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TERESA MÉNDEZ-FAITH

  PARAGUAY: NOVELA Y EXILIO, 2009 - Por TERESA MÉNDEZ-FAITH


PARAGUAY: NOVELA Y EXILIO, 2009 - Por TERESA MÉNDEZ-FAITH

PARAGUAY: NOVELA Y EXILIO

 

por TERESA MÉNDEZ-FAITH

 

Intercontinental Editora S.A.,

 

www.libreriaintercontinental.com.py

 

Tel.: 595 21 496.991

 

Asunción-Paraguay 2009

 

(Edición aumentada) (279 páginas)

 

 Ilustración de portada:  Edward P. Faith

 

 

 

 

**/**

 

 

PRÓLOGO: Migración, ostracismo, exilio interior, exilio exterior, desgarramiento continuo a lo largo de un tiempo del desarraigo sin amanecer. Tal es una de las constantes de la historia del pueblo paraguayo que -al decir de Roa Bastos- "durante siglos ha oscilado sin descanso entre la rebeldía y la opresión, entre el oprobio de sus escarnecedores y la profecía de sus mártires". Las circunstancias anómalas, a menudo trágicas, de su trayectoria histórica han influido en las modalidades y características de la producción literaria que surge en el ámbito de un espacio unas veces estrecho y hondo, como el que deja la represión a los que permanecen en el país, los que trabajan entre las penumbras de la amenaza, el miedo y la autocensura. De ese espacio que, otras veces, se amplifica hasta perder el suelo de la sangre, y que sin embargo se obstina en prender las raíces a la tierra manchada de sueños y recuerdos en la inacabable presencia del exilio. En esas condiciones, no es de extrañar que gran parte de la literatura paraguaya se realice en destierro, y que este fenómeno dilacerante marque los momentos capitales de su historia o los títulos más significativos de su acervo.

Soy un convencido de las relaciones "necesarias" entre la producción cultural y el estado de la sociedad en la que ésta se manifiesta. Si existe una literatura en que dichas relaciones son patentes, ésa es la paraguaya, marcada por los avatares en que su historia ha sido pródiga. Ello es tanto más evidente por cuanto que los escritores, con la lucidez que confiere la situación extrema, el caso hipertrófico, son conscientes de la "función" que están llamados a cumplir. Uno de los poetas más importantes de los años 40 la resume acertadamente cuando afirma: "El arte debe servir la vida, sea como confesión, sea como bandera. No hay, no debe haber belleza inútil". La frase es de Hérib Campos Cervera, poeta del intimismo agónico por un lado, del desgarrado exilio por el otro, en donde muere, mordido por la rabia de la ausencia. Inconsciente o conscientemente, el juicio anterior se inscribe en la más pura tradición de los textos orales de los antepasados Guaraní, en los que la estética se confunde con la ética.

 

Las precedentes reflexiones son producto de un cúmulo de datos dispersos en artículos y trabajos sueltos. Pero faltaba el estudio coherente que reuniera esos índices y propusiera una visión de conjunto a fin de poder sacar conclusiones válidas y útiles para la comprensión del fenómeno literario en el Paraguay. Un enfoque que permitiera comprender la asincronía de las letras paraguayas con respecto a las del continente, su discontinuidad, sus pozos de silencio, a los que siguen obras cimeras en el marco de la literatura universal, como Yo el Supremo, por ejemplo. En suma, los altibajos de su accidentada historia.

 

Es lo que se propone el trabajo de Teresa Méndez-Faith, mediante una investigación seria y responsable hecha a través de los dos autores más significativos de la narrativa paraguaya contemporánea. Ambos son, por su vida y por su obra, actores en el proceso cuya marca esencial es el extrañamiento. El estudio de cinco novelas -tres de Gabriel Casaccia, dos de Augusto Roa Bastos-, todas escritas en exilio, constituye una rica fuente para la investigación que realiza la autora. Lejos del criterio romántico de "creación", Teresa Méndez-Faith enfoca el análisis en la significación que esas obras adquieren en el contexto de la sociedad, con el criterio de funcionalidad capaz de vehicular el sentir, la voz de la comunidad a la que están expresando a través de esas construcciones verbales de gran coherencia e innegable calidad. Este enfoque le permite escapar de las consideraciones esteticistas gratuitas, para incorporar el criterio de arte como producto artesanal realizado con el instrumento de la palabra. Criterio caro a la tarea literaria de ambos escritores, y a la reflexión teórica de uno de ellos, Augusto Roa Bastos, lúcido analista además de portentoso fabulador de la realidad ("lo que queda cuando ha desaparecido toda la realidad", en la definición dada por uno de sus personajes).

 

Teresa Méndez-Faith realiza su tarea de investigación con mucha conciencia, estableciendo primero los criterios básicos de la metodología socio literaria utilizada, esbozando en seguida un panorama histórico que enmarca adecuadamente los parámetros exegéticos que se propone desarrollar. El análisis de los contenidos de las cinco novelas elegidas se realiza de manera pertinente a través de tres temas que la autora define como "recurrentes" y que son completados con lo que ella llama "contenidos formantes". Esta última parte concede atención especial al estudio del significante, elemento capital para la comprensión de la otra cara de la trama narrativa, tanto más que estas obras significan no sólo una superación de las características maniqueas de las que le preceden, sino también -y esencialmente- la apropiación de un lenguaje multifacético en el que las diferentes capas expresivas van enriqueciendo la textura polisémica de la escritura.

 

El libro de Teresa Méndez-Faith tiene el enorme mérito de buscar una explicación profunda y coherente del proceso literario paraguayo, especialmente a través del fenómeno social del exilio, que lo marca en forma decisiva. Y de proponer una serie de pautas válidas para comprender la producción cultural de un país que ha permanecido a menudo en la sombra de los estudios de las letras latinoamericanas, unas veces por la dificultad de comprender una experiencia de gran particularidad, otras veces por la pereza o la inepcia de los críticos que se contentaban con rótulos efectistas como "la incógnita del Paraguay". La autora posee todos los recursos para penetrar en esa realidad textual y volverla diáfana. Este trabajo es la confirmación de su capacidad de realizarlo, y de hacerlo bien.

 

RUBÉN BAREIRO SAGUIER.

 

París-Exilio, enero de 1985

 

 


ÍNDICE

 

Dedicatoria

 

Prefacio a esta reedición: Génesis de Paraguay: Novela y Exilio

 

Aportes de la escritura del exilio a la narrativa paraguaya contemporánea

 

DEDICATORIA

 

PRÓLOGO

 

 

A MANERA DE INTRODUCCIÓN

 

CAPITULOS

1.       LAS RAÍCES HISTÓRICAS DE LA ESCASEZ LITERARIA PARAGUAYA

De la historiografia a la narrativa del exilio

Antecedentes histórico-políticos

1900-1947 y otra guerra más

La Guerra Civil del 47 y la realidad del exilio.

2.       HACIA LA NARRATIVA DEL EXILIO

Narrativa paraguaya siglo XX: Algunas coordenadas significativas

Sobre narrativa contemporánea: Características generales

El escritor paraguayo o el `exilio de dentro' versus el `exilio de fuera'

Compromiso social y conciencia artística en la narrativa del exilio

 

3.       CRITICA Y DENUNCIA EN LA NOVELISTICA DE GABRIEL CASACCIA Y AUGUSTO ROA BASTOS

Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos: Dos narradores expatriados

Cinco novelas en contexto o cinco gritos en busca de un porqué

LA BABOSA (1952)

LA LLAGA (1953)

LOS EXILIADOS (1966)

HIJO DE HOMBRE (1960)

YO EL SUPREMO (1974)

 

4.       TRES TEMAS RECURRENTES EN LAS NOVELAS DE GABRIEL CASACCIA Y DE AUGUSTO ROA BASTOS

El exilio de dentro y el exilio de fuera

La obsesión por el pasado

La problemática nacional presente: Rescate de una realidad camuflada.

 

5.       REFLEXIONES EN TORNO A CIERTOS `CONTENIDOS FORMANTES' EN LA NOVELA DEL EXILIO

Génesis vs. espacios novelescos

Espacios-cárceles

El exilio en la estructuración novelística

El `aquí' vs. el `allí' geográfico-temporal

Panorama humano en la novelística del exilio

 

RESUMEN Y CONCLUSIÓN

 

BILIOGRAFÍA SELECTA

 

 

CAPITULO ANEXO: Reseñas y comentarios sobre Teresa Méndez-Faith, Paraguay: Novela y Exilio (New Jersey: SLUSA, 1985), 206 págs.

 

IMPACTO DEL EXILIO EN PARAGUAY. NOVELA Y EXILIO - Isabel Baca Carmona

 

TERESA MÉNDEZ-FAITH Y LA NUEVA CRITICA PARAGUAYA - Edgar Valdés

 

SOBRE PARAGUAY: NOVELA Y EXILIO - Rodrigo Díaz-Pérez

 

PARAGUAY: NOVELA Y EXILIO - Mempo Giardinelli

 

PARAGUAY NOVELA Y EXILIO (de Teresa Méndez-Faith) - Gene H. Bell-Villada

 

SOBRE PARAGUAY: NOVELA Y EXILIO DE TERESA MÉNDEZ-FAITH - Juan Manuel Marcos

 

LA LITERATURA DEL EXILIO Y EL EXILIO DE LA LITERATURA - Efraín Enríquez Gamón

 

APUNTES SOBRE LOS LAZOS ENTRE EXILIO EXTERIOR Y EXILIO INTERIOR - Antonio V. Pecci

 

 

 

Enlace a la versión digital del libro :


PARAGUAY : NOVELA Y EXILIO

Edición digital: Alicante :
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de
New Jersey, Slusa, 1985.


 

 

 

 


 

 

APORTES DE LA ESCRITURA DEL EXILIO ALA NARRATIVA PARAGUAYA CONTEMPORANEA

 

Del conjunto de naciones latinoamericanas, Paraguay es, probablemente, el país cuya producción literaria se ha visto más afectada por los aconteceres histórico-políticas de sus casi dos siglos de vida independiente. Es la única nación del continente que se inició como tal con una dictadura. En efecto, allí se instaló el régimen absolutista del primer gran dictador hispanoamericano, el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, conocido como "El Supremo", quien aisló al Paraguay del resto del mundo y lo dominó como gobernante absoluto desde 1814 hasta su muerte en 1840. Le sucedió don Carlos Antonio López cuyo gobierno, también autoritario aunque constitucional, duró hasta 1862. Le siguió en el cargo su hijo, el Mariscal Francisco Solano López, una de las figuras más controversiales de la historia paraguaya. "Traidor a la patria" para unos y "héroe nacional máximo" para otros, durante su corto gobierno, Paraguay peleó y perdió la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), donde se enfrentó, quijotescamente, contra las fuerzas aliadas de Brasil, Argentina y Uruguay, sufriendo en el proceso la pérdida de más del 75% de su población (1). A esa hecatombe nacional siguieron décadas de anarquía, golpes de estado, y se repitieron los regímenes dictatoriales y autoritarios hasta el otro gran enfrentamiento internacional, la Guerra del Chaco con Bolivia (1932-1935) que, a pesar del triunfo paraguayo, dejó al país humana y económicamente devastado. Un par de años de paz (1936-1937) y después otra vez la anarquía, gobiernos provisionales despóticos, una sangrienta Guerra Civil (1947), otro breve espacio de relativa tranquilidad y la instalación en el poder del General Alfredo Stroessner (en 1954) cuya dictadura, la más represiva y la más larga de los anales paraguayos, culminó en el golpe de estado del 3 de febrero de 1989. Desde entonces hasta el presente, veinte años de un difícil proceso de transición hacia la democracia y un nuevo milenio que a fines de su primera década abre un espacio de esperanza y cambio con el triunfo electoral de un nuevo gobierno que, esperemos, ayude a que el proceso iniciado con la caída de la dictadura tenga un final feliz...

He aquí, resumidos en un párrafo largo, los vaivenes y vicisitudes de la historia del Paraguay desde sus inicios como nación hasta principios del siglo XXI, historia enmarcada entre dos largas dictaduras, la del Dr. Francia (1814-1840) y la del Gral. Stroessner (1955-1989), y dos décadas de ensayos y tentativas de democratización, hasta ahora muy frágiles. He aquí también los datos necesarios que explican, aunque sea en parte, el porqué de la escasez literaria paraguaya a menudo mencionada por estudiosos e historiadores de nuestra literatura y en particular por quienes la tratan de comparar y contrastar con otras literaturas hispanoamericanas.

 Antes de referirnos a los aportes de la escritura del exilio -en particular reflejados en núcleos temáticos recurrentes- a la narrativa paraguaya de las últimas tres décadas, incluyendo aquí novelas y cuentos publicados a partir de 1974, dentro y fuera del país, es importante describir, a grandes rasgos, la situación de dicha narrativa con anterioridad a los años setenta. En especial, es necesario señalar algunas consecuencias del trágico derrotero histórico-político arriba delineado, irónicamente muy positivas para la narrativa paraguaya actual.

En primer lugar, y en términos generales, la narrativa ha sido el género menos prolífico de las letras paraguayas y el más afectado por el contexto histórico-político nacional. Hasta mediados del siglo XX predominó el ensayo histórico y en la escasa producción narrativa del período tendieron a prevalecer, como en el ensayo, las corrientes romántico-nacionalistas de exaltación del pasado y de afirmación de los valores espirituales del pueblo paraguayo, heroico sobreviviente de la catástrofe de la Guerra de la Triple Alianza (2). Posteriormente, la Guerra del Chaco (1932-1935) que fue, según Andrew Nickson, "the bloodiest and most prolonged war in twentieth century Latin America.....” (3) tuvo, no obstante, consecuencias positivas en el plano literario al promover una toma de conciencia de la realidad nacional y la incorporación de temas significativos (la guerra, los problemas del agro y de los yerbales, la persecución política, el exilio, etc.) en la narrativa posterior (4).

La Revolución Civil de 1947 que inició un proceso migratorio masivo, hasta hoy el más largo de su historia, y la dictadura de Stroessner que lo continuó durante tres décadas y media, llevaron al exilio -entre los miles y miles de paraguayos que se vieron forzados a dejar su patria-a un número muy grande de la intelectualidad del país. Muchos escritores, artistas, músicos, profesionales, etc., tuvieron que dejar su tierra natal para sobrevivir, separándose forzosamente de amigos y parientes. Estas dos tragedias histórico-políticas que durante casi medio siglo dividieron a la familia paraguaya, con consecuencias funestas para el país, tuvieron, sin embargo, un impacto muy positivo en el desarrollo y actualización de la narrativa paraguaya contemporánea. En efecto, una de las consecuencias culturales más significativas de dicho éxodo intelectual fue el quehacer literario de algunos escritores integrantes de esa emigración masiva del 47, como Augusto Roa Bastos, y de otros, como Gabriel Casaccia, que habiendo dejado el país antes, empezaron a publicar sus cuentos y novelas en Buenos Aires. Iniciaron así estos dos escritores (a los que se agregaron después varios más como Rubén Bareiro Saguier, Carlos Garcete, Lincoln Silva, Rodrigo Díaz-Pérez, etc.) la importante vertiente de la narrativa paraguaya del exilio cuyo corpus cuenta en su haber con un gran número de obras publicadas pero cuya vigencia caduca, termina, lógicamente, con la caída de Stroessner en 1989, al poder volver todos (o la mayoría de) ellos, sin miedo ya a represalias, a su tierra natal.

