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JORGE RUBIANI


  CUADERNOS DEL BICENTENARIO (CUARTO VOLUMEN) - Por JORGE RUBIANI


CUADERNOS DEL BICENTENARIO (CUARTO VOLUMEN) - Por JORGE RUBIANI

CAMINO AL BICENTENARIO - CUADERNOS DEL BICENTENARIO

Por JORGE RUBIANI


CUARTO VOLÚMEN

EL DR. JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA, EL JACOBINO QUE CONSOLIDÓ LA INDEPENDENCIA.

PROTAGONISMO EN LOS GOBIERNOS DEL PARAGUAY INDEPENDIENTE.



CUADERNOS DEL BICENTENARIO reproduce el contenido de las charlas desarrolladas en el local de FAUSTO CULTURAL, entre los meses de Octubre y Noviembre de 2008. Las mismas han sido pautadas sobre los hechos más importantes acontecidos durante la constitución de la Provincia del Paraguay e inmediatamente después de concretada la República independiente. Ediciones posteriores darán cabida a otros temas de históricos nacionales, como parte de un programa de publicaciones de homenaje al BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY, concretada ésta entre el 14 de Mayo y el 20 de junio de 1811.

 

PRIMER VOLUMEN

·         La Provincia del Paraguay y el camino a la Independencia.

·         Desencadenantes de la revolución de Mayo de 1811.

SEGUNDO VOLUMEN

·         La Revolución de la Independencia y sus actores.

·         Primeros gobiernos. Protagonistas y destinos.

TERCER VOLUMEN

·         La Independencia del Paraguay en el contexto de las guerras de independencia americanas.

CUARTO VOLUMEN

·         El Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, el jacobino que consolidó la Independencia.

·         Protagonismo en los gobiernos del Paraguay Independiente.

 

Autor: Jorge Rubiani

Contacto: jrubiani@click.com.py // Página web: www.jorgerubiani.com.py

Ilustraciones: Roberto Goiriz y Juan Moreno. De HISTORIAS SECRETAS DE PARAGUAY de Jorge Rubiani. Editado por ABC Color

Diseño gráfico: María del Carmen Cabrera


FAUSTO EDICIONES – faustocultural@gmail.com

Eligio Ayala N° 1060, Asunción.- Tel: 221996/ 7

Archivo de documentos y fotografías:

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN Y ESTUDIOS DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY – CEDEHISTORIA. San Francisco 863 - Asunción / Paraguay




INDICE DEL CUARTO VOLUMEN

1.       FRANCIA, SUPREMO FACTOR DE LA INDEPENDENCIA

·Francia, el jacobino

·Su carrera en el poder

·"Antes vivíamos mejor"

·"Para que aprendan...!!!”

2.       EL CATECISMO PATRIO

3.       "MARTE COMIENZA A DEVORAR A SUS HIJOS..."

·Diferencias que alimentan la crisis

·Francia vs. Iturbe

·Iturbe vs. los otros

·Francia vs. Yegros

·Francia vs. Caballero

·Francia vs. Troche

·Francia vs. los demás: el complot

4.       BLOQUEO AL PARAGUAY

·Buenos Aires intentaba relacionarse con el Paraguay

·Relaciones con el Brasil

·Antonio Manuel Correa da Cámara en el Paraguay

·Correa no entra mas

·La misión del Teniente Luís Ruíz

5.       ALGUNAS PERLAS DEL "KARAI FRANCIA"

·El alcohol propende al sinceramiento

·Desviar el Ka`añave

·"Adulterio y amancebamiento en mujer soltera"

·Ministro "bribón"

·Los perros mueren

6.       REFORMA URBANA EN ASUNCIÓN

7.       EL POS FRANCISMO

·Turnos para dormir en la "cama del poder"

·Cuatro gobiernos en seis meses




FRANCIA: SUPREMO FACTOR DE LA INDEPENDENCIA


"...El trágico error del doctor Francia fue el de aceptar el terreno elegido por sus adversarios, que eran adversarios de la causa nacional de la América Latina: un Paraguay aislado no podía ser sino víctima propicia de los grandes imperios y de sus Virreyes locales. Defendió la soberanía gallardamente, pero su fatal limitación histórica le impidió la única política que podía haber cambiado la historia de su época: unirse a Artigas y a Bolívar para destruir a la burguesía porteña, limeña y bogotana -la historia no lo quiso así- y echar las bases de la Nación Latinoamericana... ". - Jorge Abelardo Ramos. Historiador argentino


El artículo 1° de la resolución del Congreso reunido en Asunción el 1° de junio de 1816, designaba al Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia "Dictador perpetuo de la República durante su vida, con calidad de ser sin exemplar". Esta disposición no se limitó a otorgarle solo un título. Pues "el Supremo" asumía realmente todas las funciones y prerrogativas del mando. De ahí el nombre. Y con el cargo se hacía de las funciones de "Ministro de Guerra, Comandante en Jefe, Auditor de Guerra, Juez Supremo Militar y Director de la fábrica de Armamentos", además de las de "instructor de las tropas, particularmente de caballería".

A nadie se le habría ocurrido reprocharle entonces que algunas de tales atribuciones no fueran compatibles en una misma persona y mucho menos que, por estricta necesidad, eficacia y ética, las de Auditor o Juez no deberían superponerse a las de Comandante o Ministro. Pero los tiempos tal vez lo exigieran. Los peligros que se cernían sobre la patria deberían excusar sobretodo, el tamiz de los debates. Pero con semejantes competencias, todo caería también sobre sus hombros. De la misma manera que su nombramiento respondía a una dramática emergencia, él no tendría miramientos. El Paraguay sería salvo.

Inevitablemente entonces y por las mismas razones que lo encumbraban como "Supremo", las críticas recaerían -como cayeron- enteramente sobre él. Si toda la responsabilidad del gobierno le correspondía, Francia no tenía la mínima posibilidad de echar la culpa a nadie sobre los errores que se cometieran. Hiciera lo que hiciese, él sería maldito -y vaya si lo fue- por generaciones enteras.

Las opiniones sobre su gestión se han dividido en efecto -prácticamente desde su muerte y fin de su gobierno- entre panegiristas y detractores. Sin términos medios; radicalmente a favor o tenazmente en contra. Pero hubo también quienes de la crítica pasaron, si no al elogio, a insertar al menos su gobierno dentro de un determinado contexto histórico. Y encontrarle por lo mismo, valores y atenuantes a su labor.

