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ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y VON ECKSTEIN


  BAJO LA MIRADA DE LA COBRA, 2007 - Novela de ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y VON ECKSTEIN


BAJO LA MIRADA DE LA COBRA, 2007 - Novela de ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y VON ECKSTEIN

BAJO LA MIRADA DE LA COBRA

Novela de ALEJANDRO HERNÁNDEZ

Edición del autor, con el auspicio del FONDEC,

Asunción-Paraguay, 2007.

 

 

Novela de 10 capítulos, en donde la apasionante y enigmática historia de la décima octava dinastía Egipcia, se funde con la ficción, en la cual dioses y mortales, reales o ficticios, transportarán al lector por las arenas de la historia y el tiempo.

Transcurre en el tercer año del reinado del Faraón niño, Tutankatón, quien con sus apenas doce años, gobierna a través de sus dos regentes, el intrigante primer ministro Ay, y el generalísimo de todos los ejércitos Horemheb, quien se encuentra combatiendo en el frente contra Siria.

Los sacerdotes de Amón, poco a poco van recobrando el lugar que les fuera arrebatado por Akenatón, presionando de diversas y sutiles formas, para que se vuelva a la adoración del Gran Amón, y los demás dioses.

Este es el escenario en donde Waty, junto con personajes de la talla de Paramessu ( futuro Ramsés I ), el tesorero real Maya, y otros tantos, nos acompañarán en un recorrido desde Kush, en la lejana Nubia, hasta la misteriosa Men -Nefer, pasando por la antigua Uaset, durante el festival Opet, donde antiguos y magníficos templos recobrarán su majestuoso esplendor, reviviendo entre sus muros, acontecimientos de esta turbulenta época de la historia egipcia.

 

CAPÍTULO I

LA DESAPARICIÓN DEL GRANO

 

El sol del mediodía brillaba en lo alto. Una pequeña barca, reflejaba su blanca vela triangular, en el espejado Nilo. Un grupo de garzas rosadas comienzan a elevarse de las aguas para regalarme el espectáculo majestuoso de su vuelo. Un poco mas allá un grupo de pescadores arrojan sus redes a las pródigas aguas del río de vida, sangre de Kemet*1.

Estoy sentado en una banca del puerto, mi hija Ubis juega junto a mí, con una pequeña muñeca de cerámica a la que llama “mi bebé”, mientras un grupo de trabajadores nubios descarga un cargamento de granos proveniente del sur. Numeribis, escriba del almacén real, controla y registra el embarque, cuando se me acerca Maya el tesorero del Faraón.

Maya ocupa este cargo desde hacía un poco más de dos años, unos meses después de la ascensión al trono de Tutankatón. Muy hábil administrador, se había encargado de incrementar las finanzas del reino, las cuales habían quedado bastante maltrechas durante el reinado de Akenatón. De estatura mediana, cara regordeta y amable, un poco de kilos no llegaba a ser obeso.

 


- Que Atón ilumine tu rostro Waty. Por lo que veo trajiste a la pequeña Ubis a ver los barcos del puerto.

- Sí, Maya, es que ha estado un poco enferma en estos días y le había prometido que la traería en cuanto se mejorara.

- ¡Qué suerte que haya mejorado! Estamos teniendo muchos niños enfermos últimamente. Muchos de ellos han muerto. La gente comienza a murmurar que se trata de alguna maldición, y hasta los más osados se atreven a afirmar que es una maldición de Amón por haberlo alejado de Kemet.

- Los seguidores de Amón están tomando fuerza entre la gente del pueblo -dije apesadumbrado.

- Eso es un hecho. Creo que el Faraón deberá tomar una decisión al respecto, aunque tú y yo sabemos quiénes son los que toman las decisiones -refiriéndose a los regentes Horemheb y Ay.

- Se me comentó que la semana pasada fue visto en el palacio un sacerdote de Amón, quien se entrevistó con Ay -dije con el ceño fruncido.

- Sí, es cierto, yo lo vi con mis propios ojos, y por lo visto deberemos esperar pronto cambios en el gobierno.

- ¡Esto es inaudito! -dije exasperado.

- Creo que todos deberemos adaptarnos a lo inevitable, pero no entiendo por qué reaccionas así, si tú mismo formaste parte de una de las primeras conspiraciones que se le hicieron a Akenatón, por eso fuiste desterrado, ¿no es así?

- Sí, tienes razón, no obstante no estaba contra Atón sino contra el despotismo del Faraón- tuve que decirle esto pues nadie sabía, aparte de Tutankatón, que había sido espía de Akenatón, para combatir a los hombres de Amón.

- Mi parecer es que cada cual debe creer en el dios o los dioses que le plazca -dijo Maya- no obstante, como te dije, tendremos que estar preparados para los cambios inminentes.

- Pero dime -le interrumpí-, qué te trae a estas horas por el puerto.

- Quería hablar contigo, respecto a los cargamentos de granos provenientes de los cultivos de Ajet-Atón.*2

- ¿Sobre qué quieres hablarme?

- Como bien sabes por los registros, la cosecha no ha sido buena, a pesar de que los dos vimos los campos rebosantes de avena y cebada.

- Sí, esa inquietud, la tuve ni bien comenzaron a llegar los primeros sacos. No obstante cuando le pregunté a Lamón, sobre el por qué de la escasez del grano, me contestó que me enviaría un informe detallado de todo. Informe que no llegó nunca, en contrapartida, llegó un emisario de Ay, diciendo que dejara el asunto de lado.

- ¡Ser primer ministro no le da el derecho de meterse en la administración de los recursos del Reino! -dijo Maya, visiblemente ofuscado-. De esta manera volveremos al descontrol que existía durante el reinado de Akenatón.

- ¿Qué quieres que haga? Tú eres mi superior, pero no puedo ir contra las órdenes de Ay, aunque no me gusten.

- Tienes razón, pero tendremos que estar más atentos, e inclusive, si es necesario contaré grano por grano cosechado y lo volveré a contar cuando ingrese a los silos.

- Me pondré en campaña para ver lo que sucede -dije guardando cuidadosamente los registros que acababa de anotar.

- Sí, hazlo. Pero ten cuidado. Lamón es como una serpiente agazapada, además de ser fiel a Ay.

Estaba diciéndome esto cuando llegó mi hija Zakaria, que había encargado un embarque de pigmentos para la restauración de unas pinturas del palacio de la reina, de las cuales ella estaba encargada. Al verla Ubis, corrió y abrazó sus piernas y le pidió que la alzara en sus brazos.

- Hola it,*3 hola administrador Maya, ¿cómo están hoy?

- Muy bien jovencita -le respondió Maya.

- ¿Llegaron mis pigmentos?

- Sí sat*4. Hace un momento bajaron y ordené que fueran trasladados al palacio norte.

- Qué bien, así podré comenzar el mural principal.

- ¿Y cómo van esos trabajos? -preguntó Maya.

- Muy bien, es una lástima que esos murales hayan llegado a tal punto de deterioro.

- Creo que harás que vuelvan a resplandecer.

- Si nada se interpone, pues Ankhesenpaaten, discutió mucho con Ay, para que se efectué la restauración. Yo no sé, qué motivos tendrá para abandonar todas las obras que hicieron Akenatón y Nefertiti, dejando que el tiempo las destruyera.

- No te preocupes de eso y haz tu trabajo -dije como para cortar la conversación.

