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LUIS VERÓN


  EL 23 DE OCTUBRE DE 1931 - Por LUIS VERÓN - Año 2013


EL 23 DE OCTUBRE DE 1931 - Por LUIS VERÓN - Año 2013

EL 23 DE OCTUBRE DE 1931

Por LUIS VERÓN

COLECCIÓN GUERRAS Y VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PARAGUAY

NÚMERO 11

© El Lector (de esta edición)

Director Editorial: Pablo León Burián

Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina

Director de la Colección: Herib Caballero Campos

Diseño de Tapa y Diagramación: Jorge Miranda Estigarribia

Corrección: Rodolfo Insaurralde

Fotografía de tapa: "Tropas del ejército y Ferrocarril en la actual

Avenida Paraguayo Independiente". Pertenece a la colección

privada de Javier Yubi

I.S.B.N. 978-99953-1-340-1

Hecho el depósito que marca la Ley 1328/98

Esta edición consta de 15 mil ejemplares

Asunción – Paraguay

Marzo 2013 (114 páginas)

 

 

 

CONTENIDO

 

Prólogo

A modo de introducción

CAPÍTULO I

Guggiari, el Presidente

CAPÍTULO II

Un pacto para gobernar

CAPÍTULO III

El escenario nacional

El escenario político

CAPÍTULO IV

La pelea entre dos hermanos

CAPÍTULO V

Pugna entre estudiantes y gobierno

Tensa víspera

El día fatídico

Medidas cautelares

La situación desbordada

Medidas del caso

El presidente en la Escuela Militar

Los caídos

Reacciones políticas

Un bando enérgico

Las víctimas del ataque

¿Quién fue julio César Franco?

CAPÍTULO VI

La Masacre y el juicio

Delegación de mando y juicio político

Declaración de la Cámara De Diputados

ANEXO 1

Comisión Directiva del Centro Estudiantil 1931

ANEXO 2

El Centro Estudiantil

CRONOLOGÍA

BIBLIOGRAFÍA

EL AUTOR

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

         Luis Verón, presenta en este libro los antecedentes y acontecimientos que conmocionaron a la sociedad paraguaya antes del inicio de la Guerra del Chaco, cuando una multitudinaria manifestación estudiantil fue brutalmente reprimida por las fuerzas de seguridad en los jardines del Palacio de Gobierno de Asunción del Paraguay.

         Esta obra permitirá al lector comprender la situación caldeada en la que se encontraba la República en 1931, con un intento de golpe de estado, la toma de Encarnación y la tensión permanente en el Chaco, por el choque entre las tropas paraguayas con las bolivianas en la zona en litigio.

         Cabe señalar que en aquellos años tras la crisis del capitalismo en 1929 y el surgimiento de regímenes antiliberales en Europa, favoreció, en Paraguay y mundialmente, al surgimiento de grupos tanto de derecha como de izquierda que rechazaban la democracia liberal que imperaba en el nuestro país desde que se promulgó la Constitución el 25 de noviembre de 1870.

         La situación política en 1931, se agravó por las fuertes disensiones entre las diversas facciones del partido de gobierno y además los diversos grupos de la oposición formularon fuertes cuestionamientos a la política de defensa aplicada por la administración de José Patricio Guggiari.

         La situación del Chaco ocupaba la posición central en las discusiones de la época, no solo entre la clase política sino en todos los ámbitos ciudadanos, fresca estaba en la memoria colectiva la fallida movilización con motivo del incidente del Fortín Sorpresa. Por tal motivo, cuando en septiembre de 1931, se produjeron las escaramuzas en Masamaklay, en las cuales resultaron muertos soldados paraguayos y bolivianos, la opinión pública paraguaya se enardeció y exigió una política más firme por parte del Gobierno. Éste, por obvio sigilo, no podía divulgar los planes y las medidas que ya había adoptado, y porque estaba aguardando la llegada de los cañoneros que, de acuerdo a los planes trazados, eran vitales para la eventual guerra con Bolivia.

         El libro describe detalladamente los acontecimientos acaecidos en Asunción entre el 20 y el 26 de octubre de 1931, y la posterior investigación parlamentaria al Presidente de la República, quien había presentado renuncia al cargo. La muerte de 11 personas en los jardines del Palacio de Gobierno, dejó una huella muy profunda y dolorosa en la ciudadanía, que en gran número acompañó masivamente el entierro de aquellos que murieron exigiendo la defensa del Chaco.

         Asimismo, el autor presenta la versión oficial del Gobierno, que argumentó a lo largo de la investigación parlamentaria que existió un plan para asesinar al Presidente y que por tal motivo la guardia del Palacio se vio obligada a abrir fuego contra la multitud.

         EL 23 DE OCTUBRE DE 1931, es una obra que se debe agradecer, pues hoy, ochenta años después, son pocos los paraguayos que conocen a cabalidad lo que aconteció en aquel viernes fatídico, que ha recibido diversas interpretaciones que fueron más bien fruto de las lides políticas que de la investigación histórica.

 

         Herib Caballero Campos

         Asunción, marzo de 2013

 

 

 

 

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

 

         "LA HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS, después de haber conocido en el presente juicio político iniciado con motivo de los sucesos del 23 de octubre último ocurrido frente al Palacio de Gobierno, DECLARA:

         1°-) Que no hay lugar a formación de causa contra el Excmo. Señor Presidente de la República, Doctor José Patricio Guggiari.

         2-°) Comuníquese al Poder Ejecutivo.

         Dada en la Sala de Sesiones de la H. Cámara de Diputados a los veinte días del mes de enero de mil novecientos treinta y dos.

 

         JUAN CARLOS GARCETE

         Dionisio Prieto

         Secretario."

 

         De esta manera se puso punto final a un trágico episodio, que fue el preámbulo y presagio de una época de dramáticos perfiles que ensangrentó a la sociedad paraguaya y a la boliviana entre junio de 1932 y junio de 1935, y cuyas consecuencias marcó las relaciones entre ambos países a lo largo de varias décadas durante el siglo pasado.

         Los hechos que dieron lugar al juicio político al presidente José Patricio Guggiari Corniglione transcurrieron en días enrarecidos por un clima de particular violencia, que ya arrancaron allá por febrero de 1931, cuando una tentativa de golpe de Estado quedó frustrada.

         Posteriormente se tuvo que soportar una huelga de estudiantes de Medicina que duró semanas y que, iniciada por un motivo hasta si se quiere baladí, fue extendiéndose a otros centros, adquiriendo caracteres de virulencia peligrosa.

         En ese marco se desarrolló la protesta popular exigiendo al gobierno mayor resolución ante la supuesta indefensión del Chaco paraguayo, que venía siendo ocupado por unidades del Ejército boliviano y que desembocó en los sangrientos hechos de la mañana del viernes 23 de octubre de 1931.

 

 

Presidente José Patricio Guggiari

 

 

CAPÍTULO III

EL ESCENARIO NACIONAL

 

         Cuando José P. Guggiari asumió la Presidencia de la República, el panorama no era muy halagüeño. La situación en el mundo rural no era buena. La población migraba en busca de trabajo hacia lugares de producción o con mejores expectativas, como la Argentina.

         Poco después, la crisis mundial de 1929 hizo que la economía paraguaya sufriera por la caída de los precios del algodón, la yerba mate, el tabaco y las maderas. Por otra parte, una sequía afectó seriamente la producción agrícola y también a la ganadería.

         Además, como consecuencia del "crack" argentino, principal cliente de la producción paraguaya, el vecino país redujo sus importaciones y el comercio en general sufrió una sensible decadencia. En 1930, la recesión afectaba a la mayoría de los rubros de producción.

         En el aspecto político, en un terreno abonado por estas crisis económicas aparecieron las ideologías totalitarias en pleno auge en Europa e hicieron que, al percibir tal fenómeno, las autoridades empezaran a cambiar sus métodos y discursos pidiendo leyes especiales para ciertas clases sociales o cuestionando los latifundios improductivos y el monopolio empresarial, especialmente en el rubro transporte, tanto ferroviario como fluvial. El gobierno también propuso la regulación de las relaciones obrero-patronales y sentó las bases de una banca central.

         Por otra parte, los sectores obreros iban ganando posiciones a través de los gremios y sindicatos de tendencia anarquista: la Confederación Obrera Regional del Paraguay, la Unión Obrera del Paraguay y la Liga de Obreros Marítimos.

