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NELSON ROURA


  NENÚFAR DEL SILENCIO (Poesías de NELSON ROURA)


NENÚFAR DEL SILENCIO (Poesías de NELSON ROURA)

NENÚFAR DEL SILENCIO.

Edición, notas y hemerografía de

MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ.

Prólogo de JOSÉ NEISTEIN.

Ediciones DIÁLOGO / Editorial EL AUGUR.

Cuadernos de la Piririta Nº 16.

Asunción – Paraguay 1996 (149 páginas)

 

 

PRÓLOGO

NELSON ROURA O LA EXPLICACION DEL RUISEÑOR

Una tarde de verano, en 1968, conocí a NELSON ROURA en Asunción. Nos acercó un amigo común, JUAN CARLOS DA COSTA. Y luego, la pasión por la poesía nos uniría para siempre. El destino fue cruel con Nelson y Juan Carlos: el primero, poco después sería llevado por la terrible enfermedad que lo atormentó; el segundo, sería muerto a tiros, pocos años después por los representantes de un injusto orden, que él tanto quería cambiar. Ambos eran jóvenes. Muy jóvenes. Y su sacrificio me hace recordar los sacrificios exigidos por los dioses de la antigüedad, cuando los escogidos eran siempre los mejores, a fin de aplacar sus insondables exigencias, y de rescatar, con su muerte, la vida de la comunidad.

Pocos fueron mis encuentros con Nelson, pero fueron marcantes, inolvidables. El tema de las conversaciones era siempre la poesía, sus problemas, su técnica, su alcance. Un poco de teoría, un poco de práctica. El denominador común dispensaba minucias; ellas ya estaban sobreentendidas, y sólo las grandes líneas importaban. En esos pocos encuentros, Juan Carlos siempre estaba presente, y siempre contribuía a la intensidad del diálogo. En conversaciones aparte, y durante mucho tiempo, Juan Carlos y yo tejíamos los motivos esbozados en los coloquios con Nelson, profundizando en los problemas sugeridos. La magia, el pudor y el recato de Nelson impedían que eso fuese hecho en su presencia. Con la muerte de Nelson, ocurrida pocos meses después, y pasado el shock., Juan Carlos y yo, y enseguida con Miguel Ángel Fernández, comenzamos a pensar en la edición póstuma que hoy ve la luz, casi veinticinco años después. Primero era preciso reunir los papeles para poder seleccionar los poemas que serían incluidos, y después se imponía una forma.

Por aquel entonces, Nelson ya nos había legado un pequeño libro de poemas publicado en Asunción algunos años antes de su muerte, más los textos cuya selección es hoy impresa. Juan Carlos reunió los papeles que pudo encontrar y con la colaboración de Miguel Ángel hicimos la selección. No eran muchos y es posible que el propio Nelson hubiese descartado y destruido poemas y variantes a las cuales nunca ya tendremos acceso. En todo caso el legado de Nelson fue pequeño, y la selección recayó sobre los trabajos más significativos. Varios de ellos sobrevivieron apenas como fragmentos, y como fragmentos aparecen en este libro.

Después de eso, durante años, no leí los poemas de Nelson, y fue gracias al entusiasmo inquebrantable de Livio Abramo que este proyecto fue retomado hace algunos años. En el reencuentro con los textos, y con las nuevas perspectivas que sólo el tiempo y la distancia son capaces de dar, la poesía de Nelson ganó inmensamente. Su obra tiene una centella de genio y guarda todo el frescor de las pasiones de juventud, la certeza de las intuiciones fértiles y la expresión del artista nato. Su poesía conjuga el lirismo de la gran tradición romántica, la paradoja de las asociaciones surrealistas, el humor acre de la poesía satírica y la dimensión épica de la conciencia social y política. La vida breve de Nelson Roura, la intensidad de las emociones, la agudeza de su intelecto y la pureza de su postura lo aproximan a sus pares, los poetas románticos del siglo XIX, y, más recientemente, de Lautréamont, Rimbaudy García Lorca.

Con extraordinaria madurez para sus veinte aòos, Nelson Roura usó con gran propiedad el verso libre y la metáfora, la elipsis y la hipérbole. Su virtuosidad viene siempre acompañada de substancia, y sus asociaciones de imágenes verbales nos obligan a redescubrir, de verso en verso, el potencial inusitado, insospechado de la palabra y de su fuerza y plasticidad, como sólo a los poetas genuinos es dado revelar. Al mismo tiempo que expresa las realidades sensibles, también evoca las dimensiones cósmicas. La idea de lo perecible y la intuición de lo duradero se conjugan en su sortilegio.

Su libertad poética lo lleva a extraordinarias metamorfosis anímicas: el clavel es sigiloso, se refugia en los brazos del poeta y penetra en las profundidades de su alma. La espiga se hace fruto y declina el silencio, como si dispusiera del libre arbitrio. Y la flor no es solamente bella, es también pensativa. El silencio conventual es blanco y se materializa en forma de flor. Piedras perezosas se unen en arquitectura soñolienta. En la Alhambra, las aguas susurran amores. La propia Alhambra está hecha de alhambra. Las énfasis expresivas brotan a menudo en sus poemas. La belleza del cisne, símbolo de su amada, transpone las contingencias humanas a niveles ideales, donde la perfección es más viable. Y en el amor, como en Platón, el conocimiento se consustancia: "en ti y en ti, esposa preferida, enseñanza sin secretos... enseñanza sin misterios". El poeta, con todo, nunca pierde su distancia crítica, y permanece "infiel a la creencia". Su fantasía vuela y su intelecto observa: "sueño sin soñares".

