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ROBERTO PAREDES


  LUIS ALFONSO RESCK - UN RAYO DE IRA SANTA - ROBERTO PAREDES


LUIS ALFONSO RESCK - UN RAYO DE IRA SANTA - ROBERTO PAREDES

LUIS ALFONSO RESCK - UN RAYO DE IRA SANTA

ROBERTO PAREDES

INTERCONTINENTAL EDITORA

Caballero Nº 270 c/ Mcal. Estigarribia

Tel.: 595 21 496.991 – 449.738

www.libreriaintercontinental.com.py

Asunción – Paraguay

2003 (284 páginas)

 

 

SUMARIO

 

PRÓLOGO   

SEMBLANZA

 

CAPÍTULO I: ÁLBUM DE FAMILIA

CAPÍTULO II: LAS PRIMERAS INQUIETUDES

CAPÍTULO III: LA TRÁGICA MUERTE DE MIGUEL ÁNGEL

CAPÍTULO IV: LA REVOLUCIÓN DEL 47

CAPÍTULO V: ESTUDIOS EN EL VIEJO MUNDO

CAPÍTULO VI: LA CAÍDA DE FEDERICO CHAVES

CAPÍTULO VII: HUELGA GENERAL OBRERA Y CLAUSURA DEL CONGRESO

CAPÍTULO VIII: PARAGUAY EN ARMAS

CAPÍTULO IX: LAS LUCHAS ESTUDIANTILES

CAPÍTULO X: SE TEMPLA UN DIRIGENTE POLÍTICO

CAPÍTULO XI: LA OFENSIVA SOCIALCRISTIANA

CAPÍTULO XII: LA COMISIÓN NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS

CAPÍTULO XIII: EL ACUERDO NACIONAL

CAPÍTULO XIV:  CAMINO AL EXILIO

CAPÍTULO XV: "OPERACIÓN RETORNO"

CAPÍTULO XVI: AÑOS DE MARCHAS Y CONTRAMARCHAS

CAPÍTULO XVII: EL RETORNO DE RESCK

CAPÍTULO XVIII: ASAMBLEAS DE LA CIVILIDAD

CAPÍTULO XIX: LA VISITA DEL PAPA

CAPÍTULO XX: LA CAÍDA DE STROESSNER

CAPÍTULO XXI:  ASCENSO DE LA LUCHA DE MASAS

CAPÍTULO XXII: DIPUTADO CONSTITUYENTE

CAPÍTULO XXIII: LA CONCERTACIÓN DEMOCRÁTICA Y SOCIAL

CAPÍTULO XXIV: LA DEFENSORÍA DEL PUEBLO

CAPÍTULO XXV: LA CRISIS DE ABRIL

CAPÍTULO XXVI: LAS ELECCIONES GENERALES DEL 98

CAPÍTULO XXVII: LA JORNADA DE MARZO

CAPÍTULO XXVIII: LA INTENTONA GOLPISTA DEL 2000

CAPÍTULO XXIX: EL DEPARTAMENTO DE DERECHOS HUMANOS

CAPÍTULO XXX: TERRORISMO DE ESTADO EN PARAGUAY

 

EPÍLOGO: LA LUCHA CONTINÚA

 

ANEXOS:

ANEXO 1: HISTÓRICO REPRESIVO

ANEXO 2: DOCENCIA Y HONORES

FUENTE TESTIMONIAL

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

 

 

PRÓLOGO

 

            Conocí a Luis Alfonso Resck en Caracas, en alguna de las reuniones de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), a mediados de la década de los 70. Allí vivió parte de su exilio en esos tiempos, junto al salvadoreño Napoleón Duarte, a Benjamín Miguel de Paraguay y a Jaime Castillo y Renán Fuentealba de Chile. Venezuela era, en ese tiempo, el "asilo contra la opresión" para los demócrata cristianos del continente, como también para todos los latinoamericanos progresistas.

            Desde la primera vez que lo escuché, sentí una gran admiración y simpatía por Resck. La claridad y calor humano con que exponía el drama de su patria, la convicción con que formulaba sus planteamientos y la sinceridad que traslucían sus palabras, conquistaban la adhesión y simpatía de todos sus compañeros de ideales demócratas cristianos. La suya, como la de todos los paraguayos que luchaban por la libertad contra la larga y cruel dictadura de Stroessner, suscitaba y merecía la mayor solidaridad. Desde entonces, me atrevo a decir, somos no sólo compañeros de ideales, sino también buenos amigos.

            Restablecida la democracia en nuestras naciones -con la consiguiente vigencia del Estado de Derecho- nuestro mayor desafío como humanistas cristianos se concreta ahora en la tarea de impulsar el desarrollo de nuestras naciones, es decir, el paso para nuestros pueblos de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas. Ese paso debiera concretarse, en estos comienzos del siglo XXI, en la vigencia práctica para todos los hombres y mujeres que constituyen nuestras naciones, de los derechos solemnemente proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los Convenios de Naciones Unidas sobre derechos civiles, políticos y culturales y sobre derechos económicos y sociales.

            Es en esta tarea fundamental donde nuestro amigo Alfonso Resck aparece nuevamente sirviendo a su patria, a sus compatriotas y a sus ideales de manera ejemplar. Entre sus aportes en esta materia merece destacarse, primero, su consagración a tiempo completo a sus funciones de miembro y Vicepresidente de la Convención Constituyente elegida a fines de 1991 al delicado y difícil trabajo de dicha Convención, particularmente en lo relativo a la consagración constitucional de los derechos humanos. Años después, su especial dedicación a la defensa de dichos derechos, tanto en su calidad de miembro y Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, como -a partir de 1996- como responsable del Departamento de Derechos Humanos de la Fiscalía General del Estado, tarea esta última que le ha significado, sin duda, mucha entrega, muchos sacrificios , esfuerzos y sinsabores.

            "Yo un luchador he sido, y esto quiere decir que he sido un hombre", escribió Goethe. Este es, también, el caso de Luis Alfonso Resck: un hombre que ha consagrado su vida a luchar, con coraje y pasión, por construir una patria y un mundo más humano y más cristiano.

 

            PATRICIO AYLWIN

 

 

SEMBLANZA

 

            En la presentación de esta obra dedicada a la figura de Luis Alfonso Resck se nos presenta la inquietud de quien recoge el agua fresca en el hueco de sus manos y, mientras admira su transparencia, su bondad, su frescura, su vitalidad, percibe que toda su grandeza es, sin embargo, incontenible en el recipiente humilde de nuestra intención y la limitada fuerza de nuestras palabras. Entonces la mayor parte de su descripción, valoración y ansiedad por describirlo, se escapa irremediablemente.

            Quisiera poseer las cualidades de un escritor o de un poeta para expresar con soltura y elegancia lo que siento por dentro y abarcarlo a este hombre en todas sus facetas: como profesor, como maestro, como cristiano intachable, como luchador incansable por la dignificación de la persona, como patriota enamorado de su tierra, como el adalid de la libertad y de la democracia y sobre todo como el prohombre en las batallas por los Derechos Humanos.

            Decir de este compañero de los paraguayos y paraguayas lo que se diga, no hará sino descubrir casi infinitamente cuanto no se ha dicho aún de él. Quizás por encontrar fórmulas que resulten suficientemente amplias para destacar sus valores, podríamos mencionarlo al Profesor como un caballero de la Esperanza. Decía Aristóteles que "la esperanza es el sueño del hombre despierto"; pues aquí tenemos a un maestro que anduvo por décadas por los rumbos de la patria y el exilio agitando sueños, aterrando en sí los relámpagos de la intolerancia y empujando siempre como norte nocturno de diciembre, todos los anhelos de la dignidad de los sin derechos, de los sin patria, de los sin ropas y de los sin luz, hacia ese amanecer radiante, con olor a Navidad, a la Navidad de Cristo, a la navidad de la esperanza.       `

            Don Luis Alfonso Resck podía hablar en voz baja en la mazmorra húmeda y depositaba en el temor removido y sangrante una semilla de paz que siempre florecía en libertad. Y, precisamente, ese es otro valor pedagógico que el Profesor deposita como legado imperecedero para las generaciones de ahora y de siempre en esta Patria tan nefastamente carcomida por la miseria de la corrupción. Fue un agricultor que sembraba en todos los caminos que recorría la inquietud por la libertad y, puntualmente, en cada primavera, cuando retoñan los jóvenes hacia las calles de un país por construir, ofrecía a manos llenas sus espigas doradas de dignidad. Esas palabras, "dignidad" y "libertad", al salir de sus labios, se unían luego, para siempre, como en matrimonio perenne, y de tal unión nacían los vástagos más preciosos del patriotismo, mientras la dictadura embretaba sus fieras más salvajes para lanzarlas contra esta muralla de talla gigantesca que no se podía derribar porque no era de piedra, sino de historia pura. Historia henchida de pasión..., pasión por la vida; de celo irrenunciable por la sagrada vocación humana de vivir la vida de fraternidad, de solidaridad sin fronteras con los hombres y el mundo. Historia de convicción insobornable por la trascendencia de la persona humana, llamada a ser figura insigne de su Creador, Dios, a cuya imagen y semejanza fue modelada para gozar de la excelencia de su ser en permanente proyección a la vida de la resurrección. Por aquí podemos aproximarnos más a la verdadera dimensión de su presencia en la vida nacional. De hecho, el aval más contundente para que nos podamos explicar la alta resistencia de su ser, de su hacer y de su seguir es su inalterable convicción ética y espiritual. Esta condición no ha marcado solamente la vida y la obra del Prof. Resck, sino necesariamente ha señalado el camino de todos los que compartieron sus rumbos, sus visiones, sus sueños, sus actividades y sus objetivos.

            Su espíritu cristiano, firme y ricamente posicionado en la promesa redentora de Jesucristo, no ha quedado en el sólo privilegio de CREER, sino se ha ubicado en la esfera del QUERER, con lo cual ha transmitido a sus hermanos, los pobres y los perseguidos, la Buena Nueva, el Evangelio de la ESPERANZA, tanto desde la palabra como desde la acción fecunda y el sacrificio liberador de sus luchas.

            Creo escuchar hoy al Profesor Resck como Lorca al recitar: "En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida", y siendo que el Profesor agrega: "Esa bandera ha cambiado de manos y ya no me pertenece a mí solo; marcha allá adelante, mucho más lejos, allá donde mis piernas hoy ya no alcanzan. Pero, lo más importante es que marcha siempre hacia adelante, hacia ese rumbo que trazamos, hacia ese horizonte donde siempre hay una lucha amaneciendo".

            Los que apreciamos a Don Luis Alfonso Resck como un maestro buscamos encontrar siempre en sus abrazos una actitud reparadora para nuestras luchas. Su aprecio es -per se- una ratificación que quienes lo acompañamos en la admiración, el precio y el respeto, sabremos honrarlo en el rumbo que elegimos.

            Además hay una palabra que podría ser su apellido latino y todos entenderían como una traducción lógica que describe la estirpe misma de la que está construido su ser; esa palabra es DECENCIA. Don Luis Alfonso Resck fue siempre decente. La decencia lo mantuvo -a su vez- siempre altivo, digno, con gran señorío, en un país que día a día huye hacia su futuro sobre un tembladeral de densos charcos de indolencia, indecencia y corrupción. Nadie sabe cómo hizo Resck hasta hoy para caminar estos parajes húmedos, estos lodazales de peligroso contagio inmoral, recogiendo las flores de la RESISTENCIA y paseando indemne entre las dentelladas compulsivas de tránsfugas, maleantes políticos y oportunistas del lucro. Quizás para recordarnos siempre que la historia de un gran personaje no se escribe desde el epílogo, sino desde el testimonio de sus días.

            No podemos hablar de Resck sin hablar de democracia. Aunque en el Paraguay de los siglos XX y XXI también podríamos alterar la expresión sin alterar el cometido de ser justos en una apreciación: "No podemos hablar de democracia sin hablar de Luis Alfonso Resck". Porque él no es un político metido a democracia como que hoy lucen sus discusiones rastreras de posturas en oferta en ámbitos tan sagrados como el Parlamento, sino, propiamente es un demócrata político. Partir del ser demócrata tiene sus ventajas: eso nace de la convicción, no abandona nunca a la persona humana y dura mucho más que su cuerpo, dura hasta la eternidad.

            Nuestra sociedad está saciada, saturada de políticos de todos los colores, como los polluelos que nacen hoy con una apetencia al unísono que nos desconcierta con su estridencia. El querido "profesor" es un demócrata empedernido, intransigente, que camina con los pies de un político decente. No tiene necesidad de cambiar rumbos, ni "aggiornarse", porque es anterior al mapa de los rumbos, porque es propiamente de la misma madera del escenario donde hoy se sientan todos tratando de clavar sus rosas de los vientos.

            Quizás, más pronto que tarde, busquemos sus pensamientos para iluminar el rumbo, para aclarar conceptos y para que cada vez que cualquiera hable de democracia como una rueda que acaba de inaugurar, recuerde que hay testimonios reales, como el Prof. Resck, que esperan pacientes que prendamos la luz de su testimonio y descansemos de tantas luciérnagas mareadas en las noches cada vez más oscuras de nuestro porvenir.

            Qué es Luis Alfonso Resck, sino la ratificación de que los cambios que la historia posterga no son otros sino los cambios que la propia historia moldea para nosotros como destino.

            Vivir el testimonio, este testimonio de vida, no puede ser sino el anticipo de un tiempo nuevo. Creer en la perennidad de la postergación es negar la navidad, es negar la esperanza, es negar la resistencia. Por ello, esta persona pequeña, querida, admirada, tiene en la bolsa de su equipaje, siempre dispuesta a visitarnos en la incertidumbre, esa llave que abrirá mañana, de la mano con tantos luchadores paraguayos y de la patria grande latinoamericana, esa puerta que ya no se cerrará jamás, que nos hará libres en la verdad y nos redimirá para siempre de esa historia del territorio indolente del nunca más.

            Agradezco la distinción que me brindan al permitirme poner estas palabras en esta obra en homenaje a mi querido amigo, a mi querido maestro, a quien respeto con la misma fuerza como amo la vida misma.

 

            Mons. Mario M. Medina Salinas

            Obispo de San Juan Bautista y Ñeembucú

            Administrador Apostólico de Encarnación

 

 

 

CAPÍTULO I

ÁLBUM DE FAMILIA

 

            Los padres de Luis Alfonso Resck Haiter llegaron al Paraguay juntamente con sus respectivos progenitores a comienzos del siglo XX.

            Tanto los Resck como los Haiter abandonaron Líbano, su tierra natal, debido a los conflictos interminables que tenían como escenario al país, entre las diversas potencias que se empeñaban por tener hegemonía en la "cuestión siria", como en general se coincidía en designar a la problemática generada por el control de dichos territorios.

            Otro elemento conflictivo que caracterizaba a la región de apenas 10.400 kilómetros cuadrados de extensión era la "cuestión religiosa", pues los libaneses, que son un pueblo árabe, adherían ya sea a la religión musulmana, entre los que se destacaban los sunnitas, sector predominante, y los chiítas, por otra parte; ya sea a la cristiana, subdividida otra vez entre "maronitas" y "católicos y ortodoxos".

            En la época se registró un importante flujo migratorio libanés con dirección a América Latina, y parte de dicho contingente se instaló en el Paraguay, atraído sobre todo por las inmensas potencialidades que ofrecía su relativamente amplio y rico territorio.

            Obviamente, los Resck y los Haiter no se encontraron con una situación exenta de conflictividad en el Paraguay, pues desde que se produjera la llamada revolución de 1904, que marcara el inicio de los gobiernos liberales, solamente entre 1904 y 1911 ya se habían sucedido siete hombres en la Presidencia.

            Era la época en que se popularizó el dicho "¿Upeápa ára tera pa Jara?" -queriendo significar ¿es trueno o cañonazo?- aludiendo a los cuartelazos propios del período, en que uno de los principales protagonistas había sido el controvertido militar Albino Jara.

            País con una situación política inestable y con precarios indicadores económicos, ciertamente, pero ni los Resck ni los Haiter se desestimularon, tomando la determinación de echar raíces definitivas en el Paraguay.

            Quienes vendrían a ser padres de Luis Alfonso, eran primo-hermanos: Felipe Resck France y María Haiter France; y ambos inicialmente parecía que transitarían por caminos diferentes. Así, María Haiter ingresó tempranamente a un convento de María Auxiliadora, en Asunción, con la firme determinación de convertirse en religiosa, mientras que Felipe, por su parte, daba sus primeros pasos como comerciante asistiendo a su padre.

