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DIONISIO GONZÁLEZ TORRES


  INVESTIGANDO EN LA HISTORIA, 1974 - Por DIONISIO M. GONZÁLEZ TORRES


INVESTIGANDO EN LA HISTORIA, 1974 - Por DIONISIO M. GONZÁLEZ TORRES

INVESTIGANDO EN LA HISTORIA

Por DIONISIO M. GONZÁLEZ TORRES

Talleres Gráficos de la

Escuela Técnica Salesiana

Asunción – Paraguay

1974 (192 páginas)

 

 

INDICE

 

1. Antecedentes históricos de la Universidad Nacional de Asunción

2. Antecedentes del arte de curar en el Paraguay

3. La ciencia y la cultura francesas en el Paraguay

4. Los procesos de San Fernando y otros procesos durante la guerra contra la Triple Alianza

5. Una manzana llena de historia y de luces. La Facultad de Derechos y Ciencias Sociales, El Colegio Nacional

6. La epidemia de Grippe de 1917/18 en el Paraguay 

7. Facundo Insfrán. Primer sanitarista paraguayo

8. Centenario de la muerte del famoso médico Juan Vicente Estigarribia

9. Conocimientos toco-ginecológicos de nuestros aborígenes

10. Plantas psicotrópicas y entorpecientes usadas por los Guaraníes

 

 

 

 

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE ASUNCIÓN

 

Conferencia pronunciada en la Sesión Inaugural del Primer Curso libre de Historia Nacional,

organizado por la Sección Historia de la Facultad de Filosofía de la U.N.A.

 

Unión Club, 24 de Setiembre de 1973

 

         Es sabido que Domingo Martínez de Irala, que gobernó de 1538 a 1556, fue fundador de las primeras escuelas del Paraguay, y que Hernandarias de Saavedra (de 1591 a 1619) fue uno de los grandes propulsores de la enseñanza y el primer propiciador de la creación de un centro de estudios superiores y universitarios en Asunción.

         El obispo Fray Alonso Guerra, de la Orden de Santo Domingo, designado Obispo del Río de la Plata y apenas llegado a su sede en Asunción, en 1585, creó un noviciado para sacerdotes, el primer centro de estudios superiores en nuestro país, donde él mismo enseñaba lógica, metafísica y ética. En 1588, con posterioridad a la llegada de los primeros jesuitas al Paraguay, Hernandarias se dirigió al Provincial de Lima, Padre Diego de Torres Bollo, pidiendo que los jesuitas se encargaran de crear un colegio y un seminario en Asunción. Para tales fines el Cabildo cedió terreno, Hernandarias tierras agrícolas y de pastoreo, y los vecinos más acaudalados algunos bienes. La construcción del Colegio terminó en 1595, pero comenzó a funcionar en 1610, luego de la instalación oficial de los jesuitas en el Paraguay.

         Cuando en 1598 el Procurador de la Provincia y de Asunción Tomás de Garay fue enviado a Lima por Hernandarias, solicitó del Virrey don Luis de Velazco que fundara en Asunción un colegio universitario bajo la dirección de la Compañía de Jesús, que también dirigía la Universidad de Lima. El Virrey no aceptó el pedido y dispuso la venida de padres jesuitas a nuestro país para la enseñanza de primeras letras, lectura y escritura, doctrina.

         Hacia 1600, creó Hernandarias una escuela bajo la dirección del sacerdote asunceno Licenciado Francisco de Saldívar, y junto a ella cátedras de gramática, arte y teología, mientras se resolvía el pedido hecho ante el Rey de la creación de un colegio universitario.

         Hernandarias insistió. Cuando el Procurador del Paraguay don Manuel de Frías viajó a España, en 1604, encargo a éste que solicitara personalmente al Rey la fundación del colegio universitario en Asunción. Como no se contaba con fondos y la Corona no podía o no quería extraerlos de otras fuentes; no fue posible la creación de tan ansiado instituto.

         Cuando en 1607 se creó la Provincia Jesuítica del Paraguay comenzaron a llegar los padres de la Compañía de Jesús, y en 1610 se abrió el Colegio jesuita, que era escuela de enseñanza primaria; ésta contaba también con un aula de latinidad. Más tarde funcionaron cátedras de artes, gramática, teología, escolástica y moral. El Colegio fue cerrado y reabierto varias veces, por corto tiempo y debido a los azares de la política local. Hacia 1680 contaba el Colegio con cátedras de estudios superiores de filosofía, dogma y moral, y en 1739 tenía dos cátedras de filosofía y dos de teología.

         En los siglos 17 y 18, en los conventos de las órdenes franciscana, dominica y mercedaria funcionaban noviciados y aulas de estudios superiores. En el colegio franciscano de Asunción, funcionaba desde 1585 un noviciado, que recién desde 1649 tuvo funcionamiento estable; en su escuela superior se enseñaba filosofía, teología y derecho canónico. Hacia 1805 seguía funcionando, con gran prestigio.

         La idea de la creación de un centro de estudios universitarios persistía en las autoridades de Asunción. El Cabildo se dirigió en varias oportunidades al Rey solicitando su creación, pero la Corona dilataba los trámites, a pesar de que las autoridades locales ofrecían los fondos necesarios para su funcionamiento.

         El Cabildo y el Cabildo Eclesiástico de Asunción encabezaron, en 1557, durante el gobierno de Jaime de San Just, una gran campaña nacional de recolección de fondos para costear la apertura y funcionamiento del centro de estudios superiores.

         El sueño largamente acariciado desde Hernandarias, no podía concretarse además, por otros motivos, por un lado la fuerte corriente de opinión de algunos Obispos, quienes preferían un seminario más a una Universidad; por otra parte, el Obispo Manuel Antonio de la Torre sentía aversión hacia los jesuitas, que serían los encargados de la fundación, organización y funcionamiento de la universidad proyectada.

         Con la aprobación del Cabildo de Asunción se hizo una petición para autorizar a los Padres dominicos a enseñar públicamente teología y filosofía en el Convento de Santo Domingo, donde, en 1778, había cátedras de latinidad, filosofía y teología. El maestro General de la Orden de los Predicadores aceptó el pedido y ordenó al Padre Provincial Fray Antonio González para impartir la enseñanza.

         Posteriormente los padres dominicos, también a instancias del Cabildo, solicitaron de la Santa Sede la autorización para expedir título de Bachiller, Licenciado y Doctor. El Papa Clemente XII, por un Breve de 1779 concedió ese privilegio autorizando la expedición de título universitarios durante 8 años, a lo cual dio su aprobación el Rey Don Carlos III, que lo hizo haciendo uso del privilegio que le concedió el Regio Patronato Indiaro, y por tramitación hecha por el Gobernador don Agustín Fernando de Pinedo.

         En 1779 fueron designados Fray Carlos Suero como regente de los cursos y catedrático de Suma Teológica, y Fray Carlos Molina y Fray José Silva para el curso de filosofía que debía impartirse a continuación. En 1791 es designado catedrático de teología Fray Pascasio Ferreira, y de filosofía Fray Francisco Franco. Estos cursos siguieron más o menos regularmente, a veces con un sólo catedrático, el de teología, hasta que en 1824 el Dictador Rodríguez de Francia clausuró los cursos de todos los conventos.

         Como es sabido, durante los siglos 17 y 18 los que deseaban realizar estudios superiores se dirigían principalmente a la Universidad de Córdoba del Tucumán, a Lima o a Charcas.

         Después de la expulsión de los jesuitas, en 1767, se pensó en fundar un Seminario o Colegio para formación del Clero y para estudios superiores de civiles. El último intento para la realización de este antiguo deseo lo hizo el Gobernador Joaquín de Alós y Brú, quien comunicó al Rey el éxito alcanzado por las subscripciones realizadas en el Paraguay para conseguir fondos destinados al funcionamiento de la Universidad con que se deseaba contar. Pero, de nuevo, el pedido se desatendió; esta vez, por intereses opuestos del Virrey en Buenos Aires.

         Por iniciativa y solicitud desde Charcas del entonces Obispo electo del Paraguay, Juan José Priego y Caro, el Rey Carlos III expidió la real cédula de creación del Colegio Seminario Conciliar de San Carlos o Colegio Carolino, el 23 de agosto de 1776. Por la misma se destinaban fondos del Obispado de la Paz y del Arzobispado de Charcas para el funcionamiento. Pero, no se materializó la fundación porque el Obispo Priego y Caro falleció antes de tomar posesión de su Obispado y los fondos nunca llegaron.

         El Cabildo de Asunción, como otras veces, aportó, para resolver la situación, diversos fondos, solicitándose también a la Corona se asignara al Seminario los bienes e inmuebles de la expulsada Compañía de Jesús lo que tuvo feliz acogida, pues finalmente, la Corona dispuso el 28 de febrero de 1780 la creación definitiva del Colegio Seminario. Se destinaron como fondos para su erección y sostenimiento la mayoría de los bienes que habían pertenecido a los jesuitas. Fueron afectados a estos fines varias chacras y tierras de labranza, así como muchas estancias como las de Paraguarí, Caañabe, Guazucuá, etc.

         El Colegio Seminario, con el nombre de Real Seminario de San Carlos se inauguró el 12 de abril de 1783, en solemne acto, que contó con la presencia del Gobernador Intendente don Agustín Fernando de Pinedo, autoridades de la Provincia, el Cabildo Eclesiástico y numerosos vecinos. Abrió sus clases con alumnos civiles y eclesiásticos, contaba con tres Facultades: de Teología (moral y dogmática), que se dictaban en dos clases, Filosofía y Artes (abarcando esta última Lógica, Física y Matemática aristotélica), Gramática y Latín. El Colegio se hallaba situado sobre la Ribera, detrás del local que hasta hace poco ocupaba el Colegio Militar.

         En 1810, a raíz de la amenaza de invasión porteña al Paraguay, el Colegio Carolino fue ocupado por tropas, convertido en cuartel y tuvo que mudarse a la casa de don Agustín Riego; los alumnos fueron movilizados y quedaron solamente el Rector, un profesor y siete seminaristas.

         El Colegio Seminario fue clausurado por el Dictador Francia en 1822. Don Carlos A. López lo reabrió en 1858 como Colegio Civil y Eclesiástico; fue designado Rector el Presbítero Fidel Maíz, quien lo rigió hasta el 2 de marzo de 1863 en que fue destituido. Allí se enseñaba Latinidad, Gramática, Literatura, Retórica, Filosofía, Teología, Dogmática y Moral, Derecho Canónico, Escolástica, etc. Funcionó hasta fines de 1866 y, en 1862, tenía unos 500 alumnos. Los primeros egresados fueron ordenados por el Obispo Gregorio Urbieta; los últimos lo fueron por el Obispo Palacios, en febrero de 1868 en Paso Pucú.

         Fue reabierto como Seminario Conciliar de Asunción, el 4 de abril de 1880; fue su fundador y director (hasta 1921) el Padre lazarista francés Julio C. Montagne.

         Un importante centro de estudios superiores fue la Academia Literaria, fundada por decreto del 30 de noviembre de 1841 bajo el 2° Consulado, como base de un futuro Colegio Nacional. Los cursos se iniciaron el 20 de febrero de 1842 en solemne ceremonia presidida por los Cónsules don Carlos A. López y Mariano Roque Alonso; el Rector R.P. Marco Antonio Maíz pronunció el discurso inaugural. El plan de estudios completo contaba con las siguientes cinco cátedras: Latinidad; Idioma Castellano y Bellas Artes; Filosofía Racional (incluyendo Lógica, Metafísica, Ética General y Particular); Teología Dogmática (incluyendo Historia sagrada y Cronología, Teología Moral); Historia eclesiástica y Oratoria Sagrada.

         El Congreso de 1842 aprobó el Plan de estudios y Reglamento de la Academia Literaria y le adjudicó fondos para su sostenimiento. Se autorizó, además, se costeara por el erario público el envío de seis estudiantes al extranjero para estudiar leyes y derecho público (dos), química y farmacia (dos), dibujo (dos) y la contratación de profesores de medicina, cirugía y obstetricia. Ya se pensaba, entonces, seriamente, en la creación de una universidad en un futuro próximo.

         En la época de Don Carlos A. López funcionaba también una Escuela de Derecho Civil y político fundada por decreto del 15 de marzo de 1850 y dirigida por el Dr. Juan Andrés Gelly, paraguayo, diplomado de abogado en Montevideo. En esta escuela, que tuvo corta vida, se enseñaba Instituciones de Derecho Real y Elementos de Derecho Político, y el número de alumnos fue limitado a veinte.

         Funcionaba también el curso nocturno de Práctica Forense, dictado por el Juez del Crimen don Zenón Ramírez.

         Como ya se sabe, en 1858 el Gobierno envió a Europa 16 jóvenes distinguidos para realizar estudios superiores de Derecho, Ingeniería y Diplomacia, y en los años siguientes fueron enviados otros 57, para estudios superiores en ciencias y artes.

         De acuerdo con lo que se dijo anteriormente, el Congreso de 1844 había facultado al Gobierno Nacional a contratar en el extranjero profesores de medicina, cirugía y arte obstetriz. El 15 de setiembre de 1848 se firma en Río de Janeiro un contrato entre Juan Andrés Gelly, Encargado de Negocios del Paraguay y Juan Federico Meister, natural de Alemania, doctor en medicina y cirugía, para trasladarse al Paraguay para los siguientes fines: ingresar como médico en el Ejército de la República, con el título y funciones de Cirujano Mayor del Ejército, con los honores, distintivos y privilegios de Teniente Coronel; y a enseñar a los asistentes que se le entreguen, la preparación y confección de los medicamentos y el modo de asistir y ayudar en las operaciones quirúrgicas a los facultativos.

         En julio de 1849 se expide una lista de los once individuos destinados a practicar la medicina y cirugía, en el Campamento General de Paso de Patria, bajo la dirección del Doctor Juan Federico Meister. Esta escuela del arte de curar, tuvo corta vida, y funcionó en Paso de Patria donde el General Francisco Solano López tenía su Cuartel General y Campamento, después de la Campaña de Corrientes.

         Hacia 1855 Don Carlos A. López organiza la Sanidad Militar y comienza a contratar médicos ingleses, de la famosa escuela de Edimburgo, para reiniciar los cursos del arte de curar, esta vez con bases más firmes. La enseñanza se realizó en el viejo Hospital Militar, también llamado Potrero. Allí el Dr. Juan Fox enseñaba Anatomía, el Farmacéutico George F. Masterman enseñaba Materia médica y Microscopía, y los doctores George Pegote Barton, Guillermo Stewart, John Fox, Frederick Skinner, James Rhynd, William Mitchell Banks, James C. Wilson, enseñaban Medicina y Práctica de cirugía.

         A la escuela de medicina y cirugía fueron incorporados más de 60 jóvenes de lo más granado y culto de nuestra juventud. Cuando vino la guerra contra la Triple Alianza fueron todos movilizados y cumplieron papel importantísimo en los hospitales de campaña; muchos de ellos pagaron con su vida su heroísmo y muchos también fueron condecorados y citados a lo largo de la cruenta campaña.

         Al comienzo de la guerra se creó en Humaitá la Escuela de Aplicación de la Sanidad Militar, instalada en un amplio edificio vecino del Hospital.

         Durante la ocupación de Asunción por las fuerzas aliadas, de enero de 1869 a junio de 1876, los brasileños instalaron su Hospital de Guerra en el edificio que es hoy la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, que fuera domicilio de Madame Lynch, construido con planos elaborados por el ingeniero Wisner de Morgenstern. Y el Hospital de la Marina en el local que es hoy el Asunción Palace Hotel, antigua residencia de Venancio López, y unas casas seguidas sobre Colón hasta la esquina de Oliva y vuelta, hasta un corto callejón que allí había. Este hospital fue trasladado a fines de abril de 1873 al edificio llamado "Cuartel del Mangrullo", que fue refaccionado para tal fin.

         Después de la guerra se crea en 1872 un Colegio Municipal de Enseñanza Secundaria. Fue su primer Director el R.P. Luis Blanchére, que era Director General de Escuelas. El Colegio se clausura en 1876, cuando su director el Dr. Don Facundo Machaín muere trágicamente.

         Por ley del 4 de enero de 1877, bajo la Presidencia de Juan Bautista Gill y siendo Ministro de justicia, Culto e instrucción Pública Don Benjamín Aceval se autoriza al P.E. para que proceda a la fundación de un Colegio Nacional de Enseñanza Superior en la Capital. Los cursos se abren en Marzo de 1878 en un edificio de una planta construido en terreno fiscal, sobre la calle Libertad N° 66 (hoy Eligio Ayala), desde la mitad de la cuadra hasta la esquina con Caapucú (hoy Yegros), rodeado de terrenos, incluyendo la casa que fuera de Madame Lynch, que habían sido comprados por la firma Travassos y Cía.

