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RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ


  BREVE HISTORIA DE LA CULTURA EN EL PARAGUAY - Obra de RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ - Año 1999


BREVE HISTORIA DE LA CULTURA EN EL PARAGUAY - Obra de RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ - Año 1999

BREVE HISTORIA DE LA CULTURA EN EL PARAGUAY

Obra de RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ

© RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ

Impreso en el CENTRO DE PUBLICACIONES

Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”

Asunción-Paraguay

1999 (328 páginas)

 

 

 

NOTA PRELIMINAR

Este libro tiene por objeto presentar un cuadro sintético de la evolución de la cultura en el Paraguay, tomando como base la bibliografía existente en la materia y los resultados de investigación de campo y de archivo. Se dirige preferentemente a profesores y estudiantes paraguayos, más sin constituir por ello un manual.

Esta finalidad ha determinado que se contemplen los diversos puntos del programa vigente de Historia de la Cultura en el Paraguay, sin ceñirse estrictamente a su orden de materias, y que datos de interés para una comprensión general de los temas tratados, pero que del punto de vista pedagógico podrían quizá omitirse o reducirse a la mera referencia circunstancial, vayan impresos en cuerpo más pequeño.

Al final de cada capítulo, se anota la bibliografía correspondiente al mismo. No incluye ella todas las fuentes utilizadas, sino que tiende a orientar al lector que desee ampliar o comprobar lo afirmado en el libro.

Si hemos logrado proporcionar a docentes y alumnos una fuente de información útil para sus estudios, y al lector interesado en el conocimiento del pasado paraguayo más allá de los esquemas cronológicos, material e información, nos sentiremos satisfechos. Asunción, agosto de 1999




INDICE

NOTA PRELIMINAR

CAPÍTULO 1 - AMÉRICA Y LA CULTURA UNIVERSAL

CAPÍTULO II - LOS GUARANÍES / APÉNDICE

CAPÍTULO III - LA LEGISLACIÓN DE INDIAS / APÉNDICE

CAPÍTULO IV - LA EDUCACIÓN Y LAS LETRAS EN LOS PRIMEROS AÑOS COLONIALES / APÉNDICE II / APÉNDICE II / APÉNDICE III

CAPÍTULO V - ACCIÓN CULTURAL DE LA IGLESIA / APÉNDICE

CAPÍTULO VI - LOS JESUITAS Y LA CULTURA PARAGUAYA / APÉNDICE

CAPÍTULO VII - LOS COMUNEROS DEL PARAGUAY

CAPÍTULO VIII - ÚLTIMOS DÍAS COLONIALES EN EL PARAGUAY

CAPÍTULO IX - LA ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA

CAPÍTULO X - LA ÉPOCA DE DON CARLOS ANTONIO LÓPEZ

CAPÍTULO XI - LA EDUCACIÓN EN LA ÉPOCA DE LOS LÓPEZ

CAPÍTULO XII - LA POST-GUERRA

CAPÍTULO XIII - LA CULTURA DE POST-GUERRA

CAPÍTULO XIV - HASTA LA GUERRA DEL CHACO

CAPÍTULO XV - LA EDUCACIÓN EN EL PERIODO 1900-1935

CAPÍTULO XVI - VIDA CULTURAL HASTA LA GUERRA DEL CHACO

CAPÍTULO XVII - ARTES Y LETRAS DE NUESTRO TIEMPO

CAPÍTULO XVIII - LAS CIENCIAS Y EL ENSAYO EN EL SIGLO XX

CAPÍTULO XIX - LA EDUCACIÓN EN LOS ÚLTIMOS AÑOS






CAPITULO I

AMERICA Y LA CULTURA UNIVERSAL

 

EL CONCEPTO DE CULTURA. AMÉRICA COMO REALIDAD NUEVA PARA LA CULTURA OCCIDENTAL.

DIFUSIÓN DE LA CULTURA OCCIDENTAL EN INDIAS:

CONSECUENCIAS POLÍTICAS, SOCIALES, ECONÓMICAS, ESPIRITUALES Y CULTURALES.


I. EL CONCEPTO DE CULTURA

La voz cultura puede ser tomada en varios sentidos, afines, pero de distinta amplitud. Así, para Gino Germani significa "el conjunto de las normas, valores, conocimientos y objetos materiales creados y transmitidos por el hombre" (1). Es ésta la acepción más lata e incluye expresamente en la cultura a los valores.

Algo más restringida es la de Rickert, cuando contrapone los conceptos de naturaleza y cultura. "Es naturaleza el conjunto de lo nacido por sí, oriundo de sí y entregado a su propio crecimiento. Enfrente está la cultura, ya sea como lo producido directamente por un hombre actuando según fines valorados, ya sea si la cosa existe de antes, como lo cultivado intencionalmente por el hombre en atención a los valores que en ella residan" (2). La religión, la moral, el derecho, la política, el lenguaje, las letras, las artes, las ciencias, la técnica y la actividad económica entran de este modo en el ámbito de la cultura. Esta tiende a la realización de los valores: el Derecho (manifestación cultural) busca realizar el valor Justicia.

De menor amplitud es la concepción de Simmel para quien, en síntesis de Ellwood, la cultura comprende "todo lo que es aprendido mediante la comunicación entre los hombres", y constituye "la característica distintiva y universal de las sociedades humanas" (3). El fin de la cultura es el perfeccionamiento de la naturaleza del hombre, y no puede ser acción cultural la que tenga por objeto destruir los valores esenciales de aquélla.

Por último, está la noción popular, más vulgarizada, de la cultura. Esta abarca el lenguaje, las ciencias, las letras y las artes. Vida cultural es la actividad desarrollada para realizarlas.

Habitualmente, la acepción popular de un vocablo es más lata e imprecisa, menos definida, que la científica o la filosófica. En el presente caso, sin embargo, se produce lo opuesto: la voz "cultura", en su sentido usual, designa las formas superiores y últimas del acaecer cultural.

(1) Gino Germani. "Política y sociedad en una época de transición", pág. 15. Editorial Paidos, Buenos Aires.

(2) Heinrich Rickert, "Ciencia cultural y ciencia natural", traducción de Manuel García Morente, pág. 47. Colección Austral, Buenos Aires.

(3) Charles A. Ellwood, "Cultura", en el "Diccionario de Sociología", compilado por H.P. Fairchild. Fondo de Cultura Económica, México.



II. AMÉRICA COMO REALIDAD NUEVA PARA LA CULTURA OCCIDENTAL

Al considerar el tema de la incorporación del Nuevo Mundo a la cultura universal, debemos tener presentes dos aspectos de la cuestión: de un lado, el impacto que produce el descubrimiento de América en el mundo civilizado, su incorporación como realidad nueva a las concepciones y a los conocimientos de entonces, y del otro, la forma y las repercusiones de la expansión de la cultura occidental en la propia América.

Los primeros descubrimientos extienden el mundo conocido, confirman presunciones sobre la magnitud de la tierra y abren un área considerable a la difusión de las normas y los usos de Occidente.

Los viajes colombinos y los que se suceden hasta la circunnavegación de Magallanes y Elcano dan lugar al desarrollo de nuevas teorías, las cuales han de evolucionar y perfeccionarse hasta las conclusiones de Copérnico y de Galileo. Además de la cosmografía, se enriquecen la geografía, las ciencias naturales y la antropología, con datos concretos sobre tierras, especies animales y grupos humanos hasta ese momento ignorados.

Se acrecienta la cantidad y la variedad de bienes para satisfacer las necesidades. El maíz (4), el tomate, el cacao, la papa, el tabaco y otros vegetales, a los que en el siglo XIX se sumará el caucho, contribuyen a mejorar sensiblemente las condiciones de vida del europeo. Crece la existencia de oro y plata, y se altera la relación hasta entonces vigente entre los respectivos valores de cambio de ambos metales preciosos, lo que afecta el sistema monetario de los dos estados occidentales. La mayor capacidad de pago de España y la circunstancia de que su productividad no se desarrolle correlativamente estimulan a sus proveedores. Los países manufactureros se benefician con el incremento de las compras y de la circulación de riquezas, hasta llegarse al auge del mercantilismo.

La navegación cobra impulso. Los iniciales éxitos españoles inducen a las demás potencias marítimas a fomentar y perfeccionar sus flotas. Los portugueses exploran la ruta del Océano Indico y, amparados en el tratado de Tordesillas, descubren el Brasil, en tanto que los ingleses inician sus viajes por el Atlántico Norte. Cambia el centro de poder en Europa. El Mediterráneo cede en importancia con relación al Atlántico. Alcanzan plenitud España y Portugal, hasta entonces no tan ligada al acontecer europeo, así como también Inglaterra, oceánica como aquéllas. Los logros de la monarquía española alteran profundamente la fisonomía política del continente. España, durante los reinados de Carlos V y Felipe II, es indiscutiblemente la primera potencia del mundo conocido. Los puertos del Mediterráneo no alcanzan a recuperarse de la merma de poder y riqueza que estas transformaciones representan para ellos. Italia, con sus florecientes repúblicas y sus fuertes principados, se convierte en campo de batalla de conquistadores extranjeros, y ejércitos españoles y franceses se disputan allí la supremacía.

Conviene, sin embargo, poner de resalto que el descubrimiento y la conquista de América no son la única causa de tan trascendentes cambios: constituyen un factor más, que suma su peso a la decadencia del feudalismo, a la gradual unificación política de los estados nacionales, a la generalizada afirmación del poder de la realeza, a la aparición de la burguesía como fuerza y al Renacimiento, para estructurar el nuevo orden de cosas.

(4) Aun cuando existen testimonios arqueológicos que parecen indicar que el maíz era ya conocido en la India, el mismo lo fue en Europa a raíz del descubrimiento de América.



III. DIFUSIÓN DE LA CULTURA OCCIDENTAL EN INDIAS

Si grande es la influencia del descubrimiento de América en la cultura, la política y la economía europea, mucho mayor y más radical es la que se percibe en los mismos órdenes en las tierras recién allanadas a la penetración cristiana.

La difusión de las prácticas de vida y de los conocimientos europeos y la implantación del poder español producen honda y perdurable transformación en las costumbres y en la situación de los pueblos aborígenes. Tanto los imperios más desarrollados, como las parcialidades nómadas y primitivas, se ven sometidos a una nueva ley a un nuevo poder. Del mestizaje, surge un tipo humano distinto de los que le dieron origen. Una estructura social, política, económica y cultural se quiebra, para dar lugar a otra, importada e impuesta por los conquistadores.

En el presente esquema, nos circunscribimos a América Española, porque el Paraguay, tema central de nuestro estudio, formó parte de ella y en su seno se desenvolvió durante todo el período colonial. Debido a tal circunstancia, prescindiremos de las interesantes realizaciones de Portugal, Inglaterra y Francia en esta parte del mundo, si bien a ellas cabe aplicar por extensión muchas de las afirmaciones que siguen.


CONSECUENCIAS POLITICAS.


Se establece, desde 1492, el imperio español, seguido pronto por los poderes portugués y británico, y en menor escala, por establecimientos franceses y holandeses. La instauración de este orden de cosas, de raíz foránea, no obedece a un traspaso de jurisdicción de los indígenas a los europeos, sino que es resultado de conquista, de apropiación de territorios y de sumisión de pueblos, por las armas o por otros recursos fundados en la superioridad técnica y cultural de los nuevos denominadores.

Desde el primer momento, los españoles establecen órganos de autoridad y normas legislativas para regir sus posesiones americanas, que al entrar en vigencia, derogan el más primitivo ordena miento político de las sociedades aborígenes. Algunas instituciones, aunque muy pocas, son aceptadas y adaptadas por los conquistadores: tal es el caso de la mita incaica y el del cacicazgo, de cuyos alcances nos ocuparemos más adelante.


EN EL ORDEN SOCIAL.


La sumisión de las comunidades nativas, las migraciones provocadas en algunos casos por las guerras, la quiebra de las instituciones existentes a la llegada de los españoles, y muy especialmente, el mestizaje, determinan una no menos radical transformación en el aspecto social.

Los indígenas, aun aquellos que antes investían jerarquía real o noble, dejan de integrar las capas superiores de la sociedad. Sometidos al tributo, a la mita y al servicio personal, y reducidos a pueblos fundados por los conquistadores, deben aceptar, sin alternativa, las nuevas condiciones de vida.

En el área del Caribe, se produce la total extinción del elemento aborigen.

Los mestizos, frutos de las uniones entre españoles e indias, forman un grupo nuevo, intermedio, de diferente condición social en las diversas regiones del imperio español.

Los negros, traídos en gran número de África, desde comienzos del siglo XVI, constituyen la clase esclava, privada de la mayor parte de los derechos reconocidos a las demás. Por uniones, generalmente ilegítimas, contribuyen a dar vida a nuevas variedades de mestizos: mulatos, zambos, zambahigos, cuarterones.

Por encima de las demás castas, integrando el grupo dominante en todos los órdenes de actividad, se hallan los españoles. Tal denominación corresponde, tanto a los oriundos de la península, como a los criollos, hijos de europeos que han nacido en Indias.

En síntesis, comentes inmigratorias europeas y africanas, mestizaje, supresión de la anterior estructura política y económica, y vigencia de nuevos usos, determinan una tajante transformación social.


LA ECONOMÍA.


Los españoles introducen prácticas económicas europeas. Con ellos, aparecen la concepción occidental de la propiedad privada, el comercio, la moneda y el artesanado, y se generaliza la vida urbana. Los recursos naturales son sometidos a una explotación más intensiva y contribuyen, no solamente a satisfacerlas necesidades locales, sino que en grado preferentes se los destina a enriquecer a la metrópoli.

Los medios de subsistencia mejoran notablemente con la introducción del ganado mayor y menor, de las aves de corral y otras especies domésticas, y de cultivos agrícolas procedentes de ultramar. Cabe destacar en especial el impacto económico de la introducción de las bestias de carga y de tiro y de la rueda, y de la difusión del uso del hierro. Al asentarse aquí una sociedad de raíz occidental, aumentan las necesidades y se diversifican los consumos.

