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CARLOS VILLAGRA MARSAL


  KA’I REMBIHASAKUE - ANDANZAS DEL MONO - Recopilación: FELICIANO ACOSTA y DOMINGO ADOLFO AGUILERA - Comparecencia de CARLOS VILLAGRA MARSAL


KA’I REMBIHASAKUE - ANDANZAS DEL MONO - Recopilación: FELICIANO ACOSTA y DOMINGO ADOLFO AGUILERA - Comparecencia de CARLOS VILLAGRA MARSAL

KA’I REMBIHASAKUE

ANDANZAS DEL MONO

GUARANÍ - ESPAÑOL

Recopilación:

FELICIANO ACOSTA y DOMINGO ADOLFO AGUILERA

Comparecencia:

CARLOS VILLAGRA MARSAL

Prólogo y versión al español:

Carlos Villagra Marsal, Feliciano Acosta y Domingo Aguilera

COLECCIÓN CULTURA POPULAR Nº 5

Dirigida por Carlos Villagra Marsal

©  DIARIO POPULAR. Avda. Mcal. López 2948,

Asunción, Paraguay

Telefax: 603 400 R.A. redaccion@mm.com.py

© FELICIANO ACOSTA, DOMINGO ADOLFO AGUILERA, CARLOS VILLAGRA MARSAL

© Editorial SERVILIBRO

Pabellón "Serafina Dávalos"

25 de Mayo y México - Plaza Uruguaya

Telefax: (595-21) 444 770

E-mail: servilibro@gmail.com

Web: www.servilibro.com.py

Dirección Editorial: Vidalia Sánchez

Diseño de tapa: Mirta Roa Mascheroni

Diagramación: Gilberto Riveros Arce

Edición al cuidado de CVM, FA y CVM

Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328/98

Asunción, del Paraguay, Agosto de 2010

105 páginas

Tirada de 10.000 ejemplares.

 

 

 

COMPARECENCIA

 

Es sabido que para preciarse de constituir una nación, toda comunidad de hombres y mujeres, pobladores de un mismo país, necesita compartir un conjunto de realidades físicas y espirituales: un territorio, una tradición, una lengua, un gobierno, una historia; en consecuencia, va formándose a lo largo de las generaciones la llamada identidad nacional, lo cual equivale a un temperamento, a un carácter personal y colectivo a la vez, que se manifiesta en cada individuo mediante un modo similar de sentir la patria y el resto de nuestra América y el mundo, así como también en una manera parecida de alegrarse o entristecerse, de amar o destruir, de convencerse o ignorar, de entretenerse o aburrirse, de ser aplicado u ocioso... En suma, que los paraguayos poseemos una cosmovisión propia, siendo por otra parte idéntica nuestra condición, naturalmente, a la de los demás seres humanos.

Un componente incisivo de la identidad nacional es aquello que en general se denomina cultura popular, que se da a conocer en conductas y expresiones (sean estas últimas anónimas o de creador conocido, orales o escritas), tales como adivinanzas, costumbres, letras de canción, leyendas, creencias, magias, refranes, músicas, protocolos, canciones de cuna, mitos, y en nuestro país agüerías, casos (cuentos orales), compuestos (versos romancísticos) y otras estructuras verbales en guaraní y / o en español.

Y bien, esta COLECCIÓN CULTURA POPULAR, que tengo la honra y la responsabilidad de dirigir, tiene el propósito de difundir ampliamente, con seriedad no exenta de vehemencia, las muestras más señeras de este caudal popular, doblemente enriquecido por la condición bilingüe de nuestra sociedad; al respecto, hemos decidido publicar, en guaraní y en versión española, los textos respectivos de todos los volúmenes de la Colección. Demás está decir que estos libros -al igual que cualquier experiencia literaria- están dirigidos a todos los hombres y mujeres, sin distinción de edad, estado civil u oficio, e incluso a aquellos que no tienen mucho hábito de lectura, ya que procuramos que nuestras publicaciones sean interesantes en sí mismas.