- Si it, no me preocupo por eso.

- ¿Me acompañas a casa? -continuó diciendo mi hija-. Seguro que mut*5 ya tiene la comida preparada.

- No sat, yo voy un poco más tarde, pero hazme un favor: lleva a Ubis contigo.

- ¡Otra vez no vas a comer!, mut se enojará.

- No te preocupes, y dile a mut que iré más tarde.

Zakaria se alejó protestando con Ubis en brazos. Mi hija estaba en esa edad en que, si bien ya era adulta quería ser niña. De gran corazón, y muy valiente, no temía ante quién exponía sus ideas, causándome más de una vez, problemas con el primer ministro Ay, a quien no le gustaba para nada, la amistad de la Reina Ankhesenpaaten con mi hija.

Me despedí de Maya y me dirigí a los silos.

Los silos son construcciones que, ya desde hace muchos años, los egipcios y otros pueblos civilizados, utilizan para almacenar el excedente de granos que luego será utilizado para el cultivo del año entrante, ofrendas para Atón, y alimento para la población.

Los graneros de Ajet-Atón son los más importantes de Kemet ya que, además de almacenar el grano proveniente de los cultivos cercanos a la ciudad, se almacena también el excedente de grano de otras ciudades. Estas construcciones son de estructura circular con base en forma de espiral.

Lamón, era el escriba encargado de mantener y cuidar los silos. Bajo de estatura, obeso y corto de vista, y sobre todo, muy astuto. Rápido en los cálculos tenía una habilidad innata para los números. Había estudiado en Uaset*6, y ejercido en esta ciudad hasta que fue desterrado por Akenatón, pasando su destierro en Sumeria, donde aprendió mucho de este pueblo.

Al llegar a los silos, Ankseth, asistente de Lamón, me recibió muy nervioso y con una falsa sonrisa.

- ¡Que tu rostro se ilumine Waty! ¿Qué te trae por estos aburridos lugares?

- Solamente pasaba por aquí y decidí hacerles una visita. ¿Está Lamón?

- Sí, se encuentra adentro comiendo. Pasa, pasa...

Nos dirigimos al interior del recinto y vi al escriba, sentado a una mesa, devorando un gran trozo de carne. Al percatarse de nuestra presencia, hizo un gesto instintivo, de achicar los ojos, como queriendo ver más lejos y dijo:

- ¿Con quién te has encontrado Ankseth? Pero si es nuestro amigo Waty -siguió diciendo al distinguirme.

- ¿Cómo estás Lamón? Pasaba por aquí y decidí hacerles una visita. ¿Cómo está el acopio de grano? ¿Ha mejorado?

- No, este año no es lo que parecía. Es como si algún dios se lo hubiera comido y lo que dejó no es de buena calidad.

- ¿Cómo dices? -pregunté.

- Sí, de un tiempo a esta parte el grano viene dañado por alguna plaga. ¿Es extraño, no?

- Muy extraño - respondí-. Sobre todo cuando parecía tan abundante la cosecha.

- Eso mismo le dije al gran primer ministro, y él me dijo que no me preocupe, pues pronto cambiará la situación y el año entrante tendremos una buena cosecha.

- Me pregunto cómo puede saber él eso. ¿Acaso consultó con el oráculo de Siwa*7?

- No lo sé – respondió-. Pero de seguro que con su magnífica sabiduría él puede ver cosas que ni yo ni tú podemos percibir.

Lamón se acomodó en su silla y, cortando otro trozo de carne, me dijo:

- Seguro que tienes hambre. ¿No quieres un poco de carne con un buen jarro de cerveza? Después podremos jugar una partida de Senet* 8.

- No te preocupes por mí, estaba de paso; en casa me espera mi esposa. Tal vez en otra ocasión.

- Disculpa que te lo diga, pero no sé cómo no te aburres de tu mujer. Si bien es bella, hay muchas otras que se morirían por compartir sus delicias contigo. ¡En la variedad esta la ganancia! Si quieres te puedo presentar a una tebana que acaba de llegar que es todo un manjar.

- No te preocupes por mí. Con mi mujer tengo más de lo que te imaginas.

- Bueno si tú lo dices…Aunque cuando te canses de ella mi oferta seguirá en pie.

Me despedí y me dirigí a mi casa.

Hacía dos años que me había mudado al barrio sur, cerca de la casa de Aperia, el alcalde de la época de Akenatón.

En Ajet-Atón, no existen diferencias de clases sociales. A pesar de que el barrio sur es más residencial, también existen casas de personas humildes, que conviven con las adineradas familias, sin problemas, cada cual cumpliendo su función específica.

Solamente la ciudad del norte era netamente habitada por la familia real y sus allegados cercanos.

Mi casa era de una sola planta, con una dependencia principal, cuadrada, situada en el centro. A un extremo se hallaba una tarima baja de ladrillo donde me solía sentar junto con Liah, mi esposa, para recibir a nuestros invitados. Dos columnas de madera sostenían al techo, de tal manera que teníamos ventanas en la parte superior de las paredes. Alrededor de esta pieza central, se distribuían un recibidor exterior, los dormitorios, la cocina y un sótano para depósito. El dormitorio que compartía con Liah era el más grande. De allí se salía al cuarto de baño y al retrete.

Las paredes externas e internas estaban enyesadas y enjalbegadas, decoradas por bellos dibujos que nuestra hija Zakaria confeccionó para el efecto.

Un muro de unos cuatro codos reales*9 rodeaba toda la casa y el jardín arbolado en el cual solía jugar Ubis.

El jardín, tenía un estanque con lotos y un pequeño pozo, gracias al cual no debíamos ir a buscar el agua al Nilo.

Al cruzar el umbral, Liah me abrazó y me besó con dulzura como lo hacía ya desde cinco años atrás. Luego reprochándome dijo:

- Mi amor, otra vez no has venido a comer. Estoy muy preocupada por ti: siempre trabajando hasta tarde. Y comiendo poco. Mírate: estás cada vez más delgado.

Todos los funcionarios reales están engordando mientras tú adelgazas.

- No te preocupes, estoy bien.

- Sí, estarás bien hasta que enfermes, y después te tendré que cuidar como a la pequeña Ubis.

- Es que eso estoy queriendo: que me mimes como a Ubis -dije guiñándole.

- Malcriado, siempre bromeando. Ahora ven y siéntate a la mesa que te he preparado las lentejas como te gustan.

Liah, no había cambiado casi nada en estos cinco años de matrimonio. Es más, el tiempo, como al vino, la había mejorado. Conservaba su esbelta figura; y sus rojizos cabellos seguían deslumbrando a muchos; no obstante, estaba más madura y segura de sí misma. Una sencilla túnica blanca vestía su bellísimo cuerpo, sólo adornado por un collar que le había traído de Tiro, en mi último viaje.

Esperó a que me sentara, me sirvió una abundante ración de lentejas y se sentó a mi lado.

- Te lo comes todo y sin protestar -dijo frunciendo el ceño y fingiendo que estaba enojada.

- Bueno up- mut,*10 -dije bromeando-. Pero si sigues dándome de comer así, pronto no pasaré por la puerta.

- No te preocupes, que no dejaré que te conviertas en un hipopótamo, como lo han hecho algunos nobles que rondan por el palacio.

- Pero dime -continuó diciendo-. ¿Cómo ha sido tu día?

