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ALFREDO BOCCIA ROMAÑACH


  LA CARTOGRAFÍA TURCA Y LOS ENIGMAS DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA - Por ALFREDO BOCCIA ROMAÑACH - Año 2005


LA CARTOGRAFÍA TURCA Y LOS ENIGMAS DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA - Por ALFREDO BOCCIA ROMAÑACH - Año 2005

LA CARTOGRAFÍA TURCA Y LOS ENIGMAS DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.

UNA HISTORIA HETERODOXA

 

Por ALFREDO BOCCIA ROMAÑACH

Separata de HISTORIA PARAGUAYA

Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia

Volumen XLV – 2005

 

 

         La identificación de la Atlántida con América y la tesis del conocimiento platoniano de la Atlántida podría provenir de viajes remotísimos de los fenicios, los egipcios o los griegos a las costas del Nuevo Mundo. "Viajes marítimos anteriores a Colón".

Enrique de Gandía, 1946.

 

         En las noticias relativas al descubrimiento de América aún se encuentran espacios encubiertos que no fueron suficientemente dilucidados. Las incógnitas que emergen de las dispares y discutidas crónicas de viajeros y geógrafos que participaron en esas célebres aventuras exploratorias guardan relación con el hermetismo con que se las planificaban y se llevaban a efecto.

         Cada reino ocultaba celosamente, en alto secreto, el registro de lo obtenido en todos los viajes a través de mares ignotos y de costas designadas como "Terra incógnita". Era necesario actuar dentro del sigilo para evitar la fastidiosa interferencia en los asuntos políticos, militares y comerciales de las naciones competidoras. Estas medidas no pudieron evitar, sin embargo, que se oyeran en los bodegones vecinos a los puertos del Tajo o del Guadalquivir los más curiosos y extravagantes cuentos sobre la magnificencia y la riqueza de las tierras descubiertas.

         Esta confrontación de intereses entre las potencias marítimas de entonces dio lugar a que se generara una verdadera disputa por la obtención de informaciones, datos geográficos, mapas de marear y cualquier otra referencia de utilidad. Es fácil comprender que en esa lucha por el control de las vías marítimas estuviesen al día el espionaje, el robo de documentos y la incorporación de cartógrafos, astrónomos y sabios, tentados por ofertas económicas y capitulaciones al mejor postor. La contratación de pilotos expertos y capitanes aventureros de los mares de cualquier nacionalidad u origen se hizo una necesidad apremiante.

         La divulgación de las cartas náuticas o de los trazados de rutas conservados en las arcas del tesoro real era considerada crimen gravísimo, penado con pérdida de vida y bienes. Debido a estas restricciones los mapas de los mares tuvieron una utilidad restringida, limitada a los entendidos del reino, y en consecuencia surgió un mercado ilegal - con altos precios de venta - de cartas marinas espurias o reales que se difundieron aceleradamente por toda Europa.

         Tres acontecimientos fueron las causantes del desarrollo y difusión de la ciencia de los mapas:

         1. El redescubrimiento de la Geografía de Ptolomeo.

         2. La invención de la imprenta y,

         3. La epopeya de los descubrimientos marítimos.

         Geografía fue introducida en Italia en el siglo XV y traducida en cinco versiones manuscritas. Los mapas ptolemaicos fueron los primeros a ser impresos por la recién inventada máquina de Johannes Gutemberg (1457).

         A pesar del arrollador interés que produjo entre los intelectuales la aparición de la revolucionaria obra de Ptolomeo - por la novedad de mostrar el mundo dividido en secciones - sus informaciones fueron rápidamente superadas a causa de errores sustanciales en su contenido, especialmente en lo referido a las medidas que otorgaba a la Tierra. Pese a todas sus deficiencias, Ptolomeo representó la cumbre de la cartografía, y su libro fue considerado la Biblia geográfica de los "hacedores de mapas" renacentistas.

         Las teorías de Ptolomeo continuaron siendo utilizadas por los árabes durante la Edad Media, y por ese medio Europa volvió a redescubrir el valor de la geografía tolemaica.

