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LUIS VERÓN


  CARLOS ANTONIO LÓPEZ. EL VULCANO GUARANÍ - LUIS VERÓN - Año 2011


CARLOS ANTONIO LÓPEZ. EL VULCANO GUARANÍ - LUIS VERÓN - Año 2011

CARLOS ANTONIO LÓPEZ.

EL VULCANO GUARANÍ.

LUIS VERÓN.

Colección: PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA Nº 2.

Editorial EL LECTOR,

www.ellector.com.py,

 comercial@ellector.com.py,

Coordinador Editorial: BERNARDO NERI FARINA,

Director de la Colección: HERIB CABALLERO CAMPOS

Diseño de tapa: DENIS CONDORETTY

Tel.: 595 21 491.966 / 610.639

Asunción – Paraguay,

2011 (138 páginas)

 

 

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

I - EL HOMBRE Y SU TIEMPO

AÑOS DE FORMACIÓN

LA VIDA FAMILIAR

ENTORNO FAMILIAR

UN RETRATO

 

II - CIUDADANO DE BAJO PERFIL

ATISBO DE ANARQUÍA

APARICIÓN EN ESCENA

CÓNSUL DE LA REPÚBLICA

EL ORDENAMIENTO JURÍDICO


III - LÓPEZ, EL PRESIDENTE

LA HERENCIA

LA PRODUCCIÓN E INDUSTRIA

EL HOMBRE Y LA TIERRA

EL COMERCIO EXTERIOR

 

IV - LA MONEDA EN EL PARAGUAY

 

V - PORTENTOS TECNOLÓGICOS

LOS CAMINOS DE "FIERRO"

EL PARAGUAY Y LA TECNOLOGÍA DEL VAPOR

LOS TALLERES DE VULCANO

ASTILLEROS Y ARSENALES

MÉDICOS EXTRANJEROS

 

VI - LÓPEZ Y LA EDUCACIÓN PARAGUAYA

 

VII - PUERTAS ABIERTAS AL MUNDO

PARAGUAY Y EUROPA

LAS RELACIONES CON EL BRASIL

LAS RELACIONES CON LA ARGENTINA

CON LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTE AMÉRICA

LA CUESTIÓN WATER WITCH

PREPARATIVOS PARA UNA INVASIÓN

GESTOS AMIGOS

FINAL FELIZ

 

VIII. VULCANO, MINERVA Y MERCURIO

PUERTAS ABIERTAS AL PYTAGUA

 

IX LÓPEZ Y LA IGLESIA

 

EPÍLOGO : ANEXO I // ANEXO II

 

FUENTES CONSULTADAS

EL AUTOR

 

 

PRÓLOGO

La obra de Luis Verón, presenta un novedoso enfoque al escribir la biografía de uno de los jefes de estado paraguayo en el siglo XIX. Esa novedad se da en el subtítulo que el autor escogió para el libro "Carlos Antonio López. El Vulcano Guaraní".

Vulcano o Hefestos en la mitología griega era el dios de la fragua y el fuego artesano, trabaja moldeando los metales, fabrica espléndidas armas de bronce, pero también otros objetos con su arte maravilloso Es el patrón de la metalurgia y los artesanos".

Es por eso que para el investigador Luis Verón, don Carlos A. López fue un verdadero Vulcano Guaraní, pues afirma contundentemente que su tarea fue hercúlea. Tarea que se visualiza principalmente con el complejo siderúrgico de Ibicuy "proveyó a la ciudadanía de instrumentos de labranzas, de trabajo, de menajes de cocina, de vías para el ferrocarril que iba adentrándose al interior del país, entre muchos otros objetos, como barandas, escaleras, balcones, vigas, puentes, etc".

Ese hecho es más que significativo, pues es la demostración de la modernización por la que vivía el Paraguay, complementado con la importación de tecnología y el envío de becarios a Europa. El Paraguay atravesaba por un proceso de cambio que avizoraba mejores años para el país.

Pero la modernización del Paraguay se dio sobre el cimiento mercantilista que reñía con el pensamiento de los librecambistas y laissezfairistas tanto paraguayos como de la región. Además la modernización en términos productivos no se condecía con el sistema autoritario con el cual gobernaba el Presidente López, si bien cabe mencionar que su sistema de gobierno avanzó hacia una mayor institucionalización republicana, al establecer los poderes del estado, pero con un fuerte predominio del Poder Ejecutivo.

El autor destaca en este sentido "que su tarea gubernativa fue intensa. Se empeñó en llevar adelante una provechosa labor en los más diversos órdenes'.

El lector podrá comprender las relaciones internacionales, la tarea gubernativa y el pensamiento de un hombre, que como sostiene el autor, le puso su propio sello no sólo a la administración del país, sino a la memoria colectiva de una nación que lo sigue recordando como el responsable de los tiempos más prósperos del Paraguay.

Pero ese período de prosperidad, como lo presenta Luis Verón en su justa medida, sin exageraciones, explicándonos lo que significó en términos de esfuerzo y como reflejo de una mente modernizadora, como la de Carlos Antonio López.

Esta obra es una brillante síntesis de una ciclópea personalidad histórica, y en el año del bicentenario es muy oportuno recordar y conocer la tarea de un gobernante, quien no vaciló un segundo en construir el progreso material y tecnológico en una tierra atrasada y aislada, como era el Paraguay en la primera mitad del siglo XIX.

HÉRIB CABALLERO CAMPOS 

Asunción, Febrero de 2011



 

I - EL HOMBRE Y SU TIEMPO

 

Carlos Antonio López, en realidad, fue más que un hombre de su tiempo. Fue un hombre adelantado a su tiempo.

Miembro de una familia de posición holgada, su vida trascurrió sin mayores sobresaltos en el agreste paraje de Manorá, en una cómoda casona rodeada de plantíos y arrullada por el constante fluir de un manantial, hasta hoy conocido como Ykua López, y que es origen de un curso de agua que desemboca en el arroyuelo cercano que afluye hacía el arroyo Tembetary (que décadas después cambiaría su nombre por el de Mburicaó).


AÑOS DE FORMACIÓN

Carlos Antonio López realizó sus estudios en las escuelas asuncenas. Desde niño dio pruebas de inteligencia y dedicación al estudio. Sus primeros años de formación no difería de la de otros niños de su edad, entre quienes se encontraba el hijo de un boticario, con quien trabó amistad y con quien, pasados los años, trabajaría cercanamente: Juan Andrés Gelly, dos años mayor que él.

