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DIONISIO GONZÁLEZ TORRES

  BOTICAS DE LA COLONIA Y COSECHA DE HOJAS DISPERSAS - Por DIONISIO GONZÁLEZ TORRES


BOTICAS DE LA COLONIA Y COSECHA DE HOJAS DISPERSAS - Por DIONISIO GONZÁLEZ TORRES

BOTICAS DE LA COLONIA Y COSECHA DE HOJAS DISPERSAS

Por DIONISIO GONZÁLEZ TORRES

Biblioteca Colorados Contemporáneos Nº 4

Talleres Gráficos de CASA AMÉRICA S.A.I.C.

Asunción – Paraguay

1979 (501 páginas)

 

 

BIOGRAFIA DEL AUTOR.

Orlado de un nombre helénico -Dionisos-, evocador de verdes pámpanos y jugosos racimos, mejor debió llamarse Akademus, como aquel en cuyos jardines discurría su amigo Platón enseñando a sus discípulos. Y decimos esto porque ya desde niño Dionisio González Torres se destacaba en el área de la cultura, habiendo obtenido como estudiante del Colegio San José 26 medallas, 54 accésits y 2 diplomas.

Graduado de Doctor en Medicina en calidad de mejor alumno de su promoción, González Torres ganó la medalla de oro y becas para estudios de perfeccionamiento del Gobierno del Paraguay, del Institut­o Alexander von Humboldt de Berlín y del Laboratorio de Biología de Sao Paulo. Siguió después cursos de perfeccionamiento en Austria, Estados Unidos y Argentina.

Como miembro de la Sanidad Militar prestó servicios en todas las unidades y guarniciones del país. Durante la Guerra del Chaco fue Director de los Hospitales de Concepción, Pínasco, Casanillo, Mé­dico del R.I.1 "2 de Mayo", Médico Jefe del Servicio Sanitario del R.I. 10 "Sauce", de la 2º División de Infantería durante manio­bra de Strongest, Director del Hospital de Evacuación del ler. Cuerpo de Ejército, Médico del Hospital Cruce. Fue ascendido dos veces, una por méritos de guerra, citado en la orden del día y condecorado con la Cruz del Defensor y la Cruz del Chaco con citación y categoría de Comando de División.

González Torres recorrió el escalón docente de la Universidad Nacional, y fue: Ayudante de Cátedra, Practicante interno, Jefe de Clínica, Docente libre, Encargado de Cátedra, Profesor Asistente, Ad­junto y Titular, por concursos. Es profesor de Medicina legal en las Facultades de Medicina y de Derecho, de Patología en la de Química, de Civilización Guaraní y Folklore en el Instituto Superior de Lenguas.

Cónsul del Paraguay en Sao Paulo y más tarde Ministro de Salud Pública y Bienestar Social, hoy se encuentra al frente de la principal institución cultural de la república desde el cargo de Rector de la Universidad Nacional.

Enumerar  folletos, los artículos y conferencias de González Torres sobre problemas de Medicina sería tarea abrumadora. Por eso nos limitamos a citar los más importantes. “Tratado de Enocrínología", 'Temas médicos" (6 tomos), "Historia de la Medicina en el Paraguay", "Medicina Legal", “Técnica de Laboratorio", "Patología".

Intervino como relegado del Paraguay en 75 congresos y reuniones internacionales.

Pertenece a 36 institutos  de científicos y culturales.

Fue galardonado con premios internacionales por investigaciones y trabajos científicos.

Entre sus condecoraciones extranjeras figuran las siguientes: Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil de España, Gran Cruz de la Orden de la Estrella de China, Gran Oficial de la Orden Nacional del Mérito de Fraude, Gran Oficial de la Orden do Cruzeiro do Sul y Gran Cruz de la Orden de Río Branco del Brasil.

Pero este sabio del cuerpo humano es, además, un humanista, un enamorado de las letras y las artes de la antigüedad greco-latina. Infatigable investigador, siempre se le encuentra buceando en les ama­rillentos manuscritos de los archivos, en los penumbrosos anaqueles de las bibliotecas o en la quietud acogedora de los museos. Y de ahí surgen luego interesantes e ilustrativos artículos y conferencias sobre diversos temas, hojas dispersas que hoy cosechamos en el presente

 

 

INDICE

BIOGRAFIA DEL AUTOR

Boticas en la Colonia

Higiene y medicina de los Guaraníes

El famoso médico Juan Vicente Estigarribia

Facundo Insfrán, primer sanitarista paraguayo

Drogas y drogadictos

El método psicoanálisis y la doctrina freudiana

Interpretación de la conducta. Perfiles psicológicos

Son locos los pintores modernistas?. Interpretación del arte

El arte de Roberto Holden Jara

La música típica del Paraguay

Una manzana llena de historia y de luces

La Ciencia y la cultura francesas en el Paraguay

Fray Luis de Bolaños en la cultura paraguaya

Peregrinación por Tierra Santa

Evolución histórica de la enseñanza universitaria

Antecedentes históricos de la Universidad Nacional

Fines y propósitos de la Universidad

Planificación universitaria

Educación y universidad para el desarrollo

Palabras del Rector      


 

BOTICAS DE LA COLONIA

LOS MEDICOS DE LA ÉPOCA HISPANA

 

Desde la época de los Reyes Católicos todos los barcos españoles que salían al mar debían llevar facultativos, gene­ralmente cirujanos, a veces sangrador y cirujano, o bombero y sangrador, etc. y medicamentos. Después del Descubri­miento de América la Corona española dispuso que las expediciones que iban a las Indias Occidentales debían llevar médico y boticario.

Sebastián Gaboto, serrín las Instrucciones de don Carlos, firmadas el 22-IX-1525 debía "tratar a toda la gente bien y amorosamente, haciendo curar lo mejor posible a cuantos adoleciesen y fuesen heridos, visitándolos e impidiendo que físicos ni cirujanos les lleven dineros por la cura.­

En la capitulación firmada por Don Pedro de Mendoza con el Rey para su expedición al Río de la Plata, firmadael 21 de mayo de 1534 se comprometía a traer a América en dos viajes mil hombres, ocho frailes, médico, cirujano, botica, armas y provisiones para un año, etc., El Rey manifestaba que su voluntad era "que seais obligado a llevar a la dicha tierra un médico y un cirujano y un boticario para que curen los enfermos que en ella, y en el viaje, adolecieren, a los cuales queremos, y es nuestra voluntad, que de las rentas y provechos que tuviéremos, en las dichas tierras y provin­cias, se les den en cada año, de salario, al físico 50.000 y al boticario 25.000 maravedises".

Las disposiciones de traer en la armada un médico, un cirujano y un boticario se repiten en la Capitulación que Alvar NuñezCabeza de Vaca firmó para su viaje al Río de la Plata (RealCédula del 4-II-1540). Las sumas indicadas en la Capitulaciónde Mendoza quedaron como norma de salarios para los profesionales médicos que venían a América.

Lasdisposiciones no solo indicaban la obligación de llevar médico, cirujano y boticario, sino que también la de fundar hospitales, como vemos más adelante. Natalicio Gon­zález un su obra "Proceso y Formación de la cultura para­guaya- cita una Capitulación, una de cuyas cláusulas así dice: "ltem es muy conveniente que en cada compañía o a lo menos en medio del real, haya un hospital, un médico y un boticario para que curen a los enfermos y heridos que hubieren; y si estuvieren muy necesitados de salud, los envíen al Hospital que dicho tenemos, para que allí sean cu­rados y mejor tratados. Y las medicinas que fueren nece­sarias y los ungüentos que fueren menester, como sean nuevamente hechas, se saquen de la botica, y el boticario las provea a costa del Príncipe o del Señor que envía este ejército formado, porque los soldados tengan algún refugio y ayuda, con algún alivio que sea bueno".

Con Cristóbal Colón vinieron en su primer viaje de 1492 los facultativos Maestre Alfonso y Maestre Juan; en su se­gando viaje, de 1493, vino el Doctor Diego Álvarez de Chanca por orden de los Reyes Católicos, y quedó en Santo Domingo a ejercer su profesión. No se registran nombres de faculta­tivos traídos en el tercer viaje.

Las crónicas recogieron los nombres de los primeros médicos que llegaron al Río de la Plata y al Paraguay en las expediciones de descubrimiento y conquista. Nuestras principales fuentes de información son R. de Lafuente Ma­chain (15) y Guillermo Furlong, S.J. (17-18).

En la expedición de Sebastián Gaboto al Rio de la Plata en 1527 vinieron el cirujano Maestre Pedro de Mesa, elcirujano Maestre Juan, el cirujano Fernando de Molina, el cirujano Hernando de Alcazar, y según Domínguez, el cirujano PedroGenovés.

En la del Adelantado Don Pedro de Mendoza vinieron (1535) con los varios cléricos y frailes jerónimos y mercedarios y Calvez franciscanos, artesanos y las primeras muje­res, el cirujano Ablas, el médico Licenciado Hernando y Fernando de Zamora, el cirujano Capitán Sebastián de León y posiblemente el cirujano Blas Testanova.

En la expedición del Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1540) vino el cirujano Pedro de Zayas.

En la de Martín de Orué (1555) vino el médico grana­dinoJuan de Porras.

Cuando Ñuflo de Chaves volvió del Perú en 1549 vino con el cirujano Pedro Soleto o Sotelo.

En la expedición de Juan de Ortiz de Zárate (1572), que trajo un numeroso grupo de mujeres, vinieron: el cirujano sevillano Maestre Luis Beltrán, el médico madrileño Andrés de Arteaga, el cirujano parmesano Lorenzo Menaglioto y el cirujano Real de S. M. Diego Delvalle, asturiano.

El cirujano Maestre Pedro de Mera o Mesa era natural de Sevilla, de 42 años, y venia en la nave Capitana Santa María de la Concepción, estuvo en la exploración del río Paraguay y del Bermejo (VI-1528), fue herido por flecha cuando el asalto de Sancti Spiritus y volvió a España con lo que quedó de la expedición.

El Maestre Juan, cirujano, natural de Hinojosa, también estuvo en la acción de Sancti Spiritus (1532).

El cirujano Fernandode Molina vino en la Santa María del Espinar y murióde una herida de flecha de los indios en el asaltode Sancti Spiritus. El cirujano Hernando de Alcazar vino en la Trinidad.

El Capitán Francisco de Rojas, Capitán de la Trinidad, tenía conocimientos y experiencia en medicina pues atendió a losenfermos cuando las calenturas atacaron a la tripula­ción en el Puerto de los Patos       (Furlong). En este puerto los facultativos que vinieron con Gaboto tuvieron mucho trabajo para atender a los expedicionarios la mayoría de los cuales enfermaron de calenturas.

Entre los 60 fundadores de Asunción figura el Cirujano Pedro Genovés, que según Domínguez, había venido en la expedición de Gaboto y conocía el guaraní.

El cirujano Ablas. Cirujano de S. M. en Provincia, ve­nido con Mendoza, acompañó a Alvar Núñez Cabeza de Vaca en su expedición al norte en 1543 y al año siguiente atendió a los expedicionarios en la epidemia de fiebres miasmáticas o Palustres que les atacó en el Puerto de los Reyes enfer­mando todos, hasta el mismo Alear Núñez, obligándolos a retornar a Asunción.

El médico Licenciado Fernando de Zamora, cordobés, nacido en 1507, vino también en la expedición de Mendoza; fue su médico y médico de la Armada y volvió con él a

España desde Buenos Aires, lo atendió y asistió a su muerte en alta mar y fue testigo y legatario suyo. Una Orden Real de 1540 lo autorizó a volver a América en la expedición de Alvar Núñez con el sueldo anual de 50.000 maravedises pero no hay seguridad de que haya vuelto al Nuevo Mundo.

El cirujano y Capitán Sebastián de León, vecino de Bru­selas, vino con Mendoza, estuvo en Corpus Christi cuando el juramento en Diciembre de 1537; pasó al Paraguayy quedó en Asunción cuando la expedición de Alvar Nuñez al Norte ­(1543). Estuvo en san Fernando en 1549 en el acto de elección de Domingo Martínez de Irala como Teniente de Gobernador del Río de la plata, cuando éste volvía de su expedición al Perú. Tuvo después larga y destacada. actuación en nuestro país. Fue jefe de la expedición al norte del Rio Paraguay, enviado por el Teniente de Gobernador Juan de Ortega; en 1575 era Regidor en Asunción, y luego Alcalde de la Ciudad. Como Capitán cumplió diversas comisiones expedicionarias. Se tienen noticias de él hasta 1588.

Su nombre figura, en un sumario judicial instruido con motivo de la muerte, por presunto homicidio, de Fernando Vázquez,

El médico Genovés Blás de Testanova, venido talvez en la expedición de Mendoza, era el único en el Río de la Plata hacia 1541, año en que, poco antes de la despoblación de Buenos Aires, vino a Asunción contratado "por no haber ninguno de España" por sueldo anual 50.000 maravedises para atender a la población; seguía atendiéndola en 1558.

El cirujano Pedro de Zayas natural de Puente del Arzobispo, vecino de Madrilejo vino al Paraguay en la expedición de Alvar Núñez en 1540. Acompañó a Domingo Martínez de Irala en su expedición al Puerto de los Reyes en 1542, volvió allá al año siguiente con Alvar Núñez y estuvo en San Fer­nando en 1549, a la vuelta de bala del Perú cuando éste fue electo teniente de Gobernador. Por un corto tiempo estuvo preso y desterrado por haber criticado un sermón pronunciado por el Obispo Pedro Fernández de la Torre. Ejerció su profesión en Asunción por mucho tiempo; su nombre figura en la lista de vecinos de la ciudad, como cirujano que ejercía su profesión, que Ortíz de Vergara mandó hacer en 1569 y también en un expediente de 1581 que citamos Durante el gobierno de Domingo Martínez de Irala el herrador Juan Pérez hacia de veterinario y en una ocasión curó al del gobernador Irala (Lafuente Machaín).

El médico granadino Juan de Porras vino con su mujer en la expedición de Martín de Orué, en 1555, y trabajó en Asunción Según Furlong, Juan Porras llegó con el Obispo Fr. Pedro de la Torre, franciscano, en 1555. Lafuente Machaín nos da noticia de que hizo testamento en nuestra Capital el 20 de setiembre de 1578.