         La historia de la navegación se remonta a egipcios, cretenses y musulmanes aunque ésta apenas superó el marco de los ríos o de mares cerrados y seguros como el Mediterráneo. No es posible negar que navegantes de la antigüedad hayan cruzado el Océano Atlántico hasta las costas orientales de América y que otros hayan ido desde la India y la China hasta las tierras occidentales del Nuevo Mundo. Se especula que marinos cartagineses, cretenses, fenicios o árabes pudieran haber forzado las Columnas de Hércules arribando a las costas de Madeira e Inglaterra. Comerciantes fenicios eran navegantes asiduos del mar Rojo, del estrecho de Ormuz y de las costas del Oriente de África, Zanzíbar y Sofala en el estrecho de Mozambique.

         Algunos osados cronistas admiten la creencia que la ruta al Oriente por el Cabo de Buena Esperanza, desvendada por los audaces portugueses a fines del siglo XV, haya sido conocida desde antaño por marinos mercaderes originarios de los pueblos vecinos del mar Mediterráneo. A partir de estos supuestos es posible aventurar que las corrientes marítimas predominantes en las costas de África, las tormentas y los vientos alisios pudieron haber impulsado a esos navegantes hacia Occidente, tocando con o sin intención, las costas de lo que se conocería después como América. Lo ocurrido a la armada del portugués Pedro Alvares Cabral, en el año 1500, en su descubrimiento "accidental" de las costas del Brasil en ocasión de dirigirse al cabo de la Buena Esperanza, camino a Calcuta en la India, presta consistencia a esta eventualidad.

         En el siglo IX bajo el dominio musulmán, las diversas regiones del Mare Nostrum disfrutaron de una gran prosperidad; una parte de ella devino por conducto de viajeros árabes que introdujeron el comercio y su cultura, incluso con rastros de conocimientos helénicos. El texto Geografía del alejandrino Ptolomeo se tradujo primeramente al árabe en el siglo IX. La civilización oriental, en todas las ramas de las ciencias arribó a la Europa Occidental, produciéndose un estrecho contacto entre la ciencia arábiga y la europea.

         Fueron los pueblos musulmanes excelentes matemáticos, astrónomos, geógrafos y cartógrafos, a juzgar por lo que han legado a la historia acerca de las nuevas fronteras del mundo.

         El más destacado de ellos, Muhamad Idrisi (1099-1164), natural de Ceuta o de Marruecos fue cartógrafo de Roger II, rey normando de Sicilia. Este monarca, mecenas de las artes y de las ciencias, durante el período normando-árabe, convirtió a la capital, Palermo, en un importante centro cultural frecuentado por navegantes, peregrinos, mercaderes y sabios de todas las partes del orbe.

         Al Idrisi, culto y gran viajero - había estudiado en la Universidad de Córdoba y conocía los más prestigiosos centros culturales europeos y asiáticos - convivió en Sicilia con el selecto grupo de sabios que frecuentaban el importante reino. En 1154 completó el mapa del mundo árabe, de grandes dimensiones y con leyendas en turco, que fue conocido como Tabula Rogeriana. La visión de Al Adrisi es completísima y mucho más atinada que la de todos los mapas occidentales de la misma época. En él puede apreciarse la retícula formada por diez meridianos y ocho paralelos.

         Al Adrisi comparaba al Mediterráneo con una copa de cristal cuyo pie sería el Estrecho de Gibraltar y describía los peligros de la navegación del Estrecho de Messina y las leyendas referentes al monte Etna. Sabía que Sicilia era una isla y al referirse a Palermo lo hacía en términos elogiosos: "Es una ciudad situada hacia el este en la costa del mar y rodeada de altas montañas. La orilla está cubierta de magníficos muelles. La gran mezquita supera lo más elegante, raro y exquisito que se pueda concebir en pinturas e inscripciones". El geógrafo árabe agrega que "en el medio de la ciudad brota una gran fuente que constituye un vivero, rodeado de muros y lleno de peces. El pavimento es enteramente de mármol y en él se han trazado en bermellón la representación de todo lo que se ve en el mundo".

         En 1161, apareció una edición abreviada del mapamundi de este cartógrafo árabe.

         Un mapamundi islámico que se atribuye al geógrafo Ibn Al-Arabi, muerto en 1240, responde al esquema del maestro Istakiri, autor de un planisferio circular del año 340 de la Hégira (siglo X d. J.C.), con un mayor aflujo de informaciones aportadas por mercaderes y viajeros. El original se conserva en la biblioteca de la Universidad de Leyden.