Pero no sólo de contemplación vive el poeta. "La sombra está en la acción, en la acción del amor". Y aún más, en la acción política: "Acaba tu pena, sí, el maldito esclavista murió en tí!". Por lo demás, en la poesía de Roura, el amor es frecuentemente acción, y la acción amor. El mundo moderno es visto con mordaz ironía, pues "los nietos de Cristo juegan con portaviones sin esperar la verdad". "CALEIDOSCOPIO" es un poema que pasa revista a los absurdos y los desmanes en Corea, en Vietnam, en la China, en la Unión Soviética, en el Brasil y en el Paraguay, dándoles un tratamiento caricaturesco de teatro de fantoches, parodiando los acontecimientos históricos con melancólico, fino humor. En ese poema, Roura se aproxima a MAIAKOVSKI. "PRISIÓN DE LOS SUEÑOS" a su vez, recuerda las imprecaciones de los profetas del VIEJO TESTAMENTO y la exuberancia de las imágenes de la poesía árabe clásica. “NUMINISCENCIA" es una vigorosa exclamación de la conciencia histórica y de la conciencia filosófica, perplejidad ante la teleología, de los fines últimos, de la agitación constante que es la vida, tantas veces sin sentido: "oro sé y oro es, basta con decir plata sé y plata es".

La sensibilidad de Roura ante varios problemas de la filosofía se manifiesta de múltiples e inusitadas maneras, apuntando al meollo de las cuestiones con intelecto y pasión: "y clavo mi arpón en el vientre de todas las verdades". Roura usa la tautología y la redundancia para ampliar las dimensiones del misterium tremendum: "Aguamanil, aguamanil, muere entonces sólo una vez al pie de tu silencio silencioso". La imagen del concepto es elocuente, tangible. El tiempo, la dimensión que se nos escapa, angustia al poeta: "ay ontos, daimon de cara prismática, sálvame del momento". La reflexión sobre el infinito asume formas de intimidad palpable, y se materializa en un "espejo en que el infinito se arregla su cabellera", o es registrada como una sucesión de infinitos cada vez mayores, cada vez menos tangibles: "después del abismo, un nuevo abismo". La experiencia interior de la dimensión del tiempo es muchas veces proyectada de lo trascendental hacia la naturaleza, donde el poeta ve "tus rosas tempranas y claveles de mediodía". La finitud de la duración de la vida humana también encuentra su imagen en la dinámica del universo, donde "van los ríos a dar en la mar que es el morir". Y la indagación prosigue: "¿Vale el tiempo lo que este reloj llamado destino?" Responde el estoico entre dos fuegos: "Temía a la muerte? ¿o temía a la vida?... Acaba tu destino". La conciencia de la angustia existencial no lo abandona nunca: "Ay, alma, larga es tu condena". Gracias a la creación, el hombre sobrevive en su obra: "Gigante muerto, y un muerto que vive". En su fantástica cosmología, la tierra, el agua, el fuego y el aire, los cuatro elementos aristotélicos constituyentes del universo, aparecen con valores propios, simbólicos o transfigurados en dimensiones emocionales. Y el lenguaje expresa la conciencia de sí mismo: "Alcuino, enseña la gramática con majestad!" Y la experiencia política está siempre acompañada por la experiencia ética: "La violencia destruirá la máscara y pondrá en el corazón la máscara del dolor".

Pero el poeta se identifica más con el mundo sensible. Los colores están presentes en toda su obra, sea como recurso retórico y descriptivo, ;sea con alcance simbólico o psicológico. Y es constante el testimonio de su pasión sensual por la belleza de los materiales: "Nácar en tus dientes, y aljófar en tu rostro". Gran parte de sus metáforas se valen de los colores, de las flores, de los elementos de la naturaleza, y en varias instancias, su amor por la naturaleza, por los materiales y por la música los funde con raro acierto: "Y el gato de seda muere sin cantar".

La música ocupó un lugar importante en la vida y en la poesía de Nelson Roura, "en Bach educado por sonoras, solemnes catedrales..." "cuando su música hacía ya cenizas en la noche". Frecuentemente, la música es encarada como una forma abstracta de arquitectura, majestuosa como "el grave acorde de la blanca catedral", y por tanto usada de manera figurativa, pues la propia arquitectura se expresa, se afirma como música materializada. A veces ella simboliza las indefiniciones en "borrosos pentagramas de música incierta, inmortal" o bien sitúa las imperfecciones a través de su propia afirmación: "Tú eres imperfecta noche, en los días cantados". La naturaleza misma está impregnada de música. "ritmo de azahares... es mañana que ilusión hace canción" y, todavía, la música recibe tratamiento surreal en imágenes anímicas como "melancólico piano" y "giratorio violín".

El surrealismo también ocupa un lugar destacado en su poesía, menos como movimiento estético constituido que como recurso expresivo, presente en varios poemas significativos. Hay personajes que "cometen crímenes de terciopelo", ... "un revólver perfumado humea sobre la víctima". Hay también "fusilamientos a discreción", y el poeta se ve rodeado de "húmedos verdugos".

Pero es como poeta lírico que Nelson Roura alcanza su apogeo. El amó el amor y lo definió como superior enfoque, claridad y simplicidad: "el ancho mar separa el amor del deseo". Su lírica conoció tanto momentos de ternura y delicadeza como vuelos de inspiración mística: "Eres pura y preciosa como la ley de Dios". "Tú... hija de una flor sin simiente, flor tú misma de pétalos de aire". Sus pasiones vagan por el universo: "Aspiré el viento del vacío... Marineros de esas aguas cansadas. Vamos a Arabia, amiga mía, allí donde se tuestan los soles en la arena". Allá, "el silencio traza su órbita, en el corazón de tus ojos". Panteísticamente unido a la naturaleza, "el sol es pasto de mi loco mirar". De vuelta al nivel sensual, el poeta pide a su amada: "Cúbreme de besos y arréglame el cabello".

Dentro de la lírica del poeta hay un sentido de inquietud, sentido dialéctico de la existencia como combate a la inercia, al inconformismo, perenne en el hombre creador: "Y traigo en mis manos una paz que es la guerra". El paso meteórico de Nelson Roura por la vida trajo un rayo de luz a todos cuantos se aproximaron a él, y ciertamente traerá inspiración a cuantos lean y relean sus poemas. Hago mías sus palabras: "libre, fatuos fuegos, lleguen e iluminen!" Volando como un ruiseñor perplejo en el cosmos, "era su alma simple canción".

