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HELIO VERA


  ADVENIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS - Por HELIO VERA


ADVENIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS - Por HELIO VERA

ADVENIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Por HELIO VERA

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 22 - CAPÍTULO 13

Asunción – Paraguay

2012

 

 

 

            LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS

 

            En 1887, en medio de un clima de agria agitación, fueron fundadas dos entidades llamadas a perdurar en el tiempo con la fuerza incontenible de las grandes emociones colectivas. Hoy las conocemos por los nombres de Partido Liberal Radical Auténtico y Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado). Ambos partidos reúnen el 80% del electorado. Sus diferencias, pactos y contiendas llenan casi toda la historia política del Paraguay desde esa época hasta hoy. Salvo breves lapsos, ambos se sucedieron en el gobierno durante todo el tiempo que transcurrió hasta nuestros días.

            Hasta entonces, las fuerzas políticas tenían carácter coyuntural: se organizaban como clubes, con miras a las elecciones y desaparecían después de concluidas estas. Los dos primeros clubes fueron: el Club del Pueblo, liderado por Cándido Bareiro; y el Gran Club del Pueblo, que reconocía como cabezas a Facundo Machaín y a los hermanos José Segundo y Juan José Decoud. Aparecieron y desaparecieron en la Asunción ocupada por los aliados al terminar la Guerra contra la Triple Alianza, después de una breve existencia.

            Si se quiere establecer un punto de partida cronológico, debería decirse que lo más parecido a un partido político anterior a estos hechos fue la llamada Sociedad Libertadora del Paraguay, cuyos estatutos fueron publicados en la Argentina, en 1858. Estaba constituida por emigrados y su credo político era de un contenido marcadamente liberal. Varios de sus miembros fueron después primeras figuras de la escena política en el Paraguay de la posguerra.

            El país se organizó sobre la base de la Constitución de 1870, que constituía una adaptación de la argentina y, a través de esta, de la norteamericana. Se realizaban elecciones cada cuatro años para elegir presidente y vicepresidente de la República y para renovar parcialmente las dos cámaras del Congreso: la de Senadores y la de Diputados.

            El sistema electoral era muy distinto del actual: solo votaban los hombres y de viva voz. Los ciudadanos de cada distrito no elegían directamente a dichos mandatarios, sino que votaban por delegados, los cuales se reunían posteriormente y, constituidos en colegio electoral, elegían presidente y vicepresidente de la República. Era, pues, un sistema de elección indirecta, como el que existe actualmente en los Estados Unidos.

            No había proporcionalidad, es decir, distribución de los cargos electivos en disputa según el número de votos obtenidos. El club electoral o partido político que ganaba las elecciones, aunque fuese por un voto de diferencia, se llevaba la totalidad de los delegados. El voto secreto recién apareció en 1911 con la denominada "Ley Paiva", el apellido de su autor, Félix Paiva. En cuanto a la proporcionalidad, esta fue adoptada mediante el sistema de listas incompletas, según una ley de 1916.

            Es curioso constatar que durante la vigencia de la Constitución de 1870 solo hubo una elección en la que participaron dos candidatos: en 1928, José P. Guggiari, por el Partido Liberal Radical, y don Eduardo Fleytas, por el Partido Colorado. En realidad, ambos partidos se hallaban profundamente divididos y solo intervinieron en los comicios fracciones de los mismos. Otro dato relevante para los analistas: hasta hoy no hubo un solo caso en la historia política paraguaya en que un partido político haya entregado pacíficamente el poder a otro. Esto no ocurrió ni siquiera entre sectores opuestos de los partidos hasta que, en las elecciones generales de 1998, la fracción gobernante del Partido Colorado entregó el poder a la que le hacía oposición interna.

 

Algunas de las firmas aparecidas en el acta de fundación del Partido Colorado.

Entre ellas pueden notarse las del Gral. Bernardino Caballero, Higinio Uriarte,

Juan G. González, Romualdo Núñez, Cantalicio Guerrero y Miguel Alfaro.

 

 

            LA VIDA POLÍTICA

 

            En los años posteriores a 1870, el Paraguay vivió un período de intensa anarquía, marcada por violentos enfrentamientos y por episodios luctuosos. Basta con recordar el asesinato del presidente Juan Bautista Gill, en plena calle, y los diversos episodios que le sucedieron en ese año, 1877, y en los siguientes. Pero en 1880, con motivo del fallecimiento del presidente Cándido Bareiro, fue designado presidente provisional el general Bernardino Caballero, por decisión del Congreso.

            Caballero completó el periodo constitucional de Bareiro y después fue electo para cumplir un período normal de cuatro años: desde el 25 de noviembre de 1882 al 25 de noviembre de 1886. Como vicepresidente suyo fue electo don Juan Antonio Jara, a quien veremos, tiempo después, entre los fundadores del Centro Democrático. Para la postulación de dichas candidaturas fue constituido el "Club Libertad" que desapareció después. Es interesante comprobar que entre los principales dirigentes de dicho club se encuentran quienes, años después, fundaran el Centro Democrático. Entre ellos, Antonio Taboada, Felipe Torrentes y Domingo Ortiz. Taboada era hermano de Rufino, uno de los líderes más prominentes del bareirismo, movimiento que apoyó al gobierno de Cándido Bareiro.

            La gravitación de Caballero ya era entonces muy grande en la política paraguaya. Su mandato señaló un proceso de pacificación espiritual dentro del marco del estricto respeto a las libertades constitucionales.

            Los periódicos de la época criticaban al gobierno abiertamente, incluso con gran virulencia, sin que hubiese por ello reacción alguna. Incluso llegó a publicarse un folleto infamante contra Caballero, intitulado "El general avestruz", cuyo autor escribía bajo el seudónimo de Perico de los Palotes. Aun así, nadie se inmutó por este ataque en el que se intentaba retacearle al mandatario sus méritos de guerra.

            Durante su mandato, Caballero se mostró reacio a organizar partido político alguno. Creía, más bien, en un gobierno que pudiese convocar a los talentos más descollantes del país, dentro de un espíritu de unidad nacional.

            Es significativo recordar que, cuando entregó la banda presidencial al general Patricio Escobar, el 25 de noviembre de 1886, Caballero dijo: "En el estado actual de nuestro progreso no es posible formar partidos a falta de elementos que les den vida, y el mejor medio de gobernar con acierto es formar una sola y grande agrupación de todos los buenos ciudadanos para llevar adelante la obra de reconstrucción nacional. El Paraguay se mantendrá fuerte con la unión y las divisiones intestinas no harán sino debilitarle, haciendo imposible la consolidación definitiva de la nacionalidad".

            Durante el gobierno de Caballero, en 1885, ocurrió un episodio de gran impacto en los sentimientos colectivos: la devolución, por parte del gobierno uruguayo, de los trofeos de la Guerra contra la Triple Alianza. Dichos objetos fueron traídos en el buque General Artigas y acompañados por una comitiva encabezada por el ministro de Guerra uruguayo, general Máximo Tajes. Con ese motivo, el presidente uruguayo, general Máximo Santos y sus comisionados fueron declarados ciudadanos honorarios del Paraguay. Otra medida de reconocimiento fue el cambio de nombre de la antigua plaza de San Francisco, que fue rebautizada como Plaza Uruguaya.

            Al aproximarse la conclusión de su mandato, Caballero alentó la candidatura presidencial del hombre que le inspiraba la mayor confianza: el general Patricio Escobar. Para ello fue constituido un club político, también con vigencia temporal. En efecto, el 25 de noviembre entregó la presidencia de la República al general Patricio Escobar, también héroe de la Guerra contra la Triple Alianza. Como vicepresidente fue electo don José del Rosario Miranda (1832-1903).