         Los árabes utilizaron también las representaciones de la Tierra en forma esférica. Un excelente artífice Mohamed ben Muwajed el-Ordhi construyó un globo de 14 centímetros de diámetro que se conserva en el Instituto Físico- matemático de Dresde y cuyo origen parece remontarse al año 1274.

         Las notas que anteceden evidencian el rico caudal de cultura del universo árabe, especialmente relacionado con la ciencia geográfica, y con el registro de sus exploraciones.

         A partir del siglo XV la ciencia de la cartografía sufrió un gran adelanto bajo el impulso del Renacimiento, movimiento cultural que alcanzó a todas las esferas de la actividad y del saber humanos, adquiriendo las ciencias geográficas un amplio crecimiento en toda Europa. Con la misma intensidad los avances de la cartografía se hicieron sentir en el resto del mundo conocido, especialmente en los gabinetes de las cortes españolas y portuguesas.

         La cultura árabe recibió la influencia de Grecia y Oriente a la que sumó su propio aporte, convirtiéndose durante la Edad Media en la continuadora del desarrollo científico del mundo oriental. La experiencia viajera de los árabes, que llegaron a alcanzar el archipiélago de Sonda en sus navegaciones hacia Oriente y se internaron hasta el centro de Europa, aportó datos fundamentales a la cartografía, especialidad en la que se destacaron nombres como Masudi, Al-Biruni, Abul Feda, y el ya citado y más renombrado de todos, Al-Idrisi.

         Al igual que los mapas chinos, los árabes situaban el Sur en la parte superior del dibujo. Se supone, que la convención obedecía al deseo de destacar la dirección de La Meca (al sur de Bagdad) otorgándole el lugar principal en la obra. Algo similar ocurría con los discarios, mapas eclesiásticos europeos de la Edad Media. Dentro de un armazón conceptual religioso, se otorgaba honor al Este, punto en donde aparece dibujado el Paraíso Terrenal, adquiriendo una ubicación de privilegio, pues en esa orientación se hallaba Palestina, la "Tierra Santa".

         Durante el florecimiento cultural del Renacimiento, maestros y artistas buscaban las capitales de los grandes estados, para enseñar en las escuelas o para perfeccionar el arte y las ciencias en los palacios de las casas reales de la época.

         En el siglo XVI cuando las rutas marítimas se desplazaron hacia el Atlántico comenzó la decadencia del Mediterráneo y las ciudades que pasaron al primer plano fueron las atlánticas, Londres, Amberes, Lisboa.    

 

 

 

 

         EL MAPA DE PIRI REIS

 

         Un curioso y sorprendente testimonio de la cartografía de los descubrimientos postcolombinos es el célebre conjunto de mapas de Piri Reis que se conserva en la Biblioteca del Congreso de Washington. Investigadores contemporáneos dedicados al estudio de estos documentos cartográficos han demostrado la corrección del perfil costero de todo el mundo, con las deformaciones propias de una proyección inadecuada. La precisión de estos mapas ha planteado un misterio que la cartografía no ha resuelto y que dejó atónitos a los más expertos científicos que los han estudiado. El fragmento que se reproduce representa a España y África, así como la costa occidental del continente americano. El interés por el mismo empezó a adquirir dimensiones insospechadas.

 

 

          El mapa del turco Almirante Piri Reis fue editado en Gallipoli en 1513, en un momento del resurgimiento del interés cartográfico y como consecuencia de los hallazgos del primer viaje de Colón. Mide 90 por 92 centímetros y está pintado sobre cuero en varios colores.

         El autor de este mapa nació en 1470 en Gallipoli, a orillas del Dárdano. Era sobrino del almirante Kemal Reis quien fuera primeramente pirata y después comandante de las fuerzas osmánicas y con quien participó desde los trece años en todos los emprendimientos guerreros del Mediterráneo. Si bien su biografía es fragmentaria, sus obras fueron escritas en su idioma materno, el griego. Existen otros escritos del mismo en italiano, español, portugués y árabe.

         El mapa del que nos ocupamos revela con riqueza de detalles el océano Atlántico. Están señaladas en él las costas occidentales del Nuevo Mundo y las del este de la Península Ibérica y del continente africano, las islas Azores, Madeira, Canarias, y el archipiélago de Cabo Verde. Se observa el esbozo de las Antillas pero con contornos anticuados e inexactos. Haití se extiende en dirección norte-sur como una copia de la isla Cipangua del globo de Behaim o del Cipango de Marco Polo.

