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BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ DE GONZÁLEZ ODDONE


  LA MISIÓN DE JOSE DE ABREU - Por BEATRIZ R.A. DE GONZALEZ ODDONE


LA MISIÓN DE JOSE DE ABREU - Por BEATRIZ R.A. DE GONZALEZ ODDONE

LA MISIÓN DE JOSE DE ABREU

Por BEATRIZ R.A. DE GONZALEZ ODDONE

 

En su zozobrante política Carlos IV de España fue en un comienzo enemigo acérrimo de la Revolución Francesa y más tarde aliado de Francia, pese a haber tenido que devolverle la Luisiana, en 1802. Pero esta alianza no impedira que el Almirante Nelson, al frente de la poderosa escuadra inglesa, derrote a la escuadra aliada, al mando del francés Villeneuve, en la famosa batalla de Trafalgar, en 1805.

Desmoralizada España por la gran derrota que inicia la decadencia de su imperio, hostigada tanto por Inglaterra como por Francia, no ve otra salida que firmar con esta, en Fontainebleau, el 27 de octubre de 1807, un Tratado que permitiría a los ejércitos de Napoleón invadir Portugal y que un año mas tarde invadirían la misma España, lo que impulso a Carlos IV, monarca débil e inepto,'a abdicar en favor de su hijo Fernando VII, en 1808.

Paralelamente, Portugal, días antes del tratado de Fontainebleau, el 22 de octubre, había suscrito con Inglaterra un tratado de amistad y cooperación. Pero ante la invasión napoleónica, de acuerdo con Inglaterra, la Corte de Portugal se trasladará al Brasil.

Ejercía entonces la Regencia de Portugal el Príncipe D. Juan, a raíz de la demencia de su madre, la reina Da. Maria, que la imposibilitaba gobernar. Estaba casado D. Juan, con la primogénita de Carlos IV, la Princesa Carlota Joaquina de Borbón.

Había heredado Carlota Joaquina el carácter firme y la gran ambición de su madre, la reina Maria Luisa, y no se resignaba a su papel de Princesa consorte, lo que quizá contribuyo a que la pareja no constituyera un matrimonio bien avenido. No obstante, la Princesa acompaño a su marido cuando el 29 de noviembre de 1807, la corte lusitana, acompañada de 15.000 personas, abandono Portugal.

Viaje largo, cansador, que durara cuatro largos meses, pero que permitirá al Príncipe Regente canalizar la frustración natural que debía embargarlo al verse forzado a abandonar su invadido reino, en proyectos de futuras conquistas.

¿Y qué mayor conquista podría aspirar el Príncipe portugués que el territorio del Rio de la Plata, lo que haría al Brasil dueño de casi toda América? Sobre el tema mantuvo largas y secretas conversaciones con su lucido y dinámico ministro de asuntos extranjeros, D. Rodrigo de Souza Coutinho, mas tarde Conde de Linares.

Entusiasmado con la idea de apoderarse de los territorios españoles, a seis días del arribo de la Corte portuguesa a Rio de Janeiro, el 13 de marzo de 1808, Souza Coutinho dirigirá un mensaje a las autoridades de Buenos Aires ofreciendo "a nombre de su soberano, tomar el Cabildo y Pueblo de la ciudad de Buenos Aires y todo el Virreynato bajo su Real protección".

El tono del documento era cordial pero entranaba "una velada amenaza bajo la forma de una advertencia". En suma, el Príncipe Regente hacia saber a las autoridades de Buenos Aires que si estas no se avenían a sus intenciones, se vería obligado a proceder de común acuerdo con su poderoso aliado -Inglaterra- y "con los grandes y fuertes medios que la Providencia deposito en sus reales manos... "1

Esta agresiva actitud no toma de sorpresa a las autoridades rioplatenses, que ya estaban alertas desde que se enteraron de la noticia del traslado de la Corte portuguesa al Brasil.

El 19 de febrero, a poco menos de un mes del arribo de D. Juan a Rio de Janeiro, el Virrey Santiago de Liniers, escribía confidencialmente al gobernador del Paraguay, D. Manuel Gutiérrez Varona, ordenándole que fortaleciera las fronteras con el Brasil para evitar sorpresas, evitando por todos los medios que el hecho trascendiera para no alarmar a la Provincia.

Cumpliendo la orden de Liniers, Gutierrez Varona, en nota también muy confidencial del 16 de marzo, ordena al Comandante de Villa Real, Jose de Espinola, reforzar las tropas de las fronteras y realizar todas las averiguaciones posibles sobre el movimiento de los efectivos portugueses en dichas fronteras. Le pedía además un informe completo sobre las armas y municiones con que contaba la zona a su mando y el número de hombres que se podrían reunir, en caso de que los portugueses atacaran.

No le hubiera sido nada fácil a los paraguayos defender sus dos extensas fronteras, la del Norte y la del Uruguay, en caso de un ataque portugués, dado que el Brasil estaba concentrando un gran número de tropas, a las que adiestraban a diario, en la Banda Oriental del Uruguay.

Consciente de la difícil situación de la Provincia, Gutiérrez Varona solicitara los recursos necesarios a Buenos Aires "porque yo no puedo responder al Rey de esta Provincia y mucho menos de la de Misiones, comprometiéndome únicamente como me comprometo a tomar un Fusil y de este modo u otro, derramar hasta la última gota de mi sangre por el Rey y por la Patria, pero sin ser responsable de lo que no puedo defender ni conservar silos enemigos me atacan". No obstante su inferioridad bélica, el Gobernador dará instrucciones para que se tomen todas las medidas precautorias posibles.

