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HELIO VERA


  LOS GOBIERNOS DE ESTIGARRIBÍA Y MORÍNIGO - Por HELIO VERA


LOS GOBIERNOS DE ESTIGARRIBÍA Y MORÍNIGO - Por HELIO VERA

LOS GOBIERNOS DE JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBÍA e HIGINIO MORÍNIGO

Por HELIO VERA

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 32 - CAPÍTULO 17

Asunción – Paraguay

2012

 

         PRESIDENCIA DE JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA

 

         E1 general José Félix Estigarribia asumió la presidencia constitucional de la República el 15 de agosto de 1939, como ganador de las elecciones de ese año, en representación del Partido Liberal. Integró su gabinete ministerial con las siguientes personalidades: Gral. Nicolás Delgado (Interior); Dr. Justo Pastor Benítez (Relaciones Exteriores); Dr. Cipriano Codas (Hacienda), Dr. Alejandro Marín Iglesias (Gobierno y Trabajo); Dr. Efraím Cardozo (Justicia, Culto e Instrucción Pública), Dr. Pablo Max Ynsfrán (Obras Públicas y Comunicaciones); Dr. Alejandro Dávalos (Salud Pública); Dr. Francisco Esculies (Agricultura, Comercio e Industria) y el general Eduardo Torreani Viera (Guerra y Marina.) Las circunstancias políticas y económicas, en extremo especiales, que caracterizaron al Paraguay de esa década hicieron que el gobierno del general José Félix Estigarribia -a pesar de su brevedad- se caracterizara por medidas y actitudes particulares, algunas incluso de tinte totalitario, bajo la influencia de algunos miembros de su propio gabinete, muy cercanos al fascismo-corporativista de la Europa de ese tiempo.

         A pesar de no contar con todo el apoyo del Parlamento, especialmente del sector correspondiente al Partido Colorado, Estigarribia trató de encauzar un régimen institucional que permitiera al país un desarrollo económico rápido y efectivo, como también buscó pacificar los ánimos políticos adversos y evitar que la anarquía se agravase, otorgando amplias libertades a la prensa y a las actividades de los partidos políticos. Su personalidad gozaba de un prestigio sin igual, ganado como conductor del ejército paraguayo durante la victoriosa campaña del Chaco.

         Creó los ministerios de Gobierno y Trabajo, Obras Públicas y Comunicaciones y Agricultura, Comercio e Industria, este en remplazo del Ministerio de Economía. Asimismo, inició la construcción de la ruta Asunción-Villarrica gracias a convenios firmados con los Estados Unidos de América.

         Sancionó un nuevo Estatuto Agrario que consideraba a la tierra como el instrumento de una función social y que todo ciudadano paraguayo debe asentarse en un pedazo de suelo propio que garantice su bienestar. Así, el nuevo Estatuto Agrario introdujo el concepto de expropiación de todas las tierras aptas para la producción agropecuaria y forestal y la colonización que no estuvieran racionalmente explotadas; en compensación introdujo el principió de indemnización a los propietarios afectados a este nuevo régimen agrario, cuyo objetivo era combatir los latifundios improductivos, entonces bastante extensos. Algunos esbozos con relación a este tema ya fueron incluidos, aunque de manera diferente, en la llamada Ley de Reforma Agraria, dictada por Rafael Franco años antes.

 

El Gral. de División José Félix Estigarribia, comandante en jefe del ejército paraguayo en el Chaco,

ríe junto al Gral. Enrique Peñaranda del Castillo, comandante en jefe del ejército de Bolivia,

durante la tercera y última entrevista que sostuvieron en el frente, al término de la contienda.

Esta corresponde al encuentro del 31 de julio de 1935.

 

         LA CONSTITUCIÓN DE 1940

 

         Especial detenimiento merece la Carta Magna de 1940. Pues ante los permanentes brotes de anarquía y desavenencias políticas entre los distintos sectores sociales del país, el Parlamento reunido el 16 de febrero de 1940, consideró necesario remplazar la Constitución de 1870 y luego se declaró disuelto el 18 del mismo mes, permitiendo a Estigarribia asumir plenos poderes políticos para encontrar una solución a la ya dilatada crisis y conformar otro Parlamento.

 

Desfile de la Victoria, en la fría mañana del 22 de agosto de 1935.

Pasan los soldados debajo del arco de triunfo erigido en la esquina de Palma y Chile.

Día de “alegría plena” en Asunción después de tres largos años de guerra.

Los que perdieron a sus seres queridos se consolaban -en parte-por la victoria

y con ver regresar a los que vencieron a la "sed y el fuego" del Chaco.

 

         En ocasión de la dimisión de los miembros del Parlamento en febrero de aquel año, el Gral. Estigarribia dio a conocer una proclama de la que extraemos los puntos más interesantes:

 

         "Asunción, 18 de febrero de 1940

         Al pueblo de la República

         Elegido por mis conciudadanos en comicios de amplia concurrencia, me hice cargo de la Presidencia de la República el 15 de agosto del año pasado.

         Consideré a la patria en peligro y no vacilé, como en 1932, en abandonar mi retiro y acudir en su auxilio. Había que vencer a la anarquía que amenazaba disolver los lazos sociales y que también podía malograr definitivamente los frutos de la victoria a tanto costo conquistada por el pueblo en armas en la epopeya del Chaco.

         Sinceramente convencido de que la curación de muchos males estaba en el retorno a las prácticas constitucionales, apliqué mis energías a la restauración de la Constitución de 1870.

         La República es testigo de la constante y leal dedicación con que me empeñé en esa empresa en la cual cifraba mis esperanzas de demócrata y para la cual conté con el apoyo y la colaboración de una poderosa fuerza cívica y con la lealtad inquebrantable de las instituciones armadas de la nación. Garanticé las libertades; la prensa gozó de ilimitadas franquicias; fueron reorganizadas las instituciones; se buscó afanosamente el retorno de la oposición al Parlamento; se aseguró a los partidos políticos y sectores de opinión el libre ejercicio de sus actividades, al mismo tiempo que mi gobierno comenzaba a efectuar un plan de obras constructivas de fundamental importancia para la economía nacional y como jamás se había proyectado en el país. Después de seis meses de ímprobos esfuerzos para hacer efectivo el ideal constitucional, tan caro a mi corazón de hombre de pueblo, debo confesar con honda pena que la perturbación política, en vez de aquietarse, ha llegado a un grado que amenaza de generar en anarquía social y que los arbitrios constitucionales son impotentes para salvar la paz de la nación.

         De nada han valido mis desvelos a favor del progreso. Los hechos vinieron a dar un rudo golpe a mis esperanzas y convicciones.

         El país está al borde de la anarquía espantosa. Se señalan los síntomas de una descomposición profunda. Los resortes sociales y jurídicos se han aflojado. El odio separa a los paraguayos. Se ha perdido el respeto a la Carta Magna, a la ley, a la jerarquía. Este estado de cosas amenaza proyectarse sobre el porvenir de la República y llevarle a la catástrofe si no afrontamos resueltamente la responsabilidad de ponerle fin mediante medidas salvadoras inspiradas en el más acendrado patriotismo.

         He reflexionado serenamente sobre los problemas de la hora y he llegado a la conclusión de que ellos requieren soluciones radicales y profundas. Así también lo ha juzgado el Honorable Congreso de la Nación, que ha declarado la oportunidad de encarar una revisión total de la Constitución del Estado. Un simple cambio de hombres no satisfaría las exigencias del momento histórico. No es momento de discutir credos políticos, sino de contemplar las necesidades nacionales en toda su realidad.

         La democracia individualista de la Constitución de 1870 ha cumplido su misión al formar al ciudadano consciente y libre que en la Guerra del Chaco alcanzó la victoria. La democracia debe dejar de ser exclusivamente política para ser también económica y social. Declaro que ya no es posible defender la paz y el porvenir de la nación con los actuales arbitrios constitucionales. Los acontecimientos rebasan sus límites.

      Necesitamos nuevas normas jurídicas y nuevos vínculos de solidaridad para matar la anarquía y poder realizar el progreso del país de acuerdo con el más puro nacionalismo dentro del marco de una nueva democracia reformadora y realista. 

         He resuelto proclamar la tregua política y llamar a colaborar a los mejores ciudadanos en la tarea de la restauración nacional.

         En vista de la dimisión colectiva del Parlamento, afianzando mi actitud en los servicios que tengo prestados a la patria con devota convicción, inspirado en mi conciencia de soldado leal y de ciudadano, y colocando mis actos al amparo de Dios Todopoderoso, asumo desde hoy la responsabilidad total del poder político por el tiempo necesario para asegurar a la nación paraguaya orden y paz estables y hacer posibles su grandeza y prosperidad.