         Con sus tres rosas náuticas, dos grandes escalas para la longitud geográfica pero sin indicación del ancho, responde a su utilización de direcciones y distancias. Está coloreado y contrariamente a la tradición islámica muestra una riqueza de dibujos cartográficos adornado con diversas ilustraciones.

         En el mapa se hallan el reino de Portugal, Marruecos y Guinea identificados con los nombres de sus gobernantes. Tanto en América y en especial en el Brasil, el diseñador ilustró figuras de animales fantásticos, entre otros una llama y un puma y en las islas, algunos loros. En el norte de América se observa el diseño de una ballena en cuya parte superior viven dos náufragos que recuerda la hazaña de San Brandan y sus compañeros monjes.

         Las grandes masas de tierra que se ven al oeste del Atlántico asumen proporciones del mundo ptolemaico del siglo XVI. En el mar no navegan botes ni carabelas. Es evidente que el mapa de Piri Reis se basa en informaciones portuguesas y árabes, siendo que la parte que se refiere a las Antillas (litoral Antylia) fue copiada presumiblemente de un mapa de Cristóbal Colón.

         Afirma Enrique de Gandia que el mapa de Piri Reis y su posterior libro, Bahriye, que significa Sobre la Navegación, son dos tesoros de la cartografía y de la cultura de Turquía. Existen corrientes válidas que inducen a creer que este primer mapa fue dibujado por Colón en 1498 y que cayó en manos de los turcos en 1501, en un combate frente a la costa valenciana, en el que Kemal Reis y su sobrino Piri capturaron siete navíos españoles. El mapa se hallaba en poder de un marino español aprisionado en esa ocasión y que habría declarado ser acompañante de Colón en sus tres primeros viajes.

         En una de las leyendas laterales el autor describe al esclavo de su tío Kemal, relator de algunas de las fantásticas historias. Existe en los textos de reconocidos cartógrafos, repetidamente aseverado, el convencimiento de que el citado mapa fue encontrado en un velero español capturado por los turcos en 1501 en el mar Mediterráneo. Este sería la única muestra tangible de un mapa confeccionado por el gran almirante Cristóbal Colón.

         De haber existido un mapa elaborado por Colón, que no ha trascendido pues del mismo no se halla vestigio alguno, el único registro cartográfico que sobrevivió sería el copiado por Piri Reis, basado en los relatos del esclavo capturado por Kemal.

         Lo curioso es que los datos que Piri Reis dice haber recibido del esclavo coinciden con lo que se halla escrito en el Diario de Colón, reproducido parcialmente en la obra del Pe. Bartolomé de las Casas. Reis afirma que el español tenía una copia del mapa de Colón y asevera: "Colón era un gran astrónomo. Las costas e islas fueron tomadas del mapa de Colón".

         De ser cierta esta hipótesis se deducen varias otras verdades: los nombres geográficos del mapa del cartógrafo turco sacados del mapa de Colón están traducidos fonéticamente al árabe mostrando claramente su discutido origen italiano. Se cita también en él la divulgada historia del navegante irlandés que partió en busca de las Siete ciudades perdidas y el Paraíso Terrenal y la leyenda de que los monjes, en la creencia de ser tierra firme encendieron una fogata sobre el lomo de una gran ballena, haciendo que el animal se sumergiera en el mar. Parece ser por otra parte, que el geógrafo turco recogió esta historia de antiguos manuscritos como Simbad el Marino de las Mil y una Noches, en el que se relata el mismo episodio.

         Piri Reis en su libro Bahriye reitera lo oído del prisionero español: Colón era originario de Génova y se había valido de un texto antiguo que le señaló el camino a las Indias y a la isla Antilla. Los geógrafos que investigaron esta afirmación opinan que podría tratarse del mapamundi del gran alejandrino Claudio Ptolomeo del siglo II d. C. y de otro semejante confeccionado por Enricus Martellus Germanus. En Ambos aparecen esbozadas las costas de América. El mismo Piri Reis acepta que la Geografía de Ptolomeo con su mapamundi es la obra más importante que utilizó corno fuente de documentación.

         No quedan dudas que el marino turco estudió la geografía más antigua de su época, sin dejar de lado la gran influencia que pudo haber recogido de Herodoto, llamado el Padre de la Historia por ser el más antiguo y famoso de los historiadores griegos conocidos.

