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MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ

  HISTORIA DE CURUGUATY - FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN ISIDRO LABRADOR DE CURUGUATY (Dra. MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ)


HISTORIA DE CURUGUATY - FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN ISIDRO LABRADOR DE CURUGUATY (Dra. MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ)

HISTORIA DE CURUGUATY

FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE

SAN ISIDRO LABRADOR DE CURUGUATY

Dra. MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ.

CULTURA CON IDENTIDAD PARAGUAYA Nº 3

Convenio Itaipú Binacional - Subsecretaría de Estado de Cultura-MEC

Asunción, Paraguay

Diciembre 1997

 

  

ÍNDICE - CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

INVASIONES DE LOS MAMELUCOS

ÉXODO

DISIDENTES PIDEN VOLVER A CURUGUATY

CONDICIONES PARA POBLAR CURUGUATY

ELECCIÓN DEL SITIO Y TRAZADO DE LA VILLA

BANDOS Y DISPOSICIONES DE GOBIERNO

INDIOS YANACONAS DE CURUGUATY

DEFENSA MILITAR

SUPERNUMERARIOS..

CURUGUATY A FINES DEL SIGLO XVIII

SITUACIÓN DEL PEÓN YERBATERO

CONCLUSIÓN

ANEXOS - BIBLIOGRAFÍA

 

 

I.- INTRODUCCIÓN.         

 

Los bosques de Curuguaty pertenecían a los Guaraní -Tobatines, habitantes de la región comprendida entre el río Jejuí al norte y el Manduvirá al sur. Esta parcialidad indígena vivía de la caza, la pesca, la recolección de miel y frutos silvestres y de una incipiente agricultura por rozado rotatorio. Como todas las demás parcialidades guaraníes, los Tobatines se hallaban en proceso migratorio a la llegada de los españoles, de ahí que no se sabe el tiempo que llevaban viviendo en dicha región. Lo cierto es que allí los encontraron los conquistadores a mediados del siglo XVI.

Los Tobatines y sus vecinos los Guarambarenses entraron en contacto con los españoles desde la época misma de la fundación del Fuerte de Asunción. Su largo historial de servidumbre y revueltas casi coincide con los inicios de la conquista.

Una de las primeras rebeliones indígenas de la región del Jejuí fue dirigida por los caciques Tabaré y Guacany en 1540-1543. Estos rehusaron entregar alimentos a los españoles en venganza por la muerte de su pariente Aracaré, hecho que motivó a Domingo Martínez de Irala reprimir con sangre y fuego dicha negativa. Según Ruy Díaz de Guzmán, los españoles tuvieron que tomar por asalto una fortificación defendida por miles de indígenas (1). Tres años más tarde hubo otro levantamiento general de los Guaraní ya sometidos a la conquista y para sofocarlo, los españoles se aliaron con los indios chaqueños, enemigos ancestrales de los Guaraní y organizaron una campaña militar desde el Caraiba al sur hasta la región del Jejuí, donde se enfrentaron de nuevo con Tabaré. La traición de una de las parcialidades Guaraní facilitó la derrota de los naturales (2).

Una vez implementado el sistema de encomiendas en el Paraguay, en 1556, muchos "fuegos" o familias nucleares se internaron en la espesura de los montes a fin de evitar caer en manos de los españoles. A dichos indígenas se los conoció con el nombre de "Caingua" o monteses y parte de ellos habitaron en los yerbales aledaños a los ríos Curuguaty y Jejuí Guasú, sitio del que nos ocuparemos más adelante.

Los españoles habían perdido casi todo el control sobre los tekohá del norte. No sólo se negaban a trabajar para los encomenderos, sino que atacaban a los viajeros que cruzaban su territorio, como el asalto al capitán Alonso Riquelme de Guzmán en 1568-1571 cuando de Asunción iba al Guairá en compañía de 50 soldados y 100 arcabuceros. Ocho años más tarde, Juan de Garay emprende otra campaña militar al norte para reprimir al "profeta mesiánico" Oberá (3).

Todos estos levantamientos indígenas y los consiguientes aplacamientos militares causaron notables pérdidas a la economía y la población guaraní.

A fin de lograr la "pacificación" de las provincias del norte, llegan a ellas fray Luis Bolaños y fray Alonso de San Buenaventura, quienes en sucesivos viajes consiguen aquietar a los naturales y fundar con ellos las primeras reducciones del norte, entre 1580 y 1600.

"Con gran riesgo de sus vidas... los dichos padres solos y sin compañía ni escolta de españoles, fueron y se metieron entre los indios. Y con sus predicaciones y buena doctrina los aseguraron y atrajeron así..." (4).

Las primeras reducciones del norte fueron, entre otras: Tobatí, Jejuí, Atyrá, Pitum (Ypané), Guarambaré, Terecañy y Perico Guasú. Bolaños y su maestro Buenaventura retornaron a las provincias del norte en 1582 en ocasión de otro levantamiento indígena, tiempo en que fundaron nuevas reducciones.

En 1591 y ya en compañía de sus discípulos guaireños fray Gabriel de Guzmán, nieto de Irala y fray Juan Bernardo, Bolaños reorganiza "las reducciones que ellos (los franciscanos) habían formado en Pitum y Guarambaré" (5).

A partir de 1579, las rebeliones indígenas de las provincias del norte se fueron debilitando paulatinamente. Por expresa disposición del obispo Liaño, que nunca llegó a su diócesis, los franciscanos entregaron dichas reducciones al clero secular, en 1599. Uno de los sucesores de Bolaños, Felipe Franco, afirma que a los pueblos del norte "los halló en la buena doctrina y costumbres en que los dichos padres los habían puesto". Y agrega que quedó sorprendido de la quietud de los indios teniendo en cuanta el carácter rebelde e inestable de los mismos (6).

Pasó el tiempo y los pueblos del norte continuaron sirviendo a los españoles, salvo los Caingua o monteses, que por un tiempo más pudieron escapar del sometimiento de los encomenderos viviendo en libertad, conforme a sus ritos y antigua usanza.


II.- INVASIONES DE LOS MAMELUCOS.


A comienzos del siglo XVII, en la región oriental del Río de la Plata se dieron dos corrientes de expansión territorial. Una de ellas partió de Asunción, centro de la conquista y se dirigió a las costas atlánticas. Esta empresa la llevó adelante España en defensa de sus fronteras y la otra la emprendió Portugal, deseosa de extender sus dominios en base a ocupaciones de tierras adjudicadas a España según el tratado de Tordesillas de 1494. Los portugueses salieron de San Vicente, en el Atlántico y se proyectaron hacia el oeste en busca de supuestas riquezas. Estas ocupaciones produjeron desmembraciones que tuvieron su culminación en el tratado de San Ildefonso en 1777 con el que se legalizaron las usurpaciones de tierras en la Colonia del Sacramento y los territorios del norte.

Todas las expediciones estuvieron alentadas por sus respectivas coronas y traían instrucciones secretas de sus cortes a fin de realizar incursiones en territorio contrario para ir ganando derechos por ocupación. Recordemos que ambas potencias marítimas se hallaban relacionadas con vínculos familiares y para evitar guerras entre ambas, mantuvieron una diplomacia muy condescendiente.

La fundación de Villa Rica del Espíritu Santo en las tierras de los Ybyrayás (actual Estado de Santa Catalina -Brasil), en 1570, pretendía contener la invasión lusitana hacia occidente. Sin embargo, los mamelucos o mestizos de San Pablo fueron invadiendo trecho a trecho aquel territorio. Las primeras víctimas fueron los naturales del Guairá, y para cazarlos, los "bandeirantes" descendían por sorpresa del altiplano arrasando con violencia todo lo que encontraban a su paso. A los indígenas lo encollaraban como a animales llevados al matadero y los conducían a San Pablo para venderlos como esclavos.

La indefección de los naturales y de las primeras reducciones fundadas en la región, alentaron aún más la invasión de los mamelucos. Según Indalecio Cardozo, los indígenas esclavizados ascendieron a 60.000 y los muertos en asaltos y en los penosos viajes hasta San Pablo, sumaron unos 15.000 (7).

La preocupación de la Corona de España por la situación que corrían sus vasallos, los indios, hizo que recomendara castigos ejemplares a los culpables. Pero las autoridades del Río de la Plata no mostraron firmeza en sus decisiones. La impunidad, la complacencia y hasta la protección solapada de las autoridades portuguesas convirtieron a Antonio Raposo Tavares y Manuel Preto en verdaderos "cazadores de indios". Estos desataron el pánico entre las reducciones jesuíticas del Guairá y en 1628 arrasaron las reducciones de Loreto, San Ignacio, San Javier y otras. Pasaron luego al Guairá en 1632 y el obispo Cristóbal de Aresti que se hallaba de visita pastoral, ordenó su evacuación en vista de la falta de fuerzas defensivas para hacer frente al enemigo. Los españoles cruzaron el Paraná dejando a los portugueses todo aquel vasto y fértil territorio.


III.- EXODO


Las tierras desoladas del Guairá motivaron el éxodo de los pueblos de indios reducidos por los jesuitas y también las villas de españoles. "Venerables ancianos con sus familias y sus útiles de casa cargados en bestias e indios, con sus animales domésticos, sus provisiones, sus santos, en marcha... rumbo al occidente en busca de amparo"(8).

Los colonos españoles cruzaron el Paraná en 1635 y se ubicaron en las nacientes del río Jejuí, cerca del Curuguaty, en un lugar conocido como Túpaita (9). Allí se reunieron los antiguos habitantes de Ciudad Real, Villa Rica del Espíritu Santo y otros puertos del Guiará. En su mudanza a Curuguaty se le sumaron por el camino los pueblos de Terecañy, Candelaria y Mbaracayú y los establecieron en el nuevo asentamiento, cerca de la naciente del Acaray (10).

Después de 40 años de quietud en Curuguaty, cuando ya contaban con viviendas apropiadas, yerba elaborada en el Mbaracayú, plantíos y ganados de consideración y hasta un convento franciscano, de larga data (1l), Villa Rica nuevamente cayó víctima del asalto de los mamelucos, en 1676.