            La madre de María Haiter, sin embargo, sintiendo que estaba llegando al final de sus días pidió a la novicia que se retirara del convento, pues en ausencia de ella se necesitaría que alguien cuidase a sus hermanos. Y es así, precisamente, que María depone el hábito de novicia y poco tiempo después termina uniéndose en matrimonio a Felipe Resck, su primo-hermano, en el Oratorio San Francisco, en Asunción.

            Poco tiempo después el nuevo matrimonio decidió instalarse en Villarrica, Guairá, donde la pareja se dedicó al comercio preferentemente, dando continuidad lógica a una tradición milenaria que le venía a ambos de sus antepasados fenicios, de quienes descendían los libaneses.

            Pero como en esa época la oferta de tierras era abundante y a muy bajo precio, Felipe Resck compró una importante parcela a orillas del Yvytyrusú, en las proximidades de la actual Colonia Independencia, distante alrededor de 45 kilómetros de Villarrica, donde más adelante, junto con otros árabes (Yaryes y Mussi), y un español, Castaño, se dedicó al cultivo de la yerba mate.

            En su niñez, Luis Alfonso acompañaba a su padre a los yerbales durante las vacaciones escolares, desde que terminaban las clases en noviembre hasta el inicio al año siguiente, con un breve intervalo durante las tradicionales fiestas de fin de año.

            La yerba era parcialmente procesada en el yerbal, para luego ser llevada hasta la fábrica de Simón Mussi, en Villarrica, donde se la molía y se la fraccionaba para su comercialización. Los viajes solían durar varios días, pues se hacían en carretas a las que se uncían lentos bueyes, y sobre todo cuando llovía se veían obligados a esperar, pues el arroyo Tacuara, que debían de atravesar, crecía y desbordaba, por lo que vadearlo resultaba imposible. Los Resck, resignados, tomaron como habituales dichos percances. Luis Alfonso disfrutaba de la lenta travesía.

            Cuando Felipe Resck llegó a tener alrededor de 10 mil plantas de yerba se enfermó, por lo que no pudo seguir ocupándose de la cosecha. Pidió a los hijos que se hiciesen cargo de los yerbales, pero como ninguno se dispuso a hacerlo se vio obligado a vender su parte a los hermanos Girala, con lo que se abandonó para siempre el escenario propiamente rural de la vida de los Resck-Haiter.

            El matrimonio Resck-Haiter dio luz a once hijos, de los cuales Luis Alfonso fue el menor de y hoy, el único sobreviviente.

            De los once hermanos, los dos primeros, varón y mujer respectivamente, murieron muy tempranamente y fueron sepultados en Villarrica.

            El tercer hijo, el mayor entre los vivos, fue Antonio Resck, sobre quien existe un hecho anecdótico importante de referir. Siendo adolescente, solicitó prestar servicio militar siendo destinado en el Chaco a la edad de 18 años, en 1928, en carácter de castigado, debido a su comportamiento rebelde. Y vivir en el Chaco, en ese entonces, era como vivir en el infierno, pero lo más grave fue que precisamente en esa época se produjo el incidente con las fuerzas bolivianas que costara la vida al famoso teniente Rojas Silva y del que se salvara milagrosamente el soldado Antonio Resck.

            (Caprichos de la historia: el teniente Rojas Silva era hermano de Hermógenes Rojas Silva, quien más adelante cultivaría con Luis Alfonso un vínculo de importante amistad y juntos serían fundadores, entre otros, del Partido Demócrata Cristiano).

            Asustada la madre de Antonio Resck tras la muerte del teniente Rojas Silva en el Chaco, se trasladó hasta la capital para mantener una entrevista con el entonces presidente José P. Guggiari. La audiencia fue amena y positiva: José P. Guggiari escuchó atentamente a María Haiter de Resck y dispuso el traslado inmediato de Antonio del Chaco a la capital, aún en 1928.

            En 1931, el país se vio sacudido por un terrible incidente: la manifestación estudiantil del 23 de octubre, que terminó con la muerte por ametrallamiento de once jóvenes, frente al Palacio de Gobierno. José P. Guggiari solicitó someterse a juicio político por el caso, oportunidad en que resultó exculpado, pero el hecho dejó secuelas tremendamente negativas.

            Un protagonista que acompañó de cerca los hechos mencionados fue otro hermano de Luis Alfonso, Juan Onofre Resck Haiter, quien se encontraba en la capital, primeramente en el Seminario Metropolitano, preparándose para convertirse en sacerdote.

            A finales de los años 20, la guerra con Bolivia era inminente, por lo que Juan Onofre Resck decidió abandonar el Seminario y solicitar su incorporación al Colegio Militar. Era el año 1930; se desempeñaba como director del Colegio Militar el coronel Arturo Bray.

            La familia Resck Haiter no estaba del todo conforme con la decisión de Juan Onofre, sobre todo después de lo que había vivido de cerca Antonio, pero no opuso resistencia, respetando la decisión del hijo de apenas 16 años.

            Cuando comenzó la guerra, Juan Onofre se trasladó al Chaco, despidiéndose de sus padres por teléfono. Entre llantos de todos, padres y hermanos, el padre, Felipe, le dijo a Juan Onofre:

            -Ve, hijo, y defiende con valor nuestra patria -asumiendo como su patria el Paraguay.

            La familia nada supo de Juan Onofre hasta el fin de la guerra, es decir, durante tres largos años. Terminada la contienda, sin embargo, se supo todo sobre él: retornó como teniente 1°; trabajó de cerca con el coronel Rafael Franco, de quien se convirtió en fuerte allegado político y personal, pese a la enorme diferencia jerárquica y de edad existente entre ambos.

            Así, en 1935, terminada la guerra, Luis Alfonso viajó hasta Asunción para encontrarse con Juan Onofre. Tenía apenas 9 años y fue acompañado en el viaje por Bacón Duarte Prado -prominente intelectual colorado, ya fallecido- que era pariente de los parientes de Resck y amigo de los hermanos mayores de Luis Alfonso.

            Bacón Duarte Prado entregó a Luis Alfonso a los cuidados de su hermano Juan Onofre en el Jardín Botánico, donde el recién llegado del Chaco se desempeñaba como comandante del destacamento que custodiaba a los prisioneros bolivianos que allí se encontraban.

            Luis Alfonso entró en contacto con los prisioneros bolivianos, quienes se dedicaban a realizar trabajos artesanales que vendían u obsequiaban: guampas, anillos...

            Tuvo la oportunidad de asistir al imponente desfile de la victoria; ocasión en que las fuerzas que habían combatido en el Chaco pasearon por la capital con la frente en alta y la convicción de haber cumplido la misión de defender el territorio patrio; desfile que fuera encabezado por el entonces general José Félix Estigarribia.

            Luis Alfonso, junto con su hermano mayor Juan Onofre y con Bacón Duarte Prado, se ubicaron en la entonces avenida República de Colombia (Hoy Mariscal López) y 22 de Septiembre, y pudieron presenciar desde una buena posición un lamentable incidente que se produjo cuando chocaron entre sí dos aeroplanos que estaban realizando ejercicios de exhibición en homenaje a los excombatientes. Luis Alfonso llevó hasta su casa, en Villarrica, parte del ala de uno de los aeroplanos, así como otros recuerdos de la guerra: casquillas de balas de cañón y un fusil recortado.

            No pasó mucho tiempo para que Juan Onofre Resck Haiter participara activamente de la llamada revolución de febrero de 1936; proceso que al margen de las incertidumbres y confusiones de propuestas que conllevó, apuntó a transformar radicalmente el Paraguay, controlado hasta entonces por sectores oligárquicos que se erigieron en verdaderas trabas para el desarrollo del país.

            La experiencia duró poco, pues en 1937 era depuesto nuevamente Rafael Franco, introduciéndose el país en un complejo proceso que apenas muy parcialmente significó el retorno de los liberales al gobierno.

            De todos modos, Juan Onofre se hizo partidario ferviente de Rafael Franco y en 1951 fue uno de los que suscribió el acta de fundación del Partido Revolucionario Febrerista.

            Concluida la experiencia revolucionaria liderada por Rafael Franco, Juan Onofre estudio mecánica dental y se desempeñó en esa profesión hasta que se abriera la carrera de odontología; entonces, cursó y concluyó la carrera, y ya odontólogo se trasladó de vuelta a Villarrica donde ejerció la profesión sin esperar recompensa monetaria por ello, con un fuerte sentido solidario.

            Los años de la guerra del Chaco resultaron duros para la familia Resck-Haiter, pues uno de los hermanos, de nombre Francisco, murió de manera inesperada y otra hermana, Carmen, falleció poco tiempo después a consecuencia de una peritonitis no debidamente tratada.

            La pareja Resck-Haiter dio nacimiento a once hijos, en total, de los cuales Luis Alfonso fue el menor y es el único sobreviviente. Los dos primeros hijos, Eduardo e Irene, murieron a pocos días de nacer. Después vio la luz José Antonio, el que estuviera en el Chaco cuando se produjera la muerte del teniente Rojas Silva; luego otra mujer, a la que volvieron a llamar Irene.

            El quinto de los hijos fue Juan Onofre, quien participara de toda la contienda del Chaco y que posteriormente fuera uno de los miembros fundadores del Partido Revolucionario Febrerista.

            A Juan Onofre le siguieron María Asunción, Francisco, Victoria y Carmen, y sé refirió más arriba la temprana muerte de Francisco y Carmen, en el mismo período en que se desató la guerra del Chaco.

            El décimo fue Miguel Ángel y el último de los Resck-Haiter fue Luis Alfonso.

            Antes de cerrar este álbum de familia, resulta relevante desde la perspectiva histórica referir que los Resck Haiter tenían una casa en Asunción, en donde se creara el movimiento de la juventud liberal, que quedara conocido como Club Alón.

            Uno de los fundadores del Club Alón había sido Miguel Ángel Resck Haiter, el penúltimo de los hijos de Felipe y María, quien fuera asesinado en 1946 en circunstancias sumamente llamativas, pero con claro trasfondo político.

            Ese mismo año, precisamente el 28 de diciembre de 1947, también falleció el padre de Luis Alfonso, Felipe Resck France, a consecuencia de un cáncer.

            Allegados a la familia cuentan que el asesinato de Miguel Ángel, el penúltimo hijo, le había dejado muy consternado, por lo que aumentó sensiblemente la cantidad de cigarrillos que fumaba, de donde los médicos que lo atendieron en los últimos momentos atribuyeron el cáncer al tabaco.

            La madre de Luis Alfonso, María Haiter France, vivió muchos años, falleciendo el 25 de agosto de comienzos de la década del 60. Luis Alfonso, nacido el 23 de enero de 1924, contrajo matrimonio en 1950 con Rosa Perla Bonin Yódice, quien naciera el 4 de abril de 1931. La pareja tuvo cuatro hijos: Felipe Carlos Resck Bonin, quien naciera el 4 de noviembre de 1952, y luego María Catalina, Luis Abdel y Juan Hérib.

 

 

CAPÍTULO II

LAS PRIMERAS INQUIETUDES

 

            Luis Alfonso Resck Haiter tuvo un temprano contacto con las inquietudes políticas e intelectuales de la época, pues en su casa paterna solía funcionar un círculo de reflexión muy calificado, que ganó mucho dinamismo después de la llegada a la ciudad de Epifanio Méndez Fleitas, rebelde joven colorado, quien había venido para concluir sus estudios secundarios.

            Méndez Fleitas había sido expulsado del Colegio Militar, pues había escogido la carrera militar, por lo que decidió concluir su bachillerato en Villarrica. Se trataba de un joven brillante, con claras inclinaciones artísticas, rebelde y cuestionador.

            En Villarrica tuvo la oportunidad de conocer a otros coetáneos que vendrían a jugar un relevante papel en la historia del país, con quienes llegó a constituir un grupo de discusión que funcionaba de manera relativamente estable, pues los encuentros se tornaron frecuentes.

            Tomaron parte activa de dicho círculo Hermógenes Rojas Silva, Hugo Caroni, Carlos Caroni, Bacón Duarte Prado, Juan Onofre Resck Haiter, José Antonio Resck Haiter y Epifanio Méndez Fleitas.

            Corrían los años 1940/1941. Hermógenes Rojas Silva era por entonces profesor de historia del Centro Regional de Villarrica; había acompañado activamente el proceso de transformaciones que había prometido llevar adelante el suceso histórico conocido como "revolución febrerista", que el 17 de febrero de 1936 llevó a la Presidencia de la República al coronel Rafael Franco, pero no adhirió al Partido Febrerista cuando éste se fundó; se mantuvo independiente y en 1965, junto con Luis Alfonso Resck entre otros, fundó el Partido Demócrata Cristiano.

            Los hermanos Hugo y Carlos Caroni, al igual que Víctor Salomoni, también eran profesores y en su momento se manifestaron fervientes partidarios de los cambios que prometía traer la revolución febrerista. Todos ellos se adhirieron al Partido Febrerista.

            José Antonio Resck -el que estuviera en el Chaco en 1928, cuando la muerte del teniente Rojas Silva- conservaba la tradición familiar de adhesión al Partido Liberal, por entonces considerada la fuerza política hegemónica.

            Epifanio Méndez Fleitas y Bacón Duarte Prado eran fervientes partidarios del coloradismo, agrupación política en el que veían las propuestas y la fuerza necesarias para impulsar en el país los cambios que la población anhelaba.

            En síntesis, era un círculo pluralista. Había liberales, febreristas, colorados e independientes, faltando tal vez solamente la participación de uno o dos comunistas para reflejar todo el abanico de corrientes ideológicas por entonces existentes en el Paraguay.

            El momento histórico en que el mencionado círculo funcionó fue sumamente peculiar, cargado de sucesos que sacudieron a toda la República y a toda la región y que aún no habían sido suficientemente debatidos y comprendidos.

            Desde una perspectiva regional, se destacaba la guerra del Chaco, que entre 1932 y 1935 enfrentara a los pueblos del Paraguay y de Bolivia, contienda con trasfondo económico.

            La versión oficial, de entonces y posterior, era la que sostenía que se trató de un desenlace bélico a partir de diferencias limítrofes, versión que se apoyaba fuertemente en la existencia real de problemas de límites, pues pese a los diversos tratados que se habían firmado no se había arribado a un acuerdo que resultase satisfactorio para ambas partes.

            Socialistas, anarquistas y comunistas de ambos países involucrados, sin embargo, desde años antes de la guerra -por lo menos desde 1928- denunciaron el trasfondo económico del conflicto. La Standard Oil Company de los Estados Unidos, poderoso trust petrolero, tenía interés en que todo el Chaco estuviese bajo dominio boliviano, pues estaba persuadida de la existencia de abundante petróleo en la zona.

            El diferendo limítrofe, entonces, resultó ser una suerte de explicación formal, con lo que se trató de ocultar desde entonces la directa responsabilidad en la confrontación bélica de la poderosa compañía petrolera norteamericana. No obstante, investigaciones de la época y posteriores, demostraron con sobrados argumentos y documentos que detrás de las aparentes diferencias, otros intereses determinaban los comportamientos.

            Obviamente, el tema de la guerra del Chaco estuvo en el orden del día casi de manera permanente.

            Una situación internacional de alto riesgo se estaba instalando en Europa, tras el triunfo del Nazismo en Alemania y su rápida articulación con el Fascismo italiano.

            Derrotada en la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, Alemania se recuperó como potencia internacional, y desde que Hitler asumiera el mandato, durante principios de los años 30, se habló de "espacio vital"; de "revancha", de la "superioridad de la raza aria".

            El rápido crecimiento de la economía alemana, acompañado por un sentimiento favorable a que el país recuperase un rol de primer orden en el protagonismo internacional, tempranamente dejó anuncios sobre una eventual salida bélica.

            Analistas socialistas advirtieron sobre la inminencia de una nueva confrontación mundial, pero dichas advertencias fueron tomadas como "delirantes", cuando que en realidad resultaron ser profecías exactas de lo que el mundo iría a asistir en poco tiempo.

            Un asunto internacional que también cautivó la atención de la opinión pública mundial fue dado por el proceso de la revolución española, que enfrentó durante tres años (1936/1939) a demócratas contra autoritarios. Franco, con el apoyo abierto de Hitler, terminaría imponiéndose a los republicanos, instaurando en España una férrea dictadura.