En su época, la enseñanza de las primeras letras, así como las que gradualmente iba adquiriendo, transcurría entre cartillas, catones y catecismos como el del padre Astete. La instrucción era básicamente religiosa y no pasaba de lectura, escritura y nociones elementales de aritmética.

Posteriormente se inscribió en el Colegio de San Carlos, de Asunción, el instituto de enseñanza más importante de la capital provincial. En sus aulas aprendió gramática castellana y lecciones de filosofía y lógica.

En esos años fue testigo de los días augurales de la República y, suponemos, habrá sido uno de los cientos de jóvenes que alborozados habrán participado de la manifestación reunida en las plazas asuncenas, para celebrar la caída -incruenta- del poder español, en mayo de 1811.

Al año siguiente, con 20 años de edad, ingresó al seminario de la misma institución al igual que otros hermanos suyos.

Alumno aventajado, dos años después ya estaba regenteando cátedras en el Seminario: Artes; y en 1816, Teología, Moral y Dogmática, cátedra que ejerció hasta 1820, año en que se clausuró esta casa de estudios.


LA VIDA FAMILIAR

Luego de terminar sus estudios se dedicó a la abogacía y era un buen conocedor de las Leyes de Castilla, vigentes en el país hasta después de la Gran Guerra. Tenía algo más de treinta años cuando conoció a una rica heredera de 19 años, llamada Juana Paula Carrillo Viana, hija de don Pedro Ignacio Carrillo y doña María Magdalena Viana, nacida el 18 de junio de 1807 y fallecida el 12 de julio de 1872.

Doña María Magdalena Viana, luego de enviudar de don Pedo Ignacio Carrillo, se casó con don Lázaro Rojas de Aranda, hombre de gran fortuna -fue durante muchos años, recolector de impuestos durante la dictadura francista- y miembro de una familia de antiguo linaje. Fue padrino del mariscal Francisco Solano López Carrillo, a quien donó el predio donde López mando edificar su residencia, el actual Palacio de Gobierno. Según algunas versiones, en realidad, sería el padre del mariscal López. Pero esa es harina de otro costal.

Luego de un tiempo de noviazgo, el abogado Carlos Antonio López y la joven heredera, el uno de casi 34 años, y la otra de 19 años, el 22 de julio de 1826 contrajeron matrimonio en Asunción. A1 poco tiempo, empezaron a venir los hijos: Francisco Solano, Inocencia, Venancio, Rafaela y Benigno.

La vida de la joven pareja transcurría tranquilamente. La acomodada posición económica ayudaba a ello. Los días trascurrían entre la residencia familiar de Santísima Trinidad -existente hasta hace unos 30 años y derruida por el tiempo y la indolencia de sus compatriotas- y la estancia de Villa del Rosario, donde los Carrillo poseían extensas terrateniencias.

Herencia de parte de los Viana, también doña Juana Paula era poseedora de un extenso solar en Santísima Trinidad, donde la pareja mandó edificar, rodeada de una fresca arboleda, una sólida casona hasta hoy existente y que es sede de un museo que forma parte de un parque botánico y zoológico propiedad de la Municipalidad de Asunción.

Con los años, la pareja, para estar más cerca de sus actividades oficiales, mandaron construir otras residencias, como la de las cercanías del Parque Caballero y la que quedaba calle de por medio, en diagonal con la Iglesia Catedral.


ENTORNO FAMILIAR

Ya nos habíamos referido a los hermanos de don Carlos. Por parte de su mujer doña Juana Paula Carrillo Viana, López era cuñado de Manuel Heraclio Carrillo Viana, casado con Francisca Damiana Falcón (hermana del canciller José Falcón); de Marino del Carmen Carrillo Viana, casado con Francisca Yapis y, en segundas nupcias, con Mamela Giménez.

Otros cuñados Carrillo Viana fueron: María Estanislaa, José Vicente, José Antonio y María Soledad.


UN RETRATO

Según una descripción realizada por un testigo y protagonista de aquellos años, el coronel Juan Crisóstomo Centurión, don Carlos Antonio López "era extraordinariamente grueso; era más bien bajo qué alto de estatura, blanco, ojos grandes y hermosos como unas cuentas, cabeza grande, cabello sedoso negro bastante poblado de canas, frente espaciosa y nariz algo corta y gruesa indicando energía. El conjunto de su fisonomía no puede decirse que era bello 0 simpático; pero prevalecía en él una gravedad imponente, sin ningún signo que indique contracción muscular, con lo que manifestaba tranquilidad de espíritu. Hablaba con pausa y bien, pronunciando cada palabra con claridad y corrección. Laborioso en extremo, como que por el sistema de gobierno que regía entonces, todo el peso de la administración pública, hasta en sus más insignificantes detalles, gravitaba sobre sus hombros; era el primero en asistir a su despacho y el último en retirarse".


 

III - LÓPEZ, EL PRESIDENTE

 

Por su trayectoria de diligente secretario de la Comandancia General de Armas, de eficiente cónsul de la República, era el candidato propicio para ocupar la presidencia de la República. No había otro mejor que él, más adecuado.

Luego de 26 años de férrea dictadura, de un atisbo de anarquía, que pudo ser conjurado con su oportuna aparición en la escena política, ya como secretario de la Comandancia General de Armas o como cónsul de la República, con Mariano Roque Alonso, era el hombre del momento, por lo que los congresistas no dudaron en darle su voto de confianza y le ungieron en el más alto cargo de la República.

Era la hora de actuar. Su antecesor fue el vigilante, el que garantizó y consolidó la independencia del país. Con las medidas tomadas en ese sentido, ya por Rodríguez de Francia, ya por el Consulado, ahora era el momento del despegue, de ganar el tiempo perdido.

A diferencia de los mandatarios de su época, Carlos Antonio López no llegó al poder por las armas, sino por el entusiasmo de sus electores, un hecho no muy común en esa época en Sudamérica. Su prestigio era muy grande, en particular en la población rural, y gozaba de popularidad entre los enemigos del desaparecido dictador que le antecedió en el cargo.

López era, al mismo tiempo que Presidente de la República, comandante supremo de las fuerzas armadas con el rango de Capitán General. El país, en esos días estaba iniciando casi dos décadas de floreciente progreso como nunca se ha visto hasta entonces hacia esta parte del continente. Estaba iniciándose un periodo de gran transformación nacional, en todos los sentidos.