JOSÉ NEISTEIN

Washington/San Pablo Julio de 1989.

 

 

“Y olvida el silencio

Que respira en el silencio”

 

I

HIMNOS Y CANCIONES

 

HIMNO

EL CORAZÓN y la piedra,

el amor y la cadena.

¡Oh si pudieras, amor,

cantar himnos triunfales!

El himno triunfal

Con óseos elementos

y nácares extraños, mezclando

todo lo absoluto, quisiera hacer

de la cárdena roca

brotar óleo

y mirra, depurada mirra.

¡Me dueles, amor!

Y tú, bajel sangrante,

va, va, por las olas desnudado, va!

¿Oh, mar de los suplicios,

sangras?

¡No sangres más!

Con óseas cuchillas, desangran

desangran el corazón.

¡Un clavel tatuado,

en tu rodilla derecha,

también sangra, sangra!

¡Cuánto esperé, cuánto!

El malecón estrecho

respiraba el agua

amarga; y las grietas llenas

siempre, de lágrimas.

¡Porque más allá de todo entendimiento

y cerca del crepúsculo, cerca,

un himno triunfal

he de levantar!

Verde y de seda, turbio y tranquilo,

el vientre de las ovejas,

inundado por las hierbas, verde

y tranquilo...

¡No será su canto

el que los degollados

cantaban a voz en cuello!

Cercaré los espinos

con rosas; y exprimiré las serpientes

diente por diente; y ojo por ojo

caminará la belleza con sus pasos de gacela

y sus delicados cuernos de azabache.

Ya no habrá paz.

¡Todo será guerra!

Y este himno triunfal

estallará en cada corazón

como ola sanguinaria.

¡Cómo dueles, amor!

El viento, corsario de mis penas,

me acerca el murmullo salvaje, imaginario

de las olas en la playa.

Y clavo mi arpón

en el vientre de todas las verdades.

Y lloro por ti, mi dulce

amor.

 

AMOR Y FUEGO

LA VIOLENCIA destruirá la máscara y pondrá

en el corazón la máscara de dolor.

La gota del dolor,

La violencia, oh madre, más madre

que la amante noche,

nebulosa luz

de oculto santuario, ramo

de oraciones rojas y de flores

a cualquier precio

vendidas.

Tras las cortinas rojas,

la violencia:

su pelo rojo, con el rayo

de sol brillante y opaco

ante el mudo resplandor.

Cien soles, soles,

y cien lunas

debajo de la tierra.

Flamígeros, Etna, Vulcano, tempestuosos,

tempestuosos, me decís:

aquí estamos... Y con gran dolor,

de luz dolor,

tu presencia sentimos, subyugante,

submarina, nacida subterránea,

tu presencia,

en el cálido guijarro y en el

temblor de una tierra estremecida.

¿Fruto de un parto rojo?

¿Tu presencia,

rara, incandescente, quieta y rugiente,

salada y murmurante, nos oprime el corazón?

¿Y afinas, violencia, un violín negro, de reflejos

claros y lavas cuchillos de sangre

en tu blanco dolor?

¿Preparas la tragedia, oh violencia,

Clitemnestra universal?

Gimo y me escuchas,

la rama de laurel se agita,

la rama de laurel se agita,

la llama asciende, muere, cantar, amar,..

Sólo yo, quedo yo solo,

y el universal silencio,

inmóvil ante la

tumba, se agita y

muere, también muere,

por debajo del aire helado.

¡Espiga, hazte

fruto, declina el silencio!

Ama el canto.

Violencia, canta tú también.

Canta, flor, canta, flor y en tu lugar

la tarde verá un lirio,

volará quieto, como el día.

 

 

II

MARES, DESVANECÉOS

 

TRISTE

GONDOLERO, la fortuna en perlas

del amor crece al borde

de la laguna al borde,

crece y van los ríos

a dar en la mar que es el morir,

como si fuera viento tu canto,

viento tu canto,

el río tu canto, viento.

 

OH LIBERTAD venida ya

de la profundidad del mar

a morar en la laguna.

Triste despedida a los que navegan,

mirar en el espejo veneciano del mar

tu rostro, marina, contemplar

el paisaje tremelante de barcas,

sus velas tan blancas.

Oh mercaderos de la noche plácida

no robéis la plata del cordero

y el oro de los mares

y ónix de las tumbas.

Sed fieles a la brisa,

oh barcas, oh remeros de ojos de vidrio,

oh barqueros del sol de fuego,

llevad vuestro canto a la playa

donde moran las aves

y entonces buscad la libertad

en los suspiros.

¡Oh viento, oh rosas de la libertad!

Oh viento, oh oro,

sed como ensueños en el fuego,

de haber sublimes llamas.

Libres fatuos fuegos

transitan entre el mar y la aldea

bajo la lluvia de marzo

viviendo en dulce calma,

¡Lleguen e iluminen!

 

NACENS

ASPIRÉ EL VIENTO del vacío

y rugió ese viento al margen

de tu amor: ay, caléndulas de plata,

como cantáis vacío y grisaduras rotas

al borde de ese amor desesperado,

al borde de esa luz.

 

Marineros de esas aguas cansadas,

blancos perros viejos,

mares, desvanecéos

como si heridas celestiales

cantaran navajas relucientes, achicorias,

achicorias, alhelíes,

todo un mar desnudo

 

y una condenación ataviada de rata de proa,

en un festival,

fiesta de disfraces,

nunca igual, verde, alta,

hija de una venganza deslumbradoramente

manifiesta a Dios.

 

Ricos, pobres, volvedme a mi mundo!,

gritas, tú,

hay libertad! Champaña de plata

para la libertad!

 

Cascabeles, sonad despacio,

música perfumada

para mi amor.

Como ancla vieja cantando

y herrumbrada

en medio del coro

de tritones, pólipos y medusas,

trinicorontes, najas blancas

y cupidos azules.

Singing in the sea.