         Por ley del 12 de julio de 1882, siendo Presidente de la República el General Bernardino Caballero y Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública don José A. Bazarás, se crea la Escuela de Derecho como institución anexa al Colegio Nacional. La carrera tenía seis años de duración y un examen general; al final se optaba por el título de Abogado. Es designado Decano o Director de la Escuela de Derecho don Benjamín Aceval, que era Director del Colegio Nacional. Las materias del plan de estudios eran; Derecho Romano, Civil, Comercial, Penal, Internacional, Constitucional, Canónico, Administrativo, Procedimientos, Economía Política y Estadística. Podían matricularse en la Escuela los Bachilleres del Colegio Nacional y los que, sin serlo, fuesen autorizados por una Comisión especial, que juzgaba que los candidatos poseyesen suficiente preparación y conocimientos.

         Desde los primeros días de su funcionamiento tuvo este local dificultades de espacio. Funcionaba con el régimen de internado; se tenía, además, la intención de dar alojamiento al Director y a los profesores y a sus familiares. Se trató de solucionar el problema buscando otros edificios; se pensó en adaptar el Teatro Nuevo, inconcluso, situado frente y hasta en el edificio también inconcluso del hoy Palacio de Gobierno.

         Al parecer predominó esta idea, y por decreto legislativo del 15 de octubre de 1878, promulgado el 17, se destinó el palacio, hoy de Gobierno, de propiedad fiscal para que en el funcionara el Colegio Nacional. Pero, la Comisión designada para estudiar las reformas a practicarse en el edificio para su adaptación, estimó que los gastos que demandarían no podría afrontarlos la administración del Colegio. Así, éste continuó funcionando en su mismo local. Se resuelve entonces, construir el piso alto del edificio y adquirir la casa vecina, de Travassos y Cía., antigua morada de Madame Lynch, hoy Facultad de Derecho. La escritura de compra se firma el 12 de febrero de 1881, adquiriéndose la propiedad y el edificio por la suma de veinte mil pesos fuertes.

         El 3 de marzo de 1884, siendo don Fernando Saguier el Presidente de la Comisión del Colegio Nacional, se adjudica al señor Augusto Colbery la construcción de la planta alta del local del Colegio. Ambos firman el contrato. El piso sería de madera, adquirida por la Comisión. El Sr. Colbery se comprometía a realizar la construcción al precio de 1,10 pesos fuertes el metro cuadrado.

         Como el número de Bachilleres interesados en seguir los cursos de la Escuela de Derecho era reducido y había mucha inasistencia a clases, ella tuvo que ser clausurada a partir del 1° de noviembre de 1884 por recomendación de una Comisión especial. Fue reabierta el 15 de julio de 1888, siendo entonces Director del Colegio Nacional el Dr. José Zacarías Caminos.

         Finalmente, la Universidad Nacional de Asunción, junto con los Colegios Nacionales de Villarrica, Villa Encarnación, Villa del Pilar, Villa Concepción, es fundada bajo la presidencia del General Patricio Escolar por la ley de Enseñanza Secundaria y Superior del 24 de setiembre de 1887, hace hoy 84 años, a iniciativa del Senador José S. Decoud, siendo Ministro de Instrucción Pública el Dr. Benjamín Aceval.

         Fue creada con personería jurídica, autonomía económica y contaba con tres facultades: la de Derecho y Ciencias Sociales, la de Medicina y ramas anexas y la de Matemáticas y ramas anexas.

         Por Decreto del 30 de octubre de 1889 se encarga interinamente del Rectorado de la U.N.A. el profesor de la Escuela de Derecho Don Ramón Zubizarreta.

         Más adelante, son nombrados Decanos interinos, de Derecho y Ciencias Sociales, Dr. don César Gondra, de Medicina el Dr. Juan Vallory y Corquiela, de Matemáticas, don Adolfo Lindner.

         Intensa actividad desplegó en los primeros meses el Consejo Secundario y Superior: instalación en edificios apropiados de los Colegios Nacionales creados, elaboración de planes de estudios y reglamentos, buscar personas idóneas para el claustro de profesores, etc.

         Entre noviembre y diciembre de 1889 se aprueban los planes de estudios de las distintas Facultades y de las Escuelas de Farmacia y Obstetricia, anexas a la Facultad de Medicina. El 23 de noviembre de 1889 se resuelve que el edificio que ocupaba entonces el Colegio Nacional sea distribuido en forma tal que el edificio adicional, o sea la parte que da sobre la calle Progreso, (actual Mariscal Estigarribia) se destine a la Universidad y la otra parte, o sea la de la calle Libertad, (actual Eligio Ayala) quede destinada para Colegio de Segunda Enseñanza.

         En la sesión del 4 de diciembre se resuelve que el Dr. Juan Borrás y Pardo, que estaba próximo a viajar a Europa, se encargue de la compra de objetos, útiles y libros para la Universidad. Por Decreto del 31 de diciembre de 1889, se declara inaugurada la Universidad Nacional y deben abrirse, los cursos de sus tres Facultades el 1° de marzo del año próximo.

         Al comenzar los cursos el 1° de marzo de 1890, las autoridades y profesores universitarios eran: Encargado interino del Rectorado de la Universidad y Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, el Dr. Ramón Zubizarreta, que también tenía a su cargo la Cátedra de Derecho Natural; Dr. Ramón Olascoaga, profesor de Historia del Derecho Romano, y de Literatura Española y Americana; Dr. Alejandro Aubibert, profesor de Economía Política y de Estadística.

         Decano de la Facultad de Medicina el Dr. Juan Vallory y Corquiela, a la vez profesor de Anatomía Descriptiva; Dr. Facundo Insfrán Profesor de Anatomía y Disección e Histología Técnica; el Dr. Héctor Velázquez, Profesor de Química Aplicada a la Medicina.

         Decano de la Facultad de Matemáticas, don Adolfo Lindner. Esta Facultad no llegó a funcionar regularmente por falta de alumnos.

         En el mismo año de la fundación de la Universidad Nacional de Asunción, por Decreto del 3 de agosto, se creó una Comisión que debía encargarse de la construcción del Hospital de Caridad, formada por don Antonio Codas, don Pedro Saguier, don Juan B. Gaona, Dr. Juan Vallory y Corquiela, Dr. Juan Borrás y Pardo.

         La construcción del Hospital nuevo se comenzó inmediatamente, en 1890, en el lugar llamado Campos Elíseos, cerca de la ribera, en una manzana de terreno donada por el señor Higinio Uriarte, sobre planos confeccionados por el Arquitecto don Juan Colombo y la asesoría técnica del Dr. Juan Borras y Pardo; la construcción fue hecha por la firma José Grattarola y Cía. y finalizada por la del señor Ángel M. Martínez. Costó más de 170.000 pesos fuertes, en gran parte obtenidos por donaciones y fiestas de beneficencia.

         La Facultad de Medicina es clausurada a los dos años de funcionamiento por falta de alumnos, y de acuerdo con un informe redactado por los doctores Héctor Velázquez y Facundo Insfrán.

         La segunda Ley de Enseñanza Secundaria y Superior es promulgada el 18 de 1872, ratificando en gran parte lo dispuesto por la primera, de 1889. La carrera de abogado duraría cinco años, la de médico y cirujano seis años, la de Farmacia dos años, la de Partera dos años y la de Matemáticas cuatro años.

         El Hospital Nuevo o de Caridad se inaugura el 19 de julio de 1894 con el nombre de Hospital de "San Vicente de Paul", actual Hospital de Clínicas en su parte central.

         La Escuela de Farmacia comienza a funcionar en 1896 en la parte de atrás de la Facultad de Derecho, sobre la actual calle Mariscal Estigarribia, donde permanecería, después, como Facultad de Química y Farmacia, con nuevas construcciones, hasta su mudanza a la Ciudad Universitaria a los nuevos edificios inaugurados hace un año. Se inició con 32 alumnos, pero solamente 4 rinden examen a fin de año.

         El mismo año comienza también a funcionar en el Hospital San Vicente de Paul, la Escuela de Parteras, con cinco alumnas; se presentaron dos al examen de fin de año.

         En 1893 egresan los primeros abogados recibidos en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales: Cecilio Báez, Gaspar Villamayor, Emeterio González y Benigno Riquelme.

         Los cursos de la Facultad de Medicina se reabren en 1898 siendo Rector de la Universidad el Dr. Benjamín Aceval, designado el 12 de febrero de ese año, por renuncia del Dr. Pedro P. Peña. Decano de la Facultad de Medicina es designado el Dr. Héctor Velázquez (12-III-1898). El 21 de febrero de 1899 es designado Rector el Dr. Héctor Velázquez y Decano el Dr. Facundo Insfrán (II-III 1899).

         La Sociedad de Beneficencia, que administraba el Hospital San Vicente de Paul, cede a la Facultad un galpón en los fondos, para la práctica de disección de cadáveres. Mientras tanto la Sociedad de Beneficencia cede un terreno de 2.500 varas cuadradas, situado detrás del Hospital, donde se construye un anfiteatro, y para su servicio se autorizó la adquisición de una ambulancia y dos caballos para su uso. Y el 11 de julio de 1900 el Gobierno Nacional dispone que se faciliten al encargado del Anfiteatro los restos de los que fallecen en los Hospitales, Asilo de Mendigos o de cualquier otro punto del municipio, que no fueren reclamados por sus deudos.

         Es necesario recordar que en los terrenos del viejo Hospital Militar o Potrero se construyó un Hospital llamado de Caridad, con capacidad de 30 camas, inaugurado el 14 de octubre de 1877, que sirvió como Hospital Militar, cuando se reorganizó la Sanidad Militar por esa época.

         Su primer Director fue el Cirujano del Ejército, Mayor de Sanidad don Pastor Candia, que alcanzó más tarde el grado de Coronel y sería durante un cuarto de siglo el jefe de la Sanidad Militar. Este Hospital de Caridad o Militar fue administrado desde agosto de 1878 por la Sociedad (de Damas) de Beneficencia del Paraguay, y quedó a cargo de las Hermanas Vicentinas desde febrero de 1880. En él atendían durante las epidemias los miembros del Consejo de Medicina e Higiene. Allí también atendían los casos policiales y de accidente los médicos de Policía y Sanidad, y el Forense.

         En 1898 se inaugura el nuevo local del Orfanatorio, frente al Hospital San Vicente de Paul.

         En 1891, unos enfermos de lepra alojados en un rancho cerca del arroyo jardín, son trasladados a una casita instalada, con algunas piezas, en los fondos del Hospital Militar, donde anteriormente ya habían sido alojados. Más tarde aparecieron otros leprosos en unas casitas construidas en la Loma Cachinga, como casas de aislamiento, hasta que son trasladados al Lazareto Pabellón Santa Isabel inaugurado en 1896 al lado del Hospital de Caridad, actual Sala XI.

         El 24 de julio de 1898, cuando se reabre la Facultad de Medicina, se inaugura frente al Hospital, donde hoy se hallan el Decanato y algunas aulas, el Orfanatorio, que después se convertirían en Maternidad y Sala de Niños.

         En 1898 se fundó el Manicomio Nacional en un pabellón donado por la señora Francisca de Thompson, construido anexo al Asilo de Huérfanos, el mismo actualmente ocupado por el Hogar de Niños.

         A raíz de la espantosa epidemia de bubónica de 1899, por decreto del 27-II-1900 se autoriza la adquisición por el Estado de dos manzanas de terreno en el paraje denominado Cachinga, para la construcción de una casa de aislamiento. Y se contrata al Dr. Miguel Elmasian, del Instituto Pasteur de París, para venir a organizar en nuestro país el Instituto Nacional de Bacteriología, para preparar suero antipestoso, enseñar Bacteriología, y estudiar nuestros problemas de patología humana y animal.

         En 1900 se nombran los primeros practicantes del Hospital de Caridad, que servía de hospital universitario; había entonces 30 alumnos en la Facultad de Medicina.

         El 31 de agosto de 1901 autoriza el P.E. a enviar a Europa a ocho médicos que se reciban en nuestra Facultad de Medicina y a dos médicos paraguayos de los que residen en algunos países de América, por el término de dos años.

         En 1901 comienza a dictar sus clases de Semiología, en el Hospital, el Dr. David Lofruscio. En 1902 las de Clínica Quirúrgica el Dr. Antonio Gasparini, y las de Clínica Médica el Dr. Guillermo Stewart.

         En junio de 1902 se oficializan las relaciones entre el Hospital de Caridad y la Facultad de Medicina, que ya lo usaba para los fines de la enseñanza; desde entonces la dirección médica y el presupuesto de gastos del personal docente quedan a cargo exclusivo de la Facultad de Medicina. Así mismo, por Ley del 16 de julio de 1904 se crean cien becas con la asignación mensual de ochenta pesos fuertes cada una a favor de las alumnas de la Escuela de Obstetricia que quieran dedicarse a la profesión de Partera, y se establece que todas las villas y pueblos de la República podrán enviar a lo menos una alumna con beca para dicha escuela.

         Los primeros diplomas de Partera expedidos por la Universidad Nacional fueron para:

 

         Victoria Villasanti, de 26 años, el 7.XII.1897.

         Juana E. Villasanti, de 30 años, el mismo día.

         Luisa Luraschi, italiana, de 37 años, el 8.V.1899.

        

Y los primeros diplomas de Farmacéutico fueron para:

 

         Andrés Barbero, de 21 años, el 22.XI.1898.

         Miguel J. Guanes, de 21 años, el 23.XI.1898.

         César C. Samaniego, de 23 años el 16.XI.1899.

 

         Al fin del curso académico de 1903 se gradúan los 12 primeros médicos formados en nuestra Facultad de Medicina: Andrés Barbero, Eduardo López Moreira, Eusebio Taboada, Luis E. Migone, Juan Romero, Manuel Pérez Acosta, Manuel Urbieta, Miguel Silvera, Natalicio Frutos, Ricardo Odriosola, Sabino Morra y Aniceto Rojas.

         A la colación de grado, realizada el 14 de mayo de 1904 asistieron el Presidente de la República y altas autoridades nacionales. Pronunciaron discursos el Rector de la Universidad Nacional doctor don Federico Codas, el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública (quien en su discurso rindió un homenaje al doctor Facundo Insfrán, su antecesor como Decano y fundador de la Facultad), uno de los graduados, el doctor Juan Romero, y el doctor Guillermo Stewart, catedrático de la Clínica Médica. El Rector, doctor Federico Codas, recordó que, en 1858, se había abierto la Escuela de Cirugía con el concurso de los médicos ingleses doctor Stewart, Barton, Skinner, Rhynd, Bank, Wilson, y Wells, del Farmacéutico Priket y del químico Mastermann.

         A los 84 años de la Fundación de nuestra Universidad Nacional, la sorprendemos vigorizada y en pleno desarrollo. El Gobierno Nacional, presidido por el eminente ciudadano General Alfredo Stroessner, ha sabido comprender el papel de la Universidad moderna en los programas de progreso y desarrollo de los países en los días que corren y de su preponderante papel en la formación integral de los técnicos, líderes, maestros, investigadores y personas cultas que promuevan el progreso de nuestras naciones y la felicidad de sus habitantes.

         Estamos en plena tarea, las autoridades universitarias y nacionales, de adecuar a nuestra Universidad a los tiempos modernos, de reestructurarla para hacerla más dinámica, y para integrar progresivamente a las diversas casas de estudios en la Ciudad Universitaria de San Lorenzo, donde ya se han inaugurado y se hallan en pleno funcionamiento los edificios y laboratorios de diversas casas de estudios.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

González Torres D.M. Historia de la medicina en el Paraguay. Vol. VI de Temas Médicos. Asunción, 1968. Con abundante bibliografía.

González Torres D .M. La Universidad Nacional de Asunción en el 80° aniversario de su fundación. Anales de la U.N.A., VII-IX. 1969.

González, Natalicio, Proceso y formación de la cultura paraguaya. Tomo I. Editorial Guarania. Asunción. 1948.

Cardozo, Efraín. Orígenes de la cultura superior en c1 Paraguay. Historia paraguaya. Asunción. 1957.

Kostianovsky, Olinda Massare de. La instrucción pública en la época colonial. Asunción, Paraguay. 1968.