Primero asaltaron los pueblos de Atyrá, Ypané y Guarambaré y los encontraron abandonados. Con 1.000 mamelucos y 2.000 indios a su servicio, los portugueses atacaron por sorpresa a Villa Rica, la mayoría de su gente se hallaba en los yerbales y en sus chacras. Los soldados españoles en condiciones de tomar las armas no llegaban a sesenta. Villa Rica del Espíritu Santo capituló pidiendo a los vencedores que les dejaron los indios originarios a su servicio y les devolvieran sus armas. Se llevaron sí a los indios de Terecañy,Ybyrapariyara, Mbaracayú y Candelaria, dejando únicamente a los indios originarios de este último pueblo. Después de estos sucesos, los villarriqueños huyeron de Curuguaty ante la amenaza de los portugueses que prometieron volver "para degollarlos" (12).

Según el censo del obispo Faustino de Casas, Villa Rica contaba entonces con 37 vecinos feudatarios y 119 moradores, 204 hombres y 225 mujeres solteras, lo que hacían un total de 729 españoles, equivalente al 11% de la población de toda la provincia. Contaba con 14 esclavos y 126 familias de indios que totalizaban 442 yanaconas que los portugueses les dejaron a los encomenderos de la Villa al cautivar a los indios de los demás pueblos. En plena mudanza, la población total de los guaireños ascendía a 1.185 habitantes (13).

"Aquella caravana humana, con sus ganados mayores y menores, en carretas, a caballo, a pie, con sus santos tutelares retirados de las iglesias, con los religiosos franciscanos del convento de esta Orden, fray Francisco Isturis y fray Raymundo Mirel, después de mucho peregrinar, llegó a las proximidades de la Asunción" (14).

El Cabildo de Asunción no les admitió en las inmediaciones de la ciudad y tuvieron que regresar sufriendo hambre, peste y toda clase de penurias. Se asentaron en Itapé de donde también fueron desalojados. De allí pasaron al Espinillo, Ajos (Coronel Oviedo), cerca de Tobatiry. Aquel lugar resultó impropio debido a la escasez de agua y a la falta de peces para la alimentación durante la cuaresma. Además, el suelo era pantanoso en tiempos de lluvia y árido en épocas de sequía.

Ante tal panorama, los guaireños pusieron su mirada en el Ybytyrusú y el 20 de mayo de 1682 se instalaron en dicho lugar. Muchos pobladores no estuvieron de acuerdo con el abandono de Curuguaty y responsabilizaron del hecho al gobernador Rexe de Corvalán. Después de muchas vicisitudes, por Real Cédula del 12 de marzo de 1701, el Rey aprobó el establecimiento de Villa Rica del Espíritu Santo en el Ybytyrusú, en carácter perpetuo (15).


IV.- DISIDENTES PIDEN VOLVER A CURUGUATY


Una vez despoblada la antigua Villa Rica del paraje de Curuguaty, la gente siguió yendo al sitio para los beneficios de la yerba, ya que gran parte de ella, destinada al comercio con el Perú y Chile, provenía del lugar. Los españoles, esclavos, mestizos e indígenas que acudían a los yerbales de Curuguaty no contaban con los auxilios sacramentales, principalmente a la hora de la muerte, tampoco había orden ni justicia, por el abandono y la prepotencia que se habían enseñoreado de la región.

Ante estos y otros hechos, muchos pobladores de Villa Rica, carentes de tierras para el cultivo y la ganadería, por tratarse de un distrito "muy corto y limitado y los habitantes muchos y mucha la pobreza" (16), solicitaron al Gobernador Bazán de Pedraza, en 1714, la fundación de una villa de españoles en el antiguo asiento de la Villa Rica del Espíritu Santo.

El Procurador General de ella, el Maestre de Campo Pedro Benítez Rodríguez, en nombre de los vecinos de la Villa, presenta al citado gobernador las causas que motivaron tal petición. Además de las ya expuestas, el procurador hace hincapié en la necesidad de repoblar el Curuguaty a fin de salvaguardar los límites fronterizos contra las invasiones de los enemigos. También le recuerda, que aunque Villa Rica logró estabilizarse en el Ybytyrusú al ubicarse lejos de la asechanza de los indios "infieles" y los portugueses, sus posibilidades de expansión resultaban escasas debido a la falta de ríos navegables, la lejanía de los yerbales y la adyacencia de los pueblos de ltapé y Caazapá hacia el sur y el río Tebicuary al norte que le impedían extender sus dominios.

Los grandes latifundios acaparados por unos pocos, como el caso del General José de Avalos que arrendaba sus tierras a más de 100 familias, dejaban a los más pobres sin la posibilidad de contar con chacras y corrales propios. Cuando las cosechas no eran buenas, debido a las plagas de las sementeras, el alquiler de las tierras aumentaba dejando a los niños y mujeres sin comida y "sin la decencia de la vida necesaria" (17).

Desde la Villa, la comercialización de la yerba también se hacía dificultosa, pues el cruce de pantanos durante el viaje a la ciudad obligaba a los indios a cargar la mercancía sobre sus hombros hasta hacer pie, en tanto que la tropa se perdía y la yerba bajaba de calidad. Este viaje por tierra duraba unos seis u ocho meses, encareciendo considerablemente su costo y entorpeciendo el comercio de la provincia.

En cambio, en el paraje de Curuguaty -dice el Procurador- los que allí fueren encontrarán "desahogo de trabajo" por la facilidad de la comercialización de la yerba debido a la navegabilidad de los ríos Curuguaty y Jejui, afluentes del Paraguay. El petitorio aclara que dichos cauces les permitirían transportar la carga hasta Asunción en "barquillos, canoas y balsas" río abajo, en tan sólo veinte días.

Tantas eran las bondades del sitio de Curuguaty, según el Procurador, que allí tampoco necesitarían cueros para acomodar la yerba, ya que sus montes producían unas cañas (tacuaras) con las que se podían fabricar cestos para el transporte de la misma. Los bastimentos se conseguirían fácilmente y los indios de la región podrían ser reducidos a la "Santa Fe, tomándolos como brazo de trabajo" (18).

El Cabildo de Villa Rica aprobó la petición de los pobladores por considerarla conveniente para el resguardo de los yerbales y la continuidad del comercio en dicha región. El Gobernador Bazán de Pedraza que ocasionalmente se hallaba de visita en la Villa aprobó el acuerdo capitular del 17 de octubre de 1714 al comprobar la pobreza en la que se debatían muchos de sus pobladores.

De los 400 españoles que habitaban el Guairá, Bazán de Pedraza autorizó la salida de 100 de ellos, a fin de poblar "por vía de reducción de españoles" el antiguo asiento de la villa.


V.- CONDICIONES PARA POBLAR CURUGUATY.


El entusiasmo de los pobladores por volver al antiguo sitio de Curuguaty, obligó al Cabildo de la Villa y al mismo gobernador, a establecer ciertas normas que aseguraran la continuidad de Villa Rica del Espíritu Santo en el Yvytyrusú. Bazán de Pedraza prohibió la salida de los vecinos feudatarios y regidores y de todos aquellos que poseían "chacras fundadas en propia tierra" (19). Los infractores debían pagar 100 pesos corrientes, la mitad para la Real Hacienda y la otra para la nueva población del Guarnipitán (Villeta) y cuando ella estuviere fortalecida, la multa se aplicaría a la fabricación de la Capilla e Iglesia de Curuguaty. Tampoco podían ir aquellos que tenían deudas pendientes con la Real Caja o con particulares de Villa Rica o Asunción.

El Maestre de Campo Lorenzo del Villar, Superintendente en lo político y militar de Villa Rica, elaboró el padrón de los españoles que irían a la nueva fundación, advirtiendo que todo aquel que transgrediera la ley sería devuelto "con todo rigor y apremio" (20).

Cada poblador debía llevar su boca de fuego con municiones y una lanza bien registrada por el dicho Superintendente, sin olvidar sus herramientas, sus yuntas de bueyes, vacas, yeguas, mulas, caballos y semillas para el principio de las labranzas. Una vez en el sitio, cada uno se obligaría a levantar su rancho y a fabricar entre todos, la Capilla del convento franciscano y la Iglesia parroquial de la villa.

Se exigía acatamiento a las órdenes emanadas del capitán de justicia y guerra y demás cabos y sargentos "guardando obediencia y disciplina militares para la seguridad y resguardo de todos" (21). Copias autenticadas de este documento se enviaron al Rey, al Consejo de Indias y a los señores de la Real Audiencia.

A pesar de las exigencias impuestas por el gobernador, muchos feudatarios y encomenderos de Villa Rica se inscribieron en el padrón de Curuguaty.

Tampoco se respetó la cantidad de pobladores que podían salir para la nueva fundación. La lista llegó a sumar 167 hombres, sin contar las mujeres y los niños. Los 67 españoles sobrantes se inscribieron al pie del padrón, con la anuencia tácita de las autoridades de Villa Rica.


VI.- ELECCIÓN DEL SITIO Y TRAZADO DE LA VILLA.


Después de largos trámites burocráticos y preparativos de viaje, los pobladores guaireños, muchos de ellos ya ancianos, volvieron a peregrinar por los montes en busca de tierras fértiles y aguadas suficientes para el ganado. Iba con ellos fray Ramón de Barcelona, franciscano del convento de Santa Bárbara de Villa Rica del Espíritu Santo.

El Maestre de Campo Alonso Benítez de Portugal hizo la elección del sitio sin tener conocimiento acabado del lugar. Los pobladores que habían vivido allí décadas atrás solicitaron al gobernador una nueva inspección del terreno a fin de escoger los mejores solares de la región. El Alcalde de la Santa Hermandad, Diego de los Reyes Valmaceda, experimentado conocedor de aquellos parajes, procedió al reconocimiento del sitio donde acampaban los pobladores constatando las deficiencias del mismo.

Los pobladores abandonaron el primer asentamiento en busca de mejores tierras. Una escuadra de soldados formando fila de tres en fondo iba a la vanguardia con el Maestre de Campo Alonso Benítez de Portugal y demás capitanes. En la retaguardia marchaba fray Ramón de Barcelona con el resto de la gente.

