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ESTEBAN CABAÑAS


  EL TIEMPO, ESE CÍRCULO - Poemario de ESTEBAN CABAÑAS


EL TIEMPO, ESE CÍRCULO - Poemario de ESTEBAN CABAÑAS

EL TIEMPO, ESE CÍRCULO

Poemario de ESTEBAN CABAÑAS

Ediciones DIALOGO

Diseño de tapa: OSVALDO SALERNO

Asunción - Paraguay



        

CIRCULOS


         1

La razón del círculo es imitar su cola sin principio

el posible regazo de la nada

su ojo anticipado a medianoche

como un sol

su redonda potencia

su complicada lumbre única

su soledad partiendo desde el centro

donde no llega el fin

ni donde gira el cordón cerrado del infinito



         2

Qué soy yo

sino una piedra vuelta

cuyo rostro ha caído


Qué soy yo

sima el revés de un traje

al final de un ovillo


El círculo no soy yo

ni la evidencia

sólo un fin

que no se identifica



         3

La soledad tiene la voz de la piedra

la soledad que muerde su despacioso aumento

como un furioso tren desenredado


La soledad que muestra su rostro resguardado

por horizontes quietos y brújulas sedientas


la soledad del viento cabellera de aire

cubre un campo viejo de cegados árboles

que desgarra su propia cola enhiesta

sin obstáculos


la soledad de la raíz sin tronco

la soledad del libro sin mirada

de un dedo solo de mano mutilada

la soledad sin respuesta

la soledad del grito desovando

pobre espejos caídos sin imagen

la soledad parada como un pito

de cópula siniestra

la soledad vestida de relojes

sin memoria posible



         4

Suplir la piedra y encontrar el aire

donde el sueño se incuba su vigilia

y el silencio en ruidos permanece


En el principio los círculos cerrados

donde el pie la cabeza


Todo tiende hacia nada

y lo eterno descubre

el tiempo de morir



         5

Dar la vuelta

es realizar el recuento

la insistencia del día que no cesa

No es un aire ni un pájaro entendible

Es un poema negro

como un signo vacío

Yo soy aquí con esta voz

con estos ojos

el más ciego y el más silencioso

porque no tengo nada sino esto

Porque este sueño vano de ser otro

es como ser libre



         6

En el eje que no domino

el caminar ladea su sombra

y es el suelo que estira su solidez

fuera de sus limites


Quién está marcado

quién amarra el aire

de qué seca semilla nace el silencio

pero es el seno un zapato sin pie

una envoltura

un olvidado aire

un sol un rio un ave

un volverse lentamente hueco enorme

un pozo de metal inútil

en que el eco golpea su repetido eco


La cáscara que enarbolo en el eje

no es mi rostro



         7

Qué traición apreciable es este rostro

sin mirada ni grito

El tiempo esconde a la tormenta su despeinada mano

dividida por hebras sin destino

Oh materia de animal apagado en las ventanas del sueño

sin reflejos en el ciego cristal

que asume sus estrellas de hastío hasta morirse



         8

Porque este rostro es una herida

una herida que habla

y que repite otra herida

porque este rostro se pronuncia como un rostro

sin poder evadirse de sí mismo

parque evadirse es todo un eterno círculo

uno se encuentra al fin sin vuelta posible

y porque no existe la posibilidad de encontrarse

de otro modo



         9

Subo en la burbuja del tiempo

sin sostener la piel

sin empujar su anhelo


solo en el aire del espanto

con los pájaros negros aplastados

contra el cielo


Desplumada la tarde

hacia el otro camino más leve

donde deja su traje el otoño

y las hojas grabadas de inquietud

tiemblan al paso


allí

en su esfera de vidrio

se refleja mi mejor rostro

el más perfecto

el que adivina su muerte



         10

El rostro que ha pasado guarda el secreto

el sin sentido

la imposible razón no admitida

la espalda del momento


La rapidez del aire lo evapora

con el olor de la nada

Ya no ocupa su boca la palabra

y la sed le traspasó los labios

las manos trasparentes

se han comido los senos de la noche

quedando como dos cuencas vacías


Sólo El camina sin pasar

por su dormida secuencia



         11

El rostro cae como fruto inútil

y el tiempo devora su cola de infinito

el puño marca la encendida violencia

con salvajes fuegos

con heridas que escapan a la sombra

de un ojo decisivo.


Ya nadie rescata su vengativo impulso

y el cuerpo levanta su máscara imposible



         12

No inclinarse en el pozo desatado

del círculo infinito

por el ojo sarcástico

no mirarse en espejos diferentes

no cerrarse con puertas imposibles

sobre bocas abiertas

no llegar a transponer la línea

que impone el límite

porque llegar aquí es aceptar la muerte



         13

Invitado al poniente

rebasando la orilla que no se detiene

como una cinta amarga

con zapatos que ocupan el sitio equivocado

el cordón desatado por el tiempo

donde camina el pie de la nada

allí sólo hay un ámbito oscuro

arañado por hambres

cercado por el agua

de un enorme lago muerto de sed.



