente al depósito grande del comisario.

HINCHA 1 - Vamo rápido, que no llegue a agarrar el monte, allí es muy vaqueano.

 

(Los hinchas 1 y 3 se dirigen para salir por lateral derecha).

 

DON PEDRO - ¿Y van a robar también mi escopeta?

HINCHA 2 - Robar... robar... No somo como vo. Dejale esa porquería.

 

(El Hincha 3, que tiene la escopeta, la tira despectivamente al suelo, y salen por la derecha con el Hincha 1).

 

HINCHA 2 - Vamo nosotro por acá. (Van para salir con el Hincha 4 por lateral izquierda, cuando se encuentran con don Luis y Anastasio que entran).

DON LUIS - (Entra furioso por lateral izquierda, seguido de Anastasio, que lleva en la mano la copa-trofeo). ¿Dónde se ha metido ese bandido?

HINCHA 2 - Nosotro le andamo buscando también, mi comi.

DON LUIS - ¿No vino por acá?

HINCHA 2 - Aquí ya revisamo todo, pero ahí se jué una patrulla por ese lado y nosotro vamo por acá.

DON LUIS - No se tiene que salir con la suya de ninguna manera. Tiene que recibir su merecido, ejemplarmente... ¡Jee, ahora se quiere ir con la plata!...

ANASTASIO - Y tenemo que hacerle declarar... no vamo a perder así no má la copa. (La enseña).

DON LUIS - ¿Perder la copa?, ¡pero qué esperanza, para eso estamo aquí, para hacer respetar el principio de autoridá! Lleve ya de una vez esa copa y haga grabar allí el nombre de nuestro glorioso clú.

ANASTASIO - ¿Vamo hacer grabar ante de presentar la protesta?

DON LUIS - ¡Por supuesto! Haga grabar allí el nombre del clú, por cuenta de la comisaría... ¡Para que mandamo si no vamo hacer lo que queremo!

HINCHA 2 - ¡Oh, mi comí, esta clase de deportista es lo que lleva adelante nuestro glorioso colore!... (Al otro hincha). ¡Vamo a traer a ese arruinado! (Salen por lateral izquierda).

ANASTASIO - Muy bien, señor comisario, lo único que nos falta ahora es encontrar otra vez al réfere que entró en monte.

DON LUIS - ¿Y acaso los "Presidente" no entraron también en el monte?

ANASTASIO - ¡A toda bala!, ni la ropa se llevaron.

DON LUIS - Y güeno, los bicho le hacen salir a la vacas del monte, y ahora los "Presidente" le han de hacer salir al réfere.

ANASTASIO - Pero si le encuentra... (mímica que indica degüello).

DON LUIS - ¡A la pucha!... Y..., ¿le necesitamos, eh?

ANASTASIO - Usted sabe, señor comisario, si el réfere está con nosotro... Despué, (significativamente) con la influencia que usted tiene sobre él... ¡A la pucha!, si usted le pide con güenos término, va decir que los "Presidente" abandonaron la cancha, y que vio cuando se repartía la plata.

CONCHE - ¡Jesú, mi Dios, eso es mentira!, si el réfere dice eso, yo mismo le he de arreglar la caracha.

DON PEDRO - Callate, Conché, ya so vieja, no tené diente, tené que callarte.

DON LUIS - ¡Eso era!, lo que no tiene diente, tiene que aprender a tragar sin morder..., ¡y mucho respeto a la autoridá!... Vamo a liquidar ese asunto.

ANASTASIO - Vamo aquí a la casa del Juez para hacer la protesta.     

DON LUIS - Eso era, y vamo a mandar uno agentes para que le busque al réfere, para má garantías. (A don Pedro, con rencor). Con usted ya vamo arreglar despué ejemplarmente!... (Sale con Anastasio por lateral izquierda).

 

(Desde el promedio de la escena anterior, Marta aparece al paño, derecha, primer plano. Así han salido los otros, don Pedro recoge la escopeta tirada, revisa la carga de espaldas al público, y luego entra resueltamente al rancho).

