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GEORGE THOMPSON

  LA GUERRA DEL PARAGUAY (Obra de GEORGE THOMPSON)


LA GUERRA DEL PARAGUAY (Obra de GEORGE THOMPSON)

LA GUERRA DEL PARAGUAY

Obra de GEORGE THOMPSON

Colección OTRA HISTORIA

dirigida por GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

Edición al cuidado de Vidalia Sánchez

Editorial Servilibro,

Asunción-Paraguay 2003 (318 páginas)

 


PRÓLOGO: A pesar del interés que todavía despierta en el Paraguay el tema de la guerra de 1870, existen (sobre el mismo) muy pocas testimonios escritos por personas que hicieron la guerra del lado paraguayo. Del lado paraguayo, existen solamente cinco obras sobre el tema: las de Isidoro Resquín, Silvestre Aveiro, Juan Crisóstomo Centurión (paraguayos), George Mastermann y GeorgeThompson (ingleses). No incluyo los testimonios del padre Maíz, más autobiográficos que históricos, ni la historia del Paraguay del cónsul norteamericano Washbum, ni las del observador prusiano, von Versen, ni las del supuesto conspirador norteamericano J. Bliss. Los testimonios más completos sobre los aspectos militares de la guerra escritos por personas que pertenecieron al campo paraguayo son las Memorias de Juan C. Centurión y la Guerra del Paraguay de George Thompson. Esto no significa que los dos libros sean plenamente satisfactorios desde el punto de vista de una historia científica perca no por eso dejan de ser testimonios indispensables para quien se proponga escribir, alguna vez, la verdadera historia o "la historia filosófica", como dijo, un día, el mismo Juan C. Centurión, consciente de sus limitaciones.

Sí alguien quiere escribir, algún día, "la historia filosófica", debe recurrir al testimonio del ingeniero civil George Thompson (1839-1876), súbdito británico llegado al Paraguay en 1858 y que sirvió al gobierno paraguayo hasta el 30 de diciembre de 1868, fecha en que fue tomado prisionero por los aliados en Angostura, después de la calamitosa batalla de Ita Ybaté (21 a 27 de diciembre de 1868), en que se destruyó al ejército paraguayo.

Debe recordarse que, a partir de 1848, Carlos López contrató a una serie de técnicos y trabajadores especializados ingleses (188), según la información dada por Josefina Plá en su importante libro los británicos en el Paraguay (1850-1870) (Asunción: Arte Nuevo, 1884). Estos ingleses trabajaron en los arsenales, altos hornos, vapores, ferrocarriles, construcciones civiles, ejército y sanidad militar. No es exagerado decir que, sin ellos, no se hubieran alcanzado los objetivos más altos del proyecto de desarrollo técnico y militar propuestos por el gobierno paraguayo, Los ingleses dirigieron la fabricación de barcos y cañones, hicieron andar los trenes, organizaron los hospitales, fabricaron minas y torpedos y tomaron parte activísima en la organización de las trincheras y fortificaciones. La victoria de Crurupayty se asocia a las trincheras construidas por George Thompson, el que secundó y completó la obra del oficial Wisner von Morgenstern. Esta activa  participación inglesa en la industria y el ejército paraguayos de la época nos debiera hacer cuestionar la teoría ''dependentista" según la cual la política inglesa determinó el estallido de la guerra de 1870. También debiera hacernos pensar en un hecho a menudo ignorado: las tratativas de paz de Inglaterra, hechas por intermedio de su ministro Gould, en 1867. Esto aparece en la Guerra del Paraguay, que nos transcribe el texto de las ventajosas condiciones de la paz propuesta por Gould: reconocimiento de la independencia del Paraguay, arbitraje de naciones neutrales en las cuestiones de límites, evacuación de los territorios militarmente ocupados, renuncia a las indemnizaciones de guerra, retiro honroso de López, dejando al vicepresidente en el gobierno. La propuesta se rechazó por parte del Mariscal Presidente, sobre cuyo valor Thompson arroja dudas, al comentar la batalla de Curupayty: "Durante este combate López estaba en su casa de Paso-Pucú pero distrayéndose un momento salió un poco más allá de su terraplén; repentinamente se oyó el silbido de una bala y el mariscal ganó su casa corriendo como un gamo". También relata Thompson la huida de López del campo de batalla de Ita Ybaté y el pavor que le ganó al acercarse al enemigo en Yatayty Corá...