Es importante enfatizar, sin embargo, que el papel de la escritura del exilio fue fundamental y clave en la renovación de la narrativa paraguaya contemporánea. Pero es igualmente importante señalar el hecho de que las obras aparecidas fuera del país inauguran e incorporan una serie de temas prácticamente ausentes en la narrativa coetánea de dentro. En este trabajo se identifican algunos núcleos temáticos que inicialmente aparecen de manera recurrente en la producción del exilio, pero que reaparecen después, también recurrentemente, en la narrativa concebida y publicada intrafronteras. Con respecto a estas dos vertientes, la de dentro y la de fuera, hay que recordar que la narrativa paraguaya recién empezó a adquirir distinción y atención internacional en la década del 50, con la aparición en Buenos Aires de tres obras La Babosa (novela, 1952) de Gabriel Casaccia, Follaje en los ojos (novela, 1952) de José María Rivarola Matto y El trueno entre las hojas (1953), la primera colección de cuentos de Augusto Roa Bastos- que rompieron con las tendencias narcisistas y mitificadoras prevalecientes y reincorporaron a la ficción el realismo crítico inaugurado por Rafael Barrett a principios del siglo XX pero prácticamente ausente en la narrativa publicada hasta entonces dentro del país.

En efecto, es también en la producción del exilio de los años 50, 60 y 70 donde se detectan por primera vez ciertos temas o núcleos temáticos entonces apenas soslayados o totalmente ausentes en la narrativa de dentro -como los relacionados con la crítica y denuncia de la realidad socio-política, el exilio, la reinterpretación o revisión de la historia, la dictadura...- pero que sí constituirán temática recurrente en la narrativa posterior, en particular de las últimas dos décadas del siglo XX. Teniendo en cuenta el contexto socio-político, las tensiones, represiones y miedos vigentes en el Paraguay de Stroessner, es también fácil deducir que las obras actualmente más conocidas hayan sido concebidas y publicadas en el exilio. Y esto por una razón muy sencilla: lejos del miedo, de las amenazas y posibles represalias, censuras y autocensuras asociadas con su país, a los escritores exiliados les fue posible expresarse libremente y desarrollar sin trabas una narrativa artísticamente elaborada, a tono con el momento histórico presente y de contenido socio-político significativo. Para los escritores que quedaron intrafronteras, escribir se convertía en un acto subversivo: contra el gobierno, contra la historia oficial, contra los escasos mecanismos de publicación y divulgación de la obra literaria. De ahí que fuera en los textos de esos expatriados ya antes mencionados -Rubén Bareiro Saguier, Gabriel Casaccia, Rodrigo Díaz-Pérez, Carlos Garcete, Augusto Roa Bastos, Lincoln Silva y algunos más- donde se expresaron, inicialmente, tanto el planteamiento más directo como el reflejo más fiel de la problemática nacional de esas tres décadas y media (1955-1989) de dictadura stronista.

Gabriel Casaccia, iniciador de la narrativa paraguaya contemporánea, recupera de manera crítica varias décadas de descomposición moral y corrupción política en tres novelas: La Babosa, La llaga (1963) y Los herederos (1975), y dedica Los exiliados (1966) a tocar el tema del exilio político, prácticamente inexplorado en la narrativa intrafronteras. (5) Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989, examina el presente y el pasado nacionales a lo largo de coordenadas histórico-políticas en Hijo de hombre (1960) -novela del dolor paraguayo- y en Yo el Supremo (1974), su segunda y más famosa novela, narrada desde la ubicua perspectiva del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, primer dictador paraguayo y una de las figuras más controversiales de la historia nacional. En ambos autores, el tema de la obsesión por el pasado permea prácticamente todas sus obras: en Casaccia, el pasado penetra la narración de manera indirecta e implícita, mientras que en Roa el pasado es un discurso constante, directo y explícito.

La dictadura, tema de difícil incorporación en la narrativa interna, está implícita o explícita en el miedo que atormenta a tantos personajes de las obras del exilio. Y se hace directa en su realidad de cárceles, torturas y persecuciones en varios cuentos de Rubén Bareiro Saguier -incluidos en Ojo por diente (1973) y en El séptimo pétalo del viento (1984)--y de Rodrigo Díaz-Pérez -contenidos en Entrevista (1978) y en Hace tiempo... mañana (1989)- como también en las dos novelas de Lincoln Silva: Rebelión después (1970) y General General (1975). Productos del destierro, aunque ya de fines de los 80, son también dos obras inspiradas en la problemática de la dictadura: El collar sobre el río (cuentos) de Carlos Garcete y El invierno de Gunter (novela) de Juan Manuel Marcos, ambas publicadas en 1987. Como bien lo señala José Vicente Peiró en uno de sus trabajos sobre nuestra narrativa: "El año 1987 resulta clave porque se difunden tres novelas importantes que renuevan la narrativa paraguaya: Caballero, de Guido Rodríguez Alcalá (editada en Paraguay en 1986, y en Buenos Aires al año siguiente); El invierno de Gunter, de Juan Manuel Marcos, y La niña que perdí en el circo, de Raquel Saguier".(6) Comenta Peiró, en el mismo trabajo, que Caballero "representa la desmitificación de la sacralizada historia nacional", El invierno... "mezcla argumentos en una misma narración principal" y en La niña... "la mujer reivindica su mundo personal en una sociedad que la ha considerado como un ser marginal, con la ironía y la ingenuidad de la mirada infantil". Coincidimos con nuestro colega y amigo español que lo significativo de la aparición y difusión de estas tres obras en el mismo año es que "Las tres abandonan el maniqueísmo y los tópicos localistas, e incluso reinterpretan la historia y la realidad de las rígidas estructuras sociales del Paraguay tradicional" (de la misma introducción, p. 29).

Teniendo en cuenta la propuesta y en realidad el eje de este trabajo -i.e., que gran parte de la temática recurrente en la narrativa de los últimos 25 años ya fueron captados/expresados en la narrativa del exilio de los años 50, 60 y 70- es necesario puntualizar aquí que los temas recurrentes en las tres obras que acabamos de mencionar (aparecidas a fines del stronismo, en 1987), y en particular los relacionados con la reinterpretación o revisión crítica de la historia, ya están presentes y recurrentes en los cuentos y novelas de Casaccia, Roa Bastos, Bareiro-Saguier, Lincoln Silva..., publicados en el exilio, antes de 1975.

Si empezamos con el núcleo temático en torno a la crítica y/o denuncia de la realidad socio-política nacional, debemos recordar que su expresión inicial se da en la facción de Casaccia y Roa de los años 50 y 60: La Babosa (1952), La llaga (1963), Los exiliados (1966); El trueno entre las hojas (1953), Hijo de hombre (1960)... Este motivo se vuelve recurrente en varias obras de las últimas tres décadas, publicadas tanto dentro como fuera del país y escritas por escritores del exilio o de intrafronteras. En particular, está presente en novelas y cuentos de estos mismos autores, aparecidos posteriormente: Los herederos de Casaccia y un gran número de relatos de Roa incluidos en El baldío, Los pies sobre el agua, Madera quemada, Moriencia y otros, corno también en la narrativa de Rubén Bareiro-Saguier, Carlos Garcete y Rodrigo Díaz-Pérez, con publicaciones posteriores a su retorno del exilio.

La misma temática de captación crítica de la realidad socio-política nacional, de denuncia de la violencia y la opresión, empieza a aparecer de manera recurrente en obras publicadas intrafronteras a partir de 1975. Tal es el caso de varios cuentos incluidos en El contador de cuentos (1980) de Jesús Ruiz Nestosa, Angola y otros cuentos de Helio Vera (1984), La seca y otros cuentos (1986) y Por el ojo de la cerradura (1993) de Renée Ferrer, Cuentos decentes (1987), Curuzú cadete (1989) y Cuentos (1.993) de Guido Rodríguez Alcalá, Los hombres del sur (1987) de Catalo Bogado, Tierra mansa y otros cuentos (1987) de Lucy Mendonça, Papeles de Lucy-fer (1992) y En el país de las mujeres (1995) de Jorge Canese, Memoria sin tiempo (1992) de Maybell Lebrón, La víspera y el día (1992) y Cuentos de tierra caliente (1999) de Dirma Pardo Carugati, Ora pro nobis (1993) de Neida Bonnet de Mendonça, Entre la cumbre y el abismo (1995) de Susana Riquelme de Bisso, Relatorios (1995) de Gilberto Ramírez Santacruz, y en varias obras más recientes. Esta mirada crítica al entorno de la realidad socio-política nacional también está captada en algunas novelas del último cuarto de siglo y más: entre ellas, en Función patronal (1980) de Alcibiades González Delvalle, Los nudos del silencio (1988) de Renée Ferrer, La vera historia de Purificación (1989) y Esta zanja está ocupada (1993) de Raquel Saguier, El destino, el barro y la coneja (1990) y Donde ladrón no llega (1996) de Luis Hernáez, .y en Diálogos prohibidos y circulares (1995) de Jesús Ruiz Nestosa, para dar sólo un número representativo de ejemplos.

En contraste con la temática de captación crítica de la realidad nacional en la ficción posterior a 1975, el tema del exilio aparece ocasionalmente, aunque no de manera recurrente, en la narrativa de dentro. Sin embargo, sigue siendo tematizado en las obras de los escritores asociados con el exilio (Roa Bastos, Bareiro Saguier, Díaz-Pérez...), escritas y publicadas en las últimas tres décadas.

Otro núcleo temático inicialmente reflejado en la narrativa del exilio y que resulta bastante recurrente en la que aparece intrafronteras, durante este período, es el relacionado con la reinterpretación, re creación, revisión crítica de la historia o de algún personaje específico de dicha historia. Si en 1960 Hijo de hombre pasa revista y recrea críticamente ciertos momentos de la historia nacional que van desde la época del Dr. Francia hasta los albores de la Guerra Civil del 47, incluyendo la agonía de la sed en la Guerra del Chaco, y si en Yo el Supremo, de 1974, es el supremo dictador y su período los que están en tela de juicio, revisados, recreados y enjuiciados por las múltiples voces y documentos históricos reales y ficticios, son muchos los textos que desde fines de la década del 70 y especialmente a partir de los años 80 incorporan dichos núcleos temáticos al discurso narrativo. Se cuestiona y re-construye o re-interpreta la historia en Diagonal de sangre (1986) -novela que explora el contexto socio-económico-político en que se desarrolló la Guerra de la Triple Alianza- y en La isla sin mar (1987) de Juan Bautista Rivarola Matto, en Donde ladrón no llega (1996) de Luis Hernáez, donde se recrea la época de los jesuitas en 1767, el año de su expulsión, y en Vagos sin tierra (1999) de Renée Ferrer, centrada en la historia de una familia del siglo XVIII que emigra hacia el norte para colonizar unas tierras fronterizas con el imperio lusitano y aún dominadas por los indígenas. Se reconstruye un derrotero histórico personal en las novelas Caballero (1986) y Caballero Rey (1989) de Guido Rodríguez Alcalá, dos versiones-revisiones de la figura del General Bernardino Caballero, héroe de la Guerra de la Triple Alianza, desmitificación de la carrera militar del personaje la primera obra y del hombre político la segunda, -ambas cubriendo un período histórico que va de 1871 a 1887; y también en El fiscal (1993) de Roa Bastos, para mencionar media docena de novelas significativas.

El núcleo de temas que incluye el de la dictadura y el de la figura del dictador, igualmente estrenados en Yo el Supremo, está también muy visible en la narrativa del último cuarto de siglo. Si bien la figura de Stroessner está presente de manera implícita en Yo el Supremo (en los anacronismos referentes a la firma del tratado de ltaipú en 1973, por ejemplo), está explícitamente captado, revisado, criticado y denunciado en las novelas Celda 12 (1991) de Moncho Azuaga, y en El rector (1991) de Guido Rodríguez Alcalá. También la dictadura está presente en el testimonio de la violencia y del terror que se ven expresados en muchos de los cuentos de Guido Rodríguez Alcalá (Cuentos decentes, Curuzú cadete, Cuentos), en las últimas novelas de Roa Bastos (El fiscal, Contravida y Madama Sui), en Tacumbú, infierno y gloria (1991) de Santiago Trías Coll, en Historia(s) de Babel (1992) de Lito Pessolani y en varias otras más. Igualmente significativas porque exploran en profundidad ciertas llagas dolorosas de la realidad paraguaya son obras que han ido apareciendo en los últimos veinte años, entre ellas: Medio siglo de agonía (1994) de Santiago Dimas Aranda; Stroessner roto (1989) de Jorge Canese; Los nudos del silencio (1988) y Vagos sin tierra (1999) de Renée Ferrer; El caballo del conusario (1996) de Carlos Garcete; Demasiada historia (1988) de Sara Karlik, Diálogos prohibidos y circulares (1995) de Jesús Ruiz Nestosa; Sin testigos (1987) de Roberto Thompson Molinas; y En busca del hueso perdido: Tratado de paraguayología (1990) y Angola y otros cuentos (1984 y 1994, 2a. ed. aumentada) de Helio Vera, prácticamente todas premiadas o finalistas en concursos nacionales de narrativa. En este grupo de obras la crítica a menudo se vuelve denuncia condenatoria del régimen dictatorial represivo y asfixiante de más de tres décadas.

Para concluir esta breve evaluación y reseña de los aportes de la escritura del exilio en la narrativa paraguaya contemporánea -en particular reflejados en la recurrencia de ciertos temas en la producción de las últimas tres décadas-, resulta interesante constatar que la temática que recurre con más frecuencia en estas obras es la misma o está muy relacionada con los núcleos temáticos ya presentes en la narrativa del exilio de los años 50, 60 y 70. Tal vez más significativo aún es el hecho de que son temas también omnipresentes en la narrativa hispanoamericana del último medio siglo en autores consagrados y de la fama de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Donoso, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes o Mario Benedetti. Dentro del contexto de la literatura paraguaya, llama la atención la gran productividad narrativa actual que, por otra parte, es también consecuencia lógica de que las coordenadas histórico-políticas que condicionaron dicha literatura por tanto tiempo, e impidieron o limitaron la producción narrativa hasta 1989, hayan finalmente desaparecido y existe hoy libertad y más oportunidades para la tarea creativa de los escritores paraguayos. Aunque la literatura del exilio propiamente dicha cierra su ciclo con la caída de la dictadura y el retorno de los escritores exiliados al país, sus aportes a la narrativa actual -a lo largo de cuatro décadas de existencia (aproximadamente entre 1950 y 1990)-son muy positivos. Pionera en la incorporación de temas prohibidos o de difícil desarrollo en la producción interna -momo se ha indicado en estas páginas- y creada en contextos de libertad e influencias literarias varias, la narrativa del exilio contribuye en la innovación no sólo temática sino también estructural y técnica de la narrativa paraguaya contemporánea que hoy está a la par, tanto en variedad temática como estilística y formal, de la gran producción narrativa latinoamericana de este nuevo siglo y milenio.

TERESA MÉNDEZ-FAITH.

28 de enero de 2009

 

NOTAS:

1.            Según Efraím Cardozo, en su Breve historia del Paraguay (Buenos Aires: Eudeba, 1965). Agrega él que de 1.300.000 paraguayos vivos a principios de la guerra, sólo quedaron 300.000 al final, en su mayoría mujeres y niños.