 

 

 

 

 

ANTECEDENTES DE LA ENSEÑANZA DEL ARTE DE CURAR EN EL PARAGUAY

 

Publicado en números dominicales de La Tribuna. Asunción.

29.VI.; 6.VII; 20.VII de 1969

 

         La primera organización seria de la enseñanza de la medicina y la cirugía en nuestro país se hizo durante el gobierno de D. Carlos A. López, en 1848. Hasta entonces, el compatriota que quisiera estudiar medicina tenía que hacerlo en la Universidad de San Marcos, de Lima, creada en 1552, donde estudió José Dávalos y Peralta, el primer paraguayo médico, que formaba parte del grupo de los 10 primeros que en 1689 obtuvieron el diploma de Licenciado en Medicina, quien después de seis años de práctica en el Hospital de Santa Ana de la Capital peruana, recibió su título de doctor en medicina el 8 de octubre de 1695, y ganó más tarde, por concurso, el cargo de profesor de medicina en la misma Universidad; o entonces en Buenos Aires, cuyo Protomedicato se creó en 1779 (confirmado en 1800) y la Facultad de Medicina que empezó a funcionar en 1801, de cuyo Protomedicato salieron los paraguayos don Antonio Cruz Fernández, nuestro Primer Teniente de Protomédico, y el Protomédico Rivera; ambos actuaron a fines del siglo XVIII y a comienzos del XIX.

         En nuestro viejo Hospital Militar o de Asunción atendían los llamados cirujanos de Tropas y algunos médicos paraguayos que allí hacían su práctica; estos no eran formados en universidad alguna, pero tenían conocimientos de la aplicación de nuestras plantas medicinales, eran "empíricos" y practicaban y servían en el citado Hospital, que era el único lugar de formación práctica de nuestros médicos algunos de los cuales como Juan Vicente Estigarribia y Luis Cálcena Echeverría alcanzaron justificada fama en el ejercicio de la profesión.

         El único Hospital estable de Asunción (y el Paraguay) durante casi todo el transcurso del siglo pasado fue el Hospital Militar de Asunción, llamado también Hospital Potrero, construido en un amplio campo, a orillas del arroyo Jardín, el actual Hospital Militar Central. Y decimos estable porque en 1863 se habilitaron un Hospital de Caridad en la Trinidad, y un Hospital de Mujeres en Asunción, de corta vida, y durante la guerra contra la Triple Alianza se habilitaron también otros hospitales de sangre como los del Estanco y de San Francisco, este último cerca de la estación del Ferrocarril.

         Los aliados instalaron también otros hospitales: el de los argentinos en una vieja casona familiar del centro de la capital; el de la Marina, de los brasileños, donde hoy está el Hotel Asunción Palace, pero tomando todo el frente de la cuadra de Colón, entre Estrella y Oliva, que a fines de abril de 1873 fue trasladado al edificio denominado "Cuartel del Mangrullo" que había sido refaccionado para tal fin, y el de Guerra, también de los brasileños, en lo que es hoy la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, tomando el frente de la cuadra de Yegros, entre E. Ayala y Mariscal Estigarribia, con los fondos de lo que es hoy el Colegio Nacional de Niñas.

         Terminada la guerra se construyeron pabellones nuevos en el predio del antiguo Hospital Militar, que fueron inaugurados el 4 de octubre de 1877 con el nombre de Hospital de Caridad, con capacidad para 30 camas. Posteriormente se construyó el Hospital Nuevo o de Caridad, en los Campos Elíseos, y se inauguró el 18 de julio de 1894 con el nombre de Hospital de San Vicente de Paul.

         Retomando la historia, en el Hospital Militar o Potrero o de Asunción, construido en el siglo XVIII, hacia 1760, y reconstruido por el Dictador Supremo, hacia 1820, se atendía a los enfermos de las tropas de guarnición de la capital así como al pueblo.

         En el hospital atendieron, entre otros, al Doctor Lorenzo Gaona, egresado de la Facultad de Medicina de Valencia en 1783 y que vino al Paraguay con su amigo el Gobernador Intendente del Paraguay don Joaquín de Alos y Brú; los cirujanos españoles Vicente Verduc o Berduc y Domingo Cabrera o Carrera venidos en 1785 en las comisiones demarcadoras de límites entre los dominios de España y Portugal de acuerdo al Tratado de San Ildefonso del 1-X-1777; el Cirujano francés o catalán don Estegan Uguet. Allí sirvieron y atendieron el médico paraguayo y Protomédico don Antonio Cruz Fernández, los cirujanos de tropas don Roque Pereira, don Gregorio Larrea, don Juan Gelly, don Donato Estigarribia, y don Domingo Noguera, a fines del siglo XVIII.

         Después de la independencia, allí sirvieron y atendieron el famoso médico don Juan Vicente Estigarribia, traído en 1814 desde Villa Rica por el Dictador Francia, el médico catalán don Domingo Bruguez, el herborista Patricio Narváez, el médico suizo John Rudolf Rengger, el cirujano del ejército don Luis Cálcena Echeverría, y más tarde, desde 1856, el boticario italiano don Domingo Parodi. En la época de don Carlos A. López, también actuaron los Practicantes Ramón Ocampos y Francisco Ortellado y otros. Después vinieron los médicos ingleses contratados.

         Nuestro Hospital Militar o Potrero era, pues, el único lugar de formación práctica de nuestros médicos o empíricos, algunos de los cuales alcanzaron justificada fama en su profesión.

         El primer intento de enseñanza del arte de curar se realizó bajo el gobierno de don Carlos A. López. En efecto, el Congreso del 12-III-1844 había facultado al Gobierno Nacional a contratar en el extranjero profesores de medicina, cirugía y arte obstetriz. Y por Decreto del 6-III-1844: art. 1° Se autoriza al Supremo Poder Ejecutivo a costear por el tesoro nacional la educación de seis jóvenes fuera de la República en los ramos siguientes: dos en química y farmacia, dos en dibujo en todos sus ramos, dos en leyes y derecho público. Art. 2°. El Supremo P.E. podrá costear del mismo tesoro hasta esta Capital los profesores que hayan de enseñar la medicina, la cirugía y arte obstetriz. Al año siguiente se realiza importante organización del ejército cuando en 26 de agosto se crean las Guardias Nacionales de la República y se dicta su Reglamento, y en la misma fecha se decretó poner en ejecución el Plan de Organización de la Primera Línea del Ejército Nacional.

         Por esa época se desarrollaban importantes acontecimientos en nuestras relaciones internacionales: el Tratado de alianza ofensiva y defensiva entre el Paraguay y Corrientes contra el Gobernador de Buenos Aires (Rosas), fue firmado en Asunción el 11 de noviembre de 1845; se moviliza el pueblo; la reunión de las fuerzas paraguayas se realiza en Pilar el 15 de diciembre de ese año; el 24 de diciembre nuestro ejército al mando del General Francisco Solano López llega a Corrientes. Después de algunos choques sin importancia termina la campaña contra Urquiza, y el fin de la Alianza con Corrientes se cumple el 7 de abril de 1846, y en mayo de ese año el General Francisco Solano López instala su campamento y Cuartel General en Cerrito. Poco después aparece una fuerte epidemia de disentería en el campamento, y por consejo del médico francés Dr. J. Alfred Demersay que por allí andaba, el General López resuelve mudarlo a otro lugar, Paso de Patria, pues el primer sitio no era apto, el agua impura y toda la tropa estaba contaminada. Es en Paso de la Patria donde en 1849 funcionará la primera escuela nacional de enseñanza del arte de curar, hecha de forma organizada.

         El 15 de setiembre de 1848 se firma en Río de Janeiro un contrato entre Juan Andrés Gelli, Encargado de Negocios del Paraguay en esa ciudad y Juan Federico Meister, doctor en medicina y cirugía, natural de Alemania, para trasladarse al Paraguay e ingresar como médico en el Ejército de la República. Dice el contrato:

         1° El doctor Juan Federico Meister se compromete a ir a la República del Paraguay lo más pronto que le sea posible, para servir en su profesión y calidad de médico, y cirujano en el Ejército de la República, sea en su acantonamiento, sea en campaña activa.

         2° Se obliga a emplear los instrumentos de la profesión en toda operación que haya de practicarse, y a enseñar a los asistentes que se le entreguen, la preparación y confección de los medicamentos y el modo de asistir y ayudar en las operaciones quirúrgicas a los facultativos.

         3° El Doctor Meister se conservará en esta obligación por término de dos años, al fin de los cuales se renovará este contrato, o cesará enteramente.

         4° El gobierno de la República asigna y pagará al Doctor Juan Federico Meister sesenta patacones o pesos fuertes cada mes. Pagará también los gastos de transporte a la República y de regreso al concluirse el contrato, hasta Buenos Aires o Montevideo: le dará además el Gobierno de la República las raciones correspondientes a su clase y rango, de carne fresca, arroz, fariña, y mientras que según la ordenanza vigente en el Ejército paraguayo se den a los demás jefes. En caso que conviniere al Doctor Meister tener su familia en la Capital, mientras él vive en el Campamento o en Campana, el Gobno. de la República dará alojamiento para la familia.

         5° El Gobierno de la República conferirá al Doctor Meister el título y funciones de Cirujano Mayor del Ejército con los honores, distintivos y privilegios de Teniente Coronel de cuyo uniforme podrá usar.

         6º En el caso en que por hallarse el Doctor Meister en poblados pudiere ejercer su profesión en favor de algunos particulares, sin perjuicio del servicio, podrá hacerlo en su beneficio.

         7° En caso que el Doctor Meister necesite el que se le anticipe algunas cantidades por cuenta de sus sueldos, el Sor. Encargado de Negocios se obliga a proporcionarle en Puerto Alegre y Buenos Aires doscientos a trescientos patacones por cuenta de sus sueldos, los que se le descontará por cuartas partes de su haber mensual.

         8° El Doctor Meister al llegar a la República del Paraguay presentará la cuenta de gastos del viaje documentada, la que le será abonada por el tesoro de la República.

         9° El Doctor Meister empezará a gozar de su sueldo señalado desde el día en que se embarque en Buenos Aires para la República del Paraguay.

         Firman en la feligresía de Santa ........ taria voca de Monte. 15 de setiembre de 1848". (2) (Respetada la grafía).

         En un documento de nuestro Archivo Nacional se encuentra una "lista de los once individuos destinados por orden del Excmo. Señor Presidente de la República a practicar la medicina y cirugía en el Campamento Gral. del Paso de la Patria, a la Dirección del Doctor D. Juan Federico Meister:

         José Tomás Ocampos, Domingo Antonio Ortiz, Francisco Ortellado, José Gaspar Estigarribia, Emeterio Román, Cándido Tellez, Juan Antonio Marín, Juan Antonio Jovellanos, Wenceslao Velilla, Luciano Recalde, Manuel Antonio Fabio. Asunción julio 14 de 1849". (3).

         Varios de estos estuvieron más tarde con los contratados ingleses haciendo su perfeccionamiento y a José Gaspar Estigarribia, Francisco Ortellado, Cándido Tellez y Wenceslao Velilla les hemos podido seguir la actuación durante la guerra contra la Triple Alianza.

         Hacia 1885 resuelve don Carlos A. López organizar la sanidad militar y comienza a contratar médicos ingleses, de mucha fama, y que había dado anatomistas y cirujanos de la talla de los hermanos John Bell y Sir Charles Bell, Robert Knox, James Syme, el farmacologista Robert Christison, los obstetras James Hamilton y Sir J.Y. Simpson, y tantos otros.

         El primero en llegar fue el cirujano alemán Dr. Federico Sicke, que vino de Londres formando en la plana mayor de nuestro barco de guerra Tacuarí en su viaje inaugural, llegando a Asunción el 21 de enero de 1855. Prestó servicios en nuestro país hasta 1857 regresando en abril de ese año a bordo del Río Blanco.

         Todos los demás fueron ingleses: el Dr. George Pegotte Barton, llegado en 1856, fue el primer Director de la Sanidad Militar; por renovaciones de contrato sirvió al menos hasta 1866 en que se retiró del servicio, cuando servía en el hospital de Paso Pucú. Gozaba de mucha confianza en el seno de la familia López.

         El Doctor Guillermo Stewart, llegado en 1857, fue Cirujano Mayor en nuestra sanidad militar, actuó durante la guerra hasta Lomas Valentinas; después de la guerra ocupó cargos de mucha importancia, actuó en la reorganización de nuestra sanidad militar, llegó al grado de Coronel y fue profesor de nuestra Facultad de Medicina. Casóse en nuestro país, con doña Venancia Báez y dejó descendencia.

         El Doctor John Johnstone, llegado en el Tacuarí el 14 de junio de 1856; falleció repentinamente el 9 de octubre de 1857.

         El Doctor Juan Fox, llegado en 1857, sirvió en la sanidad militar hasta 1867 en que se retiró por su mala salud.

         El Doctor Frederick Skinner actuó desde 1861 hasta Cerro Corá donde cayó prisionero. Después de la guerra, ya con el grado de Coronel, fue Director jefe del Hospital Militar.

         El farmacéutico George F. Masterman, llegado en diciembre de 1861, fue jefe de la Farmacia de la Sanidad Militar, trajo consigo un microscopio de primera clase, seguramente el primero traído al Paraguay; creó en el Hospital Militar un laboratorio de producción; actuó al comienzo de la guerra alcanzando el rango de Cirujano de 2º Clase. Fue apresado y procesado en 1866 permaneciendo 11 meses recluido; libertado en setiembre del 67 se asiló en casa del Ministro norteamericano Washburn; al retirarse este del país en setiembre del 68, fue nuevamente apresado. Es autor de la conocida obra "Siete años de aventuras en el Paraguay". Posteriormente, fueron contratados otros médicos ingleses. Es así como en 1864 llegaron a nuestro país los doctores William Mitchell Banks, de Liverpool, James Rhyad y James C. Wilson. Banks y Wilson se retiraron el 1° de febrero de 1865, y el Doctor Rhyan quedó, casose con paraguaya, y actuó durante la guerra, enfermó bastante gravemente y se retiró del servicio al promediar la guerra.

         Con los médicos ingleses, don Carlos A. López organizó la Sanidad Militar y se remitió la enseñanza de la medicina y cirugía en el Hospital Militar y se creó la escuela de aplicación de Sanidad Militar que funcionó en Humaitá.

         En el Hospital Militar John Fox enseñaba anatomía, Masterman enseñaba materia médica y microscopia, y Barton, Stewart y Fox enseñaban medicina y práctica de cirugía. Se inscribieron varios jóvenes para comenzar los estudios.

         La lista de Practicantes en 1859 era: Roque González (en comisión), Dolores Segovia, Pastor Candia, Domingo Roa, Lino Valdez, Pascual Espinoza. Firma la planilla: Wenceslao Velilla, Cirujano de Tropas, El sueldo de los Practicantes era de 8 pesos por mes. (4).

         La lista de Practicantes y oficiales del mismo Hospital Militar, en 1862 (revista-del 30-IV-1862) era:

         Capitán Comandante del Hospital, ciudadano Inocencio Miño, Alférez Honorario Cirujano, ciudadano Lino Valdez, Sargento 2° Antonio Gracia; Practicantes: Pastor Candia, Dolores Segovia (en Concepción), Roque Céspedes (en Concepción), Martín Giménes (en Fuerte Olimpo), Miguel Romero, Carlos Céspedes, Zoylo González, Gregorio Centurión Dolores Barbosa, Vicente Duré, Buenaventura Santos, Inocente Ayala, Anselmo Aquino, Manuel Morales, Dolores Sosa, Lorenzo González, Lorenzo Aquino, Benedicto Núñez, Eusebio Segovia, Manuel Frutos. Los sueldos, según la planilla eran: de 24 pesos mensuales para el Capitán Comandante, 17 pesos para el Alférez y Cirujano y de 8 pesos mensuales para los Practicantes. (5).

         En la revista del 30 de octubre del 62 figuran con el grado de Alférez Honorario Cirujano, además de Lino Valdez, los ciudadanos Rufino Torres y Pastor Candia; continúan en Concepción los Practicantes Dolores Segovia y Roque Céspedes, agregándoseles ahora el Practicante Manuel Frutos; en el Fuerte Olimpo presta servicios el Practicante Gregorio Centurión, en vez de Martín Giménes, que ahora lo hace en el Hospital Militar de Asunción. El Practicante Lorenzo Aquino presta servicios en el Ferrocarril. (5).

