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CARLOS VILLAGRA MARSAL


  PERURIMA REKOVEKUE (AVENTURAS DE PERURIMA) - Recopilación MIGUELANGEL MEZA y DOMINGO ADOLFO AGUILERA - Versión al español CARLOS VILLAGRA MARSAL y DOMINGO ADOLFO AGUILERA


PERURIMA REKOVEKUE (AVENTURAS DE PERURIMA) - Recopilación MIGUELANGEL MEZA y DOMINGO ADOLFO AGUILERA - Versión al español CARLOS VILLAGRA MARSAL y DOMINGO ADOLFO AGUILERA

PERURIMA REKOVEKUE

(AVENTURAS DE PERURIMA)

GUARANÍ - ESPAÑOL

Recopilación

MIGUELANGEL MEZA y DOMINGO ADOLFO AGUILERA

Versión al español

CARLOS VILLAGRA MARSAL y DOMINGO ADOLFO AGUILERA

Prólogo : DOMINGO ADOLFO AGUILERA

COLECCIÓN CULTURA POPULAR Nº 4

Dirigida por Carlos Villagra Marsal

©  DIARIO POPULAR. Avda. Mcal. López 2948,

Asunción, Paraguay

Telefax: 603 400 R.A. redaccion@mm.com.py

© FELICIANO ACOSTA, DOMINGO ADOLFO AGUILERA, CARLOS VILLAGRA MARSAL

© Editorial SERVILIBRO

Pabellón "Serafina Dávalos"

25 de Mayo y México - Plaza Uruguaya

Telefax: (595-21) 444 770

E-mail: servilibro@gmail.com

Web: www.servilibro.com.py

Dirección Editorial: Vidalia Sánchez

Diseño de tapa: Mirta Roa Mascheroni

Diagramación: Gilberto Riveros Arce

Edición al cuidado de DAA y CVM

Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328/98

Asunción, del Paraguay, julio de 2010

Tirada de 10.000 ejemplares

 

 

PERURIMA REKOVEKUE

(AVENTURAS DE PERURIMÁ)

 

 

ÍNDICE

•        Comparecencia

•        Prólogo: Perurimá: Una historia de ocultamientos. Supervivencia e identidad en el Paraguay

 

AVENTURAS DE PERURIMÁ

 

1.      Perurima ome'ẽ ramo guare pa'ípe ikaldorã

1.      De cuando Perurimá se ofreció a darle un buen caldo al cura

2.      Perurima ipya'eve ramo guare Espíritu Sántogui

2.      De cuando Perurimá fue más veloz que el Espíritu Santo

3.      Perurimáme ohodese ramo guare mokõi pa'i

3.      De cuando dos curas quisieron burlarse de Perurimá

4.      Japepo paje rehegua

4.      De la olla mágica

5.      Perurimáme ohapy ramo guare tembi'u aku

5.      De cuando Perurimá se quemó al probar una comida caliente

6.      Perurima ombotavy ramo guare Añáme

6.      De cuando Perurimá confundió al mismísimo Diablo

7.      Perurima isy mano ramo guare

7.      De cuando murió la madre de Perurimá

8.      Perurima hymba vúrro pajérõ guare

8.      De cuando el burro de Perurimá tuvo magia

9.      Mbohapy porandu rehegua

9.      De las tres preguntas

10.    Mbohapy óro akytã rehegua

10.    De los tres botones de oro

11.    Perurima ojoko ramo guare tápia

11.    De cuando Perurimá atajó una tapia

12.    Perurima opoi ramo guare ita paje

12.    De cuando Perurimá arrojó una piedra mágica

13.    Perurima oiko ramo guare kure rerekuárõ

13.    De cuando Perurimá cuidó una piara de cerdos

14.    Perurima omyenyhẽ ramo guare peteĩ mba'yruguasu japúgui

14.    De cuando Perurimá llenó de mentiras un gran recipiente

15.    Perurima oiko ramo guare partéra ramo

15.    De cuando Perurimá ofició de partera

16.    Perurima ombopuka ramo guare kavaju

16.    De cuando Perurimá hizo reír a un caballo

17.    Perurima oho ramo guare sandia'úvo

17.    De cuando Perurimá fue a comer sandías

18.    Perurima oho ramo guare omba' evendévo

18.    De cuando Perurimá salió a vender su cosecha

19.    Perurima ovende ramo guaye yryvu paje

19.    De cuando Perú vendió un urubú mágico

20.    Perurima ojepoíta ramo guare ýpe

20.    De cuando a Perurimá iban a arrojarle a las aguas

21.    Perurima oñemohymba heta ramo guare

21.    De cuando Perurimá se hizo de mucho ganado

 

 

COMPARECENCIA

Es sabido que para preciarse de constituir una nación, toda comunidad de hombres y mujeres, pobladores de un mismo país, necesita compartir un conjunto de realidades físicas y espirituales: un territorio, una tradición, una lengua, un gobierno, una historia; en consecuencia, va formándose a lo largo de las generaciones la llamada identidad nacional, lo cual equivale a un temperamento, a un carácter personal y colectivo a la vez, que se manifiesta en cada individuo median-te un modo similar de sentir la patria y el resto de nuestra América y el mundo, así como también en una manera parecida de alegrarse o entristecerse, de amar o destruir, de convencerse o ignorar, de entretenerse o aburrirse, de ser aplicado u ocioso... En suma, que los paraguayos poseemos una cosmovisión propia, siendo por otra parte idéntica nuestra condición, naturalmente, a la de los demás seres humanos.