- Bastante tranquilo, salvo que vino Maya a preguntarme por el tema de los granos de Ajet–Atón, que te había contado.

- Eso tenía que caer de maduro, Maya no es ningún tonto, ¿qué piensas hacer?

- Lo que tendría que haber hecho hace rato, investigar a fondo la cuestión, se enoje quien se enoje.

- ¿Aunque el que se enoje sea el mismísimo Ay? -preguntó Liah-. Ten cuidado con él. Recuerda lo que puede llegar a hacer.

- No te preocupes, no se atreverá a hacer nada mientras le sea útil. Bueno, basta de charla, que se me hace tarde para volver al almacén.

Salí de mi casa y fui caminando hasta llegar al almacén real. En él me esperaba Numeribis, sonriente, con los registros en su mano.

- Aquí están todos los registros de los embarques de esta mañana, incluyendo los pigmentos de tu sat.

- Muy bien, pronto no tendré nada más que hacer y tú me sacarás el puesto de visir de los almacenes reales -dije bromeando.

- No, no es lo que pretendo, tú eres...

- ¡Nada de alabarme! Sabes que no me gusta. Deja eso para otros. Ahora dime: ¿Llegará algo esta tarde?

- Tengo entendido que llegará un cargamento de cedro de Tiro*11.

- Tienes razón, lo había olvidado, vamos al puerto a esperarlo.

Nos dirigimos al puerto, cuando vimos entrar en él un kebenit* 12 seguida por otras dos. La nave capitana, tenía una gran vela roja con un escarabajo alado estampado en ella, mientras que su casco era negro como una noche sin luna. Esta embarcación era bien conocida por mí, ya que era la de mi hermano de corazón y socio comercial, Ka.

Ka, mi fiel amigo nubio, se había quedado a vivir en Tiro con su esposa Ba y su hijo, para atender nuestros intereses comerciales. De tanto en tanto, huía del mundo de los negocios y venía a visitarnos con la excusa de traer algún cargamento.

Cuando la nave ya estaba atracando, vi al alto nubio, con sus finas ropas fenicias, quien al divisarme dijo:

- Waty, amigo, siempre tan mal vestido, tienes que pasar una temporada en Tiro para mejorar tu estilo.

- Y tú pareces un Rey disfrazado de ave exótica -dije dándole un fuerte abrazo.

- Ustedes dos no cambiarán nunca -dijo una voz a la que rápidamente identifiqué como la de Ba, que llevaba en brazos un bebé y al pequeño Waty estirándole de la túnica.

- Mi muy querida amiga no me digas que tienen otro jered*13 No es jered es sat, y se llama Amsis.

- ¡Qué alegría me da verlos a todos! Estoy seguro de que Liah caerá de espalda al saberlos aquí.

- Seguro que sí, me gustaría ya ir a verla.

- No se diga más. Numeribis, acompaña a Ba y a sus sa*14 a mi casa. Que yo me encargaré del registro del cargamento de cedros.

El muchacho me entregó la tablilla para los registros y presuroso acompañó a Ba y su familia, mientras me quedaba con Ka haciendo los registros pertinentes.

Estaba entrando la noche cuando terminamos de anotar todo el embarque de cien finísimos troncos de cedro que serían transformados en mobiliarios y columnas de algún templo.

- Hace dos meses estuve en Siria -dijo Ka.

- ¿Y cómo anda el frente? ¿Viste a Horemheb?

- Sí, y estaba de muy mal humor, a pesar de que me dijo que era cuestión de tiempo controlar la situación en el campo de batalla.

- Es un gran estratega, llegará lejos.

- ¡Es un patriota! -dijo Ka.

- ¿Por qué crees que estaba de mal humor?

- Es que hay muchos rumores entre las tropas, en cuanto a la vuelta de Amón y sus dioses, y como bien sabes a él no le gustan mucho los cambios, a pesar de que no creo que le disguste la idea.

- Ese tema lo tocamos esta mañana con el administrador real y creo que el cambio es inminente.
Estábamos conversando de esto, cuando un grupo de veinte guardias reales armados entró en el almacén seguido por un palanquín. Ricamente adornado con oro, plata y lapislázuli, sostenido por cuatro fuertes y enormes nubios de más de cuatro codos de alto. En el interior del palanquín estaba el primer ministro Ay, quien, corriendo las cortinas que lo ocultaban me dijo:

- Por lo visto hay mucho trabajo últimamente en estos almacenes, seguramente Maya estará muy conforme con los resultados.

- Creo que sí –respondí.

- Me enteré, por casualidad, que estuviste hoy por los silos. ¿Está todo bien por ahí?

- Pues eso se lo tendrá que preguntar a Lamón, pues yo, no entiendo el por qué de la escasez de grano, en especial el procedente de nuestros cultivos.

- Deja de preocuparte por esas cosas, creo que Lamón, a pesar de su servilismo, es un escriba capaz. Así que encárgate de tus asuntos aquí, en este almacén.

Recuerda que después del Faraón viene en escala jerárquica el primer ministro y luego los demás.

- Eso lo tengo siempre presente, pero mi superior inmediato es Maya y no puedo desconocer su autoridad.

- No te preocupes de eso, yo te considero como a un sa y no como a un vasallo -dijo en tono burlón.Y hasta los vasallos saben bien que se está conmigo o contra mí; y el que está contra mí está en contra de Kemet, cosa que, doy por descontado, no es tú caso.

- No se preocupe yo siempre he dado mi vida por Kemet y por las causas que he creído justas.

- Lo sé, lo sé... Y ahora me despido de ustedes, ha sido un placer conversar con gente tan agradable. Los espero un día de estos en el palacio para jugar una partida de Senet.

Ay se retiró tan aparatosamente como llegó. Era uno de los hombres que gobernaba el país, ya que, como primer ministro, coregente de Tutankatón y, aprovechando la ausencia de Horemheb, quien estaba en el frente combatiendo con Siria, se creía el Faraón.

- ¿Qué fue todo ese discurso? -preguntó Ka.

- No lo sé todavía, pero algo se trae entre manos con Lamón y el grano proveniente de los cultivos de Ajet-Atón.

- Pues yo creo que si él está atrás de algo te tienes que cuidar mucho. Ya no tienes el apoyo de Akenatón, y Tutankatón hace todo lo que él y Horemheb le dicen.

- Tienes razón, tendré que ver la forma de hablar con Horemheb. Él es un militar de honor y un patriota. No estará contra Kemet y menos a favor de intereses particulares.

- Creo que antes de hablar con el generalísimo deberás encontrar pruebas contundentes, si no, no tendrás su apoyo, aunque es más que evidente que el primer ministro no es de su agrado.

- Acuérdate que es su suegro -dije bromeando.

- Tienes toda la razón -dijo el nubio, lanzando una estruendosa carcajada.

- Dejemos esto y vamos a casa que de seguro Liah y Ba nos estarán esperando para cenar.

- Sí, apurémonos, porque las dos juntas serán terribles regañándonos por el retraso.

- Tienes toda la razón -y diciendo esto nos dirigimos al barrio sur.

Al llegar a mi casa vimos al pequeño Waty y a Ubis jugando en el estanque de lotos con unas maderitas a modo de pequeños barquitos. Al divisarnos, los niños corrieron hacia nosotros. Casi al mismo tiempo nos abrazaron las piernas mojándonos las túnicas, ya que los niños estaban totalmente empapados.

