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  ELEMENTOS SOCIOLÓGICOS Y CULTURALES COMUNES DE BOLIVIA Y PARAGUAY - Por TADEO ZARRATEA


ELEMENTOS SOCIOLÓGICOS Y CULTURALES COMUNES DE BOLIVIA Y PARAGUAY - Por TADEO ZARRATEA

ELEMENTOS SOCIOLÓGICOS Y CULTURALES COMUNES DE BOLIVIA Y PARAGUAY*.

Por TADEO ZARRATEA

 

 

Señoras y señores:



Aparentemente sería fácil encontrar los elementos sociológicos comunes a Paraguay y Bolivia desde que ambos son países latinoamericanos enclavados en el cono sur, signados por una misma historia de descubrimiento y colonización por parte de los europeos. Sin embargo, a pesar de estos hechos es difícil determinar las características sociológicas comunes. En primer lugar porque, decir Bolivia no significa designar una nación, debido a la multiculturalidad de esta querida nación hermana. Este rasgo es ciertamente menos notorio en el caso del Paraguay, país que presenta una mayor homogeneidad cultural a lo largo de su territorio y de su población. Y cuando hablamos de Bolivia no podemos dejar de señalar, a pesar de lo inoportuno que pueda parecer, las grandes diferencias culturales que presentan las regiones del altiplano y del oriente Boliviano, porque son hechos que obedecen al determinismo histórico. Generalmente los sociólogos, para describir más gráficamente estas dos culturas de Bolivia hablan de “la nación Colla” y de “la nación Camba”. Espero que nadie tome en forma despectiva estas denominaciones que utilizamos por comodidad del lenguaje y reitero que no hubiera querido referirme en estas circunstancias históricas de Bolivia a este tema, pero el congreso me ha asignado esta carga y no puedo apartarme de los principios científicos ante este auditorio tan calificado.

Hechas estas aclaraciones debo señalar, también muy a pesar mío, que si bien existen las características sociológicas comunes entre Paraguay y Bolivia, es innegable que dichas concomitancias son mucho más amplias y cercanas entre el Paraguay y el oriente boliviano. Para ello contribuye una serie de factores, en primer lugar la topografía porque existe diferencia entre la cultura del llano y la cultura de las montañas, y el Paraguay tiene la cultura del llano; esto condiciona desde ya los tipos de vivienda, de transporte, de comunicación y de trabajo. Luego tenemos los aportes históricos, entre los cuales debemos señalar necesariamente el tiempo en que estas dos regiones contactan a través del mismo conquistador. No olvidemos que el fundador de Santa Cruz de la Sierra ha sido el Capitán Ñuflo de Chávez, miembro de la expedición de Domingo Martínez de Irala, fundador del Paraguay, como dice la leyenda puesta al pie de su monumento allá en su tierra vasca, en Bergara. Estos hombres partieron de Asunción del Paraguay, en 1558. Cuenta Ulrico Schmidel que esa expedición ha venido contactando con pueblos americanos tales como los Mbaya, los Toyana, los Paiyono, los Mayágueno, los Guorcono, los Payzuno, los Corocotoqui y finalmente los Macasí, donde Irala recibe la carta del Gobernador La Gasca ordenándole que pare en ese mismo lugar. Entonces Martínez de Irala comisionó a cuatro hombres junto al gobernador del Perú, con sede en Lima, siendo Ñuflo de Chávez precisamente uno de esos cuatro hombres.

Irala tenía información de los naturales de que al noreste de la laguna de El Dorado reinaba el Paititi o el Gran Mojo (reino de riqueza fabulosa). Hizo algún intento, sin éxito, por encontrarlo. Empero, fue Ñuflo de Chávez quien concibió un proyecto realista y concreto para encontrarlo: crear una provincia cuyo gobierno le fuera confiado por la corona Española, alentado aún por la esperanza de hallar El Dorado o el reino del Gran Mojo.

Irala y sus hombres volvieron a Asunción quedándose Ñuflo de Chávez a realizar una gran labor de reconocimiento de pueblos y de riquezas metálicas en las tierras de los mojos y de los chiquitos, siendo una de sus obras capitales la fundación de Santa Cruz de la Sierra, aunque previamente fundó las de Barranca y Nueva Asunción, ambas en 1559. Todos estos pueblos fueron fundados presumiblemente sobre algún poblado indígena ya existente.