            Los temas nacionales eran abundantes, actuales e históricos. Así, por ejemplo, la Revolución del 17 de febrero, que instalara al coronel Rafael Franco en la Presidencia y que fuera punto de partida de un breve aunque rico proceso de transformaciones socioeconómicas despertó simpatías fundadas en importantes segmentos de la joven intelectualidad paraguaya.

            Tras el fin de la guerra del Chaco, a mediados de 1935, las Fuerzas Armadas victoriosas en la contienda gozaban de un prestigio que nadie ponía en dudas. Esa circunstancia fue un elemento de primerísima importancia para alcanzar el éxito político en el marco de la revolución del 17 de febrero.

            La revolución de febrero ganó la necesaria y suficiente simpatía en sectores campesinos y urbanos, no solamente porque involucraba directamente a los militares, muy prestigiosos por entonces, sino porque además estaban motivados por nobles ideales, de cambios sociales y económicos relevantes, que prometían dar fin al prolongado predominio de minorías oligárquicas.

            Para agosto de 1937, sin embargo, el gobierno de Franco ya había sido de nuevo derribado, dando paso el suceso a un complejo proceso en que claramente quedaba al descubierto que los militares pasarían a desempeñar un papel de mayor peso en la política paraguaya: fue así durante el gobierno de Paiva; fue así para la designación de José Félix Estigarribia como candidato a presidente; y más abierta y generalizada se tornó la intervención militar con el ascenso de Morínigo y la hegemonía inicial de un sector filo-nazi-fascista conocido como el Frente de Guerra.

            El Paraguay había recibido tempranamente la influencia del nazismo y se habían formado núcleos que se encargaban de la divulgación de las polémicas ideas nazis. Los partidarios de la línea de pensamiento en cuestión destacaban los logros alcanzados en Alemania, sobre todo en el terreno del crecimiento económico y de la solución de los problemas sociales más acuciantes.

            Los demócratas radicales, adversarios frontales de los nazistas, replicaban a los mismos sacando a resaltar los elementos más negativos de las propuestas nacional-socialistas, como la reivindicación abierta del autoritarismo y la discriminación racial.

            El Paraguay soportaba como rasgos característicos el atraso económico y la pobreza generalizada de su población, bajo un sistema político de maquillaje democrático, pero en realidad excluyente, por lo que las propuestas nazistas ganaron adeptos en varios segmentos de la sociedad, incluso entre los intelectuales. De hecho, cuando la revolución del 17 de febrero de 1936, quedó en claro que los nazistas darían fuertes combates ideológicos y políticos en el país; algunas medidas del breve gobierno de Rafael Franco fueron fuertemente influenciadas por los filo-nazistas.

            Otro tema de claro carácter local era la progresiva participación de las Fuerzas Armadas en la política. Tras el golpe del 17 de febrero de 1936 los militares pasaron a desempeñar un papel decisivo en el proceso político, apoyándose en el gran prestigio social que habían ganado al retornar triunfantes de una contienda internacional.

            ¿Habían demostrado los civiles su incapacidad histórica para resolver los problemas estructurales que condenaban al país al atraso y a la pobreza? ¿Se había agotado el tiempo para que los partidos políticos demostrasen que eran suficientes para resolver los problemas coyunturales y de fondo? Éstos y otros interrogantes surgían de cara a una nueva realidad: las Fuerzas Armadas, como cuerpo, entraban a jugar un papel de primer orden en la política paraguaya.

            Pero los debates no se agotaron en los temas de actualidad; también se discutió ampliamente sobre cuestiones históricas, locales y mundiales: los alcances de la revolución comunera; el sentido real de las misiones jesuíticas; la independencia y él papel desempeñado por los diversos próceres; la dictadura del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia; los López; la guerra de la Triple Alianza...; la antigüedad, la Revolución Francesa, la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique, el ascenso de Mussolini...

            Pero además de debatir sobre temas históricos y actuales, políticos y sociales, el círculo de discusión penetraba sin temores en el campo filosófico, polemizando sobre todo la existencia de Dios, negada por los ateos.

            En ese sentido, una rica anécdota ilustra sobre las divergencias de la época y los juegos en torno de las mismas. En una ocasión Hugo Caroni, quien se declaraba ateo, quedó muy enfermo, por lo que sus amigos llegaron a promover hasta misas por la recuperación del enfermo.

            Estando de visita al enfermo, los creyentes le comentaron sobre las misas que venían organizando, así como sobre los ruegos personales y familiares por su recuperación. Hugo Caroni hizo, entonces, la siguiente promesa: "Si me curo, voy a pasar a creer en Dios", aseguró, disponiéndose a abandonar el ateísmo, que con tanto vigor defendía.

            Un capítulo trágico, pero sumamente llamativo, afectó a la familia Resck en ese tiempo.

            Un tío de Luis Alfonso, Ramón Haiter, hermano de su madre, estaba enamorado profundamente de una joven mujer, quien ciertamente le correspondía. Pero, porque profesaban diferentes religiones, no pudieron unirse en matrimonio. La adversidad llevó al tío de Luis Alfonso a una profunda depresión, la que a su vez lo llevó al suicidio, desenlace trágico de una fuerte historia romántica.

            El personaje era poeta; se quitó la vida en el patio de la casa, debajo de una parralera, dejando sobre la mesa una carta dirigida a un amigo suyo, otro joven poeta: Manuel Ortiz Guerrero. En la carta le pedía que conquistara a la mujer de sus sueños y que viviese con ella.

            Manuel Ortiz Guerrero cumplió fielmente con el testamento del amigo muerto: la mujer era Dalmacia, quien encontró consuelo en los brazos del que vendría a ser el más afamado poeta paraguayo y al que acompañó hasta el fin de sus días.

            La poesía era una actividad que seducía a los jóvenes inquietos de la época, y del período conservó Luis Alfonso un ejemplar de un poemario de Epifanio Méndez Fleitas hasta que, cuando ambos volvieron a encontrarse, ya en el exilio, más de 40 años después, le mostró un ejemplar y recordaron juntos -con nostalgia- la Villarrica de aquellos días.

 

 

 

CAPÍTULO VIII

PARAGUAY EN ARMAS

 

            Finales de los años 50 y comienzos de los 60 fueron momentos de fuerte contestación al gobierno de Stroessner:

-           huelga general obrera en 1958,

-           huelga general estudiantil en 1959,

-           clausura del Congreso Nacional en 1959, y

-           acciones guerrilleras.

            Los movimientos guerrilleros que operaron con mucha fuerza fueron el Movimiento 14 de Mayo y el Frente Unido de Liberación Nacional, FULNA.

            El Movimiento 14 de Mayo apostó a reunir a todas las corrientes políticas opositoras, pero básicamente la integraron liberales y febreristas, mientras que el FULNA fue esencialmente hegemonizado por el Partido Comunista Paraguayo.

            Un elemento estimulante, que operó como impulsor de los movimientos armados, fue el triunfo de la guerrilla en Cuba, donde Fidel Castro, al frente del Movimiento 26 de Julio, logró provocar la caída de la dictadura de Fulgencio Batista, el 1° de enero de 1959. La amplia difusión de la épica lucha sirvió para generar una fuerte mística en los combatientes paraguayos.

            Con el respaldo irrestricto del gobierno de los Estados Unidos -Richard Nixon, vicepresidente de Eisenhower había visitado el Paraguay en 1958- Stroessner enfrentó las acciones armadas con una política represiva deliberadamente salvaje, acompañada de una intensa campaña propagandística en cuyo marco sobre todo se satanizó al "comunismo ateo y apátrida".

            Fuerzas Armadas, Policía y milicianos reprimieron con brutal saña a los que desafiaron a Stroessner con las armas. Con particular énfasis se destacó el papel desempeñado por el general Patricio Colmán, quien llegó a ordenar que algunos prisioneros fuesen lanzados vivos a tierra de aviones en vuelo. Todo se hizo en presencia de numerosos pobladores, para dejar como fuerte recuerdo que ante el desafío extremo se respondería con violencia extrema. El esquema defensivo funcionó, en lo fundamental, pues la guerrilla no prosperó.

            Varios hechos concurrieron para determinar el fracaso de las incursiones armadas:

-           no hubo preparación local para que la población si no propendiese a apoyar, por lo menos permaneciese neutral, lo que obedeció a graves errores de caracterización de los principales dirigentes, ni

-           tampoco hubo preparación adecuada, ni

-           se esperaba una reacción gubernamental con alto nivel de eficiencia política y militar.

            Jóvenes idealistas y brillantes fueron literalmente sacrificados, lo que habría que cargar en el pasivo de la oposición paraguaya, de todos los signos ideológicos. La lucha armada se impulsó de manera poco responsable, para decir lo menos.

            La guerrilla dividió opiniones hasta en el seno de los opositores a Stroessner: algunos simpatizaban y otros se manifestaban abiertamente en contra. Población familiarizada con la propaganda anti comunista, cayó fácilmente en la armadilla de la publicidad oficial, que identificaba guerrilla con comunismo.

            En una de las ocasiones en que Resck estuvo preso -en 1961, después del sesquicentenario de la Independencia-, tuvo ocasión de hablar con varios detenidos por delitos comunes, entre los cuales el que lo entregó a Juan José Rotela, el legendario comandante del Movimiento 14 de Mayo.

            - Un día estaba pescando, a la orilla de un arroyo -refirió el denunciante-, cuando me percaté de movimientos raros en la orilla, entre los camalotales. Primeramente pensé que se trataba de un pez, hasta que percibí que era un hombre. Lo detuvimos y lo entregamos a las autoridades; resultó ser Rotela.

            El mismo personaje le refirió a Resck que Juan José Rotela había sido arrojado vivo desde un avión, por orden del general Patricio Colmán, versión que se difundió ampliamente.

            Mucho tiempo después, sin embargo, los hermanos de Juan José Rotela sostenían que tenían versiones ciertas sobre que él no había sido arrojado de ningún avión, sino asesinado en tierra, y presumiblemente enterrado en una fosa común en Caazapá.

            Pese a manejar una versión distinta, Resck, cuando entonces asesor de la Fiscalía en materia de Derechos Humanos, recomendó que se hiciese una denuncia por escrito, de modo que después de la intervención de un juez competente se pudiesen realizar excavaciones. Sugirió, también, que se invitase a un antropólogo argentino que ya había trabajado en casos similares para examinar los huesos.

            Las excavaciones nunca se realizaron, pues los hermanos de Rotela nunca se presentaron para proseguir con los trámites. De todos modos, la versión no descarta la anterior, ni la invalida; pudo haber sido de ese modo o del otro.

            Cuando la guerrilla, el general Patricio Colmán ofreció una recompensa de 100.000 guaraníes para quien diese pistas o entregase a Rotela. El personaje mencionado cobró dicha suma, pero aparentemente poco tiempo le duró, pues en esa ocasión estaba preso por abigeato. Según refirió, el ilícito había afectado el ganado del general Andrés Rodríguez y éste había dispuesto que se lo tuviese en Investigaciones.

            La guerrilla fue controlada por el gobierno con relativa rapidez y facilidad, si bien una columna del FULNA, la Mariscal López, al mando del comandante Agapito Valiente, nombre de guerra del dirigen comunista Arturo López, se mantuvo en pie hasta 1970 en el Departamento de Cordillera.

            Luchas de masas y de cuadros; combates legales y clandestinos; lo cierto es que a más de seis años de asumir Stroessner, la resistencia no cesó. Y precisamente por ello es que resultó tan traumática la determinación de un sector del Partido Liberal de incorporarse al proceso, legitimando el gobierno de Stroessner.

            El Partido Liberal se dividió en dos sectores: el que prosiguió resistiendo y el que se prestó al juego para maquillar de democrática la dictadura de Stroessner; corriente liderada por los hermanos Carlos y Fernando Levi Ruffinelli.

            De acuerdo con Manuel "Bichito" Pesoa, que estaba con los Levi Ruffinelli, hubo un acuerdo para simular una división:

            - El reclamo de las bases era muy grande, pues la presión crecía, sobre todo en el interior. Entonces, se decidió hacer la jugada, pero existe un documento que dejó depositado en una Escribanía en la que consta que se trató de una maniobra y no de una traición.

            Es probable que tal documento se haya firmado en aquel momento, pero la realidad política local e internacional en nada se compadeció con dicha actitud, que ingresó a la historia política del país como la primera gran capitulación ante Stroessner.

            Desde la perspectiva internacional, el gobierno recibió presiones de los Estados Unidos, en el marco de la política de "Alianza para el Progreso", impulsada por el entonces presidente John F. Kennedy. La presión llegó a ser tal, que Ezequiel González Alsina, uno de los principales ideólogos del stronismo, escribió un editorial en Patria en el que se amenazaba con una eventual alianza con los soviéticos -siguiendo los pasos de Cuba- si no se permitía la autodeterminación.

            Con la capitulación liberal, sin embargo, se maquilló al régimen. Así, en las elecciones de 1963 concurrieron dos candidatos: un colorado y un liberal.

            Internamente, la actitud de los Levi no fue respaldada por la mayoría de los liberales, de donde se terminó creando el Partido Liberal Radical, que siguió manteniendo por algunos años una política de oposición intransigente.

            Los socialcristianos, sin embargo, entre los cuales Resck, mantuvieron una línea coherente con la resistencia al stronismo, detectándose en los años 60 su mejor desempeño, lo que será tratado más adelante.

 

 

CAPÍTULO IX

LAS LUCHAS ESTUDIANTILES

 

            Cuando Resck había regresado de Europa, la Escuela de Humanidades ya se había convertido en Facultad de Filosofía. La misma funcionaba en la actual calle El Paraguayo Independiente Resck se inscribió en la carrera de Filosofía.

            Inmediatamente, Resck se sumó a las luchas universitarias, tornándose dirigente del Centro de Estudiantes de Filosofía, del cual llegó a ser presidente entre 1956 y 1957.

            Un poco después del golpe y antes de que el general Alfredo Stroessner asumiera la primera magistratura, había expectativas generalizadas sobre que podría tener un buen desempeño. Algunas medidas de corte populista ayudaron a crear la imagen de que con él cambiarían las cosas para bien. De todos modos, era muy temprano para visualizar lo que se venía, por una parte, y el pueblo experimentaba una gran ansiedad en aras de que mejoren las cosas, por otra.

            En 1957 se organizó un evento universitario en Buenos Aires, que concentró a estudiantes de casi toda América latina. Resck hizo parte de la delegación paraguaya que viajó hasta allá, y aprovechó la oportunidad para ponerse en contacto con varios exiliados políticos, algunos de los cuales ya estaban hacía más de una década, como los casos de los ex presidentes José P. Guggiari y Rafael Franco, así como otras ex altas autoridades como Arnaldo Valdovinos y Arturo Bray.

            Todos vivían en condiciones económicas muy modestas en la capital argentina, de donde Resck tempranamente rechazó imputaciones calumniosas contra algunos exiliados, acerca de que habrían robado en el marco de sus importantes funciones. Concretamente, por ejemplo, el ex presidente del Banco Central del Paraguay, Epifanio Méndez Fleitas, vivía en condiciones modestísimas, por lo que descartó de plano y con vehemencia que el legendario dirigente colorado disidente haya tocado en algún momento recursos pertenecientes al público.

            Hablando con Arturo Bray, quien fuera jefe de Policía cuando se diera el brutal asesinato del joven militante comunista Félix H. Agüero, Resck le preguntó directamente sobre el caso, pues en la época se le atribuía la responsabilidad principal sobre el crimen.

            Bray negó rotundamente haber tenido participación en el hecho, asegurando que para él siempre había sido una incógnita. Lo cierto y lo concreto es que en 1938, siendo jefe de Policía Arturo Bray y presidente de la República Félix Paiva, el cuerpo del joven militante comunista Félix H. Agüero apareció flotando en el río Paraguay, con marcas visibles de haber sido brutalmente torturado.

            Por otro lado, Resck preguntó a Bray acerca de la impresión que tenía sobre Stroessner, a lo que respondió que le había puesto muy contento el hecho de que Stroessner pusiese en circulación un libro suyo, que anteriormente había sido censurado, porque era crítico a los procedimientos de Franco durante la revolución española. Y le comentó que cuando Stroessner le hizo una pregunta similar, le respondió:

            - Mire general, usted puede llegar a ser un gran personaje en la historia del país, o puede llegar a ser un personaje de historieta-.