Un componente incisivo de la identidad nacional es aquello que en general se denomina cultura popular, que se da a conocer en conductas y expresiones (sean estas últimas anónimas o de creador conocido, orales o escritas), tales como adivinanzas, costumbres, letras de canción, leyendas, creencias, magias, refranes, músicas, protocolos, canciones de cuna, mitos, y en nuestro país agüerías, casos (cuentos orales), compuestos (versos romancísticos) y otras estructuras verbales en guaraní y/o en español.

Y bien, esta COLECCIÓN CULTURA POPULAR, que tengo la honra y la responsabilidad de dirigir, tiene el propósito de di fundir ampliamente, con seriedad no exenta de vehemencia, las muestras más señeras de este caudal popular, doblemente enriquecido por la condición bilingüe de nuestra sociedad; al respecto, hemos decidido publicar  en guaraní y en versión española, los textos respectivos de todos los volúmenes de la Colección.

Demás está decir que estos libros -al igual que cualquier experiencia literaria- están dirigidos a todos los hombres y mujeres, sin distinción de edad, estado civil u oficio, e incluso a aquellos que no tienen mucho hábito de lectura, ya que procuramos que nuestras publicaciones sean interesantes en sí mismas.

Deseo señalar además que, a mi sincero entender, los textos de la COLECCIÓN CULTURA POPULAR adquieren un doble valor agregado, en particular los que se ocupan de la condición bilingüe de la cultura nacional: en primer término, dichos libros alcanzan un valor eminentemente pedagógico, porque ayudarán a los escolares y colegiantes a enriquecer el conocimiento, y por tanto la admiración y la devoción, hacia la excelencia del idioma guaraní, "...lengua que   sin controversia es una de las más copiosas y elegantes que reconoce el orbe", según ya lo afirmó el P. Lozano, jesuita, en 1754. Este respeto y cariño por nuestra lengua materna amerindia tendrá sin duda un efecto más intenso en los lectores adultos y pequeños: el del afianzamiento de la identidad paraguaya, uno de cuyos pilares es justamente el guaraní.

Carlos Villagra Marsal

última altura, abril de 2010

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

PERURIMÁ: UNA HISTORIA DE OCULTAMIENTOS.

SUPERVIVENCIA E IDENTIDAD EN EL PARAGUAY

 

         Perurimá, Pedro o Perú. No importa: su perfil de desalmado pícaro podría agotar los sinónimos de embustero en todos los diccionarios de la lengua, y más; la simple mención de su nombre puede sugerir innumerables connotaciones en el imaginario paraguayo. Incluso su nombre ha entrado en algunos proverbios guaraníes, como aquel que dice Léste íjapu, Perurima ohógui raka'e upe gotyo ("El viento Este miente, porque Perurimá se marchó hacia ese punto cardinal").

         Cuando se trata de sobrevivir, Perurimá no duda en engañar, sabotear, fornicar, condenar a la muerte sin ningún escrúpulo, aun a su propio hermano o al Rey, símbolo éste del ávido poder económico, o del poder político represor, o de ambos, así como las otras víctimas de sus engaños son curas, representantes de un codicioso poder clerical. Indudablemente, casi todos los paraguayos estaríamos en contra de la conducta de Perurimá: unos lo condenaríamos por grosero y ruin, otros, por inescrupuloso y cobarde, o quizás muchos lo tendríamos por héroe de los pobres, o como político capaz, o sencillamente como personaje gracioso y pintoresco. En lo que coincidiríamos unánimemente es en que Perurimá es auténticamente paraguayo, como la mandioca o el tereré. Pues habla nuestra lengua, es un campesino, come nuestra comida, se viste como nosotros, comparte todos nuestros gustos, fobias y modales. Pero, ¡cuidado!, Perurimá puede estar engañándonos.

         Y, efectivamente, parece que nos ha embromado desde un principio. Expondremos a los lectores de esta COLECCIÓN DE CULTURA POPULAR algunos hechos realmente sorprendentes sobre el Perurímá nacional. Para empezar, el nombre original de nuestro personaje no es guaraní, sino español, Pedro de Urdemalas, tan antiguo que ya se lo mencionaba en un documento aragonés del siglo XII.

         En la literatura, Pedro de Urdemalas es uno de los paradigmas de la picaresca española, sobre todo en la dramaturgia del Siglo Áureo. De entre todos los autores de esta época, quien le ha puesto en escena es Miguel de Cervantes, en la comedia Pedro de Urdemalas (1615). Es muy importante el carácter que le imprime el autor del Quijote: el Pedro de Urdemalas de Cervantes comparte la misma idiosincrasia de nuestro Perurimá; se burla del Rey y la Reina, se disfraza unas ocho veces en el curso de la obra (hasta se vuelve gitano), cambia dos veces de nombre; también roba, se pelea, va a la cárcel, es gastador, bebedor, mujeriego y jugador.

         Por otra parte, el personaje no solo ha inspirado obras literarias, sino que ha entrado en los diccionarios españoles, en los cuales se lo menciona en varias entradas. De los 66 diccionarios publicados hasta hoy, por lexicógrafos particulares primero, y por la Real Academia Española después, desde 1595 hasta 2001, en 44 de ellos se lo menciona a Pedro, en un total de 420 veces.