         Por tanto, la contribución de Piri Reis se considera un aporte trascendente e indiscutible para la cultura de la humanidad.

         En 1492 inició Cristóbal Colón su conocido primer viaje hacia el oeste en el que tropezaría con las primeras tierras americanas que pisaran los europeos. Expediciones sucesivas de españoles, portugueses, franceses, ingleses e italianos, como la del genovés al servicio de Enrique VII de Inglaterra, John Cabot a América del Norte (1497-1498), fueron concretando la silueta de un mundo mucho más extenso que lo sospechado. La llegada al mar del Sur (Océano Pacífico) de Núñez de Balboa (1513) y la circunnavegación de la expedición de Hernando de Magallanes y de Elcano, en 1520 ampliaron aún más el espacio que debía ser registrado.

         En el cambio de siglo se dibujó un mapamundi con visibles características portulanas, con utilización de rosas de los vientos y rutas de rumbos en telaraña. Se trata del mapa del cántabro Juan de la Cosa, compañero y piloto mayor de Colón en su segundo viaje, y posteriormente acompañante de Alonso de Ojeda que recorrió el litoral del norte del Brasil y Venezuela. Resulta notable que este genial geógrafo fuese capaz de plasmar tan amplia zona con la precisión reflejada en su carta. Juan de la Cosa recogió aportaciones de otros navegantes, como Cabot (padre de nuestro conocido Sebastián Gaboto), quien había finalizado dos años antes sus exploraciones en el norte de América.

         La primera esfera terrestre que ha sobrevivido por más de cinco siglos la fabricó en Nuremberg Martín Behaim presumiblemente en el año 1492. Despierta intensa curiosidad el hecho de que en dicha esfera, contemporánea al descubrimiento colombino, aparezcan delineados los hielos australes y una comunicación de los dos grandes océanos a través de un tosco pasaje.

         En ese tiempo, la aportación constante de noticias acerca de nuevos territorios descubiertos despertaba la atención de los cartógrafos para reseñarlas en sus propios mapas en una perspectiva racional.

         Tras la muerte de Isabel La Católica (1504), el rey Fernando se empeñó en descubrir un estrecho en el Nuevo Mundo que comunicara con el mar de China y de la India, a donde intentó llegar Colón en ocasión de su primer viaje.

         En 1505 y con dicho objetivo, el Rey convocó una Junta de Burgos. Asistieron el Obispo Fonseca, Vicente Yánez Pinzón y el florentino Américo Vespucci. En marzo de dicho año concedió mercedes a Yánez y Vespucci cursando instrucciones a la Casa de la Contratación de Sevilla para que les entregasen los buques que necesitaban. Todo se dispuso con el máximo secreto, incluso la construcción de las naves llevada a cabo en Vizcaya.

         En el verano de 1506 Fernando el Católico tuvo que dejar la Regencia de Castilla, pasando su corona a su hija Doña Juana, casada con Felipe el Hermoso. Enterado este último de dicho proyecto, escribió a la Casa de la Contratación el 23 de agosto de 1506: "Ya sabéis cómo estaba mandado hacer una armada para descubrir la Especiería e estaban mandados a hacer en Vizcaya los navíos que eran menester para ello, e agora yo he sabido que son acabados de hacer e son partidos para esa ciudad". Don Felipe falleció poco después y su suegro Fernando el Católico volvió a la Regencia de Castilla, por incapacidad de doña Juana, afectada de demencia, en su palacio de Tordesillas.

         Retomado de inmediato el proyecto, Fernando convocó a una nueva Junta en Burgos, en la que a más de los ya citados concurrió Juan Díaz de Solís. El viaje encomendado a Solís tenía como propósito "Para buscar aquel canal o mar abierto que principalmente is a buscar".

         Los expedicionarios partieron de España el 29 de Junio de 1508. La flota compuesta por dos naves se dirigió al norte de Veragua y después de recorrer las costas de Nicaragua, Honduras y Yucatán, no encontrando el paso interoceánico, regresó a España.

         Fallecido Vespucci, Solís fue nombrado Piloto Mayor en 1512 y de inmediato le fue encomendado un segundo viaje. Apenas conocida la buena nueva del descubrimiento de Balboa, el Rey Católico capituló con Solís "un viaje de descubrimiento a las espaldas de la tierra donde ahora está Pedro Arias, mi capitán general y gobernador de Castilla de Oro y de allí en adelante ir descubriendo por las dichas espaldas de Castilla de Oro mil e setecientas leguas, e más se pidiéredes, contando desde la raya e demarcación...".