 

         José Félix Estigarribia

         Presidente"

 

         Acto seguido Estigarribia conformó su nuevo gabinete ministerial: Ministro del Interior, general Eduardo Torreani Viera; de Hacienda, Dr. Justo Pastor Benítez; de Relaciones Exteriores, Dr. Tomás A. Salomoni; de justicia, Dr. Salvador Villagra Maffiodo; de Salud Pública, Dr. Ricardo Odriozola; de Obras Públicas, Dr. Pablo Max Ynsfrán; y Ministro de Guerra y Marina, Gral. Higinio Morínigo.

         Con estas personalidades, Estigarribia intentó poner orden en el país e iniciar las obras necesarias para su recuperación.

 

 

El Gral. Estigarribia regresa del exilio en 1937, tras el derrocamiento del coronel Rafael Franco.

En el barco surto en el puerto de la Capital, le saluda el arzobispo de Asunción,

monseñor Juan Sinforiano Bogarín acompañado de quien sería su sucesor, Aníbal Mena Porta.

 

 

Para adquirir el presente material debe contactar con ABC COLOR

Fuente digital: www.abc.com.py

Registro: Enero 2.013

 

 

 

 LOS GOBIERNOS DE ESTIGARRIBIA Y MORÍNIGO

HELIO VERA (continuación) 

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 33 - CAPÍTULO 17

Asunción – Paraguay

2012

 

 

         Derogó la Constitución vigente -la de 1870- y encargó la redacción de un nuevo Estatuto Político a los doctores Cecilio Báez y Emilio Saguier Aceval, aunque hayan terminado los doctores Justo Pastor Benítez y Pablo Max Ynsfrán.

         Luego de someterlo a un veredicto popular que lo aprobó el 4 de agosto de 1940, fue sancionado y jurado el 15 de agosto del mismo año.

         Esta nueva Carta Magna otorgaba al Presidente poderes extraordinarios, como la facultad de disolver el Parlamento, dictar decretos leyes y crea un Consejo de Estado para asesorar al Ejecutivo, constituyendo una especie de cuerpo senatorial de forma corporativa; se establece el poder de declarar el estado de sitio, parcial o totalmente, ante cualquier amenaza de conflicto nacional o internacional, dando cuenta al Congreso, que se transforma en unicameral con el nombre de Cámara de Representantes. Otras particularidades de la Constitución del '40 fueron la imposibilidad de interpelación a los ministros y establecer juicio político al Presidente de la República; no se podía dejar Comisión Permanente alguna durante el receso parlamentario y se acortó el período de sesiones a menos de seis meses.

         El Poder judicial -ejercido por una Corte Suprema de Justicia- dependía de manera categórica del Poder Ejecutivo, pues la nominación de sus miembros estaba a cargo del Presidente de la República y del Consejo de Estado. La figura del vicepresidente fue abolida y el período presidencial se amplió a cinco años, con la posibilidad de una reelección.

         La Constitución del '40, aunque transcribe casi literalmente algunos artículos de la Carta de 1870, presenta cambios radicales en el espíritu del texto, permitiendo al Estado intervenir en el individualismo y en el liberalismo; la propiedad y la libertad pierden su carácter absoluto, imponiéndose el sentido comunitario predominante después de la guerra chaqueña, y enfatiza el concepto de reforma agraria. Dieron carácter predominante a la Carta del '40, su sentido social, un fuerte intervencionismo estatal y el tecnicismo.

         La educación secundaria, profesional y universitaria será fomentada por el Estado, que también determinará qué profesiones necesitarán de títulos para su ejercicio; en tanto, si bien se reconoce la libertad para el ejercicio de la prensa, no se permitirá la prensa anónima. La salud de la población y su asistencia social serán de exclusiva responsabilidad del Estado. La libertad individual, aunque se la reconoce, queda, sin embargo, limitada en la realidad, como en el caso del derecho a la propiedad, que será reglamentada por la ley, de acuerdo a su función social; la ley, en este caso, fijará la extensión máxima que podrá poseer un individuo o sociedad -combate al latifundio ya iniciado por Franco-, debiendo el excedente ser vendido o expropiado por el Estado para su justa distribución.

 

 

         La Carta establece asimismo, la igualdad de los derechos civiles de la mujer con los del hombre. En el aspecto económico, el Estado tiene facultades para regular la vida económica nacional y la potestad de nacionalizar con indemnización los servicios públicos y monopolizar la producción, circulación y venta de artículos de primera necesidad.

         El Poder Legislativo pasa a ser unicameral, con la denominación de Cámara de Representantes, cuyos poderes fueron recortados considerablemente, limitándose sus funciones al pedido de informes al Ejecutivo en asuntos de interés público, y desaparecen las interpelaciones a los ministros.

         La Constitución no podía ser reformada hasta pasados los diez años de su promulgación y, si bien fue siempre criticada como totalitaria o profascista, tuvo vigencia hasta 1967.

         Prominentes miembros del Partido Colorado criticaron duramente esta Carta Magna e inclusive la Junta de Gobierno del partido mencionado emitió una resolución al respecto, aunque esta nunca fue publicada.

         En otro orden, es necesario dedicar algunas líneas al Estatuto Agrario sancionado por el gobierno de Estigarribia según el Decreto N° 120. La autoría del mismo le corresponde al doctor Carlos Pastore y la presentación del proyecto a la Cámara de Diputados fue hecha por los parlamentarios Juan Guillermo Peroni, Alejandro Marín Iglesias, Julio César Chávez, Rogelio Pavón, Ernesto Gavilán, Horacio Fernández, Leonardo López y Efraím Cardozo.

         El Estatuto basaba sus principios en que "todo hogar paraguayo debe estar asentado sobre un pedazo de tierra propia que le produzca lo necesario para la vida". Para dar cumplimiento a sus fines, transforma la Dirección de Tierras y Colonias en el Instituto Superior de Reforma Agraria, con carácter de ente autónomo.

         Al mismo tiempo, la afectación a los fines de la reforma agraria de las tierras del dominio privado, del Estado y de todas las tierras de propiedad particular dentro de un orden jurídico determinado por ley; la determinación de los beneficiarios o sujetos de la reforma, de acuerdo con sus capacidades, sin distinción de sexo y nacionalidad, y la incorporación de las poblaciones rurales, las cooperativas de agricultores y las agroindustrias al régimen especial de colonización de las tierras ubicadas en las fronteras del país cuyos límites no sean ríos navegables; la incorporación al patrimonio nacional de las tierras que no perteneciendo a sociedades o personas nacionales no sean explotadas racionalmente, adeuden impuesto territorial por cinco o más años y sus propietarios residan habitualmente fuera del país; la creación de colonias-escuelas con régimen colectivo de producción, colonias de guaraníes y colonias de reducción de indígenas; el establecimiento de la superficie mínima y máxima de los lotes agrícolas, en 20 y 200 hectáreas, respectivamente; el otorgamiento de lotes gratuitos a padres de familia con seis a ocho hijos; el régimen de arrendamiento para las colonias ganaderas; la necesidad de conservar, explotar racionalmente y repoblar los bosques, entre otros aspectos, señalan a plenitud la importancia y trascendencia de este Estatuto Agrario, que rigió, pese a muchas dificultades, varios años y aun sobrevivió al movimiento de la contrarreforma iniciada y sustentada por Higinio Morínigo.

 

 

         EL "TIEMPISMO"

 

         Si bien durante la Guerra del Chaco el país presentaba una fuerte unidad nacional que fue factor influyente y decisivo en la victoria final del conflicto, la posguerra, sin embargo, creó inestabilidades políticas y sociales derivadas de interpretaciones diferentes de los tratados de paz y de límites, entre otras causas.

         Las diferencias se manifestaron de maneras diversas. Políticos y militares, inclusive ciudadanos comunes, estudiantes secundarios y universitarios entre ellos, recurrieron a los medios a su alcance para hacerse escuchar e intervenir, cuando era posible, en la actividad pública nacional. En torno a las figuras descollantes de ese período, principalmente de aquellos protagonistas de la guerra, surgieron adeptos y detractores. Así surge el diario "El Tiempo" -23 de febrero de 1939-, que agrupó a profesionales del derecho principalmente y cuya orientación ideológica respondía al fascismo corporativista, muy al estilo de los movimientos europeos de la época, incluyendo al nacionalsocialismo alemán, el fascismo italiano y el falangismo español, y se manifestaba claramente antiliberal, aunque un sector respondía al Gral. Estigarribia en un principio.

         Integraron este periódico los doctores Luis A. Argaña, Carlos Andrada, Celso Velázquez, Carlos Pedretti, Sigfrido Gross Brown, Aníbal Delmás, Carlos Balmelli, Manuel Bernardes, entre otros. Formaron parte también de "El Tiempo" algunos militares adeptos a Estigarribia, entre los que se encontraría el coronel Paredes, líder militar del grupo.

         La prédica fundamental de este periódico combativo se centró contra el liberalismo, al que consideraban decadente e incapaz de resolver los graves problemas nacionales. Los "tiempistas" -así fueron llamados sus integrantes- ejercieron gran influencia en la política nacional de fines de los años cuarenta. Muchos de ellos actuaron hasta de manera subversiva para desplazar a los liberales del gobierno y remplazarlos. Aunque descubiertas sus maniobras y que contaron con la colaboración de algunos miembros del ejército, los «tiempistas» perdieron fuerza e influencia durante el gobierno del Gral. Estigarribia, para reaparecer fuertemente e incluso formar parte del gabinete ministerial durante la presidencia de Higinio Morínigo.