LA HERENCIA

La estricta dictadura que dirigió el país durante más de un cuarto de siglo, entre 1814 y 1840 no había dejado personal ni material que hubieran podido ayudar a los gobiernos posteriores. El de don Carlos, en los primeros años careció de todo.

Todo estaba en desorden por la gigantesca centralización del poder. Esto se aplicaba, dice Peter A. Schmitt: "tanto a la política, como también para el derecho, las finanzas, el ejército, la Iglesia y la educación'.

Para proyectarse en el concierto de las naciones, había que poner en orden la casa. A la joven República -o atisbo de República- había que estructurarla y dotarla de los elementos simbólicos que representaran ante el imaginario colectivo su entidad. Mandó redactar un himno que a través de cuyo texto se hace un canto al despertar de la nación y su afán de realización por medio de la paz creadora. Puso bien en alto a flamear la bandera nacional, que era la divisa de la patria en los mástiles de las escuelas, de los hospitales, de los cuarteles y de los buques de la Armada Nacional, en permanente crecimiento.

Con su tarea en el Gobierno, el presidente López dignificó a sus compatriotas, elevó su autoestima al constituirlos en sujetos de sus desvelos y realizaciones, reeducándolos y despertando en ellos la esperanza de un futuro promisorio, con ideales colectivos y sueños de progreso.

Con su divisa de "Independencia o muerte' arremetió contra el destino que parecía marcado para el Paraguay: el del atraso y la sumisión. Luego de años de vivir cabizbajo, desde la época del gobierno de don Carlos, el paraguayo afirmó su mirada, confiado en el futuro.

A lo largo de sus 18 años de gobierno, Carlos Antonio López dio al Estado una legislación apropiada, reorganizó el Ejército, fundó medios de prensa, promovió la educación pública, hizo construir caminos, creó una marina mercante, implantó el ferrocarril y el telégrafo, reflotó el comercio y la industria, ésta con novedosas tecnologías y favoreció la inmigración.

Durante los primeros años del gobierno del presidente López, según cálculos aproximados, el Paraguay tenía unos 500.000 habitantes. Además de la Capital, el país contaba con once villas y 83 partidos, además de una veintena de pueblos de indígenas.

Muchos de los centros comerciales, en la Capital y en algunos puntos del país, eran de propiedad del Estado, así como eran estatales una cincuentena de estancias con importantes hatos de ganado vacuno, caballar y menores.

La primera elección de Carlos Antonio López al frente del gobierno de la República fue en 1844. Diez años después, otro congreso lo reeligió por 10 años más, de los cuales solo aceptó tres, debido a problemas de salud, pero en 1857 se hizo reelegir nuevamente por el periodo establecido de 10 años. De estos, solo pudo cumplir cinco.

Debido a que avanzaban los años, fue tomando medidas al respecto, preparando el terreno para una sucesión presidencial que involucrara a su primogénito.


LA PRODUCCIÓN E INDUSTRIA

La economía paraguaya en los momentos en que Carlos Antonio López asumió el poder estaba cimentada en la producción agraria, rudimentaria; su comercio se basaba, en el tráfico interno, en el antiguo régimen del trueque. La producción industrial era casi inexistente, limitándose a la fabricación de ladrillos y tejas, suelas y algunos tejidos. Cuando don Carlos Antonio López asumió la presidencia de la República, el Paraguay exportaba unas 400.000 arrobas anuales de yerba mate y 240 arrobas de tabaco (El equivalente en nuestro sistema de medición de masa sería: cuatro toneladas y media de yerba mate, y 2,7 toneladas de tabaco). Se producía sal para el consumo interno.

Durante el gobierno de don Carlos, tuvieron plena vigencia las viejas industrias, si bien con un fuerte componente artesanal: la textil, con hilados y tejidos de algodón y de lana; la producción de yerba, de tabaco y los cueros, que eran los rubros de exportación; así como la producción forestal.

La producción de algodón y tabaco eran los rubros más difundidos en todo el territorio nacional. Los trabajos yerbateros estaban supeditados a determinadas regiones del país, como los bosques del Alto Paraná; así también, lógicamente, la producción forestal. Durante los primeros años de su gobierno se empezó a producir y refinar azúcar derivada de caña dulce y fariña de mandioca.

Por otra parte, esta última actividad conocía de muchas dificultades por la carencia o mal estado de los caminos y la limitada disponibilidad de medios de transportes.

En cuanto al procesamiento de los cueros, generalmente se exportaba luego de algún laboreo básico, pues su tratamiento requería de fuertes capitales y establecimientos que no se encontraban al alcance de la generalidad de la población dedicada a estas actividades.

Sobre la producción textil, se puede decir que fue una de las actividades más tradicionales en la historia del país. Su laboreo ya era practicado por los pueblos aborígenes, teniendo como materia prima el algodón -mandyju, le llamaban- y otras fibras textiles.

Durante la Colonia, según documentación existente se traían importantes partidas de lienzos fabricados en diversos puntos de la zona sur del país (Misiones, Itapúa, etc.), que eran transportadas en largas caravanas de carretas.

Ya en la época independiente seguía siendo uno de los principales rubros de producción, más todavía cuando se necesitaba satisfacer las necesidades de la población durante el largo periodo de aislamiento que conoció el país durante la dictadura francista y parte del gobierno siguiente, que imposibilitaba la introducción de mercancías desde el exterior.

En los años de gobierno del presidente López, el Paraguay llegó a tener un sustancial superávit de exportaciones: en algunos años exportaba casi el doble de lo que importaba, un logro casi sin parangón en las naciones americanas.


EL HOMBRE Y LA TIERRA

Por otra parte, hay que señalar que durante los gobiernos entre la Independencia y la finalización de la Guerra de la Triple Alianza, el Estado era el principal propietario y más fuerte comerciante de la República. Además era dueño de casi todo el territorio nacional. Vendía yerba, tabaco y curos o maderas a los comerciantes extranjeros a cambio de artículos textiles o de otra índole para el consumo interno.