La arquitectura, las obras públicas, la navegación y los demás medios de comunicación sufren alteraciones fundamentales, y se modifican también las relaciones laborales, con el establecimiento y generalización de la encomienda, el servicio personal, la esclavitud africana, los contratos de trabajo y los salarios.

La empresa al estilo europeo, los oficios y cierta división del trabajo, regulados por leyes estables, que rigen en toda la extensión del imperio español, contribuyen a intensificar el grado de transformación económica.


IMPACTO ESPIRITUAL.


La religión católica desplaza a los diversos cultos aborígenes y los proscribe. Los indios son evangelizados y se convierten en gran número y de modo ininterrumpido a la fe de los nuevos señores. La Iglesia establece su jerarquía, y Arzobispos, Obispos, Cabildos Eclesiásticos y Curas, con la cooperación activa de las órdenes religiosas, toman a su cargo el gobierno espiritual. Tribunales de la Inquisición, con agentes en las provincias, funcionan en las capitales de los virreinatos, en tanto que universidades y seminarios forman al clero americano, pues criollos, mestizos e indígenas tienen acceso a la dignidad sacerdotal y al episcopado.

La implantación del cristianismo como único credo autorizado determina también transformaciones morales, cuya intensidad puede medirse por la extinción de la poligamia y de la antropofagia.


VIDA CULTURAL.


Al establecerse en sus nuevos dominios, los españoles divulgan las ciencias, las letras y las artes de Occidente. En el continente americano, se leen y se editan libros. Además y por especial recomendación de las autoridades metropolitanas, se estudia física y humana del Nuevo Mundo.

La lengua española se convierte en el medio de comunicación universal de los habitantes de toda América, constreñidos antes por el carácter local de sus idiomas y dialectos precolombinos. Coadyuvan a una rápida evolución el uso del alfabeto latino y la imprenta.

Excepcional es el caso del guaraní, única lengua indígena aceptada por españoles, criollos y mestizos, aún después de integrado a la nueva sociedad el grupo que la había utilizado como propia.

Desde 1551, funcionan dos universidades, la de San Marcos, en Lima, y la de México, a las que luego se agregan otras, de las cuales nos interesa especialmente la de Córdoba, fundada en 1613 por el paraguayo Fray Herrando de Trejo y Sanabria, por haber sido la única ubicada en la Cuenca del Plata y a la que concurrieron de preferencia los paraguayas. Establecidas principalmente para la formación del clero americano, pronto agregaron a sus estudios los jurídicos y, algunas, ya en el siglo XVII, las ciencias médicas. Teólogos, filósofos, juristas y médicos criollos, vinieron a constituir el núcleo de la clase culta en cada ciudad indiana.

Los colegios, convictorios, conventos, seminarios, reducciones y otros establecimientos religiosos, son también importantes centros de difusión cultural.

La escritura latina, la lengua española, la imprenta, las universidades y demás centros de enseñanza, las casas de religión, los tribunales y los organismos administrativos, sumados a la migración española, contribuyen todos a una acentuada transformación cultural.


BIBLIOGRAFÍA

*. Francisco Romero, "El hombre y la cultura" (Colección Austral). H. Rickert, "Ciencia cultural y ciencia natural" (Idem).

*. José Ortega y Gasset, "Las Atlántidas" (Revista de Occidente Madrid).

*. Francisco Ayala, "Introducción a las ciencias sociales" (Aguilar, Madrid).

*. Francisco Morales Padrón, "Fisonomía de la conquista indiana" (Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla).

*. Silvio Zavala, "Ensayos sobre la colonización española en América" (Emecé Editores, Buenos Aires).

*. Pedro Henríquez Ureña, "Historia de la cultura en América Hispánica" (Col. “Tierra Finase”, Fondo de Cultura Económica, México).

*. Eladio Velázquez, "Democracia hispano-americana" (Buenos Aires, 1947).

 

 

CAPITULO XVII

ARTES Y LETRAS DE NUESTRO TIEMPO

 

La poesía. La novela y el cuento. El teatro. Literatura en guaraní. La creación musical.

Nuevas tendencias en las artes plásticas. Instituciones y revistas de cultura. El periodismo.

 

I.         LA POESIA

En la post-guerra del Chaco, hallan difusión en la poética paraguaya las nuevas corrientes estéticas.

Aunque muerto a los cuarenta y cinco años, Herib Campos Cervera (1908-1953) influye acentuadamente en la referida evolución y su magisterio se extiende por casi un cuarto de siglo. Ha sido uno de los impulsores del grupo literario “Vy’a raity”, en el que también militaban Josefina Pla, Hugo Rodríguez Alcalá, Augusto Roa Bastos, Oscar Ferreiro, Elvio Romero y otros. “Ceniza redimida” y “Hombre secreto” son tomos de poesía de Campos Cervera.

Josefina Pla acusa la influencia de nuevas tendencias poéticas y ha publicado “El precio de los sueños”, “La raíz y la aurora” y “Satélites oscuros”. Orienta ella, además, a algunos poetas y artistas jóvenes.

Hugo Rodríguez Alcalá ha publicado “Estampas de la guerra”, “A la sombra del pórtico” y poemas en periódicos y revistas, aparte de estudios de crítica literaria —uno de ellos, sobre Alejandro Guanes— y filosofía. Es autor de “Historia de la Literatura paraguaya”. Radicado desde 1945 en los Estados Unidos, ha enseñado en diversas Universidades, inclusive en la de Harvard.

Augusto Roa Bastos, de quien nos ocupamos más extensamente al hablar de la narrativa, ha publicado '“El naranjal ardiente”.

Diez años más joven que Rodríguez Alcalá, Elvio Romero se adelanta cronológicamente a su propia generación y es autor de varios volúmenes de versos, muy celebrados por la crítica, entre los que cabe citar “Días roturados”, “Resoles áridos”, “Despiertan las fogatas” y “El sol bajo las raíces”. Con alguna frecuencia, su obra entra en el campo de la literatura comprometida, al servicio de postulados políticos y sociales.

Surge pocos años más tarde José Antonio Bilbao, que ha dado a publicidad “Claro arrobo”, “Verde umbral”, “La estrella y la espiga”, “La saeta en el arco” y otros volúmenes. De menos edad, Elsa Wiezell de Espínola también se ha hecho conocer hacia 1950 con “Poemas de un mundo en brumas”, a los que siguen: “Mensaje para hombres nuevos”, “Temblor de acacias'”, “Palabras para otro planeta” y varios libros más. Oscar Ferreiro puede ser considerado surrealista, y Marialuisa Artecona de Thompson es autora de “Canción de navidad” y de poemas para niños que han sido distinguidos internacionalmente.

A partir de 1947, la Academia Universitaria del Paraguay, de la que nos volveremos a ocupar en este mismo capítulo, inicia su acción cultural. Forma parte de la misma el P. César Alonso de las Heras, poeta, autor dramático y orientador de gente joven. En 1953, la Academia edita “Poesía”, pequeño volumen con poemas de José Luis Appleyard, Ricardo Mazó, José María Gómez Sanjurjo y Ramiro Domínguez Appleyard, es autor de “Entonces era siempre” y da a conocer sus composiciones en diarios y revistas y en recitales poéticos. Domínguez ha publicado “Zumos”, “Salmos a deshora”, “Ditirambos para flauta y coro” y “Las cuatro fases del Luisón”.

En 1953 y 1954, se incorporan a la Academia Universitaria el poeta y crítico literario Rubén Bareiro Saguier, fundador más tarde de la revista Alcor", autor de "Biografía de ausente”, tomito de versos, y hoy docente, en La Sorbona; Rodrigo Díaz Pérez, de tierna poesía; y Carlos Villagra Marsal, de quien Josefina Pla dice que “como abanderado de su promoción, posee brillantez, fervor, épica resonancia”.

Mucho más jóvenes, en torno a 1960 comienzan a darse a conocer Francisco Pérez Maricevich, autor de “Axil” y “Paso de hombre”; Roque Vallejos, de “Pulso de sombra” y “Los arcángeles ebrios”; Miguel Ángel Fernández de “Oscuros días” y "A destiempo”, y además director de la revista "Diálogo" y editor de los Cuadernos de la Piririta y de la breve antología “Ocho poetas"; y Luis María Martínez, que ha publicado "Poesía" y "Arder es la palabra”.

Aún más jóvenes, en 1963 y 1964 comienzan a manifestarse los poetas del grupo “Asedio” y los que se nuclean en la revista “Péndulo”, a los que se suman, en 1966, los de la revista “Criterio”.

De la más joven generación de poetas paraguayos, debemos recordar, entre otros, a Adolfo Ferreiro, que ha publicado “La huella desde abajo” y fundado “Época", Nelson Roura (1945-1969), autor de “Poemas”; Guido Rodríguez Alcalá, de “Apacible fuego”, y “Ciudad sonámbula”; Rene Dávalos (1945-1968). de “Buscar la realidad” y además, ensayista; José Carlos Rodríguez, de “Poemas de la hermana"; y Juan Carlos da Costa, director que fue de 'Péndulo”.

II.        LA NOVELA Y EL CUENTO

En 1941, la casa editora “La Colmena” convocaba a un concurso de novelas paraguayas. Resultó premiada “Tava-i”, de María Concepción Leyes de Chaves, que desde años antes publicaba relatos breves en revistas argentinas. Se trata de una novela de costumbres, de ambiente rural, cuya acción transcurre en la pequeña población de ese nombre, al Este de Caazapá. La misma autora daría a conocer diez años más tarde “Río Lunado”, colección de leyendas, y en 1957, “Madama Lynch”, biografía novelada de Elisa Alicia Lynch. Leyes de Chaves colaboraba con alguna frecuencia en las secciones literarias de periódicos y revistas de Asunción.

Al mismo concurso de “La Colmena”, concurrió Teresa Lamas Carísimo de Rodríguez Alcalá con “Huerta de odios”, novela que sitúa los hechos en los años finales de la primera década del siglo, la cual apareció por entregas sucesivas en el diario “El País”. La autora, de la que ya nos hemos ocupado en el capítulo anterior, publicó años después “La casa y su sombra” y en 1965 integró el jurado del concurso de novelas dispuesto por “La Tribuna”.

José María Rivarola Matto, en “Follaje en los ojos", novela social y psicológica editada en 1952, trata de la vida en los yerbales, del dolor y la aventura de “los confinados en el Alto Paraná”, como él subtitula su libro.

Augusto "Roa Bastos, radicado en Buenos Aires desde 1947, aparte de preparar libretos para el cine argentino y componer letra para música popular, publica en 1953 “El trueno entre las hojas", colección de cuentos que alcanza notable trascendencia en el ambiente culto paraguayo y rioplatense, y siete años más tarde. “Hijo de hombre”, novela, que conoce un éxito similar al del libro anterior y que obtiene premio en un concurso literario de la Editorial Losada, de Buenos Aires. Con su cuento “La sed”, Roa Bastos se clasifica en honrosa ubicación en otro concurso literario organizado por la revista norteamericana “Life en español”. Otras colecciones de cuentos suyos son “El baldío” y “Los pies en el agua”. Su más reciente novela es “Yo, el Supremo”, fantasía en torno del Dr. Francia.

Benigno Casaccia Bibolini, que a veces firma Gabriel Casaccia, se incorpora antes de la contienda del Chaco a la narrativa paraguaya, con sus ya recordados libros “Hombres, mujeres y fantoches” y “El bandolero”. Terminadas las hostilidades y establecido él definitivamente en la Argentina, publica “El guajhú”, colección de cuentos pintorescos, costumbristas los unos y folklóricos los otros. Le siguen “Mario Pareda”, novela, y una nueva serie de cuentos, “El pozo”.

Faltaba, sin embargo, una obra singular, que afirmara la personalidad del autor. Es con “La babosa”, novela psicológica, cuya acción se sitúa en Areguá. Con todas las limitaciones y la opresión de un ambiente chico, que Cásaccia se impone como el primero y más notable de los novelistas paraguayos. Aun cuando la trama de “La babosa" se desarrolla en un centro campestre del Paraguay, en época indeterminada, los personajes y los hechos son universales. La obra halla difusión en todo el mundo de habla española y una de la más acreditadas editoriales de París toma a su cargo la publicación de la versión francesa de la misma.

"Con La babosa y las dos obras de Roa Bastos —escribe Josefina Pla—, la narrativa paraguaya alcanza por fin nivel continental, salvando con botas de siete leguas un retraso de medio siglo".

En “La llaga”, publicada en 1964, Casaccia vuelve al tema psicológico: obsesiones morbosas, frustraciones y angustias, sumadas al amor y la compasión, mueven a los protagonistas y mantienen la sostenida calidad del relato.

En “Los exiliados” (1966), Casaccia toca un tema hondamente vinculado con la vida paraguaya del último tercio de siglo. Esta novela ha sido premiada en un certamen de la revista “Primera Plana”, de Buenos Aires, por un jurado de la más alta jerarquía.

Su más reciente novela es, “Los Herederos”, dentro de la misma línea.

A comienzos de 1965, en un concurso de novelas cortas organizado por “La Tribuna”, es laureado Carlos Villagra Marsal, por “Mancuello y la perdiz”, publicada poco después. Ese mismo año, aparece “Imágenes sin tierra”, de José Luis Appleyard, y el siguiente, “Crónica de una familia”, de Ana Iris Chaves de Ferreiro.

Diversos concursos literarios convocados por periódicos y revistas contribuyen a actualizar el interés por el cuento en nuestro medio. También las revistas “Alcor”, “Péndulo” y “Criterio”, al abrir sus páginas a los valores nuevos, alentaban en la década del 60 el desarrollo de esta variedad de la narrativa.

Josefina Pla ha publicado “La mano en la tierra”, en tanto que Carlos Zubizarreta (1904—1972), sobreviviente del grupo fundador de “Juventud'', es autor de “Acuarelas Paraguayas”, colección de relatos evocativos de excelente redacción, y de “Los grillos de la duda”.