- Dime Ubis -dijo Ka a mi hija que le apretujaba las piernas.

- ¿Tu mut dejó que te mojaras de esta manera? Porque estoy seguro que a tí, Waty, no te dejó la tuya -comentó Ka, con ceño fruncido pero con una mueca cómplice.

- Mi mut no sabe que estamos jugando al combate naval -dijo Ubis- no se lo digas, Tío Ka.

- Creo que es demasiado tarde dijo señalando a la puerta de la casa.

En la puerta estaban Liah y Ba, con los brazos en jarra, mirando la escena.

- ¡Pero qué bien! Los niñitos grandes escondiendo a los niñitos chicos -dijo Ba.

- Creo que los cuatro tendrán un castigo -dijo Liah riendo-. ¡Vamos! ¡Entren ya y cámbiense de ropa que ya está la comida!

La velada fue agradable, conversamos gran parte de la noche mientras los niños dormían sobre unos almohadones en el sala. A pesar de que no nos unían lazos sanguíneos éramos una verdadera familia. Cuando lo creyeron conveniente, Ka y Ba se retiraron al cuarto de huéspedes y nosotros al nuestro. Estábamos desvistiéndonos cuando Liah me dijo:

- Me preocupa mucho ese asunto del grano. ¿Por qué no le haces caso por esta vez a Ay y lo dejas de lado?

- Tú sabes bien, lo que pienso de las injusticias. Si alguien está usando el sacrificio de los pobres agricultores, para provecho propio, hay que desenmascararlo.

- Pero es Ay, el que está atrás de todo. Recuerda lo que te acaba de decir.

- Tienes razón, aunque si pensamos bien, puede que el primer ministro sólo confié en su hombre, y no esté involucrado en ésto.

- Eso no te lo crees ni tú mismo. Sólo te digo que tengas mucho cuidado, recuerda que no eres soltero y tienes dos hijas que cuidar.

- Deja de preocuparte mi amor, todo saldrá bien.

Los primeros rayos de Atón iluminaban las intrincadas callejuelas que separan las viviendas del barrio sur. Salí al jardín para contemplar el amanecer, cuando Ka, que ya se había levantado, me dijo:

- Creo que sé cómo descubriremos el problema de los granos que tanto te preocupa.

- ¿Descubriremos? Me suena a multitud -dije.

- Tú sabes bien, que no te puedo dejar solo en esto.

- No lo creo. Tú tienes esposa y dos sa que cuidar, y no permitiré que te mezcles en un asunto que no te compete -le dije exasperado.

- Claro tengo esposa e sa, ¿y tu familia qué?

- No es lo mismo. Yo soy el visir del almacén real y tú ya te retiraste del espionaje.

- No me convencerás, y lo que haga, lo haré con o sin tu consentimiento -dijo Ka enfrentándome.

- Por lo menos lo habrás hablado con Ba.-dije, cediendo en mi postura.

- Sí, lo hice, y está de acuerdo en que te ayude, aunque te confieso que al principio no quería saber nada.

- Liah también intentó que desistiera.

- Bueno. ¿Quieres saber o no cómo desenmascaremos a Lamón?

- Dime.

- Yo no soy conocido en esta ciudad, además, los que me conocen siempre me han visto bien ataviado, y enjoyado.

- Sí, como un rey disfrazado de ave exótica -dije riendo.

- Dejemos ese asunto de lado y sigue escuchando -dijo el nubio.

- Me vestiré como porteador y me mezclaré entre los hombres de Lamón. Así sabremos cómo es que desaparece el grano.

Así lo hicimos. Nos dirigimos al puerto por separado. Ka ocultó sus ropas finas y se puso un taparrabo a la usanza de los porteadores. Se dirigió al almacén en el cual yo me encontraba ya, así que cuando lo creí conveniente le dije a Numeribis que eligiera los nubios más grandes y fuertes para llevar unos sacos de grano a los silos de Lamón. Esta sería la prueba de fuego. Si mi escriba, que era una de las pocas personas que había tratado con Ka, no lo reconocía, podíamos estar seguros que el plan resultaría.

Como era de esperar el escriba eligió a Ka entre los primeros escogidos, pues con sus cuatro codos de alto sobresalía de los demás. Al ver Ka que no era reconocido, se acercó a Numeribis y le dijo en dialecto nubio.

- ¿Dónde tendremos que dejar los sacos de grano?

- En los grandes silos, al costado del puerto, ahí se los dejarán al encargado Lamón o a su asistente Ankseth -dijo el escriba, sin percatarse que hablaba con Ka.

- Muy bien señor -respondió el nubio.

Lo que sigue a continuación es lo que me contó Ka tiempo después.



