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REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY


  IV ÉPOCA – N° 25 NOVIEMBRE 2013 - REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY


IV ÉPOCA – N° 25 NOVIEMBRE 2013 - REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY

REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY

IV ÉPOCA – N° 25 JUNIO 2013

Editorial SERVILIBRO

Dirección Editorial: VIDALIA SÁNCHEZ

Diseño de tapa: CAROLINA FALCONE ROA

Asunción – Paraguay

Noviembre 2013 (165 páginas)



PALABRAS PRELIMINARES

Nuestra revista cumple un gran papel. Solemniza el rol de las letras en un medio donde existen tantas cosas que deben ser afirmadas y esclarecidas. Dar lustre así a las palabras con el fraternal calor de la inteligencia, y elevarlas con mayor riqueza, con la amplitud del vuelo y con las significaciones propias de la sabiduría. Y embarcada siempre y a pesar de toda en la tentativa de ser algo más.

Por otra parte, con la desaparición de la ilustre historiadora Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone, hemos perdido a un gran valor de nuestra entidad, que contribuía con sus trabajos a enriquecer las páginas de esta Revista. Nuestros sentidos pésames a sus familiares. En tanto, nos consuela que doña Beatriz dejó a su paso una luminosa estela que no se borrará fácilmente.

Y quienes quedan aún en los caminos del tiempo, que sigan dando su aporte al conmovido itinerario de nuestro país, que tanto necesita de los imborrables materiales de la razón, la fantasía y la inteligencia.

Luis María Martínez

Presidente


ÍNDICE

PALABRAS PRELIMINARES      

 

POESÍA

DELFINA ACOSTA

Enamorarse        

Los Poetas 

Óyeme       

MARIA EUGENIA AYAL A

Vamos       

GLADYS CARMAGNOLA

Alimento   

Nostalgia   

Ha valido la pena

Despertar  

JUAN DE URRAZA

Puzzle

El entrevero        

En vano     

RENÉE FERRER

El aura del bosque       


NARRATIVA

PRINCESA AQUINO

El viaje      

MARIBEL BARRETO

Paisaje sin imaginación

JUAN DE URRAZA

Revolución

IVÁN GONZÁLEZ

Microrelatos       

OMAR PINEDA

Accidente de trabajo    

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

El nombre de la verdad

LOURDES TALAVERA

La fuga de los colores    


ENSAYO

MARÍA EUGENIA AYALA

Luis María Martínez    

MARIBEL BARRETO

Irina Rafols y El Hombre Víbora

VÍCTOR-JACINTO FLECHA

Cosmovisión y práctica migratoria guaraní en la sociedad paraguaya actual

IVÁN GONZÁLEZ

Un sobreviviente en los laberintos del dolor      

EMI KASAMATSU

Barrett o la pasión por el dolor

LUIS MARIA MARTÍNEZ

Escritor y periodista crítico   

JOSE VICENTE PEIRÓ

Informe crítico literario

GENARO RIERA

El presente del adolescente    

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

Casaccia sin el lago      

LOURDES TALAVERA

Una pascua dolorosa mecida por un viento negro

 

 

 

POESIA

DELFINA ACOSTA

MARIA EUGENIA AYALA

GLADYS CARMAGNOLA

JUAN DE URRAZA

RENÉE FERRER

 

ENAMORARSE

DELFINA ACOSTA


Érase una mujer que fue rosal

y los garfios o espinas de su cuerpo

más que doler a su nocturno amante

a ella le dolían y por eso

perder su aroma prefirió una noche,

y sus rosados pétalos abiertos

como una cabellera cuando el pino

bajaba el viento de los astros rojos.

Y se deshizo del capullo último.

Y de sus ramas y el deforme tallo

por el que trajinaban las hormigas.

Era un rosal que se creyó mujer

enamorada y terminó pagando

el precio de un amor que no era suyo,

se cuenta sin embargo. Solo sé

que amar es dar las hojas a los vientos.

Y el beso de una estrella abrió mi boca.


 

LOS POETAS...

DELFINA ACOSTA


Somos legión, legión, y nos confunden

con los dementes que sin paz deambulan

por los abandonados parques públicos.

A los poetas nos consume un sueño

de estrellas. Y un rumor de viejas hojas

que el viento de la tarde zarandea

se eleva cada noche de los versos

que en el papel dejamos por si a alguno

le importa todavía nuestro oficio.

Ayer estando el firmamento calmo,

más calmo aún que en otras madrugadas,

me he puesto por ejemplo a transcribir

las últimas noticias de los astros.

Me ocurre el universo. Me sucede

que el cielo yo escudriño y tomo notas

de los luceros y la Vía Láctea.

¡Señor, Señor, se va mi extraña vida

Detrás de los versos que la lluvia lee!



ÓYEME

DELFINA ACOSTA


Mi voz va en busca ya de tus oídos.

Yo sé que te castiga ese silencio

de Dios. No hay rama seca que se rompa

haciendo suponer que Dios camina

detrás de ti por tan oscuro bosque,

y encienda en tu mirada una esperanza.

Pero no importa, súbete a mi canto.

Y cree. Solo cree y se abrirán

las olas a tu paso y se pondrán

los cielos a tu diestra. La tristeza

se irá por donde entró y algún jazmín

ocupará su sitio y nuevamente

las flores imposibles de tu vida

darán su aroma en tu pequeño huerto.

Estoy aquí llamándote mi hermano.

Tan solo calla al viento y óyeme.



VAMOS

MARÍA EUGENIA AYALA


Van mis huellas a traerte

del letargo y el olvido,

de la bruma del sudor,

del silencio de plegarias

que a mi garganta impregnan

tus años de dolor.


Van mis ansias al recuerdo

del hastío y estupor,

a salvarte del ocaso

de las botas y el olivo.


