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HUGO RODRÍGUEZ ALCALÁ


  LOS MODERNISTAS DE LA REVISTA JUVENTUD - Ensayo de HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ


LOS MODERNISTAS DE LA REVISTA JUVENTUD - Ensayo de HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ

LOS MODERNISTAS DE LA REVISTA JUVENTUD

Obra de HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ

 

A comienzos de 1923 apareció en Asunción la revista Juventud fundada por un grupo de jóvenes ansiosos de afirmar valores intelectuales en la vorágine de pasiones políticas que estremecía la república. Hacía casi dos años que las disensiones internas del partido en el poder habían desencadenado la anarquía; el golpe de estado del 29 de octubre de 1921 obligó a renunciar al presidente Manuel Gondra; el vicepresidente, Félix Paiva, no pudiendo formar un gabinete, renunció a su vez. El Congreso eligió presidente, entonces, al Dr. Eusebio Ayala, el cual pronto se vio en conflictos con quienes lo llevaron al poder, al vetar una ley de convocatoria de elecciones. Se sublevaron los coroneles Adolfo Chirife y Pedro Mendoza y comenzó una guerra civil que derrocó al Dr. Eusebio Ayala. El 9 de julio de 1923 Asunción fue atacada por las fuerzas del coronel Mendoza, para entonces jefe militar de la revolución por fallecimiento de su colega. Vencidas las fuerzas rebeldes, el presidente provisional decretó la disolución del Congreso. Por fin, restablecida la paz interna, el 15 de agosto de 1924 asumió la presidencia uno de los mayores estadistas paraguayos, el Dr. Eligio Ayala, el cual restauró las finanzas y adoptó una política de conciliación gracias a la cual el partido de la oposición fue persuadido a intervenir en el parlamento, renunciando así a su actitud abstencionista.

Este mismo gran presidente fue quien dijo que en el Paraguay no existía preocupación religiosa, ni industrial, ni agrícola, ni guerrera, porque es un país en que se hace política y nada más que política. "Un grupo usufructúa el poder" -declaró-, "otro se esfuerza por adquirir el usufructo. Estas dos actividades antagónicas constituyen la política". (Migraciones, Santiago de Chile, 1911, pág. 49 y siguientes).

Pues bien: en tales circunstancias salieron a la palestra los poetas y prosistas de Juventud, en el año 1923. No es de extrañar que se iniciaran ajenos al movimiento continental de renovación literaria que a la sazón apasionaba a los nuevos escritores del resto de América. Carentes de maestros, en una ciudad sin bibliotecas públicas, con las clases superiores enteramente absortas en las luchas políticas, los de Juventud eran unos autodidactas que profesaban un modernismo desvitalizado y anacrónico ya, sin noticias siquiera de lo que era la literatura de vanguardia que pronto triunfaría con los grandes escritores que ahora son clásicos de América.

Por otra parte, dos de los poetas mejor dotados del grupo fundador de la revista fallecieron prematuramente antes de cumplir los veinticinco años. Raúl Battilana De Gásperi, nacido en 1904, murió trágicamente al año de la fundación de Juventud, y Heriberto Fernández, nacido en 1903, falleció en París en 1927, precisamente cuando en esta ciudad, desde la que enviaba colaboraciones a la revista, comenzaba a hacer una literatura acorde con las demandas estéticas entonces en vigencia.

Los demás poetas del grupo no evolucionaron, no pudieron liberarse del anacronismo modernista de su iniciación, y se malograron en la estéril porfía de hacer arte conforme al espíritu de una estética caduca. Sólo Hérib Campos Cervera, el benjamín del grupo, gracias a las influencias recibidas durante un exilio en Buenos Aires y Montevideo en que frecuentó los cenáculos vanguardistas, trascendió el rezago de su iniciación y llegó a ser el gran poeta guía de la llamada Generación de 1940. Pero esto aconteció muchos años después de la disolución del grupo de Juventud.