            Eso no significaba que no hubiese rivalidades o grupos enfrentados. Las discrepancias llegaron al seno del propio movimiento que había apoyado la presidencia de Caballero y Escobar. Estas diferencias ya se habían manifestado dentro del Parlamento, durante el segundo gobierno de Caballero. Aun así, estos debates fueron acallados para que todos apoyasen la candidatura del general Escobar a la presidencia. Los problemas, empero, recrudecieron después.

            Un hecho especial marcó el punto más alto de las discrepancias: las elecciones convocadas para elegir un senador y un diputado por Villarrica. Para la campaña electoral guaireña había sido constituida, en diciembre de 1886, una entidad con el nombre de "Club Popular", presidida por don Marcelino Rodas (1849-1944), con la vicepresidencia de Bernardino Bordón. Dicho club sostuvo las candidaturas de Esteban Gorostiaga (1844-1893) contra Bernardino Caballero por una banca en el Senado y de Antonio Taboada (1848-1913) contra Claudio Gorostiaga por otra en la Cámara de Diputados.

            Después de un fallido intento electoral en febrero de 1887, se llamó a una nueva convocatoria para el 12 de junio de ese año, que desembocó en graves desórdenes callejeros en dicha ciudad, los cuales impidieron la realización normal de las elecciones. Hubo numerosas víctimas, muertos y heridos, y varios detenidos que fueron trasladados hasta Paraguarí y desde allí en ferrocarril a Asunción, donde fueron recibidos como héroes por la oposición. Los presos fueron liberados poco tiempo después. Una tradición oral recogida por el doctor Carlos Levi indica que, con motivo de la baja temperatura de la época, un comerciante guaireño obsequió tiras de tela azul, de un saldo que conservaba, para que las utilizasen como mantas. Los detenidos habrían llegado a Asunción envueltos en esas mantas improvisadas, lo cual originó o por lo menos consolidó el color que sería adoptado después oficialmente. Por su parte, el oficialismo empleó la divisa roja.

            Surgió entonces la decisión de fundar un partido político. Tras una reunión preliminar, realizada el 2 de julio, se convocó a la asamblea definitiva, que tuvo lugar el 10 de julio. Primaba en los participantes la impresión de los recientes acontecimientos electorales y de los enconos despertados por ellos. Nació así el llamado Centro Democrático, al que se conocería también como Partido Liberal, cuyo primer presidente fue don Antonio Taboada. Revistaban entre los principales firmantes Ignacio Ibarra, Cirilo Solalinde, Ildefonso Benegas, José Zacarías Caminos, José de la Cruz Ayala, Pedro P. Caballero, Víctor M. Soler, Francisco Soteras, Mateo Collar, Ignacio Ibarra, Manuel Ávila y otros.

            Poco después, en respuesta, el 25 de agosto siguiente, fue fundado el Partido Nacional Republicano, bajo el liderazgo central del general Bernardino Caballero, a quien acompañaban José Segundo Decoud, Gregorio Benítez, Miguel Alfaro, Guillermo de los Ríos, Jaime Peña, Juan Crisóstomo Centurión, Juan G. González e Higinio Uriarte, entre otros. El acta fundacional expresa que los objetivos son "ocuparse preferentemente de todas las cuestiones de interés público que interesen a la prosperidad, al engrandecimiento y a la felicidad de la patria, así como de propender al afianzamiento de las libertades públicas, consagradas por la Carta Fundamental...". El 11 de setiembre, en una asamblea realizada en el Teatro Olimpo, fueron aprobados el programa y el estatuto.

            El presidente y el vicepresidente de la República, general Patricio Escobar y don José del Rosario Miranda, respectivamente, así como otros funcionarios no firmaron el acta fundacional. Según se explicó, su carácter de gobernantes los obligaba a mantenerse prescindentes de la lucha de partidos. Posteriormente, una vez que abandonaron dichas funciones, todos ellos se incorporaron al Partido Republicano, el cual les reconoció la calidad de fundadores.

            El 23 de diciembre hubo un nuevo enfrentamiento con motivo de las elecciones para elegir dos senadores y dos diputados por la capital. Nuevamente, un saldo de muertos y heridos fue el resultado de los incidentes, que caldearon aun más los ánimos. Varios dirigentes opositores fueron apresados, incluyendo a Antonio Taboada.

 

La Farmacia Catedral. Antes de esta, en el lugar sentó sus reales la

"Botica Guanes", donde, el 29 de Agosto de 1892, se reunieron "los neutrales",

denominación con la que un grupo de personalidades intentaba

la formación de un nuevo partido político.

Entre los adherentes a esta línea se encontraban:

Francisco Guanes, Benjamín Aceval, José Urdapilleta,

Pedro Bobadilla, Manuel Domñinguez, y otros.

 

 

            LAS IDEAS FUNDACIONALES

 

            ¿Qué ideas sustentaban ambos partidos en el momento de su fundación? Después de la guerra, la doctrina liberal era la única disponible, con un modelo de organización del Estado, que era el de las grandes potencias emergentes de la era industrial. Y, obviamente, era el que tenía arraigo en el pensamiento de los políticos. De dicha doctrina habían surgido la Constitución de 1870 y las principales leyes adoptadas en consecuencia, incluyendo el Código Civil y el Código de Comercio, de gran trascendencia jurídica. Los que al principio fueron fundados como organismos de corta vida, llegaron a echar raíces profundas y enriquecidos por símbolos y tradiciones, endurecidos por los enfrentamientos, adquirieron una perdurabilidad tan firme que cumplieron sobradamente un siglo de existencia sin que nada parezca mellar su antigua influencia en las simpatías populares.

            El propio Caballero lo confirmaría en 1893, en un discurso con motivo de la aceptación de una nueva candidatura presidencial: "De ahí nacieron los partidos políticos y el país se dividió en republicanos y democráticos. Esos partidos, sin embargo, no tenían aún su existencia asegurada: eran muy nuevos y carecían de tradición e historia. Podrían desaparecer con cualquier eventualidad, y de ahí que no se erizaran recíprocamente sino como bandos personales sin consistencia futura". Es curioso comprobar cómo los principales exponentes del Partido Republicano de esa época, y aun de varias décadas posteriores, insistían en reivindicar el carácter de liberal, e incluso de negarle ese carácter a sus adversarios.

 

 

            INTENTOS DE REUNIFICACIÓN

 

            Pese a los enconos nacidos de las luchas electorales, hubo un intento serio de poner fin a esas diferencias y volver a reunir, en una sola agrupación, a ambos grupos de ciudadanos. El animador de este esfuerzo fue don Pío Otoniel Peña, hombre de gran relevancia social y política.

            Basta con recordar su carácter de hijo mayor de don Manuel Pedro de la Peña y hermano de Ángel Peña. Su hermana, Rosa Peña, era la esposa de Juan G. González. Constituyente en 1870, fue uno de los más entusiastas adherentes del general Caballero en los alzamientos revolucionarios de 1873 y 1874 contra el gobierno de Salvador Jovellanos. En 1887 encontramos su nombre entre los fundadores del Partido Nacional Republicano.

            El objetivo de Peña era evitar una situación de anarquía y asegurar candidaturas de consenso para el siguiente periodo constitucional. Las negociaciones se realizaron en los últimos meses de 1889. A invitación de Peña, el 27 de setiembre se reunieron en su casa Bernardino Caballero y Antonio Taboada, previa autorización de ambas agrupaciones. Un factor de irritación que bloqueaba el proyecto era la virulenta campaña del periódico "La Democracia", cercano al Centro Democrático, contra Caballero. Se acusaba al general, entre otras cosas, de alentar la candidatura presidencial de su cuñado, el coronel Juan Alberto Meza. Taboada explicó en la reunión que dicho periódico no representaba al partido ni el pensamiento de sus principales líderes.