(Sale Marta enjugándose las lágrimas. Al hacerse ver por Conché, le pregunta con el ademán, si no queda nadie).       

 

CONCHE - Ya se jueron.

MARTA - (Se precipita repentinamente a los brazos de Conché). Ña Conché, ña Conché, no es cierto lo que dicen.

CONCHE - ¡Claro que no es cierto!

MARTA - ¡Chipí no se vende, no ha de entregar a sus amigos, y meno por plata!

CONCHE - ¡Dios no libre!, eso no ha de hacer.

MARTA - Es por culpa de esa mujer..., ella tiene la culpa, ña Conché.

CONCHE - (Curiosa, trata de alejar a Marta del lugar donde se encuentra Chipí, para que no oiga). Qué mujer, Martita, decime.

MARTA - Esa Lola, ña Conché, le hizo alguna cosa, porque desde entonce él está loco, emborrachándose, sin querer saber nada de nadie.

CONCHE - (Trata de alejarla más, pero Chipí saca la cabeza para escuchar). ¿Qué le hizo, cómo sabé vo?

MARTA - (Con rabia). ¡Cómo no voy a saber si solamente dice su nombre cuando está borracho!... (Se enternece otra vez). Pero Chipí es güeno, ña Conché, yo sé que el pobre es güeno, ¡Dios mío, si yo puedo hacer alguna cosa para librarle de su quebranto!

CONCHE - (Ahora trata de acercarla hacia donde está Chipí para que él oiga. El mete la cabeza). ¿Le queré, verdá mi hija?

MARTA - (Se le abraza llorando). Sí, ña Conché.

CHIPI - (Sale ruidosamente de su escondite). ¡Martita... Martita!

CONCHE - (Alarmada). ¿Por qué salí?

MARTA - ¡Jesú, Vo estaba ahí! (Vuelve avergonzada la cabeza).

CHIPI - Martita, perdoname.

MARTA - ¡Andate, andate, escondete!, ahora no má van a venir otra ve.

DON PEDRO - (Sale precipitadamente). ¿Qué pasa?... ¿Quién viene? (Trae en la mano la escopeta. Ve a Chipí). ¡Eh!, ¿por dónde viniste?... ¿No te hicieron nada eso miserable, mi hijo?

CHIPI - Nada, papá, estaba escondido.

DON PEDRO - Y ahora, ¿qué va a hacer?

CHIPI - Me voy al monte..., y despué, me voy...

DON PEDRO - No hace farta que te vaya lejo, vo sabé que esto se va arreglar...

CHIPI - No, papá, me voy...

DON PEDRO - ¿Te queré ir sin falta?

CHIPI - Sí.

DON PEDRO - (Asiente grave con la cabeza). Sí, mi hijo, ya sabía yo que a vo te entraba la gana de camino... A mí me pasó lo mismo, pero no sé qué cosa es. Parece un sueño que te dice cada noche que vos no está aquí, que vos está en otra parte... Cuando te despertá, no te acordá má del sueño, pero te poné a mirar para todo lados, y de repente te da cuenta que el cielo no se acaba sobre el monte y que el camino te mira como una linda mujer que tiene la cara tapada... Entonce, si no tené una raí grande, te va..., y a nosotro lo paraguay, que apena tenemo raí, nunca farta un señor comisario que cada día te da un hachazo en la raíz... (Con la cabeza agachada se sume en los pensamientos, pero de pronto mira la escopeta que tiene en la mano). Güeno, te voy a poner uno cuanto cartucho... (Entra precipitadamente en la pieza para ocultar su emoción).

 

(Chipí se ha quedado callado, sin saber qué responder, y todos los demás quedan suspendidos).

 

CONCHE - (interrumpe el silencio con voz tímida). ¿Y te va ir así no má?

CHIPI - Ahora tengo ocasión. Todo me salió mal... me voy. Mamá, liame en mi poncho mi cosas.