En 1903 -por ejemplo- era editada: "LA TIRANÍA EN EL PARAGUAY", libro escrito por el Dr. Cecilio Báez, liberal de pensamiento y militancia, brillante jurisconsulto. En la obra, el autor volcaba la siguiente condena: "Durante la tiranía de Francia el Paraguay era verdaderamente un cementerio de vivos, sin exageración (...) Francia gobernó sólo, sin auxiliares, ni apoyarse en ninguna fracción del pueblo. Era necesario que el pueblo estuviera tan embrutecido para que un sólo hombre lo estuviera pisoteando y martirizando durante 27 años. El tirano no tenía familia. Se hizo casto...". Expresiones entre otras muchas, que denostaban sobre la calidad de estadista del Dictador y su conducta personal.

En 1926, el Dr. Báez publicaba otro libro. Ésta vez sobre la "HISTORIA COLONIAL DEL PARAGUAY Y RÍO DE LA PLATA", obra en la que luego de considerar los tópicos propios de tan extenso temario, el autor se inventó un espacio para explayarse sobre el gobierno de Francia. No era el tema del libro pero Báez quería -evidentemente- aligerar a su obra anterior de la carga de juicios tan lapidarios puestos sobre el Dictador. Especialmente en cuanto a las diferencias entre el período "francista" y los gobiernos que, en la misma época, se sucedían en el río de la Plata.

El autor ya habría accedido entonces a otras fuentes de consulta como también había incursionado en la política partidaria y como consecuencia, encumbrado en el ejercicio del gobierno. Presidente de la República entre 1905 y 1906, canciller en otros gabinetes, los liberales lo consagraron como uno de sus paradigmas y sus mismos correligionarios lo bajaron a la llanura, también varias veces.

Estas vivencias le habrían otorgado entonces una perspectiva diferente de las alturas del poder. En esas más de dos décadas que mediaron entre una y otra publicación, aprendió a calificar de "leyendas y patrañas" los escritos que, como los de él antes, habían escarnecido la figura de Francia.

En las páginas de la "Historia Colonial ..." (pág. 163 en adelante) el Dr. Báez  reseñaba por ejemplo, el paralelismo entre las dictaduras porteñas y la del Supremo del Paraguay. Habría que señalar en función a este paralelismo que Francia se hizo proclamar Dictador mientras que los porteños declamaban "la civilización de la libertad" ...o la vigencia del liberalismo, que para entonces -y aun para nuestros días- se entendían frontalmente opuestos a la dictadura. Sin embargo, los patriotas de Buenos Aires también necesitaron de Directores Supremos o Dictadores para resolver -varias veces- la anarquía reinante en las Provincias Unidas. Especialmente cuando éstas parecían estar al borde de la disolución, de tal manera que en 1816, el Gral. José de San Martín expresara su desencanto de la siguiente manera: "...Ésta (refiriéndose a la contra revolución) no la temo de los Españoles, pero si a las desavenencias Domésticas, de nuestra falta de Educación y juicio (..) somos muy muchachos y nuestros Estómagos no tienen suficiente calor para digerir el alimento que necesitan".

Iniciando los paralelismos desarrollados en su último libro, el Dr. Báez expresaba que de Buenos Aires "se expulsaba a los españoles y se los embarcaba para Patagones", entonces extremo sur de la Argentina. "En Lima" -continúa- "San Martín hizo arrojar al mar a centenares de españoles, que perecieron en su mayor parte".

Sin llegar a excusar las violencias incurridas por el Dictador y recogiendo versiones de los médicos suizos Rengger y Longchamp, el Dr. Báez afirma que el Dr. Francia "... no expulsaba a nadie (...) el Paraguay era refugio de las familias correntinas, entrerrianas y santafecinas, principalmente, que huían de las matanzas, expoliaciones y violencias de todo género que cometían las hordas provincianas y las tropas regulares de Buenos Aires".

En su exposición, jurisconsulto liberal también afirma que cada error, crimen o arbitrariedad adjudicado a Francia, fue ejercitado por casi todos los gobiernos del entorno americano. Con el agregado de ruindades y crueldades indecibles en las que aquel no incurrió. La orden recibida por el general Balcarce del Dictador Pueyrredón en 1818, decía: "Trate a Santa Fe como país conquistado. Balcarce incendió Rosario". Báez extrae esta cita de la obra de Norberto Piñeiro: "Escritos de Mariano Moreno", a los que el autor paraguayo agregaba que el plan del prócer de la independencia argentina, consistía en la implementación de las siguientes medidas:

"Cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa a los enemigos; Observar con los descontentos una conducta cruel y sanguinaria castigándoles en todos los casos con la pena de muerte;

Decapitar a todos los gobernadores de las provincias y jefes realistas que caigan en poder de la junta revolucionaria; Secuestrar todas las fincas y bienes raíces y demás clases de bienes de los que han seguido el partido contrario, a favor del tesoro público, e igualmente los bienes de los españoles que no abracen abiertamente la causa que defiende la junta;

Utilizar el servicio de todos los bandidos a la consecución de dichos fines, dándoles recompensas y cargos importantes, de manera a formar cuerpos de infantería y caballería con

los gauchos provincianos; Organizar el espionaje y castigar severamente los pensamientos subversivos concediendo sueldos mensuales a los espías y delatores;

Los bandos y mandatos del gobierno deben ser terribles, amenazadores y sanguinarios, y sus castigos muy ejecutivos".

Un repaso a la historia de la emancipación americana, nos confirma que este catálogo de "elevadas" disposiciones de gobierno, se cumplía a rajatabla en cualquier parte del dominio porteño.... "menos -según Báez- en la república del dictador Francia quien se circunscribió dentro de límites bastante reducidos", aludiendo a las arbitrariedades que aquel habría cometido.

 

 

Alguien podría pensar sin embargo que ese "Plan" rescatado por Piñeiro, no fuera mas que una disposición circunstancial y que sin el prócer en la escena, habría pasado al olvido. Pero no. "Los jacobinos porteños -aun ya sin Moreno-mandaban arcabucear a cualquiera con el exclusivo propósito del escarmiento".

Rivadavia, que advino al gobierno después de aquel tribuno argentino, y que fue "abanderado de la doctrina liberal pura -escribe por su parte John Lynch-fue despiadado con sus oponentes". Y aplicó el plan de su antecesor -sin mencionarlo- con mucha mayor liberalidad. Pues hizo ejecutar a unos cabos y sargentos que se habían negado a dejarse cortar la melena. "A Rivadavia, que tenía cabellos cortos y crespos, le chocaba el ver soldados melenudos".

Nada nuevo hay bajo el sol....

Con semejantes ejemplos y con el modesto tendal de víctimas que dejó la dictadura Francista, había razones para que Báez, el otrora ácido crítico de la tiranía en el Paraguay, concluyera su análisis con el siguiente comentario: "...Las persecuciones de Francia comparadas con las que se efectuaron en Buenos Aires, Lima y Colombia, en la misma época, fueron tortas y pan pintado”.

Pero más allá de la humorada, llama la atención la exacerbada pasión crítica que tantos piadosos intelectuales dedicaran al Dr. Francia. Tanta como la condescendencia e indulgencia para otros, cuyos apellidos y blasones se encuentran manchados de pura sangre patriota.