Después de un largo caminar pararon cerca del arroyo Piquipó y de común acuerdo hicieron elección del sitio "con aplauso de todos" sin que ninguno se opusiera. Según la costumbre de la época, los pobladores arrancaron algunas hierbas en señal de posesión, vitoreando el nombre del Rey Don Felipe V. Era el 14 de mayo de 1716, vísperas de la festividad de San Isidro Labrador, por eso lo eligieron al mismo como patrono.

A un cuarto de legua del asentamiento se hallaban las ruinas de la antigua capilla de la Virgen de los Milagros, cuya imagen, luego de la invasión de los bandeirantes, en 1676 fue llevada a Villa Rica y ahora regresaba al sitio como protectora de la nueva población de Curuguaty (22).

El lugar escogido para la fundación de la villa se hallaba limitado al norte por la capilla que fue de la Virgen de los Milagros, al sur por el arroyo Piquipó, al este por "el camino que entra en la montaña que llamanYerutí y al oeste por el río Curuguaty que cierra haciendo seno con el arroyo Piquipó que cae en él y por el sur el arroyo Piquipó con el arroyo Ybycuí que dista de latitud poco más o menos uno del otro legua y media y de longitud, de naciente a poniente poco más o menos de dos leguas" (23).

Se aseguraron como ejidos comunes todos los campos que caían a la parte norte del arroyo Tacuarí y de la parte del sur los campos que corrían desde el arroyo Piquipó hasta el monte que llamaban Barreto. Dichos campos "según el juicio de los más inteligentes" abarcaban unas tres o cuatro leguas de extensión. No había a la redonda, en más de 70 leguas de distancia, ningún pueblo de españoles ni de indios reducidos, aunque en las montañas circundantes vivían "muchos indios monteses infieles, de la misma nación e idioma que los reducidos en esta Provincia del Paraguay" (24).

Con respecto a los monteses o caingua, las ordenanzas dictadas por el gobernador Bazán de Pedraza prohibían a los españoles de Curuguaty hacer guerra a dichos indios, aunque recomendaban mantenerse alertas para evitar invasiones o emboscadas de parte de los mismos. Al parecer estas ordenanzas no se cumplieron ya que en el padrón de indios yanaconas de Curuguaty, realizado al año siguiente de la fundación, figuraban varios monteses recién capturados.

Dos días después de la fundación, el 16 de mayo de 1716, los pobladores fueron convocados al son de cajas de guerra para recibir instrucciones relacionadas a la preparación de sementeras, limpieza del sitio y distribución de lotes para sus viviendas. El incumplimiento del bando se pagaba con cuatro pesos corrientes aplicados a la fábrica de la capilla e iglesia matriz.

Un mes más tarde, Diego de los Reyes Valmaceda mandó reunir a los pobladores en el sitio ya limpio de malezas y ordenó el trazado de la plaza mayor mediante una cuerda de 135 varas que se extendió de norte a sur y otra de 125 varas tirando de este a oeste (25). En los ángulos de la plaza se abrieron las bocacalles de nueve varas de ancho y así se fue cuadrando el pueblo en solares dando a cada uno igual medida que la señalada para la plaza.

Las seis calles que corrían de este a oeste, comenzando desde el sur eran las siguientes: Calle del Pozuelo - Calle de la Luna - Calle San Bartolomé- Calle del Sol - Calle de la Victoria y Calle del pozo de la Virgen de los Milagros. Las que iban de norte a sur empezando desde el este se denominaban: Calle San Francisco - Calle de la Rosa - Calle de Jesús Nazareno - Calle de las Cruces - Calle de los Cielos y Calle de la Plata (26).

Fuera del cuadro de la población, en la parte norte del mismo se trazó la plazoleta de la iglesia dedicada a la Virgen de los Milagros, midiendo la misma 110 varas de longitud por 80 de latitud. También se asignó "otro lugar y asiento competente fuera del dicho cuadro del pueblo a la parte norte y naciente para el Convento del Seráfico Señor San Francisco" (27).

Cabe señalar que el trazado del cuadro de la Villa de Curuguaty es único en la historia urbanística del Paraguay. No se tiene documentación de ningún otro pueblo o villa en la que se haya planificado su estructura urbana tan detalladamente como en este caso. Además, llama poderosamente la atención la conformación de solares rectangulares, tal como lo exigían las Leyes de Indias y no manzanas cuadradas como era común en los pueblos de españoles. Aunque por otro lado, señalaron sitio para el templo fuera del cuadro de casas, cuando la norma era la de ubicar a la iglesia en el centro neurálgico del pueblo. El deseo de los pobladores de hacer coincidir el lugar del templo con el que antiguamente ocupaba la capilla de la Virgen de los Milagros, podría ser quizá la razón de tan peculiar elección.

"A la parte del norte se formó otro cuadro de plazoleta... que ha de servir a la Iglesia Capilla de Nuestra Señora de los Milagros antigua por haber los pobladores merecido a esta Santa Imagen el que se trajese de la Villa del Espíritu Santo a su antiguo lugar que es el que se le ha asignado para su Iglesia..." (28).

También resulta curioso el hecho de haber dado nombres a las calles, algunos de ellos muy simbólicos como "calle de la Victoria" y "calle del Cielo", otros tomados del santoral o relacionados con su propia historia, como la "calle del Pozo de la Virgen de los Milagros" o de San Francisco por contar la nueva villa con frailes de dicha orden religiosa.

Cuando ya se tenía el trazado de la villa y los pobladores se preparaban para fabricar sus casas en el nuevo asiento, el gobernador Bazán de Pedraza les comunica, a fines de julio del mismo año, que en el antiguo pueblo de indios de Terecañy, ubicado sobre el río Jejuí Guazú, según él, existían sitios mejores para la nueva población.

Por auto publicado en la plaza el 2 de agosto, al son de cajas de guerra, dicho gobernador ordenó a los jefes militares y pobladores de Curuguaty que en el plazo de tres días saliesen con el Maestre de Campo Diego de los Reyes Valmaceda a inspeccionar aquel sitio, con cargo de 8 pesos a los que desobedecieran la orden.

El desconcierto de los pobladores fue grande después de todas las penurias que habían pasado en aquellos parajes hasta lograr asentarse en aquel sitio en espera de poder cosechar sus primeras siembras y preparar sus viviendas.

Una carta escrita por los pobladores, dirigida al mismo gobernador, da cuenta del perjuicio que les acarrearían una nueva mudanza después de dos años y tres meses de haber venido a Curuguaty con licencia de su gobierno. Que después de haber inspeccionado toda la región se quedaron en el mejor sitio de ella y que no es verdad que el antiguo pueblo de Terecañy estuviera sobre el río Jejuí Guasú como le habían informado, ya que distaba del mismo unas ocho o nueve leguas. Le dicen que donde están asentados hay más de 16 leguas de campo, sin montes, con cañaberales, tabacales y muchos otros bienes, sirviendo el pasto para la cría del ganado. También le manifiestan que desde ese lugar, al toque de caja de guerra pueden acudir con prontitud por no haber montañas y que en menos de hora y media podían estar reunidos en la plaza. Que para el comercio de la yerba era el mejor sitio por estar cerca del río Curuguaty que es por donde navegaban frecuentemente los antiguos pobladores, con puertos sobre el río Corrientes, muy cercano al lugar por donde salen las tropas para el beneficio de la yerba.

Los vecinos pidieron que se suspendiera la ejecución del Bando "por el perjuicio e inquietud que de él se siguen", firmando dicha carta más de 80 pobladores (29).

Bazán de Pedraza admitió la súplica del vecindario, no obstante, ordenó al Superintendente de la nueva villa que fuera a inspeccionar aquel paraje en compañía de algunas personas de "más graduación e inteligencia".

El 7 de agosto de 1716 concluyó la expedición encabezada por el Maestre de Campo García López Duarte y el Capitán Comandante Juan Bautista Barreto, entre otros. Los mismos coincidieron en señalar que aquellas tierras no eran aptas para el cultivo por ser "suelo quebrado, laderas sin agua sino a gran distancia" y que no era paraje cómodo para el comercio ni para poblado de españoles por encontrarse el antiguo sitio de Terecañy muy lejos del río Jejui Guasú (30).

Salvado aquel obstáculo y por ser tiempo oportuno para la siembra, a fines del mes de octubre, el Maestre de Campo Diego de los Reyes Valmaceda mandó a los pobladores de la villa que prepararan sus chacras y acudieran el día 9 de noviembre a la plaza mayor para la adjudicación de solares adecuados a sus necesidades. Ordenó que las mujeres o apoderados acudieran en reemplazo de los ausentes y enfermos, lo mismo las viudas que hubieren venido a poblar con sus hijos menores y parientes. El Bando fue publicado al son de cajas de guerra en la plaza mayor para que nadie "pretenda ignorancia" (31).

El Archivo Nacional de Asunción conserva una rica y detallada documentación referente a la fundación de Curuguaty, tanta que hasta se pudo reconstruir el plano de la misma ubicando a cada uno de los pobladores en su respectivo lote, salvando así la pérdida del plano original del que hacen referencia las fuentes.

Se repartieron en total 31 solares rectangulares, incluyendo los destinados a plaza mayor, plazoleta de la iglesia y convento de San Francisco. Cada uno de ellos se hallaba dividido por calles que partían de los cuatro ángulos de la plaza principal. Al sur de ésta quedó un solar vacío, lo cual resulta inexplicable por hallarse en el centro del trazado urbano.

A cada poblador se le asignó un cuarto de solar, sumando 112 los lotes adjudicados, salvo los destinados a Casas Reales del Cabildo y a los tres Maestres de Campo de la villa a quienes se les adjudicó medio solar a cada uno. Eran ellos los hermanos: Pedro y Alonso Benítez de Portugal y Lorenzo del Villar. Es de notar que los dos cuartos del solar destinados al Cabildo y también los dos otorgados al Maestre de Campo López Duarte fueron los únicos cuyos frentes miraban a una calle transversal como era la de las Cruces, en tanto que los demás daban con calles que corrían de este a oeste.