Aparte de los mencionados, son cuentistas Manuel E. B. Arguello y Fernando Oca del Valle, distinguidos en el arriba citado concurso de “Panorama": Rogelio Silvero, premiado en un certamen del Ateneo Paraguayo: Carlos Garcete, autor de “La muerte tiene color”; Ana Iris Chaves de Ferreiro, citada como novelista: Luis Resquín Huerta y otros que publican sus producciones en periódicos y revistas de actualidad. También debe recordarse a Pastor Urbieta Rojas, por sus “Estampas Paraguayas”, tradiciones idealizadas.

En el campo de la novela, cabe recordar “Del surco guaraní”, de Juan F. Bazán: “La raíz errante”, de J. Natalicio González: "Juan Bareiro”, de Reinaldo Martínez: “Las raíces de la aurora” y “La quema de Judas”, de Mario Halley Mora; "El pecho y la espalda”, bien lograda novela costumbrista de ambiente campesino, de Jorge Ritter; y “Puesto fronterizo”, favorablemente comentada por la crítica, de Antonio Romero Díaz. Por su parte, José S. Villarejo, mencionado en el capítulo anterior, publicó en 1944 “Cabeza de invasión”, inspirada en la segunda guerra mundial.

Francisco Pérez Maricevich ha publicado por entregas, en el semanario “Comunidad’', partes de un extenso y documentado estudio sobre ‘‘El cuento paraguayo”, que integra un “Pequeño diccionario de la literatura paraguaya” del cual es autor en colaboración con Josefina Pla, Efraím Cardozo y Miguel Ángel Fernández.

III EL TEATRO

En la inmediata post—guerra, Roque Centurión Miranda continúa sosteniendo y dando vida al teatro paraguayo, en tanto que Julio Correa alcanza repetidos éxitos con su repertorio en guaraní. De ambos ya nos hemos ocupado.

Centurión Miranda, que en 1943 ha de fundar la Compañía Paraguaya de Comedias, es nueve años antes el iniciador del llamado radioteatro en el Paraguay. En colaboración con Josefina Pla, transmite las audiciones de “Proal”, diario radial que difunde obras nacionales inéditas, y ambos son también co autores de “Aquí no ha pasado nada”.

Josefina Pla ha adaptado al teatro escenas del Quijote, y en 1967 ha publicado una monografía sobre "El teatro en el Paraguay”.

La actividad creadora de Arturo Alsina, comenzada bastante, antes, continúa en este período.

El extraordinario auge del cinematógrafo, que se gana la preferencia del grueso público y aun de la gente culta, resta posibilidades de éxito a los elencos extranjeros de la categoría de los que en décadas anteriores visitaban nuestra capital. Constituye ello un obstáculo no despreciable para la afirmación del teatro paraguayo.

Dos acontecimientos, sin embargo, contribuyen de manera decisiva a modificar esta situación, Son ellos la fundación, en 1941, de la Compañía de Comedlas del Ateneo Paraguayo, dirigida por el español Fernando Oca del Valle, suplido por breve tiempo por la yugoeslava Deza Debosco, y la de la Escuela Municipal de Arte Escénico, intentada en 1948 y definitivamente asegurada en 1950, a cargo de Roque Centurión Miranda, al que a su muerte sustituye por breve lapso Manuel E. B. Argüello. Inconvenientes de orden financiero de los años iniciales de la década del 60 fueron felizmente salvados con un cambio en las autoridades comunales.

Ambas instituciones han desarrollado y desarrollan proficua labor divulgadora del arte dramático universal, clásico y contemporáneo, y de promoción del teatro paraguayo. Se han formado decenas de buenos actores, han surgido directores y auxiliares de la representación y se ha brindado a los dramaturgos paraguayos la oportunidad del estreno. Gente salida de allí ha constituido elencos profesionales de mucha actividad y escuelas privadas de arte dramático y declamación Debe recordarse también la proficua acción del Teatro Popular de Vanguardia, del Cine Club Universitario, del grupo Gente de Teatro, de Tiempooville y de la Muestra Paraguaya de Teatro, todos ellos de nuestro tiempo.

Entre los dramaturgos y comediógrafos de los últimos treinta años, cabe recordar a Jaime Bestard, autor de “Aréválo"; a Ezequiel González Alsina, de "La quijotesa rubia”, “El gran rival”, “Más allá de las casas altas” y “Bolí”; al P. Juan Cassanello, fallecido en 1964, de “Salaskin” y otros dramas patrióticos, a Fernando Oca del Valle y Augusto Roa Bastos, co-autores de “Mientras llega el día”; al actor y director Ernesto Báez, de “La familia Quintana”, “La tierra es de todos” y “La señora del ministro”; a Manuel Frutos Pane, de “Amor imposible”, "Paí Ernesto” y "La lámpara encendida”; a María Concepción Leyes dé Chaves, de “Urutaú”; a Benigno Villa, del drama histórico "Casilda" y de las comedias “Fuerzas opuestas” y “Guaviramia Néstor Romero Valdovínos, de “Un paraguayo en Buenos Aires”, “Más allá del río” y otras comedias; a Graciela Estigarribia de Fernández, de piezas de teatro infantil; a Carlos Colombino, de “Momento para tres"; y a Rogelio Silvero, de “Cañón 105". “El pan de tus maizales'’, de Julio César Troche, obtuvo el premio en las Olimpiadas Artísticas de 1955. Kn ocasión del Sesquicentenario de la Independencia, se llevó a escena “Aquél 1811”, de José Luis Appleyard.

Tres dramaturgos que se han distinguido en nuestro tiempo son José María Rivarola Matto, Mario Halley Mora y Alcibiades González Delvalle. Rivarola Matto estrenó en 1956 “El fin de Chipí González ”, y en 1967 y 1972 alcanzó sendos premios en concursos convocados por Radio Cháritas, con la comedia “La cabra y la flor" y el drama “La encrucijada del Espíritu Santo". La producción teatral de Halley Mora es extensa y arranca también de 1956. Cabe recordar sus dramas “Interrogante”, “Un rostro para Ana” y “Magdalena Servín”, editados después de sus respectivos estrenos, en un volumen titulado “Teatro paraguayo de Mario Halley Mora ”, así como también la novela “Las raíces de la aurora” que Roa Bastos adaptó para el libreto de la película “La sangre y la semilla". González Delvalle, el más joven de los tres, es autor de un drama psicológico de ambiente histórico, “Procesados del 70” y de otros de inspiración folklórica, como “El grito del Luisón” y “Hay tiempo para llorar”, y ha incursionado en el tema social.

Los autores mencionados en la precedente reseña tienen, por lo general, otras obras que no citamos para no alargar extremadamente esta somera noticia. Los títulos reproducidos corresponden a piezas que han sido representadas o publicadas o que han obtenido distinciones en certámenes literarios.

Al hablar de los actores además de Julio Correa y Roque Centurión Miranda, debe tenerse presentes a Ernesto Báez, Jacinto Herrera, Emigdia Réisofer, Nelly Prono, Azucena Zelaya, Leandro Caccavélos, Carlos Gómez, Manuel E. B. Argüello, Juan B. Villa Cabañas, Rudi Torga, Antonio Pecci y muchos otros meritisimos veteranos de las tablas, a los que de continuo se suman jóvenes de talento.

Una notable innovación en nuestro arte escénico se debe a Manuel Frutos Pane y Juan Carlos Moreno González. Han dado vida ellos a la zarzuela y al cuento musical de motivo paraguayo. Frutos Pane escribe la letra y Moreno González compone la música. De esta manera, en 1956 dan a conocer “La tejedora de ñandutí”, zarzuela muy bien acogida por el público y por la crítica. De la cooperación de ambos autores, nacen después y se estrenan con éxito “María Pacurí”, “Las alegres kyguaverá” y “Paloma pará”. Al mencionado Frutos Pane y al compositor Eladio Martínez se debe “Raída potí”, otra comedia musical. Ya han aparecido nuevos cultores del género.

IV. LITERATURA EN GUARANI

Existe una copiosa y creciente literatura de creación en lengua guaraní. Hemos hablado ya del teatro: cuadra que nos ocupemos también de la poesía en esta lengua y de los centenares de canciones que, día a día, se publican y difunden.

“En el período de 1920-30 los aedas guaraníticos" superaron en lirismo a los poetas que empleaban el castellano”, dice Justo Pastor Benítez, y agrega: “Es que hay emoción en los versos de perfume silvestre de Ortiz Guerrero, de Francisco Martín Barrios, de Félix Fernández, de Rosicrán (Narciso R. Colman) y Darío Gómez Serrato. La lírica guaraní alcanzó sus más altas notas en Rojhechagaú (Nostalgia), de Marcelino Pérez Martínez, en Ortiz Guerrero y en Claro de luna, de “Darío Gómez Serrato”. Pocas líneas abajo, concluye: “Son manifestaciones del genius loci, en que expande el alma popular, con un coro de la selva y del río epónimo”.

Es digna de recordación la revista bilingüe “Ocara poty cue mí”, de folklore y poesía, muy difundida en los medios populares.

En 1950, se fundó la Asociación de Poetas, Escritores y Artistas Guaraníes, con numerosos afiliados. Sin embargo, es de notar que, si hasta hace pocos años la letra de las composiciones de música paraguaya era casi siempre guaraní, hoy existe una tendencia a escribirla en español, precisamente cuando es mayor su éxito y más grande su difusión internacional.

Narciso R. Colman (1880-1954), que con frecuencia firmaba Rosicrán, ha sido uno de los más prolíficos y meritorios entre los autores que usaron el guaraní como medio de expresión.

Su obra poética la recoge en los dos volúmenes de “Ocara poty”. La sabiduría popular, el espíritu festivo y la malicia amable del campesino los documenta en dos refraneros Ñeengá” y “Ñeengá rovy”, de color subido el segando. Ha publicado también “Ñande yara ñeé poravó pyré“, y ha dictado numerosas conferencias en guaraní.

La obra más celebrada de Colman es su poema legendario “Ñande ypy cuera” (nuestros antepasados), con una versión singular del origen y desenvolvimiento del pueblo guaraní, que el autor presentó al XX Congreso Internacional de Americanistas, en Río de Janeiro, en 1922, y que ha sido publicado en su texto original y en traducción española.

Leopoldo Benítez, aparte de estudioso de la lengua guaraní, la utiliza para la expresión poética y se le debe, entre otras composiciones, una traducción del Himno Nacional.

Félix Fernández, ya mencionado como precursor del teatro en guaraní, estrenó en 1926 “Mborayjhú pajhá” y es autor de varias comedias más, representadas en la capital y en el interior. Son suyas “Cerro Corá” “Reservista purajhei”, “Ñasaindype” y muchas otras canciones patrióticas y populares.

Francisco Martín Barrios (1893-1938), otro de los precursores del teatro, abona ese título con “Sinforosa” y “Caraí Octubre”, dos comedias en guaraní.

Eduardo Saguier ha escrito “El idioma guaraní”, método para aprenderlo, y ha traducido al mismo el poema “Martín Fierro”.

Darío Gómez Serrato, por mucho tiempo maestro de banda en fortines del Chaco, es poeta y prosista en guaraní. Tiene un tomo de versos, “Yacy yateré”, y varios estudios y poemas total o parcialmente inéditos. Es autor de la música de numerosas composiciones populares. Por sus reconocidas condiciones morales e intelectuales, goza de gran predicamento entre sus colegas.

Emiliano R. Fernández, ya fallecido, Gumersindo Ayala Aquino y el P. Celso Pedrozo son otros de los muchos poetas guaraníes de nuestro tiempo.

V.        LA CREACION MUSICAL

Dos centros han orientado la enseñanza de la música en la post-guerra del chaco. Son ellos el Ateneo Paraguayo y la Escuela Normal de Música, de los que hemos dado noticia con anterioridad. Numerosas academias privadas han cooperado en la tarea. La Escuela Normal de Canto, de Sofía Mendoza ha tenido a su cargo la promoción de esta rama del arte.

Para la formación musical superior, ha resultado de gran utilidad la acción del pianista y compositor polaco Erwin Brinicky, radicado en el país desde 1940.

La orquesta sinfónica constituye una vieja aspiración paraguaya. En 1928 la organizó por primera vez el intendente municipal Pedro Bruno Guggiari, pero fue de corta duración. Repitióse la iniciativa en la década de 1950 y la designación de director recayó en Carlos Lara Bareiro. Ausente éste en el exterior, lo sustituyó Remberto Giménez. Se ha reorganizado después como la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (O.S.C.A.); pero su actuación no es frecuente.

El musicólogo y compositor Juan Max Boettner (1899-1958) publicó “Como reconocer el estilo y al autor de una obra musical” y “Música y músicos del Paraguay”, la obra más completa e informada sobre el tema, con apreciaciones originales y bien fundadas sobre el desarrollo histórico de nuestra cultora. Es autor de diversas composiciones de música de cámara y popular, además de canciones infantiles y manuales de divulgación. Ejerció la presidencia del Ateneo Paraguayo y era una de las figuras más representativas de la ciencia médica paraguaya.

Juan Carlos Moreno González ha compuesto conciertos, danzas, guaranias, canciones y la música de las ya mencionadas zarzuelas paraguayas. A Cayo Sila Godoy, virtuoso de la guitarra, musicólogo y compositor, se le deben “Fiesta Campesina”, “Fantasías heroicas” y otros motivos. Como ejecutante, ha actuado en buena parte del continente americano. Carlos Lara Bareiro es autor de “Suite Paraguaya”, del poema sinfónico “Co'eyu” y de algunas guaranias.

José Asunción Flores, Félix Pérez Cardozo y Herminio Giménez han continuado en la creación musical en este período: ya hemos hablado de ellos y de su obra, en el capítulo anterior. Emigdio Ayala Báez, compositor y guitarrista, es autor de “Mi dicha lejana”, una de las más bellas guaranias, y de “Oración a mi amada”, ésta en colaboración con Eladio Martínez.