         14

El agua nos remite la frescura del ansia

el sabor conocido y la espera aplacada

la transparencia nítida que intenta desatarnos

y avisar con su nombre la licuada esperanza

su espejo el alto avance del dolor nos devuelve

como moneda falsa

nos rotula la boca el ojo decisivo que nos mira

Ya nada puede hallamos

sino su voz callada

el mudo movimiento del agua no contesta

y bajo el dolor mismo con su gota que empaña

el cristal antiguo

enamorado



         15

Este andar escondido

donde el pozo enceguece su hondura

y se desplaza desde el centro de la infamia

cuerpos y sombras nacen amarrados

al difícil eje que gobierna la mano

detenida en el gesto inacabable

en el lugar que deja sostenido

su grito de sueño delirante


Ya este andar escondido le golpea

Ya le abren sus agujeros ciegos

ojos de tierra en el costado

lanza penetrante

esta mano que cierra su vacío



         16

Para él

no es el muro solamente

sino la ausencia del muro

no es un tiempo

sino que el tiempo ha muerto

no es que el dictador ha muerto

el dictador persigue todavía su inevitable sombra

su enceguecido ojo perturbado por inocentes vírgenes


no es que el ojo mire

ni crezca el labio

ni su mano vieja de lujuria con su costra sedienta

se encuentre en otra mano


él persigue otra cosa

no es el muro solamente que envejece de pronto

ni el tiempo que ha muerto

ni la ausencia del sentido completo

porque si todo el tiempo persistiera para él solo

se habrá hecho inmortal



         17

Aquí la libertad

habita de nuevo su gran cueva velada

y la luna regresa

hacia el hueco que dejó en el agua


Aquí tirita el sueño

su lucidez sin pausa

en vigilante espera

Enhebrado de soledad

el perro de la duda

perseguido de sombras


Y aquí esta voz que retrocede

hacia su enorme boca triturada



         18

Cómo espantar del sueño

los duros animales de mí mismo

y levantar el alma desde otra cobardía

que no tenga el sonido que conozco

correr por el inventado pasillo de salida

huir hacia la izquierda

para volver tapiadas las palabras


Enfilar al poniente

por el centro del aire

atado por hilo y clavo

la suerte se desplaza

siempre sobre los mismos puntos


Los muros que rodean retornan al principio

desde otro círculo

la piel grabada por los siglos

despliega su oscura geografía


La búsqueda es en vano

la historia detenida en el comienzo

es un solo muro es un río es un sol

es muro que vuelve a ser un muro

un muro que se cierra

un muro del que huyen las puertas



         19

Aquí nada cambia

ni nadie se despoja de nada

sólo el aire se cuela por el vacío

inflando vientos o grandes globos ilimitados


Aquí la voz repite con poderosa inercia

sus siglas peregrinas

en reposados ecos sin turbarse

el silencio mastica sus huesos triturados

y la mirada cae sobre los pies del tiempo

como un animal muerto


Aquí duerme la siesta acuchillada en dos

nadie la pierde ni la despierta



         20

No te crece la hierba

ni te requiere el viento


ni los hondos lunares


del sueño te reclaman

te destrozan la tarde

los pájaros del tiempo

y horadan de agujeros

tu noche sin reparo


Sitio de antiguo nombre

donde un río sin cesar devora tu cintura sin límites

y los perros sueltos trepan la sangre de tu pozo oscuro


Aquí está tu migaja

sobre la piel del hombre

al revés de la sombra

los cabellos te hilan una cabeza muerta


         1966/68.



SOBRE CIRCULOS


         Qué pobre diablo es el hombre del siglo veinte: a solas entre la muchedumbre que le rodea, torturado por el miedo y por la duda, amenazado por su propia tecnología o, peor, por una tecnología ajena sobre la cual no tiene ningún control, y sin el amparo del contacto viable con otros seres humanos. Esta soledad, esta enajenación, la cual ha de ser el tema clave de nuestros tiempos, como lo era la libertad para los Románticos del siglo diez y nueve, forma gran parte de la temática de la obra poética de Esteban Cabañas.

         En LOS MONSTRUOS VANOS, su primer poemario (1964), Cabañas evoca esta soledad que experimenta el hombre contemporáneo con un poema que desarrolla el tema con la repetición casi letanesca de la palabra "deshabitado":


Deshabitado el viento, yo busqué la paloma

Deshabitado el pez, hallé los ríos.

Deshabitado el hombre, su soledad tenía

la vestidura de sus huesos.


Deshabitado el tiempo, su angustia se ladea

como viejo caballo sin querencia.

Deshabitado el lento deshacer de sus horas

en su cristal de fuego innumerable

la soledad de Dios muestra su espalda vacía. (1)


(1) Esteban Cabañas, Los monstruos vanos

(Asunción: Ediciones Diálogo, 1964), pág. 8.



         El verso final de este poema nos presenta una imagen de la negación de Dios, una imagen que demuestra en primer lugar que Dios rechaza al hombre (le "muestra su espalda") pero que también demuestra que es una negación de sí mismo, porque es vacía la espalda. Dios es, por eso, ni más ni menos que una fachada sin interior creada por el hombre, y esta imagen de la espalda vacía subraya bien esta preocupación del hombre frente a la nada.

