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  CUADERNOS DEL BICENTENARIO (PRIMER VOLUMEN, JORGE RUBIANI) - Ilustracion: ROBERTO GOIRIZ


CUADERNOS DEL BICENTENARIO (PRIMER VOLUMEN, JORGE RUBIANI) - Ilustracion: ROBERTO GOIRIZ

CAMINO AL BICENTENARIO

CUADERNOS DEL BICENTENARIO

Por  JORGE RUBIANI

 

PRIMER VOLÚMEN

“LA PROVINCIA DEL PARAGUAY Y EL CAMINO A LA INDEPENDENCIA”

“DESENCADENANTES DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO DE 1811”


CUADERNOS DEL BICENTENARIO reproduce el contenido de las charlas desarrolladas en el local de FAUSTO CULTURAL, entre los meses de Octubre y Noviembre de 2008. Las mismas han sido pautadas sobre los hechos más importantes acontecidos durante la constitución de la Provincia del Paraguay e inmediatamente después de concretada la República independiente. Ediciones posteriores darán cabida a otros temas de históricos nacionales, como parte de un programa de publicaciones de homenaje al BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY, concretada ésta entre el 14 de Mayo y el 20 de junio de 1811.

PRIMER VOLUMEN

·         La Provincia del Paraguay y el camino a la Independencia.

·         Desencadenantes de la revolución de Mayo de 1811.

SEGUNDO VOLUMEN

·         La Revolución de la Independencia y sus actores.

·         Primeros gobiernos. Protagonistas y destinos.

TERCER VOLUMEN

·         La Independencia del Paraguay en el contexto de las guerras de independencia americanas.

CUARTO VOLUMEN

·         El Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, el jacobino que consolidó la Independencia.

·         Protagonismo en los gobiernos del Paraguay Independiente.


Autor: Jorge Rubiani

Contacto: jrubiani@click.com.py // Página web: www.jorgerubiani.com.py

Ilustraciones: ROBERTO GOIRIZ y JUAN MORENO.

De HISTORIAS SECRETAS DE PARAGUAY de Jorge Rubiani. Editado por ABC Color

Diseño gráfico: MARÍA DEL CARMEN CABRERA


FAUSTO EDICIONES – faustocultural@gmail.com

Eligio Ayala N° 1060, Asunción.- Tel: 221996/ 7


Archivo de documentos y fotografías:

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN Y ESTUDIOS DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY – CEDEHISTORIA. San Francisco 863 - Asunción / Paraguay


 

 

BICENTENARIO – RAZONES PARA LA CONMEMORACIÓN

 

"... Nuestro espíritu está siempre en el futuro, preocupado por lo que vamos a hacer, lo que nos va a pasar en el momento que llega.

Sólo en vista de ese futuro, para prevenirlo y entrar en él bien pertrechados, se nos ocurre pensar en lo que hemos sido hasta aquí".

JOSÉ ORTEGA Y GASSET

 

Los atributos de una entidad nacional pueden radicarse de varias maneras. Una de ellas es el fortalecimiento de la Memoria Colectiva. La que contribuye a consolidar los sentimientos de arraigo y un sano orgullo nacional.

Por lo mismo, la proximidad del Segundo Centenario de la Independencia Nacional y la necesidad de su conmemoración, constituyen una responsabilidad histórica para los paraguayos. Pues el recuerdo de los acontecimientos que ayudaron a gestar el Paraguay como entidad nacional -se presume- autónoma e independiente, debería hacer que reverdezcan los ideales que estimularon a los próceres a concretar la Independencia de España y de Buenos Aires. Como indujeron a otros, más tarde, a defenderla en innumerables ocasiones.

La necesidad es aún mayor si se recuerda que el Primer Centenario no pudo celebrarse por causa de las endémicas luchas internas que asolaron al Paraguay desde la misma culminación de la Guerra de la Triple Alianza, hasta la finalización del siglo que acaba de dejarnos.

Otro factor de interés para argumentar en favor de esta recordación, se remite al hecho que nuestra cultura y los valores que la conforman, han sido suplantados por actitudes y hábitos que dispersan el sentido de comunidad y se materializan en la banalidad y la frivolidad. Antivalores que refieren un disolvente individualismo, indiferencia o desinterés para asumir las responsabilidades sociales y colectivas que nos competen como ciudadanos.

Como todas las gestas independentistas de América, la del Paraguay estuvo precedida de acontecimientos que se verificaron a lo largo de la colonia. Y especialmente, en la última mitad del siglo XVIII y en los inicios del XIX. La crónica calificó a estos últimos como "desencadenantes" de los movimientos revolucionarios.

En cuanto al proceso paraguayo, el mismo fue pródigo en acontecimientos singulares y hechos sangrientos, los que se dieron inicio desde la misma fundación de la Casa Fuerte asuncena, el 15 de Agosto de 1537 hasta la noche del 14 de Mayo de 1811.

Aquellos 273 años y cuatro meses fueron pródigos también en la emergencia de caudillos y líderes, y fueron propicios además para la consolidación de hábitos sociales y la concreción de un aterro cultural que se convertiría con el correr del tiempo, en el sustento de la memoria colectiva y base de la identidad de todos los paraguayos.

Debe agregarse que todos estos fenómenos tuvieron como escenarios sitios que, por lo mismo, adquirieron relevancia cultural e histórica y que también debieran ser objeto de veneración y respeto por todos los paraguayos.