Eladio Martínez, Emigdio Ayala Báez y Albino Quiñones integraron un trío de cuerdas que concurrió a las Olimpiadas de Londres, en 1948, y ejecutó allí y en otras ciudades europeas música paraguaya. Dos años más tarde, se trasladaba a París el conjunto “Les guaraní”, formado por Francisco Servín, Cristóbal Cáceres, Ángel Sanabria y Francisco Marín, para actuar en lugares de esparcimiento nocturno. Caso único, ganó dos veces consecutivas el “Premio Internacional del disco”, discernídole en esa ciudad por sus grabaciones de música flolklórica latino americana. Corresponde a ambos grupos el mérito de haber abierto el camino en Europa para la ulterior difusión del arte nativo.

El “Trío Los Paraguayos”, fundado por Luis Alberto del Paraná (Luis Meza, 1925-1974), Agustín Barboza y Digno García, y diversos conjuntos más, han seguido actuando en París y otras capitales.

Los músicos mencionados son también compositores de mérito.

Debe recordarse igualmente a Julián y Leopoldo Alarcón, Francisco Alvarenga, Emilio Biggi, Emilio Bobadilla Cáceres, Mauricio Cardozo Ocampo, Santiago Cortesi, Samuel Aguayo, Diosnel Chase, Gerardo Fernández Moreno, Florentín Giménez, Agustín Larramendia, César Medina, Toledo Núñez, Julián Réjala, Federico Riera, Enrique Soler, Ampelio Villalba y Alejandro Villamayor, que en los últimos treinta años se han destacado como autores de la letra o la música de guaranias, polcas, canciones y otras composiciones de música popular paraguaya. Casi todos ellos son, igualmente, magníficos ejecutantes.

VI.      NUEVAS TENDENCIAS EN LAS ARTES PLASTICAS

En la post-guerra del Chaco, fallecidos Samudio y Da Ponte, siguen en actividad, con las características señaladas, Alborno, Delgado Rodas, Bestard y Holden Jara. Al último de los nombrados, se le encomienda en 1957 la dirección de la Escuela de Bellas Artes, dependiente de la Universidad Nacional de Asunción.

Dos pintores extranjeros, que temporaria y sucesivamente residieron en el Paraguay, el checo Wolff Bandurek, hacia 1940-45, y el brasileño Joao Rossi, a comienzos de la dé cada del 50, han influido poderosamente para la afirmación de las formas pictóricas de vanguardia en nuestro medio.

El grupo “Arte Nuevo”, fundado en 1954, reúne a Olga Blinder de Schvartzmann, Lily del Mónico, Edith Jiménez y otros pintores y grabadores deseosos de renovación en la plástica paraguaya.

Olga Blinder de Schvartzmann ha ejecutado sendos murales en el Colegio Nacional de la Capital y en el Colegio Nacional de Niñas, y ha presentado sus telas en exposiciones locales e internacionales. Es también grabadora. Lily del Mónico, que pinta principalmente flores y expone desde hace veinte años, y Lotte Schulz, además grabadora y directora de una escuela privada de pintura, representan diversas tendencias de un mismo arte. Pedro D. Lascio y Michael Burt Candia también pintan y han participado en exposiciones. Rodolfo García Veia es autor de los murales del templo del Colegio de San José, inaugurado en 1964. Burt Candia es fundador del Museo de Arte Moderno, abierto hasta mediados de 1967.

El acuarelista español Francisco Torné Gavaldá ha logrado bellísimos paisajes en el medio paraguayo y los ha ex puesto en ambas márgenes del Océano.

Pintores no figurativos son Laura Márquez, de formación rioplatense, y Carlos Colombino. Este último ha realizado un fructífero viaje de estudios a Europa, ha expuesto en los salones del Ateneo de Madrid y ha ganado el Premio “Ruso Unión Panamericana” correspondiente al Paraguay, en Buenos Aires. En 1967, llevó a cabo en la Unión Panamericana, en Washington una exposición de “xilo-pintura”, de notable originalidad y gran vigor expresivo.

El brasileño Livio Abramo, fundador del Taller "Julián de la Herrería”, ha jugado un rol esencial en la difusión del arte del grabado. Grabadora de reconocidos méritos es Edith Jiménez, discípula de Abramo y perfeccionada en el exterior. Cultivan también la especialidad Lotte Schulz, Olga Blinder de Schvartzmann, Adela Solano López y Jacinto Riveros.

Nos hemos referido en el capítulo anterior a Andrés Campos Cervera, que firmaba muchas veces “Julián de la Herrería”. Con una definida orientación estética, con experiencia de pintor y escultor, con una sólida base cultural y con dominio dé la técnica, ha convertido a la cerámica, de manifestación de artesanía, en arte puro, como ya hemos expresado antes.

La viuda del artista, Josefina Pla, española de nacimiento, pero con arraigo definitivo en el Paraguay, ha recogido su legado estético y dado a conocer su obra, exaltando también su trascendencia en la vida cultural paraguaya. Ha impreso en su arte el sello de su propia personalidad y se ha distinguido como maestra de ceramistas, entre los cuales merece especial recordación José Latérza Parodi. Ambos han expuesto con éxito en varias Bienales dé San Pablo y, en cooperación, son autores de un gran mosaico mural que exorna el edificio matriz del Instituto de Previsión Social, en Asunción.

Los ya citados Francisco Almeida y Vicente Pollarolo, ambos fallecidos, fueron por años los más cotizados escultores paraguayos. Almeida ejecutó las figuras de varios monumentos, entre ellas algunas de las estatuas de los nichos laterales del Panteón Nacional de los Héroes. Pollarolo ha cumplido encargos de varias municipalidades y otras instituciones del interior. En general, a sus esculturas les resta vida la rigidez de la expresión.

Herman B. Guggiari, formado en Buenos Aires y perfeccionado en San Pablo, representa las corrientes renovadoras en esta rama del arte. Monumentos suyos, con notas, personales, son los de Ruy Díaz Melgarejo, en Villarrica, y del P. Fidel Maíz, en 1º de Marzo. Su escultura abstracta “La Libertad” de notable fuerza expresiva e inspirada en la lucha del pueblo húngaro contra la opresión de raíz foránea, ha merecido premio en la VI Bienal de San Pablo. Otra innovación suya, la escultura sonora, se halla incorporada a la célebre colección de Matarasso, en dicha ciudad brasileña. Ilustrativo testimonio de su arte lo constituye el crucifijo de la iglesia de la Santa Cruz (“la crucecita”).

En abril de 1965, Guggiari concurrió a una muestra continental de la plástica americana celebrada en Washington, y allí, entre 59 competidores de toda América, un calificado tribunal le otorgó el primer premio de escultura, por una vigorosa composición no figurativa, para un monumento al Presidente Kennedy.

El escultor figurativo Francisco Báez Rolón ha recibido numerosos encargos oficiales en los últimos años y es autor de una estatua ecuestre del Mariscal López.

Muchos otros pintores, grabadores, ceramistas y escultores se hallan en plena actividad, pero su mención extenderá demasiado la presente reseña.

VII INSTITUCIONES Y REVISTAS DE CULTURA

El Ateneo Paraguayo que, como hemos expresado, resultó de la fusión del Instituto Paraguayo y del Gimnasio Paraguayo, desarrolla ininterrumpida actividad desde 1933 y constituye uno de los más importantes centros culturales de nuestro medio.

Ha patrocinado clases de música, de danzas, de pintura, de dibujo y de otras artes, y hasta la fecha las sostiene. Su Compañía de Comedias cumple una meritoria labor.

Ha organizado también concursos literarios.

Desde 1938 hasta mediados de la década del 40, se editó la “Revista del Ateneo Paraguayo”, con material científico y humanístico de alto valor. En 1982 y con la dirección de Adriano Irala Burgos, reapareció por un tiempo dicha publicación.

A comienzos de 1965, se incorporó al Ateneo el Centro de Estudios Antropológicos del Paraguay que, después de gran dinamismo mostrado en 1950 y 51, en la época de su fundación y en el seno de la Facultad de Filosofía, se había independizado de dicha casa de estudios y permanecía en virtual inactividad, y comenzó a editar el “Suplemento Antropológico de la Revista del Ateneo Paraguayo”, muy cotizado en el ambiente científico internacional. En 1970, Centro y Suplemento se separaron del Ateneo y pasaron a integrarse a la Universidad Católica.

La acción de la Sociedad Científica del Paraguay, ya reseñada en el capítulo XIV, prosigue en nuestros días.

La Sociedad de Medicina y Cirugía del Paraguay continúo desarrollando sus actividades científicas hasta que la sustituyó en este cometido el Círculo Paraguayo de Médicos, y funcionan varias corporaciones especializadas, de pediatría, de urología, de fisiología y de otras ramas de la ciencia médica, que organizan reuniones de divulgación y se hacen representar en los congresos internacionales.

Desde 1935, se publicó con relativa periodicidad el '“Boletín de la Sociedad de Medicina y Cirugía del Paraguay” y después, la “Revista Médica del Paraguay”.

La Academia Paraguaya de la Historia, fundada en 1937 Como Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas, es de interesante y sostenida acción cultural. Aun cuando ha incorporado a su seno a gran número de personas ajenas a los estudios históricos —poetas, periodistas, ensayistas y empresarios—, no se ha apartado de sus fines esenciales. Desde la asunción de la presidencia por Julio César Chaves (1956-1972) y desde 1956, se edita el anuario “Historia Paraguaya”, que trae colaboraciones valiosas.

Se han organizado dos congresos internacionales de historiadores: las Jornadas Híspano-Americanas de Historia, en 1960, y las Jornadas Históricas del Sesquicentenario, el año siguiente. En el transcurso de las mismas, se dieron a conocer algunos trabajos muy buenos, y la concurrencia de reputados historiadores latino-americanos y europeos facilitó a sus colegas paraguayos el intercambio de pareceres y la muy necesaria vinculación internacional.

Además, la Academia ha auspiciado conferencias públicas de calificados especialistas, y en 1966 organizó una Reunión de Historiadores, de carácter internacional.

El Instituto de Numismática y Antigüedades del Paraguay, fundado en 1943, colabora en la importante tarea de la Academia de la Historia y ha establecido una filial en Villarrica.

En 1964, se funda el Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos. Se hallan bien encaminados varios planes de investigación en este campo del saber y se edita la “Revista Paraguaya de Sociología”, de alta y sostenida calidad.

Una asociación desaparecida pero de notable mérito ha sido Academia Universitaria del Paraguay, fundada en 1947, por un grupo de jóvenes ex-alumnos del Colegio de San José, que subsistió hasta 1958. Su extinción coincide con el alojamiento del país del P. César Alonso de las Heras, sacerdote español, que intervino en su organización y funcionamiento con entusiasmó y dedicación.

La Academia pasó por una crisis de intolerancia ideológica hacia 1950-51, pero a partir de 1953, con la presidencia de José Luis Appleyard, la superó satisfactoriamente y abrió sus puertas a gente nueva, dé las más diversa procedencia. Si queremos ubicarla generacionalmente, aunque sus fundadores eran nacidos en 1926, 27 y 28, podemos decir que agrupó a jóvenes de inquietud cultural venidos al mundo entre 1924 y 1936 o 37.

Las reuniones de la Academia Universitaria resultaban altamente ilustrativas: dábanse a conocer allí trabajos de sus miembros, de poesía, teatro, cuento, novela, historia, sociología, ensayo, crítica y actualidad, y ellos eran seguidos con interés y debatidos por los asistentes. La institución influyó en la formación de todos y cada uno de sus integrantes, los estimuló a persistir en la actividad creadora y permitió el libre y cordial cambio de ideas entre personas de opuestas tendencias.

El Centro Cultural Paraguayo-Americano, el Instituto Paraguay-Brasil y la Sociedad Bolivariana del Paraguay promueven la fraternidad ínter-americana, auspician conferencias y otras actividades culturales y tienen publicaciones.

El P.E.N. Club, subsidiario de la organización internacional del mismo nombre, fundado en 1943 y reestructurado en 1958, aunque contaba entre sus asociados a intelectuales del mayor relieve, se mantiene virtualmente inactivo. Volvió a reorganizarse en 1972. Amigos del Arte es una nucleación de gente culta que busca promover las letras y las artes. En 1959, con solemnidad y propiciada por el Colegio de Abogados, se constituyó la Academia de Derecho del Paraguay; ignoramos si se ha extinguido o subsiste normalmente pues nunca dio señales de vida:

Establecida en 1964, la filial paraguaya del Congreso por la Libertad de la Cultura, después Instituto Latino-Americano de Relaciones Internacionales, favoreció por varios años la investigación científica la edición de revistas y libros, las exposiciones de arte y las manifestaciones literarias en general.

Además de las ya mencionadas publicaciones del Ateneo Paraguayo, de la Sociedad Científica y de la de Medicina y Cirugía, de la Academia de la Historia y del Centro de Estudios Sociológicos, otras revistas culturales y científicas han aparecido en los últimos treinta años.

El “Boletín de Educación Paraguaya" es órgano de orientación pedagógica e información profesional del Ministerio de Educación y Culto. La “Revista del Ejército y la Armada”, en la inmediata post-guerra, y desde 1940 la “Revista de las Fuerzas Armadas de la Nación”, han tenido y tienen secciones de valor cultural. La “Revista de Turismo”, fundada por Arturo Bordón en 1940 y continuada por sus sucesores hasta 1946, contenía trabajos literarios e históricos. A los “Anales de la Facultad de Odontología” y a los “Anales de Oftalmología", ya desaparecidos ambos, hay que agregar la mención de los "Anales oes la Universidad Nacional", aparecidos hacia 1960, aunque con características distintas de la publicación homónima de medio siglo antes.

“Cultura”, del Centro de Cultura Paraguaya "General Bernardino Caballero" y dirigida por Guillermo Enciso Velloso apareció en el bienio 1945-46 y contaba con ilustrados colaboradores paraguayos y extranjeros. De esa época aproximadamente es la “Revista del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas” que por vanos años cultivó la especialidad que su nombre indica. Otras publicaciones de orientación cultural de la década del 40 han sido “Noticias”, de corta duración, y “La Estrella”, del Colegio de San José.