***



De esta manera partí con dos bolsas de grano al hombro junto con otros cuatro nubios. Al llegar Ankseth, me vio, y le llamó mucho la atención mi fuerza, como era de esperar, por lo que entró junto a Lamón y me señaló. Lamón al verme, decidió de inmediato contratarme como trabajador del silo, así que se acercó con un jarro de cerveza y me dijo:
- ¿De dónde eres nubio?, nunca te he visto por Ajet-Atón -entregándome el jarro de cerveza.
- Soy de Napata*15 señor, y éste ha sido uno de mis primeros viajes a esta ciudad.
- ¿Quieres trabajar para mí en este silo? Tendrás vivienda y comida asegurada y si me eres fiel, quien sabe si no puedes tener algunas piezas de oro.
Mi cara se iluminó ya que el pez se había tragado el anzuelo.
- Veo por la expresión de tu rostro que te gusta el oro como a mí, creo que nos llevaremos muy bien.
- ¡Seguro que sí señor! -dije.
Esa noche fui conducido al poblado de los trabajadores de la necrópolis. Este poblado, consistía en una concentración de casas pertenecientes a los trabajadores de las tumbas. Alejado de la metrópolis, pasaba las zonas de cultivos, las que básicamente rodeaban al barrio sur y los Marus*16.
Las viviendas eran pequeñas pero confortables, en cada una de las cuales vivíamos cuatro porteadores.
- Bienvenido a nuestra casa -dijo un nubio, que tenía una gran cicatriz en el rostro, lo que me hacía acordar a nuestro otro socio comercial, Ahiram el fenicio.
- Gracias -dije. Yo soy Ka, nací en Napata, pero hace tiempo que estoy rodando de puerto en puerto.
- Yo soy Rakamón, y nací también en las cercanías de Napata, aunque serví en el ejército de Horemheb hasta hace un año. Él es Thot, mi fiel amigo -dijo señalando a un pequeño mono que estaba en su hombro.
- Qué simpático es tu amigo. Dime, ¿cómo fue que te decidiste a venir aquí?
- Creo que no te has dado cuenta todavía: nadie quiere a un soldado cojo. Pero no me quejo, aquí como cocinero es mucho más saludable -dijo pasándose la mano por la cicatriz de su rostro, y riendo con ganas.
Los otros dos nubios eran toscos y hablaban muy poco. Luego de las presentaciones, comimos un sustancioso guiso de lentejas regado con abundante cerveza. Después nos fuimos a dormir.
Todavía el negro manto nocturno cubría todo el valle cuando desperté. Rakamón, se preparaba afuera para la faena diaria, sentado en un taburete. Estaba yo, saliendo de la vivienda, a punto de desearle los buenos días, cuando se dio vuelta, me vio y, rápidamente, tomó un cuchillo, lo arrojó, clavándose en el marco de la puerta a unos dos dedos*17 de mí cabeza. Sorprendido y aturdido le dije:
- ¡Estás loco!, o esa es tu manera de dar los buenos días.
- Mira primero qué hay en el cuchillo antes de hablar.
Me di vuelta y vi ensartado en el cuchillo un gran escorpión negro de unos seis dedos de largo. El nubio se acercó a la puerta, tomó su cuchillo tiró el escorpión al fuego, y fríamente siguió diciendo:
- Debes cuidar mucho por donde caminas. Esta zona está plagada de escorpiones; parece que les fascinan las tumbas. Y no me refiero solamente a los de ocho patas y dos pinzas, sino a los de dos patas también -acotó veladamente refiriéndose a los saqueadores de tumbas.
- ¿Saqueadores de tumbas? -respondí intrigado.
- Sí, saqueadores. Pero no me preguntes más, pronto comprenderás... muy pronto.
Con los primeros rayos de Atón llegamos a los silos. Había unos veinte nubios de gran porte y muy fuertes como yo, además de otros tantos más pequeños pero robustos también. Esperamos unos instantes, cuando apareció Lamón seguido de Ankseth diciendo:
- Hoy tendremos doble jornada así que haremos dos turnos. Rakamón: separa a tus hombres para el turno de la noche y aleja a tu mono de mi vista.
- Está bien señor -dijo el nubio separando del grupo unos diez nubios de gran tamaño y fortaleza.
El resto nos dirigimos a los almacenes a acarrear más sacos de grano durante todo el día. Al llegar la noche llegamos con los últimos sacos de grano al silo. Me dirigí a mi vivienda y encontré solamente a Thot, mordisqueando la cuerda que lo sujetaba a la pared. Desaté al simio, preparé la comida y me senté a esperar.
Estaba muy avanzada la noche. La luna redonda iluminaba todo el poblado como si fuera de día. A lo lejos, el fino aullido de un chacal completaba el espectral paisaje. Thot se quedó dormido en mis brazos como si fuera un niño. Un finísimo polvo cubría todo el poblado, inclusive mi cuerpo. Las horas pasaban y mis compañeros de hospedaje no regresaban. No sé cuándo, pero el sueño me dominó y quedé profundamente dormido.
Los primeros rayos del sol entraban por la pequeña ventana cuando sentí que alguien me tocaba el hombro.
- ¡Despierta dormilón, que hoy tendrás mucho trabajo por lo que me han contado!
- Ustedes han trabajado mucho, ¿qué es lo que hacen de noche?
- No seas tan curioso, a su tiempo lo sabrás -dijo Rakamón, y añadió- veo que Thot encontró un compañero. Es muy extraño, eres el único con quien tiene tanta confianza como para dormirse en su regazo.
- Ya ves, me habrá confundido con su it.
- Seguro que esa es la explicación -dijo riendo.
Los días pasaron de la misma manera, durante toda la semana. Lo extraño era que a pesar de que acarreábamos varias bolsas por día, de los almacenes a los silos, estos mantenían el mismo nivel. Era evidente que eso tenía algo que ver con “el doble turno”. Rakamón y sus hombres llevaban el grano a algún lado. ¿Pero dónde?
En otra ocasión, cerca del mediodía, estaba acarreando, como de costumbre, dos bolsas de grano al hombro, cuando después de depositarlas en el suelo vi que una pila de sacos estaba a punto de caer sobre Lamón. Al ver ésto, corrí y empujé al escriba con toda mi fuerza salvándolo de morir aplastado. Al recuperarse del susto Lamón me dijo:
- Eres muy valiente Ka, te mereces una recompensa por lo que has hecho, ven te daré algo.
El escriba me llevó a un cuarto que siempre se mantenía cerrado, me hizo pasar. Cerró la puerta y me condujo a unos cofres ricamente adornados. Abrió uno de ellos y extrajo un puñado de joyas diciendo:
- Toma, en recompensa por lo que has hecho. Pero debo advertirte que no puedes vender estas joyas en la ciudad, sólo en Uaset podrás cambiarlas por piezas de oro o plata. Yo te diré dónde en su momento.
- Gracias, pero creo que no merezco esto. Estas son joyas dignas de un príncipe.
- ¡No! -dijo con una maliciosa sonrisa- son dignas de un Faraón. Ahora, debes ir a tu vivienda a descansar. Desde hoy pasarás al turno de la noche, verás qué productivo resulta para ambos.