 

Oh mercenaria de pelo castaño,

arrodíllate frente al horizonte

y ofréndale

el mirto puro de tus oraciones

tranquilamente pacidas por

una oveja amarilla, ignorante del mar.

 

Marina ella también?

 

Como tú misma, esbelta doncella,

doncella de San Marino,

marina vieja...

Vamos a Arabia, amiga mía,

allí donde se tuestan

los soles

en la arena.

 

III

FLOR PENSATIVA

 

FLOR

EL LOTO PÁLIDO de tus mejillas humilla

a la rosa blanca amor amor.

La bella tarde cruel

besa al lirio del poniente

y se obscurece tu mirada.

Me quemo y me quemo,

pero en tu altar no comienza

la flor pensativa.

 

CLAVEL

CLAVEL de ti,

tus rosas, agreste campo en que el

pequeño

saurio corría,

agreste campo;

aleluya de la mañana

y

gracias

a la tarde.

Tus rosas tempranas y claveles de mediodía.

 

 

IV

SEÑORA, MI CISNE

 

AMOR

AMOR, TUS PALMERAS blancas,

blancas son como la arena,

cuando canta el cisne.

 

De rosas era la Alhambra, señora

y aguas había

que susurraban amores.

 

Aguas que flores blancas llevaban,

flores en su seno

de cristal.

 

Ay, amores rendidos al estío,

como prímulas primorosas

del coro alado.

 

Zarcillos de mi amor, tintinead.

Yo te veo abajo, nieve,

sobre la estepa, flor pensativa.

 

De nieve era la Alhambra, señora,

y a un lado, los montes azules,

reclinados en su silencio

contra un cielo de plata.

 

Ay, de alhambra era la Alhambra,

señora, mi cisne.

 

CANTO PARA MI AMOR

I

ERES PURA y preciosa

como la sonrisa de un ave,

como un trino bordado en oro,

como la risa improvisada

de las fuentes,

de los arroyos,

de los ángeles,

eres pura y preciosa

como la ley de Dios,

la que dice:

"Ven, amada gacela,

a este bosque de amapolas

sangrientas, de rubíes y perlas

transnochando bajo el sol".

 

My lady,

cristiana paloma,

heredera del reino

blanco: yo te doy

el reino rojo,

acéptalo, purísima

cristiana mía de ojos de altar perfumado,

con ese incienso floral,

que la tarde, vil,

atesora.

Acéptalo y no derrames más

lágrimas en gotas:

tensión,

entre el oro y la plata,

caverna convexa

que no esconde

más que amor.

Tu vida es un poema secreto,

my lady,

tu vida es un secreto

poema,

mi luna, mi sol.

Y tu cabellera esconde

trigales preciosos

bajo ese negro mirar.

 

Adónde vas, asnillo,

llevando sobre tu dorso

a mi amor,

ese precioso poema

que dejó su canción

para seguir la ruta del sol.

Oh navegante, detén a los astros

y oye a las sirenas cantar:

lascivas son, ebrias son

y te aman en su son.

Son, son, son, son

canta para mi amor.

Sonda de las aguas,

que es la luz de las estrellas,

canta también para mi amor.

 

II

Mi amor de algodón,

quiero cantarte

como el viento te canta en el pelo:

Aleluyas, quiero cantarte,

aleluyas,

paloma de ojos grandes.

En el heno de mi voz, acuéstate,

el agua de tu boca quiero beber.

Dulce pequeña mía,

menta y ambrosía,

ya, ven.

Deja el aire impuro

Deja tu amor

invernal. Acuéstate

en el dulce viento

en la morada que es presencia

de amor.

 

V

CRÍMENES DE TERCIOPELO

 

ANACREÓNTICA

MENSAJEROS DE las tumbas,

venid!

y encontrad la sangre

y la flor en el hondo pozo.

 

Soldados de la batalla

que la árida tierra

mezcló con tubérculos,

marchad ante vuestros

generales, trapo, sangre y barro.

 

VI

RAMAS DE ZAFIR

 

DIVINO DOLOR

BOGAN DOS NUBES blancas

como gemelos borregos alados,

En ellos, estás tú.

Tú, tú ligera y amada,

hija de una flor sin simiente,

flor tú misma

de pétalos de aire.

 

DESASIDO, NÁUFRAGO, navegante sin rumbo,

transeúnte de camino laberíntico,

tu sola luz mis pasos guía.

Eres puerto y eres faro,

hoguera y llama,

donde la ciega mariposa quema sus alas.

 

DULCE LOCURA ROJA

MI ALMA atormentada

por los coros infernales

ve alejarse al ave,

ve alejarse al ave,

de las mañanas el ave,

cantadora ve alejarse.

 

ESBOZO MATINAL

ES ESTA la mañana!

un ropaje descolorido que se

apodera

del mundo; y danza sobre el filo

de un sable, entre

el fuego y la nada,

entre la dormida lágrima

y una sonrisa.

 

VII

ÁNFORA DE LA SOLEDAD

 

TRANSCURRE EL TIEMPO lentamente

y las horas, los minutos,

claveles son

de tu mano, hermana mía,

de tu boca

esmeralda,

de tus ojos abiertos

a la verdad lunar,

oh hermana, sin ensueños,

las horas tú me las das,

perlas en ofrenda,

y con ellas mi libro cubro,

línea por línea,

siguiendo el orden divino

de tu manto,

estremecido ligeramente

en el aire de la vida, en el vendaval

de la vida, en el bálsamo

de la vida, hermana mía.

 

SER

CUANDO uno cae,

cuando uno boga

hacia el silencio de Dios,

si el canto empieza,

si el amor ilumina,

si tú vives en mí,

triste deletea,

si tú, roja flor, eres de pétalos

y yo soy...

y yo soy; crátera, absórbeme ya.

 

PALABRAS

Un lenguaje

no advertido para cantar

a mis rojos hermanos del abismo,

pobres de Asís.

Heresiarca, Heresiarca,

teñido en verde,

me abrasa

un lenguaje hecho,

implacable, riguroso,

cruel y lógico,

como un coro de laúdes.