         El 4 de marzo de 1863 los doctores Barton y Stewart envían al Ministro de Guerra y Marina un informe que dice así: "los jóvenes practicantes de Medicina y Cirugía Carlos Céspedes, Anselmo Aquino, Lorenzo González y Manuel Morales se hallan adelantados en el estudio de la facultad médica y en la práctica de cirugía, que consideramos en estado capaces de sufrir un examen de ambos conocimientos para que según el resultado del examen, si el Supremo Gobierno de la República los encuentre apto: sean honrados con un grado, y ejerzan el oficio de médico de tercera clase en el Hospital. Si nuestra solicitud sea aceptada por el Supremo Gobierno de la República, pedimos sean dados la comisión de examen entre todos los médicos del Hospital y con el resultado daremos cuenta a Vuestra Excelencia". (6).

         Más tarde, en oficio dirigido el 6 de junio de 1864 a nuestro Encargado de Negocios en París, don Cándido Bareiro, se le hacía un pedido de libros de medicina y cirugía en español, para uso de los practicantes.

         En el Semanario del 9-VII-1864 se lee: "Practicantes de Cirugía. Se aumentó el número de los alumnos de este ramo de enseñanza. Así conviene pues los primeros están adelantados y muchos de ellos se encuentran ya en los hospitales practicando con notable adelanto este importante estudio".

         En la revista hecha el 31 de mayo de 1865 en el Hospital Militar figura la siguiente lista de los Señores Practicantes: Teniente Wenceslao Velilla, Alférez Rufino Torres.... Practicantes: Vicente Duarte, Dolores Sosa, Manuel Miltos, Manuel Frutos, Bacileo Milecis, Gaspar Centurión, Pascual Toledo, Dionisio Jara. Figura también el Teniente Honorario Boticario Inglés Masterman.

         Los sueldos en planilla son: Teniente Honorario 20 pesos mensuales, Alférez 17 pesos y Practicantes 8 pesos. (7).

         Después fueron incorporados como estudiantes y practicantes otros cincuenta jóvenes, de lo más granado y culto de nuestra juventud, quienes con los anteriormente citados, fueron todos movilizados cuando se desencadenó la guerra contra la Triple Alianza.

         Al comienzo de la guerra se creó en Humaitá la Escuela de Aplicación de la Sanidad Militar, instalada en un amplio edificio vecino del Hospital (8).

         Las crónicas recogieron los siguientes nombres de Practicantes estudiantes, a más de los antes citados, de los cuales muchos tuvieron brillante actuación durante la guerra, alcanzando grados y honores, muchos también murieron por la patria y algunos sobrevivieron, participando en la reorganización del país y alcanzando altos cargos en la administración pública:

         Juan B. Gaona, Castillo, Esteban Gorostiaga, Cirilo A. Rivarola, Julián Valiente, Juan B. Gill, Justo Pastor Fretes, Francisco Galeano, Marcelo Farías, Domingo Vázquez, Francisco Ferreira, Bernardo Carvallo, Benito Franco, Felipe Talavera, Máximo Ríos, Juan Anselmo Patiño, Francisco Campos, Ramón Ocampos, Cirilo Solalinde, Ignacio Alviso, Pio Britos, Lázaro Quevedo, Julián Quevedo, José María Castillo, Lorenzo Giménez, Pedro Duarte. También los siguientes que en 1867 eran Practicantes y servían en el Hospital General: De la Cruz Arrúa, Pablo Palacio, Gabriel Cabrera, Patrocinio Cáceres, Pascual Toledo, Fermín Melgarejo, Baldomero González, Bautista Roa, Vicente Villalba, Francisco Campos, Ceferino Brites, Rafael Echagüe, Ramón Pereira, Miguel Mareco, Clemente Giménez, Máximo Ríos, Pastor Marín, Félix Quiñónez, Blas Sosa, Miguel Samaniego, Antonio Fabio y Daniel Roa, a quienes se provee vestuario completo el 14 de octubre del 67.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1. González Torres, D.M, Apuntes para la historia de la medicina en el Paraguay. Asunción. 1963.

2. Archivo Nacional de Asunción. Vol. 284. N° 3.

3. A.N.A. Vol. 2.014 (Vol. 158, W 23). N.E.

4. A.N.A. Vol. 2.178 (Vol. 169, N° 10). N.E.

5. A.N.A. Vol. 2.251 (Vol. 173, N° 31). N.E.

6. A.N.A. Vol. 1.663. N.E.

7. A.NA Vol. 2.328 (Vol. 178, N° 8). N.E.

8. Díaz León, Carlos La Sanidad Militar paraguaya en la guerra del Chaco Vol. 1. Imprenta La Humanidad. Asunción. 1956.

 

 

Hospital Potrero o Militar de Asunción; de Chodasiewez. 1869

 

 

Hospital Militar, 1867. Médicos ingleses de la Sanidad Militar

 

 

Doctor Guillermo Stewart

 

 

 

Hospital de Caridad San Vicente de Paul, 1910

 

 

Hospital de Sangre en la Guerra del Chaco. Director Dr. Trinchenko

 

 

 

 

 

LOS PROCESOS DE SAN FERNANDO Y OTROS PROCESOS

DURANTE LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA

 

Publicado en Anales de la Universidad Nacional de Asunción 1972

 

         Acaba de terminar el quinquenio en que, día por día, recordamos con veneración aquel otro quinquenio, trágico y glorioso, de la guerra contra la Triple Alianza.

         Desfilaron ante nuestro recuerdo los hechos más salientes de esa inigualada epopeya en que todo un pueblo, identificado con su líder llegó hasta el supremo sacrificio por la sobrevivencia de la patria.

         En medio de la tragedia, de las batallas, de la continuada lucha desigual, está aquel capítulo de la traición de algunos al Mariscal y a la Patria, de conspiraciones, de intento de magnicidio, de entendimiento con el enemigo, que llevaron a juzgamientos, formación de tribunales militares, consejos de guerra...

         Y se habló de atrocidades, crueldad, tormentos... y los enemigos del Mariscal, los que escribieron la historia poco después de la guerra, se encargaron de ocultar la verdad, o de exagerar algunos hechos, para denigrar la memoria del Héroe Máximo y mostrarlo como un monstruo y llamarlo tirano vil, verdugo de la Patria, de todo lo peor.

         Muchas generaciones de paraguayos aprendieron una historia deturpada, escrita por los vencedores o por sus sicarios, y se pretendió borrar la memoria del Mariscal del corazón y de la mente de sus conciudadanos. Hasta que advino el revisionismo de la historia y se fue conociendo la verdad, particularmente gracias a la valiente pluma del maestro O'Leary y de algunos otros.

         La luz se fue haciendo al relatarse la historia verdadera. Pero, hay algo que aún no ha llegado como debe al pueblo, algo que en tantas publicaciones periodísticas no se dijo aun para ilustración de todos: si bien se conocen las circunstancias en que se desarrollaron los hechos, poca gente, fuera de los especializados, conoce los procedimientos y leyes penales, especialmente militares que guiaron los procesos de San Fernando y otros posteriores, y el fundamento de las penas aplicadas.

         En los libros de historia y en varias monografías se habla de las Leyes de las Indias, de las Partidas, del Código Alfonsino, y de las Ordenanzas.... en vigencia en nuestro país hasta la época de la guerra contra la Triple Alianza. Empero, poca gente fuera de los eruditos e historiadores conoce bien de qué se trata.

         Aún después de la guerra siguieron en vigencia estos códigos. Es así como el Decreto del Gobierno Provisorio del 14 de enero de 1870 establecía en su artículo 18: Mientras que el Congreso Nacional dicte las leyes, bajo cuya égida debe vivir el pueblo paraguayo en su nueva existencia de nación libre e independiente, se observará en toda la República el derecho Español de las Siete Partidas, las de Castilla y las de Toro, tanto en lo civil como en lo criminal, lo mismo que el Estatuto Paraguayo, provisorio de la administración de Justicia del año 1842 en lo que prevé conforme con el manifiesto del 10 de septiembre...

 

         LA LEGISLACIÓN

        

         El Fuero Juzgo o Fuero de los jueces o Líber Gothorum, es la primera recopilación de leyes españolas; es atribuida a Chindasvinto, que la hizo preparar entre 642 y 649 y enmendada por su hijo Recesvinto, en 653, y presentada en el Concilio VIII de Toledo.

         El Fuero Real o de Castilla, de Alfonso X el Sabio, publicado en 1255.

         Las Siete Partidas, compilación jurídica de Alfonso X el Sabio, comenzada en 1251 y terminada hacia 1265. La tercera Partida reúne las disposiciones procesales "que fabla de la justicia, como se ha de fazer ordenadamente en cada logar por palabra de Juicio, e por obra de fecho". La séptima Partida reúne las disposiciones penales. Y en el Título XXX se reglamentan minuciosamente los tormentos.

         El Ordenamiento Real o de Alcalá, de 1348, por el que Alfonso XI dio fuerza legal a las Siete Partidas, como Código supletorio; es una colección de leyes de Castilla promulgada en las Cortes de Alcalá de Henares en 1348.

         El Ordenamiento Real o de Montalvo u Ordenanzas Reales de Castilla, compuesto por el jurista Alfonso Díaz de Montalvo por encargo de los Reyes Católicos, impreso en 1484.

         Las Leyes de Toro, de 1505; eran 83 Leyes aprobadas y promulgadas en las Cortes de Toro ese año. De la ley 63 a la 76 se trata de derecho procesal, de derechos reales y de obligación; de la 77 a la 83, de derecho penal. Su formación se debió a la necesidad de aclarar algunas leyes vigentes y resolver dudas que había en los códigos y compilaciones de otras épocas, como en las anteriormente citadas. Tuvieron mucha autoridad y eran las primeras en valimiento "entre todas las del Reino; se insertaron íntegras en la Nueva y en la Novísima Recopilación y continuaron rigiendo hasta la publicación de los códigos vigentes" Dice. Enciclop. Salvat.

         Con la "Nueva Recopilación Castellana o Recopilación de Leyes de estos Reynos", sancionada y publicada por Felipe II en 1567 se pretendió, sin lograrlo, poner orden al conjunto de leyes y ordenamientos anteriores. Esta recopilación de Leyes siguió rigiendo en América después de la Independencia, y de ella se hicieron varias reimpresiones (1581, 1592, 1598, 1640, 1723, 1745, 1772, 1775, 1777). Las leyes penales, muy semejantes a las de las siete Partidas, están contenidas en 26 títulos del libro VIII.

         En 1805, se publica la Novísima Recopilación de Leyes de España, sobre la base de la reimpresión de la Nueva Recopilación, de 1775, incorporándose las pragmáticas, cédulas, decretos, ordenanzas y resoluciones reales, y otras providencias no recopiladas, y expedidas hasta el año 1804. Se divide en 12 libros que van en 5 tomos, 6 partes.

         La Novísima no llegó a aplicarse en América porque advino la Independencia y, además, no llegó a ser comunicada a las Colonias.

         Varios artículos de la Novísima Recopilación fueron derogados en España más adelante: en la Constitución Política de 1812; por la Real Cédula del 25 de junio de 1814; por Ley del 16 de septiembre de 1837; por la Constitución de 1845, etc....

         Leyes de Indias. 1528. De la Legislación existente en España se separó en 1528 un cuerpo de leyes para las Indias, que del punto de vista penal, tiene poca significación, pues cuenta con pocas disposiciones penales.

         Recopilación de Leyes de Indias, de 1860: después de varios intentos, Don Antonio de León Pinelo y Don Juan de Solorzano Pereira consiguieron componer este cuerpo de leyes, que rigió en toda América española, agrupando o reuniendo en 9 libros un conjunto de 6.377 leyes relativas a América.

         En el libro VII están reunidas las pocas disposiciones de orden penal.

         Dada la copiosa legislación existente, fue necesario fijar prelaciones en la aplicación de ellas. Así, la Real Ordenanza de Intendencia de 1782 dispuso que las leyes fueran aplicadas y cumplidas en el siguiente orden: primero, las Leyes de Indias; segundo, la Real Ordenanza de Felipe V del 4 de Julio de 1718; y tercero, la Real Ordenanza de Fernando VI del 13 de octubre de 1749.

         De esos cuerpos legislativos también se separó la reglamentación del ejército, en forma de Ordenanzas. Las primeras dictadas en España fueron las de 1601; las siguieron otras en 1611, 1632, 1701 (de Felipe V, llamadas Ordenanzas de Flandes), 1728, y finalmente la de 1768, de Carlos III. Unas eran generales, otras dictadas para determinadas campañas.

         En 1768 una Comisión presidida por el Ministre de Guerra (Don Sebastián Eslava) compuso y publicó "Las Ordenanzas de S. M. para el Gobierno, disciplina, subordinación y servicio del Ejército". Estas Ordenanzas dadas por Carlos III entraron en vigencia el 22 de octubre de 1768.

         El 4 de noviembre de 1773 Carlos III, por Real Cédula, completó esta obra y reorganizó en España las Milicias y el Consejo Supremo de Guerra.

         Hubo después alguna que otra modificación, pero lo que regía en pleno eran Las Ordenanzas de 1768.

         En el título VIII se trata de la justicia, se definen los delitos militares y comunes, y se fijan las penas correspondientes. Habían penas bárbaras, crueles, infamantes, desproporcionadas con el delito cometido. Se citan como ejemplos entre las penas corporales: el uso de la vara, para castigo; la pena de baqueta; la de mordaza y atar a un poste, por blasfemia; taladrar la lengua con hierro candente y expulsión del Regimiento, en casos de reincidencia en la blasfemia; la pena de la horca, por robo o hurto en tienda de campaña o dependencia militar; el descuartizamiento, por robo de vasos sagrados.

         Sobre los procedimientos y las penas de la legislación vigente han dicho diversos autores y tratadistas:

         Emeterio González: "En las antiguas leyes españolas que nos rigieron hasta el advenimiento de la era constitucional, encontramos la pena de muerte, prodigada a cada paso, aplicada de mil modos, algunos de ellos atroces y repugnantes, como la hoguera y el descuartizamiento precedida, las más de las veces, por suplicios y tormentos brutales; mutilaciones bárbaras como la castración, la pérdida de los ojos, de las manos, de la lengua, de los dedos, etc.; los emparedamíentos horrorosos en cárceles reducidísimas e infectas, con acompañamiento del hambre y aditamiento de cadena, grilletes y otros signos infamantes de la esclavitud penal; las galeras, los trabajos durísimos, los azotes, la marca en la frente y otras partes del cuerpo, la degradación, la picota, la argolla, la esclavitud a favor del ofendido, la confiscación, etc.".

         Dice Valega: "Las penas eran corporales, infamatorias, y pecuniarias. Las corporales eran: muerte, azotes, bombas, quema y mutilación de miembros, tormento, galeras, minas, arsenales, presidio, obras públicas, destierro, prisión y reclusión (la pena de muerte era conmutable por la pena de vergüenza pública y servicios de galeras); las infamatorias eran: azotes públicos, vergüenza e infamia; y las pecuniarias: confiscación y multa".

         Sobre la severidad y crueldad de los códigos vigentes, dice O'Leary, después de referirse a la crueldad de la séptima Partida: "pero las Partidas resultan suaves en presencia de las Ordenanzas españolas, de las draconianas Ordenanzas militares de Perea, que eran la Ley de la guerra. Todas las faltas, aún las más insignificantes, castigaban con penas atroces y hasta con la muerte. Ordenaban los azotes, las corridas de baqueta, las mutilaciones... por simples descuidos en el servicio".

         La traición y los delitos políticos eran castigados severamente. Acota Natalicio González: "El rey absoluto se muestra extremadamente severo en la punición de la delincuencia política. La horca, el garrote vil, el descuartizamiento, son el fin obligado de los rebeldes".

         Sobre la legislación vigente y las circunstancias en que tuvieron que ser aplicadas las leyes podemos citar varias opiniones:

         Dice O'Leary, sobre el Mariscal López: "Y obró como debía obrar... con implacable energía, con crueldad inaudita, con la energía de las Ordenanzas militares, con la crueldad de la Séptima Partida, aplastando a los pobres de espíritu, sacrificando a los desleales, ahogando en sangre a los que pretendían negociar con la dignidad de la República".

         "Hablar de su crueldad es como atribuir al juez la crueldad del Código Penal, o como tildar de sanguinario al verdugo que ejecuta los mandatos de la Justicia. Que el procedimiento era feroz? Que el tormento es una atrocidad que crispa nervios y subleva el corazón? Quién va a negarlo? Pero la ferocidad no estaba en el ejecutor de la ley, sino en la ley misma...".