La incursión de soldados españoles con toda la historia de ocupación violenta de los territorios indígenas y de sometimiento de pueblos enteros, es igual en Bolivia como en Paraguay. A ello se suma la acción religiosa con la misionalización de los jesuitas y con la misma metodología evangelizadora y transculturadora, tanto en Paraguay como en el oriente boliviano a lo largo de casi dos siglos. Algo característico en estas misiones es que los jesuitas buscan quitar, lo que en esos tiempos se llamaba, las “idolatrías” (Eguiluz 1696), pero no la lengua arawak. Así, cada reducción fue poblada con indígenas de varias lenguas, aunque en todo caso acabó dominando la lengua moja que era la más común. Sobre este aspecto se afirma: “El mojo fue la lengua obligatoria en todas las misiones meridionales. Este mismo fenómeno se registró en el Paraguay donde las misiones funcionaron exclusivamente en lengua guaraní. Las reducciones jesuíticas, tanto las de Chiquitos como las del Paraguay, tenían tres intenciones: 1) evangelizar a los originarios del oriente de la América del Sur Meridional, 2) organizarlos en pueblos mayores y 3) liberarlos de los encomenderos y de los ibéricos colonizadores que necesitaban de mano de obra esclava para sus estancias (Penacho 1987).

Con la cristinización de los diversos pueblos indígenas de estas regiones se produjo el teocidio de las religiones americanas y comenzó a gestarse el sincretismo religioso a través de este largo proceso cultural que todavía no acaba. Como una característica que nos marca es que hasta hoy la fe cristiana de nuestros pueblos es sumamente endeble porque es periférica, permaneciendo en las honduras de las creencias los animismos y todas las formas de religiosidad popular proveniente de las religiones propias de estas regiones.

En cuanto a lo social, durante la colonia tanto Paraguay como Bolivia tuvieron indios mitayos y yanaconas, es decir, servidores libres y servidores domésticos y estas palabras que las denominan fueron usadas en Paraguay sin que pertenezcan al léxico español ni al léxico guaraní; lo mismo que la palabra cacique que se extendió desde el Yucatán mexicano donde moran los mayas catchiquel hasta Tierra del Fuego. Así transcurrieron tres siglos de coloniaje que marcaron a fuego a nuestros pueblos pero que desgraciadamente no acabaron con la declaración formal de independencia de nuestros países. Aquí los criollos se hicieron dueños del poder político y económico pero mantuvieron el coloniaje interno sobre pueblos indígenas y no indígenas, como es el caso del Paraguay donde hasta hoy persiste la discriminación lingüística; donde no importa que el ciudadano tenga tez blanca, pelo rubio y ojos azules, si habla guaraní. Si sólo habla guaraní por ese mero hecho será discriminado porque el Estado paraguayo sólo funciona en castellano, de modo que para el monolingüe guaraní, que es del más del 33% de la población nacional, tratar con el Estado actualmente es como tratar con españoles porque las autoridades no les habla en su lengua y por tanto le da categoría de extranjero en su propio país.

Como un efecto deletéreo de las políticas culturales castellanistas de nuestros Estados y de la consiguiente marginación de importantes grupos sociales, aparecen las, hoy denominadas, lacras sociales constituidas por indígenas sin tierra, campesinos sin tierra, millares de personas sin trabajo, miles de familias sin techo, sin servicios eficientes en materia de educación y salud. Es lo que yo denomino el colonialismo interno. El vasallaje a que reduce el Estado a estos importantes segmentos de la sociedad. En suma, la herencia de tantos desatinos políticos derivados del colonialismo cultural y de las ausencias de las libertades fundamentales del hombre, es la pobreza de nuestros pueblos; la pobreza material, la falta de desarrollo, porque somos pueblos muy ricos en valores culturales.

Observando estas variables comunes que transversalmente cruzan los territorios sociales de Paraguay y Bolivia, no nos deben sorprender los fenómenos políticos, sociales y culturales que a veces se presentan como meras concomitancias. Ellos obedecen, sin embargo, a condicionamientos profundos que provienen de las raíces de nuestros pueblos.