Debe también mencionarse el caso de Julio Correa, el cual, modernista en sus comienzos como sus compañeros de promoción, ocupa no obstante un lugar aparte en la historia de las letras de su país. En efecto, sin adherirse Correa a ninguno de los ismos de los años veinte -de los que acaso no tuviera sospecha de que existían-, reacciona contra la actitud de sus coetáneos imitadores de "los viejos poetas de Trianón y Versalles", y escribe poemas realistas sobre temas del campo y del suburbio y ataca a los que mandan con terribles anatemas vibrantes de pasión política. Por eso Correa no pertenece, hablando con todo el rigor, al grupo de Juventud y suele considerársele como poeta de transición entre el modernismo y el vanguardismo.

Ahora bien: si la promoción de poetas de Juventud puede considerarse malograda con la excepción de Campos Cervera, otra cosa sucede con los prosistas. Entre ellos figuran el gran historiador y ensayista Efraím Cardozo (1906-1973), que aplica una renovadora interpretación espiritualista a la historia de su patria, y el fino prosista Carlos Zubizarreta (1903-1972), ex director de Juventud, discípulo en su mocedad de Valle-Inclán y autor de varios libros de pulido estilo.

En lo que atañe a la poesía, en suma, el grupo de 1923, como el de Crónica, no dio de sí y mientras actuó como tal ninguna figura de primer rango, salvo la de Campos Cervera que se convierte en líder de un movimiento posterior. Por otra parte, la vida de Juventud fue efímera pues apenas duró tres años, hasta 1926.

En este capítulo no se mencionan nombres de escritores de activa participación en la obra de la revista pero que abandonaron la poesía y no dejaron tras sí más que obras primerizas de muy escaso valor.

BIBLIOGRAFIA: Carlos R. Centurión, Historia de las letras paraguayas, Vol. III, Buenos Aires, 1951; Rubén Bareiro Saguier, "Panorama de la literatura paraguaya" (1900-1959), en Panorama das Literaturas das Americas, Vol. III, Angola, 1959; Josefina Plá, el citado artículo "Aspectos de la cultura paraguaya. Literatura paraguaya en el siglo XX", en Cuadernos Americanos, año XXI, Vol. CXX, Enero-Febrero, 1962, y Roque Vallejos, La literatura paraguaya como expresión de la realidad nacional, Asunción, 1967.


HERIBERTO FERNÁNDEZ (1903-1927) fue la esperanza de gran poeta de su promoción; malogró su carrera literaria, precisamente cuando iniciaba una etapa nueva y decisiva de ella, una temprana muerte. Se educó Fernández en dos colegios religiosos de Asunción, el de Monseñor Lasagna y el de San José. Obtuvo su título de bachiller en esta casa de estudios. Hizo sus primeras armas en el Boletín de la Academia, en estrecha relación con otro poeta tempranamente desaparecido, Raúl Battilana De Gásperi (1904-1924). Dirigió la revista Juventud hasta abril de 1924, año en que partió hacia Europa para residir en París. Allí "es probable" -conjetura Josefina Plá- "que Fernández haya tratado a César Vallejo, por entonces en París. El fervor esencial del poeta, ansioso de autenticidad, vacila, sin embargo, en lanzarse de lleno al vórtice de las formas extremas que lo solicitan con la intensidad de lo intuitivamente esperado". Colabora en la Revista Latino-Americana editada en la capital francesa y, a la distancia, sigue escribiendo para Juventud. Es en París donde da a la estampa dos poemarios: Voces de ensueño (1925) y Visiones de égoglas (1926), títulos que por sí mismos indican que el malogrado gran poeta no se había emancipado hasta entonces del embrujo modernista. Falleció -como Güiraldes- en París, en 1927. Sus inéditos "Sonetos a la hermana" verán la luz cuarenta años más tarde, editados por Miguel Ángel Fernández, en la colección La piririta.