         Durante la conquista y colonización españolas en América, el personaje arribó a estas tierras en el imaginario de los recién llegados, y no tardó en ganar gran fama entre los amerindios (hay recopilaciones antiguas de cuentos indígenas del Perú donde las travesuras de Pedro entran a formar parte del universo aborigen), e igualmente entre criollos, mestizos e inmigrantes posteriores, hasta hoy día. En Latinoamérica y España se lo conoce por varios apelativos. Al respecto, hemos podido contabilizar veinticinco nombres, dados a Perurimá en la mayoría de los países latinoamericanos y en España. En Argentina le dicen Pedro Ordimán o Pedro Urdimal; en Bolivia Pedro Urdemalis; en el Brasil Pedro Malasartes o Pedro Malazarte; en Chile Pedro Undemales, Pedro Undimales, Pedro Mal Urde, Pedro Malas Artes, Pedro Urdimalis, Pedro Urdimale, Pedro Ulimán, Pedro Ulimali, Pedro de Urdemales, Pedro Undimale, Pedro Urdemales; en España Pedro de Urdemalas, Juanito Malastrampas, Pedro el de Malas; en Guatemala Pedro Animal; en Honduras Pedro Urdimales; en México Pedro Animales; en Paraguay Perurimá, Perú; en Perú Pedro de Urdmarís; en Venezuela Pedro Rimales. También es conocido en Alemania y los Países Bajos, donde le dicen Till Eulenspiegel, igualmente, se lo conoce en lengua Zulú, en Sudáfrica. Así es que en definitiva nuestro Perurimá, de quien no dudaríamos que sea un paraguayo "puro", es realmente un personaje plurinacional, pero que, una vez asentado entre nosotros, adoptó nuestro modo de ser o el ñande reko.

         Para quienes creen que Perurimá, o cualquiera de los nombres que lleve, es un campesino que sólo divierte a gente sin mucha ilustración, hay más noticias sorprendentes acerca de él: Pedro de Urdemalas ha inspirado muchas obras de arte, aparte de las literarias. En la música, por ejemplo, ha motivado composiciones como la de Richard Strauss, Las divertidas travesuras de Till Euienspiegel (1895), o la de la compositora chilena Violeta Parra, Pedro Urdemales (1965). Pedro ha influido asimismo el séptimo arte: el actor y director brasileño Amácio Mazzaropi realizó una película en 1960, As aventuras de Pedro Malasartes. Hay más; en el siglo XXI, Pedro de Urdemalas está plenamente en Internet, en los sitios Facebook, en Windows Live y Youtube. Nos resta decir, entonces, que hay Perurimá para rato; personas de todas las edades y culturas pueden conocerlo y apreciarlo actualmente.

 

         SOBRE LOS RELATOS AQUÍ REUNIDOS

 

         Los cuentos de Perurimá que presentamos en este cuarto Volumen de la COLECCIÓN CULTURA POPULAR fueron elegidos de dos recopilaciones, publicadas en los últimos años: Perurima rapykuere (2007), de Miguelángel Meza, y Mombe'upyre mombe'ypyrâ (2001), de quien escribe estas líneas*. Los relatos han sido recopilados de hablantes monolingües en guaraní, casi la totalidad campesinos sin mayor educación formal, y generalmente adultos mayores. Los cuentos, transmitidos oralmente, por supuesto han sido transcritos con absoluta fidelidad, lo cual equivale a afirmar que, además de su autenticidad, son estructuras verbales que siguen vivas en la memoria colectiva paraguaya. Por ende, el Perurimá que actúa en las siguientes páginas es el auténtico personaje popular que trajina de boca en boca en nuestro ámbito urbano o suburbano, vale decir, que en este libro se lo conoce de primera fuente y de cuerpo entero, sin convertirlo en ornamento o caricatura.

         Observará el lector que nuestro Perurimá, cuyos dichos y acciones obedecen, en general, al estereotipo fijado en la picaresca española, algunas veces se aparta de dicho modelo: verbi gracia, en unos cuentos él no es el embromador sino el burlado (número 18, De cuando Perurimá salió a vender su cosecha) en otros, no es el desenfadado y descreído que engaña a sacerdotes, sino un astuto defensor de la Sagrada Familia, que despista y engaña al propio Satanás (número 6. 18. De cuando Perurimá confundió al mismísimo Diablo).

         Señalemos, además, que, con el objeto de que la secuencia de los cuentos aquí antologados tenga un desenlace, hemos colocado al final del libro los relatos del acabamiento de su propio hermano (número 20, De cuando a Perurimá iban a arrojarle a las aguas), y el del mismo Rey (número 21, De cuando Perurimá se hizo de mucho ganado).

 

         Domingo Adolfo Aguilera

         Asunción, junio de 2010

 

 

 

PERURIMA REKOVEKUE

 

 

         1. PERURIMA OME'ẽ RAMO GUARE PA'ÍPE IKALDORÃ

 

         Ohóje Perurima pa'i rendápe, ha he'i chupe:

         - Oje'évango nderehe la mavave nandehodeivaha, ha che rohodéne.

         - Ndachehodéi chéne.

         - Iporã upéicharõ, ndorohode mo'ãi, aháma -he'i chupe Perurima.

         - Anína reho gueteri -he'i chupe pa'i-, jahami chendive peteĩ hasyvahápe.

         Ha oho hikuái. Upéi la pa'i pya'eterei oguata ha itenonde Peru rehe. Opyta ha'e tapykuépe. Opyta oha'arõ chupe hína. Ha omaña ijerére Peru, ha ohecha mombyrymi peteĩ vaka rekaka pyahu tuicháva oĩ hína péicha la tape yképe. Oho Peru omoĩ hi'ári isombréro, ha oheja upépe. Oha'arõ ha'e la pa'ípe hína. Upéi oguahẽ oúvo la pa'i ha he'i chupe:

         - Mba'ére piko repyta?

         - Chekane'õitereíma, pa'i -he'i chupe Peru-, hetaitereíngo amuña peteĩ ynambu'i, ha hasýpe karia'y aju ajagarra. Nda'ápe amoĩ hi'ári che sombréro kuri.

         - Moõpa oime la che kaldo'irã -he'i pa'i-, ojaivy ha oipe'ávo la sombréro oñeprende haguã la iguypeguáre, iposuru la "iñynambu'i", vaka rekaka pyahu, hũ verávape.