Para ponernos a tono con la conmemoración, se vuelve impostergable rescatar y enaltecer los acontecimientos de nuestra historia en general, y del período independentista en particular, para comprender mejor los problemas que nos agobian en el presente.

Entre los numerosos procedimientos posibles y necesarios para este propósito y en función al escaso tiempo que resta para oficializar alguna programación, debemos revivir aquellos orígenes con la máxima fidelidad histórica.

Sin agregados ni afeites que "adoben" la emoción. Con el más absoluto apego a la verdad consagrada en el trabajo de nuestros grandes historiadores: Blas Garay, Gregorio Benítez, Juan E. O'Leary, Alejandro Audibert, julio C. Chávez, Marcelino Machuca Martínez, justo Pastor Benítez, Cecilio Báez, Pablo Max Insfrán, Juan Francisco Pérez Acosta, Hipólito Sánchez Quell, Efraím Cardozo, Carlos Zubizarreta, entre otros tantos.

Los acontecimientos que concretaron la Independencia del Paraguay, se ganaron -por augurales y definitorios para nuestra entidad nacional- un pedestal en la historia patria.

Por lo que los paraguayos debemos conocerlos y honrar el compromiso de construir una patria mejor de la que heredamos de nuestros padres. Tarea que debe ser -inevitablemente-colectiva. Desde el Gobierno -en todos sus estamentos y niveles- hasta los más variados componentes y protagonistas de la sociedad civil: gremios y profesionales, comunicadores y educadores, comisiones de vecinos, hombres y mujeres. Para que finalmente entre todos, asumamos con responsabilidad el mandato que guardan los pliegues de esa historia.



INDICE DEL PRIMER VOLUMEN

1.       Sinopsis histórica del Paraguay

2.       Las desmembraciones: la "provincia gigante" se disuelve

3.       Resistencia indígena

I* El mito del "pacifismo”

II* Bando de Irala

III* Las primeras "doncellas para poblar”

IV* Rancheadas

4.       Encomienda: nuevo nombre para la esclavitud

5.       Adelantados y Gobernadores

I* Los Adelantados

II* Irala, Gobernador por el Rey

III* Gobernadores desde Irala a Bernardo de Velazco y Huidobro

6.       Creación de la Provincia Jesuítica

7.       El Paraguay mediterráneo: la pérdida del mar

Aunque mediterráneo, Paraguay financia las defensas de las costas marítimas

8.       Gritos de indignación; gritos de libertad: la revolución de los Comuneros

La acción armada

9.       Se afirman las cadenas: las reformas de 1786

I* La "reconquista" de América

II* La reforma de 1786

10.    Predominan las castas... y en América comienzan a hablar de libertad

I* Piel blanca, piel oscura

II* La Iglesia velaba por la pureza racial

III* Revueltas populares y guerrilleros por todas partes

IV* El despotismo ilustrado de los patriotasV* La invasión napoleónica a España






         1. SINÓPSIS HISTÓRICA DEL PARAGUAY


         DESDE LA FUNDACIÓN DE LA CASA FUERTE ASUNCENA, EL 15 DE AGOSTO DE 1537


         De la lista de sucesos que entornaron el largo derrotero de la provincia del Paraguay, se destacan algunos. Porque fueron decisivos para la formación de las instituciones, marcaron la acción de los gobiernos y determinaron los límites del territorio. Y porque se incorporaron a la memoria colectiva de los habitantes, o se constituyeron en hábitos sociales pautando las costumbres de la gente. De la misma forma que otros no serían mencionados en las crónicas históricas aun a pesar de la importancia que tuvieron o por las huellas que dejaron. Como ejemplo de estos podríamos citar la resistencia indígena al inicio de la conquista, el abandono de Asunción una vez desestimada su importancia como acceso a los tesoros del Perú. O el papel que le cupo a la provincia del Paraguay en contener la presión portuguesa sobre los límites del virreinato del Plata.

         Pero, los acontecimientos más importantes en marcar un cierto carácter e identidad al Paraguay, fueron:


         I. LA CÉDULA REAL DEL 12 DE SEPTIEMBRE DE 1537


         Desmantelada la expedición de Pedro de Mendoza y todavía sin noticias de Juan de Ayolas, internado en el Chaco tras el sueño del dorado, el remanente expedicionario comienza a litigar por el poder.

         Arriba entonces a Buenos Aires la nave Marañona, capitaneada por el veedor Alonso de Cabrera portando la Cédula Real del 12 de Septiembre de 1537, que autorizaba a los asuncenos a elegirse autoridades.

         El documento firmado por Carlos V, consagró un estado de conspiración permanente durante casi toda la colonia. Pues aquel decreto real expresaba que "...si don Pedro de Mendoza no hubiese dejado lugarteniente o el que hubiere dejado fuese fallecido y al tiempo de su fallecimiento o antes no hubiese nombrado gobernador (...) mandamos en tal caso y no otro alguno hagáis juntar a los dichos pobladores y elijan por gobernador en nuestro nombre y capitán general de aquella provincia, la persona que según Dios y sus conciencias pareciere mas suficiente para el dicho cargo (...) Lo cual mandamos se haga con toda paz y sin bullicio ni escándalo... ".