            Es curioso recordar que "La Democracia", dirigido por don Ignacio Ibarra, veterano de Cerro Corá, había sido fundado para sostener la candidatura presidencial de Caballero. Pero años después era el vocero del sector más radical del Centro Democrático. La propuesta de Peña encontró inicialmente eco favorable en una serie de personalidades que le dieron su apoyo de manera pública. Así se llegó a una candidatura de consenso: la de Juan G. González, propuesta por Caballero, pero con la aceptación de Taboada y sus amigos políticos.

            Se acordó inicialmente que Víctor Soler, del Centro Democrático, lo acompañaría como candidato a vicepresidente y en ese sentido fue firmado un pacto entre ambas agrupaciones, rubricado el 29 de octubre por Caballero, presidente del Partido Nacional Republicano; por Antonio Taboada, presidente del Centro Democrático, junto a otros exponentes de ambos partidos. El pacto fue denunciado meses después al surgir nuevas discrepancias alimentadas por los grupos intransigentes, pero finalmente pudo servir de base a la renovación de las autoridades nacionales. Solo que esta vez la vicepresidencia fue entregada a don Marcos Morínigo, republicano.

            La adhesión al pacto fue, por otra parte, motivo de profundas luchas internas dentro de la oposición, donde un sector, que incluía a José de la Cruz Ayala, pregonaba una lucha frontal contra el oficialismo. Caballero insistió en mantener su adhesión al acto, asegurándole, en una nota fechada en abril, que "en el orden político, siempre consideramos a todo paraguayo como a un hermano, y en el orden social, a todo hombre que venga a compartir con nosotros nuestros afanes en favor del engrandecimiento del Paraguay".

 

            PRESIDENCIA DE JUAN G. GONZÁLEZ

 

            Así llegó a la presidencia don Juan G. González; quien asumió el cargo el 25 de noviembre de 1890. En su gabinete aparece como ministro de Guerra una figura que ejercería una gran influencia en los años siguientes: el entonces teniente coronel Juan Bautista Egusquiza, quien venía de ejercer la función de jefe militar en Misiones. El mandato de González fue difícil y marcado por duros enconos, ya que el propio presidente se encargó de atizar las diferencias entre los grupos y de ejercer todo el poder que tenía en sus manos para favorecer a sus allegados.

            Pese a ello, este gobierno tuvo entre sus colaboradores a figuras prominentes del Centro Democrático. De modo que aun en medio de las graves disputas por el poder, el sistema de gobierno mantenía una imagen de coparticipación.

            Durante su gobierno comenzó a hablarse de un proyecto de ferrocarril a Santos, que permitiría al Paraguay una salida directa al Atlántico. Ese proyecto, según algunas fuentes, despertó la desconfianza argentina, ya que rompería la tradicional dependencia del comercio paraguayo de su única comunicación: el Río de la Plata, con Buenos Aires como punto final. La concesión para la ejecución del proyecto fue otorgada inicialmente al señor Modave de Masogne, y fue renovada posteriormente cuando se aproximaba la fecha de su caducidad. Más tarde fue otorgada al señor Obert de Thicesies.

 

 

FUNDADORES DEL PARTIDO LIBERAL

 

Antonio Taboada

 

Adolfo Saguier

 

José de la Cruz Ayala (Alón)

 

            GOLPE DEL 18 DE OCTUBRE

 

            La primera reacción contra el gobierno de González provino del Centro Democrático con el golpe revolucionario realizado el domingo 18 de octubre de 1891, frustrado por la rápida reacción gubernista. Fue organizado para el efecto un Comité Revolucionario, cuyo liderazgo fue confiado al mayor Eduardo Vera, héroe de la guerra. La junta Ejecutiva estuvo constituida por Eduardo Vera, Antonio Taboada, Pedro P. Caballero y Juan B. Rivarola.

            Un manifiesto divulgado ese día por el Centro Democrático explicó los motivos del alzamiento. "Las revoluciones son sagradas cuando ellas tienen por objeto restablecer el imperio del derecho vulnerado, recobrar el poder usurpado, reparar grandes injusticias o reivindicar la honra nacional ultrajada. La revolución que promovemos responde a estos fines".

            Se contó para el golpe con el apoyo del propio administrador general de Aduanas, Juan Bautista Rivarola. Gracias a quien se habrían podido introducir al país armas y municiones. Como era domingo, los soldados estarían de franco y se suponía que sería difícil organizarlos para repeler la intentona. Dos cuarteles debían ser atacados simultáneamente: el de la Escolta Presidencial y el de Infantería. En uno de los sitios que debían ser atacados se hallaba el regimiento de Artillería, con ocho cañones Krupp y cuatro ametralladoras. Después de tomados los cuarteles, los revolucionarios intimarían rendición a la Policía. El plan incluía la detención de los generales Caballero y Escobar. Una vez logrado el triunfo, asumiría el poder una junta revolucionaria hasta las elecciones para presidente, vicepresidente y miembros del Congreso. El Poder judicial sería disuelto y reorganizado. El candidato a presidente sería don Antonio Taboada. Vera había rechazado la postulación.

            Según una publicación de la época, para la ejecución del golpe se organizaron siete grupos, cada uno con unos 25 a 30 hombres, con distintos puntos de concentración. El de Vera, que tendría la responsabilidad principal, se reunió en la casa de Pastor Cabañas Saguier, El Paraguayo Independiente N° 48. En el puerto, unos 70 a 80 hombres que pretextaba dirigirse a un bautismo, subieron a tres tranvías tirados por caballos que, por la misma calle El Paraguayo Independiente, recorrían el trayecto hacia la Catedral, supuesto destino del grupo.

            Al llegar a 14 de Mayo descendieron y alrededor de las 19:00, se arrojaron sobre la guardia del cuartel de la Escolta Presidencial, en el local que sería después y durante décadas, sede de la Escuela Militar. Durante la toma de la guardia del cuartel fueron muertos los coroneles Ángel Ozuna, comandante de la Escolta, y Santos Miño, subcomandante.

            En medio de la confusión también cayeron el mayor Vera, que lideraba el grupo atacante, y el diputado Juan Machaín. Al parecer, Vera fue víctima de un disparo equivocado proveniente de sus propias fuerzas, situadas del otro lado de la plaza.

            Poco después, Taboada llegó al cuartel, en cuyos corredores se mantuvo hasta cerca de la medianoche, cuando la reacción gubernista ya se había producido. Algunos piensan que el disparo que mató a Vera partió de los hombres de Taboada que llegaban al cuartel, que ya había sido tomado por aquel, sin saber que estaban disparando sobre sus propios compañeros. Otro grupo, al mando de Rivarola, que había ocupado la Capitanía General del Puerto, cumplió la misión, pero la abandonó más tarde por falta de apoyo, se retiró a bordo del "Teniente Herreros" y llegó hasta Formosa. El grupo al mando de Fabio Queirolo hostigó a la Policía desde los corredores del actual Palacio Legislativo, la retuvo en su cuartel. Un grupo dirigido por Pedro P. Caballero atacó el cuartel de Caballería, después de subir la barranca del parque.