¿Resentimiento?

Algunos han pretendido impugnar el testimonio de Thompson acensándolo de traidor y siguiendo, en esto, el parecer de López, quien lo declaró traidor por entregarse a los aliados en Angostura el 30 de diciembre de 1868. Pero, ¿cuál era la situación real? Thompson (teniente coronel del ejército paraguayo y condecorado por el mismo López) se encontraba en Angostura con 600 hombres hábiles frente a 20.000 soldados enemigos y toda la flota imperial, El 27 de diciembre. López había huido precipitadamente de Yta Ybaté (o Lomas Valentinas), sin dar ninguna instrucción a sus jefes. Thompson se rindió tres días después de la fuga de su comandante, y después de haber constatado que el ejército paraguayo estaba "concluido" (ver descripción del combate en este libro). Por otra parte, el mérito de Thompson ha sido reconocido por Josefina Plá, que lo considera "un notable estratega y táctico" (Los británicas en el Paraguay, p. 226). También reconoce Josefina Plá el valor testimonial de la Guerra del Paraguay; "Thompson nos ha dejado en su libro un relato objetivo, completo y de primera mano de los incidentes de la guerra, desde la acción de Riachuelo hasta su propia rendición en Angostura" (Los británicos en el Paraguay, p. 227). De cualquier manera, se trata de un testimonio de primera mano y que no se puede ignorar. La evaluación crítica de la Guerra del Paraguay, obviamente, no dispensa de la obligación de leer el libro, poco mencionado por la ideología nacionalista local y agotado desde hace muchos años...

Para concluir con los datos biográficos de Thompson, digamos que su libro se escribió en poco tiempo; en 1869 ya estaba lista la traducción española del mismo (lo escribió en inglés). Hacia 1871, volvió al Paraguay y el presidente Jovellanos le encomendar la dirección de los ferrocarriles. (Thompson había llegado al Paraguay como ingeniero civil y se transformó en ingeniero militar durante la guerra). Murió en 1878, a los 73 años, dejando hijos en el país.

Volviendo al libro, los primeras capítulos dan una idea general de la situación económica, política y social del Paraguay. El sistema imperante, según Thompson, caracterizaba por el completo control de la economía por parte del gobernante le la familia gobernante. Los López compraban (obligando a vender) ganado a precio irrisorio y lo revendían a un precio mucho más alto, Compraban papel moneda en metálico por un precio inferior al valor nominal y lo cambiaban al Fisco por la totalidad del valor nominal. Compraban yerba a un precio de 25 centavos por arroba y la revendían "a razón de 5 a 8 pesos fuertes por arroba",

Por debajo del presidente y su familia estaban los ofíciales del ejército, superiores en dignidad y en poder a cualquier juez o funcionado público. El pueblo, misa, tenía prohibido por los López criticar la dictadura de Francia y comentar sucesos revolucionarios de las provincias del Río de la Plata.

Thompson da interesante información acerca de la organización del ejército paraguayo; sin embargo, no maneja cifras globales (probablemente, porque los libros estadísticos eran pobres y reservados, aun para los mismos oficiales). Hace interesantes observaciones sobre la conducción militar de la guerra y critica severamente al ejército brasilero. Así, por ejemplo, dice que, si en los primeros meses de 1866, los acorazados hubieran remontado el río Paraguay, hubieran llegado a Asunción sin dificultades, porque la defensa paraguaya se había concentrado sobre la desembocadura del Paraná (Paso de Patria). Esta opinión Thompson se vio después confirmada documentalmente por historiadores "del otro bando".