En 1953 y 54, apareció “Panorama”, con la dirección de Justo Pastor Benítez (hijo) y Fernando Giménez Uriarte. Aunque se  trataba de una revista de actualidad e información general, en sus sucesivos números fue reproduciendo colaboraciones literarias, históricas sociológicas y ensayos breves.

A comienzos de la década del 50, los estudiantes paraguayos radicados en Buenos Aires redactaban “Pulso".

Publicaciones literarias y de cultura general de los últimos, años son “Diálogo”, "Proa", “Yesca”. "Argos" y varias más. Han sido ellas de corta vida o si subsisten, de aparición irregular y muy espaciada. Resultan de interés por expresar nuevas corrientes estéticas.

De 1984 a 1986, un grupo de jóvenes poetas y críticos literarios publicó “Péndulo”.

Desde 1966 hasta 1970 con sostenida calidad y bajo la dirección de Basilio Bogado, aparece la revista “Criterio”, literaria y de ensayos.

La más importante revista de cultura de nuestros días ha sido “Alcor”. Con el nombre de “Cuenco”, la fundaron en 1955 Julio César Troche y Rubén Bareiro Saguier, y el año siguiente adoptó su actual denominación definitiva. Con la eficaz dirección de Bareiro, logro sostenerse, aunque con interrupciones, durante más de quince años.

“Alcor” -anotábamos en 1966- llena hoy el rol de principal mensajero de la cultura paraguaya en América y Europa, Mantiene canje con sus similares de ambos lados del Océano y trae con frecuencia colaboraciones de acreditados autores extranjeros. Poetas, cuentistas, críticos literarios y de arte, historiadores, sociólogos y ensayistas del Paraguay hallaban satisfactorio medio de expresión en las columnas de “Alcor”, que también reproduce las manifestaciones de nuestras artes plásticas.

IX EL PERIODISMO

En la actualidad se publican en Asunción cinco diarios de difusión general, además de otros órganos especializados en materia forense. Son aquéllos ‘'La Tribuna”, independiente, desde 1925, “Patria”, órgano oficial del Partido Colorado, desde 1954 “ABC”, que compite con “La Tribuna” en tiraje “Hoy” y “Ultima Hora”.

De aparición semanal han sido “El Radical”, vocero oficial del Partido Liberal Radical, y otras hojas de diversa trascendencia y vario contenido. “Comunidad”, de orientación católica, clausurada en 1969, y “El Pueblo”, febrerista, también desaparecido, deben anotarse entre los órganos de expresión de nuestro tiempo.

El periódico de mayor tiraje ha sido durante veinte años “La Tribuna”. Contaba además, con el más completo servicio telegráfico internacional y con el mayor número de secciones permanentes. De 1942 a 1964, careció de artículos de fondo: vale decir que omitía cumplir la función orientadora de la prensa y se abstenía de emitir opinión. Sin embargo, ha superado después tal situación. Sus ediciones dominicales suelen traer colaboraciones de mérito y ha propiciado en 1964, 1965, 1968 y 1970 concursos literarios, de cuento y novela.

En 1967, ha comenzado a aparecer “ABC”, con buen servicio telegráfico, ilustraciones a todo color, mucha información nacional, comentarios y notas culturales. Más recientes y con características similares son el matutino “Hoy” y el vespertino “Ultima Hora”. Hay también revistas ilustradas y de actualidad.

Nuclea a los periodistas la Asociación de Prensa del Paraguay.


BIBLIOGRAFIA

Justo Pastor Benítez, “El solar guaraní”.

Josefina Pla, “Literatura paraguaya en el siglo XX” (en “Aspectos de la cultura paraguaya”).

Varios autores, “Pequeño diccionario de la literatura paraguaya” (en publicación, en “Comunidad”).

Francisco Pérez-Maricevich, “La poesía y la narrativa en el Paraguay”.

Juan Max Boettner, “Música y músicos del Paraguay”.

Amadeo Báez Allende, “Páginas universitarias y artísticas del Paraguay” (en "Reseña histórica de la Universidad Nacional”).

Miguel Ángel Fernández, “La plástica paraguaya moderna” (en “Aspectos de la cultura paraguaya”).

Colección de la “Revista del Ateneo Paraguayo” (dos épocas).

Colección de “Alcor”.

Colección de “Péndulo”.

Colección de “Criterio "

Colección de “Suplemento Antropológico”.

Colección de “Historia Paraguaya”.

Ediciones “Cuadernos de la piririta”.



CAPITULO XVIII

LAS CIENCIAS Y EL ENSAYO EN EL SIGLO XX

Los estudios antropológicos. La lengua guaraní. La sociología. El ensayo. Los estudios históricos. El tema de la guerra del Chaco. El derecho. Las ciencias médicas. Los naturalistas.

I.         LOS ESTUDIOS ANTROPOLOGICOS

Los estudios de esta naturaleza hallan sus antecedentes coloniales en los cronistas de la Compañía de Jesús y en los trabajos de Azara y Aguirre, mencionados en su oportunidad.

A partir de 1889, interviene en la vida cultural paraguaya el artista italiano Guido Boggiani (1861-1900). Pintor sobresaliente en su tiempo y muy vinculado en Europa y en el Río de la Plata, en Asunción se dedica a la creación artística, se incorpora a la redacción de la “Revista del Instituía Paraguayo” y a la de “La Prensa”, el diario que fundara Blas Garay.

Boggiani inicia en el Paraguay Independiente la investigación etnológica directa sobre las parcialidades indígenas del Chaco. De sus estudios, Resultan conferencias y artículos científicos y varios libros, entre los que cabe recordar “Los chamacocos”, “Los caduveos” y otros, en lengua italiana, y un “Compendio de etnografía paraguaya”, aparecido en Asunción.

En la selva chaqueña, en el transcurso de una de sus expediciones científicas, perece Boggiani a manos de esos mismos chamacocos a los cuales había dedicado una original monografía.

El naturalista suizo Moisés S. Bertoni (1857-1929), organizador de la Estela Nacional de Agricultura, se dedicó también a la etnología. Asentó sus experiencias y sus reflexiones en “Civilización guaraní”, que comprende “Etnología”, “Religión y moral” y “Conocimientos”, obra de repercusión en la historia cultural de nuestro país.

El historiador Fulgencio R. Moreno incluyó una muy interesante “Geografía etnográfica del Chaco” en sus alegatos de la cuestión de límites con Bolivia.

El etnólogo alemán Max Schmidt (1873-1951) llevó a cabo más de diez viajes dé exploración al Alto Paraguay y al Matto Grosso. Jubilado con un alto cargo del Museo Etnográfico de Berlín, se radicó en Asunción, donde pasaría el resto de su vida. Aquí, se vinculó con Andrés Barbero, se incorporó a la Sociedad Científica del Paraguay, colaboró asiduamente en su revista y ordenó y acrecentó las excelentes colecciones de su Museo Etnográfico. En 1935, hacia el final de la guerra, viajó al Chaco para estudiar las parcialidades de los guarayos y chiriguanos, del Aguaragüe y del Parapití.

Ya anciano, le tocó a Schmidt fundar en 1948 la cátedra de Etnología de la Universidad Nacional.

En su patria, tenía publicado medio centenar de monografías de alto valor científico, relativas todas a los indios de nuestro país y del Brasil. De su estada en Asunción, aparte de sus numerosos artículos en la “Revista de la Sociedad Científica del Paraguay”, es un muy ilustrado estudio sobre “Los payaguá”.

Schmidt contribuyó de manera decisiva al desarrollo de la ciencia antropológica en el Paraguay.

León Cadogan (1899-1973), autodidacto, radicado en Villarrica, ha llevado a cabo importantes tareas de investigación entre los mbyá, los guayakí y otros grupos indios de las zonas del Ybytyruzú y Caaguazú, de todos los cuales era amigo y decidido defensor.

Cadogan colaboraba en publicaciones científicas nacionales y extranjeras. Entre sus numerosos trabajos cabe recordar “Ayvú Rapytá.. Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá”, “Aves y almas de difuntos en la mitología guaraní y guayakí”, “Carobení”, “Cómo interpretan los Chiripá (Avá Guaraní) la danza ritual”, “Concepto guaraní del alma”, “Problemas de la población Mbyá Guaraní y Guairá” y varios más.

El brasileño Paulo de Carvallo Neto, sucesor de Max Schmidt en la cátedra, permaneció solamente dos años en Asunción, pero en ese lapso promovió la fundación del Centro de Estudios Antropológicos, publicó varios cuadernos mimeografiados con estudios de diversos autores sobre temas de la especialidad, estimuló la investigación de las costumbres populares y reunió material para su libro “Folklore del Paraguay”, aparecido varios años después de su alejamiento del país.

El general Juan Belaieff, ruso blanco al servicio del Paraguay, ya fallecido, explorador infatigable del Chaco durante treinta años, publicó en la mencionada “Revista de la Sociedad Científica del Paraguay” diversas colaboraciones alusivas a las parcialidades indígenas de esa región y dedicó sus mejores esfuerzos al beneficio de los maká, con los cuales logró establecer la Colonia “Bartolomé de las Casas”.

El médico y publicista Gustavo González (1897-1974), ha estudiado también directamente a los guarayos y chiriguanos, a los que ha dedicado su monografía “Entre los guaraníes de Yrendagüe, Picuiba y Ñambirenda”, Además, es autor de “La medicina guaraní precolonial y colonial”, de “La medicina guaraní -tupi precolonial”, de “El ciclo legendario de Fray Luis Bolaños” y de una sistemática y profunda investigación, sobre el origen y la difusión del ñandutí en nuestro país Publicaba habitualmente en “Alcor” artículos sobre creencias de los guaraníes y folklore paraguayo.

Branislava Susnik, formada en universidades europeas y naturalizada paraguaya, tiene a su cargo en la actualidad la catedra de Antropología en la Universidad Nacional y orienta con rigurosa objetividad científica el aprendizaje de sus alumnos. Ejerce la dirección del Museo “Andrés Barbero”, de la Sociedad Científica del Paraguay, y ha publicado “Arqueología y etnología americana”, “Apuntes de etnografía paraguaya” y los tres primeros volúmenes de “El indio colonial del Paraguay” y “Chiriguanos”, además de frecuentes colaboraciones en revistas especializadas.

Miguel Chase Sardi, perfeccionado en el Brasil, ha publicado “Avaporú”, breve y novedosa monografía relativa a la antropofagia entre los guaraníes, y le toca intervención decisiva en el “Suplemento Antropológico”, revista en la cual también colaboran los jesuítas españoles Ramón Juste y Bartolomé Meliá.

Pablo Alborno, ya mencionado como pintor, es autor de "Origen de la raza guaraní-tupí” y otros ensayos, y los generales Marcial Samaniego y Ramón César Bejarano estudian a las parcialidades indígenas de nuestro país y tienen varias publicaciones.

II.        LA LENGUA GUARANI

El estudio de la lengua guaraní, del punto de vista científico, gramatical y filológico, que halla notables precursores en Ruiz de Montoya y otros ilustrados religiosos de la época colonial, se reinicia a fines del siglo XIX y comienzos del actual con Manuel Gondra, Manuel Domínguez, Moisés S. Bertoni, Ignacio A. Pane y Eloy Fariña Núñez. Prosiguen la tarea hasta nuestros días Narciso R. Colman, Juan Francisco Recalde, Tomás Osuna, Pablo Alborno, Anselmo Jover Peralta, el P. Antonio Guasch, Guillermo Tell Bertoni, Gustavo González, Gaspar N. Cabrera, Reinaldo Decoud Larrosa y otros que, en número creciente, se ocupan de un tema tan consubstanciado con nuestro ser nacional.

De varios de los mencionados, hemos dado noticia al ocuparnos de los estudios antropológicos.

En la “Revista del Instituto Paraguayo” y en los últimos años del siglo pasado, Manuel Gondra (1871-1927) publicó “El guaraní y su capacidad expresiva”, “El guaraní y las ideas abstractas”, “Naturaleza y estructura de la lengua guaraní” y otros trabajos afines de éstos.

Tomás Osuna (1882-1941), Director por varios años del Colegio Nacional y uno de los fundadores del Gimnasio Paraguayo, se dedicó también al estudio de la lengua guaraní, a la que tradujo la Constitución Nacional de 1870. Dejó una monografía relativa a “Ideología guaraní” y un “Diccionario guaraní-español y español-guaraní”. Este último fue completado y publicado por Anselmo Jover Peralta, el cual es además autor de “El guaraní en la geografía de América”, extenso estudio de la toponimia americana, de persuasiva argumentación.

Otro guaranista muy versado era Juan Francisco Recalde (1884-1947), autor de “Ortografía guaraní” y de traducciones de otros idiomas sobre temas antropológicos. Siendo Ministro de Instrucción Pública, en 1939, dispuso la fundación de una Comisión Especial de Cultura Guaraní. Desempeñó también la presidencia del Ateneo Paraguayo y, cuando murió, se hallaba en vías de realización el proyecto de crear para él una cátedra universitaria de guaraní en el Brasil.

Rufino Villalba (1878-1923) escribió una "Guía ortográfica y prosódica del guaraní”, Raimundo D. Obelar (1878-1931), un “Vocabulario guaraní”, Leopoldo Benítez, miembro de la Sociedad Científica del Paraguay, “Crítica y glosas a la poética guaraní”, y Gaspar N. Cabrera, “Guaranyro. “Fundamento de la enseñanza y fonología del idioma guaraní”. Carlos Gatti y los naturalistas Teodoro Rojas y A. de Winkelried Bertoni han redactado en colaboración un “Vocabulario guaraní-español para uso médico”.

Guillermo Tell Bertoni (1889-1963) dedicó casi medio siglo a la lengua y la cultura guaraníes, participó de varias asociaciones que buscaban sistematizar su estudio y fue autor de “Fonología, prosodia y ortografía de la lengua guaraní”, “Gramática de la lengua guaraní", "Análisis glotológico de la lengua guaraní-tupí”; “La lengua guaraní: importancia histórica y actual” y varios otros trabajos parcialmente publicados o dados a conocer por medio de conferencias.