CONCHE - (Hace un ademán de protesta, y se dirige hacia la pieza). Pero, Jesú, por qué no esperamo...

CHIPI - Ante de irme, Martita, quería decirte una cosa...

MARTA - ¿Qué?

CHIPI - Que he de volver, y entonce si puedo empezar otra ve...

MARTA - ¿Qué?

CHIPI - No me he de olvidar que so mi bendición. Que cuando me caía me recosté por vos..., y ahora, despué que pasó todo, hasta me parece que mucha vece me caía para recostarme por vos.

MARTA - (Se le aproxima). ¿Qué queré decir, Chipí?

CHIPI - Que ahora cuando me voy, te miro, y me parece que... el señor comisario no me cortó esa raí que me rejunta con vos. Parece que estaba escondida...

MARTA - ¿Por qué decí eso ahora?...

CHIPI - Te digo, porque he de venir otra vez. Me voy para que pueda olvidar a ese que se murió hoy trotando cansado detrá de la pelota... Me voy... así cuando venga y te diga todo lo que tengo que decirte, ya no vas a tener desconfianza.

CONCHE - (Ha hecho un lío con el poncho y lo ata de tal manera que se lo puede llevar a la bandolera. En dos bolsitas pone algunos víveres). ¡Jesú, tanto apuro! (Vuelve a revolver cosas).

MARTA - No, Chipí, no hace falta que venga otra ve... Chipí, llevame con vos.

CHIPI - ¿Qué?, ¿qué queré decir?

MARTA - Llevame con vos...

CHIPI - Pero ahora me voy al monte, no sé a dónde me voy.

MARTA - Y güeno, yo me voy con vos, ¡no me deje!

CHIPI - ¿Pero vo sabé lo que decí, Martita?

MARTA - Sí, demasiado ya me hiciste llorar para que te deje ir otra vez... Mirá, yo voy a buscar los caballos de papá; la yegua luego es mía, él me regaló. Mirá, voy a llevar hasta la tranquera del piquete, allí me esperá.

CHIPI - (La toma por los hombros y la mira profundamente). Te animá a atropellar el monte, y todo eso que no sabemo, así desnuda, con las mano sola, y dar siempre todo.

MARTA - Vos sabé que me animo.

CHIPI - Entonce, ya sé por qué el comisario no pudo cortarme esa raí; porque vo so este valle, esta mi tierra, que aguanta todo, que da todo, que siempre espera, y que por eso nunca puede salir del corazón... ¡Vení, paloma, vamo! (Se abrazan).

CONCHE - (Trayendo los bultos, los mira asombrada, pero no hace comentarios). Me parece que no falta nada.

CHIPI - Traé mamá. (Se lo cuelga al hombro).

DON PEDRO - (Sale de la pieza con la escopeta y una cantidad de cartuchos en un trapo). Aquí está, con bala y con munición.

CHIPI - Gracia.., papá, mamá..., Martita y yo no vamo juntos... Queremo su bendición.

CONCHE - ¡Jesú, mi Dios, qué va hacer!

DON PEDRO - ¡Jum!!, pensá un poco Chipí, en esto caso la mujer es mala carga.

CHIPI - No ha de ser mala carga si da gusto llevar..., ya hemo de encontrar dónde ir y dónde estar, como vo dijiste, el cielo no se acaba sobre él monte.

DON PEDRO -Y güeno, mi hijo, por aquí, casi así no má empezamo todo, que Dios lo bendiga a los do. (Los bendice).

CONCHE - Pero ahora sí que tené que esperar la noche...

CHIPI - No, mamá, ya va siendo oscuro, y ahora tenemo do caballo. (La abraza).

CONCHE - Adió, mi hijo, que Dios te bendiga, y a vos también Martita. (La abraza y los bendice).

CHIPI - (Pasa el bulto a Marta y él empuña la escopeta, y al salir por lateral derecho): Nadie nos va atajar... Hasta la güelta.

MARTA - Hasta la güelta. (Al salir detrás de Chipí).