A la nota-amenaza enviada por el ministro del Príncipe Regente a Liniers, seguirá un mensaje de la Princesa Carlota Joaquina al Cabildo de Buenos Aires, en el que había valer sus "derechos". Inicia así Da. Carlota su batalla diplomática para apoderarse de los dominios españoles, en América, de su depuesto padre y su destronado hermano Fernando VII.

Pero Souza Coutinho, impaciente por lograr su cometido, no se detiene en su arrogante nota y envía al Rio de la Plata al Brigadier Joaquin Curado, en misión confidencial, con el fin de averiguar si el gobernador de Montevideo estaría de acuerdo en ponerse bajo el dominio del Príncipe Regente por las buenas, ya que, de togas maneras tendría que hacerlo por la fuerza, de acuerdo con los planes de la Corte de Rio de Janeiro.

En Buenos Aires la reacción ante la nota de Coutinho había sido violenta, incluso el Virrey Liniers contemplo la posibilidad de invadir Rio Grande del Sur, con un ejército de dos mil hombres. Afortunadamente, el gobernador de Montevideo lo hizo desistir de sus arriesgados planes. 2

Pese a las presiones portuguesas, la misión de Curado no obtuvo éxito. En consecuencia este, a su regreso a Rio de Janeiro, propuso como única solución, la adopción de medidas de fuerza, lo que el Príncipe Regente y su ministro aceptaron de inmediato.

Ya en franca actitud beligerante, Curado será enviado, a fines de 1808, a Rio Grande del Sur con tropas de San Pablo.

Pero Souza Coutinho no había expuesto a Inglaterra los planes expansionistas del Príncipe Regente, obrando por cuenta propia. Solo meses más tarde informa al representante ingles en Rio de Janeiro que trataran de inducir a las colonias españolas a someterse al Príncipe Regente: "el cual por este medio se convertiría en el único soberano del inmenso continente americano". Agregó el ministro portugués en su informe, que si no podían lograr pacíficamente su objetivo, solicitarían la asistencia de Inglaterra para hacerlo por la fuerza.

De inmediato informa el representante ingles Hill a su gobierno respecto a los planes de D. Juan, pidiendo instrucciones. Ante situación tan delicada, Inglaterra envía en calidad de Ministro Plenipotenciario a un avezado diplomático, Percy Clinton Sidney Smith, visconde de Strangford.

No bien llegado este a Rio de Janeiro, Souza Coutinho pone en su conocimiento el ambicioso y bien elaborado plan de conquista de su Gobierno. Pretendía este, con un ejército de 13.000 hombres, apoderarse de Asunción, Corrientes y las Misiones, desde donde atacarían Montevideo. Paralelamente a las maniobras realizadas en tierra, la Corte portuguesa proponía que la escuadra inglesa, al mando de Sir Sidney Smith, desembarcara 2.000 hombres de la guarnición de Rio de Janeiro y ocupara el Rio de la Plata, lo que cortaría toda comunicación entre Buenos Aires y Montevideo.

Inmediatamente Strangford comunica a Canning, Canciller de la Corona Britanica, los planes del Príncipe Regente, pero ni corto ni perezoso, agrega que secretamente había comentado con el Almirante Sidney "que si la expedición se realizase y se viera coronada por el éxito, sería altamente deseable que se retuviese para S.M.B. ya fuese Buenos Aires o Montevideo".

Pero el tablero político cambia fácilmente, to que no siempre permite a los poderosos concretar sus planes. Paralelamente a estas negociaciones, renunciaban a sus derechos a la Corona en favor de Napoleón, Carlos IV y Fernando VII, en Bayona, y Napoleón, enemigo acérrimo de Inglaterra, coronaba Rey de España a su hermano Jose. Esta circunstancia hace que Inglaterra, aliada de Portugal, ante el enemigo común, Napoleón, también pase a ser aliada de España, gobernada entonces por el Consejo de Regencia instalado en Cádiz. El flagrante atropello de Napoleón ensangrentará la península en una cruenta guerra, llamada de la Independencia, que se prolongara desde 1808 hasta 1814, en que el Emperador se vera forzado a abdicar en Fontainebleau, por exigencia de los ejércitos aliados, que tras derrotarlo en Leipzig, llegaron hasta Paris.

Por lo tanto, aliada a España, Inglaterra se negara rotundamente a apoyar el plan de conquista, elaborado minuciosamente por Souza Coutinho. Así se lo hace saber el Canciller de S.M.B. al embajador ingles en Rio de Janeiro, enfatizando "que el estado actual de las relaciones del gobierno de S.M.B. con España no puede aceptar ningún, 3 designio hostil a la paz y la independencia de los dominios españoles en América del Sur". Más tarde se ratificara en otra nota expresando que Inglaterra se oponía a cualquier pretensión de D. Juan "a la Regencia de España por conducto de su esposa", lo que cortaba las alas expansionistas del Príncipe Regente.

En consecuencia la Corte de Rio de Janeiro cambiara de política y optara por la negociación. Esta nueva táctica alienta las ambiciones de la Princesa Carlota Joaquina, que no escatimara intrigas, con el fin de suceder a su depuesto hermano, a quien cree definitivamente desplazado del poder, en el dominio de las colonias españolas en América.