            El general Caballero debía ser tomado prisionero en su casa, en la esquina de las actuales calles Coronel Bogado y México, por un grupo al mando del coronel José del Carmen Pérez. Los revolucionarios llegaron a entrar a la casa, pero fueron rechazados a tiros. La reacción se produjo gracias a la resuelta actitud del coronel Egusquiza, quien, escoltado por un sargento, entró al cuartel donde aún se defendían algunos hombres, y sostuvo la línea con todos los leales que pudo reunir. Ya avanzada la noche, pudo contraatacar. El orden fue restablecido y el gobierno emergió airoso de la dura prueba.

            Al día siguiente fue decretado, por treinta días, el estado de sitio en toda la República. Se practicaron numerosas detenciones y el caso fue puesto en manos de la justicia.

 

            LA POLCA "18 DE OCTUBRE"

 

            Unos músicos que habían venido de Misiones -los tres hermanos Cornelio, Pedro y Doroteo Barrios y el profesor Delfín Chamorro- para estrenar una polca en homenaje al coronel Miño, por su reciente ascenso, no pudieron cumplir su propósito debido a la muerte de este. El propio Barrios, sargento del cuartel atacado, pereció en el golpe. Pero los demás autores de la polca la hicieron escuchar al coronel Esgusquiza, quien habría tenido la idea de cambiarle de nombre y, en vez de "Coronel Santos Miño", se convirtió en "18 de Octubre", como homenaje a los caídos en defensa del gobierno. Paradójicamente, la polca fue reivindicada después por los liberales, hasta convertirse en la canción oficial del partido.

            El Centro Democrático, muy golpeado como consecuencia del fracaso del golpe, fue reorganizado en agosto de 1892 en una asamblea que tuvo lugar en una casa que las crónicas mencionan como "al lado de la iglesia de San Roque". Fue electo presidente don Manuel I. Frutos a quien acompañó, como vicepresidente, Cecilio Báez. Ese mismo año retornaron al país Juan Bautista Rivarola y Antonio Taboada, sin ser molestados. El primero de ellos falleció poco después, de enfermedad.

            El partido resolvió, a fines de 1892, no participar de las elecciones de febrero del año siguiente para renovar el Congreso. La renovación parlamentaria se llevó a cabo, pero solo con candidatos del Partido Republicano. Dos periódicos - "La Democracia" y "El Pueblo"- canalizaban las ideas de los liberales. Inicialmente se habló de postular como candidatos a las elecciones de 1894 a Benjamín Aceval y al empresario Juan B. Gaona, para la presidencia y vicepresidencia de la República, respectivamente, pero el proyecto no llegó a prosperar.

            Aunque con el golpe fallido afloraron las divergencias internas dentro de los dos partidos, la línea que dividía a los "democráticos" entre moderados y radicales se profundizó gravemente. Al mismo tiempo, dentro del Partido Republicano también se agudizaron las desconfianzas contra el presidente González. En un principio se habló de que Egusquiza sería el candidato oficialista. Pero luego se fortaleció el rumor de que, en realidad, González alentaba la candidatura de José Segundo Decoud, su concuñado. El grupo caballerista se vio desplazado y la campaña electoral dio lugar a algunos incidentes entre ambos sectores.

 

 

 

 

ESCUCHE EN VIVO / LISTEN ONLINE:

 

Polca 18 de Octubre o Polca Liberal

 

Intérprete:  ALEJANDRO CUBILLA

 

 

 

 

 

Intérprete:   OSCAR PÉREZ

 

 

 

 

 

 

 

 FUNDADORES Y MIEMBROS DE LA PRIMERA COMISIÓN DIRECTIVA

DEL PARTIDO COLORADO 

 

General Bernardino Caballero

 

José Segundo Decoud

 

 

Ángel Benítez

 

 

            EL GOLPE DEL 9 DE JUNIO

 

            Ante la situación fue proclamada la candidatura presidencial del propio Caballero, quien contaba entonces con 50 años. La misma comisión directiva republicana dio su apoyo a esta postulación, en noviembre de 1893. Cuando fue invitado oficialmente a apoyar la propuesta, Caballero aceptó, invocando como motivos: "El estado triste de nuestra campaña y el desamparo en que se hallan las clases agricultoras, el poco desarrollo de la industria, el abatimiento del comercio y la gran baja que ha sufrido la moneda circulante con el triste efecto del poco tacto administrativo y de los gastos excesivos e innecesarios (...) en una época en la que el estado precario del país reclamaba una prudente economía". Prometió respetar todas las garantías y "gobernar con todos los ciudadanos que quieran compartir mis faenas oficiales, sin distinción de matices".

            El caballerismo era apoyado por el diario "La Patria" después llamado "Patria Guasu", fundado en 1894, dirigido por Gregorio Benítez y cuyo redactor principal era Blas Garay, muy joven aún entonces. Simultáneamente nació, dentro del coloradismo, el Club Popular Egusquicista, enarbolando como bandera la candidatura del general Egusquiza. Entre quienes dieron su respaldo a este movimiento se hallaban jóvenes intelectuales tan relevantes como Fulgencio R. Moreno, Arsenio López Decoud y Manuel Domínguez. El programa y las autoridades del club fueron dados a publicidad el 17 de diciembre de 1893. La candidatura fue apoyada desde las columnas del diario "La República" y el periódico "El Progreso", que apareció en mayo de 1893 y en el cual escribían los mencionados López Decoud, Domínguez y Moreno. Los enconos políticos dentro del Partido Republicano se fueron agudizando hasta el punto de que los generales Caballero y Egusquiza resolvieron deponer sus diferencias y unir esfuerzos para derrocar al presidente González. Así lo hicieron con un golpe incruento, el 9 de junio de 1894. Egusquiza se posesionó de los cuarteles y, al día siguiente, envió una comisión al presidente González, quien se encontraba en su despacho, a quien le informó que había "asumido las responsabilidades del primer magistrado de la República hasta que el Congreso resuelva en esta cuestión, en uso de sus atribuciones soberanas", y lo invitó a renunciar. Este se negó, pero fue apresado más tarde y llevado al cuartel de la Escolta, donde lo esperaban tres generales: Egusquiza, Caballero y Escobar.

            Un manifiesto firmado por los generales Caballero y Egusquiza explicó al pueblo los motivos de dicha acción. Denunciaba que González se disponía a ordenar el apresamiento de ambos para asegurar el continuismo en el poder, para lo cual sería candidato José Segundo Decoud, su concuñado (ambos estaban casados con las hermanas Peña). Se acusaba a Decoud de haber tenido una actuación contraria a los intereses nacionales en la firma del tratado de límites con Bolivia, conocido como Decoud-Quijarro, que dejaba al país vecino una parte importante del territorio chaqueño. Una vez derrocado González, por decisión del Congreso, asumió el vicepresidente Marcos Morínigo, cuñado del general Caballero. El nuevo gobierno duró cinco meses, durante los cuales preparó la transición. Caballero declinó su candidatura en favor de la del general Egusquiza.

            Caballeristas y egusquicistas se unieron en octubre de 1894 y fue proclamada la fórmula Juan B. Egusquiza - Facundo Insfrán. Este último era un médico prestigioso que revistaba dentro del caballerismo. Para consolidar la unidad desaparecieron los periódicos de ambas facciones y fue fundado como órgano oficial del Partido Republicano, el diario "La Unión" con dos directores: el egusquicista Moreno y el caballerista Blas Garay. El propio nombre del periódico expresaba los propósitos que animaban a sus redactores.