DON PEDRO y CONCHE - Adió..., adió, mis hijos... (Los miran ir). (Quedan mirando silenciosos el camino de partida. Conché se enjuga las lágrimas con la punta de la bata).

DON PEDRO - Se jueron...

CONCHE - (Asiente con la cabeza, resignada, y sigue llorando).

DON PEDRO - (Le pone un brazo encima de los hombros). No llore..., así no má tiene que ser...

CONCHE - (Asiente callada en la misma forma).

DON PEDRO - No quedamo solo otra vez...

CONCHE - (Vuelve a asentir callada).

DON PEDRO - Así no má tiene que ser..., vení, sentate acá, mi pobre vieja. (La conduce hasta un banco y ella se sienta) - ¿No queré que te haga mate?

CONCHE - (Dice que no con la cabeza). ¿No le han de agarrar?

DON PEDRO - ¡Qué esperanza! Es baqueano el mozo.

CONCHE - ¿Por qué no quiso esperar la noche?

DON PEDRO - Ya es oscuro. (Enciende el farol, mientras sigue    la acción).

CONCHE - (Siempre enjugándose lágrimas). Por culpa de esa otra mujer...

DON PEDRO - Por culpa de cualquier cosa... (cuelga el farol y se sienta en una silleta). Nosotro lo paraguay somo como eso camalote. Te pasa el río por abajo, y te dice: " ¡Adió, vamo pue!" Pasa por el agua la figura de las nube; ¡parece barco! Y vo apena está prendido no má... Cualquier viento juerte y te va...

CONCHE - ¿Adónde?

DON PEDRO - Te va buscar tu esperanza. El valle no da para tu semilla de esperanza. Los hombre somo de carné, y somo de ilusión. La carne llevamo a cualquier parte, a los obraje, a los yerbale..., pero buscamo el má lindo, el má seguro lugar para plantar la ilusión. (Con énfasis): ¡por eso nadie planta la ilusión en la tierra ajena! Por eso aquí no crece la raíz, estamo prendida no má, y cuando te llega el tiempo, por cualquier cosa te va....

CONCHE - ¡Dios mío!, pero ¿por qué pasa todo eso?

DON PEDRO - Porque no nos dejan tener raíz, porque estamo prendido no má. ¡Ja! Y en la vida siempre necesitamo un tambo; estar atado con un lazo por un tambo, pero el lazo tiene que estar trenzado con tu mismo gusto y con tu misma ilusión, porque si no, no aguanta.

CONCHE - ¿Por qué no le dijiste todo eso a Chipí antes que se vaya?

DON PEDRO - ¡Je, je!, porque no va a entender... él cree que se va solamente por la pelota, por el comisario, por la mujer, y se va por eso; pero no sabe que atrá de todo eso está la ilusión..., es como un juego en la noche oscura de eso desierto. Te encandila, te estira, te empayena; hasta que salí de tu rumbo y te va hacia el juego misterioso.

CONCHE - ¡Yo luego no quería que creciera!

 

(Entran por lateral izquierda don Luis y Anastasio. El primero lleva en la mano un papel de oficio enrollado).

 

DON LUIS - Con esto sí, ¡je!, ahora no má lo "Presidente" van a ganar el partido, ¡eso es lo que vamo a ver, je, je, je!

ANASTASIO - Está bien nuestra protesta, no hay nada hacer.

DON LUIS - ¡Pero es formidable ese nuestro señor juez, pero qué pronto no má entiende todo!. ¡Para él no hay nada luego que cuesta!

ANASTASIO - Así son luego lo funcionario competente.

DON LUIS - No, ¡eso no se discute! ¡A la pinta!, cómo luego va   estar mal la protesta, si hicieron un contador público, un señor juez y un "señor comisario"!

ANASTASIO - No se puede errar.

DON LUIS - ¡Ni a cañón van a salirse con la suya! ¡Qué ejemplo!

ANASTASIO - Lo único que farta es la firma de aquí, don Pedro.