Con respecto al relacionamiento entre el hombre y la tierra en la época del presidente López, señala el doctor CARLOS PASTORE en su libro LA LUCHA POR LA TIERRA EN EL PARAGUAY señala que durante su administración: "la distribución de las tierras en el Paraguay fue regida por los principios del mercantilismo del Estado. En ese tiempo, pensaban los gobernantes del Paraguay que el interés privado del Estado era el mismo que el de la nacionalidad, y que el interés privado de los habitantes del país debía estar siempre supeditado al interés privado del Estado. Un objetivo dominante caracterizó la administración de los dos López (Carlos y Francisco), a saber, el propósito de realizar el constante aumento del patrimonio del Estado, sobre la base del desconocimiento del derecho de los particulares sobre sus bienes".

"¿Fue la política mercantilista inaugurada en el Paraguay de los López una imposición de las condiciones de la política internacional, o simplemente un resultado de las condiciones económicas y sociales del Paraguay de entonces?", se pregunta.

"¿Fue obligado el presidente Carlos Antonio López a organizar un Estado mercantilista para defender la nación de la amenaza extranjera o quiso solo satisfacer con ese Estado las exigencias de un sector de la población del país?". Probablemente sí, podría ser la respuesta a ambas preguntas que se hacía el estudioso.

Según Pastore, fueron decisivos para la organización de un Estado mercantilista, la necesidad de una defensa de la soberanía ante el peligro que representaba para el Paraguay la tiranía de Rosas, en la Argentina. Para la consecución de recursos necesarios para la defensa, López habría dirigido la organización mercantilista del Estado paraguayo durante su gobierno.

Otro factor habría sido el resurgimiento de la población dominante de apoderarse de las tierras y de los ganados de los pueblos de naturales. Ese habría sido el motivo que le llevó a disolver los 21 pueblos de origen indígena, despojándolos de sus propiedades y declarando de propiedad del Estado los bienes y propiedades de los indígenas.

Además de estos despojos, muchas propiedades fueron enajenadas a favor del Estado cuando sus dueños, o presuntos dueños no pudieron presentar documentos que avalaran su posesión. De esa manera, casi todo el territorio nacional fue estatizado. Muy pocos propietarios quedaron después de estas medidas. El resto, en calidad de arrendatarios del Estado.

Desde entonces ya no quedaron propiedades comunes a la población. Para su usufructo había que pedir concesiones al Estado paraguayo. Estas medidas, en un primer momento contaron con el apoyo de la población, pero luego, cuando el peligro que representaba la presencia de Rosas al frente del gobierno Argentino, la actitud popular hacia este modelo de Estado mercantilista cambió radicalmente.


Muchos se hicieron propietarios, adquiriendo tierras al Estado. La producción se diversificó y se zonificó: las propiedades cercanas a la capital fueron destinadas para la agricultura de subsistencia. La zona guaireña era propicia para el cultivo de tabaco, las villas de Curuguaty y San Pedro eran zonas yerbateras.


EL COMERCIO EXTERIOR

Muchos de los rubros producidos en el país eran comercializados y exportados al exterior por Itapúa, actual Encarnación, Villa del Pilar y Asunción. Estos rubros (yerba, madera, tabaco, etc.) eran intercambiados por productos textiles de mejor calidad y más baratos traídos del extranjero. Consecuentemente, la clase acomodada vivió un cambio en sus hábitos de vestimenta, fueron ganando terreno las ropas confeccionadas según la moda extranjera. Sayas y pantalones se confeccionaban con telas traídas del exterior, cambiaron los sombreros, los zapatos, etc.

Toda esta nueva situación llevó como resultado natural un gran impulso de la producción local y, por lo tanto una dinamización de la economía. El Gobierno tomó acertadas medidas económicas y financieras. Lógicamente, muchos de los logros del gobierno de don Carlos fueron al precio de la libertad individual de los habitantes de la República.

Para llevar adelante los negocios de importación y exportación de productos, don Carlos se preocupó en dotar al país de una importante flota de barcos. Para ello, aprovechando la construcción del ARSENAL Y EL ASTILLERO DE ASUNCIÓN, ordenó la reparación y construcción de buques de diversos calados, que pudieran navegar, no solo en los importantes ríos internacionales, sino también en los interiores. Además, adquirió y mandó construir buques con la suficiente capacidad para realizar travesías oceánicas.

De esta manera, fueron botados importantes buques como el Yporá, el Salto del Guairá, el Río Apa, el Ygurey,  el Jejuí, además de los adquiridos en Buenos Aires e Inglaterra. Muchos de estos buques, luego de trasladar pasajeros y cargas, cuando estalló el conflicto contra la Triple Alianza fueron convertidos en buques de guerra previamente artillados.






EPÍLOGO

Indudablemente, don Carlos Antonio Lopez Ynsfrán fue un estadista con mayúsculas, como pocos los tuvo el Paraguay. De él dice su biógrafo Justo Pastor Benítez: "En esa época el país vivía en orden; no conoció la anarquía, no se practicaban degüellos en las jornadas revolucionarias". Ninguno de los gobernantes paraguayos -Rodríguez de Francia o López Ynsfrán- se colocaron "frente a la chusma, ni la armaron, ni la incitaron a ofender a la sociedad. Ejercieron el poder por sí, con su responsabilidad personal".

Fue don Carlos un mandatario constructor, tenaz, duro. Fue abriendo poco a poco las puertas del país, que su antecesor lo mantuvo bajo siete llaves. Redujo gradualmente el comercio estatal, estimuló la iniciativa privada, pero mantuvo el monopolio de algunos productos para garantizar al Estado los recursos necesarios para la adquisición de armas.

En sus años de gobierno, pese a el estricto control social que no permitía la disidencia, lo que constituía una limitación severa de la libertad, el pueblo experimentó un bienestar general, de tal modo que el ingeniero militar inglés George Thompson escribió: "Probablemente en ningún país del mundo, la vida y la propiedad han estado tan garantizadas como en el Paraguay durante el gobierno de López (...). La masa del pueblo era feliz (...) cada familia tenía su hogar y su tierra propia".

López hizo del Paraguay la República más rica y mejor organizada del Río de la Plata. Sus logros fueron reconocidos en el exterior, inclusive, como hemos visto, por sus merecimientos, no solo fue nombrado miembro del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil, sino también miembro honorario de la Real Sociedad Geográfica de Berlín, de la SOCIETÉ IMPERIALE ZOOLOGIQUE D' ACCLIMATATION de París y miembro fundador de la Real Sociedad para la Investigación de las Antigüedades del Norte.