El sitio destinado para convento de San Francisco se hallaba al noreste, fuera del pueblo, teniendo al este la calle de San Francisco y al sur la del Pozo de la Virgen de los Milagros, al igual que la plazoleta de la iglesia ubicada sobre la misma calle. El norte de ambos solares ya daban con terrenos baldíos (Ver plano).


VII.- BANDOS Y DISPOSICIONES DE GOBIERNO.


Como en toda nueva fundación, los pobladores de Curuguaty vivían sujetos a una rígida disciplina militar. Todo estaba controlado y digitado por las autoridades locales y éstas a su vez por el gobierno provincial.

Nadie podía entrar ni salir libremente de la villa ni permanecer más tiempo de lo reglamentado. Al son de tambores, bajo amenazas de penas pecuniarias y castigos físicos, los vecinos se veían obligados a obedecer. No obstante, les asistía el derecho de peticionar legalmente y en más de una ocasión, las autoridades tuvieron que desistir de sus propósitos y aceptar la súplica de los pobladores.

Entre los bandos y disposiciones de gobierno señalaremos algunos a modo de ejemplos:

-Los vecinos que iban a la Villa por motivos de negocio sin traer su familia podían permanecer en ella sólo 10 días y si fuere por razón de romería y visita a la "Soberana Señor Reina de los Ángeles de los Milagros" de dicha capilla, tenían permiso para quedarse hasta 15 días.

-Los comerciantes debían contar con una licencia expresa del gobierno y los de Villa Rica, del Justicia Mayor de ella.

-Quedaba libre el comercio común de los vecinos de la Provincia y comerciantes de ella para entrar y salir a los beneficios de la yerba, tratar y contratar con sus géneros, ventas y compras de las mercaderías usuales.

-Estaba prohibido el comercio de los vecinos de Villa Rica con los pobladores de Curuguaty para el beneficio de la yerba ni para otros negocios, pues cada uno debía hacerlo en su distrito y domicilio.

-También se había prohibido la entrada de vagabundos y ociosos, que sin tener negocios y diligencias que hacer, "se divierten por las chacras y poblaciones holgazaneando, cometiendo desordenes ilícitos contra el servicio de Dios y S. Magestad" (32). Manda al Jefe de la Plaza que los apresen a tales y los remitan al distrito de donde fuesen naturales.

-Nadie debía permitir que llegasen a sus casas vagabundos y ociosos y los que los ocultaban o no los denunciaban sufrían una pena de 25 pesos aplicados a la Real Cámara.

-Con respecto al precio de los frutos, se dispuso que se tuvieran en cuenta los que corrían en Asunción y en Villa Rica del Espíritu Santo. -Otra ordenanza del 21 de agosto de 1717 legislaba sobre precios de las monedas géneros y frutos y demás bienes de la tierra "por no correr moneda de plata en esta Provincia". Así, la especie del tabaco por 4 pesos corrientes de a 8 varas que corresponde al precio de la ciudad. Como moneda del algodón por 2 pesos corrientes de a 8 varas a la arroba de azúcar de buena calidad y a la arroba de miel 4 pesos corrientes de a 8 varas. La vara de lienzo ordinario por 1 peso corriente de a 8 varas. El cuero de suela a 4 pesos de a 8 varas y el maíz 4 pesos corrientes a 8 pesos la fanega (33).

-Durante una de sus visitas a la Villa, Diego de los Reyes Valmaceda se percató de la presencia en ella del sargento mayor Tomás Benítez, siendo éste alcalde provincial de Villa Rica del Espíritu Santo. Al punto le emplazó por seis días a que saliera de la población con su familia y se reintegrara a la Villa Rica para continuar con el ejercicio de su cargo. Benítez le responde que llegó a la nueva población como sargento mayor de la escuadra de soldados que vino a fundar la Villa, siendo él uno de los primeros y principales pobladores de Curuguaty. Le dice que vino con cargo y licencia de su antecesor y que el oficio de la Villa Rica fenecería en 20 días, rogándole quedarse aunque para ello deba renunciar al mismo. El gobernador le concede seguir viviendo en la nueva población (34).

-También hubieron autos sobre embarque y conducción de la real hacienda. En aquella época eran recaudadores de los bienes reales los capitanes Gerónimo Díaz Adorno y Fernando del Villar. La real hacienda se transportaba por los ríos del distrito hasta Asunción y ahí a Buenos Aires para su comercialización.

-Al son de cajas de guerra, el 18 de agosto de 1717 se leyó otro bando en la plaza mayor, esta vez para ordenar a todas las personas que habían recibido mercedes reales a que acudan al gobierno a presentar sus escritos expresando en ellos el paraje de chacras o estancias, cantidades y linderos de sus tierras para que siendo legítimas se les de despacho y título en forma.

En la Sección Propiedades del Archivo Nacional de Asunción se conservan varias escrituras públicas de los primeros pobladores de Curuguaty, como ser la del Maestre de Campo García López Duarte (35), Tomás Benítez (36), Sebastián Benítez (37), Juan Alberto Álvarez (38), Dionicia Rodríguez (39), Juan Sandoval (40), Francisco Silva Ramírez (41) Jacinto Villalba (42), Silverio Altamirano (43) y Cristóbal Peralta (44), entre otros.

-Cada poblador debía mantenerse en sus posesiones con justo título y derecho de propiedad y a nadie se le podía otorgar título si antes no pagaba la media anata (45).

-Al término de aquella visita- 1717- el gobernador Valmaceda mandó completar el padrón de los pobladores y halló más de 1.000 habitantes de todo sexo y edades, los que se habían multiplicado en casi tres años. Algunos de los vecinos eran centenarios, como el capitán Lucas de Villaba que contaba con 110 años, Juan Valdez, 100 años y otros octogenarios como el teniente Tomás de Candia, Francisco Ortíz y el alférez Juan Bautista Lobos "viejo e impedido" (46).

En esa oportunidad, Valmaceda convocó a los más representativos de la villa para elegir a los miembros del Cabildo. Figuraban entre ellos el Maestre de Campo Pedro Benítez Rodríguez, Superintendente en lo político y militar, el Maestre García López Duarte, Sargento Mayor actual Juan Bautista Barreto, a los capitanes de Caballos Corazas Sebastián Bazán, Fernando del Villar, Gerónimo Díaz Adorno de Villagra. También acudieron a la convocatoria el Procurador de la villa, el Capitán Sebastián Benítez y los Mestres de Campo Lorenzo del Villar y Alonso Benítez de Portugal. La votación se llevó a cabo el 14 de setiembre de 1717.

El alcalde ordinario que debían nombrar tendría jurisdicción en todos los casos civiles y criminales y el de la Santa Hermandad en los casos criminales de campaña. Quedó como Sargento Mayor García López Duarte en reemplazo de Juan Bautista Barreto que pidió su renuncia por enfermedad. Al poco tiempo sobrevino una peste y coincidentemente murieron todos los que habían sido electos.

"Y porque del contagio y epidemia general que se ha padecido en toda la Provincia han muerto los dichos de ellos que estaban electos: el Cap. Juan Antonio de Villagra (Alcalde Mayor), el Maestre de Campo García López Duarte, Juan Bautista Barreto..."(47), el gobernador Valmaceda manda que se proceda a una nueva elección de autoridades. Los cargos recaen en el Capitán Francisco Fernández de Mora en reemplazo de Villagra "que murió antes de usarlo", el Sargento Mayor Blas Álvarez Martínez por el Maestre de Campo García López Duarte, entre otros (48).

La aprobación real de la Villa de Curuguaty data del 31 de agosto de 1721.


VIII.- INDIOS YANACONAS DE CURUGUATY.


Aunque se había dicho que la nueva población de Curuguaty sería destinada para los "sin tierra" de Villa Rica del Espíritu Santo, no faltaron señores encomenderos y latifundistas de dicha villa que se inscribieron en el padrón de Curuguaty, como el Maestre de Campo Lorenzo del Villar que poseía gran cantidad de indios yanaconas u originarios. Este tenía en posesión perpetua 22 familias yanaconas compuestas de 62 personas, las que al reproducirse les brindarían más brazos de trabajo.

Cabe señalar que al elaborar los padrones de siervos o yanaconas, las autoridades identificaban a los varones por la edad y el nombre de los mismos, no así a las mujeres de las que sólo consignaban sus nombres o cantidades. La razón de esta discriminación tenía que ver con la jubilación de los varones, que por lo menos la tenía en teoría, en cambio las mujeres seguían trabajando sin contemplación de edad, hasta el final de sus vidas.

Los encomenderos transmitían a sus descendientes la posesión de los yanaconas. En el padrón de Curuguaty, algunos encomenderos lo eran en segunda vida, es decir, la habían heredado de sus padres, lo cual equivale a que la mayoría de dichos indios fueron en un principio yanaconas de Villa Rica y que luego emigraron a Curuguaty con sus nuevos amos. Los encomenderos en primera vida eran aquellos que tomaban la posesión de los indios por captura y no por herencia.

Los yanaconas trabajaban para su amo a perpetuidad, debiendo recibir de éste la doctrina cristiana, alimentos y demás necesidades vitales. Generalmente se casaban entre ellos, de lo contrario no podían hacer vida matrimonial porque ningún encomendero quería desprenderse de su propiedad si la "unión" se daba entre yanaconas de diferentes dueños.

Ningún hijo de español podía ser yanacona y si se lo llegaba a capturar como tal, sus padres podían reclamar su ascendencia a fin de liberarlo del yugo, como sucedió con el hijo menor de Micaela, yanacona del Maestre de Campo Alonso Benítez de Portugal quien dijo ser de español "lo cual lo certifica el pelo y el color de la piel, quedando libre de la encomienda"(49). Con el tiempo, las mujeres nativas llegaron a preferir al español antes que a su pareja natural a fin de que sus hijos no sufrieran la condición de siervo que ellas padecían.