El P. Antonio Guasch (1879-1965). jesuíta español, trabajó más de treinta años sobre la lengua guaraní. Dejó "El idioma guaraní”, “Diccionario guaraní-castellano y castellano-guaraní”, “Catecismo de la doctrina cristiana en guaraní" y otros estudios, además de importantes ponencias en congresos internacionales.

Reinaldo Decoud Larrosa es el iniciador de la enseñanza universitaria del guaraní, labor a la que dio comienzo en la Facultad de Filosofía, en 1948, ha publicado estudios sobre “El sistema numérico guaraní tupí”, "La representación gráfica de los fonemas propios de la lengua guaraní-tupí” “Estructura lingüística del idioma guaraní” y “Sistematización de los verbos del idioma guaraní” y trabajos más breves, y una versión guaraní del Nuevo Testamento. “Joparé Pyahú”.

En 1920, se organizó la Sociedad de Cultura Guaraní que dejó de funcionar antes de la guerra del Chaco. Hemos aludído ya a la iniciativa de 1939, del ministro Recalde, de instituir una Comisión Especial de Cultura Guaraní: ésta, en 1942, se transformó en Academia de Cultura Guaraní, con el concurso de los más acreditados estudiosos y cultores de dicha lengua presentes entonces en el país, y en 1949 cambió su nombre por Academia de la Lengua y Cultura Guaraní,

La actividad de estas instituciones, así como también la realización de sucesivos Congresos de la Lengua Guaraní Tupí, ha contribuido a ordenar y encauzar científicamente los estudios de los guaranistas paraguayos y extranjeros.

No hay unidad de criterio en cuanto a ortografía guaraní. Además del antiguo sistema de Ruiz de Montoya, existe en uso una simplificación del mismo. El Congreso de la Lengua Guaraní-Tupi, celebrado en Montevideo en 1950 y del cual participaron Guasch, Bertoni y Decoud Lanosa, recomendó uno distinto. El Ministerio de Defensa en 1969 y para sus dependencias, adoptó otra ortografía. Por televisión se dictan clases de guaraní con otra ortografía e innovaciones terminológicas elaboradas. Ninguno de estos sistemas disímiles halla general aceptación.

En la Universidad Nacional existen cursos de guaraní que habilitan para ganar el título de Licenciado, y el guaraní figura en el nuevo plan de estudio de la enseñanza media.

III. LA SOCIOLOGIA

El primero que cultiva la Sociología en el Paraguay es Cecilio Báez (1862-1941). Traza el plan de estudios de la materia para la Universidad y se maneja dentro del campo del racionalismo y del positivismo. Publica “Principios de Sociología” en dos volúmenes, “La ciudadanía y el pacto social” y diversas colaboraciones especializadas en revistas nacionales y extranjeras.

Ignacio A. Pane (1880-1920), dentro de la misma escuela, modifica, sin embargo, en 1913 el programa de Báez. Es autor de “El método de las ciencias sociales”, “La familia en el Paraguay”, unos “Apuntes de Sociología” para sus alumnos y otros estudios, algunos de ellos parcialmente inéditos.

También desempeñó la referida cátedra y actualizo la bibliografía en uso, Eusebio Avala (1875-1942). Sus escritos políticos, económicos y sociales han sido reunidos en volumen con él título de “Patria y Libertad”. Fue Presidente de la República durante la guerra del Chaco y la posteridad lo recuerda como el “Presidente de la Victoria”

El peruano Carlos Rey de Castro había dado a conocer en 1903 su breve ensayo sobre “La clase rural paraguaya”.

Eligió Ayala (1879-1930) dejó “Migraciones”, folleto muy informado que apareció en 1941, y otros estudios que permanecen inéditos. Buena parte de su pensamiento sobre la realidad paraguaya se halla asentada en los “Mensajes” que como Presidente de la República, dirigió al Congreso Nacional durante el cuadrienio 1924-1928.

Justo Prieto, por varios años catedrático de la disciplina en la Universidad Nacional, cuyo Rectorado alcanzó a ejercer, es el más sistemático de los sociólogos paraguayos. Ha enseñado Sociología en universidades extranjeros, dictado conferencias en América y Europa y participado con relevancia de congresos internacionales de la especialidad. De orientación positivista, pero muy objetivo en sus apreciaciones científicas, es autor de “Síntesis sociológica”, libro publicado por la Universidad de Buenos Aires, “La vida indómita de Augusto Comte”, “Sentido social de la cultura universitaria”, “Manual del ciudadano liberal paraguayo” y “Paraguay, Provincia Gigante de las Indias”, interpretación de la historia del pueblo paraguayo, además de gran cantidad de folletos y artículos en publicaciones nacionales y extranjeras.

De J. Natalicio González y Justo Pastor Benítez; también sociólogos ambos, nos ocupamos más detalladamente en el apartado relativo al ensayo en el Paraguay.

Ramiro Domínguez ha publicado “El valle y la loma”, estudio original y documentado sobre la vida rural en el Paraguay.

En 1964, fue fundado el Centro Paraguayo de Estudios Sociológicas, presidido por Domingo M. Rivarola, que edita la “Revista Paraguaya de Sociología”. Uno de sus colaboradores, Guillermo Heisecke, es autor de una síntesis, brevísima pero muy informativa, de “La bibliografía sociológica en el Paraguay”.

En el último cuarto de siglo han desempeñado la cátedra de Sociología o se hallan actualmente en ejercicio de la misma Hipólito Sánchez Quell, autor de “Panorama de la sociología americana”, Silvio González Jovellanos, María Elina Olmedo de Pereira y Maníredo Ramírez Russo.

V. EL ENSAYO

El ensayo ha tenido en todas las épocas cultores y representantes en el Paraguay.

A comienzos del presente siglo, se incorporaban a nuestra vida cultural los españoles Viriato Díaz Pérez (1875-1958) y Rafael Barret y el economista ruso Rodolfo Ritter (1864-1946).

Graduado de la Universidad de Madrid, Díaz Pérez compartió con Belisario Rivarola la dirección de la “Revista del Instituto Paraguayo” y por años tuvo a su cargó la jefatura superior de la Biblioteca Nacional y del Museo “Godoi” de Bellas Artes. En 1909, publicó “Documentos de 1534 a 1600 que se conservan en el Archivo Nacional”, índice muy ilustrativo del material custodiado en la referida institución. Pero donde Díaz Pérez verdaderamente se destacó fue como animador de las actividades del espíritu: hasta su muerte desempeñó la cátedra, fundó con Ramón Lara Castro la “Revista del Paraguay”, formó parte de varias instituciones culturales de diversa duración, dictó conferencias en la capital y en el interior y colaboró en diarios y publicaciones de difusión cultural. Su libro más importante es “Las comunidades peninsulares en su relación con los levantamientos comuneros americanos y en especial con la revolución comunera del Paraguay”, ameno y original ensayo aparecido en 1930 y reimpreso con título más breve en 1972.

Barret fue periodista y escritor polémico Difundió en el país los postulados anarquistas y promovió un movimiento sindical de esa orientación. Es el iniciador en nuestro medio de la literatura comprometida, de la Creación literaria al servicio de una ideología determinada. Además de “El dolor paraguayo”, tomito ya mencionado al tratar de la narrativa, Barret fue autor de “Lo que son los yerbales”, “Moralidades actuales”, “Mirando vivir” y otros ensayos y alegatos publicados en su mayor parte en vida del autor y recogidos todos en sus “Obras completas”, aparecidas treinta años después de su muerte.

Ritter colaboraba en la “Revista del Instituto Paraguayo", fundó “El economista paraguayo” y fue autor de artículos, folletos y conferencias. Dejó, publicado en colaboración, un tomo de “Economía Política”.

Gualberto Cárdus Huerta (1878-1950), del grupo fundador de “El Diario”', asentó sus ideas en “Arado, pluma y espada”.

Justo Pastor Benítez (1895-1963) y J. Natalicio González (1896 -1966) son sociólogos e historiadores de nota, pero su género por excelencia es el ensayo.

Benítez es autor de “La vida solitaria del doctor José Gaspar de Francia”, “Carlos Antonio López”, “El solar guaraní”, interpretación y síntesis de la vida cultural paraguaya del siglo XX, y “Formación social del pueblo paraguayo”, la más trascendente de sus obras, culminación de una vida dedicada a la observación de los problemas nacionales y la búsqueda de sus raíces, aparecida cuando él tenía ya sesenta años.

Otros libros y folletos suyos son “La causa nacional”, “Idearlo político”, “Ensayo sobre el liberalismo paraguayo”, “Bajo el signo de Marte”, “Aspectos de la literatura paraguaya”, “Los comuneros del Paraguay”, “Estigarribia”, “El mirador de un exilado”, “Temas de la Cuenca del Plata”, “Bajo el alero asunceño”, “Páginas libres”, “Mancebos de la tierra”, el último de sus libros, y en colaboración, “Jornadas Democráticas”, además de más de un centenar de artículos en periódicos y revistas de América y Europa.

“Justo Pastor Benítez —decíamos en un estudio que le dedicamos— es el escritor paraguayo que más ha difundido el conocimiento de la patria. Desde la cátedra y desde la prensa, ha hablado de lo paraguayo, con profundo y contagioso amor, a todo el mundo hispánico y a gente de otras lenguas”.

Benítez, que fue además periodista, parlamentario, diplomático y ministro de varias carteras sucesivas, representó ni Paraguay en la VII, y la VIII Conferencias Panamericanas y concurrió a varios congresos internacionales de hombres de ciencia y escritores.

González, por su parte, es autor de “Proceso y formación de la cultura paraguaya”, su obra más importante, de la cual ha aparecido solamente el primer tomo, y ha publicado en 1964 una “Geografía del Paraguay”, muy completa e informada.

En 1920, fundó la revista “Guarania”, que hasta su muerte dirigió en sus espaciadas apariciones, y ha organizado en París, en 1925, la Editorial de Indias, y con posterioridad, sucesivamente en Buenos Aires y en México, la Editorial “Guarania”, sello con el que han sido publicados numerosos libros paraguayos y americanos.

Son libros suyos también “Solano López y otros ensayos”, “El Paraguay eterno”, “El paraguayo y su lucha por su expresión”, “El drama del Chaco”, “Cómo se construye una Nación” y, en colaboración, “El Paraguay contemporáneo”, álbum ilustrado y de información general, aparte de artículos en periódicos y revistas.

González se ha dado a conocer también como poeta, cuentista, periodista y político, y ha sido por pocos meses Presidente de la República.

Otro ensayista de relieve, más joven que los anteriores, es Rafael Oddone, en la década de 1937 a 1947 uno de los orientadores más respetados de la juventud universitaria paraguaya. Además de artículos y conferencias, es autor de “Esquema político del Paraguay”, interpretación de nuestro siglo XIX, y de “El fuego sagrado”.

Hacia 1900, cultivaba el ensayo Enrique Solano López (1859- 1917), fundador de periódicos y funcionario directivo de la enseñanza primaria y normal, poseedor en esa época de una de más valiosas bibliotecas del Paraguay, que publicó una historia del periodismo paraguayo y “Crédito territorial y agrícola de la República del Paraguay”, y Arsenio López Decoud (1868- 1945), ya mencionado en capítulos anteriores.

Deben también ser recordados Eladio Velázquez (1883-1973), autor de "Democracia hispano-americana”; Isidro Ramírez, de “El panamericanismo y el arbitraje", de “La paz del Chaco" y de otras publicaciones; Juan Stefanich, novelista y hombre de prensa que ha dado a conocer “El mundo nuevo" y varios tomitos sobre la situación política instaurada en 1936; Juan Vicente Ramirez, catedrático de filosofía por espacio de medio siglo, autor de “Ensayos”, “El divorcio”, "La cuestión social”, "Introducción a la Filosofía” y otros libros y folletos; Anselmo Jover Peralta, de diversos opúsculos; Enrique Bordenave (1889-1940), catedrático de finanzas e investigador de archivos; César A. Vasconsellos (1899-1949), periodista, autor de “La diplomacia brasilera en la cuestión del Chaco”, "Soluciones económicas” y otros trabajos; Justo Prieto, ya mencionado como sociólogo, de “El problema del Paraguay mediterráneo”; Carlos Gatti (1899-1956), médico e investigador científico que redactó “El tipo paraguayo” para su inserción en “Formación social del pueblo paraguayo”, de Benítez; Arturo Bray (1898-1974), militar y periodista, que ha concretado sus ideas en un volumen sobre “Militares y civiles”, Victorino Jiménez y Núñez (1903-1933), de “La doctrina Drago y la política internacional”; y Guillermo Enciso Velloso (1899-1963), polemista político, fundador de la revista “Cultura” y autor de “Itinerario del Paraguay” y otros artículos.

Más jóvenes son Alejandro Marín Iglesias, que ha publicado “Cartas a la juventud paraguaya” y colabora con frecuencia en “Alcor”; Efraím Cardozo’ (1906-1973), autor de “El sentido de nuestra historia” ; Hipólito Sánchez Quell de Proyección del general Caballero en la ruta de la patria”, “Comentarios” y otros ensayos: Julio César Chaves, de "El aislacionismo en el alma paraguaya" y diversos ensayos sobre los comuneros del Paraguay y sobre el pensador español Miguel de Unamuno; Arnaldo Valdovinos, de ensayos sobre temas sociales; José Antonio Ayala, de "Liberalismo y bienestar social”; Luis J. González, de "Paraguay, prisionero geo-político”; Osvaldo Chaves, de “Historia y filosofía”; Benjamín Vargas Peña, de "Esto es revolución”, “Los ideales del Paraguay" y otros folletos; José Leopoldo Decamilli, profesor en Alemania, de ”El pensamiento filosófico de Haya de la Torre”: Juan Santiago Dávalos (1927-1973), de “Cecilio Báez como ideólogo" y “La ideología y el cambio social”; y muchos otros que se hallan en plena actividad creadora.