 

 

 

AVENTURAS DE PERURIMÁ

 

         1. DE CUANDO PERURIMÁ SE OFRECIÓ A DARLE UN BUEN CALDO AL CURA

 

         Cuentan que fue Perurimá a casa del cura, y le dijo:

         - Se dice por ahí que nadie puede engañarte. Pero yo he de hacerlo.

         - No creo que puedas.

         - Muy bien entonces, no te engañaré. Ya me voy -dijo Perurimá.

         - No te vayas todavía -le replicó el sacerdote-, acompáñame por favor a lo de un enfermo.

         Y se fueron. El cura comenzó a caminar rápidamente, adelantándose a Perú, quien quedó así muy atrás, tanto que se detuvo a esperar que regresara. Perú, mirando alrededor, vio a cierta distancia una enorme bosta de vaca reciente, a un costado del camino; fue y puso su sombrero sobre la bosta, dejándolo ahí, en espera del cura. Más tarde vino llegando el sacerdote y dijo:

         - ¿Por qué te quedaste?

         - Estaba demasiado cansado, Pa'i -contestó Perú- porque perseguí tenazmente a una perdiz chica, hasta que con gran dificultad conseguí atraparla, y aquí la tengo bajo mi sombrero.

         - Mira dónde vine a encontrar aquello de lo cual haré mi caldillo -dijo el cura, se agachó, levantó el sombrero y, al meter la mano en lo que estaba debajo, se embadurnó en la "perdicita", o sea, en la negra bosta, fresca y reluciente.

 

 

 

         5. PERURIMÁME OHAPY RAMO GUARE TEMBI'U AKU

 

         Oguapýje peteĩ asajépe Perurima, okaru haguã Pa'i Leu ndive, ha oguenohẽ chupekuéra óga jára ko tembi'u hykue kirirĩva hína. Ni notimbói. Ojopy chupe Perurima raẽ, ha okáipaitéma voi. Hakueterei mbora'e tembi'u. Okirirĩeténte Perurima ha oma'ẽmbuku óga pepóre, ha oñepyrũ osyry hesay. Okái rasyeterei. Ohecha upéva Pa'i Leu, ha oporandu chupe:

         - Mba'éiko, Peru, nembohesaýva.

          -Ambyasyetereínteko che sy omano va'ekuépe, péicha tembi'u hetereíva ha'u javérõ, chemomandu'a hese -he'i Perurima.

         Ojopy avei Pa'i Leu peteĩ syryku hembi'úpe, ha okaipaite avei.

         - ¡Aaaaiii! Kóvango ñanemomandu'áta voi ñande jarýi rehe ave ra'e -he'i.

 

 

         5. DE CUANDO PERURIMÁ SE QUEMÓ AL PROBAR UNA COMIDA CALIENTE

 

         Cuentan que una siesta, sentándose a comer Perurimá con el padre Leú, el dueño les sirvió una comida ardiente, que, por lo demás, ni siquiera humeaba. Probó el primer bocado Perurimá, quemándole toda la lengua. Había sido que la comida era en verdad candente. No obstante, Perurimá quedó en silencio, miró fijamente el alero de la casa y empezaron a correrle las lágrimas. Se había quemado seriamente. Viendo aquello, Pa'i Leú le preguntó:

         - ¿Qué es lo que te hace lagrimear, Perú?

         - Es que cuando estoy comiendo una comida tan sabrosa, me acuerdo de mi madre difunta, y me entristezco sobre manera.

         Le metió también el Pa'i Lacú una gran cucharada, y también le escaldó el paladar.

         - ¡Ayyy! Esto es capaz de hacernos recordar incluso a todos nuestros antepasados - se lamentó.

 

 

 

         6. PERURIMA OMBOTAVY RAMO GUARE AÑÁME

 

         Peteĩ ko'ẽmeje ohasa ohóvo Perurima róga rovái rupi Maria, Hose ha Hesu mitãmi, peteĩ chavurromi ári, ha osẽ Perurima oporandu chupekuéra:

         - Moõ piko ko pya'ete peho peína.

         Opyta hikuái ha he'i Hose:

         - Roho ningo aipo Ehíytope. Aña ojukaségui ko ore mitãmi ningo roñani rohóvo upe gotyo.

         Ohasáje hikuái ha okañy rire upe tape jerépe, oho Perurima ogueru peteĩ yrupẽ ha pype tanimbu. Ohójeko ombogua upe chavurromi pypore ári ha upéi oho jey oguapy oĩ haguépe. Uperiremi oúma Aña peteĩ kavara ári ha oja oporandu Perúpe:

         - Nderehecháipa peteĩ kuñataĩ, peteĩ karia'y ha peteĩ mitãmípa ndohasái ko'árupi. Peteĩ chavurro áriko ou hikuái kuri.

         Peru osẽ he'i chupe:

         - Hẽe, ahecha. Ha katu ymáma ohasahague hikuái árupi, nderehupytymo' ãvéima chupekuéra.

         - Mba' éicha piko ndahupytymo'ãi ko hapykuerikueramínte aju va'ekue hína kuri -he'i Aña.

         - E. Ha ndachereroviáirõna eju ápe tahechauka ndéve hapykuerekuéra -he'i Peru ha ogueraha Añáme chavurro pypore oĩhápe.

         - Na'ápe hína, nderehechái piko. Ma'ẽmi chavurro pypore. Itujáma. Havẽmbaitéma voi.

         Upémarõje ombojere Aña tuja ikavara ha oho jey ou haguévo.