Constantemente se dirigirá a estas por cartas y por medio de sus agentes insistirá en el hecho de que es ella la natural heredera de su padre y de su hermano.

En su afán se dirigirá incluso a su propio marido, el Príncipe Regente, quien le

prometerá apoyar sus reclamaciones.

Decidido partidario de Carlota Joaquina será desde el primer momento el Almirante Smith, a quien le entusiasma la idea de que la Princesa sea ungida Soberana de América.

Pero pese a sus promesas, D. Juan no alentaria las pretensiones de su esposa sino hasta donde le convinieran a la Corona Portuguesa para ensanchar sus dominios con la anexión del Rio de la Plata, que era to que anhelaba desde que piso tierra americana. Por otro lado, las relaciones de la pareja no eran optimas y D. Juan no estaba dispuesto a potenciar un poder que pudiera contrarrestar el propio.

La asiduidad epistolar de la Princesa, en un primer momento, logro captarle simpatías en el Rio de la Plata. En manifiestos que envio al Virrey Liniers a Buenos Aires, le recordaba tercamente, que era ella la natural heredera de la Corona española y lo exhortaba a serle fiel.

Pero no se detuvo en Liniers la Princesa; también se dirigió a un grupo de prohombres de Buenos Aires, quienes en un principio, no vieron con malos ojos su Regencia, con la que pretendían instaurar una monarquía constitucional, que liberase a América del despotismo de la metrópoli.

Entre los partidarios de Carlota Joaquina, fue Belgrano el más entusiasta y conto con la adhesión de hombres de la talla de Juan Jose Castelli, Vieytes, Pueyrredon, Rodriguez Pena y otros. Pero el Virrey Liniers, en su respuesta del 13 de setiembre de 1808, fue rotundo aunque cones con la Princesa, alegando "que después de haber jurado la majestad del Sor. D. Fernando VII, y reconocida la Junta Suprema de Sevilla que lo representa, nada se puede innovar a nuestra presente constitución... "

Por su parte, Belgrano y su grupo sugirieron que en representación de la Princesa viajara a Buenos Aires el infante Pedro Carlos, acompañado de un ejército de ocho a diez mil hombres, dado que su presencia podía suscitar resistencia. El principal agente negociador entre los porteños y la Corte portuguesa fue Felipe Contucci, muy vinculado tanto en el Rio de la Plata como en Rio de Janeiro. En la Corte portuguesa las opiniones estaban divididas. Los allegados a la Princesa, entre ellos el Almirante Smith, se oponían al viaje del Infante Pedro Carlos, alegando que debia ser la propia Carlota Joaquina quien debía presentarse en Buenos Aires. Pero nada logro la Princesa con su esposo, quien rechazo rotundamente sus planes de viaje, alegando: "la Princesa sobre sus intereses con los españoles del Rio de la Plata y de la América Española, nada puede hacer u obrar sin mi consentimiento, o sin estar de acuerdo con el gobierno establecido

en España o con S.M.B.

En la negativa de D. Juan podrían incidir dos motivos: la negativa de Inglaterra a que interfiriera en la situación de los dominios de España en América, "dada la perfecta amistad que actualmente existía entre S.M.B. y el Rey D. Fernando VII", por un lado, y por otro el temor a que la Princesa, en quien no tenia puesta su confianza, una vez consagrada Reina de América Española, anexase al Brasil, con la colaboración de su leal amigo, el Almirante Sir Sidney Smith. Quedaba así desvanecido el gran bueno de la creación del imperio Borbón Braganza en América.

No obstante, Carlota Joaquina, no ceja en sus pretensión y continua negociando con sus partidarios del Rio de la Plata, hasta que, el 25 de mayo de 1810, Buenos Aires opta por la independencia, deponiendo al Virrey Cisneros e instaurando una Junta de Gobierno, presidida por Cornelio de Saavedra. Perdía así su razón de ser el carlotismo porteño y sus antiguos partidarios "en los fragores del nuevo hacer, se volcaren en el ancho camino de la Patria nueva".

Gran inquietud produce en la Corte de Rio de Janeiro la revolución de mayo y, en consecuencia, manda reunir en las fronteras de Rio Grande del Sur, un ejército de observación "compuesto de tropas de línea, de milicianos gauchos y de algunos regimientos de Santa Catalina y San Pablo:" Formidable ejercito este, que bajo el mando del capitán general de Rio Grande del Sur, Diego de Souza, llegaría "al más alto grado de instrucción y disciplina".

No bien instaurada, la Junta de Buenos Aires, pretende que todas las provincial del antiguo virreynato del Rio de la Plata, acaten su autoridad. En consecuencia las invita a enviar diputados al congreso general que se celebraría en Buenos Aires, para decidir los destinos del Rio de la Plata.

El Paraguay responde a la convocatoria con el congreso del 24 de Julio de 1810, en el que resuelve reconocer y jurar fidelidad al Consejo de Regencia, "legitimo representante de Fernando VII; guardar fraternidad y armonía con Buenos Aires y formar una junta de guerra en ocasión a estarnos acechando la Potencia vecina".