Va tu gente con mi abrazo

a buscar en tus anhelos,

a pesar de despreciarlos

los honores del poder.


Va tu pueblo que aún te reza,

va su sangre redimida,

va el labriego con su espiga,

los poetas con sus letras,

los exiliados con sus musas,

el enfermo y su esperanza,

el pobre sin abrigo,

el niño sin sonrisa.


Por el hambre que hoy nos turba

de justicia y de vida digna,

por la sed que no se sacia

vamos todos,

del olvido a rescatarte.



ALIMENTO

GLADYS CARMAGNOLA


Definitivamente no:

amor no es eso

de dar, como se arroja el bofe

a algunos perros.


Guárdatelo,

si lo que das es eso.

En realidad prefiero

beberme el aire,

devorar el cielo

y por si hiciera falta

tantear de postre un mínimo lucero.


1980

de Igual que en las capueras

Col. Corcel 1989



NOSTALGIA

GLADYS CARMAGNOLA


¿Por qué este aroma que me trae el viento

me inunda de nostalgia, de recuerdos?


(Pétalo azul,

agua,

ternura,

cielo...)


Aquel amor

¿fue amor?

¿ha sido todo cierto?


Este aroma que vive desde entonces

¿es auténtico?


1965

de A la intemperie

Alcándara, 1984



CENIZAS

GLADYS CARMAGNOLA


a mi Cecilia,

cuyas manos pretenden modelar

la verdadera forma de las cosas


Quiero mirar tus manos

inundadas del alma de la arcilla.

Que brote la hermosura

como perpetuamente alrededor brota la vida.


Que liberen tus manos esa magia

en el lodo escondida.

Dale fragancia y fuego.

Y al borde del arroyo de tu risa,

abrazando la tierra,

con ella con tus ansias confundida,

ahuyenta entre tus manos

las cenizas.


1989

de Un sorbo de agua fresca

Col. Corcel, 1995



HA VALIDO LA PENA

GLADYS CARMAGNOLA


¿Siempre has estado aquí,

siempre

esperándome,

¡y no me he dado cuenta!?


Esta mañana gris de junio, salgo

y me encuentro el refrán de mis quimeras.

Miro tu piel

y me invade tu aroma.

Eres tú, con raíz

y hasta la médula.


¿Desde cuándo, tu aquí, rosa de hierro,

esperando

mañana, tarde, noche

ante mi puerta?


Siempre tuve razón.

Ha valido la pena.


de Una rosa de hierro

Col. Corcel, 2005



DESPERTAR

GLADYS CARMAGNOLA


El sonido metálico

que todavía mis oídos guardan

con su chirriante insoslayable voz

en el umbral del día me anunciaba

que en la espesura se oirían sus pasos

en las horas heladas

a las que cuatro hermanos

apenas se asomaban,

en las que él, el único, intuía

la dimensión exacta

que comprobó después en León Tolstói,

en Dostoievski... Pirandello... (¿van der Meersch?)

y Zweig, en dramas

de los que menudean dondequiera

posemos la mirada

si queremos,

si sabemos usarla.


¡Qué frío despertar ese, a la vida,

de hermosura irrepetible, intacta,

esa que letra a letra va dictándome

las auténticas páginas.


de Río Blanco y antiguo

Intercontinental, 2002




EL AURA DEL BOSQUE

RENÉE FERRER


El bosque ilumina los ventanucos

desde las sombras fosforescentes de la noche en duelo,

ilumina las compuertas del alma con su aura de fuego;

desde lejos y cerca y casi encima

los pinos coronados con la diadema de una luz malsana

han protegido su candor bajo el firmamento estrellado,

sumidos en la calma de la faena cumplida.


Ah, la insensata placidez

de las horas nocturnales

que caminan de puntillas,

como si nada, en el reloj del oprobio.


Sombras evanescentes se diluyen remontándose

hacia un cielo aterido de distantes luciérnagas

como un pañuelo acongojado que se aleja diciendo adiós,

y en los huecos vacíos

abiertos en los bordes de la partida

una lágrima se ha quedado llorando para siempre

después de la muerte.


Desde los campos dormidos tras las espinas del encierro,

en las barracas desveladas por el cansancio,

ojos desorbitados retienen el resplandor de los árboles

doblegados por la mansedumbre del viento

que se ha puesto a sollozar al descampado.


El eco de los gritos no termina de resonar

como cascos de corceles desbocados

que dan coces en las sienes de la cita siniestra.

Y entre los troncos de pie

una procesión que no cesa gasta el sendero

con el arrastre de sus plantas

en el territorio de una memoria indeleble.


Caminan como fantasmas

hacia la incógnita sin rostro del futuro

con una piedra de silencio en la garganta,

el incauto silencio de una confianza traicionada

o el clamor estrangulado del espanto.


Desde el bosque domeñado por la congoja del amanecer

un estertor de llamas, heraldo del desdén,

ilumina las techumbres

frente a un umbral de colmillos relucientes

que aúllan al filo de la luna como perros hambrientos.


Y en la noche que sucede al día y a la noche

y al día y a la noche y al día,

la vida se hace humareda en las fauces de la fragua maldita.

No te quedes con los ojos prendidos

a la imagen de las construcciones abandonadas

en el territorio de la tristeza,

busca tu propio sendero en la savia del árbol de la vida,

en las horquetas donde pernocta el alma en ascenso

y se entibian los nidos en el invierno.


Desde las chimeneas altas como centinelas en desuso,

ellas parten de esta tierra pasajera

hacia la casa del mañana,

ceñidas por los velos de la liberación;

recorren paso a paso, desdicha a redención,

el itinerario asombroso que conduce a Tu encuentro.