         Se trataba de descubrir el estrecho que conectara el Atlántico con el Pacífico y subir por este océano hasta la altura de Panamá desde donde Solís debía descubrir 700 legua o más hacia Occidente, hasta las Molucas. La expedición salió de San Lucar el 8 de Octubre de 1515. Solís descendió bordeando las costas brasileñas desde San Roque hasta Guanabara a los 25° 3’ de latitud sur, siguiendo hasta una isla que llamó de la Plata (más tarde nominada Santa Catalina por Gaboto). Descubrió a continuación el Mar Dulce o estuario del Río de la Plata. La expedición fracasó en búsqueda del dicho estrecho y Solís falleció en el intento. (Febrero de 1516)

         Si bien no se halló el codiciado pasaje, a Solís se debe la descubierta del gran estuario que llevaría su nombre: el mar de Solís.

         Laguardia Trias, estudioso uruguayo describe la discutida expedición secreta del portugués Cristóbal de Haro quien presuntamente precedió a Gaboto, arribando al Río de la Plata para hacer un minucioso reconocimiento de sus costas. Pero es improbable que las crónicas del navegante luso hayan podido llegar en tan corto tiempo a manos del compilador turco. Gandía encuentra más aceptable que las noticias sobre el estuario platense y las costas patagónicas provinieran del polémico viaje de Vespucci hasta los cincuenta y dos grados de latitud en los años 1501 y 1502. Sus apreciaciones van más lejos cuando admite que el florentino pudo haber llegado al Sinus Magnus, (Océano Pacífico) y al cabo de Cattigara, ubicado por Ptolomeo en las actuales costas del Perú.

         Estos testimonios bien pudieron ser conocidos por Piri Reis, porque no existe otra posibilidad que explique por qué medios pudo haberse valido para que estas costas sudamericanas figuren reseñadas en el enigmático documento.

         El investigador argentino Ibarra Grasso afirma que la repetición periodística de las diversas interpretaciones hechas sobre este mapa, ha llamado tanto la atención, que difícilmente se encuentra persona que no haya oído hablar de él. Cree que las mismas no pasan de una serie de fantasías pero concuerda, por otra parte, que el mapa en cuestión tiene notables concordancias con lo que aparece en los mapas hispano-portugueses. Sostiene la idea de que el conjunto no parece venir de manos de Colón, sino de dos o tres mapas del mismo origen, de épocas distintas y reunidas en uno solo por el esclavo español.

         Es fácil concebir que aquellos primeros navegantes que desde mucho antes de Colón se atrevieron a cruzar la línea equinoccial bajando a lo largo de la costa de África y acaso también por la de Sudamérica, debieron observar casi con infantil asombro cómo en el hemisferio austral solía hacer frío en Julio y calor en aquesta estación del año que para ellos era pleno invierno. Y para su sentido de orientación tal vez más desconcertante: como al mediodía, el sol, en lugar de hallarse en el meridio, surcaba el firmamento adonde la oscilante aguja magnética marcaba el Norte; que también la luna dibujaba invertidas sus fases creciente y menguante, y que detrás de un horizonte se escondían la Osa Mayor y la Estrella Polar y en cambio surgían por el otro, según el decir de los marinos italianos, "quatre stelle, non viste mai" que forman la magnífica Cruz del Sur".

         En ese mundo, aparentemente "al revés" el trabajo de los cosmógrafos se vio tremendamente complicado.

         En su mapamundi de 1507 Martín Waldseemüller esboza intuitivamente un triángulo escaleno para representar una cuña terrestre en pleno proceso de descubrimiento. La denomina América, nombre aplicado posteriormente al resto del nuevo continente. Este mapamundi reseña la silueta real del subcontinente denominado Sudamérica, casi dos décadas antes de las confirmaciones realizadas por los cartógrafos de Magallanes y Gaboto.

         De hecho, recién en 1527 se hizo el relevamiento efectivo de lo que hoy conocemos como Cuenca del Plata, por Sebastián Gaboto. Fue el primero, según está comprobado, en navegar, durante la búsqueda de la Sierra de la Plata, los ríos Paraná hasta las proximidades de los rápidos de la actual isla de Apipé y el río Paraguay hasta las costas inmediatas donde se asentaría diez años más tarde la ciudad de Asunción. La cuenca del Plata figura detalladamente diseñada en el mapa elaborado por el geógrafo y cartógrafo Santacruz quien acompañó a Gaboto y que fue dado a conocer en el año 1544.