Deseo señalar además que, a mi sincero entender, los textos de la COLECCIÓN CULTURA POPULAR adquieren un doble valor agregado, en particular los que se ocupan de la condición bilingüe de la cultura nacional: en primer término, dichos libros alcanzan un valor eminentemente pedagógico, porque ayudarán a los escolares y colegiantes a enriquecer el conocimiento, y por tanto la admiración y la devoción, hacia la excelencia del idioma guaraní, "... lengua que sin controversia es una de las más copiosas y elegantes que reconoce el orbe", según ya lo afirmó el P. Lozano, jesuita, en 1754. Este respeto y cariño por nuestra lengua materna amerindia tendrá sin duda un efecto más intenso en los lectores adultos y pequeños: el del afianzamiento de la identidad paraguaya, uno de cuyos pilares es justamente el guaraní.

Carlos Villagra Marsal

última altura, abril de 2010

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

LOS CASOS DEL KA’I: ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Y CONCRECIÓN PARAGUAYA

 

         Cabe decir que desde la madrugada del Homo sapiens sapiens ya se manifestaron, junto al fuego agrupador, los relatos orales en los cuales los animales se humanizan, vale decir adquieren la voz, el gesto, la conducta, los hábitos, la astucia y las crueldades propias del ser humano. Es seguro también de que, en épocas ya históricas, este tipo de narración hablada haya llegado a Occidente junto con las lentas caravanas que traían géneros suntuosos, especias y otras preciadas mercaderías de la China, Java, Sumatra, India, y aun desde naciones más próximas a Europa: Sumeria y luego Egipto, Siria, Babilonia y Fenicia.

         Se ha dicho que Esopo, escritor griego del siglo VI a. C. (de cuya existencia física incluso se duda) fue el primer narrador occidental de escritos sobre animales que hablan y actúan al igual que los hombres; ello es impreciso, pues las fábulas de Esopo -y después las del francés Jean de La Fontaine y del español Tomás de Iriarte- tienen un estricto propósito moralizador, mediante el cual el autor proporciona una enseñanza útil y edificante. En cambio, puede adjudicarse a Luciano de Samosata, escritor griego (h.125 - h. 192) la paternidad escrita de los cuentos en los cuales los animales expresan todos los valores y anti valores del hombre, y cuyo objetivo es solo el de deleitar al oyente o al lector, sin intención pedagógica alguna, aunque en todos subyace siempre una reflexión sobre la condición humana, propia por lo demás de toda ficción literaria. La literatura lucianesca era sumamente frecuentada por los escritores europeos, desde fines de la Edad Media. Por ejemplo, inspirado en ella, Cervantes publicó en 1613, entre sus Novelas Ejemplares, el Diálogo de Cipión y Berganza, donde los dos perros que dan nombre a la obra se pasan toda una noche tendidos sobre una arpillera polvorienta, hablando y discutiendo sobre lo divino y lo humano. Naturalmente, estas historias pasaron a América con los conquistadores y colonos españoles, y se diseminaron por toda Hispanoamérica, en un claro proceso sincrético; en lo que atañe a nuestro país, se adaptaron a la idiosincrasia misma de los criollos y mestizos paraguayos.

         Uno de estos personajes populares, en cuyo carácter y protagonismo cobra vida, con intensidad, la cultura del instinto de supervivencia, sobre todo el de nuestros compatriotas campesinos es, sin duda, el mono*. La gran fama de la que gozan el protagonista y sus andanzas lo confirma. Efectivamente, los casos del ka'i constituyen un subgénero dentro de la narrativa oral en guaraní. Su perfil sicosocial está constituido por una firme aleación cultural indígena-cristiana, inseparable la una de la otra.

         Desprovisto de fuerza, individual o colectiva, el simio -que debe sobrevivir entre animales hostiles y casi todos más grandes que él- no tiene otra alternativa que la de agudizar su ingenio, desarrollando diversos trucos para su supervivencia. En tal contexto, la vida de los animales de la selva pasa a ser una réplica de la que llevan los humanos en la sociedad: los más fuertes procuran someter a los más débiles, de acuerdo, desde luego, con el modelo ya explicado más arriba. Frente a oponentes poderosos, como el jaguar, el mono recurre al arandu ka'aty (sabiduría silvestre), fuente inagotable de recursos que permiten a los paraguayos, como ocurre en cualquier grupo humano, subsistir merced a su astucia. No olvidemos, en este sentido, que en la mayoría de los casos del ka'i, éste triunfa sobre el jaguar, el gran felino americano, tótem por antonomasia de las culturas selvícolas y pámpidas de América Latina y, al propio tiempo, el único rival predador temido y respetado por los integrantes de esas culturas; entonces, resulta simbólico y densamente significativo que en todas las ocasiones el mono burle al tigre y triunfe sobre él.