(del libro IGNOMINIA, Renée Ferrer. Ediciones Alta Voz,

Asunción, 2013)

 

 

 

NARRATIVA

PRINCESA AQUINO

MARIBEL BARRETO

IVÁN GONZALEZ

JUAN DE URRAZA

OSCAR PINEDA

GUIDO RODRIGUEZ ALCALÁ

LOURDES TALAVERA

 

 

 

REVOLUCIÓN!

JUAN DE URRAZA

 

Nelson posó sus manos sobre el teclado, sudoroso. No era el teclado lo que sudaba, sino él que transpiraba, y goteaba saladamente sobre el mismo, desperdigando las mismas con sus dedos sobre la teclas, creando un empaste de sudor y mugre bastante desagradable.

Todavía no creía lo que había oído minutos atrás, de boca de su propio yo del futuro, que había “pasado” a saludarlo, y a contarle una historia increíble, que debía transcribir, yendo en contra de toda lógica posible. No sabía si se estaba volviendo loco, o si realmente eso había ocurrido, pero ya se había puesto manos a la obra.

Su yo “viejo” decía haber llegado del año 2043, y le contó, rápidamente sobre un negro futuro en el que la humanidad vivía, causado por un hecho en el que él estuvo envuelto como personaje principal, en el pasado.

Le habló de la aparición de la “LEY DEL PLAGIO INTELIGENTE”, basada en la jurisprudencia que sentó el conocido y mal llamado “Caso Garay”, donde él era encarcelado por un supuesto plagio que no cometió, pero que de todos modos llevó a una sentencia nefasta y a una cultura de erradicación del plagio que coartó las alas de todos los creativos a nivel mundial.

Porque el mundo fue diferente desde aquel día. Las corporaciones dueñas de los derechos de muchos productos intelectuales, lentamente, como un cáncer empezaron a crecer, e impedir que los creativos de las nuevas generaciones repliquen, aunque sea levemente, las historias y acontecimientos que sus narradores contaron alguna vez, sobre las cuales tenían la propiedad de derechos de autor. Ese mencionado caso, sentó las bases de lo que se convertiría en el “Estado Fiscalizador”, una especie de Gran Hermano, que desde sus ministerios de Industria y Comercio, así como de Educación, vigilaban cada nueva obra artística a la luz de las obras anteriores, y si encontraban cualquier similitud, entonces metían preso a los plagiarios a cadenas cada vez más largas y crueles, para impedir que nadie creara, o extendiera, obras que tuvieran relación con las administradas por los dueños de los derechos.

A esa altura, en su futuro, según explicó, quedaban 3 grupos editoriales principales en el mundo, que a su vez formaban parte de conglomerados aún mayores de Música, Cine y diversas artes. Así, Penguin Random House acaparaba casi todas las historias eróticas, thrillers, e históricas, Planeta se centró en historias costumbristas, de amor, y aventuras, y el grupo Plastelart, todo lo que fuera ciencia ficción, fantasía y horror. Solamente los escritores que firmaban con esas corporaciones podían escribir sobre esos temas, y si una novela incluía diversas temáticas (por ejemplo, una novela de ciencia ficción pero con componentes históricos), los grupos arreglaban detalladamente el acuerdo y el porcentaje de ganancias sobre el precio de venta, para ceder los derechos de explotación de la temática al otro grupo, tal cual ocurría con las patentes de invenciones en otras áreas del saber humano.

Esto significaba que la creatividad había quedado estancada, que los escritores debían atarse a alguno de los tres grupos para poder escribir algo, y que fuera una idea descabellada no hacerlo, puesto que todas las historias que se pudieran ocurrir a cualquiera ya habían sido narradas de alguna forma, en alguna ocasión, por algún autor en algún libro, alguna vez. Y si bien los libros pasaban a ser de dominio público 50 años luego de la muerte del autor, estos grupos de poder tenían tantos libros semejantes en su haber, que de seguro habría alguno aún protegido al cual estarían plagiando ideas si se analizaba en profundidad su colección.

El viejo Nelson le contó al joven que él había, esta vez, viajado, realmente, al pasado, y había visto con sus propios ojos la “revolución de Diciembre de 1813”, en Paraguay, y hasta participado en ella. No había ido acompañado ni de un abuelo sabelotodo ni de una tortuga parlante, sino que había ido solo. Allí urdió un plan, ahora estaba de regreso antes de volver a su tiempo, para aleccionar a su previo yo. Al joven Nelson le quedaba únicamente como tarea escribir la nueva historia que le habían contado, que aunque le parecía asombrosa, pero según él mismo (él viejo, me refiero), sería lo mejor para todos, y para él mismo.

¿Cómo sucedió esto?, pues nada, alguien que supo de su pasado difícil, causado justamente por el Caso Garay, había llegado de un futuro mucho más lejano y le había regalado una máquina para viajar en el tiempo, como premio por su esfuerzo en intentar evitar (en vano) el oscuro precedente que sentó el plagio. Era una hermosa mujer, veleidosa, que solo le había dado su nombre de pila: Alicia. Ella tuvo la brillante idea de regalarle la máquina, conmovida por su historia y las repercusiones que trajo consigo. Estas máquinas eran muy caras, se habían inventado 5 años atrás (de aquel tiempo), y estaban, en general, prohibidas en su uso salvo para temas militares y gubernamentales, lo que no impidió que ella se hiciera con una, y decidió prestársela a Nelson, para que al menos conozca una verdadera máquina del tiempo. El origen de la mujer era un misterio, y solamente le dijo que se la entregaba para así poder “solucionar este entuerto”. Luego se retiró y no supo más nada de ella.

Nelson ya era un hombre viejo cuando esto sucedió, rondando los 70 años, pero, energético como siempre, no dudó en usarla, viajando directamente a la época de la revolución, antes de visitarse a sí mismo en el 2009.