Lo que todavía no ha sido suficientemente estudiado es la afirmación de Thompson: "en setiembre de 1866, los aliados pudieron haber terminado la guerra. - "

Efectivamente, en setiembre de 1866, la posición paraguaya no tenía suficientes defensas sobre el lado derecho, el que tocaba el río Paraguay. Por eso a que, el 2 de setiembre, los brasileros desembarcaron a pocos kilómetros del suroeste de Paso Pucú y tomaron la trinchera de Curuzú sin dificultad. Si hubieran continuado su marcha hacia el norte, hubieran llegado al cuartel general de Paso Pucú y lo hubieran conquistado sin mucha dificultad. Se demoraron, sin embargo, y eso permitió que los paraguayos comenzaran a cavar, a partir del 9 de setiembre, las trincheras de Curupayty. Para ganar tiempo, según Thompson, López solicitó una entrevista a Mitre. La entrevista, que tuvo lugar el día 12, fue la de Yatayty Corá. Esta y otras dilaciones permitieron que tos paraguayos completaran una formidable línea de trincheras el día 21 de setiembre por la tarde; al mediodía del 22, atacaron los aliados, permitiendo al Paraguay rechazarlos con éxito.

La impericia con que se ganó y perdió en Curupayty, así como otros incidentes de la guerra, permiten aceptar la opinión del mariscal Montgomery: los ejércitos latinoamericanos del siglo pasado no eran ejércitos en el sentido propio de la palabra, aunque hubiera entre sus soldados hombres de gran valor.

La desorganización militar, podríamos agregar, era un aspecto de la organización política en general. En el caso de la guerra del Paraguay, es difícil desligar lo militar de lo político -de las particularidades de un sistema político despótico. La guerra es la piedra de toque para medir la irracionalidad del sistema. Y esta irracionalidad alcanza niveles increíbles a fines de diciembre de 1868, en Lomas Valentinas. López aniquila su ejército y se fuga con unos pocos hombres.

Thompson, como otros historiadores que tocaron el tema, considera inexplicable la huida de López al final del combate, el día 27 de diciembre de 1868. El enemigo lo tenía cercado y había destruido su ejército; inexplicablemente, huye.

Comentando el punto, Thompson dice: "En la orden del día, Caxias declara, que López en su retirada, "sólo iba acompañado por 90 hombres y que de éstos únicamente 25 llegaron con él a Cerro León". Si esto no es enteramente exacto, poco le falta para serio; y sabiéndolo, ¿por qué razón Caxías, general en jefe del ejército aliado en guerra, no con la nación paraguaya sino con su gobierno y teniendo 8000 hombres de caballería admirablemente montados y enteramente desocupados, no persiguió a López, a quién podía haber tomado sin perder un solo hombre? ¿Fue por imbecilidad o por el deseo de sacar más dinero de la proveeduría del ejército? ¿Fue un pretexto para mantener permanentemente un ejército brasilero en el Paraguay, o existía una inteligencia secreta entre Caxias y López? ¿O lo hizo para dar a López el tiempo necesario para reunir hasta el último paraguayo con el objeto de exterminarlos en guerra civilizada?".

Las preguntas de Thompson quedan abiertas, como quedan abiertas muchas cuestiones esbozadas por él, carente de los medios para escribir una historia documentada. Es de esperar que la publicación de la Guerra del Para guay, completando el trabajo del libro, ayude a contestarlas debidamente. Es hora de que, en el Paraguay, se escriba seriamente sobre la guerra y que se termine, de una vez por todas, con toda la mitología fascista tejida en torno a la guerra. Es hora de terminar con el culto de la dictadura, cuya funcionalidad comprendía muy bien Thompson al decir: "NI EL PRIMERO NI EL SEGUNDO DE LOS LÓPEZ PERMITIERON JAMÁS QUE SE CRITICARA A FRANCIA. SI LO HUBIERAN PERMITIDO LES HABRÍA LLEGADO SU TURNO". - GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ



PREFACIO

Las opiniones contradictorias sobre la conducta y carácter del presidente López sostenidas por los que han tenido interés en la lucha entre los paraguayos y los poderes aliados, me han inducido á creer de alguna utilidad escribir esta pequeña obra, autorizado por once años de residencia en aquel país. Habiendo tomado parte en su defensa, me encuentro en posición de poder dar informes auténticos sobre la guerra.