 

 

         6. DE CUANDO PERURIMÁ CONFUNDIÓ AL MISMÍSIMO DIABLO

 

         Dicen que una mañana pasaba frente a la casa de Perurimá, José, María y el Niño Jesús, montados los dos últimos en un burrito. Salió Perurimá a preguntarles:

         - ¿Para dónde van tan apurados? Se detuvieron, y contestó José:

         - Pues nos vamos al lugar que le dicen Egipto; porque el Diablo quiere matar a nuestro pequeño, estamos huyendo hacia allá.

         Cuentan que pasaron, y una vez que se perdieron de vista en un recodo del camino, fue Perurimá a traer un cedazo, con ceniza en él. Y dicen que fue a cernir esa ceniza sobre las huellas del burro, y luego regresó a sentarse en el mismo lugar donde antes estuvo. Un poco después vino llegando el Diablo, montado en un macho cabrío y, aproximándose, le preguntó a Perú:

         - ¿No viste, por si acaso, a una joven, a un señor y una criatura, pasando por aquí? Van montados en un burro.

         Perú salió a decirle:

         - Sí, los vi; por cierto que hace largo tiempo pasaron por aquí, no creo que ya los alcances.

         - Cómo es posible que no pueda encontrarlos: vengo muy cerca detrás de ellos -dijo el Diablo.

         - ¡Eh! Si no me crees, ven aquí y te enseñaré sus huellas dijo Perú y llevó al Diablo a mirar el rastro del burro.

         - Aquí están, ¿no las ves acaso? -continuó Perú. Observa las huellas del burro. Ya son antiguas, y por eso están grises.

 

 

         11. PERURIMA OJOKO RAMO GUARE TÁPIA

 

         Peteĩ árape jeko Perurima oñuguãitĩta Karai Rréi ndive peteĩ ogakue rovái, ha Perurima raẽ ohechámarõ chupe, oñemoĩ ojoko gua'u peteĩ ogyke. Oja hendápe Karai Rréi ha he'i pochy reheve:

         - Ko'ãga, ne añamemby, nereñembohoryveichémane cherehe!

         Perurima katu opukavymínte.

         - Aha'ã ndéve añembohory jeyne -he'i Perurima.

         - Ha mba'e upe rejapótava -oporandu Rréi.

         - Ha ejúna ápe ejoko chéve ko ogyke, ani ho'átei, ha aháta aju añembohory jey nderehe.

         Oguejýje Karai Rréi henda árigui ha oja ojoko ogyke, Perurima rekovia. Ha'e katu ojupi Rréi renda ári ha ombovu kamisa lómo.

         Oñembohoryete jeýma voi hese.

 

 

         11. DE CUANDO PERURIMÁ ATAJÓ UNA TAPIA

 

         Cuentan que un día Perurimá iba a encontrarse con el señor Rey frente a una tapera; al ver a éste a lo lejos, Perurimá hizo como que atajaba una de las paredes. Ya frente a él, el señor Rey le dijo, airado:

         - ¡Ahora, hijo de la diabla, ya no has de burlarte más de mí!

         Por su parte, Perurimá sonreía.

         - Te apuesto que me volveré a burlar de ti -dijo Perurimá.

         - ¿Qué es lo que harás para embromarme? -preguntó el Rey.

         - Pues ven aquí y ataja este muro en mi lugar, no vaya a caerse; me voy y vuelvo para engañarte nuevamente.

         Dicen que el señor Rey descabalgó y fue a atajar la tapia, remplazando así a Perurimá; éste, en cambio, montó el caballo del Rey y se fue de allí a todo galope. Ciertamente, se mofaba de él una vez más.

 

 

         12. PERURIMA OPOI RAMO GUARE ITA PAJE

 

         Hetájeko Karai Rréi oheka Perurimáme, ha upeichahágui ikuãcha'ĩ sapy'a hese. Oipykua ha oipokuáje ha ombotyryry henda ku'áre hóga vera peve. Pytũmby javéjeko oguahẽ hikuái ha omoinge chupe koty yvyguýpe, ha okẽtépe omoĩ mokõi jagua tuichaicháva, umi oporombo'ipáva voi.

         Upe hague ko'ẽme oguenohẽ chupe Karai Rréi ha he'i:

         - Na'ipohãvéima, romosapymíta mantema voi. Ha katu reikua haguã ko chemba'e poráha, ame'ẽ jeýta ndéve peteĩ pa'ũmi, ipahaite. Jaháta la mar rembe'ýpe ha japoíta ita. Ãga nde repoi mombyryvérõ chehegui, ahejáta reho; ha ãga che apoi mombyryvérõ katu, chete voi roñakã'óta.

         Karai Rréi he'i ipy'apýpe: "Ko'ãga chekuacha'ĩmi nderehe, ne añarakópe guare, apoíta che ita paje ha jahecharni mba'épa rejapo".

         Ohóje hikuái la mar gotyo, ha tapére Perurima okaka gua'u, ha ohupi peteĩ ynambu kuru hupágui, omoinge ivorsikérape, ohecha'ýre chupe Karai Rréi. Oikuaáma voi kuri hína ynambu renda.

         Oguahẽ hikuái la mar rembe'ype. Ojepepy Karai Rréi raẽ ha opoi hi'ita paje. Ohójeko mombyryeterei upe Rréi ita paje. La mar mbytetépe ho'a. Perurima katu oguereko ñemíma hína ipópe hi'ynambu kuru, ha ojayvy ohupi gua'u ita, oñemboku'avã ha opoi avei. Ohovéro ohove upe hi'ita. Ohasapa la mar mbyte ha ohovénte hína, okañy meve. Opyta Karai Rréi ijurujái Perurimáre. Upeichaháguije oñakãrapu'ã sapy'a ha ojepichaiterei, ha ipojáivo Perurimáre, ojehekýi chugui ha'e ha ojeity tapére. Karai Rréi katu itĩryapu Perurima rapykuéri. Mombyryeterei peve jeko omuña chupe, ha upéi nda'ipu'akavéima Perurima, ikũsẽmbáma, ha upeichahágui opyta sapy'a ha pya'eterei ombosyryry ikasõ ha ojayvy ojevikuape'a yvatévo. Oja hendápe Karai Rréi ha oma'ẽ kyhyje nunga hese. Oporandu:

         - Mba'éiko rejapo hína péicharo, Peru.