El Cabildo de Asunción hizo hincapié en el hecho de la posible agresión expresando:

"Pero como nos hallamos tan cercanos de una potencia que observa el momento de tragarse esta preciosa y codiciada provincia y sabemos que tiene sus tropas sobre el rio Uruguay, no distante del Paraná, nuestra frontera, será bueno, para precaver sus intentos armar inmediatamente la numerosa Juventud de la Provincia con cinco o seis mil hombres por ahora... ".

El Gobernador Velasco se entrego de lleno a la tarea de armar la Provincia, con el pretexto de protegerla del Brasil, pero en realidad para resistir las presiones que seguiría ejerciendo la Junta de Buenos Aires para anexar, el Paraguay.

Por su parte la junta de Buenos Aires, tras enviar varios emisarios a Asunción con el fin de lograr el sometimiento de la Provincia a su autoridad y no lograrlo, decidió emplear la fuerza.

Con tal fin envía una expedición militar al mando del general Manuel Belgrano, quien será derrotado en Paraguay y Tacuarí por los paraguayos.

Pero con anterioridad a la derrota de Belgrano, la Corte de Rio de Janeiro, alarmada ante la posibilidad de que Buenos Aires anexase al Paraguay, ordena a Diego de Souza, Capitán General de Rio Grande del Sur, que combata a los revolucionarios de Buenos Aires que amenazaban la Banda Oriental y el Paraguay, pero recomendándole que primero estudiase concienzudamente cual sería el plan más eficaz, si el ofensivo o el defensivo, para asegurar la independencia de Montevideo y el Paraguay.

La Corte de Rio de Janeiro justificaba su política de intervención, escudándose en los eventuales derechos de la Princesa Carlota Joaquina. Pero esa intervención, según lo había dispuesto el gobierno ingles por medio de su embajador en Rio de Janeiro, solo sería factible siempre que el Paraguay y Montevideo la solicitasen.

La agresividad de la Junta de Buenos Aires impulsara al embajador español en Rio de Janeiro, marques de Casa Yrujo, a solicitar al Conde de Linhares -Souza Coutinhoel 16 de enero de 1811, el inmediato envió de 500 0 600 hombres al Paraguay "para que se pusieran a las ordenes del gobernador Velasco". También el virrey Francisco Xavier de Elio, cuando pidió la ayuda de tropas portuguesas para defender Montevideo, recalco el hecho de que estas debían estar sujetas a sus órdenes, pues de lo contrario "no puedo ni debo admitirlo". Tras su pedido, Elio escribio a Carlota Joaquina informándole que el

Supremo Consejo de Regencia le había autorizado a solicitar ayuda portuguesa si apeligraba la plaza de Montevideo.

Como decíamos mas arriba, Belgrano fue totalmente derrotado por los paraguayos en Tacuarí, pero inexplicablemente el jefe de las tropas paraguayas, Manuel Atanasio Cavañas, quien había tornado el mando tras la vergonzosa huida de Velasco a la cordillera de los Naranjos, permitió a Belgrano retirarse de territorio paraguayo con toda la tropa que le quedaba y su armamento. Por lo tanto, el ejército de Belgrano seguía constituyendo una amenaza, dado que este había solicitado refuerzos a Corrientes y Santa Fe.

Así lo entendió Diego de Souza, a quien habían pedido auxilio tanto Velasco como Cavañas, a través del Coronel Francisco Xavier de Chagas, subordinado suyo y comandante de la provincia de Misiones.

En su larga carta a Chagas decía el comandante Cavañas" El Excmo. Sr. Brigadier Velasco, me mando abrir y empezar correspondencia con V.S., una correspondencia que para mi será siempre tan honrosa como agradable.

Los adjuntos pliegos que tengo el honor de incluir a V.S. son el primer motivo de nuestra comunicación, por el de mi general quedara V.S. enterado de la batalla que han dado tropas del Rey a los insurgentes en los campos de Paraguarí y Tacuarí, y de la derrota que estos van padeciendo en la rápida y violenta fuga que Ilevan para salvar las reliquias de su ejército. Las armas de mi Rey y de mi Infanta Da. Carlota Joaquina están íntimamente unidas por los vínculos de la sangre y de la alianza mas indisoluble, ellas sostienen una misma causa y por, ella luchan". Más adelante expresa; "No dudo que en su generosidad encontrare cuantos auxilios pueda necesitar para dar el último golpe a los rebeldes, a quienes supongo dentro de pocos momentos entre los rios Paraná y Uruguay. De todos modos los recursos que V.S. se digne proporcionarme para reforzar mi vanguardia del mando del Comandante D. Fulgencio Yegros, mi Señora la Infanta Da. Carlota Joaquina se dará por muy bien servida y mi Rey por reconocido a una demostración tan digna de alianza, la más perfecta y cumplida..."

Excmo. Sr. D. Francisco de las Chagas Santos Manuel Atanasio Cavañas, Campamento del paso del Tebicuary, Febrero 3 de 1811.

En nota dirigida al Gobernador Velasco, Souza acusa recibo de la carta que este le enviara por medio de Chagas y le comunica que el Príncipe Regente le autoriza a "socorrer a las autoridades legítimamente constituidas por el Sr. Rey Don Fernando VII, que reconociesen los derechos de la Princesa Nuestra Señora Da. Carlota Joaquina de Borbón, a falta de sus Augustos Hermanos, con los auxilios que solicitaran, contra los revolucionarios de Buenos Aires". Ofrecía Souza hasta diez mil hombres, y proponía a Velasco una entrevista en el día y lugar que este eligiera para concretar la estrategia a emplear. Terminaba la nota diciendo: "el Capitán de Dragones Sebastian Barreto, portador de este oficio, dirá a V.S. ma's cosas interesantes y le certificara la mucha estima que tengo a las virtudes de V.S. ". La entrevista propuesta por Souzano pudo realizarse, porque cuando Barreto llego a Misiones, Velasco ya se había retirado hacia el norte.