         Los cuentos reunidos en este tomo de la COLECCIÓN CULTURA POPULAR han sido cuidadosamente seleccionados de otros libros publicados anteriormente por dos de los firmantes de estas líneas, Feliciano Acosta y Domingo Aguilera. Sin embargo varios relatos del volumen hasta hoy, inéditos. Por otra parte, los cuentos del mono, como los demás del repertorio popular oral, no presentan ninguna secuencia cíclica. Siempre, las andanzas del personaje se van recreando, de acuerdo con las vivencias cotidianas de la gente. No obstante, para el presente volumen hemos dado un orden a las aventuras del mono, de modo que el lector se encontrará inicialmente con el cuento que narra el origen del personaje, seguido de un cuerpo principal de narraciones donde se suceden las aventuras, cerrando el ciclo con dos relatos donde, en el primero de los cuales, muere el tigre y en el último el protagonista.

 

 

         Carlos Villagra Marsal, Feliciano Acosta y Domingo Aguilera

         Asunción, agosto de 2010

 

 

 

         1.      MBA'ÉICHAPA KA'I OIKO YPY RAKA'E

 

         Peteĩ jey ndaje tujami há eñoite hógape, hogayguakuéra ohógui omymbajuka ka'aguype. Ohasa heta ára ojere'ỹ rehe hikuái ha tujami ivare’áma, opágui tembi'u opyta va'ekue chupe. Tujami ndaje oguata asýma imarachachãmbágui. Otyryryhápe osẽ oheka yva aju ká’aguýre. Oguahẽvo peteĩ yvyra guýpe, ojesareko yvýre. Ndohecháimarõ mba'eve, ojesaupi ha ohecha mitãita yvyra rakãre, vy'apópe ho'u joa yva aju.

         - Peitýmina chéve yva ajumi, chevare'aítereiko -he'i mbeguemi mitãnguérape.

         - Mba'éreiko nderejupíri yvyra rakãre ore rojupi haguéicha - osapukái joja mitãnguéra tujamíme.

         - Ha mba'éichaiko ajupíta, ndikatuvéimava aguata - ombohovái tujami.

         Upépe katu oñembohoryvéma hese hikuái, ova ova yvyra rakãre, opuka ha oiporavo yva iporãvéva tujamíme ohechauka.

         Tupã ohechávo ko'ã mitã tie’ỹ rembiapo, omoñe'ẽngu ichupekuéra. Upéicha oikopa ichuguikuéra ka'i.

         Upete guive opopo hikuái yvyra rakãre ikane'õ'ỹre.

 

 

         1.      DE CÓMO EL MONO VINO A EXISTIR EN LA TIERRA

 

         Dicen que una vez un viejito quedó solo y su alma en la casa, mientras todos sus parientes se habían ido al monte de cacería. Giraron muchos días y los familiares no regresaban; se acabó la comida que le habían dejado; dicen que el anciano comenzó a tener hambre. Como el hombre tenía dificultades para caminar debido a los achaques propios de la edad, se encaminó al bosque a buscar alguna fruta. Al llegar bajo la sombra de un árbol, miró en su derredor; y como no vio nada, levantó los ojos y se percató de que muchos niños, subidos a las ramas más altas del árbol, comían alegremente los frutos maduros.

         - Échenme, por favor, alguna fruta en sazón, pues ando con mucha hambre -les dijo el anciano, con débil voz.

         - ¿Por qué no subes tú mismo al árbol, como lo hicimos nosotros? -gritaron los niños al unísono.

         - Cómo voy a subir, si apenas puedo campar -contestó el anciano.

         Entonces los niños acentuaron la burla, saltando de rama en rama, riéndose y eligiendo las mejores frutas para mostrárselas al anciano. Cuando Dios vio la grosera burla de los chicos, los castigó, enmudeciéndolos. De tal modo, todos se convirtieron en monos.

         Desde aquella vez, los monos viven meciéndose de rama en rama, inquietos como hasta ahora.