"Vivió bastante para ver brotar durante su gobierno la semilla arrojada al surco -dice Benítez-: el país progresaba, salía humo de las chimeneas del Arsenal, del ferrocarril, funcionaban quinientas escuelas y el pabellón cruzaba el océano al tope del mástil del Río Blanco".

Carlos Antonio López no tuvo mazmorras como el doctor Francia, pero no dejaba de ser severo, señala Benítez: "Hizo fusilar al sargento Romualdo Duré por manifestaciones de insubordinación; al joven Espíndola, por faltas administrativas y a los hermanos Decoud por cuestiones políticas. Su Código Penal era severísimo, su idea de la sanción, impersonal, aplicada en nombre del Estado; pero no fue un tirano, ni un déspota, sino un presidente con el poder concentrado en sus manos. El pueblo se sentía garantizado contra delitos, crímenes y abusos. Los funcionarios eran honestos. No se conocía el cohecho, la coima ni el peculado".

Aún hoy su recuerdo está presente en la memoria de sus compatriotas: La estación central del ferrocarril, la Iglesia Catedral, las de la Recoleta, Santísima Trinidad -que fue su tumba-, numerosos templos del interior del país, el edificio del Palacio Nacional, luego Congreso Nacional y actual repositorio de la cultura paraguaya, las ruinas de EL ROZADO, su casona del Jardín Botánicos, etc., son los testimonios materiales de su inconmensurable obra en bien de la sociedad paraguaya.

A las 3,15 del 10 de septiembre de 1862, cerró definitivamente sus ojos este preclaro gobernante. Sus restos fueron trasladados a la catedral metropolitana, donde hicieron uso de la palabra los presbíteros Fidel Maíz y Justo Román. Su féretro fue transportado en una cureña hasta la iglesia de Santísima Trinidad. Las autoridades nacionales y numeroso pueblo acongojado acompañaron sus restos.

En 1937, el presidente Félix Paiva dispuso el traslado de sus despojos y depositado en el Panteón Nacional de los Héroes.

La biografía de Carlos Antonio López, en realidad, como dijo su biógrafo, "ESTÁ AL PIE DE SUS OBRAS, EN LAS PIEDRAS, LADRILLOS Y HIERRO DE SUS CONSTRUCCIONES".


 

ANEXO 1

UN CANTO PARA LA PATRIA

Desde los inicios de la existencia del Paraguay como país independiente, las autoridades buscaron dotarle de un canto que sirviera de Himno oficial.

El primer himno patriótico data de la época del dictador Rodríguez de Francia. Se llamó TETÃ PURAHÉI, estaba escrito en guaraní y su autor fue el poeta y guitarrista caraguatayense ANASTASIO ROLÓN. En la misma época, NORBERTO ORTELLADO, delegado de Santiago (Misiones) compuso otro himno llamado A LA LIBERTAD DEL PARAGUAY, que fue rechazado por el dictador Rodríguez de Francia por tener su letra en castellano.

El TETÃ PURAHÉI de Rolón tenía ocho estrofas y un purahéi joa o coro. El texto del poema fue obsequiado por el autor a don Carlos Antonio López, cuando conoció a este en su estancia de Olivares.

López lo tradujo al castellano con el nombre de HIMNO PATRIÓTICO, luego de asumir la presidencia de la República. La partitura musical de esta composición, atribuida al maestro ANTONIO MARÍA QUINTANA, en 1845, se perdió durante la Guerra de la Triple Alianza.

Otras canciones patrióticas que se pergeñaron, más o menos en la misma época fueron la CANCIÓN PATRIÓTICA PARAGUAYA o CANCIÓN DE LA INDEPENDENCIA.

La creación del HIMNO NACIONAL que hasta hoy entonamos y que constituye uno de los símbolos nacionales, tiene su antecedente en la petición hecha por el presidente Carlos Antonio López al poeta argentino VICENTE LÓPEZ, autor del himno nacional argentino.

Para componerlo, el poeta solicitó el pago de 1.000 pesos fuertes, precio que no fue aceptado por el gobierno paraguayo, por considerarlo muy elevado.

Enterado de esta situación, el poeta uruguayo FRANCISCO ACUÑA DE FIGUEROA, autor del himno nacional de su país (escrito en 1828), creó el himno nacional paraguayo, cuyo texto fue entregado a través del gobierno del Uruguay, el 15 de agosto de 1840, y cuya letra dice:


HIMNO NACIONAL

CORO

¡Paraguayos, República o muerte!

Nuestro brío nos dio libertad;

Ni opresores, ni siervos alientan

Donde reinan unión e igualdad.


A los pueblos de América, infausto,

Tres centurias un cetro oprimió:

Más un día soberbia surgiendo

¡Basta! Dijo... y el cetro rompió.

Nuestros padres, lidiando grandiosos,

Ilustraron su gloria marcial,

Y trozada la augusta diadema,

Enalzaron el gorro triunfal.


Nueva Roma, la patria ostentara,

Dos caudillos de nombre y valor,

Que rivales, cual Rómulo y Remo,

Dividieron gobierno y poder...


Largos años, cual febo entre nubes,

Vióse oculta la perla del Sud.

Hoy un héroe grandioso aparece

Realizando su gloria y virtud...


Con aplauso la Europa y el mundo

La saludan y aclaman también

De heroísmo baluarte invencible,

De riquezas magnífico edén.


Cuando en torno rugió la discordia,

Que a otros pueblos fatal devoró

Paraguayos el suelo sagrado,

Con sus alas un ángel cubrió.

¡Oh! Cuan pura de lauro ceñida,

Dulce patria, te ostentas así,

En tu enseña se ven los colores

Del zafiro, diamante y rubí...


En tu escudo, que el sol ilumina,

Bajo el gorro se mira al león,

Doble imagen de fuertes y libres

Y de glorias recuerdo y blasón.


De la tumba del vil feudalismo

Se alza libre la patria deidad;

¡Opresores, doblad la rodilla!

¡Compatriotas, el himno entonad!


Suene el grito ¡República o muerte!

Nuestros pechos lo exhalan con fe,

Y sus ecos repitan los montes,

Cual gigante poniéndose de pie.


Libertad y justicia defiende

Nuestra patria, ¡tiranos oíd!

De sus fueros la carta sagrada

Su heroísmo sustenta la lid.


