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BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ DE GONZÁLEZ ODDONE


  TERESA LAMAS DE RODRÍGUEZ ALCALÁ: PRIMERA ESCRITORA PARAGUAYA - Por BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ DE GONZÁLEZ ODDONE


TERESA LAMAS DE RODRÍGUEZ ALCALÁ: PRIMERA ESCRITORA PARAGUAYA - Por  BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ DE GONZÁLEZ ODDONE

TERESA LAMAS CARÍSIMO DE RODRÍGUEZ ALCALÁ:

PRIMERA ESCRITORA PARAGUAYA

Por  BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ DE GONZÁLEZ ODDONE

 
 
Nacida a pocos años de la devastadora guerra con Brasil, Argentina y Uruguay (1887), hija, nieta y sobrina de numerosas Residentas-Reconstructoras(caravana de todas las mujeres y niños del país, forzados por orden del Mariscal López a seguir al Ejército hasta el final de la guerra en 1870.), su infancia se nutrió en un clima épico, dramático, que signó definitivamente su vida e inspiró en su espíritu sensitivo un amor total por su infortunada patria. Pasión que se manifestaría no sólo en su obra literaria, sino en su inclaudicable vocación de servicio, que canalizó en las distintas áreas de la vida de la nación.

De su infancia recordaba con emoción sus regulares visitas a sus abuelas, sobrevivientes ambas de la hecatombe. Y si bien la materna, Da. Carlota Bargas de Carísimo Jovellanos, falleció joven, a consecuencia de las penurias sufridas durante la residenta, que dañaron definitivamente su frágil constitución física, la niña continuó frecuentando el caserón de sus ancestros, por la pasión irrefrenable que despertaban en ella las historias de la guerra que, a diario, evocaban las viejas tías. Y era así que, mientras sus hermanos y primos correteaban por los patios y las vastas galerías de la casa, Teresa, arrobada, se acurrucaba en el círculo de los mayores para no perderse un detalle de los dramáticos sucesos narrados.

Por su abuela paterna, Da. Teresa Silva de Lamas, sentía una especial admiración. Con frecuencia recordaba que, viuda ésta, a los 24 años, se instaló sola, con sus tres pequeños hijos y la liberta Calí, en su saqueada casa de la calle Sol, hoy O'Leary, que le fuera devuelta por la comandancia del Imperio que había sentado en ella sus reales durante la guerra. "No obstante -nos decía- abuelita con su modesta industria casera -dulces, chipas, frazadas- que le exigía durísimas jornadas de diario trabajo, no sólo logró arrancar a su familia de la oprobiosa miseria en la que la había sumergido la sangrienta lucha, sino alcanzó a hacer una pequeña fortuna".
Nunca olvidaría la impresión que tuvo cuando la abuela puso en sus manitas de niña el viejo, andrajoso vestido con el que había hecho la residenta, mientras le narraba detalles de las trágicas jornadas, impuestas a las mujeres y los niños del país -varones no quedaban- por orden del Mcal. López, el 22 de febrero de 1868.

Ya adolescente, Teresa Lamas siente la imperiosa necesidad de trasladar al papel todo aquello que había escuchado de niña y que tan hondamente había herido su infantil sensibilidad.

Comienza a publicar artículos en periódicos de la época, pero su timidez de novel escritora la impulsa a encubrirse tras un seudónimo: TIRSE.

Sencillas crónicas las suyas, del Paraguay que fue, pero en las que ya se insinúa el estilo claro y sosegado de la futura narradora.

En 1909 conoce a un joven escritor argentino, conspicuo del círculo de intelectuales de la ciudad, que entonces dirigía un importante periódico de la capital. La fascinación de los jóvenes fue mutua y se concretaba en matrimonio a los tres meses de conocerse; hecho no muy común en las acartonadas costumbres de aquel tiempo. Y si alguno predijo que esa unión estaba llamada al fracaso, por lo poco que, supuestamente, se conocían los novios, erró radicalmente. Durante cincuenta años, hasta que la muerte los separó, Teresa Lamas y José Rodríguez Alcalá Formaron la pareja más armónica y compenetrada que pudiera darse.