La primera recomendación que le dio el viejo al joven fue que, para la historia que estaba escribiendo sobre una tortuguita que viaja en el tiempo, no use el recurso de la máquina del tiempo, el túnel del tiempo, ni el recurso onírico de haber estado soñando viajar en el tiempo. El mejor recurso era, según él, que el tiempo simplemente empezó a retroceder repentinamente, por obra y gracia de algún acontecimiento que la ciencia nunca pudo dilucidar, llegando hasta el momento exacto de la revolución de Mayo. Y luego continuó hacia adelante. Cómo si hubiera tosido el universo, dado un paso hacia atrás, y luego continuado. Solo que la tortuga, en ese momento, estaba escondida en su caparazón y no se enteró, y cuando despertó, ya estaba en el pasado. Un recurso así nadie lo había narrado nunca, y por lo tanto no podría reclamarse falta de originalidad.

En segundo lugar le narró los hechos de la revolución libertadora de Paraguay que todos conocían y aparecía en los libros de historia: ocurrida el 13 de diciembre de 1817. Los héroes fueron Francisco Gonzaga, Fernando Torres, Marcio Páez, y el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia. Le recordó los nombres de varios mártires que no fueron parte de la verdadera revolución, puesto que habían sido asesinados a principios de 1811 cuando se descubrió que estaban confabulando contra la corona. El Dr. Francia era el único que, con sus artes del engaño, había logrado escabullirse de ese intento fallido y logrado participar del segundo, esta vez, con éxito.

El gobernador español en 1817 era Graciano Torrevieja, que había reemplazado a Velasco, al haber muerto éste en 1814 a causa de la disentería.

Los nuevos revolucionarios, habiendo aprendido de los mártires previos, urdieron otro plan. Envenenaron la comida de una cena de gala que se llevó a cabo en la fecha mencionada, matando al gobernador, soldados, jefe de policía, y a la gran mayoría de los hombres fuertes del régimen. Era una época ya sumamente calurosa, y nadie pasó frío. No hubo campanadas de la catedral ni 12 cañonazos en la plaza, ni festejo alguno, es más, mucha gente tardó meses en enterarse del cambio de gobierno. No hubo pueblo que saliera a festejar. Solo los revolucionarios sacaron los cuerpos ya tiesos a la plaza, y los quemaron en una gran pira. La gente estaba asustada, en realidad temía una represalia de los españoles, y no estaba interesada en ser soberana. Pero, debido a problemas de la corona, no pudieron ocuparse de Paraguay a tiempo, y, cuando intentaron hacerlo, ya era tarde, se había consolidado la patria, y ya no podían retomarla. Luego vino todo lo que ya se sabe: la primera gran dictadura, los López, la Guerra grande, y todo lo demás.

El viejo Nelson entonces le dijo al joven:

—Pero no puedes escribir sobre esto. Si lo haces, el mundo será un lugar gris, donde la creatividad estará confinada, donde los pensadores no podrán expresarse. Tú debes contar otra historia, una diferente.

Nelson joven se negaba, no concebía narrar algo diferente a lo que los libros de historia le contaron desde siempre.

—¡Nelson! —le reclamó. —¡Esa verdad que defiendes es solamente una verdad posible! ¡Pero no la única! Yo vengo del pasado, probé adelantar los hechos verdaderos, para que la historia cambiara, y de ese modo no sucediera lo que pasó con el “Caso Garay”. Pensé que si la historia era diferente, esto no sucedería. Viajé a 1811 y gesté una nueva revolución, y fue mucho más bella, colorida, y feliz que la de 1817. Solo que al cambiar el pasado, ambos escribieron sobre el mismo pasado nuevamente, sobre el que yo había creado, y se repitió el ciclo, al haber cambiado la historia. De eso me di cuenta al volver a mi tiempo. Entonces, lo que decidí hacer, fue regresar otra vez al pasado, detenerme a mí mismo y a mis planes, originales, y dejar que la historia fluyera tal cual fue en el caso original. Y luego, decidí venir a este momento, y contarte otra historia de la revolución patria, o al menos una alternativa que por un tiempo, alguna vez, fue real. De modo a que la escribas, y que en el mundo se sepa lo que podría haber sucedido. Obviamente que va en contra de todo lo que dicen los libros de historia que conoces, en este tiempo. Pero lo que te cuento también ocurrió, en otra realidad paralela. Allí es la verdadera verdad, y, cuando tengas mi edad, irás y la recrearás, en la máquina del tiempo, y verás que no te engaño. Esta es una historia mucho más fabulosa o entretenida que la que conoces y has leído en los libros de historia, muy interesante, y conociendo tu creatividad, que estoy seguro de que le darás el toque mágico que necesita para que sea más divertida para los niños. No servirá como material de estudio en los colegios, pero sí para entretener a los chicos y que expandan su mente, pensando “cómo podría haber sido” un Paraguay diferente, un Paraguay libre desde mucho antes. Ese es tu desafío.

El anciano, luego de esta arenga, se despidió y regresó a su tiempo.

El joven Nelson, entonces, tomó todas las notas e historias del viejo, y rearmó con ellas el libro, narrando los increíbles sucesos que escuchó de sí mismo.

***

Al llegar a su tiempo, el viejo Nelson se dio cuenta de que todo había cambiado. Con solo echar una mirada a su biblioteca, y a la TV, que se hallaba encendida. La literatura estaba en su mayor apogeo, luego de décadas luchando contra medios alienantes. El “Caso Garay” no existía, ni el temor a ir preso por cualquier historia que alguien escribiera. Es más, las patentes se habían abolido, y se estaba en una era de creatividad sin límites, y de trabajo cooperativo en la construcción de ideas, historias, y conocimiento.

El sonrió. El mundo era un lugar mejor.