         Dice J. M. Rosas: "En San Fernando se descubre una conspiración..... No hubo compasión, no podía haberla con el obispo, los generales, el hermano, el ministro, los cuñados. Todos fueron ejecutados, después de sufrir torturas para arrancarles la verdad. Solamente Francisco Solano les conmutó la pena infamante de la horca dispuesta por el consejo de guerra, por la de fusilamiento".

         Es que en la legislación existente, eran también permitidas las torturas, los tormentos, para esclarecer la verdad, como veremos más adelante.

         Sobre el Coronel Silvestre Aveiro, uno de los Fiscales, dice O'Leary: "fiscal que debía ajustar su conducta a las prescripciones de la Séptima Partida del horrible código vigente para esclarecer la verdad, y castigar de acuerdo con ordenanzas militares que destilaban sangre en cada uno de sus artículos".

         Y el propio Aveiro afirma: "... acosado de todos lados, deslealtad en el interior, la ley fundamental que regía con sus facultades y en vigor las ordenanzas y demás leyes militares y españolas...".

         El Padre Fidel Maíz, otro de los Fiscales dijo: "La verdad es que, en horas supremas para el país, cumpliendo órdenes ineludibles del primer magistrado de la República, obré como debía obrar, ciñéndome estrictamente a las Leyes y a los procedimientos vigentes. Si la ley era rígida, cruel, bárbara si se quiere, yo no podía apartarme de su letra y de su espíritu.... Obré con las Partidas en las manos, en medio de las batallas, frente al enemigo que nos empujaba en trágicas retiradas".

         La verdad es que las Partidas eran extraordinariamente severas en el castigo de los dos más graves delitos: de herejía y de traición.

 

         PROCEDIMIENTOS

 

         Las referencias sobre el cumplimiento de los procedimientos indicados por leyes, reglamentos, ordenanzas, etc. son varias.

         Dice O'Leary: "Los jueces militares agotaron el procedimiento, apelando a todos los medios autorizados por las leyes vigentes para esclarecer la verdad. A pesar de actuar en el mismo teatro de las operaciones, en plena desastrosa retirada, empujados por un enemigo cada vez más poderoso, no omitieron detalle, por insignificante que fuera, para acabar de cumplir los mandatos del terrible Código alfonsino...".

         El Padre Fidel Maíz, uno de los Fiscales, refiere que se designaron e instalaron Comisiones y Consejos de Guerra, de acuerdo a los decretos de creación, que se cumplieron todas las instancias de los procedimientos, que hubo votaciones unánimes de parte de los componentes de los Consejos de Guerra, que se dictaron sentencias condenatorias, que el Mariscal López confirmó los fallos, ejecutándose las sentencias, y algunas veces, conmutándolas por otras penas menores.

         Sobre esto, dice O'Leary: "Y Solano López puso todavía de su parte toda la humanidad que le fue dado poner, conmutando a algunos la pena capital y salvando a todos del horrendo suplicio de la horca a que fueron condenados".

 

         LEYES DE INDIAS

 

         Durante el gobierno de los Reyes Católicos el despacho de los asuntos de Indias pasaba por manos de los secretarios de los Reyes; luego se prefirió que pasase por Juntas, que fueron varias sucesivamente. Más tarde fue formado el Consejo de Indias para tratar de esos asuntos; la fecha de su constitución no se conoce exactamente pero se fija el año 1524 el de comienzo de su funcionamiento. La materia o asunto de que preferentemente se ocupaban las Juntas y el Consejo de Indias, era el de los indios.

         La legislación por la que se guiaban las Juntas y el Consejo de Indias fue entresacada de la legislación castellana y a ella fueron agregadas otras legislaciones creadas; Leyes de Burgos (de 1512-1513); Ordenanzas de Zaragoza (de 1518); Instrucciones y Capítulos (de 1523); Instrucciones (de 1526); Ordenanzas de Toledo (de 1528); Ley de Sucesión (de 1536), hasta llegar a las "Leyes y Ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad, para la Gobernación de las Indias, y buen tratamiento y conservación de los indios... de 1542-1543, que fue el primer cuerpo legal por que se rigió el Consejo de Indias (pues el de 1524, o no existió o se perdió).

         Estas Leyes y Ordenanzas fueron substituidas por las promulgadas por Felipe II en el Pardo el 21-IX-1571, y éstas suplantadas por las promulgadas por Felipe IV en 1636.

         "La Recopilación de Leyes para las Indias incorporó los items de todas ellas, y con preferencia las de 1636, siempre que venían a sancionar, con nueva fuerza, leyes de suyo antiguas tanto como una centuria". Molinari.

         Las Leyes y Ordenanzas nuevas.... fueron reproducidas conjuntamente con las ordenanzas del Consejo de 1571, bajo el nombre de "Ordenanzas Reales del Consejo de las Indias". Reproducidas en 1585.

         En 1603 se publica una nueva edición de las "Leyes y Ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad, para la gobernación de las Indias, y buen tratamiento y conservación de los indios: que se han de guardar en el Consejo y Audiencias Reales que en ellas residen: y por todos los otros Governadores, jueces y personas particulares dellas". En Valladolid. En la Imprenta del Licenciado Varez de Castro. Año de 1603, de la que la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires hizo una edición en 1923, con una introducción de Diego Luis Molinari.

 

         LA SÉPTIMA PARTIDA reúne las disposiciones penales.

 

         Título I. Ley II. Las personas prohibidas de acusar pueden hacerlo de los delitos de conspiración contra el Estado, o de lesa majestad divina y humana.

         Ley VI. En pleitos de traición y de herejía se puede hacer acusación después de muerta la persona....

         Ley VII. Contra quien puede ser hecha acusación.... después de muerto no puede ser hecha la acusación. Pero en pleito de traición, quien la hubiese hecho contra las personas del Rey, o contra la pro comunal de la tierra, o por razón de herejía, bien puede ser acusado después de su muerte.......

         Comentario. El procedimiento criminal contra un reo difunto tenía por objeto la confiscación de sus bienes y la imposición de la pena de infamia que recaía sobre la memoria de aquel, y lo que era peor, una y otra pena recaían sobre sus hijos y descendientes.

         Ley XXIV. Si el acusado se mata él mismo.... si el delito era tal que si le fuese probado debía morir y perder sus bienes, y habiendo ya comenzado el pleito por demanda, y por respuesta se mató, entonces deben tomar todo lo suyo para el Rey....

         Título II. Trata de la traición, que es el peor crimen, el más vil, que hace mal no sólo al que la cometió sino que al linaje que por línea directa de él desciende y a los que con él moran.

         Ley I. Trata de los diversos tipos de traición.

         Crimen de lesa majestad quiere decir el crimen de traición que comete el hombre contra el Rey. Y traición es la cosa más vil, la peor que puede caer en el corazón de un hombre.

         Cuántas maneras de traición....: tratar de causar la muerte de su Rey; o de hacerle perder en vida la honra de su dignidad: trabajando con enemigo, que sea de otro Rey; o que su señor sea desposeído del Reino. La segunda manera es, si alguien se pone con los enemigos, para guerrear o para hacer mal al Rey o al reino; o les ayuda de hecho o de consejo, o intercambia carta o mandado, por los que derive alguna cosa contra el Rey o cause daño a la tierra..... La tercera es si alguien trabajase de hecho o de consejo, para que alguna tierra o gente, que obedece a su Rey, se levante contra él, o que no le obedezca tan bien como solía. La quinta...., el que tiene Castillo o Villa u otra fortaleza, por el Rey, se alza con ese lugar o lo entrega a los enemigos, o lo pierde por su culpa o por algún engaño que le hacen..... La sexta es si alguno desamparase al Rey en batalla, o se pasase a los enemigos o a otra parte, o se fuese de sus huestes de otra manera, sin su mandato, antes del tiempo que debía servir..... La séptima es si alguien hiciese bullicio o levantamiento en el reino, haciendo conjuras o cofradías de caballeros, o de villas, contra el Rey, de que naciese daño a. él o a la tierra....

         Título XXX. Trata de los tormentos..... Y por ende tuvieron a bien los sabios antiguos que hiciesen atormentar a los hombres, para que pudiesen saber la verdad de ellos.

         Ley I. Tormento es una manera de prueba que fallaron los que fueron amantes de la justicia para escudriñar y saber la verdad por él, de los malos hechos que se hacen encubiertamente y no pueden ser conocidos ni probados de otra manera. Las maneras de atormentar son muchas, pero las principales son dos: una se hace con herida de azotes. La otra es colgando de los brazos al hombre, y cargándole las espaldas y las piernas de lorigas, que son hierros encadenados unos con otros, o de otra cosa pesada.

         Ley II. Indica el procedimiento, la necesidad de mandamiento de los jueces ordinarios; quiénes no deben ser atormentados; por cuáles sospechas se puede atormentar a los presos; de qué manera deben ser atormentados; ante quién y qué preguntas se debe hacer mientras se atormente...

         Ley III. El juzgador debe estar presente cuando atormenten al preso y el escribano debe tomar nota de lo dicho por los atormentados; se indica cómo debe preguntar el juez...; el tormento debe ser aplicado en lugar apartado... Si el reo negase otro día lo que dijo cuando lo atormentaron, ante juez, en casos de delitos de traición, de falsa moneda o de robo, se puede repetir el tormento "e aun dos veces en dos días departidos"...

         Si del tormento muriese o perdiese un miembro por las heridas, el juez que lo mandó atormentar debe recibir la misma pena, igual que la que hizo dar aquel...

         Ley V. Cuando son muchos los que deben ser atormentados, cuál es el orden a seguir, cómo... (Comenzar a atormentar al menor de días... o al que fue criado más viciosamente... Después deben atormentarse a todos los otros, a cada uno de ellos apartadamente, de modo que no pueda ninguno oír o entender lo que dijere aquel a quien están atormentando. Y lo dicho por cada uno de ellos debe escribirse... en la manera en que dijeron, no cambiando cosa alguna. Y deben hacerlos atormentar mesuradamente, de modo que por las heridas que les den, se mueven a decir la verdad, guardando que las heridas sean tales, que no mueren por ellas, ni queden lisiados).

         Ley VI. Por qué razón se puede atormentar al siervo que diga testimonio contra su señor... (Si fuese acusado, el Señor, de haber hecho alguna traición al Rey o contra su Señorío; o que haya trabajado, o procurado hacerlo).

         Ley VIII. Como puede el juez mandar atormentar al testigo si viere que va desvariando en sus dichos... (Si nota que va desvariando el testigo en sus dichos... o se mueve maliciosamente para decir mentiras... bien lo puede meter a tormento para que diga la verdad y que no cambie de ella de ninguna manera).

         Título XXXI. Trata de las Penas.

         Ley I. Se aplican por dos razones: porque reciban el escarmiento de los yerros que hicieron... y porque todos los que lo oyeren o vieren tomen ejemplo y apercibimiento para guardarse que no yerren, por miedo de las penas.

         Ley II. No debe recibir pena el que sólo pensó mal, antes de comenzar a obrar... Pero si después de pensar tratase de hacer y de cumplir, comenzando a meter en la obra, aunque no lo cumpliere del todo... merece ser escarmentado. (Cita como ejemplos el intento de traición, de matar a otro- empleando veneno, arma, o en asechanza...).

         Ley III. Indica los yerros que merecen pena: matar, hurtar, robar, denostar, enfamar, atestiguar o abogar falsamente... falsas cartas, malas cantigas, malos ditados.. Por consejo: cuando algunos se juntan a uno, y hacen juramento, o postura, o cofradía, para hacer mal a otros, o para recibir los enemigos en la tierra, o para hacer levantamientos en ella, o para acoger a ladrones...

         Ley IV. Cuántas maneras son de pena. Son siete: cuatro son mayores y tres, menores... Pena de muerte o de pérdida de miembros; condenado a estar en fierros para siempre cavando en las minas del Rey o labrando o sirviendo a los que lo hicieron; destierro para siempre en alguna isla o en algún lugar cierto tomándoles todos sus bienes; echarlo en fierros y que yazge siempre en ellos, o en cárcel, o en prisión...; destierro para siempre sin confiscación de bienes; dañar la fama de uno juzgando por infamado; pérdida de la autorización para ejercer profesión; condena a azotes o herido paladinamente (públicamente, claramente, sin rebozo); ponerlo en deshonra en la picota; ponerlo desnudo al sol, untado de miel, porque lo coman las moscas, alguna hora del día ...

         Ley V. Quién puede mandar que den penas a los que las merecen, los jueces Ordinarios son los que pueden dar pena de muerte... Y no deben ser tomados sus bienes, ni deben pagar sus parientes por lo cometido... salvo los reos de traición o de casos expresamente señalados.

         Ley VI. Cuáles son las penas vedadas a los jueces: señalar a alguno en la cara; cortar las narices, sacar los ojos, dejarlo señalado... hay que mandar dar en otras partes del cuerpo y no en la cara, que hay muchos lugares en el cuerpo...

         La pena de muerte principal puede ser dada: cortándole la cabeza con espada, con cuchillo y no con segur (hacha grande para cortar) ni con hoz de cegar; se lo puede quemar o ahorcar o echar a las bestias bravas a que lo maten... pero no debe mandarse apedrear a ningún hombre, ni crucificarlo, ni despeñarlo de peña ni de torre, ni de puente ni de otro lugar.

         Ley VIII. Los Jueces deben tener en cuenta la persona a la que se aplicará escarmiento o pena: si es esclavo, hidalgo, caballero, joven, viejo... para no matar tan aviltadamente (Abiltadamente: con envilecimiento o ignominia-Baldón, injuria-) como a los otros, así como arrastrarlo o ahorcarlo o quemarlo o echarlo a las bestias bravas, más debiendo matarlo de otra manera, así como haciéndolo sangrar o ahogar, o haciéndolo echar de la tierra, si le quieren perdonar la vida. Que mayor pena merece el que erró contra su señor, o contra su padre, o contra su Mayoral, o contra su amigo...

         Ley IX. No se debe dar pena al hijo por yerro del padre, ni a una persona por otra... Pero si el yerro es de traición, entonces los hijos serán desheredados y agraviados en algunas cosas, por la traición que su padre hizo...

         Ley X. El desterrado que torne a la tierra sin mandato del Rey, se le debe doblar el tiempo que quebrantó... Si el destierro fue para siempre... debe morir...

         Título XXXIL De los perdones. Misericordia es merced o gracia que deben tener señaladamente en sí los Emperadores, Reyes y los otros grandes Señores...

         Ley II. Si el perdón se da antes de la sentencia, quedan libres de la pena que deben tener, y cobran su estado y sus bienes y lo que tenían antes; si el perdón viene después que fueron juzgados, quedan libres de las penas que deben haber en los cuerpos; pero los bienes, ni la fama, ni la honra, que perdieron por aquel juicio que fue dado contra ellos, no lo cobrarán por tal perdón; salo que se dijese señaladamente, cuando se lo perdona, que se mande entregar todo lo suyo o volver al primer estado, entonces lo cobrarán todo.

 

         CASTIGOS Y PENAS EN EL FUERO MILITAR

 

         Castigos y penas corporales.

 

         Baquetas: Por promover especies que puedan alterar la obediencia, y la disciplina (luego de cumplido, se agrega: trabajos en la plaza); desórdenes cometidos en marcha; dos carreras por 200 hombres: al centinela que durmió (cumplido se agrega: trabajos públicos durante el tiempo que le falta para cumplir el servicio); 25 palos: a centinela que se distrae, fuma, se sienta, deja su arma (se agrega: dos meses de prisión).

         Cortar la mano derecha: ultraje a sacerdote, maltrato o uso de arma...; amenaza o insulto de soldado, cabo, sargento a su oficial, y luego horca.

         Mordaza: por blasfemia; juramento execrable por costumbre. Atravesar la lengua con hierro caliente: por blasfemia reincidente (se agrega expulsión ignominiosa); por revelar santo y seña al enemigo, y según el perjuicio, hasta pena de muerte.

         Castigo a otro, en lugar del reo fugitivo: al que tolera o auxilia a huir, a ocultarse.

         Deposición de empleo: a oficiales que no denuncian especies sabidas u oídas que pueden alterar la subordinación o disciplina.

         Destierro: Correspondencia con el enemigo.

         Expulsión ignominiosa: del blasfemo reincidente (después del castigo indicado antes).