Como se verá por la siguiente narración, considero a López un monstruo sin paralelo; pero declaro que no descubrí su carácter hasta fines de 1868. Al principio de la guerra solo oí rumores vagos sobre sus iniquidades. Sin embargo, sus apariencias eran tales como para hacer dudar, y aún desvanecer todo lo que en voz baja se murmuraba contra él. Pero últimamente I he recibido pruebas abrumantes de todo cuanto digo en la primera parte de este libro.

La manera con que el presidente López inició la guerra contra la República Argentina, fue verdaderamente brutal; pero en cuanto al Brasil, la guerra era al parecer inevitable, pues a no haberla hecho en esos momentos el Brasil lo hubiera hallado en una posición desventajosa.

Con todo, los motivos que me indujeron a tomar parte en la guerra fueron más físicos que políticos. Necesitaba cambiar de aire, y aproveché la ocasión tomando parte en lo que entonces prometía ser solamente un paseo militar, á través de una zona de muchos centenares de millas. No tenía ningún motivo de interés particular, pues no recibí aumento alguno en mis sueldos; pero cuando se publicó el tratado secreto abracé la guerra con mayor entusiasmo, porque los términos del protocolo me hicieron creer que el Paraguay debía combatir ó sucumbir.

Mi intención era no escribir la presente relación de la guerra hasta que el presidente López hubiera sido depuesto por los aliados. Parece, sin embargo, que estos no estubieran dispuestos á poner término al horroroso sacrificio de vidas de que es teatro aquel país hace cuatro añosy medio: y considerando que la presente narración pudiera influir en el ánimo de los aliados para apresurar la terminación de la lucha, salvando así las vidas de las mujeres y niños que deben estar pereciendo de hambre en el Paraguay, he procurado dar una sencilla narración de los hechos.

Aunque hablaré con el mayor horror y aversión del déspota, que ha sacrificado á sus conciudadanos con el sólo objeto de satisfacer su egoísmo y ambición personal, profeso á los paraguayos los sentimientos más amistosos, y me complazco en decir que he cumplido con mi deber para con ellos, aliviando en cuanto me era posible las penurias de la vida militar de los que estaban bajo mis órdenes, y salvando á muchos de la muerte.

En cuanto á los datos respecto á los aliados, debo aclarar que me he servido de la Tribuna, Nación Argentina y Standard, diarios de Buenos Aires. Londres, junio 18 de 1869.


ÍNDICE

Prólogo / Aclaración / Prefacio

CAPÍTULO I

Observaciones generales sobre los poderes beligerantes y bosquejo de la historia del Paraguay hasta el principio de la guerra

CAPÍTULO II

Causas que produjeron la guerra del Paraguay. - Principio de la misma por López II contra el Brasil

CAPÍTULO III

Expedición a Matto-Grosso

CAPÍTULO IV

Principio de la guerra contra la República Argentina por López II. - Tratado Secreto de la Triple Alianza

CAPÍTULO V

El ejército paraguayo y sus recursos generales. - Las fuerzas de los aliados

CAPÍTULO VI

Principio de la Campaña en Corrientes. - El General Urquiza

CAPÍTULO VII

Batalla del Riachuelo. - López deja la Asunción para venir al Teatro de la Guerra. - Prisión del General Robles. - Continuación de la campaña en Corrientes

CAPÍTULO VIII

Campaña del Uruguay. - Los aliados abren las operaciones. - Evacuación de Corrientes por el ejército paraguayo

CAPÍTULO IX

López se prepara á recibir á los aliados en el Paraguay. - Recriminaciones entre López y Mitre. - Los aliados llegan á la margen correntina del Paso de la Patria. - Malones de los paraguayos á Corrientes