En 1548 iba Irala hacia el Perú para conquistarlo; llegado al Guapay tuvo noticias de que los españoles venidos del Norte ya habían conquistado ese país. Envió entonces a

Ñuflo de Chaves a Lima a presentar sus saludos a La Gasea y volvió a Asunción. A la vuelta de Ñuflo de Chavas vino con él en 1549 el cirujano Pedro Soleto o Sotelo natural de Belnys; continuaba en Asunción después de 1564 y no acom­pañó al Teniente de Gobernador Francisco Ortiz de Vergas cuando viajó al Perú.

De los médicos que vinieron en la expedición de Juan Ortiz de Zárate, que salió de San Lucar en 1572 y llegó a Asunción en 1575, del cirujano Juan de Córdoba nacido en Granada en 1548, y del cirujano real de S. M. Diego del Valle, nacido en Asturias en 1527, nada sabernos después de su llegada al lío de la Plata.

El médico y cirujano Andrés de Arteaga (Maese Andrés nacidoen Madrid en 1540, según algunos autores) se radicó en Santa Fe y allí estaba en 1578 cuando el Procurador Ruy García Mosquera pidió que no dejaran salir al citado cirujanode esa ciudad por la gran falta que hacía. (Lafuente Marchain, Furlong). Según algunos estuvo en la expedición que fundó Saltay ejerció en dicha ciudad desde 1583.

El cirujano Maestre turinés, nacido en 1532 y vecino de Sevilla, Luis Beltrán vino con la expedición Juan Ortizde Zarate, radicándose en Asunción, sin que podamos saber hasta cuando por falta de noticias sobre él.

El Maese cirujano Lorenzo Menanglioto, o Laurantíno Lorenzo de Menaglioto, nacido en Parma en 1550 vino también en la expedición de Juan Ortiz de Zárate llegando a Asunción en 1575. Hay noticias de haber hecho testamento en nuestra Capital en 1582. Debe ser este mismo el médico italiano Lorenzo Minangliotti, que ejercía en Asunción hacia 1605 y cuyos grandes servicios Hernandarias recuerda al Rey en carta del 6 de mayo de 1606. (Memorial de extranjeros).

En 1608 estaba en Santa Fe y en 1613 en Buenos Aires, como médico del Gobernador don Diego Martín Negrón; estuvo también en Buenos Aires en fines de 1618 (Furlong. Primeros médicos en Buenos Aires),

Es el mismo médico que fue comisionado para inspec­cionar el barco de Martín Fox que llegó a Asunción el 30 de agosto de 1627 e informar a las autoridades. Este barco ha­bía eludido la determinación tomada por las autoridades de Asunción por la que todo barco llegado de Buenos Aires por esa época, debía detenerse a ocho leguas de nuestra Capital en vista de la epidemia de viruelas que asolaba Buenos Aires en ese año y cobraba muchas víctimas.

El 20 de febrero de 1581 se hace en Asunción una pre­sentación del cirujano Hernando Cabrera de un documento que lo habilita a curar en la costa del Brasil; presenta un pergamino firmado por el doctor Gregorio López Madera y las autoridades reconocen su título de examen como cirujano y no como médico y le autorizan a curar en la ciudad y provincia.

En ese mismo expediente, iniciado para saber quiénes en Asunción tenían autorización legal para curar, las autori­dades reconocen que Pedro de Zayas Y Sebastián de León hace muchos años y tiempo que en esta ciudad y provincia han curado como  cirujanos y médicos. Hasta tanto venga bastan­te número de médicos y cirujanos de España no sería justo curar y sangrar, y hay que ayudarlos a hacer más número demédicos y cirujanos (4).

En general los cirujanos, barberos y médicos eran fun­cionarios del gobierno, nombrados por el Gobernador, con sueldo y estipendios de la Corona. A veces el Cabildo contra­taba sus servicios para atender al pueblo, asignándoles tam­bién sueldos y estipendios o mediante contribuciones de los vecinos más pudientes o con tierras y otros bienes.

Schíafino relata, en su Historia de la Medicina en el Uruguay que Buenos Aires tuvo su primer médico titulado en 1605, el doctor don Manuel Álvarez a quien el Cabildo contrató para atender a españoles y naturales, fijándole estipendio y salario.

Hacia la segunda mitad del siglo 17 actuaba en Asunción el Licenciado en medicina Don Juan de Mongelós Carcés, lle­gado de Brasil en 1676.

El paraguayo José Dávalos (o de Avalos) Peralta, jefe comunero que figuraba junto a José de Antequera y Castro gobernador de la Provincia, a José Avalos y Mendoza, regidor

de la Ciudad, y muchos otros, estudió medicina en la Univer­sidad de San Marcos, de Lima. Y formó parte del grupo de los diez primeros que en 1689 recibieron el diploma de Licen­ciado en Medicina. Después de seis años de práctica en el Hos­pital de Santa Ana, de la Capital peruana, recibió su título de Doctor en Medicina el 8 de octubre de 1695. Por concurso ganó después el cargo de profesor en la Universidad de San Mar­cos donde enseñó hasta 1708. En ese año regresó a Asunción donde fundó y organizó el hospital de Santa Lucía, donde tra­bajó hasta su muerte, acaecida en 1731 ó 1732 en su establecimiento de Ajos, donde se encontraba confinado, sindicado ser patriota comunero y donde también había organizado unobraje y una estancia. Fue también médico de los Conventos de la Merced, de San Francisco y Santo Domingo.

El Dr. José Dávalos y Peralta tuvo un hijo, el predicador del Convento de San José o de la Merced, Fray Bernardo Dá­valos y Peralta.

Por la misma época qué Dávalos y Peralta, a comienzos del siglo 18 también ejercía en Asunción el Teniente de Pro­tomédico General, Licenciado en Medicina Don Francisco de Rivera y Zeballos. Este había sido nombrado por el Proto­médico de Lima para el cargo de Protomédíco de Córdoba el 28 de marzo de 1690.

Para la demarcación de límites entre los dominios de Es­paña y Portugal de acuerdo al Tratado de San Ildefonso, del lº de octubre de 1777, se integró una Comisión demarcadora en 1781: los Comisionados, por disposición del Virrey Vertiz se constituyeron en dos Comisiones subdivididas en cuatro partidas o divisiones.

En la primera Comisión fue designado jefe de la lº parti­da el capitán de navío José de Varela y Ulloa, de la 2º parti­da don Diego de Alvear y Ponce de León; en la segunda Co­misión, fue designado jefe de la 3º partida el Teniente Coro­nel e ingeniero don Félix de Azora, y de la 4º el capitán de fragata don Juan Francisco Aguirre. Azora y Aguirre llegaron a Asunción en comienzos de 1785. Con Azora vinieron el cirujano Vicente Verduc o Berduc y el sangrador Juan Antonio Caballero, y con Aguirre los cirujanos Domingo Cabrera o Carrera y Antonio Cardozo.

El cirujano español Vicente Gregorio,Verdue o Berduc (los descendientes firmaron Verdún) vino al Río de la Plata en la expedición de don Pedro de Zeballos, estuvo un tiempo en Montevideo y pasó después a Buenos Aires de donde vino con Azara en la 3º Partida demarcadora de límites. (Azara llegó a Asunciónel 9 de febrero de, 1785). Quedó en Asuncióndonde se caso con paraguaya y formó su hogar. Ejerció su profesión y tenía instalada una botica. Según el historiado Velilla, murió en Benjamín Velilla, murió en 1809; sin embargo, se afirma que fue preso por el Supremo Dictador Francia en 1830 junto conotros españoles.

El cirujano español Domingo Carrera vivía en Buenos Aires, figurando su nombre en documentos de los años 1783 y 1790. Vino al Paraguay con Aguirre (éste llegó a Asunción

el 25 de abril de 1785) en la 4º partida demarcados de lími­tes y también quedó después en Asunción, casándose con pa­raguaya y ejerció aquí su profesión. En nuestro Archivo Na­cional existe un documento sobre el nombramiento del Ciru­jano don Domingo Carrera como Cirujano de la expedición a Coimbra (Asunción, 19 de julio de 1801) (13). Cuando la in­vasión por Belgrano actuó al lado del Gobernador Velazco en el Cuartel General de Yaguarón, como médico militar. Murió en Asunción en fecha que no me fue posible precisar.

Del sangrador Juan Antonio Caballero que vino con Aza­ra en la 3º Partida demarcados pocos datos tenemos. Sólo sabemos que en Buenos Aires había por aquella época un fa­cultativo del mismo nombre Y que actuó un tiempo como ci­rujano en Carmen de Patagones.

Del cirujano Antonio Cardozo que también vino con Aguirre en la 4º Partida demarcadora, sólo sabemos que vi­vía en Buenos Aires, ya que su nombre, figura en documentos de 1783 de aquella ciudad.

El doctor Isidro Escobeiro o Escobeido parece haber ve­nido también en la 4º Partida demarcadora con Aguirre. Ac­tuó en Asunción a fines del siglo 18. En 1797 se realiza en

Asunción una contribución entre algunos vecinos para asignar un sueldo anual de 300 pesos al facultativo profesor de medicina Isidro Escobeido (o Escobeiro) comprometiéndose éste a atender a los vecinos y sus familias.(Asunción, 6 de octubre de 1797) (8).

A comienzos del siglo 19 actuaba en Asunción el Cirujano francés o catalán don Esteban Huguzt (9) que fue cirujano de la Armada Real. Había vivido en Buenos Aires y en 1796 era encargado de examinar a los negros que lle­gaban al puerto de esa ciudad y de separar a los que encon­trase enfermos, para evitar propagación de enfermedades contagiosas. En 1805 figura su nombre en Autos sobre en­fermedad del Teniente Letrado.

El Doctor Lorenzo Gaona o Juan de Lorenzo y Gaona oriundo de Zaragoza, se recibió en la Facultad de Medicina, de Valencia en 1783. Era muy amigo de don Joaquín de Alón y Brú y de su esposa doña Agustina Villalba, de quienes era también médico.

Cuando en 17 de abril de 1786 el Rey confiere a Alós el grado de Teniente Coronel y la Capitanía General de la Provincia del Paraguay con la Intendencia y Patronato Real, invita éste al doctor Gaona a acompañarlo al Paraguay y así lo hace con el cargo de Secretario de la Gobernación Intendencia del Paraguay. Actuó en nuestro país desde su ­llegada en 1787 como Secretario del Gobernador y como su médico consultor. Fue médico de la congregación y convento de la Merced; en 1790 casó con doña Petrona Larios Uriarte, heredera rica, hija del Alférez Real don Fernando Larios Galván. Posteriormente fue Segundo Comandante del Regi­miento de Dragones Milicianos del Rey (1796) y apoderado de los Pueblos de las Misiones. Ya era hombre pudiente en España, y en el Paraguay constituyó-buena fortuna, se dedico al comercio, tenía tierras en los alrededores de Asunción y una estancia en Concepción.

Parece que no se dedicó muy activamente a la medicina; vivía y tenia su consultorio y un depósito de frutos del país, en casa de su suegra. Actuó como médico militar cuando la

invasión de Belgrano, y durante los combates de Paragua­rí y Tacuari quedo en Asunción a atender a los heridos y enfermos que llegaban a la Capital. Fue médico del Dr. Fran­cia y cuando éste encarceló en 1821 a unos 300 españoles, en­tre ellos también cayó el Dr. Gaona, quien recobró su liber­tad al cabo de un año y medio de arresto y después de pagar una multa de 2.500 pesos y de haber sufrido la confiscación de sus bienes.

Después del Dr. Gaona asumió don Vicente Estigarribia la responsabilidad del cuidado de la salud del Dictador Su­premo. Debe haber muerto hacia 1846 a 1847 (14).

Antonio Cruz o Antonio de la Cruz Fernández ejercía en Asunción a fines del siglo XVIII. No contamos con muchos datos sobre su persona y hasta hay divergencia sobre su na­cionalidad, habiendo quien afirma que era "médico paragua­yo". Sin embargo, el Dr. Guillermo Vidal que se ocupó de él en un trabajo que intituló D. Antonio Cruz Fernández. Te­niente de Protomédico de la Intendencia del Paraguay (19) afirma que nació en España donde también estudió, y que llegó al Paraguay en 1759. En nuestra tierra ganó excelente reputación como profesional, trabajó mucho y alcanzó una sólida posición económica.

Vivía en una casa de la calle Loreto (luego Escalada y hoy México) entre Libertad (E. Ayala) y Asunción (Coronel Bogado) donde también tenía su consultorio. Poseía también

una botica que con las del Cirujano Vicente Verduc y de Don Juan Gelly eran las únicas en Asunción por aquella época.

Tuvo numerosa clientela, actuó en el Hospital de Asunción desde pocodespués de su llegada, fue nombrado médi­co de las Milicias Provinciales, y como médico forense des­de 1780, según documento de la época, figurando muchos peritajes, hasta 1830 más o menos. Fue también medico del Real Seminario de San Carlos desde su erección en 1783. Casóse con la hija del acaudalado vecino Oficial Real don Juan Bautista de Goiri. Su nieto fue el Coronel Francisco Fernández que gozó de la confianza del Mariscal López, pero fue lanceado por intervenir en la conspiración de San Fer­nando.

Del Protomedicato de Buenos Aires, creado en 1779, de­pendían los Tenientes de Protomédicos designados en cada una de las Intendencias del Virreinato. Don Antonio Cruz

Fernández fue designado Teniente de Protomédico de la Go­bernación Intendencia del Paraguay y desde 1788 figura co­mo tal en los documentos. Este médico fue quien introdujo la variolización y luego la vacuna antivariólica de Jenner en nuestro país. A él se hace referencia en un documento por el que se divulga el Método de inoculación de viruela, del Dr. Buchan. Instrucción para varios pueblos (10) de 1797. Se trata de la inoculación del pus de una viruela de buena calidad de un enfermo en el brazo del que se quiera prote­ger... Y aconseja que "el régimen que se ha de seguir du­rante la enfermedad es el mismo que señala el Teniente de Protomédico Don Antonio Cruz Fernández para las viruelas naturales".

Fue él también quien generalizó el uso del aceite o bál­samo de Kupay contra el mal de siete días (tétanos-umbilical) cumpliendo una orden emanada del Rey para los médicos de sus dominios después de los éxitos obtenidos en Cuba con di­cho método.