En consecuencia Souza decide enviar un segundo emisario, el teniente de Dragones Jose de Abreu, después Barón de Cerro Largo. Abreu tenia ordenes de persuadir a Velasco a aceptar los planes militares de Souza, sin esperar el consentimiento del Virrey Elio que se demoraba en autorizar la acción conjunta de las tropas paraguayas y portuguesas.

Confiaba Souza en que Abreu, hombre joven y decidido, tendría éxito en su delicada misión, sin considerar la secular desconfianza que los portugueses inspiraban a los paraguayos. Desconfianza que se basaba en el hecho de que, desde los orígenes de la provincia, fue el Paraguay el muro de contención que impidió la expansión portuguesa en territorios de la Corona Española. Otro factor dificultaría la misión de Abreu: tras el triunfo del ejército paraguayo en los campos de Paraguarí y Tacuarí y el descredito del Gobernador Velasco por su cobarde actitud, los jefes militares y un grupo de patricios se organizaban para liberar al país de la dominación española. Cuando a mediados del mes de abril, Abreu, acompañado del Teniente Núñez, llegan a Itapuá, son retenidos por el comandante de la zona, Cnel. Fulgencio Yegros, jefe de los complotados. La presencia en la Provincia del emisario portugués alarma a los patriotas que ven peligrar el movimiento. Por su parte con el fin de apresurar su viaje, Abreu le comunica por carta a Yegros, que llevaban notas oficiales para Velasco, del capitán general Souza, "quien se hallaba en San Borja con mil e quinhentos ornes de Tropa viva, contando con mais a tropas de Milicias". Paralelamente escribe a Velasco: "Excelentísimo Señor Gobernador, Don Bernardo de Velasco: Muy respetado Señor: Ayer, 14 del corriente, llegue a esta Provincia de Itapuá, enviado por mi Excelentísimo Señor y Capitán General, a conducir unas cartas de oficio para entregar a V.S., pero no pudiendo seguir adelante, resuelvo remitirlas para que V.S. se de por servido. No traigo mas recomendaciones del Excelentísimo Señor General de que hiciese ver a V.S. de su parte, cuanto se interesa del bienestar de V.S. y que se hallaba en San Borja con mil quinientos hombres de tropa de milicias de la provincia de

Misiones que están en primer aviso; así mismo, a mas de estas tropas, tiene dos campamentos, uno en San Diego y otro en Bage y que todo comunique a V.E. para su inteligencia. Aquí espero respuesta de V.S. y mande Ud. lo que bien le parece. Dios guarde a V.S. muchos años.

Pueblo de Itapuá, 15 de abril de 1811. Jose de Abreu".

Tras demorarlo unas semanas en Itapuá, Yegros autoriza a Abreu a viajar a Asunción.

Su llegada es motivo de alegría para los españolistas, que temen, mas a los "traidores porteños" que a los portugueses, y no bien saben de su llegada, se acercan a saludarlo.

Según declaraciones posteriores del propio Abreu, mas de tres mil personas salieron a su encuentro.

Al día siguiente de su arribo, el 10 de mayo de 1811, sin intuir que la caldera se hallaba en ebullición, Abreu se presenta al Gobernador y le hace entrega del oficio del 22 de marzo que el anterior emisario -Barreto- no le pudo entregar y de otro, del 10 de abril.

En este último, Souza le informaba sobre el desplazamiento de las tropas de Belgrano, que aparentemente se dirigían hacia el arroyo de China y agregaba: "En las actuales circunstancias en que considero la debilidad de los recursos de Montevideo, creo que es de mayor importancia que las fuerzas de V.S. sean auxiliadas por las mías y conjuntamente con las de Montevideo sean empleadas a liberar el Pals del Uruguay de la dominación de Buenos Aires, sin que su Gobierno ni aquel dejaran de ser siempre acosados o inquietados". Y luego ofrecía: "que en lugar de 800 a 1000 hombres que en mi oficio del 23 de febrero comunique a V.S., para que marchen a este pueblo mande venir una columna de 1.500 hombres". Y tras dar detalles de la composición de su

ejército y del armamento del mismo afirmaba: "que dicha columna podrá aumentarse considerablemente congregando a los naturales y milicianos de esta Provincia, ya entrenados para este fin".

Informa también Souza a Velasco que está en condiciones de enviar fuerzas similares para socorrer a Montevideo. Lamentaba en su nota que no le hubiesen pedido que interviniese tras la capitulación de Belgrano, ya que su intención se limitaba a socorrer a las autoridades constituidas por el Señor Don Fernando VII "y no invadir los dominios ajenos por propia deliberación".

Finalizaba su nota expresando: "Voy a enviar la carta que V.S. escribió al Virrey Elio y remitiré sin demora la respuesta que el deba darle.

De V.S.

Cuartel General del pueblo de San Borja, 10 de abril de 1811.

Diego de Souza".