         Enterado sobre las disposiciones dejadas por Mendoza antes de hacerse a la mar intentando el retorno a España, el veedor Cabrera abandonó Buenos Aires para salir en búsqueda de Juan de Ayolas. O de los restos de su expedición. Al encontrarse con Domingo Martínez de Irala en Febrero de 1539, Cabrera le impone del motivo de su misión y le otorga los atributos del mando.

         Pero aquel documento "pleno de puras y nobles intenciones -como lo calificara Julio César Chávez- ...dio lugar a abusos y fraudes; jamás se cumplió y respetó en su espíritu". Y otorgaría a los habitantes de la provincia un motivo para cuestionar a la autoridad; o un resquicio para litigar por el poder. Una de sus consecuencias inmediatas, fue la deposición y apresamiento de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Hecho que acontecería a la una de la mañana del 11 de Marzo de 1544. El Adelantado, sujeto con grillos a la nave Comuneros, fue enviado de regreso a España. Este primer golpe de estado colonial es conocido como "la noche de San Marcos".

         Tanta inestabilidad generó esta extraña disposición que hasta hubo un voluminoso tratado titulado: "Historia de las revoluciones del Paraguay", escrito por el jesuita Nicolás del Techo. La posibilidad de que los paraguayos se eligieran gobernantes, sería abolida recién tras la finalización de la Revolución Comunera, en 1735.


         II. LA DESPOBLACIÓN DE BUENOS AIRES Y LA FUNDACIÓN DEL CABILDO DE ASUNCIÓN.


         Pedro de Mendoza había retornado a España y Buenos Aires quedaba lejos del apoyo que requerían los contingentes para la entrada al Perú. Los remanentes expedicionarios que habían permanecido en el puerto del Plata habían pasado toda clase de tribulaciones. El hambre de los escasos sobrevivientes y la permanente hostilidad de naturales y bestias de la región, indujeron a Irala asumir la determinación de trasladar la población hasta Asunción. Este procedimiento fue completado el 2 de Septiembre de 1541. Catorce días más tarde, Asunción tenía un Cabildo a partir de cual, la Casa Fuerte asuncena se convertía en ciudad.

         A partir de entonces y con el transcurrir del tiempo, Asunción recibiría otros nombres no oficiales pero justos y legítimos: "amparo y reparo de la conquista", "madre de ciudades" y "capital original y secular" del Río de la Plata. La población reunida tras aquella fusión era de 380 europeos. De acuerdo a la versión de otros cronistas, no pasaba de 350...

 

 

 


         III. EL INCENDIO DE ASUNCIÓN.


         Al amanecer del 3 de Febrero de 1543 y apurando el fuego sobre el que un recipiente con agua auguraba el mate cocido, una indígena no pudo impedir que una astilla ardiendo salte del fogón a una hamaca "aun tibia de sueño". De allí alcanzaría a las pajas del techo propagándose el fuego al resto del poblado. Ya era un incendio de proporciones.

         En aquel nefasto domingo, se quemaron doscientas casas salvándose sólo unas cuarenta. Las de los principales que se encontraban en la ribera opuesta de un arroyo que sería del Pozo Colorado.


         IV. EL MITO DEL PACIFISMO GUARANÍ: GUERRAS DE RESISTENCIA.


         El mito del pacifismo Guaraní ha sido una de las más graves distorsiones con que la historiografía paraguaya ha categorizado el contacto entre europeos y aborígenes. Si la hostilidad de las parcialidades chaqueñas fue permanente, también hubo alzamientos importantes de los Guaranís.

         Y fueron especialmente violentos los que se produjeron en 1539 y 1542. En el de 1543 y por primera vez desde la fundación de la casa fuerte asuncena, "los Guaranís habían pactado una alianza con los Agaces, indios canoeros del río Paraguay, para hostigar a los blancos por tierra y por agua". Pero victoriosos los conquistadores tras estos enfrentamientos, recién allí habría dócil apego aborigen a las pautas "civilizatorias" de los invasores.


         V. POBLAR ANTES QUE CONQUISTAR: LAS FUNDACIONES DE IRALA Y LA EXPANSIÓN ASUNCENA.


         Ya se contaba con que la despoblación de Buenos Aires había sido un acto -cuando menos- imprudente. Y fueron varios los intentos -todos fallidos- por llegar al Perú. En 1546, Irala se hallaba preparando uno más. Fue cuando algunos le enfrentaron "con pertinencia y mal orden". En la ocasión, el factor Pedro Dorantes presentó al gobernador un extenso requerimiento por el que pedía no desamparar la ciudad y "poblar allá abajo, en el Paraná o el Plata". Precisamente por el camino que algunas décadas más tarde se concretarían las fundaciones de Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires.

         Dorantes también estaba convencida de que lo conveniente era "poblar y no conquistar", pues el porvenir de aquella vasta región sin minas o riquezas en metales, debía apostar a "la tierra y en su gente". Esta posición fue contradicha sin embargo por Felipe de Cáceres, líder de los expansionistas. Pero la realidad se revelaría apenas unos años mas tarde y daría la razón a los primeros: que Asunción se hallaba fuera de la ruta del Perú y la quimera que había animado sus primeros años se había disipado completamente.