El historiador Benjamín Velilla al referirse en un traba­jo (2) a la creación del Protomedicato de Buenos Aires en 1779, que a la vez era una escuela de formación médica, dice:

"de nuestro país concurrió parece, un solo alumno en las dé­cadas de 1780 al 1800, Antonio Cruz Fernández, recibido "cirujano de herbolario”,     y nombrado protomédico Provincial en 1793”. Y más adelante acota: "el cirujano Cruz Fernández, paraguayo nativo, fue nombrado médico de las milicias provincialesy en su calidad de protomédico ejerció la superin­tencia de, todo el Ministerio de la medicina en el país".

El historiador S. J. Guillermo Furlong (18) dice: “en esta misma época (se refiere a fines del siglo 18) estuvo en Córdoba un tal Antonio Cruz Fernández que pasó después a Asunción del Paraguay. En esta ciudad atendió en 1787 a  Fray bogue de Milán y tapia; dijo que padecía "una afección artrítica, Podágrica habitual... que es lo mismo que decir enfermedad de gota".

El 2 de julio de 1797 informa don Antonio Cruz Fernán­dez al señor Gobernador Intendente: "cumpliendo en el mo­do que me sea posible con lo que V. S. me ordena en su De­creto del 30 de junio sobre lo que a la mayor brevedad for­me una instrucción que explique el método curativo que con­vendrá seguir en la epidemia de viruelas que actualmente reina en algunos de los pueblos de las misiones oeste del car­go de V. S. debo decir...”. (10).

Indica luego las medidas de higiene a seguir, régimen de bebidas y comidas, y que se Practique la inoculación sin distinción de personas en los pueblos de indios...

Cuando la viruela asumió en 1799 el estado de una vio­lenta epidemia que asolaba el Río de la Plata y también el Paraguay, el Gobernador Lázaro de Ribera envío a Antonio Cruz Fernández a Buenos Aires en 1801, acompañado de 14 niños para traer de aquella ciudad la vacuna antivariólica de Jenner haciendo el pasaje a un niño cada cuatro días.

Cuando la expedición del General Belgrano al Paraguay, don Antonio Cruz Fernández actuó con nuestras tropas co­momédico militar en los combates de Paraguarí y Tacuarí.

Nada más sabemos de Antonio Cruz Fernández; los últimos documentos que lo citan son de 1811, Posteriormente fue confinado por el Dictador Francia en Itaugua, donde murió en 1826.

En 1790 figuraban estos cinco Cirujanos de Tropas  en el cuerpo de tropas de la Capital: don Roque Pereira, don Gregorio Larrea (que a veces figura como profesor de medicina y cirugía), don Juan Gelly, don Donato Estigarribía y don Domingo Noguera (Cuadros demostrativos del estado de las Milicias del Paraguay, 1790). (6).

Hacia fines del siglo XVIII también ejercía en Asunción don Miguel de Ubeda que en 1797 fue enviado como vacuna­dor al Departamento de Santiago, en las antiguas Misiones jesuitas.

Por la misma época actuaba también en Asunción el Pro­tomédico Rivera a quien hace referencia un documento de la época: Por Real Orden comunicada a éste superior Gobierno el 25 de mayo de 1795, que en la ciudad de Cuba se descubrió un específico preventivo del mal de siete días que acomete a los recién nacidos: aceite de palo o aceite de caminar o bálsamo de copaiba aplicado al recién nacido en el corte del cordón umbilical. Se comunica éste al Protomédico Rivera, a los facultativos y a las parteras de esta Capital. Y e123 de setiem­bre de 1500 se comunica lo mismo a los Comandantes de las Villas y comisionados de los Partidos (11).

 

 

BOTICAS Y BOTICARIAS

 

En el siglo XVII funcionaba en Asunción la botica de Zambrano, lugar de reunión de los intelectuales de la época.

Los Jesuitas tenían también su Botica, para las necesidades de la Compañía en Asunción y las Misiones, así como en los Colegios de Buenos Aires y de Córdoba, que también eran públicas y generalmente preferidas por la población. En ciertos pueblos habían boticas de tipo central, que suministraban remedios a los otros Pueblos, como acontecía con San Ignacio Guazú, San Cosme, Candelaria y Apóstoles. Eran atendidas por Hermanos Boticarios o Enfermeros, como los  ya citados Juan Francisco Dávila, Marcos Villodas, etc.

En la segunda mitad del siglo XVIII funcionaba en Asunción la Botica de Juan Gelly, antiguo Corregidor de Oruro casado con paraguaya de distinguida familia, padre de Juan Andrés Gelly. Esta botica era también lugar de reunión de la gente de mayor cultura de Asunción. Murió en 1808 en Con­cepción.

También en la segunda mitad del mismo siglo funciona­ba en nuestra Capital la botica del Teniente de Protomédíco don Antonio Cruz Fernández, de quien nos ocupamos en otra parte, y hacia fines del siglo, la botica del Cirujano Vicente Gregorio Verduc.

La mayoría de los autores que del Paraguay Colonial se ocuparon coinciden en que en la época de la Conquista y la Colonia, y agregamos, hasta la época de Don Carlos A. Ló­pez, hubo siempre en el Paraguay escasez de Hospitales, de médicos, de cirujanos y boticarios; mucha parte de la aten­ción médica estaba en manos de empíricos y comadronas, de barberos y sangradores.

Los factores importantes de la salud de la gente eran el clima benigno, la vida sobria, alimentación buena, la forta­leza física del criollo; y la terapéutica era simple. Más que

los pocos remedios que venían de Europa se utilizaban los de preparación casera hechos con las plantas medicinales del país. Ya dijimos que los grandes conocimientos que los gua­raníes tenían de las plantas y el uso que de ellas hacían, fue­ron recogidos y sistematizados, especialmente por los jesuitas, que a su vez fueron grandes estudiosos y conocedores de la flora medicinal, y buenos médicos y naturalistas, y prestaron invalorables servicios en la atención de la salud del pueblo, especialmente en las Misiones.

Los médicos tenían fijados sus honorarios en general de dos modos: por anualidades, estipulados en contratos o convenios verbales, ya sea con las autoridades locales, con personas pudientes, con corporaciones religiosas, con moradores de menor solvencia, con las milicias, etc. o bien por atenciones, visitas a domicilio en la villa, por viajes a distancias, por curaciones, etc.

Por otro lado, los encomenderos tenían la obligación le­gal de dar asistencia médica a los indios, asegurarles el cui­dado temporal y espiritual.

Desde la Pragmática de don Felipe III, del 7 de noviem­bre de 1617, era prohibido ejercer a la vez las profesiones de médico y boticario: ". .. que ningún médico ni cirujano pue­da hacer en su casa purgas ni medicamentos para venderlos, sino que los manden hacer a los boticarios examinados; por que de hacerlos en sus casas resulta fraude...".

A pesar de esto era frecuente la violación de la disposi­ción y la mayoría de los profesionales preparaban sus propios remedios, brevajes, purgantes y a veces "fórmulas secretas", para vender a sus pacientes. Lo mismo hacían los curanderos. Las boticas eran pocas, causa y consecuencia, a la vez de esta costumbre que se toleraba.

La atención a los pobres, era costumbre ser gratuita, si el profesional no era contratado para tal fin, generalmentepor el Cabildo.

Antes de la designación del Teniente de Protomédico en Asunción era el Cabildo o Ayuntamiento el que controlaba el ejercicio legal de la Medicina y sus ramas; se hacia presentar los títulos y comprobantesque autorizaban al interesado a ejercer su profesión, los inscribía, autorizaba a curar, con­trataba médicos para atender al pueblo, imponía multas, intervenía cuando los curanderos ejercían abusadamente la medicina, etc.

Correspondía también al Cabildo tomar las medidas para la higiene de las poblaciones, de salubridad general, el trazado y limpieza de las calles, la higiene de las carnicerías -y casas de comercio, el cuidado de los pozos y manantiales, medidas en casos de epidemias, de aislamiento, la inspección de barcos que venían de puertos donde había pestes, etc.

El curanderismo era tolerado hasta cierto punto ante la escasez de médicos, cirujanos y boticarios, pues de estos, só­lo había en Asunción y en los principales pueblos de las Mi­siones.

Don Félix de Azara dejó en sus escritos una descripción de cómo actuaban los curanderos en los pueblos y aldeas en fines del siglo XVIII; ellos atendían en sus casas a la pobla­ción, y en los feriados se instalaban cerca, de la puerta principal de la iglesia y allí atendían, examinaban las orinas lan­zándolas al aire para ver si caían en gotas o en rocío, y a cada consultante entregaban las yerbas y daban las indicaciones para el uso. Agrega Azara que estos curanderos no hacían vi­sitas a domicilios, como los otros que también daban recetas.

 

 

OTROS DATOS DE INTERÉS

 

Salinas. Las crónicas de la época de Hernandarias se re­fieren a unas salinas que se encontraban a legua y media de Asunción; su explotación costaba mucho trabajo porque se anegaban periódicamente y el producto salía mezclado con tierra, por lo que su explotación se suspendió temporalmente (Carta de Hernandarias desde Buenos Aires en respuesta a una  Real Cédula del 5 de junio de 1608).

Agua potable. Hasta el siglo XVII los moradores de Asuncióny de los pueblos de la Provincia tomaban agua, de la bahíay de los arroyos y manantiales; por esa época se comenzó a cavar pozos en asunción y las crónicas recuerdan algunos de ellos, como el "pozo colorado", el de Chaparro, el de Martínez Varela, etc. (15).

Sánchez Labrador refiere que el Paraguay era dichoso porque si bien no tenía abundancia en aguas extraordinarias (se refiere a aguas minerales y termales) abundaba el agua potable de excelente calidad, y dedicó un capítulo de sus es­critos a las "aguas calientes" del Paraguay.

En los pueblos de las fisiones jesuíticas se captaba agua de los arroyos y manantiales en cisternas de piedras, y hasta había acueductos, piscinas y estanques para baños, riego, lavado de ropa, piletas para curtidos, etc. cuyas ruinas se han encontrado en diversos pueblos y reducciones.

Censo. El censo levantado en 1796 durante el Gobierno del Capitán don Lázaro de Rivera atribuía al Paraguay 97.480 habitantes.

Circular del Protomedicato de Buenos Aires. Hacia me­diados de 1805 se publica en asunción una circular de fecha 20 de agosto de 1800 del Real Protomedicato de Buenos Aires dirigida al gobernador Intendente del Paraguay y por el Marqués de Sobremontes sobre arreglo y métodos para el ejercicio en sus cargos los profesores de medicina, ciruija, farmacia y botánica para toda la comprensión del Virreinato y a los que gozan de fuero militar para acudir cuando se les necesita en casos de epidemias. Se comunica a todos los Co­mandantes militares, gobernadores y Justicias para hacer saber a los médicos, cirujanos, boticarios y sangradores destinados al Real Servicio en Hospitales Reales y cuerpos militares (12) y que se entiendan directamente con el Tribunal del Real Protomedicato  de  esta Capital y sus Tenientes en casos de …….. o  consultas sobre  los remedios más convenientes en casos de correlaciones, epidemias, reformas de abusos…

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Natalicio González, Proceso y formación de la cultura paraguaya. T. 1; 2º edición. Asunción. 1948. Editorial Guarania.

2. Benjamín Velilla. Un paraguayo en San Marcos .LaUnión. Asunción 1951.

3. Carlos R. Centurión. Historia de la cultura paraguaya. Biblioteca Ortíz Guerrero. Asunción. 1961.

4. Arch. Nac. Asunción. índicecronológico T.X vol. 14.

5. Arch. Nao. Asunción. SecciónHistoria. año 1612. vol. 14. Nº4.

6. Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. Cuadros demostrativos del estado de las milicias del Paraguay.1790.vol. 155. Nº 5.

7.Arch. Nac. Asunción. Sección Historia, vol. 187. Nº 1 y 2. Com­probantes de gastos del Real Hospital. 1802.

8. Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. vol. 169. Nº 9.

9. Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. vol. 198. Nr 9. Autos so­bre enfermedades del Teniente Letrado. 1805.

10. Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. vol. 169. Nº 4. Circular so­bre vacuna. 1797.

11.Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. vol. Nº 1. 1797.

12. Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. vol. 179. Nº 4.

13. Arch. Nac. Asunción. SecciónHistoria. vol 184. Nº 1.

14. Guillermo Vidal. el Dr. Juan Lorenzo Gaona y su tiempo. Anales de la Facultad de Ciencias Médicas. Asunción. vol. V. Nº21.

15. Ricardo de Lafuente Machaín. Los conquistadoras del Rio de laPlata Bs. As.

16. Álbum. La República del Paraguay en su Sesquicentenario. 1961, Cap. El Paraguay en 1811. Velázquez R. E.

17 Furlong. Guillermo S.J.Misiones y sus pueblos de guaraníes. Bs. As. 1962.

18. Furlong, Guillermo S.J. Médicos argentinos durante la dominación española. Editorial Huarpes.Bs. As. 1947.

19. Anales Facultad C. Médicas. Asunción. Paraguay. vol. V. Nº 22. XII 1945.

20. Los Médicos de la Independencia. La Tribuna. Domingo 10.1.1954.


 

NATURALISTA, ENFERMEROS Y MÉDICOS MISIONEROS

 

Los misioneros que venían al Nuevo Mundo, ya sean jesuitas o miembros de otras congregaciones, se preparaban especialmente para desempeñarse en sus funciones, y dada la instrucción o educación que recibían en universidades euro­peas y después en las de América, eran muy versados en cien­cias naturales, y muchos de ellos también con medicina y cien­cias afines. A cada instante esos misioneros debían verse en la contingencia de tener que atender a enfermos, ya sea en la vida conventual o en las misiones o aún en casos de epide­mias, que frecuentemente asolaban a las poblaciones organi­zadas en América.

En cuanto al ejercicio de la medicina por religiosos, el Concilio de Viena, 1312, había dispuesto que el cuidado del cuerpo era atribución de los seglares y el cuidado de las almas, de los religiosos. Pero la realidad de la vida en el Nuevo Mundo, sin hospitales y sin médicos, hizo con que es­tas disposiciones primeras, fuesen cambiadas posteriormen­te, para facilitar la labor de los misioneros.

En 1532 don Carlos V en Ratisbona dictó disposiciones especiales en la Contitutio Criminalis Carolina confirman­do la prohibición a religiosos de ejercer la medicina salvo en los conventos y en casas particulares de caridad.