            Era muy corto el tiempo para dar un veredicto definitivo, le decía Bray, pero años después, recordó Resck, que Bray sostenía que Stroessner "era un personaje de historieta".

            Con José P. Guggiari, Resck mantuvo dos encuentros. En el primero, José P. habló con nostalgia del Paraguay, casi llorando, momento que caló hondo en el profesor Resck, sobre todo porque el ex presidente habló en guaraní durante casi toda la charla.

            En la segunda oportunidad, habló con Guggiari acompañado de Arnaldo Valdovinos. Para Resck fue particularmente importante dicho encuentro, pues Valdovinos había sido uno de los más inquietos protagonistas de la manifestación del 23 de octubre de 1931, cuando José P. Guggiari era presidente de la República. En aquella ocasión, se manifestaron centenares de jóvenes frente al Palacio de Gobierno y desde ahí fueron ametrallados, muriendo 11 de los manifestantes.

            Valdovinos no solamente había aprendido a reconocer las importantes virtudes del ex presidente paraguayo, sino que eximía totalmente de responsabilidad a Guggiari de los sucesos del 23 de octubre. El responsable directo habría sido W. Chávez, hermano de Osvaldo Chávez, teniente coronel que se encontraba en el Palacio y que habría ordenado el ametrallamiento.

            Sobre el mismo asuntó, el historiador y hombre público liberal Efraím Cardozo le había dicho en más de una oportunidad a Resck que respondería a las afirmaciones contenidas en el "trabajo" de Volta Gaona, precisando que había sido escrito por Juan E. O'Leary, pues "Volta Gaona no era capaz de escribir, pero sí de firmar", según aseguraba Cardozo.

            Consultado sobre la gestión de Stroessner, José P. Guggiari se mostró crítico, pero no crítico-violento, sino que lo hizo con altura, advirtiendo sobre posibles derivaciones, que luego lastimosamente vendrían a confirmarse.

            Otra figura a la que Resck quería conocer personalmente era el coronel Rafael Franco, también ex presidente. El encuentro sirvió para confirmar plenamente que todo lo que le había dicho su hermano Juan Onofre acerca de Franco era cierto.

            Héroe de innúmeras batallas en los confines del Chaco, Franco era una persona que transpiraba simplicidad y sencillez, con criterios muy firmes, sin embargo, contra quienes a criterio del mismo habían inviabilizado el país.

            Otro importante personaje de la historia política paraguaya con quien Resck pudo compartir durante su visita a Buenos Aires fue Carlos Pastore, quien le pidió que lo acompañase a la Universidad de Buenos Aires para que diese una charla. Y como Resck era miembro de la Federación Universitaria del Paraguay, FUP, aceptó la invitación.

            Pastore se mostró tal cual era, un liberal progresista, casi un socialista. En dicha ocasión, Pastore se refirió extensamente a Eligio Ayala, con los términos más elogiosos, caracterizándolo como "un liberal progresista".

            También visitó al ex ministro liberal Justo Pastor Prieto, y con su hijo Justo Prieto mantuvo largas charlas sobre la situación paraguaya. Resck quedó tan entusiasmado con Justo Prieto (h) que se propuso seriamente designarlo representante de la Federación Universitaria ante el Uruguay y la Argentina.

            Otra importante personalidad a la que Resck pudo acceder fue Juan Stefanich, ex ministro febrerista. Lo visitó juntamente con Jerónimo Irala Burgos, quien al ser desterrado en los años 60, antes de viajar a Venezuela había quedado en Buenos Aires, Argentina.

            En dicha entrevista, Juan Stefanich les había prometido que antes de morir donaría todos sus libros a la Universidad Católica, compromiso plenamente honrado, que posibilitó que la Católica dispusiese de una amplia y bien montada biblioteca.

            De los encuentros que Resck mantuvo con los exiliados paraguayos, trató de sacar varias cosas:

-           incorporar experiencias,

-           aclarar situaciones que involucraron a los personajes, e

-           intercambiar pareceres sobre la posible evolución política del Paraguay.

            Ricas fueron las charlas y más ricas aún las enseñanzas de los viejos activistas, que coincidieron en manifestar como preocupación fundamental la necesidad de posibilitar que el país supere los problemas que lo condenan a la pobreza y al atraso. La lucha política les había reservado duros momentos de destierro, pero no por ello dejaron de pensar positivamente en el país.

            Resck pensaba incorporar todas esas experiencias a su activa militancia en el movimiento universitario, por entonces muy dinámico.

            En los años 50 Resck cumplía un doble papel en la Facultad de Filosofía, pues era profesor en la carrera de Letras y estudiante en la carrera de Filosofía.

            En 1956 y en 1957, por dos períodos consecutivos fue electo presidente del Centro de Estudiantes de Filosofía. Y como tal, fue miembro pleno de la conducción de la Federación Universitaria del Paraguay, FUP, primeramente presidida por Evelio Fernández Arévalos, que ya era abogado pero que también estudiaba Filosofía, y más adelante por Manuel Radice. Domingo Rivarola era vicepresidente y Luis Alfonso Resck secretario de Relaciones Internacionales.

            Cuando Resck ocupó por primera vez la titularidad del Centro de Estudiantes de Filosofía se produjo una situación hasta si se quiere simpática, pues votaron por él para la presidencia incluso los colorados, con el convencimiento de que Luis Alfonso sostendría una línea contemporizadora, antes que cuestionadora. En poco tiempo, sin embargo, quedó claro que la contestación permanente y sistemática sería la orientación del Centro de Estudiantes.

            Parece ser que para obtener el apoyo de los colorados tuvieron mucho peso las polémicas que Resck mantenía con los comunistas, con quienes tenía divergencias reales y hasta profundas. Pero pese a las divergencias, Luis Alfonso trabajaba con ellos. Ése fue el caso, entre otros, de Duarte Rodi -padre de Marcelo Duarte-, quien era de orientación más o menos marxista.

            Con los opositores de las más diversas corrientes, sin embargo, como ser Bareiro Saguier y "Pesoíta", Resck imprimió a su accionar una línea de oposición frontal al autoritarismo.

            Otro activista de orientación marxista de la época era Miguel Chase-Sardi, quien después fue ganado por los antropólogos jesuitas y después de 1975 incluso pesó sobre él la grave acusación de haberse desempeñado al interior del Partido Comunista como agente de la CIA (Central de Inteligencia de los Estados Unidos).

            Como miembro de la Federación Universitaria del Paraguay, FUP, Resck tuvo la brillante oportunidad de realizar muchos viajes, de los cuales nunca fuera excluido por su condición de socialcristiano.

            Bajo la presidencia de Domingo Rivarola -que era bioquímico y que después estudió Filosofía y más ampliamente Sociología- se encargó de las Relaciones Internacionales. Inmediatamente, cuando fuera presidente el liberal Manuel Radice, Resck ocupó la vicepresidencia, y fue titular de la Federación después de Radice.

            Pero siendo presidente de la Federación Universitaria Andrés Boccia, un gran psiquiatra, en 1957, Resck integró la pluralista delegación universitaria que viajó a Buenos Aires para participar del Segundo Congreso Universitario Latinoamericano, juntamente con el colorado Zárate Arellano, de Economía, y el febrerista Rolando Pussineri, de Odontología, entre otros.

            En esos momentos se estaba realizando la elección presidencial en la Argentina, y como estaba proscripto el Partido Justicialista de Perón, los peronistas apoyaron a Arturo Frondizi, contra Balbín. Frondizi resultó electo presidente, y en encuentro con la delegación paraguaya se manifestó muy duramente contra el gobierno de Stroessner:

            - Si al llegar al Paraguay ustedes son detenidos, sepan que bajo mi presidencia las puertas de la Argentina estarán abiertas.

            En dicha ocasión, Arturo Frondizi les obsequió un libro sobre el petróleo, en el que el mandatario sostenía que Yacimientos Petrolíferos Fiscales, YPF, debía ser una empresa estatal. Sin embargo, ni bien asumió la Presidencia de la Argentina, abrió el negocio petrolero para los americanos.

            Otra incoherencia de Frondizi -apuntada por Resck- se dio con respecto a Stroessner, con quien vino a participar de inauguraciones, primeramente, y después un 8 de diciembre, de los festejos religiosos de Caacupé. La Virgen, en esa ocasión, fue trasladada a un lado por Stroessner y al otro lado por Frondizi. ¿Doble discurso? ¿Incoherencia? El joven militante socialcristiano no conseguía entender qué intereses se movieron detrás de Frondizi para que pisara sus propias palabras sin más ni menos.

            Cuando Luis Alfonso retornó de Buenos Aires, fue detenido en el mismo aeropuerto e inmediatamente fue destituido del cargo de profesor del Colegio Nacional de la Capital, sin poder hacer usufructo de su reciente nombramiento. Su discurso ante el Segundo Congreso Universitario Latinoamericano no le había agradado a los gobernantes paraguayos.

            Después de la enriquecedora experiencia porteña, Resck llegó a un acuerdo con Ponce para llevar adelante la organización del Segundo Congreso Universitario del Paraguay. El primero se había realizado en 1944, cuando la juventud era muy dinámica, siendo presidente del evento Nacin Yampey, y figuras destacadas del evento Fernando Vera e Ignacio Iramain, entre otros. En 1944 era fuerte sobre todo la juventud universitaria febrerista.

            Entre forales de los años 50 y comienzos de los 60, los estudiantes universitarios trabajaban juntos, pues el peso de los graduados era muy grande.

            Las actividades se restringían a la capital, ciertamente, pero los rasgos característicos del Paraguay de entonces explican razonablemente este hecho: Asunción no solamente era la ciudad más poblada, sino que era la sede del gobierno y de los centros de enseñanza más avanzados. Tradicionalmente, los jóvenes del interior que querían proseguir sus estudios, irremediablemente se acercaban a la capital.

            Siendo Resck responsable de la Federación Universitaria del Paraguay, se acordó entre profesionales y universitarios de las más diversas corrientes la formación de una amplia articulación que dio en llamarse Movimiento de Salvación Nacional, y a propuesta de profesionales y estudiantes, Resck fue designado titular de la nueva organización.

            Como se estaba en vísperas del 150° aniversario de la Independencia, el Movimiento de Salvación Nacional se propuso realizar actos especiales, paralelamente a los preparativos que en el mismo sentido desarrollaría el gobierno de Alfredo Stroessner.

            En ese contexto, Luis Alfonso Resck fue convocado por el jefe de Policía, coronel Duarte Vera, para una conversación:

            - Mire profesor, nunca me olvido que usted me salvó la vida cuando joven, y le quería pedir concretamente que para el 150° aniversario suspendan sus actos programados, pues terminarán incidentando los actos oficiales. Ese día, todos tenemos que convivir y los partidos reconocidos podrán participar de los festejos con entera libertad, pero integrados a los programas oficiales.

            Recientemente, por cierto, se había dado la división del Partido Liberal en dos sectores, ya que el liderado por los hermanos Carlos y Fernando Levi Ruffnnelli, habían decidido participar del proceso, siendo la primera fuerza política de oposición que pasó a legitimar el gobierno de Stroessner.

            Nosotros -le respondió Resck- vamos a manifestarnos ese día porque queremos conmemorar los ideales de Mayo, por los cuales estamos luchando. Vamos a manifestarnos sin incidentes, salvo que la Policía nos provoque.

            - No, no, los comunistas van a incidentar -insistió Duarte Vera.

            - Por Dios, señor -le replicó Resck-, hasta en el Vaticano hay comunistas, en todas partes, pero que haya incidentes o no depende de la conducción y nosotros pensamos manifestarnos de manera responsable.

            Un poco después, el ministro del Interior, Edgar L. Ynsfrán, le hizo un pedido similar. El encuentro le trajo a la memoria a Resck el episodio ocurrido cuando fuera apresado por primera vez durante el gobierno de Stroessner. Había sido brutalmente torturado y gracias a la intermediación del entonces sacerdote Santiago Benítez -hoy Arzobispo emérito de Asunción- fue puesto en libertad.

            En esa ocasión Resck fue llevado ante el ministro Ynsfrán, quien sabiendo que al profesor le gustaba la gaseosa Coca-Cola, le ofreció un vaso. Resck no aceptó.

            - ¿Querés caminar? -preguntó el ministro.

            - Sí - le respondió Resck y anduvo un poco, con dificultades y usted sabe bien por qué camino de esta manera.

            Ynsfrán reaccionó inmediatamente, haciendo sonar una campanilla, que al escucharla hizo que entrase uno de sus asistentes.

            - ¿Qué le hicieron al profesor? -preguntó, ante lo que Luis Alfonso respondió:

            - Conozco bien esa estrategia; aquí nadie hace nada sin que haya una orden expresa de arriba.

            Ya cerca del mes de mayo de 1961, y ante la persistencia del Movimiento de Salvación Nacional de realizar la movilización, Resck fue de nuevo convocado por Duarte Vera, pero no hubo acuerdo, pues Luis Alfonso le ratificó que se trataba de una decisión colectiva que él no tenía condiciones de revisar, porque no era autoritario, por una parte, y porque estaba de acuerdo, por otra.

            En la noche anterior, los dirigentes durmieron fuera de sus casas, por temor a ser arrestados antes de la movilización. Algunos durmieron en la casa de Betty Saguier, otros en la plaza Carlos Antonio López.

            La concentración fue imponente, sin precedentes en la historia política del Paraguay, estimándose que alrededor de 40.000 personas participaron de la manifestación. La represión fue brutal, también sin precedentes, siendo que antes de marchar en dirección al Panteón de los Héroes, Resck ya había sido golpeado con tal fuerza, qué quedó desmayado y sin conocimiento fue conducido al Departamento de Investigaciones, centro desde donde operaba la policía política.

            La manifestación fue amplia y pluralista, hasta el punto que participaron de la misma muchos colorados y hasta jóvenes oficiales de las Fuerzas Armadas.

            Antes de ser reprimidos por la Policía, llegaron hasta el punto de concentración funcionarios públicos, que ante la vista gorda de los policías golpearon con palos a los manifestantes. Después se desató la represión policial. Muchos fueron detenidos y posteriormente fueron llevados a la cárcel.

            Luis Alfonso Resck, presidente de la FUP, y Humberto Simón, bioquímico, vicepresidente, entre otros, quedaron en Investigaciones donde fueron torturados. De las sesiones de tormento participaba el propio Ramón Duarte Vera, mientras que los que pasaban mal a causa de las torturas eran atendidos por el doctor Yampey, o por el doctor Gómez, ambos médicos de la Policía.

            Se les aplicaban inyecciones que tenían el raro efecto de reponerlos inmediatamente, enterándose con el tiempo de que se trataba de drogas.

            En la cárcel, la mayoría de los presos fueron puestos en libertad en poco tiempo, pues como muchos eran colorados y había algunos militares, hubo presión en el Partido Colorado y en las propias Fuerzas Armadas por solucionar el problema. Los prisioneros resultaron sometidos a juicio, siendo el juez un abogado de apellido Núñez.

            Durante el proceso, Resck fue asistido jurídicamente por Hermógenes Rojas Silva, Jerónimo Irala Burgos y Manfredo Ramírez Russo, cuyo libro sobre Educación Cívica y Moral fue quemado en el Colegio Militar, en represalia por defender a un "sedicioso".

            La acusación fue de "desacato a la autoridad" y la defensa de Resck tuvo problemas, pues el profesor se empecinó en afirmar que había desacatado, ciertamente, amparado en el derecho constitucional de manifestarse libremente.

            Durante su estadía en la cárcel, Resck tuvo contacto con centenares de presos comunes, conociendo a los más extraños personajes.

            Uno de ellos, japonés, estaba preso por haber matado a su hermana por desobedecerlo, en un ataque de furia. Al tomar conciencia de lo que había hecho, el personaje alzó a su hermana en sus propios brazos y se dirigió hasta la comisaría policial.

            Con el tiempo se volvió medio carismático, realizando extraños rituales y procediendo con métodos aún más raros -semi-religiosos- para curar a la gente. Era llamativo el caso, pero sus sesiones de cura funcionaban.