         VI. INICIO DE LA "LARGA SIESTA COLONIAL ASUNCENA".


         En el intento iniciado en 1547 para acceder finalmente a las sierras del Dorado, Domingo Martínez de Irala con 250 hombres, 27 caballos y 200 indios amigos, arriba finalmente al Perú para encontrarla ya poblada por otros contingentes españoles llegados desde el norte. La provincia del Paraguay dejaba de ser funcionalmente útil a los propósitos de la conquista del Perú. Asunción, su capital, aparece en la distancia más sola y abandonada que nunca. Su destino de pobreza estaba sellado.

 

 

 


         VII. LAS PRIMERAS "DONCELLAS PARA POBLAR".


         El "feroz mestizaje" mentado por Manuel Domínguez se produce sencillamente porque las sucesivas expediciones desprendidas del contingente de Pedro de Mendoza para remontar el río Paraguay, estaban compuestas exclusivamente de soldados. Ni una sola mujer. Los componentes femeninos de aquella numerosa expedición se habían instalado en Buenos Aires. Y cuando el remanente poblacional de aquel puerto arribó a Asunción en Septiembre de 1541, ya correteaban por el caserío fundado por Juan de Salazar de Espinoza, y siempre de acuerdo a la versión de Domínguez, "unos 2000 mesticitos".

         Las mujeres españolas destinadas a la exclusiva misión de poblar los nuevos territorios, llegarían casi 20 años después. Y serían "40 doncellas" -de las originales 50- que salieron de España de la expedición de doña Mencia Calderón de Sanabria. Habían demorado más de cinco años en el trayecto y llegaron finalmente a Asunción caminando desde la costa del Brasil.





         VIII. "LAS ENCOMIENDAS".


         A casi 20 años de fundada, Asunción se hallaba paupérrima y sin otras esperanzas sus pobladores que lo que pudieran obtener de la tierra. Estos reclamaban mayores servicios de los naturales pues el trabajo era duro, penoso y poco rentable. Servía sólo para el sustento, para alguna venta y uno que otro canje. Los naturales ayudaban, siempre y cuando se tuviera con ellos una relación de parentesco o pudieran recibir algún beneficio a cambio de su prestación.

         Pero aquella ayuda eventual y no obligatoria, no era suficiente para los colonos. Algunos ya envejecidos, cansados y sin descendencia, solicitaban a Irala la repartición de indios para que éstos trabajasen en sus rozas. El gobernador se había resistido hasta entonces a semejante pretensión porque sabía que el sistema "sería un semillero de discordia".

         Pero en Marzo de 1556, pocos meses antes de su deceso, consintió el reclamo. Fueron distribuidos aproximadamente 20.000 indígenas para el servicio de 320 encomenderos españoles. La "comarca afectada... comprendía un área de cincuenta leguas a la redonda de Asunción, sobre la banda oriental del río".


         IX. SE FUNDA LA PROVINCIA JESUÍTICA.


         Además del clero seglar, distintas órdenes católicas trabajaron en el Paraguay desde el inicio mismo de la Colonia. Mercedarios, Gerónimos, Franciscanos y Dominicos. Pero fueron los jesuitas los de mayor arraigo e impacto.

         La Orden se estableció en 1604 y en 1610 se funda la primera Reducción: la de Loreto. Dichas reducciones -como fueron llamados sus enclaves- se extendieron a lo largo de un vasto territorio que llegó a constituir una provincia separada de los reinos de España, con ejército, comercio y administración propias, antes de la expulsión de los jesuitas, en 1767. Los siete pueblos de las antiguas Misiones del Paraguay -que quedarían en territorio paraguayo- se hallaban entre los ríos Tebicuary y Paraná: San Ignacio Guazú (en oposición a San Ignacio Mini, que quedó en territorio argentino), Santiago, San Cosme y Damián, Santa María, Santa Rosa, Jesús y Trinidad.


         X. ASUNCIÓN, CENTRO DE LA CONQUISTA.


         Ya próximo el final del siglo XV, la provincia del Paraguay se ha afianzado. Ha ocupado efectivamente un gran territorio y Asunción con sus hijos y recursos ha incidido de manera protagónica en esa expansión.

         Varias ciudades nacieron de esa política; de sus aportes y de sus hijos. Y "... tras luchas, embates, penurias" se concretaba en el Paraguay una población americana "acentuadamente mestiza, tan profunda y precozmente americana, indoamericana si se quiere", según la precisa expresión de Alberto Salas refiriéndose a Asunción, en su libro "Crónica florida del Mestizaje".


         XI. LA PÉRDIDA DEL MAR.


         Desde la desdichada Cédula Real firmada por Felipe III, el 16 de diciembre de 1616, el Paraguay quedaba para siempre envuelto en la asfixiante atmósfera mediterránea, y a merced de pueblos que había fundado y defendido. Y que además había ayudado a sostenerse y desarrollarse. La partición fue posible por la profunda ignorancia de la corte española sobre la extensión y características de sus dominios de ultramar, ignorancia extendida hasta la también desgraciada intervención de sus asesores. Como en este caso, del Marqués de Montesclaros, virrey del Perú. Con la contribución de estos actores, la provincia quedó dividida en dos: la del Río de la Plata con su capital Buenos Aires, y la provincia -mediterránea- del Guairá, con su capital Asunción.