         Perurima, juku'a reheve he'i chupe:

         - Pya'éke... Karai Rréi... tereho nde rógape... Cháke pe ita apoi va'ekue... tuicha ipaje... Péva ojere va'erã ko yvýre ha... ou ho'a ko'apete... ha che revikuaitépe ndo'ái ramo, ñamanombaite va'erã. Upévagui che péicha aĩ aína.

         - Añete mba'éiko ere, Peru.

         - Añete porã ha'e ndéve, Karai Rréi, ãga pe ita ho'a vove ápe, rehendúta voi hína nde róga guive hatãiterei okapúramo ha upépe reikuaáta nañamanombamo'ãiha.

         Karai Rréi jeko pya'eterei oteo hógape ha oguapy ojapysaka. Perurima katu oho ogueru peteĩ mba'yru guasu renyhẽ pólvora ha omboja hese tata. Oikójeko peteĩ tyapu tuichaitereíva. Karai Rréi ohendu upéva ha he'i:

         - Aipóna Peru ñanemo'ã mba'e vaígui maymavetépe.

         Uperire Perurima oguahẽ ohóvo Karai Rréi rógape, ha oiko peteĩ vy'a ijojahava, jeroky ha guari je'u. Upe pyharépe oka'upa jave hikuái, Perurima onohẽ "La Princesa" imitãvévape, ohupi ijapýri Rréi renda iporãvéva ári, ha ojeity heseve tapére.

 

 

         12. DE CUANDO PERURIMÁ ARROJÓ UNA PIEDRA MÁGICA

 

         Cuentan que en cierta ocasión el señor Rey se pasó buscándole a Perurimá, y de pronto se topó con él. Lo ató de pies y manos y lo arrastró hasta su palacio. Cuentan que llegaron allí a la atardecida y que el Rey lo encerró en un sótano, y en la puerta misma puso a dos enormes perros, de aquellos capaces de curuvicar a mordiscos. Al día siguiente lo sacó el señor Rey diciéndole:

         - Ya no hay remedio, debo cerrarte los ojos para siempre. Y para que sepas que soy benévolo contigo, voy a darte una última oportunidad. Iremos a la orilla del mar y tiraremos piedras. Si es que lanzas alguna más lejos de las que yo arroje, dejaré que te vayas; y si yo las arrojo más lejos que tú, con mis propias manos te arrancaré la cabeza.

         El señor Rey también dijo para sus adentros: "Por fin te tengo, hijo de mala madre; tiraré mi propia piedra mágica y veremos qué puedes hacer".

         Cuentan que fueron hacia el mar, y que por el camino Perurimá se detuvo e hizo como que defecaba, y al acuclillarse sacó del nido una perdiz clueca, la metió en su bolsiquera, cuidando que no se diese cuenta de ello el señor Rey. Esto es porque ya sabía de antemano el sitio donde anidan las perdices.

         Llegaron a la costa del mar; tomó impulso el señor Rey y arrojó su piedra mágica. Dicen que la piedra fue a caer lejísimos, en la misma mitad del mar. En cambio, Perurimá ya tenía oculta en un puño su perdiz clueca; habiéndose agachado y fingiendo encontrar una piedra, se irguió y arrojó su perdiz clueca. Yéndose y yéndose esa "piedra" suya pasó el medio del mar, y siguió hasta que se perdió en el horizonte. El señor Rey quedó boquiabierto, se incorporó bruscamente, muy fastidiado, quiso golpear a Perurimá, pero éste se le esquivó y salió al camino; resoplando, el señor Rey lo persiguió. Cuentan que durante largo rato fue tras él; un poco más adelante, Perurimá, muerto de fatiga y con la lengua fuera, se detuvo de pronto, se bajó el pantalón, se agachó, quedándose con el trasero al aire. Se le acercó entonces el señor Rey y le miró con cierto recelo, preguntándole:

         - ¿Qué se supone que estás haciendo, Perú? Perurimá, jadeante, le dijo:

         - Rápido... señor Rey... vete a tu casa... Cuidado con esa piedra que he lanzado... tiene mucha magia... Ella va a dar vuelta al mundo y... y llegará aquí mismo... y si no cae precisamente en el ojo de mi culo, moriremos todos: por eso es que estoy colocado en esta posición.

         - ¿Pero es verdad eso que dices, Perú?

         - La pura verdad, señor Rey; cuando caiga aquí la piedra escucharás desde tu casa un enorme estruendo, y ahí sabrás que no moriremos.

         Cuentan que el señor Rey fue a toda prisa a su casa, y allí se sentó a escuchar. Perurimá, en tanto, se fue a traer un recipiente grande cargado de pólvora hasta los bordes, y le prendió fuego. Dicen que ello causó un terrible estrépito; el señor Rey lo oyó y dijo:

         - He ahí que Perú nos ha salvado a todos de algo horrible.

         Más tarde vino llegando a la casa del Rey: hubo una alegría sin igual, gran baile, y el aguardiente corrió con generosidad. Esa misma noche, cuando todos estaban borrachos, Perurimá convenció a la menor de las princesas, la subió en ancas del propio caballo del Rey, y se echó con ella al camino.