Estrellas fijas: oh ruinas

de un inmenso imperio!

Qué velos teje la luna

para ocultar su acedía!

De fuego corroído

y de olivos en ramos coronado,

llagas ungidas.

Con óleo que fluido en la piel

al calor estalla.

 

IMAGEN

ACECHÉ EN LA LLANURA un pato gigante

que devoraba con prisa locas ranas,

mascarones rojos y alfanjes ebrios.

Aceché el momento en que el indio

gritaba: "acá, sí, acá, las caléndulas giran"

gira tu amor ensangrentado

y bellas diademas le cubren el rostro,

naranjas y pomelos barritan el lenguaje obscuro.

Ay, ontos, daimon, de cara prismática,

sálvame del momento.

 

LOCA OFRENDA

TODO GIRA en torno a mí,

torbellino ahuecado.

Te amo y tú lo sabes!

y el silencio traza su órbita

en el corazón de tus ojos.

El silencio, pantera

al acecho de la gacela,

imprudente en su pequeña cabeza,

hermosa y divinamente traicionera,

bebiendo del agua salada,

sabiendo sin saber que de agua alba

mis lágrimas son.

¡Mis lágrimas, canto maldito!

El silencio es gacela

hermosa de pequeña cabeza.

Y en la órbita de sus ojos

saladas perlas..

¡Ay, beberlas! Saciar

el maldito silencio

y apurar el tósigo infame.

Gotas de sangre a mis nervios arranca!

Alba del renacer: una sangre vendí

por un blanco mirar.

Gané? Perdí?

Mágico despertar, a la puerta me llama

y dice: el rocío es temprano

y nuestras ansias

entre las hierbas

son el fruto.

 

 

VIII
CANÍBAL AFICIONADO

 

CALEIDOSCOPIO

EL SOL, cebado

por las ratas amarillentas de perfume,

ya podridos de ilusión,

gasta,

los espúreos centavos,

que guarda en el bolsillo

derecho del corazón.

El sol baja a Asunción

a tomar tereré,

y el patrón de la cervecería

le indica que debe meterse

en la botella.

Por qué?

Ya verá.

Explosión en el corazón.

Más abajo,

los cadáveres desnudos hasta el cuello

riendo sin motivo:

"Son ralea",

explica el duque y manda

detener el fusilamiento.

“¡Comenzad"!

Las perlas ruedan sobre

la nieve, montaña

abajo,

ay! casi aplastan a una

niña y las moscas se reúnen para

observar el curioso

fenómeno violeta.

Dios sacude

con sus carcajadas la nieve,

y la muerte trajina,

vieja por el hambre

con el dolor bajo el brazo,

maldiciendo haber nacido,

y chupando una pastilla para la tos.

Un mujik revienta pulgas

con el extremo de un látigo

sostenido por el terrateniente del Koljoch.

Los militares del Paraguay

se pasean por las plazas

primaverales

llevando cuadernos bajo el brazo

como si fueran a la escuela.

Bum! Bum!

-llegó la navidad.

Todos, vamos, en fila,

a cantar en portugués

tiempos de amor.

Beethoven se abraza

a una columna queriendo

explicar la luz.

¡Lluvia, canta!

Mao Tse Tung

se limpia con el pañuelo amarillo

la sangre que le ha producido

el choque.

En Siberia está mi amor!

es la nieve

jugando con el sol;

y una rosa en sus

cabellos blancos.

Floración

de nieves sumarias

junto al sol.

En Paraguay celebran

el curso del río

y el discurso.

¡Mariscal del Campo,

mastica las hierbas

y no pisotees las

florecillas!

 

PRISIÓN DE LOS SUEÑOS

LA LÁGRIMA está tuerta

y un corazón herido

lo sabe, lo sabe: cantad, cantad,

apetitosos gansos, rociad, apetitosos gansos

con vuestra sangre

la bandeja de plata.

Es hora de que las axilas del mar

nuevamente se inunden

con las olas: proponédlo al parlamento

llamado amor

y que el lord mayor en persona

escupa sobre el yate

maldiciéndolo.

Insanas horas,

coged vuestra esencia, más allá

de vosotras mismas.,

Pavos, patos, en fila,

al estofado.

Las lechugas:

al horno!

Los colibríes,

desplumádlos!

La sangre no la bebáis,

malos cocineros!

Dejad que hierva

bajo el sol.

Romped todas las vallas

y escapáos, caballos marrones,

y vosotros, dichosos macarrones,

dejáos comer por ese gordo señor

de hondas pupilas;

y vos, señor y perro

de vos mismo,

alteza

alae

alae

descended al hondo pozo

donde revientan vuestros hermanos,

carroña y lepra

de sus ojos sombríos.

PRISIÓN DE LOS SUEÑOS,

carroña llameante,

aluviar latir de una sangre

incógnita.

¡Morid de una vez, palomas mías!

¡Barro colorado,

extasíate en el azul,

como si tu noche fuera

una piedra!

Arrójala en la nieve

del abismo

y tu nariz anaranjada

tórnase amarilla

por amor al pasto lívido

de tus pelos.

¿Y esa sonrisa en tu rostro?

¿Es incienso tu sonrisa?

¿Ovejas blancas son tus dientes?

¿Ovejas negras las olas de tu cabello?

¿Caballos van a la mar?

Negros, blancos y rojos

por el profeta conducidos.

En sus lomos llevan gatos,

incógnitos herederos

del príncipe azul.

Maderas terciadas

torcidas, pulmonosas,

agitadas corolas flacas.

¡Rey sin reino, come!

 

NUMINESCENCIA

AHORA EL ROJO color

tiene canciones azules,

saladas y dulces

canciones azules de piedra.

pero, señores, la luna

me ilumina

y el sol es pasto

de mi loco mirar.

Avancen, ya, lentamente,

dulces guerras

de mi amor;

los sueños cobijan, pardos,

ensueños naranjas,

y la tripulación dignamente ha

zozobrado,

y la ilusión

esconde el casco bajo algas,

Rosáceos dedos de la aurora,

oculten a los asnos

recamados de oro

y naveguen rítmicamente

hacia el sol.