En su nueva vida, ya con el estímulo del marido escritor, Teresa Lamas se lanza de lleno al cultivo de las letras, dedicando a éstas el tiempo que le permiten sus obligaciones de esposa y madre de los numerosos hijos que a lo largo de los años irían naciendo.

Desde el momento de su matrimonio abandonó el seudónimo con que había iniciado sus primeros pinitos literarios, y firmó sus trabajos, como lo haría siempre, en toda su obra posterior, con el apellido del marido.

En cierta oportunidad le preguntaron si no había contemplado la posibilidad de emplear su nombre de soltera, como lo hacían algunas escritoras en el extranjero, pero ella fue rotunda en su respuesta. Alegó que merced al apoyo del marido escribía en forma regular y constante y que de haberse casado con otro, quizá, por las obligaciones hogareñas, hubiese abandonado la pluma. Y de hecho habría sido así, ya que, sencilla por naturaleza y sin mayores ambiciones, por propia iniciativa jamás hubiera reunido en libros sus escritos y éstos hubiesen permanecido olvidados en los cajones de su escritorio.

En 1919, su cuento "VENGADORA" obtiene el primer premio en el concurso de cuentos paraguayos, auspiciado por "El Diario", en una época en que el país contaba con plumas de alta calidad, como bien lo saben los estudiosos de su literatura.

En 1921, cuando cumplía treinta y cuatro años, era gratamente sorprendida con la edición del primer tomo de "TRADICIONES DEL HOGAR", regalo de sus hijos.

Con la publicación de su primer libro, Teresa Lamas pasa a ser la primera mujer paraguaya que publica libros en el país: "La primera mujer narradora que llevaba la delantera de esta literatura, ya que fue la primera narradora digna de este título, aparecida en el país, desde los tiempos de la problemática Marcelina Almeida y la amena pero ausente Ercilia López de Blomberg", diría muchos años más tarde Josefina Plá. Por su parte, Cecilio Báez sería rotundo en el largo, elogioso comentario que dedica al reciente libro: "Felicitémonos, porque esta ilustre dama nos haya traído con su libro, en medio de la crudeza de los tiempos, la bondad y la dulzura de su alma, tanto más encantadora, cuanto más ingenua y sencilla. Y, finalmente, enviémosle nuestros sinceros plácemes, porque siendo ella la mujer que publica el primer libro en el Paraguay, a ella le cabe el honor de iniciar una memorable era en la historia de la cultura nacional".

Diez relatos conforman este primer tomo de "TRADICIONES DEL HOGAR": "Vengadora", "El Retrato", "Pancha Garmendia", "Paí-Chí", "El origen del mono", "Francia tiempo Po-Pe Guare", "Carau", "Tarea Jhape", "Yremby-Poty" y "Un combate singular en Curupayty", premiado también éste en el ya mencionado concurso de "El Diario".

No trataré de hacer la crítica de los mismos, que de ellos y de otros posteriores, a lo largo de los años, ya se han ocupado eminentes especialistas en la materia. Tan sólo transcribiré párrafos de algunos de los conceptos con que fueron acogidos: "El encanto de un estilo sencillo y expresivo, una literatura femenina, sin afeites de alcoba, de orientación eminentemente nacional, que además cultiva nuestro folclore, poco estudiado todavía", escribió Eloy Fariña Núñez.

"Todo el público que lea las narraciones de la señora de Rodríguez Alcalá ha de convenir con nosotros en que son de esas cuya lectura, una vez comenzada, ya no puede abandonarse hasta la última línea y dejan en el ánimo la impresión de lo vivido, de lo respirado, sin descubrir el esfuerzo para aparentar sencillez y menos la búsqueda de adjetivos deslumbrantes", afirmó Alejandro Guanos.

"Hay en su estilo elegante y discreto, delicado sentimiento, fina observación y opulencia de dicción. Domina el idioma su autora. El capítulo pertinente a Pancha Garmendia es emocionante. Está narrado el pasaje magistralmente", enfatizó Juan Silvano Godoy.