Coloqué las joyas en una bolsa de lino que Lamón me dio y me dirigí a mi vivienda. Al llegar a ella extendí las joyas sobre la mesa. Había varios anillos y algunas piezas de oro. Uno de los anillos me llamo la atención ya que tenía mal borrado un cartucho con un nombre. Al verlo más detenidamente, descubrí que se trataba de un Faraón, aunque no podía distinguir cuál. Seguí observando los anillos hasta que encontré uno con el nombre de Tiye, princesa de Mitani, esposa de Amenofis III, la madre de Akenatón. ¡Estas joyas eran producto del saqueo de las tumbas, y Lamón era un profanador! Guardé las joyas en la pequeña bolsa y la oculté bajo uno de los ladrillos del piso.
Tiempo después, llegó Rakamón, con los otros dos nubios.
- Tú te lo has buscado, -dijo el nubio- hoy tendrás respuestas a tus preguntas, pero te advierto que es posible que no te guste lo que verás.
- ¿Por qué? -pregunté.
El nubio no respondió, movió la cabeza en forma negativa y dijo:
- Prepárense que en cuanto anochezca partiremos al silo.
La noche llegó, y como dijo Rakamón, partimos los cuatro, rumbo al silo, en donde se encontraban Lamón y Ankseth.
- Hoy tenemos un nuevo colaborador- dijo Lamón. Ka, me ha salvado esta mañana de morir aplastado por unos sacos de grano, por lo que he decidido recompensarlo con el trabajo nocturno. Además, les vuelvo a recordar que no deben exagerar en cuanto a la “paga”, que estará ahí sin moverse, así que no abusen. Tenemos para mucho tiempo. Ahora pongámonos en marcha, no perdamos un momento más.
Tomamos cada uno un saco de grano y guiados por Ankseth, con una antorcha en la mano, partimos con rumbo a las tumbas del sur.
Subimos las colinas y llegamos a la entrada de una tumba. Lamón se acercó a la entrada, rompió el sello, y con ayuda de dos nubios abrió la entrada.
Ankseth bajó encendiendo las antorchas internas de la tumba y nos indicó que bajásemos. Volvimos a cargar nuestros sacos de grano y bajamos unas escaleras de corte clásico, seguidas de un corto pasillo en rampa, al final del cual se encontraba una pequeña cámara inconclusa, que por su posición y estructura indicaba que la tumba pertenecía a un miembro secundario de la familia real. Cuando mis ojos se acostumbraron a la poca luz del lugar observé las inscripciones del sarcófago, identificando de pronto a quién pertenecía la tumba que estábamos profanando. ¡Era la tumba de Kiya!, la bienamada de Akenatón, madre de Tutankatón. Al ver esto, dejé el saco en el piso y traté de salir del lugar, a lo que Ankeseth se interpuso en mi camino diciendo:
- ¿Qué te pasa Ka? No me vas a decir que le temes al ka y al ba de la concubina del hereje Akenatón.
- No le temo a los fantasmas. Sólo creo que debemos respetar a los difuntos.
- No seas tan prejuicioso. Seguro que estos personajes tienen mucho oro en el reino de Osiris, o donde quiera que estén. La prueba está en que pasaron varios años desde que se cerró esta tumba y todas las cosas están en su lugar, por lo que creo que no necesitan nada de esto. Mira, todavía están los restos del banquete del funeral y los alimentos que se le dejaron. Pero no te preocupes, no tocaré los alimentos, sólo las joyas.
Mientras decía esto, habría los cofres con joyas de la que en vida fuera la segunda mujer más importante del reino. El rostro de Ankseth se transformó en una mezcla de odio, resentimiento y codicia. Llenó dos sacos con joyas y dijo:
- Dénse prisa que no tenemos toda la noche. Llenemos este agujero con los sacos de grano.
Toda la noche acarreamos sacos de grano a la tumba, que llenamos casi en su totalidad. Cuando el sol trataba de hacer aparecer sus primeros rayos, Lamón, con un saco de joyas, nos llamó y dijo:
- Vengan, hoy repartiré yo la paga -dándonos un puñado de joyas exclamó:
- Hoy fue una buena y muy fructífera noche por lo que descansaremos unos días. El que quiera ir a Uaset, hay un barco que sale esta mañana, pero deberán volver en tres días. El resto puede descansar si lo desea. Les recuerdo que en la taberna “El ánfora roto” han llegado nuevas mujeres de Men Nefer*18, muy apetecibles. Bueno… yo no les tengo que decir lo que deben hacer con su tiempo libre, sólo les vuelvo a recordar, que sólo en Uaset podrán canjear las joyas por piezas de oro. Que no se le ocurra a nadie obsequiar ningún anillo ni nada a alguna golfa.
Me dirigí a mi vivienda para poder pensar en lo que pasó esa noche. Al llegar, los nubios partían con rumbo a Uaset, mientras Rakamón, cocinaba unos alimentos en silencio. Cuando quedamos solos me dijo:
- ¿Satisfecha tu curiosidad?
- No sé qué decirte. Me dan náuseas, ¿cómo puedes aguantar esto? -dije.
- ¡No me juzgues! No sabes nada de mí.
- No creo que seas un bandido, por eso te lo digo.
- Todos somos saqueadores aquí, hasta tú, desde hoy.
- Podemos ir y devolver todo esto a las autoridades.
- ¡Qué ingenuo eres! En cuanto te acerques al palacio te atraparán y te matarán por profanador.
- Además le creerán más a Lamón que a un pobre soldado venido a menos.
- ¿Por qué dices eso? -le pregunté.
- ¿Sabes por qué llenamos las tumbas de sacos de grano?
- No me imagino -dije.
- Lamón tiene orden del mismísimo primer ministro de llenar todas las tumbas de granos, ¿Cómo crees que entramos sin ningún problema; sin encontrarnos con algún guardia que proteja la tumba?
- ¿Ay está al tanto de la profanación? -le pregunté.
- No, eso es idea de Lamón y su secuaz. Ay sólo quiere, por algún motivo, esconder el grano en las tumbas que, además de ser un lugar seguro, es seco. De esta manera no se arruinará el grano.
- Sigo sin entender por qué no te vas de aquí si no te gusta lo que haces; eres buen cocinero, tal vez hasta en el palacio te contraten.
- No sueñes. Mi vida es un fracaso tras otro. De joven partí de mi hogar en Nubia, en donde tenía todo, pero como un chicuelo inconsciente, quería más y Nubia me quedaba chica, por lo que decidí ir a Men Nefer* en donde contacté con seguidores de Amón, participando de una conspiración contra Akenatón. Fui desterrado al desierto y luché como mercenario para varios ejércitos, inclusive para los hititas en Kakermish*19 donde recibí un flechazo en el rostro, dejándome esta deformidad. Siendo fuerte y ágil, cuando se dictó el indulto, me alisté en el ejército de Horemheb, y como te conté, hace un año recibí un lanzazo en la espalda que me dejó inútil para siempre.
- Es muy triste tu historia, aunque creo que siempre hay tiempo para el que se arrepiente. Seguro que Atón te perdonará si dejas de profanar las tumbas.
- Yo ya no creo en nadie ni en nada, no sé cómo estoy hablando contigo.
- ¿No tienes familia en Nubia? -le pregunté.
- No tengo a nadie. Sólo a mi viejo amigo Thot. Los que quedaron en Nubia, no se acuerdan más de mí. Mucho mal les he hecho deshonrando la familia.
- Creo que el tiempo borra todas las ofensas.
- Ya perdí las esperanzas. ¡Dejemos de hablar que no me gusta el tema!
Me recosté contra una de las paredes y me quedé profundamente dormido. Cuando desperté estaba solo con Thot, por lo que decidí salir a contar lo vivido.
Crucé los sembrados dirigiéndome al barrio sur, trepé la muralla y entré a la vivienda de Waty, para seguidamente golpear la puerta.