         Otros aspectos del Paraguay de aquella época eran que la población paraguaya inserta en la economía del mercado era menor al 40%. Dos tercios de la población no sabían leer ni escribir. De los 150 médicos existentes, 130 trabajaban en la capital y algunas ciudades circunvecinas. En el interior, solo 20 médicos atendía. Fuera de Asunción casi no existía una infraestructura sanitaria y la tuberculosis y otras enfermedades endémicas hacían estragos en la población. Según estudios realizados, la mortalidad infantil era de casi el 30 %.

 

         EL ESCENARIO POLÍTICO

 

         Durante casi cincuenta años, el espectro político estuvo hegemonizado por los dos partidos tradicionales -la Asociación Nacional Republicana y el Partido Liberal-, con sus facciones, disidencias y escisiones.

         En los años 20, dicho espectro político e ideológico se amplió al sumarse grupos de izquierda y de derecha; además de movimientos clericales y anticlericales. Hizo su aparición en el mundo político el Partido Comunista, los partidos tradicionales fueron inficionados por pensamientos e ideologías nacionalistas, lo que fue extendiéndose a sectores clericales, militares, urbanos y rurales ante la cada vez más notoria y sensible penetración boliviana en el Chaco.

         En mayo de 1928 tuvo lugar la fundación de la Liga Nacional Independiente, reuniendo en su seno a intelectuales, profesionales liberales y artistas, con una prédica nacionalista y antipartidaria, que tomó como bandera la cuestión social en el sentido de bregar por el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de las clases asalariadas; agravadas en la década del 10, con la aparición de conservadores y radicales -"schaeristas" y "gondristas"-, que tuvo como principal hecho histórico la revolución de 1922-23.

         El ambiente político, especialmente en la capital del país, era un mosaico de posturas y actitudes. Dentro del liberalismo, además de las facciones ya conocidas aparecieron nuevos liderazgos que fueron marcando la atomización de posiciones, como el caso del "modestismo" dirigida por Modesto Guggiari, que era abiertamente crítica a la postura gubernista.

         El otro partido tradicional, la Asociación Nacional Republicana, también se dividió en dos fracciones. Hasta entonces, el Partido Colorado, como más habitualmente se le conoce, había adoptado una postura abstencionista. Algunos relevos entre los miembros de su conducción desplazaron a los "intransigentes" por personalidades conocidas como los "conciliadores". Este cambio permitió un pacto entre los radicales gubernistas y los colorados para la reforma electoral y la participación colorada a través de cuotas de participación en la función pública. Además de los cargos parlamentarios, varios colorados "participacionistas" integraron el cuerpo diplomático, el Poder Judicial y otras reparticiones públicas.

         En las elecciones presidenciales, realizadas el 15 de abril de 1928, fue electa la dupla conformada por José Patricio Guggiari y Emiliano González Navero, frente a la de los colorados Eduardo Fleitas y Eduardo López Moreira.

         Si bien estas elecciones políticas permitieron incorporar parte de la oposición al aparato del Estado, profundizaron la ruptura interna dentro de los partidos Colorado y Liberal, ruptura solo salvada en vísperas de la contienda chaqueña.

         En otro orden de cosas, en aquellos años se notó las repercusiones de la Revolución Rusa de 1917, a través de agrupaciones políticas y sociales, especialmente con la fundación del Partido Comunista Paraguayo. En contraposición, también aparecieron grupos de tendencia derechista de inspiración nazi-fascista.

         El fin de la década del 20 y principios de la del 30, encontró al país enfrascado en el ambiente enrarecido de la inminencia de una guerra internacional con Bolivia por la posesión del Chaco. Años, décadas de búsquedas de un arreglo político iba agravando la situación internacional. Episodios como la toma del fortín Sorpresa y la muerte del teniente Adolfo Rojas Silva en 1927 complicó aún más el delicado estado de cosas.

         A esto se sumó la prédica de la prensa reclamando la defensa del territorio chaqueño exacerbando el ánimo popular hacia una posición belicista.

         Instancias internacionales, a duras penas buscaban evitar una situación de guerra. Pero los incidentes seguían sucediéndose, como el caso del ataque e incendio del fortín Vanguardia por los paraguayos, lo que llevó a los bolivianos a tomar varios fortines paraguayos, entre ellos Boquerón. Consecuencia de estos hechos fue la ruptura de relaciones entre nuestro país y Bolivia y ambos gobiernos decretaron una movilización general de sus ejércitos.

         El clima nacionalista exacerbó los ánimos de diversos sectores de la sociedad. Si bien, hay que mencionar, hubo voces discordantes, pacifistas, como las de los comunistas y sindico-anarquistas, la mayoría de la población se movilizó para enfrentar el sacrificio que imponía la patria.

         La movilización de la población -obreros, campesinos, estudiantado- fue espontánea y veía con recelo la agresiva política exterior boliviana y la interpretaba como baluarte de intereses petrolíferos de empresas norteamericanas. Por otro lado, criticaban lo que consideraba una displicente y floja postura gubernamental en lo referente a la defensa del territorio.   

         Estas actitudes llevaron a la unión de sectores sindicales y universitarios simpatizantes de las ideas de izquierda, lo que se tradujo en la gestación del Nuevo Ideario Nacional, un documento que fundó un movimiento que se propuso luchar contra el avance del capitalismo norteamericano, además de propugnar la socialización de los medios de producción nacionales.

         La reacción no se hizo esperar, el Gobierno deportó a numerosos dirigentes de izquierda, si bien estos no cejaron en su prédica inficionando en sectores políticos, estudiantado y joven oficialidad del Ejército. A estas manifestaciones también se sumaron sectores de derecha, los que en algún momento, inclusive quisieron derrocar al gobierno de Guggiari. La toma de Encarnación -y la frustrada de Villa Rica-, las intentonas militares lideradas por el mayor Rafael Franco fueron los enardecedores antecedentes que con las constantes prédicas políticas confluyeron en las manifestaciones de octubre, con la consiguiente represión que derivó en la matanza de estudiantes en los jardines del Palacio de Gobierno.

 

 

 

 

CAPÍTULO V

PUGNA ENTRE ESTUDIANTES Y GOBIERNO

 

         La opinión pública paraguaya, en un primer momento, recibió con serenidad las noticias provenientes del Chaco. Pero atizada por la prensa opositora al Gobierno y sectores oportunistas, la juventud estudiosa quienes soliviantados por políticos opositores, marcharon hasta el Palacio Presidencial, donde, a causa de ciertos desmanes, las fuerzas de seguridad repelieron la manifestación a balazos, ocasionando la muerte de más de una decena de jóvenes, lo que motivó la renuncia del presidente José Patricio Guggiari, quien solicitó y fue sometido a juicio político.

         Ante el fracaso de todas las gestiones diplomáticas realizadas hasta entonces-tratados, protocolos, convenios, conferencias, etc.- la Sociedad de las Naciones, único organismo supranacional existente entonces, realizó tibias gestiones para evitar un conflicto armado entre paraguayos y bolivianos. Además, el organismo comenzó a interesarse en el problema paraguayo-boliviano recién en los primeros meses de 1932, cuando las cosas ya habían llegado a un punto casi irreversible. La sucesión de hechos ocurridos en el territorio chaqueño y el, cada vez mayor, avance boliviano en la zona, eran motivos no solo de preocupación sino de alarma de cierto sector de la población ante la aparente despreocupación por parte de las autoridades paraguayas. La opinión pública veía cada vez con mayor preocupación que el avance boliviano pareciera no ser un asunto prioritario de las autoridades nacionales.

         Por otra parte, como ya referíamos, los hechos que dieron lugar al juicio político al presidente José Patricio Guggiari Corniglione transcurrieron en días enrarecidos por un clima de particular violencia, que ya arrancaron allá por febrero de 1931, cuando una tentativa de golpe de Estado comandada por el mayor Rafael Franco quedó frustrada.

         Posteriormente se tuvo que soportar una huelga de estudiantes de Medicina que duró semanas y que, iniciada por un motivo hasta si se quiere baladí, fue extendiéndose a otros centros, haciéndose cada vez más violenta.       

         Los estudiantes, manifestándose contra el gobierno y demás autoridades, apedrearon los domicilios de varios profesores universitarios y del mismo ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Dr. Eladio Velázquez.