En Visiones de églogas suenan melodías simbolistas todavía muy fin de siécle y muy modernistas de comienzos de siglo:


Suenan vagas, lejanas,

con unciones cristianas

las voces aldeanas

de las viejas campanas...

("Campo„)


...Agonizan en lejanía

los vagos suspiros del día.

En mi alma la melancolía

preludia su tenue canción...

("Tarde de nostalgia")


Qué monótonamente

llueve.


El arrullo

perdido de la lluvia en el sendero

me aquieta con dulzura la ardorosa

frente...

("Arias grises")


Parece el poeta influido por el primer Juan Ramón Jiménez, el de Arias tristes. Pero hacia el final mismo de su corta vida ha cambiado su voz y hay como el anuncio de una poesía mucho más personal, mucho más original; tiene ahora el poeta una "inquietud nueva" acaso todavía no enteramente expresable dentro de "su pensar antiguo”.


Tú estás allí, alma, cubierta de infinito

junto a la cumbre de pasiones violentas,

y, que de lejos, es un azul de niebla.

-Mi inquietud nueva y su pensar antiguo.    

Tú estás allí, alma, transida de infinito.

No te preocupes de la carne maltrecha.

La sierra sabe de águilas y tormentas.

De aquí a tres meses ya nos habremos ido,

a saber todo o a no ser más tal vez.

Angustia loca del ser y del no ser.

Tú estás allí, alma, mística soledad.

Calla y medita. Incierto Más Allá.

No te preocupes de la carne maltrecha.

-Vamos que el viento sopla entre la arboleda.


Sólo tenía veinticinco años cuando falleció este poeta que pudo haber sido, con Hérib Campos Cervera, su coetáneo, no sólo la más alta expresión lírica de su generación, sino una figura importante en las letras de América.

LECTURAS: Visiones de églogas, París, 1925; Voces de ensueño, París, 1926; Sonetos a la hermana, Asunción, 1957.

BIBLIOGRAFIA: Walter Wey, La poesía paraguaya, Historia de una incógnita, Montevideo, 1951; Carlos R. Centurión, Historia de las letras paraguayas, tomo III, Buenos Aires, 1951; Josefina Plá, "Aspectos de la cultura paraguaya. Literatura paraguaya en el siglo XX", Cuadernos americanos, Año XXI, Vol. CXX, Enero-febrero, 1962.


VICENTE LAMAS (1900-1982), poeta laureado en los Juegos Florales organizados por la Municipalidad de Asunción en 1931 por el poema titulado "Asunción", es por temperamento un verdadero artista. Perteneciente a una gran familia patricia arruinada, tímido y sin ambición, hubiera llegado a ser, con un carácter más enérgico, un gran narrador y un poeta cabal. Escribió, esporádicamente, cuentos Inspirados y originales sin decidirse nunca a cultivar el género con el rigor y el tesón necesarios. Como poeta es autor de algunas composiciones reveladoras de una fina sensibilidad. Pero no se disciplinó, no se esforzó en ponerse al día con las nuevas corrientes. En lo que demostró gran energía fue en su conducta cívica, ejemplar por su desinterés y su hidalguía. El mismo se retrató, en un soneto, como hombre que "no sabe de vasallajes" y en una autosemblanza, como "izquierdista, pero no zurdo".

Fue Lamas víctima del rezago espiritual en que vivía su patria. En los años veinte y aún en los treinta, persistía un anacrónico, desvitalizado modernismo. Tuvo él como maestro a Herrera y Reissig y al primer Lugones cuando los tiempos ya eran de Neruda, Borges, Lorca. De aquí que en 1931, en buenos versos premiados en su poema sobre Asunción, Lamas diga:


Yo te diré en mi verso modernista,

en las estrofas de mi canto nuevo,

los gozos de mi alma alucinada

en las pascuas floridas del ensueño.