***


Había pasado una semana desde que Ka se infiltró entre los porteadores de Lamón y durante todo el día no lo había visto, lo que comenzaba a preocuparme. ¿Lo habrían descubierto? No tendría que haberlo dejado ir. Este pensamiento me preocupó todo el día.
Llegada la noche me dirigí a mi casa. Al llegar, como todos los días, Ba me preguntó:
- ¿Has visto hoy a Ka? ¿Está más flaco? ¿Se lastimó?
- Lamento decirte que hoy no lo vi.
- ¡Seguro que algo le pasó! -dijo Ba sobresaltada.
- No te preocupes, él sabe cuidarse, pero si no aparece mañana, iré yo mismo al silo a ver qué pasa.
Luego de la cena nos fuimos a dormir.
Estaba profundamente dormido cuando Liah me despertó.
- Waty, escuché ruidos afuera.
- Voy a ver qué pasa -dije, al escuchar golpear la puerta.
- Ladrones no serán, seguro -dijo Liah.
Me levanté de la cama y fui a ver quién golpeaba. Al abrir la puerta vi a Ka.
- Entra rápido amigo, nos tenías preocupado a todos.
- No te imaginas todo lo que tengo para contarte.
Al decir esto, entró en la habitación Ba que, de un salto, abrazó y besó a su esposo como si no lo hubiera visto en años.
- Bueno mujer, no es para tanto -dijo el nubio, sin dejar de abrazar a su esposa-, creo que tendré que ausentarme más seguido, ¿no lo crees así Waty?
- Creo que tienes razón -dije, cuando sentí un suave puñetazo en mi espalda.
- Ni se te ocurra -dijo Liah, que estaba atrás de mí.
Luego de contarnos todo lo ocurrido, le dije:
- Atón está con nosotros. En dos días llega el general Horemheb, victorioso de Siria.
- Esta será la oportunidad -seguí diciendo- para desenmascarar a Lamón y a todos sus secuaces, e inclusive tal vez podamos echarle algo de tierra a Ay.
- No lo creo -dijo Ka-. El está muy bien cubierto. Lo que me preocupa es cómo quedará la situación de Rakamón.
- No te preocupes, yo veré que sea indultado por los servicios prestados.
- ¡Yo creo que si es un profanador debe ser castigado! -dijo Ba en tono exasperado.
- ¿Por qué hablas así? No parece mala persona.
- ¡Ahora eres experto en conocer personas! Te tendrían que contratar en el palacio para ver con quién puede relacionarse o no el Faraón -respondió Ba muy enojada.
- No sé por qué dices éso si no lo conoces. Estoy seguro de que te caerá bien.
- No lo creo. Y dejemos de hablar que no me gusta el tema -y diciendo eso se retiró dejándonos perplejos con su actitud.
- Qué extraño que Ba reaccione así. Yo nunca la he visto en ese estado.
- Sí, es curioso -dijo Ka- y más aún lo que dijo al final. Me parece haber escuchado esas palabras antes…
- Bueno, debes irte, en dos días nos vemos.
- Está bien -y diciendo esto, el nubio salió perdiéndose entre el caserío, como una sombra.
Al día siguiente salí de mi casa y me dirigí al puerto. Los preparativos para recibir al general estaban en su fase final. Todo el puerto al igual que la carretera real, estaban adornados con banderas multicolores y flores de papiro. Se construyó un camino de pétalos de flor de loto, desde el puerto hasta el gran palacio.
El palacio real es el más importante de Ajet- Atón. Situado en el centro de la ciudad, sobre una colina, posee tres grandes jardines dispuestos en terrazas, por lo que se puede llegar al Nilo a través de ellos. Este palacio se comunica con la casa real por medio de un puente de arcos que atraviesa la carretera real. A la izquierda tiene una amplia sala, a la derecha otra, con grandes columnas destinada a la coronación y a eventos especiales como el que estaba a punto de acontecer. Del otro lado se encuentra el harén y las dependencias de servicio.
La música comenzó a sonar. Unos cien músicos, en su mayoría mujeres, comenzaron a tocar sus arpas de caja armónica baja, liras, laúdes, flautas rectas, sistros, y oboes dobles, que, con dos cañas colocadas en ángulo, mientras una ejecuta la melodía, la otra la acompaña con una nota grave que suena ininterrumpidamente a modo de nota pedal.
De pronto, alguien dio una señal. Una enorme barca con diez remeros se acercaba majestuosa, con su blanca vela desplegada, en la cual, un gran círculo solar extendía sus rayos que terminaban en forma de manos. En la popa, sentado en una silla ricamente trabajada en oro y lapislázuli, estaba con su traje de gala el Generalísimo Horemheb, Regente del rey en el país entero, Jefe de los Secretos del Palacio. Aquel que ha sido elegido por el rey, colocado sobre las Dos Tierras para llevar el gobierno de las Dos Orillas, Supervisor de los Generales del Señor de las Dos Tierras.
Atrás de esta embarcación, seguían cinco embarcaciones con los valerosos soldados y generales que vencieron a los sirios. Todavía más atrás venían dos barcas con prisioneros.
Al atracar la nave capitana comenzó la música, pero esta vez, con instrumentos metálicos, como las trompetas de cobre y plata, y sistros entre otros, como es la costumbre para los eventos militares. El generalísimo desembarcó y se encaminó hacia un carro triunfal que le aguardaba. Este carro tenía la barquilla de fina madera recubierta con placas de oro y plata. Dos blancos corceles con sendos penachos rojos en la cabeza, y arneses de oro batido. El general comenzó el desfile seguido de sus leales hombres y de los prisioneros. El pueblo lo aclamaba gritando “imy-r mesha ur”, “imy-r mesha ur”,*20 y arrojando a su paso pétalos de flor de loto, mientras el desfile recorría parte de la carretera real. Al llegar al palacio real, lo aguardaban en la entrada dos imponentes guardias nubios con sendas panteras negras. El general se apeó del carro y entró al palacio.
Los vítores del pueblo eran impresionantes. Nunca había visto algo así desde la época de Amenofis III.
Al llegar a la sala de la coronación lo estaban esperando el Faraón Tutankatón, la reina Ankhesenpaaten, el primer ministro Ay, el tesorero real Maya y otros nobles.
- Acércate Generalísimo Horemheb -dijo el Faraón.
- ¡Oh gran Faraón!, imagen viviente de Atón, único señor del alto y bajo Kemet, te ofrezco humildemente esta victoria sobre nuestros enemigos los sirios, lo que permite a este gran país volver al lugar que le corresponde en el mundo.
- Agradezco tu esfuerzo y en recompensa te entrego este pectoral recordatorio. Inclínate -y diciéndole esto le colocó el pectoral.
Las trompetas volvieron a sonar estridentemente y el general se retiró con paso marcial del salón. Salió del palacio, subió a su carro, y se marchó a los cuarteles reales vitoreado por el pueblo.
Mientras esto pasaba, yo me dirigí a las oficinas de registros en donde aguardaría a Maya para narrarle todo lo que Ka nos había dicho la noche anterior, en especial lo del saqueo de las tumbas. Esperé gran parte de la tarde cuando Maya se me acercó y dijo:
- ¡Qué recibimiento! ¿no te parece? Sólo a un Faraón o a un militar se lo puede recibir así. Es una lástima que no se nos reconozca de igual manera a los que trabajamos día a día, silenciosamente, por Kemet.
- Tienes razón, pero eso no tiene que preocuparnos, sólo tenemos que trabajar para el Faraón y para el progreso del reino.
- Estás en lo cierto. Pero cuéntame qué novedades traes, ¿tal vez algo relacionado con la desaparición del grano?
- Sí, ¡y es más que la desaparición del grano!
Y diciendo esto le narré íntegramente lo que Ka había averiguado infiltrándose entre los hombres de Lamón. Luego de escucharme muy atentamente, Maya, atónito, me respondió:
- Esto sí que es inaudito. Aunque no creo que podamos hacer nada contra Ay. Sí podemos frenar esta afrenta a las tumbas y recuperar el grano perdido. Ahora mismo informaré de esto y mañana acabaremos con esas hienas carroñeras.
A la mañana siguiente antes que el primer rayo de Atón apareciera, unos setenta soldados de Horemheb rodearon el poblado de los trabajadores, comenzando una minuciosa búsqueda de objetos profanados. Mientras al mismo tiempo, el mismísimo Horemheb, con treinta hombres más, rodeó los silos atrapando a Lamón y a algunos de sus hombres. Recuperó las joyas que habían sido guardadas por el escriba, que fue llevado ante el Faraón, en el patio central del palacio real.
Tutankatón, secundado por el primer ministro Ay, el Generalísimo Horemheb y el tesorero real Maya, entraron en el recinto.
- Lamón, escriba encargado de los silos reales. Has sido encontrado culpable de robar el grano del Faraón. Esconderlo y profanar al mismo tiempo las tumbas de la necrópolis. ¿Qué tienes que decir en tu defensa? -preguntó lacónicamente Maya.
- Yo no soy el único culpable, del robo del grano. Yo y mi socio Ankseth...
- ¡Basta! -dijo Ay interrumpiendo lo que iba a decir- ya es suficiente, además de ladrón del grano de Kemet eres profanador de tumbas.
- Sí, pero lo hice por órdenes su...
- ¡Llévenselo! -volvió a interrumpir el primer ministro. Ejecútenlo a él y a su socio y tiren sus cuerpos al desierto para que los chacales se alimenten de sus cuerpos.
Los soldados, obedeciendo la orden sin titubear, se llevaron al desdichado que gritaba:
- ¡No fui sólo yo, dígales primer ministro!, dígales…-y al decir ésto recibió un fuerte golpe de uno de los guardias que lo dejó inconsciente.
- ¿Qué quiso decir? -preguntó Tutankatón.
- No se preocupe de eso excelencia, es el grito de un desesperado, por querer justificar su crimen.
Casi todos los hombres de Lamón fueron capturados, ejecutados y sus cuerpos arrojados al desierto en donde los buitres se arremolinaban en el cielo esperando que los chacales terminen con su festín para comenzar el de ellos.
Rakamón fue exculpado por haber sido él, el que contó a Ka, sobre el saqueo de tumbas, y no haber participado del pillaje. Sólo faltaba encontrar a Ankseth, que había logrado escapar.
Una semana después de estos acontecimientos Ka y su familia decidieron volver a Tiro, por lo que nos dirigimos al puerto.
- Waty, me despido, y te agradezco estas buenas vacaciones que acabo de pasar en tu compañía -dijo bromeando.
- Buenas vacaciones -dijo Ba. ¡Ni se te ocurra tomar otras por un buen tiempo!
- No te preocupes -dije-. Ahora me toca a mí pasar las vacaciones en Tiro.
- Si son de ese tipo -dijo Liah- nunca las tendrás.
- Bueno, bueno, no peleen -dijo el nubio cuando se escuchó detrás de ellos una voz.
- Yo también vengo a despedirme de tí, Ka -era Rakamón.
El nubio rengueando y ayudándose con un bastón para caminar, se acercó a donde estábamos nosotros. Inmediatamente Ba se puso pálida como si hubiera visto un fantasma y se desplomó al piso, al tiempo que Liah atajaba a la pequeña Amsis. Thot, el simio, saltó de los hombros del nubio para ir al lado de Ba, como si la conociera. Con Ka, tratamos de reanimar a la nubia.
A todo esto y aprovechando nuestro descuido, una sombra, salió detrás de unas ánforas con una filosa daga de oro e incrustaciones de plata, y se abalanzó sobre Ka. Era Ankseth, que gritando, mientras trataba de clavarle el cuchillo en el cuello al nubio, dijo:
- ¡Traidor! ¡Eres un traidor! Yo lo tenía todo y tú me lo sacaste, pero no quedarás vivo para contarlo.
Rakamón arrojó su bastón y se abalanzó sobre Ankseth, mientras Thot le mordía el cuello, impidiendo que el asistente de Lamón cumpliera con su objetivo. Inmovilizamos al profanador al tiempo que una patrulla de la guardia real llegaba al lugar.
Ba, a todo esto, seguía desmayada, asistida por Liah y los niños.
Rakamón tomó su bastón y comenzó a retirarse de la escena cuando Ba despertó de su desmayo diciendo:
- Tushka..., Tushka. ¿Eres tú?
El nubio se paralizó en el acto. No respondió, y luego siguió avanzando ayudado por el bastón. Fue entonces que Ba volvió a decir:
- Tushki, no te vuelvas a ir sin despedirte de mí, no lo voy a soportar otra vez. Mira, Thot quiere que te despidas de mí.
Ka y yo nos miramos sin entender nada, por qué Ba le decía Tushka a Rakamón… ¿Cómo sabía ella el nombre del simio? Fue en ese instante que Rakamón se dio vuelta. Gruesas lágrimas caían por sus mejillas.
- Mi pequeña Ba -dijo el nubio-, no te dejaré otra vez sin despedirme.
El nubio con dificultad se acercó a Ba y la abrazó. Ba, en una primera reacción trató de pegarle, pero luego, llorando amargamente, lo abrazó muy fuerte.
- Siempre supe que eras tú, desde el momento en que Ka dijo que un tal Rakamón le ayudó. Al oír ese nombre, enseguida sospeché que eras tú, siempre quisiste llamarte así.
- ¿Pueden explicarnos qué es lo que pasa? -dijo Ka.
- ¿Recuerdas cuando te dije que huí de casa para tener aventuras y fortuna? -dijo Rakamón-. Bueno en ese momento no sabía que eras mi cuñado.
Ka quedó perplejo por esta confesión. Rakamón era Tushka, príncipe nubio que había cambiado su hogar por el brillo de las aventuras y las riquezas.
- Me perdonas -dijo Tushka-. Siempre llevé conmigo el amargo recuerdo de mi pequeña Ba llorando mientras me alejaba.
- Dejemos el pasado atrás -dijo Ba-. Mira, ellos son tus sobrinos. Él es Waty y ella es la pequeña Amsis.
- Ya tendremos tiempo para presentaciones -dijo Ka-. Ahora sube a nuestro barco que tenemos un largo viaje a Tiro.
- ¿Quieres que te acompañe a tu casa de Tiro?
- Si Ba no se opone... -dijo Ka.
- ¡Claro que no! -dijo Ba incorporándose-. ¡Tú siempre sabes cómo hacerme feliz, mi adorable esposo!