         Horca: a espías de ambos sexos. Por causar muerte o herida grave con alevosía; robo dentro del cuartel, en casa de oficial, a vivandero; si resulta muerte: ahorcar y descuartizar al delincuente; sedición, conspiración o motín; inducir a esos delitos; tener noticia de ellos y no delatar; ultraje a imágenes divinas; ultraje y muerte a sacerdote; amenaza o insulto contra superior (de soldado, cabo, sargento), cortar primero la mano derecha; el gancho de otro Príncipe.

         Horca y descuartizamiento: robo o hurto en el cuartel, con muerte; robo de vasos sagrados; el que oculta maliciosamente, o el que ocasiona que otro robe; incendiarios en tiempo de paz o guerra en lugares sagrados y cuarteles.

         Horca y ser quemado: en casos de crimen bestial o sodomítico.

         Muerte: pasados por las armas; testigo falso; por cobardía, volver espaldas al enemigo (pasado por las armas en el acto); centinela que abandona su puesto; insulto a centinela, ataque con arma blanca, apuntarle con arma de fuego, golpes con manos, piedra, palo; robo de armas y municiones a sus camaradas, o del almacén real, parque o depósito; insulto a lugares sagrados; incendiario en tiempo de paz o de guerra; desobediencia de soldado, cabo o sargento a oficial; desobediencia de sargento a su oficial de Regimiento; inteligencia con el enemigo por escrito o verbal; revelación de santo y seña al enemigo (o pena corporal según el perjuicio) ; deserción.

         (Si hay varios desertores, se sortearán entre sí para que uno de cada cinco sea pasado por las armas; de modo que a proporción del número padecerán esta pena, de diez dos, de quince tres, y así correlativamente; en la inteligencia de que de cada cinco ha de morir uno; pero siendo uno o dos, no por eso dejará de ser pasado por las armas uno de ellos; y siendo tres o cuatro, tampoco se ha de sujetar a esta pena más que uno; ni en el número de trece, o catorce la han de padecer más que dos, y así sucesivamente; y los que hayan quedado libres en el sorteo serán excluidos del servicio, y destinados a Presidio por diez años).

         Inducción a deserción; conversar para la rendición; abandono de puesto ante el enemigo; desamparo de oficial a su tropa; pérdida de plaza; revelación de comisión (cuando resulta perjuicio grave); cuando es oficial el condenado, degradación previa; violencia a mujeres: Honrada, casada, viuda, doncella; y si hubo amenaza con arma y daño notable en su persona; si no hay verdugo para aplicar pena de horca; cualquiera que levante la voz apellidando gracia (cuando se lee la sentencia y se va a ejecutarla).

         Presidios: Seis años: inducción a deserción, sin que se realice ella; encubrir o auxiliar deserción; diez años: herir con ventaja o alevosía, no resultando muerte; intención deliberada y esfuerzos para conseguir violencia a mujer (honrada, casada, viuda, doncella).

         Privamiento de empleo. Conversación o correspondencia para rendición; abandono de puesto en acción; desamparo de las tropas; entrega de plaza; revelación de misión.

         Quemar. Por profanación del Santísimo Sacramento.

         Revisión, suspensión de sentencia, pena. Cuando el jefe cree haber injusticia.

         Tormentos: Cuando no hay medias pruebas por testigos e indicios y el delito merece pena de muerte. Se reglamenta la aplicación de tormentos.

 

 

BIBLIOGRAGÍA

 

         Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias, de Carlos III, 1880, Publicado en 1681; en tres tomos. Consejo de la Hispanidad. 1943. Gráficas Ultra S.A. Alcalá 216. Madrid, De la 4º reimpresión. 1791.

         Los Códigos españoles. (se refiere a Fuero Juzgo, Partidas...). Antonio de San Martín, Editor, Puerta del Sol N° 6. Librero de los Ministerios de Estado, Gracia y Justicia, Fomento, Ultramar, Guerra...

         Código de Justicia Militar de España. Anotado y concordado por Nicasio Pou Ribas. Manuales Reus, Editorial Reus, Madrid.

         Ordenanza de S.M. para el Gobierno, disciplina, subordinación y servicio del Ejército, Carlos III. 22-X-1768.

         Reglamento del 13-III-1844. "Ley que establece la Administración política de la República del Paraguay y demás que en ella se contienen".

         Soler, Sebastián, Derecho Penal Argentino, Tipografía Editora Argentina. Buenos Aires. 1951.

         Centurión, Coronel Juan Crisóstomo. Memorias, IV. Imprenta Militar. Asunción, 1901.

         Maíz, Fidel. Etapas de mi vida. Imprenta La Mundial. Asunción. 1919, Edición Especial. Reimpreso el 3-XI-1970, Asunción.

         O'Leary, Juan E, El Mariscal Solano López, 2º Edición, Imprenta de Félix Moliner. Madrid, 1925.

         González, Natalicio, Proceso y formación de la cultura paraguaya, Tomo L. Editorial Guarania. Asunción, 1948,

         Cova, J.A. Solano López y la Epopeya del Paraguay, Editorial Venezuela. Buenos Aires. 1948.

         Rosa, J.M. La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, A, Peña Lillo, Editor, Buenos Aires. 1944.

 

 

 

LA EPIDEMIA DE GRIPPE DE 1918-19

EN EL PARAGUAY

 

 

* Capítulo Epidemias, del 2° volumen, en preparación,

de Historia de la Medicina en el Paraguay, del Prof. Dr. D.M. González Torres.

 

         La pandemia de grippe de 1918-19 había comenzado en los países beligerantes de la primera guerra mundial devastándolos y causando más víctimas que la misma guerra, y fue una de las más mortíferas epidemias de grippe conocidas. Alcanzó a todos los países de la tierra produciéndose tres oleadas, según los datos epidemiológicos y estadísticos conocidos en la Organización Mundial de la Salud: la primera en junio-julio de 1918, caracterizada por elevada incidencia y escasa gravedad; la segunda en octubre-noviembre del mismo año, con caracteres graves y atacando más a los jóvenes que a personas de edad; la tercera en febrero de 1919, de carácter también grave y afectando más a personas adultas y ancianas.

         La epidemia parece haber llegado a América del Sur por barcos provenientes especialmente de España, por lo que la enfermedad fue llamada grippe española o influenza.

         En fines de setiembre de 1918 los gobiernos de Argentina y Uruguay toman medidas sanitarias conjuntas respecto a los buques procedentes de España, Portugal, Francia e Italia. Iguales medidas ya se tomaban en puertos de Brasil y en este país se aconsejaba la vacunación contra la enfermedad.

         En nuestro país el Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública (en adelante el Departamento) notifica el 2 de octubre a los médicos Regionales y Encargados de la Sanidad Fluvial las noticias que sobre la grippe española vienen del exterior y su aparición en el Brasil, y se dispone que en los puestos de Sanidad Fluvial se proceda a la observación de barcos, y en casos dados, al aislamiento de sospechosos o enfermos, y el inmediato aviso a las autoridades de Asunción.

         Posteriormente, se envían circulares a las intendencias Municipales y autoridades comunales de la República en las que se las invita a practicar el saneamiento de las poblaciones de acuerdo con instrucciones que se envían y contenidas en el folleto "Saneamiento de la Ciudad" preparado por el Prof. Dr. Guillermo Stewart.

         Mientras tanto, nuestra Cancillería recibe durante el mes de octubre de nuestras Legaciones en Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro recortes de periódicos que dan noticias de la propagación de la epidemia de grippe en Europa, y en Argentina, Uruguay y Brasil. Estos recortes son enviados por la Cancillería al Departamento N. de Higiene y A. Pública.

         En los días 4 y 5 de octubre los diarios de Buenos Aires anuncian la benignidad de la epidemia y la sensible declinación del número de enfermos.

         El 10 de octubre el Departamento hace publicar en los periódicos de nuestra capital las características y síntomas de la grippe y las medidas a tomar para su prevención y tratamiento.

         Se recomienda el blanqueo de las habitaciones a la cal y la desinfección de los pisos con creolina.

         Se aconsejan, paralelamente, medidas contra el Cólera. Este mal había quedado endémico en nuestro país en su forma benigna llamada colerina, y como generalmente al comienzo de la primavera (que comienza el 21 de setiembre) y durante el verano (que comienza el 21 de diciembre) se observaba mayor número de casos de diarrea, había siempre la sospecha de tratarse de cólera.

         El 10 de octubre el Departamento crea tres Estaciones Sanitarias y de Desinfección en los puertos de Encarnación (sobre el Paraná), Humaitá y Concepción (sobre el Paraguay); se dispone el envío de un delegado del Departamento a Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro para informarse del progreso de la epidemia y concertar acción conjunta entre los cuatro países, y participar en un Congreso a celebrarse el 15 de octubre en la capital brasileña. Es designado el Dr. Alejandro Arce para cumplir la misión.

         Se envían también instrucciones a las que debe ajustarse el jefe de la Estación Sanitaria de Humaitá con respecto a todos los barcos que pasen por allí hacia al norte, procedentes de puertos argentinos, uruguayos o brasileños. Análogas instrucciones se enviara a la Estación Sanitaria de Concepción respecto a barcos que viajan hacia el sur y que hayan tocado puertos de Matto Grosso (Brasil). Si se encuentran enfermos en las embarcaciones deben ser desembarcados y aislados, desembarcar a los otros pasajeros y ponerlos en cuarentena, realizar la desinfección de la embarcación, etc.

         Se extienden las instrucciones a otras nuevas Estaciones Sanitarias: las de Bahía Negra, en el norte del Chaco, frente a territorio brasileño y de Paso de Patria, sobre el río Paraná en su confluencia con el Río Paraguay.

         Se aconseja a la Dirección General de Correos que la correspondencia llegada del exterior a la capital y a los puertos de Encarnación, Pilar y Concepción sea desinfectada con vapores de formol.

         El 21 de octubres a las 21 horas llega a nuestra capital procedente de Argentina el vapor Formosa con dos enfermos con caracteres clínicos de influenza y en la mañana del 22 el Dr. Zanotti Cavazzoni denuncia haber atendido en sus domicilios esa mañana a otras dos personas desembarcadas en la víspera del mismo barco, y a otras tres personas. El Departamento impone el aislamiento de esos enfermos.

         El 23 decide el Departamento adelantar los exámenes en Colegios secundarios y Escuelas de toda la República. En este fin de mes se siguen recibiendo en el Departamento vía Cancillería, recortes de periódicos de Uruguay y Argentina sobre la epidemia de grippe en esos países. En Buenos Aires, dicen los diarios, sigue la epidemia que es benigna. Se recibe también comunicación de Buenos Aires que dan la noticia de haberse resuelto el 22 de octubre la suspensión de clases en todos los establecimientos de enseñanza en aquella capital, en vista de continuar la difusión de la influenza.

         En nuestro país, el Departamento decide el cierre de cinematógrafos, teatros, circos y casas de prostitución y se inicia la desinfección de casas y lugares públicos.

         El 29 de octubre se recomienda por los periódicos de nuestra capital la purificación del agua de beber, por uno de los siguientes métodos: por el herbido, por filtración (usando filtro de porcelana porosa, etc.), por método químico (sulfato de cobre al uno por cien mil; peróxido de sodio, un gr. en un litro; permanganato de potasio y el hiposulfito de sodio, etc.).

         Se disponen medidas especiales en la Tablada, el Mercado Central y todos los puestos de venta de carne, frutas y verduras de la capital. Y medidas para la eliminación o disminución de moscas en mercados, tabladas, tambos, cocherías, carrerías, etc. (31-X).

         Se da a publicidad la prohibición de reunión de personas en los cementerios, con motivo de las celebraciones tradicionales del 1 y 2 de noviembre (día de Todos los Santos y de Difuntos).

         Recién hacia mediados de noviembre se extiende la epidemia de grippe en la Capital, ciudades y pueblos del Interior del país.

         El 15 de noviembre dispone el Consejo Nacional de Higiene y A. Pública la suspensión de la romería a Caacupé, que se realiza todos los años el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, patrona del Paraguay, así como de las reuniones profanas que le acompañan (bailes, corridas de toros o de sortijas, calesitas, juegos, etc.).

         Se ordena continuar la prolija desinfección de establecimientos públicos.

         El Consejo Nacional de Higiene toma también otras medidas: se solicita al Ministerio del Interior pasar Circular a todos los jefes Políticos de la República en el sentido de suspender toda aglomeración de personas, incluyendo las que suelen tener lugar por celebración de fiestas patronales... porque la epidemia de grippe ya ha comenzado a desarrollarse en la capital y en varios pueblos del Interior. Se suspenden así mismo, las fiestas patrias del 25 de noviembre, aniversario de la jura de la Constitución, y las regatas que con ese motivo suelen realizarse (21-XI.); se dispone el traslado de catorce enfermos de la cárcel pública a la Casa de aislamiento, por causa del hacinamiento de presos que hay en la citada institución penitenciaria (25.XI); se despacha a las niñas pensionadas del asilo (28.XI) y se preparan los salones de los altos del Manicomio para enfermerías (29.XI); el Departamento anuncia por los diarios que ha dispuesto la salida en autos, de médicos para atender a la población enferma de la Capital. Los autos llevarán banderillas blancas con cruz verde y se atenderán pedidos de consultas médicas y se otorgarán medicamentos gratuitamente. Cuando los autos lleguen a un sitio el público puede solicitar el servicio médico sin aviso previo a la Oficina Central y sin necesidad de tarjetas de insolvencia (31.XI).

         Durante los meses de noviembre y diciembre se adquieren medicamentos en Buenos Aires para ser enviados a ciudades y pueblos del interior del país; en diciembre se comienza la distribución de leche a familias pobres, a razón de 250-500 grs. por cabeza diariamente; el Obispado hace suprimir el toque de dobles en las iglesias (4.XII);

se clausura el cementerio del Mangrullo, y las inhumaciones se harán en adelante en el Cementerio del Sur, en la calle Yegros entre séptima y octava proyectadas (6.XII); se solicita el concurso de los Cadetes de la Escuela Militar para prestar servicios en la Asistencia Pública (4.XIl); se constituye una Comisión compuesta por los señores Dr. Gerónimo Zubizarreta, don Tomás Varela, Dr. Juan B. Benza, don Rodney Croskey y Don Rogelio Ibarra Legal para socorrer pecuniariamente a menesterosos en nombre del Departamento; se invita a los estudiantes de Medicina a prestar servicios en la Asistencia Pública (11.XI); son invitados los médicos de la Asistencia Pública a una reunión para formar Zonas Sanitarias en la Capital y para enviar comisiones al interior del país (11.XI); en la reunión de ese día resuelve el Departamento dividir el radio urbano de Asunción en nueve Zonas de Sanidad. Cada Zona estará a cargo de un médico y contará con personal ayudante compuesto de: un estudiante de medicina, un cadete de la Escuela Militar, un ayudante de la Cruz Blanca y un soldado. A cada Zona se asigna medicamentos y puesto de distribución de víveres. En el apéndice de este capitulo se indican los límites de cada Zona Sanitaria y sus médicos jefes. En la Casa Central del Departamento prestan servicios los doctores Backhaus, Insfrán, Mosquera, J.P. Duarte, Caldarera y Carlos Silva. Los locales de las Zonas están indicados con bandera blanca con cruz verde y un letrero: Asistencia Pública. Zona...

         Cada Zona contará con medicamentos indispensables de primera necesidad. Los enfermos acudirán al local a solicitar auxilio médico o visitas. Los automóviles llevarán la bandera con cruz verde y en el cristal delantero el número de la Zona. Se recomienda la instalación de una cocina popular en cada Zona. En el Departamento habrá médicos permanentes para atención y visitas de urgencia cercanas. Las recetas que no pudieren ser despachadas en las Zonas respectivas se despacharán en la Asistencia Pública y en el Hospital Nacional.

         Se dispone también la distribución de socorros a menesterosos: de las Zonas I. VIII. IX en el Departamento; III. IV. VII en la intendencia Municipal; II. V. VI. en la Sociedad Cruz Blanca.