La omisión sin embargo, obliga una reflexión: Aquel "Plan Moreno" no fue sólo para los enemigos de la independencia. Ni sólo para los españoles. Se lo aplicó a todos los enemigos y a quienes no se avenían a ser amigos. Y en cuanto al Paraguay, tan solidario con la Argentina desde los mismos tiempos de la fundación de Buenos Aires, recibió de ésta, el irreductible y costoso "peaje" de salida al mundo más allá del estuario del Plata.

Sin olvidar ni uno sólo de los mecanismos extorsivos, no hubo arma que no se usara contra el país mediterráneo y contra quienes fueran sus gobernantes hasta la Guerra de la Triple Alianza. Las medidas llegaron a exceder a las que fueron listadas en el "catálogo Moreno". En esto concuerdan casi todos los grandes historiadores del Paraguay. Uniendo la exquisitez de su relato al preciso análisis del fenómeno, Julio César Chávez lo explica prístinamente:

"...Mudaron los tiempos. Vino la revolución y se creyó que con las ideas liberales triunfantes se iniciaría un nuevo régimen. Pero a la vez que insuflaba los ideales revolucionarios y sus tropas combatían por la libertad de América, Buenos Aires pretendía suplantar en derechos y goces a la metrópoli y hacerse centro de un imperialismo económico.

Esto es el Unitarismo. Y la resistencia a tal proyecto es el Federalismo.

Surgen allí las dos fuerzas que tendrán como centro de gravedad la aduana porteña. De allí deviene todos las disgregaciones del Virreinato, la lucha civil de medio siglo, las dictaduras de Rosas y Francia, la guerra del Paraguay. Paraguarí abre el período, Cerro Corá lo cierra".




3. “MARTE COMIENZA A DEVORAR A SUS HIJOS…”


            Se señala muy críticamente -en la mayoría de las veces- la hegemonía del Dr. Francia en los asuntos del gobierno, aún antes de que ejerciera la Dictadura. Así como se discute la predominancia de su papel desde la defenestración de Velasco hasta su asunción a la Dictadura Temporal, en 1814. Hubo también críticas y desavenencias desde sus propios compañeros de la revolución. Y desavenencias con los mismos, por supuesto. Se trataba del eterno desbalance entre la acción de naturaleza estrictamente militar para los logros que fueran necesarios; y la capacidad intelectual o reflexiva que permiten consolidar tales logros y concretar las instituciones de la República. Es posible atisbar el protagonismo que habría tenido el estamento castrense: un Yegros, Caballero o Cabañas, si la independencia del Paraguay siguiera el carril de las insurgencias militares, a semejanza de otras gestas americanas. Pero la necesidad de reflexionar sobre los hechos, de medir las consecuencias, de la acción diplomática para la confrontación de ideas y conceptos -que fue el camino del Paraguay- otorgó predominancia a Francia por sobre los demás.

            Aunque el ya Dictador tampoco se quedó atrás en cuanto a la descalificar a sus antiguos compañeros, finalmente ya adversarios políticos. Por lo mismo y para apuntalar -tal vez- sus propias aspiraciones, Francia no ahorraba epítetos para quienes -todavía entonces- le acompañaban en el gobierno:

            - "¿Quién es Yegros?" -preguntaba a sus adeptos- "Un gaucho ignorante".

            - "¿Quién es Caballero? Nada. Y sin embargo los dos son generales investidos de la suprema autoridad insultándoles a ustedes con ostentaciones tan ridículas como despreciables".

            Sin embargo, aunque parecieran interesadas, algunas de estas críticas de Francia, se fundamentaban en la distendida actitud de algunos de los próceres para enfrentar las confusiones y peligros de los primeros meses de la revolución. Excusando el enojo de Francia, el mismo Julio C. Chávez, deslizaba el siguiente análisis: "En el país reinaba la anarquía y los hombres de gobierno perdían su tiempo en pequeñeces. Cavallero manda apresar al alcalde de primer voto Zeballos, por no habérsele puesto alfombra a su asiento en la Iglesia, el día de Todos los Santos".

            Otros hacían alarde de poder hasta con las cosas más nimias. A estos vicios de algunos protagonistas de la independencia paraguaya, de los que -por cierto- no carecieron los pueblos independizados por San Martín o Bolívar, se sumaban actitudes banales que molestaban al Dr. Francia. Algunas de ellas habrían motivado su segundo retiro de la Junta Gubernativa. Y no volvería "sólo e indefenso como la primera vez a ser juguete de los oficiales", explica Chávez. "Esta vez las condiciones fueron estipuladas formalmente. Volvió teniendo un batallón a sus órdenes y encargándose de la mitad del armamento y de las municiones existentes en los parques. Así consta en el Acta".

           

            I. DIFERENCIAS QUE ALIMENTAN LA CRISIS


            Las relaciones entre Francia y sus ex compañeros de la Junta Superior Gubernativa no eran buenas y tenderían a agravarse con el tiempo, especialmente luego de 1814 y la consagración de la Dictadura. Al primero le preocupaba que sus compañeros de causa se reiteraran en los mismos vicios que los representantes de la corona habían agotado en el período colonial. A los demás molestaban los continuos desaires que recibían del Dictador; aunque muchas de las incomodidades "respondían a las inspiraciones del amor propio ofendido, al rencor y al interés personal".

            Otros autores coinciden sin embargo, que la dinastía militar del Mayo paraguayo pretendía el ejercicio de los mismos abusos que sus antecesores borbónicos. Los comandantes -por ejemplo- promovían "toda clase de querellas" y toleraban de sus soldados "las más escandalosas iniquidades" en perjuicio de los demás ciudadanos. Esta cita es de Cecilio Báez y la fuente de apelación, los escritos de los suizos Rengger y Longchamp. Por su parte, Julio C. Chávez destacaba que todos, a excepción de Francia, "perdían su tiempo en pequeñeces".

            Rememorando una de las primeras y más graves discrepancias entre los próceres, la conspiración españolista de Septiembre de 1811, Cecilio Báez escribía: "Yegros, Caballero y Mora perdonaron la vida a dichos traidores" -se refería a los oficiales Manuel Pedro Domeque (o Domeq), Manuel Hidalgo, Marcelino Rodríguez y Mariano del Pilar Mallada- "...porque eran sus amigos, pero hicieron arcabucear a otros infelices, subalternos de aquellos". Francia hizo detener las ejecuciones que amenazaban seguir, no porque no fuera necesario el escarmiento sino porque los castigos no correspondían a un estricto sentido de justicia. Pero la decisión denota la profundidad que alcanzaron las confrontaciones con sus compañeros de gobierno.