DON LUIS - Claro, para eso vinimo. El juez dijo que sería güeno que él también firme, así nadie va poder decir macanadas. (A don Pedro). Compadre..., una palabrita.

DON PEDRO      - A mí me llama, señor comisario?

DON LUIS - Y sí pue; ¿dónde hay otro mi compadre aquí?

DON PEDRO - Ah, pero yo creía que usted se había olvidado.

DON LUIS - ¡Eh, pero cómo me voy a olvidar! Gúeno, compadre, queremo su colaboración, que ponga un poco acá tu dedo grande no má. (Le muestra donde en el papel).

CONCHE - ¡Pedro!..., ¡cuidado con eso que te quieren hacer!

DON LUIS - ¡Pero qué es lo que se le va hacer! ¿Acaso se le pide plata?..., se le pide que colabore con la autoridá, con el dedo nada má..., ¡pero esto opositore no quiere poner ni el dedo para ayudar la obra del gobierno!

 

(Entra desolado por lateral derecha el Hincha 1).

 

HINCHA 1 - ¡Mi comisario, mi comisario!...

DON LUIS - ¿Qué hay, qué pasa?

HINCHA 1 - ¡Ahí Chipí, en tu moro, a toda bala se va para el lado del monte! ¡Polvadera solamente se ve!

DON LUIS - ¡Ay, jué pete!, en mi moro, ¡ese miserable!

HINCHA 1 - Y en tu yegua se iba con él tu hija Martita.

DON LUIS - ¡Ay juna gran! ¡Eso sí que es cuatreraje! (Se abalanza sobre don Pedro y lo zarandea por la camisa). ¿Y usted qué dice, individuo?

DON PEDRO - Yo, este..., señor.

DON LUIS - (A gritos). ¡Dígame, qué es esto, individuo!... ciudadano!

DON PEDRO - Yo, no sé, señor comisario.

DON LUIS - ¡Cómo no va saber!... ¡Llevarme a mi hija y dos caballos! (Lo suelta y se dirige al Hincha 1). ¡Vaya a la comisaría y que salga una comisión!

HINCHA 1 - Pero tu agente se jueron todo a buscar al réfere, y se queda uno solo en la comisaría, con un jusil boli que no tiene má ni gatillo...

DON LUIS - ¡Hasta eso má! ¿Qué podemo hacer Anastasio?

ANASTASIO - (Perplejo). No sé, señor comisario. ¿Por qué no consultamo con el señor juez?

DON LUIS - (Se le ilumina el rostro). ¡Eso era! (Al Hincha 1): Vaya a llamar de inmediato al juez, dígale que venga con todo su libros.

HINCHA 1 - ¿Con todo su libros?

DON LUIS - ¡Con todo su libros, con tinta, lapicero, varia plumilla de repuesto y papel sellado!

HINCHA 1 - ¡Ay jué pete!, ¡aquí se junde Chipí Gonzale! (Sale corriendo por lateral derecha).

DON LUIS - (Se pasea preocupado y enfurecido). ¡Pero qué vergüenza, qué vergüenza! ¡Qué atropello! ¡En qué queda el principio de autoridá! Pero esperate no má, yo te voy a arreglar la caracha... ¡No se va salir con la suya!

RAMON - (Entra por lateral izquierda). Güena noche.

 

(Sólo contesta con claridad Anastasio. Don Pedro y ña Conché lo hacen muy a medio tono, pues de nuevo se sienten en desgracia, sin ninguna de las "garantías" constitucionales. Don Luis ni ha oído).

 

ANASTASIO - Güenas noches.

RAMON - Señor comisario, el señor comisionado del Nacional desea conversar con usted unas cuantas palabras antes de volver en el camión... (Don Luis no responde, está furioso y sumamente preocupado. Se pasea).