Juan Vicente Ramírez expresó: "Sus páginas, por su forma y la exquisita emoción que producen, reclaman, con toda justicia, para la que supo crearlas, uno de los primeros puestos entre los escritores con que cuenta el país".

Por su parte, Arturo Rebaudi aseveró: "Honra la literatura nacional y convendría que fuera adoptado como libro de lectura en los colegios".

También los comentarios de "Patria", "El Liberal", "El Diario" y de otras importantes figuras de las letras del momento, fueron unánimes al exaltar los méritos de la autora.

En estos relatos y en los que escribirá más tarde, Teresa Lamas evocará el drama de la lejana abuela, que tuvo que trocar su medallón de oro por los gruesos grillos de hierro que, por orden del Dictador Francia, llevaría durante largos años su desventurado esposo; la desesperación de la adolescente tía que, agotadas ya sus frágiles fuerzas, se vio forzada a abandonar la carretilla en la que dificultosamente llevaba al tío paralítico, cuando la residenta; el incomprensible misterio del retrato del abuelo, que cayó estruendosamente en el mismo momento en que éste moría en Estero Bellaco; el martirio de la bellísima Pancha Garmendia, muerta a lanzazos por orden de López; el romántico juramento de amor eterno que, en el fondo de su corazón, había hecho la tía Antonia al novio del que la habían separado interesadas intrigas. Y tantos otros episodios de su familia o de quienes habían sido amigos o conocidos de ella. Y, como trágico telón de fondo, la mayoría de sus relatos tiene el despotismo que desde siempre había sojuzgado al país.

Pero no sólo evocará nuestra escritora sucesos referentes a familiares o amigos. Su espíritu observador logró captar la idiosincrasia del pueblo, que pinta con lucidez, cuando incursiona en nuestro folclore o narra historias campesinas. Al respecto dijo en cierta oportunidad: "Cuando he podido reflexionar sobre el sentido o concepto moral, religioso o filosófico que entrañan nuestras leyendas populares o `casos', como llama el pueblo a toda narración; cuando he podido aspirar la oculta esencia que les dio vida y percibir su intención, el interés que desde niña he sentido por ellas, se ha acrecentado notablemente. Porque en esos `casos' está reflejada, como en fidelísimo cristal, el alma ingenua, simple y clara del paraguayo, sin complejidades inquietantes, con la frescura de emoción que habrán tenido los hombres en la aurora de los siglos, cuando todo era aún puro, nuevo, sano".

Nunca hizo política partidaria, pero siempre su verbo exacto o su hacer generoso, estuvieron presentes en todo lo que a su patria atañía. Cuando en los años 1922 / 23, una cruenta, estéril guerra civil desangraba al país, una multitudinaria concentración de mujeres, realizada en el teatro Granados, la designa mediadora en el conflicto. En un largo mensaje, aprobado por unanimidad, se dirigirá a los rebeldes, que no se avenían a deponer las armas: "Compatriotas: Nos dirigimos a vosotros en nombre de las damas asuncenas, haciendo una suprema apelación a vuestros sentimientos paraguayos. Nuestra voz es el eco tembloroso de una angustia nacional que ya no puede ser excedida, después de un largo, cruentísimo año de lucha civil; en el llamado que os hacemos vibra el clamor de todos los hogares paraguayos que sufren la zozobra de temer que cada día sea la víspera de un duelo irreparable, o que ya pagaron tributo a la guerra fratricida, con la vida del padre, del esposo, del hijo o del hermano ...".

 En 1928 ve la luz el segundo tomo de "TRADICIONES DEL HOGAR" con diez y seis nuevos relatos: "Un episodio de la Residenta", "Junto a la reja", "Un noviazgo del viejo tiempo", "Una crónica de antaño", "La sagrada ofrenda", "La Merced de la Virgen", "Nuestro Folklore", "Py-chay", "Apuro pe manté", "El milagro de la Virgen azul", "El Chingolo", "Peru-Rimá", "Las alhajas de la viuda", "El Abá", "Adela Speratti" y "En la Escuela", todos ellos de honda raíz nacional.

Ya para entonces Teresa Lamas ha trascendido las fronteras del país y es designada miembro de numerosas asociaciones culturales del exterior.