Nuevamente, por disposición de la S. Congregación de Propaganda Fide el 20 de noviembre de 1626 el ejercicio de la medicina es prohibido a sacerdotes y religiosos .

Para ciertos casos, empero, se concedieron -privilegios. Es así corno Gregorio XIII concedió el 11 de febrero de 1575 licencia para que "Los religiosos jesuitas peritos en medicina puedan ejercer este oficio sin recurrir en censuras y penas y libres de escrúpulos de conciencia... y siempre que no haya cómodamente a mano médicos seglares. .. contando con el permiso de sus superiores... puedan libres y lícitamente curar a cualesquiera personas enfermas, ya sean religiosos de la misma compañía, ya seglares y extraños a ella, sin escrúpu­lo alguno de conciencia y sin incurrir en censuras y senten­cias algunas o en otra suerte de penas, exceptuando, sin em­bargo, el hacer por si mismo cauterios e incisiones".

Posteriormente las congregaciones facultaron en casos especiales a sus misioneros el ejercer la medicina basadas en una disposición de la S. Congregación de Propaganda Fide del 4 de Agosto de 1628 permitiendo el ejercicio de la medicina a sacerdotes misioneros mediante dispensa bajo dos condiciones: prestar gratuitamente los servicios médicos y no recibir de lo que ofrezcan expontáneamente sino lo necesario para el sustento.

Es así que la Congregación franciscana, por ejemplo dispuso el 20 de Noviembre de 1641 que los sacerdotes misioneros en caso de necesidad no necesitaban de dispensa para el ejercicio de la medicina y la cirugía y siempre que concurriesen estas condiciones: que el sacerdote misionero fuese perito en el arte de la medicina, que la ejerza gratis, que opere sin zajar ni pinchar y que en el lugar donde el misionero vive no hayan médicos laicos.

La práctica de la cirugía era también prohibida a sacer­dotes y religiosos, así como practicar cauterios e inci­siones. Pero más tarde se permitió a misioneros practicar incisiones en caso de necesidad y hasta amputar (un dedo por ej.) para salvar un miembro (un brazo por ej.).

Desde la llegada de los primeros misioneros jesuitas, los PP. Saloni, Ortega y Fields en 11 de Agosto de 1588, a los que se agregaron en 1594 los PP. Lorenzana, Alonso de Barzana y el Superior Juan Romero, y más aún con la erección de la Provincia del Paraguay en Mayo de 1604 por el General de la Compañía P. Claudio Acquaviva con la de­signación como Provincial al P. Diego de Torres Bollo, desde esos primeros pasos hasta la expulsión de la Compañía por Real Orden de Carlos III, del 27 de Febrero de 1767, principalísimo papel cupo a los jesuitas como naturalistas, enfermeros y médicos en el Paraguay y las Misiones, así como en otras partes de América.

En las Reducciones de los indios guaraníes los padres misioneros tuvieron que actuar como médicos, cirujanos enfermeros y refiere el Padre jesuita e historiador Guillermo Furlon (que escribió una voluminosa obra, "Misiones y sus pueblos guaraníes", y otra "Médicos argentinos durante la dominación hispánica", ambas muy importantes por los datos que trae de los jesuitas) autoridad en la materia y a quien seguimos en esta parte, que Roque González de Santa Sruz, Antonio Ruys Montoya, Pedro Romero, Francis­co Díaz Taño, Diego de Boroa, José Catalino, Cristóbal Alta­mirano y otros, sin ser médicos, tuvieron que actuar como tales y como enfermeros y curanderos. Refiere este autor que en las reducciones del Paraná y del Uruguay no hubo médico alguno entre 1610-1696 pero sí varios enfermeros que atendían en los hospitales instalados en cada Reducción y que había sí, tres médicos para todas las Reducciones del Guairá y Chiquitos: uno del Paraná en Candelaria, otro del Uruguay, en San Nicolás, y el tercero en una Reducción de Tarija o Chiquitos; que los médicos aparecieron en las Mi­siones recién después de 1700; y que Protomédicos en las Reducciones del Paraná, con interrupciones, fueron el her­mano Joaquín de Zubeldía, de 1703 a 1730, el hermano Pedro Hormaer, de 1735 a 1744, el hermano Ruperto Dalhamer en 1748, y él hermano Tomás Heyrle, en 1753 a 1767, siéndolo también a la vez de las Reducciones del Uruguay. En estas fueron Protomédicos, también con interrupciones, el Her­mano Pedro Montenegro, 1703 a 1724, y el Hermano Tomás Heyrle, de 1735 a 1767.

Refiere el Padre Furlong que en Asunción actuaron como Enfermeros dos Hermanos jesuitas, alcanzando gran renom­bre.

El hermano Diego Bassauri, natural de Villa Medina, que ingresó en la Compañía de Jesús en 1609 y vino al Río de la Plata al año siguiente, estuvo en Córdoba durante dos años y pasó luego a Asunción donde durante 15 años fue enfermero. Adquirió gran prestigio como médico y escribió un libro sobre medicina. Murió en 1629.

El hermano Antonio Rodríguez, portugués estuvo en Chile y luego pasó a Asunción donde durante 30 años atendió como médico, así como en las Reducciones vecinas, llegando a tener gran fama. Murió en 1656 a los 79 años de edad.

También actuó en Asunción, alguna vez entre 1725 y 1730, como enfermero, el Hermano Juan Francisco Dávila, que después pasó a ponerse al frente de la Botica de los jesuitas en Buenos Aires hacia 1730.

Según el mismo historiador jesuita, actuaron como en­fermeros en las Reducciones de 1610 a 1688:

el Hermano Francisco Couto, portugués nacido en 1604; casóse en Asunción, enviudó e ingresó en la Compañía de Jesús; sin ser médico, entendía mucho de medicina y aten­día a los enfermeros en San Ignacio Guazú y en otras Reduc­ciones a donde era llamado. Murió en 1664 viajando a Asunción.

El Hermano Juan de Montes, nacido en Cerdeña en 1639 ingresó a la Compañía de Jesús a los 24 años y estuvo en las Reducciones durante 20 años ejerciendo de Enfermero y Cirujano y falleció en 1687.

El Hermano Domingo Torres, que adquirió fama como herborista, y que falleció en 1688 en Apóstoles.

Así también el Hermano Marcos Villodas, "cirujano y médico", oriundo de Victoria (Castilla), que estuvo en las Reducciones guaraníticas en 1724-1725 y en 1732-1735 actuando con mucho éxito, pasando luego a Córdoba, donde fue jefe de la Botica de los jesuitas, hasta 1737, al parecer con poco éxito.

Ya citamos anteriormente al Hermano Antonio Rodriguezque atendía como médico en Asunción y en las Reducciones vecinas.

El Padre Segismundo Asperger, nacido en Innsbruck, Tirol, en 1687, fue médico y botánico afamado en las Misiones guaraníes, aunque no hay seguridad de que haya cursado estudios médicos. Llegó al Río de la Plata en 1716. terminó sus estudios de Teología en Córdoba y allí ya mostró su ha­bilidad como médico durante la peste de viruela que asoló la ciudad en 1718. Pasó luego a las Misiones donde residió de 1735 a 1772; estuvo en San Nicolás, Martires, Concepción, Apóstoles. Se le atribuyeron varios libros botánicos y mé­dicos, entre ellos una Memoria sobre las virtudes de las plantas medicinales de las Misiones, pués era gran estudioso de las plantas medicinales del Paraguay, pero no hay segu­ridad de que tales obras le pertenezcan. Se afirma que eran de Montenegro, o de Suarez o de Falkner, También se afirma que fue el creador del famoso bálsamo o elixir de las Misiones, preparado con aguarayvá (género Schinus, familia Terebentináceas), usado para casi toda clase de dolencias, pero especialmente como depurativo y para tratar heridas, granos, sarnas, etc. y que era enviado en cantidad a Europa.

Estaba en Apóstoles cuando la expulsión de los Jesuitas en 1767, pero a muy anciano y enfermo, siendo el único que no pudo ser llevado. Allí murió en 1772 a los 85 años de edad, no siendo, por lo tanto, cierto que haya muerto a la avanzada edad de 112 años como afirma Azara.

El Padre jesuita Buenaventura o Ventura Suarez nacido en Santa Fé en 1679 era muy versado en el uso de plantas medicinales y actuó en las Misiones Guaraníes de nuestro

país como enfermero y médico desde 1706, siendo también un competente astrónomo aficionado. Estuvo en Asunción (1740). San Cosme y Damián, Santa María la Mayor, (1747) Corrientes, Apóstoles, Itapúa etc. Se le atribuye haber es­crito una valiosa reseña de las plantas medicinales del Para­guay y las Misiones: "Indice alfabético histórico-médico, de las raíces, árboles y plantas medicinales que se encuentran en estas provincias".

Otros creen que el manuscrito de el "Herbario de Mi­siones", como también era conocida la citada obra, es el que sirvió, con agregados y modificaciones de cada uno, para que Montenegro, Asperger y Falkner hicieran sus publica­ciones.

El Padre Suárez instaló en San Cosme y Damián el Pri­mer observatorio astronómico en esta parte de América, que dirigió durante varios años. Murió en Santa María el 24 de agosto de 1750.

Otro sacerdote jesuita, Pedro Montenegro, alcanzó gran fama como médico y botánico en las Misiones. Nació en Santa María de malicia en 1663, estudió medicina en el hospital general de Madrid donde ingresó muy joven, en 1679. Ingresó en la Compañía de Jesús posiblemente en Córdoba, en 1691; allí enfermó de tuberculosis curándose con guayarán, según se cuenta, Pasó luego a las Misiones de guaraníes, donde ejerció su apostolado y como médico, ciru­jano, y enfermero en varios pueblos durante treinta años. En 1703 estaba en Apóstoles, convirtiendo esta Deducción en un gran centro médico misionero, en el decir de Furlong, y donde le sucedió otro que adquirió también gran fama, el Padre. Segismundo Asperger. Fue Protomédico de las Reduc­ciones del Uruguay de 1703 a 1724. Murió en Madrid en 1728.

Fue gran estudioso de nuestras plantas medicinales y es el que mayor fama alcanzó entre los que actuaron como

médicos o naturalistas en el Río de la Plata y escribió la famosa obra, muchas veces citada, la primera en su género: "Libro Primero y Segundo de la propiedad y virtudes de los arboles y plantas de las Misiones y Provincias de Tucumán con algunos de Brasil y Corrientes” año 1740, con dibujos de las plantas quedescribia.

El P. Montenegro describió:   caá o yerba, ybyrá ysy o icicariba, caña fistula silvestre o ybope guazu ehebae, guayacan, mburucuyá, caraguatá, correguela o yetirá bai, man­duví, ybyá miri, nardo o yboty moroti, azucena silvestre o yboty guazú, rosa mosqueta o yboty moroti, zeibo o suinan­dí, llanten o caayuqui, consuelda mayor o caapyta guazu, achicoria, aguape guazú, siempre vivamayor a caarurú quira guazú, yerba Santa Lucía, contrayerba o tarópe, yaguarundi guazú, mboiCaá, Caacupechi, hoqueré, yboty yu, aguarayguazú o molle, aguaraybay miri o molle negro, paico ocaané guazu, verbena, carqueja o yaguareté caá, eupatorio o mbuy guazu, mechoacan o yetyra miri, poleo o tungai caa, caaysy, urucu, guembé, mamon, laurel o ayui ñandy, lapacho o tayi o palosanto guaicuru, paraparay, caape guazu, menta, pety, canchalagua, caapari miri, sangre de drago o ybyracaaberá, salsafraz o apetereby, pimienta, yerba de la víbora o macagua caa, sandalo colorado o yaquyrypey, am ambay guazú, etc . etc . ( Queda respetada la grafía) .

 

 

HIGIENE Y MEDICINA DE LOS GUARANÍES

 

CONSTITUCIÓN

 

Los aborígenes guaraníes eran altos, robustos, bien y armónicamente desarrollados, de espaldas anchas, de buen desarrollo osteomuscular y bellísima dentadura, musculosos, resistentes y ágiles, de color que iba del moreno al cobrizo; aparentemente calmos y hasta pasivos, eran de sorprenden­te agilidad física y mental, de vista y oídos muy agudos y de largo alcance. Tenían pocos pelos en el pecho, las axilas o la barba. En cambio la cabellera era abundante y era rarísimo encontrar, como hasta hoy, indios calvos o canosos; las canas aparecen en edad avanzadísima.

Eran sufridos y estoicos, tratando siempre de dominar y ocultar los dolores y penas.

Practicaban desde niños ejercicios físicos; usaban a per­fección la flecha y el arco, remaban, practicaban. danzas guerreras y religiosas y vivían en permanente contacto con la naturaleza dedicados a la caza, la pesca, la agrícultura, o en correrías y guerras.

La longevidad era grande, consecuencia de la vida natu­ral, de la higiene, sobriedad y buena alimentación, del no co­mer ni beber en exceso, de los frecuentes ayunos (terapéuti­cos, religiosos, cuando nacían hijos, etc.) y los ejercicios fí­sicos.

 

 

HIGIENE

 

La higiene personal era rigurosa; se bañaban con frecuen­cia y hasta abusaban del baño. Para limpieza de los cabellos usaban jabón vegetal: semillas machacadas de espina de corona (Gleditscha amorplioides) o de ñandyrá, ricas en sapo­nina; era costumbre lavarse las manos para comer.

Se urucuizaban la piel como medida higiénica con el uru­kú (Bixa orellana L.) y como medio de defensa de la piel con­tra los rayos solares y contra la intemperie, así como defensa, a modo de repelente contra la picadura de mosquitos, polvo­rines, mbariguís y otros insectos. Como repelente contra pi­caduras de insectos también usaban friccionar la piel con de­cocción de corteza y madera de pacay o palo amargo (Pri­crasma paloamargo, gén. Pricrasma y Simaruba). Considera­ban impuro todo lo expulsado por el cuerpo: heces, orina, sangre menstrual; pero a veces se usaba la orina como medio terapéutico. Enterraban sus excrementos y abandonaban ha­bitaciones y plantaciones que hubieren sido ensuciadas por ellos; enterraban sus muertos en los ranchos mudándose des­pués.