2.            Dentro de esa línea tradicionalista, iniciada por el argentino Martín de Goycoechea Menéndez -glorificador de la Guerra Grande y mitificador de la literatura nacional-habría que mencionar las obras histórico-costumbristas de Natalicio González, Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Concepción Leyes de Chaves y Carlos Zubizarreta.

3.            Ver su Historical Dictionary of Paraguay, 2nd. ed. (Metuchen, N.J. & London: The Scarecrow Press, Inc., 1993), p. 118. Indica él también allí que "Some 60,000 Bolivians and 30,000 Paraguayans lost their lives, many from the effects of the harsh climatic conditions of the war-zone."

4.            Ejemplifican dicha renovación temática: Cruces de quebracho (1934) de Amaldo Valdovinos, Ocho hombres (1934) de José Santiago Villarejo, ambas inspiradas en la guerra del Chaco, y especialmente El guajhú (1938) de Gabriel Casaccia, colección de cuentos donde su autor da el golpe definitivo a la visión literaria idealizada y romántica, totalmente falsa del campesino paraguayo.

5.            Es interesante constatar que mientras la narrativa concebida y publicada fuera del país produce varios textos con el tema del exilio, en esos años hay solamente una novela publicada en 1965 en Paraguay: Imágenes sin tierra de José-Luis Appleyard.

6.            Ver José Vicente Peiró Barco, estudio introductorio a Mancuello y la perdiz (Madrid: Ediciones Cátedra, 1996) de Carlos Villagra Marsal.



LAS RAÍCES HISTÓRICAS DE LA ESCASEZ LITERARIA PARAGUAYA

 

DE LA HISTORIOGRAFÍA A LA NARRATIVA DEL EXILIO

 

La literatura paraguaya en general, y la narrativa en particular, han sido siempre una especie de terra incognita para historiadores, compiladores y críticos literarios. Basta echar una ojeada a las antologías o historias de literatura hispanoamericana en circulación para darse cuenta de lo poco o nada que en ellas se ha escrito sobre las letras paraguayas. Ejemplo típico de esta situación es el capítulo dedicado al Paraguay, y significativamente titulado «La incógnita del Paraguay», en la Historia de la literatura americana (1937) del peruano Luis Alberto Sánchez.

Muy poco ha variado, durante los últimos treinta años, la reputación internacional de la literatura paraguaya, a pesar de la aparición, especialmente en el exilio, de novelas y cuentos en calidad artística comparables a la producción narrativa hispanoamericana de esos años. Tal es el caso de obras como Follaje en los ojos (1952) de José María Rivarola Matto, La Babosa (1952) de Gabriel Casaccia y El trueno entre las hojas (1953) de Augusto Roa Bastos, cuyo valor literario lo atestiguan tanto su difusión en el exterior como los trabajos críticos de que han sido objeto18. No obstante, prevalece aún el consenso negativo implícito o explícito en las omisiones y opiniones de críticos hispanoamericanos muy conocidos19. Si bien tales ideas tienen su correlato objetivo hasta bien entrado este siglo en que, sin duda, hay una escasez literaria en el Paraguay, hoy día ya han pasado a integrar la serie de opiniones obsoletas sobre la realidad literaria paraguaya.

No se trata aquí de desmentir el hecho objetivo de la escasez literaria de la primera mitad de este siglo, sino de comprender el porqué de tal situación. A menudo tanto críticos como historiadores de la literatura latinoamericana se han limitado a recoger y divulgar datos puramente cuantitativos -cantidad de novelas o cuentos publicados en un determinado período de tiempo- sin detenerse a investigar el contexto histórico-político-social dentro del cual se han producido tales obras. Creemos que este contexto es de suma importancia en el caso de Paraguay, ya que su influencia en la producción literaria afecta no sólo la cantidad -la escasez para los primeros cincuenta años de este siglo- sino también la calidad literaria, la temática predominante y su elaboración artística. Más aún, la íntima relación que siempre ha existido entre la realidad histórico-política y las letras paraguayas, influye y determina la predominancia de ciertos «géneros»20 en épocas determinadas. De ahí que resulte ineludible aludir al entorno histórico-político de 1900-1940 para comprender el porqué de la gran producción ensayística de tipo historiográfico de ese período por un lado, y la poca producción literaria por otro21.

En su Breve historia del Paraguay, Efraím Cardozo -una de las figuras más importantes de la historia política y cultural del Paraguay contemporáneo- afirma que muy temprano nace en Paraguay la conciencia histórica. «Los conquistadores comprendieron que había un sentido en los acontecimientos ocurridos desde que pisaron tierra paraguaya, y procuraron salvarlos del olvido», expresa dicho escritor, y agrega: «De aquí que una de las primeras y más importantes manifestaciones culturales de la comunidad establecida a orillas del río Paraguay, fuera la historiografía»22. Lo anterior establece cuándo nace la preocupación historiográfica en Paraguay. También está allí implícito el porqué de dicha preocupación y se vislumbra ya la íntima relación que existirá desde entonces entre el acontecer histórico-político y las letras paraguayas. Efraím Cardozo afirma que «pocas conquistas se hicieron como la del Río de la Plata, con un plan conocido y tanto afán de perduración»23. Este deseo de los conquistadores, cualquiera fuera su rango, de querer permanecer en la memoria de las generaciones venideras, determina entonces el que no hubiera época sin un gran número de historiadores. De ahí que abunde material historiográfico: específicamente la crónica en la época colonial y el ensayo a fines del siglo pasado y principios del nuestro.

 

ANTECEDENTES HISTÓRICO-POLÍTICOS

Un recuento rápido de los acontecimientos históricos más sobresalientes de la historia paraguaya y sus consecuencias inmediatas servirá para dilucidar, aunque sea en parte, el problema de la escasez literaria a que aludimos líneas arriba. Muy poco tiempo después de la independencia política (1811) y cuando se espera encaminar al país hacia las sendas de la cultura24, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, miembro de la junta gubernativa que se forma como consecuencia de la revolución independentista, logra inicialmente que se le nombre dictador provisional (1814-1816) y perpetuo después (1816-1840). Aunque durante su gobierno el país florece económicamente, se elimina el desempleo y reina allí el orden más absoluto25, la eliminación sistemática de toda posibilidad de manifestación artística y espiritual tendrá, en el plano cultural, consecuencias nefastas para el futuro. Suprime primero el Seminario -que fue, desde su fundación en 1783, el principal centro cultural del país- y los conventos después, terminando así con todos los institutos de enseñanza superior entonces existentes. Durante los veintiséis años del gobierno de Francia, el enclaustramiento paraguayo fue total: nadie podía salir o entrar al país, excepto como cautivo. Es justo señalar, sin embargo, que mientras el resto de América se debatía en ese entonces entre la anarquía y la revolución, el Paraguay vivía en paz y tranquilidad.

A la muerte de Francia, tras un breve período de inestabilidad gubernativa, sube al poder don Carlos Antonio López -primero como cónsul y luego como presidente-, quien dirige el país hasta su muerte (1841-1862). Saca al Paraguay de su aislamiento fomentando el comercio internacional y dando gran impulso a la vida intelectual. Crea, entre otras cosas, la Academia Literaria (1841), la Escuela de Derecho (1850) y el Aula de Filosofía (1856)26. Su gran labor de reconstructor en el campo cultural, sin embargo, se ve interrumpida por la infausta Guerra Grande o Guerra de la Triple Alianza (1865-1870)27. A la muerte de don Carlos Antonio López, le sucede su hijo Francisco Solano López, quien en 1865 -por paradoja histórica, al tratar de preservar la independencia oriental uruguaya de las pretensiones argentinas- se ve obligado a declarar la guerra a Argentina, Brasil y al mismo Uruguay. Esta guerra dejará al Paraguay totalmente postrado y arruinado. De los 1.300.000 habitantes con que el país contaba antes  de la guerra, sólo sobrevivieron unos 300.000, en su mayoría mujeres y niños.

Como se puede deducir de lo anteriormente anotado, en un período de cincuenta y seis años (de 1814 a 1870) las élites intelectuales y el proceso cultural fueron dos veces anulados, primero bajo la dictadura del doctor Francia y luego como consecuencia de la Guerra Grande. Quienes no morían peleando, morían de hambre en el país, donde reinaba una espantosa miseria. Y el Paraguay, ya entonces devastado, exhausto y hambriento después de tan larga contienda, prácticamente sucumbe con su jefe y guía -el mariscal Francisco Solano López- el primero de marzo de 1870, cuando se libra la última batalla entre paraguayos y brasileros. Registra la historia que ante la intimación de rendición que le hace el jefe brasilero, Solano López, aunque ya mortalmente herido, no se da por vencido y trata de herir al enemigo con un último golpe de su espada. Muere, sin rendirse, luego de pronunciar sus últimas y enérgicas palabras de «¡Muero con mi patria!» y resumir en dicha frase, según la interpreten panegiristas o detractores, grandeza máxima de quien sacrifica su vida por amor a la patria o locura imperdonable de un suicida que no vacila en inmolar a todo un pueblo por su ambición de poder.

¿Qué relación o consecuencia significativa tiene todo lo anterior con la literatura, y específicamente con la narrativa paraguaya? En primer lugar explica la escasez literaria, de obras de ficción, por lo menos hasta principios de siglo, ya que no se puede pedir que se dedique a la literatura un país que luego de cinco años de encarnizada guerra queda con menos de un cuarto de su población. Con el país arruinado, las estructuras sociales y económicas totalmente dislocadas, la situación política caótica, los pocos hombres que quedan deben reorganizar el sistema político-gubernamental. Por otra parte, los mismos hechos históricos determinan la asincronía literaria -en relación con la producción literaria de los demás países hispanoamericanos- de la literatura paraguaya de la época. El aislamiento cultural que vive el Paraguay durante el gobierno de Francia explica que sólo mucho más tarde llegue allí la influencia europea, especialmente la francesa, que a partir de la independencia política americana, tiene tanta influencia en el resto de América. Tal es el caso del movimiento romántico, por ejemplo, que aunque también llega tardíamente en el sur de nuestro continente, ya en la segunda mitad del siglo se lo atacaba o defendía y había originado el conocido debate entre Bello y Sarmiento en Chile. Similares serán las consecuencias de la Guerra de la Triple Alianza  para con otros «ismos» europeos, como el simbolismo y parnasianismo franceses cuya influencia es enorme en el movimiento modernista iniciado aquí a fines del siglo pasado. Sin embargo, ni aquéllos ni éste influirán mayormente en la producción poética paraguaya sino hasta la segunda década de este siglo cuando ya el modernismo empezaba a morir como movimiento. Tal vez por eso el número de poetas modernistas paraguayos es mínimo y la influencia modernista de muy corta duración.

El derrotero histórico entonces, y en especial los dos hechos señalados -la dictadura de Francia y la Guerra de la Triple Alianza- explican, en gran parte, el doble fenómeno de escasez literaria y de anacronismo con respecto al resto del mundo literario latinoamericano. Corolario de esto último -aunque hasta cierto sentido se trata de una característica general de la producción literaria hispanoamericana de la época- es la falta de continuidad de los «ismos» en el Paraguay de ese entonces.

 

1900-1947 Y OTRA GUERRA MÁS...

Comienza el nuevo siglo sin guerras en el frente, aunque en el campo político domina una gran inestabilidad debido a una serie de factores anárquicos, derivados lógicos del período de transición por el cual atraviesa el país al tratar de pasar de un estado de guerras y arbitrariedad política a un estado de democratización nacional. Los años de paz son muy pocos. En la década del veinte arrecia el largo litigio diplomático entre Paraguay y Bolivia que en última instancia va a llevar a ambos países al enfrentamiento armado conocido como Guerra del Chaco (1932-1935)28.

Sin embargo, y a pesar de la anarquía inicial con que empieza la vida política de este siglo, el Paraguay no sufre guerras internacionales por más de 60 años (1870-1932), desde la Guerra Grande hasta la del 32 con Bolivia. Tal vez por esto y porque sólo a fines del siglo pasado surgen los primeros egresados -abogados- de la Universidad Nacional, se vislumbra, alrededor de 1900, una serie de figuras intelectuales de gran influencia en cuanto a la cultura del país. Esta promoción intelectual de principios de siglo que hoy se conoce en el ámbito de la crítica paraguaya como «generación del 900»29, por vivir en las circunstancias históricas que les toca vivir, tiene un quehacer principal  que, como bien lo expresa Rubén Bareiro Saguier, «consiste en afirmar los valores espirituales de la nación renaciente de la catástrofe»30. De ahí que el nacionalismo tirante a lo fanático que los caracteriza sea, dentro de este contexto, comprensible y lógico, y de ahí también que dicho nacionalismo busque y encuentre en los guías de la patria al «héroe-guía» o prototipo ideal, resultado éste de un proceso de abstracción, idealización y mitificación de los valores-cualidades nacionales que circulará en su perfección -pero desconectado de toda realidad nacional, social o psicológica- hasta casi mediados de siglo a través de gran parte de la escasa narrativa (de tipo ficción) del período. Ésta es mínima en comparación con la producción historiográfica, pero incluso aquí (id est, en la historiografía) es visible el proceso de mitificación arriba señalado.

Para comprender los orígenes de este nacionalismo que se verá reflejado en la creación ensayística y literaria de la hora, debemos recordar que los vencedores de la Guerra de la Triple Alianza habían acusado de barbarie al país vencido. Terminada la contienda y ante el país en ruinas, la tarea más urgente a nivel nacional es la de la reorganización político-institucional. Se deben crear nuevas instituciones en reemplazo de las extinguidas con la derrota. Y en el campo intelectual será necesario reivindicar el pasado. La acusación de barbarie con que los vencedores califican a la patria vencida contradice y pone en tela de juicio el derrotero histórico heroico del pueblo paraguayo desde la época colonial31. Toca entonces a la intelectualidad del momento estudiar el pasado nacional para reivindicar o a veces criticar el derrotero político de los guías de la nación: Gaspar Rodríguez de Francia, don Carlos Antonio López, Francisco Solano López... De ahí el predominio, durante los primeros cuarenta años de nuestro siglo, del ensayo histórico o la historiografía en general. De allí también que los escritores de esa época sean casi todos, en mayor o menor grado, historiadores.

Se examina y, a menudo, se pone en tela de juicio la actuación política y responsabilidad histórica de esos hombres claves del siglo pasado. Se los procesa, se los acusa y ataca, se los reivindica, según puntos de vista diversos. Tal es el caso, por ejemplo, del líder de la Guerra de la Triple Alianza, Francisco Solano López. En sendos ensayos se lo acusará de haber engendrado y ser causa de los males presentes del Paraguay y en otros se lo exaltará hasta convertirlo en un verdadero mito nacional32. No resulta muy difícil deducir, teniendo en cuenta la situación sicológica de un pueblo física y espiritualmente  derrotado por una gran guerra, que una versión de ese momento histórico en que se exalte su heroísmo junto al de su líder, sea de inmediato aceptada. Se convierte así el mariscal Francisco Solano López en la figura más venerada del Paraguay.