CAPÍTULO X

Los aliados invaden al Paraguay. - Operaciones preliminares. - El combate del Banco. - Evacuación del Paso de la Patria

CAPÍTULO XI

Batallas del 2 y 24 de Mayo. - Destrucción del ejército paraguayo

CAPÍTULO XII

Paralización de las operaciones. - La escuadra brasilera. - Descripción de Curupayty. - Porto Alegre refuerza á los aliados. López se reanima. - Batalla de Yatayti Corá y del Sauce

CAPÍTULO XIII

La escuadra brasilera. - Toma de Curuzú. - Entrevista de López y Mitre. - Derrota de los aliados en Curupayty. - Paralización de las operaciones

CAPÍTULO XIV

Inacción de los aliados. - El cólera. - La artillería de Whitworth. - Los antiguos cañones lisos. - Muerte del General Díaz. - Manufacturas en el Paraguay. - Aniquilamiento de la expedición brasilera en Matto-Grosso

CAPÍTULO XV

Los aliados marchan á Tuyucué. - Los encorazados pasan la batería de Curupayty

CAPÍTULO XVI

Proposiciones de la Paz. - Mediaciones de M. Gould y de M. Washburn

CAPÍTULO XVII

Los aliados tratan de sitiar á Humaitá. Descripción del terreno alrededor de Humaitá. - Combate por el convoy. - Batallas de Isla Tayí, Tatayiba y Guardia Tayi. - Bloqueo é incendio del campamento aliado en Tuyutí

CAPÍTULO XVIII

López concentra sus fuerzas en el Paso Pucú y establece el campamento y batería de Timbó. - Mitre deja el mando en manos de Caxías. - Muerte del General Flores

CAPÍTULO XIX

Los encorazados pasan Humaitá. - Toma del Reducto Cierva. - Evacuación y bombardeo de la Asunción. - Los encorazados atacados por canoas. - López se retira del Chaco. - Ataque á las líneas paraguayas en el Espinillo y en el Sauce. - Evacuación de las mismas por los paraguayos

CAPÍTULO XX

La marcha por el Chaco. - Baterías en Fortín. - López se establece sobre el Tebicuary. - Evacuación de Matto-Grosso

CAPÍTULO XXI

Sitio de Humaitá. Circunvalación de Humaitá. - Defensa de los paraguayos en el Chaco. - Ataque sobre los encorazados en Tayí. - Batalla de Acayuazó. - Evacuación de Humaitá. - Encarnizados combates en el Chaco. - Rendición del resto de la ex guarnición de Humaitá. - Evacuación del Chaco

CAPÍTULO XXII

López abandona el Tebicuary y se fortifica en Angostura y Pikysyry. - Los aliados se establecen en Palmas

CAPÍTULO XXIII

Los aliados se preparan para activar las operaciones. - Camino por el Chaco. - Los encorazados pasan á Angostura. - Buques de Guerra neutrales. - López forma una reserva

CAPÍTULO XXIV

Conclusión de la Guerra

Los brasileros desembarcan en San Antonio. - Batallas de Itororó y de Avay. - Toma de la trinchera de Pikysyry. - Combate de siete días en Itavaté, que terminó con la derrota de López, la destrucción de su ejército y la capitulación de Angostura

CAPÍTULO XXV

Supuesta conspiración. - Atrocidades de López

CAPÍTULO XXVI

Carácter personal de López

CAPÍTULO XXVII

Notas sobre la Ingeniería

APÉNDICE

Protesta del Gobierno Paraguayo contra la intervención del Brasil en la Banda Oriental

Tratado de la Triple Alianza

Varios documentos y  Mapas.



 


CAPÍTULO XXVI

CARÁCTER PERSONAL DE LÓPEZ.