 

General José Félix Estigarribia, Presidente de la República desde

el 15 de Agosto de 1939 hasta el 7 de Setiembre de 1940, día de su muerte.

 

 

 

         LA CUESTIÓN UNIVERSITARIA

 

         Los estamentos universitarios y estudiantiles en general no permanecían separados ni ajenos a los acontecimientos políticos que sacudían el país y ayudaron a caldear más aún el ambiente con varias incidencias y actos que repercutieron hondamente en la vida nacional.

         En una conferencia de países americanos efectuada en Panamá, en noviembre de 1939, los representantes de Argentina, Guatemala, Ecuador y los de otros países del área discutieron sobre la posibilidad de reclamar devoluciones territoriales a sus gobiernos y pueblos. Esta cuestión fue ampliamente difundida por la prensa y especialmente en la uruguaya - en el diario "El Debate", de Montevideo-, que daba mayores destaques al asunto tratado y discutido en Panamá sobre la posibilidad de reclamo de algunos países para satisfacer reparaciones territoriales ante pérdidas por causas de guerras internacionales, lo que generó el apoyo del Dr. Luis Alberto de Herrera a favor del Paraguay, que había sido grandemente perjudicado luego de la Guerra contra la Triple Alianza. Entonces la Cancillería paraguaya declaró que se respetarán siempre los acuerdos y tratados internacionales. El encargado de negocios en Montevideo era el señor José Dahlquist, quien publicó en "El Día", el 7 de noviembre, que "... el gobierno y el pueblo paraguayo hacen y harán siempre honor a las firmas puestas al pie de los tratados y no serán factores de perturbación de la paz americana".

         A su vez, el diario "El Debate" replicó: "Gracias a Dios, la voz a menudo meliflua y artificiosa de las cancillerías no es la voz de los pueblos. Así en el caso ocurrente".

         En Asunción, el asunto encontró eco en "El Tiempo", que insertó un artículo el 28 de noviembre de 1938, titulado "Diplomacia claudicante", y que lógicamente hacía referencia a la situación.

         Ante estos hechos intervino la Cancillería paraguaya para dejar en claro que "...la desautorización formulada por el artículo de El Debate fue motivada por el hecho de que dicho suelto periodístico presentaba al Paraguay como un país díscolo y de mala fe internacional, que estaba formando un ambiente reivindicacionista contra Argentina y Brasil para promover la revisión de los tratados y ser factor de perturbación americana".

         La cuestión se volvió caldeada debido a la fuerte intervención de los estudiantes, tanto de aquellos agrupados en torno al Centro Estudiantil «23 de Octubre», del Colegio Nacional de la Capital, como de los universitarios que promovieron debates y reuniones para tratar la situación. La decidida intervención de la Federación Universitaria del Paraguay, que convocó a una convención universitaria el 22 de enero de 1940, determinó que el gobierno considerara que la Universidad Nacional de Asunción había perdido sus objetivos y se encontraba anarquizada. Se consideró entonces necesaria la intervención de la misma para "... devolver a la Universidad el régimen de la disciplina, de la comprensión y sustraerla de la anarquía que falsea sus funciones".

 

 

         Por el Decreto Nº 331 del 26 de enero de 1940 el Poder Ejecutivo acordó intervenir la Universidad Nacional de Asunción. Ese mismo día el Decreto Nº 19961 declaró intervenida la Universidad. Se transcribe parte de aquel decreto:

         "Considerando,

         Que la Universidad Nacional se encuentra hondamente perturbada por la influencia de factores extraños a las altas finalidades de su institución;

         Que el Gobierno nacional, en su afán de pacificar espiritualmente a la República, no puede observar con indiferencia que los centros culturales de primera magnitud se conviertan en focos de anarquía social y sean caldo propicio para la propagación de ideas que riñen con los postulados democráticos ampliamente establecidos en la Constitución nacional.

         Que es la misión primordial del Gobierno de la República asistir con toda energía a la normalización del país, amenazada por los dirigentes estudiantiles dedicados a la tarea de transmitir el odio y la pasión sectaria, antes que realizar los nobles propósitos de acrecentar la cultura social, que es necesaria para el progreso de la nación.

         Etc. .... etc. ....

         El Presidente de la República del Paraguay decreta:

         Artículo 1º Declarase intervenida la Universidad Nacional.

         Artículo 2° Quedan cesantes las autoridades universitarias, asumiendo todas las facultades de los organismos creados por la Ley N.° 1048 ... ".

         El decreto fue firmado por José Félix Estigarribia (presidente) y Efraím Cardozo (ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública), entre otros. Unos días después la enseñanza secundaria y comercial fue también intervenida.

         Era rector de la Universidad el doctor Cecilio Báez, pero durante la intervención las atribuciones del mismo quedaron a cargo del ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública.

         Como consecuencia inmediata de la intervención de la Universidad fueron expulsados de ella numerosos estudiantes, entre quienes figuraban César Garay, Álvaro Escobar, Fulgencio Godoy, Nobel Llamosas, Guido Ciotti, Carlos Jorge Freytag, Jaime Martínez Miltos, Julio Mendoza y Fernando Vera.

 

Algunos ministros del segundo gabinete de Estigarribia firmando

el acta de nombramiento tras el juramento de la "Constitución" de 1940

 

Dr. Salvador Villagra Maffiodo, ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública

 

Dr. Alejandro Marín Iglesias, ministro de Gobierno y Trabajo

 

Dr. Francisco Esculies, ministro de Agricultura, Comercio e Industria.

 

 

         ACCIDENTE DE AVIACIÓN Y MUERTE DEL GRAL. ESTIGARRIBIA

 

         El gobierno del Gral. José Félix Estigarribia se interrumpió bruscamente el 7 de setiembre de 1940, cuando el avión en que viajaba a San Bernardino para pasar unos días de descanso se precipitó a tierra, en el cual fallecieron de manera instantánea sus tres ocupantes: el general Estigarribia, su esposa Julia Miranda Cueto y el piloto Carmelo Peralta, también de destacada actuación en la gesta del Chaco.

         Los méritos y dotes militares de Estigarribia lo convirtieron en héroe sin discusión alguna.

         Sus cualidades de gobernante, sin embargo, deberán ser objetivamente analizadas en la perspectiva del tiempo; había gobernado escasamente un año y 22 días. El 8 de setiembre de 1940 recibió el ascenso póstumo al grado de Mariscal, por Decreto N° 2984, que dice:

         "Asunción, 8 de setiembre de 1940

         Las Fuerzas Armadas han tenido en el General de Ejército don José Félix Estigarribia al jefe y conductor capacitado; la nación paraguaya ha tenido en él al gobernante esclarecido, que ha sabido acreditar las más altas dotes de la ciudadanía; que se le debe conferir la categoría y el grado que por sus méritos y servicios a la patria le corresponden como un homenaje del pueblo paraguayo y de las instituciones armadas.

         Por tanto, oído el parecer del Consejo de Ministros, el Presidente de la República del Paraguay decreta con fuerza de ley:

         Artículo 1º Confiérese el grado de Mariscal de la Nación Paraguaya al General de Ejército don José Félix Estigarribia.

         Artículo 2° Comuníquese y dése al Registro Oficial.

         Firmado: H. Morínigo - Eduardo Torreani Viera - Alejandro Marín Iglesias -Justo Pastor Benítez - Salvador Villagra Mafflodo - Francisco Esculies - Pablo M. Ynsfrán - Ricardo Odriozola".

 

         Uno de sus detractores, el coronel Arturo Bray, señala, refiriéndose a Estigarribia: "...Cabe agregar que no dejó fortunas ni propiedades ni establecimientos ganaderos; menos todavía abultadas cuentas bancarias en el país o fuera de él; sus modestos bienes personales provenían más bien del patrimonio de su esposa. Nunca pudo ser acusado de malversaciones o peculados. Sus ambiciones no apuntaban a la riqueza material, sino a la exaltación de su yo".

         También Carlos Pastore se refiere a Estigarribia en los siguientes términos: "Como ningún otro paraguayo antes de él, Estigarribia tuvo el privilegio de servir con éxito a su patria en las diversas actividades del Estado. Los triunfos de la conducción militar en la guerra durante tres años dieron al Paraguay los días más brillantes de su historia y afirmaron en la conciencia nacional la capacidad del pueblo para las empresas colectivas, negadas por los enemigos del país, sustituyendo la consigna de la derrota y de la exaltación de los valores negativos expresada en la frase "Vencer o Morir"; por la nueva consigna nacional de la victoria, con la idea acuñada por Estigarribia de "Vencer y Vivir".