            II. FRANCIA VS. ITURBE

           

            El Capitán de la Compañía de Granaderos Vicente Ignacio Iturbe, había sido designado "Comandante Político y Militar de Ykuamandyju", en 1812. Trasladado a la sede de sus nuevas funciones dejó en Asunción una hija "de cuatro años y más". Fue cuando Vicencia Villalba, madre de la pequeña, denunció los impedimentos que el comandante anteponía para que ella pudiera ver a su hija.

            En la nota presentada al Consulado el 6 de Febrero de 1813, Vicencia alegaba también que Iturbe nunca le había ayudado "a excepción de 16 pesos" que le entregó para pagar a la "ama de leche de dicha criatura". Trasladada la denuncia al demandado, éste se "hizo el callado". Insistió el Gobierno unos meses más tarde e Iturbe se despachó esta vez con la originalidad de acusar a la mujer de mala conducta y otros descalificativos.

            Tres años más tarde, con el Dr. Francia elevado ya como Supremo, Vicencia vuelve a solicitar "se le dé el expediente", a lo que el Dictador proveería favorablemente. El historiador José A. Vázquez supone que se habría arribado a algún arreglo entre los dos contendientes pues el conflicto no llegó a pleito.


            III. ITURBE VS. LOS OTROS


            En 1816, todavía como comandante de Ykuamandyju, Iturbe escribía a Francia pidiendo su retiro. Alegaba el "desapego a mi persona en la mayor parte de los oficiales, el que ha pasado a desafecto o no sé si a odio declarado". Las referencias eran para sus ex compañeros de la revolución; "a aquellos a quienes" -escribía Iturbe al Dictador- "postergándome yo a mi mismo, les abrí paso para una brillante carrera, de aquellos (que) finalmente por mi medio se vieron colocados antes de ver el motivo ni el fin de nuestra feliz revolución...".

            Francia lo relevaría del cargo un año más tarde.


            IV. FRANCIA VS. YEGROS


            La rivalidad era inevitable desde el momento en que los dos fueron elegidos cónsules. Porque el sistema no fue implementado para que ambos realizaran una tarea conjunta y consensuada sino para que ejercieran un poder individual, en "tres turnos de cuatro meses". En un año, Francia tendría el mando en dos de ellos -el primero y el tercero- y Yegros en el turno del medio. A partir del hecho y de este procedimiento, comenzarían las fricciones.

            Yegros era el cónsul militar y Francia el civil y para dar mayor jerarquía a estos cargos, se habían preparado dos majestuosos asientos. En la parte posterior dé ambos se grabaron los nombres de los cónsules romanos: César y Pompeyo (*).

            Francia ocupó el asiento con el nombre de César. El Cabildo le asignó a Yegros un sueldo de 3000 pesos y 3500 a Francia. El motivo esgrimido por la corporación para justificar esta diferencia se fundaba en "el mayor peso que sufre (Francia) por razón de las otras varias Comisiones de que se halla encargado".

            Los cónsules también discutieron la designación del Secretario de Gobierno. "Yegros propuso a Mariano Larios Galván (...) y el cónsul civil resistió abiertamente la candidatura de su hermano político e impuso la de un hombre de su entera confianza, el capitán Sebastián Martínez Saenz".

            Pero el Consulado pasó y vino la Dictadura. Sus dos turnos, de inicio y cierre, también le otorgaron ventajas a Francia. Aunque más las concedió Yegros el que, según todas las crónicas conocidas, no manifestaba ninguna vocación de mando. Ya único dueño del poder, Francia accedió a la potestad -más por interés que por obligación- de terciar hasta en las mas nimias cuestiones personales o familiares de sus gobernados. Las que eventualmente contuvieran alguna crítica a su gestión o no fueran de su agrado, se convertían en "cuestiones de estado". Entonces, todo para él adquiría importancia. Aunque a veces y ante la magnitud y recurrencia de los problemas, argumentaba que no sabía "... hacer lo que los frailes llaman milagros".

            Ya en 1815 se produjo un conato de complot cuando el general oriental José Gervasio Artigas envió un mensaje al coronel Manuel Atanasio Cabañas indicándole juntara tropa para derrocar la Dictadura. En la ocasión, se nombraba a Yegros como posible participante del movimiento, aunque no se han encontrado datos o testimonios que lo confirmen.

            Otro contacto entre los ex compañeros del consulado, se produjo el 26 de Febrero de 1816. En la ocasión, un estanciero villetano de nombre José Florencio Ayala, acudió al Dictador para denunciar que Yegros montaba un caballo que era suyo (de Ayala). Trasladado el incidente a los usos y la terminología actual: el auto que conducía el ex Cónsul, era robado.

            Ayala explicaba que habiendo sido convocado a concurrir a la defensa de Buenos Aires cuando la invasión de los ingleses, se le habían perdido tres caballos, aun sin su marca. A su regreso y "anoticiado" que sus montados andaban por entre la caballada de los Yegros fue a "pesquisar"; hasta que encontró a uno de los tres animales perdidos, montado por don Fulgencio. Efectuado el reclamo, el ex Cónsul le pidió testigos. Ayala le llevó dos. Yegros le dijo entonces que no era suficiente y que debía presentarle "la certificación del dueño de la marca". El Dictador recibió la denuncia escrita en la fecha mencionada y se la pasó a Yegros, esperando su deposición.

            La crónica no refiere el desenlace de este conflicto. El opa reí estaba vigente.

            Finalmente, se produce el complot contra la vida de Francia. Ante los rumores que circulaban en el caluroso Enero de 1820, el Dictador convocó a Yegros a su despacho. Allí le pidió que permaneciera en Asunción.

            "Compañero, aquí me abruman la cabeza con asuntos contra Ud. acusándole que hace muchas reuniones; y para evitar todo esto, permanezca en ciudad hasta que yo le avise", le habría dicho.

            Pero en la noche del Martes Santo de aquel mismo año, cayeron los participantes de las secretas reuniones en la casa del doctor Marco Ignacio Baldovinos. Y empezó a delinearse el trágico sino destinado repetir la tragedia del General y Cónsul Pompeyo.


(*) Alusiones a los nombres de Caius Julius Caesar y Cneius Pompeius Magnus. Ambos fueron generales y Cónsules, gobernaron Roma -junto con Craso- en el Triunvirato formado en el 60 a. C. Las referencias no pudieron haber sido más premonitorias, pues Muerto Craso, César y Pompeyo terminaron siendo rivales y combatiéndose el uno al otro. Refugiado en Egipto, Pompeyo fue muerto en el 48. No fue una orden directa de César, pero para agradar a éste, Tolomeo lo hizo asesinar.


            V. FRANCIA VS. CABALLERO


            El 23 de Noviembre de 1816, Pedro Juan Caballero denunciaba al Teniente del Resguardo (sería hoy el Director de Aduanas) León Recalde, porque éste no habría querido facilitar personal público para una emergencia sufrida por aquel.