NOTAS:


1 Denominación dada al país del Nilo por los antiguos egipcios. Significa tierra negra

2 Llamada actualmente Tel el Amarna, está ubicada a unos 300 Km. al Sur del actual El Cairo. Construida sobre la margen derecha del Nilo, fue la capital de Egipto durante el reinado de Akenatón (Amenofis IV), hasta la restauración del politeísmo por Tutankamón (Ver mapa)

3 Palabra egipcia utilizada para nombrar al padre.

4 Palabra egipcia utilizada para nombrar a la hija.

5 Palabra egipcia utilizada para nombrar a la madre.

6 Llamada por los griegos Tebas fue la capital de Egipto durante gran parte de su historia. Ocupaba la zona que actualmente se extiende desde Karnak hasta El –Aasasif. Su situación geográfica es 25º42’N 32º38’E

7 El Oráculo de Siwa se encuentra en el oasis que lleva el mismo nombre, al oeste del Desierto Occidental o Desierto Líbico de Egipto.

8 Juego egipcio semejante al actual juego de damas

9 El codo real egipcio, es una medida de longitud y equivale a 52cm

10 La expresión up, representada por un geroglifo en forma de cuerno doble, era utilizada para escribir una palabra de gran importancia

11 Tiro, capital de Fenicia, se erigía tras una soberbia fortificación, en una isla frente a la costa del Líbano.

12 La palabra kebenit deriva de keben (Biblos)y era utilizada para referirse a los barcos que surcaban los mares.

13 Palabra egipcia utilizada para nombrar al niño. También se solía utilizar la palabra id para referirse al niño a ser educado ya que la misma palabra significa sordo.

14 Palabra egipcia utilizada para nombrar a la hijo

15 Ciudad que se encontraba en el actual territorio de Sudán. Una de las estelas de Tutmosis III, encontrada en Djebel Barkal, recoge la fundación de esta ciudad.

16 Ver mapa de Ajet- Atón.

17 Medida de longitud equivalente a 1,86 cm.

18 Actualmente denominada Mit Rahina. Fue nombrada por los griegos como Menfis, su nombre más conocido. Su ubicación geográfica es 29º51’N31º15’E.

19 Ciudad que se encuentra en la actual frontera Sirio-Turca, fue uno de los últimos reductos del reino de Mitani, conquistado por el imperio Hitita.

20 Frase utilizada para referirse al general de los ejércitos.

 

 

 

 

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