         Carlos Zubizarreta dice a su vez: "La historia podrá enjuiciar con reparos la acción política emprendida por Estigarribia después de la Guerra del Chaco, que la tragedia dejó trunca. Pero el rostro militar de su figura no tiene sombras. Es esplendoroso. El guerrero que llevó a la victoria al pueblo paraguayo en armas debe ser considerado uno de los grandes generales del mundo".

 

 

Fotografía del Teniente coronel (ascendido pos mortem)

Carmelo Peralta, piloto del avión siniestrado.

 

 

 

 

 

 

 

PRESIDENCIA DE HIGINIO MORÍNIGO

 

         SU GABINETE

 

         A la muerte del presidente Estigarribia, en el trágico accidente del 7 de setiembre de 1940, fue elegido el general Higinio Morínigo Martínez -entonces ministro de Guerra y Marina- como Presidente Provisional de la República.

         La elección del mismo se produjo en una reunión de los comandantes de grandes unidades del ejército, a instancias del general Nicolás Delgado, quien expresó que el ejército vería con sumo agrado que la Presidencia de la República sea ocupada por el general Higinio Morínigo. Esta propuesta, que llevaba implícita la voluntad de las Fuerzas Armadas, fue aceptada, aunque la "candidatura" de Morínigo no era la única, pues para algunos comandantes otros candidatos eran los generales Eduardo Torreani Viera y Paulino Ántola.

         El partido en el gobierno -el Liberal- no fue consultado para nada en estas decisivas horas para el Paraguay. El militarismo seguía presente en los círculos del poder desde los inquietos días de febrero de 1936 para decidir e imponer su arbitrio en las cosas públicas de la república; a veces, por métodos tan poco convencionales.

         La anécdota cuenta que la decisión se comunicó a través de una caja de fósforos, resultó electo el general Higinio Morínigo Martínez para ocupar la primera magistratura de la nación.

         Este, ya en la Presidencia, mantuvo al principio el mismo gabinete ministerial que apoyó a Estigarribia y el 12 de setiembre de 1940 en su mensaje al pueblo, entre otras cosas, prometió "...seguir en toda su plenitud el programa de restauración y de concordia de nuestro llorado jefe, el Mariscal Estigarribia". En el mismo mensaje no olvidó hablar de "tolerancia y respeto a la Constitución de 1940" para que las medidas de su gobierno constituyeran factores de progreso y bienestar social y económico del país.

 

 

 

Visita del presidente Getulio Vargas. En la imagen, afiches de homenaje al mandatario brasileño

y a Morínigo junto a un conjunto musical que amenizaba un almuerzo campestre.

El mismo fue ofrecido al visitante en la Escuela de Agricultura del jardín Botánico.

 

         Por Decreto Nº 2982 constituyó el gabinete ministerial con el Alejandro Marín Iglesias, en la cartera de Gobierno y Trabajo; Eduardo Torreani Viera en la cartera del Interior; Tomás A. Salomoni, cartera de Relaciones Exteriores; Justo Pastor Benítez, en la cartera de Hacienda; Salvador Villagra Maffiodo, cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública; Francisco Esculies, como Ministro de Agricultura, Industria y Comercio; Pablo Max Insfrán, en la cartera de Obras Públicas y Colonización; Paulino Ántola, cartera de Guerra y Marina; y Ricardo Odriosola, en la cartera de Salud Pública.

         A lo largo de los casi 8 años que duró el mandato de Morínigo, numerosas personalidades integraron las diferentes secretarías de Estado. Desde un principio trató de desembarazarse de los liberales, a quienes, maniobras de por medio, los apresó o los desterró sin contemplaciones. Incluso declaró persona no grata al gobierno del Paraguay al entonces embajador de los Estados Unidos, Mr. Whiskey, pues había sospechado que este apoyaba a los ministros liberales que conspiraban contra su gobierno.

         Ante la renuncia de algunos ministros que ya integraron el gabinete de Estigarribia, y a instancias de Morínigo, este recurrió a los "tiempistas" y se constituyó un nuevo gabinete de la siguiente forma: Coronel Ramón L. Paredes como Ministro de Gobierno y Trabajo; capitán de Corbeta Ramón Martino, Ministro de Obras Públicas; doctor Aníbal Delmás en la cartera de Justicia y Culto; Dr. Rogelio Espinoza, cartera de Hacienda; Dr. Luis A. Argaña en la cartera de Relaciones Exteriores y el Dr. Gerardo Buongermini, en la de Salud Pública.

         Desde luego y con el correr del tiempo, se sucedieron otros nombramientos en el Ejecutivo Nacional, de acuerdo con las circunstancias políticas por las que atravesaba el país, pero siempre al arbitrio y conveniencia del propio Morínigo.

         Arbitrariamente, a pesar de lo establecido en la Constitución Nacional y de prometer respetarla, convocó a elecciones presidenciales recién para el 15 de febrero de 1943. En ese lapso pudo consolidar su gobierno apoyado en su "Revolución Paraguaya Nacionalista", de neto corte derechista -parte sobreviviente de la Unión Nacional Revolucionaria de la época franquista y más tarde llamado Nacionalista- con la inclusión del general Vicente Machuca en la cartera del Interior y del coronel Gaudioso Núñez como ministro de Guerra y Comandante en jefe.

         Reza parte del extenso considerando del Decreto de convocatoria a elecciones del 16 de setiembre de 1940: "...que uno de los propósitos principales que determinaron la reforma constitucional última consiste en prevenir la frecuencia de las elecciones, porque la frecuencia excesiva de elecciones da nacimiento a una clase especial de políticos profesionales que no son precisamente los estadistas que necesita un país, consagrados de lleno a la vida de la nación y del Estado, caudillos que hacen valer su influencia en razón directa de las masas de electores que pueden mover...". Finalmente, estas elecciones no se realizaron ni en la fecha para la cual fueron convocadas ni en otra. Con excusas fueron postergadas varias veces.

         La prensa, que gozó de cierta libertad durante el gobierno de Estigarribia, fue oprimida y dirigida; los movimientos obreros que amenazaban con huelgas en protesta por mejores condiciones laborales sufrieron duras represiones; lo mismo aconteció con las movilizaciones estudiantiles.

         En octubre de 1941 creó el Departamento Nacional de Prensa y Propaganda -DENAPRO-, que apuntó como objetivo el control absoluto de todas las actividades públicas e individuales. Prensa, cine, teatro, todos debían ser previamente fiscalizados por autoridades de este departamento antes de su presentación al público.

 

 

         Preparando su continuidad en el poder, persiguió implacablemente al Partido Liberal, único bastión opositor a sus pretensiones, y con el pretexto fútil de que miembros del Partido Liberal buscaron el apoyo de Bolivia para derrocar al gobierno de 1937, firmó el Decreto N° 12246 del 25 de abril de 1942 -apoyado por su ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Aníbal Delmás, del "tiempismo"- por el que disolvía el Partido Liberal y cancelaba su personería jurídica.

         El Decreto N° 12246 en su considerando expresa, entre otros puntos:

         "... 2º Que examinando la historia del Partido Liberal desde su fundación hasta hoy, resulta evidente que su existencia ha perjudicado gravemente a la nación. En efecto: el Partido Liberal ha heredado en primer término el espíritu y los métodos propios de cuantos malos paraguayos conspiraron contra la independencia y soberanía de la nación, tales como los que se opusieron al movimiento emancipador de 1811; los que conjuraron con el caudillo Francisco Ramírez para derrocar al Dr. Francia en 1829; los que en 1826 alentaron los proyecto de Bolívar de mandar una expedición al Paraguay; los que solicitaron ayuda de Manuel Dorrego en 1827, descubriéndose secretos militares para convencerle del éxito seguro de la empresa; los que suplicaron a Rosas la conquista de la Provincia del Paraguay en 1851; los que dieron la bienvenida a la escuadra norteamericana en 1852 y le incitaron a deponer al gobierno de don Carlos Antonio López; los que hicieron lo mismo con la expedición naval brasileña de 1855, los que provocaron el atentado de las fuerzas del Almirantazgo británico contra el cañonero Tacuarí en 1859; los que pidieron al gabinete imperial del Brasil organizar una legión bajo bandera de la Triple Alianza y luego acompañaron al ejército enemigo como baqueanos en 1865, los que declararon al gran Mariscal Francisco Solano López fuera de la ley, como paraguayo desnaturalizado, asesino de su patria y enemigo del género humano, cuando aún el héroe epónimo de la raza defendía los últimos confines del suelo patrio.

         En el poder, el Partido Liberal se ha caracterizado por su vasallaje espiritual a lo extranjero y su desprecio por lo autóctono; sus mandatarios han sido instrumentos serviles del capitalismo foráneo, han renegado de nuestras glorias más puras y prohibido el culto de nuestros héroes; han dilapidado el patrimonio territorial creando enormes latifundios; han permitido que la autoridad del Estado fuera menoscabada por empresas mercantiles; han entregado las vías de comunicación al monopolio privado, estrangulando así la economía nacional; han hipotecado el porvenir del país con concesiones leoninas... Esta larga serie de crímenes contra la soberanía y dignidad de la nación ha culminado con el pedido de ayuda a Bolivia para derrocar el gobierno en 1937, según consta en documentos oficiales de la Conferencia de Paz del Chaco. Este pedido, por las circunstancias que lo rodean, es particularmente grave y odioso...