 

 

 

 

 

ADVENIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS (CONTINUACIÓN)

HELIO VERA

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 23 - CAPÍTULO 13

Asunción – Paraguay

2012

 

 

Gabinete del Presidente Juan G. González. Junto al presidente,

sentado en el centro, aparecen Otoniel Peña, José Tomás Sosa,

Juan B. Egusquiza y Venencio López

 

        

         PRESIDENCIA DEL GENERAL EGUSQUIZA

 

         El general Egusquiza asumió el mando presidencial el 25 de noviembre de 1894 y gobernó hasta el 25 de noviembre de 1898. Lo acompañó, como vicepresidente, el doctor Facundo Insfrán. Fue el tercer presidente que completó el período constitucional para el que fue electo.

         Los dos que lo precedieron, Caballero y Escobar, también fueron generales, como él. El propio presidente dirá de su gobierno, en el mensaje al Congreso al inaugurar las cámaras en abril de 1895, que marcó "un período de transigencia entre los partidos, tras de los grandes odios".

         Se aproximaba el fin del mandato cuando comenzaron las negociaciones para que el siguiente gobierno fuese de consenso entre todas las fuerzas políticas. El sector radical del Centro Democrático, que ya era conocido como Partido Liberal, cuestionó acerbamente el proyecto. Argumentaba que la lucha era la esencia de la democracia y que suprimirla mediante componendas significaría arruinar el civismo.

         Al terminar su mandato, Egusquiza entregó el poder a don Emilio Aceval, dando continuidad a su línea de gobierno.

         Como vicepresidente fue elegido Héctor Carvallo. Desde "La Unión", con el seudónimo de "Fulcio", Fulgencio R. Moreno contestó: "Sostener la teoría antipactista de los radicales sería fomentar una eterna anarquía fomentada por las tendencias incendiarias de los partidos políticos existentes". Se llegó, pues, al pacto en enero de 1895, gracias a lo cual se distribuyeron los distritos electorales. En algunos no fueron presentados candidatos colorados para que los adversarios pudiesen ser elegidos. De ese modo se integró la oposición al Congreso.

         Antonio Taboada fue electo parlamentario por Villarrica, pese a haber sido acusado de participar del golpe del 18 de octubre. También integraba el Congreso el general Caballero.

         Fue este Congreso el que dictó, por unanimidad, una ley de amnistía por la que "todos los emigrados, reos o procesados por causas políticas quedan amnistiados desde la promulgación de la ley". La ley fue promulgada poco después por el Poder Ejecutivo. De ese modo quedaron zanjados los problemas surgidos a raíz del golpe del 18 de octubre. Nótese que entre los miembros del Parlamento que sancionó dicha ley se encontraba nada menos que Bernardino Caballero, quien debía haber sido capturado o quizá eliminado en aquel suceso.

         Durante el gobierno de Egusquiza fue fundado el Instituto Paraguayo, entidad que estaría llamada a cumplir un gran papel de animación de la incipiente vida cultural. También fueron enviados varios becados para seguir la carrera militar en Chile, primer paso hacia la constitución de un ejército profesional. Casi todos estos jóvenes, entre los que se encontraban Atilio Peña, Adolfo Chirife, Eugenio A. Garay, Albino Jara, Manlio Schenone, Pedro Mendoza, Manuel Rojas y Carlos Goiburú, estaban llamados a adquirir gran relevancia, aunque por motivos diversos, en la vida nacional.

 

 

La antigua Cárcel Pública, Yegros esquina calle De la República,

en cuyo recinto se produjo el incidente conocido corno “la matanza de la Cárcel Pública",

el 29 de octubre de 1877.

En la ocasión fueron muertos el Cdte. José Dolores Molas,

el médico Francisco Galeano, José Dolores Franco, “...el reo italiano" Scotto y el Dr. Facundo Machaín.

 

 

 

         PRESIDENCIA DE EMILIO ACEVAL

 

         El general Egusquiza fue sucedido en la presidencia por uno de sus amigos políticos: don Emilio Aceval, quien asumió el 25 de agosto de 1898. No se le conocía actividad política y era más bien conocido por su fortuna personal. Como no había tenido vinculación con el partido de gobierno, debió afiliarse previamente. Esta falta de extracción partidaria le ganó, de entrada, una gran desconfianza en el seno de sus nuevos correligionarios.

         De hecho, su mandato descansaba en la sombra del general Egusquiza. Aceval gobernó dentro del esquema montado por su predecesor y además contaba con el aval multipartidario: el de los acuerdos políticos con la oposición para integrar el Congreso. Los republicanos no presentaban candidatos en los distritos que se había concertado entregar a la oposición.

         De ese modo, se mantenía el sistema de integrar a la oposición liberal en el Parlamento. Además, seguía la política de hacerle participar de la gestión de gobierno. Fue así como el doctor José Zacarías Caminos, liberal, fue llamado de Buenos Aires para encargarse de la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Sin embargo, la fracción radical del liberalismo consideraba que la política pactista, alentada por el llamado "civiquismo" debilitaba el espíritu de lucha propio de las democracias. Esta diferencia creó no pocos problemas dentro de la oposición. Por su parte, el caballerismo tampoco veía con buenos ojos el creciente predominio egusquicista en el gobierno. Menos aún cuando surgió la creencia de que el presidente Aceval se disponía a imponer la sucesión presidencial en la persona de su hermano Benjamín. Pero este murió en 1901, por lo que el apoyo inicial fue transferido a otro empresario republicano: don Guillermo de los Ríos.

         Pese a la actitud intransigente del radicalismo, sus dirigentes aceptaron cargos en el gobierno: Cecilio Báez, como embajador en México; Alejandro Audivert, como ministro plenipotenciario en la Legación ante Argentina y Uruguay y Manuel Gondra, con otro cargo diplomático. El problema de la sucesión se iba tornando crítico, ya que era evidente que el presidente se disponía a seguir la tradición de imponer la candidatura del que iba a sustituirlo.

         La crisis estalló el 8 de enero, cuando el presidente Aceval, ante dos vacancias en el gabinete -la del Interior y la de justicia, Culto e Instrucción Pública- decidió nombrar a Miguel Corvalán y a Francisco C. Chaves. Esta decisión molestó al ministro de Guerra, coronel Juan Antonio Escurra, quien había pedido que se le informase de los candidatos a ocupar estos cargos. Al no ocurrir tal situación, expresó su disgusto al presidente quien, molesto a su vez, le pidió la renuncia. Escurra prometió enviarla al día siguiente, pero esa noche, con el pretexto de una cena, atrajo a los comandantes de la Artillería e Infantería, capitanes Hipólito Núñez y Antonio Almeida, a quienes hizo apresar en el cuartel de la Escolta. A la mañana siguiente, el 9 de enero, Escurra invita al presidente Aceval al mismo cuartel a discutir la situación, y también lo reduce a prisión. La Policía, al mando de Elías García, intentó resistir pero después se integró al movimiento.

         Se hizo cargo del poder, un Comité Revolucionario constituido por los generales Caballero y Escobar, el coronel Juan A. Escurra, Fulgencio R. Moreno y Eduardo Fleytas. El general Egusquiza se asiló en la Legación argentina y Guillermo de los Ríos en la de Francia. En un manifiesto que apareció ese mismo día, se explicaba que el objetivo del golpe era acabar con "un régimen insostenible, profundamente viciado por estrechas ambiciones de círculo". Firmaban el documento los generales Caballero y Escobar -ambos miembros del Senado- el coronel don Juan Antonio Escurra y los señores Fulgencio R. Moreno y Eduardo Fleytas, integrantes del Comité Revolucionario.

         Sin embargo, lo que parecía ser un golpe incruento desembocó de pronto en un episodio luctuoso. Como Aceval se había negado a renunciar, el Comité Revolucionario informó al Congreso su deposición.