 

 

 

         20. PERURIMA OJEPOÍTA RAMO GUARE ÝPE

 

         Heta omuña riréje ipopa'ã Perurimáre Karai Rréi. Oipykua ha oipokuáje ha ogueraha hógape. Omondéjeko hese hikuái peteĩ vakapi, ombovyvypa, ha iñakãnguemi oguenohẽ chupe. Ogueruvéje heta vakapi ha omoĩve hese hikuái, ojososo avei ita pe mba'yrúpe, Perurima ndive, ha ojokuapa chupe upépe. Upéije omonamba Perurima rováre japepo jarekue ha tatapi hũngue hikuái, ha ombyapajeréi mokoi kavaju ku'áre chupe, peteĩ ysyry guasu ipochyetereiva rembe'y peve. Ojoráje Karai Rréi ha iñirũ hymba kavajukuéra omboy'u haguã, ha ipochyetereígui pe y, oguerosyry voi umi kavajúpe. Upémaro he'i Karai Rréi:

         - Ñañeha'ã ñande pópe jaity.

         Nda'ipu' akáije hikuái, Perurima ha itaitáre. Upémarõ he'i Karai Rréi:

         - Jaha jagueruve mokõi kavaju ha jaju jaity mandi voi ko añamemby.

         Ohóje hikuái. Ha uperiremínte ohecha Perurima, amo mombyry, oúrõ hína Vyrorima, ha oñepyrũ osapukái:

         - ¡Namendamo'ãi! ¡Namendamo'ãi voínteko! ¡Ni mba'evéicharõko

namendamo'ãi! -he'i Perurima péicha, ha ongururu hína upépe.

         Oja Vyrorima ha oporandu:

         - Nde piko máva.

         - Ndachekuaái piko, che ryvýto. Che ningo Perurima.

         - Ha mba'e piko rejapo hína ápe ha péicha -oporandu, oñembojavévo, Vyrorima.

         - Ha Karai Rréi ningo, ko tuja tekaka, oipotaitéma jeko amenda pe itajýra iporãvévare. Che namendamo'ãi. Ni mba'evéicharõ. Jeko ome'ẽta chéve mbytete rupi orekóva guive. Hymbakuéra ha ikokue. Namendamo'ãi voínteko chupe. Ni mba'evéicharo!

         - Nesonsoitéiko, cheryke'y. Che amenda va'erã chupe itajýrare -he'i pya'e voi Vyrorima.

         Upémarõ he'i Peru:

         - Oime oho hikuái kavaju piári ou haguã chereity pe ýpe. Eikéna che rekovia ko'ápe, añetéramo remendase Prinsésare.

         - Ee'a - he'i Vyrorima ha oguenohẽ Perurimáme upe oĩhágui ha oike ha'e hekovia.

         Ohupíjeko Perurima tuju hũ ha omonambaite tyvýra rováre ha okañýma ha'e upégui. Ne'irãminte ha hyapúma oúvo Karai Rréi ha iñirũ, mokõi kavaju kakuaa ári. Oguahẽ hikuái ha oñapytĩma vakapi apu'a kavaju ku'áre ha upévo oñepyrũ Vyrorima osapukái:

         - Amendátako! Amendátako, Karai Rréi. ¡Amendátako la nde rajyre! -ijahy'o soróta Vyrorima.

         - ¡Mba'e amendátako katu piko! -he'i Karai Rréi, oikutúma henda ha oity hikuái Vyrorimáme ýpe.

 

 

 

         20. DE CUANDO A PERURIMÁ IBAN A ARROJARLE A LAS AGUAS

 

         Cuentan que después de una larga persecución, el señor Rey atrapó una vez más a Perurirná. Y dicen que, atado de pies y manos, lo llevó a su casa. Y relatan que lo vistieron cosiéndole un cuero crudo de vaca, dejándole fuera la cabeza. Dicen que trajeron más cueros y lo siguieron envolviendo; también agregaron piedras entre los cueros y terminaron amarrándolo enteramente; luego embadurnaron de tizne el rostro de Perurimá, y lo llevaron a rastras con dos caballos, hasta la costa de un río de amenazante oleaje. Cuentan que entonces, el Rey y su acompañante soltaron a sus caballos para que bebieran, pero era tan bravía la corriente, que se los llevó. Entonces dijo el Rey:

         - Vamos a procurar arrojarlo a Perurimá nosotros mismos.

         Y dicen que no pudieron hacerlo, a causa del peso de Perurimá y las piedras que cargaba. Por lo tanto, dijo el señor Rey:

         - Vamos a traer otros dos caballos y echémosle de una vez a este hijo de la Diabla.

         Dicen que fueron a ello. Unos instantes después vio Perurimá que a lo lejos venía su hermano Vyrorimá, y empezó a gritar:

         - ¡No me voy a casar! Tengan por seguro que no me voy a casar ¡En modo alguno me he de casar! - así gritaba y murmuraba alternadamente Perurimá.

         Se acercó Vyrorimá y preguntó:

         - ¿Quién eres tú?

         - ¿No me conoces, acaso, hermanito?, soy Perurimá.

         - ¿Y qué estás haciendo aquí, y con ese aspecto? -inquirió, acercándose más, Vyrorimá.

         - Ese señor Rey, pues, este viejo de mierda, con toda insistencia desea que me case con la más hermosa de sus hijas. Y yo no me voy a casar. Por nada del mundo. Dice que va a darme la mitad de sus riquezas, es decir, su ganado y sus tierras de labranza. Ni aún así le haré caso. ¡Por nada del mundo me casaré!

         - Qué tonto eres, hermano mayor. A mí sí me gustaría casarme con la hija -prorrumpió en cambio Vyrorimá.