 

 

 

         2.      KA'I OMBOAGUARÁRAMO GUARE JAKARÉPE

 

         Ka’íngo ohasase hína peteĩ arrójo kakuaa. Ha nda ikatúi ohasa pórke hypy hína, okakuaa la y ra’e ha ha'e ndoikuaái mba'épa ojapóta. Ha ohasa mante arã otro ládope pórke hapykuéri osegi chupe peteĩ jaguarete oúvo. Ojupi la yvyráre ha oho la y ári opa chugui la yvyra rakã. Upémarõ omaña la y rembe'ýpe ha ohecha peteĩ jakare oke hína upépe. Oja ka'i ha oinupã nupã chupe itỹ rupi omombáy haguã.

         - ¡Mba’éiko reipota! —he'i jakare opáyvo.

         - Reikuaa pio mba’épa he'i nde rehe lo kuña ra'y amo che aime hápe.

         Okirirĩnte voi jakare, osapy jey.

         - Karia’y ne porãva, ape fína asy, ropea karapã, resa hu porã ite, juru'i ra’ymi.

         - ¡Hya hya hya! -opuka jakare, ojevolea ha ovevúima ýpe.

         - Moõgui piko reju reína, amígo ka’i - he'íma upépe jakare.

         - Ajúngo aína amo guio ha ahasase y mboypýri aína. Ikatúiko che rerahami -he'i chupe ka'i.

         - ¡Ée'a!, ejupi katu - he'i chupe jakare ha ojupi ka’i oho hikuái la ýre. Ha upéi pe mbyte ohupyty rupi hikuái:

         - Mba'e piko he'i che rehe lo kuña ra’y - he'i jakare.

         - Karia’y pire fina ite, tiỹ po'imi, ropea jajái, resa hũ'imi.

         Oho hikuái, ha upéi oseẽma la y rembe’ýpe. Ojepoi ká i, ha jakare he'i jey:

         - Mba’e pako he'i che rehe lo kuña ra'y nde reime hápe, amígo ka’i.

         - Arriero ape asiérra, resapo, juru guasu, akã pekõi, he'i nde rehe hikuái —he'i chupe ka'i.

 

 

         2.      DE CUANDO EL MONO LISONJEÓ AL COCODRILO

 

         Cierta vez el mono quería cruzar un arroyo crecido. No sabía cómo hacerlo porque las aguas habían aumentado considerablemente. Aun así, le urgía cruzar a la otra orilla, puesto que un tigre lo vería siguiendo. Subió a un árbol, y a través del ramaje vio que en el agua dormía un yacaré, medio sumergido. Se acercó el mono y le dio unos pequeños golpes en la nariz, para despertarlo.

         - ¿Qué es lo que quieres' -dijo el yacaré al despertar.

         - ¿Sabes qué dicen de ti las doncellas de allá, donde yo vivo?

         El yacaré no dijo nada, y volvió a cerrar los ojos.

         - Bello mozo, de tersa piel, pestañas arqueadas, hermosos ojos negros, y una boca pequeña - dijo el mono.

         - Ja, ja, ja - rió el yacaré, giró y comenzó a nadar-. ¿De dónde vienes, amigo mono? -preguntó.

         - Vengo de allá, y quiero cruzar este arroyo. ¿Podrías llevarme tú? le dijo el caí.

         - ¡Cómo no!, sube ya mismo -respondió el yacaré, mientras el mono se le subía a la espalda. Luego, cuando alcanzaron el medio del arroyo:

         - Repite lo que decían de mí las jovencitas - dijo el cocodrilo.

         - Mozo de tersa piel, nariz fina, relucientes pestañas y pequeños ojos negros.

         Llegaron a la otra orilla; el mono bajó de la espalda del yacaré, y éste volvió a preguntar:

         - Vuélveme a contar lo que decían de mí las jovencitas de donde tú vives, amigo.

         - Hombre de lomo de sierra, ojos saltones, enorme boca, cabeza deforme, dicen de ti las mozas - le dijo, ya a salvo, el mono.

 

 

         9.      KA'I OÑORAIRÕRAMO GUARE MYMBAKUÉRA OVEVÉVA  YKÉRE

 

         Jaguaretéicha mymba ojerovúva ka'agu-pe ndajeko ndaipóri voi. Ijejapo ha ojeroviaitereíje hetére. Hapichakuéra ichugui michĩvéva rehe ndaje noma’ẽiva voi, ndaha'éitaramo hembi'urã mba'e. Ka'ípejeko upéva ohesako'õ. Oikóvante ohapera'arõ chupe ha márõnte ndaikatúiva osẽ chupe.