         Otro poema de esta primera colección tiene la misma temática y es una adumbración de CIRCULOS, esta colección de poemas cuya impresión LOS MONSTRUOS VANOS anticipa por diez años. Cabañas emplea en "La esfinge" la imagen de esta criatura mitológica con su adivinación sobre la vida y la muerte para encadenar así el desarrollo del tema:


... vuelve su risa y su dolor a un tiempo

a ser palabras de su boca antigua

a nacer y morir

en esa misma soledad que le destruye

y le crea sin cesar. (Cabañas, pág. 5).


         Vemos en estos versos del poema la naturaleza infinita, siempre repetida, de la vida y la muerte y de la soledad destructiva que este ciclo mantiene, que es la clave preocupación de CIRCULOS.

         CIRCULOS es una colección de veinte poemas (número redondo, cifra global) escritos entre 1966 y 1968 dentro de que Cabañas emplea múltiples imágenes para desarrollar su tema de la naturaleza cíclica de la vida y del anhelo que siente de trascender el ciclo -sea el círculo mismo, el rostro, o el pozo, que son los motivos principales que usa el poeta y cuya ubicación dentro del poemario sugiere tres etapas o "círculos" de los cuales (juntos con las demás imágenes circulares empleadas en los poemas) viene el título de esta colección.

         Los primeros seis poemas desarrollan el motivo del círculo mismo, planteando la cuestión con los versos iníciales del primer poema:


La razón del círculo es imitar su cola sin principio

el posible regazo de la nada


         Luego el poeta continúa con varias imágenes que sugieren el círculo -el ojo, el sol, la repetida soledad, el eje, la acción de dar la vuelta- pero Cabañas siempre emplea éstas dentro del contexto central del círculo mismo:


el círculo no soy yo

ni la evidencia

sólo un fin

que no se identifica (2do. poema)


Y el silencio en ruidos permanece

en el principio los círculos cerrados

donde el pie la cabeza

Todo tiende hacia nada (4° poema).


         Cabañas pasa luego al desarrollo del motivo del rostro, su segundo "círculo", y hace la transición entre los poemas que terminan el "círculo" sobre el círculo mismo y comienzan el que desarrolla lo del rostro así:


La cáscara que enarbolo en el eje

no es mi rostro (6° poema)


Qué traición apreciable es el rostro

sin mirada ni grito (7° poema)


         Y desarrolla aún más su tema con este motivo del rostro, que es la especie de círculo por el cual los seres humanos tratan de identificarse. Es así que se distinguen el uno del otro. El rostro es nuestra imagen individual, y es por esta individualidad que cada hombre logra el reconocimiento, su propio significado, pero Cabañas maneja esta imagen con tal de que sirva de motivo irónico.

         El rostro se ha convertido en rostro sin individualidad, lo que quiere decir que no hay tal reconocimiento individual y, por eso, no existe el significado personal de los seres humanos. Son círculos anónimos dentro del confín del círculo definitivo de la existencia.

         Por eso escribe Cabañas de la "traición apreciable" del rostro agregando después: (7° poema),



Porque este rostro es una herida

una herida que habla

y que repite otra herida (8° poema).


         Y así plantea este motivo del rostro como una extensión más del círculo que tanto quiere trascender el poeta, hasta confesar que:


El rostro cae como fruto inútil

y el tiempo devora su cola de infinito (11° poema).


         El último "círculo" de esta colección de círculos concéntricos de motivos temáticos es el del pozo:


No inclinarse en el pozo desatado

del círculo infinito

por el ojo sarcástico (12° poema).


         Cabañas emplea este motivo con otras imágenes que sugieren este pozo-círculo: el agua, el espejo, el ojo, el muro circular, y la luna. Todas son imágenes que sugieren el pozo que es también otro aspecto del círculo, clave del tema central de esta colección.

         El pozo, la fuente de agua que le mantiene la vida al hombre sugiere la posición irónica del hombre, porque mientras que el agua es necesaria para la vida, sirve también como espejo, reflejando al hombre como de veras lo es, penetrando así a todo ser humano, mientras que el muro redondo del pozo es otro círculo que subraya la naturaleza cíclica de la vida y (como todo muro) que también sugiere que está preso el hombre -tanto el hombre cuya cultura es de una gran tecnología como el hombre dentro de los estrechos confines de un país subdesarrollado- dentro del círculo de la existencia misma.

         Este es el "ojo sarcástico" del 12° poema que anticipa "Los muros que rodean" del 18° poema, los muros que:


... retornan al principio

desde otro círculo (18° poema).


         Se puede ver, entonces, como Esteban Cabañas emplea estos círculos concéntricos para mantener un equilibrio feliz entre la forma de su poesía y el contenido de ella. Las imágenes circulares recalcan cada etapa o "círculo" que sirve para desarrollar el círculo principal del tema, pasando de poema en poema, de círculo en círculo, sin romper la continuidad con el empleo de puntuaciones, logrando crear así una obra con unicidad total.


         C. R. Carlisle

         Asunción

         21 de octubre de 1974







SITUACIONES


a Ticio



         UNO


En el viento que agita un laberinto

palpita apenas el temblor

de un animal herido:

los fusiles hallaron sólo cuerpos y cuerpos

atravesando la carne en ese punto

que acaba con el sueño y la palabra.