         Mientras tanto, se siguen recibiendo noticias de la extensión de la epidemia de gripe en la campaña, de forma benigna; en el Departamento de Paraguarí y entre las tropas de la Guarnición hay muchos enfermos, se produce el primer caso fatal el 11 de diciembre y el 12 otros dos más (12.XII); se dicta un Arancel de atención médica particular, por consultas y visitas de médicos, parteras y practicantes; se envía en Comisión al Dr. López Mosquera a visitar poblaciones del litoral Sur, especialmente Alberdi, Villa Franca, Villa Oliva (12.XII). En este viaje se entrevista con el Gobernador de Formosa (Argentina); en Villarrica se forma una Comisión Sanitaria con el Dr. Domínguez, el Intendente Municipal y el jefe Político, para disponer las medidas de lucha contra la epidemia (12.XII); ofrecen sus servicios los estudiantes de Medicina: Mario de Finis, Roberto Colosimo, J.S. Martínez Borges, Carlos Iribas, Rogelio Ocampos, Augusto Saldívar, Augusto González; Servián, Escalada, Ismael Gill, Raúl González, Miguel Ortiz (h), Volpe D., señorita Froilana Mereles y señorita Gabriela, Valenzuela:

el Cuerpo Diplomático ofrece contratar, si es necesario, médicos extranjeros, y proveer medicamentos y elementos para combatir la epidemia. Se resuelve agradecer el ofrecimiento, pero no se lo acepta porque "la epidemia parece declinar (12.XII); la dirección de la Sociedad Cruz Blanca, formada por el Dr. Lorenzo Casanello, Dr. Francisco L. Pecci, Doña Rufina Gómez, Don González Rioboo y Don Alfredo Daponte ofrece al Departamento Nacional de Higiene el concurso de su material sanitario y cuerpo del enfermeros (12.XII); el Departamento ofrece automóviles y nafta a médicos particulares para realizar visitas domiciliarias a enfermos. Se resuelve que un cadete permanezca de guardia en las farmacias para constatar si se cobra los precios que corresponden a las recetas. La Asociación Nacional de Damas de Caridad (Presidenta Doña Emilia R. de Recalde, Secretaria: Doña Marta Luisa de Recalde), ofrece sus servicios al Departamento (12. XII); llega una Comisión médica argentina formada por el Dr. Manuel Bataglia y el Dr. Fisher para conferenciar con la Dirección del Departamento sobre asuntos sanitarias. Visitan el Hospital Nacional, el Instituto Bacteriológico y otros locales; así como a los enfermos denunciados por el Dr. López Moreira como supuestos de peste bubónica. Ya anteriormente (el 3.XII) el Dr. Migone había informado que no se trataba de tal enfermedad y que los casos de la cárcel pública eran de paperas y no de bubónica (13.XII); se constituyen Sub-comisiones encargadas de distribuir auxilio pecuniario a gente pobre en la Capital, por distritos: Catedral y Recoleta: señores Juan B. Fariña, Comandante Atilio Peña, Dr. Rodrigo Solalinde; Lambare y Encarnación: Dr. Enrique L. Pinho, Dr. Díaz Escobar, Don Junio Quinto Godoy; San Roque y Trinidad: Dr. Luis C. Ortellado, Don Nicolás Angulo, Don Francisco Prieto (13.XII); se trasladan al Hospital Nacional los enfermos graves con bronconeumonía; partió esta mañana la Comisión Sanitaria al Litoral Sur; se reciben telegramas de varios pueblos de la Campaña: afirman que la epidemia es benigna; se realiza la desinfección diaria del material rodante y las estaciones del ferrocarril; partirá una Comisión en un tren sanitario para atender a las poblaciones a lo largo de la vía férrea hasta Encarnación. Lo mismo harán otras Comisiones para las de Cordillera y Misiones; se designa al Dr. Fulvio Alamani para atender en San Juan Bautista, Misiones (18.XII); se refuerza el Servicio Médico de Urgencia y Asistencia domiciliaria del Departamento; se comisiona al Dr. Alvarín Romero, jefe de la Zona Sanitaria IV para que en el tren sanitario visite las poblaciones a lo largo de la vía férrea, y se designa al Prof. Dr. Zanotti Cavazzoni para hacerse cargo de la Zona IV (18.XII); cuando decrece la epidemia se dispone que la Zona II (local en la Escuela Libertad) de Barrio Sicilia y Barrio Cachinga, Puerto Sajonia y Bañado pasen a depender del Hospital Nacional a cargo de los doctores Mernes y Schenoni, pero continuarán funcionando los locales de dicha Zona; se refunden las Zonas V y VI, Tuyucua y Salinares, quedan ambas a cargo del Dr. Pedro P. Peña, y tampoco se suprimen los locales de la Zona; las Zonas IV (San Roque) y VI quedan a cargo del Dr. Zanotti Cavazzoni; la Zona III continúa a cargo de los doctores Velázquez y Riera; se suprimen las Zonas VIII (Chacarita) y IX (Trinidad); el Dr. Prada es enviado en comisión sanitaria a Itá, Capiatá y Yaguarón en reemplazo del Dr. Casola; el Dr. Prada continuará viaje visitando pueblos a lo largo de la vía férrea entre Borja y Cangó. El Dr. Alvarín Romero atenderá a las poblaciones de San Lorenzo, Ñemby y San Antonio; varios otros médicos son enviados en comisión a diversos pueblos (19.XII); se resuelve enviar comisiones sanitarias para visitar poblaciones de la Cordillera y del litoral Norte del río Paraguay (21.XII); se continúa recibiendo noticias de que la epidemia ha llegado a casi todas las ciudades y pueblos del interior del país "pero sin causar mayores estragos" (21.XII); el Dr. Casola es comisionado a Villarrica para que con la Comisión ya formada en la ciudad se atienda a su población y la de pueblos circunvecinos (23.XII); parte de Asunción el barco Adolfo Riquelme con una Comisión Sanitaria presidida por el Dr. De los Ríos para visitar poblaciones del litoral Norte (24.XII); desde el 26 de diciembre, por autorización del Consejo del Departamento Nacional de Higiene se reabren los espectáculos públicos, debiendo presentarse antes de cada función el certificado de desinfección expedido por esa Institución.

         Durante el mes de diciembre de 1918 se enviaron medicamentos a 73 poblaciones del país, a algunas más de una vez.

         La epidemia de gripe fue declinando pero se mantuvo en forma benigna y con menor extensión durante los meses de verano (I.II). Reaparece en mayo, junio y julio pero en forma benigna y menos extensa.

         El 16 de abril de 1919 se expide una Circular a todos los jueces de Paz del Interior en la que se solicita el envío de informes sobre el número de enfermos de grippe y de defunciones en cada población y Departamento durante la epidemia. El 12 de junio por otra Circular se reitera el pedido de la Circular del 16 de abril. Las respuestas fueron llegando desde fines de abril a agosto y los datos están consignados en el Apéndice.

         Característica importante de la epidemia fue que las muertes de niños fueron raras; la casi totalidad de casos de defunción era de adultos. En octubre de 1918 fallecieron en Asunción 10 personas; en noviembre, 66; en diciembre, 369; en enero de 1919, 25; en febrero, 4; en marzo, 9; en abril, 5; en mayo, 8; en junio, 8; en julio, 10 y en agosto; 6, todos de gripe en diversas formas clínicas.

         De las 369 defunciones en diciembre de 1918 en Asunción, 139 fueron por grippe o influenza, 99 por neumonía, 110 por bronconeumonía, 17 por bronquitis aguda, etc.

         Medidas higiénicas recomendadas para habitaciones y lugares públicos:

blanqueo a la cal;

desinfección de pisos con creolina

desinfección de habitaciones y locales, medios de transportes con fenol y vapores de formol.

         Tratamiento. El tratamiento generalmente recomendado era: purgante (sal inglesa o sulfato de magnesia), obleas de antipirina, obleas de sulfato de quinina, obleas espectorantes.

         Los medicamentos enviados a las farmacias del interior del país para la preparación de antigripina eran: fenacetina, aspirina, antipirina, salipirina, cafeína: Para espectorantes: benzoato de sodio, polvo de Dower; se empleaban también cápsulas de creosota (o alquitrán) y tolú, cápsulas de iodoformo, creosota y tolú. Se empleó también suero antineumónico Méndez.

         Nuestro pueblo empleó corrientemente la medicina casera, de nuestra copiosa flora medicinal:

vahos e inhalaciones con hojas de eucalipto;

aspiración de panecillos de alcanfor o mentol;

espectorantes con amba'y, jaguarundy, flor de mamón, tala o juasy'y, eucaliptos, kambará, malva blanca;

sudoríferos: te de sauco, borraja, tilo, llantén;

gárgaras: cocimiento de salvia, aromita, cardosanto, ceibo; agrial, malva, amapola, ñangapiry;

aplicaciones de ventosas, cataplasmas de semilla de lino o harina de mostaza en la espalda.

         Sintomatología. La grippe o influenza atacó casi exclusivamente a adultos y lo más importante de la sintomatología fue: fiebre alta, acentuado decaimiento, cefalea y dolores generalizados en el cuerpo, sudoración, tos con catarro traqueobronquial, inapetencia, a veces diarrea, adelgazamiento.

         Las complicaciones más frecuentes fueron la neumonía unilateral, la bronconeumonía.

         La convalescencia era lenta y larga persistiendo, particularmente el decaimiento.

 

 

Fuente de información: Archivo del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública,

hoy en el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.

 

 

APÉNDICE

 

         1. En 1918 la extensión territorial del Paraguay era de unos 450.000 km2 y una población de 667.000 habitantes (promedio 1,5/km2).

         La mayor parte de la población estaba en la Región Oriental del país; en la Occidental o Chaco había poblaciones pequeñas solamente a lo largo del río Paraguay, en establecimientos ganaderos, puertos de explotación de maderas tanígenas, de palmas, guarniciones pequeñas, etc.

         La población de la Capital, Asunción, estaba calculada en 130.000 htes.

         2. Organización sanitaria.

         Después de la guerra contra la Triple Alianza se había creado un Consejo de Medicina e Higiene Pública (7.VII. 1870).

         Por Ley del 16-VIII-1899 se crea el Departamento Nacional de Higiene que tenía a su cargo toda la administración terrestre y fluvial de la República.

         Por Ley de Asistencia Pública Nacional del 14-I-1915 se crea la Comisión Nacional de Asistencia Pública y Beneficencia Social.

         Finalmente, por la Ley de Presupuesto General de la Nación del ejercicio 1917-18 se funden las dos últimas instituciones quedando como autoridad sanitaria de la República el Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, como dependencia del Ministerio del Interior. Este Departamento contaba con un Consejo consultivo.

         Cuando la epidemia de Grippe o Influenza española, de 1918-19 las autoridades sanitarias eran:

         Director General del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública: Dr. Don Andrés Barbero.

         Director del Hospital Nacional: Dr. Jovino Vallovera Mernes.

         Director del Instituto Bacteriológico: Dr. Luis E. Migone.

         Director del Servicio Nacional de Desinfección: Dr. Eduardo Alvarín Romero.

         Director de la Inspección de Farmacias: Ing. Quim. Gustavo Crovato.

         Director de la Estación Sanitaria de Bahía Negra: Dr. López Mosquera.

         Director de la Est. Sanitaria de Concepción: Dr. Vicente Álvarez.

         Director de la Estación Sanitaria de Humaitá: Dr. José V. Insfrán.

         Director de la Est. Sanitaria de Encarnación: Dr. José M. Ríos.

 

         ZONAS SANITARIAS DEL RADIO URBANO DE LA CAPITAL

 

         El Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública resolvió el 11 de diciembre de 1918, cuando la epidemia de grippe o influenza era más grave, dividir el radio urbano de la Capital en 9 Zonas Sanitarias. Cada una de ellas estaría a cargo de un médico, con personal ayudante compuesto de: un estudiante de Medicina, un cadete de la Escuela Militar, un Ayudante de la Cruz Blanca y un soldado.

         Zona I. Barrio Cachinga, limitado por la calle Colón, calle Nº 1, el Bañado, hasta el río Paraguay, Local: Hospital Nacional.

         Dr. Jovino Vallovera Mernes.

         Zona II. Limitada por las calles Colón, Independencia Nacional, Ygatimí hasta Tacumbú, y río Paraguay.

         Dr. Alberto Schenoni.

         Local: Escuela Libertad (Ayolas, Piribebuy y Manduvirá)

         Zona III. Barrio General Díaz, Barrio Sicilia, Salamanca. Local: Escuela General Díaz.

         Dr. Héctor Velázquez, y Dr. Jacinto Riera.

         Zona IV. Entre las calles Independencia Nacional, Estados Unidos, Amambay y río Paraguay.

Local: Escuela Anexa (Ypané y Escalada)

         Dr. Eduardo Alvarín Romero.

         Zona V. Entre las calles Estados Unidos, Salinares, Amambay y río Paraguay.

Local: Escuela Adela Speratti. Dr. Pedro P. Peña.

         Zona VI. Barrios Salinares y Tuyucuá. Local: Escuela San Roque.

         Dr. Sebastián Pendola y Soto, y Dr. Ramón de los Ríos.

         Zona VII. Barrios Ciudad Nueva y Vista Alegre. Local: Violeta, sobre la calle Salinares.

         Dr. Avelino de Prada, Dr. Ramón de los Ríos.

         Zona VIII. Barrios Chacarita y Lomas Valentinas. Local: Comisaría de Chacarita.

         Dr. Arriola Moreno, y Dr. Perachi Varoli.

         Zona IX. Trinidad y Recoleta. Local: Trinidad.

         Dr. Carlos Díaz León.

         Posteriormente, el 14 de diciembre se establece una nueva Zona;

         Zona X. Barrio Ysaty. Local: en Ysaty.

         Dr. Juan Romero.

 

         MÉDICOS QUE PRESTARON SERVICIOS DURANTE LA EPIDEMIA

 

Dr. Andrés Barbero                         Dr. José V. Insfrán

Dr. Jovino Vallovera Mernes         Dr. José M. Ríos

Dr. Luis E. Migone                            Dr. Alberto Schenoni

Dr. Eduardo Alvarín Romero          Dr. Héctor Velázquez

Dr. López Mosquera                        Dr. Jacinto Riera

Ing. Quím. Gustavo Crovato           Dr. Pedro P. Peña

Dr. Vicente Álvarez                         Dr. Sebastián Pendola y Soto

Dr. Ramón de los Ríos                   Dr. Cayetano Massi

Dr. Avelino de Prada                       Dr. Luis Zanotti Cavazzoni

Dr. Arriola Moreno                          Dr. Guillermo Stewart

Dr. Perachi Varoli                           Dr. Lorenzo Manzoni

Dr. Carlos Díaz León                       Dr. Rogelio Urizar

Dr. Ricardo Odriosola                   Dr. L. Almeida Huerta

Dr. Alejandro Arce                          Dr. Eusebio Taboada

Dr. Justo P. Duarte                        Dr. Juan Vallory

Dr. Víctor Caldarera                      Dr. Andrés Gubetich

Dr. Carlos Silva                               Dr. Eliodoro Arbo

Dr. Martín Backhaus                     Dr. Justo P. Vera

Dr. Juan F. Recalde                        Dr. Eduardo López Moreira.

Dr. Esteban Semidei                      Dr. Juan B. Benza

Dr. Quintín Casola                           Dr. Juan Romero

 

 

         ALGUNAS DE LAS PLANTAS MEDICINALES MÁS USADAS DURANTE LA EPIDEMIA DE GRIPPE.

 

Febrifugos.

 

borraja, flores llantén:   Borrago officinalis. Borraginácea. Plantago tomentosa Lam. Plantaginacea.

 

tilo, brácteas: Tilia plathyphylla, T. europea L. Tiliáceas.

 

sanco, flores: Sambucus australis M., S. nigra. Caprifoliáceas

 

Espectorantes.

 

Amba'y sa'yhú, hojas, jaguarundy, hojas: Ceropia adenopus Mart. Morácea. Piper fulvescens C.D.C. Piperáceas.

 

mamón macho, flores, eucalipto, hojas: Carica papaya L. Caricácea. Eucaliptus globulus, E. resiniflora. Mirtáceas.

 

kambará, hojas: Moquinia polymorfa Les. Compuesta.

 

malva blanca,hojas y flores, rala o juasy'y, corteza, Gárgaras.: Sida cordiflora. Malvácea. Celtis tala Gill. Ulmacea.

 

agrial o begonia: Begonia semperflorens Link et Otto; B. subcucullata C.D.C. Begoniáceas.

 

aromita, flores y hojas: Acacia farnesiana Willd. var. paraguayensis Hassler. Leguminosa Mimosácea.

 

cardosanto, flores y hojas: Argemone mexicana L. Papaverácea.

 

ceibo, corteza: Erithrina cristagalli L. Legum. Papilionacea.

 

ñangapiry, hojas: Eugenia uniflora (L.) Berg. Mirtácea.

 

salvia: Salvia officinalis. Labiada.

 

amapola, flores: Pereskia amapola. Cactácea.