En esta nota Souza reprocha tácitamente a Velasco la capitulación concedida a Belgrano y en resumen propone que el Paraguay acepte el protectorado portugués y se aliste bajo la bandera lusitana, para llevar la guerra a Buenos Aires y materializar así el secular sueño portugués: la conquista del Rio de la Plata.

Entre tanto, el embajador español en Rio de Janeiro, marques de Casa Yrujo, se entera que el conde Linhares, accediendo a un pedido de Velasco, había enviado un cuerpo de 1.000 hombres hacia Candelaria, para cortar la retirada de Belgrano. Esta noticia alarma a Casa Yrujo, porque si bien el mismo había solicitado ese auxilio, recientemente había recibido una firme advertencia del Secretario de Estado en la Real Isla de León, Don Eusebio Bardaxi de Azara, del 16 de enero de 1811: "respecto a la entrada de las tropas portuguesas que intente hacer ese Gobierno en las posesiones españolas contra cuyo acto deberá V.E. protestar solamente en el caso de que la Corte del Brasil determine a ello, por muy graves que sean los motivos que alegue para verificarlo, pugs nunca puede haberlos para consentir semejante cosa, ni aun bajo el pretexto de sujetar a los revolucionarios de Buenos Aires".

Pero aun cuando Bardaxi había sido bien explicito, Casa Yrujo no considero patriótico oponerse bruscamente al plan largamente elaborado. En consecuencia, escribe una larga carta a Velasco comunicándole las instrucciones de Bardaxi, pero dejando a su buen criterio las decisiones a tomar, que bien sabia decía, serian las que más convinieran a la monarquía española, pero le recomendaba que si consideraba necesario admitir tropas portuguesas en la Provincia, las despidiera luego con la mayor presteza posible.

Las primeras conversaciones entre Velasco y Jose de Abreu no llevaron a ningún resultado.

Velasco, lo que en realidad quería era lo que ya había propuesto a Souza; que el destacamento portugués ofrecido fuera enviado al otro lado del Rio Uruguay, en la zona de Curuzu Cuatia y Corrientes, para impedir toda comunicación de Belgrano con las Misiones y el Paraguay.

Velasco trataba de que Belgrano no tuviera contacto con los paraguayos, porque intuía o sospechaba que se estaba gestando en la Provincia un movimiento independentista que Belgrano podría alentar.

Pero las instrucciones recibidas por el emisario portugués -Abreu- no eran las de concretar el envió de tropas portuguesas allende el rio Uruguay, sino acordar la acción conjunta de ambos ejércitos en la Banda Oriental.

Ante propuesta tan delicada, Velasco decide convocar al Cabildo. Se reúne este el 11 de mayo, en una larga, agotadora sesión que duró siete horas. Asistieron el Gobernador, el Obispo y otros dignatarios, a mas de los capitulares. Pero cuando Abreu explicó que las fuerzas portuguesas apoyarían al Paraguay, siempre que este reconociera a la Infanta Carlota Joaquina como Regente y heredera de Fernando VII, y se "colocara bajo la protección" de la Corona de Portugal, las opiniones se dividieron violentamente.

Este hecho impuls6 al vacilante Velasco a rechazar la ayuda portuguesa en las condiciones estipuladas por Abreu "por considerarlas de gran peligro para la

dominación española".

No obstante, la mayoría de los Cabildantes que eran españoles, aceptaron las exigencias de Souza, porque temían menos la dominación portuguesa, que el estallido de una revolución independentista. En consecuencia se resolvió dirigir un oficio al Coronel Fulgencio Yegros, que comandaba las fuerzas paraguayas que protegían las fronteras del sur, ordenándole que se pusiese a las ordenes del Capitán General de Rio Grande del Sur. Duro, durísimo seria el impacto que causaría a un Jefe paraguayo subordinarse a un jefe portugués y posiblemente, nunca habría acatado tal orden, de haberla recibido.

El día 13 vuelve a reunirse el Cabildo realista, sin intuir que era la última vez que lo hacía. En su nota respuesta al Gral. Souza afirmaba: "Las generosas ofertas de V.E., conforme a los sentimientos de S.A., el Sr. Príncipe Regente, manifestando a este Cabildo por el Teniente de Dragones D. Jose de Abreu, enviado de V.E. a esta ciudad, de que ya estábamos cerciorados por el No. Govr. Capn Gral., el Sor D. Bernardo de Velasco, no ha podido menos de eccitar el agradecimiento del Cuerpo Capitular que representa a esta Provincia. A esta la consideramos segura de otra invasión teniendo en la Nación Portuguesa, en sus valerosas tropas y en V.E. que digamos las acaudilla, una

protección que declarada altamente hará cambiar a los insurgentes y a sus infames satélites, viéndonos bajo un amparo que con su auxilio y poder inutilizara sus pérfidas sugestiones y seducciones que son sus armas más terribles", y luego terminaba: "y por nuestra parte suplicamos que con sus conocimientos militares y geográficos, así como con el desmedro de sus soldados oponga V.E. un muro de Bronce a nuestros enemigos,

asegurando a esta fiel Provincia y a sus leales habitantes de alguna desgracia que pudiera ser de suma trascendencia para los intereses del Rey, nuestro Señor D. Fernando VII".

Según Julio Cesar Chaves, esta nota fue la única que no pudo ser quemada en la noche del 15 de mayo, por haber sido transcripta en el libro de los acuerdos del Cabildo.