         XII. LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS.


         En 1721 arribó a Asunción el doctor José de Antequera y Castro. Panameño de nacimiento, venía comisionado por la Audiencia de Charcas para indagar sobre las continuas quejas de los Comuneros contra las autoridades reales y la Orden Jesuítica. Antequera terminó adhiriéndose a la causa de los denunciantes y poniéndose al frente de los mismos. Combatió a Jesuitas y representantes del virrey de Lima y decretó además la expulsión de la Orden de Asunción. Iniciada de esta forma la "revolución de los comuneros" y tras los primeros éxitos, el movimiento fue sofocado. Perseguido Antequera, se refugió en Córdoba. De allí pasó a Charcas donde fue detenido y llevado a Lima, en 1726.

         Tras ser condenado y después de cinco años de prisión fue llevado al cadalso. Pero fue muerto a bala por los guardias ante el creciente descontento del pueblo limeño por su condena. Conocida la noticia de su muerte en Asunción, se reiniciaron los disturbios. En 1731, surge el primer Presidente de la Provincia del Paraguay, el Sr. José Luís Bareiro; pero la revolución es finalmente ahogada en sangre en 1735, por el gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zavala.

         La mayoría de los dirigentes comuneros fueron ejecutados y sus casas y rozas quemadas. Otros se perdieron en los bosques y algunos, con sus familias, confinados a los presidios del sur de Chile. El Paraguay fue condenado al "silencio perpetuo".


         XIII. TRATADOS DE ESPAÑA Y PORTUGAL. LA GUERRA GUARANÍTICA.


         La culminación de todos los desaciertos de la corona española con relación al Paraguay, fue consumada con el tratado de límites firmado con Portugal, en 1750. El tal "arreglo" no fue más que la legitimación de las ocupaciones hechas por los portugueses, contra entrega de siete pueblos jesuíticos ubicados al norte del río Ybycui.

         La población indígena de las Misiones se negaron a aceptar el acuerdo y se rebelaron. Algunos autores sugieren que los jesuitas indujeron a los indígenas a la resistencia, aunque los mismos sacerdotes se sometieron a las imposiciones del Tratado. Pero más parece que los naturales, frustrados por el conformismo de sus antiguos líderes, se dispusieron a batallar antes que entregar sus pueblos. "Traición" es la palabra más frecuentemente usada para buscar motivos de aquel gesto desesperado.

         Cinco años después de terminada la rebelión, que se prolongó hasta 1756, el Tratado fue anulado en 1761. En 1777, se firmaría otro: el de San Ildefonso.


         XIV. LA REFORMA DE 1776 Y LA DECADENCIA DEL IMPERIO ESPAÑOL.


         Entre 1810 y 1828, en menos de diez y ocho años, las antiguas colonias españolas de América pasarían a convertirse en unas 17 repúblicas independientes. Si bien primaron factores políticos y militares, muchos de ellos desarrollados muy lejos del escenario americano, el colapso sobrevino por obra de la oportunidad y el desgaste económico, político y militar que en los últimos años del siglo XVIII afectó a aquel gran imperio.

         Pasado el tercer cuarto del siglo XVIII, la corona española asumió medidas tan torpes como inoportunas, que a partir de las mismas -según escribe el historiador británico John Lynch- "... Hispanoamérica se dio cuenta de su identidad, tomó conciencia de su cultura, se hizo celosa de sus recursos". Puede decirse que ya entonces el proceso independentista se había puesto en marcha.


         XV. EL PREDOMINIO DE LAS CASTAS.


         Otro de los componentes esenciales de la crisis pre independiente y tal vez el más cercano a la realidad del nuevo mundo fue el predominio de las castas americanas sobre las europeas. Lo verifican los siguientes datos: iniciada la efervescencia independentista, en los albores del siglo XIX, de 16.9 millones de habitantes que poblaban el suelo americano, 3.2 millones eran blancos; y de éstos, "sólo 30 o 40.000 eran peninsulares". Es decir, españoles.

         Como puede verse, el hecho no se remitía solamente a quienes detentaban el poder, sino a cuantos constituían "el pueblo". Y si aquel reducido componente podía evitar problemas que ya excedían lo administrativo o político, para incidir en el aspecto social, cultural y fundamentalmente económico.


2. LAS DESMEMBRACIONES: LA PROVINCIA GIGANTE SE DISUELVE


         Con el arribo del Primer Adelantado, se constituyó un vasto territorio extendido desde la cuenca del río Amazonas y su desembocadura, al Norte; hasta el extremo sur del continente. Y desde el océano Atlántico hacia el Este, hasta las estribaciones de la cordillera de los Andes, al Oeste. En los primeros años de colonización aquel territorio fue popularizado con el nombre de Provincia Gigante de las Indias, aunque esta denominación no tuviera categoría oficial.

         Esa desmesurada extensión no representaba sin embargo problema alguno en tanto su población se concentrara en el estrecho cerco marcado por la solitaria presencia de Asunción. Y mientras todo el objetivo de la conquista se remitiera en acceder a las sierras del Dorado. Pero apenas se desarrollaran nuevos descubrimientos y fundaciones, obligadas estas por la necesidad de dar cobertura al territorio y poner coto a la obstinada presión portuguesa sobre los límites del Este, se manifestaron los inconvenientes. Fue la razón por las que ya en 1579, surgían voces para dividirla en tres gobernaciones. Esta proposición no prosperaría. Pero al mismo tiempo que se perfilaban en el horizonte nuevas expediciones; u otros contingentes manifestaban ambiciones de poder y territorios, la obstinada ignorancia de las autoridades de España de sus dominios de ultramar, concretarían otras sustracciones.