Además de la reivindicación de los guías del pasado, del escrutinio de la historia patria en busca de una continuidad nacional, el presente también ocupa gran parte de la historiografía de la época: la situación con Bolivia llena muchas páginas relativas a la defensa de los derechos paraguayos sobre los territorios chaqueños pretendidos por el país vecino. Los defensores jurídicos del Chaco forman entonces parte de esta generación del 900. Hay que recordar que cuando el país se empieza a recuperar de los desastres de la Guerra Grande, Bolivia reclama al país vencido sus derechos -históricamente inexistentes- al Chaco.

En 1932 empiezan las hostilidades militares por parte de Bolivia. En cuanto a estrategia militar, desde el principio resulta obvia la superioridad paraguaya33. La guerra se prolonga hasta mediados de 1935 en que empiezan las gestiones de paz a través de un grupo mediador con sede en Buenos Aires. Se acuerda el fin de las hostilidades pero en la conferencia de Paz (reunida más tarde, también en Buenos Aires) se decide no acordar al Paraguay todos los frutos de su victoria, desconociendo su calidad de país vencedor. Paraguay rechaza la propuesta de arreglo según la cual debía ceder a Bolivia parte del río Paraguay y cerca de la mitad del Chaco. Pero tres años más tarde, en 1938, cuando finalmente se diseña un tratado de límites en el cual la posición jurídica e histórica del Paraguay queda parcialmente salvada, éste acepta la propuesta y firma el tratado definitivo de paz y de límites. Bolivia queda desde entonces excluida del litoral, pero se le asegura libre tránsito y un puerto libre sobre el río. Importa señalar dos aspectos derivados de ese conflicto diplomático-militar pues directa o indirectamente ambos influirán más tarde en la producción literaria del país. En primer lugar, reiteremos que aunque en lo militar el Paraguay sale con todos los banderines de la victoria, no se le reconoce su condición de país vencedor sino a medias, después de tres años de negociaciones diplomáticas y no sin antes asegurarle a Bolivia un puerto sobre el río Paraguay. Y en segundo lugar, a pesar de que el Paraguay recupera el territorio chaqueño (antes ocupado por la ofensiva boliviana), se halla en estado crítico, tanto en sus recursos económicos como humanos. De los 140.000 movilizados, unos 36.000 murieron en el Chaco.

Esta situación político-económica se proyecta en el Paraguay hasta fines de la década del 30. Si bien no se pueden comparar ni en términos económicos34 ni en cuanto al saldo humano los resultados de la Guerra Grande (que deja al país totalmente agotado y militarmente derrotado) con la situación resultante de la Guerra del Chaco (en que Paraguay, no obstante la postración económica en que queda sale vencedor en la contienda), existe cierto paralelismo en las consecuencias más obvias de ambas sobre la narrativa: a) prácticamente la anulan, ya que la coyuntura político-económico-social no favorece su florecimiento, mientras que b) al mismo tiempo se multiplica la actividad historiográfica. La historiografía se impone como «género» predominante, primero para reivindicar y corregir la historia «verdadera» del período de la Guerra Grande y luego para continuar la defensa de los derechos paraguayos sobre el Chaco.

La ficción narrativa, queremos enfatizar, es en realidad mínima durante este período. Llama la atención, si sólo consideramos este dato objetivo, que el Paraguay, tan rico en experiencia histórica, no haya cristalizado esa riqueza experiencial en una sólida narrativa crítica, cuestionante y consciente del problema nacional, como ha sucedido en México, por ejemplo, después de la Revolución (1910-1920). Ésta ha suscitado, en las letras mexicanas, novelas tan conocidas como Los de abajo de Mariano Azuela, El águila y la serpiente y Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán, La vida inútil de Pito Pérez de José Rubén Romero, Campamento de Gregorio López y Fuentes... Y más recientemente Pedro Páramo de Juan Rulfo, La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes y Hasta no verte Jesús mío de Elena Poniatowska, también constituyen frutos cuestionantes y enjuiciadores de aquel conflicto histórico. Paraguay no ha producido una novelística similar. Sin embargo, los datos objetivos fuera de un marco de referencia, de un contexto real, no sirven para mucho. Por eso, frente a los datos arriba apuntados debemos tener en cuenta que el saldo humano de la primera guerra no estaba en condiciones de dedicarse a la literatura, ya que la situación económica desastrosa en que había quedado el Paraguay obligaba a utilizar todos los recursos habidos y por haber para la labor de reconstrucción y repoblación del país. Algo similar sucede durante e inmediatamente después de la Guerra del Chaco. Aunque entonces el país tenía ya un número considerable de escritores, éstos concentraban sus esfuerzos, por las razones ya señaladas, en trabajos de tipo historiográfico primordialmente, y además, porque a eso les inclinaba su formación en  las ciencias sociales. Los escritores más importantes de la época son en su mayoría abogados. Anotemos que la primitiva universidad sólo contaba con las facultades de derecho y ciencias médicas hasta muy entrada la década del 3035.

Si bien no florece en Paraguay un ciclo narrativo, similar al mexicano, en torno a los dos grandes conflictos históricos -la Guerra Grande y la del Chaco-, existen varias obras, en su mayoría de tipo biográfico o autobiográfico, cuyo contenido alude directamente a la guerra paraguayo-boliviana. Dichas obras documentan o reflejan las experiencias personales de varios protagonistas del conflicto -figuras líderes algunos36- y un cierto número de ellas son de indudable calidad literaria37, pese a lo cual resulta difícil su clasificación dentro de una categoría literaria, por haber sido concebidas más bien como documentos de época que como obras de ficción per se. Por otra parte, se las acepte o no como parte de la producción narrativa de la época, sigue vigente el hecho de que en comparación con la enorme cantidad de trabajos historiográficos, la narrativa es mínima. ¿Cuáles son las circunstancias históricas que en esta época minimizan y retardan dicha producción narrativa?

Desde 1936 hasta el presente el control político-gubernamental paraguayo pasa paulatinamente a estar totalmente dominado por el sector militar. A partir de esa época se suceden una serie de golpes militares con breves intervalos de gobierno civil. Como resultado de estos golpes se empieza a producir un movimiento migratorio -hacia el exterior- que alcanza dimensiones considerables ya a principios de la década del cuarenta, cuando a consecuencia de otro golpe (1940) abandona el país un número muy elevado de intelectuales, profesionales liberales, y dirigentes estudiantiles y sindicales. Este desplazamiento de la intelectualidad paraguaya hacia el exilio y la situación represiva que se va afirmando y haciendo condición «normal» dentro del país, tendrá consecuencias significativas en la historia de la literatura paraguaya, especialmente dentro del género de la narrativa, con la aparición, en el exilio, de una serie de obras -entre las que se cuentan Hijo de hombre y Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos, La Babosa y Los exiliados de Gabriel Casaccia, Ojo por diente de Rubén Bareiro Saguier, General General de Lincoln Silva, etc.- cuya temática, altamente crítica, gira en torno a la situación interna paraguaya. Consecuencia de lo anterior es que dichas obras sólo pueden publicarse fuera del país, debido a la censura -explícita o tácita- y autocensura vigentes intrafronteras.


 

LA GUERRA CIVIL DEL 47 Y LA REALIDAD DEL EXILIO

En 1947 se produce en Paraguay una revolución civil que inicia un proceso migratorio masivo, hasta hoy el más largo de su historia, y que lleva al exilio -entre los miles de paraguayos que se ven forzados a dejar su patria- a un número muy grande de la intelectualidad del país. Para comprender mejor cómo, cuándo y por qué surge la producción del exilio, una de las consecuencias culturales más significativas de este éxodo intelectual, se hace aquí necesaria una somera recapitulación de los sucesos histórico-políticos inmediatamente anteriores a dicha revolución.

En 1939, buscando una conciliación entre el militarismo, de auge cada vez mayor, y los partidos políticos, el ex líder del ejército chaqueño, general José Félix Estigarribia, es elegido presidente de la república. Su gobierno dura muy poco ya que en 1940 muere en un accidente de aviación. Sin embargo, en su corto período empieza la cooperación económica de los Estados Unidos. Su política pronorteamericana ocasiona resentimientos en el nacionalismo militar. Debemos recordar que en ese mismo período el militarismo nacionalista argentino se adueña del poder en la Argentina y propicia una política de neutralidad en la Segunda Guerra Mundial y de simpatía hacia el Eje. Por su parte, los éxitos bélicos alemanes empiezan a suscitar verdadera admiración del grupo militar paraguayo. Con el propósito de frenar la anarquía naciente, y para enfrentar los peligros de la penetración nazi, Estigarribia decide implantar un estado fuerte. Da un golpe de estado, a principios del cuarenta, dejando en suspenso la Constitución por un período de cerca de cinco meses. A mediados de año sanciona una nueva Constitución acordando mayores poderes al presidente y proclamando la preeminencia del Estado en la economía. Aprobada y jurada dicha Constitución, ésta no llega a estar en vigor ni siquiera un mes debido a la muerte de Estigarribia, ya que su sucesor, el general Higinio Morínigo, establece un gobierno modelado sobre la Italia fascista y hace tabla rasa con la Constitución del 40.

Este nuevo régimen inculpa directamente al sistema liberal individualista como principal causante de la anarquía política y miseria económica del país, y con él comienzan las persecuciones políticas más encarnizadas desde la época del doctor Francia. Las represiones alcanzan a miembros de los dos partidos tradicionales: los liberales (más enconadamente perseguidos) y los colorados. Poco a poco Morínigo permite  la infiltración del partido colorado, mejor dicho, del sector llamado «guión rojo» -el ideológicamente más afín a la metodología de la violencia- que desde años antes trataba de convertir a dicho partido en una fuerza autoritaria. Sin embargo, a esa coalición militar-guionera se opone el sector democrático del partido colorado, al cual, como consecuencia de la nueva situación mundial creada por la victoria de los aliados en la guerra mundial, se une gran parte de la oficialidad joven y los partidarios del coronel Franco que se constituyen en el partido febrerista. A la época de auge nazi que favorecen los designios del gobierno militar vigente, sigue el descrédito de éste debido a la victoria aliada. Se produce una sublevación de la oficialidad joven en 1946 y se constituye un gabinete de coalición integrado por militares, colorados y el recién formado grupo febrerista. Muy pronto este gobierno de coalición queda en suspenso pues terminado el riesgo que llevó a su formación, los febreristas son desalojados y quedan en el poder los colorados (con predominio del sector «guión rojo») y los militares. Con el avance colorado peligra la hegemonía militar y lleva a una sublevación, en marzo de 1947, a la cual se adhieren los revolucionarios que prometen elecciones libres y la democratización del país, siendo apoyados por liberales, febreristas y comunistas.

Fracasa, no obstante, el movimiento revolucionario y restablecido el grupo coaligado militar-colorado al poder, siguen dos años de anarquía, golpes de estado y trágicas represiones. Se suceden los golpes y finalmente, en 1949, triunfa el sector democrático del partido colorado que se mantiene en el gobierno hasta que otro golpe, en 1954, lleva al poder al general Alfredo Stroessner, cuya dictadura ya ha completado su tercer decenio. A pesar de que con la revolución del 47 termina uno de los períodos anárquicos más inestables del país (que en un año cuenta con cinco presidentes sucesivos), el gobierno actual prohíbe toda oposición y sigue la persecución indiscriminada a descontentos colorados, liberales y febreristas. Consecuencia inevitable y trágica de dicha situación es el destierro forzoso de millares de paraguayos. A la emigración por razones políticas se suma la de motivación económica y ambas constituyen el éxodo masivo paraguayo de mayor envergadura en su historia. Hoy día la tercera parte de la población de Paraguay -cuya densidad de población por kilómetro cuadrado ha sido siempre bajísima38- se encuentra en el extranjero.

La emigración, en especial la de carácter económico, se concentra en las zonas limítrofes argentinas y brasileras. Hasta allí llegan, por ejemplo, los «peones golondrinas» (equivalentes a los «espaldas mojadas» mexicanos) que van a las provincias argentinas cercanas para la cosecha del algodón. La migración rural que se produce en estos años es motivada tal vez más por razones económicas que políticas, aunque indirectamente a menudo prive el factor político. Ser amigo, conocido, pariente o en algún momento haber dicho algo a favor de un «perseguido político» es causa suficiente para ser desterrado de inmediato, encarcelado o torturado. Los exiliados políticos propiamente dichos también pasan a aumentar la población de estas ciudades limítrofes aunque muchos llegan hasta Montevideo o Buenos Aires. Esta última cuenta, en la actualidad, con una enorme población de paraguayos y concentra un número también elevado de intelectuales y activistas políticos exiliados. Dicha situación tiene gran relevancia en el carácter que ha tomado la narrativa del exilio y provee uno de los temas más recurrentes (id est, el del exilio) en las obras de los escritores paraguayos que escriben y viven en ese medio que es en todo -en lo geográfico, social, económico, político e intelectual- diferente al de su país natal.

Si bien el factor económico y el político son los dos móviles principales que motivan esta realidad del exilio, el hecho de que la gran mayoría de los emigrantes no haya optado por volver a su país como consecuencia de la crítica situación económica por la que vienen atravesando tanto la Argentina como el Uruguay en los últimos años, prueba, o por lo menos enfatiza el carácter prominente del factor político. Esto último, es decir la vigencia de la motivación política en la irreversibilidad del fenómeno migratorio, se puede observar tanto en la trayectoria personal como en la producción escrita de los intelectuales que optan por el exilio (voluntario o forzoso) y quienes en su gran mayoría abandonan el país por razones políticas. En esto el intelectual paraguayo forma parte de una larga tradición de la intelectualidad latinoamericana que desde la independencia política de América ha participado activamente en el derrotero histórico-político de sus respectivos países. Las obras paraguayas escritas en el exilio constituyen una variedad genérica extensa que incluye tanto poesía como ficción, trabajos ensayísticos históricos como partidistas. Así por ejemplo, y para mencionar sólo algunos nombres, Herib Campos Cervera -el representante máximo de la poesía de la posguerra del Chaco- escribe en el exilio sus poemas más conmovedores, cuya temática descubre la realidad hiriente y desgarradora del poeta exiliado. Campos Cervera muere en el exilio. Otro gran poeta, Elvio Romero, continuador en todo de aquél, hoy vive y escribe en el exilio. Rubén Bareiro Saguier, poeta, cuentista y crítico, se suma igualmente a la línea de destacados escritores que desde el exilio recuperan en sus obras el doloroso drama humano de su realidad nacional. Y Justo Pastor Benítez, figura importantísima de la intelectualidad paraguaya, escribe sus obras más conocidas en el destierro39.

En cuanto a la narrativa, abundan en este período los intentos de comprensión y explicación del fenómeno paraguayo desde diversos ángulos. A esa categoría pertenecen las obras de Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos -los dos autores cuya novelística será el centro de nuestro trabajo- como también la narrativa de Rubén Bareiro Saguier y Lincoln Silva, para nombrar sólo a los narradores más prolíficos del exilio40. En fin, el drenaje intelectual que ha sufrido el Paraguay en los años posteriores a la Guerra del Chaco, pero en especial a partir de la Guerra Civil de 1947, sumado a la situación política imperante dentro del país y a las condiciones de represión y censura en que se ve obligado a trabajar el escritor que escribe intrafronteras, explican en gran parte -y en especial para las tres últimas décadas- las dos caras de la moneda: por un lado la pobreza cuantitativa y cualitativa de la producción literaria interna, y por otro la relativa riqueza -tanto en cantidad como en calidad- de la del exilio. Es justamente por las razones arriba mencionadas que la literatura concebida, producida y publicada fuera, libre de las constricciones y limitaciones forzosas a que se ve obligado el escritor de dentro, se ocupa de recoger dicha realidad y de expresarla literariamente. El escritor del exilio observa su país de manera nostálgica pero al mismo tiempo critica, y su obra inevitablemente capta y transmite, de un modo u otro, tanto el drama colectivo nacional como el más íntimo de su condición de exiliado.