         Se convocó a una sesión extraordinaria que comenzó a las 11, presidida por el vicepresidente de la República, Héctor Carvallo. Le tocó a don Eduardo Fleytas argumentar a favor del derrocamiento. Con ese motivo se constituyó una comisión para dictaminar sobre la petición. El propio Fleytas integró la comisión, junto con Facundo Insfrán y otros. La comisión dictaminó a favor de la deposición. En el debate que se suscitó con ese motivo se produjo un tumulto descomunal, sobre todo cuando se supo que Aceval no había renunciado y que estaba detenido en la Caballería.

         Insfrán explicó que cuando se trata de una revolución no se puede exigir el exacto cumplimiento de la ley. "La fruta estaba madura y cayó por su propio peso". La discusión subió de tono hasta que se produjo un intercambio de disparos en el que, según parece, también intervinieron personas que estaban mirando desde las ventanas. Casi todos los parlamentarios estaban armados y se estima que hubo unos sesenta disparos en el recinto.

         Insfrán cayó herido mortalmente, con un disparo en la cabeza; el diputado Carreras recibió un tiro en el cuello y resultaron heridos Corvalán, Bogarín y dos taquígrafos.

         También se disparó contra el general Escobar y contra Héctor Carvallo, quien presidía la sesión. Las tropas que se encontraban fuera del edificio, cuando escucharon los disparos, comenzaron a su vez a disparar, lo que acentuó el desorden. Finalmente, el general Caballero tuvo que asumir la presidencia de la sesión y concluirla; se aprobaron los hechos consumados.

 

Santiago de Chile.

Militares paraguayos egresados de la Escuela Militar visten los uniformes de sus respectivos cuerpos.

Sentados: Albino Jara, César Gondra, ministro paraguayo en Santiago, y Pedro Mendoza.

De pie: Manlio Schenoni, Eugenio A. Garay y Adolfo Chirife,

todos de importante protagonismo en la vida política y militar

del Paraguay en los primeros años de este siglo.

 

 

 22 de Agosto de 1902 - Muere el expresidente Juan B. Egusquiza

 

 

          PRESIDENCIA PROVISIONAL DE HÉCTOR CARVALLO 

 

         De este modo, el caballerismo retornó al poder, durante el provisoriato de Héctor Carvallo, también fundador del partido. Pero las consecuencias serían muy graves, ya que los hechos dejaron fuera del poder a la fracción egusquicista, que ya había llegado a adquirir una influencia que no se resignaría a abandonar. El nuevo gabinete era la expresión del retorno del caballerismo, pero también al deseo de incorporar a un grupo de jóvenes brillantes del ejercicio de los más altos cargos de la función pública. Entre ellos, a Manuel Domínguez, en la cartera del Exterior y a Fulgencio R. Moreno, en Hacienda.

         Durante el breve mandato de Carvallo se produjo la muerte, en Asunción, del general Egusquiza, a quien se le rindieron los honores correspondientes a su anterior rango. La desaparición del ex mandatario dejó sin cabeza a su movimiento, que había sido excluido violentamente del poder. Mientras tanto, otros liderazgos asomaban en el horizonte.

         El retorno del doctor Cecilio Báez de una misión en el exterior dio lugar a una entusiasta manifestación en el puerto de la capital. Fue, evidentemente, una expresión de respaldo político y de búsqueda de nuevas figuras en el horizonte. En el seno del Partido Colorado se resolvió proclamar la fórmula Coronel Juan Antonio Escurra - Manuel Domínguez, para el próximo período presidencial.

         Parecía la combinación perfecta: el control sobre los cuarteles y el prestigio intelectual. Sin embargo, la influencia del partido gubernista había quedado severamente debilitada por el alejamiento de la fracción egusquicista.

 

VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA Y LA INTOLERANCIA

 

Eduardo Vera, muerto durante el ataque

al Cuartel de Infantería, el 18 de Octubre de 1891

 

Blas Garay,

asesinado el 18 de diciembre de 1899

 

Facundo Insfrán,

asesinado en el Congreso el 9 de enero de 1902

 

 

         GOBIERNO DEL CORONEL ESCURRA

 

         Escurra asumió la presidencia, el 25 de noviembre de 1902. En el Ministerio del Interior fue nombrado don Eduardo Fleytas, quien había pasado a ejercer el liderazgo del caballerismo, tras la muerte del doctor Insfrán. El gabinete incorporó a personalidades jóvenes, pero de gran relevancia, como Pedro P. Peña, Fulgencio R. Moreno y Francisco C. Chaves, quien fue designado ministro a sus escasos 26 años.         Posteriormente serían integrados al gabinete otros jóvenes no menos brillantes, tales como Antolín Irala, quien fue el paraguayo más joven en ser designado canciller.

         Para la renovación parcial del Parlamento, en 1903, fue aplicado nuevamente el método del pacto electoral, que permitió a los liberales participar de la gestión legislativa.

         Este acuerdo, si bien fue aceptado por el sector cívico del Partido Liberal, recibió una frontal impugnación de los radicales, que preferían la confrontación electoral. Pero como consecuencia de algunos incidentes, la oposición retiró sus candidatos. La consecuencia fue que el Senado quedó solo con presencia colorada y la Cámara de Diputados conservó sólo a los liberales que habían entrado en 1901.

         Bajo la superficie comenzaba a formarse el gran movimiento que apuntaba al derrocamiento del gobierno por la fuerza. Puede decirse que la conspiración comenzó al día siguiente del golpe del enero.

         A partir de entonces, el problema era armonizar las fuerzas políticas de la oposición que, al mismo tiempo que eran devoradas por su encono al gobierno, estaban muy distanciadas unas de otras. Los liberales se hallaban escindidos en cívicos y radicales, que sostenían puntos de vista muy distintos sobre la manera de encarar la lucha.

         Hubo necesidad de trabajosas negociaciones para superar la desconfianza mutua. Una contribución muy importante fue la presencia de Benigno Ferreira, quien se había reintegrado al país y aportaba su experiencia y sus condiciones de hombre de acción. El 16 de marzo de 1904 fue formalizada la unión cívico-radical, aunque de manera reservada, conservaba la apariencia externa de división y odios mutuos. Ese día fue firmado el documento que sellaba la unidad liberal, aunque la misma era mantenida en secreto. Lo firmaron, en representación de las distintas fuerzas, Emiliano González Navero (radical), Benigno Ferreira (cívico), Emilio Aceval (colorado egusquicista) y Francisco Campos (colorado egusquicista).

         El documento constituía un Comité Revolucionario con el nombre de "Comité Político Nacional", que comenzó a funcionar en la sombra, con el propósito de conseguir recursos y reclutar hombres para el alzamiento. Lo constituían el general Benigno Ferreira, quien había retornado al Paraguay con ese objetivo; Cecilio Báez, Emiliano González Navero, Emilio Aceval, Guillermo de los Ríos y Francisco Campos. En el documento mencionado, los dos últimos fueron designados tesoreros. En la práctica, los banqueros de la revolución.

         Una violenta campaña de prensa contra el gobierno, realizada sobre la base de los periódicos radicales, se encargó de preparar los ánimos para el estallido revolucionario. El estanco del cuero y la política financiera del gobierno fueron los blancos elegidos para centrar la artillería propagandística. Las elecciones municipales en la capital dieron lugar a nuevos desórdenes y contribuyeron a elevar la temperatura del ambiente.