         LA PRIMERA. En 1545, Francisco de Orellana es nombrado gobernador de La Nueva Andalucía. El territorio de esta gobernación se hallaba localizado al este de la actual Venezuela, desde el Amazonas hacia el Norte. En consecuencia, el límite de las tierras inicialmente adjudicadas a Pedro de Mendoza se contrajeron hasta el río Amazonas.

         LA SEGUNDA. El 9 de Diciembre de 1548, Pedro de la Gasca, presidente de la Real Audiencia de Lima, concedió a Diego Centeno un territorio que tenía por límites: "...los términos de Cuzco y Charcas en la parte de occidente, las costas del Brasil y hacia el Norte el paralelo que dista de la costa equinoccial 14° grados". Aunque Centeno falleció tres días después de tal designación, el límite Norte de la Provincia del Paraguay se retraía aún más: desde el Amazonas hasta el paralelo 14 de latitud astral.

         LA TERCERA. Las dos anteriores desmembraciones se produjeron lejos del conocimiento y la voluntad de las autoridades de la provincia del Paraguay. Pero en 1562, una expedición salida del seno de la población asuncena y con sus autoridades a la cabeza, provocaría una nueva desmembración: la de Santa Cruz de la Sierra. El hecho fue calificado como "una consumación 'ladina' de Ñuflo de Chávez". Pues el mismo se aprovechó del histórico desconocimiento de las autoridades de España. Los asuncenos harían llegar su primera protesta al Rey por este hecho: "... los hijos que ha criado son ingratos ayudándola siempre a menoscabar y gastar su poca posibilidad y no a sustentar ni favorecer en cosa alguna".

         LA CUARTA. LA PÉRDIDA DEL MAR. Cuando Hernandarias asumió su tercer mandato de gobierno en 1607, la dilatada provincia del Paraguay ya no tenía solamente a Asunción, como centro y única presencia. Detalle que había caracterizado casi todo el siglo anterior, desde la fundación. El Gobernador iba y venía entre uno y otro pueblo, de un confín a otro de aquel extenso territorio, trayendo y llevando gente, utensilios, pertrechos, armas. Enorme y devastador esfuerzo que le indujo -en 1607- solicitar al Rey, la división de la provincia.

         Ante la solicitud, el Felipe III reclamó el parecer del Virrey del Perú, Marqués de Montesclaros. Regresado al gobierno en 1615, viejo y cansado, Hernandarias ya no estaría dispuesto a repetir aquella maratón de años anteriores. Por lo que resolvió urgir una respuesta al petitorio realizado en años anteriores. Revueltos los archivos del reino en busca del malhadado expediente, encontraron adherido al ya amarillento legajo, la propuesta de Montesclaros, decretándose -en función a la misma- la división de la provincia. La Cédula que concretó la desdichada medida fue firmada el 16 de Diciembre de 1616.

         La disposición de quienes manejaban a tientas el destino de las colonias, dividía en dos lo que restaba de la antigua y gran Provincia: la del Río de la Plata que se quedaba con Buenos Aires como capital, además de las ciudades de Santa Fe, Corrientes y Concepción del Bermejo; y, "...la nueva provincia del Guairá, que se creaba, quedó integrada por Villa Rica, Ciudad Real y Xerez, a las cuales se agregó, casi subrepticiamente, nada menos que la ciudad de Asunción", "...sería el único dominio español sin acceso directo al mar".


         LA QUINTA. TRATADO DE MADRID: 13 DE ENERO DE 1750. Pero si en la Cédula del 16 de Diciembre de 1616 no se especificaban divisiones geográficas sino de gobierno, tampoco se manifestaron límites precisos. Aunque quedaba establecido que la línea divisoria entre las dos provincias eran el río Bermejo y el Paraná central. No iba a ser ese sin embargo, el último golpe destinado a afectar la integridad territorial de la provincia. Por el Tratado de Madrid firmado por Fernando VI de España y Juan V de Portugal más de un siglo después, España abandona los territorios que ya había perdido de hecho: los que habían sido establecidos en el Tratado de Tordesillas de 1594. Para la nueva demarcación, los lusitanos introducen como criterio normativo la figura del "uti possidetis" (*), concepto - aunque jurídico- que no podía considerar como alegato de demanda las correrías de los famosos bandeirantes que asolaban entonces a las colonias españolas.

         El nuevo Tratado "...entregó a Portugal, no sólo extensos territorios del Paraguay (...) sino también siete pueblos de las Misiones jesuíticas".

 

         CONSECUENCIA DE LOS TRATADOS DE ESPAÑA Y PORTUGAL: LA GUERRA GUARANÍTICA.


         Los guaraníes de las Misiones se resistieron a aceptar el arreglo de límites firmado con Portugal, en 1750. Estos se dispusieron a batallar antes que entregar sus pueblos.

         La insurrección comenzó en 1752 y se agudizó un año más tarde llegándose a los enfrentamientos armados. Los naturales lucharon contra la poderosa coalición lusitano española, por entonces dos potencias mundiales. Las tropas de Fernando VI estaban al mando de don José Joaquín de Viana. La batalla culminante se produjo en Ca'a Ybate, donde vencieron los europeos. Los naturales dejaron aproximadamente 1500 hombres en el campo de batalla. Desencantados de los sacerdotes habían peleado sin embargo, confiados en Dios: todos llevaban una medalla bendita prendida al cuello. Uno de los jefes de la resistencia, Nicolás Ñe'enguiru, generó la leyenda que recorrió toda Europa, con la obra -de autor anónimo- "Nicolás I, rey del Paraguay".