         El Hospital de Clínicas fue ocupado sorpresivamente en actitud de resistencia. Además, fueron atacados algunos medios de prensa escrita. En ninguno de estos episodios la policía reprimió a los manifestantes, por lo que algunos sectores de la ciudadanía acusaron de flojedad al Gobierno.

         El ambiente se volvía cada vez más violento. Algunos ciudadanos inclusive llegaron a irrumpir en la Sala de Sesiones de la Cámara de Diputados y la Sala de la Cámara de Senadores fue apedreada. No faltaron los incitadores, agitadores y especuladores de la política ventajera. Un senador proclamó la revolución como solución, olvidando los sangrientos momentos de anarquía que vivió el país, solo unos años antes. Así transcurrieron los dos meses previos a los ingratos sucesos del 23 de octubre, que no fue, en sí, un hecho aislado, sino un triste colofón de un drama que venía tejiéndose en la sociedad paraguaya.

 

         TENSA VÍSPERA

 

         Los días previos a la trágica jornada de aquel 23 de octubre de 1931, el ambiente político paraguayo estaba bastante enrarecido. Se acusaba al Gobierno de descuidar la defensa del Chaco Boreal.

         Desde la prensa opositora se lanzaban furibundos ataques al gobierno José P. Guggiari, criticando la política gubernamental con respecto a la cuestión chaqueña.

         El lunes 19 de octubre se inició una semana que quedaría marcada en la historia paraguaya por los trágicos acontecimientos que ocurrirían al finalizar la misma.

         "Fue en aquellas circunstancias -dice en su libro 23 de octubre de 1931, el doctor M. Agustín Ávila, uno de los protagonistas de aquellas jornadas- que, en el curso de una sesión ordinaria de la Comisión Directiva del Centro [Estudiantil, que presidía], se debatió extensamente la situación planteada al estudiantado y a la Nación entera. Se decidió, finalmente, convocar a Asamblea General Extraordinaria a los asociados para el día 20 de octubre de 1931, a las 10 horas. El único tópico del    Orden del Día fue: Analizar la conducta a seguirse por el Centro frente a la invasión del Chaco por tropas regulares de Bolivia y su directa relación con la Defensa Nacional."

         En aquella ocasión, fueron oradores los estudiantes César Garay, Marcos y Augusto Fuster, Andrés Riquelme, Roque J. Ávila, Livio Pérez Garay, Félix Alegre, Hilario Gómez Núñez, Manuel Carvallo, Orlando Ottaviano, Hugo Bareiro Velázquez, Humberto Romero, Tomás López, Víctor Ortiz, Néstor Segovia, Silvio Oliver, entre otros.

         La asamblea del Centro Estudiantil -entidad que nucleaba a estudiantes secundarios y universitarios- decidió la realización de una gran manifestación el día 22 de octubre en horas de la tarde. Se fijó como punto de reunión la plaza Uruguaya y los objetivos de dicha manifestación fueron protestar ante el Poder Ejecutivo por los sangrientos hechos ocurridos en Masamaklay, reclamar urgentes medidas tendientes a fortalecer la defensa nacional, plantear la necesidad del regreso de los jefes y oficiales del Ejército que estuviesen en el extranjero. Se decidió también el itinerario de la marcha: calles 14 de julio (actual Mariscal Estigarribia), Palma, Convención (actual O’Leary), hasta llegar al Palacio de Gobierno, donde debía ser orador, el presidente del Centro, M. Agustín Ávila.

         La prensa opositora al Gobierno, especialmente La NACIÓN, órgano de difusión de la Liga Nacional Independiente, el miércoles 21 de octubre publicó un suelto en el que señalaba:

 

         "MANIFESTACIÓN ESTUDIANTIL"

 

         El Centro Estudiantil está organizando una manifestación popular con motivo de la situación creada por los últimos sucesos en el Chaco paraguayo, especialmente por lo ocupación violenta de Samaklay. Ha invitado a participar en el acto a diversas agrupaciones estudiantiles.

         La manifestación se organizará en la Plaza Uruguaya a las 5 de la tarde y seguirá por la calle Palma hasta el Palacio de Gobierno.

         Oradores designados por la Comisión expondrán a las autoridades y al pueblo el pensamiento estudiantil acerca de los hechos que son de dominio público.

         Desde hace días, reina agitación en la masa estudiantil. Ya han empezado a oírse fogosos discursos preliminares en las reuniones preparatorias de las bocacalles vecinas al Colegio Nacional. Carteles con leyendas alusivas han sido fijados en diversos lugares de la ciudad."

         El jueves 22 de octubre -siempre en LA NACIÓN- otro suelto titulado Reacción estudiantil, decía:

         "La manifestación popular que se proyecta para esta tarde, ha puesto en efervescencia a la gran masa estudiantil. En el Colegio Nacional, sobre todo, donde el Centro Estudiantil tiene su cuartel general, la agitación es intensa y unánime. Durante toda la semana, no se ha hablado de otras cosas en los corrillos y reuniones. Oradores improvisados, actos, preparatorios, todos los bulliciosos preliminares de los movimientos estudiantiles, han venido manteniendo la ebullición de los espíritus."

         En la tarde del jueves 22 de octubre de 1931, la Comisión Directiva del Centro de Estudiantes, los afiliados a dicho Centro y varias personas adherentes se reunieron en el lugar establecido en la convocatoria. Cuando empezaba el acto, en momentos en que el estudiante Marcos Fuster estaba haciendo uso de la palabra, un funcionario policial llegó a invitar a los organizadores a una reunión con el jefe de Policía, Dr. Luis Escobar. Este último, una vez ante los jóvenes, pidió que se suspendiera la manifestación o se modificara el itinerario, de tal forma a llegar solo a las plazas del Congreso. A este pedido, los estudiantes respondieron que les resultaba imposible modificar el itinerario y que el mismo se haría sobre la base del permiso otorgado por la Policía.

         Cuando la delegación retornó de la entrevista con el jefe de Policía, el grueso de la manifestación estaba movilizándose para iniciar el itinerario preestablecido. Ínterin, entre los otros oradores, también hizo uso de la palabra el doctor Juan Stefanich, prestigioso profesor del Colegio Nacional.

         A su paso, la manifestación recibió numerosas muestras de adhesión y aplausos de parte del público que la veía pasar, encabezada por las autoridades del centro precedidas por varias banderas tricolores y enseñas de los centros involucrados.

         Ya frente al Palacio, la concurrencia entonó el Himno Nacional y los organizadores consultaron a los funcionarios del Palacio si el Presidente estaba presente y sobre la posibilidad de leer los discursos, a lo que los mismos negaron autorización. Ante esta situación, la multitud optó por retirarse, dirigiéndose hasta la Escuela Militar, a dos cuadras del Palacio, pues, esta institución era el centro de formación de los cuadros de oficiales de las Fuerzas Armadas del país.

         Según relatos del doctor Justo Pastor Benítez, miembro del gabinete ministerial, el 22 de octubre concurrió al despacho presidencial y el secretario, Dr. Efraín Cadozo, informó que una manifestación estudiantil deseaba ser recibida por el jefe de Estado. El presidente prometió recibirla previa la presentación de los discursos, que debía hacerse a las 13 de ese día. Debido a que se trataba de una cuestión internacional, debía guardarse ciertas formas. Como recién a las 17 fueron presentados dichos discursos, resolvió no recibir a la manifestación, por lo que se retiró para visitar a su madre enferma gravemente.

 

 

         En el ambiente estudiantil, los ánimos estaban exaltados y se presagiaban momentos tormentosos. En la noche del 22 de octubre, una multitud integrada por estudiantes y políticos opositores se agolpó en la plaza Uruguaya, de donde partió tumultuosa por la calle Palma. Se dirigió a la Escuela Militar y de paso, con certeras pedradas rompió los vidrios de la torre del Palacio de Gobierno. En este lugar trató de hablar el presidente del Centro Estudiantil, Agustín Ávila, pero fue impedido por los manifestantes, quienes lo consideraban inoportuno.

         Llegaron hasta los portones de la Escuela Militar, donde con encendidos discursos trataron de levantar a la institución militar contra el Gobierno. Luego de más de una hora de protestas y ante la infructuosidad de sus esfuerzos, la multitud se alejó por la calle 14 de Mayo.