Como es evidente, en la mencionada nota del Cabildo a Souza, no se menciona a la Infanta Carlota Joaquina y solo se habla de Fernando VII, pero al aceptar la ayuda militar con la exigencia del reconocimiento de la Infanta como Regente y heredera de su hermano, el Cabildo estaba aceptando, implícitamente, los supuestos derechos de Carlota Joaquina a la Provincia del Paraguay.

Las negociaciones de Abreu con el Gobierno trascendieron, generando el profundo rechazo de los militares y patricios paraguayos. En consecuencia, los revolucionarios que habían programado dar el golpe el día 25, ante la posible entrada de las tropas portuguesas en la Provincia, adelantan los acontecimientos, pese a que no se habían concentrado aun los efectivos que Yegros, en las Misiones, Roxas de Aranda en Corrientes y Cavañas en las Cordilleras, pondrían al servicio de la gesta libertadora, para asegurar su éxito.

La decisión la tomo un joven militar, el capitán Pedro Juan Caballero, quien, con unos compañeros deciden tomar "el cuartel general de la plaza, única fuerza que Velasco podía oponer en su defensa".

Tremenda disyuntiva para los jóvenes oficiales que tenían que adoptar una decisión de tamaña envergadura, lejos de sus jefes naturales.

Pero no se arredran y a las 10 de la noche del 14 de mayo, Caballero y Vicente Ignacio Iturbe, al frente de un grupo de conjurados, se apoderan del cuartel, cierran sus puertas y aprestan las piezas de artillería, mientras un "intempestivo repique de campanas" advierte a la población, que dormía plácidamente, que algo extraordinario ocurría.

En la madrugada del 15, los complotados exigirán al Gobernador, " que entregue la Plaza y todo el armamento, así de dentro como de fuera de la ciudad" y que cierre la Casa del Cabildo, haciendo entrega de las Haves. Seguidamente le comunican que seguirá en el gobierno, pero asociado con dos diputados, designados por ellos, mientras lleguen los demas oficiales de la plana mayor de la Provincia.

En un principio, Velasco se negara a dar oído a los reclamos, pero ante la amenaza del use de las armas, decide aceptar las exigencias de los patriotas, y saliendo a la puerta del palacio exclamara: "Aquí está el bastón si es por el mando".

Inmenso júbilo provoca en la ciudadanía la decisión del gobernador que hace posible, que en forma incruenta, se materialice el sueno de libertad, largamente acariciado por los paraguayos.

Depuesto el Gobernador que había asegurado at emisario portugués que "todo su empeño era ponerse a los pies de la Serenísima Señora, Da. Carlota Joaquina", a. Abreu ya nada le resta por hacer. Días atrás había sido el centro de las atenciones y agasajos de los españolistas que consideraban a Souza "su salvador", lo que lo cercioro de que había -cumplido• exitosamente su misión y lo decidió a fijar la fecha de su partida para el 15.

Tras la caída de Velasco se vio forzado a cambiar sus planes porque los jefes revolucionarios le habían ordenado "no salir de la ciudad ni montar a caballo".

En la mañana del 16 de mayo, Abreu se presenta al Cuartel "para saber el motivo de su demora e impedimento". El capitán Pedro Juan Caballero le responde cortésmente diciendo: "que pidiese todo lo que necesitaba, pero que no era conveniente su partida, antes de la llegada de los Oficiales de la Plana Mayor".

El ambiente en Asunci6n no era favorable al agente portugués. La noticia de que este habra traído la propuesta de Souza de hacer ingresar tropas portuguesas en la Provincia, corrió como pólvora, encrespando los ánimos. El 18 se afirmaba que Abreu y sus acompañantes serian ahorcados, a fin de que no llevaran noticias de lo acontecido. El 20, Abreu vuelve al cuartel donde se encontraban los diputados Francia y Zevallos y "muchos Oficiales que habían llegado de diversos distritos" y propone "que lo mandasen matar como se decía, o lo remitieran preso a Buenos Aires, o lo dejasen regresar a su destino, a fin de dar cuenta de su misi6n, o por lo menos de su tardanza, y que decidiesen cuanto antes su suerte". Caballero le informa que al día siguiente llegarla el Cnel. Fulgencio Yegros y que el decidiría lo que habría de hacerse.

La llegada de Yegros, de quien se sabía que era el jefe de los patriotas, fue recibido por una enorme multitud que lo vitoreaba y por "una salva de once cañonazos".

No bien ingresó Yegros al Cuartel, el Dr. Francia y otros dirigentes fueron a pedir disculpas a Abreu por no haberlo saludado antes para no disgustar al pueblo "que afirmaba que el había ido a comprar el Paraguay". Más tarde Abreu fue a saludar a Yegros quien lo "acogió con abrazos por ser conocidos", le comunico que el 23 podía regresar y que le sería entregada una carta para Souza.

El 23, antes de partir, Abreu se despedirá de Yegros y de los demás oficiales del Cuartel y, por ultimo de Velasco "quien llorando le di6 muchos abrazos, con las expresiones más tiernas, le pidió que le pusiese a los pies de S.E. -Souza- rogando que velase y atendiese por su vida, pues, sus intenciones solo eran ponerse a los pies de la Señora Da. Carlota Joaquina, como legítima Sucesora de D. Fernando VII, que S.E. -Souza- pusiese sus ojos sobre aquella Provincia, aunque el -Velasco- ya no existiese" y terminó su suplica afirmando "que el teniente Abreu seria alguna vez uno de los testigos de que sus firmas desde esa revolución fueron forzadas".