En síntesis, si bien una aproximación histórico-política al fenómeno de la producción literaria de cualquier país tiene obvias limitaciones desde un punto de vista crítico, puede constituir, sin embargo, un método valioso y necesario para la justa apreciación de ciertos datos objetivos, que juzgados fuera de contexto podrían llevar a conclusiones equívocas o falsas. Tal es el caso del problema de la escasez literaria paraguaya. Sólo investigando el derrotero histórico del Paraguay hemos podido encontrar una explicación lógica, aunque necesariamente incompleta41, del por qué de dicha escasez literaria. A su vez, ese mismo derrotero histórico explica el hecho, aparentemente casual, de que en dos géneros tan distintos -como son la historiografía de las primeras cuatro décadas de este siglo y la narrativa del exilio de los últimos treinta años- predomine, de manera significativa, un  tema único y obsesivo: el de la realidad paraguaya, mitificada, por razones de patriotismo en el primer caso, y desmitificada, también por amor a la patria lejana, en el caso de la narrativa del exilio.




 

HACIA LA NARRATIVA DEL EXILIO

 

NARRATIVA PARAGUAYA SIGLO XX:

ALGUNAS COORDENADAS SIGNIFICATIVAS

 

En el primer capítulo quedan bosquejadas las causantes histórico-políticas principales que explican en parte el atraso relativo con que se ha venido desarrollando la literatura paraguaya. Sería absurdo, sin embargo, pretender explicar una situación cultural determinada en base a hechos históricos o políticos exclusivamente: el fenómeno cultural es producto de una compleja interrelación de factores muy diversos entre los que se cuentan los dos arriba mencionados. No obstante, en el caso de Paraguay, por el tremendo impacto que ciertos acontecimientos históricos han tenido en todos los órdenes de la vida nacional, es necesario aislarlos, como lo hicimos en el capítulo anterior. Conviene señalar ahora tres hechos concretos por su gran influencia en la producción literaria de las primeras cuatro décadas del siglo.

En primer lugar, debido a la escasez numérica de guías intelectuales que sobreviven a la Guerra Grande, quienes toman las riendas del país en su época inicial de recuperación y reconstrucción económico-institucional son, en su mayoría, miembros de una minoría culta que se había formado en el extranjero (especialmente en Argentina o Europa). Derivado lógico de esto es la dificultad de adecuación inicial de los principios de gobierno diseñados por estos hombres de formación filosófica y literaria europeas a un medio empobrecido y de cultura aún muy precaria, lo que a su vez contribuye a la inestabilidad política del momento, muy poco propicia para los productos del espíritu. El problema nacional concentra la atención y el  esfuerzo del elemento intelectual. Debido a lo anterior, se produce una unilaterización de las actividades intelectuales centradas en una controversia histórico-política en torno a la catástrofe del año 70 y al presente de reconstrucción nacional. El resultado inmediato, para las actividades de orden literario, es que el predominio de dicha polémica resta interés a las demás manifestaciones culturales. Abunda el material historiográfico -documentos, discursos y escritos en torno al problema nacional, ensayos históricos, apologías y diatribas de los grandes conductores de la patria- y la literatura per sepasa a segundo plano, como actividad dependiente y al servicio de la patria.

En segundo lugar, la enorme pérdida humana trae, como primera consecuencia catastrófica para la literatura nacional, la pérdida de tradiciones y leyendas que es sabido han servido de inspiración a tantas otras narrativas. Pero si bien ese hecho apunta directamente a la pobreza de contenido y de estructuración formal de la narrativa de la época, tal vez más negativa es la consecuencia de carácter sicológico que la gran derrota y la merma humana producen en el espíritu nacional. Consciente de este problema, el elemento intelectual trata de solucionarlo fomentando un nacionalismo extremo tirante a lo fanático a través de una reinterpretación de los hechos y derrotas pasados y de una revaloración de los héroes nacionales a lo largo de coordenadas idealizantes. Desgraciadamente, la idealización de lo nacional desemboca, en el caso de Paraguay, en una «falsificación de la historia» que luego, al incorporarse (la historia) a la literatura, constituirá, además de tema o motivo, una verdadera consigna patriótica con todas las consecuencias negativas que de allí derivan: cierra el paso a la crítica y, paralelamente, a la creación en sí, ya que «todo signo o elemento constitutivo de lo nacional en su plano externo fue objeto de una creciente sobrestima, colocándose ipso factofuera de toda posible objeción o censura»42. En cuanto a su efecto en el quehacer literario, lo explican muy bien Josefina Plá y Francisco Pérez-Maricevich, dos conocidos estudiosos de la literatura paraguaya. Señalan dichos críticos que:

Esta valoración de los signos externos de lo nacional, ceñida al principio [...] a los límites de la historia y la política, halló en períodos posteriores acomodo y justificación en el plano literario, al identificarse con las corrientes americanistas que preconizaban con fervor también creciente la revalorización de lo propio americano en  literatura: indigenismo, nativismo, criollismo. Lo que en estas corrientes fue: en unos casos reactualización; afirmación inédita en otros, de los temas del dintorno, en busca de una definición de lo americano, acá se convirtió en la simple exaltación de [...] signos externos; y ésta gravitó sobre la creación en forma implícita, pero efectiva, imponiéndole a priori sus patrones43. (El énfasis es nuestro.)

 

La circunstancia histórico-social dificultó entonces la aparición de una novela indigenista o criollista paraguaya que sí llegó a florecer -incluso con contenido crítico- en tantos otros países44.

Finalmente, los tres narradores que aparecen en la década inicial del siglo -y cuya obra inicia, según consenso crítico generalizado45, la narrativa nacional- son extranjeros. Ellos son los argentinos Martín Goycochea Menéndez (1875-1916) y José Rodríguez Alcalá (1875-1958), y el español Rafael Barrett (1877-1910). No obedece al azar el que la narrativa paraguaya se inicie con las obras de tres escritores extranjeros y de que ellas constituyan lo más rescatable y respetable que se haya escrito en el país46 hasta la aparición de la narrativa contemporánea cuyos más distinguidos representantes, Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos, desarrollan la mayor parte de su narrativa en el exilio47. La concentración de las energías del elemento intelectual del país al mejoramiento de la situación económico-institucional explica, en gran parte, lo anterior. Estos tres escritores, en principio independientes y no partícipes en la polémica histórico-política, pueden asumir cierta posición de perspectiva -mientras no se vean influenciados por la campaña nacionalista- en tanto que dicho perspectivismo resulta impracticable para los escritores o posibles escritores nacionales que, envueltos activamente en la controversia del momento, consideran el quehacer literario una consigna patriótica y una actividad secundaria con respecto a otros campos como el de la historia o la sociología.

La suma de circunstancias histórico-sociales y político-económicas existentes dentro del país (que inevitablemente tocan al escritor-productor, como veremos en la tercera parte de este capítulo) explican entonces, y en nuestro caso confirman, una de las hipótesis implícitas en este trabajo, y es que la pobreza cuantitativa y cualitativa de la literatura paraguaya, si bien un hecho en sí, es consecuencia directa de una serie de circunstancias socio-económicas e histórico-políticas. Mencionaremos brevemente el derrotero literario de los tres  escritores antes mencionados por iniciar ellos las dos tendencias temático-ideológicas predominantes en la narrativa paraguaya de este siglo: una tendencia conservadora-idealizante que abarca en especial la producción de las primeras cuatro décadas pero que se continúa en el presente, y otra de tipo crítico-realista que por razones extraliterarias sólo ganará numerosos adeptos a partir de los años cincuenta, especialmente entre los escritores del exilio.

Martín Goycochea Menéndez es, entre los tres, quien más éxito tuvo en su época ya que se plegó al espíritu de su generación y en sus cuentos describió las glorias heroicas de la Guerra Grande. Su perspectivismo posible se diluyó al verse totalmente inmerso y partícipe de este espíritu mitificador creado por miembros de su generación y desde tal circunstancia hizo una literatura tan nacionalista como la mayoría de ellos. Es al otro argentino, José Rodríguez Alcalá, a quien el Paraguay debe Ignacia (1906), su primera novela conocida. Se trata de una novela de tipo costumbrista-sentimental que además de ser la primera, origina una vertiente temática que se prolonga hasta el presente.

Rafael Barrett inicia la narrativa de tipo crítico-social cuyas preocupaciones y temática, avanzadas para su época, sólo serán retomadas mucho más tarde, como lo indicamos arriba, por la narrativa contemporánea y especialmente por la del exilio. Señala Hugo Rodríguez-Alcalá que en su obra, Barrett «traza con admirable estilo cuadros memorables y con la segura intuición de un gran artista se apodera de la realidad paraguaya para hacerla servir a los fines estéticos de su ficción puesta al servicio de ideales humanitaristas»48. Sin embargo, y por la misma razón que sus contemporáneos alaban la obra de exaltación nacionalista de Martín Goycochea Menéndez, el escritor español «no hizo escuela entre sus coetáneos porque para éstos el quehacer generacional no era la crítica social sino la exaltación de los valores positivos de la nacionalidad»49.

Una incursión rápida en lo que va de este siglo de narrativa paraguaya demuestra que entre las tendencias existentes, tres son las más prominentes, aunque su delimitación temporal no siempre sea muy fácil, debido en primer lugar a que ciertas tendencias se mantienen o reaparecen de manera discontinua a lo largo de un período o ciclo temporal, y en segundo lugar, porque dos o más tendencias coexisten de manera complementaria en un mismo ciclo, como veremos sucede en los años veinte con la aparición de algunas obras de carácter modernista dentro de un ciclo mayor de predominancia costumbrista-idealizante.   Las tres tendencias aludidas serían, en orden más o menos cronológico de aparición y predominio: la conservadora-idealizante, la modernista y la crítico-realista.

Con pocas excepciones, las más o menos doce obras literarias rescatables aparecidas durante las primeras cuatro décadas de este siglo caen dentro de las estéticas romántico-modernistas, aunque a falta de una tradición literaria dentro del país, esta narrativa refleja más los vicios que los logros de dichas corrientes. Del romanticismo, la forma costumbrista será perpetuada incluso hasta hoy y el sentimentalismo excesivo dificultará toda posibilidad de equilibrio espiritual dentro del mundo narrativo. Del modernismo heredará -además de la incursión breve por temas exóticos y de la exhibición de todo el elenco de seres decadentes- una retórica pomposa pero pobre y estéril que servirá los fines de idealizar (léase «falsificar») la realidad, pero dificultará más adelante la tarea de recobrar y expresar esa misma realidad.

Por otra parte, recordemos que la generación del 900, compuesta por los escritores -ensayistas, políticos, literatos, historiadores- que surgen a principios de siglo, promoverá en las letras la mitificación de los héroes nacionales y la idealización del paraguayo, especialmente del campesino como encarnación del sufrimiento de la raza. Al mismo tiempo, dicha incursión en la historia, especialmente en el pasado inmediato, para rescatar -mitificados o idealizados- ciertos episodios o personajes de ella, tendrá una doble consecuencia: creará lo que Pérez-Maricevich denomina «la ficcionalización de la historiografía y la historificación de la ficción»50, ambas con consecuencias negativas tanto para el campo de la historia -que pierde en dicho proceso su esencia primordial como género, la de tender a la objetividad de los hechos- como para el de la ficción, que pierde su independencia imaginativa al verse limitada temáticamente y subordinada a fines extraliterarios. Sufre así el nivel estético, y esto, unido al carácter secundario que entonces se le asigna a la función literaria en sí, dificultará el tránsito progresivo hacia la narrativa contemporánea. En realidad lo que se da en Paraguay es más bien un progreso a saltos, en donde la renovación literaria y el pasaje a la contemporaneidad son el resultado de un proceso doble y paralelo: una toma de conciencia de la realidad por parte del escritor y al mismo tiempo una actitud diferente -ética y  estéticamente asumida- frente a la función del escritor. Es recién a partir de la década del cincuenta cuando la tendencia crítico-realista inaugurada por Rafael Barrett a principios de siglo llegará a constituir una corriente dentro de la narrativa paraguaya.

La división tripartita en períodos de tendencia conservadora-idealizante, modernista y crítico-realista, no obstante, es relativamente arbitraria y nos sirve sólo para caracterizar, grosso modo, diversas etapas de la producción literaria de este siglo en lo que consideramos un rasgo preponderante. Hasta fines de la década del treinta predomina la mistificación, resultado de la mitificación de lo nacional. Termina dicho predominio con la aparición de El Guajhú (colección de cuentos de Gabriel Casaccia) en 1938, obra en donde se da el que en paz descanse a la visión idealizada y estereotipada del campesino paraguayo, totalmente falsa, pero de circulación corriente en la narrativa de entonces. En la década del veinte, junto a las obras que aluden a la realidad mistificándola y falsificándola, aparecen otras caracterizadas por su evasión de la realidad. Se trata de tentativas de escapar del ambiente opresivo por medio de temas exóticos e irreales por parte de quienes en plena vigencia del nacionalismo -en que la literatura está al servicio del proyecto común de recuperación nacional- intentan, en vano, asumir la estética modernista. Aparecen en estos años, cuentos de carácter exótico y refinado en donde abundan las mujeres fatales, los morfinómanos y todo el elenco de marginados decadentistas asociados con la producción modernista. Este período, sin embargo, dura muy poco, ya que no encuentra lugar ni logra aceptación en el medio cultural del momento. A partir de la aparición de El Guajhú, pero de manera más continua51 a partir de la década del cincuenta, van apareciendo una serie de obras, especialmente en el exilio, que aluden a la realidad tratando de captarla y expresarla de manera crítica. Dichas obras inauguran el período contemporáneo en la narrativa paraguaya.


 

SOBRE NARRATIVA CONTEMPORÁNEA:

CARACTERÍSTICAS GENERALES

La íntima relación existente entre el proceso histórico y el desarrollo cultural paraguayos en general -y por ende entre los acontecimientos históricos y el quehacer literario en particular- está implícita  o explícita en los trabajos más serios que hasta la fecha se han escrito sobre periodización de la literatura nacional. Una de las obras más conocidas al respecto es la del doctor Carlos R. Centurión52. Éste, al clasificar la literatura paraguaya, lo hace en función del proceso histórico-político del país. El doctor Centurión establece, de esta manera, una relación causal directa entre el hecho histórico y el literario. Si bien dicha clasificación tiene sus limitaciones y puede ser tildada de arbitraria53, revela, por parte del investigador paraguayo, la intuición de una cierta interdependencia histórico-político-literaria en las letras paraguayas.