 

 

 

CAPÍTULO X

SE TEMPLA UN DIRIGENTE POLÍTICO

 

            En 1961, siendo presidente del Centro de Estudiantes de Filosofía y titular de la Federación Universitaria del Paraguay, FUP, Luis Alfonso Resck viaja juntamente con Humberto Simón a Suiza, para participar de un Congreso Universitario Mundial.

            En el mencionado Congreso se adoptaron posturas muy firmes contra las dictaduras, tanto las de derecha como las de izquierda, y con especial énfasis se condenó al imperialismo "yankee", al que se llamó a combatir con todas las energías.

            Un punto polémico se instaló en el Congreso tras la presentación realizada por la delegación norteamericana en pro del desarme mundial. La delegación paraguaya apoyó fervientemente la iniciativa, lo que le costó duros cuestionamientos de otras delegaciones, sobre todo las de Europa del Este, países árabes y Cuba.

            Las críticas fueron duras, de "sometidos al imperio", desconociendo que la misma delegación paraguaya se había solidarizado en otros eventos anteriores con las luchas de los diversos pueblos y en particular con la revolución cubana en la persona del comandante Fidel Castro, lo cual ya le había causado una detención a Resck en el Paraguay, luego de retornar de un evento.

            Inmediatamente, sin embargo, la delegación paraguaya votó dos resoluciones de manera llamativa. Se abstuvo en una votación de apoyo a Cuba, advirtiendo sobre el riesgo de un desarrollo autoritario en la isla; y votó una iniciativa de la Unión Soviética por la Paz. Esta vez fueron los americanos los que acusaron a la delegación paraguaya de "subalternizada a los comunistas".

            Una delegación española, el Sindicato Español Universitario, SEU, era cuestionada porque se la tenía como vinculada al gobierno de Franco, por lo que se determinó realizar un examen de la situación particular de la delegación "in situ". Resck fue designado para visitar España, pero también fue escogido para realizar trabajos parecidos en dos países que estaban en la órbita de la Unión Soviética: Checoslovaquia y Hungría.

            Resck aceptó los desafíos, pues ya había realizado visitas igualmente riesgosas en anteriores oportunidades, en la Cuba gobernada por Batista y en la República Dominicana bajo la presidencia de Trujillo.

            España estaba en observación de la Comunidad Internacional por la cooperación de Franco con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial (1939/1945), cooperación que resultó una suerte de compensación por el apoyo que Hitler le brindara a Franco durante la guerra civil española (1936/1939). El Sindicato Universitario era oficialista, por lo que el movimiento universitario mundial tenía fundadas dudas sobre su plena incorporación.

            Hungría y Checoslovaquia hacían parte del bloque socialista desde finales de la guerra mundial, siendo países satélites de la Unión Soviética. Ambos casos eran dignos de estudio, pues Hungría había sido invadida por efectivos del "Ejército Rojo" de la Unión Soviética en 1956, con lo que se aplastó una insurrección de profundo contenido popular; y Checoslovaquia comenzaba a vivir un rico proceso de contestación al excesivo centralismo, lo que llevaría en 1968 al relevante episodio histórico que quedó conocido como "La primavera de Praga", que fuera convertida en frío invierno tras la invasión del país por tropas soviéticas.

            Resck ya había estado en España, y se había ganado una suerte de fama de sospechoso por su clara inclinación socialcristiana. No obstante, aceptó la responsabilidad de viajar de nuevo a ese país. Nunca había estado al otro lado de la "Cortina de Hierro", pero tampoco rehuyó a la tarea que le fuera encomendada.

            Realizó las rápidas visitas a los tres países:

-           en Checoslovaquia contactó con el arzobispo de Praga,

-           en Hungría con el arzobispo de Budapest, y

-           en España con sus viejos conocidos socialcristianos, como Laín Entralgo y Ruíz Jiménez.

            El informe de Resck fue expresamente condenatorio a los regímenes vigentes en los tres países visitados.

            En los casos de Checoslovaquia y Hungría se basó en sus informantes de confianza, miembros de la Iglesia católica, quienes coincidieron en confirmar que se trataba de regímenes totalitarios, subalternizados a la Unión Soviética.

            En el caso de España se confirmó que el SEU era abiertamente partidario del generalísimo Franco. Sin embargo, ahí se presentó un incidente, pues el embajador paraguayo Giménez Caballero informó a las autoridades españolas sobre la presencia del subversivo Resck, por lo que el profesor escapó por poco de ser detenido por la policía política española.

            Otro hecho llamativo, investigado por Resck, fue el involucramiento del Opus Dei con el franquismo, lo que se confirmó plenamente, pese a que se trataba de una suerte de logia secreta.

            Después del Congreso, Resck y Simón volvieron vía Washington, donde tuvieron la oportunidad de entrevistarse con John Foster Dulles, encargado de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA. Resck cuestionó el apoyo de los Estados Unidos a regímenes dictatoriales como el del Paraguay, ante lo que se dio una breve discusión, que concluyó cuando John Foster Dulles dijo categóricamente:

            - Estados Unidos no tiene amigos, tiene socios -frase que no requiere comentario adicional, que de por sí establece los límites con precisión.

            Tiempo atrás, cuando visitara la Universidad Americana de Washington, en Estados Unidos, juntamente con delegaciones de otros países del Tercer Mundo, tuvieron la oportunidad de entrevistarse con el que entonces era candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, John F. Kennedy. Varios miembros hablaron fluidamente con el joven candidato, pero Resck tuvo problemas para comunicarse, pues debía hacerlo a través de intérpretes. Su intención era cuestionar la política de cooperación de los Estados Unidos con las dictaduras latinoamericanas, en particular con la paraguaya. Kennedy le aseguró que eso terminaría.

            Antes de los hechos mencionados, a Resck ya le habían encomendado misiones riesgosas en República Dominicana y en Cuba.

            Primeramente fue a República Dominicana, donde el encuentro se había fijado en la Catedral de Santo Domingo, según algunos la más antigua catedral de América Latina.

            Resck tenía que llegar, dirigirse hasta el confesionario y arrodillarse. Tenía que decir "aleluya, aleluya...", suerte de santo y seña ante el cual tenía que reaccionar un prelado. Un rato después se levantó, y enseguida también lo hizo el confesor; el profesor le siguió hasta la sacristía, donde el prelado le entregó un documento de 25 páginas.

            El temor se había apropiado del militante universitario y no era para menos, pues en esos días se lo había secuestrado a Galíndez en Washington, y según las "malas lenguas" se lo había hecho asesinar. Galíndez acababa de publicar en forma de libro su tesis doctoral cuyo tema era la época de Trujillo.

            El documento que se le entregara a Resck en la Catedral de Santo Domingo era un relatorio completo sobre la situación imperante en el país; informe espeluznante desde todos los puntos de vista, que había sido preparado por la jerarquía eclesiástica, con la colaboración de estudiantes universitarios.

            Terminada su misión en República Dominicana, Resck aborda un avión con destino a La Habana, Cuba, país donde el entonces dictador Batista soportaba la fuerte presión que significaba la guerrilla en la Sierra Maestra, liderada por Fidel Castro.

            En La Habana se hizo una suerte de segunda edición de lo que fuera en República Dominicana. Catedral, obispo, documento,... Pero en Cuba pudo contactar con varios dirigentes de la Federación Universitaria, algunos de los cuales fueron asesinados por orden de Batista, como Echeverría, primero, y después Gutiérrez.

            El que sucediera a Gutiérrez en la presidencia de la Federación Universitaria, Fuentes, llegó a anunciar en un Congreso realizado en África que iría a incorporarse a la guerrilla en la Sierra Maestra, y así lo hizo.

            Cuando se festejaba el triunfo de la revolución, en Cuba se preparó un desfile especial para el 1º de mayo de 1959, oportunidad en que Resck de nuevo volvió a la isla del Caribe, pero no ya con temor, sino con alegría. Más aún cuando viera a Fuentes acompañar a Fidel Castro durante el imponente desfile. Años después, obviamente, Fuentes se distanció de Castro y vivió su exilio en Venezuela.

            En las misiones que Resck llevara a cabo en República Dominicana y Cuba, obviamente ingresó a ambos países con documentos falsos. Los mismos fueron proporcionados por el secretariado latinoamericano de la Unión Universitaria Mundial.

 

 

 

CAPÍTULO XVII

EL RETORNO DE RESCK

 

            Hay un episodio acontecido en la primera mitad de los años 80, que pinta a Luis Alfonso Resck de cuerpo entero, por lo que es importante referir.

            Se estaba realizando un encuentro de la Internacional Demócrata Cristiana en Italia, y participaba del mismo el canciller alemán Helmut Köhl, demócrata cristiano. Resck intervino en el evento para denunciar vehementemente la falta de solidaridad de Alemania con la lucha del pueblo paraguayo.

            - Hay desterrados demócratas cristianos, incluso, y es lamentable que un gobierno alemán, dirigido por un demócrata cristiano, mantenga con dicho gobierno relaciones amistosas, pasando por encima de lo que el pueblo paraguayo viene padeciendo.

            La misma denuncia la volvió a realizar en un encuentro demócrata cristiano en Costa Rica, ante la presencia de la delegación alemana.

            Inmediatamente después, Resck retornó a la Argentina, donde ya se encontraba residiendo, y el representante de la Fundación Konrad Adenauer en el país le sugirió que le escribiese al propio Köhl, pues se hablaba con insistencia en ese momento, de un eventual viaje de Stroessner a Alemania.

            Escribió la carta, manifestando primeramente la disconformidad del partido y de todo el pueblo paraguayo -no de Resck- con la invitación que se le cursara a Stroessner. Sostenía, también, más adelante, que a su criterio Alemania y los demás miembros de la Comunidad Internacional Democrática, debían dar un trato más riguroso a los regímenes dictatoriales, como el de Stroessner.

            Para asombro de Resck, la carta no tardó en ser respondida. Helmut Köhl le decía, en primer término, que era de su entendimiento que la presencia de Stroessner en Alemania permitiría que se le planteara la necesidad de realizar cambios en la administración política paraguaya. En segundo término, Köhl aclaraba que la ayuda que en el futuro Alemania proporcionaría al Paraguay estaría condicionada, por lo menos a cambios concretos en políticas como la de Derechos Humanos.

            En tercer lugar, Köhl le comentaba a Resck que Stroessner ya no iría a Alemania, no sabía por qué motivo. Y finalmente, le ratificaba la solidaridad de Alemania con la lucha que él venía desarrollando en pro del desarrollo democrático en el Paraguay.

            La anécdota es un fiel reflejo de Resck, que no exhibía actitudes cómplices con nadie, por más que fuesen socialcristianos como él. Cuestionó severamente la política exterior de Alemania en encuentros internacionales, de cara a las delegaciones representativas, y cuando le pareció inaceptable, se dirigió personalmente al propio primer ministro alemán, criticando medidas concretas, como la invitación de Köhl a Stroessner. El tema quedó aclarado con la respuesta de Köhl. Resck, satisfecho.

            Luis Alfonso Resck recibió después la invitación oficial para la asunción presidencial de Idilcio Cerezo, demócrata cristiano, que había sido electo primer mandatario de Guatemala. Viajó hasta allá, llevando en su maleta un mensaje de los opositores paraguayos en apoyo al desarrollo democrático.

            En Guatemala se produjo una extraña situación, pues la Organización Demócrata Cristiana de América, ODCA, había conseguido que Resck pudiese acompañar al canciller venezolano a una reunión de las Naciones Unidas, en New York, donde tendría espacio para referirse a la situación paraguaya. Pero a Resck le entró una profunda gana de incorporarse a una excursión programada para conocer los restos de la civilización maya.

            Laíno, quien estaba al tanto de la posibilidad del viaje, le sugirió que aprovechase la ocasión y dejara lo de los restos de la civilización maya para después. Resck alteró su plan inicial, pese a la insistencia de la esposa del canciller venezolano, pero ya porque se sentía mal de la próstata. No fue.

            Pero lo más extraño se produjo cuando de vuelta de Guatemala, vía Miami, Resck se enteró de que un avión guatemalteco se había incendiado, falleciendo sus 88 pasajeros. Era nada menos que el mismo que tenía que abordar el dirigente socialcristiano para visitar los restos de la civilización maya.

            Como en Buenos Aires los amigos de Resck sabían que debiera ser pasajero en dicho avión, entraron en pánico. Igualmente, sus familiares en Asunción. Se sucedieron las llamadas telefónicas, en el marco de una situación desesperante, hasta que se aclaró que Resck no había abordado dicho avión, y que se encontraba de viaje de regreso a Buenos Aires, con serios problemas de salud.

            Poco tiempo después, el dirigente socialcristiano tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de la próstata, lo que se realiza en el Sanatorio "Bartolomé Mitre", gracias a la solidaria actitud del doctor Samaniego Abente, director-propietario del Sanatorio.

            Por extraña coincidencia, Luis Alfonso Resck fue alojado en el mismo cuarto en que pasara sus últimos días Epifanio Méndez Fleitas, guardando reposo en la misma cama que le sirviera de lecho de muerte al poderoso caudillo colorado de otrora. No obstante, como no era supersticioso, el hecho más bien le resultó importante, antes que preanuncio de mala fortuna.

            A Resck le había presentado el líder febrerista Arnaldo Valdovinos y rápidamente se ganó el aprecio del doctor Samaniego Abente. Lo operó el doctor Víctor Franco, en intervención bien sucedida, gratuita, por lo que siempre quedó agradecido. No obstante, después de una tendencia claramente positiva a la recuperación, Resck tuvo una fuerte recaída, lo que preocupó a todos los opositores, tanto desterrados como activistas locales.

            Durante su convalecencia, fue visitado, entre otros, por los monseñores Felipe Santiago Benítez y Mario Melanio Medina, así como por el dirigente campesino Marcelino Corazón Medina. Sus familiares estaban con él.

            Sin consultarlo, algunos compañeros suyos de exilio fueron hasta la embajada de Alemania en Buenos Aires, y aprovechando que el titular de la representación alemana era un demócrata cristiano, solicitaron que Alemania intercediese. Él, de seguro que de saberlo, no lo hubiese permitido.

            De todos modos, el embajador comunicó sobre la situación al canciller alemán Helmut Köhl; éste a su vez envió dos emisarios al Paraguay, que mantuvieron encuentros con el ministro del Interior y con el presidente de la República, autorizándose de inmediato el retorno de Resck al país. Las radioemisoras del Paraguay llamaban al hospital donde Resck, desde su lecho de convalecencia, respondía a todas las preguntas de los periodistas.

            Insólito, Sabino Augusto Montanaro, ministro del Interior, se vio forzado a tragar sus propias palabras. En reiteradas ocasiones había dicho, ante propios y extraños:

            - Mientras yo esté en el poder, él nunca volverá al Paraguay. Ese 20 de abril de 1986, sin embargo, Stroessner le encomendó la tarea de organizar el esquema de seguridad en el aeropuerto de Asunción, para que el retorno de la emblemática figura del socialcristianismo paraguayo pise de nuevo tierra paraguaya sin que se produjesen incidentes.

            La despedida desde Buenos Aires fue emotiva, acompañándolo hasta el aeropuerto de Ezeiza los dirigentes Domingo Laíno, Arnaldo Valdovinos y otros de la oposición, pero el recibimiento en el Paraguay fue apoteósico, pues centenares de personas se congregaron en el aeropuerto, para saludar al incansable denunciante de los abusos de poder en el Paraguay.

            Entre las figuras conocidas de todos los partidos se encontraban los de la plana mayor del Movimiento Popular Colorado, Waldino Ramón Lovera, Enrique Jiménez, Mario Mallorquín, Miguel Ángel González Casabianca, quienes habían retornado al país dos años antes. Los periodistas acosaban al dirigente político, que se bajó con sonda, pues aun estaba convaleciente.

            Su hijo mayor lo trajo en un automóvil, seguido de una inmensa caravana. Coches y motocicletas de la Policía, haciendo sonar sus sirenas, despejaban para el paso de la inmensa comitiva. La casa de Luis Alfonso Resck estaba poblada de conocidos y curiosos.

            Pero poco tiempo después, el 1° de mayo de 1986, apenas a diez días de su llegada, Resck es invitado a participar de un acto religioso que se había organizado en la iglesia Cristo. Rey a pedido del Movimiento Intersindical de Trabajadores. Más de 4.000 personas se congregaron, por lo que terminada la misa se improvisó una marcha.

             - ¡Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar! -gritaban 4.000 voces al unísono.