Volviendo al primer padrón de yanaconas de Curuguaty se debe destacar que tan sólo el 1,1 % de los pobladores de la villa poseían yanaconas, el resto era gente pobre y desheredada. El Maestre de Campo Alonso Benítez de Portugal poseía en 2da. vida, siete familias que hacían 16 personas; el Maestre de Campo García López Duarte, también en 2da. vida contaba con nueve familias y 26 personas; el Capitán Juan Álvarez Merino, en 2da. vida, seis familias con 11 personas; el Alférez Francisco de Mora, dos indios fugados y un montes recién capturado; el Capitán Cristóbal Álvarez de Mendoza, dos indios monteses; Doña Victoria Giménez de Bóveda, un indio montés; el Capitán Tomás de Candia, una india; el Teniente Fernando González, una india, Juan González Villaverde, un indio montés; el Capitán Calixto de Espínola, una india y Doña María de Hortellado, un indio. En total sumaban 126 yanaconas en poder de 11 encomenderos (50).


IX.- DEFENSA MILITAR


Por hallarse la nueva población de Curuguaty en zona fronteriza, lejos del auxilio de Asunción y Villa Rica y muy cerca de los indios monteses y bandeirantes, las autoridades provinciales proveyeron a sus pobladores de armas para la defensa. Debido a los largos caminos y parajes de riesgo, no pudieron entregarles gran cantidad de armamentos por temor a que sus soldados fuesen asaltados y las armas cayeran en manos del enemigo. El procurador de la nueva Villa, el Capitán Sebastián Benítez hizo entrega a los mismos de 38 carabinas, dos pares de pistolas, 20 espadas, 12 arrobas de plomo, 10 arrobas de pólvora en dos barriles brutos. Al Maestre de Campo Tomás Benítez se le entregó una carabina con cuatro libras y media de pólvora y siete de plomo en cuatro pesos, lo cual indica que cada soldado debía comprar su propio armamento.

En 1717, año de la organización de la villa, se repartieron armas a todos los varones mayores de 15 años, capaces de empuñarlas. Había entonces 118 hombres de guerra y 32 varones no emancipados mayores de 15 años a los que se distribuyeron escopetas, pistolas, armas de pie y de a caballo, carabinas, lanzas y adargas. El ejército se dividía en compañías de soldados, éstos portaban lanzas, adargas y caballos, en cambio los jefes contaban con armas de fuego y caballos. Medio siglo después, la defensa de Curuguaty poseía un total de 237 soldados, cada uno con lanzas y caballos y los principales con armas de fuego (51).

El comandante de armas tenía a su cargo el servicio ordinario y de guardias, las expediciones militares y "otras fatigas". Era el responsable de otorgar licencias a los soldados destinados como peones para el beneficio de la yerba, la conducción de hacienda a la ciudad o la salida de la jurisdicción por asuntos de negocios o intereses particulares.

La tropa destinada a la construcción de la iglesia- segunda mitad del siglo XVIII- estaba exenta del servicio militar. La misma se hallaba compuesta de 100 soldados repartidos en cinco turnos, trabajando cada uno de ellos durante un mes. Entre tanto, los demás soldados laboraban en sus casas. El responsable de dicha tropa era el maestro de obras y nadie podía disponer de ninguno de sus soldados para otros menesteres.

En 1786 se exoneró del servicio militar obligatorio a los hijos únicos (viudas pobres, padres achacosos, inválidos y ancianos). Para entonces ya había aumentado a 18 años la edad mínima para la defensa del territorio, la cual se prolongaba hasta los 60 años.

Aunque en toda la provincia militaba la caballería, en Curuguaty había artillería debido a los terrenos montañosos y a los indios enemigos que eran de "a pie". Ella estaba destinada a defender las fronteras rondando por las noches con patrullas y persiguiendo a los indios monteses si fuere necesario, previo aviso de cañón.

A fines del siglo XVIII, la compañía de artillería se hallaba compuesta de un capitán, un teniente, dos sargentos, cuatro cabos y 62 soldados. A éstos se les instruía en el manejo de armas de fuego y tiro al blanco del que eran expertos. También realizaban trabajos propios de tropa ligera como construir puentes y abrir caminos (52).


X.- SUPERNUMERARIOS.

           

A la nueva población de Curuguaty fueron más pobladores de los que se había dispuesto. El Cabildo de Villa Rica reaccionó airadamente y otorgó poderes al Procurador General de ella, Pedro Benítez y al Capitán Antonio Cristaldo, Alguacil Mayor para que se presentaran en la Villa de Curuguaty a exigir el retorno de todos los que se hallaren sin licencia, advirtiendo de que no haya "pedimento" a civiles ni eclesiásticos para mediar en el conflicto (53).

La reacción de los pobladores de Curuguaty no se hizo esperar. Estos se defendieron diciendo que salieron de Villa Rica con el consentimiento del difunto gobernador Bazán de Pedraza y que ya llevaban casi tres años de estar asentados en ella.

Se dijo que salieran sólo 100 soldados, que ningún encomendero ni regidor podía abandonar la Villa, entonces, preguntan los curuguateños, por qué se les permitió venir?.

El Cabildo insistió en el retorno de los supernumerarios a fin de no sentar precedente, pues otros podrían pasar a ella y quedarse allí inducidos por los mismos parientes o "atraídos por la novedad o por huir de la justicia", lo que acarrearía grave perjuicio a la Villa (54).

Las tratativas quedaron suspendidas al apartarse del caso los apoderados de Villa Rica "por falta de pruebas en contra". El Procursor de Curuguaty, Sebastián Benítez; solicitó la presencia de testigos que digan si los llamados a salir estuvieron desde el principio de la fundación, si tienen casas y corrales en ella, que declaren si les consta que los dichos vecinos hayan estado trabajando en los montes en el corte de madera para la fábrica de la iglesia matriz, si la salida de dichas personas y sus familias traería pérdidas al laboreo de la yerba y a la defensa de las fronteras, etc.

Los llamados a testificar "como personas desapasionadas y de recto celo" fueron el Maestre de Campo Alonso Benítez de Portugal, de 36 años, Gerónimo Fernández de Aldana, vecino de Asunción, de 44 años, Ignacio de Arévalo, de 36 años y José de Mendoza (55).

Después de escuchar a los testigos, el Capitán Francisco Méndez, procurador fiscal y defensor de la real hacienda manifestó no hallar materia que resultase contra los dichos pobladores ni supernumerarios, respecto de que los que vinieron a poblar lo hicieron de buena fe y por lo tanto debían merecer el privilegio de pobladores legítimos. Sin embargo, los testigos coincidieron en señalar que siete de ellos se habían introducido a la villa hacía poco tiempo, salvo Santiago de Villalba que tenía su madre, mujer y suegra en ella.

De los 27 supernumerarios, 19 habían vivido allí desde el principio de la fundación y ya contaban con casas, chacras y corrales, por lo que el gobernador Valmaceda los separó del proceso. Sólo fueron compelidos a regresar siete supernumerarios: Pablo Godoy, Santos de Almirón, Barlomé Duarte, Sebastián González, Jacinto Marín, Nicolás Martín, Domingo Valdez y José de Villalba. Con este procedimiento se puso fin al conflicto y a partir de entonces los pobladores de Curuguaty pudieron vivir con más respiro y quietud.


XI.- CURUGUATY A FINES DEL SIGLO XVIII.


Cuando el obispo Manuel Antonio de la Torre visitó Curuguaty en 1761, la villa contaba con 484 familias compuestas por 2.194 habitantes. Encontró los caminos de acceso a ella "muy trabajosos por los varios pantanos, precipitadas serranías, además de varios riachos que se pasan (como a mí me sucedió) en Pelotas de cuero haciéndose dificultoso por la desidia e inercia de tantos como continuamente trafican este camino sin poner reparo ni remedio alguno a peligrosos pasos en que perecen hombres y cada día los animales" (56).

Su territorio era muy extenso y "llegaba hasta los confines portugueses", pero debido a la continua invasión de los indios, el mismo se hallaba reducido a unas 10 leguas y "no siendo apta para cría de animales padecen bastante miseria sus habitantes por falta de carne" (57).

El trazado de calles con sus nombres y los solares distribuidos a sus pobladores en 1717 estaban semi abandonados debido a que sus dueños preferían afincarse junto a sus chacras y corrales, antes que permanecer en el centro urbano de la villa. Las pocas casas que quedaban sólo se abrían los domingos y días festivos cuando sus dueños venían a misa:

"Y habiéndose formado en calles linderas se ha quedado las más en líneas, reduciéndose a muy pocas útiles abreviadas casas por habitar sus vecinos esparcidos en diferentes y remotos vientos a usanza de esta República" (58).

La iglesia parroquial contaba con tres naves, toda ella era muy precaria debido a que la fabricaron "de postería débil y sin cimientos". Sus cortas rentas impedían dotarla de buenos ornamentos y vino para las misas.

Los franciscanos vivieron en Curuguaty desde sus mismos orígenes y establecieron en ella un hospicio con siete celdas, que por no contar con la aprobación real tuvo que pasar casi desapercibido durante medio siglo, hasta que en 1765, el Rey autorizó la fundación del mismo.

Según el obispo de la Torre, la iglesia de Curuguaty había quedado sin sacerdotes desde 1757 y esto debido a los "extravíos de la villa, las largas distancias y la cortas rentas". En su visita de 1761 el citado prelado llevó consigo dos franciscanos, uno para el cuidado de la iglesia matriz y otra para la capilla de Santa Rosa de Lima en el valle de Carimbatay, distante del pueblo más de cuatro leguas. Dicho paraje contaba con gran número de chacras y en el pasado sus habitantes morían sin el auxilio de los sacramentos, según pudo constatar el obispo por los cuadernos de difuntos (59). También hace mención de dos capillas privadas, cerradas por falta de vasos sagrados y ministros.

Volviendo a la presencia franciscana en la Villa de San Isidro, el cronista Cosme Bueno escribió en 1772 que en Curuguaty había "un convento de San Francisco de reciente fundación", sin duda se refería al hospicio aprobado años atrás (60).

Cuando Azara visitó Curuguaty a fines del siglo XVIII, los franciscanos ya no estaban y Aguirre, en la misma época, halló abandonado "el rancho o habitaciones que tuvieron" (61).

Durante su visita pastoral a Curuguaty, el obispo ordenó de diácono a tres clérigos naturales de la villa para que "aunque sea con pobreza puedan socorrer a tantas necesidades espirituales... espero que se habiliten para poder fiarles el cuidado de esta grey tan esparcida y excarriada" (62).