 

 

HIGIENE SEXUAL

 

Las mujeres tenían en general escasa menstruación; el pocky era ocultado con mucho cuidado y en todo lo posible y hasta se trataba de hacerlo disminuir; la mujer se ocultaba en los días menstruales y se sometía a escarificaciones con aquel fin.

El casamiento era precoz y generalmente entre consan­guíneos (primos) y eran ilícitas las relaciones sexuales pre­matrimoniales. Se aceptaba la poligamia, pero ésta era gene­ralmente practicada sólo por los hombres destacados de las tribus.

El aborto (membykuá) natural era raro y no se lo pro­vocaba.

Tenían muchos hijos, prefiriéndose los varones y tenían remedios para quedar embarazadas y hasta para tener hijos varones.

Contra la esterilidad se usaba infusión de memby rakú i já(Usnea barbata); en cambio, para producir la esterilidad usaban el memby ve'y já, una epífita.

En muchas tribus los hombres practicaban la "couvade": el padre guardaba cama y ayunaba hasta la caída del cordón umbilical del recién nacido. Y esto constituía un certificado

de reconocimiento porque, como relatan algunos escritores de la época, en ciertas parcialidades, cuando el indio descon­fiaba de que el hijo no era suyo, no practicaba la "couvade".

 

 

ALIMENTACIÓN

 

Afirma Bertoni, al igual que otros, que los guaraníes, al menos en épocas remotas eran casi exclusivamente vegeta­rianos y que recién con sus migraciones y contactos con otros pueblos empezaron a comer carne, pero no mucho, y cuando lo hacían (carne de animales de caza, pescado, etc.) la prefe­rían asada.

La alimentación era a base de vegetales, productos agrí­colas y de la selva, completada entonces con productos de ca­za y pesca; eran sobrios en el comer y el beber. Los alimentos principales eran:

tubérculos y raíces: variedades no venenosas de mandi'ó o mandioca (Manihot, utilísima), jety o batata dulce (gen. Hypomoea), kará (gen. Caladium), aipi (Maníhot aipi); de la mandioca preparaban algunos productos caseros: el huíti o almidón, del que preparaban el mbeyú o kasavi, especie de pan, y del que derivaron el chipá, el kaburé, etc.

La mandioca era cortada en trocitos y secados al sol (popí) o machacada y preparada en forma de pelotas (typyraaty), o molidas con piedras o en el mortero para la prepa­ración de la fariña (huití atá) o la tapioca (typyó, typyóka en tupí), el typyró o pyró (pirón o piso, un plato).

Comían también, en menor cantidad, la raíz tuberosa del mbakukú o jakatupé (M. normalis guaranitica), la del kará o inhame (diversas especies del género Dioscorea) y del tajá o tajarapé (variedades del gen. Xanthosoma).

El cereal base de la alimentación era el avatí o maíz, de diversas variedades y sus harinas (avatí ku'í) o fariña (avatí hu-í tá), y entraba en la composición de diversos platos, co­mo el avatí piró; el avatíky y choclo era corrido en varias for­mas.

Leguminosas: consumían mucho kumandá o porotos, de diversas variedades (Vigna unguiculata) : morotí, pará, pytá, ñu, guarachai, etc.; kumanda sa'í (Dolichos umbelatum); ta­guaná o frijol (Phaseolus vulgaris), ysoperí o poroto mante­ca (Phaseolus lunatus).

También consumían el manduví o maní (Arachis hypo­gea) y algunas Cucurbitáceas como el andaí o calabaza (Cu­curbita, móschata y pepos), el kurapepé o zapallo (Cucurbita máxima y rastreara).

Verduras: comían hojas de makichi; extremidades tiernas de andai, kurapepé y jety; el ka'arurú, una especie de espi­naca, del género Amarantus; hojas de tajá o tajao (va): col silvestre (Colocasia esculenta); también comían cogollos de palmeras (palmito) cocinados o secos, y también preparaban harina del palmito; asimismo les servía de alimento los brotes o yemas y cogollos de tacuaras o bambues

Condimentos: la sal era usada solamente por algunas parcialidades; los condimentos más usados eran un ají, el kumbarí o ky'yi (Cappsicum frutescen) y como para salar usaban el ka'arurú-yuky, una hierba, y el kururí una planta acuática del género Pogostemon. A veces usaban el ají o pi­miento salado, del que ponían un poco en la boca con el bo­cado de comida.

Pescados: El mandi'í, suruví, pirajú, pakú, mangurujú, ca­rimbatá, javevyi o raya, patí, mandové, mandiI, piky o pesca­ditos, etc., los de la costa marítima consumían los potyrú o camarones.

Aves: el jakú o gallina monten domesticada; jak-u'i o charata (Ortallis canicollis canicollis); jaku hú (Penalope obscura); jakú ate’y (Pipila jacutinga); jakú po'í (Penalope superciliaris mayor); mytú o pavo monten domesticado (Crax fasciolata sclateri).

No comían huevos, que reservaban más bien para apli­caciones medicinales. Comían muchas otras aves silvestres cuyos nombres no veo necesidad de citar; basta con las domesticadas.

Mamíferos: el carpincho (Hydrochoerus capyvara); mboreví o tapir (Tapirus terrestris); pekarí (Dycotylex torquatus), especie de cerdo salvaje; taitetú o tajasú (Tajasu tajasu); tañy katí, especie de cerdo (Tajasu albirostris), etc.

Y numerosos otros animales, como el apere’á conejo, akutí o liebre, guasú o ciervo, tetó o tortugas, ynambú o perdiz, pycasú o paloma, jerutí, otro tipo de paloma, havia, pyku'í o tortola, etc.

Empleaban grasas de animales en general, de pescado, de tortuga y aceite de palmas y otros vegetales, En realidad muy poco usaban la grasa para la alimentación, y sí más bien, para uso externo.

Frutas: disponían de muchas frutas para su alimentación, tales como: el paková o banana; apepú he'é, una variedad de Citrus; avakachí o ananás (Ananas sativus); karaguatá (Bromelia sp. sp.); mamón (Caries papaya); arasá o gua­yaba ( Psidium sp. sp J; guavijú o yvavijú (Eugenia pungens); diversas especies de guavirá (Campomanesia xanthocarpa y otras); guapurú o yvapurú (Myrciaria cauliflora); yvapovó (Melicoca lepidopetala); aratikú o chirimoya (diversas espe­cies del género Anona); kajú o akajú (Anacardium occiden­tale); mangó o mangay (Hancornia speciosa); aguaí (Chriso­phyllum lucumifolium); yvahái (Eugenia myrcianthes); mora (Morus nigra y alba); zarzamora o juapeká pytá (Muechlen­beckia sagittifolia); guapo'y, un higo silvestre (gen. Ficus); kamambú (gen. Physalis); urumbí o tunas (Cactáceas); jatay­vá (Hymenoea stigonocarpa); mburukuyá, (diversas especies de Passiflora); pakurí (Rheedia brasiliensis); pindó (Arecas­trum romanzoffiana); guembé (gen. Philodendron); ñangapiry o pitanga (Eugenia nangapiri); yvá poroity (gen. Eugenia); tarumá (Vitex cymosa); jakaratiá (Canica quercifolia); ñan­dypá (Genipa americana); etc. y almendras de mbokajá (Acrocomía totai), de pindó (gen.. Arecastrum y A: romanzo­ffiana), de jatai y mbutiá (gen. Butia), etc.

Estimulantes. Nos legaron dos grandes estimulantes: el ka'á o yerba mate (Ylex paraguayensis) y el guaraná (Paullinia eupana y otras variedades), si bien que éste más bien usado entre las parcialidades que habitaban Matto Grosso otras zonas del Brasil; entre estimulantes se pueden citar variedades vegetales que ya citamos, como el kajú o akajú de que preparaban vino o chicha, el taperyguá (gen. Cassia), etc.

Bebidas. Bebían, a más del agua de los numerosos arro­yos y fuentes (yvú), agua de calabazas, de cocos, y el kavy o chicha: mostos fermentados que preparaban de maízal­ algarrobo, pindó, kajú, banana, mandioca, batata, avakachi, etc . veces usaban como fermento la batata dulce rallada (mbavy) que era agregada a la mandioca por ejemplo, para hacerla fermentar. El kauy de batata dulce era llamado ka­rakú y a veces también mbavy; asaí se llamaba la chicha de frutos de Euterpe edulis una palma que da palmito o cogollo comestible .

El kauy o chicha era bebido solamente por los adultos y siempre con moderación y evitaban beberlo con las comidas. El tykuá era una bebida preparada con harina de man­dioca, agua y miel.

Tomaban con frecuencia pohá ro'ysá (bebidas refres­cantes) que eran infusiones o macerados de hierbas coca pro­piedades diuréticas: yguá.

También usaban la miel de diversas especies de avispas, kavas, leciguanas, kamuatí; la miel de avispas, en general, se llamaba eireté y a la de caña llamaron eira.

 

NOTA

Para la escritura en guaraní usamos el alfabeto aprobado en el 1er. Congreso de la Lengua y Cultura Guaraní, de Montevideo, usa­do también en la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de lani­versidad Nacional de Asunción, y seguida por el R. P. Guasch y otros: y es el sonido característico del guaraní; significa agua;

h indica la aspiración: o há: se fue; he'é: dulce;

­j con sonido de YE: jahá: vamos; jatayvá; joká: romper;

k karandá, karaná, kiritó; kokueré, kuruñai kysé;

en palabras compuestas: ysypó-kurijú; ka'a-he'e; yvyrá-pajé;

’ para indicar la pausa o globalstop: ka'á; he'i; ho'á; kuri'y;

la tilde indica sonido nasal: katí; porá; he'é; hú; poti.

Solemos indicar el sonido nasal con la tilde, pero en esta obra. por dificultades de tipografía no la usamos, substituyéndola con el acento agudo, en la seguridad de que los lectores acostumbrados con nuestra lengua nativa conocen las palabras con vocales nasales.

 

 

LA ENFERMEDAD

 

Respecto a la enfermedad tenían el concepto del quid ma­lignum; ella entra en el cuerpo por la acción de individuos ma­los de tribu extraña o de la propia, abusando de sus poderes o fuerzas extraordinarias o de recursos mágicos (Schaden E.). Creían que las enfermedades eran causadas por el odio de los enemigos personales o de la tribu, y cuanto más grave y larga la dolencia, mayor habría sido el odio que la motiva­ra. La enfermedad (el quid malignum) puede penetrar en el cuerpo de un modo natural, o por descuido, o por la conjun­ción de circunstancias adversas, durante disturbios o por la acción de divinidades, y en determinadas épocas, sobre todo para las epidemias. Un papel importante tenían el plenilunio, que podía exacerbar o empeorar las heridas, el viento sur o el noroeste.

No todo enfermo era tratado de acuerdo con los conoci­mientos médicos; a veces era considerado víctima de una po­secesión maligna y debía ser exorcisado.

La actitud del guaraní ante las enfermedades (y la muer­te) se caracterizaba por el fatalismo, cierta resignación ante albo que estaba más allá de sus posibilidades de evitar.

La remoción de la enfermedad puede hacerse mediante los poderes y sabidurías del pajé, mediante el empleo de re­medios o la aplicación de ciertas técnicas o prácticas, auxilia­do a veces por invocaciones, rezos, cantos o ceremonias reli­giosas, cuando necesario.

En ciertas parcialidades en los casos desesperados, cuan­do ya no hay nada más que hacer para salvar al paciente, re­curren al recurso de cambiarle el nombre; la idea es que el paciente de este modo, ya no es el mismo, es otro, y la enfer­medad que perseguía al otro nombre y la persona a él ligada, se despreocupa del nuevo.

Los guaraníes tenían rezos para hacer bien, para invocar el auxilio de los dioses, para la curación, y también tenían re­zos para hacer mal a alguien (ñeengaylaí), para hacer recaer sobre otros las indisposiciones de los dioses, etc.

Concedían especial importancia a condiciones climáticas o naturales en el mecanismo de aparición de ciertos males; algunas molestias era causadas por calentamiento: ciertas dispepsias, fiebres, etc.; en este caso usaban los pohá ro’ ysa o remedios refrescantes y aplicaciones frías;

otras se producían por enfriamiento: calambres, torticolis, dolores, pasmos, reuma; catarros, diarreas, leucorreas y transtornos urinarios; el viento frío actuando sobre el cuer­po caliente puede producir los mismos males, siendo los más frecuentes los tortícolis, calambres y parálisis. En estos casos usaban pohá rakú o remedios calientes, tisanas, y aplicacio­nes calientes (exposición al sol, al fuego).

El amareí pytá, el vaho que se levanta de la tierra ca­liente con el aguacero puede causar "alteraciones", conges­tiones.

Conocían la periodicidad de ciertas enfermedades, como el paludismo, ciertas diarreas, y llamaban ara'á a la época de caer enfermos o de presentarse las epidemias; para el palu­dismo (akanundú ro’y) era de Enero a Abril, época de creciente de los grandes ríos.

 

 

ACTITUD ANTE LA MUERTE

 

Tenían una actitud ambivalente ante la muerte, como lo indica Schaden en su reciente estudio sobre parcialidades guaraníes. Por un lado había el miedo natural e instintivo de morir. La muerte, en general, la esperaban con naturalidad porque debían morir y a veces la deseaban ardientemente. Es que tienen la idea de que morir no es el fin, la destrucción; el que muere puede continuar viviendo más allá, reunido con las antepasados y los dioses, y hasta puede renacer. Esta es la idea religiosa, aquella natural.

Hay entre ellos rezos para prolongar la vida, para apar­tar los peligros y las enfermedades, y rezos para pedir la muerte.

Lo que temían y temen es la destrucción definitiva; la muerte del alma que llegará en forma cataclísmica para los que se encuentran en la tierra cuando llegue la hora de la des­trucción de esta.

Sepultaban sus muertos en las cabañas y las abandona­ban; ciertas parcialidades acostumbran colocar los cuerpos en urnas de barros, y colocan todos los objetos de uso del muerto encima de la sepultura.

 

 

EL MÉDICO

 

El médico era llamado pajé y por extensión también así lo era el hechicero y el exorcista; su influencia era grande co­mo es de suponer, ocupando lugar muy destacado en la so­ciedad tribal. A más de médico era, por fuerza de su posi­ción consejero, a veces cuidador de las cosas del culto, pro­feta y legislador; sus poderes, prácticamente eran, limitados sólo por la voluntad divina.