         Luego fueron hasta Haedo y Chile, donde estaba la casa del mayor Rafael Franco -líder del frustrado levantamiento de meses atrás-. De allí, la multitud se dirigió a la plaza Independencia, donde siguieron los discursos, posteriormente e incitados por los señores Anselmo Jover Peralta y Juan Natalicio González, se dirigieron hasta la residencia particular del Presidente, ubicada en la calle Yegros y Aquidabán (actual Manuel Domínguez). Apedrearon la casa, intentando forzar la puerta e inclusive buscaron la manera de incendiarla, en actitud abiertamente sediciosa.

         Allí, la multitud exigió la renuncia de Guggiari. Los ministros, para evitar una situación que después podía lamentarse, ordenaron a las fuerzas policiales que dispersaran la manifestación, apresaran a los cabecillas, pero que no tocaran a los estudiantes. Para cumplir la orden concurrió al lugar, sin fusiles, media compañía del Batallón de Seguridad, que logro dispersar a la multitud, pese a que esta lo recibió a pedradas. La refriega terminó con diez conscriptos heridos, un cabo de gravedad y el teniente Candia, con una contusión importante, quienes fueron recogidos por la Asistencia Pública.

         Si bien la manifestación fue disuelta, los dirigentes de ella siguieron con sus conciliábulos. En una reunión realizada esa madrugada en el local de la Sociedad Resistencia de Albañiles, se decidió continuar con las manifestaciones con tal de derrocar al Gobierno.

         Otro testimonio de primera mano es el del entonces mayor Arturo Bray. En sus memorias, Bray escribió:

         "En la noche del 22 de octubre, la agitación callejera llegó a las puertas de la Escuela Militar. A eso de las 7, una manifestación integrada por no más de trescientas personas, en su mayoría estudiantes, a juzgar por su edad, se hizo presente ante uno de los portones de hierro que dan a la Plaza del Congreso, reclamando a gritos destemplados la presencia del director y de sus oficiales. No todos eran estudiantes, sin embargo: entre los concurrentes alcancé a distinguir a Bernardino Gorostiaga, Silvio Lofruscio, Buenaventura González, el teniente coronel José Samaniego, nada menos que Fiscal General Militar.

         Salí al ancho corredor que da sobre la mencionada plaza, acompañados por algunos oficiales, entre ellos los tenientes Mushuito Villasboa, Ricardo Flecha, Emilio Mussi y Juan Barrios a más de Igor Orangierieff y el guardiamarina Pedro Meyer, este último no pertenecía a la dotación de la Escuela, sino que se encontraba circunstancialmente de visita a su camarada, el nombrado Flecha, también oficial de Marina. En esos momentos comenzaron los manifestantes a entonar 'a capella' el Himno Nacional, exigiendo en forma extemporánea: '¡La venia, señores oficiales, la venia!' (Incidentalmente, nunca he podido comprender por qué ni por donde se empeñan los civiles en llamar 'venia' al saludo militar). Por supuesto, no accedimos a la requisitoria formulada en términos tan descomedidos, entre otras cosas porque ningún oficial está obligado a saludar cuando en la calle, o donde fuere, cuatro exaltados se ponen a entonar la canción patria.

         Acto seguido, uno de los concurrentes al acto Manuel Frutos Pane, según nos enteramos por los periódicos- trepó a una improvisada tribuna para desatarse en improperios contra el Gobierno, llegando incluso a calificar de 'burgués adocenado de panza cerdal' al presidente de la República. Ante el giro alarmante y provocativo que iban tomando las cosas, invité al orador a morigerar sus palabras o dar por finalizada su peroración, para proseguirla en cualquier otro sitio, que no fuera a las puertas de una institución militar, donde no era admisible tan soeces agravios a la persona del comandante en jefe del Ejército. Apenas lo había hecho cuando los manifestantes iniciaron una lluvia de piedras y cascotes contra las puertas y ventanas exteriores de la Escuela Militar, alcanzando a romper algunos vidrios, pero felizmente sin lesionar a ninguno de los que nos encontrábamos en los corredores, nada más que por habernos guarecido a tiempo detrás de los gruesos pilares; uno de los manifestantes trató entonces de abrirse paso entre nosotros para introducirse en el interior del edificio por el portón de hierro, cuyo postigo permanecía abierto, pero el guardiamarina Meyer lo asió a tiempo por el cuello y de un empellón lo hizo retroceder trastabillando.

         En ese momento se hicieron cargo los manifestantes de que la Escuela Militar no estaba dispuesta a hacer causa común con la sedición, a diferencia de lo ocurrido en Bolivia apenas unos meses antes; por consiguiente optaron por retirarse, profiriendo imprecaciones y denuestos. De allí se dirigieron al domicilio del presidente Guggiari donde, tras una feroz pedreada, uno de cuyos proyectiles llegó a herir al hijo del mandatario, intentaron prender fuego a la casa, colocando latas de nafta junto a la puerta de la calle, instante en que fueron dispersados por un pelotón de Guardia Cárcel, que no utilizó sino sus yataganes a dichos efectos. Solo entonces se avino el presidente Guggiari a decretar el estado de sitio, pero era demasiado tarde para dominar la situación con emplastos de última hora. El poder civil había dejado de contar."

 

         EL DÍA FATÍDICO

 

         En la mañana del 23 de octubre, una nueva manifestación de estudiantes y obreros se congregó en la plaza Uruguaya. Para convencer a los reacios adujeron que varios estudiantes habían sido salvajemente golpeados por las fuerzas del orden frente al domicilio del Presidente. Motivados, parte del estudiantado se unió a la protesta azuzados por los dirigentes.

         La manifestación del día anterior se realizó con permiso de la autoridad policial, la del 23 no lo tuvo. Ni siquiera hubo un aviso verbal.

         Rápidamente, la manifestación se lanzó a la calle, previo lanzamiento de bombas de estruendo. Marchando por la calle Palma, en la esquina de la actual Nuestra Señora de la Asunción, el estudiante Hilario Gómez detuvo un tranvía y montándose en él, dirigió una arenga a los concurrentes, pidiendo protestar violentamente por los sucesos de la noche anterior. De allí pasó a la Escuela Normal de Profesores para incitar al alumnado. Inclusive obligándolas a formar parte de la protesta. De allí pasaron por el local del periódico EL LIBERAL, lanzando piedras a la imprenta. También pasaron por las redacciones de los periódicos LA UNIÓN, LA NACIÓN, LA TRIBUNA y EL ORDEN. Posteriormente la multitud atacó a pedradas la sede del Ministerio del Interior, hasta cuyo zaguán penetraron algunos exaltados preguntando por el ministro (Justo Pastor Benítez). Mientras tanto -y en vista a la violencia demostrada por los manifestantes- el ministro de Guerra y Marina, recomendó a Guggiari buscar refugio en la Escuela Militar, pero el mandatario resolvió quedarse en su despacho y disponiendo que el ministro Casal Ribeiro fuera hasta la Escuela Militar para, desde allí, tomar las medidas necesarias del caso.

         Momentos después, la manifestación llegó frente al Palacio de Gobierno siendo detenida por un cordón de vigilantes y marineros. Allí los manifestantes profirieron gritos contra el gobierno y contra el mandatario: "Abajo el régimen", "Que renuncie José P.", "Traidor", etc.

 

         MEDIDAS CAUTELARES

 

         La guardia del Palacio constaba habitualmente de 11 marineros, ese día al mando del guardia marina Silvio Riveros. Este, ante la presencia de la manifestación popular, llamó a su superior sugiriendo el refuerzo de la guardia presidencial. Fueron enviados ocho hombres, respondiendo al pedido de Riveros. En seguida fueron enviados otros dos oficiales.

         El edecán presidencial, mayor Francisco Vargas, ordenó formar en línea a los marineros sobre el cordón de la vereda de la calle Buenos Aires (actual El Paraguayo Independiente). Reforzaron la guardia los aspirantes y agentes policiales al mando del comisario Merardo Ortíz, quien tenía la orden del jefe de Policía doctor Luis Escobar, que la multitud siguiera de largo por la calle frontera del palacio, para evitar que los manifestantes intentaran entrar en la Casa de Gobierno.

         A pedido de los oficiales, el Departamento de Marina envió un fusil ametrallador Madsen, con una dotación de hombres para manejarlo, al rasando del armero Epifanio Vázquez Riveros.

         La ametralladora fue colocada primeramente, en el corredor principal del Palacio, pero, posteriormente alzada a la azotea. La dotación de hombres de la Guardia Presidencial era de 23, armados con fusiles chilenos y el fusil ametrallador.