 

Francisco Solano López es un hombre muy corpulento, y que tendrá, más ó menos, cuarenta y cinco años de edad. Es bajo pero tiene una presencia airosa. En Inglaterra pasaría por trigueño, pero tiene casi el mismo color de los españoles en general; su cabello es negro y sus pies y manos pequeños. Cuando está alegre es bien parecido, y sus maneras y conversaciones muy agradables. Por el contrario, cuando está de mal humor, toma un aspecto sumamente sombrío. Es muy cuidadoso de su persona, amante del lujo militar, sobre todo en su escolta, y al caminar se contonea de una manera peculiar. Sus piernas son cortas, con una curva decidida hacia atrás. Se sienta bien a caballo y cuando joven era buen jinete. Sin embargo, hoy le es tan difícil montar como apearse. Es de hábitos indolentes; a veces permanecía sentado muchas horas seguidas hablando sin cesar, y otras hacía igual cosa caminando, pero limitando sus paseos a cien ó doscientas varas.

Quiere locamente á los hijos de Mme. Linch, pero absolutamente nada a los muy numerosos que tiene con otras mujeres. No es capaz de abrigar sentimientos amistosos por nadie, pues ha fusilado á casi todos sus favoritos que durante largos años habían sido sus únicos compañeros. Es un gran fumador y un gran gastrónomo; come enormemente; después de comer, cuando está de buen humor, suele cantar una cancioncita. Tiene una espléndida bodega de los más exquisitos vinos de Burdeos, a los cuales es muy aficionado, y que nadie sino él bebía en su mesa, sin exceptuar a Mme. Linch ni al Obispo; sus convidados comían con vino de clase inferior. Cuando estaba en Paso Pucú, durante varios meses, solía jugar á las damas todo el santo día con el Obispo. Éste se levantaba mucho más temprano que él, y solía ir a esperar durante muchas horas en el corredor de López, con el sombrero en la mano. Cuando López salía, el Obispo se le acercaba humildemente y, como temeroso, le hacía un profundo saludo, al que López contestaba con un movimiento de cabeza sin quitarse el sombrero. López habla el francés perfectamente y conversaba siempre en ese idioma con Mme. Linch, que fue educada en Francia. Conoce muy poco el inglés, pero muy bien el español, que es la lengua oficial del país; sin embargo, a los oficiales, á los soldados y aún a mí mismo, hablaba siempre en guaraní. El guaraní es una encantadora y expresiva lengua, aunque ha sacado muchas palabras del español para expresar cosas que los indígenas no conocían.

López es un buen orador, y posee especialmente esa clase de elocuencia, propia para inspirar á los soldados una ciega confianza en él y en sí mismos, aumentada por un profundo desprecio del enemigo. Raras veces hacía ó decía nada que pudiera disgustar al pueblo, encargando á Resquín de todo lo que pudiera serle desagradable. No permitía que nadie dijera un chiste en su presencia, aunque él era muy aficionado á decirlos; es muy exigente en lo que respecta a su dignidad, y obligaba hasta a sus hermanos a que le llamaran "Vuestra Excelencia"; tiene una voluntad de fierro, un orgullo excesivo, y contramanda de muy mala gana cualquiera órden que haya impartido. Cuando quiere, es muy suave y caballero, y capaz de engañar hasta á un diplomático y hacerle creer lo que le dé la gana.

Jamás siente la pérdida de sus mejores oficiales y soldados, á no ser considerados bajo el punto de vista del elemento material. Tenía el mayor cuidado en ocultar el sitio en donde él se encontraba, y con este objeto abolió los cascos de bronce de su guardia, así como su bandera, y trataba siempre de ocultar á este cuerpo. No permitía que a sus guardias les acompañasen, ni que los centinelas le presentasen armas, en las tres ó cuatro ocasiones en que visitó una parte del ejército, por temor de ser visto y reconocido por el enemigo. También dejó de usar su favorito poncho punzó, bordado de oro, cambió su kepi por un sombrero de paja, y dio vuelta al revés su pellón bordado en oro. Todas las mañanas tenía su caballo ensillado y sus carruajes listos antes de rayar el día, para estar pronto á la fuga, si acaso el enemigo penetrara por algún punto de sus líneas.