         Pero he aquí que la carta de Gaboto no sería entonces la primera a través de la cual se conoció el sur del Nuevo Mundo. En rigor existe el anterior testimonio del que nos ocupamos - y que apareció incluso antes de la confirmación de la esfericidad de la Tierra, por Magallanes.

 

 

         El curioso diseño que contiene estos preciosos datos fue redescubierto en 1929 en ocasión en que el Palacio de Topkapi, de Estambul sufría transformaciones para ser convertido en un museo de arqueología y antigüedades; su director el bei Halil Etem Eldem, halló entre otros viejos trastos, un mapa pintado sobre piel de antílope que formaba la cuarta parte (la inferior izquierda) de un mapamundi compilado por Piri Reis, fechado en 1512. Los fragmentos faltantes no se han hallado hasta la fecha.

         Los datos vertidos por el geógrafo turco son de notable fidelidad. En el mapa están diseñadas islas, playas y desembocaduras de los ríos, con nomenclatura fonéticamente alterada por el idioma turco original en que fuera impresa. En investigador Kirbus dice que la isla de Haití está identificada como Isle Despanya, Santivano Batizdo corresponde a San Juan Bautista o Puerto Rico y Antylia se refiere naturalmente a las Antillas y así por delante.

         En 1931, el fascinante documento, debidamente interpretado y traducido, fue presentado por el por alemán Fritz Kahle en el 18° Congreso Internacional de Orientalistas realizado en Leyden, Holanda.

         Del estudio del mapa de Piri se colige que Cristóbal Colón viajó hacia occidente provisto de indicios más o menos concretos sobre las tierras que iría a descubrir.

         ("Erase un genovés infiel de nombre Kolombo a cuyas manos llegó un atlas según el cual el Mar del Oeste tiene un fin, es decir que en el poniente existen costas e islas, y minas, y también la montaña de las gemas")

         Es posible que Piri Reis acierte en vincular la habilidad náutica de Cristóbal Colón con los conocimientos de Paulo Toscanelli (1397-1482), este último influenciado a su vez por los viajes de Marco Polo y por la corriente de ideas resurgidas en el Armagesto de Ptolomeo. El mapa de Toscanelli representa una proyección rectangular de una mitad de la circunferencia de la Tierra (180°), en la que cada línea horizontal corresponde a cinco grados de latitud. Las costas están copiadas del Globo de Bahein, (1459), geógrafo nacido en Nuremberg y discípulo de Juan Müller, en el cual se instruyó posiblemente Cristóbal Colón.

         Esta aseveración hace suponer que la esfera citada ya era conocida unos años antes, en vida de Toscanelli pues su carta reproduce fielmente datos diseñados por el cartógrafo alemán.

         El dibujo de Piri muestra no sólo un mar Caribe bien explorado y conocido, sino también la extensa costa de Sudamérica hasta culminar en la tierra firme de los hielos australes. En el mapa se identifican de Norte a Sur las desembocaduras del Orinoco, del Amazonas y de San Francisco, la bahía de Todos los Santos que recibe la denominación turca de Totel Sante, Cabo Frío como Kav Friyo y Río de Janeiro, San Saneiro.

         Se indican algunos estuarios y un conglomerado de islas entre los que se puede adivinar como el más importante el aún innominado Río de la Plata. Más al sur adivina el litoral patagónico. Este nombre aún no era conocido, pues en el mismo año en que Piri Reis terminaba su planisferio, se publicaba en Salamanca el famoso libro de autor anónimo, "Pigmalión", en el que se describe aun mítico ser llamado Patagón, nombre que fue aplicado por los viajeros europeos a los trogloditas indios de la Tierra del Fuego.

         La compilación de Piri Reis está basada en planos preexistentes en la época, con aportes propios del cartógrafo turco y que se refieren, fuera de toda duda, a esta parte de América, como lo corrobora una frase que acompaña a un tosco dibujo de un cuadrúpedo. Dice en turco "Este monstruo se denomina Shami", alusión clara y directa a la llama, que por hallarse solamente en el interior del continente sugiere que exploradores europeos o de otro origen, penetraron en el corazón de Sudamérica ya durante la primera década del siglo XVI, o acaso antes. No hay que olvidar que el imperio Inca recién sería conquistado por Pizarro en el lustro 1525 a 1531.