Estimados colegas, señoras y señores: una vez más pido disculpas por señalar las diferencias existentes entre la cultura del llano y la cultura de montaña, y lo hago porque presumo que este tema es hoy en Bolivia muy sensible. Las soluciones las tendrán que encontrar los bolivianos mientras nosotros escrupulosamente nos abstenemos de opinar. Pero mi opinión no es política. Es una mera disquisición sociológica por lo demás innegable. No obstante, quiero dejar mi testimonio de fraternidad con todo el pueblo de Bolivia junto con mi deseo de que pronto encuentren el camino de la verdadera unidad nacional, talvez sobre las bases de un modelo federalista que preserve su unidad y su historia común; un sistema que sea respetuoso de las culturas, políticamente funcional, moderno y democrático.

 

* Conferencia leída por el Dr. Oscar Martínez Pérez, en representación del autor Tadeo Zarratea Dávalos, en el III Congreso Internacional Paraguayo-Boliviano de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, realizado en Tarija- Bolivia, el 15 de mayo de 2008.

 

Fuente digital: http://mbatovi.blogspot.com

Registro de enlace: Noviembre 2011

 

 

 

DOCUMENTO DE LECTURA RECOMENDADA

CARTA ABIERTA A FERNANDO LUGO SOBRE POLÍTICA CULTURAL

 

Asunción, 21 de mayo de 2008.


Señor

Presidente electo de la República

Don Fernando Lugo

Ciudad de Lambare

Nos dirigimos a usted en relación con la iniciativa del grupo de intelectuales que viene reuniéndose con el fin de bosquejar una política cultural para su gobierno. El esfuerzo es loable y también la metodología porque trata de consensuar los lineamientos fundamentales para esa política. Sin embargo, la iniciativa es eclipsada por la ansiedad de definir ya también la persona que llevaría a cabo la ejecución del proyecto desde el cargo de Ministro Secretario de Cultura. Es una pena que antes de elaborarse el documento base se haya desatado la danza de los nombres con el fin de integrar una terna que será elevada a usted.

Esta aparente falla del emprendimiento podría no obstante subsanarse, pero desnuda su falencia principal cuando define la clase de persona que buscan para el Ministerio. En efecto, la lista está integrada por “los cultura jára de siempre”; por aquellos hombres y mujeres que han participado activamente de la política cultural alienante de los últimos tiempos, gente sin pasado de lucha que han rentado sus talentos hasta a la misma dictadura, y por ende, responsables y partícipes del vaciamiento cultural que sufre nuestro pueblo.

Si el grupo propone a las mismas personas de ayer, evidentemente no aprovecharán su gobierno para cambiar el estado de cosas. Abrigamos la esperanza de que usted no se preste al continuismo; de que no siga en la línea de esta política cultural colonialista, monolingüe, oligárquica, elitista y excluyente. Entendemos que el pueblo paraguayo ha votado en contra de esto; en contra del proyecto educativo y cultural que ha traicionado a la cultura paraguaya; proyecto europeizante, castellanista y desprotector de la auténtica cultura paraguaya.

El Paraguay es un país pequeño, pobre, despoblado y enclaustrado; pero es un país soberano. Cuando uno encuentra en las estadísticas que existen provincias argentinas y estados brasileños que tienen mucho más del doble del presupuesto y de los recursos materiales que el Paraguay, es tentado a preguntarse cómo y por qué llegó a ser soberano este país que no tiene mar, ni pozos de petróleo, ni minas de oro, ni yacimientos de gas. La respuesta parece obvia, y es que como pueblo hemos sido desde el principio una cultura distinta en el Río de la Plata. El Paraguay no es sólo un país, sino una nación en el sentido antropológico del vocablo. Su identidad cultural es el resultado de cierto determinismo histórico, del proceso de su formación, en el cual entraron a contribuir entre otros elementos: la aparición de una nueva etnia como base social del pueblo paraguayo, diferente de sus progenitores; la permanencia de la lengua guaraní y su transferencia de la comunidad indígena originaria a la población nacional mestiza; la extensión y permanencia del bilingüismo castellano-guaraní; la bipolaridad cultural; el sincretismo religioso guaraní-cristiano; el enclaustramiento geográfico del país con el consiguiente desarrollo de una “cultura de isla”; el permanente asedio sufrido por el Paraguay de parte de sus vecinos y naturalmente la voluntad de su pueblo de permanecer libre e independiente.