RAMON - (Prosigue un tanto desconcertado). Quería despedirse de vo, mi comisario, ante de irse otra ve... (Pausa..., no se le contesta). Dice que el asunto de la transferencia se va a quedar para despué... dice que ya no tiene interé, dice. Y eso todo porque le vio jugar un partido buche, ¡isch! (Anastasio le hace señas de que se calle, pero Ramón no adviertes y sigue alegando por su amigo). ¡Acaso en todo los partido luego se mete gol de media cancha!... ¡No pue, mi señor (ridiculizando) "comisionado", mi señor "cajetillo"! Una ve se mete gol con la cabeza, otra ve con las pata, y otra con el réfere. ¡Todo los día no es Santa María! Yo le dije que él vio un mal partido de Chipí, ese no es su juego... ¡Hay que ver cómo chulea y el tapón que tiene! (Acercándose más a don Luis a pesar de las señas de Anastasio). ¿No es verdá mi comisario?

DON LUIS - (Ya no puede contenerse, estalla): ¡Déjemen en paz... no quiero saber ma nadas!... Aquí tiene su protesta. (La rasga y se la tira a Anastasio). Haga lo que quieran. ¡Si quiere vender a Chipí primero hay que montearle!

RAMON - (Desconcertado). Está bien... si usted dice, mi comisario...

(No entiende lo que pasa).

DON LUIS - Güeno, ¡no quiero ma discusione! Váyanse todo de aquí. (A Anastasio). ¡A usted también le digo!

ANASTASIO - (Amilanado). Güeno, señor comisario, ya no vamos. (Retroceden rápidamente para salir con Ramón por lateral izquierda).

 

(El juez es hombre enjuto y de rostro cínico. Traje casimir tropical muy usado, con zurcidos y lamparones. Corbata descolorida, camisa deshilachada, anteojos, viejo sombrero de fieltro. Entra con paso más rápido de lo que le permiten sus fuerzas. Lleva debajo del brazo una serie de libros para asientos y consultas, y colgando de una liña una botellita con tinta).

 

JUEZ - (A todos). Buenas noches... (Sin más ceremonias se dirige al comisario). Señor comisario... (sofocado). He venido lo más rápido que pude para servirlo, señor comisario.

DON LUIS - Sí, señor juez, un caso grave.

JUEZ - (Muy interesado, cobra empaque). Aplicar la ley, aplicar la ley, y si es necesario, la sabia interpretación de la ley...

DON LUIS - Chipí González se escapó con mi hija, y me llevó do caballos.

JUEZ - (Profesional). Rapto y cuatreraje.

DON LUIS - ¿Qué hacemo, señor juez?

JUEZ - Según la ley, podemos escribir la denuncia.

DON LUIS - ¿Denuncia, para perseguirle?... ¡Pisch! ¡Yo le persigo sin denuncia!... Yo quiero agarrarle por algún lado, ya que no le puedo agarrar con la mano.

JUEZ - ¡Ah!, entonces tenemos que proceder según la sabia interpretación de la ley.

DON LUIS - Yo necesito que ese infelí que no se salga con la suya...

JUEZ - Muy sencillo. Si Chipí González se casa con su hija, no hay rapto, ni puede robarle los caballos, porque según el código penal, los hijos no roban a los padres.

DON LUIS - ¡Qué formidable!, entonces él se embroma. Roba lo caballo, y no puede robar lo caballo, roba la mujer, y no puede robar la mujer...

JUEZ - Eso mismo.

DON LUIS - ¿Y podemo casarle nosotro?

JUEZ - (Mostrando los libros). Aquí está mi herramienta; ¿procedemos seguidamente?

DON LUIS - Inmediatamente.

 

(El juez busca un lugar donde escribir sobre uno de los bancos, se sienta en la silleta, escoge uno de los libros, lo abre).

 

JUEZ -        ¡Luz! (El Hincha 1 toma el farol y lo sostiene. El juez le pasa el tintero para que también lo tenga). ¿Cómo se llama Chipí?

DON LUIS - Cipriano González, alía Chipí.

JUEZ - (escribe)... paraguayo, soltero, menor de edad... (mirando por sobre el anteojo a don Luis), ¿su padre don Pedro González concurre a dar la venia?