         Posteriormente se sumaron 51 hombres más, del Batallón de Seguridad, parte de los cuales accedieron al edificio cuando ya la manifestación había rebasado la dotación ubicada en el frente de la sede de Gobierno.

 

 

         LA SITUACIÓN DESBORDADA

 

         En tanto, había empezado una tenaz y violenta pugna. Gente metida en la manifestación empujaba a los delanteros para romper el cordón.

         Relataba una crónica periodística de la época, afín al gobierno:

         "La columna de manifestantes que a toda costa quería penetrar en el Palacio de Gobierno era contenida por el cordón policial con singular energía. Los agentes del orden público formaban un dique de contención de la frenética oleada humana, cumpliendo su deber bajo una lluvia de piedras. Varios policías resultaron heridos y contusos a consecuencia de las pedradas recibidas, también algunos manifestantes recibieron golpes de vara. Más de una hora duró este estado extremo de cosas, entre la tensión general traducida en gritos de condenación para el gobierno y las instituciones públicas.

         A pesar de las varias ametralladoras que en los balcones del piso alto de la casa de gobierno se habían emplazado, los manifestantes no cejaron en sus propósitos (...) Un grupo de normalistas encabezó la columna de manifestantes. Los agentes de policía perdieron por completo el tino, no hallando forma de proceder en esta emergencia, circunstancia que aprovecharon los manifestantes para irrumpir como alud por los jardines fronteros del palacio para ir a chocar con el segundo cordón de tropas ya armados con fusiles.

         En medio de una batahola infernal, de gritos, pedradas y exclamaciones, la multitud se precipitó hacia adelante. Una descarga cerrada de fusilería y un nutrido fuego de ametralladoras emplazadas en lo alto del Palacio abrió fuego entre la multitud que después se dispersó."

         El resultado: varios muertos y numerosos heridos.

         La guardia del Palacio, a cargo de la Marinería, y por tanto a cargo del Ministerio de Guerra y Marina, se había sentido impotente para cumplir con su deber. El cordón auxiliar de vigilantes ya se había roto. El comisario Valenzuela pidió auxilio a la jefatura de Policía para enviar refuerzos. El ministro de Guerra y Marina Raúl Casal Ribeiro también ordenó a la Policía acudir a reforzar la guardia del Palacio. Al llegar en las cercanías de la sede gubernativa se escucharon dos tiros de arma de fuego de parte de los manifestantes.

         El comisario Merardo Ortiz fue herido en el rostro, el caballo del oficial Doldán cayó muerto. Empezaron los primeros disparos al aire. La multitud se agachó, luego, reponiéndose, se levantó e intentó un nuevo avance. Fue en ese instante en que ya la fatalidad manejaba el gatillo de los fusiles y se hicieron fuegos directos. Respondiendo a la agresión de los manifestantes, la guardia del Palacio comenzó la refriega, con la consiguiente batahola.

         La ametralladora, instalada en la azotea del Palacio lanzó dos series de ráfagas con dirección al frente del Ministerio de Justicia, en la vereda de enfrente. En ese momento, el presidente Guggiari, quien se encontraba en compañía del canciller Gerónimo Zubizarreta, salió al balcón de su despacho, en la planta alta del edificio, y ordenó: "alto el fuego".

         Previamente, había invitado en dos ocasiones a los manifestantes, por intermedio de su edecán el mayor Francisco Vargas y el comisario Merardo Ortiz, a enviar una delegación de estudiantes que expusiera sus inquietudes.

         Ambos habían sido rechazados con denuestos por los manifestantes, instigados por los dirigentes.

         Según testimonio del presidente Guggiari:

         "La multitud venía en un tren de franca violencia, como pudo comprobarse desde un primer momento. La mayoría de los manifestantes estaba en mangas de camisa y con los cuellos desprendidos. Casi todos portaban palos, barrotes, y otros objetos. El cordón de agentes y marineros dispuestos a lo largo de la vereda que da sobre la calle Buenos Aires, logró contenerlos".

         El presidente, según sus propias palabras, mandó decir a los manifestantes que recibiría a una delegación, pero la propuesta no fue tomada en cuenta. Al contrario, los actos de violencia siguieron:

         "Desde uno de los balcones de una de las salas de la Presidencia, presencié todo el desarrollo de los sucesos (...), presencié cómo los agentes y marineros eran objeto de toda clase de violencias. Vi caer al comisario Ortiz, víctima de una feroz pedrada. Vi caer a otros agentes. Fui testigo de la abnegada porfía con que marineros y agentes resistieron durante casi media hora las furias de una multitud enardecida...".

         Según Guggiari, este fue testigo de cómo los manifestantes traían a la fuerza a las mujeres estudiantes, que estaban reunidas en la calle Convención (hoy O'Leary) y las forzaban a colocarse en primera fila, como escudos humanos.

         Cuando la multitud rompió el cordón de la guardia e irrumpió "aullante" en los jardines, el mandatario se retiró del balcón y se sitió en los pasillos que conducían a su despacho. En eso escuchó los disparos de armas de fuego: "ambos al parecer revólveres", relata él mismo. En eso, el pelotón ubicado al frente de la escalera principal, abrió fuego al aire, pero de nada sirvió para amedrentar a los intrusos. Como seguía el tiroteo, "grité desaforadamente, con toda la fuerza de mis pulmones, ordenando que cesara, como ocurrió, felizmente, enseguida".

         Al empezar el tiroteo, muchos de los manifestantes retrocedieron, pero los instigadores les decían que no fueran cobardes y que los proyectiles disparados eran balas de fogueo las utilizadas, lo que los animó a ingresar al palacio.

         Una de las estudiantes que llegó al segundo piso del Palacio donde estaba Guggiari, fue la normalista Adelaida Rodi, portando una bandera y seguido de otros dos jóvenes. A su paso salió el edecán mayor Vargas a quien expresó su deseo de entrevistarse con el mandatario. Éste, en ese momento salió al corredor y dirigiéndose a los tres estudiantes les dijo: "Elementos incautos de los políticos, esta no es la forma de defender el Chaco. Esta bandera es indigna de estar en sus manos". Diciendo esto, arrebató la bandera de manos de la estudiante. La señorita Rodi le respondió: "El indigno es usted". Luego de este breve altercado, la estudiante se retiró del lugar.

         Según testimonios del ministro Justo Pastor Benítez, quien estaba en ese momento en la jefatura de Policía, al escuchar los primeros disparos, salieron a observar, viendo a un muchacho, llegar corriendo con el rostro pálido y jadeante.

         "- ¿Qué te pasa mi hijo?, le preguntamos. 'Nada', contestó. Lo revisamos, abriéndole el saco. El pobre tenía una herida en el costado derecho. Lo remitimos a la Asistencia Pública. Momentos después concurrimos al Palacio llamados por el Presidente de la República, a quien encontramos profundamente emocionado. Allí refrendamos la designación del Dr. Alejandro Arce como Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, en reemplazo del Dr. Justo Pastor Prieto, quien había dimitido."

 

         MEDIDAS DEL CASO

 

         Cuenta el entonces mayor Arturo Bray, director de la Escuela Militar, que a eso de las ocho de la mañana llegó a su oficina el ministro de Guerra y Marina, enviado por el presidente "para tomar las disposiciones que pudieran ser necesarias". Estaban comentando las últimas noticias cuando, según su relato:

         "...de pronto sonó una desperdigada descarga de fusilería en dirección al Palacio de Gobierno, al par de oírse varias ráfagas de ametralladoras. Apenas unos segundos duró el tiroteo. Azorado preguntóme el ministro: '- Y ahora ¿qué va a pasar?'. Opté por dar la callada por respuesta, aunque sospechaba lo ocurrido, pues momentos antes, en cumplimiento de una orden impartida desde mi despacho, Casal-Ribeiro había solicitado del jefe de Policía que procediera a reforzar la guardia de Palacio con un pelotón de batallón de seguridad; de ahí se colegía que la mencionada guardia se mostraba ya impotente para contener el avance de los manifestantes, enardecidos hasta el paroxismo por la contemplación hasta entonces usada con ellos, e incitados por los dirigentes, entre los cuales descollaban por su agresividad verbal Adriano Irala y Anselmo Jover Peralta."

         Por su agresividad física algunos connotados comunistas y el azuzamiento de algunos políticos colorados.