         La oportunidad surgió pronto. El departamento comercial del Banco Agrícola había adquirido en Buenos Aires un buque de carga, con poco más de 300 toneladas de porte: el "Sajonia". Se comisionó a la Argentina, para traer el buque a Asunción, a don Ildefonso Benegas, antiguo capitán de la marina mercante, junto con un grupo de mecánicos, foguistas y otros técnicos. Benegas se hallaba en connivencia con los revolucionarios y se decidió poner el buque al servicio de la empresa. Los demás miembros del comité, y varios otros complotados, viajaron con ese motivo a la Argentina.

 

El 12 de octubre de 1892, durante el gobierno de Juan G. González

y con motivo del 4o Centenario del Descubrimiento de América,

se produjo la habilitación del "Palacio de López" con una exposición industrial.

Para la ocasión, el edificio fue decorado con una hilera de cocoteros que,

posteriormente, desaparecieron.

 

 

1909. El General Bernardino Caballero en Buenos Aires en el Paseo de Palermo,

junto al expresidente Juan Escurra y otros dirigentes del Partido Colorado.

 

 

         LA EXPEDICIÓN DEL "SAJONIA"

 

         Todos se dieron cita en La Plata, de cuyo puerto debería zarpar la embarcación. Para constituir el núcleo de la fuerza combatiente, fueron contratados más de un centenar de hombres, a quienes se les dijo que irían a una colonización agrícola en el Chaco. En la noche del 4 de agosto, todos fueron conducidos al barco, pero cuando se estaban cargando las cajas con supuestos implementos agrícolas, una de ellas se golpeó contra la cubierta y quedó al descubierto su contenido: un cañón Krupp. Los que estaban en el muelle, a punto de subir, se dieron a la fuga, pero los que ya estaban a bordo no pudieron hacer nada, ya que fueron conminados por la fuerza a permanecer allí. De cien personas que constituía el grupo inicial, quedaron 70. El "Sajonia" zarpó en la madrugada del 4 de agosto.

         El armamento adquirido para la revolución consistía en seis cañones Krupp, de montaña con mil tiros, y 1.300 fusiles Grass, con 300 mil tiros. Durante el viaje, los enganchados fueron finalmente convencidos de acompañar a la revolución y recibieron entrenamiento de tiro.

         El gobierno paraguayo, apercibido de lo que estaba ocurriendo, trató de impedirlo, pidiendo la cooperación del gobierno argentino. Pero la nave ya había partido. Muchos sospechan que el gobierno argentino no puso, deliberadamente, mucho empeño en detener la partida. En Empedrado se encostó al "Sajonia" un remolcador que tenía el resto de las armas. Allí los expedicionarios fueron informados de que el gobierno de Asunción ya estaba al tanto de lo que había ocurrido. El plan inicial, que consistía en desembarcar en la bahía de Asunción y apoderarse del poder mediante un golpe de mano, debió ser abandonado.

         El 10 de agosto, luego de un fuerte combate, los revolucionarios ocuparon Humaitá, donde pereció el mayor Petronilo Ferreira, jefe de la pequeña guarnición local, que intentó hacer frente al desembarco. Era la primera cuota de sangre que se cobraba la revolución. Ya se sabía que era inminente un encuentro con el "Villarrica"; que venía artillado y con un destacamento de un centenar de hombres al mando del mayor Eugenio A. Garay (1874-1937). El comando de la expedición estaba al mando del ministro del Interior, don Eduardo Fleytas.

         El "Villarrica" era un barco de carga que estaba a punto de viajar a Buenos Aires con un cargamento de vigas, y zarpó el 8 de Asunción al encuentro del "Sajonia". Para ello fue armado con dos cañones Krupp, de 75, modelo 1870, considerados mejores que los del "Sajonia". Habiéndose perdido el factor sorpresa, los jefes rebeldes se reunieron en consejo de guerra, presidido por el comandante Manuel J. Duarte (1873-1921). A instancias de este resolvieron combatir. De hecho, los revolucionarios iban a jugar la suerte de la patriada al todo o nada.

         Los buques se avistaron frente a Pilar el 11, por la mañana. El "Villarrica" disparó primero, pero sin éxito. Sus cañones, no obstante, tenían mayor alcance. Para empeorar la situación, se trabó la cadena del timón del "Sajonia" y lo dejó sin gobierno, lo cual causó gran desazón entre sus ocupantes.

         Parecía que todo estaba perdido. La falla fue reparada estando el buque a la sombra de una saliente del monte, luego de lo cual el buque salió de nuevo a pelear. Ambos barcos se acercaron cañoneándose hasta que estuvieron a tan poca distancia que el enfrentamiento se convirtió en un duelo de fusilería. Los Remington gubernistas tenían menos alcance que los Grass de los revolucionarios, finalmente, ambos buques chocaron.

         El "Sajonia", que sobresalía mucho más de la superficie, permitió a sus hombres disparar desde lo alto, causando numerosas bajas. Los combatientes de ambos bandos prácticamente se fusilaron cara a cara. Finalmente y después de sufrir numerosas bajas, el "Villarrica" se rindió. Garay sufrió siete heridas de bala, felizmente sin gravedad, lo que permitió salvar la vida de quien sería el héroe de Yrendagué, durante la Guerra del Chaco. Entre los 28 muertos gubernistas se contaba el diputado Abdón Caballero, hijo del general Bernardino Caballero. El ministro Fleytas trató de llegar a nado a territorio argentino, pero fue capturado.

         Como consecuencia de esa acción, los buques "Sajonia" y "Villarrica" fueron rebautizados como "Libertad" y "Constitución", respectivamente.

         Una fuerza liberal al mando del general Benigno Ferreira, que esperaba en Bouvier, Chaco argentino, cerca de Asunción, fue embarcada el 13 por la noche. La revolución se fortalecía en hombres. En la madrugada del día siguiente fue tomada Villeta, sin resistencia. La fuerza gubernista que la ocupaba había evacuado el pueblo. Desde allí, el mando revolucionario, que ya había quedado en manos del general Ferreira, dio a conocer un manifiesto en el que explicaba los motivos de la revolución. Encabezaban la lista de los firmantes Benigno Ferreira y Emiliano González Navero.

 

Plaza de la Independencia en una de las fiestas patrias

 

 

         BOMBARDEO DE ASUNCIÓN

 

         Entre la noche del 15 y la madrugada del 16 de agosto, el "Sajonia" ("Libertad") y el "Villarrica" ("Constitución") pasaron frente a las baterías de Itapytapunta y llegaron frente a Asunción con un destacamento de 200 hombres. Al clarear, el general Ferreira intimó rendición al gobierno, dándole un plazo de tres horas, a partir de las 7.30, bajo la amenaza de bombardear la ciudad. El presidente Escurra ofreció su renuncia. De todos modos, las negociaciones no concluyeron, y de pronto hubo un intercambio de cañonazos entre los buques y los cañones de tierra. Los barcos fueron hostigados por el fuego de cañones gubernistas que disparaban desde Itapytapunta y otros sitios.   

         Un hecho curioso es que uno de los proyectiles disparados desde la bahía dio contra la esquina de la casa donde vivía el general Ferreira, el jefe de la revolución, en Independencia Nacional y Azara. La bala abrió un boquete de un metro de diámetro en la pared y penetró en el interior, sin dañar los muebles. Corrió entonces el ingenuo rumor de que el objetivo de aquella bala perdida era el de enviar una esquela del general a su esposa.