            Los hechos acontecieron de la siguiente manera: en una piragua procedente del Jejui mi, Caballero traía "700 y tantos tercios de yerba, todo de mi pertenencia" según denunciaba. Afirmaba que los peces le habían sacado estopa a la embarcación por lo que al hacer ésta mucha agua y ya en el puerto, tuvo que echar mano a funcionarios del resguardo para acelerar la descarga. Fue cuando Recalde -según la versión del prócer- ordenó suspender el procedimiento quitándole la gente que buscaba salvar la yerba, "a excepción de los cuatro peones empleados en el desagüe del buque".

            Impuesto de la situación, Francia ordenó a Recalde que "en consideración al grande peligro que amenaza a la yerba", se restituyesen los peones a Caballero.

            Completado el trabajo, pasaron cuatro días y en esta ocasión, era el Teniente de Resguardo quien se presentaba con una nota de descargo junto al Dictador. En ella resaltaba la notoria falsedad de Caballero "simulando una urgencia que no existía para salirse con la suya". En efecto, el jefe del Resguardo afirmaba que había ingresado a la piragua para verificar la avería encontrando que la embarcación no tenía "más que un dedo y medio de agua". Que con el procedimiento de descarga ya iniciado pudo verificar que la piragua seguía con la misma cantidad de agua filtrada. Y "si a un buque al que se le saque la estopa -reflexionaba- algo se ha de mojar".

            Agregaba Recalde que los mismos carreteros le habían informado que no habían "levantado ni un tercio mojado o con avería" afuera de la embarcación. Que por dicha razón y habida cuenta la inexistencia de la urgencia alegada, había dado la orden para que su personal abandonase el trabajo. Fue cuando Caballero le ofreció "un tercio de yerba" que él rechazó, concluyendo finalmente que "eso es nomás la avería que ha habido".

            No se sabe si ya entonces se usaba el término; pero la oferta de Caballero al funcionario se conoce hoy con el nombre de coima. Leída la presentación del funcionario, el Dr. Francia escribió la siguiente providencia: "Téngase presente para lo sucesivo".


            VI. FRANCIA VS. TROCHE


            Aunque Mauricio José Troche no participara de ningún complot ni manifestara hostilidad a la Dictadura, finalmente sucumbió ante sus embates en 1840. El Comandante de Urbanos de Curuguaty, a cargo del Cuartel de la Ribera en la noche del 14 de Mayo de 1811, mantuvo -lo que se dice- un perfil bajo tras el desalojo del poder español. La razón de esta prescindencia es que -según la versión de José A. Vázquez- Troche había tenido discrepancias con casi todos los protagonistas de la independencia. El historiador ubica a los familiares del prócer curuguateño como enemigos de la casa de los Yegros, desde los tiempos coloniales. Con Pedro Juan Caballero había tenido también sus discrepancias. En 1814, Troche había pedido al Dr. Francia la implementación de una medida en contra de aquel, por un conflicto de intereses en San Isidro de Curuguaty.

            Pero en 1815, el mismo Francia le ordenó "bajar a Asunción" molesto por la "influencia de oráculo" que ejercía Troche en el Cabildo de su pueblo. Con el oficial ya en Asunción, el Cabildo de Curuguaty dirigió una nota al Dictador en la solicitaba el retorno de Troche a su pueblo "por ser el único hombre capaz de asesorar al ayuntamiento". Grave error. La solicitud terminó de convencer a Francia que el oficial curuguateño no debía moverse de la capital. A la nota recibida le agregó simplemente la siguiente disposición: "Hágase saber a don Mauricio José Troche que no se debe ausentar de esta ciudad hasta otra providencia".

            El doctor Marcos Baldovinos, en cuya casa se alojaran las conversaciones presumidas como parte del complot contra la Dictadura, tampoco se llevaba bien con Troche. Lo juzgaba "un hombre turbulento y sedicioso". Él detalle hace suponer que aquel habría estado ajeno a los movimientos golpistas iniciados en 1817 aunque en ese año el curuguateño conoció también la prisión por algunos días. Pero esto fue como consecuencia de la "intimación de una deuda impaga" a la viuda de un señor de apellido Domínguez.

            La última aparición pública del prócer data de 1838. En la ocasión, Troche presentó al Dr. Francia algunos documentos por los que -aquel presumía- se pretendía una estafa al estado. La denuncia se refería a algunos terrenos de laboreo en Luque y estaba dirigida contra el señor Lorenzo Toledo.

            Finalmente y sin saberse los motivos, Mauricio José Troche, cayó "preso e incomunicado", en los primeros meses del año 1840, para ser finalmente ejecutado poco antes de la muerte del Dictador.


 

            VII. FRANCIA VS. LOS DEMÁS: EL COMPLOT


            La mayoría de los patriotas que gestaron la revolución se hallaban involucrados en el complot para derrocar a Francia en 1820. Julio C. Chávez hace el recuento al mismo tiempo de afirmar que los trabajos preparatorios venían desarrollándose desde hacía dos años. En la conjura estaban "los Yegros, los Cavallero, los Iturbe, los Montiel, los Acosta, los Baldovinos, los Aristegui, etc.".

            Francisco Wisner de Morgenstern destaca a su vez que, Yegros y Caballero no activaban en la conspiración "pero los conocían y les satisfacían... ". Este autor fue comisionado en Diciembre de 1863 por el propio mariscal Francisco Solano López para "...recopilar todos los antecedentes y datos relativos a la época del Dictador". Wisner recibió del presidente la indicación de consultar a los señores Francisco Sánchez (a la sazón vicepresidente de la República), José Berges (ministro de Relaciones Exteriores), Francisco Isidoro Resquín, Venancio Robles y Vicente Barrios (luego generales de la Nación) los que le proveerían "...los nombres de los vecinos más antiguos" y éstos, "...les suministrarían datos al respecto". Por lo que este autor, coronel austrohúngaro, asesor militar de los dos López, pudo acceder a las fuentes más originales de esta controversia.

            En los primeros meses de 1820, los pyragues (*) del Dictador le habían informado que en la casa del Dr. Marcos Baldovinos se realizaban reuniones de "varios individuos", con más frecuencia de lo normal. El dato era algo más concreto que la profusión de rumores que se sucedían en Asunción desde más de dos años atrás. Los informantes también daban nombres. Además del dueño de casa, fueron vistos "Juan Aristegui, Ignacio Noceda, Samborain, José Acosta y tres de apellido Montiel". El que salieran tarde y "nunca juntos" hacía más sospechoso el proceder de los hombres.