Como se ve, Lamas se llama modernista, en 1931, año de Residencia en la tierra, y, como modernista, cree que su canto es nuevo. Sin embargo, el poema tiene estrofas felices, como la segunda en que Lamas intuye en el nombre mismo de su ciudad natal, un augurio feliz para el futuro:


En tu nombre simbólico palpita

un futuro soberbio:

asumir y ascender, tal el destino

que traza el poder mágico del verbo.

Te acuna el río manso, tu Poeta,

con arrullos eternos,

y abraza tus rodillas su homenaje

azul, humilde y bueno...


Cuando se desentiende del Lugones de Los crepúsculos del jardín o del Herrera y Reissing de Los éxtasis de la montaña, y se atiene a lo que él directamente ve en la ciudad, en la aldea, prescindiendo de toda bisutería del baratillo modernista, entonces sí logra poemas finos, delicados, en los que capta la vigencia inmediata del paisaje, tales como "Momento":


Llueve en el campo. Desciende

sobre la aldea tranquila,

como un bostezo de tedio,

vaga y mansa la llovizna.


Bajo el alero de un rancho

de barro y paja amarilla,

chilla y canta un loro viejo

en una verde alegría...


El más conocido de sus poemas en metro de romance, sin embargo, no es éste ni ninguno de tema afín, sino la "Canción del miliciano guaraní", romance compuesto en 1937, en memoria de un compatriota caído durante la guerra española:


...Cesen sus hondos lamentos

melancólicas guaranias,

y estalle en notas heroicas

una polca paraguaya

en simbólico responso:

que ha muerto en tierras de España

José Aparicio Gutiérrez,

miliciano de la raza...

LECTURAS: La senda escondida, Asunción, 1954.

BIOBLIOGRAFIA: Carlos R. Centurión, Historia de las letras paraguayas, Vol. III, Buenos Aires, 1951, pp. 232-234; Rafael Oddone, "Vicente Lamas", Noticias, Asunción, marzo de 1943.


JOSÉ CONCEPCIÓN ORTIZ (1900-1972) nació en Valle Pucú y vivió toda su niñez en el campo. En una escuelita rural cursó los primeros grados; hizo sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Asunción, donde obtuvo su bachillerato en 1920. Se consagró poco después a la enseñanza del castellano en el Colegio Politécnico y, también, en el Colegio Nacional, del que fuera alumno. En 1925 asumió la dirección de la revista Juventud, y contó con la colaboración del gran dibujante Juan Sorazábal. Ya entonces un soneto suyo, escrito en la muerte del poeta Raúl Battilana, le había dado notoriedad, soneto que hasta se considera su mejor o una de sus mejores poesías, en cuyos últimos seis versos dice:


Hermano en el ensueño terco de la belleza,

un puñado de versos vuelco sobre tu huesa

y me voy. Yo no puedo ser mejor que la vida,


ni peor. Y me voy. Quizá, ante tu partida,

me invada un egoísta deseo de llorar

mucho... y sea poco para mi llanto todo el mar.


Hombre de campo por nacimiento e inclinación natural, la mayor parte de su producción poética es bucólica. "Campo" -ha escrito él mismo-:


Campo, fuera de ti soy grano estéril

de agrícolas estímulos privado;

mas en tu seno, como en un oasis,

revivo y crezco: siento sobre el hombro

el recio padrinazgo del destino,

y la ancestral legión a mis espaldas.


En 1935, Justo Pastor Benítez trazó en Río de Janeiro esta breve semblanza de Ortiz:


Es un panteísta. Este hombre serio y crédulo, traduce en versos de una sencillez natural, las palpitaciones del paisaje de la remota campaña donde reside. José Concepción Ortiz lee, pero por curiosidad porque como poeta está sumergido en la naturaleza risueña de su Valle Pucú, verdadera fuente de su inspiración. Se levanta temprano, contempla las maravillas del amanecer, oye el canto de los pájaros, ve brotar los cultivos y estallar la flor y entona su canción. O se queda extático ante los lánguidos crepúsculos, ve la huida irremediable del sol, espera el parpadear de las estrellas y ora por la madre, por la amada, por su alma, que es una parte integrante del Gran Todo. Es feliz porque tiene fe, que le consuela y le da fuerza, a este panteísta, que en la sociedad paraguaya tiene la bella e inútil misión del ruiseñor.