DON LUIS - ¡Claro, claro!

JUEZ - Muy bien, o si no, le otorgo la supletoria, eso es lo de menos... (escribe). Marta Benítez, paraguaya, soltera, etc., eso lo llenamos después...

CONCHE - ¿Qué están haciendo?

DON LUIS - Ahora en seguida ya van a saber.

JUEZ - (Se levanta con el libro, busca un folleto). Vamos a proceder al acto..., los contrayentes, pónganse aquí enfrente. (Se pone en el lugar señalado don Luis). Muy, bien, ahora voy a recibir las declaraciones de rigor... Señor don Cipriano González, ¿acepta usted por esposa y mujer a doña Marta Benítez?

DON LUIS - Si, acepto.

JUEZ - Doña Marta Benítez, ¿acepta usted por esposo y marido a don Cipriano González?

DON LUIS - Sí, acepto.

JUEZ - Por tanto, en virtud de las facultades que me acuerda la ley, os declaro marido y mujer... La ley dice que seguidamente el oficial público dará lectura a los artículos 50, 51 y 53 de la ley de Matrimonio Civil, pero como no se permite alegar la ignorancia de la ley, interpretando sabiamente, excuso la lectura... (Se aclara la voz). Ahora, señores, procederemos a firmar el acta... Por Chipí González y Marta Benítez, a ruego por no saber firmar, queda por mi cuenta... Ahora usted don Pedro, debe firmar aquí por la venia que acuerda... (Le señala un lugar en el libro).

DON PEDRO - ¿Y qué es lo que tengo que firmar?

JUEZ - Lo que ha oído. El acta de matrimonio entre su hijo Chipí y Marta Benítez.

DON PEDRO - ¿Pero se realizó el matrimonio?

DON LUIS - ¿Y no ve usted?, ¡pero qué inorancia! La instrución púlica... ¡Qué falta hace la instrución púlica!

CONCHE - ¿Se casó entonce Chipí?

DON LUIS - Ahora se está casando.

CONCHE - ¡Dios mío, y ni una musiqueada siquiera!

DON LUIS - ¡Güeno, firme pue!

DON PEDRO - Pero yo no sé firmar.

JUEZ - (Saca del bolsillo una almohadilla de sellos). Para mayor veracidad, el dedo. (Le toma el pulgar y lo entinta).

CONCHE - Pedro, ¿qué va hacer? (Pedro se encoge de hombros y deja que apliquen el dedo al libro).

JUEZ - Muy bien, ahora la venia por la menor... Usted, señor comisario. (Le pasa la pluma, pero don Luis le ofrece el dedo). ¿Pero acaso usted no suele firmar, señor comisario?

DON LUIS - Ah, ¿tengo que firmar? (Se inquieta). Güeno, entonce... ahora despué en mi despacho. Yo... yo soy muy delicado para firmar.

JUEZ - Muy bien, los otros testigos y demás quedan por cuenta... (Cierra el libro). Señores, la ceremonia ha terminado, no me queda sino felicitar a los contrayentes y desearles largos años de unión y ventura. (Le pasa la mano a don Luis).

DON LUIS - Mucha gracia, señor juez. La colaboración y el entendimiento entre la autoridades, es lo que hace marchar este país.

JUEZ - Se entiende, no faltaba más. Dígame... ¿mis honorarios quedan a cargo de la familia del novio?

DON LUIS - No, señor juez, eso lo arreglamo nosotro: el primer preso güeno que caiga, paga todo...

JUEZ - Perfectamente.

DON LUIS - (Pasa la mano a don Pedro). Güeno compai, para que usted vea como entre compadre se arregla todo, nuestro pleito también se arregló.

DON PEDRO - (Perplejo, le pasa la mano). Así es, así es...

DON LUIS - Güeno, ña Conché, hora todo somo una sola familia. Felicidade (La abraza).

CONCHE - Gracia... ¿Ya puede venir otra ve Chipí?