         Upéichaje peteĩ jey hesaho sapy'a jaguaretére, oñemo'aguĩ nunga hese ha oñehenduka chupe.

         - Aha'ãse ndéve ikaria'yvéva, uru guasa.

         - Mba’e ere -ojovayva jaguarete.

         - Eiporavo mymba ipýre oguatáva apytégui reiporavoséva ne irũrã.

         - Eremi jey -he'i ñembohory vai jaguarete.

         - Rehendupáma niko -ombohovái ka’i.

         - Ha nde guau niko ne'año reñorãirõta.

         - Che añemoirũta mymba ovevévare.

         - Ojýma -iñe'ẽ ári ombohovái jaguarete-. Mba’e anga piko pejapóta ore rovái -he'i ohóvo.

         - Upéva jahecháta upéi -he'i ka'i huguái veve ohóvo iñirũrã reka.

         Jaguarete ogueru hapykuéri mbarakaja, jagua, jaguarete’i, leõ, aguara ha mayma mymba ikatumíva guive oguata. Ojahy’opykarãi leõ, mbarakaja ongyryry, jagua oguahu, aguara ogua'i, jaguarete'i oñambyvo, jaguareté omboryvýi yvy.

         Ka’i rapykuéri ou mamanga, kavytã, kavichu'i, káva la rréina, karavosa, ñetĩ, mbutu, ñati'ũ, mberu hovy ha opa mymba sa’i oporosu'u terã oporojopíva, ovevekuaáva guive. Sapye’aitérõ guarã guererẽme oguahẽ oñemoi ojovái hikuái.

         Ka’i oñe’ẽ mbegue iñirũnguérape. Jaguarete ohechauka hãi. Upeichahágui osapukái ka'i:

         - ¡Mamanga eñembosako'íke! Kavytã, mbutu... peime haguéichake pejepoi hi'arikuéra. Néike jahecha, hevípe, hesápe; hevípe, hesápe; hevípe, hesápe –oñemongu’e tie’ỹ vai ka’i ohechaukávo ichupekuéra.

         Vaípejeko ojecha jaguarete iñirũnguéra reheve.

 

 

 

         9.      DE CUANDO EL MONO PELEÓ ALIADO CON BICHOS VOLADORES

 

         Cuentan que el tigre es un animal altanero como ningún otro en la selva. Dicen que se siente extremadamente orgulloso de su fuerza. Para él, los demás animales son inferiores: ni siquiera los mira, salvo para devorarlos. Esto irritaba al mono. Por ello, buscaba la ocasión para fastidiarlo, pero nunca pudo toparse con el felino.

         Cuentan que en una oportunidad, por fin se encontró cara a cara con el tigre, y le hizo oír:

         - Quiero que nos enfrentemos para ver quién es más macho, gran jefe.

         - ¿Qué dices? -replicó el tigre, levantando la cabeza.

         - Elige, entre los animales que caminan, cuáles deseas que te acompañen.

         - Dilo de nuevo -dijo el tigre de mal modo.

         - Ya lo oíste -respondió el mono.

         - ¿Y tú supones que pelearás solo?

         - Yo me haré acompañar de todos los seres que vuelan.

         - De acuerdo -contestó inmediatamente el tigre-. Qué pueden hacer ustedes, pobrecitos, contra nosotros -se alejó diciendo el jaguar.

         - Eso lo veremos -dijo el mono, y con la cola al viento fue a buscar a sus futuros aliados.

         El tigre trajo consigo al gato, al perro, a la onza, al león, al zorro y a todos los animales que podían caminar. El león rugía, el gato gruñía, el perro aullaba, el zorro ladraba, la onza bramaba, y al rugido del tigre temblaba la tierra.

         Detrás del mono vinieron el abejorro, las avispas rojas, las lechiguanas, las abejas, las avispas de bolsa, jejenes, tábanos, mosquitos, moscardones verdes y todos los demás insectos voladores que pican y muerden. Enseguida ambos grupos ya estaban frente a frente, en pie de guerra.