Pasaron de a diez

de a veinte

de a cincuenta

revisaron la casa

levantaron el techo

cortaron las manos que yacían

sobre alguna almohada.


Después, algunos despertaron

para morir en un reducido cuarto sin misterio

donde alguien escribe sobre la piel de un hombre

una señal indescifrable

donde alguno se divierte extirpando las uñas,

donde todo sucede

en un país sin nadie

en un cuarto sin puerta.



         D O S


Ya enumeras la tarde

ya escribes en el aire y sueñas en el viento,

ya puedes trasponer el tiempo

en una línea;

ya está tu piel marcada a latigazos

cubierta y descubierta por escamas

de sangre deshojada.

Te han sacado los ojos

y te miran

desde la otra orilla.


Se acumuló el recuerdo de tu sonrisa

sobre una mueca endurecida

Se enredó entre tus manos la caricia

-piedra tallada por el sueño-

se acabó en tus pies

el camino.



         T R E S


No hay espacio para nombrar tu nombre

no hay un sitio donde caber de canto

no hay pedazo de tierra al que gritar el sueño

no hay un gesta que señale la puerta

y no hay puerta que nos dé la salida.


No hay lugar para la duración del tiempo

no hay espejo que nos detenga el rostro

ni rostro que poner a la muerte.



         CUATRO


De arriba se despeñan las palabras

con la fiereza con que se escupen piedras

De arriba viene el viento de la libertad

sin palabras

arriba

a borbotones las burbujas del sueño revientan


Abajo

muy abajo

en lo oscuro

los ojos se iluminan.



         CINCO


Por la ventana atropellados sones

viento oscuro

con manos de ceniza, subieron las paredes

pisaron cada paso mancando con su peso

las señales sin prisa

sacudieron el rostro

escupieron palabras

abrieran con un gesto las puertas.


Salieron de la casa

sólo dejaron los muertos



         SEIS


Primero fue el silencio

y Ana regresó desde el recuerdo

poblada de recuerdos.

Primero fue el silencio y ya estaba

nutriéndose el espacio de un agudo dolor

lleno de espanto.


Después fine un golpe rudo

como el cerrar de una puerta

y lo oscuro fue dándole a su rostro

el aspecto dormido de un muñeco.


Para Ana fue preparado un sueño

sumergida en el agua

corroída de agujas que dejaban

un hilo suave del color de la sangre

y de aroma dulce,

Ya luego vinieron las preguntas

enardecidas

hoscas

insistentes

desde una luz que hiere hasta el fondo del tiempo.


Mucho más tarde entraron cinco hombres

para abrirle las piernas

con un silencio rudo deshojaron el viento

y Ana vio como un rostro caía hacia sus ojos

después vino otro y otro y Ana huyó hacia atrás

hacia otro sueño.


Luego con un cuchillo hurgaron por adentro

por si había un sendero o algún cuarto

le sacaron pedazos de misterio,

alguna cinta azul

alguna rosa

o un niño que no estaba aún

muy callado, muy tieso, muy perdido;

ella no vio qué hicieron con sus uñas

deshojadas una a una de sus manos

quizás un girasol

o una sonrisa.

Cuando sintió que terminaba el aire

se abrió la puerta sal fin

y ya fue libre.



         SIETE


Era un hueco con la misma medida de un hombre

Era un hueco de uno ochenta y siete por cero setenta y dos

y cero cincuenta de alto,

la medida del límite de un hombre

el límite cero setenta y siete metros cúbicos de aire

sin ranura ni grieta.

Era una piel que envolvía la piel

como otro límite

donde todo concluye y recomienza

con la vaga presencia de la sombra.

Era una herida cerrada con la boca

una herida en la voz, indicio de otra herida

Era un hueco conteniendo

el límite virtual de todas las heridas.



         OCHO


Un mundo es una amplia baldosa

cuadrada por sus lados

deslucida ya

sin dibujos

la hormiga la recorre en siete segundos

arrastrando un pedacito de hoja

hoja verde

traslúcida

con su nervadura rígida

cortada

desgarrada finamente


Un sol sin ganas

pone la cuadratura de su brillo

bajo un tejado caliente y perezoso.


Y esta mano

detenida

pegada a la baldosa

hace subir el perfume del suelo por la soga

la hormiga está a veintitrés centímetros

y la mirada que se hace consciente

reserva un ojo duro hacia el frente.


Una mosca se detiene en la cara

justo en el límite donde el sol comienza a abandonarle

uno trata de levantar el brazo

la mano pegada no se mueve

la hormiga pasa el mundo en ese espacio

la mosca no se espanta

el viento dispersa en ese patio

el polvo de los siglos...





         NUEVE


Avanza por un túnel

profundidad sorprendida

sin espesor

compacta.

Lo oscuro permanece

en un ser que late y oye su presencia

en ese olor final invadiendo

un apretado vacío

y un dolor cubierto de alfileres

un brozo separado

una mano caída de su gesto

una boca abultada de palabras.