V.        LOS ESTUDIOS HISTORICOS EN LOS ULTIMOS AÑOS

Además de Justo Pastor Benítez, y J. Natalicio González que comienzan a cultivar los estudios históricos antes de la Guerra del Chaco, deben ser tenidos en cuenta cuatro historiadores más jóvenes, que se dan a conocer en la década de ellos Efraím Cardozo, Julio César Chaves, Hipólit Quell y R. Antonio Ramos, que pertenecieron todo misión Nacional de Límites y han nacido entre 1906 y 1907.

Efraím Cardozo (1906-1973) es el más fecundo y sistemático de los historiadores paraguayos de nuestro tiempo. En 1930 y antes de cumplir los veinticuatro años, publicó “El Chaco y los virreyes”, su primer libro. Desde entonces, han aparecido, de su pluma, “Aspectos de la cuestión del Chaco”, “El Chaco en el régimen de las intendencias”, “Paraguay independiente”, “El Paraguay colonial”, “Vísperas de la guerra del Paraguay”, “El Imperio del Brasil y el Río de la Plata”, “23 de Octubre”, “Breve historia del Paraguay” y el primer volumen de su monumental “Historiografía paraguaya”, publicada por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, y gran número de monografías breves, folletos y artículos en revistas especializadas americanas y europeas.

Cabe recordar, así mismo, su extensa y vigorosa campaña de esclarecimiento histórico de los derechos del Paraguay sobre el salto del Guairá, desarrollada en muy documentados artículos aparecidos en el semanario “Comunidad” durante buena parte del año 1964, cuya compilación en libro se editó después, así como también unos apuntes mimeografiados de historia cultural. Es también el creador y redactor de las secciones “Hoy en nuestra historia’' y “Hace cien años” de “La Tribuna”, de Asunción, ambas impresas después en libro, habiendo llegado a editarse ocho tomos de la segunda de ellas.

La obra de Cardozo, de sostenida y alta calidad científica, halla resonancia continental y le ha valido el Premio “Alberdi- Sarmiento”, galardón que siempre se atribuye a las más destacadas figuras de la intelectualidad, americana.

Julio César Chaves es autor de cuatro libros fundamentales de la historiografía paraguaya: “Historia de las relaciones entre Buenos-Aires y él Paraguay, 1810-1813”, “El Supremo Dictador”, “El Presidente López” y “Descubrimiento y conquista del Río de la Plata y el Paraguay”. Ha publicado también “El general Díaz”, “La revolución del 14 y 15 de Mayo”, “La entrevista de Yataity-Corá”, varios ensayos sobre los comuneros del Paraguay y manuales de historia paraguaya y americana para los primeros cursos de la enseñanza secundaria, además de un extenso estudio sobre Miguel de Unamuno, elogiosamente comentado por la crítica. Es también autor de “Castelli, el adalid de Mayo”, y “San Martin y Bolívar en Guayaquil”, libros ambos muy difundidos en la Argentina, y de numerosas colaboraciones en periódicos y revistas de todo el mundo de habla española.

Chaves ha tomado parte activa y destacada en congresos internacionales de historia americana y de lengua española y ha viajado por América Latina y Europa Occidental en giras de conferencias. Como Presidente que era de la Asociación Paraguaya de la Historia, publicó y dirigió “Historia Paraguaya” y ha organizado las Jomadas Hispano-Americanas de Historia y las Jomadas Históricas del Sesquicentenario, ya mencionadas en otro lugar.

Hipólito Sánchez Quell es autor de “Estructura y función del Paraguay colonial” y de “Política internacional del Paraguay”, libro, éste último, que en su tercera edición ha cambiado dicha denominación por “La diplomacia paraguaya de Mayo a Cerro Corá”. Tiene publicados, además, ensayos, monografías breves y artículos y “Triángulo de la poesía rioplatense”, antología crítica que incluye algunos poemas suyos.

R. Antonio Ramos ha publicado “La política del Brasil en el Paraguay durante la dictadura del doctor Francia”, mono grafía muy documentada, “Juan Andrés Gelly”, y numerosos artículos que adelantan el contenido de libros que tiene en preparación. Ramos, que es especialista en historia diplomática del Paraguay en la época de los López, en tres oportunidades distintas ha pasado largas temporadas en Rio de Janeiro, trabajando sobre los fondos de la célebre “Colección Río Branco”, y en el Archivo General de Indias, de Sevilla, ha seleccionado valiosa documentación del siglo XVI, cuyas fotocopias, merced a personal empeño suyo, obran hoy en el Archivo Nacional. Ha fundado el “Boletín de la Sociedad Bolivariana del Paraguay” y dictado conferencias en la Argentina, el Brasil, Venezuela y España.

Otros historiadores contemporáneos son. Juan Francisco Pérez Acosta, (1873- 1968), por mucho tiempo decano de los investigadores paraguayos, autor de "Carlos Antonio López”, obrero máximo y de gran número de monografías breves y bien documentadas; Carlos R. Centurión, (1902- 1969), de una monumental "Historia de la cultura paraguaya", grandemente informativa aunque desprovista de aparato crítico, que amplía y actualiza su "Historia de las letras paraguayas”, y de "Los hombres de la Convención del 70”, “Jomadas de oposición”, "La cuestión del Chaco”, y otros trabajos; Pablo Max Insfrán (1894-1972), poeta del grupo fundador de “Crónica”, en 1913, y durante un cuarto de siglo catedrático universitario en los Estados Unidos, que ha publicado dos bien documentados volúmenes de “La expedición norteamericana contra el Paraguay, 1858-1859” y ha traducido al inglés y editado las memorias del Mariscal Estigarribia; Marco Antonio Laconich, a quien se deben “Caudillos de la conquista” y otros ensayos y artículos; Arturo Bray (1898-1974), autor de dos series de “Hombres y épocas del Paraguay” y “Solano López, soldado de la gloria y el infortunio”; Carlos Pastore, de “La lucha por la tierra en el Paraguay”; José W. Colnago (1928-1970), de “El templo de la Merced y nuestra historia” y estudios genealógicos, basados en documentación inédita; y el P. Silvio Gaona, que ha publicado “El clero en la guerra del 70” y “Capellanes de la guerra del Chaco”.

También debe citarse a Juan B. Rivarola (1894-1957), autor de “La ciudad de la Asunción y la Cédula Real de 1537”; a Benjamín Velilla (1885-1966), conferencista muy versado, que publicaba artículos de divulgación histórica; a Carlos Zubizarreta, autor de "Capitanas de la aventura”, "Cien vidas paraguayas" e “Historia de mi ciudad", libros todos muy bien escritos, aunque se ciñe a las fuentes clásicas y más conocidas; a Benigno Riquelme García, de "Cumbre en Soledad", biografía de Manuel Gondra y otros opúsculos; a Benjamín Vargas Peña, de "Paraguay-Argentina”, colección de documentos, “La bandera del Paraguay", “Evolución del concepto del derecho a la propiedad en el Rio de la Plata”, y otros estudios; a Bernardo Otaño (1901-1951), de varias monografías relativas a la historia de nuestra marina anterior a 1870 y a otros temas; a Juán B. Gill Aguinaga, coleccionista y numismático, que ha ordenado y prolongado una ilustrativa serie de documentos históricos con el título de “La Asociación Paraguaya en la guerra de la triple alianza"; y a Alberto Nogués, autor de artículos sobre "La Iglesia en la época del Dr. Francia" y temas afines.

Además de Julio César Chaves, han preparado manuales de segunda enseñanza Emiliano Gómez Ríos (1898-1957), Víctor N. Vasconsellos (1930- 1974), Luis G. Benítez, autor, además, de una “Historia diplomática del Paraguay’’, Oscar Paciello, Alfredo Viola, Víctor Ayala Queirolo y otros docentes.

Entre los historiadores jóvenes, Roberto Quevedo, genealogista y trabajador de archivo, ha producido monografías breves y “Antequera, historia de un silencio", biografía muy documentada, en tanto que Jerónimo Irala Duráis, Oscar Paciello y otros son autores de artículos y ensayos aparecidos en periódicos y revistas. Paciello, además, ha publicado documentos históricos en la “Revista de Cultura”, de la Municipalidad de Asunción.

VI.      EL TEMA DE LA GUERRA DEL CHACO

Numerosos jefes y oficiales que actuaron en esa dura campaña han publicado libros, folletos y artículos evocativos, basados en sus recuerdos personales y en el estudio y análisis de la correspondiente documentación.

Debe mencionarse en primer lugar al mariscal José Félix Estigarribia (1888-1940), el ilustre conductor de las fuerzas paraguayas en esa contienda, cuyas memorias han sido vertidas al inglés y editadas con el título de “The Epic of the Chaco”, por Pablo Max Ynsfián, y en 1972 publicadas también en español

Los cinco tomos hasta ahora aparecidos de "La guerra del Chaco”, del coronel Carlos J. Fernández, significan el esfuerzo individual de mayor consideración en la materia y han servido de punto de referencia y fuente de información para otros cronistas. Reproduce mucha documentación.

Con el mismo título de “La guerra del Chaco”, el general Raimundo Rolón ha publicado dos tomos de historia militar, con mapas, diagramas y documentos de la época. El coronel Heriberto Florentín es autor de “Lo que he visto en Boquerón” y “La batalla de Strongest”, y el general Juan B. Ayala, de “La guerra del Chaco hasta Campo Vía”.

Con relación al aspecto logístico y de preparación del Paraguay, Ángel F. Ríos, que hizo los tres años de guerra como cirujano militar, ha publicado “La defensa del Chaco”, y el teniente coronel Antonio E. González, dos tomos de “Preparación del Paraguay para la guerra del Chaco”.

Ilustran sobre los entretelones .de las cancillerías americanas en la época las “Memorias diplomáticas”, de Vicente Rivarola (1882-1959).

Las dos primeras historias de la contienda se deben al general Nicolás Delgado (1892-1947) y al ya mencionado teniente coronel González: aparecieron ellas en 1940 y 1941, respectivamente. En los últimos años, a los autores arriba mencionados, se han sumado los generales Ceferino Vega Gaona, Jenaro Espínola, autor de “Nanawa", Vicente Machuca, Carlos Díaz León (1883-1959), de una historia de la sanidad militar en campaña, Stepham Vysokolan, de "Batalla de Nanawa”, y Ramón César Bejarano, de “Antecedentes de la guerra con Bolivia”, los coroneles Rafael Franco (1896-1973), de “Dos batallas de la guerra del Chaco: Gondra y Picuiba-Yrendagüe", José A. Ortiz, de “La batalla de Strongest", Víctor Ayala Queirolo, de “El Carmen” y “La incógnita de Platanillo", y otros veteranos de esa contienda internacional.

VII.     EL DERECHO

Las ciencias jurídicas han atraído siempre la atención de hombres públicos e intelectuales del Paraguay, y más particularmente a partir de 1870.

El español Ramón Zubizarreta, el ilustre, primer Rector de la Universidad Nacional, dejó tres tomos de “Derecho Civil”, obra de exégesis de la legislación vigente.

Otros jurisconsultos de fines del siglo pasado y comienzos del presente fueron Benjamín Aceval y Zacarías Caminos, que representaron al Paraguay en la formulación y firma del Tratado de Derecho Internacional Privado, de Montevideo, en 1889, y César Gondra, Alejandro Audibert y Emeterio González. De todos ellos nos hemos ocupado con anterioridad.

Cecilio Báez, ya mencionado entre los historiadores y los sociólogos, fue profesor de varias materias en la Facultad de Derecho, como llevamos referido. En la especialidad, son obras suyas “La libertad civil”, su tesis doctoral, introducción al estudio del Derecho”, “Filosofía del Derecho”, “Lecciones sumarias de Derecho Civil”, “Curso sumario de Derecho Romano". “Derecho Privado Romano”, “Derecho Internacional Privado Americano”, “Derecho Internacional Público Europeo y Americano” y diversos artículos, monografías, ensayos, manuales y conferencias de divulgación.

Manuel Domínguez, igualmente citado entre los historiadores, defensor de nuestros derechos sobre el Chaco, desempeñó la cátedra de Derecho Constitucional. En materia jurídica, autor de “La traición a la patria”, de tres volúmenes de “La Constitución del Paraguay”, texto básico por muchos años en la materia, y de dictámenes y alegatos.

Félix Paiva (1877-1965), Decano, Rector, Presidente de la Corte Suprema de Justicia y Presidente de la República, tuvo a su cargo por espacio de un cuarto de siglo la cátedra de Derecho Constitucional. Ha publicado '“Ensayo sobre el sufragio”, “El Poder Judicial” y un tratado de “Derecho Constitucional”, en tres tomos, hasta hoy en uso en la Facultad respectiva.

Otros profesores de comienzos del siglo fueron Antonio Sosa (1870-1946), Francisco C. Chaves (1875-1961), Antolín Irala (1877-1920), especializado en Derecho Internacional, y Federico Codas (1868-1948).

Teodosio González (1870-1931) redactó el Código Penal vi-gente desde hace medio siglo y ejerció por varios años la cátedra de esa materia. Es autor de “Derecho Penal”, en tres tomos, comentario completo de la legislación y exposición de doctrina, y de “Informe sobre sistemas penitenciarios” y otros trabajos de la especialidad.

Higinio Arbo (1878-1967) se dedicó al Derecho Internacional. Son libros suyos "Ciudadanía y naturalización” y "La libre navegación de los ríos", además de dictámenes y alegatos varios.

Juan José Soler (1880-1963) fue autor de “Introducción al Derecho Paraguayo” y numerosos folletos y ensayos breves. Por iniciativa suya, la cátedra de Práctica Forense a su cargo en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, se transformó en Técnica Jurídica.

Eladio Velázquez (1883-1973) ha publicado “La prueba en la filiación natural”, “Derecho hereditario del nieto natural”, “Notas para una reforma de la legislación procesal”, “Los ministros del Poder Ejecutivo en el sistema de la Constitución Nacional” y otros estudios. En 1920 siendo Presidente de la Corte Suprema de Justicia, fundó el “Boletín de los Tribunales”, para la divulgación de jurisprudencia y doctrina.