            La zona estaba totalmente rodeada por la Policía. La represión se desencadenó sin previo aviso y fue brutal. Resck -aún con sonda- tuvo que saltar una muralla y sobre un alambrado de púa para protegerse. Lo ayudó el monseñor Mario Melanio Medina, quien había oficiado la misa. Al verlo, varios policías se lanzaron sobre él, propinandole fuertes golpes con cachiporras en la espalda y en la zona lesionada, por lo que se le produjo un nuevo sangrado. Quedó tendido en el suelo; definitivamente, estaba de vuelta al Paraguay.

            Pero más que los golpes, le dolió ver la brutalidad con que la Policía castigaba a Miguel Ángel Martínez Yaryes y a Marcelino Corazón Medina, con quienes los represores se ensañaron.

            La inmensa cantidad de policías resultó inédita: subían por Colón; llegaban por Rodríguez de Francia; bajaban de la avenida Carlos Antonio López. El comandante de la operación fue el general Schreiber -el mismo que muriera después en el marco de una extraña explosión de una lancha- vestido con ropa militar que recordaba el uniforme de los nazis. De hecho, hacía honor a su "hazaña".

            Dicen que el propio Stroessner pasó por las inmediaciones para observar el desarrollo de la operación represiva, versión que pudo haber salido de la fantasía popular o que pudo haber sido cierta. Pero lo realmente cierto y contundente es que Bader Rachid Lichi estuvo observando. Así, años después, cuando Resck le increpara por ello, Bader respondió:

            - Paisano, yo estuve ahí para calmar los ánimos y evitar mayores consecuencias.

            La veracidad de eso nunca se sabrá.

            Un comentario anexo al retorno de Luis Alfonso Resck merece hacerse para arrojar claridad sobre cómo se tejió el retorno de los desterrados del Movimiento Popular Colorado, MOPOCO; hecho que sirvió más de elemento de tensión que de confluencia al seno del Acuerdo Nacional.

            Había un acuerdo de honor: el juramento de volver todos juntos, pero no por separado. Eso se violentó en 1984. La historia es breve y simple.

            Había triunfado en las elecciones de octubre de 1983 el candidato de la Unión Cívica Radical Raúl Alfonsín, y cuando asumió, a comienzos de 1984, asumió como gobernador de la provincia de Misiones Ricardo Saguier, quien aparentemente tenía parentesco con los hermanos "Tito" y "Rambo" Saguier, así como con la misma esposa de Domingo Laíno, Rafaela Guanes Gondra.

            Como el MOPOCO había hecho campaña por Alfonsín, éste quiso compensarlos, y a través de la intermediación del gobernador de Misiones (los gobernadores fronterizos siempre fueron de vital importancia para el stronismo) se organizó un encuentro entre los líderes de la oposición en el exilio y nada menos que el ministro del Interior de Stroessner, Sabino Augusto Montanaro.

            A Luis Alfonso Resck lo "cocinaron", como se dice vulgarmente, pues nadie le consultó sobre si habría que mantener tal encuentro o no; sobre la hora de realización, le avisaron que se haría y le pidieron que participase.

            El encuentro se realizó en el mismo hotel en que se alojara Montanaro, en Misiones, y ahí se tomó una clara determinación: podrán volver los del MOPOCO, pero solamente ellos.

            Miguel Ángel González Casabianca, Mario Mallorquín, Waldino Ramón Lovera, Enrique Jiménez..., uno a uno fueron retornando al país. Ciertamente se los sometió a sistemas de control policial inéditos, como acompañamiento en todos los lugares que frecuentaban, pero volvieron.

            Lo grave del caso, sin embargo, es que lo hicieron de manera inconsulta, o en el marco de consultas restringidas a algunos pocos dirigentes del Acuerdo Nacional. El hecho no fue explotado por Resck, en el momento, pero tampoco dejó de ser una espina permanente; algo que se salió del libreto, que como ya se apuntó, más ayudó a distanciar que a cerrar filas.

 

 

CAPÍTULO XXV

LA CRISIS DE ABRIL

 

            El proceso político paraguayo entre agosto de 1993, en que asumió Juan Carlos Wasmosy, y el 26 de abril de 1996, en que fue pasado a retiro el polémico caudillo militar Lino César Oviedo, tuvo dos rasgos característicos.

            Por una parte, aun antes de asumir Wasmosy, en julio de 1993, Domingo Laíno, líder liberal, lanzó la propuesta de promover un "Pacto de Gobernabilidad", en cuyo marco se dieron los cambios políticos más importantes de la transición a la democracia, con todas las limitaciones que dicho pacto conllevó:

            1) Reforma del Poder Judicial: Se instaló primeramente el Consejo de la Magistratura y después se escogió a los nueve ministros de la Corte Suprema de Justicia, con lo que se inició el proceso de reforma del Poder Judicial.

            El Consejo de la Magistratura fue el reflejo de la nueva correlación de fuerzas que se daba a nivel político y se debe destacar que sobre todo el Partido Liberal, encabezado por Laíno, tuvo un peso relevante en la designación de los ministros de la Corte y de los demás magistrados del Poder Judicial. Para ser sintético: de nueve ministros, cinco eran colorados, tres del Partido Liberal y uno era demócrata cristiano.

Una proporción similar se dio en el marco de la designación de jueces y fiscales, así como de los miembros de las otras instancias de la Justicia.

            La reforma judicial terminó siendo un loteamiento del mismo, pero lo concreto es que terminó el control absoluto del poder por parte del Partido Colorado. ¿Contribuyó eso a mejorar el desempeño del Poder Judicial en el Paraguay? Definitivamente, no. Pero tampoco contribuyó a empeorarlo como sostuvieron y sostienen los detractores de la iniciativa.

            Se tuvo la brillante oportunidad de avanzar y se la perdió.

            2) Instalación de la Justicia Electoral: Siguiendo el mismo esquema, se instaló la Justicia Electoral, con tres ministros en el Superior Tribunal, que pertenecían a diferentes corrientes políticas: un colorado, un liberal y un independiente.

            El logro más relevante del proceso de reforma electoral es sin lugar a dudas la elaboración de un nuevo Registro Cívico, que a partir de las elecciones de 1996 fueron empleadas, otorgando mayor credibilidad a los resultados de las compulsas electorales.

            En lo demás, la Justicia Electoral resultó ser una suerte de adefesio: los cargos se lotearon a su interior, y se convirtió en una estructura exageradamente costosa, con escasa o nula utilidad. Hay jueces y fiscales permanentes, además de un plantel administrativo estable bastante amplio, cuya ociosidad es muy marcada.

            De hecho, la política en la materia obedeció a concepciones hegemónicas en el momento, en que el único objetivo de la oposición consistió en ocupar espacios, sin contar con un Norte claro acerca de en qué dirección hacer caminar el proceso político. Otra oportunidad perdida.

            3) Institucionalización de las Fuerzas Armadas: En rigor y en concreto, el logro más importante en el área fue la suspensión temporaria de las afiliaciones de los militares y policías en servicio activo. Nada más.

            Las Fuerzas Armadas no fueron reformadas, ni achicadas ni modernizadas, y hasta el presente arrastra prácticas corruptas, como el caso de los soldados fantasmas que inflaron sobremanera el presupuesto para beneficio de unos pocos. Es cierto que los militares dejaron de utilizar pañuelos colorados y participar en actos públicos partidarios, pero hay que admitir en un balance definitivo y objetivo que en cuanto a institucionalización solamente se avanzó en los aspectos formales; en la práctica -y esto es constatable cotidianamente- poco o nada se avanzó.

            Fuera de esto, el "Pacto de Gobernabilidad" nada aportó, por lo que si bien puede entenderse que se trató sin lugar a dudas de la más importante iniciativa de la oposición, reflejó como ante un espejo la pobreza de la misma en cuanto a propuestas.

            Problemas fundamentales como falta de tierra para decenas de miles de campesinos, falta de viviendas adecuadas para otras decenas de miles de familias, educación insuficiente e inadecuada, salud insuficiente, economía estancada, atrasada y obsoleta, ni siquiera fueron abordados, mucho menos minimizados.

            Por la debilidad política extrema del Poder Ejecutivo, que se empeñaba por administrar con un Poder Legislativo controlado por la oposición, Wasmosy hizo concesiones en los campos referidos, ganando legitimidad prestada a bajo costo.

            Si la oposición -sobre todo el Partido Liberal Radical Auténtico- hubiese sido más claro en sus propósitos y más ambiciosos en sus propuestas de cambios, se pudo haber avanzado mucho más.

            El otro rasgo característico fue el co-gobierno de hecho a que se vio forzado Wasmosy con relación al general Lino César Oviedo.

            El general Oviedo había desempeñado un papel fundamental para la "elección" de Wasmosy, primero como candidato a presidente, y después para presidente.

            El poder de los militares siguió siendo muy grande y las Fuerzas Armadas encontraron en Oviedo un líder dispuesto a utilizar todo tipo de presiones para pisar fuerte frente al poder político. De hecho, entre agosto de 1993 y abril de 1996 hubo en el Paraguay una suerte de cogobierno, pues nada se determinaba sin la aprobación expresa del poderoso comandante del Ejército, que alimentaba intenciones presidencialistas de manera nada encubierta.

            Para dar un ejemplo ilustrativo: la influencia del general Oviedo sobre la Administración Nacional de Electricidad, ANDE, empresa pública que monopolizaba el servicio de energía eléctrica, era decisiva, a tal punto que él utilizó dicha influencia para hacer proselitismo personal. Como muchas regiones pobres del país carecían del servicio, Oviedo las visitaba, prometía la conexión eléctrica y poco tiempo después se realizaba la obra. Consecuencia: Oviedo se convertía a los ojos de los humildes pobladores en el que solucionaba problemas, un personaje mesiánico.

            La maniobra era simple: desde la ANDE se le pasaba a Oviedo el cronograma del programa de expansión del servicio, por lo que él ajustaba sus visitas de acuerdo a dicho cronograma.

            Pero no todo iba bien para la figura ascendente de Oviedo, pues la oposición criticaba con vehemencia sus actividades políticas, presionando por su pase a retiro. Pero pasarlo a retiro a Oviedo significaba un doble riesgo. Por una parte, su ascendencia sobre amplios sectores militares era indiscutible, por lo que ello significaría la pérdida de base de sustentación en las Fuerzas Armadas; y por otra parte, el controvertido militar podría poner en jaque la propia continuidad del proceso de transición a la democracia, pues el gobierno civil era débil.

            Wasmosy no encontró mejor salida que gobernar con el consentimiento de Oviedo, a quien, como ya se dijo, debía favores. Y eso fue así durante más de un año. Pero no se trataba de un idilio, sino de una imposición de las circunstancias, por lo que el presidente Wasmosy se empeñó por tener su propia base de sustentación en las Fuerzas Armadas, lo cual no le resultó difícil, pues el polémico militar tenía muchos adversarios sobre todo entre los oficiales de más alta graduación de otras armas, como ser la Aeronáutica, la Armada y la Infantería.

            Pacientemente, Wasmosy se mostró capaz de tejer una red de alianzas con los disconformes, suficiente como para contrapesar la influencia de Oviedo. Consiguió aliados en todas las armas, menos en la Caballería, que se subordinaba enteramente al general.

            En diciembre de 1994 explotó la crisis: Oviedo trató de trasladar a un general al Chaco, contra su voluntad, por lo que se dio un fuerte conflicto, pues la última palabra la debía dar el presidente, en su calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

            Wasmosy apoyó a medias al general castigado, Carlos Alberto Ayala, por lo que Oviedo se irritó. Pero en el marco de la pugna, influyó decisivamente el apoyo a Wasmosy del comandante de la Aeronáutica, César Cramer, quien inclusive puso en apresto a las unidades del arma para una eventual confrontación armada.

            La Caballería también se puso en apresto, lo cual no era secreto entre los que estaban cerca del poder, por lo que la población sin saberlo, se hallaba viviendo en medio de un polvorín.

            La crisis de prolongó durante 16 meses, tiempo en el cual Wasmosy fue afirmando su precaria alianza con algunos jefes militares, ganando una mejor posición en la pugna para un eventual enfrentamiento decisivo, el cual tarde o temprano tenía que llegar.

            Y la fecha fue el 22 de abril, día en que el presidente decidió pasar a retiro al comandante del Ejército y hombre fuerte de las Fuerzas Armadas. La situación fue extremadamente confusa, pues de acuerdo con fuentes documentadas, la orden ni siquiera fue firmada.

            Al ser pasado a retiro, Oviedo puso en apresto a la Caballería, por lo que la crisis ganó dimensiones indeseables, que amenazaron la continuidad misma del proceso. Jefes políticos de la oposición, como Domingo Laíno y Rafael Casabianca fueron a hablar con el propio Oviedo, en la sede del Ejército, pero igual las aguas no se tranquilizaron.

            Wasmosy presentó por escrito una suerte de renuncia –permiso-     con lo que se abrió la posibilidad concreta para un cambio de presidente. Ángel Roberto Seifart se escondió, pues presuntamente fuerzas militares lo buscaban para detenerlo; Wasmosy fue a dormir en el domicilio del embajador de los Estados Unidos; y miles de ciudadanos, sobre todo trabajadores y jóvenes, ganaron las plazas del Congreso para respaldar la determinación de pasar a retiro al polémico militar y para defender la continuidad del proceso de democratización.

            Finalmente se negoció: Wasmosy decidió nombrar a Oviedo ministro de Defensa Nacional, lo cual provocó la ira de la población, que se volcó a las calles a pedir mano firme ante la insubordinación del militar.

            Fin de la historia: Oviedo fue pasado a retiro y no fue nombrado ministro de Defensa Nacional. La ciudadanía había triunfado, y en el marco de la delicada crisis algunos políticos, entre los cuales el primer mandatario, desempeñaron un papel bochornoso.

            Un hecho llamativo en esa crisis puntual fue la directa participación de los diplomáticos de los países con mayor influencia en el Paraguay, que administraron el conflicto con mucha serenidad. Los embajadores de los Estados Unidos, Brasil, Argentina y España.

            La salida final fue una conquista de la población, sin lugar a dudas, que mostró abierta disposición a exponer su vida por el respeto a la institucionalidad. La prensa creó artificialmente la imagen de los "carapintadas", jóvenes dispersos que se habían acoplado de manera entusiasta a las movilizaciones, pero en rigor, el peso fundamental del triunfo ciudadano recayó sobre sectores importantes del movimiento sindical y sobre las pequeñas organizaciones progresistas, que a lo largo de la crisis se mantuvieron alertas y movilizados.

            Con respecto al "Pacto de Gobernabilidad" Luis Alfonso Resck mantuvo invariablemente una conducta cauta, de acompañamiento crítico. De hecho, como ya se apuntó, el pacto no planteó la solución de los problemas que más afectaban a los sectores sociales más castigados.

            Pero con relación a la "crisis de abril del 96", Resck asumió una posición clara, coherente con los principios que siempre promovió y defendió: al frente de sus alumnos y alumnas ganó las calles para sumarse a las movilizaciones. Sin comentario adicional.

 

 

 

Capítulo XXVI

LAS ELECCIONES GENERALES DEL 98

 

            Durante la realización de la Convención Nacional Constituyente, en 1992, había visitado el país el presidente chileno Patricio Alwin, quien había llegado a la Presidencia de Chile por la vía de una amplia articulación de fuerzas entre los sectores que se oponían a Augusto Pinochet.

            Como era demócrata cristiano, el presidente había pedido encontrarse con Resck, y los opositores, en conocimiento de que iría a darse tal encuentro, plantearon al líder demócrata cristiano paraguayo que le propusiera a Alwin mantener un encuentro con los principales referentes de la oposición, de modo que se pudiese hablar sobre la experiencia chilena.

            La visita fue en el mes de mayo y parte significativa de la oposición estaba en tren de impulsar una Concertación Democrática. El presidente chileno vino al país para participar de las conmemoraciones del 14 de mayo, y Resck junto con Laíno lo recibieron en el aeropuerto y lo acompañaron hasta el Hotel Itá Enramada. El encuentro con los opositores estaba previsto realizar en la embajada, y Alwin aclaró desde que pisó tierra paraguaya que no tenía una receta, sino un modelo.

            El hecho de que fuera una figura central en el proceso de construcción de la Concertación Democrática en Chile, le otorgaba suficiente méritos para hablar con autoridad sobre el mencionado tema.