Según los padrones concluidos en 1782, en Curuguaty sólo quedaban dos españoles europeos, en tanto que los mestizos y algunos criollos ascendían a 3.657, siendo los menos los esclavos negros y mulatos. Estas cifras corresponden a las concentraciones urbanas, escapando de ellas aquellas familias que vivían en sus chacras y los indígenas no reducidos.


POBLACIÓN DE CURUGUATY EN 1782

2          españoles europeos

3.657   criollos y mestizos

98        indios libres

46        yanaconas o siervos

9          negros y mulatos esclavos

41        negros y mulatos libres

3.853   habitantes (63).


XII.- SITUACIÓN DEL PEÓN YERBATERO.


Según informe del obispo de la Torre al Rey, en 1761, la yerba paraguaya beneficiada en los montes de Curuguaty era causa de esclavitud y extravío de mucha gente.

La yerba del Paraguay, le dice "tan ponderada en muchas historias, que parece hacen competencia con el cerro de Potosí" es sin embargo "su mayor maleficio, su dura esclavitud y su perdición" (64).

Al hablar de los peones yerbateros de Curuguaty, el obispo los compara con las ovejas y las abejas, las cuales trabajan, unas para vestir y otras para alimentar a extraños quedándose ellas sin sus beneficios:

"Todos sus graves atrasos provienen de estos llamados beneficios, sucediéndoles lo que a las ovejas y las abejas, pues criando aquellas naturalmente el vellón para su abrigo, al fin se quedan entre sus ayes, sin la lana porque otro se la trasquila y éstas, beneficiando con afán laborioso los dulces panales, no es para ellas la miel, sino para quien las cata, de suerte que como cantaba el poeta, los afanes de unas y otras no son para sí, sino para otros, quedándose al fin, unas sin el trabajo de su miel y las otras sin las utilidades de su lana".

Los peones entraban en los montes de Curuguaty con mulas alquiladas a cuenta de la yerba que iban a cortar. Se necesitaban 150 mulas para 100 cargas de yerba y cada una de ellas pesaba de 14 a 16 arrobas. La yerba se introducía en bolsas de cuero que cargaban sobre mulas que iban en grupos de a 10 a cargo de un peón. Este andaba desnudo porque debía pasar los ríos a nado empujando la carga que flotaba sobre bolsas de cuero infladas, llamadas "pelotas".

A la mula que caía por cansancio o enfermedad se la dejaba en el camino y la tropa seguía, lo mismo ocurría con el peón que se enfermaba o moría por el camino. Detrás venían los "retaguardieros" que levantaban a las mulas caídas y a los peones enfermos. Un capataz se encargaba de cuidar que ningún peón se escapara o dejara de trabajar.

Si alguna mula alquilada moría por el camino, el peón debía pagar por ella desde el mes que la contrató hasta que acabara su deuda mensual que a veces llegaba a dos años o más.

El peón yerbatero tardaba ocho o más meses en regresar a la ciudad con su carga. Los mismos se alimentaban de "toro flaco" y frutos silvestres, regresando de los montes cada vez más pobres y endeudados.

En ese tiempo, según el obispo de la Torre, los peones yerbateros transportaban su mercancía hasta Asunción después de recorrer 130 leguas de camino. Diariamente salía del Paraguay 800 a 100 arrobas de yerba.

Los que se enriquecían con el trabajo sacrificado y esclavizante de los peones yerbateros eran los comerciantes de ropas provenientes de Buenos Aires. Estos entregaban sus géneros a los paraguayos a cuenta de yerba, los que se endeudaban de por vida pues los comerciantes ganaban hasta el 500 % de su valor, mientras que la arroba de yerba costaba sólo dos pesos.

Durante su visita a Curuguaty, el obispo palpó la terrible situación de los peones yerbateros y en su informe propone al Rey algunas posibles soluciones, entre las que se encontraban la necesidad de frenar la avaricia de los comerciantes de Buenos Aires y penar con leyes severas la usura y los contratos fraudulentos (65).

El tráfico fluvial de la yerba, desde los montes de Curuguaty hasta Asunción, a través de los ríos Jejuí, Curuguaty y Corrientes también suponía grandes sacrificios y constantes peligros. Era dura y penosa la tarea del balsero debido a las fuertes corrientes, el recodo de los ríos y la constante amenaza de los indios monteses que vivían en sus márgenes.

Las prolongadas salidas de los hombres para el beneficio de la yerba o la custodia de las fronteras, obligaban a las mujeres a ocuparse del cuidado de las chacras y corrales para la subsistencia de la familia. 


XIII.- CONCLUSIÓN


San Isidro de Curuguaty cuenta con una rica documentación de archivo que lo convierte en un pueblo privilegiado a la hora de querer recuperar su memoria histórica.

Sus legendarios bosques cobijaron a los Guaraní-Tobatines, protagonistas junto con sus vecinos Guarambarenses, de una larga lucha de resistencia contra la conquista española. Por aquellas regiones anduvieron, entre otros, Domingo Martínez de Irala, Alonso Riquelme de Guzmán, Juan de Garay y los frailes Luis Bolaños, Alonso de San Buenaventura, Gabriel de Guzmán y Juan Bernardo, primeros misioneros de la "provincia de río arriba".

Curuguaty fue asiento de Villa Rica del Espíritu Santo cuando en 1635 sus habitantes se vieron obligados a cruzar el Paraná debido a la invasión de los portugueses de San Pablo. Allí se reunieron los antiguos pobladores de Ciudad Real y Villa Rica, a quienes se sumaron los indígenas de los pueblos desolados de Terecañy, Candelaria y Mbaracayú, éstos últimos asentados cerca de la naciente del Acaray.

Medio siglo después, cuando ya contaban con casas, chacras y corrales en la región del Curuguaty, Villa Rica nuevamente cayó víctima del asalto de los portugueses, en 1676.

Después de un largo peregrinar por Asunción, Itapé y el Espinillo (Coronel Oviedo), los villarriqueños pusieron su mirada en el Yvytyrusú y allá fueron en 1682, en compañía de sus frailes, sus imágenes y demás pertenencias.

Los bosques de Curuguaty siguieron recibiendo a toda clase de gente que iba al beneficio de la yerba. Este producto, tan codiciado en el Paraguay, Río de la Plata, Chile y Perú, se conducía hasta  Asunción y de allí a Buenos Aires a través de los ríos Jejuí, Curuguaty y Corrientes, afluentes todos del río Paraguay.

Los vecinos pobres de Villa Rica, aquellos que carecían de tierras debido al acaparamiento de unos pocos señores encomenderos, seguían añorando los bosques de Curuguaty y no tardaron en solicitar al Cabildo, la fundación de una villa de españoles en el antiguo asiento de Villa Rica.

El gobernador Bazán de Pedraza aprobó la petición de los vecinos en 1714 al comprobar durante su visita a Villa Rica, la pobreza en la que se debatían muchos de sus pobladores. Ese mismo año partieron rumbo a Curuguaty unos 100 soldados con sus familias.

Después de un largo peregrinar buscando el mejor sitio, se ubicaron junto a la antigua capilla de la Virgen de los Milagros y en 1716 quedó fundada la nueva villa. Trazaron las calles con sus nombres, distribuyeron solares a cada familia, dispusieron la construcción de la iglesia matriz y eligieron sitio para el convento de San Francisco.

Mediante una serie de bandos y disposiciones de gobierno, la villa de San Isidro Labrador de los Reyes Católicos de Curuguaty se fue organizando paulatinamente y en 1721 logró la aprobación real.

Al cabo de unos años, el centro urbano de la villa quedó prácticamente abandonado. Sus pobladores prefirieron vivir junto a sus chacras y corrales tal como era costumbre en la provincia. Allá quedaron las calles alineadas y las casas vacías que sólo las abrían los días festivos una vez terminada la misa.

Como en toda zona de frontera, los curuguateños vivían pendientes de posibles invasiones portuguesas y también de los indios monteses, habitantes ancestrales de aquellos bosques.

A fines del siglo XVIII Curuguaty contaba con unos 4.000 habitantes y aunque poseía los mejores yerbales naturales de la provincia, ella seguía pobre y debilitada debido a la falta de caminos, a los altos impuestos y a la ambición desmedida de los comerciantes.


CITAS

1.         Díaz de Guzmán, Ruy. La Argentina, Buenos Aires, 1943, pp. 121-126. Cfr. Necker, Louis. Detalle de los movimientos de resistencia activa de los Guaraníes a la colonización española, en Indios Guaraníes y Chamanes Franciscanos. Biblioteca de Antropología, Vol. 7, Año 1990, p.223.

2.         Schmid, Ulrico. Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Buenos Aires, 1948, pp. 287-325. Cfr. Nacker, p.219.

3.         Meliá, Bartomeu. El Guaraní Conquistado y Reducido. Revista Paraguaya de Antropología, Vol. 5, Asunción, 1986, pp.31-41.

4.         Gandía, Enrique de Orígenes del Franciscanismo en el Paraguay y Río de la Plata. Revista del Instituto de Ciencias Genealógicas, Año 5, N° 6 y 7, Buenos Aires, 1946-1947, pp. 48-82.

5.         Gandía. Op. cit. Información de 1618, p.65 Cfr. Necker, 76.

6.         Gandía. Op, cit. Información. pp.64 79 y 80.

7.         Cardozo, Ramón I. La Antigua Provincia del Guairá y la Villarrica del Espíritu Santo. Buenos Aires, 1938, p.133.

8.         Cardozo. Op. cit. pp. 147-148.

9.         Cardozo. Op. cit. p. 148.

10.       Ibidem.

11.       Ibidem.

12.       Cardozo. Op. cit. p.150

13.       Velázquez, Rafael Eladio. Población del Paraguay en 1682. Revista Paraguaya de Sociología. Año 9, N° 24, Asunción, 1972, pp. 146-147

14.       Cardozo. Op. cit. p.154

15.       Cardozo. Op. cit. p.186

16.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8. Año 1714, f.40.

17.       Ibidem

18.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8, f. 42 vto.

19.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8, f. 45. vto.

20.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8 f. 46.