            Francia ató cabos. Por este tipo de reuniones había pedido a Yegros que permaneciera en Asunción. Hizo vigilar entonces la casa de éste y la del Dr. Baldovinos "con orden de detener a todos los que salieran de dichas casas, después de las diez de la noche". El dispositivo de vigilancia quedó preparado desde el día siguiente, Martes Santo.

            A la noche de ese día y pasada la hora límite fijada, salieron de la casa de Baldovinos cuatro sujetos: Jesús Acosta, Sergio Latorre, Rufino (Julio C. Chávez escribe Justino) Olavarría y Pedro Montiel. Para desgracia de éstos y de los demás complotados, Juan Bogarín no fue visto. Porque éste, de profundas convicciones religiosas y preocupado por el apresamiento de sus compañeros, fue a confesarse.

            Mas que cumplir con el sacramento, el Fray Anastasio Gutiérrez indagó sobre todos los detalles de la trama. Así el compungido Bogarín, le contó que el plan incluía el asesinato del Dr. Francia en la noche del Viernes Santo. El sacerdote, más abogado del diablo que de Dios, le exigió que fuera a denunciar a sus compañeros. Que pudiendo evitar "una mala acción -le aconsejaba- debería hacerlo como buen cristiano". Desde el momento en que Bogarín decidió poner en vigencia su sentido de "buen cristiano", al que apeló tan hábilmente el sacerdote, sus compañeros estaban perdidos.

            El mismo sacerdote le llevó junto al Dictador "después de la oración".

            Escuchada la declaración de Bogarín, Francia convocó "a sus dos secretarios Martínez y Patiño, como también a los comandantes Rolón, Bejarano y (Agustín) Cañete". Con ellos a la cabeza, dispuso lo necesario "para evitar la masacre planeada" y proceder contra los insurgentes "sin contemplaciones de ninguna clase".

            Una hora después, fueron presos 35 ciudadanos "...entre los cuales se contaban Fulgencio Yegros, comandante Montiel y Caballero, ocho miembros más de la familia Acosta, doctor Baldovinos y su hermano, Olavarría, Noceda (padre e hijo) y dos hermanos Arístegui".

            Al tercer día eran trescientos los detenidos. "¡Jamás Vulcano estremeció tanto sus tenebrosas mansiones con el yunque y el martillo, como se estremecieron los habitantes de Asunción, a los diarios y nocturnos golpes de les herreros de Francia!". La misión era fabricar trescientos pares de grillos y como continuaran las declaraciones, seguramente harían falta más.

            La conjura para asesinar a Francia, según varios testimonios, existió. Es probable que muchos estuvieran comprometidos. Tal vez otros más estuvieran enterados. Pero es casi seguro que desatado el terror y abierta la suspicacia de los represores, toda Asunción estaría bajo sospecha. Los calabozos de las prisiones se llenaron con tanta gente que fue "necesario habilitar un lance entero de la casa de don Alejandro García y de don Antonio Chavarría para prisión".

            Pasaría otro año de incertidumbre. Acallada la presión interna, la del exterior se alternaba según quienes fueran los caudillos que predominaban en la frontera. La hostilidad hacia el Dictador se renovaba con cada cambio. Entretanto Artigas quedaba fuera de la lucha y obtenía asilo en el Paraguay. Si Artigas, de agresor pasaba a asilado, desde Entre Ríos, Francisco "Pancho" Ramírez propiciaría un acercamiento a Francia. La idea que movía su interés era que el Supremo le entregara al oriental caído en desgracia. El pedido ni siquiera fue contestado.

            Fue entonces que cayó en manos de Francia una carta que Ramírez enviara a Fulgencio Yegros. "Aunque nunca fue enseñada a nadie, parece que contenía propuestas de insurrección", según el Dr. Rengger. Ramírez le pedía además al ilustre preso que tuviese paciencia. Que pronto lo liberaría.

            La promesa de ayuda se convirtió en sentencia de muerte.



(*) Pyragüe es -desde antiguo- la denominación en guaraní del informante, delator, espía o policía secreta, aunque popularmente responde más a las dos primeras acepciones. Etimológicamente significa "pie con pelos, o con plumas", debido a su composición: Py = pié; y ragüe = pelos o plumas. Pero el término es aplicado desde que los indígenas del Paraguay usaban una chinela hecha de plumas, indumentaria que les permitía un andar más sigiloso cuando estuvieran en acecho del enemigo, o de una presa. Por analogía, se aplicó el vocablo a la labor policíaca que algunos realizan, con más vocación de maldad, que eficacia.




4. BLOQUEO AL PARAGUAY


            La historia de las relaciones entre el Paraguay y las Provincias Unidas del Plata, desde la misión de Nicolás de Herrera, pareciera ceñirse más a la amenaza de "asfixiar al Paraguay" como éste lo había planteado, antes que fundar relaciones relativamente cooperadoras entre los dos Estados. Levantada la vigencia del "Puerto Preciso" de Santa Fe, en 1778, luego de más de 100 años, el Paraguay independiente sufría un nuevo bloqueo, desde prácticamente 1811 hasta 1852, con algunos años de libre navegación del río Paraná, sin que tampoco falten en esa época y en todo el curso de este río, ataques de distintas fuerzas en contra de los mercaderes paraguayos.

            Pero el bloqueo mencionado -o la incertidumbre por su restablecimiento ni bien se disfrutara de cortos períodos de paz- creó una grave crisis económica por la disminución de las recaudaciones aduaneras. Todos los habitantes del país se vieron afectados por este inconveniente. Pero en mayor grado e irónicamente, la oligarquía hispano-porteña y la criolla paraguaya, cuyo poder y prestigio socio económico se basaba en la producción, transporte y comercialización de productos como la yerba mate y del tabaco.

            Uno de los años más difíciles que vivió la República, fue el de 1815. A los ataques de los indios Mbayás, se sumaron las trabas a la navegación de las embarcaciones que iban del Paraguay o venían a él. Así, en varias comunicaciones, el comandante de Pilar informaba al Dictador que las naves paraguayas eran constantemente asaltadas por las huestes de Artigas. Ante tantas adversidades y con el propósito de infundir un acentuado patriotismo a sus servidores, el Dr. Francia expresaba a José Joaquín López, comandante de Pilar: "...yo antes quiero morir que volver a ver a mi patria oprimida y en esclavitud, tengo la satisfacción de creer que lo general de toda la República está en lo mismo y así anime Vm. a nuestros compatriotas de ese territorio, exhortándolos incesantemente a sostener la causa de la Patria".

            A propósito, el mismo buque del comerciante inglés Juan Robertson fue capturado y despojado de un cargamento de armas que había encomendado el Dictador. Las huestes de Artigas destruían igualmente las poblaciones de las ex misiones orientales de los jesuitas.