Su ciencia y experiencia eran logradas por una larga dedi­cación al arte de curar; la iniciación se hacía al lado de un pajé, a veces del propio padre, llamándose el candidato en esta frase pajé mirí, para con los años volverse pajé y alcan­zar si era posible, la categoría de arandú (sabio) por su fama y sabiduría.

Tenía que vivir de acuerdo con las normas de su arte, en observación de la naturaleza, retiros y ayunos periódicos, etc. porque en ciertas parcialidades, si se hacía indigno o erraba, debía morir (entre los payaguás el pajé debía morir si se le moría el paciente).

También se consideraba peligroso para sí mismo el ser poseedor de fuerzas, poderes o conocimientos extraordina­rios.

 

 

SEMIOLOGÍA

 

El pajé examina cuidadosamente al paciente, observa y recoge sus síntomas y lo interroga así como a la familia, mi­nuciosamente y sobre circunstancias y hechos que pueden tener relación con la enfermedad. El examen se reduce a re­coger los datos de la anamnesis, de los antecedentes próxi­mos y remotos de la enfermedad, del paciente y sus familia­res, y recurrir a la palpación de las regiones dolorosas y otras.

 

 

 

NOSOLOGÍA

 

 

La nosología era pobre; el guaraní sufría de pocas enfer­medades. Su higiene, la alimentación, el clima, los ejercicios, etc. lo hacían fuerte, sano y longevo.

Recién con la llegada de los europeos y africanos, trayen­do todas sus molestias, les vinieron calamidades, y cuando eran tomados de los males importados la enfermedad cun­día en forma alarmante, epidémica y morían en grande nú­mero, por falta de defensas, de inmunidad natural o adquiri­da. La mayor mortalidad entre ellos después de la llegada de los descubridores y colonizadores era debida a la viruela, al sarampión, las disenterias, catarros, úlceras.

La patología, dijimos, era pobre; los males más comu­nes de que padecían eran: el paludismo, disenterias, catarros, oftalmias, enfriamientos, calambres, "pasmos" o "aires" (es­pasmos, torticolis), parasitosis intestinales, dermatosis (ti­ñas, miasis, pian). Todos los comentaristas de la época son uniformes en afirmar que las enfermedades mentales eran rarísimas entre los selvicolas.

Algunos casos de epilepsias y convulsiones eran tomados como de poseción por los espíritus malignos.

No es nuestra intensión discutir ahora el origen americano de la sifilis y de la leshmaniasis cutánea o forestal americana.

Sufrían también de los males naturales de la vida. en la selva, en correrías y luchas: contusiones, heridas, fracturas mordeduras de serpientes, insectos y animales, etc.

 

 

PROFILAXIS

 

Tenían algunas nociones profilácticas; por ejemplo en época de creciente se alejaban de los ríos y lagunas porque en su vecindad y en esa época se enfermaban de paludismo. Se untaban la piel con resinas y grasas mezcladas con e urukú (Pixa orellana), el para'y (Simaruba versicolor), etc. para auyentar miasmas e insectos cuyas picaduras, lo sa­bían, podían producir úlceras o enfermedades.

Portaban talismanes para neutralizar maleficios o enfer­medades: hojas de palmera, de taropé (Dorstenia brasilien­sis), de ka'avó tory (Hipericum connatum), trozos de incien­so o yvyrá pajé o árbol del hechizo (Myrocarpus frondosus); o plumas de animales diversos y especialmente del ynambú kaguá (Titanus solitarios).

 

 

PRÁCTICA MÉDICA, MÉTODOS USADOS

 

Los métodos curativos comprendían el uso de remedios, la mayoría de las veces hierbas medicinales, y la aplicación de ciertos métodos. Dejamos para más adelante relatar los conocimientos que tenían de la flora medicinal y su uso.

El arte de curar estaba basado en la aplicación de cono­cimientos originados en la observación, con reminiscencias mágicas.

Trataban de eliminar la enfermedad y los venenos con vomitivos, purgantes, sudoríferos, diuréticos, aplicaba: hojas y hierbas escaldadas, resinas, pomadas, bálsamos en las zonas dolorosas, hinchadas o contusas y en heridas; practicaban fricciones y masages; aplicaban cataplamas; hacían escarifica­ciones (tuguyká) en los brazos, pantorrillas, espaldas, nal­gas con pedernal, espinas de plantas o de pescado, punzón rayas, pico de tuca, dientes de animales, pajas cortaderas, etc de los mismos instrumentos se servían para punciones sangrías . A veces aplicaban desinfectantes sobre las escarifi­caciones: aceite de kupa'y, infusión de corteza de yvyrá ysy ode yvyrá pajé, etc.

Usaban aplicaciones de calor solar o del fuego, en zonas dolorosas, reuma, pasmos, y a veces usaban la cauterización por fuego en picaduras de insectos, mordeduras de víboras y animales, las úlceras o cauterizaban con resinas fuertes las vegetaciones o excrecencias.

Aplicaban también la chupada o suvá y las ventosas porongos (Lagenaria vulgaris) con o sin previa escari­ficacíón haciendo el vacio por succión a través del pico del­gado del porongo. Provocaban sudoración con baños de vapor con hierbas medicinales:

syi ñandy y syi ñaná del género Erithryna, o con

jatayvá:: Hymenea sp. o dando tisanas, contando para ello con varias hierbas; usaban también fumigaciones, con ,el humo de hojas o resinas quemadas.

Administraban vomitivos y purgantes. Practicaban ayu­nos más o menos prolongados y dietas vegetarianas: Cono­cían. el entablillado de fracturas en goteras de palma.,

Recurrían también a otros medios terapéuticos como la gestión, la psicoterapia, el magnetismo personal, la cura a distancia; usaban también hipnóticos y soporíferos (a estos medios llamaban kurupá y al que los aplicaba: kuru­pajara).

Con frecuencia, sobretodo en casos graves y especiales, usaban también como remedio terapéutico coadyuvante, la música, los cantos, danzas y algazaras, para distraer y alen­tar al enfermo.

En casos desesperados podían recurrir a la eutanasia, siempre que el enfermo lo pidiera y estuvieren todos de acuerdo.

 

 

MEDICAMENTOS DEL REINO ANIMAL

 

Muchas partes del organismo animal: dientes, picos, ga­rras, uñas, conchas, eran usadas no solamente como adorno, sino que también como amuleto y preventivo contra diversos males o picaduras y mordeduras de animales.

Grasas de animales eran muy usadas solas o en mezclas con vegetales para pomadas, untos, repelentes, para curar contusiones, dolores, reuma, úlceras, etc.: grasa de jacaré, de tabú, de aves, de jaguar.

Comían algunos órganos con especialidad, por creer que dotaban de virtudes o cualidades especiales (prolegómenos de la opoterapia): el corazón, la sangre, testículos, hígado, etc.

 

 

DEL REINO MINERAL

 

Los de este origen eran muy pocos; usaban piedras co­mo amuletos; a veces empleaban el kaolín, arcilla, en afec­ciones gastrointestinales o la aplicación de barros calientes para curar el reuma, dolores, espasmos, calambres, contusio­nes, etc.

También tenía algún empleo el ita ysy o resina petridicada.

 

 

HONORARIOS MÉDICOS

 

El pajé recibía muchos regalos de las familias de sus pa­cientes agradecidos, y tenía el derecho de llevar lo que le guste de la habitación del paciente (sus adornos, arcos, flechas, tejidos, etc.).

 

 

BOTÁNICA MÉDICA

 

Los guaraníes tuvieron un profundo conocimiento de  la flora e hicieron de ella una aplicación justa; creían que toda planta debía tener propiedad curativa y tenían conocimiento de la afinidad de ciertas plantas y del antagonismo entre otras.

Mostraron tener concepto del homeismo o creencia en procedimientos por similitud: creían que se puede curar males o adquirir virtudes mediante la ingestión, aplicación o uso de partes o de todo o del plantas o animales.

El bosque fue un riquísimo arsenal terapéutico. Su profunda observación de la naturaleza los llevó al concepto de género en botánica (y en zoología) y a la sorprendente exactitud y precisión científica y descriptiva de la clasificación de la flora y conocimiento de propiedades que más tarde la ciencía confirmó. En los diccionarios y vocabularios científicos se registran más de 1.100 géneros botánicos guaraníes y más dé 40 familias botánicas.

En las farmacopeas son innúmeras las plantas medicina­les cuyas propiedades descubrieron y nos legaron. Citemos A pasar:

la quassia, nuez vómica, ipecacuana, copaiba, jaborandi, quinina, zarzaparrilla, abutuá, ka'aré, ambay, jaguarundí, jate’í ka'á, estimulantes como la yerba mate y el guaraná, etc. etc.

En cuanto a propiedades terapéuticas tuvieron un vasto conocimiento y de ello hicieron gran aplicación. Distinguían los pohá ro'ysá o refrescantes, que empleaban en las fiebres, dispepsias, como diuréticos; los pohá rakú o remedios calien­tes, como el jaguarundí, la borraja, etc. que empleaban en los catarros, bronquitis y enfermedades debidas a enfriamien­to; los pohá pochy o remedios bravos o peligrosos (tal como distinguían alimentos pesados y leves, o calientes y fríos, los que se pueden y los que no se deben mezclar) que se usaban con cuidado y bien losados: y también depurativos, vomiti­vos, astringentes, diuréticos, febrífugos, somníferos y calman­tes, estimulantes, etc.

Había solamente un pequeño grupo de plantas que no tenían virtudes o propiedades medicinales los ka'amanará mba`e.

 

 

HECHICERÍA. MAGIA

 

Como en toda- civilización primitiva el arte de curar va siempre mezclado con hechicería y magia, si bien que entre los guaraníes estas dos últimas se empleaban poco en medi­cina.

Ya dijimos que pajé es el médico, pero este vocablo tám­bién se aplica a hechicero, al mágico, al exorcista. Pajé aún era la acepción actual indica hechicería, embrujo, hechizo, y pohamó tanto quiere decir tratar, dar remedios, como hechi­zar, embrujar; y en la flora. existe el yvyrá pajé: árbol del he­chizo, Myrocarpus frondosus, y el kurupa'y, Piptadenia ma­crocarpa, goza de las mismas cualidades.

En la práctica. médica de los guaraníes, el pajé mezcla a veces la magia aunque siempre hay un límite, entre ambas; se agrega en ciertos casos los rezos, las invocaciones, cantos, danzas y ceremonias religiosas y más raramente actos má­gicos o ciertas prácticas ocultas. Es que se recurre a todo cuando la cosa se pone brava, y por qué los guaraníes se­rian excepción?.

Es que ciertos pajés o médicos gozaban de fama de estar en comunicación, de tener pactos o entenderse con duendes o espíritus que podían invocar y a los cuales había que ofre­cer dádivas, oraciones o actos místicos. Pero generalmente el hechicero, el que practica artes ocultas o magia, no prac­tica el arte de curar en sí, sino que se dedica a embrujar o desembrujar, exorcizar.

Se puede empayenar, (el vocablo es de uso corriente hoy) directamente dando brebajes, filtros, elixires y otras formas de vehículos del hechizo, poniendo algo en la comida, la be­bida, o in-directamente ofreciendo un cigarro, una flor, y aún a distancia. con invocaciones.

Hay personas, (como fenómenos de la naturaleza, plan­tas, animales, astros, etc.) que en la creencia popular ejer­cen acción benéfica, sedante, o al contrario maléfica, exci­tante.

El humor, las emanaciones, el influjo de estas personas hacen mal, dañan, o harú., se dice. El harú es consecuencia del poder o acción maléfica emanada de esas personas, cuya presencia en una casa, por ejemplo, puede agravar el mal de un enfermo o enfermar a los niños (lo más frecuentemente se dice, quedan bizcos, con tics, ataques, tortícolis, etc.), for­ma análoga al ojeo español, y aún se dice en lenguaje híbrido oye ojeá. No está lejos de este concepto la idea dejettatore.

La acción maléfica de esas personas puede ir más lejos, al punto de alcanzar no personas, sino cosas, materia; en sus manos o su presencia, se dice, se cuaja la leche, las aguas se enturbian, la chicha no fermenta bien, etc.

Medidas. Hasta hoy nuestra gente del campo emplea medidas que vienen de aquellas épocas, para el uso de los in­gredientes medicinales; de longitud: el jeme, el palmo o cuar­ta, rebanada, dedos de ancho; de volumen: puño; de unida­des: diente, cabeza, racimo, fruta, o número de hojas, flores, frutas, etc.

En los recetarios escritos por los conquistadores se usa­ban las medidas de peso convencionales de la época: el grano (unos 5 centigramos) el escrúpulo (24 granos: 1,2 grs.), el adarme (1 /16 de onza: 179 centígr.), la onza (16 adarmes: 28,7 grs.), la libra (16 onzas: unos 455 grs.).

 

 

SÍNTESIS DE LA FLORA MEDICINAL GUARANÍ

 

A continuación damos una síntesis, incompleta natural­mente, de la flora medicinal guaraní (y de algunas plantas agregadas posteriormente por el uso) con las propiedades que se le atribuían. Muchas de estas propiedades nuestro pueblo sigue atribuyéndoles y muchas de esas plantas son de uso corriente, bajo diferentes formas: tés o infusiones, tisa­nas o decocciones, horchatas, macerados, etc. aprovechando las propiedades que so les atribuye de refrescantes, diuréti­cos, depurativos, febrífugos, antisépticos, purgantes, vulnera­ríos ( para curar heridas o llagas), emolientes (para ablan­dar), carminativos (contra la flatulencia), pectorales (útiles para el pecho o los pulmones), emenagogos (para provocar las reglas), diaforéticos o sudoríferos, etc. La recolección de los datos hicimos a través de nuestro propio conocimiento recogido del pueblo y sobretodo de los recetarios antiguos y las obras de los naturalistas Guillermo Piso, Jorge Marcgra­ve, von Martius, Moisés S. Bertoni, etc.

 

 

ANTICATARRALES.

Guaviramí - Campomanesia obversa

kupay: copaiba - Copaifera langsdorfü, C. officinalis

Talián-talán: taperyvá - Cassia alata

 

ANTIDIARRÉÍCOS: VER: ASTRINGENTES:

Guaviramí - Campomanesia obversa

arasá: guayabo - Psidium sp. sp.