Ya oíste, majadera de pelos curvos, ritmos,

¡ven!

Esa camisa sangrienta

no explica tus males,

alma desvencijada,

carroña pura.

En una encrucijada

a diez mató.

¿Vale el tiempo lo que este

reloj llamado destino?

Relojero de mis penas,

condúceme en tu barca,

hacia esa ensenada,

sincronismo de mi alma y la suya.

Y ustedes, dejen a Keats

que explique al

ruiseñor.

Retretes de plata,

latas sin destino,

canta tu flácido

corazón; y esconde tu garganta impura

bajo el brazo

del aguacero final.

Ya cantaste, deja de hablar:

tu lengua es

la blasfemia, sacrílego don:

y ríen las palabras porque ríe

tu gaznate, prostituta rosácea,

deja de hablar,

Las cotorras, ahora,

se van al norte.

Mi camastro huele a serrín.

Dejen, miserables, que el perro

orine en paz, levantando

la pata velluda

contra las blancas paredes

del dulce manicomio.

La grasa te han lavado

como si fueras maniquí

y yo he quedado

tendido frente al pozo de

negros dientes;

¡ay, noche de mi luna y de mi duelo,

déjame morir!

Ninguna de mi sangre, manantial y rubí

de mi sangre,

mírame a los ojos,

déjame morir!

Astillas de acero

del vientre de dios,

plata infinita de sus ojos,

oro de la mañana,

¡ reuníos!

¡ reuníos!

en la plaza frente al palacio

hemos de matar al

rey. No lo queremos

vivo, no.

Condúzcanlo a la divina

realidad. Ajustícienlo.

Carniceros en fila ¡matad!

deshojad el oro de su

carne y usádlo como alfanjé

para separar

su cabeza de sus hombros: ¡hombres,

sed prestos!

Ya el rey muerto ha:

su sangre es custodiada

por 20 guardianes

de dientes de tiburón;

y 20 jardineros lloran

sobre los árboles pálidos

su amor, y la luna

parece custodiarlos.

Para relatar una historia

necesidad no hay

de mentar el tema;

basta con decir:

oro sé

y oro es,

basta con decir

plata sé

y plata es.

 

IX

ACCIÓN Y PASIÓN

 

AQUÍ

DISIMULA EL SUSPIRO con un canto

y contempla, en la distancia

el éxtasis en el vientre

de las nubes.

 

ACCIÓN

ACUÉSTATE CONMIGO esta noche, gitana,

acariciaré tus cuernos claros,

candelera de tílicas almas,

albúmina y prédica

astrolabio nocturno, canción sin cadenas.

 

Hoy debo arreglar el jardín con podaderas

de sílice y porcelana,

y el paisaje azul se limpiará la boca

con servilleta amarilla.

 

Crótalo, la rana bebe en el estanque

y la reina se queja

de dispepsia crónica.

Los perros se orinan en las iglesias,

en las esquinas, donde el negro cura

confiesa, cabizbajo.

 

La guerra de las rosas va por parte más mala:

dardos, miradas de amor,

a los ojos se arrojan.

York y Lancaster se unen.

 

Amor de los amores,

fragancia sempiterna de licores

de tu alacena, viuda parisiense.

Arrójame tu bendición.

 

Una rupia vale tu destino,

mujer de tres ochavos.

 

Flor cadenciosa,

baña en el muelle tu cuerpo

de almendras.

Y el golfo de Omán será tu refugio,

perla de ostra despedida,

sin fragores de almíbares todavía.

 

Infierno sin cerrojos, fuego despedazado,

horno al par de la mar.

 

SOBRE LA CUERDA

ESTOY EBRIO DE champaña degollada

por aceitunas verdemar,

al pie de una colina lustrosa

en Grecia blanca de oraciones malas.

 

Oh vuelves, cantor, cantor,

a modular el son,

en mi alma vuelves

a modular el son.

 

Ríes, grácil, esbelta, ¿Darisia?

¿Apoyas tu mano lábil

sobre un piano exquisito

para hacer espirales de humo con tu voz?

 

Las velas pensativas murmuran canciones

arrepentidas

y sobre un trébol floreciente

un boj ceniciento

solloza

como guitarra esplendorosa...

 

Y al barquillo le cruzan latigazos en el rostro.

Bermejas, heridas bermejas, apacentad

el recuerdo

y saquen las campanas de su vientre

su aire lánguido.

 

Veo el vientre de las musas desde acá.

es seco y flácido, como uva

secada al sol...

Es armonioso el tardío

eco de los valles conducidos

hacia el poniente

por un sol cándido.

 

Y traigo en mis manos una paz que es la guerra.

Y alguien escribe:

"paciente oveja, sé pastor".

 

SAFARIS EN LOS CAMINOS polvorientos

de la noche, trae el viento

el lúgubre quejido de la espera.

Ay doliente prado

de flores resucitadas.

Otoñal paz

del ave alada,

como quiebra el sauce la canción lánguida

del clemente estío.

Oh basta, cancelad

el sueño

hasta el rojo sombrío

en tu pasión vespertina.

Inaugurad el cántaro

sombrío

y quebrad el ansia.

Dan ánforas

las muchachas

bellas al agua rompiente,

ánforas curvas hechas

para el canto,

vestidas de algodón

las muchachas

del viejo puerto.

 

PASIÓN

YO ASPIRÉ EL AROMA de las lilas desiertas

y se cuajaron de pasión las arenas

de un lívido desierto,

Cuathemoc, tañía el arpa, tras blanca esperanza.

Era mi corazón un ave de cristales encendidos.

 

Y tú me preguntabas, preguntabas acerca del destino.

Huyeron las novias del pasado hacia un mar sin costas.

de arenas espléndidas a inquirir al ave de los vientos

acerca de una paloma muerta.

 

Rex, rex, pax in cella tua,

como si la abeja destilara sólo espuma

y las espinas coronaran la calva sien.