            Alwin conversó con los líderes de oposición, pero aclaró previamente que él apenas podía referir lo que fuera la experiencia chilena, no podía hacer recomendaciones ni mucho menos tomar decisiones. La decisión política corría por cuenta de los dirigentes paraguayos.

            Como los participantes de tan importante evento deberían ser candidatos a presidente, Resck aceptó bajo presión presentarse como virtual candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata Cristiano; en rigor, nada se había al respecto a esa altura.

            Los opositores iniciaron en aquella oportunidad un tortuoso camino, que más convidaba a la desunión que a la articulación. Eso fue lo que explicó, en última instancia, el hecho de que no se pudiese encontrar fórmulas satisfactorias para todos, capaces de posibilitar que la oposición se presentase como un solo bloque para enfrentar al Partido Colorado, ya por entonces con cerca de cinco décadas en el poder.

            El dilema de nuevo se presentó para las elecciones de 1998, pero en esa ocasión había elementos nuevos que debían ser tenidos en cuenta. El factor dominante fue, sin lugar a dudas, el llamado "Caso Oviedo", que de nuevo involucraba al controvertido general que había pasado a retiro en 1996 y que desde entonces se lanzara a la arena política a disputar un espacio.

            Para enfrentar las elecciones internas del Partido Colorado, Oviedo había promovido la creación de la Unión Nacional de Colorados Éticos, UNACE, una corriente que rápidamente ganó fuerza y se colocó entre los que mayores chances tenía.

            Sin embargo, los viejos políticos colorados subestimaron al general Oviedo en cuanto a sus posibilidades en una carrera política, subestimación que estuvo en la base de problemas graves que se instalaron en 1997 en la política paraguaya y que hasta el presente no se resolvieron satisfactoriamente.

            La disputa colorada dividió al partido ante tres alternativas:

-           La candidatura de Luis María Argaña, que contaba con el apoyo del aparato partidario, controlado desde abril de 1996 por la corriente Reconciliación Colorada.

-           La candidatura de Carlos Facetti, que contaba con el respaldo del aparato gubernamental, pues el que fuera ministro de Obras Públicas tenía el respaldo abierto del presidente Wasmosy.

-           La candidatura de Lino Oviedo, que había montado un aparto propio, independiente del partido y del gobierno, sobre la base esencialmente de centenares de militares que habían sido pasados a retiro después de la "crisis de abril".

            La disputa fue fuerte, pero pese a que todos los sondeos indicaban que Argaña sería el ganador de las elecciones, el resultado final favoreció a Lino Oviedo. Las elecciones se habían realizado en setiembre de 1997.

            El Partido Colorado, controlado por Argaña, se resistió a inscribir la fórmula Oviedo-Cubas, y más adelante se articuló abiertamente con el gobierno, controlado por Wasmosy, para sabotearla candidatura del militar.

            A fines de 1997, Wasmosy dispuso el arresto disciplinario de Oviedo, como Comandante en Jefe. Al principio Oviedo se escondió, por lo que se dieron aparatosas operaciones de búsqueda. Después Oviedo se presentó a cumplir la pena, pero estando recluido, un Tribunal Militar Extraordinario, montado para el efecto, dictó una orden de detención contra él por el llamado "Caso ACADEMIL", en cuyo marco se imputaba a Oviedo participación directa en un supuesto intento de golpe de Estado.

            Se puso en duda la realización de las elecciones, pues el Partido Colorado no tenía candidatos, por lo que se ejerció una fuerte presión para el cumplimiento del calendario electoral.

            De ahí es que a poco de vencer el plazo para la inscripción de candidaturas, el Tribunal Militar Extraordinario condenó a Oviedo por el supuesto acto sedicioso a 10 años de prisión; la Corte Suprema de Justicia avaló la condena, y el Partido Colorado terminó inscribiendo a la dupla Cubas Grau-Argaña, ya en abril de 1998.

            Luis Alfonso Resck visitó al general Lino Oviedo durante su cautiverio en la I División de Infantería. El pedido de visita lo había hecho la esposa de Oviedo, Raquel Marín, a través del periodista Victorio Suárez. Éste habló por teléfono con Resck y después lo visitó en su oficina del Zodiac:

            - La esposa del general Lino Oviedo le pide encarecidamente que vaya a visitarlo a su marido, pues se encuentra en condiciones precarias, con sus derechos conculcados.

            - Yo no tengo inconvenientes para ir a verlo, pero le rogaría a la señora Raquel Marín que me enviara el pedido por escrito, de modo que esté suficientemente respaldado a la hora de los cuestionamientos, que seguramente se harán.

            Poco tiempo después llegó la carta-pedido de Raquel Marín, escrita en términos muy respetuosos. Resck sometió a consideración de la conducción de la Comisión Nacional de Derechos Humanos el pedido, que respaldo la propuesta sin reservas. Por otra parte, mostró la carta al Fiscal General del Estado, Cabrera Verón, comentándole que no esperaba tropezar con obstáculos durante la gestión.

            Cuando fue a visitarlo, parece que la prensa había sido informada previamente, pues se encontraban frente a la unidad militar más de sesenta periodistas. En un principio, no se autorizó la visita al preso. Lino Oviedo estaba bajo la directa responsabilidad del general Key Kanasagua, comandante de la unidad. Ahí mismo se consultó sobre el tema con el presidente Juan Carlos Wasmosy, ante la amenaza de Resck de denunciar internacionalmente la violación del derecho a la libre comunicación del prisionero. Wasmosy autorizó la vista, pero se quejó de la actitud de Resck entre sus amigos.

            Ingresó hasta donde estaba recluido el general Oviedo acompañado de "Baby" Appleyard. Oviedo lo recibió muy bien y conversaron durante alrededor de una hora:

            - ¿Cómo le va profesor?

            - Bien, quiero que sepa, general, que mi presencia aquí obedece a un pedido formal de su esposa, y usted sabe que la Comisión Nacional de Derechos Humanos se ocupa de todos los casos, independientemente de la posición política, ideológica, religiosa, económica o cultural de los afectados. Parece que usted tiene una denuncia importante que realizar.

            "Efectivamente", le respondió Oviedo, y le refirió que pegado al cuarto en que lo tenían recluido había un salón, donde se instalaron algunos aparatos especiales que emitían ondas electromagnéticas que le producían terribles efectos en su salud, como ser fuertes dolores de cabezas, náuseas y palpitaciones. "En este momento no lo están utilizando, porque usted está presente".

            La denuncia era extremadamente grave, por lo que Resck le recomendó a Oviedo que el aparato lo viera un técnico, ante lo que el general comentó que fuera justamente un técnico, un ingeniero que había estudiado en los Estados Unidos, quien le explicara sobre los efectos de dicho aparato sobre la salud.

            - Usted fue estudiante de medicina...

            - Sí, pero hace mucho tiempo y no soy médico.

            De todos modos, Resck le tomó el pulso a Oviedo y tuvo la clara sensación de que no estaba bien, pero no le pudo tomar la presión, pues carecía del aparato para ello.

            Oviedo le comentó que había sido visitado por un oculista, el doctor Tincke, quien había estudiado en Alemania, quien tampoco pudo darle explicaciones sobre lo que pasaba.

            Resck le insistió en que debería realizarse una visita sin previo aviso para poder encontrar el mencionado aparato que emitía ondas electromagnéticas, que sería la evidencia principal, pero le advirtió que ello debería hacerse a partir de la propia Fiscalía. Es decir, había más dificultades que oportunidades para descubrir lo que se estaba haciendo con Oviedo, pero era grave, muy grave.

            En otro orden de cosas, Oviedo habló del caso que lo tenía en cautiverio, asegurándole que había sido traicionado, pues el 26 de abril de 1996 no intentó levantarse militarmente.

            - Eso le consta a dirigentes de oposición, como Domingo Laíno y Rafael Casabianca, que habían estado conmigo en la unidad. Laíno, inclusive, dijo a la prensa que no había visto movimientos de tanques ni de tropas. Después se contradijeron todo, pese a que yo le ofrecí la Presidencia a Casabianca.

            - Pero ahí me parece que usted se contradice, general, pues ¿cómo es que no había estado de golpe y usted le estaba ofreciendo la Presidencia a Casabianca?

            - Yo le ofrecí porque se hablaba de una inminente renuncia de Wasmosy.

            Resck pidió cortar la conversación sobre el asunto de fondo, que a su criterio debería resolver un tribunal, pero antes le observó que en su versión caía en la contradicción de decir que no hubo alzamiento, por una parte, y que había ofrecido la Presidencia a Casabianca, por otra. En rigor, la Presidencia no puede ser ofrecida por nadie en ninguna circunstancia, pues existen canales institucionales para resolver la cuestión de la sucesión en caso de acefalía.

            Resck abandonó la unidad militar y fue acosado por los periodistas, a quienes explicó a grandes rasgos el carácter de su visita y el contenido de la entrevista con Oviedo. Inmediatamente, algunos sectores de prensa, de manera poco responsable, hicieron circular la patraña de que Resck quería ganarse el apoyo de Appleyard para su designación como Defensor del Pueblo, ante lo que reaccionó indignado, hablando en la oportunidad con Antonio Carmona, de "última Hora".

            Carmona reivindicó la libertad de prensa, ante lo que Resck replicó que pocos tenían la autoridad de haber luchado por la libertad de prensa como él, pero que no admitía que se divulgasen versiones irresponsables, en páginas aún menos responsables.

            La oposición quedó atrapada en el "Caso Oviedo". Por una parte, favoreció las medidas adoptadas contra el militar, pues lo consideraba un adversario peligroso electoralmente, y por otro lado propició una suerte de alianza excluyente, que de entrada le hizo perder mucha fuerza.

            Un cálculo matemático grosero dio pie para que el Partido Liberal Radical Auténtico y el Partido Encuentro Nacional conformasen una "Alianza Democrática", que lanzó la dupla Laíno-Filizzola para la Presidencia.

            Todas las demás fuerzas habían sido excluidas: el Partido Revolucionario Febrerista y el Partido Demócrata Cristiano, entre otras.

            Para Luis Alfonso Resck, de hecho en nada y para nada se había asimilado la experiencia chilena, transmitida por Patricio Alwin en un encuentro enriquecedor. En Chile no se había excluido a nadie. Es más: por reducida que fuera la fuerza de algún movimiento o partido, no se había desestimado su participación, y en esa amplitud de mira precisamente es que se apoyó firmemente el éxito electoral de la Concertación, que desde 1989 pasó a controlar los sucesivos gobiernos en el país andino.

            En el Paraguay se procedió a realizar una simple suma: los votos que habían obtenido los liberales más los votos que habían alcanzado los encuentristas, eran más que los de los colorados. Grueso error.

            En un tiempo récord de 18 días, bajo el lema "Tu voto vale doble: la libertad de Oviedo y el triunfo del Partido Colorado", se hizo una campaña agresiva que terminó imponiéndose en las elecciones del 10 de mayo de 1998. Los resultados fueron:

Cubas Grau-Argaña: ......................................... 53,7%

Laíno-Filizzola: .................................................. 42,6%

            Pese a los empeños de Luis Alfonso Resck y algunos referentes del Partido Revolucionario Febrerista, para las elecciones generales de 1998 de nuevo no se logró tejer una unidad amplia y sólida, por lo que el Partido Colorado volvió a asegurarse cinco años más de poder. Pero con un agravante: de nuevo la oposición había perdido la mayoría parlamentaria.

            Laíno se movilizaba antes de las elecciones como el futuro mandatario del Paraguay, pues ya en el trecho final de la campaña logró la adhesión de sectores importantes del Partido Revolucionario Febrerista y del Partido Demócrata Cristiano.

            Cuando fuera a hablar con los demócratas cristianos, siendo presidente del partido Luis Ándrada Nogués, llegó protegido por policías, acompañado de asistentes. Ante el plenario reivindicó la unidad de las fuerzas democráticas, recordando que ello había estado presente en la práctica del Acuerdo Nacional. Se refirió con palabras muy elogiosas a Luis Alfonso Resck, líder del socialcristianismo paraguayo, y llamó a que se apoyara a la dupla de la Alianza Democrática.

            El Partido Demócrata Cristiano decidió apoyar a la dupla, al igual que sectores del Partido Febrerista, pero la integración de los mismos fue tardía, pues en realidad se aplicó con ellos la política de los hechos consumados, forzándolos al apoyo. El resultado fue un fracaso.

            Inmediatamente después de asumir la Presidencia de la República, el titular del Poder Ejecutivo decidió conmutar la pena de Oviedo, posibilitando su libertad. Lo hizo a través del decreto N°116, causando un verdadero terremoto político, que apenas iría a resolverse siete meses después, tras un trágico desenlace.

            La liberación de Oviedo se dio en circunstancias muy especiales. El Partido Colorado estaba controlado por Reconciliación Colorada, movimiento interno del entonces vicepresidente Luis María Argaña. En el terreno del Poder Judicial había preeminencia de Juan Carlos Wasmosy y Domingo Laíno, quienes se habían complotado para avalar las actuaciones del controvertido Tribunal Militar Extraordinario que creara Wasmosy para perseguir a Oviedo. El Congreso Nacional estaba fragmentado, con mayoría opuesta a la liberación de Oviedo, pues sumando los votos de la oposición con la de los colorados "argañistas", había mayoría.

            El polémico decreto que liberó a Oviedo estuvo en el centro del debate político. El Congreso inclusive inició un trámite ante la Corte Suprema de Justicia para declarar inconstitucional el decreto presidencial.

            La Corte determinó hacer lugar al pedido del Congreso, ratificándose en el respaldo que había dado a la decisión de condenar a Oviedo.

            Los partidarios del general Oviedo realizaban movilizaciones permanentes para presionar a la Corte, que no eran significativas en cuanto a nivel de participación, pero que eran sumamente violentas.

            Tras la declaración de inconstitucionalidad se creó un problema agudo, pues la Corte llegó a amenazar hasta con promover un juicio político al presidente si no se cumpliera la medida de revisar el decreto y devolver a la prisión a Oviedo.

            La oposición, nadando en dos aguas, por una parte negociaba con Cubas Grau un arreglo que resultase satisfactorio y, por otra parte, negociaba con Argaña sobre la posibilidad de impulsar un juicio político para destituir al presidente.

            Y es en el marco de las negociaciones de la oposición con Argaña que surgió, precisamente, la fórmula de constitución de un "Gobierno de Unidad Nacional". Solamente que en ese entonces, los protagonistas eran otros, tanto por el lado de la oposición como por el lado de los colorados, por lo que se hizo posteriormente no se puede vincular mecánicamente con dicho propósito.

            A comienzos de 1999 se dieron cambios fundamentales en el campo de la oposición. En el seno del Partido Liberal Radical Auténtico cayó derrotado Domingo Laíno, quien había controlado el partido por más de 20 años; y en el Partido Encuentro Nacional Euclides Acevedo se impuso ante Carlos Filizzola, en una elección en la que los encuentristas cobraron a Filizzola por los errores cometidos en el marco de la Alianza Democrática.

            La derrota de los que habían sido candidatos produjo cambios fundamentales en todo el accionar de las agrupaciones políticas en cuestión, pues el protagonismo se desplazó sobre otros actores, cuyas propuestas y gestiones en nada coincidieron con las que venían realizando los anteriores referentes.

            Sobre todo resultó traumático el desplazamiento de Laíno, cuyo movimiento era hegemónico en todos los aspectos. Su derrumbe favoreció la adopción de posturas menos progresistas, por una parte, pero sobre todo colocó a nuevos referentes como factores de negociación.

            El resto de la oposición tenía una participación marcadamente marginal en todo ese proceso. Y en el caso concreto de Luis Alfonso Resck es oportuno resaltar que, como desde años atrás, sus actividades se centraban en la cuestión de los Derechos Humanos. 

 

 

CAPÍTULO XXVII

LA JORNADA DE MARZO

 

            La constitucionalidad del Decreto 116 estuvo y sigue estando en polémica, pues respetables juristas se pronunciaron de manera contradictoria sobre el delicado asunto, sin llegar a un acuerdo. Pero lo concreto es que la Corte declaró inconstitucional el decreto, por lo que Oviedo debía retornar a prisión para cumplir su condena.

            Cubas Grau desoyó a la Corte, dejando a Oviedo en libertad. Las manifestaciones a favor y en contra se sucedían, creando un clima político ambiguo, turbio.