 

         EL PRESIDENTE EN LA ESCUELA MILITAR

 

         Aproximadamente media hora después de los sangrientos hechos un los jardines del Palacio de Gobierno, el Presidente, junto con ministros y parlamentarios se apersonaron ante el portón de la Escuela, solicitando ser admitidos. Lo acompañaron su edecán mayor Francisco Vargas, el canciller Gerónimo Zubizarreta, el diputado Manuel Jiménez, el secretario de la presidencia doctor Efraín Cardozo, entre otros.

 

         LOS CAÍDOS

 

         A las 9:45 de ese fatídico día, se realizó el reconocimiento de los cadáveres tendidos en los jardines y pavimentos que circundan el edificio de la sede gubernativa. Según el informe respectivo se encontraron dos cadáveres "a escasa distancia uno de otro frente al edificio que queda en la esquina de las calles Buenos Aires y Convención (actual El Paraguayo Independiente y O'Leary) tendidos boca arriba en la calzada (...) uno de ellos es una persona de cierta edad en tanto que el otro un muchacho al parecer menor de veinte años (...) otro cadáver que dice llamarse (sic) Liberato Ruiz fue encontrado en posición encorvada sobre el cantero que bordea la entrada la entrada principal del Palacio (...); otro cadáver recostado al lado opuesto de la misma entrada principal, pero y hacia el jardín y que dice llamarse (sic) Alfredo González Taboas, según el nombre que aparece en los libros y cuadernos que tenía consigo (...); el quinto que dice llamarse Ismael González tendido a distancia de tres metros del anterior...".

         Otros fallecidos a consecuencia de tan trágico suceso fueron Julio César Franco, Raúl Royg Ocampos, Benigno González, Eugenio Gómez y Serafín Méndez. Resultaron con diversas heridas, cerca de una treintena de personas, entre estudiantes y otros manifestantes, además del comisario Merardo Ortiz y el aspirante Isidro Flores y otros cinco agentes policiales. Después de los ingratos sucesos de la mañana, en la tarde del 23 de octubre una nueva, aunque más escasa, manifestación se hizo presente nuevamente frente a los portones de la Escuela Militar. Luego de un cruce de palabras con el director de la escuela, los manifestantes optaron por retirarse y se dirigieron hacia el domicilio del mayor Rafael Franco, quien los arengó vivamente, juntamente con el colorado Victoriano Jiménez y Núñez.

 

         REACCIONES POLÍTICAS

 

         Como consecuencia de estos sucesos, el directorio de la Asociación Nacional Republicana decretó el retiro de los colorados de todas las funciones oficiales, electivas o no "por ser imposible mantener relaciones con un Gobierno de asesinos y traidores", así como "el estado de rebelión ordenando el desacato absoluto a un Gobierno que traiciona a la causa del país", además de otras severas impugnaciones. Un importante referente de este partido, don Federico Chaves -fiscal del Crimen- renunció a su nucleación política por no estar de acuerdo con el "estado de rebelión" decretado por la Asociación Nacional Republicana.

         En filas del partido oficialista, el Liberal, también se dieron pedidos de desafiliaciones, renuncias, protestas y repudios, como el caso de Carlos R. Centurión, Juan Guillermo Peroni, Alejandro Marín Iglesias, Vicente Rivarola Coello, quienes repudiaron, como ya se dijo, lo ocurrido, responsabilizando al Gobierno. El presidente del Superior Tribunal de justicia, doctor Félix Paiva, y el miembro de dicho alto tribunal, doctor Adolfo Aponte, también habían renunciado, quedándose en su cargo el doctor Tomás Ayala.

         Por otra parte, se realizaron manifestaciones de repulsa y los cadáveres de los estudiantes muertos en la masacre fueron velados en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción. Las ceremonias de sepelio de los restos fueron imponentes, por la concurrencia que los acompañó hasta la Recoleta. El 25 de octubre a la mañana, los restos mortales fueron sepultados en el cementerio de la Recoleta, seguido de otros mítines antigubernamentales.

 

         UN BANDO ENÉRGICO

 

         Los días 23, 24 y 25, el Ejército permaneció acuartelado y la Policía pasó a manos de los militares, con la designación del mayor Arturo Bray, director de la Escuela Militar, como jefe de Plaza.

         Como tal, el mayor Bray emitió aquel mismo día 23 un bando cuyo texto decía:

         "Al pueblo de la Capital.

         Por mandato conferidome por Decreto del Poder Ejecutivo Nº 41.768, de la fecha, asumo en el día la Jefatura de la Plaza de Asunción con autoridad sobre las fuerzas militares, navales y policiales de la Capital. Al aceptar tan grave responsabilidad, lo he hecho confiado en que los habitantes de Asunción cooperarán en el mantenimiento del orden público con toda la cordura y el buen sentido que aconsejan las circunstancias. La República atraviesa un periodo crítico de su desenvolvimiento; solo con un espíritu de paz y de amplia tolerancia recíproca, solucionaremos todos los problemas. El camino de la violencia nos conducirá a la anarquía, mal a evitar porque tenemos al enemigo común a las puertas. Prometo justicia y equidad. La fuerza solo se empleará como último recurso para cumplir el mandato recibido y para cuyo mantenimiento agotaré todas las energías. Por tanto ORDENO:

         1º) Después de las 21 horas, se prohíbe la reunión y el tránsito de grupos de grupos de más de tres personas.

         2°) Durante el día, queda prohibido en las calles, paseos y plazas públicas el estacionamiento de grupos de más de diez personas.

         3°) Queda anulado todo permiso otorgado para la portación de armas y cualquier habitante hallado en posesión de las mismas será arrestado en el acto, previo decomiso del arma.

         4º) Todos los espectáculos públicos, cafés, billares, casas de tolerancia, etcétera, cerrarán sus puertas antes de las 23 horas.

         5º) No se realizará ninguna manifestación pública sin previo y especial permiso de esta Jefatura.

         6°) Los que atenten contra la propiedad privada, la dignidad de los funcionarios y contra los oficiales del Ejército, Armada y Policía, así como aquellos que hicieren ostentación de fuerza contra el Parque de Guerra, cuarteles, establecimientos militares, policiales, etcétera, serán detenidos y puestos a disposición de esta Jefatura.

         Firmado: Mayor A. Bray, Jefe de Plaza. Asunción, 23 de octubre de 1931."

 

         Con respecto a la actuación del mayor Arturo Bray, el general Amancio Pampliega, recuerda en sus memorias:

         "Manejó el atolladero personalmente. El mismo redactaba los partes, órdenes y edictos pertinentes. No permitió nuevos desmanes y creó las condiciones para el renacimiento de la tranquilidad."

         Esta acertada actuación del mayor Arturo Bray en aquellos aciagos momentos, le ganó un enorme prestigio.

         Consecuencia directa de estos sangrientos hechos fueron el refugio del presidente Guggiari en la Escuela Militar, su renuncia, el 25 de octubre, delegando el poder al vicepresidente Emiliano González Navero, su pedido de la consustanciación de un juicio político, para investigar y deslindar responsabilidades sobre los sucesos ocurridos en los jardines de la Casa de Gobierno. Luego de tres meses de investigaciones, testificales y demás diligencias, la comisión investigadora parlamentaria, ante la ausencia de una acusación formal contra el presidente de la República, aconsejó a la Cámara de Diputados la aprobación de una declaración de que no había lugar a la formación de causa. Hecha ésta, el doctor Guggiari reasumió sus funciones el 28 de enero de 1932 y la ejerció hasta el 15 de agosto siguiente, en que entregó el poder al Dr. Eusebio Ayala, ya iniciada la contienda chaqueña.

 

 

         LAS VÍCTIMAS DEL ATAQUE

 

         Según uno de los principales protagonistas M. Agustín Ávila, presidente del Centro Estudiantil. La masacre ocurrida en los jardines del Palacio de Gobierno arrojó como víctimas fatales a: Julio César Franco, estudiante de Medicina; Benigno e Ismael González, estudiantes de Comercio; Eugenio Gómez, Marcial Méndez, Alfredo González Taboas, Serafín Vidal, Liberato Ruiz y Celestino Ramírez, estudiantes de Bachillerato; y Marcial Royg Ocampos, estudiante de Primaria; además de a un anciano no identificado.