Caminó rápidamente hasta los estantes, y tomó el libro “Karumbita, la Patriota”, el cual releyó. En él, la tortuga viajaba a cinco años antes de lo que sería la revolución de diciembre de 1817, y, sin darse cuenta, ayudaba a adelantar la independencia patria, de forma a evitar que esos mártires de la revolución de 1811, casi desconocidos, murieran sin cumplir su destino. Era una historia de fantasía, pero sumamente reconfortante. Bello libro, por cierto. Contenía confabulaciones, nuevos próceres desconocidos (Yegros, Francia, Cavallero, Molas, Iturbe y otros), contraseñas, un callejón histórico, noches de frío, comida típica, el enfrentamiento con el gobernador Velasco, flores rojas, blancas y azules, salvas de cañones, gente con algarabía en la plaza, y el grito de “¡LIBERTAD!”.

 

 

 

EL NOMBRE DE LA VERDAD

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ


Después de un número indefinido de tragos, Alberto Cortés comenzó a sentirse en vena filosófica. El comienzo de su filosofía lo dio un trozo de conversación oído inadvertidamente. Un camarero decía al otro que el señor (el propio Alberto Cortés) parecía menos extranjero que antes. ¿Extranjero? ¡Si nunca había dejado el país! Había viajado mucho, por cierto, pero por poco tiempo, o sea sin perder contacto con los amigos, con los chismes, con las ocurrencias políticas. Su única ausencia larga —relativamente larga— había sido la de la operación, que le pasa a cualquiera, y sin necesidad de que lo tengan que considerar extranjero. Claro que su extranjería era una cuestión deliberada y fácil para él, que podía pasar por brasilero o portugués, por colombiano o español, por norteamericano o irlandés —todo según la manera en que administrara su pronunciación, cuidadosamente local o extranjera, según las conveniencias—. ¡El extranjero! ¡Por favor! Seguía siendo el mismo, aunque esa noche un poco menos animado, porque la mesa la había reservado para dos personas y había terminado en una sola. ¿Qué había pensado Julia? ¿Le habían contado una historia de piratas o de narcotraficantes, una de aquellas que infaliblemente mata una pareja? Todo podía ser. Las últimas veces, Alberto la había encontrado difícil, evasiva, e incluso desconfiada. ¡Paciencia! La chica del escenario lo había mirado una o dos veces, y no por casualidad. Él le había sostenido la mirada, y sabía lo suficiente para saber que, sin necesidad de Julia, su mesa single terminaría doble.

Con todo, él era un hombre voluntarioso, y le costaba resistir la frustración. ¿Así que Julia no había querido? Le fastidiaba el hecho, aunque se sintiera capaz de conseguir suplente. Y ese fastidio se manifestaba en unos cuantos tragos de más, él que siempre había sido un hombre sobrio, porque tenía asuntos más importantes que el alcohol o el crack, o cualquiera de esas estupideces que se inventaban para manipular a la gente sin carácter. Carácter le sobraba a él, que además podía asumir varios. El hombre de la mesa de al lado, por ejemplo, había sido su compañero de colegio y no podía reconocerlo. Lo conocía, sí, pero en uno de sus caracteres, el del empresario exitoso llegado al país con una inmensa fortuna. ¿Llegado de dónde? Eso se habían preguntado los camareros (lo escuchó por casualidad) y se preguntaban todos los que le conocían. ¿De dónde había surgido ese personaje misterioso, que por momentos pasaba por uno del país y por momentos por un agente secreto? Nadie se atrevía a decírselo en la cara pero él sentía —y a veces oía— que también lo creían hombre de alguna organización criminal (los camareros lo habían susurrado).

Y bien, criminal entonces. El único inconveniente de aquello podía ser que aquella noche, para desgracia de todos, también el presidente había decidido ir a la fiesta, y el club hervía de tipos de la policía con uniforme y sin él. Si a oído de algunos de aquellos gorilas llegaba el rumor de que el señor de la mesa cinco (la de Alberto) era sospechoso, podía esperarle un mal momento al de la mesa. Después las explicaciones, los documentos, etc., pero el mal momento no se lo quitaba nadie.

En estas reflexiones andaba Alberto, a quien todos llamaban el señor Esteve, y a quien nadie hubiera podido reconocer como el viejo socio del club, el chico que había aprendido a patinar sobre el piso de la pista donde ahora se daba la gran fiesta; el muchacho que había bailado disfrazado en la misma fiesta; el hombre que había tenido que desparecer por un tiempo. ¿Era peor que los otros? No, no era peor. ¿Qué podía decirle el tipo de la mesa de al lado, el ex compañero de colegio, cuyas trapisondas conocía una por una? ¿Qué podía echarle en cara el propio Presidente de la República, viejo ladrón? El presidente, sin embargo, de haber reconocido al auténtico Alberto detrás de la máscara de extranjero misterioso, lo hubiera mandado preso, o para pasar por honesto, o por presión de la opinión pública. ¡La gente! Decididamente, se decía él medio borracho, hay personas con más suerte que otra; a mí... bueno, para qué considerarme el santo que no soy, a mí me ha tocado la mala suerte, la de ser un sinvergüenza a cara descubierta; en realidad, alguien que ha tenido que cubrirse la cara con una operación perfecta, indetectable. Fueron semanas y mucho dinero, pero se justificaba por una cuestión de supervivencia y de placer. De otro modo, ¿hubiera podido estar en la fiesta del club? No. Tampoco el presidente hubiera aceptado una donación suya para su reciente campaña política, y no por honesto, sino porque no le hubiera convenido comprometerse con el auténtico Alberto Cortés. El presidente había recibido el dinero de un filántropo, un magnate que repartía dinero a pintores, ecologistas y políticos.