Ni la estrella de una cerradura

ni el poder del ojo que imagina

ni todo el deseo de agrupar en su noche

los pedazos que huelen de su vida

le pueden apartar de esta espesura

donde la luz no existe

ni el tiempo, ni el espacio.

Sólo la nada al fondo del recuerdo

donde todo se aleja de uno mismo

y el sueño anhela un cuerpo

que fue suyo.



         DIEZ


Le separaron en dos

y nadie ya sabía

a la hora de unir todas las partes

en qué forma o manera coincidía

si esta parte del cuello

que ya estaba abultada por una piedra azul

o esa boca que hablaba dividida

por un lado una frase hostil

y por otro una respuesta sin sentido.


Se recurrió al difícil camino de coser los pedazos

de poner cada cosa en el lugar que estuvo

pero a cada sutura seguía una trampa

alguna travesura

la unicidad de pronto

como un sueño que el todo padecía

se volvió torpemente rechazada

y fueron dos, a cada paso

para enfrentar el tiempo ya seguro.



         ONCE


Con precisión de cirujano experto

con alambre de acero texturado

le pararon el sexo

no había grito, sonrisa, ni silencio

algo como un sudor ponía en las paredes

la humedad que los ojos traslucían

y un jadeo profundo levantaba

un hedor de saliva.


La extensión de ese cuarto ocupaba su rostro

dibujada con uñas y excrementos

más allá una ventana clausurada

alguna cerradura enmohecida

la huella de una mano

un clavo

y el ruido de pronto

al cerrarse una caja en el cerebro.


El hombre regresa por un acantilado

el mar salpica espumas y una gota

se rompe sobre la piel desnuda

atrás está Cartago.



         FINAL


He aprendido a callar

He aprendido a trabajar tranquilo

sin levantar la vista de mis manos

He aprendido a decir lo que no pienso

A decir lo que pienso sin decirlo

Es decir, á no decir sino lo que es oportuno decir


He aprendido a no ser hombre

A gotear con el tiempo la piedra

A esquivar el viento

Modificar la naturaleza de la boca

A sonreír incluso cuando ladro.


         1978








PIEDRAS


Escritos desde 1965, en el camino.


         I


Larga opresión, ciudad de grandes muros

como apartado por manos que escribieron el sueño

como lápidas caídas de ilegible ventana

el agujero alzado de poderosa lengua, yo te escucho:

te aprieto lentamente y te arrugo

como si fueras un rostro viejo, de antigüedad inmunda

como si no tuvieras edad y te corrompes

en la varada calle, sin juventud, perdida

sin niñez aceptable ni inocencia,

sin salida, ni puerto,

una ventana alzando un cuello para irse

entre los muros ciegos y las ciegas miradas

un ascensor de piedra para morir callado

donde nadie ya es nadie

y crece la presencia de todo.


         1965



         II


         para Lía


Te abres sin puertas

en el espacio azul de la dulzura

tus manitos se esconden en tus manos

cobijando el calor, la piedra, el polvo


Y el tiempo se arriana a tu perfume

orillado de perros trasparentes

Paloma enamorada

tu mirada es oleada de sueño

en un paisaje de agua

o cielo desvelado


Tu ligera sonrisa nos envuelve

de flores y campanas y fiesta

y es un goce tu piel

extendida de fruto maduro

pequeñita

amor subiendo como una burbuja

por el aire

con el temblor del rocío

alárgame tu diminuto pie de maravillas

que aparta con su gesto

mis sombras.




         III


         para Santiago


No encontrarás albatros

sobre la piel grabada

ni pájaros sagrados

después de la muerte:

Un tiempo se abrirá a tu paso

lleno de la urgencia y el anhelo

con que irás construyendo

el rasuro que será tuyo

Aprieta tu corazón de ciervo herido

por este manotazo del viento

(cuando naciste cabías en un pañuelo

y un temblor buscaba

el ala profunda de la mañana)


Hoy te alzas con la fragilidad

y la dureza del que crece

desbrozando marañas en el sueño

y desde aquella mirada

que rozó el pañuelo

se agrandaran horizontes y montañas

y sin saberlo allí ya estábamos

destinados a mirarnos

con cierta distancia

como detrás de un cristal antiguo

enamorado


Y ahora

va caminas por el túnel de mis ojos

hacia donde está la salida:

Esta tierra, hijo mío.


         1978




         IV


Yo podría vivir en ninguna parte

Yo podría no querer todo

pero todos los días siento que se resbala el tiempo

quedando un aire de silencio

en las tardes que hablamos

y los seres que compartieron la vida y los momentos

como enormes globos revientan.


Qué es esto!

qué hacer con todos los rostros

con todas las palabras

con todas las sonrisas

con todos los caminos

con todas las miserias

con todas las penumbras

con las piedras del mar.


Por eso yo te escucho:

y mi angustia crece

de conformarse al muro

al humo del día que huye

sin detener su efigie

sin preguntar su nombre

sin mostrar la cara

sin desviar la vista

sin desgarrar el alma

Qué es este anhelo de ser

de abarcar la muerte,

de llegar al límite del viento,

que nada queda para nadie

que te vayas solo: sin conciencia

como has venido

y todo retrocede hacia otra aurora

y el corazón es un montón de mierda.