         Después de la derrota, los indígenas volvieron a sus montes. Retornarían a las reducciones cuando el tratado fuera anulado en 1761. Ya sería tarde....

         LA SEXTA. LA ORDENANZA DE INTENDENCIAS. Se produce como consecuencia de la Real Ordenanza de Intendentes del 28 de Enero de 1782. Instituía a Asunción como capital de la Intendencia del Paraguay. Por este documento le fueron fijados sus límites, coincidentes éstos con los del distrito del Obispado. Los que fueron acordados en los distintos tratados de 1750 y 1777 y que, en relación a la frontera entre el Paraguay y las provincias del sur, establecía la siguiente línea: "... el Bermejo, río Paraguay, Paraná, Yberá, Miriñay, Uruguay e Ybycui hasta la naciente de éste en el nudo grande de la sierra de Santa Ana, y una línea que de allí parte hasta frente a la desembocadura del Pepiry Guazú en el Uruguay".

         La Ordenanza de Intendentes, firmada el 4 de diciembre de 1786, "un instrumento básico de reconquista", disposición por la que la provincia del Paraguay pasó a formar parte del Virreinato del Río de la Plata, como una de sus nueve "Intendencias".

         LA SÉPTIMA. LOS LÍMITES DEL OBISPADO. Pero en 1803, el Rey Carlos IV elevó a la categoría de gobernación independiente los 30 pueblos de las antiguas Misiones del Paraguay. Dos años después, el mismo monarca adscribe dichos pueblos a sus territorios originales y designa a Don Bernardo de Velasco, como "... Gobernador Militar y Político e Intendente de la Provincia del Paraguay y de los 30 Pueblos de las Misiones de indios Guaraníes y Tapes del Paraná, Uruguay y Paraguay".

         Con este continuo procedimiento de sustracción de territorios de la Provincia del Paraguay, no puede extrañar el tremendo impulso que dieron los portugueses para incrementar los suyos. Los conflictos que delatan los oficiales de las demarcaciones corren parejos con otros, generados tanto por la agresividad de los operadores de Portugal en las fronteras de sus dominios, como por sus agentes diplomáticos -o sus mujeres- en las cortes de España, prácticamente desde la instalación de la línea de Tordesillas.

         Y podía presumirse, con certera lógica, que al momento de la Independencia del Paraguay, el original sistema de límites -permanentemente móviles- de los portugueses no se detendría ante el cambio de status en el gobierno del Paraguay.




(*) Uti possidetis: Figura aplicada en derecho para designar los derechos adquiridos sobre territorios ocupados por la fuerza o por la presumida inexistencia de otros dueños. Del latín, uti: como, igual, en calidad de, y possido, possedi, possesum: tomar posesión de, apoderarse de, ocupar territorios por la fuerza de las armas.




7. EL PARAGUAY MEDITERRANEO: LA PÉRDIDA DEL MAR


         Cuando en 1580, las "huestes paraguayas" de Don Juan de Garay fundan Buenos Aires la clausura que se habían auto-impuesto con la política aislacionista de Irala, parecía llegar a su fin. Los asuncenos "retornaban al mar". Todavía capital de la Provincia, Asunción buscaba expandir sus dominios, afirmar sus fronteras, consolidar su liderazgo. Para estos cometidos, la navegación era fundamental. Las continuas travesías y entradas, imponían la permanente necesidad de reponer piezas o efectuar reparaciones a los desgastados buques; o la necesidad de construir otras embarcaciones, completamente nuevas. Acrecentado el conocimiento de los hombres sobre los cursos de agua y mejorada la rudimentaria industria naviera, la navegación ya no constituía el problema de las primeras décadas de la colonia. El río -por el contrario- se ofrecía con las mejores posibilidades. Bajo la dirección de maestros vizcaínos, comenzaron a construirse "... barcos, botes, canoas, garandumbas (*) y piraguas".

         Con las demandas de la expansión, con habilidades e insumos, tan suficientes como de excelente calidad, los colonos del Paraguay podían permitirse suponer que la mediterraneidad funcional de la provincia no tenía razón de ser, que "... sus ríos le llevaban hasta el mar y hasta España y el resto del mundo".        

         Observando aquellos enormes caudales fluviales que penetraban hasta el centro del continente, tal suposición parecía inobjetable. Al menos, y "...desde un punto de vista estrictamente geográfico" el Paraguay se merecía "…la calificación de marítimo" que le había adjudicado el capitán Aguirre.

         Pero si en aquellas iníciales jornadas de conquista, las dificultades causadas por los bancos de arena, las fuertes corrientes o la cercana y belicosa presencia de los naturales, pudieron ser vencidas con tenacidad, mejores técnicas navales o con la veteranía adquirida por los navegantes en su relación con el agua, los paraguayos no se imaginaban todavía la enormidad de los "obstáculos humanos" que amurallarían en los siglos venideros, su acceso al mar. Porque el río, medio de comunicación, fuente de recursos y como tal, objeto de defensa, en vez de factor de progreso se fue convirtiendo con el correr del tiempo en una permanente factor de dificultades, especialmente para el Paraguay que, a partir de 1617 y con motivo de las pérdidas de sus costas de mar, pasó a depender exclusivamente de la navegación fluvial para conectarse y comerciar con el resto del mundo.