En cuanto a contemporaneidad literaria, Hugo Rodríguez-Alcalá y Rubén Bareiro Saguier, ambos especialistas en literatura paraguaya, coinciden en señalar la importancia que la Guerra del Chaco ha tenido en la renovación literaria posterior54. Indica el último que la literatura paraguaya contemporánea arranca aproximadamente de 1935, como resultado de la tremenda experiencia de dicha guerra que llevó al elemento más consciente de la sociedad a enfrentarse, críticamente, con la problemática nacional. Una parte considerable de la producción literaria empieza entonces a recuperar la realidad nacional según cánones realistas, aunque hay que señalar que en parte de ella sigue vigente, incluso en el presente, la tendencia mistificadora e idealizante antes mencionada.

Estamos en completo acuerdo con la división generacional del crítico y escritor paraguayo en cuanto clasificación de la literatura en su conjunto. Quisiéramos proponer, no obstante, dentro de esta última clasificación, una subdivisión para la narrativa en «narrativa de dentro» y «narrativa del exilio» y ubicar la contemporaneidad para ambas a partir de los años cincuenta. Aunque una y otra se desarrollan paralelamente y tienen características en común que las distinguen de manera radical de la narrativa anterior, existen asimismo entre ellas grandes diferencias -discernibles tanto a nivel temático como estructural- que justifican su estudio por separado. Por su parte, con excepción de El Guajhú, recién a partir de los años cincuenta aparecen las tres obras -Follaje en los ojos, La Babosa y El trueno entre las hojas- que el consenso crítico considera claves en el establecimiento de la contemporaneidad en la narrativa paraguaya55.

Antes de referirnos específicamente a la narrativa del exilio queremos aludir a ella dentro del contexto mayor de narrativa paraguaya contemporánea (y que comprende también a la producida dentro del país, como queda indicado en el párrafo anterior) y señalar las características que distinguen a ésta de la anterior. Para ello se hace necesario acudir una vez más a la historia por la decisiva influencia que la Guerra del Chaco ha tenido en la renovación de las letras nacionales. Aquélla tuvo consecuencias muy positivas en el plano literario al promover una toma de conciencia de la realidad nacional que se vio incorporada en por lo menos tres niveles. 1) A nivel temático se empieza a recobrar al hombre y su contorno tal cual son, desnudos en sus virtudes y miserias. El personaje es captado en su totalidad, con sus vicios y grandezas. Se rompe así con la norma hasta entonces prevaleciente y aceptada de captar la realidad en función de coordenadas idealistas. 2) A nivel genérico el quehacer literario adquiere autonomía independizándose de la historia, la política o la sociología con respecto a las que ocupaba lugar secundario y a las que más bien servía durante el período anterior. 3) Finalmente, dicha independencia en la configuración del mundo ficticio influye también en la creación de una conciencia artística y crítica ausentes anteriormente y que se traducirá en modificaciones y experimentaciones de carácter lingüístico, formal, y temático.

El primer punto introduce en la narrativa paraguaya el concepto de «realismo», anteriormente inexistente pero necesario para dar el salto que la colocará en la corriente actual de la narrativa contemporánea hispanoamericana. Al hablar de «realismo» en la configuración del mundo ficticio de la narrativa paraguaya contemporánea, empleamos el término en su acepción primaria, que alude más a la intencionalidad de expresión literaria de la realidad que a los logros artísticos dentro de la estética realista ya que éstos se ven influenciados por el carácter idealizador de la literatura precedente. En el contexto de esta narrativa, dicho realismo contrasta esencialmente con las características tipificadoras e idealizantes de la producción anterior. Así, en cuanto presentación de los personajes, se independiza de los estereotipos vigentes y esquemas preconcebidos en circulación. Y en cuanto descripción física, deja de enfatizar los elementos exteriores por lo que tienen de típico o pintoresco para empezar a acotar la realidad exterior -física, económico-social, política, etc.- por su papel en la configuración interior del personaje narrativo. La circunstancia histórico-social como condicionante del quehacer humano se instala en la ficción, pero tanto la relativa independencia de ésta con respecto a los esquemas costumbristas, su mayor o menor dosis idealizante, su área de realidades acotadas, como su profundidad crítica, variarán según se trate de la producción de dentro o de la de fuera.

El segundo punto señalado, o sea el de la autonomía adquirida por la literatura como disciplina independiente de la historia o la sociología, introduce para la narrativa una amplitud temática totalmente inexplorada antes. El abandono de las coordenadas idealistas en función de las cuales la presentación de los personajes carecía de variedad e interés -ya que desembocaba invariablemente en una imagen idílica del paraguayo-, ensancha significativamente la variedad humana en la narrativa contemporánea. A disposición del escritor hay toda una serie de seres en busca de una representación sincera, verdadera, de su realidad: desde personajes históricos cuya humanidad había sido negada por quienes, aunque con buenos propósitos, escondieron sus flaquezas y mitificaron sus grandezas convirtiéndolos en muñecos de cera, hasta el sufriente campesino cuya vida diaria no tiene nada que ver con las imágenes sentimentales recurrentes en la narrativa anterior. La mujer, hasta ahora vista, de manera preponderante, en sus versiones idealizadas -ya sea en su grandeza heroica, «residentista»56, o en sus variantes idílico-eróticas- empieza a mostrar su verdadero rostro y a moverse en una realidad problemática. Paralelamente, el abandono progresivo de los esquemas románticos en la descripción de la realidad circundante -con énfasis en la visión externa, característica del costumbrismo superficial imperante- trae a colación una manera diferente de enfocar dicha realidad, en profundidad, y en relación directa con su elemento humano. En consecuencia, hombre y medio se interrelacionan de manera dialéctica, en contraste con las descripciones paralelas, idealizantes y exageradamente simplistas de la narrativa precedente57 que, además de desfigurar la realidad, restaban intensidad a la materia narrativa.

Los grandes problemas del medio se convierten así en material narrativo posible. Entra a la narrativa el hombre o la mujer inmersos en sus circunstancias económico-sociales e histórico-políticas. La realidad del contorno llega acotada en sus diversas áreas problemáticas que incluyen el mundo campesino en sus condiciones laborales varias -en el yerbal, en la estancia, en los ingenios, en los quebrachales, en el río- y la realidad ciudadana o pueblerina en relación también a coordenadas laborales, profesionales y político-sociales. Los grandes acontecimientos y personajes de la historia nacional, hasta mediados de siglo usados en la narrativa más bien como marco histórico de referencia o intemporalizados en el mito, son ahora rescatados en su contexto histórico-político y en su dimensión humana para ser transpuestos artísticamente, con la objetividad posible  resultante de la autonomía que adquiere la labor literaria. La historia entra así en la narración como factor circunstancial determinante del ser nacional y no como mero elemento referencial.

Finalmente, y en tercer lugar, la autonomía relativa que adquiere el quehacer literario en cuanto configuración del mundo ficticio, repercute de manera positiva en el nivel estético y crítico del producto narrativo. Sólo ahora se aclimatan una serie de formulaciones técnicas de la narrativa contemporánea. Tanto en la producción de dentro como en la de fuera del país58 se observa un progresivo abandono de los esquemas lineales a favor de estructuras más complejas que incluyen técnicas del film, yuxtaposición de escenas, cortes temporales varios, usos del flashback, cambios del punto de vista, experimentos a nivel lingüístico59, etc. Aunque el avance técnico relativo al período anterior es enorme, no se dan aún -especialmente en la narrativa producida dentro del país- técnicas originales. La experimentación y aclimatación de procedimientos varios, sin embargo, es mucho mayor y creativa en la narrativa concebida y publicada en el exilio.

Los rasgos generales de la narrativa contemporánea delineados más arriba caracterizan a la producción contemporánea en su conjunto, aunque es necesario señalar que tanto el grado de aclimatación local o experimentación de técnicas narrativas como la estructuración de las obras varían de acuerdo con la tendencia ideológico-temática que predomina en ellas. En general se ha clasificado esta narrativa contemporánea en dos vertientes: una de tendencia conservadora-costumbrista y otra de tendencia crítico-realista. La primera continúa la línea narcisista predominante en el período anterior aunque cualitativamente la supera al incorporar a la narración las técnicas y estructuración ya mencionadas. La segunda retoma las preocupaciones y espíritu crítico ya vislumbrados a principios de siglo en las obras de Rafael Barrett pero que quedaron truncos al no lograr aceptación interna. Tanto en calidad como en cantidad, esta segunda vertiente supera a aquélla, y teniendo en cuenta las obras de carácter narrativo -cuento y novela- aparecidas dentro y fuera del país (id est, en el exilio) hasta el presente60, esta división bipartita en obras de tendencia conservadora y crítico-realistas corresponde, casi sin excepciones, a la producción de dentro y de fuera61. El porqué de esta dicotomía debe buscarse, por lo tanto, en las circunstancias extraliterarias que rodean al escritor-productor y a la obra-producto de dentro y de fuera.



 

EL ESCRITOR PARAGUAYO O EL «EXILIO DE DENTRO»

VERSUSEL «EXILIO DE FUERA»

 

Aproximarse a una determinada producción literaria en busca del porqué o de los posibles porqués de ciertas constantes o características generales de ella -sean éstas de índole cualitativa o cuantitativa- implica, entre otras cosas, ahondar en el tiempo tanto diacrónica como sincrónicamente, e investigar las circunstancias que rodean al escritor y por ende a su producción. Factores diversos, unos de carácter geográfico-histórico, otros de carácter socio-político, coordenadas económicas y culturales en general, afectarán de manera directa al escritor e indirecta a su producción. Creemos que dichos factores extraliterarios merecen un análisis más detallado ya que en el caso paraguayo determinan un cierto contexto de limitación o libertad que varía según el escritor se encuentre dentro o fuera del país y por lo tanto gravitan con mayor o menor peso en su obra. Para nosotros, como para Jacques Leenhardt,

cette production ne saurait apparaître comme une création, c'est à dire comme une manifestation erratique de l'esprit. L'écriture produit des significations, elle en est le tremplin. Elle les manifeste, les fait connaître, mais les conditions nécessaires de ces productions leur préexistent. C'est pourquoi la compréhension des oeuvres littéraires comme productions impose au chercheur de les insérer dans le cadre de ces conditions nécessaires de l'ordre de la pensée, que nous nommons vision du monde. A son tour, chaque vision du monde n'existe à proprement parler qu'en tant que partie intégrante des fonctions sociologiques. Ainsi, comprendre une oeuvre c'est éclaircir son rapport à une vision du monde, et l'expliquer c'est démontrer la fonction de cette vision du monde dans la structure sociologique globale62.

Esclarecer esas condiciones preexistentes a la narrativa paraguaya contemporánea es entonces un paso necesario para el doble proceso de comprensión y explicación de la producción de dentro como también de la del exilio.

Entre esas condiciones preexistentes que mencionábamos más arriba y que afectan especialmente al «escritor de dentro», mencionaremos en primer lugar una de carácter demográfico. Para ello van un par de datos aclaratorios. Según un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo, el Paraguay tiene una población de 2.813.000 habitantes y ocupa un área total de 406.752 kms2, lo que nos da una densidad de menos de 7 habitantes por kilómetro cuadrado63. A esta ya escasa densidad se debe agregar el hecho de que la mayor parte de la población es de extracción rural. Esto, unido a lo anterior, influye de manera directa en el mercado literario ya que al ser tan reducido el número de posibles lectores, es mínima la difusión que puede tener el libro dentro del país.

Si agregamos a lo anterior un factor de carácter económico, la falta de medios que se traduce en la ausencia casi total de casas editoriales, entonces aquel ínfimo mercado posible se minimiza aún más debido a los precios exorbitantes de la impresión y por lo tanto del libro editado. Resulta entonces que como los escritores en general no pueden costear la publicación de sus obras, éstas quedan guardadas en manuscritos o son publicadas de manera fragmentaria en algún periódico o en una de las pocas revistas literarias que aparecen de manera irregular64. Al no existir prácticamente la empresa editorial, disminuyen también los incentivos posibles -concursos, premios- cuya influencia podría ser muy positiva para la literatura nacional, tanto a nivel cuantitativo como en el plano cualitativo.

Pero no son los arriba mencionados los únicos factores que limitan -y muchas veces anulan- las posibilidades creativas del «escritor de dentro». La política interna tiene gran influencia en el quehacer literario. La censura tácitamente vigente en cuanto a material publicable limita el campo de acción del escritor y desarrolla en él una necesaria autocensura de supervivencia con su gran saldo de frustración que, sin duda, debe afectar de manera negativa su producto final. Por ejemplo, «los efectos de esa privación [de libertad] se hacen patentes, entre otras cosas, en el hecho de que las obras de narrativa en que se da cabida a la denuncia social o simplemente humana, aparecidas desde 1952 hasta 1960, hayan debido hacerlo todas desde el exterior, y que su aparición haya suscitado una oleada de crítica -llamémosla así, a falta de palabra mejor- tan pobre en la forma como incapaz y tendenciosa en el contenido»65. La denuncia social o humana puede presentar un riesgo potencial para un gobierno dictatorial. De allí que éste se valga de todos los medios posibles para suprimirla, o  mejor dicho, reprimirla dentro del país, pero no puede evitar que constituya uno de los ingredientes más importantes de la narrativa del exilio. Con mucho acierto ha señalado R. Barthes la tendencia que predomina en ciertas dictaduras de juzgar la literatura desde criterios políticos66. Esto explica, entonces, esa «oleada de crítica tan pobre».

La gravitación negativa que toda esta serie de factores limitantes tiene en la producción narrativa interna, lo resume muy bien el siguiente comentario de Josefina Plá:

Desde 1960, sólo se ha producido en narrativa en hecho críticamente importante: la aparición de La llaga (1964) de Gabriel Casaccia, residente en el extranjero. Es cierto que en 1963 un diario local promovió un concurso de cuentos y en 1964 otro de novela corta. El resultado del primero autoriza a establecer que en esta narrativa intrafronteras dominan dos corrientes: la que evade toda alusión al dintorno humano y social por la vía del exotismo, del cosmopolitismo o del irrealismo [...] y la del nativismo, o mejor un «terralismo» en el que medio y personajes aparecen idealizados, se soslaya el planteo crítico de los hechos [énfasis nuestro] y se converge así sin proponérselo hacia el narcisismo que constituye la dominante ambiental67.

 

La situación del escritor en el exilio, en cuanto a limitaciones, censuras o represiones de cualquier tipo, es por lo tanto diferente a la de su colega intrafronteras. Lejos de su país, puede aquél expresarse libremente y desarrollar sin trabas una narrativa de contenido humano, social y político, artísticamente elaborada, significativa y a tono con el momento histórico presente. Es en la obra de estos narradores exiliados -Gabriel Casaccia, Augusto Roa Bastos, Rubén Bareiro Saguier, Lincoln Silva, Rodrigo Díaz-Pérez, etc.- donde vamos a encontrar el planteamiento más fiel y el reflejo más honesto de la problemática nacional actual. Así por ejemplo Casaccia recupera de manera crítica unas dos décadas (más o menos entre 1940 y 1960) de descomposición moral y corrupción política en La Babosa y La llaga respectivamente, y dedica Los exiliados a tocar un tema -el del exilio político- prácticamente inexplorado en la narrativa intrafronteras. Roa Bastos examina el presente y el pasado nacionales a lo largo de coordenadas histórico-políticas en Hijo de hombre y en Yo el Supremo, donde también desmitifica -y al mismo tiempo humaniza- la figura del doctor  Francia, primer dictador paraguayo y símbolo arquetípico para siglo y medio de historia patria. La dictadura -otro tema prohibido en la narrativa de dentro- está implícita o explícita en el miedo que atormenta a tantos personajes de las obras del exilio. Y se hace directa, en su realidad de cárceles, torturas y persecuciones, en las páginas de Rebelión después y General General, novelas ambas de Lincoln Silva, el más joven de los cinco escritores arriba mencionados.