Yo te pregunto: qué he hecho, qué hice

-porque no es nada

lo que dije

lo que escribí. Para qué sirve?

Y ya nada me importa y el dolor me amenaza

con su diente, sin tregua.


         1965



         V


He escuchado mi nombre en esta tarde

llamarme Carlos, no

llamarme Esteban,

y juntos aparecen como dos frutos equivocados

sobre el que ha llovido el verano del tiempo

y los cubre la tierra

donde desaparecen las ansias.


Un sueño se cobija en el fondo de la voz

-como un animal herido-

la tarde tiene das partes

una sumida en agua trasparente

la otra en fuego,


         1973



         VI


Cuando te acercas

tus ojos aparecen como las pequeñas ventanas

de un animal acorralado en el cerebro

y nadie puede extraer desde esa caja

al antiguo habitante acurrucado

donde deriva el sueño

hacia un pedernal cerrado por todos sus costados,

y en ese anhelo de recabar el límite

navega una palabra atroz

en ese estar frente a frente

cuerpo a cuerpo

arrancando la libación final

vaciarlo desesperadamente de su muerte

y escupirlo como cáscara hueca,

disecarlo

sorberlo con la poderosa fuerza

que no despega la boca

y que seda –después-

en una leve sonrisa, adentro

muy adentro

del animal que late en lo profundo

y que ya no es uno

ni el otro.

Así estas para mi

muy lejos,

después del rechazo

que huye hacia un final sin retorno.




         VII


El paso se deshoja en el polvo

calle gris envuelta ya en lo oscuro

colgada en el silencio de la noche

Ya estás aquí

de nuevo

tiempo fiel

profundo

que dibuja en mi sombra

las huellas de ese nombre,

las iníciales que el viento trata de olvidar

de espantar con el soplo

o el signo del enigma:

tiempo fiel

tu paso de plumas

sobre la piel del sueño

evoca un cielo límpido

que hace nacer las nubes

un árbol al que le brotan aves

un muro del que surgen ventanas trasparentes

y un paisaje sumergido

en el ojo del agua

ya desde la tierra

surgiendo entre las raíces

los pequeños habitantes

el humus y el vinagre

la honda azada

con el terrón quemante

de este país invadido


Tiempo fiel

ya estás aquí otra vez

como siempre.




         VIII


         para Adolfo


En esta piedra alzada con espanto

para golpear el rostro de lo oscuro

está la puerta.


Y mi mano cortada en dos

por un plano de angustia

trasparente

cruza el patio sin sombras

con una luz rasante

y toca las líneas de puntos de las palabras.


En esa piedra pisada de antemano

que puebla un jardín mustio

se graba la dureza de un tiempo que no dura

pero su pequeña duración

mantiene el arco tenso

la fiera mansedumbre

el sueno detenido en ese instante

en que la vida cumple su milagro.


Que nos queda entonces

si ya vivimos parte de la espera

y no esperamos nada sin embargo

porque el tiempo ya ha doblado la esquina

nos dio la espalda y vuela

acorralado en su celda de ermitaño.

Y volvemos a ser hacia un costado

el viento azul recortado en un libro de cuentos

el lobo y la hormiguita

un gusano feliz

un sueño de palabras que se han vuelto piedras

piedras que lanzamos

a un antiguo lago de palabras

palabras acuosas

en círculos que no dejan ver ni el rostro

ni el cielo ni los pájaros

sino este lodazal de palabras

de piedras amontonadas

de piedras cruzadas

en la que cada cual tira su piedra

y huye

y el cuerpo vive aún

apedreado por todas las palabras.


         Setiembre 1977.




         IX


Qué has hecho

del tiempo,

sino una danzadera

de tumbos y relámpago,

la fiesta enarbolada

la mujer que crepita,

Felipe desteñido,

América poblada de semáforos,

los árboles,

los ríos que navegan cadáveres,

un sueño que despierta

sin manos,

una palabra

alzada a mediodía

como un sol despiadado

o un grito,

o una cigarra.


Qué has hecho

del tiempo,

en ese ojo que mira

sin preguntas

desde el fondo del pozo.




         X


Umbral caído sobre una línea

que avanza hacia el espacio,

puerta cerrada,

tapial,

muro elevado,

sueño cubierto de cenizas,

luciérnaga asolada y oscura,

planeta silencioso,

palabra ciega,

relámpago apresado por los vientos

que circulan en un foso,

sangre detenida sin refugio,

el paso mutilado en mitad de un sendero

que no tiene salida.

-Qué es esto-

una mirada atada a la columna del tiempo,

manos muertas,

boca enhebrada, por hilos que maneja el miedo

y una tormenta que aplasta

todos los rostros,


-Qué es esto-

Cuatro ejes devoran los puntos cardinales,

un rio seco,

un arenal sin reflejos

sobre el acantilado de un mar desaparecido.

Tiempo clausurado;

apagarás la música que huye

desterrarás el sonido de la voz y el humo,

matarás los recuerdos

y lapidada quedará la huella de lo que fuimos,

pero aun así podremos mirar

por los ojos de las piedras.