         La Biblioteque Nationale de París posee otros valiosos documentos cartográficos del mismo cartógrafo-compilador otomano, como el Kitab-I-Bahriye, (1525-1526), pieza de alto valor en la cartografía del siglo XVI. Se trata de una vitela iluminada de 35 por 46 centímetros en la que describe minuciosamente el mar Mediterráneo desde Ceuta y Gibraltar hasta los Dardanelos. El Kitab comprende todas las costas habitables, las islas desiertas y los ríos, las rocas y los bancos de arena e incluye la ubicación exacta de todos los puertos y los ríos más apropiados para desembarcar en las riberas de los cristianos. El mismo Piri estampa al margen de su diseño: "no he olvidado nada que pueda guiar a un navegante"

         Volviendo al mapa de 1512, las referencias no son abundantes pero si concretas. Lo sorprendente es que se tratan de informaciones que preceden en muchos lustros o aún décadas a las cartas de Gaboto, Solís, Pedro Reinel, Diogo Homen, Teixeira y otros tantos que ampliaron y divulgaron, ya en los albores de la época moderna, lo que otros habían descrito.

         Doña Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, es propietaria del archivo privado más importante de Europa, en San Lucar de Barrameda. Se halla en un palacio del siglo XII, donde habitó su antepasado Guzmán el Bueno, en 1297. La duquesa advierte que los relatos de viajes realizados por los fenicios al norte de África no pasan de una "confusión histórica", pues en realidad, los mismos llegaban hasta las costas americanas. Así mismo, recuerda las afirmaciones de Alonso de Palencia de que el maíz americano se cultivaba en Granada ya en 1476. Además trae a luz otros documentos que demuestran estas aseveraciones, para concluir afirmando que no quedan rastros de todo esto "porque el emperador Carlos V, en 1536 ordenó destruir todos los mapas, croquis y cartas de marear, públicas y privadas" con la excusa de actualizar todas las cartografías". Más adelante no se priva de mencionar la reiterada leyenda de la presencia de navegantes templarios dos siglos antes de Colón, dada la supuesta existencia de marcas erigidas en las nuevas tierras del Oeste por los Caballeros del Temple. (Colón no fue el primero... ABC 22-VI-2001)

         Fantasía o no, hay razones que inducen a pensar seriamente en la eventualidad de que las conjeturas muy divulgadas de los viajes de Sam Brandan, de los vikingos como Eric el Rojo, de los fenicios, de los hebreos o de los misteriosos monjes-guerreros templarios no dejan tener un viso de realidad a pesar de la falta de pruebas documentales.

         El misterio permanece latente al hallar vestigios atribuidos a estos expedicionarios de la antigüedad, dispersos especialmente en el norte del continente americano. Así como se conserva intacta la gloria del gran Almirante Cristóbal Colón, el primer europeo que ha comprobado la existencia real de las tierras del Nuevo Mundo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Los primeros esbozos... Federico B. Kirbus, "La Nación" 6-10-91.

 

Viajes marítimos anteriores a Colón. Enrique de Gandía. Revista Geográfica Americana. Tomo XXV, Pp. 263-276, Buenos Aires, 1942.

 

Nueva Historia del descubrimiento de América. Enrique de Gandía. Universidad del Museo Social Argentino, Buenos Aires, 1989

 

Américo Vespucci y sus cinco viajes al Nuevo Mundo. Enrique de Gandía, Fundación Banco de Boston, B. Aires, 1991.

 

Los mapas de América 2000 años antes de ser "descubierta". Dick E. Ibarra Grasso, B. Aires, 1997.

 

Historia de la Cartografía. Compilación de Georama, Madrid.

 

Mapas antiguos del Mundo. Federico Romero-Rosa Benavides, Edimat, Madrid, 1998.

 

El Viaje del Brendan. Tim Severin, Pomaire, Barcelona, 1980.

 

Estambul. Ciudad de dos continentes. Ilbam Aksit, Aksit Kültür, Istambul, 1994.

 

Rumbo a lo desconocido. Navegantes y descubridores. Mariano Cuesta Domingo. Red Editora Ibero-americana, Madrid, 1992.

 




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