 

Collares de dientes de tiburón,

amados, a la sombra de una esperanza,

te regalaré

en bandejas de sargazos.

 

Al son ríspido de tus dientes ásperos y sonoros,

bailará el can can

y mudará tu piel en ordalías lechosas

 

Los talismanes apenas existían para tu vida sincera,

leños y rajas se amontonaban en el patio,

oliendo a una humedad de bosque muerto.

Acuoso y bermejo, para libaciones nocturnas.

 

Integración y desintegración

volarán de aquí y de allá

en tus senos y al compás

de la flor de tu vientre...

 

Pero ¡ay!, un encendido fanal

te mostrará las piernas blancas, desnudas.

 

X

MUERTE Y VIDA

 

TEMÍA A LA MUERTE? O temía a la vida?

No puede decirse.

Aceptaba su destino.

y amaba también las frutas maduras:

era su alma simple canción.

 

KALIMA

¿POR QUÉ será

que en la vida

gitanos se pasean en mi alma

y lavan su lírico sudor

con lágrimas,

mortaja transparente de la carne?

Cúbreme de besos

y arréglame el cabello.

 

EN MI TIERRA, la copla vagabunda,

lejos de la libertad,

cuando soñar a la proporción

iguala,

níveas ánforas, tornasol viviente,

la porcelana azulenca,

la proclama azulenca,

insinúa

la antigua laca viviente,

cristal y flores y figura,

la estatua sueña inmortal;

oh yeso azulmarino,

oh forma despojada

de iridiscencias, inmaterial.

Cuántas esculturas bajo el atrio

-la lluvia

predican del sol su blancura

y lejos ya de la copla

una delirante demiúrgica

figura,

la que cuanta noche predica.

Dos varas, dos motivos,

y azul.

siempre lejos del mar,

la cornamusa gris

y la velada canción, sus ojos

tornan a bruma.

¡Oh sones ya anunciados,

por ellos velan los serafines

del río;

seráfico, seráfico coro!

siempre la vigilia en las horas, siempre el

limpio canto

de las huestes, oh armonía fulgente.

Al mar los sones más hermosos,

entre esculturas piadosas

de cal marina,

bate el viento su sueño

de dragón,

su luz grandiosa,

su blancura piadosa,

sus aves de radiosas plumas

trémolo, espanto, ¡oh color!

oh pavor, lejos del mar,

oh libertad, polemarca,

estudio la ligereza

de las blancas estatuas, semidormidas,

bajo el sol de yeso.

Blancura infinitamente más hermosa,

más que la luz matinal,

es relieve de oración en brumas

y es una especia de cisne solar.

Oh horas siempre ansiadas,

ancianas siempre,

balancéanse sirenas

en lo hondo del mar,

en la profunda paz,

y a ti te toca esta flauta,

discípulo de Pan,

un aire siempre piadoso

ven y aleja la bruma de este barco

y ultima su tristeza

con olímpica guadaña blanca,

los sones siempre obscuros,

dones sin materia, de voz pánida,

lúcidos y de vaga forma,

reposan, se sumergen,

tristes motivos, musicales ayes.

 

Tres historias en la época.

Cuando el amor se canta,

cuando la salvaje canción

de la guerra, y lo demás...

Al vislumbrar el acero

con mis ojos ciegos,

al oír el cazador disparo

con mis oídos sordos,

huye en blanco corcel

cantando canción esquiva

y canción de fiesta.

Tres cuentos narrados

en esa época, cuando,

"libérame de las promesas"

el criminal decía.

hurté monedas y vidas,

tres cuentos jocosos y trágicos

"Yo relataré el primero"

En esta región de pinos,

en navidad.

la noche más hermosa

para los pobres, los niños

y los ángeles

en una choza de negra madera

clavó el horrible loco la daga

en el enfermizo pecho

de la princesa enamorada.

Tres cuentos, jocosos y obscuros...

Canción total para el olvidado

y para el cura,

un insecto es una sombra obscura,

un ave es una sombra clara,

las alas baten el huracán

y extraños son a esta casa

los que no son bienvenidos:

"el camino del mar,

el camino de la sierra

(el camino de la verdad),

qué belleza nocturna!,

Con hacha corté el puente

y el asedio con la inmunda peste

horrible fue.

"Las cosas que te pertenecen

son esta lámpara, este esclavo

y esta brújula,

estas te liberarán de la vida;

no te miento

y he aquí me testamento

y el testamento de tu muerto padre

"Edifica una mansión obscura

y una mansión celeste

entre las ruinas nocturnas,

cabalga con el viento,

el hijo de mirada mía, luchando tenaz contra la

maldición, y lo demás...

edifica esa casa

en la ciudad de los pobres".

 

 

 

COLOFÓN

NELSON ROURA Y LA GENERACIÓN DEL 60

En la década del 60 aparece una nueva generación poética en la literatura paraguaya. Algunos de los integrantes del primer grupo -en el que se encuentran nombres como los de FRANCISCO PÉREZ MARICEVICH, ESTEBAN CABAÑAS, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ, OVIDIO BENÍTEZ PEREIRA, ROQUE VALLEJOS, a los que hay que agregar el de un poeta un poco mayor, LUIS MARÍA MARTÍNEZ- editan sus primeros títulos al iniciarse el decenio o un poco después y se nuclean en revistas y sellos editoriales como DIALOGO y ASEDIO, cuyos títulos irán apareciendo irregularmente durante toda esa década e incluso mucho después.

En 1964 surgen nuevos nombres, un poco más jóvenes, que tienen como centro aglutinante, en un primer momento la revista y ediciones PÉNDULO y, un par de años después, la revista CRITERIO. En la primera, JUAN CARLOS DA COSTA, NELSON ROURA y CARLOS PODESTÁ son las figuras más visibles. En la segunda, RENÉ DÁVALOS, ADOLFO FERREIRO, GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ, BASILIO BOGADO, JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ. Todos ellos venían a constituir el segundo grupo de la generación.