            I. BUENOS AIRES INTENTABA RELACIONARSE CON EL PARAGUAY


            Los atisbos de buen relacionamiento obedecían invariablemente al interés de los gobiernos del Plata. Así el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Carlos María de Alvear, enviaba varias notas al gobierno en busca de mejorar las relaciones entre ambos países, ofreciendo armas cuando se hallaban interesados en el envío de soldados paraguayos para defender la causa común de los americanos.

            Este tipo de proposiciones no eran del agrado del Dictador Francia en tanto no se respondiera y dieran satisfacciones al Paraguay por los reclamos que su gobierno efectuaba. En este caso, tampoco fue aceptada la propuesta del Director Supremo.

            El mismo Alvear solicitaría más tarde, el envío de un Diputado para asistir al Congreso de Tucumán, a realizarse en 1816, a lo que contestó Francia que era "...insultante pretender que una república independiente envíe diputados a un Congreso de los provincianos de otro gobierno, que precisamente ha de ser número, es un absurdo y un despropósito de marca".


            II. RELACIONES CON EL BRASIL


            Una molesta vecina, era la provincia portuguesa del Brasil. La metrópoli lusitana no se pronunciaba con respecto a la independencia del Paraguay o de los demás países hispano-americanos.

            Sospechaba el Dr. Francia que los "comerciantes" venidos de Matto Grosso llegaban con segundas intenciones. Simulaban comerciar, pero el interés primordial era informar sobre la situación de Concepción y sus distritos, acerca de los caminos accesibles y desguarnecidos por donde podían irrumpir los malones de los indios Mbayáes, que asaltaban estancias y robando ganado que luego vendían a los comandantes de los presidios del Alto Paraguay. No escapaba a la sagacidad del gobernante paraguayo, que unas semanas después de haberse retirado estos comerciantes lusitanos de la región, caían los malones indios, por lo que ordenó al comandante de Concepción se suspenda "...el pretendido o figurado comercio, tampoco es cosa de consideración, ni que haya de enriquecer a los habitantes de la Villa, siendo más bien despreciable por su poca importancia".

            A mismo tiempo, el Dictador dudaba sobre la política que iba a seguir Portugal con relación a la expedición española que -se decía- saldría para América y "...si se confederan o no con nuestros enemigos, y si los auxilia o no". Como ejemplo de las suspicacias existentes hacia los comerciantes portugueses del norte, se menciona que en una comunicación recibida por el comandante de Concepción de un comerciante portugués "... que la causa común tiene por objeto el tráfico mercantil", le aclaró que "...el comercio entre las naciones no puede ser llamado causa común sino entre quienes quieren realizarlo y hasta que lo quieran y que los americanos en el día llamamos y entendemos por nuestra causa común: la libertad e independencia de nuestros países de todo poder extranjero o extraño".

            Por sobre el interés comercial, primaba el de la independencia y el de la libertad, por lo tanto, ordenó que conteste al portugués que "...el Paraguay no es provincia de España, sino una República Soberana y un estado independiente, así como lo es Portugal... ".


            III. ANTONIO MANUEL CORREA DA CÁMARA EN EL PARAGUAY


            En 1825, Antonio Manuel Correa da Cámara fue designado cónsul y agente comercial del Imperio del Brasil ante el Gobierno del Paraguay. Desde San Borja, pidió pasaporte para llegar hasta la capital paraguaya. Con el éxito obtenido por el comandante Cézar, que había abierto el comercio con el Brasil, por Itapúa y ante el peligro de una guerra entre la Argentina con el Imperio, fue enviado Correa da Cámara ante el gobierno paraguayo, en busca de una alianza o, en su defecto, de una neutralidad "benévola". El pedido del agente imperial llegó a manos del Dictador desde Santiago. Francia redactó la respuesta y se la hizo firmar a Norberto Ortellado, Subdelegado del gobierno en aquel paraje.

            En dicha comunicación, llamaban la atención a Correa da Cámara por no haber dado a nuestro país el titulo de República y al Dr. Francia, el de Dictador.

            Para que pudiera seguir viaje hasta Asunción, siempre según el citado documento, debía reconocer expresamente la independencia paraguaya. En caso contrario tampoco el Paraguay reconocerá al Brasil como Imperio. En la nota, el Dictador denunciaba también la ayuda prestada por las autoridades de Mato Grosso a los indios Mbayás, los que atacaban todo el distrito de Concepción, incendiando viviendas y causando muertes, hechos sumados a los robos de ganado vacuno y equino.

            Correa de Cámara fue recibido por el Dictador, a fines de agosto de aquel año. Se quejaba el gobernante paraguayo ante el cónsul, de los daños ocasionados por los indios mencionados, de la no devolución al Paraguay de las tierras ocupadas indebidamente por el Portugal en la época colonial, y el incumplimiento por éstos y los brasileros del tratado de San Ildefonso. Correa da Cámara -por su parte- prometió el envío de armas al Paraguay.

            Ya nuevamente en Río de Janeiro se comunicó con el vizconde de Inhambupé, ministro de Negocios Extranjero, quien envió una nota al secretario Benítez, expresando su promesa de atender las reivindicaciones planteadas por el Paraguay.


            IV. CORREA NO ENTRA MAS...


            Mucho prometió, Correa da Cámara pero nada obtuvo el Paraguay. Por ese motivo, cuando llegó por segunda vez, en vano esperó se le conceda el pasaporte para llegar a Asunción. Luego de esperar por un largo tiempo, tuvo que abandonar Itapúa y alejarse de las fronteras del Paraguay.

            En relación al despido del representante brasilero, escribió el Dictador al delegado de Itapúa, explicándole que no le había otorgado el pasaporte por la mala fe y la inutilidad de su venida, y que el Paraguay exigía 100.000 pesos por los daños causados por los indígenas del norte, fomentados éstos por los brasileros para llevar a cabo sus robos.

            Así mismo, mencionaba Francia a su Delegado, que los límites del Paraguay en la región oriental, llegaban hasta el río Blanco y en la occidental, hasta el río Jaurú.

            En su tercera venida al Paraguay, Correa da Cámara llegó a Itapúa como representante de la independizada República de Río Grande. Tampoco, fue recibido por Francia.


            V. LA MISIÓN DEL TENIENTE LUÍS RUÍZ


            Así como el libertador Simón Bolívar había pensado obtener la libertad de Amado Bonpland, confinado en el Paraguay luego de su captura, también el presidente de la República de Bolivia, el Mariscal Antonio José de Sucre, por pedido de la esposa del naturalista francés, intentó lograr la libertad del sabio. Para el efecto, Sucre envió al Prefecto de Santa Cruz, varias comunicaciones para el Dictador.