         El mono susurró algo a sus compañeros. El tigre sonrió abiertamente. De repente, el mono gritó:

         - ¡Moscardón, prepárate! Avispa roja, tábano... ¡carguen, todos al unísono contra ellos! Vamos a ver: del trasero a los ojos, del trasero a los ojos, del trasero a los ojos -repetía el mono, contorneándose y mostrando con gestos las partes del cuerpo a lastimar.

         Dicen que a partir de ahí se vieron en serios aprietos el tigre y sus aliados.

 

 

 

         10. JAGUARETE OMOĨRÕ GUARE ÑUHÃ

 

         Peteĩ ko’ẽme jaguarete omomarandu ka’ípe hasy katueteha, ha toumíje hendápe oñandumívo mymma mymba, jere rupiguándi. Sapy'a oĩramo ouse'ỹva hendápe, ndaje okuera rire omoĩ porãtaha chupekuéra, he'iuka avei. Oĩ haguéicha mymbakuéra osako’i oho haguã karai guasúpe oñandumívo. Ambue ko'ẽme hysỹi hikuái tape po'íre.

         Ka'i ha aguara katu oñemoĩ peteĩ ñe'ẽme ohóvo asajeve. Mbegue katu, asajemi vove ojoapykuéri mokõivéva oje'ói jaguarete róga gotyo.

         Heta porã oguata rire ojuhu hikuái yvyku'i morotĩ asy ha ka’i osẽ he'i:

         - Japyta sapy'amína ko'ápe japytu'u, aguara.

         Opytu'u aremi rire hikuái, ka'i oñembojere ha hesaho sapy'a itakua mombyrymi ijatukupépe opytávare. Hesa vera guasu ka'i. Upémarõ aguara oporandu:

         - Mba'éiko oĩ.

         - Amóva jaguarete róga, ema’ẽmi, ko’ape niko ojekujaa ñane irũnguéra pypore oho kuévo guare añónte ha ou kuevogua ndaipóri. Ho'úmane ra'e chupekuéra. Jajevy pya’éke, aguara -he'i iñirũme ha vokóike ojere jey hikuái hekoháre.

         Ka'i ha aguara ndohasái jaguarete rãinguáre, ka'i ha’eve rupi.

 

 

 

         10. DE CUANDO EL TIGRE ARMÓ UNA TRAMPA

 

         Dicen que un día el tigre hizo avisar al mono que estaba verdaderamente enfermo, pidiéndole que viniera a visitarlo con los demás animales de alrededor. Si acaso alguno no quisiera venir, se cuenta que el felino amenazó que iba a tener buen cuidado en castigarlo; por tanto, la totalidad de los animales se prepararon para ir a sentir al gran señor. Al día siguiente, se pusieron en marcha, caminando uno detrás de otro por los senderos que conducían a la guarida del tigre.

         Sin embargo, el mono acordó con el zorro que ambos se unirían al grupo un poco más tarde. Con toda tranquilidad, pues, ambos se encaminaron, uno tras otro, hacia la casa del jaguar.

         Luego de mucho andar, llegaron a un lugar de arenas blancas; allí el mono salió a decir:

         - Zorro, quedémonos aquí a descansar un momento.

         Luego de haber reposado un rato, el mono miró hacia atrás y vio, no lejos, una gruta, y quedó asombrado. El zorro preguntó:

         - ¿Qué sucede?

         - Mira nomás: aquella cueva es la casa del tigre; aquí se observan las huellas de nuestros amigos yéndose, pero no se ven las de su regreso. Seguramente el tigre ya los devoró. Retrocedamos a prisa, zorro -dijo el mono, y los dos volvieron a su propia morada.

         De tal modo, el mono y el zorro se salvaron de caer en la trampa del tigre, gracias al ingenio del primero.

 

 

 

15. KA’I OKOVRASÉRÕ GUARE PEAJE

 

Ka’i ha karaja ndojohejapukúiva. Upéicha ndaje peteî ko’ẽme ojejuhu sogue ka’ẽ mokõivéva. Upémarõ ojeporeka ho’orãre. Oñomongeta aremi rire, oñemoî oñoñe’ẽme: oñemoîta hikuái tape ku’ápe ha mayma ohasávape ojeruréta kuatia, ha oreko’ỹvape oipiróta.

Sapy’aitérõ guarãjeko hetáma iviru hikuái. Opytu’umi jave ndaje, oguahẽ oúvo mburika. Ohapejoko chupe hikuái. Oñombojovái hese ha oporandu ka’i:

-Rerekópa kuatia reguata haguã kóva ko tapére.