Así que en el fondo todo estaba bien para el señor Esteves, ya medio borracho, y que había comenzado a contagiarse de la alegría general, y que había comprado un número de la rifa millonaria y de supuesta beneficencia. La chica del escenario, después de mirarlo y remirarlo, se embarcó en el ritual del sorteo y lo miró de nuevo señalando el número ganador: el de la mesa cinco. Fueron ovaciones y una sensación de bienestar para el de la mesa, que avanzó con la dificultad del alcohol, recibió un beso y luego, a la pregunta de la chica, que evidentemente estaba disponible para más tarde, dijo al micrófono su nombre para todo el mundo, y demasiado tarde advirtió que más de un gorila se le acercaba porque, en vez del convencional Esteves, había dicho Cortés.

 

 

ENSAYOS

MARIA EUGENIA AYALA

MARIBEL BARRETO

VICTOR-JACINTO FLECHA

IVAN GONZALEZ

EMI KASAMATSU

LUIS MARIA MARTINEZ

JOSE VICENTE PEIRÓ

GENARO RIERA

GUIDO RODRIGUEZ ALCALÁ

 

 

 

LUIS MARÍA MARTÍNEZ

DEL TRINO SOTERRADO AL GRITO LIBERTARIO

MARÍA EUGENIA AYALA

 

En su largo derrotero literario, Luis María Martínez nos invita a transgredir el letargo del tiempo espejando el vitral de la historia de nuestro pueblo a través de su veintena de libros de profunda crítica social evadiendo desde siempre las tijeras de la censura.

“Hemos hecho, al parecer, lo necesario e inevitable sin amputar la verdad y sin apuntalar la mentira”. Nos dice el escritor en su Antología de la poesía Social Paraguaya, nada más preciso para definir la labor literaria de uno de nuestros más importantes y férreos escritores de contenido social.

La poesía en general suele estar asociada a la belleza de las palabras. La forma es clave en el impacto que tendrá un poema: siempre se trata de elegir el concepto preciso y ubicarlo en el lugar apropiado.

Esto no quiere decir que la poesía sea solo forma y nada de contenido: nada más alejado de eso. Hay que destacar que ciertas corrientes poéticas prestan una mayor atención a lo dicho en el discurso.

Una de ellas es la poesía social, tal como se conoce a un movimiento poético español que se desarrolló en las décadas del “50 y del “60. Su característica principal era la denuncia de las condiciones políticas tras la Guerra Civil y durante la dictadura de Francisco Franco. En Latinoamérica, un pedazo del mundo que sufrió la pesada mano de innumerables dictaduras, también por tal motivo, dio muchos e importantes exponentes de la literatura social. Paraguay de hecho, no ha sido la excepción y Luis María Martínez uno de los principales exponentes.

“Muchos escribieron del país aherrojado por la opresión, del que vivió en cautividad en cárceles de soberbia piedra bruta y en medio de la brutal solemnidad de los verdugos. ** Más los auténticos poetas sociales han sido pocos. Quienes se empeñaron en ser tales toda la vida, para transmitir el permanente sesgo de sus vidas Dice Luis María Martínez en su Antología de la poesía social paraguaya, publicación con la que ha sido capaz de recopilar una importante mayoría de poetas que en algún momento de sus vidas han dejado su grano de arena a la lucha a la que convoca la poesía social en Paraguay, sorprendentemente la abundancia de sus páginas nos da la prueba de que la historia paraguaya también fue escrita por la literatura social.

Los principios políticos y sociales de Luis María Martínez son completamente incompatibles con el prebendarismo y la corrupción, su poesía como también su ensayística a lo largo de todos sus libros es siempre de denuncia, nos mantiene en el recuerdo palpable de un pueblo que sufrió desde siempre, nos hace caminar, correr y transgredir los límites del tiempo para que nunca olvidemos quienes hemos sido, por qué somos y cómo seremos los paraguayos, nos hace pensar hundiendo las manos en el baúl de la memoria de nuestras guerras, de nuestras dictaduras y nos enseña la enviciada presencia de la corrupción que aún no muere en medio de un crisol de sentimientos y emociones en este lento “crecer” de nuestra joven democracia que nunca acaba de ser plena.

 

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EL TRINO SOTERRADO

PARAGUAY: APROXIMACIÓN AL ITINERARIO DE SU POESÍA SOCIAL - TOMO I

Por LUIS MARÍA MARTÍNEZ

Ediciones INTENTO, Asunción-Paraguay 1985 (427 páginas)

 

 

 

 

 

 

UNA SOBREVIVIENTE EN LOS LABERINTOS DEL DOLOR

RECEPCIÓN DE “LA DAMA Y EL TIGRE” (2013),

NOVELA DE LOURDES TALAVERA

Ensayo de IVÁN GONZÁLEZ


¿Cuán grande es el dolor que nos ocasiona la pérdida de un ser querido? ¿Cuánto mayor puede ser la pérdida de una madre, siendo aún niños? ¿Cuánto puede marcar nuestras vidas un hecho de esta naturaleza, más aún si sentimos que la muerte de nuestra madre es un abandono?

“La dama y el tigre”, novela de Lourdes Talavera, nos plantea estas interrogantes y nos presenta una posible respuesta, narrándonos parte de la vida de Silvina Brandoni, personaje central de su relato.

 

¿Quién es Silvina Brandoni?

Silvina Brandoni es una mujer marcada por padecimientos psicóticos que tienen sus raíces en su infancia y que la conducen a una vida desdoblada; por un lado, la Silvina “normal” —por darle un rótulo a esa forma que tenemos todos de ser reconocidos por la sociedad, encajándonos en sus parámetros—, la Silvina que ejerce una profesión y que tiene “una personalidad propia... (y que no necesita) ...recurrir a estereotipos para sentirse

segura y adaptada al medio...” donde se desenvuelve (p. 24); y por otro, la Sivina “enferma” que escucha voces, que dialoga con un tigre al que siente su protector, que precisaba de “una dosis alta de adrenalina para alinearse con sus sentimientos” (p. 39), que no termina de recuperarse de un estrés postraumático que había sufrido en su infancia luego del suicidio de su madre, que construye un caso sobre un supuesto asesinato en serie y que resulta finalmente ser una invención suya, que “delira con cosas que no existen y va más allá de la cordura” (p. 163).