Abreu, como se había establecido, parte de Asunción el día 23, Ilevando a Souza una nota enviada por el gobierno provisional de la Provincia, fechada el 20 de mayo, en la que muy claramente se le informaba que "la  Provincia del Paraguay había decidido terminar enteramente, por un arbitrio prudente y el más natural, las diferencias ocurridas entre esta ciudad y la de Buenos Aires, se ha propuesto adoptar un sistema de buena armonía, unión y correspondencia para el comercio y la prosperidad de ambas provincias y defender la causa común, sin subyugarse una a otra, supuesto que ambas reconocen al desgraciado soberano bajo cuyos auspicios vivimos, según manifiesta el bando mandado a publicar a este fin y del que incluimos copia legalizada a V.E. No debiendo turbar este sistema la buena correspondencia con V.E., bien se desea comprender, las intenciones del presente Gobierno y de la Provincia son cultivar y continuar esta misma armonía y no solo con V.E., sino también con los demás Jefes y Pueblos de la dominación de S.M. Fidelísima en todo cuanto sea posible y compatible con los derechos y dignidad de esta Provincia".

Concluía la nota solicitando armas y municiones que pagarían no bien cobrasen el importe de sus exportaciones a Montevideo.

Hábilmente, para acallar al poderoso partido españolista, el gobierno provisorio todavía simulaba acatar la autoridad de Fernando VII, pero muy pronto, el 9 de junio, Velasco será definitivamente separado del gobierno, al comprobarse "sus actividades contrarevolucionarias". Días mas tarde, el 17, un congreso general establecerá la nueva forma de gobierno: una Junta presidida por Yegros e integrada por otros cuatro paraguayos. De ahí en mas la independencia del Paraguay se irá afianzando día a día.

Pero Souza no parece enterarse porque en su respuesta al oficio llevado por Abreu, responderá el 19 de junio, negando las armas solicitadas, salvo el caso de que los patriotas devolvieran el mando a Velasco "reconociendo y ratificando de una manera permanente los derechos eventuales de la Señora Princesa Da. Carlota Joaquina...".

La Corte de Rio de Janeiro, al constatar que el Paraguay jamás se sometería a Buenos Aires, que era lo que más le preocupaba, no insistió mas en su ofrecimiento de enviar tropas a la ex provincia española. Jose de Abreu, a su regreso, informara ampliamente a sus superiores sobre los trascendentes sucesos acaecidos en Asunción, aportando importantes detalles sobre los mismos.

En cuanto a la misión que le fuera encomendada, en cierta manera esta fue beneficiosa para el país, dado que su presencia en Asunción apresuro los acontecimientos, sin dar oportunidad a Velasco de congregar a los españolistas, lo que hubiera significado un estéril derramamiento de sangre.

 

BIBLIOGRAFIA

Archivo Nacional de la Asunción

Volumen 432, Secci6n Historia N°1

A.N.A. Volumen 432 Folio 23

A.N.A. Volumen 432 Folio 24

A.N.A. Volumen 432 Folio 25

A.N.A. Volumen 432 Folio 31

A.N.A. Volumen 432 Folio 32

A.N.A. Volumen 432 Folio 40

A.N.A. Volumen 184 Folio 2

A.N.A. Volumen 27 Gutiérrez Varona a Liniers, 17 de marzo de 1808.

1.- Baez, Cecilio. "Historia diplomática del Paraguay". Imprenta Nacional de Asunción, 1931-1932.

2.- Calmón, Pedro. "Historia do Brasil", 4°. Volume.

3.- Calmón, Pedro. "0 Rey do Brasil", Río de Janeiro, 1935.

4.-Cardozo, Efraim. "Afinidades entre Paraguay y la Banda Oriental en 1811 ".Montevideo, 1963. (2) 5.- Cardozo, Efraim.: El Paraguay Colonial". Editora Litocolor, 1991.

6.- Cardozo, Efraim. "La Princesa Carlota Joaquina y la independencia del Paraguay". Revista de Indias, números 57-58. Madrid.

7.- Chaves, Julio Cesar. "Historia de la Relaciones entre Paraguay y Buenos Aires 1810-1813". Ediciones Niza 1959, Asunci6n. .

8.- Chaves, Julio Cesar. "El Supremo Dictador". Edición Ayacucho. 2a. edición, 1947.

9.- Echepareborda, Roberto. "Felipe Contucci y el carlotismo". Rosario, 1960.

10.- Hoyt, Williams John. "El gobernador Velasco y los portugueses". Historia Paraguaya, Volumen 13, año 1970.

11.- Ramos, Antonio. "La independencia del Paraguay y el Imperio del Brasil". Río de Janeiro, 1976. Publicaci6n conjunta del Conselho Federal de Cultura y del Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro.

12.- Wisner, Enrique. "El dictador del Paraguay D. Jose Gaspar Rodriguez de Francia". Publicado por J. Boglich, Concordia, 1923.

 

Fuente: ”Homenaje al BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA (1811 – 2011) 

"Compilación de todos los artículos publicados sobre el tema de la Independencia Nacional

aparecido en los primeros números del anuario “Historia Paraguaya”.

Fuente en Internet: http://www.academiaparaguayadehistoria.org.py

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