21.       Ibidem

22.       A.N.A. - S.H. Vol. 87, Nº 7. Año 1716, f.105.

23.       A.N.A. - S.H. Vol. 87, N° 7 fs. 105 vto. y 106.

24.       A.N.A. - S.H. Vol. 87, Nº 7 fs. 106,7 106 vto.

25.       Durán Estragó, Margarita. La Estancia Jesuítica de Paraguarí. Asunción, 1996. Ver Anexo: Unidades de Medidas Antiguas, p.91.

26.       A.N.A. - S.H. Vol. 87 N° 7, fs. 113 vto. y l l4.

27.       Ibidem

28.       Ibidem

29.       A.N.A. - S.H. Vol. 87, N° 7 Año 1716, f. 126.

30.       A.N.A. - S.H. Vol. 87, N° 7 f. 130.

31.       A.N.A. - S.H. Vol. 87, Auto del 30-X-1716, fs. 132-135.

32.       A.N.A. -S.H. Vol. 88, Año 1717.

33.       Ibidem

34.       Ibidem

35.       A.N.A. -Propiedades. Vol. 378, Nº 2. Año 1717

36.       A.N.A. -Propiedades. Vol. 48, Nº 7. Año 1716.

37.       A.N.A. -Propiedades. Vol. 378, Nº 2. Año 1717.

38.       A.N.A. - S.N.E. Vol. 4, f.90. Año 1717.

39.       A.N.A. - Propiedades. Vol. 378, N° 2. Año 1717.

40.       A.N.A. - S.N.E. Vol. 41, f. 85. Año 1717.

41.       A.N.A. - S.N.E. Vol. 41, f. 84. Año 1717.

42.       A.N.A. -Propiedades. Vol. 378 Nº 2. Año 1717.

43.       A.N.A. - S.N.E. Vol. 41, f. 96. Año 1717.

44.       A.N.A. - S.N.E. Vol. 41, f. 93. Año 1719.

45.       Tributo que se pagaba sobre los oficios y mercedes que no fuesen eclesiásticos. Por pagarse el salario de medio año se le llamó media anata. Rivarola Paoli, Juan Bautista. Los tributos en la época colonial. Anua rio de la Academia Paraguaya de la Historia. Vol. XXXV, Año 1995, p. 154.

46.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8. Padrón de los primeros pobladores de Curuguaty. 1717.

47.       A.N.A. - S.H. Vol. 88, Nº 9. Ordenanzas y bandos para la población de Curuguaty. 17171.

48.       Ibidem

49.       A.N.A. - S.H. Vol. 61. Año 1717. Padrón de Indios encomenderos de Curuguaty; fs. 29-33.

50.       Ibidem.

51.       A.N.A. - S.H. Vol. 100. Armas, municiones y pertrechos. Año 1717, f.122 52.    A.N.A. - S.N.E. Vol. 3369. Instrucciones que debe observar el Comandante de Armas de Curuguaty. Año 1786-1787.

53.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8, f. 49 vto.

54.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8, f. 62.

55.       A.N.A. - S.H. Vol. 85, N° 8, f. 61

56.       Archivo del Patrimonio Nacional. Miscelánea Ayala. Madrid. Vol. LIX fs. 260-262. Año 1761.

57.       Ibidem.

58.       Ibidem.

59.       Ibidem.

60.       Gutiérrez, Ramón. Evolución Urbanística y Arquitectónica del Paraguay - 1537-1911. Ediciones Comuneros, Asunción. p. 328.

61.       Ibidem

62.       Patrimonio Nacional. Biblioteca Miscelánea Ayala. Madrid. Vol. LIX f. 262

63.       González, Natalicio. Geografía del Paraguay. Editora Guarania, México, 1964, pp. 388-390.

64.       Patrimonio Nacional. Biblioteca. Miscelánea Ayala. Madrid. Vol. LIX 2872 fs. 306-324. Cfr. Durán Estragó, Margarita. La Yerba en un informe de 1761. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia. Vol. XXXII, Asunción 1993 (II), pp. 225-247.

65.       Ibidem.




ANEXOS

 

PADRÓN DE LOS PRIMEROS POBLADORES DE CURUGUATY

ELABORADO EN 1717.



ANA. Sección Historia Vol. 85 N° 8


Memoria con distinción de las personas que vienen en una memoria fecha por ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de la Villa Rica del Espíritu Santo diciendo hacer en esta nueva población del Señor San Isidro de los Reyes Católicos de Curuguaty, jurisdicción de la Asunción, ciento y sesenta y siete vecinos feudatarios y moradores, no habiendo permiso más de cien vecinos con sus familias y de la demasía de los sesenta y siete personas irán abajo con distinción por sus nombres para que se satisfaga el dicho Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento en la manera siguiente. Primeramente el Maestre de Campo Lorenzo de Villar, vino con licencia del Señor Gobernador difunto, con toda su familia= Itt. El Sargento Mayor José de Villar, su hijo de familia del susodicho= Itt. Juan Ignacio de Villar, hijo del susodicho= Itt. Hermenegildo de Villar, hijo del susodicho=Itt. El Capitán Juan Álvarez Merino vino con licencia del Señor Gobernador. Itt. El Capitán Ignacio de Arévalo con licencia de dicho Señor Gobernador=Itt. El Alférez Juan Bautista Lobo, viejo e impedido= Itt. El Capitán Fernando de Villar, hijo de familia de los pobladores=Itt. Santiago Antonio de Villalba, en los beneficios de yerba-Itt. El Capitán Lucas de Villalba de edad ciento diez años= Itt. El Capitán José de Escobar de edad de setenta años poco más o menos y sordo= Itt. Isidro de Vargas, se casó en esta población y es aumento de los cien vecinos= Itt. Carlos de Vargas, lo mismo= Itt. Francisco de Peralta, impedido= Itt. Jacinto de Amarilla, no se conoce ni sé halla en esta población= itt. Lorenzo Portillo, así mismo no se conoce= Itt. Juan Valdez, de más de cien años, impedido= Itt. Pedro Núñez, el mozo, hijo de familia= Itt. El Capitán Bernabé González, impedido de enfermedad y de más de ochenta años= Itt. Nicolás de Estela, foráneo= Itt. Juliano Ramos no se halla en esta población= Itt. El Alférez Antonio Merino, viejo sordo= Itt. Lázaro Luján Rotela se halla en los Ajos con su mujer = Itt. El Capitán Ramón Giménez, en los montes=Itt. El Capitán Tomás de Candia, de más de ochenta años y enfermo= Itt. Francisco Ortiz, de edad de ochenta años, impedido=Itt. Juan Latín, enfermo y tullido ha muchos años=Itt. Francisco de Candia, familia= Itt. Ignacio, el yerno de Pedro Núñez, vecino de la Asunción= Itt. Francisco Moreno, hijo de familia=Itt. Juan González Villa Verde, hijo de familia= Itt. Lucas de Villalba, en los beneficios de la yerba= Itt. Isidro Antonio, hijo de familia=Itt. Lucas García, impedido de la edad=Itt. José de Espínola, vecino de la Asunción del Paraguay=ltt. El Capitán Antonio González Bejarano, impedido por la edad=Itt. Ascencio de Escobar, aumento por haber casado en esta dicha población=Itt. Nicolás González, hijo de familia= Itt. El Capitán Francisco Báez, aumento, casado en dicha población=Itt. Francisco Sánchez, hijo de familia=Itt. Francisco Méndez Merino, casado en la Asunción=Itt. Lorenzo Díaz de Mansilla, de más de cien años=Itt. Antonio Álvarez, hijo de familia=Itt. José Vázquez; viejísimo y sordo=Itt. Pedro Romando, mismo viejo y sordo=Itt. Felipe Alfonso, hijo de familia=Itt. El Teniente Juan Benítez, casado en la Asunción=Itt. Agustín Fariña, hijo de familia=Itt. José Báez, conchavado en los beneficios=Itt. Silvestre Díaz Adorno, hijo de familia=Itt. Juan Alberto Álvarez Martínez, lo mismo=Itt. Gerónimo Lobo, hijo de familia= Itt. Nicolás Benítez, en los montes o en dicha Villa=Itt. Juan de Figueredo, hijo de familia=Itt. Ignacio de Silva, hijo de familia=Itt. Juan de Avalos, se casó en esta población y es aumento= El Capitán Santiago de Varga, en los montes= Itt. Domingo Valdez, en los beneficios=Itt. Tomás de Varga, en los montes=Itt. Blas López Barba, agregado a la familia del Maestre de Campo García López y muy viejo= Todos los contenidos en esta memoria son como en él se expresan de que tengo dado cuenta al Señor Maestre de Campo Don Diego de los Reyes Balmaceda, Gobernador y Capitán General por su Magestad (que Dios guarde) y S. Señoría me tiene ordenado por carta, orden su fecha de diez de mayo de este presente año, en que dice que suspenda por ahora la determinación de las dichas personas mencionadas en esta memoria hasta que llegue Su Señoría en esta dicha nueva población que me parece será breve según las noticias y con su venida determinará lo que fuera de justicia por cuya razón no puedo deliberar cosa alguna de mi parte, por lo cual mando que quedando un tanto de esta dicha memoria se despache el original al Señor Sargento Mayor Don José Delgado, Superintendente de Gobernador, Justicia Mayor  y Capitán a Guerra de esta dicha nueva población de San Isidro Labrador de los Reyes Católicos de Curuguaty, y es fecho en ella en diez y seis días del mes de julio de mil setecientos y diez y siete años y lo firmé con testigos a falta del escribano y en este papel por no haber sellado=Pedro Benítez Rodríguez tgo. Nicolás de Iriarte= tgo. Francisco Méndez Martínez=