         Los cargos enumerados en forma muy sucinta demuestran que el Partido Liberal es esencialmente antiparaguayista y "legionario"; lo es en un extranjerismo recalcitrante, en sus métodos inicuos y en sus fines perversos... etc., etc.

         El Presidente de la República del Paraguay

         Decreta:

         Artículo 1° Disuélvase el Partido Liberal cuya personería política queda cancelada.

         Artículo 2° Prohíbese el desarrollo de actividades políticas tendientes a favorecer la subsistencia de dicho partido.

         Fdo. H. Morínigo".

 

9 de junio de 1943. El presidente Morínigo es recibido en la Casa Blanca

por el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt.

Esta visita fue clave para el apoyo paraguayo a las fuerzas aliadas

que combatían en la Segunda Guerra Mundial. Junto a Roosevelt, su esposa Eleanor.

Reproducido del libro “Nazismo y Fascismo en el Paraguay.

Los años de la guerra, 1939 - 1945". Edit. Histórica, 1986.

 

 

         Años después Morínigo justificó esta medida diciendo a un periodista que lo entrevistó: "...y en ese sentido debo señalar que el sistema liberal individualista ha sido la causa principal del atraso de nuestro país, por cuya razón mi gobierno resolvió disolver el Partido Liberal". Libre del estorbo de los liberales y con los poderes públicos manejados a su voluntad, se produjeron las "elecciones" de 1943, en las que fue reelegido para el nuevo período constitucional 1943-1948. Durante este período creó el Instituto de Previsión Social, el Banco Central del Paraguay, la Flota Mercante del Estado y la Corporación Paraguaya de Carnes. A pesar de la creación de algunas colonias agrícolas, los planes de la reforma agraria delineados en el Estatuto Agrario de Estigarribia no fueron atendidos debidamente. Se creó el "guaraní", en remplazo del peso fuerte, que sufría una gran devaluación.

         En tanto, la influencia de los "tiempistas" se debilitaba aceleradamente debido a la presión e injerencia de militares que los acusaban de simpatizar con los aliados del eje Roma-Berlín y de apoyar abiertamente a los nazi-fascistas; sin embargo, algunos de sus principales líderes lograron reubicarse como dirigentes políticos, principalmente en el Partido Colorado; tal el caso de Luis A. Argaña y Armín Seifart, dos de sus más importantes referentes.

         El 9 de junio de 1946 se produjo un levantamiento militar encabezado por el comandante de la Caballería, coronel Victoriano Benítez Vera, cuyas intenciones apuntaban a la creación de un partido laborista con el apoyo del entonces ministro de Hacienda Dr. Agustín Ávila. Este intento golpista proveniente de las Fuerzas Armadas era un claro síntoma de las constantes fisuras y resquebrajamientos de la unidad entre los oficiales y fue la llamada de atención para que Morínigo adoptara medidas "democráticas", como la formación de un gabinete de coalición entre colorados y franquistas, dando inicio a lo que se llamó la "primavera democrática", de muy efímera existencia, ya que apenas sobrevivió seis meses.

         En este período se levantó la interdicción que pesaba sobre los partidos políticos y se derogó el decreto de abril de 1942 de disolución del Partido Liberal, entre otras medidas.

 

 

         LA "PRIMAVERA DEMOCRÁTICA" DEL ‘46

 

         Los acontecimientos de junio de 1946, según se ha señalado, obligaron al gobierno a levantar las restricciones a los partidos políticos y muchos dirigentes de la oposición, entonces en el exilio, principalmente referentes del liberalismo, retornaron al país. Igualmente, la prensa recobró sus libertades, así como la ciudadanía sus derechos de reunión. Aparentemente, nuevos rumbos comenzaron a sentirse en el país.

         El triunfo gubernista sobre el levantamiento anterior permitió al coloradismo afirmarse en su tradicional nacionalismo y a los febreristas continuar en sus luchas reivindicatorias, igualmente fieles a sus principios sociales.

         Por otra parte, Morínigo comenzaba a desprestigiarse aun más entre sus propios camaradas y el Partido Colorado, a raíz de su manifiesto comportamiento pendular. Apenas contaba con el apoyo de un sector del coloradismo, liderado por Juan Natalicio González, destacado escritor y de agudo criterio político, dotes que lo catapultarán a la arena pública como dirigente de una corriente profundamente nacionalista. A él se debe la sugerencia de incorporar a un febrerista al gabinete, que se transformó en cuatro a pedido de don Federico Chaves cuando González se ausentó del país por breve tiempo.

         El 24 de julio de 1946 se concertó la coalición entre colorados y febreristas para compartir las responsabilidades gubernativas. El gabinete se conformó entonces con los siguientes miembros. General Rovira en el Ministerio del Interior, por el ejército; general Amancio Pampliega en el Ministerio de Defensa Nacional; Dr. Miguel Ángel Soler, febrerista, en el Ministerio de Relaciones Exteriores; don Juan Natalicio González, colorado, en el Ministerio de Hacienda, Dr. Guillermo Enciso, colorado, en el Ministerio de Educación; don Federico Chaves, colorado, en el Ministerio de Obras Públicas; Dr. Arnaldo Valdovinos, febrerista, en el Ministerio de Agricultura, Comercio e Industria; y Dr. José Soljancic, febrerista, en el Ministerio de Salud Pública.

         La heterogeneidad del gabinete volvió imposible la tarea de gobernar, pues los pactos y las conspiraciones entre uno y otro sector fueron frecuentes. Pronto surgieron fuertes discordias entre sus miembros, ocasión que Morínigo aprovechó para desalojar a los febreristas de su gobierno con el autogolpe del 13 de enero de 1947 bajo la presión de un sector del ejército comandado por los coroneles Enrique Jiménez y Rogelio Benítez; y de J. Natalicio González y Víctor Morínigo, apoyados por los colorados del guión rojo".

         La lucha entablada entre ambas facciones políticas -el febrerismo y el coloradismo- se centraba en controlar a los miembros de las Fuerzas Armadas para ganar adeptos a sus respectivas causas. En tanto, en los ministerios controlados por los febreristas se cesaban a los colorados, y en aquellos a cargo de colorados, a los febreristas y opositores al régimen. La coloradización de amplios sectores de la administración pública se puso en marcha a instancias de Natalicio González y el "guión rojo".

         Las recomendaciones de Juan León Mallorquín y de Federico Chaves, tendientes a arbitrar amplias políticas democráticas y tolerantes que apuntalaran la normalización definitiva del país, no fueron tenidas en cuenta y más bien combatidas.

         Juan Natalicio González y Federico Chaves se enfrentaron a través de sus respectivas corrientes: el denominado sector "democrático", que lideraba Chaves, y los "guiones rojos", del primero, vertiente dura del coloradismo, y en ocasiones desarrollaron luchas violentas con los opositores y establecieron un control casi policíaco en las calles y barrios de la capital.

         Dice al respecto un prominente analista político del coloradismo: "La conjunción de los pynandí del interior y de los guiones rojos de Asunción conformaba un ejército en pie de guerra, a quien nada ni nadie iba a poder vencer".

         Las medidas arbitrarias y represivas se reiniciaron contra los partidos políticos opositores y el ambiente poco propicio a las libertades democráticas dio pie a la guerra civil que habría de desatarse poco tiempo después.

         En enero de 1947 los febreristas se retiraron en masa del gobierno de coalición y buscaron el apoyo de los militares institucionalistas para defenestrar al general Morínigo del poder. Natalicio González y sus aliados del ejército -Jiménez y Benítez- reaccionaron ocupando los puntos neurálgicos de la ciudad y en la madrugada del 13 de enero de 1947 los colorados tomaron el control total de la situación. Los opositores -liberales, febreristas y comunistas- que preparaban un golpe contra Morínigo se asilaron en embajadas extranjeras o salieron directamente del país.

         El presidente reestructuró su gabinete sobre estas bases: Natalicio González fue confirmado en el Ministerio de Hacienda; Víctor Morínigo pasó al Ministerio del Interior y Federico Chaves, del sector "democrático", pasó a ocupar la cartera de Relaciones Exteriores. La intención de otorgar una secretaría a Chaves fue sin duda para no resquebrajar la unidad en filas del coloradismo, a duras penas mantenida.

 

Bienvenida al Coronel Rafael Franco a su regreso del exilio

con motivo de la "primavera democrática"

instalada por Higinio Morínigo en 1946

 

         El 23 de enero, la junta de Gobierno del Partido Colorado emitió el siguiente manifiesto:

         "La junta de Gobierno del Partido Colorado, ante los acontecimientos políticos ocurridos en los días 11, 12 y 13 del corriente mes, hace llegar al pueblo en general y a todos los colorados su pensamiento y su posición frente al momento actual.