No es ahora ocasión para examinar los matices que separan a estos grupos en el orden estético e ideológico. Resulta importante, en cambio, señalarlas coincidencias de sus posturas personales y generacionales.

La década del 60 ve emerger en toda Hispanoamérica, y también en el Paraguay, una nueva sensibilidad vital y correlativamente, en la práctica poética, se construye un sistema expresivo que se aleja ostensiblemente de los rasgos estéticos de las generaciones anteriores, sobre todo respecto a la precedente, la del 50, a la zaga ésta, en líneas generales, de las tendencias dominantes en la del 40.

A pesar del abuso que toda generalización suele implicar, quizá deba indicarse como denominador común de la nueva poesía la tendencia a configurar los universos significativos del poema a partir de un concepto formal menos preocupado por la imaginería verbal y más atento a la eficacia comunicativa y la fuerza de la expresión, aun en los casos de mayor complejidad en el orden de los contenidos.

Por lo demás, la poesía de los años 60 se halla impregnada de preocupaciones políticas y sociales radicales, además del stimmung existencial propio de la época. La idea del "hombre nuevo" como correlato necesario de todo proyecto revolucionario está presente en la mayoría de ellos e informa sus producciones, aun cuando aparentemente éstas se den como hechos puramente estéticos. Es, a mi entender, el caso de Nelson Roura, poeta de sensibilidad refinada pero dispuesto, cuando la ocasión lo requería, a asumir los riesgos del compromiso ético y político en la literatura.

Roura fue uno de los puntales de la revista PÉNDULO y con su primo JUAN CARLOS DA COSTA conformó lo que podríamos llamar el ala izquierda del grupo aglutinado por esa publicación. Cuando un sector del mismo optó por la complacencia o la complicidad con la dictadura stronista, comprometiendo la orientación de la revista, ellos se alejaron. Cuando se funda la revista CRITERIO, ésta sí definidamente marcada por el pensamiento de izquierda, Da Costa y Roura se integran a ella inmediatamente, cosa que sucede también con algunos de los miembros del primer grupo generacional antes mencionado. De esta manera, los diversos sectores de la generación del 60 se reagrupan naturalmente según los polos ideológicos y estéticos de la época: por un lado los poetas de tendencias radicales en los diversos órdenes, y por el otro, los indiferentes y los complacientes (cuando no directamente cómplices con el stablishment).

En aquella década de luchas, desgarramientos y también deserciones, la generación del 60 sufrió dos bajas absurdas. En un mismo año (1969) fallecen RENÉ DÁVALOS, en un accidente, y NELSON ROURA, víctima de una extraña enfermedad-que tal vez fuera simplemente una angustia mortal.

Siete años después, JUAN CARLOS DA COSTA, primo de Nelson, al frente de un movimiento guerrillero urbano, cae en un enfrentamiento con la policía stronista.

El destino de los integrantes de aquella generación revolucionaria ha sido diverso. No es el momento de hacer el recuento de sus avatares o el escrutinio de sus producciones, pero al final de este volumen de rescate de la poesía inédita de Roura, quiero dejar constancia y hacer un acto de reafirmación de los valores sustentados entonces y todavía hoy vivos en el corazón de muchos de los que sobrevivimos: la poesía, la libertad y la igualdad solidarias siguen apuntalando nuestros actos y nuestras palabras.

MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ

 

 

NOTA BIO-BIBLIO-HEMEROGRÁFICA

NELSON ROLANDO ROURA DA COSTA, hijo de Roberto Roura y de Celia Da Costa de Roura, nació en Asunción el 15 de abril de 1945 y murió en la misma ciudad el 29 de junio de 1969.

Cursó sus estudios primarios en el Colegio de San José y los secundarios en el Colegio Nacional de la Capital y en el Colegio Carlos Antonio López. Posteriormente hizo estudios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción.

Fue uno de los directores de la revista PÉNDULO y de la audición radial TRIBUNA DEL PENSAMIENTO Y LA CULTURA. Posteriormente integró el equipo de colaboradores de la revista CRITERIO.

En vida publicó un solo volumen de poesía, dejando numerosos poemas póstumos que, después de su muerte, fueron recopilados por su primo Juan Carlos Da Costa.

 

BIBLIOGRAFÍA

POEMAS, Asunción, Ediciones Péndulo, 74 pp., 1965.

 

HEMEROGRAFÍA

Exceptuando algunas publicaciones en diarios de Asunción, la mayor parte de la producción literaria de Nelson Roura se halla recogida en las revistas PÉNDULO y CRITERIO.

 

PÉNDULO (1964-1965)

Nelson Roura codirige los números 3 y 4 de PÉNDULO con CARLOS PODESTÁ, y el número 5 con JUAN CARLOS DA COSTA. Roura y Da Costa se alejan de la revista a partir del número 6, que ya aparece bajo la dirección de CARLOS PODESTÁ, secundado por VÍCTOR R. CASARTELLI como Vicedirector y JUAN MANUEL PRIETO como Coordinador de Redacción.

N°- 1, mayo 1964: "Los ahorcados" (poesía), p.14, y "La aldea" (cuento), pp. 18-19.

N°- 2, junio-julio 1964: "Rapsodia de los ojos" (poesía), p. 14.

Nº- 3, agosto-setiembre 1964: "El arte religioso de D. H. Lawrence" (ensayo), pp. 11-12.

Nº- 4, enero-febrero-marzo 1965: "Canción del sol sin edad ni muerte" (poesía), p. 17.

 

CRITERIO

Nelson Roura aparece como colaborador de CRITERIO desde el primer número y como colaborador permanente desde el segundo hasta el sexto número, marzo de 1969, que es el último de la primera época de la revista. Sin embargo, después del N°- 2 no vuelven a salir en ella textos suyos.

N°- 1, octubre 1965: "Sangre vietnamesa" (poesía), p. 14, "Guido Rodríguez Alcalá: Apacible fuego" (nota bibliográfica), p. 20.

N°- 2, diciembre 1965: "I. En torno a la poesía social" (artículo), pp. 23-24.

 




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