Quien lea la novela debe prepararse a navegar con Silvina las aguas que ella navega; a darse cuenta que las “cosas que no existen, a veces, son más numerosas de las que existen” (p. 131); a conocerla en sus dobleces; a escuchar a Blake, su amigo tigre desde la infancia; a reconocer que uno también tiene noches que están en su interior; y que uno también tiene un lado luminoso y otro oscuro —como Marina, la madre de Silvina y ella misma.

El personaje de Silvina inspira curiosidad, al principio de la novela, pues ni bien esta se inicia la vemos confrontada por un tigre y nos enteramos, por confesión del narrador, que en “ocasiones el alto muro que la resguardaba se desmoronaba y quedaba desnuda ante el mundo” (p. 12).

Esta curiosidad inicial va in crescendo a medida que avanzamos en la lectura de los capítulos, por los diferentes indicios de perturbación mental que presenta la protagonista. Pero terminamos sintiendo pena por lo que le ha sucedido en la niñez, por sus miedos, por su angustia, por sus alucinaciones, por su terrible soledad poblada de fantasmas y rituales. ¡Pobre Silvina! ¡Tan sola ante la muerte de su madre, con tanto sentimiento de abandono!:

“Antes de morirse mi mamá ni siquiera me abrazó. Ni siquiera me escribió una palabra de despedida” (p. 199).

Y sin embargo, hay un amanecer al final de la noche. Hay un reconocimiento, por parte de Silvina, de su debilidad y de las raíces de su padecimiento. Un saber, en definitiva, que “tiene la oportunidad de decidir su destino, de ahora en adelante” (p. 206), que ella es una “sobreviviente en los laberintos del dolor” (p. 180).

 

¿CÓMO ES EL DISCURSO NARRATIVO QUE NOS PRESENTA A SILVINA BRANDONI?

El discurso narrativo que nos presenta a Silvina Brandoni, tal cual ocurre con el desdoblamiento de la protagonista, se desdobla en dos tiempos: el pasado y el presente. El tiempo pasado es el predominante en la novela, pero aquí y allá irrumpe el tiempo presente, desgarrándolo, dislocándolo; dejándonos la inquietante sensación de que el pasado cobra vida y sucede, coexiste, ahora mismo en la vida de Silvina y en la nuestra, que somos testigos del momento exacto en que van ocurriendo, trayéndonos a ella y a nosotros sus fantasmas en este instante que estamos viviendo. En un pasaje de la novela, Silvina dialoga con su madre muerta:

— ¿No comes nada?

— De donde vengo, nadie come.

— Pero, ¿beben?

— Tampoco beben.

La mira a la cara y pregunta:

— ¿Me acostumbraré a eso?

— Es posible, pero no tiene que ver con el tiempo. Existen lastres que llevamos a cuestas que tienen que ser eliminados aunque nos hayamos acostumbrado mucho a ellos. En realidad, se los elabora para reciclarlos e integrarlos a la existencia (p. 128-129).

El uso del tiempo presente en el discurso narrativo tiene que ver con la presentación de la manera como Silvina vive y revive en un continuum sus alucinaciones. De alguna forma, es el tiempo interno de Silvina que transgrede y trastoca el tiempo externo del relato.

Finalmente, debemos decir que el discurso narrativo no hace sino darle ritmo y sensación a la figura central de la novela, completando de ese modo la configuración de los padecimientos de la protagonista, en el espacio que ella vive antes de que se abra para ella una puerta a la esperanza, una puerta a una nueva vida, ya sin Blake, ya sin sus fantasmas y sus miedos.

Cercana la primavera, 2013


 

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FICHA BIBLIOGRÁFICA

Título: La dama y el tigre. Autora: Lourdes Talavera

Género: Narrativa - Subgénero: Novela

Año: 2013. Editorial: Arandurá. Páginas: 206 págs.

 

 

 

UNA PASCUA DOLOROSA MECIDA POR UN VIENTO NEGRO

ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE,

Premio nacional de Literatura 2013

Ensayo de LOURDES TALAVERA

 


Quizás Alcibíades González Delvalle, ni siquiera se recuerde que en el mes de noviembre, del aciago año 1976, una mañana, asistió como invitado a  un encuentro con las estudiantes de un colegio. Él fue para hablar, para describir la experiencia de teatro comunitario que se llamaba “Aty ñee” y que fue el tema investigado para nuestro trabajo práctico de literatura. La profesora, Beatriz Herreros de Usher, se mantuvo pálida y prudente durante toda la sesión, tal vez arrepentida por haber cedido al capricho de un grupo díscolo de señoritas, que eligió al escritor “prohibido”.

Recién, en esta etapa de mi vida puedo dimensionar el coraje demostrado por la profesora y del escritor invitado, en esos tiempos de la barbarie stronista. Desde una mirada personal, creo que esa y otras numerosas experiencias me llevaron al compromiso de mantener viva la memoria y reivindicar la libertad y las libertades de las personas.

Alcibíades González Delvalle, ha aportado con su tarea narrativa a la construcción de una vertiente literaria en nuestro país, que a nivel latinoamericano se denomina: La literatura de la dictadura y la tortura. Hace pocas semanas atrás, su novela “Un viento negro” ha recibido el Premio Nacional de Literatura 2013.

El comentario que sigue, lo escribí después de leerla y de volver a sentir en el alma, el mismo desasosiego ante aquella pascua dolorosa de 1976, en el Paraguay.