ANA S.H. Vol. 85 N.8 - 1717


En la nueva población de Curuguaty Villa de San Isidro Labrador de los Reyes Católicos en diez y seis días del mes de agosto de mil setecientos y diez y siete años. El Maestre de Campo Dn. Diego de los Reyes Balmaceda, Alcalde Provincial de la Santa Hermandad, Gobernador y Capitán General de esta Provincia del Paraguay dixo que por cuanto de resulta de las diligencias que ha hecho el estado de esta Población y de la reseña y muestra general de armas de los vecinos pobladores y de todo lo demás que ha sido anejo y concerniente al cumplimiento de la obligación de sus cargos, cédulas, leyes y ordenanzas reales tiene reconocido haber supernumerarios y entrantes y salientes entre los legítimos pobladores veinte y siete personas que son las siguientes. Capitán José de Escobar = Sargento Mayor Felipe Díaz Adorno = Francisco Romero = Francisco López Flores = Juan Valdéz = Santos Moreno = Lorenzo Méndez = Juan Bautista Lobo = Antonio Méndez = Esteban de Aquino = Bartholomé Troche = Joseph de Espínola = Diego González Bejarano = Santiago de Villalba =Anastasio Fariña = Francisco Ruíz Ortíz=Carlos Garcete=Diego Cardozo = Nicolás González = Pablo Godoy = Santos de Almirón = Bartlolomé Duarte = Sebastián González = Jaciento Marín = Nicolás Martín = Domingo Valdéz = Joseph de Villalba = En atención a lo proveído por el decreto antecesor de diez y seis del corriente, mando se despache orden con inserción de este auto para que siendo requeridas las dichas personas mencionadas salgan de los términos de esta Población dentro de dos días corrientes de la notificación en adelante. Y se restituyan a su origen pena de que serán expulsadas con todo rigor y apremio cometido su execución al superintendente de la nueva población para que así lo haga cumplir indispensablemente como contra personas que no son del gremio de los legítimos pobladores por haber venido sin expresa licencia de este Gobierno como lo han manifestado otros supernumerarios de los cien soldados permitidos por el auto de resolución de esta Población dadas por el antecesor de Su Señoría como más largamente consta de ellas ... Don Diego de los Reyes Balmaceda =Ante mí = Juan Ortíz de Vergara=escribano público de Gobierno y Cabildo=


A.N.A S.H. Vol. 611s. 29 -33


Padrón de indios encomendados de Curuguaty hechos por el Gobernador Diego de los Reyes Balmaceda, delante del Padre Ramón de Barcelona doctrinero que ha sido de varios pueblos de la jurisdicción hizo el examen de los indios =     Maestre de Campo Lorenzo del Villar (2a. vida) María: Viuda con su hijo Cándido de 14 años, más dos hijos casados. Nicolás: de 38 años, casado con un hijo de pecho. Tomás: de 31 años casado con Ignacia, un hijo Julián de 11 años y Pascuala. Miguel: Jubilado casado con Quitaria, ausente en la Villa. Gregorio: de 18 años casado con Silvestra. Roque: de 32 años casado con Isidora, hijos Pascual de 10 y dos hijas Gervasia y Dominga y otra llamada Antonia. Domingo: Jubilado casado con Isabel, dos hijos Gregorio de 12 y Pascual de 7. Lorenzo: Jubilado casado con Lorenza. Juan: de 35 años casado con María, una hija María. Marcos: fugitivo con su mujer. Rodrigo: Jubilado ha muchos años casado con Tomasa, su hijo Roque de 36 años fugitivo en la Provincia, 3 hijas Francisca, otra Francisca y Juana que están en la Villa, otra hija Antonia. Antonio: Jubilado casado con Ana. Miguel: Jubilado casado con María, hijos Nicolás de 15, Vicente de 12 y Pedro de 11 años. Francisco: 27 años y Fernando: fugitivo ha muchos años. Francisco de 17 años, soltero. José: de 25 años soltero y fugitivo en la provincia. Domingo: recién reducido en las Corrientes de 25 años casado con Ventura, una hija Ildefonsa. Lorenzo: de 18 años que también está recién reducido y restituido a su origen, casado con Feliciana. Lorenza: soltera y Gregoria y Rosa huérfanas, Cristóbal de 9 años. Juan: de 18 casado con Juana. Agustín: de 18 casado con Simeona y terminado este padrón fueron examinados uno a uno en la doctrina Xristiana y Misterios de Ntra. Sta. Fe por el Predicador que dijo que están bastante bien instruidos. Se presentó Tomás diciendo que siendo soltero procreó un hijo con Ignacia llamado Juan que lo legitimó en el matrimonio y él para el poder del Alférez Fernando de Mora por decir que es de su encomienda (9 años). Se le devolvió a sus padres, lo mismo se pidió que le enviaran a Corrientes a lo que de allí fueron traídos.

Luego se confeccionó el padrón del Maestre de Campo Alonso Benítez de Portugal (2a vida)- Xristóbal: de 48 años casado en la ciudad con una esclava de la viuda de Rafael de Almada. Miguel: de 58 jubilado en las provincias de abajo e igual otro jubilado llamado Juan y otro Roque de 42 años. Ventura de 47 años casado con María, un hijo Pascual de 6 y María. Lucas: 33 años casado con María, dos hijas Pascuala y María. Agustín: de 13 soltero. Micaela: soltera con un hijo de un año, dijo ser de español y así lo claró por testamento, lo cual lo certifica el pelo y el color de la piel, quedando libre de la encomienda. Bien instruidos en la doctrina y no tiene nada que pedir ni requerir.

Mestre de Campo García López Duarte= encomienda de origen vario que posee en la 2a. vida. Francisco: de 45 años casado con Dominga, dos hijos, Xristóbal de 18 y Pascual de 9 años. Juan: de 24 años casado con Nicolasa con dos hijos, Juan de 9 y Miguel de año. Dominga: soltera. Bartolomé: de 29 años casado con María, un hijo Xristóbal de 10 años. Adriano: de 25 años casado con Juana, una hija Josefa. Diego: Jubilado, casado con Lorenza, una hija Lorenza y otra Dominga y otro menor de pecho llamado Diego. Lorenzo: Jubilado casado con María, un hijo Lorenzo de 20 años casado con Pascuala, una hija llamada Gregoria. Lorenzo: de 19 años. Ascencio: de 15 soltero. Na había nadie más y se les examinó en la doctrina Xristiana y no tenía nada que requerir ni reclamar.

Capitán Juan Álvarez Merino (2a. vida). Andrés: de 34 años casado con Antonia, una hija Isabel. Antonio: de 18, soltero. Pascual: de 11 años, soltero. María: viuda con tres hijas, Juana, María y Magdalena. María: viuda y otra Beatriz. Y siendo examinados en la Sta. Doctrina por el Predicador se reconoció éstos bien instruidos.

Alférez Francisco de Mora. (con título de 2a vida). y que sólo queda remanentes de ella dos muchachos llamados Ponciano de 14 años y Juan de 10 años. Ambos fugitivos en la provincia y mandó que se lo redujeran a su origen y naturaleza. Manifestó un despacho de agregado de un muchacho indio montes llamado Xristobal de 13 o 14 años, soltero y bien instruido.

Capitán Xristóbal Álvarez de Mendoza con adjudicación de dos piezas de la nación montesa como a mayordomo de la Virgen Ssma. de los Milagros para que estuviese siempre destinados al servicio de la Capilla e Iglesia suya sirviendo de sacristán el muchacho llamado Juan de 15 años y su mujer María de la misma nación y su S.Sría aprobó dicho espacho.

Doña Victoria Giménez de Bóveda viuda del Capitán Josepf Giménez. Hizo manifestación de un indio de nación montés llamado Paulo, bien instruido.

Capitán Thomás de Candia otra india de igual nación llamada Antonia.

Teniente Fernando González una india de la misma nación, Antonia.

Juan González Villaverde abuelo de Feliciano Ortigoza y manifestó un despacho de adjudicación de un muchacho montés llamado Santiago de 11 años fecho a José de Ortigoza, padre difunto y dio razón de ésto en la ciudad en compañía de su nieto.

Capitán Calixto de Espínola. Manifestó despacho de adjudicación de una india montesa llamada Úrsula que por estar enferma no apareció.

Doña María de Hortellado, viuda del Capitán Miguel de Troche y manifestó un muchacho de igual nación de 19 años llamado Bartholomé, bien instruido. Con ésto se concluyó esta visita y padrón de indios y familiares encomendados y monteses que hay en esta población, apercibiendo a los encomenderos y personas de dicha agregación el buen tratamiento de ella y continuación de su buena educación y enseñanza en los misterios de la Sta. Fe Católica.= Diego de los Reyes Balmaceda = Fray Ramón de Barcelona = Plácido Ovelar= Joseph Velazco de Burgos. Ante mí Juan Ortíz de Vergara. Esc. Pco. de Gob. y Cabildo.


BIBLIOGRAFÍA

 ARCHIVOS


A.N.A. -         Archivo Nacional de Asunción

Sección Historia

Sección Nueva Encuadernación

Sección Propiedades

Colección Río Branco

A.N.B. -          Archivo Nacional Biblioteca. Madrid Miscelánea Ayala.



PUBLICACIONES


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DIAZ DE GUZMAN, Ruy. La Argentina. Buenos Aires, 1943.

DURAN ESTRAGO, Margarita. La Estancia Jesuítica de Paraguarí. Fundación Paracuaria - Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol. 54. Universidad Católica Asunción, 1996.

DURAN ESTRAGO, Margarita. La yerba en un informe de 1761. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XXXII, Asunción, 1993 (II).

CANDIA, Enrique de. Orígenes del Franciscanismo en el Paraguay y Río de la Plata, en Revista del Instituto de Ciencias Genealógicas, Año 5, N° 6 y 7, Buenos Aires, 1946-1947.

GONZALEZ, Natalicio. Geografía del Paraguay. Editorial Guarania, México, 1964.

GUTIÉRREZ, Ramón. Evolución Urbanística y Arquitectónica del Paraguay - 1937-1911. Ediciones Comuneros, Asunción.

NECKER, Louis. Detalle de los movimientos de resistencia activa de los Guaraníes a la colonización española, en Indios Guaraníes y Chamanes Franciscanos. Biblioteca Paraguaya de Antropología, Asunción, 1990.

RIVAROLA PAOLI, Juan Bautista. Los tributos en la época colonial. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XXXV, Asunción, Año 1995.

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VELÁZQUEZ, Rafael Eladio. Población del Paraguay en 1862. Revista Paraguaya de Sociología. Año 9, N° 24, Asunción, 1972.

 

 

 

 

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