         Entonces dijo Perú:

         - Allá se fueron a traer caballos para echarme a las aguas. Toma mi lugar acá, si en verdad quieres casarte con la Princesa.

         - Con mucho gusto -dijo Vyrorimá: lo sacó a Perú de donde estaba y se metió él en su lugar.

         Dicen que, a su vez, Perurimá recogió lodo negro y tiznó completamente la cara de su hermano menor, y huyó de ahí. Apenas se había ido, cuando se escuchó llegar al Rey y su colaborador, ambos jinetes, en caballos de gran alzada. Llegaron, ataron el bulto envuelto en cueros a la grupa de los caballos; entonces principió a gritar Vyrorimá:

         - ¡Me voy a casar! ¡Me voy a casar, señor Rey! ¡Con seguridad me casaré con su hija! -se desgañitó Vyrorimá.

         - ¡Qué me voy a casar ni qué diablos! -dijo el señor Rey, espoleando su caballo y echándole a la correntada a Vyrorimá.

 

 

         21. PERURIMA OÑEMOHYMBA HETA RAMO GUARE

 

         Perurima jeko opyta peteĩ ita kakuaáva ãme, ha oho rire pukumi Karai Rréi, oĩ upépe. Upeichabágui oguahẽ oúvo peteĩ arriéro kavaju ári, vaka miéma ogueru. Ojávo y rembe'ýpe, osẽ hendápe Perurima:

         - Mba'éichapa, che irũ -he'i Perurima.

         - Iporáiterei, chamígo, ha katu iporãve haguã ningo emombe'umi va'erãmo'a chéve mba'éichapa rohasakuaa ko y.

         - Ndaipóri pa'ã, he'i jagua oporomongetárõ. Eguejy ne renda árigui ha ejupi amo 100 métro hápe ejeity, emotenonde ñandéve, che ápe amyañáta ã vaka.

         Ojapo upéicha upe arriéro ha ojeitýre ýpe, oguerosyry chupe. Upémarõ Perurima ojupi upe arriéro kavajukue ári, ombojere vakakuéra ha omboysýi hóga rape gotyo jave -nimbora'e Karai Rréi ndogueroviái hasypeve ojukaha Perurimáme, ha ojevy jey oma'ẽvo ýre-, oñuguãitĩ Perurima ndive. Oñemondyi Rréi:

         - E. Neremanói piko, Peru. Moõ piko rejuhu ko'ã vakaita.

         Perurima oapunta ikuãme ýre ha he'i:

         - Mba'éichaiko amanóta ko javy'aiteíva amo yguýpe. Hetaiterei ningo oĩ vaka upépe. Okaru joa hikuái. Oĩ kavaju avei. Jaipota háicha jagueru, nda'ijárai voi. Ma'ẽna mba'éichapa ikyra kyra hikuái.

         - Aipotaitéiko avei chave. Mba'éichaiko aguerumi va'erã avei che -oporandu Rréi.

         - Ha che aha hagueichaite avei reho va'erã, upéicharõ mante reguahẽta ha rerukuaa vakaita.

         Ogueruykáje Karai Rréi heta vakapi ha ita. Oñembyaouka pype ha iñakãnguemi oheja okápe. Oñembohovahũyka ha opoiuka ijehegui ýpe. Mamóiko osẽvéta upe y pochyetégui. Perurima katu uje'íma okañy upégui.

 

 

         21. DE CUANDO PERURIMÁ SE HIZO DE MUCHO GANADO

 

         Cuentan que después de esa ocasión, Perurimá permaneció detrás de una gran roca, ocultándose hasta que el Rey se fue; entonces Perú vio llegar a un hombre a caballo, arreando muchas vacas. Cuando se acercó a la orilla del río, salió a su encuentro Perurimá:

         - ¿Cómo estás, compañero? -dijo.

         - Demasiado bien, mi amigo, y estaré aún mejor si tienes la gentileza de indicarme cómo podría pasar con esta tropa a la otra costa de la corriente.

         - No habrá trancada, según dijo el perro que quería copular. Descabalga, sube caminando por la orilla hasta unos cien metros, y échate ahí al agua, para que vayas como guía por delante, que yo desde aquí rempujaré estas vacas.

         Hízolo así el arriero, pero al arrojarse al agua, ésta lo engulló. Para entonces, Perurimá montó el caballo del arriero, dio vuelta a la tropa, y cuando las enfilaba hacia el camino de su casa, se encontró con el señor Rey: era que este no creía que por fin había muerto a Perurimá, y por tanto, volvía al río para comprobarlo.

         Se asustó el Rey:

         - ¡Eh!, ¿es que no te moriste, Perú? ¿Y dónde encontraste esta cantidad de vacas?

         Perurimá señaló a las aguas y dijo:

         - Cómo voy a morir, si se está tan contento bajo el agua. Hay muchísimo ganado allí, paciendo por doquier. Hay caballos también. Podemos subirlos como queramos, porque, desde luego, no tienen dueño. Fíjate qué gordas están éstas.

         - Me gustaría muchísimo tenerlas a mí también. ¿Cómo podría traerlas yo mismo? preguntó el Rey.

         - Y tendrás que irte del mismo modo en que fui yo; sólo así llegarás y podrás traer un hato como éste.

         Cuentan que entonces el señor Rey mandó traer muchos cueros frescos y una cantidad de piedras. Mandó que lo vistieran con aquellos, dejando la cabeza fuera. Hizo que le embadurnaran de hollín el rostro y lo tiraran al agua. ¿Cómo iba a emerger, con esas aguas tan bravas? Por su parte, hacía rato que Perurimá se había escabullido de ahí.

 

 

 

 

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