-Areko -he’i chupe mburika.

-Jahecha katu upéicharõ -oñemomanda ka’i.

-Eha’arõke tahechauka ndéve -he'i mburika; oñembojeremi ha hesapirî mboyve ka’i oikuapytî chupe peteî tapu’ãve’ỹ ha tatapỹi oity chugui.

Opyryrỹi yvýpe ka’i, ha hakukuére mburika oporandu karajápe:

-Ndépa rehechase avei.

-Nahániri, che ndaleéi voi -ombohovái karaja ha ojere oma’ẽ iñirũre.

 

 

15. DE CUANDO EL MONO QUISO COBRAR PEAJE

 

El mono y su congénere el mono aullador no suelen andar separados. Dicen que un día los dos estaban sin dinero. Entonces pensaron cómo con seguirlo. Después de conversar un buen rato, llegaron a un acuerdo: se iban a poner en un recodo del camino para pedir su documento personal a quien pasara; a los que no lo portasen, les impondrían una fuerte multa.

Cuentan que en breve tiempo juntaron mucho dinero. Y dicen que cuando estaban haciendo una pausa, llegó al lugar una mula. La interceptaron los dos, el mono por un lado, y el aullador por el otro. Preguntó el mono:

-¿Tienes un papel que te faculte a transitar por este camino?

-Sí, lo tengo -respondió la mula.

-Veámoslo, entonces -dijo, prepotente, el mono.

-Espera, que te lo voy a enseñar-dijo la mula, dio media vuelta, y antes de que el mono pestañeara, le sacudió una tremenda patada, de esas que dejan rodando por el suelo por un bien tiempo a quien la recibe. De inmediato, la mula preguntó al aullador:

-¿También tú quieres ver mi documento?

-No, no; de todos modos, no sé leer -contestó el mono aullador, mirando a su compañero caído.

 

 

 

16. KA'I OMANÓRAMO GUARE

 

Ka’i ndajeko oguereko heta kavaju saite ñúre, ha márõ ndaikatúi ohekombo’e. Ojecha ha’eño. Oipy'apy chupe hymbaita isarambipa reíva upérupi. Vokóike osẽ oho hapicha tatu rendápe oñepytyvõukávo.

-Jahána jarumi chéve ñúgui che rymbakuéra saite, nde kuimba'e -ojerure ka’i tatúpe.

-Néi, jaba katu -ombohovái tatu-. Chekarape reínteko, ãga katupyrype ndaipóri chembojojáva. Nacheakuãiramo jepe añepia’ãne ahupyty ndéve ne rymba tarovaita.

Ambue ko’ẽme oñembosako'i hikuái oho haguã ñúme. Tape po’íre otutu ohóvo hikuái, oike ka’aguy pa’ûme. Heta porã oguata rire oñemboakãsẽ mokõivéva ñu rembe’ýpe. Ko’ápe opyta oñomongeta hikuái. Tatu osẽ he'i:

-Jajapóta kóicha jajura haguã ne rymbakuéra. Nde rejupíta amo yvyra rakãre ha upe guive remosaingóta tape ári ne tukumbo puku. Che katu, aháta sapukáipe amboguata ñandéve ágotyo kavajukuéra. Ãga ahasávo ko’árupi ha oikévo ijajúrare ne tukumbo, remyatãta ha remboty vo’ĩre.

-Oĩma upéva che irũ -he'i ka’i.

Ojere mombyry porã tatu ha hapykueguio ogueroayvu kavaju saite atýra. Oĩ haguéicha itarova vaicha oñani tape gotyo. Ohasávo ka’i renda rupi, oñemboty peteĩva ajúrare tymasã. Ojopirõguáicha chupe káva ojetyvyro, ha mitã ka’i hyekue guasúicha ho'a yvatégui ha oguerotyryry chupe tape po’íre. Rehecháko mitã ka’i ápe ha pépe opopo. Iñirũ tatu ohechávo ka'i hãimbiti ohóvo oimo’ã ipy'aite guive opuka, ha osapukái chupe:

-Anína repukátei, eñepiá’ã hese, repukáguiko rekangypa.