         El Partido Colorado, en memorables campañas democráticas, ha demostrado al pueblo su firme propósito de consolidar un orden jurídico, necesario para el funcionamiento normal de las instituciones públicas. A instancias del presidente de la República, general Higinio Morínigo, y de las FF.AA. de la Nación, nuestro partido asumió el 26 de julio de 1946 la responsabilidad de integrar el gabinete, conjuntamente con la Concentración Revolucionaria Febrerista, a fin de trabajar por la pacificación espiritual y la total normalización constitucional. Bajo este signo provisor, el Partido Colorado y sus ministros en el gabinete han conseguido la vigencia de todas las libertades civiles y políticas, indispensables para el libre desenvolvimiento de la ciudadanía y de todos los partidos políticos.

         Para llegar al final de este estado colectivo, el gobierno ha resuelto fijar la fecha para la reunión de la magna Convención Nacional Constituyente".

         Y el documento agrega en otro párrafo que "...mientras el Partido Colorado se afanaba en defender nuestras instituciones democráticas, nuestra cultura, la salud y la economía del pueblo, los sectores individualizados de la oposición, en forma subversiva, conspiraron contra la tranquilidad pública, frustrando el plan de gobierno de coalición civil-militar.

         El retiro de la Concentración Revolucionaria Febrerista del gobierno solo puede imputarse a sus dirigentes, pues en el memorando de esta entidad del l0 de enero de 1947 condicionó su presencia en el gobierno al cumplimiento de ocho puntos; esta última actitud del febrerismo provocó una aguda crisis política, cuyo final fue la terminación del gobierno civil-militar de coalición y el retiro del febrerismo del Gobierno".

         El manifiesto instaba, finalmente, a la cooperación de sus afiliados para la realización de los propósitos de reencauzar el país, respetando a los adversarios políticos, sin alentar venganzas personales ni colectivas. Lo que dejaba en claro era la acusación firme de que los responsables de la crisis eran los representantes del febrerismo.

 

JUAN MARTINICH

 De brillante actuación durante la Guerra del Chaco.

Muerto en la guerra civil del 47 con las galones de teniente coronel.

En la imagen, con el uniforme de cadete del Colegio Militar.

Reproducido del libro “Nazismo y Fascismo en el Paraguay.

Los años de lo guerra, 1939 - 1945". Edit. Histórica, 1986.

 

         GUERRA CIVIL DE 1947

 

         CAUSAS Y CONSECUENCIAS

 

         El deterioro de la administración política moriniguista, que en líneas generales no lograba encontrar el punto de equilibrio que satisficiera las demandas sociales y económicas de la ciudadanía necesitada; la profunda división entre miembros de las Fuerzas Armadas -unos con el Partido Colorado, otros con el febrerismo y algunos institucionalistas- y las presiones de diversos sectores sociales, como los sindicalistas, miembros del Partido Comunista paraguayo y de los estudiantes secundarios y universitarios, que reclamaban mayores libertades y planes de normalización al gobierno, conjugaron el papel preponderante en la anarquía que reinaba en esos tumultuosos días y que prepararon los ánimos para la guerra civil próxima. En el decir de un estudioso de la política paraguaya "...la carga emotiva, las querellas del pasado, la ilusión de los reformistas de la izquierda montaban el escenario crítico de la descomposición cívica".

         Podría señalarse como fecha de inicio aun cuando las circunstancias históricas databan de mucho antes de la crisis que desembocó en la sangrienta guerra civil, el 7 de marzo de 1947, cuando un comando armado que respondía al franquismo tomó por asalto el departamento de Policía. Aproximadamente unos cincuenta hombres, a las diez y media de la mañana, asaltaron la jefatura de la Policía, ocasión en que se registraron varias muertes, en tanto que el comandante de la unidad, mayor Rogelio Benítez, fue gravemente herido.

         Al día siguiente se produjo el levantamiento de la guarnición militar de Concepción, bajo el mando del capitán Bartolomé Araujo; a este movimiento se sumaron las tropas acantonadas en el Chaco. El Partido Liberal prestó su apoyo decidido a la sublevación contra el gobierno de Morínigo, que contaba con la adhesión de un sector importante de los colorados, principalmente el liderado por Juan Natalicio González. La otra corriente colorada, liderada por Federico Chaves, propugnaba reformas más democráticas.

         Varios destacados excombatientes de la Guerra del Chaco se adhirieron a las fuerzas rebeldes; entre ellos los coroneles Alfredo Ramos y Rafael Franco. El comandante revolucionario emitió al día siguiente del levantamiento un comunicado que expresaba:

         "El movimiento armado iniciado en Concepción el 8 de marzo tiene un profundo significado moral. Representa el propósito firme, indeclinable, de las Fuerzas Armadas de recuperar el sentido institucional para la vida total del país, rehacer la disciplina, la jerarquía y los principios orgánicos y específicos del ejército, perdidos en estos largos y angustiosos años de la dictadura del Gral. Morínigo.

         El ejército paraguayo, heredero de virtudes ilustres y de tradiciones guerreras..., no debía mirar impasible el desmoronamiento y desprestigio de las instituciones militares, símbolo vivo de la patria.

         El movimiento armado actual no tiene tintes políticos partidarios. Tiene sí un profundo contenido nacional y humano, por cuanto lucha por recuperar valores institucionales, conquistar la dignidad ciudadana y dar tranquilidad, seguridad y orden a los habitantes de nuestro pueblo.

         Siete años de degradante y oscura dictadura, como todo régimen negativo de la libertad, han dejado un saldo de ignominias, cuyos pormenores, cifras humanas perdidas, atrasos, descontentos ante propios y extraños, no deseamos recordar en este instante de redención, para no empañar la limpidez prístina de estas páginas que está escribiendo el pueblo, superando todas sus angustias pasadas y presentes, con sombras que pueden llevar a nuestros espíritus tristezas y amarguras.

         No existen en nuestras filas ni en nuestros objetivos hombres de partidos ni pensamientos egoístas. Solo nos sentimos paraguayos sin rencores ni deseos de venganzas y sí con el propósito insobornable de establecer la justicia, sancionando a los culpables de la miseria moral y material en que ha caído nuestra nación.

         Solo así la patria paraguaya encontrará las sendas seguras de su construcción futura y la sangre vertida tendrá justificación ante la historia, ya que por encima de la paz y la vida misma existen entidades morales más elevadas, como el honor y la dignidad de la nación.

         Fdo. Mayor de infantería César Aguirre.

         Primer jefe revolucionario de la Primera Región Militar.

         Concepción".

 

Guerra civil de 1947. Grupo de milicianos. 

 

 

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Fuente digital: www.abc.com.py

Registro: Enero 2.013

 

 

LOS GOBIERNOS DE ESTIGARRIBIA Y MORÍNIGO

HELIO VERA

(continuación)

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 33 - CAPÍTULO 17

Asunción – Paraguay

2012

 

 

Natalicio González iniciando una marcha de los colorados

el 14 de marzo de 1948, día consagrado a conmemorar el protagonismo

de los "pynandi" en la Guerra Civil de 1947

 

 

         No obstante, en algún momento el contenido institucionalista de esta proclama desapareció, para constituirse en un instrumento de lucha por el poder entre liberales y febreristas, a quienes más tarde se sumarían los comunistas, bajo la dirección de Obdulio Barthe. Estos últimos movilizaron a los obreros para apoyar a los revolucionarios, lo que a nivel internacional generó serias preocupaciones, a tal punto que el gobierno argentino presidido por el Gral. Juan Domingo Perón prestó su colaboración para combatir a los rebeldes, enviando armas automáticas y víveres a las fuerzas de Morínigo.

         En abril de aquel año, las fuerzas rebeldes constituyeron una junta de Gobierno Militar, a la cabeza de la cual figuraban el Tte. Coronel de infantería Fabián Saldívar Villagra, el Tte. Coronel DEM Aureliano Mendoza y el Tte. de caballería Alfredo Galeano. Esta junta declaró nula la administración pública del general Higinio Morínigo en su zona de influencia, se arrogó facultades para dictar decretos y decretos leyes y declaró a Concepción como capital provisional de la República.

         La guerra civil se desarrolló en varios frentes, principalmente en el Norte, donde se concentraba la mayor parte de los sublevados. En Puerto Ybapovó, las fuerzas moriniguistas fueron rechazadas violentamente hasta los esteros del Piripucú, donde el ejército revolucionario se detuvo inexplicablemente durante varios días, hasta que la fuerte contraofensiva de las tropas gubernistas le obligó a retroceder hasta el río Ypané.

         Luego de la reorganización, tomaron Tacuatí, donde destruyeron parte de los regimientos leales al gobierno. En estas acciones se destacó la figura del coronel Alfredo Ramos, otro valiente soldado del Chaco. En Asunción, la Marina se plegó a los rebeldes y los cañoneros "Paraguay" y "Humaitá" ; fondeados en el Río de la Plata, levaron anclas con destino a Asunción, donde los fuertes desabastecimientos del comercio en general y las acciones de los "pynandí" -pies descalzos-, milicianos armados, en su mayoría campesinos, al servicio de Morínigo, contribuyeron a enturbiar el clima ya bastante anárquico.