         XI


"He visto el ayer

conozco el mañana".


         Tutankamón


Los objetos que guardan

su oscuro pasado

pasan bajo el tiempo

como acuñando en cada verano

los frutos y las flores

y una hoja perdida

en tu regazo.

No digas que volverás

no digas nada

Avanza iluminado

de fuegos y susurros

alargado en la dulce

cáscara de la tristeza

para lanzar tu piedra

en una línea fugaz

arrancando el secreto

de la viejas paredes

y la hondura de tu mirada.

Dónde están los sueños

que se nutren de vanas

esperas

y de un temblor de pájaro herido:

Viste como pasa ya

la vida

sobre el tendal

de las cosas usadas

Viste ya el profundo

silencio

que ya nadie escucha

y donde la soledad

llueve sobre la arena dormida.

Sólo el paso de esta piedra

hacia su destino final

que no es su sombra

ni su muerte.


         22 abril 1979.







         XII


         "Hablo del único, del uno, del que siempre está solo".


         J.L. Borges


Cuando el tiempo deshaga

sus velámenes, me verás partir:

Sobre aquella playa de un río milenario

los pájaros harán un pequeño cuenco

donde nadar el ansia,

y esta puerta alzada a mediodía

se abrirá a mi paso

con soberbia, sin una lágrima;

sólo el peso de un sueña destruido

por un viento sin rostro

por esas manos extrañas.

Y en ese camino que abre en el costado

la piel de la vida,

me verás partir;

la calle se hará dulce como la tristeza,

los sonidos habrán ensayado

la experiencia del silencio,

y un paso -seguro-

como un puñal

alargará su lengua sin palabras.

Cuando huya tu voz

habré partido.

Ya no habrá quien la conteste,

ni ahueque la suavidad de mi boca

para caber en un beso.

Habré roto el vaso incontenible

caminando por rutas azarosas,

por senderos distintos,

laberintos de señales equívocas

habré pisado mariposas azules

o soñado un sueño.

Por aquí no he sido convocado

Por aquí no estuve

por aquí ha pasado otra sombra,

por aquí va el cazador corriendo,

el corazón quemante,

por aquí la herida anhela

el tiempo que fue nuestro.

Adónde iré,

por qué oscuro meandro

veré la luz que tenga

alguna resonancia,

adónde está el país

que pueda ser la puerta, la salida,

adónde la tierra

que sedimente el viento de la sangre.

Aquí queda la piel del cometa herido

y la palabra vieja.

Aquí quedan las voces clausuradas,

las llaves rotas,

los cuerpos impresos y sus llagas,

la tarde que se va sin una letra,

una queja trabada

como un peso sin pena en el recuerdo.

Tiempo - ya estás aquí

para el después,

maduro y fiel

como la muerte de las cosas

que fueron usadas

repletas de un amor

gastado en la tormenta.

Aquí están sus manos olvidadas,

Tiempo, -perro azul-

memoria del viento.

Adónde estuve yo,

adónde estás,

qué mano entreverada

has dejado en mis manos

que no me deja partir,

que no me dice adiós,




         XIII


Estoy preso en todo este ámbito oscuro

estoy preso por todos los costados

estoy preso en mi sombra

estoy preso en medio de la noche,

estoy preso en medio de la luz

estoy preso de la inmensidad y de lo ínfimo

estoy preso del tiempo

estoy preso en este país

estoy preso en el mundo con todas sus galaxias

estoy preso en esta casa

estoy preso en el espacio que rodea mi casa

estoy preso en el aire

estoy preso del sueño que no cesa

estoy preso de la solidez, del orden, de la dulzura

estoy preso en todas las comisarías

estoy preso del hambre y del hastío,

estoy preso de la mediocridad

estoy preso de la inteligencia

estoy preso en el agua azul de la cordura

estoy preso de mí mismo.


Estoy preso en esta piel, en estos límites,

estoy preso en el viento

estoy preso en esta caja que suena y resplandece

como un ataúd iluminado.

Estoy preso del día

estoy preso en mi cama

estoy preso en las casas inanimadas

estoy preso de la palabra

estoy preso del ansia y el deseo

estoy preso del silencio

estoy preso del ruido que avanza por los callejones de mi sangre

estoy preso de la exactitud

estoy preso de las voces que escucho

estoy preso de mis manos que alargan su alarido

más allá de todo sin volverse

estoy preso de mi baca que te busca

estoy preso en el fuego de tu boca

estoy preso en el fin y en el principio

estoy aquí más preso y más antiguo

como si pasara la historia sin nombrarme

estoy preso del dolor que no se ignora

de lo que se sabe en secreto y se padece

estoy preso y sin salida

porque esta puerta no se abre.

porque ha sido tapiada

porque me responde con un no

porque me responde con un sí

porque hay un foso

o porque la libertad no es otra cosa

que estar preso de la nada.




         XIV


En la piedra y el agua

en el cuarzo maldito,

en esta trasparencia el vértigo se inicia

por la palabra se alza

y en el aire

en la esfera del tiempo

descubre su rostro ya enemigo

su fondo virtual

su espejo roto.