Luis De Gásperi (1890-1975) ha sido el más laborioso de los juristas paraguayos. Sus obras capitales son el “Tratado de las Obligaciones” y el “Tratado de Derecho Hereditario”, que totalizan ocho volúmenes de gran formato. Otros libros suyos son “Curso de Derecho Civil—Personas” y “La igualdad de los sexos en el Derecho Comparado”, a los que debe agregarse relativamente extensa nómina de folletos y artículos. Ha preparado un Ante-Proyecto de Código Civil, el cual en su primera versión provocó la viva repulsa de la Iglesia Católica y, según se publicó responsablemente en su oportunidad, llegó a causar preocupación en los últimos días de su vida a S.S. Juan XXIII.

Luis A. Argaña (1897-1957) desempeñó la cátedra de Derecho Mercantil y publicó en tres volúmenes un “Tratado de Derecho Mercantil”. Dejó además folletos, artículos y conferencias.

Víctor B. Riquelme (1897-1976) es autor de “Instituciones de Derecho Procesal Penal”, obra de consulta para estudiantes y profesionales, y de un “Ante-Proyecto de Código Procesal Penal”. Es catedrático en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Raúl Sapena Pastor ha publicado un tratado de “Derecho Internacional Privado” y es el titular de la correspondiente cátedra en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Es también autor de una compilación de leyes paraguayas.

Ejercen la cátedra en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, o la han ejercido, o tienen publicaciones jurídicas, Gerónimo Zubizarreta (1879-1952), autor de “El beneficio de deliberar y de inventario” y defensor de los derechos paraguayos sobre el Chaco; Pedro P. Samaniego (1892-1942), procesalista; Celso R. Velázquez (1893-1951), civilista; Sigfrido Gross Brown, autor de un “Ante-proyecto de ley de quiebras” que ha sido sancionado en 1969; Salvador Villagra Maffiodo, de "Gobierno y administración del Paraguay”; Juan R. Chaves, penalista: Luis P. Frescura, codificador en materia laboral; Antonio Taboada, ya fallecido, tratadista de Derecho Mercantil:            Rafael. Oddone y Carlos R. Centurión, antes mencionados: Horacio Gabriel Lebrón, de “Régimen legal de la falencia comercial y civil en el Paraguay”; Arquímedes Laconich de “Repertorio de Jurisprudencia", obra muy consultada por magistrados y profesionales: Carlos Mersán, de "Legislación fiscal del Paraguay”; Luis Martínez Miltos de “La responsabilidad penal de las personas jurídicas”; Ramón Silva Alonso, de un curso de Derecho Internacional y otros trabajos, y director de la “Revista de Jurisprudencia Paraguaya”; Augusto R. Fuster de un manual de Derecho Aeronáutico: Luis María Argaña, de “La propiedad horizontal”; Salustiano Sanabria de Organización política del Paraguay”; Manuel Peña Vlllamil, de “La concesión de servicios públicos en el Paraguay” y otros estudiosos.

VIII. LAS CIENCIAS MEDICAS

Desde los primeros médicos titulados, a los cuales hemos hecho referencia, la medicina ha tenido en el Paraguay notable desarrollo.

Han contribuido al mismo, además de la Facultad de Ciencias Médicas, cuyo origen y primeros años hemos historiado, el Instituto de Bacteriología, organizado por Miguel Elmassian, cuyos discípulos más inmediatos fueron Luis E. Migone y Alberto Schenoni, transformado más tarde en Instituto de Parasitología, con la dirección de Rogelio Urízar; el Departamento Nacional de Higiene, base del posterior Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, cuyo primer director fue Héctor. Velázquez; y el Hospital de Clínicas y la Maternidad a los cuales va unido el nombre de José P. Montero. Influyó también en este proceso favorable la política de becas de perfeccionamiento para que los profesionales jóvenes completaran su formación en los principales centros médicos europeos, que se siguió desde los primeros años del presente siglo.

Con posterioridad, se organiza la Sociedad de Medicina y Cirugía del Paraguay, con su “Boletín” aparecido en 1935 y transformado en 1943 en “Revista Médica del Paraguay”, publicación que sigue apareciendo hoy como órgano oficial del Círculo Paraguayo de Médicos, entidad gremial y de promoción científica.

Otra “Revista Médica” había comenzado a publicarse en 1914, redactada por Juan Francisco Recalde, Luis E. Migone, Manuel Peña, Justo P. Vera y Rogelio Urízar, todos ellos ya fallecidos.

También han aparecido “Anales de oftalmología”, a cargo de Crispín Insaurralde.

Elmassian y Migone, trabajando en colaboración, descubrieron el agente que causaba el “mal de caderas" Migone, continuando con sus investigaciones, obtuvo resultados interesantes en sus estudios sobre la leishmianiosis y la lepra, y sus artículos y monografías, aparecidos en publicaciones nacionales y extranjeras, eran objeto de respetuosa consideración en los círculos médicos americanos y europeos También llevaron a cabo paralela labor de campo y de laboratorio Alberto Schenoni y Rogelio Urízar.

De extraordinaria trascendencia resultó la acción de los eminentes profesores franceses e italianos contratados en la década del 20 para la Facultad de Ciencias Médicas. Eran todos ellos hambres de ciencia de reconocida jerarquía y maestros consagrados sin reservas a su apostolado. Sus alumnos son hasta nuestro tiempo los más calificados médicos, profesores e investigadores paraguayos.

Alejandro J. Dávalos y Gerardo Laguardia, de formación europea, se incorporaron a la actividad profesional y docente hacia 1920.

Carlos Gatti (1899-1956), Gustavo González (1897-1974) y Ramón Jiménez Gaona se encuentran entre los clínicos más destacados, en tanto que Juan Max Boettner (1899-1958) se singularizaba como tisiólogo y Julio Manuel Morales ha visto su tratado de Ginecología aceptado y recomendado en universidades extranjeras. Juan Boggino ha alcanzado renombro en la Anatomía Patológica, y Mario Luis De Finis, en la Fisiología, y son cirujanos de reconocidos títulos. Manuel Riveros. Pedro De Felice, Manuel Ciagni y Juan S Netto. Pedro N. Ciancio y Francisco Montalto han estudiado los problemas de la nutrición, en tanto que Quirno Codas Thompson se destaca como radiólogo. Todos los aquí mencionados son autores de tratados y monografías de sus respectivas especialidades, ejercen la cátedra o la han ejercido con innegable solvencia intelectual y han participado de numerosos congresos internacionales.

Andrés Gubetich fue el primer paraguayo especializado en Medicina Legal, cosa que hizo en La Sorbona, y esta cátedra ha estado por muchos años a cargo de Rogelio Álvarez Bruguez. También han producido pericias notables y otros informes o han desarrollado cursos de la materia Juan Francisco Recalde, Ricardo Odriosola y otros.

La medicina paraguaya tiene también sus héroes y mártires: Manuel Pérez, Bartolomé Coronel y Emiliano Paiva sacrificaron sus vidas por no abandonar la atención de sus enfermos, y José Gómez Brizuela pereció víctima del ejercicio de la radiología en sus primeros tiempos.

Muchos otros médicos y profesores más jóvenes, cuya mención extendería demasiado esta somera reseña, participan de las Actividades científicas del Círculo Paraguayo de Médicos y tienen publicaciones de reconocido valor.

IX. LOS NATURALISTAS

Las ciencias naturales son también de antiguo cultivadas en el Paraguay: recuérdese los trabajos de los jesuítas, los de Félix de Azara y los de los herboristas paraguayos Noceda y Estigarribia, así como la labor del sueco Munck af Rosenchold que pereció durante la guerra contra la triple alianza, de todos los cuales hemos dado noticia en capítulos anteriores.

En la década inmediata a 1870 y comisionado por el Instituto de Historia Natural, de París, para investigaciones bota nicas en la parte central de América del Sur, permaneció tres años estudiando la flora paraguaya el sabio francés Benjamín Balansa (1825-1891), a quien debe nuestro país el descubrimiento de las vastas posibilidades de la industrialización del "petit-grain”. Tras un segundo viaje al Paraguay, que duró de 1878 a 1884, Balansa falleció en Hanoi, de una afección contraída en las selvas del Vietnam, en el transcurso de otra expedición científica.

Algunos años más tarde, se establecía en Asunción el naturalista húngaro Daniel Anisits y se dedicaba a la docencia y al estudio de la fauna y de la flora. Además de herborista, se destacó en la investigación zoológica, particularmente en materia de ictiología: observó y clasifico doscientas clases de peces de los ríos Paraná y Paraguay y publicó sus conclusiones en importantes revistas europeas. Colaboraba también en la “Revista del Instituto Paraguayo", donde aparecieron sus “Observaciones meteorológicas (de 1892 a 1898)” y en los "Anales de la Universidad Nacional", y fue profesor de Zoología Médica en la Facultad de Medicina. Viajó más tarde a Europa, llamado por la Universidad de Budapest, y murió en Berlín, cuando preparaba su retorno definitivo al Paraguay.

Poco después de 1880, llegaba a nuestro país el médico suizo Emilio Hassier y se dedicaba al estudio de la flora. Llevó a cabo numerosas expediciones científicas y el “Herbario Hassleriano”, por él establecido en 1900, bajo la guarda de Teodoro Rojas, se veía de continuo enriquecido con nuevas adquisiciones. Hassler clasificó y dio nombre a muchas especies vegetales y colaboraba asiduamente en publicaciones especializadas europeas. En la "Revista del Instituto Paraguayo entre otros trabajos dio a conocer "Resultados botánicos de mis viajes y exploraciones en el Paraguay” y “Enumeración preliminar de las plantas usuales del Paraguay”. Su obra fundamental, aparecida en Ginebra, es “Plantae Hasslerianae. Falleció en Asunción, en 1937.

El paraguayo Teodoro Rojas (1877-1955) se formó al lado de Hassler, cooperó con él por más de cuarenta años en la formación del mencionado herbario, participó de expediciones científicas al interior del país y en 1909, con los resultados de una llevada a cabo tres años antes, en el Chaco, maestro y discípulo publicaron en colaboración “Florula pilcomayensis” Vinculado por Hassler, Teodoro Rojas, que se convirtió en un notable botánico, colaboraba en revistas científicas de Europa. Desde 1916, tuvo a su cargo la jefatura del Jardín Botánico y Museo de Historia Natural. Se contó entre los fundadores de la Sociedad Científica del Paraguay y escribía en su revista. Es también autor de “Herbario del Jardín Botánico del Paraguay”. Llevó a cabo experimentos agronómicos y se le debe el llamado “pasto Rojas”, muy útil para el desarrollo de la ganadería. La Universidad Nacional lo distinguió con un doctorado honorario.

Cuando el varias veces recordado Miguel Elmassian llegó a Asunción, declaró a sus alumnos que él conocía el Paraguay desde mucho tiempo antes merced a las valiosas publicaciones de Anisits, Hassler y Rojas. El mismo Elmassian enseñó Botánica Médica en la Facultad de Medicina.

Moisés S. Bertoni, mencionado con anterioridad, publicó una “Descripción física del Paraguay” y Plantas usuales del Paraguay”, y en la Revista del Instituto Paraguayo, “Minerales del Paraguay” y Enfermedades y enemigos de las plantas cultivadas del Paraguay”. Compuso igualmente un calendario agrícola, adaptado perfeccionado más tarde por personal técnico del Servicio Inter-Americano de Cooperación Agrícola (S.P.I.C.A.). Su hijo A. de Winkelried Bertoni fue también naturalista muy versado en la fauna paraguaya: “Contribución a la ornitología paraguaya” y “Aves nuevas del Paraguay” son dos de sus muchos trabajos publicados en revistas paraguayas y extranjeras.

Desde 1902, actúa en el Paraguay el alemán Carlos Fiebrig, contratado después para fundar el Jardín Botánico y Museo de Historia Natural, y permanece en el país hasta los años finales de la guerra del Chaco. Durante su gestión, se organizaron un jardín zoológico, laboratorio, criadero, invernáculo y plantíos experimentales, y se proveyó de plantas para la arborización de las calles de la capital. Además, Fiebrig orientó estudios de botánica, zoología, fitopatología y entomología. La institución a su cargo cumplía en esa época muchas de las funciones que a partir de la segunda guerra mundial pasaron a ser de competencia del S.T.I.C.A. Las colecciones zoológicas y botánicas del Museo también se acrecentaban de continuo.

Fiebrig fue autor de “La flora del Jardín Botánico”, “Datos parasitológicos de la fauna paraguaya” y otros trabajos aparecidos en la “Revista del Jardín Botánica”, de su dirección.

Más jóvenes que los antes mencionados y hasta hoy en ejercicio de la docencia y en actividad científica son el botánico Claudio Pavetti, formando al lado de Fiebrig y Rojas, que ha desempañado importantes funciones en el citado Jardín Botánico y Museo de Historia Natural y ha cursado estudios superiores en los Estados Unidos, y Ricardo Boettner, doctorado en Alemania, que tiene publicado “Fósiles del Paraguay” y otros estudios de geología. Todavía más joven es Narciso González Romero, de destacada actuación en el Instituto de Ciencias, de la Universidad Nacional

BIBLIOGRAFIA

Cardozo, “Historiografía paraguaya", vol. I (único publicado).

Benítez, “El solar guaraní”.

Benítez, “Algunos aspectos de la literatura paraguaya”.

Benítez, “La sociología nacional” (Apéndice de “Formación social del pueblo paraguayo”).

Manuel Gondra, “Hombres y letrados de América”.

Velázquez, “Los estudios históricos en el Paraguay”.

Centurión, “Historia de la Cultura Paraguaya”. II,

Guillermo Heisecke, La bibliografía sociológica en el Paraguay".

Gastón Astre, “La vida de Benjamín Balansa” (en francas; Toulouse. 1947).

Colecciones de “Revista del Instituto Paraguayo", “Anales de la Universidad Nacional", "Revista de la Sociedad Científica del Paraguay”. "Revista del Ateneo Paraguayo". “Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales" "Boletín de los Tribunales", "Historia Paraguaya” y "Revista Paraguaya de Sociología”.

 

 

 

 

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