            El Prefecto de aquella ciudad, general José Miguel Velazco, por intermedio del teniente Luís Ruíz se dispuso a cumplir la orden: "...Ruiz y sus acompañantes llegaron al Fuerte Olimpo el 21 de mayo de 1828". El Fuerte era comandado entonces por un oficial de apellido Sosa, quien no permitió la permanencia del teniente y sus acompañantes en el Fuerte Olimpo, y les ordenó que volvieran a Coimbra, posesión brasilera, entretanto el Dictador recibía el pasaporte del teniente Ruíz. Le molestó grandemente leer en el sobre a él dirigido, el titulo de "Jefe Supremo de la Provincia". Se dirigió entonces a Sosa y le ordenó "...Devolver el pase (...) a ese venido, diciéndole: Lo primero, que antes que Bolivia el Paraguay por determinación del Congreso ha tenido el titulo de República, en cuya posesión se halla y que así es tratado por otros estados.

            Lo segundo, que en esta conformidad del que aquí gobierna por disposición del mismo Congreso no tiene el titulo de Jefe Supremo de la Provincia, come dice su pase sino el de Dictador de la República, con el correspondiente tratamiento de Excelencia. Lo tercero: que en esta República del Paraguay los Comandantes y Autoridades de las fronteras y del Interior no pueden introducir ni dejar internarse y franquear auxilios a ninguno que venga de otros estados sin expresa orden y disposición del Dictador".

            Dos días después el Dictador redactó otra comunicación para el Comandante Sosa, en donde le explica que tuvo que tomar la determinación que se manifiesta en lo anterior, "....porque de lo contrario se acostumbrarían a tratar con menosprecio y con tono de mayoría y soberbia al Paraguay y al gobierno". Y como el Dictador consideraba un insulto a la República del Paraguay y a su gobierno, el titulo que traía el sobre de la nota enviada por el presidente de Bolivia, ordenó a Sosa que despida al teniente Ruíz de las fronteras.

           

 



 

7. EL POS FRANCISMO


            Además de la pena que enlutó el país y de sumirlo en un total desconcierto en cuanto a su futuro, ningún estamento, ninguna estructura se había desarrollado a la sombra del Dictador en los 29 años y más en los que él se había vinculado al poder. Una figura al menos que pudiera contener los desbordes u organizar una sucesión tranquila y ordenada. La desorientación y la falta de alternativas hizo que nada menos cuatro gobiernos se sucedieran -uno tras otro- cuando no habían transcurrido seis meses de su fallecimiento.


            I. TURNOS PARA DORMIR EN LA "CAMA DEL PODER"


            Sintiéndose morir, el único encargo que habría dejado Francia para después de su muerte, fue uno verbal. Le pidió a su médico de cabecera, Dr. Juan Vicente Estigarribia: "... que mandase repartir sus sueldos no cobrados "a las tropas". Ninguna otra orden. Nada que oriente al despistado entorno sobre las medidas a tomar.

            Había llegado el momento que indicaba el Catecismo Patrio para el final de su gobierno: "Dios lo conservará en cuanto sea útil. Amén". Y Dios estaba tocando a la puerta...

            Ya consumados los funerales, los modestos funcionarios que habían estado a la sombra del ilustre difunto, demostraron que habían perdido el miedo pero no las mañas. Enterados del encargo a Estigarribia, se hicieron de los fondos destinados a los soldados.

            Pero para la tarea de gobierno no tenían idea alguna. Tanto que se apegaron a las formalidades para la continuidad de la burocracia y a la desconfianza mutua como sistema de relación entre el poder y los ciudadanos.

            Una de aquellas formalidades fue que decidieran compartir -por turnos, dos por noche- la antigua casa de los gobernadores y ex morada de Francia. Cuando en cada día caía la tarde, dos de los miembros de la flamante junta, se hacían de sus ropas de dormir, abandonaban sus casas y junto con sus sirvientes portando mosquiteros, mate, pava y otros adminículos, iban a dormir en el "palacio presidencial... para rodearse de mayor autoridad".

            La crónica histórica no menciona quién de ellos usaba la cama del Dictador....


 

 

            II. CUATRO GOBIERNOS EN SEIS MESES


            Al conocerse la noticia de su deceso, el 20 de Septiembre de 1840, asumió una Junta de Gobierno compuesta por los Comandantes de los tres cuarteles: Agustín Cañete, Pablo Pereira, Miguel Maldonado y Gabino Arroyo, bajo la presidente del único miembro civil de la junta; el Sr. Manuel Antonio Ortiz.

            Esta junta fue derrocada el 22 de Enero del año siguiente y sustituida por otro con sólo tres miembros: Juan José Medina, José Gabriel Benítez y José Domingo Campos.

            Sin permanecer ni 20 días en el gobierno, esta junta es sustituida por una Comandancia General de Armas. Esta Comandancia -que asumió el 9 de Febrero de 1841- la conformaron: Mariano Roque Alonso, como Comandante y Carlos Antonio López, como Secretario.

            Hasta que finalmente es restituida la figura del Consulado gracias a un Congreso que inició sus deliberaciones el 12 de Marzo de 1841. Al día siguiente, las designaciones recayeron en los señores:

            - Carlos Antonio López, Civil - Primer Cónsul.

            - Mariano Roque Alonso, Militar - Segundo Cónsul.


 

BIBLIOGRAFÍA



·AMARILLA FRETES, Eduardo. INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY. Edit. "El Arte"- Sociedad Científica del Paraguay. Asunción, 1941.

·BÁEZ, Cecilio. - LA TIRANÍA EN EL PARAGUAY. SUS CAUSAS, CARACTERES Y RESULTADOS. Serie de notas y artículos publicados en el diario "El Cívico". Asunción, 1903.

·BÁEZ, Cecilio. - HISTORIA COLONIAL DEL PARAGUAY Y RÍO DE LA PLATA. Imprenta Zamphirópolos. Asunción, 1926.

·CARDOZO, Efraim. - EFEMÉRIDES DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY. Edic. Nizza. Asunción /Buenos Aires,1967.

·CENTURIÓN, Carlos R. - PRECURSORES Y ACTORES DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL. Asunción, 1962.

·CHÁVEZ, Julio César.  LA REVOLUCIÓN DEL 14 Y 15 DE MAYO. Biblioteca Histórica Paraguaya de Cultura Popular. Vol. 1. Asunción, 1957.

·CHAVEZ, julio César. - HISTORIA DE LAS RELACIONES ENTRE BUENOS AIRES Y EL PARAGUAY. 1810 -1813 Librería y Casa Editora de Jesús Menéndez. Buenos Aires, 1938.

·Varios autores. - LA HISTORIA DEL PARAGUAY. Tomo II. Edic. ABC Color. Asunción, 2000.

·VÁZQUEZ, José Antonio. FRANCIA, VISTO Y OÍDO POR SUS CONTEMPORÁNEOS. EUDEBA, Buenos Aires, 1975.

·ZUBIZARRETA, Carlos. CIEN VIDAS PARAGUAYAS. Araverá. Asunción, 1985.

 

 

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