         Resultaron heridos los estudiantes de Medicina, Alejandro Chirife, Antonio Montalto y Luis Carlos Rodríguez; los estudiantes de Bachillerato, Víctor Ortiz, Néstor Segovia, Félix Alegre, Modesto Muñoz Silva, Roberto Bareiro, Benigno Ferrara, Robustiano Valle, Carlos Urizar, Tomás Vergara, Eleuterio Ramírez, Ramón Cueto, Manuel Ferreira, Vicente Zayas, Trinidad Samaniego, Emilio González, Pompeyo González, Juan González, Gerardo Monzón y Gerardo Cardozo; además del estudiante de Comercio Manuel Cáceres y los civiles Pedro Pascual Casal, Ricardo Suárez Cáceres, Luis Persichino y Víctor Guzzio, funcionario policial. Así terminó aquella manifestación, con su saldo de muertos, heridos y contusos. Estos últimos fueron socorridos por la Asistencia Pública y remitidos para su recuperación al Hospital de Clínicas.

 

         ¿QUIÉN FUE JULIO CÉSAR FRANCO?

 

         Julio César Franco es uno de los más reconocidos entre las víctimas del 23 de octubre, incluso una plaza de la ciudad de Asunción lleva su nombre.

         Julio César Franco había nacido en la ciudad de Asunción, el 2 de febrero de 1911, hijo de don César Daniel Franco y de doña Carmen Alfonso, fue bautizado en la religión católica en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, del barrio Vista Alegre, donde también hizo su primera comunión, en 1919.

         El primer año de su formación escolar lo hizo en la escuela San Roque, luego en la Escuela Normal de Profesores y en el Colegio Nacional de la Capital. Por sus condiciones de líder juvenil, en varias oportunidades fue designado delegado de su curso ante el Centro de Estudiantes. Julio César Franco era un muchacho de carácter afable, estudioso, muy apreciado por sus amigos y compañeros de estudios y de otras entidades, como la compañía de Boys Scouts y sus actividades deportivas en la cancha del Salesianito, donde era contemporáneo de Arsenio Erico y otros chicos de su edad. También se destacó como jugador del club Cerro Porteño, donde llegó a ser capitán del plantel de Primera División.

         En 1928, ante el cada vez más amenazante peligro de un enfrentamiento con Bolivia por la posesión del Chaco boreal, ingresó a la Escuela de Aspirantes a Oficiales de Reserva del Ejército, creada el año anterior.

         Luego de culminar sus estudios básicos, ingresó a la Facultad de Ciencias Médicas en 1931 y, cuando ocurrieron los cruentos sucesos del 23 de octubre de 1931, en que el estudiantado asunceño protestó por la aparente indefensión del suelo chaqueño y sufrió la matanza en los jardines del Palacio de Gobierno, se constituyó en la primera víctima civil de la defensa del Chaco.

 

 

 

CRONOLOGÍA

 

1931

Febrero: Intento de golpe de Estado encabezado por el mayor Rafael Franco.

6 de septiembre: Escaramuza entre patrullas paraguayas y bolivianas en el sector Masamaklay, en el Chaco.

25 de septiembre: Nuevo enfrentamiento entre patrullas paraguayas y bolivianas, el saldo de muertos fue 9 soldados bolivianos y 8 paraguayos.

20 de octubre: Se reúne una Asamblea General Extraordinaria del Centro Estudiantil, para analizar la situación del Chaco ante la invasión boliviana.

22 de octubre: Jóvenes estudiantes de diversas instituciones marchan hasta el Palacio de gobierno para exigir la Defensa del Chaco. Ante la ausencia del presidente se trasladan primero hasta la Escuela Militar y luego hasta la residencia particular del presidente Guggiari, en donde se producen incidentes entre los manifestantes y las fuerzas policiales.

23 de octubre: La manifestación estudiantil irrumpe en los jardines del Palacio de Gobierno, las fuerzas de seguridad abren fuego provocando la muerte de 11 personas y una treintena de heridos. El presidente José P. Guggiari se refugia en la Escuela Militar.

El mayor Arturo Bray asume como jefe de Plaza de la Ciudad y moviliza tropas del ejército en las calles y establece la censura a los medios de prensa.

25 de octubre. El presidente Guggiari decide dejar el cargo y someterse al juicio Político.

26 de octubre: En el Casino de Oficiales de la Escuela Militar, el presidente Guggiari entrega el mando al vicepresidente Emiliano González Navero, quien conforma su gabinete ministerial.

27 de octubre: La Comisión Permanente del Congreso recibe el pedido de instruir juicio Político al Presidente de la República.

 

1932

27 de enero: La Cámara de Diputados exonera al presidente José P. Guggiari de Responsabilidad sobre la masacre de estudiantes del 23 de octubre de 1931.

15 de junio: Tropas bolivianas invaden y ocupan el fortín Carlos A. López en la laguna Pitiantuta. Se inicia la Guerra del Chaco.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

Ávila, M. Agustín. 1995. 23 de octubre de 1931. Una página enlutada y gloriosa del estudiantado paraguayo. Imprenta Nacional.

Bray, Arturo. 1981. Armas y letras, Memorias. Ediciones Napa.

Cardozo, Efraím. 1956, 23 de octubre. Una página de historia contemporánea del Paraguay. Editorial Guayrá. Buenos Aires.

Caballero Campos, Hérib. 2012. Juan Stefanich, el canciller de la revolución. El Lector-Abc. Color.

Juicio Político. 1988. Editorial Histórica, Asunción.

Pampliega, Amancio. 1982. Fusil al hombro. Ediciones Napa.

Stefanich, Juan.1959. El 23 de octubre de 1931. Editorial Febrero, Buenos Aires, 1959.

Verón, Luis.2003. La Guerra del Chaco. Diario ABC Color.

 

 

 

 

EL AUTOR

 

         LUIS VERÓN nació en San Miguel, Misiones, el 30 de abril de 1960. Sus estudios los realizó en su ciudad natal y en San Lorenzo del Campo Grande, donde su familia se radicó a finales de 1971.

         Se dedicó a la ilustración gráfica, luego al periodismo, en el diario ABC Color. También se dedicó a la enseñanza y la docencia universitaria en la Uninorte. Con su trabajo documentó diversos programas radiales, televisivos y emprendimientos cinematográficos nacionales e internacionales.

         Fue denunciante de la destrucción del patrimonio sacro de las ciudades de Caraguatay y Piribebuy, lo que le valió la anatema de la jerarquía eclesial y la condena judicial que viene soportando desde hace tres lustros.

         Por otra parte, fue honrado como Ciudadano Ilustre de la ciudad de Piribebuy, por la defensa de su patrimonio histórico y artístico; y por su trayectoria, como Hijo Dilecto del Departamento de Misiones y condecorado con la Orden de Mayo al Mérito, en el grado de Comendador por el Gobierno argentino.

         Es miembro de la Sociedad Científica del Paraguay, de la Academia Paraguaya de la Historia, de la Academia Paraguaya de la Historia y Geografía Militar y de otras instituciones. Publicó varios libros, entre los que destacan Pequeña enciclopedia de historias minúsculas del Paraguay, La ciudad de Asunción y sus intendentes, Río rebelde y contumaz, Las tintas del tintero, De oído y de memoria, La ventana prodigiosa, La Guerra del Chaco, Enciclopedia paraguaya, El pájaro verde, Enciclopedia biográfica paraguaya del Bicentenario, etc.

 

 

 

 

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO

 

 

El entonces mayor Arturo Bray,

jefe de Plaza tras la masacre del 23 de octubre de 1931. / ABC Color

 

 

BRAY, HOMBRE CLAVE PARA DETENER LA VIOLENCIA

La tragedia ocurrida el 23 de octubre de 1931 y que enlutó al país, ocasionó el juicio político al presidente José P. Guggiari, quien fue luego sobreseído de todos los cargos. Un hombre fundamental para frenar la anarquía y detener la violencia fue el entonces mayor Arturo Bray, nombrado jefe de Plaza, quien tomó medidas drásticas para pacificar al país.

El entonces mayor Arturo Bray, jefe de Plaza tras la masacre del 23 de octubre de 1931. / ABC Color

Todos los detalles de aquellos hechos los tendrá el público mañana con el libro de Luis Verón que aparecerá con el ejemplar de nuestro diario, como parte de la colección que se publica todos los domingos.

De acuerdo con el análisis elaborado por Verón, la matanza que dio lugar al juicio político al presidente José Patricio Guggiari Corniglione ocurrió luego de días enrarecidos por un clima de particular violencia, que ya arrancaron en febrero de 1931, cuando una tentativa de golpe de Estado quedó frustrada.