A principios de la guerra raras veces bebía, á no ser en la mesa, pero últimamente adquirió la costumbre de menudear las copas de oporto durante el día; contrajo esta habitud algún tiempo antes de dar principio á sus últimas atrocidades, y sin duda contribuyó mucho para hacerle cruel. Sin embargo, durante este período estaba aparentemente de buen humor. En San Fernando solía salir con sus hijos á pescar en una laguna próxima al cuartel general.

La siguiente historia que me fue narrada por un testigo ocular, dará una idea de su "justicia sumaria". Durante los últimos días de diciembre, un cabo de su escolta se presentó á caballo al mayordomo de López y le pidió un trago de caña. El mayordomo, que era oficial, le preguntó para qué quería caña, y agregó: ¡vete a pelear!

Esta respuesta incomodó al cabo, y le hizo decir esta impertinencia: -Sí, hablar es muy fácil; estamos rodeados por el enemigo y pronto ha de concluir con nosotros-. Después de alguna resistencia, el oficial lo bajó del caballo y tomándole por el pescuezo lo llevó a la carpa de López, que en esos momentos estaba almorzando. El oficial expuso a López lo que había pasado, y cuando hubo concluido, éste le dijo: -Sáquelo afuera y mátelo. El oficial sacó al hombre fuera de la tienda, y le partió la cabeza de un hachazo, sin que éste intentara la menor resistencia.

Su desconfianza de todo el mundo se manifiesta por las siguientes ocurrencias:

En agosto de 1866, un yankee, M. Manlove, se presentó en nuestras avanzadas y fue llevado al cuartel general. Declaró que había venido para hacer negocio con López, pero este no lo quiso ver. Al fin, por medio de un tercero, dijo a López que teniendo a su disposición tres buques en las Indias Occidentales, admirablemente adaptados para el corso, había venido á pedirle patente de corsario, para hostilizar al comercio brasilero. López pretendió creer que no era más que un espía y no quería saber nada de él, manteniéndolo preso durante algún tiempo. Al fin le soltó y Mme. Linch solía enviarle regalos de cerveza, etc. Sin embargo, al fin, lo hizo venir al ejército y lo fusiló como conspirador. En julio de 1867, el mayor Von Versen, oficial distinguido de la escolta prusiana, se presentó en nuestras avanzadas. Era enviado por el gobierno prusiano para observar la guerra desde el campo paraguayo. Cuando llegó a Rio Janeiro, los brasileros lo arrestaron, creyendo ó pretendiendo creer que iba al Paraguay como oficial superior del ejército de López. El ministro prusiano logró su libertad y pasó a Buenos Aires. Allí fue nuevamente arrestado y después de una larga negociación a su favor, fue puesto en libertad a condición de no ir al Paraguay, hasta después de hacer un viaje a Chile, lo que formaba también una parte de su programa. A consecuencia de esto, partió a través de las Pampas para Chile, llegó allí, volvió y fue al Paraguay, habiendo recorrido cerca de tres mil millas, a caballo para cumplir con su promesa. Dejó sus papeles en su valija en Corrientes, en casa de un agente de López, que solía comunicarse con su gobierno por medio de los indios del Chaco, y que debía enviar inmediatamente la valija a López. Llegando al campamento aliado compró el mejor caballo que pudo encontrar y en una mañana fugó, logrando entrar en las líneas paraguayas. Allí le ataron los brazos, le quitaron su caballo y su ropa y le trataron como si fuera espía; pero aunque sus papeles no fueron hallados, López se convenció al fin que realmente era lo que él se decía, y le dio libertad para pasear, pero solamente alrededor de su rancho. Sin embargo, en la retirada por el Chaco, fue acorrarado y tuvo que hacer la marcha a pie, y lo mismo le sucedió desde Tebicuary hasta Pikysyry, permaneciendo siempre entre los presos.

Afortunadamente, al terminar la guerra no había muerto y se salvó.

 

 

 

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TRINCHERA DE CURUPAYTÍ, 1866 (DETALLE)

Óleo sobre tela de CANDIDO LÓPEZ

50x 150 cm. (Año 1899)

Colección Museo Nacional de Bellas Artes- República Argentina

 



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