Nuestros antepasados han sido muy valientes y se han sacrificado bastante para legarnos una nación independiente. Ellos se pasaron cuatro siglos resistiendo en este triángulo geográfico a porteños, bandeirantes y pámpidos chaqueños. Esa actitud se halla fundada en causas poderosas, como las que acabamos de enumerar. Por ello y tal vez sólo por ello, el Paraguay llegó a ser un país soberano. Aparte de lo señalado, ¿cuáles otros elementos psicológicos y sociales incentivaron la voluntad colectiva de proclamarse independiente? De haber, evidentemente habrá, pero ninguno con el peso que tiene esta cultura propia y diferente, causa determinante de nuestra autonomía.

El Paraguay es por su cultura una nación única e irrepetible. No hay dos Paraguay en el mundo. Pero esa nación que con derecho comparte la gran mesa de la cultura universal, lugar donde nadie se sienta en nombre de otro sino por sí mismo, y sólo porque tiene identidad cultural, hoy se halla a punto de diluirse en la nada. Se ve seriamente amenazada su entidad y su identidad cultural. Y esto ocurre porque descuidó últimamente el factor que le dio independencia: su cultura propia. Una de las grandes deudas del “nacionalismo aullador” es la del vaciamiento cultural. El país ha llegado a situaciones extremas de deculturación, aculturación y pérdida de su identidad. Esta deuda se suma a la devastación de sus selvas, la entrega de sus valiosas aguas y de sus fértiles tierras fronterizas a potencias extranjeras, la conculcación de las libertades ciudadanas, la diáspora poblacional y la corrupción institucionalizada. Hoy somos un país virtualmente ocupado; ofrecemos un panorama desolador.

Pero la clase política y la clase intelectual aludida, lamentablemente no tienen en vista estas circunstancias. Solamente la tienen y de modo muy claro las organizaciones campesinas. Ellas están dispuestas a preservar el territorio nacional para los paraguayos, para los cultivos tradicionales y naturalmente para la cultura paraguaya. Ellos se proponen recuperar cada metro cuadrado del país para que allí pueda enseñorearse la cultura paraguaya y no la de otros pueblos. El mensaje para la clase intelectual es sumamente claro y para su gobierno también: la política cultural no puede tener la frivolidad de siempre ni ponerse al margen de esta situación si pretende ser seria.

SEÑOR: El Paraguay necesita perentoriamente una política cultural que le permita a su pueblo mirarse a sí mismo, reconocerse a sí mismo, recuperar sus valores tradicionales y asumirse como pueblo. Para ello debe promover una cultura bilingüe enriquecida con las expresiones de los pueblos diferenciados o minorías culturales. Debe bilingüizar al Estado, al ciudadano, los medios de prensa y el sistema educativo. Debe preservar y difundir su música, su danza, su teatro, sus artes visuales, su cultura culinaria, sus vestidos, su artesanía y arte popular; en suma, su esencia cultural. Esto es lo primero y principal. Sólo procediendo de esta forma la apertura a la cultura universal será beneficiosa antes que arrolladora de la cultura propia.

Esperamos que usted tenga la lectura correcta de lo que el pueblo paraguayo quiere, el pueblo llano, no sus elites. También esperamos que los restos gloriosos de la paraguayidad esclarecida y militante, defiendan la victoria del pueblo vigilando la conducta del futuro gobierno; y si éste opta por una política cultural conveniente al país, le será fácil hallar la persona adecuada, idónea, para llevarla adelante.

Finalmente usted debería pensar en la conveniencia o no de mantener separadas la educación y la cultura como se hallan ahora; con ministerios distintos, con leyes propias que no se enlazan, en compartimentos estancos, como si no fueran vasos comunicantes. También debería pensar si la cuestionada “ley nacional de cultura”, instrumento perverso de la oligarquía cultural, debe ser implementada o directamente derogada.

Sin otro particular le saludamos muy atentamente y deseamos éxitos al gobierno que formará.

Rubén Bareiro Saguier

Juan Díaz Bordenave

Alberto Miltos

Lino Trinidad Sanabria

Andrés Flores Colombino

Luis Verón

Mirta González de Piris Da Mota

Félix de Guarania

Alcibiades González Delvalle

Perla Álvarez Brítez

Emilio Barreto Dávalos

Ángel P. González Duarte

Emiliano González Safstrand

Sinforiano Rodríguez

Feliciano Acosta Alcaraz

Gregorio Gómez Centurión

Teresa González Ramos de Benítez

Marcial González Safstrand

Elena Cuquejo de López

Conrado López

Dionisio Gauto

Carlos Rudy Benítez

 

Fuente digital: http://mbatovi.blogspot.com



 

 

 

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