Presidenta de la rama femenina de la Cruz Roja Paraguaya durante la Guerra del Chaco (1932-1935), en esos años sólo vistió el blanco delantal con la roja insignia sobre el pecho; y en secreta ofrenda al Altísimo, reemplazó las femeninas prendas por el austero hábito de la Virgen del Carmen, con el que asistía diariamente a misa de cinco, en su Parroquia de San Roque.

Su voz se hacía oír con frecuencia a través de las precarias estaciones radiales, llevando a los combatientes la gratitud y el fervoroso aliento de las mujeres paraguayas, tras nuestras múltiples victorias. Y fue también su voz, trémula, apenas controlada, la que una tarde gloriosa, a pedido del Presidente Eusebio Ayala, se dirigió desde los balcones del Palacio de Gobierno, a la multitud exultante, que festejaba la victoria total y la firma del armisticio, el 12 de junio de 1935.

El 6 de mayo de 1939, Asunción está de fiesta: se inaugura, al fin, tras casi un siglo de haber comenzado su construcción, el Oratorio de la Virgen de Asunción, que a si a vez sería Panteón Nacional de los Héroes. Y es de nuevo Teresa Lamas quien tiene a su cargo las palabras alusivas al memorable acto, así como también fue ella quien dio la bienvenida al Legado Pontificio, Cardenal Copello, cuando éste visitó Asunción, en el año 1937, para presidir el ler. Congreso Eucarístico Nacional.
Tras el inesperado fallecimiento de su joven hija, en 1945, Teresa Lamas vivirá un largo retiro, entregada de lleno a la crianza de su nietecita huérfana, pero sin abandonar su labor eclesial, pese al derrumbe moral que sufría. Serenado ya su espíritu, con la resignación de su profunda fe cristiana, volverá a tomar la pluma y, en febrero de 1955, publicará "LA CASA Y SU SOMBRA", con prólogo del eminente filósofo argentino, don Francisco Romero. Reúne este libro diez y seis relatos y ensayos inspirados en sucesos del pasado lejano y vivencias de la reciente guerra.

Es que Teresa Lamas, con raíces de casi cinco siglos en su país, tan rico en tradiciones, no necesita buscar temas foráneos para canalizar su innata vocación de narradora.

Tras la larga y cruel enfermedad de su marido, que lo llevó a la tumba en 1959, cuando cumplían sus bodas de oro, y la posterior muerte de otro de sus hijos, Teresa Lamas se recluirá definitivamente en la quietud de su hogar. Lectora inveterada, nunca abandonará a sus autores favoritos, pero, preparándose también para el Encuentro, se centrará en la Biblia, muchos de cuyos versículos y salmos llegaría a conocer de memoria.

No fue, indudablemente, Teresa Lamas, la mejor pluma de su tiempo, caracterizado por poseer tan brillantes escritores. Pero su incuestionable mérito reside en ser la única en rescatar el Paraguay de antaño que, de no ser por ella, se hubiese perdido para siempre en las cenizas de la memoria colectiva. Merced a sus escritos sabemos hoy cómo vivían, cómo pensaban, qué sentían los paraguayos del siglo XIX. Conocemos de la estabilidad de sus hogares, del respeto de los hijos por sus ladres, del recato de las mujeres, de la caballerosidad de los varones y de la veneración por los ancianos, virtudes éstas de muy antigua tradición.

El 21 de setiembre de 1975, plácidamente, Teresa Lamas entregaba su alma a Dios.
Su vida es una tácita respuesta al imperante hedonismo de la época. Como otras tantas esforzadas mujeres, con su ejemplo ella vindica el hoy menospreciado criterio que desde siempre ha regido la historia de los pueblos: Sin sacrificios y renuncias no se forma una familia ni se hace patria.
 
 
 
POETAS – ENSAYISTAS - NARRADORES” - IV ÉPOCA - Nº 9
 
Homenaje a Hérib Campos Cervera en el centenario de su nacimiento.
 
Arandurã Editorial, Asunción-Paraguay, Diciembre 2006.
 
 
 
 


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