Contra el mundo, si el mundo se opone,

Si intentara su prenda insultar,

Batallando vengarla sabremos,

¡O abrazados con ella expirar!


Alza ¡oh pueblo! tu espada esplendente

Que fulmina destellos de Dios,

No hay más medio que libre o esclavo

Y un abismo divide a los dos.


En las auras el himno resuene,

Repitiendo con eco triunfal

¡A los libres, perínclita gloria!

¡A la patria, laurel inmortal!

 


 

BREVE HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL PARAGUAYO

Ante la verdadera anarquía existente en la interpretación, tanto de la letra como de la música del HIMNO NACIONAL PARAGUAYO, como consecuencia de la pérdida de la partitura durante la Guerra de la Triple Alianza, importantes sectores de la sociedad paraguaya, preocupados por dotar una versión única y válida del Himno, promovieron la búsqueda de la versión auténtica del canto nacional.

Los trabajos se realizaron por medio de una encuesta nacional auspiciada por el INSTITUTO PARAGUAYO y realizada por el MINISTERIO DE JUSTICIA, CULTO E INSTRUCCIÓN PÚBLICA.

Para recabar los datos y dilucidar los puntos oscuros y confusos de las versiones del Himno, la encuesta realizada en 1923 -especialmente entre sobrevivientes de la Guerra de la Triple Alianza- incluyó una veintena de preguntas, cinco de ellas referidas a la letra y quince a la música del Himno.

Las preguntas sobre el Himno nacional fueron:

¿El texto actual del Himno patrio es el mismo del original del poeta Francisco Acuña de Figueroa?; en caso contrario, ¿cuáles son las modificaciones?; ¿son una simple corrección?; ¿quién es el autor de las mismas; es el propio Acuña de Figueroa o fueron hechas en el Paraguay, por quién y en qué fecha?; ¿porqué no fue promulgado inmediatamente sino después de más de siete años?, ¿fue por falta de música?; ¿hubo otro Himno anterior o posterior antes de la guerra?; ¿cuál o cuáles fueron y quién o quiénes son sus autores?

Por su parte, las preguntas sobre la música decían:

¿Con qué música se cantaba (el Himno)?; ¿quién pudo ser el autor de la misma?, ¿desde cuando se cantó el Himno de Figueroa?; ¿tuvo o no desde un principio música propia?; en caso contrario, ¿con qué música se cantaba?, en el mismo caso, ¿desde cuándo se cantó con su música actual?; ¿quién es el autor de dicha música?, ¿es Dupuís o es Debalí?; ¿tuvo siempre la misma introducción tipo "Marsellesa" con que se ejecuta actualmente o fue agregada ella con posterioridad?, en tal caso, ¿cuándo y por quién?; ¿existe el original de dicha música?, ¿donde está?, ¿qué reproducciones se hicieron o editaron de la misma y de sus diversos arreglos por Cavedagni, Guerrero, Pellegrini, etc.?; ¿tuvo alguna participación en dichos arreglos el jefe de las bandas brasileñas, Antonio de Nassimento?; ¿qué grado de autenticidad tienen estas reproducciones o arreglos?; ¿cuándo se hizo la primera reproducción de la música del Himno y por orden de quién?; ¿hubo otras canciones patrióticas después de la guerra?; ¿cuáles son su letra y su música?; ¿quiénes son sus autores?; ¿qué estudios o publicaciones se han hecho al respecto?

El resultado de la encuesta determinó que el autor de la letra de nuestro himno nacional fue don FRANCISCO ACUÑA DE FIGUEROA, pero con respecto a la música, si bien se consideró restaurada fielmente por el maestro Remberto Giménez, no pudo establecerse quién fue el verdadero autor, si el francés FRANCOIS SAUVAGEOD DE DUPUÍS o el húngaro JOSÉ DEBALÍ.

Según el historiador JUAN FRANCISCO PÉREZ ACOSTA, la restauración del maestro Giménez fue realizada "compulsando las restauraciones que hicieron, por una parte, el maestro LUIS CAVEDAGNI en 1874, con el testimonio de los sobrevivientes (de la Guerra del 70) y, por otra, por uno de estos, don CANTALICIO GUERRERO, así como el arreglo del profesor NICCOLINO PELLEGRINI".

Todas estas restauraciones Giménez "las ha sintetizado en una versión de la música del Himno hecha con la mira de corregir algunos defectos técnicos y uniformar su conocimiento y enseñanza".

La restauración musical del maestro REMBERTO GIMÉNEZ fue oficializada el 12 de mayo de 1934 y es la que entonamos los paraguayos.

 


ANEXO II

DECRETO QUE ESTABLECE EL USO DE LA PRENSA

La primera normativa legal del ejercicio de la prensa en nuestro país fue el artículo 8 de las Ordenanzas Generales -Título X- de la Ley que establece la Administración política de la República del Paraguay, del 16 de marzo de 1844, que expresaba:

"Para establecer imprenta de particulares en la República se tomará primeramente el permiso del Supremo Gobierno, dando el dueño o el administrador, una fianza de dos mil pesos, bajo el cual se compromete cumplir con los reglamentos que le diere el Gobierno de la República".

La contravención a este artículo o a cualquier otro, según el artículo 13 del mencionado título, establecía como penas que "todo el que atentare o prestare medios de atentar contra la independencia de la República o contra la presente ley fundamental, será castigado hasta con la pena de muerte, según la gravedad de su atentado".

Por su parte, el Decreto que establece el uso de la prensa, documento oficial que reglamenta especialmente el ejercicio de la prensa, promulgado el 1º de agosto de 1855, y rubricado por el presidente CARLOS ANTONIO LÓPEZ y don JOSÉ FALCÓN, decía textualmente:

"El presidente de la República,

Teniendo en consideración que el tiempo ha modificado las circunstancias en que se hallaba la República cuando la administración actual ordenó alguna limitación sobre publicaciones por la prensa; y que en el estado presente de la sociedad para mantenerse el respeto debido al orden público, a la autoridad, a la moral y al honor y fama de los particulares, bastarán algunas disposiciones preventivas tendientes a garantir esos grandes objetos, que toda sociedad bien ordenada debe mantener con el mayor celo.