         Mientras en el Norte continuaban las acciones militares, Horqueta fue atacada por los gubernistas, que fueron repelidos; se libraron combates en Belén y Pedro Juan Caballero, localidades que cayeron en poder de las fuerzas de Morínigo. La población civil de varias ciudades norteñas fue evacuada ante la amenaza de duras represiones de parte de los gubernistas.

         Las tropas sublevadas seguían avanzando hacia Asunción, pero aunque todo parecía favorecerles y se avizoraba una victoria sobre las fuerzas del gobierno, no pudo ser tomada la capital del país; se tomaron, sin embargo, Puerto Ybapovó, Puerto Antequera, San Pedro, Rosario, Emboscada, Limpio, Luque, Ypacaraí, Itauguá, Capiatá y San Lorenzo.

         A mediados de agosto Asunción estaba cercada. A pesar de todo, las tropas de Morínigo iniciaron una contraofensiva; contaban ya con armas automáticas enviadas por el gobierno argentino.

         Las fuerzas revolucionarias retrocedieron y se dispersaron apresuradamente. Muchos pasaron a la Argentina, vía Clorinda y Bouvier, mientras el ejército leal a Morínigo se apoderó de Villeta, último reducto de los rebeldes, donde fueron prácticamente aniquilados. El ataque a Villeta estuvo a cargo del mayor Rogelio Benítez y el capitán Mario Ferrario.

         El 20 de agosto las tropas rebeldes se rindieron; no obstante, fueron masacradas en una acción injustificada y sin sentido.

         Al término de la contienda, expresó el coronel Alfredo Ramos: "La derrota, puede atribuirse a una absoluta falta de conducción militar ya que no puede objetarse en su descargo que haya habido tan siquiera una mala defensa y menos aún un violento y poderoso ataque enemigo frente a Asunción. Es difícil mantener la disciplina en una guerra fratricida. No hubo conducción ante una ciudad débilmente defendida. La batalla la perdimos nosotros, sin presión ni combate serio alguno.

         Una patrulla salida oportunamente en las proximidades de un puesto de comando fue el comienzo de un fin trágico y macabro. Repito y sostengo con firmeza: la revolución la perdimos nosotros; no la ganó Morínigo". La guerra civil terminó con su saldo de muertos, mutilados, exiliados y con grave perjuicio para el país, cuya sociedad, dividida y enfrentada por enconos partidarios, tardaría en recuperarse.

         Las consecuencias inmediatas de la guerra civil de ‘47 fueron las severas represiones y persecuciones a los opositores al gobierno; sus principales dirigentes marcharon a un largo exilio cuando no fueron encarcelados y se les prohibió toda manifestación política; tan solo al Partido Colorado se le permitió desarrollar libremente sus actividades.

         A pesar de ello, el sector colorado liderado por Federico Chaves también sufrió persecuciones; el movimiento "guión rojo", cuyo líder indiscutido era Juan Natalicio González, logró imponer su candidatura y en las elecciones de febrero de 1948 emergió triunfante.

         Desde entonces y por mucho tiempo la masa campesina triunfante se identificó con el coloradismo y el poder, aunque siguió debatiéndose en la miseria y la orfandad de recursos ante la indiferencia de sus gobernantes.

         El propio arzobispo de Asunción, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, se ocupó de criticar las actitudes represivas del gobierno contra la ciudadanía no adepta al mismo y contra los desmanes cometidos contra los opositores.

         El triunfo sobre los revolucionarios, lejos de consolidar a Morínigo y su gobierno, contribuyó a desprestigiarlo aún más y, consecuentemente, su decadente figura política fue finalmente sustituida por el golpe del 3 de junio de 1948, otra vez efectuado por el ejército, que entregó el mando provisorio a Juan Manuel Frutos.

         El día anterior había sido visitado por los doctores Felipe Molas López y Mario Mallorquín, quienes lo disuadieron para que se retirara de la presidencia. Morínigo se avino ante la realidad de las circunstancias y firmó su renuncia, cuyo texto decía:

         "Asunción, 2 de junio de 1948, a las 2 y media de la madrugada.

         A pedido de los señores Felipe Molas López y Mario Mallorquín, quienes asumen la representación de las Fuerzas Militares, comandadas por el coronel Carlos Montanaro, renuncio al cargo de Presidente Constitucional de la República del Paraguay.

         Fdo. Higinio Morínigo".

 

 

         LA UNIFICACIÓN DEL PARTIDO COLORADO

 

         Desde el inicio del gobierno del Gral. Morínigo, el Partido Colorado se hallaba dividido prácticamente en dos facciones. Una, llamada "guión rojo", que respondía al liderazgo de Juan Natalicio González y fuertemente identificada con un nacionalismo patriótico e histórico; la otra corriente, llamada "democrática", liderada por Federico Chaves, menos radical, más tolerante y conservadora, incluso tildada muchas veces de "liberalizante".

         Al término de la guerra civil del ‘47, cuando la estrella política de Morínigo decaía, estas dos corrientes pugnaron por la Presidencia de la República; había triunfado González, quien había combatido abiertamente a los rebeldes sublevados en Concepción. Los caudillos populares y operadores políticos de las bases que apoyaron a González fueron factores decisivos en su triunfo electoral.

         Debe atribuirse a Natalicio González el liderazgo y la capacidad de lucha que llevó al Partido Colorado nuevamente al Gobierno después de décadas de llanura política. Lucha intensificada desde su cargo de ministro del gabinete de Morínigo y sobre todo a partir del 13 de enero de 1947, cuando el Partido Colorado obtuvo nuevamente el control total del poder político de la República gracias a las elucubraciones y liderazgo de caudillo del "tendotá pynandí" -como lo llamaban sus seguidores-, aunque su accionar político había comenzado mucho antes de esa fecha.

         Sin embargo, la unificación del Partido Colorado se produciría tiempo después -durante el gobierno del Gral. Raimundo Rolón y con el Dr. Felipe Molas López como presidente de la junta de Gobierno- ya que las diferencias entre estas dos facciones coloradas seguirían aun después del triunfo y la llegada del "tendotá" González a la primera magistratura de la nación.

         La inestabilidad política era todavía manifiesta. El Partido Colorado presentaba resquebrajamientos y divisiones en sus filas por las razones señaladas. Varios intentos de unificar las corrientes coloradas habían fracasado, e incluso después del frustrado golpe del 25 de octubre de 1948 protagonizado por la Escuela Militar a cargo del coronel, Alfredo Stroessner. Este esperó contar con la colaboración de la Caballería para el efecto, la división partidaria se acrecentó. Algunos dirigentes del sector democrático o chavista fueron encarcelados y enviados a Villa Hayes.

         Con Felipe Molas López en la junta de Gobierno del Partido Colorado se reabren las esperanzas para la unificación. El 26 de febrero se firmó un acta que proponía las bases para la misma, creando una Comisión Provisoria de Reorganización Partidaria, a cargo del doctor José Zacarías Arza. A partir de ese hecho, el gobierno de Natalicio González decayó ostensiblemente, pues perdió el apoyo de un importante sector del coloradismo y de las mismas Fuerzas Armadas.

         El 29 de enero de 1949 el coronel Canata, antiguo aliado de González, encabezó el levantamiento que lo derrocó y entregó el poder al general Raimundo Rolón.

         Al hacerse cargo el general Rolón de la primera magistratura, las tratativas de unificación se acrecentaron y el 15 de febrero de 1949 el grupo "democrático" emitió un comunicado de adhesión a la candidatura de Molas López a la presidencia de la República para las siguientes elecciones de abril de ese año.

         Por otro lado, se acordó con el sector "guionista" que una vez concluido el período presidencial de Molas, el candidato del coloradismo será Federico Chaves. Con estos acuerdos, los colorados arribaron a una paz partidaria que habría de encontrar su consolidación definitiva -por lo menos durante los largos años del gobierno de Stroessner- en la sesión especial de la Honorable junta de Gobierno realizada el 27 de octubre de 1955.

         Unos días después un destacado luchador de la causa de la unificación partidaria, el doctor Juan Manuel Frutos, expresó:

         "Nadie más que yo puede estar satisfecho de esta gran obra que acaba de consolidarse. Desde el primer momento en que se dividió el partido enarbolé la bandera de su unificación, sin fijarme quién estaba en el poder y quién en la llanura, quiénes eran los perseguidos ni quiénes los perseguidores, porque para mí existe una sola clase de colorado, que es aquel que sigue la ruta luminosa que nos dejó el general Bernardino Caballero, para reconstruir la nación y hacer feliz a todos los paraguayos bajo un régimen de paz, libertad, trabajo y justicia social. Para mí, el coloradismo es uno e indivisible, como es una e indivisible la idea de Dios, Patria y Libertad. Para mí, el coloradismo es uno e indivisible, porque su acervo moral e histórico no es la obra de nuestros sacrificios, como es el resultado del sacrificio, la fe y la abnegación de generaciones enteras, que le ofrendaron lo mejor de sus energías para convertirlo en la fuerza política más poderosa de la democracia paraguaya.