No te pondrás el sueño de mañana

ni la frase de ayer

Ya estás hecho a las cosas sin retorno

petrificado en la imagen misma

del otoño

con las manos moviéndose hacia muertes o puertas o señales

y en lo profundo brillan alucinadas cerraduras:

Allí está la ranura

para caber de canto

en un espesor incalculable

pero bastante estrecho

en un ruedo de tela sin orillo

en una pieza sin techo

en un hueco fatal

donde mutilan los dedos

de a dos, de a cuatro

y hay un basurero

con dientes y azules y jaguares

y todo está detrás

en el lado de al lado

al revés

en un inquietante libro que se abre

y no se lee

en la grieta del aire

subiendo por el ruido,

en la cuenta del televisor

encaramada de pasión y locura,

en el teléfono que dice:

-aquí hay un espantoso olor a terciopelo-

sonando sobre un cielo oscuro sin pestañas.

Este sitio no tiene parraleras

ni caminos de tierra

ni rosales

un puñal en medio del aljibe

un plato de lentejas

un zaguán en el que resucitan palabras

donde se venden cosas de una mismo

y en un escaparate se exhiben

estas piedras infames,

los herrumbres del viento,

traje sin uso,

colgados de un hilo para siempre.

(El ropero del alma

anhela un ventilador

que haga mover los disfraces).


         1974




         XV


Mátalos, escúpelos,

vuelve a conocer el fuego,

crea el suplicio

de nuevo.


Atráelos al poderoso filo

donde cortan las manos

de los reos,

incrépalos todavía,

llénalos de tormenta,

revienta las palomas

en el colchón de asfixia

donde sufren las putas.


Inventa el alarido,

las uñas de los perros

arañadas de sombra, entre el turbio

reconquista los arenales quemantes

con la huella inútil

y esta gota de sangre no dejes en tu copa


Recuérdame tu rostro

descúbrete

hazte hombre

de piedra

emergiendo del sueño tenebroso

entre los abrazos

y el peso de los muertos.


         1969




         XVI


La puerta está cerrada

el muro está cerrado

la calle está cerrado

el tiempo está cerrado

cerrado el puesto oscuro

tapiados los altos ventanales

cruzados por la sombra

el patio cerrado por sus cuatro costados.


Se ha cerrado la tarde

en una nube de lluvia y humareda

Los pájaros se reducen en un punto

Noche arriba cerrada

Noche abajo cerrada

un plano como la angustia cerrada

corta la profundidad del sueño:

Cerrado el tiempo en largo abrazo

como retornando

en un sólo círculo cerrado

tus manos cerradas

tu cuerpo cerrado

el viento huye por las ranuras

que poco a poco se cubren de hojarasca.

En esta oscuridad yo busco un sitio

donde cerrar el alma.




         XVII


La enormidad del mar

su empuje arrollador

su gran espejo turbulento

ha llegado a mí

me ha acercado su sal

su mano despiadada

su caricia indomable


Yo supe que era yo

quien contenía ese mar

inmenso como animal en acecho

el mar sin límites

desde mi límite

en mi extraño deseo

te contemplo

amante mar

mar anterior

levanta mis velámenes

encubre con tus vientos mis manos

que he de volver atrás

atando cabos

emigrando sueños

como un ave perdida en el espacio

he poseído así tu último reflejo

el que dora la cresta despeñada

sobre la costa de América.


Allí estoy muerto.




         XVIII


El que hace doblegar el espacio

en una amplia curva,

hasta tocar el sitio que había abandonado

arroja piedras en la trasparencia

para volver de nuevo sin perderse

reconocer los vientos olvidados

los desiertos que en la alucinación florecen

los planetas oscuros, disgregados

la tierra que fue,

Piedras azules en el ciego cristal de sus espejos

generando círculos en un ámbito sin luz,

hecho con todas las noches del tiempo,

cada ojo se expande

en un universo distinto,

con señales equívocas,

y es cada vez más lejano,

más antiguo, más cerca del silencio

como si la cola final del infinito

llegara a besar el principio de los siglos.

(Ya no habrá nadie,

la soledad será perfecta

y la cueva de todas las constelaciones,

un montón de sueños)




         XIX


         a DAFNE


En esa mesa

comimos Borges, vos y yo

y allí volví

can el ala escondida de la tristeza

buscando el viento transparente de tu mirada

detenida en el espacio

por el hilo infinito de los sueños.

Pero el torbellino sin pausa

desprovisto ya de luz

los objetos moribundos, las hojas secas

que naufragan en el fondo del tiempo

sacuden la placidez de las cenizas.

Dónde el verano aquel

Dónde la trajinada calle

dónde el amplio abrazo

que recorre la tierra de las cosas,

heridos los últimos ramajes

que han apresado de laureles

la piel

de la que hace feliz

y que fue ciega

del que fue feliz

en medio de señas ignoradas

y caminos lanzados a todas las oscuridades.

Allí

en esa mesa

tres sombras colocan los ojos en el plato

se vuelven a mirar

y ya no están.

Aquí

un ciego

sueña con una mirada

en una mesa vacía

donde Borges come una mariposa azul.

 

 

 

 

 

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