Ha acordado y decreta:


CAPÍTULO I

Art. 1º - Todo Ciudadano de la República que tenga expedito el uso de sus derechos civiles, es decir, que sea persona autorizada para contratar válidamente según las leyes, tiene derecho a publicar por la prensa sus ideas y opiniones; puede denunciar y censurar por el mismo medio las omisiones en que incurran, o las faltas y abusos que cometan los funcionarios públicos en el desempeño de sus funciones, sin previa censura.

Art. 2º - Queda prohibida toda publicación clandestina y anónima, bajo las penas que establece el presente decreto.

Art. 3° - Toda publicación pedida a uno de los periódicos de la Capital llevará la firma de su autor.

Art. 4° Ninguna que tenga a su cargo una imprenta establecida con el competente permiso, ningún editor o redactor de periódico podrá imprimir en su periódico artículo o escrito sin el requisito de la firma del autor.


CAPÍTULO II

DE LOS DELITOS QUE SE COMETEN ABUSANDO DE LA PRENSA.

Art. 1° - Se abusa de la prensa, y por tal abuso se cometen delitos: 1°, contra el Jefe Supremo del Estado; 2°, contra la seguridad de la República; 3°, contra el orden público; 4°, contra la sociedad pública; 5°, contra la Religión; 6°, contra los Soberanos o Jefes Supremos de las Naciones Extranjeras; 7°, contra los particulares.

Art. 2° - Comete delito contra el Jefe Supremo de la

República el que por un escrito estampa o figura, deprime de algún modo, o bajo cualquiera forma, la persona, dignidad y prerrogativas del Jede Supremo del Estado.

Art. 3° - Delinque contra la seguridad del Estado, el que excita o provoca a una Potencia Extranjera a hostilizar a la República, o le indica el modo y medios de hacerle la guerra ventajosamente: el que promueve la relajación de la fidelidad y disciplina de la fuerza armada.

Art. 4° - Comete delito contra el orden público, el que publica opiniones, máximas o doctrinas que pueden perturbar la tranquilidad del Estado, el que concita los obreros, jornaleros y pobres contra la clase más acomodada y rica; el que provoca a la desobediencia a las leyes y a las autoridades.

Art. 5° - Delinque contra la sociedad y la oral pública el que elogia o defiende por la prensa, estos que las leyes califican de criminales; el que hace la apología de los escándalos públicos; y el que ridiculiza las clases y las corporaciones que las leyes reconocen.

Art. 6° - Delinque contra la Religión el que ataque o pone en ridículo la Religión Católica Apostólica Romana y su culto; el que por los defectos o vicios de uno o más Ministros del culto; ofende la corporación, deprimiendo sus funciones y ministerio.

Art. 7º - Delinque contra la autoridad el que publica contra los jueces y demás funcionarios, hechos falsos, injuriosos y difamantes, practicados en el ejercicio de sus funciones, y el que les atribuye mala intención en sus actos oficiales.

Art. 8° - Delinque contra los monarcas y Jefes supremos de las Naciones Extranjeras, el que lanza insultos y denuestos contra los Jefes Supremos y Soberanos de las Naciones Extranjeras; contra sus Representantes que residen en la República, excitando contra éstos animosidades o infundiendo prevenciones en el ánimo de los ciudadanos contra ellos o provoca sediciones en los súbditos contra sus Monarcas o Jefes Supremos.

Art. 9° - Finalmente delinque contra los particulares, el que les imputa falsos hechos inmorales, reprobados por las leyes; que les haga valer menos; despreciables en concepto de sus conciudadanos; el que saca al público defectos y hechos de la vida privada, que la sociedad ningún interés, o bien, reporta de saberlos.

Art. 10° - El que publique hechos domésticos, o defectos de la vida privada de los particulares, aunque los hechos y defectos sean ciertos; aunque ofrezca la prueba, no se admitirá ésta; la publicación será considerada y declarada injuriosa y difamatoria.

Art. 11° - No se abusa de la prensa, y no hay delito de injuria, calumnia o difamación, publicando o censurado en un escrito el procedimiento arbitrario o ilegal de cualquier juez, o persona que ejerza empleo, cargo o función pública, probándose, en el acto de queja, el hecho arbitrario o ilegal, por alguno de los medios de prueba, que la ley señala.

Art. 12° - El agente fiscal en lo criminal denuncia y persigue ante los jueces que designa este Derecho, los delitos por abusos de la prensa, designados desde el art. 2°, Cap. 2°, hasta el art. 6°, inclusive.

Art. 13° - Los jueces, empleados y funcionarios públicos, cuyos actos oficiales han sido denunciados o censurados como ilegales, y quisiesen perseguir judicialmente al censor o denunciante, requerirán al Ministerio del fiscal, dándole una instrucción por escrito, y todo lo que sea necesario para sostener la queja y justificarse.

Art. 14° - Los particulares que        se consideren injuriados, calumniados o difamados por una publicación, usarán de su acción, por sí, o por apoderado suficiente, ante los jueces designados.

Art. 15° - El juez, empleado público o particular que se creyese ofendido por alguna publicación, tienen derecho a exigir por sí, o sus representantes, que se inserte y publique en el mismo periódico la contestación que remita, negando, rectificando, o explicando los hechos.


CAPÍTULO III

DEL JUEZ Y TRIBUNAL QUE HAN DE CONOCER Y JUZGAR DE LOS DELITOS COMETIDOS, ABUSANDO DE LA PRENSA.

Modo de procedimiento.

Art. 1° - El juez y Tribunal que conozca y resuelva en los casos de delitos, por abuso de la prensa, es general y no conoce fueros; pues todos quedan allanados para estos casos.

Art. 2° - La denuncia o queja de un delito de los designados en el Cap. 2°, se hará ante el juez de primera instancia en lo criminal, verbalmente, levantándose un acta, que firmarán el juez, el querellante o acusador y los testigos. En el acta no se expresará más que el hecho que motiva la queja, comprobado con un ejemplar del escrito acusado, que se agregará al acta el nombre y clase del querellante o acusador, el título del escrito y nombre del acusado.

Art. 3° - Levantada y afirmada el acta, el juez hará comparecer al autor, y en su caso al redactor, que reconocerán el escrito y su firma.

Art. 4° - Si el delito denunciado fuese de los que admiten pruebas, el Juez de primera instancia de lo criminal, señalará un breve término para producirse la prueba.

Art. 5° - Concluida la instrucción o sumario, el juez de primera instancia de lo criminal, asociado de los jueces de paz 1° y 2° del distrito de la Catedral formarán el Tribunal de primera instancia en los delitos por abuso de la prensa.