         Que sea nuestro partido como una gran familia, que nadie tenga el temor de decir lo que piensa, sabiendo de antemano que si se equivoca tendrá la benevolencia y la amistosa persuasión del compañero. La unidad y la disciplina no deben estar fundadas en el silencio temeroso, sino en la libertad de discusión de las ideas. El enemigo de la disciplina y de la unidad no es la discrepancia de criterios, sino la intolerancia".

         Bastaron algunos años nada más para que estas hermosas intenciones quedaran en el simple discurso.

 

         SITUACIÓN DE LOS DEMÁS PARTIDOS

 

         Al término de la guerra civil del ‘47 el Partido Liberal fue desplazado de la vida política nacional. Como ocurriera en años anteriores, sus líderes y principales dirigentes fueron perseguidos y encarcelados. Los que escaparon a la persecución intentaron -durante años- buscar una solución al debilitado partido. Caben mencionar aquí las gestiones del Dr. José Patricio Guggiari, caudillo de gran arraigo a pesar del injusto estigma que pesaba sobre él después de los infortunados sucesos de 23 de octubre de 1931.

         Durante el gobierno de Felipe Molas López se decretó una amplia amnistía que permitió el regreso de muchos exiliados paraguayos de tiempos de la posguerra civil del ‘47. Entre ellos, destacadas personalidades del liberalismo y del franquismo. En tanto, los miembros del Partido Comunista paraguayo, fundado en 1928, continuaron sus actividades de manera clandestina, aunque muy activamente, sobre todo con los sindicatos y agrupaciones obreras, bajo la influencia intelectual de Oscar Creydt y Obdulio Barthe.

         El Partido Revolucionario Febrerista se consolidó como tal recién en 1951, siempre con la conducción del Cnel. Rafael Franco y apoyado por Juan Stefanich, Arnaldo Valdovinos, entre otros.

 

El entonces mayor Alfredo Stroessner es condecorado por el General Higinio Morínigo.

Stroessner habría estado a punto de retirarse del ejército

debido a su vinculación al Coronel Victoriano Benítez Vera.

 

 

         GOBIERNO DE JUAN MANUEL FRUTOS

         3 DE JUNIO AL 15 DE AGOSTO DE 1948

 

         Asumió la Presidencia Provisional el 3 de junio de 1948 ante la renuncia al cargo de Higinio Morínigo. Cronológicamente, es el primer colorado en asumir la presidencia desde la guerra civil de 1904. Integraron su gabinete el Dr. Domingo Montanaro como Ministro del Interior; Víctor Morínigo, de Relaciones Exteriores y Culto; Juan Natalicio González en la cartera de Hacienda (siendo ya presidente electo); el Dr. Felipe Molas López como Ministro de Educación; Dr. Leandro Prieto de Economía; Dr. Crispín Insaurralde, Ministro de Salud Pública y Previsión Social; Dr. Mario Mallorquín, de Obras Públicas y Comunicaciones y el Gral. Raimundo Rolón como Ministro de Defensa Nacional. Durante el muy breve lapso de este gobierno se creó el Ministerio de Justicia y Trabajo.

 

         GOBIERNO DE JUAN NATALICIO GONZÁLEZ

         15 DE AGOSTO DE 1948 AL 30 DE ENERO DE 1949

 

         Intelectual de vasta cultura, fue uno de los ideólogos del nacionalismo histórico y gran detractor del liberalismo. Dejó escritas valiosas obras de carácter literario, político e histórico. Integraron su gabinete el Dr. J. Augusto Saldívar como Ministro del Interior (después Liberato Rodríguez); Dr. el Domingo Montanaro en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto; Dr. Leandro Prieto como Ministro de Hacienda; Víctor Morínigo en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones; Dr. Mario Mallorquín en el de Economía; el Dr. Crispín Insaurralde como Ministro de Salud Pública y Previsión Social; Dr. J. Augusto Saldívar como Ministro de Justicia y Trabajo; el Dr. Felipe Molas López, de Educación, y el Gral. Raimundo Rolón como Ministro de Defensa Nacional.

         González nacionalizó la Compañía de Luz y Tracción, lo cual se constituyó en la base de la actual Administración Nacional de Electricidad (ANDE). Aumentó la Flota Mercante del Estado y tuvo que afrontar serias crisis políticas y militares; una de ellas lo depuso en enero de 1949.

 

         GOBIERNO DEL GRAL. RAIMUNDO ROLÓN

         30 DE ENERO AL 27 DE FEBRERO DE 1949

 

         A raíz del golpe que depuso a Juan Natalicio González, el Congreso lo designó Presidente Provisional. Integraron su gabinete en la brevedad de su mandato: Liberato Rodríguez en el Ministerio de Interior; Juan E. O'Leary en el de Relaciones Exteriores y Culto; Dr. Ramón Méndez Paiva en el de Hacienda; Rigoberto Caballero en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones; J. Augusto Saldívar en el de Economía; Gral. Mutshuito Villasboa en el de Defensa Nacional; Dr. Felipe Molas López en el Ministerio de Educación; Dr. Juan Ramón Chávez en el de Justicia y Trabajo; Dr. Gerardo Boungermini en el de Salud Pública y Previsión Social.

         Puede afirmarse que durante su gobierno se produjo la unificación del Partido Colorado con el nombramiento de Felipe Molas López en la presidencia de la Junta de Gobierno, logrando este el consenso de los sectores antagónicos que entonces dividían al coloradismo.

 

         GOBIERNO DEL DR. FELIPE MOLAS LÓPEZ

         27 DE FEBRERO AL 11 DE SETIEMBRE DE 1949

 

         Molas López asumió la presidencia ante la renuncia del Gral. Raimundo Rolón y el 14 de Mayo siguiente, ungido candidato por el Partido Colorado fue electo Presidente Constitucional.

         Integraron su gabinete: Liberato Rodríguez, después Mario Mallorquín en la cartera de Interior; Federico Chaves, después Bernardo Ocampos, en la de Relaciones Exteriores y Culto; Dr. Ramón Méndez Paiva en la de Hacienda, Rigoberto Caballero en la cartera de Obras Públicas y Comunicaciones; Dr. Pedro Hugo Peña en la de Salud Pública y Previsión Social; Dr. José Zacarías Arza en la de Defensa Nacional, Liberato Rodríguez luego, Bernardo Ocampos y Fabio da Silva en la cartera de Economía; Dr. J. Augusto Saldívar y sucesivamente después, Fabio da Silva y Guillermo Enciso Velloso en la cartera de Justicia y Trabajo; Dr. J. Eulogio Estigarribia en la de Educación.

         Molas López decretó una amplia amnistía que posibilitó el regreso de varios exiliados. En setiembre de 1949 -menos de siete meses después de asumir- renunció al cargo debido a un golpe de Estado apoyado en los principales líderes del Partido Colorado.

 

         GOBIERNO DE FEDERICO CHAVES

         11 DE SETIEMBRE DE 1949 AL 4 DE MAYO DE 1954

 

         Asumió el cargo ante la renuncia de Felipe Molas López. En las elecciones de 1953 fue electo como Presidente Constitucional. Varias personalidades integraron su gabinete ministerial: Rigoberto Caballero, Tomás Romero Pereira, Gustavo Storm y Ramón Méndez Paiva, todos sucesivamente en la cartera de Interior; Bernardo Ocampos y José Antonio Moreno González, en la de Relaciones Exteriores y Culto; Ramón Méndez Paiva, Guillermo Enciso Velloso y J. Augusto Saldívar, en la cartera de Hacienda; Víctor Boettner, Juan R. Chávez, Ezequiel González Alsina, en la de Educación; Ángel Florentín Peña y Evaristo Méndez Paiva, en la de Agricultura y Ganadería; El mismo Méndez Paiva, Tomás Romero Pereira y Gustavo Storm, en la cartera de Obras Públicas y Comunicaciones; Dr. Pedro Hugo Peña en la cartera de Salud Pública y Previsión Social; Guillermo Enciso Velloso y Fabio da Silva en la de Justicia y Trabajo; Dr. José Zacarías Arza y Francisco Caballero Álvarez, en la de Defensa Nacional.

         Federico Chaves, líder del sector democrático del Partido Colorado, afrontó varias dificultades e inestabilidades políticas. A pesar de ello, proyectó y ejecutó numerosas obras importantes, y sobre todo buscó pacificar los ánimos siempre caldeados de la política criolla, que lo obligaron a renunciar en mayo de 1954, dando inicio al prolongado gobierno de Alfredo Stroessner, que habría de durar más de tres décadas.


 

 

 

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Registro: Enero 2.013

 



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