Por otra parte, el hecho de que estos escritores escriban o hayan escrito en Buenos Aires (Casaccia y Roa), Francia (Silva y Bareiro Saguier) y Estados Unidos (Díaz-Pérez), centros de experimentación técnico-estructural, tiene, naturalmente, una influencia positiva en la calidad artística de sus obras y las coloca en la vanguardia de la narrativa nacional. Lo irónico de todo esto es que estas obras cuyo común denominador es dar expresión literaria a la realidad paraguaya, cuya preocupación máxima es la problemática nacional y cuyos destinatarios naturales son los paraguayos que protagonizan la historia actual, no pueden llegar al público para el que fueron escritas debido a la censura editorial existente dentro del país. O si lo hacen, entran clandestina y aisladamente, mediatizadas por el mecanismo de propaganda oficialista destinado a desacreditar a los escritores que tienen la osadía de cuestionar el régimen actual o de incorporar en sus obras los problemas del país, tildándolos de «antipatriotas» (como calificaron a Casaccia luego de publicar La Babosa) o de «comunistas» (como lo hicieron en 1972 con Rubén Bareiro Saguier, por haber aceptado el premio que «Casa de las Américas» otorgó en 1971 a su obra Ojo por diente).

Por constituir un ejemplo típico de la represión intelectual existente dentro del país y que anula todo posible vislumbre de crítica o denuncia a nivel narrativo, daremos brevemente algunos detalles del conocido caso Rubén Bareiro Saguier. En 1972 este escritor y crítico -que desde 1962 se autoexilia en Francia- es arrestado y puesto incomunicado sólo un mes después de haber sufrido una intervención quirúrgica y cuando aún se estaba recuperando de ella. ¿Su delito? Una falsa acusación -«su activa participación en el comunismo internacional», según comunicado del Departamento de Relaciones Públicas de la Policía de la Capital68- y un hecho concreto: el haber escrito una obra premiada un año antes (1971) por dicha editorial cubana. Para apreciar el «calibre crítico» de la lectura oficialista de dicha obra, transcribimos a continuación parte del comunicado oficial destinado a   informar al público sobre el porqué del apresamiento del conocido escritor. Se lee allí que Rubén Bareiro Saguier

es autor de una obra de corte marxista, que dio lugar a que el gobierno de Fidel Castro le otorgara el premio «Casa de las Américas». En esta obra denigra a la República del Paraguay, a su pueblo y sus autoridades, con el lenguaje clásico de la subversión y el odio69.

Es este tipo de crítica oficialista, represión y persecución consecuentes lo que dificulta el desarrollo de una narrativa válida intrafronteras. El escritor de dentro, limitado en lo temático por la autocensura necesaria para subsistir en un medio donde la palabra escrita (u oral), cualquiera sea su forma -carta personal, artículo periodístico, cuento, novela- está casi toda controlada, es un exiliado dentro de su propio país. De ahí que sus obras revelen «el signo de un exilio impuesto por el temor»70.


 

COMPROMISO SOCIAL Y CONCIENCIA ARTÍSTICA EN LA NARRATIVA DEL EXILIO

 

Las limitaciones que el medio político y cultural imponen al escritor de dentro obligan moral e intelectualmente al escritor exiliado a tratar de captar y a denunciar lo que a su colega se le impide. Justamente expresar lo inexpresable dentro del país, transponer a la ficción lo que la tendencia narcisista aún predominante, la censura vigente y las autocensuras resultantes dificultan, es una de las tareas que se ha impuesto a sí misma la narrativa del exilio. Ésta llena los silencios significativos y elocuentes, los temas «prohibidos» y la denuncia o crítica apenas soslayada en la narrativa de dentro71.

Si la Guerra del Chaco promueve a nivel literario la renovación artística que inicia la contemporaneidad literaria dentro de las letras paraguayas, la Guerra Civil del año 1947 constituye un punto de referencia importantísimo para la narrativa del exilio. Se trata del hecho histórico inicial que, en los treinta años siguientes, lleva al exilio a un tercio de la población del país, y como parte de ella a la serie de escritores cuyas obras forman el corpusde la literatura del exilio. No obstante, dicho período no señala el límite temporal inferior de ésta, ya que el hecho literario en cuanto recuperación de una circunstancia histórico-política determinada, es necesariamente posterior a ella. La narrativa del exilio empieza en la década del cincuenta y se inicia como narrativa contemporánea. Más aún, la narrativa paraguaya contemporánea da sus primeros frutos en el exilio. Recordemos que aquélla nace con El Guajhú, al romper esta obra con la tendencia narcisista hasta entonces imperante. Y anotemos ahora que dicha obra aparece en 1938, tres años después que su autor, Gabriel Casaccia, se autoexilia en la Argentina.

Forzoso es observar que la narrativa paraguaya adquiere el rango cualitativo necesario para alinearse con la mejor narrativa hispanoamericana del momento con la aparición, en 1952-53, de las tres obras ya anteriormente mencionadas: Follaje en los ojos de José María Rivarola Matto, La Babosa de Gabriel Casaccia y El trueno entre las hojas de Augusto Roa Bastos. Tienen en común estas obras su carácter crítico-realista, su preocupación por la problemática nacional, la circunstancia temporal de haber sido las primeras en denunciar en forma abierta ciertas llagas sociales, su relativa superioridad técnica y el constituir hitos importantísimos al marcar la contemporaneidad en la narrativa paraguaya.

Una lectura rápida de las obras de carácter narrativo aparecidas dentro y fuera del país después de la Guerra Civil de 1947 apoya las siguientes conclusiones. Mientras la narrativa de dentro evita o apenas roza los temas vivenciales relacionados o derivados de esa tragedia civil, la narrativa del exilio se encarga de recobrar dichas experiencias en profundidad y de manera crítica. Igualmente, el compromiso del escritor exiliado es total y la recurrencia de ciertos núcleos temáticos de intención crítico-denunciatoria revelan la posición que aquél adopta en relación a la función literaria.

En cuanto a la temática de la narrativa del exilio, es en estas obras escritas fuera del país donde van apareciendo, tratados con mayor honestidad crítica y conciencia artística, los temas más representativos de la problemática nacional que hemos mencionado en la segunda sección de este capítulo. Además, sólo la cuentística y novelística de extramuros tocan ciertos temas «prohibidos» a las narraciones publicadas dentro del país. Obras como las de Gabriel Casaccia -La Babosa, La llaga, Los exiliados- descubren una realidad hiriente, degradante, real, palpitante, pero apenas rozada por la literatura interna. La narrativa del exilio nos habla de las grandes injusticias que imperan en el país: la precaria situación del campesino, la explotación y degradación  en que viven miles de seres, tan bien ejemplificadas ambas en las obras de Roa Bastos, especialmente en la serie de cuentos de El trueno entre las hojas y en el capítulo titulado «Madera y carne», uno de los más hermosos de Hijo de hombre, su primera novela. Aquélla nos habla también de gobernantes corruptos, de cárceles y cámaras de torturas, de persecuciones, de fusilamientos. Para comprobarlo basta con hojear cualquiera de las dos novelas de Lincoln Silva, leer un par de cuentos de Rubén Bareiro Saguier o dar un vistazo rápido a Yo el Supremo de Roa Bastos. Más aún, la narrativa del exilio nos habla de la situación del escritor y del artista en general, pero en especial de las frustraciones e impotencia del escritor o artista que vive dentro del país. Allí están, por ejemplo, Ramón Fleitas -protagonista de La Babosa- y Gilberto Torres -que aparece primero en La llaga para reaparecer después también en Los exiliados- como ejemplos del futuro que tienen estos seres en un ambiente cultural y político como el paraguayo. El primero sueña con ser escritor y luego de una serie de dificultades y frustraciones termina alcohólico, confinado como juez de paz a un pueblecito lejano, abandonado por su esposa y olvidado de sus amigos. El segundo sueña con pintar su obra maestra, un cuadro cuyo motivo central sean los pies de un campesino y a través de los cuales se refleje el sufrimiento milenario de todo un pueblo. Pero envuelto circunstancialmente en la política interna de su país, enseguida pierde su trabajo y es exiliado a la Argentina.

En resumen, esta narrativa del exilio nos habla de la «verdad de dentro». Pero también nos habla de la «verdad de fuera», de ese otro Paraguay de la diáspora constituido por el millón largo de seres que se han visto obligados a abandonar el país en los últimos 35-40 años. El exilio y sus dilemas -con sus sueños de regreso, sus jefes y revolucionarios, sus miserias económicas, su mundo poblado de gente que ha vivido cárceles y torturas, persecuciones, hambre, dolor e injusticias miles- se convierten aquí, como se puede apreciar en las páginas de Los exiliados o en los cuentos de Ojo por diente, por ejemplo, en un mundo autónomo que hay que narrar e interpretar. Este mundo aporta una dimensión prácticamente inédita (pero muy real) de la realidad paraguaya y es la narrativa del exilio la que se encarga de recuperarla y expresarla en su totalidad.

Si en contenido la narrativa del exilio amplía la gama de posibilidades temáticas dentro del país, aquélla también va a la vanguardia en cuanto a experimentación técnico-estructural. Esto último se debe, casi seguro, a dos circunstancias de carácter extraliterario: la de que  esta narrativa se desarrolle de manera relativamente independiente a la tendencia conservadora e idealizante todavía en vigencia intrafronteras y la de que sus autores -al vivir inmersos en los centros de innovaciones técnicas y experimentación textual que constituyen Francia, Argentina y EE. UU.- estén más en contacto con las corrientes europeas y latinoamericanas actuales. Son justamente Gabriel Casaccia y en especial Augusto Roa Bastos quienes han aclimatado una serie de recursos narrativos contemporáneos para la narrativa paraguaya, como se puede apreciar, en particular, en las novelas seleccionadas para este estudio.

Para terminar esta sección, queremos poner énfasis en uno de los aspectos más sobresalientes de la narrativa del exilio. Se trata de su carácter comprometido, en lo social y en lo político. Allí la crítica o la denuncia -implícitas o explícitas- constituyen ingredientes básicos del quehacer literario e implican una actitud ética del escritor frente a su trabajo. Si bien es verdad que los nuevos escritores paraguayos son, como expresa Roa Bastos, «anormalmente conscientes de los problemas de su historia y de su sociedad», las condiciones internas que hemos señalado antes han imposibilitado la creación de «un clima propicio en que hubiesen podido realizarse plenamente sus mejores artistas condenados al exilio perpetuo para permanecer fieles a su vocación»72 y por lo tanto dicha crítica y denuncia se minimizan en cantidad dentro y se maximizan fuera del país.

En la narrativa del exilio predomina entonces su contenido político y social. Esto último en el sentido que a este término le da el crítico español Pablo Gil Casado, o sea que es «social» porque «trata de mostrar el anquilosamiento de la sociedad, o la injusticia y desigualdad que existen en su seno, con el propósito de criticarlas»73. La crítica, implícita en el análisis de las causas históricas -o económico-sociales en general- que han creado una situación determinada, se convierte en denuncia cuando -seguimos la división del crítico citado- se busca captar en la obra «los problemas y reivindicaciones de una determinada clase (el proletariado, el empleado, el humilde) cuyas condiciones de vida denuncian en forma comprometida, tomando explícita o implícitamente su defensa, y al hacerlo así, declaran el estado injusto o inconveniente de la situación, dan parte del daño hecho a aquéllos, con designación del culpable o sin ella»74. Ambas actitudes, de crítica y denuncia, se ven expresadas en la narrativa del exilio como veremos en las cinco novelas de Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos estudiadas en el capítulo que sigue.

 

NOTAS:

18- Al respecto comentan dos críticos paraguayos que «a partir de 1952, con las tres obras mencionadas (Follaje, Babosa y Trueno), nuestro paisaje narrativo se abre a perspectivas más amplias, el hombre paraguayo y su circunstancia se hacen presentes al resto del mundo latinoamericano, con sus defectos y virtudes, con su angustia de ser, en los cuales laten resonancias que pertenecen al capital común de la humanidad». Ver Josefina Plá y Francisco Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya (Recuento de una problemática)», sobretiro de Cuadernos americanos 4 (julio-agosto de 1968): 195. (N. del A.)

19- Así por ejemplo, según Efraím Cardozo, en su Historia de la cultura hispanoamericana, Pedro Henríquez Ureña cita cerca de cuatro mil nombres, incluyendo a escritores de almanaques, pero ninguno paraguayo. Y en 1960, después de la aparición de las obras arriba mencionadas, Arturo Torres Ríoseco seguía hablando de la improductividad de la literatura paraguaya. Ver prólogo de Cardozo a Roque Vallejos, La literatura paraguaya como expresión de la realidad nacional (Asunción: Editorial «Don Bosco», 1967), p. 9. (N. del A.)

20- Utilizamos el término «género» en su acepción literaria más amplia de «categoría de obras definidas por ciertas reglas comunes y de características semejantes» (Pequeño Larousse Ilustrado, 1969). Conviene apuntar aquí que hablar de géneros en la realidad literaria del mundo hispanoamericano siempre ha sido algo bastante arbitrario. Y en el caso de Paraguay, la consabida arbitrariedad de la división o clasificación genérica en América Latina, resulta aún más pronunciada debido al desarrollo en zaga con respecto al resto de América en que han progresado las letras paraguayas hasta época reciente. (N. del A.)

21- Dicha producción literaria incluye todas las obras concebidas como ficción, aunque su valor literario sea relativamente escaso durante las cuatro primeras décadas de este siglo. Por su parte, la historiografía comprende básicamente material de tipo histórico y documental, aunque algunos de estos trabajos sean de indudable valor literario. (N. del A.)

22Efraím Cardozo, Breve historia del Paraguay (Buenos Aires: Eudeba, 1965), pp. 46-47. Referencias posteriores a esta obra irán indicadas bajo Breve historia. (N. del A.)

23- Ibidem, p. 47. (N. del A.)

24- En 1812, el teniente coronel Fulgencio Yegros, jefe de la revolución de mayo, firma el llamado Bando del 6 de enero en el que se establece el plan de gobierno a seguir y al mismo tiempo se crean la Sociedad Patriótica Literaria, la Biblioteca Pública y la Academia Militar. Se resuelve, además, reabrir el Seminario Conciliar. (N. del A.)

25- Uno de los enviados a Paraguay para gestionar la libertad de Bonpland, el famoso naturalista francés a quien Francia tuvo confinado durante toda una década, escribió lo siguiente: «...se viaja en el Paraguay sin armas; las puertas de las casas apenas se cierran pues todo ladrón es castigado con pena de muerte, y aún los propietarios de la casa o comuna donde el pillaje sea cometido, están obligados a dar indemnización. No se ven mendigos; todo el mundo trabaja». Citado en Breve historia, p. 66. (N. del A.)

26- Para más detalles, ver Hugo Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1968), pp. 13-14. (N. del A.)

27- La Guerra de la Triple Alianza, también conocida como Guerra Grande y como Guerra del 70, es una de las guerras más sangrientas de la historia americana y enfrenta a Paraguay con las tropas unidas de Argentina, Brasil y Uruguay. Como consecuencia de ella el Paraguay queda prácticamente aniquilado, tanto en recursos económicos como humanos. (N. del A.)