            Por una parte, desde que fuera liberado Oviedo, el Partido Colorado, controlado por el entonces vicepresidente Luis María Argaña, impulsó la conformación de un "Frente Democrático", al que se integraron los partidos de oposición, presuntamente para defender la institucionalidad.

            La UNACE, por su parte, organizaba movilizaciones cada vez más hostiles en defensa de su líder y para presionar sobre la Corte.

            La situación política era compleja, pues la oposición, jugando a dos puntas, negociaba con Cubas Grau una salida para el caso Oviedo, por una parte, y con Argaña, un eventual juicio político al presidente, por otra.

            Así estaban las cosas cuando un terrible suceso sacudió a toda la población paraguaya, un 23 de marzo. En esa mañana, el vicepresidente Luis María Argaña fue asesinado en el marco de un atentado vil y cobarde, que introdujo un elemento inédito en la política paraguaya.

            Luis Alfonso Resck tenía esa mañana una entrevista con el presidente de la Corte, pero la misma no se realizó, pues ahí le comentaron que se había producido el magnicidio. Inmediatamente, procedió a elaborar un pronunciamiento de la Comisión de Derechos Humanos condenando el crimen.

            Quienes lo hicieron lograron plenamente el objetivo, pues todos los dedos acusadores apuntaron a Oviedo como responsable. Esa misma noche se iniciaron las movilizaciones de condena al crimen y de presión sobre el Poder Ejecutivo para que se procediera con firmeza para aclarar los hechos.

            Los manifestantes pretendieron llegar hasta el Palacio de López. Desde que la misma se iniciara, Resck, juntamente con Martín Almada y el padre Oliva, se pusieron al frente de la manifestación.

            La manifestación coincidió con otra realizada por los adherentes de la Federación Nacional Campesina, FNC, quienes en la mañana del 23 habían llegado a la capital para reclamar ante el Congreso Nacional la condonación de las deudas de los pequeños productores algodoneros. Esa noche, después de las 19:00 horas, ambas manifestaciones se encontraron en las inmediaciones del Congreso. Los campesinos formaron un cerco alrededor de la plaza principal, impidiendo que los demás manifestantes ingresen. Sus dirigentes convocaban a "no dejarse manipular por los políticos. Nuestro objetivo es otro, no político".

            Esa madrugada, sin embargo, algunos pocos parlamentarios colorados y liberales convencieron a los dirigentes campesinos para apoyar la manifestación que pedía el juicio político al presidente. El trato fue simple: condonación aprobada a cambio del apoyo al juicio político. Al día siguiente, 24 de marzo, los campesinos retornaron a la plaza bajo la consigna "Juicio político y condonación".

            En la noche del 23, la Policía Nacional reaccionó con extremada violencia ante los manifestantes que pedían el juicio político, moviendo carros hidrantes para impedir que la manifestación se aproximase al Palacio de López, y lanzando granadas de gases lacrimógenos. Ante esa situación, Resck se dirigió hasta el Cuartel Central de Policía y le cuestionó al comandante Niño Trinidad. Éste le dijo:

            - Nada puedo hacer en este caso; yo apenas cumplo órdenes. Como esa tarde la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, convocó a una huelga general, los afiliados del Sindicato de Trabajadores de la Ande, SITRANDE, movió una columna de más de 600 afiliados, concentrándolo frente a la plaza.

            Durante la mañana del 24, la Cámara de Diputados "logró" la mayoría necesaria para iniciar el juicio político a Cubas Grau. En realidad, para obtener los votos suficientes se tuvo que encerrar forzadamente a Conrado "Teruco" Pappalardo en el baño, para que no votara.

            El día 25, tras aprobarse la condonación de las deudas de los pequeños productores algodoneros, la Federación Nacional Campesina retiró al grueso de sus manifestantes, quedando unos pocos a acompañar la movilización pro juicio político.

            Los que se encontraban en la plaza eran básicamente los trabajadores de la Ande y algunos pocos sindicalistas, militantes de izquierda de todas las corrientes y algunos contados dirigentes de los partidos de oposición.

            Ese día 25 los partidarios de Oviedo se habían concentrado sobre el lado izquierdo de las plazas, hostilizando impunemente a los manifestantes. El plan era simple: desalojar las plazas, de manera que el Congreso pudiese decidirse contra el juicio político, sin presión social. La disputa por el control de las plazas fue intensa.

            Al día siguiente, el 26, los partidarios se Oviedo fueron desalojados de la plaza por los manifestantes pro juicio político, ubicándose entre las calles 14 de Mayo y El Paraguayo Independiente. La cantidad de manifestantes en ningún momento excedió de 3.000, por lo que la población paraguaya y la opinión pública internacional resultó vilmente manipulada, pues se presentaba la situación como si se estuviese al borde de una guerra civil.

            Oviedo ya estaba en el Regimiento Escolta Presidencial, donde se presentó supuestamente para facilitar el desarrollo del proceso.

            Ese mismo día, asumió como ministro del Interior el hermano del presidente, el capitán Carlos Cubas, pero en la madrugada, entre el 26 y el 27, se produjo el más dramático suceso: se disparó desde el Zodiac sobre los manifestantes, así como desde las calles 14 de Mayo y El Paraguayo Independiente, lo que arrojó como trágico resultado siete víctimas fatales.

            El día 27, tras los trágicos sucesos fue relevado de su cargo el comandante de la Policía Nacional, Niño Trinidad Ruiz Díaz. La situación, sin embargo, se había tornado insostenible. Se hablaba de un inminente golpe de Estado. Por eso es que al día siguiente, el 28, se trató de desalojar la plaza. Hasta el padre Francisco de Paula Oliva se sumó a las voces alarmantes, instando a que se abandonara la plaza para evitar más derramamiento de sangre. Algunos manifestantes, sobre todo los de SITRANDE, se negaron a salir de la plaza, reduciéndose la cantidad de manifestantes a unos 500.

            Esa tarde, el general Lino Oviedo huyó del país, en un avión; su amigo argentino, el presidente Carlos Menem, le concedió asilo político. Por su parte, el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso se encargó de comunicar a Cubas Grau que debía renunciar. Le anunció que un avión de la Fuerza Aérea Brasileña iría a buscarlo para llevarlo al Brasil.

            Cubas Grau renunció. Y fue apenas en ese momento que la ciudadanía se volcó a las plazas, y fue por primera vez que apareció el afiche "Argaña vive".

            En realidad, en el período que se extendió entre la noche del 23 y el 28 de marzo, quienes ocuparon las plazas fueron trabajadores y militantes de izquierda. Luis Alfonso Resck y todos los miembros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos acompañaron la movilización desde un comienzo, coherente con la postura de buscar fórmulas institucionales y pacíficas para dirimir las diferencias políticas.

            No fue mérito de todos el haber estado en las plazas, y esto es muy importante resaltar, pues hubo en el marco de los hechos un truco mediático que trató de presentar algo distinto. Peor: se trató de jugar de nuevo -como en 1996- con el cuento de los jóvenes carapintadas, pero en esa oportunidad la jugada no salió.

            En la crisis de marzo, lo fundamental fue la habilidad de los dirigentes del Movimiento de Reconciliación Colorada, MRC, para instalar la consigna de juicio político al presidente y negociar el apoyo campesino, después. Eso dio pie para ampliar el movimiento en el marco de una disputa mezquina por el poder.

            Al renunciar Cubas Grau asumió como presidente constitucional de la República el presidente del Congreso Nacional, Luis Ángel González Macchi, en el marco de un emotivo acto que se realizó en la sede del Congreso, en ese momento rodeado por más de 50.000 manifestantes, que tenían fundadas expectativas en que todo mejoraría.

            Luis Alfonso Resck-al igual que otras personalidades políticas y sociales que habían acompañado todo el proceso-, estuvo presente en la ceremonia, no pudiendo dejar de escapar de sentimientos contradictorios, pues si bien recibió con beneplácito la intención anunciada de instituir un gobierno de unidad nacional, le chocaba la presencia y el protagonismo central de algunos personajes que sin lugar a dudas representaban el pasado y el retroceso, como los casos concretos de Martín Chiola y Walter Bower.

            Rápidamente se fue aclarando el panorama:

            -           El Gobierno de Unidad Nacional resultó ser un precario entendimiento entre los partidos con representación parlamentaria: Partido Colorado, sector "argañista", Partido Liberal Radical Auténtico y Partido Encuentro Nacional.

Todos los demás, sin excepción, fueron directamente excluidos.

            -           La Corte Suprema de Justicia, en una de sus mayores aberraciones jurídicas, otorgó a Luis Ángel González Macchi la habilitación formal para concluir el mandato presidencial. Es decir: 4 años y 5 meses de poder. Todos esperaban que se convocase a elecciones generales, pero la maniobra de Reconciliación Colorada consistió en lograr salidas jurídicamente legitimadas, cediendo espacios importantes a la oposición en la administración central. La oposición cayó en la trampa.

            La unidad precaria muy rápidamente cedió ante la realidad conflictiva. A finales de 1999 el Partido Liberal Radical Auténtico se retiró el gobierno, quedando "argañistas" y encuentristas en el poder. La desilusión ganó cuerpo en la población, pero los esquemas formales no pudieron ser derrotados, debiendo soportarse el funcionamiento de uno de los gobiernos más corruptos de la historia del país.

            Resck hablaba públicamente de una "suerte de involución", que se expresaba no solamente en la presencia central de personajes que habían pertenecido al stronismo, sino a la aplicación de políticas neo liberales, que tanto daño habían causado en los países vecinos en que aplicaron.

            El marzo sangriento de 1999 fue llamado por un desatinado periodista argentino de "Marzo paraguayo", aludiendo al "Mayo francés" de 1968. Un verdadero despropósito. El "Mayo francés" consistió en una crisis profunda, en cuyo marco se plantearon transformaciones radicales en Francia. El marzo sangriento no fue más que la utilización roñosa de grupos y personas para viabilizar un proyecto perverso de apropiación del gobierno por parte del grupo colorado conocido como "argañista", pues sus miembros eran adherentes del movimiento que en vida liderara Luis María Argaña.

            La autocrítica debe ser clara y tajante: los sectores progresistas y populares fueron vilmente utilizados en marzo de 1999, sin que los resultados de la jornada aportasen nada positivo para el país. Y eso se demostró en el corto tiempo, cuando:

            -           "Icho" Planás manejaba discrecionalmente los recursos del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones,

            -           Juan Ernesto Villamayor impulsaba la aplicación de fórmulas neoliberales, contra cualquier oposición;

            -           Walter Bower se servía del Ministerio del Interior que, entre otras cosas, administraba la empresa pública de agua potable; y

            -           Silvio Ferreira, apoyándose en deteriorados sindicalistas, se empeñaba por corromper a dirigentes sociales urbanos y rurales a platazos.

            La resistencia al gobierno de González Macchi se instaló sobre todo en los movimientos sociales, pero el que con mucha inteligencia trató de capitalizar el generalizado descontento fue el sector liberal liderado por Julio César "Yoyito" Franco, quien se dispuso a disputar la Vicepresidencia de la República.

            Durante el primer año de gestión del llamado "Gobierno de Unidad Nacional", el problema con los movimientos sociales se agravó. Se hicieron compromisos con los campesinos nucleados en la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas, MCNOC, por una parte, y se trató de subastar algunas empresas públicas, por otra.

            El acuerdo con los campesinos fue esencialmente promesa; promesa para desmovilizar, para apagar el fuego inmediato. En el caso de las privatizaciones, se trató de negociados que se pretendieron concretar al margen de cualquier resistencia.

            En diciembre, el gobierno disputó con las organizaciones sociales por ambos temas, y cedió, pues la presión era ascendente y su debilitamiento permanente.

            Se estuvo al borde de salidas violentas, pero el paso atrás dado por el gobierno en el campo de las privatizaciones evitó la confrontación abierta.

 

 

 

EPÍLOGO

LA LUCHA CONTINÚA

 

            La vida de Luis Alfonso Resck no puede ser reflejada en toda su riqueza en pocas ni en muchas páginas. Vivencias, pensamientos, momentos y contextos de gran relevancia configuran una mezcla serena a veces y explosiva otras veces, que no pueden ser aprisionadas ni por las más cálidas letras.

            Antes que profesor, fue y es un maestro, que se ha mostrado holgadamente capaz de enseñar a muchas generaciones que la vida digna se traduce en una lucha continua, en una guerra sin cuartel a las distorsiones y a los abusos; a las injusticias y las faltas de equidad.

            Resck es ante todo un testimonio vivo:

            Testimonio de entrega singular a una causa, que abrazó siendo muy joven y la mantuvo viva durante más de 60 años de batallar. Gran parte de su existencia se dio en contextos sumamente adversos: una guerra internacional, revoluciones y gobiernos autoritarios.

            Pero lo más significativo es que no se dejó seducir por cambios que presuntamente prometían solucionar todo, como el proceso de transición que se inició después del derrocamiento de Alfredo Stroessner, entre los días 2 y 3 febrero de 1989.

            Mostró y sigue mostrando, que la realidad paraguaya está cargada de situaciones estructuralmente injustas, cuya superación es la condición indispensable para ofrecer a toda la población una mejor calidad de vida.

            El campo soporta una estructura esencialmente injusta, con contrastes exasperantes como inmensos latifundios improductivos y decenas de miles de familias sin un pedazo de tierra. Con minifundios agotados; con producciones que implican enormes sacrificios y mínimas compensaciones.

            Las ciudades soportan desempleo masivo, inseguridad en ascenso, prostitución infanto-juvenil creciente, extensión del uso de drogas, en contraste, también, con signos inequívocos del momento en que se vive, que se traduce en construcciones fastuosas, en centros comerciales sofisticados, en parques automotores propios de sociedades ricas.

        Pocos disfrutan de los beneficios y muchos son los postergados. Resck estuvo con ellos siempre, desde el inicio hasta ahora, en una muestra de coherencia pocas veces vista, que tal vez fue su principal enseñanza.

            Pero lo más importante es que para él la lucha continúa, pues los desafíos, antes que reducirse, crecen, dando fuerza a los que han luchado toda la vida, que, a decir de Bertold Brecht, "son los imprescindibles".

 

 

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

 

            En el proceso de elaboración de los contextos históricos locales e internacionales se emplearon básicamente los siguientes textos:

 

-           ANÁLISIS DEL MES. Publicación de BASE-ECTA, años 1986, 1987, 1988 y 1989.

-           ARAUJO, JOSÉ BARTOLOMÉ. Guerra civil del Paraguay, 1947. Edición propia, 1986, Argentina.

-           ARTAZA, POLICARPO. Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal. Editorial Ayacucho, 1943, Argentina.

-           ENCICLOPEDIA HISTORICA DEL PARAGUAY. Diario La Nación, 1998, Paraguay.

-           FERREIRA PÉREZ, SATURNINO: Proceso político del Paraguay 1936/1942. El Lector, 1986, Paraguay.

            . Proceso político del Paraguay 1943/1947. El Lector, 1986, Paraguay.

            . Proceso Político del Paraguay. La revolución del 47. El Lector, 1987, Paraguay.

-           GONZÁLEZ DELVALLE, ALCIBIADES. El drama del 47 - Documentos secretos de la guerra civil. Editorial Histórica, 1987, Paraguay.

-           GUÍA DEL TERCER MUNDO 91/92. Instituto del Tercer Mundo, 1982, Uruguay.

-           KALLSEN, OSVALDO. Historia del Paraguay Contemporáneo. Edición propia, 1983, Paraguay.

-           LEWIS, PAUL H. Paraguay bajo Stroessner. Fondo de Cultura Económica, 1986, México.

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-           OCAMPOS CABALLERO, AUGUSTO. Testimonios de un presidente. El Lector, 1983, Paraguay.

-           PAMPLIEGA, AMANCIO. Misión cumplida. El Lector, 1984, Paraguay.

-           PAREDES, ROBERTO. Los colorados y la transición. Edición propia, 2001, Paraguay.

            . Los opositores y la transición. Edición propia, 2001, Paraguay.

            . Dos secuestros y una estafa. Edición propia, 2002, Paraguay.

-           SEIFERHELD, ALFREDO. Conversaciones político-militares. El Lector, 1984, Paraguay.

-           VOLTA GAONA, ENRIQUE. La revolución del 47. Imprenta Militar, 1988, Paraguay.

 

 

 




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