“La dictadura es un tema incorporado a la narrativa latinoamericana y la paraguaya ya sea de manera explícita o implícita y muestra el miedo de los personajes en su realidad de represiones, tortura, prisión y muerte. Esta realidad socio-política, mirada de manera crítica está presente en la novela “Función patronal” de Alcibíades González Delvalle como asimismo, en “Un viento negro” donde se palpa el peso del pasado histórico- político como un elemento contundente del presente vivencial de los personajes de la obra. Todas las dictaduras latinoamericanas fueron sangrientas. Estos regímenes, apoyados por las Fuerzas Armadas se caracterizaron por su afán desmovilizador y su represión exacerbada en contra de la disidencia política. La dictadura del General Stroessner en Paraguay (1954-1989) fue el modelo articulador para el resto de las dictaduras latinoamericanas. A través de la metodología represiva eliminaron toda posibilidad de disidencia política y se materializaron a través de figuras delictivas como: detenciones ilegales y secuestros, seguidas, en la mayoría de los casos de homicidios y desapariciones forzadas previa tortura de las víctimas, todas ellas generalmente pertenecientes a los partidos comunistas y socialistas, así también integrantes de focos guerrilleros. La represión militar de las décadas 60-80 tuvo una característica tristemente particular en América Latina: la colaboración entre los dictadores sudamericanos para establecer una organización represiva internacional denominada “Operación Cóndor”, que ejecutó un plan sistemático y minuciosamente organizado para lograr la vigilancia, detención y tortura de los opositores al régimen, más allá de las fronteras. Este hecho se constata en la obra de González Delvalle.

La novela capta y expone a sus personajes que viven en un presente absorbidos por un pasado, o en función a una realidad que ya no existe y que les sume en la desilusión, la desubicación o la impotencia. Se deduce, que sus fantasmas los acosan y los limitan en su entorno presente. Narrada en tercera persona, la angustia existencial y el compromiso de cambiar una realidad opresiva de los protagonistas, los lleva a sucumbir por la represión ante su militancia anti dictatorial. Aquí, la narrativa de González Delvalle prioriza los problemas relacionados con la dictadura en el escenario nacional, donde un proyecto de insurrección nacional se proyecta como un símbolo de mecanismo histórico-político repetitivo: el de la militancia y la represión, traducidos como el deseo de cambio social ante el sistema opresivo.

El discurso narrativo sigue un orden cronológico, aunque se incorpora el recurso del flash-backs con hechos importantes del pasado. De este modo, el presente que arranca con el golpe de Estado en febrero de 1989, aparece invadido por eventos de más de una década atrás, que se denominó en su conjunto “La pascua dolorosa”. La historia está estructurada como un relato en petites histories, orientados de preferencia en el presente cuyo hilo conductor, la militancia va relacionando las historias entre sí. Implícitamente se desprende de la obra, que el retorno de la democracia no significa una recuperación milagrosa e instantánea de la conciencia histórica de la nación y de que esa recuperación restañaría las heridas profundas mediante un ejercicio aplicado y sostenido de la escritura como arqueología de la memoria y como estadio inicial de la catarsis colectiva, como se lee en el capítulo de Eva Alonso, una de las protagonistas.

“Un viento negro” nos confronta con las historias de Blas Arzamendia, Dionisio Rojas, Ramón Segovia, Raimundo Flores y Eva Alonso. La caída de la Organización Político- Militar, en la semana santa de 1976 y represión a los líderes y militantes de las Ligas Agrarias, son realidades que se enmarcan en un escenario de ficción para mostrar hechos llenos de espanto que prácticamente diezmaron a una generación, en el país. La intensidad con que incide el pasado histórico personal se evidencia en Eva Alonso o la viuda de Raimundo Flores.

Otro aspecto que se evidencia es el espacio narrativo o escenario que presenta al Paraguay como una gran cárcel, en una sociedad que oprime, sofoca y con ambientes limitados y limitantes. También, se encuentran otros espacios-cárceles como el Departamento de Investigaciones, en Asunción; Abraham-Cué, en Misiones o la cárcel de Emboscada que adquiere la imagen de un campo de concentración de “subversivos” donde las necesidades básicas de los recluidos son irrespetadas.

Considero que mediante relatos orientados de preferencia hacia el presente, desde el pasado, se contribuye a la innovación estructural y técnica de la narrativa paraguaya. La literatura sobre la dictadura nutre la memoria colectiva y favorece la construcción de una identidad nacional que, una vez más, hay que repensar y reformularla y “Un viento negro” nos encamina por ese sendero.

 

 

 

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UN VIENTO NEGRO, 2012. Novela de ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE

Primera Edición: Servilibro, Octubre 2012

Asunción, Paraguay,

Octubre de 2012 (331 páginas)

 

 

 

 

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DELFINA ACOSTA ;

MARÍA EUGENIA AYALA ;

GLADYS CARMAGNOLA ;

 JUAN DE URRAZA ;

RENÉE FERRER .

 

NARRATIVA

 

PRINCESA AQUINO ;

IVÁN GONZALEZ ;

JUAN DE URRAZA ;

OSCAR PINEDA ;

GUIDO RODRIGUEZ ALCALÁ .

 LOURDES TALAVERA .

 

ENSAYO

 

MARIA EUGENIA AYALA ;

MARIBEL BARRETO ;

VICTOR-JACINTO FLECHA ;

IVÁN GONZÁLEZ ;

EMI KASAMATSU ;

LUIS MARIA MARTINEZ ;

JOSE VICENTE PEIRÓ

GENARO RIERA ;

GUIDO RODRIGUEZ ALCALÁ .

 

 

 

 

 

 

 

 

Para compra del libro debe contactar:

 

Editorial Servilibro.

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