Granada - Punica granatum

juasy'y: tala - Celtas iguavea, C. tala

yvapurú: guapur - Myrciaria cauliflora

 

DISENTERÍAS:

Quayacan - Cesalpinia melanocarpa

Ipekakuana - Cephelis ipecacuanha

kaahái: agrial - Begonia semperflorens, S. subcu­cullata

kaaré - Chenopodiumn ambrosioides, Ch. anthelminticus

palosanto: guayaco - Bulnesia sarmientii / Cuayacum officinalis

 

ANTIHELMINTÍCOS: VERMINOSIS O PARASITOSIS INTESTINALES:

guapo'y (leche) - Ficus Joliaria y otra var.

Jakaratiá - Carica (vasconsellea) guercifolia, Jacaratia Hassieriana

ka'aré - Chenopodium ambrosioides, Ch. Anthelininticus

mamón (semillas) - Carica papaya

paray(va) - Símaruba versicolor

 

ANTISÉPTICOS, DESINFECTANTES.

Para la piel, lavado de heridas, úlceras, bubas, infecciones, gan­grenas, picaduras de animales ponzoñosos; lavados o fricciones con decocción de:

aromita: jukeri guasú - Acasia farnesiana, A. riparia

contrayerba - Flaveria bidentis

guavirá (flores) - Campomanesia guavira

" (cáscara de frutas) - Campomanesia guavirá

hierba Santa Lucía: andá-ka'á - Commelina virgínica (jugo de plan­ta diluido)

jurikití - gen. Abrus (macerado de hojas y ramas)

jová: adima - Sauvagesia sp. sp. Violáceas.

Paludismo. Seadministraban tisanas calientes como sudoríferos, y fricciones (hasta hoy nuestra gente usa fricciones de caña con ruda), horchatas de aguapé (cocimientos de taperyvá, agrial-kaaguy, jagua­rundy, de corteza de paray, té de verbena y agrial con limón, etc. ..

agrial-kaaguy - Begonia subcucullata. Los agriales en general

aguapé: camalote - Ponteredia cordata

aguapé-puru'á - Eichcornia crassipes

apepú-hái - gen. Citrus.

jaguarundi: jaborandi - Pilocarpus pennatifolius y otras sp.

yvyratá

kaavotyre'y - especies del gen. Loranthus y Phoradendron

pajaguá-naranja: tapá -  Crataeva tapia, Caparidácea

paray(va): palo amargo - Picrasma paloamargo, y gén. Si­maruba

tapekué: ypé-rupá - Richardsonia sp. sp. Acanthosper­mum sp. sp.

taperyvá: talan-talán - género Cassia

taperyvá-hú - una Cesalpínea

 

Picaduras y mordeduras de animales ponzoñosos. (Ver: Sudoríficos, Purgantes). Aplicaciones de hojas de:

Contrayerba - Flaveria bidentis

Jahápe - Killingia odorata

ka'a katí-pajé - Ciperácea

ka’ápiá (el jugo) - gen. Dorstenia

kurupika'y (el latex) - Sapium longifolium; mangaisy

mandi’o (raíz fresca) - Manihot

mboi-ka’á - Irosine celosiodes

ñamby- gen. Artemidae

tabaco - Nicotiana

tangará - Boerhavia repens. B. hirsuta

 

INFUSIONES DE:

chirca - gen. Baccharis

contrayerba – Flaveria bidentis

kaape(va): abutua - Abutua Cisampelos

makaguá ka'á - Sida panniculata

ñambi - gen. Artemidae

tangará-ysypá jeroté - Eclipta alba

 

PURGANTES LAXANTES.

andá (semillas) - Anda gomesii. A. brasiliensis

andausú:andá - Anda gomesii. Johannesia princeps

kaapongabeldruega - Portulaca olerácea, P. Pilosa,

karaguatá(frutas) - Bromelias

kurivyaí - Jathropha curcas

mba’ysyvó: tártago - Ricinus communis

mandyjurá: mechoacan - Ipomea fistulosa, J. bonariensis

rosa mosqueta - combinado con sen

 

REFRESCANTES (VER DIURÉTICOS).

Kaapiky’í - Pilea debilis

kaaponga beldruega - Portulaca pilosa, P. olerácea

kaarurupé: verdolaga - Boehravia panniculata, B. hirsuta

kapiipé: gramilla - gen. Paspalum, P. vaginatum

 

REUMATISMO (VER DEPURATIVOS)

Guajako - Pteridium aquilinum (aceite)

kaaro(va) - Jacaranda acutifolia (decocción de hojas y corteza)

kaáre : paico - Chenopodium ambrosioides

kalaguala - Polypodium phylliditidis. Osmunda regalis, Anthurium affine, A. pa­raguaiensis

kupay(va): copaiba - Copaifera langsdorfii, C. officinalis (el aceite, en fricciones).

palo santo: guayaco - Guayacum officinalis (cocimiento de corteza)

 

SARNAS. (VER: DERMATOSIS)

aratikú-pé - Anona nutans. A. spinescens

kaapi'í-atí: kapiatí - Cenchrus echinatus: abrojo

pairá-yvoty - Lippia virgata

 

REPELENTES

Aplicaciones directas, o de grasas o aceites vegetales y resinas, mezcladas con:

guembé: guembepí - gen. Philodendrum, sp. sp.

ñandyrova: karapá - Carapa guianensis

para'y - Simaruba versicolor; palo amargo: Picrasma palo­amargo

urukú - Bixa Orellana

 

VEJIGA, AFECCIONES

Doradilla - Polypodium vacconifolium

kaape(va): abutua - Piper geniculatum. Cisampelos pa­reira

syí-rembi’ú - Acnistus brevilflorus

tajy-hú - Tecoma caraiba, Tabebuia ipe

Tajy picha’í- Tabebuia integra

 

VOMITIDOS

Decocción de raíces de varias ypeka kuanas.

Aguaí - Thevetia neriifolia.

guarimbe: pato menor - Mareca sibilatrix.

Kaatái - Poligonum acre.

Kaa’ysá - Chiocooca anguifuga.

 

VULNERARIOS (PARA CURAR HERIDAS). VER: ANTISÉPTICOS, BALSAMOS, RESINAS..

Kaatái - Polypodum acre.

kigiay(va): copaiba - Copaifera langsdorfii, C. officinalis.

Tapekué - Acanthospermurn australe, A. hispidum.

tapekué: ypé-rupá - Richardsonia sp. sp.

tajy-hú  - Tecoma caraiba, Tabebuia ipe.

tajy-picha'í - Tabebuia integra.

Yvapiranga - Rivina humilis.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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León Cadogan. Apuntes de Medicina popular guaireña. Imprenta Nacional. 1957

González Torres D. M. A lingua Guaraní. Gramática e vo­cabulario. Sao Paulo. 1952. Edic. en mirneáfrafo.

Carlos Friedr. von Martíus. Natureza e doencas.Medici­na e remedios dos indios brasileiros. 1844. Serie 5° Brasiliana,vol, 154.

Th. Peckolt. Analyses de matería médica brasileira. Río 1868.

Magalhaes de Gandavo. Historia da Provincia de Santa Cruz. 1576.

Jorge Maregrave. Historia Natural do Brasil. S. Paulo. Imprensa Oficial de Estado. 1942.

Guillermo Piso. De materia médica brasiliensi 1898

Metraux, Alfred. La civilisation materielle des tribus Tupi guaraní. París. 1927.

Handbook of South Amerícan Indians. Smithsonian Ins­titutión. Bureau of American Ethnology. Bulletin 143. Washington. 1948.

González Torres, D. M. Higiene y medicina de los guara­níes 1º Congreso Panamericano y 3º Brasileño de Historia de la Medicina. Río de Janeiro. Abril. 1958.

González, Natalicio. Proceso y formación de la cultura paraguaya. T. 1; 2º edición. Asunción, 1948. Editorial Gua­rania.

 

 

 

DIVULGACIÓN DE LA BOTÁNICA MÉDICA (AMERICANA) Y DE LA MEDICINA ABORIGEN

 

Desde el descubrimiento se fueron conociendo rápida­mente las riquezas naturales del Nuevo Mundo: la flora, la fauna y minerales, y sus aplicaciones y usos, que fueron re­latados en Diarios, Comentarios, Historias, etc.

Los españoles mostraron interés en conocer la ciencia médica autóctona, estudiar y emplear la flora medicinal, y por Real Cédula del 11 de Enero de 1579, firmada en Madrid, dispuso Felipe II la venida de Protomédicos Generales a América y ordenó el estudio de las plantas y aguas natura­les de las Indias, que tuvieren aplicación médica, y enviar a España yerbas y semillas de mayor prestigio en el arte de cu­rar; los idóneos en la materia de uso de plantas medicinales podrían obtener el título y diploma de "Herbolarios" para ejercer esa especialidad.

Felipe II había mandado al Dr. Francisco Hernández (1514-1578), de Sevilla o Toledo, a México a estudiar las plantas medicinales. Escribió diez tomos manuscritos, Ilustrados con dibujos; desgraciadamente esta hermosa obra se perdió en el incendio del Escorial, donde se encontraba de­positada, en 1617. Pero como había sido estudiada y en par­te copiada, algo se salvó.

Muy pronto América fue recorrida por naturalistas que estudiaron la fauna y la flora, y se publicaron trabajos im­portantes. Por otro lado varios viajeros, y especialmente los misioneros que tuvieron a su cargo la catequización, recogie­ron directamente de los aborígenes sus conocimientos y apli­caciones de la flora; los ordenaron y de ellos se valieron, no sólo para uso propio y de los conquistadores, sino que tam­bién para comerciar con muchos productos que eran expor­tados en forma bruta y semipreparados, y lo que es más im­portante, la ciencia se benefició muchísimo de tan valioso aporte. Se enviaban a Europa muchas muestras de hierbas y plantas, árboles, frutos y semillas, que fueron plantados en jardines botánicos o simplemente llevados desecados en le­ño, madera en bruto, corteza, raíz, etc. para uso medicinal o industrial: yvyrá pytá, quina, guayaco, caroba, palo santo, copaiba., ipecacuana, plantas tinctoriales,, etc. o en prepara­dos, como el famoso Elixir de las Misiones, el Bálsamo de los Jesuitas.

En América los estudios principales se hicieran en cua­tro núcleos de conquista: México, Perú, Brasil y Río de la Plata, por viajeros, médicos naturalistas y hombres de cien­cia, que comentaban las condiciones del país o región, las cos­tumbres de sus habitantes, sus conocimientos sobre plantas y hierbas y sus aplicaciones en la cura de las enfermedades que les aquejaban, así como otras aplicaciones, como por ejemplo, en culinaria, tintorería, textilia, construcciones u otras aplicaciones industriales.

En Paraguay, Misiones, Tucumán, Santa Cruz, Brasil, en los países de la cuenca del Plata, la historia natural y los conocimientos que los aborígenes tenían sobre enfermedades, y su tratamiento por la flora medicinal, fueron estudiados y compilados por naturalistas y

Misioneros, especialmente por los jesuitas, muchos de los cuales eran naturalistas, enfermeros o médicos. Se escribieron así, catálogos de plantas y herbarios, algunos con primorosos dibujos, rece­tarios etc. varios de los cuales fueron famosos y muy usados delos que se sacaron copias manuscritas que se distribuyeronampliamente.

En Europa varios botánicos y hombres de ciencia estudiaron la flora del Nuevo mundo y publicaron trabajos importantes.

 

 

 

LA MÚSICA TÍPICA DEL PARAGUAY

 

Según el parecer de la mayoría de los cronistas e histo­riadores, viajeros, misioneros, etc. los Guaraníes tenían una natural predisposición y gran talento para la música y las artes en general. Aprendieron con mucha facilidad el manejo de instrumentos musicales introducidos en las Misiones por los Misioneros entre los cuales habían excelentes músicos. Destacaron la facilidad de aprender las partituras, su oído fino. Aprendieron, también, fácilmente, el arte de fabricar instrumentos musicales bajo la dirección de los misioneros.

Como factor negativo hacen notar la falta de talento creador, de habilidad para componer.

En nuestra música no queda influencia indígena, salvo en la letra guaraní de los cantes. Dice Juan Max Boettner: "en nuestra música no hay influencia indígena, ni en la melodía, ni en la ritmica, ni por el carácter defectivo de las escalas nativas. No hay supervivencia de ningún instrumentomúsico nativo, ni idiófonos ni membranófonos . Nuestros ­conjuntos populares no conocen el tambor, ni la percusión ni las flautas indígenas. No cultivamos ni un solo baile na­tivo. ......... Hay, sí, una evidencia influencia nativa en la letra de los cantos"' (se refiere al guaraní). "Los Instrumentos más usados en nuestra música popular son de ese origen (español): guitarras, arpas, violines, flautas, etc. La melodía es diatónica, las armonías son del tipo universal, elrit­mo proviene de España".

 

NUESTRA POLCA. LA POLCA PARAGUAYA

El nombre proviene de la polca que nació en 1830 en Bohemia, que formaba parte antiguamente de Austria y hoy lo es de Checoeslovaquia; hacia 1845 llegó al Río de la Plata.

Se le llama también galopa, de la danza de ritmo rápi­do, que había nacido en Alemania, poco antes que la polca; de allí proviene lo de polca-galopa, equivalente, galopeada, galopera, y, en un intento de hallarle un nombre propio, a la polca se le llama kyre'y, sarakí, por su forma viva, rápida, alegre.

Juan Max Boettner cree que nuestra polca, como ritmo y danza característica, comenzó a tener características pro­pias, muy posiblemente en la segunda mitad del siglo XVIII. "Nuestra danza típica ya existía ........ sin nombre, y se le fue aplicando el nombre de la danza de salón de boga. . . . . . "

Casi todos los. músicólogos están de acuerdo en que, an­tes de conocerse en nuestro país la polca europea ya habían aquí un ritmo y un aire musical nuestros populares, que adoptaron el nombre de polca después de la llegada de aque­lla. "Es una amalgama de melodías y ritmos españoles que con el correr de los años ha ido adquiriendo características propias, hasta que llegó a "independizarse", igual que nues­tro país en el sentido político". Boettner.