Mamo ahẽpa, aje’íma nimbo omano ra’e mitã ka’i ha upévagui hãimbiti ohóvo.

Péicha anga amano ka'i, ohekombo’e’ỹre hymba saite.

 

 

16. DE CUANDO EL MONO FALLECIÓ

 

Dicen que el mono poseía muchos potros salvajes en un campo; nunca había podido domarlos. Pues estaba solo. Le preocupaba que sus animales estuvieran esparcidos por allí, sin provecho alguno. Por ello, un día fue junto al armadillo a pedirle ayuda.

-Socio, ayúdame a arrear y traer a mis caballos cerriles aquí -pidió el mono.

-De acuerdo, vamos -contestó el armadillo-. Seré petiso, pero habilidoso como ninguno. Aunque no soy veloz, procuraré juntarte esos animales ariscos.

Al otro día se prepararon para ir al campo. Caminaron por caminos delgados del monte. Luego de mucho andar, arribaron a orillas del llano. Ahí quedaron conversando; el tatú salió y dijo:

-Procederemos así para enlazar tus animales: tú subirás a las ramas de aquel árbol; harás una lazada con la cuerda y la colgarás sobre el camino por donde pasarán las bestias. Yo, en cambio, iré a arrearlos con gritos para encaminarlos hacia aquí. Cuando alguno pase por debajo de ti y meta su cuello en la lazada, tú la correrás, sujetando al animal firmemente.

-Ya está, compañero -dijo el mono.

El tatú dio una gran vuelta y, detrás de la manada, caminó gritándole a los caballos. Todos corrieron en loca estampida hacia donde estaba apostado el mono. Al pasar por debajo del árbol, un caballo quedó atrapado en la lazada. El animal comenzó a dar brincos frenéticos, como si estuvieran picándole avispas; tras el estirón, el mono cayó al suelo estrepitosamente, pero sin soltar el lazo, de modo que el caballo lo arrastró por un sendero, zarandeándolo de un lado a otro. El armadillo, al ver a su compañero, que iba enseñando los dientes en una mueca, creyó que se reía de buena gana, y le gritó:

-¡No te rías, trata de atajarlo de una vez! Mira que si te ríes mucho, pierdes fuerza.

Sin embargo, el mono ya estaba muerto, por eso el duro visaje.

Así murió el pobre mono, sin que hubiera podido domar sus potros.

 

 

 

 

ÍNDICE

 

Comparecencia

Prólogo: Los casos del ka'i. Antecedentes históricos y concreción paraguaya

1.      Mba'éichapa ka'i oiko ypy raka'e

1.      De cómo el mono vino a existir en la tierra

2.      Ka’i omboaguaráramo guare jakarépe

2.      De cuando el mono lisonjeó al cocodrilo

3.      Ka'i ojahúramo guare peteĩ Rréina ykuápe

3.      De cuando el mono se bañó en la fuente de una reina

4.      Mbohapy ka'i ojuhu va'ekue piriríta raity

4.      De cómo un trío de monos se topó con un nido de piririta

5.      Semana Santa.

5.      De una Semana Santa

6.      Ka’i ojeruréramo guare posáda jaguarete rógape

6.      De cuando el mono pidió hospedarse en la casa del tigre

7.      Ka'ípe oñe'ẽ ramo guare hupa

7.      De cuando el mono le habló a su propia guarida

8.      Ka'i omongyhyjéramo guare jaguaretépe

8.      De cuando el mono atemorizó al tigre

9.      Ka'i oñorairõramo guare mymbakuéra ovevéva ykére

9.      De cuando el mono peleó aliado con bichos voladores

10.    Jaguarete omoĩrõ guare ñuhã

10.    De cuando el tigre armó una trampa

11.    Ka'i ho'úrõ guare ha'ỹi

11.    De cuando el mono comió sus mismas bolas

12.    Jaguarete oñemomanóramo guare

12.    De cuando el tigre fingió haber muerto

13.    Ka'i ojukárõ guare jaguaretépe

13.    De cuando el mono mató al tigre

14.    Ka'i ojotopáramo guare jaguareté kuña ndive

14.    De cuando el mono se encontró con la tigresa

15.    Ka'i okovrasérõ guare peaje

15.    De cuando el mono quiso cobrar peaje

16.    Ka'i omanáramo guare

16.    De cuando el mono falleció

 

 

 

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