         AUNQUE MEDITERRÁNEO, EL PARAGUAY FINANCIA LAS DEFENSAS   MARÍTIMAS DE LAS COSTAS


         Excluido el Paraguay de los beneficios del mar, estaría claro para los que firmaron esa sentencia, que si todos los dominios eran de España, las particiones no significaban más que procedimientos administrativos de la Corte destinados a mejorar la organización y el control de los territorios de ultramar. A miles de kilómetros de distancia, las cartas de navegación indicaban que las provincias que quedaran eventualmente alejadas del mar, tendrían las compensaciones adecuadas.

         Señalaban que los caudalosos ríos introducidos hasta esos sitios, restablecerían las comunicaciones necesarias con los puertos de la costa. Esa era la teoría elaborada en la penumbra de la Corte. En la estrepitosa claridad del trópico, la realidad fue muy distinta.

         Durante aquel proceso de hostilización a la Provincia del Paraguay, sostenido con la ignorancia autoridades españolas sobre la situación de estos territorios y por el aislamiento e indefensión de la Asunción, se gravaban con impuestos y tributos los productos paraguayos, en beneficio de las ciudades del sur.

         Tales gravámenes fueron creados en el Siglo XVII, por Cédula Real, "... para la defensa de Buenos Aires y, en el siguiente siglo, para la defensa de Santa Fe y la fundación de Montevideo". A partir de entonces, nunca faltaron motivos para mantener sisas, alcabalas, gabelas, derechos de romana, de mojón, puertos precisos, y arbitrios. Los impuestos cobrados a la yerba paraguaya financiaron hasta las defensas "... de Chile contra los araucanos y de las costas del Sud, contra los corsarios ingleses que infestaban el Atlántico". "Estimulado por el ejemplo -escribe Cardozo- ...el Virrey del Perú también puso la mano sobre la yerba paraguaya para satisfacer necesidades militares nada concernientes al Paraguay. El Marqués de Villagarcía, ordenó en 1728 y 1730 que en la Villa de Potosí, se gravara con doce reales cada arroba de yerba, con destino a la defensa de los puertos de Lima y Chile, amenazados por los piratas del Pacífico y hasta completar los dos millones de reales". Y aunque las defensas fueran construidas o desaparecieran los peligros que la habían justificado, los impuestos jamás se eliminaron.      Al respecto, Luís Alberto de Herrera invoca: "...La adversidad geográfica creó al Paraguay el problema permanente de su propia existencia: la difícil comunicación directa con el mundo exterior. Romper ese encierro físico fue anhelo secular, pasando en consigna de una generación a otra, desde los días de la Colonia (...) Aunque suene a paradoja, afirmase que el enclaustramiento se hace mayor cuando, después de la Independencia, las sociedades litorales acentúan su localismo y restringen, a capricho, el tránsito naviero. Entonces, cada provincia ribereña impone su férula aduanera, y también política, en las aguas de su frente: el correntino le cobra peaje al paraguayo, al correntino, el entrerriano y, a la puerta de salida, a todos exprime el monopolio y el prohibicionismo de Buenos Aires. Cada cual atrincherado en su interés, en su abuso, en su arbitrariedad".

         Pero el Paraguay pagaba el abuso cuatro veces....



(*) Las garadumbas “eran embarcaciones de costados planos que, exceptuando la parte comprendida de la amura a la proa, en que se redondeaban algo, semejaban verdaderas bateas”.


 

BIBLIOGRAFIA

·CARCANO, Ramón J. - GUERRA DEL PARAGUAY. ACCIÓN Y REACCIÓN DE LA TRIPLE ALIANZA. 2 vol. Edit. D. Viau y Cía.. Buenos Aires, 1941.

·CARDOZO, Efraim. - EL PARAGUAY COLONIAL. LAS RAÍCES DE LA NACIONALIDAD. Edic. Nizza. Buenos Aires /Asunción, 1959.

·CARDOZO, Efraim. - EFEMÉRIDES DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY. Edic. Nizza. Asunción /Buenos Aires,1967.

·CHÁVEZ, julio César. - DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DEL RÍO DE LA PLATA Y EL PARAGUAY. Ediciones Nizza - Asunción, 1968.

·MACHUCA MARTINEZ, Marcelino. - MAPAS HISTÓRICOS DEL PARAGUAY GIGANTE. El Arte. Asunción, 1950.



 

"Diseño del pueblo de la Candelaria, al cual se ajustaban, en sus líneas generales, los restantes pueblos guaraníes. (I) Iglesia, con el cementerio a un lado (II) y la Casa parroquial (III) al otro. Adosada a ésta estaban las oficinas del pueblo (IV). En el ángulo opuesto el Cotiguazú (VI), destinado a las viudas y doncellas huérfanas. Ante la iglesia había una gran plaza (VII), con un monumento en el centro (VIII), y generalmente con cuatro cruces en los ángulos. En la parte opuesta a la entrada de la iglesia había dos capillitas (IX). Alrededor de las plazas se levantaban las casas, todas poco más o menos iguales, agrupadas en manzanas". Tomado del libro LA REPUBLICA DE PLATON Y LOS GUARANIES, de José Manuel Peramás (1732-1793).

 

 

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