28- A veces conocida también como «guerra con Bolivia» o «guerra paraguayo-boliviana». Existía entre Paraguay y Bolivia un viejo litigio de límites que se agudiza hacia 1920-1932 debido a que a esa altura ya ni estaban de acuerdo en el asunto del litigio: mientras Paraguay mantenía que aquél versaba sólo sobre los límites chaqueños, Bolivia pretendía incluir en dicho litigio a todo el Chaco. Sin embargo, no es en esa cuestión de límites sino en la existencia de ciertos intereses económicos -en este caso petroleros- internacionales donde hay que buscar las causantes profundas de la guerra. Explica el ya mencionado historiador Efraím Cardozo que «una de las más importantes empresas petroleras de Estados Unidos tenía vastas explotaciones en el territorio boliviano aledaño al Chaco. Con el escondido apoyo del Departamento de Estado, estimuló a Bolivia en sus pretensiones, deseosa de ensanchar sus pertenencias con los hidrocarburos que se creía existentes en gran escala en el Chaco y para asegurar salida propia a sus productos por el río Paraguay». Ver Breve historia, p. 136. (N. del A.)

29- Para el crítico y escritor paraguayo Rubén Bareiro Saguier, estos escritores constituyen realmente la primera generación literaria paraguaya en cuanto sus miembros llenan los requisitos generacionales establecidos por J. Petersen y otros especialistas. Ver su artículo titulado «El criterio generacional en la literatura paraguaya», Alcor 36 (1965): 2. (N. del A.)

30- Según cita Rodríguez-Alcalá en La literatura paraguaya, p. 20. (N. del A.)

 31 - «Para muestra vale un botón», dice un viejo refrán. Recordemos, en este caso, que en tierras americanas, es en Paraguay donde se produce la primera rebelión comunera a principios del siglo XVIII. En 1717 los paraguayos se alzan contra las autoridades españolas y aunque finalmente son derrotados, su movimiento alcanza gran extensión y su espíritu vuelve a renacer en las guerras de independencia, a principios del siglo pasado. Son los primeros en adoptar como divisa la «soberanía del pueblo» por encima de la autoridad de los reyes. (N. del A.)

32 - Cecilio Báez y Juan E. O'Leary, dos grandes figuras de la intelectualidad paraguaya, están entre quienes hicieron del mariscal Francisco Solano López tema central de muchos de sus escritos. Crítico indeclinable del gobierno de los dos López -padre e hijo- el primero, y defensor máximo del mariscal el segundo, ambos se enfrentan, a principios de siglo, en una famosa polémica en torno a la figura del mariscal Solano López, de la que sale triunfante el segundo. Juan E. O'Leary es quizás el ensayista de mayor influencia en la formación de la mentalidad paraguaya. Según Rodríguez-Alcalá, al salir vencedor en la polémica con su ex maestro Cecilio Báez, impone en Paraguay el culto a la memoria de López. «Su afán ha sido», dice el crítico, «...levantar el espíritu de un pueblo vencido en guerra exterminadora, exaltando el heroísmo con que éste sucumbió tras cinco años de lucha. Y, sin duda, O'Leary logró su propósito». Ver La literatura paraguaya, p. 26. (N. del A.)

33 - Según Efraím Cardozo, conocida autoridad en la cuestión chaqueña, los planes bolivianos incluían una ocupación progresiva del Chaco. Sin embargo, las tropas paraguayas, originalmente en situación defensiva, pronto iniciaron también sus planes ofensivos para terminar los últimos encuentros en pleno territorio boliviano. En toda la guerra, Bolivia sólo cuenta con una victoria, todas las demás fueron ganadas por las tropas paraguayas. Ver Breve historia, pp. 134-45. (N. del A.)

34 - Con respecto a la Guerra del Chaco, señala Efraím Cardozo que aunque el esfuerzo de la financiación de la guerra había sido extraordinario, fue mínimo el monto que provino de aportes extranjeros y todo se pagó al contado. Según él, el que el Estado haya quedado sin deuda es «caso único en la historia». En Breve historia, p. 144. (N. del A.)

35 - Recién en 1948 se crea la Facultad de Filosofía en Paraguay. (N. del A.)

36 - Como sucede con el general José Félix Estigarribia, conductor militar máximo de la Guerra del Chaco. Sus memorias, The Epic of the Chaco (1950), fueron publicadas en inglés por Pablo Max Ynsfrán en la Universidad de Tejas. (N. del A.)

37 - Tal es el caso de varias obras, aparecidas durante la contienda, de Arnaldo Valdovinos (oficial de reserva y combatiente) y de José Santiago Villarejo, quienes recrean en sus páginas, de manera crítica y denunciatoria, las circunstancias y vivencias de la Guerra del Chaco. Aunque no se trate de obras estrictamente literarias, señala Pérez-Maricevich, para el caso de Villarejo, una serie de logros narrativos que incluyen la utilización de la segunda persona narrativa, cambios del punto de vista y una intención realmente crítica en el diseño de los personajes. Ver Francisco Pérez-Maricevich, La poesía y la narrativa en el Paraguay (Asunción: Editorial del Centenario, 1969), p. 38. (N. del A.)

38 - Paraguay tiene aproximadamente una densidad demográfica de siete habitantes por kilómetro cuadrado, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo. Ver Inter-American Development Bank, «Statistical Profile», Economic and Social Progress in Latin America, Annual Report Series(Washington, D. C.: Inter-American Development Bank, 1977), p. 333. Para un análisis detallado del rápido aumento de población y otros datos económicos significativos durante los primeros treinta años posteriores a la Guerra de la Triple Alianza (específicamente entre 1872 y 1904), ver Epifanio Méndez, «La piedra del escándalo», Diagnosis paraguaya (Montevideo: Talleres Prometeo, 1965), pp. 267-69. (N. del A.)

39 - En 1937, 1943 y 1949, respectivamente, publica su trilogía biográfica en torno a tres grandes figuras de la historia paraguaya: el doctor Francia, supremo dictador entre 1816 y 1840; el mariscal Estigarribia, líder militar de la Guerra del Chaco; y el presidente don Carlos Antonio López, campeón de la defensa del nacionalismo de su país. Su obra principal es Formación social del pueblo paraguayo que aparece en el exilio en 1955. (N. del A.)

40 - Entre las obras narrativas más representativas del exilio se cuentan El trueno entre las hojas, Hijo de hombre y Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos; La Babosa, La llaga, Los exiliados y Los herederos de Gabriel Casaccia; Rebelión después y General General de Lincoln Silva; Ojo por diente de Rubén Bareiro Saguier; Entrevista de Rodrigo Díaz-Pérez, y algunos cuentos del poeta y crítico Hugo Rodríguez-Alcalá. (N. del A.)

 41- Varios otros factores gravitan también de manera decisiva en la falta de productividad literaria. Para agregar sólo algunos más, cabe aquí mencionar tres o cuatro que influyen directamente en el escritor-productor. Tales son los factores de carácter demográfico (Paraguay tiene una densidad de unos 7 habitantes por kilómetro cuadrado, como ya lo hemos señalado antes), social (la mayor parte de la población es de extracción rural), económico (falta de medios que se traduce en la ausencia casi total de casas editoriales) y cultural (el aislamiento ocasionado por todo lo anterior y los factores históricos comentados en este trabajo). (N. del A.)

42- Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», p. 184. (N. del A.)

43- Ibidem, pp. 184-85. (N. del A.)

44- A estas corrientes pertenecen las obras de Rivera, Gallegos, A. Arguedas, Icaza, C. Alegría y G. López y Fuentes, respectivamente, obras que aparecen casi todas en las décadas del veinte y del treinta, cuando la actividad historiográfica y la polémica en torno a los derechos paraguayos sobre el Chaco concentraban los esfuerzos de la élite intelectual del país, sin dejar lugar o tiempo para las obras de ficción propiamente dichas. (N. del A.)

45- Ver, por ejemplo, Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, pp. 39-41; y Pérez-Maricevich, La poesía y la narrativa en el Paraguay, pp. 35-36. (N. del A.)

46- Además de los tres escritores extranjeros citados en el texto, el único escritor paraguayo que escribe obras en calidad y cantidad comparable a las de aquéllos, superior al resto de la producción interior, es Eloy Fariña Núñez, quien, por otra parte, establece residencia en Buenos Aires en la primera década del siglo y allí escribe y publica sus poemas, narraciones y ensayos. (N. del A.)

47- El autoexilio de Gabriel Casaccia data de 1935 y dura hasta su muerte en 1980, mientras que en el caso de Roa Bastos, su exilio es más reciente y está directamente relacionado con la Guerra Civil de 1947. En efecto, Roa Bastos forma parte de esa emigración masiva e irreversible a que nos referimos en el capítulo anterior. (N. del A.)

48- La literatura paraguaya, pp. 39-40. (N. del A.)

49- Ibidem, p. 40. (N. del A.)

50- En La poesía y la narrativa en el Paraguay, p. 57. (N. del A.)

51- Si bien El Guajhú aparece en 1938, entre esa fecha y la década del cincuenta (en que se publican una serie de obras de carácter narrativo tanto dentro como fuera del país) la narrativa es prácticamente nula. Por otra parte, son años de abundante producción poética. (N. del A.)

52- Carlos R. Centurión, Historia de la cultura paraguaya, 2 tomos (Asunción: Biblioteca «Ortiz Guerrero», 1961). (N. del A.)

53- Como lo hace, por ejemplo, Bareiro Saguier en «El criterio generacional», p. 2. Sin embargo, el mismo crítico, al proponer allí una clasificación generacional de la literatura paraguaya, no deja de reconocer «las relaciones estrechas existentes entre la literatura y la realidad histórico-social». (N. del A.)

54- Ver Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, p. 43; y Bareiro Saguier, «El criterio generacional», p. 8. (N. del A.)

55- Notemos aquí que estas tres obras aparecen todas en el exilio. Lo mismo podemos decir de El Guajhú, la obra de Casaccia con la que se inicia el período contemporáneo en la literatura paraguaya. (N. del A.)

56  - Se llama «residentas» a las mujeres que acompañaron a los hombres al frente de batalla durante la Guerra de la Triple Alianza, sirviendo ya sea como enfermeras o empuñando el fusil cuando era necesario. (N. del A.)

57- Dicha narrativa no cuenta con más de unas diez o doce obras rescatables. Para una lista anotada de esas obras, ver Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», pp. 185-88; y también Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, pp. 39-45. (N. del A.)

58- Para una lista de las obras narrativas más representativas, escritas fuera y dentro del país, ver «Narrativa paraguaya», pp. 189-90. Esta lista incluye veintidós títulos (obras escritas entre 1949 y 1967, respectivamente), de los cuales diez -que son también los más difundidos- fueron escritos y publicados en el exilio. Con posterioridad a 1967, dos de las novelas más importantes que aparecen son Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos en 1974 y Los herederos de Gabriel Casaccia en 1976, ambas publicadas en la Argentina. (N. del A.)

59- Éstos comprenden, en una primera etapa, una mayor aproximación a la lengua hablada y el abandono del retoricismo, hecho que aún persistía como herencia de un modernismo tardíamente llegado y pobremente aclimatado al contorno literario paraguayo. En una segunda etapa, no obstante, y que ya incluye la experimentación innovadora de escritores como Casaccia y Roa, esa aproximación a la lengua hablada debe necesariamente introducir, en un país bilingüe como Paraguay, experimentos con el uso del guaraní (Recordemos que en Paraguay casi toda la población habla el guaraní y el castellano, y que el guaraní es la lengua de comunicación diaria especialmente para la gente del campo) a nivel de la escritura, permitiendo, no obstante, la comprensión de la obra para el lector no paraguayo. Los experimentos a ese nivel se relacionan al problema de cómo transcribir o traducir al español el proceso mental que transcurre en guaraní. La pregunta que Roa Bastos, Casaccia y otros escritores preocupados por este problema (del bilingüismo en que transcurre la cultura paraguaya) tratan de contestar es la siguiente: ¿cómo reflejar o captar en español (para no condenar la obra a un mercado local sin posibilidades de ser leída extrafronteras) los diálogos y procesos mentales que tienen lugar en guaraní? (N. del A.)

60- Para una lista comprensiva de los autores en cuyas obras predominan los rasgos de una u otra tendencia, ver, por ejemplo, Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», pp. 190-93; Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, pp. 45-50; y Vallejos, La literatura paraguaya como expresión de la realidad nacional, pp. 43-46 y pp. 53-58. (N. del A.)

61- Ver Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», p. 190; Pérez-Maricevich, La poesía y la narrativa en el Paraguay, pp. 56-64; Josefina Plá, «Situación de la cultura paraguaya en 1965», Cuadernos 100 (1965), pp. 151-52; y Rubén Bareiro Saguier, «Situación de la literatura paraguaya contemporánea», Cahiers des Amériques Latines1 (1967): 32. (N. del A.)

62- En Jacques Leenhardt, Lecture Politique du Roman: «La Jalousie» d'Alain Robbe-Grillet(Paris: Les Editions de Minuit, 1973), p. 21. (N. del A.)

63- Ver Economic and Social Progress in Latin America, p. 333. (N. del A.)

64- Entre las escasas revistas literarias publicadas en Asunción, se cuentan Alcor y Diálogo, ambas relativamente pequeñas y cuya aparición no siempre ha sido regular debido en gran parte a la falta de medios económicos para cubrir los costos de su mantenimiento. (N. del A.)

65- Ver Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», p. 188. Casi sin excepciones, las conclusiones de estos dos críticos, que incluyen obras aparecidas entre 1952 y 1960, siguen válidas para la producción posterior hasta la fecha. (N. del A.)

66- Citado en Fernando Morán, Novela y semidesarrollo: Una interpretación de la novela hispanoamericana y española (Madrid: Taurus Ediciones, 1971), p. 219. (N. del A.)

67- Ver Plá, «Situación de la cultura paraguaya en 1965», pp. 151-52. (N. del A.)

68- Comunicado oficial aparecido el 23 de octubre de 1972 -después de tres semanas de su arresto- en el diario La Tribuna de Asunción y recogido posteriormente en «Caso Bareiro Saguier», Hispamérica, n.os 4-5 (1973), p. 74. (N. del A.)

69- En el mismo comunicado del 23 de octubre aparecido en La Tribuna y recogido en la ya aludida revista Hispamérica. Para un detallado y bien documentado examen del arresto de Rubén Bareiro Saguier, leer las páginas dedicadas a su caso en «Caso Bareiro Saguier», pp. 73-101. (N. del A.)

70- En Bareiro Saguier, «Situación de la literatura paraguaya contemporánea», p. 32. (N. del A.)

71- Con Josefina Plá, podemos afirmar que si bien «se soslaya el planteo crítico de los hechos» en algunas obras aparecidas intrafronteras, éste generalmente es débil o incompleto. Para más detalles y ejemplos, ver Plá, «Situación de la cultura paraguaya en 1965», pp. 153-54. (N. del A.)

72- En «Pasión y expresión de la literatura paraguaya», Negro sobre blanco, n.º 18 (abril de 1961), p. 8. (N. del A.)

73- En Pablo Gil Casado, La novela social española (Barcelona: Editorial Seix Barral, 1968), p. viii. (N. del A.)

 

 

 

 

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