Art. 6° - Presidirá el Tribunal el juez de primera instancia del crimen; está especialmente encargado de conservar el orden en el juicio que será público.

Art. 7° - Es severamente prohibido que los concurrentes al juicio, den los menores signos de aprobación o reprobación, sea la acusación o defensa; si alguno se permitiese demostraciones de esta clase, por palabras, o por actos, el Presidente del Tribunal lo hará salir de la audiencia, y arrestar por 48 horas, en la casa de policía.

Art. 8º - Formado el Tribunal, se procederá a la lectura de lo actuado, empezando por el escrito acusado, leyéndose íntegro todo lo actuado, desde la acusación, comparendo del acusado, reconocimiento del escrito y firma y la calificación que el denunciante o acusador haya hecho del delito cometido, abusando de la prensa.

Art. 9° - Hablarán enseguida el querellante o acusador, y después el acusado o su defensor, y el Tribunal enseguida, o a lo más en el día inmediato, pronunciará su fallo, reduciéndose a la formula de culpable del delito designado en el Art. N del Cap. 2°, o no culpable, designado en el Art. N del Cap. 2°, o no culpable, designado en el primer caso la pena fundada en las circunstancias atenuantes o agravantes.

Art, 10° - El acusador y acusado tienen el recurso de apelación para una Tribunal de 2a Y última instancia para los delitos por abuso de la prensa. El Tribunal se formará del Juez de lo criminal en 22 instancia y de los jueces de paz 1° y 2° del distrito de la Encarnación.

Art. 11° - La apelación se interpondrá de palabra dentro de las 24 horas de pronunciado el fallo.

Art. 12° - El juez presidente del tribunal de 1ª Instancia aceptará por diligencia el haberse interpuesto la apelación dentro del término, y por la cual de las dos parte; y pasará todo lo obrado al juez de 2ª y última instancia en el presente género de causas.

Art. 13° - El procedimiento del Tribunal de 2ª Instancia será el mismo que se ha tenido en el tribunal de 1á instancia.

Art. 14° - El fallo del Tribunal de 2" Instancia confirmando o revocando el de 1a instancia es inapelable y acaba el juicio.

Art. 15° - En cualquiera de los casos, se devolverá lo obrado al juez del Tribunal de 1á instancia para la ejecución de la sentencia, sea confirmatoria o revocatoria de la sentencia y, consiguiente archivamiento del Proceso.

Art. 16° - La sentencia ejecutoriada, sea condenatoria o absolutoria, se publicará en los periódicos.

Art. 17° - En el caso de impedimento o recusación de alguno de los que deben componer uno de los Tribunales de 1ª o 2ª instancia, será reemplazado el juez de 1á instancia de lo criminal por el juez de 1á instancia en lo civil; y los jueces de paz, que deben asociarse en el Tribunal de 1á instancia, por uno de los jueces de paz del distrito de San Roque. Impedido, o legalmente recusado, el juez de 2ª instancia en lo criminal que debe presidir el Tribunal de 2a instancia, será reemplazado por el juez de 2a instancia en lo civil.

Art. 18° - Los jueces de los Tribunales especiales de 1ª y 2ª instancia en las causas de que trata este decreto, pueden ser recusados por las mismas causas, y en la misma forma que previene el Estatuto de Administración de justicia, sin más diferencias que todo debe ser verbalmente.


CAPÍTULO IV

DE LAS PENAS DE LOS DELITOS

Art. 1° - Las penas impuestas a los delitos cometidos por abuso de la prensa, serán pecuniarias, o en su defecto, corporales; mayores o menores, según las circunstancias agravantes o atenuantes del caso.

Art. 2° - Los delitos designados desde el art. 2°, Cáp. 2° hasta el 6° del mismo Cáp., se castigarán con una multa de 100 a 500 pesos y, en su defecto, un arresto en la Cárcel de dos a seis meses, además del pago de las costas.

Art. 3° - A los delitos de injurias, calumnia, difamación contra jueces, empleados públicos o particulares, se impondrá la multa de 50 a 200 pesos, y en su defecto un arresto de 30 días a 60, y pago de costa; a más de indemnizar al calumniado, injuriado o difamado, el perjuicio que pueda haberle causado el escrito de que se queja, y cuya indemnización será regulada por el Tribunal que declare hacer lugar a indemnización.

Las multas que se impongan se aplicarán a gastos de impresiones de interés público."

 


FUENTES CONSULTADAS

BENÍTEZ, JUSTO PASTOR: Carlos Antonio López. Carlos Schauman Editor. Asunción, 1990.

BIEDERMAN, ENRIQUE Y VERÓN, LUIS: Las Tintas del Tintero. Cerneco. Asunción, 2004.

HEYN SHUPP, CARLOS ANTONIO: Iglesia y Estado en el Paraguay durante el gobierno de Carlos Antonio López. Biblioteca de Estudios Paraguayos. Asunción, 1987.

NOGUÉS, CARLOS ALBERTO: Parentela presidencial. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia. Asunción, 1995.

PASTORE, CARLOS: La lucha por la tierra en el Paraguay. Intercontinental Editora. Asunción, 2008.

PÉREZ ACOSTA, JUAN FRANCISCO: Carlos Antonio López, Obrero máximo. Editorial Guarania. Asunción, 1948.

RAMOS, R. ANTONIO: La política del Brasil en el Paraguay. Editorial Ayacuyo. Buenos Aires, 1944.

PLA, JOSEFINA: Los británicos en el Paraguay. Arte Nuevo Editores, 1984.

RAMOS, R. ANTONIO: Juan Andrés Gelly. Buenos Aires, 1972.

RIQUELME, MANUEL: Héroes. Compendio de la Guerra de la Triple Alianza. Servilibro, Asunción, 2008.

RIVAROLA PAOLI, JUAN B.: Historia monetaria del Paraguay. Asunción, 1982.

SCAVONE YEGROS, RICARDO: Polémicas en torno al gobierno de Carlos Antonio López en la prensa de Buenos Aires. Editorial Tiempo de Historia, Asunción, 2010.

SCHNITT, PETER A.: Paraguay y Europa. 1811-1870. Asunción, 1990.

SPERATTI, JUAN: Historia de la Educación en el Paraguay. 1812-1932. Biblioteca de Estudios Paraguayos. Asunción, 1996.


 

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