DON LUIS - ¡Claro, ahora también es mi hijo, goza de toda la garantías, si alguno dice que se vendió, yo le voy a arreglar la cuenta!

CONCHE - Pero qué suerte, ahora no má hemos de saber dónde se fue para mandarle decir.

DON LUIS - ¡Güeno, ja, ja, ja,! Todo se arregla en familia. ¿No quieren venir a mi casa para festejar? ¡Vamo pue, con juez y todo!

DON PEDRO - Güeno, no vamo enseguida. Voy a ponerme un poco otra ropa.

DON LUIS - Güeno, le esperamo.,. ¡Hasta luego!

DON PEDRO y CONCHE - Hasta luego... (Salen don Luis, Juez e Hincha 1 por lateral izquierda).

 

(Ambos quedan en silencio sin comprender aún totalmente...).

 

CONCHE - ¡Qué suerte, Chipí va venir otra vé!

DON PEDRO - No sabemo... el no más se quería ir...

CONCHE - Pero ahora tiene garantía...

DON PEDRO - Sí, pero quién sabe si va venir..., pero, no te apure, la vieja, así no má tiene que ser... El se va contento, él cree todavía que la vida es linda, entonce, la vida es linda para él... (La palmotea cariñosamente). Andá la vieja, traeme esa camisa limpia...

 

(Conché entra en la pieza. El empieza a sacarse la que tiene puesta, pero a medida que procede, los pensamientos se apoderan de él y va retardando la acción. De pronto expresa asombro, y empieza a reír cada vez más fuerte).

 

CONCHE - (Sale con la camisa y se la tiende. Don Pedro se va prendiendo la limpia, sin dejar de reír). Pero ¿por qué te reí así?... ¿Qué te pasa?... Decime...

DON PEDRO - ¡Pero ya ni vo te acordá má!... Ese casamiento no vale. (Le pone una mano sobre el hombro). ¿Vo no te acordá má que Chipí no se llama González?... Cuando yo te encontré en esos disierto montes del Alto Paraná, Yo ya le tenía Chipí. El es hijo de aquel Torre que se perdió en el monte y se murió.

CONCHE - Sí, es hijo de Torre.

DON PEDRO - Entonce Chipí no es González, sino Chipí Torre. ¿Entendé? Entonce todo lo que se escribió en el libro no vale para nadas...

CONCHE - ¡Eá, mi Dios!...

DON PEDRO - (Toma el farol y va para salir por lateral izquierda). ¡Pipu!..., ¡vamo a fetejar el casamiento de alguno que se llama Chipí González!

 

(Salen). ¡Ja, ja, ja!

 

 

SAUL y MOM

 

MOM - (Entra por lateral izquierda con un grueso volumen que lleva hojeando en las manos. Saúl lo sigue interesado). Torres, Torres... Torres Ciriaco... (mueve desconcertado la cabeza), lo he buscado en todos los ficheros y no figura, ni siquiera en esta lista especial de casos dudosos... (abandonando la búsqueda), no, no está; decididamente Cipriano Torres, alias Chipí, no figura, y eso que yo estaba seguro de que iría al infierno.

SAUL - ¿No se condena entonces?

MOM - Yo no sé qué será de él.

SAUL - Ni yo; es desconcertante..., un demonio, un ángel, un omnipotente comisario, un ladino juez, un club de fútbol, una mujer, todos queriendo en alguna forma agarrar a Chipí, y se nos escapa a todos.

MOM - No hemos previsto todas las posibilidades. Se nos escapó por un agujero no vigilado.

SAUL - Es que nunca podremos tapar todos los agujeros.

MOM - ¿Por qué?

SAUL - Porque allá en el fondo mismo del hombre Dios puso un taladro loco que puede hacer un agujero en cualquier parte.

MOM - ¿Qué es ese taladro?

SAUL - ¡Qué cosa es, no lo sabe nadie... pero le llaman la libertad!

 

 

TELÓN

 

 

 

 

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