Muy estimado por sus amigos escritores, quienes lo elogian con un entusiasmo en que acaso predomine la admiración por los valores humanos del poeta, se han exagerado los valores estéticos de la obra. José Concepción Ortiz no es, en rigor, un gran artista. Es, sí, un poeta menor, de ágil versificación, como lo demuestra en "Amor de caminante", composición que da título a su único poemario, y que se publicó por primera vez en la revista Guarania. Y aun en este poema hay estrofas que suenan bien, sí, pero que son de gran pobreza imaginativa, cuando no de pésimo gusto:


...Bajo las lunas dulces de tus ojos

me sentiré feliz con tu cariño,

pues hallarán albergue mis antojos

en tu opulenta juventud de armiño.


Tus senos me darán calor de nido

para mis orfandades prematuras,

y mis ansias se habrán desvanecido

en el remanso azul de tus ternuras.

LECTURAS: Amor de caminante, Buenos Aires, 1943.

BIBLIOGRAFIA: Justo Pastor Benítez, Algunos aspectos de la literatura paraguaya, Río de Janeiro, 1935; del mismo autor, un capítulo especial en El solar guaraní, Buenos Aires, 1947; Carlos R. Centurión, Historia de las letras paraguayas, tomo III, Buenos Aires, 1951, pp. 213-215; Rubén Bareiro Saguier, "Panorama de la literatura paraguaya", Panorama das Literaturas das Américas, tomo III, Angola, 1959.


FRANCISCO ORTIZ MÉNDEZ (1901-1972), nacido en Asunción y educado en escuelas de esta ciudad, consagró toda su vida al periodismo. Colaboró en las dos revistas famosas de su generación, Juventud y Alas, y ganó dos primeros premios, uno en 1926 y el otro, el más importante, en 1931, en que fue aclamado "Poeta de la ciudad" en el Concurso organizado por la Municipalidad de Asunción. Hombre optimista y alegre, aporta a la literatura de su tiempo una nota insólitamente jubilosa, en contraste con la melancolía y el desaliento que predominan en la lírica contemporánea:


... ¡Alegría de vivir

bajo este claro cielo de zafir!


Su elocución es casi siempre exclamativa e interjecutiva como la de quien se siente arrebatado por esa "alegría de vivir" declarada en los pareados transcritos arriba:


¡Este divino fuego de nuestra juventud!

¡Esta fuerza inefable de optimismo y salud!


En su conocido soneto "Pluvial", el acento es de un parejo arrebato entusiasta:


¡Cristales de agua mansa! Caridad de la lluvia

has de calmar la sed de las reses cansinas,

fecundar la simiente, erguir la espiga rubia...


Ortiz Méndez no ha publicado sus versos en volumen, y su obra, desperdigada en periódicos y revistas, no es fácilmente accesible.  .

LECTURAS: "Nuestra Señora Santa María de la Asunción", "Pluvial". "Connubio glorial".

BIBLIOGRAFIA: Sinforiano Buzó Gómez, Índice de la poesía paraguaya, segunda edición, Asunción, 1959; Carlos R. Centurión, op. cit., Vol. II, pp. 244-245.

 

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HISTORIA DE LA LITERATURA PARAGUAYA

Por HUGO RODRÍGUEZ – ALCALÁ

©  HUGO RODRÍGUEZ – ALCALÁ / DIRMA PARDO CARUGATI

Editorial El Lector,

Asunción – Paraguay . 1999 (434 páginas) 

 

 

 

 

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