Los días 23, 24 y 25 de octubre, luego de la matanza, el Ejército permaneció acuartelado y la Policía pasó a manos de los militares, con la designación del mayor Arturo Bray, director de la Escuela Militar, como jefe de Plaza.

La serena y acertada actuación del mayor Bray en aquellos aciagos momentos, le otorgó un enorme prestigio.

En cuanto al juicio político a Guggiari, tras las investigaciones del caso la Cámara de Diputados, “después de haber conocido en el presente juicio político iniciado con motivo de los sucesos del 23 de octubre último ocurrido frente al Palacio de Gobierno, declara: 1º) Que no hay lugar a formación de causa contra el Excmo. Señor Presidente de la República, doctor José Patricio Guggiari”.

Guggiari reasumió sus funciones el 28 de enero de 1932 y las ejerció hasta el 15 de agosto siguiente, cuando entregó el poder al Dr. Eusebio Ayala, ya iniciada la contienda chaqueña.

De esta manera –expresa Luis Verón en su libro sobre el 23 de octubre– se puso punto final a un trágico episodio que fue el preámbulo y presagio de un periodo de dramáticos perfiles que ensangrentó a la sociedad paraguaya y a la boliviana entre junio de 1932 y junio de 1935, y cuyas consecuencias marcaron las relaciones entre ambos países a lo largo de varias décadas durante el siglo pasado.

En cuanto a las consecuencias directas del 23 de octubre, Verón sostiene que “en primer lugar, y lo más importante, considero que la oportuna reacción del estamento militar a favor del Gobierno evitó mayores derramamientos de sangre, como había ocurrido en otras circunstancias”.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha de 2 Marzo del 2013

 

 

TRAGEDIA INSTIGADA POR AGITADORES POLÍTICOS

La tragedia de aquel viernes de octubre en la que murieron tantos jóvenes baleados frente al Palacio de López, fue en gran parte alentada por fuerzas políticas que instigaron a la multitud. Todo esto es analizado por Luis Verón en el libro “El 23 de octubre de 1931”.

 

El 23 de octubre de 1931, policías ubicados frente al Palacio de Gobierno

para evitar que los manifestantes ingresen al mismo. / ABC Color

 

El mismo aparecerá el domingo 3 de marzo con el ejemplar de nuestro diario. Es el undécimo título de la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay, de ABC Color y El Lector. Verón se refiere al contenido de su obra.

–El 22 de octubre ya hubo choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad, pero no se evitó lo que ocurrió al otro día.

–Hubo una convocatoria para el anochecer del jueves 22, una manifestación de la que participaron como 400 personas que se trasladaron hasta el Palacio de Gobierno, luego a la Escuela Militar. A lo largo de esta manifestación, instigada por políticos opositores, los ánimos fueron caldeándose con desmanes que incluyeron un intento de incendio de la residencia presidencial.

–Y no hubo represión hasta entonces.

–El Gobierno no quiso empeorar las cosas ni generar mayor encono y no permitió que las fuerzas del orden reprimieran la manifestación, lo que envalentonó a los manifestantes que tomaron dicha postura gubernamental como una actitud de debilidad o flojedad. La represión solo se dio cuando la vida del Presidente, en la noche del 22, estuvo en serio riesgo, y hubo que utilizar la fuerza.

–¿Qué ocurrió en los jardines del Palacio ese 23 de octubre de 1931?

–La represión de la noche anterior exacerbó los ánimos de los manifestantes, que en la madrugada del viernes 23 protestaron contra las medidas en su contra y, a la vez, seguir con las demandas por la supuesta indefensión del territorio chaqueño. Al amanecer se congregó frente al Palacio un poco más de un centenar de personas que intentó romper la línea de guardias –de la Policía y la Marina– e irrumpir dentro. Se oyeron disparos provenientes de entre los manifestantes, que hirieron a un comisario y mataron el caballo de uno de los guardias.

Fue en ese momento que los guardias apostados en la azotea del edificio rompieron fuego de fusilería y ametralladora, y alcanzaron a varios de los jóvenes, alentados por los agitadores mimetizados para que arremetieran contra el palacio y no tuvieran miedo ni fueran cobardes ante “las balas de fogueo”. Las balas eran de verdad.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 1º de Marzo del 2013

 

 

LA VIOLENCIA POLÍTICA EN EL 23 DE OCTUBRE DE 1931 FRENTE AL PALACIO

AÑO DIFÍCIL EN EL QUE EL PAÍS VIVIÓ UNA VERDADERA TRAGEDIA

El año 1931 fue muy difícil para nuestro país. Hubo acontecimientos políticos impactantes y entre ellos, el más notorio y doloroso, la muerte de tantos jóvenes frente al Palacio de López. Todo esto es descrito con fidelidad y rigor por Luis Verón, en su libro “El 23 de octubre de 1931”.

Sobre esta obra, volumen 11 de la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay, de ABC Color y El Lector, habla su autor, el historiador Luis Verón.

–¿Cuál era la situación política en el Paraguay en 1931?

–La situación política en el país, ya desde unos años antes, y especialmente en 1931, estuvo bastante “movida”. La aparente displicencia del Gobierno en el tema de la defensa territorial del Chaco exasperaba a amplios sectores de la ciudadanía, así como la aparición de fuerzas políticas que buscaban romper la hegemonía bipartidista.

–Había mucha oposición al gobierno liberal.

–Todo ese “ambiente” se tradujo en intentos de golpes de Estado, intentos de formación de lo que hoy llamamos “zonas liberadas” –Encarnación, Villarrica–, protestas estudiantiles, huelgas obreras, etc.

–¿Qué posición ocupaba la situación en el Chaco dentro de las preocupaciones de la sociedad paraguaya?

–La situación chaqueña ocupaba un primerísimo lugar en la preocupación ciudadana. La presencia boliviana se acentuó en los años de violencia política, las tan mentadas “revoluciones” que sacudieron al país en las primeras décadas del siglo 20. Bolivia fundó fortines militares a lo largo de la zona de influencia del río Pilcomayo, y, ya hacia los últimos años de la preguerra, extendió su ocupación a otras zonas de la Región Occidental –centro y norte–.

–Y la gente pensaba que no había reacción ante esto.

–La llegada, en la primera mitad de aquel año, de los buques cañoneros puso en cierta manera paños tibios a la preocupación ciudadana, pero no en relación a la aparente apatía gubernamental de poner freno al avance boliviano.

–José Patricio Guggiari fue el primer presidente de la República electo en unas elecciones competitivas. ¿Tenía más legitimidad que sus antecesores o no?

–En cierta forma sí, aunque los gobiernos anteriores también tenían legitimidad porque eran resultados del juego político del que, lastimosamente, cierto sector se auto excluía. Justamente, con el propósito de propiciar la participación opositora, el Gobierno había propiciado la sanción y promulgación de leyes electorales apropiadas y oportunas, frutos de un pacto político entre los partidos Liberal y Colorado.

–Pero no todos los colorados aceptaron la participación en las elecciones de 1928.

–El tema ocasionó serios conflictos entre los colorados. Algunos aceptaron la invitación del gobierno liberal, otros la rechazaron. El sector participacionista se acercó al Gobierno, que accedió a sus condiciones, entre las que estaba una nueva ley electoral. Por este pacto, los colorados concurrieron a las elecciones parlamentarias de 1927 y a las presidenciales de 1928, las primeras efectuadas en el Paraguay con más de un candidato y con dos signos políticos.

–¿Qué cambió con la nueva ley electoral?

–Estableció la proporcionalidad de la representación y cerró las listas de candidatos, permitiendo el acceso de los colorados desde ese año al Parlamento. Ese blindaje de las listas de candidatos duró más de ochenta años y recién ahora se puede hablar nuevamente de listas abiertas, como las que había antes de aquel pacto. En otras palabras, aquellas medidas de contingencias, marcaron la política paraguaya hasta hoy.

–¿1931 puede ser considerado un año turbulento políticamente?

–Sí. Un año muy difícil para el Gobierno. Ante la inminencia de una guerra internacional, se iba agravando la situación interna, con brotes de anarquía. No fue nada fácil para la clase política gobernante una situación de conflicto en dos frentes, externo e interno.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 1º de Marzo del 2013

 

 

 

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LA
LA GUERRA DEL CHACO (PARAGUAY - BOLIVIA) AÑOS 1932 - 1935
HISTORIA
HISTORIA DEL PARAGUAY (LIBROS, COMPILACIONES, ENSAYOS)

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