         Después, el "Villarrica" partió al Norte, al mando del capitán Elías Ayala, para ocupar Concepción, y el "Sajonia" volvió a Villeta. En el "Villarrica" viajaba un destacamento al mando del capitán Albino Jara. No hubo necesidad de combatir, porque la fuerza gubernista estaba al mando del coronel Zacarías Jara, precisamente el padre de Albino. El 28 de agosto, en virtud del llamado Pacto de Zanja León, las fuerzas gubernistas se retiraron a la frontera, a cumplir con la función de custodias de la soberanía nacional y, en consecuencia, abandonaron la contienda. Concepción quedó en manos rebeldes. Pronto, todo el Norte quedó bajo su control.

         A comienzos de setiembre, el presidente Escurra dio a conocer un manifiesto en el que defendía su gobierno y rechazaba las acusaciones de que era objeto. Destacó que "Para mi gobierno había desaparecido la divisa partidista. Los más altos puestos públicos han sido confiados a hombres conspicuos de la oposición. Los tres poderes de la Nación están llenos de liberales. Posiciones delicadas están por ellos ocupadas".

         Resumió todas las obras y expreso su confianza en que la revolución seria derrotada.

         Hubo combates en Limpio, Parirí (un paso del Pilcomayo), Confuso, Ytororó, Potrero Oculto (Misiones), Ojeda, Ypytá y otros sitios, con resultados dispares. La ciudad de Villarrica fue ocupada poco después. Asunción fue quedando aislada del resto del país, con los rebeldes con el control del río en ambos sentidos. Villa Hayes también fue ocupada, mientras la revolución iba creciendo en hombres y en recursos. Hacia fines de setiembre ocurrió un hecho que simbolizó la desmoralización del gobierno: el propio vicepresidente de la República, doctor Manuel Domínguez, se incorporó a la revolución y explicó sus motivos en un violento manifiesto contra el gobierno. La ocupación de Encarnación fue otro paso importante en el aislamiento de Asunción.

 

Dirigentes liberales, acampados en Villeta,

una vez iniciada la guerra civil de 1904.

Sentados: Adolfo Riquelme, Pastor Cabañas Saguier, Benigno Ferreira y Adolfo Soler.

 

 

Concurso Hípico Militar frente al edificio del Congreso

 

         EL PACTO DE PILCOMAYO

 

         Finalmente, Rufino Mazó, importante político de la época, se presentó en Villeta con una propuesta de paz. El 12 de diciembre tuvo lugar, con ese motivo, una reunión de delegados de ambos bandos, a bordo de "El Plata", una cañonera argentina. Allí fue firmado un documento, denominado Pacto de Pilcomayo, que ponía fin a la guerra civil sobre las siguientes bases:

         1) Renuncia del presidente Escurra y designación de don Juan B. Gaona, un empresario, como presidente provisional;

         2) El señor Gaona sería integrado al gabinete antes de ser designado presidente;

         3) El ejército gubernista sería disuelto y serían incorporados todos los jefes y oficiales de escuela;

         4) Todos los armamentos y útiles de la revolución serían entregados al nuevo gobierno, bajo inventario;

         5) El Estado se haría cargo de los gastos comprobados de la revolución, así como de las obligaciones legalmente contraídas por el gobierno de Escurra;

         6) Serían reconocidos los grados militares otorgados por la revolución;

         7) Se convocaría a elecciones libres;

         8) Elías García sería nombrado jefe de la Policía de la Capital;

         9) Serían amnistiados los culpables de delitos políticos, pero los casos de delitos comunes serían entregados a la justicia ordinaria.

         En virtud del pacto se constituyó un nuevo gabinete, que incluiría a los entonces titulares del Interior y de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Emilio Pérez y Cayetano Carreras, así como el nombramiento de don Elías García como jefe de la Policía de la Capital; renovación de la mitad cesante de las cámaras por elecciones libres y pago de los gastos de la revolución. Por un acta adicional al pacto de paz, se dispuso la completa disolución del ejército y su reorganización sobre nuevas bases. Por otra parte, el Partido Nacional Republicano se abstendría de presentar candidatos a las siguientes elecciones para renovar parcialmente las cámaras del Congreso. Las carteras del Interior y de justicia seguirían siendo desempeñadas por Emilio Pérez y Cayetano Carreras.

         Participaron de la reunión, como mediadores, los representantes de Argentina y Brasil, Alejandro Guesalaga y Basilio Ytiberé da Cunha, respectivamente. Los rebeldes estuvieron representados por el general Benigno Ferreira, el doctor Adolfo Soler y el comandante Manuel J. Duarte. El gobierno fue representado por el presidente Juan A. Escurra, Emilio Pérez y Cayetano Carreras.

         Era, de hecho, una capitulación, bajo el disfraz de un acuerdo de partes. El acuerdo fue rechazado por los revolucionarios que permanecían en Villeta, alentados por Manuel Gondra, Albino Jara y varios oficiales. Les parecía una traición que la lucha terminase mediante un acuerdo político.

         Los cívicos defendieron la salida negociada y abogaron a favor del Pacto de Pilcomayo. Manuel Gondra pidió entrar en Asunción a viva fuerza. En su discurso, del que se conserva copia taquigráfica, dijo Gondra estas terminantes palabras: «En este país no hay moral política, no hay sanción pública; hoy nos codeamos con aquellos que ayer nomás nos han ofendido... para que la revolución sea eficaz y sirva de lección para el porvenir debe ser una revolución justiciera que castigue los crímenes y delitos del pasado... una revolución se hace, como es sabido, a costa de sangre; solamente nuestra revolución hasta ahora no es sangrienta, de manera que hasta por ese lado el sentimentalismo puede dejarse aparte".

         Su postura, empero, no fue escuchada. Finalmente el acuerdo fue aceptado, aunque a regañadientes, por los radicales. De todos modos, con el llamado Pacto de Pilcomayo concluyó la primera era de gobiernos colorados y comenzó una larga hegemonía liberal.

         El 18 de diciembre, la flotilla revolucionaria entró en la bahía y al día siguiente, las cámaras reunidas aceptaron las renuncias del presidente y vicepresidente, Juan Antonio Escurra y Manuel Domínguez, y designaron presidente provisional a don Juan B. Gaona, uno de los empresarios más importantes de la época y quien ya había sido integrado al gabinete.

         Al asumir sus funciones, Gaona dijo: "Quiero dedicar todos mis esfuerzos a levantar el país de la postración en que se encuentra, comenzando inmediatamente por tratar de traer la pacificación más completa, para que todos, cada uno en su esfera, puedan dedicarse al trabajo productivo y remunerador... mis ideas pueden resumirse en pocas palabras: pacificación, reorganización y trabajo".

         El 23, el grueso del ejército revolucionario, que ya estaba acampado en Campo Grande, entró a la capital con un solemne desfile, aclamado por la multitud. Albino Jara encabezaba la artillería revolucionaria.

         Al frente de un batallón iba Arsenio López Decoud, hijo de Benigno López, con un sombrero pirí con el ala levantada sobre la frente y una cinta azul. Su primo hermano, Enrique Solano López, hijo del mariscal, había caído prisionero de los revolucionarios en uno de los combates librados cerca de la capital.

         El batallón de López Decoud se instaló en la manzana de los Saguier, en las actuales calles General Díaz y 15 de Agosto, donde se hallaba una antigua casona señorial. La artillería ocupó otra manzana, a una cuadra de distancia. Ambas unidades se vigilaban mutuamente, lo que revela la desconfianza y los gérmenes de futuros desencuentros ya estaban presentes el mismo día de la victoria. Poco después el ejército gubernista era desarmado y disuelto.

 

 

Puerto de Concepción, a fines del siglo pasado,

importante bastión político y comercial del Norte.

 

 

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Fuente digital: www.abc.com.py

Registro: Setiembre del 2012

 



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