La polca paraguaya tiene ritmo y característica propios, es rápida, vivaz, alegre vibrante a veces, polirítmica, según Boettner, su melodía es un compás binario o en cuatro. El acompañamiento es bien marcado, ternario, con bruscas y breves alternancias binarias. Hay en "nuestras polcas la al­ternancia del ritmo de 3 y de 2. Pero tenemos también la si­multaneidad del ritmo de 3 en el acompañamiento y de 2 en la melodía, es pues, una poliritmia simultánea". Boettner.

La polca de ritmo rápido generalmente no se canta.

 

NUESTRO ACERVO FOLKLÓRICO.

Polcas y polcas canciones de autor desconocido:

Alfonso Loma: polca canción; recopilación y arreglo de Mauricio Cardozo Ocampo;

Campamento Cerro León: polca épica; hay letra y arre­glo de Mauricio Cardozo Ocampo. Esta polca épica ha mere­cido reconocimiento oficial, siendo designada canción popu­lar nacional por Decreto P. E. N° 4.594 del 24 de julio de 1944;

Colorado, polca de la Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado. Hay quien la atribuye al Maestro de Ban­da A. Guerresi;

18 de Octubre, polca del Partido Liberal;

Che Paraguay Poty (mi flor del Paraguay), polca can­ción; recopilación de Mauricio Cardozo Ocampo, letra de Os­valdo Sosa Cordero;

Guaímí pysapé. Juan Max Boettner la atribuye a Isido­ro Benítez. Hay recopilación y arreglo de Mauricio Cardo­zo Ocampo.

Su letra:

Osema la vieja ojeroky seté,

de tanto la i chusca oñemopé mopé,

tové toveté peyeke ichupé

Chake ne karaine guaimí pysapé.

 (Ya sale : la vieja queriendo bailar,

haciendo requiebros por coquetear,

Díganle que no, que nó y no

porque con las uñas les va a arañar).

Guyrá campana: pájaro campana: guyrá itapú: guyrapú: guyrapong. Música de autor desconocido aunque fue atribui­da a José Iriarte, de San Juan Bautista de las Misiones, y a Carlos Talavera, de Caazapá. La versión o arreglo para arpa es del gran arpista Félix Pérez Cardozo, y para guitarra es de fiarlos Talavera.

Jaguá ñetu'ó, polca;

Jahá chendivé: vamos conmigo: polca; letra y música de autor desconocido. Hay recopilación y arreglo de Mauricio Cardozo Ocampo;

La Magdalena: polca; ya no se la toca por considerárse la maléfica.

Mamá che ano sé: mamá me echa; polca.

Mamá che mo sé

porque che rakú,

taita che rerú

porque che rayhú

Nda rekói la culpa: no tengo la culpa, polca. Hay reco­pilación y arreglo de Mauricio Cardozo Ocampo;

Ne mandu'á che vida: recuerdas mi vida?; polca; hay re­copilación y arreglo de Cardozo Ocampo.

Paloma fiará: paloma policroma, polca canción. Ella fue atribuída a Teófilo Ochoa. Hay recopilación y arreglo de Mauricio Cardozo acampa y hay también letra de N Romero Valdovinos;

Pirirí-Pororó, polca, más tarde la bautizaron como Pon­cho hovy: poncho azul; polca del Partido liberal;

Raído teré, polca;

Sajonia, polca política tocada cuando la revolución de 1904, también llamada polca José Gill, un famoso caudillo y revolucionario. Hay arreglo de Juan Mallada;

Takemí nde pohéi: dormiré contigo, déjame dormir con­tigo, polca: trae atribuida a Eloy Martín Pérez;

Primero de Marzo, canción patriótica, música de autor desconocido. Hay recopilación y arreglo de Mauricio Cardo­zo Ocampo, letra de Emiliano R. Fernández.

 

POLCA CANCIÓN, CANCIÓN PARAGUAYA.

Es llamada también purahéi (canto), techaga'ú (nostal­gia, nombre propuesto por Juan Carlos Moreno), en un in­tento de darle nombre propio. Es de ritmo más lento y acom­pasado, para cantar. El purahéi-jahe'ó (cantar llorando) es el canto triste.

 

POLCAS Y POLCAS CANCIONES ÉPICAS.

Varias de ellas fueron compuestas durante la guerra del Chaco (1932-1935) o después, para recordar o inmorta­lizar las hazañas de nuestros soldados en ella; algunas de éstas, muy populares son.

Fortín Toledo, de Herminio Giménez;

Nanawa, de Julián Alarcón;

Fortín Herrera, de José de Jesús Víllalba;

Cañonero, de Leonardo Martínez y Mauricio Carduzo Ocampo; Etc. Etc.

 

MÚSICAS ONOMATOPÉYICAS.

Con frecuencia nuestros músicos imitan en sus produc­ciones musicales los sonidos que escuchan en su ambiente, en la naturaleza.

De este tipo de música citamos algunas muy populares:

Guyrá campana, de autor desconocido; versión para ar­pa de Félix Pérez Carduza y para guitarra, de Carlos Tala­vera;

Polca burro; Mi bonito Lambaré; Cascada, de Digno barcia; Tren Lechero de Félix Pérez Carduzo; y en las si­guientes citadas por M. Carduzo Ocampo:

Polca Chochí; Polca Tetéu; Polca juí ha kururú; Polca korochiré; Polca chirikote.

 

G A L O P A

La galopa, polca galopa, es música muy viva y alegre, po­lirítmica, melódicamente parecida a la polca paraguaya. No es para ser cantada. Es polca rápida de la que Mauricio Car­duzo Ocampo nos decía en 1967: "La Galopa...... es de rit­mo de seis por ocho pero con la peculiaridad de una varia­ción total en las acentuaciones rítmicas en la segunda parte en especial. La primera parte es casi igual que la polca; en cambio el ritmo de la segunda parte es totalmente diferente. Es música exclusivamente para banda, pues como ya seña­lamos tiene diferencia rítmica y esto se obtiene con los instrumentos de percusión que son: platillos, bombos y tambor o caja......".

Este mismo autor agrega más tarde: "La "galopa para­guaya" en su movimiento a la polea "popó" o polea "kyre'y” y difiere de ambas en su conformación rítmica: la galopa también es polirítmica, no se canta y es música para ban­da, cuya variación rítmica está realizada por una combina­ción entre la caja, el bombo y platillos; estos instrumentos de percusión realizan sus movimientos al unísono en la pri­mera parte, en cambio en la segunda parte actúan en forma individual combinando un insólito, pero interesante ritmo por demás original".

El doble nombre. polea galopa era antiguamente fre­cuente para identificar algunas poleas.

Galopa, galopeada, es un baile o fiesta popular, en que bailan las galoperas, solas o en grupos, llevando sobre la ca­beza un cántaro o una botella. Ver más adelante: La fiesta de la Galopa.

 

LA GUARANIA. CANCIÓN PARAGUAYA

Si bien no es folklórica, no podemos dejar de citarla aquí, para completar el cuadro de la música paraguaya y por ser muy popular.

La guarania fue creada por José Asunción Flores, hacia 1925, e inmediatamente hizo profundo impacto y tuvo aceptación y divulgación popular. Es una música y canción de

ritmo lento, un poco triste, melancólica que es propia de un estado de ánimo, en algunos momentos del paraguayo, y que contrasta con el estado opuesto de alegría y exaltación interpretado por la polca, que es vivaz y rápida. Flores supo captar ese ritmo, en compaz de seis por ocho, ese aire triste melancólico, sentimental, que está, en ciertos momentos o estado espiritual, en el alma popular y en su música. Flores supo captar ese acento autóctono que ya estaba en nuestra gente, que ya se expresaba en el purahei asy, como dice Mau­ricio Cardozo Ocampo que es la madre de la Guarania.

La Guarania no se baila o no tiene su manera propia de bailarse.

Antonio Ortiz Mayans recuerda palabras de José Asun­ción Flores: "Al estudiar la Música Paraguaya hallé muchas impurezas, mezcla de ritmos extranjeros, que la generalidad aceptaba sin ningún análisis, solo por costumbre. La primera parte o la melódica estaba escrita en dos por cuatro mientras que la segunda, o sea el acompañamiento, en tres por cuatro. Lo señalado constituía un obstáculo para su lectura y por en­de para la ejecución por los extranjeros que deseaban eje­cutar nuestra música". Y agrega, esta contradicción era la que quería salvar y la salvó. Descubrió que el compás de seis por ocho se ajustaba con exactitud con los cánones de la música paraguaya y así, aunque no fuese oriundo de nuestra tierra podía ejecutar la música guaraní. Notas sobre José Asunción Flores en ocasión de los 50 años de la Guarania. La Tribuna. D. 9-XI-1975.

El nombre se atribuye a Manuel Ortiz Guerrero, el poe­ta guaireño, muy importante en la vida y obra de Flores, por su influencia como animador y orientador, sobre su ritmo, di­ce Juan Max Boettner: "el mismo Flores la escribió en 3/4, 3/8, 6/8, Es fundamentalmente un ritmo ternario. La melodía es ternaria y por momento binaria".

Varias guaranías como Mburikao, India, Nde rendape ajú etc. ya han tenido una proyección. estética, una jerarquización hacia el plano sinfónico, hacia la sinfonización.

Las primeras guaranias compuestas por Flores fueron: Jejuí (en 1925), sin letra, arribeño Resay, Ka'aty, India, estas tres con letra de Fontao Meza. La letra inicial de india, debida a Rigoberto Fontao Meza, fue sustituida después por otra de Manuel Ortiz Guerrero. India recibió reconocimiento oficial, siendo declarada Canción Popular racional por Decreto del P. E. de la Nación Nº 4594 del 24 de julio de 1944.

Siguieron otras producciones de Flores: Kerasy, Panam­bí Verá. Nde rendape ajú, todas con letras de Manuel Ortíz Guerrero, la última en Guaraní; Punta Karapame, -Nde raty­pykuá, Choli.

Otras guaranias muy populares son: Regalo de amor, de Mauricio Cardozo Ocampo; Mi dicha Lejana, de Emigdio Aya­la Báez; Oración a mi Amada, de Eladio Martínez y E..Ayala Báez; Recuerdos de Ypacaraí, -música de Demetrio Ortiz, letra de Zulema de Mirkin.

 

PURAHEÍ JOYOY

Es el duo el canto a dos, a dos voces.

Los cantores se colocan frente a frente y cantan en gua­raní o en jopará acompañados, generalmente, por dos guita­rras tocadas por ellos mismos, o un arpa y una guitarra; a veces tocan una guitarra y un mbaraka'i o tiple, o dos guita­rras y un tiple.

Estos decires fueron recogidos por M. Cardozo Ocampo en nuestro folklore:

Musico ha sandia piré ojovare (músicos y cáscaras de sandia, cara a cara);

músico ha tata'y oñotire (músicos y tisones nariz con nariz).

 

CONJUNTOS

Los conjuntos de música popular típica del Paraguay están formados de guitarras y arpas. El violín o "ravel" (“ra­velero" es el que lo toca; oikarai ravel, se dice: rasguea o "ras­ca” el violín), así como la flauta, infelizmente se usa poco. Sólo los usan los conjuntos más numerosos y de mayor je­rarquía. Lo mismo puede decirse de otros instrumentos como el contrabajo, de tres cuerdas, que sirve para marcar el ritmo en el acompañamiento.

 

BANDAS

Desde tiempos de la Colonia actuaron bandas en nuestro país: militares en la Capital y otras en las Misiones; en algu­nos pueblos de campaña se formaron bandas o grupos de músicos; la mayoría de estos tocaba de oído.

Algunas bandas adquirieron fama. En el siglo pasado, en época de Don Carlos Antonio López se refirieron a dos afamadas bandas: La Banda Muá y la Pytá. Más recientemen­te, alcanzaron popularidad la Banda Ocara, la de Pinozá, la de Trinidad (la muy conocida, entonces, Banda Hyekué, de la que se ocupó Darío Gómez Serrato en Visión de la Patria), la de Acahay.

Entre las más recientes citamos la Banda Ocara de Mau­ricio Cardozo Ocampo (1956 ) y, actualmente, la Bandita de Luque, de Pedro (Chiquitín) Cuéllar, la Banda Koyguá, de Alejandro Cubilla, la bandita de San Lorenzo, la de Piribe­buy, etc.

La Banda Para'í o Peteke-Peteke, también conocida con las denominaciones de Banda India y de Angu'á Parará, de la Compañía Guajayví, de Yaguarón, es en realidad un conjunto musical compuesto por dos flautas (de caña de Castilla) lla­madas mimby, y dos cajas rústicas de madera de cedro y membrana de cuero de ternero o de cabra. Este conjunto, que tiene repertorio propio, de tipo profano y religioso, es dirigido por don Bernardo Guanes.

 

EN DEFENSA DE NUESTRA MÚSICA

Gentes con poco escrúpulos han pretendido, en un des­vergonzado acto de piratería allá por los comienzos de la dé­cada del 60, apoderarse de nuestra música, bautizándola con el nombre de litoraleña, como si se creara un nuevo ritmo un nuevo género musical, por el solo hecho de cambiarle de nombre a nuestra música. Felizmente la gente sensata com­prendió que nuestra música, ese rico acerbo cultural y ar­tístico será siempre nuestro aunque se le cambie de nombre. A voz unánime de nuestros músicos y artistas se levantó el clamor contra ese atentado de esa cultura que se intentaba, y las cosas, al parecer, volvieron a su lugar.

El Decreto del P. E. de la Nación Nº 8127 del 24 de diciem­bre de 1959 estableció la obligatoriedad de ejecutar un 50% de música paraguaya cuando hay música en cualquier reu­nión en todo el territorio nacional. Dice el texto del Decreto:

"Entiéndese por música nacional todo lo clasificado co­mo realmente autóctono tradicional, comprendiendo: Poleas, guaranias, galopas, valseados, Purahéi-Kyre'ys, canciones y otra música popular de autores nacionales o extranjeros do­miciliados en el país que interprete el sentimiento paraguayo, quedando automáticamente excluidas las obras o inspiracio­nes cuyo género o ritmo sean de evidente origen foráneo".

 

NOTAS

Boettner, Juan Max. Música y músicos del Paraguay. Edición Autores Paraguayos, Asociados. Asunción, Paraguay. Sin fecha. .

Cardozo Ocampo, Mauricio. Nombres genéricos de la Música Paraguaya. La Tribuna. Asunción, Paraguay 17-XII-1977.

ABC Color. D. 9-III-75.

 

 

 


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