 

 Número de muertos y enfermos de Grippe o Influenza informados por

Jueces de Paz del Interior en respuesta a Circular del

Departamento N. de Higiene y A Publica del 16.IV.1918 reiterada el 12.VI.18.

 

20.IV.         San Miguel         7                Muchos

                    Isla Ombú           0                1/2 de población de 3.000 hs.

21.IV. Capiatá              44               800

         Caacupé               15               150

         Carapegua           5                 300

         San Bernardino   3                Pocos

         Areguá                 31               185

         Yataity                         4                 307

22.IV.     Itauguá                40              80% de la población

         Atyrá                            3                 30

         Itacurubí Rosario          5                Pocos

         Iturbe                               5                 243

22-.IV. Laureles           9                 2.000

         Quyquyó             21                  200

         Guarambare      27               1.200

         Horqueta              5                 5.000

24.1V.        San Cosme     10              1.000

         Villa Florida                 7                Más de 100

         Villa Franca                4                Pocos

         Valenzuela                 4                 25

         Itapé                          11               200

         Mbuyayey                 12               260

         Limpio                       22               Muchos

         Paraguarí                 15               3.000

         Caballero                   3                 30

26.IV.         Santiago        26              1/3 de la población, unos 2.500 hs.

         San Antonio       11              400

         Pilar                     35               450-500

         Piribebúy            23               400

28.IV. Quiindy             0                 Pocas

         Yhú                      No hubo epidemia

         Desmochados              11               100

         Concepción                   34              3.000

                                      más muertos en parajes lejanos

30.1V. Lima                           10               200

         Villa Rosario                No hubo epidemia

         Tabapy                No hubo epidemia

         Unión                            0                 70

         Ayolas                          8                3/4 población

         Alto Paraná                  9                3.500 (se calcula que murieron unos 100 en toda la zona de obrajes y yerbales)

1.V.   Arroyos y Esteros         12              4.000

         Tacuaral              3                 57

         Emboscada         10              60% de 3.250 hs.

         P. J. Caballero      2                3/4 población, f. benigna

         San Ignacio         24              Muchos

2.V.            Bobí             15              4.000

         Itá                           32               2.200

5.V.   Guazú Cuá            4               1/2 de la población

         Caapucú              28               2.000

         Humaitá               9                 Muchas

6.V.   S. Lorenzo C.

         Grande                 56               4.000

8.V.   S. Pedro Paraná   5                259

8.V.   Pedro González    0                5

         Yaguarón             62               800

5.V.   Cnel. Bogado                20              214

         Villa Igatimí                  9 (1 niño, 8 indios)

                                                        20 enfermos

         Santa Rosa           7                300

         Yabebyry               8                150

         Tacuatí                  0                Muy Pocos

         Antequera            0                1/3 de población.

         Fuerte O. y Dep.  11              810

12.V.Yegros                 19              la mayoría de la población

19.V.Cap. Bado           3                Mayoría de población, benigno

21.V.Bella Vista          2                Pocos

23.V.Palma Chica                    0                30

24.V.Puerto Sastre                 5                De 500 hs. enfermó 3/4

25.V.San Alberto                     0               3/4 hs.

30.V.          Tobatí                   10               150

31.V.          Escobar               15               1.200

2.VI.Ajos                     26              Más de 1.000

16.VIVilla Oliva           4                30% de población

         Hyaty                   26               Muchos

17.VI.         Villarrica y Dep.       562            Muchos

         San Estanislao               No hubo epidemia

         Caraguatay                          21              Mitad de población

18.VI. Yhacanguazú                    17               300

         Encarnación                        62               Muchos

19.VI. Pirayú                                  28               500

20.VI. Mbocayaty                           0                 500-600

21.VI.         Trinidad                       51              90% de población

25.VI. Sapucai                               12               65

25.VI.         Ajos                              43              Más de 3.000

28.VI.         Acahay                        25              Más de 4.000

29.VI.         Yuty y Estación           7                355

30.VI.         Cap. Bado                     3                Mayoría de 400 casas

1.VII.          Jesús y Trinidad         12              Casi toda población

2.VII.          Villa Rosario                18              1.000

5.VII.          Curuguaty           No hubo epidemia

7.VI1.         Villa Hayes         1                78

15.VII. Caaguazú                  0                 Pocas

23.VII. Altos                          30               900-1.000

         San Juan B.

         Misiones                        7                 460

28.VII. Loreto                       18               1.000

30.VII.        Belén                   5                Casi toda la población

1.VIII. Itacurubí Cord.         23              1.260

S.VIII. Santa María                5                Pocos

5.VIII. San José                    51              Muchos

12.VIII. San Juan

            Nepomuceno           41               Muchos

18.VIII. San Lorenzo

            Frontera                    40               Muchos

 

 

 

 

 

PLANTAS PSICOTROPICAS Y ENTORPECIENTES

USADAS POR LOS GUARANÍ

 

 

         I. PLANTAS PSICOTRÓPICAS.

 

         Desde tiempo inmemorial todos los pueblos y en todas las latitudes usaron, al menos en ceremonias religiosas o en ocasiones especiales, substancias euforizantes, estimulantes u oníricas, psicotrópias, etc., de origen vegetal. Entendemos por psicotrópias los fármacos o medicamentos que actúan sobre la función, la conducta o la experiencia psíquica.

         Los indios americanos usaron, también, estos productos, derivados de la riquísima flora de este continente. Muy conocidos son:

         La coca (Erytroxylon coca, Eritroxilácea) usada especialmente por los aborígenes que habitaban en los Andes y en el altiplano andino; de ella se obtiene la cocaína;

         el mescal o peyote (Lophosphora Williamsii) un cacto que crece en México y el sur de los Estados Unidos, que contiene mescalina;

         el hongo Psilocibe mexicana, del que se obtiene el alcaloide psilocibina; etc., etc.

         Nos ocuparemos de las plantas usadas por la gran familia Guaraní, de propiedades narcóticas, alucinógenas o estimulantes.

         Pariká o angico, angico verdadero, más conocido por kurupa'y: Piptadenia macrocarpa Benth.; P. rígida; P. peregrina. Leguminosas Mimosáceas. Arboles de madera de ley, taníferas y resiníferas. De sus semillas, que se emplean machacadas, aspiradas o bebidas, se ha aislado la bufotenina o bufonina.

         Esta droga, derivada del indol, es la 5-hidroxi-N.N. -dimetil- triptamina, componente que se encuentra en las semillas de la Piptadenia peregrina y P. macrocarpa, y de otras plantas, así como en las secreciones glandulares de sapos del género Bufo.

         Los efectos psicotrópicos se producen con dosis de 2-10-15 mgs. por kilo de peso corporal, según los individuos. Es droga muy poco usada como tal.

         La psilocibina, obtenida de hongos del género Psylocibe, especialmente del P. mexicana, y su isómero, la psilocina (el hidróxido en posición 4) tienen parentesco químico con la bufotenina, pues la psilocibina es el ester fosfórico de la hidroxi-dimetil-triptamina.

         La P. peregrina: kurupa'y-kurú: morosyvó-pytá:

         La P. Peregrina: kurupa'y-kurú: morosyvé-pytá;

         Bertoni cita las propiedades narcóticas de estas plantas y que nuestros indios usan la P. macrocarpa y la P. peregrina por estas propiedades. "Lo que en general es ignorado, es la propiedad narcótica de estas especies que los indios aprovechan para hacer sus kurupá, en todos los países donde haya Piptadenia. Esta propiedad puede ser aprovechada para otra cosa que obtener visiones, pues es del orden de la del opio, con cierta diferencia característica, que hace esperar una utilización especial". "Aunque no sea de especial aplicación a la medicina, el kurupá es otro recurso que el médico guaraní sabe emplear en ciertos casos. El kurupa'y es un narcótico y no un hechizo, como Montoya pretende. El uso de los kurupá se liga a la práctica del hipnotismo...".

         Montoya registró: "Curupa'y: árbol conocido, especie de algarrobo, y lo mismo dicen a los hechizos. Acurupay beña, hacer hechizos. Ambo curupay, hechizar. Aporoybó curupay pype, idem".

         Sánchez Labrador también se ocupó de esta planta:

         "Curupay... Los indios Mbayás, cojían las baynas secas, antes de abrirse, las molían y quebrantaban y encerrados en una cabaña sin respiradero, con arte indecente hacían entrar el humo de las que quemaban, no sólo por las narices, sino también donde se desahoga el vientre de los excrementos. Perseveraban en este brutal divertimiento al fuego, al humo, y al calor de sus cuerpos, trasudando, y llenándose de humo y de furor; luego salían como un Toril embriagados a hacer reír a unos, llorar a otros, vengando en esta furiosa falta de juicio sus imaginados agravios. Al presente hacen el mismo uso los Omaguas, Indios del río Marañón, y les dura la embriaguez 24 horas. Llaman también a dichas baynas curupa, porque hablan la lengua guaraní. Toman el humo por las narices con un cañón, que tiene la figura de una Y griega o que termina en horqueta, metiendo en cada nariz un pie de ella. Dicen que en este tiempo tienen visiones gustosas. Esta operación, seguida de una violenta aspiración les pone en estado de ridículos, pero pasa esto en aquella nación por un hecho gallardo".

         Mandrágora-tupi. Es una planta de la familia Solanáceas, de la que los indios preparan una bebida, un aguardiente, que produce alucinaciones y después torpor, y que usan en sus fiestas religiosas. El abuso de dicha bebida puede producir un cuadro de delirio, confusión, incoordinación motora y de la palabra y psicosis grave, furiosa. El cuadro puede ser, según Ulrich, de serios trastornos, como: "delirio, locura furiosa, alteración de la sensibilidad y del raciocinio, que puede ir hasta la total confusión de las cosas y objetos e incoordinación en el empleo de las palabras con notable disminución de inteligencia-paranoia".

         Jajé: es el producto obtenido por hervido de tallos de la planta amazónica Haemadictyon amazenicum, produce alucinaciones.

         Kaitái: kai-tái. Es una liana de la que se prepara una bebida, que produce euforia, jovialidad, movimentación continua, alucinaciones auditivas y visuales, pérdida de la noción del tiempo y del espacio.

         Ysió. Es una especie de cardo. Se prepara una bebida de su savia o de trozos de la planta. Produce alucinaciones visuales (combinación de colores), sonambulismo, impotencia.

         Kaapeva. Es el producto obtenido por hervido del tallo de otra planta amazónica, Banisteria caapi. Produce alucinaciones.

         Syiñandy: ceibo. Mulugú en Brasil; chopo en Argentina. Erithrina cristagalli L.; E. falcata; E. mulungú; E. Dominguesii Hassl. Leguminosas Papilionáceas. El ceibo contiene el alcaloide erithrina, de propiedades sedantes y narcóticas.

         M. S. Bertoni registra sobre esta planta: "El narcótico que puede facilitar la hipnosis sin ningún peligro es la cascara del Ceibo o Syi ñandy (Erithrina spp.) gran calmante nervioso sin malas consecuencias. . . ".

         Floripón: datura. En Brasil: trompeta olorosa; en Argentina: trompetilla. Datura suaveolens Humb. et Bonpl. Solanáceas (floripón blanco); Datura fastuosa L. (floripón morado o doble). Planta originaria del Perú, de propiedades narcóticas, sedantes y antiespasmódicas.

         Es tóxica y contiene un alcaloide o principio, la daturina.

         Se usan las flores secas para preparar cigarrillos antiasmáticos o para quemarlos sobre brasas y aspirar el humo. Las flores frescas, machacadas y mezcladas con grasa o sebo de vela se aplican sobre abscesos para madurarlos y abrirse. Doscientos gramos de flores secas y maceradas can un litro de alcohol de 60° o caña sirve para friccionar en casos de reuma y dolores articulares o musculares.

         Se llama también floripón el estramonio o chamico: Datara stramonio L., Solanácea. Es una planta que crece en los huertos, escombros, cerca del agua; tiene flores blancas y cápsulas espinosas. Las semillas y hojas contienen atropina y otros alcaloides, y la daturina. Las hojas se fuman para tratar el asma, o se quema y se aspira el humo.

         La Datura ferox, una Solanácea, es también un estramonio; contiene daturina y atropina y sus frutos son venenosos. Las hojas, generalmente mezcladas con las de salvia se fuman para tratar el asma.

         En Brasil son substituidas, a veces, por la Datura arborea y la Datura suaveolens (trombeteiras o cartucheiras, por sus corolas en forma de cartucho). Tienen propiedades similares.

 

         II. ENTORPECIENTES USADOS EN LA PESCA.

 

         Es sabido que los guaraníes pescaban usando diversos procedimientos: la pesca a mano, con arco y flecha (hu'y: yvó), con lanza (my), con liña y anzuelo (pindá), con red (pysá), con cedazo (yrupé): y también con barrajes de ramas o estaqueado (ka'á-mbaja), y empleando plantas entorpecientes (tinguí: tinguy: timguí) machacadas y echadas en el agua.

         Son generalmente, plantas tóxicas que contienen rotenona; machacaban las cortezas, ramas, hojas o frutas, y echaban en el agua retenida por el barraje. Al cabo de cierto tiempo los peces entorpecidos, eran recogidos con las manos o con cedazos.

         Estas plantas entorpecientes son conocidas con el nombre genérico de tinguí: tinguy, y quedó en el uso el vocablo "tinguisar" para indicar su empleo y acción.

         Registramos los siguientes entorpecientes o tinguí:

         Ysypo-timbó: ajaré. Son varias especies de Sapindáceas de los géneros Paullinia y Serjania, que constituyen los timbó o tinguí sarmentosos; son, en general, tóxicas, capaces de "tinguisar" animales de sangre fría, como los peces, por el alcaloide rotenona que contienen. Sirven también, en aplicaciones locales, para tratar enfermedades y parasitosis de la piel.

         Paullinia pinnata L.; ysypó-kururú: kururú-ape; P. elegans Camb.; Serjania lethalis St. Hil.; S. meridionalis St. Hil.; S. glabrata Kuntz; S. caracasana Willd. : ysypó de agua. Todas de la familia Sapindáceas.

         Son plantas trepadoras, leñosas, tóxicas, que contienen rotenona; las frutas son también tóxicas.

         Timbó-ysypó: Tephrosia cinerea. Leguminosa. Arbusto de raíz tuberosa y flores violáceas en cachos. Es planta tóxica y narcótica, que en Brasil llaman anil bravo.

         Guajaná timbó: guatimbó: Camptosema pinnatum Burth.: Piscidia erythrina Velloso. Leguminosa, Papillonácea. Es un timbó cuya raíz contiene rotenona y se usa machacada, para pescar.

         Karajá-bola: Talicia esculenta Rdl. En Brasil: ojo de buey. Árbol de fruta comestible. La planta machacada sirve para adormecer peces.

         Kupikay: hierta del género Xyris, de las Xiridáceas.

         Andás Planta de la familia Euforbiaceas. Joannesis princips V., lamada coco de purga. De la corteza se extrae un principio, la joannesina, enérgico purgante y diurético. Los indios machacan la cáscara del anda y echan al agua para entorpecer peces.

         Kuri’y-vaí: piñón bravo: piñón purgante. Atropha turcas L. Euforbiácea En Brasil: curtas, piñón bravo, piñón del Paraguay. Planta lactifera y tóxica, de frutos amarillos, también tóxicos; suele usarse para formar cercados. Las semillas contienen un aceite acredulce, fuerte purgante, que tiene aplicaciones industriales.

         Los indios usan esta planta para matar peces.

         Sánchez Labrador así se refirió a ella: piñones purgantes fuertes de uso peligroso; también vomitivo. La dosis es de medio a un piñón y se usa como catértico y en la hidropesía y como vermífugo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Bertoni Moisés S. La Civilización Guaraní, Higiene. Medicina Guaraní.

Pto. Bertoni. Alto Paraná, Paraguay, 1927.

Montoya, Pde, Antonio Ruiz de Vocabulario y Tesoro de la Lengua Guaraní (o más bien Tupí). Viena-París, 1876.

Ruiz Moreno, Aníbal. La medicina en el Paraguay Natural del Pde. José Sánchez Labrador. Edición de la Universidad Nacional de Tucumán. 1948,

González Torres, Dionisio M. Catálogo de Plantas medicinales del Paraguay. Próximo a aparecer; en parte publicado.

González Torres, Toxicomanías. 1° Congreso Brasileño de Criminología. Londrina, x.1973.

 

 

 

 

 

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BOTICAS DE LA COLONIA Y COSECHA DE HOJAS DISPERSAS

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1979 (501 páginas)

 

 




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